Kitabı oku: «Fuerza Matriz»

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FLORENCIA BEBER

FUERZA MATRIZ
el cuerpo como llave


Beber, Florencia

Fuerza matriz / Florencia Beber. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2020.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: online

ISBN 978-987-87-1013-6

1. Desarrollo Personal. I. Título.

CDD 158.1

EDITORIAL AUTORES DE ARGENTINA

www.autoresdeargentina.com

info@autoresdeargentina.com

Ilustradora: Elvira Solle

Editora: Agustina Rabaini

Correctora: Jorgelina Soulet

Queda hecho el depósito que establece la LEY 11.723

Impreso en Argentina – Printed in Argentina

Índice de contenido

Portada

Créditos

Índice

Agradecimientos

Prólogo

Introducción

Conocer lo que somos

Despertar el deseo dormido

PRIMERA SEMANA Creer en la posibilidad

La vida es un juego

La casilla de partida

Crear un espacio sagrado

Los siete chakras

Práctica para creer en la posibilidad

SEGUNDA SEMANA Recuperar nuestro lugar en el mundo

El cuerpo como manifestación del alma

Fluir en el pulso natural

Desenmascarar los miedos

Chakra raíz: Muladhara

Práctica para recuperar tu lugar

TERCERA SEMANA Recuperar la fuerza creadora

Opuestos en equilibrio

Desenmascarar la culpa

El vínculo con el placer

Chakra sacro: Swadhistana

Práctica para recuperar tu fuerza creadora

CUARTA SEMANA Recuperar la confianza

El enojo como brújula

Ser sin-vergüenza

Pasar a la acción

Chakra plexo solar: Manipura

Práctica para recuperar tu confianza

QUINTA SEMANA Recuperar el sentir

Las heridas que me habitan

Hacer espacio

Habilitar la abundancia

Chakra cardíaco: Anahata

Práctica para recuperar tu sentir

SEXTA SEMANA Recuperar la verdad

Las mentiras que me digo

Honestidad

El poder de la palabra

Chakra laríngeo: Vishuddha

Práctica para recuperar tu verdad

SÉPTIMA SEMANA Recuperar la visión

Sincronicidad

La mente en sí

Intención

Chakra entrecejo: Ajna

Práctica para recuperar la visión

OCTAVA SEMANA Ser lo que sos

Intuición, tu wifi incorporado

Rendición, un estado de tu Ser

Honrar el don

Chakra corona: Sahasrara

Práctica para Ser

El poder del círculo

Las perlas del viaje

Antes del despertar

Honrar el recorrido

Lo que se comparte, crece

Diccionario

Bibliografía

Biografía

Sinopsis

«Un año de belleza. Un año de abundancia. Un año de siembra. Un año de cosecha. Un año de bosques. Un año de curación. Un año de visión. Un año de pasión. Un año de renacimiento. Este año podemos renovar la tierra. Deja que comience con cada paso que damos. Deja que comience con cada cambio que hacemos. Deja que comience con cada cadena que rompemos.

Y déjalo comenzar cada vez que nos despertemos».

Canto Celta

Agradecimientos

La obra creativa surge como resultado de un diálogo con los otros. No podría ser un acto solitario. Por eso honro y agradezco a los maestros que con generosidad me acompañaron a correr el velo que cubría la luz. En representación de todos ellos, Alicia Souto y Sri Sri Ravi Shankar.

A mis mentores y compañeros, fundamentales a la hora de reafirmar el camino elegido. En especial a Eugenia, hermana de la vida, con la que compartimos años de trabajo en equipo en los que cultivamos las semillas que hoy están dando sus frutos. Sin esa inspiración, esta obra no hubiera sido posible.

A Agustina Rabaini, quien con inmensa paciencia y extraordinaria habilidad dio forma al contenido para que hoy sea lo que es.

A quienes generosa y desinteresadamente leyeron el material, por regalarme su tiempo y las devoluciones que me alentaron a continuar.

A las mujeres que se entregaron a la aventura de decirle sí a la vida, por mostrarme de mil maneras que podemos absolutamente todo.

A mi familia, amigos y alumnos, porque su amor es motor y sostén.

A cada círculo, a cada mirada, a cada respiración.

Los celebro y los abrazo agradecida.

Florencia Beber, agosto de 2020

Prólogo
Un boleto hacia vos
Por Baltazar Mejía*

«El relato biográfico es importante porque inspira tanto a quien lo lee y se identifica con él, como a quien da testimonio y reconoce su fuerza y capacidad de transformación en esa hazaña que es su vida».

Así como la flor en potencia está encerrada en el capullo y al ser acariciada por la luz y el calor despliega sus pétalos progresivamente, las palabras de Flor Beber nos describen un camino que nos impulsa a descubrir la esencia y transmutar aquello que no somos, a través de un acto de observación permanente y constante.

Flor Beber parte del reconocimiento de los fantasmas y falsas creencias heredadas para descubrir el poder interior. Para ello acerca técnicas proporcionadas por la sabiduría antigua, pero animadas por su propia experiencia de transformación. Herramientas prácticas, efectivas, llenas de amor a uno mismo y que, al ser trabajadas con seriedad, producen grandes cambios en un tiempo relativamente corto.

Su relato muestra valentía para afrontar el dolor y la pérdida de sentido. Nos lleva a descubrir el pulso de la vida, el oscilar natural, para ir develando las capas emocionales desde el miedo, la culpa, el enojo, hasta el rechazo, siendo ese desenmascaramiento un paso esencial para comenzar a sanar.

