Kitabı oku: «Sexo sentido»

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A las mujeres de mi vida.

Prólogo
Flor es nosotras

Cercana, cálida, cotidiana, accesible, simple. Tiene muchísimos títulos y logros profesionales, de los cuales un ego un poquito inflado haría un despliegue de alarde insoportable. Pero ella nunca habla de eso. Ella habla de nosotras.

Nunca está en el podio dando cátedra. Siempre está al lado, acompañando, entendiendo, porque acepta que también le pasa lo que nos pasa a todas. Ella es nosotras.

En esos diplomas es Florencia Salort, pero la conocemos sencillamente como Flor, Florcita o como @flordegineco en Instagram, sin protocolos.

Cuando me propuso redactar este prólogo le pregunté qué la había llevado a escribir este libro, y me dijo: “El amor a las mujeres. El amor a la libertad. El amor a poder elegir. El amor y el respeto, no solamente a la identidad y a la orientación sexual, sino a las formas de querer amar y de ser sexualmente a cada momento. Porque no creo que la sexualidad se elija para siempre, ni se es sexual de una forma u otra para siempre, todo puede cambiar…”.

Escucharla, sentir vibrar su pasión, emociona. No es postura, no es maquillaje. Es verdadero compromiso. Creo que ni ella se da cuenta del enorme valor que su aporte le otorga a la vida de las mujeres de hoy, en un momento histórico para nuestro género.

Ella es una mujer que escribe para todas, sin prejuicios, castigos, condenas, miedos, estereotipos, ni nada que se le parezca. No existe en su vocabulario el “deber ser”.

Cada célula de Flor, cada letra de este libro abrazan la diversidad y la libertad. Libertad de sentir y adueñarnos del placer como cada una de nosotras quiera y pueda.

Yo, como psicóloga, terapeuta holística y oradora, escucho todos los días los rastros de dolor y angustia que han dejado los condicionamientos sociales y familiares sobre la sexualidad femenina. El sufrimiento es mucho, pero tiene solución.

La aparición de Flor en los medios y en las redes sociales me ha ayudado mucho, tanto en lo personal, como en el acompañamiento de mis pacientes. Y ahora estas páginas serán lectura más que recomendada para cada una de ellas.

¡A desbloquear se ha dicho!

Vamos al libro.

Sexo sentido, un claro guiño al sexto sentido, a la intuición, una puerta que se nos abre para recuperar nuestra naturaleza femenina en todo su esplendor y potencial. Féminas en goce.

¿Qué vas a encontrar entre sus páginas? ¡Vas a encontrarte! Te vas a encontrar con tu ser en todas tus posibilidades como mujer. Vas a poder encontrar respuestas, aclarar dudas, aprender sobre masturbación, orgasmos, mitos sexuales tanto femeninos, como masculinos, lubricación, falta de deseo, sus causas y posibles formas de reencontrarlo. Además, comprenderás la importancia de la comunicación en la pareja, aprenderás a conocer, decir y pedir qué te gusta y qué no a la hora del sexo.

Sexo oral, anal, imprevistos en la cama, anticoncepción de emergencia, y sobre todo mucha información sobre el órgano sexual femenino por excelencia, el clítoris.

Todo lo que nos enseñaron, lo que creíamos, lo que aprendimos antes, puede cambiar, puede mejorar.

Dice Flor: “La sexualidad se aprende, se transmite, se educa”. Para todo esto llega este libro. Su lectura es simple, llevadera, profundamente informativa. Cada capítulo termina con un pequeño resumen a modo de recordatorio de los puntos más importantes.

En aquella charla con Flor, en la que me hablaba del libro, me expresó su deseo de acompañarnos. En un momento de la historia femenina en el que nuestras voces resuenan cada vez más poderosamente.

Sexo sentido y Flor Salort nos toman de la mano para transitar juntas el camino hacia nuestra completa libertad sexual.

Sexualidad y palabra, dos ámbitos negados por siglos a las mujeres, se abren entre estas páginas para ser guía y acompañamiento.

Flor es nosotras. Es verdadera sororidad ejercida, sororidad en acción.

Sexo sentido es un libro necesario, fundacional, esencial para cada mujer. Y una invitación al placer.

Conociendo a su autora, cada letra fue concebida con amor y respeto hacia cada lectora.

Ella dice que su función es estar junto a nosotras, con este libro ya no estaremos solas a la hora de encontrarnos con nuestra sexualidad.

¡Bienvenidas al disfrute! Descubran en estas páginas sus formas de gozar.

Y como dice Flor al final de cada capítulo: Quisiera que cada palabra te lleve al placer, “querida amiga”.

Porque eso es Flor para cada mujer que la conoce: una amiga.

Pata Liberati

Psicóloga, escritora y oradora

Introducción
Yo las entiendo

Desde ya les digo que las entiendo... ¡las entiendo tanto!

Sí, porque yo también pasé por situaciones en las que me sentí sola, incomprendida, sin espacio para preguntar. Y lo que ustedes sienten, de vez en cuando, lo vuelvo a sentir o vivir. Sí, aún hoy.

Las entiendo cuando me dicen que no sienten ganas de tener relaciones sexuales, que cuando las tienen muchas veces no logran llegar al orgasmo, que no se conectan con el placer, que no hablan con sus parejas sobre sus deseos sexuales, que están llenas de prejuicios o que alguna pareja sexual las estigmatizó con esas palabras que les dijo en pleno momento sexual...

A mí, muchas veces, me pasó lo mismo. Desesperada, consultaba con algún profesional y lo único que escuchaba eran comentarios del estilo: “Seguro que algún día vas a tener un orgasmo, ¡tranquila!”. “Bueno… ¿pero qué te duele?”. Salía de la consulta con la sensación de que no me habían escuchado. Aterrada, trataba de hablar con una amiga o compañera de alguna reunión de médicas, con quienes no siempre nos decíamos exactamente la verdad, buscando que hubieran pasado por lo mismo y preguntándome si sería normal lo que me estaba sucediendo, cuándo se me pasaría o si había nacido fallada. Me daban ganas de gritar: “¡Por favor! ¿Te pasa lo mismo? ¿Alguien me explica cómo gozan la mujer y el hombre, y cuáles son los tiempos de cada uno? ¿Somos iguales en el deseo? ¿Cómo llego al orgasmo? ¿Es normal todo lo que imagino como fantasías? ¡S.O.S.! ¿Hay alguien ahí?”.

Mujer querida, por esto y por múltiples razones más que te pasaron o te estás imaginando, te digo: “¡Aquí estoy!”.

Cuando estudié Medicina, como tantos otros amorosos y amorosas colegas que lo hacen desde el corazón, decidí levantarme cada día y hacer del ancestral oficio un espacio de escucha, empatía y encuentro.

Hace muchos años (veinte, pero no digas nada), para la selección de ingreso a la residencia de Ginecología y Obstetricia en el Hospital Italiano de Buenos Aires, me preguntaron: “¿Por qué querés ser ginecóloga?”. Y yo, rápidamente, contesté: “Porque me gustaría acompañar a las mujeres a transitar mejor cada etapa de su vida”.

Hoy entiendo que estudié y que sigo formándome para eso. Para ser una gran acompañante de caminos, de alegrías, de grandes momentos. Para agarrarte de la mano, mirarte a los ojos y contenerte. Para buscar la luz en la oscuridad cuando manda el miedo. Para que, como siempre digo, te vayas de mi consulta mejor de como entraste…

Quiero que este libro sea tu compañía siempre. Que a las dos de la mañana te saque de un apuro y te relaje dándote el control sobre tu cuerpo y tus emociones. Quiero que este sea tu lugar de identificación, porque ninguna mujer es la excepción a ninguna regla. Quiero que lleguemos a aceptar que tenemos mil facetas y ninguna nos define en un todo, sino que todas juntas hablan de nosotras.

Me gustaría que estas páginas te ayuden a que puedas conocerte, a que te amigues con tu cuerpo y tu propia luz hasta que puedas sentirte un todo entre lo físico, lo mental y lo emocional. Que liberes tus culpas, que te sueltes de las ataduras de lo que creíste que era correcto.

Quiero que en mí encuentres una amiga, una palabra tranquilizadora, que no juzga, que acompaña y que habilita a ser. Mi deseo es que, en este libro, encuentres una respuesta, un mensaje, un abrazo y una guía que te haga ser más consciente de lo que te pasa, para que juntas podamos sacarlo afuera. Créeme: se puede disfrutar y gozar de ser estas mujeres que somos.

Sexo sentido está dirigido a todas las personas que se sientan mujer. Si bien, muchas veces, me referiré a las mujeres como personas con vulva y a los hombres como personas con pene, mi intención es que todas las personas, en algún momento durante la lectura, se sientan parte y se identifiquen. El género trasciende el binarismo hombre/mujer.

