Kitabı oku: «Argentina: Las canciones de su folklore»

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1

Vol

LAS CANCIONES DE SU FOLKLORE

Sus historias, sus motivos, sus anécdotas…

ARGENTINA


Felipe Pinto

Nacido en mayo de 1960 en Madrid (España).

Desde adolescente, amante del folklore argentino.

ACADÉMICO correspondiente de La Academia Nacional de Folklore de la República Argentina.

Creador y fundador de La Archipeña, única peña de folklore argentino existente en Madrid (España), en 2004.

Creador del blog Adentro que tuvo más de un millón de entradas hasta ser eliminado por presiones a Blogger de las discográficas norteamericanas.

Creador de la página en Facebook, Adentro...!!!! con más de 70.000 seguidores.

Creador del canal de Youtube «Felipe Pinto: Folklore y Tango Argentino» con más de 65.000 seguidores y más de 22 millones de visitas.

Recopilador y editor del disco «Argentina en España» de la música de folklore y de los intérpretes argentinos afincados en España por los años 70’s.

Creador del grupo en Facebook, Adentro…!!!!

Creador del blog «Los Cantores de Quilla Huasi».

Creador del blog «Reliquias del Folklore» (+ 467.000 visitas)

Creador del blog «Reliquias del Tango» (+ 84.000 visitas)

Creador y conductor del programa radiofónico «Adentro!!!» en Radio Libertad.

Diploma de la Academia Nacional de Folklore de la República Argentina por su trayectoria y aportes a la cultura folklórica del pueblo argentino.

Placa de FEDE.ar en el año del Bicentenario por la constante difusión de la música argentina.

Diploma de «Los importantes del tango» por su dedicación a difundir la música del Río de la Plata.

Organizador en Madrid de los homenajes, celebrados ambos, en memoria de Mercedes Sosa y a Horacio Guarany.


Felipe Pinto

1

Vol

LAS CANCIONES DE SU FOLKLORE

Sus historias, sus motivos, sus anécdotas…

ARGENTINA

éride ediciones


Cubierta y diseño editorial: Éride, Diseño Gráfico

Primera edición: abril, 2019

ARGENTINA

Las canciones de su folklore

Sus historias, sus motivos, sus anécdotas…, Vol. 1

© Felipe Pinto

© éride ediciones, 2019

Collado Bajo, 13

28053 Madrid

éride ediciones

ISBN libro impreso: 978-84-17659-25-7

ISBN libro digital: 978-84-17659-61-5

Depósito Legal: M-15251-2019

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

Dedicatorias

Allá donde estén, a mi padre, a mis tíos, Marisa y Angel

y a Lina Turcios.

A mi madre y mi tía Paloma.

A Karen por su gran paciencia al aguantarme durante tanto tiempo encerrado en mi «mundo folklórico».

A mis hijas y mis nietos.

A mi hermana y «sobris».

A mis amigos Javier Elorrieta y Juanjo Díaz por su constante apoyo.

A mis compañeros de La Archipeña.

A mis compañeros en «Mate Español», Nacho de la Rosa

y Martín Flores.

A mis amigos, el Chino Martínez,Tonito Rodríguez Villar, César Isella, Angela Irene, Roberto Palmer, Omar Berruti, Juan Juncales, Yamila Cafrune, Javier Jiménez, Los Granjeños y a todos los que han hecho de esta música

la más grande del mundo y de su historia.

A todos los que me habéis ayudado y acompañado

durante este hermoso camino…

Y a los que me vais acompañar desde ahora!

A todos ¡GRACIAS!

NOTA AL LECTOR

Desde que mi afición por el folklore argentino empezara a los 14 años visitando con cierta frecuencia en Madrid, junto a mis tíos Marisa y Ángel locales de música en vivo ha ido creciendo en mi persona una gran pasión por la música folklórica hispanoamericana y especialmente por la argentina en la que también debo incluir el tango, aunque este ritmo porteño junto a sus derivados como milongas, valses, etc, los dejaré, en este libro, apartados hasta otra próxima ocasión.

Me acuerdo de boliches madrileños como MALAMBO, donde había actuaciones de solistas y grupos hispanoamericanos, como Los Condes, Mate Amargo, El Chino Martínez, el Indio Calderón, Víctor Velázquez, Contracanto, Fermín Fierro, Adrián Peralta, etc., etc., de los ACUARIO, donde actuaban Rocky Pontoni, Eduardo Arbace, Valentino, etc. LAS PEÑAS 3 Y 4, de Tino y de Cuchi, con Los Cantores del Alba, el Trío Siboney y Rafael Amor. También CANDOMBE, calle Arrieta,7,donde creo que fue el primer lugar donde actuó en Madrid junto a Miguel Saravia, Tiano Araoz y el propio Arbace, el máximo culpable de mi afición: El Chino Martínez.

¡Qué tiempos aquellos, amigos! Empecé a conocer por discos a Atahualpa Yupanqui, a Los Chalchaleros, a Los Fronterizos, a Los Cantores de Quilla Huasi, a Mercedes Sosa, a Horacio Guarany y a muchos más artistas y conjunto que desde ese momento iniciaron en mi una desmedida curiosidad por esta música y tras conseguir una gran colección de ella me he dedicado a investigar y a difundirla entre sus miles y miles de aficionados, injustamente olvidados por las productoras musicales; también a intentar darla a conocer por las nuevas generaciones, esas que tendrán que ser las encargadas de lograr su subsistencia a lo largo de los tiempos.

Tengo más o menos perfilados 6 libros que iré publicando periódicamente según vaya terminándolos como lo he hecho con este primero, con el que llevo trabajando más de 10 años recopilando historias, anécdotas y hasta motivos para su composición de una selección de las más importantes melodías del cancionero folklórico argentino (en el que incluyo algunos importantes de tierras vecinas por su importancia y similitud en los géneros).

Es un libro que consta de 125 composiciones musicales ordenadas alfabéticamente desde la «A» hasta la «K» y que tendrá como es lógico un segundo volúmen que comprenderá otro número de canciones ya desde la «L» hasta la «Z».

En cada una de ellas, aparte de su historia, motivo o anécdotas, incluyo su letra, el nombre de sus autores y que artistas se que la han grabado. Todo ello no hubiera podido ser posible sin la ayuda fundamental de personas que gentilmente me han «regalado» su preciado material o sus propias vivencias como Martín Lértora (Voces de la Patria Grande), Alejandro Dizeo (Folklore del NOA... Y algo más), Nono Ocaranza Zavalía (Folklore del Norte Argentino), Roberto Palmer, gran primera voz de los incomparables Cantores de Quilla Huasi y otros más, que sin ellos saberlo, quizás, han contribuido a poder llevar a cabo esta recopilación, como lo son Marfelín Carabajal, Carlos Allevi, Cucho Márquez, Martín Alemán, el Bocha Martínez Junor, Paco Bergareche, el Chino Martínez o Daniel Carreras.

Quisiera indicarles, en estos momentos en los que internet se ha hecho fundamental en la comunicación mundial, donde pueden ustedes conseguir seguir mucho más sobre folklore.

Mi canal en youtube: «Felipe Pinto: Folklore y Tango Argentino» con más de 22 millones ya de visitas y a día de hoy más de 64.000 suscriptores, y mis blogs, «Reliquias del Folklore, Reliquias del Tango y Los Cantores de Quilla Huasi». También mi página en la red social «Adentro...!!!!», com más de 70.000 seguidores.

Y ahora si, ya les dejo para que puedan ser «testigos» de cada una de las canciones que forman este libro que espero que sea del agrado de todos ustedes mientras yo empiezo a preparar el segundo volumen.

Felipe Pinto

PREÁMBULO

Querido hermano, me siento honrado de que me pidas que comente, el trabajo impecable que has hecho del repertorio hispano americano, mi comentario es corto pero profundo ya que seria repetitivo, en ponderaciones.

Ya sabía que iba a crear alguna genialidad, porque conmigo lo hizo. Si no fuera por mi amigo Felipe Pinto Rodriguez, yo en las redes, seria un NN, pero este es mi amigo con el que no solo coincidimos casi en todo sino que como dijo un paisano:

«El amigo es uno mismo, con cuero de otro».

La vida me premió con su amistad y él logra con su pasión y talento, esta magnífica obra, de grandes títulos con historias inéditas en su conocimiento y joyas olvidadas de nuestra música patria y ésto no solo se hace con conocimiento, hay que tener estilo, talento y buen gusto, del cual el autor de este libro da cuenta en cada párrafo de este inmenso repertorio, perlas invalorables de nuestro acerbo nativo.

Los artistas, cantantes y músicos argentinos, te agradecemos este documento que has creado con respeto y grandeza.

Gracias mi querido Felipe Pinto Rodriguez...

Miguel Angel Martínez Morel Quirno «Chino»

Cantautor Surero

PRÓLOGO

Por Antonio Rodríguez Villar

Presidente de la Academia Nacional del Folklore de la República Argentina

¡Necesitábamos este libro! Y lo necesitábamos no sólo los argentinos, sino todos —españoles e hispanoamericanos— que sentimos y vibramos al escuchar nuestras canciones folklóricas.

Felipe Pinto era el indicado para reunir estos poemas y cantares folklóricos argentinos y contarnos el porqué, el cómo y quiénes los crearon.

Esta antología de Felipe Pinto, que será de consulta esencial e ineludible de investigadores y amantes del folklore argentino, sigue el camino que trazara en el siglo XIX don Francisco Rodríguez Marín en sus «Cantos populares españoles» obra fundamental para conocer la sabiduría del campesino de España.

Y ese campesino español está vívidamente presente en el canto de poetas criollos argentinos. Poetas —conocidos y anónimos— que expresan el sentir y el saber de su pueblo y que son, al decir de Hebe Almeyda de Gargiulo, «saberes que en el pueblo son vida y siguen iluminando el camino de las nuevas generaciones».

El folklore argentino es un tesoro desparramado por los campos, afirma el incomparable Homero Manzi, nacido en Añatuya, Santiago del Estero.

Así como la obra de los poetas, bailarines y cantores españoles refleja mágicamente la diversidad de sus regiones y culturas, las canciones folklóricas argentinas también expresan su multiplicidad geográfica, étnica y cultural. Esa variedad regional irrumpe —por ejemplo— muy clara y definitiva al comparar una milonga surera con una vidala del noroeste, un chamamé del Litoral con una tonada cuyana o una cueca con una baguala andina.

Y la heredad española está muy honda en nuestros cantos. No sólo en el idioma sino en las músicas, cantos y danzas que fueron adaptadas gracias a la mixtura de españoles e indígenas. El criollo fue el resultado de la fuerza creativa de mezclar sus sangres.

Las investigaciones de Juan Alfonso Carrizo nos muestran la total relación entre las creaciones populares españolas y argentinas. En especial, la influencia que tiene en nuestros cantos el Siglo de Oro de España.

Los que aman y estudian nuestras expresiones folklóricas como Felipe Pinto, bucean con respeto en lo que señala Olga Fernández Latour de Botas, una de las investigadoras más importantes de del Folklore argentino:

«... No puede estudiarse en profundidad —por ejemplo— un cantar de boda (aún tras un análisis poético exhaustivo), si no se sabe en qué momento se canta, quiénes lo hacen, con qué instrumentos se acompañan, quién fabrica esos instrumentos y cómo se ejecutan, quiénes son los músicos en cuanto a su parentesco o relación con los contrayentes, qué atenciones se tiene con ellos, qué comen, qué beben; cómo es la celebración de la boda toda, qué creencias y supersticiones existen en la comunidad con respecto a este acontecimiento, de qué manera las costumbres, el lenguaje, los objetos materiales, utensilios, transportes e indumento pueden tener influencia sobre el cantar; de qué manera, en fin, se implica el cantar con los demás elementos culturales de la boda aquella. Es decir que el fenómeno artístico, en este caso el cantar, no puede ser realmente conocido e interpretado si no se lo considera en función social».

Y ese análisis y valoración integral emana clarísimamente en este libro de Felipe Pinto.

Para entender la poesía de una canción se deben conocer los caminos, alegrías, tristezas y circunstancias que llevaron al autor a ofrecer su canto.

Y Felipe Pinto, precisamente, no sólo hace una excelente selección de canciones, sino que con su profundo y largo amor y conocimiento del folklore argentino reúne y nos relata el porqué de esas canciones.

La Academia Nacional del Folklore de la República Argentina se siente orgullosa de tener a Felipe Pinto como Miembro Correspondiente en España.

Gracias, muchas gracias, Felipe, por este libro.

Antonio Rodríguez Villar

Presidente de la Academia Nacional del Folklore



001. A Don Ata

Juan trabaja en el «Banco de la Provincia de Córdoba» de Villa del Totoral, tiene por costumbre llevar su guitarra. Un atardecer, yo había ido con él para hacerle compañía. Durante algunos días del mes de enero, me llevaron a conocer parte del norte cordobés, y cada pueblo y piedra del camino me recordaban el paso de don Atahualpa Yupanqui, especialmente los del Cerro Colorado.

Estaba obsesionado... maravillado de tanto paisaje. En ese atardecer estábamos en una amenizada charla, y yo a veces interrumpía con un monótono acorde en la guitarra. Llegó el «Nene» Reyna, uno de sus compañeros de trabajo y mientras continuábamos la charla, yo inconscientemente, comencé a aislarme del tema; el duende de la creación había venido a buscarme; de pronto me dí cuenta que estaba sentado en mi hombro derecho, estiró una mano, me acarició la nuca, me estremecí. Como un rayo de luz al segundo estuvo sentado en el hombro izquierdo y desde allí comenzó a talonearme el corazón, luego se descolgó por los botones de mi camisa, se metió en el socavón de la guitarra y comenzó a dictarme una melodía y al mismo tiempo una copla. El «Nene» y Juan estaban asistiendo a este nacimiento musical dedicado a uno de los más grandes poetas, filósofos y cantautores que parió esta patria: Don Atahualpa Yupanqui.

A los tres días fuimos invitados a comer un asado en Villa de María del Río Seco; se inauguraba un quincho en la casa de «Lito» Montenegro, entre asado y vino, dije algunas palabras de agradecimiento, hablé del estreno de «A Don Ata» y con Isabel la cantamos a dúo, siendo padrinos del bautismo los amigos Hugo Cabanillas, Sánchez, Caticho, Guevara y otros. Esa noche supe, que en esa casa don Atahualpa solía pasar días inmemorables. A la madrugada cuando nos despedimos, desde una foto abrazado a una guitarra; el duende de don Ata me guiñaba el ojo.

Mario Alvarez Quiroga, autor

A DON ATA

Chacarera

Letra: Mario Alvarez Quiroga

Música: Mario Alvarez Quiroga

Grabado por: Mario Alvarez Quiroga,

Horacio Guarany y Soledad, Soledad Pastorutti, Los Cantores de Quilla Huasi, Los Nocheros, Yamila Cafrune y Los Cantores de Quilla Huasi, Huella Pampa, Los de Salta…

Por el camino del indio el ánima de Don Ata.