El libro es a su vez una guía y un método que dirige el ascenso de la conciencia desde la reactividad (el primer chakra) hasta la integración con el todo (el séptimo chakra). Este es el camino del yoga, la ciencia de la unión.

Fuerza matriz, el cuerpo como llave, nos invita a:

– Descender hasta el cuerpo y honrarlo como el templo que es, la morada del espíritu.

– Experimentar cada centro para descubrir el poder y la expresión de la energía del mismo.

– Encontrar las resistencias, digerir los eventos y situaciones que se están viviendo, para poder reconocernos y amarnos a pesar de las circunstancias.

– Emplear la palabra conscientemente, guiados por la sabiduría del corazón, sobre todo, recordar que somos parte de «algo más grande».

– Descubrir el yo oculto tras los disfraces, encontrar la autenticidad y el poder de ser.

– Dar lugar al disfrute y permitirnos el placer.

– Invocar la generosidad del universo y convertirnos en creadores conscientes de la realidad reconociendo que el propio cosmos conspira para que seamos plenos y felices.

«Comprar un boleto hacia vos», dice la autora de este libro, un recorrido que busca acompañar el despertar de la conciencia y el deseo dormido.

Volver para sanar las heridas, recuperar el afecto hacia nosotros a través del servicio iluminado y enfrentar los antiguos hábitos de sometimiento. Darnos permiso de equivocarnos, de no saber, de hacer nada.

La búsqueda de lo bello, lo bueno y lo verdadero inscrito en cada uno, pero escondido por todo el aprendizaje externo, por el «debo, tengo», dejando de lado el impulso interior.

Escucharnos en pleno silencio y con toda atención nos da luz, nos permite encontrar el sendero que nos lleva a la autorrealización, a ese lugar sagrado en nuestro corazón que se manifiesta al construir un templo externo.

Es en ese lugar donde oficiamos el rito diario de interiorización y comunicación con lo trascendente.

Descubrir esa voz interior que nos susurra pero que nuestro hacer diario nos impide escuchar y encontrar la visión detrás de la apariencia; aprender a jugar lo que la vida nos propone de manera liviana y responsable. Estar disponibles, celebrar cada día y compartir, reconociendo que cada uno es único, asumiendo el compromiso y la disciplina.

Rendirnos, entregarnos, reconocer, aceptar y agradecer.

Saber que solo desde el amor se puede transformar el mundo.

Introducción
El poder iba a despertar en mí

Todavía recuerdo el edificio antiguo al que llegué para tomar mi primera clase de yoga, un salón de techos altos con piso de madera y aberturas grandes.

La situación no era cómoda, el espacio, las personas, lo que hacíamos, todo me resultaba extraño. Sin embargo, en esa época de mi vida, ese rato era el único momento del día en el que dejaba atrás la angustia y experimentaba unos instantes de paz.

Recuerdo otro día en el que salimos de la clase con mi profe y, al verla caminar, me animé a desear esa liviandad que percibía en ella. Aquella imagen aún me conmueve y hoy la recuerdo como el primer contacto con un deseo verdaderamente mío. El alma es tan poderosa que logra manifestarse aún en los momentos confusos.

Sé que ahí comenzó mi viaje de vuelta a casa. Un largo viaje de regreso a mí misma en el que me llevé a honrar mis raíces, a iluminar mis sombras, a descubrir y sanar mis heridas.

Me animé en el sentido más literal de la palabra: me di vida, desperté la espiritualidad en el cuerpo, perdí el miedo y le di lugar al amor.

Ese despertar me llevó a querer saber por qué se producían las transformaciones en mí. Dedique varios años al estudio de la filosofía del yoga, al servicio y la práctica.

Me sumergí en la sabiduría de las plantas, los cristales, los sonidos y los rituales.

Entendí que un maestro refleja el poder que hay en uno y así lo despierta, que lo más importante es la intención que ponemos ante cada acción y que solo a través del amor se puede transformar el mundo. Comprendí que la fe es confiar en que todo es perfecto como es. Aprendí a suavizar mis formas, a desplegar mi energía femenina y a encauzar esa fuerza natural de una manera creativa.

En este recorrido encontré personas y espacios que me inspiraron y me alentaron a seguir, que avivaron la llama y vieron mi poder incluso antes de que yo pudiera reconocerlo. Desde lo más chiquito a lo más grande y viceversa, aprendí de todo y estoy agradecida. Fue un gran recorrido, no siempre cómodo, pero consciente y sanador. Todo me condujo hasta este presente en el que siento que puedo ser quien quiero ser.

Hace tiempo que soy testigo y sostén de la transformación en la vida de las personas. Comprobé que al reparar el cuerpo sutil, se transforma luego la materia, y que al trabajar en un círculo sagrado, el poder de las acciones se multiplica.

Desde entonces, mi felicidad crece en la medida que comparto mi visión del mundo y cumplo mi propósito de despertar otras conciencias y verdades.

La síntesis de todo es Matriz Activa, un método que nace de la felicidad de haberme transformado y de saber que continúo haciéndolo en cada paso. Fuerza matriz, el cuerpo como llave es un recorrido terapéutico que busca acompañar el despertar de la conciencia y el deseo dormido, llegar a recordar que todo lo necesario está dentro de cada uno de nosotros. Un camino para aproximarnos a saber quiénes somos, qué queremos y desplegar nuestros dones.

