Kitabı oku: «Hitos de la historia de España »

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Hay fechas que adquieren una solemnidad merecida, porque en ellas el tiempo cobra pulso significativo. García de Cortázar repasa medio centenar de acontecimientos sin los cuales no podríamos entender ni el pasado ni el presente de España.


Superando el discurso de la decadencia y el pesimismo, Fernando García de Cortázar es la voz que mejor ha sabido conectar la historia de España con sus coetáneos. Su extraordinaria obra, fruto de décadas de trabajo y depuración del estilo literario, incluye libros tan destacados como Breve historia de España y Viaje al corazón de España.


Hitos de la historia de España

© 2020, Fernando García de Cortázar

© 2020, Arzalia Ediciones, S.L.

Calle Zurbano, 85, 3°-1. 28003 Madrid

Diseño de cubierta, interior, ilustraciones y maquetación: Luis Brea

Producción del ebook: booqlab

ISBN: 978-84-17241-78-0

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por un sistema de recuperación de información en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotomecánico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso por escrito de la editorial.

www.arzalia.com

Índice

1104 a. C. Fundación mítica de Cádiz

209 a. C. Conquista de Cartagena por Escipión

306. Concilio de Elvira

589. Conversión de Recaredo

711. Invasión musulmana

756. Abd al-Rahman I, emir

813. Camino de Santiago

1085. Conquista de Toledo

1123. Pinturas románicas

1188. Primeras Cortes de Europa

1205. Fundación de la catedral de León

1212. Las Navas de Tolosa

1252-1284 Alfonso X y la Escuela de Traductores

1273. La Mesta

1412. Compromiso de Caspe

1469. Isabel y Fernando

1492. América, judíos y gramática

1499. La Celestina

1519-1522. Conquista de México y vuelta al mundo

1520. Comuneros y Germanías

1561, 1563-1585. Madrid y El Escorial

1540-1591. Místicos y jesuitas

1588. La Invencible

1605-1681. El gran Siglo de Oro

1609. Expulsión de los moriscos

1659. Paz de los Pirineos

1701-1714. Guerra de Sucesión

1766, 1767. Motín de Esquilache

1808-1814. Guerra de Independencia

1812. Constitución de Cádiz

1816-1826. América se independiza

1833-1840. Primera guerra carlista

1836. Desamortización

1848. El ferrocarril

1868-1874. La Gloriosa

1872-1876. Segunda guerra carlista

1876. Constitución de Cánovas

1873-1912. Episodios nacionales

1887. Ley de Asociaciones

1898. Desastre de Cuba

1898, 1914 y 1927. La Edad de Plata

1909. Semana Trágica

1923. Golpe de Estado

1931-1936. Segunda República

1936-1939. Guerra civil

1963-1975. Planes de Desarrollo

1978. Constitución del 78

1986. Europa

1992. Juegos Olímpicos y Exposición Universal


España, crisol de culturas.

ay fechas que adquieren una solemnidad merecida, porque en ellas el tiempo cobra pulso significativo. Son una voz donde se pronuncia la conciencia histórica, más que un número o una referencia cronológica. A veces invocan un recuerdo de tinieblas, cuando el mundo entero se detuvo, temblando y aterido, horrorizado ante la posibilidad de hacer el mal. En otras ocasiones suenan en la memoria con la alegre dignidad de la que nuestra civilización ha sido capaz.

Hace ya ocho años el primer ministro británico David Cameron se propuso que los escolares británicos memorizaran doscientos momentos estelares de la historia del Reino Unido. Aquí he recapitulado un listado menos pretencioso: medio centenar de acontecimientos sin los cuales no podríamos entender ni el pasado ni el presente de España.

1104 a. C. Fundación mítica de Cádiz

Aunque no consiguieron hacer desaparecer por completo a sus competidores egeos en la carrera por el dominio del negocio de los metales, las ciudades fenicias de Sidón y Tiro lograron imponerse al fundar los más antiguos asentamientos del Mediterráneo occidental. Según la tradición literaria, en torno al año 1100 a. C. surge el emporio de Cádiz, escala perfecta en el camino hacia las regiones andaluzas productoras de cobre, estaño, oro y plata.


Sarcófagos antropomorfos de época fenicia, Museo Arqueológico de Cádiz.

