Kitabı oku: «Cómo dejar de fumar»
Cómo dejar de fumar
Cómo dejar de fumar
Dr. Francisco Marín y Susana Alcaide

Este libro no pretende, en ningún caso, ser un sustituto de la consulta médica personal. Aunque se considera que los consejos e informaciones son exactas y ciertas en el momento de su publicación, ni los autores ni el editor pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error u omisión que se haya podido producir.
© Francisco Marín, 2013.
© Susana Alcaide, 2013.
© de esta edición: RBA Libros, S.A., 2013.
Av. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
www.rbalibros.com
Primera edición: febrero de 2013.
REF.: OEBO928
ISBN: 9788490566824
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CONTENIDO
Introducción
ANTES DE EMPEZAR
Conceptos básicos: el tabaquismo
¿Qué es el tabaquismo?
Fumar en cifras
Efectos del tabaquismo en la salud
La nicotina: una sustancia adictiva
Otros venenos: la composición de un cigarrillo
Con o sin humo
¿Qué hacer frente al tabaquismo?
El mito: «Puedo dejarlo cuando quiera»
¿Fumo porque quiero?
¿Por qué fumo?
Dependencia
Adicción
¿Puedo dejarlo cuando quiera?
Otros falsos mitos acerca del tabaco
Motivos para dejar de fumar
Recuperar los 5 sentidos
Una cuestión de salud
Una cuestión de feminidad
Una cuestión de virilidad
Una cuestión de forma física
Una cuestión social
Una cuestión de números
Una cuestión de amor propio
Tests de dependencia y de motivación
Test de Fagerström de dependencia
Test Richmond de motivación
Test de evaluación de la motivación. ¿Por qué fumausted?
LA DECISIÓN
Dejar de fumar en 7 pasos
Paso 1. Propósito: librarse de los malos humos
Paso 2. Plan: establecer una fecha
Paso 3. Preparación: los días previos
Paso 4. El día D
Paso 5. Positividad: no hay excusas
Paso 6. Perseverancia: la rutina
Paso 7. Premio: una recompensa merecida
Técnicas de relajación
Ejercicios de respiración
Ejercicios de relajación muscular
Ejercicios de meditación
Tablas de ejercicios
Yoga
Aeróbic
Pilates
Dietas
Dieta inicial
Dieta antiestrés
Dietas desintoxicantes
Tratamientos farmacológicos para dejar el tabaco
Parches, chicles y comprimidos
Antidepresivos y tranquilizantes
Cigarrillo electrónico
Beneficios de dejar de fumar
Beneficios inmediatos
Beneficios a corto plazo
Beneficios a largo plazo
LA CONSOLIDACIÓN
Superar la abstinencia
Los primeros días
Un plan estratégico
Reforzar la motivación
Soluciones reales para falsos problemas
Sentirse más enfermo
Depresión
Aumento de peso
Estreñimiento
Insomnio
Superar una recaída
¿Solo una calada?
Más allá del desliz
Terapias no farmacológicas
Cuando el fumador es otro
Humos ajenos
Algunos datos destacados
Convivir con un fumador
Adolescencia y tabaco
Cuando el fumador es un hijo
Mujer y embarazo
Fumar en la tercera edad
Cuando el fumador es un progenitor
Consejos prácticos: preguntas y respuestas
Introducción
¿Qué fumador no se ha planteado algún día dejar de fumar? «Mañana lo dejo». «Del lunes no pasa». «En septiembre sin falta». Hay fechas clave, como año nuevo, en la que son miles, por no decir millones, los que se plantean tal propósito. Y, sin embargo, conseguirlo no resulta nada fácil.
Pese a conocer los peligros de fumar y a estar más informados que nunca de todas las consecuencias que conlleva, librarse de las ligeras volutas de humo del tabaco es peor que librarse de una pesada carga. Se intenta, se consigue, se recae, se vuelve a fumar y se vuelve a intentar. Igual que el mítico Sísifo, que fue castigado por los dioses a empujar una roca hasta la cima de una alta montaña, y que cada vez que conseguía alcanzar su objetivo veía como la roca volvía a caer y él debía empujarla de nuevo en un ciclo sin fin, el fumador arrastra su carga de humo por la montaña de la voluntad propia. Con la diferencia de que en el mundo real no existen dioses castigadores y el fumador tiene en su poder la clave para acabar con ese ciclo sin fin. Y esa clave es precisamente la fuerza de voluntad, capaz de convertir la inaccesible montaña en un camino trillado.
Sin embargo, la fuerza de voluntad, aunque es la clave, no la es la única herramienta que debe utilizar el fumador que pretenda dejar el tabaco. Dejar de fumar requiere la intervención de otros muchos factores, como, por ejemplo, tener una buena información que permita tomar una decisión consciente, un plan estratégico para afrontar dicha decisión con firmeza y elementos de motivación que ayuden a reforzar las diferentes fases del camino que hay que recorrer.
