Kitabı oku: «Los números de los valores en dos Perúes»
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© Enrique Vásquez H., Franklin Ibáñez B., Pedro Mateu B. y Javier Zúñiga A.
De esta edición:
© Universidad del Pacífico
Jr. Gral. Luis Sánchez Cerro 2141
Lima 15072, Perú
Los números de los valores en dos Perúes
Enrique Vásquez H., Franklin Ibáñez B., Pedro Mateu B. y Javier Zúñiga A.
1.ª edición: marzo de 2022
Diseño de carátula: Ícono Comunicadores
ISBN ebook: 978-9972-57-488-7
Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú: 2022-XXXX
Disponible en fondoeditorial.up.edu.pe

BUP
Vásquez, Enrique
Los números de los valores en dos Perúes / Enrique Vásquez H., Franklin Ibáñez B., Pedro Mateu B. y Javier Zúñiga A. -- 1a edición. -- Lima: Universidad del Pacífico, 2022.
217 p.
1. Pobreza--Perú
2. Pobreza multidimensional--Perú
3. Índice de pobreza--Perú
4. Valores--Aspectos sociales--Perú
5. Valores--Aspectos económicos--Perú
6. Felicidad--Aspectos sociales--Perú
7. Felicidad--Aspectos económicos--Perú
8. Bienestar social--Perú
I. Ibáñez, Franklin
II. Mateu, Pedro
III. Zúñiga, Javier
IV. Universidad del Pacífico (Lima)
339.46 (SCDD)

La Universidad del Pacífico no se solidariza necesariamente con el contenido de los trabajos que publica. Prohibida la reproducción total o parcial de este texto por cualquier medio sin permiso de la Universidad del Pacífico.
Derechos reservados conforme a Ley.
Índice de figuras
Figura 1: Localización de 43 sociedades en el mapa global cultural para la EMV, 1990-1991
Figura 2: Localización de 94 sociedades en el mapa global cultural para la EMV, 2008-2014
Figura 3: Estructura circular de valores de Schwartz (versión original)
Figura 4: Estructura circular de valores de Schwartz (versión modificada)
Figura 5: Distribución del puntaje de felicidad según las preferencias de valores para los jefes de hogar de los dos Perúes, 2017
Figura 6: Ejemplo de felicidad y preferencias de valores en los dos Perúes
Figura 7: Distribución del puntaje de felicidad indicando cuartiles según las preferencias de valores para los jefes de hogar del Perú pobre, 2017
Figura 8: Distribución del puntaje de felicidad indicando cuartiles según las preferencias de valores para los jefes de hogar del Perú rico, 2017
Figura 9: Distribución del puntaje de felicidad por grupos de felicidad según las preferencias de valores de los jefes de hogar para los dos Perúes, 2017
Figura 10: Ejemplo de diagrama de Venn
Figura 11: Importancia de valores para los jefes de hogar del Perú pobre, 2017
Figura 12: Ejemplo de lectura del diagrama de Venn para la autotrascendencia en el Perú pobre
Figura 13: Jefes de hogar del Perú pobre según sus preferencias por cuadrantes de valores
Figura 14: Riesgos que enfrentan los jefes de hogar del Perú pobre
Figura 15: Percepción del jefe de hogar del apoyo de su red en el Perú pobre
Figura 16: Aportes de las rondas campesinas al Perú pobre y rural
Figura 17: Importancia de valores para los jefes de hogar del Perú rico, 2017
Figura 18: Jefes de hogar del Perú rico según sus preferencias por cuadrantes de valores
Figura 19: Búsqueda de la autotrascendencia en el Perú rico
Figura 20: Importancia relativa de los cuadrantes de valores de los jefes de hogar de los dos Perúes, 2017
Figura 21: Importancia relativa de los valores de los jefes de hogar de los dos Perúes, 2017
Figura 22: Distribución del puntaje del valor de estimulación para los dos Perúes
Figura 23: Hedonismo en el consumo en los dos Perúes
Figura 24: Escolaridad en los dos Perúes
Figura 25: Valores que unen y desunen a los dos Perúes
Figura 26: Los valores saludables
Figura 27: Los valores no saludables
Figura 28: Valores saludables y no saludables en los dos Perúes
Figura 29: Pirámide de Maslow
Figura 30: La teoría de los valores y las necesidades humanas
Figura 31: Importancia relativa de los valores de los jefes de hogar de los dos Perúes, 2017
Figura 32: Importancia relativa de los valores de los jefes de hogar más felices de los dos Perúes, 2017
Figura 33: Importancia relativa de los valores de los jefes de hogar menos felices de los dos Perúes, 2017
Figura 34: Los valores de los dos Perúes y su correlación con la felicidad
Figura 35: Componentes de la pobreza multidimensional en el Perú pobre
Figura 36: Riesgos que enfrentan los jefes de hogar del Perú pobre
Figura 37: Activos que aportan felicidad a los jefes de hogar del Perú pobre
Figura 38: Características poblacionales del Perú y los dos Perúes
Figura 39: Relación entre las libertades civiles y la importancia que se da a la automejora y autotrascendencia en el Perú pobre
Figura 40: Relación entre el puntaje mediano de autotrascendencia y automejora y la edad
Figura 41: Características, circunstancias y preferencias de cuadrantes de valores en el Perú pobre desde la estructura circular de valores de Schwartz
Figura 42: Relación entre las circunstancias y características de los jefes de hogar y sus preferencias de valores
Figura 43: Relación entre la edad y la autotrascendencia en el Perú pobre
Figura 44: Percepción de libertades civiles y la autotrascendencia en el Perú pobre
Figura 45: Actividades laborales realizadas por las amas de casa del Perú pobre
Figura 46: Relación entre los programas de empoderamiento para la mujer y la automejora en el Perú pobre
Figura 47: Convivencia y la automejora en el Perú pobre
Figura 48: Relación entre el tamaño de la familia y la probabilidad de dar importancia a la automejora en el Perú pobre
Figura 49: Porcentaje de jefes de hogar del Perú pobre según su nivel de confianza en la familia
Figura 50: Costos y ganancias de los pobres ante el incremento del tamaño familiar
Figura 51: Relación entre la pobreza multidimensional y la conservación en el Perú pobre
Figura 52: Relación entre la edad y la apertura al cambio en el Perú pobre
Figura 53: Relación entre el número de amigos y la probabilidad de dar importancia a la apertura al cambio en el Perú pobre
Figura 54: Jefes de hogar dedicados a las labores del hogar según la importancia asignada a la apertura al cambio
Figura 55: Principales problemas que enfrentan las mujeres del Perú rural
Figura 56: Relación entre las libertades civiles y la apertura al cambio en el Perú pobre
Figura 57: Características, circunstancias y preferencias de cuadrantes de valores en el Perú rico desde la estructura circular de valores
Figura 58: Características del Perú rico y su relación con la autotrascendencia y la automejora
Figura 59: Relación entre el sexo y la autotrascendencia en el Perú rico
Figura 60: Autotrascendencia y el estar casado en el Perú rico
Figura 61: Oposición conceptual entre el matrimonio y la automejora
Figura 62: Sinergia conceptual entre el matrimonio y la automejora
Figura 63: Importancia de la automejora y el estar casado en el Perú rico
Figura 64: Relación entre la edad y la importancia de la automejora en el Perú rico
Figura 65: Relación entre el tamaño de la familia y la probabilidad de dar importancia a la automejora en el Perú rico
Figura 66: Costos y ganancias ante el incremento del tamaño familiar
Figura 67: Relación entre el tamaño familiar y la automejora en los dos Perúes
Figura 68: Relación entre el uso de internet para finanzas y comercio y la automejora en el Perú rico
Figura 69: Relación entre la percepción de libertades civiles y la automejora en el Perú rico
Figura 70: Preocupaciones de los jefes de hogar de la tercera edad del Perú rico
Figura 71: Relación entre el matrimonio y la conservación en el Perú rico
Figura 72: Relación entre el número de amigos y la conservación en el Perú rico
Figura 73: Principales carreras de los jefes de hogar del Perú rico con estudios universitarios
Figura 74: Relación entre el uso de internet para la comunicación y entretenimiento y la conservación en el Perú rico
Figura 75: Relación entre la edad y la apertura al cambio en el Perú rico
Figura 76: Relación entre el uso de internet para comunicación y entretenimiento y la apertura al cambio en el Perú rico
Figura 77: Relación entre el uso de internet para banca y comercio y la apertura al cambio en el Perú rico
Figura 78: Religiosidad y la apertura al cambio en el Perú rico
Índice de tablas
Tabla 1: Los valores y sus motivaciones según Schwartz (1992)
Tabla 2: Los cuatro cuadrantes de valores de Schwartz
Tabla 3: Teorías sobre valores y felicidad
Tabla 4: Número de respuestas de jefes de hogar de los dos Perúes según cuadrantes y valores
Tabla 5: Correlaciones entre los puntajes de valores y la felicidad
Tabla 6: Estadística descriptiva de las características de los jefes de hogar de los dos Perúes
Tabla 7: Estadísticas descriptivas de las circunstancias de los jefes de hogar de los dos Perúes
Tabla 8: Resultados de los modelos para circunstancias y cuadrantes de valores del Perú pobre
Tabla 9: Resultados de los modelos para circunstancias y cuadrantes de valores del Perú rico
Tabla 10: Información estadística de los distritos muy pobres y muy ricos (Perú)
Tabla 11: Las dimensiones, indicadores, umbrales de privación y ponderaciones del IPM modificado
Tabla 12: Técnicas estadísticas utilizadas por capítulo
Introducción
El Perú es un país diverso y fragmentado en el que encontramos diferencias observables y tangibles, como la lengua materna, el nivel de educación, el material de las viviendas, el acceso a la salud, y las demás condiciones y características que construyen la identidad de cada grupo social que habita en él. Algunas de estas particularidades y diferencias las abordamos en el libro Los números de la felicidad en dos Perúes (Vásquez et al., 2021), con el objetivo de medir la felicidad de dos grupos en los extremos sociales de nuestro Perú. Estos se representan por la muestra de los 943 jefes de hogar de los cinco distritos más ricos y los cinco distritos más pobres según el INEI (2015). Para ello, se eligió el instrumento conocido como el Cuestionario de Felicidad de Oxford (Hills & Argyle, 2002), a partir del cual se aplicó la escala de Mateu et al. (2020a). Con este instrumento, medimos la felicidad de los jefes de hogar ricos y pobres, y asociamos los respectivos puntajes con sus condiciones de vida. De manera complementaria, para la muestra de jefes de hogar pobres, se implementó el enfoque de pobreza multidimensional (Alkire & Foster, 2011), constituido por tres elementos: salud o asistencia sanitaria, educación y calidad de vida.
