Kitabı oku: «Visiones interdisciplinarias de la justicia terapéutica en México»
Visiones interdisciplinarias de la justicia terapéutica en México


Universidad Nacional Autónoma de México
Dr. Enrique Luis Graue Wiechers
Rector
Dr. Leonardo Lomelí Vanegas
Secretario General
Dr. Alberto Ken Oyama Nakagawa
Secretario de Desarrollo Institucional
Dra. Patricia Lucila González Rodríguez
Coordinadora del Seminario Universitario Interdisciplinario
sobre Seguridad Ciudadana (SUISC)
Universidad Nacional Autónoma de México
Secretaria de Desarrollo Institucional
Visiones interdisciplinarias de la justicia terapéutica en México
Dr. Fernando Cano Valle
Dra. Patricia Lucila González Rodríguez
Coordinadores y autores
Germán Guillén López, Jesús Demetrio Cadena, Berenice Santamaría González,
Mario González Zavala, Luis Osuna Sánchez
Autores

Universidad Nacional Autónoma de México
2020
| Catalogación en la publicación UNAM. Dirección General de BibliotecasNombres: Cano Valle, Fernando, editor, autor. | González Rodríguez, Patricia Lucila, editor, autor. | Guillén López, Germán, autor. | Demetrio Cadena, Jesús, autor. | Santamaría González, Berenice, autor. | González Zavala, Mario, autor. | Osuna Sánchez, Luis, autor.Título: Visiones interdisciplinarias de la justicia terapéutica en México / Fernando Cano Valle, Patricia Lucila González Rodríguez, coordinadores y autores ; Germán Guillén López, Jesús Demetrio Cadena, Berenice Santamaría González, Mario González Zavala, Luis Osuna Sánchez, autores. Descripción: Primera edición. | México : Universidad Nacional Autónoma de México, 2020. Identificadores: LIBRUNAM 2092114 (impreso) | LIBRUNAM 2092116 (libro electrónico) | ISBN 978 607- 30 – 4063 - 1 (impreso) | ISBN 978 - 607 - 30 4023 - 5 (libro electrónico).Temas: Abuso de drogas -- Leyes y legislación -- México. | Abuso de drogas -- Aspectos fisiológicos. | Narcotráfico -- México. | Crimen organizado -- Leyes y legislación -- México. Clasificación: LCC KGF3445.N35.V57 (impreso) | LCC KGF3445.N35 (libro electrónico) | DDC 344.72045—dc23 |
Este libro ha sido dictaminado por pares académicos doble ciego, externos a la Secretaría de Desarrollo Institucional de la UNAM, de acuerdo con sus sus normas editoriales.
Visiones interdisciplinarias de la justicia terapéutica en México
Primera edición: 16 de diciembre de 2020
D.R. © Universidad Nacional Autónoma de México
Ciudad Universitaria, Alcaldía Coyoacán, C. P. 04510, Ciudad de México
Secretaría de Desarrollo Institucional
Ciudad Universitaria, 8º. Piso de la Torre de Rectoría
Alcaldía de Coyoacán, C. P. 04510, Ciudad de México
ISBN: 978-607-30-4063-1
Esta edición y sus características son propiedad
de la Universidad Nacional Autónoma de México
Prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio
sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales
Impreso y hecho en México/Made and printed in Mexico
Cuidado de la edición: Adriana Núñez Macias
Diseñador de la portada: Elia Pérez Neri
Agradecimientos
A Saúl Martínez Chávez y Jóse Landa, estudiantes de licenciatura y posgrado por su valioso apoyo en la conformación del libro
Contenido
Presentación. Patricia Lucila González Rodríguez
CAPÍTULO I
LA ANTESALA DE LA JUSTICIA TERAPÉUTICA: REFLEXIONES EN TORNO A LAS DROGAS EN MÉXICO Germán Guillén López
1. Introducción
2. Drogas prohibidas: antología del fenómeno
A. Aspectos preliminares
B. Drogas: siglos de convivencia pacífica
C. Drogas: el nacimiento de un conflicto
3. Drogas: perspectiva criminológica de su consumo
A. Aspectos preliminares
B. El consumidor de drogas y sus principales patrones de consumo
C. Frecuencias en el consumo de droga
D. Cuadros y sintomatología que puede experimentar el consumidor habitual de drogas
a. Dependencia psíquica
b. Dependencia física
c. Dependencia social
d. Tolerancia
e. Síndrome de abstinencia
E. Factores endógenos que pueden incidir en el consumo de drogas
a. Personalidad
b. Edad
F. Factores ambientales que inciden en el consumo de drogas
a. Empobrecimiento o declive de la estructura familiar
b. Ambiente social inmediato y general
4. Drogas prohibidas: composición e implicaciones en el ámbito jurídico penal
A. Aspectos preliminares
B. Drogas relevantes para la justicia penal
a. Mariguana (cannabis sativa)
b. Cocaína
c. MDMA o Éxtasis
d. Heroína
e. Alucinógenos
f. Anfetaminas
g. Crack
C. Salud pública: bien jurídico tutelado en los delitos de drogas. Concepto, cuestionamientos y características
D. Nuevos criterios judiciales con relación al consumo de mariguana
5. Drogas prohibidas: delincuencia organizada vinculada a su difusión internacional
A. Aspectos preliminares
B. Organizaciones de delincuencia organizada de Europa
a. Mafia siciliana
b. La N’Drangueta
c. La Camorra napolitana
C. Organizaciones de delincuencia organizada de Asia
a. Tríadas
b. Boryokudan
c. Mafia rusa
D. Organizaciones de delincuencia organizada de América
La Cosa Nostra
b. Cárteles de la droga (Colombia)
E. Organizaciones de delincuencia organizada mexicanas que trafican con drogas prohibidas (cárteles)
a. Contexto que ha facilitado su proliferación
b. Organizaciones de delincuencia organizada del Pacífico
c. Organizaciones de delincuencia organizada de Tamaulipas
d. Organizaciones de delincuencia organizada de “Tierra Caliente”
6. Rutas históricas y actuales del tráfico de drogas A. Aspectos preliminares
a. Ruta de la heroína
b. Ruta de la cocaína
c. Ruta del cannabis o sus derivados
d. Ruta para otros psicotrópicos
7. Planteamientos político criminales en torno a las drogas: prohibición vs legalización
A. Aspectos preliminares
B. Argumentos interdisciplinarios a favor de la legalización
C. Argumentos interdisciplinarios a favor de la prohibición
D. Consideraciones dialécticas del dilema político-criminal en materia de drogas prohibidas: prohibición vs. legalización
8. Conclusiones y reflexiones finales
CAPÍTULO II
EL ESTUDIO DE LA COMORBILIDAD EN LA JUSTICIA TERAPÉUTICA Fernando Cano Valle
1. Introducción
2. Políticas públicas y de salud
3. Consumo de drogas
4. Estadísticas de población en centros penitenciarios
5. Servicios de salud en centros penitenciarios
6. Relación ante la comisión de delitos y el consumo de drogas en México
7. Principales enfermedades por grupo de edad en la población general
8. Hacinamiento en las cárceles mexicanas
A. Tuberculosis en las cárceles
9. Adicciones de los presos
10. Servicios asistenciales dependiendo de la severidad del diagnóstico dual
11. Desintoxicación y manejo del síndrome de abstinencia
12. Diferenciar las políticas para cada droga
13. Atención neurológica
CAPÍTULO III
LA MEDIACIÓN Y EL PSICOANÁLISIS COMO APORTE POLÍTICO-CRIMINAL EN LOS PROGRAMAS DE LOS TRIBUNALES ESPECIALIZADOS Patricia Lucila González Rodríguez
1. Introducción
2. Los antecedentes de la política prohibicionista de control de drogas
3. Programa psicoanalítico disuasivo para los consumidores que ingresan a los tribunales especializados o cortes de drogas
4. Programa de justicia restaurativa en los tribunales especializados de tratamiento de drogas en México
CAPÍTULO IV
LOS TRIBUNALES ESPECIALIZADOS EN TRATAMIENTO DE DROGAS Jesús Demetrio Cadena
1. Introducción
2. Experiencias internacionales en Estados Unidos y otros países
3. Origen y desarrollo en México
4. Procedimientos y operación legal
5. Procedimientos interdisciplinarios
6. Retos y desafíos para la adecuada implementación de los programas de justicia terapéutica y, para los tribunales especializados en tratamiento contra otras drogas
CAPÍTULO V
VINCULACIÓN ENTRE LA COMISIÓN DE DELITOS Y EL CONSUMO DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS Mario González Zavala y Berenice Santamaría González
1. Contexto del consumo de sustancias psicoactivas a nivel internacional y nacional A. Consumo de sustancias a nivel internacional
a. Informe Mundial de Drogas
b. Reporte Anual de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes
c. Informe sobre el consumo de drogas en las Américas de la Comisión Interamericana del Control del Abuso de Drogas CICAD-OEA 2019
2. Contexto del consumo de sustancias psicoactivas a nivel nacional
A. Encuesta Nacional de Consumo de Drogas en Estudiantes (ENCODE)
B. Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2017 ENCODAT
C. Legislación y políticas nacionales coyunturales
D. Incidencia delictiva a nivel nacional
3. Consumo de sustancias en la población en conflicto con la ley
4. Antecedentes teóricos de la relación delito–droga
5. Vinculación psicofarmacológica
6. Vinculación económico-compulsiva
7. Vinculación sistémica
CAPÍTULO VI
EL PROGRAMA DE JUSTICIA TERAPÉUTICA PARA PERSONAS CON CONSUMO DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS DESDE LA PERSPECTIVA SANITARIA Mario González Zavala y Berenice Santamaría González
1. El consumo de sustancias psicoactivas y otros factores criminógenos
2. Contexto
3. Principios, objetivos y componentes del Programa de Justicia Terapéutica (PJT)
A. Principios
B. Objetivos
C. Componentes
4. El componente sanitario en el modelo de justicia terapéutica para personas con consumo de sustancias psicoactivas
5. Principios para la prevención, diagnóstico y tratamiento de los principales factores criminógenos
6. Características de la población objetivo desde la perspectiva sanitaria
7. La reinserción social de personas con consumo de sustancias en conflicto con la ley
CAPÍTULO VII
LA JUSTICIA TERAPÉUTICA EN MÉXICO Luis Osuna Sánchez
1. Qué es la justicia terapéutica
2. Modelos y programas de justicia terapéutica en México
3. Experiencias internacionales
Bibliografía
Tesis jurisprudenciales
Presentación
Esta obra se elabora en el contexto de los trabajos realizados entre el Seminario Universitario Interdisciplinario sobre Seguridad Ciudadana y su vinculación con las actividades que impulsa la línea de investigación Medicina y Derecho que coordina el doctor Fernando Cano Valle.
El libro surge del interés de académicos, investigadores y especialistas en revisar la política criminal y sanitaria que instala un nuevo debate que versa sobre la forma en que se abordan los efectos que provocan las drogas en el organismo humano y el prohibicionismo estatal. El estudio plantea una narrativa que describe algunas generalidades acerca de las drogas, la comorbilidad que producen, para después centrarse en el análisis de los denominados tribunales especializados para el tratamiento contra las adicciones en México y las visiones acerca de su funcionamiento. A su vez, la totalidad de estas páginas constituyen un esfuerzo intelectual de académicos, investigadores y especialistas interesados en el debate, que ahora coloca el discernimiento acerca de la necesidad de instalar en nuestro país los tribunales especializados en el tratamiento contra las adicciones.
La primera parte de la obra –compuesta por dos capítulos– está dirigida a presentar el contexto de la justicia terapéutica en México. En ellos se introduce al conocimiento necesario para revisar otras alternativas tendentes a fortalecer los programas de tratamiento a las adicciones que se despliegan en los tribunales especializados. Estos apartados posibilitan y dan sentido al desarrollo de los estudios subsecuentes, debido a que nutren el debate y la reflexión con algunos tópicos que hacen énfasis en el tratamiento, instalación y el funcionamiento de los tribunales especializados.
En el primer capítulo, el lector encontrará un principio de organización que introduce al tema con una amplia explicación en torno a las drogas y el fenómeno del prohibicionismo. Bajo ese contexto, aparece la situación del consumidor y los patrones de consumo para abrir paso al segundo que contiene un interesante estudio sobre la comorbilidad, la relación entre el uso de drogas y la comisión de delitos. Este análisis coloca el énfasis en las personas privadas de libertad en los centros de reinserción social de nuestro país, explica el fenómeno de adicciones desde el enfoque de la medicina, los servicios asistenciales, el fenómeno de la desintoxicación y termina destacando algunos puntos sobre la atención neurológica.
El tercer episodio incorpora una estructura que hace plausible el análisis de otros derroteros que abren el horizonte del conocimiento a otros estudios como alternativas en el tratamiento a las adicciones. Ello, desde otras condiciones de posibilidad que contribuyen en la mejora del aparato psíquico de las personas que enfrentan problemas de adicción y padecen los efectos nocivos de la privación de la libertad ante la comisión de un delito. Desde aquí, se inserta a la mediación y el psicoanálisis como punto de inflexión en los estudios interdisciplinarios sobre el sujeto y el objeto, el deseo y la pulsión, para introducir mecanismos alternativos como la mediación que desde el enfoque psicoanalítico contribuye a la mejora en los programas contra las adicciones a fin de paliar los efectos nocivos de naturaleza bio-psicosocial que provocan.
Dentro de este recorrido intelectual se explica una parte de la política pública que dio origen a la instalación de algunos tribunales especializados de tratamiento contra las adicciones en nuestro país. El cuarto apartado, examina cómo funcionan los citados tribunales, describiendo su organización y el procedimiento legal bajo el que operan. A su vez, aquí se incorpora un estudio en torno a los retos y desafíos en la instalación de programas tendentes a atender las adicciones en el marco de la justicia terapéutica y se explican los procedimientos interdisciplinarios.
Por su parte, el quinto capítulo se avoca a la revisión desde una perspectiva crítica y propositiva de los vínculos psicofarmacológicos, económicos y sistémicos que existen entre la comisión de delitos y el consumo de sustancias psicoactivas. A ello le sigue la descripción y comentario de un programa de justicia terapéutica para personas con consumo de sustancias psicoactivas desde la perspectiva sanitaria, que se presenta en la siguiente contribución. Para concluir, en el séptimo episodio, se puntualizan los aspectos relevantes de la justicia terapéutica en México, junto a sus modelos y programas, además se reseña una somera descripción de las experiencias internacionales.
Los estudios que se plantean en el capitulado adquieren una relevancia porque exponen visiones interdisciplinarias sobre el diseño institucional y los procesos que siguen los tribunales para el tratamiento de las adicciones en México, el procedimiento jurisdiccional y algunos programas de salud que se consideran necesarios para el tratamiento a las adicciones de personas que, con motivo de este proceso, hayan cometido delitos. En consecuencia, es notable que esta obra colectiva aborde un tema de actualidad desde la mirada interdisciplinaria de los especialistas que la escriben.
Así, el conjunto de las aportaciones académicas que se presentan denota la necesidad de impulsar en nuestro país, nuevos estudios sobre el tema y profundizar desde otras disciplinas sobre el fenómeno de las adicciones y sus efectos biopsicosociales. Ello con el propósito de profundizar el conocimiento y contribuir a la instalación de una política sanitaria que refuerce los tribunales para el tratamiento de las adiciones.
