Kitabı oku: «El gran libro del cannabis»

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El gran libro del cannabis

El gran libro del cannabis

Propiedades terapéuticas, manual de autocultivo y las mejores recetas con marihuana

Elisabet Riera


NOTA IMPORTANTE: en ocasiones las opiniones sostenidas en «Los libros de Integral» pueden diferir de las de la medicina oficialmente aceptada. La intención es facilitar información y presentar alternativas, hoy disponibles, que ayuden al lector a valorar y decidir responsablemente sobre su propia salud, y en caso de enfermedad, a establecer un diálogo con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso, ser un sustituto de la consulta médica personal.

Aunque se considera que los consejos e informaciones son exactas y ciertas en el momento de su publicación, ni los autores ni el editor pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error u omisión que se haya podido producir.

© Elisabet Riera, 2012.

© de esta edición: RBA Libros S.A., 2012.

Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.

rbalibros.com

Primera edición: abril de 2012

REF.: OEBO221

ISBN: 9788415541523

Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org)si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra ( www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47). Todos los derechos reservados.

Contenido

Propiedades terapéuticas

Historia y legislación

La planta medicina

Otras utilidades

La planta ecológica

Manual de autocultivo

Nociones de botánica

El sexo de las plantas

¿Dónde cultivar?

Cultivo exterior en macetas

Problemas y soluciones

Reproducción

Cosecha

Cultivo exterior en huerto o jardín

Cultivo en interior

Cultivo hidropónico

Las mejores recetas con marihuana

Cáñamo nutricional

Un ingrediente estrella

Recetas

Bebidas • Salsas • Para picar •

Platos principales • Postres

Apéndices

Preguntas y respuestas

Documentos históricos

Documentos recomendados

Bibliografía y direcciones de interés

Índice de recetas

Propiedades terapéuticas

Marple Illitch, una señora estadounidense de 82 años, se encontraba rodeada de hijos y nietos durante la pasada comida de Navidad cuando, algo ruborizada, dijo: «Espero que ninguno de vosotros haga esto sin receta médica…». Acto seguido sacó un cigarrillo de marihuana de un envase farmacéutico, le dio unas caladas y siguió la sobremesa con sonrisa beatífica. La señora Illitch ha encontrado en el cannabis un gran alivio para su glaucoma ocular.

En una sola generación, el cannabis ha pasado de ser un subproducto de hippies a considerarse una posible fuente de bondades terapéuticas en la que hay mucho que investigar. Pero mientras que para la señora Illitch fumar cannabis es seguir los consejos del médico, para sus nietos es cometer un delito. No hay que olvidar que, actualmente, el cannabis psicoactivo o marihuana es una droga ilegal y que, por tanto, su tenencia, consumo o comercialización están generalmente penados; las excepciones son siempre de carácter médico.

El Cannabis sativa, el cáñamo, es una de las plantas que conocemos desde hace miles de años. Aunque es originario de Asia central, se propagó por el resto del mundo rápidamente y hoy en día crece por todo el globo terráqueo, a excepción de la Antártida. Sea norte o sur, este u oeste, toda la humanidad puede disponer del cannabis en su tierra. Arqueólogos e historiadores han ido recomponiendo las piezas de su legado. Y ese legado nos habla de un cultivo del que hemos obtenido alimento, fibra para vestirnos y esencia para rituales chamánicos y religiosos. Hoy, los usos industriales de la planta se han multiplicado: material de construcción, barnices, productos cosméticos, papel… Pero, sobre todo, ahora estamos en condiciones de adentrarnos en el que puede ser el uso más interesante de la planta: el terapéutico. Aunque hay constancia de que nuestros antepasados valoraban ya sus efectos medicinales para algunas dolencias, el hecho de que sea psicoactiva y esté clasificada como droga ilegal desde 1937 ha frenado estudios médicos más profundos.

La prohibición prescinde de las farmacopeas más antiguas de la humanidad, así como de una tradición milenaria de usos terapéuticos. Los registros históricos relacionados con los efectos sanadores de la marihuana se remontan a la antigua China, se extienden por la India, siguen en la tradición islámica y en la Grecia clásica, donde personajes insignes como Dioscórides alabaron sus virtudes. En general, el cannabis es analgésico, antiinflamatorio, anticonvulsivo y estimulante del apetito.

La experiencia positiva de numerosos pacientes con el cannabis ha llevado a los legisladores a autorizar su uso en determinados casos, como es el de las personas sometidas a tratamientos de radio y quimioterapia. Esta brecha empezó a abrirse en California en 1996, y siguieron otros estados norteamericanos, aunque recientemente la Administración Bush ha conseguido que sentencias federales detengan los avances de las leyes estatales en este sentido. En Europa, Holanda es desde luego el país más avanzado en el uso médico de la marihuana, pues los médicos pueden recetarla para algunas dolencias y se dispensa en las farmacias. El modelo holandés es el que ha inspirado la introducción del cannabis terapéutico en España; en Cataluña acaba de ponerse en marcha un plan piloto que partió del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona y que, con algunas modificaciones, está permitiendo ya que algunos pacientes tengan acceso a un medicamento, el Sativex, que incluye algunos de los compuestos activos del cannabis.

El cáñamo no industrial contiene unos 60 compuestos que no se hallan en ningún otro lugar de la naturaleza. Son los llamados cannabinoides (el THC es sólo uno de ellos), poseedores de las probables propiedades terapéuticas de la planta. Hasta ahora ningún laboratorio ha conseguido sintetizarlos. Sin embargo, muchos organismos públicos son todavía reticentes a facilitar la hierba a los enfermos y la tendencia es recetar medicamentos sintéticos. Los pacientes manifiestan que el medicamento es mucho menos efectivo que el cannabis natural.

Otro aspecto único del cannabis es su semilla y los valores que ésta ofrece para la alimentación. Teóricamente, un ser humano podría vivir sólo de esta simiente, pues contiene todos los elementos esenciales para la vida humana en la cantidad ideal. Entre sus compuestos se destacan las grasas insaturadas (entre ellas el ácido linoleico, el linolénico, y el raro y valioso gammalinoleico). Son «tres mosqueteros» que nutren y renuevan el organismo y estimulan el sistema inmunitario. La semilla, además, contiene una proteína vegetal pura de gran calidad llamada edestina. Las aplicaciones culinarias del cáñamo son muy interesantes y el sector dietético ha elaborado ya varios productos que, al modo de la soja, muy pronto podrían convertirse en parte de las dietas vegetarianas.

Desde principios de los noventa, personas generalmente ligadas al movimiento ecologista están esforzándose por reintroducir el cáñamo. Los cultivos de cáñamo industrial (variedad de la planta que no presenta ingredientes psicoactivos) son legales y van en aumento. Todos estos derivados del cáñamo mantienen una característica fundamental de su planta progenitora: son ecológicos. El cáñamo es una planta resistente por naturaleza, por lo que en su cultivo no es necesario usar plaguicidas ni herbicidas, los tóxicos productos químicos aplicados en la agricultura convencional que están contaminando el planeta. En los procesos de fabricación de los varios productos que se derivan de él tampoco se usan ingredientes tóxicos o contaminantes y el resultado final es siempre biodegradable.

Dentro de la crisis ecológica actual y del resurgir de la medicina natural, investigar el cannabis seriamente y sin prejuicios de ninguna clase podría abrir muchos caminos hacia nuestra salud integral como especie.

Como nota aclaratoria y final de la introducción, es conveniente establecer la diferencia entre cannabis, cáñamo y marihuana, términos que a menudos se usan indistintamente. Hay que especificar que el nombre científico es Cannabis sativa, L., y de ahí procede el uso de la palabra cannabis para designar a la especie. Cáñamo es la traducción española del mismo término, pero su empleo suele asociarse al cultivo industrial de una variedad no psicoactiva de la planta. Marihuana (también escrito marijuana) fue el nombre que los mexicanos dieron al cannabis. Los estadounidenses adoptaron la palabra en un sentido delictivo derivado de la marginalización de los inmigrantes mexicanos. Suele usarse para designar las hojas e inflorescencias del cannabis psicoactivo.

Historia y legislación

El cannabis nació con nuestra conciencia y se repartió por el mundo de manera generosa. Según varios estudios antropológicos, el uso del cáñamo se remonta a ceremonias chamánicas del mesolítico. Al final del neolítico, la planta ya se había extendido por una amplia zona que iba desde China –su lugar de origen hacia el 3700 a.C.– a las regiones más orientales de Europa.

Las rutas de expansión del cáñamo hacia occidente siguieron principalmente tres caminos: hacia el este de China, hacia el sur de la India y el sudeste asiático y, por último, desde el oeste de Asia hacia África, Europa y, finalmente, hacia América. Desde su desembarco en cada uno de estos continentes, el cáñamo ha evolucionado en usos y formas, hasta el día de hoy.

Actualmente, la planta se cultiva en numerosas zonas, entre ellas Europa oriental, Marruecos, Líbano, la cordillera del Himalaya, Colombia, Jamaica, Holanda, Paquistán y Afganistán. Los principales productores que abastecen al mercado español son Marruecos, Líbano y Paquistán.

LA PLANTA DE LOS DIOSES

Desde los primeros registros escritos sobre su existencia, el cannabis ha tenido que convivir con su dualidad, en la tenue frontera que separa la droga de la medicina. En la primera farmacopea china, el Pen Ching, que data del siglo I d.C. pero que recoge un legado de miles de años, se habla ya de las propiedades psicoactivas del cáñamo. Pero la cultura confucionista otorgó al cannabis una imagen de sustancia bárbara (los países vecinos que comerciaban con China lo apreciaban en gran manera; un tercio de las mercancías chinas que se transportaban por la Ruta de la Seda lo constituía el cáñamo) y lo relegó a reductos chamánicos. A partir de entonces la India tomó el relevo de China en la patria potestad del cannabis, siendo su uso muy difundido por estas latitudes hasta el día de hoy.

En la India, el cannabis adquirió buena fama por sus características medicinales, una vez más, divinas. En el antiguo texto del Arthavaveda, se describe el cannabis como «una de las numerosas plantas que nos liberan de la ansiedad». Por otra parte, era el acompañante inseparable de dioses como Shiva e Indra. En las ceremonias tántricas, el cannabis –a veces mezclado con otras sustancias– se utilizaba como afrodisíaco.

Alrededor del siglo XVI el cannabis se había introducido ya plenamente en el sudeste asiático. En Tailandia, se administraba en infusiones a las mujeres que habían dado a luz por sus propiedades analgésicas. Tanto allí como en Camboya, Vietnam o Laos, además de usos médicos similares, la cultura del cannabis floreció en numerosas recetas culinarias.

