Kitabı oku: «Anatomía & 100 estiramientos Esenciales (Color)»

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LOS 100 ESTIRAMIENTOS ESENCIALES

Proyecto y realización: Editorial Paidotribo

Dirección editorial: María Fernanda Canal

Textos: Guillermo Seijas

Corrección técnica: Ana Lorenzo

Corrección tipográfica: Roser Pérez

Diseño gráfico de la obra: Toni Inglès

Ilustraciones: Myriam Ferrón

Fotografías: Nos i Soto

Maquetación: Estudi Toni Inglès

2ª reimpresión de la 1ª edición

© 2020 Editorial Paidotribo

www.paidotribo.com

E-mail: paidotribo@paidotribo.com

Derechos exclusivos de edición para todo el mundo

ISBN: 978-84-9910-170-5

ISBN EPUB: 978-84-9910-616-8

Editorial Paidotribo agradece la colaboración en esta obra de Aura Turull, Soraya Villanueva y Ricard Marí.


Prefacio

La flexibilidad es quizás la más olvidada de las cualidades físicas básicas y, sin embargo, resulta imprescindible para mejorar el rendimiento en cualquier disciplina deportiva, ya sea ésta de fuerza, resistencia o velocidad. Nos llaman la atención los individuos capaces de voltear una rueda de tractor o de correr una maratón y, en cambio, no consideramos extraordinario que alguien que esté de pie y con las rodillas extendidas pueda apoyar las palmas de sus manos en el suelo.

La flexibilidad es una cualidad tempranamente recesiva y, por lo general, no somos conscientes de lo rápido que se pierde hasta que la falta de movilidad es tan limitante, que no logramos rascarnos la espalda, sentimos molestias al girar el cuello o nos cuesta trabajo atarnos los zapatos.

Por otra parte, la mayoría de dolores musculares que sufren las personas, y en especial aquellas que no realizan actividad física regular, se deben a desequilibrios musculares. Tales desequilibrios podrían ser subsanados fácilmente siguiendo un programa de estiramientos adecuado, que les llevaría apenas unos minutos al día y que podrían realizar en casa, en el lugar de trabajo y casi en cualquier sitio, dado que la mayoría de estiramientos requieren poco o ningún material.

El exceso de horas que pasamos sentados ante el ordenador, una mala actitud postural, una columna vertebral mal alineada, la práctica intensiva de un deporte concreto... Todos ellos son factores que tarde o temprano nos causarán problemas.

Tanto si piensa en su salud como si busca mejorar su rendimiento deportivo, este libro le mostrará los pilares básicos sobre los que se apoya el entrenamiento de la flexibilidad: cómo estirar, qué técnica emplear, cuánto tiempo debe mantener un estiramiento o cuántas veces debe repetirlo.

Estos conocimientos están expuestos de forma clara y concisa, detallada y fácilmente comprensible, incluso si ésta es su primera incursión en el entrenamiento de la flexibilidad. Hemos querido que fuese una herramienta completa, que analizase de forma profunda el entrenamiento de la flexibilidad y que, al mismo tiempo, constituyese una obra de consulta rápida para cualquier usuario, desde los que acaban de empezar hasta los que ya poseen conocimientos sobre el tema o un nivel de práctica avanzado.

Sea cual sea su objetivo o su nivel de partida, esperamos que el conocimiento recopilado en este libro le resulte de gran ayuda en su camino hacia la mejora de su rendimiento físico y su bienestar.

