Kitabı oku: «Señal abierta: Una mirada a la televisión peruana del siglo XXI»

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James A. Dettleff es doctor en Ciencias de la Comunicación y magíster en Comunicaciones por la Pontificia Universidad Católica de Chile, y Master of Fine Arts por Ohio University. Es profesor principal de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), donde ha sido jefe de Departamento de Comunicaciones y coordinador de la Especialidad de Comunicación Audiovisual.

Giuliana Cassano es doctora en Sociología y magíster en Estudios de Género por la PUCP, e investigadora y docente del Departamento Académico de Comunicaciones de la misma universidad.

Guillermo Vásquez Fermi es comunicador especializado en medios audiovisuales. Realizó sus estudios de pregrado y licenciatura en la Universidad de Lima y es magíster en Comunicaciones por la PUCP.

Thalía Dancuart Coelho es comunicadora audiovisual por la PUCP y cuenta con un diplomado en Comunicación y Gestión Cultural por la Universidad de Chile.

James A. Dettleff

Giuliana Cassano

Guillermo Vásquez F.

Thalía Dancuart

Señal abierta

Una mirada a la televisión peruana del siglo XXI



Señal abierta

Una mirada a la televisión peruana del siglo XXI

© James A. Dettleff, Giuliana Cassano, Guillermo Vásquez F., Thalía Dancuart, 2021

© Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, 2021

Av. Universitaria 1801, Lima 32, Perú

feditor@pucp.edu.pe www.fondoeditorial.pucp.edu.pe

Portada: Kimberli López Romero

Diseño, diagramación, corrección de estilo y cuidado de la edición: Fondo Editorial PUCP

Primera edición digital: diciembre de 2021

Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente, sin permiso expreso de los editores.

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº 2021-13340

ISBN: 978-612-317-709-6

Índice

Prólogo. La televisión que sostiene nuestra historia

Introducción. La televisión peruana del siglo XXI

James A. Dettleff y Giuliana Cassano

Capítulo 1. Lo periodístico para el Perú del nuevo siglo

James A. Dettleff

Capítulo 2. Lo cultural en la televisión peruana

Giuliana Cassano

Capítulo 3. La pantalla lúdica: los programas de entretenimiento en la televisión peruana

Guillermo Vásquez Fermi

Capítulo 4. Empezando el milenio con cambios de forma y fondo: la ficción en la pantalla peruana

Thalía Dancuart

Capítulo 5. Contenidos diversos en la televisión peruana

Giuliana Cassano y Guillermo Vásquez Fermi

Conclusión. El inicio de un nuevo siglo. Mirando al futuro anclados en el pasado

James A. Dettleff

Referencias

Sobre los autores

Prólogo.

La televisión que sostiene nuestra historia

La televisión y su desarrollo como productora y diseminadora de contenidos en el Perú en el siglo XXI es el objeto central de este libro. En sus páginas confluyen los análisis de cuatro autores. Todos son reconocidos investigadores, tanto en su país como en América Latina, por su contribución al estudio de la televisión como gran medio de comunicación.

La televisión es muchas cosas a la vez: información, imágenes, entretenimiento, educación, cultura, publicidad. Por eso es un medio que no acaba de comprenderse totalmente y que siempre sorprende a sus audiencias; también a muchos de sus investigadores, sobre todo a aquellos que en la última década le pronosticaron su fin. Pero este no es el caso en estas páginas, en las que la televisión está muy viva y los autores se enfocan en todo eso que la mantiene así y ensancha su relación con las audiencias.

Como medio, la televisión ha sido exaltada por algunos, temida por muchos, despreciada por otros, sobre todo por el cine, la cultura cinematográfica y sus investigadores, desde donde se la ha llamado «la pantalla chica».

Lejos de ser chica y de desaparecer, la televisión emerge en el mundo y en este libro como una pantalla grande, poderosa, versátil, inteligente, que se reinventa e incide en la oferta periodística, de entretenimiento y cultural de los peruanos, y que lo hace desde distintos modelos de negocio y diversas agendas, formatos y géneros programáticos, como aquí se documenta ampliamente.

En este libro la televisión se revela como un gran medio e institución. Un medio exuberante, versátil, siempre ofreciendo novedades programáticas a sus audiencias; un medio que además cumple funciones varias de acompañante, de instructor, de cuidador, divirtiendo, entreteniendo, informando, comunicando, provocando y, por supuesto, educando, aunque no se lo proponga, o lográndolo, cuando menos lo busca.

A diferencia de otros recuentos o historias sobre la televisión, el que aquí se presenta es un análisis inédito de la televisión abierta que se desarrolla a partir de tipos de programación y su evolución en los primeros quince años del siglo XXI en el Perú, y que resulta de la participación de instituciones televisivas particulares. Un análisis que se nutre de apreciaciones cuantitativas y cualitativas.

No es entonces el cuento de la televisión en un país lo que realizan los especialistas reunidos en estas páginas, sino su recuento analítico y equilibrado a partir de estadísticas, revisión de tendencias de desarrollo, y la apreciación ilustrada de su presencia actual y significado histórico sociocultural en una cultura específica, la peruana.

La distribución de capítulos es novedosa, ya que el hilo conductor que atraviesa el libro es el análisis de contenido y sus modificaciones varias, de tipos de programación y su evolución particular, y según las televisoras más importantes del país. Esto porque, como dicen James Dettleff y Giuliana Cassano en el primer capítulo:

El objetivo de este texto es recuperar [...] la historia de la televisión peruana de señal abierta durante el nuevo siglo, porque [allí] encontramos rasgos para reconocer nuestra identidad, imágenes con las que relacionamos nuestra ciudadanía y representaciones que sostienen nuestra historia, memoria social e imaginarios locales y nacionales.

Y también en la introducción se despliega la estrategia del resto, en la que se enfatiza la organización de los capítulos a partir de géneros y formatos televisivos. Aquí también se ofrecen las claves de lectura del recuento histórico, que se diferencia de otros análisis políticos, económicos, sociológicos o estéticos de la televisión.

En este libro el análisis parte de lo mediático-comunicativo. Y esto hay que destacarlo, porque constituye la recuperación de la plataforma conceptual comunicacional misma y de algunos de sus principales pensadores, donde las preguntas encuentran sus respuestas, justamente sobre un medio de comunicación.

Tradicionalmente las preguntas sobre los medios en los análisis de investigadores universitarios, así como sus respuestas, se han planteado y se han buscado desde la ciencia política, la sociología, los estudios culturales o la historia, pero casi nunca desde la misma comunicación, lo televiso y los formatos narrativos.

Y es justamente desde lo comunicativo, donde el abordaje ofrece a los lectores la apreciación de otros campos analíticos, y a la vez, lo que ha significado lo noticioso, lo cultural, lo ficcional, lo lúdico, el entretenimiento y la variedad de otros tipos de oferta programática.

Así, se destacan algunas conclusiones: por ejemplo, Giuliana Cassano, en su capítulo sobre lo cultural en la televisión peruana, señala, entre otras cosas, que la programación del canal público y la de los canales comerciales es desigual en porcentaje, pero especialmente en la concepción de lo que es cultura; mientras que lo cultural desde la pantalla pública refleja una concepción tradicional de la «cultura culta»: la que ofrecen los otros canales es básicamente programación musical y no pareciera existir ni en las televisoras ni en las audiencias una concepción diferente de lo cultural que integre ambas cosas y, sobre todo que haga que lo cultural sea más divertido.

Guillermo Vásquez, en su capítulo sobre la programación lúdica, anuncia que el entretenimiento se considera como una categoría que incluye diversos tipos de programación que han llegado a ocupar el segundo lugar en horas de exhibición, solo por detrás del periodístico. El criterio para incluir los programas en esta categoría es la distención que ofrecen, que el autor considera como la característica principal certificatoria de este conjunto de contenidos.

Thalía Dancuart aborda directamente a la ficción como programación que se desdobla en diversos formatos como la serie, la miniserie, la serie de comedia, la telenovela la soap opera, el docudrama y el unitario. Asimismo, analiza la tendencia de cada uno de estos formatos y destaca, en un análisis muy fino, las sutiles diferencias entre un formato y otro de ficción y sus momentos culminantes en el gusto de las audiencias peruanas del siglo XXI. Destaca, por ejemplo, que el formato ficcional de mayor presencia no ha sido la telenovela clásica sino la soap opera, que ha logrado «audiencias fieles» en varios años. La autora muestra que es la ficción el espacio de mayor rating y el más importante para la audiencia, especialmente en prime time, pero que, no obstante, las televisoras no han tomado seriamente este dato para ampliar las posibilidades transmedia de la ficción entre sus audiencias.

James Dettleff aborda lo periodístico en el Perú a partir de la información actual emanada de la verosimilitud de la realidad que sustenta la noticia, ya que se abandona el criterio de verdad tradicional al poner sobre la misma imagen el peso de su verificación y en la repetición de la noticia por otras pantallas su confirmación.

Y es justamente en esta conclusión del análisis sobre la información de la pantalla en la que se asientan las bases para entender que el poder de la televisión en gran medida tiene que ver con el hecho de que ha cambiado el objeto de conocimiento a las audiencias. En vez de conocer los hechos mismos lo que la televisión nos permite es conocer su representación.

Por todo lo anterior y por las muchas ideas y datos nuevos extraídos del análisis de un país en particular, ciudadanos de otros países podrán encontrar una excelente información de caso nacional sobre la televisión que abrirá horizontes para preguntarse sobre este medio de comunicación en sus propios países.

Se trata de un libro que merece leerse por todos aquellos que quieran entender mejor a la televisión y su manera de funcionar en sociedades latinoamericanas del siglo XXI.

Guillermo Orozco Gómez

Guadalajara, 2018

Introducción.

La televisión peruana del siglo XXI

James A. Dettleff

Giuliana Cassano

La televisión de señal abierta como objeto de estudio

Desde su aparición la televisión ha sido una posibilidad para narrar el mundo en el que vivimos, experiencia industrial y también una experiencia personal con la que nos relacionamos en la cotidianeidad de nuestra vida diaria.

Ya en el siglo XXI la televisión se ha definido como un continuo de representaciones, un hecho cultural que configura campos de significación al relacionarlos con la realidad y al conectarnos con el mundo de manera inmediata y con fuerte carga emotiva. Convertida en industria cultural que media entre yo —nosotros— y un otro —o muchos—, «la pantalla de televisión es ahora la ventana por la que el hombre común se asoma a la fantasía y también a la realidad» (Puente, 1997, p. 12).

Durante décadas la televisión de señal abierta fue una experiencia que se vivió en el entorno familiar, subjetivo, en el tiempo de las labores domésticas y en el tiempo del ocio, pero que nos vincula con el espacio público, nos contacta con el afuera desde la intimidad de lo privado, y es en esta relación que empieza a formar parte de nuestras rutinas y de nuestros tiempos (Cassano, 2010a). Muchas veces una transmisión televisiva de la señal abierta —broadcasting— se ha convertido en el eje sobre el que terminamos organizando nuestro día. Recordemos las transmisiones de los partidos del vóley peruano en las Olimpiadas de Seúl o pensemos en la transmisión de los partidos de fútbol de la selección peruana en el mundial o en la salida al aire del último capítulo de una telenovela mexicana, peruana o brasilera.

Actualmente esa televisión del broadcast convive y compite consigo misma, con las plataformas de streaming, con el narrowcasting o televisión de paga —especialmente el cable—. Este tiempo es un momento importante porque es un tiempo de transición. Observamos que estos primeros quince años del siglo XXI son tiempos de cambios y transformaciones1, pero también de permanencias y consolidaciones narrativas, estéticas y de mercados.

Por ello, como investigadores del Observatorio Audiovisual Peruano, Grupo de Investigación PUCP, consideramos necesario reflexionar sobre los cambios y permanencias de la televisión de señal abierta en el Perú en estos primeros quince años del siglo XXI.

Hemos elegido estos primeros quince años por varias razones: en primer lugar, un corte histórico justificado en relación con la propia historia de la televisión de señal abierta como veremos en el siguiente punto; en segundo lugar porque el año 2015 es un año de cambios y transformaciones en la industria televisiva, es el año señalado inicialmente para las transmisiones de la televisión digital terrestre (TDT) de todos los canales que quisieran optar por una licencia de TDT, pero también es un momento de consolidación de distintas ofertas televisivas que han empezado a convivir en la segunda década del siglo XXI, de la televisión del broadcasting a la oferta de las plataformas digitales. Para el año 2015 podemos hablar de tiempos de experimentación y ensayos, y de importaciones exitosas (por ejemplo, la llegada de los relatos turcos supuso un parón en las apuestas de ficción de los canales de señal abierta, especialmente de América Televisión). Finalmente, inscribimos este trabajo en la reflexión de Naciones Unidas cuando, en el año 2000, se fijaron los objetivos del milenio2 y se impulsó «desde 2010 un proceso amplio e inclusivo de reflexión acerca de qué marco para el desarrollo se debe adoptar después de 2015 sobre la base de los principios establecidos en la Declaración del Milenio del año 2000»3. Esta vinculación no es gratuita, pues, como hemos señalado y se evidenciará en este texto, la televisión como medio de comunicación está íntimamente relacionada con la vida social, política y económica de nuestro país.

