Kitabı oku: «La acumulación originaria de capital en Bolivia 1825 - 1855»


Imagen de la tapa: “Un indio peruano negociando con un comerciante de telas de Cochabamba”. Edmond Temple (1830). Various Parts of Peru, Including a Year's Residence in Potosi. London: Henry Colburn and Rochard Bentley.
© Sucesión de Gustavo Rodríguez Ostria, 2021
© Plural editores, 2021
Primera edición: mayo 2021
D.L.: 4-1-2229-2021
ISBN ediición impresa: 978-9917-30-026-7
ISBN ediición digital: 978-9917-605-00-3
Producción
Plural editores
Av. Ecuador 2337 esq. calle Rosendo Gutiérrez
Teléfono: 2411018 / Casilla 5097 / La Paz
e–mail: plural@plural.bo / www.plural.bo
Diagramación digital: ebooks Patagonia
www.ebookspatagonia.com info@ebookspatagonia.com
A una generación, la de Gustavo.
Índice
Nota de los editores
Prólogo La historia económica boliviana y la pasión racional de Gustavo Rodríguez Ostria
Introducción
PARTE PRIMERA Marco teórico-conceptual
CAPÍTULO I Modos de producción y formaciones sociales
1. Concepto de modo de producción
2. Características de un modo de producción
2.1. Es un concepto abstracto
2.2. Tiene carácter histórico
3. Modos de producción dominantes y subordinados
4. El concepto de formación económica-social
5. Tipología y configuración de las formaciones sociales
CAPÍTULO II Proposiciones metodológicas
1. Metodología de análisis de una formación social
2. Metodología de análisis de una formación social de capitalismo no exclusivo
3. El concepto de dependencia
3.1. Consideraciones generales
3.2. La dependencia económica-social
4. El significado de la articulación de modos de producción
4.1. Mecanismos de transferencia de excedente
4.2. La acumulación originaria de capital
PARTE SEGUNDA Desarrollo analítico
CAPÍTULO I Consideraciones generales acerca del conflicto de la Independencia
CAPÍTULO II Libre cambio y el carácter del capitalismo
1. El significado del librecambismo
2. El proyecto proteccionista y su perspectiva
3. Consecuencias del librecambismo
CAPÍTULO III La acumulación originaria
1. Base y vías de la acumulación primitiva
1.1. El área de circulación
1.1.1. Las casas comerciales
1.1.2. Los bancos de rescate
1.2. El área de producción
1.2.1. La renta de la tierra
1.2.2. Las tierras de la comunidad
1.2.3. Remate de las tierras de comunidad
1.2.4. La Ley de Exvinculación
2. El papel del Estado
3. El papel de la influencia externa
CAPÍTULO IV La articulación feudal-capitalista 1875-1885
1. La distribución regional de haciendas y comunidades
2. Relaciones de producción y fuerzas productivas en las haciendas
3. El capitalismo y la estructura agraria
CAPÍTULO V Los límites de la acumulación originaria
Conclusiones
1. Metodológicas
2. Analíticas
Bibliografía
Índice de cuadros
Cuadro 1 Porcentaje de acciones del Banco Nacional controlado por comerciantes en Cochabamba, La Paz y Tarija 1877 y 1885
Cuadro 2 Participación de comerciantes paceños en compañías mineras (porcentajes de acciones controladas)
Cuadro 3 Relación entre los propietarios de la provincia Cercado de Cochabamba (1864) y los accionistas del Banco Nacional (1877)
Cuadro 4 Bolivia, venta de tierras sobrantes y de comunidades en subasta pública, 20 de marzo de 1866 a 31 de diciembre de 1869
Cuadro 5 Bolivia, forma de pago de los rematadores de las tierras de comunidad
Cuadro 6 Porcentaje de la contribución indigenal respecto al total de ingresos, Bolivia 1825-1881
Cuadro 7 Presupuesto fiscal, Bolivia 1825-1885
Cuadro 8 Porcentaje del presupuesto gubernamental destinado al Ejército, Bolivia 1833-1864
Cuadro 9 Distribución internacional de acciones del Banco Nacional 1872-1885
Cuadro 10 Clasificación de haciendas particulares y comunidades, Bolivia 1846
Cuadro 11 Distribución de haciendas y comunidades por provincias, La Paz 1877
Cuadro 12 Distribución de haciendas y comunidades en provincias seleccionadas, Cochabamba
Cuadro 13 Relación de ingresos, Hacienda Cala Cala
Cuadro 14 Clasificación de tributarios campesinos, Bolivia 1864
Cuadro 15 Resumen total de los productos y gastos en los trabajos de la Sociedad Oploca
Nota de los editores
La edición de este libro fue sugerida durante el evento en homenaje a Gustavo Rodríguez Ostria en noviembre de 2020, en el que se hizo balance de sus aportes a la historia económica de Bolivia. El objetivo es poner a disposición del público la investigación que catapultó los inicios de la carrera de Gustavo, cuyos contenidos renovaron campos en la investigación de la historia boliviana y que, por motivos que desconocemos, nunca ingresó al proceso de edición e imprenta masiva.
La acumulación originaria de capital en Bolivia 1825-1885. Ensayo sobre la articulación feudal-capitalista fue la tesis de licenciatura en Ciencias Económicas de Gustavo, presentada en la Universidad Mayor de San Simón de Cochabamba el año 1977, y mimeografiada por el Instituto de Estudios Sociales y Económicos ese mismo año. Si bien el propio Gustavo se hizo cargo de divulgar y desarrollar las ideas de esta investigación a lo largo de su carrera, este texto ha sido de difícil acceso desde el principio, incluso en bibliotecas y centros especializados por más de 40 años.
Con este libro ponemos en su justo lugar a una de las obras fundamentales para comprender y debatir los procesos históricos de Bolivia. El trabajo de edición ha consistido principalmente en el ajuste de estilo, también se ha corrigió discretamente algunos enunciados para su mejor comprensión. Finalmente se han agregado algunas notas de los editores (ne) que hacen referencia a trabajos posteriores que debaten directa e indirectamente los contenidos del libro. El equipo de trabajo fue motivado por Manuel E. Contreras, quien además coordinó el trabajo con Plural editores. Nigel Caspa estuvo a cargo de la edición con la ayuda de Raúl Reyes Zárate. Napoleón Pacheco Torrico nos regaló el prólogo. Los ingresos generados por esta edición corresponderán a la familia de Gustavo Rodríguez Ostria.
PRÓLOGO
La historia económica boliviana y la pasión racional de Gustavo Rodríguez Ostria
Agradezco la invitación de Manuel E. Contreras para elaborar este prólogo en tiempos de pandemia. Trabajé con base en mi participación en el evento de homenaje a Gustavo, organizado por Juan Pablo de Rada, “Vida y Obra de Gustavo Rodríguez Ostria 1952-2020” el 20 de noviembre de 2020, a quien también agradezco por su invitación a participar en dicho evento. Juan Pablo y Nigel Caspa forman parte de la nueva generación de historiadores que con seguridad realizarán aportes importantes a la historiografía nacional.