Sumario

Cómo usar este libro

Atlas anatómico, localización de los músculos

Planos de movimiento

Qué son los estiramientos

Concepto de estiramiento y métodos

Principios básicos del estiramiento

ESTIRAMIENTOS DE TRONCO Y CUELLO

Estiramientos del cuello

TRAPECIO

1 Inclinación lateral de cuello

2 Inclinación asistida de cuello

ELEVADOR DE LA ESCÁPULA

3 Flexión y rotación de cuello

ESCALENOS

4 Rotación y extensión de cuello

ESTERNOCLEIDOMASTOIDEO

5 Extensión de cuello y elevación de mentón

ESPLENIO

6 Flexión asistida de cuello

Estiramientos de la zona dorsal

SERRATO ANTERIOR

7 Manos por encima de la cabeza

8 Antepulsión de hombros tumbado

DORSAL ANCHO

9 Posición de Mahoma

10 Brazos cruzados

11 Inclinación de tronco con brazo elevado

12 Tracción desde punto fijo

SEMIESPINOSO

13 Flexión de tronco asistida

ROMBOIDES

14 Brazos al frente

15 Brazos en cuadro

16 Abrazo a las piernas

Estiramientos de las zonas abdominal y lumbar

RECTO ANTERIOR DEL ABDOMEN

17 Extensión de columna tumbado

18 Extensión lumbar de rodillas

19 Posición de la cobra

OBLICUOS

20 Estirado con rotación

21 Antebrazos sobre la cabeza

22 Inclinación y flexión lateral de tronco

CUADRADO LUMBAR

23 Estirado con rodillas en el pecho

24 Pierna cruzada

25 Flexión de rodilla sobre el pecho

26 Sentado con flexión de tronco

27 Flexión de tronco en cuclillas

28 Sentado con brazos al frente

ESTIRAMIENTOS DE LAS EXTREMIDADES SUPERIORES, HOMBROS Y PECHO

Estiramientos del hombro

DELTOIDES

29 Posterior con brazo por delante

30 Posterior con sujeción

31 Anterior con brazo por detrás

32 Anterior sentado

PECTORAL

33 Bilateral con flexión de tronco y apoyo en pared

34 Apoyo unilateral en pared

35 Apoyo con flexión de codo

36 Extensión posterior de brazos

37 Manos en la cabeza

ROTADORES

38 Manos sobre el pecho sentado

39 Tracción anterior del codo

40 Posición de manivela

Estiramientos de brazo y antebrazo

BÍCEPS BRAQUIAL

41 Apoyo unilateral invertido

42 Apoyo en pared con giro

43 Tracción desde posterior

TRÍCEPS BRAQUIAL

44 Apoyo frontal de codo en pared

45 Agarre por la espalda

46 Tracción posterior de codo

MÚSCULOS EPITROCLEARES

47 Tracción con extensión de muñeca

48 Bilateral en apoyo invertido

MÚSCULOS EPICONDÍLEOS

49 Tracción con flexión de muñeca

50 Bilateral con apoyo de dorsos

Estiramientos de la muñeca y la mano

MÚSCULOS EXTENSORES Y FLEXORES DE MUÑECA Y DEDOS

51 Flexión de muñeca y dedos

52 Extensión de muñeca asistida

53 Extensión de los dedos

54 Flexión de pulgar

55 Posición de rombo

56 Tracción de pulgar

ESTIRAMIENTOS DE LA EXTREMIDAD INFERIOR

Estiramientos de la cadera

ADUCTORES

57 Pierna extendida de pie

58 Pierna extendida en cuadrupedia

59 Pierna elevada de pie

60 Bilateral en posición de Sumo

61 Retroceso sobre rodillas y antebrazos

62 Posición de la mariposa

63 Piernas en V sentado

64 Piernas en V tumbado

ABDUCTORES

65 Flexión lateral de tronco con pierna cruzada

66 Unilateral con apoyo de pie

PSOAS

67 Unilateral con escalón

68 Posición de caballero

69 Flexión de rodilla y pierna contraria extendida

70 Flexión de rodilla y talón contrario atrasado

GLÚTEO

71 Unilateral con pierna cruzada

72 Flexión de rodilla y cadera tumbado

PIRAMIDAL

73 Cruzado sobre rodilla

74 Cruzado sobre punto fijo

75 Cruzado sentado

76 Cruzado boca abajo

Estiramientos de la pierna y el pie

CUÁDRICEPS FEMORAL

77 De pie con sujeción posterior

78 Posición de caballero con sujeción

79 Bilateral con apoyo sobre las rodillas

80 Estirado boca arriba

81 Estirado sobre el costado

ISQUIOTIBIALES

82 De pie con pierna adelantada

83 De pie con pierna elevada

84 Apoyo sobre la rodilla

85 Bilateral en posición de V invertida

86 Bilateral sentado

87 Tumbado con pierna elevada

GASTROCNEMIOS

88 Dorsiflexión con apoyo en pared

89 Dorsiflexión con escalón

90 Tracción sentado

SÓLEO

91 Apoyo anterior

92 Bilateral en escalón

93 Tracción con ambas manos sentado

94 Bilateral en cuadrupedia

TIBIAL ANTERIOR

95 Bilateral con apoyo sobre empeines

96 Posterior sobre empeine

PERONEOS

97 Tracción lateral sentado

FASCIA PLANTAR

98 Bilateral en apoyo de rodillas

99 Tracción de pie sentado

100 Tracción de dedos

GUÍA DE ESTIRAMIENTOS PARA DOLENCIAS

Cervicalgia

Dorsalgia

Lumbalgia

Molestias en la articulación del hombro

Molestias en la articulación del codo

Molestias en la región de la mano

Molestias en la región de la pelvis y la cadera

Molestias en la región glútea

Molestias en la región de la rodilla

Molestias en la región de la pierna

Molestias en la región del tobillo

Molestias en la planta del pie

Índice alfabético de los músculos

Bibliografía


Cómo usar este libro



Atlas anatómico

localización de los músculos



Planos de movimiento

Antes de empezar, es conveniente aclarar una serie de términos referentes al movimiento corporal que aparecerán de forma recurrente a lo largo del libro. Sin conocer la nomenclatura básica de los movimientos será difícil comprender la descripción detallada de los ejercicios. Algunos de estos términos, como los de flexión o extensión, son de uso común, pero otros, como los de inversión, eversión, aducción o supinación, acostumbran a utilizarse en ámbitos más restringidos, por lo que repasar su significado puede ser de gran ayuda.

Lo primero que debemos saber es que los movimientos corporales se producen en tres planos distintos, que son el plano frontal, el sagital y el transverso. A cada uno de estos planos corresponde un grupo determinado de movimientos, como veremos a continuación. Podemos partir de la posición anatómica básica, que aparece en la imagen, para comprenderlos.


PLANO FRONTAL

Divide el cuerpo en una parte ventral y una dorsal, esto es, anterior y posterior, el pecho y el vientre quedan en la parte ventral, mientras que la nuca, la espalda y las nalgas quedan en la parte dorsal. Los movimientos del plano frontal son:

Abducción. Es el movimiento mediante el cual alejamos un miembro del eje central del cuerpo. Se percibe fácilmente desde delante o detrás del individuo, dado que la variación en la silueta desde esa perspectiva es notable. Para colocar los brazos en cruz realizamos la abducción de los hombros.


Aducción. Movimiento mediante el cual acercamos un miembro al eje central del cuerpo, es decir, el movimiento opuesto a la abducción. Si estamos con los brazos en cruz y los bajamos para que queden junto al cuerpo, efectuaremos una aducción de los hombros.


Inclinación lateral. Mediante este movimiento se ladea la cabeza el cuello o el tronco. Si nos dormimos sentados, por lo general la cabeza y el cuello terminan venciéndose hacia un lado mediante su inclinación lateral.