AVENTUREROS Y CIENTÍFICOS

En cuanto a Europa, son múltiples los testimonios del uso del cáñamo hallados en yacimientos neolíticos. Tanto en forma de tejido, de semillas o de artilugios para fumarlo. Paralelamente, el cannabis se usaba de forma similar en las estepas siberianas, pues se han encontrado restos parecidos procedentes de esta zona. Hay testimonios de la misma época que consignan el uso médico del cannabis en Egipto, además de su uso ritual. También hay testimonios escritos que se remontan a la Grecia clásica y que hablan de su uso en las riberas del Mar Muerto. El gran Dioscórides clasificó a la planta con su nombre actual y la alabó por sus propiedades terapéuticas y comerciales. Galeno se hizo eco también de las propiedades de la especie y, más tarde, los romanos siguieron usando la planta, como mínimo, por los valores culinarios y nutritivos de su semilla.

Pero con la Edad Media también llegó la oscuridad para el cannabis en Europa, mientras que la planta seguía floreciendo en Oriente y el norte de África. Los cultivos de cáñamo en el viejo continente servían fundamentalmente para obtener fibra con la que hacer tejido. No es, ni mucho menos, una aplicación fútil. Un par de siglos más tarde, el tejido de cáñamo se convertiría en un material estratégico; las flotas navales de Holanda, Gran Bretaña y España encontraron en el cáñamo el principal aliado para mejorar el rendimiento de sus naves e intentar arrebatar a Venecia la supremacía en el comercio por mar. Curiosamente, mucho más tarde (durante la segunda guerra mundial), Estados Unidos lanzó un eslogan para motivar el cultivo y la manufactura del cáñamo en el país: «Hemp for victory» (Cáñamo para la victoria). De esa forma se alentó a la producción de un material con múltiples aplicaciones también en tiempos de guerra.

Pero volvamos a la historia del cannabis medicinal. La nueva luz que el Renacimiento trajo consigo volvió a suscitar el interés europeo por el cannabis. Los tratados médicos de la época, nacidos al abrigo de científicos curiosos y de mentalidad abierta, vuelven a recoger sus propiedades. La ciencia empieza a contrastar su uso tradicional en otras culturas con los hallazgos de la medicina moderna. Se trata de una investigación científica que a menudo iba de la mano del espíritu aventurero y las ansias de exotismo. Los soldados de Napoleón se dedicaron a la comprobación empírica de los efectos del cannabis en los cafés de Egipto, por ejemplo.

Lo mismo debieron de hacer todos los colonizadores que posteriormente recalaron en diversos puntos del mapamundi, como los ingleses en la India. De vuelta a sus metrópolis, los colonizadores llevaron en su equipaje el mejor souvenir –semillas de cáñamo– y fue así como en el siglo XIX el cannabis se introdujo definitivamente en la medicina occidental.

En la segunda mitad del siglo XIX, la prensa publicó múltiples artículos que divulgaban los beneficios del cannabis y, hasta la primera mitad del siglo XX, un gran número de medicamentos que se vendían en las farmacias incluían cannabis en su composición. Todo indicaba que el irregular noviazgo entre el cannabis y Europa iba a formalizarse por fin y que la relación entre ellos iba a ser duradera… Hasta que, en 1937, Estados Unidos decidió prohibir el cannabis en un decreto controvertido que tuvo una fuerte oposición incluso en el mismo seno del Parlamento y la comunidad médica norteamericana. Desde entonces hasta nuestros días, el cannabis ha tenido que seguir su camino con la sombra del delito tras sus espaldas y, por supuesto, la ley y la investigación médica han avanzado en sentidos divergentes.

La “Marihuana Tax Act”

La llamada “Marihuana Tax Act” de 1937 no estaba dirigida al uso medicinal de la marihuana sino a su uso recreativo, pero hizo difícil su aplicación terapéutica por la gran cantidad de documentos que se exigía a los médicos que la quisieran recetar a sus pacientes.

UN POCO DE MAGIA

La planta del cannabis era conocida antiguamente como «mala hierba del cuello» o «hierba de la horca». Tan tétricos sobrenombres tienen una razón de peso, ya que la soga con que se ahorcaba a los condenados a muerte se elaboraba con la fibra del cáñamo. Pero esta planta también posee su porción de magia y misterio, gracias a las innumerables historias que protagoniza.

De hecho, el folklore del cannabis ha estado siempre mucho más relacionado con los ritos de vida que con los de muerte. Varias son las tradiciones que lo relacionan con el amor. Cuando una joven tenía el deseo de conocer a su futuro esposo utilizaba las semillas del cannabis del siguiente modo: a medianoche debía acudir a solas al patio de una iglesia y lanzar un puñado de semillas sobre su hombro izquierdo, mientras recitaba un encantamiento. Según la tradición, si la joven iba a casarse, detrás de ella aparecía la figura de su futuro esposo. Si no era así, la doncella permanecería soltera y los augurios podían interpretarse, incluso, como de muerte.

En Ucrania se practicaban ceremonias similares. En este caso, las jóvenes, portando semillas de cáñamo en su vestimenta, saltaban sobre el cosechado de esta planta. En un gesto que hace clara referencia a los mitos de fertilidad, se despojaban de su blusa y escupían un sorbo de agua sobre las semillas y, acto seguido, daban tres vueltas alrededor de su casa.

En otros países, las semillas de cáñamo han estado presentes en los ritos de unión para garantizar la duración y la fertilidad de la pareja.

LA PROHIBICIÓN DE 1937: SITUACIÓN LEGAL

La marihuana se convirtió en una «droga ilegal y peligrosa» en 1937 por intereses económicos de la industria farmacéutica. En aquel entonces, acceder a productos derivados del cannabis era fácil (también del opio y la cocaína), puesto que había muchos pequeños suministradores. Esto era algo que el incipiente negocio de los grandes laboratorios farmacéuticos no podía permitir: había que luchar contra una planta que crece fácilmente en todas partes y haría sombra a los medicamentos empaquetados de las grandes marcas industriales. Más aun tratándose de una sustancia imposible de sintetizar en laboratorios por el momento.

También el sector industrial del algodón y de las nuevas fibras textiles como el nailon tenían motivos para desear que el cannabis desapareciera del mapa. Los años de la prohibición coincidieron con la aparición de una nueva maquinaria para cosechar con mayor facilidad el cáñamo, cuya fibra se había utilizado profusamente para hacer tejidos hasta entonces, pero por motivos técnicos concernientes a la recolección nunca antes había supuesto una amenaza para el sector del algodón. La aparición de la nueva maquinaria alarmó a los industriales algodoneros. Para las nuevas fibras sintéticas que aparecían en el mercado (algunas comercializadas por empresas que también tenían intereses farmacéuticos) cuanta menos competencia, mejor.

Por último, en aquellos años coincidieron varias corrientes contrapuestas que los políticos y los industriales utilizaron a su favor. La llegada de gran número de inmigrantes a Estados Unidos, con los consiguientes problemas laborales y raciales, estigmatizó el uso de las drogas asociadas a cada comunidad (la marihuana se asociaba a los mexicanos).

Al mismo tiempo, los grupos más puritanos del país querían limpiar el territorio de «vicio». Fue muy fácil para los políticos ocultar su apoyo a los sectores más poderosos del país bajo la máscara del puritanismo; la propaganda que criminalizaba las drogas, entre ellas la marihuana, es hija de esos tiempos.

Fuera de Estados Unidos, los países con intereses coloniales como Gran Bretaña mantenían su lucha contra el cannabis como signo de dominio frente a las costumbres propias de los países sometidos, así que los tratados internacionales al respecto –liderados por Estados Unidos– florecieron muy pronto.

PROPAGANDA Y CONTRAPROPAGANDA

La decisión gubernamental de prohibir el cannabis estuvo acompañada por una ingente cantidad de marketing. Un marketing nada sutil que asociaba el consumo de marihuana al crimen, la violencia y la decadencia moral. Hoy se conservan muchos carteles, postales, libros e incluso películas que a nuestros ojos parecen caricaturescos pero que entonces ejercieron gran influencia sobre la sociedad en general. Y más cuando el consumo de marihuana se asociaba a grupos marginales, radicales o de inmigrantes.

Algunos artículos de prensa se acompañaban con ilustraciones donde el crimen y la marihuana (personificados en forma de esqueleto) corren de la mano. Otro famoso cartel reza: «Marihuana, asesina de la juventud». En definitiva, se trataba de adjudicar a la hierba todos los males de la sociedad.

Décadas más tarde, en los años sesenta y setenta, la marihuana se utilizó en sentido contrario. Los jóvenes universitarios tomaron la hoja de marihuana como símbolo de sus ansias de libertad, identificando la droga con todo lo deseable. Su postura rompía la rigidez con que la cuestión de las drogas se había tratado años antes, pero adjudicó a la planta una imagen recreativa y etiquetada como hippie que mucha gente rechazaría.

Tanto una tendencia como la otra pusieron la pasión por delante de la objetividad científica, y no ha sido hasta hoy cuando la sociedad ha empezado a reclamar datos fundamentados sobre las bondades y perjuicios del cannabis.

Al final de este libro transcribimos parte de algunos documentos históricos sobre estudios del cannabis encargados principalmente por instancias gubernamentales. En muchos casos, las administraciones invirtieron dinero en estas investigaciones para demostrar que el consumo de cannabis era pernicioso, pero las conclusiones apuntaban en sentido contrario.

LA LEY EN ESPAÑA

Actualmente, con la excepción de algunos estados norteamericanos (que autorizan el uso médico de la marihuana, como explicaremos más adelante), de Holanda o de alguna otra zona del mundo (como Jamaica o la zona del Rif, en Marruecos, a la que el gobierno dotó hace años de una autorización especial para cultivar cannabis debido a su uso tradicional y a los ingresos que genera), el cultivo, el consumo y la comercialización del cannabis están totalmente prohibidos. A pesar de todo, cada país tiene su propia idiosincrasia legal al respecto, y España no es uno de los más desfavorables.

En España, el consumo particular y privado de cualquier droga no está penalizado. Sí está prohibido el consumo en lugares públicos y la tenencia, aunque no esté destinada a la comercialización. En ambos casos, la sanción es administrativa y no penal, como sucede en otros países europeos.

Si las autoridades descubren a alguien consumiendo o en posesión de drogas en lugares públicos, le pueden imponer una multa que va de los 300 € a los 30.000 €, incautarle el material y retirarle el permiso de conducir, si corresponde. El tráfico de drogas se sanciona por vía penal, es decir, se paga con la cárcel. Otra opción es acogerse al artículo 25.2 de la llamada Ley Corcuera, presentarse a unos programas de desintoxicación y, así, evitar la multa, pero ello supone pasar a estar fichado como toxicómano en España.

