Kitabı oku: «La pelota no siempre al 10 (ni al 23)»
LA PELOTA NO SIEMPRE AL 10 (NI AL 23)
LECCIONES DE LIDERAZGO Y CREATIVIDAD DESDE MICHAEL JORDAN Y PHIL JACKSON
MARCELO ROFFÉ GERMÁN CASTAÑOS

Este libro original, a partir de la serie famosa “El último baile” (“The Last Dance”), intenta profundizar y bucear en aspectos fundamentales del alto rendimiento deportivo y organizacional como el liderazgo, la creatividad, la motivación, la comunicación, la innovación y la resilencia. El título juega con el concepto de equipo a partir del liderazgo decisivo y verdadero de Phil Jackson y su frase “como gota de lluvia, mi alegría es ser parte de este río”. En ese sentido, Machael Jordan, aun siendo el mejor jugador de la historia, no siempre era el último receptor para finalizar la jugada. ¿Hubiera sido Jordan quien fue sin Pippen y sin Rodman? ¿Maradona ganaba esa final sin Valdano, Brown y Burruchaga? ¿A Messi en la Selección le faltó estructura de equipo para mostrar su excepcionalidad? ¿Jugar para o jugar con? Preguntas que se intentan responder en esta obra.
Estos dos autores con toda su experiencia y como pioneros en sus campos de estudio te plantean una nueva aventura: si viste la serie, seguro la vas a volver a ver desde otra mirada, y si no la viste, vas a salir corriendo a verla, pero con mucha más información. Que lo disfrutes.

Roffe, José Marcelo
La pelota no siempre al 10 ni al 23 / José Marcelo Roffe ; Germán Castaños. - 1a ed. - Tres de Febrero : Imaginante, 2020.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-8313-90-0
1. Psicología del Deporte. I. Castaños, Germán. II. Título.
CDD 796.019
Editor: Oscar Fortuna.
© 2020 Germán Castaños. [www.germancastaños.com.ar]
© 2020 Marcelo Roffé. [www.marceloroffe.com]
© De esta edición:
2020 - Editorial Imaginante.
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Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra bajo cualquier método, incluidos reprografía, la fotocopia y el tratamiento digital, sin la previa y expresa autorización por escrito del titular del copyright
ISBN 978-987-8313-90-0
Conversión a formato digital: Libresque
Agradecimientos:
A mi familia, que me sostiene con su paciente espera todos los tiempos que demanda escribir. A Marcelo Roffé, por compartir esta aventura en la cual debatimos, aprendimos y nos divertimos.
Germán Castaños
A mis padres por ser quien soy, a mis hijos Salma, Tobías y Joaquín (que me ayudó en mis textos) por ser la luz de mi vida, a mi compañera Patricia por bancarme siempre, a mis amigos porque están en las buenas pero en las malas mucho más, a mi analista y a Dios. Tampoco puedo olvidarme de los entrenadores, de los deportistas, de los colegas y de los alumnos de quienes aprendí, aprendo y seguiré aprendiendo. Por último a Germán Castaños, compañero en esta aventura autogestiva (primera vez para ambos) que disfrutamos, amasamos, soñamos, proyectamos y concretamos con liderazgo y creatividad.
Marcelo Roffé
Índice
Cubierta
Portada
Sobre este libro
Créditos
Agradecimientos
Introducción / Prólogo
Sobre Germán Castaños
Sobre Marcelo Roffé
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Epílogo
Bibliografía
Sobre los autores
INTRODUCCIÓN / PRÓLOGO
“El gran líder es producto del tiempo, el lugar y las circunstancias”
(Bass y Stodgill, 1990)
Palabras preliminares
Que hermoso poder escribir otro libro y más aun con un amigo. Sin dudas se disfruta más. Como decía Oscar Wilde existen dos reglas para escribir, tener algo que decir y decirlo. Y ese fue nuestro GPS. La serie “The Last Dance” (el último baile) creada por Michael Tollin y que dura sólo una temporada (10 episodios) nos enamoró a German y a mí. Por ese motivo nos pareció propicio aportar nuestras miradas, juntos.
El libro habla de liderazgo, motivación, resiliencia, creatividad e innovación.
Hemos planteado en “Formando al líder de un equipo” (2016) que la fórmula del trabajo en equipo es liderar + motivar + comunicar.
En el libro entenderán porque Michael Jordan solo no hubiera llegado muy lejos, aunque era el número 1. Cuanto necesitó a Scottie Pippen, cuanto necesitó a Denis Rodman, cuanto necesitó a sus compañeros, pero sobre todo, cuanto necesitó a Phil Jackson.
Leer este libro, es ir y volver a ver la serie, es leer el buen libro de Michael Jordan “Mi filosofía del Triunfo” y es ir y leer los dos libros geniales de Phil Jackson “Canastas Sagradas” y “Once Anillos”. Creemos que en estos dos libros reside gran parte del guión de esta serie maravillosa. Quiero aclarar que las series nunca se vuelven a ver, son descartables, ni siquiera la mejor de la historia (“Breaking Bad”), pero “Last Dance” te invita a volver y aprender, una y otra vez si te apasiona el liderazgo, la motivación, la comunicación y el trabajo en equipo.
Cuando hablamos de Liderazgo tenemos que hablar de un liderazgo formal y uno informal, como sucede en las organizaciones. El formal lo representa Phil Jackson y el informal Michael Jordan.
Lo de Jordan es increíble. Se leerá en este recorrido lo difícil que es encontrar más adjetivos para elogiar su liderazgo (a veces injustamente criticado), su mentalidad ganadora y sus deseos de ganar y ganar.
Pero lo de Phil Jackson es supremo. Siguiendo a Bass (1985) el liderazgo transformacional tiene cuatro dimensiones. A saber: 1) Carisma o influencia idealizada, 2) Inspiración motivacional, 3) Estimulación intelectual y 4) Consideración individualizada. Este entrenador, que por algo obtuvo 11 anillos y quedó en la historia (cinco anillos con Kobe Bryant cuyo libro “Mentalidad Mamba” también recomendamos) cumple los cuatro casilleros. Uno a uno.
Tiene carisma e influencia en sus seguidores (no existe líder sin seguidores), inspira motivacionalmente siempre a superarse, a crecer y a alcanzar nuevos desafíos, a no conformarse, a conectar con algo superior; les regala libros a los deportistas en los viajes para abrirles la cabeza, y tiene un trato artesanal uno a uno con cada jugador. Como ejemplo, el solo podía guiar y orientar a Denis Rodman y dejarlo ir a Las Vegas como lo hizo.
Por eso creo que este libro aporta en este tema tan decisivo y que nos apasiona como es el liderazgo en el deporte y en la vida, como alcanzar el verdadero trabajo en equipo (el triángulo táctico no es más que la materialización en acción del mismo).
Siguiendo el innovador modelo VICAD publicado en 2018, la D es de descartable. Y el mejor equipo de la historia fue descartado de repente por una confusión de una persona con poder.
Pero sin ese imperativo “es el último año pase lo que pase” esta historia no se hubiese podido contar de esta manera tan maravillosa.
Respecto de la tapa nos gustó jugar con la metáfora. Todos los periodistas dicen, la pelota siempre al diez. En esa época decían, la pelota siempre al veintitrés.
Jordan fue un grande de verdad, y llegó Phil y cambió el sistema: ¡todas al 23 no! Y ganaron todo. Antes no ganaban nada. Se construyó un verdadero equipo.
Maradona fue otro grande de verdad y en el Mundial 86 lo que hizo fue sobrehumano (Italia, Inglaterra, Bélgica, etc.) pero en la final no tuvo esa trascendencia y eso no le quitó brillo alguno a su leyenda y al título obtenido. Había equipo.
Messi es un fuera de serie, el mejor hace años, de otra galaxia, el número 1, pero creemos que parte del problema en la Selección Argentina es que se lo busca siempre y que más no siempre es mejor. ¿No se lo supo rodear como a Jordan? ¿Faltó un Phil Jackson? Preguntas que planteamos en esta obra que esperemos estimulen en ustedes el espíritu y el amor por el deporte, la psicología y la creatividad.
¡Que lo disfruten! ¡Abrazos de triple!
Marcelo Roffé
SOBRE GERMÁN CASTAÑOS
Si uno busca su nombre en Linkedin aparece esto: “Llevo ideas de Creatividad, Innovación, Liderazgo y Motivación del deporte a la empresa y de la empresa al deporte. Speaker”. Podríamos agregar que escribió muchos libros, que acaba de publicar Parking the Bus con mucho éxito, y que el que más me deleitó a mí fue Guardiola, el ladrón de ideas. Podríamos agregar que es un buscador, un trabajador incansable, que es pionero en esta especialidad en el fútbol y que por eso se me ocurrió invitarlo a recorrer estos caminos juntos. Por eso, sí. Pero falta algo más.
Sabíamos los dos, porque todo llega, después de 20 años de conocernos en Necochea cuando fui invitado a disertar, que algún emprendimiento juntos íbamos a construir. Pero no solo por eso. Su currículum es fenomenal y sus ideas, brillantes. De eso no existen dudas. Pero no alcanza, al menos para mí.
Si voy a emprender un proyecto con algún profesional, antes que nada, para mí, debe ser una buena persona, tener valores en común, don de gente, calidad humana. Ahí es donde el currículum no importa. Eso no lo negocié nunca, y menos ahora, que con los años me volví más selectivo. Antes que todo, está la persona.
Y Germán es un tipo sencillo, claro, concreto, querible, amable, alegre, familiero, fanático de Racing, que supo cómo superar las adversidades que la vida le planteó. Y por eso lo admiro.
Germán es futbolero. Germán es profe. Germán es entrenador. Germán es escritor. Germán es innovador. Germán es emprendedor. Germán es creativo. Germán no para de generar proyectos.
Todo eso es verdad, pero lo más importante, para mí, es lo otro. Germán es un tipazo.
Gracias por aceptar mi propuesta y, sobre todo, gracias por ser como sos. Eureka.
Marcelo Roffé
SOBRE MARCELO ROFFÉ
Son increíbles las vueltas de la vida. Marcelo vino a mi ciudad (Necochea) a dar una disertación. Justo me tocó a mí ir a recibirlo a la terminal de ómnibus y llevarlo a desayunar. Ya que soy muy olvidadizo, tengo muy presente todo. Fuimos a la confitería Deleite y ahí conversamos. Recuerdo hasta la mesa en la que nos sentamos. Y supongo que, como suele ocurrir, te entiendes de entrada como si fuera de toda la vida, o no te entiendes nunca por más esfuerzos que hagas. Y pasó lo primero.
