Kitabı oku: «Metamanagement - Tomo 2 (Aplicaciones)»

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Metamanagement es una obra fundamental para nuestros tiempos. Pocas ideas de la era industrial han sido más destructivas que la fragmentación entre la vida ética y el éxito económico. Se nos está acabando el tiempo para corregir esta fractura. Fred Kofman, uno de los mejores maestros que conozco, ofrece un conjunto de herramientas únicas para integrar formas de vida honorables con organizaciones innovadoras. Peter Senge, profesor del MIT y autor de La quinta disciplina, La quinta disciplina en la práctica y La danza del cambio, Boston, Massachusetts, EE.UU.

Fred Kofman es un genio con un corazón tan grande como su cerebro, si es que eso es posible. En este notable libro, Fred nos lleva en un viaje emocionante hacia lo que sería el mundo de los negocios si tuviera tanto un corazón como una mente -una concienciaintegrales. El resultado es una teoría y una práctica de negocios capaces de transformar a las personas, a las organizaciones y al mundo.

Ken Wilber autor de A Theory of Everything: an Integral Vision for Business, Politics, Science, and Spirituality; Sexo, ecología y espiritualidad; Conciencia sin fronteras; Breve historia de las cosas, etc. Boulder, Colorado, EE.UU.

Fred Kofman aborda las cuestiones fundamentales a que nos enfrentamos los líderes de negocios con principios, profundidad y pragmatismo. Mi trabajo con él ha producido un cambio fundamental en la manera como concibo las relaciones con clientes, accionistas, colegas y empleados. La diferencia entre Fred y otros que han intentado utilizar enfoques parecidos está en que él rehúsa subordinar los principios trascendentes al éxito de corto plazo. Él sabe bien que esto no sólo no genera resultados satisfactorios, sino que alimenta el cinismo y vacuna contra la verdadera transformación.

Micael Cimet, vicepresidente corporativo y presidente de EDS América Latina, San Pablo, Brasil.

Metamanagement es un neologismo que pretende describir una nueva disciplina para el desarrollo de la conciencia y el mejoramiento de las interacciones humanas en las organizaciones. Metamanagement representa el deseo de ir más allá de la gestión tradicional. Más allá “río arriba” (upstream) ocupándose de aquello que está en los orígenes o en la raíz del management. Más allá “río abajo” (downstream) ocupándose de aquello que está en los objetivos o la finalidad del management. Más allá “río adentro” (instream) buceando en las profundidades filosóficas que subyacen a las técnicas de la superficie. Todas las direcciones, sin embargo, llevan al mismo destino: el ser humano como integración de cuerpo, corazón, mente y espíritu, y la organización como el espacio de sentido en el que los seres humanos pueden desarrollarse integralmente.

Metamanagement contiene herramientas prácticas para mejorar los resultados operativos, los procesos interpersonales y la calidad de vida de la gente.

La trilogía está compuesta de:

• Metamanagement: Principios

• Metamanagement: Aplicaciones

• Metamanagement: Filosofía

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ALGUNOS COMENTARIOS PREVIOS A LA PUBLICACIÓN DE METAMANAGEMENT

FREDY KOFMAN ES UN EXTRAORDINARIO MAESTRO y sintetizador. Sus ideas combinan profundidad filosófica con aplicabilidad práctica. Sus seminarios han ayudado a miles de managers a desarrollar capacidades para la efectividad y la integridad colectivas. Celebro la publicación de Metamanagement, ya que hace accesibles sus enseñanzas a una audiencia mucho mayor.

Metamanagement es una obra fundamental para nuestros tiempos. Pocas ideas de la era industrial han sido más destructivas que la fragmentación entre la vida ética y el éxito económico. Se nos está acabando el tiempo para corregir esta fractura. Creo que Fredy Kofman ofrece un conjunto de herramientas únicas para integrar formas de vida honorables con organizaciones innovadoras.

Peter Senge, profesor del MIT y autor de La quinta disciplina, Boston, Massachussets, EE.UU.

La calidad y profundidad de Metamanagement lo convierten en un libro “extra-ordinario”. Aplicar sus conceptos requiere un enorme compromiso personal, romper con la forma “natural” de hacer las cosas y hasta nadar en contra de la corriente cultural. Pero el esfuerzo bien vale la pena. La recompensa es un mejor manager, una persona más efectiva y una mayor calidad de vida.

Fredy Kofman es una de las mentes más brillantes y el mejor docente que he conocido. Su genio, sensibilidad y pasión por la sabiduría, lo hacen un gran compañero en el camino de expansión de la conciencia.

Vicente Di Loreto, director de Control Operativo, Grupo Clarín, Buenos Aires, Argentina

Metamanagement es lectura obligatoria para aquellos que quieren ser mas efectivos en sus vidas, sea en los negocios, otras organizaciones o en sus relaciones personales. Fredy ha tomado las herramientas de la maestría personal y el aprendizaje organizacional y las ha traducido en aplicaciones concretas para el día a día. Tanto en Chrysler como en DTE Energy, el trabajo de Fredy nos ha permitido modificar nuestra cultura de manera mucho más veloz y sostenible que otros esfuerzos. La filosofía de Fredy es cambiar el mundo a partir de la transformación personal. Si usted está buscando un libro para “arreglar a los demás”, éste es el lugar equivocado. Si está dispuesto a iniciar un viaje personal de aprendizaje y cambio, empiece a leer inmediatamente.

David E. Meador, vicepresidente senior de Finanzas y Tesorería en DTE Energy, y ex ejecutivo de Finanzas en Chrysler Corporation, Detroit, Michigan, EE.UU.

Metamanagement es un libro extraordinario que refleja el genio, la agudeza y el corazón de Fredy Kofman. Enfoca directamente los desafíos más importantes de la vida: decir la verdad (honestidad), vivir la verdad (autenticidad) y descubrir la verdad sobre nosotros mismos (madurez). La sabiduría del autor, junto con sus herramientas tan prácticas, generan efectividad, claridad e integridad. Las ideas de este libro tendrán impacto en el mundo de los negocios por muchos años.

Leo Burke, director de Executive Education de la Universidad de Notre Dame y ex decano de Motorola University, Chicago, Illinois, EE.UU.

La vida y obra de Fredy Kofman se enfocan en la producción de resultados económicos a través del comportamiento íntegro. Práctico, útil para la acción y profundo, Metamanagement es el regalo de un verdadero maestro. Los capítulos sobre responsabilidad incondicional y compromisos conversacionales por sí solos, hacen de éste un libro de lectura obligatoria. Nadie verdaderamente interesado en desarrollar su conciencia y sus negocios puede obviar este estupendo trabajo.

Michael Putz, manager de Desarrollo de Negocios, Cisco Systems, San José, California, EE.UU.

Fredy Kofman aborda las cuestiones fundamentales a que nos enfrentamos los líderes de negocios, con principios, profundidad y pragmatismo. Mi trabajo con él ha producido un cambio fundamental en la manera como concibo las relaciones con clientes, accionistas, colegas y empleados. La diferencia entre Fredy y otros que han intentado utilizar enfoques parecidos está en que él rehúsa subordinar los principios trascendentes al éxito de corto plazo. Él sabe bien que esto no sólo no genera resultados satisfactorios, sino que alimenta el cinismo y vacuna contra la verdadera transformación.

Micael Cimet, vicepresidente corporativo y presidente de EDS América Latina, San Pablo, Brasil

Fredy Kofman es un genio con un corazón tan grande como su cerebro, si es que eso es posible. En este notable libro, Fredy nos lleva en un viaje emocionante hacia lo que sería el mundo de los negocios si tuviera tanto un corazón como una mente –una conciencia– integrales. El resultado es una teoría y una práctica de negocios capaz de transformar a las personas, a las organizaciones y al mundo.

Ken Wilber, autor de A Theory of Everything: an integral vision for business, politics, science, and spirituality; Sexo, ecología y espiritualidad; conciencia sin fronteras; Breve historia de las cosas, etc., Boulder, Colorado, EE.UU.

Fredy Kofman fue más allá que muchos de nosotros para buscar el corazón del management. Al volver, nos ayuda a comprender que nuestra efectividad y la de nuestras organizaciones depende mucho menos de los títulos universitarios que de la posibilidad de ejercer efectivamente nuestra humanidad en el trabajo del día a día.

Horacio Eduardo Quirós, director corporativo de Recursos Humanos, Grupo Clarín S.A., Buenos Aires, Argentina

Fredy Kofman captura la esencia del empowerment, no sólo personal, sino también grupal y organizacional. La lectura de su trabajo seguramente provocará comentarios tales como “por supuesto”, “es obvio”, “siempre había creído esto”. Pero la integración de este material en una disciplina aplicada con regularidad, es cualquier cosa menos obvia. Las herramientas de Metamanagement son la mejor clave que he encontrado para mejorar como manager y como ser humano.

Jim Neikirk, director de Servicios Corporativos, Entergy Corp., Nueva Orleans, Luisiana, EE.UU.

Hay en mi vida un antes y un después marcado por la lectura de Metamanagement. Su profundidad, su visión del mundo y su bondad son un desafío constante para la mente y el corazón. Metamanagement es una oportunidad única de asomarse a la identidad entre el Alma y la Mente Estratégica. Es una obra llena de inteligencia, sabiduría, creatividad, amor y coraje. Reúne a la filosofía más elevada con la práctica más contundente. Hará que sus lectores se alegren de haberlo abordado y se enorgullezcan de poner en práctica sus enseñanzas.

César Grinstein, profesor universitario y consultor, Buenos Aires, Argentina

Fredy Kofman pone patas para arriba las ideas convencionales sobre efectividad en el management. Su mensaje es directo, lleno de humor y maravillosamente práctico.

Susan Skjei, consultora y profesora, ex vicepresidenta y Chief Learning Officer (ejecutiva a cargo del aprendizaje), Storage Tek, Denver, Colorado, EE.UU.

Este libro será una inspiración constante para quienquiera que lo lea. Si eres empresario, o tienes participación en una estructura organizacional, este libro es para ti. Si eres padre o madre, o eres parte de una comunidad de trabajo, religiosa, política, o de negocios, este libro es para ti.

Mario Oyarzún, médico cirujano, especialista en microcirugía oftálmica, Concepción, Chile

Nada de cuanto he aprendido en mi carrera profesional me ha resultado más práctico que Metamanagement para mejorar la efectividad de los equipos y de las organizaciones con los que interactúo. Pero Metamanagement va más allá: los conceptos contenidos en este libro son manifestaciones de una profunda filosofía de vida que trasciende el mundo de los negocios. Metamanagement, al igual que los programas de Fredy Kofman están repletos de prácticas personales, alta adrenalina, y experiencias de aprendizaje imposibles de olvidar.

Ricardo Gil, director de Recursos Humanos para América Latina, Electronic Data Systems, Buenos Aires, Argentina

Metamanagement es una galería de arte donde se exhiben las soluciones más simples y originales para problemas aparentemente insalvables. El trabajo de Fredy Kofman es profundo pero sumamente práctico. Más de mil empleados de nuestra compañía conocen, comparten y se benefician de sus ideas.

Lic. Delfor Ibarra, gerente de Recursos Humanos y miembro del Comité de dirección, Ferrum S.A., Buenos Aires, Argentina

Metamanagement nos aloja en un espacio de reflexión donde la unidad del ser, su autoconciencia y compromiso nos hacen capaces de ir hacia lo grupal a fin de conducir las organizaciones hacia la excelencia.

Enrique Sturzembaum, gerente de Recursos Humanos, Pluspetrol, Buenos Aires, Argentina

Fredy Kofman es una de las personas más inteligentes e independientes que uno podría encontrar, un antídoto para esta era de pensamiento-rebaño y conformismo. Hay una arrogancia y auto-suficiencia en mucho de la “nueva economía” que requiere como compensación la humildad de pensar en los demás y preocuparse por ellos, actitudes que propone la disciplina de Metamanagement.

Peter Koestenbaum, maestro, consultor y autor de Liderazgo: el otro lado de la grandeza, San Diego, California, EE.UU.

Metamanagement es un valioso marco de reflexión en el camino de liderazgo. Su llamada continua a la acción alienta siempre la busca de una manera nueva, creativa, liberadora, de entender el entorno y afrontar el futuro con entusiasmo.

Antonio Pérez, Country Manager de Electronic Data Systems, Distrito Federal, México

Metamanagement es la clave para la transformación y el desarrollo del ser humano en la corporación. La aplicación de sus ideas puede guiar a cualquier individuo y compañía a un nivel más avanzado de conciencia, rendimiento y satisfacción. Este libro es lectura obligatoria para todos aquellos que quieran adquirir métodos probados para cambiar personalmente y liderar el cambio en sus organizaciones.

Bob Richards, presidente de Clarus Transphase, Nueva York, EE.UU.

Desde 1994, he trabajado con los principios, aplicaciones y filosofía de Metamanagement. He visto sus efectos benéficos tanto en mí mismo como en mis colaboradores. En lo personal, luego de tantos años de ver el management desde lo racional y lo lógico, me incorporó la posibilidad de vivirlo desde lo emocional y lo espiritual. Este trabajo me ayudó a apreciar el valor trascendente de las relaciones humanas. También me permitió lograr una armonía personal que, de haberla practicado desde mi juventud, probablemente me hubiera sometido a menos estrés, úlceras, hipertensión y tumores.

José Luis Roces, consultor internacional y profesor en la Universidad de San Andrés, la Escuela de Negocios de IDEA y la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina

El trabajo de Fredy Kofman con The Neenan Company ha generado una cuadruplicación de los ingresos y las ganancias en menos de tres años, y nos convirtió en una de las mayores compañías de construcción de Colorado. Hace tiempo que le vengo rogando a Fredy que publique los ensayos que tanto nos han ayudado a operar con conciencia y dignidad. Ahora que están aquí, ¡el resto depende de usted!

David Neenan, presidente y Chief Executive Officer de The Neenan Company, Denver, Colorado, EE.UU.

Al final de este maravilloso viaje kofmanesco uno llega a la fuente de toda excelencia en management y liderazgo: uno mismo. Este libro es un requerimiento para todos aquellos que deseen ayudar a sus organizaciones (y a sí mismos) a alcanzar nuevos niveles de conciencia y desempeño.

Frank J. Trogus, vicepresidente de Tecnología de Equilon Enterprises, Houston, Texas, EE.UU.

Metamanagement opera como un “cricket de la conciencia” que permite que uno se vea como constructor de su realidad y artífice de su destino.

Horacio Rieznik, gerente de Procesos de Aprendizaje y Cambio, Grupo Clarín, Buenos Aires, Argentina

Durante mi vida profesional, la única experiencia de verdadera transformación que he encontrado es el trabajo de Fredy Kofman. A través de los años corroboro cómo cada una de las herramientas aprendidas me ayudan a resolver numerosas situaciones conflictivas de mi actividad laboral y personal. Metamanagement es una invitación a tomar un papel protagónico en la vida, a ser efectivo y auténticamente humano.

Alejandro Melamed, gerente de Desarrollo Organizacional de Coca-Cola, División Latinoamérica-Sur, Buenos Aires, Argentina

Fredy Kofman es un pensador original que despierta a la gente para que actúe con gran responsabilidad, integridad, y coraje. Es un escritor de conciencia y un escritor de talento. Tiene la habilidad de destilar ideas filosóficas en programas de acción pragmáticos que producen cambios inmediatos en la persona y la organización. Si usted quiere demostrar sus valores éticos más elevados en su vida de negocios, Metamanagement es la guía perfecta.

Tami Simon, Chief Executive Officer, SoundsTrue, Boulder, Colorado, EE.UU.

Metamanagement es un excelente trabajo sobre el liderazgo y el aprendizaje organizacional. Es una obra que hace un aporte muy importante a quienes trabajan o quieren profundizar en temas de desarrollo empresarial.

Mario A. Fiocchi, Fibertel, Buenos Aires, Argentina

Metamanagement no es un libro, sino un viaje pleno de revelaciones. Fredy Kofman nos ofrece las herramientas para mejorar el desempeño, las relaciones y la calidad de vida que las escuelas de negocios son incapaces de proveer. Esto es sabiduría práctica y no convencional. La guía más completa para el empowerment y el enriquecimiento en todos los dominios de la vida.

