Kitabı oku: «Caminos de colaboración en un mundo fragmentado»
Sobre este libro
El presente libro suma la vasta experiencia de los autores que nos comparten cómo el diálogo, la relación y el reconocimiento de nuestra interdependencia pueden allanar el encuentro entre las personas, más allá de nuestras diferencias.
Sobre la base de una buena escucha, una presencia apreciativa y a través de la fuerza expresiva de la metáfora de la RCP (reanimación cardiopulmonar -procedimiento de emergencia para salvar vidas-), nos invitan a participar en conversaciones de manera consciente, así como a razonar para crear y lograr proyectos con otros. Mediante reflexiones, experiencias, casos y herramientas facilitan al lector el descubrimiento de caminos de colaboración en sus propios ambientes.
“Es difícil encontrar un libro de cabecera que nos oriente a la vez para la vida personal como para la gestión de las organizaciones. Lo tenemos en las manos. Con la suavidad y exigencia de la reflexión personal, “Caminos de colaboración” nos lleva también a la conciencia de lo que en realidad mueve y moverá a las organizaciones del mundo que emerge. Una economía humana más allá de la economía del conocimiento”.
-Dr. Javier Sánchez Díaz de Rivera
Director General de Vinculación Universidad Iberoamericana, Puebla.
“Una obra incitante que nos urge a una reflexión personal y social que lleve al compromiso y a la acción. En “Caminos de colaboración en un mundo fragmentado” los autores comparten un profundo camino hacia las raíces de la colaboración, tan necesaria en nuestro mundo actual”.
-Carlos Nieto Irigoyen
Consultor Organizacional
Caminos de colaboración
en un mundo fragmentado
George W. Dionne
María Eugenia Ciófalo-Lagos
Martha P. Dionne
A las personas que buscan transformar las posturas que nos llevan a la división hacia prácticas inspiradas en el aprecio por nuestras diferencias.
George William Dionne Duddy
María Eugenia Ciófalo-Lagos
Martha Patricia Dionne Espinosa
Caminos de colaboración en un mundo fragmentado
Primera edición, Ciudad de México, abril 2019.
ISBN 978-607-98451-0-0
Título – 1. Caminos de colaboración en un mundo fragmentado
156 pp., formato: 15 × 22 cm
Coordinación editorial: Marcela Peniche
Diseño de portada: Marysol P. Torres
Fotografía de portada: Daniel Dionne
Corrección de estilo: Gloria Fuentes
Formación de interiores: Gustavo Vargas M.
Caminos de colaboración en un mundo fragmentado
Copyright © 2018 Todos los derechos reservados a George W. Dionne Duddy, María Eugenia Ciófalo-Lagos, Martha P. Dionne.
ISBN 978-607-98451-0-0
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o cualquier medio, ya sea electrónico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo de los titulares del copyright. Reservados todos los derechos, incluido el derecho de venta, alquiler, préstamo o cualquier otra forma de cesión del uso del ejemplar o ePUB.
© 2018 George William Dionne Duddy, María Eugenia Ciófalo Lagos, Martha Patricia Dionne Espinosa.
Impreso en México. Printed in Mexico.
Primera edición: abril de 2019.
Ediciones Granica
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Foto cortesía de Daniel Dionne
Índice
Sobre este libro
Agradecimientos
Prólogo
1
El mapa
Parte Uno:
Una vida en relación
2
El desarrollo humano en la danza de la cooperación
¿Quién está ganando?
Navegando en piloto automático… patrones que repetimos inconscientemente
Haciendo amistad con los errores
Lo imposible es temporal
3
Conversaciones conscientes
Sentirse bien-venido
Una escucha apreciativa
4
Los recovecos de la resistencia
“Mi parte de la vergüenza”
Una conversación nueva
Más allá de las diferencias
Asomándonos desde el balcón
Herramientas adicionales de reflexión y acción–Parte Uno
Parte Dos:
Haciendo comunidad
5
Evocando nuestra Inteligencia Colaborativa
Ningún astronauta trabaja a solas
Lo que aprendimos a leer antes de leer
De la co-laboración a la compasión
6
El surgimiento de comunidades colaborativas: prácticas disruptivas en el Sector Salud
¿No se hablan entre ustedes?
La introducción de una nueva tecnología disruptiva – la historia de MICS
Desarrollando una cura
Elementos comunes de comunidades colaborativas
Lazos de relación: el núcleo de las comunidades colaborativas
7
¿Y el liderazgo…?
Creando valor
Liderazgo consciente
Herramientas adicionales de reflexión y acción–Parte Dos
Parte Tres:
Haciendo conexión con un propósito mayor
8
El Llamado – Parte I
¿Estoy corriendo?
9
El Llamado – Parte II
Actuando conscientemente: de lo personal a lo global
Herramientas adicionales de reflexión y acción–Parte Tres
Notas de cierre
Referencias
Acerca de los autores
Agradecimientos
Son muchas las personas que han estado presentes en este proyecto —nuestras familias; amigos; clientes; estudiantes; colegas; grupos de reflexión— quienes, de diferentes maneras, tanto en lo individual como en lo colectivo nos han acompañado y enriquecido esta obra con su cercanía. Algunos con sus confusiones, preguntas o búsquedas; otros con sus observaciones, testimonios y vivencias; otros con sus bellas fotografías. Nos sentimos profundamente agradecidos con cada uno por su compañía, apoyo, disposición y generosidad. Nos han señalado los caminos. Son nuestros co-laboradores de esta obra.