También está prohibido «el cultivo o elaboración destinado al consumo ilegal». Esto puede interpretarse de modo que, si el cultivo está destinado al autoconsumo en un lugar privado, tampoco debería ser ilegal (aunque parece que esto último es más un vacío legal que parte de la intención del legislador, por lo que su interpretación puede ser compleja). En algunos países, como en el caso de España (Ley Corcuera), existen incoherencias tales como la legalidad de la posesión de cannabis para consumo, pero no así transportarlo por la vía pública, ya que sería considerado tráfico.

La concreción legal de los principios que se acaban de exponer se encuentra en la Ley de Seguridad Ciudadana 1/1992, también conocida como Ley Corcuera debido al ministro del Interior que la aprobó: Dice así:

Artículo 21:

1.Los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad sólo podrán proceder a la entrada y registro en domicilio en los casos permitidos en la Constitución y en los términos que fijen las leyes.

2.A los efectos de lo dispuesto en el párrafo anterior, será causa legítima para la entrada y registro en domicilio por delito flagrante el conocimiento fundado por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que les lleve a la constancia de que se está cometiendo o que se acaba de cometer alguno de los delitos que, en materia de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, castiga el Código Penal, siempre que la urgente intervención de los agentes sea necesaria para impedir la consumación del delito, la huida del delincuente o la desaparición de los efectos o instrumentos del delito.

Artículo 23:

A los efectos de la presente Ley, constituyen infracciones graves:

h) La tolerancia del consumo ilegal o el tráfico de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas en locales o establecimientos públicos o la falta de diligencia en orden a impedirlos por parte de los propietarios, administradores o encargados de los mismos.

Artículo 25:

1.Constituyen infracciones graves a la seguridad ciudadana el consumo en lugares, vías, establecimientos o transportes públicos, así como la tenencia ilícita, aunque no estuviera destinada al tráfico, de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, siempre que no constituya infracción penal, así como el abandono en los sitios mencionados de útiles o instrumentos utilizados para su consumo.

2.Las sanciones impuestas por estas infracciones podrán suspenderse si el infractor se somete a un tratamiento de deshabituación en un centro o servicio debidamente acreditado, en la forma y por el tiempo que reglamentariamente se determine.

Artículo 28:

1.Las infracciones determinadas de acuerdo con lo dispuesto en la Sección anterior podrán ser corregidas por las autoridades competentes con una o más de las sanciones siguientes:

a)Multa de 300.000 a 6.000.000 de euros, para infracciones muy graves. De 300 a 300.000 euros, para infracciones graves. De hasta 300 euros, para infracciones leves.

c)Incautación de los instrumentos o efectos utilizados para la comisión de las infracciones, en especial, las armas, los explosivos, las embarcaciones de alta velocidad o las drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas.

e)Clausura de las fábricas, locales o establecimientos, desde seis meses y un día a dos años, por infracciones muy graves y hasta seis meses por infracciones graves, en el ámbito de las materias reguladas en el Capítulo 11 de esta Ley.

2.Las infracciones previstas en el artículo 25 podrán ser sancionadas, además, con la suspensión del permiso de conducir vehículos de motor hasta tres meses y con la retirada del permiso o licencia de armas, procediéndose desde luego a la incautación de las drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas.

4.Las sanciones prescribirán al año, dos años o cuatro años, según que las correspondientes infracciones hayan sido calificadas de leves, graves o muy graves.

APLICACIÓN DE LA LEY

La ley sigue sin especificar límites ni cantidades a partir de los cuales la tenencia de marihuana no se considera “posesión” ni “cultivo para uso personal”, si no “tráfico”, de forma que el veredicto queda al libre albedrío del juez instructor del caso. A título orientativo, la práctica judicial indica que la posesión punible comprende los importes superiores a 40 g. Es decir, con más de 50 g. en el bolsillo, la multa suele estar asegurada. De todos modos, cabe destacar que ha habido sentencias punitivas a partir de un gramo y portadores que de más de 100 g que han quedado absueltos.

Por lo que se refiere al autocultivo, tampoco se especifica una cantidad mínima de plantas que esté permitido cultivar. Una vez más hay que recurrir a la práctica judicial para entrever que se puede alegar al sentido común del juez cuando el autocultivo en una propiedad privada fuera del alcance del ojo público esté entre las 12-20 plantas, de la que puede obtenerse una cosecha anual no superior a unos 4 kilos.

Así las cosas, hasta que no llegue la esperada regularización/legalización del consumo y cultivo de cannabis en España, es recomendable la lectura de “Criterios del Tribunal Supremo para delimitar el ámbito de lo punible en la posesión de drogas”, el tratado que el profesor Carlos Aránguez Sánchez ha elaborado con los aspectos que el Tribunal Supremo suele tener en cuenta para considerar una posesión como tráfico o autoconsumo.

En el plano autonómico, aunque el Gobierno de Euskadi anunció la modificación para el primer semestre de 2012 de la Ley de Adicciones dependiente de la Consejería de Sanidad, que supondría la regularización “no prohibicionista” del consumo, venta y cultivo de cannabis en esta comunidad autónoma, a fecha de hoy ni siquiera se ha logrado introducir las necesarias modificaciones para ordenar un poco el panorama en el marco legal vigente a nivel estatal, la Ley Corcuera (Ley Orgánica 1/92 de 21 de febrero de Seguridad Ciudadana).

EL PLAN PILOTO DE CATALUÑA

En el año 2005, una iniciativa del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona abrió las puertas para la legalización del uso terapéutico del cannabis en España. El Colegio promovió un plan piloto para que el cannabis esté a disposición de los enfermos que lo necesitan, según un modelo similar al que ya funciona en Holanda. La Generalitat de Catalunya le ofreció su apoyo e inició conversaciones con el Ministerio de Sanidad para que le diera luz verde. Después de cierta demora y de alguna modificación respecto al plan inicial, finalmente el proyecto se ha puesto en marcha.

La intención del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona era poner su red de farmacias a disposición de un plan piloto para que se vendiera en estos establecimientos, como se hace con los opiáceos o la metadona. El plan estaba avalado por un estudio previo, «Utilización Terapéutica del Cannabis en el Estado español». Rafael Borrás, autor del estudio y vocal del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona, explica que el cannabis se puede utilizar cuando hay náuseas y vómitos derivados de la quimioterapia, como estimulante del apetito para enfermos de cáncer y VIH, dolor crónico de tipo nervioso y esclerosis múltiple. Éstas son las indicaciones que hacen la Agencia de Evaluación del Cannabis en Holanda y el Instituto Catalán de Farmacología.

Son precisamente estos pacientes los que hoy en día hacen ya uso del cannabis como medicina a pesar de su ilegalidad. Y son muchos; por ejemplo, en Holanda, espejo de esta experiencia, 7.000 personas recurren a la marihuana para aliviar su dolor y los efectos secundarios de los tratamientos médicos que siguen. Pero no son tantos los que lo declaran abiertamente. Para el estudio «Utilización Terapéutica del Cannabis en el Estado español», se sondeó a 2.250 pacientes, de los cuales un 6 % –130 personas– se atrevió a declarar abiertamente que recurre al cannabis con fines terapéuticos.

Según las respuestas de estos 130 pacientes, se elaboró el estudio, del que se desprende, en primer lugar, el gran vacío informativo que existe en este ámbito. El 87 % de los pacientes que usan cannabis medicinal lo hace por cuenta propia y sin conocimiento de su médico. Y aunque algunos médicos sí lo saben y lo aprueban, tampoco disponen de la información suficiente para asesorarlos bien.

Otro de los grandes problemas de quien necesita encontrar cannabis para sobrellevar una enfermedad es cómo conseguirlo. Los amigos y familiares son la principal ayuda para el enfermo en este sentido; algunos se lo proporcionan mediante el autocultivo, y otros mediante terceros. Hasta un tercio de los pacientes obtiene su cannabis medicinal a través de asociaciones informativas y de consumidores, que durante mucho tiempo han desempeñado el papel de buen samaritano, con el peligro que eso acarrea para su propia asociación. Estos grupos apoyan el plan oficial de Cataluña, pues conocen de primera mano las dificultades de los enfermos para conseguir cannabis. Un 24 % tiene que recurrir al mercado negro porque no conoce otra vía. El 13 % practica el autocultivo.

El problema es que la planta autocultivada nunca presenta el mismo grado de potencia, y por tanto sus efectos varían. Por eso, el plan inicial pretendía que el cannabis que se vendiera en las farmacias estuviera estandarizado, es decir, que garantizara un porcentaje exacto de THC y cannabinoides; incluso habría diferentes concentraciones de los principios activos según la prescripción.

Esta vía, la de administrar la planta pulverizada pero con su contenido activo homogeneizado, es la que se ha seguido en Holanda. La homogeneización de la planta hace que su precio de venta sea alto, entre 40 y 50 euros por diez gramos de planta. El problema es que la hierba en la calle es mucho más barata; así, los coffee-shops holandeses están reventando el mercado farmacéutico. Muchos vendedores ilegales incluso ofrecen la marihuana a los enfermos puerta a puerta, a un precio mucho menor, y esto ha hecho que el plan holandés se esté cuestionando seriamente.

Las dudas sobre el funcionamiento del sistema holandés y otros reparos del Ministerio de Sanidad Español hicieron que el plan inicial sufriera variaciones. Finalmente, el cannabis se distribuye en Cataluña desde las farmacias de 6 hospitales públicos barceloneses que forman parte de la prueba. Las farmacias no vinculadas a los hospitales se limitan a ejercer una función de información y seguimiento de los pacientes. Y, en vez de administrarse cannabis pulverizado y disuelto en cápsulas con aceite de soja, se ha optado por Sativex, un extracto de la planta para su administración sublingual, en forma de espray bucal, que está registrado en Canadá y que en España distribuye Bayer. Se trata de un producto compuesto por tetrahidrocannabinol, cannabidiol y, en un 5 %, por el resto de cannabinoides de la planta.

