Kitabı oku: «Dimensiones de la migración en Colombia.»

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Mejía Ochoa, William

Dimensiones de la migración en Colombia/ William Mejía Ochoa, [y otros veinte autores]; Editores académicos, Felipe Andrés Aliaga Sáez y Ángelo Flórez de Andrade, Bogotá: Universidad Santo Tomás, 2020.

473 páginas; fotografías a blanco y negro y color, gráficos, mapas y tablas

Incluye índice y referencias bibliográficas

ISBN: 978-958-782-297-7

E-ISBN: 978-958-782-298-4

1. Emigración e inmigración 2. Migración interna 3. Violencia -- Colombia 4. Desplazamiento forzado -- Colombia 5. Refugiados – Colombia 6. Indígenas de Colombia -- Condiciones sociales 7. Migración interna – Investigaciones -- Colombia. I. Universidad Santo Tomás (Colombia).


CDD 325.2 CCO-BoUST


© Felipe Andrés Aliaga Sáez y Angelo Flórez de Andrade, editores académicos, 2020

© William Mejía Ochoa, Chrysalide Duarte Castro, Lina Montoya Carrizosa, Felipe Andrés

Aliaga Sáez, Carolina Bernal Márquez, Katherine Cardozo Beltrán, Laura Alejandra

Granados Vela, Sebastián Polo Alvis, Stéphanie López Villamil, Alexandra Castro Franco,

Angelo Flórez de Andrade, Nadia García Sicard, Paola Vanessa Baracaldo Amaya, Lisa

Pinto Martín, Carla Rodríguez Portillo, Eliana Caterine Mojica Acevedo, Gladys Adriana

Espinel Rubio, Martha Lucía Herrera Leal, Andrea Catalina Camargo Pardo, Alexandra

Toro Ospina y Juan Thomas Ordóñez Roth, autores, 2020

© Universidad Santo Tomás, 2020

Ediciones USTA

Bogotá, D. C., Colombia

Carrera 9 n.º 51-11

Teléfono: (+571) 587 8797, ext.: 2991

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Corrección de estilo: Ludwing Cepeda A.

Diagramación: Myriam Enciso Fonseca

Diseño de carátula: Juliana Pardo Torres

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Mákina Editorial

https://makinaeditorial.com/

Hecho el depósito que establece la ley

ISBN: 978-958-782-297-7

E-ISBN: 978-958-782-298-4

Primera edición, 2020

Este libro es resultado de investigaciones realizadas por los autores. Fue evaluado por pares académicos, quienes garantizan su calidad, actualidad y pertinencia. Tiene una versión de acceso abierto disponible en el Repositorio Institucional de la Universidad Santo Tomás: https://repository.usta.edu.co/

Universidad Santo Tomás

Vigilada Mineducación

Reconocimiento personería jurídica: Resolución 3645 del 6 de agosto de 1965, Minjusticia

Acreditación Institucional de Alta Calidad Multicampus: Resolución 01456 del 29 de enero de 2016, 6 años, Mineducación

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio, sin la autorización expresa del titular de los derechos.

Contenido

Índice de figuras

CIFRAS DE LA INMIGRACIÓN A COLOMBIA: MAGNITUD, ORIGEN, LOCALIZACIÓN Y SEXO, 1819-2015

FIGURA 1. COLOMBIA, SALDO MIGRATORIO ANUAL DE LOS EXTRANJEROS (NO NACIONALES COLOMBIANOS), 1926-2015

FIGURA 2. COLOMBIA, DISTRIBUCIÓN DE LA POBLACIÓN EXTRANJERA CENSADA POR NACIONALIDAD, 1843 Y 1851

FIGURA 3. COLOMBIA, SALDOS MIGRATORIOS ANUALES DE NACIONALES ALEMANES, 1926-1955

FIGURA 4. SALDOS PROMEDIO ANUALES POSITIVOS, POR TERRITORIO DE NACIONALIDAD, Y CONTRIBUCIÓN ACUMULADA A LA INMIGRACIÓN TOTAL, 1926-1965

FIGURA 5. COLOMBIA, PARTICIPACIÓN PORCENTUAL DE LAS MUJERES DENTRO DE LA POBLACIÓN CENSADA NACIDA EN EL EXTERIOR, 1951 Y 1964

FIGURA 6. COLOMBIA, RESIDENTES NACIDOS EN EL EXTERIOR, SEGÚN DATOS CENSALES Y SALDO MIGRATORIO PROMEDIO DEL PERÍODO INTERCENSAL PREVIO, 1973 A 2015

FIGURA 7. COLOMBIA, PARTICIPACIÓN PORCENTUAL DE LAS MUJERES DENTRO DE LA POBLACIÓN CENSADA NACIDA EN EL EXTERIOR, 1993-2005

FIGURA 8. SALDOS PROMEDIO ANUALES, POR TERRITORIO DE NACIONALIDAD, Y CONTRIBUCIÓN ACUMULADA A LA INMIGRACIÓN TOTAL, 1966-2015

MIGRACIÓN INTERNA EN COLOMBIA: ENTRE LA BÚSQUEDA DE OPORTUNIDADES Y EL DESPLAZAMIENTO FORZADO

FIGURA 1. TENDENCIA DEL DESPLAZAMIENTO GLOBAL Y PROPORCIÓN DE DESPLAZADOS 2007-2017

PERSPECTIVAS GLOBALES DE LAS EMIGRACIONES DE COLOMBIANOS AL EXTERIOR EN EL SIGLO XXI: UN FENÓMENO EN MOVIMIENTO

FIGURA 1. ESTADO ACTUAL DE LA EMIGRACIÓN COLOMBIANA

FIGURA 2. EMIGRACIÓN COLOMBIANA EN AMÉRICA

FIGURA 3. VOLUMEN DEL FLUJO DE SALIDA DE COLOMBIANOS QUE INGRESAN CON VISA DE ESTUDIANTE, 2007-2018

FIGURA 4. EMIGRACIÓN COLOMBIANA A EUROPA

FIGURA 5. EMIGRACIÓN COLOMBIANA AL NORTE DE ÁFRICA Y MEDIO ORIENTE

FIGURA 6. FLUJO MIGRATORIO DE SALIDA DE COLOMBIANOS POR CONCEPTO DE RESIDENCIA EN EL EXTERIOR HACIA CHINA, JAPÓN Y COREA DEL SUR, 2007-2018

FIGURAS 7, 8 Y 9. FLUJOS MIGRATORIOS DE SALIDA DE COLOMBIANOS POR CONCEPTO DE ESTUDIOS Y TRABAJO HACIA CHINA, JAPÓN Y COREA DEL SUR, 2007-2018

FIGURA 10. FLUJOS MIGRATORIOS DE SALIDA DE COLOMBIANOS POR CONCEPTO DE RESIDENCIA EN EL EXTERIOR HACIA AUSTRALIA Y NUEVA ZELANDA, 2007-2018

FIGURAS 11 Y 12. FLUJOS MIGRATORIOS DE SALIDA DE COLOMBIANOS POR CONCEPTO DE ESTUDIOS Y TRABAJO HACIA AUSTRALIA Y NUEVA ZELANDA, 2007-2018

FIGURA 13. EMIGRACIÓN COLOMBIANA A ASIA PACÍFICO

PANORAMA DE LA MIGRACIÓN DE RETORNO DE COLOMBIANOS (2012-2018)

FIGURA 1. NÚMERO DE SOLICITUDES REGISTRADAS EN EL RUR

FIGURA 2. RETORNADOS POR PAÍS DE PROCEDENCIA SEGÚN EL RUR

FIGURA 3. RETORNADOS POR TIPO DE RETORNO SEGÚN EL RUR, 2013-2018

FIGURA 4. RETORNOS PRODUCTIVOS SEGÚN EL RUR, 2013-2018

FIGURA 5. RETORNOS LABORALES SEGÚN EL RUR, 2013-2018

FIGURA 6. ESTRUCTURA DEL SISTEMA DE ATENCIÓN HUMANITARIA AL RETORNO

LA MIGRACIÓN TURCA Y OTOMANA EN COLOMBIA

FIGURA 1. NÚMERO TOTAL DE CIUDADANOS TURCOS QUE INGRESARON A COLOMBIA ENTRE 2012 Y 2015

FIGURA 2. NÚMERO DE CIUDADANOS TURCOS QUE ENTRARON A COLOMBIA CON UNA VISA DE NEGOCIOS ENTRE 2012 Y 2015

FIGURA 3. NÚMERO TOTAL DE CIUDADANOS TURCOS QUE INGRESA A COLOMBIA ENTRE 2016 E INICIOS DEL 2019

FIGURA 4. FLUJO DE ENTRADAS DE LOS MIGRANTES TURCOS A COLOMBIA ENTRE 2012 Y 2018

FIGURA 5. NÚMERO DE CIUDADANOS QUE ENTRARON A COLOMBIA CON VISA DE NEGOCIOS ENTRE 2016 E INICIOS DEL 2019

FIGURA 6. NÚMERO DE CIUDADANOS TURCOS QUE ENTRARON A COLOMBIA CON VISAS DE ESTUDIANTE Y TEMPORAL DE CÓNYUGE ENTRE 2016 E INICIOS DEL 2019

FIGURA 7. ENTRADA DE CIUDADANOS TURCOS AL TERRITORIO COLOMBIANO ENTRE 2015-2017

FIGURA 8. MOTIVO DE LA LLEGADA DE LOS TURCOS A COLOMBIA: 2012-2019

LA IMPORTANCIA DE RECONOCER EL APORTE ALEMÁN EN LA ARQUITECTURA INDUSTRIAL COLOMBIANA COMO PARTE DE LA VALORACIÓN DEL TERRITORIO

FIGURA 1. RUINAS DE LA FERRERÍA DE PACHO

FIGURA 2. RÍO MAGDALENA, 1940

FIGURA 3. SAN JUAN DE MARMATO HOY

FIGURA 4. BARRIO LA PERSEVERANCIA EN EL PLANO DE BOGOTÁ DE 1923

FIGURA 5. MAQUETA DE LO QUE FUE LA HACIENDA EL FLORITO

FIGURA 6. HACIENDA MONTEBELLO

FIGURA 7. MÁQUINAS EN LA HACIENDA MONTEBELLO

FIGURA 8. CAMINO REAL DE GUANE, EN GUANE

FIGURA 9. PUERTAS DE CONTROL DE COBRO DE “PEAJE” TRAÍDAS DE BREMEN EN 1870, UBICADAS ORIGINALMENTE EN EL CAMINO REAL DE GUANE

FIGURA 10. DETALLE DE LAS PUERTAS DE CONTROL DE COBRO DE “PEAJE” TRAÍDAS DE BREMEN EN 1870

FIGURA 11. CAMINO REAL DE GUANE, EN GUANE

FIGURA 12. RUINAS DEL PUENTE RUEDAS DE LENGERKE, ANTES DE LA CONSTRUCCIÓN DEL NUEVO PUENTE

FIGURA 13. IGLESIA DE SAN JOSÉ EN POPAYÁN

FIGURA 14. PROYECTO DE SIMÓN SCHENHERR DE UN PUENTE EN MADERA SOBRE EL RÍO CAUCA, EN POPAYÁN

FIGURA 15. PROYECTO DE SIMÓN SCHENHERR DE UN PUENTE DE ARCOS DE LADRILLO SOBRE EL RÍO CAUCA, EN POPAYÁN

FIGURA 16. PUENTE GUAYAQUIL

FIGURA 17. QUEBRADA SANTA HELENA

Índice de tablas

CIFRAS DE LA INMIGRACIÓN A COLOMBIA: MAGNITUD, ORIGEN, LOCALIZACIÓN Y SEXO, 1819-2015

TABLA 1. COLOMBIA, RESIDENTES NACIDOS EN EL EXTERIOR, SEGÚN DATOS CENSALES Y NÚMERO DE ELLOS POR 1000 HABITANTES, 1843-2018

TABLA 2. COLOMBIA, PROMEDIO ANUAL ESTIMADO DE LLEGADA DE INMIGRANTES ESPAÑOLES, ITALIANOS Y ALEMANES, POR PERÍODOS, 1882-1899

TABLA 3. COLOMBIA, PROMEDIO ANUAL ESTIMADO DE LLEGADA DE INMIGRANTES ESPAÑOLES, ITALIANOS Y ALEMANES, POR PERÍODOS, 1900-1924

TABLA 4. COLOMBIA, DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL DE LOS HOMBRES INMIGRANTES CENSADOS, POR DEPARTAMENTO DE RESIDENCIA, SEGÚN DIVISIÓN ADMINISTRATIVA ACTUAL, 1912

TABLA 5. COLOMBIA, PARTICIPACIÓN DE LOS HOMBRES INMIGRANTES DENTRO DE LA POBLACIÓN MASCULINA TOTAL DE ALGUNOS MUNICIPIOS, 1912

TABLA 6. COLOMBIA, SALDOS MIGRATORIOS ANUALES DE EXTRANJEROS (ENTRADAS MENOS SALIDAS DE NO NACIONALES COLOMBIANOS), 1926-1965

TABLA 7. COLOMBIA, DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL DE INMIGRANTES CENSADOS, POR DEPARTAMENTO DE RESIDENCIA, SEGÚN DIVISIÓN ADMINISTRATIVA ACTUAL, 1938, 1951 Y 1964

TABLA 8. COLOMBIA, SALDOS MIGRATORIOS ANUALES DE EXTRANJEROS (ENTRADAS MENOS SALIDAS DE NO NACIONALES), 1966-2015

TABLA 9. PARTICIPACIÓN PORCENTUAL DE LAS MUJERES EN LOS SALDOS MIGRATORIOS DE EXTRANJEROS, 2010-2015

TABLA 10. COLOMBIA, DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL DE INMIGRANTES CENSADOS, POR DEPARTAMENTO DE RESIDENCIA, 1973 Y 2005

MIGRACIÓN INTERNA EN COLOMBIA: ENTRE LA BÚSQUEDA DE OPORTUNIDADES Y EL DESPLAZAMIENTO FORZADO

TABLA 1. MIGRACIÓN RECIENTE INTRARREGIONAL E INTERREGIONAL PARA EL PERIODO 1998-2003

TABLA 2. PROMOCIÓN DE MIGRACIÓN ACUMULADA INTERREGIONAL E INTERREGIONAL HASTA EL TERCER SEMESTRE DE 2033, SEGÚN REGIONES

PERSPECTIVAS GLOBALES DE LAS EMIGRACIONES DE COLOMBIANOS AL EXTERIOR EN EL SIGLO XXI: UN FENÓMENO EN MOVIMIENTO

TABLA 1. EVOLUCIÓN DEL NÚMERO DE COLOMBIANOS EN CANADÁ Y ESTADOS UNIDOS, 1990-2019

TABLA 2. EVOLUCIÓN DEL NÚMERO DE COLOMBIANOS EN AMÉRICA CENTRAL Y EL CARIBE, 1990-2019

TABLA 3. EVOLUCIÓN DEL NÚMERO DE COLOMBIANOS EN AMÉRICA DEL SUR, 1990-2019

TABLA 4. EVOLUCIÓN DEL NÚMERO DE COLOMBIANOS EN FRANCIA, 1982-2019

TABLAS 5 Y 6. EVOLUCIÓN DEL NÚMERO DE COLOMBIANOS EN ESPAÑA (1991-2019) Y REINO UNIDO (1990-2019)

TABLA 7. EVOLUCIÓN DEL NÚMERO DE COLOMBIANOS EN AUSTRALIA Y NUEVA ZELANDA, 1990-2019

UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA A LA MIGRACIÓN DE SIRIOS, LIBANESES Y PALESTINOS EN NORTE DE SANTANDER

TABLA 1. SIRIOLIBANESES PRESIDENTES DEL CLUB DEL COMERCIO EN OCAÑA

Introducción
Un trozo de la “historia de los que se mueven”

FELIPE ANDRÉS ALIAGA SÁEZ

ANGELO FLÓREZ DE ANDRADE

A lo largo de la historia se han presentado diversas transformaciones sociales fruto de los movimientos de población. En todos los continentes y en todas las épocas, han existido migraciones humanas, motivadas por múltiples causas, lo que ha dado cabida a la búsqueda de explicaciones del mismo fenómeno desde teorías económicas, culturales y sociales, por medio de redes o procesos transnacionales, así como fruto de la violencia y el crimen organizado. Es un escenario lleno de interrogantes más que de respuestas, ya que en momentos la migración ha sido vista como un beneficio para la sociedad y, en otros, ha sido rechazada como una carga para los países de destino y una debilidad de los países de origen. En estos procesos, los migrantes y sus familias deben enfrentar un abanico enorme de desafíos, ya sea desde que se toman las primeras decisiones sobre abandonar el lugar de origen, por medio de cálculos individuales y colectivos sobre el beneficio de movilizarse a un nuevo destino, los riesgos y sufrimientos, así como imaginarios de un futuro promisorio, que permita obtener una mejor calidad de vida.

Todos los países del mundo tienen una historia de migración, y todos tienen su propia historia, ya que en cada contexto operan diferentes configuraciones sociales que funcionan como factores de atracción o expulsión de personas, a nivel interno o externo, pero dentro de los límites fronterizos establecidos por la soberanía, que bajo el lema de la defensa de los intereses colectivos de una nación o un pueblo fijan en muchos casos rígidas relaciones de acceso con grupos que no tengan acuerdos compartidos. Las murallas no han desaparecido, la globalización no ha permitido cumplir con la utopía de un solo mundo, y aún están trazadas las líneas que dividen el planeta en zonas ricas y pobres, frente a las que muchos quieren abandonar o ingresar como si fueran clubes en donde se pasa mejor, pero a los cuales pertenecen unos pocos.

Los conflictos del mundo no han permitido avanzar hacia una mayor justicia social, vivimos enfrentando un panorama de egoísmo, explotación y corrupción, que hace que el ser humano en muchas partes del globo sufra las consecuencias de la negación de sus derechos fundamentales, en donde el ascenso social está limitado y las personas enfrentan vulnerabilidades que las confinan en círculos viciosos de maldad, pobreza e injusticia. La lucha es permanente, hay quienes están encarando esto y que buscan un mundo mejor, aunque a veces parece que se dieran golpes contra la pared. En estos escenarios, la gente busca dónde mirar y pensar que puede encontrar algo mejor para sus vidas, empacando las ilusiones y caminando con ellas largos trayectos, enfrentando rutas llenas de escollos, fuertes controles fronterizos, normativas cambiantes, sujetos abusivos que se lucran o gozan con la debilidad de los demás, lugares inhóspitos y desolados, momentos de fragilidad emocional y tristezas profundas, miedos implacables, hambre y enfermedades, miradas recelosas, odios y rencores. También personas que logran crear un devenir migratorio beneficioso y con expectativas favorables para sus vidas.

Como decíamos, en todos los países migran, el ser humano podría no migrar, pero lo hace porque lo necesita y porque en muchos casos se ve obligado a hacerlo, los caminos son múltiples, las rutas marcadas en la tierra, en el mar y en el cielo, siempre son vueltas a recorrer por otros que vienen atrás, algunos van y otros vuelven, es un ciclo de vida permanente de la humanidad. Mientras el mundo no provea condiciones suficientes, al menos de alimentación, abrigo y vivienda, la gente no se quedará conforme, así tampoco las mentes inquietas que hoy más que nunca sueñan con una especie de aldea global.

Colombia, al igual que casi todos los países de América, es un país que tiene una larga historia de migración; comprender sus movimientos de población nos enseña un poco de su carácter, sus alegrías y sus dolores. Analizar y revisar las migraciones, es decir, cómo la gente se mueve y por qué, nos dará mayores argumentos para pensar en cómo es la identidad de un territorio, cómo y por qué se producen los cambios en su población. Pensar Colombia y sus migraciones es pensar su propia idiosincrasia, buscando los caminos que llevan a mirar hacia donde la diversidad y las relaciones interculturales empujadas por las migraciones nos permiten dialogar y cohesionar el territorio, en donde las diferencias se vuelcan a la unidad y el país avanza y genera creatividad, ya que las personas llevan consigo ideas que viajan junto a sus maletas, encontrándose conexiones y nuevas formas de ver el mundo, el país y a sus ciudadanos. Emergen búsquedas incansables de superación, mecanismos de resiliencia que llevan a la gente a enfrentar y producir diálogos nuevos para entender el país de otra manera, en donde las memorias permiten generar nuevos imaginarios de una sociedad mejor, en la cual la creación no es imposible sino un constante fluir que lleva al mundo a lugares insospechados.

Estamos convencidos de que este libro le aporta al país un mecanismo para conocer un trozo de su historia, la “historia de los que se mueven”, es un esfuerzo por reunir parte de la complejidad de las migraciones, ofreciendo una perspectiva lo más integral posible, sin embargo, el objetivo no es entregar todas las respuestas sobre las causas pero sí comprender mejor las transformaciones de este fenómeno. Esperamos que resulte útil a todos quienes quieran profundizar en la materia y conocer las dimensiones de la migración en Colombia.

Este volumen se origina a través de toda una línea de investigación en migraciones articulada con el núcleo problémico de reconfiguración social de la Facultad de Sociología de la Universidad Santo Tomás1, así como resultado de un proyecto de investigación interfacultades con la Facultad de Gobierno y Relaciones Internacionales de la misma universidad2. Los capítulos son resultados de investigación descriptiva con base en revisión de bibliografía especializada, archivo estadístico y una serie de datos secundarios, así como de manera exploratoria con información de primera fuente.

El libro reúne once capítulos escritos por veintiún investigadores de nueve reconocidas universidades de Colombia y de diferentes grupos dedicados al estudio de las migraciones. Dentro de estos: William Mejía, del “Grupo de Investigación en Movilidad Humana”, con sede principal en la Universidad Tecnológica de Pereira; Carolina Bernal, Katherine Cardozo, Laura Alejandra Granados y Sebastián Polo, miembros del “Semillero de Colombianos en el Exterior” (Semicoex) de la Universidad del Rosario; Stéphanie López, del “Grupo Migraciones y Desplazamientos” de la Universidad Nacional de Colombia; Alexandra Castro, del “Observatorio de las Migraciones” de la Universidad Externado de Colombia; Caterine Mojica, Adriana Espinel, Martha Lucía Herrera y Andrea Catalina Camargo, de la “Red de Investigación en Asuntos de Frontera” (RIAF), representadas en la Universidad de Pamplona y la Universidad Francisco de Paula Santander; Felipe Aliaga Sáez, Angelo Flórez de Andrade, Nadia García Sicard, Chrysalide Duarte, Lina Montoya, Vanessa Baracaldo, Lisa Pinto y Carla Rodríguez, del “Grupo de Estudios sobre Migraciones Internacionales y Vulnerabilidad” (GEMIV) de la Universidad Santo Tomás; Alexandra Toro Ospina, de la Universidad de Boyacá, y el profesor Juan Thomas Ordóñez Roth, de la Universidad del Rosario.

El primer capítulo del libro, de William Mejía Ochoa, muestra un panorama estadístico de 200 años de inmigración de “baja intensidad”, el cual ofrecería una referencia para comprender los grandes cambios producidos por la nueva inmigración venezolana. El capítulo entrega datos sobre los stocks de inmigrantes, saldos migratorios, lugares de origen y destinos de asentamiento, y el sexo. Para la realización de este trabajo se analizaron censos nacionales de población, y estadísticas de entradas y salidas de viajeros al país. Incluye una descripción de la inmigración en el siglo XIX como periodo favorable para la llegada de extranjeros, principalmente como parte de un plan de ocupación del territorio y crecimiento demográfico. En el primer cuarto del siglo XX, se describe la llegada de españoles, italianos y alemanes, como parte de la promoción de la inmigración como estrategia de colonización, en este periodo se producen dos hechos relevantes que afectaron las migraciones, la separación de Panamá y la Primera Guerra Mundial. De 1926 a 1965, el autor indica que hechos como la depresión del 29 y la Segunda Guerra Mundial impactaron en Colombia en cuanto a las regulaciones en torno a la inmigración, especialmente en el control de los inmigrantes de los países del Eje. Desde 1966 a 2015, hay un aumento de la inmigración de países como Venezuela, Estados Unidos, Ecuador y Perú.

El segundo capítulo del libro, escrito por Chrysalide Duarte, Lina Montoya y Felipe Aliaga, comprende diferentes consideraciones sobre la migración interna en Colombia y su relación con los hechos victimizantes originados por el conflicto armado. Se presentan cifras importantes sobre lo que significó la época de la violencia para Colombia, la urbanización como factor de atracción, la migración intra e interregional —donde predominaron los desplazamientos a larga distancia— y algunas de las causas y consecuencias demográficas y sociales que generó el desplazamiento forzado. El objetivo de presentar estas consideraciones se basa, según los autores, en demostrar por qué es importante debatir sobre migración interna y por qué la presencia de actores armados generó cambios tan significativos en la población. Este estudio también propone avanzar en el conocimiento de la migración utilizando los censos de población de 1973, 1993 y 2005. En el capítulo se manifiesta que la migración interna en Colombia no se debe limitar al conflicto armado, si bien es la causa principal, las condiciones políticas y económicas del país han generado insatisfacción sobre la sociedad, lo que ocasiona la búsqueda de mejores condiciones dentro y fuera del país.