Aprenderás cómo volver a conectar cuerpo, mente y emoción para pasar de tu antigua vida a una nueva. La vida está siempre evolucionando y a un ritmo muy rápido en este momento único en la historia. Las viejas estructuras se disuelven y lo nuevo puja por nacer.

Inmersos en el caos que precede al nuevo orden, muchos sienten un fuerte impulso hacia una transformación positiva. Estamos ante la puerta de un mundo que se abre a la inteligencia espiritual.

Este recorrido propone aprender a usar el potencial de la energía para crear una nueva experiencia de vida.

Alcanzar un estado de mayor coherencia, donde cooperan cuerpo, mente y emociones. Y despertar a nuevas posibilidades: las de poder ser y crear.

Es mi deseo que al finalizar la lectura haya una nueva mirada, y que al llegar a la última página, puedas ser un poco más libre y más feliz, y te sorprendas al ver cómo eso se expande a tu entorno.

Conocer lo que somos
Somos energía

A lo largo de mi recorrido transité disciplinas con diversos orígenes. Lo interesante fue descubrir que todas las filosofías y prácticas tienen puntos en común en la base de su fundamentación.

De Oriente a Occidente, desde el conocimiento más antiguo (la filosofía védica, la medicina indoamericana) hasta los avances científicos actuales, coinciden en que somos energía. Esa energía que sostiene la vida en yoga se conoce con el nombre de prana.

Otro punto de acuerdo es que todos formamos parte de una misma red. Aunque sea invisible al ojo humano, esta trama existe y nos une, provocando así que todo acto individual tenga una incidencia en el entorno.

Existen cantidad de términos que buscan nombrar el todo que nos dio origen y nos contiene: universo, fuente, gran espíritu, divinidad. Y lo mismo ocurre cuando nos referimos a la red o matriz que nos une: campo unificado de conciencia, campo morfogenético, mente grande. Lo propio de cada ser, a su vez, está unido al grupo: inconsciente individual, alma individual, yo superior, etcétera.

No es la intención de este libro desarrollar estos conceptos, sino que podamos comprender de qué hablamos cuando nos referimos a la energía y a la materia, a lo individual y a lo social, al pasado y al futuro.

Lo separamos para poder abordarlo e integrarlo, pero nada funciona aisladamente, porque somos interdependientes, formamos un todo. Esta noción de unión, la tan usada frase “somos uno”, es común en todas las culturas del mundo.

Un chamán de la selva peruana me contó que, en los orígenes, en la tribu a la que pertenece no existía un vocablo para designar a la naturaleza, nunca habían tenido la necesidad de definirla porque se sentían parte de un todo común. Humano, animal, planta, tierra y cielo formaban un mismo cuerpo. Volver a esa unión consciente es el fin último del yoga y de todo camino espiritual.

Estas visiones coinciden en algo: lo que conocemos como cuerpo físico es solo una porción –parte visible– de lo que somos, porque la anatomía sutil describe un complejo entramado de siete cuerpos.

Este recorrido comprende, en mayor medida, tres cuerpos: el cuerpo físico etérico, el cuerpo emocional y el cuerpo mental. Si recordamos que todos están dentro de una misma matriz o trama, al trabajar sobre uno podemos incidir en todos los demás.

Nuestra anatomía sutil describe un sistema de canales que recibe información del entorno y la absorbe, la transforma y la distribuye dentro del cuerpo físico etérico, para proyectarla luego hacia afuera. En este intercambio y fluctuación de energía o información vivimos todos los días. Seamos conscientes o no, sucede.

Estos canales de energía llamados nadis son infinitos y al encontrarse dan origen a puntos donde se concentra energía e información, los llamados chakras.

Los chakras principales poseen la mayor concentración de información y están distribuidos a lo largo de nuestra columna vertebral. Cada centro rige determinadas glándulas endocrinas, determina formas de pensar y actuar, y cada uno de ellos permite acceder a un determinado nivel de conciencia.


A medida que avanzamos en la comprensión y somos capaces de incorporar –de hacer cuerpo– la inteligencia que propone cada chakra, nuestra conciencia evoluciona.


A través del reconocimiento de sus cualidades y potencialidades, podremos desplegarlas y avanzar. Es un recorrido evolutivo, un camino posible.

Despertar el deseo dormido
Por Flor Beber

«Mientras cursaba la carrera de Diseño en la Universidad de Buenos Aires, se instaló en mí la creencia de que, a diferencia de los demás, yo no tenía nada para contar.

Sentía que mi vida no tenía nada especial, que no había en mí una fuente creativa por no haber atravesado nada demasiado trascendente.

Venía de una familia común, muy común, a mi criterio. Una familia tipo del interior de nuestro país: papá trabajador, mamá ama de casa y cuatro hermanos, dos varones y dos mujeres.

No tenía apellidos compuestos ni sabía nada del origen de los que tenía. No tenía historias de padres separados y mucho menos “importantes”; no conocía otros continentes ni había subido nunca a un avión. Lo que sí había desarrollado era una gran capacidad para ver lo que me faltaba: lo que no había vivido, lo que no tenía, lo que no era.

¿Qué pasó entre aquella joven que creía que no tenía nada para dar y esta mujer que hoy les escribe? Ocurrieron cosas. Algunas. A través de los años.

Hubo trabajos en cine, festivales y teatro. Mudanzas y años vividos en Brasil. Horas dedicadas a la docencia en colegios y en la universidad.

Hubo una relación de pareja que terminó luego de diez años. Una pérdida devastadora y una crisis de pánico que me llevó al borde de la locura. Y, lo más importante, haber aprendido a ver lo que había vivido, reconocer lo que tenía y aceptar quién era: un primer paso hacia mi libertad.