Dejar el tabaco es un proceso difícil, pero no imposible. Cualquiera puede dejar de fumar, no importa la edad, ni la condición, ni los recursos. Solo se requiere tomar la firme determinación de hacerlo y llevarla a cabo. Y este libro está pensado para acompañar en ese proceso a quien se lo proponga. No se trata de la última terapia de moda ni del enésimo modelo de autoayuda para dejar este hábito nocivo, sino de una recopilación de información con sentido común, a modo de guía práctica, sencilla, de fácil lectura y al alcance de todo tipo de fumador.
La intención de este libro es acompañar al fumador desde el momento en que toma la decisión de dejar de serlo. Orientarlo sobre cómo diseñar un plan eficaz para lograr el objetivo marcado: dejar de fumar. Ofrecerle un refuerzo positivo desde los primeros días de abstinencia y ansiedad hasta el feliz momento de vivir sin estar pegado a un cigarrillo. Se incluyen test de valoraciones, consejos prácticos y médicos, dietas, rutinas de ejercicios, técnicas de relajación y todo tipo de alternativas al humo. Este es un libro que ni juzga, ni redime ni promete, sino que acompaña en el camino de desaprender a fumar.
ANTES DE EMPEZAR
La mejor manera de tomar la decisión de dejar de fumar es conocer aquello a lo que el fumador se está enfrentando. Comenzar a llamar a las cosas por su nombre lo hace mucho más fácil. Para conseguirlo, es recomendable leer detenidamente esta primera parte del libro, en la que encontrará lo siguiente:
•Se facilita la información necesaria para comprender qué se padece cuando se fuma y a qué riesgos se expone el fumador.
•Se plantean los mitos a los que se aferra todo fumador para justificarse, y se rebaten con el único argumento demostrado: fumar crea dependencia y adicción.
•Se argumentan motivos contundentes para dejar de fumar, que afectan tanto a la salud como a las relaciones sociales o la economía.
•Se propone un test para que cada fumador pueda medir su nivel de dependencia y otro para valorar su motivación frente a la decisión de dejar de fumar.
Le animamos a leer las páginas siguientes y a informarse bien antes de enfrentarse al reto de dejar de fumar.
Conceptos básicos: el tabaquismo
¿Qué es el tabaquismo?
La pregunta que encabeza este apartado puede resultar obvia, y, sin embargo, la respuesta todavía no está clara para todo el mundo. Hasta hace poco, fumar era considerado tan solo un mal hábito, pero, en el año 2000, la Organización Mundial de la Salud lo elevó a la categoría de enfermedad crónica, puesto que para curarse, es decir, para dejar de fumar, es necesario seguir un tratamiento médico y psicológico.
El tabaquismo es la adicción al tabaco, que se produce principalmente por el componente adictivo de la nicotina que contiene la planta, una sustancia que actúa sobre el sistema nervioso central y que crea una fuerte dependencia. Es la sustancia que invita al fumador recién iniciado a probar un segundo cigarrillo y luego un tercero, y la que hace que siempre necesitemos fumar más. Pero fumar, es decir, inhalar y exhalar los humos producidos al quemar el tabaco, va más allá de la adicción, pues comporta una intoxicación crónica del organismo como consecuencia del tabaquismo.
El tabaquismo perjudica gravemente el aparato respiratorio y el cardiovascular. El riesgo de un fumador frente a una persona no fumadora de padecer un accidente cardiovascular es 1,8 veces mayor, el de padecer colesterol 4, y el de sufrir hipertensión arterial es 4,5 veces superior. Cuando se juntan estos tres factores el riesgo de tener un infarto o un ataque al corazón es 16 veces mayor. Además, provoca una lenta muerte del organismo y es la principal causa de 20 tipos de cáncer diferentes, con especial incidencia en el cáncer de pulmón. De hecho, existen datos que permiten afirmar que si no existiese el tabaco, el cáncer de pulmón sería muy minoritario, y no ostentaría el puesto número uno en frecuencia en hombres.
La OMS va aún más allá y no solo considera el tabaquismo como una enfermedad, sino que lo eleva a la categoría de pandemia, puesto que está enormemente extendido entre la población. Se calcula que fuman unos 1.000 millones de personas en el mundo, es decir, un tercio de la población mundial mayor de quince años. Y el principal escollo para curar esta enfermedad es que se trata de una adicción legal de la que incluso se estimula el consumo.
Fumar en cifras
Desde el año 2000, en España se ha gastado la escalofriante cifra de 110.100.000.000 de euros en consumo de cigarrillos. No cabe duda de que fumar es un gran negocio. De este negocio, el pasado 2011 las arcas del Estado ingresaron 7.260 millones de euros en concepto de impuestos especiales, y más de 1.300 millones como IVA. Pero toda cara tiene su cruz, y los gastos derivados del tabaco son igual de abultados.
De 2000 en adelante, en España han fallecido 656.000 personas a causa del tabaco, más que si sumamos los fallecimientos debidos al alcohol y las drogas. El tabaquismo genera el 20 %del total del gasto sanitario español, con lo que se puede afirmar que por cada euro ingresado en concepto de tabaco se gastan dos en concepto de salud para paliar los efectos de fumar.