Ahí nomás quedó en evidencia su generosidad. Yo aún estaba en un estadio muy incipiente en este mundo de la creatividad aplicada a la empresa y el deporte. Tranquilamente, Marcelo podría haber ignorado el sueño que le acababa de contar. Sin embargo, enseguida le puso un ladrillo al sueño. Y, encima, un ladrillo fundacional. Me invitó a dar, en un congreso que organizaba, lo que sería mi primera conferencia. Recuerdo que fue en la UBA y aún se usaban las filminas.
¿Cómo le vas a ofrecer algo así a alguien que conocés hace diez minutos? El tiempo me fue demostrando que Marcelo es así: le gusta abrir puertas. Y me encanta lo que hace. Porque te abre la puerta, pero después sos vos el que tenés que transitar los caminos con honestidad y profesionalismo.
Le agradezco esta invitación a Marcelo porque termina por fraguar una amistad que comenzó hace muchos años. Si el tiempo lo ha vuelto más exigente con la gente que elige para rodearse y en esa elección estoy incluido, eso no deja de ser un honor bien grande.
Porque hay muchas cosas que compartimos, pero hay una más que ninguna otra: ambos deseamos dejar nuestro apellido a nuestros hijos, tal cual nos lo legaron nuestros padres: limpio de toda limpieza.
No será lo último que hagamos juntos. Estoy seguro de que alguno de nuestros lectores nos juntará en algún lugar del mundo para compartir nuestros conocimientos. Y ahí no solo compartiremos la tinta, sino también el escenario.
Germán Castaños
Advertencia:
Este libro fue escrito en base a las distintas reflexiones, ideas e inquietudes que provocó en nosotros la serie The last dance (El último baile). Ideas en el campo del liderazgo, la creatividad, la motivación, la innovación, la resiliencia, la comunicación y tantos otros campos. Las enseñanzas que deja la serie, reflejadas en las historias de Michael Jordan, en primer lugar, y Phil Jackson, en segundo lugar, son casi infinitas. Las compartimos acá para que ninguna de ellas pase desapercibida. Porque todas, todas, nos ayudan a ser mejores individualmente y a hacer mejor nuestro equipo.
CAPÍTULO 1
LA MIRADA DE MARCELO ROFFÉ
En el primer capítulo de El último baile se pone en juego el peligro de la dinastía en búsqueda de su segundo tricampeonato. Jordan comienza hablándole a la gente y prometiéndole que van a ganar el sexto anillo. En ese sentido, es interesante porque dentro de las características de liderazgo siempre describimos, siguiendo varios modelos de liderazgo, incluido el de Chelladurai (1998), en deporte, el líder no promete. Pero acá tenemos un caso excepcional de un líder ganador al cien por ciento que siempre quiere ganar, que contagia un mensaje positivo y que promete un éxito que luego llega. Otro punto para destacar es el idilio con la gente, la mancomunión con el público involucrándolo y pidiéndole el aliento para alcanzar ese objetivo. Algo así como “la gente no nos presiona, solo juega a nuestro favor”. Transformar la presión en motivación.
Un Jordan muy joven llega y dice: “Quiero que los Bulls sean respetados como son los LA Lakers, Philadelphia 76ers o los Boston Celtics”. Ese era el primer objetivo de Michael Jordan cuando llegó, luego vendría la búsqueda de los anillos. Es bueno marcar que, antes de la llegada de Jordan, los Chicago Bulls nunca habían salido campeones de la NBA, y, luego de la dinastía, hasta el día de hoy no volvieron a ser campeones. También es importante destacar que a Jordan le llevó siete años ganar el primer anillo con los Bulls y, no por casualidad, fue con la llegada de Phil Jackson.
Como vamos a desentrañar en este libro desde las miradas psicológica y creativa, desde esta mirada de la psicología deportiva y del análisis del trabajo en equipo, lo que hay que decir es que Jordan fue decisivo, pero Phil Jackson también lo fue. A lo largo del libro explicaremos los porqués de esta afirmación, basándonos en escritos del propio Jackson. Sus dos libros le dan estructura a la serie.
Lo llamativo es que se ve un Jordan muy joven recién llegado a los Bulls que dice: “Es difícil que suceda algo así [conseguir el campeonato], pero no imposible. Esperemos que yo, este equipo y toda la organización construyamos un programa así”. Es interesante que en esta frase aparece otro punto que iría en contra de lo que es un líder. Si bien el líder estaba, siempre hay que pulirlo y está en construcción, nace y se hace; donde lo vemos esto es que pone el “YO” antes que “ESTE EQUIPO”, porque la frase tendría que haber sido “este equipo, toda la organización y yo”, hasta sintácticamente si se quiere, es decir, el nosotros por encima del yo. Este es un punto interesante y lo retomaremos más adelante. La fórmula del trabajo en equipo que vamos a desarrollar es que este llega como resultante de la sumatoria de la motivación, la comunicación y el liderazgo como tríptico entrelazado. Es una consecuencia de esos tres procesos.
Luego de presentar a Scottie Pippen y a Dennis Rodman, el club presenta a Phil Jackson, haciendo hincapié en que el equipo fue liderado por alguien único, y es así. Si bien la serie minimiza un poco su importancia (aunque aparece en todos los capítulos), la primera frase que dice Phil Jackson es “creamos una imagen de la cual la gente quería formar parte”. Muy interesante esta frase; creamos, construimos una imagen con la que la gente se pueda identificar y se sienta parte y eso también lo podríamos llamar “mística” alrededor del equipo de Chicago Bulls. Para complementar esta frase, Jackson dice: “A eso debes aspirar”.
La diferencia entre líder y jefe: ¿por qué sobran los jefes y faltan los líderes? En mi libro Formando al líder de un equipo (2016) planteamos este punto y desarrollamos por qué es mucho más fácil ser jefe (dirigir, ordenar, mandar) que ser líder (guiar, acompañar, apoyar, inspirar).
Mientras la serie muestra un gran abrazo entre Phil Jackson y Michael Jordan en el festejo de la obtención del quinto anillo en 1997, el periodista se pregunta “¿cómo lidiarán con el envejecimiento?”, y previamente el propietario de Chicago se preguntaba “¿cómo mantener el equipo unido? ¿Es el momento de reconstruir?”; y ahí yo agrego: ¿por qué forzar el final? ¿Por qué no esperar que decante solo? ¿Les hicieron un favor en lo motivacional en esta última temporada? Son preguntas que surgen a partir de la mirada psicológica.
Jordan dice que escuchaba una y otra vez lo de acabar con el equipo y se enojaba, no dejaba de preguntarse por qué acabar si estaban ganando, y Scottie Pippen afirma: “Sentíamos que éramos el mejor equipo de la historia”. Entonces, ¿por qué forzar el final?, si todo equipo tiene una constitución, un conflicto, una normalización, una ejecución y una desintegración (Weinberg y Gould, 2004). “¿Por qué forzar este último momento de disolución?” es LA pregunta.
La incógnita que se desprende es: ¿volverán a conseguirlo? De eso trata el episodio uno y es el gran interrogante, porque sabemos que existe “el veneno del éxito” (en sus libros, Phil lo cita todo el tiempo), pero también sabemos que este equipo nunca se conformó, y por ello fue logrando todo lo que alcanzó a partir de dos líderes intachables dentro y fuera de la cancha. Es visible cómo estos dos líderes (PJ y MJ) tenían una gran mancomunión entre ellos.
Gran frase de Michael Jordan cuando es interrogado por los periodistas luego de obtener el quinto anillo: “Tenemos el derecho de defender lo que ganamos hasta que lo perdamos”. Luego agrega: “Si perdemos pueden decir ‘cambiemos, vamos a reconstruir’, nadie garantiza que la reconstrucción sea por dos, tres o cuatro años”. Mensaje muy claro para Jerry Krause, quien era el gerente general de los Bulls. Si quieres la perspectiva de negocios, ten respeto por la gente que ha hecho el trabajo previo, y así seguirá siendo una organización rentable.
Jordan manifiesta que le pareció injusto que se hable de reconstrucción y se genere incertidumbre desde quienes no se ponen el uniforme ni salen a competir. Su mentalidad apuntaba a focalizarse en el trabajo y la competencia, dejando de lado lo comercial. En su libro Mi filosofía del triunfo (1995), Jordan subraya “el paso a paso”, y que no conoce otra manera de conseguir las cosas.
Claramente, Jordan enfocaba a Jerry Krause. Respecto a dicha rivalidad ostensible a lo largo de todos los capítulos, podemos preguntarnos si no fue un poco “fogoneada” por Michael para lograr automotivarse aún más, como veremos a lo largo de la serie con otros estímulos externos. Desde la óptica de que lo más importante son los jugadores, MJ tomó las declaraciones de Krause como una falta de respeto, exponiendo una rivalidad creciente. Phil cuenta que al gerente lo dejaron fuera del círculo de intimidad cerrado del equipo.
Jerry Krause se ofreció en ese cargo y el dueño de los Bulls lo contrató para construir un equipo, y vaya si lo consiguió. Sin embargo, en la serie queda de manifiesto que, sin el talento y el liderazgo de Michael Jordan, no lo hubiera conseguido. Jerry decía que los equipos no ganan campeonatos, sino las organizaciones, quitándole mérito a los jugadores y brindándoselo a la estructura. ¿Cuál es la verdad? La verdad es la que dice Jerry Krause (la cuestión es la forma y los momentos); de hecho, Jordan (aun siendo un fuera de serie y disputándole a Muhammad Ali el lugar del mejor deportista de la historia) no podría haber ganado solo. En sus primeras temporadas, aun logrando números individuales asombrosos, no alcanzó las finales, y para ello necesitó a sus compañeros y necesitó a Rodman, Pipen, Kerr, Phil Jackson e incluso a Jerry Krause. Son las tres patas: jugadores, cuerpo técnico y dirigentes.
Quiso mover la pieza de Phil Jackson como mensaje indirecto a Jordan y este aclaró que, sin el entrenador, él se iba. En palabras de Michael: “Phil debe ser el entrenador y no deberían obligarme a mí a jugar para otro entrenador que no sea Phil Jackson. Aunque sea una lástima y tenga opciones, no elegiré jugar para ningún otro entrenador”. Jerry Krause también tuvo tensiones con PJ sin posibilidad de reconciliación ni de retorno. Y, de hecho, fue al único al que no invitó al casamiento de su hija. Pero Phil resistió y lo explica en su libro Once anillos, más precisamente en el capítulo 13, no por casualidad llamado “El último baile” (2013): “No permitiré que mis sentimientos personales se interpongan en la consecución de nuestro objetivo como equipo”.
