Kitabı oku: «Procedimientos anatómicos»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 305


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por PALOMA ORTIZ .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2002.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO387

ISBN 9788424934026.

INTRODUCCIÓN *
1. Formación de Galeno

Galeno nace en Pérgamo en el año 129-130 de nuestra era, hijo de Nicón, ilustre arquitecto, quien realizó las obras de ampliación del Asklepieîon de Pérgamo y además contribuyó financieramente a ello. Galeno recibió en su juventud una esmerada educación, propia de un joven perteneciente a una familia de elite de la burguesía urbana pergamea. En la primera etapa de su formación se preparó en aritmética y geometría además de en gramática, retórica y filosofía. Fue voluntad de su padre que conociera las diferentes escuelas filosóficas con el fin de evitar sectarismos limitantes. Una vez adquirida una formación de base humanística, se dedicó a partir de los dieciséis años al estudio de la medicina. En su preparación médica inicial Galeno también frecuentó las diferentes escuelas de Pérgamo, la dogmática de Sátiro, la empírica de Escrión y la pneumática de Eficiano 1 . Conoció también a través de Estratónico, su gran maestro en praxis clínica, al empírico Sabino, médico y humanista, que se adhirió a las teorías humorales de Hipócrates. Galeno lo consideró uno de los mejores conocedores de la medicina hipocrática, estimó sus comentarios, aunque a veces discrepara, y le atribuyó acertadas conjeturas. Pero fue tal vez Sátiro el maestro que mayor influjo ejerció en su profesión. Le despertó el interés por la anatomía, por la cirugía, por la terapéutica y por la lectura de los escritos hipocráticos. Y probablemente fue quien le puso en contacto con la tradición anatómica alejandrina y le enseñó la importancia de las disecciones para conocer mejor el funcionamiento del cuerpo. Sátiro fue, según Galeno, quien conservó con mayor fidelidad la doctrina de Quinto y se la transmitió a sus discípulos 2 , y además Galeno nos recuerda que quienes habían seguido las lecciones de Sátiro y le habían visto hacer disecciones pudieron ayudar mucho mejor a los enfermos que padecieron carbunclo en la epidemia que tuvo lugar en Pérgamo en los años 146-147 (AA I 2). De esta primera época es su obra Sobre la disección del útero .

Tras iniciarse en la medicina en Pérgamo, Galeno se fue a Esmirna donde asistió durante un año (149) a los cursos de Pélope. Durante este período centró su interés en los órganos respiratorios y su función en la respiración, lo que plasmaría en su tratado Sobre el movimiento del tórax y del pulmón . Pélope fue discípulo de Quinto y también discípulo dilecto de Numisiano, cuyos escritos, dice Galeno, conservaba pero no se los quería dejar a nadie pues de ellos se atribuyó ciertas teorías que aún no habían sido expuestas a la luz pública y también nos dice que tenía libros de gran valor pero que se quemaron después de su muerte sin haber sido copiados y que los escritos de anatomía que circulaban eran obra de sus alumnos, que los elaboraban para recordar lo aprendido con el maestro. Galeno afirma que la Anatomía de Pélope era larga y compleja, aunque no totalmente completa ni perfecta, igual que le ocurría a la de Sátiro (AA XIV 1; II 1041 Gar). A pesar de estas críticas y otras puntuales, Galeno siente respeto por Pélope como anatomista y como comentador de Hipócrates, y lo considera un buen maestro con dedicación a sus discípulos. Afirma también que él y Sátiro fueron los dos mejores discípulos de Quinto y sabe que gracias a ellos pudo conocer de buena fuente los estudios y experimentos anatómicos de Quinto y Numisiano.

Pélope le debió de recomendar que escuchara las enseñanzas de Numisiano en Corinto y allí se marchó Galeno, pero, cuando llegó, no debió de encontrar al maestro y se trasladó a Alejandría (ca . 152), donde permaneció unos cinco años 3 . Alejandría era entonces el foco más importante de experimentación anatómica. No parece que Galeno pudiera haber llegado a escuchar las enseñanzas de Numisiano, aunque sí sabemos que trabó amistad con el hijo de éste, Heracliano, y así pudo acceder a los círculos médicos en donde se discutían los progresos de la investigación realizados mediante las disecciones. De cualquier manera en Alejandría consolidó su formación anatómica, amplió sus conocimientos farmacológicos y profundizó en el estudio de la obra de Hipócrates, a la vez que se abrió también a la filosofía y a los nuevos conocimientos técnicos.

Galeno en el año 157 vuelve de Alejandría a Pérgamo. Allí es nombrado médico de los gladiadores por el pontífice del Asklepieîon e hizo gala de su pericia anatómica, que mediante la práctica reafirmó aún más, así como de su experiencia quirúrgica, farmacológica y dietética. Se ocupa también de investigar sobre la acción respiratoria, cuestión que le preocupó desde su estancia en Esmirna, sobre el tracto gastrointestinal y sobre el sistema nervioso.

Su investigación en estas áreas culminó en Roma, a donde llegó por primera vez el año 162 a causa de la activa participación de Pérgamo en la guerra contra los partos. Permaneció en esta primera estancia algo más de dos años y allí aclara definitivamente el papel del diafragma y de los músculos intercostales en la respiración. Frecuentó, en efecto, el Templo de la Paz, foro de reuniones filosóficas y científicas, donde realizó brillantes demostraciones, como, por ejemplo, la de la función del nervio recurrente laríngeo en la emisión de voz, con lo que demostró que era el cerebro y no el corazón el órgano que la controlaba. También demostró la existencia de sangre en las arterias, la función de los uréteres y la vejiga, y la conexión entre los nervios y el cerebro. De esta época son también sus libros Sobre la disección de las venas y las arterias y Sobre la disección de los nervios , y algunos tratados destinados a sus estudiantes Sobre los huesos y Sobre las divergencias entre los anatomistas . En algunos de estos escritos introducirá algunas correcciones durante su segunda estancia en Roma. Elabora también una primera redacción en dos libros Sobre los Procedimientos anatómicos , que, al perderse, empezó a redactar de nuevo durante su segunda estancia en Roma, incorporando el aprendizaje de sus prácticas e investigaciones realizadas en los años que separan las dos redacciones, dando lugar a su gran obra de Procedimientos anatómicos en quince libros, que acaba con la promesa de dedicar otra a la distribución de los nervios en cada músculo y en cada órgano. Redacta también durante su primera estancia en Roma el primer libro de Sobre la función de las partes . Ésta y Procedimientos están dedicadas al cónsul Flavio Boecio, con quien compartía su afición por los experimentos médicos y por la filosofía peripatética. En Roma, ha escrito L. García Ballester 4 , «una serie de éxitos médicos, clínicos y quirúrgicos, le abrieron las puertas de la gran clientela romana, los intelectuales, la aristocracia y el círculo imperial». Pero sus demostraciones y su carácter polémico suscitaron la envidia de ciertos médicos de Roma y le granjearon enemistades, por lo que disminuyó la frecuencia de sus experimentos públicos y se centró más en la escritura de su obra y en la práctica clínica. Dejó Roma en el 166 y parece que viajó hasta Palestina y Chipre para volver de nuevo a Pérgamo donde continuó con su actividad.

En el año 168-9 va a Aquileia llamado por los emperadores Marco Aurelio y Lucio Vero cuando se desencadena la peste en esa localidad y al poco se traslada a Roma, donde es nombrado médico de Cómodo, hijo de Marco Aurelio, el emperador filósofo, con el que trabará una estrecha amistad. Desde el 169 hasta su muerte en torno al 200 permanecerá en Roma como médico oficial de la corte. Entre 169 y 176, años en los que su maestría en anatomía alcanza toda su brillantez, redactó unos cuarenta tratados. Algunos de ellos los retomará años después y los ampliará. Tal es el caso de Procedimientos anatómicos , de los que en esta época escribe los cinco primeros libros, y de los 17 libros de Sobre la función de las partes , cuya escritura alterna algún tiempo con la de Procedimientos . Resume en dos libros la Anatomía de Lico y en cuatro la Anatomía de Marino. Escribe en esta época el tratado Sobre la disección de los músculos , que surge por sus discrepancias con Lico. Tras la muerte de Marco Aurelio y con las turbulencias políticas que impregnaron el gobierno de Cómodo, la actividad científica de Galeno decayó, aunque durante este período de doce años continúa con sus reflexiones sobre anatomía y escribe los libros VI al XI de Procedimientos . Los cuatro últimos (XI al XV) fueron escritos después del incendio del Templo de la Paz (192), en el que muchas de sus obras, más de la mitad del total, que se guardaban allí, desaparecieron. En sus últimos años, en época ya de Septimio Severo, se dedica a la reflexión sobre su vida y sobre su obra. Escribe una autobiografía y aconseja a los médicos jóvenes un orden en la lectura de sus tratados para que les sea más útil en su formación. La muerte debió de sobrevenirle en torno al año 200.

A Galeno su buena formación filosófica y matemática le permitió dar coherencia a sus demostraciones según el modelo matemático, y articular su saber médico en un todo unificado y coherente, de acuerdo con los principios del arte de la demostración peripatética y de la lógica estoica. Aristóteles le interesó, además de por su lógica y su filosofía, por los escritos biológicos que compuso y, a pesar de los seis siglos que los separan, dialogó y polemizó, de alguna manera, con él a propósito del número de ventrículos del corazón. Sabe, asimismo, de la existencia de Diocles de Caristo y conoce a Praxágoras, que había escrito una Anatomía , aunque lo sitúa entre los anatomistas de segunda fila. Se interesó también por la historia de la medicina griega desde sus orígenes hasta su época, convirtiéndose en el gran comentador de la obra hipocrática 5 , y fue, desde luego, Hipócrates el médico antiguo más admirado por él.

Mereció también toda su admiración la escuela de Alejandría del s. III a. C., especialmente en las personas de Herófilo, Eudemo y Erasístrato. A Herófilo lo consideró la máxima autoridad en anatomía por haber realizado sus investigaciones médicas mediante disecciones humanas y lo cita repetidamente en sus Procedimientos anatómicos a propósito del cráneo, la cavidad torácica, los vasos y los órganos internos, por lo que parece que pudo leer su obra 6 . Herófilo, en efecto, había hecho disecciones del cerebro, del ojo, de los órganos reproductores y se había ocupado del sistema nervioso periférico. A Eudemo lo tuvo también en gran estima, pero el hecho de que no lo cite literalmente nos hace pensar en que sólo tuviera de su obra un conocimiento indirecto, tal vez a través de Marino. Cita sus investigaciones en torno a los huesos del metacarpo y del primer dedo de la mano, y también respecto a los nervios y las glándulas. Gracias a Eudemo la medicina progresó en el conocimiento del sistema nervioso. De Erasístrato alaba la descripción que hizo de las válvulas del corazón (AA VII 11, II 624 K, 669 Gar), los experimentos que realizó en torno al corazón y su circulación (AA VII 16, II 648 K, 705 Gar) y a la respiración (AA VIII 2, II 660 K, 723 Gar y VIII 9, II 701 K, 781 Gar).

Todos los médicos de la escuela alejandrina parten de un buen conocimiento de los textos legados por la medicina hipocrática. Los estudian con las técnicas de análisis filológico, que se ensayaban con excelentes resultados en el Museo de Alejandría. En el s. II a. C., con la persecución de Ptolemeo VII a los intelectuales, la escuela médica de Alejandría decae, aunque resurgirá de nuevo en época imperial y vivirá momentos de florecimiento en el tiempo del nacimiento y vida de Galeno.

Dentro de este segundo florecimiento de la escuela anatómica de Alejandría no podemos dejar de mencionar a Marino 7 , cuyas enseñanzas de anatomía pusieron las bases del desarrollo de esta ciencia, a sus discípulos Numisiano y Quinto, que, a su vez, a través de la transmisión de sus conocimientos, colaboraron de forma decisiva en la formación anatómica de médicos de la categoría de Sátiro y Pélope, maestros directos de Galeno. Galeno a todos consideró sus maestros.

Marino fue, en efecto, quien levantó de nuevo la escuela de anatomía de Alejandría y practicó y enseñó allí en torno al año 100 de nuestra Era. Fue también comentador de Hipócrates. Galeno conoce sus conjeturas al texto, que discute y no siempre acepta. A pesar de sus discrepancias, debidas al progreso natural de la ciencia, Galeno siente un gran respeto por el trabajo anatómico de Marino, lo alaba por haber dedicado su vida entera al estudio de la anatomía y lo reconoce como máxima autoridad en sus estudios sobre los nervios craneales, por haber detectado los orificios que atraviesan el cráneo y las vértebras, haber estudiado su naturaleza y haber fijado en siete pares los nervios del cráneo (AA XIV 1, 233 D, 1042 Gar), lo que ha sido aceptado hasta el s. XVIII , en que han sido detectados los doce pares. Marino escribió sus estudios de anatomía en veinte libros y redactó también un manual. Su obra se ha perdido, pero conocemos algo de su contenido por un resumen que de ella hizo Galeno en su tratado Sobre los libros propios , donde también dice que ha hecho un epítome en cuatro libros de los veinte de Marino. La obra de Marino es, sin duda, la gran plataforma de Galeno para sus estudios de anatomía, pues su lectura le impulsa a continuar este tipo de investigación para hacer progresar esta ciencia y completar y aportar mayor claridad a la obra de sus predecesores. De hecho, la primera intención de Galeno fue la de completar, cubrir lagunas y poner al día la gran obra anatómica de Marino.

Discípulo de Marino fue Quinto, natural, como Galeno, de Pérgamo, aunque Galeno no lo pudo escuchar directamente, pues murió antes de que Galeno hubiera empezado sus estudios de medicina. Ejerció la medicina en Roma en época de Adriano y a pesar de sus éxitos terapéuticos tuvo que abandonar la ciudad, en parte por su carácter arrogante, que despertó el malestar de ciertos clientes, en parte por ser objeto de envidias de otros profesionales de la medicina. Galeno lo considera «el mejor médico de su tiempo» y víctima de las calumnias de la clase médica romana. Es probable que hubiera enseñado también en Pérgamo o Esmirna y en Alejandría. Quinto comentó el Prorrético I, los Aforismos y los libros de Epidemias I, II y VI de Hipócrates, comentarios que Galeno conoció y sobre los que expuso sus discrepancias, ya porque no seguían la mejor tradición manuscrita, ya por desacuerdo en la interpretación. Lo valoró, en cambio, por sus apreciaciones anatómicas. Sus enseñanzas, que no escribió, nos han sido transmitidas por sus discípulos, entre los que se encuentran Antígenes, Numisiano, Sátiro, Pélope, Eficiano y Lico. Galeno afirma paladinamente que se preocupó de conocer las enseñanzas de Quinto a través de sus discípulos (AA XIV 1, 231 D, 1039-1040 Gar). Quinto murió hacia el año 145. También viajó en pos de Numisiano, al que es muy dudoso que llegara a escuchar, pero trabó amistad con su hijo Heracliano, médico también, con el fin de poder leer los escritos de su padre, celosamente guardados por su vástago.

De Numisiano afirma Galeno que ya en tiempos de Marino brillaba en Alejandría y que era una persona muy erudita y con ideas extraordinarias en lo concerniente a la anatomía (AA XIV 1, 231 D, 1040 G). Para Galeno, así como Herófilo y Eudemo fueron los más eximios representantes de la primera escuela de Alejandría, Marino y Numisiano lo fueron de la escuela alejandrina de época imperial. Sabemos que Numisiano fue comentador de Hipócrates, pero probablemente no se cuidó de hacer copias de sus obras, se las legó a su hijo y luego fueron pasto de las llamas. Es muy posible que Galeno lo conociera indirectamente por Pélope y tal vez hubiera podido conocer algo por su hijo Heracliano, cuyo círculo en Alejandría frecuentó, aunque Galeno se lamenta de la negativa de Heracliano a prestar los libros de su padre por querer publicarlos todos él solo y dice que cuando le llegó su hora los quemó (AA XIV 1, 231 D, 1040 G). De hecho, Galeno nunca lo cita directamente. Numisiano debió de morir tal vez en Corinto hacia el año 151.

Otros médicos célebres, como Lico o Antígenes, también discípulos de Quinto, no contaron en absoluto con las simpatías de Galeno. Lico escribió una obra sobre anatomía, pero Galeno lo censura por seguir en exceso la obra de Marino pero con más errores, también le critica un cierto dogmatismo con falta de experiencia médica y su forma de comentar la obra de Hipócrates con mucha amplitud en las primeras frases y excesiva brevedad en las siguientes, y por carecer de una formación integral, como lo demuestra su poca soltura al manejar los conceptos básicos de la filosofía platónica. Galeno señala con cierta complacencia los músculos, cuya existencia o función Lico ignoraba y no sin desprecio afirma que, aunque Lico frecuentó la escuela de Quinto, fue por poco tiempo. Nos deja constancia de que el hijo de Lico, Eliano, también médico, hizo un compendio del libro sobre los músculos que había escrito su padre. A Antígenes, a quien Galeno le reconoce su prestigio como médico, sólo una vez lo cita en la obra, donde afirma que este médico en una ocasión se burló de él (XIV 614 K). Dice también que en Roma era una de las primeras figuras en medicina y que las familias más acaudaladas lo consultaban.