En síntesis, después de conocer el contenido de esta obra, el lector tendrá la posibilidad de abrevar estas visiones interdisciplinarias y asumir sus propias conclusiones en torno a la necesidad de expandir, limitar o modificar la instalación o estructura de los programas contra las adicciones en nuestro país, sobre todo en aquellos casos que han dado como resultado la comisión de hechos delictivos. En una dicotómica decisión que constituye un punto de reflexión para crear mecanismos que garanticen los derechos fundamentales de las personas que ingresen a un programa de justicia terapéutica en México, además, el lector normará su criterio ya sea para rechazar cualquier intento de expansión de los tribunales especializados en el tratamiento a las adicciones o para promover e impulsar con fuerza su desarrollo a partir de un modelo que actualice y ajuste el diseño institucional y sus procesos en el país.
Patricia Lucila González Rodríguez
Coordinadora del Seminario Universitario Interdisciplinario
Sobre Seguridad Ciudadana, UNAM.
Septiembre 2020, Ciudad Universitaria.
Capítulo I
La antesala de la justicia terapéutica: reflexiones en torno a las drogas en México
Germán Guillén López*
1. Introducción
El tráfico de drogas prohibidas es un fenómeno de alcance mundial que afecta el óptimo desarrollo de la comunidad internacional. Por su complejidad constituye, con diferencia, una de las modalidades delictivas más dañinas y peligrosas del crimen organizado transnacional, así como una de las mayores amenazas a las que se enfrenta nuestra sociedad. Es de sobra conocido que, esta serie de comportamientos criminales, poseen una fuerte proclividad criminógena que incide, de forma negativa, en el libre desenvolvimiento de la dinámica social, la salud pública, la economía, el orden público y el Estado de derecho.
Con relación al presente análisis, ante todo, se tomó la difícil decisión de seleccionar el enfoque más apropiado para abordar esta problemática, pues el tema ofrece múltiples y atrayentes perspectivas de estudio como pueden ser la médica, la antropológica, la sociológica, la política, la administrativa, la farmacológica, entre muchas otras. Atendiendo a mi formación en el campo del derecho y la criminología, entre una gran cantidad de posibilidades existentes, se optó por delimitar el objeto estudio a una aproximación interdisciplinar en la que, de forma preponderante, y con una especializada bibliografía de respaldo, se analizan aspectos históricos, médicos, criminológicos, penales, jurisprudenciales y político-criminales.
En la primera parte de este trabajo se hace una revisión de la presencia de diversas drogas en la historia. Después, se analizan algunas causas que inciden para que concurran, en la actualidad, los llamados factores criminógenos que influyen, de manera decida, en la epidemiología del fenómeno social de las drogas. De igual manera, se hace un abordaje jurídico-penal de la problemática de las drogas, así como las últimas tendencias jurisprudenciales que existen en México con relación a la marihuana. También, se hace un examen a los modelos criminales relacionados con el mercado ilícito de sustancias tóxicas y a las peculiaridades del circuito internacional de los estupefacientes. De igual manera, se estudia la actual discusión político-criminal en materia de drogas prohibidas.
Por último, después de haber hecho una aproximación interdisciplinar a la problemática de las drogas prohibidas se intenta, mínimamente, establecer dentro de la posibilidad que otorga la presente publicación, una serie de conclusiones y reflexiones finales que, por su naturaleza y estructura, pueden ser consideradas de tipo política criminal. De manera adicional, se incluyen un grupo de planteamientos en el rango de lege ferenda con la finalidad de que puedan servir de antecedente o propuesta para una progresiva mejora en el tratamiento normativo del delito de tráfico de drogas.
2. Drogas prohibidas: antología del fenómeno
Una cosa es continuar la historia y otra repetirla
Jacinto Benavente (1866-1945), dramaturgo español.
A. Aspectos preliminares
La historia de la humanidad deja muestra clara del arraigado consumo de drogas: el uso de raíces y hierbas en rituales —o ceremonias de iniciación— ha sido una práctica común en varias culturas (tanto de occidente como oriente).1 Su empleo y consumo se puede constatar tanto en las sociedades más primitivas como en las civilizaciones más evolucionadas.2 Es decir, el consumo de drogas no constituye un fenómeno exclusivo —y particular— de nuestra época,3 tampoco puede concluirse que nace en la sociedad actual, y mucho menos que es propio e inherente de la sociedad mexicana.
Por otra parte, también queda de manifiesto que la valoración social del consumo de drogas ha variado según el lugar y el momento histórico, lo que ha provocado, a su vez, que diversas sean las reacciones manifestadas ante su concurrencia.4 Lo que ha implicado que esta práctica social, como cualquier fenómeno social, haya sido objeto de diversas apreciaciones sociales. En este orden de ideas, el consumo de drogas, por su naturaleza, puede ser contemplado desde diversos enfoques, puesto que contiene múltiples implicaciones, entre las que destacan: las médicas, las bioquímicas, las psicológicas, las sociológicas, las históricas, las éticas, las jurídicas, por mencionar algunas.5
A la par de las consideraciones anteriores, la antología histórica deja evidencia que el consumo de droga, durante siglos, no representó ningún problema y/o conflicto social. Tal como se observan múltiples antecedentes en muchas sociedades el consumo de drogas tuvo una finalidad medicinal y, en otros casos, empleado en festividades litúrgicas. Es hasta la historia reciente cuando se localizan las primeras reacciones en contra del consumo de sustancias prohibidas, en primer lugar, a manera de restricciones morales, en un segundo momento, mediante esquemas tributarios, hasta llegar a la actual prohibición internacional de drogas por sus repercusiones negativas que implican a la salud pública.
Después de las observaciones precedentes, también se tendría que agregar que la difusión ilícita de drogas, en la actualidad, representa uno de los mayores riesgos para la seguridad de muchas naciones, cuando estas actividades clandestinas de distribución de lleva acabo en el marco de organizaciones de delincuencia organizada trasnacional.6 En el presente, ante este panorama, de la mano de un marco normativo internacional, se han tenido que implementar esquemas de coordinación internacional entre naciones para enfrentarse al fenómeno de la distribución ilícita de drogas. Asimismo, desde hace décadas, cuerpos policiales internacionales y nacionales (Interpol, Europol, servicios y agencias de inteligencia) suman esfuerzos para hacer frente a esta problemática desde diversas ubicaciones geográficas del planeta.7
B. Drogas: siglos de convivencia pacífica
Dentro de la antología social se puede encontrar que el consumo de drogas durante siglos ha tenido una convivencia pacífica sin representar, su práctica, riesgo social alguno. En este orden de ideas, por ejemplo, el primer indicio del consumo de la adormidera y de cannabis sativa se da desde épocas muy tempranas, en el periodo Paleolítico (hombre de Cromagnon). Desde ese momento —hace más de veinte mil años— ya existía el contacto del ser humano con los estupefacientes. No obstante, es hasta el periodo Neolítico —siete mil a tres mil años a. C.— cuando se localizan las primeras evidencias que confirman la realización de actos de consumo respecto a sustancias que le provocaban una alteración en su conducta.8
Cada droga —por su naturaleza, así como por las condiciones socioculturales en las que han sido empleadas— ha tenido una evolución histórica distinta en su particular integración social, la cual dependerá, según sea la sustancia, de muy variados aspectos: geográfico, cultural, religioso y respectivo fin para su utilización. Dadas tales condiciones, se pueden apreciar diversos ejemplos históricos que así lo atestigua. De estos, algunos por su relevancia histórica se mencionan a continuación:
Cannabis sativa, es una sustancia de origen asiático, en donde se utilizó hace cinco mil años con varios propósitos: curativos, religiosos e industriales (para la obtención de fibras).9
El emperador Chino Chen-Nung elaboró en el año 2737 a. C., un libro sobre farmacopea en el que se habla del cannabis sativa describiéndolo como un útil analgésico, pero también advertía sobre la relación de peligros que podían acarrear al consumidor.10
Existen documentos, como el tratado chino, Rhyya sobre botánica, del siglo xv a. C., que mencionan al cannabis sativa.11
En India, Egipto y Persia se pueden localizar testimonios documentales que demuestran que ya era conocido dicho estupefaciente.12
Civilizaciones como la sumeria y egipcia usaron con gran generosidad el opio —droga adictiva por excelencia—, sin dejar testimonio escrito sobre ningún opiómano. El dato es notable debido a la utilización, en ocasiones, diaria de dicha droga —en las famosas triacas o antídotos— como remedio preventivo de diversas dolencias.13
Con finalidades medicinales las culturas asiáticas emplearon el cáñamo; con los mismos fines las culturas americanas emplearon la hoja de coca.14
En otro sentido, en la Antigua Grecia —primer antecedente de la cultura occidental— se localizan una gran cantidad de testimonios y vestigios arqueológicos que evidencian que la droga estuvo presente en la vida cotidiana de los griegos antiguos, quienes conocían y consumían una gran variedad de sustancias tóxicas para distintos propósitos, ante todo, para usos religiosos (casi siempre estaban presentes en sus rituales más importantes),15 médicos (los tratados de medicina de la época contienen una multiplicidad de recetas que contenían diversas drogas)16 o para festividades sociales.17 Durante varios siglos los griegos convivieron con estas sustancias sin que fuesen consideradas como un peligro o un obstáculo para el desarrollo social de su pueblo.18 En realidad, se puede considerar que su actitud ante la droga fue muy laxa, sobre todo a partir de que permitían su utilización en las ceremonias religiosas y festividades.19
Por otro lado, los antiguos judíos y los primeros romanos fueron demasiado tolerantes con el uso de sus drogas. Tal circunstancia se puede concluir por diversos testimonios —que aporta la historia— en donde se muestra evidencia de la indulgencia de dichos pueblos respecto al consumo de sustancias capaces de perturbar la conciencia. Para ellos, como se puede interpretar, el vino tenía una significación especial en algunas de sus fiestas y lo consideraron como símbolo de su cultura.20 Los romanos del imperio —al igual que los antiguos griegos— tuvieron una continua utilización de drogas tales como el opio y sus derivados.21
Tomando de referencia los antecedentes descritos, tuvieron que pasar varios siglos de historia para localizar la primera censura al uso de la droga. De hecho, todo parece indicar que llega con los primeros cristianos y su doctrina, quienes criticaron —con vehemencia— las ceremonias de los antiguos griegos, en especial, los misterios eleusinos y las fiestas dionisíacas, las que consideraron una manifestación de exceso e inmoderación, comportamientos apreciados dentro de su doctrina como pecaminosos. De esta forma, el éxtasis y la ruptura de la conciencia que incitan tales sustancias empezaron a ser una pasión que debía ser reprimida y un exceso que, habiéndose cometido, debería ser castigado.22
Como ya se ha señalado, las drogas en el paso del tiempo han tenido una importante connotación terapéutica. En este sentido, Galeno de Pérgamo (140-200 d. C.) —el más destacado médico de la antigüedad después de Hipócrates— recomendaba narcotizar a los pacientes enfermos con opio, mandrágora23 y beleño, en aquellos supuestos en los que el dolor era insoportable. A pesar de ello, el mismo ya advertía que los narcóticos de alta consistencia podían ocasionar grandes trastornos a la salud y hasta la muerte.24
En la Edad Media —tras la invasión y dominación de los moros en España— aumentan de manera significativa las creencias sobre una serie de poderes mágicos que se les atribuía a algunas hierbas, en lo particular, esto se hacía por medio de la Escuela de Hechicería de Córdoba y Toledo.25 Durante el transcurso de la Alta Edad Media, algunas drogas orientales ya no solo eran consideradas como medicinales sino que además se les atribuían cualidades alimenticias, por ejemplo, en China algunos pasteleros elaboraban dulces que contenían entre sus ingredientes estas sustancias.26
Por otra parte, se sabe también del uso —durante siglos— de hongos alucinógenos en la América precolombina. Con relación a este punto, se dice que en sus escritos, Cristóbal Colón alude a la caoba que los nativos de las tierras por él descubiertas extraían por las fosas nasales.27 Los colonizadores también hacen referencia al hecho de haberse encontrado con diversas sustancias. En este mismo orden y dirección, los conquistadores españoles al descubrir América —momento en el que se considera el inicio de la Edad Moderna— se encontraron con una importante variedad de drogas las cuales destinarían para varios fines: económicos, políticos y religiosos.28 Durante este periodo se destaca —de forma significativa— el antecedente que corrobora que a los indios sudamericanos —de la zona Andina— se les pagaba sus jornadas de trabajo con hojas de coca, explotándoles de esta manera y consiguiendo, por otra parte, un mejor rendimiento.29Con referencia a lo anterior, el médico y cronista español del siglo xvi Agustín de Zárate —en su libro Historia y descubrimiento de la provincia del Perú (escrito a petición del entonces príncipe Felipe II)—, narró que en algunos valles crecía la planta llamada coca, apreciada por los indios de esas regiones más que al oro y a la plata. Abundando en este punto, lo especial y relevante de tal planta —según el cronista— consistía en que quienes masticaban sus hojas obtenían una leve euforia, estimulación y un estado de alerta, al grado de que no sentían frío, sed o hambre.30
Cuando llegó Francisco Pizarro al Perú en 1536 el consumo de la hoja de coca por los indígenas era masivo. Fue él quien por primera vez envío dicho vegetal a España.31 Su consumo —en esa época— ocasionó un importante debate en sobre su uso. En lo tocante a este aspecto, mientras que —por una parte— los eclesiásticos se oponían a que se utilizara; los comerciantes y soldados —por otra parte— contaban con una opinión discrepante a favor de su consumo.32 Ante tales divergencias, la Corona hizo pública la Ley Real de 1569, en la que se determinó que el consumo de la coca era esencial para el bienestar de los indios andinos, pero en ella también se pedía a los misioneros que pusieran fin al uso idólatra de tal planta.
Mientras tanto, otras drogas como el opio continuaban con su particular historia: los médicos árabes conocían bien sus distintos usos curativos y sus mercaderes lo introdujeron en oriente, donde se empleó para combatir la disentería.33 Debido a su toxicidad se desacreditó cayendo en desuso. Después de muchos años, Paracels, uno de los padres de la alquimia, vuelve a popularizar su uso. En 1680, Sydenham, famoso médico inglés (1624-1689) en uno de sus libros comenta que, entre los remedios que Dios todopoderoso ha dignado dar al hombre para aliviar sus sufrimientos, ninguno es tan universal y eficaz como el opio.34
C. Drogas: el nacimiento de un conflicto
A la mitad del siglo xvii, cuando en China se popularizó la práctica de fumar opio aparecieron —por primera vez— algunos problemas serios de adicción.35 En el siglo xviii la adicción era tan grave que los chinos intentaron prohibir el cultivo del opio y su comercio con los países occidentales. En ese momento, el mercado ilícito de opio tuvo un significativo incremento y para 1793 la capitanía británica de las Indias Orientales ya había conseguido el dominio exclusivo de la importación de dicha sustancia.36 Los ingleses no respetaron la prohibición y desafiaron así a las autoridades de la nación oriental.
