Kitabı oku: «Un paseo por Europa»

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ISBN: 978-84-1114-266-3

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AGRADECIMIENTOS

A Claude Robin, mi marido, compañero de todos momentos. A don José Segura Haro, director de Granada Costa, mi hermano de corazón y padrino de mis bodas de plata. A mi gran querida amiga doña Carmen Carrasco Ramos, directora nacional de poesía en Granada Costa y madrina de mis bodas de plata. A mi amiga doña Inmaculada Rejón, gran artista, cantante profesional de flamenco, poeta y rapsoda en Granada Costa y dama de honor de mis bodas de plata. A la señorita Leticia Pérez amiga y traductora y a todas las amigas y los amigos de Granada Costa.

DEDICATORIA

Dedicado a mis cinco generaciones. Este sería mi árbol genealógico, donde aparece mi familia materna y paterna: mis abuelos maternos, mi madre y mis tíos, abuelos paternos, mi padre y mis tíos, mis hermanos y yo, mis hijas, mis nietos.

Abuelos maternos:

Francisca Exposto Sousa

Julio Clemente de Sousa

Mi madre y mis tíos:

Maria Sousa Silva Pereira

José Sousa Clemente

Gloria Sousa Pereira

Rosa Sousa e Silva (mi mamá)

Eusébio Sousa Pereira

Abuelos paternos:

António Silva Pereira

Rosária Silva Pereira

Mi padre y mis tíos:

Inácio Silva Pereira

Manuel Silva Pereira

Maria Silva Pereira

Alfredo Silva Pereira

Casimira Silva Pereira

David da Silva Pereira (mi papá)

A falta de dos tíos que no conocí

Mis hermanos y yo:

Francelina Sousa Silva Pereira

Francisca Sousa Pereira

Luzia Sousa Pereira

Maria do Céu Sousa Pereira

José Sousa Pereira

Armênio Sousa Pereira

Maria da Gloria Sousa Pereira

Mis hijas:

Sylvie Michel da Silva

Maria da Gloria Pereira da Silva

Mis nietos:

Adrien Noel Astoul

Thomas Astoul

En estas fotografías aparecen mis cinco generaciones: mi abuela, mi madre, yo, mis hijas y mis nietos

FRANCELINA. PRÓLOGO PARA UNA MUJER DE TRES FRONTERAS

En realidad, estas tres fronteras que delimitan su personalidad como mujer me parecen muy pocas para la enorme expansión que ha tenido la vida de esta pequeña pero gran mujer: Francelina Robin. Cuya vida está plagada de innumerables episodios, la mayoría poco felices y luchando por sobrevivir en ese mar revuelto que le ha tocado atravesar (atravesar un mar o un desierto y volar en alas de nuestro sueño) hasta alcanzar este puerto seguro que, en su etapa otoñal, ha logrado encontrar al lado de quien ha sido su apoyo y amarre definitivo: su esposo Claude Robin (yo le ofrecí mi mano y él me dio su corazón).

Francelina, nombre y figura de muñeca pero una gran mujer en toda la extensión de la palabra. Luchadora donde las haya (todo lo que hoy te debilita, mañana será tu fortaleza). Artista. Bailarina. Esteticista. Maga de la jardinería (en mi jardín hablan las rosas). Una chef de primera… Y ahora, en que sus piernas ya se niegan a bailar, escritora y poeta.

Dios le ha repartido muchos dones y ella los ha sabido aprovechar y, saliendo de la nada (soy un vacío sin fin perdida en la oscuridad), ha ido subiendo peldaños en la vida hasta situarse en el pináculo donde actualmente se encuentra gracias a su tesón, voluntad, trabajo y a no dejarse vencer por las vicisitudes que la vida le ha deparado, que no han sido pocas (todo lo que hoy te debilita, mañana será tu fortaleza).

El presente libro, una autobiografía, está escrito a corazón abierto, sin concesiones a altruismos, disimulos, ni intentos de maquillar la verdad. Es un relato rebosante de autenticidad donde no hay lugar para medias verdades. A veces hay episodios en los que la autora vuelca todo su dolor y lo transmite al lector exento de dramatismo (las espinas no me alejaron de la rosa aunque la herida laceraba), de un modo sencillo y natural, como lo es ella, cual si estuviese hablando con unos amigos en un tono coloquial (la soledad es valiosa, pero una buena compañía no tiene precio). Como en una velada propicia a las confidencias.

Sus relatos están entremezclados a modo de flashback, y a veces nos habla con nostalgia de su etapa de niña y adolescente en su país natal, Portugal (cambia tus hojas, pero no pierdas tus raíces), y otras vuelve al presente, en España, o se retrotrae al país que, en realidad, considera suyo, ya que marchó allí con apenas veinte años, y allí se formó y se convirtió en lo que ha llegado a ser, culturalmente, como persona y artista: Francia.

A lo largo de los capítulos va recorriendo toda su vida, desde su nacimiento en un pueblo de Portugal hasta su llorosa llegada a París (las lágrimas son el lenguaje del corazón) y, finalmente, su decisión de vivir en España, concretamente, en el Levante alicantino. Por cada capítulo desfilan innumerables y pintorescos personajes, familiares, amigos, costumbres, fiestas típicas, algún toque a la política, anécdotas, desengaños (algunas personas merecen quedarse donde yo las encontré en el pasado), periodos de hambre (yo aprendí a dar, no porque tenga mucho, sino porque sé lo que no es tener nada), toda clase de trabajos que hubo de desempeñar, enfermedades, amores… Hasta llegar a esos años felices en que, junto a Claude, formaron pareja sentimental y de baile, alcanzando enormes éxitos en toda Europa y habiendo obtenido cientos de premios en cada exhibición en los numerosos certámenes de bailes de salón a los cuales se presentaban, lejos de todo divismo (para ser grande hay que estar al lado de la gente, no encima).

Como poeta, asimismo ha insertado algunos poemas (y nadie supo que eras un ángel hasta que abriste las alas…) de su autoría a lo largo del libro. Pero lo que yo más destacaría del mismo son las reflexiones que hace al principio de los capítulos y, sobre todo, los inspirados pensamientos, llenos de filosofía y profundidad, con que finaliza cada narración y de los cuales he intercalado algunos como muestra en mi sencillo prólogo. Son frases, en mi opinión, que dictadas por su corazón llegan hasta el nuestro y nos hacen reflexionar sobre esas verdades que, aun teniéndolas presentes, pasamos de largo por ellas insertos en la vorágine de nuestras vidas.

Amiga Francelina, mi enhorabuena por esta tu novena publicación. Has sido muy valiente al decidirte a abrir tu corazón y mostrarnos en las páginas de este libro tu alma al desnudo, hermosa alma que, pese a los avatares vividos, se refleja en tu eterna sonrisa, como bien expresas en esta frase tuya, favorita para mí: la vida arrancó mis lágrimas, pero no consiguió apagar mi sonrisa.

Carmen Carrasco, delegada nacional de poesía Granada Costa.

Valencia, Navidad del 2019.

PROFUNDO SENTIMIENTO

Las lágrimas me caen por el rostro, porque estoy cansada de tanto sufrimiento, de tantos lamentos, donde la pena da ganas de abandonar todo y me destruye por no sentir la verdad, en el profundo sentimiento gastado en la nostalgia. Las manos me duelen de la lucha ardua del trabajo, los campos y los arados me consumieron la piel, me volví como una desgraciada sobre la tierra que me fusilaba la fuerza y en un trago sacio la sed con vino, donde mato mi sed en las dificultades de la vida y del cuerpo ya vertido. Hay esencia en la tierra, solo disfruto del silencio con el olor a lo que cultivo, con las manos gastadas que me duelen, con el rostro quebrado por el sol, profundo sentimiento al sentir la hiel, donde la tierra me quema el cuerpo, me sana las heridas de la vida, profundo sentimiento. En la pobre realidad que me deja débil por la fuerza del trabajo que hago, soy agricultora al deshacerlo todo en pedazos con la azada, cambio mi voluntad de crear, en esta tierra que me ha de matar. Profundo sentimiento que guardo en mi silencio, donde los pájaros cantan en el maíz que sembré, donde sacian el hambre en aquello que nunca di, soy mujer, soy gente, pero no soy, ciertamente, las manos finas de alguien, pareciendo aquello que soy, sucia de la tierra que un día me pisó con el dolor de retirarla, en ella tapada voy a morir.

La envidia es el homenaje que el mediocre brinda al éxito

ANTIGUA PRISIÓN DE PONTE

Monumentos de las Feiras Novas de Ponte de Lima, en realidad era un momento de cuando se oía a los folclóricos y tocadores de concertinas en Ponte de Lima es famosa pero también las artesanías de cantería y granito. Sugerimos las lecturas de ese comentario que dice concertinas, un instrumento para preservar las Vacas das Cordas se trata de una tradición que se pierde en el tiempo, sugerimos la lectura de las Vacas das Cordas. Existe, desde tiempos remotos, en la ciudad de Ponte de Lima la peculiar costumbre de, manualmente, en la víspera del día del Cuerpo de Dios, hacer correr una vaca negra presa y conducida por los ministros de la fundación que pudiesen con ayuda de tres largas cuerdas.

Esa diversión, cuyo verdadero origen se desconoce pero que todavía se mantiene, parece que va ganando popularidad atrayendo a la tierra numerosos forasteros, era un becerro ejecutado por dos molineros que eran obligados por pena de prisión conforme determinaban las posturas municipales. Muchos de esos molineros eran oriundos de la Freguesia de Rebordôes de Santa María, localidad que poseía numerosos molinos y que, con su decadencia, los molineros de la tierra emigraban para Brasil cerrándose muchos en Goiás. Al comienzo de la tarde, una vaca negra es presa en una reja cerca de la iglesia de la catedral, permaneciendo expuesta al mercado del pueblo que una vez en un patio que al pasar el tiempo se fue perdiendo entre aguijones y santería para intentar embravecer al animal.

Aquello que une y separa a las personas, no son las diferencias, sino los valores.

ESTACIÓN DE SAN BENTO, PORTO

En el tiempo de Salazar era una delicadeza que no se pueden imaginar, cuando fui a Portugal para llevar a mi exmarido para ver si me dejaba en paz, mandé muchas cosas en el tren pero las cosas llegaban al destino y pasaban varios días y meses, íbamos allí más de tres y cuatro veces, no querrán saber en el estado en que se encontraban nuestras ropas, si el gobernador era un dictador los que estaban a su servicio no eran mejores, esto era en la aduana.

Un día llego a la estación de San Bento de Porto, mi ropa en las maletas parecía una venta de trapos, todo revuelto en el suelo, las maletas reventadas, la Policía ni guantes tenía, me dijeron «¿esto es suyo?» y me revolvieron todo en el suelo, yo que tenía todo planchado y doblado y aquel bandido me esparció todo por todas partes, no tenían respeto ninguno por la gente y ni se podía abrir la boca. Parte de las cosas faltaban porque lo que a ellos les gustaba lo guardaban, imaginen después para meter la ropa en las maletas para llevarlas a casa de mi madre ya que yo no tenía casa. Esa estación era muy bonita, ahora no sé porque hace años que ya no entro ni paso por allí dentro. Su decoración era tan bonita, aquellos azulejos de colores tan bonitos, azules y blancos, eran una maravilla, Portugal estaba toda decorada con azulejos, todavía hoy hay muchos sitios en Portugal donde está todo decorado del mismo color. Pero hace muchos años que yo muchos sitios no los veo, hay cosas maravillosas. Muchas cosas del tiempo de Salazar, había bonitas y estimadas pero al pueblo no lo estimó, lo mataban de hambre y lo torturaban, si les mostrara ciertas cosas de él, quedarían sin habla, quien lo viera, ¡parecía un donjuán! hasta una mujer tuvo cuando era joven y estaba casado, pero como era Salazar el pueblo lo sabía pero él hizo callar el rumor para que nadie supiese la verdad.

Mis viejos recuerdos, voy a contar una anécdota. En mis primeros años viviendo en Francia pasaba la frontera de Vilar Formoso y bajábamos todos los pasajeros para hacer el control de pasaportes y de todo lo que se traía y se llevaba. Yo era joven y juguetona pero un día, riendo, riendo, pasé miedo. A mí me gustaba mucho la música, tal vez es, por ese motivo, que soy bailarina. Entonces yo llevaba un tocadiscos y la Policía me quiso complicar la vida y darme miedo. El tren hacía una parada larga, en ese momento me hicieron bajar, cogieron mi tocadiscos pero no los discos que tenía escondidos bajo del asiento del tren. Me llevaron al puesto dentro de la estación, me dijeron que tenía que dejar mi aparato. Imaginen mi tristeza, era mi pasión, allí me hicieron preguntas, como si tenía la intención de volverlo a llevar a Francia, yo les respondí que sí, pero ellos me dijeron que no. Nos dieron órdenes de dejar todo en ese lugar y esperar las órdenes del tren para salir. Y dijeron que podía llevar el tocadiscos a Portugal pero cuando volviera a Francia no lo dejara en Portugal.

El refrán de mi mamá, mi madre me decía «te pasas la vida comprando música, ¿crees que eso te llena la barriga?». Y le contesté que no pero que me daba alegría y éramos pobres pero yo me pasaba la vida cantando y ahora cambió el disco, me paso la vida llorando. Pero me castigaron tanto de tristezas que me pregunto: ¿de dónde viene tanta maldad para hacerme tanto daño? Yo que solo buscaba calma y tranquilidad, por eso solo estoy bien en mi casa, ni quiero salir para nada oír. Hasta el punto que cuando oigo hablar a una persona de otra, me entran ganas de decirle que se calle. Para mí la música era vida, para otros de la familia eran los celos y la maldad, para mí no vale nada decir cosas malas de otros, ya que no llena la barriga de nadie, solo causa tristezas y problemas. Yo huí de mis raíces, huí porque teníamos un gobierno que era como la gente a la que no les cuesta matar a los animales, el gobierno que teníamos en esos tiempos no les costaba matar a la gente y cuando veía a aquel demonio bien presentado nadie hubiese podido decir que era un dictador y que mató a tanta gente inocente. La muerte es nuestra siempre presente compañía, desde aquel momento de alegría que es el día de nuestro nacimiento. No nos gusta ni oír hablar de ella, pues nos recuerda siempre el dolor y el pesar que esta a todos trae el día de cualquier pensamiento.

Un día de noviembre de 1945, Portugal. En una casa más o menos de diez metros cuadrados, que por mobiliario tenía una cama con cuatro vigas, cuatro tablas y un colchón de paja. De vajilla había un plato, una cuchara, un tenedor, una cuchara de servir la sopa que servía para freír un huevo para comer cuando lo tenían. Un día de frío mis padres acabaron de terminar de quemar un horno de barro y piedra, para cocer el pan de maíz que cogían del campo que trabajaban de los ladrones de los capataces. Cuando mis padres terminaron de meter el pan en el horno y lo cerraron, mi madre pensaba acostarse pero yo decidí que era el día de salir de las entrañas de mi madre, ¡en ese momento vine al mundo! para ser poeta, hoy escritora. Mi padre contaba como anécdota que sabía que era su hija porque nací a los nueve meses justos desde el día en que contrajeron matrimonio.

Un día decidí ir a ver si veía alguna cosa sobre mis raíces. Hace poco tiempo fui a ver si encontraba alguna cosa sobre el tiempo pasado para ver si encontraba restos, pero nada había solamente quedaban árboles, nada más. De hecho, no conocía bien el sitio, toda la gente ya no está aquí y dentro de poco tampoco estaré yo, ni mi padre me puede apretar contra él como en aquellos tiempos cuando me apretaba contra él y decía que era parecida a él. Ahora solamente en el otro mundo si es verdad que él existe. Yo estaba embarazada de mi última hija. Cuando él dijo: «esta, vino al mundo a comer el resto del pan de la guerra». Pero yo no sabía que mi padre incluso con el gran amor que yo le tenía y le tengo, hizo que mi madre sufriera una gran cruz en su vida, yo sabía muchas cosas, pero acabé por saber más por una de mis hermanas. Como yo me fui lejos muy joven a trabajar no vi parte de las cosas, sabía muchas pero no tantas, mi pobre abuela cada vez que iba a hacer pipí tenía que entrar con sus manos en sus órganos porque mi abuelo la puso en ese estado por los golpes que le dio. Quería ocultar ciertas cosas pero vuelvo atrás, más vale que ya que hablamos de las raíces, se cuenten las cosas más o menos como fueron, es decir, mi madre se casó antes de su mayoría de edad para huir de los golpes de su padre, pero mi abuelo enseñó bien a su yerno, a mi padre, a hacerle lo mismo a su hija. Era por la bebida, si no bebiesen tanto… pues no había de comer, pero de beber había muchas tabernas y analfabetismo, mi padre no gritaba, venía y mordía como los perros sin decir nada, había una dictadura aunque hoy en día todavía existen muchas mujeres que mueren a causa de los golpes de los maridos. Yo fui una de ellas, pero no sé cómo pasé ese momento de mi vida. Y, además, después las mujeres que somos golpeadas escondemos porque tenemos vergüenza de decir que nuestros maridos nos golpean, entonces no damos el paso para denunciar y en aquel tiempo el matrimonio era sagrado bastaba con tener un dictador y… ¡Viva Salazar!

Mi madre escondía que mi padre la golpeaba pero los hijos veían lo que mi padre hacía, yo vi cosas el tiempo que estuve en casa. ¡Mi madre nunca nos golpeó! Ciertamente, a veces, hablaba demasiado de cosas que no me gustaban sobre el resto de la familia, pero hoy, pasado el tiempo, pienso que no era su culpa. Ahora digo que era una católica profunda, si alguien merece ser santa es ella por todo lo que ella sufrió de hambre, de golpes, fue una esclava de la vida. Acabó, pobre madre, tenía miedo a la muerte, estoy segura de que cuando murió fue un alivio, en su juventud mi abuelo, después mi padre, después la hija que necesitaba ir adonde ni digo, porque a dos sitios que ella necesitaba.

Pues mis hijas, ellas fueron exactamente como Salazar ¡tanto daño hizo! mi hija no sabía a quién escoger si a la madre o la tía, un día me dice: «perdona, madre, si tuviera que escoger no sé si me gustas más tú o la tía». No me digan que mi hija no necesitaba una bofetada en la cara, una madre con dos hijas, como ella y no quieren saber que era su madre la que sufrió. Por eso digo que es como el dictador de Salazar y decir que había gente que lloraba por él, hasta cuesta creerlo, yo solo quería que viesen los sitios en los que él retenía a personas dentro hasta la muerte, los pechos de las mujeres los hacía pasar por ceniceros, a otros los ponían al sol y hacían sus necesidades y a medida que tenían que quitar su ropa y limpiarla hasta que se quedaban desnudos al sol, otros con barras los mataban a golpes y los dejaban al sol.

Un día venía con mis hijas de llevar de comer a su padre y oí a una mujer gritar: «no se lleven a mi marido, ¿qué voy a hacer con mi hijo?», y el cabrón del marido que decía que no hacía nada malo, que solo arrancaba las uñas de las manos, yo le respondí: «arranque las de él a ver si no le hacen daño, malditos». Cuántos murieron. Una señora hacía años que llevaba de comer a su marido todos los días y el día de la independencia ella fue a buscar a su marido y le dijeron que lo mataron el mismo día que lo cogieron. Imaginen esa pobre esposa que llevó de comer a esos bandidos varios años a la gente que trabajaba para él, qué poca vergüenza.