El punto de partida de los trabajos relativos a la historia económica de Bolivia fue, indudablemente, su tesis de licenciatura La acumulación originaria de capital en Bolivia 1825-1885, primer estudio en relación a la construcción del capitalismo en Bolivia y con seguridad, hasta ahora, el único.
Recuerdo que me encontraba en los últimos cursos de la Carrera de Economía en la Universidad Mayor de San Andrés (umsa) de La Paz y me inclinaba intuitivamente a la historia económica. Poco tiempo después, bajo la influencia del profesor Eduardo Nava Morales en la catedra de Teoría de los Ciclos Económicos, quedé impactado por el tema de las ondas largas, desarrollado por el economista ruso Nikolai Kondrátiev, y decidí que mi tesis de grado examinaría los efectos de las ondas largas en Bolivia. Por lo tanto, debía determinar el periodo de estudio y escogí 1825 a fines del siglo xx. Entonces mi tema de tesis me condujo a profundizar en el tema de las ondas largas y a lanzarme en las desconocidas aguas de la historia económica boliviana ya que solamente había leído la clásica Historia económica de Bolivia de Luis Peñaloza. Realicé mi investigación en la Biblioteca Central de la umsa, luego en la Biblioteca y Archivo Nacional de Sucre y en el Repositorio Nacional. Leía todo lo que podía encontrar, memorias oficiales, folletos, libros, tesis, artículos, ensayos, etc., relativos a la historia económica de Bolivia.
En ese contexto, en una oportunidad en la planta baja del monoblock de la umsa, advertí un anuncio en una de las aulas libres, como se denominaban, anunciando, más o menos, “Conferencia de Gustavo Rodríguez sobre la Acumulación Originaria de Capital en Bolivia”. Ingresé y fue la primera vez que vi a Gustavo exponiendo su tema. Me parece que él ya había defendido su tesis. La presentación del tema, para mí, fue sorprendente por su contenido teórico-histórico.
No pude hablar con Gustavo que salió rodeado de gente y desapareció. Mi desafío fue leer su tesis que, lamentablemente, no se encontraba en la Biblioteca Central de la umsa.
Conociendo que Gustavo había estudiado en la Universidad Mayor de San Simón (umss), viajé a Cochabamba. Me encaminé a la Carrera de Economía y me enteré que Gustavo formaba parte del Instituto de Estudios Sociales y Económicos (iese), me parece que había viajado. Felizmente encontré la tesis y pude adquirirla.
Fue en la umss que me enteré también que Gustavo fue parte de una generación de destacados jóvenes economistas cochabambinos formados en San Simón, que trabajaron sus tesis y realizaron otras investigaciones, apoyados por el iese; por ejemplo, Roberto Laserna y Carlos Navia, entre varios, siendo publicadas bajo el formato de mimeógrafos. Conocer el trabajo del iese fue impactante debido a la diversidad de temas económicos abordados. Recuerdo el trabajo del profesor Roberto Baldivieso sobre la industria en Cochabamba, en el que por primera vez vi una función de producción calculada empíricamente. Indudablemente el iese fue, en su momento, un núcleo intelectual que reunió un conjunto de brillantes jóvenes de igual o mayor nivel que la generación cochabambina de las décadas de 1940 y 1950. Conozco a excelentes economistas cochabambinos, sin embargo, creo que, en términos generacionales, la generación de Gustavo no se repitió hasta el día de hoy.
Leí la tesis con avidez y por supuesto que fue muy útil para mis propósitos. Pasó el tiempo y, como me ocurrió muchas veces, presté la tesis a un amigo que nunca me la devolvió. Afortunadamente, en mi condición de coordinador de Investigaciones de la Fundación Milenio, tenía como una de mis áreas de trabajo la educación superior, así que tuve relación permanente con Gustavo que trabajaba el tema. En una oportunidad le pedí que me ayudara a obtener un ejemplar de su tesis, y lo hizo. Me obsequió una fotocopia empastada y con una dedicatoria que para mí es un recuerdo importante hasta el día de hoy.
Sostengo que la tesis de Gustavo constituye la primera investigación y, además, no creo equivocarme, la única referente al proceso de surgimiento del capitalismo en Bolivia. Posteriormente, a partir de la tesis, se derivaron dos líneas de trabajo analíticas: la formación del proletariado minero y el mercado interno.
La tesis, un documento de más de 250 páginas, bien podría constituir una memoria de doctorado, varias personas que la leyeron tienen la misma opinión, por el tema, la utilización de la teoría, la investigación histórica, utilización de fuentes primarias y su rigor. El marco teórico, obviamente marxista, está expresado en el mismo título de la tesis.
Gustavo asume que la acumulación originaria, que es como denominan los marxistas al proceso de surgimiento capitalista, en Bolivia fue un proceso interno, rebatiendo de ese modo las versiones tradicionales provenientes generalmente de la izquierda, que siempre han supuesto que el capitalismo en nuestro país fue impuesto por el imperialismo inglés; empero, él partió criticando ese planteamiento tradicional sin fundamento histórico y compartido por una gran mayoría de políticos y economistas. Sostenía que la construcción capitalista respondió a un proceso interno, en estrecho vínculo con las formas de producción preexistentes y, obviamente, también vinculada a la economía mundial. Estos son aspectos fundamentales para entender el desarrollo de la investigación y la forma cómo sintetizó los resultados en el documento.
¿Cuál es la estructura del documento? La tesis está dividida en dos partes, que ahora se reflejan en el libro. La primera contiene dos capítulos que plantean el marco conceptual utilizado en el estudio y la metodología para estudiar los mecanismos por medio de los cuales fue emergiendo el capitalismo en economías en las que no se destruyen relaciones de producción precapitalistas y, más bien, se articula con estas. El desarrollo de la investigación se encuentra en la segunda parte, dividida en cinco capítulos. Considero innecesario describir el contenido de cada uno debido a que el lector podrá encontrarlos en este libro.
Gustavo tenía una sólida formación en economía política marxista y, por el empleo que siempre realizó de la teoría, podía deducirse que se había formado estudiando las fuentes originales del marxismo, elemento que lo distingue de otros marxistas. En las universidades públicas, tomo como ejemplo la umsa, a partir de la segunda mitad de la década de 1970, y de forma clandestina, y libremente a comienzos de 1980, existía una corriente de marxistas que leyeron solamente textos de divulgación como el Manual de economía política de la Academia de Ciencias de la urss ([1960] 1975) o el manual de P. Nikitin. Los que habíamos leído El capital y otros textos, además de contribuciones de autores importantes como Maurice Dobb, Paul M. Zweezy y Ernest Mandel y varios libros de la valiosa colección Cuadernos de Pasado y Presente y discutido en sesiones interminables, denominábamos a los que solamente leyeron los manuales como “marxistas de manual”.1 Gustavo era un marxista formado en las fuentes del marxismo, lo que representaba una diferencia cualitativa significativa en términos de la comprensión de las lecturas, mientras que los “marxistas de manual” simplemente repetían aquello que encontraban en los textos de divulgación.
