Kitabı oku: «Trayectorias migrantes: la juventud venezolana en el Perú»

Yazı tipi:

Cécile Blouin

Stéphanie Borios

Robin Cavagnoud

Gonzalo Gamio Gehri

Marcela Huaita Alegre

Elizabeth Salmón

Pablo Vega Romá

Crisbeth Vigo



Trayectorias migrantes: la juventud venezolana en el Perú

© Elizabeth Salmón, coordinadora

De esta edición:

© Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, 2021

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© Pontificia Universidad Católica del Perú

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Diseño, diagramación, corrección de estilo

y cuidado de la edición: Fondo Editorial PUCP

Primera edición digital: diciembre de 2021

Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente, sin permiso expreso de los editores.

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú N° 2021-14332

ISBN: 978-612-317-720-1

https://doi.org/10.18800/978-612-317-718-8

Índice

Agradecimientos

Abreviaturas, acrónimos y siglas

Introducción

Capítulo 1 Huir para vivir: crisis social y «migración de supervivencia»

Stéphanie Borios

Introducción

1. Las migraciones en tiempos de crisis: entre «migraciones forzadas» y «migraciones de supervivencia»

2. Escalada de la crisis, aislamiento progresivo de las personas, y violaciones de derechos en Venezuela

3. Una inseguridad alimentaria severa y crónica

3.1. Estrategias individuales y familiares para paliar la falta de alimentos

3.2. Las consecuencias de una inseguridad alimentaria aguda en la producción y reproducción

4. Crisis del sistema de salud

5. Crisis del sistema educativo y del derecho a la información y a la conectividad

6. Crisis de autoridades: entre corrupción, coacción y represión

7. La migración de supervivencia: entre visibilización y acceso a derechos

Conclusiones

Referencias

Capítulo 2 Las medidas migratorias y de refugio adoptadas en el Perú a la luz del derecho humano a la no devolución de las y los migrantes venezolanos

Introducción

1. La complementariedad entre el derecho humano autónomo a la no devolución y el derecho a la no devolución causal aplicada a los extranjeros

1. 1. La dicotomía entre «migrante» y «refugiado» para ejercer el derecho humano a la no devolución

1. 2. Los alcances del derecho humano a la no devolución de los migrantes y su relación con el DIDH

2. Posibles transgresiones del derecho a la no devolución en las políticas migratoria y de refugio peruanas

2. 1. Medidas migratorias

2. 2. Medidas de refugio

Conclusiones

Referencias

Capítulo 3 Entre la espera y el miedo: las trayectorias legales de la población venezolana en la región de Tumbes

Cécile Blouin

Introducción

1. Tumbes: entre región de tránsito y destino posible para la población venezolana

2. Perfil migratorio de la población entrevistada: análisis a la luz de la política de la hostilidad y hospitalidad selectiva

3. La experiencia migratoria: la espera y el miedo

Conclusiones

Referencias

Capítulo 4 Género, cuidados y responsabilidades familiares de los jóvenes venezolanos: una tipología de las trayectorias migratorias en contexto de crisis

Robin Cavagnoud

Introducción

1. Elementos contextuales, teóricos y metodológicos

1. 1. El éxodo de la población venezolana: un caso sin precedentes en el continente

1. 2. Sobre las emigraciones venezolanas hacia el Perú

1. 3. Población estudiada y método de análisis

2. La caracterización de la «crisis» como factor contextual condicionante de las emigraciones venezolanas

2. 1. La crisis social y económica como denominador común

2. 2. La crisis en el ámbito familiar

2. 3. De la crisis en el ámbito personal a la decisión de salir

3. La migración como iniciativa individual con diferentes grados de apoyo familiar a distancia

3. 1. Las migraciones «de aventura»

3. 2. Las migraciones «de abnegación»

3. 3. Las migraciones «de exploración»

4. Las migraciones inscritas en una dinámica familiar y de cuidado colectivo «presencial»

4. 1. Las migraciones de reunificación familiar

4. 2. Las migraciones de un núcleo familiar

4. 3. Las migraciones de un núcleo familiar monoparental

Conclusiones

Referencias

Capítulo 5 Políticas públicas, familias y reunificación en el contexto de la migración venezolana al Perú

Marcela Huaita Alegre

Introducción

1. El concepto dinámico de familia

2. La responsabilidad del Estado y su deber de protección a las familias desde el marco constitucional e internacional de derechos humanos

2. 1. Las familias y su diversidad

2. 2. El núcleo familiar

3. Las familias de las personas jóvenes venezolanas migrantes en el Perú (caracterización)

4. Las familias en la política migratoria peruana y las obligaciones del Estado

4. 1. Migración familiar

4. 2. Cambios en la política migratoria peruana respecto de las familias y sus integrantes

5. Tensiones entre la política migratoria y las obligaciones del Estado en torno a los derechos humanos de las personas integrantes de familias diversas

6. Vínculos familiares y reunificación familiar futura

Referencias

Capítulo 6 Experiencias de discriminación hacia jóvenes migrantes venezolanos: construcción del discurso e impactos en la vida cotidiana

Pablo Vega Romá

Introducción

1. Conceptualizando la xenofobia

1. 1. Definiendo el concepto

1. 2. Migración venezolana en el Perú

2. Xenofobia hacia jóvenes migrantes venezolanos

2. 1. Discriminación en la vida cotidiana

2. 2. Explorando las causas

3. Impactos de la xenofobia y perspectivas a futuro

Conclusiones

Referencias

Capítulo 7 Ética y migración: reflexiones sobre la migración venezolana en tiempos de crisis

Gonzalo Gamio Gehri

Introducción

1. El temor al extraño. La migración y el fenómeno de la violencia

2. Razón práctica y proyección empática

3. Migración, integración y justicia

4. Integración y crítica del prejuicio. Ética y atención al fenómeno de la migración en los tiempos de la pandemia

A modo de conclusión

Referencias

Sobre los autores y las autoras

Agradecimientos

Esta publicación es el fruto del esfuerzo conjunto de muchas instituciones y personas.

En primer lugar, queremos agradecer a cada una de las personas migrantes venezolanas en Lima, Tumbes y Tacna que participaron en las entrevistas, quienes no dudaron en compartir con nosotros momentos íntimos y difíciles de sus vidas; sus testimonios constituyen el corazón de este libro. Asimismo, agradecemos a los funcionarios y las funcionarias públicas que aceptaron ser entrevistados en Lima, Tacna y Tumbes. Adicionalmente, damos las gracias a todos los representantes de organismos internacionales en Lima, Tacna y Tumbes que compartieron su tiempo con nosotros en el desarrollo de las entrevistas. Finalmente, agradecemos de forma especial a la organización Encuentros Servicio Jesuita de la Solidaridad que desde Lima nos contactó con sus oficinas en Tacna y Tumbes.

Agradecemos también a todo el equipo que estuvo involucrado durante todo el proyecto, así como también a Lorena Vílchez y a Ariana Jáuregui, quienes participaron en su primera etapa. Además, agradecemos el valioso apoyo de Claudia Lovón, Crisbeth Vigo y Lucero Ibarra, quienes hicieron posible que esta investigación asumiera una forma definitiva. Expresamos nuestra gratitud, igualmente, a Maricielo Verástegui y Avecita Carmen Zapata por el eficiente soporte administrativo que brindaron a la investigación.

Esta publicación no se hubiese podido concretar sin el invalorable apoyo de la Dirección de Gestión de la Investigación de la PUCP, del Fondo Editorial de nuestra universidad y del apoyo del fondo concursable para la internacionalización de los grupos de investigación de la Dirección Académica de Relaciones Internacionales. Dejamos constancia de nuestro reconocimiento.

Abreviaturas, acrónimos y siglas


ACNURAlto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados
CADHConvención Americana sobre Derechos Humanos
CAREFComisión Argentina para Refugiados y Migrantes
CATConvención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes
CEBAFCentro Binacional de Atención Fronteriza
CELSCentro de Estudios Legales y Sociales
CEPALComisión Económica para América Latina y el Caribe
CEPRComisión Especial para los Refugiados
CIDHComisión Interamericana de Derechos Humanos
CIREFCAConferencia Internacional sobre Refugiados Centroamericanos
CLAPComités Locales de Abastecimiento y Producción
Comité Trabajadores MigratoriosComité de Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares
Constitución de 1993Constitución Política de 1993
Convención de 1951Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951
Convención de la OUA de1969Convención de la Organización de la Unidad Africana de 1969
Convención Trabajadores MigratoriosConvención Internacional sobre la Protección de los Derechos de todos los Trabajadores Migratorios y de sus familiares
Convenio EuropeoConvenio Europeo de Derechos Humanos
Corte IDHCorte Interamericana de Derechos Humanos
DARIDirección Académica de Relaciones Institucionales
DGIDirección de Gestión de la Investigación
DIDHDerecho Internacional de los Derechos Humanos
DIRDerecho Internacional de los Refugiados
ENCOVIEncuesta de Condiciones de Vida
FAPUVFederación de Asociaciones de Profesores Universitarios de Venezuela
FICRFederación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja
GOREGobierno Regional
GRIDEHGrupo Interdisciplinario de Investigación en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario
IDEHPUCPInstituto de Democracia y Derechos Humanos de la PUCP
INEIInstituto Nacional de Estadística e Informática
IPYSInstituto Prensa y Sociedad
Ley del RefugiadoLey Nº 27891, Ley del Refugiado
MERCALMercado de Alimentos S.A.
ODEOficina Descentralizada
OIMOrganización Internacional para las Migraciones
OVCSObservatorio Venezolano de Conflictividad Social
PADFPan American Development Foundation [Fundación Panamericana para el Desarrollo]
PDVALProductora y Distribuidora Venezolana de Alimentos S.A.
PSUVPartido Socialista Unido de Venezuela
PTPPermiso Temporal de Permanencia
PUCPPontificia Universidad Católica del Perú
R4VPlataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes
Reglamento de la Ley de MigracionesReglamento del decreto legislativo 1350, Ley de Migraciones, aprobado por el decreto supremo 007-2017-IN
Reglamento de la Ley del RefugiadoReglamento de la Ley del Refugiado, aprobado por el decreto supremo 119-2003-RE
RMRPRegional Refugee and Migrant Response Plan [Plan Regional de Respuesta a Refugiados y Migrantes]
SAIMEServicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería de Venezuela
SIDHSistema Interamericano de Derechos Humanos
SunatSuperintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria
TCTribunal Constitucional
TEDHTribunal Europeo de Derechos Humanos
UARMUniversidad Antonio Ruiz de Montoya
UPUniversidad del Pacífico

Introducción

Desde el año 2015, la situación política y económica de Venezuela ha generado una profunda crisis que ha dado lugar a una masiva migración de personas hacia distintos países de América Latina y el mundo. En los últimos cinco años, un millón de personas venezolanas han llegado al Perú (OIM, 2020). Nuestro país, además, se ha convertido en la nación con el mayor número de solicitantes de asilo de nacionalidad venezolana en el mundo (R4V, 2021). Entre inicios de 2017 y junio de 2018, según la Superintendencia Nacional de Migraciones, han llegado 462 661 personas procedentes de Venezuela al Perú (OIM, 2018c). Estas cifras oficiales indican que un 78,8% han ingresado por la región Tumbes (2018c, p. 2). Se registra, además, un alto número de migración irregular en esta zona de frontera entre el Perú y Ecuador. Adicionalmente, el Perú tiene el mayor número de solicitantes de asilo de nacionalidad venezolana en el mundo (38,5%), seguido por Estados Unidos y Brasil (ACNUR, 2018b). Según la Comisión Especial para los Refugiados del Ministerio de Relaciones Exteriores y ACNUR, 126 997 personas venezolanas habían solicitado asilo en junio de 2018 (OIM, 2018c, p. 2). Asimismo, de acuerdo con cifras proporcionadas a partir de una solicitud de acceso a la información, en el año 2019 se realizaron 259 838 solicitudes de la condición de refugiado en el Perú. Además, según la Plataforma de Coordinación para Migrantes y Refugiados de Venezuela, al 30 de junio de 2020, existían 496 095 solicitudes de la condición de refugiado pendientes recibidas por las autoridades peruanas. Para el Estado y la sociedad peruana esta migración masiva es un fenómeno novedoso, en tanto nuestro país se ha caracterizado por ser un lugar de origen o de tránsito de migrantes, no un lugar de destino.

Este escenario de migración masiva nos plantea la necesidad de investigar los proyectos y las estrategias migratorias de las personas venezolanas. Sin embargo, la novedad de esta problemática no ha permitido que el tema se aborde con rigor en los círculos académicos. Por ello, este libro se propone explicar los factores que sostienen las trayectorias migratorias de jóvenes venezolanos en el Perú según las etapas del proceso migratorio en las que se encuentran. Particularmente, los diferentes capítulos concentran su atención en los factores normativos, institucionales, materiales o económicos y sociales, así como su influencia sobre los proyectos y estrategias migratorias.