Greig Trosper, gerente general de Consultoría Empresaria, Electronic Data Systems, Plano, Texas, EE.UU.

Nunca me había encontrado con conceptos tan simples y a la vez revolucionarios. Sueño con que todo el mundo pueda tener acceso a los conocimientos que contiene Metamanagement.

Julio Colliard, empresario independiente, Buenos Aires, Argentina

CONTENIDO

TOMO 1. PRINCIPIOS

PRÓLOGO DE PETER M. SENGE

PRÓLOGO

AGRADECIMIENTOS

INTRODUCCIÓN

1. APRENDIZAJE, SABER Y PODER

2. RESPONSABILIDAD INCONDICIONAL

3. APRENDIENDO A APRENDER

4. PROBLEMAS. EXPLICACIONES Y SOLUCIONES

5. MODELOS MENTALES

6. DEL CONTROL UNILATERAL AL APRENDIZAJE MUTUO

7. ESQUIZOFRENIA ORGANIZACIONAL

TOMO 2. APLICACIONES

8. CHECK-IN

9. CONVERSACIONES PÚBLICAS Y PRIVADAS

10. OBSERVACIONES Y OPINIONES

11. EXPONER E INDAGAR

12. LA ESCALERA DE INFERENCIAS

13. RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS

14. PEDIDOS Y PROMESAS

15. COMPROMISOS CONVERSACIONALES

16. RECOMPROMISOS CONVERSACIONALES

17. COMUNICACIÓN MULTIDIMENSIONAL

18. EL PERDÓN

19. MEDITACIÓN, ENERGÍA Y SALUD

TOMO 3. FILOSOFÍA

20. EL DILEMA DEL CAMBIO

21. EMOCIONES

22. INTELIGENCIA EMOCIONAL

23. COMPETENCIA EMOCIONAL

24. VALORES Y VIRTUDES

25. IDENTIDAD Y AUTOESTIMA

26. OPTIMISMO ESPIRITUAL

27. VOLVIENDO AL MERCADO

EPÍLOGO

BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE TOMO 2

CAPÍTULO 8 CHECK-IN

INTRODUCCIÓN

CHECK-IN

BENEFICIOS DEL CHECK-IN

RIESGOS DEL CHECK-IN

EXTENSIONES DEL CHECK-IN

CHECK-OUT

ESTELA, ANA, PEDRO Y JUAN

CAPÍTULO 9 CONVERSACIONES PÚBLICAS Y PRIVADAS

EL EJERCICIO DE LA COLUMNA IZQUIERDA

EL CONTENIDO DE LA COLUMNA IZQUIERDA

DECIDIENDO QUÉ HACER CON SU COLUMNA IZQUIERDA

EL DILEMA DE LA COLUMNA IZQUIERDA

TRANSFORMANDO LA COLUMNA IZQUIERDA

TRES NIVELES DE EXPRESIÓN

LOS PASOS DEL PROCESAMIENTO DE LA COLUMNA IZQUIERDA

LAS TRES FASES DE LAS CONVERSACIONES

DE LA CONVERSACIÓN A LA META-CONVERSACIÓN

LA COLUMNA IZQUIERDA EN EL LARGO PLAZO

CELIA Y PATRICIA

CAPÍTULO 10 OBSERVACIONES Y OPINIONES

OBSERVACIONES Y OPINIONES

OBSERVACIONES

OBSERVACIONES EFECTIVAS

OPINIONES

OPINIONES EFECTIVAS

EVALUANDO A LAS PERSONAS

CONFRONTACIÓN VS. REPROBACIÓN

EDUARDO Y CLARA

CAPÍTULO 11 EXPONER E INDAGAR

CONTROL UNILATERAL

EXPONER EN FORMA IMPRODUCTIVA

INDAGACIÓN IMPRODUCTIVA

UN MODELO DIFERENTE PARA EXPONER E INDAGAR

LA EXPOSICIÓN PRODUCTIVA

LA INDAGACIÓN PRODUCTIVA

AIKIDO VERBAL

EQUILIBRANDO EL EXPONER Y EL INDAGAR

¿EL COMEDOR, O LA COCINA?

IMPASSE

BERNARDO, ESTELA Y DANIEL

CAPÍTULO 12 LA ESCALERA DE INFERENCIAS

LOS PELDAÑOS

EL ESCALÓN CERO

CÓMO LOS MODELOS MENTALES AFECTAN A LA ESCALERA DE INFERENCIAS

DISTINTAS PERSONAS, DISTINTAS ESCALERAS

TRANSPARENCIA Y CONCIENCIA

DESCENDIENDO POR LA ESCALERA DE INFERENCIAS

CARLOS Y PEDRO

HISTORIA CON MORALEJA: EN EL ANDÉN DE LA VIDA

CAPÍTULO 13 RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS

CONFLICTOS Y RESPUESTAS

COMPONENTES DEL CONFLICTO

LOS TRES NIVELES DEL CONFLICTO

DISOLUCIÓN DE CONFLICTOS PERSONALES

RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS OPERATIVOS

ELEVACIÓN ÍNTEGRA

APÉNDICE: CONFLICTOS INTRA-PERSONALES

HISTORIA CON MORALEJA: AIKIDO

CAPÍTULO 14 PEDIDOS Y PROMESAS

LENGUAJE Y ACCIÓN

COMPROMISOS

PROMESAS

OFERTAS

PEDIDOS

FORMAS CANÓNICAS

CAPÍTULO 15 COMPROMISOS CONVERSACIONALES

INTEGRIDAD Y CONFIANZA

RUPTURAS Y COSTES

CONFIANZA: SINCERIDAD Y CAPACIDAD

INTEGRIDAD COLECTIVA

COMPROMISOS CONVERSACIONALES EN ACCIÓN

ERRORES (Y SOLUCIONES)

ENRIQUE Y FELIPE

HISTORIA CON MORALEJA: YO, EL LÁPIZ

CAPÍTULO 16 RECOMPROMISOS CONVERSACIONALES

PROBLEMAS EN LOS COMPROMISOS CONVERSACIONALES

QUEJAS IMPRODUCTIVAS

RECLAMOS PRODUCTIVOS

LOS PASOS DE UN RECLAMO PRODUCTIVO

DISCULPAS PRODUCTIVAS

PASOS DE UNA DISCULPA PRODUCTIVA

JUAN Y CARLOS

CAPÍTULO 17 COMUNICACIÓN MULTIDIMENSIONAL

RAMÓN Y OLIVIA

MÁS ALLÁ DEL ENFRENTAMIENTO

CRÍTICA DESCONSTRUCTIVA

CAPÍTULO 18 EL PERDÓN

¿UN MUNDO PERFECTO?

QUÉ NO ES EL PERDÓN

QUÉ ES EL PERDÓN

LOS BENEFICIOS DEL RESENTIMIENTO

PERDÓN, EFECTIVIDAD, APRENDIZAJE Y CREATIVIDAD

UNA HISTORIA PERSONAL

EL AUTO-PERDÓN

EL PERDÓN A OTROS

DEBER SER O COMPROMISO

CONCLUSIÓN

APÉNDICE: UN EJERCICIO SOBRE EL PERDÓN

CAPÍTULO 19 MEDITACIÓN, ENERGÍA Y SALUD

EL MANAGER ESTRESADO

CONCIENCIA Y RELAJACIÓN

MEDITACIÓN

LA PRÁCTICA DE LA MEDITACIÓN

EXCUSAS

PRIMER EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

EL CAMINO DE LA MEDITACIÓN

SILENCIAR LA MENTE

OBSERVAR LA MENTE

TRASCENDER LA MENTE

APÉNDICE: MENS SANA IN CORPORE SANO

NOTA AL PIE

CAPÍTULO 8
CHECK-IN

Demasiadas veces comenzamos una reunión y no nos damos cuenta de que dos tercios de los presentes no tienen idea de por qué están allí. Por supuesto, no hay tiempo para explicarles, estamos demasiado preocupados por cumplir la agenda.

Al final de la reunión asumimos, sin verificarlo, que todos comprendieron los temas y se comprometieron con las decisiones.

Después, no se cumple lo que acordamos. Es un desastre.

Y nos sorprendemos, ya que pensábamos que la reunión había sido estupenda. De hecho, siempre pensamos que cuantas menos preguntas se hagan, mejor. Si no hay preguntas, inferimos que todo el mundo entendió y estuvo de acuerdo.

David Meador,

Vicepresidente de Finanzas, Compañía Eléctrica de Detroit

ANA ENTRA DEPRISA EN LA OFICINA con diez minutos de atraso. “Perdonen la demora”, dice agitada. Con gesto nervioso se lanza a la tarea”. Veamos, ¿Dónde está la agenda? Ah, aquí está. Juan, ¿por qué no empieza con el informe de la política de su área respecto a las condiciones de pago para grandes clientes?”.

Ana, Pedro, Estela y Juan están celebrando su cuarta reunión inter-áreas para coordinar la nueva estrategia de marketing. Los cuatro han sido designados para concurrir a juntas semanales en representación de sus departamentos. Hasta el momento, todos han encontrado estas reuniones estresantes y poco efectivas, pero a ninguno se le ocurren modificaciones que puedan mejorar el trabajo grupal.

Ana conduce la reunión como de costumbre: primero los informes sobre temas pendientes, seguidos por un debate y un acuerdo sobre los pasos para resolverlos; finalmente, los planes de acción para la semana entrante. Los encuentros parecen eficientes, bien enfocados y orientados a la acción. Pero las decisiones rara vez son llevadas a cabo. “Misteriosamente” aparecen problemas que impiden a los departamentos ajustarse a las nuevas normas acordadas. A pesar del compromiso explícito de coordinar esfuerzos, cada área desea preservar su independencia. Tanto a nivel organizacional como a nivel personal, es mucho lo que queda sin decir, oculto por debajo de la superficie.

Si uno pudiera ver qué está pasando por la mente de los participantes al inicio de la reunión descubriría que:

• Ana llegó tarde porque su hijo estuvo tosiendo toda la noche. Está preocupada por él. También se pregunta cómo será capaz de trabajar todo el día habiendo dormido sólo un par de horas.

• Juan se ha enterado ayer de que su padre tiene un tumor. Hubiera querido poder tomarse el día para acompañarlo a hacerse una biopsia. Está preocupado, distraído y triste.

• Estela se siente frustrada. Cree que Ana es demasiado autocrática en su manejo de las reuniones y que empuja al resto de los participantes a donde ella quiere. Estela necesita definir ciertos parámetros sobre la campaña publicitaria, pero Ana viene posponiendo el tema desde hace tres semanas.

• Pedro está resentido por tener que asistir a la junta. Tiene muchas cosas que hacer y considera que el encuentro con el grupo es una pérdida de tiempo. Preferiría estar en su oficina, terminando un presupuesto que debe presentar al día siguiente.

Estos pensamientos permanecen ocultos detrás de los temas formales. Aunque Ana bosteza, Juan se lo pasa mirando por la ventana, Estela insiste (repetida e infructuosamente) en agregar a la agenda el tema de la publicidad y Pedro se muestra irritado, todos ponen su mejor cara (o careta) de interés, mientras atienden mecánicamente los puntos en la agenda.

Al final de la reunión:

• Ana está exasperada porque Juan, Estela y Pedro parecen desinteresados;

• Juan, ni sabe de qué se habló. Sólo puede pensar en su padre y, aunque cree que le hicieron varios pedidos, no piensa preocuparse por ellos hasta la próxima semana;

• Estela sigue frustrada porque Ana no ha encontrado tiempo (¡otra vez!) para tratar la campaña publicitaria;

• Pedro está furioso por haber “perdido” una hora. Rumiando su enojo piensa que tendrá que quedarse hasta tarde para terminar el presupuesto. “Odio estas reuniones”, concluye.

Introducción

Gran parte del tiempo de trabajo de un manager está dedicado a las reuniones. Por eso es tan importante optimizar su efectividad. A pesar de la atención puesta en el tema, la mayoría de los participantes de las reuniones se sienten frustrados. Muchos no saben por qué la reunión es relevante, ni cuál es su propósito. Muchos otros están tan distraídos por temas “no relacionados” que no pueden concentrarse. Así, es imposible dialogar francamente y resolver problemas. Sin atención, no hay posibilidad de producir buenos resultados.

Al final de las reuniones de este tipo, montones de cosas quedan sin decir. Hay gente que no tiene en claro que se comprometió a hacer qué cosa y para cuándo, o si el grupo llegó a algún acuerdo sobre cierto tema. También pueden quedar conflictos latentes o emociones que no tuvieron posibilidad de expresión. Aunque la reunión se cierra, los temas quedan abiertos, flotando a la deriva. Todo esto se suma al estrés de los participantes y los lleva a aborrecer la posibilidad de tener que asistir en el futuro a otra reunión. Así, se hace extremadamente difícil coordinar las acciones y trabajar en equipo, ya que nadie quiere perder su tiempo en “reuniones inútiles”.

Los procesos de check-in (introducción) y check-out (cierre) son herramientas que permiten aumentar la productividad de las reuniones. Al establecer un contexto compartido, los objetivos del encuentro y los factores externos que tienen influencia sobre el estado de ánimo de los participantes, esos procesos permiten crear un clima propicio para tratar con efectividad los temas relevantes. Además, al iniciar y terminar las reuniones con un espacio de escucha respetuosa, todos tienen la oportunidad de decir su verdad y escuchar las verdades de los demás.

Check-in

El check-in se estructura alrededor de tres preguntas.

1. ¿Qué circunstancias hacen relevante (para mí y para el equipo) este encuentro?

2. ¿Qué resultado(s) quiero obtener al final de la reunión? ¿Por qué son estos resultados importantes para mí (para nosotros)?

3. ¿Tengo otra información significativa (profesional o personal) para compartir?

La primera pregunta se refiere a las condiciones o problemas que hacen necesaria la reunión. Toda acción (incluyendo convocatoria de la reunión) surge de una diferencia entre lo que uno cree que ocurriría si todo sigue “su curso normal” y lo que uno quiere obtener o que pase en el futuro (Ver capítulo 1, tomo 1, “Aprendizaje, saber y poder”). Las circunstancias que cada cual quiere modificar son las que hacen relevante la reunión.

La segunda pregunta se refiere a los objetivos que cada participante lleva a la reunión. A menos que estos sean compartidos y acordados al inicio, habrá serios desajustes más adelante. Así como el piloto de un avión anuncia antes de despegar: “Este es el vuelo 215 de Aerolíneas Argentinas con destino a la ciudad de Madrid” para darle la oportunidad de bajarse a algún distraído, el encargado de una reunión no debería “despegar” sin acordar con todos los participantes cuál es el destino de la misma.

La tercera pregunta se refiere a los factores que podrían influir en el estado de ánimo de los participantes. Por ejemplo, si uno sabe que Ana ha pasado la noche en vela cuidando a su hijo, interpretará sus bostezos de manera muy distinta que si supone que durmió bien. Todos necesitan “dar” sentido a lo que dicen o hacen los demás. Uno “da” ese sentido a partir de una inferencia contextual. Cuanta más información se tenga para hacer estas inferencias (Ana está cansada, no aburrida) mejor podrán interpretarse las acciones de los otros.

El grupo (o el líder) debe definir cuánto tiempo se dedicará al check-in. Una persona puede hacer su check-in en 30 segundos (apropiado tal vez para una reunión de 30 minutos) o en 5 minutos (apropiado tal vez para una reunión de todo el día). La profundidad y la extensión dependerá de la duración prevista de la reunión y de la importancia asignada a los preparativos, pero siempre es recomendable establecer un tiempo antes de empezar. Si no, se puede ocupar más tiempo del que resulta conveniente (nadie quiere interrumpir al compañero, pero todos se sienten más y más ansiosos mientras el reloj avanza inexorable) o derivar hacia temas desconectados de los objetivos de la reunión.

Físicamente, conviene ubicar a los participantes en forma de círculo o semicírculo para que todos puedan verse. Está demostrado que las conversaciones son mucho más efectivas cuando los interlocutores pueden interactuar literalmente cara-a-cara.