En Gustavo se advertía una reflexión analítica de gran envergadura que le permitió dominar no solamente las categorías fundamentales, sino, sobre todo, la estructura teórica del marxismo. Esa fue su formación teórica, hecho que le permitió construir con solvencia el marco teórico de sus tesis.
El marco conceptual tiene como fundamento el famoso capítulo xxiv del volumen I de El capital: “La llamada acumulación originaria” (Marx, [1867] 1977: 607-649), ampliado mediante un conjunto de aportes de historiadores y economistas que examinaron la constitución y las características del capitalismo en América Latina. En este ámbito se evidencia que estuvo permanentemente actualizado en la bibliografía pertinente, que no sé cómo obtenía. Además, se advierte la solvencia con la que emplea diferentes categorías marxistas, como modo de producción, formación económica-social, entre muchas otras.
Otro aspecto importante fue la metodología para examinar el proceso de surgimiento capitalista y su articulación con los modos de producción precapitalistas. Es decir, identificó que el capitalismo en Bolivia (elemento explícito en el punto de partida) había nacido vinculado a las formas de producción preexistentes, por esta razón sostiene que se forma una articulación del capitalismo con modos de producción precapitalistas, siendo el principal modo el feudal.
También analizó los proyectos proteccionista y de libre cambio, una de las grandes contradicciones de carácter económico-social en Bolivia entre 1825 y 1872, que terminará con el triunfo del liberalismo como expresión ideológica del surgimiento capitalista. Posteriormente este análisis se reprodujo en un libro publicado en homenaje merecido a don Gunnar Mendoza Loza, quien fue director del Archivo y Bibliotecas Nacionales de Bolivia entre 1944 y 1994 (cfr. Rodríguez Ostria, [1978] 2014a).
Este tema fundamental y a la vez apasionante para la historia económica en Bolivia también fue abordado por Gustavo A. Prado Robles, en vinculación al problema de la emisión de moneda feble. La investigación de Prado Robles es fundamental para comprender los efectos macroeconómicos de la emisión de feble, la evolución de la economía boliviana durante el siglo xix y como parte de la historia monetaria de Bolivia.2 Otros investigadores también abordaron la cuestión de la moneda feble: Antonio Mitre, Tristan Platt y, últimamente, Luis Antezana Ergueta.3
Luego de analizar el contenido de los proyectos proteccionista y de libre cambio, Gustavo expuso el proceso de acumulación originaria a partir de la formación de los capitales que se invertirán gradualmente en la minería argentífera. El proceso investigado y su exposición magistral sintetiza la esencia del mismo. Sostiene que los propietarios mineros de la plata, los patriarcas de la plata como los llamó Antonio Mitre, de origen latifundista, empero no solamente ellos, sino también otros mineros de importancia menor, tuvieron como denominador común que el origen de sus capitales estuvo en la generación de excedentes en las haciendas, en los latifundios. ¿Por qué razón? Por la organización del trabajo, que permitía a los hacendados apropiarse del excedente que generaban los colonos que vivían y trabajaban en cada hacienda, el mismo que era acumulado y luego invertido en la actividad comercial.
Los hacendados, no todos por supuesto, sin dejar de ser hacendados incursionaron en el comercio de importación y exportación, actividad que les permitió incrementar sus recursos que, considerando la estrechez del mercado interno y las escasas o inexistentes oportunidades de inversión en otros sectores, dirigieron a la minería argentífera. El mecanismo fue la provisión de crédito en insumos mineros esenciales a los productores, de este modo se generaron deudas que no pudieron pagar los propietarios mineros, quienes acabaron vendiendo sus propiedades a los acreedores. Como muestra Mitre, hacia la década de 1860 los yacimientos mineros relevantes se encuentran bajo control de una nueva elite empresarial que se constituirá en la burguesía minera, con Aniceto Arce dirigiendo Huanchaca, Gregorio Pacheco en Portugalete y los Aramayo con el Real Socavón, Antequera y Carguaicollo. Estos nuevos propietarios realizarán inversiones significativas, modernizando las operaciones mineras por medio de la introducción de innovaciones en las fases de extracción, beneficio, transporte y también en el ámbito administrativo. En el caso de la Compañía Huanchaca, de Aniceto Arce,4 la modernización fue posible captando inversión extranjera proveniente de Chile a cambio de la venta de participaciones accionarias (cfr. Mitre, 1981).
Una vez que realiza ese análisis, desentraña lo que denomina articulación feudal capitalista, porque el capitalismo se construyó a partir del empleo de los excedentes originados en las haciendas feudales que, en varios casos, se extienden sobre las tierras comunitarias. De este modo emerge una combinación entre el feudalismo encarnado en las haciendas y el capitalismo de enclave constituido en la minería argentífera.
En la investigación existen dos problemas. Si bien identifica el proceso de constitución de la burguesía minera (que para muchos no es en realidad burguesía sino oligarquía), no aborda dos elementos clave: la formación del proletariado minero y las características y dimensiones del mercado interno. Este último factor es comprensible considerando que el capitalismo se constituye en la minería fundamentalmente exportadora.
En varias oportunidades conversé con Gustavo respecto a la ausencia en su tesis de un tema vital: la formación del proletariado minero. Debemos comprender que teórica y empíricamente el proceso de acumulación originaria implica el examen del surgimiento de los dos polos centrales del capitalismo: la burguesía y el proletariado. Me respondía afirmando que la inexistencia se debía, recuerdo vagamente, a que le faltó material y probablemente tiempo. Sin embargo, añadía, más o menos, que no me preocupe ya que llegaría el momento en que abordaría el tema. Efectivamente su esfuerzo investigativo se orientó, a partir de mediados de la década de 1980 aproximadamente, a estudiar la formación de la clase obrera minera, por un parte, y por otra, a identificar las características y dimensiones del mercado interno.