Para analizar los múltiples factores que configuran este fenómeno, los autores realizamos una investigación interdisciplinaria proveniente de las ciencias sociales, humanas y jurídicas con un enfoque de investigación cualitativa. Por un lado, la investigación jurídica permitió identificar, recopilar y analizar los principales instrumentos internacionales sobre migración y refugio, así como la normativa interna, incluyendo leyes, reglamentos, protocolos, directivas, entre otros. Se examinó cómo el Estado peruano ha optado poco a poco por un mayor control migratorio dejando sin opciones de regularización a la población venezolana. Por otro lado, la investigación social se enfocó en el paradigma del curso de vida, el cual permitirá observar en qué medida las políticas migratorias, analizadas desde la perspectiva jurídica, influyen y configuran en las trayectorias migratorias de los jóvenes venezolanos y en sus situaciones vitales. A ello se añadió un enfoque de género con el fin de analizar la subjetividad de las personas y sus propias trayectorias migratorias desde una perspectiva comparativa entre los sexos. La complementariedad entre estos tipos de investigación ha permitido explicar cómo las trayectorias migratorias son estructuradas por un conjunto de factores que se relacionan entre sí.

Asimismo, desarrollamos un mapeo de organizaciones de migrantes, entrevistas en profundidad y un análisis de la política migratoria en las tres regiones del Perú con mayor presencia de migrantes venezolanos: Lima, Tumbes y Tacna. Con la finalidad de introducir el tema de investigación, se presentan las principales fuentes de información sobre migración venezolana, aunque la información disponible es escasa y reciente debido a que se trata de un tema novedoso. Por esto, se elabora un balance de los aportes de la academia, así como las contribuciones de organismos internacionales y de organizaciones de sociedad civil. Este libro ofrece, por lo tanto, un panorama general sobre las migraciones de personas venezolanas de los últimos años en la región y más específicamente hacia Perú, a partir del contexto normativo que condiciona, en parte, el fenómeno.

1. El problema

De acuerdo con la Organización Internacional para la Migraciones (OIM), el número de venezolanos en el exterior aumentó de 700 000 a más de 1 600 000 personas entre 2015 y 2017 (2018a). Actualmente se estima que, a marzo de 2021, hay más de 5 500 000 de personas venezolanas en el exterior (R4V, 2021, p. 6). Si bien antes España y Estados Unidos eran los lugares de destino más recurrentes, en la actualidad existe un incremento en la migración a países de América del Sur (OIM, 2018b, p. 3). Esta migración está vinculada a una serie de factores entre los cuales destacan el deterioro generalizado de las condiciones de vida en todos los estratos socioeconómicos, el desabasto de alimentos y medicinas, y la hiperinflación y pérdida del poder adquisitivo del salario, a lo que se suman los problemas de la inseguridad y la violencia, así como una crisis política que ha puesto en riesgo derechos y libertades fundamentales.

Esta migración masiva ha sido de interés no solo para distintas disciplinas, sino también para los organismos internacionales y la sociedad civil, como lo muestra el informe presentado ante la CIDH por distintas organizaciones para la audiencia regional «Situación de derechos humanos de personas venezolanas en el contexto de la movilidad humana en las Américas». Dicho informe advirtió que el sueldo básico en Venezuela no superaba los 5 USD, lo que limita el acceso a servicios básicos de subsistencia y también las posibilidades de obtener documentos de identificación como el pasaporte, cuyos precios va desde 2000 a 5000 USD. Asimismo, entre las investigaciones que se han aproximado a este fenómeno se pueden encontrar dos grupos: las que se enfocan en el país de origen y las que se centran en el país de destino. En el primer grupo se encuentra el estudio de Tomás Páez (2014), el cual, al analizar el cambio de dirección de los flujos migratorios venezolanos, encuentra que para finales del siglo pasado y comienzos de este Venezuela había pasado de ser un país receptor de migrantes a un país expulsor de migrantes. Este estudio pionero caracterizaba el perfil que por entonces tenían los migrantes venezolanos y encontraba que sus principales razones para migrar eran principalmente la inseguridad y la vulnerabilidad económica.

La Oficina del ACNUR también ha llamado la atención sobre la situación de especial vulnerabilidad en la que se encuentran la población migrante venezolana. Se destacó, por ejemplo, que en marzo de 2018 las solicitudes de la condición de refugiado de personas venezolanas habían aumentado en un 2000% respecto de 2014, principalmente en países del continente americano (Kitidi, 2018). En este contexto, dicha oficina emitió la Nota de orientación sobre el flujo de venezolanos, en la que reconoció la necesidad de protección internacional de un alto número de personas venezolanas. ACNUR estableció lineamientos para el establecimiento de «mecanismos orientados a la protección que les permita una estancia legal a los venezolanos» e instó a los Estados que ya incorporaron la definición de Cartagena en su marco normativo nacional a aplicar esta definición (2018a, p. 2).

En relación con la bibliografía disponible sobre la migración venezolana hacia el Perú, cabe referirnos, en principio, a los informes de organizaciones internacionales. Dichos informes son el principal insumo para mostrar las características de esta migración. La OIM ha implementado la «Matriz de Seguimiento de Desplazamientos» (DTM) sobre el Monitoreo de flujo de migración venezolana en tres rondas. Estos tres estudios reconocen que el Perú es uno de los principales destinos para la migración venezolana y muestran un aumento de vulnerabilidad de la población. La DTM de la Ronda 3 de 2018 recolectó información de 700 personas venezolanas en Lima Metropolitana, principal ciudad de destino. Los rangos de edad de la mayoría de los entrevistados son de 18 a 24 años (27,3%) y de 25 a 29 años (25,8%) (OIM, 2018c, p. 4). Dos de los motivos por los cuales han decidido permanecer en la ciudad, aunque no sea su destino final original, son las condiciones socioeconómicas (44%) y el hecho de que les permite ahorrar para seguir su ruta migratoria (26,6%) (2018c, p. 11). Respecto de su situación socioeconómica, el estudio evidencia que la mayoría de personas se encuentran en una edad económicamente activa y que se desempeñan en el sector comercial, en el área de turismo, restaurantes o entretenimiento (61,9%), y en el sector de construcción, manufactura e industria (9,4%) (p. 6). Asimismo, señala que los migrantes venezolanos pueden verse expuestos a situaciones de explotación laboral, estafas e incluso trata de personas (p. 15). La OIM estima que la mayoría cuenta con algún tipo de nivel educativo (p. 15). Al respecto, la DTM de la Ronda 2 muestra que al menos un 60% de migrantes venezolanos son profesionales universitarios (OIM, 2017). Debido a que muchas de estas personas dejaron sus estudios sin concluir en su país de origen, la OIM advierte que existe un grupo importante de personas que requieren acceso a servicios educativos (2018c, p. 15).

Es importante notar que este informe advierte que la xenofobia, así como los discursos antimigración y antirrefugio, han crecido en los últimos meses (OIM, 2018c, p. 15). Así, el 35,3% manifestó haber sufrido agresiones discriminatorias (2018c, p. 13). En el caso de las mujeres, los actos de discriminación han sido motivados no solo por su nacionalidad y origen, sino también por su género (p. 13). La Federación Internacional de la Cruz Roja (FICR) ha realizado una evaluación del impacto del flujo de población venezolana en Brasil, Trinidad y Tobago, Guyana y el Perú. En el caso peruano, sus principales hallazgos revelan que las personas que ingresan por la vía terrestre requieren satisfacer de manera inmediata sus necesidades de alimentación y su acceso a los servicios públicos de salud, y que además se encuentran expuestas al tráfico humano con fines sexuales y laborales, y a redes de tráfico de personas, entre otros (FICR, 2018). En su análisis de riesgos, la FICR identifica el incremento del porcentaje de personas infectadas con VIH y la existencia de epidemias de sarampión, malaria, difteria y fiebre amarilla (2018).

Desde la academia se han publicado a la fecha diversos estudios sobre la situación actual de los migrantes venezolanos en el Perú. Estos exploran el fenómeno desde diferentes perspectivas, como la integración de la población venezolana en el Perú (Berganza Setién & Solórzano, 2019), la discriminación (IOP, 2020; Blouin, 2019), las respuestas latinoamericanas a dicha migración (Blouin & Freier, 2019; Acosta, Blouin & Freier, 2019), las medidas de la política migratoria adoptada por el Perú frente a esta migración (Briceño, Alonso-Pastor, Ugaz & Godoy, 2020), entre otros temas (Gandini, Lozano & Prieto, 2019). No obstante, hasta el momento, las trayectorias de los migrantes venezolanos no han sido exploradas desde ninguna perspectiva. Tal es, precisamente, el aporte principal de este libro.

Es relevante mencionar el análisis de Freier y Castillo (2020) sobre las reacciones políticas frente al desplazamiento de ciudadanos venezolanos. Las autoras argumentan que dichas respuestas han sido establecidas, en gran medida, por los poderes ejecutivos antes que por los parlamentos o los organismos regionales de integración, y se tienen que entender —por lo tanto— en el contexto del presidencialismo latinoamericano. Así, concluyen que las reacciones latinoamericanas frente al desplazamiento de ciudadanos venezolanos se diferencian en virtud de las acciones de los poderes ejecutivos, que se observan en la creación de instrumentos legales ad hoc, fundamentalmente mediante decretos, y en la aplicación de dichos instrumentos nuevos en lugar de la aplicación de normas regionales ya existentes, como la definición de refugiado de la Declaración de Cartagena.

Por otro lado, cabe destacar el trabajo de Blouin (2021) sobre las complejidades y contradicciones de la política migratoria hacia la migración venezolana en el Perú. La autora analiza cómo dicha medida peruana hacia la población venezolana se inscribe en una lógica de control migratorio. Asimismo, se analizan la ley de migraciones y la de refugio, así como el mecanismo político-jurídico del permiso temporal de permanencia a la luz de los conceptos de «política de control con rostro humano» y gobernabilidad migratoria. La conclusión de la autora es que, a pesar de contar con una renovada legislación migratoria, las respuestas del Estado peruano frente a la migración venezolana están ancladas en los conceptos de control y utilidad de la migración. Asimismo, la política de asilo, supuestamente más protectora, se ve también impactada por los discursos y las prácticas de control.

Desde las ciencias sociales se puede mencionar el estudio regional coordinado por CLACSO sobre la situación de los niños, niñas y adolescentes venezolanos que viajan o han viajado, en particular, hacia el Perú (Cavagnoud & Céspedes Ormachea, 2019). El trabajo muestra los diferentes factores de vulnerabilidad en las áreas de salud, alimentación, educación y protección que afectan a los migrantes más jóvenes desde la etapa de salida de Venezuela hasta la llegada e instalación en el Perú. Resulta que la violencia en sus distintas dimensiones (físicas, verbales, sociales) está presente a lo largo de sus trayectorias migratorias.

2. El contexto normativo

Con la finalidad de comprender la migración venezolana en el Perú es necesario no solo recopilar las principales investigaciones sobre la materia, sino también tomar la normatividad como un punto de partida. El Estado peruano, luego de más de veinte años de vigencia de la Ley de Extranjería, adoptó una nueva ley de migraciones (decreto legislativo 1350) y su reglamento. Esta nueva normativa establece las normas de control migratorio y, a diferencia de la anterior, plantea algunas medidas dirigidas a otorgar residencia a personas que se encuentran en una situación de vulnerabilidad mediante la calidad migratoria humanitaria. Al respecto, Blouin (2021) ha concluido que, más allá de los principios proclamados por la nueva normativa, así como de la consolidación de nuevas calidades migratorias para grupos vulnerables, las prácticas que se han dado a raíz de estos, como la implementación de la visa, se inscriben en una lógica de control. En cuanto a la regulación del estatuto de refugiado, el Estado peruano ha ratificado la Convención sobre el Estatuto del Refugiado de 1951 y el Protocolo de 1967, y ha adoptado la definición ampliada de la Declaración de Cartagena de 1984. En el ámbito normativo interno ha adoptado, en 2002, la Ley del Refugiado y su reglamento. Esta normativa es la primera que regula la protección de personas refugiadas según el derecho internacional de los refugiados al establecer el principio de no devolución y no criminalización de las personas refugiadas, entre otros estándares internacionales. El sistema de asilo fue modificado de diversas formas en los últimos tres años (Blouin, 2021). Hasta mediados de 2019, se podía pedir refugio en la frontera mediante la presencia de la CEPR. Sin embargo, en junio de 2019 se empezó a implementar un procedimiento acelerado de las solicitudes de refugio en el Centro Binacional de Atención Fronteriza (Cebaf) de Tumbes (Amnistía Internacional, 2020). En este sentido, los numerosos cambios en la política migratoria y luego en el procedimiento de asilo tuvieron consecuencias sobre la población migrante y sus estrategias para la movilidad (Blouin, 2021).

Por otro lado, el Plan Nacional de Derechos Humanos 2018-2021 tiene el objetivo estratégico de «garantizar el conocimiento y acceso a derechos en condiciones de igualdad para asegurar el desarrollo, integración y bienestar de las personas en situación de movilidad, en particular de aquellos especialmente vulnerables» (2021, p. 137). Si bien algunos temas, tales como la trata de personas, no se han incluido en la parte referida a movilidad humana, se han incluido a poblaciones nunca antes mencionadas en planes anteriores, como las que tienen necesidad de protección internacional incluyendo a las personas apátridas (Blouin, 2018).