La investigación que presentamos ahora, titulada Los números de los valores en dos Perúes, constituye la continuación de aquel primer esfuerzo (Vásquez et al., 2021). El presente volumen desarrolla una tercera dimensión que asociamos a la felicidad de cada uno de los grupos estudiados. Luego de observar las condiciones de vida y características tangibles de nuestros jefes de hogar pobres y ricos en aquel primer volumen, nos fijamos ahora en las intangibles, aquellas características subjetivas y difícilmente observables: los valores. Para ello, partimos de la teoría de Schwartz (1992) de los 10 valores universales y tratamos de identificar cuáles están presentes en el Perú de los ricos y en el Perú de los pobres.
Schwartz (2012) toma en cuenta el componente cultural en relación con la preferencia por valores en los grupos sociales. Para explicar esta relación, se parte de la premisa de que al vivir en sistemas sociales particulares los individuos experimentan los valores normativos de la cultura de su sociedad como una prensa cultural a la que están expuestos, y que influencia sus actitudes, creencias, comportamientos y pensamientos (Berger & Luckman, 1969). Esta prensa cultural, como la llama Schwartz (2012), se expresa de distintas formas: las interacciones cotidianas; los patrones de lenguaje (Kashina & Kashima, 1998); las posibilidades de acción en un grupo social (Norman, 1988); las posibilidades o restricciones de acuerdo con el rol que se cumple en el grupo social; entre otras. En suma, el medio en el que se desenvuelven los individuos influencia su preferencia por determinados valores. En este libro, consideramos los 10 valores de Schwartz (1992), que a su vez son agrupados en cuatro cuadrantes: conservación, autotrascendencia, apertura al cambio y automejora. Desde este enfoque, nos preguntamos lo siguiente: ¿cuáles prefieren los jefes de hogar ricos y cuáles prefieren los jefes de hogar pobres? ¿A qué se deben sus elecciones? Y ¿cómo se relacionan estos valores con sus puntajes de felicidad?
En el primer libro, Los números de la felicidad en dos Perúes, nos enfocamos en dos grupos sociales extremos del Perú que, por sus diferencias, pueden ser vistos como distintas culturas, a pesar de habitar el mismo territorio. Entonces, encontramos, en un extremo, que los jefes de hogar del Perú rico son mayoritariamente hombres (66,54%), con 51 años de edad promedio y con educación superior (78%). Se dedican a actividades laborales en las siguientes áreas: empresarial (19,46%), ingeniería (6,16%), medicina (5,67%), urbanismo (5,67%), docencia (4,68%), negocios (3,94%) y leyes (3,45%). Estos jefes de hogar residen en los distritos más ricos del Perú (INEI, 2015): San Isidro (Lima), Miraflores (Lima), San Borja (Lima), Wánchaq (Cusco) y Pacocha (Moquegua); y gozan de acceso a servicios básicos de agua (80,94%) y desagüe (99,98%) (INEI, 2015). De acuerdo con la escala de Mateu et al. (2020a), del 0 al 20, tienen un nivel de felicidad de 14.
Con este perfil, nos centramos en el plano de sus valoraciones, y entramos a una dimensión difícilmente observable y cuantificable: los valores. Para comprender sus preferencias es necesario conocer sus circunstancias de vida, que, como las llama Schwartz, son la prensa cultural a la que están expuestos los jefes de hogar del Perú rico. Sobre la base de nuestros hallazgos, presentados en el primer volumen, ellos expresan que la familia, los amigos y el apoyo que estos brindan son determinantes para su felicidad, mientras que los problemas sociales, el sufrimiento de otros y la pobreza les causan infelicidad. ¿Cómo pueden ser leídas estas fuentes de felicidad o infelicidad desde el enfoque de Schwartz? ¿Con qué valores se identifican estos intereses por la familia, la amistad y las problemáticas sociales? ¿A qué se deben tales preferencias?
En el otro extremo, describimos a los jefes de hogar pobres mayoritariamente como mujeres (54,23%), con una edad promedio de 41 años. El 91% de estos jefes de hogar alcanzó un nivel de educación por debajo de la secundaria, y sus actividades laborales principales son la agricultura (57,73%) y las labores del hogar (29,98%). Viven en los distritos más pobres del Perú (INEI, 2015): Chetilla (Cajamarca), Curgos, Huaso, Condormarca (La Libertad) y José Sabogal (Cajamarca), y participan sobre todo del mundo de la sierra rural del norte, donde el acceso a servicios básicos como agua (33,26%) y desagüe (13,35%) es escaso. Su puntaje de felicidad en la escala de Mateu et al. (2020a) es de 11 puntos.
Nos encontramos en un espacio muy distinto al de los jefes de hogar ricos. Hemos pasado de una zona urbana a una rural, donde la principal actividad económica es la agricultura y donde los servicios básicos son aún precarios. Naturalmente, el medio en el que viven repercute en su cultura y, por lo tanto, en sus valores. En el primer libro, resaltó la pertenencia de los jefes de hogar pobres (36,69%) a la organización social de base de las rondas campesinas, principalmente por la necesidad de mantener el orden social en su territorio y la seguridad de sus medios de vida (Rodríguez, 2007; Piccoli, 2009). Esto concuerda con los hallazgos de Yamamoto, Feijoo y Lazarte (2008), quienes sostienen que el bienestar subjetivo de las comunidades andinas de nuestro país está conformado por cuatro elementos: necesidades, recursos para satisfacerlas, percepción del logro de estas y un componente cultural (los valores).
Además, en contraste con los jefes de hogar del Perú rico, los jefes de hogar de la zona rural norte del Perú mencionan que la buena salud de ellos y sus familiares, así como tener trabajo y una casa, son motivo de felicidad; mientras que la enfermedad de ellos o sus familiares, la ausencia de trabajo, la carencia de recursos para mantener a sus familias y la precaria infraestructura de servicios básicos (agua y desagüe) repercuten en su infelicidad. Estas preocupaciones nos brindan una idea de sus circunstancias de vida, muy distintas de las de los jefes de hogar del Perú rico. A partir de estas declaraciones, nos preguntamos, sobre la base de la teoría de valores universales de Schwartz: ¿qué valores son más importantes para los jefes de hogar del Perú pobre? ¿Cómo puede ser leída la preocupación por la salud, la familia, el trabajo y la vivienda? ¿De qué manera se relacionan la cultura y las circunstancias de vida de los jefes de hogar pobres con sus preferencias de valores?
Entonces, mientras que los jefes de hogar ricos muestran sensibilidad por la familia, los amigos y el bienestar social, los jefes de hogar pobres manifiestan preocupaciones más inmediatas y materiales, correspondientes a las circunstancias que viven, marcadas por múltiples carencias, abordadas en esta investigación desde la pobreza multidimensional. ¿Cómo podemos comprender realidades tan distintas desde el enfoque de valores de Schwartz? En este libro, ahondamos en las circunstancias de vida de cada grupo para comprender sus preferencias por determinados valores, y cómo se encuentran estos entrelazados con la felicidad.
El presente libro está distribuido en seis partes. En el primer capítulo, presentamos el marco teórico de la investigación. Como en el libro primero (Vásquez et al., 2021) se introdujeron los conceptos y metodología de la felicidad y la pobreza multidimensional, acá nos concentramos en la teoría de los valores y sus métodos. Principalmente, introducimos la teoría de los 10 valores universales de Schwartz (1992) y su agrupación en cuatro cuadrantes. Con estas herramientas, en el resto del libro exploramos los valores y sus cuadrantes para los jefes de hogar de los dos extremos del Perú, y cómo estos se encuentran relacionados con la felicidad.
En el segundo capítulo, presentamos los números de los valores de cada Perú y los cuadrantes que resaltan para cada uno. Además, presentamos algunos supuestos que dan sentido a las preferencias de valores de los jefes de hogar de estos extremos. En el tercer capítulo, exponemos las diferencias que marcan la distancia entre los dos Perúes y cómo estas se traducen en la preferencia por determinados valores. Cabe resaltar que también notamos los valores que los acercan. En este capítulo, también presentamos las teorías que vinculan la felicidad con los valores.
En el cuarto capítulo, presentamos la relación entre los valores universales y variables como la edad, el sexo, la religión, el estado civil, el tamaño de familia, entre otros. Sobre la base de una revisión de estudios de alrededor del mundo, ahondamos en la relación que existe entre la preferencia de ciertos valores, el grado de felicidad y las circunstancias de vida de las personas. En el quinto capítulo, desde la mirada de las circunstancias de vida y la preferencia por determinados valores, nos centramos en los jefes del Perú menos privilegiado y ahondamos en las relaciones entre las variables presentadas en el capítulo 4 con determinados valores y lo que ellos implican para la felicidad de los jefes de hogar. En el sexto capítulo, nos centramos en su contraparte: los jefes de hogar ricos, y realizamos el mismo ejercicio de relacionar variables con la preferencia de valores y la felicidad. Por último, concluimos con unas reflexiones sobre los valores y la felicidad en los jefes de hogar de ambos Perúes.