Inversión. Aunque este movimiento no pertenece únicamente al planto frontal, es en el que predomina. La inversión del pie se produce cuando la punta y la planta se colocan hacia dentro, al tiempo que se produce la flexión plantar.


Eversión. Es el movimiento en el que la punta y la planta del pie miran hacia fuera, al tiempo que se produce la flexión dorsal de éste.


PLANO SAGITAL

Divide el cuerpo en dos mitades: derecha e izquierda. Los movimientos de este plano se perciben mejor desde un lado del individuo, viéndolo de perfil. En este plano destacan los siguientes movimientos:

Flexión. Es el movimiento mediante el que adelantamos una parte del cuerpo respecto al eje central. Por ejemplo, si flexionamos el codo, adelantamos el antebrazo respecto al eje central. Hay excepciones a esta definición, como la flexión de la rodilla o la flexión plantar del tobillo.


Extensión. Movimiento mediante el cual retrasamos una parte del cuerpo respecto al eje central o lo alineamos con él. Por ejemplo, si estando de pie, miramos al cielo, tendremos que realizar necesariamente una extensión de la columna cervical. De nuevo, la rodilla es una excepción.


Antepulsión. Es equivalente a la flexión, pero aplicable únicamente al movimiento del hombro.


Retropulsión. Equivalente a la extensión, pero aplicable sólo al movimiento del hombro.


Flexión dorsal. Movimiento de flexión, aplicable únicamente a la articulación del tobillo.


Flexión plantar. Término con que se designa el movimiento del tobillo equivalente a la extensión.


PLANO TRANSVERSO

Divide el cuerpo en una parte superior y una inferior. Los movimientos de este plano se perciben fácilmente desde cualquier punto, aunque un poco mejor desde arriba o desde debajo del individuo, y son los siguientes:

Rotación externa. Es el movimiento mediante el que realizamos un giro, hacia fuera y sobre su propio eje, de una parte del cuerpo. Si nos encontramos sentados a la mesa y el comensal que está junto a nosotros nos dirige la palabra, realizaremos una rotación externa del cuello para mirarle mientras habla.


Rotación interna. Es el movimiento opuesto al anterior, ya que implica un giro, hacia dentro y sobre su propio eje, de una parte del cuerpo. Al finalizar la conversación con el comensal que está sentado junto a nosotros, realizaremos una rotación interna del cuello para dirigir de nuevo nuestra mirada al frente.


Pronación. Movimiento de rotación del antebrazo, mediante el cual colocamos el dorso de la mano hacia arriba y la palma hacia abajo. Cuando usamos un cuchillo o un tenedor para manipular los alimentos que hay en un plato, las manos se encuentran en pronación.


Supinación. Es el movimiento opuesto al anterior e implica la rotación del antebrazo, mediante la que colocamos las palmas de las manos hacia arriba. Si alguien nos da, por ejemplo, un puñado de pipas, colocaremos las manos con las palmas hacia arriba, en supinación, a modo de cazoleta, para que no se nos caigan.


Qué son los estiramientos

La actividad física y el mantenimiento de un buen estado de forma global son el camino hacia una vida larga y de calidad. Pocas personas ignoran hoy en día la importancia del cuidado del cuerpo y la incidencia positiva que la actividad física tiene sobre el organismo.

Para lograr ese funcionamiento óptimo del cuerpo y la satisfacción y plenitud que comporta debemos saber qué entrenar y cómo hacerlo.

Muchos de nosotros probablemente estudiamos ya en el colegio las cualidades físicas básicas, que son la fuerza, la flexibilidad, la resistencia y la velocidad. Pues bien: me atrevería a decir que las tres primeras son la base para lograr una vida activa y plena. La velocidad, aunque importante, no deja de ser una manifestación de la fuerza.


Tensión en los músculos isquiotibiales, generada por el estiramiento.


A menudo, el cuerpo nos manda señales en forma de molestias que preceden una lesión.

El entrenamiento combinado de estas tres cualidades frenará el deterioro del cuerpo y retrasará notablemente su envejecimiento. Todos somos conscientes de que las limitaciones físicas más importantes que aparecen y se acentúan con el paso de los años son tres:

La pérdida de masa muscular. Se produce de forma más significativa a partir de los 35-40 años. Esta pérdida de masa muscular conlleva una pérdida de fuerza y, por lo tanto, una mayor dificultad para afrontar esfuerzos.

La pérdida de la resistencia. El paso del tiempo y la inactividad hacen que nuestro sistema cardiorrespiratorio se deteriore y sea cada vez más ineficiente. Por eso subir una cuesta o unas escaleras, actos que unos años atrás no nos suponían ningún desgaste, ahora pueden resultar un reto inalcanzable. Literalmente nos falta el aire.

La pérdida de movilidad. Desafortunadamente, la flexibilidad empieza a menguar desde el momento del nacimiento. Mientras que la fuerza y la resistencia mejoran de forma natural hasta la edad adulta e inician su declive posteriormente, la flexibilidad se va reduciendo en el mismo momento en que empezamos a respirar, y por eso debemos cuidarla de forma especial. El deterioro muscular y de las articulaciones hace que muchos individuos lleguen a la madurez y a la vejez con una grave rigidez y limitación de movimientos. Sabemos de sobra que la falta de movilidad lleva a la inactividad y la inactividad a una mayor falta de movilidad, con lo que el ciclo continúa hasta la desaparición del individuo. Pero éste no es un destino inevitable. Depende de nosotros que nos resignemos al deterioro o decidamos ponerle remedio, y es aquí donde entra en juego el entrenamiento de la flexibilidad.

