Kitabı oku: «Elaboración de tesis, tesinas y trabajos finales»

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Gabriela Iglesias - Graciela Resala

(Compiladoras)

Elaboración de tesis, tesinas y trabajos finales

• Diferentes modalidades • Pautas metodológicas • Indicadores de evaluación


Iglesias, Gabriela

Elaboración de tesis, tesinas y trabajos finales / Gabriela Iglesias. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico, 2020.

(Universidad)

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-538-686-0

1. Enseñanza Universitaria. I. Iglesias, Gabriela II. Iglesias, Gabriela, comp. III. Resala, Graciela, comp.

CDD 378

Colección Universidad

Coordinación editorial: Daniel Kaplan

Corrección de estilo: Susana Pardo

Diseño de cubierta: Déborah Glezer

Diseño de portada: Andrea Melle

Diseño y diagramación:: Déborah Glezer

1˚ edición, abril de 2013

Edición en formato digital: noviembre de 2020

Noveduc libros

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ISBN 978-987-538-686-0

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Agradecemos a nuestros maestros y estudiantes,

también a las instituciones educativas y profesionales

en las que desarrollamos nuestra actividad.

GUSTAVO ADAMOVSKY. Asesor de empresas. Decano de la facultad de Ciencias Empresariales en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES). Director de la Licenciatura en Dirección de Negocios (UCES). Co-director del posgrado en Prospectiva Estratégica en UCES. Profesor titular en los niveles de grado y posgrado (UCES), en materias relacionadas con la Estrategia Empresarial, Plan de Negocios y Marketing.

C.e.: gadamovsky@gmail.com

ADRIANA AMADO SUÁREZ. Doctora en Ciencias Sociales (Flacso), maestra en Comunicación Institucional y profesora y licenciada en Letras (UBA), especializada en temas de comunicación pública y medios. Es docente e investigadora categorizada (Universidad Nacional de La Matanza), a cargo de la materia “Teorías de la comunicación” por concurso público. Es profesora invitada en posgrados de universidades argentinas y participa activamente en foros y redes internacionales de su especialidad. Ha publicado tres libros de su autoría y siete obras colectivas como editora; la más reciente es La palabra empeñada. Investigaciones sobre medios y comunicación pública en Argentina (2010). Colabora como columnista especializada en diversos medios de prensa. Dirige el blog de intercambio académico www.catedraa.com.ar y preside Información Ciudadana, una iniciativa cívica que promueve la información pública responsable (facebook/inf.ciudadana).

C.e.: amadoa@catedraa.com.ar

FLORENCIA M. E. BERNHARDT. Profesora universitaria de Letras. Docente de Semiología (CBC, UBA; Comunicación Social y Publicidad, UCES). Profesora del Curso de Metodología de la Investigación y Redacción Científica de Tesis del Dpto. de Posgrado (UCES). Integra diferentes equipos de perfeccionamiento y capacitación docente en los órdenes nacional y provincial. Publicó Actualización lingüística - Introducción a métodos de análisis del discurso y otros. Es directora del Proyecto de Investigación “El discurso científico-académico en los trabajos finales de grado y tesis de posgrado. Problemática de lectura y escritura” (UCES). Realiza la maestría de Análisis del Discurso (UBA). C.e.: fmebernhardt@hotmail.com

MAXIMILIANO BONGIOVANNI. Licenciado en Comunicación (Universidad Austral) y Magíster en Comunicación Institucional (UCES). Posgrado en Opinión Pública y Medios de Comunicación (FLACSO).Docente en carreras de grado y de posgrado del área de comunicación (UCES). Profesor de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM) donde integra el equipo de investigación de la carrera de Relaciones Públicas. Profesor a cargo de Información y persuasión publicitaria (Universidad Austral). Autor del capítulo “Los públicos en el proceso de comunicación pública” en el libro Auditoria de Comunicación (La Crujía, 2008). Colabora en calidad de consultor en comunicaciones corporativas con distintas instituciones. C.e.: maxibongio@gmail.com

MARÍA EUGENIA ETKIN. Magister en Dirección en Comunicación Institucional (UCES) y egresada de la Carrera de Ciencias de la Información (Universidad Nacional de Córdoba-UNC). Graduada del Programa Iberoamericano de Formación de Formadores en RSE (REDUNIRSE /UBA/ PNUD /AECID). Trabajó en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en el área de comunicación institucional. Ejerció el periodismo gráfico en diferentes diarios y revistas de circulación nacional y producción en emisoras radiales y televisivas. Efectúa consultorías para empresas y organizaciones de la sociedad civil en temas relacionados con RSE y Comunicación. Fue titular de cátedra (Universidad Nacional del Nordeste y de la Cuenca del Plata). Titular en materias de grado y posgrado relacionadas en Dirección de Comunicación Institucional. Participó en los libros: Auditoría de Comunicación (La Crujía) Impresiones de la Comunicación (Dunken). Autora de Comunicaciones para organizaciones de la sociedad Civil (La Crujía).

C.e.: eugeniaetkin@fibertel.com.ar || http://www.eugeniaetkin.com.ar

MARIANA GABRINETTI. Licenciada en Psicología (UBA) y Magister en Ciencias Sociales del Trabajo (UBA). Doctoranda en Ciencias Sociales (UBA). Investigadora y docente adjunta regular (Universidad Nacional de La Plata-UNLP) y titular (Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales-UCES). Co-directora de proyecto de investigación (UNLP). Investiga sobre temas laborales y su relación con aspectos sociales y subjetivos. Consultora en el área de investigación sobre comunicaciones en diversas organizaciones. Directora de tesis de posgrado y de grado. Ha recibido el segundo premio en el Concurso de investigación “Juan Bialet Massé”, primera edición. Autora de capítulos de libros, de artículos y ponencias inherentes a las investigaciones que realiza publicadas en revistas de carácter científico.

C.e.: mgabrinetti@yahoo.com.ar

GABRIELA IGLESIAS. Licenciada en Sociología y profesora de enseñanza secundaria, normal y especial en Sociología (Facultad de Ciencias Sociales, UBA). Cursó la Maestría en Demografía Social (Universidad Nacional de Luján). Docente de grado y posgrado (Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales-UCES; Facultad de Ciencias Sociales, UBA). Directora del Departamento de Investigación (UCES). Ha trabajado en diferentes investigaciones en el marco del CONICET, CEUR y Universidad de New Orleáns. Contenidista y tutora de cursos a distancia destinados a docentes universitarios que se forman como tutores y/o evaluadores de trabajos de tesis. Ha tutorado y evaluado trabajos finales de grado y postgrado. Co autora del libro Universidad y Empresa. Cómo hacer crecer habas en Lilliput. Escribió varios artículos referidos a cuestiones metodológicas y a aspectos vinculados con el mercado de trabajo.

C.e.: giglesias@uces.edu.ar || http://www.tutoriadetesis.com.ar

GONZALO DIEGO PEÑA. Licenciado en Ciencia Política (UBA). Master en Investigación de Opinión Pública (Banco Patricios). Especialista en Docencia Universitaria (UCES). Coordinador de la Maestría en Investigación de Mercados, Medios y Opinión (UCES). Co-director de la Maestría en Análisis y Marketing Político (UCES). Docente e investigador universitario (UCES, UCA y UP). Director de OH! PANEL. Consultor de empresas locales e internacionales en investigación de mercados, medios y opinión. Autor de trabajos de research presentados en ESOMAR, SAIMO y ABA (Brasil). Autor de artículos sobre investigación de mercados y negocios para publicaciones locales e internacionales.

C.e.: gonzalopena@ohpanel.com

GRACIELA RESALA. Licenciada y profesora en Psicología (Universidad de la República, Montevideo; Universidad de Buenos Aires). Cursó estudios de posgrado en la Escuela de Psicoanálisis (Hospital José T. Borda). Miembro de “Psicólogos uruguayos por el mundo” (PUM) Desarrolla actividad docente (Universidad de Buenos Aires; Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales; Instituto de Tiempo Libre y Recreación-ISTLyR, GCBA), en los niveles de grado y postgrado y superior no universitario. Está a cargo del Seminario de extensión Tesis y Tesinas de grado: claves metodológicas para su elaboración (Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires). Se desempeña como tutora y evaluadora de Trabajos Finales y Tesis en las modalidades de Trabajo de Investigación y Propuesta de Intervención. Además del trabajo docente, desarrolla la actividad clínica en la atención de adolescentes y adultos.

C.e.: gresala@psi.uba.ar || http://www.tutoriadetesis.com.ar

RUBÉN JOSÉ RODRÍGUEZ. Licenciado en Psicología (UBA), graduado con Diploma de Honor. Cursa el Doctorado en Psicología (UCES). Se ha capacitado en una herramienta para la representación y gestión del conocimiento y su aplicación a la actividad didáctica, investigación y negocios, mediante el software cognitivo Knowledge Master. Profesor titular de posgrado en Maestría en Investigación de Mercado, Medios y Opinión, y Maestría en Dirección de las Comunicaciones Institucionales (UCES); maestría en Psicología Cognitiva (UBA); maestría en Psicología Organizacional orientación Gerencial (UAI); y Curso de Posgrado en Administración Hospitalaria y Sistemas de Salud, y Administración y Gestión de Servicios de Enfermería (Universidad CAECE). Profesor titular en la Licenciatura en Sociología (UCES). Director de Tesis en la Maestría en Psicología Organizacional (UAI). En el ámbito privado tiene una larga trayectoria como investigador de Mercado. Es director de Desarrollos Metodológicos en Marketing Research Consulting.

C.e.: rodríguez.rubenjose@gmail.com || www.rubenjoserodriguez.com.