Este libro está escrito para que las personas sean más libres sexualmente. No tiene etiquetas. Por eso también me refiero a parejas sexuales independientemente de su identidad de género.

En estas páginas voy a hablarles del placer y del autoconocimiento, pero también de la culpa, de los mandatos, de las creencias, de todo aquello que nos impide gozar. Vamos a transitar emociones, las que nos atraviesan día a día, las que sentimos, las que nos estimulan o nos retraen, las que nos dan en el alma y a veces nos limitan. También, vamos a hablar de sexualidad y de sexo. Vamos a hablar de deseo y libido. Y te voy a compartir los mitos y realidades que tenemos las mujeres y los hombres a la hora de gozar y que nos marcan, tantas veces, la senda. Las emociones en el sexo nos afectan y nos influyen en el goce, en la salud y repercuten en nosotras y en nuestros vínculos. Vamos a hablar de orgasmos, de masturbación femenina, de imprevistos a la hora del sexo, de la falta de deseo y cómo estimularlo, de aquello que no nos animamos a pedir por miedo a cómo nos verán y de nuestro poder para elegir cómo queremos vivir nuestros vínculos sexuales.

Vislumbré este libro hace muchísimos años, con tanto amor como imaginé a mis hijas y las sentí antes de que fueran concebidas. Llega en el momento justo, en el que cada mujer necesita reencontrarse y prender su GPS en ese tiempo que transita. Nada llega a nuestras manos antes de tiempo. Si estás leyendo Sexo sentido, significa que estás por emprender un viaje al centro de tu placer.

Hoy este libro acaricia mi alma, ya que todo lo que brindo en él forma parte de mi experiencia de tantísimos momentos de escucha, de horas de estudio, de decenas de libros leídos, de incontables situaciones vividas en el consultorio. Entre espéculos, Paps, manos agarradas, sonrisas y lágrimas, aquí me tienen para acompañarlas. Amo escribirles, hablarles y escucharlas.

A ustedes, mujeres amigas, mujeres líderes, mujeres fuertes, mujeres emprendedoras, mujeres que aman y se dejan amar, mujeres que dudan, mujeres que se cuidan y protegen. Mujeres brillantes, simplemente mujeres.

A ustedes que son adolescentes y tienen todas las dudas. A ustedes que son jóvenes y están viviendo un mar de experiencias. A ustedes que son adultas y les dijeron que es la mejor edad, pero no logran combinar la vida diaria llena de obligaciones con el placer. A ustedes que están en plena menopausia y sienten que se apagan, cuando en realidad pueden vivir un hermoso despertar. A ustedes que pasaron los sesenta y pico y compraron el discurso de que la gente grande ya no “disfruta” de la sexualidad. ¡Ja! Nada más lejos de la realidad. A ustedes, mujeres, con la orientación sexual que elijan para ser felices. A ustedes que quieren vivir sin culpas, que no se sienten escuchadas o que no se animan a preguntar; a ustedes que se sienten solas y que nadie las entiende. A ustedes que son madres, abuelas, tías, hermanas, amigas, esposas, novias, amantes, amigas con derechos...

A ustedes, mujeres: ¡bienvenidas, a este mundo maravilloso de ser mujer y gozar en el camino!

Bienvenida
Permiso para el placer

Cada día más, se entiende que el placer es nuestro derecho y que todas las mujeres somos dignas de otorgárnoslo cuando cada una así lo decida. Pero, durante mucho tiempo, el disfrute de la mujer no le importó a nadie: ni siquiera a nosotras mismas. Y en algunos casos, todavía hoy sigue estando mal visto.

En cambio, el placer masculino siempre estuvo socialmente aceptado. Los hombres tienen culturalmente aprobado el derecho a gozar. Y, además, la naturaleza les dio la posibilidad de conocerse más rápido, casi sin tener que proponérselo.

La primera gran diferencia entre ellos y nosotras es que sus genitales están más expuestos. Eso significa que se los miran desde pocos meses después de nacer, se los tocan, examinan sus cambios... Conocen su tamaño, sus sensaciones: el diálogo entre su pene y su cerebro está claramente establecido.

Nuestros genitales están allá abajo, lejos, ocultos, misteriosos. Por eso, muchas veces, no sabemos cómo nombrarlos. Ni siquiera sabemos cómo está conformada nuestra vulva, cómo es, de qué color, cómo se llaman las distintas partes y qué función cumplen para nuestro disfrute.

Las mujeres tenemos libertad sexual. Esto abarca el disfrute, el ejercicio y el desarrollo de nuestra identidad sexual. También, comprende la elección de tener o no hijos, cuándo y cuántos, y la decisión de en qué momento tenemos relaciones sexuales, cómo y con quién. Todas podemos buscar nuestro placer.

Todas, absolutamente todas las mujeres, tenemos la posibilidad de tener un orgasmo, es decir, de sentir el éxtasis. Todo nuestro cuerpo está provisto de miles y miles de terminaciones nerviosas que están allí para hacernos gozar y tener sensaciones: darnos escalofríos, estremecernos y disfrutar hasta llevarnos al máximo placer. ¿Saben qué es lo primero que debemos hacer? Darnos permiso.

El permiso para el placer femenino es un derecho que debería ser de lo más habitual, una experiencia que todas tengamos con frecuencia y que recorramos a lo largo de nuestra vida. Pero es difícil y, a veces, cuesta derribar la cantidad de prejuicios, preconceptos, reglamentaciones y prohibiciones que se nos imponen y que nos atribuimos a la hora del goce. No nos damos permiso para el placer. Aunque parezca mentira, a veces las personas más llenas de falsas creencias, de culpas, de prohibiciones y de mandatos en contra de nuestro disfrute somos nosotras mismas.

Por otro lado, siempre la vagina estuvo asociada al placer o se le dio el lugar de órgano sexual en equivalencia al pene de los hombres. Por ende, se centró la obtención del placer lógicamente en ese órgano. ¡Esto es un error!

Desde tiempos remotos hasta el día de hoy, el placer femenino se asocia con la penetración. En los libros de ciencia y de medicina no se habla del placer femenino ni de su órgano de placer más grande, que se llama clítoris.

A mediados el siglo XIX, la medicina hablaba de maleficios psiquiátricos, demencias prematuras, epilepsias, ceguera, desviaciones, alteraciones neurológicas, e incluso de la muerte temprana si alguien osaba tocar el clítoris. Hasta era recomendado extirparlo para evitar enfermedades.

Esto se mantuvo en auge hasta la mitad del siglo XX. Sí, leyeron bien, hasta 1950/60. Y aún en muchas culturas ese disfrute está mal visto, o incluso prohibido hasta la actualidad. De hecho, hay lugares en el mundo en los que es culturalmente aceptable mutilar el clítoris por diversas causas, entre ellas: quitar la posibilidad de gozar, castigar a la mujer por tener relaciones sexuales sin haberse casado o por ser infiel.

Tuvieron que pasar muchos años para que comenzáramos a hablar y a estudiar el placer femenino, su respuesta sexual, sus tiempos en el orgasmo, la excitación, su deseo. El placer femenino es nuestro derecho y toda mujer es digna de proveerse placer y otorgárselo cuando ella lo decida.

Las mujeres somos dignas de disfrute y de experimentar nuestra libertad sexual. Podemos vivir en consonancia con nuestra identidad y la orientación sexual que sintamos y queramos. Y modificarla cuando nos plazca. Somos libres de elegir con quién relacionarnos sexualmente, besarnos y amarnos.

Por lo tanto, mujeres, tenemos que saber que:

•Somos seres sexuales.

•La sexualidad se aprende, se transmite y se educa.

•Venimos de un mundo de creencias a derribar que nos privaron de placer.

•Nos debemos permitir el placer y somos dueñas de nuestro goce.

•Somos amas y señoras de nuestro tiempo, nuestros espacios y nuestro cuerpo.

•Tenemos derecho a nuestra propia intimidad y privacidad. Siempre.

•Somos bienvenidas a nuestro propio éxtasis de placer.

Querida amiga, ¡tu placer importa!

Empecemos a recorrer juntas estas páginas para que puedas reconectarte con tu deseo, con tus emociones, con tu cuerpo y con todo tu ser sexual. Es tiempo de que te des permiso para vivir intensamente el placer.


Masturbación, bendita tú eres

En este primer capítulo voy a hablarles de autoplacer. Sí, ya sé que es un tema difícil de abordar para muchas mujeres por vergüenza, mandatos, religión, etc. Por eso me parece esencial que conversemos esto entre amigas. Las invito a que recordemos qué fue lo que nos transmitieron de niñas con respecto a este tema.