La flexibilidad se entrena con estiramientos, ejercicios mediante los que generamos una tensión en el músculo para llevarlo a su máxima longitud.

La realización regular de estiramientos nos permitirá mantener una amplitud de movimientos óptima y, por lo tanto, movernos con libertad, con lo que nuestro cuerpo será un fantástico medio de relación con el entorno y no una dolorosa y limitante coraza de la que no podemos desprendernos.

La vida diaria nos somete a posturas inadecuadas y sostenidas o a esfuerzos repetidos y trabajos físicos descompensados. Muchas veces esto produce incomodidad, dolor, fatiga y multitud de señales que nuestro cuerpo nos manda y a menudo no sabemos interpretar. Estamos tan centrados en el trabajo o en los quehaceres diarios que hemos olvidado cómo disfrutar de nuestro cuerpo y, lo que es peor, ya no sabemos interpretar las sensaciones que nos transmite, aquellas señales con las que nos dice «me siento bien, puedo seguir corriendo» o «estoy en el límite y me puedo romper».

Las descompensaciones que afectan a los individuos desentrenados pueden también presentarse en individuos entrenados y con un estado de forma aparentemente envidiable. Pensemos que un fortalecimiento muscular descompensado puede acarrear serios problemas. Si tenemos en cuenta que nuestros músculos estriados tienen cualidades elásticas y que, por lo general, cada músculo generador de una acción tiene un antagonista que genera la contraria, entenderemos que la prevalencia de uno sobre otro puede comportar desequilibrios.

Pongamos un ejemplo: los músculos son como gomas elásticas. Un individuo que entrene con ahínco sus bíceps, que son flexores del codo, pero descuide sus tríceps, que son extensores del codo, tendrá una goma gruesa y potente tirando de la parte anterior de su antebrazo y otra frágil y delgada tirando de la posterior. Como consecuencia, el codo tenderá a mostrar un grado de flexión significativo de forma permanente, mayor si no estira ese bíceps y no realiza un trabajo de compensación muscular. Lo mismo sucede con los individuos que trabajan los músculos pectorales y olvidan los de la espalda: a menudo terminan adoptando actitudes cifóticas y hundiendo el pecho.

Este fenómeno se produce también de forma natural en nuestro cuerpo, puesto que hay grupos musculares que, entrenados o no, son mucho más potentes que sus antagonistas, por ejemplo el cuádriceps femoral en comparación con los isquiotibiales. El cuádriceps es mucho más potente que sus antagonistas, los isquiotibiales; y como consecuencia, en la práctica deportiva y ante contracciones bruscas del primero, como la que se produce al chutar un balón, los isquiotibiales pueden lesionarse por la tensión soportada. Esto podría evitarse ejercitando con estiramientos este último grupo muscular para que consiga ampliar su recorrido antes de llegar a su límite.

Por otro lado, determinadas prácticas deportivas, como la carrera o la halterofilia, tienden a comprimir los elementos articulares, en especial los discos intervertebrales, y los estiramientos después del entrenamiento pueden ayudar a revertir esta situación.


La fortaleza del bíceps y debilidad del tríceps constituye una descompensación muscular y, por consiguiente, un desequilibrio no deseable.


La acción del chut supone una contracción brusca del cuádriceps femoral y somete a los isquiotibiales a una gran tensión.

Los estiramientos también ayudarán al reducir el tono muscular. Sí, reducir el tono muscular. Esta afirmación puede parecer una locura. ¿Quién quiere reducir el tono muscular? Pues todos deberíamos querer hacerlo una vez finalizado el entrenamiento. A pesar de que en multitud de centros deportivos se insiste en la idea de la tonificación muscular, ésta sólo se produce durante el esfuerzo y luego el músculo debe relajarse. El aumento del tono muscular es una respuesta inmediata a la actividad física, y una vez que ésta cesa el músculo debería relajarse. Si queremos tener unos músculos más tersos y marcados, sólo podremos lograrlo con su crecimiento y fortalecimiento, ya que el sostenimiento de un elevado tono muscular en reposo es sinónimo de sobrecarga o contractura, produce dolor y no es en absoluto saludable.

Los ejercicios de estiramiento son, pues, la mejor forma de alcanzar una flexibilidad adecuada para realizar movimientos amplios, relajar la musculatura y mejorar nuestro rendimiento deportivo. Estos ejercicios requieren un esfuerzo mínimo y no producirán fatiga, sino relajación y sensación de ligereza.

No hace falta decir que llegar a obtener una buena flexibilidad requiere tiempo y dedicación, como todo lo que vale la pena, y ningún artilugio milagroso, ya sea una pulsera, una pegatina con holograma o un avanzadísimo aparato avalado por cientos de estudios seudocientíficos, va a lograr que nuestra flexibilidad mejore de manera sorprendente en 15 días, y mucho menos de forma instantánea. La constancia es la clave del éxito.

Concepto de estiramiento y métodos

El cuerpo reacciona a todo estrés o estímulo que le apliquemos. De esta forma, un individuo que levante pesos regularmente y con unas pautas adecuadas verá sus músculos fortalecidos; alguien que corra con asiduidad verá como su resistencia mejora progresivamente, y quien bucee a pulmón de forma habitual apreciará que cada vez puede pasar más tiempo bajo el agua sin tomar aire.