También Rufo de Éfeso puede considerarse uno de los maestros de Galeno, por cuanto que por él debió de conocer las teorías de los empíricos, aunque no sabemos con certeza si directamente o a través de Sabino 8 , quien fue también comentador de Hipócrates, y a quien Galeno le reconoce un sólido conocimiento de los textos del médico de Cos. Otros autores médicos que Galeno cita por cuestiones concretas y cuya obra debió de leer, son Heraclides de Eretria, Asclepíades de Bitinia, Rufo de Samaria, Dioscórides y Artemidoro.

Galeno estudió, en efecto, con atención la obra de sus predecesores médicos y experimentó mediante la práctica de la disección. Heredero, como ha señalado Laín 9 , de todo el saber anatómico que hasta él habían conseguido los griegos, fue no sólo un investigador original sino también un «escritor dotado de un poderoso talento para la exposición sistemática» y además de ser «el más antiguo creador de un conocimiento verdaderamente científico y total del cuerpo humano... es el iniciador de la ciencia anatomofisiológica stricto sensu , el autor del primero de los paradigmas que jalonan la historia de la morfología humana».

2. Los «Procedimientos anatómicos »

La fecha de escritura de esta obra es difícil determinarla con precisión, por cuanto que es producto de un largo proceso de investigación, reflexión y maduración, que ocupó la vida entera de Galeno. Escribió definitivamente los cinco primeros libros entre los años 169 y 176 en su segunda estancia en Roma, aunque antes, como dice al comienzo del libro I, durante su primera estancia había elaborado otros Procedimientos durante el gobierno de Marco Aurelio. Éstos, en dos libros, se los regaló a su amigo Flavio Boecio cuando dejó el consulado de Roma. La segunda redacción la comienza, pues, durante su segunda estancia, a instancia de amigos y compañeros, cuando ya había muerto Boecio. Afirma que ésta será más larga y también más clara y más exacta, pues durante el tiempo que ha transcurrido entre una y otra, se ha familiarizado con la historia de la anatomía y, además, se ha ejercitado con asiduidad en la práctica de las disecciones. Los libros VI al XI los escribió durante el imperio de Cómodo, y del XII al XV en sus últimos años bajo el imperio de Septimio Severo. La elaboración de los Procedimientos es, pues, una elaboración lenta y meditada que le ocupa más de la mitad de su vida, desde el 162 cuando llega a Roma por primera vez hasta unos años antes de su muerte. De su contenido Galeno debió de quedar satisfecho, pues comenta que es el más completo de entre los libros de este tema que estaban en circulación, ya que no sólo enseña cómo diseccionar las diferentes partes del cuerpo, sino que también describe su posición, forma y sustancia, y la relación que hay entre ellas, así como su función.

Galeno trabaja fundamentalmente en sus disecciones sobre simios, por ser de estructura muy similar a la del hombre, y esto es lo que recomienda a sus estudiantes, aunque también les aconseja que, de no contar con ellos, siempre elijan el animal que más se asemeje al hombre. Afirma que lo mejor sería servirse de cuerpos humanos pero esto probablemente implicaría dificultades, pues dice que sus prácticas anatómicas sobre cuerpos humanos sólo las ha realizado cuando ha encontrado el cadáver de algún salteador por algún camino o si en el caso de inundaciones la fuerza de las aguas del río ha abierto alguna tumba y el cadáver ha quedado atrapado en las orillas del río.

Galeno disecciona, además de simios, otros animales que igualmente le resulten útiles en su aprendizaje de la anatomía. De hecho, recomienda que, si no se dispone de simios o de ese tipo de animal que más se parece al hombre, se proceda sobre los que tengan clavícula como los pitecoides y si no, sobre los osos, y de faltar éstos sobre los roedores o rumiantes, y para ver los órganos de nutrición se puede diseccionar incluso a peces y reptiles. Sabemos que Galeno también diseccionó leones, caballos, perros, gatos, cabras, camellos y elefantes. En el libro VI 1 (II 537K, 545 Gar) afirma que los únicos animales que no diseccionó fueron hormigas, mosquitos, pulgas y, en fin, ninguno de estos de tamaño tan pequeño. Generalmente disecciona animales muertos aunque también hizo vivisecciones para demostrar las funciones, por ejemplo, de la médula sobre los órganos respiratorios.

Considera que los lectores de Procedimientos deben estar familiarizados con algunas de sus obras anteriores, especialmente con sus tratados Sobre los huesos y Sobre la disección de los músculos . A fuer de hijo de arquitecto compara los huesos del cuerpo a los muros de las casas por su función sustentante y porque conforman las otras partes. Sugiere que en primer lugar se estudien los huesos, después los músculos, a continuación las arterias, venas y nervios, los órganos de la cavidad craneal, torácica y abdominal, intestinos, tipos de tejido y glándulas. Respecto a los músculos señala la importancia de conocer su lugar de origen y de inserción y las características de sus fibras, si son simples o dobles y en qué dirección van.

De esta obra se han conservado en griego sólo sus ocho primeros libros y los cinco primeros capítulos del noveno. De aquí hasta el final lo conocemos gracias a la traducción árabe de Hubaish (s. IX ), discípulo de Hunain Ibn Ishaq, que lo había traducido al siríaco, pero cuya traducción no nos ha llegado. Para resumir el contenido de los últimos libros, me he servido de la traducción italiana de Garofalo. Me he extendido un poco más en ellos para que el lector se pueda hacer una idea cabal de la magnitud de esta obra anatómica, sobre la que Laín dice que todo lo anterior fue prólogo, y que «galénica fue en sus líneas generales y en la mayor parte de sus saberes concretos la ciencia anatómica y fisiológica de los bizantinos, los árabes y los cristianos medievales de Occidente» 10 .

En el libro I, además de estas reflexiones de carácter general y explicar su itinerario en los estudios de anatomía, hace su propuesta de cómo proceder en la disección de los músculos del antebrazo, de la mano y del brazo. Por primera vez se hace aquí mención de músculos que habían pasado desapercibidos a otros anatomistas como eran el platisma mioide, el panículo carnoso o los interóseos y lumbricales de las manos.

También en el libro II, en el que se muestra la disección del muslo, la pierna y el pie, se mencionan músculos detectados por primera vez como son los lumbricales, interóseos y plantares del pie o el poplíteo de detrás de la rodilla. Galeno justifica el orden de disección, porque le parecería absurdo explicar los ventrículos del corazón a quienes no saben sacar una punta de flecha de un brazo. Hace interesantes observaciones sobre el músculo semimembranoso. Estima que se debe comenzar a aprender por lo más superficial y sencillo para estudiar luego lo más interno y complejo. Insiste en la práctica habitual de las disecciones y censura a sofistas, empíricos y dogmáticos, que especulan y sentados «en lo alto de una cátedra» hablan a sus discípulos sin conocer ellos las partes mencionadas del animal. Alaba, en cambio, a Marino y su obra de anatomía, que Galeno resumió y quiso completar y corregir en aras de una mayor claridad y precisión. Se plantea también los diferentes objetivos que puede tener el estudio de la anatomía. Para el médico óptimo, dice, la fisioanatomía debe estar al servicio del diagnóstico y del hábil manejo de la cirugía en aras de una correcta curación.

En el libro III argumenta el interés que tiene conocer bien la anatomía de las articulaciones, los huesos, ligamentos, músculos, arterias, venas y nervios que las constituyen. Explica mediante prácticas de disección los músculos de las articulaciones de las extremidades superiores e inferiores, los vasos por los que son regados y los nervios que los enervan, y explica algunos casos en los que por desconocimiento del recorrido del sistema nervioso se ha dejado sin sensibilidad dedos de pies o de manos o se ha contribuido a la pérdida de su movimiento o no se ha conseguido curar ciertas dolencias, por ejemplo, de los dedos de una mano, por desconocimiento del origen de los nervios que los enervan. También Galeno encarece la importancia de la precisión en este tipo de disecciones y de la práctica continua en simios para saber sin dudas y con rapidez cómo hay que actuar cuando llegue el caso de proceder en un cuerpo humano. Y advierte que se debe poner especial cuidado en no dañar ni vasos ni nervios subcutáneos. La práctica, vuelve a repetir aquí, nos familiariza con cada una de las partes del cuerpo y las compara con los hermanos mellizos, que son difíciles de distinguir para los que no los tratan habitualmente pero que sus allegados, en cambio, los conocen perfectamente. Describe en este libro con precisión la vena humeral o cefálica y la axilar o basílica del brazo, que se unen en el codo con las superficiales, y la gran arteria aorta, así como la braquial y cubital del antebrazo. Describe, asimismo, músculos, vasos y nervios de la mano, del muslo, de la pierna y del pie.

En el libro IV justifica el haber empezado las disecciones por las extremidades, primero las superiores y luego las inferiores, por ser estas partes las que, de alguna manera, identifican al hombre frente a los animales. También expone que su presentación de las partes del cuerpo va a ser fundamentalmente descriptiva y basada en una rigurosa observación y que su finalidad es la medicina, por lo que va a prestar especial atención a las partes más superficiales, por cuanto que son éstas las que con mayor frecuencia tratan la mayoría de los médicos en sus consultas. Comienza este libro por describir y diseccionar los músculos de la cubierta osteomuscular de la cabeza, esto es, del cráneo y la cara. Detecta esa ancha aponeurosis (plátysma) que en los simios une el músculo occipital y el frontal, y hace observar en la cara la forma, situación y función de los maseteros, los temporales y el zigomático describiendo los cinco tipos de movimiento que pueden generar en la boca. Precisa la forma de proceder en la disección de estos músculos y aconseja para tal fin ahogar en agua a los simios para no dañarles los órganos del cuello y recomienda usar animales delgados por su vejez, pues tienen pocas carnes y secas y así su falta de grasa permite el mejor reconocimiento de los nervios y los vasos. Enseña cómo aislar los nervios, de forma que no se les dañe y se pueda estudiar cuál es su acción. También se ocupa de la acción de los temporales, maseteros y pterigoides en las mejillas y en la mandíbula inferior y de los nervios que los enervan. Afirma que Lico no conoció los pterigoides. Escribe sobre cómo se mueven las aletas de la nariz y explica cuáles son los músculos que ponen en funcionamiento al ojo. La disección se puede hacer extrayendo el ojo del animal. Después de hacer mención del músculo frontal y remitir al tratado Sobre la función de las partes , en el que lo ha estudiado con detalle, pasa a ocuparse de los músculos que unen la cabeza con el cuello y con las clavículas y las escápulas. Comienza por el trapecio y sigue por los romboides y los esplenios, cuya localización describe fijándose en su origen e inserción y en la dirección de sus fibras, explica su acción y enseña cómo hacer la disección. Son de interés las razones con las que argumenta que la naturaleza creó el trapecio a causa de la escápula, cuyos movimientos dirige, y la crítica que hace a Lico que pensaba que los movimientos de la cabeza dependían del trapecio y confundía los romboides con los espinosos. Describe a continuación los dos pares de rectos dorsales, mayor y menor, e igualmente los oblicuos dorsales. Es mérito de Galeno haber sabido detectar los músculos del triángulo occipital y el haberse dado cuenta correctamente de su acción, que genera rotación lateral si del par se contrae uno sólo o extensión de la cabeza hacia atrás si se contraen ambos. Galeno dice que estos músculos les habían pasado inadvertidos a los anatomistas anteriores a excepción del oblicuo menor. A continuación explica los músculos que flexionan la cabeza y la unen al esternón y a la clavícula, como es el esternocleidomastoideo, y después los romboides, una de cuyas acciones es mover la escápula hacia atrás, el atlantoescapular anterior, que es propio de los simios, y el omohioideo, una de cuyas acciones es también la flexión de la cabeza sobre el cuello y el tórax.

Continúa el libro V con la descripción y disección de los músculos del tórax, comenzando por los músculos que mueven las escápulas, para cuya disección recomienda que se use el escalpelo con forma de hoja de mirto. Conoce Galeno la importancia de todos los músculos del tórax para la respiración. Habla primero del panículo carnoso, que existe en los simios pero no en el hombre, y pasa después a los músculos de la articulación escapulohumeral, pectorales mayores, dorsales anchos, deltoides y redondos y a continuación a los de la articulación escapulotorácica, que une la escápula con las costillas, serrato mayor, subclavio, pectoral menor, infraespinoso y supraespinoso, y también el bíceps braquial y los escalenos. Trata después los intercostales, cuya naturaleza comprendió Galeno por primera vez, según él mismo dice, al observar la dirección oblicua de sus fibras, que son dobles y que la oblicuidad de las fibras de los internos y de los externos va en sentido contrario. A continuación pasa a describir el diafragma, que si bien Platón consideró que separaba la zona concupiscible de la irascible, Galeno lo considera el músculo más útil al hombre por su acción en la respiración. Para observar mejor el diafragma propone la disección de los ocho pares de músculos abdominales (oblicuos externos e internos, rectos y transversos), cuyo procedimiento pasa a explicar. Y al estudiar los transversos explica la relación en que están con el peritoneo y la naturaleza de éste. Finalmente se tratan los músculos que están debajo del esófago, como son los del psoas, que opone a los del cuello, en tanto que éstos flexionaban la parte superior de la columna y aquéllos la lumbar y parte de la dorsal, y también los espinosos, especialmente los de la zona lumbar. Comenta también en este libro que suele diseccionar las partes internas del simio (hígado, bazo, riñones, vejiga, estómago e intestinos, y si era hembra también el útero) el mismo día que lo ahoga, para que los órganos no entren en putrefacción y al día siguiente todos los demás músculos de acuerdo con el orden que se propone en este tratado.

Dedica el libro VI a los órganos de la nutrición, que divide en tres tipos, los encargados de recibir, elaborar y poner el alimento en movimiento por todo el cuerpo, como el estómago, los vasos y el hígado, los que reciben los residuos y los purifican, como la vesícula, los conductos biliares, el bazo, los intestinos, los uréteres y el riñón, y el tercer tipo es el encargado de la excreción de los residuos. En primer lugar trata del estómago, diferente según las necesidades y modo de vida de cada animal. Describe también el llamado «omento», el peritoneo y el mesenterio y explica cómo desollarlos. Dice que los órganos internos como el estómago, el hígado, el bazo, los riñones o la vejiga es mejor extraerlos del cuerpo para examinarlos con más precisión. Transmite sus experiencias sobre la disección del hígado en un elefante y explica que ni la forma del hígado ni su número de lóbulos son iguales en todos los animales. Cita hasta tres veces a Herófilo en sus reflexiones sobre el hígado y lo vuelve a citar en su explicación sobre la naturaleza del intestino. Respecto al hígado señala que sus «puertas» son el mayor orificio venoso que hay en los animales sanguíneos, habla de los vasos que lo riegan y de los nervios que lo enervan. Desde el hígado le llega una vena al bazo que se ramifica hacia el estómago y al omento. Afirma que el bazo es muy negro en el león, en el perro y en los animales fuertes y calientes en tanto que es más blanco en el cerdo y en los animales húmedos y fríos. Después hace la descripción de los riñones y de la forma de proceder en su disección. Dice que en todos los animales el derecho está situado más arriba que el izquierdo pero, aunque esto es cierto en los simios, en el hombre es al contrario. Habla también de los uréteres, y por último de los músculos abdominales, responsables de la excreción de los residuos, de los anales que cierran el final del conducto y del esfínter.

Los órganos de la respiración los aborda en el libro VII e incluye en ellos el pulmón, el corazón y el tórax, además de la arteria aorta y los bronquios. Describe cómo estos órganos están revestidos por una membrana, la pleura, que realiza una función similar a la del peritoneo respecto a los órganos de la nutrición, habla de las membranas mediastínicas y del pericardio y ofrece las instrucciones pertinentes para su disección. Critica la teoría de la escuela de Erasístrato de que las arterias llevan aire y no sangre y hace algunas precisiones en torno a la nomenclatura de arterias y venas, diferenciando las primeras de las segundas, porque en las arterias pueden percibirse las pulsaciones y tienen dos túnicas, una interna y otra externa, mientras que las venas sólo tienen una. Habla también de la vena cava, de las coronarias y del denominado «hueso del corazón» y demuestra cómo mediante la extracción del corazón se puede conocer mejor su configuración y su naturaleza, por supuesto, muy diferente a la de los músculos, como también lo prueba su diferente acción. Continúa con algunas precisiones sobre los lóbulos del pulmón.