Preguntémonos: ¿cómo fue nuestra historia? Si nos encontraron explorándonos, ¿nos dijeron que estaba mal o que era feo? ¿Alguien nos habló de la importancia de conocernos, de que es natural y de que lo hagamos en privado? ¿Nos hablaron de la intimidad? ¿Del cuidado de nuestro cuerpo? ¿Alguien de nuestra familia nos dibujó una vulva? ¿Nos explicaron cómo higienizarnos? ¿Nos dijeron que estaba bien la satisfacción y el placer con nosotras mismas?

Qué bueno hubiera estado que nos explicaran que las niñas tienen igual derecho al placer que las mujeres adultas. Cuánto más fácil sería si nos hubiesen contado que es maravilloso querer el cuerpo, explorarlo, respetarlo e ir construyendo nuestra intimidad. Legítima, propia.

Imaginemos qué habría pasado si nos hubiéramos criado en una sociedad que nos hubiese habilitado al placer desde pequeñas. ¡Qué lindo hubiese sido que, sumado a eso, no nos regañaran ni señalaran cuando descubríamos nuestras zonas erógenas al explorarnos y nos hubiesen permitido el disfrute sin censura! Si nos hubiesen criado en la libertad de podernos dar placer a nosotras mismas en nuestra privacidad.

Pensemos cuán diferente sería nuestra vida sexual si hubiéramos crecido en un ambiente donde nos hubieran explicado de qué se trata esto que descubrimos al tocarnos. Cuánto más sencillo habría sido todo si el placer se viviera como algo natural, como un derecho de cada una y no como algo prohibido.

Ante esta realidad, querida amiga, que aún hoy nos pesa sobre nuestras espaldas, aquí me planto para decirte: ¡Conéctate con el placer femenino en todas sus formas! La autosatisfacción es parte de tu cuerpo, de tus fantasías, de tus emociones. En este capítulo vamos a patear el tablero y a sumergirnos en nuestra propia erotización, porque está ahí para tomarla de la mano e invitarla a jugar. Te voy a demostrar que nada malo nos puede pasar si nos sumergimos en este camino del autoplacer y vamos al reencuentro con nuestra mujer sexual, con la musa erótica y ardiente que todas llevamos dentro. Solo es cuestión de dejar de lado algunas estructuras y creencias limitantes, y animarnos. ¡Allá vamos!


Conocerse para amarse

El conocimiento de nuestra sexualidad no comienza en la adolescencia o cuando tenemos nuestra primera relación sexual. Cuando nos encontramos con otra persona en una situación erótica no sabemos por arte de magia cómo gozar y llegar a tener un orgasmo. Nada más alejado de las películas en las que se tiran contra la pared o la cama, las cosas suceden y todas gimen mágicamente en dos segundos… No, no funciona así. Nuestro conocimiento sexual comienza antes de nacer.

Los primeros estímulos placenteros comienzan dentro del vientre en el que nos formamos. Por una razón absolutamente instintiva, cuando somos bebés nos llevamos las manos a los genitales, nos chupamos los pies para obtener placer, nos frotamos contra el pañal y, cuando somos un poco más grandes, continuamos con este tipo de autosatisfacción.

La sexualidad se sigue desarrollando día a día luego de nacer, se enseña, se aprende y necesita tener (y que nosotras le demos) un espacio para que se construya y se viva de una manera más abierta y saludable. Hablo de dedicarle un tiempo, como el que le dedicamos a aprender cualquier otra actividad (comer, bañarnos, ordenar nuestras cosas, etc.).

El primer paso para tener una sexualidad plena es que cada mujer se conozca a sí misma. Siempre aconsejo que nos conozcamos, nos miremos nuestros genitales con un espejo y los observemos. Que nos toquemos y exploremos. Sé que la palabra masturbación suele ser tabú entre las mujeres, pero es importante que nos amiguemos con el término y, al mismo tiempo, conozcamos nuestra vulva y sus partes para saber cómo darnos placer.

Lo primero que me gustaría explicar es que no es lo mismo vulva que vagina. Las personas en general, y muchísimas mujeres, no conocen esa diferencia. La vulva es lo que conocemos como nuestros genitales externos. Está rodeada por áreas extremadamente sensibles como, por ejemplo, el monte de venus, que es la parte que tapamos con el triangulito del traje de baño, que tiene grasa, está adelante de nuestra vejiga y pelvis, y es donde se encuentra el vello. Y la vulva propiamente dicha está conformada por el clítoris, los labios menores, labios mayores, la uretra, el himen, la horquilla vaginal y nuestro vestíbulo. También están las glándulas de Skene, rodeando a la uretra, que son las responsables del famoso squirt del que te hablaré en el capítulo siguiente.

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El himen es como una telita, una membrana que está en la entrada de la vagina de cada mujer y que es tan particular que el de cada una es diferente, y puede tener diversas formas y tamaños. El caso es que, por lo general, en algún momento de la vida el himen se “rompe”, se “corre”, dejando más libre la entrada de la vagina. Puede suceder en múltiples situaciones, como por ejemplo, andando en bicicleta o en una clase de baile. Pero deben tener en cuenta que a veces no ocurre nunca: hay mujeres que conservan su himen intacto a pesar de haber tenido relaciones sexuales con penetración. Y, también, es un mito que necesariamente cuando se rompe o se tienen relaciones con penetración vaginal por primera vez “deba sangrar”. Muchas veces esto no ocurre. Por lo tanto, basta del mito de que el himen es igual a sangrado y a “virginidad”. Otra palabra mítica que no debería estar más asociada al inicio de la vida sexual y/o a la penetración vaginal.

Nuestros labios mayores comprenden un área que tiene muchísimas terminaciones nerviosas que podemos explorar y acariciar. Pueden tener vellos, ser canosos, estar depilados, ser turgentes, con más grasa o menos. Cada área de cada vulva es única en cada mujer.

Los labios menores son los que cubren nuestra vulva. Los hay de todos los tamaños, texturas, colores y formas. Pueden ser asimétricos, grandes, pequeños, rugosos, finos, delgados. Son muy sensibles y, a través de ellos, podemos explorar el placer. La forma de estos labios es muy diversa. Como verán, hay infinidad de vulvas en el mundo.

Es muy importante que sepamos este detalle porque muchas veces hemos sido víctimas de comentarios poco felices y agresivos acerca de nuestra vulva. Quizás fuimos cuestionadas sobre su forma o color, y tomamos esos comentarios como ciertos. Esta experiencia, lamentablemente, juega en contra de nuestro deseo a la hora del goce, para disfrutar, mostrar o tocar nuestra vulva. No compremos estas falsas premisas ni incorporemos comentarios que bloqueen nuestro derecho al placer. En este punto quiero remarcar que no debemos comparar nuestros labios ni cualquier área de nuestra vulva con las de otras mujeres. No caigamos en estereotipos ridículos y sin fundamentos pensando que nuestra vulva no es linda o debiera de ser “como aquella”. Todas las vulvas son dignas del goce y de ser disfrutadas. ¡Vivan todas las vulvas y sus diferencias!


Alabado clítoris

Ahora hablemos de nuestro alabado clítoris. Está en nuestra vulva, justo adelante, en la apertura de los labios menores y es nuestro órgano de placer por excelencia. La única función que tiene es justamente esa: darnos placer.

No se habla mucho del clítoris, solo se sabe que es “un botoncito”, que es chiquitito, que a veces ni se encuentra. En pleno siglo XXI todavía no se conoce mucho de este “aliado incondicional”. Como ya te conté, en ciertas culturas se lo mutila y se lo menosprecia cuando se dice que es el causante del orgasmo. Cuánta mala prensa, ¿no?

Sigmund Freud, el reconocido psicoanalista, hablaba del orgasmo vaginal como el maduro y del orgasmo clitorídeo como infantil o inmaduro. Él decía que para que una mujer se sintiera sexualmente satisfecha tenía que sentir el placer y el orgasmo durante la penetración. Sin ir más lejos, hoy, para algunas religiones, una pareja heterosexual que contrae matrimonio y que no tiene relaciones penetrativas, tiene un matrimonio no consumado que puede ser motivo de anulación. Como verán, el relato falocéntrico estuvo en toda nuestra historia y continúa en la actualidad.

¡Como si el placer pudiera dividirse según la zona erógena! Y como si la estimulación del clítoris y la obtención de placer a través de él fueran actos infantiles, poco adultos. Nada más lejos de la realidad. El placer es de cada una, más allá de lo que lo provoque.

Además, ¿dónde está o queda nuestro placer si nuestro órgano principal es completamente ignorado y, a veces, desconocido? ¿Qué harían algunos hombres si sistemáticamente en la relación sexual les pidiéramos que no participe el pene? Suena raro, ¿no?

Se vuelve impostergable hablar de deseo y placer femenino. No hay manera de seguir hablando de sexualidad femenina y equidad si no nos dedicamos primero a conversar sobre nuestro órgano de placer. Basta de olvidarlo y de restarle importancia. Aquí está y todas tenemos uno.