Del mismo modo, quien estire sus músculos de forma regular obtendrá como respuesta de su organismo una mayor flexibilidad. Esto se produce porque el cuerpo percibe los estímulos que se le aplican, y cuando éstos son lo suficientemente intensos como para suponerle un estrés, se refuerza para afrontar el siguiente estímulo con mayores garantías y menor alteración de su equilibrio. De forma parecida, cuando pasamos la gripe nuestro cuerpo refuerza sus defensas y difícilmente la pasaremos dos veces en un mismo invierno. ¿Pero por qué contraemos la gripe de nuevo en el siguiente invierno? Varios factores pueden explicarlo, pero uno de ellos es que el cuerpo tiende a economizar recursos, y si durante los meses de primavera, verano y otoño la gripe no vuelve a atacar, no parece necesario mantener los niveles de defensa elevados. Así pues, ¿para qué mantener unos grandes músculos, con los recursos energéticos que consumen, si no tenemos que levantar pesos?

Lo mismo sucede con el deporte en general y con la flexibilidad en particular. Mientras realicemos estiramientos y el cuerpo tenga que responder de forma habitual a esa tensión muscular, mantendremos una flexibilidad óptima, pero si nos damos unos meses de descanso, cuando volvamos a la práctica veremos como nuestra flexibilidad ha menguado de forma notoria.


Estirar más allá de nuestros límites es exponernos a una lesión segura.

Así como el cuerpo necesita un estímulo regular y suficiente para mejorar y reforzarse, un estímulo excesivo puede superar su capacidad de recuperación y derivar en fatiga o lesiones. Hemos dicho que el músculo tiene propiedades elásticas, es decir, que podemos deformarlo estirándolo o contrayéndolo y luego recuperará su forma original. ¿Pero qué pasa si estiramos de forma excesiva? Es muy simple: si superamos la capacidad elástica del músculo y seguimos estirándolo, la deformación pasará a ser plástica, o sea, el músculo continuará deformándose pero ya no será capaz de recuperar su forma original y sufriremos una elongación, una rotura de fibras u otra lesión similar. Por eso estirar hasta llegar al punto de dolor resulta tan peligroso. Esto es aplicable a cualquier ámbito deportivo: cuando algunos deportistas de resistencia o ultrarresistencia rebasan su capacidad de recuperarse o de afrontar un estímulo excesivo, pueden sufrir enfermedades cardíacas e incluso infartos y, en último término, la muerte.

Por todo ello, es bueno que seamos conscientes de que nuestro cuerpo no puede aguantarlo todo y que es importante conocerse a uno mismo y las sensaciones que se tienen durante el ejercicio. Aunque parezca una contradicción, en cualquier actividad física lo más importante es usar la cabeza.

El estiramiento correctamente realizado nos ayudará a mejorar en muchos aspectos y nos aportará beneficios en distintas situaciones:

Aumento de la movilidad articular. Los músculos pueden acortarse por distintos motivos. Quienes han sufrido una fractura y han tenido que mantener inmovilizada una extremidad saben que, cuando el yeso se retira, las articulaciones no pueden moverse normalmente, ya que han perdido gran parte de su recorrido, y es necesario acudir a sesiones de rehabilitación durante unas semanas hasta recuperar la movilidad normal. Esto puede suceder por la inactividad, pero también por una fuerte actividad descompensada. Si trabajamos un grupo muscular de forma repetida, reforzándolo, pero sin realizar movimientos amplios, puede que este músculo termine acortándose, con el agravante de que será un músculo muy potente debido a su reforzamiento, y estirarlo puede resultar más laborioso. Por ello es necesario practicar estiramientos regularmente para mantener unas articulaciones sanas y funcionales.

Renovación de la sangre. Después de realizar un esfuerzo intenso, los músculos tienden a estar congestionados, hinchados, tonificados. Esto se debe a la acumulación de sangre en el músculo durante el ejercicio. Para cubrir el mayor requerimiento de energía y oxígeno de la zona que trabaja aumenta el flujo de sangre a los músculos implicados en el esfuerzo, pues es la sangre la que aporta el glucógeno y el oxígeno a los tejidos.


Un cuerpo con unos pectorales muy potentes pero una musculatura de la espalda débil, tenderá a adoptar posturas inadecuadas.

El problema aparece cuando la velocidad de evacuación de la sangre es menor que la velocidad a la que se aporta, con la consiguiente acumulación en los músculos. La mayor aportación de sangre aumenta la presión sanguínea en los músculos, y esta misma presión actúa sobre los vasos sanguíneos, reduciendo el caudal de sangre que pueden evacuar. Lo veremos más claro con un ejemplo: si intentamos sorber un refresco de una pajita y al mismo tiempo presionamos con dos dedos sobre ella, el resultado será que el refresco no llegará a la boca, o llegará mucho menos. Así pues, en el espacio de tiempo inmediatamente posterior al ejercicio, resultará más difícil que llegue el oxígeno y los nutrientes suficientes a los músculos, y al mismo tiempo costará evacuar los productos de desecho que se han generado durante el ejercicio. Realizar estiramientos después del esfuerzo ayudará a drenar esa sangre acumulada y permitirá que llegue a los tejidos sangre nueva, con lo que la recuperación será mejor y más rápida. En casos en los que la práctica deportiva está dividida en varios tiempos, con descansos intercalados, estirar durante las pausas también puede mejorar el rendimiento cuando se reinicia la actividad.

Relajación de las zonas sobrecargadas. A menudo sentimos sobrecargas en la espalda, el cuello y los hombros debidas a la actividad laboral, a prolongados trayectos en coche, al transporte de elementos pesados, a malas posturas, etc., lo que se traduce en dolores y malestar. Suelen aparecer por someter a tensión continua y prolongada una determinada zona del cuerpo, que además no ha sido entrenada convenientemente para soportarla. En este caso el estiramiento también aliviará las zonas sobrecargadas, tensas y con un tono excesivo. Si no es posible evitar el sobreesfuerzo, es conveniente realizar un trabajo de refuerzo adicional de los músculos afectados.