El libro VIII aborda el estudio de la estructura del tórax y de su disección. Son especialmente interesantes las observaciones sobre los músculos que lo mueven y que posibilitan la acción respiratoria, pues se da cuenta de que no sólo el diafragma causa el movimiento del tórax, como se creía, sino también los músculos intercostales, los romboides, los serratos y los escalenos, y otros más pequeños como los interespinosos, los intertransversos, los multífidos y los rotadores largos y cortos, todos ellos contribuyen a la dilatación y contracción del tórax. La acción única del diafragma no explicaría cómo emitimos un soplo continuado de aire ni la emisión de sonidos. Nos remite para sus descubrimientos al tratado Sobre las causas de la respiración , en el que explicaba la naturaleza y enervación de todos los músculos que mueven el tórax, con especial atención a los intercostales y su doble serie de fibras. Enseña cómo se deben diseccionar estos músculos, de modo que al cortar las fibras externas no se dañen las internas, o al cortar las internas no se dañe la membrana que reviste las costillas. Explica, y ésta es una observación que hasta entonces no se había hecho, que cuando se cortan ambos tipos de fibras, no es posible la emisión de aire y se pierde, por tanto, la voz, y que si se cortan los nervios próximos a la médula, la acción de estos músculos se anula aunque estén ilesas sus fibras. Demuestra también varios procedimientos de cómo se puede paralizar la acción de los intercostales, ya sea cortando la médula, los músculos, extirpando las costillas o, por ejemplo, anudando cerca de la médula el nervio que los enerva, con lo que el animal pierde la voz, pero la recupera en cuanto se desanudan esos nervios. También si se lesionan los nervios que pasan junto a las arterias carótidas, el animal no puede emitir su sonido natural sino sólo una especie de bronco ronquido. Esta lesión afecta, además de a los intercostales, a los abdominales y a los músculos de las piernas, del ano, del pene y de la vejiga. Hace también interesantes observaciones sobre los músculos que mueven las diferentes partes del tórax en los diferentes tipos de respiración y demuestra cómo al cortar sus cabezas se anula su acción. También la acción del diafragma se anula si se lesiona o se corta el origen de sus nervios, que se sitúa en la médula cervical. Ilustra, por último, sobre los efectos de los cortes en la médula espinal, y sobre la situación del pulmón respecto al tórax y al diafragma.

El libro IX, el último, hasta el capítulo 5, conservado en griego, se ocupa de la disección del cerebro y de la médula espinal. La disección del animal muerto muestra la forma de las partes, su número, su sustancia, su forma y estructura en tanto que la vivisección nos muestra la acción y función de las partes. Para el primer tipo de disección recomienda comprar un cerebro de buey, de los que venden en las carnicerías. En la disección del cerebro tiene siempre presentes los trabajos de Herófilo sobre el cerebro humano que va citando. Galeno comienza por la descripción de las dos membranas o meninges que envuelven el cerebro y sigue con los surcos venosos que lo irrigan, se hace eco de la denominada «prensa de Herófilo» y de las venas que a partir de ahí se ramifican, y enseña cómo diseccionar estas partes y con qué tipo de instrumental. Muestra a continuación el cuerpo calloso, los ventrículos laterales o anteriores con sus tabiques y pliegues corioideos, y la glándula pineal. Siguen la disección del tercer ventrículo, situado entre los dos anteriores, y del cuarto, algo detrás, y la descripción de las partes que los componen. Alude también a los tubérculos cuadrigéminos, a la epífisis vermiforme y a lo que Herófilo llamó calamus scriptorius . Aquí termina la versión griega de Procedimientos , cuya traducción se ofrece en este volumen. Describe a continuación la relación entre el cuarto ventrículo y el cerebro, los conductos evacuadores de los ventrículos anteriores y del tercer ventrículo y su relación con la nariz. Estudia, asimismo, el chiasma óptico, la glándula pituitaria y los nervios del cráneo: nervio óptico, motor ocular común, raíz sensitiva del trigémino, raíz motora del trigémino, facial y acústico, el glosofaríngeo, espinal accesorio y vago. Hace después una disección de un simio de cabeza redonda, por ser el más semejante al hombre, al que abre por la sutura media del cerebro, para demostrar que el espacio del cráneo le queda pequeño al cerebro, y finalmente describe vivisecciones sobre cerdos y cabras, en las que, entre otras cosas, explica las consecuencias que tienen en el animal los cortes en la médula a diferentes niveles. También da indicaciones sobre el instrumental más adecuado para cada caso.

En el libro X se trabaja en la disección de la cara y se estudia en primer lugar el ojo, cuya disección se puede hacer in situ o una vez extraído, sobre un animal muerto o uno vivo. Se describe sobre un simio decrépito la disección del nervio óptico, cuyo corte provoca la ceguera, también el bulbo ocular, el retractor bulbi y el motor ocular común, cuya lesión provoca inmovilidad en el ojo. Mientras el ojo permanece unido al cráneo es fácil observar la arteria y las venas que lo recorren así como los músculos que lo rodean, los rectos y los oblicuos. Galeno considera las túnicas de los ojos continuación del periosteo craneal y de las meninges cerebrales. Se ocupa de la córnea, la úvea y la aracnoides, y a continuación de las pestañas. Estudia además la retina, el cristalino, el humor vítreo, y los párpados. En los párpados descubrió el músculo elevador del superior, en el que los anatomistas anteriores no habían reparado, lo que le llevó a operar correctamente los quistes de los párpados y a ofrecer indicaciones muy precisas en torno a ello. Observa, asimismo, las glándulas y los conductos lacrimales. Estudia también los músculos de la cara, de las mandíbulas, de las mejillas, de la lengua, de la laringe y la túnica de la cavidad oral, la de la tráquea y la del esófago, que tiene dos y se afirma en esta obra que la deglución es obra de la túnica interna de fibras verticales. Hace al final de este capítulo algunas reflexiones sobre los nombres en la anatomía y afirma que el objeto de su uso es enseñar a aquellos a quienes se habla lo más claramente posible aquello sobre lo que se habla.

En el libro XI Galeno nos informa del incendio que destruyó el Templo de la Paz, en el que se perdieron muchas de sus obras, que se guardaban en él, entre otras, los once primeros libros de los Procedimientos , de los que algunos los reconstruyó con facilidad a partir de las copias que habían hecho ya sus alumnos, pero el undécimo lo volvió a reescribir. En él se ocupa ampliamente de la laringe, que como órgano fonador despertaba en él gran interés. Describe, además del procedimiento para diseccionarla, su forma, su situación, los tres cartílagos que la constituyen y sus cuatro articulaciones, los músculos que la mueven con sus vasos y nervios, procedentes del vago, las partes que le son anejas, y su relación con el esófago y la lengua. Explica de nuevo el experimento del nervio recurrente y su relación con la voz y en una disección sobre un simio describe el hueso hioides del cartílago tiroides y en otra sobre un cerdo explica con detalle el hueso hioides, los músculos propios de la laringe y los que son comunes a ella y a las partes vecinas, y cómo cada una de las partes contribuye en la generación de la voz. Explica también las funciones de la lengua y cómo diseccionarla y viviseccionarla para conocer mejor los músculos, vasos y nervios que la constituyen.

El libro XII lo dedica a los órganos de reproducción, femeninos y masculinos. Muestra la disección de un útero de cabra, primero vacío y luego grávido. Para diseccionar este último recomienda introducir una caña de metal y soplar para separar las partes y poder examinarlas mejor. Explica con detalle la precisión con que se debe practicar la disección para no dañar al feto y hace observar su respiración, cómo las venas y arterias del feto están en sínfísis con las de la madre mediante la unión entre éstas y las venas y arterias del corion, así como el movimiento de sus piernas. Para el estudio de los órganos reproductores del hombre recomienda diseccionar o bien un simio por razones de similitud o bien un macho cabrío, un toro, un caballo o un asno, pues al tener órganos reproductores de gran tamaño se pueden apreciar mejor las partes que forman los testículos, especialmente el recorrido de venas, arterias, nervios, conductos y membranas que los envuelven, así como la estructura del pene, en cuya disección explica el músculo bulbocavernoso, los isquiocavernosos, y las venas, arterias y nervios que le llegan de la región del sacro.

El libro XIII versa sobre la anatomía del sistema conectivo, en concreto sobre la anatomía de arterias y venas, a excepción de las de las articulaciones que fueron tratadas en el libro tercero, con lo que quiere completar los estudios sobre los vasos realizados por Erasístrato y Herófilo. Aclara que su objetivo es que incluso alguien que no haya hecho nunca una disección, después de la lectura de su tratado, sea capaz de encontrarlas todas. Comienza por la disección de la cavidad abdominal, que va explicando con una extrema claridad pedagógica, para mostrar en primer lugar las venas del sistema portal del hígado, la gran vena porta y la pequeña arteria hepática que la acompaña; procede luego a desollar el páncreas para ver las ramificaciones venosas, procedentes de la gran vena, que van a la zona gastroepiploica y las que se ramifican por los intestinos, y muestra cómo son ramificaciones de la vena porta las venas que se insertan en el estómago, en el bazo y en el omento. Habla a continuación de la vena coronaria estomáquica y de la gástrica derecha, de la esplénica, de las pancreáticas y de la que llega al bazo; de la gastroepiploica derecha, que desde el bazo remonta al estómago, de las mesentéricas y de la gastroepiploica izquierda. Pasa después a describir las que van a los intestinos, las mesentéricas. En el hígado, de la vena porta sale una vena a cada lóbulo, que allí se ramifica. Muestra también las ramificaciones que desde la cava inferior se dirigen una al diafragma y otra a los riñones, y cómo de la que va al riñón izquierdo, se ramifica otra vena que va al testículo izquierdo y el derecho lo riega otra vena que se ramifica de la cava. También con origen en esta vena, después de los riñones, hay otra ramificación que va a las lumbares y desde allí se ramifica hasta las ingles y sigue hasta los órganos reproductores y explica su unión en la mujer con las venas mamarias mediante las epigástricas internas y externas. Centra después su atención en las venas de la cavidad torácica y, tras precisa disección del tórax, muestra cómo la vena cava al traspasar el diafragma se convierte en una especie de membrana que forma parte de la mediastínica. Habla de las venas coronarias que coronan el corazón, de las intercostales y de la azygos, que son las que recorren longitudinalmente el tórax y de las que se ramifican las intercostales y las que irrigan los músculos espinosos. Siguiendo el curso de la vena cava, ahora llega a su zona superior, y propone Galeno levantar la clavícula para ver las venas que se encuentran ahí y estudia la yugular interna y sus ramificaciones y la anónima, todas ellas con origen en la vena cava y que llegan a las vértebras. Se atiende también a las mamarias, que se originan en la parte anterior de la vena cava y en su recorrido se comunican con los órganos de la generación, a la yugular externa y su recorrido por el cuello y a la cefálica que se ramifica por el brazo, y, asimismo, a la vena de la lengua, que se origina en la yugular interna y a las membranas cerebrales cuya irrigación compete a ramificaciones de la yugular interna y también de ella sale una vena que se sitúa entre la primera vértebra y la cabeza y se une a la que procede de la médula, que se sitúa en la parte posterior del cerebro, y en general a las venas de la cara. Aborda después el estudio de las arterias, comenzando también por las de la cavidad abdominal y se fija principalmente en las mesentéricas, en la aorta descendente, en las intercostales, en las suprarrenales y renales y en las umbilicales. Entre las de la cavidad torácica cita la aorta descendente, la del tronco braquiocefálico, las carótidas, las vertebrales y las del feto. Así como las venas proceden del hígado, las arterias nacen del corazón. Del corazón nace, en efecto, una gran arteria, que pronto se divide en dos, coronaria izquierda y coronaria derecha, la izquierda, a su vez, se subdividirá en la aorta descendente y la ascendente; una parte, el tronco braquioencefálico, de la ascendente llega a la clavícula y a la garganta, y otra, arteria subclavia izquierda, se dirige a la axila con sus correspondientes ramificaciones. Habla también de las arterias vertebrales y de las que van al feto, y dedica la última parte a las venas que no van acompañadas de arterias y viceversa.

En el libro XIV Galeno se ocupa del estudio de los nervios que nacen del cerebro y de la médula espinal, y cuyo estudio ofrece especiales dificultades en las disecciones. Presenta ocho pares de nervios. Dado que no considera los nervios olfatorios como tales, porque su sustancia es menos compacta que la de otros nervios de esta región, comienza por los nervios ópticos, menciona el chiasma , descubre la arteria oftálmica y la terminación del nervio como retina. Continúa por los nervios motores oculares comunes, cuyo recorrido describe detenidamente. Pasa después al tercer par, que lo constituyen las raíces sensoriales del trigémino y describe cómo se sumergen en lo profundo de la duramadre para llegar hasta la parte anterior de la cabeza. Para Galeno, el cuarto par de nervios craneales lo constituyen las raíces motoras del trigémino, que pronto se unirá con el tercero, y generarán tres ramificaciones, la oftálmica, la maxilar superior y la maxilar inferior. El quinto par lo constituye el nervio auriculotemporal y el facial, que Galeno se plantea si se deben considerar dos pares o uno solo, pero como Marino vio en ellos una unidad, opta por seguir al maestro. El sexto par vendría constituido por el glosofaríngeo, el vago y el recurrente, considerados unitariamente por estar envueltos en una misma túnica y salir por un mismo orificio (el yugular). El séptimo lo constituye el hipogloso, más duro que otros nervios que lo tocan. El octavo par sería para Galeno el tronco simpático, que, a diferencia de sus predecesores, quienes lo habían considerado una ramificación del sexto par, Galeno lo considera nervio independiente, pues no pasa por el orificio yugular, como el sexto, sino por el de la carótida. Hace detalladas descripciones del curso de cada par de nervios, de su origen y ramificaciones, de cómo se entrecruzan, y explica qué músculos enervan, y dedica un amplio espacio al curso y ramos del simpático. Explica también las diferencias entre la disección y la vivisección y sus procedimientos. Describe detalladamente la disección de los músculos de la laringe y del nervio recurrente, para explicar su observación de la relación de este nervio con la emisión de aire y con la voz, y avanza las posibilidades que ofrecen los distintos procedimientos de forma mucho más precisa aquí que en escritos anteriores. Galeno anima a sus oyentes a repetir muchas veces un experimento hasta que lo vean claro.

El libro XV y último lo dedica a los nervios espinales o raquídeos, que se originan en la médula espinal a diferencia de los craneales, que se originan en el cerebro, pero aclara que la sustancia de la médula espinal es igual que la del cerebro. Comienza por los ocho pares de nervios que enervan los músculos que articulan la cabeza con el cuello, esto es, por el ramo cervical dorsal y anterior, y explica cómo los espinales se unen a los craneales por seguridad y protección. Explica de qué vértebra sale cada par de nervios espinales, uno a la izquierda y otro a la derecha de la espina dorsal, su recorrido, ramificaciones, qué músculos enervan y cómo los ramos anteriores se anastomosan, formando complejos plexos, de los que se encuentran tres a cada lado, el cervical, el braquial y el lumbosacro. Después de los nervios cervicales estudia los doce pares torácicos, sus ramificaciones intercostales y el plexo braquial. Describe los nervios frénicos y pasa a continuación a diseccionar los que parten de las cinco lumbares y del sacro. Señala que, mientras el simio tiene siete lumbares, en el hombre hay sólo cinco, por lo que son más grandes, y aclara que la similitud del simio con el hombre tiene su punto de coincidencia en la vigésima vértebra del hombre con la vigésimosegunda del simio, a partir de donde vuelven a coincidir en su estructura espinal. De las vértebras lumbares salen los nervios que van a las últimas costillas, a la zona abdominal y a las piernas. Al final del libro Galeno expresa su voluntad de escribir otro tratado para explicar la inserción de los nervios en todos los músculos del cuerpo y para estudiar también todas las otras partes que de una forma u otra estén en relación con los nervios. No sabemos si escribió este libro. De cualquier modo no nos ha llegado.

3. Principios generales de la anatomía galénica

Toda la vida profesional de Galeno está jalonada por su interés y estudio de la anatomía. Al poco de terminar sus estudios en Pérgamo escribió una obrita Sobre la disección del útero , en la que explicaba el procedimiento seguido y hacía una descripción de las partes del aparato reproductor de la cabra. Durante su estancia en Esmirna, interesado en el proceso respiratorio y en el de la emisión de voz, escribió los tratados Sobre el movimiento del tórax y del pulmón . Escribió también dos libros Sobre las causas de la respiración y los cuatro Sobre la voz , que se han perdido. Su descubrimiento de la acción del nervio recurrente le llevó a interesarse por el sistema conectivo y a estudiar la anatomía de los nervios. Redactó antes de su primera estancia en Roma dos libros Sobre la vivisección y uno Sobre la disección de los cadáveres , cuyo original griego se debió de perder muy pronto, pero conservamos versión árabe y siríaca. También, interesado por los estudios anatómicos de sus predecesores, escribió un libro Sobre la anatomía según Hipócrates y otro Sobre la anatomía según Erasístrato , que se han perdido. En su primera estancia en Roma elaboró una serie de tratados cortos, que habrían de servir de guía a los principiantes. Así el que versa Sobre los huesos , al que remite en Procedimientos como estudio previo antes de comenzar con los músculos, y los que versan Sobre la disección de venas y arterias y Sobre la disección de los nervios , que corregirá en su segunda estancia en Roma 11 . Escribe también los dos primeros libros de Procedimientos anatómicos y el primero de Sobre la función de las partes . También llamaron su atención las discrepancias entre los anatomistas, tema que trató en Sobre la divergencia anatómica , que se ha perdido. De su segunda estancia en Roma es el tratado Sobre la disección de los músculos , el compendio en dos libros de la Anatomía de Lico y el compendio en cuatro de la de Marino, igualmente perdidos, aunque podemos hacernos algo de idea de la obra de Marino por el título de los capítulos de diecinueve libros que Galeno copia en el tratado que versa Sobre los libros . También un tratado que escribió Sobre los errores anatómicos de Lico se ha perdido. En esta época escribe los Procedimientos anatómicos y Sobre la función de las partes , sus dos obras maestras de anatomía.