Nuestro clítoris es mucho más grande de lo que se ve, en todos los sentidos de la palabra. Tiene el mismo origen que el pene, pero no tiene la uretra como el pene y tampoco función reproductiva. El clítoris es nuestro órgano del placer, como el pene el de los hombres. No es la vagina como nos hicieron creer. Y, como te conté, solo se creó y está ahí para obtener goce.

El clítoris es un órgano con muchísimas terminaciones nerviosas, más de 8000. Lo que se ve externamente es una pequeña parte de él y se llama glande. Y tiene más terminaciones nerviosas que el pene.

A este glande lo cubre un capuchón que está formado por parte de los labios menores. Luego continúa un tallo y dos ramas con tejido eréctil que se sitúan sobre la pared anterior en la vagina, como si fuera una montura del caballo, que miden 9 centímetros de largo aproximadamente, y de ancho entre 5 y 6 centímetros. Al lado de estas raíces están, en la parte interna, dos bulbos eréctiles vascularizados, que se llenan de sangre y se llaman cuerpos cavernosos.

Cuando nos excitamos, estas áreas triplican su tamaño y, al estar anatómicamente ubicadas sobre el tercio anterior de la vagina, al frotarlas generan muchísimo placer. Esta zona concuerda con el famoso “punto G”. La realidad es que no existe ningún punto, nunca se halló. El placer deviene del rozamiento interno de la cara anterior de la vagina que contiene en su interior ambas ramas del clítoris, como les contaba anteriormente. No nos dejemos engañar con esas “terapias” que pretenden vender que aumentan la sensibilidad del “punto G” o proponen inyectar sustancias con el objetivo de “aumentarlo”. Nada de eso está demostrado que sirva porque, justamente, no hay ningún “punto G”.

Deben tener en cuenta que el 20 % de las mujeres tiene orgasmos solamente con la penetración vaginal, sin necesidad de estimular el clítoris de forma externa. Sin embargo, el otro 80 % de las mujeres necesita tocar el glande y su capuchón, o frotarlo en forma directa con la mano o con cualquier variante –ya sea lengua, dildo, vibrador, almohada, juguete, pene– y en forma continua, para generar un placer inmenso, sostenido, y que culmina en lo que llamamos orgasmo.

Lo importante, amiga, es disfrutar el recorrido, palparlo y transitarlo con las variantes que elijas. No solo perseguir el orgasmo, sino disfrutar del maravilloso camino. Ahí está el verdadero goce.


Cómo estimularte

Como ya les conté, la masturbación es un acto absolutamente instintivo, más allá de que cuando crecemos lo hacemos conscientemente para darnos placer. Es un acto común, normal, saludable, educativo y no tiene efectos adversos de ningún tipo. También nos ayuda a saber qué nos gusta y a interpretar nuestros ritmos. Además, es un excelente recurso para mejorar nuestra sexualidad. Es nuestra aliada para transmitirles a nuestras parejas sexuales los modos, las formas, los ritmos, los tiempos y las zonas que más nos gustan que nos estimulen.

Es muy importante que sepan que, según una encuesta que realicé en mi cuenta de Instagram, el 30 % de 1980 mujeres nunca se masturbó. Lamentablemente, poco se habla de la masturbación femenina, de sus beneficios y de su importancia. Decididamente, no se educa ni se transmite.

Hay mujeres que no la practican porque no saben cómo hacerlo o por creencias que las avergüenzan y las limitan. Alguien les dijo que eso está mal, que es de loca, de histérica, de insatisfecha, de desesperada. Lo primero que tenemos que hacer es desterrar el mito de que está mal y que solo lo hacen “las otras”. Si todas entendiéramos que forma parte de lo natural, de lo seguro, de nuestra intimidad, ¡cuánto más fácil sería! Solo se trata de conocernos, estimularnos, permitirnos y otorgarnos el tiempo necesario para explorarnos.

Cada mujer, a través de su propia exploración, descubrirá de qué forma le gusta estimular su clítoris. Algunas lo hacen con golpecitos, otras apoyan el dedo mayor o el índice y lo mueven en forma de círculos o hacia los lados rápidamente, o variando la velocidad… Cada cual tiene su propio ritmo. Están las que prefieren humedecer el clítoris antes de tocarlo, ya que esto permite un movimiento más fluido, y las que eligen que el clítoris esté seco para poder fijar el dedo de manera más firme. Cada una debe encontrar su propia forma. Hay quienes cierran sus ojos y se dejan invadir por pensamientos o fantasías, y a otras les alcanza con concentrarse en su sentir para llegar al orgasmo. También, están las que lo hacen mientras escuchan una música que las erotiza o en el momento de ver una película que las excita.

Necesitamos crear y reservar un tiempo para emprender el camino de acariciarnos y autoexplorarnos. Para conectarnos, necesitamos erotizar nuestra mente, crear un ambiente íntimo, buscar estímulos que nos gusten y nos exciten, como velas, música, pensamientos, aromas, películas, fantasías, juguetes sexuales, literatura erótica, etc. Aun así, si el orgasmo no se logra con las primeras experiencias, o siempre que deseamos, esto no debería frustrarnos.

Lo importante es que aprendamos que conocernos es bueno, sano, enriquecedor y placentero. Nos educa sexualmente. ¿Qué significa esto? Quiere decir que autoexplorarnos nos va a ayudar a disfrutar al máximo de nuestro cuerpo.

Tu piel, mamas, abdomen, muslos, cola, vulva, vagina y clítoris, como todo tu cuerpo, te pertenecen y están allí para que goces de ellos y los compartas con quien quieras.

¿Sabían que la masturbación nos otorga beneficios extra a nuestra mente y a nuestro cuerpo, además de darnos placer? La posibilidad de tocarnos nos proporciona sentimientos que producen un aumento de autoestima. Nos acaricia, nos reconforta. Es darnos un tiempo para encontrarnos con nuestra intimidad. Eso vale mucho para la mente. Son nuestros espacios privados, tan necesarios. Merecemos mimarnos. Estos momentos son decididamente sanos. El cerebro genera endorfinas, oxitocina, dopamina y serotonina, que son los neurotransmisores que nos otorgan mucho bienestar corporal y mental, nos relajan, nos bajan el estrés y aumentan el sistema inmune. Por otro lado, a nivel físico la masturbación y el orgasmo generan un aumento en nuestra circulación sanguínea, oxigenando nuestros tejidos. Mejora el funcionamiento de nuestros órganos (corazón, pulmón, hígado, etc.), y nos proporciona un masaje pelviano que ayuda a mejorar enfermedades como la endometriosis, la fibromialgia, las contracturas pelvianas, el vaginismo, el dolor menstrual, etc.

Hoy las convoco para que nos animemos a sentirnos protagonistas de nuestro placer y, si lo deseamos, a mostrarlo y disfrutarlo junto a otro/a. Por todo esto, tanto en nuestra privacidad como cuando estamos con nuestra pareja sexual, el acto de autosatisfacernos y otorgarnos placer debería ser una situación habitual, divertida, presente, alabada, festejada y compartida. No estamos acostumbradas a hacerlo delante de alguien, ya que culturalmente “nunca fue un juego de mujeres”, un divertimento, como sí lo fue o es para el varón en su crecimiento y su libertad sexual.

Cuando hablo de compartir la masturbación, significa que la otra persona también forme parte de ese acto y participe porque es natural, lo elegimos y es otra fuente de goce. La masturbación no compite con la pareja, no reemplaza, no discrimina, solo es parte. Es placer compartido.

No te olvides

Esto es lo que quisiera que te lleves de este capítulo, querida amiga:

1. Somos sexuadas desde antes de nacer. Los primeros estímulos placenteros comienzan dentro del vientre en el que nos formamos.

2. El primer paso para tener una sexualidad plena es que cada mujer se conozca a sí misma.

3. La masturbación es un acto común, normal, saludable, educativo y no tiene efectos adversos de ningún tipo. Tiene múltiples beneficios para la mente, el cuerpo y las emociones.

4. El clítoris es un órgano con muchísimas terminaciones nerviosas. Lo que se ve externamente es una pequeña parte de él. Se puede estimular desde el interior, por la vagina, y de forma externa directa, como lo elija cada mujer.

5. El autoplacer no compite con la pareja, no reemplaza, no discrimina, no sustituye. Solo es una maravillosa parte para disfrutar de nosotras mismas.

6. La masturbación forma parte del placer femenino y todo nuestro cuerpo existe para gozarlo.

Orgasmo, divino tesoro

Imaginemos esta situación: Gaby sale con Esteban desde hace diez meses y nunca tuvo un orgasmo. Llega al encuentro sexual y siente que siempre es lo mismo. Él es muy dulce, atento, cuidadoso pero a Gaby no le alcanza, nada sucede con su propio placer. Él la acaricia, la besa, la toca, a veces hay sexo oral, la penetra, cambian de posiciones, intentan nuevas poses… pero Gaby no logra gozar. Él siempre llega a su orgasmo y el encuentro íntimo termina.