Durante esa época el Comandante Lin Tse Hsú realizó la destrucción de grandes volúmenes de opio depositados en las bodegas de Cantón, lo que provocó la primera guerra del opio que se llevó a cabo entre China e Inglaterra, en los años de 1839 a 1842. La segunda de las contiendas se disputó de 1856 a 1858 y, la última, de 1859 a 1860. En todas las luchas armadas resultaron derrotados los chinos.37 De esta forma fue como los ingleses obtuvieron el monopolio del tráfico mundial del opio. Además, entre otros beneficios, consiguieron que se les entregara el territorio insular de Hong Kong e importantes sumas de efectivo por concepto de indemnización.38
Por otro lado, en lo que respecta a la particular antología del hachís, el ejército francés conoció la droga cuando, al mando de Napoleón, realizaba operaciones de guerra en Egipto. Fueron estos militares los que importaron dicha sustancia a Europa. El conquistador galo, al percatarse de las peligrosas consecuencias de su empleo, prohibió su consumo decretando una Orden de 8 de octubre de 1800, pues —según se decía en la misma— los que consumen esta planta pierden la razón y son presa de delirios violentos que les hacen entregarse a excesos de todas clases.39
El siglo xix dejaría constancia que en el desarrollo de las sociedades futuras sería común el diligente perfeccionamiento y descubrimiento de nuevas y más poderosas drogas. La muestra más inmediata de tal afirmación se encuentra en la cocaína (alcaloide que se obtiene de las hojas de la planta de la coca y que se empleó con diversos fines por los incas). Dicha sustancia fue aislada por primera vez en el año de 1855, utilizándose como anestésico local en cirugía menor. Poco después, producto del descubrimiento reciente de la morfina (1827), nace un producto de carácter sintético, elaborado a manera de polvo blanco y cristalino, la heroína (1898), narcótico de gran potencia cuyo consumo se realiza mediante inhalación, inyección subcutánea o inyección intravenosa.40
A finales del siglo xix y principios del xx, exceptuando los casos del opio en China, y la fugaz prohibición en Egipto del hachís por Napoleón, es evidente que en las sociedades occidentales existía una notoria tolerancia ante tales sustancias —producto tal vez de que ya no era tan importante la influencia de la Iglesia católica dentro de su vida social y del triunfo del pensamiento racional—, situación que duraría hasta las dos primeras décadas del siglo xx. En estos años las drogas fueron reguladas más no perseguidas, por lo que sus consumidores tampoco sentían presión alguna de parte de la ley en caso de consumirlas. Este espacio de tiempo, previo al nacimiento del prohibicionismo que arranca con la Ley Seca en Estados Unidos contra los alcoholes (y prosigue con numerosas prohibiciones de sustancias psicoactivas empleadas por minorías étnicas), se caracteriza por la falta de un sentimiento colectivo de miedo o queja con relación a los peligros de los estupefacientes.41
En la década de los años cincuenta, con la aparición de los beat en Estados Unidos, una nueva generación que desafiaba el estilo de vida convencional,42 empieza una renovada dinámica en la antología de ciertas sustancias que influye en el nacimiento de la revolución lisérgica de la década de los años sesenta.43 A tal movimiento se agregarían nuevos subgrupos, aparecerían en escena el LSD y el uso de estupefacientes (entre ellos los derivados cannábicos), a fin de conseguir “la comunidad con el cosmos”. De la misma forma, nacerían nuevos estilos en la pintura, en la música, en la literatura, entre los más importantes, hasta que, al fin, se asiste a la presentación en sociedad de un nuevo tóxico: la heroína.44
A principios de la década de los años sesenta se pasaría al actual periodo internacional prohibicionista.45 Para la década siguiente, el tráfico de cocaína constituyó la cara más lucrativa y novedosa del comercio ilícito de sustancias tóxicas.46 A pesar de que el empleo de la cocaína como droga se conocía desde hacía siglos, fue hasta esa época cuando su consumo masivo se convirtió en un gran problema para la salud pública.47
A finales del siglo xx y principios del actual, adquieren gran protagonismo las denominadas drogas de diseño. Con la aparición de esas sustancias se añade un peligro más para la salud de la comunidad y se da una nueva dinámica al comercio ilícito de drogas, originando una nueva paradoja, en los países que de manera tradicional han sido importadores, ahora se convierten en exportadores de sustancias prohibidas —Estados que desde siempre han sido productores y vendedores de esos productos tóxicos— pasan a ser compradores de las drogas elaboradas en laboratorio.48
Hoy en día, la droga ilícita49 es un producto atractivo para grandes organizaciones criminales, con su prohibición se abre un importante mercado ilícito. La ilegalidad de su comercio la ha convertido en un producto de elevado precio, dados los márgenes comerciales que retribuyen los riesgos de traficar con sustancias tan perseguidas. Esto ha provocado, como indica un grupo de especialistas, “la aparición de poderosas organizaciones de traficantes con un poder económico sin parangón en toda la historia de la criminalidad y que en sus niveles medios y superiores eluden fácilmente la persecución penal”.50 También, ha causado o agravado “la marginación social de una buena parte de los consumidores que no pesen los medios económicos necesarios para adquirir la droga, lo que les obliga a realizar actividades asociales o a caer en la delincuencia”.51
Para nadie es un secreto que desde hace décadas el tráfico de sustancias ilícitas ha establecido contacto con otros sectores criminógenos, por ejemplo, guerrilleros en Iberoamérica,52 grupos financieros en todo el mundo,53 sectores políticos y empresariales,54 que lo convierten en un delito de mayor peligrosidad social y difícil persecución, ya que con estas conexiones criminales, las organizaciones que trafican con drogas consiguen fortalecer aún más su poderío económico y sus márgenes de impunidad.55
Si bien, en el presente la difusión ilícita de drogas constituye un problema de universal,56 sus formas de operar variaran según las circunstancias que rodeen al país del que se trate. En España, por ejemplo, su comercio ilícito está determinado por diversos factores:
Geográfico: puerta de entrada de Europa para los traficantes africanos y americanos, cierra la salida del mar Mediterráneo y comparte costa con Portugal en el Atlántico, proximidad al paraíso fiscal de la Colonia Británica de Gibraltar.
Cultural: en el caso del tráfico procedente de Sudamérica, pues al tener costumbres e idioma en común, se facilita la comunicación entre los participantes dedicados al comercio ilícito de estupefacientes de ambas zonas del mundo.
Económico: se tiene conocimiento que en el sur (Costa del Sol) y Levante (Barcelona y Valencia), existe una gran cantidad de grupos criminales que realizan de manera permanente operaciones relacionadas al tráfico ilícito de drogas —tráfico de armas y blanqueo de capitales— a través de la inversión de sumas millonarias en el sector inmobiliario de esa región.57 Dentro del territorio español se conforman como las principales actividades relacionadas con el comercio ilícito de drogas: el tráfico de hachís (procedente de Marruecos) y el de cocaína (oriundo de Colombia),58 aunque últimamente se ha dado un gran auge entre sectores jóvenes de la población el consumo de las denominadas drogas de diseño.59
En el caso particular de México, por su posición geográfica, se convierte en un puente natural entre los países sudamericanos productores de droga y el mercado donde habita el mayor consumidor de drogas ilícitas del mundo: Estados Unidos. A lo anterior hay que agregar que los intereses generados por el poderoso mercado de las drogas ilícitas —ya consolidado en Estados Unidos, Europa y con progresivo aumento en todo territorio nacional—60 ha generado una violencia crónica conectada con el citado tráfico ilegal en ciudades como: Tijuana, Ciudad Juárez, Nuevo Laredo, Guadalajara y Culiacán.61
La corrupción política —institucional y policial— en México ha coadyuvado a la proliferación de poderosos grupos criminales que trafican con droga ilícita en territorio nacional. Según informes de la antes Procuraduría General de la República (PGR), hoy Fiscalía General de la República (FGR), en el país, en las últimas décadas, el mapa histórico criminal de estas organizaciones ha sido el siguiente:
En el pasado, hermanos Arellano Félix (cártel de Tijuana); Osiel Cárdenas Guillén (cártel del Golfo), después operado por el grupo criminal denominado los Zetas; Amado Carrillo Fuentes, al inicio, después por Vicente Carrillo Fuentes y Vicente Carrillo Leyva (cártel de Juárez). Asimismo, los hermanos Valencia (cártel del Milenio); Sandra Ávila Beltrán (“la Reyna del Pacífico”) y Juan Diego Espinoza (“el Tigre2), Joaquín Guzmán Loera (“el Chapo”) y los hermanos Beltrán Leyva (“la sociedad”), en su momento, el cártel de Sinaloa y, en la última década, por “el Chapo” Guzmán e Ismael (“el Mayo”) Zambada; De la misma manera, operaron Ignacio Coronel, Ismael Zambada García (“el Mayo”) y Juan José Esparragoza (“el Azul”) la derivación del cártel de Juárez que opera en Sinaloa; los hermanos Amezcua (reyes de la anfetaminas) y Pedro Díaz Parada, en zar de la marihuana en Oaxaca en una extensión del cártel de Tijuana.62
Actualmente, son diversas familias las que tienen influencia y liderazgo al interior del cártel de Sinaloa. En este sentido, los hijos de “el Chapo”, conocidos como “los chapitos” Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar y la familia de “el Mayo” Zambada, son los líderes más visibles del grupo criminal. También, otros informes indican el grupo de allegados a Rafael Caro Quintero, los Cázarez Salazar, así como parientes de Juan José Esparragoza Moreno “el Azul” y de la familia de Dámaso López Núñez “el licenciado”, continúan con influencia relevante dentro de este grupo cartel de drogas. Asimismo, junto a los hermanos del clan González Valencia, conocido como “los Cuinis” y su cuñado, Nemesio Oseguera Cervantes “el Mencho”, líder del cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), son quienes, a nivel nacional e internacional, dirigen los cárteles mexicanos de drogas con mayor expansión. No obstante, el CJNJ es considerado el de mayor crecimiento y penetración en los últimos años.63
3. Drogas: perspectiva criminológica de su consumo
Los vicios vienen como los pasajeros, nos visitan
como huéspedes y se quedan como amos.
Confucio.
A. Aspectos preliminares
Desde un punto de vista criminológico: “el tráfico de estupefacientes no es, en primer plano, un delito contra la salud pública como lo es para el Derecho penal. Tiene su razón de ser en la explotación de la dependencia que el consumo de las drogas causa, con el fin de conseguir, casi siempre, un lucro económico”. Por tal motivo, inicia este análisis criminológico especificando los puntos fundamentales del referido consumo:
A partir de las últimas cuatro décadas gobiernos de todo el mundo, legisladores, juristas, higienistas, moralistas, policías, psiquiatras y sociólogos han insistido sobre el progresivo aumento del consumo de drogas en la población.64 Tal reclamo lo han hecho a través de conferencias, elaborando informes, dictando leyes, fundando instituciones y diseñando programas, con un único propósito: “terminar con la nueva amenaza de la droga”.65
Si bien el consumo de drogas no es un fenómeno propio de nuestra época, pues en todas las sociedades que han existido se pueden encontrar evidencias del uso social de sustancias,66 si lo es la dimensión criminal que, hoy, ha tomado este fenómeno dentro de la sociedad.67 Según valoraciones del Programa de las Naciones Unidas para la Fiscalización Internacional de Drogas (PNUFID) alrededor de 185 millones de personas consumen sustancias ilícitas (prevalencia anual 1998-2000). Eso incluye 147 millones de consumidores de cannabis, 13 millones de consumidores de cocaína y otros 13 millones de consumidores de opiáceos (de ellos nueve millones consumen heroína).68 Por si estos datos no fueran suficientes, la tendencia durante el año 2000 en Europa no registró bajas en el consumo de ninguna sustancia, si acaso una estabilización. En algunas regiones, en el consumo de anfetaminas, opiáceos y éxtasis, está aumentando; en otros lugares de Europa el consumo cocaína, cannabis y éxtasis se ha acrecentado.69
A pesar de la información anterior, es difícil determinar con exactitud el incremento proporcional del consumo de drogas de la sociedad contemporánea, esto en comparación con los colectivos humanos que le precedieron,70 aunque se cuente con estadísticas respecto del consumo actual de sustancias ilícitas estas en todo momento son aproximadas y deben ser tomadas con reserva.71 No obstante, resulta fácil especular sobre el evidente peligro que representa el consumo de drogas para el bienestar social.72 Hoy en día, el consumo de sustancias ilícitas se erige como un espinoso conflicto sanitario, económico y social, originado —casi siempre— por las secuelas que la farmacodependencia acarrea tanto en el individuo que consume las sustancias como en su entorno.73 Este hábito genera graves repercusiones en el sujeto, la sociedad, la familia y la salud pública (enfermedades como hepatitis, patología mental, muertes súbitas).74 Por otra parte, el tema del consumo de drogas obtiene particular interés cuando se vincula con otros espacios de nuestra sociedad, de manera concreta con la delincuencia.75
B. El consumidor de drogas y sus principales patrones de consumo
Dentro del estudio criminológico es de gran utilidad conocer en profundidad a la víctima de la acción ilícita.76 En gran medida esta es un elemento vivo del delito que no solo aporta aspectos descriptivos que ayudan a su propia comprensión, sino que también es un punto de partida para encontrar posibles soluciones a los problemas criminales.77 Hay quien afirma que la disciplina especializada en su estudio, la victimología, debe contribuir —en un futuro cercano— con respuestas que ayuden a solventar algunos de los conflictos que se asientan en puntos esenciales del derecho penal,78 la criminología y la política criminal.79 Después de precisar lo anterior, surge la duda de cuál o cuáles serían las víctimas en los delitos de tráfico de drogas. De entrada, se está ante el hecho de que estos son considerados, desde el punto de vista penal, como delitos sin víctima,80 es decir, nuestra ciencia jurídica estima que como quien compra la droga lo hace voluntariamente y no denuncia, no se le puede considerar como tal. Dicha denominación puede ser cuestionable desde otra perspectiva en la que se opta por denominar a estas acciones ilícitas como delitos con víctimas colectivas. Si bien es cierto que en los comportamientos de difusión de droga no hay una víctima aparente, desde un segundo enfoque parece claro que —en la dinámica criminal del comercio ilícito de sustancias tóxicas— el consumidor es la víctima inmediata del traficante de drogas,81 puesto que no se debe ignorar que este puede sufrir, debido al consumo de sustancias ilegales, diversos tipos de trastornos en su esfera física o conductual.82 Está comprobado que los individuos que se propasan en la utilización de sustancias psicoactivas son proclives padecer una notoria afectación a su salud general, tanto por la acción inmediata de la droga como por otros incidentes que rodean al consumo, (v.gr., el uso de agujas contaminadas, la inadecuada utilización de materiales para cortar la droga o su mala calidad, el abandono y la negligencia que tiene las personas consigo mismas, entre otros).83
C. Frecuencias en el consumo de droga
La frecuencia en el consumo de drogas es un aspecto de esencial importancia dado que —a menudo— cuando se hace alusión al consumo existe una tendencia generalizada a definir como consumidor, e incluso drogadicto, a toda aquella persona que utiliza cierta sustancia (sobre todo si esta es ilegal), sin tener en cuenta la regularidad de los patrones de su uso. Esta predisposición ha deteriorado algunos estudios empíricos sobre el consumo de drogas y ha llevado a que determinados autores señalen la ineludible necesidad de distinguir entre los consumidores en función de la frecuencia de consumo, ya que esta asiduidad puede definir —y diferenciar— los distintos tipos de consumidores.84 En este sentido, la clasificación más difundida respecto de las distintas frecuencias de consumo es la que establece diferencias entre:85
1 Consumo esporádico y episódico: es el realizado con ocasión de alguna circunstancia especial (v.gr., en una fiesta). Puede alargarse por horas, pero no tiene continuidad temporal.