En el camino hemos tenido el agrado de encontrarnos con Marcela, nuestra editora quien se integró de corazón a este proyecto con su intuición de que llegáramos un poco más lejos para acompañar a los lectores a encontrar sus propios Caminos de colaboración en cada uno de los ambientes o comunidades en los que ellos quieran participar de forma consciente. Gracias Marcela por impulsarnos a llegar un poco más lejos. Gracias por tu siempre pronta respuesta, disposición y alegre entusiasmo.
Con gratitud, George, Maru y Martha
Este libro coincide con toda mi filosofía de trabajo y de liderazgo. Está lleno de reflexiones personales y de pistas para la vida del trabajo en las organizaciones. El tema que trata parece no ser tan evidente en nuestras instituciones actuales; de ahí que su lectura es exigente y requiere una atención continua y generosa, pero da muchos frutos. Por eso me parece pertinente y oportuno.
Dr. Javier Sánchez Díaz de Rivera
Director General de Vinculación Universidad Iberoamericana, Puebla Autor del libro Condenados al diálogo
Prólogo
En las múltiples experiencias que he tenido, tanto en la alta dirección como en la consultoría, he descubierto el enorme poder que tienen la conversación y el diálogo cara a cara con los diversos actores que cada organización tiene, tanto en sus círculos internos como en su vasta red de relaciones con las personas interesadas en ella y que forman parte de su ecosistema.
Algunos de estos acercamientos he tenido el privilegio de experimentarlos con los escritores del libro —consultores, profesores y practicantes de estas teorías— y confieso que han sido unas vivencias estupendas. Agradezco su generosidad al pedirme el prólogo de su obra.
Este libro toca aspectos fundamentales de la relación humana, desde el tremendo valor de las conversaciones entre personas, en una sociedad más proclive a la inmediatez y la fragilidad de las relaciones, pasando por la enorme sensatez de la aceptación de la diversidad de pensamiento para enriquecer la inteligencia colectiva, hasta los ejercicios implícitos de la cocreación, la competencia, la colaboración y la compasión.
Los autores insisten en el poder del lenguaje y la conversación, como los vehículos por los que las personas, miembros de una comunidad, crean conocimiento y le dan significado. Este conocimiento, esta sabiduría comunitaria, es producto de un amplio acuerdo colectivo generado a través de la comunicación. Efectivamente, lo que entendemos como el conocimiento del mundo, crece como producto de las conversaciones, de las relaciones resultantes y no está embebido sólo en las mentes individuales, sino en la interpretación de las tradiciones de la comunidad.
Al reflexionar con la lectura del libro, vamos comprendiendo, como los autores lo afirman, la importancia y el peso que las conversaciones tienen en la vida, no sólo de las organizaciones, sino de la humanidad entera.
Cuando observamos falta de liderazgos auténticos, que llevan al fracaso a sus comunidades, países u organizaciones, resalta aún más el peso del diálogo, dado que los términos por medio de los cuales se entiende el mundo y a las personas, no están determinados por lo que hay o por lo que existe.
Las maneras de describir, explicar o representar provienen de esas conversaciones y de las relaciones interpersonales resultantes. Todo esto confirma que el lenguaje, la palabra y la comunicación, son importantes y más aún, vitales. Las conversaciones no sólo hacen la diferencia, sino que literalmente provocan que se dé vida a las cosas: crean el mundo.
Las personas además construyen su propio destino imaginando y hablando de lo que quieren y desarrollando acciones apropiadas para lograrlo, como lo afirman Peter Senge, David Cooperrider y otros distinguidos estudiosos en sus escritos, valorando el poder del lenguaje para crear nuestro sentido de la realidad: las palabras, el lenguaje social y las metáforas materialmente crean el mundo, son mucho más que meras descripciones de la realidad.
Para ejercer un liderazgo transformador, se deben dominar las habilidades y el arte de estudiar, comprender, analizar e interpretar a las organizaciones como organismos vivientes construidos por personas. No he encontrado mejor comparación que esta de la biología, para entender las organizaciones como un sistema holístico. Lo que se cree y conoce como verdadero acerca de una organización afectará sin duda la manera de actuar y la manera de abordar los cambios en su propio sistema. Así, la primera tarea de cualquier organización en un proceso de adaptación o cambio es el descubrimiento, el entendimiento y la comprensión del sentido de lo que se dice, se conversa, se aprende y se cree en esa organización.
Los autores insisten en el poder primordial del diálogo para crear cambios sociales en general y en las organizaciones en particular. La realidad de las organizaciones emerge a través del lenguaje, vive en las historias y cobra vida en las conversaciones interactivas entre sus miembros. Un cambio organizacional ocurre por medio del lenguaje, de la comunicación humana, de indagar, conversar y de contar historias.
La profesora María Elena Landa Ábrego, conocida también por los autores del libro, afirma en sus escritos, que las culturas mesoamericanas tenían un claro concepto del Om, es decir, la palabra, e igualmente el de la estabilidad y el movimiento en el pictograma llamado ollin. Podría citar ejemplos de otras culturas, pero todo indica que es del dominio del pensamiento universal, de todos los hombres, de todos los tiempos, esa intuición de que a través de la palabra podemos crear y construir.