Gaby está muy preocupada y angustiada. Le contó la situación a una amiga y ella le preguntó: “¿Pero te gusta Esteban? ¿Te excita? ¿Cómo te toca? ¿Le dijiste qué cosas te gusta que te haga?”. Gaby siente deseo. Gaby se excita. Gaby está conectada con la situación. Sin embargo, cuando está en el acto sexual, no logra soltarse, adueñarse de su placer ni llegar al orgasmo. Obviamente, siente que sus relaciones sexuales son un fracaso. Y a veces se pregunta, preocupada: “¿Seré normal?”.

Sé lo que están pensando. Todas tuvimos alguna vez esta conversación interna o con una amiga. Pero les aseguro que después de leer este capítulo, lo último que van a pensar y sentir es que “no son normales” o que lo que les sucede es algo “raro”. La mayoría de las mujeres, aunque sea una vez, estuvimos en el lugar de Gaby.


Todo es posible

Volviendo al ejemplo de Gaby, tenemos muchas posibilidades con respecto a lo que le puede estar sucediendo. Veamos algunas:

•Gaby no sabe qué le gusta, cómo ni dónde tocarse.

•No conoce suficientemente su cuerpo como para guiar sus sensaciones.

•No se lubrica ni llega a excitarse completamente.

•Tiene una creencia que la inhibe con respecto al disfrute.

•Siente que nunca va a tener un orgasmo y esto la condiciona y se boicotea.

•Nunca se animó a decirle a Esteban qué es lo que le gusta a ella.

•Le da vergüenza tener un orgasmo porque le teme a su propia reacción, ya sea gemir o gritar demasiado, y eso la intimida.

•No le gusta tanto Esteban.

•El encuentro sexual dura menos de cinco minutos o diez… No importa: para Gaby el tiempo es insuficiente

•No se conecta con la situación de placer.

Y estas son algunas posibilidades de lo que puede ocurrirle a Esteban:

•No sabe cómo acariciarla o tocarla.

•Va mal predispuesto al encuentro, ya que sabe que Gaby habitualmente no llega al orgasmo y no hace nada para que ella la pase mejor.

•Hace las cosas que le gustan a él pero nunca le preguntó a Gaby qué le gusta a ella.

•No ayuda a Gaby a relajarse.

•Tiene su orgasmo y solo le interesan sus tiempos.

Podría seguir dando ejemplos o alternativas a esta situación… De lo que estoy segura es de que Gaby no es anormal.

¿Cuántas veces hemos pasado por situaciones en las que no logramos sentir placer y/o llegar a un orgasmo en un encuentro sexual o con nosotras mismas? ¿Conocemos nuestra vulva? ¿Y el clítoris? ¿Nos sabemos autoestimular? Creo que es clave que pensemos si nos damos verdadero tiempo para disfrutar y si realmente forma parte de nuestro objetivo al tener un encuentro sexual. También reflexionemos si sabemos pedir lo que nos gusta y guiar a nuestra pareja para que nos estimule, si conocemos cómo se dispara nuestro orgasmo y nuestra respuesta sexual. Mujeres, ¿qué pensamos y sentimos cuando reflexionamos sobre nuestro propio placer? Juntas vamos a ir encontrando las respuestas.


Llegar al orgasmo (o no)

El orgasmo se define como “culminación del placer sexual”. Es un placer máximo que puede durar, aproximadamente, quince segundos, y que puede ser intensísimo o no tanto. Puede sentirse un orgasmo solo o pueden darse varios juntos, transformándose en un multiorgasmo, que no es otra cosa que tener un orgasmo tras otro, sin cesar la estimulación.

Amigas, les cuento que según una encuesta que realicé en mi cuenta de Instagram (coincidente con otras estadísticas y estudios sobre el tema), en la que participaron 2441 mujeres de 18 a 65 años, obtuve que el 23 % de las mujeres nunca ha tenido un orgasmo. Algunas, hasta el día de hoy, no pueden reconocer cuándo lo tienen. No saben qué se siente y, a veces, dudan de su respuesta sexual. Algunos de los comentarios que me hicieron fueron los siguientes:

•“Nunca tuve un orgasmo con una pareja. Tengo 45 años, dos matrimonios, y sé lo que es porque lo he tenido en un sueño”.

•“Creo que solo lo tuve con un juguete, jamás pude decir lo que me gusta”.

•“Me siento satisfecha, pero nunca tuve un orgasmo”.

•“Nunca pude llegar: me froto el clítoris, me agarra ansiedad y dejo de hacerlo”.

•“Cuando empieza a suceder esa sensación, me asusto y dejo de tocarme”.

•“Solo estuve con un hombre y jamás lo sentí, ¿soy yo o es porque estoy con él?”.

•“El clítoris me da unos reflejos que no me gustan, me causa espasmos en la vagina”.

•“Siento dolor cuando me penetran y cuando me tocan. Lejos de sentir placer, es un suplicio”.

•“Hace años que no siento nada y me muero de vergüenza”.

•“Amo a mi pareja, pero la paso mejor sola”.

•“No puedo llegar, solo pienso en cómo me veré en ese momento”.

Vamos por partes. Durante el orgasmo se libera la tensión acumulada en las fases anteriores (excitación, deseo y meseta de la respuesta sexual femenina). Comienzan las contracciones rítmicas de placer. Se contrae el útero, tiene espasmos, puede “latir” la vagina, y se siente un extremo cosquilleo y latir pelviano. Se erectan los pezones, aumenta la frecuencia cardíaca y respiratoria, la salivación y el rubor en el rostro y la boca.

Hay un aumento de sudoración corporal, transpiramos, jadeamos, gemimos, se eriza la piel, cambia la sensibilidad. Tenemos una expresión facial de placer, entreabrimos poco o mucho la boca, entrecerramos los ojos, la cara toma una expresión diferente en cada persona… Se liberan grandes cantidades de dopamina, oxitocina y endorfinas, neurotransmisores que aumentan cuando hay placer. Generan un gran bienestar y suministran una sensación de esplendor y relax a nivel cerebral. Cuanta más cantidad hay, más queremos repetir la experiencia. Se da un circuito cerebral de placer-recompensa que nos hace “querer más de eso”, ya que genera un recuerdo excitante.

Cuando pregunté en otra encuesta si consideran que existen varios tipos de orgasmos, de las 1847 mujeres que participaron, el 60 % creía que sí: el vaginal, el del “punto G”, el de la eyaculación, el de un squirt y el clitorídeo. Sin embargo, sabemos que el gran disparador del orgasmo es el clítoris y que todos los caminos hacia el placer se basan en sus diferentes formas de estimulación. Mujeres, cuánta energía mental y emocional perdemos creyendo que estamos “falladas” porque no logramos tener “los diferentes orgasmos”, ¡cuando en realidad no existen como tales!

Luego del orgasmo, entramos en el período de resolución. Es la última fase, cuando se produce una sensación de relax y bienestar general; sentimos que no queremos más estímulo, ni que nos toquen. Algunas mujeres, aún luego del orgasmo, siguen con ganas de gozar y de recibir estímulo pudiendo tener o no múltiples orgasmos.

Existen diferentes manifestaciones orgásmicas y algunas mujeres, en algunas circunstancias, mientras lo experimentan pueden tener también una eyaculación y/o un squirt.

Se habla de la “eyaculación femenina” cuando, durante el orgasmo, las glándulas de Skene vacían su contenido, que se compone de un líquido espeso, blancuzco, transparente, expulsándolo como si fuera una eyaculación. Estas glándulas se encuentran a los costados de la uretra (conducto por donde sale nuestra orina). Se las conoce como la “próstata femenina” porque contienen una secreción viscosa parecida al semen de los hombres, detectándose también antígeno prostático.

Esta especie de “eyaculación”, a veces no se percibe y otras se puede manifestar entremezclada con los fluidos vaginales. En cuanto a la técnica para lograrla no hay una específica, aunque muchos tutoriales digan que se puede provocar introduciendo un dedo en la vagina y haciendo con él el gesto de “ven” para estimular la parte anterior (casi a la entrada). Eso se basa en que, al estimular el clítoris por la parte interna de la vagina y masajear ese punto, se dispararía la salida del líquido de las glándulas de Skene.

Hay mucha controversia sobre el significado del squirt, si es diferente de la eyaculación y cuál es el origen de esos fluidos. Todavía no queda enteramente claro, ya que no hay grandes estudios al respecto. El tener un squirt corresponde a una sensación similar a la “de hacerse pis encima”, que produce muchísimo placer. En el momento de sentirlo se expulsa una gran cantidad de líquido que sale por nuestra uretra, que literalmente nos moja, y puede mojar a nuestra pareja e incluso nuestra cama. Este líquido es muy diluido, pero no es realmente orina. No tiene olor, tiene menos concentración y es más claro.