Según datos de Migración Colombia (Ministerio de Relaciones Exteriores, 2016), cerca de 4.7 millones de colombianos viven en el exterior, haciendo de Colombia uno de los países con mayor emigración de Suramérica. Las causas de la emigración colombiana son múltiples, y van más allá del conflicto armado. En el capítulo tres, Carolina Bernal, Katherine Cardozo, Laura Alejandra Granados y Sebastián Polo analizan la actualidad de las tendencias migratorias de la diáspora colombiana en el mundo, es decir, ese conjunto de colombianos que están fuera del país pero que siguen manteniendo múltiples vínculos con el territorio nacional. Este análisis recopila cifras de la migración colombiana desde cuatro regiones principales: América; Europa; África del Norte y Medio Oriente, África Subsahariana y Asia Central; y Noreste de Asia y Oceanía.

Sobre la migración de retorno, Stéphanie López Villamil plantea en el capítulo cuarto el reciente cambio en la magnitud de los flujos de retorno hacia Colombia por la crisis humanitaria venezolana, de esta forma invita a indagar sobre la manera en que se han estudiado estos flujos, cuestionando a la vez los marcos teóricos que abordan la migración de retorno desde una perspectiva que los entiende solamente desde el Norte hacia el Sur. Este contexto permite analizar los flujos migratorios de retorno desde una perspectiva desde el Sur en la que se visibilizan las migraciones Sur-Sur, siendo un caso particular el de la migración desde Venezuela hacia Colombia, pues las condiciones estructurales de ambos países inciden en que las políticas que se formulan deban tenerlas en cuenta. Así, el paso de un retorno voluntario y muchas veces espontáneo y de una población poco numerosa, pasa a ser un retorno forzado de una magnitud que requiere mayor atención. Este capítulo repasa brevemente algunos de los estudios que se han hecho de la migración de retorno de colombianos problematizando desde una perspectiva desde el Sur para identificar los vacíos existentes en la materia. Luego, aborda las iniciativas de política pública hacia esta población a partir de la Ley 1565 de 2012, haciendo énfasis en los cambios institucionales y en las falencias y oportunidades de estas iniciativas para cada uno de los tipos establecidos en la ley: laboral, productivo, solidario y humanitario o por causas especiales.

El análisis del régimen de extranjería, a cargo de Alexandra Castro, corresponde al quinto capítulo, el cual muestra una visión crítica del régimen jurídico en torno a la inmigración, planteando vacíos y desafíos en la construcción de política migratoria. Este trabajo plantea la necesidad de una norma migratoria que reúna todos los procedimientos administrativos que envuelvan al extranjero y que establezca sus derechos y garantías. Aborda la concepción securitarista de las migraciones y analiza algunas causales de inadmisión, deportación y expulsión, que pueden llegar a ser anacrónicas y poner en riesgo las garantías del debido proceso de los extranjeros; se analiza la regulación frente a la privación de libertad de los migrantes. El capítulo describe procedimientos y dificultades que deben realizar los migrantes para solicitar refugio y asilo. Se abordan aspectos relevantes como la adquisición de la nacionalidad. Finalmente, se presentan una serie de pronunciamientos de la Corte Constitucional colombiana frente a los extranjeros.

El capítulo sexto, desarrollado por Felipe Aliaga, Angelo Flórez, Nadia García, Lina Montoya, Paola Vanessa Baracaldo, Lisa Pinto y Carla Rodríguez, se realizó con el fin de presentar las diferentes medidas de implementación sobre el control migratorio en el país, esto tomando en consideración la crisis humanitaria en la que se encuentra Venezuela, que ha generado la llegada de más de un millón de venezolanos a Colombia. El capítulo está compuesto por las siguientes secciones: a modo de introducción, se indican algunas medidas de protección nacional e internacional, una breve aproximación al CONPES 3950, política laboral, salud, educación, género y retorno. Dentro de cada sección se concentran los principales argumentos, recomendaciones e iniciativas cuando se habla sobre migración venezolana en Colombia. Para el desarrollo del capítulo se utilizaron una serie de informes presentados en 2018 por el Gobierno, observatorios de investigación de universidades y organizaciones dedicadas a la seguridad y defensa de derechos de los migrantes y refugiados.

La migración pendular trasnacional colombo-venezolana es el tema que abordan en el séptimo capítulo Caterine Mojica, Gladys Adriana Espinel, Martha Herrera y Andrea Catalina Camargo, fenómeno que explica por qué atravesar la frontera se constituye para los migrantes pendulares en una nueva forma de habitar el territorio. Describe, además, cómo este proceso diario se ha convertido en un mecanismo de subsistencia para los ciudadanos venezolanos o para los colombianos que viven en Venezuela, pese a las dificultades que implica el tránsito por pasos no legales, denominados ‘trochas’, que son controlados por grupos armados a quienes se les debe pagar una suerte de ‘peaje’. En este caso, la relación laboral oferta-demanda, como se da en la migración circular, no es lo importante, sino que el cruce trasnacional permanente se constituye en la única forma de mantenerse con vida y distanciado, al menos durante el día, de lo que implica vivir en un país inestable políticamente.

Desde una aproximación histórica a la presencia de sirios, libaneses y palestinos en Norte de Santander, Gladys Adriana Espinel y Caterine Mojica abordan esta migración en el capítulo octavo, con la pretensión de abrir el panorama al estudio de las migraciones en Cúcuta y Ocaña, ciudades que, por su ubicación y desarrollo comercial próximos a la frontera entre Colombia y Venezuela, se constituyen en lugares de tránsito frecuente de nacionales y extranjeros en donde existe la necesidad de reconocer al otro a partir de relaciones de alteridad. En la actualidad ya establecidos, estos migrantes hacen parte fundamental de la vida cotidiana y cultural de la región.

A pesar de las distancias geográfica y culturales que separan a Turquía y a Colombia, ciudadanos turcos (y anteriormente otomanos) han migrado al país suramericano en diferentes periodos históricos. En el capítulo noveno, Angelo Flórez y Carolina Bernal analizan la migración turca y otomana hacia Colombia, identificando tres momentos históricos. En primer lugar, una migración sucedida entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando aún existía el Imperio otomano; en segundo lugar, una migración impulsada por el comercio y el restablecimiento diplomáticos entre Colombia y Turquía entre 2010 y 2016; y, para finalizar, con la migración más reciente, cuyo periodo abarca de 2016 a 2019, éxodo impulsado tanto por la profundización de los lazos comerciales entre ambos países como por los sucesos políticos vividos por Turquía.

Durante décadas, la inmigración extranjera a Colombia no fue significativa a pesar de los esfuerzos del Gobierno por atraer ciudadanos de fuera del país. En el capítulo décimo, a cargo de Alexandra Toro, se destaca el importante papel de los alemanes que llegaron al país a trabajar en diferentes industrias como la ferrería, la minería, la construcción de infraestructura de comunicaciones, la fabricación de productos, etc. Su contribución al conocimiento, sus inversiones y aportes al comercio y a la industria fueron decisivas para el desarrollo del país y para futuras inmigraciones alemanas. Los primeros alemanes que llegaron a Colombia lo hicieron en un momento en el que este país no podía ofrecerles buenas condiciones, dada la mínima actividad económica, las bajas finanzas públicas, la falta de transporte y de vías de comunicación. No obstante, le apostaron a Colombia y sus aportes permitieron la venida posterior de otros alemanes cuya contribución al desarrollo industrial hizo de Colombia el país que hoy es. Estos aportes son desconocidos y por lo tanto no han sido suficientemente valorados. El capítulo resume algunos apartes de una investigación más amplia sobre la huella construida que dejaron los alemanes en Colombia entre mediados del siglo XIX y mediados del XX en el desarrollo industrial, y se centra en el tema de asentamientos y obras de infraestructura. La autora considera que dado el importante papel que tuvieron los alemanes en la historia de Colombia, es una cuestión de gratitud sacar a la luz esta huella construida y reconocer su valor testimonial y su importancia en la construcción de nación.

El último capítulo del libro pertenece a Juan Thomas Ordóñez, quien analiza la experiencia de una población indígena ecuatoriana en Bogotá, que está articulada a redes migratorias amplias que abarcan casi todos los continentes. Los Kichwa-Otavalo, de la provincia de Imbabura, en Ecuador, llevan casi un siglo viniendo a la capital colombiana. En ese tiempo, algunas familias se asentaron permanentemente en la ciudad y hay tres generaciones de kichwas bogotanos, que tienen ciudadanía colombiana. Atados a migrantes más recientes y a actores en otras partes del mundo a través del parentesco y el comercio, los kichwa en Bogotá están “localizados” en un nodo particular de las redes, donde su experiencia está marcada por el Estado colombiano. El capítulo explora los efectos de las políticas de reconocimiento del distrito capital sobre los kichwas en la ciudad y muestra cómo la posicionalidad de los actores en las redes genera perspectivas diferentes de elementos como la ciudadanía, la identidad y la etnicidad.

Los editores queremos agradecer profundamente a la Vicerrectoría Académica General de la Universidad Santo Tomás (Colombia) por financiar esta publicación a través de la convocatoria Fodein 2018; a todos los autores, por sus valiosos aportes y conocimientos plasmados en cada uno de los capítulos; a los investigadores del Grupo de Estudios sobre Migraciones Internacionales y Vulnerabilidad (GEMIV), por sus aportes y críticas en la construcción de esta obra; a Nastassja Rojas Silva, decana de la Facultad de Gobierno y Relaciones Internacionales, y Miguel Urra Canales, decano de la Facultad de Sociología, por el valioso respaldo y acompañamiento; a Laura de La Rosa Solano, representante del Comité Editorial, por su siempre ejemplar gestión; a los compañeros de Ediciones USTA, quienes vienen realizando un trabajo editorial de excelencia; y a todas las personas migrantes que esperamos se vean representadas en este pedazo de historia de la movilidad humana en Colombia.

Referencias

Aliaga, F. (Ed.). (2017). Migraciones internacionales. Alteridad y procesos sociopolíticos. Bogotá, D. C.: Ediciones USTA.

Aliaga, F. & Uribe, C. (Eds.). (2018). Migración de retorno. Colombia y otros contextos internacionales. Bogotá, D. C.: Ediciones USTA.

Aliaga, F. & Louidor, W. (Eds.). (2019). Defensa de los derechos humanos de los migrantes y refugiados. El rol de las organizaciones del tercer sector en Colombia y Ecuador. Bogotá, D. C.: Ediciones USTA.

Ministerio de Relaciones Exteriores. (2016). Obtenido de Becas KGSP para programas de posgrado, pregrado e investigación. https://bit.ly/2VHlKTb Consultado el 5 de marzo 2019.

Universidad Santo Tomás (2018). “Imaginarios de la integración en Colombia. Análisis del discurso de inmigrantes venezolanos y en las políticas públicas”. Convocatoria Fodein 2018. Bogotá, D. C.: Universidad Santo Tomás, Facultad de Gobierno y Relaciones Exteriores.

1 Fruto de este trabajo se han publicado tres libros con el sello Ediciones USTA. Defensa de los derechos humanos de los migrantes y refugiados. El rol de las organizaciones del tercer sector en Colombia y Ecuador (2019). Migración de retorno. Colombia y otros contextos internacionales (2018). Migraciones internacionales. Alteridad y procesos sociopolíticos (2017).

2 “Imaginarios de la integración en Colombia. Análisis del discurso de inmigrantes venezolanos y en las políticas públicas”. Convocatoria Fodeín 2018. Bogotá, D. C.: Universidad Santo Tomás, Facultad de Sociología y Facultad de Gobierno y Relaciones Exteriores.

PROCESOS MIGRATORIOS

Cifras de la inmigración a Colombia: magnitud, origen, localización y sexo, 1819-2015*
WILLIAM MEJÍA OCHOA**
Introducción

Sobre la historia de la inmigración a Colombia desde los inicios de la República (1819) no se cuenta con un panorama que informe, con algún detalle, de la evolución de las cifras asociadas con ella, de estadísticas que la describan en su conjunto. No obstante, se dispone de una serie importante de documentos, en ocasiones con buen respaldo estadístico, pero sobre temáticas y períodos específicos, algunos de esos documentos, apenas por vía de ejemplo, se mencionan en el párrafo siguiente.

Centrados en normatividad, políticas y aparato estatal: Mármora (1976 y 1979); Cardona, Cruz & Castaño (1980); Aya, Carvajal & Téllez (2010); Mejía (2011 y 2018) y Ciurlo (2015). En relación con las normas de libertad religiosa: Cortés (2017). Referidos a nacionalidades particulares: alemanes (Garnica, 1992; Biermann, 2001); franceses (Lotero, 1992; Barreto, 2009); italianos (Capelli, 2006); japoneses (Sanmiguel, 2006; Hincapié, 2011; Arango, 2011); sirios, libaneses o palestino (Fawcett, 1991; González, 1997; Rhenals & Flórez, 2008); judíos (Bibliowicz, 2001). A inmigrantes en general en períodos cortos (Ordóñez, 1987; Colombia, 2017); o a síntesis históricas, destacando algunos grupos nacionales, regionales o étnicos (Wabgou, Vargas & Carabalí, 2012). Además, hay otra serie de trabajos, cuyo número crece con rapidez, sobre la inmigración venezolana reciente, que ha cambiado de manera radical la relación del país respecto a las migraciones internacionales, y lo ha llevado de ser, fundamentalmente, de origen, a constituir un destino y tránsito importante (Bermúdez, Mazuera-Arias, Albornoz-Arias & Morffe, 2018; Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento/Banco Mundial, 2018; Mejía & Quintero, 2018; Castro, 2019; entre otros).

En las condiciones descritas, parece pertinente empezar a construir, como de hecho lo hacemos, ese panorama estadístico de 200 años de inmigración, que nos adelantamos a calificar como de baja intensidad y que ya es historia, como referencia de los grandes cambios que la nueva inmigración venezolana ha significado y seguirá significando, por lo menos a mediano plazo.

Dada la amplitud del período por cubrir y las restricciones de tiempo y de recursos para hacerlo, la mirada la centramos en unas pocas variables, consideradas clave para el propósito: la cantidad o acervo de inmigrantes residentes en el país en distintos momentos (“stocks”); los “saldos migratorios” (entradas de extranjeros menos salidas, como aproximación a los flujos netos); los lugares de origen en el exterior y de asentamiento en Colombia; y el sexo. Al respecto, logramos colocar algunas piezas de rompecabezas, que permiten una primera visión, aún borrosa y fragmentada. La tarea para obtener mejores aproximaciones queda pendiente y exigirá regresar no solo a las mismas fuentes que consultamos, sino a otras no procesadas, como libros o planillas de registros de visados y carpetas de inmigrantes, alguna parte de lo que parece existir en el Archivo Nacional.

Dentro de las muchas otras variables disponibles en las fuentes consultadas y que no aprovechamos, por la discontinuidad de las series o la referencia solo a períodos cortos, están la edad, la profesión, el estatus migratorio, la mortalidad, la natalidad y la nupcialidad de los inmigrantes. Dada la importancia mayor de estas variables en la comprensión de la inmigración a Colombia, es una tarea pendiente volver a ellas para echar luces sobre los lapsos a los que se refieren.

Fuentes y anotaciones metodológicas

Las fuentes básicas de cifras fueron de dos tipos. En el primero están los informes de censos nacionales de población, de los que se localizaron 11, entre 1843 y 2005, que tenían datos relacionados con extranjeros, categorizados, en general, por el lugar de nacimiento. A partir de estos informes se conocieron los stocks totales1. En algunos, se encontró información sobre origen, lugar de residencia y sexo. Salvo el caso de 2005, que fue consultado en línea, a través de la aplicación Redatam, para todos los demás se utilizaron las copias pdf, disponibles en la biblioteca virtual del Departamento Nacional de Estadística (DANE) y en algunos otros sitios.

El segundo tipo de fuentes lo constituyen las estadísticas de entradas y salidas de viajeros al país, disponibles, de manera casi continua, desde 1926, primero como parte de los anuarios estadísticos generales de Colombia, publicados sucesivamente por la Contraloría de la República, la Dirección Nacional de Estadística y el DANE; posteriormente, como parte de los anuarios demográficos, también del DANE; hasta llegar a ser objeto de anuarios especializados, publicados por el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) y por Migración Colombia, que ha permitido el acceso a sus datos a través de su portal, con el aplicativo Tableau.

Al incluir a todas las personas que cruzan un puesto de control, los totales de los registros de entrada de extranjeros (que normalmente son identificados) no dan cuenta de la inmigración (quiénes llegan para establecer residencia, permanente o temporal, en el país), pues incluyen, entre otras categorías que constituyen la mayor parte de los registros, a los que ingresan con propósitos turísticos, de negocios, o de visita a familiares. A esto se suma que lo identificado son movimientos y no personas, muchas de la cuales ingresan (y salen) varias veces en el mismo período. Algo semejante ocurre con los registros de salida de extranjeros, que involucran los movimientos de todas las categorías referidas, además de inmigrantes que viajan temporalmente fuera del país o en plan de retorno a su patria o de remigración a un tercer país.

Por otro lado, aunque, en algunos casos las estadísticas del motivo de viaje informado por el viajero son presentadas en los informes, la continuidad de esta información, además de la variabilidad de las categorías del motivo y la veracidad de lo informado por el viajero, en particular si se trata de un migrante que no cuenta con la visa respectiva, hacen inviable la construcción de series largas a partir de los datos desagregados sobre el motivo de viaje.

Como una alternativa práctica para estudiar los procesos de inmigración al país (al igual que los de emigración), surgen los saldos migratorios, entendidos como la diferencia entre el número de entradas y el de salidas de extranjeros, que pueden interpretarse como un acercamiento a la variación de la cantidad de inmigrantes asentados en el país (acervo o stock), ocasionada, simultáneamente, por la llegada de nuevos y la partida de otros asentados en períodos previos, que incluyen retornos a los países de origen o remigraciones a terceros.

Debe tenerse en cuenta también, que, tratándose de saldos anuales, una migración de duración inferior a doce meses, que ocurre dentro del mismo período, no se incluye en el saldo, al cancelarse el movimiento de entrada con el de salida. También ocurre que entradas de no inmigrantes se dan en un período, mientras la salida se registra en el siguiente, lo que implica que aumenten el saldo de inmigrantes del año de llegada y reduzcan el del año siguiente, produciéndose cierta compensación.

También, los saldos tienen limitaciones en la cobertura, al no incluir a las personas que no cruzan por los puestos de control, cuyo número tiende a crecer, con lo que se deduce el subregistro, como ocurrió cuando en Colombia se pasó de considerar solo los movimientos a través de los puestos marítimos por contabilizar, además, el paso por controles terrestres, fluviales y aeroportuarios.

En consecuencia, los saldos no indican valores exactos de impacto en el cambio de los stocks de inmigrantes del período para el que se calcularon, pero proporcionan un muy buen acercamiento a las variaciones en períodos cortos, por lo menos en sus órdenes de magnitud, y más en las tendenciales de los stocks de inmigrantes que cruzan por los puestos de control. Esta inclusión es la que explica la posibilidad de saldos negativos, que surgen cuando los que salen superan a los que habían llegado en el período, con un efecto de reducción del stock de inmigrantes con el que se empezó el año.

Al construir la serie, se notó la ausencia de datos para varios años, entre ellos 1948, 1950, 1970, 1971 y 1972, que no fueron publicados, además de otros que no localizamos, sin tener noticia acerca de si habían sido publicados o no. Casos especiales fueron los de 1974 y 1980, cuya información desagregada por nacionalidad informaba de saldos completamente atípicos (124.000 y 213.000), que hacen pensar en errores del procesamiento o edición para las publicaciones, por lo que se tomó la decisión de prescindir de ellos en la construcción de la serie. La veracidad de tales valores implicaría la ocurrencia de hechos muy especial durante esos años, que, en este momento, no logramos identificar.

Se observaron algunas inconsistencias en el interior de un mismo anuario (valores distintos para la misma variable), como entre los datos de los anuarios de los años correspondientes y los contenidos en las recopilaciones de cortos períodos hechos en anuarios posteriores, boletines o publicaciones especiales de las mismas fuentes. Las últimas podrían deberse a revisiones de errores o a la inclusión de datos traspapelados o llegados a destiempo. En la medida de lo posible, fuimos ajustando nuestra información a las estadísticas más recientes, pero, cuando el nuevo dato encontrado significaba la inversión de tiempo importante (en el marco de una investigación contra el reloj), no había diferencia en los órdenes de magnitud y no variaban las tendencias, se dejó el dato ya consignado.

Primera mirada panorámica

Al observar los resultados censales, se evidencia la poca importancia cuantitativa que históricamente había tenido la inmigración antes de la llegada masiva reciente de venezolanos, tanto en términos absolutos, como relativos respecto a la población total del país, con un pico algo por encima de 160.000 en el censo de 1985 y participaciones máximas de 6.5 por mil, dentro de ese total, en el mismo año y en 1938 (ver tabla 1). Dada su concentración en algunas pocas ciudades, cabe decir otra cosa respecto a ellas, como se verá adelante.

Tabla 1. Colombia, residentes nacidos en el exterior, según datos censales y número de ellos por 1000 habitantes, 1843-2018


*Solo hombres

Fuente: elaboración propia, a partir de informes censales, Anexo 1.

Por otro lado, el comportamiento de los saldos conocidos muestra que hasta 1968 estuvieron siempre por debajo de cinco mil (figura 1) y que en 1966 se inicia una fase de crecimiento que lleva a un período donde predominan valores significativamente más altos, hasta el último año estudiado. Visto a través de los promedios de los saldos conocidos, mientras entre 1926 y 1965 el valor medio fue de 999, de 1960 a 2015 llegó a 29.081.

Figura 1. Colombia, saldo migratorio anual de los extranjeros (no nacionales colombianos), 1926-2015


Fuente: elaboración propia a partir de los anexos 1 y 2, además de otros de los informes estadísticos, para los datos de los años no incluidos en los anexos.

La disposición asimétrica de información y la diferencia de comportamiento de los saldos que se acaba de ver, entre otras cosas, nos llevan a dividir el análisis siguiente en cuatro subperíodos: de 1819 a 1899; de 1900 a 1925; de 1926 a 1965; y de 1966 a 2015. A continuación, se detalla cada uno de ellos.

Inmigración durante el siglo XIX

Colombia inició la vida como país independiente en 1819, cuando, junto con Venezuela y Ecuador, que continuaba bajo el dominio español, se conformó, en el Congreso de Angostura, la República (Colombia, 1819), conocida popularmente como la Gran Colombia, a la cual se unió Panamá en 1821. Venezuela y Ecuador se separaron en 1830 y Panamá en 1903.

Desde sus comienzos, la nueva república fue favorable, con algunas condiciones, a la llegada de extranjeros. Como compensación por el apoyo económico a la causa independentista, en 1819 el Gobierno confirió a los judíos de las Antillas, especialmente de Curazao, la posibilidad de establecerse en la costa del Caribe, con los mismos derechos de los nacionales y la garantía del libre ejercicio de su religión (Bibliowicz, 2001). De manera general, en la primera Constitución, se estipuló que serían colombianos los no nacidos en el país que obtuvieran carta de naturaleza (Colombia, 1821, art. 4).

Pronto se pasó de la aceptación de la inmigración a su promoción, como mecanismo de ocupación del territorio y crecimiento demográfico y en 1823 se definieron normas claves al respecto. Una primera incentivaba, mediante la oferta de tierra y de naturalización al establecerse, la llegada de labradores y artesanos europeos y norteamericanos (Colombia, 1823a).

Días después, se ofreció la naturalización a “todos los nacidos fuera del territorio de Colombia”, que, entre otras cosas, llegaran con “algún jénero de industria ú ocupación útil de que subsistir” (sic) y se establecían reducciones de ese tiempo en función de algunas condiciones, con la adquisición de un bien inmueble por valor de cuatro mil pesos como la más ventajosa, pues eximía de cualquier tiempo de residencia para la carta de naturaleza (Colombia, 1823b).

Pasados unos años, ya separados Venezuela y Ecuador, Colombia (en ese entonces con el nombre de Nueva Granada) dio muestras de cómo el acogimiento de extranjeros alcanzaba a personas en busca de refugio. En 1835 el secretario del Interior y Relaciones Exteriores dirigió una circular a los gobernadores, pidiéndoles organizar una colecta para auxiliar a más de 800 ecuatorianos que habrían llegado al país, como consecuencia de enfrentamientos políticos en Ecuador; los recursos acopiados se sumarían a otros que el Congreso aprobaría (Nueva Granada, 1835a)2.