Todavía recuerdo con nitidez aquel momento clave en mi vida: volvía de Brasil después de quince arduos días de rodaje, me sentía agotada y a la vez feliz por la experiencia. Me encontré sentada frente a la computadora mirando el monitor y detrás un board de diseño en la pared. Un espacio cerrado y sin ventanas, donde diseñaba para una industria que ya no tenía que ver conmigo. ¿Me gustaba? Sí, pero… El tiempo se detuvo y a la vez se abrió un espacio infinito. El contraste entre ambos escenarios y la experiencia en cada uno de ellos me dieron la llave maestra. ¿La vida de quién estaba viviendo?

Sentí la electricidad recorrer el cuerpo y vi con una claridad desconcertante dos identidades, como un yo desdoblado, uno que eventualmente hacía lo que verdaderamente deseaba, y otro que seguía un camino delineado por ideales, condicionamientos, miedos y creencias limitantes. Debajo de lo observable, tuve que enfrentarme a una verdad: yo no era libre. Me fingía a mí misma una libertad.

Y ya no pude volver atrás. Fue un momento Ahá, de descubrimiento y plena conciencia que me llevó a profundizar en mí. La primera etapa en la que me cuestioné todo, el comienzo del recorrido al encuentro conmigo misma.

Llegué a sentir que me dejaba morir. Como suele suceder, después de cada muerte, brota una nueva vida.

La vida hace todo lo posible por sobrevivir y así fue cómo, en busca de una nueva posibilidad, llegué a mi primera clase de yoga. El camino más desafiante y amoroso había comenzado».

PRIMERA SEMANA
Creer en la posibilidad

«Quiero un tiempo pero un tiempo no apurado / tiempo de jugar que es el mejor».

María Elena Walsh

(escritora y cantautora argentina)



Con el correr de las páginas, vas a encontrarte con preguntas y cada una de ellas será importante más por el espacio que abre que por la respuesta que puedas conseguir.

Una misma pregunta formulada en diferentes momentos de nuestra vida tendrá diferentes respuestas. Pero, ¿para qué las hacemos?

Al convertirnos en observadoras, entramos en un espacio de contemplación y búsqueda que nos invita a tomar distancia, a dejar el automatismo y comenzar a ser conscientes.

La pregunta es la llave de acceso al conocimiento. Muchas veces evitamos usarla para abrir una puerta hacia un lugar interior que sabemos o intuimos que está, pero al que le tememos. Nos resistimos, como si el descubrimiento fuese un peligro amenazador e implicara la pérdida de nuestra identidad.

Aunque no nos brinde felicidad, no queremos dejar ese mundo conocido donde creemos sentirnos seguras.

¿Cuántas veces hemos escuchado a hombres y a mujeres decir: “yo estoy bien así, ahora no tengo tiempo, no tengo dinero, esto no es para mí”?

La resistencia, ese saboteador interno, tiene múltiples formas, puede reinventarse, amoldarse, ser convincente. Estar alerta y hacerle frente será el desafío si queremos evolucionar hacia una vida más honesta.

¿Y qué tememos descubrir? Que nuestro deseo y nuestro poder son salvajes y, una vez traídos a la luz, ya no podemos esconderlos. Debemos recuperar nuestra naturaleza, nuestra verdadera identidad.

«Formular la pregunta apropiada constituye la acción central de la transformación no solo en los cuentos de hadas sino también en el análisis y la individuación. La pregunta llave da lugar a la germinación de la conciencia. Debidamente formulada, emana de una curiosidad esencial acerca de lo que hay detrás. Las preguntas son las llaves que abren la puerta secreta de la psique (...) Para desarrollar la conciencia hay que buscar lo que se oculta detrás de lo directamente observable», escribe Clarissa Pinkola Estés en Mujeres que corren con los lobos.

Este proceso de individuación que implica descubrirnos como seres únicos e irrepetibles, con habilidades y una misión, tendrá sus frutos si abrazamos y aceptamos lo que descubrimos debajo de la superficie.

El impulso de huida deberá ser resistido sabiendo que una vez que “veamos”, tendremos la responsabilidad de elegir liberarnos. De otra manera, solo seremos eternas fugitivas de nuestra realización personal.

Por eso decimos que cada pregunta llave es un paso, un escalón que nos abre camino hacia ese lugar de libertad y bienestar que todas anhelamos. A medida que avanzamos, las preguntas van cediendo espacio al asombro. La curiosidad despierta, las preguntas adecuadas y la aceptación de la verdad, acompañadas de una práctica regular y sostenida, nos permiten elevarnos a una comprensión más amplia. Pasamos de querer entender a dejarnos sorprender, permitiéndonos la inocencia del momento presente y la recuperación del juego, para jugar el juego de la vida con la liviandad de un niño y con la responsabilidad de un ser plenamente adulto.

Una vez que hemos sido capaces de reconocer la necesidad de transformar algo en nuestra vida, es imprescindible tomar responsabilidad, ser conscientes y saber que nuestra felicidad y bienestar dependen exclusivamente de nosotras.

Comenzamos siempre por lo más evidente, nuestra rutina. Para que un cambio profundo suceda, debe haber una sumatoria de pequeños cambios sostenidos en el tiempo.

¿Y no es nuestra vida también eso, una suma de pequeñas acciones diarias?

Al comenzar a trabajar por nuestra propia felicidad, permitimos que la vida fluya.