NORBERTO OSVALDO VÁZQUEZ. Magister en Políticas Sociales, licenciado y profesor en Sociología (UBA). Docente de Metodología de la Investigación en la Carrera de Sociología (Facultad de Ciencias Sociales - UBA) y de Análisis de las Políticas Sociales (Maestría en RRLL, Universidad de Lomas de Zamora; Maestría en Administración Pública, Universidad del Salvador). Coordinador del Área de Monitoreo y Evaluación del Programa Nacional de Desarrollo Infantil “Primeros Años”. Ha participado en diversos proyectos de investigación y en el Observatorio de Análisis Ocupacional de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

C.e.: nvazquez04@yahoo.com.ar

Índice

  Cubierta

  Portada

  Créditos

  Dedicatoria

  Sobre los autores

  Introducción

  Primera parte Capítulo 1. Sobre Tesis, Tesinas y Trabajos Finales. Una diversidad de denominaciones para acceder al Título de Grado Capítulo 2. La evaluación como práctica social institucionalizada ¿Evaluando procesos o sólo productos? Capítulo 3. Géneros discursivos

  Segunda parte

  Presentación Capítulo 4. La investigación científica Anexo al Capítulo 4. Quince ejercicios para la redacción de un proyecto de investigación Capítulo 5. La propuesta de intervención Anexo al Capítulo 5. Siete ejercicios para la redacción de una propuesta de intervención Capítulo 6. La auditoría de comunicación Capítulo 7. La comunicación publicitaria Capítulo 8. La investigación de mercados Capítulo 9. El plan de negocios Capítulo 10. Fundamentos e importancia de los mapas conceptuales para la organización y transmisión del conocimiento

  Palabras finales

Introducción

Gabriela Iglesias

¿Por qué escribir un libro sobre trabajos finales de grado?

¿Por qué convocar a colegas de distintas disciplinas, recorridos profesionales y académicos para llevar a cabo esta propuesta?

Hace más de cinco décadas que se vienen publicando libros acerca de cómo hacer una tesis de posgrado, situación que revelaría que hasta ahora no se ha saldado la discusión no sólo acerca de los procedimientos (que no siempre pueden transmitirse) sino de los alcances que un trabajo de este tipo debe tener, según sea el posgrado en el marco del cual se presente.

Hay títulos que constituyen toda una tentación para el tesista que se encuentra en el proceso de elaboración de esa entelequia1 llamada tesis.

Esta situación de diversidad de criterios institucionales e individuales se replica en las definiciones y decisiones en torno a la producción de un trabajo final de grado. Así, las universidades públicas y privadas que han instaurado el requisito académico de realizar este tipo de trabajo para acceder al título de grado plantean distintas denominaciones para hacer referencia al mismo producto, desde tesis y tesinas pasando por trabajo de integración, trabajo final o informe de investigación, entre otros.

En este libro planteamos, a partir de la experiencia en la docencia universitaria de los autores de cada capítulo y de sus recorridos como tutores o directores de alumnos de grado y de posgrado, algunas sugerencias respecto de los alcances de un trabajo final para obtener un título de grado y las diversas modalidades que puede adquirir según la especificidad de la carrera en cuyo marco se produzca.

Este texto surge de la reflexión acerca de situaciones concretas que se vienen dando en diferentes carreras de grado de distintas universidades públicas y privadas. Por ello el resultado ha pretendido sistematizar conversaciones informales, intercambios en mesas redondas y simposios que tuvieron como eje central la preocupación de cómo re-pensar las dificultades que la elaboración de este tipo de trabajo conlleva, no sólo para el alumno en vísperas de graduarse sino para los docentes que acompañan el proceso y lo evalúan y para la institución que debe crear las condiciones para que la realización de dicho trabajo no escape a la lógica del proceso de enseñanza - aprendizaje.

La cuestión es compleja no sólo porque están involucrados distintos actores, con responsabilidades diferenciadas, sino porque no siempre está claro qué se pretende de este tipo de producción. Por una parte aparecen los interrogantes del propio alumno que, muchas veces sin el debido entrenamiento, tiene que enfrentar una tarea novedosa: producir. Por otra parte se dan las relaciones interpersonales alumno / tutor o director que implican una modalidad de vinculación particular y única en cada caso. Finalmente, se ponen de manifiesto las decisiones que (aún por omisión) toman las Universidades en relación con el tema.

No pretendemos desarrollar aquí la problemática en toda su magnitud, sino aportar algunas consideraciones que sean de utilidad práctica y reflexiva para algunos de los participantes. Básicamente, este libro está dirigido a los alumnos universitarios de grado que tengan que realizar un trabajo final para acceder a su titulación, como también para los docentes que se desempeñen como tutores / directores o evaluadores.

El texto está organizado en dos partes. La primera está constituida por tres capítulos que pretenden enmarcar la cuestión y puntualizar algunos tópicos que, para nosotros, resultan inevitables al momento de dar cuenta de la problemática de la elaboración de un trabajo final de grado.

Así, el Capítulo 1 da cuenta de la diversidad de enfoques y denominaciones que tiene dicho trabajo y del modo en que se debe diferenciar de otras producciones académicas. Además justifica la necesidad de pensar en diversas modalidades a ser asumidas según el tipo de carrera y perfil de profesional.

El Capítulo 2 aborda el proceso de evaluación de un trabajo final describiendo sus componentes y proponiendo instrumentos específicos. También se identifican algunos de los obstáculos que se les presentan a los diferentes actores que intervienen en el proceso de evaluación-acreditación y se ensayan algunas soluciones.

El Capítulo 3 refiere a las instituciones académicas como lugares que exigen la circulación de cierto tipo de géneros discursivos, entre ellos, monografías, artículos científicos y de divulgación, trabajos finales de grado, tesis. La escritura de los trabajos finales de grado no escapa a esta lógica y si bien la manera de organizar la escritura de un trabajo final es variable, se ofrecen una serie de indicaciones y formas de acceder y estructurar el material de un trabajo de este tipo.

La Segunda Parte está formada por siete capítulos. Los primeros seis destinados, cada uno de ellos, a abordar una modalidad específica de trabajo final a partir de una estructura que permite mostrar i) su importancia como herramienta profesional, ii) el desarrollo de un instrumento para plantear el proyecto, iii) el desarrollo de las consideraciones conceptuales y metodológicas a tener en cuenta para llevar a cabo el trabajo, iv) el desarrollo de los criterios de evaluación de la modalidad y v) un glosario que incluye los conceptos más relevantes involucrados en la modalidad. Dado que cada capítulo es una unidad en sí mismo, el lector encontrará la reiteración de algunos aspectos formales comunes a todas ellas.

Para las dos modalidades básicas, Investigación Científica y Propuesta de Intervención, se presentan ejercicios sencillos que guiarán en la escritura del trabajo.

NOTA

1. Según la Real Academia Española el concepto entelequia tiene dos acepciones: 1. En la filosofía de Aristóteles, fin u objetivo de una actividad que la completa y la perfecciona. 2. Cosa irreal. Esperamos que el lector se sienta convocado por la primera de las definiciones.

PRIMERA PARTE

La problemática de la elaboración de un trabajo final de grado

CAPÍTULO 1

Sobre Tesis, Tesinas y Trabajos Finales.

Una diversidad de denominaciones para acceder al Título de Grado

Gabriela Iglesias

DE TODO UN POCO

Indagar sobre el trabajo final de un alumno universitario para acceder a su título de grado, implica explorar los alcances que esta producción conlleva, como también de las denominaciones con las cuales diferentes unidades académicas la designan.

Así se mencionan1:

 trabajos de orientación propositiva,

 trabajas de investigación,

 trabajos ensayísticos,

 tesis sobre el estado del arte,

 tesis teórica,

 tesis experimental,

 abordaje de una temática o problemática proveniente de la experiencia profesional o de la situación de pasantía,

 trabajos de producción profesional tales como materiales educativos,

 productos comunicacionales en formato audiovisual y/o electrónico,

 tesina con trabajo de campo,

 tesina basada en análisis bibliográfico,

 y podríamos seguir enunciando…

De este modo, hay universidades donde el requisito para culminar una carrera universitaria es una tesis, en otras se pide una tesis de licenciatura o tesis final de licenciatura, hay carreras que refieren a la elaboración de una tesina, otras prefieren llamarlo trabajo final de integración, también están las que optan por la denominación trabajo final de grado o trabajo final de licenciatura o trabajo final de graduación.

La naturaleza de estos trabajos parece, también, ser distinta a juzgar por los modos de abordaje que sugieren diferentes carreras, facultades y/o universidades. Por ello los objetivos son variados, considerando la especificidad de las carreras y atendiendo a alcances de disímil envergadura, por ejemplo:

 Analizar críticamente información.

 Proponer soluciones viables a problemas identificados.

 Adquirir organizadamente conocimientos acerca de aspectos de la especialidad.

 Analizar críticamente y ponderar tanto información como los recursos, métodos, técnicas y/o modelos para llegar a la mejor solución de un problema planteado, Profundizar el estudio de algún tema específico relacionado con la especialidad o con el aprendizaje de las materias que la conforman.

 Integrar lo adquirido en la formación durante la carrera y formular una elaboración personal.

 Poner en función competencias profesionales y una formación general.2

En fin, una variedad de alcances, objetivos y denominaciones que denotan que nadie tiene la última palabra (ni una única aproximación) para esta cuestión controvertida que convoca a diferentes actores universitarios en el nivel de grado.

Por lo anteriormente expuesto nos proponemos, en este capítulo, compartir algunas consideraciones que permitan establecer diferencias entre lo esperable como producción de un alumno universitario próximo a graduarse (cualquiera sea la denominación que se utilice) y otros productos demandados en el marco de las exigencias académicas de grado. Todo esto estará vinculado a definiciones conceptuales que permitirán sustentar nuestra postura y justificar una “propuesta de acuerdo” que si bien no intenta, de modo alguno, erigirse en opción única, trata de homogeneizar criterios.

HACIA UN PRIMER ACUERDO

Entre las cuestiones que tenemos definidas, está aquella que nos permite decir que para nosotros la denominación adecuada para hacer referencia a la producción que permite acceder a un título universitario de grado es el de trabajo final. De algún modo, la decisión puede sonar arbitraria, trataremos de reducir los márgenes de discrecionalidad. Sostenemos que el concepto trabajo final denota el cierre de un recorrido (una carrera universitaria de grado) y a la vez la elaboración de un producto que sintetiza saberes y competencias adquiridos a lo largo de dicho recorrido. Un punto y aparte para emprender nuevos desafíos académicos y/o profesionales.