Las posturas inadecuadas sobrecargan la musculatura y las articulaciones.

Equilibrio entre grupos musculares antagónicos. La mayoría de los problemas posturales están directamente relacionados con un desequilibrio muscular. Si un individuo tiene los pectorales desarrollados pero los músculos de la espalda no lo están en consonancia, tenderá a encorvarse hacia delante y a hundir el pecho. Lo mismo puede suceder con la zona lumbar, por el reforzamiento y acortamiento del psoas mayor y el ilíaco que se acompaña de debilidad de la pared abdominal. En estos casos, la mejor opción es estirar el músculo que se ha acortado o desarrollado por encima de su antagonista, y fortalecer este último para recuperar el equilibrio postural.

Preparación para la práctica deportiva. Es conveniente incluir estiramientos en cualquier buena sesión de calentamiento, en especial si se realiza de forma previa a la práctica competitiva o a un entrenamiento exigente. Del mismo modo que ejercitar el músculo ayuda a que este se caliente y aumente su viscosidad y su nivel de irrigación, con lo que aumentará el rendimiento deportivo y se minimizará el riesgo de lesiones, también el estiramiento tendrá sus efectos beneficiosos. El estiramiento como parte del calentamiento y ubicado generalmente al final de éste, favorecerá la renovación de la sangre, pero sobre todo un ligero aumento del recorrido articular por la mayor capacidad de estiramiento del músculo, lo que permitirá que ante un gesto forzado, una mala caída, un cambio de sentido repentino, un apoyo inadecuado o un esfuerzo máximo, el músculo disponga de ese margen de recorrido antes de llegar a la lesión. Si nos torcemos el tobillo y nuestros músculos peroneos sólo pueden estirarse 4 cm, si la torcedura sobrepasa los 4 cm sufriremos un esguince. Por el contrario, si con los ejercicios de estiramiento hemos logrado que nuestros peroneos se estiren 6 cm, habremos obtenido 2 cm más de margen. Puede parecer poco, y evidentemente estirar nunca será una garantía de que no habrá lesiones, pero esos 2 cm son mucho recorrido en una torcedura y pueden ser la diferencia entre un ligero dolor de tobillo durante escasos minutos y una lesión grave que nos mantenga inactivos durante semanas o meses.

Una vez conocidos los fines y beneficios que nos aporta el entrenamiento de la flexibilidad, conviene explicar también que no hay una sola manera de realizar los estiramientos. De hecho, existen varios métodos principales, y cada uno de ellos puede presentar pequeñas variaciones.


Los estiramientos contribuyen a evitar lesiones en los deportes exigentes y esfuerzos bruscos.

Estiramientos estáticos

Para realizar estiramientos estáticos nos moveremos con lentitud hasta alcanzar una posición en la que el músculo está estirado, y la mantendremos durante un tiempo determinado. Normalmente se recomienda mantener la posición de estiramiento entre 15 y 60 segundos, y realizar varias repeticiones de cada ejercicio. Evidentemente, el tiempo y el número de repeticiones vienen definidos por diversos factores, como son los objetivos marcados, el nivel del practicante, el grosor y la fortaleza del músculo y sus inserciones o las articulaciones implicadas. Este tipo de estiramientos es el más habitual y en ellos se centra el grueso de esta obra por diversos motivos. El primero es que los estiramientos estáticos se realizan a ritmo lento y controlado, lo que nos permite trabajar en condiciones extremadamente seguras. Cuanto más lento sea un movimiento, más difícil será que perdamos el control del mismo, y nuestra capacidad de reaccionar a tiempo ante un dolor o una molestia será muy elevada, lo que, junto con la simplicidad de los ejercicios y técnicas empleadas, hace que estos estiramientos sean, además, beneficiosos tanto para deportistas avanzados como para personas que están empezando. Por otra parte, la eficacia de este tipo de estiramientos está más que contrastada, y la lentitud de los movimientos y las posiciones estáticas contribuyen a limitar el efecto del reflejo miotático. Este reflejo es un mecanismo de defensa que provoca la contracción del músculo cuando experimenta un estiramiento brusco. En situaciones de actividad normal, dicho reflejo protege al músculo de una lesión por estiramiento excesivo, pero durante el trabajo de flexibilidad puede limitar el rendimiento obtenido del entrenamiento o incluso provocar el efecto contrario. En definitiva, el estiramiento estático muestra muchos elementos a favor y muy pocos en contra, y resulta muy recomendable para todo tipo de practicantes, independientemente de cuál sea su nivel. Además de los estiramientos estáticos básicos, existen otras modalidades:


El estiramiento estático tiene una ejecución sencilla y no requiere material específico.

Estiramientos activos. El estiramiento de un músculo se produce como consecuencia de la acción de su antagonista. Por ejemplo, cuando nos desperezamos y echamos los brazos hacia atrás, se produce un estiramiento de los músculos del pecho como consecuencia de la contracción de los músculos de la espalda. Este método resulta interesante porque al tiempo que se estira un músculo está trabajando con contracción su antagonista. Además es una forma de estirar bastante segura, porque el movimiento se produce con lentitud y difícilmente se llegará a estiramientos tan agresivos como para que se generen lesiones en un músculo sólo con la contracción progresiva de su antagonista. Por contra, en este caso puede aparecer el reflejo miotático, y algunos grupos musculares no son capaces de estirar lo suficiente a sus antagonistas como para lograr en ellos resultados óptimos, además de que otros factores mecánicos pueden limitar el estiramiento y restar eficacia al ejercicio. Pensemos por ejemplo en los músculos isquiotibiales y su antagonista, el cuádriceps femoral: el segundo es tremendamente más robusto y potente que el primero, por lo que será difícil lograr un estiramiento efectivo del cuádriceps femoral solo con la contracción de los músculos isquiotibiales.