En su alazán montado lo vio pasar la vidala.

El aire del cerro, las flores del valle.

Se le enriedan en el aire alla a Don Ata.

Una Luna Tucumana alumbra piedra y camino

y junto a la Pobrecita lo lloran montes y ríos

por Tafí del Valle, campos de Acheral

también por la Bomba e’ Lules, igual por Amaicha.

La criollita santiagueña para aliviarlo del frío

le teje un poncho pampa al Payador Perseguido.

Haya por Barranca, y por Salavina

La Humilde con la vidala le buscan guarida.

Ahí anda Don Atahualpa por los caminos del mundo.

Con una copla por lanza marcando los cuatro rumbos.

Que Dios lo bendiga, lo tenga en la gloria

por tanto recuerdos lindos y por su memoria.

Un arriero solitario pasó por Altamirano

con un silbo nostalgioso en busca de sus Hermanos

arriando su pena por no encontrarlo

se fue yendo despacito del pago entrerriano.



Se viene clariando el día por el Cerro Colorado

y en las espinas del churqui se estrella un rayo cortado.

Despierta La Añera, o la Guanchaqueña

San Francisco del Chañar, también Santa Elena.

Un aire de Buenos Aires le dio su canto del viento

Y se durmió en una huella en un estilo sin tiempo

Allá en Pergamino, tal vez Santa Rosa

lo llora toda la Pampa en una bordona.

Ahí anda Don Atahualpa por los caminos del mundo

con una copla por lanza marcando los cuatro rumbos.

Que Dios lo bendiga, lo tenga en la gloria

por tantos recuerdos lindos y por su memoria.

002. A Doña María Ríos

Esta zamba nace de la creación de dos grandes figuras salteñas: el poeta José Ríos (1923-2004) y el músico Marcos Tames (1917-1992), quienes registraron esta zamba en 1972, otra de las zambas que parecen que fueran hechas para ser cantada por «LOS CHALCHALEROS».

María Ríos nació en El Tala, el 8 de Octubre de 1907, se hizo conocida por en la zona por su destreza en los quehaceres del campo, actividades que desde niña aprendió de su padre y con las que supo salir adelante cuando éste falleció. Ruda mujer de campo, se mantuvo activa en sus labores y trabajos de campo hasta poco meses antes de morir en Junio de 1996. Esas habilidades y destrezas fueron la inspiración para que Marcos Thames y José Ríos, compusieran la zamba que posteriormente popularizara el referido conjunto salteño Fue nombrada madrina de distintos festivales folklóricos de la zona y entrevistada por los periodistas Mónica y César Mazzetti.

Sobre José Ríos, autor de la letra de esta zamba, decir que se trata de un poeta salteño de larga trayectoria. Escribió abundantes canciones, especialmente zambas, milongas y serenatas que le dieron justo renombre. Trabajó con grandes de la música salteña, de la talla de Eduardo Falú, el «Cuchi» Leguizamón, y los mismos Chalchaleros. Además de A DOÑA MARIA RIOS, sus composiciones más recordadas son probablemente «Zamba del carpintero» , «La Felipe Varela», «La buena moza» y «La Guitarra Perdida».

A DOÑA MARÍA RÍOS

Zamba

Letra: José Ríos

Música: Marcos Tames

Grabado por: Los Chalchaleros, Alma Salteña…

Paisana de verdad

curtida por el sol

mujeres de esa laya

no pienso que haya otra mejor.

Por estos pagos va

con ganas de bailar

en su caballo manso

hasta el remanso del carnaval.

Para usted

tengo en mi bandoneón

Doña María Ríos

el canto mío de corazón.

Ella sabe enlazar

en cualquier ocasión

y rejuntar la hacienda

poniendo rienda a su cimarrón.

Su sangre gaucha está

en cada amanecer

y por Ruiz de los LLanos

los tucumanos la suelen ver.

003. A jardín florido

Jardín Florido fue un piropeador respetuoso, excéntrico y —sin dudas— el más famoso que pisara alguna vez la ciudad argentina de Córdoba.

Fue dueño de frases bellas e inocentes —pero a la vez ingeniosas—, que engalanaron las calles de aquella tranquila Córdoba. Su nombre verdadero era Fernando Albiero Bertapelle y había nacido según algunos en Santa Fé, y según otros en Bassano de Grappa, Italia. Tampoco parecería no haber certeza sobre el año de su nacimiento que suele ubicarse en 1875.

Cuando Bertapelle se radica en la ciudad de Córdoba, rápidamente comienza a trabajar en diversos rubros llegando a ser mozo de las confiterías más elegantes del centro de la ciudad, en donde se destacaba siempre por sus «abarrocados» modales. Era un entusiasta hincha de Instituto. Hacia mediados de los años ’30 conoce al abogado y político conservador Aguirre Cámara, con quien traba amistad y consigue un puesto de camarero en uno de los puntos de reunión más exclusivos a los que acudía la aristocracia local: el Jockey Club.

Pero había un detalle que empezó a llamar la atención, era que cuando Bertapelle terminaba su trabajo y emprendía el regreso por la céntrica calle 9 de julio, lo hacía vistiendo frac, guantes, galera, un bastón rematado con una bola de billar de marfil a modo de empuñadura y un llamativo ramillete de flores que prendía de sus solapas. También se lo vio lucir trajes de impecable blanco, con flor y zapatos al tono o sombreros de safari o botas de explorador. Sus recorridos por las arterias del centro cordobés son los que le comenzaron a dar fama ya que cada vez que se cruzaba con una mujer, Bertapelle, mientras se quitaba su galera, no perdía ocasión de propinarle elegantes, exuberantes e ingeniosos piropos. Esta costumbre, el caballero, la repetía inexorablemente cualquiera fuese la edad o aspecto de la dama en cuestión.

«Nada mejor puede suceder en esta esquina: la lluvia y usted»

Le susurraba a la niña en 9 de Julio y Rivera Indarte. También podía escucharse en la esquina de San Martín y 25 de Mayo:

«En el mar de las veredas con ojos como los suyos, ¿quién podría salvarme?»

o

«Adiós rueda de auxilio para un corazón en llanta».

También dicen que con motivo de la llegada del voto femenino, en 1952, no se perdió de decir a una mujer que pasaba por allí ocasionalmente:

«Adiós, hermosa legisladora del mañana…».

La respuesta en todos los casos era una sonrisa de la dama galanteada. Luego de algún tiempo, y después de varios cambios de actividades, Jardín Florido comenzó a trabajar en la inmobiliaria Villalón, sita en la calle 25 de Mayo al 200, y próxima al Hotel Victoria. Allí hace muy buenos negocios, cuyos beneficios le permiten cumplir su sueño de adquirir un automóvil Packard similar al que usara el cantor Carlos Gardel. A éste coche es que le agrega sendos floreros en los costados, a los que nunca dejaba de mantener en forma.

Lamentablemente, hacia mediados de los ‘50 protagoniza un accidente producto de su particular afición, ya que mientras pasaba con su Packard por la esquina de Urquiza y Jerónimo Luis de Cabrera, quiso saludar quitándose la galera y arrojándole una flor a una mujer que acertó a pasar por allí, motivo por el cual quitó las manos del volante, ocasionando que el vehículo perdiera el control y lastimara a tres jóvenes. De esta forma perdió el automóvil y su pequeña fortuna para poder cubrir las indemnizaciones correspondientes.

Luego de esto siempre se movilizó en tranvía, a los que solía ascender en plena carrera, costumbre que conservó hasta sus últimos años. Aseguran que no mucho antes de morir deslizó:

«Pasarán los días y no me encontrarán, nada más…».

Finalmente, abandonó para siempre su querida Córdoba una fría mañana de julio de 1963 cuando tendría 88 años.

Posteriormente, el famoso conjunto folclórico cordobés «LOS DEL SUQUIA» inmortalizarían el vals criollo «A JARDIN FLORIDO», obra de Raúl Montachinique, y que lo pinta en su más galante expresión.

Actualmente tres sitios recuerdan al entrañable personaje en la ciudad de Córdoba: Una placa de cerámica en la calle San Martín, otra en Antonio del Viso 738 (donde vivió junto con su compañera, Eduvije Guevara), y una mayólica en «su» esquina de 9 de Julio y Rivera Indarte, obra de Nélida Varaldi con versos de Noemí Pedernera.

A JARDÍN FLORIDO (CABALLERO DE LEY)

Vals

Letra y música: Raúl F. Montachini

Grabado por: Pablo Lozano, Los del Suquía, Los Sauzales…

Calle 9 de julio esquina Rivera Indarte,

corazón elegante de mi docta ciudad,

donde late la vida al compás de los gritos

de un lustrín y los versos de un cieguito cantor.

Con su paso altanero se acerca un viejecito

que guarda veinte abriles dentro del corazón.

¿Quién no lo conoce? Ahí va Jardín Florido,

en el ojal prendido su infaltable clavel.

El piropo elegante que el caballero brinda

a la cordobesita que acaba de pasar,

la niña se da vuelta y esboza una sonrisa

que es como una caricia para el galán de ley.

Pasaron muchos años y el centro de la docta

lo vió todos los días sus calles caminar

y se fue marchitando el clavel en su pecho,

a la Dama de Negro no pudo galantear.

Galantería fina, piropos respetuosos,

quedaron en el aire del centro cordobés

y un clavelito blanco se fue rumbo al olvido,

murió Jardín Florido, caballero de ley.

004. A los Chalchas

En 1948 tres guitarristas llamados Juan Carlos Saravia, su primo Aldo Saravia, Carlos Franco Sosa y el bombisto Víctor Zambrano formaron el que sería el grupo más famoso de la música sudamericana de todos los tiempos:«LOS CHALCHALEROS». Por él pasaron también el «Chango» Saravia Toledo, Ricardo Federico Dávalos, el malogrado Ernesto Cabeza, el bombisto Polo Román, Pancho Figueroa y Facundo Saravia. El primero y los tres últimos fueron los últimos componentes del grupo conocido popularmente como Los Chalchas. Los dos Saravias, el fundador del grupo, Juan Carlos, y su último componente, su hijo Facundo, se encargaron de dedicar este bello tema a todos y cada uno de los diez chalchaleros que integraron alguna vez este grupo, que ha sentado cátedra en la historia del folklore argentino.

A LOS CHALCHAS

Zamba

Letra: Juan Carlos Saravia

Música: Facundo Saravia

Grabado por: Los Chalchaleros

Canto que nace en mi Salta

con changos amigos en el Nacional.

Cocho y Pelusa en un dúo,

Aldo conmigo en la Vieja Rural.

Fuimos formando, fuimos creando

un canto del corazón.

Los Chalchaleros nacimos,

con un tarareo, murmullo y silbar.

Aldo Saravia nos deja

y el Chango que trae musicalidad.

Se fue Pelusa, ingresa Dicky

para empezar a volar.

Silencio tan musical

creado con timidez.

Fue su guitarra, que encendió el alma

y su nochera nos dio.

Y en ella te buscará,

Ernesto Cabeza, algún diapasón.

Pasan los años cantando,

nos deja Zambrano cansado de andar

y viene un cafayateño golpeando su bombo:

es Polo Román.

Para los Chalchas, que desde lejos

vibran con este cantar.



Como la tierra chaqueña,

arisca y gredosa, también musical,

sube a la rama del ceibo:

es Pancho que llega desde el Litoral.

Trae los acordes donde se esconde

un grito de sapucai.

Su sangre nos viene a dar:

canción y juventud.

De aquella rama que dio este tronco

nació este gajo cantor.

Por ser el hijo mayor,

Facundo Saravia, cantamos con vos.

005. A mi me dicen el chino

Quizás como premonición de lo que luego sería una de sus más fuertes pasiones: el campo, el Chino Martínez nació en Lobería el 8 de septiembre de 1945, en uno de esos viajes circunstanciales que hacían sus padres, radicados en realidad en el muy porteño barrio de Belgrano.

A los 16 años Chino Martínez desertó de la ciudad llevado por un irrefrenable amor a la pampa y comenzó a trabajar en una estancia aprendiendo todos los rudimentos del campo incluso la doma.

Allí también aprendió a pulsar la guitarra y a entonar las viejas y dulces tonadas sureñas. Sus maestros fueron los pobladores del lugar, los curtidos criollos.

Por ese entonces el Chino Martínez, no sospechaba que aquellas canciones que al atardecer entonaba en rueda de peones, llegarían un día a formar su personalidad profesional.

Sin embargo las milongas y los estilos sufrieron una breve interrupción. Por asuntos familiares el Chino Martínez debió abandonar las queridas llanuras pampeanas y volver a la ciudad, circunstancia esta que, en definitiva, lo llevó al camino artístico.

En efecto, como amigo primero y en seguida como intérprete comenzó a frecuentar la Peña de Hernán Figueroa Reyes. Más tarde fue contratado para intervenir en el Festival de Cosquín 1967 y comenzaron sus actuaciones en TV, radio y peñas. Esta actividad la alterno con sus escapadas al campo, sus partidas de polo como jugador profesional y de rugby, deporte en el cual ha sido también una figura popular.

Su actividad artística, comienza en la famosa peña de Hernán Figueroa Reyes, alternado con su actividad en el campo, por su habilidad de jinete, es seleccionado para el Festival de doma y folclore de Jesús María, Córdoba (Argentina).

Alternado en los fogones con sus canciones, lo llevan a cantar en el escenario mayor del festival, siendo una de sus revelaciones y contratado a participar en el festival de Cosquín, en 1967, donde ovacionado por el público, repite varias veces sus interpretaciones, consagrándose el año entrante.

De allí en más, su carrera fue intensa, giras por todo el territorio argentino, graba para la R.C.A Víctor, más tarde para C.B.S Columbia, llegando a participar en el II certamen de la canción en Montevideo ( Uruguay ) ganando el primero y segundo premio, con los temas La vuelta de Obligado y Nunca te dije nada ( como tema inédito ). De vuelta en su país, presenta en el festival de la canción Argentina su tema «Te quise prisionera», siendo uno de los finalistas, y consagrándose como cantautor. De allí en más, no solo la canción, si no también el cine y la televisión lo cuenta entre sus filas, junto al clan Stivel para televisión «Martín Fierro» con Federico Luppi,, En cine, la vida de «Juan Manuel de Rosas» dirigida por Manuel Antín y junto a Rodolfo Beban, obtiene las mejores críticas por su papel de «Juan Pueblo» al año siguiente, filma con Leo Fleider, «Embrujo de amor» junto a Sandro y la estrella española, Carmen Sevilla.