A principios de diciembre de 2005 se incorporaron al plan los primeros pacientes. Actualmente, 500 personas forman parte del estudio. El objetivo principal de la prueba piloto es evaluar los posibles beneficios relacionados con el uso de esta sustancia; no obstante, según el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona, ya existe constancia de los efectos positivos del cannabis, sobre todo en enfermos con esclerosis múltiple, en los que se ha comprobado que reduce la espasticidad generada por la rigidez muscular que provoca la evolución de la enfermedad, y en los pacientes oncológicos, que ven reducidas las náuseas y los vómitos producidos por la quimioterapia. Este último grupo, para el que están previstos 300 participantes, es el más numeroso. Otra patología sujeta a estudio es la anorexia producida en las fases terminales del SIDA (síndrome de anorexia caquexia). Aunque en este caso en España no hay constancia de los efectos beneficiosos de la sustancia, sí la hay en otros países como Estados Unidos, donde está siendo utilizada. Su efecto en los dolores neuropáticos, tanto de la esclerosis múltiple como de otras etiologías, también será estudiado.

Para los pacientes, el proceso comienza con una visita inicial al hospital, donde el médico decide si el paciente puede ser un candidato para formar parte del estudio. Si así lo considera y el enfermo acepta, se tramita la solicitud al Servicio de Planificación Farmacéutica del Departamento de Salud y, seguidamente, el paciente acude a uno de los 6 hospitales participantes, todos en la provincia de Barcelona (Vall d’Hebron, Bellvitge, Hospital del Mar, el Clínic, Sant Pau y Germans Trias i Pujol). En el Servicio de Farmacia se le informa sobre las farmacias participantes y se dispensa el tratamiento para un mes.

En la primera visita a la farmacia, el usuario responde a un cuestionario y se le administra la primera dosis. Después de esperar 2 horas, el farmacéutico evalúa los efectos que haya podido percibir el paciente, quien recibe su diario es citado para una próxima visita prevista para dos semanas. En los siguientes encuentros, el farmacéutico evalúa los efectos indeseados y controla la dosis de mantenimiento. La dosis es personalizada, en función de las características del paciente y de los efectos positivos o negativos que produzcan en él la sustancia. Las visitas a la farmacia se irán alternando con las del hospital, con el fin de que el médico también realice un control.

LA BRECHA CALIFORNIANA

Es paradójico que fuera precisamente en Estados Unidos, el mismo país que la decretó ilegal, donde diversos estados aprobaran, a partir de 1996, leyes que permiten el uso médico de la marihuana. Estas leyes suelen dirigirse a los enfermos de cáncer que reciben quimioterapia.

California es el estado norteamericano más avanzado en cuanto a leyes en pro del uso medicinal del cannabis. Este estado aprobó en 1996 la Proposición 215, que permite a los californianos el uso médico de la marihuana bajo control estatal. La propuesta fue presentada y aprobada por la cámara californiana en los dos años anteriores, pero en ambos casos el gobernador Pete Wilson vetó la propuesta. Finalmente, ante un amplio movimiento ciudadano a favor de tal ley, se sometió a referéndum en 1996, con el resultado de 56 % de los votos a favor y el 44 % en contra.

A la propuesta californiana le siguió la Propuesta 200 de Arizona, aprobada favorablemente y en el mismo sentido, y después se han aprobado leyes similares en una treintena de estados más. Sin embargo, en ninguno de estos casos la adquisición de cannabis para usos médicos (o para cualquier otro uso) es tan sencillo como lo es en Holanda.

La realidad es que muy pocos pacientes llegan a recibir marihuana medicinal de los cultivos que el estado tiene en el Mississipi. Para compensar este vacío, los ciudadanos crearon clubes de compradores que facilitan la hierba a personas enfermas. No eran asociaciones legales, pero hasta no hace mucho las autoridades no actuaron claramente en contra de su existencia y funcionamiento. Pero como veremos, este panorama alentador ha cambiado radicalmente bajo el gobierno de la administración Bush.

Sí se recetaba, en cambio, la versión farmacológica del cannabis. Marinol es el nombre de este producto comercial que está aprobado, aunque de forma limitada, para casos de cáncer, SIDA y algunos trastornos alimentarios. Contiene THC sintético en una base de aceite de sésamo. Como vemos se trata de la síntesis de solo uno de la cincuentena de cannabiodes que contiene la planta en su estado natural y quizás por eso muchos pacientes afirman que la hierba es más efectiva que el producto de farmacia. En algunos casos se han descrito efectos secundarios como la ansiedad.

Como decíamos, el gobierno republicano ha dado un giro a la política de algunos estados sobre el cannabis terapéutico. A partir de junio de 2005, los enfermos que en Estados Unidos utilizan el cannabis para aliviar dolores crónicos podrán ser procesados aunque les amparen las leyes estatales, después de que la Corte Suprema de Justicia decidiera prohibir, por 6 votos contra 3, el uso de esta droga con fines terapéuticos. El fallo aclara que la Ley federal que prohíbe el uso del cannabis con fines terapéuticos está por encima de las leyes de los Estados que sí permiten el uso de esta droga con el fin de aliviar los síntomas de enfermedades crónicas o incurables.

LA LIBRE HOLANDA

Los holandeses se han enfrentado a la cuestión de las drogas de manera práctica y razonable. En las décadas de los sesenta y setenta, los ciudadanos de los Países Bajos convirtieron el uso de la marihuana y el hachís en un hábito cotidiano. El gobierno se planteó entonces la descriminalización, puesto que bajo su punto de vista algo que practicaban tantos ciudadanos no podía seguir siendo ilegal. Después de diversos estudios que mostraban que el consumo de cannabis es menos perjudicial que el del alcohol, el tabaco o el café, establecieron una distinción entre drogas duras y drogas blandas, y legalizaron el uso de estas últimas en 1976.

La despenalización holandesa (vía libre para el consumo particular de hachís y marihuana hasta ciertas cantidades, para el autocultivo limitado y para la compra en establecimientos públicos autorizados (–los famosos coffe-shops–) ha arrojado luz sobre uno de los tópicos más recurridos respecto al consumo de drogas blandas (según el cual éstas son un camino seguro hacia el consumo de drogas duras): el índice de toxicomanía en Holanda se mantiene entre los más bajos de Europa, no se ha producido ninguna escalada en la violencia ni en la inseguridad ciudadana e incluso el porcentaje de personas que consumen drogas habitualmente es menor que en muchos de sus países vecinos.

A pesar de estos buenos resultados de la política holandesa sobre las drogas, para poder formar parte de Maastricht, Holanda ha tenido que rebajar el grado de libertad por las presiones de Francia, Gran Bretaña, Luxemburgo y Bélgica. Estos países se quejaban de que había un turismo de consumidores de drogas y han obligado a hacer cambios en las leyes holandesas. Principalmente, se ha reducido a la mitad el número de coffee-shops y la cantidad de venta de cannabis permitida ha pasado de los 30 g. a los 5 g.

Legislación en Bélgica

A pesar de ello, Bélgica despenalizó el consumo y la posesión de pequeñas cantidades en el año 2001, aunque el consumo en la calle y en los espacios públicos sí está multado, especialmente en lugares sensibles como los colegios y sus cercanías. También Luxemburgo ha despenalizado el consumo y la posesión de pequeñas cantidades para uso personal. Desde 2003, tampoco en Gran Bretaña se penaliza a los consumidores, ni administrativa ni penalmente.

También en el uso terapéutico del cannabis Holanda se ha adelantado al resto de Europa. En septiembre de 2003, el gobierno holandés aprobó vender marihuana en las farmacias bajo receta médica. Se administran preparados que garantizan concentraciones regulares de THC y cannabinoides, en diversas proporciones según para qué hayan sido prescritas. El Gobierno concedió licencias a empresas cultivadoras para que abastecieran a las farmacias. El proceso de homogeneización y distribución, más los impuestos aplicados al producto, han hecho que el precio de venta sea cercano a los 40 euros, mucho más caro que si la misma cantidad de planta se consigue en coffe-shops, los establecimientos legalmente autorizados para la venta de cannabis con fines recreativos.

A causa de esto, los 8.000 pacientes que se esperaba se convirtieran en clientes de las farmacias no fueron más de 1.000 en un principio. De hecho, para los cultivadores el negocio ha sido hasta ahora poco rentable… En vista de este panorama, se han incorporado diversas medidas que pueden reconducir la tendencia: el 70 % de los seguros médicos reembolsan el dinero invertido en marihuana medicinal, que también puede desgravarse de la declaración de la Renta.

En la misma línea ha surgido la idea de abrir farmacias exclusivamente cannábicas, en las que pueda conseguirse cannabis medicinal barato y seguro. La ciudad holandesa de Groningen es la primera de este tipo que puede abrirse en Holanda. El coste del cannabis medicinal de Groningen rondará los 5 euros el gramo, semejante al de los coffee-shops, según un reportaje del NRC Handelsblad del 31 de enero. Todos, la Oficina para el Cannabis Medicinal del Ministerio de Sanidad holandés, la comunidad de Groningen y la policía local, apoyan la iniciativa. Proyectan abrir dos farmacias cannábicas más en las ciudades de Hoogezand y Assen.

AIRE FRESCO EN CANADÁ

Canadá permite el uso terapéutico del cannabis a enfermos graves desde la aprobación de una norma que entró en vigor en 2001. Y lo hizo aun asumiendo que «las pruebas sobre la eficacia terapéutica de fumar marihuana son anecdóticas», según el Departamento Federal de Salud. Por este motivo, el gobierno destinó 7,5 millones de dólares canadienses para financiar proyectos de investigación en esta materia durante los siguientes cinco años.

Los destinatarios de la norma se clasifican en tres tipos. El primero son los enfermos terminales con una esperanza de vida inferior a doce meses. El segundo son quienes padecen cáncer, esclerosis múltiple, lesiones medulares, SIDA, epilepsia o modalidades graves de artritis con síntomas graves, como dolor severo, espasmos musculares persistentes, náuseas o anorexia. El tercero agrupa a los afectados por cualquier dolencia grave cuyos síntomas no remitan con los tratamientos convencionales. Los dos primeros grupos deben adjuntar el certificado de un médico al hacer su solicitud y los miembros del tercer grupo, el aval de dos especialistas.

En estos casos, la Oficina de Acceso al Cannabis Terapéutico emite un carné de usuario que permite disponer de la cantidad necesaria en cada caso para un tratamiento de 30 días, según la dosis fijada por el médico. Las personas con carné de usuario del cannabis con fines terapéuticos pueden cultivar en su casa la cantidad precisa para el autosuministro o bien designar a un tercero para que lo haga por ellas. Este último debe solicitar licencia para producir marihuana en función de cuántos pacientes le hayan convertido en su suministrador.

La planta medicina

El cáñamo (Cannabis sativa L.) es una planta nativa de Asia central, entre el norte de Afganistán y los montes del sur de Siberia. Es anual (florece una vez al año), su ciclo de crecimiento es de entre seis y ocho meses y, en buenas condiciones, alcanza alturas de entre tres y cinco metros. Su pertenencia a uno u otro orden botánico no está del todo clara (tiene características de las urticales, también de las moráceas…) por lo que últimamente suele clasificarse en un género propio: el de las cannabáceas.