Si bien Jerry Krause fue quien contrató a los integrantes del equipo, la relación era de amor y odio. Esto es interesante para pensar qué pasa cuando la figura de un entrenador crece tanto y es respaldada, además, por el mejor jugador. Luego de veinticinco años trabajando en el alto rendimiento me pregunto: ¿por qué, donde hay tanto dinero, los egos y las miserias son tan grandes?
Krause no tuvo más remedio que aceptar que PJ se quedara un año más porque lo aceptó el dueño, pero se encargó de aclarar que iba a ser el último año, aunque ganasen los 82 partidos seguidos de la temporada; así podían mirar al futuro. Un futuro que nunca llegó, ciertamente.
Aparece su madre, expresando que querían que Michael no solo creciera en el básquet sino también en su educación. En el primer capítulo de su libro, Jordan dice que varios le dijeron que iba a ser muy exigente estudiar y aprobar en esa universidad, y además jugar. Y él escribe algo brillante: “La gente tenía otros planes para mí, pero yo tenía los míos”. Deloris Jordan, madre de MJ, dice, no solo en el primer episodio sino a lo largo de toda la serie, que para ella lo primordial era la educación. James Jordan, padre de Michael, pensaba exactamente igual. Un entrenador de la universidad dice que los padres de Michael hicieron un gran trabajo con él, y que era un chico sumamente educado. Nos detendremos allí en el siguiente capítulo.
El primer año no era muy competitivo, pero ponía de manifiesto sus ganas de mejorar todo el tiempo, y un día dijo que quería ser el mejor de la historia. Su entrenador le replicó que para ello tenía que trabajar mucho, a lo cual Michael respondió: “Nunca nadie trabajará tan duro como yo”. Aquí podemos ver la claridad de los objetivos que tenía Michael desde sus inicios en el básquet universitario. Quería aprender, quería crecer rápido, absorbía información partido tras partido, era un talento en bruto, verlo era muy explosivo. El diamante antes que luz fue carbón, dicen los que saben.
Al poco tiempo se convirtió en un excelente jugador. Siendo aún muy joven, manifestaba que no tenía tiempo de estar nervioso, manejaba la presión. En las finales universitarias, a falta de 32 segundos y en desventaja en el marcador, el entrenador decide darle la pelota a él. Michael embocó sobre la hora. Su nombre empezó a hacerse conocido por las notas, y aún estaba en la universidad. Dice: “Me sentí muy bien porque hice algo para ayudar al equipo, y quizás ganar el partido me emocionó mucho en el momento”. Eso hizo que el nombre pasara de Mike a Michael Jordan, y le dio la confianza que necesitaba para empezar a destacarse en el básquet, según él mismo refiere, en el origen.
Luego declaró con toda la gente, en el estadio colmado por sesenta mil personas, “espero ganar dos o tres más”, siempre con la mentalidad ganadora. Ganó el título de jugador del año en el básquet universitario.
Estaba muy cómodo en la universidad, pero su entrenador de entonces le recomendó volverse profesional. Tomó la decisión en 1984 y fue al draft, ayudado por sus padres y su entonces entrenador. Fue el tercer elegido en el draft de 1984 desde Carolina del Norte, luego cuando lideró a los Bulls, declaró: “Quizás pueda contribuir y cambiar el rumbo de los Bulls, estoy ansioso”.
Le dijeron que había muchas drogas y cocaína en ese equipo de 1984, al cual él se sumó como novato. Según Michael: “Los muchachos hacían cosas que yo no veía”. MJ cuenta la anécdota de que, estando en un hotel, entra a una habitación y ve que estaba prácticamente todo el equipo:
Cosas que no había visto en toda mi vida, era solo un chico, había rayas, por un lado; después fumaban hierba, por otro, y mujeres, por otro lado. Lo primero que dije fue “oigan, me voy”, porque solo podía pensar que si había una redada en esos momentos yo era tan culpable como todos los demás presentes.
Michael decidió estar más bien solo. Vemos cómo logró enfocarse en su objetivo, tener disciplina y elegir el camino para ser el mejor. No salía de fiestas, estaba mucho tiempo en su apartamento, recibía visitas de su madre. No consumía cocaína y no bebía alcohol. Horace Grant lo acusó luego de la serie de ser buchón por contar la anécdota del hotel (su revancha, ya que en la serie Michael deja traslucir que era Horace quien llevaba y traía a la prensa).
Desde el primer día de entrenamiento en los Bulls, Michael tuvo la mentalidad de que “fuere quien fuere el líder, yo iré por él, pero no con mi voz [porque no tenía status]: voy a hacerlo jugando”. Por ello se destacó desde el primer entrenamiento, demostrando que era diferente. Sintió que se ganó su lugar en su tercer partido, el 29/10/1984. La diferencia fue que los Bulls se entregaban cuando iban perdiendo, y él les dijo que no se den por perdidos, debían seguir luchando. Contagió al equipo (resiliencia, otro atributo decisivo del líder que implica enfrentar la adversidad, superarla y salir fortalecido). Decidió atacar, contagió a sus compañeros y ganaron el partido 116 a 110 ante Milwaukee Bucks, rival difícil al que pocas veces los Chicago Bulls lograban vencer. El mensaje fue muy claro: este chico no dejará que perdamos, y demostró que era el mejor mediante un liderazgo técnico, no afectivo. El liderazgo afectivo y el técnico se evalúan según el sociograma y la teoría de Levy Moreno (Roffé, 1999).
La gente de Chicago necesitaba creer en alguien que diera todo. El pueblo de Chicago es un pueblo de clase media trabajadora, luchadora, y se identificó rápidamente con el estilo de jugar de Michael, más allá de lo vistoso, por la entrega y el espíritu de lucha que lo caracterizó desde sus comienzos. “Es poesía en movimiento”, dice una espectadora. Incluso sus rivales empezaron a decir que Michael parecía levitar.
El primer episodio se centra en 1984/85.
Phil Jackson está explicando por qué entregó una carpeta con esta motivación que se llamó “El Último Baile”; era la última oportunidad de lograr algo juntos como equipo. La directiva ya había decidido que la temporada 1998 iba a ser la última y que no iban a continuar el próximo año.
Se destaca la importancia de festejar el quinto anillo, pero también Phil menciona que era muy importante empezar ganando el primer partido de este último baile, que no se relajaran. Iban en búsqueda del sexto anillo, del segundo tricampeonato.
Sam Walker, en su libro Capitanes, investiga los mejores equipos de la historia del deporte que se han mantenido al menos cuatro temporadas en la cima, por eso justifica haber dejado fuera a tres mil equipos muy buenos. Quería demostrar que los capitanes son iguales o más importantes que los entrenadores. Sin embargo, si bien inició, como dice su trabajo, en el vestuario de los Bulls en 1995, no los incluye, y sí a los Spurs. Y sí al Barcelona.
LA MIRADA DE GERMÁN CASTAÑOS
“Ser respetados como los Boston Celtics, Lakers…”. (Michael Jordan)
En el mundo de la empresa se utiliza mucho el concepto de “benchmarking” (copiar lo bueno que hace la competencia y transferirlo a la propia). Ya lo decía el entrenador Marcelo Bielsa: “Yo la imitación la considero muy valiosa. Ver lo que se hace bien, copiarlo y ponerlo en práctica”. Bielsa no estaba hablando de otra cosa que no sea un benchmarking.
Una visión grande, inspiradora. La admiración hacia otros (no importa aquí si son personas u organizaciones) como palanca de movilización. Arrancar copiando para después ser uno mismo. Al inicio, todos queremos ser como “el otro”, pero, a medida que ello va ocurriendo, cada vez buscamos más una diferenciación y ser nosotros mismos. Primero es copiar y pegar, luego, copiar y adaptar; más tarde, copiar y recrear hasta que evolucionas hacia la creación de tu propio producto y ya solo quieres ser tú mismo.
“Era como un macho alfa”.
Todos amamos a los alfa (hasta que dejan de serlo). Un alfa (puede ser un macho como una hembra) garantiza las cuatro “ción”: atracción, seducción, provocación y atención. Todos condimentos indispensables para estar en el centro de la escena y obtener logros (no importa aquí de qué tipo sean). Un macho alfa tiene toda la atención hasta que es reemplazado por otro alfa. Pero, con Jordan, ocurre que reemplazó a muchos machos alfa (Johnson, Bird) y nadie pudo reemplazarlo. Esos “macho alfa” son necesarios dentro de una organización porque dentro de sí llevan todo el armamento para transformar un espacio en ganador o un producto en exitoso. Un alfa es un líder en toda la dimensión de la palabra “líder”.
Luego de obtener el quinto campeonato y rumores de renovación, le preguntaron a Jordan sobre decisiones comerciales muy difíciles y contestó: “Tenemos que defender lo que tenemos hasta que lo perdamos. Si lo perdemos, entonces dices: ‘cambiemos, hagamos una renovación’”.
A Jordan quizás le haya ocurrido lo que profetizó Peter Senge, gurú organizacional: “Las personas no nos resistimos a los cambios. Nos resistimos a ser cambiados”. Lo difícil es anticipar la curva de éxito que tendrá un producto. Y, si la tiene, hasta cuándo puede sostenerse. En ese sentido, Coca-Cola merece mi máxima admiración. Más de 100 años vendiendo su producto Cola y continuando. Pero un equipo deportivo no es una Coca-Cola dispuesta a producción serial. La fórmula de la Coca-Cola ha sido la misma por centenas de años (curiosamente, cuando en una experiencia de marketing, producto del peligroso acercamiento de Pepsi Cola, cambió a la New Coke en el año 1985, fue un fracaso estridente y tuvo que regresar a la fórmula original). Un equipo no puede esconder su fórmula de la Coca-Cola porque cada uno precisa su propia fórmula, tan única como las aptitudes y personalidades que componen un equipo. Y hasta un mismo equipo puede necesitar distintas fórmulas a medida que madura y se va haciendo longevo, ingresan nuevos jugadores, etc. ¿Hasta cuándo puede postergarse una renovación? ¿Es necesario que muestre los signos de deterioro para hacerlo? Las palabras de Jordan en el ámbito empresarial suenan a frases muy comunes: ¿para qué cambiar si así estamos bien? Pues Kodak tuvo la fotografía digital en sus manos y decidió continuar con la fotografía de rollo porque eran el número uno y el negocio funcionaba de maravilla… hasta que otros impusieron la fotografía digital y Kodak fue a la bancarrota.
Innovar en tiempos de fracaso encuentra una respuesta mucho más simple y lógica que innovar en tiempos de éxito. Estiras lo más que puedes, pero en cada estiramiento y postergación también te acercas más al final. Por ello, es una lógica de la vida y los negocios “canibalizar” (dar por muerto) un producto antes de que muera. Excepto que te llames Michael Jordan. Si no vas a canibalizar y quieres continuar extendiendo un producto exitoso hasta el agotamiento, asegúrate de que en tu espacio hay un Michael Jordan y no un gerente de Kodak.