El objetivo de este texto es recuperar, seguir, identificar y analizar la historia de la televisión peruana de señal abierta durante el nuevo siglo, porque desde estos clusters discursivos se van construyendo y consolidando los imaginarios de una sociedad. En ellos encontramos rasgos para reconocer nuestra identidad, imágenes con las que relacionamos nuestra ciudadanía y representaciones que sostienen nuestra historia, memoria social e imaginarios locales y nacionales. Además, en esta producción podemos identificar retos y desafíos tecnológicos, cambios y transformaciones que la industria nacional ha tenido que enfrentar en este siglo, así como las relaciones y tensiones de las viejas formas de producción con las nuevas propuestas y plataformas.

La televisión es el medio de comunicación que mejor expresa el concepto de «sociedad visual» acuñado por Duvignaud (1970), expresión que da cuenta de esa característica contemporánea en la cual todo queda mostrado, en la que todo es puesto a actuar, en la que «las prácticas sociales se llevan a cabo en el marco de una dramatización permanente» (Balandier, 1994, p. 37). La televisión es, de esta manera, tanto industria como práctica cultural que dialoga con la vida social, económica y política de nuestros países en América Latina, donde se da una influencia en ambas direcciones.

A entender de Jesús Martín-Barbero, la televisión es una forma cultural porque está envuelta en procesos de significación social, procesos que implican relaciones, diálogos y tensiones en los modos y formas de producción y reproducción social. Recordemos que la práctica televisiva implica una especificidad cultural; la dinámica cultural de la televisión actúa por sus géneros (narrativos). Desde ellos actúa la competencia cultural y a su modo da cuenta de las diferencias sociales que la atraviesan. Los géneros (narrativos...), constituyen una mediación fundamental entre las lógicas del sistema productivo y del sistema de consumo, entre la del formato y la de los modos de leer, de los usos (1993, p. 239).

Distintos autores —entre los que destacan Andreas Huyssen (2002) y Arjun Appadurai (2001)— señalan que en el escenario contemporáneo es la televisión —especialmente— la principal fuente para la construcción de la imagen que los ciudadanos y ciudadanas construyen del presente y pasado de su país y del mundo. Asimismo, Aprea y Duff (2003) indican que los medios de comunicación se constituyen en organizadores de las historias y memorias nacionales, pero este hecho no ha significado necesariamente la realización de investigaciones más sistemáticas.

Otros autores como Freire (2006), Piscitelli (1995) y Branston (1988) señalan que las celebraciones por los cincuenta años de la televisión de señal abierta contribuyeron —especialmente en Europa y Latinoamérica— a pensar la televisión en el marco de la historia. Esta mirada fue reforzada por los cambios tecnológicos y de estructura en la producción y en el consumo, hegemonía o desaparición de nuevos géneros y formatos, así como por los cambios en las regulaciones de la práctica audiovisual.

Freire destaca, además, tres ejes de investigación histórica en relación con el medio televisivo: la dimensión «de genealogía de la televisión», cuya búsqueda se remonta a las primeras manifestaciones; la dimensión «de formación y desarrollo de los géneros programáticos», en la que indica que lo central es revisar los modos y formas por las cuales se desarrollaron las estrategias estéticas y discursivas, así como las formas de producción televisivas (2006, p. 28); y, finalmente, la dimensión «de arqueología de la recepción televisiva», en la cual indica que la búsqueda se centra en los públicos y las diversas formas y desarrollos del consumo televisivo.

En relación con la dimensión histórica Freire señala que:

los análisis y las teorías sobre los medios y su maquinaria tienden a ceñirse a lo actual, a lo contemporáneo; una opción epistemológica que conlleva el riesgo de dar esencia a la televisión en un presente perpetuo que desvía la atención de los procesos de cambio en los cuales se forma la gramática de los significados y de las representaciones (2006, pp. 24-25).

Por ello, la recuperación de la historia de la televisión se hace necesaria para pensar y entender las diferentes dinámicas de producción, narrativas y de mercado —contenido televisivo, productos transmediáticos y transformaciones de los géneros periodísticos, culturales, de ficción y de realidad, y sus relaciones con otros espacios audiovisuales—, pero especialmente para comprender los procesos de configuración, negociación y expresión de identidades, representaciones e imaginarios sociales. Analizar las variaciones del contexto y observar las modificaciones resultantes ayuda a comprender el surgimiento de programas híbridos que cuestionan las clasificaciones clásicas; más aún si entendemos que la televisión de señal abierta es un espacio simbólico que construye territorios donde se nos presentan el reconocimiento, la gratificación, el placer, las normas y los tabúes de nuestra sociedad y donde reconocemos que los relatos de la televisión son formas narrativas en las que confluyen nuestros deseos, miedos, esperanzas y sueños. Como señala Appadurai «los medios de comunicación electrónicos transforman el campo de la mediación masiva porque ofrecen nuevos recursos y nuevas disciplinas para la construcción de la imagen de uno mismo y de una imagen del mundo» (2001, pp. 19-20). La televisión es, entonces, un medio que se configura como espacio de representación simbólica y de construcción de identidades; la televisión constantemente nos está entregando discursos y relatos, sensaciones y emociones que nos ayudan a configurar o reforzar nuestras representaciones —pasadas y presentes— del mundo.

La televisión peruana de señal abierta ha sabido observar transformaciones sociales, culturales y económicas del país, frente a las cuales ha cambiado sus propias dinámicas de producción, ha buscado actualizar sus formas de posicionamiento y ha actualizado la búsqueda de historias que le ofrece a sus audiencias.

En estos sesenta años la televisión peruana ha podido escribir su propia historia. Parte de esa historia ha sido recogida por las propias empresas y empresarios, parte ha sido recogida por académicos. Sin embargo, hay una parte importante —especialmente relacionada con el nuevo siglo— que no ha sido recuperada, sistematizada ni analizada.

En América Latina —y en el Perú— investigar la comunicación y sus procesos, sus productos, sus medios, sus audiencias ha significado aproximarnos a nuestras culturas, a nuestros orígenes, a nuestros contextos. Hernández y Orozco (2007) señalan —para el caso mexicano— la necesidad de recuperar la historia de su televisión desde una visión más completa, que observe la institución pública y privada, y recoja especialmente las tensiones en relación con lo político, lo económico y lo cultural.

Es en esta perspectiva académica que consideramos necesario recuperar la historia de la televisión en este nuevo siglo XXI, mirar este fragmento de la historia en una línea más amplia y en un espacio que incorpore la dimensión política, económica y cultural, porque en el Perú la historia de la televisión está estrechamente vinculada a estas dinámicas sociales. En ella, además, están inscritos modelos de identidad, representaciones sociales e imaginarios colectivos. Pero también formas locales de producción y de postproducción, maneras de organización del mercado, lenguajes, estéticas y transformaciones digitales, convergencia de pantallas y contenidos transmedia. En el caso peruano «los relatos locales están hablando de diferentes experiencias de peruanos y peruanas emprendedores reconociendo una diversidad que, viniendo desde el pasado, es esencial para nuestra vida presente y futura» (Dettleff, Cassano & Vásquez, 2013, p. 426).

Mirta Varela señala que «todo periodo inicial de un medio de comunicación configura desde el punto de vista cultural una etapa particularmente compleja en la que se mezclan representaciones y modos de apropiación donde se encuentran en tensión lo nuevo y lo viejo, lo tradicional y lo moderno, lo propio y lo ajeno» (1998, p. 2). En la dinámica de la televisión peruana de señal abierta el siglo XXI aparece como un lugar de transformación radical, una posibilidad de nuevo inicio que consideramos es necesaria identificar, recuperar y reflexionar para entender nuestra propia ciudadanía, memoria, representaciones e imaginarios.

La televisión de señal abierta en el Perú. Breve historia

En el Perú, la televisión cumplió sesenta años en el año 2018. A lo largo de estas seis décadas de existencia, su desarrollo, funcionamiento y formas de propiedad han ido cambiando y tratando de acomodarse a los tiempos y a las características de una sociedad que ha variado de manera radical.

En enero de 1958 se iniciaron en Lima las transmisiones de Canal 7, la televisora estatal que gracias a una donación de la Unesco pudo adquirir los equipos y emitir a los pocos televisores existentes en la ciudad. A partir de ese año fueron fundadas diferentes empresas televisivas, la mayoría por empresarios radiales y en algunos casos con apoyo de empresas de radiodifusión o productores de equipos televisivos norteamericanos. Los diez años siguientes vieron la fundación de nuevos canales, como América Televisión, en diciembre de 1958; Canal 9-Radio El Sol, en agosto de 1959 —que cerró en 1960 y se refundó como subsidiario de América Televisión en 1962—; Televisora Sur Peruana, en agosto de 1959, en la ciudad de Arequipa; Panamericana Televisión, en octubre de 1959; Victoria Televisión/Tele 2, en mayo de 1962; el canal de la Universidad de Lima, en agosto de 1967, y Bego Televisión, en noviembre de 1967.

Desde la sociología, Aldo Panfichi y Omar Coronel plantean que, desde 1968, el Perú ha pasado por distintos regímenes, modelos económicos y proyectos de sociedad, buscando resolver históricos desencuentros y formas de exclusión (2009, p. 2), y advierten que los vínculos establecidos entre la sociedad y el Estado también se han transformado. Del vínculo patrón-cliente del régimen oligárquico de la década de 1950 al vínculo contencioso-contemporáneo la transformación es de largo aliento y se sostiene en los cambios estructurales que hemos vivido como país. Esas transformaciones las observamos también en el desarrollo del medio televisivo en nuestro país.

Para efectos de esta investigación proponemos cinco etapas en la historia de la televisión en el país:

 Los inicios (1958-1971)4. Fueron años orientados a construir una industria televisiva, un medio para las distintas audiencias. Con excepción del canal del Estado, la televisión comercial se desarrolló bajo el modelo norteamericano de producción, como empresas privadas financiadas por publicidad y —al contar con mucha gente que provenía de la radio—, por lo que se trasladaron algunos de los géneros y formatos de ese medio hacia la televisión.En esta etapa reconocemos el vínculo patrón-cliente desarrollado por Panfichi y Coronel, pues el nuevo medio como industria se tuvo que organizar a partir de los propietarios. La llegada de la televisión se sumó a una Lima donde «la industrialización apareció como la clave del desarrollo nacional» (2009, p. 6). La decisión era de los propietarios; sus apuestas, sus objetivos, sus alianzas y sus programas estaban dirigidos —principalmente— a una sociedad oligárquica.

 El periodo militar (1971-1980). Esta etapa estuvo caracterizada por avances y retrocesos de una industria que surgía y tuvo protagonistas con una fuerte carga ideológica del discurso. El golpe militar encabezado por el general Juan Velasco frenó a las incipientes empresas y, luego de la expropiación de los canales en 1971, se desvanecieron las diferentes frecuencias entre las que sobrevivieron solamente Canal 7, América Televisión y Panamericana Televisión. La creación de Telecentro en 1974 unificó la producción, aunque mantuvo las tres emisoras con programación diversificada.La Junta Militar recortó la inversión publicitaria y dispuso que el 60% de la programación de los canales fuera producción nacional. Siguiendo a Panfichi y Coronel, en este periodo podemos reconocer el vínculo corporativista en la televisión peruana. La producción se organiza en función a los intereses del país, del proyecto nacional, de la corporación. Son los sindicatos, los gremios y los movimientos los que ingresaron a los medios de comunicación, incluida la televisión. Y así como «las reformas de la revolución velasquista, acompañadas por grandes tomas de tierra del movimiento campesino [...] dejan vacíos en la estructura de poder en el campo» (2009, p. 9) en la producción televisiva nacional se generó una brecha importante en relación con el resto del continente (Cassano, 2019, p. 112).