«Un día me di cuenta de que toda mi vida había estado forzando la dirección, creía que estaba actuando a mi favor, pero estaba jugando en contra. Eso marcó un antes y un después, no estaba dejando que las cosas sucedieran».


Tenemos que parar a observar dónde estamos, cómo nos sentimos y descubrir qué queremos. Dar lugar a nuestra voz y perder el miedo a descubrirnos.


Como cuando aprendemos a manejar y soltamos el embrague de a poquito, por miedo a que el auto se dispare a 200 kilómetros por hora, aunque sepamos que eso es imposible, el miedo está. Lo mismo sucede cuando aprendemos a soltar la resistencia y la ilusión de control para que nuestra vida comience a fluir, a ser vivida.

Al comienzo la marcha tiene tironeos, frenadas de golpe, aparecen las dudas, nos abruma lo nuevo. Poco a poco, con la práctica, estamos más cómodas y podemos reconocernos como conductoras de nuestra propia vida.

Una mujer llegó a sesión, venía de su curso de manejo y contó que el instructor le había dicho: “Vos mirá para adelante, hacia donde querés ir, y avanzá. No te distraigas con los demás, cada uno se ocupa de manejar su auto”.

El tema es saber hacia dónde queremos ir, poder mirar ese deseo y lanzarnos hacia él sin perdernos en el entorno, permitir que esta nueva forma de habitar el mundo, la nuestra, única y original, se vuelva natural.

La vida es un juego

«Toda la vida es un juego para ser jugado. No es una lucha. Nada te puede destruir. Sos una gota de inmortalidad, una gota de algo eterno. Tu espíritu es eterno. Y está bien si esto no te suena en este momento».

Sri Sri Ravi Shankar

(maestro espiritual, líder humanitario)

En un juego nos disponemos a desplegar alguna capacidad, a adquirir una destreza. Cuando nos entregamos a jugar, mantenemos nuestra mente en el momento presente. Estamos ahí elaborando estrategias con entusiasmo, divirtiéndonos, y lo importante puede ser simplemente el número de un dado o una carta, descubrir un escondite o encontrar un tesoro.

El juego es una herramienta de aprendizaje, nos permite la exploración y la transgresión, sin correr riesgos porque, en definitiva, es eso, un juego.

El juego trae consigo el carácter de algo transitorio, es algo de lo que elegimos ser parte por un tiempo y de lo que podemos salir en cualquier momento.

Podemos arriesgar y transformarlo todo, emprender viajes que jamás hubiéramos hecho. Nos permitimos el error, hacer el ridículo, la risa.

¿Pero qué pasa si llevamos de manera consciente el concepto de juego a nuestro cotidiano?

¿Acaso no es eso la vida? ¿Cuáles son los roles que jugamos? Somos hijas, hermanas, tías, amigas, maestras, terapeutas, mamás, esposas, amantes y, al mismo tiempo, seguimos siendo nosotras mismas. Emprendemos travesías diarias: ir al colegio, al trabajo, al mercado, al gimnasio, a yoga, al cine, a cenar.

Cuando habilitamos el juego en lo cotidiano, la vida adquiere liviandad, comenzamos a entender que todo es transitorio porque muta todo el tiempo, que una decisión es simplemente una decisión y que la podemos cambiar cuando nos dé la gana.

Adquirimos autonomía y nos acercamos a una libertad que es el resultado de seguir nuestro deseo. Creamos una vida con propósito.

Y si estamos jugando el juego de la vida, qué juego elegimos y cómo lo jugamos es nuestra responsabilidad. Consciente o inconscientemente, estamos donde nos ubicamos. Y como a la vida queremos vivirla, nos disponemos a jugar el juego, eligiendo cada día, quitándonos peso, permitiéndonos transformar los escenarios y cambiar los actores cuando sabemos que ya no nos nutren.


Hacer lugar

«Comencé a observar cómo vivía mi vida y me di cuenta de que tenía asociado el concepto de juego con el descanso y la diversión, pero que todo eso estaba fuera de mi rutina. No me permitía experimentar lo que me gustaba, hacer el ridículo ni cometer errores. Todo tenía que “servir para algo”, y eso era lo que significaba esfuerzo, lo que tenía seriedad, eso que de alguna manera yo creía que tenía que hacer. Todo lo demás era perder el tiempo.

El juego me trajo la libertad de comenzar a experimentar cosas “porque sí”, porque era mi deseo. Me obligué a “perder el tiempo” un poco todos los días, me di libertad para “no saber” y cometer errores. Así descubrí que mi vida, en vez de desmoronarse y convertirse en una ruina, florecía. Entonces perdí el miedo. Le di lugar a la creatividad, comencé a disfrutar más que a padecer y algo cambió para siempre».


Creer y aprender

«Estoy convencida de que la magia existe y que solo se trata de darle lugar para que suceda. También aprendí que recibimos lo que creemos merecer y que el afuera espeja algo de lo que sucede adentro.

Meses atrás, con mi hermana decidimos compartir un regalo por un cumpleaños especial: las dos cambiábamos de década y juntas emprendimos un viaje lleno de magia y aprendizaje.

Una vez embarcadas, la primera sorpresa fue que volar ya casi, casi, no me da miedo.

Antes de subir al avión, me preparé para que, como otras veces, el miedo llegara. Pero, al contrario de lo que creía, los síntomas conocidos (palpitaciones, temblor en las piernas, ruido mental) esta vez no asomaron.