Construyendo sobre la importancia de la palabra, los autores proponen cómo las conversaciones conscientes generan oportunidades únicas para facilitar el entendimiento entre personas, para transformar su propia comunidad u organización aportando cada individuo y como cuerpo social los medios idóneos para lograrla. Haciendo uso de la metáfora de la Resucitación Cardiopulmonar (RCP) proponen una guía para reactivar el corazón humano y evocar la inteligencia colaborativa a través de los elementos de Presencia, Conexión y Relación —iluminados por el aprecio— para poder ir más allá de nuestras diferencias en la creación de comunidades y cambios sociales.
La enorme complejidad que nos presenta el final de la segunda década del presente siglo, ofrece retos que pueden ser resueltos con muchas de las propuestas que los autores sugieren. Coincido en particular con una: el desarrollo de una colaboración activa que parte por supuesto del ejercicio de la palabra, de la conversación caracterizada por una presencia apreciativa y de la inteligencia y voluntad para lograrla.
La disrupción tecnológica que vivimos genera un sentido de inmediatez que con frecuencia nos avasalla, rompiendo la profundidad de las relaciones humanas, de nuestro sentido profundo de conexión y los generosos instrumentos de que hemos sido dotados. A mi entender, una aportación importante de esta obra es la propuesta de retomar la conversación humana como un instrumento valioso para restablecerlos y avanzar en la resolución de los enormes retos que nos presenta el cambio de era en que estamos inmersos, donde la incertidumbre, la volatilidad y la complejidad crean un entorno frágil e inseguro. Conversar acerca del bien común, y generar acuerdos sobre nuestro futuro y colaborar para lograrlo, fortalecen la posibilidad y la esperanza de un mejor mañana.
Estoy seguro de que el lector disfrutará de muchas de las historias, anécdotas y casos que el libro incluye, elaborados, lo mismo que todo el texto, con especial cuidado y cimentados en las experiencias de vida de cada uno de los autores, para animar a los interesados a indagar, a conversar, a experimentar, corriendo conscientemente el riesgo de equivocarse, lanzándose con la inteligencia colaborativa que emerge de estas prácticas, a enfrentar los retos que cada comunidad enfrenta.
José Alfredo Miranda
Director IESDE School of Management

Foto cortesía de Daniel Dionne
1
El mapa
Lo que más importa… es que necesitamos involucrarnos plenamente en el momento presente a la vez que mantenemos nuestra vista hacia un futuro que está deseando emerger. Nuestras viejas formas civilizacionales son mucho más frágiles de lo que habríamos pensado. Sin embargo, nuestra capacidad para regenerarlas desde la fuente más profunda de nuestra humanidad está también más presente y accesible que nunca —ahora.
O. Sharmer 1
Durante el tiempo en que escribíamos este libro, un temblor de 7.2 grados Richter sacudió a México, este fenómeno fue sentido por millones de personas, ocasionó numerosas pérdidas humanas y causó serios daños a edificios, casas, templos y escuelas cercanos a su epicentro. Esfuerzos de los servicios locales de emergencia y de apoyo de algunos otros países fueron evidentes. Sin embargo, el más grande esfuerzo visible en las calles de los pueblos y ciudades afectados ha sido el de su propia comunidad y de las comunidades cercanas. La disposición, generosidad, solidaridad y entrega de la gente para ayudar a otros. Algunos de estos esfuerzos locales siguieron evolucionando y dieron lugar a nuevas pequeñas comunidades colaborativas cuyo objetivo era reunir recursos humanos y materiales para apoyar a los más afectados en la región. Algunas de estas iniciativas continúan trabajando con las comunidades creando soluciones sostenibles.
Es claro que las graves consecuencias de un desastre natural pueden despertar nuestra empatía, compasión y ponernos en acción para aportar valor. Afortunadamente, éstas no son circunstancias exclusivas para despertar nuestro sentido de conexión con otros y nuestra disposición a colaborar.
Ejemplo de ello, es la historia de dos amigos que se unieron para poner una heladería juntos. El nombre de la heladería es “Buza” —una modificación de la palabra bouza (helado) en árabe. En 2017, uno de nosotros tuvo el gusto de conversar con ellos cuando Buza recibió el Flourishing Prize otorgado por AIM2Flourish como empresa modelo del objetivo 16 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU.2
Lo innovador de la historia de estos dos amigos, es que uno de ellos es un kibbutznik de Sasa (judío) y el otro es árabe musulman de Ma’alot Tarshiha. Ellos abrieron su primera tienda en Galilea Poniente, contratando personas de ambas comunidades y de la región con variedad de raíces étnicas y orientaciones religiosas, en un área donde no había helados y en un país en el que la mayoría ven al del otro lado como enemigo. Hoy, con cinco tiendas, un centro para visitantes y una pequeña fábrica, Buza recibe visitantes de diversos grupos, entre ellos, “extranjeros, policías, soldados, musulmanes, judíos, cristianos, etc. y todos se llevan bien”.3
Hoy en día, no necesitamos ir muy lejos para encontrar iniciativas locales y globales que responden a esta consciencia de nuestra interdependencia, recordándonos la necesaria relación entre lo individual y lo colectivo; creando conciencia y afectando positivamente la vida en el mundo.