La planta del cannabis crece a partir de un tallo central, vertical. A través de este tallo, los nutrientes que las raíces obtienen de la tierra en que ha sido cultivada llegan a las ramas laterales y a las hojas. Las paredes del tallo están formadas por celulosa rígida, que es la que permite sostener a la planta y aguantar los movimientos del agua y el viento. A lo largo del tallo se forman nudos, a partir de los cuales crecen las ramas laterales, con hojas en los extremos. Las hojas realizan la función de fotosíntesis y fabrican azúcares y agua, que se distribuyen también por toda la planta.

La famosa hoja de marihuana tiene el anverso de un color verde intenso que se vuelve un tanto más pálido en el reverso. Sus limbos, puntiagudos y con forma de pequeñas sierras, varían de tamaño. El central puede llegar a medir 15 cm de largo por 3 cm de ancho. Las hojas se distribuyen en el tronco de dos en dos, creciendo en extremos opuestos, excepto en los extremos de las ramas donde las hojas crecen en solitario y pueden dar lugar a flores.

Una característica peculiar de esta planta es que es dioica, es decir, que presenta géneros separados; hay plantas macho y plantas hembra, y lo que las diferencia fundamentalmente es su concentración de cannabinoides, que es mayor en las hembras no fecundadas.

¿QUÉ ES LA MARIHUANA? THC Y CANNABINOIDES

La marihuana es la parte de la planta del cáñamo que se fuma o se ingiere para disfrutar de sus efectos terapéuticos o de modificación de la conciencia. Esto es así por su contenido en THC (delta-9-tetrahidrocannabinol).

El cannabis produce naturalmente unos 60 compuestos activos singulares. Uno de estos compuestos es el famoso THC; el único psicoactivo entre todos ellos. El THC es el único cannabinoide que se ha podido sintetizar farmacológicamente y es el que, en la actualidad, se receta legalmente. Sin embargo, es como si obtuviéramos una sola pieza de todo un puzzle, ya que el THC interacciona y equilibra su efecto con el resto de cannabinoides presentes en la planta. Hasta ahora, ha sido imposible sintetizarlos en el laboratorio.

El THC se encuentra en máxima concentración en las inflorescencias –popularmente conocidas como «cogollos»– de las plantas hembras maduras que no han sido fecundadas. Según las especies, este cannabinoide representa entre el 1 % y el 7 % de la planta. Una planta con el 6 % de THC se considera muy potente.

Otros cannabinoides importantes son el cannabidiol (CBD) y el cannabinol (CBN). El contenido en CBD de una planta de cannabis puede variar según la variedad desde el 1 % al 95 % del total de cannabinoides. Resulta difícil valorar los efectos de los cannabinoides aisladamente; es su acción sinérgica la que dota al cannabis de sus propiedades terapéuticas.

TIPOS DE CANNABIS

Hay tres subgéneros: Cannabis sativa, Cannabis indica y Cannabis ruderalis, y en cada uno hay cientos de variedades. Todas producen fibra de alta calidad, apropiada para usos textiles e industriales. Las diferencia su contenido en cannabinoides, principalmente de THC. La presencia del THC varía según el subgénero y la variedad. También hay una diferenciación natural a este respecto: las hembras producen más y mejor THC que los machos.

•Cannabis sativa: originaria de países tropicales como Tailandia, Indonesia, Nigeria y Colombia. Se trata de una planta grande y ancha, con muchas ramas laterales. Sus hojas son finas. De esta variedad se suelen consumir los cogollos en forma de hierba (marihuana). La hoja suele tener un color verde más pálido que la de la indica. En nuestras latitudes suelen florecer entre septiembre y octubre. Su sabor y efectos son ligeros y euforizantes.

•Cannabis indica: crece en el Himalaya y en la cuenca mediterránea, India, Pakistán, Afganistán, Líbano y Marruecos. Es una planta más baja que la sativa, tiene hojas más anchas y un contenido de resina más elevado. Por eso tras la cosecha se suele separar la resina de la planta para obtener hachís. En su cultivo en exterior florecen más temprano que las sativas; normalmente a finales de julio, y está lista para cosechar en septiembre-octubre.

•Cannabis ruderalis: sus usos son casi exclusivamente industriales, pues apenas contiene THC. Su hoja es similar a la sativa, aunque su forma general es más achaparrada y arbustiva. Procede de la zona de la antigua Unión Soviética.

¿ES UNA DROGA LA MARIHUANA?

Como decíamos en la presentación, las referencias a las virtudes terapéuticas de la marihuana se remontan a las farmacopeas más antiguas: de China, la India y la Grecia clásica. En cada época, la planta del cannabis se ha utilizado de diversas maneras para hacer que las personas se sintieran mejor, tanto física como psíquicamente.

En los últimos años, el interés por el poder curativo del cannabis se ha multiplicado, pero las investigaciones topan con la situación de ilegalidad de la planta y, más aún, con el propio concepto de droga. Los estudios, no obstante, siguen avanzando.

Respondiendo a la pregunta que encabeza este apartado, debemos decir que sí; la marihuana es una droga porque es una planta psicoactiva (afecta al sistema nervioso central y altera nuestro estado de conciencia y percepción). Los efectos derivados de su consumo varían bastante de una persona a otra. Parece que una de las principales variaciones que influye en cómo afecta a cada individuo es si se consume de forma habitual o no y en qué cantidades.

Muchas personas que prueban la hierba por primera vez dicen no sentir absolutamente nada. Curiosamente, los consumidores habituales de grandes cantidades de cannabis pueden llegar a la misma conclusión debido a un uso abusivo de la droga.

Los efectos físicos más inmediatamente reconocibles después de consumir cannabis son la sequedad de ojos y boca, un ligero aumento del ritmo cardíaco y enrojecimiento ocular. En cuanto a la sensación obtenida, en general, en las primeras tomas se detecta como euforia (la típica risa contagiosa que no está motivada en realidad por nada en concreto). En estas circunstancias, el consumidor se siente alegre y relajado, y percibe más intensamente actividades de por sí placenteras como charlar con los amigos, comer o hacer el amor. Otras personas, en cambio, sienten mareos y sensación de sudor frío, como si experimentaran una bajada de tensión. En este caso, es conveniente saber (y decir a la persona afectada) que los efectos se suavizan después de una hora y desaparecen totalmente al cabo de dos o tres. La sensación desagradable, en todo caso, nunca va más allá.

También son distintos los efectos según la calidad de la planta e incluso si se consume la hierba (marihuana) o la resina de la planta (hachís). En general, el hachís (más potente) induce a un estado más somnoliento e inactivo, aunque el consumidor experimente igualmente sensación de bienestar. Como ya se ha visto, la marihuana suele pesarle bastante menos en el cuerpo.

Una de las principales diferencias del cannabis respecto a otras drogas es su liposolubilidad (sus moléculas no se disuelven en el agua y sí en aceites o grasas). Por eso se absorbe irregularmente y permanece en el cuerpo largo tiempo. Sin embargo, el cannabis no es intoxicante; es decir, nadie puede morir ni enfermar por un consumo excesivo de la droga, y la permanencia de los cannabinoides en las grasas corporales no dañan al organismo.

Estrictamente, el cannabis no puede considerarse ni un estimulante ni un depresor. Como puede deducirse por los distintos efectos explicados anteriormente, combina características de los dos estados dependiendo, según parece, de los hábitos y las dosis. Hay quien toma cannabis para mantenerse en vela y hay quien lo toma para dormir. No produce resaca como el alcohol, pero si se ha fumado mucho por la noche, puede ser que al día siguiente nos sintamos cansados o poco lúcidos.

Se ha debatido mucho si el consumo de cannabis es o no adictivo. Fisiológicamente, parece claro que no produce adicción, ya que al interrumpir su toma no se experimenta síndrome de abstinencia alguno. Pero no se puede decir que no exista ningún tipo de dependencia; al igual que todo lo que se convierte en hábito, el consumo crónico puede llevar a una relación de enganche psicológico con la sustancia. Al no tratarse de un alucinógeno fuerte, hay personas que incorporan su consumo a la vida diaria de manera mucho más fácil que con cualquier otra droga. Saber cuándo se llega a este punto no es fácil. Un hecho que ayuda a saberlo es fijarse en si las dosis ingeridas aumentan progresivamente y si los efectos que producen realmente no son ya los que se experimentaban al principio, ni los que se desean. Esto significa que existe tolerancia al cannabis.

Que quede claro que el cannabis es una droga que a la larga puede convertirse en un hábito carente de recompensas, ni terapéuticas ni recreacionales. Todo depende de nuestra relación con la planta.

El consumo de cannabis en España

Igual que en otros países, el consumo de drogas en España estalló en la década de los setenta. Desde entonces no ha parado de crecer, aunque con diferencias entre distintos tipos de droga. En los últimos años son las drogas de síntesis y la cocaína las que se han disparado.

En términos absolutos, no obstante, las drogas más consumidas siguen siendo las legales: el tabaco y el alcohol. Sorprendentemente les siguen los analgésicos y/o tranquilizantes consumidos sin receta médica. Después de éstas, la droga preferida por los españoles es el cannabis, aunque en diversos períodos recientes, las crestas de consumo han apuntado a otras sustancias diferentes.

Desde finales de los setenta a mediados de los ochenta, la heroína se introduce en España y engancha a miles de personas. A partir de los noventa, el relevo lo toman las llamadas drogas de diseño: éxtasis, pastillas… todas ellas sintetizadas en laboratorios. A pesar de todo, la sustancia psicoactiva preferida por los españoles sigue siendo el cannabis.

En 1996 se decomisaron en Europa un total de 410 toneladas de resina de cannabis (hachís). De éstas, 243 toneladas se decomisaron en España, procedentes de Marruecos.

Según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en España hay 4.000.000 de alcohólicos, 300.000 personas han probado la heroína (a 75.000 de ellas se las considera adictas), cerca de 100.000 personas son adictas a analgésicos derivados de la morfina, cada fin de semana unas 500.00 personas consumen éxtasis, más de 700.000 toman anfetaminas, 900.000 españoles han probado la cocaína (a 75.000 de ellos se les considera cocainómanos)…

Y eso no es todo. El mayor grupo de personas adictas a una sustancia lo constituyen los adictos a los psicotropos de farmacia: cerca de 800.000 consumen habitualmente medicamentos hipnóticos. Cerca del 40 % de las personas mayores de 50 años toma alguno de estos compuestos para relajarse o para poder dormir.