El único elemento necesario para el check-in es un objeto fácilmente manipulable, como una piedra, una taza o bolígrafo, que haga de “objeto oratorio”. El objeto oratorio es una especie de “micrófono” que sirve para representar el derecho a expresarse sin ser interrumpido. La idea es que sólo hable una persona a la vez y que lo haga sin interrupciones. Quien no tiene el “micrófono” no puede ser oído, por lo tanto debe guardar silencio y concentrarse en lo que dice quien habla.

La última aclaración pertinente, antes de empezar, es que el check-in es un proceso totalmente voluntario. Nadie puede ser obligado a hablar o revelar cosas que no quiere. No se trata de “ver quién cuenta el secreto más grande”, sino de compartir información que puede ser relevante para la reunión. La decisión acerca de qué decir (y qué no decir) es personal y propia de cada individuo y depende de su criterio. Si alguien prefiere guardar silencio, puede decir “paso” y darle el turno al siguiente orador.

En la primera fase del check-in, los participantes se toman unos momentos para meditar sobre las tres preguntas en forma sincera y abierta, más allá de las respuestas prefabricadas que pudieran haber llevado consigo. En silencio, tal vez tomando algunas notas, cada uno reflexiona sobre su situación y sus objetivos para la reunión. Este tiempo sirve también para “centrarse”, haciendo un check-in consigo mismo antes de iniciar la comunicación con los demás. Si se desea, puede usarse música de fondo para “alivianar” el silencio reflexivo.

A continuación, un participante (el primer orador) se ofrece para empezar la ronda. Toma el objeto y expresa su respuesta a las tres preguntas, mientras los demás lo escuchan en forma atenta y sin interrumpirlo. Cuando concluye, le pasa el objeto a otro participante (a su derecha o a su izquierda), o lo deja en el centro de la ronda para que quien desee hablar lo tome y al concluir lo vuelva a dejar en el lugar. Si el orador excede el tiempo concedido, el líder puede hacer un gesto en silencio, como levantar la mano, para avisarle.

Si la persona que sigue no desea decir nada, simplemente dice “paso”, reservándose el derecho de hablar al finalizar la ronda. Si la persona elije hablar, da su respuesta a las tres preguntas. El check-in es distinto de un diálogo, en el sentido de que cada participante da a conocer su posición en vez de comentar las posiciones de los demás. Si hay alguna idea a la que uno quiere responder, puede hacerlo al final de la ronda.

El proceso se repite hasta que todos hayan tenido su oportunidad de hablar o “pasar”. Allí puede abrirse un corto diálogo no estructurado durante el cual los participantes tengan la oportunidad de reflexionar sobre los comentarios de los otros. Este es el momento de buscar acuerdos sobre las interpretaciones y los objetivos para asegurar la coordinación de todos los participantes de la reunión.

Beneficios del check-in

El check-out ofrece beneficios a los participantes como individuos, como grupo humano y como equipo de trabajo.

• El check-in es un acto de anclaje que permite a cada participante hacerse totalmente presente. Aunque el cuerpo está físicamente en la sala, la mente puede estar en otro momento (recordando el pasado, planeando el futuro) o en otro lugar (en la oficina, en la casa). El check-in tiene por objeto concentrar la atención y reconocer la existencia de posibles distracciones. Cuando estas distracciones se hacen conscientes y públicas, ya no tienen el mismo poder perturbador que adquieren en la inconciencia.

• El check-in agrega profundidad contextual a la reunión. Todo texto adquiere su sentido con relación al contexto, y si uno no tiene información sobre el contexto necesitará inferirla o inventarla de alguna manera. Al conocer las circunstancias de los otros, se pueden entender mucho mejor sin intereses y objetivos. Además, esta profundidad contextual permite que uno vea a los otros como seres humanos complejos y no como caricaturas unidimensionales.

• El check-in permite a las personas exteriorizar sentimientos significativos. Esto hace que las relaciones sean más auténticas. Cosas que corrientemente son vistas como inapropiadas para una reunión empresaria se vuelven apropiadas, dado que afectan el estado de ánimo de los participantes. Preocupaciones como la pena de Juan por su padre o la ansiedad de Ana por su hijo pueden ser escuchadas y respetadas. Al presentarse como seres humanos y no simplemente como managers, los participantes “ensanchan” la banda de comunicación. Esta expansión previene la aparición de ataques personales y faltas de respeto. Es mucho más difícil “tirarle dardos” a una persona real que a un maniquí empresario.

• El check-in impulsa la escucha activa y la autorreflexión. Dado que no tienen que preocuparse por preparar su respuesta al orador, los demás pueden relajarse y prestar atención sin reservas. En vez de estar pensando qué van a decir cuando les toque el turno o cuando pueden interrumpir, pueden escuchar el 100% de interés. Al mismo tiempo, pueden investigar sus propias reacciones frente a lo que dicen los demás.

• El check-in permite que los participantes hagan explícitas sus intenciones y preocupaciones sobre la reunión. Una vez que las intenciones salen a la luz, pueden ser compaginadas mucho más fácilmente en una intención común. Una vez que las preocupaciones salen a la luz, pueden ser resueltas mucho más fácilmente. Por ejemplo, en su check-in, Pedro podría expresar su necesidad sobre el presupuesto que debe terminar para el día siguiente. Luego, el grupo podría discutir si es absolutamente necesaria su participación o si puede ausentarse antes. Pase lo que pase, Pedro se sentirá mucho más comprometido con el grupo y la tarea.

• El check-in permite coordinar los objetivos y expectativas de los participantes. Con frecuencia, hay personas en la reunión que no comprenden claramente el objetivo del encuentro, o que comprenden “con claridad” objetivos incompatibles con los objetivos “claramente” comprendidos por otros. Algunos no tienen idea de por qué fueron invitados. Si esto aparece en un check-in, el líder, antes de empezar, puede tomarse unos minutos para explicar su propósito y manejar con el grupo la manera de continuar. Sin esta verificación, es posible perder horas interminables en reuniones que deberían cancelarse de inmediato.

• El check-in permite que afloren enfoques distintos de los de “la historia oficial”. En el clima de apertura que se propicia, pueden aparecer comentarios e ideas que difieren de la forma de pensar convencional. Esto impulsa la creatividad y las nuevas ideas.

• El check-in ayuda a vencer la timidez. El proceso da a cada participante la oportunidad de expresarse sin interrupciones, cosa vital para aquellos con dificultades para hablar ante un grupo. Si hacen uso de la palabra al comienzo y sienten la escucha respetuosa de los demás, se sentirán más cómodos durante la reunión. Como comentó alguien, “Después del chekin, la primera vez que uno habla, ya no es en realidad la primera vez, sino la segunda. En el check-in uno ya ha roto el hielo”.

• El check-in genera un clima de respeto mutuo reflexión pausada. Le da a cada uno el tiempo que necesita y merece, para decir lo que siente y piensa. Uno puede tomarse el tiempo para pensar mientras habla y así reducir los decibeles mentales y la velocidad de la conversación. Es difícil pensar con claridad en un entorno acelerado.

Riesgos del check-in

El check-in puede promover intercambios sinceros, elevar el respeto mutuo y la coordinación de objetivos. Pero eso no quita que haya una cantidad de inquietudes legítimas tales como:

1. el check-in puede hacerse muy extenso, y se pierde demasiado tiempo;

2. el check-in puede resultar extremadamente personal e inapropiado para una reunión de trabajo;

3. al abrir temas extemporáneos, el check-in puede inducir a desviarse de la agenda;

4. el check-in es extraño, puede poner a la gente incomoda desde el comienzo.

Estas inquietudes son validas. El buen facilitador las reconoce y atiende en forma directa, en lugar de presumir que todo el mundo avala plenamente el mecanismo. De hecho, es necesario explicar el funcionamiento y las razones del checkin antes de llevarlo a cabo. Así como el check-in es una preparación de contexto para la reunión, la explicación previa es una preparación de contexto para el check-in. La introducción al check-in es el momento adecuado para responder a las deudas y a las preocupaciones.

1. Pérdida de tiempo: en contabilidad hay una diferencia conceptual entre un gasto y una inversión. Las dos son erogaciones, pero el gasto se consume inmediatamente, mientras que la inversión se transforma en un activo que perdura en el tiempo, contribuyendo a la producción. El check-in ciertamente utiliza el recurso tiempo, pero el objetivo es aumentar la productividad de la reunión de forma tal que el tiempo de check-in rinda una alta tasa de retorno. Con respecto al juicio “demasiado”, el check-in puede ser acotado de acuerdo con la decisión del grupo. En la preparación del check-in los mismos participantes deciden cuánto tiempo asignarle.

2. Demasiado personal: no hay nada en el check-in que obligue a los participantes a hacer comentarios privados o a “ventilar problemas personales” con algún miembro del equipo. El objetivo es invitar a compartir información relevante para el propósito. Esta información no tiene por qué ser de naturaleza íntima. Bien puede referirse a la situación empresaria o profesional de la persona, sus intereses, preocupaciones y aspiraciones. La gente tiene la habilidad de distinguir qué es pertinente para la reunión y qué no. El check-in deposita en los participantes la confianza en que pueden realizar este juicio.

3. Temas extemporáneos: el propósito del check-in es revelar aquello que ya está en la conciencia de los participantes. El check-in no produce preocupaciones ajenas a la reunión; sólo las exterioriza. Muchas de estas preocupaciones se calman simplemente con la posibilidad de ser expresadas, y no necesitan más atención. Algunas otras pueden resultar significativas para el propósito del encuentro. Ese es el momento cuando el grupo puede decidir modificar la agenda para darse el tiempo de tratarlas.

4. El check-in es una práctica nueva: por definición, todo lo nuevo es inusual o “extraño”. Pero eso no es una razón para descartarlo sin experimentar. La clave de su aceptación es su introducción inteligible. Tal vez este trabajo pueda ayudar a los miembros de un equipo a entender el cómo y el porqué del check-in. En el peor de los casos, si después de algunas pruebas, el equipo evalúa que el check-in no le resulta productivo, siempre puede volver a la forma tradicional de empezar las reuniones. El coste de probar es mínimo.

Extensiones del check-in

Es posible usar el método del check-in para “tomarle el pulso” al grupo durante la reunión. Por ejemplo, en medio de una discusión acalorada, el facilitador (o cualquier miembro) del grupo puede proponer una ronda donde cada persona exprese su opinión sin interrupciones ni discusiones. Esto suele apaciguar los ánimos, al introducir una pausa reflexiva en el ajetreo de la discusión. En este proceso la pregunta es específica y apunta a revelar qué piensa y siente cada miembro del equipo acerca del tema en discusión.

También se puede usar el check-in para establecer las posiciones antagónicas de distintas facciones. Cada una de las partes de un conflicto (partes que pueden ser individuales o colectivas) tiene así la oportunidad de decir lo que piensa sin ser interrumpido o desafiado antes de ser comprendido (Veremos la aplicación de este método más en detalle en el Capítulo 13, “Resolución de conflictos”).

Finalmente, se puede aprovechar el check-in para recolectar información sobre un tema a tratar. Antes de iniciar el análisis, el facilitador puede proponer una ronda donde cada participante comparta con los demás lo que sabe del asunto. Aquí es fundamental discriminar entre hechos y opiniones, siendo explícito sobre qué es un dato y qué es un juicio (Ver Capítulo 11, “Observaciones y opiniones”).

Check-out

Muchas veces, la reunión “verdadera” tiene lugar después del fin de la reunión “oficial”. Estas reuniones post-reunión, fluidas y no estructuradas, son a menudo los espacios donde emergen los temas reales, que los participantes consideran “demasiado urticantes” para la reunión inicial. El check-out es una forma de invitar a que tales consideraciones se realicen dentro de la reunión, para que todos los participantes puedan hacerse cargo de ellas.

El proceso del check-out, salvando las tres preguntas, es idéntico al del check-in. En vez de servir como apertura, sirve como cierre. Durante su transcurso, los participantes pueden hacer reflexiones sobre el contenido de la reunión y su posición en relación al grupo. Pueden identificar malos entendidos y aclarar compromisos de acción futura. El check-out ayuda a crear una idea compartida de lo ocurrido. También puede generar y revelar áreas que merecen mayor análisis, estableciendo un marco para futuras conversaciones.

Las tres preguntas del check-out son:

1. ¿Qué tareas me he comprometido a hacer (y para cuándo)?

2. ¿Ha quedado sin tratar algún tema importante para mí?

3. ¿Cuál es mi reflexión final sobre la reunión (en cuanto a la tarea, a la relación entre las personas y a mi estado de ánimo)?

Estela, Ana, Pedro y Juan

Si el grupo de coordinación de marketing se hubiera tomado el tiempo de hacer un check-in, la reunión podría haber sido muy distinta.

Ana, una vez recuperado el aliento, mira su agenda y dice: “Mil disculpas por llegar tarde. Les explico lo que me ocurrió durante el check-in. ¿Cuánto tiempo nos damos hoy? Tenemos una agenda muy cargada y yo no ayudé nada llegando diez minutos más tarde…”.

“En mi opinión, el check-in ha sido una de las partes más útiles de nuestras reuniones”, responde Estela, “no quisiera acortarlo demasiado. Sugiero que nos tomemos 10 minutos”. Los demás asienten. Ana también.

Luego de tomarse un minuto para centrarse, Ana empieza. “¡Cuánto necesitaba este respiro! Estuve desbordada todo el día. Mi hijo pasó la noche tosiendo y esta mañana lo llevé al médico. Entre una falta de sueño y las prisas de hoy, estoy hecha una pila de nervios. Disculpen por la tardanza. Con respecto a la reunión, me gustaría que nos ocupemos de definir las condiciones de pago para los grandes clientes. Esto es lo más importante para mí”.

Sigue Estela: “Lamento lo de tu hijo. Espero que no sea nada. No quiero empezar la reunión con un desacuerdo, pero para mí es crucial que tratemos el tema de la campaña publicitaria. No sé si tenemos tiempo para hablar de las condiciones de pago y la publicidad en una sola reunión, pero si no definimos ciertos parámetros sobre la campaña, vamos a perder el tren”.

Llegado su turno, Pedro reflexiona acerca de su inquietud por verse obligado a atender a esa reunión: “Tengo que terminar el presupuesto hoy mismo. Ya me veo en mi oficina hasta medianoche. Mi mujer no estará nada feliz…”

Finalmente, Juan cuenta acerca del tumor de su padre: “Perdonen si parezco un poco desinteresado, todavía estoy conmocionado”, se disculpa: “hoy le hacen la biopsia y no puedo dejar de pensar en él”.

Los demás le expresan su pesar por la noticia y le sugieren que vaya a acompañar a su padre. Aunque la presencia de Juan es imprescindible para la discusión de las condiciones de pago, él no está tan comprometido con el tema de la campaña de publicidad. Así que posponiendo el primer tema y considerando el segundo, el grupo puede “matar dos pájaros de un tiro”: satisfacer a Estela y liberar a Juan. Juan muy agradecido, decide irse, y da permiso al resto para tomar decisiones sobre la publicidad sin su participación. Como beneficio adicional, la publicidad es un tema menos complejo que las condiciones de pago, por lo que la reunión puede acotarse, y dejar que Pedro se dedique cuanto antes a su presupuesto.

La reunión resulta excelente. Estela, Ana y Pedro están tan centrados que resuelven los temas sin inconvenientes y mucho más rápido de lo que habían calculado. Eso les da un buen tiempo para el check-out, donde cada uno expresa su deleite por la efectividad de la reunión.

CAPÍTULO 9
CONVERSACIONES PÚBLICAS Y PRIVADAS

Si dices lo que piensas, te doy un bastonazo en la cabeza.

Si no dices lo que piensas, te doy un bastonazo en la cabeza.

Koan Zen (adaptación)

ESTA ES UNA CONVERSACIÓN ENTRE CELIA, encargada de Recursos Humanos, y Patricia, su manager y vicepresidenta de Administración.

Celia ha pedido la reunión para discutir ciertos cambios propuestos respecto a la política de incorporación de nuevos empleados. Celia piensa que estos cambios son un abuso y deberían ser rechazados, mientras que Patricia los cree convenientes.