Gracias a la actividad exportadora de los mercaderes fenicios, en los siglos VIII y VII a. C. la primitiva factoría comercial se transforma en una auténtica urbe. Ensanchada en la tierra firme, Cádiz entra en contacto con el poblado indígena del Castillo de Doña Blanca, que se convierte en un anexo de la colonia y en su principal puerto de embarque hasta ser definitivamente abandonado en el siglo IV a. C. Para entonces, la blanca Afrodita nacida en medio de las olas, como la llama Rafael Alberti en su «Ora marítima», ejerce ya como capital de un territorio salpicado de diminutas colonias. A través de todas ellas, y al socaire de las rutas terrestres y marítimas del comercio de los metales, la cultura oriental se extiende por Andalucía, llegando a tocar Extremadura y Portugal.

209 a. C. Conquista de Cartagena por Escipión

La segunda guerra púnica confirma la importancia de la vieja Iberia arqueológica en el Mediterráneo occidental. Aníbal encuentra en ella la plataforma de la audaz ofensiva que conduce sus tropas a las puertas de la misma Roma; y Escipión el Africano, el camino más inteligente hacia la destrucción de Cartago.


Teatro romano de Cartagena.

Por la península ibérica se llegaba a África. En la península ibérica, estaba la despensa de Aníbal, y después de adueñarse de ella, al legendario general púnico no le quedaría más remedio que plegarse al otro lado del estrecho. Tal fue el plan y la apuesta de Escipión, que al desembarcar cerca de la actual Tarragona idea una estrategia destinada a cortar los avituallamientos de las tropas enemigas. Conquista Cartagena y de esta manera se hace con las ricas explotaciones de plata y esparto, con una segura base naval y una destacada reserva de materias primas. La caída de la ciudad más importante de Cartago en el solar ibérico deriva pronto en otra victoria frente a Asdrúbal y en la defección de Cádiz, punto final de la presencia cartaginesa en Hispania. Desde ahora, Roma es el único árbitro de la historia peninsular, y a su mentalidad imperialista deberán los futuros españoles su lengua, el arte y la tradición grecolatina, el derecho, la buena nueva de Jesús de Nazaret y unas estructuras urbanas y viarias que heredan los godos, los musulmanes y los reinos cristianos.

306. Concilio de Elvira

Hasta las persecuciones de Decio y Diocleciano, en pleno siglo III, no pueden datarse los primeros testimonios de la presencia cristiana en Hispania, entonces referidos a las comunidades de Astorga, León y Mérida. A esta última ciudad y a las campañas de Diocleciano deberá el cristianismo, precisamente, una de las leyendas más poéticas de sus primeros tiempos: la nieve cubriendo pudorosa el desnudo cuerpo de santa Eulalia en el anfiteatro.


Sarcófago de los leones, Museo y Necrópolis Paleocristianos, Tarragona.

Todas las noticias confirman las relaciones del cristianismo peninsular con el norteafricano; en uno y otro, comerciantes y soldados contribuyen a sembrar la semilla del Evangelio. Adelantándose al Concilio de Nicea, la reunión de los obispos hispanos en Elvira demuestra el vigor de la comunidad cristiana, que a no tardar ofrece a la Iglesia universal las personalidades de Osio, obispo cordobés, o el papa san Dámaso, cuya elección tanta sangre hará correr en Roma.

589. Conversión de Recaredo

Cuando el brillo de Roma se marchita, los visigodos reaniman la antigua Hispania con su ardor guerrero, aunque no pueden evitar que sus dirigentes caigan postrados ante el prestigio de la cultura romana. En los concilios de Toledo se consagra la imparable romanización del pueblo germano y, en el III de ellos, Recaredo renuncia a la fe arriana y ordena el bautismo de sus súbditos godos. Cae así la última barrera entre los conquistadores y los hispanorromanos y se abre camino la alianza de la Iglesia y el Estado que se prolonga en la historia de España hasta bien entrado el siglo XX.


Conversión de Recaredo, de Muñoz Degrain. Palacio del Senado, Madrid.

711. Invasión musulmana

La cuenta atrás del reino visigodo de Toledo comienza con la muerte de Witiza. Como en otras ocasiones, las armas vuelven a despejar las divergencias entre los partidarios de mantener en el trono el linaje del difunto y la nobleza que ya ha elegido sucesor en la persona de don Rodrigo, duque de la Bética. Ante el sesgo de los acontecimientos, el clan witizano solicita ayuda del extranjero y a su reclamo acuden siete mil soldados, la mayoría bereberes, al mando de Tariq, gobernador de Tánger, que atraviesan el estrecho y se congregan al pie del peñón, bautizado Gibraltar en su memoria.


Representación de guerreros musulmanes. Cantigas de Santa María. Biblioteca de El Escorial.