Además de lo anterior, y haciendo eco de lo que parecía ser un consenso nacional, la expedición de normas legales incentivando y facilitando la inmigración se extendió durante todo el período, con argumentos y motivos distintos. Buena parte del esfuerzo se orientó a incentivos para la colonización, de los que, en algunos casos, también se beneficiaban los nacionales, pero también hubo algunas normas referidas a la contratación, como obreros asalariados, de culíes de la India y de chinos (Mejía, 2011). Refiriéndose solo a los “más importantes”, Brigard (1914) relacionó 31 leyes y 4 decretos, expedidos entre 1823 y 1893, sobre los asuntos mencionados.

Hacia la mitad del siglo, las facilidades e incentivos no mostraban frutos significativos y los inmigrantes no llegaban a dos mil, como lo indican los resultados de los censos de población de 1843, primero en contabilizar los extranjeros (Rueda, 2012) y de 1851 (ver tabla 1). Mientras tanto, los datos de la población total significaban, en un país de 2.680.000 kilómetros cuadrados3, densidades inferiores a un habitante por kilómetro, y la baja ocupación del territorio siguió alimentando durante el resto del siglo XIX los argumentos de quienes deseaban la inmigración con distintos propósitos.

Dentro de los inmigrantes asentados, la mayoría debió ser masculina durante todo el período, si se tiene en cuenta que, en el censo de 1851, único dato que tenemos disponible sobre la proporción por sexo en el siglo XIX, las mujeres apenas representaban el 20.7 % y solo llegaron a superar a los hombres en el censo de 2005 (ver Anexo 1). Tal situación coincide con una de las calidades de la inmigración que se definía en las normas, que casi siempre hacían mención explícita de los hombres, mientras “las mujeres, acorde con la condición de abierta discriminación de que eran objeto en la época, sólo aparecían como componentes del hogar de los migrantes, que, se entendía, eran los varones, aunque en algunas normas se hacía referencia a ‘familias migrantes’ ” (Mejía, 2011, p. 3). No obstante, teniendo en cuenta el escaso éxito de los planes oficiales de promoción de la inmigración, no cabe esperar que se tratara de una relación causal.

En el origen nacional, los dos censos mencionados muestran una distribución semejante, aunque es notorio el incremento venezolano, que pasa a ocupar el primer lugar, desplazando a la inmigración británica (figura 2). En 1851, la participación de los seis países europeos identificados (41 %) era casi igual a la de Venezuela y Ecuador juntos (40.2 %), como se desprende de los datos relacionados en el Anexo 1.

Figura 2. Colombia, distribución de la población extranjera censada por nacionalidad, 1843 y 1851


Fuente: elaboración propia, a partir de Anexo 1.

La llegada de europeos, por lo menos españoles, italianos y alemanes, se mantuvo hasta fines del siglo, si se considera que durante su último decenio mostraron un saldo anual promedio de 226, según los datos de la tabla 2.

Tabla 2. Colombia, promedio anual estimado de llegada de inmigrantes españoles, italianos y alemanes, por períodos, 1882-1899


Fuente: elaboración propia a partir de datos de McGreevey (1965, citados por Cardona et al., 1980, p. 20)4.

Con respecto a las áreas de asentamiento, el censo de 1851 también brinda información para los 1527 extranjeros que contó: 456 en Santander, casi todos venezolanos, principalmente en Cúcuta; 377 en Panamá, casi todos norteamericanos; 157 (ingleses y franceses, 6 alemanes) en Bogotá; 70 en la provincia de Mariquita, principalmente en Ambalema; 110 en Riohacha, presumiblemente de Curazao; y el resto, 116, “diseminado en números insignificantes” (Camacho, 1923, p. 254).

En Panamá, la construcción del ferrocarril transístmico fue motivo para la llegada, en marzo de 1854, de 705 trabajadores chinos para la Panama Railroad Company, según lo informó el Panama Herald del 1 de abril. La mortalidad entre este contingente, que fue instalado en un campamento aislado en medio de la selva, denominado por los nativos Matachín o Mata chino, fue tanta que la compañía contratante decidió “trasladar a los supervivientes, y canjearlos por trabajadores negros de Jamaica” (Tam, 2005, p. 12).

Para 1881, cuando el suizo Ernst Rothlisberger llega a Colombia como profesor de la Universidad Nacional, a su paso por Barranquilla hace comentarios que indican un posicionamiento importante de los inmigrantes en la ciudad, coincidente con una etapa significativa de desarrollo de sus comunicaciones, que la condujo a ser el centro del tráfico comercial del país:

En Barranquilla me encontré también con algunos suizos (comerciantes y relojeros) en cuya compañía vi con detalle las cosas notables de la ciudad. Estas eran, en primer lugar, el Hospital, situado en las afueras de la población y regentado ejemplarmente por piadosas hermanas francesas, donde se atiende con carácter gratuito a enfermos de todos los países […] la ciudad tiene un gran futuro, y ello se lo debe no en último lugar al influjo de los acreditados comerciantes extranjeros. Barranquilla es la plaza donde los inmigrantes se han adaptado más rápidamente, contribuyendo mucho a su embellecimiento y mejoras. (Rothlisberger, 1963, pp. 11 y 14)

Quizás, entre los extranjeros que Rothlisberger encontró en Barranquilla estaban ya los primeros sirio-libaneses que entraron al país, que, según Fawcett (1991), llegaron a la ciudad durante la misma década. De esos primeros sirio-libaneses, que también se habían asentado en Cartagena, surgieron quienes empezaron a remontar el río Atrato, llegando hasta Quibdó y otros sitios, donde establecieron negocios y familias (González, 1997), por lo que en el censo de 1912 ya se encontrará un grupo representativo de inmigrantes en el Chocó.

Por otro lado, la estimación del mismo Rothlisberger de la población extranjera en Bogotá indicaría que ella no había crecido mucho desde el censo de 1851:

Los extranjeros no son numerosos en Bogotá. Por la mitad de los años ochenta, su cifra no pasaba, sin duda, de los doscientos. Alemania estaba representada por comerciantes e investigadores; Francia, por una muy unida y densa colonia de gente dedicada al comercio por mayor o menor, peluqueros, confiteros, hoteleros... y también algunos aventureros auténticos; Italia, por arquitectos, modelistas, comerciantes, estañadores y zapateros remendones; Suiza tenía solo dos o tres súbditos en el país. (Rothlisberger, 1963, p. 90)

Primer cuarto del siglo XX

Para este subperíodo solo se dispone aquí de los datos censales de 1912, que, como se dijo atrás, fueron publicados con algún detalle solo para los hombres, de los que reportaron 9052 inmigrantes, 687 (7.6 %) nacionalizados (Colombia, 1912). Si se asume una participación de las mujeres cercana al 36 %, encaminándose al 43 % encontrado en 1938, su número sería de unas 5.000 y el total de inmigrantes de alrededor de 14.000.

Como única información de la nacionalidad de los inmigrantes, contamos con la tabla 3, continuación de la 2, que permite afirmar que la llegada de españoles, italianos y alemanes creció durante el período y que entre 1900 y 1924 entraron, cada año, en promedio, 793 de las tres nacionalidades.

Tabla 3. Colombia, promedio anual estimado de llegada de inmigrantes españoles, italianos y alemanes, por períodos, 1900-1924


Fuente: elaboración propia a partir de datos de McGreevey (1965, citado por Cardona et al., 1980).

En relación con la distribución en el territorio, resalta el alto nivel de concentración en los departamentos costeros, propiamente, con puertos, y los que tienen fronteras terrestres en áreas con poblaciones importantes, con muy poco avance sobre el centro del país. Solo Norte de Santander, Bolívar (del que hacían parte Córdoba y Sucre) y Atlántico, concentraban un poco más del 70 % de los extranjeros (ver tabla 4).

Tabla 4. Colombia, distribución porcentual de los hombres inmigrantes censados, por departamento de residencia, según división administrativa actual, 1912


Fuente: elaboración propia a partir de datos de Colombia (1912).

Cuando se desciende al nivel municipal (tabla 5), se encuentran sitios en los que la participación de los inmigrantes pierde la poca importancia que se declaró atrás que tenía en lo nacional, donde no llegaba al 1 % (apenas 3.2 por mil) y se convierte en participaciones tan altas como la de Cúcuta, que debieron tener un impacto grande en muchos campos del desarrollo local5. La proporción de Bogotá, aún con ser la última de la tabla y estar muy alejada de las de los otros sitios mencionados, equivalía a tres veces la cifra nacional.

Tabla 5. Colombia, participación de los hombres inmigrantes dentro de la población masculina total de algunos municipios, 1912


Fuente: cálculos propios a partir de Colombia (1912).

Durante todo el subperíodo, el país insistía en la promoción de la inmigración, ligada, sobre todo, a la estrategia de colonización, como lo evidencia el que se creara en el Ministerio de Obras Públicas, a cuyo cargo estaba la adjudicación de tierras baldías, el Departamento General de Inmigración en la República (1905). Lo anterior se dio en medio de planteamientos y normas eugenésicas y discriminatorias, que buscaban impedir el ingreso de inmigrantes que por sus condiciones físicas o étnicas fueran “motivo de preocupaciones” (Mejía, 2011).

Antes de pasar al subperíodo siguiente, debe considerarse que, durante el que se está terminando de analizar ocurrieron dos circunstancias que deben haber impactado los valores de las variables migratorias observadas, particularmente la dimensión y la procedencia de la inmigración, sin que se disponga aquí de datos para evaluar los mencionados impactos. Ellas fueron: la separación de Panamá, en 1903, y la Primera Guerra Mundial, entre 1914 y 1918.

La separación de Panamá, además de reducir el número de inmigrantes totalizados en el país, seguramente afectó el peso relativo de las nacionalidades, como debió ocurrir con la china, cuya importancia era grande en el istmo.

Con respecto a la guerra, es factible que haya incidido, como sucedió con la emigración colombiana, a través de la menor frecuencia en el transporte marítimo internacional y del mayor acercamiento comercial entre Colombia y Estados Unidos, ante las dificultades ocasionadas por el conflicto, para el abastecimiento de materias primas y equipos en Europa (Mejía, 2019); o por razones tan especiales como la de un tal Víctor Gouffray, que viajó a enlistarse en los ejércitos franceses y regresó al terminar la guerra (Barreto, 2009).

Con el acercamiento comercial entre Colombia y Estados Unidos ocasionado por la guerra6, llegaron las influencias culturales y políticas, que terminarían afectando la composición de la inmigración al país. Con respecto a lo cultural, los hijos del suizo Rothlisberger, que deshicieron los pasos de su padre, y se asentaron años después en Bogotá, se referían a mediados de los años veinte, al anotar una edición del libro paterno:

Si nuestro padre comienza la descripción de la vida cultural de Colombia con la llegada del correo del extranjero, desea presentar así, en una acertada estampa, los fuertes vínculos espirituales que unen a Colombia con Europa. Queremos suponer que los perfeccionados medios de comunicación de nuestro tiempo —que hacen que un telegrama llegue a Bogotá al día siguiente, y una carta por avión en menos de tres semanas— han debido de estrechar en gran medida las relaciones espirituales con el Nuevo Mundo. Esta lógica consecuencia no es necesariamente exacta, por cuanto la enorme influencia económica de los Estados Unidos se hace también perceptible en el orden cultural. Cierto que Colombia está muy lejos de permitir el desplazamiento de su clásico español ni aun siquiera dejar que se impregne de expresiones inglesas; pero no puede negarse que la prensa obtiene sus noticias por mediación norteamericana y que ello, en cierto sentido, determina una influencia sobre la opinión pública. De este modo, por ejemplo, la situación europea se describe en Colombia tal como la acostumbra a ver el ciudadano común en los Estados Unidos, de lo que a veces resultan lamentables prejuicios. (Rothlisberger, 1963, p. 156)

Inmigración 1926-1965

Durante este subperíodo, el stock de inmigrantes, reflejado en los cuatro censos correspondientes, cuyos resultados se presentaron en la tabla 1, mostró tendencia al crecimiento, aunque descendió entre 1938 y 1951.

Al contrastar los saldos anuales (tabla 6) con las variaciones intercensales (21177 de 1928 a 1938; -9459 de 1938 a 1951; 27094 de 1951 a 19647), afectadas no solo por las entradas y salidas, sino también por la mortalidad, se observa que los órdenes de magnitud (centenas o pocas decenas de miles) y las tendencias de los saldos parecen, a primera vista, consistentes con los que se requerirían para que ocurrieran tales variaciones.

No obstante, es claro que los saldos subestiman la contribución de los ingresos y egresos a los cambios de stock, que podría deberse a dos circunstancias: los subregistros de entradas y salidas y al hecho de que los nacidos en el exterior que se nacionalizan no son tenidos en cuenta como extranjeros en los registros migratorios, o sea que se está frente a dos categorías cercanas pero distintas. En tales condiciones, podrían redefinirse los saldos migratorios como una cota mínima de las variaciones de los stocks, con los mismos órdenes de magnitud de estas.

Tabla 6. Colombia, saldos migratorios anuales de extranjeros (entradas menos salidas de no nacionales colombianos), 1926-1965


Fuente: elaboración propia a partir del Anexo 2.

La Gran Depresión, iniciada en 1929 y continuada durante la década del treinta, así como la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) tuvieron manifestaciones globales, incluso migratorias, que afectaron los flujos y stocks de extranjeros en Colombia, cuyas variaciones podrían explicarse, en buena medida, por la dinámica de ambos hechos, particularmente del segundo.

Con referencia a la guerra y al ascenso del nacional socialismo asociado a ella, cabe decir que la persecución de los judíos por el nazismo en Alemania y su continuación en los países ocupados hizo que muchos de ellos y otras personas de esos países emigraran a territorios que consideraban seguros, incluso a Colombia. Avanzada la guerra, al entrar Estados Unidos, Colombia se alineó en el bando de los Aliados, estableció restricciones importantes a la inmigración y definió medidas de vigilancia y control sobre los inmigrantes de los países del Eje (Alemania, Italia y Japón) y sus “simpatizantes”, que obligaron o indujeron a la salida del país de muchos europeos.

Enfocando la mirada en los alemanes, Biermann, con las cifras de los anuarios, mismas fuentes de nuestros saldos, contrastadas con otras, incluso alemanas, presenta la siguiente narrativa de lo ocurrido con ellos en Colombia en la época referida, que se refleja en la figura 3:

El año de mayor afluencia de inmigrantes alemanes es 1938 […]. A partir de 1939 el número desciende […]. Es de suponerse que la marcada disminución de inmigrantes alemanes que comienza en el 39 se debe a una muy fuerte restricción al número de permisos de entrada al país. Además, es el año del estallido de la Guerra. En 1941 se proclama la ruptura de relaciones diplomáticas entre Colombia y el Tercer Reich lo que da comienzo, en 1942, a la expatriación de muchos alemanes […]. Debe observarse, además, que 1943 es el año en que se declara el estado de beligerancia entre la Alemania de Hitler y Colombia… (2001, p. 75)

Figura 3. Colombia, saldos migratorios anuales de nacionales alemanes, 1926-1955


Fuente: elaboración propia a partir del Anexo 2.

La narrativa puede complementarse con la vinculación de italianos y japoneses, con extractos de Sanmiguel (2006, p. 90):

Sobrevino el ataque aéreo a Pearl Harbor y luego la Guerra del Pacífico, lo que afectó a los japoneses que estaban viviendo en los países extranjeros. Colombia rompió relaciones diplomáticas con Japón un día después de lo ocurrido en Hawai. Las reuniones de los de Barraquilla se terminaron, puesto que quedó prohibido que se reunieran más de tres japoneses. Los habitantes del Valle del Cauca perdieron la libertad de movimiento sin el salvoconducto expedido por la Policía. Colombia permitió la repatriación de todos los funcionarios de la Legación japonesa y de otros residentes a través de los Estados Unidos. […] Algunos de los inmigrantes de la colonia El Jagual y otros pocos de Barranquilla fueron detenidos y trasladados al Hotel Sabaneta en Fusagasugá. El hotel fue convertido en un campo de internamiento para los ciudadanos alemanes, japoneses e italianos hasta que terminó la guerra en Europa y Asia. Los últimos en abandonar el lugar de detención, de la cual tuvieron que pagar los gastos de hospedaje y alojamiento, fueron los japoneses. El 6 de septiembre de 1945, cuatro días después de que el General MacArthur aceptara la declaración formal de la derrota de Japón, los dejaron en libertad.

En suma, para los japoneses residentes en Colombia, la guerra no significó otras cosa que sufrimientos, separación de las familias y dificultades económicas. El cierre del crédito y las transacciones bancarias, la congelación de sus bienes y la inclusión de sus nombres en la llamada lista negra, significó pérdidas de lo que con tanto esfuerzo y sacrificio habían alcanzado con su trabajo. En algunas partes les negaron hacer las compras y en las calles les profirieron palabras ofensivas.

Algunas normas de control sobre poblaciones extranjeras, que incluían administración fiduciaria de sus bienes por parte del Estado, como los decretos 59 y 147 de 1942, no hacían referencia solo a naturales del Eje, sino a “los nacionales de las siguientes naciones y de sus colonias y territorios bajo mandato: Alemania, Italia, Japón, Polonia, Checoslovaquia, Austria, Bélgica, Holanda, Francia, Dinamarca, Noruega, Luxemburgo, Yugoeslavia, Grecia”, incluyendo, así, los países europeos ocupados por Alemania, con lo que el número de inmigrantes afectados se ampliaba.

También podría relacionarse, aunque en menor medida, la guerra civil española (1936-1939) y la inmigración de refugiados europeos de la guerra mundial, gestionada por el Comité Internacional para las Migraciones Europeas (CIME), hoy OIM, al cual Colombia anunció formalmente en 1953 su disposición de adhesión (Mejía, 2011). Se ha estimado que, entre febrero de 1952 y marzo de 1974 (ya en el subperíodo siguiente), llegaron, con la intermediación del CIME, 7094 profesionales y técnicos europeos con sus familias, 40.8 % españoles (Rueda et al., 1974).

Cabe resaltar que el Decreto 1697 de 1936, aclarado por el 398 de 1937, al nombrar las nacionalidades de quienes podían ingresar a Colombia, con el cumplimiento de algunos requisitos, estableció, en la práctica, restricciones para las no mencionadas, entre las cuales estaban: búlgaros, estonios, griegos, letones, lituanos, polacos, rumanos, rusos, turcos, libaneses, sirios, palestinos, chinos, marroquíes, egipcios, árabes, filipinos y mesopotámicos, de los cuales se contabilizaron 15.631 en el censo de 1938 (Colombia, 1942).

Figura 4. Saldos promedio anuales positivos, por territorio de nacionalidad, y contribución acumulada a la inmigración total, 1926-1965


Fuente: elaboración propia a partir del Anexo 2.

Al ordenar en un diagrama de Pareto los valores medios (positivos) de los saldos por nacionalidad de los inmigrantes durante todo el periodo, se tiene la contribución media de cada país y el acumulado porcentual en la curva (figura 4). En este caso, se destaca que España, Venezuela, Ecuador y Norteamérica (mayoritariamente Estados Unidos) aportaron cerca del 50 %.

Los stocks de los que conocemos la distribución por sexo muestran una creciente participación femenina: 42.6 % en 1938; 43.9 % en 1951; y 45.5 % en 1964 (Anexo 1). Pero con diferencias importantes por nacionalidades, entre las que se destaca, por lo baja, el caso de Italia (figura 5), que se mantendrá, como se verá adelante, hasta el censo de 2005.

Figura 5. Colombia, participación porcentual de las mujeres dentro de la población censada nacida en el exterior, 1951 y 1964


Fuente: elaboración propia a partir de datos de Anexo 1.

En la tabla 7 se evidencia una paulatina e importante interiorización de la inmigración, a costa de la pérdida del predominio de las áreas costeras del Atlántico, próximas a los puertos marítimos de entrada y de Norte de Santander, proceso que, entre otras circunstancias, debió ser favorecido por el desarrollo de la aviación comercial y la facilitación de la llegada al centro del país. Bogotá/Cundinamarca, Valle y Antioquia, concentran en 1964 la mitad de los nacidos en el exterior.

Tabla 7. Colombia, distribución porcentual de inmigrantes censados, por departamento de residencia, según división administrativa actual, 1938, 1951 y 1964


Fuente: elaboración propia a partir de Colombia (1942, 1954 y 1967).

Inmigración 1966 a 2015

Como lo dijimos al comienzo, las cifras conocidas sobre este subperíodo son, respecto a las del anterior, claramente más altas, aunque la ausencia de un grupo importante de ellas, particularmente saldos migratorios, obliga a tomarlas con cautela. En la tabla 8 se presentan los saldos disponibles, organizados por decenios, para cada uno de los cuales se calculó el promedio de los datos existentes, promedios que, en principio, podría pensarse que constituyen un buen valor para imputar en los casos faltantes.

Tabla 8. Colombia, saldos migratorios anuales de extranjeros (entradas menos salidas de no nacionales), 1966-2015


Fuente: elaboración propia, a partir de los informes estadísticos oficiales relacionados en las referencias.

No obstante, cuando se observa el número de personas nacidas en el exterior en los datos censales del subperíodo, comparado con el promedio de los saldos del período intercensal8, que explicarían esos valores censales (figura 6), se encuentra que, exceptuando 1973, los saldos medios presentados resultan demasiado altos y, si fuesen ciertos, conducirían a stocks de inmigrantes dos o tres veces mayores que los informados por los censos. Lo anterior sugiere, como hipótesis más plausible, que los saldos faltantes tendrían valores significativamente menores a los existentes9, incluso, negativos, y contribuirían a promedios menores, consistentes con las variaciones de las cifras censales.

Figura 6. Colombia, residentes nacidos en el exterior, según datos censales y saldo migratorio promedio del período intercensal previo, 1973 a 2015


Fuente: elaboración propia a partir de Anexo 1 y tabla 7.

Por otro lado, si se tiene en cuenta que los datos faltantes son inmediatamente posteriores a los dos picos más altos (1979 y 1990) es de esperarse, descartando movimientos abruptos, que esos faltantes corresponden a períodos de descenso y que, si dispusiéramos de la información completa, los promedios serían menores que los obtenidos.

En cualquier caso, no es motivo de discusión el que las cifras censales son mayores que en el subperíodo anterior y que los saldos deben ser también mayores, si se piensa solo en la existencia de más puestos de control migratorio y en significativas mejoras tecnológicas en la recolección, transmisión y procesamiento de la información por parte inicialmente del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) y ahora de Migración Colombia, responsables de ello.

Sobre los cambios relativos, queda pendiente la interpretación de los hechos ocurridos, en el país o fuera de él, que motivaron que tanto el valor censal como el saldo promedio experimentaran cambios tan significativos entre 1973 y 1985, así como las circunstancias que condujeron a que cayeran nuevamente en el siguiente período intercensal. Dado que la importancia relativa de los cambios es informada por dos fuentes tan distintas (censo y registros administrativos) y si no se piensa en los valores absolutos, podría descartarse, en principio, la calidad de los datos como explicación de tales cambios.

La participación femenina entre el acervo de nacidos en el exterior encontrado en los censos fue mayoritaria, por primera vez en todo el tiempo analizado, al llegar a 50.1 % en el censo de 2005, después de ser 48.2 % en 1973 y 49.3 % en 1993. Esa participación, que en los próximos años estará definida por las características de la inmigración venezolana, tuvo dentro de los saldos del 2010 a 2015, preámbulo de esa migración, el comportamiento que se observa en la tabla 9.

Tabla 9. Participación porcentual de las mujeres en los saldos migratorios de extranjeros, 2010-2015


Fuente: elaboración propia a partir de Anuarios Migración Colombia.

Por nacionalidades (figura 7), se notan, como en el subperíodo anterior, diferencias en las proporciones de las mujeres y se mantiene, como caso más notorio, el de la inmigración italiana, que se aleja bastante del promedio y merecería una indagación.

Figura 7. Colombia, participación porcentual de las mujeres dentro de la población censada nacida en el exterior, 1993-2005


Fuente: elaboración propia a partir del Anexo 1.

La figura 8, semejante a la usada para el subperíodo anterior para ver la contribución promedio de las nacionalidades a la inmigración, ubica ya a Venezuela como la principal, seguida de lejos por Ecuador y Estados Unidos, con quienes aportaría el 59 % del crecimiento anual del stock de inmigrantes del país. Con las cuatro nacionalidades siguientes (Perú, España, Canadá y Argentina) se llega al 75 %. Los cambios de orden en las nacionalidades, respecto a 1926-1965, sugieren cambios en los patrones migratorios.

Figura 8. Saldos promedio anuales, por territorio de nacionalidad, y contribución acumulada a la inmigración total, 1966-2015


Fuente: elaboración propia a partir de anexos 3A y 3B.