2 Consumo ocasional: conlleva probar una o más drogas que causan dependencia una o varias veces, sin que su utilización se haya convertido en una práctica frecuente. Es decir, dentro de este tipo de consumo no existe regularidad respecto del empleo de la droga.86
3 Consumo sistemático o habitual: es un patrón de comportamiento que acarrea el consumo de una o varias sustancias nocivas de forma habitual y durante un periodo relativamente largo. Este tipo de consumo es quizá el más común en las drogas que causan una fuerte dependencia física y psíquica.87 En este tipo de consumo se recurre a la droga con regularidad y periodicidad fijas, con un nivel de adicción que puede interferir en las actividades familiares, sociales y profesionales.88
Si se tuviera que seleccionar —dentro de los anteriores niveles de frecuencia— cuales son los consumidores de drogas —que por sus patrones de consumo— son más proclives a entrar dentro de un cuadro de toxicomanía —o adicción—89, sin duda, serían aquellos que recurren a estas sustancias nocivas con mayor habitualidad. Se dice que hay toxicomanía —o adicción— cuando la persona experimenta un estado de intoxicación periódica o crónica, provocado por su adicción a una sustancia tóxica, natural o sintética.90 En este proceso de afección se puede presentar la siguiente sintomatología: dependencia psíquica, dependencia física, dependencia social, tolerancia, síndrome de abstinencia.91
D. Cuadros y sintomatología que puede experimentar el consumidor habitual de drogas
a. Dependencia psíquica
Es la compulsión de usar una droga para obtener efectos placenteros.92 Constituye la exigencia psicológica que tiene el individuo de proveerse droga para disfrutar de sus efectos y, en ocasiones, para rehuir de molestias que le aquejan.93 Tal supeditación psíquica puede llegar al grado de que la persona requiera su uso para llevar a cabo todas sus ocupaciones.94 En ciertos casos, el arraigo psicológico es tan agudo que resulta complicado diferenciar entre la dependencia física de la psíquica.95
b. Dependencia física
Estado fisiológico provocado por el consumo repetido de una sustancia.96 Es una condición del organismo en que se presenta la necesidad imperiosa de que se le suministre cierta cantidad de droga para el sostenimiento de su normalidad,97 y cuya insuficiencia o carencia provoca graves trastornos mentales o físicos, que al agruparse constituyen lo que se conoce como el síndrome de abstinencia.98 En el desarrollo de dicha patología, conforme aumenta el consumo de drogas, el organismo se adapta de forma progresiva a la sustancia, tornándose necesaria para el cuerpo al llegar un determinado momento de crisis.99
c. Dependencia social
Consiste en la necesidad de consumir sustancias inocuas como afirmación de pertenencia —y/o identidad— a un grupo social que proporciona signos de identidad claros. El abstenerse al consumo de la sustancia puede provocar en el sujeto crisis en sus relaciones sociales, misma situación que le presiona a retornar a su uso para así restablecer el equilibrio social en el que la persona se sienta cómoda.100
d. Tolerancia
Es aquella que consiste en que: “la producción de determinados efectos por parte de una droga son cada vez menores a no ser que se aumente la cantidad de droga administrada”.101 Por lo que el individuo adicto a determinadas sustancias tóxicas tendrá que ampliar las dosis de suministro de droga si quiere lograr sus anhelados efectos que lo llevan al consumo crónico de una determinada sustancia.102 Parece ser que la tolerancia se produce por dos mecanismos diferentes:
1 En unos casos, la tolerancia se debe a una modificación de la farmacocinética del tóxico (el producto no llega al receptor con la misma facilidad o en la misma concentración que antes [v.gr., la tolerancia en el alcohol es debida a este tipo de mecanismo]).
2 En otros casos, puede deberse a un cambio farmacodinámico (el receptor resulta menos sensible a las mismas concentraciones del tóxico [v.gr., es el característico comportamiento de la morfina]103).
e. Síndrome de abstinencia
Es aquel estado fisiológico que se presenta después de la suspensión brusca del consumo de la droga a la que se es adicto, aparece como un trastorno conductual o físico vivido con angustia y dolor por el individuo.104 Tal padecimiento constituye un cambio de comportamiento con perturbaciones tanto mentales como fisiológicas que tiene lugar al disminuir la concentración en la sangre —o los tejidos— de una sustancia en una persona que la ha consumido por tiempo prolongado.105 A este trastorno se le conoce —en algunas latitudes— como: ir de mono, se deja de padecer cuando vuelve a administrarse la sustancia que ocasionó la dependencia.106El síndrome de abstinencia se presenta de forma diferenciada según la sustancia de que se trate (opiáceos, anfetaminas),107 de la frecuencia de consumo, de la calidad de las dosis suministradas y de la personalidad del consumidor.108
E. Factores endógenos que pueden incidir en el consumo de drogas
Existen varios factores atribuibles al individuo que pueden fungir como detonante para que este adquiera el hábito de consumir determinadas drogas.109 Tal es el caso de algunas características individuales del sujeto (agresividad, egocentrismo, indiferencia afectiva, labilidad, impulsividad) las cuales facilitan en gran medida la propensión al consumo de sustancias que representan un riesgo para su salud.110 Dentro de estas características se destacan las siguientes:
a. Personalidad
En un primer acercamiento se puede concebir a la personalidad, como el conjunto de elementos —por lo general— estables que rigen la forma de comportarse de una persona, así como las diversas reacciones ante ciertas circunstancias que se le presenten en su desarrollo vital.111 Es decir, las características fisiológicas, psicológicas y sociales que posee un individuo y que determinan su susceptibilidad ante el mundo que le rodea. Tales cualidades o rasgos de la persona, en determinado momento, lo pueden predisponer al consumo de drogas.112 Si bien es cierto que no es posible encontrar una tipología exclusiva del consumidor de drogas,113 sí es factible obtener algunas pautas que auxilien a describir los puntos más comunes que reseñan la personalidad del toxicómano:
Poca tolerancia a la frustración.
Sentimientos de inseguridad o inferioridad.
Arrebato y busca de placeres inmediatos.
Disposición al escape de toda complicación.Graves problemas para vincularse con los demás.114
Sin duda, tales elementos de la personalidad pueden ser un detonante que predisponga a la utilización de sustancias estimulantes. Dentro de este rubro se pueden encontrar valores orgánicos que marquen una tendencia a las toxicomanías, por ejemplo, algún problema físico.115 Asimismo, se puede decir que cualquier personalidad insegura que se forme y desarrolle solo ante el presente, es muy proclive a recurrir a la droga para disminuir el ansia provocada por una serie de problemas que le hostiguen en un determinado momento (v.gr., el desempleo).116
b. Edad
En muchos de los casos el consumo de drogas se inicia a edades tempranas. Sin pretender agotar todas las causas y motivaciones que llevan al joven a consumir sustancias tóxicas, se puede afirmar que la curiosidad, imitación y esnobismo, se encuentran entre las pautas más comunes.117 El consumo de drogas puede iniciarse como un acto de curiosidad porque el adolescente busca descubrir nuevos placeres, experiencias o emociones que le hagan sentir diferente e inclusive a encontrar un estado anímico hedonista. Cuando se refiere a que lo hace por imitación es porque existen —debido a las fases naturales de maduración— jóvenes con anhelos profundos por encontrar algo que les despoje de la tensión interior y la profunda insatisfacción, creyendo, al observar y escuchar a otros, que al consumir una droga se puede llegar al estado de confort mental que desea. Por último, al aludir a este tipo de esnobismo se hace un retrato del caso del joven que busca emular con afectación las maneras, opiniones, de aquellos a quienes considera distinguidos.118 Sin lugar a duda, en las edades tempranas se es más propenso a involucrarse con sustancias tóxicas,119 sobre todo, si de antemano hay en la persona un perfil psicológico con carencias afectivas o determinadas insuficiencias. Ya que si el joven cuenta con una estructura personal sólida será poco probable que se inicie en el consumo de estupefacientes. Aun así, en el dado caso de que lo hiciera, satisfecha su curiosidad y a pesar de encontrar elementos placenteros, podrá o no repetir la experiencia sin quedar sujeto a ella.120 Profundizando respecto a lo anterior, se acepta que la inmadurez y cambios vividos en la adolescencia son factores que pueden influir para que el consumo de drogas sea necesario en la vida de determinados jóvenes. Desde los 12 a los 16 años el adolescente experimenta un intenso proceso de cambios corporales, intelectuales y afectivos, que crean en él una cierta tensión cuyas causas en muchas ocasiones se encuentran en el propio adolescente. No obstante, si en este periodo psicológico de transición de la infancia a la madurez se mantiene una fuerte integración familiar y un entorno favorable esto actuará como agente de socialización permitiendo al adolescente practicar conductas, habilidades y roles que apoyarán a la cimentación de su identidad adulta.121Por último, es indispensable tomar en cuenta que no sólo esta serie de factores propios de la edad influyen para que un niño o adolescente se convierta en consumidor de tóxicos. También, hay que considerar que puede ser un elemento de gran influencia la existencia de una oferta muy agresiva de sustancias prohibidas. De hecho, cada vez es mayor la incidencia de traficantes que ven en esas edades un lucrativo caldo de cultivo.
F. Factores ambientales que inciden en el consumo de drogas
En sentido amplio son todos aquellos vínculos de interconexión entre los sujetos y su entorno que pueden ser determinantes para que un individuo adquiera el hábito de consumir determinadas drogas.122 Es decir, determinados elementos del ambiente inmediato (la familia, la escuela, las amistades)123 o en el ambiente social en general (circunstancias de la comunidad en su conjunto escasez de valores, crisis económicas, desempleo, por mencionar algunas)124, que llevan al individuo al tránsito por el mundo de las drogodependencias. Dentro de este apartado puede destacarse lo siguiente:
a. Empobrecimiento o declive de la estructura familiar
Gran parte de los estudios sobre la etiopatogénesis de la drogadicción indican que la falta de cohesión familiar —o su poca fortaleza— es uno de los factores que puede incidir, concluyentemente, para que se presente un agudo impulso por el uso y abuso de drogas.125 En este sentido, el abuso y malos tratos por parte de los padres a sus hijos; la falta de comunicación y comprensión entre los miembros de la familia; así como otras dificultades que se experimentan en una familia poco cohesionada, pueden llevar al joven a vivir la crisis de la adolescencia con particular intensidad y, de esta manera, orillarlo a incidir en el mundo de las toxicomanías.126 Por otro lado, los primeros estudios psicoanalíticos sobre adictos hacen alusión al hecho de que los consumidores compulsivos de drogas experimentan una regresión y fijación a la etapa oral. Otros más recientes, por su parte, expresan que esos comportamientos de dependencia hacia las sustancias tóxicas tienen como antecedente intensas anomalías emocionales. De hecho, se afirma que es difícil encontrar a un consumidor compulsivo de drogas que no presente problemas familiares generadores de su incapacidad para alcanzar estabilidad en un estilo de vida.127
b. Ambiente social inmediato y general
Junto a los conflictos en la familia el ambiente social inmediato (la escuela, amistades cercanas, entorno laboral, el sector social al que el individuo pertenece), así como el ambiente social general (deficiencia en los valores trasmitidos por lo sistemas educativos y sociales, condiciones laborales desfavorables, procesos de decadencia social, dificultades económicas), pueden jugar un papel decisivo para que un individuo incurra en el abuso de sustancias nocivas.128 Determinadas circunstancias que rodean a la persona pueden llegar a ser un factor que incida para su incursión en el mundo de las sustancias ilícitas,129 por ejemplo, el caso del consumo de drogas influenciado por su círculo cercano de amigos o de los adolescentes inmersos en pandillas, grupos o ambientes marginales.130 Si bien el grupo inmediato puede ser el que influya con mayor fuerza al sujeto con sus normas sociales y consuetudinarias, es también una realidad que el ambiente social en general puede presionar de alguna forma sobre el individuo y, en ocasiones, resultar la circunstancia decisiva en su degeneración personal.131
4. Drogas prohibidas: composición e implicaciones en el ámbito jurídico penal
Para millones de personas las drogas sirven hoy, como las religiones y la alta cultura ayer, para aplacar las dudas y perplejidades sobre la condición humana, la vida, la muerte, el más allá, el sentido o sinsentido de la existencia.
Mario Vargas Llosa.
A. Aspectos preliminares
Al margen de consideraciones socioculturales, de origen, religiosas, sociopolíticas y jurídicas,132 existen una serie de indicios objetivos que establecen, en el mundo científico, el que determinadas sustancias sean consideradas como drogas.133 Dentro de estos se pueden destacar ciertos efectos que algunas de estas sustancias causan en el individuo que las consume.134 Existen una gran cantidad de drogas que pueden causar tales resultados debido a la naturaleza bioquímica y la neurofisiología humana del consumidor.135 Con independencia de lo señalado en el párrafo que precede, y debido a los intereses de la presente investigación, se centrarán los esfuerzos de las hojas siguientes en algunas de las drogas de consumo que afectan el sistema nervioso central (SNC). De manera sintética, la clasificación y/o división de estas se describe a continuación:
Depresores del SNC: sustancias que, por su composición, bloquean el correcto funcionamiento del cerebro generando en el consumidor reacciones que pueden ir desde un proceso de desinhibición hasta el escenario del coma, en un notorio proceso de adormecimiento cerebral progresivo.136
Estimulantes del SNC: sustancias que, por su naturaleza, activan el funcionamiento del cerebro, entre las que destacan:
Estimulantes mayores: – Anfetaminas– Cocaína
Estimulantes menores:– Nicotina– Xantinas (cafeína).137
Perturbadoras del SNC: sustancias que, por las características de los ingredientes que la conforman, provocan una alteración en el funcionamiento del cerebro, ocasionando alucinaciones, distorsiones perceptivas.
– Alucinógenos (LSD)
– Derivados del cannabis (haschish, marihuana)
– Inhalantes (acetonas, bencenos)
– Drogas de síntesis (éxtasis)138
Por otro lado, fijando el análisis en el aspecto vinculado a la delimitación conceptual, una precisión lingüística de droga que, desde el ámbito científico, puede considerarse adecuada para las finalidades de la presente obra —y de mayor precisión con relación a las definiciones aportadas por otras ramas y disciplinas de la ciencia— es la que ofrece la psicofarmacología. Dicha materia estudia las drogas psicotrópicas y estupefacientes o narcóticas.139 Tal disciplina ha planteado numerosas clasificaciones sobre drogas tomando como punto de referencia algunas de sus cualidades como son:
Su estructura química.
Su valor médico-terapéutico.
Los efectos que causa en el organismo psicofísico.