El objetivo del arte es representar no la apariencia externa de las cosas, sino su significado interior.

LAS CALZADAS DE PORTUGAL

La calzada portuguesa es una de las marcas más características de nuestra identidad que queda en el país, el pueblo aprecia mucho pero también es apreciada por los turistas que la visitan. Pero en Lisboa se coloca y no se deberían cambiar grandes partes de este pavimento típico y substituirlo por otros, se trata de un atentado a nuestra historia, a nuestro patrimonio y es nuestro deber denunciar y luchar por preservar la calzada portuguesa, sería un crimen contra la historia de mi país de origen, Portugal. Maravillosos paisajes, nuestro vino maravilloso, representar a sus orígenes. La Quinta Vinos do Douro esta quinta es muy linda y hacen unos de los mejores vinos de Portugal, el vino de Porto. Linda de más es una pena que fueran extranjeros los que tomaran cuenta de ellos. Lisboa vista desde el cielo, cuántas lindas maravillas dentro están, una pena que con mi edad algunas ya no iré a visitarlas pero muchas las tengo en el corazón y las miro.

Siempre recordaré el mes de julio de 1998, me iba de vacaciones, acababa de ser campeona de Isla de Francia y campeona de Francia y seleccionada para ir al campamento de Europa para mí era monumental. Me fui de vacaciones, entonces llegué al país de mis raíces y fui recibida con los brazos abiertos por un matrimonio para bailar más de once años seguidos donde de pequeña soñaba y ese día comienza a aparecer pero yo siempre simple, nunca mis pensamientos se desplazaron de la pobre sin bragas, descalza, que moría de hambre. Recorrí del norte al sur para hacerme conocer sin nada pedir, era la gente que me quería ver, en esos tiempos incluso ya reconocida, por los médicos de Francia, como una mujer con el cuerpo desgastado, pero yo con alegría trabajaba mi baile, quería ser grande sobre la pista.

Muda es la fuerza (me dicen los árboles) y la profundidad (me dicen las raíces) y la pureza (me dice la harina). Ningún árbol me dijo «soy más alto que todos». Ningún árbol me dijo «yo soy más hondo» y nunca el pan me ha dicho «no hay nada como el pan».

RECUERDO DE MI INFANCIA

Hay cosas que marcan una vida, cuando apenas tenía cuatro años, mi hermano tuvo un problema de salud, fueron a buscar una inyección a un curandero, vino una mujer que era vecina para ponérsela y le inyectó el líquido y mi pequeño hermano murió. Yo no comprendía por qué mi madre lloraba agarrada a él. Yo quería jugar con él. Y ella me decía que él estaba durmiendo y que no podía, pero cuando fui hacia afuera mi padre me apretó contra él muy fuerte, me deshizo bacalao salado y me puso en un poquito de pan que tal vez debía de tener más de una semana, ya que solo se cocía pan cada quince días y cuando había harina.

Nuestra casa estaba compuesta de tres piezas, cocina, una pieza donde dormíamos todos y una pieza que le llamaban bodega, donde ponían las cosechas de la tierra. Es decir, en la misma pieza que dormían mis padres nosotros también y en toda la casa el suelo era tierra. Entonces ese día murió mi hermano, mi madre apareció fuera de la puerta, había llorado tanto encima de mi hermano y mi padre nos cerró a las dos entre sus brazos. Hoy no puedo comprender por qué hizo mi padre de mi madre su «calmanervios», perdía el juicio y luego la pobre se llevaba golpes, como yo me llevé y a cuántas conocí así, para mis padres era una tristeza muy grande. Yo era la primera hija, después tuvieron un hijo y murió, pero después vinieron más al mundo porque éramos grandes familias, de parte de mi padre eran entre hermanas y hermanos nueve, después cada matrimonio tenía el mínimo de nueve a diez hijos o incluso más, solo que Dios se llevó a algunos pero yo era pequeñita y eso no lo comprendía. Al día siguiente comprendí menos cuando metieron a mi hermano en la urna y se lo llevaron, yo me preguntaba ¿por qué metieron a mi hermano en una caja? La respuesta era que iba con los ángeles. Tantas veces pensé en esto muchos años más tarde.

Con dos años de escuela y yo pensaba que un libro quería escribir para contar mi vida, pero mi madre me decía: «no escribas un libro porque van a acabar sabiendo toda nuestra vida». ¿Por qué tenía miedo mi madre de que contara su vida, por decir que mi padre la golpeaba o por la pobreza? Porque hablando de pobreza, yo era una esclava de todos, trabajaba y ni dinero ganaba y pasaba hambre, descalza ante esa gente que eran ricos, con dinero, casas y terrenos, cuanto más tenían menos me daban de comer. Siendo pequeñita de edad y de altura, mi padre iba a trabajar a un lugar que llamaban la «carretera de la Granja» que, prácticamente todo ese pueblo era de ellos, los señores Nortâo de Matos. Antes de que yo naciera, mis padres me contaron que existían «las minas del volframio» cerca de donde mis padres construyeron esa casita donde acabaron mis padres por criarnos, donde sacaban en el tiempo de la guerra por lo que me decía mi madre era una especie de hierro, hoy está todo agujereado de minas y a veces se escuchan pequeñas sacudidas de temblor en la tierra. Ella me decía que metían las manos por el cuerpo al salir con el miedo de que ellos llevasen algún trozo con ellos, tenían miedo de ser robados.

Cuando tenía trece años cogía el tren, no era en Porto, era en Matosinhos, toqué para bajarme, sabía que pretendía bajar pero él no paró. En las calles de Porto, yo quería pasear en un bello día más de verano, iba paseando y muy distraída iba mirando, veo a lo lejos a una compañera con la que había trabajado. Y como el tren pasaba por todos los sitios y paraba, yo giré mi cabeza para hablarle y un gran cabezazo en el tren me di y un gran chichón en la frente me salió, no conseguí hablar a mi colega porque me quedé tan tonta que ya ni vi por dónde estaba la salida ni la entrada, recuerdo de hace muchos años, agosto de 1960.

Déjame sanar tus heridas que al curar las tuyas se curan las mías, a veces la caída es dura pero necesaria.

FAMILIARES

Hace unos cuantos años, un domingo, fui a dar una vuelta, hacía calor, estaba con mis familiares y yo quería ir a la playa, en Barreiro. Pero mi excuñado quería una cerveza y unos caracoles a la portuguesa, finalmente, subimos por unas escaleras por arriba del mar y ni los pies me fui a mojar, solamente admiré ese rincón tan bonito pero me sentía tan nerviosa porque después se pusieron a beber y a conversar y nunca más salimos de allí, lo hicimos cuando el sol estaba poniéndose, al final no me bañé ni nada visité, salimos de un bar para, pocos kilómetros después, entrar en otro restaurante para beber otra vez y comer y volver a la mesa.

Ya había pagado la primera cuenta y, por la tarde, que debía ir a la playa, más adelante fuimos a comer otra vez se levantó cuando ellos pidieron la comida yo dije: «uno, no dos, porque nosotros no tenemos hambre» y mi hermana me dijo: «déjalo así, se come todo» y yo respondí: «¿dónde vais a meter la comida, os la vais a llevar en el bolso?», yo me quedé con la boca abierta y dije: «no se come todo, las dos cacerolas de barro de arroz de marisco». No sé dónde se metieron tanta comida, él y su esposa, él bebía bien, comía bien y era delgado de cuerpo y también de cartera ya que volvimos a pagar. Toda la gente se levantó y la cuenta llegó, así que pagué yo. Salimos de cenar y de vuelta a casa y dice de nuevo: «vamos a tomar aquí una cerveza», yo dije: «no, yo no quiero ni tengo sed». La persona que me acompañaba a mí dijo: «yo voy a tomar una cerveza». Comer no, pero bebía bien también, yo entré y le dije al camarero: «la cuenta désela al señor joven que está fuera». Hay personas que no tienen vergüenza, se me removían las tripas, me dije que cuando fuera a pasear iría sola, así sería yo quien iba a decidir, 1986, agosto. ¿Este es ese sitio de donde dicen que son mis raíces?

No existen luces ni brillos señalando nuestra presencia en el lado de la conciencia. No hay instantáneas revividas en el otro lado de la existencia. Quien describa iluminaciones o señale algunos episodios solamente está mintiendo por miedo a ser visto por los que pasaron por el mismo estado dormido.

France, Boutigny sur Essonne

Este fue mi rinconcito adorado, tenía mi casa, mi huerta, jardines muy bonitos que pasaba el tiempo admirándolos. Recogía mis legumbres, cortaba mis flores. Y cuando a veces tenía una angustia o por un problema o por una discusión, como muchos casados, metía mis botas y pantalones, la cesta en el brazo e iba a un gran bosque que tenía pegado a mi casa, cogía especias de las plantas para mis platos de comida, sopas, setas y cuantas y cuantas variedades de plantas comestibles y otras cosas. En octubre cogía mis castañas, había muchos animales salvajes y yo les daba de comer. Y ellos después se habituaron y venían todos los días a buscar su comida. Pero un día era yo la que iba a ser comida por dos bandidos con el cabello amarillo y rojo que iban vestidos de cuero. Al principio no los había visto, oí un ruido que decía: «ella estaba aquí». Yo estaba agachada recogiendo un champiñón y cuando me levanté vi a esos dos enormes hombres y me di un susto y me escondí. Ellos siempre iban corriendo a todos los sitios y decían: «yo la vi aquí». Y yo, con mi poca fuerza, intenté ni respirar, por el miedo que tenía. Si no ellos me habrían matado y mi marido se habría quedado sin saber, era detrás del monte y él no oía. Yo fui arrastrándome por el suelo en medio de las moreras hasta que vi la puerta de mi propiedad. 30 de octubre de 1999. Yo por el camino escondida hui para mi casa, porque conocía bien el monte, corrí hasta la entrada de nuestra casa y los vi a más de cien metros de mí. Entré dentro de la propiedad y ellos no me encontraron, si no, no estaría hoy aquí para contarlo. Mi marido me prohibió ir más al monte, era mi placer y podría haber sido mi muerte.

Siempre hay que mirar más allá del horizonte. Los nuestros no pueden tener límites, allá donde estás, «sobras», aquí donde estoy, «faltas».

VIEIRA

Día 27 de agosto de 2014. Vieira, mi bella Vieira, pasé hoy por Vieira porque el mar quiero visitar, hace veinte años aquí comía con mi marido, iba a bailar con amigos, yo con mi marido, bellos momentos aquí pasamos. «La feijoada de marisco», bellas invitaciones al final de los espectáculos, los jefes nos invitaban a su arroz de marisco, éramos adorados. Ahora está todo cambiado, hasta el mar está más bravo. Estamos en crisis pero tanta construcción y tanta gente en la calle pide dinero para comprar un poquito de pan, casas cerradas, en quiebra, otros abren y se encierran enseguida porque no consiguen su vida ganar, en lugar de construir cosas solo para sacar dinero para el Estado, al pobre que tiene hambre qué le interesa tanta decoración en las calles, secar el mar no es por eso por lo que las olas paran de pasar por debajo de las toallas que levantaron a los que estaban bronceándose y la gente se levantó y se mojaron todos y yo me partía de risa pero si fuese yo la que hubiese estado en su lugar no me haría ninguna gracia. El mar es falso.

Te adoré años y años, Vieira, pero está todo cambiado, poco se conoce, solo los restaurantes cerca del mar con sus especialidades de marisco, sus congeladores de marisco en la calle para hacer publicidad y el resto nada más. Y enfrente porque está el mar y no lo podemos cambiar. Por eso que quedó la visita para los turistas, comer y ver el mar para tener más apetito y paladar. Yo comí ahí varias veces, pero la primera vez me invitaron dos chicas, dos señoras y a nosotros nos pareció raro, pero después comprendimos que se hacían pasar por amigas porque tenía la matrícula francesa y como ellas sabían que nosotros veníamos de Francia quisieron comer gratis.

Cuando llegas al fin del día y poder mirar atrás y te dices, incluso con las condiciones diarias yo superé ese día y vencí, es un privilegio todo lo que tengo que decir, gracias, mi Dios. Vieira, estuve en la orilla del mar visitándote, paseando entra tus olas, eran tan altas que daba miedo nadar, estabas tan brava que parecía que me querías golpear porque hacía muchos años que no vine a verte. Está todo cambiado, solo las avenidas principales están igual y el mar lo separa e hicieron una ribera con una playa cerca. Y ese día me dieron ganas de reír porque no me sucedió a mí, ¡el viento era tan fuerte!, mi marido me decía que aprovechara porque sería la última vez que lo vería. En eso que viene una ola, pasa por debajo de tres jóvenes que estaban tomando el sol dormidos en la arena, se levantaron asustados porque las playas de Portugal no son como las de donde vivo. Yo quería escribir dos líneas, pero era imposible concentrarme porque el viento me tiraba todo por el aire y mi marido, para contentarme, un vestido me quiso comprar pero yo no quería nada porque el viento me molestaba. Finalmente me compró el vestido, él también compró una camisa y fuimos a dar una vuelta, pasamos por una calle que no tenía salida y cuando vi a la gente yo quería huir de allí porque me daba miedo la manera en que nos miraban, además llevábamos matrícula extranjera. Dimos media vuelta, tomamos nuestro camino y fuimos a ver la Marina Grande que era donde pasamos bellos momentos, donde años atrás hicimos espectáculos en todas las discotecas de alrededor, restaurantes, paseos, amigos, éramos más jóvenes y teníamos más ganas de pasear, etc. Entonces, fuimos a ver la Marina Grande y todo había cambiado, también hacía calor, nos sentamos frente al mar y un helado fuimos a comer. Al final tomamos camino para casa de mi amiga, una vez más íbamos a perdernos. Quien se encuentre en Bajuca tiene que tener la cabeza en su sitio.

Día 28 de agosto de 2014. Vacaciones relajadas, fui al café Casal Novo a tomar un café en batín, diez horas de la noche, esto sí fue una relajación debido a una apuesta. Mi amiga me dice: «Francelina, ¿vamos a tomar café?». Y yo respondo: «voy así, porque yo ya estoy cambiada y voy en camisa de noche y batín», ella me contesta: «no pasa nada porque hay poca gente», y le dije: «¿no te vas a reír?, bueno, yo que no reculo para nada, ¡vamos!», allá fuimos por la noche, yo, ella, José (su Salazar) y mi marido. Ellos tomaron su café, yo quise un helado como una gran señora en camisa de noche. Terminamos, salimos yo iba mirando a todas partes, ahí tenía una vergüenza porque salí disfrazada, pero como el batín era oscuro y llevaba una chaqueta negra nadie vio nada. Yo digo a mi amiga: «aquí llegó mi vergüenza». Ella me respondió: «nadie vio nada, sin embargo, si tú te pusieses a decir estoy en batín la gente te miraría». Fuimos para casa en coche como de costumbre, hacía años que no nos habíamos visto y hacíamos charla todos los días hablando sobre nuestras vidas. Ella me contaba sus penas y lloraba, pobrecita, que me revolvía los pelos cuando ella me decía lo que su madre le hizo, yo le contaba las mías. Nuestro primer encuentro fue en el baile cuando conocí a mi marido y ella iba a bailar con él. Nos decíamos: «hoy nos vamos a acostar más temprano». Parecía peor, todavía nos acostábamos más tarde porque por el día había cosas que hacer, trabajo para ella, yo iba a visitar algunas cosas que necesitaba para escribir mi libro y contra la historia de mi país de origen. Y por la noche comíamos, planchaba, hablábamos de las tristezas de mis hijas, callaba la boca, ella hablaba de la suya. Me contó y yo le ayudé a hacer cosas que me daban mucha pena. Porque una madre hace tanto por un hijo y finalmente todo se queda y encima se debe ocupar de todo.

Día 29 de agosto de 2014. Pregúntenme que es mi deseo para este sábado. Es simple: pedir a Dios que bendiga la vida de todos mis amigos y familiares que no falten bendiciones y la protección divina. Me levanté como de costumbre, siempre tonta de la cabeza, pasando mal la noche, la mañana para mí triste pero que mis ideas eran siempre las mismas, quería ver a mis hermanas y no encontraba la manera, llamaba pero nadie respondía. Estoy pensando si lo hacían a propósito o mis sobrinas no se lo dijeron a sus madres porque ellas tienen internet y yo le escribía pero nunca obtuve respuesta y me voy triste porque no era esto lo que yo había decidido y ustedes no volverán a verme. Pero entonces yo tomé mi desayuno, ya poco comía y mi marido me dijo de ir a dar una vuelta. A mí lo que más me gustaba era ir al monte a coger piñas, tengo muchas y de mucha calidad que he ido trayendo de muchos lugares donde iba a bailar, un día voy a hacer una hoguera. Son los recuerdos que traía cuando iba a hacer un torneo, traía una piña de por donde pasaba y diferentes flores salvajes.

Entonces fuimos a San Pedro de Moel, estaba todo cambiado, como yo, yo por ser mayor y los pueblos por cosas nuevas. Qué pena es, mi gente, que nosotros no podemos cambiar las paredes de nuestro cuerpo y las ideas que son feas por las bonitas y que nuestras piernas puedan moverse, pues todo se puede cambiar. La realidad es que sería formidable, pero no es verdad. Vamos haciéndonos viejos, vamos bajando y los nuevos detrás, muros, se están formando y así vamos dando camino a todo el mundo, pues nadie aquí se queda, solo los monumentos, estructuras y paredes montadas, lo demás no se queda, no vale la pena ser codicioso ni envidioso ni tener maldad porque de este mundo no nos llevamos nada. Miren el bien que hicieron y otros el daño que dejaron, no hay nada en este mundo que no se pague de una manera u otra, pobre o rico, nos vamos todos.

Día 30 de agosto de 2014. Que Dios les ilumine su camino y los sueños de esta noche y traiga en su nombre, un día, una fuente grandiosa con lo mejor de todo lo que exista. Llegó el día, Olivia corría de aquí para allá, cogiendo la leña seca del terreno de su hija, la mujer de limpieza limpiaba la casa para que sus nuevos inquilinos entraran. Mi marido la ayudaba un poco, tomamos el desayuno y seguimos trayendo las cosas desde la casa de su hija a la de su madre, la pobrecita que estaba sola y tenía mucho trabajo, llegamos a mediodía, fuimos a comer a casa de su querido futuro Salazar, aunque este ni las moscas mata y además dicen que Salazar no se llevó nada con él, pero este no da nada de él. Y, con los hijos presentes, se almorzó, se terminó y volvimos a casa otra vez para trabajar y terminar de poner todo al día, antes ella me llevó a un lugar para que me ayudaran a instalar internet en mi ordenador, pero lo hice porque me pidieron cuarenta y ocho euros y dije que era caro, al final en Vila Praia de Âncora encontré la instalación de dos años y solamente pagué diez euros por la tarjeta. Fue eso lo que yo gané, en el camino encontré un veterinario y compré comida para el amor de mi vida, mi perrito, y vinimos a casa para seguir con nuestras tareas. Además, queríamos ir a bailar por la noche e hicimos cena, Salazar (José) y nosotros comimos cosas que había en casa, pero llegaron los dichos futuros inquilinos y nos retrasaron nuestra noche, al límite de querer ponerlos puerta afuera, pero tenían a gente de su familia y tuvimos que tener un poco de paciencia. Entonces comimos, nos pusimos a punto y fuimos a bailar por última vez a Kiai. Ni tuvimos el placer de divertirnos, ni de que nos aplaudiesen, ni de decir: «adiós, hasta la próxima, tal vez».