Procedimientos va dirigido a todo aquel que se interese seriamente en la anatomía. Sabemos que a sus demostraciones públicas asistían no sólo médicos y estudiantes de medicina sino también políticos, filósofos y todos aquellos ciudadanos de la elite de la Roma imperial que consideraban que el conocimiento de su cuerpo debía formar parte de su formación integral. En el libro II 2 (II 286 K, 183 Gar) de los Procedimientos , Galeno expone con claridad las diversas funciones que ve en el estudio de la anatomía. Afirma que «una es la utilidad de la doctrina anatómica para el fisiólogo que ama la ciencia por sí misma, otra para el que no la ama por sí misma sino por mor de mostrar que la naturaleza no hace nada en vano y otra para el que por el conocimiento de una función física o psíquica de la anatomía obtiene ganancias. Y además de éstas hay otra para quien se dispone a extraer puntas de flecha o astillas o a eliminar adecuadamente esquirlas óseas, para, en fin, hacer una cirugía correcta en úlceras, fístulas o abscesos. En efecto, éstas son, como dije, las cosas más necesarias, y el médico óptimo debe estar ejercitado muy especialmente en ellas». Ve, pues, que el fisiólogo estudia la anatomía por el placer de su conocimiento, el teleólogo para demostrar que la naturaleza no hace nada en vano y que nuestro mundo es el mejor de los posibles, y el médico porque su conocimiento le reporta beneficios, ya que el haber estudiado mediante disecciones las partes del cuerpo, le permite un mejor diagnóstico en las enfermedades y, además, posibilita una cirugía correcta y, por tanto, una terapia adecuada. El deseo de adquirir el conocimiento de toda la naturaleza, que caracteriza al médico-filósofo, como lo es Galeno, le lleva a abrazar en su estudio estas tres finalidades.

Galeno aconseja antes de emprender la lectura de Procedimientos conocer bien sus tratados Sobre los huesos y Sobre la disección de los músculos , pues considera que el conocimiento de los huesos y de los músculos es el fundamento sobre el que se asienta la experimentación anatómica. Después vendrá el estudio de vasos y nervios y el de los órganos internos. El médico joven debe estar experimentado en primer lugar en el buen manejo de los casos sencillos más frecuentes en las consultas, como puede ser extirpar un absceso, una esquirla ósea o extraer una astilla o una punta de flecha. Para ello debe ejercitarse en la anatomía muscular. Escribe Galeno: «estimo que los jóvenes deben dedicarse en primer lugar a lo más urgente y a lo que presta mayor utilidad al arte de la medicina». Censura a quienes tienen un conocimiento libresco o a quienes se ejercitan sólo ocasionalmente y a quienes investigan a la ligera. Dice literalmente: «yo invito a los jóvenes a dejar por el momento las disecciones del cerebro, del corazón, de la lengua, del pulmón, del hígado y del bazo, de los riñones, del estómago, de la laringe, de los fetos y de la matriz grávida, y a aprender bien primero cómo se articula el húmero en la escápula y en el antebrazo y cómo lo hace cada uno de los otros 〈huesos〉 en las articulaciones y qué músculos los mueven y qué nervios, qué arterias, y qué venas hay en cada una de las partes» (AA II 3, 291 II K, 189 Gar).

Para Galeno el buen médico es el que realiza una práctica continuada de las disecciones, las repite una y otra vez hasta familiarizarse bien con las partes que son objeto de su estudio y que sabe aprender de sus propios errores. Y así aconseja a sus discípulos: «es necesario que tú, aunque te equivoques una vez o dos o tres, no te desesperes, sino que confíes en tener éxito la próxima vez y no abandones la obra. Es vergonzoso que quienes aspiran a acumular riqueza se preparen por causa de la riqueza a atravesar los grandes abismos del mar y soporten grandes dificultades en ello y, en cambio, quienes desean aprender no soporten repetir el mismo trabajo muchas veces sin que por ello sientan molestia o dificultad» (AA XIV 8, 269 D, 1074 Gar). Galeno aconseja a los estudiantes de medicina que vayan a Alejandría, pues allí es habitual enseñar mediante la práctica de la disección. Él mismo, cuando estuvo en Roma, realizó continuas demostraciones públicas, algunas realmente espectaculares, no sólo para sus discípulos sino para cuantos estuvieran interesados con seriedad en el tema. Éstas prácticas son las que Galeno nos presenta sistematizadas en el tratado sobre Procedimientos anatómicos .

En las disecciones que Galeno va presentando de manera prolija a lo largo del tratado, le interesa no sólo hacer una descripción de la parte que es objeto de su estudio sino que cuida mucho el explicar cómo proceder para realizar una buena disección. En primer lugar, dice, se debe cuidar que el lugar donde se va a realizar la disección esté limpio, tenga la temperatura adecuada y, sobre todo, que haya mucha luz. A continuación hay que preparar la mesa de disección, el instrumental adecuado y el animal. Dice que la tabla de la mesa debe tener la medida del animal que se va a tender sobre ella y que debe tener unos agujeros por los que pase fácilmente una cuerda para atar con ella las patas del animal cuando esté en posición supina sobre la mesa, y anudar sus extremos por debajo de la tabla para que el animal quede bien sujeto. Si tiene pelos se le deben rasurar antes de comenzar la disección (AA VII 12, II 627 K, 675 Gar). Para Galeno es importante la atención en el trabajo y la precisión en el procedimiento. Explica diferentes formas de proceder en las disecciones. También dice que para aprender hay que ejercitarse sobre animales muertos y sólo cuando se haya adquirido la suficiente soltura, conviene pasar a la realización de vivisecciones. Así explica los objetivos que cubren respectivamente disección y vivisección: «La disección que se realiza sobre el animal muerto enseña la posición de cada una de las partes, su número, la peculiaridad de su sustancia, así como su tamaño, forma y composición. La que se realiza sobre los animales vivos enseña, unas veces, directamente su acción; otras, los supuestos para el descubrimiento de su acción» (AA IX 1, II 707 K, 793 Gar). La disección da a conocer el cuerpo metódicamente en forma más estática, esto es, localización, forma, sustancia, tamaño de las partes sensibles y la relación entre ellas; la vivisección, en cambio, permite la observación tanto de las funciones naturales no voluntarias (por ejemplo, cocción o eliminación de residuos) como también de las psíquicas o dependientes de la voluntad, como el movimiento muscular, la pulsación de las arterias, las distintas funciones de los diferentes músculos en la acción de la respiración, los distintos efectos del corte o ligamento de los músculos espinosos en la emisión de voz, etc. Recalca Galeno la importancia del conocimiento de la acción de los músculos para emprender con éxito cualquier tipo de cirugía. La disección permite una visión directa; las funciones descubiertas por la vivisección, en cambio, no siempre aparecen de forma inmediata a los ojos. Ha señalado A. Debru 12 la importancia que siempre tuvo para Galeno en sus experimentos anatómicos el aprendizaje y el método, y que, sobre todo, las vivisecciones requerían una especial maestría, ya que de ella dependía la supervivencia del animal, por lo que el aprendizaje debía seguir un protocolo metódico muy preciso y perfectamente estipulado.

Si bien la mayoría de las disecciones las realiza sobre el macacus innus por ser el más parecido al hombre, para la disección de partes específicas prefiere otro tipo de animales, por ejemplo, para diseccionar la laringe y hacer el experimento del nervio recurrente prefiere el cerdo, que tiene la laringe más grande y su voz es más potente; el experimento del hueso del corazón lo hace en el elefante; para explorar el cerebro prefiere el buey, que es más grande, y para explorar el útero elige una cabra.

Laín 13 ha señalado que es específico de la anatomía galénica el no quedarse en la mera descripción de las partes constituyentes del cuerpo, sino que le interesa el animal humano en la plenitud de su actividad vital y que en este sentido es el iniciador y máximo representante de lo que llamamos «anatomía funcional», y hace observar 14 en relación con la disección de las partes del cuerpo para su estudio, que para Galeno «parte» es, desde un punto de vista morfológico, lo que tiene contorno propio, pero una «parte» siempre lo es de un «todo» y está en relación con las otras «partes» de ese «todo». Y, por eso, en las prácticas de anatomía el establecimiento de un orden tiene un sentido. Galeno tanto en el tratado Sobre la función de las partes como en Procedimientos anatómicos comienza por la mano y el brazo y continúa por el pie y la pierna, y afirma que lo hace así por cuanto que las manos y la capacidad de bipedestación es lo más específico del ser humano.

En el libro primero de Sobre la función de las partes se sostiene que la naturaleza ha dotado a los diferentes animales de aquello que más se adapta a su función. Al caballo le dotó de fuertes pezuñas y de una bella crin, al león le dio uñas y dientes, al ciervo velocidad, pero al hombre, que, al nacer, «tiene un cuerpo desprovisto de armas y un alma carente de habilidades» le dio la razón para el alma y las manos para el cuerpo, que considera instrumentos de la razón. Las manos, en efecto, realizan lo que la razón les dicta. Escribe Galeno que el hombre «con sus manos escribe sus leyes, erige altares a los dioses, construye naves, liras, escalpelos, tenazas y todos los restantes instrumentos de las artes... Así, gracias a las letras y a las manos es hoy posible conversar con Platón, Aristóteles, Hipócrates y otros clásicos» (UP I 1, III 8 K). Galeno en Procedimientos (II 3, 291 K, 189 Gar) hace alusión a estas afirmaciones suyas y escribe: «en aquel tratado, puesto que mi discurso versaba sobre las partes del cuerpo humano, puse en primer lugar el que se refería a las manos, puesto que esta parte es característica del hombre, pero ahora, como dije, lo hago no sólo por esto sino también para ejercitar a los jóvenes primero en lo más necesario». Pero para que el hombre pueda utilizar adecuadamente este instrumento racional y también relacional, que son las manos, necesita marchar erguido sobre sus piernas. De ahí que el andar erguido sea otra de las características específicas del ser humano, pues le posibilita usar sus manos y le permite, además, mirar hacia lo alto (UP III 3, III 182-3 K).

Después de la descripción anatómica de las extremidades superiores e inferiores se continúa con la anatomía, disección y función de la cubierta osteomuscular de la cabeza, del cuello y del tronco y de los órganos del abdomen y después con los órganos de la respiración y el cerebro. En los libros siguientes, conocidos por una traducción árabe, se sigue con la anatomía del cerebro, de la cara, de la boca y de la faringe; se estudian también los órganos reproductores, las venas y las arterias, y por último los nervios craneales y espinales, tal como se ha descrito con más detalle en el apartado anterior.

Los experimentos de Galeno, ha comentado Laín 15 , no dejan de ser «un artificio para que la naturaleza muestre ad oculos lo que en ella han visto los ojos y la razón del sabio; en definitiva una epifanía de la naturaleza artificialmente provocada». A este respecto es de destacar el reconocimiento por parte de Galeno de la importante función desempeñada por el cuarto ventrículo del cerebro y cómo si se presiona u oprime el cerebro los efectos, pérdida de sensación y movimento, son más nocivos que si se presiona el corazón. Experimentó también sobre los diferentes efectos que se producían si se dañaban las diversas vértebras de la columna, por ejemplo si se lesionan las vértebras dorsales, el animal encuentra dificultades en la respiración y en la emisión de voz, pero los daños mayores proceden de la lesión de las cervicales. También pone en relación la insensibilidad de ciertas partes del cuerpo con la lesión en el origen del nervio que las enerva. Respecto al tórax son interesantes sus observaciones sobre la acción de los músculos intercostales y sus nervios en los movimientos torácicos que contribuyen a la respiración y a la emisión de voz. También se dio cuenta de la decusación de las fibras en estos músculos y propone tres procedimientos para demostrar sus afirmaciones. Hizo demostraciones, asimismo, de la acción del diafragma y de los músculos superiores del tórax en la acción respiratoria. Propuso también experimentos para comprobar si había aire o no entre el pulmón y la pared del tórax, cuestión debatida en los círculos médicos de su época. Respecto al corazón explicó con precisión cómo proceder para dejarlo al desnudo sin perforar la pleura. Así pudo investigar si golpea la pared torácica en la sístole o en la diástole, cómo afecta su movimiento a las pulsaciones de la aorta, qué sucede cuando se la anuda, y pudo ver cuál es el efecto que se produce en el animal cuando se le presiona el corazón. Se dio cuenta de que una lesión en los ventrículos entraña una muerte inmediata pero no así en el pericardio 16 . Distinguió las arterias de las venas no sólo por la pulsación sino también en atención al ventrículo del que proceden. También en embriología hizo experimentos respecto a la relación entre las pulsaciones del cordón umbilical del feto y una arteria de la madre.

En las prácticas de anatomía que son nuestros Procedimientos Galeno tiene, en efecto, el mérito de haber observado y haber descrito partes de la anatomía del cuerpo que les habían pasado desapercibidas a los anatomistas que lo habían precedido, por ejemplo, los músculos rectos que mueven la cabeza, el elevador superior del párpado, los conductos de las glándulas sublinguales, el músculo cutáneo del cuello (plátysma mioides) , el buccinador, la decusación de las fibras de los músculos intercostales, los músculos pterigoides, las relaciones del tendón de Aquiles, los lumbricales de manos y pies, y los ganglios de la cadena simpática. Distinguió las acciones y tonos musculares. Diferenció la carne fibrosa y dura de la blanda o «parenquimatosa» de los órganos internos. Describió con claridad los cartílagos de la laringe y su articulación así como la autonomía funcional de lengua y laringe en la deglución, los efectos diferentes según se lesione el nervio vago o las arterias carótidas, su observación de las ramificaciones —en glosofaríngeo, vago y accesorio— del sexto par de nervios craneales y su descubrimiento de la función de los nervios laríngeos recurrentes 17 . Asombró, en efecto, su demostración de cómo la voz es controlada por el cerebro a través del nervio recurrente y no por el corazón como defendía Aristóteles. Describió también las anastomosis de los vasos epigástricos y las fibras diastólicas y sistólicas del corazón, así como las válvulas sigmoideas y la tricúspide. Recalcó la importancia de conocer la topografía anatómica del área afectada, pues ocurre con cierta frecuencia que los síntomas de una dolencia aparecen en un lugar diverso al del lugar afectado y escapan a la percepción sensible. Brillante es su descripción del cerebro y de la médula, que demuestra que no es sino una extensión del cerebro y que lo conecta con los nervios, que a partir de ahí se ramifican junto con los vasos que los acompañan, y su observación de la correspondencia «entre la lesión de un elemento anatómico particular, músculos y nervios, y una perturbación funcional precisa», entre su localización y su evaluación 18 .

Pero Galeno también cometió errores, algunos debidos a su anatomía analógica, esto es, a que atribuía al hombre la misma estructura que a los simios. Por ejemplo, sólo en los simios hay un extensor propio de cada dedo pero no en el hombre; no detectó, sin embargo, en la mano humana el oponente del pulgar como músculo independiente. La división del mentón, a la que alude, hace, sin duda, referencia al hueso incisivo o intermaxilar del simio, inexistente en el hombre. También la descripción de la bifurcación del arco aórtico y la vena cava superior es propia del simio. La rete mirabile tampoco existe en el hombre. El cartílago tiroides que describe es el del cerdo y la situación del riñón derecho más arriba que el izquierdo es la del simio pero en el hombre sucede al revés. Hay también otros errores de principio como, por ejemplo, su idea de que las venas se originan en el hígado, o de la comunicación anatómica en el tabique interventricular del corazón, o su concepción de que las aurículas forman parte del sistema venoso o de que el canal que parte del infundíbulo del cerebro es para evacuar residuos. Otros errores proceden de su interpretación de los experimentos, como el que hace cortando y ligando la arteria femoral, que le da lugar a pensar que las arterias pulsan por sí mismas. Tampoco supo ver las válvulas venosas. De hecho Galeno desconoce el mecanismo del sistema circulatorio. Erró, asimismo, en su interpretación de que en la cavidad pleural hay generalmente aire y que con su dilatación y contracción ayuda a mover el tórax en la acción respiratoria 19 .

Las prácticas anatómicas de Galeno realizadas mediante experimentación y disecciones, junto con su buen conocimiento de la tradición médica anterior a él y su formación filosófica, no sólo pusieron las bases, a pesar de las omisiones y errores, de la moderna anatomía con el estudio serio de las partes que constituyen el cuerpo sino que también se esforzaron en demostrar cómo su morfología es la más adecuada a la actividad que realizan en cumplimiento de la función que la naturaleza le ha designado, «cuya más inmediata expresión es el manejo racional del mundo en torno» 20 . Según Laín, la descripción sinóptica del curso y la distribución orgánica de nervios, arterias y venas, no tuvo rival hasta Vesalio, y en algunos puntos no fue inferior a la suya, lo que «explica holgadamente que el prestigio del Pergameno se haya mantenido íntegro a lo largo de cuatro siglos y cuatro grandes culturas: la bizantina, la arábiga, la cristiana medieval y la renacentista» 21 .