Se difundió en la prensa que Jerry Krause (gerente general de los Bulls) dijo: “Las organizaciones ganan títulos, no los jugadores”. Luego aclaró: “Los jugadores y entrenadores por sí solos no ganan campeonatos, las organizaciones, sí. Una sola parte no puede ganar sola”.
Debes saber siempre qué lugar ocupar: el de los visibles o el de los invisibles. Los invisibles (aquellos que no generan atracción en el público) jamás deben competir con los visibles (aquellos que sí atraen al público). Su trabajo es estructural y en las sombras. El valor de tu trabajo no disminuye porque tenga menos prensa o visibilidad. Quizás, justamente, para que ese trabajo tenga valor debe estar en esa forma: entre las sombras. La armonía de una organización (¡y, mucho más, de una organización exitosa!) depende de asumir el rol, los espacios y la visibilidad que tendrá cada uno. Donde compiten los egos, se resquebrajan las estructuras. Vaya casualidad, Jerry Krause quiso resaltar el valor del todo por encima de las partes (pero es obvio que resaltar ese todo nació de la necesidad de resaltar su parte).
“El entrenador Tim Floyd iba de pesca con Jerry Krause, el siguiente Phil Jackson en la era Jordan. [Krause] Invita al casamiento de su hijastra a Floyd, a los jugadores, y no a Jackson”.
Es necesario aprender que las ideas tienen dos lados: el lado objetivo y el lado subjetivo. La mejor y más deslumbrante idea en el papel fracasa si no atiendes las variables personales de quienes convivirán con ellas. La idea de Jerry Krause de acercar a un entrenador (Floyd) y alejar a otro entrenador (Jackson) en un entorno distendido puede haber sido una idea genial… en los papeles. En la práctica, ni el grupo ni Jordan (la subjetividad individual y colectiva) querían desprenderse de Phil Jackson. Los sentimientos de los jugadores, en general, y de Jordan, en especial (el “macho alfa”, ¿recuerdas?), transformaron una idea potencialmente buena en una realidad desastrosa. La lección es bastante simple aquí: las ideas no tienen valor en sí mismas, sino en relación a las personas hacia las cuales serán dirigidas. Tim Floyd solo pudo ser entrenador de los Bulls… una vez que el terceto sagrado (Jordan, Pippen y Rodman) se retiró del equipo.
“Las cosas evolucionan. La gente también. No se queda estática en una posición”. (Phil Jackson)
“Nunca te bañas dos veces en el mismo río”, decía Heráclito. La vida es cambio permanente. Cada vez que intentas forzar un “estatismo”, tienes que saber que vas en contra del mundo y de su natural evolución. Ya lo dijo Henry Ford luego de introducir exitosamente el automóvil en el mercado norteamericano: “Si le preguntaba a la gente, solo iban a querer caballos más rápidos”. Si alguien siempre, evolutivamente, favorecerá el cambio, debes ser tú mismo quien lo promueva. Ahora, si el cambio es inevitable, ¿por qué tanto recelo a adoptar políticas de innovación en tu equipo? Por miedo. El cambio provoca miedo.
“Michael me dijo que quería ser el mejor jugador. Y yo le dije ‘debes trabajar más duro que en la escuela’. Y dijo: ‘trabajé tan duro como en la escuela’. Entonces le respondí ‘Discúlpame, ¿no dijiste que quieres ser el mejor jugador?’.Y Michael replicó ‘Te lo demostraré. Nadie trabajará más duro que yo’”. (Roy Williams, asistente Universidad Carolina del Norte)
Cuidado aquí: el trabajar cada vez más duro puede tener un límite. Cuidado con la trampa del incrementalismo (trabajar más y más). A veces es necesario trabajar más, pero muchas veces es necesario trabajar distinto. Seguir trepando una montaña equivocada no te llevará a la cima del Everest, te llevará, en todo caso, y con suerte, a la cima de esa montaña. No todos somos Michael Jordan. Es más, nadie es Michael Jordan. Él bien pudo apoyarse en el incrementalismo, porque en ese hacer más y más despertaba (epigénesis) todo ese potencial genético que estaba en su ADN esperando ser potenciado. Pero los que no disponemos de ese potencial genético, por regla general, debemos ir por un doble camino: el camino de hacer más y el camino de hacer distinto. Y explorar en profundidad sobre qué vale la pena hacer más del hacer distinto y qué vale la pena hacer menos de eso que hacíamos cada vez, aunque ya no nos entregue los mismos resultados. Porque se suele caer en esa trampa: lo que entregaba buenos resultados ya no los entrega como antes. ¿Qué hacemos? Trabajar más de lo mismo entrando en peligrosos círculos viciosos. Las conferencias de prensa luego de los partidos son una muestra cabal de cómo se repite este fenómeno: siempre dicen “tenemos que trabajar más”, nunca dicen “tenemos que trabajar distinto”. Atrapados por la lógica del incrementalismo, podemos estar ignorando la lógica de la disrupción, lo nuevo y la innovación.
En el draft de 1984, se elige a Hakeem Olajuwon en primer lugar, a Sam Bowie por los Portland en segundo lugar y a Michael Jordan por los Chicago Bulls en tercer lugar.
Cuando te condicionas previamente para una decisión, puedes dejar afuera decisiones iguales o más valiosas que las que finalmente vas a tomar. Poner restricciones a una decisión es ir poniendo anteojeras (que suponen dirigirán la atención al lugar correcto). El pensamiento se limita, el horizonte se achica. Así, pensando en términos de altura y solo en la posición de 5 (pivote), es que ni Houston ni Portland optaron por Michael Jordan. Estos últimos llegaron a reconocer que nunca fue una opción.
En el fútbol, y también en otros deportes, la mirada “antropométrica” es una limitante muy fuerte para la detección de talento. Estamos atrapados por sesgos y prejuicios. En el fútbol he sabido de pruebas de jugadores en las que limitan la altura de los participantes de antemano: con ese criterio, Messi y Maradona no hubiesen ni llegado a la prueba.
Jordan fue la clave para el juego. Jordan fue la clave para el nivel competitivo. Jordan fue la clave para la revolución NBA en el mundo. Jordan fue la clave para el negocio.
Si te fijas bien, el problema no radica en la elección. Radica en la forma de pensar la forma de elegir. Como cualquier decisión en la vida, cuando te condicionas, te limitas. Una mente abierta, flexible, creativa y oportuna siempre será mejor (y cada vez más, en este mundo vertiginoso y cambiante) que una mente rígida y condicionada por sesgos. Lo antropométrico es un sesgo muy fuerte en el mundo del deporte.
Cualquier proceso de selección regido por algún tipo de restricción (edad, titulación, medidas antropométricas, etc.), por un lado, simplifica el proceso al limitar el universo, pero, por el otro, lleva el riesgo de la pérdida de potenciales talentos no encuadrados en esos patrones (paradójicamente, el talento escapa a los patrones, los subvierte y los arrasa. Es su forma de odiar la estandarización).
Michael Jordan, el primer día en los Chicago Bulls: “Quien sea el líder, iré detrás de él, y no lo haré con palabras porque no tengo voz aquí. No tengo una posición. Lo debo hacer con mi juego. Creo que me lo gané en el tercer partido”.
¿Y dónde está la creatividad aquí? Lo que dijo Jordan es muy racional y bien lógico. La creatividad está en dar una vuelta de tuerca a esto y, si eres entrenador, guardar esa pequeña grabación de segundos para ser utilizada con jugadores que suben al primer equipo. Y, luego de que sepan quién fue Jordan, mostrarles ese video el primer día. El mensaje será contundente: aquí, de la única forma que nos interesa que te destaques, es desplegando tu juego al máximo y opacando todo lo que no tiene que ver con ello al mínimo.
“A los de Chicago les gusta pensar que son rudos, trabajadores, dispuestos, nunca darse por vencidos. Adoran a alguien que lo entrega todo. Jordan hizo todo eso”.
Cada ciudad tiene su cultura e identidad. Cada organización deportiva. Cada entrenador. Los All Blacks tienen su cultura (pero también la tienen los Springboks). El Barcelona tiene su cultura (pero también tiene la suya el Atlético de Madrid). Pep Guardiola tiene su cultura (pero también la tiene Diego Simeone).
Sintonizar profundamente con la forma de pensar y sentir de las personas (y de las personas que hacen las organizaciones y los entornos) es de vital importancia para generar una empatía profunda que destile conexión: única forma de lograr algo verdaderamente importante. Esto conecta directamente con otro pensamiento de Phil Jackson: “Creamos una imagen de la que la gente quiera formar parte. Es todo lo que puedes desear”.
“Un muchacho que llega a la gran ciudad y hace de ella algo especial”.
“Ha vuelto a ser emocionante otra vez”.
“Hace cosas que jamás había visto”.
“Poesía en movimiento”.
“Tocó los corazones de Chicago y la Nación”.
No es solo talento infinito, porque ha habido muchos talentos infinitos. Es cómo trabajó y esculpió ese talento infinito, algo que les suele faltar a los talentosos. Se preparó como un no talentoso. Quizás se haya preparado como nunca lo haya hecho un jugador de semejante potencial.
Calvin Coolidge fue presidente de Estados Unidos y, al referirse a la perseverancia, afirmó:
Sigue adelante. Nada en el mundo puede ocupar el lugar de la persistencia. El talento no basta: nada es más común que encontrar personas talentosas pero sin éxito. El genio no basta. El genio no reconocido es casi proverbial. La educación no basta: el mundo está lleno de vagabundos educados. Solo la persistencia y la determinación son omnipotentes.
Hay una falsa dicotomía que se instala hasta en artículos de divulgación con títulos como: “Qué es más importante, ¿el talento o el esfuerzo?”, “Talento vs esfuerzo” o “¿Qué te lleva más lejos: el esfuerzo o el talento?”.
No deben excluirse uno del otro. El genial ajedrecista Kaspárov contó alguna vez:
Cuando era chico, después de perder un partido mi madre solía decirme: “No te preocupes, hiciste lo mejor posible”. ¡Yo odiaba eso! Si hice lo mejor posible y aun así perdí miserablemente, debería dedicarme a otra cosa. Prefiero creer que jugué lejos de mi potencial, y trabajar duro para alcanzarlo.
Si fuera fútbol, diría que Jordan fue un Messi entrenando como un Ronaldo.
El último año antes de la renovación Phil Jackson lo llamó “El último baile”.