¿Por qué no nos referirnos a tesis cuando hablamos de un trabajo de grado? Porque si hay carreras de posgrado que no exigen la elaboración de una tesis para la graduación, pedir este requisito para un título de grado parece un desfasaje.

La Resolución 1168/97 del Ministerio de Cultura y Educación señala, cuando se refiere a las Maestrías, que “La formación incluye la realización de un trabajo, proyecto, obra o tesis de maestría 3 de carácter individual, bajo la supervisión de un director y culmina con la evaluación por un jurado que incluye al menos un miembro externo a la institución”. O sea, ni siquiera para este tipo de carrera de posgrado el criterio es demandar exclusivamente una tesis.

Ahora bien, cuando esa normativa refiere a un doctorado, se menciona que “… los aportes originales estarán expresados en una tesis de doctorado de carácter individual que se realizará bajo la supervisión de un Director de tesis, y culmina con su evaluación por un Jurado…”

Aparentemente se rescata la tradición de que las tesis sean solo para los doctorados (Suárez, 2002).

MONOGRAFÍAS, TRABAJOS FINALES Y TESIS. ENCUENTROS Y DESENCUENTROS

Resuelta la denominación que optamos para alcanzar la titulación de grado, queda por establecer qué se espera de un trabajo final de grado y cómo se lo puede diferenciar de otras producciones académicas, que en algún caso, no alcanzan a satisfacer las expectativas de un trabajo que sea la culminación de un tramo de la formación académica y/o profesional, y en otros casos exceden dicha formación.

Entre los primeros aparece la monografía. Al hablar de ella, se suele hacer mención a un trabajo de investigación bibliográfica (Menin y Temporetti, 2005) y al tratamiento de un tema específico. Ahora bien, ¿en qué se diferencia un trabajo final de grado de una monografía en tanto y en cuanto aquél también trata y desarrolla un tema específico? Es más, cuando se escribe una tesis doctoral también el autor aborda un tema específico. Entonces el aspecto que discrimina entre una producción académica y otra no es la selección de un tema. Siempre escribimos en torno a algún tema.

Tal vez las pretensiones de una monografía sean de índole “preparatoria” es decir foguean al alumno para la tarea de escribir artículos científicos o para dar los primeros pasos hacia la investigación (Botta, 2002).

Por su parte, Mendicoa propone “La monografía es un trabajo de investigación que trata con bastante profundidad la descripción de un tema genérico, pero no se plantea hipótesis o problemáticas para resolver.” (Mendicoa, 2003, p. 19) Es decir, apunta a una recopilación documental ya sea libros u otras fuentes secundarias, pero no aparece un interrogante que haya que responder y en torno al cual articular los esfuerzos de indagación.

En esta línea podemos citar: “… en una monografía el autor no formula soluciones originales; por el contrario, se limita a seleccionar soluciones preexistentes interesantes. Las soluciones incompatibles pueden ser más de dos; en estos casos queda a criterio el autor cuáles y cuántas expone. Los criterios básicos son la importancia de las soluciones, su impacto en las discusiones actuales, el acceso a fuentes de información para estudiarlas…” (Scarano, 2004, p. 82).

Sin embargo, coexisten aportes que van en otros sentidos. “Están quienes consideran que una de las primeras tareas del trabajo monográfico, una vez elegido el tema, consiste en elaborar hipótesis.” “… se sostiene que más que sostener y comprobar hipótesis la elaboración de la Monografía debe tomar como punto de partida y guía la formulación de problemas y la búsqueda de soluciones a los mismos” (Menin y Temporetti, 2005, pp.74-75). Queda claro que al mencionar el concepto monografía, no todos hablamos de lo mismo.

Ahora bien, la discusión sobre los objetivos de la monografía es menos disidente y converge en la ejercitación del pensamiento crítico y en la estructuración analítica de ideas (Menin, 2005; Scarano, 2004).

Entre las producciones que, a nuestro entender, exceden la formación de grado está la tesis.

“Tesis es un trabajo que cumple con todas las instancias de investigación. Representa un tema para su deliberación, una proposición original que debe ser expuesta y demostrada mediante pruebas y razonamientos lógicos” (Mendicoa, 2003, p. 18).

Mencionamos también la definición que plantea Oscar Ozlak. “Una tesis es un escrito que debería demostrar la capacidad adquirida por quien debe prepararla para desempeñarse en un campo especializado del saber, reflejando en su trabajo claridad conceptual, dominio de los saberes propios de su disciplina, manejo de herramientas metodológicas y técnicas y potencialidad para el descubrimiento o la asociación de conocimientos e información existente de una manera creativa e innovadora” (Suárez, 2002, p. 57).

Por su parte, la ya mencionada Resolución 1168/97, al hacer referencia a lo que se espera de las tesis, explicita que “… deben demostrar destreza en el manejo conceptual y metodológico, correspondiente al estado actual del conocimiento en la o las disciplinas del caso”, además de lograr “… verdaderos aportes originales 4 en un área de conocimiento, cuya universalidad debe procurar, en un marco de nivel de excelencia académica” 5.

De la síntesis de las distintas definiciones de los conceptos monografía y tesis, postulamos que el producto que se demanda para acreditar un título de grado está entre una y la otra.

Es decir, aquello que denominamos trabajo final si bien no necesariamente tiene que plantear hipótesis, sí debe dejar en claro un problema a resolver 6 y si bien se puede prescindir de la exigencia de una proposición original en el sentido de una consideración o aporte nunca antes desarrollado, todo el proceso de elaboración debe estar signado por razonamientos lógicos que den coherencia interna al trabajo.

Existen puntos en común entre lo que la bibliografía demanda de una tesis y lo que nosotros postulamos como pertinente para un trabajo de grado: 1) sistematizar y procesar información y 2) extraer conclusiones que se deriven de los datos.

En síntesis, lo que distingue una monografía de un trabajo final de grado es que éste plantea un problema cuya solución o respuesta debe explicitarse y surgir como una síntesis de los conocimientos y destrezas adquiridos a lo largo de la carrera 7. Por otra parte, lo que distingue una tesis de un trabajo final es la originalidad y la mayor envergadura conceptual y metodológica de aquélla.

Sin embargo, en un trabajo final de grado la originalidad se pone de manifiesto cuando se logra un avance en el estado del conocimiento. Dicho avance puede darse a partir de la caracterización exhaustiva de un caso, de las sugerencias para cambiar un proceso de gestión, de la propuesta de un negocio, de la implementación de una estrategia que mejore condiciones de producción. En este sentido, el aporte original no debe considerarse sólo en su aspecto teórico – conceptual sino como una respuesta superadora a los saberes ya existentes en términos de su aplicabilidad empírica.

EL “TRABAJO FINAL DE GRADO”, ¿DE QUÉ SE TRATA?

Son numerosas las carreras de distintas facultades y universidades que exigen una producción final para otorgar el título de graduación.

Esta decisión no es arbitraria. En el caso de carreras tradicionales con corte netamente académico, está clara la necesidad de formar investigadores y ese trabajo significa el comienzo de un largo recorrido. Cuando se trata de carreras de corte profesional, la exigencia se inscribe en la necesidad de formar universitarios con un pensamiento que permita la indagación además de lograr competencias profesionales estandarizadas.

“La inclusión de la investigación en la formación de profesionales parece ser cada vez más necesaria en un tiempo en el que se produce un gran avance en el terreno de la construcción de conocimiento científico y tecnológico […] Por lo tanto formar profesionales hoy implica formar gente que sea capaz de pensar los problemas de una manera nueva, de estructurar nuevas concepciones acerca de lo que es la ciencia y la tecnología y de los rasgos que asume el saber en cada una de las disciplinas” (Suárez, 2002, p. 30).

Concretamente, un trabajo final puede dar la posibilidad de aprender a partir de la construcción y no solo mediante la repetición de conocimientos. Es más, podemos pensar el trabajo final de grado como una primera instancia hacia la posibilidad de integrar futuros conocimientos.

La elaboración de un trabajo final implica una serie de pasos, a saber: diseño, elaboración y evaluación8. En este capítulo desarrollaremos brevemente los dos primeros.

El diseño implica pensar en una estrategia de indagación que también suele denominarse proyecto 9. Dicha estrategia permitirá explicitar i) el problema que se abordará en el trabajo final, ii) los objetivos que se deberán alcanzar para dar respuesta al problema y iii) la metodología y técnicas empleadas para hacerlo. Esta “hoja de ruta” guiará el resto del proceso, incluso la aprobación o desaprobación del trabajo, porque en la medida en que el diseño se ajuste a las condiciones de viabilidad y coherencia interna, el resultado será satisfactorio, de lo contrario el camino a recorrer será más incierto.

Por su parte, la elaboración del trabajo final estará signada por el tipo de estudio o producción que se elija. En algunos casos redundará en una solución a un problema real, o en una propuesta de acción, o en un plan de negocios, o en una caracterización que permita una mejor apropiación de un recorte de la realidad social, empresarial u organizacional.

Más allá del tipo de trabajo final que se realice, éste siempre debe explicitar 1) los principios de la disciplina y 2) dar cuenta de las técnicas que se emplearon para producir conocimiento útil, que sirva para la toma de decisiones, por ejemplo.

En la elaboración del trabajo final no hay que confundir la instancia de investigación con los modos de exposición de los resultados que surgen a partir de la indagación. Es decir, todo trabajo final que aporte al conocimiento tendrá que exponer los resultados de un modo particular. Ahí entran a tallar los distintos géneros discursivos 10. Para ello no puede dejarse de lado al interlocutor. Utilizando los datos construidos a partir del proceso de descubrimiento, no es lo mismo escribir un artículo para difundir resultados en la revista que acompaña al diario de los domingos, que publicar un libro destinado a la comunidad científica, o un texto para legos.

Sobre esta cuestión también tenemos alguna postura tomada.