El equipo de investigadores y coautores de esta obra no hubiera podido arribar a buen puerto de no contar con el valioso concurso de numerosas personas, amigos y colegas. En primer lugar, destacamos el respaldo estructural de la institución que nos cobija: la Universidad del Pacífico. A través del Vicerrectorado de Investigación, se canalizó el apoyo financiero que posibilitó el trabajo de campo que dio origen a este volumen –y también al anterior (Vásquez et al., 2021)–. En segundo lugar, reconocemos el apoyo de los asistentes de investigación en diversas etapas del proyecto: Sergio Salazar, María José Quiñones, Augusto Baca, Mario Lituma, Dana Walzer, Elmo Calatayud y Joaquín Armas. Destacamos en particular el papel preponderante de Claudia Arredondo y María Alejandra Reyna Vera, quienes conjuntamente pusieron alma, corazón y vida para hacer realidad este texto. Otros colegas, dentro y fuera de la Universidad del Pacífico, también brindaron consejo y asesoría. También expresamos nuestro más profundo agradecimiento a las autoridades y el personal de diversas instancias. En tercer lugar, reiteramos el agradecimiento a las autoridades locales y dirigentes comunales de Curgos, Huaso, Condormarca, Sabogal, Chetilla, Wánchaq y Pacocha, porque nos abrieron sus puertas para el trabajo de campo.
1. Estado del arte y marco teórico
Los conceptos clave: felicidad, pobreza y valores
Este libro aborda la relación entre la felicidad y los valores en los segmentos poblacionales más pobres y ricos del Perú desde una mirada mutidisciplinaria. Se otorga particular énfasis también a la pobreza, la cual es menor pero no deja de estar ausente en el mundo de los distritos más adinerados. Por tanto, es menester comenzar definiendo qué entendemos por lo que podríamos considerar los conceptos clave: felicidad, pobreza y valores.
Como se presentó en la introducción, la investigación detrás de este texto ha producido anteriormente un primer libro (Vásquez et al., 2021). Aquel volumen, titulado Los números de la felicidad en dos Perúes, versaba sobre la felicidad y su relación con la pobreza y riqueza. En el capítulo primero de dicho libro, expusimos el marco teórico que da sustento a los conceptos de felicidad y pobreza. Por tanto, en este capítulo solo presentaremos una versión resumida de ellos. El lector puede consultar el mencionado volumen para más información. En cambio, dedicaremos la mayor parte del contenido de este capítulo al concepto de valores.
La felicidad como aspiración social
Personas y pueblos utilizan la palabra «felicidad» en muy diversos sentidos. Sin embargo, pareciera que comparten la idea de que es algo muy importante en la vida, o, tal vez, incluso lo más importante. Por lo mismo, desde hace décadas, y con creciente interés, académicos, hacedores de políticas públicas y el público en general se han lanzado a la búsqueda de la felicidad. Pero ¿qué es?
En los estudios contemporáneos sobre la felicidad, suelen primar dos visiones de esta: la eudaimonista y la hedonista1. La primera entiende la felicidad sobre todo como el desarrollo de una vida plena, por eso frecuentemente la asocia con expresiones como bienestar o la satisfacción vital. Una persona feliz, según la concepción eudaimonista, es aquella que ha logrado sus metas más importantes y, por tanto, se siente bien o satisfecha con la vida que tiene. La otra vertiente, la concepción hedonista, más bien, comprende la felicidad como el sentirse bien o contento o el disfrutar de la vida. Otras clasificaciones de la felicidad y sus teorías son posibles. Por ejemplo, visiones objetivas –que residen en indicadores objetivos y cuantificables– y subjetivas –que residen en la propia experiencia o introspección del sujeto encuestado–; o concepciones evaluativas –que inciden en el aspecto racional sobre el cómo uno evalúa su vida– y emotivas –que destacan el aspecto emocional, el cómo uno vive la vida.
Frente a dichas definiciones, el equipo de autores del presente libro eligió el instrumento conocido como el Cuestionario de Felicidad de Oxford (Hills & Argyle, 2002). Dicho cuestionario original contiene 29 preguntas que en conjunto ofrecen una visión bastante amplia y pluridimensional de la felicidad. Sin embargo, se tuvo que utilizar una versión más simple, reducida a ocho preguntas, también desarrollada por Hills y Argyle (2002), pues no fue posible obtener siempre respuesta para la versión de 29 debido a que algunas cuestiones requieren demasiada abstracción o reflexión, a la que no están habituados los pobladores de más escasos recursos y de zonas rurales. De todos modos, con los ocho ítems fue posible calcular puntajes de felicidad en una escala del 0 al 20 (Mateu et al., 2020a). Algunas de las preguntas o ítems que la componen se aproximan más al modelo eudaimonista; otras, al hedonista; y otras, a concepciones más contemporáneas cercanas al uso de la psicología positiva. El detalle del cálculo de la felicidad con el que se trabaja para el contenido del presente libro se precisa en el anexo metodológico.
La pobreza como mal social complejo
Los países en desarrollo viven combatiendo la pobreza. Pero una visión amplia de esta puede recordarnos que incluso en sociedades desarrolladas habitan millones de personas también en situación de pobreza. Sucede que, desde hace unas décadas, académicos y hacedores de políticas públicas no la definen solo como falta de dinero, ingreso o riqueza. Esta sería una visión unidimensional, pues se reduce la pobreza a un único factor o dimensión, como el dinero o la tenencia de activos. Si bien este enfoque de la pobreza –que se llama también «monetario»– ha primado por muchos años y sigue vigente en las esferas oficiales, comienza a ser retado por comprensiones más bien multidimensionales.
La pobreza sigue siendo un mal por combatir. Pero las sociedades que han logrado ingresos altos para cada habitante no están libres de ella si se la entiende, precisamente, en términos amplios o múltiples. Por ello, en el primer volumen (Vásquez et al., 2021) y en este libro, los autores hemos preferido utilizar la visión de la pobreza multidimensional desarrollada por un equipo de investigadores de Oxford (Alkire et al., 2015), quienes a su vez se inspiraron en el nobel de Economía Amartya Sen. En realidad, como es común en varios estudios, se realizó una adaptación de la metodología según los datos disponibles. La pobreza multidimensional, como la entendemos y medimos en este libro, está constituida por tres elementos: salud o asistencia sanitaria, educación y calidad de vida –esta última referida a las condiciones de vivienda–. En Mateu et al. (2020a) explicamos el modo en que se calculó el Índice de Pobreza Multidimensional. Solo cabe añadir que esta visión, consideramos nosotros, es más rica que aquella unidimensional y tradicional, pues abarca dimensiones fundamentales para la vida y centra la atención en las privaciones que afectan a las personas.
De todos modos, conviene advertir que en algunas partes del libro –como también sucedió con el primer volumen– se utiliza la visión de la pobreza unidimensional y monetaria más tradicional. Sucede que las poblaciones objeto de estudio las constituyen muestras de jefes de hogares de los distritos más pobres y ricos del país. Estos 10 distritos fueron identificados a partir de una escala de pobreza monetaria (INEI, 2015). No existe para el Perú un mapa o ranking semejante desde la pobreza multidimensional. Por tal razón, nos vimos obligados a recurrir a la visión clásica. En el anexo metodológico de este libro, realizaremos la explicación del cálculo del Índice de la Pobreza Multidimensional basado en la encuesta especialmente aplicada.
Los problemas de definición de los valores
Corresponde, ahora sí, abocarnos al otro concepto principal no desarrollado en el primer volumen: los valores. El siglo XX se puede considerar el siglo de los valores. Se les ha prestado gran atención especialmente para asuntos educativos. Se cree que los valores podrían solucionar todos los problemas de la convivencia gracias a una robusta campaña. La educación en valores forjará seres humanos solidarios, generosos, honestos, veraces, etc., lo cual, a su vez, significaría un antídoto contra la indiferencia, la corrupción, la agresividad, la violencia y otros males que aquejan a la sociedad (Aaron, Mann, & Taylor, 1993).
Los valores son claves para la enseñanza de la ética y tienen una función insustituible. Sin embargo, van más allá de la moral e incluyen otros espacios de valoración, como lo estético o incluso lo económico. Frecuentemente se piensa en los valores como realidades ya dadas y obvias, pero se descuida ahondar más en ellos. Se asume que todos entienden o saben implícitamente que se refieren a entidades abstractas. Luego, no se ponen en cuestión. ¿Qué es un valor? ¿Qué hace que un valor sea tal? ¿Existe alguna jerarquía entre ellos? ¿Son algunos más importantes o imprescindibles que otros? ¿Para qué sirven o cuáles serían sus límites? Estas son algunas de las preguntas cuyo abordaje es importante. Sin embargo, para el sentido común y buena parte de las ciencias sociales es más fácil responder las últimas preguntas que las primeras –que, más bien, corresponderían a la axiología o una teoría de valor–. Debe comenzarse por allí: ¿qué son y/o para qué sirven los valores?