 El retorno a la democracia (1980-1992). El retorno de la democracia en 1980 significó el regreso de los canales comerciales y de los empresarios televisivos. También significó el inicio del conflicto armado interno, que desangró al país durante dos décadas. Algunos canales y miembros de la televisión fueron víctimas de los grupos terroristas.A los tres canales sobrevivientes de la dictadura militar se sumaron, en 1983, Frecuencia 2 (llamada después Frecuencia Latina)5, en enero, y Andina de Radiodifusión6, en abril, mientras que en diciembre de 1986 inició sus transmisiones RBC Televisión. Ya desde 1983 se había empezado la transmisión en la frecuencia ultra alta (UHF por sus siglas en inglés), que ofrecía menor calidad y un rango más limitado de llegada, pero una posibilidad de mayor número de emisoras. Muchas señales se emitieron en esa banda de frecuencia —antes de ser utilizada para la señal digital— y varios canales con llegada local aparecieron en las décadas siguientes, más aún fuera de Lima. Entre los muchos canales que surgieron, algunos que tuvieron cierta importancia en la UHF limeña fueron el Canal 27, el primero en emitir en esa banda y que intentó una programación diferente, variada, independiente para, posteriormente, convertirse en un canal de paga. Le siguieron el canal 33 (que luego se mudó a la frecuencia de Canal 13, dejando libre la frecuencia para que años más tarde fuera retomada por nuevos empresarios), el canal 45 de Villa El Salvador y Uranio 15, que se unió a la cadena que en la década de 1990 formó el Grupo ATV.Este periodo es el del vínculo democrático, pues se reconoce una auténtica representación política «y la competencia electoral permitió canalizar emergentes identidades sociales y políticas que optaron por participar en el nuevo sistema político» (Panfichi & Coronel, 2009, p. 12). La televisión peruana modernizó su producción, sus instalaciones y equipamiento, y entraron nuevos actores a la oferta televisiva7.

 La etapa de auge con capital (1992-2001). La década de 1990 fue una etapa de muchos cambios para la televisión peruana. Luego de la terrible crisis económica del primer gobierno de Alan García (1985-1990), los canales empezaron a cambiar de dueño o de gerencia administrativa y para la segunda mitad de 1990 los cambios tuvieron que ver también con los acomodos políticos y compra de los canales por parte del régimen de Alberto Fujimori, quien quebró las bases institucionales de las empresas televisivas, manipuló salas de prensa y gerencias, y marcó una de las etapas más nefastas en la historia de la televisión peruana. Baruch Ivcher tuvo que dejar Frecuencia Latina en manos de los hermanos Winter, mientras las familias González y Umbert cedieron el control de América Televisión primero a Televisa y después a la familia Crousillat. La familia Delgado Parker dejó Panamericana Televisión, donde la familia Schutz se hizo del poder, mientras que en ATV las disputas familiares terminaron por hacer que el canal pasara a manos del mexicano Ángel González, mientras la familia Zavala abandonaba la dirección de Global Televisión, que estuvo en manos de Vittorio de Ferrari y, a fines de la década, en las de Genaro Delgado Parker, primero, y de Julio Vera Abad, después.Como observamos, siguiendo a Coronel y Panfichi en esta etapa el vínculo fue neoclientelista y antipolítico: «El régimen fujimorista construyó redes de clientelas con las que consiguió el apoyo de los sectores más vulnerables al ajuste estructural» (2009, p. 22). Y en la televisión este régimen compró conciencias, dueños y horas de pantalla. Esta etapa fue de crisis institucional y política; sin embargo, productoras externas a los canales consiguieron recuperar la Lima de los migrantes y abrir el campo de representación de las diversas clases sociales en las pantallas.

 La etapa de los emprendedores. La caída del régimen de Fujimori destapó los pagos recibidos por los dueños de los canales, lo que desató una crisis de confianza en los canales (y los medios en general), más allá de las implicancias legales que esto tuvo. Los hermanos Winter fueron condenados y purgaron condena, Ivcher retomó el control de Frecuencia Latina en diciembre de 2000 y, a fines de 2012, el canal fue adquirido por la sociedad Enfoca —con intereses en los rubros de construcción y salud. Ernesto Schutz fugó del país y su hijo disputó durante seis años el control de Panamericana Televisión con Genaro Delgado Parker, quien finalmente debió abandonar toda pretensión en 2009; José Enrique y José Francisco Crousillat fugaron del país, pero fueron capturados, extraditados y condenados a prisión, mientras una junta de acreedores se hacía de la administración de América Televisión, que finalmente fue adquirido por Plural TV. Una junta de acreedores se hizo cargo también de Red Global en 2006 —en manos de Genaro Delgado Parker en esos momentos— y, finalmente, fue adquirido por Ángel González.El nuevo retorno democrático significó vientos de cambios profundos en el escenario televisivo, no solo por los cambios en la propiedad que significaban diferentes líneas editoriales, sino por la entrada de nuevos actores: pequeñas casas realizadoras dieron el impulso que la televisión como industria necesitaba. La televisión de señal abierta convive desde hace más de una década con la televisión de paga y debe competir con las distintas ofertas que esta ofrece. Esta etapa se inició en 2001 y concluyó en 2015, año de cierre de esta investigación.

 Finalmente, consideramos que una nueva etapa que se inició en 2015 es la de la expansión y diversidad de la televisión: del broadcast y la TV temática al On demand.

En los últimos años la televisión peruana de señal abierta ha tenido que enfrentar desafíos frente a nuestras propias narrativas como país, como industria audiovisual, como oferta mediática o como generadora de contenidos. Pero también, el cambio de siglo ha supuesto retos tecnológicos —convergencia de pantallas, narraciones transmedia, nuevas estrategias de producción—, cambios y transformaciones de la industria nacional —aparición de nuevas productoras y realizadoras, número de títulos anuales en ficción, nuevos programas—, cambios en la propiedad de medios televisivos, competencia con el crecimiento del mercado de la televisión de paga, cambios en las normativas legales de los medios de comunicación en el Perú y, especialmente, un largo intento por separarse de la imagen de medio de comunicación capturado por el poder político de la década de 1990. Todo esto configura un escenario importante para la investigación audiovisual en comunicaciones.

Sobre géneros y formatos

Para hablar de la televisión cotidiana tenemos que plantear que los programas en la televisión se organizan a partir de dos conceptos centrales que organizan la parrilla televisiva: los géneros y los formatos.

Cuando hablamos de «géneros» nos referimos a los modelos, a las praxis reiteradas de contenidos y temáticas, a las formas de organización de los relatos que facilitan el reconocimiento y el disfrute; formas abstractas que se definen sobre la marcha de la producción y el consumo, formas móviles que comparten rasgos identificables en los usos. Los géneros en la experiencia audiovisual se desarrollan en relación con variables culturales, sociales, políticas, que evidencian preocupaciones, temores, deseos y aspiraciones en lugares y tiempos determinados.

Daniel Chandler plantea que los géneros son «convenciones particulares [que] se enmarcan en la interpretación del lector/espectador de un relato [ya que] los géneros solo existen en tanto y en cuanto un grupo social declara y refuerza las reglas que lo constituyen [reconociendo que todo género] es un proceso constante de negociación y cambio» (1997, p. 3).

En la misma línea, Jason Mittell define los géneros como formas narrativas palpables que las audiencias reconocen y con las que interactúan constantemente, «un producto cultural constituido en las prácticas mediáticas» (2004, p. 1).

De esta manera, en la televisión se consideran géneros como lo periodístico, el drama, la aventura, la comedia, lo educativo, lo participativo, etcétera. Si bien algunos son subsidiarios de clasificaciones realizadas en la literatura o en el cine, cada uno ha tenido su propio proceso de desarrollo y adecuación al medio televisivo, y les ha otorgado características propias.

Los «formatos» se definen como la forma específica que toman los relatos audiovisuales, su organización, su duración, su continuidad, la forma relacionada con la propia industria. Carrasco define el formato como «conjunto de características formales específicas de un programa determinado que permiten su distinción y diferenciación con respecto a otros» (2010, p. 180).

Buonanno señala que «por formato se entiende [...] una tipología de producción, caracterizada por específicas modalidades o declinaciones de un cierto número de componentes estructurales» (2005, p. 20). La autora italiana señala entre otras: número de partes —capítulos—, duración de tiempo, periodicidad —diario, semanal—, fórmula narrativa —apertura, conclusión final en las partes— y morfología de las partes —episodios o capítulos independientes o con continuidad—. A partir de la combinación de estos componentes, cada uno de los programas se ubicará en un formato particular en la industria.

Es, en ese sentido, que en este texto entendemos a los formatos televisivos como tipologías de producción industrial en las que encajan los programas. En este libro se habla entonces de formatos televisivos en relación con las distintas formas de la dinámica televisiva. Noticieros, magazines, telenovelas, series, concursos, etcétera son ejemplos de formatos en este sentido.

En relación con el concepto «formato», Buonanno también nos recuerda que, en los últimos años —desde finales de la década de 1990—, el término ha movilizado un nuevo significado, «un modelo o un esquema de transmisión televisiva» (2005, p. 20), un programa —generalmente ligado al entretenimiento— probado con éxito en su lugar de origen que es vendido a diferentes mercados y donde este modelo se «indigeniza», en términos de la académica italiana. El ejemplo más observado mundialmente es el del Gran hermano, cuyo formato se ha reproducido en diferentes partes del mundo. Sin embargo, ya que en este libro se utiliza el término formato como tipología de producción, y para no causar confusión con el concepto de modelo o esquema, denominaremos «franquicia» a este proceso de indigenización de modelos.

Así, los géneros y los formatos son espacios dinámicos de encuentro de la industria, los relatos y sus audiencias. La competencia de las audiencias en la lectura de los géneros y los formatos tiene que ver con lo que Eco define como «el encanto de lo frecuentado, de lo previsible» (citado por Mazziotti, 2006, p. 53), el reconocimiento que las audiencias hacen de aquello que consumen, la transformación del espacio del consumo televisivo en lugar de apropiación y experimentación, donde las subjetividades se performan en relación con los relatos, relatos muchas veces anacrónicos, pero donde siempre existen matrices culturales que conectan con la vida de la gente. Recordemos que los relatos televisivos muchas veces se configuran como modelos y patrones de conducta, y la mayoría de las veces dialogan con proyectos identitarios individuales y colectivos.

De esta manera, la existencia de los géneros y los formatos cumplen una doble función en los extremos de la producción y el consumo televisivo. De lado de la producción configuran una manera de organización y utilización de recursos que permite un mejor funcionamiento y optimización de recursos para la producción (Gledhill, 1985). Si hay que realizar un noticiero, la producción sabrá que deberá contar con recursos —reporteros, conductores, cámaras de exteriores, organización de producción diaria— diferentes de los que se necesitan para un melodrama o un programa de concursos, por ejemplo. Desde el lado del consumo, el espectador tendrá una serie de expectativas con respecto al género o al formato que le es ofrecido, e interpretará de manera determinada lo que se le presenta en la pantalla televisiva. Esperará reírse si es una comedia o informarse de los últimos acontecimientos si es un noticiero, por ejemplo.

La categorización de este libro

Las características y particularidades de la televisión peruana, y el desarrollo de la televisión en general, hace que en este libro no se utilice la definición clásica de los géneros y formatos de la televisión, y que hemos utilizado como ejemplos en los párrafos anteriores.

A partir del levantamiento de información sobre lo que se ha producido y emitido en las pantallas televisivas de seis canales peruanos de llegada nacional, que hemos considerado como los principales, este libro agrupa esos programas en cinco categorías y en diversas subcategorías. Estas denominaciones han sido consensuadas para este libro, pero no pretenden generar categorías universales, ni ser un paralelo de los géneros y formatos explicados en los párrafos anteriores. Ha sido simplemente una manera de agrupar los programas a partir de algunos criterios generales, guiados por la teoría de los géneros y formatos televisivos, pero que por las características propias de la televisión peruana no pueden ser agrupados en la definición teórica de los géneros más comunes.

Las categorías no son totalmente satisfactorias para quienes hemos participado en esta investigación, pero es la mejor manera que se ha encontrado para agrupar la diversidad de los programas peruanos de este quindenio de manera consensuada. Cada una de ellas está ampliamente explicada en cada uno de los capítulos, pero adelantamos aquí algunas líneas generales que han guiado estas categorizaciones.

 Una primera categoría es la «periodística». En esta se ha agrupado a todos los programas peruanos emitidos entre los años 2001 y 2015 que tienen manejo de la información de actualidad, aquello que se relaciona con la realidad diaria o semanal que es trasmitida por televisión. La principal función de estos programas es la de mantener informados a los espectadores sobre lo que sucede en su entorno y en el mundo diariamente. Las subcategorías que se han trabajado son el noticiero —programa diario que resume los principales acontecimientos del día—, los magazines periodísticos —programas interdiarios o semanales que amplían las informaciones más importantes—, los programas deportivos —determinados principalmente por su contenido y su relación con lo que pasa en los deportes nacionales— y los eventos especiales —programas no seriados que surgen en momentos determinados según los acontecimientos de la sociedad—.

 La siguiente categoría agrupa a los «programas culturales». Aquí se ha considerado a todos los programas peruanos emitidos entre el periodo de estudio que también manejan la información, pero sin la determinación del componente de la actualidad, y que se relacionan más con los elementos de creación de una sociedad que refleja su cultura, en el sentido amplio de la palabra. Las subcategorías utilizadas en los programas culturales son el magazine cultural —programas que abordan de diferente forma aspectos de la cultura de una sociedad—, el reportaje cultural —en el que se aborda lo cultural a partir de fragmentos que conforman un todo—, el musical —programas en los cuales lo central es la música en sus diferentes variantes como manifestación cultural—, el documental —en el que lo cultural se convierte en documento audiovisual para las audiencias—, programas de conversación —en los cuales las entrevistas o conversaciones de conductores e invitados permiten difundir parte de nuestra cultura—, programas educativos —en los que el objetivo principal es fijar un conocimiento en el espectador— y espectáculo cultural —cuando se emiten espectáculos que no han sido específicamente producidos para la televisión—.