¿Por qué un trabajo final de grado no tiene que exponerse bajo el género de ensayo? “El ensayo es más flexible, más abierto, más libre” (Menin y Temporetti, 2005, p. 61).

Esas licencias pueden tomarse cuando los recorridos conceptuales y profesionales permiten hacer especulaciones aunque no haya referencias a antecedentes científicos. Puede resultar más complejo para un alumno de grado expresar conocimientos técnicos, profesionales o académicos en un formato que no es el más común en la formación universitaria tradicional con impronta positivista. Como plantea Menin (2005) el ensayo tiene carta de ciudadanía en el campo literario y muy poco se habla de ensayos científicos. Entonces, “traducir” un producto construido a partir de la necesidad de dar respuesta a un interrogante y/o de resolver un problema específico, al lenguaje ensayístico puede abrir nuevas dificultades a una tarea que de por sí impone diversos desafíos, como es escribir un trabajo final. Esto no significa que se deje de lado la forma dialógica que se presta para la interpretación, sin embargo, todo lo que se exprese de este modo tiene que remitir a información debidamente referenciada.

El ensayo puede permitir una gama de interpretaciones del texto, lo cual es sumamente interesante y desafiante tanto para el lector bien predispuesto como para el autor con intención de expresar sus ideas con capacidad literaria. Sin embargo, sostenemos que en un trabajo final, básicamente para facilitar el modo de exposición, toda interpretación tiene que justificarse a partir de cuestiones sintácticas, contextuales y conceptuales (Menin y Temporetti, 2005). Para ello el lenguaje técnico aparece facilitando la tarea del alumno y, eventualmente, la del evaluador que restringe su margen de discrecionalidad.

No sostenemos que haya una única manera de producir y de dar a conocer conocimiento, sólo que nuestra experiencia docente nos indica que para un alumno de grado, sobre todo aquellos provenientes de carreras técnicas y de corte profesionalista con poca experiencia en la escritura de “papers” e informes 11, un estilo “estandarizado” que siga la lógica interna de un informe científico hará más sencilla la tarea de escribir el trabajo final.

Nuestra postura no plantea que esta forma de exponer resultados redunde en mayor objetividad, tema que no trataremos en este trabajo. Sólo aporta una sugerencia para evitar que el trabajo final de grado se convierta en una sucesión de opiniones, declaraciones de principios o valoraciones, todas pertinentes siempre y cuando puedan sustentarse en la construcción de conocimiento previo que las justifique y que dé cuenta de la diferencia entre el sentido común y el conocimiento producido a partir de reflexiones lógicas, coherentes y articuladas con la realidad.

Entonces, cuando pensamos en escribir el trabajo final, es decir cuando llegamos a la instancia de la exposición, no podemos dejar de lado que el interlocutor será un grupo de evaluadores 12: 1) docentes –académicos o docentes– profesionales y 2) la comunidad académica, puesto que estas producciones quedan en las bibliotecas de las universidades donde se realizan. Para ellos, sobre todo entendiendo que el trabajo final es otra instancia dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje, habrá que argumentar, fundamentar, alcanzar objetivos previamente establecidos, conceptuar y concluir de manera coherente según haya sido el análisis y los procesos de construcción de conocimiento.

Así, un trabajo final tiene que redundar en un modo de exponer resultados. Así como el diseño es una instancia necesaria para plantear la estrategia que se llevará a cabo a lo largo del proceso, el informe constituye el momento indispensable para la transmisión de resultados, sean ellos provenientes de un trabajo de investigación, de una propuesta de intervención, de una investigación de mercado, de un plan de negocios, de una auditoría de medios, de una investigación publicitaria, etc.

En cuanto a la extensión de un trabajo final, parafraseando a Phillips (2000) decimos que éste no debe ser más extenso de lo necesario: informar qué se ha hecho, porqué se lo hizo y las conclusiones extraídas. “A menudo se dice que se ha escrito mucho para ocultar lo poco que se ha logrado” (p.85).

¿QUÉ ES EL CONOCIMIENTO Y CÓMO SE LO PLASMA? SÓLO SÉ QUE NADA SÉ

Hasta aquí hemos sostenido que el trabajo final de grado tiene que aportar al conocimiento y brindar respuesta a algún problema claramente definido.

Ahora bien, ¿qué implica “conocer”?

Siguiendo a la Real Academia Española, esta acción tiende a 1) averiguar la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas, 2) entender, 3) distinguir, es decir, entender un objeto o situación como distinto de otro.

Entonces un trabajo final de grado, en la medida que satisfaga alguna de estas acciones estará contribuyendo al conocimiento científico o profesional, a partir de un “corpus” coherente y sistemático sobre algún sujeto, objeto, institución, organización de la vida natural, social, económica, cultural. Todo aporte para la mejor apropiación de la realidad (en cualquiera de sus dimensiones) es considerada conocimiento.

Es decir, aportar al conocimiento es reducir la brecha entre lo deseable y lo que es, por eso la solución a un problema es considerado un aporte.

De todos modos, hay que considerar que no todas las disciplinas plantean el mismo tipo de interrogantes, ni la posibilidad de producciones similares, como tampoco la utilización de las mismas herramientas técnicas y metodológicas ni demandan iguales destrezas ni enfoques conceptuales. Entonces, el aspecto que resignifica la importancia de un trabajo final de grado como punto de llegada de la formación académica y profesional es la posibilidad de elaborar conocimiento a partir de la especificidad que cada carrera imprime a sus egresados. Por ello, el trabajo final debería permitir la titulación de grado a través de distintas modalidades de producción de conocimiento.

EL TRABAJO FINAL Y SUS DIVERSAS MODALIDADES

De este modo llegamos a concluir que el trabajo final de grado debe “encarnar” los conocimientos conceptuales, técnicos y metodológicos como así también las destrezas y habilidades que se aprehendieron a lo largo de la formación universitaria y que se deben condecir con aquello que demanda el mercado de trabajo, tanto al profesional como al académico, puesto que uno y el otro saldrán a disputar espacios a partir de su capacidad de dar nuevas respuestas, es decir, de construir conocimiento.

Por ello, las diferentes carreras de grado tienen que plantear modalidades alternativas de producción para que el graduando ponga de manifiesto las herramientas específicas que adquirió y que tendrá que poner a jugar en su desenvolvimiento académico y/o profesional.

Cada modalidad de trabajo final, entonces, tiene que contemplar la consecución de un producto que sintetice aspectos primordiales del perfil de graduado que cada Universidad pretende formar, respetando los intereses de los alumnos y sus prioridades académicas y profesionales.

EN SÍNTESIS

A partir de lo expresado en este capítulo, un trabajo final para acceder a la titulación de grado debe:

1) • Plantear un problema y su posible solución, o

• una pregunta cuya respuesta contribuya al conocimiento,

• una propuesta de acción a partir de un diagnóstico, o

• la elaboración de un producto (estético, tecnológico, metodológico, cultural) que pueda

aplicarse en un contexto real.

2) Articularse lógicamente.

3) Evitar abordajes panorámicos.

4) Circunscribirse a un objeto concreto y abordable a partir de los conocimientos que ha adquirido el alumno a lo largo de la Carrera de grado y según su perfil profesional.

5) Privilegiar la observación empírica sin despojarla de los encuadres conceptuales.

6) Llevar a cabo una indagación con objetivos de alcance académico y/o profesional.

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NOTAS

1. Se llevó a cabo un relevamiento no exhaustivo pero que incluyó a una diversidad de universidades públicas y privadas de Argentina. Agradecemos al Lic. Pablo Stropparo por su colaboración en esta búsqueda y en la sistematización de la información.

2. Esta enumeración proviene de los Reglamentos de Tesis, Tesinas o Trabajos Finales consultados a partir de las páginas institucionales de diferentes universidades nacionales públicas y privadas.

3. El subrayado es nuestro.

4. “Una caracterización bastante aceptada de tesis doctoral es que tiene que ser una contribución original al conocimiento científico” (Suárez, 2002, p. 137).

5. Resolución 1168/97 del Ministerio de Cultura y Educación. Anexo. Punto 1. Carreras de Posgrado.

6. Sostenemos que el problema que se plantee el graduando sea de índole empírica para evitar caer en una monografía, riesgo no poco común entre alumnos de grado cuando tratan de abordar un problema de envergadura teórica.

7. Una monografía puede escribirla un alumno que está cursando sus primeras materias universitarias.

8. Sobre esta última ver Capítulo 2.

9. Si bien los conceptos diseño y proyecto en el marco de un proceso de investigación no son sinónimos, no abundaremos aquí en sus diferencias.

10. Ver capítulo 3.

11. “En la cultura científica anglosajona se denomina papers a los avances de información (casi borradores) sobre la investigación en curso… El Informe a diferencia del paper debe tener el rigor de un documento con cierto carácter de concluido, destinado a la discusión pública y a su posterior publicación” (Menin y Temporetti, 2005, p. 58-59).

12. “… hay que insistir en aquello de la tesis no es una novela. Ni siquiera un cuento de formato clásico. Tampoco es la bella narración de un fenómeno dado. Es algo más complejo, sujeto a exigencias tanto formales cuanto sustanciales. Es cierto también que esas exigencias o requisitos no son fijos ni inmutables” (Menin y Temporetti, 2005, p. 30). Las consideraciones que hace esta autora respecto de una Tesis, podemos aplicarlas también a la redacción de un trabajo final de grado.

CAPÍTULO 2

La evaluación como práctica social institucionalizada

¿Evaluando procesos o sólo productos?

Graciela Resala

INTRODUCCIÓN

Los lectores que hayan recorrido la introducción y el primer capítulo, ya contarán con las herramientas conceptuales que les permitan reflexionar sobre qué es un trabajo final, una tesis o tesina, conocerán algunas de las diferencias que se establecen entre estos productos académicos; y habrán podido reconocer la importancia del trabajo final de integración en la formación académica así como su relevancia para la futura inserción profesional-laboral del titulado.