Con los avances en los sistemas de comunicación, pequeñas iniciativas, surgidas de la intención de construir un mundo mejor para todos, están creciendo rápidamente para convertirse en grandes proyectos con riquísimos frutos para muchos, cuestionando prácticas individualistas e invitándonos a retomar prácticas colaborativas indispensables para nuestra supervivencia física, emocional, social y espiritual.
Vivimos en relación. Conscientes o no de ello, continuamente estamos relacionándonos con el mundo que nos rodea y éste con nosotros. Las siguientes páginas son un intento por compartir algunas de nuestras reflexiones y vivencias de relación entre personas y grupos. A lo largo de ellas, estaremos dando ejemplos personales de estos encuentros y en muchos casos, relatando historias de colaboración en organizaciones. Incluimos también citas de lo que otros han compartido y sabido poner claramente en palabras en sus propios escritos en estos temas, incluyendo algunos casos que ilustran el surgimiento de comunidades colaborativas.4 En algunos momentos, incluimos también preguntas que nos han guiado y que pensamos pueden despertar mayor reflexión. Ninguna pregunta o propuesta tiene la intención de ser fija. Ninguna de estas reflexiones contiene toda la verdad ni busca crear o reforzar juicios.
Un poco de historia de nuestro propio encuentro para colaborar en este proyecto diría que, a lo largo de los años, George ha trabajado en torno al diálogo como vehículo para mejorar las relaciones humanas en organizaciones de diferentes tipos. Esto lo ha llevado a explorar maneras de enfrentar las diferencias entre personas y grupos, experimentando con negociaciones colaborativas, construyendo sobre la buena escucha y ambientes de confianza para que los involucrados puedan exponer sus perspectivas y sentires, como también maneras apreciativas de indagar y conocer las perspectivas de otros. Maru y Martha, cada una con sus propias experiencias de desarrollo en temas de diálogo, ayuda mutua y desarrollo humano en sus trayectorias profesionales y personales, se unieron a George para juntos compartir sus reflexiones y su fe en el conversar humano, a la búsqueda de reconocer y evocar la disposición colaborativa en las personas y grupos, destacando la inevitable relación con la vida que nos rodea.
El contenido de este libro está dividido en tres partes. Iniciamos nuestro acercamiento al tema con Una vida en relación a partir de El desarrollo humano en la danza de la cooperación (Capítulo 2) reconociendo que hay un encuentro de historias en cualquier relación entre personas y que, como en una danza, existen momentos de vulnerabilidad, intimidad y cercanía y también momentos de distancia. A veces estamos juntos, muy cercanos y a veces nos alejamos moviéndonos en el espacio entre nosotros. Mantener el equilibrio adecuado, reconociendo y respetando las necesidades de cada uno en momentos concretos, es un gran reto.
Vemos en lo que llamamos Conversaciones conscientes (Capítulo 3), un camino de relación y colaboración en nuestros encuentros. Enfatizamos la experiencia de sentirse bienvenido y la acción de escuchar apreciativamente.
Observamos que por lo general en los esfuerzos de colaborar emerge lo que comúnmente nombramos “resistencia al cambio” —expresión que se emplea ligeramente y como explicación o excusa ante la confrontación de perspectivas distintas. Pensamos que cuando por lo menos una de las partes involucradas tiene la intención de entender, apreciar y exponerse, se abre un espacio para la co-laboración en Los recovecos de la resistencia (Capítulo 4).
Sin pretender definir y empaquetar lo que llamamos Inteligencia Colaborativa, iniciamos la segunda Parte del libro, Haciendo comunidad, compartiendo momentos que evidencian el misterio de la colaboración. Destacamos comportamientos, actitudes, ambientes e intenciones Evocando nuestra Inteligencia Colaborativa (Capítulo 5). Creemos que todos poseemos la IC. Pretendemos evocarla como un camino de colaboración en nuestros encuentros con otros.
Compartimos tres casos del sector salud en El surgimiento de comunidades colaborativas (Capítulo 6) a partir de la introducción de prácticas disruptivas en que los líderes y sus equipos se dispusieron a seguir un propósito mayor, rompiendo con las barreras de roles tradicionales y creando espacios de confianza. En ¿Y el Liderazgo? (Capítulo 7) reconocemos la participación de un liderazgo compartido como un factor disparador de la creatividad y la disposición al cambio. Nos enfocamos en la oportunidad e invitación a crear valor a nuestro paso, la cual resurge en la Tercera Parte, Conectando con un propósito mayor, en la respuesta a El Llamado (Capítulos 8 y 9) a que estemos dispuestos a atender —a hacernos parte de algo más grande que nuestros proyectos personales.
Hemos elegido emplear la Reanimación Cardiopulmonar (RCP) como una metáfora para destacar los elementos principales de los caminos de colaboración que presentamos. Como sabemos, “la RCP es una técnica útil para salvar vidas en muchas emergencias… cuando se detienen la respiración o los latidos del corazón de una persona”.5 Aquí, con las mismas siglas estamos destacando los elementos de Relación, Conexión y Presencia, sumados al Aprecio (Figura 1).

Figura 1. Relación, Conexión y Presencia con Aprecio en la práctica.
Como en la Reanimación Cardiopulmonar, a través de RCP-A buscamos reanimar nuestro corazón para evocar caminos de colaboración en nuestros encuentros con otros, especialmente en momentos en los que nos desconectamos de ellos y dejamos de escucharles.