Según encuestas domiciliarias realizadas en 2007 por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (Ministerio del de Sanidad, Política Social e Igualdad) las tasas de consumo de drogas en España serían las siguientes:

•El 29,6 % de la población encuestada fuma tabaco diariamente.

•El 10,2 % bebe alcohol diariamente.

•En cuanto al cannabis, un 27,3 % de la población lo ha probado alguna vez. Los mayores niveles de experimentación con derivados del cannabis se localizan en el tramo de edad que va de los 15 a los 24 años (el 29 % de los chicos y el 19 % de las chicas lo han probado a esa edad).

•Los consumos habituales de cannabis han bajado y afectan sólo al 1,5 % de los españoles, sin embargo hasta un 2,2 % de los adolescentes españoles entre 14 y 18 años presenta un consumo problemático de cannabis.

•La edad media de inicio en el consumo de cannabis se sitúa en los 18,5 años, observándose que se reduce a medida que lo hacen los segmentos de edad.

El consumo de drogas en España

Según el último informe del Observatorio Español sobre Drogas, publicado en 2009 por el Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, drogas legales como el alcohol y el tabaco seguían siendo las de mayor prevalencia en España, aunque su consumo tendería a estabilizarse o tender al descenso, igual que el consumo de heroína inyectada, cocaína y cannabis, estimulantes como el éxtasis y las anfetaminas o alucinógenos. No así el consumo de hipnosedantes, desde tranquilizantes a sominíferos, que iría en aumento. La droga ilegal más consumida por los españoles, según este informe, seguía siendo el cannabis, seguido de la cocaína. http://www.pnsd.msc.es/Categoria2/observa/pdf/oed-2009.pdf

Efectos negativos sobre la salud

En cuanto a su nocividad, la Organización Mundial de la Salud afirma que el cannabis es menos perjudicial que el alcohol o el tabaco. El informe asegura que la cantidad de marihuana que se fuma en el mundo daña menos la salud pública que los cigarrillos o el alcohol. Es más, la misma conclusión sería válida si se consumiera marihuana en la misma cantidad con que se consumen cigarrillos y bebidas espirituosas.

Mientras que los efectos perniciosos del alcohol en los fetos, por ejemplo, están probados, cualquier indicio de que esto suceda también con el consumo de cannabis está muy lejos de ser concluyente. Los informes de la OMS también concluyen que sólo en el consumo de alcohol se aprecian síntomas evidentes de abstinencia al dejar de tomarlo, mientras que todo el efecto perjudicial a largo plazo que ha podido atribuirse al consumo de marihuana son «evidencias que sugieren que puede producir leves defectos en el sistema cognitivo».

TABLA I. Informe anual sobre la drogodependencia en la UE * (por 100 g de materia seca)

Prevalencia a lo largo de toda la vida del consumo de cannabis en algunos Estados miembros de la UE.


*Tabla proporcionada por El País (23-11-99)

TABLA II. Consumidores de cannabis


Otras fuentes aseguran que el consumo habitual de cannabis sí perjudica la memoria a corto plazo. También es cierto que, bajo los efectos de la droga, los individuos tienen menor capacidad de concentración. En cambio, parece que la mente funciona más libremente; entra en un estado más imaginativo y se producen asociaciones de ideas inéditas.

Estudios científicos al respecto muestran muy pocas diferencias cognitivas (capacidad de atención, memoria y aprendizaje) entre consumidores habituales de cannabis e individuos no consumidores. Pero, no nos cansaremos de repetirlo, los efectos de la droga son muy personales.

Un efecto nocivo del cannabis que se experimenta de modo mucho más generalizado es la irritación de las vías respiratorias. A la larga, esto produce una tos seca parecida a la del fumador de cigarrillos. Según algunos autores, el humo de la marihuana contiene más alquitrán que el del tabaco, y esto puede provocar más enfermedades pulmonares y bronquiales.

LA MARIHUANA Y EL CEREBRO

Como ya hemos dicho, las sustancias que otorgan al cannabis toda su personalidad son los llamados cannabinoides, que son unos 60. El THC es el único psicoactivo de entre todos ellos. Las relaciones sinérgicas entre los distintos cannabinoides es lo que confiere realmente valor terapéutico a la planta.

Legalmente, el cannabis está clasificado como alucinógeno, a pesar de que todo consumidor puede dar fe de que la ingestión de cannabis difícilmente produce esos efectos. Su acción sobre el cerebro –siempre el aspecto más polémico de la planta– es inocua; no daña las células cerebrales ni el tejido nervioso. Puesto que los cannabinoides son liposolubles, van del cerebro al sistema nervioso y de allí a los órganos sin dejar huella en nuestra materia gris.

Los síntomas de intoxicación por cannabis son periféricos (extracerebrales). La psicoactividad se manifiesta en cuanto la droga llega al sistema nervioso central. Es entonces cuando se pueden producir algunas de las sensaciones características: enlentecimiento de la psicomotricidad; aumento de la sensibilidad a los colores, los sabores o la música; alteraciones de la memoria para acontecimientos recientes; euforia con conciencia de su origen; alteración de la noción del tiempo; alivio de los espasmos musculares y el dolor.

Los humanos disponemos por naturaleza de receptores de cannabinoides y de THC en el cerebro que controlan la memoria, el aprendizaje, el dolor, la náusea y la psicomotricidad, lo que explica el porqué de algunos de sus efectos (tanto agradables como desagradables) al consumirlo, pero también puede darnos pistas de sus virtudes terapéuticas. Ninguno de estos receptores está ubicado en las zonas que controlan la respiración y el ritmo cardíaco, una importante observación para entender por qué el consumo de cannabis no ha llevado a nadie a la muerte ni puede considerarse una sustancia peligrosa.

En 1992 se identificó la primera de una familia de moléculas cerebrales naturales que enlazan con los receptores mencionados. Sus descubridores la llamaron anandamina, que en sánscrito significa «dicha eterna». Así pues, nuestro cerebro está dotado de la infraestructura (receptores cerebrales) y los canales (moléculas) que nos permiten asimilar el cannabis.

¿El primer neuroregenerador?

Según estudios publicados en la prestigiosa revista médica The Lancet, uno de los componentes del cannabis puede tener la capacidad de regenerar las neuronas (las únicas células del cuerpo humano que no se regeneran solas). Al decir de estas investigaciones, el dexanabinol podría frenar la extensión de los daños neuronales que se producen por un traumatismo. Actúa bloqueando el glutamato que daña las neuronas, así como los también tóxicos peróxidos e hidróxidos.

La acción antiinflamatoria propia del cannabis –probada para otras afecciones en distintos lugares del cuerpo– actuaría también en el cerebro y detendría el proceso que puede llevar a las neuronas a la muerte.

El dexanabinol puede administrarse mediante una inyección y sus efectos se notan al cabo de 6 horas. De confirmarse estos datos en futuros estudios, se trataría de la primera sustancia neuroregeneradora apta para el uso en humanos.

Además, algunos endocannabinoides como la anandamida han mostrado su efecto neuroprotector, lo que lleva a pensar que podrían tener utilidad en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer.

Todos estos datos alientan tesis contrarias a las atribuidas popularmente a la marihuana: como la pérdida de memoria. Un estudio canadiense ahonda en ese sentido: parece que el consumo regular de cannabis provocaría una capacidad adicional de regeneración neuronal, concretamente en el hipocampo, zona del cerebro vinculada con la memoria y los procesos cognitivos. El uso regular podría favorecer la memoria, disminuir la ansiedad y mejorar el humor. Los investigadores trabajaron en ratas con el cannabinoide sintético HU210, y concluyeron que «el cannabis es la única droga ilegal capaz de producir un incremento en las neuronas, lo que se relaciona positivamente con su efecto ansiolítico y depresivo».

¿Cura la marihuana?

Por lo que sabemos hasta ahora, el cannabis no puede curar el cáncer, ni el SIDA, ni el asma, ni enfermedad alguna. El cannabis simplemente reduce los síntomas de muchas enfermedades, alivia el dolor, ayuda a convivir con ellas y reduce los efectos secundarios de las medicaciones convencionales, algunas veces tan agresivas como la quimioterapia.

Entre las virtudes terapéuticas del cannabis –la mayoría advertidas por la experiencia de los pacientes, ya que los estudios científicos han sido hasta ahora bastante limitados debido a la ilegalidad de la planta– destaca su poder antiinflamatorio, analgésico, antiespasmódico, expectorante y estimulante del apetito. Puede tomarse de distintas maneras: fumada, cocinada, en cápsulas o por vía tópica en forma de ungüento (para dolores musculares locales o articulaciones inflamadas).

Su acción analgésica es quizás una de las más prometedoras, puesto que los analgésicos actuales o bien están basados en opiáceos (causan dependencia, alteran gravemente el estado mental de quien los toma, provocan estreñimiento, náuseas y a veces reacciones alérgicas) o, tomados durante períodos continuados, licuan la sangre, producen úlceras o atacan al riñón. El cannabis se revela en este caso como una buena alternativa, pues es efectivo, de acción inmediata y no tiene efecto secundario alguno, ni siquiera el de enturbiar la mente ya que las dosis curativas suelen ser inferiores a las que producen psicoactividad.

Precisamente la dosificación es uno de los puntos en que cabría investigar más para poder acceder al cannabis como medicina sin experimentar los efectos psicoactivos.

Analgésico natural

La capacidad analgésica del cannabis es lo que lo hace efectivo para luchar contra los síntomas de varias enfermedades que repasaremos a continuación. Otro efecto global es el antiinflamatorio, y éste se explica por la dilatación de los vasos sanguíneos y la relajación muscular que suceden a su ingestión. Pero quizás el potencial analgésico es más destacable que el antiinflamatorio.

Las propiedades analgésicas del THC y de otros cannabinoides, que tradicionalmente han sido recogidas en farmacopeas y transmitidas oralmente de una generación a otra, se están viendo confirmadas por los estudios más recientes. Equipos de investigadores de universidades de Nueva York y California han mostrado que derivados del THC actúan en las mismas regiones del cerebro donde se detecta actividad al consumir opiáceos. Sus efectos calmantes del dolor son muy parecidos, aunque sus efectos negativos sobre otros aspectos de la salud son mucho menores.

El cannabis podría convertirse en un analgésico general, pero es su psicoactividad la que lo impide. Sin embargo, los investigadores creen que cada vez se está más cerca de salvar este obstáculo; se han descubierto receptores cannabinoides en la piel y zonas periféricas, aparte, claro está, de los que tenemos en el cerebro. Si se consigue sintetizar moléculas que actúen sobre los receptores periféricos en vez de sobre los centrales, es posible que se consiga separar el poder terapéutico del cannabis de su psicoactividad.