Establecimos anteriormente 1 que todo trabajo académico sigue al menos tres pasos: diseño, elaboración y evaluación; en este capítulo nos referiremos a este último, la evaluación. Veremos que, en el nivel universitario, ésta se torna el paso más codiciado de sortear porque de su éxito depende la tan ansiada titulación.

Comenzamos proponiendo una analogía de la evaluación con la investigación científica y por ello desarrollaremos sus diferentes componentes siguiendo una lógica similar. La evaluación será, entonces, nuestro objeto de investigación y del vasto campo de la práctica de la evaluación educativa, focalizaremos en aquella llevada a cabo en el nivel de la educación universitaria de grado.

Así, a lo largo del capítulo vamos a identificar los elementos constitutivos de todo proceso de evaluación. A saber:

 ¿Cuál es el objeto de evaluación?: ¿el rendimiento del alumno/a, la actividad del docente, la calidad de los curricula, la concreción de la propuesta académica de la Universidad?

 ¿Qué se evalúa?: ¿procesos de enseñanza y de aprendizaje o productos finales obtenidos?

 ¿Quiénes evalúan? ¿El alumno/a (autoevaluación), el Tutor o el Tribunal Evaluador (heteroevaluación)?

 ¿Qué instrumento se utilizan para recoger la información?

 ¿Cómo se analiza la información obtenida?

Comencemos, entonces, con nuestra tarea.

DEFINICIÓN DE EVALUACIÓN

Acerca de la evaluación pedagógica se ha escrito mucho desde que Ralph Tyler 2 introdujera, en la década del treinta, el concepto de evaluación en el campo educativo.

¿Pero qué entendemos por evaluar en el ámbito de la educación formal, en el nivel universitario?

Para responder a esta pregunta vamos a hacer un rodeo breve, pero necesario.

Un recorrido por la bibliografía existente nos muestra que las definiciones de evaluación son múltiples 3 Sin embargo, la mayoría de ellas contemplan tres componentes comunes. Toda evaluación supone:

- una recolección y análisis de datos,

- determinadas valoraciones o juicios de valor que son la base del proceso,

- finalidades específicas que determinan sus diferentes usos.

Recordemos que el valor asignado siempre está en referencia a un sistema de calificación preestablecido con anterioridad a la emisión del juicio de valor.

“Evaluar hace referencia a cualquier proceso por medio del cual alguna o varias características de un alumno, de un grupo de estudiantes, de un ambiente educativo, de objetivos educativos, de materiales, profesores, programas, etc., reciben la atención del que evalúa, se analizan y se valoran sus características y condiciones en función de unos criterios o puntos de referencia para emitir un juicio valorativo que sea relevante para la educación” (Gimeno Sacristán y Pérez Gómez, 1992, p. 338).

Si bien nos estamos refiriendo a la evaluación en su función pedagógica no tenemos que olvidar que ésta es también una práctica cultural que afecta el imaginario social de padres, docentes, universidad y del sistema educativo en su conjunto y como tal debe ser también analizada.

TEORÍAS DEL CONOCIMIENTO, DE LA ENSEÑANZA Y DEL APRENDIZAJE

Siempre el concepto de evaluación es subsidiario del de enseñanza, y éste está referido no sólo a qué se enseña sino también a cómo se enseña, dimensión del contenido y de las estrategias de enseñanza.

Es importante tener presente que toda teoría pedagógica tiene una particular filiación didáctica (teoría de la enseñanza) a la que le corresponde una teoría psicológica determinada (teoría del aprendizaje) y ambas tienen en la base su referencia última a una epistemológica también particular. En otras palabras, existe una articulación e interdependencia entre teoría del la enseñanza, del aprendizaje y del conocimiento.

Podemos afirmar que toda práctica institucionalizada de evaluación responde, en cada caso, a una particular teoría pedagógica que se encuentra siempre en relación con una teoría del aprendizaje legitimada en una teoría psicológica acerca del sujeto que aprende.

Identifiquemos, entonces, los dos modelos básicos del que derivan las diferentes escuelas pedagógicas.

Cuando consideramos la enseñanza como entrenamiento de habilidades, la teoría del aprendizaje que le es solidaria considera a éste como resultado de una actividad condicionada y por consiguiente la evaluación de dicho aprendizaje está centrada, básicamente, en los resultados obtenidos, y éstos son siempre observables y medibles objetivamente.

Cuando consideramos la enseñanza como producción de cambios conceptuales, el aprendizaje es un proceso constructivo de características sociales, sólo secundariamente individual; los criterios de evaluación le dan relevancia a los estados intermediarios de construcción del conocimiento y por eso el proceso mismo se transforma en el elemento central para analizar.

En la enseñanza pocas veces estos modelos se presentan puros y la utilización de uno y otro de modo alternativo o complementario según el objeto a aprender y el contexto de aprendizaje (Pozo, 1996) resulta hoy una práctica más o menos habitual.

El problema se presenta cuando la combinación de estos modelos hace que, a veces, se enseñe desde una teoría con filiación más o menos constructivista y se evalúe desde otra teoría, más o menos conductista. En el primer caso se da valor al proceso de construcción del conocimiento, y para ello se establecen puntos de partida y de llegada y así en las sucesivas conceptualizaciones parciales que van conduciendo al punto final se encontrará la cualidad del aprendizaje logrado. En el segundo caso, puestos a evaluar el aprendizaje se lo hace dando valor únicamente a los resultados, sin importar el camino recorrido por cada alumno.

No pocas veces, a este divorcio entre la modalidad de la enseñanza y la de evaluación de un aprendizaje, se le suma otra dificultad: se evalúa qué se enseña (contenidos) pero no se lo hace de la misma manera cómo se lo enseñó (estrategias). Por ejemplo: si en la enseñanza se usa la estrategia del análisis de casos, se podrá evaluar contenidos proponiéndole al alumno/a la solución de un problema presente en un caso particular. Pero si nunca, o poquísimas veces, se usó esta estrategia no se estará evaluando el qué de la manera o el modo en que se lo enseñó.

Este es uno de los problemas que se les presenta a algunos alumnos cuando tienen que realizar un trabajo final ya que -en algunos casos y para algunas carreras-, el diseño de un trabajo final es una metodología con la cual no están familiarizados. Volveremos sobre este punto cuando analicemos qué evaluamos y a través de qué instrumento lo hacemos.

TIPOS Y FUNCIONES DE LA EVALUACIÓN

Según sea el propósito y el momento en que se realiza, la evaluación tendrá una u otra finalidad que nos remite a sus diferentes usos pedagógicos: evaluación inicial o diagnóstica, evaluación formativa o de proceso y evaluación final, de resultados o evaluación sumativa (Scriven, 1967).

Cuando de lo que se trata es de la evaluación del rendimiento del alumno/a expresado en sus producciones en el contexto de la relación pedagógica docente-alumno, hablamos de calificación. Cuando se trata de evaluar este rendimiento en el aprendizaje graduado y por niveles, referido ahora a la relación alumno-institución educativa nos referimos a la promoción. Y por último, cuando la evaluación recae sobre el rendimiento del alumno/a en el momento final de su carrera académica y lo ubica en su relación con la legalidad misma del sistema educativo hablamos de graduación. Para los fines de este trabajo, nos interesa esta última. Un detalle, no menor, es que todas ellas están destinadas a la evaluación del aprendizaje del alumno sin considerar explícitamente la dimensión de la enseñanza, por eso las fallas son siempre interpretadas como “problemas de aprendizaje”.

Pero volvamos a la graduación. Con ella el egresado recibe el ‘certificado institucional’ que avala social y culturalmente que cuenta con los saberes pretendidos para su formación académica de grado. Aunque sabemos que la posesión de un título no garantiza por sí sola la presencia de esos pretendidos saberes, las políticas educativas –no sólo regionales sino también mundiales– muestran una tendencia a poner el énfasis en la obtención y acumulación de títulos en tanto productos educativos que adquieren valor de intercambio. Este problema –el de la titulación que no garantiza saberes– se constituye en el lado más oculto de la evaluación educativa.4 Obtener el título de grado como resultado de una evaluación sorteada con éxito ubica a cada quien en un lugar social altamente valorado. Así, en cada titulación confluyen las funciones pedagógicas, sociales y de control del proceso de evaluación.

Considerada la evaluación como práctica social, a la vez que socializadora, los títulos que de ella resultan se constituyen en los representantes simbólicos de la posesión de saberes que tienen más o menos valor en el mercado laboral. De este modo, la evaluación cumple su función político-social diferenciando a los individuos según la posesión de más o menos títulos de mejor o peor procedencia académica. El valor socialmente asignado a un título de grado dependerá también del valor otorgado a la Universidad de procedencia.

IDENTIFICACIÓN DE LOS ACTORES INVOLUCRADOS

Hablemos ahora sobre los actores involucrados en el proceso de evaluación.

Es evidente que cuando un estudiante realiza el trabajo final que le otorga su título de grado se constituye en el actor principal del proceso. Agregaríamos, el actor principal visible. Pero hay otros actores, más o menos invisibles, que también juegan un rol protagónico. El tutor también es evaluado, así la desaprobación del trabajo del alumno/a lleva siempre implícita una pregunta ¿qué hizo el tutor? ¿Cómo descuidó tal o cual aspecto teórico o metodológico? Muchas veces, el tutor termina considerado casi como un co-autor del trabajo del alumno/a.

Ahora bien, ¿podemos afirmar que existió una buena tutoría cuando el trabajo del alumno/a no fue aprobado? En los hechos comprobamos que cuando se presenta un problema en el aprendizaje, éste es identificado, nominado y solucionado de acuerdo a la teoría pedagógica que legitima teóricamente la práctica de ese docente. Frente a este interrogante se abre otro mucho más amplio que lo contiene: ¿puede haber enseñanza sin aprendizaje? 5 Un buen tutor no necesariamente se constituye en sinónimo de un buen trabajo final. Sin embargo, no siendo suficiente, es un elemento necesario del proceso: se necesita un tutor experto en la temática elegida por el alumno/a pero, además con conocimientos metodológicos necesarios para guiar el proceso de diseño y elaboración del trabajo.