Efectos del tabaquismo en la salud
•Cáncer: más de diez tipos de cáncer están asociados con el tabaco. El principal es el cáncer de pulmón, pero también están directamente asociados los de boca, nariz, senos nasales, laringe y garganta, a los que hay que añadir otros como los de esófago, estómago, riñón, páncreas, ovario, cuello uterino, colon, recto, vejiga y leucemia mieloide aguda.
•Enfermedades pulmonares: enfisemas, pulmonías, bronquitis crónicas, empeoramiento del asma y, en general, todas las conocidas como enfermedades pulmonares obstructivas crónicas (EPOC).
•Enfermedades coronarias: vasculitis periférica, trombosis. La nicotina es la causante de la obstrucción de las arterias ya que contrae los vasos sanguíneos.
•Enfermedades cerebrovasculares: derrames cerebrales, ictus.
•Enfermedades oculares: fumar puede adelantar la aparición de la degeneración macular asociada a la edad, que deriva en cataratas y que es la principal causa de ceguera entre la población adulta.
•Epidermis: fumar envejece la piel, ya que influye directamente en la oxidación de las células.
•Problemas bucales: deja los dientes amarillentos y causa problemas de halitosis, caries y enfermedades bucales.
•Problemas específicos para las mujeres fumadoras: osteoporosis, riesgo de aborto espontáneo, riesgos durante el embarazo, menor peso de los bebés al nacer.
•Problemas específicos para los hombres fumadores: el tabaco aumenta la infertilidad y reduce el deseo sexual.
•Pérdida de calidad de vida: se estima que el tabaquismo reduce entre 10 y 20 años la esperanza de vida de una persona.
•Otros efectos: reduce considerablemente el olfato y el gusto, y afecta a la práctica del deporte.
La nicotina: una sustancia adictiva
Después de conocer qué es el tabaquismo y los efectos que provoca sobre nuestra salud, seguramente tendremos más clara la necesidad de dejar de fumar. Pero ¿por qué resulta tan difícil? La respuesta a esta pregunta va asociada a uno de los principales componentes del tabaco: la nicotina, una sustancia altamente adictiva. Esta llega antes al cerebro que la mayoría de medicamentos aplicados por vía intravenosa, y la dependencia que crea es la principal causa del tabaquismo.
La nicotina es un alcaloide, es decir, un compuesto orgánico que se encuentra de forma natural en las hojas del tabaco. Cuando el mundo occidental a finales del siglo XV y especialmente a lo largo del siglo XVI descubrió la planta del tabaco, que otorgaba a los hombres el poder de exhalar humo por la boca, se consideró medicinal y beneficiosa para la salud. De hecho, la nicotina lleva el nombre del personaje histórico que más promovió su consumo en sus inicios: Jean Nicot de Villemain, embajador francés en Portugal entre 1559 y 1561, que introdujo el hábito de fumar en la corte parisina, dotándolo de una elegancia ficticia. Poco podía intuir él que la sustancia a la que daría nombre no solo no era medicinal sino que sería la causante de una infinidad de problemas de salud para la humanidad y de un incontable número de muertes.
Hoy en día sabemos a ciencia cierta que la nicotina perjudica gravemente la salud y que cumple todos los requisitos establecidos por los psiquiatras para ser considerada una droga:
•Comporta consumo compulsivo, incluso cuando el fumador tiene el deseo expreso de dejarlo.
•Altera el comportamiento y acarrea efectos psicoactivos por la acción directa de la sustancia en el cerebro.
La adicción a la nicotina paso a paso
El simple acto de encender un pitillo desencadena una serie de reacciones sobre nuestro organismo:
•Al inhalar el humo, a partir de la combustión del tabaco, la nicotina penetra en los pulmones para pasar a la sangre y de ahí al resto de nuestro organismo.
•Tras la primera calada, su efecto tarda solo 7 segundos en llegar hasta el cerebro. En ese momento provoca en el cuerpo del fumador una pequeña descarga de adrenalina que dispara el ritmo respiratorio y el cardíaco, a la vez que se contraen los vasos sanguíneos. Es una sustancia muy adictiva, rápida y potente, tanto o más que la heroína y la cocaína, y genera dependencia física y psíquica enseguida.
•A los 30 minutos de haber fumado un cigarrillo, la nicotina desciende, lo que provoca un pequeño síndrome de abstinencia que incita a volver a fumar.
La nicotina estimula una parte de nuestro cerebro y activa la producción de serotonina, la hormona de la felicidad, lo cual contrarresta la ansiedad y alivia la abstinencia; por eso a los fumadores les resulta tan difícil dejar de fumar, porque la dependencia es tanto física como mental.
¿SABÍA QUE…?
La nicotina se ha utilizado con frecuencia como insecticida y, aunque en concentraciones bajas puede ser estimulante, su acumulación en el organismo resulta venenosa y en dosis altas puede provocar náuseas y vómitos.
Otros venenos: la composición de un cigarrillo
El cigarrillo es probablemente el formato de consumo de tabaco más popular, pero un cigarrillo no solo está compuesto de tabaco, con su dosis de nicotina, sino que también contiene una alta dosis de alquitrán. Concretamente, cada cigarrillo contiene unos 20 miligramos de esta sustancia nociva, que está directamente vinculada a enfermedades como el enfisema pulmonar o el asma del fumador, pues el alquitrán destruye los alvéolos que nuestros pulmones utilizan para extraer el oxígeno del aire.