Seducción infinita. La historia, el cuento, el storytelling en su mejor expresión. Con solo un título, original y creativo, Phil Jackson les entregó una historia de final abierto, un cuento con el cual los invitaba a disfrutar en cada página. En mi experiencia como profesor de Educación Física, he comprobado una y otra vez (con mis colegas que trabajé palmo a palmo) que no es lo mismo un juego con nombre que sin él. El nombre abre un universo de fantasía que te transforma en protagonista de una historia. Lo mismo ocurre con mis libros. No paro hasta no encontrar un nombre que le dé cuerpo y metáfora a lo que encontrarán dentro. Un buen nombre es el marketing que necesita un buen producto.
Phil Jackson ya estaba conectado emocionalmente con su plantel, pero la propuesta de “El último baile” conectó más profundamente aun lo ya conectado. Hay estudios que demuestran que las emociones positivas que crean las marcas tienen una gran influencia en el consumidor respecto de su lealtad hacia ellas. Reemplace marcas por entrenador (Jackson) y consumidor (jugadores) y verá que el sentimiento de lealtad es el mismo.
CAPÍTULO 2
LA MIRADA DE GERMÁN CASTAÑOS
“Scottie Pippen: 2º en puntos, 2º en rebotes, 2º en minutos jugados, 1º en asistencias, 1º en robos, 6º en los Bulls en salario, 122° en la NBA en salario”.
Somos una marca personal y, si entregamos valor, debemos hacer valer nuestra marca en relación al valor que se entrega. Si eres el dos del equipo, no deberías cobrar como si fueras el sexto.
“Ni siquiera sabíamos que éramos pobres”. (Padre de Scottie Pippen)
Esto, los doce hermanos, la apoplejía del padre que tuvo que ver de niño, su hermano en una silla de ruedas. ¿No tiene que ver verdaderamente con todo lo anterior?
“Dr. J [Julius Erving] fue mi ídolo en la niñez. Siempre quise clavar el balón como él. Siempre quise jugar como él”. (Scottie Pippen)
Una vez más, el poder de la admiración.
“Amigo de la infancia de Pippen: Él siempre supo que iba a entrar en la NBA.
Periodista: ¿Y le creíste?
Amigo de la infancia de Pippen: La verdad que no.”.
Dosis de locura, sueño y convicción.
“En la Universidad de Arkansas empezó como encargado del equipo deportivo, pero practicaba y hacía todo lo que debía hacerse en el equipo”. (Amigo de Scottie Pippen)
“Algunos se quedaban atrás académicamente. Y algunas becas quedaban disponibles. Y volvía y le preguntaba al entrenador. Yo fui muy persistente y finalmente me dio una beca”. (Scottie Pippen)
La locura, el sueño y el deseo (intangibles) se unen a un plan de esfuerzo, ideas y perseverancia para poder lograrlo. ¿Cuánto estás dispuesto a dar para lograrlo? Porque, al fin y al cabo, ese puede ser el detalle que haga que lo logres.
Scottie Pippen fue elegido en el draft por los Seattle Super-Sonics, pero la noche anterior al draft Jerry Krause negoció para que lo cedieran a Chicago.
Seleccionó a Jordan, promovió como entrenador principal a Phil Jackson, seleccionó a Pippen. Quizás sí Krause merece un lugar en la historia más grande que el que le deja la serie. Las piezas (Jordan, Pippen, Jackson) coordinaron efectivamente y fueron un combo explosivo. Pero esas piezas jamás podrían haber combinado por sí mismas, de no ser por la mente intuitiva y visionaria de Jerry Krause.
“Cuando llegó Pippen dijo: ‘seré mejor que Michael Jordan’”. (Charles Oakley)
“Como novato, te tratan como novato. Charles era un bully . Me di cuenta enseguida de que ya no era el jugador principal en el equipo de baloncesto”. (Scottie Pippen)
¿Cuántas veces hay que empezar de nuevo? Todas las que sean necesarias. El poder no se transfiere por arte de magia. Debes volver a ganártelo.
“Todos necesitan ese número dos, la persona que hace el trabajo sucio. Y Pippen era muy bueno en eso”.
Así como son necesarios los alfa (Jordan), también son necesarios los beta (Pippen lo fue), aquellos que secundan positivamente al alfa (y a veces le disputan su posición y poder).
“Scottie Pippen firmó un contrato por siete años por 18 millones de dólares. Podría haber ganado nueve veces más. Yo en tu lugar no firmaría ese contrato. Te estás vendiendo muy barato. Te estás enganchando a un contrato demasiado largo”. (Dueño de los Bulls)
“Sentí que no podía apostar conmigo mismo. Lesionarme, no ser capaz de proveer. Necesitaba asegurarme de que la gente de mi círculo estuviera protegida”. (Scottie Pippen)
¿Quién dice que es una decisión errónea? Antes de que tengas la tentación de hacerlo, asegúrate de haber estado en los zapatos de la otra persona.
“Tenía un tendón roto en el tobillo, y decidí hacerme una cirugía más tarde. Porque, dije, no voy a arruinar mi verano tratando de rehabilitarme para una sola temporada, ¿sabes? No van a estar ansiosos por tenerme, así que voy a disfrutar mi verano y usaré la temporada para prepararme”. (Scottie Pippen)
“Scottie se equivocó. Lo que quiso hacer era forzar a la administración a cambiar su contrato”. (Michael Jordan)
Es innegable que el descontento de Pippen con su salario fue el motivo primordial de esa decisión. La idea indirecta para el mensaje directo. No te lo digo, pero te lo mando a decir.
“No estamos jugando con mucha fluidez, y eso es algo que Scottie nos daba”. (Steve Kerr, jugador de los Bulls)
Fluir puede ser, para un jugador o para un equipo, el estado perfecto en el que todo sale naturalmente, sin esfuerzo, con gracia y hasta economía de esfuerzo. El gol de Maradona en 1986 en el que los esquiva uno a uno a los ingleses fue, por ejemplo, un estado de máxima fluidez. Basta verlo a Diego imponerse consecutivamente a cada uno de ellos. A él no le cuesta nada correr, llevar el balón, esquivarlos. ¡A ellos les pesa solo correr! Lo simple no sale porque no fluye. Lo complejo sale porque fluye. Ya lo dijo el mismo Valdano, compañero de Maradona en ese partido: “Yo, que pasaba por ahí, estoy en condiciones de asegurar que ese día Diego estaba en estado de gracia. Las piernas le brillaban como si las hubiera barnizado para la ocasión”.
“Scottie ya no está, pero aún somos mejores que esto”. (Michael Jordan tras varias derrotas consecutivas al inicio de la temporada)
Cambios de conducta (más exigencias) también son cambios de ideas.
“Mi personalidad innata es ganar a cualquier precio. Si lo tengo que hacer por mí mismo, lo haré. Cuando piso una cancha solo me enfoco en ganar. Me vuelvo loco cuando no puedo hacerlo”. (Michael Jordan)
“Cuando dices que vas a conformarte con ser segundo, eso es lo que la vida te da”, afirmó en su momento John F. Kennedy.
“Desde un punto de vista competitivo, yo no estaría aquí de no ser por los enfrentamientos con mi hermano. Cuando llegas a los golpes con alguien que amas se enciende cada llama que existe dentro de ti, y siempre sentí que estaba peleando con Larry para llamar la atención de mi padre”.
No todos los caminos al éxito se pueden planear totalmente. No todo se puede pensar. No todo se puede medir. No siempre son las grandes ideas. A veces son las ideas y planificaciones que la vida ya tiene para ti. Por eso, cuando llegas al alto rendimiento, ya hay “aprendizajes a fuego” (esos que se graban en la niñez) que no podrás planificar ni ejecutar. En este mundo de la planificación científica deportiva, hay sucesos que ocurren de niño que simplemente… ocurren. La planificación meticulosa no está nada mal, pero los factores que te llevan a la cumbre nunca pueden planificarse por completo. ¿Acaso algún entrenador lo obligó a criarse con un padre exigente? ¿Acaso un metodólogo lo llevó a un barrio difícil? ¿Acaso algún gerente lo puso a medirse una y otra vez con su hermano? Admitámoslo: la vida tiene mucho para darnos por sí misma.
River Plate de Argentina, por ejemplo, realiza sus más intensas búsquedas de talento en barrios marginales, en niños de clase baja con dificultades, niños que lleven dentro de sí la necesidad y la experiencia de superación que la vida les exigió.
“Creo que yo era un poco impaciente con él y le decía ‘vete a casa con tu mamá, niño, nuca serás nada, vete con tu mamá’”. (Padre de Jordan)
“Cuando lo estás viviendo es traumático, porque yo quiero esa aprobación, quiero ese tipo de seguridad. Así que yo estaba decidido a ser igual de bueno, si no mejor que mi hermano”. (Michael Jordan)
Impresiona lo que los seres humanos somos capaces de hacer solo por el hecho de agradar a nuestros padres.
“Lo conocí en las pruebas, pero no demostró ser particularmente singular”. (Ron Coley, coach Laney High School)
“No clasificó para el equipo universitario estando en preparatoria”. (Fred Lynch, coach Laney High School)
“Cuando llegué a casa y le conté a mi madre que no había clasificado, estaba desmoralizado. Ya no quería jugar más deporte”. (Michael Jordan)
“Estaba hecho pedazos. Vino a casa molesto, llorando, y los dos lloramos porque yo sabía que él quería competir con los otros chicos. Lo que le dije fue: ‘si realmente lo deseas, trabaja duro en el verano’. Y ese verano lo hizo, se enfocó. Practicaba todo el día. Ese balón de baloncesto nunca abandonó su mano”. (Madre de Jordan)
“Si quieres sacar lo mejor de Michael dile que no puede hacer algo. O que alguien lo hace mejor. Se lo toma como un desafío personal”. (Padre de Jordan)
Pasa en los deportes, pasa en los negocios, pasa en la vida.
Walt Disney reconoció que le fue muy difícil conseguir inversores para su gran proyecto de un parque de diversiones nuevo y original: “Nunca pude convencer a los financistas de que Disneylandia era viable, porque los sueños tienen poca garantía”. Aun así, nunca se rindió: “Todos nuestros sueños pueden convertirse en realidad si tenemos el coraje de perseguirlos”.
Con Henry Ford ocurrió un caso similar. Nadie quería financiar el proyecto de fabricación de automóviles porque en esa época pensaban que el caballo no podía ser reemplazado como medio de transporte.
Si hay algo que aprendí en mi carrera de entrenador (y también he sido entrenador de adolescentes y jóvenes) es que, además de mirar las aptitudes antropométricas y también técnico/tácticas, hay que mirar profundamente el “apetito” de un jugador. Por regla general, cuanta más “hambre” tenga un individuo más profundamente estará inclinado a hacer cosas para llegar que alguien que, como suelo decirlo, viene con “la panza llena”.