En la transcripción de la página siguiente, la columna de la derecha refleja lo que cada una dijo en la conversación, la columna de la izquierda presenta lo que Celia pensó y sintió, pero decidió no expresar.

Esta forma de analizar la conversación entre Celia y Patricia, fue creada por Chris Argyris y Donald Schön.

El ejercicio de la columna izquierda permite examinar una conversación difícil, revelar los pensamientos y sentimientos ocultos que la acompañan y buscar formas de utilizarlos para mejorar tanto la calidad de la interacción, como su resultado operativo.


Lo que Celia pensó y sintió, pero no expresó Lo que dijeron Celia y Patricia
Por fin la atrapé, necesitamos resolver este tema antes que se vuelva un dolor de cabeza. Celia: Hola, Patricia. Vengo para tratar el tema de los períodos de prueba para los nuevos empleados.
¿Tiene que irse enseguida? Hace una semana que trato de tener esta reunión. Ella sabe que esto es importante pero seguro que quiere desentenderse. Patricia: Hola, Celia. Siéntese. Apurémonos porque tengo que irme rápido. El jefe quiere verme cuanto antes y llamará en cualquier momento. Vayamos al grano, ¿qué necesita?
Esta gente confió en nosotros como empleadores, somos responsables de nuestro compromiso con ellos… Celia: Hoy tenemos 52 empleados a prueba. Nuestra política es que al cabo de 6 meses estas personas deben ser despedidas, o quedaran contratadas en forma permanente…
¡El departamento de personal! Cuando hablan los abogados, ella es toda oídos, pero cuando se trata del desarrollo de recursos humanos, nunca tiene tiempo. Parece que lo único que importa acá es exprimir a la gente. ¿No se da cuenta del precio emocional de cambiar las reglas? Patricia: (Interrumpiendo) Sí, ya sé. Pero ya que fijamos un plan de reestructuración de la compañía para el año que viene, el departamento de personal recomienda que extendamos el período de prueba a un año. Así, cuando llegue el momento de los despidos, resultará menos traumático separar a las nuevas personas.
¡Por Dios! Estas “nuevas personas incorporadas” son seres humanos, no muebles. ¡No podemos jugar así con sus vidas! Esta mujer debería atenerse a manejar números, no personas. Celia: Sí, es correcto. Sin embargo pienso que debemos ser prudentes en la forma de comunicar este cambio de reglas. Podemos generar mucho ruido si nos descuidamos. Lo que me gustaría…
Odio que me interrumpas. Además, me estás pasando el fardo.El tema no es el anuncio, sino la decisión en sí. Otra vez voy a ser la protagonista de “maten al mensajero”. Patricia: (Interrumpiendo) Estoy de acuerdo. Pero la comunicación es asunto suyo. No quiero parecer insensible, pero tenemos que tomar decisiones difíciles y necesitamos flexibilidad para los despidos.
El CEO se lo pasa diciendo que la gente es el recurso más importante de esta compañía. Es hora de demostrarlo… Celia: Bueno, quizás. Pero yo pienso que tenemos cierta obligación con los nuevos empleados…
Cada vez que nos reunimos me deja plantada.¿Acuerdo? No tenemos ningún acuerdo. No pude ni expresar mis ideas. No sé cuánto duraré en esta empresa… Patricia: (Interrumpiendo al sonar el teléfono) Oh, aquí está la llamada de mi jefe. Celia, tendrá que disculparme. Gracias por sus comentarios. Me alegro de haber llegado a un acuerdo sobe esto. Mándeme su propuesta de comunicación de la nueva política.

Comparar la columna derecha (transcripción literal) con la columna izquierda (diálogo interno) ayuda a entender cómo se comunica y qué elige mantener en silencio. Esto permite investigar por qué a veces decidimos no decir algunas de las cosas relevantes que pensamos y sentimos. ¿Cuáles habrían sido las consecuencias si Celia hubiera revelado el contenido de su columna izquierda? ¿Cuáles fueron las consecuencias de no haber compartido toda la información relevante? ¿Cómo podría Celia hablar sin comprometer su dignidad y al mismo tiempo sin arriesgar su empleo? ¿Cómo puede cualquiera de nosotros mejorar su comunicación con los demás? Y por encima de todo: ¿cómo podemos ser auténticos en situaciones difíciles y, al mismo tiempo, mejorar la relación con nuestros interlocutores y la efectividad en la acción? En este capítulo y los siguientes, exploraremos estas preguntas y veremos cómo transformar conversaciones malogradas en oportunidades de aprendizaje.

El ejercicio de la columna izquierda

El ejercicio de la columna izquierda es una herramienta que permite revelar y analizar la conversación oculta que está por detrás de lo explícitamente dicho. Los pasos son sencillos.

1. La oportunidad de aprendizaje: recuerde una conversación insatisfactoria (Alternativamente, puedo imaginar una conversación difícil que va a tener en el futuro). La conversación puede ser con un compañero de trabajo, un jefe, su conyugue, un hijo, o cualquier otra persona. Puede ser uno-a-uno, en grupo, confidencial o en público; puede ser una interacción cara-a-cara, por teléfono, correo o vía email. El objetivo es utilizar la situación problemática como una oportunidad de aprendizaje, por ellos es fundamental elegir una conversación que no ha funcionado (o se presume que no funcionará) bien. Cuanto peor sea el resultado, mejor materia prima será para el aprendizaje. De hecho, la “mejor” materia prima es la que proviene de interacciones problemáticas recurrentes: disputas repetidas que nos amargan la vida, nos distancian de nuestro interlocutor y reducen nuestra capacidad de acción efectiva. Por ejemplo, un eterno argumento interdepartamental acerca de quién está a cargo de las relaciones con los clientes, o una pelea conyugal por “llegar siempre tarde”.

2. El marco contextual: redacte uno o dos párrafos sobre la naturaleza de la situación. ¿Qué acontecimientos lo llevaron (o llevarían) a tener esa conversación? ¿Cuál fue el contexto donde tuvo lugar? ¿Quiénes participaron en ella? ¿Qué pensamientos y emociones sentía usted al inicio y cuáles intuía que tenían los otros participantes? ¿Cuál fue el problema que la originó? ¿Qué objetivo deseaba usted conseguir? ¿Por qué era importante ese objetivo para usted?

3. La conversación pública: trace una línea vertical en medio de una hoja de papel. En la columna derecha, transcriba el diálogo desarrollado (lo más fidedignamente que le permita su memoria o su imaginación). Escriba sólo las manifestaciones explícitas, evitando interpretaciones o agregados. La prueba de validez de la columna derecha es que su interlocutor debería estar totalmente de acuerdo con lo que allá aparece fue lo que efectivamente se dijo. Deje la columna izquierda en blanco por el momento.

4. La conversación a solas: cuando haya finalizado su trascripción del diálogo, ponga en la columna izquierda los pensamientos y sentimientos propios que no expresó (no se preocupe en este momento por registrar las inferencias que usted haga sobre los pensamientos y sentimientos privados de su interlocutor). Anote sus pensamientos y sentimientos tanto mientras usted hablaba como mientras escuchaba (o, si está haciendo el análisis de una conversación futura, los que supone que albergaría dado el caso).

5. Resultados y reflexiones: después de haber completado los pasos anteriores, escriba uno o dos párrafos sobre los resultados de la conversación y sus pensamientos sobre los mismos incluyendo:

• ¿qué salió mal?,

• ¿por qué considera que salió mal?,

• ¿cuáles fueron los efectos de la conversación sobre el problema tratado?,

• ¿cuáles fueron los efectos de la conversación sobre el vínculo con el interlocutor?,

• ¿cuáles fueron los efectos de la conversación sobre usted? (¿cómo se sintió después?).

6. Autoindagación y rediseño: considere ahora las siguientes preguntas tratando de entender por qué hizo usted lo que hizo y cómo podría mejorar la situación:

• ¿por qué no expresó (o cree que no lo haría) el contenido de su columna izquierda?;

• ¿qué cree que hubiera pasado de haber dicho literalmente lo que pensaba -con respecto al problema tratado; -en su vínculo con el interlocutor; -con usted mismo?;

• ¿qué consecuencias tuvo no haber expresado toda su verdad

-sobre el problema tratado;

-sobre su vínculo con el interlocutor;

-sobre usted mismo?;

• ¿qué supone que contiene la columna izquierda de la otra persona?;

• ¿por qué supone que el otro eligió no decir el contenido de su columna izquierda?;

• ¿qué haría de manera diferente si tuviera nuevamente esa conversación?;

• ¿qué podría hacer ahora para reducir los efectos perniciosos de la conversación?;

• ¿por qué no hizo eso mismo durante la conversación original (o no se le ocurrió antes en la imaginada)?

Tómese el tiempo necesario para investigar cada pregunta; hacerlo puede aportarle un mayor entendimiento de su modelo mental, de su proceso conversacional y del problema en cuestión. Recuerde que es imposible aprender a andar en bicicleta simplemente leyendo acerca de ello; de la misma forma, es imposible aprender a conversar más efectivamente simplemente leyendo acerca de ello. Para aprender es necesario hacer ejercicio.

Algunas personas creen que no pueden hacer el ejercicio porque no tienen columna izquierda. La verdad, sin embargo, es que pensamos mucho más rápido de lo que hablamos. Por lo tanto, siempre queda un remanente de pensamientos sin tiempo material para expresarlos. Cuando la gente dice no tener columna izquierda, ello generalmente implica que creen que su columna izquierda es inocua, pues ellos “dicen todo lo que piensan”. Aunque estas personas puedan creerse muy “honestas”, su nivel de efectividad suele ser bajo, ya que por lo general se encuentran comprometidas en disputas permanentes e improductivas. Decirle al interlocutor que “se vaya al demonio” puede ser una expresión auténtica de sus sentimientos; pero rara vez este exabrupto tendrá consecuencias positivas para la tarea y la relación interpersonal. Su “honestidad” genera fuertes rechazos, dado que es entendida como agresiva e irrespetuosa. En estos casos, el ejercicio puede hacerse igual dejando la columna izquierda en blanco. El trabajo sobre la columna izquierda es mucho más sutil que simplemente aprender a decir todo lo que uno piensa.

El contenido de la columna izquierda

Si uno echa una mirada a su columna izquierda, probablemente encontrará interpretaciones, opiniones, juicios negativos, inferencias, prejuicios y suposiciones sobre el carácter o la motivación de otros. En su columna izquierda también podrá encontrar emociones como miedo, enfado, tristeza, vergüenza, culpa, resignación, resentimiento, alienación, estrés, hastío o ansiedad. A veces las personas también se guardan sentimientos de ternura, compasión, pena, simpatía y amor. Aun cuando estos últimos sentimientos son considerados “positivos”, muchos se sienten incómodos y vulnerables al revelarlos. La intimidad puede ser tan atemorizante como el conflicto.

Cuando uno revisa su columna izquierda y descubre las “sombras” que allí yacen, puede sorprenderse. ¿Es posible que yo tenga pensamientos y sentimientos tan borrascosos? Sí, es posible. ¿Tienen las demás personas pensamientos y sentimientos similares? Ciertamente, sí. Este ejercicio revela un enorme territorio sobre las interacciones humanas, que por lo general permanece oculto. Sin embargo, esto no es tan sorprendente.

No es novedad que guardemos pensamientos y emociones “calientes” en secreto. Después de facilitar este ejercicio con miles de personas, puedo afirmar que nadie se asombró al descubrir que tenía una columna izquierda. Más aún, todos los participantes a los que les pregunté se sintieron capaces de inferir el contenido de la columna izquierda de sus interlocutores. Por eso es notable que actuemos como si nosotros y nuestros interlocutores no tuviéramos columna izquierda, como si no supiéramos lo que sabemos.

Las conversaciones con columnas izquierdas cargadas nos recuerdan la historia del traje del emperador. En este cuento, dos embaucadores convencen al emperador de comprar un traje hecho con una tela mágica “invisible para tontos”. Por supuesto, no hay tal tela ni tal traje, pero para no parecer tontos, el emperador y todo el mundo aparentan ver el traje. La mentira queda expuesta finalmente cuando un niño, sin saber que todos deben guardar silencio, exclama sorprendido que el emperador está desnudo. El secreto en estas conversaciones es que todos tenemos columnas izquierdas, que todos sabemos que tenemos columnas izquierdas, pero todos fingimos no saber que tenemos columnas izquierdas.

Decidiendo qué hacer con su columna izquierda

Uno puede decidir que la mejor manera de tratar con las sombras de la columna izquierda es eliminarlas. “Quizás”, puede pensar, “la forma de mejorar mi comunicación con mi jefe (o mi compañero, cónyuge, hermana, hijo) sea librarme de esas ideas y pensamientos negativos que llenan mi cabeza en cada conversación”. Lamentablemente, esa estrategia no es viable; al menos en el corto plazo.

Las palabras, sentimientos e imágenes que aparecen en su columna izquierda no pueden ser desplazados, eliminados o rehuidos. Uno no puede elegir lo que va a pensar o sentir, de la misma forma en que no puede elegir si tener o no un dolor de cabeza o un ataque de tos. La columna izquierda no es una elección, ocurre con independencia de la voluntad de la persona. Las ideas aparecen sin decisión consciente y no pueden hacerse desaparecer por una decisión consciente. Cuando más trata uno de alejar sus pensamientos y sentimientos, tanto más ellos se aferran; cuanto más trata de ignorarlos, tanto más demandan atención.

De hecho, si se presta atención, se podrá descubrir que en todo momento uno está en medio de un pensamiento o de un sentimiento (Ver el Capítulo 19 en este tomo, “Meditación, energía y salud”). Los pensamientos se descubren desde adentro, ya que la conciencia siempre se encuentra en el seno de aquello de lo que es consciente. No es uno el que elige qué pensamientos o sentimientos tener; podemos decir que son los pensamientos y sentimientos los que eligen venir a uno. Por eso intentar no pensar lo que pensamos, es contradictorio. El poder de decisión que sí tenemos (en el corto plazo) es el de elegir qué hacer con nuestros pensamientos: sin expresarlos u ocultarlos.

Expresar lisa y llanamente la columna izquierda puede producir un alivio inmediato. Como la descarga de cualquier impulso emocional, “vocal” la columna izquierda sobre el otro nos da un cierto placer. Pero los efectos secundarios son severos. Como basuras tóxicas, los pensamientos “crudos” suelen contaminar el espacio conversacional, y generar conflicto, agresión, abroquelamiento, falta de cooperación, recelos sin procesar el contenido de su columna izquierda, su vínculo con los demás se asienta en la inconciencia, la impulsividad y los mecanismos automáticos de defensa. “Vomitar” la columna izquierda puede hacer que uno se sienta mejor, incluso le puede permitir creerse “honesto”. Pero esa “honestidad” es lamentable. Tal honestidad “expresada en forma literal” es totalmente improductiva y antisocial: dificulta la resolución de los problemas, destruye las relaciones humanas y contradice nuestro principio acerca del respeto que nos merece el otro. Esta es la razón por la cual tanta gente conserva escondidas sus columnas izquierdas.

Pero “tragarse” los pensamientos y sentimientos tampoco produce resultados del todo felices. El silencio, si bien evita la dificultad inmediata, no produce soluciones. Al ocultarse información relevante es imposible descubrir (y resolver) la verdadera naturaleza del problema. Cuando la situación real no sale a la luz, se pierde una inmensa cantidad de tiempo discutiendo temas tangenciales. Además, quedarse con todo este material tóxico en las tripas es altamente insalubre. Hay abrumadoras evidencias médicas acerca de cómo esos pensamientos y sentimientos reprimidos se reflejan en trastornos corporales (migrañas, malestares estomacales, alta presión arterial, etc.) y psicológicos (estrés, ansiedad, resentimiento, depresión, etc.). A veces estos conflictos ocultos se vuelcan en el lugar equivocado y la descarga ocurre sobre algún inocente (empleado, cónyuge, hijo). Estos desórdenes psicofísicos amenazan no sólo la calidad de vida, sino también de la vida misma (Muchos oncólogos aceptan hoy la conexión entre emocionalidad reprimida y propensión al cáncer, muchos cardiólogos aceptan hoy la conexión entre emocionalidad reprimida y propensión al infarto). Finalmente, es imposible desarrollar una relación auténtica basada en hipocresía. La sinceridad es condición sine qua non de todo vínculo genuino.