Además de estas dos sustancias, las tabacaleras añaden aditivos para mejorar el sabor, aumentar el grado de combustión o mejorar la presencia del humo. En total, en cada cigarrillo hay más de 4.000 compuestos químicos, entre los que encontramos amoniaco, naftalina, metanol, arsénico, cianuros, cadmio, monóxido de carbono y otros tristemente conocidos como el ácido cianhídrico, el componente utilizado en las cámaras de gas nazis.
Por tanto, fumando se inhalan gases venenosos que impiden al cuerpo recibir el oxígeno necesario y también la correcta circulación del oxígeno por la sangre.
HAGA LA PRUEBA
Si se quiere comprobar la cantidad de alquitrán que absorben nuestros pulmones en cada calada, bastará poner un pañuelo en la boca antes de exhalar el humo. La mancha resultante es solo una aproximación a la baja, pues los pulmones son más absorbentes que la mayoría de los tejidos textiles.
Con o sin humo
El cigarrillo no es el único producto nocivo cuando se habla de fumar, puesto que también los son todos los demás productos a base de tabaco. No importa la forma en que se presente, ya sean cigarros puros, tabaco de mascar, tabaco de liar, tabaco para pipa o para narguiles… Cualquier producto a base de tabaco contiene nicotina y sustancias que provocan cáncer, y es altamente perjudicial para la salud.
Son muchos los que creen que el hecho de no tragarse el humo los libera de las consecuencias del tabaco, especialmente los fumadores de puros o pipas. Sin embargo, este error conduce a diario a muchas personas al hospital para ser tratadas de un sinfín de dolencias y cánceres de los más peligrosos, como por ejemplo el cáncer de labios, al que se expone el fumador que no se traga el humo, por el simple contacto.
Las personas que en lugar de fumar mascan el tabaco suponen un caso aparte, y no porque estén libres de peligro, sino todo lo contrario, porque están firmemente convencidos de que no corren riesgos. Y sin embargo, se equivocan. Debido a las actuales prohibiciones de fumar en locales y edificios públicos, son muchos los fumadores que han cambiado el humo por la hoja de mascar, convencidos de que de esta forma solucionan su problema. Pero el tabaco de uso oral, aunque no se queme y esté libre de humos, está formado por hojas de tabaco, sueltas o trenzadas, que al ser mascadas o chupadas dejan fluir los compuestos del tabaco en la boca. En esta forma de consumo, el organismo del fumador absorbe la nicotina y el resto de sustancias a través de las mucosas.
Otro producto habitual para consumir tabaco sin humo es el denominado tabaco rapé, que está formado por hojitas de tabaco que pueden estar húmedas o secas y que se inhala o aspira por la nariz en pequeñas dosis, aunque también se puede colocar en la boca, entre la mejilla y la encía.
Todos los tipos de tabaco sin humo aumentan los riesgos de cáncer oral (de boca, mejillas, encías, garganta y lengua) y de contraer un buen número de enfermedades. Para empezar, hay que tener en cuenta que la mayoría de marcas de tabaco de mascar o rapé contienen aditivos que aumentan el nivel de nicotina que el cuerpo absorbe, para paliar mejor los efectos de la adicción. Esto supone a menudo doblar, triplicar o incluso cuadriplicar las dosis de nicotina que ofrece un cigarrillo; de hecho, si se masca tabaco 8 veces al día en dosis habituales se absorbe nicotina en una cantidad equivalente a más de 30 cigarrillos. Además, este tipo de tabaco contiene mayor cantidad de azúcares, que causan enfermedades dentales, especialmente el deterioro de las encías, y provocan periodontitis. También contienen altas concentraciones de sal, que pueden contribuir a la hipertensión arterial.
¿SABÍA QUE…?
En solo una semana de consumo, el tabaco de mascar comporta el desarrollo de leucoplasia en la boca, es decir, la aparición de unas pequeñas manchas blancas que pueden volverse cancerígenas.
¿Qué hacer frente al tabaquismo?
Para la Organización Mundial de la Salud la política que se debe seguir está muy clara: aumentar los impuestos sobre el tabaco, potenciar los espacios libres de humo, prohibir cualquier publicidad sobre tabaco, difundir los riesgos de fumar y proporcionar acceso al tratamiento médico para dejar de fumar. Y a pesar de toda la información y de las múltiples campañas en contra del tabaco, se sigue fumando y la pandemia continúa asolando nuestro mundo. ¿Por qué? Teniendo en cuenta las consecuencias que tiene sobre la salud, está claro que a ningún fumador le interesa fumar, aunque su adicción al tabaco le lleve a sostener lo contrario.
La respuesta a ese por qué está clara y tiene un nombre: nicotina. Esta sustancia, que anestesia parte de nuestro sistema respiratorio y adormece nuestras conciencias, genera dependencia. El tabaquismo solo se puede curar si cada fumador toma conciencia de la necesidad de dejar de fumar y encabeza su lucha personal contra la nicotina. Y tener este libro en las manos indica que ha llegado el momento de hacerle frente y cambiar cigarrillos por calidad de vida.