Como las coordenadas en un mapa, RCP-A es nuestra referencia y guía. Los invitamos a notar la presencia de estos elementos a lo largo de la lectura y ejercicios, en sus reflexiones y experiencia.
Al cierre de cada parte hemos incluido algunas herramientas adicionales para aquellos interesados en encontrar otros ejemplos y reflexiones que puedan facilitar sus propios caminos de colaboración.
En conjunto, estos capítulos constituyen una propuesta a participar en maneras de atender y conversar que reconocen nuestra interdependencia y evocan nuestra disposición a colaborar unos con otros, como caminos hacia el mundo que anhelamos.
Parte Uno:
Una vida en relación

Foto cortesía de Martha Dionne
2
El desarrollo humano en la danza de la cooperación
Somos animales sociales, quienes necesitamos unos de los otros para crecer física, emocional y espiritualmente. Cuando las comunidades nos pueden ayudar a permanecer con curiosidad y paciencia en el mágico espacio del no-saber, nos dirigen a la voz interior —una luz interior— que mora en nuestros corazones sabios.
Borysenko & Dveirin.6
Si tenemos la fortuna de llegar a viejos, probablemente habremos tenido una y otra vez la oportunidad de volver a presenciar las primeras vivencias de cooperación entre el recién nacido y su madre. Bastan unas cuantas horas de vida fuera del vientre materno para que el recién nacido empiece —poco a poco—, a participar activamente en una relación coordinada con ese primer otro; generalmente nuestra madre, al necesitar el alimento que ella nos provee. Es desde esos primeros encuentros que, sin saberlo, haciendo uso de nuestros sentidos, estábamos aprendiendo los primeros pasos de la danza de la cooperación. Maturana y Verden-Zöller hablan de un humanismo amoroso que se hace y se conserva a través de las dinámicas del amor y el juego en la intimidad de la relación madre/niño, destacando que una niñez vivida de esta manera siembra las semillas del auto-respeto y el respeto social en la vida adulta.7
Esos importantes primeros momentos de encuentro son naturalmente seguidos por múltiples, también importantes, interacciones con otros. La crianza de cualquier niño no pertenece sólo a sus padres biológicos sino a toda una comunidad. Se requiere de toda una aldea para criar a un niño —como dice el conocido proverbio africano. Necesitamos de otros para nuestro desarrollo y el de las generaciones siguientes. Es precisamente a través de la convivencia con otros, dentro y fuera de casa, en la comunidad y más tarde en el trabajo y otros espacios familiares y públicos, que vamos descubriendo y creciendo en dinámicas de relación y conexión con los demás.
¿Quién está ganando?
En algún momento durante los años de nuestra niñez, caímos en la cuenta de que no éramos el centro del universo y que la danza hermosa con nuestra mamá no era exclusiva; que aquello se había convertido en baile del pueblo con muchos invitados como papá, hermanos, primos, vecinos y otros. Cuando otro niño nos quitaba un juguete o atención, empezábamos a probar otras maneras de obtener lo que queríamos, aprendiendo así también a competir y hasta imponernos.
Las oportunidades para aprender y practicar estas diferentes formas de convivencia durante la infancia son múltiples. Más de uno seguramente podríamos recordar momentos en los que, jugando en el “sube y baja”, fuese por ser mayores o más pesados que nuestra contraparte, podíamos dominar la situación y elegir mantener al otro arriba o abajo para demostrarnos/demostrarle que éramos más grandes o más fuertes. O por citar otro juego común de competencia, hacer lo imposible por no ser quien perdiera en el juego de las sillas; lo que podía implicar empujar, jalar, o hacer tropezar a otros, con tal de tener “mi silla” cuando la música dejara de sonar.
Cualquiera podríamos pensar que nacemos deseando ganar; sin embargo, la competencia es un fenómeno aprendido... la gente no nace con la motivación de ganar o ser competitivos. Heredamos un potencial para un grado de actividad, y todos tenemos el instinto de sobrevivencia. Pero el deseo de ganar viene del entrenamiento y las influencias de la familia y el entorno.8
Muchos venimos de una educación escolar basada en la competencia donde aprendimos a ver a otras personas como oponentes, rivales. ¿Cuántas veces nos premiaron, o a otros, por haber hecho algo mejor que los demás? Cómo no sorprendernos al llegar al mundo del trabajo y que nos pidieran trabajar en equipo, compartir nuestras ideas y soluciones —y no sabemos cómo. Hoy en día, ¿cuántas veces más he repetido este juego de querer ganar?... ¿De ser reconocido como el que “sí puede”... o la que “sí sabe”?
Stuart Walker, refiriéndose a la común experiencia de competencia en el ambiente deportivo escribe: La filosofía que escuchan los atletas es que el juego es el centro, lo que importa es la participación. Pero las preguntas que escuchan son: ¿quién ganó a quién?, ¿quién recibió las medallas?... El competidor moderno siente que, para ser aprobado, admirado, respetado, tiene que ganar.9 ¿Cuántos de nosotros no hemos vivido personalmente situaciones como éstas en las que hemos hecho exactamente esas preguntas o hemos pensado que “tenemos que ganar” para sentirnos admirados o respetados?