A lo largo de la historia humana, no han faltado alusiones a ideales morales con sentido limitado y de uso amplio, como aquellos ya mencionados u otros como libertad, igualdad y fraternidad, por hacer eco del lema de los revolucionarios franceses. Sin embargo, preguntarse por la naturaleza de los valores en sentido estricto es una cuestión de un par de siglos (Valcárcel, 2002). Por un lado, tal vez por herencia religiosa, algunos pueden asumir fácilmente que los valores son universales, eternos, casi de naturaleza divina. Si Dios es creador de lo bueno, lo bello o lo justo, es obvio que esto debería ser universal, es decir, válido en cualquier tiempo y lugar. Esta posición se puede catalogar de realista. Un antecedente en un sentido muy amplio se podría hallar en la teoría de las ideas que postulaba Platón en sus diálogos del siglo IV a. C. El célebre filósofo ateniense dedicó textos al bien, la justicia, el deber, la belleza, la valentía y otras ideas que una persona contemporánea podría equiparar con lo que hoy se suele denominar valor. Sin embargo, en sentido estricto él no hablaba de valores, aunque pareciera estar de acuerdo con las categorías comunes actuales. Es preciso decir que son, más bien, algunas corrientes realistas del siglo XIX las que comprendieron los valores como entidades abstractas trascendentales casi con vida propia. Valcárcel señala como ejemplo a Windelband y sus Preludios filosóficos originalmente publicados en 1884 (1949). Por otro lado, otro de los primeros y célebres pensadores que centraron su atención sistemáticamente sobre los valores fue Nietzsche. Él sostiene una posición más bien historicista, relativista o contextualista en textos como Más allá del bien y del mal o La genealogía de la moral, publicados originalmente en 1886 (1997b) y 1887 (1997a), es decir, casi coetáneos a la obra de Windelband. En ellos, señala que los valores son invenciones sociales. El ser humano, por su propia naturaleza, crea valores sin darse cuenta; luego los proyecta como si fueran entes abstractos con estatuto ontológico o vida propia. Posteriormente, pareciera que estos han cobrado vida propia. Así, el ser humano se ha vuelto inconscientemente presa de sus creaciones. En el siglo XX, las teorías de valor quisieron superar el impase entre realistas e historicistas. Se generó bastante atención y producción. Uno de los autores centrales en el debate fue Max Scheler (2001).
La cuestión sobre la naturaleza de los valores es hasta hoy bastante espinosa. Pese a la gran difusión del término «valor» y sus usos en diversos campos en el siglo XX, no se concluyó con una buena sistematización que resolviera la paradoja sobre la naturaleza de los valores –¿universales o temporales?– o su jerarquía –¿son algunos más importantes que otros?–. Sentencia Valcárcel: «las teorías de valor se colapsaron: habían abarcado demasiado, […] habían logrado, en fin, un implante difuso de su terminología en el lenguaje cotidiano enorme mientras que su núcleo se fragilizaba velozmente. Murieron de éxito» (2002, p. 419). Y añade: «por ahora existe la estrategia que podríamos llamar “avanzar por exhauciones”. Es decir, analizar por separado cada valor, la libertad, la paz, la igualdad, la fidelidad […] intentando no nombrar sus mayores, el bien y el mal» (2002, p. 426). En suma, el sentido común los asume como evidentes, aunque tiene problemas para definir lo que son.
Los valores según su función social
Dados los problemas de fundamentación y definición de los valores, en el presente libro se continúa con la estrategia más común al respecto. Se asume que las personas entienden intuitivamente qué son los valores; luego, poseen y priorizan algunos para guiar su acción. Además, existe mayor consenso sobre su función, «para qué sirven» o «qué hacen», pero no sobre su definición, «qué son». Los valores hacen que las cosas se vuelvan valiosas. Les otorgan sentido o importancia, las fortalecen, las vuelven apreciables. De hecho, el sentido del término «valor» proviene etimológicamente del verbo latino valere, «ser fuerte» –semejante a ser valiente–. Por lo anterior, se puede decir que los valores permiten jerarquizar entre objetos, acciones, decisiones, entre otros. Este enfoque, que se centra en la funcionalidad de los valores, permite importantes aplicaciones en las ciencias sociales, la psicología y las políticas educativas, entre otros campos.
Para comprender cómo funcionan los valores, se puede recurrir a las siguientes imágenes. Quien adquiere un celular, y no otro, lo hace porque el modelo elegido posee propiedades que el comprador considera valiosas; por ejemplo, es más resistente, portátil, veloz. Es posible reinterpretar el hecho desde los valores: el usuario está ponderando la resistencia, la portabilidad, la velocidad, aunque no siempre sea consciente de que estos valores sean importantes para él. El considerar valiosas tales características le permite elegir entre uno u otro modelo. Lo mismo sucede para calificar acciones. Un peatón observa que cerca de él un adulto mayor ha resbalado en la calle y no puede levantarse por sus propios medios. Si el observador decide continuar su camino en vez de ayudar, probablemente será juzgado por otros espectadores como indiferente o egoísta. Los valores permiten calificar, aprobar o desaprobar acciones desde la perspectiva de otros, pero incluso la de uno mismo, esto es, los valores ofrecen un punto de juicio que se puede encarnar tanto en otros como en uno mismo. No es infrecuente el juzgar nuestras propias conductas. El observador inicial puede razonar así: «si el caído fuese un familiar mío o yo mismo, ¿me gustaría que un transeúnte pase de largo o que se detenga para socorrer al necesitado?». El argumento demuestra que el valor de la solidaridad es importante y, por tanto, es bueno que sea internalizado para que no tengamos que razonar todo el tiempo frente a situaciones similares, sino que actuemos de la manera correcta casi por inercia. Además de evaluar objetos y acciones cotidianas, los valores permiten ponderar y elegir opciones más fundamentales de largo plazo. Si una persona considera apreciable la función de los médicos de curar a las personas, es probable que quiera ser uno de ellos. Si, en cambio, decide estudiar administración de negocios porque estima importante y necesaria la generación de riqueza, está priorizando otros valores. Desde luego, también es posible elegir esas carreras u otras no por la función social que cumplen, sino porque prometen dinero o fama. Allí también hay una valoración de estos últimos. Entonces, siempre hay algo que se valora. Como se aprecia, los valores son motores para la acción, son guía u orientación. Permiten elegir entre cauces posibles de acción inmediata e incluso apostar por proyectos grandes en la vida.
Las definiciones y teorías expuestas desde múltiples disciplinas y a partir de diversos estudios comparten similitudes de lo que son los valores. Un ejemplo de ello es la premisa de que las comunidades o sociedades se construyen y sobreviven sobre la base de prácticas, actitudes y comportamientos de personas, familias y grupos de individuos que conviven. Estas prácticas se rigen sobre la base de aquellos filtros que definen lo bueno o lo malo, lo aceptable o lo inaceptable, lo correcto o lo incorrecto, entre otras opciones. En este contexto, los valores son los filtros que definen, orientan o guían el quehacer de las personas y, consecuentemente, de grupos humanos y las sociedades. Usualmente, cuando las personas piensan en «valores», inmediatamente los relacionan con actitudes positivas en la sociedad. Acciones como el respeto, la honestidad, el compromiso o la disciplina son solo algunos ejemplos (Anderson, 1992; Raby, 2005). De acuerdo con este concepto, la Real Academia Española (RAE, 2014) define «valor» como «Subsistencia y firmeza de algún acto. Persona que posee o a la que se le atribuyen cualidades positivas para desarrollar una determinada actividad». Sin embargo, desde una perspectiva filosófica, la RAE (2014) define «valor» como «Cualidad que poseen algunas realidades, consideradas bienes, por lo cual son estimables. Los valores tienen polaridad en cuanto son positivos o negativos, y jerarquía en cuanto son superiores o inferiores». Desde este punto de vista, académicos como Allport (1955), Hartman (1967) y Rokeach (1973) han construido teorías que condensan las principales características que definen a una sociedad; es decir; teorías para los valores.
Una distinción sutil: valores generales y valores éticos
Conviene hacer una aclaración sobre el uso de la expresión «valores» en la ética o «valores éticos». La limpieza es un valor; la eficiencia o la inteligencia, también. Para contratar a un empleado, elegimos uno que sea limpio, eficiente e inteligente, si es que estimamos tales valores. Pero hay una sutil diferencia con otros valores como la honestidad, la lealtad, el respeto, la justicia, entre otros. A estos últimos se les suele llamar «valores éticos», pues hacen que una persona sea ética. Una persona limpia por supuesto que sigue valores –como la limpieza–, pero no afirmamos que sea ética o no. Solo podríamos calificarla como ética si supiéramos que cuida la limpieza por respeto a otros, pero, en este caso, el valor ético es el respeto, no la limpieza. Los valores éticos, a diferencia de los valores generales, nos hacen buenas personas; y, en caso de ausencia, malas.
Un sicario o asesino profesional puede ser eficiente: cumple sus encargos en el tiempo preciso, con puntería y discreción. Pero no es ético porque no respeta a las personas: claramente no a sus víctimas. Alguien podría sostener que sí es respetuoso de su palabra y de sus clientes. Pero el respeto es un valor fundamentalmente universal: quien se dice respetuoso lo es con todos; no solo con quienes le pagan. Tampoco es que vea a sus clientes con respeto, sino que estos son fuentes de dinero, por tanto, podría matarlos si otra persona los contrata para ello. Entonces, un asesino puntual y limpio no ejerce un oficio respetuoso, justo, honrado. ¿Tiene valores? Sí –puntualidad, limpieza–, pero en un sentido más fino podríamos decir que no observa valores éticos –respeto, justicia, honradez.
Para la presente investigación, nuestro enfoque se centra en los valores en sentido general. No solo excluiremos el uso de los valores en un sentido ético o moral más estrecho, sino que evitaremos enunciar juicios de valor o calificaciones respecto de las personas y sus creencias. No jerarquizaremos los valores ni a sus poseedores, a diferencia de otros enfoques que veremos en breve. Por ejemplo, la teoría de los valores saludables y no saludables suscribe un orden o jerarquización de unos valores como superiores o saludables frente a otros.