Algunos datos destacados
•Más de 1.000 millones de personas en el mundo fuman.
•La adicción al tabaco es una pandemia mundial según la OMS.
•El tabaco causa más de 50.000 fallecimientos al año en nuestro país.
•Desde el año 2000, en España se han gastado en tabaco 110.000.000.000 millones de euros.
•En España se ingresaron en 2011 más de 9.000 millones de euros en concepto de impuestos sobre el tabaco.
•El tabaco genera el 20% de los gastos derivados en sanidad.
El mito: «Puedo dejarlo cuando quiera»
¿Fumo porque quiero?
Esta es una pregunta que cabe hacerse, tanto si se tiene la firme determinación de dejar de fumar como si no se está seguro de ello.
Fumar se considera una decisión personal y libre, pero nada más lejos de la realidad. Casi todos los fumadores empezaron a fumar por rebeldía, por integrarse en un grupo o porque lo hacía todo el mundo y era lo que tocaba, aunque seguramente la mayoría no recuerda cuándo encendió su primer cigarrillo, y probablemente aún menos por qué lo encendió.
Más allá de los motivos que nos condujeron a probar por primera vez un cigarrillo y a dejarnos atrapar por la prisión del humo, cabe preguntarse por los motivos que nos suscitan a diario el deseo de seguir fumando; motivos que deben ser muy poderosos, pues aun sabiendo que no nos conviene, el simple hecho de pensarlo nos genera tal conflicto que nos conduce inevitablemente a encender un nuevo cigarrillo. Y es que la respuesta a esta pregunta no es sencilla. Realmente, ¿uno fuma porque quiere? Quizá deberíamos preguntarnos en realidad por qué fumamos. A continuación exponemos algunas de las razones que se esgrimen con mayor frecuencia.
¿SABÍA QUE…?
Todos los fumadores alguna vez se han autoconvencido con este argumento: «La verdad es que fumo porque quiero, puedo dejarlo cuando me lo proponga». Sin embargo, la realidad deja claro que esta afirmación no es cierta.
¿Por qué fumo?
Cada fumador podría dar cientos de razones por las que sigue fumando, desde placenteras a ansiosas, pasando por simples olvidos. Hay tantas razones como fumadores, pero las más comunes son las siguientes:
Como estimulante
•Fumo para estar alerta.
•Fumo porque me concentro mejor.
•Fumo porque las preocupaciones me hacen fumar.
•Fumo porque si estoy contento me apetece fumar.
Cuatro razones que podrían ser cuarenta, pero que las hemos oído una y otra vez. Son las que esgrimen los fumadores que encienden un cigarrillo para mantener la atención. En estos casos, la nicotina actúa como un estimulante. No olvidemos que a principios del siglo XX se intentaron crear y comercializar pastillas antidepresivas a base de nicotina, aunque fueron rápidamente desechadas. Pero fumar no es estimulante: resulta mucho más placentero dejarlo.
Como refuerzo gestual
•Tener un cigarrillo entre los dedos forma parte de mi personalidad.
•No sé qué hacer con las manos si no fumo.
•Me hace más interesante y más sexy.
•El humo me confiere un aura misteriosa.
Más razones… en este caso tener un cigarrillo entre los dedos relaja, ofrece una imagen interesante, resulta entretenido. Para muchos fumadores este simple gesto refuerza su autoestima a través de la imagen. En ningún caso se ven como seres enganchados a una sustancia adictiva que precisan ayuda para dejarlo. Años y años de publicidad y marketing, con un gran respaldo desde el cine, han conseguido que el hecho de fumar, aun hoy en día, mantenga una cierta aura de glamour. Al oír la palabra cigarrillo nuestro subconsciente nos bombardea con imágenes de tipos duros envueltos en humo o seductoras mujeres fumando con estilo. Puede resultar evocador, pero la realidad nos tendría que enfrentar a la imagen de una persona demacrada o tosiendo de manera violenta. Por ello, con toda certeza, podemos asegurar que es mucho más inspirador conseguir el objetivo de no fumar.
Por placer
•Me produce placer dar la primera calada.
•Siento deseos de fumar cuando llevo un rato sin hacerlo.
•Fumar me relaja.
•Pone el punto final perfecto a todas las comidas.
•Es todo un ritual: el encendedor, la pose, aspirar el humo…
Encender un cigarrillo por placer, para relajarnos, como parte del trabajo finalizado, después de la comida… Casi dos terceras partes de los fumadores aseguran que es esta la razón principal por la que fuman, pero ¿es placer o placer culpable? ¿Se fuma para sentirse bien o para evitar sentirse mal? La descarga de adrenalina que provoca en el cerebro la nicotina se asocia con un placer que al poco tiempo desaparece, lo cual conlleva que el fumador vuelva a buscar esa dosis necesaria de placer culpable: es una adicción compulsiva. La adicción a la nicotina es fuerte y crea una gran dependencia.
Dejar de fumar no solo le enseñará a disfrutar de otros placeres, sino que además disminuirá esa compulsión y conseguirá volver a disfrutar de pequeñas cosas que ahora el humo le impide ver.