Día 31 de agosto de 2014. Son las 18.15 horas, ¡qué pena!, hoy es domingo y día del Señor, por favor, voy a trabajar, ¿Dios ahora lo perdona? Me levanté por la mañana y me esperaban para desayunar, yo pensaba que era día de reposo y que íbamos a descansar, mi amiga iba de aquí para allá porque la casa de su hija tenía que preparar para sus inquilinos porque al día siguiente debían entrar, el 1 de septiembre. Y, entonces, vino su ayudante con la costumbre de trabajar para todo limpiar, pero la tarea es tan grande que por la mañana no pudieron terminar. Y yo como poco podía hacer, como me dicen, «estás enferma para trabajar, pero no para bailar». La verdad es que fuimos a Kiai la noche del sábado y nos acostamos a las dos de la mañana, pero por la mañana nos levantamos como de costumbre. Yo, con los dolores que tengo, me cansa más andar que lo que hago, no duermo por la noche y de día quiero escribir, aunque esté muy entusiasmada me adormezco sentada. Llega el mediodía, vamos a comer al restaurante, yo como poco, pero me apetecía ir a pasear, aunque llega la hora de salir y me dicen: «vamos a la fiesta» yo pregunté a cuál, me dijeron: «a la de la Ilha que hacen comida», entonces fuimos a comer allí, no me interesaba pero visité y compré recuerdos para ayudar a los artesanos, nos hicimos fotos con motos de colección, Lambreta y otros modelos. Y encontramos a los curas que servían a la iglesia de la Ilha durante años y años, el tiempo era formidable, pasé un buen momento, tomé fotos con esos curas y familiares de ellos y mi amiga nos presentó. El día pasó, después otra vez volvimos a tomar café, quien quiso, y comimos el dulce de Ilha. Cogimos el coche y otra vuelta en la Ilha, llegó la noche y fuimos a cenar pero nadie tenía hambre, uno decía: «quiero solo esto», otro: «yo solo quiero aquello». Al final hicimos una mezcla, uno pidió pasteles de bacalao, otro rissóis, otro ensalada, otro carne rellena, una botella de vino rosado, terminamos el día encantados y con alegría, ¡vamos todos a la Ilha!

Día 1 de septiembre de 2014. La sorpresa fue que fui a la escuela de mi amiga, ¡los precios son tan caros! dos horas cuesta tres euros por persona y había gente que ni dinero tenía en el bolsillo, de esa manera ni para la gasolina va a ganar. Quisimos ir a comer un helado y ni dinero ganó para eso, ¡qué miseria! yo sé que adoramos nuestro trabajo pero parece que abusan, los hombres iban a bailar con las mujeres y las mujeres con los hombres, pero debían dar valor al trabajo del artista, ya que son muchas horas, kilómetros, cansancio, mantener el coche, etc., la gente no se da cuenta, más vale hacer como la cigarra, en lugar de trabajar, ir a bailar y a cantar. Así esa gente no aprende para ir a pasear las bellas noches en los brazos de sus amores. No hacen esfuerzos ni de espíritu ni de cabeza, por lo que no aprenden la luna, pero como el pobre profesor pasa dos horas por tres euros, deben picarles en la cabeza para que ellos aprendan a bailar, como no es caro prácticamente ni escuchan lo que les están diciendo, si les aplicasen una tarifa firme ellos prestarían más atención. Por eso, me decían que abriese una escuela y fui un mes para ver cómo funcionaba, había quienes se enamoraban, aprendían y repetían para aprenderlo. Pero otras iban solo para ver lo que pasaba y al mes siguiente nadie los volvía a ver, otras no tienen vergüenza de decir: «iría si pagase un euro por hora» si fuese así, ¿quién pagaría el local? ¿Y el tiempo? Soportando a gente pesada, no, mi gente, prefiero estar tranquila. Aquí tenemos packs por veinte euros al mes, seis euros por hora, por eso, la gente coge el pack, y la gente viene a aprender a bailar y no a arrimarse que es lo que hacen algunos.

Día 2 de septiembre de 2014. Mi marido fue en pijama al comercio a comprar me quedé toda la mañana en camisa de noche. No tenemos respeto ninguno, van a decir a mi amiga: «qué miserables tenía en su casa». Son las 14.30 de Portugal, te espero, la primera y la última vez, luego vemos la playa, solo te contaré luego, por el momento no veo dónde voy. Me encantó Leirosa, mi amiga Olivia y mi marido fabricaron una tienda como los gitanos y al final vamos a tomar la merienda y es la primera vez que estoy en la playa, estaba la lonja en la playa para vender el pescado en subasta para los turistas. Encantadas entraron con el culo lleno de arena pegada, en el mar no me he bañado pero me da la impresión de que estaba toda pegada, mi amiga y su marido se cachondeaban de mí diciéndome si quería que me empujaran. Ahora bien, con la dificultad que tenía de subir aquellas escaleras de buchú, hechas de cuerda gorda torcida, escaleras hechas más de arena que de piedra, pensé que tendría que venir un tractor para subirme, tenía tanto dolor en las rodillas, el mar lo vi desde lejos, me mojé los dedos de los pies y huí con miedo de que corriese detrás de mí, para no olvidarme traje una foto de la pescadera con una canasta en la cabeza. Para oler bien fui a Carreiro da Guia a una perfumería a buscar un perfume para recordar que las sardineras olían bien, yo no tuve suerte de comer porque estamos de vacaciones y nos pasamos la vida corriendo. Estamos llegando al final de la fiesta, pero me voy contenta porque me voy con muchas flores para plantarlas, si ellas me dan el placer de no secarse antes de que llegue a mi casa, porque ellas todavía tienen muchos kilómetros que hacer y atravesar muchos pueblos. Si un día me crecen, mi amiga Olivia que me las dio dirá que fui con las plantas de aquí y de allá, atravesando desde el sur hasta el norte de Portugal y, después quince días más en el norte de Portugal para terminar en España, en Villajoyosa, en mi jardín perfumado de flores y mi rincón de reposo donde quien me las dio me prometió que vendría a visitarlas. ¿Será verdad? Pero lo peor es que querría saltar para recibirla, pero tengo miedo de que estos malditos dolores no me dejen vivir unos momentos agradables con ellos porque ella no va a correr detrás de las gallinas y de los patos, su amigo José, Salazar II, va a estar contento porque el pato no le va a hacer daño al diente, pero un problema más porque uno tiene gota, otro azúcar y otro es alérgico a las aves, otro solo querría tener una vaca en el jardín y sacar un bistec todos los días, pero también vendíamos ferritina y colesterol, yo doy lo que tengo porque si quiero vender me traen todo a casa: fibromialgia, gastritis, colesterol, osteoporosis, artrosis, soy la más rica ¡no quiero pobres en mi casa! Y más ahora que ya leo libros de Salazar y entonces, mi gente, vean bien yo, que prácticamente era analfabeta, dentro de poco pienso ser poeta pero mi traductor es muy lento. Para leer mis poesías pienso solo cuando esté acostada en el cementerio.

Debido a que cada vez que me traduce grita y sopla, entonces solo así puedo escribir tres al mes y pedir con mucho cuidado, porque de lo contrario no voy a llegar a leer mi libro de la poeta portuguesa que pasó por España hacia Francia, como era lenta la enviaron por el mismo camino para terminar en medio del camino, en España. Pero yo voy a hacer como la araña, voy a tejer mi tela siguiendo y siguiendo a ver si llego a mi destino, más lejos no puedo ir, tengo que quedarme aquí encerrada entre líneas para terminar mis poemas en este pueblo que será ahora para mí, Villajoyosa, hermosa.

Las flores y los amigos hay que saberlos cuidar, las flores sin agua se secan y los amigos sin cariño mueren.

VACACIONES EN EL SUR

3 de septiembre de 2014, once horas. Hoy es el último día, última noche de trece días, detesto el número trece, pero bueno. Solo pensaba en pasar dos días para ver las flores, voy a ver mis árboles, mis verduras, vamos a bailar a Kiai, veremos qué pasará, vamos a la fiesta, ahora vamos a ver la casa de las flores y hoy nos vamos a la playa, tú puedes ir a darte un baño, pero los viejecitos y yo que viejecita me estoy haciendo. A Portugal vine para ver a mi familia y ni a uno encontré, al sur fui a buscaros, venía a deciros adiós, pero no me quisisteis ver, os arrepentiréis porque yo traía tanto amor para daros y ahora si queréis verme tendréis que desplazaros porque yo no volveré más. Vine a ver a mi amigo de Ourém, Agustín, ¿él tampoco? Os habéis puesto de acuerdo todos para no verme. Pues yo pensaba que iba a partir y que me iban a echar una lágrima, pero las únicas lágrimas son las mías, ¿nadie quiere mi tristeza? Ella es amarga, hablo mucho, pero hago reír a mucha gente, solo algunos de mi familia entienden mis anécdotas, no hay palabra, es decir, algunas no vinieron a escuchar lo que los demás tienen ganas de vomitar por la maldad, veinte años pasaron y no me había dado cuenta, pero un día, para que vean que los animales son más sinceros, que a la familia me encontré por Facebook y un perro negro me pide amistad, pero yo me dije que no le conocía, pues ese tal Kisomba me respondió y me invitó a su casa, una vez más no voy a decir lo que no quiero decir. Mi amiga me esperaba inquieta porque me perdí y mi teléfono no funcionaba. El lugar era tan anticuado que hasta un taxi tuve que pagar para encontrar la casa y llegamos de noche. Kisomba, a cuatro patas, estaba a la espera junto a su dueña de dos patas, fuimos recibidos con los brazos abiertos, puede hablar todo lo que quería, pero no decía qué quería porque no me entendían, hablé con las flores, las frutas y las aves de todos los colores. Los patos amarillos hacían «pío, pío», otros «glu, glu», otro «cucurucú», otros «miau, miau» y mis conejitos que corrían de felicidad. Olivia que se pasaba la vida corriendo, »ahora voy a regar, o llevar de comer a mis animales» y ya era la hora de trabajar, volvía a casa, tomaba su momento de entrenamiento haciendo sus flexiones, descalza, practicando y parecía eléctrica, ella no sabe su signo, seguro que es escorpión, por eso que las dos somos como el pájaro carpintero. Somos iguales, no en el tamaño porque ella es grande y yo pequeña, yo tengo dos hijas, ella una pero somos madres, por interés y contar las miserias de los demás, no servimos para nada y si no andamos derechas ahí se oye cada una que parece que algunos se hacen sordos porque les interesa, Dios nos dio oídos, pero sabe Dios cómo somos heridos. Entonces les digo que mis vacaciones terminan hoy. Mi conductor está preparando el coche para mañana tomar el camino, yo quería ir a la escuela 1234 para aprender a bailar, ¡pero ahora…! Comí frutas, verduras y todas las delicias que ella tiene en su jardín, es un amor de amiga. Pero comemos, hicimos pipí y todo tuvo que quedarse aquí. Hoy, como de costumbre, ella es la cocinera por lo visto se enfadó con las gallinas, les cortó las patas y el cuello porque hoy por la noche va a comérselas, para que vean que es una salvaje de la selva, descalza, cada día corre para aquí y para allá. Pero cuando salió, mi señora, ¡qué elegancia! mi Kisomba. Por eso, la señora ha ido a buscar a los polluelos para ver si mañana, por el camino, deja a la gallina para dejar la raza de los polluelos de ella, ¡conmigo no tendrías suerte!, si quisieran comer animales moriríais de hambre porque yo solo mato moscas.

Asaltar la tierra de la casa del padre, porque ellas me picaron. Las abejas pican pero yo las dejo porque ellas dan miel para dar a las personas para endulzarles la maldad y para que no me piquen. Ahora, mi amiga, mañana ya me voy sobre esta hora, qué contenta vas a estar con las piernas estiradas, la cocina limpia y nadie para molestarte ni ensuciarte la casa, ni ruido, ni a tu amiga para molestarte, acostarte a la hora que te dé la gana, no tienes a la pesada para quitarte tiempo hasta contarnos las cuatro miserias. Pues nosotras dos no escribiremos un libro de nuestra vida, escribimos uno que dé la vuelta al mundo, pues yo solo puedo decir que quería irme a mi casa pero ahora tenemos que tener palabra, tengo que ir hacia el norte, a la ciudad Praia de Âncora. Pero tengo el presentimiento de que va a ser como yo pienso, es raro que yo me equivoque, después te contaré las cosas, pero no el dinero porque nosotras nacimos pobres. Solamente somos ricos de pobreza pero somos nobles, serias, trabajadoras, artistas, bailarinas, quién diría un día que acabaría siendo campeona, en medio del campo y del monte con las cabras y las ovejas, pero ya veis que cuando somos obstinados y queremos, ¡vencemos! Incluso soportando cosas que no nos gustan y ni queremos hasta nuestros obstinados maridos cuando gritan y son ellos los que tienen siempre razón ¿verdad? Ahí nos hacemos las sordas pero dentro duele, una piedra de un molino para hacer harina que mueve las gracias y nosotras o nos callamos o lloramos con lágrimas. Los años tristes que ya pasaste, te fuiste lento y ahora que podía ser más alegre continúo llorando pero ahora ellos corren tan deprisa dentro de poco tempo el resto de nuestra vida se va a separar el camino para otro lado y todo está terminado.

Qué tarea es preparar las maletas de este viaje, doblar y desdoblar, pasar, coger lo que llevo para el marido, para los domingos y salidas y días de la semana. Es que va a vestir con esto y aquello, yo entonces que soy maniática, enseguida me agobio. Llevo la ropa de todos los estilos, un poco de todo y, al final, llego al destino, pongo todo colgado, no me gusta nada desordenado. Es porque no veo que vaya a ir a ningún sitio de grandes lujos, me quito la ropa y la lavo. El día siguiente está seca y vuelvo a ponerme la misma, al final ni valía la pena deshacer la maleta ni traer un cuarto de ropa porque ni siquiera la vestía y siempre las mismas cosas y cada vez que me voy hago lo mismo, llevo todo lavado y planchado, pero cuando vuelvo a casa da igual si la ropa está sucia, limpia o planchada, lo lavo todo de nuevo. Por eso, paré la competición de la danza, porque llegaba con mis vestidos y llevaba todo, primero, los estropeaba, segundo, mucho trabajo y tercero, pensaba que no contaba nada porque él no hacía nada, para él era simple porque le ponía todo en las manos, lo acostumbré a hacerle todo, por eso, la culpa era mía, ahora terminaron ciertas cosas y dejé de hacer otras y aunque no es de mi agrado no digo nada porque si no él grita y después no hace nada. Ahora estoy aprendiendo a vivir porque cuando era joven era una esclava de todo porque nada estaba a mi gusto. Ahora dejé de hacerlo y no es por eso que voy a dejar de vivir, pero cada cual es como cada uno, unos hacen todo y otros nada y al final me decían que yo era boba.

Al cantar, nuestra vida, es como una flor, tiene otro colorido y nos trae sentimientos que tienen brillo y esplendor, así nos llena el alma y satisface. Por eso, no te inhibas de cantar, recrea tu vida alegremente pues siempre fue mejor que llorar, pero no quieras cantar en tono de enfermo. Olvida tu dolor, las letanías jamás te han de traer felicidad, con ellas vas sufriendo y te marchitas. Canta sin prejuicio, sonriendo, con pruebas revestidas de verdad, porque lo mejor de la vida está por venir.

CARRETERA DE LA GRANJA

Vuelvo a mi pequeñina vida, pobre niña despedida de la vida. Mi padre hizo todos los trabajos que le proponían aquí que era solo un camino y mi madre también iba a trabajar para el mismo jefe que eran los Nortâo de Matos, mi padre trabajaba arrastrando la tierra para hacer esa llamada «carretera de la Granja». Mi madre hacía de costurera de la familia y entonces yo me quedaba en casa cuidando a mi hermana que era más pequeña, bebé. Y mi padre me hizo un juguete que era un carrito de hilo de costura metido en un hilo de hierro, yo adoraba mi juguete, pero un día me quedé en casa como de costumbre cuidando a mi hermana que estaba en la cama de mis padres, ella era bebé y mis padres tenían gallinas, yo tenía la orden de no dejar entrar a las gallinas en casa y de que mi hermana no cayera de la cama. Pero poca suerte tuve, las gallinas entraron por debajo de la cama y yo las fui a chutar y se me engancharon mis largos cabellos en el hilo de hierro que tenía por debajo de la cama. Para chutar a las gallinas partí mi juguete que había hecho mi padre, yo dando en el suelo con él para que las gallinas fueran hacia fuera y finalmente me quedé presa hasta que mi padre llegó a casa. Llevé una buena y mi hermana cayó en el orinal que estaba en la habitación y tenía el pipí dentro. Mi padre era un hombre trabajador, pero muy duro con mi madre y con sus hijos. Yo no creía que las cosas fueran justas, si perdíamos alguna cosa no lo hacíamos queriendo. Pero mi padre o era la miseria u otra cosa, no lo sé, se quedaba ciego y no veía dónde daba y eso no se me olvidará incluso con todo el amor que tengo, sin odio ninguno, pero hoy con mi edad creo que era el vino.

La vida no tiene sentido, de vez en cuando, lo tiene porque se lo construimos, sacándoselo de las entrañas, a golpes de ganas, a golpes de suerte.

LAS SEÑORAS CHIC SIN DINERO

Les voy a contar una experiencia que pasamos mi marido y yo, nunca debemos fiarnos de las apariencias: Rosa María y su hija Elisabeth parece que se sentían imantadas a nosotros, todos los años el azar hacía que siempre se acercaran a nosotros. Los días y semanas pasaban y se aparecían todos, siempre detrás de nosotros para todas partes, quien viera a estas dos criaturas que parecían mujeres de bien. Pero justamente eran pobres que solo querían estar mantenidas por otros, pero se las daban de poderosas, con ropa de la mejor y más cara. Hacían régimen pero cuando los otros pagaban me preguntaba dónde metían ellas tanta comida. Señoras con estudios, su madre tenía un puesto en un trabajo del Gobierno, según ella me decía, pero este mismo año acabé sabiendo que era amante de un comandante, la hija era pintora pero los cuadros no los vendía porque no tenía a quién. Ella quería venir a España para hacer una exposición, pero yo le quité la ilusión, porque la vida estaba poniéndose mal en España, y además ella quería que mi casa fuese su hotel y yo no estuve de acuerdo. Además sabiendo quiénes eran las personas que no gustaban de trabajar, solo pasear y no estropearse las uñas, no tenían dinero pero cuando un día yo dije que me pidieron por veinticuatro mil escudos por dormir frente al mar y yo lo quería con vistas para atrás ya que eran solo veintidós mil, pues le respondí a la recepcionista que yo por la noche iba a dormir no a ver el mar, les conté esto. Pues esta tal Elisabeth me dijo que no era caro, yo le dije que para qué pagar dos mil más frente al mar si yo iba a dormir. Pues ella me respondió: yo ya he dormido en más caros, yo por la noche no dormía, tengo otras cosas que hacer. Yo me quedé avergonzada y me dije, esta no es gente para ser mis amigas, no somos del mismo mundo, se aprovechaban de la gente, perezosas, solo querían chulos, se lo dije a mi marido, que esto iba a terminar.