Como en el período anterior, en este también parece alto el crecimiento promedio anual del stock (30305), lo que podría explicarse por variaciones menores en los 20 años de la serie para los que faltan datos. La variación negativa en 1999 muy posiblemente esté asociada con otras negativas o bajas en los años previos o posteriores para los que no se tiene información (ver anexos 3A y 3B). En cualquier caso, al analizar los resultados que entregamos, debe darse preferencia a los pesos relativos y a las tendencias, antes que a los valores absolutos, que deben tomarse con cautela y considerarse apenas como aproximaciones, con niveles de precisión inciertos, a los órdenes de magnitud de lo acontecido en la realidad.

En relación con la localización en el territorio identificada en la última fase del subperíodo anterior, no se observan (tabla 10) grandes diferencias, aunque debe reconocerse algún avance en la interiorización de la inmigración, más notoria en la región paisa, Antioquia y Caldas/Quindío/Risaralda, que ganan representación, en la medida en que otros, como Norte de Santander, la pierden10.

Tabla 10. Colombia, distribución porcentual de inmigrantes censados, por departamento de residencia, 1973 y 2005


Fuente: elaboración propia a partir de República de Colombia (s. f.) y DANE, Censo 2005. Infraestructura Colombiana de Datos.

Conclusiones

Se identificó y acopió un buen número de publicaciones estadísticas oficiales, que, aún con sus limitaciones, particularmente de continuidad temporal de las variables entregadas, tienen un gran potencial para comprender la evolución de la inmigración a Colombia y su contribución a la formación de la(s) identidad(es) nacional(es).

En lo metodológico, puede concluirse que, mediados por la calidad y cobertura de los registros (que han mejorado con el tiempo), los saldos migratorios resultan un buen indicador de las tendencias generales y órdenes de magnitud de la inmigración y de la remigración de los inmigrantes, considerados conjuntamente, lo que quiere decir que no representa ni los valores de la una o de la otra independientes. De igual forma, y mediados también por la calidad y cobertura, orientan sobre la dinámica de variaciones de los stocks de inmigrantes que informan los censos.

En relación con lo que indican los datos, se evidencia la poca importancia cuantitativa que, históricamente, ha tenido la inmigración en Colombia, vista a nivel país, pero, igualmente, la mucha que ha tenido en algunas regiones, le ha permitido jugar un papel importante, en ellas, en muchos aspectos y desde ahí en la formación de la nación colombiana.

Respecto a las otras variables analizadas, cabe el siguiente resumen: solo en el censo de 2005 se observó una mayor proporción de mujeres en los acervos de personas nacidas en el exterior, a lo cual se llegó mediante un proceso de lento pero persistente aumento; en la nacionalidad de la población inmigrante, se observa un gran número de orígenes, con variaciones definidas por muchas circunstancias, con un peso importante de las externas, pero con persistencia histórica de la llegada desde los países limítrofes, en especial Venezuela y Ecuador, así como de España y Estados Unidos; en cuanto a la localización de los migrantes, se destaca su concentración inicial en las áreas próximas a los puertos de entrada y paso terrestres, y a partir de ella una lenta dispersión a otras áreas.

Como tarea, queda pendiente un mayor aprovechamiento de las fuentes estadísticas con las que se trabajó aquí, que contienen muchas variables que no se consideraron, entre ellas, para algunos períodos, las de natalidad, fecundidad y nupcialidad, así como de ocupación y tiempo de estadía. Pero, más allá de las fuentes estudiadas, quedan otras por trabajar, que podrían arrojar luces sobre los períodos en los cuales hubo poca disponibilidad de datos, así como permitir revisar, ajustar y completar los resultados de este trabajo, que, para nosotros, es apenas un comienzo, que nos deja más interrogantes que certezas.

Anexo 1. Colombia, personas censadas nacidas en el exterior, por sexo, según país de nacimiento, 1843-2005


*‘Americanos del Norte’.

Fuentes: las enumeradas en las referencias bajo el subtítulo ‘información censal’.


Anexo 2. Colombia, saldos migratorios anuales de extranjeros por territorio de nacionalidad, 1926-1965


Observaciones: los datos de 1926 a 1932 corresponden a movimientos a través de los puertos marítimos; de 1933 a 1937 a controles en puestos de controles marítimos, fluviales y terrestres; los controles en aeropuertos se iniciaron en 1938, en Barranquilla.

Fuentes: elaboración propia a partir de informes estadísticos oficiales relacionados en la lista de referencias.

Anexo 3A. Colombia, saldos migratorios anuales de extranjeros por territorio de nacionalidad más representados, 1966-2009


*Desagregado por nacionalidades en el anexo siguiente (3B).

Fuentes: elaboración propia a partir de informes estadísticos oficiales relacionados en la lista de referencias.

Anexo 3B. Colombia, saldos migratorios anuales de extranjeros por territorio de nacionalidad, desagregación de la categoría “Resto”, del Anexo 3A, 1966-2009


Fuentes: elaboración propia a partir de informes estadísticos oficiales relacionados en la lista de referencias.

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* Agradecimientos a Lina Montoya por su apoyo en la búsqueda de fuentes en Bogotá y a Luis Enrique Restrepo por su contribución en el procesamiento y complementación de los datos.

** Grupo de Investigación en Movilidad Humana de la Universidad Tecnológica de Pereira.

1 Exceptuando el de 1912, dado que el informe censal disponible solo tenía desagregada la información para los hombres, incluyendo el lugar de nacimiento.

2 El nivel de permanencia de estos refugiados no debió ser mucho, si se tiene en cuenta que, de los 59 relacionados como ingresados por Tumaco, en fecha cercana a la de la circular solo nueve permanecían, o manifestaban intención de permanecer, en territorio colombiano (República de Nueva Granada, 1835b).

3 Equivalencia de las 115.000 leguas cuadradas informadas en la Constitución de Angostura (Colombia, 1819: art. 2°).

4 Después de concluido el capítulo, tuvimos acceso directo a los datos de McGreevey (1965) y hemos pensado que el método que utilizó para llegar a las cifras que citan Cardona et al. sugiere cierta cautela en el uso.

5 Respecto a Barranquilla, el mismo informe del censo (Colombia, 1912) decía: “El creciente desarrollo comercial e industrial lo debe a la acumulación de gentes de otros pueblos de la República, y muy particularmente a los extranjeros” (p. 84).

6 Debido a las dificultades para el transporte de mercancías entre Europa y América, que supieron aprovechar los abastecedores estadounidenses.

7 Calculados a partir del Anexo 1.

8 Datos obtenidos al dividir la sumatoria de datos disponibles por el número de años correspondientes a esos datos.

9 Por supuesto, puede pensarse en otras explicaciones, como el subregistro de los inmigrantes en los censos, o la sobreestimación de los saldos existentes.

10 Que para la fecha debe haber recobrado ya por las nuevas oleadas de vene - zolanos.

Migración interna en Colombia: entre la búsqueda de oportunidades y el desplazamiento forzado
CHRYSALIDE DUARTE CASTRO
LINA MONTOYA CARRIZOSA
FELIPE ANDRÉS ALIAGA SÁEZ*
Introducción

En el presente capítulo se dará cuenta de los principales flujos migratorios internos en Colombia, flujos que se originaron a causa de hechos violentos durante el conflicto armado, así como por dificultades económicas y sociales sobre la población colombiana. La elaboración de este texto cumple un rol fundamental, debido a que conocer la movilidad geográfica de la población de un país resulta de vital importancia para la planeación social y económica. A pesar de que la información demográfica del país es a veces limitada, es importante dar cuenta de que los análisis propuestos por instituciones como el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el Departamento Nacional de Planeación (DNP) y el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), quienes cumplen un papel fundamental. En el presente capítulo se hará un recuento de la migración interna en Colombia, apoyado en los censos de población.

El análisis demográfico en el país puede ser visto desde dos factores principales: las migraciones involuntarias, tomando en consideración el desplazamiento interno forzado iniciado durante la conocida época de La Violencia, periodo en el que la vida en muchos de los campos colombianos se hizo prácticamente imposible, la producción agropecuaria se redujo a niveles mínimos y se inició un proceso paulatino de desplazamiento forzado y despoblamiento de las áreas rurales. Por otro lado, el segundo factor, las migraciones voluntarias, donde surgió la necesidad de laborar en mejores condiciones, ocasionando migración desde el campo a la ciudad.

La evolución de la migración interna

A continuación se presentarán datos estadísticos e históricos sobre estos factores. Considerando la situación vulnerable que vivió el país a mediados del siglo XX y principios del siglo XXI, es fundamental dar cuenta de lo presentado por medio de los censos poblacionales y publicaciones por parte de distintas instituciones. Si bien se da por hecho la existencia de La Violencia en el país, es fundamental mencionar los acontecimientos específicos que generaron este desplazamiento: tensión política, presencia de grupos guerrilleros, narcotráfico, extorsión, masacres, violación de derechos humanos, entre otros. Además, retomando el segundo factor, las migraciones voluntarias, es importante considerar las situaciones en donde la población migró por otras necesidades, entre ellas, encontrar mejores oportunidades de trabajo y vivienda. Las migraciones voluntarias se definen por el cambio de residencia y se explican por una gama amplia de motivaciones, desde razones culturales (religión, idioma, etnia, etc.) y sociales (reunirse con la familia o amigos, acceso a educación, etc.) hasta razones netamente económicas (mayores salarios, mejora en la calidad de vida, etc.) pero, en general, dependen en mayor medida de estas últimas (Dureau & Flórez, 1997).

Teniendo en cuenta que los datos presentados provienen de los censos de población realizados en el país, en un primer momento se tendrá en cuenta el texto publicado por Ciro Leonardo Martínez Gómez sobre las migraciones internas en Colombia, un análisis territorial y demográfico según los censos 1973 y 1993. Una primera observación es que los datos censales indican que hasta finales de la década de 1930 más de dos terceras partes de la población colombiana vivían en los campos. Dentro de este texto, con el fin de evidenciar el proceso migratorio, se exponen diferentes etapas como factores causales de la migración. A principios de la década de 1950 el país continuaba siendo rural, con el 60 % de su población viviendo en áreas de este tipo, pero el conflicto social se estaba generalizado y se apreciaban los primeros impactos de una tendencia a la urbanización.

Por otro lado, Granados (2010) confirma que, dentro del formato censal del DANE en 2005, se puede observar un interés en conocer las tendencias y dinámicas migratorias de la población. Una pregunta enfocada a ello era la referente al cambio de residencia en los últimos 5 años. Cuando la respuesta era positiva, se indagaba sobre la razón y los datos consolidados arrojaron las siguientes respuestas: 49,8 % de la población había cambiado de residencia por razones familiares; el 25,8 % por otras razones no específicas; el 15,2 % por la dificultad para conseguir trabajo; 3,4 % por necesidad de educación; el 3,0 % por amenazas a su vida; 1,6 % por salud y 1,1 % por riesgo de desastre natural.

Por otro lado, la autora también llega a la conclusión de que, al observar las estadísticas del cambio de residencia, se puede observar un 75,6 % de la población no expresa de manera clara las causas, pudiendo ser miedo a decir la razón, matrimonios, vejez o cambio de lugar de trabajo.

Este análisis enriquece la información sobre este fenómeno y permite profundizar en el estudio de las migraciones internas, especialmente al desplazamiento interno por condiciones violentas. Se puede pensar en un porcentaje bastante bajo (3 %) para realidad del conflicto, pero se abre la ventana para entrar a indagar en esas zonas donde se reflejó esa expulsión de población. (Granados, 2010, p. 19)

En Colombia se pueden identificar dos momentos cruciales de desplazamiento: entre 1948 y 1965 el país sufrió la época conocida como La violencia, donde los dos principales partidos políticos se enfrentaron a través de las guerrillas conservadoras y liberales cobrando miles de muertes y provocando la expulsión masiva de familias campesinas, hacia las principales ciudades, las que en ese entonces comenzaban sus procesos de industrialización. Por otro lado, una serie de hechos violentos desde finales de la década de los setenta hasta el presente denominados conflicto armado interno elevó el número de homicidios en Colombia hasta el punto de ser constantemente una de las principales causas de muerte (DNP, 1999). Como se mencionó en el inicio, uno de los factores se basa en observar la migración interna en Colombia desde las migraciones involuntarias, esta se puede clasificar en dos tipos: los refugiados y los desplazados internos. Los primeros, son aquellos que traspasan las fronteras nacionales buscando protección y seguridad que no reciben en su país, y los segundos son aquellos que se encuentran a la deriva en sus propios países huyendo de una situación violenta y no tener seguridad internacional. Considerando el interés del capítulo, se dará protagonismo a los desplazados internos, sin desconocer el hecho de que existe una alta cifra de desplazados transfronterizos.

La urbanización y el desarrollo como factores de atracción

La década de 1960 y los primeros años de 1970 fueron periodos de estímulo a la industrialización, desarrollo de infraestructura, fomento del comercio internacional y mejoramiento social y económico. También mejoraron las condiciones de vida de las familias, se incrementó el empleo, se amplió el acceso a la salud y a la educación, y se facilitó la adquisición de vivienda. Sin embargo, las mejoras se concentraron en unas pocas regiones y ciudades que se consolidaron como principales focos de localización de las actividades económicas. Por otro lado, las extensas regiones de la costa pacífica y los llanos orientales estaban totalmente aisladas del interior y excluidas de los procesos de desarrollo. Siguiendo lo anterior, los principales centros urbanos tomaron protagonismo, mientras que los factores de expulsión continuaban en el sector rural y en la mayoría de las regiones del país. Estas características dan cuenta de que, para los periodos mencionados anteriormente, se presentó un proceso migratorio en el país, caracterizado principalmente por el movimiento de la población rural a los centros urbanos. Martínez (2006) afirma que el proceso de urbanización y la transformación demográfica experimentada por el país están indudablemente interrelacionadas.

Ahora, en cuanto a los datos de las instituciones mencionadas en el inicio, se deben considerar las siguientes estimaciones: de acuerdo con proyecciones del DANE, entre los años 1985 y 2015, 2.749.050 personas migraron a las ciudades. En especial, Bogotá fue la ciudad que recibió históricamente más migrantes internos en el país, según las estimaciones, en ese periodo llegaron a la capital 880.597 personas. Es decir, que a la ciudad llegó aproximadamente el 32 % de los 2.749.050 migrantes calculados en los últimos 30 años a 2015. Según una investigación realizada por Javier Ruiz (2015), de la Universidad Autónoma de Barcelona, la capital del país se convirtió en un centro de acogida de los migrantes internos a finales del siglo XX debido al crecimiento de las grandes urbes y a varios factores sociales, económicos, geográficos y de infraestructura1.

La urbanización en Colombia habría sido, entonces, como en Latinoamérica, un efecto territorial de la acumulación capitalista en una relación de dependencia económica entre el centro (países desarrollados) y la periferia (países en desarrollo). Con esto, la penetración del capitalismo en el campo (agricultura comercial) y el estancamiento de las estructuras agrarias de minifundio y latifundio no permitían que la superpoblación fuera absorbida por el campo, provocando las migraciones y la acumulación urbana (Jaramillo, 2007).

Según Cardona (1968), en Colombia el inicio del proceso de urbanización coincidió con el desarrollo de una situación de violencia política en el campo, sin embargo, no fue un factor relevante de migración hacia las grandes ciudades y, más bien, aquellos habitantes rurales que se veían obligados a desplazarse por razones de inseguridad, si no estaban motivados a migrar a una ciudad grande, lo hacían a conglomerados urbanos intermedios, donde adquirían alguna seguridad y su situación socio-cultural continuaba similar a la del lugar de origen.

Además, independientemente de las razones que motivaban a las personas a abandonar su lugar de origen, era de esperarse que migraran a una región desarrollada industrialmente, urbanizada y con altos niveles de educación. Tal decisión dependía no tanto de las razones que producían la emigración sino, más bien, de las condiciones que ofrecía el sector de destino.

De esta forma podemos ver que los migrantes internos son protagonistas del desarrollo de las grandes ciudades, adicionalmente en su mayoría son población que se encuentra en edad activa, lo cual permitiría impulsar factores económicos. Según el análisis de Torre & Giorguli (2016), quienes diferencian entre los patrones de migración interna y los destinos internacionales, concluyen que durante las etapas más tempranas de la vida (adolescentes y adultos iniciando sus trayectorias laborales) es más común la migración interna, mientras que la migración internacional aparece más como un recurso en etapas laborales posteriores (después de los treinta años).

Migración entre las regiones del país

Una de las principales características de la migración interna en el país es la valoración presentada por uno de los documentos del DANE: una evidencia que refleja el comportamiento de la migración interna en Colombia a partir de la Encuesta Continua de Hogares (ECH), donde esta se ajusta a la percepción generalmente aceptada que se tiene sobre Bogotá, según la cual por ser la capital de la república y simultáneamente el más importante centro de poder político, administrativo y de desarrollo económico, posibilita una mejor oferta de bienes y servicios, en particular educación y salud, jalona las migraciones internas de la población que finalmente está motivada por la búsqueda de soluciones y satisfacción de necesidades que muchas veces no se encuentran en el territorio de origen.

El volumen de los movimientos migratorios de corta y larga distancia también se encuentran principalmente determinados por los diferentes niveles de desarrollo económico que, a la final, fijan altos y bajos niveles de bienestar entre las regiones. Sin embargo, factores sociales como el desempleo, la pobreza y la violencia generan migración entre regiones y sus centros urbanos o cabeceras, conclusión que realiza el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) en 2003.

Según análisis de la misma institución, de acuerdo con los desplazamientos ocurridos durante 1998 a 2003; se constata que un poco más de 3.6 millones de personas, a nivel nacional, cambiaron de departamento de residencia en ese periodo, con el propósito de radicarse en otro departamento. Esto indica que 8.5 % de la población total registrada por la ECH en el primer trimestre de 2003 es migrante interna departamental. De ese volumen de migrantes, 2.5 millones (69.7 %) se desplazaron entre las áreas urbanas o cabeceras de los departamentos y cerca de la tercera parte (1.1 millones) hizo lo propio en las áreas rurales de los mismos departamentos. Por lo anterior, la característica en el plano departamental es que la zona de atracción es a nivel de cabeceras.

De los 3.6 millones, 42.9 %, se dirigieron hacia Bogotá (13.5%), Antioquia (12.4%), Valle del Cauca (10.6%) y Cundinamarca (6.4%). Risaralda, Boyacá y Santander también exhiben importante participación dentro del total de la migración reciente. Los mencionados departamentos son receptores del 60 % del total de desplazamientos durante el período. En la tabla 1 se puede observar la información presentada

Tabla 1. Migración reciente intrarregional e interregional para el periodo 1998-2003



Fuente: DANE, cálculo del autor con base en el módulo de migración de la ECH, etapa 0203

Ahora, considerando los resultados sobre migración regional, se presentan los datos de la migración reciente entre las cinco regiones y al interior de ellas registrada durante el período 1998-2003; de 3.6 millones de migrantes registrados hasta el primer trimestre de 2003, 40.8 % (1.5 millones) cambió de residencia eligiendo un departamento y una región diferente, mientras que 2.1 millones se desplazaron pero manteniéndose dentro de la región en que vivían. En concordancia con lo anterior, la región central tiene el saldo neto de migración negativo más alto y la proporción de población nativa más alta (21.9 %) por fuera de su territorio; en consecuencia, se caracteriza como la región que genera los mayores niveles de expulsión de población.

Por otro lado, en términos más generales, según las estimaciones del DANE, con aproximadamente 1.389.852 migrantes, se calcula que la Costa Caribe es la región del país en donde más habitantes han salido de sus territorios en los últimos 35 años. Magdalena, con 386.191; Bolívar, con 311.281; Córdoba, con 226.615; Cesar, con 205.235; y Sucre, con 177.450 personas, encabezan la lista. En territorios como Magdalena, Sucre y Bolívar, la migración interna aumentó entre 1995 y 2005, años en los que se profundizaron los hechos de violencia por cuenta del conflicto armando en estas zonas del país. Ese mismo fenómeno se repite en los departamentos del Chocó, Nariño y Cauca2.

Tabla 2. Promoción de migración acumulada interregional e interregional hasta el tercer semestre de 2033, según regiones


Fuente: DANE, cálculo del autor con base en el módulo de migración de la ECH, etapa 0203.

(1) Porcentaje respecto a la población residente en la región.

(2) Porcentaje respecto a la población nativa de la región.

De lo anterior se deduce que en el proceso de migración interna del país predominan los desplazamientos poblacionales de larga distancia. Esta característica de la movilidad espacial de la población colombiana pone en evidencia la constancia de algunas de las características de la migración interna del país. La región oriental exhibe el más elevado número de emigrantes (2.5 millones), quienes en su mayoría (79.5 %) tienen como destino principal la capital de la República y en menor medida las regiones Central, Atlántica y Pacífica, es decir, solo el 20.5 % de la emigración de esta región se debe a desplazamientos de corta distancia.

Desplazamiento interno forzado producto del conflicto armado

Teniendo en cuenta las cifras anteriores, es de vital importancia iniciar el análisis sobre los acontecimientos históricos ocurridos durante el conflicto armado, dando paso a las razones principales del porqué la población decidió migrar o se vio afectada por el desplazamiento forzado. Como se mencionó al principio del capítulo, la presencia de datos estadísticos sobre migración puede ser muy limitada, no obstante, al tratarse el desplazamiento forzado como una consecuencia del conflicto armado, el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) ha realizado un trabajo profundo sobre las víctimas de la violencia en Colombia.

Cabe resaltar que Colombia es el segundo país del mundo con mayor número de personas desplazadas forzosamente, según el informe Una Nación Desplazada, publicado en 2015, de los casi seis millones y medio de personas desplazadas, un poco más del 50 % de la población desplazada son mujeres (3.301.848) y 2.279.576 son personas menores de edad (de las cuales 1.480.983 tienen menos de 12 años). Dentro de los datos demográficos de 2005, se estima que cerca del 15 % del total de la población afrocolombiana y el 10 % de la población total indígena han sido desplazadas. El 87 % de la población expulsada de sus regiones vivía en el campo; algunos afros e indígenas, en territorios colectivos reconocidos por el Estado. En un país que tiene un problema agrario persistente, con una historia signada por el difícil acceso a la tierra, se calcula que 8,3 millones de hectáreas han sido despojadas o abandonadas por la fuerza (CNDMH, 2015).

Para quienes se han visto forzados a desplazarse dentro del país, se han encontrado con una política pública insuficiente, y en muchas ocasiones inexistente, mientras que aquellos que se han desplazado hacia otros países en búsqueda de protección internacional han tenido que enfrentar el arduo camino hacia el refugio. Para todos los casos el desplazamiento ha afectado transversalmente las vidas de los colombianos que, durante décadas, han vivido las consecuencias de una guerra bipartidista.

De acuerdo con los Principios Rectores del Desplazamiento Interno de las Naciones Unidas, los desplazados internos son

personas o grupos de personas que han sido forzadas u obligadas a huir o abandonar sus hogares o lugares de residencia habitual, en particular como resultado de o para evitar los efectos de conflictos armados, situaciones de violencia generalizada, violaciones de derechos humanos o desastres naturales o causados por el hombre, y que no hayan cruzado una frontera reconocida internacionalmente. (Naciones Unidas, 2001)

Según el Informe de Tendencias Globales del año 2017 de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR, 2018, p. 2), “la población desplazada forzosamente en el mundo aumentó en 2017 en más de 2,9 millones de personas. Al finalizar el año, 68,5 millones de personas se encontraban desplazadas forzosamente en todo el mundo debido a la persecución, los conflictos o la violencia generalizada”. Esta cifra contempla 25,4 millones de refugiados, pero la cifra de desplazados internos sigue ocupando el primer lugar con 40 millones. Desafortunadamente, en vez de presentar mejorías, la situación es cada vez más devastadora, en 10 años, del 2007 al 2017, la cifra de desplazados ha aumentado considerablemente, como se evidencia en la figura 1.

Figura 1. Tendencia del desplazamiento global y proporción de desplazados 2007-2017


Fuente: Informe de Tendencias Globales del año 2017 de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados.

Dentro de estas cifras a nivel global, Colombia ocupa un desesperanzador primer lugar, con 7,7 millones de desplazados internos registrados hasta el 2017, es decir, el 16 % de la población total de Colombia, aunque las cifras varían de acuerdo con la fuente que se consulte, teniendo en cuenta que ACNUR es la agencia de las Naciones Unidas experta en los temas relacionados con asuntos migratorios, y en aras de trabajar con una cifra estandarizada se tomará como punto de referencia la cifra de 7,7 millones de desplazados internos. Estas cifras indudablemente llaman la atención y llevan a preguntarse por las razones que han llevado a Colombia a ocupar el primer lugar en el ranking de países con desplazamiento. La situación en Colombia es tan grave que “hay más víctimas de desplazamiento forzado en Colombia que número de habitantes en Costa Rica” (Rolón, 2018, párr. 3).