Después de derrotado Rodrigo en Guadalete (711), las tropas musulmanas progresan hacia el norte hasta ocupar Toledo, sin que la anticuada maquinaria de guerra de los godos pueda hacer nada para frenarlas. Sobre las cenizas del más poderoso reino germánico de Occidente se yergue ahora el dominio del islam, cuya convivencia con la cultura cristiana y judía, pacífica unas veces, hostil muchas más, dejará huellas profundas en una tierra que comenzó no teniendo fronteras.

756. Abd al-Rahman I, emir

Los problemas califales provocan agravios y cuestionan los lazos de dependencia de al-Ándalus con Oriente. Pero la mecha la pone un retoño de la familia Omeya: la llegada de Abd al-Rahman a la península ibérica es la gran ocasión para romper los vínculos de esta con Bagdad. Nada más desembarcar en las playas sureñas (755), el príncipe fugitivo consigue atraerse a toda la oposición yemení y bereber, y con hábiles maniobras alcanza también el favor de la gran masa musulmana de al-Ándalus. Al año siguiente, marcha sobre Córdoba, donde con todas las bazas en la mano prohíbe mencionar al califa en los rezos, se proclama emir y da vida a la primera entidad política independiente del mundo musulmán.


Castillo de San Miguel, Almuñécar, en cuya pedregosa playa desembarcó Abd al-Rahman I.

813. Camino de Santiago

El 25 de julio del año 813 —así lo cuenta la tradición— un ermitaño asentado en los últimos confines del reino de Asturias, aunque cercano a la recién restaurada sede gallega de Iria Flavia, comunica al obispo Teodomiro la aparición de una estrella milagrosa en un bosque. Tras despejar el lugar, quedan al descubierto tres tumbas, que los fieles, reanimando en el corazón las leyendas sobre la evangelización jacobea de Hispania, atribuyen al apóstol Santiago y sus discípulos.

Conocida la noticia del hallazgo, Alfonso II se precipita a visitar los sacrosantos despojos y ordena levantar en el lugar una sencilla iglesia. Queda así fundada Compostela, la ciudad de Santiago el Mayor, cuyo culto inflamará a los creyentes norteños con la conciencia de la predilección divina. El rey no es más que el primer peregrino de una inmensa corriente de fieles no interrumpida aún. Calzada de la fe, el Camino de Santiago será, además, lugar de encuentro europeo, germen del renacimiento urbano a escala continental y vía de transmisión de nuevas formas e ideas. Por la Ruta Jacobea viajarán el románico y el gótico, la Canción de Roldán y los Comentarios al Apocalipsis de San Juan, de Beato de Liébana, las epidemias más devastadoras y el impulso que mueve el retoño del latín hasta la epifanía de las lenguas romances.


Iglesia de San Tirso, en Sahagún, una de las ciudades más importantes de la ruja jacobea.

1085. Conquista de Toledo

De Alfonso VI es la gloria de ocupar Toledo en plena época de expansión de Castilla hacia el sur. La vieja urbe del Tajo era algo más que una ciudad, era un puente hacia el pasado, un título de legitimidad para quien se vanagloriaba de llevar la misma sangre de los visigodos refugiados en las montañas cantábricas durante los días de la invasión musulmana. Tomar Toledo suponía quedarse sin parias. También obligaba a la repoblación de un territorio extenso y a regir con mano dura una gran urbe de veintiocho mil habitantes con una economía desconocida y una sociedad tan heterogénea que podía ocasionar graves tropiezos al mejor gobernante. Nada de ello detiene, sin embargo, al monarca castellano, cuyos planes para hacer de Castilla la cabeza del mosaico de reinos peninsulares se ven inmediatamente reforzados con la conquista. El título imperial que su cancillería empleaba desde su ascenso al trono cobra ahora legitimidad, y hasta los intelectuales y burócratas islámicos aceptan ese estatus, asignando a Alfonso VI la dignidad de «emperador de las dos religiones».


Puerta de Alcántara, Toledo, frente al magnífico puente que cruza el Tajo.

1123. Pinturas románicas

La pintura era muy importante en el románico. Los murales policromados que adornaban los templos tenían una doble función: ornamental y didáctica. Además de embellecer las iglesias, constituían auténticos libros de enseñanza, y aunque muchos de ellos se han perdido por completo, otros se han conservado y nos dan una idea de cómo eran en origen los viejos templos románicos, qué técnicas se empleaban para decorarlos y qué pasajes bíblicos utilizaban los clérigos como apoyo a sus homilías.

El pantocrátor de la iglesia románica de San Clemente de Tahull es la catequesis de la pintura mural. Las imágenes hieráticas muestran el poder de la corte celestial que alumbra con su Ego Sun Lux Mundis el lugar de culto y resistencia, el hogar de la esperanza.


Pantocrátor del ábside de San Clemente de Tahull.

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