De la revisión de 17 diferentes investigaciones, comparando situaciones de aprendizaje cooperativas versus situaciones competitivas individualistas, David y Roger Johnson concluyeron que las situaciones cooperativas de aprendizaje promueven niveles más altos de autoestima y procesos más sanos para derivar conclusiones de auto-valor. Asimismo, encontraron que la cooperación está correlacionada positivamente con numerosos índices de salud psicológica tales como madurez emocional, relaciones sociales adaptativas, fuerte identidad personal, y confianza básica y optimismo acerca de otras personas.10
Navegando en piloto automático… patrones que repetimos inconscientemente
Nuestras experiencias en la familia, y con hermanos o compañeros, independientemente de que hayan funcionado o no, influyen en las formas que tenemos de responder a situaciones nuevas y de resolver nuestras diferencias hoy en día. Trasladamos nuestra historia a los contextos en los que nos relacionamos con otros en la actualidad y tendemos a repetir patrones que aprendimos muchas veces sin siquiera darnos cuenta.
En el ámbito organizacional, por ejemplo, y otros contextos en que prevalece la rivalidad, pueden surgir en nosotros tendencias a relacionarnos con nuestros compañeros desde aquellos patrones conductuales que adquirimos a lo largo de nuestra vida. De ahí que a veces insistamos en hacer cosas que en realidad nunca han funcionado y que, más bien por hábito, hemos repetido y trasladamos a nuestras maneras actuales de interactuar como el querer ser el mejor; destacar pasando sobre los demás; sobresalir opacando al otro; guardar información relevante; poner obstáculos en el camino de otros compañeros, entre otras actitudes y comportamientos negativos que nos hacen perdernos de las oportunidades de colaboración que pueden existir en el trabajo.
| Prueba esto… date cuenta cuando te estás dejando conducir por el piloto automático —como al caer en algún hábito en que de pronto te encuentras contestando, retando, criticando… Y detente... Toma unos segundos o minutos antes de tomar otro paso y cuando decidas haz algo diferente. Nota qué ocurre en ti y en otros como resultado de este cambio. |
Haciendo amistad con los errores
Como han observado Johnson y Johnson, las personas que se sienten aceptadas por los demás también se sienten lo suficientemente seguras para explorar problemas más libremente, tomar riesgos, jugar con las posibilidades, y beneficiarse de los errores en lugar de soportar un clima en el cual los errores deben ser escondidos para evitar ser ridiculizados.11
Volviendo a esos primeros encuentros para alimentarnos, y al aprendizaje de actividades subsecuentes como gatear, caminar, hablar... andar en bicicleta, podemos darnos cuenta de que, en esas primeras etapas de descubrimiento y aprendizaje con otros, en espacios de cooperación, el “error” no existía, “errar” era más bien parte integral de nuestro desarrollo e indispensable para nuestro aprendizaje. Así como en nuestra adultez, de niños también hacíamos en el momento lo mejor que podíamos con lo que sabíamos o teníamos.
Si analizáramos el ejemplo concreto de aprender a andar en bicicleta... sabremos por experiencia que “errar” no era igual a lo que conocemos como “error”. Sería muy difícil, tal vez imposible, articular nuestro cuerpo para lograrlo la primera vez que tomamos la bicicleta porque exige una gran coordinación mente-cuerpo. Gracias a múltiples intentos, y seguramente después de más de una caída, lo aprendimos. Una vez aprendido, aunque lo dejemos de hacer durante muchos años, la capacidad de andar en bicicleta se queda grabada internamente y podemos volver a andar, una y otra vez. Así también, por ejemplo, “errar” en el intento de caminar no es lo mismo que lo que conocemos como “error” sino una manera acertada de aprender a caminar. De la misma manera, podemos decir que aprendimos los primeros pasos de la colaboración en nuestros primeros años, y también con más de una caída.
Colaborar es parte de nuestra naturaleza, sabemos cooperar aun cuando, por circunstancias de entornos adversos, tengamos tiempo sin practicar. A diferencia del dominio del manejo de la bicicleta, la colaboración implica la participación de personas diferentes y, por lo tanto, un continuo aprender ante las distintas circunstancias en las que nos encontremos.
Las circunstancias muchas veces nos sorprenden. Hay una escena inolvidable en la película Perfume de mujer, cuando aquel coronel ciego retirado del ejército entra a un restaurante elegante y al fondo, se escucha una orquesta tocando Tango. Entonces el coronel, percibiendo a una chica por su perfume se acerca a su mesa. Le pregunta si baila tango y ella, Donna (Gabrielle Anwar) le responde que siempre quiso aprender a hacerlo. Frank (Al Pacino), le ofrece enseñarle en ese mismo momento.
| Las sensaciones originales de miedo y vulnerabilidad se esfumaron al entregarse a la danza. |
A pesar de su miedo a cometer un error, Donna acepta pasar a la pista de baile ante la mirada de todos con un hombre ciego que apenas conocía. En ese momento, en la danza misma, las sensaciones originales de miedo y vulnerabilidad se esfumaron. Haciendo a un lado sus juicios y evaluaciones, se abrió a la experiencia de un tango inolvidable. Éste es un buen ejemplo de lo que puede ocurrir cuando nos damos permiso de hacer a un lado esa parte de nosotros que está más enfocada en cubrir nuestros tropiezos que en permitirnos probar y fluir con el momento presente.