La fisiopatología por la cual la orina se diluye con niveles más bajos de creatinina, urea, ácido úrico y densidad en comparación con la orina normal, durante la excitación sexual, sigue siendo una incógnita y hay varias explicaciones al respecto.

En la actualidad, existe un gran debate sobre esto y se están realizando varios estudios científicos para poder saber exactamente de dónde proviene este líquido que expulsamos y que tanto placer nos da. Algunos trabajos demostraron que proviene de la vejiga y es un tipo de “orina”, ya que se observó en las mujeres un vaciamiento de la vejiga en las ecografías luego de expulsar este líquido. Este tendría una composición diferente de la de la orina dependiendo del intervalo entre el último vacío y el comienzo de la actividad sexual hasta la expulsión del líquido.

Lo importante es que sepamos que el squirt es algo normal, sano, disfrutable, que no nos debe avergonzar ni asustar. Es otro modo de disfrute e instante pleno, que forma parte de nuestras grandes alternativas de goce sexual. Es solo uno más.

La realidad es que la eyaculación está sobrevaluada como una técnica a aprender. Parecería ser que si no pasamos por esa experiencia los orgasmos son menos intensos o que realmente no llegamos a “lo más de lo más” en el sexo. Y esto, ¡no es así! Algunas mujeres pueden lograr manejar su squirt y elegir cuándo provocárselo. Otras, solo llegan, les pasa espontáneamente sin que sea el objetivo. A algunas les puede suceder una, dos, algunas veces, casi siempre, y, en cambio, otras jamás lo van a experimentar. Transitar esa experiencia depende de la excitación, del estímulo de cada una, y de la fisiología y anatomía de cada mujer, entre otros tantos factores que no dependen conscientemente de nosotras ni de nuestro compañero/a.

Como idea general quisiera dejar claro que no tendría que ser el objetivo del placer femenino. Ni nadie que sea nuestra pareja nos debería exigir como prueba de goce esta experiencia en el acto sexual.

En el caso de los hombres, cuando se sienten excitados, el cerebro les envía señales a la médula espinal que provocan que los cuerpos cavernosos del pene se llenen de sangre, produciendo su erección. Así aumenta su longitud y grosor. El glande aumenta de tamaño, adquiere un tinte azulado. Se cierra la uretra para que no haya pérdida de pis y se abren las válvulas de los conductos eyaculadores para liberar el semen. Los testículos dentro del escroto suben, se engrosa la piel.

Si la excitación prosigue, ya que el período de meseta (tiempo en el que se mantiene la excitación antes de eyacular y tener el orgasmo) en el hombre es bastante más corto que en la mujer, los espermatozoides salen de los testículos, se juntan con el semen de las vesículas seminales que son “fabricadoras de semen”, se unen con la secreción prostática, y están preparados para salir por la uretra en la eyaculación. Antes de eyacular, también, salen algunas gotas con espermatozoides, por la secreción de las glándulas de Cowper, que son glándulas que se encuentran situadas en la raíz del pene, a los lados de la uretra y contribuyen a formar la sustancia preseminal y a lubricar y alcalinizar la uretra, previo a la eyaculación. Con la continua estimulación, los músculos del periné (que bordean el ano y se entrecruzan en el piso de la pelvis) y los del mismo ano, en el momento del orgasmo y de la eyaculación, se contraen juntos y provocan la salida del semen en diferentes tiempos, que pueden variar de 3 a 7 segundos, aproximadamente.

Una vez que el hombre eyacula, entra en una especie de pausa, pierde la erección y los testículos vuelven a su tamaño original. Esta es la fase de resolución. Ellos no pueden, como nosotras, tener rápidamente un nuevo orgasmo y eyaculación. El tiempo que les lleve volver a tenerlo dependerá de varios factores, tales como edad, deseo, fármacos que tome, estrés, etc.

Sin embargo, nosotras necesitamos en un acto sexual de más tiempo, estimulación, más palabritas al oído y juego que ellos. Tenemos un período de excitación que no es tan automático. Nosotras no somos tan visuales. Necesitamos excitarnos para desear. Cuando deseamos nos activamos enseguida. Somos más auditivas, más sensoriales. Necesitamos estimular nuestra mente con fantasías, caricias, erotismo, seducción, jugueteo. Mucho juego previo antes de la búsqueda del orgasmo. Necesitamos conectarnos emocionalmente, estar y seguir ahí. Por momentos, nos cuesta mucho liberar la mente de pensamientos que nada tienen que ver con el momento sexual. Y, muchas veces, una relación sexual la disfrutamos muchísimo transitando el placer, los mimos, los besos y el juego, más que el propio orgasmo, el cual a lo sumo dura diez o quince segundos.

Como regla general, me parece que es esencial involucrarnos en nuestro derecho al placer, entregarnos al acto en sí, sin buscar como objetivo taxativo la manera de que el goce pase por cómo lograr el orgasmo. Si nos soltamos a nuestra experiencia sexual, encontraremos el mejor camino para lograr pasarla muy bien.


Jugar y probar

En la mayoría de las mujeres, el orgasmo no se logra de la noche a la mañana, sino que es un camino de autoconocimiento, permiso, confianza, actitud y educación. No hay razón para que una mujer piense o crea, como se dice por ahí, que es anormal o frígida porque nunca tuvo un orgasmo, no lo tuvo con una pareja o porque hace mucho que no lo tiene.

El término frigidez viene de “frialdad y frío”, pero se utiliza, mal, como adjetivo para estigmatizar a la mujer que no puede experimentar placer sexual y llegar al orgasmo. Desde ya les cuento que la “frigidez” no cabe ni existe para nadie.

Existen mujeres que, por poseer alguna patología orgánica severa que perturba las vías del reflejo orgásmico, tienen imposibilitada la capacidad de tener un orgasmo por las mismas vías reflejas que la mayoría de las mujeres. Les hablo, por ejemplo, de algún problema o patología del sistema nervioso central o periférico porque, en ese caso, el placer será suministrado por diferentes vías. Estas pueden ser las mamas, las orejas, la espalda, el cuello, algunas partes de la piel…

Cada una encontrará sus propias zonas erógenas y disparadoras de placer. ¡Sepan que no existe mujer que no pueda sentirlo! Todas tenemos nuestro propio mapa erógeno. Nuestras áreas del cuerpo que solo a nosotras nos estimulan y nos dan placer. Lo importante es conocerlas y “aprovecharse” al máximo de ellas. Lo principal es que entendamos que siempre podemos sentir placer en el sentido amplio de la palabra.

Nuestro cuerpo es nuestro instrumento erótico comandado por nuestra mente y acompasado por nuestros sentidos. Cada mujer puede conocer cuáles son sus zonas erógenas, sus puntos de máximo placer, sus gustos para ser acariciada, sus ritmos y sus modos. No nos limitemos a nuestra vulva cuando hay dos kilómetros de piel ansiosa por ser descubierta. ¡Es toda nuestra!

El placer de autosatisfacernos a través de la masturbación (tema del que te hablé en el capítulo anterior) es la mejor manera de educarnos sexualmente, ya que permite conocer los propios gustos, el ritmo preferido, la presión con la cual se goza, cuándo se aproxima el orgasmo, y si queremos posponerlo para que sea más intenso. Eso nos hace expertas en saber qué nos gusta que nos hagan o cómo no nos excita que nos toquen.

Es importante saber que existen diferencias en los tiempos y en los gustos entre mujeres y varones. Incluso, individualmente, en cada persona hay diferencias de un momento a otro, un día a otro, o hasta en el mismo día en las diferentes horas. Porque somos humanos y la sexualidad nos atraviesa de lleno en nuestras emociones, creencias, ánimos, sentimientos, y eso influye en los encuentros sexuales.

Por lo tanto, cuando nos exploremos seamos conscientes de quiénes estamos siendo en ese momento. Démonos tiempo, no nos frustremos si no nos sale, si no logramos el máximo placer. Se trata de relajarnos, de disfrutar, de probar, de jugar. No hay manuales ni guías exactas. Cada cual encontrará la suya. Solo hay que animarse a explorar.

Cuando estemos con alguien, démosle tiempo al recorrido de cada encuentro, ya sea con un nuevo vínculo o con nuestra pareja estable. Tenemos tantos pendientes en las materias de comunicación y conocimiento, que a veces se vuelve un recorrido lento, sinuoso, con barreras, semáforos, subes y bajas, lomas de burro, señales de stop y emociones intensas. Vale la pena bajar la ansiedad, observarse y ser conscientes del camino y de sus tiempos. Nunca es tarde para arrancar. La vía de la comunicación y el conocimiento con otra alma y con nosotras mismas tienen un recorrido que necesita ser vivido, explorado, palpado y sentido. ¡De eso se trata esta aventura!