Bueno, nosotros todos los años íbamos a Portugal, yo tenía a mis padres y ahí me llevaba siempre la misma dirección porque quería ver a mis padres. Pasaba quince días con ellos y después iba a Lisboa y a otros sitos para visitar los monumentos de las raíces donde nací. Y las tardes iba a la playa a San Pedro de Moel porque esas personas eran de Marinha Grande y como nosotros nos conocemos como les dije ellas tenían una casita alquilada al lado en la playa de Marinha. Nos dijeron que si llegábamos primero nos esperásemos en tal sitio. Pero yo le dije, pero la gente nos va a decir que esto está alquilado y ellos no dijeron: «es el número 22 y diga que somos amigas». Bueno, así se pasaba y al final cada uno iba a su casa y dábamos cita donde ellas conocían, íbamos a bailar y comer.

Los años pasaron y yo me hinché de la historia, veía las cosas y tanta manía que me enervaba. Y un día cayó que ella me dijo que fuera a comer a su casa, para mí fue una simple curiosidad. Mi gran sorpresa fue que vi en su escritorio una cocina pequeñita y pusieron una mesita con cosas muy delicadas, con comidas, salmón frito y otras cositas más, tortas hechas por su hija que era muy habilidosa y fina también. Y, como de costumbre, tengo ganas de hacer pipí y lavarme las manos antes de pasar a la mesa cuando ella me muestra el baño me quedé sorprendida y mi marido, se lavaban las manos en una palangana, ni ducha ni bañera tenían y el váter estaba descolocado del suelo, hasta fue mi marido quien lo reparó. En fin, el triste mínimo y nada más vi de la casa, yo pienso que debía de haber dos habitaciones más, una debía de ser la habitación y otra no sé. Sus cuadros pintados estaban en el pasillo. Yo me quedé muerta al ver que eran tan chic y que vivían en aquella miseria, le pregunté a mi marido de dónde vendría el dinero de estas dos mujeres que me decían: «vi un bañador en tal sitio en rebajas, quince mil escudos, mamá, tienes que comprármelo, mamá», la madre responde: «sí, Betinha, mañana llevamos nuestro coche».

Tenían sus teléfonos de lujo, ropas, bolsos, todo de lujo, no entendía nada, pero un día ella vino, yo era vidente y me pidió que le hiciera las cartas y al echarle las cartas hice un descubrimiento y le dije que le quería decir una cosa pero que me chocaba mucho y ella me dijo: «usted dígame, no se preocupe». Y le mostré mi descubrimiento aunque yo misma no me lo quería creer. Ella me daba a entender que yo estaba en lo cierto, que tenía un chulo que la quería poner a hacer de puta, y a ella no le sorprendió, es decir, vivía esa vida. Yo le dije a mi marido: «es mejor que dejemos de vernos con esta gente». Ellas nos escribían siempre con papel de calidad, letra dorada, era todo fuera de lo vulgar. Y un año más tarde ella me dijo que habían vendido su casa porque que veía siempre cosas dentro y compró otra en la Marina Grande, ni me dio la dirección, nunca las conseguí ver allí ni las encontré. Ese mismo año ellas nos dijeron que nos encontrásemos en un restaurante, pero le dije que nos quedaba lejos y nos dijeron que no. Por la noche tomamos la dirección y fuimos pero ellas no llegaban, entonces las llamé y le dije que nos íbamos porque había más sitios donde comer, pero ellas insistían pero a su casa no nos invitaron. Pasan más de dos horas y las señoras se presentaron, nosotros les dijimos que sería la última vez, estábamos cansados de gente chic sin dinero, a cuántos sitios fuimos con esta gente y ni pagaron un vaso de agua. Entonces, entre tantas llamadas para que no nos moviésemos, ellas llegaron y dijimos que iríamos a comer donde ellas quisiesen. Ahí fue cuando supimos toda la verdad, primero, ella, la famosa María Elisabeth, que era la hija, era señora, ellas preguntaban lo que hacía falta, yo solo quería un plato porque en Portugal sirven mucha comida por persona y da para comer dos, me obligaron a pedir los dos, ellas comieron la mía y la de ellas. Al final toda la gente salió del restaurante que era enorme y de lujo, ellas nos invitaban siempre pero nunca pagaban. Así que yo le dije a mi marido que esta vez no pagaríamos, llevábamos pagando nosotros muchos años y, además, esperamos horas y horas a que vinieran, ese día pagarían pues estaba harta de tanta modestia. Salió toda la gente y nosotros nos quedamos, la madre le dijo a la hija que el restaurante iba a cerrar y la hija le contestó que esperara un poco más. Mi marido y yo les dijimos que el restaurante estaba cerrando y nos levantamos y fuimos hacia la puerta, ellas se quedaron sentadas pensando que nosotros íbamos a pagar como de costumbre. Entonces vi la riqueza que tenían, ellas buscaron hasta en el fondo de los bolsillos para poder pagar y salimos. Ellas nos dijeron que no nos invitaban a casa porque el fontanero les había arrancado todo del baño y no había ido a ponerlo y le pregunté si es que no le había pagado, me contestó que estaba pagándole a plazos. Nos dijimos «adiós y hasta otro día», pero no hubo otro día, no había más solución que desprendernos de ese tipo de gente, es decir, solo cogían a bobos como nosotros. En diez años fue lo único que nos pagaron y porque ellas fueron las que querían comer en ese lugar porque tal vez si hubiese sido más cerca habríamos pagado, además había muchos restaurantes de ese tipo que nosotros conocíamos, no era necesario hacer ciento veinte kilómetros ida y vuelta ¡qué lujo! ni tan solo nos invitaron a su casa, qué miseria. Llamar rico a quien se pone patas arriba y ni polvo tiene dentro de los bolsillos. Más vale ser pequeños y ponernos cerca de ellos grandes, mi gente, Marinha Grande.

En este momento está la hora fatídica, fue cuando supimos quiénes eran estas señoras chic, fuimos a pedir la cuenta pero nadie más habló, acabamos por saber que solo eran señoras finas en la palabra, en la manera de vestir y en el bolso no había un escudo. Acabamos por levantarnos e ir a pagar la mariscada de las señoras chic y de nosotros dos porque si esperábamos ser pagados por las invitadas hubiésemos quedado avergonzados, salimos y fuimos a pasear en nuestro coche, fuimos a bailar y seguimos para ver Estoril a ver un espectáculo que hacían allí. Cuando llegó la pausa, se bajó del escenario y nosotros dos fuimos a bailar, yo estaba vestida con un body blanco con puntillas en los brazos y una falda de flamenco. Hoy no la habría vestido, en ese momento bajó un señor y nos pregunta si éramos artistas y yo, como siempre, me hice la pequeñita como soy, respondí que no. El hombre me dijo: «qué bien bailan, ¿serían capaces de hacernos aquí un cartel?». Yo respondí: «no, porque nosotros necesitamos a una tercera persona para presentar en el escenario mientras nosotros nos cambiamos de ropa». Pero las mujeres querían que nosotros lo hiciésemos porque acabé por saber que la hija era DJ, yo dije que iba a irme a París y que pensaba encontrar a alguien para hacerme la función que necesitaba, se trataba de un artista que era cantante, lo hacía de maravilla. Pero, finalmente, tenía una maravilla de garganta pero era un mentiroso y cuando le dije de hacer la foto para presentar el espectáculo de los quince días en el casino de Estoril, me dijo que no podía ir que su mujer no quería que él fuese. Me quedé muerta y tuve que decir que no.

Tuve que abandonar el espectáculo, por eso prefiero contar conmigo que con ciertas personas; unos mentirosos, otros que se quieren poner en grandes tacones a costa de saber sobre los demás, mientras acompañé a estas personas siempre fui robada hasta el punto de que tenía que ir a la televisión CIC portuguesa y lo rechacé porque querían estar con nosotros para aprovecharse.

Las personas cambiamos por dos razones o aprendemos demasiado o sufrimos demasiado.

TRIPEIROS

Día 4 de septiembre de 2014. Primera parada, Vila Nova de Gaia, vamos a visitar a los tripeiros (traducción es callos, es el nombre que se le da a los portuenses). Atravesamos el Ponte de Arábia, posada, un pipí la dueña y otro la mascota, Pinky, ahora vamos de aquí a visitar, Porto terminó. Casa Bajuca te dejo ahora, nada es para ti, solo quedó el suelo de mi amiga, nada para ti. Ahora es para los tripeiros, hice la comida en medio del campo, dos escritos tímidamente, la primera vez que robé dos espigas de maíz verde en Porto, a las 13.25 horas quería visitar los instrumentos de tortura de los tiempos de Salazar. Pero comenzó a hacerse tarde y tuvimos que tomar el camino y con solo ver algunas de las piezas en foto ya me daba frío en la espalda. Partimos para el norte de Portugal, bueno, Porto ya está en el norte. Paré mi escritura para tomar reposo y poner mis cosas en el sitio, pero la tristeza no me dejaba.

Entonces, dejé Bajuca, abandoné a mi compañera, a mi amiga, que hasta en el último momento me dio las flores para poner en el centro de mi nueva habitación, en Praia de Âncora, llegamos temprano al puerto y fuimos a pasear, yo quería visitar la exposición de tortura. Pero terminaba tarde y ya estaba bastante cansada, entonces decidimos comer alguna cosa cerca de un campo de maíz para no olvidar mi juventud. Cogí tres espigas de maíz verde para ofrecer a nuestro amigo que nos recibía en su casa, yo sabía que le gustaban porque ya había tenido ocasión de ver que a él le gustaban.

Llegamos a las 15.30 horas y me dice su esposa: «su habitación está alquilada a otra persona hasta las 19.00 horas, solo si usted fuese para allí arriba…». Yo respondí que tenía que irme enseguida y que no podía subir las escaleras, ella me respondió: «Manuel está haciendo la siesta». Y le dije: «no hace mal, déjelo dormir», ella me dijo: «¡ustedes no se vayan!», y me preguntó: «¿dónde está su marido?». Le contesté que estaba durmiendo en el coche y la señora, que era mi amiga, me dijo: «ahora solo pondrán dormir arriba, ¿no quieren ir a dormir allí?, pero después tendrán que bajar el domingo cuando los otros se vayan». El marido dijo: «no, porque les voy a dar la casa de arriba» y ella respondió: «pero ahí debería ir una persona» y él le contestó: «eso era ayer, hoy es para ellos». Ahora bien, nosotros estábamos encantados como en casa de mi amiga Olivia, veía la media luna con nuestra señora que decía que ella me debía proteger para todo el daño que me andaban haciendo y me hicieron. Salí de la casa de mi amiga Olivia porque tenía cosas que contar, pero ahora voy a contar lo que aquí tengo, no hay gallinas, ni conejos, tampoco tengo patos, ni perros, solo el mío. Pero tengo un jardín con coles como hojas de nabo, ensalada, pimientos y un lavadero para lavar como en mis tiempos. Es un regalo como canta mi amiga y como dice la canción, un regalo en la vida, al pie del agua morar, quien tiene sed va a beber y quien tiene calor va a nadar, así estoy yo ahora cerca del monte y el mar enfrente, qué hay mejor, mi gente. Pero me falta la compañía de mi Olivia que a esta hora no duerme pero hoy ya son las 23.30 horas, estoy cansada, por las noches de trasnochar que pasé contigo, lloré, me reí y nuestras angustias contamos. Pero ahora aquí nada puedo contar, mi marido no entiende el portugués, la televisión no le interesa, se acuesta a la hora de las gallinas y yo me encuentro solita, la casita es graciosita pero tiene la humedad y el clima es triste y llueve.

Yo paso mis noches de trasnochar escribiendo para contarles y continuar las vueltas que doy en el día y recordar los tiempos y los momentos de mi juventud porque ahora no es como dice la canción. Que se solía decir: las horas para mí son días y los días para mí son años, yo ahora solo sabría decir: el tiempo vuelve para atrás, tráeme todo lo que yo perdí. Pero realmente yo no perdí nada, solo el tiempo de llorar y a nada llegar. Ahora me quedaron los ojos mal, para admirar los paisajes que en el tiempo nunca pude ver por solo tener gente alrededor que me robaba moralmente y físicamente y ahora mi mente está cansada y ahora me siento cansada que me dé lo necesario para contar los años que fueron estropeados, porque fui privada de hacer lo que yo quería y me viene a la cabeza y me dan migrañas y ganas de llorar. Yo pienso que es porque hoy fui al final de la ciudad para ver el mar y a las aves que volaban con toda libertad ¿por qué siempre fui privada de todo en la vida? Me decían siempre no hagas eso, no hagas aquello, no vayas a la escuela, fue la mayor tontería porque se me había metido en la cabeza que aprendía y que algún día más tarde podría saber muchas cosas, era una cuestión de vida y de tiempo y de no faltar al respeto a mis padres. Perdónenme, padres, pero yo quería escribir, ¿y entonces?

Día 5 de septiembre de 2014. Correr y más correr para las compras hacer, porque me encuentro en una casa particular y esta noche quiero bailar y no tengo tiempo que perder porque tengo que hacer de comer y ni a mi amiga podré ir a ver, Pureza, qué tristeza, no estoy cerca de usted, no puedo hablar con usted. Pero dejé allí a mi amiga porque yo he de ver si encuentro un momento, ya somos amigas desde hace quince años, en épocas como esta me reciben en su casa sin conocerme, desde 1998. Hay diferencia entre decir que se ama y de hecho amar, incomodarse con las circunstancias y hacer algo para cambiar y proclamar nostalgia y sentirlas sinceramente. Tal y como hay diferencia entre abrir los ojos y realmente despertar, decir que se va y salir de su lugar porque entre el hablar y el sentir, siempre estará la lógica bivalente.

De manera que el año 1998 fui a Portugal con una caravana, estábamos buscando dónde dormir por la noche y apareció un hombre y nos dijo que la pusiéramos en tal sitio, nosotros le respondimos que le molestaría pero él insistió y dijo que si queríamos podíamos dormir en su casa. Era de noche, pero nosotros dijimos que no, que teníamos nuestra casa. Y le preguntamos dónde podríamos ir a bailar por la zona y nos dijo que en su local había al día siguiente por la noche. Así que todos contentos, acampamos con la autocaravana debajo del puente y todo fue muy bien, ¡muchas gracias!

Mis raíces son débiles porque son de los tiempos de la dictadura, pero la lengua de mi familia era peor porque decían que parecíamos gitanos. Todo esto porque el sujeto es ambivalente en sus afirmaciones por temor a mostrar sus emociones dejando al otro en la duda de su sentimiento verdadero. En esa noche comenzamos, los gitanos, a hacer nuestro primer espectáculo en Portugal, nosotros contentos hicimos nuestras danzas y después hicimos cierta amistad y ellos vinieron a vernos a nuestra casa a Villajoyosa y además como vivíamos en la autocaravana, era una casa preparada, tres camas, una cocina pequeña, cuarto de baño, comedor, televisión, frigorífico, etc. Así íbamos a todas partes y mi marido que es muy habilidoso hizo un armario para poner mis vestidos de baile en el garaje que era para poner la moto y todos los años comenzamos a ir allí. ¡Si cuando yo tenía cuatro años hubiese sabido dónde iba a llegar! Era agradable, unos días doña Pureza hacía la comida, otro día la hacía yo o íbamos al restaurante, era una amistad muy bonita. La gitana de la familia que vivía en medio de la tierra, dentro de la autocaravana, era como una casa de muñecas, tenía de todo, pero las malas lenguas tienen siempre que hablar. Yo iba a hacer mis torneos a Palencia y volvía a la casa de esas personas y me cuidaban mi perrito. Además, también estuvimos en el sur de Portugal donde nos hacían contratos en discotecas y en las fiestas, era chica sin bragas, en los tiempos de Salazar me moría de hambre, hoy voy a Portugal y tengo amigos que me abren la puerta y la familia todavía están a la espera de que vaya a buscarlos. Ya hacía tiempo que no iba a Portugal, fui en el año 2014 y no volví hasta el año 2017, este último año nos quedamos en su casa, era doña Pureza quien me hacía de comer.

Día 6 de septiembre de 2014. Por la mañana me levanto, ya tarde, voy a la fiesta, no se puede bailar, trabajar, arreglar mi casa, después dar una vueltecita, llevarle los regalos a mi amiga Pureza, comprar el pan para comer mis caracoles, hoy quiero reposar, por la noche volveré a ir a bailar, mañana ya veremos, si Dios quiere. El día estuvo entre la lluvia y el sol, metí las plantas en la tierra que mi amiga Olivia me había dado, así pasó el día de calmado. Como dije, fui a bailar para disfrutar y a las personas que les gusta vernos bailar, son las dos de la mañana de Portugal, me encuentro en mi rinconcito desde hace quince años que vengo aquí de vacaciones y a hacer mi churrasco en Vila Praia de Âncora, ahora voy a ver si duermo, por lo visto tenemos agua en el cielo el domingo, ya se verá. La aventura de la vida cotidiana renovada es una loca carrera sin meta determinada, pero para seguir adelante hay que estar bien estructurado en el recorrido diligente sin temer lo inesperado.

Día 7 de septiembre de 2014. El día es triste y está lloviendo, verdad que hace falta para nuestras agriculturas, pero como no sabemos lo que queremos, lluvia en el campo y sol en la era y yo estoy igual porque me encuentro de vacaciones y quería sol porque la humedad me destruye los huesos y la moral. Pero es Dios quien manda, aunque les digo que estoy en un rincón muy bonito en una casita a ras del suelo y en el ático, el monte por detrás, campos alrededor y veo el mar a diez minutos de distancia. Pero hoy de buena mañana vino el pícaro de un mirlo y me despertó escarbando toda la tierra para comerse los bichitos, pero él tiene derecho a vivir en la naturaleza, yo estoy encantada porque tengo mi pequeña huerta, son estas mis raíces. Porque este es el país en el que nací, no muy lejos de aquí, entre el pueblo de Praia de Âncora y Ponte de Lima que está un poco más arriba, aquí hay un pequeño rincón de las aves de Portugal y el norte es florido y verde en la que vive una artista que tanto adoré y bailé al son de sus canciones. Hoy a ella no la he visto, la veo por Facebook, por internet, no sé dónde estás, desapareciste en Portugal, yo vivo en España, pero yo danzaba al son de tu voz, «ya lo decía mi abuela», mi Linda de Sousa. Admiro, hoy, un poquito de esta cuna, hoy porque pienso que no volveré aquí probablemente por mi salud, pero tengo amigos muy queridos que me aplaudieron en mis bailes y comedias montadas a propósito para hacer reír. Nunca quise una casa aquí por el tiempo, porque el mar es frío, pero mis ojos siempre adorarán estos campos verdes que viví labrándolos, cavándolos y vendimiándolos en los tiempos de mi juventud que trabajé la tierra, por eso, adoro el contacto con esta, donde quiero pongo un trocito de rama y de ahí sale una raíz, en poco tiempo tendré una flor, con trocitos de plantas hice jardines, tengo una mano verde, será por el amor y el respeto, adoro a las flores y a los animales.