4. Los «Procedimientos anatómicos» y la tradición anatómica en España

A pesar de todo lo dicho, de las obras de contenido anatómico que escribió Galeno, la que peor suerte corrió fue Procedimientos , sobre todo, si se compara con Sobre la función de las partes , que fue bien conocida en el mundo bizantino. A Occidente Procedimientos llegó con un retraso mayor que otras obras de Galeno y que el legado de la literatura griega. El original griego de los siete últimos libros debió de perderse relativamente pronto. A pesar de que la España medieval, gracias a las escuelas de traductores, no quedó al margen de la recepción médica griega, como lo demuestra el conocimiento de Galeno del que hizo gala Arnau de Vilanova (1238-1311), quien tanto contribuyó al galenismo latino medieval 22 , los Procedimientos anatómicos no fueron traducidos. De hecho, esta obra no empezó a traducirse en Europa hasta el Renacimiento. La versión árabe de los siete últimos libros fue publicada por primera vez por M. Simon en 1906 junto con una traducción al alemán (cf. infra) . No hay que olvidar el importante papel del Islam en la recepción de la medicina de Galeno y en su difusión 23 .

La versión griega de Procedimientos llega a Occidente hacia 1500 y será publicada por primera vez en 1525 por Aldo. La gran difusión del galenismo en Occidente vendrá, en efecto, con el Renacimiento. En el siglo XVI los médicos humanistas van a hacer posible el conocimiento de las obras originales de Galeno y del Corpus Hippocraticum . Es la época de Leoniceno, Laurenziano, Linacre, Copp, Fuchs, Cornario o Caius en el humanismo europeo.

La edición aldina será la plataforma del resurgir de los Procedimientos galénicos que habría de darse en el Renacimiento, cuyos precursores iban a ser Ch. Estienne y Günter von Andernach, maestros de Andreas Vesalio. Vesalio estudió a fondo los Procedimientos anatómicos y conoció bien los comentarios sobre ellos de su maestro, lo que constituyó el comienzo de su formación anatómica, que daría lugar a la composición de su obra De humani corporis fabrica libri septem , publicada en 1543, con la que la anatomía galénica era superada, al servirse Vesalio en sus disecciones de cadáveres humanos, lo que le permitió corregir muchos errores que procedían de las disecciones en animales de Galeno. En ese mismo año Copérnico describía el sistema heliocéntrico. Pero antes de la publicación de la Fabrica de Vesalio, Andrés Laguna ya había publicado su Anatomica methodus (París, 1535), en la que también introducía correcciones a la anatomía galénica en la que se inspiraba, consecuencia de su observación en cadáveres humanos.

Amigo y condiscípulo de Vesalio en la Universidad de París fue nuestro Miguel Servet, quien en Lyon se cambió su nombre por el de Michel de Villeneuve. De él escribió uno de sus maestros, el reputado anatomista Günter von Andernach: «... Miguel Vilanovano, varón en todo género de letras eminente y a nadie inferior en la ciencia de Galeno». Servet, buen conocedor del griego, del latín y del hebreo, pudo leer a los médicos griegos en su lengua original, se declaró gran admirador de Hipócrates y de Galeno, y criticó las traducciones que habían hecho de él algunos médicos árabes. En la época de su estancia en Viena (1541-1553), invitado por el arzobispo Paulmier, que había sido discípulo suyo cuando impartía anatomía en la Universidad de París, escribió un tratado teológico De christianismi restitutione , en el que expuso su teoría sobre la circulación menor, tratado del que se sirvió Calvino para llevarlo ante la Inquisición. A pesar de no haber sido los Procedimientos anatómicos la obra ni más editada ni más traducida de Galeno, el conocimiento que de ella tuvo G. von Andernach e ilustres discípulos como Vesalio y Servet constituyó el punto de arranque para establecer los fundamentos de la moderna anatomía.

En Aragón, Fernando el Católico autoriza en 1444 la disección de cadáveres humanos en Zaragoza y Juan II concedió en 1477 este privilegio al gremio de cirujanos de Valencia, y es precisamente en la Universidad de Valencia donde se crea la primera cátedra de anatomía en 1501 y se ordena que esta enseñanza sea dispensada con el De usu partium de Galeno. Con la reforma de Pedro Jaime Esteve, cuando tomó posesión de su cátedra en 1545, se introduce como obligatoria la lectura de la obra galénica De anatomicis administrationibus (Sobre los procedimientos anatómicos ) y la práctica de las disecciones en cadáveres humanos. Fue este médico el que introdujo el estudio del griego en la Universidad de Valencia. Sus sucesores, Pedro Jimeno, que había sido discípulo de Vesalio en Padua, y Luis Collado introducirían años más tarde la obra de Vesalio en la enseñanza de la anatomía 24 . De Jimeno escribe J. B. Peset 25 «que disecó muchos cadáveres en compañía de Vesalio» y que «había publicado ya en Valencia en 1549 sus Diálogos de Anatomía , que admiten el parangón de sus clásicos franceses». Jimeno fue, según Peset, el descubridor del hueso estribo del oído, aunque este hallazgo se lo disputan otros anatomistas. Los estudios de Jimeno y de Juan Calvo sobre el corazón y la circulación también ponen las bases para el gran descubrimiento de Harvey. Juan Valverde, que estudió anatomía también en Padua, escribió Historia de la composición del cuerpo humano (Roma, 1556), obra que mereció en sus días el elogio del propio Vesalio y en los nuestros el de Laín por su capacidad de crear términos técnicos de anatomía a partir de «los vocablos más vulgares de la lengua vulgar» 26 . Estos anatomistas de la escuela valenciana, además de Gómez Pereira y Jaime Segarra, fueron partidarios de un galenismo renovador en la línea vesaliana. Con ellos entró Vesalio en la anatomía española. Vesalio también estuvo algún tiempo en España como médico de Carlos V y cirujano de la corte de Felipe II, pero tuvo problemas con la Inquisición.

Los estudiantes de la Universidad de Alcalá de Henares solicitaron en 1534 que se les impartiera la enseñanza de anatomía. Catedrático de anatomía de Alcalá fue Pedro Jimeno, de quien dice Francisco Valles que «había venido de Valencia a Alcalá para explicar el arte de disecar en el que estaba muy impuesto» 27 . Sabemos por las constituciones de la Universidad de Alcalá de Henares de 1513, publicadas en 1517, que era preceptivo que los dos catedráticos de medicina explicaran alternativamente a Avicena e Hipócrates y a Galeno 28 , siguiendo la tradición de las universidades medievales. Pero cuando en 1538 ocupó la cátedra de prima Juan Reinoso, amigo personal de Andrés Laguna y discípulo de Leoniceno, se promocionó aún más el estudio de los médicos griegos en su lengua original en detrimento del avicenismo. Destacaron como ilustres anatomistas en la Universidad de Alcalá Antonio de Cartagena, Cristóbal de Vega, Fernando Mena, Pedro García Carrero y Francisco Valles. Éste solía aconsejar que para interpretar los datos que una información clínica no esclareciera se debía acudir a la autopsia, sentando así las bases de la anatomía patológica. Estos anatomistas, como también Juan Bravo de Piedrahíta y Luis Mercado, se mantuvieron fieles al estudio y comentario directo y muy ajustado de los textos griegos de Galeno prescindiendo de los comentarios árabes. No obstante, ninguno de los grandes maestros alcalaínos del siglo XVI , que tantas obras de Galeno tradujeron y comentaron, se ocupó de publicar la traducción de los Procedimientos anatómicos .

También en las Universidades de Salamanca, Barcelona y Zaragoza, en las que se van dotando cátedras de anatomía, es obligada la lectura y comentario de la obra anatómica de Galeno, y en ellas se va a imponer el estudio de los tratados de Galeno en sus textos griegos siguiendo la tradición de Vesalio. El conocimiento de la anatomía humana mediante disecciones adquirió tal prestigio que cuando Lorenzo Alderete en 1550 tuvo que defender la creación de la cátedra de anatomía en la reunión del claustro de la Universidad de Salamanca, argumentó con las ideas que defendía Galeno, apeló a su autoridad y recordó «cómo Galeno y otros escriven ser muy necesaria ver la anatomía por vista de ojos para saber conocer las enfermedades e curarlas» 29 .

La Universidad de Valladolid, en la que en 1550 se dotó la cátedra de anatomía, va a ser la única en la que se va a mantener la fidelidad al galenismo arabizado. En ella dictó un curso Alfonso Rodríguez de Guevara, quien en su libro de anatomía polemiza con Vesalio. También impartió enseñanza de anatomía en esa Universidad el que fuera médico del rey, Bernardino Montaña de Monserrate, que se mantuvo fiel al espíritu teleológico de Galeno en su obra Libro de la Anothomia del hombre (Valladolid, 1551). Fue éste el primer libro de anatomía que se escribió en lengua castellana 30 . En él Monserrate después de los capítulos dedicados a la anatomía propiamente dicha, en los que demuestra conocer bien la anatomía galénica, mejor Sobre la función de las partes que Procedimientos , hace un comentario de un sueño que le da ocasión para hablar sobre la generación, nacimiento y muerte del hombre y hacer ciertas consideraciones sobre la naturaleza y el espíritu vital.

En el siglo XVII , ha señalado Sánchez Granjel 31 , «los médicos mantenedores de la tradición galénica se enfrentaron en enconadas polémicas con los que en sus escritos y en las últimas décadas de la centuria proclaman sin rebozo su preferencia por las conquistas realizadas por la medicina europea del siglo». Por el deterioro que a principios del XVII se estaba produciendo en las universidades españolas en la formación de los profesionales de la medicina, Felipe III firmó en 1617 una pragmática, que decía así: «... se ha hallado que las causas principales de aver falta de buenos Médicos ha sido el modo que nuevamente se ha tomado... en las lecturas de las Universidades, que es donde ha de venir el principio del bien, o el mal, gastando el tiempo en disputas, i questiones impertinentes, que no importan para el conociminto de las enfermedades, ni sus causas, ni para el pronóstico, i curación de ellas, y no leyendo como antiguamente se usaba la doctrina de Hipócrates, Galeno i Avicena, gastando el tiempo en dictar, i no leer in voce los proprios textos originales, que sabiéndolos los estudiantes de esta facultad, solían ser mui grandes Médicos» y también en esta misma pragmática se lee «que los Cirujanos se examinen... por la doctrina de Hipócrates y Galeno, Guido y otros autores graves de la Facultad» 32 .

En la mayoría de las universidades españolas en medicina el estudio de la anatomía sufrió un notable deterioro, excepción hecha de la de Valencia, que sostuvo e intensificó las prácticas anatómicas y del «Estudi General de Barcelona», cuyos estudiantes acostumbraban a ir a Montpellier a ampliar conocimientos. En la Universidad de Valencia se sigue promoviendo el estudio de la anatomía, como lo indican sus Constituciones (VIII 3-4), en las que leemos: «Lo catedrátic de anatomía llegira de set á huit, segons es costum, y será obligat á llegir tota la historia de totes les parts del nostre cos comensant de la materia de ossibus , y apres les parts que están en les tres cavitats: apres de musculis, nervis, venis et arteris , llegint solament la historia, que es propia de la anatomía, deixant la esplicasió y disputa de aquelles pera el catedratic de práctica» 33 y García en el Proemio de sus Disputationes medicae selectae afirma de Valencia que es Hispaniae sola anathomiae magistra 34 .

L. Sánchez Granjel en su monografía de La medicina española del siglo XVII ha escrito: «Los conocimientos morfológicos que poseyeron los médicos españoles del siglo XVII , y de los que tenemos información por las menciones que de ellos se hacen en textos médicos y quirúrgicos, aprendidos en los libros, no fueron contrastados con la práctica de disecciones y por lo que atañe a la riqueza y precisión del saber, en muchos casos no es superior al conocimiento que de su propia realidad tuvo el hombre culto de la época y que recoge el Diccionario de Sebastián de Covarrubias. Queda dicho que en el Seiscientos no se edita en España ningún tratado de anatomía; quedó inédito el texto De anatomía de Vicente García Salat, no fueron reimpresos los tratados anatómicos españoles del siglo XVI y tampoco fue traducida ninguna de las Anatomías que se publicaron en Europa en el transcurso de la centuria» 35 .

Ante este panorama parece lógico pensar, a pesar de que en 1604 y 1643 se reimprimiera el Epitome omnium Galeni Pergameni operum de Andrés Laguna, que tampoco los Procedimientos anatómicos de Galeno fueron muy conocidos y no tenemos constancia ni de comentarios ni de su traducción. Hay también que considerar que en este siglo se están haciendo en Europa progresos de primer orden en anatomía, como lo son en 1628 el descubrimiento del sistema circulatorio por Harvey, el de los vasos linfáticos por Bartholinus, el del páncreas por Virsung, el de los vasos lácteos por Asellius de Cremona o la estructura de los músculos por Steno 36 , etc., por lo que en el mundo científico la obra de Galeno deja de ser una referencia.

En el siglo XVIII se reaviva el interés por la anatomía. Contribuye a ello el séquito que trajo consigo Felipe V, entre quienes se contaba Florencio Kelli, anatomista formado en París, que fundó el Teatro Anatómico de la Corte, donde hizo demostraciones públicas, a las que incluso asistió el monarca. También Carlos III dispensó ayuda estatal para el progreso de la medicina. Si en el siglo XVII las disecciones se habían considerado irreverentes, en el siglo de las luces el conocimiento de la anatomía se considera inseparable del saber médico. El Padre Feijoo escribe: «Si el arte médico puede lograr algún género de perfección, sólo arribará a él por medio del conocimiento anatómico» y el Padre Antonio José Rodríguez afirma respecto a las disecciones «aunque fuesse el cadáver cosa sagrada, dentro de la esphera que puede serlo, nada se le pierde de respeto religioso, por disecarlo con la decencia y pompa que se haze, y por el justo y honesto motivo de adelantar las ciencias y beneficiar al público» y unas páginas más adelante en su Nuevo aspecto de Theologia Medico-moral (Zaragoza, 1742, pág. 347), sin renunciar a su magisterio moral, declara: «todo confessor estará de aquí adelante obligado a preguntarle al cirujano, si sabe anatomía con la mayor exactitud, según el estado presente; y si la ignora, podrá muy bien negarle la absolución, y diferirla según el caso, hasta que la sepa, o mandarle, que dexe el oficio, si no puede aprenderla» 37 .

La anatomía se dignifica en las universidades y se ponen los medios para que se progrese en su conocimiento. Carlos III, con fecha de 9 de febrero de 1773, firmó una providencia a favor de la Universidad de Salamanca, por la que los administradores del Real Hospicio y Casa de Niños Expósitos debían entregar al catedrático de anatomía «los cadáveres que necesite y pida por medio de esquela firmada, porque hay muchas operaciones que no pueden hacerse sino en cadáveres de niños y jóvenes», y por una real provisión de 1777 este mismo monarca estableció que los escolares de segundo curso de las Facultades de medicina debían «estudiar la fábrica y mecanismo del cuerpo humano, la situación y naturaleza de todas sus partes, que es el asunto propio del catedrático de anatomía, sin la cual no puede saberse ni practicarse la Medicina con el logro de su útilísimo fin» 38 . También se dice que tales enseñanzas deben dispensarse de acuerdo con el saber de los antiguos maestros Hipócrates, Galeno y Vesalio y de los avances logrados en los últimos siglos. Y se establece que las clases de anatomía se han de impartir no sólo en el aula sino también en el teatro anatómico, donde se realizarán vivisecciones de animales y disecciones de cadáveres humanos. En la Universidad de Cervera, fundada en 1717, se estipula que el catedrático realice ante sus estudiantes doce disecciones particulares y seis universales. La última de las disecciones estaba destinada a los órganos fonadores y a las prácticas con el nervio recurrente, sobre el que Galeno había hecho brillantes demostraciones. El corregidor de la ciudad estaba obligado a proporcionar del Hospital todos los cadáveres que la Universidad le solicitara. La Universidad de Valencia se mantuvo puntera en la investigación anatómica y ocuparon la cátedra de anatomía personajes como Vicente Gilabert, Francisco Lloret, Andrés Piquer y Mariano Seguer. A Piquer le cupo en suerte en su oposición a la cátedra disertar una hora sobre el capítulo 3 del libro X del De usu partium de Galeno el 3 de agosto de 1742 y el 7 hacer una disección de corazón 39 . De Piquer dice Peset que mereció «con justicia el nombre de ‘Hipócrates español’» 40 . Progresó también la anatomía gracias a los Colegios de Cirugía que se abrieron en Cádiz, Barcelona y el de San Carlos de Madrid.