En relación a la clase obrera desarrolló un conjunto de investigaciones que se plasmaron en publicaciones a partir de 1986. En adelante citaré aquellas que conozco, ya que existen varios artículos difundidos en revistas del exterior. Comenzó con un artículo sobre la minería del cobre en Corocoro-Chacarilla, divulgado en 1986 en la revista Historia y Cultura (1986: 151-167). Trabajo valioso en el que analizó el proceso de formación del proletariado minero en la minería del cobre. Este trabajo, si no me equivoco, sirvió de inspiración a la tesis del historiador Iván Jiménez Chávez (1987).5
Dos años más tarde, en 1988, publicó en Nueva Sociedad: “Las compañeras del mineral” (me parece que este artículo obtuvo un premio internacional). El objeto de estudio son las mujeres en labores mineras como palliris, trabajo sacrificado que podemos ver hasta el día de hoy en la minería chica en distintas operaciones mineras de mediana y pequeña escala (1988: 176-186).6
En 1989, en Historia y Cultura vio la luz otro artículo, “Los mineros: su proceso de formación (1825-1927)”, en el que incluyó a los trabajadores de la minería estañífera (1989). Es importante anotar que Manuel E. Contreras también hizo importantes aportes en relación a la mano de obra en la minería del estaño.7
A comienzos de los 90, el ildis publicó un trabajo que, desde mi perspectiva, representa una primera culminación, hasta ese momento, del esfuerzo analítico e investigativo desplegado, me refiero a El socavón y el sindicato: ensayos históricos sobre los trabajadores mineros. Siglos xix y xx (Rodríguez Ostria, 1991a). Destaca el enfoque social en términos de la organización sindical, las protestas sociales y la represión en las coyunturas de caída de los precios del estaño.
En 2014 el Centro de Investigaciones Sociales, dependiente de la Vicepresidencia, publicó Capitalismo, modernización y resistencia popular, 1825-1952, que incluye un conjunto de trabajos que representan la culminación de las investigaciones de Gustavo. Citaré los que considero tienen relación con el tema de la formación del proletariado minero.
En primer lugar destaco el capítulo i: “Capitalismo, mercado de trabajo y cultura obrera, 1825-1900”, en el que sintetiza sus investigaciones en la formación del proletariado minero, acentúa su constitución como clase, características, visión y prácticas culturales. Este último aspecto significa que Gustavo identifica la contradicción entre las formas de disciplina capitalista y las costumbres y comportamiento de los trabajadores mineros (por ejemplo, el san lunes, el Miércoles de Ceniza, etc.), y la respuesta de los empresarios orientada a disciplinar una mano de obra, “vigilando y castigando”, que a su vez responde aún por prácticas contestarías al acatamiento sumiso a la disciplina del trabajo, pero, al final, es sometida.
En el mismo libro, en el capítulo ii, como estudio de caso presenta su trabajo relativo a la Compañía Guadalupe, perteneciente a Gregorio Pacheco, que agrupaba las minas que en importancia estuvieron después de Huanchaca: “Guadalupe: Una mina-hacienda en Chichas, Bolivia, 1825-1906”. El argumento central es la relación entre la actividad minera y dos haciendas importantes que formaban parte de la propiedad de Pacheco, en la que las haciendas proveen alimentos y mano de obra para la actividad minera, además de combustible y transporte. Es el ejemplo más claro de lo que el autor denominó en su tesis de 1977: “articulación feudal-capitalista” y sus límites.
De esa forma, Gustavo, que estudió la formación de la burguesía minera en un trabajo arduo, extenso, serio, metódico y sistemático, no solamente superó la deficiencia de no haber abordado en su tesis el examen de la formación de uno de los polos fundamentales de capitalismo desde el punto de vista marxista. Aportó más identificando las características culturales de los trabajadores, los conflictos con el capital y las formas y momentos de organización sindical.
El segundo elemento que no está en la tesis es el mercado interno, debido a que el capitalismo nace en la minería de la plata vinculado con formas de producción precapitalistas y relacionado con el mercado externo, especialmente a partir de la derogación del monopsonio estatal en 1872, e incluso años antes, y que permitió la libre exportación. Posteriormente cumplió esa tarea. En este aspecto es importante considerar que partió desde un enfoque teórico-histórico con base en el libro del marxista italiano Emilio Sereni (1980), relativo a la importancia del mercado interno para una economía capitalista, reiterando en varios trabajos que, para un historiador marxista, abordar la constitución y las características del mercado interno son elementos vitales para comprender la naturaleza de ese mercado interno. De este modo relaciona, desde mi óptica, el mercado interno básicamente a dos regiones: Santa Cruz y Cochabamba, considerando el problema regional.
En 1987 publicó, en Historia Boliviana, un acercamiento sólido al tema (cfr. Rodríguez Ostria, 1987). Posteriormente, en 1993, editó un libro relativo al mercado interno en Cochabamba y Santa Cruz que incluye el examen del papel de las elites regionales. Un aspecto importante en esta línea analítica fue la contextualización del tema en la problemática regional en Bolivia, es decir, tomando en cuenta las pugnas entre las regiones occidental y oriental.8 Más adelante, en 2011, amplió el análisis, y me parece que sus trabajos en relación a los ferrocarriles se incluyen en esta trayectoria investigativa.
Finalmente, en el libro del cis, en la tercera parte que podría formar un nuevo libro, termina su investigación y reflexión relativa al mercado interno y los factores determinantes (2014c: 411-520). En el capítulo I, “La constelación regional en la formación del capitalismo en Bolivia, 1825-1899”, su análisis vincula el mercado interno, el problema regional y el papel del Estado; examina el mercado interno de Santa Cruz incluyendo el ciclo de explotación de la goma en el capítulo ii, y termina en el capítulo iii ampliando el estudio sobre el auge y la crisis de la goma, las relaciones mercantiles, el significado del Plan Bohan y los problemas del norte amazónico (ibid.).
Las líneas de investigación destacadas en el ámbito de la historia económica no se agotan con la descripción realizada. Destacan, por ejemplo, sus estudios de la industria nacional y en Cochabamba, que están relacionados al mercado interno.9
Gustavo desarrolló una permanente investigación que no solamente respondió a los vacíos de su tesis, sino que amplió y profundizó cada uno de los temas, superando cualquier expectativa al respecto. Esa labor fue realizada con pasión perseverante, es decir, con vehemencia y entusiasmo en el tiempo, pero la pasión fue racional y se expresó en la calidad de sus trabajos. Por eso ahora publicamos este libro, producto del trabajo de Manuel. E. Contreras, Nigel Caspa y Raúl Reyes, en coproducción con Plural.
Mario Napoleón Pacheco Torrico
La Paz, febrero de 2021
1 Aclaro que me formé bajo el manto de la economía neoclásica, posteriormente abrevé del keynesianismo y del enfoque del libre mercado. Las lecturas sobre Marx y otros autores de esta corriente respondían a mi curiosidad intelectual y a lecturas en el postgrado, pero no niego que en algunos aspectos me impactaron y, en su momento, y como joven, sentía algo de simpatía por ellas.