De todas las cualidades señaladas, la última es la que se considera más próxima a las preocupaciones y fines de protección de la política criminal y el derecho penal, ya que hace una ordenación de las drogas a partir de sus efectos en la salud física y mental del consumidor. En este orden de ideas, dicha cualidad divide o categoriza las drogas en:
Estimulantes y anti depresoras140
Tranquilizantes o sedantes141
Delirantes142
Opiáceas143
Sociales144
No obstante, esta amplitud del concepto drogas afecta a la precisa configuración de los tipos penales que regulan y prohíben su difusión ilícita en nuestro país. Tal circunstancia, genera elementos ambiguos que afectan a la objetividad prevista —y exigida— para la construcción de los tipos penales relacionados a las drogas. Aunado a ello, hay que señalar que también se presentan otros aspectos de excepción a los lineamientos generales previstos en la teoría del delito en la conformación típica de los delitos relacionados a la difusión ilícita de drogas y que han generado una larga, pero no resuelta de manera definitiva, discusión científica, doctrinal y jurisprudencial.145 En otro sentido, fijando la atención en lo relativo al objeto material de los ilícitos vinculados al tráfico de drogas, de manera expresa, en la normativa nacional el art. 193 del Código Penal Federal (CPF) que concentra la denominación de drogas prohibidas al vocablo narcóticos, para referirse a drogas prohibidas, psicotrópicos y estupefacientes de prohibida difusión, se pueden plantear una infinidad de cuestionamientos desde diversas disciplinas. Los conceptos: drogas, psicotrópicos y estupefacientes podrían ser no tan precisos entre sí debido a la pluralidad de valoraciones sociales y disciplinarias a las que pueden ser sometidos.
Ejemplo de lo anterior, es que existen sustancias que sin importar sus cualidades químicas son socialmente aceptadas (medicamentos, ya sean estos eficaces, ineficaces o incluso dañinos) o permitidas por los gobiernos (bebidas alcohólicas, tabaco, café) a las que comúnmente no se les denomina drogas.146 De la misma manera, hay sustancias socialmente rechazadas conocidas drogas prohibidas (su tráfico, en la mayoría de los casos, es sancionado por la norma penal).147
Aunado a lo anterior, si bien es cierto que el concepto jurídico del objeto material en estos delitos narcóticos —o drogas en muchos países— se encuentra establecido en los listados de sustancias naturales y sintéticas que aparecen en los anexos de la normativa internacional en la materia148 y en la legislación local de nuestro país (códigos y leyes),149 no menos cierto es que el avance científico y la constante aparición de nuevas drogas generan, en la práctica judicial, que no siempre se tengan actualizados los listados y, por ende, se deje en estado de indefensión a la sociedad. Pues, en atención a los principios de legalidad y seguridad jurídica,150 no se podría procesar a un individuo que se encuentre traficando con drogas que aún no se encuentren prohibidas.
B. Drogas relevantes para la justicia penal
Ya precisado en el epígrafe que antecede la significación del objeto jurídico en el derecho penal, y en los tipos penales de drogas en particular, se concentra la atención, dentro todo del gran universo que existe de sustancias psicoactivas que afectan al organismo humano y a la comunidad —por las implicaciones materiales, sociales y sanitarias que conllevan—, en aquellas drogas que ha generado —a nivel internacional y nacional— una serie de políticas públicas que tienen como finalidad principal impedir su difusión ilícita en la sociedad. Por tal motivo, y derivado de esta situación, a continuación se analizan las cualidades de algunas de estas drogas de especial importancia para la legislación penal.
a. Mariguana (cannabis sativa)
Dentro de las drogas ilegales, es la más consumida por la población española151 y, al mismo tiempo, la más difundida en el mundo.152 De la planta cannabis sativa emanan tanto la marihuana como el hachís. La primera se consigue moliendo las hojas, las ramas y las flores,153 la segunda es la resina concentrada.154 La manera más común de consumirlas es fumándolas.155 Estas sustancias introducidas en el organismo producen los efectos siguientes:
1 Relajación.
2 Aceleración del ritmo cardiaco.
3 Extraversión.
4 Alteración de la percepción del tiempo.
5 Agudización de los sentidos.
6 Modificación en la forma común de socializar (de hecho, algunos consideran que es una droga que establece su consumo de forma social).
Con relación al listado que precede, es necesario precisar que los efectos pueden cambiar en función de la dosis consumida y de las circunstancias que rodean a su consumo. No obstante, que estas sustancias no provocan dependencia psicológica su uso puede ser peligroso o, por lo menos, generar escenarios de riegos al consumidor y a su entorno, cuando, por ejemplo, se conduce un vehículo o se llevan a cabo algunas funciones bajo sus efectos o en estado crónico de intoxicación.156 Se desconocen con exactitud las consecuencias que a largo plazo puedan tener la marihuana y el hachís, es muy factible que estas sustancias sean perjudiciales para los pulmones de la misma forma que lo es el tabaco.157 Sin embargo, hay que precisar que existe una falta de estudios epidemiológicos convincentes que puedan afirmar en términos cuantitativos las repercusiones que sufre en la salud el individuo que consume de manera habitual cannabis.158 A pesar de que hay quienes aprecian como amenazante el consumo del cannabis argumentando que, en ciertos casos, es la sustancia tóxica que abre el camino a otras drogas ilegales más peligrosas,159 tal afirmación todavía no ha sido corroborada científicamente.160 Otro factor preocupante, es que dentro de las sustancias ilegales que se usan en el país, la cannabis sativa es la que se empieza a consumir a edades más tempranas.161
b. Cocaína
Tras la cannabis sativa, la cocaína es una de las sustancias ilegales más consumida por el sector de la población española vinculado al consumo de drogas.162 El modo de administración más frecuente es como clorhidrato de cocaína, esto es, mediante aspiración nasal —aunque también puede ser fumada y administrada de forma intravenosa—163, con una biodisponibilidad de entre 25 % y 85 %, alcanzándose el pico de máxima concentración plasmática entre los 15 y 30 minutos después de que la droga fue administrada.164 La droga es también consumida en su forma de “crack” o base libre, la biodisponibilidad en este caso varía hasta 57 %, pero con la particularidad de que el pico máximo plasmático se obtiene a los cinco minutos de su suministro al organismo.165 La cocaína es una droga dura del tipo de las euforizantes sin generar una dependencia física.166 En el caso de paralización del consumo no se genera el síndrome de abstinencia, pero sí la crisis de querencia, aparte de que el consumo dilatado de cocaína trae consigo graves riesgos y consecuencias (la dosis diaria puede oscilar de uno a diez gramos). El cocainómano, después de tomar la dosis, experimenta una sensación de euforia, de vigor (si sentía fatiga, ha sido superada), de mayor lucidez intelectual.167 Posterior a la euforia y a las sensaciones positivas, surgen en la persona que la utiliza una serie de efectos negativos como: cansancio, apatía y, por último, angustia.168 También se producen en ella, frecuentes estados alucinatorios con sensaciones táctiles de frío, electricidad, picazón y alteraciones en el sistema nervioso.169 Hay estudios que demuestran que alrededor de los diez años dependiendo de las dosis consumidas, el cocainómano tiene sus facultades absolutamente menoscabadas. Padeciendo, en ciertos periodos, desconcierto mental, agotamiento, desnutrición y perforación del tabique nasal.170 Por otra parte, es significativo resaltar que el nivel económico o la capacidad adquisitiva del usuario, condiciona de forma significativa el consumo de la cocaína. Dentro de un estudio realizado en Madrid a una muestra de estudiantes, se observó que el consumo ocasional se daba con mayor continuidad en los centros educativos estatales, mientras que el consumo diario o frecuente se ceñía más en los centros privados. De la misma forma, el análisis mostró evidencia de que dicho uso está relacionado con un deseo de manifestar un carácter extrovertido, ávido de relación social y sin mayores rasgos patológicos; es decir, un consumo por moda, por estética o por placer. En este estudio se destaca también la existencia de una elevada creación de tolerancia en los consumidores, contrariando, por una parte, a quienes le quitan riesgo al consumo de cocaína,171 y por otra, afirmando que su uso produce habituación rápida.172
c. MDMA o Éxtasis
La MDMA o 3,4-metilendioximetanfetamina, conocida como éxtasis,173 pertenece a las denominadas drogas de diseño.174 Es una droga impar debido a estar relacionada con la mezcalina y las anfetaminas175 cuya forma comercial o de venta en la calle, son los comprimidos y, en menor medida, las cápsulas (píldoras de diversos colores o cápsulas transparentes).176
Este estimulante sintético, asociado con ambientes de discotecas y modas musicales modernas, reproduce los efectos de otras drogas ilegales de amplio consumo.177 A partir de un suministro 75 a 100 mg (o a 1 mg/kg de peso) en el organismo, y después de media hora de su ingesta, se empiezan a sentir los efectos, alcanzando su fase más elevada al transcurrir una hora u hora y media, permaneciendo en ella aproximadamente durante dos horas.178 Dichos efectos consisten en cambios en el estado de ánimo (euforia, felicidad), energía, desinhibición, mayor sensualidad, elevación de la autoestima y mayor agresividad.179 Tales consecuencias del consumo de éxtasis pueden variar en función del contenido real de los comprimidos, las dosis de principio activo que lleven o las sustancias que se encuentren mezcladas. Los usuarios, en su mayoría, describen al éxtasis como una sustancia erótica, estimulante, que facilita la comunicación de emociones.
Por otro lado, sus efectos secundarios adversos son: boca seca, sensación de calor, insomnio, diaforesis, taquicardia, movimientos involuntarios de la mandíbula, escalofríos, espasmo, deseo de orinar, pérdida del sentido de la orientación, temblores, visión borrosa, náuseas, vómitos, movimientos involuntarios de los ojos y dificultad para coordinar los movimientos.180 El consumo de esta droga produce secuelas psicológicas, entre estas, destacan:
Agobio.
Pérdidas temporales de memoria.
Ansiedad.
Paranoia.
d. Heroína
La heroína es una droga alcaloide181 obtenida a través de complicados procesos de extracción de la morfina y su presentación es en forma de polvo blanco y amargo con propiedades sedantes y narcóticas.182 Es una sustancia depresora del sistema nervioso central cuya acción fundamental es la producción de analgesia. Por sus características estructurales es el estupefaciente que con mayor facilidad crea hábito.183 Se administra por vía intravenosa, fumada o inhalada,184 provocando en el individuo, un estado de placer y euforia, pero conforme mayor es su empleo, superiores son las dosis que necesita el organismo para obtener el mismo estado de bienestar.185 Su retirado uso ocasiona numerosas alteraciones, por lo que aquellos que de ella sufren adicción mantienen su consumo con el interés de evitar los efectos adversos más que de conseguir el estado inicial de euforia. La malnutrición, las complicaciones respiratorias y el descenso de la presión sanguínea, son algunos de los trastornos asociados a la adicción de este tóxico. La heroína es una droga muy potente que origina una dependencia mayor que la del opio o la morfina.186 Por otra parte, aun siendo un rasgo esencial de los efectos de la intoxicación por opiáceos, grupo al que pertenece la heroína, la atenuación de los impulsos agresivos en estadios avanzados, a medida que la sustancia va haciendo sus efectos, puede acelerar el estado anímico del individuo orientándolo hacia la labilidad emocional, la irritabilidad y a un estado de ansiedad que puede favorecer la aparición de comportamientos violentos.187 Además, el consumidor habitual de esta sustancia a los dos años de ingesta empieza a sufrir un cierto deterioro cerebral y depresiones recurrentes, estando con ello predispuesto a un proceso de degradación personal en el que sus intereses vitales se van estrechando —solo coexiste para conseguir la heroína—. Asimismo, si el proceso de efectos adversos se cumple, en su totalidad, puede presentar un imperioso comportamiento egoísta o egocéntrico que obstruye su proceso normal de socialización, razón por la cual es más propenso de incurrir en la realización de conductas delictivas.188
e. Alucinógenos
Entre los alucinógenos, llamados también ampliadores de la conciencia, se encuentran productos hipnóticos, psicodélicos (del griego delos, revelación espiritual), delirógenos y onirónos;189 es decir, todas aquellas sustancias que inducen la percepción subjetiva de un fenómeno irreal, o bien, que son capaces de ocasionar cambios en la conciencia, en la percepción, el ánimo y la conducta.190 Entre ellas se localiza a la psicocibina, mezcalina191 y el LSD-25 (por ser este último de gran consumo será el que se estudiará a mayor profundidad).