Entre las obras anatómicas de la época merecen citarse la de Manuel de Porras, que lleva por título Anatomia Galenico-Moderna (Madrid, 1716) y que quiere «incorporar al saber anatómico tradicional, sin recusarlo totalmente, las indiscutibles y fundamentales conquistas realizadas hasta su tiempo» 41 ; y las Noches Anatómicas (Madrid, 1716) y Anatomía Completa del Hombre (Madrid, 1728) de Martín Martínez. En la última el autor subraya la importancia de la anatomía en la medicina, la califica de saber empírico obtenido por la separación y observación de las partes del cuerpo humano para conocer su «oficio» con el fin de lograr la curación «con acierto» de las enfermedades. Merece también citarse el Compendio anatómico , en cuatro volúmenes, (Madrid, 1750-1752) de Juan de Dios López, de carácter puramente morfológico, que incorpora al saber tradicional las aportaciones de Winslow y Verdié y se ocupa también de explicar la técnica con la que se ha de realizar cada disección.

Muy meritoria fue la labor de Pedro Virgili y su discípulo Antonio Gimbernat en la formación anatómica de los cirujanos favoreciendo la práctica continuada de disecciones en los Reales Colegios de Cirugía. Gimbernat alude a la importancia de la anatomía como guía de las manos y el entendimiento en el arte de la cirugía. Dice así: «La anatomía es la puerta por donde se entra en el vasto y precioso campo de la cirugía; ella es la que conduce y guía por el dilatado e intrincado golfo de nuestra máquina la mano y entendimiento del cirujano, y así, bien instruidos vosotros en esta tan importante materia, conoceréis perfectamente la verdadera situación, dirección, profundidad y conexión de las partes de nuestro cuerpo» 42 . Su aportación más importante, fruto de su práctica y habilidad en las disecciones, fue la técnica ideada para la operación de la hernia crural, que mereció el elogio del ilustrísimo cirujano J. Hunter. En la primera Junta Literaria celebrada en el Colegio de San Carlos el 9 de octubre de 1788 se mostraba no menos orgulloso de su hallazgo anatómico que Galeno de los suyos y sus palabras nos evocan las del pergameno: «esta parte del cuerpo humano, sin embargo de ser tan notable, ha sido poco examinada y menos conocida de los anatómicos, hasta que yo la demostré por la primera vez en el año de 1768, que fue uno de los del curso público que enseñé en Barcelona... Ello es certísimo, que sin tener un perfecto conocimiento de esta parte, es imposible operar con seguridad y acierto; además de que tengo por indubitable que el sólo haberse ignorado la verdadera estructura de ella ha sido el motivo de tanta variedad de métodos peligrosos, y que por esta razón la cirugía no ha hecho progreso alguno de la curación de esta enfermedad» 43 .

El jesuita Lorenzo Hervás y Panduro escribió El Hombre Físico o Anatomía humana físico-filosófica (Madrid, 1800), en la que dedica el capítulo tercero del primer tratado (págs. 74-132) a la morfología del cuerpo humano. Jaime Bonells e Ignacio Lacaba escribieron un Curso completo de Anatomía del cuerpo humano (Madrid, 1796-1800) en cinco tomos, en el que se dedica un capítulo a la anatomía práctica, esto es, a los procedimientos a seguir para la correcta realización de las disecciones. Ignacio Lacaba en colaboración con Isidoro de Isaura publicó el primer atlas de la cabeza en el primer fascículo de un Prontuario anatómico-teórico-práctico del cuerpo humano (Madrid, 1799). En opinión de Sánchez Granjel 44 estaban en lo cierto Bonells y Lacaba cuando enjuiciaban su obra con estas palabras: «creemos poder decir sin presunción que el curso elemental de anatomía que presentamos al público no sólo es muy superior a quantos teníamos en español, sino que también es más completo que ninguno de los extrangeros que conocemos».

Si Galeno puso en marcha el estudio sistemático de la anatomía a través de la práctica continuada de las disecciones y aún sus obras anatómicas eran estudiadas en las facultades de medicina del Setecientos, los avances que en esta ciencia se están logrando convierten al Pergameno en un referente histórico. No obstante, F. Hoffmann (1660-1742) en sus Fundamenta medicina ex principiis naturae mechanicis in usum philiatrorum succinte proposita III 18 (Génova, 1749) señala ideas galénicas aún en curso como, por ejemplo, que los hábitos de la mente son consecuencia del temperamento de los cuerpos, y para D. Le Clerc (1652-1728) en su Histoire de la médecine (Amsterdam, 1723) las observaciones de Galeno sobre el pulso resultaban aún de interés para la medicina y afirma que en su tiempo aún tenía seguidores. En cambio, K. Sprengel (1766-1833) en su Versuch einer pragmatischen Geschichte der Arzneykunde II 132-134 (Halle, 1792-1823), aunque lo considera como un personaje tocado por la divinidad y el mayor genio en la historia de la medicina y se felicita de que «con él los tesoros de la antigua sabiduría se salvaron de las ruinas del templo del aprendizaje», afirma que Galeno había pasado a formar parte de la historia de la medicina. Desde finales del XVIII ya no son los médicos en ejercicio los que se ocupan de Galeno sino los historiadores de la medicina, de las ideas o los filólogos. Los historiadores han señalado el mérito del Pergameno por haber establecido categorías médicas y por habernos provisto, en cierta medida, de un vocabulario científico; han señalado cómo su teleologismo y su idea de que la salud de cada una de las partes y la armonía entre ellas confiere vida sana al organismo pervivió en el vitalismo que nació en el siglo XVIII y se desarrolló en el XIX .

En el s. XIX Ch. Daremberg (1817-1872), historiador de la medicina, cuya tesis doctoral presentada en París en 1841 llevaba por título Exposition des connaissances de Galien sur l’anatomie, la physiologie et la pathologie du système nerveux , a pesar de haber combatido ciertos presupuestos galénicos, tradujo al francés una importante parte de la producción de Galeno, que presentó en dos volúmenes, en una obra que llevaba por título Oeuvres anatomiques, physiologiques et médicales de Galien, traduites sur les textes imprimés et manuscrits (París, 1854-56). El tercer volumen, en cuyo proyecto estaba la presentación de la traducción de los Procedimientos anatómicos no llegó nunca a ver la luz editorial. Daremberg consideró a Galeno fundador de la fisiología experimental. C. Bernard en su obra Introduction à l’étude de la médecine expérimentale , publicado en París en 1865, alabó los experimentos realizados por Galeno y reconoció su mérito como «fundador de vivisecciones en los animales». Coetáneo de Daremberg fue C. G. Kühn, médico también y profesor de fisiología y patología, quien publicó entre 1821 y 1833 una edición en griego y latín de las obras completas (Galeni opera omnia ) del médico de Pérgamo, y sobre la obra que nos ocupa escribió: Est plenissimus et perfectissimus omnium librorum, a Galeno de anatomica scientia conscriptorum (I, pág. 83).

En España en torno a 1899 también se concibió desde la filología y la historia de la medicina un ambicioso proyecto de aproximación a la medicina antigua mediante una edición crítica y traducción de la obra completa de Hipócrates y de Galeno. La idea partió del filólogo Donaciano Martínez Vélez y se interesaron en el proyecto médicos como Simarro, Gómez Ocaña, Cajal y Federico Rubio y Galí (1827-1902), quien fundó en Madrid el Instituto de Especialidades Quirúrgicas. Pero este proyecto por diversas circunstancias no se llevó a término 45 . Esta idea fue hasta cierto punto reflotada por Aníbal Ruiz Moreno, J. Lafont, Pedro Laín Entralgo y Antonio Tovar, aunque no se llevó a término más que parcialmente, pues en 1947 J. Lafont y A. Ruiz Moreno publicaron una antología de ocho obras galénicas traducidas de un original latino (Venecia, 1586), por no ser posible a la sazón en Argentina adquirir los textos griegos (Obras de Galeno , La Plata, 1947). Esta traducción ha sido reeditada por R. Vera en su obra Científicos griegos (Madrid, 1970). Un año después Ruiz Moreno y Antonio Tovar tradujeron del griego a partir de la edición de Kühn los tratados Sobre la diferencia de los pulsos (De differentia pulsuum ) y Sobre el pulso para los principiantes (De pulsibus ad tirones ), en Compendio del pulso para los estudiantes (Buenos Aires, 1948).

En los umbrales del s. XXI , éste es el juicio que les ha merecido Galeno a dos ilustres médicos que se han ocupado en nuestro país de la historia de la medicina. Don Pedro Laín Entralgo 46 considera que «Galeno fue el más antiguo creador de un conocimiento verdaderamente científico y total del cuerpo humano» y que «apenas es posible exagerar... la importancia de la anatomía y la fisiología de Galeno en la ulterior historia de la cultura de Occidente». Y L. García Ballester en el prólogo a la traducción del De locis affectis (1997), aún reconociendo que el galenismo médico se desvaneció en Europa en el siglo XVII , afirma que la obra de Galeno aún puede hoy ofrecer interés por lo que significa como máxima expresión de un momento culminante en la medicina de la Antigüedad griega, porque es la base para entender el galenismo medieval, renacentista y moderno en las culturas mediterráneas y en las orientales, porque ha contribuido a aclarar distintos problemas de la medicina occidental y por el placer de leer la obra de alguien que sintió «la pasión por la investigación de la que no abdicó a lo largo de su vida».

Galeno hoy pertenece, en efecto, a la historia de la medicina y a la filología clásica. Jutta Kollesch dirige actualmente el Corpus Medicorum Graecorum , donde se están haciendo excelentes ediciones críticas de todas las obras de Galeno. También la prestigiosa colección Budé ha comenzado a editar el texto griego con traducción francesa de alguna obra de Galeno. Los Procedimientos anatómicos no han aparecido aún ni en el Corpus alemán ni en la editorial francesa. Por otra parte en la obra dirigida por W. Haase y H. Temporini, Aufstieg und Niedergang der römischen Welt (ANRW ), II, 37, 1, 2 y 3, Berlín-Nueva York, 1993, 1994 y 1996 hay más de veinticinco contribuciones dedicadas a Galeno y a la medicina romana de época imperial.

Así, pues, en el campo de la filología se hacen ediciones críticas de sus obras, se estudian los manuscritos que nos las han transmitido, se traducen sus tratados, se estudia su recepción en Occidente y el influjo de su reflexión y experimentación en la medicina posterior. Se presta también atención a su vocabulario, a la forma que da a sus tratados y a los principios retóricos que los animan. Interesan las ideas filosóficas que conforman su concepción del hombre, del mundo y la medicina, su saber clínico, la importancia que concedió a la anatomía en la práctica médica, su modo de actuar en las disecciones y de enseñar a hacerlas, el instrumental empleado, cuáles fueron sus fuentes y cuáles las aportaciones que realizó y que supusieron un avance en el saber médico. Pues fue el de Galeno un pensamiento siempre abierto al aprendizaje, a la corrección de errores, al avance en el progreso de un conocimiento basado en la observación sensible y en la reflexión lógica, en el estudio y en la investigación. Analizó con minuciosidad los datos que se le ofrecían a la vista y se esforzó por descubrir el orden de la naturaleza incluso en las partes más recónditas del cuerpo, a la vez que lo transmitió en forma pedagógica con suma precisión en su vocabulario. Supo además responder a una parte importante de lo que la sociedad imperial romana demandaba, dar sentido «al saber sobre el cuerpo y sobre la vida de la que es depositario» y a la salud del individuo y de la sociedad. Según M. Vegetti 47 contribuyó al gran éxito de Galeno su «extraordinaria capacidad de interpretar las necesidades sociales emergentes y de darles respuesta en la más pura tradición del gran pensamiento filosófico-científico clásico».

5. Transmisión del texto

El texto griego de Procedimientos anatómicos nos ha llegado gracias al manuscrito Parisinus 1849, que hoy se fecha con seguridad en el siglo XII , pues, como ha visto Wilson y recoge Garofalo, tiene notas autógrafas de Burgundio de Pisa, que murió en 1193. Por las traducciones al siriaco y al árabe de Hunain Ibn Ishaq y Hubaish respectivamente debían de circular en Oriente en el siglo IX manuscritos griegos con la obra completa.

Las copias manuscritas de nuestros humanistas derivan de manuscritos perdidos unos, como el que sirvió de base a la edición aldina, conservados otros, que son copias del Parisinus . Para la constitución del texto de Procedimientos hay que tener en cuenta, afirma Garofalo, una tradición tripartita, que la formarían la traducción árabe, el manuscrito Parisinus y los recentiores y los fragmentos de Procedimientos que Oribasio, el médico del emperador Juliano, fue insertando en Sobre la función de las partes y que Garofalo publica en su edición del año 2000, tradición en la que, nos comenta el profesor italiano, tras haberlas cotejado, el Parisinus siempre sale mal parado. Afirma también el profesor Garofalo que la traducción árabe de Hubaish presenta en múltiples ocasiones el texto correcto frente al Parisinus , dando sentido a lugares desesperados y presentando a un Galeno anatomista más riguroso.

El tratado, como se ha dicho en el apartado anterior, se incluye en la edición aldina (Venecia, 1525) y en la basilense de 1538, que sigue muy de cerca a la aldina, aunque en algún lugar la mejora, debido, tal vez, a las notae britannicae , que hiciera J. Clement y que corrigen la aldina. Contamos también con las traducciones latinas de Chalcondyla, que, según las investigaciones en curso de S. Fortuna, citadas por I. Garofalo (2000), depende del Parisinus gr. 1849 o de algún apógrafo perdido y de la versión latina de Günter von Andernach (1531). De 1541 es la edición Juntina de la versión latina. La primera edición crítica fue la del médico J. Caius (Basilea, 1544), profesor de anatomía en la Universidad de Londres y maestro de Harvey, que coteja también el códice veneciano Marciano 279 del siglo XV , además de otro, también veneciano, que se nos ha perdido, y las traducciones latinas de Chalcondyla y de Günter von Andernach. Parece que también conoció las notas que hizo J. Clement a los escritos anatómicos contenidos en el Vulcanianus 57 y que las copió en su ejemplar de Administrationes Anatomicae 48 . Sus comentarios y notas a Procedimientos , afirma V. Nutton 49 , «son un excelente ejemplo de una combinación de habilidades médicas y filológicas», aunque su defensa de Galeno frente a su colega Vesalio carece, a veces, de justificación objetiva.

A finales del s. XVI el humanista Th. Goulston (1574-1632) descubrió tanto en la edición basilense de 1538 y en la misma edición de Procedimientos anatómicos de J. Caius de 1544 muchas anotaciones del propio Caius, que el filólogo Th. Gataker (1574-1654) copió cuidadosamente, destinadas probablemente a una nueva edición de este tratado, que no llegó a ver la luz 50 . Publicó, sin embargo, en 1640 una selección de tratados galénicos, Claudii Galeni Pergameni Opusculo varia , que Harvey conoció y con los que estableció un fecundo diálogo. La edición de R. Chartier (París, 1679) introduce alguna novedad porque parece que manejó una copia más completa del Parisinus . C. G. Kühn publica De anatomicis administrationibus libri novem en el tomo II, págs 125-771, de su edición de las obras completas de Galeno (Leipzig, 1821-1833), en la que sigue a Chartier y ofrece también una traducción latina.

Actualmente contamos con las excelentes ediciones de Garofalo. La bilingüe griego-italiano de los ocho primeros libros y cinco primeros capítulos del noveno: Galeno. Procedimenti anatomici , 3 vols., Milán, 1991, que cuenta también con la traducción italiana de los siete últimos libros sólo conservados en árabe. El texto de los cuatro primeros libros de esta edición es, con alguna modificación, el mismo de la edición crítica en griego y en árabe que editó el profesor I. Garofalo en Galenus, Anatomicarum administrationum libri qui supersunt novem. Earumdem interpretatio arabica Hunaino Isaaci filio ascripta, libri I-IV , Nápoles, 1986. Para la fijación del texto Garofalo ha contado con la triple tradición ya mencionada: Collectiones medicae de Oribasio (s. IV ), la tradición manuscrita (Parisinus gr. 1849 del XII , Laurentianus pl. 74. 10 del s. XIV , Oxoniensis Baroccianus 224 y Marcianus gr. 279 del XV , además de las lecturas de su corrector), y la traducción árabe de Hunain. Ha tenido además en cuenta las ediciones anteriores: la aldina (1525), la basilense (1538), la de Caio (1544), las notas de Cornario en su ejemplar de la aldina, la traducción de G. von Andernach (1531), la de Chartier (1679) y la de Kühn (1831). Para la fijación del texto árabe Garofalo ha colacionado tres manuscritos: el Oxoniense (O) y de otra familia el Londinense (B) y el Californiano (C). Aventaja al texto de Simon por la lectura del Californianus ar. 90 y por una colación más precisa de los otros dos manuscritos antes citados. Los libros V-IX 5 de la edición de 1991 descansan sobre una edición crítica griego-árabe, que el profesor Garofalo preparaba y que apareció a la luz editorial nueve años después con el título Galenus, Anatomicarum administrationum libri qui supersunt novem, earundem interpretatio arabica Hunaino Isaaci filio ascripta, Tomus alter, libros V-IX continens , Nápoles, 2000. En este volumen Garofalo ha manejado además el manuscrito Danishgah 4914 (D) de la biblioteca de Teherán, lo que le permite confirmar algunas lecturas e introducir alguna variante.