La Encuesta Mundial de Valores
Uno de los estudios más amplios y reputados sobre el tema proviene de la Encuesta Mundial de Valores –EMV o World Values Survey en inglés2–. Esta es una amplia red internacional que cubre casi 100 países en el mundo que representan el 90% de la población mundial y que ha venido operando durante casi 30 años. La red estudia temas como la importancia de la religión, la identificación nacional o la relación con la autoridad, entre otros, que transparentan valores como religiosidad, patriotismo u obediencia. La EMV nace con la finalidad de investigar los cambios en los valores que se produjeron por los procesos de modernización, relacionados con la burocratización social y el desarrollo económico. La industrialización, la especialización laboral, la urbanización, el crecimiento del aparato estatal, entre otros signos, diferencian a las sociedades modernas de las tradicionales. Los estudios pioneros de estos procesos por Marx y Webber indicaban un progresivo declive de la religión, tema que llamó la atención de la EMV, pues no parecía ser correcto (Inglehart & Welzel, 2005).
Luego, el grupo de investigadores también fue ampliando la motivación inicial hasta proponer un marco teórico que permite organizar los valores de los individuos y sociedades en dos ejes. Primero, la modernidad no ha implicado la desaparición de la religión en todas las sociedades, pero sí un reacomodo profundo en otros ámbitos que demuestran cambios y permanencias en creencias y valores. Una sociedad moderna no es irreligiosa, pero tiende a ser urbana y letrada, entre otras características. Entonces, el primer eje de comparación es la escala gradual entre valores tradicionales, donde prima lo religioso, y valores modernos o, más precisamente, seculares.
Las sociedades con valores tradicionales enfatizan la preponderancia de la religión, la obediencia a la autoridad, los lazos entre padres e hijos y las familias con padre y madre, así como estándares morales absolutos; estas sociedades rechazan el divorcio, el aborto, la eutanasia y el suicidio, y tienden a ser más patriotas y nacionalistas. En contraste, las sociedades con valores seculares-racionales muestran preferencias contrarias respecto de todos esos temas (Inglehart & Carballo, 2013, p. 26).
El segundo eje de comparación se centra en la dicotomía entre valores materialistas y posmaterialistas, o supervivencia y autoexpresión. En el siglo XX se experimentó un crecimiento económico sin igual que posibilitó el Estado benefactor en muchos lugares del mundo, como Europa. De este modo, para buena parte de la población mundial, la prioridad no consistía en asegurar las condiciones mínimas de supervivencia, sino fomentar la expresión personal: que cada uno haga lo que desea. Esta última idea está asociada a valores como la tolerancia, la democracia, la igualdad entre hombres y mujeres, entre otros. Una sociedad posmaterialista, por ejemplo, tiende a ser más receptiva frente a la homosexualidad, pues esta representa la libre expresión del individuo. En este contexto, materialista no debe confundirse con la cultura del shopping y consumismo, sino con el priorizar la seguridad física, alimentaria y otras.
Las sociedades que califican alto en valores de supervivencia tienden a fortalecer las orientaciones materialistas y los roles tradicionales de género; estas sociedades muestran una relativa intolerancia a extranjeros, homosexuales y otros «out-groups» y niveles relativamente bajos de bienestar subjetivo; califican bajo en confianza interpersonal; y enfatizan el trabajo arduo –más que la imaginación o la tolerancia– como el asunto esencial que se debe enseñar a los niños. Sociedades que enfatizan valores de autoexpresión exhiben preferencias opuestas acerca de todos estos temas (Inglehart & Carballo, 2013, pp. 29-30).
Sobre la base de ambos ejes, el grupo de investigadores ha construido un mapa mundial de valores. En él, se puede ubicar los países y confirmar que la agrupación de algunos de ellos constituye unidades culturales, en tanto que piensan y valoran de manera semejante, como se aprecia en las figuras 1 y 2. Por ejemplo, los países latinoamericanos son todavía bastante religiosos y, aunque se registra un ligero crecimiento del ateísmo en los últimos años, no se identifican aún con la cultura secular más propia de la Europa protestante. Del mismo modo, Latinoamérica se encuentra en el medio entre la situación de supervivencia material y la posibilidad de promover los valores de autoexpresión, que sí han alcanzado los países protestantes europeos.
Figura 1 Localización de 43 sociedades en el mapa global cultural para la EMV, 1990-1991

Fuente: Inglehart (2018, p. 45).
Figura 2 Localización de 94 sociedades en el mapa global cultural para la EMV, 2008-2014.

Fuente: Inglehart (2018, p. 46).
Los procesos de recolección de datos que dieron origen a ambas figuras se distancian por casi 20 años. Sin embargo, se aprecia aún gran estabilidad entre los bloques culturales. Además, en la segunda figura la muestra de países fue mayor, por lo que se confirman los bloques culturales. Por ejemplo, el Perú estaba ausente en la muestra de la primera figura, mas no lo está en la segunda. Como comentario final respecto de la EMV, se puede decir que asume una perspectiva historicista: los valores se crean o recrean según contextos históricos determinados. La prueba estaría en la escasa presencia o atención a los valores «posmaterialistas» en Occidente antes de la Segunda Guerra Mundial. Hoy, con los problemas de supervivencia material resueltos en gran parte, aparecen allí nuevos valores o se genera nueva atención sobre ellos. Estos son los valores de autoexpresión.
La teoría de valores de Schwartz
Uno de los principales esfuerzos contemporáneos para teorizar y medir los valores, esfuerzo que inspira este libro, proviene de la teoría de los valores humanos de Schwartz (1992, 2005, 2006, 2012). En esta, se definen los valores como «Conceptos o creencias pertenecientes a estados finales o comportamientos deseables, que trascienden situaciones específicas, guían la selección o evaluación de comportamientos y eventos y están ordenados por importancia relativa» (Schwartz & Bilsky, 1987, p. 551). Desde esta perspectiva, los valores satisfacen necesidades humanas biológicas, sociales, de supervivencia y de bienestar. Son estas las que motivan los comportamientos de los individuos en las distintas sociedades. Como estas necesidades son transversales a toda la humanidad o independientes del contexto social, se dice que los valores son universales (Schwartz, 1992).
En las tres últimas décadas, la teoría de Schwartz ha cobrado relevancia también por la capacidad de establecer comparaciones entre sociedades y dentro de ellas. Schwartz y colaboradores parten de la identificación de 10 tipos o conjuntos de valores que consideran observables en todas las culturas. Algunas de estas agrupaciones entran en conflicto, como el poder versus la benevolencia, mientras que otras, más bien, son compatibles, como la obediencia y la seguridad. La estructura o modo en que estos valores se relacionan entre sí, apoyándose u oponiéndose, es semejante a través de distintas culturas. Por tanto, les es posible confirmar una estructura motivacional similar en distintas sociedades. Sin embargo, es importante destacar que las culturas y los individuos dan pesos diferenciados a los valores. Entonces, aunque la estructura de oposiciones y complementos se mantiene, los colectivos y personas construyen sus propias jerarquías de valores.
La elección de esta teoría para el análisis de valores en este estudio tiene dos sustentos principales. El primero es que, si bien las dos muestras (ricos y pobres) pertenecen al mismo país, presentan características culturales distintas debido a los diferenciados contextos socioeconómicos y geográficos en los que se desarrollan. En este sentido, la teoría de Schwartz permite comparar los valores de estas dos muestras debido al carácter universal de los valores. En segundo lugar, la amplia literatura existente permite contrastar los resultados de este estudio con trabajos realizados en diversos países de todo el mundo.
La concepción de los valores en la teoría de Schwartz posee seis características (Schwartz, 2012)3. Primero, son creencias ligadas inextricablemente a los afectos o emociones. Segundo, y en relación con lo anterior, están referidos a fines deseables que motivan la acción. Tercero, trascienden acciones y situaciones específicas, es decir, el sujeto los aplica en todo contexto y no solo en algunos. Cuarto, sirven como estándares o criterios para elegir o evaluar acciones, personas, cosas, etc. –como se ha mencionado párrafos atrás–. Quinto, los individuos o grupos pueden establecer órdenes o jerarquías entre los valores según sus propias preferencias. Sexto, la importancia relativa de múltiples valores, no solo uno, guía la acción.
La teoría agrupa los valores en 10 conjuntos a partir del objetivo o motivación que cada uno expresa. Estos 10 grupos se exponen en la tabla 1.
Tabla 1
Los valores y sus motivaciones según Schwartz4 (1992)
| Valor | Motivaciones |
| Universalismo | Igualdad, unidad con la naturaleza, sabiduría, tolerancia, un mundo de belleza, justicia social y paz. |
| Benevolencia | Ayuda, responsabilidad, perdón, honestidad, lealtad, amistad verdadera y amor maduro. |
| Obediencia | Obediencia, autodisciplina, cortesía, honrar a padres y mayores. |
| Tradición | Respeto por la tradición, devoción, aceptar lo que la vida da, humildad y moderación. |
| Seguridad | Seguridad nacional, seguridad familiar, sentimiento de pertenencia, orden social, reciprocidad de favores, salud y limpieza. |
| Poder | Poder social, riqueza, autoridad, buena imagen y reconocimiento público. |
| Logro | Ambición, capacidad, éxito, inteligencia y autorrespeto. |
| Hedonismo | Placer y disfrute de la vida. |
| Estimulación | Vida excitante y variada, y atrevimiento. |
| Autodirección | Libertad, creatividad, independencia, elección de metas propias, curiosidad y autorrespeto. |
Nota. Las motivaciones resaltadas en negritas son aquellas que fueron capturadas por la encuesta aplicada para el presente estudio, Encuesta FPV (2017).
Fuente: Schwartz (1992). Elaboración: Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico.
Debido a las semejanzas y oposiciones entre algunos de estos 10 conjuntos de valores, es posible reagruparlos a su vez en cuatro grandes clases o, como los llama Schwartz, cuadrantes. La primera, apertura al cambio –openness to change–, comprende los valores de autodeterminación, estimulación y, parcialmente, hedonismo. La segunda es la autotrascendencia –self-trascendence– e incluye las categorías de universalismo y benevolencia. La tercera, conservación –conservation–, agrupa los valores de obediencia, tradición y seguridad. La cuarta, automejora –self-enhancement–, abarca los valores del poder, logro y, parcialmente, hedonismo –este último compartido con «apertura al cambio».