Vuelve a recorrer todo el territorio argentino, más de doscientos festivales junto a las principales figuras del folclore argentino.

En marzo de 1973, viaja a España, con gran elenco, Miguel Saravia, Robustiano Figueroa Reyes, Horacio Quiroga Mora y Los Chalchaleros, debutando en el teatro Español de Madrid, para después recorrer toda la península ibérica.

Es convocado como cantante actor y músico, en un film para R.T.V.Española, de la premiada mejor serie «libros iberoamericanos» junto a Carlos Estrada y dirigida por Julio Diamante, creando la música, escenas a caballo y cantando.

De vuelta en su tierra, alterna el canto y la composición, con su otra actividad, organizando un haras de caballos deportivos, domándolos y seleccionándolos para sus distintas disciplinas hípicas, su profundo conocimiento del caballo, lo lleva a realizar en T.V. «Mi amigo el caballo» y en radio Nacional L.R.1, «El caballo» varias veces premiado por distintos medios, en T.V. Cablevisión, el exitoso «Patria Gaucha».

Retomando su carrera artística cantora, vuelve uno de los más personales intérpretes de la llanura pampeana, a quien el «Vasco» Víctor Abel Giménez le pasara hace ya muchos años, en sus comienzos como cantor, unos versos para así tener si propia canción identificativa. El Chino Martínez, sin dudarlo, compuso la música en aire de milonga que se uniría a los versos del gran poeta de Arbolito y así nació ésta: «A mi me dicen el Chino».

A MI ME DICEN EL CHINO

Milonga

Letra: Víctor Abel Giménez

Música: Miguel Angel Martínez

Grabado por: Chino Martínez

A mi me dicen el «Chino», porque soy pampa señores,

porque en rueda de cantores fuí quinchando mi destino.

Yo soy del sur argentino, hecho a campo y sin más guía

que la herencia de otros días que me legaron mis tatas

sencillo como alpargatas y del pago e´Lobería.

Si observan bien mi figura, mirando todo el detalle,

va a ser difícil que le haye, en mi, ninguna mistura.

Soy hombre de la llanura, donde el indio anduvo suelto,

libre lo mismo que el viento y amigo de la verdad

y poniéndome a cantar, largo en mi voz lo que siento.

Pues tuve suerte señores de haber nacido argentino

y pa mejor mi destino, me entreveró entre cantores.

Oficios,habrá mejores, pero entrando a comparar

naides me puede negar, que entre el cuervo y el jilguero,

está de luto el primero porque no aprendió a cantar.

Porque ando medio empilchao a la manera pueblera

han de pensar los de afuera que del campo me e´olvidaó.

Siempre recuerdo el pasao, porque el pasao no se borra

cuando de pañuelo y boina, bataraza y siempre así,

yo vivía más feliz que el loro entre las cotorras.

Y ahora si, ya me voy andando, no me gusta importunar,

tal vez en otro lugar, alguna me esté esperando.

Si otra vez me hayan cantando ó prendido entre las clinas,

seguiremos la partida siempre en el mismo camino,

ya saben, yo soy El Chino, del pago de Lobería…

006. A Monteros

Monteros es una pequeña ciudad al sur de San Miguel de Tucumán. Tal como lo conocemos hoy, con sus calles y manzanas y su trazado regular, nació el 28 de Agosto de 1754, cuando el Gobernador de las Armas, Don Felipe Antonio de Alurralde, como apoderado de los monterizos, tomó posesión de los terrenos de la actual ciudad, «en un día claro y sereno como a las cuatro de la tarde».

Ese día nació como una comunidad organizada, pero mucho antes había comenzado a formarse como un caserío o poblado pequeño. Su nombre le viene del hecho que los apellidos Montero eran mayoría en la zona. Sin embargo su origen y el origen de su nombre dieron lugar a numerosas versiones de una imaginativa leyenda. Ella supone que Monteros fue el fruto de una rebeldía de los pobladores del antiguo San Miguel, quienes en 1685 se habrían negado a trasladarse al nuevo sitio de La Toma.

Una variante de esa leyenda agrega que el nombre de la villa se debe a que los primitivos habitantes debieron refugiarse en los montes vecinos. De tal hecho habrían cosechado el apelativo de «monteros», es decir aquello que vive o se cría en el monte.

Otra versión es la del Concejo Deliberante de Monteros, el cual en 1935 declaró que habitantes de la primitiva ciudad de San Miguel de Tucumán fundaron Monteros el día 4 de Octubre de 1685 con la denominación de ciudad del «Santísimo Rosario de los Monteros». Esta peregrina afirmación quedó registrada en el libro de Actas del cuerpo, Año 1936, paginas 5 hasta 8, y de esa tesis quedó hasta hoy una calle 4 de Octubre, en el barrio Monteros Viejo.

Se presume que la leyenda se gestó en el siglo actual, y es de origen culto. Quizás no sea más que el fruto de la curiosidad histórica de algunos que apelaron a la imaginación en lugar de hacerlo a los archivos. Monteros nació a la conquista española el día que Rojas, bajando de los valles por la Quebrada del Portugués, hizo su entrada al actual departamento. Bajó por la orilla del río Pueblo Viejo sin detenerse mayormente en la zona. De su paso por la zona de Monteros no quedaron fundaciones, pero sí quedó establecida una ruta que luego habrían de seguir otras expediciones en las cuales vinieron muchos de los que formaron parte de ésta primera entrada.

Se puede afirmar por ello que en el Departamento de Monteros es donde llegó por vez primera la conquista española, dentro de lo que hoy es la provincia. Y en esa misma zona habrían de tener lugar las primeras fundaciones posteriormente llevadas a cabo.

Y así a Monteros y a su historia compusieron esta bellísima zamba Pedro Favini (quien fuera integrante del colosal grupo Trío San Javier) y el Chango Nieto.

A MONTEROS

Zamba

Letra y Música: Pedro Favini y Chango Nieto

Grabado por: Mercedes Sosa, Luis salinas, Trío San Javier, Chango Nieto, Los Tucu Tucu, Las Voces del Norte, Sebastián Soria, Grupo Amanecer, Aguablanca…

A ella que le gusta que todos la nombren

con una guitarra y un bombo legüero.

A ella que le gusta que le enciendan coplas

por eso te nombra mi canto Monteros.

A ella que me viera de chango mirando

al ingenio tibio corazón de hierro.

A ella que las cañas la visten de verde

por eso te nombra mi canto Monteros.

Y más dulce que tu guarapo

son las niñas que hay en tu pueblo

sé que por tus venas de azúcar despiertas

toda la alegría mi linda Monteros.

A ella que el poeta la vio tempranera

tarareando duendes de vinos pateros

y dejó tu cielo la rosa galana

por eso te nombra mi canto Monteros.

A ella que en noviembre le pide a los grillos

otra vez el canto del hombre zafrero.

A ella que le gusta que le enciendan coplas

por eso te nombra mi canto Monteros.

007. A qué volver

Se trata de una zamba muy popular, cuya música compuso el virtuoso de la guitarra, Eduardo Falú, nacido en la localidad salteña de El Galpón y cuya letra escribió la cantautora tucumana Marta Mendicute, evocando sus estancias veraniegas en el Norte.

El pueblo jujeño de Tilcara está abrazado por dos ríos: el Grande, que recorre la Quebrada de Humahuaca de norte a sur, y el Huasamayo, que vierte sus aguas en el Grande de este a oeste. Ambos cursos están casi completamente secos la mayor parte del año. Los Chalchaleros, que ya habían cambiado en la canción anterior el velo de Angélica por el pelo —cosa poéticamente aceptable— en este caso, cambiaron el final del estribillo primero involuntaria y luego deliberadamente. Decían «para que muera tu ausencia» y así lo hemos cantado muchos. Esto cambiaba el sentido de la canción, porque la ausencia muere con la presencia del ser querido.

Y lo que la Mendicute quería decir era otra cosa: «Para que duela tu ausencia... ¿a qué volver?». Que conste que todo esto lo ha reconocido el propio fundador del grupo Juan Carlos Saravia, al final de su carrera.

A QUÉ VOLVER

Zamba

Letra: Marta Mendicute

Música: Eduardo Falú

Grabado por: Eduardo Falú, Los Chalchaleros, Mercedes Sosa, Julia Elena Dávalos, Los Granjeños, Trío Siboney, Tomás «Tutu» Campos, Alma Salteña…

La casa ya es otra casa,

el árbol ya no es aquel.

Han volteao hasta el recuerdo,

entonces, ¿a qué volver?

Mi perro allá arriba inmóvil

viendo la tarde crecer.

Y este vacío de ahora,

entonces, ¿a qué volver?

Volver, ¿para qué?

¿Para sentir otra vez,

que se desboca tu ausencia,

dormida en mis venas,

borrada en mi piel?

Para que duela tu ausencia,

entonces, ¿a qué volver?

Mi puente, mi viejo puente.

¿qué río verás correr?

Si lo han llevado de Tilcara,

entonces, ¿a qué volver?



La magia ya se ha perdido,

¿quién la pudiera encender?

Ni la tierra ya es de tierra,

entonces, ¿a qué volver?

Volver, ¿para qué?

¿Para sentir otra vez,

que se desboca tu ausencia,

dormida en mis venas,

borrada en mi piel?

Para que duela tu ausencia,

entonces, ¿a qué volver?

008. A Villa Guillermina

La frase tan conocida del viejo «chamamé», trae remembranzas de un tiempo que parece ir perdiéndose lentamente. El pueblito más conocido del Norte santafesino que resplandeciera con La Forestal, aquella compañía inglesa que luego explotara hasta su muerte, los quebrachales y la esperanza de mucha gente, languidece allí a la espera de otro despertar, para seguir existiendo.

—¿Sabe porqué le pusieron su nombre don Miño?

¿Sabés porqué?. Nací mellizo y mi hermano estaba bien, pero yo era el que había salido mal. Ante eso los dichos del médico fueron: «hay que salvar a uno de los dos», y me dejaron a mí esperando lo peor. Por esto estuve en estado de coma durante tres días. Mi padre, ante una reacción que experimenté en la salud, dijo: «vamos a ponerle por nombre Manuel del Jesús, y aquí estoy —comenzó su relato Don Miño…

—Eramos nueve hermanos entre los que peleamos a la vida para ganarnos el par de “alpargatas” en la calle, para ayudar a nuestro hogar, por lo que hicimos de todo. Villa Guillermina, donde nací, era un pueblo pintoresco, muy lindo en donde todos estábamos unidos y podríamos decir que no nos faltaba nada. La gente era buena y trabajadora. En la fábrica de La Forestal mi padre fue “jornalero” y allí me dieron trabajo también de chico para ayudar el sostén de casa. Hice de ayudante de laboratorio químico, ya que había ido a la Escuela de Artes y Oficios en donde aprendí de química la parte práctica».

—La infancia de Don Manuel nutrida del encanto de un pueblo con reminiscencias de una postal de la campiña de Inglaterra, estuvo inmersa en las alegrías y los sinsabores de una época que marcó profundamente a la amplia comunidad norteña, incluso con huellas de sangre.

—«Yo estuve en la llamada revolución de Lamazón, cuando lo mataron al famoso “caudillo” Radical, vivía a tres cuadras de su casa y nos criamos juntos con sus hijos. Era un pibe de apenas quince años y como todos los chicos del poblado, iba a los comité cuando había asados, ya que sabían obsequiarlo. Un señor me había dado “una orden” para que vaya a retirarlo. En ese momento cuando estaba llegando se armó el tiroteo en la calle. Se aproximaba el último tren proveniente de Puerto “Piracuacito” de Corrientes, desde donde La Forestal trasladaba el “tanino” (producto del quebracho) a Buenos Aires. Este momento fue el de la emboscada que le prepararon al “caudillo” y donde en un tiroteo infernal, le dieron muerte. Lo mataron por su política —sigue contando Don Manuel— el defendía al pueblo y a los pobres. Yo tenía quince años, como te dije, y presencié este asesinato, el de Rogelio Lamazón. El era opositor de un candidato que “grandes intereses” ponían como “favorito”, y quería que los trabajadores tuvieran todos los derechos y no solo la alimentación, porque trabajo era lo que sobraba por entonces».

—Cuenta la historia que los pueblos levantados por La Forestal gozaban de ciertas comodidades, que a ciudades como la nuestra, para tomar un ejemplo, todavía le están llegando. Pero la cosa no era tan pareja y el reparto de los bienes para nada equitativo, ya que acentuaban profundamente las diferencias entre la gente. «Guillermina tenía servicio de cloacas, agua corriente de red y teléfonos, es cierto, pero los que gozaban de toda esa modernidad, en tiempos impensados en el Norte, eran nada más que los empleados de una clase media alta. La población estaba dividida, ya que ellos vivían en casas con todas las comodidades previstas. En tanto los trabajadores comunes se alojaban en el llamado “pueblo nuevo”, separados físicamente y además por los créditos de las libretas. Las distinguidas eran de color negro y las de menor poder adquisitivo, amarillas. La división de los pobres con la clase más beneficiada se notaba notoriamente. Los menos favorecidos gozaban únicamente del agua potable, y aunque la compañía no les dejaba faltar nada, lo que les otorgaba por un lado, se lo sacaban por otro. Ellos tenían tienda, almacén, farmacia, correo, todo —continúan los recuerdos de Miño— de allí como dije primero, se desencadena la muerte del “caudillo” Lamazón, ya que su apoyo a la mayoría de los trabajadores, no le convenía a La Forestal, por eso había que eliminarlo. Ellos violaban las leyes y negaban lo que correspondía por sentido común, a la población entera».

—Así fue el comienzo de una historia contada tantas veces pero de la que siempre es posible despuntar imágenes desconocidas. Más de setenta años en la búsqueda del «oro colorado», al decir de Don Manuel, que recordó que también venía por el ferrocarril a Esperanza, para la vieja curtiembre que aprovechaba los métodos naturales para el curtido de sus cueros. Guillermina, en el «Chaco santafesino», como Villa Ana, Las Mercedes y otros sitios, obrajes despertados a una ambición extranjera desmesurada y luego librados a su suerte. Desde aquella vez, estos perduran por la buena voluntad de los que empujan el carro de la realidad queriendo ser un nuevo amanecer, y no solamente letra de un argumento que hable de olvido y soledad.

A VILLA GUILLERMINA

Chamamé

Letra: Gregorio Molina

Música: Ricardo Visconti Vallejo

Grabado por: Tránsito Cocomarola, Trío Taragüi, Atilio Puchot, Luis Angel Monzón, Conjunto Ivotí, Los Guanaqueros, Dúo Coplanacu, Los Granjeños y Patricio Quirno Costa, Los Trovadores del Norte, Los Tucu Tucu, El Chango Nieto, Julia Elena Dávalos,

Ramona Galarza, Teresa Parodi, Los Visconti, Hermanas Leiva, Antonio Tarragó Ros, Los Indianos, Chango Nieto, Los Indios Tacunau, Las Voces de Orán, Paloma Valdez, Los Reyes del Chamamé, Raúl Barboza…

¿Cómo olvidarte, oh, Villa Guillermina,

si entre tus calles soñé por vez primera,

en tus veredas, aroma de azahares,

que perfumaron mi loca juventud?