Darle la bienvenida al miedo en lugar de negarlo me permitió creer en la posibilidad y viajar más libre.

Entre mantras y meditación –buscando el disfrute aun en los trayectos incómodos– comprendí que el aire también es un sostén.

Aunque sea invisible a mis ojos –como tantas otras cosas– entendí que puedo descansar en él. Respiré profundo y viví un momento Ahá que lo cambió todo.

Y sí, hoy vivo un poquito más liviana y soy más feliz.

No importa adonde vaya, mientras esté despierta y le dé lugar a la magia, mi alma se expande. Cada vez soy más Yoga, más una con todo y con todos.

Me recuerdo que cuando la superficie está calma, lo profundo se revela.

Así de importante son las herramientas que nos permiten manejar el estrés en cada uno de nuestros días».

La casilla de partida

«Crear una salud vibrante exige una nueva forma de pensar acerca de ser en relación con nuestro cuerpo, mente y espíritu, y acerca de nuestra conexión con el Universo».

Christiane Northrup

(doctora, escritora y conferencista internacional)

Todo juego tiene sus reglas y, al momento de empezar, la regla de oro es el compromiso. Debemos abrirnos a una nueva forma de vincularnos con nosotras y con todo lo que nos rodea. Crear nuevos hábitos y formas de pensar exige disciplina, supone controlar los impulsos que nos apartan de nuestro objetivo. Por eso es importante tener claro qué buscamos y lo valioso que es para nosotras.

En mi caso, recuerdo que en tiempos de crisis de ansiedad, recurrir a la práctica para tener unos minutos de paz mental por día se convirtió en mi tesoro.

Con el tiempo comprendí que, como enseña el Yoga, la práctica diaria no se negocia, no es una opción. Debemos poner el cuerpo y tener la determinación de crear ese espacio.


Una práctica sostenida en el tiempo nos brindará estabilidad emocional, claridad mental y un cuerpo saludable. Nos plantea el desafío de enfrentarnos a las tendencias de nuestra mente y nuestro ego.


Es por esto que todos los días vamos a realizar nuestro sadhana (práctica), que consta de una meditación con visualización, mudra y mantra, junto con un registro escrito del estado de ese presente.

Verán que cada semana tiene una práctica específica y la invitación a desarrollar hábitos, procesos creativos y preguntas para abrir nuevos espacios a lo largo de los siete días. A mayor compromiso, verás mejores resultados.

¿Cuándo comenzar? La propuesta es comenzar el proceso acompañando un ciclo natural, podés elegir un día inicio que sea significativo para vos: luna nueva, el primer día de tu ciclo menstrual, tu cumpleaños, el comienzo de una estación. Recomiendo que sea un proceso continuo a lo largo de las ocho semanas, procurando no interrumpirlo. Si por algún motivo tenés que suspender, volvé a comenzar desde el principio.

¿Qué necesitás para el recorrido? Un espacio sagrado que se convertirá en el templo donde realizarás la práctica, tu altar personal, tu cuaderno de notas, los pasos de apertura y cierre que le den a ese momento una cualidad especial.

Crear un espacio sagrado

Tu templo: para dar con el lugar deseado, debemos hacer un scouting de locaciones. En cine se llama así al proceso de selección de los lugares en los que se filma. Nosotras haremos lo mismo en nuestro hogar. Vamos a recorrer los espacios hasta elegir el lugar donde instalarnos. Vamos por lo posible y dejamos de lado los ideales. Puede ser el escritorio, un rincón en la habitación o en la sala, un espacio libre en el taller, cualquier lugar es válido. No es necesario un gran espacio, lo importante es la intención y lo fundamental, el amor. Ya instalada en el lugar, cerrás los ojos, respirás algunas veces lento y profundo, traés a la mente la intención de encontrar el mejor sitio para este propósito. Las sensaciones que brindan tu cuerpo y tu intuición –esa brújula interna– te van a indicar cuando estés en el lugar correcto.

Podés delimitarlo con una alfombra, tener un almohadón para meditar, una manta. Nuestro espacio nos representa y nos cobija. Ya veremos cómo se irá transformando junto con nosotras. Es posible que expanda sus límites y lleguemos a comprender que todo espacio que habitamos deviene sagrado porque nosotras somos sagradas.

Tu altar: una vez elegida la locación, pasamos al armado. ¿Qué elementos te representan? Una planta, velas, cristales, alguna foto, amuleto, aromas.

Un altar te recuerda quién sos, te lleva a reconocerte y a reafirmar el poder y el amor que hay en vos. Cada imagen y elemento emana la energía amorosa del que nos regaló el amuleto, de la persona o dibujo que está en la foto, del lugar de origen del cristal o la piedra elegida. Cada una tiene o encontrará los objetos sagrados que la acompañarán durante el viaje.

Tu ritual de apertura y cierre: al momento de ingresar a tu espacio sagrado, ¿qué es lo primero que hacés y qué será lo último antes de salir?

En mi caso, antes de realizar mi práctica (respirar, meditar, escribir), preparo lo necesario. Me descalzo, enciendo una vela con la intención de que mi maestro me guíe y me proteja, quemo palo santo y me dispongo para la experiencia.

Al terminar, me tomo unos minutos para agradecer la guía y la protección y a mí misma por haberme dedicado este tiempo. Así, mi rutina se convierte en un ritual, no hay acciones mecánicas, hay presencia; estoy ahí con lo que me sucede.

Podés probar haciendo algo similar, una acción simple y honesta que abra y otra que cierre, una experiencia que salga de tu corazón y que irás afinando con el correr de los días.