APLICACIONES TERAPÉUTICAS

Se sabe que en las enfermedades descritas a continuación, el uso del cannabis –fumado o ingerido– ha supuesto un gran alivio para las personas que las padecían. En algunos casos, la planta ha sido legalmente recetada. En otros no, y para algunos pacientes ha supuesto ir a la cárcel. Recordemos que el cannabis es una droga ilegal y que su consumo puede acarrear todas las consecuencias que de ello se derivan.

Existen numerosos testimonios escritos de personas que explican su experiencia curativa con el cannabis, pero las características de este manual han hecho que nos ciñamos únicamente a la descripción somera de la enfermedad tratada y a la explicación de cómo funciona el cannabis en cada caso. Para los interesados en ampliar la información de este apartado, en la bibliografía se incluyen títulos que satisfarán su interés.

Cáncer

El tratamiento del cáncer (quimioterapia y radioterapia) es a menudo más perturbador que la enfermedad en sí. Los pacientes tratados de esta forma experimentan episodios agónicos de náuseas y vómitos que pueden durar días. Estos tratamientos también cierran el apetito del paciente, lo que les debilita todavía más. Para remediar estos efectos indeseables, se suelen prescribir nuevos medicamentos. Algunos médicos recetan Marinol, el preparado sintético de THC, pero ya hemos hablado de sus limitaciones. Dada la gravedad de la situación, algunos enfermos optan por consumir cannabis, a menudo con el consentimiento de sus médicos (aunque no con el consentimiento legal). Unas caladas de cannabis antes de las sesiones de quimioterapia evitan las náuseas posteriores al tratamiento. El cannabis también resulta muy efectivo para evitar los vómitos, y estimula el apetito de los pacientes.

En este caso, ha sido la experiencia de los pacientes la que ha motivado los estudios médicos. Algunas personas tratadas con quimioterapia o radioterapia advirtieron una mejora de los efectos secundarios al consumir marihuana por motivos recreacionales. Los pacientes lo comunicaron a sus médicos y fue entonces cuando se realizaron estudios de campo para demostrar su efectividad, que quedó probada.

Hoy en día, en los lugares en que el consumo de marihuana está permitido por motivos médicos, los pacientes que reciben tratamientos contra el cáncer son los principales autorizados a consumir cannabis.

SIDA

Como en el caso del cáncer, el tratamiento médico para sobrellevar la enfermedad es tóxico y agresivo. El AZT es el medicamento que se suministra habitualmente para tal fin. Pero este compuesto debilita el sistema digestivo, puede producir piedras en el riñón y provoca náuseas. El malestar general que provoca el tratamiento del SIDA, junto con la pérdida del apetito, lleva a un debilitamiento del organismo que facilita la aparición de otras enfermedades como cánceres e infecciones varias.

Otro tipo de tratamiento contra el VIH, puesto en práctica desde hace menos tiempo, es la llamada triple terapia, una combinación de medicamentos que, si bien es efectiva para mantener al VIH controlado, presenta efectos secundarios más severos y es extremadamente cara.

Igual que los enfermos de cáncer, las personas con VIH acuden a la marihuana para combatir vómitos y náuseas y poder soportar mejor los tratamientos. Los afectados por el SIDA, además, recurren al cannabis para aliviar espasmos musculares, dolor y también fatiga crónica.

De todos modos hay que advertir que los enfermos de SIDA que fumen marihuana corren el riesgo de desarrollar infecciones pulmonares o de verse afectados si la hierba contiene alguna bacteria. Para evitarlo, algunos pacientes optan por ingerir el cannabis.

Esclerosis múltiple

La esclerosis múltiple se produce cuando el sistema inmunitario del organismo altera su comportamiento habitual y actúa precisamente contra la película protectora del sistema nervioso central. Los glóbulos blancos destruyen entonces zonas enteras de esta capa, y ciertas señales nerviosas hacia el cerebro quedan interrumpidas. Como resultado, la persona se ve debilitada en su conjunto y sufre dolores musculares y graves problemas de movimiento, equilibrio y coordinación que en algunos casos llegan a la parálisis.

No hay cura para la esclerosis múltiple, sólo se tratan sus síntomas. Los medicamentos administrados para tal fin contienen principalmente cortisona o son estimulantes de la cortisona natural. Los altos niveles de cortisona provocan vómitos y náuseas, cambios repentinos de humor, depresión, insomnio, retención de líquidos (con la consiguiente y característica hinchazón) y aumento de peso corporal. A largo plazo, la cortisona tiene todavía más efectos secundarios.

Las personas con esclerosis múltiple que han acudido a la marihuana han notado notables mejorías en el control de los espasmos y temblores musculares, y en su coordinación general. Otros comunican que, a largo plazo, el uso de cannabis parece detener la progresión de su enfermedad.

A pesar de que estudios científicos han demostrado el valor del Marinol a tal efecto, su prescripción para enfermos de esclerosis múltiple no es legal. Y al igual que en otras aplicaciones, su efectividad es menor que la de la propia planta, según relatan los pacientes.

Paraplejía y tetraplejía

Cuando se produce una lesión en la columna vertebral, el movimiento de las extremidades se ve afectado. Si la lesión se produce en la parte baja de la columna, la parálisis afecta a las piernas (paraplejía). Cuando la lesión tiene lugar en la parte superior de la columna, los brazos y el cuello quedan también afectados (tetraplejía). Estas afecciones no anulan el movimiento de las extremidades por completo; sólo su acción voluntaria. Los músculos siguen activándose, pero lo hacen sin el permiso de su dueño y en forma de dolorosos espasmos.

El cannabis desentumece los músculos y alivia el dolor de los espasmos. Hay constancia de ello en los tratados médicos, desde los chinos a los indios, y estas observaciones fueron recogidas por los tratados científicos del siglo XIX. El propio médico personal de la reina Victoria de Inglaterra reconoció usarla para tales fines, así como para ataques epilépticos y migrañas. Como sucede en otras enfermedades, los medicamentos convencionales que se administran para mitigar los dolores de los espasmos musculares producen graves efectos secundarios y a veces resultan inefectivos.

Epilepsia

Los ataques de epilepsia (una afección crónica del cerebro) se producen cuando las neuronas lanzan impulsos eléctricos incontroladamente. Aunque hay varios grados de enfermedad y cada uno presenta características propias durante los ataques, en general un ataque de epilepsia produce convulsiones corporales y pérdida de coordinación y de conciencia. Durante estos episodios, el enfermo puede tener dificultades para respirar, llegar a morderse la lengua u orinarse encima. Muchos no recuerdan lo sucedido una vez ha pasado el ataque.

La epilepsia suele tratarse con medicamentos anticonvulsivos. Una vez más, en muchos casos son poco efectivos y tienen efectos secundarios (náuseas, dolor de cabeza, pérdida de cabello, descoordinación, impotencia, depresión y hasta psicosis). Según el testimonio de varios enfermos epilépticos, gracias al uso del cannabis se ha logrado controlar por completo los ataques. En este caso, sin embargo, se ha detectado que en el tipo de ataques leves sin convulsiones (estados en que el enfermo se queda como en blanco) no es aconsejable el uso de la planta.

Algunos pacientes experimentan una mejoría cuando consumen marihuana junto con las medicinas convencionales, en cambio otros prefieren ingerirla sola. A falta de estudios más precisos, debido a la situación de ilegalidad del cannabis, cada enfermo debe encontrar la dosis y la forma de aplicación más efectiva en su caso.

Migraña

La migraña es una alteración nerviosa repentina que provoca fuertes dolores de cabeza y alteraciones en el sentido de la vista que a menudo producen alucinaciones. Los ataques de migraña pueden durar de horas a días y su origen, aunque es todavía confuso, parece consistir en una combinación de problemas del sistema circulatorio, el tejido nervioso y desequilibrios químicos en el organismo.

Una de las sustancias químicas que intervienen en este proceso es la serotonina, compuesto que el consumo de THC estimula. Tradicionalmente, los medicamentos usados para calmar los ataques de migraña eran derivados de los opiáceos, subproductos entre cuyos efectos secundarios se cuenta uno fundamental: la incapacidad de mantener la mente lúcida y seguir con normalidad el ritmo de vida cotidiano, cosa que no sucede con las dosis medicinales de marihuana. Los medicamentos más modernos contra la migraña funcionan también estimulando la secreción de serotonina.

El uso del cannabis contra la migraña está bien documentado y era frecuente su uso en preparados de farmacia antes de la prohibición de 1937. Una de las ventajas que relatan los afectados que han tomado esta opción es que su efecto es inmediato si la planta se fuma, y de este modo la dosis es perfectamente controlable; basta con dejar de inhalar cannabis cuando el dolor de cabeza ha desaparecido. Algunos autores sostienen que las hojas de la planta son más efectivas que las flores para combatir la migraña.

Artritis

La inflamación y gradual degeneración del cartílago y el hueso de las articulaciones se denomina artritis. Produce dolor y dificultad de movimiento. El reumatismo es un tipo de artritis producido por un mal funcionamiento del sistema inmunitario, que ataca al tejido conjuntivo del organismo.

En ambos casos, el tratamiento convencional se basa en opiáceos para calmar el dolor y productos antiinflamatorios para mejorar el movimiento de las articulaciones. Personas afectadas por los efectos secundarios de estos medicamentos han recurrido al cannabis con buenos resultados. Han disminuido o eliminado el dolor y han ganado movilidad.

Asma

La inflamación de los bronquios y la mucosidad que genera obstruyen las vías respiratorias y provocan ahogos en el enfermo de asma. Los orígenes de la inflamación pueden ser alérgicos (al polen, al polvo doméstico, al pelo de los animales…), virales o bacterianos, o ambientales (cada vez hay más casos de asma relacionados con la contaminación atmosférica).

Cuando se produce un ataque de asma, el enfermo tiene dificultades para respirar, genera mucosidades y tose. Las personas asmáticas suelen llevar consigo un inhalador para usar en estos casos. La mayoría son broncodilatadores, y la lista de efectos secundarios incluye inquietud, insomnio, temblor de músculos, náuseas y vómitos. El tratamiento de casos muy graves incluye cortisona, con los consiguientes efectos secundarios mencionados en apartados anteriores.