Cada segundo vivir y con buen sentido mantener ante tanta insensatez, en una tarea sin gloria que para que sea meritoria debe asentarse en la lucidez. Decimos que a quien le gustan las flores y los animales le gusta la gente. Voy a hacer un intervalo, como las flores y animales como el bien que vamos a hacer un breve descanso, nos dirigimos a una barbacoa a aprovechar el día libre y estar cerca de la tierra en Portugal. La casa en la que estoy durmiendo se llama Vista Alegre y la calle se llama la travessa de Queirós, puede ser vista alegre pues yo no he visto a ninguna alegre, la encuentro triste, luces, sombras, nada para divertirse, quitando el baile del viernes, del sábado y del domingo, el resto está muerto porque estamos en lo alto y tenemos vista al monte, a los campos y al mar pero ni las gaviotas se oyen gritar, está silencioso, muerto, triste y ni se oye a un gato maullar, es una casita bonita con huerta y se puede hacer jardín pero con mis gustos de hoy me siento angustiada. Todo esto es muy triste, muy silencioso, incluso mi marido se fue a dormir, no entiende el portugués pero enciende la televisión para ver si veía gente moviéndose, pero la televisión no se enciende y le digo que revise si está conectada porque puede ser que esté desconectada, al final son las pilas que están estropeadas. Tenemos ganas de irnos ya, pero tal vez mañana mejore. Que jamás se extingan los valores y el amor verdadero olvidado que en la tierra ya no haya más esos disgustos que nos lleven a preguntar por qué y para qué haber nacido.

Cambia el sol y las pilas para que vea la televisión, para mí no es ninguna pérdida porque la televisión no es mi pasión. Y cuando no podamos creer más en las palabras, el corazón se quede mudo por perder la confianza, volveremos a dar valor a las cosas y a soñar para que en nosotros vuelva a reinar la seguridad. Porque entonces también estábamos mal arreglados, a veces, parece que hemos nacido en la época equivocada donde las cosas importantes no valen nada y lo venerable dejó de ser sagrado. Yo, por las noches, solo escribo las letras de mis libros, la verdad es que me gusta más el aire libre, tenemos más ideas porque vemos las cosas moverse, a la gente hablar, música, viento, los árboles se mueven, los pájaros cantan y todos los sonidos de la naturaleza, ahí vivo y ahora digo que me gusta el silencio cuando estoy concentrada, pero no puedo contar nada si el día no lo puedo ver. Es la primera vez que vengo aquí arriba, no volveré aquí, pero si vuelvo quiero que me den mi rinconcito desde hace quince años. Aquí oigo las olas del mar, pero bajito, Las oigo más fuertes cómo golpean contra las rocas, oigo que el tren pasa y los coches en la calle y puedo admirar todos los movimientos de la vida, aquí es un sitio que está dormido, solo podré meter la cabeza en la tierra para llorar porque mis vacaciones se arruinaron antes de salir de mi casa, pasé un buen momento en la Boca de Ca, el resto sigue su movimiento, voy haciendo conforme me da tiempo, en el día a día no hago proyectos, me siento adormecida en mi vida, me cortaron las alas poco a poco, estoy como el árbol que le cortan las ramas, yo me voy yendo poco a poco con tanto entusiasmo que tenía en mi vida, ¡por eso me puse a escribir libros! Porque ya no se escriben cartas, que valían más que el dinero y ciertas modernidades te lapidan el sentido común entero quedando lo más importante puesto de lado para matar la tristeza porque no tengo a quién hablar ni contar mis miedos. Les cuento en este papel que acepta lo que le digo. Y entonces, tal vez, él va a decirle a alguien que cuando soñamos nuevos sueños son errados y como si fuesen pesadillas, tenía tanta ilusión que vine a visitar Portugal y también porque fui falseada en la vida y me digo que será la última vez que aquí vendré para despedirme de lo que yo amaba, mis padres, que ni cerca de su sepultura se puede pasar. ¿Para qué existen los secretos? En teoría, para no ser contados, para ser guardados, lejos de miradas y oídos menos discretos. Puedo ir para despedirme de ellos, de mi padre adorado y de mi madre querida, que se me fueron enseguida y ellos ni querían terminar en una sepultura, la pagaron obligados y ni sus nombres tiene para que sus hijos puedan ir a velarles, a llevarles dos flores y poder contarles la pena que tengo. Existen para ser mantenidos, escondidos en una sombra que los cubra, que los llene de penumbra por no ser siempre aquello mejor que se puede revelar de alguien, o, meramente, para pertenecer a la esfera privada de quien comete algún acto que no quiera hacer público. No me quisieron escuchar y no vinieron a vivir conmigo, ¿qué voy a tener yo?, ¿qué va a ser de mí? Se quedó solo como las malas hierbas que crecen en todo el terreno y solo quieren el dinero, los padres aquí no cuentan nada, yo quiero flores en vida, cuando esté muerta no necesito a nadie pues ya no veré a nadie, solo a mis padres que tanto les adoré y les di todo mientras vivían, pidan por mí, sálvenme de esta tristeza y pidan por mí y que mi Dios salve mi alma. ¿Y si los secretos fueran, a su vez, pecados que se quieren camuflar, reprimir o hasta, si es posible, borrar como si nunca hubieran existido? Como si fueran una vergüenza escondida de falsas vidas vividas que nadie más piensa que otra persona pueda tener.

La verdad que yo vine a al país en el que nací pero no era para contar tristezas, pero la angustia me llegó y mi corazón habló. Queijada, pueblo de la ciudad de Ponte de Lima, ciudad pequeñita y muy bonita, allí fui niña, pobre y triste pero vivía en medio de los carrascos y los eucaliptos, lloré, canté pero era donde yo puse mis pies en el suelo y descalza, por la pobreza pero para mí hoy es una nobleza, era la casa de mis padres. Y ahora no hay ni un recuerdo, ni la sepultura tiene su nombre puesto, ¿dónde se ve esto? ¿Será posible? De aquí no me llevo nada, solamente tristeza, pierdo el secreto, es tan humano como simple el hecho de existir, de vivir, de ser, o querer ser algo que no se es, que solo existe cuando, en secreto, se peca o se va pecando secretamente… Voy a ver si me agarro a nuestras tradiciones tan hermosas, a nuestros campos, a nuestros animales típicos del país, nuestras fiestas tradicionales, nuestros monumentos, canciones y bailes folclóricos, fiestas y tradiciones de nuestros pueblecitos, provincias y comunidades que son los más bellos de mi corazón por los años que aquí viví y luego emigré a otro país. Fui a París, me quedé y me casé con un hombre del país, tantas lágrimas lloré y, al final, sin nada me quedé hasta a sus propias hijas las malas hierbas las contaminaron y a su madre abandonaron, tanto sufrí para mi vida ganarme para poder darles de comer. Pero cuando eran adultas no cambió nada porque ellas piensan no sé el qué pero yo nunca lo imaginé.

Si el secreto es pecar en la sombra, estas no son más que las puertas abiertas a los secretos que esconden vicios, tentaciones, formas reprimidas de ser, que se prefieren esconder. Que la hierba muriera y que las plantas vinieran a su raíz pero, al final, todo termina mal, Dios es grande y no hay nada que no se pague, Dios no duerme ni es vengador, yo me callo y sufro mi dolor, el tiempo pasa y los años por encima y nadie sabe cómo termina. Os sentís encima de la escalera, pero vendrá un día en que bajaréis los escalones y veréis el dolor, cuando vuestra puerta llegue ahí será. Ahora es tarde, ¡quién me diera a mi madre! Tantas lágrimas lloré por vosotras, esperad vuestro momento y después iréis a contar a vuestras amigas y vecinas, qué tristeza, que la madre solamente servía para guardar a tus hijos, es decir, mis nietos, cuando yo iba a verte y cuidaba de tu casa, pero cuando la madre ya no podía ya no interesaba nada. Y verás un día lo que te decía. ¡Por ahora sois jóvenes! La gran tontería que estás haciendo en tu vida. Son las doce de la noche, estamos llegando al lunes, pues ahora poco les voy a contar porque tomé mis medicamentos y dentro de poco me voy a acostar, el silencio es total ni una hoja se mueve ni una mosca se ve y, por lo tanto, este es el país de las moscas. Yo les digo con todo el amor lectores, espero que mi libro les vaya a gustar por la belleza de lo que les estoy contando.

La vida es como una ruleta de la fortuna, algunos sacan el número bueno y otros se quedan esperando y nunca ganan nada, esta es la vida del artista. Quien no juega no se arriesga, se queda siempre en la pobreza y en la tristeza otros se aventuran, les surge la suerte: vida, alegría y riqueza y otras cosas, yo nunca pensé ser escritora ni poeta, lucharé siempre hasta que Dios me dé un respiro. Y otros son todo al contrario, tristeza, pobreza, mala suerte, infelicidad y en el fondo de su corazón ¡qué angustia! Porque no es la riqueza la que esperaba, solo aquello que me pertenecía y por lo que tanto luché y todo acabó saltando por los aires y, al final, nada pude coger, y aquí dejé de escribir, estoy fuera y son las dos de la mañana, si Dios me quiere, tendré otras novedades, nuevas cosas más agradables para contarles, aquí paro, buenas noches, sean felices todos sobre la Tierra, que nos amemos los unos a los otros, es la mayor felicidad.

Bello día caliente en Vila Praia de Âncora, me encuentro pasando por debajo del puente para ir hacia Caminha a ver a una amiga mía para saludarla y hablar porque hace dos años que no venía por aquí y no había vuelto, le dije adiós y me fui a visitar los rincones bonitos de Caminha. Con sus pequeños barquitos alrededor del mar, admirar ciertos monumentos de la ciudad, grabé para recordarlo mejor porque ahora la memoria se va y todo pasa, entonces para recordar prefiero escribir y resistir para no olvidar lo que ya está quedando atrás, estos montes con estos verdes árboles que es el encanto del norte, todo florecido y tantas verduras, es el trocito de mi raíz en la tierra, en la familia no hay nada. Y el sur es más seco, no es tan refrescante por lo que el norte es mi amante, por eso, mientras pueda lo visitaré, para tener recuerdos, bailes y canciones, campos florecidos, música y fiesta, momentos de mi juventud, quién me diera poder aprender cuando era joven lo que hoy sé, pues con las tristezas y el trabajo me maté. La noche es pesada, fría y entera, el corazón arde en llantos, intento cerrar mi alma con hilos de nostalgia dibujados en el silencio, el viento barrió mis sueños en gritos guardados, en la desesperación me visto de sombras.

Mi salud y mis nostalgias que todo voy a abandonar porque no voy a poder volver aquí, mi bonito Minho, de donde son mis raíces, pero por la pobreza huí a otro país para ganarme mi vida pensando en quedarme por allí y al final ni en mi país ni en Francia, poco a poco, como los pájaros emigran, los dolores se posan aquí y allí, caminos y kilómetros recorrí y al final ¿qué hice? Perdida en las rutas del tiempo mi cuerpo se convirtió en polvo de alma, sin rumbo, deambulo en el frío de la vida, me desvisto de la identidad y me separo de todo en la inquietud del silencio de las calles imaginarias de mi memoria. Vine con mi marido a Portugal para ver si se quería quedar, dijo que el agua era muy fría, tiene mar, hay nueces y castañas, ¡yo prefiero ir a vivir a España! Y perdida en esta senda se asombran las lágrimas que me lavan los recuerdos, la vida se transforma en una paleta incolora donde cada día me embarco y poco a poco me hunde. Miren, mi gente, podemos recorrer el mundo entero pero nunca sabremos dónde vamos a gastar nuestro dinero y proyectar, quien pueda, que la vida es un trocito de camino que pasamos aquí y la muerte nos acecha allí, vivan de fe y alegría, rían, hagan romerías que si Dios quiere todo terminará con alegría.

SEÑORA DA BONANÇA

Día 8 de septiembre de 2014. Yo estoy aquí para llevarme mis recuerdos de las fiestas de nuestra Señora da Bonança, las fiestas de Ponte de Lima, están más arriba, en el rincón donde nací. Cuando era joven lo adoraba pero ahora, solamente, el silencio estoy buscando, cuando era joven quería comer y no tenía, quería ir a las fiestas y no podía porque me lo prohibían, quería bailar y no me dejaron, quería ser artista y ni pensarlo, quería estudiar y no se podía porque no había dinero para pagar. Hoy podría comer, bailar, estudiar, ser artista y todo, pero ahora son las fuerzas las que se van y ya no hay nada para nadie, por eso digo ¡jóvenes, con respeto, tomad cuenta de vuestra vida! Tenéis vuestras cosas todas bien hechas pero proyectad si podéis porque un día querréis y no podréis. Pero la verdad es que hay mucha pena y miseria en el mundo porque unos tienen todo y otros no tienen nada y es siempre el pobre el que paga todas las miserias del mundo, las guerras, pobres inocentes, niños que no hicieron daño a nadie y mueren a causa de las armas y sus pobres padres lloran lágrimas de tristeza, pierden a sus hijos y viven en la pobreza a causa de algunos que gastan sin contar, pagan por una noche de hotel lo que le daría a un pobre para vivir no sé cuántos años ¿y se sienten bien?

Decidí ir a la ciudad a hacer mis compras para mi almuerzo pero yo ni siquiera había visto que la Vila Praia de Âncora es un encanto, todas las calles están preparadas y toda la diversión para sus fiestas maravillosas, quién viera este rincón hace quince años, hoy han hecho un inmenso trabajo hecho en los puertos, nuevos paseos, asientos para que la gente y los turistas se sienten. Comienza la música y los gaiteros su fiesta para que el jueves haya orquestas, grupos folclóricos y grupos musicales que están preparando sus escenarios porque el pueblo admira, también, bailar. Esperamos buen tiempo para que no se estropee la fiesta y sus diversiones, sus negocios y festejos de iglesia para que la gente dé alabanzas a la santa patrona de los pescadores para protegerlos en la tapa del mar para devolverlos a la tierra y que tengan una buena pesca, también para que ganen su vida. Marinero que vas a la marina, ten cautela y no caigas al mar, mira que la vida aquí en la tierra dura es corta y tu familia te espera y si no vuelves llorarán, yo tengo pasión por este rincón, pero en invierno es triste, no se ve nada solo las olas del mar golpeando alto contra las rocas y las gaviotas gritando. Los peces que salen fuera hasta la ribera, es hermoso porque los veo desde Vieira, pero el viento es frío y me dan ganas de huir a mi país que me recibió con sus brazos y me da el sol todo el año. Y el sol es la mitad de mi alegría, me levanté por la mañana y al no ver el sol mi corazón se pone triste, mis dolores persisten, pero cuando veo el sol salgo fuera, a mi terraza y miro el mar y la tierra, a la gente alegre y el sol calienta el corazón de la gente. Yo sé que es el país de mis raíces pero yo ya he elegido y ya decidí que soy feliz y voy a quedarme hasta el día que Dios venga a buscarme y, si cumplen su deber, el sol veré todo el día, ¿no es bella la vida? Y la muerte ya lo sabemos ya que nacemos para sufrir y al final morir y después otros se quedan llorando.

Día 9 de septiembre de 2014. Cuando nacemos es para sufrir y al final morimos, por eso cuando se sale de la barriga de nuestra madre lloramos, porque estábamos bien y sabemos que vinimos a sufrir y la madre, por eso, llora cuando le quitan a un hijo de sus entrañas y ella ya sabe que al tener a su hijo este llorará también, porque ella en nueve meses le comunicó todo lo que venía a hacer en el mundo y su hijo llora, él estaba tan bien, se pregunta ¿qué vengo a hacer aquí? La verdad es que la vida es así. La vida comienza cada día, levántese sonriendo, sacuda la maldad, salga plantado con el bien y corra que la felicidad no espera. Abrace la alegría y no falte nunca más a la hora gloriosa de aquellos que llegaron con tanta gloria, con hechos heroicos y con temor y que tanto engrandecían nuestra historia, mostrando al mundo, así, nuestro valor. La gente determinada, la gente obrera, surcando el inmenso mar en la certeza de levantar con orgullo esta bandera, símbolo de esta patria portuguesa. Todo, sin excepción, quiere alabar aquí, humildemente, recordar para que jamás se olviden tales hechos. Fueron hombres fieles que creyeron que a la gesta de esta patria añadieron tanto esplendor y gloria en sus anales.

Mar alto, ¿por qué te retiras?, por la tarde volverás, ¡pues si me dicen que son mis raíces!, volveré para poder verte en esas rocas chocar, ahora yo podría ir a coger las conchas donde salen esos mariscos y comérmelos, pero hace frío así que me esperaré a ir después cerca de ti, voy a ir a calentarme y mientras vas subiendo haré dorar mi cuerpo con tu aire, mar de mis raíces. Encima de las rocas están mis gaviotas haciéndose las muertas a la espera de que el mar se retire para ir a pescar su comida del día a día, hasta yo vivía cerca de vosotras, mis gaviotas, tengo esperando a las mías que no son de mis raíces, porque vivo en España pero esas viven, bailan y tocan las castañuelas porque los barcos les traen de comer, hay abundancia y no necesitan correr para ir a recoger comida. Pero, vosotras, las gaviotas portuguesas, sois del mar pobre, como yo, andáis descalzas, pero tenéis orgullo de decir: «yo trabajé para ganarlo, no fue cantando».

Mi roca de Praia de Âncora, que en medio del mar se encuentra, cuando el agua pasa por encima, esto quiere decir que la marea no sube más arriba pero no soy yo quien se atreve a ir por allí, si voy me quedo porque una ola me lleva a la deriva, pero sepa o no sepa no sé nada, pues no soy más inteligente ¿qué se puede extraer de este experto? Aquí me voy a callar pues hay gente que está en medio de las rocas, estoy viendo llegar a un pescador que viene de pescar de las rocas pero él está habituado, yo me ahogo hasta dentro de la bañera, así que le pregunto si no tiene miedo y me dice que no, así que le pregunto: «¿qué pescó?». Le dije: «hola, amigo, ¿su pesca fue buena?», me respondió que sí, yo pensaba que estaba pescando percebes que es un marisco muy famoso en Portugal y mi sorpresa fue que era lubina española, que sabe tocar castañuelas. El joven pescador tiene que luchar en medio del mar para pescar con un mar bravo y alto. El joven valiente estaba orgulloso cuando le dije que había pescado un gran pescado, la verdad que el pescado era grande, el otro era róbalo y, entonces, le hice una entrevista y le pregunté: «¿ahora se lo va a comer?», él me contestó: «no, lo voy a vender a un restaurante, pues me esperan todos los días», le respondí: «no me importará conocer el restaurante si me lo sirves porque el pescado es fresco y encima es pescado por un hombre simpático, pero más rico es el pescado, pero mejor está en el plato». Entre una palabra y otra me preguntó: «¿la señora de dónde es?, ¿de aquí?». Yo le pregunté: «¿por qué?, ¿por qué?, nací en Portugal, soy de nacionalidad francesa y vivo en España». Él me respondió: «porque no la veo del estilo de aquí, con su acento y su manera de hablar, tiene un acento particular». Yo le dije: «usted pesca y yo soy bailarina». Entonces él soltó una carcajada y me dijo: «¿es verdad?», yo contesté: «sí», «¿pero profesional?», prosiguió. Le contesté que sí, me preguntó: «¿pero no da clases?». Le respondí: «no, porque no quiero, vamos haciendo campeonatos, el último que hice fue Feeling Dancing, el baile de las estrellas, fue en un barco llamado Costa Fortuna». Él dijo: «entonces usted es grande», le respondí: «usted está mintiendo, está viendo que soy pequeñita», pero él me dijo: «pero grande en artista», yo le contesté: «gracias a Dios, pero ahora voy parando poco a poco, las piernas no siguen mi paso, por eso, yo vengo frente al mar a ver pescar para el tiempo pasar, porque ya poco puedo bailar. Bueno, mi simpático joven, muchas gracias por su simpatía, recogí mi comentario». Además yo estaba grabando y él se sentía orgulloso y me dijo: «gracias por su simpatía», se quitó su ropa de pescar, se metió en el coche, puso su motor en marcha, se metió en el coche y comenzó a rodar y, me saludó con la mano al pasar cerca de mí me hizo una señal de adiós con un gran con sonrisa y le dije: «¡adiós, amigo!».