Para reducir la negatividad
•Cuando fumo manejo mejor el estrés.
•Si estoy bajo de ánimo, fumo más.
•Fumo cuando estoy trabajando.
•Si me enfado necesito un cigarrillo.
Con demasiada frecuencia se cree que fumar relaja o que por lo menos ayuda a controlar los estados negativos, que todo se ve mejor a través del humo de un pitillo. Nada más lejos de la realidad. Los estados negativos generan ansiedad, eso dispara la necesidad de adrenalina para «levantar» el ánimo, y nuestro cuerpo pide que se aumente su dosis de nicotina. Pero no hay que olvidar un pequeño detalle: es la persona quien supera un estado de ánimo negativo, no un cigarrillo.
Por adicción
•Necesito fumar.
•Cuando estoy sin tabaco me resulta insoportable.
•Enciendo un cigarrillo a pesar de tener otro encendido en el cenicero.
•Sé cuándo no estoy fumando.
Hemos dejado para el final el tema de la adicción, el más importante y el que resume todos los anteriores. Se fuma porque se tiene adicción a la nicotina y por eso resulta tan difícil dejar de fumar. El tabaco es una sustancia psicoactiva a la que el organismo se adapta demasiado rápidamente, por lo que cada vez demanda más cantidad. Por esa razón no hay demasiados fumadores que solo consuman 5 o 6 cigarrillos al día; en poco tiempo se pasa a fumar una cajetilla entera, que es lo más habitual.
LAS 4 RAZONES POR LAS QUE DECIMOS QUE SE FUMA
•Porque resulta estimulante.
•Porque refuerza un gesto, una imagen.
•Para combatir la negatividad.
•Porque proporciona placer.
LA VERDADERA RAZÓN POR LA QUE FUMAMOS
•Porque la nicotina crea adicción.
Dependencia
El placer que provoca la nicotina es inmediato: tan solo 7 segundos después de haber dado una calada ya llega al cerebro. Esta sustancia psicoactiva es una droga que crea dependencia, y con el tiempo, igual que pasa con otras drogas, la necesidad de nicotina se hace cada vez mayor, con lo que el cuerpo pide más dosis y aumenta la dependencia. Es una adicción en escala, que aumenta a medida que el organismo y el sistema nervioso desarrollan tolerancia hacia la sustancia. Nos vemos así inmersos en una espiral de cigarrillos y nicotina que tiene efectos devastadores en nuestro organismo.
De las 4.000 sustancias que componen un cigarrillo tan solo la nicotina crea dependencia. Uno de los mitos a los que se aferran los fumadores para seguir con el cigarrillo es que la nicotina no es tan mala porque es una sustancia natural, que lo perjudicial es el papel de fumar y los componentes que le añaden. Es cierto que la nicotina es natural y está presente en las hojas del tabaco, pero también lo son el estramonio, el cianuro o el opio y a nadie se le ocurre trivializar los efectos de estos venenos.
Nuestro cerebro está compuesto de miles de millones de células nerviosas que se comunican entre sí a través de los neurotransmisores y cada uno de ellos activa su célula nerviosa correspondiente. Las moléculas de nicotina tienen la forma de un neurotransmisor, la acetilcolina, que está relacionada con variaciones en la frecuencia cardíaca, la respiración, el aprendizaje y la memoria, entre otras funciones. Cuando la nicotina llega al cerebro imita los patrones de comportamiento de este neurotransmisor, la acetilcolina, y por ello es capaz de disparar el ritmo cardíaco o el respiratorio. Tenemos receptores de esta sustancia en el sistema nervioso, tanto el central como el periférico, y esta es una de las razones por las que los efectos de esta droga no se limitan al cerebro, sino que también se aprecian en los músculos o los órganos internos. De ahí la fatiga, la opresión en el pecho o el dolor de las extremidades.
Pero la nicotina también actúa sobre las áreas del cerebro que producen satisfacción. La nicotina eleva la producción de dopamina y endorfinas, la conocida como hormona del placer y la relajación. Por eso es tan difícil dejar de fumar.
¿SABÍA QUE…?
La primera vez que se fuma, la nicotina provoca náuseas y mareos, pero la tolerancia a los efectos de la nicotina se inicia ya en las primeras dosis, y la repetición nos hace inmunes a tales efectos.
Adicción
Algunos de los síntomas más frecuentes de la adicción al tabaco son:
•mareos
•irritabilidad
•frustración
•dificultad para concentrarse
•aumento del apetito
•dolor de garganta, tos
•cansancio
•trastornos del sueño
•opresión en el pecho
•etcétera
Muchos fumadores se quedan realmente asombrados cuando asocian, por primera vez, estos síntomas tan frecuentes con la adicción a la nicotina. Y es que uno de los principales problemas del tabaquismo es que la sociedad en general no lo asocia con una droga, con una sustancia que crea dependencia y adicción. Aunque el hábito de fumar está mal visto, sigue siendo «políticamente correcto». La adicción a la nicotina está aceptada socialmente porque, más allá de un enfado por no tener tabaco, sus efectos en el cerebro no producen cambios en la personalidad o el comportamiento, como pasa con el alcohol u otras drogas que sí producen aislamiento social. Los fumadores no van con los ojos desorbitados en busca de una dosis, porque la pueden comprar legalmente en un estanco o en un bar. La adicción al tabaco no provoca una degeneración física como otras drogas, tales como la heroína o el alcohol, por poner un ejemplo. Se puede ser fumador durante mucho tiempo, sin que no se note nada más que una tos cavernosa al resfriarse o unos dientes más amarillos de lo normal, pero no debe olvidarse un detalle significativo: la potencia de adicción de la nicotina es superior a la de la cocaína.