2 Cfr. Prado, 1995 y 2008; además, Barragán, Cajías y Qayum (eds.), 1997.
3 Cfr. Mitre, 1981 y 1986; Platt, 1986; Luján y Antezana, 2005; Antezana, 2014.
4 Sobre la compañía minera de Huanchaca, ver Ramos Marca, 2020. (ne)
5 Ver también Jiménez Chávez, 1997.
6 Retomó el tema de las palliris con un ingrediente profundamente social que nos lleva a no olvidar esa dramática realidad social. Ver Rodríguez Ostria, 2014b.
7 Ver Contreras, 1984, 1985, 1989, 1990 y 1994.
8 El problema de las pugnas regionales inicialmente fue planteado por el historiador José Luis Roca ([1979] 2007).
9 Ver Rodríguez Ostria, 1982, 1995a, 1998 y 1999.
Esta acumulación originaria juega, en la economía política, casi el mismo papel que, en teología, el pecado original. Adán mordió la manzana y, con ello, cayó el pecado sobre el género humano. Su origen se explica si se relata como una anécdota del pasado. En épocas muy lejanas había, de un lado una élite diligente; inteligente y sobre todo, frugal; y, de la otra, lumpens, vagos que maltrataban alegremente todo lo suyo y aún más. La leyenda teológica del pecado original nos relata, ciertamente, cómo el hombre se vio condenado a comer el pan con el sudor de su frente; pero la historia del pecado económico original nos revela que hay gentes que nunca se ven en esa necesidad. Lo mismo da. Así sucedió que los primeros acumularon riquezas y que, a los últimos, al final, no les quedaba otra cosa por vender que su propia piel. Y de este pecado original data la pobreza de las grandes masas, que nunca tienen a pesar de todos sus trabajos, otra cosa que vender que sus personas; y la riqueza de los menos que constantemente crece a pesar de que hace tiempo que han dejado de trabajar.
Karl Marx, El capital,
libro primero, capítulo XXIV
Introducción
La problemática conceptual y analítica acerca del origen del capitalismo en Bolivia, como en cualquier parte del mundo, exige una reconversión, un cambio metodológico respecto a “quienes ven sin duda cómo se produce dentro de la relación capitalista, pero no cómo se produce esta” (Marx, 1976: 41). Esto significa, pues, investigar no sólo el funcionamiento capitalista como modo de producción situado en una formación económica, sino cómo es producido el capital que le da origen. Quizá sea necesario extenderse más en lo anterior, aun en un lugar que no corresponde, pero no es este un problema gratuito y cuya magnitud pueda reducirse a la sola dilucidación sobre la procedencia del dinero para ser transformado en capital productivo, sino que su importancia es extensible más allá de estos límites –aunque este sea siempre el punto de partida–, permitiendo la comprensión de la multifacética articulación entre el modo de producción capitalista y los precapitalistas y, correlativamente, de los vínculos y compenetración entre las clases sociales provenientes de ellos y de estas y las asentadas en el exterior de la formación social.
Ahora bien, la mayoría, si no todas, las interpretaciones sobre el origen del modo de producción capitalista en Bolivia convergen explícita o implícitamente –recurriendo al siempre ventajoso método de darlo como un hecho sin inicio aparente– en presentarlo como un fenómeno externo surgido extrafrontera e impuesto por una combinación anglo-chilena, que lo habría implantado de un modo antinatural y artificial sobre un feudalismo arcaico que quedó como resabio dentro la nueva formación económica.
Así vivíamos, ignorantes e ignorados del mundo, dice el principal ideólogo del Movimiento Nacionalista Revolucionario, hasta que el mismo proceso capitalista europeo que nos había dado su ideología liberal, nos encontró en su camino de expansión en busca de materias primas. (Guevara, 1949: 166)
Supercolocación que por otra parte habría originado una alianza feudal-imperialista y conformado una estructura dual.
Nos parece, empero, que esta visión deja sin aclarar algunos hechos fundamentales, el primero, el significado de la lucha de clases en el periodo que precedió al capitalismo, 1825-1870. El segundo se refiere a las causas que originaron la venta de las tierras de la comunidad y, finalmente, la innegable posesión y organización, aunque no necesariamente control total, de la minería de la plata por parte de productores locales, tales como Aniceto Arce, Gregorio Pacheco, Avelino Aramayo, etc.
Sin una explicación coherente, lo primero aparecería como una anarquía sui generis, un caos sin plan (inestabilidad “folk” que ya había caracterizado desde entonces a Bolivia), desvinculado de todo proceso posterior, y no como era, los prolegómenos de una nueva época, de la cual si no era el principio, estaba unida en secuencia. La explicación sobre las ventas de las tierras de la comunidad quedaría también desprovista de este sentido global, lo que abriría paso a interpretaciones subjetivas. En cuanto a lo tercero, vemos que se confunde el comienzo con el final; la burguesía minera de la plata y luego del estaño, y por qué toda la burguesía boliviana no pudo constituir jamás una clase con intereses nacionales. Y si aquella perdió el dominio financiero que ejercía sobre la producción y quedó finalmente absorbida por la avalancha imperialista, es otra cosa.
Toda esta aparente pérdida de sentido sucede porque se insiste en una sobredeterminación de la acción externa. Pues, mientras se sostiene, entre otras cosas, que la implementación externa sustituye en su totalidad al proceso de acumulación interno, se ignora el análisis de la concentración y distribución de este. El cual, si no existe, obviamente no hay por qué estudiarlo. Consideramos, empero, que esta interpretación no tiene asideros sólidos, en teoría nada lo exige, la historia no lo confirma.
Sin embargo, mientras la anterior concepción subsiste entre los investigadores bolivianos, el quid de la cuestión, la clave del proceso de configuración estructural de la sociedad boliviana del siglo xix, la acumulación originaria de capital, se abandona. De tal forma se renuncia a explicar no sólo el modo de producción capitalista en Bolivia que surgió sin generalizarse y llevando a su paso la consolidación y extensión de latifundio feudal, sino también las causas por las cuales no pudo, en el momento –ni ahora–, aparecer en su escenario una auténtica burguesía nacional.
De otra parte, es por demás notorio que el modo de producción capitalista no se desarrollé en Bolivia en un vacío interno ni en un absoluto aislamiento externo. En su errático y brutal proceso de implantación, creció siempre en absoluta relación con los modos de producción preexistentes y con la economía mundial.
Entonces, no se trata tampoco de negar la influencia externa, sino más bien de darle una verdadera dimensión histórica, como elemento acelerador (la dependencia es condicionante), más que generador, de la burguesía en Bolivia. Aun esto, empero, tiene sus propios reparos. Los mineros de la plata, los primeros capitalistas, vieron facilitada su acción no sólo por la existencia de un mercado mundial para sus productos, sino debido también al ensamblamiento que las unía con la burguesía metropolitana, por lo que no necesitaron desarrollar toda una industria paralela de apoyo, productora de máquinas o tecnología para la explotación minera.1
Es lícito, pues, en este campo, preguntarse hasta qué punto esta clase pudo conformarse sin aquella, o también en qué medida esta acortó la etapa de su conformación.