El LSD-25 es el alucinógeno de mayor potencia dentro de su especie y, por consecuencia, el que presenta mayores efectos.192 Es una sustancia de síntesis de la dietilamida del ácido lisérgico extraída del cornezuelo del centeno (un hongo que crece sobre el grano del centeno).193 Se muestra en forma de polvo cristalino, blanco e inodoro194 suministrándose al organismo casi siempre por vía oral, en forma de comprimidos, o bien, bañando una solución que lo contenga en un terrón de azúcar o en un trocito de papel secante o de tela. Con menos frecuencia, puede introducirse en el organismo por vía parental, mediante una inyección intramuscular o intravenosa. Cuando se toma por vía oral sus efectos se experimentan entre los 10 y 40 minutos después de su ingesta. En cambio, si se consume por vía parental los efectos demoran sólo diez minutos y en los casos de inyección intramuscular y de inyección intravenosa, se producen de forma inmediata. La duración de los efectos se prolonga de cuatro a diez horas, empleando un tiempo similar para que el organismo regrese a la normalidad.195 Sin embargo, como en los demás tóxicos, estos tiempos pueden variar según la dosis y el organismo de la persona.196El uso de este alucinógeno (LSD-25) provoca efectos físicos y alteraciones psíquicas.197 A diferencia de otras drogas el empleo de LSD-25 es más esporádico.198 De manera frecuente, se asocia con el consumo combinado con otras drogas, por lo que resulta poco probable que existan adictos puros a LSD-25.199 Algunos estudios han demostrado tolerancia cruzada entre LSD-25, mescalina, psilocibina, y psicodélicos (tipo anfetaminas).200 Asimismo, resultados de investigaciones arrojan que el LSD-25 puede producir ruptura cianosómica (semejante a la causada por radiaciones ionizantes) de manera periférica como en testículos y ovarios.201
f. Anfetaminas
Son productos que tienen como objetivo atenuar, mediante prescripción médica, ciertos malestares.202 La anfetaminas pertenece al grupo de los estimulantes,203 un conjunto de sustancias químicas que tienen como rasgo característico un efecto vivificante o incitante sobre el sistema nervioso central (estimulación, celeridad de los procesos creativos o imaginativos y brusquedad en la apreciación sensorial).204
Estas sustancias son ingeridas, –la mayoría de las veces–, en pequeños comprimidos o cápsulas, poco frecuente resulta su consumo a través de una inyección endovenosa. En estos casos, se tritura el tóxico hasta convertirlo en polvo que al punto se diluye en agua en ebullición, destilándose después con una tela o algodón para suministrarse al organismo por medio de una jeringa.205 En relación con los efectos que provoca en el individuo, está más que probado que cuando la persona incurre en un abuso de dichas sustancias, sufre de alteraciones notorias en su comportamiento (irritación, violencia, ímpetu, las más comunes).206 Su consumo durante largo tiempo puede ocasionar hipertensión y aceleraciónde palpitaciones cardiacas, patrones motrices involuntarios y convulsiones musculares. El adicto a estas sustancias sufre de insomnio, malnutrición y de otros trastornos como el tartamudeo, labios ásperos, úlceras de estómago y diarreas. En los casos de suministros de dosis en gran escala, el individuo puede sobrellevar un ataque cardiovascular seguido de un estado de coma que puede ocasionar la muerte. Aunque las anfetaminas en pequeñas dosis no acarrean dependencia física, aun en cantidades moderadas pueden ocasionar dependencia psicológica.207
g. Crack
Desde la bibliografía especializada se ha señalado que el crack no es —como algunos lo piensan— una cocaína sintética sino más bien cocaína en polvo cocinada con bicarbonato de sodio.208 Asimismo, por lo que toca a su fabricación, es oportuno señalar que es posible —y común— que los traficantes lo produzcan a través de un procedimiento que emplea una cuchara con la cocaína en polvo, cuya base es, por ejemplo, bicarbonato de sodio, agua y calor.209 Sin embargo, resulta pertinente precisar que el crack no puede considerarse equivalente a la pasta base (la cual sí se produce con un solvente orgánico como el keroseno).210 De hecho, el proceso aquí descrito se aprecia más similar —por su desarrollo— al de la cocaína en polvo.211El consumo de crack ocasiona cambios físicos y psicológicos, los primeros suelen manifestarse en resequedad bucal, aceleración de las palpitaciones cardiacas (hasta 140 pulsaciones por minuto), problemas para dormir, profusa sudoración y temblor en los miembros. Mientras que los segundos consisten en depresiones profundas, irritación, reacciones paranoicas y disminución del deseo sexual. El consumidor habitual de esta sustancia acude a la utilización intercalada de tranquilizantes, como la marihuana o alcohol, para disminuir sus estados de tensión, de ansiedad o para conciliar el sueño.212
C. Salud pública: bien jurídico tutelado en los delitos de drogas. Concepto, cuestionamientos y características
Previo al abordaje de este punto, es necesario precisar que un bien jurídico es una situación o hecho apreciado por el derecho. El término de situación se comprende, dentro de este marco, en sentido amplio, concibiendo no solo objetos (corporales y otros) sino también estados y procesos. Un bien se considera jurídico por el hecho de gozar de protección legal.213 Se puede decir que los bienes jurídicos son aquellos presupuestos que, en opinión del derecho, la persona necesita tanto para su autorrealización como para el desarrollo de su personalidad.214 También, detentan tal cualidad o distinción determinadas condiciones sociales que, en consideración de la norma, requiere una sociedad para subsistir en forma armónica.215 A los primeros se les conoce como bienes jurídicos individuales, mientras que a los segundos se les denomina bienes jurídicos colectivos.216
En nuestro país, el Código Penal Federal (CPF) distingue entre delitos que atentan de forma directa o ponen en peligro, bienes jurídicos individuales (como la vida, la salud, la integridad corporal, la libertad) y los delitos que lesionan los bienes jurídicos colectivos (como la salud pública, el orden socio-económico, la hacienda pública).217 Con tales prohibiciones se intenta proteger, en su conjunto, las relaciones, derechos u objetos, que son el sentido y la finalidad de las proposiciones jurídico penales.218 Delimitando la atención en el análisis de bien jurídico, la doctrina penal clásica —y mayoritaria— considera que el bien jurídico protegido en los tipos penales que sancionan el tráfico de drogas no es otro que la salud pública, colectiva y comunitaria, que puede ser amenazada, o ponerse en peligro, por la difusión de determinadas sustancias ilícitas.219 Además, interpreta que la vulneración de esa salud, difusa en principio, sobrevendrá a través de las incidencias que el uso de las referidas sustancias suponga en la salud individual de los integrantes de la comunidad. No obstante, con ello nace el problema de definir el contenido exacto o materialmente perceptible de salud pública.220
Con relación con lo señalado en el párrafo que antecede, la salud pública tiene que ser algo distinto a la suma de las saludes individuales. Sin embargo, resulta complicado asignarle algún contenido sin tener de referencia el concepto de salud individual, al que se interpreta debe ir referido.221 La salud pública en la que se protegen los delitos de tráfico de drogas debe ser entendida como un bien jurídico que se levanta sobre la suma de la salud de cada uno de los individuos. No obstante, cobra independencia hasta el punto de que para entender como afectado el bien jurídico salud pública no es preciso constatar siquiera la afección negativa a la salud individual.222
Desde el ámbito jurisdiccional se interpreta que la protección de la salud es un objetivo legítimo que el Estado debe salvaguardar toda vez que se está ante un derecho fundamental reconocido en el artículo 4o. de la Constitución Política de los Estados Unidos (CPEUM) que prescribe, esencialmente, que toda persona tiene derecho a la protección de la salud. Asimismo, desde esta visión jurisprudencial, se considera la atmósfera social o pública del derecho a la salud es obligación del Estado. Por ello, es su obligación resolver las problemáticas que dañen a la salud de la sociedad en general. Sustenta lo anterior la tesis de jurisprudencia 1a./J. 8/2019 (10a.), de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, publicada en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, el 22 de febrero de 2019, cuyo texto señala que:
DERECHO A LA PROTECCIÓN DE LA SALUD. DIMENSIONES INDIVIDUAL Y SOCIAL. La protección de la salud es un objetivo que el Estado puede perseguir legítimamente, toda vez que se trata de un derecho fundamental reconocido en el artículo 4o. constitucional, en el cual se establece expresamente que toda persona tiene derecho a la protección de la salud. Al respecto, no hay que perder de vista que este derecho tiene una proyección tanto individual o personal, como una pública o social. Respecto a la protección a la salud de las personas en lo individual, el derecho a la salud se traduce en la obtención de un determinado bienestar general integrado por el estado físico, mental, emocional y social de la persona, del que deriva otro derecho fundamental, consistente en el derecho a la integridad físico-psicológica. De ahí que resulta evidente que el Estado tiene un interés constitucional en procurarles a las personas en lo individual un adecuado estado de salud y bienestar. Por otro lado, la faceta social o pública del derecho a la salud consiste en el deber del Estado de atender los problemas de salud que afectan a la sociedad en general, así como en establecer los mecanismos necesarios para que todas las personas tengan acceso a los servicios de salud. Lo anterior comprende el deber de emprender las acciones necesarias para alcanzar ese fin, tales como el desarrollo de políticas públicas, controles de calidad de los servicios de salud, identificación de los principales problemas que afecten la salud pública del conglomerado social, entre otras.223
Si bien es cierto —en lo señalado hasta este punto— existe un consenso mayoritario, firme en la doctrina penal, sobre la naturaleza y alcances del bien jurídico salud pública, así como criterios judiciales que justifican su protección por parte del Estado, tal circunstancia no ha impedido que se presenten interesantes cuestionamientos doctrinales sobre la legitimidad o, por lo menos, la credibilidad de dicho bien jurídico tutelado en los delitos de tráfico de drogas. En este sentido, se destacan dos argumentos que se presentan a continuación:
1 Frente a la permisión que se tiene ante el alcohol y el tabaco, así como a otras sustancias permitidas, que generan miles de muertes y gastos millonarios en materia sanitaria, la prohibición de determinadas drogas (por ejemplo, la marihuana) con el argumento de que se siguen criterios que tutelan la salud pública o salud social, es, en el más objetivo de los casos, poco creíble.224
2 Resulta muy debatible, desde el punto de vista cultural y antropológico, la prohibición de determinadas sustancias psico-activas mientras no se determinen, con transparencia, mediante un consenso internacional, los criterios médico-sanitarios que fueron considerados para decretar las drogas que, desde la normatividad jurídico penal y administrativa, son lícitas y cuáles ilícitas.
D. Nuevos criterios judiciales con relación al consumo de mariguana
A manera de antecedente, es necesario precisar que clásicos del Derecho han señalado que la jurisprudencia representa, en esencia: “[…] las interpretaciones y consideraciones jurídicas integrativas uniformes que hace una autoridad judicial designada para tal efecto por la ley, respecto de uno o varios puntos de derecho especiales y determinados que surgen en un cierto número de casos concretos semejantes que se presenten”.225 Lo anterior, en el entendido que “[…] dichas consideraciones e interpretaciones son obligatorias para los inferiores jerárquicos de las mencionadas autoridades y que expresamente señale la ley”.226 También, obviamente, hay que añadir que la jurisprudencia tiene una importante función integradora “[…] mediante la interpretación que del orden jurídico hacen los tribunales creando auténticas disposiciones que complementan las leyes y reglamentos”.227 Centrando la atención en los propósitos del presente trabajo, el viernes 22 de febrero de 2019, se publicaron en el Semanario Judicial de la Federación diversas tesis jurisprudenciales de la Suprema Corte de Justicia en materia de consumo lúdico de marihuana, mismas que adquirieron carácter de obligatorias a partir del siguiente lunes 25 de febrero. Dichas tesis jurisprudenciales —de obligada observancia— muestran nuevos paradigmas y pronunciamientos judiciales con relación al uso de la mariguana. En este sentido, por sus repercusiones en el tratamiento jurídico que se dará a comportamientos vinculados con esta droga, se analizarán algunos de esos criterios a fin de comprender la nueva perspectiva judicial.
En este orden de ideas, en principio, se aborda el hecho de que si bien, desde la perspectiva jurisprudencial, no se cuestiona la validez de las normas que sancionan la difusión ilícita de la marihuana ni la finalidad de protección a la salud de los consumidores de esta droga, se presentan algunos aspectos no resueltos tales prescripciones normativas. Con relación a este punto, se interpreta que el test de proporcionalidad, que se debe cuidar al prescribir una norma que restringe derechos y libertades, no se cubre en el caso concreto.228 Es decir, que la prohibición absoluta del consumo lúdico de marihuana, prevista en los artículos 235, último párrafo, 237, 245, fracción I, 247, último párrafo, y 248 de la Ley General de Salud (LGS) no cubre, entre otros aspectos como idoneidad y necesidad, el estándar de la proporcionalidad en sentido estricto. En tal sentido se pronuncia la tesis de jurisprudencia 1a./J. 7/2019 (10a.) de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, publicada en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, el 22 de febrero de 2019, cuyo texto señala que:
PROHIBICIÓN ABSOLUTA DEL CONSUMO LÚDICO DE MARIHUANA. ÉSTA PERSIGUE FINALIDADES CONSTITUCIONALMENTE VÁLIDAS. La finalidad de la prohibición absoluta del consumo lúdico de marihuana prevista en los artículos 235, último párrafo, 237, 245, fracción I, 247, último párrafo, y 248 de la Ley General de Salud, consiste en proteger la “salud” y el “orden público”, puesto que de una interpretación sistemática del ordenamiento, así como de los distintos procesos de reforma a la ley, puede desprenderse que el legislador tuvo la intención de procurar la salud de los consumidores de drogas y proteger a la sociedad de las consecuencias perniciosas derivadas del consumo de drogas, dado que se ha considerado que esta actividad tiene efectos nocivos tanto para el consumidor como para la sociedad en general. Al respecto, hay que destacar que ambas finalidades son constitucionalmente válidas. Por un lado, es evidente que la protección de la salud es un objetivo que legítimamente puede perseguir del Estado, toda vez que se trata de un derecho fundamental reconocido en el artículo 4o. constitucional, en el cual se establece expresamente que toda persona tiene derecho a la protección de la salud. Por otro lado, la Constitución reconoce como interés legítimo del Estado la protección del conglomerado social. Así, no hay duda de que resulta de orden público la persecución de objetivos sociales colectivos a través de decisiones legislativas o políticas públicas. No obstante, lo anterior, conviene precisar que el test de proporcionalidad no se satisface únicamente con verificar que la medida legislativa persiga finalidades válidas, sino que además es preciso que la misma sea idónea, necesaria y proporcional en sentido estricto.
Por otra parte, se interpreta que no existe proporcionalidad en la LGS si se considera que la marihuana produce efectos adversos a la salud similares por su intensidad a los que ocasiona el tabaco229 o el alcohol,230 aunque muy distintos a los que ocasionan otros estupefacientes y psicotrópicos. Además, la marihuana provoca los mismos problemas respiratorios que cualquier otra sustancia fumada y resulta menos perjudicial que otras sustancias como el opio, las anfetaminas y los barbitúricos. Aunado a que las implicaciones sobre la salud y las consecuencias sociales reportadas por quienes buscan controlar su consumo son mucho menos graves que aquellas registradas por personas adictas a otras sustancias, como el opio o el alcohol. No obstante, obviando las similitudes en cuanto a los daños que produce la marihuana, el tabaco y el alcohol, el legislador nacional diseñó un “régimen de permisión controlada” para el consumo de estas dos últimas drogas.231 Bajo esa óptica se puede aprecia la tesis de jurisprudencia 1a./J. 9/2019 (10a.) de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, publicada en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, el 22 de febrero de 2019, en cuyo cuerpo se expone que:
PROHIBICIÓN ABSOLUTA DEL CONSUMO LÚDICO DE MARIHUANA. NO ES UNA MEDIDA PROPORCIONAL PARA PROTEGER LA SALUD Y EL ORDEN PÚBLICO. En la cuarta y última etapa del test de proporcionalidad, corresponde comparar el grado de intervención en el derecho fundamental frente al grado de satisfacción de la finalidad constitucional perseguida. En este contexto, en el caso de la prohibición absoluta al consumo lúdico de la marihuana contenida en los artículos 235, último párrafo, 237, 245, fracción I, 247, último párrafo, y 248 de la Ley General de Salud, corresponde contrastar la eficacia con la que el “sistema de prohibiciones administrativas” consigue proteger la salud de las personas y el orden público, frente al nivel de afectación que esa misma medida provoca en el contenido prima facie del derecho al libre desarrollo de la personalidad. Así, en claro contraste con las escasas afectaciones en la salud y el orden público que protege la prohibición aludida, se ubica la intensa afectación al derecho al libre desarrollo de la personalidad que supone dicha medida legislativa. Desde este punto de vista, la afectación al libre desarrollo de la personalidad que comporta este “sistema de prohibiciones administrativas” puede calificarse como muy intensa, pues consiste en una prohibición prácticamente absoluta para consumir la marihuana y realizar las actividades relacionadas con el autoconsumo de ésta, de tal manera que suprime todas las posiciones jurídicas en las que podría ejercerse el derecho. En tal sentido, la medida analizada no se circunscribe a regular la forma y lugar en que pueden realizarse dichas actividades atendiendo a las finalidades constitucionalmente válidas que efectivamente tienen esos artículos, como podría haberlo hecho el legislador, sino que directamente prohíbe todas esas conductas. Consecuentemente, el “sistema de prohibiciones administrativas” ocasiona una afectación muy intensa al derecho al libre desarrollo de la personalidad en comparación con el grado mínimo de protección a la salud y al orden público que alcanza dicha medida.