No te olvides

Esto es lo que quisiera que te lleves de este capítulo, querida amiga:

1. En un acto sexual, las mujeres generalmente, necesitamos más tiempo, estimulación, caricias, palabritas al oído y juego previo. Cada una tendrá su tiempo y sus gustos en cada relación sexual.

2. No hay razón para que una mujer piense que es frígida porque nunca tuvo un orgasmo, no lo tuvo con una pareja o porque hace mucho que no lo tiene. No existen las mujeres frígidas.

3. Podemos sentir un orgasmo solo o tener varios juntos, transformándose en un multiorgasmo, que no es otra cosa que tener un orgasmo tras otro, sin cesar la estimulación.

4. Algunas mujeres pueden lograr manejar su eyaculación o squirt y elegir cuándo provocarlos o tenerlos espontáneamente. Otras no. No debe ser nuestro gran objetivo para disfrutar.

5. Muchas veces, una relación sexual se disfruta muchísimo más que el propio orgasmo transitando el placer, los mimos, los besos y el juego.

6. Nuestro cuerpo es un mapa erótico. Explorémoslo y conozcámoslo. Es todo nuestro.


¡Aló! Lubricación, ¿estás ahí?

Me gustaría saber si esto te pasó: estás por tener relaciones sexuales, en pleno jugueteo íntimo y a punto de que te penetre tu pareja sexual. En el mejor momento, tu vulva y tu vagina te dicen “no” de todas las maneras posibles. ¿Te suena?

Exacto, estoy hablando de la querida lubricación. La sensación de que estás seca, lejos de darte placer, hace que todo lo que están intentando en la cama te moleste. Incluso hasta el padecimiento de pensar: “Que termine ya, ¡no lo soporto!”.

Es muy difícil gozar y pasarla bien en estas circunstancias. La lubricación es una gran aliada para el placer. Así que, mujeres, estén tranquilas porque en este capítulo vamos a conocer las razones por las que no solemos lubricarnos y los caminos que nos pueden ayudar a revertir la sequedad vaginal. Para que el placer sea todo nuestro y así nuestras vulvas y vaginas digan: “¡Sí, lubricación, ven a mí!”.


El cerebro está en todo

Vamos por partes. Como se habrán dado cuenta, si no estamos lubricadas, mojadas, las relaciones sexuales (en todas sus formas) pueden ser poco satisfactorias. No digo que siempre tienen que ser insatisfactorias, digo que pueden ser. ¡Cuidado! Muchas veces podemos estar excitadas, pero no lubricadas.

La lubricación tiene que ver con múltiples factores. Uno de los principales factores que interviene en este mecanismo es el cerebro. ¿Por qué? Porque es el cerebro el que recibe todos los estímulos y los procesa como placenteros. Estos son los que nos encienden y nos excitan. Entonces todo depende, tarde o temprano, de nuestro mejor amigo, el cerebro, que es nuestro principal órgano sexual. Sí, tal como leen.

Es muy difícil lograr lubricarnos si estamos pensando en lo que queremos comer esa noche, en un problema que surgió en el trabajo o en cómo vamos a hacer para pagar la cuota del colegio de nuestros hijos. O si en vez de estar disfrutando del sexo solo nos estamos preguntando cuándo termina, porque el sueño nos vence y necesitamos dormir o, simplemente, porque todo lo que está haciendo nuestra pareja sexual nos causa molestia o nos duele. Si en ese momento no permanecemos conectadas con ese instante y con la persona con la que estamos, si no tenemos ganas de hacerlo, lo hacemos para complacer a nuestra pareja, o por la causa que sea, definitivamente, ¡no estamos ahí!

Estás asintiendo, ¿no? A veces estamos teniendo relaciones sexuales y pensamos en cualquier cosa. No nos concentramos en gozar, en relajarnos y pasarla bien. Por lo tanto, lo primero que tenemos que hacer es pensar y ser coherentes. Es decir, evaluar si queremos conectarnos con la situación, con la persona y con el placer. Es algo que suena fácil, pero, en muchas ocasiones, ¡es tan difícil!

Me animo a decirte que cada una tiene su historia de vida, sus antecedentes, su educación y creencias religiosas y culturales. Y que todo esto hace que esta conexión y este permiso para el placer sea más fácil para unas que para otras.

A las personas que, lamentablemente, tienen una historia de maltrato, abuso sexual, acoso, o alguna experiencia de violencia o displacer sexual, les cuesta mucho más darse permiso para gozar y hablar de estos temas. Te imaginarás cuántas pacientes me piden en el consultorio “la píldora mágica” para volver a tener deseo sexual o ganas de tener sexo con sus parejas. Ni hablar de llegar a tener un orgasmo.

Pero no existen las fórmulas mágicas. Muchas veces pensamos que si nos dan una solución para lubricarnos con un simple gel o una pastillita que mágicamente aumente nuestro deseo de estar ahí o iniciar el sexo, el problema va a estar resuelto. Sin embargo, me parece que es un camino demasiado simple y superfluo, si antes no nos enfrentamos con lo que nos pasa y con la realidad que percibimos de nosotras mismas.

Lo primero que tenemos que hacer es fijar una cita con nosotras o, como me gusta decir, “que nos invitemos a tomar un café” para preguntarnos y escuchar qué cosas nos preocupan o nos están impidiendo conectarnos con el placer y el disfrute sexual.

Una de las situaciones a la que más le escapamos es a tomar conciencia de nuestros sentimientos y a contestarnos esas preguntas tan íntimas y, a su vez, tan poco navegadas por nosotras porque les restamos importancia. Quizás porque si encontráramos esas respuestas, nos darían mucho miedo. O tal vez porque nuestras emociones nos inquietan, y nos es muy duro transitar y actuar en consecuencia. En este punto, querida amiga, te digo que es un buen momento para que te animes a mirarte, sentirte, preguntarte, y para que evalúes qué puede estar pasando en tu alma y en tu sentir para que no tengas ganas de estar ahí.

Vale la pena porque, a veces, es necesario corregir o repensar algunas cosas y, como siempre digo, “mover alguna ficha del tablero de ajedrez” de nuestra vida. Cuando lo hacemos, las situaciones y los sentimientos se acomodan y nos hacen sentir más plenas, relajadas y conectadas. Otras veces, es el comienzo de una transformación necesaria y lo que aparece es muy profundo. El recorrido no se vuelve fácil, pero es la única manera de salir de situaciones que no queremos más. Solo se trata de empezar a escucharnos y animarnos.


Los efectos de los anticonceptivos orales

En algunas mujeres que utilizan anticonceptivos se puede producir una disminución en la lubricación natural, pero no en todas. Como digo siempre, los anticonceptivos orales no generan iguales efectos en todas las mujeres. Hay algunos que de por sí, por el fármaco que llevan, tienen mayor efecto y terminan disminuyendo el estrógeno y, a veces, las hormonas masculinas que tenemos, los andrógenos. También producen un aumento de la proteína que los transporta en sangre, no pudiendo actuar libremente y ejercer su función, provocando secundariamente mucha sequedad vaginal.

Y me dirás: “¡Mi amiga toma los mismos y no le producen ese efecto!”. Sí, lo sé, es así. A algunas sí y a otras no. Si es tu caso, y después de leer todo este capítulo te das cuenta de que tu sequedad vaginal es persistente y piensas que solo puede deberse a la fórmula del anticonceptivo que estás tomando, lo ideal es que lo hables con tu ginecólogo/a para que evalúen juntas/os un cambio.


Etapas del cuerpo: los amados estrógenos

Otro factor importante en la lubricación tiene que ver con los estrógenos, que son por excelencia las hormonas femeninas que posibilitan y producen ese flujo, parecido a la clara de huevo, que es resbaladizo y que hace que nos empapemos los genitales, literalmente. Ese es nuestro lubricante natural perfecto.

Hay varias situaciones que disminuyen los estrógenos en nosotras. La causa más común de falta de lubricación se da en la mayoría de las mujeres entre los 45 a 55 años (en pocas ocasiones se puede dar en mujeres más jóvenes), y tiene que ver con la llegada de la menopausia (última menstruación). A esta etapa de la mujer, que dura varios años, la llamamos climaterio. Aquí es justamente cuando vivenciamos los cambios hormonales, emocionales y corporales de la transición de “la edad reproductiva hacia la no reproductiva”, o “la edad natural de la mujer menstruante a la no menstruante” y cuando se produce la menopausia. Justamente se llama climaterio porque esa palabra viene del griego klimater y significa “escalón”, es decir, paso de etapa.