Mi padre, con su sabiduría de hombre común, siempre me habló del fuego sagrado. Y el fuego sagrado, según fui comprobando a lo largo de mis años de entrenador, necesita ser templado. Y el ámbito natural para ser templado son las dificultades.
Allanarle los caminos a un jugador es prepararlo para una carrera en autopista. Pero ocurre que, para llegar a la cima, el camino no será llano, sino más bien en subidas y bajadas trepidantes. En las subidas debes tener fortaleza y en las bajadas debes levantarte cada vez que te caigas.
Cuando estés dispuesto a abandonar algo, cualquier cosa que sea, solo porque alguien te rechaza, recuerda nada más que a Michael Jordan no lo eligieron para un equipo de basquetbol.
(A propósito de su fractura en el pie y su ausencia de 64 partidos.)
“No lo podías tener en esa banca. Su papá y yo le decíamos: ‘Michael, no estás listo’. Y él nos decía: ‘Ustedes no me lo pueden decir, yo sé cuándo mi cuerpo está listo’”. (Madre de Jordan)
“Hablé con los Bulls y les pedí que me dejaran volver a la universidad. Había empezado a ir al gimnasio a lanzar el balón, después empecé a jugar 1x1, después 2x2, 3x3 y de pronto estaba jugando 5x5. Los Bulls nunca supieron que lo estaba haciendo. Cuando regresé, el doctor me examinó la pantorrilla y la pantorrilla lesionada estaba más fuerte que la que no estaba lesionada. Lo primero que dijeron es: ‘¿Qué diablos has estado haciendo?’ y bla, bla, bla”.
Dar un paso atrás, volver a zonas seguras, brillante idea de Michael Jordan. En un mundo de millones es inimaginable que un jugador guíe intuitivamente su proceso de recuperación. Pero ya todos sabemos que, así como la ciencia puede acertar, también puede fallar. Y hemos aprendido que la intuición (la certeza del saber sin saberlo) es una aliada evolutiva que está para ayudarnos a tomar decisiones. Y que también puede fallar, pero muchas veces acierta. La intuición es, muchas veces, creativa. Te ofrece caminos que no son los lógicos ni los tradicionales, pero que son los óptimos que necesitas para esa situación.
Cuando Jordan quería jugar, el médico y los dueños de la franquicia no lo querían así porque tenía un 10 % de riesgo de volver a lesionarse, y esa lesión era el final de su carrera. El debate se profundizó hasta que el mundo de las ideas vino a aparecer como mediación: podría jugar solo siete minutos por tiempo.
Sin que eso termine de convencer a Jordan (hay que ver esas caras cuando debía salir porque se cumplieran los siete minutos), Michael puso una idea después de la idea. Ya que la cantidad estaba estipulada, le pidió a su entrenador calidad: “Dame los siete minutos más importantes que se te ocurran”.
“En el Playoff contra los Boston Celtics me levantaron todas las limitaciones y fue como soltar a un perro salvaje”. (Michael Jordan)
“Nunca había visto algo así y nunca más lo volví a ver. Ese no era Michael Jordan. Era Dios disfrazado de Michael Jordan”. (Larry Bird, exjugador de los Boston Celtics)
“Tipos como yo y como Larry, que conocíamos el juego, que conocíamos lo que es el baloncesto de campeonato, sabíamos que él venía, ¿entiendes? Él solo necesitaba los compañeros correctos”. (Magic Johnson)
Michael Jordan era la gran idea. Pero armar un equipo que lo sostenga era la otra gran idea para complementar esa gran idea. En los deportes y en cualquier ámbito. Steve Jobs jamás podría haber hecho Apple sin Steve Wozniak. Bueno, eso mismo reconoció Jordan de Scottie Pippen. Como decimos en fútbol, no puedes tirar el centro e ir a cabecear. Aquí también era necesario hacer otras tareas igual de eficientes que las que hacía Jordan.
Un equipo detrás hace mejor a una estrella. Cuando la estrella necesita hacer todo (como los 63 puntos frente a los mejores Boston Celtics de la historia), la entrega descomunal tampoco alcanza. Así que, si ese equipo no puede ayudar a la estrella a ganar, ese equipo no es para esa estrella.
LA MIRADA DE MARCELO ROFFÉ
El segundo capítulo se llama “Scottie Pippen”. A la altura de la situación, se consolida como uno de los mejores jugadores de la NBA. Al comienzo de la carrera de Jordan, una lesión en su pie genera desconfianza. También se va a ver cómo negoció un contrato bajo, tal vez por apuro, tal vez por necesidad. El dueño del equipo les ofrecía contratos de mucha duración, pero no muy altos, para dar cierta estabilidad y seguridad de cobro.
Es muy interesante el tema de Scottie Pippen. Es un buen dos, tal vez el que Messi nunca tuvo en la Selección, pero sí en el Barcelona con Iniesta o Xavi. Pippen, sin embargo, no logró ser número uno. “Si no se da de terminar mi carrera en Chicago, tendré que buscar otro equipo”, dice Scottie Pippen, “soy uno de los mejores jugadores de la historia”, declara a la prensa (si lo sos, no lo decís; si lo decís, sos inseguro), “sé cuánto valgo para este deporte”, y añade: “mi momento llegará”. Pese a su sueldo bajo, finalizó su carrera con 111 millones de dólares gracias a lo que pudo ganar luego de irse de los Bulls. Esto en la serie no está.
Segundo de los Bulls en puntos, minutos jugados, el primero en asistencias, en robos, el sexto en salarios y el 122 de la NBA. Su juego no condice con su paga. Pippen era subvalorado.
“Jamás tuve otra sociedad como la de Pippen; era un placer jugar con él”, dice Michael. Cuando hablan de Michael deberían hablar de Scottie. “Cuando dicen que gané todos estos títulos, no los hubiera ganado sin Scottie; por eso fue el mejor compañero de todos los tiempos”. La importancia del trabajo en equipo para lograr objetivos y brillar el talento.
Phil define a Pippen como un líder en cancha (aunque en un momento debió enviarlo al psicólogo deportivo debido a su ira excesiva).
Nació en un pueblo de tres mil quinientos habitantes. Sus padres, de bajos recursos, eran muy fuertes y salían adelante como sea. Tenía un aro en el patio de la casa de la abuela, era de tierra la cancha. El padre, debido a un derrame cerebral, quedó postrado en una silla de ruedas para siempre. El hermano sufrió un accidente (se le cayó un compañero encima) y quedó paralítico en una clase de Educación Física. El básquet le permitía salir de la casa y jugar, aunque sea solo.
Empezó como utilero y, en 1987, lo eligieron en el draft desde la Universidad de Arkansas, cuando Scottie tenía veintiún años. Fue seleccionado por otro equipo y luego negociado con los Bulls en el draft gracias a la gestión de Jerry Krause.
Michael era mejor que cualquier otra estrella de cualquier deporte, no era un tipo común, con el que salías a almorzar, era distinto. En mi primer año me regaló un juego de palos de golf; es un buen gesto regalarle eso a un novato.
Cuenta Scottie, y agrega entre risas: “Me quería conquistar para quedarse con todo mi dinero”.
En el año 1991, Pippen firmó por siete años por 18 millones de dólares. Optó por un contrato largo, en lugar de uno bueno. Según cuenta, “tenía que asegurarme de que mi familia estuviera cubierta”. “Si hubiera sido más astuto, hubiera ganado al menos nueve o diez veces más que eso”, dice MJ.
Mi experiencia me dice que no es fácil con una firma pasar de clase baja a clase alta (se ve mucho en el fútbol y el boxeo). Tenés que estar preparado para el éxito. Y estar bien rodeado. Y saber escuchar. Si eso a Pippen le dio tranquilidad interior, hay que respetárselo. El dinero es solo un sustituto. El hermano de Scottie cuenta que él se ocupó de sus padres, les construyó una casa y les enviaba dinero todos los meses.
Luego de una lesión en el tobillo, Scottie decide operarse. Le preguntan a Phil Jackson si debía haberse operado al final de la temporada, dijo que sí, y a la pregunta de si Scottie lo había hecho a propósito (el operarse al inicio de la temporada) respondió que no. Agrega Phil Jackson que es muy importante entender las motivaciones de los jugadores. Scottie necesitaba hacer eso para sentir que le hacía justicia a su salario. PJ les dijo a los jugadores: “Vamos a sobrevivir y vamos a salir adelante”. Ese es el arte de seducir y liderar, adelantándose a los problemas. Phil logró fortalecerlos mental y anímicamente durante la ausencia de Scottie por su operación (y tuvo compasión con él, sabía que no era diplomático).
Sin Pippen, MJ se hizo cargo del liderazgo del plantel. Jordan explica que los rivales los veían más débiles sin Scottie, y no podían dejar ese flanco tan débil. Eso lo impulsaba a que salieran a ganar. Se convirtió en un líder que, si tenía que decirte “vete, no te necesitamos, si sientes la presión, vete”, lo decía sin problema. Esto me recuerda a una frase que vi en la serie Formula 1 (Drive to survive); si estás en la cocina y sentís el fuego, sentís el calor, sentís la presión, salí de la cocina. En este caso agregaría: “O trabajá con un psicólogo deportivo para soportarla”.
Luego de perder cuatro partidos seguidos contra LA Clippers, el peor equipo de la liga, Jordan seguía esperando que alguien más lo ayudara. Tuvo que anotar 49 puntos para que ganaran su primer partido en la temporada. MJ quedó agotado física y mentalmente.
“Si tengo que ganar solo, lo haré”; otra frase polémica para un líder. “Me vuelvo loco cuando no puedo”, pero esto no es tenis, es básquet, juego de equipo. Ojo, Michael. Ojo. A veces se le escapaba el ego.
Medio capítulo sobre Scottie, pero luego vuelve a MJ, quien dice: “El carácter competitivo y todo lo que aprendí fue desde niño”. Vamos a 1968, Carolina del Norte (Wilmington): “Mis padres nos dieron todas las oportunidades para triunfar en la vida”. El padre trabajaba en General Electric y la madre era empleada bancaria. Vivian en Wilmington, donde trataban de abrir su propio camino, “éramos una familia fuerte, nos criaron en un entorno fuerte”, cuenta el hermano de Michael, “si te voltean te tienes que parar, siempre debes dar lo mejor de ti y tratar de ganar; odiábamos perder”, dice el hermano.