El sol se quiere ocultar, el mar ya está bastante retirado de mí. Mi marido fue con mi Pinky, mi perrito, hacia las rocas para recoger las conchitas del mar, las gaviotas todas suben y bajan hacia las rocas para recoger sus delicias. Quién me diera ser gaviota para posarme en medio del mar y dar saltitos de piedra en piedra y coger marisco, lamentablemente estoy aquí sobre un banco sentada. Solo mirar hacia el mar que ya está lejos y yo voy a tener que irme a otro sitio que aquí está empezando a hacer frío, el aire del mar refresca en la noche, por allá se va y mañana estará aquí encima para admirar el mar, la ciudad, los coches y la gente que son curiosos como yo, esta vista maravillosa, este aire de marisco y todas estas flores amarillas, a quién no le gusta ser libre y vivir cerca del mar para ver subir y bajar el sol, ya lejos se va a esconderse para que mañana aparezca por detrás del monte, para levantarnos y darnos ganas de estirar los brazos como las gallinas cuando salen del gallinero y yo que tengo que abandonar mi bolígrafo y de escribir e ir para casa para ver qué hacer de comer. Mi marido me admira sentado en una roca, en medio del mar que se fue pues yo también me voy a subir, pero hacia arriba, a mi casa donde un cierto tiempo vine a pensar, vine a tomar notas, este fue el rincón de Minho que debía ser mío. Pero un día llegó las alas abrí y también huí no para pescar pero sí para trabajar.

Nuestras protecciones, adiós mis rocas y adiós mar, si pudiera volver otra vez vendré a visitarte, ahora mismo tengo que irme, la niebla va a caer y yo estoy teniendo frío, es para prevenirme y que me vaya a cubrir porque si no cogeré frío y después nunca se sabe lo que puede pasar con el refresco de la noche, las flores se están cerrando y yo les voy a dejar, baile, sostenme por la cintura, entre tus brazos, enrollándome, no fuerte y con un tierno abrazo como si fuera por última vez. Nuestros cuerpos, ni besos, ¡si yo hablase!, ahí, llevándonos al cielo de la pasión y del amor, ni último suspiro de dolor de la separación que, sin dolor y con destreza, me sostienes por la cintura, entre tus brazos y me enrollas, no fuerte y temo el abrazo.

Me gusta la gente que cuida a las amigas, que se preocupa por los sentimientos de los demás, que trata a los mayores con respeto y que cree que el amor es la fuerza más poderosa del mundo, la gente falsa no habla, insinúa. No habla, genera intriga y no colabora, interfiere, no participa, se infiltra, no sonríe, muestra los dientes, no camina por la vida saboteando la felicidad ajena y sobreviviendo de sus restos. Para conocer a los amigos es necesario pasar por el éxito y la desgracia. En el éxito comprobando la cantidad y la desgracia, la calidad. En la vida como en la fotografía tenemos que transformar los negativos en positivos. Dicen que la sinceridad lastima, pero en mi opinión la mentira hace un estrago mucho mayor. Mientras mi conciencia está limpia sobre mis actos, el juicio de los demás no me interesa.

No te ilusiones con diez mil amigas en Facebook, Jesús solo tenía doce y fue traicionado. Entonces, mis amigas y mis amigos son los que son y yo ya estoy como Jesús, a veces. Hoy la nostalgia habló conmigo, vino a hablar de usted, amiga. Amigas, Ana y Clara, su beso me consuela el corazón, que Dios os bendiga, mis amigas, me encuentro en el silencio total, mi marido duerme y yo estoy meditando qué palabras escribir, me pregunto si mi libro va a gustar a mis lectores, tristezas, melancolías, pocas alegrías, voy diciendo adiós, donde toda la historia de mi vida nació. Yo amo, tú amas, él ama, nosotros amamos, vosotros amáis y ellos aman, ojalá no fuese una conjugación sino una realidad. Me encantan los rumores que existen sobre mí, acabo sabiendo cosas que ni sabía que había hecho, la mayor distancia entre dos personas es el malentendido. No hay juez más justo y más severo que el tiempo. Soy un fan de las vueltas que da el mundo, no adelanta por más tiempo que pase, por más idas y venidas. ¡Ay, mi amigo, el mundo gira! De tal manera que yo me fui a Portugal para ver a mis familiares y a algunos amigos, en cuanto estaba en Francia, todavía veía a alguien hasta que cambié de país, a unos no los he encontrado, a otros ni puedo decir qué piensan porque nosotros vamos siempre a vivir y nuestra hora está llegando y ustedes me van a volver a mirar mi cara sonriente, no la veréis y después lo pensaréis porque no estaba presente cuando ella vino a ver a la gente. Crea que no hay nada imposible porque los sueños de ayer son las esperanzas de hoy y pueden convertirse en realidad mañana, que Dios esté con nosotros, son las nueve de la mañana que buenos vientos traigan una tarde bendecida. Que la paz y la alegría sean nuestras compañías y que todo vaya bien. Que todas mis angustias se transformen en finales felices, que la fe que transforme mi pecho sea el combustible de todo el mundo por aquellos sueños que quiero realizar.

Que la voluntad de ser feliz nunca me falte, aunque yo nunca fui feliz, solamente sobre una pista de baile porque olvidaba todo en el momento que tenía que mostrar mi saber. Para vencer en la vida, es preciso andar, tener garra, determinación y, principalmente, humildad, para ceder y retorcer tantas veces como sea necesario, el buen luchador siempre sabe ceder para alcanzar ser objetivo. Pero esperé me humillé y no gané, entre hijos y hombre, los hombres no son todos iguales. Cada uno tiene su hechizo diferente para hacer una tontería, unos gritan, otros golpean, otros son perezosos, otros ladrones, es una subasta, ¿quién da más?, mi gente, no lloré, muchachas ni mujeres, somos más felices, si nunca en la vida llegaste a vivir con alguien, solita vivirás y no darás explicaciones a nadie. La mujer nació para ser amada y no pisoteada, eso es cierto, pero ahora habrá que saber si cayó, de alguien, enamorada. ¿Sabes por qué en mi cara siempre hay una sonrisa? Porque la vida me enseñó que siempre tenemos que buscar el buen lado de las cosas y recordar que todo sucedió por una razón y por más que sientas que la vida te golpea una y otra vez, lucha y continúa los caminos, mira al futuro. Siempre tenga en la mente que la vida no va a ser justa por un mal momento, demuestre que es lo suficientemente fuerte para seguir adelante y recordar que mantenga su sonrisa siempre, aunque su corazón llore. Así hago yo porque si no todo se va y a mi alrededor todo muere, sonrisa por fuera, dolores y lágrimas por dentro, así yo paso mi tiempo, así cuando paro me miran y dicen que nunca cambio y que siempre estoy igual, que los años no pasan por mí. Pero soy yo la que paso por ellos y Dios sabe el duro dolor que sufro de tristeza y de amor.

Día 10 de septiembre de 2014, dos de la madrugada. El secreto del éxito les confío que no lo sé, pero el de la felicidad es despertar cada mañana en paz y entregar en las manos de Dios todas las horas y minutos y dejar que nos guíe y actúe a nuestra vida. Bueno, yo soy católica y creo en Dios, pero a veces le pregunto a mi Dios, soy tan pequeñita que no me ve por toda la tristeza y maldad que me hicieron y continúan haciéndomelo, mi Dios, tenga pena de mí. Personas, amigas lindas de nuestro corazón, merecéis lindas rosas, acéptenlas. Mi regalo lo traje con mucho cariño para ustedes, la bendición unía alegría, gratitud, fe, amor, esperanza, harmonía, felicidad. ¡Que duerman todos bien y tengan buenos sueños hasta mañana, hasta pronto! ¿Crees que en la vida nada sucede por casualidad? Todo sucede por una razón, todas las personas que conocemos tienen un papel en nuestras vidas, sea grande o pequeño. Algunas nos darán una lección, no para cambiar, sino para tomar conciencia de nuestros errores y ayudarnos a crecer, haciendo de nosotros mejores personas. Y algunas simplemente nos inspiran y aman para hacernos felices. A ver si reciben mi dirección para que yo reciba todas las cosas que hace tanto espero, pero el cartero no sabe dónde vivo yo y nunca lo supo, sentada en este banco de madera orientado al mar, son las 19.20 horas, el mar empieza a quedarse frío y el sol comienza a esconderse detrás del mar. La marea alta ¡ay, quién me diera poder atravesarlo para coger el sol y contar cuentos de amor para quienes añoran amar, vengo de pasear y de hablar un poco con dos amigas que conozco desde hace años y, entonces, una lloraba herida porque su amor se quedó en el mar perdido!

Ser honesto puede que no te dé muchos amigos, pero te dará amigos educados, aprende a confiar en lo que está ocurriendo, si hay silencio. Deja aumentar alguna cosa, deja surgir una tormenta, déjala para ver si así viene la calma, ¿saben por qué dicen que el amor es ciego? porque hay gente que no ama el pelo, no ama la ropa, no ama el cuerpo, no ama el color de los ojos y finalmente no amamos lo físico. La gente ama el sentimiento, la atención, el cariño no se ve, se siente, la verdad puede lastimar por algún tiempo, pero la mentira angustia para siempre. Mire, yo vine de tan lejos a buscar un abrazo porque me dicen que Portugal es mi país, pero Dios me enseñó, con el tiempo, que quien me quiere me dará un abrazo y toma tiempo de dármelo, el Señor me enseñará a esperar mi tiempo. Segura y firme, mi mano, hace aumentar mis fuerzas en la caminata de la vida, al haber sido engañada y me conduce por el mejor camino, guiando mis pasos, me protege de todo mal que me han hecho en mi vida anterior, aumenta mi fe y renueva cada día mi confianza en mí. Porque yo todavía hoy encontré en mi camino gente que no conocía verdaderamente y me confiaron su tristeza, mi Dios, ayude a toda la gente honesta y pobre que son sinceros en la vida y siempre hay alguien que les hace tener una dolorosa vida. Cuando veo a una madre con hijos, que trabaja con sus manos día y noche para ganar su vida honestamente y hay siempre un embriagado que le estropea la vida moralmente y físicamente, hay hijos que se quedan y quieren a la madre porque no hay demonios en la familia. La verdad sea dicha, no fue el país donde nací el que me estropeó la vida, fue la familia, cuántos y cuántas opinando sobre mi vida y dándome consejos, diciéndome «no vayas por ahí», «por ese camino no», «deja de hacer lo que haces», «te modera», «no pienses así», solo les faltó decir «no pienses».

Yo te quiero como para invitarte, no como para que una de estas tardes pises hojas secas, te quiero como para salir al camino a hablar de amor y cosas que hace tanto tiempo que no he visto, en este cuento que hace tantos años visité pisando piedras, te quiero como para volver a ser niños y reírnos embriagadas de nada y pasear, sin prisa, por las calles. Yo quiero ir contigo donde me siento bien pensando en ti, que tan lejos está y la oportunidad huye todo hacia atrás, porque yo estoy muy lejos de ti, no eres tú mi país, son los que ven correr la sangre de mis venas y que fueron conmigo desde el país donde nací, por eso yo en mi raíz no tengo nada, un amigo por aquí y allá y nada más. En las familias si se habla de unos y de otros y se llenan las cabezas y no sé por qué dejan de hablarse, yo viví siempre tan lejos de todos y de todo y no puedo saber cómo soy vendida por todas partes, pero no por la verdad. Porque si todos fueran como yo, nadie sabría nada, cuando me cuentan alguna cosa la guardo para mí, nadie necesita saber de lo que hablé y con quién lo hablé, quiero contar mis raíces, ya no hay nada que exista. Solamente que siento tanta soledad por eso vine a Minho a buscar un poquito de alegría. Dios sabe lo que me costó, menos mal que vi las fiestas de la ciudad. Nada más tengo una familia que me recibió casi diciéndome que me podía ir ya, la realidad fue que vi a amigos que me buscaron, en cuanto a la familia, incluso los había a treinta kilómetros y ni siquiera los vi, mis raíces eran mi padre y mi madre y ya se fueron, ellos Salazar y compañía, aquí se queda otra generación para pudrir otra, hasta me callo, a veces, cuando oigo hablar a gente sobre la familia, acaben de dejar de dominar mis miedos y de dominar mis sueños. La mujer fue hecha de la costilla del hombre, no de los pies para ser pisada, ni de la cabeza para ser superior, sino del lado para ser igual, bajo el brazo para ser protegida y del lado del corazón para ser amada. Pero veo a más mujeres pisadas que amadas, unas o se callan como yo hice o recibía golpes o me callaba por vergüenza. Qué esconde esa gente, yo te aseguro que ellos no hacen nada, finalmente somos nosotras.

Las hojas marchitas de las flores en otoño, por lo que vine a Portugal para hablar de mis raíces siendo una raíz maltratada en todos los aspectos: los alimentos y el lenguaje para mis propios hijos, pero al final veo tantas personas heridas que me corta el corazón, yo que tanto sufrí, ahora hago por olvidar un poco y escribo sobre mis raíces que hicieron camino en todo, pasé a luchar para ayudar a mis padres, había celos, si me reía era una puta, en fin, no vale la pena, necesitaba escribir libros pero no soy rica. La mayor pobreza que yo tengo es que estropeé mi cuerpo y sufro y mis hijas me abandonaron. Con dos años de escuela me siento feliz, me dieron un diploma por tener buena cabeza y pasé a los demás para ir al extranjero para ayudar a mi padre a criar a mis hijas, bailé y hoy, gracias a Dios, escribo en cuanto me dé fuerzas para poder decir lo que es el dolor y que nadie me vea, no querrá creerlo porque yo solo en el desespero de dolor, no deseo a nadie lo que yo puedo sufrir, pero mientras pude tener un poquito de sonrisa la guardé, hasta eso son celos. Las intervenciones que hice aquí, después, fueron para ver estos árboles verdes y campos porque donde yo vivo no tengo, pero ahora ya no puedo vivir aquí más, terminaron los campos verdes y césped con flores y fiestas del norte y del sur aunque yo era del norte. Pero les voy a decir una cosa que no quería decir a mi madre aunque era una mujer como las de todas esas aldeas, hablaban unas de otras. No tiene nada que ver una cosa con la otra, mi madre merecía el cielo si no fuera por mí, mi padre la había matado con un hacha porque estaba borracho y, pobrecita, fue porque perdió la paga de dos cestos que había hecho mi padre, ella lo hizo sin querer y alguien vio el dinero cómo caía y lo cogieron y no lo devolvieron. Ella entró llorando porque sabía que iba a recibir, si yo no me agarro a los pantalones de mi padre, él parecía un loco y yo adoraba a mi padre, como hoy que no lo tengo y rezo todos los días por su alma. Él cerraba a mi madre y le dio tantos golpes, vivieron casi setenta años casados, ella huyó de su padre porque le pegaba y mi padre era como mi abuelo. Mi abuela, por un puntapié que le dieron, cada vez que iba a hacer pipí, tenía que meter sus manos en sus órganos porque se le caía todo, ya que a mi abuelo le gustaba el agua de color. Pobrecitas las dos que sufrieron con los maridos y mi madre incluso, al final de su vida, soportó a un demonio que la llevó a la sepultura. Cada uno con su cruz, mi madre decía: «haz el bien y no mires a quien» ella cuidó a su madre, su hija les estropeó, solo el dinero le interesaba, mis hijas me abandonaron, yo dañé mi salud para criarlas, me llevé golpes de mi padre y del padre de ellas, mi exmarido, hasta mi hija me pego, qué sería si ella me cuidase al final de mi vida, qué raíces podridas. Tres maltratadas: mi abuela, mi madre y yo, yo por mi hija, quien viva verá la cuarta generación. Sonrío sarcástica, con esas bellas intenciones, tal vez sean deseos altruistas, quién sabe, pues lo siento pero cada vez me quiero más, por lo que soy, cómo soy, cómo vivo, con el rumbo trazado por mí. La verdad es que cambio lo que quiero y lo que no está bien, según mis jefes y los que más cuidaban, o quisieran cuidar de mi vida, no han cambiado y no viven disfrutando de sí mismos.

Palabras poéticas. Gota a gota, mi agua en los ojos es como el pan que se come, poco a poco, después de haber sido generado en el vientre de la semilla, en la llanura y en el muro. Palabra la palabra, las laberínticas letras saltan por el prado donde las juntas en un poema lleno de versos donde recordar la unidad de la gema amarilla, con mucho cuidado, con toda la cautela. Es una pena que a ese nadie les puede tocar porque el dinero es solo para ellos, por lo que pueden pagar la injusticia, la tristeza y la pobreza. Que Dios nos dé la paz en el mundo y que seamos todos unidos, tantos inocentes mueren y no lo han pedido. Y decir que es la guerra de la religión, es difícil de comprender, por qué no vivimos todos unidos, porque no es lo malo de los demás lo que nos llena nuestra vida. En las manos tengo puntas de fuego, miren bien, lujos volcánicos, en los regatos de piedra, del silencioso despertar de la antigua edad de la vida, en la vieja casa dormida. Ciegas de memoria, las hormigas van recaudando pedazos de historia. Ahora dormidos y solos, esos pedazos reposan cerca de un espejo, donde leo a la infancia. Y así, sin querer, el espejo reconvierte la película del ansia del poema mientras me convertí en otra, aquella de cuando nada parecía tener fin.

VILA PRAIA DE ÂNCORA, PORTUGAL

Día 11 de septiembre de 2014, viernes, Vila Praia de Âncora. Sol cubierto, el mar bravo y espumante, las gaviotas pican en la arena y los peces suben la marea, tengo la costumbre de ir a visitar este sitio que atraviesa la ribera que va al mar para ver los peces nadar, las aguas calientes que suben contra el tiempo y viento que manda el agua para atrás y para delante pero yo pienso que no está caliente. La gente pasa para atrás y para adelante, son fiestas y la gente pasea y admira todas las decoraciones de la ciudad, yo me encuentro frente al mar para apreciar el aire del mar. Y la gente tiene la manera de decirles que les quieren vender algo y es su manera para poder robar, que ya no es la primera vez que ellos querían venderme regalos y era solo para ver mi cartera, pues ahora pongo atención porque en Portugal hay muchas personas de todos los países, no solo rumanos. Porque en un paseo visitando con el grupo del crucero de Costa Fortuna, ellas me iban a robar todo a mí y a mi marido, por eso yo miro desde lejos a los rumanos, pero ellas eran gitanas, no sé de qué país. Ahora pongo atención.