Además, frente al incremento de movilidad de personas venezolanas, el Estado peruano ha adoptado progresivamente una serie de medidas normativas específicas. A inicios de 2017, se estableció el primer Permiso Temporal de Permanencia (PTP) para que los migrantes venezolanos que ingresaran al país accedan a una calidad migratoria regular y trabajen formalmente en el país. Mediante el decreto supremo 023-2017-IN, del 29 de julio de 2017, se adoptó el segundo PTP. Esta norma planteaba cuatro requisitos para conseguir este permiso: a) haber ingresado al país hasta el 31 de julio, b) haber ingresado de manera regular, c) no tener antecedentes policiales, penales o judiciales internos o internacionales, y d) no contar con una calidad migratoria vigente o buscar cambiar de calidad migratoria.

Más adelante, el decreto supremo 001-2018-IN reconoció otro PTP a las personas venezolanas que ingresaran al territorio nacional hasta el 31 de diciembre de 2018. Un último decreto supremo (007-2018-IN) modificó nuevamente los lineamientos del PTP y limitó la vigencia del mismo a los ciudadanos venezolanos que llegasen al Perú hasta el 31 de octubre de este año. De acuerdo con los datos proporcionados por OIM, hasta junio de 2018, un total de 51 751 personas contaban con el PTP y 13 245 tenían la calidad migratoria de ciudadano residencia (2018c, p. 2). Adicionalmente, el Estado peruano ha tomado otras medidas como, por ejemplo, la adopción de dos protocolos para la fiscalización migratoria en aeropuertos y en puestos de verificación migratoria, la exigencia del pasaporte a quienes ingresen al país a partir del 25 de agosto y la declaratoria de estado de emergencia en tres distritos del departamento de Tumbes. Desde mediados de 2018, el Perú solicitó el pasaporte en la frontera a las personas venezolanas que deseasen ingresar al territorio, aunque, en la práctica, las autoridades migratorias aplicaron «excepciones humanitarias» a las personas venezolanas que cumplían determinados criterios, como los niños y niñas, las personas de edad, las mujeres embarazadas, las personas con problemas crónicos de salud y las personas solicitantes de la condición de refugio, y permitieron su ingreso sin pasaporte (Amnistía Internacional, 2020).

En junio de 2019, el Estado peruano impuso la visa humanitaria a las personas venezolanas. De esta manera, luego de las medidas establecidas en 2019, las personas de nacionalidad venezolana podían ingresar al territorio peruano con la presentación de visas consulares, entre las cuales están la visa de turismo, la visa con calidad migratoria residente y la visa humanitaria (Defensoría del Pueblo Perú, 2020, p. 14). Esta última contempla excepciones humanitarias para que las personas venezolanas que se encuentran en una determinada situación puedan ingresar regularmente presentando solo su cédula de identidad y sin la exigencia de pasaporte. No obstante, a partir de la pandemia de la COVID-19, en 2020 se cerraron fronteras. Estos nuevos requisitos se traducen en un nuevo enfoque restrictivo frente a la migración de personas venezolanas.

3. Marco teórico: trayectorias, proyectos, estrategias migratorias y sus etapas

Además de definir los tipos de migraciones, es necesario conceptualizar las formas que toman estos procesos. Para ello empleamos el concepto de trayectorias migratorias refiriéndonos a sus elementos y etapas. En primer lugar, entendemos las trayectorias migratorias como una realidad procesual (García-Moreno & Pujadas Muñoz, 2011, p. 463). Esto implica que las trayectorias representan situaciones de tránsito antes, durante y después del proceso de migración hasta el estatus actual de las personas migrantes (Granero, 2017, p. 137).

En segundo lugar, debemos entender las trayectorias como construcciones subjetivas que serán influenciadas por el proceso migratorio y la perspectiva de la persona migrante sobre su propia historia tanto del presente como de la construcción futura, atravesada por los desafíos que haya experimentado en el proceso de migración (Borgeaud-Garciandía, 2017, p. 762). De esta manera, comprendemos que las historias y las experiencias de vida de cada migrante son distintas. No sería posible establecer un patrón único rígido al momento de analizarlas, pues cada experiencia es interpretada subjetivamente por cada migrante de acuerdo con su propia trayectoria biográfica. Por otro lado, es muy importante mencionar también que la trayectoria migratoria no puede ser desvinculada de las otras trayectorias (familiar, educativa, laboral, etc.) que conforman el curso de vida de una persona. La noción de trayectoria está estrechamente relacionada en el concepto de «curso de vida» (Cavagnoud, Baillet & Cosio-Zavala, 2019, p. 30).

En tercer lugar, encontramos dos elementos que componen las trayectorias migratorias: el proyecto migratorio y las estrategias migratorias (García-Moreno & Pujadas Muñoz, 2011, p. 463). El proyecto migratorio se refiere a la elección de un destino, ruta, tiempo de estadía y finalidad de la migración, mientras que el concepto de estrategia alude a las acciones de respuesta para llevar a cabo dicho proyecto. La formulación de estrategias variará según las posibilidades disponibles en el lugar de origen y destino, por ejemplo, a partir de factores como la situación económica, social y política (García & Padilla, 2012, p. 65). Además, es necesario establecer cuáles son las etapas que suele tener una trayectoria migratoria. De acuerdo con Tizón (1993), la migración comprende cuatro etapas. Primero, existe una etapa de preparación, en la que las personas hacen una valoración de lo que tienen y de lo que van a conseguir en el futuro, toman conciencia de las circunstancias en las que están viviendo, y valoran las limitaciones y problemas que enfrentan en el lugar donde viven. En este momento las personas toman decisiones como qué se llevarán al lugar de destino y qué personas las acompañarán, y plantean como proyecto obtener lo que en su actual sitio de residencia no han podido lograr.

Luego, encontramos el acto migratorio, que comprende el desplazamiento desde el lugar de salida hasta el lugar de llegada. La duración de este acto varía de acuerdo con el medio de transporte y posibilidad de hacer un viaje directo o por etapas. En ocasiones, las personas migrantes deben residir en otros países o ciudades de tránsito antes de llegar a su destino final, ya sea por limitaciones de la normativa migratoria o por falta de recursos económicos para emprender su viaje. Luego, Tizón plantea la etapa de asentamiento. Este es el periodo que va desde que el sujeto llega al país receptor hasta que resuelve los problemas mínimos inmediatos de subsistencia. Una de las estrategias que las personas migrantes adoptan en esta etapa es buscar adaptarse a los modos de vida del que llega y el de la comunidad receptora. Este proceso se ve mediado por el ambiente de acogida y los conflictos que puedan surgir en este por su llegada. A este momento le sigue una etapa de integración. Se trata del proceso de inmersión e incorporación en la nueva cultura hasta sentirla propia, a partir de la aceptación y el interés por la misma. También se puede dar una acomodación, es decir, la aceptación mínima, por parte del migrante, de la cultura del país receptor con el fin de no entrar en conflicto con ella, pero sin que exista el deseo y la necesidad profundos, de incorporarla como suya.

Es necesario reflexionar acerca de qué factores pueden influir en las trayectorias migratorias. Para esto, nos remitimos a la teoría de redes migratorias desarrollada por Claudia Pedone (2010). Esta teoría supera las explicaciones economicistas que conciben a los sujetos que migran como personas racionales que solo buscan maximizar su capital. Por otro lado, si bien, las primeras teorías de redes analizaban solo las redes sociales, dejando de lado otro tipo de motivos por los que las personas migraban, actualmente las teorías de redes migratorias abarcan la multidimensionalidad de las trayectorias migratorias internacionales e incorporan elementos de análisis de diversas disciplinas. Esta teoría resume la relación de la persona migrante con otros nodos dentro de una red que emerge de la interconexión entre nodos. A diferencia de lo que se suele observar en las teorías de redes sociales, las redes migratorias incluyen una diversidad de actores que no se reducen a personas. Los nodos de dicha red pueden referirse a instituciones, normativas, grupos y personas. Como expone la autora:

Las redes migratorias son estructuras sociales mayores que trascienden los límites geográficos y tienen un carácter eminentemente transnacional, e involucran a todas aquellas personas e instituciones que están vinculadas al hecho migratorio: políticas de Estado (origen y destino), migrantes, empleadores y empleadoras, ONGs, personal de servicios sociales (preferentemente educación y salud), instituciones religiosas, asociaciones de migrantes (2010, p. 107).

Al mismo tiempo, los vínculos de las personas migrantes con los demás nodos de esta red pueden tomar diversas formas como: «ayuda, cooperación, solidaridad, control, autoridad moral y económica, estrategias de dominación» (2010, p. 101). Las redes migratorias, además, tienen un carácter transnacional, en tanto las regulaciones, el intercambio de información, las prácticas, los recursos y las relaciones sociales son transfronterizas. En este libro concebimos los nodos de la red como «factores» que estructuran una red migratoria que emerge de un entramado de vínculos de la persona migrante con instituciones, normas, grupos y personas. Particularmente, prestaremos atención a los factores normativos, institucionales, materiales o económicos y sociales. Así, se buscará explicar cómo estos factores estructuran los proyectos y las estrategias migratorias de las personas migrantes.

Nuestra investigación pretende explicar los factores que estructuran las trayectorias migratorias de jóvenes venezolanos en el Perú según las etapas del proceso migratorio en las que se encuentran, para lo cual se toman en cuenta también las políticas del Estado peruano en materia de migración y refugio. Estas últimas son analizadas a la luz de los estándares internacionales de derechos humanos. Asimismo, el estudio clasifica las trayectorias migratorias de jóvenes venezolanos/as en el Perú según perfiles, motivos y dinámicas de entrada y salida, y compara las trayectorias migratorias según la etapa del proceso migratorio en la que se encuentran. Adicionalmente, se analiza qué factores estructuran los proyectos y estrategias migratorias de jóvenes venezolanos/as en el Perú y se observa cómo las políticas migratorias y de refugio influyen sobre sus trayectorias migratorias.

4. Metodología

Para abordar las trayectorias migratorias de personas venezolanas en el Perú planteamos dos unidades de análisis: individuos y normativas. Estas han sido estudiadas utilizando herramientas de recojo de información que se desprenden de la investigación cualitativa como un mapeo de organizaciones y redes, entrevistas en profundidad y revisión bibliográfica. Por otro lado, optamos por una observación y un análisis longitudinal de las trayectorias migratorias de los jóvenes. Para ello, las entrevistas en profundidad con cada joven se realizaron en dos oportunidades espaciadas aproximadamente por un año: la primera de forma presencial en la fase inicial del proyecto (entre enero y marzo de 2020) y la segunda de forma remota en su fase intermedia (entre enero y abril de 2021)1. Esta elección metodológica apuntó a observar la evolución de las trayectorias migratorias de los jóvenes en un periodo mayor a un año y a considerar una perspectiva temporal lo suficientemente extensa, con el fin de entender el efecto de las políticas migratorias implementadas por las autoridades peruanas. Para garantizar este enfoque fue indispensable mantener una forma de contacto con cada joven entre la primera entrevista y la segunda (por teléfono, WhatsApp, etc.), en particular si se considera su importante movilidad espacial dentro del país o fuera de este (por ejemplo, entre aquellos que desean migrar a Chile).

Para esta investigación elegimos realizar entrevistas en profundidad e historias de vida con jóvenes venezolanos de ambos sexos que radican en las tres ciudades del Perú que tienen, según las estadísticas de organismos internacionales, la mayor presencia de personas de origen venezolano: Lima, Tumbes y Tacna. De hecho, la elección de estas ciudades tiene un vínculo estrecho con el proyecto migratorio de estas personas. Para abordar las trayectorias migratorias de personas venezolanas en el Perú trabajamos con adultos jóvenes cuyas edades fluctúan entre los 18 y 35 años. La especial relevancia de trabajar con personas de este grupo etario se encuentra en que sus proyectos de vida aún están en formación. En particular, estas personas están decidiendo a qué se quieren dedicar, si quieren tener hijos, formar una familia y decidir dónde vivir. El carácter flexible de su proyecto de vida establece conexiones significativas con la variabilidad de su proyecto migratorio. Según la OIM, además, el 53,1% de personas venezolanas en Perú se encuentran en dicho rango de edad (2018c, p. 4).

Para construir la muestra de la investigación identificamos primero las principales organizaciones y redes de migrantes en Lima, Tumbes y Tacna a partir de fuentes secundarias como periódicos, reportajes, así como la revisión de publicaciones en redes sociales. Entablamos una relación con los representantes de estas organizaciones, quienes actuaron como gatekeepers2 para presentar la investigación al resto de sus integrantes. Un equipo3 interdisciplinario del GRIDEH viajó a Tumbes y Tacna para realizar el trabajo de campo, a través de las entrevistas en profundidad. Así, se invitó a las personas interesadas que cumplían con los criterios de selección a participar de las entrevistas, que tomaron la forma de historias de vida. Los demás entrevistados se eligieron a través del método de bola de nieve, mediante referencias de las primeras personas entrevistadas o, incluso, de personas encontradas de forma más aleatoria en el espacio público (jóvenes dedicados, por ejemplo, a la venta ambulatoria, entre otros). Las entrevistas se realizaron siguiendo una guía de entrevista semiestructurada elaborada en conjunto por los equipos jurídico y social del proyecto.