Entre el follaje de tu selva bravía

forjé ilusiones y trace mil caminos

tuve la dicha de amores y destinos.

¿Cómo olvidarte, Villa Guillermina?

Yo soy uno de tus hijos,

que en la distancia siempre recuerda

y aún escucho en mis oídos

voces y cantos tan queridos.

Despertaban las mañanas

el trinar de pajaritos;

el arroyo Los Amores

fue testigo de mi adiós.

Bailando junto con esa china amada,

sentí en mi pecho latir una esperanza:

esos amigos, recuerdos de la infancia

y esa maestra que bien me aconsejó.

¿Cómo olvidarte, oh Villa Guillermina,

si ese tu cielo es tan azul divino

y las estrellas aún más fulgurantes

es manto eterno que cubre mi orfandad?

Yo soy uno de tus hijos,

que en la distancia siempre recuerda

y aún escucho en mis oídos

voces y cantos tan queridos.

Despertaban las mañanas

el trinar de pajaritos;

el arroyo Los Amores

fue testigo de mi adiós.

009. Achalay, mi mama

La mami, la mamá o la madre forman una parte muy importante en el folklore argentino. Son muchos los poetas que han escrito bien a sus madres o bien a la madre en general. El Chango Rodríguez, Peteco Carabajal, Ernesto Villavicencio, Remberto Narváez, Juan D’Arienzo, José Pedroni, Roberto Ternán, Teresa Parodi, Juan Carlos Dávalos, César Perdiguero, Armando Tejada Gómez y Polo Giménez son algunos que han compuesto diferentes pero a su vez bellísimas letras dedicadas a la mamá y que han enriquecido en gran parte el cancionero tradicional argentino.

En esta ocasión tanto la música como la letra de esta zamba pertenece a Ángel Linares y fue registrada el 10 de agosto de 1961. Lleva por título «Achalay mi mama», donde «achalay», viene a significar «que lindo», es una expresión de afecto, admiración y agrado por quien es en realidad la gran protagonista de la composición, la madre y donde el prodigio de la vuelta al hogar y el recibimiento maternal llegan al corazón del autor, que parece luchar entre la alegría del reencuentro con su ser querido y la tristeza del tiempo que pasó sin poder disfrutar de ella.

ACHALAY...MI MAMA

Zamba

Letra y Música: Ángel Linares

Grabado por: Carlos Infante, Los Indios Tacunau, Los Litoreños, Los Visconti, Tomás «Tutu» Campos, Los Troperos de Atuel, Los Cantores de Quilla Huasi, Trio Sanchez, Monges y Ayala, Antonio Tormo, Los 3 Amigos…

Después de muchos caminos

rodando la tierra con mi soledad,

vuelvo y la encuentro a mi madre,

vestirse de fiesta al verme llegar.

Siempre las mismas caricias,

prendidas las manos junto al delantal

como apretando a la vida

que ya con los años se quiere escapar.

Querencia...mi dulce querencia...

llevense los vientos con toda mi voz,

allí no anidan ausencias...

¡Achalay...mi mama! Qué puro es su amor.

Hay un rayito de luna

que en su cabellera se vino a dormir,

así me siento a su lado

benditas sus canas, qué bello es vivir.

Cantos y versos le traigo

en forma de zambas; quisiera llorar...

De nuevo me hallo en el pago

ya sale mi madre, me viene a esperar.

Querencia...mi dulce querencia...

llevense los vientos con toda mi voz,

allí no anidan ausencias...

¡Achalay...mi mama! Qué puro es su amor.

010. Achalay Tafí del Valle

Entrar a Tucumán, es entrar un poco en la historia. La voz de Mercedes Sosa acompaña, y cuando uno pregunta de dónde sale la hermosura, la respuesta solo tiene tres palabras: Tafí del Valle. Exponente principal de un lugar reconocido nacionalmente y que resulta una carta de presentación de ésta Provincia frente al mundo.

Cabecera del partido que lleva su mismo nombre, se ubica en el oeste tucumano, a unos 1976 metros de altura sobre el nivel del mar. Hoy en día cuenta con un poco más de 3000 habitantes, muy lejos de los primeros lugareños, que llegaron gracias a una estancia jesuítica en el siglo XVIII.

Sus calles de adoquines, que datan del inicio de todo, son una imagen pintoresca junto a las casas de antaño, con un hermoso valle de fondo. Sus amaneceres y atardeceres justificarán ineludiblemente la visita a este bello lugar.

Valle que emerge entre las Sierras del Aconquija, se encuentra a 106,5 km. de San Miguel de Tucumán por un camino sinuoso que se recomienda transitar con tranquilidad. Total, ¿para qué apurarse? a la vera del camino encontrarás mucho para ver…

Los Diaguitas fueron los primeros pobladores en disfrutar de estas tierras, dejando su legado marcado que se observa específicamente, en la Reserva La Bolsa.

Suelo bondadoso y rico, posee una vegetación con pastizales y bosques de coníferas. Si se visita en verano, disfrutará de un clima templado y húmedo. Si el paseo es en invierno podrá ser testigo de alguna nevada —más en las altas cumbres—; aunque el calor de los lugareños lo hará sentir como en casa.

Tafí del Valle en Tucumán, ofrece una gama inmejorable de posibilidades durante todo el año. Para no perder las raíces y conocer más de ellas, es necesario guiarse por la Ruta del Artesano. Texturas, formas y colores para conocer más del lugar, como el «poncho tucumano». Manos laboriosas que cuentan historias y las regalan en cada prenda, hechas con técnicas ancestrales.

Encantos por doquier, como los artesanos de la gastronomía que se destacan por sus postres dulces y chocolates.

Y ya que estamos hablando de lo ancestral, saliendo por Ruta Provincial 307, hacia el norte a unos 82 kilómetros están las Ruinas de los Quilmes. En el Cerro Alto El Rey se erige uno de los centros arqueológico más importantes del norte de Argentina. Casi dos mil metros de altura y muchísima historia, que ha sido rescatada no hace mucho tiempo por el cantante popular Abel Pintos. Un teatro natural realmente, para apreciar y dejarse llevar.

El Embalse La Angostura, la Avenida Presidente Perón donde los negocios y restaurantes del lugar se dan cita, la Plaza Ángel Miguel Estévez, el verde, el azul, el marrón. Todo se conjuga para hacer de Tafí del Valle, algo digno de visitar.

En esta canción, «Achalay Tafí del Valle», Horacio Guarany cuenta que llegando al lugar, el alma se vuelve zamba. Y no está, para nada, equivocado.

ACHALAY TAFÍ DEL VALLE

Zamba

Letra y Música: Horacio Guarany

Grabado por: Horacio Guarany, Soledad Pastorutti, Los Tres del Río…

Achalay cuando llega la tarde

achalay el jilguero de mi alma

y llegando pa’ Tafí del Valle

toda el alma se me vuelve zamba!

Achalay el aroma a tomillo

ese agüita que corre cantando

y una linda morocha esperando

con la humita caliente en el rancho.

Y qué más?

pa’ que más?

achalay con la miel y el quesillo

y un vinito patero de aquellos

que hasta el alba se queda cantando

achalay cha que lindo es mi pago

pa’ que diablos me vua dir!

Achalay con esa majadita

va a peliar el invierno al verano

y si acaso me afloja la suerte

no hay faltar alguien que de la mano.

Achalay con la vida del criollo

cuando el hombre se aviene a su suerte

y aunque venga a buscarlo la muerte

no ‘ay ser tan peliagudo irse al hoyo!

Y qué más?

pa’ que más?

achalay con la miel y el quesillo

y un vinito patero de aquellos

que hasta el alba se queda cantando

achalay cha que lindo es mi pago

pa’ que diablos me vua dir!

011. Adagio en mi país

Cuenta el escritor y poeta uruguayo Enrique Estrázulas: «Vuelve a mi memoria un invierno de 1972 en que tuve que cruzar Montevideo de punta a punta bajo una lluvia torrencial, en un destartalado taxímetro, para acudir a un llamado urgente de Zitarrosa. Supuse al principio que se había enfermado, que estaría dolorido por algo o, en el mejor de los casos, habría cometido alguno de sus excesos. Cuando llegué todo estaba en calma. Y el amigo trovador en cuestión de lo más bien, sentado junto al grabador, secándose unos lagrimones que, yo sabía, venían de la emoción creadora:

—Solamente quería que escucharas un “Adagio” que se me acaba de ocurrir. Entonces dejé que regresara la calma, colgué el impermeable empapado y me dispuse a oír los acordes de lo que más tarde se transformaría en el famoso ‘Adagio en mi país’, una de las más conmovedoras canciones que se han escrito en Uruguay, acaso premonitoria, inspirada en la guerra y señalando un camino de paz».

Este impresionante poema lírico «Adagio en mi país» fue escrito en mil novecientos setenta y tres, «año infeliz en la memoria de los uruguayos», afirma la profesora Mónica Salinas, en su obra «Poesía y mito. ALFREDO ZITARROSA». En ese año se instauró el régimen de Juan María Bordaberry Arocena y también en ese mismo año fue exiliado Zitarrosa.

El poema consta de seis estrofas. Las cuatro primeras presentan la misma estructura externa; los dos primeros versos se reproducen de manera anafórica al final de la estrofa, confiriéndole a la misma una estructura «circular». Las últimas estrofas, por otra parte, no presentan la estructura «circular» de las otras estrofas.

El yo lírico describe la experiencia psicológica que experimenta el yo de autor. La voz poética describe una transformación interna en la que las emociones se van elaborando, evolucionando de impulsos (tristeza y rencor) a sentimientos, valores, ideales y virtudes (esperanza y paz). El poeta utiliza distintos símbolos, como por ejemplo la luz del sol, para describir la conversión interna que experimenta al ascender desde las regiones más bajas de la psiquis a las esferas más altas de la conciencia.

El padre desempeña la función de un guía y protector. Es curioso destacar que éste no se remite a una etapa más gratificante de su pasado, sino que se proyecta al futuro, su función es alentar la esperanza de su hijo y también la de los lectores.

En mí país, qué tristeza

La pobreza y el rencor

Dice mi padre que ya llegará

Desde el fondo del tiempo otro tiempo

Y me dice que el sol brillará,

Sobre un pueblo que él sueña

Labrando su verde solar.

En mi país qué tristeza

La pobreza y el rencor.

La voz poética evalúa y analiza la situación del país a través de distintos puntos de vista: del padre, del poeta y del pueblo. Mónica Salinas sostiene que la postura del padre oscila entre «la profecía de un renacimiento de las gestas heroicas, y la amarga constatación del potencial destructivo del infame».

Tú no pediste la guerra/ Madre tierra, yo lo sé,

Dice mi padre que un solo traidor /puede con mil valientes;

él siente que el pueblo, en su inmenso dolor/ hoy se niega a beber

de la fuente clara del honor/

Tú no pediste la guerra/ Madre tierra, yo lo sé.

Como se observa, la obra artística de Alfredo Zitarrosa es una obra comprometida con una causa social, porque a través de ella él reconfortó a su pueblo en un momento de sufrimiento. Él es un ejemplo de que es posible que un sujeto puede trascender un contexto impregnado de sufrimiento.

ADAGIO EN MI PAÍS

Zamba

Letra y Música: Alfredo Zitarrosa

Grabado por: Alfredo Zitarrosa, Vos América, César Isella, Huerque Mapu, Sanampay, Quinteto Tiempo

En mi país, qué tristeza,

la pobreza y el rencor.

Dice mi padre que ya llegará

desde el fondo del tiempo otro tiempo

y me dice que el sol brillará

sobre un pueblo que él sueña

labrando su verde solar.

En mi país, qué tristeza,

la pobreza y el rencor.

Tú no pediste la guerra,

madre tierra, yo lo sé.

Dice mi padre que un solo traidor

puede con mil valientes;

él siente que el pueblo en su inmenso dolor

hoy se niega a beber en la fuente

clara del honor.

Tú no pediste la guerra,

madre tierra, yo lo sé.

En mi país somos duros,

el futuro lo dirá.

Canta mi pueblo una canción de paz.

Detrás de cada puerta

está alerta mi pueblo,

y ya nadie podrá

silenciar su canción



y mañana también cantará.

En mi país somos duros,

el futuro lo dirá.

En mi país, qué tibieza

cuando empieza a amanecer.

Dice mi pueblo que puede leer

en su mano de obrero el destino

y que no hay adivino ni rey

que le pueda marcar el camino

que va a recorrer.

En mi país, qué tibieza

cuando empieza a amanecer.

En mi país somos miles y miles

de lágrimas y de fusiles,

un puño y un canto vibrante,

una llama encendida, un gigante

que grita: ¡Adelante... adelante...!

En mi país brillará,

yo lo sé,

el sol del pueblo arderá

nuevamente, alumbrando mi tierra.

012. Adios Catamarca, adios

Cuenta el folklorista catamarqueño Coco Melo Cabrera cómo fue testigo del momento en que Don Manuel Acosta compuso esta zamba, en 1951, en el Bar Munich de las calles Sarmiento y San Martín de Catamarca, momentos antes de partir a una gira por todo el norte del país. En ese día, integraban el conjunto Manuel Acosta Villafañe, Pebete Gerván Leguizamón, Pila Quinteros, Juan Ramón Ponce, Ramiro Espoz Saavedra, Noia y Ponce. Casi veinte años después el grupo Los Chalchaleros, formado por Juan Carlos Saravia, Ernesto Cabeza, Polo Román y Pancho Figueroa, grabó la que sin duda es la mejor versión realizada nunca de esta zamba, llena de sentimiento y amor por todos y cada uno de los bellos lugares de la provincia en la que nació el autor y cuya capital es San Fernando del Valle de Catamarca.

(Cucho Márquez)

ADIOS, CATAMARCA, ADIOS

Zamba

Letra y música: Manuel Acosta Villafañe

Grabado por: Los Chalchaleros, Margarita Palacios, Los Altamirano, Los Cantores del Alba, Ambrosio Nicoli, Los Arribeños…

¡Adiós, Catamarca, adiós!

¿Quién sabe hasta cuando será?

¡Adiós, mi cerro el Ambato;

adiós Valle Viejo, adiós Capayán!

Camino del valle me iré:

camino del bello Pomán.

Me iré cruzando los campos.

¡Adiós, mi Joyango; adiós, mi Siján!

¡Cuántos recuerdos queridos,

por largos caminos me han de acompañar!