Respecto a las traducciones de Procedimientos anatómicos , contamos una traducción al inglés, realizada por un médico, estudioso de la historia de la medicina: S. Singer, Galen, On anatomical procedures (I-V), Londres, 1956. Como señala Garofalo, no ha tenido en cuenta ni la traducción árabe ni los fragmentos de Oribasio. La parte conservada en árabe fue editada y traducida al alemán por M. Simon, Sieben Bücher der Anatomie des Galen (IX 5-XV). Zum ersten Male veröffentlicht, ins Deutsche übertragen und kommentiert , Leipzig, 1906. Los libros transmitidos en árabe han sido traducidos al inglés por el anatomista W. Duckworth, Galen, On Anatomical Procedures, The Later Books , Cambridge, 1962, en cuya edición también contribuyeron el arabista M. C. Lyons y el anatomista B. Tower. Formaba parte del proyecto de Ch. Daremberg presentar la traducción francesa de Procedimientos anatómicos en el tercer volumen de sus Oeuvres anatomiques, physiologiques et médicales de Galien, 2 vol. París, 1851-1876, pero este tercer volumen no llegó nunca a aparecer. En italiano contamos con la traducción de una amplia selección de Procedimientos realizada por I. Garofalo y M. Vegetti en Opere scelte di Galeno , Turín, 1978, muy cuidada, así como con la del bilingüe griego-italiano del profesor I. Garofalo, que acabamos de mencionar. En español J. Lafont y A. Ruiz Moreno en Obras de Galeno (Buenos Aires, 1948) realizaron la traducción de una selección de obras anatómicas de Galeno, cuya edición original no nos ha sido posible manejar. Ha sido reeditada en España por F. Vera en Científicos griegos (Madrid, 1970), en cuya edición los capítulos de Procedimientos corresponden a las páginas 797-803. Es la nuestra la primera traducción completa al español de Procedimientos anatómicos a partir del original griego.

Nuestra traducción se ha realizado sobre el texto griego fijado por Garofalo, si bien el segundo tomo de su edición crítica salió a la luz editorial cuando nuestra traducción estaba prácticamente terminada, y por ello lo hemos cotejado una vez terminada la traducción. Hemos consultado también la edición de Kühn. Los siete últimos libros de Procedimientos , que sólo conocemos por una versión árabe, no se incluyen en esta edición.

* Este libro forma parte del proyecto PB 96-0647 de la DGCYT.

1 Cf . L. GARCÍA BALLESTER , Galeno en la sociedad y en la ciencia de su tiempo , Madrid, 1972; O. TEMKIN , Galenism. Rise and Decline of a Medical Philosophy , Londres, 1973; P. MORAUX , Galien de Pergam , París, 1984; I. GAROFALO , «Note filologiche sull’anatomia di Galeno», ANRW II 37, 2, 1994, págs. 1790-1855. Sobre la identidad de Eficiano se han planteado dudas. Algunos eruditos árabes del s. X y XIII lo han considerado maestro de Galeno en filosofía, cf. GRMEK -GOUREVITCH , o. c . infra en nota 7, pág. 1514, n. 89.

2 De ord. libr. suor . (XIX 57-58 K).

3 Cf . V. NUTTON , «Galen and Egypt», en J. KOLLESCH y D. NICKEL (eds.), Galen und das hellenistische Erbe , Stuttgart, 1993, págs. 11-31.

4 En su Introducción General a la traducción de S. ANDRÉS , Galeno, Sobre la localización de las enfermedades (De locis affectis) , Madrid, 1997, pág. 51.

5 Cf. P. MANULI , «Lo stile del commento. Galeno e la tradizione ippocratica», en G. GIANNANTONI y M. VEGETTI (eds.), La scienza ellenistica , Nápoles, 1984, págs. 375-394.

6 De ella nos han llegado sólo fragmentos, recientemente publicados por H. von Staden, Herophilus. The art of medicine in early Alexandria , Cambridge, 1989.

7 Cf . M. D. GRMEK y D. GOUREVITCH , «AUX sources de la doctrine médicale de Galien: l’enseignement de Marinus, Quintus et Numisianus», ANRW II 37, 2, 1994, págs. 1487-1527.

8 Cf . MANETTI y A. ROSELLI , «Galeno commentatore di Ippocrate», ANRW II 37, 2, 1994, 1528-1633, pág. 1600.

9 P. LAÍN ENTRALGO , El cuerpo humano. Oriente y Grecia Antigua , Madrid, 1987, pág. 148.

10 Ibid ., pág. 48.

11 Sobre su tradición manuscrita, cf. I. GAROFALO , «La tradition de l’anatomie ‘pour étudiants’ de Galien», A. GARZYA (ed.), Storia e ecdotica dei testi medici greci , Nápoles, 1996, págs. 155-179.

12 «L’expérimentation chez Galien», ANRW 37, 2, 1994, 1718-1756, pág. 1724.

13 LAÍN ENTRALGO , o. c ., pág. 159.

14 Ibid ., pág. 160.

15 Ibid ., pág. 163.

16 Cf . A. DEBRU , o. c ., pág. 1742.

17 Ibid ., pág. 1716.

18 Ibid ., pág. 1751.

19 Cf . L. GARCÍA BALLESTER (1972), págs 101-102, (1997), págs. 36 ss.

20 Ibid ., pág. 191.

21 Ibid ., pág. 191.

22 Cf . L. SÁNCHEZ GRANJEL , La medicina española antigua y medieval , Salamanca, 1981, págs. 108-118.

23 Cf . G. STROHMAIER , «Galen in Arabic: Prospects and Projects», en V. NUTTON (ed.), Galen: Prospects and Projects , Londres, 1981, págs. 187-196.

24 Cf . L. SÁNCHEZ GRANJEL , La medicina española renacentista , Salamanca, 1980, págs. 49 ss.

25 Bosquejo de la Historia de la Medicina de Valencia , Valencia, 1876, pág. 103.

26 Citado por L. SÁNCHEZ GRANJEL , La medicina española renacentista , Salamanca, 1980, pág. 158.

27 Tomado de L. SÁNCHEZ GRANJEL (1980), pág. 49.

28 Cf . A. MARTÍN FERREIRA , El humanismo médico en la Universidad de Alcalá (siglo XVI) , Alcalá de Henares, 1995, pág. 46 y ss.

29 Tomado de L. SÁNCHEZ GRANJEL (1980), pág. 52.

30 Así dice al final de la epístola dedicatoria: «E holgado de escrevir este libro en romance, porque muchos cirujanos y otros hombres discretos que no saben latin, se querran aprovechar de leerlo: y tambien porque hallo, que en este tiempo los medicos estan tan aficionados al latin, que todo su pensamiento emplean en la lengua: y lo que haze al caso, que es la doctrina, no tienen mas pensamiento dello que sino la leyessen. Y esta es una de las causas potissima, por la qual el dia de oy se hallan pocos medicos que sepan medicina y muchos que la escrivan». En esta misma epístola justifica el haber escrito un manual con estas razones: «en esta arte de anothomia... han hecho libros tan grandes, q aunque toda la vida se estudiasse avria harto q hazer de saber lo que en ellos se contien: y por esto espantados de obra tan larga dexan los medicos de estudiarla».

31 La medicina española del siglo XVII , Salamanca, 1978, pág. 36.

32 Ibid ., págs. 43 y 46.

33 Citado por J. B. PESET , o. c ., pág. 124.

34 Ibid ., pág. 127.

35 SÁNCHEZ GRANJEL (1978), págs. 129-130.

36 Cf . O. TEMKIN , Galenism. Rise and Decline of a Medical Philosophy , Londres, 1974, pág. 176.

37 Citas tomadas de L. SÁNCHEZ GRANJEL , Anatomía Española de la Ilustración , Salamanca, 1963, págs. 13-14.

38 Ibid ., pág. 16.

39 Cf . M. MINDÁN MANERO , Andrés Piquer. Filosofía y medicina en la España del siglo XVIII , Zaragoza, 1991, págs. 20-21.

40 O. c ., pág. 154.

41 Cf . L. SÁNCHEZ GRANJEL (1963), pág. 38.

42 Citado por SÁNCHEZ GRANJEL (1963), págs. 67-68.

43 Ibid ., pág. 68.

44 Ibid ., pág. 84.

45 Cf . L. GARCÍA BALLESTER (1997), págs. 8 ss.

46 O. c ., p. 148.

47 Galeno. Opere scelte , Turín, 1978, págs. 15-16.

48 Cf . V. NUTTON , «Comment évaluer les annotations médicales des humanistes», en A. GARZYA (1996), 351-361.

49 «John Caius and the Eton Galen: medical Philology in the Renaissance», en From Democedes to Harvey , Londres, 1988, pág. 235.

50 Cf . V. NUTTON , «Harvey, Goulston and Galen», en From Democedes to Harvey , Londres, 1988, pág. 114 ss.

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LIBRO I

1. Unos Procedimientos anatómicos los había escrito ya [215] antes, cuando llegué por primera vez a Roma y gobernaba desde hacía poco M. Antonino 1 , quien también ahora nos gobierna, pero me ha parecido oportuno escribir de nuevo estos otros por un doble motivo. Uno es porque Flavio Boecio 2 , cónsul romano, al salir de Roma hacia su patria Ptolemaida 3 , me pidió que le escribiera aquellos Procedimientos , llevado del deseo de la observación anatómica como jamás [216] ningún otro hombre antes. A este Boecio, cuando partió, le di otros tratados y también, desde luego, el de Procedimientos anatómicos , en dos libros. Me pidió esos libros porque había visto conmigo muchas cosas en poco tiempo y temía que se le pudiera olvidar en algún momento algo de lo visto. Puesto que él ya ha muerto y no puedo dar copia de aquellos libros a los compañeros, y dado que están perdidos los que tenía en Roma, estimé a instancia de ellos que era mejor escribir otros.

El segundo motivo es que el tratado que ahora presentaré será mucho mejor que el de entonces porque por mor de la claridad se extenderá en una exposición de más libros y porque será más exacto que aquél, pues en el interim he hecho muchos descubrimientos en la observación anatómica. En efecto, mientras Boecio estaba aún en Roma escribí los [217] libros Sobre la anatomía de Hipócrates , y aquellos Sobre la anatomía de Erasístrato , dos Sobre la disección de los seres vivos, y además los que versaban Sobre la disección de los cadáveres , y junto con ellos dos libros Sobre las causas de la respiración y los cuatro Sobre la voz .

Cuando Boecio se fue, le escribí el extenso tratado Sobre la función de las partes , que compuse en diecisiete libros y le envié cuando aún vivía. Los tres libros Sobre el movimiento del pulmón y del tórax los escribí hace mucho tiempo, cuando aún era un muchacho, para complacer a un compañero que regresaba a su patria después de mucho tiempo y que quería hacer una exposición pública pero que no estaba capacitado para componer discursos demostrativos. Cuando murió, ocurrió que los libros circularon y que muchos los adquirieron, aunque no estaban destinados a la publicación. Los escribí cuando aún estaba en Esmirna por Pélope, que fue mi segundo maestro después de Sátiro, el discípulo de Quinto, cuando yo no había descubierto aún nada nuevo ni importante. Estuve después en Corinto por Numisiano 4 , que era también uno de los ilustres discípulos de Quinto, y en [218] Alejandría y en otras provincias, en las que, según mi información, residía algún ilustre discípulo de Quinto o de Numisiano.

Regresé a mi patria, permanecí en ella no mucho tiempo y volví a Roma, en donde también para Boecio hice muchas disecciones, en las que siempre estaban presentes Eudemo, el peripatético, Alejandro de Damasco, quien ha merecido el honor de enseñar públicamente la doctrina peripatética en Atenas, y asistían con mucha frecuencia también otros hombres con cargos públicos, como el actual prefecto de Roma, Sergio Paulo 5 , que destaca tanto por sus obras como por su doctrina filosófica. Compuse, en efecto, entonces para Boecio los Procedimientos anatómicos , que quedaron muy a la zaga de los que ahora escribiré, no sólo en claridad sino también en exactitud. Pues bien, prestadme ya atención, que empiezo el discurso.

2. La sustancia de los huesos es para los seres vivos lo que son los muros para las casas y los llamados «palos» para las tiendas de acampada: se homologan por naturaleza a ella y con ella cambian también otras partes. Por ejemplo, si [219] un animal tiene un cráneo redondo, necesariamente su cerebro también es así, como también si lo tiene alargado el cerebro de ese animal será alargado. Si sus mandíbulas son pequeñas y el rostro en su conjunto es más bien redondeado, también necesariamente sus músculos serán pequeños. Así también, si son grandes, el animal en cuestión será en conjunto grande y sus músculos consecuentemente grandes. Por ello, en efecto, el simio es entre todos los animales el más parecido al hombre en sus vísceras, en los músculos, en las arterias, en las venas y en los nervios, porque lo es también en la forma de sus huesos. Por su naturaleza camina sobre dos piernas, se sirve de las extremidades anteriores como manos, tiene el pecho más abierto que los demás cuadrúpedos, la clavícula como la del hombre, su cara es redonda y su cuello corto. Siendo así que estas partes son semejantes, no es posible que los músculos sean de otro modo. Pues éstos se extienden por encima de los huesos, de modo que [220] imitan su tamaño y su forma. A esto siguen arterias, venas y nervios, semejantes también en huesos semejantes.

Puesto que, efectivamente, la forma del cuerpo se asemeja a la de los huesos y las características naturales de las otras partes son consecuencia de ellos, estimo que en primer lugar debes adquirir una experiencia exacta de los huesos humanos, no observándolos de forma superficial ni a base de leer de un solo libro, que algunos titulan Osteología , otros Esqueletos , otros simplemente Sobre huesos , como, por ejemplo, el mío, que estoy convencido que es mejor que todos los escritos antes, por su claridad, por la ligereza de la exposición y por el rigor de su asunto, sino que tu trabajo y tu esfuerzo sea no sólo aprender de cada libro la forma exacta de los huesos sino hacerte un observador constante de los huesos humanos a través de los ojos. Esto es muy fácil en Alejandría, por cuanto que los médicos de aquella tierra imparten su enseñanza a sus discípulos mediante la observación directa.

[221] Por este motivo, si no por otro, debes procurar ir a Alejandría. Si no te fuera posible conseguir esto, ni aún así, no es imposible ver huesos humanos. Yo, al menos, los he visto en muchas ocasiones, al abrirse o bien algunas tumbas o bien monumentos funerarios. En cierta ocasión, al inundar un río una tumba construida sin cuidado unos pocos meses antes, la abrió con facilidad, arrastró con la fuerza de la corriente el cadáver entero, cuya carne estaba ya en descomposición pero los huesos se mantenían aún fuertemente unidos entre sí, y lo llevó arrastrando boca abajo por espacio de un estadio. Al llegar a un lugar pantanoso con las orillas en curva, el cadáver se golpeó en ello y quedó de tal modo a la vista como si un médico lo hubiera preparado cuidadosamente para enseñar a los jóvenes. En otra ocasión vimos también el esqueleto de un salteador que yacía en el monte un poco fuera del camino, a quien le dio muerte un caminante al enfrentarse de inmediato a él, después de que éste primero hubiera intentado matarlo; ningún habitante de aquella región estaba dispuesto a enterrarlo, sino que por odio se alegraban de que su cuerpo fuera pasto de las aves, que en dos días le devoraron las carnes y dejaron el esqueleto como [222] para la enseñanza para quien quisiera verlo.

Pero si tú no has tenido la fortuna de ver algo así, haz una disección a un simio, quítale las carnes y en él fíjate con exactitud en cada uno de sus huesos. Entre los simios elige a los que sean más parecidos al hombre. Son éstos los que no tienen alargadas las mandíbulas ni grandes los llamados «caninos». En tal tipo de simios encontrarás muchas otras partes dispuestas de modo similar al hombre y por eso andan y corren sobre dos piernas. Pero los que se asemejan a los cinocéfalos son de hocicos grandes y tienen grandes caninos. Éstos apenas se mantienen erguidos sobre dos piernas y distan mucho de andar o correr. Aunque a los simios que más se asemejan al hombre también les falta un poco para la postura exactamente erguida, pues la cabeza del fémur se inserta algo oblicuamente en el acetábulo del isquión 6 y algunos de los músculos que bajan por la pierna se desvían [223] aún más. Estas dos cosas impiden y obstaculizan la posición erguida, como también sus pies, pues tienen los calcáneos muy estrechos y los dedos muy separados unos de otros. Pero esto son menudencias y por ello privan poco al simio de la posición erguida. En cambio, los simios más parecidos a los cinocéfalos evidentemente se apartan más del aspecto de los hombres y se diferencian también claramente en los huesos. Elige, pues, los simios más semejantes al hombre y en ellos, releyendo nuestro escrito, estudia con exactitud la naturaleza de sus huesos. Te podrás familiarizar enseguida con sus nombres, que también te serán útiles para la enseñanza de la anatomía de las otras partes. Y así, si después te encuentras con un esqueleto humano, fácilmente recordarás todo y lo reconocerás.