 Otra categoría utilizada es la de «entretenimiento». En este caso se ha considerado a los programas peruanos emitidos en el periodo 2001-2015 en los cuales el objetivo principal es la entretención del espectador, con aspectos lúdicos, participativos o ligeros. Las subcategorías consideradas son el programa de concurso —en los que los participantes demuestran alguna destreza para lograr un premio—, los realities —en los cuales se trasmite la vida y acontecimientos de personas y su realidad, con poca intermediación—, los gossip —programas en los que el chisme es su sustento principal—, el magazine de entretenimiento —programas de diverso contenido que mezclan distintas formas de abordar el entretenimiento—, el talk show —programa que mezcla la conversación y el debate con un componente de realidad y personajes comunes— y, finalmente, miscelánea —agrupa a diferentes programas de entretenimiento ligados a la comedia o que no han tenido la presencia o importancia necesaria para una subcategoría propia—.

 Otra categoría que se ha trabajado en esta investigación es la de «ficción». Esta se distingue de las anteriores en el tanto no es un elemento directo de la realidad o la información actual, sino que es una puesta en escena, producida a partir de guiones, con actores y directores que hacen una representación para la pantalla. Las subcategorías que se han trabajado aquí son las más cercanas a lo que generalmente se conocen como formatos, las maneras especificas en que estos relatos son presentados y programados en la pantalla televisiva: telenovela, miniserie, serie, soap opera, docudrama y unitario.

 Finalmente se ha considerado una categoría denominada «contenidos diversos». A diferencia de las anteriores, no hay una unidad en esta categoría, la misma que agrupa la diversidad de programas peruanos emitidos entre los años 2001 y 2015 por la televisión peruana, cuya producción ha sido limitada o poco frecuente. En esta categoría se encuentran subcategorías que en otras épocas —o en otros países— podrían ser consideradas una categoría en sí mismas, como los programas infantiles o programas de cocina, pero que en el quindenio analizado han tenido menor presencia que en años previos, principalmente por su migración a los canales de cable. Otras subcategorías son las que conforman los programas religiosos, los programas de consultorio y los infomerciales, que han logrado un espacio en algunos canales de la televisión peruana. Finalmente se ha incluido aquí el tiempo de programación, cuya data no ha sido posible conseguir, para mantener el valor estadístico del tiempo que los programas peruanos han tenido en pantalla. Sin embargo, más allá de la contabilización de horas, esta subcategoría no tiene mayor desarrollo.

Abordaje metodológico

Este libro se propone recuperar, seguir, identificar y analizar la historia de la televisión peruana de señal abierta durante el nuevo siglo, porque, como ya se ha señalado, desde ella se van construyendo y consolidando los imaginarios de una sociedad, y este corte temporal responde al propio desarrollo de la televisión como ambiente, pero específicamente a un conjunto de cambios y transformaciones, así como permanencias que empiezan a observarse durante este periodo.

Para realizar este libro se tuvo que reconstruir la programación en la televisión peruana de canal abierto de los primeros quince años del siglo XXI. En consecuencia, se seleccionó a los seis principales canales de llegada nacional, que son emitidos desde la capital peruana: Latina, América Televisión, Panamericana Televisión, TV Perú, ATV y Global8. Se escogió la televisión de señal abierta por varios motivos: su accesibilidad, su continuidad en el tiempo y desarrollo, y, finalmente, por su importancia estratégica en nuestro país. Según el reporte de hábitos de consumo radial y televisivo de ConcorTV, en el caso peruano, es la televisión de señal abierta la que lidera la tenencia: «Los medios con mayor presencia en los hogares son la televisión (100%) y la radio (91%). En tercer lugar, se destaca la tenencia de celular multimedia (82%), equipo con una marcada tendencia creciente comparado con resultados de estudios anteriores» (2019, p. 8). Y, lo más importante, la televisión de señal abierta aún lidera el consumo televisivo y supera el consumo de los demás medios masivos en general: «la televisión es el medio más utilizado, tanto en un día típico de lunes a viernes (99%) como durante el fin de semana (97%)» (p. 9).


DíasVen TVEscuchan radioLeen diarios y revistasNavegan por internet
Lunes a viernes99%83%64%82%
Sábado y domingo97%81%60%78%
Fuente: ConcorTV, 2019, p. 9.

Desde el año 2010, la televisión digital terrestre (TDT) se emite de manera abierta en el Perú, y las diferentes empresas televisivas han ido integrándose a esta nueva tecnología, que permite que los canales puedan hacer uso de hasta cuatro frecuencias para emitir programación. Con la excepción del canal del Estado, los demás canales utilizan una sola frecuencia de las posibles o emiten la misma programación en diferentes frecuencias. Es en el año 2015 (año final de este libro) que algunos canales empezaron a trasmitir su señal de TDT en algunas ciudades del país. Estos dos motivos han hecho que para este libro se haya consignado solamente la programación en la señal principal de cada canal y no las posibles señales alternativas de la TDT.

Con este fin se levantaron datos desde tres fuentes. Por un lado, el Observatorio Audiovisual Peruano hace un seguimiento de toda la programación de los seis canales señalados desde el año 2012, por lo que fue una fuente importante para la última etapa del periodo estudiado. Para el resto de los años se solicitó apoyo a Kantar IBOPE Media, la empresa de medición de sintonía que funciona en el Perú, la cual amablemente brindó los datos de programas emitidos y las horas de emisión de cada uno para los años anteriores a 2012. Luego de un primer análisis de los datos, se detectaron algunas ausencias e incongruencias que fueron corregidos a través de un trabajo de revisión de diarios y revistas que publicaban la programación diaria de los canales, lo que permitió complementar la información existente.

Luego de esta recopilación se seleccionaron los programas nacionales, tanto de estreno como repeticiones. Para asegurar que los nombres de la data recopilada correspondieran a programas peruanos se cruzó información con fuentes bibliográficas, entrevistas y bases de datos virtuales. Una vez realizada la separación de los programas peruanos, se empezó a categorizarlos según los criterios explicados en el ítem anterior. Una vez separados en las cinco categorías principales, se subcategorizó cada programa en alguna de las 29 subcategorías indicadas previamente. Debe indicarse que, a pesar de las diferentes fuentes utilizadas para la reconstrucción de la programación en el periodo de quince años, hubo algunas horas del día en las que no se pudo conseguir data sobre qué fue emitido por los canales, y eso se ha consignado como «sin data» (s.d.) en las tablas utilizadas. Pero, al margen de esos vacíos, lo que se ha trabajado son los programas producidos y emitidos en el Perú, entre 2001 y 2015, en los seis canales de televisión abierta con llegada nacional que se nombraron párrafos arriba.

Finalmente, debe indicarse que en el tiempo de pantalla no se ha hecho una separación del tiempo dedicado a publicidad. De esta forma, para una producción peruana emitida en el periodo investigado no se ha considerado el tiempo neto de la producción, sino también el tiempo de publicidad que ha contado al interior de su emisión, pues desde la data recogida no fue posible separar el tiempo de cada uno.

Una vez recopilada y categorizada esa información, se generaron diferentes tablas que han sido parte sustancial para el análisis que se encuentra en los capítulos siguientes. El procesamiento estadístico de la información ha permitido observar el tiempo en pantalla que ha tenido cada una de las categorías y de las subcategorías en cada año, en cada canal o de manera global. Esto permite observar tendencias, predominancias en canales o épocas específicas, variaciones y constancias.

Observando las tendencias y los elementos más saltantes, cada uno de los autores de los diferentes capítulos ha abordado el análisis de manera diferente: enfocándose en las categorías, en la progresión temporal, en los resultados de cada canal, etcétera. No hay, de esta manera, unidad absoluta en la forma en que cada categoría es abordada, debido a la variedad de las propias categorías, aunque hay mucha coincidencia por las particularidades de la televisión peruana de señal abierta.

Reconocimientos

No podemos dejar de reconocer que este libro ha sido posible gracias al apoyo de diversas instituciones y personas. Este trabajo fue financiado por el Vicerrectorado de Investigación y la Dirección General de Investigación de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) a través de su programa de Concursos de Apoyo a la Investigación.

Como indicamos en la parte de metodología, la empresa Kantar IBOPE Media apoyó este trabajo al facilitarnos datos necesarios para poder llevarla a cabo. Durante años la empresa ha sido un aliado importante para nuestras investigaciones. Agradecemos, en particular, el apoyo recibido de parte de Milutzka Bueno, Ytzabel Carmen y David Prieto.

No puede dejar de nombrarse al grupo de estudiantes y predocentes del Observatorio Audiovisual Peruano —Marisabel Ato, Brunella Bertocchi, Mary Bustinza, Wendy Ramírez, Sarah Rueda, Lissi Torres y Nataly Vergara—, quienes se encargaron de los procesos de reconstrucción y calificación de la data y del levantamiento de información complementaria para la elaboración de este libro. Igualmente, a Thalía Dancuart, quien además de ser coautora de este libro, ha sido la encargada de procesar toda la data y elaborar las tablas estadísticas que se utilizan a lo largo de este texto.

Finalmente, queremos agradecer a Susana Bamonde, Gabriel Derteano, Sandro Méndez, Margarita Morales-Macedo, Alberto Rojas, Augusto Tamayo, Fernando Samillán y Chela Yzaguirrre, quienes gentilmente accedieron a ser entrevistados y alimentar esta investigación con datos sobre el contexto televisivo nacional.

1 Netflix llegó oficialmente al Perú en setiembre de 2011; Movistar Go, en 2015. En diciembre de 2016 lo hizo Prime Video y Movistar Play, en julio de 2017.

2 Los objetivos del milenio son: 1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre, 2. Lograr la enseñanza primaria universal, 3. Promover la igualdad de género y la autonomía de las mujeres, 4. Reducir la mortalidad infantil, 5. Mejorar la salud materna, 6. Combatir el VIH/sida, paludismo y otras enfermedades, 7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, 8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

3 https://www.undp.org/content/undp/es/home/sdgoverview/mdg_goals.html

4 Si bien el golpe militar fue en octubre de 1968, no fue hasta 1971 que se expropiaron los canales de televisión. Consideramos que es con la expropiación de los canales que se cierra una etapa en la historia de la televisión peruana, y se abre otra de nuevos vínculos y estrategias comunicacionales.

5 Actualmente Latina.

6 Actualmente ATV.

7 Asociadas a Panamericana Televisión surgieron CINETEL y ProPan. De manera independiente se fundó la casa realizadora de ficción PROA S.A.

8 Este canal ha tenido cambios constantes de nombre. En el análisis y las figuras de este libro se utiliza el nombre que tenía al finalizar el periodo de observación: Red TV. Poco antes de finalizar este libro el canal cambió nuevamente de nombre a NexTV, luego a América Next y posteriormente a Global.

Capítulo 1.

Lo periodístico para el Perú del nuevo siglo

James A. Dettleff

Los programas periodísticos nacionales en la televisión peruana en los primeros quince años del siglo XXI

Como en cualquiera de los capítulos de este libro, la definición sobre qué es lo «periodístico» o a qué se le llama periodístico es la primera pregunta que surge. Las opciones fueron variadas y las decisiones consensuadas, antes que totalmente acordadas. En nuestra práctica común, el término «informativo» podría parecer más adecuado para agrupar a una serie de programas que trabajan con la información, en contraposición con aquellos que trabajan con relatos inventados («ficción») o que manejan situaciones lúdicas («entretenimiento»).

McNair indica que el periodismo, en todas sus variedades, «es el escenario constante que nos acompaña en nuestra vida diaria»9 (2006, p. 25), mientras Puente afirma que «en la idea de imitación radica la gran diferencia entre drama y periodismo: el drama imita, el periodismo muestra [la acción]» (1997, p. 57). Pero lo periodístico no es lo único que está en el ámbito de lo informativo, ya que varios otros programas manejan información, muestran la acción y se relacionan directamente con la realidad sin ser considerados periodísticos.

Por ello, en este libro decidimos agrupar en la definición de «periodísticos» a los programas que trabajan con información, trasmiten elementos de la realidad, muestran las acciones sucedidas en el mundo, pero, sobre todo, que tienen a la actualidad como característica. Así, por «actualidad» entendemos esa relación temporal cercana entre el suceso o hecho informativo y la transmisión o relato de esa información.