Los criterios para el muestreo y la selección de las personas por entrevistar respondieron a tres variables:

1 Etapa del proceso migratorio en la que se encuentra el migrante: personas que hayan experimentado la migración recientemente (es decir, durante los últimos meses), personas que estuvieron en la etapa de asentamiento (entre tres meses y un año en el Perú) y personas que se hayan establecido y se encuentran en la etapa de integración (uno a tres años).

2 Nivel de educación: se buscó un equilibrio entre el número de personas con estudios primarios o secundarios y personas con formación técnica o universitaria.

3 Sexo y género: se tuvo como objetivo entrevistar al mismo número de personas que se identifican como mujeres y como varones.

A partir de estos criterios, se realizaron entre 15 a 18 entrevistas con jóvenes venezolanos de ambos sexos, en cada una de las regiones (Lima, Tumbes y Tacna) y en total se recogieron 51 entrevistas en profundidad e historias de vida, todas realizadas con una declaración de consentimiento informado, de acuerdo con el Reglamento del Comité de Ética para la Investigación con Seres Humanos y Animales de la PUCP4.

Adicionalmente, una investigadora de ciencias jurídicas se encargó de entrevistar a funcionarios públicos y funcionarios de ACNUR y OIM con competencia en materia de migración y asilo en las tres ciudades. Para ello, se realizaron cinco entrevistas en Lima, cinco en Tumbes y seis en Tacna. Si bien estaban programadas más entrevistas, el inicio de la pandemia en marzo generó la cancelación de las entrevistas con la Defensoría del Pueblo y el Ministerio de Relaciones Exteriores en Lima. Paralelamente, se realizó una revisión de la normativa nacional e internacional sobre migración. En esta revisión se identificaron, recopilaron y analizaron los principales instrumentos internacionales sobre migración, así como la normativa interna, incluyendo leyes, reglamentos, protocolos, directivas, entre otros. Por otro lado, se trianguló la información recogida con una revisión bibliográfica y consultando fuentes estadísticas oficiales. Esto implicó el desarrollo de un trabajo de gabinete y solicitudes de acceso de información estadística sobre los flujos migratorios de personas venezolanas a instituciones públicas como la Superintendencia Nacional de Migraciones y la Comisión Especial para los Refugiados del Ministerio de Relaciones Exteriores. Las instituciones públicas que respondieron a las referidas solicitudes de información fueron las siguientes: Ministerio de Educación, Ministerio de Relaciones Exteriores, Ministerio del Interior, Ministerio de Salud y la Policía Nacional del Perú.

Los datos biográficos fueron recolectados a partir de relatos de vida que constituyen una forma peculiar de entrevista, en la cual una persona cuenta su historia de vida o una parte de ella, concentrándose en diferentes eventos ocurridos desde su nacimiento hasta el día de la investigación, según las distintas trayectorias (familiar, escolar, laboral, residencial/migratoria) que componen su itinerario personal. Estos relatos siguen un orden cronológico y se basan en un enfoque «que permite captar las lógicas de acción en su desarrollo biográfico, y las configuraciones de relaciones sociales en su desarrollo histórico (reproducción y dinámicas de transformación)» (Berthaux, 2010, p. 8). Estas narraciones revelan la estructura diacrónica del curso de vida en sus aspectos objetivos, subjetivos y en su dimensión temporal.

Para la realización de estas entrevistas en profundidad y, más específicamente, historias de vida, se elaboró una guía de preguntas constituida por las siguientes dimensiones:

1 Preguntas de control que incluyen la edad del joven, el lugar de residencia actual, la composición precisa de su familia (precisamente de los miembros con los cuales convive actualmente en el país de destino), su situación educativa y profesional, entre otros.

2 Preguntas sobre las condiciones personales, familiares y contextuales en Venezuela antes del trayecto migratorio: situación de vida en general, problemas encontrados por ego5 y sus hermanos, situación de sus padres y otros familiares, recuerdos con el acceso a la educación, salud, alimentación, situación en que se tomó la decisión en la familia de emigrar (quién tomó la decisión, a raíz de un evento particular, etc.) entre otros.

3 Preguntas sobre el trayecto migratorio y traslado desde Venezuela hasta el país de destino: duración y condición del viaje, miembros de la familia u otras personas presentes durante el viaje, etapas durante el mismo, recuerdos sobre situaciones de tensión, alimentación, suspensión de los estudios, problemas de salud, miedo, esperanzas, etc.

4 Preguntas sobre las condiciones de llegada e instalación en el país de destino: elección del lugar de residencia, influencia de las políticas migratorias, cambios de domicilios, aclimatación, tipo de trabajo de ego y otros familiares, acceso al sistema de salud, discriminación, etc.

5 Preguntas sobre el estatus migratorio y la trayectoria legal de cada persona y su familia.

6 Preguntas de cierre con un enfoque sobre los proyectos y las aspiraciones a futuro: quedarse en el país de destino, esperanza o miedo de regresar a Venezuela, proyectos relacionados con los estudios o a la formación profesional, deseo de volver a encontrarse con los miembros de la familia que permanecen en Venezuela, etc.

La guía de preguntas se enfocó en las diferentes etapas que han marcado el curso de vida de los jóvenes entrevistados y se da una importancia particular en todas las formas de vulnerabilidad encontradas por ello/as en los ámbitos de salud, educación, trabajo. Se incluyó la identificación de actores externos o programas sociales que se presentaron y representaron una forma de apoyo y resiliencia para afrontar las dificultades engendradas por la migración.

En la medida en que se trata de historias de vida y que se procedió con un análisis de datos biográficos de los jóvenes entrevistados, se atendió especialmente las fechas de cada hecho y evento narrado o en la edad del adolescente entrevistado en el momento de recordar cada hecho al entrevistador durante las etapas de su curso de vida. Cada entrevista fue transcrita. Asimismo, los datos biográficos recogidos mediante estas entrevistas fueron sistematizados y posteriormente analizados con ayuda de la versión renovada de la matriz Ageven. Esta herramienta centrada en la temporalidad individual permite reconstruir las principales fases y secuencias del curso de vida de una persona considerando la pluralidad de espacios que organizan su vida cotidiana y otorgando una importancia peculiar a la familia como institución y espacio social donde se observan hechos y eventos determinantes que pueden condicionar las distintas trayectorias de cada entrevistado (Cavagnoud, Baillet & Cosio-Zavala, 2019).

5. Áreas temáticas

Este libro está constituido por siete capítulos elaborados por cada uno de los investigadores que componen el Grupo Interdisciplinario de Investigación en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario (GRIDEH).

El primer capítulo, «Huir para vivir: crisis social y “migración de supervivencia”», escrito por Stéphanie Borios, demuestra cómo la reciente emigración venezolana debe entenderse como una «migración de supervivencia». En este sentido, la autora analiza cómo la masiva migración venezolana se explica por la actual crisis socioeconómica y política en la cual viven a diario los venezolanos, crisis que se refleja en una total desprotección y en la privación de sus derechos humanos (educación, trabajo, salud, seguridad alimentaria, entre otros). Argumenta que, si bien estamos frente a un conjunto de crisis y colapsos interconectados que explican la salida del país de millones de personas, la inseguridad alimentaria es un elemento central, ya que tiene efectos múltiples en sus vidas y en el funcionamiento general del país. Para construir su argumentación, la autora analiza las trayectorias migratorias de veinte jóvenes venezolanos que han llegado al Perú en los últimos tres años. Después de reflexionar sobre las migraciones a causa de las crisis, la autora utiliza fragmentos de las historias de vida de estos jóvenes para ilustrar cómo han presenciado la crisis en su país en los ámbitos de la alimentación, la salud, la educación, el empleo, así como para analizar la crisis de autoridades en el país, y por qué la migración llegó a imponerse como la única manera de seguir viviendo. Finalmente, la autora discute la relación entre la situación de supervivencia de estos jóvenes migrantes y su acceso (o no) a derechos.

El segundo capítulo, «Las medidas migratorias y de refugio adoptadas en el Perú a la luz del derecho humano a la no devolución de las y los emigrantes venezolanos», a cargo de Elizabeth Salmón y Crisbeth Vigo, analiza si las medidas de control migratorio, en especial la imposición de requisitos o impedimentos para el ingreso al territorio peruano, y las medidas de refugio, como los cambios al procedimiento de la condición de refugio, resultan compatibles con el derecho a la no devolución. En esta línea, por un lado, el texto determina el contenido y los alcances del derecho a la no devolución en el caso de los emigrantes venezolanos en nuestro país, y por otro lado examina si la implementación de las medidas migratorias y de refugio adoptadas por el Estado peruano para esta población genera posibles transgresiones a este derecho, en la medida en que los migrantes constituyen un grupo vulnerable.

El tercer capítulo, «Entre la espera y el miedo: las trayectorias legales de la población venezolana en la región de Tumbes», de Cécile Blouin, analiza las trayectorias legales de migrantes venezolanos/as en la región de Tumbes a inicios del año 2020. La autora da cuenta de la diversidad de los caminos atravesados por las personas migrantes para definir y redefinir sus estatus migratorios en un contexto de política migratoria hostil y selectivamente hospitalaria. El desarrollo expuesto en este capítulo es fruto del trabajo de campo realizado en la región de Tumbes en febrero de 2020, en un contexto de alta movilidad y cambios jurídicos-políticos en materia de política migratoria. La autora encuentra que frente a una realidad migratoria incierta, inestable y hostil la población venezolana experimenta (largos) momentos de espera y sentimientos de miedo frente a una posible expulsión. A partir de un caso subnacional, se busca aportar en la comprensión de los efectos de la política migratoria en la vida cotidiana de las personas migrantes y las estrategias que estas desarrollan frente a aquella.

El cuarto capítulo, «Género, cuidados y responsabilidades familiares en las trayectorias migratorias de los jóvenes venezolanos», redactado por Robin Cavagnoud, examina los cursos de vida de los jóvenes venezolanos tomando como eje de análisis los conceptos de género y de responsabilidades familiares entre las generaciones a través de la migración de Venezuela al Perú. Algunos jóvenes, en particular hombres solteros y sin hijos, migran sin miembros de su familia o entre pares en la búsqueda de una migración «de aventura» y de soporte a su familia (padres, hermanos, tíos, etc.), mientras que otra/os jóvenes, en particular mujeres y madres solteras, migran con sus hijos pequeños para asegurarles un porvenir más estable en términos de salud, alimentación y educación. Entre estas dos situaciones polarizadas y recurrentes, se observa un espectro amplio de trayectorias migratorias en las cuales se plantean de forma variable las cuestiones de maternidad y paternidad, de arreglos familiares y de organización del cuidado entre el país de origen y el de destino. Si en todos los casos observados la preocupación por apoyar económicamente a los miembros de la familia quedados en Venezuela es constante, las distintas trayectorias familiares, reproductivas y sexuales son importantes para interpretar la diversidad de trayectorias y situaciones migratorias de los jóvenes venezolanos presentes en el Perú y, de forma específica, la búsqueda de un equilibrio entre la búsqueda de realización personal y las responsabilidades familiares.

El capítulo quinto, «Políticas públicas, familias y reunificación en el contexto de la migración venezolana al Perú», de Marcela Huaita Alegre, caracteriza desde una perspectiva de género a las familias de los y las jóvenes venezolanas que participaron del estudio, y su posible necesidad de reunificación (parejas, hijos, hijas, madres, padres, etc.). Para ello, la autora revisa la definición de familia como un fenómeno dinámico cuyas formas de organización son diversas y se encuentran al amparo del marco político normativo. De acuerdo con la Constitución peruana de 1993 (artículo 4), el Estado protege a la familia y, por tanto, las políticas y el marco normativo deben responder a las necesidades de los diversos tipos de familia. De esta misma forma lo comprende el Tribunal Constitucional (TC) peruano, el mismo que en sendas resoluciones reconoce que los cambios sociales y jurídicos han generado que la estructura familiar tradicional (nuclear) deje de ser el statu quo y, por tanto, que todos los distintos tipos de estructuras familiares que coexisten en la sociedad merecen la protección estatal. Sin embargo, es necesario contrastar los parámetros establecidos en la normatividad relativa a la «reunificación familiar» (artículo 38 del decreto legislativo 1350), enmarcada en un sentido restringido de la familia, es decir, aquella basada en un vínculo matrimonial, filiación y convivencia (uniones de hecho estrictas), para ver cuánto concuerda con la composición familiar de la población migrante y refugiada. Teniendo esto presente el objetivo final del capítulo es identificar posibles desajustes en la normatividad, que sirvan como oportunidad de cuestionar sus márgenes de protección, a la luz de una interpretación más amplia y atendiendo a lo establecido por el TC.

El capítulo sexto, «Xenofobia y discriminación en jóvenes migrantes venezolanos», de Pablo Vega Romá, analiza las situaciones de discriminación experimentadas por la población venezolana en el Perú, con el objetivo de identificar los imaginarios vinculados a la alteridad migrante que se construyen a partir de estas experiencias, las formas de resiliencia que configuran los migrantes venezolanos en este contexto y la manera en que estos eventos impactan en su inserción en el país. La xenofobia se presenta como una experiencia transversal entre los jóvenes venezolanos, ya sea por vivencias propias o por anécdotas de personas cercanas, lo que implica abordar esta problemática de manera relacional, tomando en cuenta el resto de las características que configuran sus trayectorias migratorias.