El origen y las causas del desplazamiento forzado en Colombia

Para hablar de migración forzada interna, o desplazamiento forzado en Colombia, es necesario remitirse a los libros de historia del país que hablan acerca del conflicto armado interno, por lo menos a los que datan de las últimas décadas del siglo XIX en adelante, periodo en el cual “no se consiguió ni la libertad, fervorosamente defendida por los liberales federalistas y radicales; ni el orden, propuesto por los conservadores unitarios y católicos, ni mucho menos la sumatoria de libertad y orden que soñó la Constitución de 1886” (Palacios & Safford, 2002, p. 451). La guerra de los Mil Días, la separación de Panamá de Colombia, una guerra civil en 1885, entre otros acontecimientos, marcarían al país con un sello de violencia que ha dejado huellas de índole política y social, las cuales han afectado a millones de personas.

Sin embargo, el propósito de este capítulo no es hacer un recuento de la historia de la violencia en Colombia, sino que se centrará en el conflicto interno más reciente, si es que se le puede llamar reciente, en el que país lleva sumido más de 60 años, sometiendo a la población a vivir bajo el fuego cruzado de diversos actores armados, tanto estatales como al margen de la ley, lo cual ha dejado como resultado millones de personas desplazadas tanto al interior como al exterior del país3.

El referido periodo se puede ubicar cuando “a partir del asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, empieza en Colombia un ciclo de violencia política que degeneró en un conflicto armado con rasgos de guerra interna” (González, 2010, p. 629). Molano (2015a, p. 2) también coincide con que este acontecimiento marcó un hito importante en el conflicto armado colombiano, “el asesinato de Gaitán desbordó tanto la estrategia conservadora como la liberal. Fue la guerra civil no declarada. El Gobierno se atrincheró en el poder, y el Partido Liberal, acéfalo, trató de defenderse con guerrillas oscilando siempre entre las urnas y las armas”.

De acuerdo con lo planteado por Pécaut (2006, pp. 527-529), conviene resaltar cuatro observaciones acerca del conflicto colombiano; en primer lugar, el término guerra ha sido poco utilizado para referirse al conflicto, el término que se ha usado por excelencia es de la violencia, ya que este permite incluir la multiplicad de actores y factores que comprenden el conflicto en Colombia; en segundo lugar, si bien las instituciones estatales han perdido credibilidad y han atravesado por crisis, aún gozan de una legitimidad sorprendente; en tercer lugar, los actores del conflicto se diferencian por el apoyo que reciben y por sus bases de reclutamiento; y, por último, el conflicto afecta principalmente a las zonas periféricas del país.

En Colombia, el desplazamiento forzado ha sido generado principalmente por los hechos violentos que cometen los grupos armados en contra de la población civil, como una manera de ejercer control sobre los territorios y de esta manera expandir su influencia, es decir, que “los fenómenos de desplazamiento forzado deben ser vistos dentro del contexto de conflicto armado interno que se lleva a cabo en torno al control territorial, político y económico” (Kerr, 2010, p. 4). Según Ibáñez (2004), el fenómeno del desplazamiento forzado en Colombia se ha propagado tanto que ha llegado a afectar de alguna manera al 88 % de los municipios del país, incluso al punto de que algunos de estos municipios han perdido más de la mitad de su población. Otra de las razones que menciona Ibáñez, y que usualmente no es tenida en cuenta como una de las causantes del desplazamiento forzado, es la sustitución de cultivos ilícitos, ya que la fumigación de los cultivos afecta los ingresos de los cultivadores, por un lado, y por otro lado las personas se desplazan por temor a los enfrentamientos armados que se pueden generar entre los grupos armados y los militares que normalmente acompañan las actividades de fumigación. “El desplazamiento interno en Colombia corresponde al conflicto interno y a los abusos de los derechos humanos que van de la mano con él. […] Además, los enfrentamientos entre actores armados que violan el Derecho Internacional Humanitario (DIH) también contribuyen al desplazamiento de la población civil” (Kerr, 2010).

Varios han sido los intentos en Colombia por negociar la paz con los diferentes grupos armados, y de esta manera reducir las consecuencias desgarradoras del conflicto armado como lo es el desplazamiento forzado. Desde 1974, entre el gobierno de Alfonso López Michelsen y el ELN, pasando por el gobierno de Andrés Pastrana en 1998 con las FARC, incluso durante el gobierno de Álvaro Uribe se llevaron a cabo algunas rondas exploratorias con el ELN, sin embargo todos estos esfuerzos fueron en vano, hasta el año 2016, como se verá más adelante. Estos intentos no solo no lograron conseguir la paz, sino que la situación empeoró, con la Política de Seguridad Democrática del expresidente Álvaro Uribe Vélez, 2002-2010, “en términos de percepción pública de la época […] fue un éxito. El Gobierno dio cifras sobre la disminución de homicidios y secuestros, pero Naciones Unidas mostró el aumento de las desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y desplazamiento” (Molano, 2015b, p. 55).

En un estudio realizado por Ibáñez & Moya (2007) se puede evidenciar además que, en los años recientes, al ser un documento del año 2007 este periodo coincide con el gobierno de Uribe, “el fenómeno de desplazamiento forzoso se ha expandido a lo largo del país debido a la generalización de la violencia armada y cada vez abarca más territorio. Como resultado, el fenómeno del desplazamiento afecta alrededor de 90 % de los municipios del país, ya sea por la expulsión o por la recepción de personas. A pesar de esto, la expulsión y la recepción de personas desplazadas se concentran en unos pocos municipios”, y que según la Red de Solidaridad Social, “mientras que en 2001, el desplazamiento había afectado a 819 municipios, en 2005 esta cifra ascendió a 997 municipios, lo que equivale a un incremento de 22 % en esos cuatro años” (Ibáñez & Moya, 2007, p. 30).

De acuerdo con Sandra Borda (2012), durante los periodos presidenciales de Uribe se presentaron problemas fundamentales en materia de derechos humanos que llamaron la atención de la comunidad internacional, uno de ellos fue el desplazamiento forzado de las comunidades rurales debido a los enfrentamientos de grupos armados. Si bien el desplazamiento forzado en Colombia no es un fenómeno nuevo, y de hecho, es complejo y de carácter casi permanente, debido a las múltiples dinámicas sociales, económicas y políticas que lo vienen provocando (Ruscheinsky & Nina, 2013a, p. 159), en la historia reciente del país se puede ubicar una primera fase con la época de La Violencia entre 1948 y 1966; continuando con la expansión de la insurgencia y la brutal respuesta del Estado en los años setenta, y dando paso a la triple alianza entre las fuerzas de seguridad, los carteles de droga y los terratenientes que conformaron escuadrones paramilitares son en gran medida la raíz del desplazamiento que se vive actualmente, sumado a la dependencia económica que adquirieron las guerrillas a través de las ganancias de la droga y de actos violentos y extorsivos contra la población (Kirk, 1993). Es notorio que durante los primeros años del gobierno de Uribe, 2000-2002, de acuerdo con la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES), se observó una agudización del problema en donde hubo un total de 804.897 personas desplazadas (Borda, 2012). En el 2010, en una entrevista realizada al entonces director de CODHES, Jorge Rojas, afirmó que el gobierno de Uribe es el gobierno que más personas ha desplazado en la historia reciente de Colombia. Ya sea que se mire por las cifras oficiales o por las de CODHES (Coello, 2010).

Finalmente, en el 2012, se abrió una nueva posibilidad de negociación entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, FARC-EP, el grupo guerrillero más antiguo de Colombia, y el Gobierno del entonces presidente Juan Manuel Santos, lo cual derivó en la firma del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, en el cual se reconoce la existencia del conflicto y las fatales consecuencias que este ha traído para el pueblo colombiano, considerando el desplazamiento forzado como una de las graves consecuencias:

El conflicto armado, que tiene múltiples causas ha ocasionado un sufrimiento y un daño a la población sin igual en nuestra historia. Son millones de colombianos y colombianas víctimas de desplazamiento forzado, cientos de miles los muertos, decenas de miles los desaparecidos de toda índole y un amplio número de familias, colectivos y poblaciones afectadas a lo largo y ancho del territorio, incluyendo comunidades campesinas, indígenas, afrocolombianas, negras, palenqueras, raizales, y Rom, personas en razón de sus creencias religiosas, partidos políticos, movimientos sociales y sindicales, población LGBTI y gremios económicos, entre otros. Sin olvidar otras formas menos visibles, pero no menos dolorosas de victimización, como la violencia sexual, las afectaciones psicológicas, o la simple convivencia con el miedo4.

Las negociaciones entre el gobierno de Santos y las FARC arrojaron algunos resultados esperanzadores, pues si bien los desplazamientos forzados continuaron, en el primer cuatrienio de este gobierno se evidenció una reducción del 47 % en el desplazamiento forzado, en comparación con el cuatrienio anterior, según lo expresó Iris Marín, la entonces directora de Reparación de la Unidad para las Víctimas (AFP, 2015). Desafortunadamente, tras la firma del Acuerdo no se evidenciaron los resultados esperados, según el informe anual de 2017 del alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la situación de los derechos humanos en Colombia:

El desplazamiento forzado continúa a pesar del proceso de paz. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados reportó que en 2016 se produjeron 47 emergencias en razón de nuevos desplazamientos forzados masivos, confinamientos y restricciones de movilidad […] y afectaron primordialmente los pueblos indígenas y comunidades afrocolombianas y campesinas. Aproximadamente 13.864 personas fueron afectadas por el desplazamiento masivo. Un alto porcentaje de estos casos estuvo relacionado con emergencias recurrentes en las cuales los esfuerzos institucionales no lograron mitigar las causas de las hostilidades o la violencia. (Consejo de Derechos Humanos, 2017, p. 16)

A pesar de que Colombia se ubica como el país con más desplazados internos del mundo, estas víctimas están sometidas a la invisibilización, y es que a pesar de que en términos generales la población colombiana conoce la existencia de las víctimas, por lo menos de las que están al interior del país, ya que por razones de desplazamiento forzado se han asentado en diferentes partes del territorio, tampoco se puede desconocer que:

Aunque el conflicto armado en el país ha cobrado millares de víctimas, representa para muchos conciudadanos un asunto ajeno a su entorno y a sus intereses. La violencia de la desaparición forzada, la violencia sobre el líder sindical perseguido, la violencia del desplazamiento forzado, la del campesino amenazado y despojado de su tierra, la de la violencia sexual y tantas otras suelen quedar marginadas de la esfera pública, se viven en medio de profundas y dolorosas soledades. En suma, la cotidianización de la violencia, por un lado, y la ruralidad y el anonimato en el plano nacional de la inmensa mayoría de víctimas, por el otro, han dado lugar a una actitud si no de pasividad, sí de indiferencia, alimentada, además, por una cómoda percepción de estabilidad política y económica. (CNMH, 2013, p. 14)

Esta situación de invisibilización la ratifica el informe Nacional de Desplazamiento Forzado en Colombia, una nación desplazada, en el cual se sostiene que “a pesar de que la crisis humanitaria ha puesto a Colombia en el centro de atención de la comunidad internacional en las últimas dos décadas, durante la mayor parte del siglo XX el desplazamiento forzado permaneció como una problemática inadvertida, invisibilizada, y en muchos casos, justificada como una consecuencia o “efecto colateral” a las más de cinco décadas continuas de conflicto armado interno (CNMH, 2015, p. 26).

Cómo el desplazamiento forzado afecta las dinámicas sociales y poblacionales

En un estudio realizado en el 2012, con el objetivo de describir la evolución de la estructura poblacional de los municipios de Colombia de acuerdo con su situación de desplazamiento interno como consecuencia de la violencia armada, se evidenció que “el grupo de municipios de alta recepción de desplazados aumentó su población en un porcentaje mayor que la media de Colombia, lo que impone retos para la atención de la población y puede generar dificultades en la obtención de empleo” (Salaya & Rodríguez, 2014a, p. 162). El desplazamiento forzado en una magnitud como la que se presenta en Colombia, un país en el que el 16 % de su población ha sido desplazada, puede alterar las dinámicas sociales y la estructura poblacional, tanto de los municipios expulsores como de los receptores. Como se evidenció anteriormente, algunos de los municipios expulsores han llegado a perder incluso la mitad de su población, poblaciones predominantemente rurales que en la mayoría de casos han consolidado sus dinámicas sociales y económicas alrededor del trabajo de la tierra, y que en los lugares receptores la mano de obra requerida es más tecnificada, por lo cual no logran encontrar un sustento económico permanente porque sus conocimientos no se adaptan a las dinámicas sociales y económicas de esos nuevos territorios.

Lo anterior se traduce en que “en las zonas afectadas por el desplazamiento forzado los niveles de violencia armada son muy altos cuando los municipios son expulsores. Como contrapartida, hay municipios que reciben esta población y en ellos también cabe esperar que se modifique la forma de su pirámide poblacional” (Salaya & Rodríguez, 2014b, p. 164). En este sentido, los desplazados constituyen una categoría migratoria particular que supone retos en materia social, económica y poblaciones tanto en los lugares receptores como en los expulsores, “esas personas se insertan en una dinámica en la que las precarias condiciones económicas (tras la pérdida de activos como la vivienda o la tierra) impulsan a contextos de pobreza, desigualdad, exclusión y discriminación (Fleury, 2007). En esta dinámica, envuelven tanto a las comunidades de origen como a las de destino, destruyendo las bases organizacionales que rigen las relaciones sociales cotidianas” (Ruscheinsky & Nina, 2013b, p. 164), teniendo en cuenta además que los desplazados no comparten muchas cosas en común, más allá de su condición de desplazados y de víctimas del conflicto armado.

Muy por el contrario, desde el momento mismo de ser expulsados, los desplazados experimentan cambios y profundas transformaciones subjetivas —desgarradoras siempre— que los empiezan a configurar como pobladores urbanos, imprimiéndole nuevas dinámicas a la ciudad en su permanente lucha y negociación por hacerse un lugar en ella, por incluirse, también como ciudadanos. […] Los desplazados desencadenan dinámicas sociales marcadas por la desconfianza y la prevención que se creían superadas en los barrios conformados hace 20 o 30 años. La manera sigilosa en que llegan los desplazados, el ocultamiento de las razones por las cuales abandonaron sus tierras, llevan a instaurar aquella idea de que “no se sabe quién es quién”. Los conflictos en la convivencia cotidiana que se desencadenan por la heterogeneidad, expresada en las diversas culturas regionales de procedencia, nos muestran, sobre todo en los asentamientos de desplazados, que en ellos no se instaura un comunitarismo homogenizante sino que las diferencias perviven, en medio de las cuales tienen que inventar distintas estrategias para garantizar el control social de quienes allí habitan. (Naranjo, 2001, párrs. 69-79)

El estudio realizado por Ibáñez & Moya (2007) mencionado anteriormente, también demuestra que a mediados de los años noventa los desplazados provenían de algunos departamentos puntuales, pero esto se fue transformando con el paso del tiempo y se ha expandido a lo largo del país, debido a la generalización de la violencia, afectando de alguna manera casi al 90 % de los municipios, ya sea porque son expulsores o receptores, sin embargo, tanto la expulsión como la recepción siguen focalizadas en pocos municipios, el 57 % de personas desplazadas provienen de 75 municipios y 44 municipios reciben el 66 % de esta población. Bogotá, al ser la capital del país, también ocupa un lugar como los municipios que más población desplazada recibe. Los desplazados se concentran en las zonas más pobres de los lugares a los que llegan, en Bogotá por ejemplo se ubican en localidades como Usme, Soacha y Ciudad Bolívar, donde alrededor del 40 % de la población vive en condiciones de pobreza extrema, y se rebuscan la vida por medio de trabajos informales como las ventas ambulantes o trabajos temporales” (Kirk, 1993, p. 16). La llegada de personas desplazadas a lugares que de por sí afrontan graves problemáticas sociales empeora aún más las condiciones de vida tanto de las personas que habitan en estos lugares, como de las personas que llegan víctimas del conflicto armado interno.

La ruta de ¿reparación? de los desplazados

Colombia ha realizado algunos esfuerzos normativos en pro de la atención, asistencia y reparación integral a las víctimas del conflicto armado interno. Para efectos de este capítulo, es importante entender que los desplazados forzados, de acuerdo con la jurisdicción colombiana, son víctimas. “Los derechos de la población desplazada están protegidos por la legislación nacional e internacional. Los principios rectores del desplazamiento forzoso rigen los derechos de dicha población en el ámbito internacional” (Ibáñez & Moya, 2007, p. 38). Antes de la Ley 1448, Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, la Ley 387 de 1997, entre otras varias leyes y decretos, constituían el marco normativo en el tema del desplazamiento forzado; si bien esta Ley sigue vigente, la Ley 1448 marcó un hito jurídico sin precedentes en el país en materia de reparación de las víctimas del conflicto armado interno.

Es importante contextualizar al lector, por lo menos de manera sucinta, en qué consiste dicha Ley y para qué se creó. La Ley 1448 de 2011, Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, por la cual se dictan medidas de atención, asistencia y reparación integral a las víctimas del conflicto armado interno y se dictan otras disposiciones, se promulgó el 10 de junio de 2011, con una vigencia de diez años. Vale la pena mencionar que la legislación de víctimas sancionada en Colombia, principalmente la Ley 1448, “no es sólo un cuerpo normativo más, es ella misma una política pública que integra definiciones y soluciones para uno de los temas más espinosos de los últimos tiempos en las agendas local e internacional: la atención de las víctimas del conflicto armado colombiano” (Lopera, 2011, párr. 1). Dicha Ley establece como fin mismo la atención, asistencia y reparación integral a las víctimas, el que puedan gozar efectivamente de sus derechos constitucionales, vulnerados con el hecho victimizante sufrido, así como el fortalecimiento del apartado judicial y administrativo y la generación de condiciones propicias para promover y consolidar la paz y la reconciliación nacional. La Ley creó el Sistema Nacional de Atención y Reparación a las Víctimas, integrado por entidades del orden nacional y territorial, quienes están a cargo de la política integral de atención y reparación a las víctimas.

Por otro lado, es importante aclarar, en el marco de la Ley 1448, quiénes son consideradas como víctimas, para entender por qué los desplazados encajan dentro de esta definición y por ende por qué tendrían derecho a las medidas de asistencia y reparación establecidas en esta. El artículo tercero de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras establece que se consideran víctimas a aquellas personas que “individual o colectivamente hayan sufrido un daño por hechos ocurridos a partir del 1º de enero de 1985, como consecuencia de infracciones al Derecho Internacional Humanitario o de violaciones graves y manifiestas a las normas internacionales de Derechos Humanos, ocurridas con ocasión del conflicto armado interno”. En este sentido, es claro que los desplazados forzados, por lo menos aquellos que fueron desplazados a partir de 1985, tienen cabida en las medidas de reparación contempladas en la Ley 1448.

Esta Ley está enfocada en la reparación de las víctimas al interior del país, de las cuales alrededor del 80 % son víctimas de desplazamiento forzado. Es precisamente la cantidad de víctimas al interior del país lo que ha generado no cientos, sino miles de investigaciones, publicaciones e informes referentes a las víctimas del conflicto armado en Colombia, y bajo este entendido la Ley de Víctimas se recibe con satisfacción, entendiendo que si bien las víctimas nunca podrán ser completamente reparadas, sí se está adelantando un esfuerzo importante en pro de estas. No obstante, es importante resaltar que muchas de estas víctimas no han podido tener acceso a las medidas de asistencia y reparación, debido a limitaciones políticas, administrativas y jurídicas, así como al desconocimiento de la Ley.

Si bien la situación del desplazamiento forzado en Colombia es crítica, el grupo del Banco Mundial (2018) sugieren que:

La experiencia de Colombia con el desplazamiento forzado también crea oportunidades para la migración. Colombia tiene las capacidades institucionales, logísticas y técnicas para generar respuestas humanitarias y de integración social y económica, articuladas, integradas y coordinadas, las cuales han sido puestas en práctica en la respuesta al fenómeno del desplazamiento. En efecto, las rutas de atención a las víctimas del conflicto y la experiencia del pnr constituyen una base útil para Colombia sobre la cual puede desarrollar respuestas a las necesidades de la migración.

Conclusión

La migración interna en Colombia ha estado caracterizada por un entrecruzamiento entre lo voluntario y lo forzado. Se puede constatar que existen factores de atracción por los procesos de urbanización y desarrollo económico de las ciudades, mejorando las condiciones de vida en cuanto a las necesidades básicas de los habitantes, lo cual intensifica la migración interna, proceso que se inicia en la década de los sesenta pero que continúa hasta la actualidad. Por otro lado, la violencia y el conflicto armado interno han elevado la migración forzada a niveles dramáticos.

Existe una alta movilidad interna reciente en el país, ya sea dentro de sus regiones o a otras zonas del país, lo cual puede estar explicado por la necesidad de búsqueda de oportunidades, así como producto de la violencia, en donde millones de personas han sido obligadas a abandonar sus territorios y les han sido despojadas sus tierras, lamentablemente muchas de estas víctimas han sido invisibilizadas o están fuera de la protección del Estado.

En Colombia la violencia ha generado que los desplazados se ubiquen en zonas pobres y de informalidad, teniendo altos niveles de vulnerabilidad. Es este sentido, la Ley de Víctimas ha ofrecido un mecanismo de asistencia y reparación, sin embargo, siguen existiendo limitaciones, especialmente por el desconocimiento de los procesos, cuestión que aún es tarea pendiente tanto del Estado como de la sociedad civil organizada.

Sin duda, la migración interna en Colombia sigue comportándose de manera muy dinámica, como un proceso afectado por la mala distribución de la riqueza, la corrupción e ineficiencia política, falta de recursos para inversión pública y privada, así como también por el narcotráfico y la violencia que aún persisten. El desplazamiento forzado se sigue registrando tanto interno como transfronterizo, y la búsqueda de mejores oportunidades tanto en el interior como en el exterior del país mueve a miles de colombianos que migran cada año.

De esta forma, se hace necesario tener más claridad estadística y caracterización socioeconómica de la población migrante interna, de manera que se puedan observar las necesidades de los migrantes, así como las dificultades y vulneraciones de derechos que se presentan, con el fin de generar planes de prevención y de atención a migrantes “económicos” como forzados.

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* Grupo de Estudios sobre Migraciones Internacionales y Vulnerabilidad (GEMIV) de la Universidad Santo Tomás.

1 Las cifras que demuestran que Colombia es un país de migraciones, el artículo fue publicado en El Tiempo (2015), sin embargo los datos fueron registrados directamente desde el DANE. Recuperado de https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/especial-con-datos-sobre-las-migraciones-internas-en-colombia-264990

2 Cifras extraídas de El Tiempo (2015).

3 Las cifras en torno al número de refugiados colombianos son inciertas, y oscilan entre los 300.000 y los 500.000, a diferencia de las víctimas internas sobre las cuales se tienen estadísticas mucho más concretas. Las cifras también varían si se contemplan solo las personas que cuentan con el estatuto de refugiado, o también aquellas que se encuentran en el proceso de solicitud, e incluso las personas que no cuentan con el reconocimiento como refugiados pero que se encuentran en situaciones similares. Ana Guglielmelli (2011) habla de una cifra de 500.000 refugiados, David Cantor (2011) trabaja con una cifra de aproximadamente “455.000 que viven fuera del país como refugiados, solicitantes de asilo o en situación similar a la de los refugiados” (p. 150).

4 Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, suscrito entre el Gobierno de la República de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, p. 126.

Perspectivas globales de las emigraciones de colombianos al exterior en el siglo XXI: un fenómeno en movimiento
CAROLINA BERNAL MÁRQUEZ
KATHERINE CARDOZO BELTRÁN
LAURA ALEJANDRA GRANADOS VELA
SEBASTIÁN POLO ALVIS*
Introducción

Para hablar de la historia contemporánea de Colombia, es indispensable hacer referencia al impacto de su migración al exterior. Durante los últimos sesenta años, Colombia se ha perfilado como el país sudamericano de mayor emigración. Aunque equívocamente se suele relacionar de manera unicausal al conflicto armado interno, es necesario reafirmar que la migración colombiana al exterior es un fenómeno heterogéneo el cual tiene mayor profundidad en cuanto a sus perfiles, naturalezas y características. La configuración y evolución del sistema migratorio se ha tendido a definir a partir de tres olas migratorias. La primera ola de migrantes colombianos se caracterizó por desarrollarse “entre los años sesenta y principios de los setenta”, que “tuvo como destino principal Estados Unidos y que se convirtió en el mito fundacional de la diáspora colombiana contemporánea” (Palma, 2015, p. 11). A pesar de que no fue el primer contingente de colombianos que migró hacia Estados Unidos, de los que se registra la presencia de colombianos de 1860 (Mejía-Ochoa, 2019), esta oleada representaría el inicio de un avance formal de las migraciones colombianas al exterior, ascendiendo a un número aproximado de 609.467 colombianos en el exterior entre 1963 y 1973 (Polo & Serrano, 2019a, p. 318). De acuerdo con William Mejía-Ochoa (2012, p. 192), esta primera ola se daría como “producto ‘natural’ del carácter de metrópoli que este país ha jugado y que ha definido unas relaciones estrechas de dependencia durante la mayor parte de la historia de Colombia”. Gracias a esta ola se constituyó en el imaginario del migrante colombiano el ideal del “sueño americano” como móvil para los migrantes prospectivos (Palma, 2015).