Pero si te fías sólo de la lectura, sin haberte familiarizado previamente con la observación de los huesos de los simios, al ver de pronto un esqueleto humano, ni lo comprenderías [224] con exactitud ni podrías recordarlo, pues la memoria de las cosas sensibles requiere un trato frecuente. Por esto también reconocemos rápidamente a aquellos hombres con quienes hemos estado muchas veces pero nos pasa desapercibido aquel al que sólo hemos visto una o dos veces y que vemos después de mucho tiempo, y ni lo reconocemos en absoluto ni recordamos que lo hemos visto antes. Y así la muy alabada anatomía ocasional, que algunos médicos veneran, no es suficiente para enseñar la naturaleza de lo que se ha visto. Pues para poderla reconocer si se ve de pronto, es necesario observar cada una de las partes con mucho detenimiento, preferentemente sobre el hombre, y, si no, sobre los animales semejantes al hombre.

En muchas ciudades de Asia a consecuencia de una epidemia de peste de carbunclo 7 muchas personas quedaron privadas de la piel en partes de su cuerpo y algunas de la carne misma. Yo en aquel tiempo estaba todavía en mi patria estudiando bajo la guía de Sátiro 8 , que llevaba ya tres años en Pérgamo junto con Cuspio 9 Rufino, quien construyó el [225] templo de Zeus Asclepio. No hacía mucho había muerto Quinto 10 , maestro de Sátiro. Quienes de nosotros habíamos visto a Sátiro diseccionar alguna de las partes que estaban sin piel, las reconocíamos inmediatamente y procedíamos a un reconocimiento bien articulado, invitando a los enfermos a que hicieran algún movimiento que sabíamos que se realizaba con un músculo determinado, y lo estirábamos lateralmente un poco y girábamos alguna vez los músculos con el fin de ver una gran arteria adyacente o un nervio o una vena. Vimos, en cambio, que todos los demás, como ciegos, desconocían las partes que habían quedado al descubierto y les pasaba necesariamente una de estas dos cosas, o que levantaban y giraban muchas partes de los músculos desnudas, por lo que resultaban enojosos a los enfermos importunándoles en vano, o que renunciaban por principio a este tipo de observación. En efecto, los que estaban habituados sabían mejor invitar al enfermo a que realizara el movimiento adecuado a una parte. A partir de esto, me di cuenta claramente de que la inspección de la herida les confirmaba [226] a los que ya tenían una formación previa lo que habían aprendido, pero resultaba imposible que les enseñara todo a los que no tenían ningún conocimiento anterior. Pero vayamos al tema.

Es menester, como dije, examinar con cuidado la naturaleza de todos los huesos, ya sobre un cuerpo humano, ya sobre el de simios, y, si puedes, mejor sobre ambos, e ir a continuación a la disección de los músculos. Estas dos partes son la base de todo lo demás, como su fundamento. Después de ellas puedes observar o las arterias o las venas o los nervios en el orden que prefieras. Quien esté familiarizado con la disección de estas partes reconocerá también la naturaleza de los órganos internos, y tendrá conocimiento de los intestinos, del tejido adiposo y de las glándulas, lo que, a su vez, conviene estudiar por separado detenidamente. Es mejor que te ejercites en este orden. Si quieres mostrar algo a otro, debes preparar la parte que te proponga lo más rápidamente posible y dejarla al descubierto y mostrarla, como te enseñaré, de diferentes modos, en una posición y en otra. Y es mejor que te prepares a abrir los cuerpos de otros animales [227] cuando no tengas simios, determinando enseguida en qué se diferencian del simio. En efecto, también te indicaré estas cosas.

3. He compuesto, como dije, independiente el tratado Sobre los huesos . Debes leer primero ese libro no sólo para recordar sus temas sino también los nombres de lo que le atañe, para que yo no me sienta obligado ahora a explicar lo que comprende ese tratado. He escrito también no hace mucho independientemente Sobre la disección de los músculos , que me solicitaron mis compañeros para recordarlo en sus viajes. Me exhortaron en concreto a escribir esta Anatomía independiente cuando recientemente se nos trajo un escrito de Lico que tiene casi unos cinco mil renglones, erróneo en su mayor parte, hasta el punto de ser omitidos no pocos músculos. El nuestro, en el que hemos escrito esta Anatomía , es en tamaño tal vez una tercera parte de aquél, pero enseña todos los músculos y además menciona adicionalmente el de Lico, que desconoce la acción de muchos músculos [228] y omite por completo algunos.

Quien quiera puede también ejercitarse con ese libro en la disección de un simio. Pero de éste aprenderá mejor, en efecto, cómo conviene manipular cada una de las partes en la disección de los músculos. Ejercítate primero sobre un cadáver, para examinar el origen y el fin de cada músculo y sus fibras, si a lo largo del músculo son todas semejantes entre sí o tienen una disposición más variada. Encontrarás, en efecto, que algunos músculos tienen la naturaleza simple de las fibras mientras que otros la tienen doble, como se ve en muchos músculos que están unos sobre otros y tienen las fibras en sentido transversal. Todo esto te será útil para la cirugía y además para el descubrimiento de las acciones musculares.

En la actividad quirúrgica nos vemos obligados en ocasiones a cortar los músculos mismos a causa de abscesos, úlceras subcutáneas e infecciones. Es útilísimo conocer su acción para prevenir la actividad que se va a perder en las grandes heridas, en las que todo un músculo se ha cortado [229] de través. Al predecirla, no serás acusado por los picapleitos, que acostumbran a referir su pérdida a la terapia ejercida por los médicos y no a la herida que se les había producido antes. Es, en efecto, absolutamente necesario de cara a la precisión en las intervenciones quirúrgicas conocer las acciones musculares. La acción de algunos músculos es tan importante que, si se es privado de ella, la zona queda totalmente inútil; otros realizan acciones sin importancia. Y es muy bueno que, en conocimiento de estas cosas, se corten unos con cautela y los otros sin preocupación. Y es también muy bueno hacer el corte en la dirección de las fibras, pues los cortes en transversal paralizan su acción. Llamo corte transversal al que se hace en ángulos rectos. Por otra parte, a veces por diferentes motivos hay que hacer cortes adicionales en algunas partes con heridas estrechas y profundas. En efecto, algunas veces por haber algún pinzamiento 〈en la [230] zona de los nervios〉 11 , especialmente en la cabeza del tendón o en el lugar en el que nace, y por ser toda la herida estrecha, se corre el riesgo de que la parte superficial cicatrice y quede sin cicatrizar la parte profunda, otras veces recurrimos a cortar los músculos para favorecer el drenaje. Muchas veces, ciertamente, a causa de la forma en que se ha sido herido, el corte en profundidad desaparece y se esconde. Si, por ejemplo, se produce una herida en el brazo cuando está estirado hacia arriba, es, por supuesto, imposible que la persona permanezca así durante toda la cura, por lo que se debe elegir la postura menos dolorosa de todas. Pero, al cambiar la postura del momento de la herida a la adecuada al momento actual, el corte en profundidad a veces desaparece y finalmente se oculta, de manera que ni se le introduce el fármaco ni drenan los humores. En tales casos es necesario cortar, tanto si quieres inducir la curación como cerrar la herida. Y en este trabajo lo más necesario de todo es conocer la posición de las fibras y las acciones de los músculos. [231] Quien se ejercite en las disecciones debe hacerlo todo con cuidado, incluso el desollar 12 .

Mis predecesores desconocían ocho músculos por haber confiado a otros el desuello de los simios como también yo al principio. De estos ocho músculos dos están naturalmente destinados a los movimientos de las mandíbulas 13 , otros dos acercan los brazos a los costados. Todos éstos los desconocían y desconocían la función de otros cuatro músculos y los tendones. Todos terminan en tendones absolutamente redondos, y este tendón desplegándose termina con tal finura y amplitud que da la impresión de ser una membrana. En la planta del pie se inserta el tendón correspondiente a esa parte y en la palma de la mano el de la mano.

Todos los anatomistas han manifestado que los de la mano flexionan los dedos y los que están en la pierna llevan el calcáneo hacia detrás. Y es lógico que pase esto. En los pies no hay en principio ni un solo músculo asignado especialmente por naturaleza a la génesis de este tendón sino que una parte del músculo de la pantorrilla 14 , que es doble, [232] origina el tendón citado 15 . En las manos el origen del tendón 16 es evidente, pero se desgarra al desollar al animal, por no poderse desollar junto con él la palma de la mano. Al descubrir que el tendón se origina claramente en el músculo y ver luego que su parte inferior se desgarra, en lugar de cortarlo cuidadosamente se dieron a las lucubraciones, pensando que también este músculo 17 era para flexionar los dedos así como los músculos que están debajo de él 18 .

Muchos descuidos de este tipo se hallan por todo el animal entre los anatomistas que vacilan en la pericia de cortar pero manifiestan, en cambio, con seguridad la opinión que les parece más convincente, de modo que no hay que sorprenderse de la cantidad de cosas que ignoran incluso del animal vivo. De ahí que dejaron, en efecto, de lado por descuido lo que se debía observar sólo cortando con cuidado y mucho menos se aplicaron ellos a cortar o a poner ligaduras en algunas partes del animal, con el fin de aprender qué acción [233] era dañada.

Al principio alguno de mis ayudantes me desollaba incluso los simios y yo me retiraba dando por sentado que yo me consideraba muy por encima de ese trabajo. Pero cuando en cierta ocasión encontré en la axila un pequeño trozo de carne que se unía y se montaba en los músculos de ahí y no supe ligarla a ninguno de ellos, me pareció ciertamente que lo mejor era desollar con cuidado otro simio. Y cogí uno que se había ahogado en agua, según solía hacer, con el fin de que no se aplastara ninguna de las partes del cuello, e intenté quitarle solo la piel misma de la superficie sin tocar nada de lo que había debajo. Pues bien, descubrí un músculo sutil como una membrana 19 que se extiende por encima de todas las costillas, que se origina en la zona inferior y se extiende por debajo de toda la piel de los costados. Este músculo se continuaba en la túnica de los espinosos de la zona lumbar, túnica que nace de la espina dorsal y tiene naturaleza de ligamento. Llamo así a todo lo que nace de los huesos, como llamo «nervios» a lo que nace del cerebro y de la médula espinal, y «tendones» a las aponeurosis de los músculos. Y una vez que hube descubierto este músculo, [234] sobre cuya naturaleza se hablará en el lugar oportuno, me dediqué aún más a desollar yo mismo todo el animal.

Entonces descubrí, en efecto, que los músculos que mencioné antes han sido creados por la naturaleza para funciones importantes. De ellos mencionaré primero los que están bajo la palma de la mano, que hay en su interior, pues estimo que lo mejor es comenzar por la enseñanza de todo el brazo y seguir por el orden de los diecisiete libros escritos por mí en Sobre la función de las partes . Mis Procedimientos anatómicos anteriores estaban en dos libros y tenían el mismo orden que los de Marino y los cito en el de Sobre la función de las partes .

Pero ahora que voy a escribir éste, ha pasado entremedias tanto tiempo en el que me he dedicado por completo a las disecciones, que he encontrado cosas que requerían un trabajo mucho más refinado que lo que se decía al principio de aquel tratado. Pues todavía desconocía los pequeños músculos que están en las articulaciones superiores 20 , que flexionan la primera articulación de cada uno de los dedos, y pensaba [235] que esta acción era realizada por el único ligamento membranoso que cubre externamente al tendón que desciende por su última falange. Y pensaba también que los tendones 21 que mueven cada dedo lateralmente eran análogos a los que los estiran y a los que los flexionan, que nacían sólo en las partes articulares de los huesos. Pero la verdad no es así. Pues cada tendón se extiende hasta el extremo de cada dedo y hace llegar pequeñas fibras filiformes a los huesos postarticulatorios. En la extremidad, en efecto, en la mano y en el pie esto fue lo que encontré. A lo largo del resto de todo el tratado se irán diciendo en el momento adecuado otras cosas como éstas y muchas más.

4. Puesto que con mucha frecuencia parecerá que digo cosas contrarias a las de los mejores anatomistas, estimo que lo mejor es que me adelante a hablar brevemente sobre este asunto. Las divergencias en materia anatómica entre los médicos no han empezado conmigo, sino que esto les ha ocurrido [236] desde antiguo por una doble razón: porque algunos escribieron cosas falsas y porque emplearon diferentes procedimientes de enseñanza, por los que, aun cuando no diferían entre ellos en lo que respecta al conocimiento mismo de lo que habían visto, transmitían una imagen de diversidad a los lectores de sus libros, que no habían visto nada de lo que se ve en la disección. Sobre todas estas cosas he hablado extensamente en el primer libro Sobre la divergencia anatómica 22 . Pero también ahora hablaré brevemente de ello en tanto en cuanto sea necesario en el momento presente para comenzar el discurso.

Algunos anatomistas consideraron, en efecto, que hay tantos músculos como cabezas el músculo tiene; otros estiman que no se deben tener en cuenta las cabezas sino las terminaciones 〈...〉 y otros miran su tamaño. Pues si muchas cabezas, al converger rápidamente unas con otras, forman el contomo de un único músculo, niegan que se deba pensar respecto al músculo que hay tantos músculos como número de cabezas. Y si las terminaciones, que son muchas, tienen [237] un movimiento homogéneo, dicen que es mejor que se proponga que éste es un único músculo. Si además resulta imposible descomponerlo en más partes en dirección a cada uno de sus extremos, dicen que más bien hay que sospechar que se trata de un único músculo. Esto mismo le ocurre al músculo externo del medio del antebrazo 23 , pues es continuo y rigurosamente uno, si bien en el carpo se divide en brancas de cuatro tendones con movimiento homogéneo, aunque cada uno de ellos tiene la capacidad natural de extender el dedo que le corresponde. En consecuencia todos los anatomistas afirman lógicamente que éste es un único músculo sin prestar atención a la cantidad de tendones en los que termina. Por la misma razón también tienen a bien considerar uno al músculo adyacente a éste, que dota de movimiento oblicuo a los dedos pequeños 24 , a pesar de que ciertamente tiene dos tendones en su terminación. Efectivamente, todo el cuerpo mismo que está por encima de los tendones está apretado y tiene el contorno de un único músculo. Pero si así como los tendones tienen un doble contorno, también los músculos que están sobre ellos lo tuvieran, con seguridad los [238] habrían propuesto como dos músculos que dirigen el movimiento lateral en los dedos pequeños. Por descontado que no proponen como músculo único al que realiza el mismo movimiento de los otros tres dedos 25 .

Cierto que si les hubiera parecido suficiente la homogeneidad de los movimientos como indicio para la convicción de que el músculo es uno, seguro que no habrían contado como dos músculos sino como uno el que dirige su lateroflexión, así como todos han propuesto que el músculo extensor de los cuatro dedos es uno solo. Y, evidentemente, cuando el músculo tiene varias cabezas que no mucho después del inicio convergen entre sí en un único músculo con contomo propio, no prestan entonces atención al número de cabezas. Así todos consideran que es uno el músculo anterior del brazo 26 que se origina en dos cabezas, porque tiene una única terminación y necesariamente también un único movimiento y asimismo un único contomo. No proponen, en cambio, como músculo único a los que activan la pantorrilla 27 , a pesar de suponer que se insertan en el talón mediante un único tendón 28 , porque sus cabezas avanzan un [239] buen trozo antes de converger. Si hacen propuestas correctas, aunque muchas veces no se valgan de una enseñanza correcta sobre algunos músculos, no se dirá por ello en buena ley que desconozcan los músculos de los que hablan; ni se pensará que el que emplee el mejor método de enseñanza, sólo por eso discrepa de los demás.

Presentaré a continuación dos formas de enseñanza para un único hecho, que ofrecen una no pequeña imagen de discrepancia, pero que en verdad no se diferencian mucho. Menciono en primer lugar una de ellas. A los tres dedos mayores, al llamado pulgar, al índice y al medio, los mueve lateralmente en dirección al dedo pequeño un único músculo, que se origina en todo el hueso del cúbito y que genera tres tendones cerca del carpo, por cuya inserción en las partes laterales de los dedos se produce su movimiento oblicuo. Esta es la primera forma de enseñanza. La otra, la segunda, es así. Dos músculos, que están en la parte externa del cúbito, [240] dirigen el movimiento lateral de los tres dedos mencionados. Uno de ellos se inserta en el medio y en el índice con un tendón bífido y se extiende hasta la parte extrema del hueso del antebrazo. El otro 29 , que se inserta con un único tendón —él mismo es solo uno—, lleva el dedo llamado pulgar hacia el índice, tiene su origen en la parte alta del antebrazo próxima a la articulación del codo y finaliza no mucho después en un tendón que se extiende junto al músculo citado que mueve los dos dedos, el medio y el índice. Tienes la segunda forma de enseñanza. Difieren una de otra no tanto por los hechos que describen cuanto por la forma de su presentación didáctica. Es en cierto modo algo más precisa la segunda, la que dice que hay dos músculos, ya que el músculo que mueve al pulgar tiene evidentemente un contorno propio. Pero la primera enseñanza no es en absoluto rechazable, pues los músculos tienen una cierta relación, están uno junto al otro y se unen por sutiles fibras.

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