Y aunque me encuentre distante,

de mi Catamarca no me he’i de olvidar.

¡Adiós, Catamarca, adiós!

¿Quién sabe hasta cuando será?

Al irme dejo esta zamba

pa’ que mis paisanos la puedan bailar.

¡Adiós, ya me voy, ya me voy;

cantando algún día he’i volver!

¡Adiós, mi cerro, mis viñas;

adiós, Tinogasta; adiós, mi Belén!

¡Cuántos recuerdos queridos,

por largos caminos me han de acompañar!

Y aunque me encuentre distante,

de mi Catamarca no me he’i de olvidar.

013. Adios Tucumán

Héctor Roberto Chavero, conocido artísticamente como Atahualpa Yupanqui, nació en Campo de la Cruz (Pergamino) en 1908, muriendo en 1992 en la ciudad francesa de Nimes. Como él mismo decía:

«No conviene ponerse a decir muchas cosas con la zamba porque se traicionaría el espíritu del tres por cuatro, del juego del pañuelo; se pueden insinuar, nomás. Como el único lenguaje que tiene la zamba es el pañuelo uno le puede adjudicar a la mirada, al gesto, o al silencio del hombre cosas que el pañuelo no puede decir. Pero no le adjudique demasiado porque entonces cae en la filosofía y eso guárdelo para otro asunto.»

Contaba don Ata:

«En su origen, este tema tiene una tristeza política. Unos amigos míos eran terratenientes de Raco, primos hermanos entre sí. Y yo, un Juan de afuera. Conocían ellos mi devoción por el paisaje, por el paso, el caballo, la copla, los hombres, los guardamontes y las bagualas. Pero la política los alejó de mí y de la amistad profunda que nos juntaba. Yo soy amigo de la gente sin preguntarle cómo piensa, ni para qué lado. Me basta con que sea criolla y suficiente. Bueno, esta gente empezó a no mostrarme la cara. En las cumbres de Raco yo tenía un ranchito tortiao, hecho con mis manos. Me fue para mí. Me largué del ómnibus y había un caballo que me estaba esperando en la parada, junto al boliche del turco Antin. Monté y me fui hasta una tranquera del “campo la Zanja” para poder subir» —desde allí me quedaban cuarenta minutos de viaje para arriba— y la encontré con llave. Entonces me acerco a la finca de los señores y digo: “está con llave”. No sé, me contestó uno de los peones, la habrá cerrado el niño tal o cual». Ningún niño, ninguno de los gauchos amigos míos estaba allí. Entonces me di cuenta que la intención era no facilitarme la llegada a mi pobre rancho de las cumbres de Raco. Era un descuidar la amistad, fastidio, repudio a mi condición de criollos. Ellos se sentían muy argentinos, muy partidarios de Facundo Quiroga y de Juan Manuel de Rosas. En cambio yo estaba con el pueblo, con el más golpeado, con el que tenía alpargatas. Y yo las tenía. Era lo único, mi guitarra vieja, las alpargatas y muchos sueños. Al otro día agarré mi caballo y a unos siete kilómetros monte arriba le di un guascazo en las ancas y se perdió galopando en las cumbres. «Nunca más te voy a ensillar», le dije. Me vine. Lo único que me tomé fue mi máquina de escribir y unas espuelas, de a pie vine bajando y salté la tranquera. Ya nunca más volví a Raco. De allí nació esta zamba: «Adios Tucumán».

ADIOS TUCUMAN

Zamba

Letra y música: Atahualpa Yupanqui

Grabado por: Atahualpa Yupanqui, Jorge Cafrune, Los Chalchaleros, Los Visconti, Dúo Coplanacu, Dúo Benítez – Pacheco, Dúo Socavón, Mono Villafañe, Quiroga Larreta, André y su Conjunto, Las Voces del Norte…

¡Qué mala será mi pena,

que sólo sabe penar!

¡Cómo me duele esta pena,

de irme tan lejos de mi Tucumán!

No me asustan los caminos,

ni arenas ni pedregal.

Por muchos que haya en el mundo,

no son los caminos de mi Tucumán.

¡Adiós, mi pago querido,

mi rancho de Raco,

mi lindo sauzal!.

Cuando te cante en mi zamba,

¿quién sabe, tu gaucho,

por dónde andará?

Mi sillonero pasuco,

ya nunca lo ensillaré.

Lo han de cuidar las estrellas:

¡adiós, mi caballo, ya no volveré!



Senditas las de mi tierra,

caminitos de Tafí.

Tal vez, una tucumana, bailando la zamba

se acuerde de mí.

¡Adiós, mi pago querido,

mi rancho de Raco,

mi lindo sauzal!.

Cuando te cante en mi zamba,

¿quién sabe, tu gaucho,

por dónde andará?

014. Agitando pañuelos

La zamba es una danza tradicional que representa la galantería cortés, expresada por los bailarines a través del movimiento, los gestos y las miradas. Pero el elemento más característico y fundamental para la expresión de los sentimientos y del juego amoroso en la zamba es el pañuelo. Como dice Ricardo Rojas: «La nota de color danla aquí los pañuelos, ondeando siempre en lo alto, movidos por las manos de los amantes, y como mecidos, ellos también, por el aire voluptuoso que domina toda esta composición coreográfica.» El pañuelo le da a esta danza su máxima poesía y significado, por eso es importante soltarse y enarbolarlo no sólo con las manos sino con el corazón.

Generalmente se lo toma con la mano derecha y a un par de centímetros de la punta para aprovechar todo el largo y para poder formar la figura del triángulo, tomándolo con ambas manos de puntas opuestas. El revoleo es una de las figuras más comunes que se realizan con el pañuelo, y consiste en levantarlo más o menos a la altura de la cabeza y agitarlo con movimientos vivos. Puede revolearse girando la muñeca para describir la forma de un ocho en el aire.

Las figuras que los bailarines marcan con sus pañuelos son libres pero siempre pretenden establecer un diálogo y transmitir sentimientos y emociones. En la Primera parte de la danza, por ejemplo, la mujer responde tímidamente al asedio del varón por conquistarla, y para expresar esta timidez o indecisión mueve el pañuelo con mucha sutileza, suavemente, lo usa para cubrirse la cara o lo toma con ambas manos y lo coloca extendido sobre la pollera. En la Segunda, en cambio, la mujer finalmente responde a la propuesta amorosa del varón y ambos agitan los pañuelos apasionadamente, con movimientos más enérgicos que expresan el sentido de estar enamorados. Una de las figuras que pueden realizar consiste en tomar el pañuelo con ambas manos por las puntas, formando un triángulo y enroscarlo hacia afuera o hacia adentro. A esta figura se le da comúnmente el significado de ofrecer un beso (enroscando el pañuelo hacia afuera) y recibir un beso (enroscándolo hacia adentro). Al terminar la Segunda parte, para la coronación, el varón puede colocar el pañuelo sobre el hombro de la mujer o tomarlo extendido por las puntas y pasarlo por detrás de la cabeza de la mujer.

Esta danza tradicional que representa la galantería cortés, expresada por los bailarines a través del movimiento, los gestos y las miradas. Pero el elemento más característico y fundamental para la expresión de los sentimientos y del juego amoroso en la zamba es el pañuelo. Este da a esta danza su máxima poesía y significado, por eso es importante soltarse y enarbolarlo no sólo con las manos sino con el corazón.

AGITANDO PAÑUELOS

Zamba

Letra y Música: Hermanos Abalos

Grabado por: Hermanos Abalos, Carlos Vega Pereda, Dúo Amistad, Los Cantores de Quilla Huasi, Los Chalchaleros, Dúo Coplanacu, Los Peregrinos, Adolfo Abalos, Claudia Pirán, Juanón Lucero, Chango Nieto, Mercedes Sosa, Mónica Ferreyra, Los Hermanos Jiménez, Los Guanaqueros, Pancho Figueroa, Nazareno Soria, Los Indios Tacunau, Huella Pampa, Nanzi Tortone, Nancy Abalos, Los Chilicotes…

Te ví, no olvidaré...

un carnaval,guitarra,bombo y violín

agitando pañuelos te vi

cadencia al bailar, airoso el perfil.

Me fui diciendo adiós...

en ese adiós quedó enredado un querer.

Agitando pañuelos me fui

¡Qué lindo añorar tu zamba de ayer!...

Yo me iré tu vendrás...

Yo te llevaré, mi rancho se alegrará.

Agitando pañuelos me iré

y en mí vivirá aquel carnaval.

Agitando pañuelos me iré

cantando esta zamba repiqueteadita.

Volví y te encontré...

toda mi voz le dio a la copla un cantar.

Agitando pañuelos volví,

sintiendo también mi pecho agitar.

Bailé hasta el final...

engualichao, bailé hasta el amanecer.

Agitando pañuelos bailé.

¡Que lindo bailar tu zamba de ayer!

015. Agua y sol del Paraná

El río Paraná es uno de los más importantes de Argentina. Atraviesa varias provincias y forma junto al río Uruguay la denominada Mesopotamia Argentina. El chamamé es la música característica de esta región y en «Agua y Sol del Paraná» se describe con gran maestría la vida de la gente litoraleña.

Si tuviésemos que elegir una canción que represente al Litoral y su gente, seguramente nos inclinaríamos por «Agua y Sol del Paraná», agregaríamos que el compositor, Ariel Ramírez, la puso en el pentagrama allá por comienzo del 50. Pocos saben que el autor de su letra, Miguel Brascó, es un personaje que vimos habitualmente, hasta su fallecimiento en 2014, en programas relacionados con la historia y elección de vinos, sibarita de tiradores, abdomen abundante y derroche de bonhomía.

El maestro Ariel Ramírez, se hizo popular en todo el mundo con su Misa Criolla de la que se han vendido ya varios millones de discos. Nacido en Santa Fe, capital de la provincia argentina del mismo nombre, no es raro que haya dedicado varias composiciones a ese imponente fenoméno de la naturaleza que es el río Paraná. En la antología de la zamba necesariamente tiene que estar incluída su obra «El Paraná en una zamba», a la que puso letra el salteño Jaime Dávalos. Aquí, en «Agua y sol del Paraná» es Miguel Brascó quien narra muy poéticamente la tarea de remontar este grandioso río contra corriente, en una calurosa tarde oriental. Son excelentes las versiones de esta canción, tanto la del propio autor, con Eduardo Falú y Los Fronterizos que fue grabada en 1962, en el disco «Coronación del Folklore», como también lo es la perteneciente a Los Chalchaleros.

AGUA Y SOL DEL PARANÁ

Canción del litoral

Letra: Miguel A. Brascó

Música: Ariel Ramírez

Grabado por: Ariel Ramírez, Los Fronterizos, Los Chalchaleros, Eduardo Falu, Los Arribeños, Dúo Socavón, Lolita Torres, Los Arroyeños, Zamba Quipildor, Nostalgiosos, Amalia de la Vega, Tomás «Tutu» Campos…

Por el río Paraná,

aguas arriba navego

El sol quema como fuego

en la siesta litoral.

Bordeando el camalotal:

pacu, surubí dorado

van navegando a mi lado

por el río Paraná.

La canoa lenta va

hiriendo el pecho del río,

sauce triste, ceibo mío,

en sus orillas está.

Azul el jacarandá,

aromó sus ramas de oro,

derramando su tesoro,

sobre el río que se va.

El agua me ha de llevar;

nadie sabe hasta qué puerto;

hay solo un destino cierto:

la pampa amarga del mar.

Tristeza me da el ceibal,

sangrando sobre el verano:

si parecemos hermanos,

en el modo de llorar.

Ya mi canción se me va,

aguas abajo del río,

mientras sigo mi destino

remontando el Paraná.

Rio arriba, rio va

contra la oscura corriente

agua y sol sobre mi frente

agua y sol del Paraná.

Viejo río Paraná:

aguas marrones y bravas

y en lo alto crestonadas

no terminan de silbar.

016. Ah! Mi Corrientes porá

En el año 1942, el poeta rosarino Lito Bayardo (1905-1986) se hallaba en la ciudad de Resistencia, provincia de Chaco, visitando la peña, museo y pulpería «El Fogón de los Arrieros», creada el año anterior por Aldo Boglietti. Se encontraba acompañando por su amigo el poeta santafesino Juan de Dios Mena, quien una tarde lo invitó a ir a la ciudad de Corrientes tomando para ello la balsa que salía del puerto de Barranqueras. En Corrientes fueron tratados con mucha amabilidad y cuando ya se volvían para Resistencia, una dama muy bella le preguntó a Lito Bayardo si le había gustado Corrientes a lo que contestó que se llevaba un grato recuerdo. Entonces ella le pidió que les hiciera a los correntinos una canción como su zamba «Mama vieja». Ese pedido impresionó a Lito Bayardo y quedó registrado en su memoria.

Pocos días después, ya en Buenos Aires, se encontró ocasionalmente con Samuel Aguayo, quien le comentó que en una semana tenía que realizar algunas grabaciones, y que el músico y cantor Eladio Martínez (1912-1990), que era amigo suyo, le había entregado una melodía que tenía versos en guaraní, y quería que Lito Bayardo le hiciera los versos en castellano, en tiempo de chamamé, para llevarla al disco. Lito Bayardo le comentó a Samuel Aguayo que nunca había hecho letras sobre ritmo de chamamé, y entonces se fueron juntos a tomar un café y allí Samuel Aguayo le entonó la melodía de Eladio Martínez y le propuso que incluyera algunas palabras en guaraní para darle más color al tema. Entonces le tradujo algunas palabras, y mientras Samuel Aguayo entonaba la melodía, Lito Bayardo comenzó a recordar a aquella dama que en Corrientes le había pedido un tema para los correntinos. Le preguntó entonces cómo se decía «hermosa» en guaraní, y Samuel Aguayo le dijo que «hermosa en guaraní se dice porã». Entonces Lito Bayardo comenzó a escribir la letra del chamamé y le dijo que podía llamarse utilizando las primeras palabras de los versos «Ah! mi Corrientes porã». Y así, con la melodía que le entonaba Samuel Aguayo, Lito Bayardo prosiguió con la letra del chamamé al que tituló justamente «Ah! mi Corrientes porã».

Una semana después de finalizada la obra con letra en castellano, «Ah! mi Corrientes porá» fue llevada al disco por Samuel Aguayo como galopa, el 5 de agosto de 1942. Tiempo después la grabó como polca correntina, Osvaldo Sosa Cordero y sus «Correntinos» cantando el dúo integrado por Eduardo Rayo y Pedro de Ciervi, el 3 de abril de 1945 y poco tiempo después, el 10 de julio de 1945, como polca canción por el «Cuarteto Santa Ana» dirigido por Isaco Abitbol y Ernesto Montiel, cantando los versos el mismo Eladio Martínez, convirtiéndose en el primer tema cantado que grabó el «Cuarteto Santa Ana», a muy poco tiempo de su formación. Posteriormente, el 4 de mayo de 1950 el tema «Ah! mi Corrientes porã», en tiempo de polca, fue grabado por Damasio Esquivel y su «Sexteto Guaraní» cantando los versos Ramón Ayala, siendo también en este caso, el primer tema cantado, y el primer disco, conque dio comienzo la historia discográfica de Damasio Esquivel al frente de su propio conjunto. Posteriormente volvió a grabarlo Samuel Aguayo con su conjunto, como polca, el 24 de mayo de 1956.