Entonces, el capitalismo hizo su aparición en este país dentro de un proceso mundial de acumulación. Esto determinó que las características de su propia acumulación tomaran un ritmo y estructura distintos, precisamente porque la dependencia en su fase comercial, primero, e imperialista, luego, destruyó aquí las bases de la acumulación nacional e impidió, al orientar al modo de producción capitalista hacia el mercado externo, la generalización de sus relaciones de producción.
Volviendo a lo que nos interesa, consideramos que no existen razones valederas para creer que el capitalismo llegó a Bolivia impuesto por una fuerza externa. En definitiva, si las cosas se resuelven a partir de su punto de origen, y este es la acumulación primitiva, es necesario desentrañar su proceso y consecuencias en la Bolivia semicolonial.
Partiendo de esta conclusión, este trabajo tiene como objeto principal señalar que esta acumulación existió realmente, a más de interpretar sus características y resultados, evento que se considera como punto de partida para la explicación de los procesos socioeconómicos del siglo anterior.
Es claro que si este análisis constituye el marco general, en lo particular se quiere demostrar que la acumulación originaria giró en parte en torno a la estructura feudal de la agricultura. Y que, por esta razón, no se destruyó –ni se podía romper– aquella. Antes bien, el capitalismo guardó inicialmente una relación funcional con este modo de producción, puesto que sus patrones de acumulación y dominación así lo permitían. Ello posibilitó la conformación interna de un bloque de clases feudal-capitalista.
Para lograr la anterior explicación, se ha tomado como periodo de análisis el comprendido entre los años que van de 1825 a 1885. Esta elección no es casual; el límite interior señala el tránsito de la colonial a la semicolonia. En cuanto al superior, coincide con el inicio de los gobiernos civiles formados con la participación de los capitalistas mineros.2
En otro ángulo de consideraciones, digamos que algunos temas han quedado postergados para destacar los vinculados al problema de la acumulación primitiva, vale decir, que no se busca realizar un análisis detallado de la economía boliviana del periodo.
Para lograr todo ello, se ha considerado necesario dividir esta investigación en dos partes: la primera constituye el marco teórico conceptual. En ella se busca definir y precisar los conceptos que luego se maneja (capítulo i). Pero, sobre todo, encontrar una metodología para analizar aquellos países donde el capitalismo se articula con modos de producción precapitalistas (capítulo ii). En la segunda parte, mostramos cómo la independencia, a la par que abrió un camino hacia la acumulación capitalista, constituyó un triunfo de los latifundistas y los sectores conservadores que a la postre bloquearían esta (capítulo i). Seguidamente, indicamos cómo la insuficiencia de las fuerzas sociales internas y el dominio comercial inglés determinaron el carácter del modo de producción capitalista en Bolivia, aunque no lo originaron todavía (capítulo ii).
En los restantes capítulos indagamos sobre la acumulación originaria propiamente dicha, señalando las vías que esta usó (capítulo iii) y la manera en que influyó en la articulación del feudalismo agrario con el naciente capitalismo (capítulo iv).
Para terminar, mostramos los límites de esta acumulación nacional y cómo esta situación, unida al dominio imperialista, impidió el surgimiento de una burguesía nacional en Bolivia (capítulo v). Sobre todos estos aspectos, nuestro trabajo debe ser considerado un ensayo.
En el entendido de que no es necesario esperar de la teoría más de lo que realmente puede mostrar, acudimos a la verificación a través de datos. Desgraciadamente, la dispersión de los existentes dificulta en mucho esta investigación. Con estas limitaciones, hemos acudido a los catastros rústicos y libros de las notarías de hacienda en los departamentos de Cochabamba y La Paz.
Aquí tampoco la elección es casual, aunque está fuertemente motivada por la disponibilidad de datos. Cochabamba tiene fama de ser una región eminentemente agrícola y su estructura agraria mostraba, en el siglo xix, un gran dominio de las haciendas feudales, por lo que consideramos que cumple los requisitos mínimos para nuestro propósito. La Paz en tanto se convertía cada vez más en un centro de decisión política y económica que se confirmaría después de la revolución liberal al filo del siglo xix. Empero, en la medida de lo posible, se ha tratado de verificar estos datos con los provenientes de los departamentos de Sucre y Tarija, aunque en esto no siempre se utilizan datos primarios.
En lo que respecta a las empresas mineras, sólo tomamos aquellas de las que hemos encontrado memorias de directorio tanto en la Biblioteca Nacional (Sucre) como en al Archivo del Instituto de Cultura (La Paz).3
1 “Las enormes distancias y las montañas sólo podían ser dominadas por excelentes carreteras y ferrovías; la naturaleza abrupta por los andariveles, la carencia de agua y las inundaciones mediante costosos acueductos, poderosas bombas y socavones; la dureza de las rocas desapareció ante las potentes perforadoras. La gran explotación no puede imaginarse aislada de la electrificación; del montaje de fantásticas plantas hidroeléctricas; la complejidad extrema de los minerales obligó a sustituir los métodos primitivos de purificación con otros modernos que corresponden a los últimos adelantos de la técnica metalúrgica. Esta labor progresista la cumplió el capital internacional; la clase dominante nacional que buscó ser suplantada por fuerzas foráneas, vio reducido su papel a la función de simple agente de aquella fuerza” (Lora, 1967: 135-136).
2 En cuanto a esto último, entre 1884 y 1888, el presidente fue Gregorio Pacheco; entre 1888 y 1892, Aniceto Arce; 1892-1896, Mariano Baptista, y entre 1896 y 1899, Severo Fernández Alonso. Nótese que todos ellos, salvo Baptista, eran capitalistas mineros.
3 Se refiere al actual Archivo Histórico de La Paz, que está bajo dependencia de la Carrera de Historia de la Universidad Mayor de San Andrés. (ne)
PARTE PRIMERA
Marco teórico-conceptual
CAPÍTULO I
Modos de producción
y formaciones sociales
El investigador necesita definir los conceptos con que trabaja. Esto es lo que nos proponemos en este capítulo.
1. Concepto de modo de producción
En la relación dialéctica que entabla el hombre para sobrevivir y reproducirse entra en contacto e interactúa doblemente:
a) sobre la naturaleza, utilizando para ello medios e instrumentos de trabajo1 y una determinada capacidad y experiencia social.
b) con otros hombres, con los cuales se organiza en el proceso productivo, independientemente de su conciencia, a través de la forma de propiedad de los medios de producción.
La conjunción de ambos determina principalmente el grado y diversidad de apropiación del medio, la forma como se obtienen, distribuyen y utilizan los ingresos, se articulan y sitúan las clases sociales en el proceso productivo, se estructuran los aparatos políticos e ideológicos. Esto último constituye la superestructura.