Aunado a lo señalado con relación a la falta de proporcionalidad de la medida prohibición absoluta del consumo lúdico de marihuana, habría que agregar que los nuevos criterios judiciales consideran que no es idónea y necesaria para proteger la salud y el orden público. En este sentido, se llega a tal conclusión porque existen alternativas igualmente idóneas para salvaguardar, con niveles muy aceptables, la salud de los consumidores y proteger a la sociedad, sin ser tan lesivas para el consumidor de estas sustancias.232 Con este criterio se puede invocar la tesis de jurisprudencia 1a./J. 25/2019 (10a.), de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, publicada en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, el 6 de marzo de 2019, la que determina que:
PROHIBICIÓN ABSOLUTA DEL CONSUMO LÚDICO DE MARIHUANA. NO ES UNA MEDIDA NECESARIA PARA PROTEGER LA SALUD Y EL ORDEN PÚBLICO. La prohibición absoluta del consumo lúdico de la marihuana prevista por los artículos 235, último párrafo, 237, 245, fracción I, 247, último párrafo, y 248 de la Ley General de Salud, no constituye una medida necesaria para proteger los fines constitucionales que persigue el legislador, toda vez que existen medidas alternativas que son igualmente idóneas para alcanzar dichos fines, pero que afectan en menor grado el derecho al libre desarrollo de la personalidad. En efecto, el sistema de prohibiciones administrativas configurado por los artículos impugnados prohíbe una “clase genérica de actos” (cualquier acto de consumo), mientras que una medida alternativa podría implicar únicamente prohibir “una subclase más específica” de esos actos (actos de consumo en circunstancias específicas). En este orden de ideas, la medida legislativa impide el consumo de marihuana en cualquier circunstancia, cuando para alcanzar los fines que pretende podría limitarse a desalentar ciertas conductas o a establecer prohibiciones en supuestos más específicos, como manejar vehículos o instrumentos peligrosos bajo los efectos de la sustancia, consumirla en lugares públicos o inducir a terceros a que también la consuman. Dicho de otro modo, el “sistema de prohibiciones administrativas” configurado por los artículos que prohíben de forma absoluta el consumo lúdico de la marihuana es altamente suprainclusivo, al regular circunstancias que no encuentran fundamento en la protección de los derechos de terceros o del orden público. Consecuentemente, se trata de una medida innecesaria en la consecución de su fin.
En otro sentido, con independencia a lo analizado hasta este momento, seguramente, lo más importante de resaltar sea que tales disposiciones legales estiman inconstitucional la prohibición absoluta del consumo lúdico de la mariguana previsto artículos 235, último párrafo, 237, 245, fracción I, 247, último párrafo, y 248 de la LGS. Ello por estimarse, aparte de innecesaria, que atentan contra el derecho humano al libre desarrollo de la personalidad. Tal derecho es concebido como el reconocimiento y pleno respeto del Estado sobre la facultad natural de toda persona a ser individualmente como quiere ser, sin que exista ningún tipo de coacción o controles injustificados, con la finalidad de que pueda cumplir las metas u objetivos que se ha fijado, acorde a sus creencias, valores, ideas, expectativas, gustos, intereses.233 Dicho criterio lo soporta la tesis 1a./J. 10/2019 (10a.) de jurisprudencia de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, publicada en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, el 22 de febrero de 2019, cuyo texto señala que:
INCONSTITUCIONALIDAD DE LA PROHIBICIÓN ABSOLUTA AL CONSUMO LÚDICO O RECREATIVO DE MARIHUANA PREVISTA POR LA LEY GENERAL DE SALUD. Los artículos 235, último párrafo, 237, 245, fracción I, 247, último párrafo, y 248, todos de la Ley General de Salud, en las porciones normativas que establecen una prohibición para que la Secretaría de Salud emita autorizaciones para realizar las actividades relacionadas con el autoconsumo con fines lúdicos o recreativos – sembrar, cultivar, cosechar, preparar, poseer y transportar– del estupefaciente “cannabis” (sativa, índica y americana o marihuana, su resina, preparados y semillas) y del psicotrópico “THC” [tetrahidrocannabinol, los siguientes isómeros: ?6a (10a), ?6a (7), ?7, ?8, ?9, ?10, ?9 (11) y sus variantes estereoquímicas], en conjunto conocido como “marihuana”, son inconstitucionales, toda vez que provocan una afectación innecesaria y desproporcionada en el derecho al libre desarrollo de la personalidad. En efecto, la medida no es necesaria debido a que existen medios alternativos a la prohibición absoluta del consumo lúdico de marihuana que son igualmente idóneos para proteger la salud y el orden público, pero que afectan en menor grado al derecho fundamental en cuestión; asimismo, la ley ocasiona una afectación muy intensa al derecho al libre desarrollo de la personalidad, en comparación con el grado mínimo de protección a la salud y al orden público que alcanza dicha medida.
Complementando lo precedente, la experiencia empírica ha mostrado que la decisión de fumar marihuana puede obedecer a distintas finalidades, entre estas se encuentran: a) como sustancia que proporcione el alivio de la tensión; b) la intensificación de algunas percepciones creativas o lúdicas; c) como vehículo para acceder a nuevas experiencias personales y espirituales. En realidad, algunas de estas experiencias son de las más personales —e íntimas— que una persona pueda experimentar. En este sentido, los artículos de LGS que se han analizado en los últimos párrafos representan una barrera jurídica para este tipo de actividades recreativas o lúdicas y, por ende, al derecho al libre desarrollo la personalidad. En esta postura se localiza la tesis de jurisprudencia 1a./J. 3/2019 (10a.) de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, publicada en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, el 22 de febrero de 2019, que establece lo que se presenta a continuación:
DERECHO AL LIBRE DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD. LA PROHIBICIÓN PARA EL AUTOCONSUMO DE MARIHUANA CONTENIDA EN LA LEY GENERAL DE SALUD INCIDE PRIMA FACIE EN EL CONTENIDO DE DICHO DERECHO FUNDAMENTAL. Esta Primera Sala entiende que el derecho fundamental al libre desarrollo de la personalidad permite, prima facie, que las personas mayores de edad decidan sin interferencia alguna qué tipo de actividades recreativas o lúdicas desean realizar, así como llevar a cabo todas las acciones o actividades necesarias para poder materializar dicha elección. De esta manera, la elección de alguna actividad recreativa o lúdica es una decisión que pertenece indudablemente a la esfera de autonomía personal que debe estar protegida por la Constitución. Esa elección puede incluir la ingesta o el consumo de sustancias que produzcan experiencias que en algún sentido «afecten» los pensamientos, las emociones y/o las sensaciones de la persona. En esta línea, se ha señalado que la decisión de fumar marihuana puede tener distintas finalidades, entre las que se incluyen el alivio de la tensión, la intensificación de las percepciones o el deseo de nuevas experiencias personales y espirituales. Estas experiencias se encuentran entre las más personales e íntimas que alguien pueda experimentar, de tal manera que la decisión de un individuo mayor de edad de «afectar» su personalidad de esta manera con fines recreativos o lúdicos se encuentra tutelada prima facie por el derecho al libre desarrollo de ésta. Así las cosas, esta Primera Sala concluye que la prohibición contenida en los artículos 235, último párrafo, 237, 245, fracción I, 247, último párrafo, y 248 de la Ley General de Salud, efectivamente incide en el contenido prima facie del derecho fundamental en cuestión, toda vez que constituye un obstáculo jurídico que impide ejercer el derecho a decidir qué tipo de actividades recreativas o lúdicas se desean realizar, al tiempo que también impide llevar a cabo lícitamente todas las acciones o actividades necesarias para poder materializar esa elección a través del autoconsumo de la marihuana: siembra, cultivo, cosecha, preparación, acondicionamiento, posesión, transporte, etcétera.
Para finalizar, con gran influencia y apoyándose en gran medida en los razonamientos judiciales entorno al consumo lúdico de mariguana, y diversos relativos al libre ejercicio de la personalidad, resulta oportuno informar que, de manera reciente, se otorgó a un quejoso la autorización para consumo personal y lúdico de cocaína (éster metílico de benzoilecgonina) y demás actos correlativos al autoconsumo.234 Tal resolución judicial le autoriza al mismo la posesión, transporte, empleo y uso de cocaína. Sin embargo, en todo momento y bajo cualquier hipótesis excluye la posibilidad de que el quejoso pueda llevar a cabo actos de comercio como distribución, enajenación y transferencia.235
5. Drogas prohibidas: delincuencia organizada vinculada a su difusión internacional
Debemos desconfiar mucho de las soluciones
sencillas cuando se trata de problemas complejos.
Concepción Arenal.
A. Aspectos preliminares
En el mundo actual, en el contexto de la denominada globalización,236 las drogas constituyen uno de los productos que cuenta con un gran número de destinatarios (200 millones) —incluido un número determinado de usuarios dependientes—. Tal cantidad de consumidores, por sí mismo, representa una situación ideal para desarrollar un mercado ilícito muy lucrativo.237 A lo que se tendría que agregar que la producción ilegal de narcóticos hoy se ha transformado en una industria trasnacional de gran importancia para la economía de los países en vías de desarrollo.238 Al grado que millones de agricultores se verían afectados en sus rentas si los mercados de cocaína, heroína y marihuana desaparecieran.239
Con relación a lo anterior, la participación y protagonismo de las mafias en el comercio ilegal de drogas se ha convertido en uno de los elementos criminógenos más característicos —y preocupantes— de este fenómeno criminal. Sin la presencia de tales organizaciones criminales, posiblemente, no se podría explicar el relativo éxito actual del tráfico de drogas y, por ende, su naturaleza, dimensión real, crecimiento internacional y peligrosidad. Por tal motivo, las más importantes organizaciones de delincuencia organizada serán materia de estudio.
B. Organizaciones de delincuencia organizada de Europa
a. Mafia siciliana 240
Organización secreta de tipo criminal regida por un preciso código de silencio241 y en la que todavía subsisten determinados dispositivos feudales. Surgida en el siglo xv, ha promovido numerosas campañas de desorden y violencia en Sicilia, evolucionando hasta nuestros días y transformándose dado sus circunstancias históricas. Actualmente, se caracteriza por constituirse en una estructura unitaria sustentada en la base familiar.242 Cada familia elige a un jefe, quien es el que asigna funciones y distribuye beneficios obtenidos por las actividades ilícitas a los miembros del grupo.243 A su vez, entre todos los jefes de familia se escoge a un encargado de zona, quien será su representante ante los máximos órganos de la organización criminal.244
En sus orígenes, sus principales actividades eran la extorsión —por medio de la fuerza y amenaza— a propietarios de bares, tiendas y centros de prostitución. Después, formaron sus propios establecimientos a los que traían a mujeres de otros países para que sirvieran a los prostíbulos, implicándose con ello también en la trata de blancas. Un elemento importante en la expansión e influencia de estos grupos criminales fue la prohibición de alcohol en Estados Unidos, situación que incitó a estos clanes mafiosos a empezar a trabajar en la introducción y distribución ilícita de este producto en esa nación.245 No obstante, lo que le ofrecería la consolidación en su crecimiento económico y político fue su inmersión en el tráfico ilícito de estupefacientes, lo cual inicia poco después de terminar la Segunda Guerra Mundial cuando la organización estaba al mando —entre otros— de Lucky Luciano.246 A lo largo de la década los años setenta y en al principio de la siguiente, las mafias sicilianas consiguen el tener la hegemonía del tráfico internacional de drogas que proviene de los países de Medio y Extremo Oriente hasta Europa y Estados Unidos.247Se puede afirmar que la subsistencia de la mafia siciliana radica en su gran capacidad de adaptación a los tiempos que corren y a los diversos contextos sociales, sin abandonar por ello sus raíces.248 Esta forma de arraigarse en la madre-patria se fusiona con el sentido de apertura necesario para explotar las incontables oportunidades que les ofrece la sociedad contemporánea.249
b. La N’Drangueta 250
La sede de esta organización criminal se localiza en Calabria,251 provincia italiana donde se realizaban, en un inicio, sus operaciones.252 Se conforma estructuralmente, al igual que la mafia siciliana, en grupos de familia. Sus miembros son reclutados entre personas unidas por vínculos de parentesco —sea de consanguinidad o afinidad.253
Esta organización criminal en la actualidad sostiene, con relativo éxito, una serie de actividades ilícitas vinculadas con el robo y el secuestro, logrando acuñar una importante influencia en significativos rubros económicos y del sector estatal italiano.254 Desde la década de los años ochenta ha llevado a cabo operaciones de control de mercados, explotación de recursos públicos, en algunos sectores de la construcción y en el tráfico ilícito de estupefacientes.255 Dentro de este último rubro tienen controlada, de manera parcial, la ruta británica que transporta drogas a través de Europa Oriental a los mercados clandestinos de sustancias tóxicas de la Europa Occidental.256
c. La Cam orra napolitana 257
Esta es una organización criminal de tipo horizontal extendida por Campania258 y conformada por una serie de organizaciones locales. En sus inicios, percibía importantes beneficios económicos realizando actividades de extorsión. Desde sus orígenes su combate por parte de las autoridades de Nápoles ha resultado de gran dificultad debido a que pocas personas se atreven a denunciarlo y, sobre todo, porque ese delito ha sido asumido socialmente por los pobladores de esta región italiana.259 A principios de la década de los años sesenta la organización se involucró en el tráfico internacional de tabaco y drogas tóxicas. Durante esa época se integra a la organización Cuotolo (conocido como il profesore o el padrino) que junto con otros italonorteamericanos participan en el nacimiento de una nueva camorra, la Nuova Camorra Organizzata.260En la actualidad, la organización criminal pertenece a varios clanes dueños de varios establecimientos públicos, empresas y firmas fantasmas que les ayudan a mezclarse en comercio de pescado, carne, ropa y calzado. Gracias al tráfico ilícito de estupefacientes, la organización criminal ha logrado rebasar sus fronteras operando en países como Alemania y Austria.261Asimismo, es la encargada de organizar el transporte de cocaína procedente de Colombia.262
C. Organizaciones de delincuencia organizada de Asia
a. Tríadas 263
Esta forma de sociedades secretas son antiguas organizaciones criminales chinas que se identifican por el voto de silencio al que están obligados sus miembros, quienes además deberán pasar una elaborada iniciación y mantener un uso ritual de símbolos, contraseñas y gestos como modo de reconocimiento entre ellos. Las Tríadas han tenido una importante participación en la mayoría de las rebeliones o luchas dinásticas más trascendentes de la historia china.264 Al término de las luchas que les dieron su origen, las Tríadas se convirtieron en el centro del crimen organizado tanto en su propio país como en las comunidades chinas radicadas en el extranjero. El tráfico de drogas —opio—,265 así como el comercio a Estados Unidos de mano de obra barata —en condiciones infrahumanas—, forman parte fundamental de sus inicios como una organización criminal.266A las Tríadas chinas hoy, se les considera como uno de los grupos criminales más herméticos debido a sus estrictas pautas de comportamiento interno, lo cual dificulta la penetración para las autoridades policiales y por tanto su captura. Dentro del continente europeo realizan operaciones ilegales en las principales ciudades del Reino Unido, en la capital holandesa y en España.267 Su principal fuente de ingresos deriva del comercio ilícito de heroína proveniente del Triángulo Dorado del sudeste asiático, así como también del tráfico ilegal de mano de obra y el blanqueo de capitales por medio de restaurantes chinos, tiendas de video, clubes de juego, entre otros.268
b. Boryokudan 269