El capítulo sétimo, «Ética y migración. Reflexiones sobre la migración venezolana en tiempos de crisis», de Gonzalo Gamio Gehri, discute el problema de la cimentación de un modelo de reflexión ética en tiempos de crisis. El contexto es la situación de los migrantes en el período de cuarentena bajo la amenaza de la COVID-19. La idea básica es que la cultura de los derechos humanos se sostiene en la construcción de una comunidad moral en la que cada uno de los seres humanos sean considerados fines en sí mismos, personas libres e iguales. ¿Cómo cimentar una concepción de esa clase? El ensayo explora dos elementos fundamentales: en primer lugar, la proyección empática como actividad que permite ponerse en el lugar de aquel que enfrenta un daño inmerecido y, en segundo lugar, la experiencia de la exclusión como horizonte para la acción. Desde esos elementos, se examina la condición del migrante en tiempos de pandemia y conflicto.

Esta investigación se propuso ofrecer una comprensión rigurosa del fenómeno de la migración venezolana como un hecho de nuestra vida social, una visión que permita desarrollar los vínculos entre ciudadanos nacionales y migrantes desde el cuidado de la justicia y la solidaridad, en un marco de respeto de los derechos humanos y los principios de la democracia. Abandonar el país de origen forzado por las circunstancias no es fácil, tampoco lo es acoger al extraño observando estrictamente sus derechos y libertades. No solo podemos acoger sensatamente al migrante, podemos aprender de él.

Asimismo, el proyecto buscó recoger las voces de las personas migrantes venezolanas entendiendo sus trayectorias migratorias y sus estrategias desde la salida hasta la instalación en el país o el posible retorno. Estas voces deben ser entendidas en paralelo con el marco normativo-institucional peruano que ha buscado en los últimos meses dar una respuesta parcial a este fenómeno desde la regularización migratoria. Este proyecto de investigación es sumamente pertinente en la actualidad, tanto para el país como para la región latinoamericana. Analizar y entender la migración venezolana es una tarea indispensable y necesaria para pensar las políticas públicas en materia de migración y refugio.

Las investigaciones en este libro son un punto de partida para generar e impulsar cambios de políticas públicas en materia de migración. Conocer las trayectorias y estrategias de personas migrantes es esencial para generar políticas públicas acordes con las necesidades de las personas destinatarias de ellas. Por un lado, esperamos que se pueda generar la adopción de planes de acción para la integración de personas migrantes en el ámbito urbano con su participación. Por otro lado, deseamos que la investigación visibilice la necesidad de tomar en cuenta la participación de las personas migrantes en las políticas públicas nacionales incentivando su colaboración en espacios institucionales de coordinación. En tercer lugar, confiamos en que los hallazgos de esta investigación sean las bases para tender puentes de diálogo entre las organizaciones de la sociedad civil y la academia de toda la región latinoamericana para edificar espacios de discusión sobre la migración venezolana.

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1 Cabe precisarse que esta última etapa del trabajo de campo no se analiza en este libro.

2 Entiéndase como ‘intermediarios’.

3 El equipo estuvo conformado por Stéphanie Borios, Robin Cavagnoud, Pablo Vega y Cécile Blouin.

4 Esta investigación fue revisada y aprobada por el Comité de Ética de la Investigación de la PUCP, mediante el dictamen 047-2019/CEI-PUCP, en la sesión del 18 de julio de 2019.

5 En los estudios sociodemográficos, ego designa a la persona de referencia en el análisis de un curso de vida.

Capítulo 1

Huir para vivir: crisis social y «migración de supervivencia»

Stéphanie Borios

Escuela Profesional de Antropología

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

https://doi.org/10.18800/978-612-317-718-8.001

Introducción

El objetivo de este capítulo es demostrar cómo la reciente emigración venezolana debe entenderse como una «migración de supervivencia». En este sentido analizo cómo la masiva migración venezolana se explica por la actual crisis socioeconómica y política en la cual viven a diario los venezolanos, crisis que se refleja en una total desprotección y en la privación de sus derechos humanos (educación, trabajo, salud, seguridad alimentaria, entre otros). Argumento que, si bien estamos frente a un conjunto de crisis y colapsos interconectados que explican la salida del país de millones de personas, la inseguridad alimentaria es un elemento central ya que tiene efectos múltiples en sus vidas y en el funcionamiento general del país.

Para construir mi argumentación analizo las trayectorias migratorias de veinte jóvenes venezolanos que han llegado al Perú en los últimos tres años. Al momento del estudio, ellos estaban asentados o en tránsito en el departamento de Tumbes, en la frontera del Perú con Ecuador. Estos jóvenes son originarios de diferentes partes de Venezuela, han crecido en estratos sociales distintos, tienen niveles de educación variados y provienen de zonas tanto urbanas como rurales de Venezuela. Sin embargo, en algún momento de sus vidas la migración se impuso para todos como la única manera de seguir adelante por su bienestar y el de sus familias. Han salido solos o acompañados por familiares, parejas o amigos.

Después de reflexionar sobre las migraciones a causa de las crisis, utilizaré fragmentos de las historias de vida de estos jóvenes para ilustrar cómo han presenciado la crisis en su país, en especial la inseguridad alimentaria, cómo esta crisis de autoridades tuvo repercusiones en su educación, empleo y salud, y por qué la migración llegó a imponerse como la única manera de seguir viviendo. A continuación, discutiré la relación entre la situación de supervivencia y el acceso (o no) a derechos. A lo largo del texto, tomaré en cuenta que el proceso migratorio es experimentado de manera distinta entre hombres y mujeres, especialmente si tienen familiares a cargo. Además, evidenciaré la agencia y resiliencia de estos jóvenes migrantes.

1. Las migraciones en tiempos de crisis: entre «migraciones forzadas» y «migraciones de supervivencia»

La salida de los ciudadanos venezolanos de su país puede entenderse como una migración que surge a raíz de una crisis interna generalizada. Gandini, Prieto y Lozano (2019) resaltan algunas características de este tipo de flujo migratorio. Primero, se asocia a una variedad de países de acogida y de rutas de salida. Segundo, las autoridades del país en crisis son incapaces de proveer a sus ciudadanos la documentación necesaria para una migración ordenada, lo cual favorece el desarrollo de un mercado negro dedicado a la falsificación de documentos. Otra característica de una migración en contexto de crisis es que el migrante quien emprende este viaje es vulnerable por tener menos educación y recursos económicos y lo seguirá siendo a lo largo de su trayectoria. Finalmente, este tipo de migración implica una gestión compleja para los países donde los migrantes pasan o se instalan ya que reciben un número masivo y repentino de personas con necesidades básicas que cubrir.

Pensar en las migraciones en tiempos de crisis es tal vez asumir que han ocurrido eventos extremos como un conflicto armado, una hambruna, un desastre natural o una pandemia, eventos que podrían provocar movimientos grandes de personas fuera de sus lugares de origen. Sin embargo, estas crisis, aunque se hayan agudizado repentinamente, suelen tener causas estructurales más profundas. Gandini, Prieto y Lozano (2019) insisten en que es necesario distinguir entre la «migración en crisis», es decir una movilidad fruto de los colapsos múltiples por los cuales está pasando un país y que sería una respuesta racional del migrante, y el fenómeno que se denomina «crisis migratoria» y está cargado de los miedos de los países receptores frente a un migrante desesperado e irracional.

Para referirse a esta «migración en crisis» ciertos políticos y académicos hablan de «migración forzada». Esto implica que, en algún momento de la trayectoria del migrante, exista coacción y que el migrante tome la decisión no totalmente voluntaria de salir (Erdal, 2020). Un ejemplo de esta coacción es la violencia asociada al conflicto armado colombiano. Villa Martínez (2011), en su análisis del caso de los colombianos que han tenido que desplazarse por la guerrilla, tanto dentro de su territorio como en el extranjero, enfoca la migración forzada por el lado de la vulneración de derechos y la exclusión que sufren los migrantes antes y después de salir de su país.

Sin embargo, la coacción puede no ser directa y observable; el empuje para migrar se puede dar por la situación general de deficiencia del país y con la esperanza de encontrar mejores condiciones en otro. Por esto, propongo que el enfoque que plantea Alexander Betts de «migración de supervivencia» es más apropiado. Si bien él acuñó este término para explicar el éxodo de zimbabuenses hacia países vecinos en la década de 2000 bajo el gobierno de Robert Mugabe, por lo que abarca este concepto se puede trasladar al contexto venezolano; es una crisis del desplazamiento por penuria.

Con la etiqueta de «migración de supervivencia» Betts (2013) quiere resaltar la situación de vulnerabilidad en la cual se encuentran las personas que salen de sus países de origen; allí son privadas de sus derechos básicos y huyen no tanto por persecución sino más bien por incompetencia o falta de voluntad del Estado de reconocer sus derechos. Es decir, la migración no corresponde a la expectativa de una mejora económica; lo que está en juego es el sustento diario y el acceso a la salud, la alimentación, la educación, y demás derechos de las personas. Refiriéndose a personas que «deberían tener derecho a no ser devueltas a su país de origen por motivos de derechos humanos» (2013, p. 25), Betts introdujo el concepto de «migración de supervivencia» y aplica este concepto a personas que se encuentran fuera de su país de origen porque su subsistencia está en riesgo.

Finalmente, cabe resaltar que Venezuela no es el único país que está pasando por una crisis de esta magnitud a nivel mundial y que pone a sus ciudadanos en estos aprietos. En este sentido, esta discusión del caso venezolano puede abrir una reflexión más global y llevarnos a entender cómo están entrelazados diferentes factores que conllevan a una migración a causa de las crisis y cómo el sujeto migrante es afectado y reacciona.

2. Escalada de la crisis, aislamiento progresivo de las personas, y violaciones de derechos en Venezuela

En la última década, Venezuela ha pasado por una crisis sin precedentes. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estima que desde 2013, año en que falleció el presidente Hugo Chávez, la economía del país ha decaído en todos los sectores productivos, especialmente el petrolero, que era su principal fuente de divisas. Entre 2013 y 2020, el producto interno bruto ha disminuido en un 74%. Esta contracción de la economía estuvo acompañada de una hiperinflación que empezó a finales de 2017 y es la más alta jamás experimentada en la región (CEPAL, 2020). Por esta crisis global que está atravesando el país, todos los aspectos de la vida de los venezolanos están afectados y existen en el país condiciones contrarias a una vida digna. Un 82,3% de las personas que migraron fueron a buscar o consiguieron trabajo, pues en Venezuela se ha perdido el derecho al trabajo. Lo más preocupante es que este derecho al trabajo está directamente relacionado al derecho a la alimentación; casi 80% de los entrevistados en la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) reportan haberse preocupado porque ante la falta de dinero tenían miedo de que se les acabaran los alimentos (ENCOVI, 2020).

Omar, quien era asesor de ventas en Venezuela, no podía comprar una caja de huevos (treinta unidades) con su salario: «tienes que tener dos o tres trabajos para comprar un cartón de huevos» (Omar, comunicación personal, 1° de febrero de 2020). Un profesor con un sueldo superior al salario mínimo no puede tampoco vivir de su salario, ya que gana mensualmente unos 5 USD, que alcanzan solo para un kilogramo de queso. Cuando estos migrantes llegan al Perú, si bien una gran mayoría se inserta en un mercado laboral precario, lo primero que resaltan es que al menos el dinero que ganan alcanza para comprar alimentos, alquilar una vivienda y mandar remesas a Venezuela. Incluso, para los migrantes que trabajan en el rubro de restaurantes-hotelería, parte del pago es una comida diaria. En cambio, en Venezuela, donde el ingreso promedio es de 0.72 USD por día, es decir menos de 30 USD mensuales, la mayoría de los habitantes no puede cubrir la canasta básica de alimentos (ENCOVI, 2020).

Para entender este contexto de crisis nacional, es necesario recalcar cómo, de a pocos, el Estado ha vuelto a sus ciudadanos totalmente dependientes de sus servicios y productos. Al hacer colapsar todas las relaciones con otras entidades que no sean estatales, y al imponerse como el único proveedor posible de bienes y servicios, el gobierno central y los gobiernos regionales y municipales han aislado al ciudadano venezolano volviéndolo cada vez más dependiente y vulnerable. Según los entrevistados para este estudio, el sistema político social puesto en marcha desde las épocas de Hugo Chávez los acostumbró a una multitud de beneficios sociales como los bonos6. A veces estos bonos son la única manera de tener un ingreso, especialmente para las personas más vulnerables que no pueden trabajar, como es el caso de las personas mayores. Algunos entrevistados mencionaron incluso que, de alguna manera, ellos siendo jóvenes estaban acostumbrados a «tenerlo todo», en el sentido de que el Estado a través de estos beneficios los mantenía en letargo. Aquellos entrevistados, al migrar y tener que empezar de cero, han visto en la migración una manera de independizarse y valerse por sí mismos, a pesar de las dificultades que han encontrado en el camino. Por primera vez en su vida han tenido que pagar alquiler y servicios como el agua y la luz.