Frente a las dificultades metodológicas que se les presentan a los alumnos y que se reencuentran, muchas veces, en los propios docentes planteamos dos vías posibles de solución: formar metodológicamente a los docentes universitarios -expertos en sus disciplinas- antes de que intervengan en el proceso de tutoría de trabajos finales de grado o implementar un sistema de tutoría mixta: un tutor experto en la disciplina y otro tutor metodológico. En la investigación que hemos realizado de los reglamentos de tesis de grado de las tres universidades latinoamericanas que ranquean mejor entre las universidades del mundo, no presentan esta segunda modalidad.6

Los evaluadores –constituidos la mayoría de las veces en Tribunal Evaluador– conforman el otro actor de este proceso. De su lado queda la decisión final que lleva a la titulación o no del estudiante, por eso, muchas veces es visualizado, por alumnos/as y tutores más como una instancia jurídico-juzgadora que académico-pedagógica.

Pero vayamos a la Universidad, que es quien subscribe la titulación, marcando así la filiación académica del egresado. En su origen, ocho siglos atrás, la Universidad se erigió sobre la base de cuatro pasos: la Lectio o lectura, la Quaestio o planteo, la Disputatio o discusión y la Determinatio o solución, todos ellos referidos al lugar de la autoridad suprema. Si bien es en el tercer paso, la Disputatio, que encontramos el antecedente de lo que conocemos hoy como evaluación, les proponemos considerar además y en simultaneidad con lo anterior, el establecimiento de una relación entre los dos primeros pasos –lectura y planteo- con el tiempo de tutoría; el tercero –la discusión– con la presentación o defensa del trabajo final, acto que involucra al estudiante y al Comité Evaluador y el último –la solución–, con la función de otorgamiento del título reservada a la Universidad.

Pero veamos qué se entiende por disputatio: “Es la universidad medieval el ámbito donde cristaliza primeramente como práctica educativa (la disputatio: exposición y debate de un alumno con sus profesores). La competitividad que impuso la pedagogía jesuítica sitúa la demostración constante de lo que se aprende, ya por medios escritos, como una de las espinas dorsales del sistema didáctico que tendrá una fuerte impronta en los métodos pedagógicos modernos. La universalización del sistema educativo adopta la evaluación como práctica extendida para estimular y controlar al estudiante…” (Gimeno Sacristán y Pérez Gómez, 1992, p. 338).

Llegados a este punto podemos afirmar que si bien el alumno/a es el protagonista principal de este proceso ya que lo que se evalúa es su aprendizaje y la consecuencia es su titulación de grado, en y por ésta, simultáneamente, estamos evaluando también la enseñanza impartida por docentes tutores, docentes evaluadores así como los resultados obtenidos por la Universidad que otorga la titulación. Por otro lado, en la evaluación de los aprendizajes, ninguno de estos actores es un elemento neutral. Por último, la sociedad, más o menos, meritocrática que controla y regula el valor e intercambio de saberes socialmente reconocidos constituye, tal vez, uno de los actores menos visibles, pero no menos importante, de este proceso.

IDENTIFICACIÓN DE LOS OBJETOS DE EVALUACIÓN

Según focalicemos en uno u otro de los actores del proceso, el objeto sobre el que recae la evaluación es:

- el rendimiento académico alcanzado por el alumno/a (evaluación de aprendizaje),

- la formación académico-metodológica y la actividad didáctica de los docentes tutores y evaluadores (evaluación de la enseñanza) o

- la concreción de la propuesta académica de la Universidad (evaluación de la curricula y propuesta institucional).

Veremos que la importancia de la delimitación del objeto que se evalúa reside en que cuando se lo hace, al mismo tiempo se toman decisiones fundamentales acerca de cómo se va a realizar la evaluación. Se decide sobre los instrumentos, los procedimientos y los indicadores que se utilizarán en el proceso evaluativo.

Por otro lado, cuando se evalúa el trabajo final de un alumno/a de grado al mismo tiempo se están evaluando, aunque sin explicitarlo, los otros objetos. La titulación de un egresado es siempre un valor agregado para el tutor pero sobre todo para la Universidad que lo formó.

INSTRUMENTO UTILIZADO PARA OBTENER LA INFORMACIÓN

Llegamos a uno de los puntos más controvertidos en la práctica de la evaluación educativa. ¿Qué instrumento es el más adecuado para la recolección de la información? Antes de tomar una decisión tengamos presente que toda vez que nos abocamos a la recolección de datos tendremos que considerar la confiabilidad y la validez del instrumento elegido7.

En el relevamiento que realizamos encontramos que en su gran mayoría se exige que los alumnos realicen su trabajo final de carrera con la modalidad de investigación científica.8

Nuestra experiencia docente nos permite afirmar que esta modalidad, la investigación científica, está en la base de cualquier otra de las modalidades que puede adoptar un trabajo final.9 Sin embargo, consideramos que las características específicas de cada carrera de grado requieren modalidades particulares de producción y evaluación que muchas veces constituyen en sí mismas un instrumento diferente de recolección de datos y por esta razón le dedicamos, a cada una de ellas, un desarrollo extenso en los capítulos que siguen.

¿EVALUANDO PROCESOS Y/O RESULTADOS ALCANZADOS?

Consideramos imprescindible evaluar tanto procesos como productos alcanzados y para ello tenemos que poder construir indicadores que nos permitan medir ambas realidades.

De este modo, obtenida la información de cuya valoración resultará la titulación del egresado, les proponemos, tanto al alumno/a como al docente, realizar el análisis de los datos a partir de tres grillas con sus correspondientes indicadores de evaluación.

GRILLA PARA LA EVALUACIÓN DEL PRODUCTO ALCANZADO10

Por un lado, el lector encontrará en cada uno de los capítulos siguientes, en los que se desarrollan las diferentes modalidades, las grillas de evaluación con los indicadores que miden lo que expresa el trabajo final de grado en tanto producto final y acabado.

Por otro, en este capítulo, les ofrecemos dos grillas que contemplan los indicadores de evaluación del proceso de aprendizaje y enseñanza.

Proponemos que de la aplicación de cada una de ellas resulte una calificación –numérica o conceptual, según la modalidad elegida por cada universidad– que lleve a la titulación o no del alumno/a.

GRILLAS PARA LA EVALUACIÓN DEL PROCESO

Confeccionamos las grillas tomando en cuenta dos instancias:

- La presentación oral del trabajo final, realizada por el alumno/a.

- La evaluación del proceso tutoreado, presentada por el tutor.

EVALUACIÓN REALIZADA POR EL ALUMNO: PRESENTACIÓN ORAL11

Proponemos denominar a esta instancia ‘presentación oral’ abandonando la denominación más habitual de ‘defensa de tesis’ porque ésta alude implícitamente al término contrario y a su vez complementario de ‘ataque’ que deseamos desocultar. Proponemos, en su lugar, una práctica de autoevaluación del alumno frente a un Comité de evaluadores, lo más alejada posible de una defensa frente a un tribunal inquisidor.

La autoevaluación puede considerarse como el momento de cierre de la presentación oral del trabajo.

En aquellos casos que la universidad no contemple la presentación oral, el alumno puede adjuntar un informe escrito a su trabajo final, aunque ésta modalidad dejaría por fuera el aprendizaje acerca de la enorme importancia que debe otorgársele a la posibilidad de la reformulación de las ideas como producto del diálogo académico-científico.

Para el caso, entonces, de que la universidad elija la modalidad ‘presentación oral’ proponemos que frente al Comité de Evaluación el alumno/a tenga que dar cuenta, verbalmente, de los siguientes indicadores:

GRILLA DE AUTOEVALUACIÓN


Indicadores de evaluación del proceso:“Relación alumno-trabajo”
a) Aspectos de contenido1. Explicitación de los conocimientos previos y los adquiridos sobre el tema.2. Identificación de los aspectos menos desarrollados en el trabajo.3. Explicitación de las dudas que persisten y merecen una profundización en el estudio del tema.4. Identificación de las rectificaciones frente a señalamientos de los evaluadores (si las hubo).

EVALUACIÓN REALIZADA POR EL TUTOR

Esta puede adoptar la forma de informe escrito que se adjunta al trabajo del alumno o puede ser presentado en forma directa al Comité de evaluación para acompañar la presentación con un diálogo conjunto entre evaluadores y tutor.

GRILLA DE EVALUACIÓN


Indicadores de evaluación del proceso:“Relación tutor-tutorando”
a) Aspectos actitudinales1. Respeto y cumplimiento del cronograma de entregas parciales, consensuado previamente con el Tutor.2. Honestidad y ética intelectual en la búsqueda y uso de la bibliografía ya existente sobre el tema.3. Capacidad de reflexión sistemática y crítica.4. Capacidad de trabajo en equipo (en caso de que el autor sea un grupo).
b) Aspectos de contenido1. Identificación y uso del lenguaje apropiado para la expresión escrita de un trabajo académico-científico de grado.2. Existencia de un avance en el conocimiento sobre el tema, expresado en la diferencia existente entre los saberes previos y el grado de conocimiento alcanzado.3. Reconocimiento del carácter siempre provisorio del conocimiento científico al que se arribó.

EN EL FINAL Y A MODO DE APERTURA

En este capítulo consideramos la evaluación de un trabajo final de grado como fase final de un proceso integrador de enseñanza y aprendizaje y por ello proponemos otorgarle un lugar significativo a la autoevaluación del alumno/a así como a la evaluación de los ‘tutores de procesos’. Proponemos, entonces, complementar la evaluación tradicional a cargo del Comité de Evaluación con la inclusión de los demás actores del proceso. De este modo y de manera inclusiva, hablaremos de evaluación de procesos y de resultados. Proceso de aprendizaje y resultados requeridos para la titulación de grado.

Asimismo, para la evaluación del recorrido formativo realizado por el alumno desde el inicio de la carrera, invitamos a que la Universidad elija integrar acreditación con calidad formativa y que la instancia de evaluación de la tesis de grado, sea un tiempo de aprendizaje para todos los actores involucrados.