Tal vez esta experiencia no es tan lejana a nuestras propias experiencias con alguna forma de baile y a nuestras sensibilidades y temores a cometer errores y ser juzgados. Cuántas veces hemos dejado de bailar, o de hablar, o de participar por ello, encerrando tras las rejas nuestra libertad y muchas veces, nuestros talentos dentro de nosotros. Este tango nos recuerda la magia de fluir con libertad. Nadie sabemos ni podemos todo. Cada uno tenemos talentos diferentes. Haciendo amistad con esto, tal vez podríamos aceptar más fácilmente nuestras limitaciones, actuar con mayor libertad, reconocer talentos en otros y compartir los nuestros. Podríamos decir que, estaríamos haciendo amistad con el presente, con los errores y con nuestras diferencias.
Lo imposible es temporal
Reconocemos que vivimos en un mundo de comparaciones y competencia en el que todos de alguna forma participamos. Con frecuencia comparamos nuestros resultados, logros, capacidades… con otros. Esta comparación muchas veces nos hace conscientes de competencias que no habíamos desarrollado y puede despertar nuestra propia inquietud para lanzarnos hacia nuevos retos y a tratar de alcanzar nuevos horizontes.
Un buen ejemplo de esto lo encontramos en el logro del corredor Británico Roger Bannister y los logros subsecuentes al suyo. Durante décadas se consideraba que el hombre no podía correr la milla en menos de cuatro minutos. Esto fue hasta que lo logró Roger Bannister con la ayuda de corredores acompañantes como marcapasos. Dos meses más tarde, durante los Commonwealth Games realizados en Vancouver, dos corredores competidores, el australiano John Landy y Bannister, corrieron la distancia de una milla en menos de cuatro minutos.
¿Qué pasa aquí? ¿Será que Landy y posteriormente otros corredores no sólo quedaron admirados del logro de Bannister, sino que cayeron en la cuenta de que no sólo era posible, sino que ellos mismos podrían aspirar a ello?
La admiración y la posterior comparación nos pueden abrir los ojos y la mente para derrumbar límites autoimpuestos, ampliar nuestras metas e impulsarnos a desarrollar las competencias para lograrlo.
Frank Carlos Camacho, CEO de Africam Safari —un conocido parque de conservación de la vida silvestre en Puebla, México— nos platicó de una frase que a lo largo de los años ha llegado a estar en el corazón del desarrollo exitoso de la empresa. Él recuerda haber escuchado de su hermana Amy —quien se hizo cargo de la empresa y también de sus hermanos al morir su padre y poco tiempo después su madre— la siguiente frase: “Lo imposible es temporal”.12
Desde los años 70 la familia Camacho empezó a construir lo que hoy es una empresa modelo llegando a ser la primera empresa en Latinoamérica en recibir la preciada acreditación del AAZA (Accreditation Association of Zoos and Aquariums) en 2007. Sólo el 10% de las empresas del ramo en el mundo han recibido esta acreditación con los estándares más altos de excelencia y compromiso en manejo de los animales, los cuidados veterinarios, ética, instalaciones, conservación, educación, seguridad y finanzas. Directivos de empresas del ramo de todo el mundo han visitado Africam Safari para conocer su exitoso modelo tan apreciado por los miles de visitantes que reciben anualmente y el espíritu que se respira en su comunidad de trabajo.
Personas como Bannister y los Camacho nos ayudan a ver lo que no hemos visto por nosotros mismos y; si tenemos la voluntad y las agallas, a ponernos en acción.
El cambio de conductas competitivas y de dominación por prácticas cooperativas depende de la voluntad de cada uno y también del cambio formal de sistemas estructurales que incitan a una u otra —en nuestras comunidades, escuelas, lugares de trabajo y por supuesto, también en nuestras familias donde con frecuencia las comparaciones provocan competencias innecesarias.
| Vemos en el ejercicio de la colaboración campo fértil para el desarrollo y práctica de nuestras propias competencias y las de otros. |
Vemos en el ejercicio de la colaboración campo fértil para el desarrollo y práctica de nuestras propias competencias y las de otros. Un vibrante ejemplo a nivel mundial de lo que se originó con una visión y propuesta de un cambio formal hacia prácticas cooperativas lo encontramos en la puesta en marcha del Pacto Global de la ONU que pide a las empresas adoptar, apoyar y promulgar, dentro de su esfera de influencia, un conjunto de valores fundamentales de derechos humanos, normas laborales, medio ambiente y anti-corrupción.13
En su discurso en el Foro Económico Mundial de 1999 Kofi Anan, el entonces Secretario General de la ONU, con una gran visión para buscar responder a grandes retos de la humanidad uniendo esfuerzos de esta Organización con la de empresarios, decía… Vamos a elegir unir el poder de los mercados con la fuerza de los ideales universales. Vamos a elegir reconciliar las fuerzas del emprendimiento empresarial con las necesidades de los desfavorecidos y los requisitos de las generaciones futuras.14
En respuesta a esta invitación, tan sólo unos meses más tarde, un grupo de 50 líderes de empresas de varios países participaron en una reunión en la ONU durante la que acordaron 10 principios a poner en práctica en sus empresas como respuesta a los grandes retos de la humanidad. Para el año 2004 el número de los miembros firmantes del Pacto Global aumentó a casi 1,500 empresas de 70 países. Más de 400 de ellos participaron en la reunión realizada en la ONU, donde líderes de empresas, sindicatos y la sociedad civil se encontraron para pensar colectivamente y conectarse con las innovaciones, lecciones y descubrimientos de sus propios trabajos y experiencias.15
Este esfuerzo de colaboración global con ahora más de 8,000 empresas participantes continúa. En el mes de junio de 2015, en celebración del 15 aniversario de su formación, durante la sesión de la Asamblea General de la ONU titulada El Pacto Global + 15 se presentó el estudio de los avances y aprendizajes y anunciaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible16 para los siguientes 15 años que serían firmadas por todos los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas tres meses más tarde. Así fue que el 25 de septiembre del mismo año, 196 líderes mundiales se comprometieron con los 17 Objetivos Globales para lograr tres cosas extraordinarias en los próximos 15 años: erradicar la pobreza extrema; combatir la desigualdad y la injusticia, y solucionar el cambio climático.17
Creemos que el desarrollo y bienestar humano y social a lo largo de nuestras vidas florece naturalmente en espacios de cooperación, donde como hemos visto con algunos ejemplos, lo imposible puede hacerse temporal. Por ello, los invitamos a sustituir —poco a poco, creativamente, a la medida de nuestras capacidades— aquellas prácticas propias, organizacionales y públicas que nos ponen sistemáticamente a unos en contra de otros y, en su lugar, seguir desarrollando un interés genuino por aquellas cualidades en otras personas y organizaciones que nos impulsan a ser mejores.