En las culturas india y arábiga se ha fumado marihuana tradicionalmente para combatir el asma, aunque parezca contraproducente. Hoy se sabe que el THC dilata los bronquios, incluso durante más tiempo que algunos inhaladores. De todos modos, algunos asmáticos no toleran el humo que, ciertamente, produce un efecto irritante y puede producir bronquitis crónica. La ingestión oral de THC en forma de cápsulas o en la comida es una buena opción, pero sus efectos son más lentos y, por lo tanto, no resulta demasiado adecuado para enfrentarse a un ataque. Inhalar vapores de marihuana parece la mejor solución.

Glaucoma ocular

Nuestro ojo se lubrica y limpia mediante el humor acuoso. Generamos este líquido continuamente para mantener el globo ocular siempre a punto. El líquido sobrante tiene que eliminarse, y para eso utilizamos pequeños conductos de drenaje. Cuando estos conductos se bloquean, el humor acuoso queda retenido en el ojo y aumenta la presión ocular; entonces decimos que se padece glaucoma ocular.

La excesiva presión ocular puede dañar el ojo a largo plazo y conducir incluso a la ceguera (el 15 % de los casos de ceguera son resultado de un glaucoma). La medicina convencional trata el glaucoma mediante productos químicos que afectan al hígado y los riñones o mediante intervenciones quirúrgicas. En ambos casos, la estrategia de ataque consiste en desbloquear los conductos de drenaje. El cannabis actúa de manera distinta: constriñe los nervios oculares, de forma que se segrega menos líquido, deshidrata el ojo (la sequedad de ojos y boca es una sensación perfectamente identificable por los consumidores de marihuana) y el líquido acumulado se redistribuye y absorbe. Es como desecar un pantano que está a punto de desbordarse. Al mismo tiempo, dilata los vasos sanguíneos de las membranas mucosas oculares que facilitan el drenaje de líquidos, por lo que el líquido sobrante se filtra más fácilmente por conductos alternativos a los bloqueados.

En definitiva, la marihuana reduce la presión ocular de forma significativa, por lo que las personas afectadas de glaucoma notan un rápido alivio del dolor que provoca la enfermedad que padecen. Algunos han visto cómo el consumo de cannabis elimina los halos de color o las manchas de su visión y, a la vez, frena el proceso que conduce a la ceguera.

Estrés y depresión

La mayoría de la gente que consume cannabis hoy en día lo hace simplemente porque «le sienta bien». Al consumir cannabis todo se relativiza, el usuario se relaja, los problemas de la vida no parecen insalvables o, como mínimo, parece que podemos aprender a convivir con ellos. Al consumir cannabis se entra en una nueva perspectiva de la existencia, mucho más plácida y sosegada. Todos estos efectos son el mejor ejército antiestrés que se pueda encontrar.

Se han iniciado diversos estudios para relacionar este aspecto terapéutico del cannabis con su influencia en el ritmo circulatorio, pero no se han obtenido resultados concluyentes. Es decir, no sabemos cómo funciona, pero funciona.

Las mismas sensaciones que acabamos de describir pueden ser beneficiosas para las personas que padecen depresiones. A lo anteriormente mencionado se le puede añadir un ligero efecto euforizante de la planta, aunque se produce en mayor medida con la marihuana que con el hachís y en determinadas variedades por encima de otras. La Cannabis sativa, por ejemplo, estimula más el cerebro que la indica, que suele ejercer un efecto más sedante y pesado sobre todo el cuerpo. Es el propio consumidor quien debe encontrar la variedad y dosis más adecuada para su estado, pero los testimonios de enfermos que se han beneficiado de la marihuana para superar sus depresiones son muy numerosos. Algunos estudios relacionan estos beneficios con la estimulación de la serotonina que puede producir el consumo de THC.

El especial estado de conciencia que se obtiene al fumar cannabis es altamente favorecedor para iniciar procesos de psicoanálisis, para exteriorizar problemas que habitualmente nuestra conciencia retiene y para afrontar con mayor tranquilidad los conflictos internos de cada uno. No en vano la psicoterapia fue una de las primeras aplicaciones que se dio en Occidente al cannabis que se trajo de Oriente.

Trastornos alimentarios

Cualquier persona que haya consumido cannabis identificará la sensación de hambre repentina que se produce al cabo de unos minutos de fumar la planta. Efectivamente, después de los primeros efectos de sequedad de ojos y boca (lo que requiere el consumo inmediato de algún líquido) se despierta el apetito. A menudo, y curiosamente, apetece comer chocolate, probablemente porque los compuestos de la marihuana y del cacao son primos lejanos. Pero al margen de esta anécdota, el consumidor de cannabis es una persona cuya salud se ve reforzada por una alimentación suficiente (sobre todo si se tiene la precaución de tener a mano alimentos sanos después de fumar).

Pero debemos advertir que el consumo habitual de cannabis puede llevar al punto contrario; los fumadores crónicos pueden notar cómo se les cierra el apetito después de ingerir cannabis, de manera que existe el peligro de caer en el círculo vicioso contrario; cuando el consumo es habitual, puede también tornarse habitual el hecho de comer poco y mal.

Quizá este efecto de la marihuana no tenga mayores consecuencias para la población en general, pero puede ser de gran ayuda para personas con dificultades para ingerir alimentos, ya sea porque sufren de mareos, de anorexia nerviosa o porque están sometidos a algún tratamiento que elimina el apetito. Una alimentación continua y correcta facilita sin duda la recuperación del enfermo.

Algunos investigadores sostienen que la anorexia nerviosa está provocada por una hiperactividad de mecanismos cerebrales relacionados con la dopamina, y que el sistema cannabinoide endógeno (es decir, los receptores de que disponemos en el cerebro) podría contrarrestar el exceso de actividad y corregir los síntomas. Y si esta teoría funciona, también puede usarse en sentido contrario, es decir, en tratamientos contra la obesidad. De momento, son vías que hay que inspeccionar.

En estas circunstancias, la ingestión de cannabis mezclado en las comidas puede convertirse en una alternativa.

TABLA III. Resumen de las propiedades terapéuticas del cannabis




ESTUDIO DEL COLEGIO DE FARMACÉUTICOS DE BARCELONA

Como hemos dicho anteriormente, el plan piloto para la venta de cannabis en farmacias que se ha aprobado en Cataluña partió de un estudio previo, en el que participó también el organismo holandés encargado de desarrollar el plan de marihuana y salud en Holanda. El Colegio de Farmacéuticos de Barcelona decidió colgar en su página web (www.farmaceuticonline.com/inici.html) el «Prospecto del cannabis para uso terapéutico», en el que todos los interesados pueden encontrar la descripción de la materia prima, las principales indicaciones y contraindicaciones, cuál es la dosificación adecuada, interacciones, efectos secundarios y riesgos.

En líneas generales, el Colegio de Farmacéuticos sostiene que a los enfermos que se tratan con quimioterapia les alivia las náuseas, elimina los vómitos, abre el apetito, facilita el sueño y la relajación y mejora el estado emocional.

Por otro lado, también hay aspectos negativos. Cuando hay un consumo prolongado puede haber problemas de pérdida de memoria o cambios en el estado emocional. En consumos puntuales también puede haber problemas de sensación de miedo, o crisis de angustia, pánico y confusión, taquicardia, mareo, bajada de tensión arterial, boca seca, etc. En algunos casos (8,5 %) pueden presentarse también arritmias cardíacas. Esto último hace desaconsejable el consumo de cannabis en las personas con problemas cardiovasculares.

También hay formas más y menos perjudiciales de consumirlo; aunque la mayoría de gente lo fuma, ésta es justamente la forma menos recomendable. Es mucho más aconsejable tomarlo por vía oral –por ejemplo, en infusión o calentado con aceite en las comidas–. Así, el único efecto negativo es la sequedad de boca, y además la eliminación de náuseas y vómitos es mucho más efectiva que si se fuma. La vaporización es otra forma de consumo que evita los efectos perjudiciales de fumar.

Entremos ahora en detalle en otras informaciones sobre distintos aspectos del cannabis que ofrece el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona:

Composición de la planta: principios activos: cannabinoides, fundamentalmente delta-9-tetrahidrocannabinol (delta-9-THC: también denominado dronabinol), y en menor cantidad ácido delta-9- THC, delta-8-THC, cannabidiol y cannabinol.

En Holanda conocemos las dos variedades que se dispensan en farmacias: Bedrocan y SIMM18. En España la composición en principios activos es desconocida, ya que se consigue la sustancia a partir de diferentes fuentes ilegales y sin control del producto. Lo que sí podemos afirmar es que se desaconseja totalmente el consumo de la resina (en el argot: hachís, chocolate), porque tiene una mayor concentración en principios activos –mayor posibilidad de intoxicación– y también contiene productos que se mezclan con la sustancia y pueden ser muy tóxicos.

Indicaciones:

No registradas

•Esclerosis múltiple y problemas de médula espinal: contra el dolor, espasmos y convulsiones musculares.

•Cáncer y VIH/SIDA: dolor; vómitos y náuseas como efectos secundarios de la quimioterapia, la radioterapia y la medicación antirretroviral; como estimulante del apetito.

•Dolores crónicos de origen nervioso.

•Síndrome de Gilles de Tourette: ayuda a detener los tics.

Hay que recordar que el cannabis no tiene ningún papel en la curación de estas dolencias. Sólo –en algunos casos y ante el fracaso de los fármacos existentes para abordarlas– puede ayudar a aliviar sus síntomas. Lo más aconsejable es, pese a que no esté autorizado en nuestro entorno, comentar con el médico la posibilidad de consumir el cannabis.

También se habla de otras indicaciones, pero no hay suficientes estudios clínicos que las avalen.

Contraindicaciones:

•Trastornos psicóticos.

•Pacientes con problemas psicológicos.

•Problemas de corazón: arritmias cardíacas, insuficiencia coronaria o pacientes que hayan tenido alguna angina de pecho o infarto.

•Contraindicado en personas que deban utilizar maquinaria o tengan que conducir. En este caso, se recomienda, si se ha consumido cannabis por vía inhalatoria, esperar como mínimo dos horas antes de conducir. Y si se ha tomado por vía oral –inhalación, cápsulas, con la comida…–, esperar al menos cuatro horas.

Dosificación: es muy difícil establecer una buena pauta de dosificación, ya que estamos hablando de una sustancia con una gran variabilidad. Esta variedad en la dosis dependerá de la calidad y las características de la planta de la que se disponga. Lo mejor es aumentar la dosis poco a poco, esperando encontrar el efecto deseado. Es recomendable obtener siempre la sustancia de un mismo origen, ya que las posibilidades de que la cantidad de principios activos sea similar son más altas.

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Yaş sınırı:
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Litres'teki yayın tarihi:
13 kasım 2024
Hacim:
350 s. 184 illüstrasyon
ISBN:
9788415541523
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