La asistencia de un compañero en la realización de los estiramientos pasivos contribuye a una mejoría mayor y más rápida.

Estiramientos pasivos. El sujeto que estira no realiza ninguna acción o esfuerzo, sino que se ayuda de alguien o algo que le lleve hasta la posición de estiramiento. Estos ejercicios son habituales en los entrenamientos en grupos, en parejas o con un entrenador. Resultan muy efectivos, dado que a menudo la asistencia de un compañero o aparato de estiramiento permite llegar un poco más allá de donde se llegaría trabajando solo. Normalmente se pueden alcanzar amplitudes ligeramente superiores a las conseguidas con los estiramientos activos y, por lo tanto, una progresión mayor y más rápida. Aun así, este método también tiene inconvenientes, como la posibilidad de que se active el reflejo miotático o el mayor riesgo de lesiones en comparación con el estiramiento estático y el activo. Este mayor riesgo se debe a que ya no es el individuo el que está a cargo del estiramiento, por lo que se pierde el control sobre él y sus consecuencias. Si un aparato o un compañero nos estira, por muy cuidadoso que ese compañero sea (y debe serlo), nunca tendrá la sensibilidad ni la capacidad de reacción sobre nuestro cuerpo que tenemos nosotros mismos. Siempre existe el riesgo de que tire un poco más de lo debido o frene la tensión un poco más tarde de lo necesario. Para minimizar estos riesgos, el movimiento debe realizarse de forma muy lenta, y debe existir una comunicación constante entre el practicante y el asistente.

Facilitación neuromuscular propioceptiva. Esta técnica, que se efectúa habitualmente de forma asistida, consiste en realizar una contracción isométrica del músculo cuando se encuentra en posición de máximo estiramiento. La persona que asiste lleva el grupo muscular hasta la posición de estiramiento. Llegados a este punto, debe contraerse el músculo estirado de forma isométrica, es decir, sin que se produzca movimiento ni acortamiento, durante unos segundos. Después, se relajará el músculo y se acentuará ligeramente su posición de estiramiento. Este método, utilizado originalmente en rehabilitación, ha demostrado ser muy efectivo, pero sin duda entraña un mayor riesgo que los métodos explicados con anterioridad, y es recomendable que se realice con la ayuda de personal cualificado.

Estiramientos dinámicos

Los estiramientos dinámicos se efectúan a través de movimientos con rebotes o balanceos controlados. Por ejemplo, cuando se realizan flexiones laterales del tronco a lado y lado, se está trabajando con un estiramiento dinámico. Pese a que en este tipo de estiramientos se busca llegar al final del recorrido y realizar un pequeño rebote, la velocidad del movimiento no debe ser muy elevada y el rebote debe ser controlado. Si se respetan estas directrices básicas se reducirá notablemente la posibilidad de sufrir lesiones y se podrá trabajar de forma segura, aunque no al nivel de los estiramientos estáticos. Algunos estudios sostienen que los estiramientos dinámicos contribuyen en mayor medida al rendimiento deportivo, precisamente porque el factor movimiento está presente en toda actividad física. A pesar de esto, si nuestro objetivo es llegar a un nivel de flexibilidad elevado y aumentar en gran medida nuestro rango de movimiento, los estiramientos estáticos y la facilitación neuromuscular propioceptiva contribuirán a una mejoría mayor y más rápida. En los estiramientos dinámicos existe también una variante:


El estiramiento dinámico resulta muy adecuado para realizar durante el calentamiento y antes de la práctica deportiva.

Estiramientos balísticos. Como con los estiramientos dinámicos, se pretende mejorar la flexibilidad a través del movimiento, pero en este caso el movimiento se realiza a una velocidad mayor y se busca el rebote al final del recorrido. Por lo general, se da impulso a una extremidad para que se mueva a gran velocidad hasta su tope, momento en que se produce un rebote. Aunque aún resulta habitual ver este tipo de estiramientos en sesiones de entrenamiento de deportistas de todo tipo, la realidad es que poco a poco y con la profesionalización de preparadores físicos y entrenadores cada vez se usa menos. Este abandono se debe a varios factores, el más importante de los cuales es el alto riesgo de lesión que conllevan. Los estiramientos a gran velocidad implican una reducción del control que se tiene sobre los movimientos y de la capacidad de detenerlos ante una sensación desfavorable: cuando se logra detener la inercia del movimiento, el daño ya está hecho. Además, el reflejo miotático que se genera en los estiramientos dinámicos será más acentuado en los estiramientos balísticos, lo que puede tener efectos adversos. Por último, la rapidez a la que se produce el estiramiento hace que su efecto sobre la flexibilidad sea mínimo, con lo que el método aporta mejoras exiguas con un alto riesgo de lesión.


La brusquedad de los estiramientos balísticos los hace poco recomendables para el público general, por el alto riesgo de lesiones que suponen.

Principios básicos del estiramiento

Es necesario tener en cuenta muchos elementos antes de empezar a estirar, y aunque ya hemos visto algunos de ellos, conviene repasarlos en profundidad.