Estos dos niveles, mutuamente integrados, el primero denominado fuerzas productivas y el segundo relaciones de producción, que en el espacio histórico se articulan alcanzando diversos y distintos grados de desarrollo y cuyas
combinaciones e interacciones entre unas y otras proporcionan las bases y la trama de las (sociedades) que se suceden a través de la historia humana: Sociedades Primitivas, Sociedades de Regadía, o de Despotismo Orientales, de Esclavismo, Feudalismo, Capitalismo, Socialismo, Formas Mixtas o Aberrantes; cada una de las cuales sigue en general un ciclo de nacimiento, crecimiento, apogeo, crisis intermedia y terminales. (Kaplan, 1976: 139)
conforman un modo de producción.2
Es necesario advertir, sin embargo, que el segundo nivel (las relaciones de producción) no indica necesariamente igualdad en las mismas, sino, más bien, en determinados modos de producción (clasistas) son asimétricas, revistiendo un carácter de explotación (apropiación del super-plus por alguien distinto al productor directo). Es esta idea,
en ocasiones difícil de captar por la cortina que interponen los esquemas, o los prejuicios, que hace que el hombre no pueda ser concebido independientemente de una determinada relación social, que no sólo es cotidiana, diaria, sino fundamental y que es el tipo de relación que guarda en el trabajo y la producción. (Gonzales, 1975: 29)
Lo que constituye el único criterio válido para definir y catalogar un modo de producción, “lo único que distingue uno de los otros tipos de Sociedad, o la Sociedad de la Esclavitud de la de Trabajo Asalariado, es la formación de este trabajo excedente que le es arrancado al productor inmediato”, dice Karl Marx en El capital (1976: 164).
2. Características de un modo de producción
En general, el concepto de modo de producción, sea cual fuere su estructura u origen, presenta las siguientes características.
2.1. Es un concepto abstracto
Como categoría, la noción del modo de producción adquiere simplemente un carácter explicativo-formal, utilizable para interpretar organizaciones productivas dentro de las cuales las relaciones de producción son homogéneas; está claro entonces que, en un modo de producción, no existen ni coexisten otro tipo de relaciones de producción.
La abstracción del concepto de modo de producción significa, por tanto, aislar de la heterogeneidad todas aquellas relaciones de producción que no corresponden al modo de producción a estudiarse, dejando a este en su estado “puro”. Es solamente en este sentido que puede decirse que un Modo de Producción es un concepto abstracto que no existe en la realidad concreta, en la medida (como se verá más adelante) en que en una sociedad se encuentran diferentes y variadas formas de relaciones de producción. Metodológicamente, esta conceptualización impide los errores que devienen del uso de un mismo instrumental teórico, propio y característico de cada modo de producción en la investigación de la estructura y funcionamiento de todos los modos (la noción de capital, por ejemplo).
2.2. Tiene carácter histórico
La historia de la humanidad clasista es la historia de la sustitución y la desaparición de modos de producción, cambios que se producen toda vez que las relaciones de producción existentes entran en contradicción con el desarrollo de las fuerzas productivas. Lo cual significa que, a su crecimiento, estas hacen absolutamente innecesarias y, por tanto, sustituibles las antiguas relaciones de producción, las cuales deberán ser reemplazadas por otras nuevas en consecuencia con los requerimientos del desarrollo tecnológico, configurando un nuevo modo de producción.3
Así, la ciencia actual hace innecesaria económicamente la supervivencia del modo de producción esclavista: una sola máquina segadora, o cualquier otra, rinde tanto como doscientos y trescientos esclavos. Es en esta medida que el esclavismo es un estado superado. Pero no sólo intervienen factores económicos para argumentar que un modo de producción está superado; existen otros que se ven (como reflejo de los anteriores) en las legislaciones jurídicas o en la misma conciencia social, los cuales consideran que determinadas formas de relaciones de producción (el esclavismo, el feudalismo) no solamente son antieconómicas, sino socialmente inhumanas.4 Sin embargo, se puede concluir que un modo de producción clasista es transitorio en la medida en que es superable, e histórico en la medida en que es sustituible; por tanto, es un concepto específico que sólo tiene sentido en determinadas etapas del desarrollo humano. Por supuesto, aquí nos referimos únicamente a los modos de producción clasistas.
3. Modos de producción dominantes y subordinados
Si, como dijimos anteriormente, el concepto de modo de producción es abstracto e ideal, en la medida en que no refleja la situación concreta de un contexto social en el cual existen ya varios modos de producción, cabría, inicialmente, preguntarse ¿cómo se estructuran estos diversos modos?, ¿obedecen a una ley general? o ¿se agrupan anárquicamente?
Quizás sea más fácil y comprensible si se aborda este problema de la siguiente manera: cuando catalogamos a una sociedad o país como esclavista, capitalista, etc., en realidad estamos deduciendo esta categorización del modo de producción que, dentro de su estructura socioeconómica (cualitativa y cuantitativa), aparece como el principal y que tiene, por tanto, la peculiaridad de subordinar y dominar a los demás existentes, asignándoles así
su correspondiente rango [e] influencia. Es una iluminación en la que se bañan todos los colores y [que] modifican las particularidades de estas. Es como un éter particular que determina el paso específico de todas las formas de existencia que allí toman relieve. (Marx, 1971: 21)5
El todo social aparece entonces como un conjunto de partes (modos) profundamente interrelacionadas entre sí, en el cual el funcionamiento, lógica y desarrollo de los modos de producción subordinados están dados por el nexo y la forma que los une al modo de producción dominante, que, a su vez, imprime una racionalidad al sistema económico en correspondencia a sus intereses generales, constituyendo su presencia: “la ley general de las formaciones sociales o el verdadero y único criterio objetivo para la construcción de cualquier modelo de formación económica social” (Luporini, 1969: 29). De manera que los modos de producción no se agrupan ni conforman en forma anárquica ni independiente, por más de que esto sea en apariencia e ideológicamente irracional.
Por tanto, un modo de producción debe pertenecer necesariamente ya a la categoría de dominante (principal) o ya a la de dominado (secundario), pero esta no es una situación que se presente optativa, ya que no todos ellos pueden pertenecer indistintamente a uno u otro grupo.