La tabla 2 resume los cuatro cuadrantes de valores y brinda la definición establecida por Schwartz para cada uno de ellos.
Tabla 2 Los cuatro cuadrantes de valores de Schwartz
| Cuadrante | Definición |
| Autotrascendencia | Preocupación por la mejora de los demás y la trascendencia de los intereses propios |
| Conservación | Autocontención, sumisión, orden y armonía en las relaciones |
| Automejora | Deseo de superioridad social y alta autoestima |
| Apertura al cambio | Motivación intrínseca por la maestría y la novedad |
Fuente: Schwartz (1992). Elaboración: Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico.
Cabe resaltar que Schwartz no afirma la superioridad de unos valores sobre otros, y en esta investigación tampoco realizamos tal afirmación. Según Schwartz (1992), dados los 10 valores universales, se establece la existencia de una estructura dinámica entre ellos. Por un lado, existen valores que presentan alta compatibilidad, es decir, que presentan motivaciones semejantes y coherentes entre sí. Por otra parte, hay valores que se encuentran en conflicto, es decir, valores cuyas motivaciones son opuestas entre sí. De forma gráfica, en un círculo se establecen cuatro cuadrantes, y en cada uno de estos se agrupan los valores que presentan compatibilidad entre ellos. De la misma forma, se colocan en lados opuestos aquellos que presentan conflicto (figura 3). Los valores compatibles han sido etiquetados en cada uno de los cuatro cuadrantes: autotrascendencia (benevolencia y universalismo), conservación (obediencia, tradición y seguridad), automejora (poder y logro) y apertura al cambio (hedonismo5, autodeterminación y estimulación). Los cuadrantes que se encuentran en conflicto son autotrascendencia con automejora y conservación con apertura al cambio (Schwartz, 1992, 2006; Schwartz & Boehnke, 2004). Esta estructura fue estudiada y validada por diferentes investigaciones alrededor del mundo (Borg, 2019; Borg, Bardi, & Schwartz, 2015; Cieciuch, Schwartz, & Davidov, 2015; Schwartz, 2012; Schwartz & Boehnke, 2004). En el Perú, Zúñiga et al. (2021) fueron los encargados de realizar esta labor, identificando su validez sobre todo entre los ricos urbanos.
Figura 3 Estructura circular de valores de Schwartz (versión original)

Fuente: Schwartz (1992).
La solidez de la primera estructura circular llevó a que esta fuera ampliada con nuevas capas. Así, en una versión posterior desarrollada por Cieciuch, Schwartz y Davidov (2015), la estructura clásica adquiere dos nuevas grandes agrupaciones. Por un lado, se divide a los valores en dos grandes grupos enfocados en la dicotomía individual versus social. De este modo, los valores de logro, poder, hedonismo, estimulación y autodirección pasan a ser parte del enfoque social. En cambio, los valores de universalismo, benevolencia, tradición, obediencia y seguridad conforman el enfoque personal. Por otro lado, una segunda nueva segmentación está dada por la dicotomía con y sin ansiedad. Así, el universalismo, la benevolencia, el hedonismo, la estimulación y la autodirección conforman el grupo de valores de crecimiento libre de ansiedad. En el extremo opuesto, los valores de tradición, obediencia, seguridad, logro y poder constituyen el segmento de valores de autoprotección o de evasión de la ansiedad. Todo lo descrito se comprende visualmente con ayuda de la figura 4.
Figura 4 Estructura circular de valores de Schwartz (versión modificada)

Fuente: Cieciuch, Schwartz y Davidov (2015).
En general, la teoría de los valores ofrece una visión simple y completa para entender qué motiva el actuar humano. Dos preguntas válidas surgen luego de esta síntesis. Dado que tenemos este esquema de valores universales, ¿cuáles son los valores que distinguen a los dos Perúes? ¿Ambos Perúes otorgan importancia a los mismos valores o, por el contrario, prefieren valores opuestos?
Los valores en relación con la felicidad
Para explicar la relación entre la preferencia de valores de cada uno de los dos Perúes y su nivel de felicidad, entendida en los términos del Cuestionario de Felicidad de Oxford, necesitaremos alguna teoría adicional. A continuación, exponemos brevemente cuatro opciones: primero, la congruencia de valores y felicidad; segundo, la clasificación de valores saludables y no saludables; tercero, el enfoque de valores y las necesidades humanas; y, cuarto, la cadena causal.
La primera es la teoría de la congruencia de valores. En ella se argumenta que un individuo será más feliz si sus valores concuerdan con los valores de la sociedad (Sagiv & Schwartz, 2000). Esta teoría se complementa con la de Kasser y Ahuvia (2002), quienes estudiaron la estructura de valores de estudiantes de negocios en Singapur, donde los valores extrínsecos –o materialistas– son comunes. Aun así, los estudiantes que presentaban valores congruentes con su ambiente mostraban niveles reducidos de felicidad. Por tanto, debemos tomar en cuenta que esta teoría no siempre funciona en la práctica. En nuestro estudio, se puede hacer un ejercicio considerando los valores «de la sociedad» como aquellos que son más comunes en cada uno de los dos Perúes para preguntarnos si la teoría de la congruencia de valores explica la relación entre la preferencia por ciertos valores y el nivel de felicidad de los jefes de hogar pobres y ricos del Perú.
La siguiente teoría que probaremos es la de los valores saludables y no saludables. Esta sostiene que los valores que promueven el enriquecimiento psicológico, o intrínseco, tienen un efecto positivo sobre la felicidad, por lo que los consideran «saludables»; mientras que valores que promueven lo material, o extrínseco, son perjudiciales para la felicidad, por lo que los denominan «no saludables» (Vansteenkiste, Duriez, Simons, & Soenens, 2006). Resulta importante tratar de responder una pregunta básica de partida: ¿qué valores son considerados saludables y por qué? Autores como Jensen y Bergin (1988), y Strupp (1980), representantes de la literatura psicológica, califican los valores de universalismo, benevolencia, autodirección, logro y estimulación como saludables, ya que promueven el enriquecimiento intrínseco. Tomando como ejemplo el segundo valor, para un individuo benevolente que presente la constante necesidad de ayudar a los demás, su generosidad no es una reacción a una circunstancia, un sujeto u objeto externo, físico, tangible y manifiesto. Más bien, proviene de un profundo lugar en su ser, autónomo, propio, intrínseco, que lo impulsa al desarrollo personal evidenciado en sus acciones bondadosas y clementes hacia los demás. Esto es lo que lo vuelve un valor saludable.
Por otro lado, los valores de obediencia, tradición, seguridad y poder son considerados por esta particular teoría como no saludables porque no promueven el enriquecimiento personal. Tomando el poder como ejemplo, la búsqueda incansable por dinero y control representa una continua e insaciable persecución por objetos y posiciones de dominio, que son externos al sujeto6. La realización personal, impulsada por la propia subjetividad, pierde cabida en el día a día para dar paso a una existencia materialista reflejada en bienes, dominios y seguidores. El abandono del desarrollo interior a cambio de lo externo, lo material, lo extrínseco, es lo que vuelve al poder un valor no saludable. Es necesario acotar que esto no es suficiente para concluir que tal o cual valor promueve la felicidad de las personas, ya que no se ha discutido el proceso causal que tienen estos valores sobre la felicidad (Sagiv & Schwartz, 2000).
Una tercera teoría es el enfoque de los valores y las necesidades humanas. Bilsky y Schwartz (1994) relacionan los valores con las necesidades. Los autores argumentan que algunos valores promueven la satisfacción de las necesidades y, de acuerdo con la teoría de Maslow (1970), estos representan el camino a convertirse en la expresión máxima de uno mismo; en otras palabras, ser una persona realizada. Aquí es necesario hacer un paréntesis al tema de la felicidad y los valores para recordar qué es aquello que sostiene Maslow con respecto a la realización personal.
De acuerdo con el orden de la pirámide de Maslow, la máxima aspiración de una persona, luego de haber satisfecho todas sus necesidades físicas y sociales, es la autorrealización. Los valores que impulsan el alcance de esta meta son, a saber, la autodirección, el universalismo, la benevolencia, el logro y la estimulación (Bilsky & Schwartz, 1994). Ello es compatible con la teoría de valores saludables (Jensen & Bergin, 1988; Strupp, 1980). Ser capaces de guiar nuestros destinos, preocuparnos por el bienestar ajeno, perseguir nuestras metas y sueños, e incursionar en nuevas aventuras parecen ser buenos signos de que estamos un paso más cerca de autorrealizarnos y, en consecuencia, alcanzar la felicidad.
Por otro lado, los valores de obediencia, seguridad y poder representan limitantes en la satisfacción de necesidades. Según Bilsky y Schwartz (1994), poner énfasis en estos es más común en gente que se siente insegura, que no controla su vida y que no disfruta de su relación con otras personas. Estos sentimientos generan limitantes en el logro de la felicidad. Para entender mejor esta afirmación, imaginemos un individuo que sufre de privaciones y carece de las condiciones mínimas necesarias para satisfacer sus necesidades básicas; además, se desarrolló en un ambiente inseguro y lleno de carencias afectivas7. ¿Cómo es que este individuo podrá alcanzar la autoestima –amor propio– y autorrealización? Parece un camino pedregoso el que tendrá que recorrer para llegar a la cima de la pirámide. En resumen, algunos valores ayudan a escalar la pirámide de necesidades; mientras que otros, no (Bilsky & Schwartz, 1994). Cabe resaltar que el valor de hedonismo no es clasificado en ninguna categoría.