El dilema de la columna izquierda

A esta altura nos encontramos con un terrible dilema.

Primero, uno no puede controlar la aparición de los pensamientos y sentimientos que hay en su columna izquierda.

Segundo, si uno los expresa, puede arruinarlo todo. Los pensamientos y sentimientos de la columna izquierda son tan tóxicos que crean conflictos, impiden la solución de los problemas, pueden destruir los vínculos y atentan contra los valores éticos de la persona.

Tercero, también es malo no expresarlos en absoluto. Las toxinas se vuelven contra uno mismo, que acumula estrés, oculta el verdadero problema, genera relaciones hipócritas y traiciona su propia honestidad.

Esta situación es desesperante en sí misma, pero lo peor es el aspecto que sigue.

Cuarto, ¡realmente no hay alternativa! Aunque podamos guardar los detalles del contenido de la columna izquierda, no se puede esconder su energía.

Tal vez uno crea que puede ocultar sus conversaciones internas, exhibiendo públicamente una cara impasible. Ciertamente es posible mantener secretos los detalles de la columna izquierda, pero su esencia se trasluce. De la misma manera que tenemos una idea aproximada (o una inferencia) sobre la columna izquierda del interlocutor, este tiene una idea aproximada sobre la nuestra. ¡Y si no la tiene, se imaginará una columna izquierda aún más ponzoñosa y negativa que la verdadera!

Podemos pensar que la identidad pública, esa cara controlada que presentamos al mundo, es todo lo que los otros ven. Imaginamos que el resto de nuestra personalidad queda al margen (aquellas partes consciente o inconscientemente ocultas). El Diagrama 1 representa la forma en que pensamos la interacción.


Diagrama 1. Cómo pensamos que nos comunicamos

Cada persona tiene un discurso público, uno privado (que se reserva) y uno oculto (que ni siquiera él conoce). La interacción (flechas gruesas) parece ocurrir entre los discursos públicos, mientras que los otros se mantienen escondidos. No revelar los discursos privados y ocultos, sin embargo, no parece ser importante. Ellos son “pequeños” en relación a los discursos públicos.

En realidad, las interacciones humanas se acercan más al diagrama 2. En él, el discurso público es el relativamente “pequeño” y al ocultar el discurso privado se sustrae una parte importante de la información relevante. Lo que ayuda (¿ayuda?), sin embargo, es que ocultar el discurso privado es imposible. Uno puede tratar de esconder o ignorar sus pensamientos y emociones perniciosos, pero se traslucen. Intentar tapar la columna izquierda (privada) con la derecha (pública) es tan imposible y frustrante como intentar cubrirse en una fría noche de invierno con una frazada de bebe. A veces los sentimientos y pensamientos más profundos (ocultos) resultan evidentes para el interlocutor mientras que permanecen en el punto ciego de la propia conciencia.


Diagrama 2. Cómo nos comunicamos realmente

El “cuatrilema” (dilema de cuatro dimensiones) comunicacional parece insoluble. Pero no todo está perdido. Un viejo proverbio sugiere una forma de salir de esta encrucijada: “Cuando te enfrentes a dos malas opciones…”, dice el refrán, “…elige una tercera”.

Transformando la columna izquierda

Todo dilema nace a partir de una condición de contexto que se supone invariable. Al modificar esta condición, la “tercera opción” del proverbio sale a la luz. En el caso de la columna izquierda, el supuesto a reconsiderar es que los pensamientos y sentimientos tóxicos deben mantenerse en su forma original. Por eso, “decirlos” o “no decirlos” se presenta como única alternativa. Pero hay otra: “procesarlos”, destilando la columna izquierda hasta encontrar su esencia de pureza y efectividad. Al igual que al petróleo crudo, podemos refinar nuestra columna izquierda y transformarla en energía que impulse nuestra efectividad, nuestros vínculos y nuestra dignidad. La misma columna izquierda que genera las peores rutinas defensivas es la materia prima capaz de cimentar conversaciones más efectivas, amistosas y honorables.

En Un camino con corazón, Jack Kornfield2 cuenta la historia de tres hombres, cada uno en un estadio diferente de sabiduría, que se encuentran con un árbol venenoso. El primer hombre, mirando sólo el riesgo personal, quiere talarlo. Su reacción es: “Destruyámoslo antes que alguien coma su fruto contaminado”. El segundo hombre, más adelantado en el camino de la sabiduría, no tiene miedo; aprecia la tensión existente entre la belleza y el peligro del árbol. Sabe que estar abierto a la vida demanda una actitud comprensiva por todo lo que existe. “No talemos al árbol”, dice, “pero pongamos un cerco a su alrededor para que nadie se envenene”. El tercer hombre, más avanzado aún en el camino de la sabiduría, dice: “Oh, un árbol venenoso. ¡Perfecto! Exactamente lo que estaba buscando. Tomaré sus frutos y los utilizaré para preparar medicinas”.

Las interacciones tóxicas pueden envenenar los vínculos. Pero como todos los venenos, las mismas toxinas conversacionales contienen los agentes necesarios para transformar los vínculos difíciles en inmensas oportunidades de aprendizaje. El desafío es desarrollar habilidades y sabiduría para aprovechar esas oportunidades.

El objetivo de procesar la columna izquierda es crear nuevas formas de pensar, de ser y de interactuar que resulten más efectivas. Al tomar conciencia de los pensamientos y sentimientos que yacen debajo de la superficie, uno puede identificar qué es importante y por qué es difícil expresarlo. La experiencia de quienes han analizado estos casos, revela que generalmente lo que impide la comunicación es la forma superficial, no el contenido profundo. Al pulir la columna izquierda en busca de su expresión esencial, lo que se encuentra es altamente generativo. El problema es que este corazón precioso, como todo diamante en bruto, está recubierto por una capa de carbón tóxico. El secreto está en quitar la capa irritante y revelar el valioso centro.

Tres niveles de expresión

La columna izquierda está compuesta por reacciones automáticas: pensamientos y sentimientos evocados por la situación, que aparecen más allá de todo control voluntario de la persona. Como explicamos, esta capa reactiva es sumamente tóxica, por lo cual (sanamente) la mayoría de las personas intenta mantenerla fuera de la conversación. La estrategia más corriente es esconderla detrás de una capa de maquillaje que lo haga parecer a uno más civilizado. Pero, como dice el refrán: Aunque se vista de seda, la mona, mona queda. Aunque se cubra de urbanidad, la columna izquierda sigue siendo tóxica. Es por ello que tanto decirla (derramarla) como no decirla (taparla) son estrategias conversaciones fallidas.

Cada una de estas capas corresponde a cierta porción de nuestra auto-imagen (Desarrollamos este punto más profundamente en el Capítulo 25, Tomo 3, “Identidad y autoestima”). La capa reactiva es quien uno cree (y teme) ser. En la intimidad de la propia mente, uno se ve como “naturalmente” tóxico. Ello genera vergüenza y miedo de ser descubierto. Por eso es que la máscara de la columna derecha no es sólo una estrategia para controlar la conversación; es también un intento de controlar la imagen que uno proyecta hacia el exterior. El afán es conseguir que los demás crean que uno es algo que realmente no es.

La paradoja es que quien uno auténticamente es, en lo profundo de su corazón, es mucho más brillante aún que quien uno pretende ser en su fachada. La clave es sumergirse hacia lo más hondo de uno mismo, y encontrar el diamante en bruto que yace allí escondido. Procesando este diamante, es posible disolver el dilema operando simultáneamente con efectividad, respeto, honestidad e integridad.


Los pasos del procesamiento de la columna izquierda

El primer paso del procesamiento es la toma de conciencia. Antes de ser auténtico con los demás uno debe ser auténtico consigo mismo. El mero hecho de escribir la columna izquierda implica un esfuerzo de auto-observación genuina. A esto le sigue el proceso de auto-aceptación. Necesitamos abrir la conciencia para aceptar incluso aquellas cosas que contrarían nuestra auto-imagen. Es imposible transformar en forma consciente aquello que permanece inconsciente. Aceptar, sin embargo, no quiere decir validar. Uno puede aceptar que experimenta un impulso automático de agredir a quien está en desacuerdo con lo que dice, pero eso no significa que sucumba (apruebe) esa tentación. El espíritu de aceptación no tiene nada que ver con el espíritu de indulgencia.

El segundo paso es la asunción de responsabilidad. Hacerse cargo de que uno siempre tiene la posibilidad de responder a sus circunstancias. La clave de la transformación es sentirse protagonista, ser proactivo y encarar el esfuerzo de modificar la conducta propia como palanca para modificar situación. La persona responsable, mira con autenticidad su columna izquierda y se pregunta: ¿En qué medida estoy contribuyendo a la pobreza de esta conversación? ¿En qué medida puedo responsabilizarme de la creación y persistencia (¡y posible cambio!) de estas rutinas defensivas?”. Este interrogatorio no excluye que la otra persona también pueda hacerse responsable, pero es más operativo hacerse cargo de que es uno quien puede influir sobre los resultados que lo afectan. En el mejor de los casos, cada interlocutor estará asumiendo un 100% de responsabilidad por el proceso y los resultados de la interacción. Llamamos a esto operar con 200% de responsabilidad en la relación.

Tomar la responsabilidad es distinto a cargar con culpas. Culparse y condenarse sólo perpetúa las rutinas defensivas. Uno puede hacerse cargo de su columna izquierda sin echarse culpas (y, por supuesto, sin culpar al otro). En vez de creer que la columna izquierda es un “error” o una “desgracia”, quien opera con responsabilidad comprensiva, considera a los pensamientos difíciles como la semilla para una mejora en la efectividad y en las relaciones.

El tercer paso es revisar las propias intenciones respecto de la conversación. Como analizamos en el Capítulo 6 (Tomo 1, “Del control unilateral al aprendizaje mutuo”, en nuestra cultura existe una tendencia automática a dominar la conversación: tener el control es más importante que ser efectivo. Objetivos como “convencer al otro de que tengo razón”, “hacer que cambie de idea” o “conseguir que haga lo que quiero” son sospechosos. La regla de oro a aplicar aquí es: “no hagas a los demás lo que no quieres que ellos te hagan a ti”. A nadie le gusta sentirse manipulado, por lo tanto es contraproducente intentar manipular a los demás. La manera de transformar estos objetivos −objetivos que llamamos “de resultado otro-dependiente” ya que están bajo el poder de otros− es convertirlos en objetivos de proceso o “auto-dependientes”: en vez de condicionar el éxito a la conducta del otro, incorporar una condición de satisfacción sólo condicionada a la conducta de uno mismo.

Por ejemplo, “convencer al otro de que tengo razón” se convierte en “explicarle mi razonamiento”; “hacer que cambie de idea”, en “mostrarle las ventajas que veo en una idea alternativa”; y “conseguir que haga lo que quiero”, en “pedirle que haga lo que quiero e incentivarlo mostrándole los valores que ambos podemos adquirir”. Estos objetivos de proceso no niegan los deseos de resultado, pero en vez de expresarlos en forma manipuladora, se presentan respetuosos de la autonomía del otro.

El cuarto paso es analizar críticamente las opiniones e interpretaciones de la columna izquierda. Este análisis (descrito con mucho mayor detalle en los capítulos siguientes) ayuda a ver que la columna izquierda no es la verdad, sino una perspectiva posible de la situación. El análisis pasa por los siguientes puntos:

a) “apropiarse” de la opinión reconociendo que es una expresión subjetiva,

b) buscar los hechos que la sustentan,

c) identificar y analizar los criterios con los que se comparan las observaciones,

d) encontrar el interés o preocupación que hace que la opinión sea relevante,

e) estimar las consecuencias para la acción que devienen de esa interpretación, y

f) comparar esas acciones posibles con los valores éticos personales, para elegir un curso de acción efectivo y honorable.

El último paso es

g) darse cuenta de que así como uno puede procesar su propia columna izquierda, también puede procesar las expresiones tóxicas de sus interlocutores.

El mismo filtro que uno aplica para refinar su columna izquierda puede aplicarse a las partes “urticantes” de la columna derecha de su interlocutor. La imagen refleja del análisis que abarca los puntos desde a) hasta f) es un proceso de indagación en el que se invita al interlocutor a tomar conciencia y responsabilidad por sus opiniones y a fundarlas de manera efectiva (Ver, en este tomo, el Capítulo 11, “Exponer e indagar”).

Las tres fases de las conversaciones

Para rediseñar una conversación de modo de aumentar su calidad (mayor efectividad, mejores relaciones, más dignidad y autosatisfacción), es útil distinguir tres etapas secuenciales: preparación, ejecución y reflexión, donde la reflexión se convierte en la fase de preparación de la secuencia siguiente.

1. Preparación. Antes de iniciar la conversación, conviene preparar el contexto. Crear las circunstancias externas (tiempo, lugar, participantes, información previa, etc. internas (objetivos claros de aprendizaje mutuo, serenidad, conciencia) adecuadas. Estos preparativos no son estrategias para “vencer” o “convencer” a su interlocutor; el propósito de la conversación no es ganar, sino ser efectivo en los tres niveles fundamentales: en la tarea, en la relación con el interlocutor y en los valores personales.

He aquí algunas preguntas que pueden ayudar a preparar una conversación de alta calidad.

• Qué hace importante a esta conversación?

• ¿Cuál es la preocupación o el interés que me impulsa a tener esta conversación?

• ¿Podemos enfocar el tema de inmediato, o necesitamos primero solucionar otros asuntos pendientes?

• ¿Cuál es el estado emocional entre mi interlocutor y yo?

• ¿Qué quiero que pase con respecto a la tarea?

• ¿Cuál es la relación que quiero construir con mi interlocutor?

• ¿Qué valores quisiera usar como guía de mi comportamiento?

• ¿Cuáles serían las circunstancias más adecuadas para tener esta conversación (cuándo, dónde, cuánto tiempo, con quién, en qué forma, personalmente, por teléfono, e-mail; etc.)?

Estas preguntas son también válidas para los otros participantes de la conversación. La mejor forma de iniciar una interacción de aprendizaje mutuo es con una preparación compartida (Como describimos en el capítulo anterior el “check-in”).

Si uno se pone inquieto simplemente por pensar en la conversación, o si descubre miedos y fantasías perturbadoras, resulta conveniente buscar el apoyo de un coach para ensayar una dramatización. La dramatización es un espacio de práctica sin riesgos, donde se pueden explorar cursos alternativos de acción y sus consecuencias. Esta exploración permite poner a prueba las propias ideas y aumentar la capacidad de respuesta frente a movidas inesperadas del interlocutor.

2. Ejecución. Durante la interacción, la prioridad es mantenerse consciente. La dificultad más grande es “acordarse” de usar en forma correcta las herramientas conversacionales en medio de la acción. En el calor de la discusión, es fácil caer presa de impulsos emocionales y “poner la lengua en movimiento antes que el cerebro en funcionamiento”. Por eso es necesario adquirir una disciplina fundamental, una práctica que precede al uso de cualquier herramienta: la respiración consciente.

Cuando uno siente aumentar la presión de la columna izquierda, en vez de sucumbir a ella (“vomitando” el material tóxico) o de reprimirla (“tragándolo”), puede hacer una respiración profunda. En el espacio de tiempo necesario para inhalar y exhalar (aproximadamente 10 segundos) la mente puede realizar millones de operaciones. La respiración consciente permite la aceptación de emociones y pensamientos, el análisis crítico de su validez y el diseño de su expresión efectiva y honorable. Respirar de esta manera alista el cuerpo, las emociones y la mente para usar las herramientas conversacionales. La conciencia corta el círculo vicioso de la agresión y la reacción, para abrir una perspectiva más efectiva y honorable.

Esto resulta difícil. Tan difícil como ejecutar un swing de golf. Por eso necesita una práctica sostenida y diligente. El aprendizaje de las herramientas para procesar la columna izquierda requiere del “gimnasio” más que de la “biblioteca”. La incorporación psico-física de estas habilidades tiene un componente cognitivo (leer estas páginas, por ejemplo) pero para hacerlas automáticas, tan automáticas como un swing de golf, es necesario ejercitarlas en forma recurrente (Ver el Capítulo 19, “Meditación, energía y salud”, para descubrir prácticas meditativas que ejercitan estas habilidades).