Asimismo, el manejo de información con cierto nivel de actualidad debe ser regular, constante, periódico. En general, los hechos que acontecen en el mundo pueden convertirse en información mediada si esta se considera relevante para la sociedad; es decir, si generará algún tipo de conocimiento en los lectores o espectadores que les permitan actuar en el ámbito social. Luhmann nos recuerda que «lo que sabemos de nuestra sociedad, o acerca del mundo en el que vivimos, lo sabemos a través de los medios masivos» (2000, p. 1). Los documentales, los programas culturales, los instructivos son parte de lo informativo, pues nos permiten acercarnos y conocer nuestra sociedad y nuestro mundo, pero sin tener una temporalidad cercana; es decir, pueden pasar meses o años desde que sucedió el hecho hasta que ese tipo de programas sea emitido, y su valor informativo no estará en la actualidad, sino en lo novedoso de aquello que nos brinde.

A diferencia de esos programas, lo periodístico supone una inmediatez o algún tipo de cercanía temporal (días o semanas, con posibilidad de reactualización posterior) que además supone una regularidad en su emisión (Puente, 1997). La idea del periódico, el diario, el semanario como formatos escritos de lo periodístico toma su nombre por su periodicidad. En el caso televisivo, en algunos países de Iberoamérica se habla de los telediarios para hablar de algunos programas periodísticos, lo que es una mezcla del medio televisivo con la periodicidad de emisión.

Los programas más comunes que se encuentran en esta categoría son lo que comúnmente se conoce como «noticieros», aquellos programas diarios (a veces con más de una emisión por día) que manejan la información como «noticia» —con características que revisaremos más adelante— y que tienen gran actualidad, es decir, una relación temporal cercana entre el momento en que ocurre el hecho y su emisión. Igualmente se encuentran los magazines informativos —diarios o semanales—, que entregan de manera más desarrollada los hechos noticiosos. Estas son las dos formas más comunes en las que se encuentra lo periodístico en la televisión peruana.

Hemos considerado aquí dos subcategorías adicionales a las anteriormente nombradas y que saltan inmediatamente a la vista cuando se habla de lo periodístico: programas deportivos y de eventos especiales. La primera tiene las características descritas previamente, pero lo que cambia es su temática: se refiere casi en exclusividad a hechos deportivos y no a otro tipo de sucesos que se desarrollan en los noticieros o magazines noticiosos. De igual forma que la sección deportiva se fue independizando de las páginas finales de los diarios peruanos —y se convirtió en suplementos especiales o en diarios especializados—, las secciones de deporte fueron tomando cada vez más tiempo en los noticieros peruanos y llegaron a ser independientes o se convirtieron en programas propios.

Pero hay un elemento adicional para los programas periodísticos deportivos: la inmediatez es mucho más común que la existente en los noticieros o magazines. Muchos programas deportivos suponen que la relación temporal entre el suceso informativo y su transmisión sea de absoluta sincronía, que no haya retraso en su emisión, sino que sea lo que comúnmente se conoce como la «transmisión en vivo», cuando el hecho noticioso/deportivo está sucediendo.

Esta característica final es aquella que está presente en casi todos los productos televisivos que hemos agrupado en la última subcategoría que hemos llamado «programas de eventos especiales», emisiones que mayormente se realizan cuando el hecho está aconteciendo. Su diferencia con los demás programas está principalmente en su periodicidad, que es muy dilatada (anual, por ejemplo) o inexistente. Pero retornaremos a todas estas categorías más adelante para verlas con más detalle.

En el caso de los programas noticiosos —aquellos informativos que manejan noticias o información de actualidad en la televisión— hay una dimensión diferente, pues, como indica Del Rey, «antes informar tenía que ver con la reducción de la incertidumbre —al menos teóricamente— ahora el término aparece estrechamente ligada a la imagen: informar es enseñar el acontecimiento» (1998, p. 221). Lo televisivo impone, de esta manera, dimensiones distintas a los hechos que serán emitidos como parte de los informativos que aquí denominamos «noticiosos», ya que no solo se trata de acontecimientos de interés común, con cierto nivel de actualidad y con periodicidad en su emisión, sino que deben mostrarse a través de imágenes (y sonidos).

La imagen es un elemento que suma a la información (escrita o sonora), que permite una mejor llegada al público y un enganche emotivo que se ha vuelto esencial en las últimas décadas para los programas informativos. Lo periodístico televisivo es muchas veces un reflejo o heredero de lo periodístico escrito, pero cuando sucede en las pantallas genera mayor impacto o controversia: «Lo que caracteriza a la televisión es que es un objeto social que no deja indiferente, que sigue siendo el centro de controversias políticas, y que es un excelente recurso para construirse un prestigio consolidado como intelectual» (Del Rey, 1998, p. 45).

Pero, más allá de esas características, lo que se logra con la imagen es un mayor nivel de generación de veracidad, una necesaria comprobación pseudofactual que en el Perú del inicio del siglo XXI se ha convertido en una necesidad imperiosa. El desafío de la televisión en estos años fue recuperar la credibilidad tras un contexto de corrupción en el manejo de la información, engaños y manipulaciones por parte del gobierno de Alberto Fujimori. Por ello lo periodístico se vio en la necesidad de probar contantemente su retorno a la veracidad o, al menos, a pregonarla para intentar que se olvidara su comportamiento en la década de 1990.

Pero no solo esta circunstancia ha modificado al periodismo peruano —al igual que en el resto del mundo—. El acceso a información y fuentes no se da ya «en la calle», pues la internet y las redes sociales han reemplazado a las fuentes tradicionales como generadoras de «información, testimonios o datos con los que poder construir sus noticias» (Herrero Curiel, 2012, p. 1116), lo que ha llevado a una práctica que muchos ven como un peligro para el rigor periodístico. Curran y Seaton indican que los resultados de un estudio mostraron que «la internet promueve la rutina de cortar y pegar en los periodistas», lo que disminuye la práctica de buscar la información (2010, p. 95) y, a la vez, cuestiona la capacidad de verificación de datos y cruce adecuado de información.

Del Rey afirmaba, a fines del siglo pasado, que «son los propios criterios veritativos de la información de actualidad los que han cambiado. Hoy un hecho es verdadero no porque sea empíricamente verificable, sino porque, además de la imagen, resulta que otros medios pregonan y repiten las mismas afirmaciones, las mismas historias, a modo de confirmación» (1998, p. 221). En una época en que los medios sociales permiten circular la información de manera más veloz aún, la repetición de hechos y relatos sobre sucesos no comprobados va generando carácter de verdad no por su verificación, sino por su repetición, lo cual acarrea peligros como los señalados por Curran y Seaton. En el caso del Perú, donde existen conglomerados de medios que se autoalimentan y repiten la información no solo en sus diferentes canales, sino en sus distintas plataformas y redes sociales, esos criterios para reafirmar la veracidad de una información se multiplican, se validan entre sí mismos y construyen discursos de verdad que no están necesariamente basados en hechos. Este problema se observó con mayor presencia aún en la época de la corrupción fujimorista, cuando los diferentes medios mostraban imágenes y se repetían en otros medios a modo de confirmación, pero eso no significaba que había veracidad en lo relatado. Algunos rezagos de estas prácticas se han mantenido —como veremos más adelante— y eso no permite que se termine de separar la imagen de la prensa peruana con esas malas rutinas, lo que genera críticas y denuncias de parcialización que se acrecientan sobre todo en épocas electorales. Esta forma de generar discursos de verdad a partir de repeticiones y poca comprobación va en contra de los principios periodísticos, pues, si bien se entiende que la objetividad es un anhelo que no puede lograrse del todo, lo que se espera de una información para ser realmente útil es «que el periodismo —o aquellos que lo realizan— pueda persuadirnos de su precisión, su exactitud, su fiabilidad y veracidad» (McNair, 2006, p. 31).

Como indicamos en la introducción, la televisión peruana pasó de estar en manos de radiodifusores —broadcasters, como se les conoce en inglés— a empresarios de diversos rubros, y eso hizo que las leyes del mercado y la visión de los canales como compañías comerciales antes que de bien público modificaran sus contenidos, incluidos los informativos. Ahora bien, esta es una problemática mundial, pues, como indica Berry, «los valores del libre mercado se han colocado al centro del escenario y se han debilitado las prioridades del servicio público» (2019, p. 76). Por este motivo Curran y Seaton observan que la independencia que el periodismo ha logrado del Estado y los gobiernos se ve amenazada por «las corporaciones que tienen distintos intereses sobre las decisiones políticas y se vuelve vulnerable a los dueños de los medios» (2010, p. 350). Asimismo, junto con la independencia está amenazada también la concepción de la objetividad, pues «si las noticias son un negocio, estas son propiedad de hombres de negocios con preferencias políticas y sesgos ideológicos» (McNair, 2006, p. 34).

Al respecto, en la literatura académica se observa que los medios —y en particular la prensa— tienden a ser «perros falderos» o «perros guardianes» (lapdog y watchdog en inglés) según su cercanía y aquiescencia al poder o su actitud vigilante frente a este, que los muestra como independientes. Glasser y Craft indican que la noción de una prensa independiente es aquella «que está comprometida a otorgar a los ciudadanos con información precisa y sin sesgos» (1998, p. 204). El «no sesgo» es entendido por los autores como una total búsqueda de imparcialidad u objetividad, pero no es entendido simplemente como mostrarse contrarios al gobierno de turno o apoyar al candidato opositor, pues eso de por sí ya sería muestra de una posición parcializada.

Algunos trabajos que investigaron el desarrollo del periodismo en América Latina luego de periodos de gobiernos no democráticos observaron que en la región se propagó un estilo agresivo de periodismo que quería mostrarse como «perro guardián», sobre todo luego de su comportamiento de «perros falderos» en esos periodos (Alves, 2006). Otros estudios observan cómo en diferentes países los periodistas concuerdan en la importancia de llevar con rapidez las noticias a sus audiencias y, hasta cierto punto, de permitirles expresar su opinión; pero no existía tanto acuerdo sobre analizar la labor del gobierno y comportarse como perros guardianes de sus acciones (Weaver, 2006, p. 50). Otras investigaciones citan a Waisbord indicando que hay un periodismo que se precia de señalar las malas acciones (Alves, 2006, p. 181) y llegan incluso a señalar que el Perú fue uno de los países donde hubo un aumento en el interés por mostrar especialmente los escándalos (Schudson, 2019, p. 157).

De esta manera, los programas periodísticos peruanos —con el fin de borrar la imagen de los cerros de dólares pagados por el asesor Vladimiro Montesinos para comprar las líneas editoriales de los canales durante el gobierno de Fujimori y mostrarse como alejados del poder— buscan proyectarse como «perros guardianes», mezclando la idea de independencia con la de confrontación directa, lo que genera un esfuerzo que no es real imparcialidad, sino una muestra de escándalos y señalamiento de supuestas malas acciones, pero no necesariamente producto del trabajo periodístico. En los años posteriores al quindenio estudiado, se ha podido observar esta práctica en aumento, con el uso de audios manipulados (entregados por un candidato a la vicepresidencia a Las cosas como son para desacreditar una denuncia en su contra), exhibición de «pruebas» que generaban escándalo aunque no delito (whatsapps del entonces presidente Vizcarra en Panorama), exposición de fotografías claramente adulteradas para supuestamente señalar corrupción en el gobierno (supuestas fotografías del entonces presidente Vizcarra con Antonio Camayo en Cuarto Poder) o muestra de imágenes que no corresponden a los hechos imputados (fotografías de supuestas armas durante las marchas contra el breve gobierno de Manuel Merino en Rey con Barba, cuando correspondían a imágenes de años anteriores en otro país), solo por nombrar algunos ejemplos. Si bien algunos de estos casos supusieron renuncias o aclaraciones, en otros no merecieron ni siquiera un pedido de disculpas por quienes hicieron estas emisiones sin verificar adecuadamente la información propalada.

Estas acciones se dan en un ambiente de democracia en el que «los periodistas actúan con si tuvieran leyes que les garantizaran el derecho a tener siempre sospechas del gobierno» (Alves, 2006, p. 199) y, como hemos indicado citando a Glasser y Craft, esa es una equivocada noción de imparcialidad.

Desafortunadamente eso es lo que ha sucedido con mucho de lo periodístico en el Perú de inicios de siglo XXI. La prensa que trata los temas de actualidad social, política y económica peruana parece olvidar por momentos que «el propósito de la prensa es promover y mejorar [la sociedad] y no solo reportar o quejarse de la calidad de la vida pública o cívica» (Glasser & Craft, 1998, p. 204), y muchos programas periodísticos encuentran en la mera confrontación una manera de justificar o pregonar la inexistencia de un sesgo y, más aún, su distancia frente al gobierno de turno.

De esta forma, teóricamente lo periodístico ha sido visto en general como una especie de servicio que se le proporciona al público para lograr algo, lo que hace que la información deba relacionarse más con resultados que con productos específicos (Jarvis, 2015, p. 27). Esta noción está en la línea propuesta por Hallin, que ve que el propósito principal debe ser el desarrollo nacional, para lo cual los medios deben ser considerados servicios públicos antes que empresas orientadas comercialmente, estos deben a servir a la nación (1998, pp. 155-156). Sin embargo, el autor también es consciente de que lo que se ha dado en la segunda mitad de la década de 1990 ha sido un giro hacia estructuras comerciales con empresas televisivas que coexisten en un mercado competitivo regional y transnacional (1998), que ponen el peso en la orientación comercial.