Reflexionar sobre el lugar, la función y el desempeño académico de cada uno de los actores de este proceso nos permitirá realizar los cambios necesarios para lograr buenos aprendizajes: aquellos que producen cambios duraderos y transferibles.


RECAPITULANDO Entonces, a modo de síntesis, les proponemos: 1. Focalizar en el alto valor formativo del proceso de elaboración del trabajo final. 2. Considerar la interdependencia existente entre procesos y productos finales de aprendizaje. 3. Incorporar al alumno/a en el proceso de evaluación final a través de la autoevaluación en la presentación oral de su trabajo. 4. Incorporar al tutor en el proceso de evaluación final bajo alguna modalidad: a través de un informe escrito o presentación presencial en la instancia evaluativa final. 5. Arribar a la calificación final, numérica o conceptual –de la que resulta finalmente la titulación–, tomando en cuenta las tres grillas de evaluación presentadas: dos para el proceso y una para el producto final. 6. Reflexionar, en cada acto de evaluación de un alumno/a, acerca de aquellas prácticas de enseñanza que necesitan ser modificadas, realizando una revisión continua de la curricula de cada carrera y en última instancia, una evaluación acerca de la concreción de la propuesta académica de la universidad que suscribe la titulación. 7. Considerar la titulación del egresado como el resultado de un proceso de evaluación integral, integrada e integradora.

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NOTAS

1. Ver Capítulo 1.

2. Se puede leer entrevista a R. Tyler: Cordero, G. y García Garduño, J. M. (2004). The Tylerian curriculum model and the reconceptualists. Interview with Ralph W. Tyler (1902-1994). Revista Electrónica de Investigación Educativa, 6 (2). Recuperado de redie.uabc.mx

3. Sugerimos consultar: Camillioni, A., Celman S. y Litwin E. (1998). Evaluación de los aprendizajes en el debate contemporáneo. Buenos Aires: Paidós.; J. Gimeno Sacristán, J. y Pérez Gómez, A. (1992). La evaluación en la enseñanza. En Comprender y transformar la enseñanza (Cap. 10). Madrid: Morata.; Pérez, L. (1993). Teoría y evaluación de la educación superior. Buenos Aires: Aiqué.; Apel, J. (2001) Evaluar e informar en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Editorial. Buenos Aires: Aiqué; Puiggrós, A. (1994) Evaluación y Universidad. Estado del Debate. Buenos Aires: Aiqué; Lafourcade, P. (1992). Evaluación de los aprendizajes. Buenos Aires: Kapelusz.

4. Ver capítulo 2.

5. Se recomienda consultar, entre otros: Bourdieu, P. y Passerson, J. C. (1998). Eliminación y selección y Fundamentos de una teoría de la violencia simbólica. En La reproducción. Buenos Aires: Manantial.

6. “La existencia de una enseñanza sin aprendizaje viene avalada por la triste experiencia cotidiana de aprendices y maestros, que sin duda han compartido muchas horas de incomprensión mutua. Todos los maestros han vivido, al principio con desasosiego, luego con angustia y finalmente con una cierta resignación, la situación de enseñar cosas que sus alumnos no aprenden” (Pozo, 1996, p. 72).

7. Universidad Autónoma de México (puesto 152), Universidad de San Pablo (puesto 152) y Universidad de Buenos Aires (puesto 301) Clarín.com Recuperado de www.clarin.com.

8. “La confiabilidad consiste en que la repetida utilización del instrumento (incluso por diferentes investigadores) arroje los mismos resultados bajo las mismas circunstancias. Es decir, los datos obtenidos tienen que ser independientes de la persona del investigador y de posibles circunstancias azarosas en las que el relevamiento se llevó a cabo”. “La validez del instrumento está fundamentada en el hecho de que debe medir, a partir de la adecuada operacionalización de las variables, lo que el investigador desea medir y no otros aspectos” (Iglesias y Resala, 2005).

9. Ver Capítulo 1.

10. Ver Capítulos 4 al 9.

11. La mayoría de las universidades consultadas contemplan esta instancia que en general llaman ‘defensa de tesis’.

CAPÍTULO 3

Géneros discursivos

Florencia Bernhardt

LA ESCRITURA COMO PODER

De acuerdo con Michel Foucault (1973) el discurso aparece como una organización textual y contextual fuertemente restringida por el entorno que lo produce y lo recibe. Según este autor, el discurso está ordenado por leyes, controlado por una serie de procedimientos cuya función es «conjurar los poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad» (p. 11). El control se ejerce a través de una serie de «procedimientos de exclusión o externos» que determinan lo que puede ser dicho, admitido, rechazado, aceptado, escuchado, reconocido, separado. En otras palabras, opera sobre las condiciones de circulación, de uso y de acceso a los discursos, su grado de adecuación, permanencia y modificación o alteración. El orden resultante es producido por instituciones académicas, y se establece sobre la base de contingencias históricas. Se impone a través de las autoridades que las encarnan, de las disciplinas que distribuyen esos discursos, y de los métodos, objetos y proposiciones que los configuran.

La escritura no sólo no escapa a esta lógica sino que su dominio nos ubica en el seno de la comunidad académica que genera los propios discursos y que habilita a quienes la constituyen. Esto significa que los textos de carácter académico están regulados y restringidos por las instituciones y que adquieren características particulares de acuerdo con las convenciones establecidas. Las características de los textos que se producen en este marco no solamente obedecen a construcciones gramaticales y discursivas consensuadas; también responden a otras variables como su adecuación a un orden científico, estético o pragmático validado.

LENGUAJE E IDEOLOGÍA

Según V. Voloshinov (1992) el lenguaje es una actividad humana dentro del contexto social en el cual los sujetos se interrelacionan a través de la expresión y de la comprensión de sentidos vehiculizados por las palabras. Estos sentidos se cargan de un valor ideológico en el marco de la comunidad de habla en la que la práctica se realiza y en la que el signo lingüístico, la palabra, adquiere valor social, dialéctico e histórico. Lo ideológico posee significación social y se materializa a través del sonido, el gesto, el movimiento corporal, la palabra, para refractar una realidad que está más allá de lo material. Por esto, toda situación de comunicación implica el empleo de signos impregnados de ideología en un contexto social, signos que dan forma a enunciados que permiten establecer relaciones sociales –de dominación o no– y crear nuevas realidades.

Los hablantes no reciben una lengua acabada sino que se socializan dentro de la lengua materna a la que el hablante recurre para comunicarse de manera efectiva. La conciencia discursiva de los hablantes no tiene que ver ni con la forma de la lengua ni con la lengua en sí sino con enunciaciones determinadas dentro de un contexto ideológico dado. «La palabra siempre aparece llena de un contenido y de una significación ideológica o pragmática» (Voloshinov, 1992, p. 101).

Por último, Voloshinov sostiene que la palabra está orientada hacia un interlocutor con un vínculo social o grupo social, hacia un horizonte social típico y estable. La palabra representa un acto bilateral, es un producto de las interrelaciones del hablante y el oyente, es un puente del yo construido con el otro que nos constituye como sujetos. La propiedad -simbólica- de la palabra no le pertenece por entero al hablante; él la toma prestada del acervo social para un enunciado concreto. «La estructura del enunciado se determina –y se determina desde el interior- por la situación social más inmediata y por la situación social más englobadora» (Voloshinov, 1992, p. 122). El enunciado se determina por los participantes presentes y distantes según la situación, le confiere una entonación de exigencia, súplica, reclamo, petición, con un estilo sofisticado o sencillo, etc. La situación y los participantes determinan la forma y el estilo. Los estratos más profundos de la estructura se determinan por las relaciones sociales más duraderas y profundas. Su grado de conciencia es proporcional a su orientación social. «Sin contar con una objetivación, con una expresión mediante un material determinado (el material del gesto, de la palabra interna, del grito), la conciencia es una ficción» (Voloshinov, 1992, p. 126).

La conciencia como expresión material organizada (mediante el material ideológico de la palabra, del sonido, del signo, del dibujo, del color, de la música, etc.), es un hecho objetivo de fuerza social. Los sistemas ideológicos articulados (arte, moral, derecho) se cristalizan, influyen, se alimentan y se distinguen de la ideología cotidiana, conjunto de experiencias vivenciales y de expresiones relacionadas. La ideología de la vida cotidiana tiene estratos determinados por la escala social que mide la vivencia y la expresión, y por las fuerzas sociales hacia las cuales deben orientarse. El centro organizador de cada enunciado, de cada expresión no se encuentra adentro, sino afuera: en el medio social que rodea al individuo» (Voloshinov, 1992, p. 130). La interacción es la realidad principal del lenguaje, el diálogo es una de las formas más importantes de la interacción.

LA COMUNIDAD ACADÉMICA

La comunidad académica está integrada por miembros que sostienen una serie de saberes considerados válidos, y por otros que se integran a ella para poder dominar los conocimientos que el primer grupo posee e imparte y alcanzar el poder que con ellos se asocia. Para poder lograr sus objetivos, los segundos deberán acomodarse a las pautas fijadas por el orden del discurso institucional y apropiarse de los códigos que circulan en este espacio, constituidos por un conjunto de saberes, conocimientos o competencias que los miembros de una comunidad poseen o desean poseer en relación con los objetos o temas de esa cultura generada en el espacio académico. Pero cabe señalar que hablar de competencias es también hablar de diferencias en la adquisición de los bienes simbólico-culturales que circulan. Esto significa que las personas que pertenecen a estas instituciones tienen o van adquiriendo una acumulación diferente de esos conocimientos y saberes específicos.

Las competencias y el dominio sobre dichos códigos se incrementan en virtud de las prácticas que se realizan en torno de una actividad. Específicamente, en la universidad, se requiere de una serie de competencias para la lectura y comprensión de textos llamados académicos o científicos. Estos textos suelen presentar grados de dificultad más complejos que los textos que se utilizan en la vida cotidiana. Sus primeras lecturas suelen poner en evidencia una serie de dificultades de lectura.