En Japón, las sociedades nacionalistas surgieron durante el siglo xix como reacción a los Tokugawa —dinastía de shogunes japoneses que gobernaron el país desde 1603 hasta 1867. Tras la era de la restauración Meiji —revolución acaecida en Japón que derrocó a ese imperio, en la cual se restauró el dominio imperial y se convirtió al estado feudal de Japón en un estado moderno—, algunas de estas uniones, como la Sociedad del Dragón Negro, fueron decisivas para alentar el militarismo japonés. De estos grupos provienen las Boryokudan, cuyos miembros son conocidos como yakuzas,270 a las que se les considera entre las hermandades criminales más sangrientas y peligrosas a nivel mundial.271
Entre las organizaciones criminales japonesas —o Boryokudan— más importantes se identifican el Yamaguchi-Gumi, el Sumyoshi-Kai, el Inagawa-Kail. Clanes criminales que se dedican —entre otras actividades ilegales— al lavado de dinero, contrabando de armas e introducción en negocios legítimos; ilícitos que —en opinión del FBI— les dejan ganancias millonarias en los Estados Unidos.272 Sin embargo, todo parece indicar que su especialidad criminal no es ninguna de las mencionadas sino el mercado negro de las drogas tóxicas, en especial, el de las anfetaminas como el speed y meth.273
c. Mafia rusa
Las primeras estructuras mafiosas rusas surgen en la década de los años ochenta a raíz de las reformas políticas incluidas en la Perestroika, aprovechando las lagunas jurídicas que surgieron del proceso de transición del régimen comunista al sistema capitalista.274 De esta forma, pegadas al proceso de privatización estatal, de creación de la propiedad privada y de una nueva forma de repartición de la riqueza, emergen diversas acciones criminales efectuadas por organizaciones de delincuencia organizada,275 mismas que encuentran en este tipo de sistema económico grandes oportunidades para el desarrollo de actividades ilícitas que les generen ganancias millonarias.276
En poco tiempo, beneficiándose de la nueva realidad en Rusia, estos grupos criminales adquirieron una gran influencia en el país.277 Lo anterior lo lograron a través de su infiltración en todos los ámbitos comerciales, utilizando métodos que van desde la presión continuada sobre los funcionarios del gobierno y banqueros, hasta los secuestros, asesinatos y ataques a las familias. Algunas de sus actividades ilícitas son el contrabando de metales preciosos, delitos con tarjetas de crédito y cheques, fraudes —en la inmigración, en seguros médicos o en telecomunicaciones—, robo de coches de lujo, asesinatos a sueldo, espionaje industrial, malversación de la propiedad estatal, prostitución y trata de blancas, tráfico ilícito de estupefacientes y de armas,278 así como el blanqueo de capitales.279La mafia rusa en estos momentos se encuentra en plena expansión mundial y ya realiza operaciones en países como Alemania, Austria, Suiza, Estados Unidos, Canadá y algunas naciones latinoamericanas.280 En España también hay indicios de su presencia, donde sus operaciones se han centrado en el ramo de la construcción, el cual utilizan como tapadera para el lavado de sus capitales ilegales. En las Islas Canarias y en ciudades como Alicante y Málaga se ha comprobado la existencia de operaciones de estas organizaciones criminales.281
D. Organizaciones de delincuencia organizada de América
La Cosa Nostra 282
Esta organización de origen siciliano, además del desarrollo que ha tenido en su propia nación, también ha conquistado y evolucionado un territorio tan distante a su país como lo es la Unión americana.283 A finales del siglo xix unos tres millones de emigrantes italianos llegaron a ese país del norte de América procedentes del viejo continente. La miseria, el hacinamiento, la ignorancia, el olvido de sus compatriotas y la indiferencia de las autoridades los llevó a una situación de indefensión ante especuladores y malhechores de origen siciliano,284 quienes aprovechando esa situación marginal de los nuevos pobladores, los explotaron y chantajearon por medio de la mano negra285 y otras formas de extorsión, todo esto, dentro de las barriadas o aldeas urbanas italianas.286 Estos grupos de delincuentes para antes de la guerra de Secesión ya habían logrado convertirse en poderosas organizaciones criminales. De la unión de algunos de sus dirigentes —capos, padrinos y mafiosos— quienes se insertaron con los boss nació en Norteamérica la Cosa Nostra.287 Sin embargo, no hay una claridad total acerca de si es o parte de la que se encuentra en Sicilia.288
Con la famosa prohibición del alcohol la organización —para su desarrollo y evolución—protagonizó actividades criminales aprovechando el mercado ilícito que se propició, teniendo entre sus principales promotores a Al Capone.289 Al término de la prohibición, la formación delictiva se involucró en el tráfico de heroína y en una explotación intensa del mercado de la prostitución y los juegos ilegales.290 Para finales de la década de los años setenta este clan mafioso se encargaba del contrabando de cigarrillos, cosméticos, electrónicos, además del juego clandestino, la extorsión, los secuestros, el negocio de la construcción y la protección a comerciantes y empresarios.291 En la actualidad, la Cosa Nostra es la organización criminal organizada más poderosa de Estados Unidos.292 La anterior es la opinión de los miembros del Programa Crimen Organizado y Drogas del FBI, los que aprecian a este grupo mafioso como el más temible clan criminal que opera en su territorio.293 Sus operaciones en ese país se caracterizan, entre otras cosas, por compra de protección oficial, utilización de extorsión sistemática, control de sindicatos, influencia en diversos sectores empresariales, destacada participación en el tráfico de drogas, asesinatos, juegos ilícitos de azar, corrupción, lavado de dinero y otra serie de actividades prohibidas. Es difícil la captura y encarcelamiento de sus cabecillas debido a que estos no participan directamente en la comisión de los delitos. 294
b. C árteles de la droga (Colombia)
Tienen su origen en Colombia, son grandes refinadores y transportadores de la hoja de coca procedente de sus propias regiones y de la que proviene de Perú y Bolivia,295 países con los que forma el denominado: “triángulo blanco.296 Estas organizaciones son, sin duda, auténticos cárteles en el sentido económico, pueden ser considerarlos grandes empresas —o corporaciones—, ya que están organizadas en torno a secciones independientes entre sí, subordinadas a un mando central y con un profundo grado de división del trabajo siendo capaces de controlar e imponer los precios de la cocaína.297 Dentro de tales alineaciones criminales los más poderosos son los cárteles de Medellín y Cali, que siguen fungiendo como el arquetipo de estos clanes mafiosos. Junto a ellos han surgido organizaciones similares en otros países de América Latina, las que en poco tiempo han logrado hacerse de un gran acopio de poder e influencia en sus regiones y en el mercado negro de la cocaína.298 Lo más característico de estos consorcios criminales no es la jerarquía sino la cooperación.299 El cártel viene a ser un pacto intergrupal para evitar piques y conflictos entre los diversos grupos de narcotraficantes, así como un instrumento para controlar el valor de la droga en el mercado.
Con el clan Pablo Escobar Gaviria300 —y otros grupos de narcotraficantes dirigidos por capos como Fabio Ochoa o Rodríguez Acha (el mexicano) —301 los cárteles lograron un poder sin precedentes es la historia de América Latina.302 Para lograr ese nivel, dichas estructuras delictivas realizaron varias estrategias operativas como la compra de grandes extensiones de tierra, lazos con el poder político mediante personas corruptibles, proselitismo social,303 creación de ejércitos privados con sofisticadas armas y medios de comunicación —algunos de estos criminales estaban entrenados por veteranos de guerra israelíes—, reclutamiento de grupos de sicarios (matones jóvenes, provenientes de los barrios más pobres) y asesinos que procedían de la guerrilla. Todo ello les sirvió para hacerse omnipotentes en su país por más de una década y controlar el mercado de la droga en América del Sur, en Estado Unidos304 —en calidad del mayor mercado de consumo en el mundo— y, en menor escala, el de Europa.305
E. Organizaciones de delincuencia organizada mexicanas que trafican con drogas prohibidas (cárteles)
a. Contexto que ha facilitado su proliferación
En México vive una realidad muy particular,306 en un contexto distinto a cualquier otra latitud del planeta,307 en la que sobresale una frontal “lucha” contra poderosos —e implacables— cárteles de drogas. Este combate, que se ha agudizado en los últimos años, se lleva a cabo dentro escenario nacional adverso caracterizado, entre otros aspectos, por circunstancias que se precisan a continuación:
Incipiente desarrollo democrático308
Desconfianza sobre la real independencia de las instituciones de justicia309
Subdesarrollo crónico en las policías federales, estatales y municipales310
Sensación de inseguridad y elevadas tasas de impunidad311
Asesinatos relevantes no resueltos312
Corrupción millonaria en todos los ámbitos del gobierno.Escándalos mediáticos de alcance nacional relacionados a lavado de dinero con recursos de procedencia ilícita313
Grave crisis en materia de derechos humanos314
Distribución desproporcional de la riqueza.Una sociedad poco organizada en lo político y en social315
Cambio de modelo de justicia penal con profundos retos normativos, estructurales y culturales316
Una imagen desacreditada del titular del Ejecutivo Federal (el Presidente de la República)317
En una compleja realidad apenas descrita, difícilmente, un ciudadano mexicano promedio puede tener claro hasta qué punto los cárteles de drogas —que delinquen en el país— tiene uno de sus tentáculos es los factores reales de poder político. El grado de sospecha sobre la penetración de estos grupos de delincuencia organizada en las esperas del poder ha llegado al grado de que, muchos mexicanos, por encima de las exigencias de cobertura de las necesidades básicas (salarios justos, vivienda, servicios de salud, educación de calidad), lo que pida en sea seguridad, justicia, transparencia y compromiso cabal por parte del gobierno en el combate a este tipo de criminalidad.318
Aunado a lo anterior, los cárteles de la droga se aprecian como los principales generadores de violencia en el país. En la actualidad, tales manifestaciones criminales se caracterizan por:
Llevar a cabo una evidente distribución de territorios para controlar, hasta donde sea posible, el tráfico de sustancias.
Multiplicar y diversificar sus actividades criminales en busca de mayores ingresos económicos319
Aumentar —exponencialmente— la complejidad y sofisticación de las operaciones320
Integrar a sus organizaciones “brazos armados” cada vez más entrenados al grado de tener, entre sus filas, a ex militares capacitados en técnicas de reacción, asalto y uso de armamento de grueso calibre.
Por otro lado, resulta desalentador y devastador el notorio incremento de notas periodísticas que comunican la aparición de cadáveres a lo largo de todo el país (se calcula que más de 100 000 personas han muerto asesinadas o ejecutadas en México en los últimos diez años por eventos relacionados al narcotráfico). En este orden de ideas, cualquiera que pase unos días es el país podrá constatar que la tendencia mediática (televisión, radio, prensa, internet) centra gran parte de sus contenidos en hechos vinculados a homicidios —y ejecuciones masivas— relacionados a disputas por el mercado de los narcóticos entre bandas del crimen organizado.321
En definitiva, en este escenario de marcada incidencia criminal, las muertes relacionadas —o vinculadas— al tráfico de narcóticos se muestran, como el aspecto de mayor impacto social de este fenómeno criminal (también conocido como narcotráfico). Con relación a este punto, desde la doctrina,322 se ha presentado una clasificación categórica —con alto nivel de asertividad— que describe las muertes —gráficamente— imputadas, por los medios de comunicación masiva, a la delincuencia organizada vinculada al tráfico de narcóticos. Tal categorización, de manera sintética, se describe en los puntos siguientes:
Descubrimiento de víctimas (hombres, mujeres, menores de edad) que aparecieron: colgados, con signos de tortura, amordazados, con los ojos vendados, envueltos en cobijas o bolsas de plástico, calcinados, y mutilados.
Hombres que incursionan, con armas de alto poder —de uso exclusivo del ejército—, en celebraciones atacando a sus asistentes o, con mayor impunidad, en centros de rehabilitación disparando contra los asistentes.
Funcionarios (jefes de policía, alcaldes o candidatos a gobernador) que son privados ilegalmente de su libertad y luego asesinados con grandes dosis de violencia.
Cuerpos depositados en “narcofosas” a lo largo y ancho del país.
Periodistas y activistas asesinados.
Tomando de referencia otro enfoque, desde los estudios criminológicos se ha vislumbrado que, en el presente, concurre una diversidad de estructuras por lo que toca a las organizaciones criminales. En este sentido, no solo existen organizaciones jerarquizadas, sino que también de estructura flexible (supuestos en los que el poder de mando está diluido entre los miembros).323 Inclusive, se aprecian estructuras de red, en las que operan diversas células que ejecutan y tienen como parte de su responsabilidad las actividades criminales encauzadas a una actividad criminal mayor.324 De hecho puede materializarse la colaboración de grupos de delincuencia organizada con otras organizaciones criminales.325
Por lo que toca a lo señalado en última parte del párrafo que precede, las modificaciones de la operación del Estado mexicano de un contexto que se transita del rígido —y vertical— sistema presidencialista a un ejercicio del poder político más democratizado (en los que concurren funcionarios públicos y legisladores de diversas corrientes), tanto en los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), como en los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) y las particulares modificaciones de la delincuencia organizada vinculada al tráfico de narcóticos (fragmentándose varias organizaciones confrontadas entre sí) ha hecho, hasta el momento, imposible un acuerdo único entre todos sujetos de pertenecientes a estos colectivos para conciliar, como ocurrió hace tiempo, arreglos con vigencia en toda la soberanía nacional entre el crimen organizado y el gobierno federal.326
En sentido diverso —y a diferencia de los que ocurre en el contexto nacional—, se presentan circunstancias que han puesto las condiciones para la aparición de acuerdos regionales y locales propiciados y comandados por grupos de delincuencia organizada, que solicitan de protección y colaboración de las autoridades de los tres niveles en sus áreas de influencia.327 En estos arreglos, las figuras dominantes fueron establecidas por los criminales por la simple razón de que eran más poderosos que las autoridades locales y porque las acciones del gobierno federal, en el escenario de lo local, sigue careciendo de fuerza y contundencia.328
Por otra parte, durante los primeros años del siglo xxi, se ha observado una lenta —aunque permanente— transición de los cárteles que de modo histórico—y durante las tres últimas décadas del siglo xx— controlaron las actividades de narcotráfico en el país, caracterizados por contar con una visión empresarial, discreción en sus acciones criminales y reducido impacto sobre la población civil, a clanes delictivos que con sus carnicerías indiscriminadas, públicas y violentas por la lucha de territorios, mercados329 y sus rutas han convertido a México en uno de los países que padece más violencia en el continente americano, solo superado por Venezuela y Colombia.330
La experiencia empírica documentada por autoridades mexicanas e investigadores demuestra que, en el presente, los cárteles de la droga se diversifican y amplían su portafolio de actividades criminales a secuestros, trata de personas, extorsiones, tráfico de armas, venta de vehículos robados, venta de hidrocarburos extraídos de manera ilegal, cobro de cuotas a sectores productivos —agricultura, ganadería, minería—, empresarios y funcionarios de gobierno, cobro de piso a otros grupos criminales, venta de bienes en penales, cobro de peaje a migrantes y transportistas.
Para finalizar este apartado, de manera sintética y gráfica, se comparte información sobre los diversos cárteles de droga que operan en México, sus principales capos, actividades criminales y zonas de influencia en una serie de cuadros que se desarrollan a continuación:331
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