La segunda ola de la migración colombiana, además de ampliar la población colombiana en Estados Unidos, también se caracterizó por la expansión migratoria en países como Venezuela y Ecuador tras el auge petrolero posterior a la crisis petrolera derivada de la guerra del Yom Kippur de 1973, el cual se habría “incentivado por la escasez de mano de obra, en particular agrícola, en áreas limítrofes, asociada a la emigración rural-urbana de la población local” (Mejía-Ochoa, 2012, p. 190). Este proceso implicó la migración hacia estos nuevos destinos que, siendo países que experimentaron un crecimiento económico formidable derivado del rentismo petrolero en alza, empezó a desarrollar los procesos de interacción transfronteriza con ambos países de una forma más profunda, caracterizada por una condición de enraizamiento en “un pasado histórico común [...] concretado durante un corto tiempo con la constitución de una sola república al término de las guerras de independencia” (Mejía-Ochoa, 2012, p. 190). Dentro de este periodo, la cifra de colombianos en el exterior aumentó de 820 615 para 1978, a 2.494.925 para 1993. A pesar de este crecimiento, las migraciones se estancaron a causa de la recesión económica en Venezuela y Ecuador durante los años ochenta, así como del progresivo cierre migratorio de Estados Unidos a lo largo de los años ochenta y noventa.

Este fenómeno ha sido transversalmente influenciado por las condiciones que moldearon la tercera ola migratoria colombiana. Dentro de Perspectivas globales de las emigraciones de colombianos al exterior los elementos contextuales que potenciaron el desarrollo de esta oleada cabe señalar eventos como “el fracaso los Diálogos de Paz entre el Gobierno colombiano y las FARC, en el año 2000, la crisis económica de 1999, y el progresivo auge de procesos de integración económica como la Unión Europea y el Mercosur” (Polo & Serrano, 2019a, p. 317). A partir de lo anterior, “se diversificaron los destinos, lo que trajo como consecuencia la extensión de las migraciones hacia Europa, especialmente a España, así como a lugares no tradicionales en América Latina” (Echeverri, 2005; en Palma 2015, p. 12), además de ampliarse su presencia en nuevos destinos como Japón, Australia, Sudáfrica, Israel, Corea del Sur, Emiratos Árabes Unidos, entre otros. A lo largo de los años 2000, “el incremento del número de colombianos en el exterior ha mantenido una tendencia de crecimiento al punto de llegar a cifras sin precedentes” (Polo & Serrano, 2019a, p. 318), registrando la presencia de 3.378.345 colombianos residiendo en el extranjero para 2005 (DANE, 2005), así como la estimación de una población de 4.700.000 personas para 2012 (Cancillería, 2018). Debido a este proceso de largo aliento, y haciendo algunas salvedades sobre los procesos migratorios actuales en la región derivados de la creciente diáspora venezolana, Colombia se ha mantenido históricamente como el principal país emisor de migrantes en América del Sur (OIM, 2012a, p. 13).

Teniendo en consideración la evolución histórica del tema, el objetivo del presente capítulo consiste en analizar, dentro de una estrategia multidimensional, la actualidad de las tendencias migratorias de la diáspora colombiana en el mundo. Para ello, se busca establecer nociones e hipótesis sobre las causas y condiciones de los colombianos en el exterior. Sumado a ello, se pretende analizar las tendencias migratorias de los colombianos en el extranjero con base en los flujos migratorios y en el número de colombianos por destino entre el año 2007 y 2018. Por último, se busca examinar o indagar sobre las diversas particularidades y características de los colombinos en las regiones por estudiar. Para ello, no solamente se abordará desde una perspectiva analítica y estadística de los diferentes matices de la evolución de este fenómeno, sino además se hará un abordaje basado en la realización de un estudio de área por dispersión territorial continental. A partir del estudio de los flujos migratorios y las diversas variaciones del tamaño de las poblaciones colombianas en el exterior, se busca dar nociones y directrices de las particularidades de las migraciones en estudio. El presente capítulo se estructurará en cuatro acápites centrales, según la división realizada por la Cancillería colombiana: América; Europa; Norte de África y Medio Oriente, África Subsahariana y Asia Central; y Noreste de Asia y Oceanía.

Para iniciar, con miras a realizar una revisión suficiente de las condiciones, particularidades y tendencias de la migración colombiana en América, esta subdivisión tendrá dos áreas para simplificar el estudio de su evolución reciente tras la tercera ola migratoria. Asimismo, se pretende indagar sobre estas condiciones a la luz de diversos elementos analíticos que puedan dar directrices para resaltar los lineamien tos generales de los procesos migratorios de la migración colombiana en América. Con miras a realizar una revisión suficiente de las condiciones, particularidades y tendencias de la migración colombiana en América, esta subdivisión tendrá dos áreas para simplificar el estudio de su evolución reciente tras la tercera ola migratoria. Asimismo, se pretende indagar sobre estas condiciones a la luz de diversos elementos analíticos que puedan dar directrices para resaltar los lineamientos generales de los procesos migratorios de la migración colombiana en América.

En el aparte sobre la migración colombiana en Europa, mediante el desarrollo de entrevistas semiestructuradas basadas en un trabajo de campo realizado en España, Reino Unido, Francia y Alemania, con la implementación de un análisis casuístico por país priorizado por nivel de población colombiana, en el cual se cotejaron datos nacionales y de fuentes censales propias de los países estudiados, se abordan las tendencias migratorias de los colombianos en este continente durante los últimos años.

En el siguiente apartado centrado en Medio Oriente y Norte de África, Asia Central y África Subsahariana, se pretende realizar un balance de estos flujos migratorios y dejar posibles nociones sobre las causas y condiciones de estos migrantes, haciendo la salvedad de que no constituyen hipótesis absolutas, y que se requiere de una investigación cualitativa y cuantitativa rigurosa más a fondo, para corroborar lo propuesto en este texto, entendiendo que son destinos poco explorados Perspectivas globales de las emigraciones de colombianos al exterior e indagados para el colombiano, para así generar un precedente literario que contribuya a investigaciones futuras.

El apartado de colombianos en la región del Noreste de Asia y Oceanía tiene como objeto principal realizar un análisis sobre los flujos migratorios de salida de colombianos por concepto de residencia, trabajo y estudio hacia esta región. Las regiones seleccionadas para este fin se dividirán en la región del Noroeste de Asia, en donde se analizarán los casos puntuales de China, Japón y Corea del Sur. La segunda región será Oceanía con los casos puntuales de Australia y Nueva Zelanda. Este ejercicio se desarrollará bajo un análisis cuantitativo y cualitativo, que permitirá entender la magnitud y la naturaleza del fenómeno y su evolución desde una revisión histórica de las cifras.

Dentro de las precisiones y salvedades sobre esta investigación, cabe aclarar que el presente estudio se cimenta en revisiones de poblaciones migrantes censadas y estimadas en diversas bases de datos. Por lo tanto, este estudio no se centra en la revisión de poblaciones refugiadas, puesto que dichas poblaciones no son tendencia mayoritaria y mantienen tendencias independientes a los procesos migratorios regulares. Asimismo, se aclara que el obstáculo del subregistro migratorio está latente y que por la naturaleza del fenómeno estudiado, no se puede precisar milimétricamente el tamaño de la diáspora colombiana, por lo que se utilizan las evoluciones tendenciales de los flujos migratorios como una posible pista de la dimensión de la afluencia de colombianos en los diversos destinos que se estudiarán en el presente texto. A pesar de que no todos los países cuentan con registros igualmente fidedignos en el plano estadístico y censal, esta investigación busca dar una visión general sobre este proceso, además de dar una idea preliminar que estriba en el cotejo de cifras, la reflexión geográfica y el análisis cualitativo de la dimensión actual de los colombianos en el exterior.

Figura 1. Estado actual de la emigración colombiana


Fuente: elaboración propia.

América
América del Norte

América del Norte ha sido una región claramente dominante dentro de los procesos migratorios de la diáspora colombiana. Países como Estados Unidos y Canadá se han caracterizado por ser destinos que han mantenido una predominancia latente en el imaginario y la prospección del migrante colombiano por su gran influencia económica, social y cultural dentro de los diversos elementos configuradores del sistema migratorio colombiano. A partir de ello, dentro de un largo legado de migración colombiana hacia Estados Unidos, en el que se ha desarrollado la proximidad cultural a la idea de migración hacia este país —siendo fiel demostración los más recientes estudios realizados por William Mejía Ochoa (2019) sobre un rastreo estadístico de casi dos siglos de emigración—, se ha mantenido una tendencia creciente en el volumen de las poblaciones y los flujos migratorios de forma diversificada y constante.

Respecto del volumen del número de colombianos en Estados Unidos, se ha percibido un crecimiento considerable durante los últimos diez años, manteniendo su predominancia como destino principal de migración de los colombianos. Se estima un crecimiento del 18,8 % entre 2010 y 2019, en el que se pasó de 658.667 a 798.294 colombianos en Estados Unidos según estimaciones de Naciones Unidas (2018, ver tabla 1). Asimismo, en diversas naturalezas de flujos de salida de colombianos residentes en el exterior, por motivos de estudio y por motivos laborales, Estados Unidos mantiene una predominancia sobre los demás destinos, en los que oscila la afluencia de colombianos hacia este país entre los 200.000 y los 415.000 entre 2007 y 2018 (Migración Colombia, 2019).

Ahora bien, teniendo en consideración estas tendencias de migración percibidas dentro del caso de Estados Unidos, es posible indicar que algunas de las causas coyunturales que impactaron directamente estos procesos obedecen a factores derivados de la propia configuración migratoria de la diáspora colombiana en Estados Unidos durante los últimos años:

En la configuración temprana de dicha diáspora influyó la búsqueda del sueño americano, una institución del sistema si se tiene en cuenta su valor discursivo y su poder de atracción para migrantes y no migrantes. Este acercó a trabajadores de alta y no tan alta calificación a la idea de acceder a más y mejores oportunidades laborales en destino (Arango, 2000). También tuvo que ver la orientación de una política de reclutamiento dirigido en destino —derivada del cambio en el sistema de cuotas de inmigración en Estados Unidos— (Portes y Rumbaut, 2006), que actuó como una estrategia sistémica temprana. Al tiempo, se tejieron redes sobre las cuales se comenzó a construir el imaginario contemporáneo del inmigrante colombiano —otra institución— y con estas surgieron incentivos para utilizar canales irregulares, una vez saturadas las opciones regulares, como estrategias de emigración alternativas. (Palma, 2015, p. 12)

Por otra parte, a pesar de mantener características similares en condiciones de oferta económica, social y política, Canadá no ha mantenido una dimensión proporcional a la de Estados Unidos en el escenario migratorio de la diáspora colombiana. Aunque ha percibido un aumento exponencial entre los años 2000 y 2015, en el que se percibe un crecimiento notable del 80 % de la población colombiana en el país, el volumen no es comparable en tamaño en comparación con Estados Unidos. Si bien Canadá maneja un sistema de cuotas migratorias en el que, “de acuerdo con sus planeaciones anuales de inmigración, ha mantenido una cuota anual correspondiente a 1% de su población total” (Escalante, 2002, p. 12), en términos generales durante los últimos años, aproximadamente el 61 % de los inmigrantes fue aceptado por esta razón, alrededor del 26 % en promedio fue admitido por motivos de reunificación familiar y entre el 9 y el 13 % fue admitido por ser refugiado (Employment and Immigration Canada, 2004; en Verea, 2010).

Ahora bien, a pesar de la apertura de la política migratoria canadiense, el avance migratorio de la población colombiana en este país no ha sido sustancial. A pesar de identificarse un crecimiento relevante entre 2006 y 2011, en el que se pasó de registrar 39.145 a 60.555 colombianos dentro de un lapso de cinco años (ver tabla 1), su crecimiento durante los últimos siete años se ha estancado, registrándose apenas 64.765 colombianos para el último registro censal de 2016). Dentro de las múltiples hipótesis que pueden dar una posible justificación a estas tendencias, las cuales no se analizarán a profundidad en el presente texto, se encuentran dentro de un rango de opciones que pueden comprender la proximidad geográfica con Estados Unidos, la dificultad de aprobar los filtros migratorios canadienses, la dureza del clima, el tamaño reducido de la comunidad colombiana, las diversas dificultades de la adaptabilidad en un país bilingüe, entre otros factores que pueden ser incidentes en dichos comportamientos de la diáspora colombiana.

Tabla 1. Evolución del número de colombianos en Canadá y Estados Unidos, 1990-2019


Fuente: elaboración propia basada en datos del U.S. Census Bureau (2017) y de Statistics Canada (2016).

*Los datos con asteriscos fueron tomados de estimaciones de Naciones Unidas (2017 y 2019).

América Latina y el Caribe

Para efectos del correspondiente desarrollo del presente análisis, se abordará una lectura desde dos ópticas subregionales que tienden a interactuar con una particular independencia entre ambas dentro del fenómeno estudiado en esta región: América Central y América del Sur. El desarrollo de las migraciones colombianas en América Central ha experimentado un proceso de crecimiento y diversificación geográfica sin precedentes durante la última década. Si bien se mantiene la tendencia señalada sobre la fuerte incidencia de la tercera ola migratoria, es necesario resaltar algunas características propias de este fenómeno en la región. En la evolución de los flujos migratorios se resalta un crecimiento sensible de los flujos migratorios dentro de algunos destinos de predominancia demográfica para la diáspora colombiana dentro de la región (Migración Colombia, 2015 y 2018). Asimismo, al observar la tabla 2, si bien es evidente que la tendencia generalizada de los casos señalados insinúa un crecimiento sostenido, aunque diferenciado en su ritmo, por la dimensión de la población migrante se podría dividir en dos grupos: los destinos consolidados (Panamá, Costa Rica y México), y los destinos exploratorios (República Dominicana, Guatemala, Honduras, El Salvador y otros).

Dentro del primer grupo de países, se han desarrollado diversos elementos que han sido determinantes en el crecimiento de la diáspora colombiana en esta región, basados en un proceso migratorio con un trasfondo histórico y político que ha incidido durante los últimos 30 años. En primer lugar, se puede inferir la directa incidencia de una proximidad geográfica que comparten condiciones transfronterizas como un factor que induce una inmigración de mayor volumen en esta región. Por ejemplo, en el caso de Panamá, se estimó para 2019 que la población en cuestión ascendió a 44.952 personas a pesar de un leve decrecimiento de los flujos migratorios percibidos (Migración Colombia, 2015 y 2018), factores como la proximidad geográfica, los vínculos históricos entre ambos países, la importancia geoestratégica del canal de Panamá, entre otros elementos, han definido perfiles y condiciones propias de la migración colombiana en Panamá.

La particularidad de las lógicas del conflicto armado interno en Colombia no solo ha incidido en la distorsión de la percepción social del país receptor sobre el migrante colombiano, sino que también dichos procesos han incidido en la configuración de la zona fronteriza colombo-panameña como un escenario problemático que es susceptible a la presencia de diversos niveles de empresas criminales y condiciones derivadas de la ingobernabilidad de dicho territorio. No obstante, existen serios elementos que incentivan la migración de colombianos hacia Panamá como parte de su florecimiento económico resultante de “una multiplicidad de elementos, entre los que se destaca la nacionalización del canal en 1999, el mejoramiento del comercio internacional gracias a él y el restablecimiento de un mercado internacional de provisión de servicios” (Polo, Serrano & Manrique, 2019b, p. 21).

En segundo lugar, dentro de los procesos de la migración colombiana en América Central, también está directamente influido por condiciones que limitan el desarrollo amplificado de estos flujos migratorios a pesar de la existencia de destinos con atractivo como destino migratorio por sus avances económicos y sociales. Como, por ejemplo, en el caso de Costa Rica, las limitaciones de visado, así como del alto costo de vida, entre otros factores, han disuadido a la población colombiana a ir de forma masiva a este país, a pesar de que “la población colombiana en el mercado laboral costarricense se destaca como patrona o socia activa (26,3 %), trabajadora independiente (25,6 %) o empleada en empresas privadas (36,8 %), lo que le da una mayor independencia económica que a otros inmigrantes y una condición socioeconómica estable” (Polo, Serrano & Granados, 2018a, p. 203). No obstante, estas condiciones no han sido un óbice para el crecimiento de las migraciones colombianas hacia este país, en la que ha experimentado un crecimiento formidable durante los últimos 15 años, pasando de 5.898 colombianos en el 2000, a 21.583 para 2019 según estimaciones de Naciones Unidas (2017, ver tabla 2).

Un tercer elemento característico de la migración colombiana en América Central se basa en el creciente acercamiento diplomático y económico de Colombia en esta región. Como ejemplo puede señalarse el caso de México, a pesar de que comparte el elemento de ser un país que se ha consolidado como un eje articulador migratorio, al ser un nodo de alta emigración e inmigración dentro de la región, las particularidades de este caso sobre la diáspora colombiana se han dado en condiciones similares a los casos anteriores. Dentro de los últimos siete años, se ha percibido un crecimiento sustancial del 60 % entre 2010 y 2019 pasando de 6.018 a 19.317 colombianos registrados en el país; después de diversos procesos de transformación política y económica en México derivada de “su ingreso al General Agreement on Tariffs and Trade —GATT— en 1986; en la firma del Tratado de Libre Comercio con América del Norte en 1992, y en el ingreso de México a la Organización para el Comercio y el Desarrollo Económico —OCDE— en el mismo año” (Polo, Serrano & Bernal, 2019c, p. 101), se facilita la creación de espacios diplomáticos y económicos que generarían procesos de aproximación que repercutieron directamente en las condiciones de las políticas migratorias entre ambos países. Evidencia de lo anterior, es la exención de visado a la población colombiana en México en la que “gracias a los diversos procesos de integración regional y al conjunto de leyes migratorias, varios colombianos han llegado como inmigrantes a México con becas o algún tipo de canon económico (ahorros, ayuda de un familiar, entre otros) para desarrollar sus estudios superiores” (Polo, Serrano & Bernal, 2019c).

A raíz de lo anterior, la expansión migratoria de la población colombiana en México, al igual que en los casos de Costa Rica y Panamá, experimentaría un proceso de expansión relevante que mantendría un orden tendencial a los crecimientos percibidos desde 1990. Además de lo anterior, el desarrollo de estas migraciones mantendría similitud con los dos casos anteriores en la presencia de factores de atracción de migrantes prospectivos por procesos de crecimiento económico, además de ser puntos de focalización migratoria para los refugiados colombianos dentro de la región. Por ende, dentro de las particularidades mencionadas en ambos casos, se está manifestando un proceso de clusterización migratoria de los procesos remigratorios de los colombianos en el exterior, entendido como un proceso de articulación transnacional de redes de contactos, procesos de articulación institucional y recolección de capitales sociales que pueden establecer, fortalecer y consolidar un sistema migratorio específico.

Ahora bien, dentro de los nuevos destinos de migración para los colombianos a esta región, se destacan casos como Guatemala, República Dominicana y, en menor medida, Honduras, que han percibido un crecimiento ralentizado pero progresivo dentro de los últimos diez años. Dichas tendencias, a pesar de no ser manifestaciones masivas para el proceso migratorio colombiano, resaltan la gran importancia económica que ha gravitado sobre la influencia colombiana en países como Guatemala y Honduras, de la cual se destaca un incremento sustancial de flujos de capitales en condición de inversión extranjera directa (IED), en el que Colombia […], “durante el período 2000-2014 los flujos de ied colombiana en el exterior han acumulado un saldo de 41.106 millones de dólares” (Cordero, 2015, p. 19) y que América Central “se distingue por ser su principal destino de inversión durante el período señalado (22,5 % del saldo acumulado)” (Cordero, 2015, p. 19).

Ahora bien, como ejemplo de lo anterior, dentro de los casos de Guatemala y Honduras, la expansión de las empresas colombianas dentro de América Central, como forma de búsqueda de apertura de mercados, ha impulsado paulatinamente el desarrollo de procesos migratorios, en los que la

estrategia de búsqueda de mercado también responde al aumento en el intercambio comercial de bienes y servicios entre Centroamérica y Colombia, el cual ha generado necesidades de capital y la prestación de servicios tanto a empresarios colombianos que invierten en la región, como a colombianos que han emigrado a Centroamérica. (Cordero, 2015, p. 37)

Por otra parte, en casos como los procesos de expansión migratoria de los colombianos en República Dominicana, han mantenido una tendencia similar a los procesos centroamericanos dominantes, en los que ha habido una expansión de mercados y capitales en los que se manifiesta como tendencia regular la “apertura de nuevos mercados para empresas productivas y de servicios” (OIM, 2017, p. 37). Asimismo, dentro de este destino, la expansión del número de colombianos obedece también a procesos de aproximación diplomática entre ambos países, en los que se levantó la restricción de visado a los colombianos en República Dominicana en 2015, así como sus labores coordinadas en procesos de alerta temprana para la detección y lucha contra elementos de delincuencia organizada transnacional como la trata de personas.

Tabla 2. Evolución del número de colombianos en América Central y el Caribe, 1990-2019


Fuente: elaboración propia basada en datos censales oficiales de cada país compilados por el Proyecto IMILA-Celade y REDATAM de la Cepal (2019). *Los datos con asteriscos fueron tomados de estimaciones de Naciones Unidas (2017 y 2019).

Dentro de los procesos migratorios de la diáspora colombiana en América del Sur, se puede destacar su peso relativo en comparación con otras regiones del mundo. Esto no solamente se debe al abultado número de colombianos residentes en países sudamericanos que han sido sujetos de movilidad motivados por las facilidades migratorias establecidas por condiciones como la proximidad geográfica o la existencia de condiciones de interacción transfronteriza. También características como la vigencia de una lengua franca y la similitud cultural, han sido factores contextuales que han pesado en el proceso de definición de tendencias migratorias dentro de esta región, además de la existencia de condiciones como el auge económico exportador que experimentó la región durante los años 2000 derivado de la gran demanda de commodities, así como la expansión comercial de algunos países que han generado un gran incentivo para el migrante colombiano en la diversificación de sus destinos. Dentro de la región, es posible identificar tres tipos de destinos que se perfilan dentro de las tendencias migratorias de la diáspora colombiana en la actualidad: destinos consolidados (Venezuela, Ecuador y Chile), destinos por consolidar (Brasil, Argentina y Perú) y destinos en fase exploratoria (Bolivia, Uruguay y Paraguay).

Respecto de los destinos consolidados, no solamente se caracterizan por contar con la presencia de una población colombiana de gran volumen durante un lapso considerable de tiempo, sino también en ser destinos dominantes en las tendencias de flujos y personas en los procesos migratorios de la diáspora colombiana. El ejemplo por antonomasia es el caso de Venezuela, el cual, a pesar de las condiciones de crisis política, económica y humanitaria que padece en la actualidad, ha sido uno de los principales destinos migratorios de los colombianos. En la actualidad, ha habido un descenso sensible de los flujos migratorios de salida de colombianos hacia Venezuela, en los que los flujos de salida de colombianos residentes en el extranjero hacia este país cayeron de 45.183 para 2012 a 16.648 para 2018 (Migración Colombia, 2015 y 2018).

En movimientos de orden laboral, se registró una disminución acentuada que se dimensionó de 19.669 para 2012 a solamente 2.039 movimientos registrados para 2018 (Migración Colombia, 2015 y 2018). No obstante, y a pesar de contradecir las condiciones tendenciales de los flujos migratorios derivados del deterioro político y económico bajo la dictadura de Nicolás Maduro, se estima que la cifra ha tendido a ascender durante los últimos años, llegando a registrar 886.088 colombianos en Venezuela para 2019 después de tener registros de 721.791 colombianos para 2011 (ver tabla 3). Dentro de estos escenarios, la particularidad de la diáspora colombiana en Venezuela se ha determinado no solamente por sus condiciones de llegada y afincamiento dentro de este país, sino también por los signos que resaltan sus tendencias actuales en tiempos de crisis del presente país, de la cual ha sido foco de consolidación de la reciente diáspora venezolana, así como de un proceso masivo de retorno migratorio de colombianos que hace parte de la denominada cuarta ola migratoria. De lo anterior, se destacan sus procesos de interacción fronteriza como elemento característico, el cual “se ha ido desarrollando de manera paralela con las dinámicas y transformaciones políticas, económicas y sociales de ambos países, en las que se han consolidado redes sociales de migrantes condicionadas por factores de atracción y expulsión contextuales que determinan e influyen en la realización de movimientos migratorios” (Polo, Serrano & Triana, 2018b, p. 50).