El momento crítico de la conversación es aquel en el que uno se da cuenta del contenido de su columna izquierda. Entonces se presentan tres posibilidades: reprimir los pensamientos y sentimientos, manifestarlos impulsivamente, o procesarlos conscientemente. Quien opera con el “piloto automático”, generalmente cae en alguna de las dos primeras rutinas. Quien ha desarrollado la habilidad de respirar-reflexionar-en-la-acción, puede elegir la tercera. Puede “parar la pelota” y reflexionar: “¿Qué estoy buscando, tener razón, o ser efectivo? ¿Me interesa más ganar, o cooperar en la búsqueda de soluciones? ¿Qué acciones son las más congruentes con mis valores en estas circunstancias?”.

3. Reflexión. El ejercicio de la columna izquierda es un ejemplo de reflexión. Con posterioridad a los hechos, uno puede revisar la conversación buscando oportunidades de aprendizaje y mejoramiento. Preguntas que ayudan a reflexionar son: “¿Qué podría haber hecho distinto?”; “¿Qué podría hacer ahora para corregir lo que pasó (reencarrilar la tarea, reparar el vínculo o restablecer mi integridad)?”; “¿Qué puedo aprender de esta situación que me sirva para mejorar mis futuras interacciones?”.

La reflexión es también el primer paso para la preparación de futuras conversaciones. Las oportunidades de mejora y aprendizaje descubiertas se convierten en el disparador de las próximas acciones e interacciones. Por ejemplo, al advertir que uno ha quedado insatisfecho por no haber manifestado su verdadera opinión, puede investigar qué lo contuvo y cómo podría expresar la esencia de su verdad en forma habilidosa. Luego, tal vez con la ayuda de un coach, podría practicar la nueva conversación y, si resulta adecuado, solicitar al interlocutor otra reunión para resolver sobre el tema.

De la conversación a la meta-conversación

A veces el problema no está en el texto de la conversación sino en su contexto. Por ejemplo, un clima de resentimiento puede teñir las interacciones de los participantes haciéndolas improductivas aun cuando usen “las palabras correctas”. Un principio conversacional básico es que aunque una conversación sea adecuada, si ocurre en el contexto inapropiado resulta una conversación inadecuada. Cualquiera que haya intentado razonar con alguien exaltado puede atestiguar sobre lo inútil del ejercicio. Igualmente, nos frustramos cuando tratamos de resolver un problema complejo en un pasillo. Por eso, si uno sospecha que hay factores contextuales que están afectando la conversación, conviene hacer un alto y proponer una meta-conversación, vale decir una conversación sobre cómo conversar.

La meta-conversación convierte al contexto en texto. El “clima” que tiñe y condiciona la conversación se torna en el “tema” de la meta-conversación. Por ejemplo, al advertir una cierta impaciencia en su interlocutor, uno podría comentar: “Me parece que tiene usted prisa. ¿Es éste un buen momento para conversar? Tal vez podríamos encontrarnos más tarde y hablar con más calma…”. O, sospechando que viejos temas pendientes están impidiendo avanzar en la conversación, decir: “Me pregunto si las dificultades que hemos tenido en el pasado no estarán influyendo sobre nosotros. Quizás podríamos agotar ese tema antes de abrir este. ¿Qué piensa usted?”.

En los casos más extremos, puede ser conveniente retirarse de la conversación completamente. Si la otra persona se desequilibra emocionalmente al punto de volverse agresivo (o si es uno el que se descubre “saliéndose de las casillas”) lo mejor es, quizás, hacer un alto y tomar distancia. Siempre es posible retomar la conversación cuando los ánimos se aquieten. Uno podría excusarse diciendo, por ejemplo, “Lamento haberte irritado. Te propongo que hagamos un espacio para reflexionar sobre el tema y volvamos a conversar mañana…”, o “No me siento cómodo discutiendo esto tan acaloradamente. Quisiera tomarme un respiro. ¿Qué tal si hacemos un recreo y seguimos dentro de media hora?”.

Proponer una meta-conversación es una acción osada, por lo cual requiere de tacto y pericia. Antes de aplicar las herramientas conversacionales al contexto, es conveniente desarrollar la habilidad de aplicarlas al texto.

La columna izquierda en el largo plazo

Hemos dicho que es imposible elegir los pensamientos que aparecen en la columna izquierda; debemos ahora calificar esa afirmación. Ciertamente, en el instante en que uno se descubre un sentimiento tóxico es imposible evitar experimentarlo: uno ya lo está sintiendo. Lo que sí es posible es entrenar la conciencia mediante una práctica diligente para minimizar la aparición de estos pensamientos y sentimientos, y para manejarlos más habilidosamente en el momento en que aparezcan.

Una metáfora para este proceso es lo que pasa con los músculos. Si en este preciso instante yo intentara levantar una pesa de 100 kg, con toda seguridad fracasaría; no tengo la fuerza suficiente. Aun aplicando toda mi voluntad, sería imposible lograr mi objetivo. Puedo decir entonces, que es imposible para mí levantar 100 kg. Esa imposibilidad, sin embargo, no es necesaria (como lo sería mi imposibilidad de levantar 1.000 kg) sino contingente. Por el momento mis músculos no son lo suficientemente poderosos para realizar la tarea; por el momento. Pero si me embarco en un programa de entrenamiento, al cabo de un cierto tiempo podría llegar a desarrollar la potencia muscular necesaria para lograrlo. Literalmente, el ejercicio es capaz de cambiar mi construcción física, aumentando mi masa muscular y produciendo cambios fisiológicos en mi organismo.

La clave es el tipo de programa de entrenamiento en el que me embarque. Si uso sólo “el poder de mi visión” y “el pensamiento positivo”, probablemente no alcance grandes resultados. Imagíneme frente al espejo todas las mañanas repitiendo durante cinco minutos la afirmación: “Mis músculos crecen momento a momento; me voy poniendo más fuerte día a día”. Es altamente improbable que ese único “ejercicio” dé el resultado esperado. No es que las afirmaciones sean inútiles −hay gran cantidad de investigaciones que validan el poder del diálogo interno para afectar a las personas− el problema es que este ejercicio es el único que hago. La voluntad debe traducirse en acción para generar resultados. Óptimamente, luego de mis afirmaciones, me iría al gimnasio donde trabajaría con un entrenador (coach) para alcanzar mis objetivos. Las buenas intenciones son efectivas cuando hacen de prolegómeno a las buenas acciones.

Con la columna izquierda pasa algo parecido. En el instante de la conversación es imposible cambiar mi constitución psicológica. Si me digo con todas mis fuerzas: “Soy una buena persona y no tengo sentimientos negativos”, probablemente empeore las cosas. Además de seguir albergando los sentimientos negativos, ahora tengo culpa por experimentarlos. Pero si me embarco en un programa de entrenamiento (con ejercicios conceptuales como los sugeridos en este libro) al cabo de un cierto tiempo podré modificar mi manera automática de responder a las situaciones. La capacidad reflexiva, la responsabilidad, la integridad incondicional, la compasión, el respeto y otras virtudes son tan desarrollables como los músculos. Para aumentar estas competencias es necesario tomar la vida como un gimnasio y dedicarse a entrenar permanentemente. De hecho, al encontrar un desafío, uno puede sonreír con satisfacción frente a la posibilidad de practicar con la “pesa” más pesada. Esta “pesa” es la más efectiva para generar “músculo”.

Celia y Patricia

Si Celia hubiera utilizado el ejercicio de la columna izquierda para rediseñar su encuentro con Patricia, podría haber tenido una conversación muy distinta.


Lo que Celia pensó y sintió en privado Lo que dijeron Celia y Patricia
Mi objetivo es ser útil. No soy la dueña ni la CEO de esta empresa, así que sólo puedo ofrecer mi mejor idea y dejar que los responsables tomen la decisión. Celia: Hola Patricia, ¿puede atenderme unos minutos? Quisiera hablarle de los cambios propuestos a la política de incorporación de personal.
¿Unos pocos minutos? (Respiro hondo) En fin, haré lo que pueda. Patricia: Hola Celia. Pero sólo unos pocos. El CEO…
Típico. Bueno, por lo menos me puedo reír y no tomármelo tan a pecho. Tal vez sea mejor buscar un mejor contexto. Celia: …necesita verla nuevamente, (risas). Tal vez deberíamos hablar en otro momento más conveniente.
De acuerdo: aprovechemos el tiempo. Patricia: No se preocupe. Empecemos ahora y si no alcanza el tiempo seguimos después. ¿Qué puedo hacer por usted?
La gente va a pensar que somos unos explotadores. Esto va a traer malas consecuencias… Celia: Estoy preocupada por el cambio de la política de incorporación. Me parece que las nuevas reglas de juego contradicen nuestro compromiso con los aspirantes que están a prueba.
Si yo fuera la dueña no actuaría así. Pero no soy la dueña. O tal vez, si yo fuera la dueña, sí actuaría así. Es fácil para mí ser generosa cuando se trata del dinero de otros… Patricia: Ah sí, puede ser. Pero la decisión está tomada, el jefe ya aprobó las nuevas reglas. Lo único que hay que hacer es llevar a cabo los cambios e informarlos a la gente.
La ecuación es más complicada de lo que la está planteando. Además del efecto inmediato, hay un efecto reputación a largo plazo. No sé si los ejecutivos están totalmente conscientes de las consecuencias de su decisión. Celia: Entiendo la razón de estas medidas frente a la posible reestructuración. Mi preocupación es que este cambio sea un torpedo para la moral del personal y para el atractivo de nuestra empresa en el mercado de trabajo. ¡Se nos va a hacer muy difícil contratar gente de alto potencial! Ayer he estado pensando mucho sobre eso.
Exactamente, y para esa decisión les convendría tener toda la información. Patricia: Sí, eso no sería bueno. Pero tenemos que decidir las prioridades.
Tal vez haya formas de resolver este dilema con menor coste emocional. Me gustaría explorar opciones con los empleados y ver qué les serviría a ellos para sentirse menos golpeados. Celia: Está claro. Lo que me gustaría es hacer algunas sugerencias para tratar de mantener la flexibilidad, minimizando el daño al compromiso del personal. Antes de hacer el anuncio quisiera tener algunas conversaciones con los empleados para ver qué podemos hacer para suavizar el golpe…
¡Cuánto más razonable está hoy Patricia! Me pregunto si los ejercicios que hice antes de esta conversación tendrán algo que ver con su cambio. Patricia: suena sensato. Personalmente no tengo inconveniente en buscar la mejor manera de hacer los cambios. Déjeme verlo con el CEO y le contesto hoy a la tarde.
Bueno, ya que voy a pedir, pediré lo que quiero. Total, lo peor que puede pasar es que me digan que no. Celia: Gracias. Me ayudaría mucho si usted averiguara qué recursos tenemos para incentivar a la gente. Tal vez podamos ofrecer algún bono para aquellos que decidan asumir el mayor riesgo de quedarse en la compañía. Como mínimo, me gustaría conseguir permiso para explicarle a la gente cómo las condiciones del mercado hacen imperativo para nosotros tener más flexibilidad laboral.
¡Patricia está irreconocible! Patricia: Seguro. Conversaré de esto en mi reunión con el jefe. (Suena el teléfono). Hablando de Roma…
Así da gusto conversar. Ojalá hubiera tenido estas herramientas años atrás. Celcilia: Espero su llamada. Muchas gracias por su atención.
Para mí también. Patricia: Fue un placer.

En cada conversación inefectiva se esconden semillas para el aprendizaje y la transformación. Tal vez la competencia más importante de los seres humanos y de las organizaciones sea la capacidad de procesar los errores para convertirlos en oportunidades de mejora, dado que son, justamente, la materia prima del crecimiento. El ejercicio de la columna izquierda brinda un marco para analizar las interacciones problemáticas en aras de aumentar la efectividad, establecer vínculos más generativos y desarrollar la dignidad personal.

El precio de este proceso es abrir los ojos a aquellas rutinas automáticas que se mantienen enquistadas en nuestros modelos mentales y culturales. Para ello debemos aceptar la responsabilidad de transformarlas, más allá de la casualidad. Aunque uno no haya inventado la cultura del engaño y la hipocresía, puede elegir ser el pivote de cambio a cultura. Así como todos los seres humanos giramos juntos con la rotación de la tierra, también todos nos movemos en armonía con las corrientes sociales. Sin embargo, algunos seres humanos se elevan hacia la frescura de las cumbres y otros se hunden en la fetidez de los pantanos.

Referencias

1. Argyris, Chris, y Shön, Donald: Theory in Practice, Jossey-Bass, San Francisco, 1974.

2. Kornfield, Jack: Un camino con corazón. Una guía a través de los peligros y promesas de la vida espiritual, La Liebre de Marzo, Barcelona, 1997.

CAPÍTULO 10
OBSERVACIONES Y OPINIONES

EDUARDO LANZÓ EL INFORME sobre el escritorio sin ninguna ceremonia:

—¡Esto es un desastre!

—¡No puede ser! −reaccionó Clara, sorprendida y furiosa−

Me pasé cinco días preparándolo.

—Cinco días perdidos. Esto no sirve para nada. Es muy largo, está mal redactado y peor expuesto. Además, no está clara la conclusión. Es una sarta de incoherencias. ¿Cuántas veces tengo que explicarle la importancia de estos informes? Por favor, rehágalo ya mismo. Necesito algo aceptable para presentar en la reunión.

Mientras Eduardo salía al corredor, Clara estrujaba el informe mascullando:

—¡Qué hombre difícil! Nada le viene bien. No tengo la menor idea de lo que espera de mí. En fin, otra noche en vela…

Eduardo, el jefe, evalúa que el informe de Clara no es aceptable y le pide que lo rehaga. Clara, la empleada, ha trabajado duro para preparar el informe y cree que Eduardo es demasiado exigente. Eduardo piensa que Clara es descuidada y rebelde; Clara piensa que Eduardo menosprecia su trabajo, que le da instrucciones confusas y que no toma en consideración su esfuerzo. Lo peor del caso es que aun después de este encuentro (más bien digamos “encontronazo”), Clara no cuenta con mayor información acerca de lo que quiere Eduardo. Probablemente su nuevo esfuerzo será en vano. Clara no puede leer la mente de Eduardo, y la conversación no le ha dado ninguna pista sobre cómo reescribir el informe para que se adecue a los deseos de su jefe.

Este es otro caso típico de interacción nociva, que no resuelve los problemas −o peor aún, los agrava−, deteriora los vínculos personales y aumenta el nivel general de estrés. Lamentablemente, estos casos abundan en las organizaciones y en las familias.

¿Cuántas veces criticamos pública o privadamente a los demás? ¿Cuán a menudo nos sentimos lastimados por los juicios de otros? ¿Quién no ha visto trabajos, relaciones y personas dañados por opiniones mal expresadas a ellos mismos o a terceros? La expresión de opiniones en forma inconsciente tiene efectos altamente perniciosos; sin embargo, es una de las prácticas más usuales en las organizaciones. La conversación entre Eduardo y Clara se repite a diario en oficinas y hogares de todo el mundo.

Conversaciones como la relatada destruyen la efectividad, dificultan la coordinación de acciones, impiden el compañerismo y nos amargan la vida. A menudo, nuestros intentos de trabajar en equipo o vivir en comunidad dan como resultado discordias y resentimientos. Tal vez por eso las encuestas revelan una y otra vez que uno de los problemas más serios que enfrentan las empresas son los que tienen que ver con la “comunicación”.

Comunicarse no es intercambiar palabras. La comunicación es la forma como los seres humanos coordinan acciones para hacer que su efectividad conjunta supere la suma de sus habilidades individuales. La esencia de la organización es el espacio comunicacional, en el cual sus integrantes pueden desarrollar vínculos productivos y sinérgicos. Por eso, la tarea fundamental del líder es establecer y mantener una cultura que apoye este tipo de vínculos. Lamentablemente, ante la falta de liderazgo, la falta de una cultura productiva y la falta de habilidad para comunicarse con efectividad, muchas de las relaciones humanas propician el caos. La falta de comprensión mutua lleva a que, en vez de agregar valor, las interacciones lo destruyan.