Si bien la puesta en marcha de los programas sociales estatales tenía oficialmente el objetivo de ayudar a los más necesitados a tener acceso a la salud, al empleo, a la educación y a la alimentación reconocidos como derechos básicos, el Estado impuso, a través de estos programas sociales, mecanismos de control y coacción de sus ciudadanos. Y al colapsar este sistema socialista, los ciudadanos se han quedado desabastecidos. Esto es particularmente visible en el acceso a productos de primera necesidad como los alimentos, pero también ha conllevado a una pérdida de los derechos de las personas a tener acceso a la salud, la educación y el empleo entre otros.

Los jóvenes entrevistados perciben que, si bien el país estaba en una situación general de crisis desde hace tiempo, esta se hizo más aguda en los últimos tres años. Aldo nos dice que en 2017 «no se encontraba ya la comida, la medicina ya estaba escasa, costaba para conseguir todo, ya se pasaba hambre, no comías» (Aldo, comunicación personal, 4 de febrero de 2020). Según Emilia, a fines de este mismo año, en el estado de Mérida, donde vivía, «había muy pocas cosas que comprar. O sea, harina de maíz molido y no había pollo, no había carne, solo huevos, requesón, cambures, cosas así; y se sentía un ambiente de hambre, de miseria» (Emilia, comunicación personal, 3 de febrero de 2020).

La desesperación de las personas frente a la ausencia de garantías fundamentales para la subsistencia es notable en las protestas que ocurren desde varios años en todo el país. Carlos, de 19 años, quien llegó caminando al Perú, cuenta cómo desde 2016 participó en protestas:

Nosotros protestábamos por nuestra libertad de expresión, porque nosotros veíamos cómo se morían los niños, por la desnutrición, porque no teníamos agua, no teníamos luz, entonces nosotros nos enfrentamos a los policías, en medio de esos enfrentamientos muchos caían abatidos (comunicación personal, 1° de febrero de 2020).

En octubre de 2020, las protestas seguían girando principalmente en torno al derecho a la vivienda y servicios básicos, derecho al empleo, derecho a circular vinculado a la escasez de combustible, derecho a la participación política, derecho a la salud y derecho a la educación. En enero de 2021, maestros marcharon en diferentes partes del país para reclamar salarios dignos y una mejora en sus condiciones laborales (OVCS, 2020). Giovanna dice haber renunciado a su trabajo en un hotel de Caracas porque ya no se podía movilizar hasta su lugar de trabajo, ya que las manifestaciones eran constantes y seguidas.

A continuación, usaré los fragmentos de las historias de vida de los jóvenes migrantes quienes han vivido en carne propia esta falta de derechos a la alimentación, a la salud, a la educación e información y al empleo en medio de una corrupción generalizada. De esta manera, se esbozará la magnitud y las características de esta crisis, así como las estrategias que estos jóvenes y sus familias pusieron en marcha para intentar subsistir frente a tanto abandono de su gobierno, empezando con la crisis de alimentación.

3. Una inseguridad alimentaria severa y crónica

La seguridad alimentaria se define como un derecho humano y existe si «todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana» (Cumbre Mundial sobre Alimentación, 1996, s.p.). Así, todo Estado tiene que asegurar que sus ciudadanos no padezcan hambre ya que el derecho a la vida está en juego. Sin embargo, actualmente en Venezuela, al menos uno de cuatro hogares se encuentra en inseguridad alimentaria severa7. Y más grave aún, usando el indicador talla-edad, un 30% de menores de cinco años sufre de desnutrición crónica (ENCOVI, 2020). Hasta llegar a la situación actual de privación extrema de alimentos, las personas entrevistadas que eran menores cuando Hugo Chávez estaba al mando coinciden que ha habido etapas en la (in)disponibilidad general de alimentos en el país.

De a pocos empezaron a escasear los productos y aparecieron las colas para conseguir lo poco que se encontraba. Las repercusiones del cierre de la frontera con Colombia y el impedimento del paso por sus puentes internacionales ordenado por Nicolás Maduro en agosto de 20158 se hicieron sentir en los estados fronterizos, como lo señala Emilia: «ya no había [comida], ni cara ni barata, tú veías a la gente flaca […] Solo había lo que repartía el gobierno en el MERCAL o en PDVAL» (Emilia, comunicación personal, 3 de febrero de 2020). Cuando ya no se podía encontrar alimentos en ningún establecimiento de abarrotes, las únicas alternativas para conseguirlos empezaron a ser los programas sociales o misiones como los Mercados de Alimentos S.A. (MERCAL) y las empresas estatales como la Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos S.A. (PDVAL), esta última paradójicamente creada para asegurar la soberanía alimentaria de los venezolanos. A través de programas como MERCAL, el Estado ofrece, a cualquier ciudadano en teoría, la posibilidad de comprar alimentos y otros productos de primera necesidad en diferentes tipos de estructuras (almacenes, supermercados, mercados móviles y mercados al aire libre) a precios «populares», es decir, cómodos. En estos espacios, según el número de cédula, el jefe de familia tenía un día asignado de compra. Esta persona podía comprar según su carga familiar. Sin embargo, incluso en estos lugares donde supuestamente los pobladores tanto del campo como de las urbes podían abastecerse, faltaban muchos alimentos. Incluso, se llegaban a comercializar alimentos de dudosa calidad.

Luego, en 2016, los Comités Locales de Abastecimiento y Produc-ción (CLAP) empezaron a repartir bolsas y cajas de comida con productos regulados9 de primera necesidad en el marco de un plan de alimentación del gobierno de Maduro. Los beneficiarios eran los que se habían registrados en un padrón de autoridades comunales, en teoría sin importar la afiliación política. Los CLAP fueron creados supuestamente con la idea de canalizar los alimentos a precios regulados que podrían conseguirse exclusivamente a través de este canal oficial y así evitar el mercado negro de productos. Una vez recibidos los alimentos por los CLAP, estos mismos están a cargo de distribuirlos casa por casa o de convocar a la gente a recoger unas bolsas con productos ya escogidos (Pérez, 2019). El resultado ha sido el cierre de comercios que distribuían alimentos y una intromisión del gobierno cada vez más aguda en la vida de sus ciudadanos.

Aproximadamente en 2018 empezaron a llegar productos importados, pero a precios muy altos. Es decir que, hoy en día, si bien se siguen repartiendo las bolsas y cajas CLAP, los alimentos se encuentran en las tiendas, pero a un precio fuera del alcance de la mayoría de las familias. Ya no hay colas porque la gente no tiene el poder adquisitivo para comprar estos productos. «Porque ya toda la comida la subieron cara, pues, todos los mercados en todos lados, todo es caro, o sea, el mismo precio, voy para el otro mercado, es caro, voy para acá, el mismo precio y así» (Lorena, comunicación personal, 5 de febrero de 2020). Joaquín nos dice lo siguiente:

Todo está dolarizado, consigues lo que tú quieras, vas a una tienda y ves alimentos por doquier, pero son costosos, o sea, todo está a un precio de un dólar y un dólar hace dos semanas estaba en 78 mil bolívares, [...], una sola moneda, o sea, imagínese, hay vainas que le salen cinco o seis dólares, más que un salario mínimo allá, súper tenaz. Son cosas que de verdad que hacen que uno no pueda regresar a su país (comunicación personal, 3 de febrero de 2020).

Al pedir a los entrevistados que nos expliquen cómo se manifiesta la crisis en su país, lo primero que mencionan es que el dinero ganado no alcanzaba para comprar alimentos, solo para «medio comer», es decir, comer poco o saltar comidas, lo cual resalta la gran problemática de inseguridad alimentaria. La carencia en alimentos llegó a tal punto que ni comprando los alimentos a precios muy elevados los jóvenes entrevistados los podían conseguir. Simplemente ya no había alimentos en el país o mejor dicho se encontraban, pero eran inalcanzables por su costo. La inseguridad alimentaria se caracteriza no solo por la ausencia de los alimentos sino también por la imposibilidad de adquirirlos cuando están. Uno podría tener alimentos en su entorno inmediato, pero si no tiene la capacidad física o económica de obtenerlos, está en situación de inseguridad alimentaria. Datos del Programa Mundial de Alimentos corroboran esta información, pues el 70% de los venezolanos entrevistados en 2019 reportaban que sí había comida, pero por su costo no tenían acceso a estos alimentos.

Esta inaccesibilidad en alimentos se refleja en una dieta promedio no muy variada donde escasean frutas y verduras y predominan los carbohidratos. La diferencia entre las familias más pobres y las acomodadas es más visible en su acceso a las fuentes de proteínas; según datos de la ENCOVI (2020), los ciudadanos ricos tienen una ingesta en proteínas hasta cinco veces mayor que la de los más pobres. Pero para la mayoría de las familias, las proteínas animales llegaron a ser casi inexistentes, razón por la cual los huevos, por su versatilidad y relativo bajo costo, se convirtieron en la fuente proteínica por excelencia. Adriana nos cuenta cómo alimentaba a su familia de cuatro personas (ella, su esposo y dos hijos menores de cinco años) con una plancha de huevos mensual, es decir treinta huevos para treinta días. A diario, cada miembro de esta familia comía un cuarto de huevo. Y los padres, especialmente el padre en este caso, se sacrificaban para alimentar a sus hijos.

La poca variedad de alimentos es también un problema para las personas cuya condición médica está estrechamente relacionada a una dieta específica. Giovanna nos comenta por qué su prima tuvo que salir del país. Ella padece de problemas de tiroides y el consumo de ciertos alimentos que eran los únicos que podían conseguir en Venezuela le provocaba un deterioro aún mayor de su condición.

Comían lo que podían, lo que podían comprar, entonces, lo que podía comprar era, por decir, pescado, y ella no puede comer pescado por la tiroides, era huevo y no puede estar comiendo tanto huevo por la tiroides, ¿sí me entiendes? Entonces, sí, ellos tuvieron que salir «o nos vamos o nos morimos aquí», y tuvo que salir (comunicación personal, 3 de febrero de 2020).

Al salir del país con su familia, la prima de Giovanna pudo por fin consumir alimentos que no le generaban efectos adversos y pudo recibir tratamiento médico. Como menciona Javier, cuando él salió del país y se fue primero a Colombia, se encontró con «artículos que tenía años sin ver» (Javier, comunicación personal, 5 de febrero de 2020).

Finalmente, otro problema que identificaron los entrevistados en relación con la provisión de los alimentos es que, por falta o inestabilidad del fluido eléctrico, se deterioran artefactos como la refrigeradora, lo que afecta la conservación de los pocos alimentos e impacta la salud de las personas.

Viendo la diversidad de clase social de los entrevistados, podemos decir que todos los sectores de la población venezolana se ven afectados por esta escasez, no solamente las clases más bajas. Frente a esta tragedia del hambre, los jóvenes y sus familias están usando diferentes mecanismos10 para asegurar una provisión mínima de alimentos.

3.1. Estrategias individuales y familiares para paliar la falta de alimentos

El informe de evaluación de la seguridad alimentaria del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas menciona las siguientes estrategias de sobrevivencia que han desarrollado las familias venezolanas en relación con el consumo de alimentos: a) la reducción de la variedad y calidad de la comida, b) la reducción del tamaño de las porciones, c) el trabajo a cambio de comida y d) la venta de bienes familiares a cambio de productos básicos. Se reporta también que casi la mitad de los hogares redujo el número de comidas al día por falta de gas para cocinar (World Food Programme, 2020).

En el caso de nuestros entrevistados, nos han explicado cómo, a diario, ellos y sus familiares enfrentaban la crisis alimenticia antes de tener que tomar la decisión de migrar. Las estrategias que combinaron para lidiar con la escasez de alimentos o la dificultad de procurárselos son efectivamente racionar la comida, sacrificarse por otros miembros de la familia y no alimentarse, regalar o intercambiar productos entre amigos y familiares, y trabajar a cambio de alimentos11. Además, la adhesión al partido en el poder conlleva ciertas «ventajas», como el tener derecho a comprar la bolsa o caja CLAP con productos subsidiados. Finalmente, recurrir a las colas y al bachaqueo, y recibir remesas son otras de estas estrategias que voy a detallar a continuación.