RECUERDE QUE…
La adicción a la nicotina es una enfermedad demasiado silenciosa y demasiado peligrosa.
¿Puedo dejarlo cuando quiera?
La respuesta a la pregunta que encabeza el apartado es SÍ, un sí contundente. Aunque no hay que subestimar el poder de la nicotina.
Dejar de fumar cuesta y es una tarea difícil, que requiere la voluntad de no volver a hacerlo, pero los beneficios son casi inmediatos para quien deja de fumar y para todos los que le rodean. Un beneficio que se multiplica. Volver a oler, a saborear la comida, a dar un beso sin gusto a tabaco, a dejar de sufrir al subir las escaleras… Vale la pena.
UN CONSEJO
Si se teme que el objetivo se trunque o se quede en el terreno de los buenos propósitos no cumplidos, una visita al médico de cabecera puede ser garantía de éxito. El colectivo sanitario ofrece la ayuda médica y psicológica necesaria para dar carpetazo a este hábito.
Algunos datos destacados
•De las 4.000 sustancias que puede contener un cigarrillo, tan solo la nicotina crea dependencia.
•La nicotina crea adicción, y su supresión, síndrome de abstinencia.
•La nicotina no provoca ninguna degeneración física aparente, pero sí graves problemas internos.
•La adicción a la nicotina se banaliza; es aceptada socialmente.
•El poder de adicción de la nicotina es superior al de la cocaína.
Otros falsos mitos acerca del tabaco
Alrededor del tabaco, y a lo largo de los años, se han generado multitud de mitos y medias verdades, tanto a nivel económico como social y de salud, en los que se escudan muchos fumadores para no dejar de fumar.
La industria tabaquera es responsable de parte de esta mitología en torno al tabaco. Durante años se han minimizado los riesgos que supone fumar, a pesar de que se sabe que es un producto nocivo para la salud. No importan las demandas millonarias interpuestas contra las tabacaleras, ni los millones de muertes: la industria del tabaco sigue siendo muy productiva y, en parte, se sirve de todas las leyendas urbanas para seguir adelante.
Si repasamos estos mitos es fácil desmontarlos porque no tienen base científica ni real. Muchos de ellos son justificaciones de los propios fumadores para seguir fumando, lo cual pone de nuevo el acento en la adicción que genera la nicotina.
Unos pocos cigarrillos al día no son tan malos
La mayoría de la gente piensa que solo los fumadores empedernidos, los que fuman más de un cajetilla al día, están en zona de riesgo, pero no es así. Los problemas cardiovasculares son la principal causa de muerte entre las enfermedades derivadas del tabaquismo, y aunque se fumen solo entre 3 y 5 cigarrillos al día también se está poniendo en peligro la salud. No existe una dosis determinada de cigarrillos que esté libre de efectos nocivos para la salud, incluso un cigarrillo al día es nocivo.
Fumo cigarrillos light y mentolados porque hacen menos daño
Es cierto que los cigarrillos light llevan menos cantidad de nicotina y alquitrán en su composición, pero sus efectos, a la larga, son peores que los de los cigarrillos convencionales, ya que, para compensar los menores niveles de nicotina, se consumen más cigarrillos y las caladas que da el fumador son más intensas, lo cual provoca que el humo llegue más profunda y rápidamente a los pulmones.
Fumo tabaco de liar porque lo perjudicial está en el papel
Un falso mito que se extiende como la pólvora entre los más jóvenes. El tabaco de liar contiene la misma cantidad de nicotina y lleva los mismos componentes que el tabaco de cajetilla. Simplemente es más barato. Y, además, amarillea mucho más la piel de los dedos que lo sostienen.
Fumo puros o mastico tabaco, y como no me trago el humo no me pasa nada
No es solamente el humo del tabaco el que resulta perjudicial para la salud. La nicotina y otras sustancias con las que se trata el tabaco son también muy peligrosas para la salud. Los fumadores de puros y los que consumen tabaco de mascar o chupar tienen 10 veces más probabilidades de padecer cáncer de boca, labios, garganta y esófago.
El tabaco rubio no es tan malo como el negro
Rubio o negro, no importa. Las dos variedades de tabaco tienen el mismo tipo de componentes nocivos; solo cambian los aromatizantes, el proceso de secado y las cantidades de sustancias que se añaden al tabaco. El perjuicio es el mismo en los dos casos.