Similar en sus características, las migraciones colombianas en Ecuador han tenido un proceso semejante a las condiciones de emigración que conformaron las oleadas migratorias que llegaron a Venezuela. Sin embargo, y como tendencia opuesta a la evolución de este proceso, a pesar de las subsecuentes crisis económicas derivadas de la hiperinflación y la inestabilidad política durante los años ochenta y noventa, la migración colombiana en Ecuador tendería al crecimiento por dos factores determinantes: la dolarización de la economía ecuatoriana y los procesos de desplazamiento transfronterizos derivados del escalamiento del conflicto armado tras la finalización de los Diálogos del Caguán en 2002. Ahora bien, estas condiciones, en similitud con el caso venezolano, comparten una tendencia de crecimiento sustancial en el que se estima un incremento de 89.931 colombianos para 2010, a 191.537 para 2019 (ver tabla 3), lo cual refleja los elementos que han moldeado a Ecuador como un país clave dentro de la configuración del sistema migratorio colombiano. No obstante, y a pesar de que este caso pueda reflejar una falsa suposición sobre la influencia transversal del conflicto armado interno como razón ulterior de la diáspora colombiana, dicha migración se ha caracterizado por sus procesos de adaptación social y transformación de sus condiciones socioeconómicas y de refugio, en el que factores como

elementos económicos, […] la regularización migratoria de estas poblaciones como una opción con miras de superar una provisionalidad documental en un país que le puede ofrecer mayores beneficios, […] la desfronterización de la población refugiada, tanto del lugar de proveniencia como del lugar de destino, como de la creciente tendencia económica y migratoria de la ubicación sectorial laboral han sido elementos de persuasión para la creciente regularización de la migración colombiana en Ecuador. (Polo, Serrano y Cardozo, 2019, p. 149)

Dentro de la tendencia migratoria dominante en la región, y contraria a la naturaleza de los anteriores casos, Chile es un destino sui generis dentro de las lógicas de la migración colombiana en los destinos consolidados en América del Sur. Dentro de sus diversas particularidades, no solo resalta su gran atractivo como destino de vanguardia económica y de proximidad cultural al colombiano, sino que también ha sido un destino directamente condicionado por los procesos derivados del reasentamiento de refugiados en el norte de Chile. Estas condiciones han influenciado directamente en las condiciones de dispersión territorial de la diáspora, en la que no solamente se ha enfocado en la Región Metropolitana de Santiago, sino que también ha gravitado sobre otros centros de gran importancia económica, como lo han sido regiones como Valparaíso y Antofagasta, ya que

el impacto colateral de los migrantes hacia Chile por el programa de reasentamiento de 1999, el cual influyó en un ‘efecto llamado’ que provocó el aumento de las migraciones hacia las regiones del norte de Chile, caracterizadas por su alta producción minera y fácil acceso por tierra desde el punto fronterizo de Chacalluta en Perú. (Polo y Serrano, 2018c, p. 185)

En las características de esta tendencia, se destaca el crecimiento exponencial que ha recibido esta migración durante los últimos 17 años. Se ha pasado de estimar la presencia de 4.097 colombianos en Chile para 2002 a registrar la cifra de 100.242 según el último registro censal del INE (ver tabla 3). Este crecimiento vertiginoso se ha dado como resultado de diversos factores que afianzaron la migración colombiana en este país, en el que la existencia de un creciente potencial económico, la relativa proximidad geográfica y diplomática entre ambos países, la posibilidad de la transitoriedad por vía terrestre para ingresar a Chile, la remigración proveniente de países como Ecuador, Perú y Argentina, entre otros elementos, han configurado una posibilidad logística sin precedentes para Chile como destino migratorio del colombiano.

Dentro de los destinos en vías de consolidarse como destinos tradicionales, tales como Brasil, Argentina y Perú, estos se han caracterizado por ser destinos de relativa proximidad geográfica y cultural que, por la permanencia de elementos condicionantes dentro de dimensiones de orden económico, político y social, no han sido plenamente determinantes en su consolidación como un país receptor de flujos sostenidos de migrantes colombianos durante los últimos años. De los tres países mencionados, resalta el caso de Argentina como un destino que todavía no se ha afianzado dentro del proceso migratorio de la diáspora colombiana. La naturaleza de las migraciones colombianas, a pesar de tener una predominancia marcada por las migraciones estudiantiles, así como de una dispersión territorial de baja escala centrada en la población de la zona metropolitana de Buenos Aires (Polo & Serrano, 2018d, p. 148), las condiciones de deterioro económico, inflación y desempleo han influido directamente en el inicio de un proceso de decrecimiento demográfico, pasando de 17.576 colombianos registrados en 2010, a 8.791 para 2019 (ver tabla 3); condición que rompe con una tendencia de crecimiento notable percibida entre 2001 y 2010. En complemento de lo anterior, es posible mencionar que

el avance migratorio de los últimos quince años de la población colombiana en Argentina se ha definido por un proceso de ralentización, […] experimentando un escenario de transición económica que ha derivado en un progresivo deterioro de la economía que, con las consecuentes reformas económicas realizadas desde 2015, han derivado en unas condiciones que han sido menos favorables para la proliferación de la migración. (Polo & Serrano, 2018d, p. 147)

Por otra parte, otra de las condiciones características de estos destinos ha sido su condición híbrida, que comparte tanto elementos migratorios de país fronterizo como de destino migratorio de focalización migratoria lejana. Las migraciones colombianas en Brasil han experimentado un crecimiento sostenido en el que ha comenzado a invertir la tendencia migratoria de que haya una predominancia migratoria en la región del Río de la Plata sobre el aporte relativo de la diáspora colombiana en este país. Por ejemplo, se ha pasado de registrar 6.851 colombianos residentes en Brasil para 2010, a estimar la presencia de 9.211 para 2017 (ver tabla 3), lo cual tiende a superar el volumen de dicha población en Argentina. No obstante, es importante resaltar dos tendencias que se han consolidado como dominantes en estos procesos migratorios. En primer lugar, la presencia de migraciones, tanto laborales como estudiantiles, de corta duración focalizada en los principales centros urbanos del sudeste y sur de Brasil, en el que “gran parte de los colombianos en Brasil son estudiantes o funcionarios de empresas transnacionales […] que cuenta con estudios profesionales labora en compañías o son independientes (sic)” (Cancillería, 2015; en Polo, Serrano & Triana, 2018e, p. 125). Por otra parte, en los movimientos transamazónicos que comprenden los países que están dentro de la cuenca hidrográfica del río Amazonas, se comparte una tendencia similar a la migración fronteriza mediante la interacción fluvial y aérea, además de la condición de comunidades transfronterizas de las poblaciones indígenas, lo cual reduce considerablemente su radio de amplitud geográfica pero, a su vez, aumenta la fluidez de estos intercambios. Acorde con estas tendencias,

personas de ambos países traspasan a diario la línea limítrofe por su recorrido de la vivienda al trabajo, en busca de bienes y servicios según las disponibilidades locales o lo que resulte más conveniente adquirir en uno u otro lado, más aún cuando al menos el 40 % de la población de Leticia, Tabatinga y Santa Rosa tienen triple nacionalidad: colombiana, brasileña y peruana. (Ramírez, 2006; en Polo, Serrano y Triana, 2018e, p. 129)

Por último, el caso de Perú se destacó, hasta hace poco, como uno de los destinos migratorios de la región con menor variabilidad en la dimensión del volumen de la población colombiana. Aunque Perú ha sido un país próximo a Colombia, en el que ha tenido un auge turístico y económico reciente que ha significado una gran inversión extranjera, gracias a “fortalezas que lo vienen sosteniendo: estabilidad económica, rentabilidad, atractivos turísticos, culinarios, nuevas posibilidades para propios y extraños” (OIM, 2012c, p. 41). Sin embargo, la migración colombiana en este país no ha significado ser un componente de peso mayoritario. Dentro de las diversas particularidades, y en similitud con la condición híbrida de Brasil como destino migratorio, Perú comparte características de país de destino migratorio, de tránsito y de interacción fronteriza que, a su vez, ha estado directamente marcado por la invariabilidad del tamaño de esta población, a pesar de que se registra un incremento limitado de 3.612 registrados para 2010, a 8.588 para 2017, según el más reciente censo del INEI (ver tabla 3). Acorde con lo anterior, se resaltan dos elementos: “el surgimiento de nuevas tendencias migratorias de dicha población con respecto a los destinos como Chile y Argentina se han destacado como nuevos destinos migratorios de considerable proporción migratoria para el colombiano, así como la perfilación a Perú como un país plataforma para la remigración del colombiano hacia estos países” (Polo, Serrano & Jiménez, 2019e, p. 160-162).

Finalmente, respecto de los países en fase exploratoria de la diáspora colombiana tales como Bolivia, Uruguay y Paraguay, además de mantener la tendencia general del incremento de la diáspora colombiana al exterior durante la tercera ola migratoria, el crecimiento del número de colombianos se ha visto directamente afectado por la existencia de destinos próximos de mayor atractivo, además de ofrecer algunas condiciones de tránsito migratorio para llegar hacia otros destinos. Bolivia, dentro de los tres destinos comentados, se ha perfilado como el de mayor crecimiento de la diáspora, en el que se registró un incremento que registró de 2.086 colombianos para 2012, a estimar la presencia de 3.236 para 2019 (ver tabla 3). Esta condición se puede caracterizar así: además de las facilidades que tienen los colombianos para migrar a Bolivia acorde con la vigencia de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) como eje articulador diplomático y migratorio, puede estar experimentando una condición similar a los países emergentes anteriormente estudiados en América Central como un posible foco de apertura de negocios e inversiones de orden privado como consecuencia del reciente auge económico de Bolivia durante los últimos cinco años.

En el caso de Uruguay, la población colombiana ha sido una de las de mayor dinamismo en su crecimiento entre 2011 y 2015 (Mides, 2017, p. 44), la cual se ha incrementado de 749 colombianos para 2011, a 1.945 para 2017 (ver tabla 3). No obstante, una de las posibles razones por las cuales Uruguay no se ha consolidado como un destino dominante dentro de las migraciones colombianas puede obedecer al fuerte influjo de Buenos Aires como centro económico de la región, en el que ha tendido a centralizar las migraciones que se radican en esta región. No obstante, es posible que a raíz del deterioro económico argentino, Uruguay pueda tener mayor protagonismo como destino de remigración, dentro del cual los colombianos podrían seguir manteniendo una tendencia de crecimiento dinámico. Por último, Paraguay no se ha logrado establecer de forma continua como un destino de migración atractivo para el colombiano. A pesar de la vigencia del Convenio de Nacionalidad entre Colombia y Paraguay en 1980, en el que los colombianos pueden disponer del derecho a reclamar la nacionalidad paraguaya, no ha habido una presencia relevante de los colombianos en este país, a pesar de registrar un crecimiento importante de 652 personas para 2012, a 933 para 2017 (ver tabla 3). Este caso puede compartir similitudes tendenciales con el caso de Uruguay, además de que Paraguay no ha sido un destino de confluencia migratoria general durante las últimas décadas.

Conclusiones

Las condiciones actuales de la migración colombiana en Norteamérica se han caracterizado por estar directamente influidas por elementos económicos y culturales, además de mantener condiciones tendenciales tanto del volumen como de los flujos migratorios de los colombianos hacia estos destinos, que la han determinado como una región de gran impacto dentro de la diáspora. Sin embargo, la proporcionalidad acentuada a la predominancia migratoria de Estados Unidos es nutrida por el establecimiento de elementos determinantes en el establecimiento de un sistema migratorio que ha podido perdurar a lo largo del tiempo, tanto por el establecimiento sostenido de instituciones culturales de la migración, como por el fortalecimiento de una comunidad migrante que facilita los procesos de adaptación social dentro de los países receptores.

Dentro de los procesos migratorios en América Central y el Caribe, se resalta la presencia de tendencias marcadas por las diversas lógicas políticas y sociales, tanto fronterizas como transnacionales, en las que ha gravitado la presencia de casos de refugio. No obstante, a pesar de dicha predominancia, estos procesos no son el principal factor de impulso de las migraciones colombianas en las regiones, puesto que se manifiesta un proceso de diversificación de intereses y condiciones migratorias que han prohijado expansiones comerciales facilitadas por procesos de articulación económica de orden regional. Las inversiones y la expansión de mercados ha sido un vehículo de fortalecimiento migratorio que ha permitido consolidar una influencia considerable dentro del plano económico de la región, la cual ha profundizado los procesos migratorios dentro de la región más allá de destinos consolidados como Panamá, Costa Rica y México.

Tabla 3. Evolución del número de colombianos en América del Sur, 1990-2019


Fuente: elaboración propia basada en datos censales oficiales de cada país compilados por el Proyecto IMILA-Celade y REDATAM de la Cepal (2019).

*Los datos con asteriscos fueron tomados de estimaciones de Naciones Unidas (2017 y 2019).

Por último, es posible concluir que las migraciones en América del Sur se han caracterizado por los diversos elementos que la componen, cuyas condiciones van desde el establecimiento de destinos migratorios de larga data, pasando por la consolidación parcial o total de destinos intermedios, como la existencia de destinos aún lejanos en la mentalidad del migrante colombiano. Dentro de sus diversas tendencias, es posible aducir los diversos perfiles de los países revisados, lo cual señala de manera general y casi unánime el fenómeno de expansión demográfica de la diáspora colombiana durante la tercera ola migratoria. A pesar de las diversas particularidades de cada uno de los casos revisados, las cuales son una veta inacabable para investigaciones futuras, se mantiene una tendencia dominante sobre la naturaleza del colombiano al migrar y sus diversos perfiles que, a pesar de mantener una relativa similitud, se adaptan a las diferentes condiciones a las que se somete al momento de migrar.

Figura 2. Emigración colombiana en América


Fuente: Proyecto IMILA-Celade de la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas (2017) y United Nations Global Immigration Stock Database (2019).

Europa

Los flujos migratorios de Europa a América Latina se impusieron desde el descubrimiento del continente americano en el siglo XV. Este acontecimiento histórico permitió la migración de europeos a América Latina y, así mismo, pequeños flujos de América a Europa. El resultado de esta dinámica fue el cambio poblacional del continente americano con la llegada de los europeos y con ellos los africanos como esclavos. Estos dos momentos fueron los primeros sucesos en materia migratoria en que ambos continentes tuvieron flujos migratorios entre sí. En la actualidad, la migración latinoamericana a Europa está liderada por Brasil, Colombia, Ecuador y México, esto dependiendo del país de destino y la razón por la cual migran en primera instancia. El caso colombiano, según las cifras censales de los países estudiados, representa entre el segundo y tercer grupo de latinoamericanos en los diferentes territorios.

Es por eso que este acápite se centra en la migración colombiana transcurrida en las últimas décadas en Europa y, a su vez, la dinámica migratoria en dicha región, la cual es dividida de la misma forma que lo hace la Cancillería de Colombia separando a Europa, en 461 países, donde los más significativos en flujos migratorios de origen colombiano son España, Italia, Francia, Alemania y Reino Unido. Por ende, estos países son el centro del análisis de este acápite, no solo porque representan cuantitativamente la mayor presencia de colombianos, sino también porque simbolizan, cualitativamente, el perfil del colombiano en Europa.

Europa se ha caracterizado por sus migraciones, en búsqueda de nuevos territorios durante los procesos de colonización y conquista de varios países del mundo. En efecto, la colonización de América Latina marcó los principales destinos y flujos migratorios desde y hacia Europa, luego, con los hechos que propagaron las guerras del siglo XX y las masivas oleadas de personas huyendo de dicha situación hacia otro país e incluso hacia otro continente, fue la época de mayor emigración europea al continente americano después de los respectivos periodos de independencia de las antiguas colonias.

Cabe aclarar que la emigración europea marcó una tendencia durante 25 años, debido a que se redujo de forma generalizada la emigración, haciendo que existiera un mayor número de inmigrantes en la región. Esto ha ido cambiando en los últimos cinco años, cuando la emigración europea volvió a aumentar hasta los casi 20 millones, un nivel similar al de 1990 (OIM, 2018). Es decir, en Europa en la década de 1990 se registraba “prácticamente la misma cantidad de europeos viviendo fuera de Europa que ciudadanos no europeos viviendo en la región” (OIM, 2018). Esta fue la única vez en la historia migratoria europea que existió un equilibrio entre los residentes no europeos dentro de la región y los europeos fuera de Europa.

En la actualidad, de los 244 millones de migrantes internacionales registrados en 2015, 76 millones se encuentran viviendo en Europa (Undesa, 2016). Además, según el último informe de la OIM, asegura que “la población de migrantes no europeos en Europa superó los 35 millones” (OIM, 2018). Más allá del análisis cuantitativo, habría que decir también que la situación migratoria actual en Europa representa un debate continuo sobre los temas relacionados con la migración en tres dimensiones. En primer lugar, el aspecto político y el auge de los diferentes partidos políticos en contra de la migración, en segundo lugar, las grandes oleadas de inmigrantes tras la crisis siria y las diferentes problemáticas africanas. Por último, la desinformación social y aspectos cotidianos de los ciudadanos de los respectivos países.

A pesar de eso, Europa sigue siendo la región con más migración intrarregional, los ciudadanos europeos migran dentro de la región, lo cual es “posible gracias a los acuerdos de libre circulación, que permiten que los ciudadanos crucen las fronteras internas sin ser some-tidos a controles fronterizos” (OIM, 2018). Dicho de otra forma, el espacio Schengen2, que no solo facilita el movimiento humano entre países, sino también actúan en bloque si un extranjero quiere visitar dichos territorios como turista, en el caso colombiano, desde el 3 de diciembre del 2015 no es necesario una visa de turista pero debe contar con los documentos requeridos para su ingreso a dicho territorio (Cancillería, 2015). Al mismo tiempo, fuera del espacio Schengen, en la región son muy pocos los países que exigen una visa para su entrada a los colombianos, estos son Irlanda, Reino Unido, República Belarús y Ucrania (Cancillería, 2016).

Ahora bien, profundizando el caso colombiano, la tendencia de flujos migratorios a Europa se fortaleció a partir de la segunda mitad del siglo XX, donde España se perfiló como el principal país de destino de las migraciones colombianas a Europa. Es probable que la comunidad colombiana haya considerado este país debido a la cercanía histórica, a la similitud en las costumbres y, sobre todo, por la facilidad lingüística al hablar el mismo idioma. Asimismo, hasta el año 2002 con el proceso de la Unión Europea se estableció como requerimiento de entrada la visa Schengen. En otras palabras, antes de esa fecha no existía una visa para los colombianos que querían ingresar a varios países europeos como Francia, Italia y España, esto representaba una ventaja comparativa en relación con Estados Unidos, que implicaba un costo mucho mayor que migrar a Europa.

De este modo, España se convierte en uno de los cuatro principales focos de migración colombiana, tal como lo afirma Mejía, “entre 1998 y 1999 más de 11.000 nuevos residentes procedentes de Colombia, [llegaron a España] como preámbulo de una gran oleada, que continuó durante toda la primera década del siglo y alcanzó su valor máximo de llegadas (71.575) en 2001” (Mejía-Ochoa, 2012). De igual manera, según Migración Colombia (2018), el número sigue creciendo, para el año 2018 ingresaron 810.6043 colombianos, lo cual demuestra una tendencia de crecimiento constante de los flujos de emigrantes colombianos en España. Igualmente, según la base de datos de OCDE en Migración para el 2017 habían 362.152 colombianos como residentes en dicho país (OCDE, 2019), lo que significa el mayor número de colombianos en Europa.

De igual forma, el aumento de la emigración colombiana a España también significó el incremento de los flujos a otros países europeos, como lo son: Italia, Francia y Alemania; países con mayor cantidad de migrantes nacidos en Colombia hoy en día. Habría que decir también que la migración colombiana se ha encontrado “sesgada”, de cierta manera, por las grandes olas de migrantes que han llegado a Europa, para citar algunos ejemplos, la llegada de los africanos a Francia y España, los polacos en Alemania, los rumanos en Italia, o los indios en Reino Unido. Estos grupos migratorios hacen que el porcentaje de colombianos no represente la misma relevancia en cifras, ni mucho menos a la hora de establecer estudios referentes a la comunidad colombiana en dicho continente, que la importancia dada a los ejemplos citados anteriormente.

Pues, a su vez, la llegada de los colombianos a Europa incrementó debido a la creación de redes sociales receptoras, refiriéndose al conjunto de conexiones entre personas que ayudan a establecer particularidades que facilitan la llegada y traslado a un lugar determinado (Gincel Collazos, 2010). Estas redes se convierten en la principal razón por la cual se incrementan las migraciones colombianas a Europa, donde el imaginario del apoyo en la búsqueda de vivienda e incluso de trabajo hace que se tome la decisión de migrar y facilitando a su vez el proceso de adaptación en los países de destino.

En Europa, se dio en un primer momento a España, tal como se analizó anteriormente. Sin embargo, muchos de estos colombianos una vez obtuvieron “la nacionalidad española, deciden volver a migrar a países vecinos, tendencia que se hizo visible a mayor dimensión desde la crisis económica del 2008” (Entrevista n.o 3, mujer, 9 de enero de 2019), donde sucedieron dos fenómenos migratorios relacionados al contexto del momento. Por un lado, el retorno a Colombia, siendo un caso atípico en comparación con los otros países latinoamericanos debido a los pocos colombianos que retornaron. Por otro lado, la mayoría de los inmigrantes colombianos decidió volver a migrar, hecho que representó nuevas problemáticas asociadas al país de destino como una nueva cultura, un nuevo entorno y, sobre todo, un nuevo idioma.

Este último factor es el más controversial, dado que las diferentes comunidades de connacionales permitieron crear un entorno donde no es necesario aprender el idioma del país de residencia, el claro ejemplo de esta situación es Elephant and Castles en Londres, un centro comercial que se convirtió, paulatinamente, en el epicentro de la comunidad colombiana en Inglaterra, donde es posible “conseguir cualquier producto colombiano, comprar una propiedad en Colombia, hablar español” (Entrevista n.o 10, hombre, 1 de febrero 2019) y realizar cualquier actividad como si estuviera en Colombia. Otro ejemplo son los barrios

en donde hay numerosos hogares de colombianos, los apartamentos son espacios abiertos; los vecinos comparten un momento de su tiempo con las otras familias, y en varios casos los amigos llegan sin avisar, tal y como se acostumbra en ciertas regiones de Colombia. (Gincel Collazos, 2010, p. 71)

La cuestión lingüística es una de las características más subrayadas dentro de la población colombiana en países como Francia, Alemania o Reino Unido, donde los testimonios reafirman esta hipótesis, puesto que conocen colombianos que no hablan el idioma del país de residencia. Empero, en general, los casos de personas que no poseen conocimiento lingüístico son personas que llevan alrededor de 20 años en dicho país, que laboran en trabajos de limpieza y construcción o que reciben alguna ayuda económica del Gobierno, los cuales se relacionan socialmente, solamente, entre la comunidad colombiana.

Aunque de manera general no existe el equivalente de una “pequeña Colombia” (GIZ & CIM, 2015) o el barrio colombiano, más allá de un centro comercial como es el caso de Londres o todo un vecindario de colombianos, de este modo se cree que el constante “sentimiento básico de desconfianza” (GIZ & CIM, 2015) hace que en muchas ocasiones no exista una comunidad organizada y consolidada a gran escala dentro de los países europeos (GIZ & CIM, 2015). Evidentemente, la comunidad colombiana en Londres es la unión de connacionales más desarrollada al contar con un centro comercial, esto se puede presumir dado a la larga data de los colombianos en dicho territorio, puesto que la principal razón de este proceso fue debido a que el Reino Unido, en los años setenta, “autorizó el enganche de mano de obra no calificada para empleos en los sectores de servicios comerciales, industria hotelera y restaurantes. La mayoría de emigrantes fueron mujeres, provenientes de los departamentos del Viejo Caldas y el Valle del Cauca” (Cárdenas & Mejía, 2006, p. 5).

Esto sirvió para la creación de redes sociales y, a su vez, la llegada de futuras migraciones al Reino Unido. En las últimas décadas, la comunidad colombiana se ha diversificado en diferentes profesiones más allá de los primeros casos de los años setenta, asimismo, después de la crisis española se convirtió en el primer país de “remigración” colombiana en Europa, es así como, según el registro de Office for National Statistics, los colombianos son la población latinoamericana de habla hispana más significativa y la segunda originaria de América Latina después de Brasil (ONS 2016). En la actualidad, aproximadamente 22.703 colombianos (OCDE, 2019) viven en Reino Unido, lo que lo cataloga entre los 5 países europeos con mayor población colombiana.