Ahora bien, en un escenario de medios comerciales como el peruano la idea de medios públicos obtiene mucha resistencia. Mientras se discute la necesidad de canales realmente públicos (y no al servicio de gobiernos de turno, ya sean nacionales, regionales o locales), no puede olvidarse que la televisión peruana se ha manejado como empresa comercial casi desde su origen, y mucho más al inicio del siglo XXI, cuando dejaron de ser empresas familiares, cambiaron de dueños, y estos nuevos dueños adquirieron acciones y grupos empresariales que los convirtieron en socios comerciales o estratégicos para afrontar los retos del mercado. Su interés es mercantil, pues tienen empresas de prensa escrita y radios que necesitan financiar sus operaciones. La publicidad es su principal fuente de financiamiento, por ende, estará presente ahí donde haya audiencia, lo que genera un círculo de creación de contenidos, de tratamiento de ciertos temas con preferencias sobre otros, en el que la publicidad termina financiando cierto tipo de contenidos para cierto tipo de audiencia (Glasser & Craft, 1998).

Jarvis advierte sobre la idea de considerar a los medios como empresas de negocios de la información, en las que esta última se convierte en contenidos determinados: «Puede que definirnos como creadores de contenidos sea una trampa. Esa cosmovisión nos convence de que nuestro valor está encarnado completamente en lo que hacemos y no en el bien que la gente obtiene de ello» (2015, p. 26). El autor considera que verse como creadores de contenidos aparta a los canales del público, ya que deja la responsabilidad del producto y sus contenidos en los creadores, quienes se dedican a la producción y distribución, y dejan de lado al público (2015).

Pero esta visión no es del todo acertada, ya que una empresa radiodifusora que no piensa en su público corre el riesgo de perderlo y, con ello, perdería su principal fuente de financiamiento. Más aún, Jarvis olvida las reales posibilidades del público, pues tiene una visión que responde a lo que Buonanno llama «el paradigma de modelo trasmisor», el cual «ha funcionado demasiado tiempo en la teoría. En él los mensajes se envían a través de un canal, donde hay una sola dirección con sujetos activos que emiten y pasivos que reciben» (1999, p. 22). Este paradigma deja de lado las posibilidades del público con respecto a los productos televisivos que recibe, la resemantización de los mensajes y la agencia que posee. Buonanno advierte que pensar a los medios como constructores de la realidad no significa que las audiencias la tomen como si nada, pues eso sería retornar a la idea de medio como trasmisor y obviar que esa construcción es «un proceso, durante el cual se presentan, se interpretan, se comparan, se discuten se negocian significados sobre diversos aspectos de la vida cotidiana y del mundo social» (1999, p. 79).

El paradigma de modelo trasmisor que critica la autora deja de lado el hecho de que la televisión no es unívoca, pues tiene múltiples significaciones a partir de los diferentes públicos que reciben sus mensajes, en los cuales «cada individuo se acerca a ella de manera distinta, con actitudes distintas, según su edad, su tiempo libre, su formación y sus preocupaciones culturales» (Del Rey, 1998, p. 38). Y en esta última década, la (inter)relación del público con los contenidos se ha modificado en gran forma gracias a las facilidades tecnológicas existentes.

En el caso de lo noticioso, el público negocia con lo emitido en los programas televisivos, donde son los profesionales de los medios en quienes el público «deposita su confianza para que seleccione de la realidad y de la acción de sus semejantes aquello que necesita conocer» (Puente, 1997, p. 132). La absoluta imposibilidad que tenemos de aproximarnos a todos los sucesos del mundo hace que se dé esta delegación de la función de acercarnos a la realidad y a los hechos importantes, que supuestamente son seleccionados por quienes tienen acceso a la información. Lo que sucede en los programas informativos, y específicamente en los periodísticos, es que se facilita una reconstrucción de la realidad a través de una observación de segundo orden, en la que los espectadores observan aquello que ha sido observado por quienes realizan los productos televisivos (Luhmann, 2000).

Se da, de esta manera, una regulación del acceso de los ciudadanos a la información de lo que ocurre en su entorno y se valora aquello que es relevante para ser mostrado en el medio televisivo (Del Rey, 1998). Justamente, el yerro en esta selección relevante, la valoración inadecuada de los hechos mostrados —o dejados de lado— es lo que hace que el público pueda perder credibilidad en los programas periodísticos cuando siente que la confianza depositada en los periodistas ha sido traicionada. Esa es la confianza que muchos profesionales de televisión peruanos han intentado ganar nuevamente después de los sucesos de fin del siglo pasado.

Desde la década de 1960 la televisión ha sido la ventana al mundo y, aunque hoy los medios sociales que permite internet dan a la sociedad mayor acceso de aquello que sucede en el mundo, el medio televisivo aún mantiene un sitial importante en el Perú como forma de relacionarse con su entorno, tanto cercano como lejano. Por ello resulta importante que este medio genere un diálogo con su audiencia, en el cual se permitan formas de acceso a la información adecuada, y se sienta que hay representación de las diferentes voces y de los intereses sociales que colaboran a un mejor desarrollo de la sociedad (Hallin, 1998).

En las últimas décadas se ha visto que los programas informativos —y aquí ampliamos el término no solo a lo que consideramos en este capítulo noticioso o periodístico sino también a otros tipos de programa que manejan información, como los programas culturales o instructivos— han incorporado formas de entretenimiento a su estructura, pues, como indica Jarvis, «el entretenimiento puede ser informativo e ilustrador, y los informativos pueden ser interesantes e incluso entretenidos» (2015, p. 183).

Este cambio supone una ruptura con la vieja concepción de que los programas que manejan información —periodísticos, culturales, educativos, etcétera— deben ser formales, austeros, ecuánimes o solemnes, lo cual marca una distancia con la sociedad actual, sus individuos y los televidentes. Algunos ven en este cambio de forma de apelación y de estructuración de los programas una reducción de la calidad informativa, pero están obviando que no es el cambio de forma lo que hará mejor o peor los contenidos y la calidad informativa, y que se trata de formas de apelación más eficientes: «En el periodismo hemos llegado a combinar información y entretenimiento porque utilizábamos una forma común de ambas cosas —explicar historias— para transmitir información» (Jarvis, 2015, p. 182).

En una línea similar, Puente afirma que lo que hace que el público se acerque a la televisión es la emoción que esta le brinda, «no porque el medio no pueda hacer otra cosa, sino porque es lo que sabe hacer mejor. Los conceptos y las abstracciones se dejan de lado y se prefieren las historias» (1997, p. 145). Como indica Del Rey, lo informativo en la televisión no es el producto estelar, pues «la televisión es entretenimiento, la televisión es publicidad, la televisión es cine, la televisión es música y comedia, es drama, sexo, confesionario público y psiquiatra a domicilio. Y la información, si no condesciende a entretenimiento, no tiene futuro en el medio, porque no tiene audiencia a la que informar» (1998, p. 23). De esta forma, lo informativo, lo noticioso, lo periodístico necesita apelar de maneras diferentes a su público, a aquel al que desea informar, pues informar a una audiencia vacía no cumple ningún cometido.

El uso de la narración y de giros de la dramaturgia para convertir los hechos noticiosos en un relato que llegue mejor al público es solo una adaptación de las posibilidades abiertas por el periodismo escrito. Dichas posibilidades han encontrado en las pantallas formas masivas de llegada a la población, la cual, a su vez, observa, en este nuevo modo de narrar la información, un producto que la apela de mejor manera y que resulta cercano a la audiencia, pues esta va a consumir los programas televisivos «a partir de necesidades, placeres, reconocimientos, familiaridad e identidad. En la competencia de productos, se acogen los cercanos» (Buonanno, 1999, p. 36), y lo que se persigue es un acercamiento emocional al público, donde primero se induce a sentir, a emocionar, y luego a pensar sobre aquello que se ha visto (Puente, 1997).

Esta apelación emotiva ha ido en aumento en los programas noticiosos desde hace varias décadas. La pantalla televisiva se ha convertido en un gran escenario donde ocurren los hechos y se muestra como espectáculo televisivo, que bien podría ser un espectáculo celebrado «en un teatro, o en un circo, en el que las butacas están desperdigadas por todo el territorio, lo cual no impide que la gente se congregue para presenciarlo» (Del Rey, 1998, p. 194). Esa es la gran característica de la televisión de señal abierta, la cobertura territorial amplia con un gran público diseminado espacialmente, pero unificado por la señal que reciben, donde los espectadores tomarán esa información de manera simultánea. No debemos olvidar que el hecho de que reciban simultáneamente la información no necesariamente significa que el mensaje llegue de la misma manera a los diferentes públicos, pues, como ya hemos afirmado previamente, las audiencias en muchas ocasiones extraen sus propios significados de los productos culturales, como son los programas televisivos (Kellner, 1995). Así, esa información será comparada y adecuada por la audiencia a sus propios valores sociales: «Antes que activas, y mucho más que ser tabla rasa o vivir en el vacío, las audiencias están situadas en las culturas locales [...] entre contextos de pertenencia y de experiencia específicos y diferentes, a los cuales corresponden modos de pensar, de actuar de sentir, así como recursos, necesidades y problemas igualmente específicos y diferentes» (Buonanno, 1999, p. 43).

No debe entenderse con esto tampoco que los significados son totalmente variables en diferentes audiencias. Una visión como esta nos llevaría simplemente a caer en el llamado «dogmatismo de la recepción», en el cual el sentido de los mensajes existe solamente en lo recibido (Kellner, 1995, p. 37). De lo que se trata aquí es que un programa noticioso ofrecerá una información sobre un hecho particular, pero esta información no será del todo objetiva, por más que el periodismo intente acercarse a la objetividad. El punto de vista, la posición desde la que se relata, la perspectiva sobre el hecho noticioso, tendrá siempre una carga que será recibida de manera diferente por los distintos públicos. Esto es más obvio cuando el hecho informativo se refiere a un grupo determinado de la población o cuando se trata de un hecho político. Aquellos directamente afectados, o quienes tengan una posición política determinada respecto a ese hecho, recibirán y tomarán a su vez una posición hacia aquello que se narra, sea de aceptación plena, rechazo o cuestionamiento parcial.

Las críticas más comunes a los programas noticiosos se refieren a la falta de objetividad, la parcialización con algunas posiciones, y el hecho de enfocarse en asuntos que no son primordiales para la ciudadanía o relevantes para la sociedad en general. Este último punto no es un fenómeno exclusivo del Perú, sino que ha aparecido en muchos lugares del mundo. Curran y Seaton (2010) observaban ya cómo en la década pasada el modelo neoliberal y comercial de las empresas ha generado un ambiente de competencia donde se ha «tabloidizado» y vulgarizado al periodismo, que busca así hechos que generen escándalo, en la línea propuesta anteriormente por Schudson.

Hay, así, una serie de cuestionamientos que tienen que ver con el propio tratamiento noticioso, un giro a noticias policiales o de crónica roja, una «oferta numerosa de referentes excepcionales, escandalosos, morbosos, que tienen que ver con conductas atípicas o con accidentes que dejan una cosecha numerosa de muertos» (Del Rey, 1998, p. 193). Debemos decir que, en el Perú, al igual que en otros lugares del mundo, la prensa roja, amarilla y de escándalos no surge en la televisión, sino en los propios medios escritos. Desde la década de 1950 se desarrolló en el Perú un periodismo que se publicaba en diarios de bajo costo, donde lo morboso, los giros idiomáticos, los crímenes eran parte de las noticias comunes. Hacia fines de la década de 1980, y sobre todo en la década de 1990, se desarrolló una prensa que mezclaba las noticias con la farándula, el crimen pasional con la política, el morbo por imágenes y fotografías chocantes con escándalos de vedettes y futbolistas, en lo que se conoce como la «prensa chicha» peruana. Algunos académicos y estudiosos de la prensa peruana vieron en este tipo de periodismo un fenómeno más bien pintoresco, reflejo de una peruanidad graciosa, a pesar de que durante el gobierno de Alberto Fujimori los «diarios chicha» fueron utilizados como arma política para atacar a sus opositores o para distraer a la opinión pública con informaciones irrelevantes.

La televisión no tardó en contagiarse de este estilo, más aún con la compra de líneas editoriales que se dieron en el gobierno de Fujimori para controlar los contenidos y acomodarlos a los intereses del gobierno. Al inicio, las modificaciones fueron por el lado de resaltar elementos y personalidades poco relevantes, de manera similar a lo visto en otros países, donde se «empiezan a invitar a personajes menores, que encuentran en su irrupción mediática una fama que no siempre les es reconocida en su medio profesional» (Del Rey, 1998, p. 214). Del mismo modo, se empezaron a repetir noticias o temas que fueron diluyendo el valor informativo de los contenidos en estos programas: «Ofrecen últimas noticias que no son nuevas en absoluto, sino con demasiada frecuencia pasadas, repetitivas, obvias o triviales» (Jarvis, 2015, p. 92). Tanto Jarvis como Del Rey se refieren a realidades diferentes de la peruana, lo que nos demuestra que el fenómeno de transformación de los programas noticiosos se da globalmente, al menos en el mundo occidental.