Una mujer embarazada fumadora es mejor que fume un par de cigarrillos al día para calmar la ansiedad, porque eso es lo que perjudica al bebé
Por cada cigarrillo que se fuma una mujer embarazada hay un aumento de la frecuencia cardíaca del feto de entre 130 y 180 latidos por minuto. Eso sí genera verdadero estrés en el bebé. Las embarazadas que fuman tienen mayor riesgo de aborto, de desprendimiento de placenta, de parto prematuro y menor peso del bebé al nacer.
Hace años que fumo y nunca me he encontrado mal
El tabaco mata de manera silenciosa porque daña los órganos internos. Quizás el fumador no lo note de manera alarmante, pero esos ahogos al subir las escaleras, esos catarros que no se acaban de curar o esa tos por las mañanas son señales de alerta. El daño existe; el tabaco lo provoca. No deje que un enfisema, un cáncer o un ataque al corazón cobren protagonismo en su vida.
Las campañas para dejar de fumar son una tontería y un atentado contra la libertad personal
Fumar se asocia con un signo de libertad y madurez. Se trata de una autoafirmación respaldada por las tabacaleras a través de símbolos repetidos, una y otra vez, en campañas publicitarias, pero una persona que depende de una sustancia, la nicotina, para seguir con su vida cotidiana ¿es realmente libre?
Fumar hace a la gente más interesante y atractiva, como en el cine
El tabaco mancha los dientes, los dedos, incrementa las arrugas en la cara, avejenta la piel, causa mal aliento… No parece que estas sean características que definan a una persona atractiva. Fumar no es sexy, ni elegante.
Fumar solo afecta al fumador, pero no a su entorno
Con tan solo 30 minutos de exposición al humo del tabaco, de manera pasiva, el sistema circulatorio de una persona no fumadora actúa de manera similar a la de un fumador. El fumador pasivo, cuando se trata de niños, tiene mayor riesgo de padecer las enfermedades propias de un fumador, como afecciones pulmonares, lo cual provoca muertes prematuras.
El humo de las fábricas o los automóviles es más perjudicial que el del tabaco
Un mito que ha sido desmentido por las encuestas epidemiológicas. El tabaco es el causante de un 30% de los cánceres, mientras que la contaminación ambiental es la causa del 2%.
El tabaco es bueno para la economía
Genera puestos de trabajo, dinero con los impuestos que se pagan a los gobiernos, ganan miles de millones… Seguramente es cierto, pero a costa de la lenta muerte de millones de seres humanos. Los costes sociales que se derivan del tabaquismo superan, en mucho, los beneficios que producen estas empresas.
Hay personas mayores que fuman y que están muy bien
Una de cada dos personas que fuman fallece por causas relacionadas con el tabaco, la mitad de ellas entre los cuarenta y cinco y los sesenta años. Seguramente no se piensa en estas personas que han fallecido, sino que se toma como modelos los que siguen viviendo, a costa de una mala calidad de vida.
Solo si has tenido un «susto» o las personas con mucha fuerza de voluntad pueden dejar de fumar
Cualquier fumador puede dejar de serlo. La voluntad es importante, pero no es definitiva, es mucho más importante tomar la decisión de dejar de fumar, tener claro el objetivo y llevar a cabo un plan para dejarlo de manera definitiva.
Fumo desde hace muchos años, ya no vale la pena dejarlo
Fumar resta años a su vida, se estima que el tabaquismo reduce entre 10 y 20 años la esperanza de vida de una persona. En cuanto se deja el tabaco, el reloj empieza a contar para atrás añadiendo años a su marcador personal, puesto que mejora su calidad de vida y su sistema cardiovascular y respiratorio y se reducen sus posibilidades de padecer cáncer. No importan los años que haya estado fumando, nunca es tarde para dejarlo; su salud, su bienestar físico, psíquico, estético y —por qué no— económico notarán un cambio positivo.
No exageremos, la nicotina tampoco es una droga dura
La nicotina influye en el sistema nervioso central al actuar como estimulante neuronal y aumenta el riesgo de muerte por sus efectos en el sistema cardiovascular. La nicotina es una de las drogas más adictivas que se conocen, por delante de otras como la cocaína o la heroína.
De algo tenemos que morir…
El mito del destino fatal es uno de los más recurrentes de los fumadores. Todos moriremos algún día, efectivamente, pero fumando está fabricando su muerte a medida. El tabaco es causa directa de fallecimiento, pero también de una pésima calidad de vida durante la vejez.
Algún vicio tengo que tener y este no es de los peores
No es necesario depender de una droga para ser feliz y menos de una tan tóxica como la nicotina. Dejar de fumar es una liberación y nadie se arrepiente de haberlo dejado. El tabaco es uno de los peores «vicios» ya que se cobra, anualmente, más vidas que el alcohol y otras drogas juntos.
Si se quiere dejarlo es fácil, porque fumar es psicológico
Las páginas de este libro demuestran que se puede dejar de fumar, aunque no es una empresa fácil. La naturaleza tremendamente adictiva de la nicotina lo impide, puesto que crea dependencia física y mental del cigarrillo.
RECUERDE QUE…
La única verdad en torno al tabaco es que la nicotina genera adicción y que, a la larga, produce enfermedades y causa la muerte.
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