Nuestro cuerpo puede aportarnos muchas alegrías, pero también muchos problemas. Por lo general no apreciamos las posibilidades que nos ofrece: las damos por sentadas y confiamos en que forman parte de la normalidad. Empezamos a darnos cuenta de lo que tenemos en el momento en que corremos el riesgo de perderlo o cuando somos conscientes de haberlo perdido. Uno no se da realmente cuenta de lo que le perjudica el tabaco hasta que se estropea el ascensor y siente que subir las escaleras es un esfuerzo titánico. Del mismo modo tampoco somos conscientes del mal estado en que están nuestros músculos hasta que un buen día nos levantamos con una dolorosa contractura, que nos recordará durante varias semanas que deberíamos haber empezado a cuidarnos hace tiempo. Probablemente antes de llegar a estos extremos nuestro cuerpo nos haya mandado señales de lo que se nos venía encima, pero como eran menores o remitían con un antiinflamatorio no les prestamos demasiada atención. Nuestro cuerpo suele hablarnos, avisarnos mediante síntomas y sensaciones de lo que le pasa, y esto es así en la vida diaria, pero también durante el ejercicio. De hecho, muchas disciplinas orientales y de relajación hacen especial hincapié en la toma de conciencia de uno mismo. Si aplicamos esto al trabajo de flexibilidad, mejoraremos más deprisa y evitaremos lesionarnos. En primer lugar debemos desterrar el mito de que sin dolor no hay mejora, y aplicar el principio de que con esfuerzo y constancia sí la hay.

Durante el entrenamiento de la flexibilidad debemos ser conscientes de que la sensación de incomodidad y tensión en el músculo estirado ha de estar presente. El cuerpo percibe ese estímulo y mediante esa sensación nos indica que el estiramiento se está produciendo. Por el contrario, si llegamos a sentir dolor debemos interpretar el mensaje de otra manera: el dolor casi siempre significa lesión o riesgo de lesión, y debemos reducir la intensidad del estiramiento.

El control de la respiración resulta básico en todas las disciplinas deportivas, pero toma especial importancia en el trabajo de flexibilidad, puesto que contribuye a la relajación, uno de los objetivos del estiramiento. Una respiración rápida y superficial o las apneas difícilmente nos llevarán a un estado de calma, como sí lo hará una respiración pausada y profunda. Éste debe ser el principio general que apliquemos a la respiración durante el trabajo de flexibilidad, aunque existen excepciones puntuales, ya que la realización de determinados ejercicios requerirá la expulsión del aire de nuestros pulmones en un momento determinado o una respiración superficial para lograr resultados óptimos.


La sensación de incomodidad es necesaria durante el estiramiento, pero no la de dolor.

Debemos recordar también que el ejercicio de estiramiento debe realizarse de forma lenta y progresiva, para disponer de un mayor margen al percibir sensaciones y actuar en consecuencia. Si realizamos un ejercicio a gran velocidad, como ocurre con los estiramientos balísticos, no habrá margen de reacción entre la primera señal de dolor y la lesión, puesto que se producirán prácticamente al mismo tiempo. Por el contrario, tras la primera sensación de dolor en un estiramiento ejecutado de forma lenta, tendremos un margen suficiente para detener el ejercicio antes de que se lesione el músculo o algún elemento articular. Hay que prestar atención a estas sensaciones en las articulaciones que son inestables, como el hombro, dado que pueden luxarse de manera relativamente fácil, en especial en personas que hayan tenido problemas de este tipo con anterioridad.

También debemos ser conscientes de que nuestro cuerpo trabaja mejor en caliente, rinde más y muestra menos posibilidades de romperse. Del mismo modo que no puede obtenerse el máximo rendimiento de un motor hasta que está caliente, tampoco debemos estirar los músculos antes de haber calentado. En frío somos más rígidos y más frágiles, por lo que los estiramientos deberán realizarse en la parte final del calentamiento, al terminar la práctica deportiva, o en ambas situaciones. Seguro que hemos visto en alguna ocasión a alguien que sale a correr y estira antes de empezar. Ahora ya sabemos que no es lo más adecuado y que lo ideal sería estirar después de unos minutos de trote suave y al terminar de correr.

Por último, es necesario ser muy cuidadoso con la posición de la columna y tener conciencia en todo momento de ella. A menudo, en el afán por llegar más allá en el estiramiento, sometemos a la columna a tensiones excesivas. Debemos evitar esas tensiones y estar atentos en todo momento a nuestra posición, para que la espalda esté recta siempre que el ejercicio lo permita. Como resulta evidente, determinados estiramientos, y en especial aquellos que afectan a la musculatura del tronco y el cuello, harán inevitable que se produzcan alteraciones en la posición de la columna. Esto no es malo, pero debemos ser cuidadosos.

Queremos destacar que cuando decimos que la espalda debe estar recta, en realidad nos referimos a que debe estar curvada, pero sin sobrepasar su curvatura natural. Básicamente, encontramos tres curvas del todo normales en la columna: una es la curvatura hacia posterior, que se encuentra en la zona dorsal, llamada cifosis, y las otras dos son curvaturas hacia anterior que se encuentran en las zonas cervical y lumbar, llamadas lordosis. En ningún caso debemos tratar de eliminarlas o reducirlas. Las tres curvaturas son necesarias para una buena salud postural y sólo habrá que tratarlas si son excesivamente acentuadas, lo que puede acarrear tantos problemas como carecer de ellas.


Una columna sana debe conservar sus curvaturas naturales, sin que estén excesivamente acentuadas.

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Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
14 kasım 2024
Hacim:
351 s. 370 illüstrasyon
ISBN:
9788499106168
Yayıncı:
Telif hakkı:
Bookwire
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