Pero atención, porque estos espacios funcionan como imanes, emanan energía que atrae a curiosos (personas y mascotas), y debemos estar preparadas para poner límites amables cuando, en medio de la práctica, sintamos que quieren invadir nuestro lugar de paz.

Tu libro sagrado: los libros sagrados fueron escritos por seres con el espíritu desarrollado, dotados de “inspiración divina”. En nuestro caso, podemos dejar que nuestro verdadero ser emerja y se exprese a través de un registro diario. Empezamos por elegir el cuaderno que nos acompañará durante el recorrido y será nuestro libro sagrado. Encontrar el cuaderno que te enamore significa regalarte algo que te merecés. De ahí que te tomes tiempo para dar con él, incluso podés hacerlo con tus propias manos.

Luego de haberlo creado, te disponés a comenzar una nueva rutina. La experiencia de estar presente y tener un sadhana diario te dará una visión más clara de dónde estás y hacia dónde querés ir.

Los siete chakras

Nuestro cuerpo físico es el que vemos, sentimos y cuidamos a diario para vivir una vida sana. Desde nuestro cuerpo físico experimentamos el mundo, pensamos, sentimos y actuamos.

Como ya hemos visto, está inmerso en una matriz de siete cuerpos invisibles para el ojo humano, un sistema que llamamos “anatomía sutil”.

La unidad que nombramos cuerpo físico etérico comparte estructura anatómica. La materia que toma la forma de piel, huesos, músculos, órganos, sangre y otros tejidos está sostenida por energía. Podemos decir que la matriz energética es el molde y la unidad cuerpo-mente-emoción, su resultado.

La anatomía de la parte física de nuestro cuerpo es muy conocida, veamos cómo es nuestro cuerpo energético. Está organizado en un canal central donde residen siete chakras o centros principales de energía. Cada uno de ellos tiene un área de labor y rige una glándula del sistema endócrino –por lo tanto el funcionamiento hormonal–, un sentido, un elemento, un comportamiento, un nivel de conciencia. Podemos decir que hay una inteligencia cósmica en cada uno, una semilla pronta a germinar.

Comenzamos a comprender por qué cuerpo, mente y emoción son una misma cosa. Todas tuvimos alguna vez la experiencia de sentir cómo el corazón se expande al evocar con el pensamiento a una persona que amamos y cómo se contrae ante el dolor de una pérdida, por ejemplo. Y a la vez cómo, basándonos en esas experiencias cotidianas, tomamos decisiones y actuamos.


Al abordar cada centro y activar su potencial nos acercamos a la integración, a la coherencia entre el sentir, pensar y actuar. Un estado coherente es necesario para lograr una vida sana y vibrante.


Los tres primeros chakras se relacionan con los dominios físicos del organismo y el mundo exterior. Abarcan el campo de nuestra personalidad, ahí donde se encuentran los deseos, los sentimientos, los hábitos, las actitudes y los condicionamientos.

Los chakras superiores representan los dominios de la percepción y la intuición. La percepción incide en nosotros en forma de vibración, como la luz y el sonido, o en forma de información, como el pensamiento.

El gran puente de unión es el chakra cardíaco, a la altura del corazón.

Todos los chakras son partes interdependientes de un campo unificado de conciencia y nunca actúan por separado.

Los siete chakras o Los siete centros

1º chakra: chakra raíz, Muladhara, está situado entre el ano y los genitales, debajo del hueso sacro, en el periné. Glándulas suprarrenales. Relacionado con la supervivencia y lo ancestral. Lo que soy.

2º chakra: chakra sacro, Swadhistana, está situado sobre el hueso púbico. Gónadas (glándulas sexuales). Relacionado con la sexualidad y la reproducción. Lo que deseo.

3º chakra: chakra del plexo solar, Manipura, sobre el ombligo. Páncreas (glándula). Relacionado con el desarrollo emocional y la voluntad. Lo que hago.

4º chakra: chakra del corazón, Anahata, está situado a la altura del corazón. Glándula timo (sistema inmunológico). Relacionado con el amor incondicional y el autorreconocimiento. Lo que amo.

5º chakra: chakra de la garganta, Vishuddha, está situado en el cuello, sobre la laringe. Tiroides (metabolismo). Relacionado con la expresión y la comunicación. Lo que digo.

6º chakra: chakra del entrecejo, Ajna. Pituitaria, glándula maestra que regula la homeostasis. Relacionado con la intuición y el discernimiento. Lo que veo.

7º chakra: chakra corona, Sahasrara. Glándula pineal, regula el sueño y los ritmos circadianos. Relacionado con la conciencia superior. Lo que comprendo.

Práctica para creer en la posibilidad

Frase semilla de la semana: “Soy el poder dentro de mí”. Escribila y ponela en un lugar que veas todos los días. Esta frase será tu mantra esta semana. Podés repetirla al finalizar tu meditación, antes de dormir y al levantarte.

Meditación: todos los días te levantás veinte minutos antes para realizar tu sadhana. En el espacio elegido, tu templo, abrís la práctica de la manera en que hayas decidido comenzar el ritual (encendiendo una vela, con un aroma, etc.). Sentate cómodamente con la columna recta, cerrá los ojos y conectá con tu respiración. Contemplá. Entregá todo: emociones, pensamientos, sensaciones en el cuerpo. Permití que tu respiración sea lenta y profunda, llená los pulmones y vacialos por completo, sin esfuerzo.