3.1.1. Racionamiento, sacrificio y ayuda entre familiares y amigos

Los jóvenes entrevistados nos cuentan cómo recurrían al sacrificio por sus hijos y otros dependientes, alimentándose poco o saltando comidas. Algunos se alimentaban solo de una fruta acompañada de un vaso de agua, una yuca o un plátano verde sancochado, un tomate con cebolla, o, en lugar de sopa, «una agüita con hueso». Romina, originaria de la Isla de Margarita, cuenta que allí comían pescado solo todos los días. Y los que viven en los llanos donde hay arrozales, comen solo arroz con sal. A veces, los migrantes no tenían más que ofrecerles a sus hijos que un cambur (plátano de seda) o una verdura. Ximena, por ejemplo, le daba auyama (zapallo) a su hija de un año tres veces al día. Norma, después de una semana sin tener comida, decidió salir del país para trabajar y dejar temporalmente a sus hijos a cargo de sus padres; no les podía dar más que agua para el desayuno y la cena, y un mango cada uno para el almuerzo. Felipe, quien caminó desde Venezuela, nos cuenta cómo su mamá dejaba de comer para alimentar a sus hijos y cómo él lo hacía por su hermana menor:

Mi mamá, allá, a veces se pasa sin desayunar para guardar la plata para el almuerzo, a veces se acuesta sin cenar también. A veces cena pura yuca, puro cambur, sin relleno ni nada, ese puro, así. Yo también viví eso ya, ya sea que en la mañana me tomaba un café y ya, y esperaba el almuerzo, y esperar no, porque en la mañana teníamos que salir y buscar la comida, porque si uno no sale a buscar la comida no come, uno tenía que hacer la cena de mañana rebuscándose por ahí, ayudando aquí, ayudando allá, yo vivía la vida así (comunicación personal, 5 de febrero de 2020).

Casi todas las historias tienen testimonios parecidos al de Felipe. Otra joven entrevistada comparte el caso de su hermana y la hija de esta:

Mi hermana Jenny, la que está en Venezuela ahorita con mami, ella pasa mucha necesidad, demasiada y ella está muy flaca, ya casi el cuerpo de ella es como el de mi sobrina de 14 y ella tiene 34 años. […] yo la veo en fotos y aunque ella diga «No, estoy bien» […] Pero mi hermana Alba, a lo que vino, ella me dijo que ella estaba comiendo muy mal, me dijo que ella dejaba de comer para darle a los niños; y ya su rostro se le ve…, la cintura es muy pequeña, el cuerpo muy flaco y ya está entrando a un estado de desnutrición. Y la niña también. […] se desmayó porque camina mucho […] camina casi cuatro horas u ocho horas diarias […]. Vive en una aldea donde no llega el transporte, así que tiene que caminar al pueblo a vender sus quesos [la sobrina de 14 años] (comunicación personal, 3 de febrero de 2020).

Los entrevistados reportaron también ayudarse entre familiares y amigos para conseguir alimentos. Por ejemplo, en las familias en las cuales varios miembros trabajan, cada uno aporta en la medida de lo posible. Javier, quien vivía con sus padres y es de clase social media a pudiente, gastaba su salario mensual de profesor comprando un kilogramo de arroz y un kilogramo de pasta. Sus padres, funcionarios públicos, cada uno ganando dos a tres dólares mensuales, completaban la canasta de víveres comprando respectivamente un kilogramo de carne y uno de queso; estos productos eran los que sus tres sueldos de funcionarios les permitían obtener para todo un mes. Ellos recibían también algo de remesas de su hijo mayor instalado en México. Gracias a los 60 USD que él les hacía llegar mensualmente, ellos podían alimentarse y pagar sus demás gastos. De la misma manera, Santiago nos cuenta lo siguiente sobre el trueque que practicaba con familiares y amigos:

En que mi abuela tiene pasta, el otro tiene harina, «Tráeme pasta y yo te llevo azúcar», y así. Es lo que llamó Chávez, no sé si escucharon, «el trueque», ahorita lo están practicando; lo que Chávez planteó lo están practicando en Venezuela ahorita. Con los amigos, los vecinos, etcétera (comunicación personal, 2 de febrero de 2020).

Liliana, quien dejó la carrera universitaria de ingeniería civil antes de migrar, cuenta cómo sus vecinos la ayudaron regalándole alimentos y cómo cuando para ella escaseaba la comida, sus amigos organizaban comelonas, es decir juntaban los pocos alimentos que tenían y comían juntos. Unas entrevistadas incluso mencionaron que la gente ya no vende sus terrenos, más bien recurre a la agricultura y a la crianza de animales para autosuficiencia.

Frente a la escasez de alimentos que sufre la mayoría de los venezolanos12, una estrategia que utilizan es la de solicitar el carné de la patria y adherir al Partido Socialista Unido de Venezuela.

3.1.2. La adhesión al PSUV y el acceso a los alimentos: la caja CLAP

Solicitar el carné de la patria y así estar registrado en el sistema del gobierno asegura a su poseedor una caja mensual de alimentos por familia registrada y el acceso a bonos de diferentes tipos. Esta caja no es gratuita; su valor real es de unos 10 USD, pero el adherente al partido paga 0.30 USD. La caja contiene productos como arroz, pasta, harina de maíz, azúcar, leche, café, aceite, y a veces menestras y latas de pescado (ENCOVI, 2020). Sin embargo, la calidad nutritiva de los productos contenidos en la caja, así como su proveniencia, son muy cuestionados. Con respecto al valor nutritivo, se señala que su contenido no basta para alimentar a una familia, sin mencionar la calidad de los alimentos que son deficientes en calorías. Además, con el tiempo, las cajas empezaron a ser menos surtidas y los beneficiarios han denunciado que han recibido productos incompletos o reempaquetados (Seijas Meneses, 2020). Finalmente, los criterios para la entrega de esta caja son también controversiales, ya que el 5% de los pobres extremos no la reciben y 22% de personas que no son pobres ni pobres extremos sí gozan de este beneficio (ENCOVI, 2020), además de que su periodicidad no es regular. Ya que el contenido de esta caja ha decaído con los años y que no es balanceado, los entrevistados comentaron que solían usar su salario para comprar lo que no venía en esta caja, es decir proteínas, frutas y verduras.

Lo que observamos a través de la entrega de las bolsas o cajas CLAP es que el derecho a la alimentación está indirectamente condicionado a la adhesión al partido de Maduro, incluso si esta es para muchos venezolanos fuente de rechazo, vergüenza y de tensiones en las comunidades entre vecinos o familiares. Sin embargo, al mismo tiempo es una estrategia necesaria para la supervivencia. Giovanna nos cuenta que «por necesidad», «para recibir los bonos», no por convicción, su hermana ha tenido que afiliarse al partido. Es la misma historia que nos cuenta Javier, exprofesor en Venezuela:

Yo lo que tuve que sacar, todos los tuvimos que sacar, porque era como necesario, porque sin eso tú no podías adquirir una caja que el gobierno te implementaba […] si no lo teníamos era como ir en contra de ellos y podíamos perder nuestro trabajo, porque entonces iban a decir, «ah, pero tú no estás con el movimiento», entonces ya podían botarte o podías tener represalias por eso (comunicación personal, 5 de febrero de 2020).

En otras palabras, si bien «los alimentos no deberían utilizarse como instrumentos de presión política y económica» (Cumbre Mundial sobre Alimentación, 1996), los venezolanos están en una encrucijada. Si no quieren perder un derecho básico que es el derecho a la alimentación, el cual está estrechamente vinculado al derecho a la salud, tienen que renunciar a su libertad de expresión, la cual tiene repercusiones sobre su derecho al empleo.

3.1.3. Las colas y el bachaqueo

Según los entrevistados, el hecho de hacer colas para conseguir productos, fenómeno que ha sido muy mediatizado hace algunos años, empezó después de la muerte de Hugo Chávez, más o menos en 2014. Artículos básicos de higiene, como jabón, champú y desodorante, empezaron a escasear en todo el país y de a pocos se sumaron productos alimenticios como harina, arroz y aceite; la lista fue aumentando y las colas para comprar, creciendo:

Eso fue creciendo y la lista de cosas que no existían se fue sumando, sumando, sumando. Entonces Maduro comenzaba a decir que no a las compras nerviosas: «No puedes comprar así nervioso, es mentira que se va a acabar la comida» (Emilia, comunicación personal, 3 de febrero de 2020).

En el 2015 la situación ya era complicada y la gente tenía que estar horas en colas para conseguir productos. Esta vulneración del derecho a la alimentación impactaba aún más a las mujeres, quienes eran las que mayormente hacían las colas para proveer a su familia y se veían violentadas de múltiples maneras. Eran quienes mayormente hacían las colas para proveer por su familia. No solamente perdían tiempo que no podían dedicar a su familia y a su bienestar personal y profesional, sino que también exponían sus cuerpos a la intemperie y la inseguridad. Además, muchas tuvieron que trastornar sus proyectos de vida hasta volverse bachaqueras para tener ingresos y subsistir (Meléndez-Ferrer, 2018).

El sistema de cola que llegó a generalizarse en todo el país funcionaba de la manera siguiente. Según el número de cédula de la persona, le tocaba ciertos días poder hacer la cola para comprar. Lo que pasaba también es que uno se enteraba de que iba a estar a la venta tal(es) producto(s) o simplemente que estaban llegando productos sin conocer cuáles eran y la gente empezaba a hacer su cola en el punto de acopio. Esta cola podía durar desde varias horas hasta varios días. Eran «colas inmensas, grandísimas, trescientas, cuatrocientas personas esperando para comprar una harina o dos panes, tres panes» (Aldo, comunicación personal, 4 de febrero de 2020). Los entrevistados nos cuentan que los miembros de la familia a veces se turnaban para hacer esta cola o los que se habían quedado en casa llevaban al que estaba en la cola alimentos, ropa, etc., o lo relevaba en algún momento para que pueda descansar y regrese a seguir esperando. A veces ocurría que cuando uno llegaba a la puerta del almacén dónde vendían estos productos ya no conseguía el alimento o el producto por el cual había hecho la cola ya que se había acabado.

Joaquín resalta en su testimonio que aparte del cansancio hasta el agotamiento al hacer las colas, se evidenciaban también la corrupción y la violencia inherentes a este sistema de provisión de alimentos:

Fatal, a diario habían peleas con heridas de bala, heridas cortopunzantes, Dios mío, son cosas que te pones a ver, Dios mío, por qué pasa tanto estas cosas, la gente parada aguantando sol, sin ningún tipo de algo, de un techito que por lo menos te cubra del sol, la gente tirada en el piso esperando, aguantando su cola (comunicación personal, 3 de febrero de 2020).

En esta misma entrevista Joaquín nos explica el sistema de bachaqueo, una suerte de contrabando, soborno; los bachaqueros son personas pagadas por hacer las colas o hacer colas para comprar alimentos a precios regulados y revenderlos en el mercado negro a un precio mucho mayor.

Y si se metía uno lo agarraban y lo mataban, entonces, así tú fueses el primero de la cola, de repente llegó alguien que le decíamos bachaquero, que vendían hasta los puestos, ¿sabe?, y se metían cien personas, metían tantas personas, «aquí van veinte, aquí van treinta», «hermano, pero ya va, si yo llegué aquí, yo era el primero, cómo va a ser posible». Entonces por ese tipo de personas se… había un momento, chamo, que estabas por lo menos todo un día haciendo cola, o un día y medio, y cuando llegabas a la puerta, ni siquiera al haber llegado, pero al haber esperado tanto tiempo se acaban los alimentos (comunicación personal, 3 de febrero de 2020).

Cuando la disponibilidad general de los productos acabó, entre 2018 y 2019, se acabaron las colas; es decir, solían haber colas cuando al hacerlas los ciudadanos podían adquirir productos a precios más económicos. Ahora, la mayoría de los productos están a un precio inalcanzable, razón por la cual las personas recurren también a las remesas que les envían sus familiares para procurarse de alimentos.

3.1.4. Recepción y uso de las remesas

Les remesas son uno de los pilares de la supervivencia transnacional, ya que su envío es clave para mantener a los que se han quedado en Venezuela, generalmente los padres, hijos, hermanos y abuelos o las parejas de los jóvenes migrantes. Si no fuera por las remesas, sería casi imposible para los venezolanos que se han quedado conseguir alimentos. Muchas veces los migrantes, a pesar de sus magras ganancias en el Perú, tratan de distribuir el dinero que envían entre las personas, priorizando las necesidades. El compromiso que sienten los migrantes hacia los que se quedaron, amigos y familiares, especialmente cuando las familias son más extensas, es grande y ocurre en un espacio transnacional. Romina, de 23 años, quien vive ahora con sus padres y hermanos en Tumbes, es la principal proveedora de la familia. Nos dice lo siguiente:

Ellos [los que se quedaron], la mayoría de las personas allá si la viven bien, es por las personas que tienen afuera, en otros países que le envían para poder sobrevivir. Por ejemplo, yo que le envío a mi abuela para que ella también tenga algo, ya que mis abuelos son muy mayores, no pueden trabajar, se mantienen de la siembra y de lo que yo le doy (comunicación personal, 4 de febrero de 2020).

A veces la desesperación del migrante por ayudar a sus familiares llega a extremos. Para poder mandar dinero a su familia, Emilia llegó a vender su cabello. Por doce mechones, le dieron S/ 40. Y cuando su amiga asentada en Brasil perdió a su mamá, le mandó 40 dólares ahorrados con sacrificios para contribuir a los gastos de sepelio.

La situación de supervivencia en la cual se encuentran los migrantes se refleja también en el uso de las remesas que no sirven tanto para invertir en educación13 o negocios, pero sí para sobrevivir, es decir, comprar alimentos y medicinas: «ahorita prácticamente Venezuela se está alimentando, gracias a Dios, porque tienen sus hijos en otros países, sus esposos, y les mandan, les mandamos, les giramos, y con eso se ayudan, porque con el sueldo venezolano, nada que ver» (Lorena, comunicación personal, 5 de febrero de 2020). Con los S/ 40 que Lorena manda a su madre semanalmente, esta puede comprar dos paquetes de harina de maíz precocida, un paquete de arroz y un poquito de salao (sardina o un pedacito de queso). Aldo, de bajos recursos, dejó a su hijo en Venezuela hace tres años; le manda remesas para poder alimentarlo y comprarle «sus cosas».