El desarrollo humano en la danza de la cooperación ocurre en relación. Como exploramos con más detalle a continuación, vemos en el conversar consciente —en el dar vueltas juntos— un círculo virtuoso, un camino de relación y colaboración.
| Si quieres ubicar estas reflexiones en tus ambientes del día a día puedes elegir una palabra o frase de la lectura que te llame la atención. Quédate con ella unos momentos en silencio. Anótala en una tarjeta que puedes llevar contigo o en la aplicación de “Notas“ en tu teléfono móvil. Puedes leerla de vez en cuando durante el día y preguntarte ¿qué me dice en este momento de mi día? ¿A qué me invita? |

Foto cortesía de Gordon Dionne
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Conversaciones conscientes
La historia de la mayoría de movimientos en pro de la organización de comunidades y de grandes cambios sociales se puede rastrear a tales conversaciones, conversaciones entre amigos y extraños quienes descubrieron un sentido compartido de lo que era importante para ellos.
Wheatley & Kellner-Rogers.18
Todo el vivir humano ocurre en redes de conversaciones.
Maturana & Dávila.19
La suma de vivencias y percepciones en conversación tienen el potencial de ampliar los limitados significados que cada uno habíamos formado antes de sentarnos a conversar.
En una ocasión mi papá me pidió que le platicara lo que hago como consultor organizacional. Después de un rato de hablar de algunas intervenciones efectuadas con organizaciones de diferentes giros me preguntó que, si yo no era experto en aquello a lo que se dedicaba cada uno, entonces ¿cómo era que yo les asesoraba? Pensé durante un momento y le contesté: “los expertos, los que saben más sobre la problemática, son ellos mismos. Son los más preparados para descubrir los caminos de solución. Yo les acompaño en esa búsqueda; en esencia les ayudo a conversar de una manera diferente”.
La palabra “conversar” viene del latín conversari, que significa “dar vueltas juntos”. Dar vueltas juntos, o diríamos, “pensar juntos”, es una experiencia rica en aprendizajes. A pesar de ser una práctica humana desde la antigüedad, no sale a la primera. Sabemos por experiencia que nuestras conversaciones no son líneas rectas, con frecuencia más bien parecen un juego de futbol soccer entre niños que apenas están aprendiendo. Patean el balón en cualquier dirección y todos corren hacia él. Cada uno quiere pegarle a la pelota y meter el gol. Los pases son poco frecuentes y accidentales.
Aunque todos participamos en conversaciones, es una realidad que aun cuando las personas podemos reunirnos en un momento con un mismo propósito, puede haber tantas maneras de ver los temas como nuestras propias historias; maneras de vivir y conversar. Nuestras conversaciones son tan multidimensionales como la diversidad de las personas con las que conversamos y en nuestras perspectivas, sentimientos, historias e interpretaciones, por lo mismo, con frecuencia nos encontramos con tropiezos que dificultan nuestro entendimiento y muchas veces nos alejan de otros. Es por ello que intencionalmente elegimos hacer hincapié en esta básica actividad humana para destacar algunas de las cualidades de conversaciones que, en lugar de alejarnos, nos acercan a la colaboración y a otros.
Recuerdo que al día siguiente de facilitar una conversación con un grupo de personas que iniciaban su maestría, un amigo me preguntaba cómo había sido la experiencia; le contesté que, aunque no conocía a ninguno de los participantes antes del evento, durante esas tres horas que pasamos conversando, rápidamente nos habíamos ido sintiendo como en casa —confiados, con libertad para exponer cada uno nuestras reflexiones, alguna que otra anécdota, así como también dudas más profundas y risas. Siendo diferentes, no estábamos alejados por ello; nos conectamos en nuestro “pensar juntos”.
Este “sentirnos como en casa” en una conversación, como en el ejemplo anterior, es una manera de expresar la experiencia de sentirse bien-venido en presencia de un ambiente de escucha apreciativa. Hemos observado que estos ingredientes son comunes en conversaciones que dejan huella y por ello los exploramos con mayor detalle a continuación.
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