Uno de los problemas fundamentales de la comunicación es la confusión entre observaciones (hechos) y opiniones (juicios). Cuando las personas presentan sus interpretaciones como si fueran verdades absolutas, es imposible operar con efectividad y respeto mutuo. Cuando cada interlocutor cree que su opinión es la única verdad, la conversación se vuelve una lucha por la razón (en el supuesto de que hay una sola) y el objetivo inicial de maximizar la eficiencia del conjunto y el bienestar de cada uno de los participantes queda relegado. El nuevo objetivo es demostrar que uno está en lo correcto y que los demás están equivocados.

Este modelo de “ganar-perder” se manifiesta en el lenguaje. La manera de hablar y la manera de pensar son dos caras de la misma moneda (el modelo mental), por eso usaremos al lenguaje como herramienta de diagnóstico y mejoramiento. La confusión entre hechos e interpretaciones genera graves problemas en la comunicación; por eso proponemos un modelo comunicacional que en vez de estar centrado en la verdad, está centrado en la efectividad.

Observaciones y opiniones

Considere las siguientes proposiciones:

1. “La silla es roja”. “El informe tiene 6 páginas”. “Marcos está en su oficina”.

2. “La silla es elegante”. “El informe es escueto”. “Marcos está en problemas”.

Las seis proposiciones parecen similares: todas se refieren a cosas o personas, todas les adjudican propiedades (apariencia, ubicación, etc.), todas parecen describir esas cosas o personas. Cómo es la silla, cómo es el informe, dónde está Marcos. Pero hay diferencias significativas entre el primer grupo y el segundo.

“La silla es roja”, “El informe es de 6 páginas” y “Marcos está en su oficina”, son observaciones.

“La silla es elegante”, “El informe es escueto” y “Marcos está en problemas”, son opiniones.

Las observaciones, por ejemplo “Vicente tiene 37 años”, son afirmaciones fácticas acerca de una realidad externa que los interlocutores pueden observar. Se las considera objetivas, aunque más correctamente deberíamos decir “inter-subjetivas”, dado que no dependen de la persona específica que las enuncia. Son verdades (o falsedades) que se revelan obvias en forma inmediata y pueden ser verificadas por cualquier “testigo”.

Las opiniones, por ejemplo “Vicente es joven”, son afirmaciones acerca de la experiencia interna (ideas, emociones, sensaciones, gustos) de quien las expresa. Se las considera subjetivas, ya que pueden no ser compartidas por otros observadores. Dos interlocutores pueden aceptar sin problemas que Vicente tiene 37 años y estar en total desacuerdo sobre si es joven o no para el puesto de vicepresidente de finanzas. Las discusiones improductivas comienzan cuando los interlocutores intentan argumentar sobre la juventud de Vicente como si estuvieran discutiendo acerca de su edad.

Observaciones

El propósito de una observación es establecer un escenario común, aceptado como base por todos los interlocutores. Las observaciones permiten generar una imagen compartida de la realidad en la que se encuentran los participantes de la conversación. Como todo acto lingüístico, la observación apunta a la acción. Por eso, una observación efectiva es aquella que permite a quien la hace (y a quien la escucha) actuar con eficacia y eficiencia. Por ejemplo, si quiero hablar con Marcos y le pregunto a un colega “ ¿Dónde está Marcos?”, la respuesta “Marcos está en su oficina”, me provee de información adecuada para guíar mis acciones.

Al decir “Marcos está en su oficina”, mi colega está haciendo una observación, una descripción de hechos. Estos hechos son incontrovertibles e inmediatamente observables para cualquiera que, además de conocer a Marcos y saber dónde queda su oficina, no sea ciego y hable castellano. Las observaciones son declaraciones que cualquier miembro de una comunidad puede identificar, sin lugar a dudas, como verdaderas o falsas. Llamamos a esa comunidad una “comunidad bio-lingüística”: un grupo de personas que comparten una misma condición biológica y un mismo lenguaje. Cualquier integrante de esa comunidad puede comprobar aquello que dice quien habla a través de una prueba irrefutable: la información directa de sus cinco sentidos.

Observaciones efectivas

Una observación efectiva está fundamentada en evidencias. Al efectuar una observación, quien habla se compromete a ofrecer evidencias como respaldo. Si alguien cuestiona que Marcos esté en su oficina, podemos decirle que mire. Si alguien quiere comprobar que la radio está encendida, podemos indicarle que oiga. Si alguien duda de que hay una puerta de vidrio frente a él, podemos indicarle que toque. Ante un desafío, el observador debe recurrir al imperativo “pruebe”. El fundamento último de toda observación es la experiencia del observador. Una observación está solidamente fundamentada cuando se asienta en la realidad sensorial de los interlocutores.

Una observación efectiva es verdadera. Las observaciones pueden ser verdaderas o falsas. Si uno mira la silla y ve que es roja, dirá que la observación es verdadera; si ve que es azul, dirá que la observación es falsa. La forma de constatar la verdad de una afirmación es verificar que sus palabras se ajustan al mundo que aparece ante los sentidos. Si las palabras son congruentes con la experiencia de los interlocutores, la observación será verdadera (para ellos). Si las palabras no son congruentes con su experiencia, la afirmación será falsa. Lo crucial para la veracidad de la afirmación es que debe ser indiscutible. La verdad debe ser tan comprobable y obvia para quien se halle ante ella, que cualquiera que la cuestione se encontrará bajo la sospecha de ser ciego, de no entender el idioma, estar bromeando o estar desequilibrado.

Una observación efectiva es “experimentable”. Es posible que haya desacuerdos sobre proposiciones fácticas. Por ejemplo, mientras algunos afirman que “los objetos más pesados caen más rápido que los livianos”, otros aseveran que “los objetos caen a la misma velocidad independientemente de su peso”. Estas proposiciones contradictorias sólo pueden existir con antelación a la experiencia. Al comparar la velocidad efectiva de caída de dos objetos de distinto peso, la verdad o falsedad de la afirmación se manifiesta en forma irrefutable. El llamado “método científico” es el proceso de verificación empírica de las afirmaciones fácticas (Durante cientos de años personas inteligentes argumentaron en forma teórica sobre si el peso tenía influencia en la velocidad de caída de los objetos. Fue Galileo Galilei quien puso fin a esta discusión con su experimento en la Torre de Pisa).

Cuando en una conversación uno se encuentra discutiendo en forma teórica sobre hechos, conviene abandonar el razonamiento abstracto y salir a buscar datos concretos (o crearlos mediante un experimento). Por ejemplo, imagine a dos managers (de producción y compras) discutiendo si un material es suficientemente robusto para resistir las condiciones de campo en las que deberá usarse. En vez de argumentar teóricamente, podrían diseñar una prueba que les diera datos objetivos sobre la capacidad del material.

Hablamos de “experiencia sensorial común”, en vez de mundo real”, porque nuestra definición de “observación verdadera” no necesita determinar que hay (o no) una realidad externa independiente del observador. La “realidad” con la que alguien compara las observaciones, es aquella que experimenta en el contexto de su biología y su comunidad lingüística. Como explicamos en “Modelos mentales” (Capítulo 5, Tomo 1), esta realidad está determinada por los límites sensoriales del ser humano. La realidad-experimentada está, además, condicionada por el lenguaje y la cultura de la comunidad. El lenguaje no es sólo un conjunto de palabras para describir algo que preexiste, sino el sistema de estructuras al cual la experiencia debe ajustarse para tener sentido.

Una observación efectiva tiene sentido. Las observaciones siempre existen dentro del marco de las estructuras de sentido de una comunidad. “Hoy es martes”, es una observación, aun cuando su corroboración científica no sea posible. Uno sabe que hoy es (o no es) martes, en razón de las normas usualmente aceptadas dentro de su comunidad. La institución del calendario está tan arraigada en nuestra sociedad (mediante la educación y otros procesos aculturantes), que es imposible disputar si hoy es o no martes más allá de los instantes necesarios para consultar la norma, en este caso el almanaque. Un visitante de la Edad de Piedra, sin embargo, no podría estar de acuerdo (o en desacuerdo) con la afirmación de que hoy es martes, debido a que en su lenguaje no existe una distinción para aquello que nosotros llamamos “martes”. Del mismo modo, “La silla es roja” es una proposición plena de sentido para quienquiera que la mire, a menos que sea ciego o daltónico. En este último caso, el observador no es un testigo válido ya que no puede evaluar la veracidad de la proposición.

Tomemos por ejemplo la comunidad contable. Los contadores tienen una institución que define qué es “real” para ellos: el Colegio de Graduados de Ciencias Económicas, o su equivalente según el país. Podríamos decir que ese Colegio, que dicta los estándares de pruebas y evidencias para la profesión del contador, tiene un poder “ontológico”: articula las categorías a las cuales la realidad contable debe ajustarse. Por ejemplo, los contadores deben utilizar estándares muy estrictos para determinar las ganancias de una compañía. Es curioso ver que las ganancias que aparecen en el balance que se presenta a los accionistas son distintas de las que se presentan a la entidad recaudadora de impuestos. Esto es así porque la comunidad impositiva tiene sus propias “reglas de realidad”, que definen el sentido de las “ganancias” en forma diferente de aquello que define la comunidad contable. Cada comunidad técnica como los abogados, ingenieros, bailarines, peluqueros, etc., desarrolla lenguajes especializados y categorías que habilitan o impiden la aparición de realidades particulares.

Así es posible darle carácter fáctico a aquello que hasta la definición del estándar fue una opinión. Por ejemplo, en una compañía los ejecutivos pueden definir que el nivel de crecimiento “satisfactorio” en las ventas es el 30% anual. Con esta precisión, los miembros de la empresa pueden “observar” si el crecimiento de las ventas es satisfactorio, o no. Sin esta precisión, algunos podrían sentirse satisfechos con un 20% y otros demandarían un 40%. La definición del estándar y de las categorías de observación es una de las tareas más importantes para quienes intentan estructurar una organización. El sistema de categorías para sistematizar el mundo (lenguaje), es la estructura fundamental de la cultura organizacional.

Para alcanzar el objetivo conversacional, el observador necesita compartir con el oyente un contexto de sentido, un sistema de prácticas sociales y lingüísticas que den un significado coherente a la observación. Por ejemplo, cuando un jefe pregunta: “¿Cuánto dinero tenemos en el banco?”, el empleado podría contestar “U$S 150.000” (el saldo de la compañía) o “U$S 28.000” (la suma del saldo que tienen las cuentas personales del jefe y del empleado). La segunda sería una respuesta honesta, pero ineficiente; no serviría para satisfacer el interés del jefe. Dentro del contexto de significados usuales, la pregunta del jefe se refiere a los activos de la compañía, no a los de las cuentas personales. Muchos problemas conversacionales ocurren cuando el orador y el oyente suponen incorrectamente que comprenden el contexto de sentido del otro.

Cuando se cruzan diferentes culturas (nacionales, organizacionales o departamentales), esto puede ser aún más difícil. Por ejemplo, para un francés residente en Normandía, una limousine no es un vehículo sino un tipo de vaca; en los Estados Unidos, un billón no es un millón de millones (1.000.000.000.000) sino mil millones (1.000.000.000); en Japón, sí no significa “estoy de acuerdo”, sino “lo escucho”. Para una nueva empresa el largo plazo abarca seis meses, mientras que para una corporación establecida, el largo plazo va de los cinco a los diez años. Para el departamento de ventas, un pedido es una expresión de interés del cliente, mientras que para el departamento de producción significa una orden firme de fabricación. Cuando existen brechas culturales entre los interlocutores, es crucial tender puentes entre los contextos de sentido para lograr una comunicación efectiva.

Una observación efectiva es relevante. A cada instante hacemos infinitas observaciones. En este mismo momento, el lector puede observar multitud de cosas: las letras escritas sobre esta página, los sonidos del ambiente, su postura corporal, la luz, la temperatura, etc., etc. La lista no termina. El inmenso rango de objetos y fenómenos que es posible percibir en cada ocasión, demanda que uno considere sólo aquellas observaciones que sean relevantes para sus intereses, que seleccione aquello que le resulta importante y deseche lo demás. En el encuentro con Clara, Eduardo podría haber advertido que “el informe no incluye los datos sobre el aumento de la productividad en los distintos departamentos”, lo cual sería relevante. Distinto sería hacer el comentario: “Veo que se ha teñido usted el cabello”.

Esta selección de lo relevante ocurre a menudo en forma inconsciente. La mente está pre-programada para evaluar automáticamente qué es importante y qué no (para la persona, ya que “importante” es una opinión). Esto ayuda a reservar el espacio de la conciencia para lo que uno evalúa como importante. Por ejemplo, Eduardo tal vez ni siquiera advierta que Clara se ha teñido el cabello, aun cuando sus ojos capten el nuevo color. Este proceso de selección está condicionado por las experiencias previas de cada interlocutor. Distintos modelos mentales harán relevantes (los destacarán del trasfondo) distintos hechos, aun cuando se enfrenten a la misma situación. Para comunicarnos en forma efectiva, los seres humanos debemos superar las barreras generadas por nuestros diferentes modelos mentales, que resultan en diferentes opiniones acerca de lo que cada uno considera “relevante” y, por consiguiente, en distintas observaciones. A menos que entendamos por qué cada persona está enfocando distintas partes del horizonte, no lograremos comunicarnos con efectividad.

Es digno de destacar que toda observación enunciada en la conversación implica una opinión de relevancia. No hay tales cosas como observaciones totalmente independientes del criterio de relevancia del observador.

Las observaciones efectivas alientan el aprendizaje. Los desacuerdos fácticos son grandes oportunidades de aprendizaje. Cuando distintas personas hacen observaciones diferentes, crean un enorme potencial para aprender acerca de su información empírica, sus modelos mentales, mis patrones de inferencia, sus formas de experimentar el mundo, sus estructuras de sentido y sus intereses. El aprendizaje mutuo facilita que los interlocutores accedan a un nivel de entendimiento más profundo, al permitirles integrar sus experiencias y coordinar sus acciones.

Volviendo al caso de Eduardo y Clara, Eduardo podría hacer una cantidad de observaciones efectivas sobre el informe: “está escrito a mano”; “incluye datos que han sido cuestionados por los auditores”; “tiene 18 páginas”; “no tiene datos sobre la productividad de los distintos departamentos”. Cada aseveración satisface los criterios de observaciones efectivas. Pero las afirmaciones de Eduardo: “es un desastre”, “está mal redactado”, “es muy largo”, etc. no son observaciones; son opiniones. Esto no es un problema en sí mismo. Las opiniones son tan importantes como las observaciones para generar acciones efectivas. La dificultad es que las opiniones de Eduardo no son productivas, sino tóxicas.

Opiniones

Cuando alguien dice “La silla es elegante”, “El informe es escueto”, o “Marcos está en problemas”, está emitiendo opiniones: está expresando su interpretación personal y declarando su posición respecto al mundo que lo rodea. Una opinión es un juicio, una valoración, un dictamen una expresión de la perspectiva de quien habla. Así como las observaciones son “objetivas”, las opiniones son “subjetivas”. Estas no se refieren al mundo sensorialmente experimentable, sino a la evaluación que el observador hace de ese mundo.

El ser humano puede ser definido como “el animal que expresa opiniones”. Juzga a cada momento: al entrar en una oficina, al conocer a un nuevo colega, al escuchar una noticia, al participar en una reunión. Haga lo que haga, dondequiera que esté, uno se descubre con opiniones sobre todo lo que lo rodea; opinar es tan natural como respirar. Un jefe opina que el aspirante es “adecuado” para el trabajo y le ofrece un contrato. Un aspirante opina que la compañía le ofrece “buenas” posibilidades para su carrera y acepta emplearse. Un manager de producto argumenta que el “mejor” momento para el lanzamiento de la nueva línea es marzo. Eduardo reacciona porque evalúa que la calidad del informe de Clara es “baja”. Alguien decide comprar acciones porque cree que están “subvaluadas” y otro decide venderlas porque cree que están “sobrevaluadas”. Opiniones como “adecuado”, “bueno”, “mejor”, “ordinario”, “barato” o “caro” constituyen la base sobre la cual los seres humanos decidimos nuestras acciones.