Los versos en guaraní de «Ah! mi Corrientes porã», que en tiempo de polca paraguaya, con música de Eladio Martínez y letra de Gumersindo Ayala Aquino tenían por título «Resaí», o sea «Lágrimas» en castellano, fueron dedicados por sus autores en el año 1940, a la bailarina paraguaya Nilda Arce, y con ese nombre «Resaí» la obra fue grabada por Félix Pérez Cardozo y su conjunto paraguayo cantando el propio Eladio Martínez a dúo con Félix Pérez Cardozo.

Recién tiempo después de escribir los versos en castellano de «Ah! mi Corrientes porã», Lito Bayardo conoció a Eladio Martínez, ya que hasta ese momento no lo conocía personalmente. En ese entonces, Eladio Martínez estaba al frente de su conjunto denominado «Eladio Martínez y su Trío Guaraní de Arpa y Guitarras» con el que había comenzado en el año 1940, después de integrar el dúo Martínez-Cardozo, junto a Mauricio Cardozo Ocampo, desde el año 1933. Y justamente en el año 1945 Eladio Martínez regresó a Paraguay, para residir nuevamente allí, después de haber estado radicado en Argentina durante 15 años.

Lito Bayardo, cuyo nombre real era Manuel Juan García Ferrari, nació en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina, el 3 de marzo de 1905 y falleció quitándose la vida el 7 de marzo de 1986 en la ciudad de Buenos Aires. Fue cantor, recitador, poeta y autor de la letra de tangos famosos como «Duelo criollo», «Pájaro ciego» y «9 de Julio», y de las famosas zambas «Mama vieja» y «Rosario de Santa Fe» entre muchos temas más.

Eladio Martínez, nació en la ciudad de Paraguarí, Paraguay, el 19 de mayo de 1912 y falleció en Asunción el 7 de mayo de 1990, siendo cantor, guitarrista y autor de importantes obras musicales del repertorio paraguayo.

(Roberto Gutiérrez Miglio)

AH! MI CORRIENTES PORÁ

Polca

Letra y Musica: L.Bayardo - E.Martínez

Grabado por: Ramona Galarza, Chaqueño Palavecino, Dúo Benítez – Pacheco, Rubén Durán, Los de Salta, Teresa Parodi, María Teresa Márquez, Entre Ríos 5, Los Indios Tacunau, Samuel Aguayo, Ernesto Montiel y Cuarteto Santa Ana, Los Arribeños, Maria del Paraná, Argentina Rojas, Isaco Abitbol…

Ah! mi Corrientes porá

en donde te conocí

correntinita ivotí

de labios color rubí

mi pena se hace canción

cuando te quiero soñar.

Entonces el corazón

y el alma quieren cantar.

Yo nunca sabré porqué

ni cómo llegaste a mí

en cambio no olvidaré

la noche que te perdí

la noche de nuestro adiós

te dije en aquel cantar

se queda en mi corazón

y en mi Corrientes porá.



Bajo el cielo azul

te recordaré

nunca te olvidé

dulce amor de ayer

y en la soledad

de mi noche cruel

sólo sé cantar

cariñito fiel.

Si tienes alguna vez

memoria de lo que fui

acuérdate de un clavel

y de una noche de abril

acuérdate de un jazmín

acuérdate dulce amor

de un largo beso y después

dos lágrimas y un adiós.

No quiero decirte más

correntinita ivotí

que yo me muero de amor

y que mi amor eres tú

y si no puedo tener

la dicha de verte más

que vivas siempre feliz

en mi Corrientes porá.

Bajo el cielo azul

te recordaré

nunca te olvidé

dulce amor de ayer

y en la soledad

de mi noche cruel

sólo sé cantar

cariñito fiel.

017. Al Jardín de la República

El compositor, guitarrista y cantor, Virgilio Ramón Carmona, nació en Rosario (Santa Fé) el 30 de agosto de 1895. Siendo niño se trasladó con su familia a Buenos Aires donde cursó estudios secundarios y de abogacía, que abandonó para dedicarse a la música, su pasión de siempre.

En Simoca se casó con María Elvira Carrizo a quien dedicó la zamba Al Jardín de la República, la primera que compuso atenido a la ortodoxia de las clásicas zambas tucumanas, suntuosas y de gran vuelo.

Sarmiento fue quien bautizó como «Jardín de la República» a esta provincia. Y, según cuenta la historia, lo hizo cuando se encontró con la exuberante vegetación de yungas.En el territorio provincial, es posible diferenciar tres áreas naturales: la selva tucumano-boliviana, la del monte y la chaqueña.

La primera, también llamada nuboselva o selva de yungas, avanza desde Bolivia y se encuentra a los largo del faldeo oriental del sistema del Aconquija y de las Cumbres Calchaquíes. Es tierra de suelos siempre húmedos debido a las copiosas precipitaciones lo que la transforma en un perfecto reservorio de agua. La vegetación es densa y heterogénea. Predominan los líquenes, musgos y varias especies arbóreas como el Nogal, el Horco Molle, el Cedro y la Tipa Blanca. Cuando se superan los 800 metros aparecen los bosques caducifolios, con suelos gruesos y bajo la influencia del clima de montaña. Predominan los Alisos, los pinos y el Sauce. A los 4000 metros se encuentran los prados de altura constituidos por hierbas y gramillas, debido a los fuertes vientos no prosperan los árboles.

Hacia los Valles de Amaicha y Santa María (Valles Calchaquíes propiamente dichos, sobre los 2000 m de altura), se desarrolla el monte. Las precipitaciones son escasas y estacionales; los suelos son predominantemente areno arcillosos y pedregosos, cubiertos por matorrales más o menos densos de arbustos con hojas pequeñas y árboles bajos. La jarilla, la Tipa y el garabato, junto a los cardones que crecen en los faldeos y a lo largo de los ríos constituyen la flora típica del lugar.

En el Centro-Norte de la provincia continúa la vegetación de montaña aunque incorporando elementos propios de la región chaqueña. Casi la totalidad de esta zona está ocupada por un bosque integrado por el algarrobo, la tusca, el churqui, el tala, las tunas y los cardones. En el resto de la provincia hacia el este, existe la formación chaqueña bajo la influencia de un clima de tipo continental caliente. Los elementos arbóreos están representados por el quebracho blanco, el chañar, el mistol, los algarrobos y otros. Cuando entra en contacto con la llanura central la vegetación es más rica.

Por eso, a la bella tierra tucumana se la denomina con mucha razón el jardín de la República Argentina, por su vegetación exuberante; por sus bosques, ríos y montañas. Y este vergel se baila la danza más bella: la zamba. Este baile popular, del que hemos hablado en la introducción como derivado de la zamacueca peruana, tuvo su arraigo en tierras tucumanas y aunque luego ha llegado a ser considerada como danza nacional, la zamba será siempre un justo motivo de orgullo norteño. Las parejas bailan separadas, entrelazando sus pañuelos; mientras el gaucho, con el floreo de su danza, trata de insinuarse ante su pareja, convirtiendo el baile en una ceremonia de seducción.

AL JARDÍN DE LA REPÚBLICA

Zamba

Letra y música: Virgilio Carmona

Grabado por: Mercedes Sosa, Los Chalchaleros, Los Cantores de Quilla Huasi, Los Cantores del Alba, Los Fronterizos, Ariel Ramírez, Los Catamarqueños, Los Guaraníes, Carlos Abán y su conjunto, Chango Nieto, El Payo Solá, Los del Nogal, Huella Pampa, Eduardo Falú, Julia Elena Dávalos, Federico Nieva, Los Huayra, Grupo Tuntej, Luis Salinas, Dino Saluzzi, Salavina, La Yunta, Cara i’ Mula…

Desde el Norte traigo en el alma

la alegre zamba que canto aquí

y que bailan los tucumanos,

con entusiasmo propio de allí.

Cada cual sigue a su pareja,

joven o vieja; de todo vi.

Media vuelta y la compañera

forma la rueda para seguir.

Viene el gaucho, le hace un floreo

y un zapateo comienza allí.

Sigue el gaucho, con su floreo,

y el zapateo termina allí.

Pa’ las del Norte, sí;

para las otras, no.

Para la tucumana,

mujer galana, naranjo en flor,

todo lo que ellas quieran,

que la primera ya terminó.



No me olvido, viera compadre,

de aquellos bailes que hacen allí;

tucumanos y tucumanas,

todos se afanan por divertir

y hacer linda esta mala vida:

así se olvida que hay que sufrir.

Empanadas y vino en jarra,

una guitarra, bombo y violín

y unas cuantas mozas bizarras

pa’ que la farra pueda seguir.

Sin que falten esos coleros,

viejos cuenteros que hagan reir.

018. Al viejo río Paraná

Existen un montón de canciones, preciosas, que hablan del río Paraná... «el Paraná no es un río que es un cielo azul que viaja».., «Hijo de las cumbres y de la selva...sangre en tus riberas el ceibo en flor...», «para que su voz, enamorada de la luz carnal, arome tus mujeres, Paraná.»...

Qué se yo... pero hay una, la zamba de Eladia Blázquez, «Al viejo río Paraná», que dibuja una época, la que seguro les va a llenar de nostalgias....aunque pudiera parecer que nunca había existido si no fuera por esta grabación de Hernán Figueroa Reyes, de muy baja calidad pero existente, lo cual la convierte en una auténtica reliquia.

También la interpretaron Los Fronterizos y al escucharla parece como si habitaras en una máquina del tiempo, como un pincel que pintara otra vez las tardes de guitarras, la lluvia, el barrio. Tantas cosas. Cosas que nunca se van del todo. Te crees que no vas a ver más esas nubes, pero te salta encima una canción, y la nostalgia te arrolla, te vence, gozosamente te derrota. Luego miras otra vez por la ventana, y ves en el jardín a los hijos pequeños, que tienen la edad que tú tenías entonces, con la «pandilla», con los amigos. Y vuelves. Vuelves a los cincuenta y tantos años, felices, pero cincuenta y…

AL VIEJO RÍO PARANÁ

Zamba

Letra y música: Eladia Blázquez

Grabado por: Los Fronterizos, Hernán Figueroa Reyes…

Me vine del Norte por conocer;

me han hablado tanto del litoral,

que trencé, sin querer, la ilusión de llegar

y asombrados mis ojos están,

frente al viejo río Paraná.

Me cegó el paisaje con su esplendor;

me besó la brisa suave al pasar.

El azahar, el verdor envolvió mi soñar;

comprendí que la magia se da

frente al viejo río Paraná.

Allí me nació esta zamba,

mitad ceibal y mitad cedro.

Paraná para tí, dice así mi canción.

Navegando mi canto se va,

por el viejo río Paraná.

Me vine del Norte y esta región

puso en mis pupilas fiesta de sol..

Noche azul, ceibo en flor; todo es luz y color;

todo es paz y raíz vegetal

frente al viejo río Paraná.

Cuando vuelva al pago voy a contar

a mi cerro lindo lo que viví.

Otra vez cantaré al solar guaraní;

otra vez mi recuerdo estará

frente al viejo río Paraná.

019. Albahaca sin carnaval

César Perdiguero —periodista y poeta popular— fue el primero en firmar una letra para una canción compuesta por Eduardo Falú, allá por el año 1942. Se trata de la canción «TABACALERA» y narraba la queja del peón salteño que vive de la siembra del tabaco. Falú, tabién salteño como Perdiguero, había nacido el 7 de Julio de 1923 en El Galpón, un pequeño pueblo que era un lugar donde pasaba las carreteras que iban a la provincia del Chaco.

Esta obra de juventud describe la alegría de las fiestas carnavaleras. La albahaca está presente en todas las mesas simbolizando lo efímero de la celebración: cuando se marchita es ya la hora de acabar los festejos, que se realizan en tiendas o entoldados a los que todos acuden para comer, beber y bailar. El tema es un taquirari, ritmo que goza de gran popularidad en el departamento boliviano de Santa Cruz de la Sierra.

ALBAHACA SIN CARNAVAL

Taquirari

Letra: César Perdiguero

Música: Eduardo Falú

Grabado por: Jorge Cafrune, Eduardo Falú, Los Fronterizos, Alberto Cortez…

Cuando florezca la albahaca,

colla, te voy a llevar

a los bailes y a las carpas,

colla, para el Carnaval.

Irás golpeando tu caja,

colla te voy a llevar

con un ramito de albahaca,

colla, para el Carnaval.

Están los yuros de chicha

esperando el Carnaval.

La fiesta se viene encima:

¡colla, dejá de llorar!

El sábado a medianoche

se apareció el Carnaval.

Iba a dentrar a la carpa,

cuando se oyó este cantar.

Tu corazón ya no es caja:

ya se cansó de golpear:

iba a llevarte a las carpas,

colla, para el Carnaval.

Volaste al cielo, paloma,

sólo por verme llorar.

Yo me he quedado sin copla;

la albahaca sin Carnaval.

020. Alfonsina y el mar

Alfonsina y el mar es una zamba compuesta por el pianista argentino Ariel Ramírez y el escritor Félix Luna, publicada por primera vez en el disco de Mercedes Sosa Mujeres argentinas, de 1969.

La canción es un homenaje a la poetisa de la misma nacionalidad Alfonsina Storni, que se suicidó en 1938 en Mar del Plata, saltando al agua desde una escollera, aunque, según la canción, se internó lentamente en el mar. Esta conexión ha originado un rumor muy extendido pero erróneo, según el cual la letra de la canción fue originalmente la carta de suicidio de la poetisa, musicalizada más tarde por los autores de la zamba.

Aunque Ariel Ramírez no conoció directamente a la poetisa, ésta fue alumna de su padre, Zenón Ramírez, que transmitió a su hijo el drama de Storni. Impresionado por estos recuerdos y por las poesías de Storni, que le trajo Luna, Ramírez compuso la música y Luna aportó después la letra.

Cuenta el maestro Ariel Ramírez que el poeta Félix Luna se reunió con él en su casa y en una sóla noche puso letra a los famosos villancicos, que acompañaban al disco de «LA MISA CRIOLLA» y del que se han vendido ya más de siete millones. En esta ocasión, ambos compusieron una zamba en homenaje a la malograda poetisa Alfonsina Storni, que puso fin a su vida de una manera que recuerda los trágicos finales de las heroínas del romanticismo. Basándose en el último poema que compuso la Storni: «Voy a dormir», Luna y Ramírez logran una zamba prodigiosa en su texto y en su música y que ha sido una de la que se han realizado más versiones, en la historia de la canción argentina.