Esta inseguridad alimentaria, que está bien instalada en la sociedad venezolana, tiene distintas repercusiones en la salud y el empleo de las personas.

3.2. Las consecuencias de una inseguridad alimentaria aguda en la producción y reproducción

Debido a la inseguridad alimentaria aguda en todo el país, el promedio de ingesta en calorías de los venezolanos es muy bajo, lo cual puede tener repercusiones graves a largo plazo (ENCOVI, 2020). Ciertos grupos como los niños, las personas mayores, las mujeres embarazadas y las personas con enfermedades crónicas o algún problema de salud, son obviamente más vulnerables frente a una carencia de alimentos. Si bien en este estudio no hemos evaluado específicamente estas vulnerabilidades, los entrevistados nos han mencionado en varias oportunidades que en Venezuela muchos niños mueren de desnutrición.

Lo que sí podemos constatar sobre la base de la información proporcionada es que los entrevistados y sus familiares han sufrido una fuerte pérdida de peso, a veces hasta tal punto que su salud ha llegado a estar en peligro. La pérdida de peso ha sido suficientemente significativa para que la apariencia física de la persona cambie. Así, Giovanna, quien migró por primera vez al Perú sin su hijo, cuando se reencontró con él meses después, manifestó que él la vio cambiada: «mamá, te veo diferente —era todo lo que me decía—, te veo diferente, mamá» y cada ratico me decía: «te veo diferente, mamá». Claro yo había engordado, yo engordé viviendo y trabajando en el Perú» (comunicación personal, 3 de febrero de 2020). Los migrantes que han dejado en Venezuela a seres queridos mencionan que los ven muy adelgazados cuando los contactan por video llamadas o los vuelven a ver en persona14.

[…] yo a ellos los veo sumamente delgados y me duele verlos así, porque uno no espera que sufran, que sufra tu mamá o que sufra tu papá y es difícil, es difícil, entonces, yo le pregunto, «mamá, ¿estás bien?», «sí estoy bien, maravillosamente bien», pero yo sé que detrás de ese maravillosamente bien no es así (Javier, comunicación personal, 5 de febrero de 2020).

En adición a efectos «visibles» de esta carencia de alimentos y la subsecuente desnutrición de las personas, existen efectos más perversos y duraderos para la salud. Por ejemplo, niños con carencias importantes (un peso y una talla no adecuados para su edad). Además, en términos de derechos y de calidad de vida, es importante resaltar que la falta de acceso a una fuente de alimentos segura y duradera, que es un derecho de los ciudadanos venezolanos, produce como efecto colateral la pérdida del derecho a constituir una familia y, finalmente, a tener una vida digna. Emilia, joven emprendedora de 28 años, nos contó el doloroso proceso de perder a su hijo a sus tres meses de embarazo, pérdida que los médicos venezolanos atribuyeron a su anemia. Si bien está ahora instalada en Tumbes, donde está luchando para sacar adelante a su familia extensa, y a pesar del deseo que tiene de ser madre algún día, ella no piensa por ahora intentar nuevamente tener un hijo hasta estabilizarse económicamente; en efecto, tener hijos implica compartir entre más personas los escasos recursos.

Me he limitado mucho, aunque pueda tener hijos me he limitado, mi esposo también, porque como estuve en Venezuela a punto de morirme porque no había antibióticos, estuve muy mal. [...] Pero hoy en día yo me limito mucho a tener un hijo porque siento una carga por mi familia y digo «Si yo tengo un hijo, quién los va a sacar a ellos de allá». Entonces, ¿cómo salgo yo con una barriga a vender o traigo un niño a vender? O sea, ¿le voy a ofrecer eso, salir conmigo?» [ella es vendedora ambulante] (Emilia, comunicación personal, 3 de febrero de 2020).

Las personas entrevistadas relataron también cómo, al no estar bien alimentadas, su rendimiento laboral o el de conocidos se vio afectado. Por ejemplo, Javier menciona que una de las razones que le impulsó a salir de su país fue la realidad que le tocaba experimentar en calidad de docente. Profesor de matemáticas en un colegio público, él veía cómo sus estudiantes sufrían de hambre y se desmayaban en sus clases —el rendimiento escolar depende también de una alimentación adecuada—. Él nos dijo lo siguiente:

[…] se desmayaban porque no habían comido, entonces, era frustrante ir todos los días a un colegio, ver que los niños se formaban a entonar el himno y se desmayaban. Entonces, cuando despertaban, tú le preguntas, «¿por qué se habían desmayado?», y es que no habían ni desayunado ni almorzado ni cenado (Javier, comunicación personal, 5 de febrero de 2020).

Emilia también nos cuenta cómo los profesionales de la salud del hospital al cual acudía se desmayaban mientras cumplían sus labores.

Finalmente, esta privación de alimentos es de hecho un factor decisivo en la decisión de salir del país. Los entrevistados que son padres resaltan el dolor que sentían al ver a sus hijos con hambre, hasta llorar de hambre; en estas circunstancias sentían que lo único que les quedaba era mandar a sus hijos a descansar para que se olviden de su hambre no satisfecha.

Así, podemos ver cómo en muchas historias de vida la inseguridad alimentaria tiene repercusiones en otros ámbitos de la vida de las personas, desencadenando, en primer lugar, problemas de salud que no pueden ser atendidos de una manera adecuada por haber colapsado también el sistema de salud.

4. Crisis del sistema de salud

[…] amistades mías que escriben llorando por las redes sociales «Papá, esperaba volver a verte, te moriste», porque no había en Venezuela el medicamento que ellos necesitaban. Lo peor es eso y eso es lo que más duele […] porque en la ambulancia que lo trasladaban se quedó sin gasolina y quedó allí y murió allí; o porque tú ibas a ingresar y no había quirófano, porque estaba contaminado y no hay cloro y no hay jabón para desinfectar los quirófanos. Esas cosas así… (Emilia, comunicación personal, 3 de febrero de 2020).

Este extracto de una historia de vida refleja bien el total colapso del sistema de salud venezolano. Hasta el año 2012 aproximadamente, una persona asegurada en una clínica podía recibir toda la atención que necesitaba. Desde el 2012 en adelante, ya no se encontraban los medicamentos y «los seguros no tenían la cobertura para cubrir». En cuanto al servicio público, Javier quien solía atenderse en la ciudad de Los Teques, cerca de Caracas, nos cuenta que «no funciona para nada, para nada en los hospitales públicos no hay ni siquiera gasa, el gobierno siempre va a pintar que hay de todo» (Javier, comunicación personal, 5 de febrero de 2020)15.

Después de la inseguridad alimentaria, la otra razón en orden de importancia por la cual los entrevistados mencionaron haber salido de su país es la falta de acceso a las medicinas. A veces estas medicinas no se consiguen o son muy caras y hasta vencidas. Los establecimientos de salud están también en estado precario, falta personal disponible o los médicos que se quedaron están agotados. Si bien Venezuela solía tener un servicio de salud de calidad, el personal de salud, al igual que las medicinas, ha ido desapareciendo, ya que los trabajadores de salud han estado saliendo del país también:

[…] los mejores doctores ya se han ido fuera del país pues, los mejores cirujanos, ellos se han ido fuera del país quedan doctores, pero sí atienden, pero falta la medicina que no lo hay así y si lo hay, lo hay un proceso muy caro que mejor es efectivo viajar para Colombia y comprarlo y traerlo (Lorena, comunicación personal, 5 de febrero de 2020).

Como los especialistas han migrado, existe una gran presión para los que se quedaron: «Ya en Venezuela no hay especialistas de ningún tipo y los que están allá son muy valiosos para el gobierno y ellos no quieren que salgan del país» (Emilia, comunicación personal, 3 de febrero 2020).

Los reactivos necesarios para realizar exámenes en los laboratorios son también escasos, lo cual explica que la gente no pueda realizar muchos exámenes médicos. La falta de electricidad constante afecta también los hospitales, y los análisis clínicos se quedan a medio hacer o simplemente no se llevan a cabo. Y si han logrado hacer sus exámenes médicos, los pacientes a veces no los recogen por falta de transporte o de gasolina para la movilidad. La falta de gasolina impide también un traslado adecuado de los pacientes, quienes a veces fallecen en una ambulancia que se quedó en el camino con su paciente desatendido.

Una experiencia desgarradora es la de Emilia, quien había sido hospitalizada luego de sufrir un aborto. Como ella vivía en un pueblo en el cual no la podían atender, primero la tenían que llevar a la ciudad de Mérida donde estaba el hospital para hacerle el legrado. Por falta de ambulancia, un grupo de rescate al cual ella perteneció aceptó llevarla en su propia ambulancia. Después de tres horas, ella llegó al hospital y cuenta que allí no la pudieron atender el mismo día. Ella estaba con una fiebre muy alta por efectos de una infección:

[…] los médicos, como hay escasez de médicos, ellos tienen que estar atendiendo a los niños, tienen que estar allá. O sea, a veces no se dan abasto, incluso los mismos médicos se desmayaban y las enfermeras no comían, no sé… (comunicación personal, 3 de febrero de 2020).

En la mañana del día siguiente, su esposo al llegar y verla tan mal llamó a un doctor:

Yo le veo la cara de susto al doctor y me dice «No, ya te comenzó una infección, tienes fiebre interna», entonces me colocó un antibiótico y le dijo a mi esposo «Tienes menos de ocho horas para que le consigas otro antibiótico para colocárselo». Y mi esposo, desesperado, buscando ese antibiótico en las farmacias, no había, no había (comunicación personal, 3 de febrero de 2020).

Su esposo finalmente consiguió el antibiótico, pero su cirugía se retrasó y durante tres días la trataron con antibióticos antes de operarla porque según nos cuenta, el doctor estaba ocupado. Otra paciente del área de obstetricia y ginecología que ella conoció en el hospital tuvo que esperar dos semanas para que le hicieran un legrado; milagrosamente esta paciente no desarrolló fiebre y se salvó a pesar de tener un feto muerto en el vientre: «A los quince días después fue que comenzaron a hacerle lo del legrado, a los quince días. Ella tuvo que esperar quince días porque había otras emergencias, según los doctores, más graves para poderlas meter» (Emilia, comunicación personal, 3 de febrero de 2020).

Esta falta de personal y de insumos médicos en el sector salud afecta también la salud reproductiva de los venezolanos. Algunas entrevistadas mencionaron que, por la falta de acceso a anticonceptivos eficientes, se embarazaron. Las píldoras que habían comprado eran vencidas y se embarazaron cuando supuestamente estaban tomando un método anticonceptivo. Sin embargo, Emilia mencionó que existen «operativos médicos» de esterilización. Nos podemos preguntar hasta qué punto está esterilización es voluntaria considerando las circunstancias de necesidad en las cuales están las mujeres.

De la misma manera que cuando responden a la falta de alimentos de sus familiares que se quedaron en Venezuela, los migrantes como Aldo mandan remesas que servirán para la compra de las medicinas necesarias. Él tiene un hijo de siete años en Venezuela y si se enferma, «ellos los atienden, pero no hay medicinas. Entonces yo de aquí tengo que, la medicina me vale mucha plata, porque de aquí que tengo que enviarle» (Aldo, comunicación personal, 4 de febrero de 2020). Otra estrategia para lidiar con las deficiencias del sistema de salud a la cual ciertos migrantes recurren es el uso de los sistemas de salud de países cercanos como Colombia. Así, Joaquín, quien en Venezuela era de clase media-alta y estuvo viviendo en Colombia entre 2016 y 2020, nos cuenta cómo frente a las deficiencias del sistema de salud de su país, tuvo que llevar a su mamá a Colombia donde él residía para que la puedan atender.

[…] Yo estoy vuelto loco, incluso a mi mamá le empecé, empecé a buscar la manera de poderle sacar allá, incluirla en el seguro en Colombia, gracias a Dios logré sacarles el permiso especial de permanencia que es por dos años y luego podrías renovarlo. […] Incluso teniendo el dinero, no está el producto: podías tener el dinero, pero dónde está el producto, o sea, allá en Venezuela se está viviendo una situación horrible, o sea, todo lo que está sucediendo allá es espeluznante que no es todo como te lo cuentan, no es todo como lo ves en televisión, es peor hermano, peor aún, o sea, es difícil (Joaquín, comunicación personal, 3 de febrero de 2020).

El deterioro del sistema de salud es por supuesto preocupante, especialmente considerando que estamos viviendo una crisis sanitaria mundial debida a la pandemia de la COVID-19, la cual pone a prueba cualquier sistema de salud. El valor de los testimonios de los entrevistados reside también en el hecho de que la información confiable que nos llega de Venezuela es escasa. Esto está relacionado al aislamiento del país en términos de circulación de la información y conectividad. El sistema educativo es también otra de las víctimas del régimen de Maduro.

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