Yo prefiero apreciar esta arena tan bonita con estos pájaros pasando cerca de mí que tanta pena me dan, me los querría llevar conmigo a España a ver si ellos hablan la misma lengua, de corazón son iguales, lindas, adiós gaviotas de Vila Praia de Âncora, voy a dar una vuelta para ver a las gaitas y churros de estas fiestas, tiendas de ropa y juguetes, porras, fantasías de todos los modelos y juegos para toda la gente, jóvenes y ancianos.

Oh, mi bella gaviota negra que nunca te había visto, adiós, pajarito, es para decirme que no estoy solita tú tampoco porque yo adoro a los pajaritos, sean del mar alto o de todos los países, tú te quedas en mi recuerdo. Mi alma me advirtió y me hizo percibir la belleza oculta de la piel, la forma y el matiz.

ME LLEVÉ MUCHOS

GOLPES INJUSTOS

Pagaban justos por pecadores. Si perdía el dinero me llevaba una recompensa, si partía una cántara no te la tiraba a la cabeza, te daba una patada en el culo, por si no fuese suficiente, un día me quedé sin las puntas de los dedos de los pies, en lugar de abrazarme me dio dos bofetadas en la cara, otra vez con un canto de agua en la cabeza me dio un puntapié, eso no es nada; el vecino vino a quejarse de que yo había deslumbrado un olivo, entró en casa sin palabra, todos nosotros alrededor del fuego mi madre había puesto la sopa a hervir. Mi padre llegó cerca de mí y me dio un bofetón y se cayó la sopa sobre mi brazo, me quedé con el brazo todo quemado, me despegó las orejas de la cabeza. Mi pobre madre no podía abrir la boca, cosas así angustiaban y por lo tanto tenía un padre adorable que lo adoro aunque ya no lo tengo.

Cuántas angustias le conté después de haber sido madre yo misma y era a él que yo me confesaba. Pasamos momentos de reír hasta llorar, por eso ya no sé qué es mejor, tener padres que son duros con los hijos o los que dejan hacer todo lo que los hijos quieren. Cuando era joven la vida era muy dura y triste, no había de comer. Vida de pobre. Mis padres eran pobrecitos y fui a la escuela a los siete años y solamente hice dos años de escuela. No era obligatorio entonces, mi madre tuvo problemas de salud y yo tenía que ocuparme de mis hermanos mientras mi padre iba a trabajar porque mi madre estaba en el hospital. Tengo una anécdota buena que contar, mi padre fue a trabajar entonces me quedé en casa a cuidar de mis hermanos y hermanas y debía hacer de comer para llevarle a mi padre que trabajaba en una fábrica de sierra de maderas, entonces, todavía no eran las diez horas y yo ya había hecho un kilo de arroz en un bote de más o menos veinte o veinticinco litros para llevar de comer a mi padre pero, al final, no trabajó y cuando llegó a casa ya había hecho la comida para llevársela. Mi padre se partió de risa y se pasaba la vida contando esa historia verdadera.

Entonces yo iba a la escuela lo poco que fui tenía hambre y pasaba por debajo de los manzanos de los vecinos, encontraba una manzana por aquí y allá podrida que solo tenía un trocito de piel porque no había nada para comer, chupaba los trocitos de las ramas de los árboles y, gracias a Dios, teníamos una sopa por la mañana, a mediodía y por la noche, hecha de agua, sal y una cucharada de aceite de oliva, porque en el tiempo no había aceite de girasol, dos coles gallegas, harina de maíz del Molino de Rocha. Los tiempos eran muy duros, el pan se cocinaba cada quince días cuando había harina. Mis padres nos daban el valor de veinte gramos más o menos por la mañana, al mediodía y por la noche y, a veces, ya tenía pelo. Comía arroz, el domingo o pasta o patata, solo cocinado con un poco de cebolla y de aceite porque no había nada y era repartido.

Pero yo lo adoraba, aún hoy pienso que a mis hermanas les gustaba la pasta que hacía nuestra madre. Son recuerdos que no podemos olvidar, cuando mi madre comía las patatas que eran las mismas que las nuestras, pero cuando ella se dejaba un poquito tenía la impresión de que las de mi madre eran mejores. El pan blanco solo lo comíamos por Navidad y en Año Nuevo que nuestros padres nos daban, empezó por la mitad y luego uno entero pero duro, no sé cuántos días tendría. Por eso era normal porque Salazar decía que se debía vivir con poco.

Yo tenía un corazón por el que el mío late así. No dejes de tener allí dentro una respuesta para mí. Dame, corazón. El Señor no puede ser dulce si teme la decepción. Quiero vivir sosegada, confiar en tu sonrisa, amar mucho siendo amada, ¡y olvidarte si fuese preciso!

GENTE SIN EDUCACIÓN

Día 12 septiembre de 2014. Porque estoy aquí, el amor incluí, no excluí, multiplica y suma, no divide. Aproxima, no ahoga. Abraza, no chuta. Comprende, no juzga. Noches de nostalgias y canciones al desafío portugués, Queijadinha y José Malhou y sus fans maleducadas que se pusieron delante de toda la gente ya de cierta edad y toda la gente se fue enseguida para no buscar discusiones con la gente que no merece una palabra y mejor darle desprecio y abandono.

En realidad yo era una de esas que me encontraba a la espera y me fui enseguida, de allí salí. Ni al artista quise ver, me levanté y fui a dar una vuelta con ganas de hacer pipí e hice entre las puertas de los coches, ¡era una urgencia! Si no hubiese sido así tendría que haber perdido mi aparcamiento y no podría ir a pasear y ver a la gente de fiesta en la Vila Praia de Âncora, pero el ruido era tal que di media vuelta y, deprisa, tomé el camino en dirección a mi casa, pero tenía todo grabado y fotografiado para mi recuerdo, así poder contar de aquella pequeña ciudad donde hace años que voy. Toda contenta llegué incluso ni conseguí dormir por la noche por haber paseado, pero mis piernas no funcionaban con gasolina, solo con morfina y pasé una noche bastante dolorosa. Al día siguiente era domingo, no sabía qué hacer, estaba invitada para almorzar en casa de mi hermana pero tenía tantos dolores y llovía a cántaros y yo me decía, qué horror, qué hago, creo que voy a llamar para avisar que no voy, pero me dije, mi Dios, quítame estos dolores, yo soy mujer de palabra y ahora no voy a llamar.

Día 13 de septiembre del 2014, domingo 12.15 horas de Portugal. Y decir que no podía ir, me levanté poco a poco, me puse de camino y fui a terminar a Ponte de Lima, ahí ya había sol y golpeaba. Pasé un buen día, vi cosas que hace muchos años no veía, di una vuelta al pueblo fui a grabar el terreno que era de nuestros padres y a casa, me encontré cercada de espías para hacer la casa a la santa y ángel de mi hermana que nos robó y destruyó a nuestros padres y a nuestro hermano, nadie lo ve, debe de estar encerrado en la habitación a oscuras, como nuestro padre para terminar como él, tuvieron paciencia para todo el día espiarme hasta el cementerio encontrarnos, mi sobrino y su mujer que quieren hacerse querer al mundo ciego que querían mis padres y todos los ayudaron para exterminarlos, obligada a hacer testamento falso.

Pero lo que más me extrañó fue que ellos ni a misa van y él va a hacer la señal de la cruz sobre la sepultura de mis padres. Detesto a la gente impostora, falsa, ladrones que no tenéis vergüenza de hacer creer al pueblo que queríais a vuestros abuelos y a tu madre y a nuestros padres fue poner a nuestro hermano como si fuese una legumbre para poder robarnos todo y él si quiere comer tiene que ir a ganar, por eso digo por la primera vez hace más de treinta y cinco años que nunca más una habla, prefiero el desprecio pero hoy tuve el coraje de decirle que era una ladrona que nos destruyó a nuestros padres, ladrona, sinvergüenza y me fui, no volví a mirar su cara. Y cuando veo escrito en la sepultura, que mis padres pagaron y ella puso el nombre de su familia que es del marido, padre de sus hijos, nietos y bisnietos. Todavía mucha agua va a pasar por encima del puente, mi cara de sinvergüenza.

Día 14 de septiembre viernes, 2014. Vila Praia de Âncora. Con mucha pasión, vine a Portugal a ver a mi familia, solamente a una hermana y una sobrina encontré y del resto nada encontré, salí triste como llegué. Yo practico el bien, perdoné fácil, nunca quise perjudicar el trece, dicen que da suerte, pero me perjudico a mí, incluso mi salud se va. Pensando por qué me hacen daño, si yo no hago daño a nadie. A mí me gustan los ojos que sonríen, no me gusta ver pena en nadie, qué alegría ver el mundo feliz, en paz. El tiempo todo revela, las mentiras más ocultas. Mi marido busca y busca por todas partes, en todos los restaurantes, debe de estar una amiga de hace años y no sé dónde verla para decirle adiós.

He encontrado a un joven que vi tocar el acordeón en las escaleras del metro en Lisboa y una foto le hice. Mi gran admiración, hoy 14 de septiembre del mismo año, al encontrarme en el norte de Portugal, en la ciudad Vila Praia de Âncora al mismo joven con su perrito con una cestita hecha de una garrafa de agua para coger las monedas en gratitud a sus melodías, el mundo es pequeño y cuando paso le damos para que se gane su vida. Unos luchan para ser honestos, tanta gente se está juntando a mis pies para ver lo que estoy escribiendo y siento que voy a parar porque me da vergüenza, tal vez sea normal ver a una persona sola escribiendo sobre un muro cerca del mar, qué diablos estará ella contando, cosas de la vida, cosas alegres y tristes, otras escondidas, son cosas de la vida. Seguro que no son las grandes sonrisas que veo, sabe Dios, es una fiesta y la gente viene a pasar su tiempo como puede para sus tristezas esconder y aprovechar un poco del día a día y de la vida.

Día 14 de septiembre 2014, viernes, Vila Praia de Âncora. No deben ser muchos o pocos alegres, es la vida, mis amigos portugueses. Aquí están los restaurantes de mis raíces, el sol está puesto y hace frío, yo también me retiro para ir a dar una vueltecita e ir a visitar un trocito de este recuerdo para llevarme conmigo y contar a mis amigos si un día mi libro leen, yo también emigro como los pajaritos, vengo del sur porque aquí fue mi rinconcito y después mis alas abrí y me puse a volar para posarme en otro país.

El tiempo pasó y ahora en otro país estoy. Por eso digo que soy un pajarito emigrante pero el mar también está emigrando porque las olas están subiendo, casi arriba llegan y me voy a ir porque la noche está al caer y las olas hacen un ruido con su altura sin medida. El Atlántico está siempre alborotado. Menos mal que estoy lejos esperando a mi marido que fue a buscarme a casa unos zapatos porque me tropecé en el paseo y mis zapatos se abrieron por la mitad y ahora no puedo andar, estoy descalza, desesperada porque tengo frío y él no aparece y me parece mal ir descalza para casa porque no tengo necesidad, él vendrá con otros de casa para ponérmelos y poder ir a pasear. Se está quedando todo bajo, la gente entra en su casa a comer para luego volver a la fiesta para música escuchar y ponerse a bailar.

Día 14 de septiembre de 2014, doce horas, Ponte de Lima, Portugal. Entro con mi hermana y es el desfile de Ponte de Lima, Feiras Novas. Los años que pasaste cerca de mí y nada me dijiste, ahora estoy cansándome pero no podía irme ya sin una cosa tan bonita ver las raíces de mi rinconcito, fue aquí donde yo nací, ver nuestros trajes de labradora, vacas y toros, toda la gente de esta tierra y nuestras costumbres del país, aquí se muestran nuestras costumbres; las labradoras en el campo, las bordadoras bordando y las hilanderas hilando.

Las lavanderas lavando nuestra ropa en las pilas, las labradoras labrando nuestras tierras. Las agramaderas agramando el lino, cortando nuestro maíz, centeno, judías, nuestras vendimias, desgranados de nuestros cereales, constructores de casas, talladores la piedra y talladores de diseños. Cánticos y bailarines al son de las concertinas y las gaitas, todos nuestros pueblos se representan con su variedad, sus cestos en la cabeza con sus ofrendas. También había toro, en la apertura de Ponte de Lima se presentan las bandas de música con las carrozas, sus banderas representando sus pueblos y su reina para abrir la fiesta.

Son momentos maravillosos de recordar, me da pena no poder ver el desfile religioso que siempre era majestuoso, las miñotas (gentilicio de Miño) de mis raíces, todo lo que ustedes muestran yo lo hice cuando era joven y todo eso ya lo vi, todos los años son diferentes, continúen que yo ya aquí no vivo pero os digo ¡viva Minho, viva Portugal! Es un rinconcito tan bonito, no hay otro igual.

Día 15 de septiembre del 2014, domingo. Comida en casa de mi hermana, el día anterior ceremonia, mi hermana me dijo que fuese a verla, me dijo: «¿ya has visto mi gallo?, ¡él es tan grande!» y yo incrédula miro el gallo tan bonito, toca grabar al gallo, a las gallinas y los pollitos y ella me dice: «lo quiero matar». Yo me exalto y le digo: «¡estás loca! Me muestras el animal para decirme que lo vas a matar». Y ella me contestó: «porque él se me tira a mí. A mí me da la risa» y le digo: «es porque tú no tienes gallo para gallarte». Y en esto llega entonces su compañero. Pero ella fue fina, cogió a mi marido pero fue a cogerlo para cortarle la cabeza al gallo y a una gallina, pero cuando yo fui a la mesa pensaba en el bicho y no podía comer, el hambre era poca pero el disgusto de ver al animal cantar el día anterior y al final hacerle la fiesta. Digo y no me canso de decir que la gente que espere comer un bicho matado por mí muere de hambre. Al final del almuerzo me dijo que fuésemos a dar una vuelta, fuimos a dar la vuelta y tomamos un café, reírnos y poco y las horas pasaron, fuimos a la sepultura de mis padres y más familiares nuestros, allí encontramos, por lo visto, a los espías, salimos y fuimos para casa de mi hermana, nos despedimos y seguimos nuestro camino, dimos una vueltecita en Ponte de Lima, las fiestas estaban terminando, otro puntapié en otra piedra, otro par de zapatos despegados, di una vuelta y otros me compré, terminamos en nuestro coche y seguimos nuestro camino hacia Praia de Âncora, llegamos a casa dándome cuenta de que un zapato era el 35 y otro el 36, fueron a la basura, hicimos de comer y cenamos, mi marido duerme y yo termino de darles las noticias de mi día en Queijada, Ponte de Lima, son las dos de la madrugada en Portugal.

Día 15 de septiembre del 2014. Felicidades por su bondad, gente de respeto y de derecho, siendo adorables siempre con grandes brazos abiertos, un abrazo a mi amiga Pureza y a Manuel por ser el acordeonista, un camino de flores para Elsa Marly por subir mis maletas, espero que un día vengas a mi casa pero no esperes a que sea viejecita, besitos, simpática niña. Fancelina deja la Vila Praia de Âncora, me deja muchos recuerdos y además siendo las últimas veces, encuentros agradables, me miraron una vez más y me dijeron: «hola, amiga, ¿qué cuenta? Hace tanto tiempo que no la veo, me preguntaba qué pasó con este matrimonio que tan bien danzaban y nos daban alegría y pensábamos que nunca más os veríamos».

Finalmente, cuando encontré a esa señora, Concepción, me quedé incrédula, tengo inmensos recuerdos, le compré, entré en su rincón secreto, una señora que con sus manos y dedos hace cosas que da gusto ver, del bicho más pequeño al más grande, muñecas y todo tipo de fantasías, me daban ganas de traérmelo todo, espero recordar las cosas tristes que me contó y quedaron en mi corazón, la vida está hecha de pasión, unos por amor y otros por pobreza, otros por tristeza, el rico calla y guarda su riqueza ni para sí mira por su orgullo y vanidad, piensa que nadie lo merece un día.

El Señor, gracia, fuerza y misericordia, renovadas día tras día en nosotros. Ninguna relación es una pérdida de tiempo porque si no te dio lo que buscabas, te enseñó lo que necesitabas. La luz de la fe es más potente que la del sol, ella elimina nuestro interior, donde el sol no consigue penetrar. Nos sentimos tristes y con mucho dolor, qué hacer, Señor, tú nos diste el ejemplo pero nosotros tenemos dificultad para seguirlo, perdón, mi Dios, ayúdame por mis faltas y ayúdame en mi cruz que todo hice para levantarla, mi Dios, pero los otros no me dejan seguir, voy arrastrándola por aquí.

Vale más fracasar por intentar un triunfo, que dejar de triunfar por temor a un fracaso. Lucha por lo que quieras y ama de verdad a la vida.

PEQUEÑOS RECUERDOS

A la derecha estaba la cabaña, pero ahora está mejor porque ya está preparada por los gobernadores que robaron a mis padres y a todos. A la izquierda estaba donde mi padre hacía sus cestos, su oficio era cestero, también les mostraré la cocina de mis padres hasta el final de su vida, solo cuando fue hecha con el dinero de mis padres para heredero de mis padres. Ya no era mi generación, pero este era el barco que a tantos se llevó al mar para dar de comer a los peces de Peniche en los tiempos de Salazar.

¡Oh, Señora de Fátima! Hasta aquí vine a orarte y ese día mi bolso robaron en el coche y nosotros estábamos cerca y nada vimos, qué triste estuve ese día. Además, aquí está la encina donde aparecieron los pastorcitos, como pueden ver en las fotografías de los pastores Jacinta, Francisco y Lucía en pequeñito y el padre santo. La misa de tarde para los turistas y también encima aparece la basílica de Nuestra Señora que también estaba llena de gente porque había otra misa a continuación. Yo fui seguida por los ladrones que me quitaron todo.

Cualquier forma de arte es una forma de poder; causa impacto, puede influir en los cambios: no solo puede cambiarnos, sino que nos hace cambiar.

¿CÓMO PODÍA CRECER CARGANDO CINCUENTA LITROS DE AGUA VARIAS VECES AL DÍA?

Ahora me dicen que soy pequeña, ¿cómo querían que yo creciese si yo no tenía qué comer? Cuando yo tenía a mis hijas pequeñas, tenía que cargar el agua para casa siempre en todas las casas en las que viví, incluso en la de mi madre. Cargaba veinte litros en la cabeza y quince litros en cada mano, ahora, por eso, cada vez más pequeñita estoy. Solo esperábamos una fiesta al año, se trataba de los días de Navidad y Año Nuevo teníamos para comer patatas, coles y bacalao, por la noche hasta que no nos apeteciera más. Y esperábamos una recompensa por la noche cuando la merecíamos, mi madre nos compraba una piña que la llamaban la piña de Navidad que era del pino manso, a medianoche la poníamos al fuego y se abría, le sacábamos los piñones y hacíamos un juego para ganar los piñones unos a los otros. Al mediodía nuestra madre cocinaba un poquito de bacalao en el agua con cebolla sacaba el bacalao y luego hacía una sopa de harina que le llamaban «papas».