Antes del texto de la zamba, adjunto el poema de la Storni en que se basa:

VOY A DORMIR

Dientes de flores, cofía de rocío,

manos de hierbas, tú, nodriza fina

tenme prestas las sábanas terrosas

y el edredón de musgos encardado.

Voy a dormir, nodriza mía; acuéstame.

Ponme una lámpara a la cabecera;

una constelación: la que te guste;

todas son buenas; bájala un poquito,

déjame sola: oyes romper los brotes...

Te acuesta un pie celeste desde arriba

y un pájaro te traza unos compases

para que olvides... Gracias. Ah, un encargo:

si él llama nuevamente por teléfono,

le dices que no insista, que he salido.

Alfonsina Storni - 1944

ALFONSINA Y EL MAR

Zamba

Letra: Félix Luna

Música: Ariel Ramírez

Grabado por: Mercedes Sosa, Los Cantores de Quilla Huasi, Amelita Baltar, Opus 4, Los Sabandeños, Ariel Ramírez, Patricia Sosa, Luis Salinas, Alberto Cortez, Alberto Castelar, Los Nocheros, Cholo Aguirre, Marián Farías Gómez, Chango Farías Gómez, Ginamaría Hidalgo, Gauchos 4, Jairo, Los Andariegos, Uña ramos, Los Tucu Tucu, Yamila Cafrune, Jorge Rojas «El Negro», Sergio y Estíbaliz, Graciela Susana, Los Panchos, Lucho Gatica, Betty Misiego, Tania Libertad, Roberto Palmer, Maya, César Isella, Julia Elena Dávalos, Las Voces Blancas, Norah Zapata, Carmen Guzmán, Chabuca Granda, Julia Zenko, Fortunato Ramos, Grupo Azul, Enrique Coria, Hugo Díaz…

Por la blanda arena que lame el mar,

tu pequeña huella no vuelve más.

Un sendero solo de pena y silencio

llegó hasta el agua profunda;

un sendero solo de penas mudas

llegó hasta la espuma.

¡Sabe Dios qué angustia te acompañó;

qué dolores viejos calló tu voz;

para recostarte arrullada en el canto

de las caracolas marinas!

La canción que cantan,

en el fondo oscuro del mar, las caracolas.



Te vas, Alfonsina, con tu soledad:

¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?

Una voz antigua de viento y de sal

te requiebra el alma y la está llevando.

Y te vas hacia allá como en sueños,

dormida, Alfonsina, vestida de mar.

Cinco sirenitas te llevarán

por caminos de algas y de coral

y fosforescentes caballos marinos

harán una ronda a tu lado.

Y los habitantes del agua van a jugar,

pronto, a tu lado.

Bájame la lámpara un poco más.

Déjame que duerma, nodriza, en paz.

Y si llama él, no le digas que estoy;

dile que Alfonsina no vuelve.

Y si llama él no le digas nunca que estoy;

dí que me he ido.

021. Alma guaraní

Aunque viendo el comportamiento de algunos, parece que la razón se inclina a adherirse a las teorías que niegan la existencia del alma, lo cierto es que, con uno u otro nombre (interior, espíritu, esencia, psiquis profunda...), terminamos admitiendo que el ser humano no es solo la suma de instintos y materia, y que posee algo más que le hace digno y trascendente.

Se habla también de que, tal como los individuos, cada pueblo posee esta composición particular de alma y cuerpo que constituyen su personalidad como nación.

Al respecto, en el marco de las reflexiones que suscita el camino al bicentenario de nuestra independencia, me ha llamado la atención la cada vez más frecuente asociación del alma de nuestro pueblo a nuestro origen guaraní, en detrimento de nuestro otro 50% histórico-existencial proveniente de España. Así, resulta que nuestra alma es guaraní, nuestra garra es guaraní, nuestro aguante es guaraní... pero nuestros defectos son todos de origen europeo.

Aunque se admite que el paraguayo es mestizo y su historia está totalmente ligada al mestizaje hispano-guaraní que se produjo desde la colonia, parecería que en un afán de reivindicación de los en realidad explotados y marginados aborígenes, resulta que ahora es casi una grosería en el ámbito cultural o educativo tratar de rescatar algo positivo de la herencia europea o criticar algo de la guaraní en lo que hace a nuestro ser nacional.

Simplificando, lo políticamente correcto hoy es alabar y super valorar todos los detalles —muchos de ellos en verdad estupendos— del legado cultural y hasta genético de los «morenos, naturales y pacíficos guaraníes», y despotricar, machacar o, peor aún, ignorar y suprimir todo lo que en nosotros tenemos de herencia específicamente de los «blancos, malintencionados y violentos españoles».

Se percibe entre muchos intelectuales de esta corriente de pensamiento una suerte de cruzada anticolonial, entendible —aunque no justificable— al recordar, por ejemplo, los prejuicios raciales contra «la sangre guaraní» del «civilizador Sarmiento» tan extendido en textos y costumbres de nuestra gente que aún hoy llama «guarango» a todo lo bajo y perjudicial de nuestra forma de ser, o también ante los residuos de esa intolerancia que se vivió hasta hace no poco tiempo contra nuestra bella lengua nativa. Sin embargo, este discurso, al parecer tan idealista, no se conmueve de la realidad. Constituye más bien una prédica ideologizada que pone en riesgo la confiabilidad y el sentido constructivo que debe acompañar los estudios y análisis históricos y académicos. Es una postura reaccionaria y reduccionista de la que se nutren oportunistas, sobre todo en la política, para tergiversar el valor de muchas instituciones y procesos que hacen a nuestra rica herencia cultural, tales como la contribución de la fe cristiana en la conformación de nuestro ser nacional... No es nueva la idea de asociar la pureza y la bondad a un supuesto e inexistente estado social primitivo natural e inmaculado al que la sociedad y la civilización corrompen. Recordemos a Rousseau y su idea de naturalismo. Pero es bueno recordar lo que una y otra vez la historia antigua y reciente del mundo nos hace presente: no se puede pretender construir una sociedad negando o demeritando arbitrariamente los elementos constitutivos de su historia, pasando por encima de los hechos para hacer prevalecer una visión parcial de ella —por muy noble que parezca la intención al hacerlo— sin caer, tarde o temprano, en la intolerancia, la mentira y la violencia, signos todos de decadencia moral y retroceso cultural. Y esto no hace para nada bien a nuestra alma.

(Carolina Cuenca)

ALMA GUARANI

Guarania

Letra: J. Osvaldo Sosa Cordero

Música: Damasio Esquivel

Grabado por: Ariel Ramírez, Los Cantores de Quilla Huasi, Los Indios Tacunau, Ramona Galarza, Chacho Aranda, Samuel Aguayo, Trío Cocomarola, Raúl Barboza, André y su conjunto, Julio Molina Cabral, Julia Elena Dávalos, Rudi y Nini Flores, Argentina Rojas, Luis Alberto del Paraná, Facio Santillán, Los Junqueros, Los Changos de Anta…

Raza del guayakí

la selva no te ha olvidado,

tu alma guaraní

perdura en el sueño amado…

Y desde el verdor del monte natal

la brisa sutil del tiempo estival

nos vuelve a traer tu voz secular.

Es la misma que ayer

echaba a volar al viento

cuitas de un querer

con hondo y nativo acento…

Es la voz racial que no morirá

mientras el crisol de algún «mbaracá»

su pena a su amor convierta en cantar.

Alma guaraní,

quietud en los naranjales,

alma guaraní,

lamento de los yerbales…



Vibra tu

tradición

en la luz

y en la flor...

Lo mismo que el manantial

sin ningún rumor aflorando vas

y en riego de amor bendiciendo estás,

alma guaraní, la heredad natal.

022. Amar amando

La versatilidad creadora de los artistas suele siempre escapar del encasillamiento al que les quieren someter los críticos, estudiosos e incluso detractores de su obra.

Le comentaba hace unos cuantos años el chalchalero Juan Carlos Saravia a Héctor Cuevas del diario La Nación hablando sobre las canciones de protesta: «Hasta Horacio Guarany escribió temas muy lindos y otros tremendamente panfletarios». Creo que la frase no hace mucha justicia al de Alto Verde, del que por cierto tampoco recuerdo versiones chalchaleras ni siquiera de sus «temas muy lindos».

Guarany puede tener canciones más líricas y otras más comprometidas, pero es difícil que en estas últimas le abandone ese aliento poético que acompaña todos sus temas, como tampoco abandonó nunca a Pablo Neruda. Y mucho más en este ars amandi o arte de amar, que nos recuerda a Ovidio y no a Horacio y que es todo menos repetitivo. Porque el amor no es nunca amé o amaré: pregúnteselo a las parejas que se separan.

El amar es estar siempre amando.

AMAR AMANDO

Canción

Letra y Música: Horacio Guarany

Grabado por: Horacio Guarany, Ginamaría Hidalgo, Rubén Durán, Ramona Galarza, Chango Nieto, Hugo Díaz, Irene Tapia…

Amar, amar, amar:

amar de frente.

Amar, desde la vida

hasta la muerte.

Amar, amar

las cosas y la gente.

Amar de cara al sol,

sin esconderse.

¡Ay, amar como ama

el niño sus juguetes!

Amar, como ama

el pájaro su nido.

Amar, amar la flor

amar el trigo

y tu cintura fresca

del rocío.

No puedo vivir

sin amar amando:

amar como te amé

y me has amado.

Amar, amar sin

que sea pecado.

Amar, amar,

amar amando.

Recitado

Amar es dar la vida

a cada rato.

Amar es no hacer trampas:

es dar la cara.

Amar es el jugarse

por su pueblo.

Amar como te amé

y tú me amabas

¡Ay, no puedo vivir

sin amar amando:

amar como te amé

y me has amado!

Amar, amar sin que

sea pecado.

Amar, amar,

amar amando.

023. Amor y fiesta

La cueca es un género musical y una danza de parejas sueltas mixtas. Los bailarines, quienes llevan un pañuelo en la mano derecha, trazan figuras circulares, con vueltas y medias vueltas, interrumpidas por diversos floreos. Generalmente, se considera un baile de conquista del hombre a la mujer, aunque no necesariamente tiene un motivo amoroso. Su origen está cuestionado y existen diversas teorías o corrientes sobre su origen y evolución.

Se baila «bajo denominaciones más o menos diferentes» desde Colombia, pasando por Perú y Bolivia, hasta Argentina y Chile, y tiene distintas variedades, tanto en el ritmo como en la coreografía, según las regiones y las épocas, «lo único que les diferencia es el color local que van adquiriendo en distintos sitios, así también como el número de compases que varía de unas a otras».

De todos los estilos de música folklórica, es el que se presta más al humor y a la sátira. Es la cueca un baile que es también muy popular en Chile y Bolivia y que ha servido siempre de contrapunto a otros temas más serios del cancionero. Aquí, «Amor y fiesta», la cueca de Pérez Corrado conjuga picardía y sensualidad, especialmente en sus dos últimas estrofas, cuyas imágenes son de un atrevimiento poco habitual. En cuanto a su estructura poética, la cueca no se diferencia mucho de la zamba y como ella va alternando un estribillo que se repite al final de cada dos estrofas.

AMOR Y FIESTA

Cueca

Letra y música: Pérez Corrado

Grabado por: Los Chalchaleros, Carlos Torres Vila, Cantares de la Cañadita, Los Zorzales, Alma Salteña…

Una vieja se moja de aloja

y una moza coqueta y donosa,

al bailar esta cueca preciosa,

su cara de rosa se vuelve mimosa.

Una pena me deja y se aleja

y una jarra de vino me agarra

y bailando con bombo y guitarra,

comienza la farra debajo ‘e la parra.

En el día, todo es alegría;

en la noche todos van en coche.

En la fiesta, plena de color,

la voz del cantor invita al amor.



Una calle se pierde en el valle

y una china lavando en la tina,

a la sombra de la cinacina,

coqueta y divina, me mira y se arrima.

Una niña me enseña su viña

y a un racimo rosado me arrimo.

Y despacio me animo, me animo:

juntito al camino los dos nos unimos.

En el día, todo es alegría.

En la noche todos van en coche.

En la fiesta plena de color,

la voz del cantor invita al amor.

024. Andate

«Este tema fue compuesto en el año 1955 —nos cuenta Víctor Visconti—, en esa época vivíamos en la calle Nuequén 1881, en Caballito. Éramos solteros y estábamos con Mamá y le alquilamos la casa a don Pascual Maseo. La letra me pertenece a mí —a Víctor—, y la música a Abelito. Yo hice primero la letra y después mi hermano le puso la música. En esa época en La Querencia y en El Olmo, de Once. La primera grabación de este tema la hicimos en el año ‘62 en Odeón. El señor López era el director, y el tema lo hicimos en un simple con la zamba “A Bahía Blanca”, pero había alguien que tenía que salir primero que nosotros en esa compañía, y bueno, la sacaron a ella que fue un gran éxito, se llama Doña Ramona Galarza. Y a nosotros, gracias a Dios que tiraron algunos disquitos de promoción por ahí, pero a nosotros nos archivaron. Entonces yo le dije a mi hermano Abel: Algún día, no muy lejano, Dios nos va a dar la dicha de poder grabar de nuevo y vamos a grabar nuevamente “Andate” y va a ser lo que tiene que ser, y lo que fue... un éxito de Los Visconti».

ANDATE

Vals

Letra y Música: Hermanos Visconti

Grabado por: Los Visconti, Los Altamirano, Libertad Lamarque, Los Ponchos Catamarqueños, Las Hermanas Vera…

Andate, no pretendas comprarme con tus besos.

No ves que no me muero llorando por tu amor.

Mirá, si no te siento, no ves cómo me río.

Andate, que no quiero que me pidas perdón.

Que mucho mal me has hecho tal vez sin darte cuenta,

o porque fui muy buena te burlaste de mí.

No llores que ya es tarde, ¿no ves que estoy enferma

y prefiero morirme a tener que vivir?

No mojes tus pupilas que todo será inútil.

¿No ves que mi destino se derrumbó por ti?

Si cuando te di todo lo más que pude darte

me dejaste por otra burlándote de mí.

Tendrás toda tu vida que recordar tu infamia.

Tendrás toda tu vida que recordar mi amor.

Y yo no podré nunca borrar lo que me has hecho.

Con todo mi despecho te tengo compasión.

Se apague para siempre mi corazón herido,

se tornen mis pupilas sin lagrimear jamás

y en mi último suspiro tan sólo una sonrisa

te han de dejar mis labios perdonando tu maldad.