Su padre y yo tratamos de enseñarles: ‘no esperen que nadie les regale nada, ustedes son fuertes e inteligentes, salgan a trabajar’. Tenían cinco años y los dos trabajábamos; a veces nos preocupábamos por dejar a los niños en casa, entonces se nos ocurrió mandarlos a practicar deportes. Los dejábamos en menores o en el gimnasio y así participaban en la comunidad. (Madre de Jordan)
“Nuestros padres querían que tuviésemos cosas por hacer. Aprender más sobre la vida; había mucho racismo en Carolina del Norte”, cuenta MJ, y continúa: “de niño, yo sabía dónde no quería estar. Quería salir gracias a mi excelencia, mi motivación era ser alguien fuera de Wilmington, el deporte fue la vida, el puente”.
El padre cuenta que competían mucho entre los dos hermanos, que Larry era el mejor en básquet. Los presionaba mucho. Si sentía que no estaban dando lo mejor, los presionaba más. Eso impulsó mucho a MJ, porque Larry ya era muy bueno. Siguiendo los modelos de padres para armar y para desarmar del libro Mi hijo el campeón: las presiones de los padres y el entorno, los padres de MJ eran equilibrados y acompañaban. Líderes que formar líderes y que escasean en el deporte. Líderes que acompañan y te hacen mejor.
“No estaría aquí de no ser por la rivalidad con mi hermano”, dice Michael, “cuando terminas a los golpes con alguien que adoras... Eso es por todas las pasiones. Siempre sentí que competía con Larry por la atención de mi padre”, finaliza Jordan.
“Ve con tu mamá, nunca vas a llegar a nada”, le decía el padre, y Michael sufría porque no encontraba esa aprobación. Eso lo hizo cada vez más decidido para ser tan bueno como el hermano, o incluso mejor. No entró en el equipo de la escuela en segundo año, sentía que no le caía bien al entrenador. Su madre le dijo: “Si lo deseas tanto, esfuérzate en el verano”. Y eso hizo ese verano: se concentró, practicaba todo el día y no soltaba el balón. El padre dice: “Si quieres lo mejor de Michael, dile que no puede, se lo toma como un desafío personal solo para desmentirte”. De ahí parece que nacieron sus automotivaciones personales. Lo que hizo Michael entre segundo y tercer año fue tremendo; en gran parte, ese cambio se basa en el crecimiento de su cuerpo.
En su ingreso a los Bulls, MJ logró llevar por segunda vez consecutiva a su equipo a los Playoffs. Pero se fracturaría el pie. Estaba muy triste porque jamás se lesionaba. Tenía que estar fuera entre seis y doce semanas; esa fractura nunca se suelda. Hasta entonces no había faltado a ningún partido en la escuela, universidad y NBA. De repente, se pierde 64 partidos. No hacía nada, solo podía mirar desde el banco. Fueron sus padres a Chicago: “Era imposible dejarlo en ese momento”, dice la madre. En mi experiencia con lesionados graves, el entorno social es clave para una buena rehabilitación, además de los buenos profesionales médicos y la mentalidad ganadora y optimista del lesionado. Todo esto estaba. Por eso fue más sencillo.
Se fue a la universidad y se recuperó allí sin decir nada, y volvió con su pierna lesionada más fuerte que la sana.
“Tenía un 10 % de riesgo de volver a lesionarme, y en ese caso sería el fin de mi carrera. Todos pensaban en lo negativo, y yo veía el vaso medio lleno”, dice MJ. Para el dueño, no valía la pena que se arriesgara, ya que no iba a ganar el campeonato. Sin embargo, Michael no lo veía así: “no jugar es una actitud de perdedor”. Pudo negociar jugar algunos minutos por partido. Siete minutos cada medio tiempo con un cronómetro, lo cual no le gustaba nada.
Empezaron a ganar y se abrió la posibilidad de los Playoffs. Llega un partido decisivo con Indiana Pacers en Indiana.; necesitaban ganar y le advierten al entonces entrenador: “Si lo pones un segundo más, te echamos”. Agrega Michael sobre ese partido: “En esos 14 minutos fui una fiera”. Estaban en posición de ganar. De repente, se le acababa el tiempo y estaba muy enojado: “Uno juega para ganar”, dice Jordan. Le pedía al entrenador que lo dejara jugar, faltaban solamente 13 segundos, y este le responde: “No puedo ponerte. Si te pongo, me echan”, y esto alimentó la teoría de que no querían llegar a los Playoffs. Paxson encesta el último tiro y los Bulls logran la victoria sin Jordan, por 109 a 108. Dejaron a Jerry Krause fuera del vestuario porque creían que violaba el aspecto más básico del deporte y la manera de vivir que tenía Michael, “dar todo y buscar ganar”. A partir de ese día, la relación de Michael con la dirigencia quedó muy resentida, y eso nunca se solucionó.
Cuando le levantaron el límite de tiempo fue como soltar a un perro salvaje. Intentaban contenerlo, pero es imposible contener a los grandes. Los Celtics ganaron el partido 123 a 104. Jordan fue el mejor del partido con 49 puntos y 4 rebotes. Luego de ese partido, Michael jugó al golf contra un rival y se estuvieron cargando y fastidiando. Dice Michael que luego de eso le comentó: “Dile a tu amigo que mañana tendré algo para él”. Otro fenómeno de automotivación: si no la tenía, la fabricaba; necesitaba el desafío, tal cual había hecho el padre con él desde la infancia, y así lo hizo tan fuerte.
Larry Bird dice que no salía de su asombro por cómo jugó ese partido, y Michael Jordan dice: “No paré nunca”. Encestó 63 puntos récord de la NBA. Iban 131 a 131, les tocó el último tiro a los Celtics y lograron la victoria. Finalmente, 135 a 131, pero Jordan se lució.
Larry Bird declaró: “Nunca había visto algo así y nunca lo volveré a ver. Era Dios disfrazado de Michael Jordan. Nunca vi a nadie jugar como él, incluyo a todos”. Magic Johnson dice: “Es el jugador más talentoso de la NBA”. El elogio de los grandes, los dos que más conocían el básquet de la NBA. Magic agrega: “Solo necesitaba los compañeros adecuados”. Por eso nos preguntamos, a sabiendas de que el básquet no es el fútbol y que cada jugador es más decisivo, si Messi tuvo o no tuvo en la Selección a los jugadores adecuados, que no siempre son los mejores… Al año siguiente, Jerry Krause incluye en el equipo a Horace Grant y Scottie Pippen, los compañeros adecuados, y cambió la formación del equipo. “Siempre voy a reconocerle a Jerry Krause el haber armado un equipo que encajaba. Uno de los traspasos claves fue cambiar a Oakley”.
De allí salta a 1997, cuando Scottie Pippen seguía con problemas en su tobillo. “Cualquiera puede irse”, declara Jerry Krause. Pero el dueño le bajó el pulgar. Scottie se quedó y dijo: “Me sentía ofendido, aunque sé que nadie es irremplazable, y opté por la actitud de no respetarlo”. Scottie se pasó de la raya; intercambio de insultos, lo empezó a maltratar abiertamente, en el autobús, no lo respetaba, y eso hizo quedar peor a Scottie que a Jerry. Phil cuenta que tuvo que pedir calma. Había mucho rencor entre Jerry y Scottie, quien dijo que se iba a ir. Michael plantea que Scottie había sido egoísta, se preocupaba por él mismo. Scottie se justificaba que tenía que hacer lo mejor para él, demostrando que nunca fue bueno para negociar y que la toma de decisiones dentro de la cancha era casi siempre impecable y, fuera de esta, casi todo lo contrario…
CAPÍTULO 3
LA MIRADA DE MARCELO ROFFÉ
Dennis Rodman.
La actitud de Dennis Rodman le asegura triunfos al equipo, pero crea conflictos fuera de la cancha.
A finales de los 80, dejan todo para ganarles a los Pistons.
“Podría haber sido vagabundo, estar preso o muerto, pero me rompí el culo para llegar hasta aquí”, dice Rodman.
Dennis, ahora más grande, dice que él creó ese monstruo. “Pero nadie podría decir nada malo de mí como compañero de equipo”, dice DR. “Están el gran Michael Jordan, el gran Scottie Pippen, el gran Phil Jackson, pero, si me sacaban a mí, ¿podrían ganar un campeonato?”. Excelente pregunta. “Creo que no”, se responde, “adoro a Michael, Scottie, pero ellos no hacen las cosas que yo hago”. Funcionamiento de equipo, complementariedad, cada uno en su rol: “Hice el trabajo sucio, el que soporta el maltrato de los demás”.
“Quiero salir y que me rompan la nariz y me corten, algo que saque el sufrimiento, el dolor, quiero sentir eso”, dice Dennis Rodman. ¿Estaría pasando parte del sufrimiento de su infancia al deporte como un medio de expresión de la ira, frustración que le generó en ese momento?
Luego de una derrota en 1997, Phil Jackson declaró que Dennis se ha quedado rezagado. Por dicho se está quedando rezagado detrás de todos. “Perdió su entusiasmo por el deporte ahora mismo”, dice Phil Jackson.
El problema de Rodman era la motivación, que no siempre tenía ganas de jugar, y habla de aburrimiento. Declara en prensa: “Debo encontrar la forma de avivar el fuego”. Veíamos en capítulos anteriores que MJ “inventaba” motivación, y ahora Dennis evidencia una fluctuación importante en la suya, ¿se balancearon tal vez?
Jordan cuenta: “En esa época tuvimos un partido en el que DR se hizo echar por una estupidez, yo me enfurecí porque se hizo echar y me dejó jugando solo porque Scottie no estaba. Dennis sabía que había metido la pata. Escucho que golpean la puerta de mi habitación en el hotel. Dennis nunca va a mi cuarto; entra y dice ‘¿te sobra un habano?’”. DR recuerda la historia y dice: “Sí, le pedí un habano, pero creo que él sabía que era mi forma de demostrarle que me equivoqué”. Jordan completa: “No pidió disculpas, no dijo nada, pero que viniera a mi cuarto fue su forma de decir ‘metí la pata’. Desde ese momento, Dennis fue intachable. Luego empezamos a ganar”.
“Scottie se fue, pero Michael confiaba mucho en mí y sabía que yo estaría ahí para él”, dice Dennis, “no lo voy a decepcionar ni a él, ni al equipo, ni a la ciudad”.
Phil cuenta: “Dennis nos mantuvo a flote cuando Scottie se fue”. Phil y MJ lo hicieron sentir más importante y él respondió.
“Ser un niño negro en un barrio pobre era una puta locura”, reza Dennis Rodman.
La madre de Dennis era conductora de buses escolares y:
Harta de que yo no hiciera nada, no aportara nada, me echó. Viví dos años en la calle. Solo intentaba moverme, ver por dónde podría moverme, en los patios de las casas de mis amigos. Podría haber sido traficante, o estar muerto, cualquier cosa. No sé por qué nunca me metí en las drogas, pero nunca lo hice, veía como vendían, consumían y todas esas cosas, pero todos los días iba al gimnasio; tuve la suerte de jugar al básquet.