Otro aspecto que se puede encontrar en otras partes del mundo, y que empezó a observarse en los programas noticiosos peruanos, fue la presencia de debates como un modo de mostrar diferentes posiciones sobre un tema y una manera de suponerse objetivos, que en realidad tenían poco de exposición de ideas y más de una exposición de hechos irrelevantes pero llamativos. De esta manera, lo que estos programas finalmente buscan son «los aspectos morbosos o laterales de los hechos y protagonistas de la actualidad que pueden suponer una rentabilidad para el programa» (Del Rey, 1998, p. 114). Por ello Jarvis critica a los programas noticiosos locales al indicar que para ellos «el mundo es un escenario y la gente no es más que atrezo [escenografía]» (2015, p. 92).

Estos cambios en los programas informativos son solo parte de los cambios generales en los productos mediáticos, en los cuales hay una tendencia por crear productos que apelen a los públicos más amplios posibles, encontrando denominadores comunes que puedan generar relaciones con una audiencia heterogénea para conseguir mayores auspiciadores (Kellner, 1995). La pantalla, como indicamos párrafos arriba, es el gran escenario donde ocurren los sucesos del mundo, y estemos de acuerdo o no con la crítica de Jarvis sobre el hecho de que la gente es solamente escenografía, sobre ese gran escenario se construye la realidad para los telespectadores, y es a través de esa pantalla que observan los sucesos de su país y del mundo, en los ámbitos político, social, económico, deportivo, pero también en los ámbitos del espectáculo como de lo religioso, de la farándula como de lo solidario. De esta manera, las características de la televisión periodística en el Perú son particulares, pero no tan alejadas de las tendencias del mundo.

Subcategorías de los programas periodísticos peruanos en el periodo 2001-2015

Existen diferentes denominaciones para describir los contenidos que caracterizan a los programas. En el caso de este capítulo esa categoría es denominada «periodístico». Ahora bien, para poder manejar los diferentes tipos de programas informativos que hemos categorizado aquí como periodísticos, los hemos subdividido en tres subcategorías que hemos denominado «noticioso», «deportivos» y «eventos especiales». Estos programas pueden ser presentados de diferentes formas en la programación televisiva, que tienen que ver con la duración de los programas, la periodicidad, las características particulares de organización del programa, etcétera. A esas formas específicas en que se presentan los programas se les conoce como formatos. Los formatos no solo permiten organizar la producción y programación televisiva, sino que también permiten a la audiencia saber qué esperar con respecto al programa que se emitirá.

Los formatos «reenvían al juego permanente de expectativas entrecruzadas que regulan la disponibilidad de la audiencia televisiva hacia los programas. La segmentación de las parrillas de programación lleva impresa la huella de dicho objetivo en provecho de las inversiones publicitarias» (Soulages, 2005, p. 67). En el caso de lo periodístico, hemos considerado los formatos o subcategorías de noticieros y magazines periodísticos (para lo noticioso), y los programas en vivo, de panel, noticiero y magazines deportivos (para lo deportivo). Veamos cada uno de ellos.

Periodísticos-noticiosos

En esta subcategoría se han considerado los programas que tienen como elemento principal de sus relatos aquello que se conoce como «noticias», información actual de relevancia para la sociedad. No son estos sus únicos elementos, pero sí los que le dan su característica identitaria. Entendemos en este texto a las noticias como fragmentos de información que se presentan como unidades que responden a las preguntas básicas de los hechos informativos, que se manejan en la mayoría de los manuales de periodismo y que permiten hacer saber al público qué es lo que sucedió, quién o quienes estuvo/ieron involucrado/s en el/los hecho/s, dónde sucedió/eron el o los acontecimientos y cuándo. La tendencia es que las noticias tengan una relación temporal cercana (hechos del día o la semana) y en muchos casos sus productos pierden validez a los pocos días de haber sido emitidos. Sin embargo, muchas excepciones se han estado dando en los programas peruanos de este tipo, lo que ha generado variedades particulares.

En esta subcategoría se han ubicado los programas en dos formatos con el fin de agruparlos y evitar la creación de múltiples formatos y subcategorías. Somos conscientes de que esta generalización hace que en algunos casos haya programas que tienen vínculos muy débiles con la clasificación o el formato en el que finalmente han sido ubicados. Los dos formatos que hemos elegido para estos programas son el noticiero y el magazín.

Los noticieros

Este tipo de programa es el más común dentro de los programas periodísticos mundiales. Es el equivalente televisivo a lo que es el diario en la prensa escrita, y da cuenta de los sucesos más relevantes de la sociedad local, regional, nacional o internacional, según su enfoque y los recursos con los que se cuente. Tradicionalmente los diferentes canales de la televisión peruana han contado con noticieros centrales nocturnos que se emitían diariamente de lunes a viernes, frecuentemente entre las 8 y las 10 de la noche. En la década de 1980 algunos canales decidieron emitir su noticiero nocturno a las 11 de la noche, horario en el cual no tenían competencia con otros noticieros. En otras épocas algunos canales emitían noticieros sabatinos y dominicales y, en otras, estas ediciones dejaban espacio para otros programas, informativos o no. El horario y días de emisión han variado, y en los años que cubre esta investigación puede encontrarse al menos un noticiero que se emita o se haya emitido en el horario entre las 7 de la noche y la medianoche, todos los días de la semana.

Desde la década de 1980 empezaron a aparecer ediciones matinales de los noticieros que tomaban como modelo al programa estadounidense Good Morning America. Igualmente, en otras épocas se han emitido ediciones al mediodía o a media tarde. Cada uno de estos subformatos ha tenido características particulares. Veámoslos a continuación.

Noticieros nocturnos

En la gran mayoría de casos es considerado el noticiero central del canal, que da cuenta de los hechos más importantes del día. La duración más común es de 1 hora, aunque esto ha variado en algunos casos particulares, y han llegado a tener duraciones entre 45 minutos y 1:30 horas. Por lo general la conducción está a cargo de una o dos personas, la mayoría de las veces periodistas que han sido reporteros previamente y que ahora han llegado a la posición de conductores. Si se trata de dos conductores, lo más común es que sean un hombre y una mujer, quienes generalmente también han sido reporteros. La experiencia como reporteros supone un cambio en relación con las épocas iniciales de los noticieros peruanos, cuando se tenía en la conducción a personas que no necesariamente habían sido reporteros o que incluso no eran periodistas. Antiguamente era común contar con locutores, cuya función era leer o hacer la narración de noticias sobre las imágenes que se emitían; no obstante, esta práctica ha sido casi dejada de lado y esas voces se incorporan, a veces, a noticias pregrabadas.

El contenido principal de los noticieros —lo que ocupa la mayor parte de su tiempo al aire— son las noticias o notas informativas, las cuales suelen ser breves y pueden durar entre 30 segundos a 2 minutos. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo las noticias en los programas periodísticos noticiosos peruanos se han ampliado y su duración puede llegar a los 10 minutos si se considera que el hecho es suficientemente relevante o importante. Se abordan en estos casos, además de las preguntas básicas a las que nos referimos párrafos arriba, cómo fue que ocurrieron los hechos, las posibles razones para que acontecieran, diferentes puntos de vista, posibles consecuencias, distintas declaraciones, etcétera. Las notas tienden a ser realizadas en el mismo día que ha ocurrido el hecho y esto explica la brevedad de varias de ellas.

El programa puede contar también con reportajes, que tratan un tema de actualidad de manera más amplia y profunda. Sin embargo, esto dependerá de los hechos que hayan ocurrido en los días previos, del estilo del noticiero, de sus recursos y, sobre todo, de aquello que los jefes de información consideren relevante y que necesita ser ampliado informativamente.

Otro recurso que puede aparecer en los noticieros nocturnos es la entrevista. Si bien es poco frecuente, las circunstancias de un hecho importante durante el día podrían hacer que se realice una entrevista en vivo, ya sea telefónicamente, a través de un contacto videográfico o con el entrevistado/a presente en el estudio.

En la misma línea, si al momento de emisión del noticiero se está dando un acontecimiento importante, puede darse un enlace telefónico o de video, vía microondas, que permita incorporar al set televisivo la acción en vivo.

La presencia de estos elementos dependerá de las circunstancias y podrían no estar presentes en la emisión programa. Sin embargo, las notas informativas son elemento indispensable para su existencia.

Algunos noticieros nocturnos pueden contar con secciones, dependiendo de los intereses del área informativa del canal. Puede haber una sección regional, una económica, una internacional, una deportiva, etcétera. Como ya se indicó previamente, la sección —o bloque— deportivo en muchos casos se ha independizado de algunos noticieros, y se ha convertido en programas independientes, que veremos más adelante. Igualmente, han existido en la televisión peruana algunos noticieros especializados —solo con notas internacionales, por ejemplo—, aunque estos son más bien excepciones antes que la regla.

Noticieros de mediodía

En diferentes momentos de la historia televisiva peruana algunos canales han instituido un noticiero que se ubica hacia el mediodía o las primeras horas de la tarde. La idea principal es proveer a la audiencia de noticias frescas en un horario cercano a la hora del almuerzo. Las características de estos noticieros son muy similares a los nocturnos, en cuanto a conductores, duración, frecuencia y presencia de notas informativas. Lo que puede ser algo más frecuente en este tipo de noticieros son los enlaces microondas, ya que es un horario más propicio para que estén sucediendo hechos considerados como de interés noticioso.

Por su horario de emisión algunos de estos noticieros pueden contar con informes fijos en vivo desde diferentes instituciones, como el Congreso de la República o el Poder Ejecutivo, que den cuenta de las novedades políticas o económicas del día.

Uno de los problemas más típicos de estos noticieros es que muchas veces no se realizan tantas notas informativas en la primera parte de la mañana y varias son repeticiones de lo que se vio en el noticiero nocturno del día previo. No obstante, este problema se convierte en una motivación especial para generar información de seguimiento y complemento a los acontecimientos del día previo, ya sea con reportajes o con enlaces en vivo.

Noticieros matutinos

Estos son los noticieros de más larga duración y la variedad de recursos que utilizan los coloca en el límite con los magazines. Mantenemos, aun así, la nomenclatura de noticieros, porque se nutren de las notas informativas y buscan la actualidad diaria como su elemento informativo principal. Al iniciar emisiones a veces desde las 5:30 de la mañana y con una duración que puede llegar a las cuatro horas, son programas periodísticos que por lo general están conducidos por un hombre y una mujer, quienes pueden haber sido o no reporteros televisivos, aunque por lo general tienen el oficio de periodistas, ya sean televisivos, escritos, o columnistas en algún medio escrito. Estos noticieros se emiten generalmente de manera diaria, de lunes a viernes, siendo poco común que se emitan en las mañanas del fin de semana. En algunos casos, cuando estos noticieros matutinos se emiten los sábados, toman un cariz más cercano al magazine o a una mezcla de noticiero actual con resumen semanal.

Al ser un noticiero, las notas informativas son su recurso principal, y la novedad está en aquellos sucesos que puedan haber pasado en la madrugada o en las primeras horas del día. La realidad es que pocos hechos informativos se dan en ese horario y es frecuente encontrarse con que las notas informativas son las mismas que fueron emitidas en el noticiero nocturno. La larga duración de este noticiero (no menos de dos horas y media) hace que cada cierto tiempo las notas empiecen a emitirse nuevamente, en la medida en que el público que sintoniza el programa va cambiando y aquellos que lo vieron a las 6 de la mañana (por poner un ejemplo) no son los mismos que están sintonizándolo a las 7 u 8 de la mañana. De esta forma, la nota informativa que fue emitida en el noticiero de la noche previa puede ser emitida nuevamente unas cuatro a seis veces en el noticiero de la mañana10.

En estos noticieros es más frecuente (en comparación con los nocturnos o de mediodía) la presencia de reportajes, que amplían la información sobre algunos hechos de trascendencia más allá del día que ocurrieron. Estos reportajes pueden ser producidos específicamente para el noticiero matutino o pueden haber sido realizados y emitidos en otros programas periodísticos. En algunos casos, los noticieros matutinos pasan una versión abreviada de estos reportajes cuando resultan demasiado largos.

Esta práctica de emitir material que ya ha sido trasmitido y visto previamente se balancea con la generación de información en el propio programa matutino. Dos de los recursos más utilizados para ello son las entrevistas y los enlaces microondas. A diferencia de los noticieros nocturnos y los de mediodía, en los cuales estos recursos son una posibilidad dependiendo de las circunstancias, en los noticieros matutinos las entrevistas y los enlaces microondas son parte de su contenido constante, de su estructura fundamental.