LOS PARTICIPANTES DEL PROCESO COMUNICATIVO ACADÉMICO

Todo texto es un mensaje. Como tal, está emitido por una instancia emisora o un emisor, quien dirige un mensaje a un receptor o destinatario. Para que la comunicación entre el emisor y el receptor sea posible es necesaria la presencia de otros elementos: un contexto de referencia o tema del mensaje, aquello de lo que se habla; un canal físico y una conexión psicológica que garanticen los vínculos entre emisor y receptor y un código o una serie de códigos compartidos.

Para abordar la producción y la comprensión de un texto es también necesario tener en cuenta una serie de elementos relacionados con la situación en la que el texto es producido, llamada en términos amplios contexto, y que hace referencia a las condiciones históricas, culturales, ideológicas, institucionales y a las relaciones que se establecen entre los participantes de la comunicación. Estas condiciones se manifiestan en el texto a través de determinadas convenciones discursivas: la estructura global, el léxico utilizado, el registro (formal o informal), etc.

La consideración de estos elementos que hacen posible la comunicación funciona como un mecanismo de control de la propia escritura y, si se lleva a cabo, resulta beneficiosa. Un escritor competente o eficaz tiene en cuenta esos factores; es capaz de adecuarse a la situación comunicativa en que se encuentra, y, en función de su destinatario, elige los códigos y los formatos textuales más apropiados, reorganiza sus conocimientos sobre el tema del discurso y adapta el nivel o grado de formalidad del mensaje. Estas cuestiones son significativas para la construcción del mensaje y de los sentidos que se pretenden comunicar.

Si bien cada ámbito académico establece una normativa sobre los discursos que circulan en él, existen parámetros compartidos por distintas instituciones debido a las relaciones que mantienen entre sí y a un conjunto de normas externas que las controlan y las habilitan.

Los textos se presentan, se utilizan, se reconocen y se elaboran por conjuntos de formas o estructuras llamadas géneros; estas formas discursivas operan como formatos de los mensajes y les dan características particulares que cada trabajo final, en todas sus variantes, deben asumir.

GÉNEROS DISCURSIVOS

Como se mencionó antes, los hablantes de una lengua no aprenden a hablar ni a escribir en forma aislada o sumando palabras, sino en situaciones comunicativas específicas y variadas, cuyos contextos establecen normas de utilización del lenguaje. Así, el discurso académico se aprende a partir de la utilización de enunciados más o menos regulares, y típicos llamados, en términos amplios, géneros discursivos.

Cada práctica social articula los géneros que los hablantes repiten, varían, intercambian y, por lo tanto, enriquecen y recrean la lengua. Los géneros son enunciados convencionalizados que circulan en las prácticas sociales de las comunidades y que proveen instrucciones para el uso o intercambio de esas formas. Restringen o limitan lo que puede y debe ser dicho, cómo debe ser dicho y quiénes son los locutores legítimos o autorizados para hacerlo, ya que no cualquier persona habla en cualquier situación comunicativa.

Los géneros discursivos son enunciados estabilizados y normativizados que circulan entre los miembros de una comunidad, en este caso, la académico-científica, cuyas características obedecen a parámetros de restricción y de legitimación, es decir, de control, sobre el decir de esa comunidad.

En ellos se pueden observar relaciones de hegemonía o predominio de ciertos elementos textuales frente a otros. Por ejemplo, en el discurso científico los rasgos o elementos hegemónicos o dominantes son del orden de la descripción, la explicación o la solución de problemas, la justificación y la argumentación. La presencia de estos elementos se puede observar en géneros académicos como los artículos científicos o de divulgación, manuales de ciencia, enciclopedias, tesis, evaluaciones, entre otros.

Desde las formas de su composición interna o textual, los elementos que integran los géneros son las orientaciones o tipos discursivos cuya función es organizar las partes de los textos para su comprensión y comunicación. Los predominantes en el lenguaje científico-académico son los explicativos y los argumentativos, aunque también hay tipos narrativos, descriptivos o dialogales, según las intenciones del autor del texto, el contexto en que se produce y los propósitos de la investigación o del trabajo.

Los géneros discursivos académicos se caracterizan por la complejidad que requieren para ser elaborados y para ser comprendidos, ya que sus diferentes finalidades se orientan a actividades vinculadas con el pensamiento y la acción de la vida académica. Se exige que ellos den cuenta de algún tipo de saber, conocimiento, interpretación, investigación sobre algún objeto considerado desde una variedad de puntos de vista diferentes a la conversación y reflexión cotidianas. Suponen marcos previos de conocimiento tanto por parte de los estudiantes como por parte de los docentes y también habilidades sobre la obtención y generación de esos conocimientos, por lo que las expectativas de los miembros de la comunidad académica se ven representada en los géneros.

CARACTERÍSTICAS DE LOS GÉNEROS DE CIRCULACIÓN ACADÉMICA

Una clasificación amplia, que contendría en la categoría “tesis” los trabajos finales de grado y las tesinas, es la siguiente (Moyano, 2000, p. 31):


FinalidadDestinatariosGénerosContenidoCirculación
InformarComunidad científicaMuralArtículo científicoComunicaciónPreliminarResultados de un trabajo de investigaciónExposición gráficaDiscusión oral
Informar y acreditar méritosComunicaciónTécnicas o métodos de investigación estudios de casosEscrita
AbstractResumen de un texto científico
InformarEvaluarSentar posiciónDocentes de grado y posgrado universitarioTesisMonografíaInvestigaciónDocumental
FuncionariosInforme científicoEstado de avance de una investigaciónDescripción de un problemaPropuestas de solución a un problema
Comunidad científicaRevisión bibliográficaEstados de cuestiónSugerencias de líneas de investigación
EnsayoPresentación de teoríasDiscusión teórica de un problema
PonenciaFormulacionesExperiencias o estudios de casosNueva técnica o métodosExpresión oralEscrita para publicar
ConferenciaNovedades y últimas especulacionesSugerencias para investigaciones
ConfrontarDebateAportes a la solución de un problemaPosiciones frente a un tema o problemaOral

Los géneros académicos son variados y obedecen a diferentes situaciones y objetivos, por lo que requieren de habilidades y actitudes diferentes en cada caso.

Un listado de los géneros académicos más requeridos comprende los siguientes: monografía, informe de investigación, ponencia, artículo científico, artículo de divulgación científica, ponencia, parcial, monografía, ensayo, trabajo final o tesis o tesina de grado, tesis de posgrado, ensayo. Las características de estos géneros varían según los objetivos. Las características diferenciales son (Lynch, 2005):

1. Informe de investigación. Denominación genérica destinada a identificar a aquellos trabajos en donde lo escrito es exposición de una indagación científica previa. Puede ser desde un documento de trabajo hasta el informe final; su propósito puede ser sólo expositivo o servir de base para la toma de decisiones. A veces se usa estrictamente para designar investigaciones de campo.

2. Papel de trabajo (paper). Denominación genérica para identificar escritos no definitivos, elaboraciones modificables que se someten a discusión.

3. Monografía. Es un trabajo que trata acerca de un único tema, bien delimitado y preciso. Son escritos breves pero profundos. Ocasionalmente se lo usa para denominar a las investigaciones bibliográficas.

4. Artículo científico. Es un trabajo relativamente breve destinado a ser publicado en revistas especializadas. Los comités editores deciden las características de contenido y de forma que deben presentar. A veces son síntesis de informes o tesis de mayor envergadura.

5. Ponencia. Es la comunicación escrita que se presenta ante alguna reunión científica: seminario, congreso, simposio, etc. Los organizadores definen las características que deben tener. Se exponen oralmente, por lo que además de un lenguaje claro es conveniente tener apoyo audiovisual y estar compenetrado con los intereses del auditorio.

6. Tesina. Designa trabajos de corta o mediana extensión presentados para su correspondiente evaluación académica.

7. Tesis. Es la exposición escrita presentada ante una universidad o colegio para obtener distintos títulos (licenciatura, doctorado, etc.) al demostrar que se dominan las materias de estudio y que se es capaz de aportar nuevos y sólidos conocimientos. Es un trabajo serio y meditado, conclusión de un trabajo de varios años. Por eso son trabajos largos, rigurosos en su forma y contenido, originales y creativos; aunque el nivel de exigencia varía según el grado al que se aspire.

8. Reseña. Escrito breve que intenta dar una visión panorámica y a la vez crítica de alguna obra.

9. Ensayo. Es una obra relativamente libre en su estructura, en las que el autor expone razonadamente ideas y opiniones sin que deba utilizarse, necesariamente, la metodología científica. Son considerados científicos cuando se exponen resultados de investigaciones exploratorias, cuando se debaten ideas sobre asuntos de actualidad en el marco de las teorías científicas, cuando se discuten aportes disciplinares novedosos, etc.

PROCESO DE ESCRITURA: TRABAJO FINAL DE GRADO

La escritura es considerada hoy un potencial de conocimiento y un instrumento para la elaboración y organización del propio saber a través de la práctica, por lo que se puede afirmar que el aprendizaje de la escritura se realiza por la propia práctica de los géneros discursivos. Todo proceso de escritura se caracteriza por una organización de secuencias de realización en la que intervienen diferentes estrategias que posibilitan optimizar el proceso. Está avalado por la comunidad académica, especialmente entre quienes necesitan de estrategias conscientes que guían este proceso, programar la escritura en una serie de pasos sintetizados de la siguiente manera: planificación, textualización y revisión. Cada uno de estos pasos reúne una serie de características que se detallan a continuación:

La planificación consiste en reunir los conocimientos iniciales, preparar la tarea que se realizará, organizar los objetivos de escritura y, en función de estos, los criterios con los que se la llevará a cabo. Se trata de planificar las acciones que se quieren ejercer sobre el texto.

La textualización es, concretamente, la puesta en texto. Para ello, se preparan los borradores, se desarrollan las instrucciones planificadas en la actividad anterior, es decir, es la escrituración misma. Se redacta el texto, se transcriben a texto las ideas previas, se las recrea, lo que permite recuperar y robustecer, cuestionar, poner en duda, etc., los conocimientos anteriores.

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