Que mucho mal me has hecho tal vez sin darte cuenta,

o porque fui muy buena te burlaste de mí.

No llores que ya es tarde, ¿no ves que estoy enferma

y prefiero morirme a tener que vivir?

025. Anduvo nomás

Si la cueca, zamba y chacarera son típicas del Noroeste Argentino, el chamamé es una de las mejores expresiones de la música del litoral y especialmente de las provincias de Santa Fe, Chaco y Entre Ríos, aunque también se cultive en otros lugares como Santiago del Estero. Las músicas son melodiosas, a veces rítmicas y de acentuado carácter. Las letras se caracterizan, en general, por un tono amoroso, paisajista y en algunos casos de carácter testimonial, como este tema poco conocido de Alvarez Quiroga, «Anduvo nomás», que cautiva por su sencillez emotiva. Su título quiere resumir en tan sólo tres palabras la vida trashumante de un pobre trabajador. Su verso final es como un epitafio que quiere expresar, tan cruda como escuetamente, el triste final de una vida de trabajo. Julio Arce, como Maturana —el de la zamba de Leguizamón— o Arana —el de la chacarera— son todos ellos los anónimos protagonistas del cancionero.

ANDUVO NOMÁS

Chamamé

Letra y música: Mario Alvárez Quiroga

Grabado por: Mario Alvarez Quiroga, Conjunto Ivoti, Los Carabajal, Riojamanta…

Anduvo nomás

guapeándole a la vida.

Anduvo nomás

corajeándole al silencio.

De aquí para allá,

cabizbajo, sin protesta.

De aquí para allá,

con sus cuatro hijos a cuesta.

Pelando caña por Tucumán,

en Chaco y Corrientes con el algodón.

Santa Fe lo tuvo entre el maizal,

bajo la tormenta, en medio del temporal.

A ese Julio Arce,

allá por Balcarce,

juntando papa

sin espalda se quedó.

026. Angélica

Vicente Cambareri más conocido como Roberto Cambaré —su seudónimo—, nació en Balcarce, Pcia. de Buenos Aires, al pie de la Sierra Barrosa, el 16 de agosto del año 1925, nos cuenta sobre su creación, Angélica.

«Fue el amor de mi vida. Sucedió allá... en el pueblito de Córdoba que se llama Salsipuedes. Yo era muy joven... me fui a vivir allí porque estaban mi hermana, mi cuñado, mis sobrinas y mi madre. Y bueno... tuve ese romance inolvidable... La canción la compuse en Mar del Plata, algunos años después, con la nostalgia, con esas cosas que quedan para siempre, en los sentimientos más hondos. La cantaron, primero Horacio Guarany en el ‘59 y después los Quilla Huasi. Empezó la canción a moverse tan rápido, que cuando yo llegué a los micrófonos para contar lo mío —yo era albañil, había sido albañil por mucho tiempo—, ya la gente tenía su imagen de Angélica, y no abundé en detalles, porque no quería destruir la fantasía de cada uno. Fue tan grande el éxito, que movió muchos sentimientos, muchas cosas. La compuse en el año ‘56».

La realidad es que Los Cantores de Quilla Huasi, interpretando para la película Argentinísima esta zamba de Roberto Cambaré,obtuvieron una gran repercusión mundial y por eso ellos fueron sus grandes difusores.

La magia del cancionero argentino reside en combinar poemas de gran belleza literaria, con partituras musicales que son verdaderos hallazgos. No creo que esta zamba de Cambaré pudiera faltar en ninguna antología del folklore. Si uno se sorprende por la belleza de las imágenes:

«Tus párpados, si por instantes

te vuelven los ojos mansos,

recuerdan cuando en el cielo de pronto se ve

que nace y muere un relámpago»;

al escuchar esta melodía cordobesa, se descubre algo tan celestial como su nombre.

Dicen algunos que La verdadera historia trata sobre el amor entre Angélica y el verdadero compositor de la letra, la historia terminó trágicamente cuando Angélica de apellido Buhr si mal no recuerdo cuando se volvía para Buenos Aires en sulqui con su padre fue alcanzada por un rayo y por eso murió! De ahí la parte de la canción que habla que nace y muere un relámpago! Ese pueblito de Córdoba del que habla no se sabe si es Monte De Los Gauchos o Adelia Maria, en una calle rural entre estos dos pueblos se puede ver la cruz con el nombre de Angélica!

Las historias de amor, generalmente con un final trunco, han servido de inspiración a poetas y compositores de nuestro cancionero folclórico. Con delicadeza y simplicidad ellos han logrado plasmar a veces sus propias vivencias, en hermosas letras que describen esos amores platónicos que han dejado huellas imborrables en sus vidas.

Existen cantidad de canciones que recuerdan estos cariños y que se han transformado en piezas musicales tradicionales del acervo nativo. Tal es el caso de la zamba «Angélica», compuesta por Roberto Cambaré en 1958. El tema cuando llegó a oídos del gran público en 1960, fue aceptado inmediatamente y durante varias semanas estuvo al tope de la popularidad en todo el país. La zamba impactó profundamente en el auditorio, pero de manera especial en la juventud, acentuando su gusto por el folclore.

Varios fueron los conjuntos o solistas que la interpretaron como «Los Chalchaleros», el «Chango Nieto» y últimamente «Los Nocheros», aunque, como antes apuntaba, los grandes difusores y los que la llevaron al fama fueron Los Cantores de Quilla Huasi.

Una característica de esta canción es que su título —Angélica— sólo se pronuncia una vez, al comienzo de la letra. Según su autor todo lo narrado en su coplas es real, vivido durante su juventud cuando en sus años mozos residió un tiempo en la docta: «Angélica, cuando te nombro, me vuelven a la memoria, un valle, pálida luna en la noche de abril y aquel pueblito de Córdoba...». También cuenta Cambaré que la bella joven que le ensartó la flecha de Cupido, era aún adolescente, de largos cabellos, tez oscura y fina estampa, de carácter impulsivo y dadivoso.

El idilio fue a primera vista y duró escasas semanas, suficiente para que el romance quedara grabado perpetuamente en los corazones de ambos. Allí, en el apacible paisaje cordobés de aquellos años, la pareja paseaba todas las tardes, colmados de felicidad. Pero, como a veces sucede en las novelas, el final sobrevino. La joven tenía que marcharse a Buenos Aires, pues era originaria de esta provincia. Si bien no hubo un enojo manifiesto, el lamentable distanciamiento puso final a la relación, dejando heridas profundas, sobre todo en el alma de nuestro compositor.

Esta situación quedó reflejada en otras de las coplas, en la cual metafóricamente apunta a ello: «si un águila fue tu cariño, paloma mi pobre alma, temblando mi corazón en tus garras sangró y no le tuviste lástima...». Tiempo después y con la memoria aún atormentada por el recuerdo, una mañana de otoño, lentamente comenzó a entonar la música de la futura zamba, melodía que se fusionó armónicamente con la letra, versos que no hacía falta pensarlos, pues ya estaban escritos en su corazón.

ANGELICA

Zamba

Letra y música: Roberto Cambaré

Grabado por: Los Cantores de Quilla Huasi, Los Chalchaleros, Los Fronterizos, Horacio Guarany, Atencio Paredes, Waldo de los Ríos, Los Andariegos, Los Indios Tacunau, Los Nocheros, Los Compañeros, Hermanos Abrodos, Los Chilicotes, Los Visconti, Los Zorzales, Los Peregrinos, El Trío, Los Marrupeños, Los Gauchos Riojanos, Pancho Figueroa, Antonio Tormo, Cholo Aguirre, Tuky Ríos, Los Salteños, Alma Salteña, Rubén Benegas, Los Granjeños…

Angélica, cuando te nombro,

me vuelven a la memoria

un valle, pálida luna en la noche de abril,

y aquel pueblito de Córdoba.

Si un águila fue tu cariño,

paloma mi pobre alma;

temblando, mi corazón en tus garras sangró

y no le tuviste lástima.

No olvidaré cuando en tu Córdoba te vi

y tu clavel bajo los árboles robé,

Mis brazos, fueron tu nido; tu velo: la luz

de la luna entre los álamos.

Tus párpados, si por instantes

te vuelven los ojos mansos,

recuerdan, cuando en el cielo de pronto se ve

que nace y muere un relámpago.

La sábana, que sobre el suelo

se tiende cuando la escarcha,

no es blanca como la tímida flor de tu piel,

ni fría como tus lágrimas.

027. Aquel tiempo de mi infancia

Este tema fue compuesto allá por el año ‘80, cuando Cuti Carabajal vivía en Morón.

«El asunto fue así —nos cuenta Cuti—, Trullenque me dio una letra para un escondido. Yo compuse una música y se la hice escuchar, Pablo me dijo: “No... no me gusta esa música... Hacele otra cosa.” Bueno, yo tomé la melodía, empecé a acordarme de la infancia y comencé a escribir. Cada vez me entusiasmaba más y recordando cosas, me salió la letra. Después le hice escuchar a la familia y me dijeron que les encantaba, la verdad, les emocionaba a todos... En aquel momento vivía Jacinto Piedra, él iba a mi casa, así que también se la hice escuchar y le gustó mucho, él la cantaba... Me acuerdo que vivía en la calle Uruguay, cerca del Hospital de Morón. Y bueno... creo que quedó bien porque tiene un sentido y mucho sentimiento. Creo que hay que escribir cosas que han pasado, pero la infancia es una de las cosas que más le han quedado a uno, así que por eso le puse ese titulo.

La mayoría de los temas que compuse hablan de eso: de la infancia, de la familia, que son las cosas que más me llegan. La primera grabación de “Aquel tiempo de mi infancia” fue realizada en 1990 con la vieja “Banda Carabajal”, integrada por: Daniel Inger, Juan Martín Medina y Jorge Luis Carabajal».

AQUEL TIEMPO DE MI INFANCIA

Letra y Música: Cuti Carabajal

Grabado por: Alfredo Abalos, Carlos Carabajal, Cuti y Roberto Carabajal, Los Manseros santiagueños, Federico de la Vega, Edith Rossetti, Facundo Saravia…

Quiero volver a aquel tiempo

Como quien mira hacia adentro.

Aquel tiempo de mi infancia

De soles y de recuerdos.

Achalay,que linda vida

Volver a andar las distancias

Caminar las calles viejas

Sentir sus nuevas fragancias.

El viejo tren de mi pueblo

Era esperanza que andaba.

Yo era humito de mi gente

Humito que se quemaba.

Como brasita en el fuego

Como cigarrito en chala.

Y de soles y de lunas

Solito me fui criando.

Entre medio los cantores

Florecidos dentro ´el alma

Primaveras que llegaban

En capullo y flores blancas.

Soy el fruto de la vida

De dos ramas que se unieron

De dos ramas que a la tierra

Le dieron sus frutos nuevos.

Y en el beso de mi madre

Subí a cabalgar mis sueños

En un mundo de ilusiones

De música y canto lleno.

Quise volverme en la noche

Sol, tucu-tucu y guitarra.

Mi corazón de vidala

Quiso ser parche de caja

Para que alegre mis penas

En días o noches largas.

Y de soles y de lunas

Solito me fui criando.

Santiago vuelvo a tu lado

Quiero secar hoy mi llanto

Dame la magia y la suerte

Quiero ser de nuevo chango.

028. Arana

Los Hermanos Núñez, autores de esta chacarera, vivieron la bohemia de la noche de Tucumán de los años 60 y 70 y se comprometieron con los sufrimientos de la clase trabajadora, principalmente de los zafreros del azúcar.

Esta cercanía con los sectores más humildes de la sociedad los llevaron a retratar con ternura y precisión a personajes como el «Manco Arana» («Le da duro el manco Arana cuando le sale un trabajo y tan duro que parece que no le faltara el brazo. Lo perdió en alguna zafra, en una mina o pialado, con el hambre en los talones, no lo perdió saludando»), un ex zafrero que ahora por el cierre de ingenios había sido reubicado como oficinista.

El protagonista de esta historia desgarradora tiene unos acentos buñuelianos, que recuerda a esos tullidos mexicanos que protagonizaron películas como «Nazarín» o «Los Olvidados». Aquí nuestro protagonista, el manco Arana, se enfrentará al mundo con gran bravura : es «tan duro que parece/ que no le faltara un brazo». Y Núñez a veces es casi cruel y sarcástico en su descripción, como cuando cuenta que el manco perdió su brazo trabajando y no saludando.

Pero toda esta dureza viene envuelta por una ternura, que musicalmente convierte a ARANA en casi una canción de cuna. La voz de la tucumana MERCEDES SOSA tiene unos acentos muy expresivos, en esta famosa versión, como si quisiera devolver el brazo perdido al manco —«yaparle el brazo»— con la dulzura de su canto. Dentro de la galería de personajes del cancionero el manco Arana será uno de los más difíciles de olvidar.

ARANA

Chacarera

Letra y música: Pepe Núñez

Grabado por: Mercedes Sosa, María de los Angeles Ledesma, Alfredo Abalos, Los Arroyeños, Pepe Núñez, Tushka Trío, Contracanto, Hermanos Núñez…

Está duro el manco Arana

cuando le sale un trabajo

y tan duro, que parece

que no le faltara un brazo.

Lo perdió en alguna zafra,

en una mina pialando

con el hambre en los talones;

no lo perdió saludando.

Yo lo veo de mañana

con sus dos brazos abiertos:

el izquierdo, nuevo y fresco;

el derecho: un niño muerto.

Si el descanso es cuesta arriba

desde hace años para el manco,

como no yaparle entonces

con mi copla el brazo un rato.

La mujer del manco sabe

que su amor suena a guitarra

y Arana pulsa en el aire

todo el calor de su amada.

Cuando un vino lo voltea

me lo imagino soñando

que de pronto, por las calles,

su brazo se alza peleando.

¡Ay Arana, así es la vida

o la muerte así lo quiere;

que a veces veo en Arana

que por manco no se muere!

Si el descanso es cuesta arriba

desde hace años para el manco,

¿cómo no yaparle entonces

con mi copla el brazo un rato?

029. Ashpa Sumaj

Santiago del Estero es una provincia del norte argentino de notable influencia quechua y de un folklore muy rico, cuya expresión más característica es la chacarera, danza de los trabajadores de la chacra o maizal, marcada por el ritmo del bombo legüero, llamado así porque podía oírse a una legua de distancia.

La chacarera Ashpa Sumaj (Tierra Linda, o Linda Tierra), de José Antonio Faro y Miguel Ángel Trejo, es una carta de presentación que cantan muchos coterráneos. De ningún modo se considera prohibida para nacidos en otros pagos. De hecho, cantores de otras provincias también hacen excelentes interpretaciones de Ashpa Súmaj, pero... ¡qué súmaj suena en boca de un santiagueño, con esa J final pronunciada suavemente, como los quichuistas de nuestra tierra!

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