Deshacía el bacalao con cebolla cruda y un poco de aceite de oliva y los ponía encima de un pedazo de pan y comíamos todos y también la famosa sopa de bacalao que yo no era nada amante de ella, pero en esos tiempos no había exquisiteces, comíamos lo que había, no teníamos elección. Mi madre tenía un plato grande, comíamos todos juntos, nos pasábamos el tenedor o la cuchara los unos a los otros porque no había para todos, era una vez uno y una vez otro, siempre alrededor así nos crio a todos mi madre, no había cuchillo para cortar y tampoco había qué cortar. Los pañales estaban hechos de trocitos de tejido que ella rompía de su vieja ropa y aquí estamos todos. Como los que tenían mucho (solo las penas eran tantas para nuestros padres como para nosotros, cuando iba a la escuela a mis compañeras de clase algunas que sus padres tenían más que los míos encontraban el sistema de robarme el trocito de pan que tenía para comer a mediodía, si iba a acusarles a la profesora ellas me golpeaban, y después mis compañeras me golpeaban por el camino, me quejaba a mi padre que me pegaba porque yo no tenía cuidado de guardar lo que era mío, nos trataban mal porque nosotros éramos pobres, no teníamos nada y nos ponían nombres feos para humillarnos pero no tenían vergüenza de robarnos todo. Era la justicia del más grande que iba a quejarse a los padres de los demás, las hijas, al día siguiente me pegaban pero a mí como me gustaba poco que me pinchasen pegaba tan bien que un día caímos en una acequia enganchada con mi compañera de clase.

Otras que ya no iban a la escuela, esas me hacían otras cosas, venían a traer de comer a sus hermanos o hermanas y me decían para hacerme daño porque yo tenía hambre, que mi abuela les había dicho que me dijeran a mí que fuese a comer a su casa, cuando yo llegaba a casa de mi abuela que Dios la tiene en el cielo, ella andaba trabajando en el campo, yo me puse cerca de ella para verla trabajar y mi abuela me dijo: «¿no vas a la escuela?» yo, avergonzada, le decía a mi abuela: «María de Pereira me dijo que usted me dijo que venga a comer». Mi abuela decía: «qué mentirosa, ven, mi hija, que te voy a dar de comer». Cuántas veces mi abuela me llenó la barriga. Esta mujer ya de unos veinte años más o menos que era rica porque su padre robaba a los pobres de los pueblos y del nuestro también como mis padres que eran caseros, ellos se llenaban como Salazar hacer trabajar el pueblo por una miseria, ni aprender a leer para que no supiéramos escribir y, finalmente, leí un libro de sus grandes estudiantes, hasta da vergüenza, porque tenía muchas faltas en la biografía y ellos tenían estudios. Pues esa tal muchacha de más de veinte años que me mentía diciéndome que mi abuela me llamaba para ir a comer y era mentira, era solamente para dar pena, porque sabía que yo tenía hambre y ella, una mujer y el padre un casero que tanto robó, no tenía vergüenza de venirme a atacar, pero mi querida abuela me daba de comer, que Dios le dé mucha paz, que era mi amiga para todo.

El arte y el amor son lo mismo: es el proceso de verse en cosas que no son ustedes.

AQUÍ EL TIEMPO YA ERA OTRO Y MI EDAD TAMBIÉN

Día 16 de septiembre de 2014, un día de descanso, acostándome a las dos de la madrugada, no veía razón para levantarme muy pronto, normalmente estábamos de vacaciones ya no sé cuántos años hace, pero todavía no encontré la manera de parar de sufrir, siempre moviéndome, llena de dolores y tener que tomar comprimidos para poder moverme. Esta noche llovió, el día estuvo entre las dos, lluvia y sol, estaba triste, mi hermana me invitó para ir a la Señora da Peneda, yo dije que no pero ella va a cumplir su promesa, me prometió que pasaría por la casa donde estoy pasando las vacaciones, la esperé, llegó a las 7.00 horas de Portugal, ella me llamó y me dijo: «mira, Francelina, estoy llegando a Ponte de Lima». «¿Y ahora, no vienes aquí?», pregunté. Me contestó: «mira, se hace tarde, el tiempo estaba mal y como la prima está operada la voy a llevar a casa, mañana te llamo y veremos». Yo tenía todo preparado para comer y la señora no vino. Pero mañana voy a tomar mi libertad, voy a hacer como las mariposas, voy a posarme aquí, si el tiempo me deja porque son las once de la noche y está lloviendo, vamos a ver el tiempo que mañana vamos a tener. Yo me siento helada de frío y no consigo dormir porque el papel y el lápiz dejaría y para la cama iría y me acostaría pero incluso con toda la medicación no puedo dormir y no puedo dejar de pensar en tantas cosas que veo aquí y oigo y que no comprendo cómo las personas pueden vivir con tanta maldad, unos con los otros, no critico a nadie, basta mirar para los míos, qué infelicidad de no poder entendernos todos, tenemos un hermano mal y no lo podemos socorrer a causa de un ángel de la familia.

Día 16 de septiembre, 2014. Que me hace no creer este famoso ángel. Cuando era yo quien vestía a este ángel como si fuese una muñeca. Influyendo a mis hijas, casi de su edad, se pegaron la misma enfermedad de maldad entre todos y está todo contaminado, como cuando se coge un virus. Mi abuelo era diferente, ya tenía otra mentalidad, le gustaba inclinar el codo y tenía sus momentos. Adoraba verle liar sus pequeños cigarrillos. Me gritaba en el campo delante de todos los empleados, que era para dar a comprender que el trabajo se hacía así. Y yo me avergonzaba y le decía que no volvería a ir a trabajar, yo decía a mi madre: «no voy a hacer nada con los abuelos» y ella me decía: «¿por qué?». Yo le decía que el abuelo siempre estaba gritándome delante de toda la gente, entonces mi madre le dijo a mi abuelo que yo no quería ir a trillar el maíz y otras tareas del campo. Y entonces él vino cerca de mí y me dijo: «no hagas caso, no es contigo con quien yo grito, es para que la gente comprenda que es así que quiero que hagan las cosas». Y yo replicaba: «pero es a mí a quien usted grita» y para contentarme y animarme me daba otro escudo. Mi abuela era más tierna, pero a veces también me reía cuando el abuelo se resbalaba por el suelo cuando llevaba unas copitas. La gente quería ir a trabajar con él porque daba bien de comer y beber, pagaba mejor que los demás labradores. Entonces todos los jornaleros vinieron a trabajar, pero hay cosas en la vida que, cuando somos jóvenes, marcan. Mi abuelo venía a la mesa a comer, era el último en sentarse cuando estaban sus jornaleros, pero cuando él clavaba la punta del cuchillo en la mesa toda la gente se levantaba para ir a trabajar. Él había terminado, los demás tenían que seguir, si el jefe se levantaba se tenía que seguir.

«Sí» y «no» son palabras cortas, pero fuertes y peligrosas.

LA VIDA DE LOS DEMÁS

NUNCA ME INTERESÓ

No te libras más que se vuelve canceroso y después cuando viene de familia degenera y pasa a todos, por eso, mi gente, estoy lejos de todos, qué contenta estoy, ni llevo, ni traigo, ni oigo, es la mejor cosa de mi vida, acabaré sola pero al menos no oiré ruido y qué regalo es poder vivir en casa tranquila no hay malas palabras ni una lleva y otro trae y tú estás en paz por eso yo prefiero estar aquí escribiendo en el silencio y ni una mosca oír a tener que oír tantas tonterías, a mí no me gusta nada eso, siempre dijo que tenía la certeza de que yo era su hija porque nací justo cuando hacía nueve meses que se habían casado.

Me da la impresión de que soy única y que nunca me interesó ni de lejos ni de cerca, cada uno tiene sus problemas y su vida que es de cada cual. A mí no me interesa ver tanta estupidez que son como las hormigas agarradas a un cadáver. De maldad estoy llena, por eso, sufro una vida entera. Mi camino está llegando al fin para qué me voy a matar hablando de cosas que no puede dar nada bueno, porque la gente es muy maleducada. La mejor solución es darles al abandono y no pedir explicación, el desprecio es la mejor solución y al dar desprecio yo sufro en mi corazón, pero ellos se morderán por no saber lo que pienso aquí dentro, el desprecio y buen viento es lo que guardo aquí dentro.

Día 17 de septiembre, 2014. La mayoría de nuestros problemas son por decir «sí» demasiado rápido y «no» demasiado tarde. Yo, sin embargo, tengo ganas de colocar una o dos hojas, una bofetada en la cara o en la espalda y salir viajando por ahí. Me consumen, quería salir sin rumbo, oír nuevas historias, conocer el mundo, por eso, vine a Portugal, no es por no conocerlo, cuando era joven tenía buenas piernas para andar pero ahora, mi gente, mis piernas están descarriladas, estoy en el fondo, pero Dios me dio coraje para luego, por la noche, descender desde lado de casa hasta abajo, ir a andar, ver estas fiestas que no continúan pero ahora, ya está. Porque siempre me gustó la calma, pero espero poder hacer un sacrificio, poder ver todo y comprar recuerdos para ofrecer. Si Dios quiere ver Ponte de Lima, donde aprendí a crecer y grandes fiestas están haciendo y yo ya hace años que no las veo, desde mi adolescencia.

Tenía veintiún años y ese día una historia me aconteció, no tenía derecho a ir a ningún lado sola, entonces pedí a mi padre si me dejaba quedarme con dos hermanas y un primo, vuelta aquí y vuelta allá, la hora que mi padre me marcó para entrar con mis hermanas pasó y nos fuimos a divertir, ni llegamos a ver los fuegos artificiales, corrimos para coger el autobús pero lo perdimos y cogimos un taxi y nos llevó a casa y el día siguiente mi suerte fue que ya me iba a Francia que seguro que mi padre me daría una «gran sonrisa» por no entrar a la hora que habíamos acordado, Ferias Novas de Ponte de Lima que debíamos a las doce de la noche.

Día 18 de septiembre de 2014, me creí tantas mentiras que hoy ya hasta desconfío de la verdad, véanlo bien, con la edad de veintiún años, tener miedo de temblar como una rama. Por eso, hoy adoro la relación que tengo con mi cama, durmiendo juntos todas las noches y sin dar cuentas ni discusiones. Como era más vieja en un mundo de falsos, los sinceros quedan siempre como los malos de la película.

Eran tiempos pobres no se comía pescado ni carne y éramos muy alegres. Ahora no se ve a una joven cantar, en nuestro tiempo cuando íbamos al campo o al monte, donde fuésemos, cantábamos, nos encontraban por nuestro suelo de cántico del campo, me encantaba cantar y tenía una voz muy bonita, mi abuelo me pedía siempre comenzar el suelo en el campo, porque los empleados cantaban trabajando. En cuanto al amor, éramos premiados en el amor por respeto de los padres que cuando se ponía el sol teníamos que estar en casa, no se enamoraba por la noche ni salimos solos sin nuestros padres. Pero no llorábamos tanto por los hombres que nos dejaban. Acontecieron algunas cosas, como siempre en la vida, pero ahora el mundo es libre cosa que no pasaba en mis tiempos. Yo cuando tenía un novio con veinte años mi padre cuando se ponía el sol aceptaba para venir a casa y me decía si no era suficiente y se enamoraba a dos metros de distancia, siempre mirándonos. Mi primer juguete fue la señora de Nortâo de Matos quien me lo compró, es decir, le dio dinero a mi madre para que me lo comprara. Entonces yo, contenta, me lo llevé a la cama para dormir con él, como dormíamos todos juntos y me quedaba en el borde de la cama me caí al suelo y se partió la primera noche. Era de barro y era una gallina con huevos a su alrededor, fue el primer y último juguete de mi vida. Lloré mucho pero no tuve más juguetes, nuestros juguetes los hacíamos de pedazos de papel, mi madre cuando compraba le ponían arroz o pasta o lo que fuera y le hacían paquetes especiales. Nosotros hacíamos con tierra nuestros juguetes, nosotros decíamos que era fuego de artificio, metíamos la tierra dentro y la lanzábamos al aire. Nuestra ropa de los días festivos estaba hecha de hojas de calabaza, nos vestíamos como podíamos, cantábamos, llorábamos, con hambre u otros problemas pero la vida era totalmente diferente a la de hoy. Y con nuestra poca edad, todos los hermanos hacíamos lo que podíamos con lo que había. Conforme fuimos creciendo fuimos tomando nuestro camino, pero entre todas esas cosas había ciertas de las que todavía hoy nos reímos entre hermanas, a veces hoy se harían películas con lo que pasaba viviendo en la miseria.

Un día mi padre fue a la feria a vender los cestos, porque él era cestero e iba con mi madre y nosotros nos quedábamos en casa, cada uno tenía su trabajo, un día nos pasó por la cabeza a dos hermanas mías y a mí sacar un pan de maíz que estaba sobre una tabla en lo alto para que nosotros no llegásemos, porque sabían que si lo teníamos al alcance nos comíamos todo el pan. Entonces, la casa había sido hecha hacía poco tiempo y, miserablemente, las ventanas no estaban fijadas alrededor, una de mis hermanas más valiente, tal vez más que otras, no vale la pena poner su nombre, el pan de maíz cayó en el suelo se partió toda, nos quedamos sin hambre solamente por el miedo de que nos diesen un bofetón, muy ingeniosas pusimos los trocitos unos sobre los otros y con una bolsa de cavar la tierra, la pusimos donde ella estaba pero cuando la fuimos a poner a mi hermana le cayó el arco de la ventana alrededor de su cuello, parecía un collar, nos partíamos de risa pero tuvimos que cerrar la boca las tres y no decir nada. Mi padre llegó a casa y como habíamos hecho bien nuestro trabajo, nos iba a recompensar dándonos un trocito de ese famoso pan y le cayó el pan de maíz encima de la cabeza y él dijo a mi madre: «mujer, el pan está estropeado, tenemos que cocer el pan». Y él nos dio un pedacito más grande ya que pensaba que estaba estropeado. Pasaron años y le contamos lo que había pasado con el pan y todavía hoy me dan ganas de reír por ese pasaje.

En otra ocasión, fue a la feria ya habíamos nacido todos y entonces teníamos ovejas e íbamos con ellas al monte unas veces yo, otras mis hermanas. Las ovejas tenían una manía de entrar en el sitio donde mi madre tenía una plantación que era para hacer de comer. Un lunes, llamo a mi hermana, ella nunca iba con las ovejas y mi padre tenía algunas que eran golosas como se dice y siempre tenían que robar antes de entrar, yo para darle un susto a mi hermana me metí en un agujero de la entrada de la casa de mis padres, pero no fue mi hermana quien se asustó, fueron las ovejas que estaban enlazadas para que no huyesen a las tierras de los vecinos.

Pero puedo decir que fue la única vez que ellas no pararon para robar y huían a su casa. Pero yo me había puesto los pantalones de mi padre para darle el susto a mi hermana y tanto me reí que me hice pipí en los pantalones, mi padre llegó a casa y fue a ponerse los pantalones y le dijo a mi madre: «mujer, los pantalones están mojados». Mi madre le respondió: «habrás sido tú esta mañana mientras regabas los cestos antes de ir a la feria». Yo que me hacía pipí de risa no podía sostenerme la risa y mi padre me preguntó que por qué me reía, pero yo no lo dije porque si no ya sabía que me iba a reír pero de otra manera, mi madre decía: «ya hiciste alguna, seguro».

La soledad es valiosa, pero una buena compañía no tiene precio.

ERA LA MAYOR Y ERA RESPONSABLE DE MIS HERMANAS

Siguiendo con la historia de las fiestas, cuando perdimos el autobús. Yo quise tomar responsabilidad y después era yo quien se las llevaba y por lo tanto yo decía que fuéramos a casa, pero mis hermanas me decían que no y que nuestro padre no nos iba a pegar. No necesitábamos apagar la luz porque esta no existía, a oscuras entramos porque nuestra madre la puerta nos abrió. Pues no necesité apagar la luz otra vez porque nunca más pasó esto. Así mi luz quedó siempre brillando porque yo, responsabilidad, no volví a tomar, hasta hoy que las vacaciones de ponte de Lima volví a visitar para ver mis tiempos y mis raíces y cómo se comporta la gente.

Es posible conocer a una persona por la manera en que te trata cuando ya no te necesita, no permitas que te usen. Ama pero que no abusen de tu corazón. Escucharás no pierdas tu voz, los años pasan y te tratan como en el tiempo de mis abuelos. La gente pesada para no decir más nada. Pero siento nostalgia de personas que ni imaginan el tamaño de la falta que me hacen. Por mucho tiempo fui todo lo que pude, ahora son todo lo que quiero, solamente la tristeza me devora, siento duras cosas vistas del pasado y veo por el mismo camino voy andando, para allí estoy llegando. Qué tristeza da que ciertas madres dan todo a un hijo y al final de su vida no hay nada y quedan abandonadas.

Nunca regales un libro a quien no sabe leer, nunca regales tu corazón a quien no sabe darle valor.

Día 19 de septiembre de 2014, los padres no son eternos, llame para ir a visitarlos, lleve a los nietos a que los visiten, ría con ellos, abrace, dejen que ellos hablen y cuenten sus historias repetidas. Lleve dulces y comidas favoritas, debe luz, trae con respeto y paciencia y mucho cariño. Mañana puede ser muy tarde, no me importa si usted es virtual, lo que importa es que usted es mi amigo, para usted con cariño, hay tres cosas que nunca debemos sacrificar, tu familia.

La sabiduría de la medicina en aquellos tiempos, se daba nombre a las enfermedades sin saber lo que eran, como no teníamos vacunas ni nada que correspondía a los problemas de salud, ¡se le curaban los problemas con plantas y otras cosas! Yo guardé una cosa muy simpática que nunca se me olvidará, hoy lo veo gracioso, pero años atrás no creía que fuese nada gracioso. En mis tiempos se usaban zuecos y era un lujo, estaban hechos de madera con unas tachuelas, la gente lo llamaba así en aquellos tiempos, y cuando los zuecos se partían, a veces, se caían de los zuecos y nosotros como andábamos parte del tiempo descalzos se nos hincaban en los pies. Entonces el remedio para curarse era que, según decían las personas de ese tiempo, sacar ese tacón del pie y picar una cebolla en él porque decían lo curaba. Verdad que había atrasos en la vida. Lo único que ganábamos era una piel dura en la planta de los pies que hacía mucho daño, decían que habíamos pasado por encima de una huella por donde había pasado un caballo. En mi juventud vi, tal vez, dos en mi vida y entonces cogí la enfermedad de las siete huellas, no sé lo que quiere decir aún, los forúnculos eran enormes, los curaban con resina de los pinos para hacerlos reventar, pero mi padre adoraba hacer de médico, no hacía falta la anestesia, te echaba las manos y lo reventaba, daba igual si se gritaba o no, pero mi mamá, pobrecita, iba con mucho cuidado, pero mi papá decía: «deja aquí eso». Era tiempo de decir ¡ay! Cuando tenía ocho años fui a trabajar en casa de una vecina para cuidar a las vacas y a las ovejas para ganar para comer y daban algunos conejitos a mis padres para ayudar, no ganaba dinero. Pero así comencé mi vida, mis padres nunca me mandaron a trabajar para otras personas, era yo quien quería ir, comía mejor y, al mismo tiempo, ayudaba a mis padres, pero mucha gente se aprovechaba de la pobreza de los demás.

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