Lo he visto con muchos futbolistas esto de que el fútbol los salvó… aunque sin estudiar.
“Tuve la suerte de que una universidad me invite a jugar. Solo sé ir a mi máxima velocidad. Intento terminar de estudiar, obtener un título y todo eso. Cuando termine de estudiar, espero lo mejor”, declara un joven Dennis.
En el 86 fue a Detroit Pistons. En su segundo o tercer año en la liga, se dio cuenta de lo que hacía mejor: rebotes y defensa. Aprendió a perfeccionar eso. Hacía ir a los amigos a las tres o cuatro de la mañana para practicar.
“Empecé a posicionarme donde recibía la pelota”. Empezó a estudiar, a entrenar y profundizar, viendo dónde iba a caer la pelota según dónde pegara en el aro o cómo tirara el rival.
“Me transformé en un sarpullido para los jugadores que no se quitaba fácilmente”, dice Dennis Rodman.
Un compañero dice: “Dennis va y jode todo, es una peste. Anulaba a quien quisiera, siempre era un desafío; fue uno de los jugadores que cambió el deporte con su presencia”.
No hay muchos como él. “Déjalo en paz”, le dijeron al entrenador, “no ensillas a un caballo salvaje”. Su personalidad la desarrolló en Detroit.
Detroit, en la época de Dennis, era la personificación del básquet callejero, físico y rudo. Sujetos grandes y fuertes, grandes jugadores defensivos. No les importaba tirar a los rivales, empujar. Los Detroit tenían un estilo duro e intimidante que a mucha gente no le gustaba, eran conocidos como los chicos malos; alimentaron eso y empezaron a ganar.
Jordan elogia a su entrenador anterior frente a Phil, Doug Collins, quien, al igual que él, quería ganar. Eran muy unidos. “Collins diseñó el ataque para respaldar la forma en la que yo jugaba a como él quería dirigir”. ¿El entrenador arma el equipo para centralizar el juego en MJ? ¿Era un equipo muy Jordan dependiente? ¿Y el rol de los compañeros?
Fue su entrenador por tres años. Él era el jugador MVP de la liga. Sin embargo, no pudieron ganar un anillo. Ganó la competencia de volcadas, fue el defensa del año, pero el anillo no llegaba.
En el 89 les tocaba Cleveland. En los Playoffs ganan el primer partido los Bulls y pierden el segundo. Tercero, los Bulls; en el cuarto partido, MJ falla un tiro libre sobre el reloj. Quedaban tres segundos y, en vez de poner una marca a MJ, quien siempre le ganaba los duelos, lo manda a Ehlo a tomar la marca. Un error te cuesta un partido. Los Bulls ganaron 101 a 100 a los Cavs sobre la hora, “solo podía tomar la pelota, girar y tratar de encestar”.
MJ sentía que ya los daban por muertos, que nadie creía en ellos, por eso estaba tan eufórico. Jordan dice que superaron el obstáculo de la mentalidad del perdedor y comenzaron a ser una franquicia ganadora.
“El cielo es el límite de esta historia”. “No sé dónde está el límite, pero sé dónde no está”, reza Josef Ajram. Esa frase la trabajamos mucho con la Selección colombiana de fútbol. Parece que la NBA estaba destinada a convertir a Michael Jordan en su estrella, y los Pistons, que llegaban a las finales, retrasaban eso.
Los grandes de la NBA eran Larry Bird, Magic Johnson y, ahora, Michael Jordan. Sin embargo, el pequeño equipo de Detroit se entrometía entre los grandes.
Michael dice que los odiaba, que lo hicieron personal y lo molían a golpes.
Una indicación del entrenador al final fue: “Dénsela a Jordan y que los demás se corran a un costado”. Le hacían faltas sistemáticamente para desgastarlo antes de que Michael se eleve, dado que una vez que se elevaba era imposible frenarlo. Terminaron ganando los Pistons 86 a 80.
Dennis reconoce que fueron a pegarle directamente. Eran las que se conocían como las “Reglas Jordan”: iban de a dos, de a tres, a marcarlo y golpearlo. Un compañero de MJ cuenta que no estaban listos para enfrentar a un equipo tan físico y tan agresivo.
Perdieron la final con los Pistons, claramente. Luego cuentan que Rodman desapareció de su hogar y lo encontraron en un estacionamiento en su auto dormido, pero con un arma en la mano al borde de un colapso emocional.
Dennis reconoce que estaba perdido, tan solo perdido, cuando la policía lo encontró. Por lo que plantea PJ en su libro, ahí empezó a trabajar individualmente con el psicólogo deportivo.
Ese momento lo tomó como una llamada de atención. Se cambia el color del pelo, “soy yo, no intento complacer a nadie”, dice; se vincula con Madonna, que había declarado que era lindo, y se hacen pareja con el “gusano Rodman”. Se dio cuenta de que podía empujar cualquier limite, y eso era libertad. “La gente de prensa no conoce a Rodman, no habla con Rodman, solo tiene que escribir estupideces y hacerme quedar como un imbécil”.
“Me gusta hacer lo que hago y hacerme sentir como si fuera un niño de diez años”, dice Rodman, cambiando el color de pelo, vistiéndose de forma extravagante, pintándose los labios. Se saca un gorro, muestra su pelo teñido de rosa y comenta que estaba pensando en pelarse. Claramente, era un jugador muy histriónico. Para la prensa, vender notas era ideal, pero todo el tiempo quería ser el centro de atención, mostrar su rebeldía y que era distinto.
“Sentía que nuestra estructura de liderazgo con Michael y Scottie Dennis la respetaría, jugaría y mejoraría”, dice Jerry Krause. “Si Phil no fuese el entrenador, no habría venido. Sabía que Phil podría manejarlo”.
DR era la estrella más controvertida de la NBA. Cuando PJ lo conoció, y esto lo cuenta en la serie y en su libro, no podía creer dos cosas: cómo estaba vestido y que no se haya parado a saludarlo. Pero, al otro día, cuando hablaron a solas en otro lugar, sintió conexión y todo fluyó.
Pensaron que no lo iban a aceptar porque venía del equipo que era su eterno rival; sin embargo, MJ y Pippen lo ayudaron a ganar, porque Dennis los ayudó a ganar a ellos.
Dennis fue de los mejores rebotadores de la NBA. Le preguntan a Scottie cómo encajó en el equipo y responde: “Como un guante”.
Steve Kerr dice: “Lo que aportó era lo que necesitábamos, exactamente eso. Alguien que nos diera esa ventaja”.
Michael sentencia: “Dennis era de los más astutos con los que jugué. Comprendía la estrategia defensiva con todas las rotaciones… no tenía límites”. Jud Buechler dice: “Defendía contra varios jugadores, estudiaba a cada uno, sabía sus fortalezas y debilidades”.
Scottie completa sobre Dennis: “Es una gran razón de nuestro éxito: vino, jugó y ganó”. Si Dennis era el Mascherano de Messi, no tuvo al Scottie en forma constante; por momentos se asoció con Agüero, con Gago, con Biglia, con Verón, con Banega, pero no tuvo una ayuda “constante” y “estable”, alguien que jugara detrás de él y lo asistiera.
Pasamos a la temporada 97/98, cuando todos los periodistas preguntaban a Jordan, cada partido, “¿es el último partido de Michael Jordan?”. Desgastándolo.
Le preguntan a Phil Jackson: “¿Debería retirarse Michael Jordan?” —ROL DEL PERIODISMO ACOSADOR—. Phil responde hábilmente: “Es su decisión”.
Cada vez que a Michael le preguntaban si se iba a retirar al terminar la temporada, él respondía “no sé”.
Desarrolla bien la filosofía emparentada con la película El guerrero pacífico : enfoco en el aquí y ahora, disfruto el momento, no pienso en el futuro, no me concentro en eso, sino en el momento, que pase lo que tenga que pasar al final de la temporada.
Scottie había dicho que no iba a jugar más en los Bulls, pero suavizó su postura y dijo que volvería. La duda es... ¿cuándo? “A pesar de que Scottie había dicho que no volvería a jugar para los Bulls, revisó su postura. El problema eran las multas que les podían aplicar desde la dirigencia. Tema siempre mal manejado por Pippen”.
Dennis Rodman, en honor al regreso de Scottie, se pinta en el pelo el número 33 varias veces. Scottie volvió y ganaron, pero sin él. A Dennis le encantaba saber que Michael lo necesitaba. Había como un acuerdo tácito entre Dennis y Michael de que entre ellos dos podrían con la temporada. Al volver Scottie, Dennis sintió que volvió a sobrar. Tema de egos y protagonismos.
Dennis siempre tendió a beber y salir de fiesta, y en ese momento perdió su conexión con la realidad. “Es la presión de la mierda, la gente no entiende; jugaría al básquet gratis por la mierda que pasa cuando sales de la cancha. El público, los medios. Es por aguantar la presión que te pagan por jugar al básquet”, dice Dennis Rodman. IMPORTANCIA DE AGUANTAR LA PRESIÓN, LA CLAVE DEL ALTO RENDIMIENTO. La diferencia que hace la diferencia.
Dennis dice: “El básquet es simple. Es un deporte simple, pero, cuando abandonas ese espacio limitado, es difícil”, lo externo, lo que presiona. “No tengo que probarle nada a nadie”. Una lectura muy inteligente la que hace Dennis. Caso similar en el fútbol, en el que también hay mucho dinero.
“Tenía necesidades diferentes en su vida”, dice Kerr sobre Dennis.
“Mientras Scottie no estuvo, Dennis fue un ciudadano modelo”, dice MJ.
Dennis pide irse a Las Vegas en modo vacaciones; MJ afirma que era él quien necesitaba vacaciones, y le dice a Phil que hay un riesgo de perder a Dennis y que no vuelva si lo deja ir. Phil lo autoriza a irse solo por 48 h desde su compasión. Dennis no cumplió.
Kerr dice que era raro, pero Scottie y MJ comprendieron que para obtener lo mejor de DR en la cancha había que darle espacio. Importancia de saber escuchar y “leer”, como entrenador y del lado del psicólogo del deporte, las necesidades de los jugadores. No todos son iguales, cada uno necesita algo distinto para poder obtener su máximo rendimiento. Ahí está el liderazgo excepcional de Phil Jackson. Y la filosofía de Guardiola inspirada en Julio Velasco: son todos los deportistas diferentes.
En mi experiencia, he tenido algunos jugadores con características similares, y lo explosivos que son fuera lo son dentro. Si los cambias del todo, pierden también lo bueno que tienen y lo que los hace distintos.
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