Cabe mencionar un cuarto enfoque: el de la cadena causal de valores de Welzel e Inglehart (2010). Su modelo considera una cadena de factores de cuatro partes. La primera representa las condiciones del ambiente en el que se vive; a saber, condiciones sociales, económicas, culturales, etc., que definen las oportunidades que se tienen. La segunda parte considera que a partir de estas condiciones se desarrollan los valores y se definen qué oportunidades seguir. La tercera parte corresponde al efecto de los valores, esto es, los autores indican que los valores inspiran y legitiman ciertas estrategias para perseguir las oportunidades. Por último, la cuarta parte es la felicidad que se adquiere cuando se logra desarrollar la oportunidad. Esta concepción de valores difiere sustancialmente de los valores humanos de Schwartz (1992) que adoptamos en esta investigación, por lo que no se analizarán los datos en este marco.
Ahora que hemos visto las explicaciones plausibles para la relación entre valores y felicidad, podemos decir que, en síntesis, en el debate académico, algunos autores sostienen que hay valores que promueven la satisfacción de necesidades y otros que tienen el efecto contrario y limitan el desarrollo de las personas. De las cuatro teorías expuestas, solo utilizaremos dos: la diferenciación entre valores saludables y no saludables, y la teoría de valores y necesidades humanas. A continuación, la tabla 3 resume las teorías expuestas que serán desarrolladas en el capítulo 3.
Tabla 3 Teorías sobre valores y felicidad
| Teoría | |
| Valores saludables y no saludables (Vansteenkiste, Duriez, Simons, & Soenens, 2006) | Los valores y las necesidades humanas (Bilsky & Schwartz, 1994) ¡ |
| Valores que promueven lo intrínseco corresponden a la felicidad y son, por lo tanto, saludables. En oposición, los valores que promueven lo extrínseco son no saludables. | Valores que promueven la satisfacción de necesidades de acuerdo con la teoría de Maslow (1970). Las necesidades básicas son físicas y sociales, es decir, extrínsecas; mientras que en la cima de la piramide se encuentra la autorrealización, relacionada con factores intrínsecos. |
Fuentes: Vansteenkiste et al. (2006); Blisky & Schwartz (1994). Elaboración: Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico.
A partir de estas teorías, analizaremos cómo se vinculan los valores a nivel personal con la felicidad de los jefes de hogar de los dos Perúes. Dichas teorías serán complementadas con el enfoque de la teoría de la autodeterminación de Deci y Ryan (1995). De acuerdo con este, la autonomía, la capacidad de hacer cosas por cuenta propia y la relación con las personas son necesidades psicológicas básicas. Por naturaleza, el ser humano busca satisfacer estas necesidades; no obstante, existen dos formas distintas de satisfacerlas que se deben tomar en cuenta (Deci & Ryan, 1995). Por un lado, la satisfacción extrínseca relacionada con bienes como dinero, fama y poder, que solo satisfacen las necesidades momentáneamente y requieren actividades más estresantes (Ryan, Koestner, & Deci, 1991). Por otro lado, la satisfacción intrínseca, que está relacionada directamente con el bienestar psicológico de las personas (Deci & Ryan, 1995). Estas tres teorías nos ayudarán a entender por qué algunos valores promueven la satisfacción intrínseca y no momentánea de las necesidades psicológicas de los seres humanos, mientras que otros valores van en la dirección contraria.
En resumen, tanto la teoría de los «valores saludables» como la de «la satisfacción de necesidades» ofrecerían, en principio, razones válidas que explicarían el porqué de la diferencia de felicidad entre los jefes de hogar pobres y ricos, más allá de las diferencias en el ingreso monetario.
1 Insistimos en que para más detalle de las definiciones se puede consultar el capítulo 1 de Vásquez et al. (2021). Allí también se discute el uso de la expresión «eudaimonista» en referencia a la tradición aristotélica y de «hedonista» en referencia al epicureísmo. Los autores contemporáneos, desde la vertiente de la economía de la felicidad o la psicología positiva, recogen solo parcialmente las definiciones clásicas griegas.
2 http://www.worldvaluessurvey.org/wvs.jsp
3 Los siguientes párrafos son un resumen bastante literal de la versión inglesa de Schwartz.
4 Los 10 valores de Schwartz serán presentados a lo largo del documento en letra cursiva. Así el lector podrá distinguir con claridad cuando el uso de la palabra se refiere estrictamente a dichos valores.
5 Pese a que en el estudio original de Schwartz (1992) el hedonismo es un valor que puede corresponder tanto a la automejora como a la apertura al cambio, estudios como los de Barbarossa, De Pelsmacker yMoons (2017), Borg (2019) y Vásquez et al. (2021), e incluso un estudio posterior del mismo Schwartz (2004) hecho a partir del análisis factorial confirmatorio, colocan al hedonismo dentro de la apertura al cambio. En línea con esto, la presente investigación también considera el valor del hedonismo dentro de dicho cuadrante.
6 De acuerdo con Deci y Ryan (1995), la motivación extrínseca es aquella que está definida por razones o metas externas al desarrollo interno del individuo. De igual manera, para Hidi (2000), esta se presenta cuando la fuente de motivación es externa a la persona. Entonces, el nivel de motivación del individuo dependerá del interés causado por las actividades o bienes externos.
7 Por ejemplo, Bonifacio et al. (2018) encuentran, en el sector laboral agrícola de Chincha, Ica y Pisco, que los trabajadores que están rodeados de personas con las que se quieren recíprocamente son más felices que aquellos que no cuentan con relaciones afectivas.
2. Valores en los dos Perúes
La bisagra
Luego de un arduo trabajo, el grupo multidisciplinario de investigadores obtuvo un conjunto de hallazgos sobre la felicidad. Comenzaron por identificar aquellas características demográficas de las personas que gozaban (o no) de felicidad en los dos Perúes. Posteriormente, esa aventura se dirigió a ahondar en algunos elementos socioeconómicos que identifican matices o marcas indelebles en los jefes de hogar entre estos dos grupos de distritos; es decir, lo que caracteriza a los ricos y pobres peruanos. En resumen, se estudiaron aquellos factores tangibles que se vinculan con los diferentes puntajes de felicidad de las personas en dos Perúes: el Perú pobre y el Perú rico (Vásquez et al., 2021).
Sin embargo, el libro mencionado no llega a profundizar en la felicidad desde las dimensiones abstractas de las personas. Por ello, a continuación, corresponde explorar qué hay detrás de la felicidad en su dimensión intangible pero vital para el recorrer de la vida: los valores. El presente capítulo es una bisagra entre aquella investigación sobre la felicidad y la pobreza multidimensional, y lo que ahora merece comenzar a entenderse en el marco del presente esfuerzo. Por lo tanto, este viaje continúa, y lo que ahora queda pendiente por ahondar y conectar es cuáles de estos valores se manifiestan en sintonía o en conflicto entre los dos Perúes y cómo se relacionan con la felicidad.
Felicidad, pobreza y valores: una vista panorámica
En el Perú existen muchos Perúes: el Perú mestizo y el Perú amazónico, el Perú joven y el Perú adulto, el Perú tradicional y el Perú tecnológico, entre otros. El presente libro ha puesto la mira solo en los dos extremos de la distribución de ingresos: el Perú rico, representado por los cinco distritos más ricos, y el Perú pobre, representado por los cinco distritos más pobres, según el INEI (2015). La intención final es explicar qué une y qué divide a un país y, en este libro, descubrir qué elementos subjetivos hay en común y qué diferencias existen entre quienes son ricos y quienes son pobres. Conocer los parámetros de los valores vigentes de estos dos grupos opuestos y los atributos que los distinguen nos permitirá comprender el margen de caracterización del Perú: un país en el que las fronteras o límites que se ostentan –las diferencias– sí importan. No obstante, ser «Perú» también implica un conjunto de elementos comunes que no queremos dejar de lado. No solo descubriendo la heterogeneidad y multidimensionalidad, sino, sobre todo, rescatando algo de la homogeneidad posible y existente de la población de un país etiquetado bajo un solo nombre, también se podrá construir un presente y un futuro únicos y más pertinentes para todos sin distinción.
Por lo tanto, tomemos vistas panorámicas del puerto de embarque de esta nave que se aventura a arribar a la orilla intangible de los valores. Para este fin, en las páginas siguientes encontraremos cómo se interrelacionan la felicidad con la pobreza y los valores en los dos Perúes. Aquí, debemos recordar lo visto en el capítulo 1 de marco teórico sobre la definición de valores establecida por Schwartz (1992), en donde se definen 10 valores universales, los cuales pueden ser agrupados en cuatro cuadrantes. La tabla 4 resume las respuestas que recibieron los valores y, partir de ellas, se calculan las respuestas en los cuadrantes
Tabla 4 Número de respuestas de jefes de hogar de los dos Perúes según cuadrantes y valores
| Cuadrante | Jefes de hogar pobres | Jefes de hogar ricos | Vador | Jefes de hogar pobres | Jefes de hogar ricos |
| Autotrascendencia | 261 | 325 | Universalismo | 249 | 297 |
| Benevolencia | 275 | 304 | |||
| Conservación | 462 | 247 | Obediencia | 450 | 243 |
| Tradición | 369 | 249 | |||
| Seguridad | 398 | 234 | |||
| Apertura al cambio | 186 | 184 | Hedonismo | 282 | 229 |
| Estimulación | 158 | 122 | |||
| Autodeterminación | 312 | 293 | |||
| Automejora | 242 | 140 | Logro | 308 | 219 |
| Poder | 214 | 128 |
Fuente: CIUP (2017). Elaboración: Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico.
Más adelante en este capítulo, se dará una interpretación más completa sobre cómo se traducen estos números en las preferencias8 de valores de los jefes de hogar.