A partir de los hechos informativos del día previo, los noticieros matutinos concertan entrevistas con los protagonistas o testigos de los hechos, o especialistas sobre el tema. La idea es que a través de estas entrevistas se aborde de manera más amplia y profunda la noticia, y que se pueda ofrecer a la audiencia puntos de vista diferentes sobre una situación particular. De manera similar, los enlaces microondas buscan conectarse al lugar del hecho y recoger de primera mano y en directo información adicional sobre un suceso específico, con participación de quienes estén en el lugar de los acontecimientos, pero también de los conductores en el set y del reportero en el lugar.

Estos dos recursos en algunos casos no sirven para ampliar un hecho noticioso sino, más bien, para crearlo. Puede invitarse a alguien en el set y a partir de esa entrevista generar información que necesitará ampliarse en otros programas periodísticos o que tendrá rebote en el resto de los medios a partir de la información novedosa que se emitió en esa entrevista. Lo mismo puede ocurrir con un enlace microondas donde se produzca un nuevo hecho informativo en vivo y frente a cámaras que necesitará continuar informándose en otros momentos y programas informativos. No en pocas ocasiones fragmentos de esas entrevistas o enlaces serán editados como notas informativas que serán emitidas en segmentos posteriores del noticiero o en otros noticieros.

De esta manera vemos que los noticieros matutinos tienen diferentes momentos y bloques, donde agruparán tipos de información según temáticas e intereses. Uno de los más reconocibles será el bloque deportivo, que se repetirá dos o tres veces a lo largo del noticiero. Al igual que con las notas informativas, pocas veces lo que emite el bloque deportivo será novedoso, en el sentido de que serán notas ya emitidas en el noticiero nocturno o en programas deportivos anteriores a la emisión del noticiero matutino. Pero las noticias deportivas se consideran un elemento infaltable en este noticiero y cuentan con un conductor específico para ese bloque.

Lo deportivo es parte de la idea general que indica que el noticiero matutino debe contar con fragmentos ligeros, elementos de diversión que contrasten con notas más densas o fuertes visualmente. Por ello no es poco frecuente que parte de su programación sean segmentos en los que se muestran productos, novedades tecnológicas, demostraciones instructivas, moda, etcétera. Es en esta línea donde los noticieros peruanos también empezaron a incluir temas de espectáculos, novedades cinematográficas o de farándula local, que fueron tomando mayor presencia, como veremos más adelante. A estos segmentos presentes en los noticieros matutinos más que cualquier otro es a lo que Jarvis se refiere al indicar que «promocionan eventos publicitarios creados para la televisión, presentado temas complejos con una imparcialidad falsa y simplista» (2015, p. 92).

Así, los noticieros matutinos ocupan buena parte de la parrilla de programación de las primeras horas de emisión de un canal televisivo peruano, reciclando información, mostrando información ligera, pero también produciendo información nueva y generando temas que serán tomados por los otros productos informativos.

Para finalizar, debemos indicar que en el quindenio estudiado se encuentran también algunos noticieros matutinos de menor duración y que mantienen características más cercanas a los noticieros nocturnos, aunque introducen la entrevista y los enlaces como parte de sus contenidos.

Magazines periodísticos

Durante muchos años estos programas fueron el elemento en el cual el periodismo de investigación y la opinión editorial del canal se veían reflejados. Conducidos por lo general por una persona —eventualmente dos, generalmente un hombre y una mujer— los magazines peruanos cuentan con un grupo de reporteros especializados que realizan reportajes que amplían las informaciones más importantes de la semana o del día, buscan información más profunda y analítica, o se dedican a investigar temas que serán planteados como primicias en el magazine, y que pueden poner temas en la agenda semanal de los demás programas periodísticos.

Los conductores de los magazines periodísticos han sido por lo general periodistas con cierta trayectoria en la prensa escrita o televisiva, que se han formado en el periodismo que privilegia los reportajes, la investigación o las entrevistas más profundas. En algunos casos la conducción se ha confiado a alguien que, sin mucho oficio periodístico, sí ha destacado en algún ámbito que se considera afín, como la literatura.

El reportaje es uno de los recursos más comunes en los magazines periodísticos: «Su valor noticioso no está basado en la temporalidad, sino que presume el estado de conocimiento sobre ese evento que tiene la audiencia, o esas partes de la audiencia a la que se dirige» (Luhmann, 2000, p. 35).

El magazine periodístico contará por lo general con otros recursos que se intercalarán con los diferentes reportajes. Uno de los más comunes son las entrevistas, las cuales se realizan en el propio set y son hechas por el/la conductor/a o los conductores. Dependiendo de las características del entrevistado/a, estos segmentos podrán ser realizados a través de un enlace o, en algunos casos, hechos previamente y editados, o realizados no en el set, sino en el lugar que el entrevistado indique (como, por ejemplo —aunque no exclusivamente— entrevistas al presidente de la República). Estas entrevistas tendrán una duración similar o serán más largas que los reportajes, buscarán entrar en profundidad en temas que se consideran centrales para la sociedad, y muchas veces marcarán el tono del resto del programa e incluso de la agenda informativa nacional.

Los reportajes y las entrevistas son, pues, los recursos principales de los magazines periodísticos, aunque circunstancias particulares pueden hacer que se incorporen enlaces microondas si algún hecho importante está sucediendo cuando el programa se está emitiendo.

La frecuencia y duración de los magazines periodísticos es bastante variada. Tradicionalmente eran programas semanales que se emitían el fin de semana en un horario privilegiado, lo que les aseguraba alta sintonía. Aún varios canales cuentan con magazines periodísticos de fin de semana, pero igualmente han aparecido en las últimas décadas magazines periodísticos diarios o interdiarios, que cuentan con estructuras similares a los de fin de semana, aunque su enfoque en ciertos temas es menos profundo, ya que tienen menos tiempo para preparar la mayoría de sus reportajes. Esto se balancea con una mayor actualidad de sus temas y con las entrevistas a cargo de los o las conductores/as. Los magazines periodísticos diarios o interdiarios tienden a tener una menor duración (entre 1 hora y 90 minutos), mientras que los magazines periodísticos semanales pueden durar entre 1:30 horas y 2:30 horas, lo que les permite un mayor número de reportajes y entrevistas, así como una mayor duración en cada uno de estos.

Algo que debemos tener en cuenta es que existen ciertos programas donde lo que se consideran recursos del magazine periodístico ocupan por completo el tiempo y, en ese caso, se constituye en un formato propio. Nos referimos a los programas de reportajes y los de entrevistas.

Aunque no tan frecuentes en la televisión peruana comparados a los magazines periodísticos, existen algunos programas cuyo único recurso son los reportajes. La conducción por lo general está a cargo de una sola persona, que presenta y comenta brevemente los reportajes que se emiten, pero no se desarrollan otras dinámicas ni se utilizan otros recursos. Igualmente hay programas que solo están constituidos por entrevistas, llevadas a cabo por una persona que es quien conduce el programa. Este puede estar conformado por una sola entrevista o contar con varias entrevistas largas al interior del programa. Esto se ha vuelto un tipo de subformato muy popular en los canales de cable peruanos en el último lustro.

Lo que unifica a los programas de reportajes o de entrevistas con los magazines periodísticos, es que abordan directamente la información, los temas cuentan con mediana cercanía temporal —es decir, tratan más bien temas de actualidad, aunque no necesariamente del día— y buscan ampliar la información o enfocarla de manera más profunda.

Periodísticos-deportivos

Como se indicó previamente, esta segunda subcategoría está definida antes que por su forma o actualidad, por su contenido específico, ya que su temática principal son los deportes. Los programas deportivos tratarán aquella información en la que lo deportivo es lo central o en la cual lo que se transmita sea un deporte. Como adelantamos en la introducción, de manera similar a lo que sucedió en la prensa escrita, en la que la sección deportiva del diario fue tomando mayor autonomía hasta separarse por completo de la prensa noticiosa y tener sus propias publicaciones, en la televisión las secciones deportivas también lograron espacios propios que las hacen merecedoras de una categoría individual.

En la televisión peruana estos programas empezaron siendo transmisiones en vivo de algún evento deportivo y espacios al interior de otros programas periodísticos. Pero, a medida que la importancia del deporte se hizo evidente, los programas empezaron a independizarse —fenómeno que sigue la tendencia que en otras partes del mundo se daba ya— y llegaron a tener varias horas de duración —Gigante Deportivo (1980-1986) es el ejemplo peruano más recordado— y, finalmente, llegaron a tener canales exclusivamente dedicados al deporte, tanto en señal abierta como en cable.

Programas deportivos en vivo

Una característica muy común de los programas deportivos es que la gran mayoría son en vivo, es decir, en el momento en que el evento está sucediendo está a la vez emitiéndose el programa. Los programas deportivos se iniciaron en la televisión como la transmisión en directo de eventos deportivos. Aún hoy en día en todo el mundo esta costumbre sigue vigente, pues la posibilidad de tener la información actualizada en el momento mismo que el evento está produciéndose es una de las ventajas más importantes para los espectadores. En estos casos, la gran parte de la producción no está en manos del canal, sino de quienes están a cargo del evento deportivo. El canal lo que hace es producir la transmisión del evento deportivo, colocar la cámaras, micrófonos y equipos necesarios, y tener a un grupo de personas que interactuará de alguna manera con aquello que está sucediendo, y que sucedería así no existiera transmisión televisiva. Estas interacciones se pueden dar como narraciones, comentarios o entrevistas a las personas que son parte del evento deportivo.

En la televisión peruana se trasmiten partidos de futbol y de vóley de las ligas nacionales, al igual que algún otro evento deportivo nacional. Los canales no son los encargados de organizar estos eventos deportivos, pero sí de producir la transmisión televisiva del mismo. Algo muy común es que, además de transmitir el evento, producen lo que se conoce como las «antesalas» de los eventos deportivos o el «resumen y análisis». Las antesalas se emiten previamente al evento, y en ellas se dan las características de lo que va a suceder, posibilidades, adelantos, imágenes en vivo de la preparación del evento, etcétera. La sección de resumen y análisis se da en la parte final del evento (o de ser el caso, también en el intermedio) y en ella se emiten las mejores imágenes del evento deportivo, se comenta sobre lo sucedido y se especula sobre lo que puede suceder en eventos futuros.

Este es el caso de los eventos de fútbol, vóley, tenis, los juegos panamericanos, etcétera. También están las transmisiones internacionales, ya sea de partidos de futbol, olimpiadas, eventos boxísticos, etcétera, pero en este caso la producción nacional tendrá que ver solo con las antesalas y resúmenes, pues la propia emisión televisiva vendrá ya «empaquetada» desde el extranjero —es decir, las imágenes serán producidas y seleccionadas en el extranjero, y no en el Perú—. En los casos de eventos extranjeros, hemos contabilizado solamente el tiempo de las antesalas y análisis.

Programas de panel

Muchos programas deportivos en el Perú cuentan con más de un conductor y funcionan, más bien, con el esquema de un panel, donde varias personas comentan sobre los diferentes temas deportivos que se planteen. Los integrantes del panel tienden a ser periodistas deportivos, exdeportistas o entrenadores. Si bien existe uno que es el conductor principal, hay una relación horizontal entre los miembros del grupo.

La función del panel en la mayoría de los casos será realizar un análisis de un evento deportivo o un tema deportivo de actualidad en el momento en que se emite. Esto significará que en muchos casos se emitan opiniones que, desde la supuesta categoría de especialistas de los panelistas, permiten a la audiencia juzgar lo acontecido o lo que puede acontecer en un futuro mediato. Ya que los análisis suponen opiniones, y los paneles están constituidos por personas con diferentes puntos de vista, es también común que el análisis se convierta en un debate entre algunos de los panelistas.

Su existencia está determinada por la presencia de un evento deportivo que el canal considera que tiene relativa importancia como para producir un panel (que puede tener de tres a siete integrantes). Sin embargo, también es frecuente en la programación televisiva peruana la existencia de programas de mesa redonda al margen de los eventos deportivos o del momento de su transmisión. Hay programas que se emiten con frecuencia (por lo general, de modo semanal) que analizan, comentan o debaten los diferentes eventos deportivos y novedades relacionadas al deporte en programas producidos específicamente para ello. Estos programas tienden a observar el panorama deportivo de la semana, por lo general nacional, pero también se enfocan en lo internacional cuando se han dado informaciones importantes o llamativas, o eventos deportivos internacionales muy populares.

Noticieros deportivos

Como ya indicamos líneas arriba, en los noticieros existe por lo general un bloque deportivo que da cuenta de las últimas novedades de lo que sucede en el deporte nacional e internacional. Estos bloques empezaron a ser cada vez más importantes y algunos canales decidieron crear programas independientes que comentaran las novedades deportivas, sin por ello eliminar los bloques deportivos de los noticieros tradicionales.

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Türler ve etiketler

Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
22 ekim 2025
Hacim:
397 s. 63 illüstrasyon
ISBN:
9786123177096
Telif hakkı:
Bookwire
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