Colocá tus palmas hacia arriba, cantá una vez el mantra Om y comenzá a visualizar una luz en la base del sacro. Al inhalar, asciende por detrás de la columna hasta el tope de la cabeza y, al exhalar, desciende por delante hasta la base. Visualizá este recorrido unas veinte veces y descansá.

Repetí el canto del Om. Al abrir los ojos, tomá tu cuaderno, libro sagrado y hacete estas preguntas dejando que las respuestas fluyan sin juicios: ¿Qué pensamientos ocupan mi mente hoy? ¿Qué sensaciones físicas tengo? ¿Qué emociones y/o sentimientos me habitan? No busques sentido, descargate libremente y dejate sorprender.

Al terminar, realizá la acción de cierre (agradecimiento, entrega, etcétera) y ya estás lista para comenzar el nuevo día.

Siembra de Intenciones: con la energía de la luna nueva (puede ser el día exacto, uno antes o después) o durante la fase menstrual, esto va a depender del momento de inicio elegido. Realizá la siembra consciente, tomate unos minutos para “centrarte” con ojos cerrados y conciencia en la respiración. Observá tu presente, recorré cada área de tu vida y preguntate: ¿qué cosas ya no quiero? (lo que querés terminar, transformar y soltar) y ¿qué cosas quiero nutrir? (eso que querés potenciar, lo nuevo que deseás, los pendientes a los que hasta ahora no hiciste lugar).

Dejá que las imágenes vengan, reconocé qué debe terminar y qué debe ponerse en marcha. Abrí los ojos y escribí detalladamente ambas listas en tu libro. De esta manera, mes a mes te llevás a tomar conciencia acerca de lo que deseás hacer con tu vida y así direccionar tu energía adecuadamente.

En cada ciclo nos preguntamos qué queremos, así lo descubrimos o no lo perdemos de vista y encauzamos nuestra energía hacia ese fin. Tenemos una gran cantidad de energía disponible, pero en general la empleamos en nutrir deseos de otros, demandas externas, y nos agotamos.

Imaginá una gran cantidad de agua desparramada sin dirección y sin fuerza para fluir. Hacer tu siembra es como hacer un surco donde el agua se encauza con fuerza en una dirección, eso mismo pasa con tu energía.

Board creativo. Moodboard es la expresión inglesa de lo que, en español, llamamos “muro de inspiración”. Todo proyecto de creación comienza con la realización de este prototipo, una herramienta que te permite tener una idea clara y concreta de lo que querés. Además, es un ejercicio psicomágico, un paso más hacia la concreción de esa vida deseada. Con una hoja lisa, pegamento para papel y revistas para recortar, te recomiendo que te animes a cortar el papel con la mano y sientas la fibra, los bordes irregulares, soltando las líneas rectas y la idea de prolijidad. Podés sumarle dibujo, pintura, palabras clave, lo que sientas que te expresa mejor.

La pregunta guía es: ¿cómo es la vida que quiero vivir? Visualizate a vos misma como si estuvieras viendo una película, observá cada detalle y cómo te vas sintiendo. ¿Hay algo que limita tu imaginación? Disolvelo y animate a imaginar sin límites. Cuando tengas todo, vas a crear el collage. Tomate el tiempo para colocar cada detalle, permitite ser esa mujer que anhelás ser.

Puede llevarte varias horas darle lugar a ese juego que despierta la energía creativa y te permite expresarte como sos. Cuando el collage esté listo, buscá un lugar para colocarlo, ahí donde puedas verlo a diario y conectar con esa realidad que estás creando (escritorio de trabajo, altar donde realizás la práctica, mesa de luz, etc.).

Así, esta herramienta empieza a convertirse en un hermoso ritual para hacer cada año, el día de nuestro cumpleaños, al final de cada año calendario o en los cambios de estación.


Segunda semana
Recuperar nuestro lugar en el mundo

«El que ve a todos los seres en sí mismo y se ve a sí mismo en todos los seres, pierde todo temor».

Isa Upanishad


Antes decíamos que para desarrollar la conciencia, hay que buscar detrás de lo observable, hacernos preguntas, y que los primeros pasos nos llevan a evaluar el lugar en el que nos encontramos.

Mirar de frente al presente así, tal cual es, y animarnos a ver qué hay debajo de cada titular. Agarrar la lupa para leer qué nos dice la letra chica. Ir a desempolvar esos lugares que hace tiempo queremos recuperar, pero a los que les hemos estado escapando.

Llevamos tiempo dando por sentado que las cosas son como son y punto. Pero estamos acá para que las cosas empiecen a ser como queremos.

¿Y cómo las queremos? Eso también lo iremos descubriendo en el camino.

Pasamos a observar en detalle cómo se compone cada área de nuestra vida laboral, afectiva, de desarrollo personal.

Detenernos a observar nos lleva a descubrir qué roles estamos jugando, si los elegimos por deseo, por comodidad o porque nos tocó. Apropiarnos de nuestro habitar es habitar nuestro cuerpo, para luego ir hacia lo exterior.

Hemos escuchado aquello de animarnos a ver la sombra, nuestro lado oscuro y la necesidad de ir hacia adentro, que no es ni más ni menos que esto: echar luz en todo lo que podamos, ver qué queremos nutrir y qué es necesario transformar.

Saber que tenemos el poder de hacerlo y contar con herramientas precisas, ayudará a que el recorrido sea lo más amoroso posible.

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180 s. 67 illüstrasyon
ISBN:
9789878710136
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