En la figura 5, se muestra la distribución del puntaje de felicidad según valores: una curva, casi con forma de «montaña», que revela los niveles de felicidad más y menos comunes entre aquellos jefes de hogar que prefieren un determinado valor. Por ejemplo, si observamos la primera curva, que corresponde a la importancia que los pobres conceden al universalismo, notamos que la parte más «alta» de esta «montaña» coincide aproximadamente con el puntaje 11 en el eje horizontal de felicidad, esto es, que la mayor parte de los encuestados pobres que valoran el universalismo tienen un puntaje de felicidad cercano a 11. Por el contrario, en las «faldas» –extremo izquierdo y derecho– de la montaña, vemos que son muy pocos los pobres que tienen 5 o 20 puntos de felicidad. Como se mencionó en el capítulo 1, los puntajes de felicidad fueron hallados siguiendo la metodología de Mateu et al. (2020a). En el anexo de este libro se puede revisar la forma de cálculo en detalle.
En este punto, para entender las preferencias por determinados valores, se estableció que un jefe de hogar considera relevante un valor en su vida si el puntaje centrado9 asignado es mayor de 0. Cuando se habla de «importancia asignada a los valores», no se debe pensar en términos excluyentes; por el contrario, casi la totalidad de nuestros encuestados (98,94%) considera relevante más de un valor a la vez. Por ello, de ahora en adelante, hablaremos de la importancia relativa de los valores en la vida de los jefes de hogar de los dos Perúes.
Figura 5 Distribución del puntaje de felicidad según las preferencias de valores para los jefes de hogar de los dos Perúes, 2017

Fuente: CIUP (2017). Elaboración: Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico.
Al ver la figura 5, se puede observar que las distribuciones de los puntajes de felicidad para los dos Perúes son muy parecidas entre preferencias de valores. ¿Qué significa esto? Imaginemos por un momento que estamos frente a dos jefes de hogar: un agricultor de Curgos y un administrador de empresas de San Isidro. A ambos los une una fuerte preocupación por salir adelante y alcanzar sus objetivos; es decir, ambos otorgan importancia al valor del logro en sus vidas. ¿Qué podemos decir de ellos sobre la base de las distribuciones de felicidad? El «pico» de la «montaña» de los pobres que ven relevante al logro está aproximadamente en el puntaje 11. Es decir, la mayor parte de los jefes de hogar con las características mencionadas tienen más o menos 11 puntos de felicidad. En consecuencia, es lógico esperar que nuestro agricultor de Curgos que se preocupa por el logro tenga un puntaje de felicidad cercano a 11. Haciendo un análisis equivalente para nuestro administrador de San Isidro, esperaríamos un aproximado de 14 puntos de felicidad. Sabiendo esto, modifiquemos un poco la situación ¿Qué sucedería si, en lugar de dar importancia al logro, estos jefes de hogar priorizaran el obtener respeto y dinero, o sea, el valor del poder? Viendo las distribuciones de felicidad, esperaríamos que nuestro agricultor tenga, nuevamente, 11 puntos, mientras el administrador cuenta con 14 aproximadamente. Vásquez et al. (2021) encuentran que los ricos son, en promedio, más felices que los pobres. Ahora, por medio de este sencillo ejemplo, vemos que esta diferencia es transversal a las elecciones de valores, es decir, no hay un único valor cuya preferencia implique que los pobres tengan un mayor nivel de felicidad que los ricos (véase la figura 6).
Figura 6 Ejemplo de felicidad y preferencias de valores en los dos Perúes

Fuente: CIUP (2017). Elaboración: Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico.
Dado que ya sabemos cómo se distribuyen los puntajes de felicidad a nivel global para cada uno de los dos Perúes, es momento de tomar un enfoque diferente que nos permita mirar desde otro ángulo la compleja relación que existe entre pobreza, valores y felicidad. Para esto, partimos nuestra distribución o «montaña» en cuatro grupos de izquierda a derecha. Con esta división, tenemos que aquellos jefes de hogar ubicados más a la izquierda son los menos felices, mientras que los del extremo derecho son los más felices. A estos cortes de la «montaña» los llamamos cuartiles. Entonces, nuestros «grupos» de felicidad están conformados por los jefes de hogar muy infelices que pertenecen al primer cuartil –aquel ubicado más a la izquierda–, los infelices que pertenecen al segundo cuartil, los felices en el cuartil siguiente, y los muy felices que se encuentran en el cuartil superior –o más a la derecha.
En las figuras 7 y 8, también observamos distribuciones de puntajes de felicidad. Sin embargo, esta vez miremos el interior de cada una de las «cordilleras» de los dos Perúes. Para cada uno de estos mundos por separado, ahora somos capaces de apreciar cómo los niveles de felicidad difieren de acuerdo con los valores que prefieren nuestros jefes de hogar. ¿Qué significa esta afirmación?
Figura 7 Distribución del puntaje de felicidad indicando cuartiles según las preferencias de valores para los jefes de hogar del Perú pobre, 2017

Fuente: CIUP (2017). Elaboración: Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico.
Figura 8 Distribución del puntaje de felicidad indicando cuartiles según las preferencias de valores para los jefes de hogar del Perú rico, 2017

Fuente: CIUP (2017). Elaboración: Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico.
Volvamos a Curgos e imaginemos ahora que se trata de un jefe de hogar agricultor que se preocupa por la igualdad y el medio ambiente, es decir, cree en el universalismo. A diferencia de antes, al ver la figura 7 ya no buscamos el «pico» de la «montaña». Esta vez nos enfocamos en las líneas que separan a nuestros grupos de felicidad (cuartiles). En particular, veamos el salto de pasar de ser «infeliz» a ser «feliz». Para nuestro agricultor, esta línea divisoria está ubicada en un puntaje cercano al 11 de felicidad. Recordemos que junto a él viven otros campesinos de Curgos con distintas preferencias de valores.
Pensemos por un momento que nuestro jefe de hogar tiene dos amigos con los que quiere comparar su felicidad. Él sabe que uno de ellos se inclina por la estimulación, mientras que el otro prefiere el poder. Al ver la figura 7, la línea del salto para la estimulación está alrededor del puntaje 12 y la del poder, alrededor de 10. De acuerdo con esto, nuestro agricultor esperaría que el amigo que da importancia a la estimulación sea más feliz que él. Por el contrario, aquel amigo que ve relevante al poder tiene un menor puntaje de felicidad. En resumen, mientras más a la izquierda se encuentran las líneas divisorias entre infelices y felices –más cerca del 0–, menos felices serán los jefes de hogar que conceden importancia a este valor. En el otro extremo, los valores con líneas que se ubican más hacia la derecha –acercándose al 20– tienen encuestados más felices. A nivel general, resaltan los jefes de hogar pobres que dan importancia a la estimulación, pues estos parecen ser los más felices. También podemos observar que, para los dos Perúes, es el poder el valor que suele tener el menor puntaje de felicidad. Esto coincide con lo encontrado por Kasser y Ahuvia (2002) a nivel internacional y Guillén-Royo y Kasser (2015) a nivel nacional.
Con este nuevo conocimiento, cabe preguntarse cómo se distribuyen los puntajes de felicidad de cada cuartil. Visto de otra manera: ¿qué forma toma la «montaña» si la dibujamos para cada uno de nuestros «grupos» de felicidad?
Figura 9 Distribución del puntaje de felicidad por grupos de felicidad según las preferencias de valores de los jefes de hogar para los dos Perúes, 2017

Fuente: CIUP (2017). Elaboración: Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico.
Al observar la figura 9, podemos destacar dos mensajes claves como evidencia para formular políticas públicas. El primero de ellos es que, independientemente de las preferencias de valores, son los dos grupos extremos –más felices y más infelices– los que más distancian a los dos Perúes. El segundo mensaje está relacionado con la forma que toma la distribución de los puntajes de valores. Los muy felices, felices e infelices tienen algo en común: las distribuciones parecen tener más de una moda, es decir, nuestras «montañas» no tienen un solo «pico». Por otro lado, para ambos Perúes, las distribuciones de felicidad de los muy infelices presentan un claro sesgo a la derecha. Es decir, el «pico» de la «montaña» se ubica a la derecha, lo que implica que la mayor parte de los jefes de hogar muy infelices para ambos Perúes tienen puntajes lo más alejados posible del 0. En consecuencia, independientemente de los valores, tanto pobres como ricos tienden a alejarse de niveles extremadamente bajos de felicidad. Incluso se podría decir que los muy infelices intentan ser lo más felices que pueden.
Las diversas fotografías de los dos Perúes sugieren una relación negativa entre poder y felicidad; sin embargo, resulta importante pensar en la contundencia de esta afirmación, para lo cual es necesaria una revisión más completa y exhaustiva. Dado que se dispone de una primera vista, superficial pero importante, sobre la distribución de la felicidad de acuerdo con las preferencias de los valores de los jefes de hogar, es válido continuar con nuestro recorrido. Para ello, nos sumergiremos en una mirada más completa de los valores. ¿Los dos Perúes asignan la misma importancia relativa a los valores? ¿Cuáles son los valores que comparten ricos y pobres o, por el contrario, que distancia más a estos dos mundos? Conocer esto permitirá tener pautas para construir políticas públicas que alienten lo que une y neutralicen lo que desune a los peruanos.
Los valores en los dos Perúes
¿Cómo aplicar el enfoque de Schwartz a las realidades de los dos Perúes? El módulo 1.000 de la Encuesta FPV (2017) recoge los «puntajes» que asignan los jefes de hogar a los distintos valores en su vida. Conocer cómo se distribuyen estos dentro de los dos Perúes permite tener una mirada más amplia y rica sobre la situación. En otras palabras, se intenta ver qué valores prefieren la mayoría de los jefes de hogar. Algunos autores, como Kasser y Ahuvia (2002), utilizan la media del puntaje centrado de los valores para calcular cuáles eran aquellos «valores comunes» en la sociedad. Aquí se pretende hacer algo semejante; sin embargo, en lugar de utilizar los puntajes, se utiliza el número de jefes de hogar de cada Perú que asigna importancia a un valor (o conjunto de valores) determinado.
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