Es en esta etapa cuando dejamos de generar estrógenos y, por esto, disminuyen. Aquí es esperable y lógico que no tengamos flujo y nos sintamos secas. Esto conduce a que las relaciones coitales, e incluso el placer solitario, sean más dolorosos, poco agradables o, a veces, verdaderamente imposibles de realizar. Y que además tu vagina pueda sangrar por falta de lubricación en la fricción o, espontáneamente, por la fragilidad de sus paredes o la rotura de alguna venita.

Otra etapa en la cual es muy probable que tengamos mayor sequedad vaginal es: ¡el puerperio! Es cierto que es un período maravilloso, pero también nos trae algunos problemas. Al ser una etapa que se caracteriza por la falta de estrógenos, porque el eje de estimulación del ovario y de la ovulación está frenado por la gran cantidad de la hormona prolactina encargada de la producción de la leche para amamantar, es muy común tener poca lubricación.

También se puede sentir mucha sequedad vaginal a causa de los anticonceptivos indicados en este período, en el caso que des de mamar, ya que tienen solo progesterona y generan un flujo más “escaso y pastoso”, similar al flujo de la etapa postovulatoria de un ciclo menstrual normal.

O quizás por diferentes motivos estés sin menstruar por baja producción de estrógenos, aunque tengas menos de 45 años (obvio, si te sucede, siempre hay que asegurarse de que no sea por un embarazo), y esto te produzca sequedad vaginal. Existen muchas causas de amenorrea (ausencia de menstruación por más de tres meses), y es importante que sepas que siempre será un motivo de consulta con tu ginecólogo/a. Las razones pueden ser muchas: emocionales, fluctuaciones de peso, actividad física intensa, problemas con la glándula tiroides, falta de función ovárica (con la merma de la producción de estrógenos en forma anticipada o temprana antes de los 40 o 45 años, produciendo una insuficiencia ovárica transitoria o definitiva), por algún tratamiento, etc.

Sin embargo, la falta de estrógenos no debe entorpecer ni debe marcar el final de nuestra etapa sexual, o mejor dicho, de goce sexual. ¡De ninguna manera lo aceptaremos!

A medida que se aleja la fecha de la última menstruación, la vulva y la vagina van perdiendo elasticidad, vasos, turgencia y lubricación, ya que se van “atrofiando” con el paso del tiempo, y mucho más si no se las nutre. Es como el cutis, muchachas. Si no le ponemos crema, lo notamos más seco y menos terso. En este caso, la piel y las mucosas se irán “arrugando” más rápidamente en la mayoría de nosotras a medida que pase el tiempo.

Definitivamente, la sequedad vaginal no es igual en todas las mujeres que transcurren por el climaterio o que tienen más edad, y es falso que el 100 % vaya a presentar los mismos problemas de lubricación.

Créanme que veo muchísimas mujeres que, tengan o no estrógenos y tengan la edad que tengan, cuando están estimuladas emocional, psíquica y/o físicamente de la manera adecuada, se lubrican, ¡y cómo! Por supuesto que la baja de estrógenos no ayuda, ¡pero no es lo único!

¿Qué quiero decirles con esto? Que aparte de ayudarnos con geles lubricantes o estrógenos locales artificiales para lubricarnos y gozar, nos ayudemos, sin duda, con la mejor receta: nuestra actitud sexual, nuestra libido y nuestras fantasías.


Circunstancias de la vida

Muchas veces transitamos alguna patología que nos lleva a tomar medicación, hacer radioterapia o quimioterapia. Esto hace que la vagina se vuelva mucho más frágil y seca. En ocasiones, ese proceso nos genera una situación que se instala y que nos causa sequedad a largo plazo. También existen enfermedades crónicas, como la hipertensión o la diabetes, y algunas enfermedades reumatológicas como el lupus o el síndrome de Sjögren, entre otras, que a algunas mujeres las predisponen a la falta de lubricación.

Hay mujeres que transitan cirugías de reconstrucción vaginal o procesos de transición, como una cirugía para su reasignación de sexo, a las que se les crea una neovagina y vulva y que naturalmente no generan lubricación.

También existen patologías pelvianas como la endometriosis o las alteraciones intestinales, entre muchas otras, que hacen que la penetración duela y moleste a nivel profundo.

Sin embargo, sea cual sea la vivencia, estas situaciones no nos deben afligir ya que las podemos consultar con un médico/a para estar acompañadas, transitarlas exitosamente, lograr una buena lubricación y mantener un mayor confort sexual con nuestro cuerpo y nuestra pareja.


Mis consejos

Como ya les conté, la lubricación va, la mayoría de las veces, de la mano de la excitación y de las ganas que tengamos de estar en la situación en la que estamos. Simplemente, así como lo leen. No hay secretos.

Vamos a hacer una cosa. Si necesitan un plus para lubricarse, les voy a dar tips y consejos para que sepan cómo ayudarse artificialmente a lubricar la vulva, y en otro capítulo vamos a charlar sobre cómo aumentar nuestro deseo sexual, nuestra excitación y nuestra conexión con el placer para poner el cerebro a nuestro favor. ¿Les parece?

En las etapas o situaciones que analizamos anteriormente, como el climaterio y el puerperio, es supercomún que sientan sequedad vaginal. Por lo tanto, para mantener lubricada la vagina cuando no tienen estrógenos suficientes, les comento algunos tips para que tengan en cuenta:

•Tienen que darles a la vulva y vagina lo que naturalmente ya no tienen o les es insuficiente: estrógenos. Existen muchos preparados en la industria farmacéutica por los que pueden optar. Se trata de preparados sintéticos de estrógenos que se presentan en gel o en óvulos, y que se pueden usar la mayoría de las veces sin problemas, ya que no tienen absorción en el cuerpo. Por lo tanto, aunque la mujer tenga contraindicado usar estrógenos por alguna situación, esta administración no es comparable porque no aumenta su nivel en sangre ni produce efectos en el cuerpo, más allá de la zona uro-vulvo-vaginal. Por eso, se le suelen indicar a cualquier mujer, salvo que tenga alguna patología muy particular, como alergias (igualmente, siempre, antes de usarlo lo deberían consultar con su médico/a). Estos óvulos o cremas se usan a la noche y se pueden poner todos los días o dos veces por semana, dependiendo de cada mujer. Recuerden que no se utilizan antes o durante la relación sexual como lubricante.

•En el momento de tener relaciones sexuales usen gel lubricante íntimo. Lo compran en cualquier farmacia o sex shop. Hay de todos los tipos, con o sin gusto, más acuosos o menos. Lo importante es que sean a base de agua y nunca de aceite como la vaselina, porque en el caso de que usen preservativo, la vaselina lo corroe y tiene más probabilidad de romper el látex. ¡Peligro! El gel, yo siempre digo, es como la pareja: a algunas les gusta de una marca, y a otras les gusta de otra. ¡Vayan probando y quédense con el que mejor les funcione! Lo ponen directamente en la vulva, en su pene (en la punta o en el tronco) o en los dedos de ustedes o de sus parejas. ¡Usen la imaginación, queridas amigas!

•Existen óvulos que se pueden usar durante la relación sexual. Son a base de gel, acuosos, y se ponen en la vagina antes o durante el acto sexual. A algunas mujeres les sientan muy bien y a otras no les hacen ningún efecto. Tendrán que probarlos.

•Hay geles con diferentes activos que hidratan las células de la vagina. A la mayoría de las mujeres les sientan muy bien y a otras les hacen poco o ningún efecto. Algunos tienen ácido hialurónico y aloe vera, y son una buena alternativa.

•Se están estudiando algunos métodos lubricantes para las mujeres en la posmenopausia, pero no están aprobados en todos los países. Por ejemplo, el uso del láser intravaginal con el objetivo de mejorar la irrigación de la mucosa vaginal y, en consecuencia, su lubricación.

•Si toman anticonceptivos, consulten a su ginecólogo o ginecóloga para analizar las posibles causas de sequedad y ver si pueden cambiarlos.

•Si todavía no están en edad de la perimenopausia natural, son menores de 45 años y tienen mucha irregularidad menstrual, visiten a su ginecólogo/a para ver si están con bajo nivel de estrógenos, para que las evalúe y les recomiende cómo seguir.

•Si sienten mucha tensión vaginal, la imposibilidad de lograr la penetración y sospechan de vaginismo, no duden en consultar a un profesional porque estas situaciones tienen solución y tratamiento.

Bueno, amigas, ya les di algunos consejitos para que sus vaginas estén lubricadas (¡y felices!). Ahora, recuerden que lo principal es que estén dispuestas, cómodas y deseosas de gozar y sumergirse en el placer de lo que están viviendo. Así que, espero que este texto las haya ayudado a subir la temperatura y que tengan muchas ganas de experimentar mis consejos. Y desde ya, ¡a disfrutar!

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Türler ve etiketler

Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
27 mart 2025
Hacim:
216 s. 27 illüstrasyon
ISBN:
9789500211321
Telif hakkı:
Bookwire
İndirme biçimi:

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