De igual modo, como factor denominador, la gran mayoría de los colombianos en Europa se concentra en las grandes ciudades, ya sea por ser la capital oficial del país o por ser el centro financiero de este; la mejor ilustración de esta afirmación es Alemania, donde la población colombiana para el 2017 era 22.190 (OCDE, 2019) convirtiéndose en el tercer país latinoamericano con más población en su territorio, la cual se distribuye, principalmente, entre Berlín (11 %), como capital del país, y Fráncfort (7 %)” (GIZ & CIM, 2015), como centro económico, siendo la segunda ciudad con más colombianos en Alemania. “Relativamente pocos colombianos han elegido asentarse en los nuevos Estados federados” (GIZ & CIM, 2015). De igual forma, sucede en los demás países europeos.

Asimismo, en Francia, la mayoría de los migrantes colombianos se encuentran en París (Gincel Collazos, 2010), pues es la ciudad francesa que representa las dos características mencionadas anteriormente, “en Francia, la dinámica de la migración colombiana ha sido tan acelerada que los colombianos llegaron a ser el segundo [país] […] después de los brasileños” (Gincel Collazos, 2010, p. 64), tal como lo muestra la tabla 4, donde se reflejan los resultados de los censos de 1982, 1990 y 1999 en los que se percibe un incremento sustancial durante estos periodos.

Tabla 4. Evolución del número de colombianos en Francia, 1982-2019


Fuente: elaboración propia con información de Institut national de la statistique et des études économiques (2014) y de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (2019)

Hoy en día, hay alrededor de 27.644 migrantes colombianos (OCDE, 2019) que se encuentran viviendo en Francia, empero, la migración irregular dificulta los diferentes procesos censales en estos países. Si bien las estadísticas en temas migratorios se contradicen entre sí, en Francia “hay algunos cálculos hechos a partir del número de solicitudes de regularización depositadas en las prefecturas de policía. Según algunos especialistas en el tema, esas solicitudes tendrían que multiplicarse por veinte para estimar la cifra real de colombianos” (Gincel Collazos, 2010, p. 65).

No obstante, sería una estimación exagerada a comparación de las cifras oficiales. Tal como lo muestran las tablas, evidentemente, la población colombiana en España es considerada superior a los demás países europeos, asimismo, el incremento de colombianos en Reino Unido, después de la crisis económica del 2008, le da más solidez al argumento de la “remigración” desde España a los países vecinos, sobre todo al Reino Unido, duplicando en 10 años la cifra de colombianos que alcanzó los 24.649 en el 2010.

La migración colombiana en Italia representa otra característica dentro del perfil colombiano en Europa, en donde predomina la migración femenina, así “se verifica una alta feminización de los flujos con el patrón migratorio de las mujeres […] que, una vez adquirida una cierta estabilidad estructural, ponen en marcha procesos de reunificación familiar” (Ciurlo, 2014, p. 130). No obstante, la población colombiana en Italia mantiene la misma tendencia que en el inicio del siglo XXI, en temas laborales representa una diferenciación en la migración altamente calificada, pues la ausencia de acuerdos académicos binacionales dificulta la búsqueda y la aceptación en un empleo acorde a la experiencia y estudios realizados. En resumen, tal como Ciurlo (2014) concluye, “en este momento Colombia está perdiendo capital humano mientras que en Italia este capital se desperdicia”.

No obstante, Italia es el segundo país europeo con mayor número de colombianos residiendo en su territorio; según la base de datos de la OCDE, para el 2017 había 40.227 colombianos residentes en dicho país (OCDE, 2019), por lo que se puede presumir que esa cifra no ha cambiado radicalmente en Italia. La Santa Sede, a pesar de estar ubicada geográficamente dentro de Italia, cuenta con personalidad de ciudad-Estado, por lo cual tiene sus propios flujos migratorios separados a los de Italia. Desde el 2013, según Migración Colombia, se inicia un flujo de migrantes entre Colombia y la Santa Sede, pasando de no tener información a una media de 40 colombianos que residen en dicho territorio.

Por otro lado, hay que mencionar además que la población colombiana en Europa es heterogénea, “no se trata ya exclusivamente de una migración de clases altas o medias, sino también de trabajadores de clases más desfavorecidas o de las llamadas clases medias-bajas. Cada individuo es único, con una situación económica, social, familiar, y geográfica diferente” (Gincel Collazos, 2010, p. 65). Por ende, el perfil del migrante colombiano no se puede definir de manera general, dada la diversidad entre la misma población. No obstante, la tendencia de la emigración colombiana en Europa se puede dividir4 en tres grupos: 1) el porcentaje de colombianos que migran por motivos educativos, 2) un grupo asociado a razones amorosas, y 3) aquellos que migran vinculados a asuntos laborales, ya sean altamente calificados o de mano de obra barata.

Más allá de los factores o características que conforman el perfil del colombiano en Europa, los cuatro casos citados (Francia, Italia, España y Reino Unido) en este apartado del capítulo concuerdan en ser destinos educativos. Por un lado, se encuentran Francia y Alemania, en donde hasta el 2018 los programas de pregrado o maestría se ofrecían a precios accesibles en comparación con muchas universidades en Colombia. Sin embargo, las desventajas de estos países son su costo de vida y, sobre todo, la barrera lingüística que, a pesar de eso, han sido aprovechadas por un gran número de colombianos.

Tablas 5 y 6. Evolución del número de colombianos en España (1991-2019) y Reino Unido (1990-2019)


Fuente: elaboración propia con información de Office for National Statics (ONS, 2016) y del Instituto Nacional de Estadística (INE, 2011).

*Los datos con asteriscos fueron tomados de estimaciones de Naciones Unidas (2017 y 2019).

Asimismo, la migración estudiantil en España está asociada a las facilidades del idioma. Sin embargo, en el caso de Reino Unido, van asociados a la continuación de un curso de inglés (Entrevista n.o 6, mujer, 18 de enero de 2019), los cuales tienden a durar entre seis meses y un año, empero, los requerimientos que existen alrededor de las visas o permisos de residencia hacen que existan tres alternativas. En primer lugar, el perfil estudiantil del colombiano, el cual se debe a la ventaja que representa ser un estudiante en Reino Unido, principalmente, por los descuentos económicos para la cotidianidad del estudiante y la “facilidad” de la renovación de dichas visas al comenzar un nuevo proyecto académico (Entrevista n.o 1, mujer, 5 de enero de 2019).

En segundo lugar, se encuentran las personas que pasan, generalmente, de visa de estudiante a visa de trabajo, donde en algunos casos las empresas los patrocinan; estas son conocidas como las visas Tier 2 y dan lugar a una continuidad de su estadía en Reino Unido (Entrevista n.o 1, mujer, 5 de enero de 2019). De igual manera, existe una población, la cual llegó por diferentes razones que ha permanecido de forma irregular durante el territorio británico, pero tiempo después adquieren la residencia e incluso la nacionalidad. En tercer lugar, aquellos que migran a Reino Unido por motivos laborales o educativos, pero cambian la razón de su estadía en dicho país por razones amorosas (Entrevista n.o 6, mujer, 18 de enero de 2019).

Los casos explicados antes no solamente describen la situación de los inmigrantes colombianos en Reino Unido, sino también de los principales destinos europeos para dichos inmigrantes, como lo son Suiza, Holanda, Bélgica y Suecia. Estos, según Migración Colombia, son países con un gran flujo de colombianos estudiando en su territorio.

Sin duda, el motivo más destacado es la educación, pues entre los países analizados en este apartado, con mayor flujo estudiantil, se destacan Rusia, Polonia, Portugal y Holanda; esto se da debido a las becas creadas y propiciadas por los gobiernos de los países europeos. Asimismo, el bloque de la Unión Europea propicia becas entre ciertos países de la región e igualmente, para ciudadanos de todo el mundo. De igual modo, los bajos costos que ofrecen en países como Francia y Alemania, que, comparados con los costos en Colombia, son económicos y, asimismo, permiten trabajar para sobrellevar los demás gastos. Otro rasgo es la migración a los países escandinavos, que cuentan con varios programas gratuitos y diferentes tipos de apoyos económicos.

Todas estas observaciones se relacionan con los demás países europeos que no se han mencionado aún, algunos cuentan con características similares, pero con menores proporciones de colombianos como los son: la República Checa, Eslovaquia, Croacia, Estonia, Austria, entre otros. Por otro lado, hay que resaltar que en los 46 países mencionados al inicio de este apartado todos cuentan con un flujo migratorio de al menos un colombiano que ingresa a esos países en condición de residente.

Figura 3. Volumen del flujo de salida de colombianos que ingresan con visa de estudiante, 2007-2018


Fuente: elaboración propia a partir de datos del Tableau informativo de Migración Colombia sobre flujo migratorio de colombianos (2018).

En conclusión, el perfil del migrante colombiano en Europa está enmarcado por las mismas tendencias migratorias, en donde se percibe un primer momento de migración entre los años sesenta y ochenta con las diferentes políticas de atracción de inmigrantes para realizar empleos de construcción, servicio al cliente y comerciales. Este primer flujo de colombianos en Europa crea las redes sociales que atraen a familiares, amigos y conocidos a migrar. En la actualidad, la diversidad entre la población colombiana en los países donde se encuentra una gran cantidad de colombianos se percibe como una comunidad heterogénea, proveniente de diferentes clases sociales, contexto social y de zonas diversas de Colombia.

Los casos de España, Reino Unido, Alemania, Francia e Italia representan en síntesis la migración colombiana en dicha región, pues no solo comparten los rasgos más significativos, como son la predominancia de la mujer colombiana superando a los hombres migrantes, el asentamiento de la población colombiana en las grandes ciudades europeas, la barrera lingüística que se crea debido a los diversos grupos de connacionales en un mismo país de destino. Y, de igual manera, la educación como el perfil en auge dentro de los migrantes colombianos en Europa, gracias, en parte, a las diferentes becas que ofrecen los gobiernos europeos.

Figura 4. Emigración colombiana a Europa


Fuente: elaboración propia.

Medio Oriente y Norte de África, Asia Central
y África Subsahariana

Medio Oriente y Norte de África, Asia Central y África Subsahariana hacen parte de los territorios donde surgió la humanidad, fue cuna de las grandes civilizaciones de la antigüedad y del nacimiento de las tres religiones más importantes del mundo (judaísmo, catolicismo e islam), teniendo importancia geopolítica en el pasado para rutas comerciales y hacer conexión entre Oriente y Occidente, por lo que su relevancia histórica, política, cultural y económica a nivel mundial es incuestionable. A pesar de eso, no suele ser una de las regiones con mayor notoriedad en el sistema internacional, en la política exterior de algunos Estados, o no es el principal destino de migrantes alrededor del mundo. Y Colombia no se aleja de ese enfoque, precisamente estas regiones geográficas no son prioridad dentro de la política exterior colombiana ni han sido destinos atrayentes para los emigrantes del país. Esto se ve reflejado, por ejemplo, en la asignación de consulados y embajadas colombianas, donde resultan ser menos que en otras regiones. En Medio Oriente y Norte de África solo hay seis embajadas oficiales (Argelia, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Israel, Líbano y Marruecos), en Asia Central solo existe una embajada colombiana (Azerbaiyán) y en África el Estado colombiano cuenta con tres consulados (Ghana, Kenia, Sudáfrica) (Gobierno de Colombia, 2019a).

Ninguna de estas regiones es un destino predilecto para emigrar por los colombianos. No obstante, más allá de eso, las entidades estatales encargadas de los asuntos migratorios como Migración Colombia y la Cancillería no han hecho seguimiento a los migrantes establecidos en estos lugares, ni se han interesado por conocer a fondo las condiciones migratorias, los motivos de su salida del país, las características socioeconómicas de estos ni la integración social que han tenido. Soportando este vacío, la academia tampoco ha tenido el interés de investigar e indagar sobre esta migración, y existen pocos, casi nulos, estudios e investigaciones que profundicen a fondo este flujo migratorio. Esto ha tenido como consecuencia que la política migratoria colombiana no sea eficiente, que no se tenga control ni conocimiento sobre los connacionales en el exterior y que además no se tengan las bases estatales ni investigativas para promover una política migratoria completa e integral para estos colombianos. En retrospectiva, el Estado colombiano y la comunidad científica se han desprendido de estos colombianos, dejándolos sin el cobijo efectivo de la política exterior colombiana y del buen desenvolvimiento y reconocimiento de sus derechos.

Por esta razón, este apartado del capítulo sobre tendencias migratorias de los colombianos en el exterior pretende sentar las bases del estudio migratorio colombiano en Medio Oriente y Norte de África, Asia Central y África Subsahariana, entendiendo que son destinos poco explorados e indagados, para así generar un precedente literario que contribuya a investigaciones futuras que profundicen cuantitativa y cualitativamente en estos migrantes colombianos. Por esto, se pretende realizar un balance de estos flujos migratorios y dejar posibles nociones sobre las causas y condiciones de estos migrantes, haciendo la salvedad de que no constituyen hipótesis absolutas, y que se requiere de una investigación tanto cualitativa como cuantitativa para corroborar lo propuesto en este texto.

Teniendo en cuenta lo anterior, se parte de la base de que los migrantes colombianos en esta región en su mayoría son migrantes económicamente activos, que salen del país en búsqueda de mejores oportunidades, y en particular para esta región, sus motivaciones e intereses están ligados con intereses económicos, empresariales y de negocios, enfocados principalmente en recursos energéticos como el petróleo, base de la economía de la mayoría de estos países. Por ello, se tendrán en cuenta flujos migratorios como base estadística, entendiendo que muchos de estos migrantes no se mantienen solo en estos países, sino que sus intereses económicos y de negocios los hace movilizarse de un lugar a otro. Además, entendiendo que existe un vacío cuantitativo del stock migratorio en los países por estudiar en este apartado y que, por lo tanto, no es posible realizar un análisis con base en ello (aunque se resaltarán los datos de stock migratorio si son existentes). Siguiendo con esto, el presente apartado será estructurado en tres partes: Norte de África y Medio Oriente, Asia Central y África Subsahariana. En cada una de estas divisiones, se hará énfasis en los destinos más importantes, para así proporcionar evidencia en específico de los casos más relevantes para los connacionales en el exterior.

Norte de África y Medio Oriente

Esta zona comprende los Estados desde Marruecos al noroccidente de África hasta la península arábiga en Asia. Estas naciones son en su mayoría árabes y musulmanas, arraigadas a sus tradiciones religiosas y teniendo como bases estatales instituciones políticas ligadas a la ley islámica. En las últimas décadas, la región ha cobrado relevancia geopolítica por los recursos energéticos que posee, además de su ubicación geoestratégica, como puente geográfico entre Europa y Asia. Sumado a ello, la coyuntura política y socioeconómica de la región, relacionada con situaciones graves de violación de derechos humanos, el surgimiento de amenazas a la seguridad internacional por la injerencia de grupos terroristas y el fortalecimiento de conflictos internos han provocado que sea una región volátil y cambiante, que ha estado dentro de la agenda de prioridades de la política exterior de varios países del mundo. Así, resulta bastante interesante estudiar los casos de colombianos que han migrado a estos países, y conocer más a fondo las causas de su migración y, aún más, las condiciones en las que viven.

Los cuatro países donde se encuentran mayores flujos migratorios para el año 2018 son: Emiratos Árabes Unidos (1.487), Israel (531), Qatar (251), Líbano (230) y Arabia Saudita (238) (de los anteriores países, se va a priorizar Arabia Saudita sobre Qatar, debido a que ha tenido mayores flujos migratorios de colombianos residentes en el extranjero entre los años 2007, 157 en Arabia Saudita y 37 en Qatar, y en 2017, 289 en Arabia Saudita y 141 en Qatar). Del primer país destino, se puede encontrar que la migración colombiana está principalmente relacionada con el ámbito empresarial, donde los colombianos han buscado fortalecer sus negocios con este territorio, esto soportado por las relaciones bilaterales entre las dos naciones que han sido impulsadas desde 2012 con la apertura de la embajada colombiana en Abu Dabi y el establecimiento de vínculos comerciales estrechos que han promovido mayores inversiones y oportunidades de negocio (Schulle, 2016). Así, en ejemplificación de esto, las cifras de flujo de colombianos residiendo en este país pasaron de 778 en 2012 a 1.189 en 2013 a 1.487 en 2018. También, en los datos de migrantes laborales, los colombianos aumentaron de 454 en 2012 a 1.260 en flujos para el año 2018. En este caso, los acuerdos bilaterales comerciales y el impulso de relaciones bilaterales estrechas han sido esenciales a la hora de atraer colombianos a este país, dando cuenta de que estos colombianos pueden ser en su mayoría migrantes calificados y que cuentan con los ingresos necesarios para fortalecer las relaciones empresariales y económicas con este país.

Por su parte, Israel, ha sido uno de los destinos que ha mantenido un flujo migratorio constante y ascendente, pasando de registrar 269 colombianos residentes en 2007 a 531 en el 2018. Soportando lo anterior, la cifra de stock migratorio de colombianos en este país para el año 2017 fue de 2.693, demostrando ser uno de los países con mayor interés migratorio para los colombianos. Sumado a ello, los flujos migratorios laborales aumentaron considerablemente con 43 en el 2007 y llegando a 215 en el 2018. Por su parte, y siendo el mayor destino estudiantil de las tres regiones, la migración estudiantil pasó de 31 a 89 en los años anteriormente especificados. La migración estudiantil no es el fuerte de las regiones estudiadas en este apartado, por ello Israel resulta interesante, ya que cuenta con el mayor número de colombianos estudiantes en su territorio, lo cual destaca el alto nivel educativo de las universidades israelíes y el interés de algunos colombianos en desarrollarse académica y profesionalmente en este país.

Desde el periodo presidencial de Juan Manuel Santos, las relaciones exteriores con Israel se fortalecieron mucho más, gracias a la coordinación y ratificación de acuerdos de cooperación en seguridad y defensa, y la materialización de un acuerdo de libre comercio que ha beneficiado las economías de los dos países (Bernal, 2015). Todo este acercamiento bilateral, ha facilitado y propiciado la migración de colombianos desde el 2012, tal y como se puede observar en las cifras dadas anteriormente.

Por su parte, el caso de Líbano ha sido más estudiado y es reconocida la migración de libaneses a Colombia en el siglo XX, destacando los asentamientos de esta población en la región colombiana del Caribe y la gran influencia que ha tenido en la cultura caribeña, desde la gastronomía hasta en la arquitectura arábiga. No obstante, la migración contraria no ha sido indagada y profundizada integralmente. En el año 2007, los flujos de colombianos en el Líbano eran 68, para el 2015 aumentaron a 116, y en el 2018 la cifra fue de 71. Si bien no se conocen las características específicas de estos migrantes ni los motivos por los cuales han escogido a este país como destino, es posible dejar una posibilidad abierta, de que muchos de ellos lo han hecho por su familiaridad y su conexión con antiguos emigrantes libaneses que se asentaron en Colombia, lo cual facilita aún más su empalme en esta sociedad, y les abre un abanico de posibilidades para integrarse y desempeñarse económicamente de manera efectiva en el país.

Resulta importante resaltar el caso de Arabia Saudita, por la particularidad de algunos los flujos migratorios colombianos. Desde el 2014, algunos militares colombianos retirados han migrado a este país, para ser parte de los ejércitos privados que se han formado como aliados de la Coalición de los países del golfo Pérsico que enfrentan la grave situación política y humanitaria que se vive en la República Árabe de Yemen. Todo ello se dio tras el golpe de Estado originado por las milicias hutíes en Yemen, causando un conflicto armado interno que continúa en desarrollo hasta hoy. Han sido reclutados al menos 800 excombatientes colombianos, y por su experiencia en seguridad y defensa suelen ser bastante requeridos y solicitados por estos ejércitos privados (Schulle, 2016). Lo anterior, ha motivado la migración laboral temporal de estas personas a Arabia Saudita, mostrando que existe un nuevo tipo de migración laboral colombiana, ligada a la experiencia en defensa y seguridad que el conflicto armado interno colombiano les ha proporcionado a las fuerzas armadas nacionales, lo cual se muestra atractivo en los países de Oriente Próximo.

Para finalizar, es importante enfatizar en ciertas particularidades coyunturales de la región que generaron efectos en la migración colombiana (y de otras regiones del mundo) a algunos países de Oriente Próximo. La Primavera Árabe en el año 2011 y los subsecuentes conflictos internos provocados por las revueltas generaron que la migración a los países involucrados disminuyera significativamente, por ejemplo, en Libia se pasó de 8 colombianos residentes en flujos migratorios en 2011 a 1 en el 2018; en Yemen de 11 connacionales en flujos en 2011 se pasó a ninguno en 2018; y, por último, cabe mencionar el caso particular de la República Árabe de Siria, donde en 2011 no había ningún colombiano residiendo allí, pero en el 2018 habían 4 colombianos en las cifras de flujos, resultando un dato bastante curioso teniendo en cuenta el deterioro de las condiciones de vida en Siria y la crisis humanitaria presente allí, caso que podría ser mirado con detenimiento en futuras investigaciones.

Asia Central

El territorio de Asia Central comprende los países desde Occidente con Georgia hasta Pakistán en el Oriente, y del norte con Kazajistán hasta el sur con Irán. La particularidad de estos Estados se encuentra en su posición geoestratégica favorable, teniendo en cuenta la presencia del mar Caspio y del golfo Pérsico, siendo paso indispensable para la ruta comercial de la seda, y aumentando su importancia geopolítica. Estos países son en su mayor parte petroleros y hacen parte de la zona de influencia rusa (en especial, los Estados al norte y noroccidente de Asia Central, que fueron antiguas repúblicas soviéticas y que conservan estrechas relaciones con la Federación Rusa). El entendimiento de este contexto regional permite dar cuenta de la importancia de ahondar en las causas de la migración de algunos colombianos a estos países, por más pequeñas que parezcan las cifras.

Así, los tres Estados con mayor número de colombianos residentes para 2018 son: Azerbaiyán (17), Kazajistán (16) e Irán (13). Con la República de Azerbaiyán se han establecido acuerdos de cooperación cultural, donde se encuentran actividades como la capacitación de funcionarios azerbaiyanos en el aprendizaje del español por medio de la embajada colombiana en Bakú (Gobierno de Colombia, 2019b). Además, lo anterior ha estado unido a esfuerzos de fortalecer los vínculos comerciales entre las dos naciones, impulsando los negocios y la inversión en el sector de hidrocarburos, farmacéutico y floricultor (ProColombia, 2018). Teniendo en cuenta que Azerbaiyán basa la mayor parte de su economía en el petróleo (82 % de sus exportaciones para el año 2017 fueron de petróleo crudo y el 9.1 % de gas petróleo) (The MIT Media Lab, 2017). Con ello, es posible relacionar la migración a este país con los incentivos económicos y empresariales que una economía de este tipo ofrece a empresarios colombianos y que son impulsados aún más por las relaciones diplomáticas entre los dos Estados.

En el caso de Kazajistán, Colombia no cuenta con una embajada directa para este país, y es la Embajada de Colombia en Rusia la que también cumple con las funciones para este territorio. No obstante, nuestra política exterior encuentra en este país un aliado estratégico en Eurasia, por lo que ha buscado un acercamiento en distintas áreas: comercio, inversión, turismo, educación, cultura y la cooperación. De esta manera, los flujos migratorios para este país, que fueron 27 en el 2012 y 16 en el 2018, reflejan una migración económica, posiblemente ligada al acercamiento diplomático que se ha hecho con el país, enfocado en su ubicación geoestratégica al limitar con el mar Caspio y los recursos energéticos y minerales que posee, teniendo en cuenta que el 55.6 % de sus exportaciones son de productos petroleros y el 17.9 % de minerales metálicos (The MIT Media Lab, 2017).

Con respecto a Irán, la Embajada de Colombia en este país ha sido cerrada varias veces durante las últimas dos décadas del siglo pasado, debido a la inestabilidad interna de la nación islámica provocada por la guerra entre Irán e Irak y las tensiones políticas con algunos países occidentales. Por ello, hoy día la Embajada que suple las relaciones exteriores concernientes a Irán es la Embajada de Turquía. En la actualidad, el Ministerio de Relaciones Exteriores hace énfasis en el mantenimiento de relaciones bilaterales cordiales, y el respaldo de Colombia a las medidas tomadas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre los asuntos nucleares con Irán. Por su parte, las relaciones comerciales entre los dos países no han sido establecidas concretamente, y tampoco hacen parte de las prioridades de la política exterior colombiana en esta región (Gobierno de Colombia, 2019c). Aunque el número de colombianos en este país entre 2007 y 2018 no ha aumentado de 44, igualmente es relevante dar indicios de las causas que pueden motivar esta migración, destacando los posibles lineamientos culturales y religiosos que estos colombianos pueden tener con Irán y los incentivos que puede generar el negocio de los hidrocarburos en este territorio (72 % de las exportaciones en el 2017 provenientes de petróleo crudo y 2.4 % de petróleo refinado) (The MIT Media Lab, 2017).

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Türler ve etiketler

Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
22 ekim 2025
Hacim:
608 s. 81 illüstrasyon
ISBN:
9789587822984
Telif hakkı:
Bookwire
İndirme biçimi:

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