No todas las opiniones son conscientes. Aunque algunas son meditadas, la mayoría es consecuencia de una reacción automática. Por ejemplo, uno se forma una impresión de otra persona en los primeros quince segundos de conocerla. O reacciona visceralmente al leer una historia en el periódico sin conocer más que mínimos detalles acerca de lo sucedido. Hacer juicios no es una elección voluntaria; permanentemente estamos formándonos opiniones sobre todo aquello que nos incumbe. Algunas de estas opiniones son útiles y efectivas, otras son tóxicas.

Al evaluar que una opinión es contraproducente, uno puede desterrarla a la columna izquierda. Mantener en silencio los juicios tóxicos nos evita ciertos problemas. Pero aun cuando podemos controlar la boca, es imposible controlar la mente; si uno simplemente mantiene la opinión en secreto, terminará creando los mismos problemas (o peores) que los que quería prevenir. Como hemos visto en el capítulo previo, al no compartir toda la información relevante, incluyendo los juicios y las interpretaciones, los verdaderos problemas no salen a la luz, las relaciones se vuelven superficiales e hipócritas y las personas comprometen su integridad. Para maximizar la efectividad, mejorar los vínculos y actuar en forma auténtica, es necesario “procesar” esas opiniones tóxicas de modo de extraer la verdad útil que yace en su interior. Hasta en las opiniones más inconscientes e impulsivas hay materia prima para el aprendizaje individual o colectivo.

Saber evaluar y expresar las opiniones en forma productiva es una competencia crítica para la supervivencia laboral (y hasta biológica). Algunas personas creen que las observaciones son “buenas” y las opiniones no. Nuestra posición es que tanto unas como otras pueden ser efectivas o tóxicas. Ambos son actos cognitivos y conversacionales complementarios; ambos son necesarios para la coordinación de acciones y la efectividad.

Las opiniones son extraordinariamente poderosas porque abren posibilidades a la acción. Si uno piensa que puede llover, por ejemplo, llevará paraguas. Si cree que Sara es una jefa excepcional, intentará trabajar para ella. Si considera que la oferta es “mal negocio”, la rechazará. Si opina que el informe es deficiente, pedirá que sea rehecho. Si está favorablemente impresionado por el trabajo de Juan, recomendará una promoción: si se encuentra decepcionado con su trabajo, intentará tal vez entrenarlo o transferirlo.

Pero así como la opinión puede ser extraordinariamente efectiva, también puede ser extraordinariamente destructiva. Dada su naturaleza subjetiva, una opinión no es válida en forma inmediata para todos los miembros de una comunidad. Cuando las personas tratan las opiniones como si fueran observaciones, la conversación suele degenerar en una confrontación. Hay dos fuentes de disputa: primero, se encuentra en juego la autoestima de los interlocutores y su deseo de “tener razón”; segundo, la opinión pre-orienta las acciones futuras “razonables”. Al argumentar en defensa de una opinión, se está justificando un curso de acción.

Considere el caso de una pareja que está en desacuerdo acerca de la temperatura ambiente. “Hace frío”, dice ella, “prendamos la calefacción”. “Estás equivocada, hace calor”, dice él, “abramos la ventana”. “¿Estás loco? Hace un frío terrible”. Viendo que la conversación no va a ningún lado, deciden consultar el termómetro. “Ves”, dice él con una sonrisa de suficiencia, “hace 19 grados”. “Exactamente”, responde ella con gesto triunfal, “hace frío”. “¡No!, 19 grados no es frío”. Tanto él como ella están de acuerdo en la observación “hace 19 grados”, pero no con lo que eso significa. Al tener opiniones distintas, también tienen propuestas de acciones distintas. De allí nace el conflicto: no en la diferencia de opiniones, sino en la diferencia de las acciones.

Opiniones efectivas

El propósito de una opinión es evaluar la realidad con la que se enfrenta el sujeto, de acuerdo con sus deseos e intereses. La opinión establece una posición personal con respecto a la situación que uno encuentra y las respuestas posibles (dados sus intereses y objetivos). Al igual que las observaciones, las opiniones apuntan a la acción. Por eso, una opinión efectiva es aquella que permite a quien la emite (y a quien la escucha) actuar con eficacia y eficiencia. Por ejemplo, si alguien quiere expandir su equipo con un experto en computación, puede preguntarle a un colega: “A quien me recomendarías como encargado de sistemas?”. La respuesta “Marcos me parece una persona competente para ese trabajo”, provee información relevante para resolver la necesidad de quien pregunta.

Las opiniones son también fundamentales para la coordinación de acciones. Actuamos según cómo interpretamos la situación, así que para operar en armonía, necesita primero armonizar dichas interpretaciones. Para quien cree que el sistema de costes “no es confiable”, será difícil coordinar acciones con el colega que intenta eliminar una línea de productos porque “los costes son irrecuperables”. Tomar decisiones conjuntas requiere que ambos acuerden primero sobre la confiabilidad de la información de costes. Si los dos opinan que los datos son cuestionables, antes de decidir qué hacer con la línea de productos podrían, tal vez, realizar un análisis más detallado.

Las opiniones efectivas buscan ser válidas, no verdaderas. A diferencia de las observaciones (que son verdaderas o falsas: la silla es roja o no lo es), los juicios u opiniones son válidos o no válidos. Eso significa que no hay un “mundo externo” inmediatamente experimentable por cualquier miembro de la comunidad con el cual la opinión necesita concordar. Uno puede observar que Marcos está en su oficina. Pero cuando uno opina que Marcos “está en problemas”, ¿en qué realidad existe el problema? ¿Dónde es posible observar la situación existencial (no física) de Marcos? De hecho, como analizamos en el Capítulo 4 (Tomo 1), un “problema” no es una cosa, sino una evaluación acerca de una situación que contradice los deseos del evaluador. Un problema es una opinión y, como toda opinión, no es un problema-real, sino un problema-paraalguien. Es imposible hablar de la opinión sin hablar del sujeto que opina. Por ejemplo, mientras que para mí la pérdida de mi cliente principal es un grave problema, para mi competidor (quien obtuvo el favor de mi ex-cliente), es un gran éxito.

Las opiniones efectivas son “propiedad” de quien las expresa. Cuando uno dice, “hace calor”, está expresando su sensación térmica y no describiendo la temperatura ambiente. “19 grados” no implica calor ni frío, 19 grados son 19 grados. La validez de la opinión no se basa en su congruencia con el mundo externo sino, por el contrario, en la congruencia entre la declaración y el estado de conciencia de quien la expresa. Expresar una opinión como una verdad, generalmente es el primer paso de una disputa. Mucho más efectivo que “hace calor” es decir “tengo calor”. Cuando Eduardo declara: “Este informe es un desastre”, no está haciendo una observación sobre alguna cualidad intrínseca del informe. Lo que está emitiendo es su apreciación personal. Más genuino y productivo para él sería decir: “El informe no me satisface”.

Hablar en primera persona demanda revelar parte de sí mismo. Cuando digo que “el trabajo es difícil”, puedo mantenerme al margen de mi opinión. Cuando reconozco “no sé cómo hacer este trabajo”, es imposible separarme de la situación. En general, uno llama “difícil” a lo que no sabe hacer, “bonito” a lo que le gusta, “sabroso” a lo que le apetece, “bueno” a lo que le place, “inconveniente” a lo que no le conviene e “incómodo” a lo que no le resulta grato. Uno puede sentirse más a salvo al esconderse como sujeto, pero la única manera de expresar la verdad propia sin imponerla sobre los otros como verdad absoluta, es reconocer la naturaleza subjetiva de toda opinión.

Llamaremos apropiación a este reconocimiento de subjetividad en toda opinión. Apropiarse de una opinión significa expresarla en primera persona, reconocer que la verdad de uno (en materia de opinión) no es la verdad de todo el mundo, y así aceptar la validez de la opinión del otro. Apropiarse de las interpretaciones que uno sostiene, lo lleva a expresarlas con una dosis de humildad, sin absolutismos. Alguien puede estar convencido de la validez de una idea, pero es imposible argumentar que todos los interlocutores deben necesariamente compartirla. Como dice Humberto Maturana, abogar por la “realidad” objetiva de la opinión propia no es más que un recurso retórico para requerir obediencia y desalentar la diversidad.

Cuando el padre dice a sus hijos: “es hora de ir a la cama”, por ejemplo, parece estar describiendo una verdad objetiva. Sin embargo, no existe ningún reloj que indique tal momento. “Hora de ir a la cama” es un eufemismo para decir “quiero que vayas a dormir ahora”. “¿Por qué papá?”, puede preguntar el niño. En la respuesta se juega la ética de la relación padre-hijo: decir “porque es hora” implica hacer una demanda de obediencia antológica. No es un pedido de obediencia personal a la voluntad paterna, sino una solicitud de obediencia trascendente a la verdad universal revelada por el padre, que simplemente actúa como “vocero” de la autoridad suprema.

Por el contrario, decir al hijo que uno quiere que se vaya a dormir porque le importa que mañana esté fresco para las actividades del día, implica un respeto por su conciencia. Este respeto no impide que ante la resistencia, “A mí no me importa estar fresco, ¿por qué no puedo quedarme despierto un rato más?”, el padre pueda invocar su autoridad diciendo: “Entonces te vas a dormir porque yo te lo pido”. La diferencia es que al usar el modo imperativo−“Debes acostarte (porque yo te lo pido)”− se ejercita una autoridad responsable; al usar el modo indicativo −”Es hora de ir a acostarse (porque así es la realidad, o porque Dios así lo determina, o porque todos los niños buenos van a acostarse a esta hora)”−, se adopta un absolutismo autoritario.

La técnica más sencilla para apropiarse de una opinión es introducirla con un “Pienso que…” o “Creo que…”. Por ejemplo en vez de: “La fábrica está funcionando en forma ineficiente”, decir: “Pienso que la fábrica está funcionando en forma ineficiente”; en vez de: “Estás equivocada”, decir: “Creo que estás equivocada”. Una alternativa es cambiar el verbo “ser” por el verbo “parecer” y agregar el pronombre de primera persona. Por ejemplo, en vez de: “La reunión fue aburrida”, decir: “La reunión me pareció aburrida”; en vez de: “Es tarde”, decir: “Me parece que es tarde”.

Esta técnica, sin embargo, tiene corto alcance. Decir “Creo que eres tonto” no es mucho mejor que acusar directamente al otro de tonto. Para apropiarse totalmente de las opiniones, además de expresarlas en primera persona, es necesario deshacerse del verbo copulativo (ser, estar, parecer, semejar, etc.) aun en la proposición subordinada. Por ejemplo, uno puede descubrir que jamás encontró un “tonto” que pensara como uno y, por lo tanto, comprender que “tonto” es la manera en que llama a aquellos con los que desacuerda o a quienes no entiende. Entonces, en vez de “eres un tonto” podría decir “estoy en desacuerdo contigo”, o “no comprendo de qué manera tu idea se aplica a nuestra situación”.

Las opiniones efectivas están fundadas en observaciones. Una opinión bien fundada se basa en datos observables. Ante la pregunta del interlocutor, uno debe aportar hechos que respalden su juicio. Aunque el interlocutor no comparta la lógica o los criterios que lo llevan a uno desde sus observaciones a sus conclusiones, el deberá aceptar la coherencia de las bases fácticas de las que se deriva el juicio. Por ejemplo, si Eduardo dijera: “Las 18 páginas del informe exceden mi expectativa. Yo quiero algo que pueda ser leído en no más de cinco minutos”, tal vez Clara estaría en desacuerdo sobre la conveniencia de tal restricción, pero no con el hecho de que el informe tiene 18 páginas y que no es posible leer con detenimiento 18 páginas en cinco minutos.

Los datos no prueban la opinión, solamente la fundamentan. Se puede creer que la acumulación de datos es capaz de demostrar la verdad de una opinión. Las opiniones, sin embargo, no son verdaderas ni falsas. Los datos sólo fundamentan la interpretación; la apoyan y la validan. Ningún dato puede asegurar que la opinión sea verdad. Por otro lado, la falta de datos no invalida la opinión. Se puede tener un presentimiento, a partir del cual juzgar la situación. El problema sólo aparece cuando uno pretende asignar al juicio un fundamento fáctico que no existe. Más legítimo y efectivo es reconocer la fuente intuitiva de la opinión, por ejemplo: “No sé muy bien por qué, pero este negocio no me gusta. No tengo datos concretos, pero mi intuición me está mandando una señal de alerta…”.

Las opiniones efectivas se derivan a través de procesos lógicos. Una opinión surge siempre de comparar observaciones (o inferencias), con estándares. Cuando uno expresa una opinión efectiva, en forma paralela se compromete a ofrecer un razonamiento comprensible para el otro, quien puede comparar los datos que tiene con los criterios de evaluación explicitados. Decir que un trabajo es “satisfactorio”, equivale a declarar que el trabajo satisface los estándares de quien opina. Decir que un negocio es “rentable”, equivale a declarar que la tasa de retorno excede la tasa requerida por el que lo evalúa. Decir que la conducta de un colaborador es “vergonzosa”, equivale a declarar que se halla muy por debajo de las expectativas de quien lo califica.

Muchas veces los criterios son inconscientes. Hacerlos explícitos y comprensibles para otro es un ejercicio esclarecedor. Las opiniones automáticas, aunque pueden parecer muy sólidas, suelen adolecer de vicios insalvables. Por ejemplo, uno puede ser acusado de “no jugar en equipo” por no acoplarse a la idea de la mayoría. Pero al considerar el estándar, es posible considerar que jugar en equipo no significa dejar de lado la conciencia individual para subordinar su criterio al de la mayoría. Tal vez un estándar más productivo sea el que define al jugador de un equipo como aquel que aporta sus recursos y sus pensamientos sin retaceos, en aras del objetivo común.

Al rechazar el informe de Clara, Eduardo está comparando ese documento con ciertas pautas de la compañía y con su criterio personal. El hecho de que el informe presente errores ortográficos, tenga 18 páginas y no incluya información sobre la productividad, lo ubica por debajo de las expectativas de Eduardo. Que Clara haya “trabajado cinco días en el informe” no es argumento para que Eduardo lo acepte; el esfuerzo no cuenta como parámetro de calidad.

Las opiniones efectivas son las expresadas por quien está “autorizado” para hacerlo. Cualquiera puede emitir juicios, pero no cualquiera puede emitir juicios válidos. La validez de un juicio está conectada con la autoridad (propia o delegada) de quien lo emite, para así usarlo como base de acciones futuras.

Los equipos de fútbol invisten al árbitro con autoridad para evaluar si un jugador está actuando dentro de las reglas, o si ha cometido una infracción. Un jurado puede declarar inocente o culpable al acusado de un crimen. En su carácter de jefe, Eduardo tiene la capacidad para evaluar el informe de Clara porque la compañía (y Clara misma, al haber aceptado trabajar para él) le da autoridad para ello. Si el hijo de Eduardo quisiera descalificar el informe de Clara, o si un aficionado del público quisiera cobrar un penal, sus opiniones serían no válidas e ineficaces, ya que no están autorizados para hacer esos juicios.

El permiso para evaluar es sumamente poderoso. En el ámbito empresarial, por ejemplo, ha habido una revolución acerca de quién tiene autoridad para juzgar la calidad de los productos. Antes del movimiento de la calidad total, las compañías consideraban que los ingenieros de control de calidad eran los únicos con autoridad para estimar los defectos en los productos y servicios. Una innovación que trajo la filosofía de la calidad total fue trasladar esa autoridad de los ingenieros a los clientes. El usuario final, interno o externo, terminó siendo el único autorizado para determinar si un producto o servicio es de alta o baja calidad (es decir si lo satisface o no).

En el ámbito personal, es uno el que (tal vez inconscientemente) autoriza a otros a evaluarlo. Si un borracho que me topo en la calle me dice que soy insoportable, mi reacción es muy distinta de si me lo dice mi amigo. La diferencia es que al borracho no le doy permiso para calificarme (o sea, su calificación no tiene importancia para mí, aun cuando no pueda impedir que la exprese), y a mi amigo sí.

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