Existen algunos modos de producción que intrínsecamente, por sus condiciones estructurales, son necesariamente dominados; modos de producción como el mercantil simple que, basado en la propiedad personal del productor sobre los medios de producción (el minifundio, los talleres artesanales): “es por naturaleza secundario debido a una razón simple: no es un sistema clasista, es decir, en su interior no surge una clase dominante que puede someter a la sociedad entera” (Bartra, 1976: 14). Esto se debe a la alta dispersión económica y política que presenta, impidiendo que esta clase social, sin alterar las condiciones del modo de producción, pueda convertirse en dominante. Se podría argüir que el capitalismo puede surgir del artesanado, pero esto sólo es posible a condición de la concentración en la propiedad, la secuencial destrucción de los talleres y el empleo de obreros asalariados, en cuyo caso se alteran las condiciones básicas del modo de producción que ya no es mercantil simple sino capitalista. (Por otro lado, no es este tampoco el camino de desarrollo histórico del capitalismo). Quizás, y por las mismas razones, pueda agregarse al modo de producción anterior el que caracteriza a las asociaciones primitivas (comunismo primitivo). Otros modos de producción, en cambio, son hegemónicos en determinadas etapas históricas, pero pueden aparecer como secundarios en otras, por ejemplo: el esclavismo dominante en Roma y subordinado en la época colonial en el Perú; idéntica situación ocurre con el feudalismo. Finalmente, existe un modo de producción (el capitalista) que intrínsecamente también tiende a convertirse en dominante, pero que a diferencia de los anteriores no puede coexistir con otros, sino que necesita, en la medida en que lo exige el desarrollo de sus fuerzas productivas y su acumulación, destruir a los demás extendiendo su dominación a toda la sociedad. “La generación –dice Samir Amin– de la forma de mercancía del producto da al Modo de Producción capitalista, un poder disgregador de los otros Modos de Producción con los cuales se enfrenta” (1973: 24).
4. El concepto de formación económica-social
El concepto de formación social tiene varias acepciones, según se incluya o no la superestructura en el concepto de modos de producción. Distinguiéndose entonces entre formación económica y formación social. Nosotros usaremos ambos términos indistintamente.
El hecho, como se ha mostrado anteriormente, de la presencia estructurada y simultánea de modos de producción hegemónicos y dominados dentro de una región o país explicita la idea de la no existencia de un modo de producción único dentro de ellos, ni la homogeneidad, por tanto, de las relaciones sociales de producción en su espacio económico-social.
Esta trama heterogénea, más o menos compleja, de varios modos de producción necesita pues una nueva conceptualización que nos permita investigar y formalizar este contexto, donde, por sus condiciones, se debe abandonar el aislamiento, pureza y homogeneidad que caracterizan el estudio y a la realidad de un modo de producción. Al descubrir esta nueva situación, que por ser concreta y real no podría ser aprendida con la abstracción y formalidad del concepto de modos de producción, surge una nueva categoría que es la de formación económica-social que, al decir de Nicos Poulantzas:
En la realidad sólo existe de hecho una formación social históricamente determinada, es decir, un todo social en el sentido más amplio, en un momento de su existencia concreta. La Francia de Luis Bonaparte, la Inglaterra de la revolución industrial […], una Formación Social presenta [es] una combinación particular, una imbricación específica de varios modos de producción puros […] la formación Social constituye por sí misma una unidad completa con predominio de cierto modo de producción sobre los otros que la componen. (1974a: 6)
Así entendida y definida una formación social –que supone, obviamente, al menos dos modos de producción–, implícitamente niega y desmitifica la idea del llamado dualismo estructural en cuya sustentación se pretende encontrar algunas de (o todas) las trabas para el desarrollo de los países dependientes, y la niega porque afirmar que la existencia de todos los sectores económicos de una región o país están indisolublemente unidos,6 salvo, por supuesto, los de aquellas regiones cuyo aislamiento geográfico es francamente visible, debido a que el papel que juega en ella los modos de producción dominados, como se dijo anteriormente, sólo pueden entenderse en referencia al dominante y al proceso de expansión y forma de mantenimiento del sistema que impone su funcionalidad. Este dominio es traducible en el funcionamiento de los mecanismos de reproducción de los sistemas económicos, ideológicos y políticos (Estado, cultura, moral, etc.), los cuales obran principalmente hacia el sostenimiento, reproducción y/o generalización del modo de producción hegemónico. Mas, en la medida que la articulación interna presenta una relación intermodos no antagónica entre este y alguno particular, cuya clase dominante mantenga una alianza explícita e implícita con la proveniente del modo de producción predominante, estos entran también a su servicio, aunque con menor intensidad.7 Más propiamente, este fenómeno se presenta casi exclusivamente en la formación capitalista, traduciéndose en una alianza bloque de clases latifundista, feudal y burguesía.
5. Tipología y configuración de las formaciones sociales
Las formaciones sociales no son evidentemente un todo único e indiferenciado; adquieren más bien distintos matices que permiten tipologizarlas, ya en función a la configuración estructural que defina su carácter histórico, resultante este del predominio de un modo de producción u otro –tipología que puede corresponder a un solo periodo cronológico y/o a toda la historia humana–, o por la forma en que este, al realizar su hegemonía, se relaciona y articula con los modos de producción dominados.
Es en consideración a estos aspectos que tomamos en cuenta sólo aquellos donde el modo de producción es clasista. Por tanto, con relaciones de producción asimétrica, las formaciones sociales se dividirían en:
a) formaciones sociales precapitalistas: tributarias; esclavistas; feudales
b) formaciones sociales capitalistas.
Y sus diferencias fundamentales (al igual que al nivel de modo de producción) pueden encontrarse principalmente por los mecanismos de apropiación del excedente y por la forma de producción del mismo, y secundariamente por su localización espacial.
Las primeras formaciones (no capitalistas) que presentan una localización rural del excedente son sociedades agrarias, en las cuales este es apropiado por las clases dominantes a través de coacciones extraeconómicas (religiosas, políticas, etc.). Las formaciones sociales capitalistas, a diferencia, tienen una localización principalmente urbana del excedente (aunque no es descartable la aparición de las mismas en zonas rurales procedentes de modos de producción precapitalistas o capitalistas), cuya apropiación por la burguesía dominante se produce, no ya en forma coactiva, sino a través de mecanismos económicos que significan retribuciones salariales al explotado, el cual aparece formalmente libre para vender su fuerza de trabajo, toda vez que se encuentre separado de la propiedad de los medios de producción.8
Por otra parte, la anterior división tiene la ventaja de mostrar y explicitar aquellas formaciones sociales (las precapitalistas), hoy ya desaparecidas, de aquella única dominante (la capitalista) a nivel mundial y local (sin contar, por supuesto, las formaciones sociales socialistas).
Ahora bien, la precedente categorización sería insuficiente si no es completada por un análisis que desentrañe las particularidades debidas a las distintas formas estructurales resultantes de la relación intermodos que logre imponer el dominante dentro de una formación social; entonces, se trata no ya de clasificar estas por sus diferencias provenientes de la especificidad que les da la dominación de un modo de producción u otro, sino por la situación que este, al realizarla, asigna a los dominados.9 Por el carácter mismo de esta tesis, daremos exclusiva importancia en este punto a las formaciones sociales capitalistas.
En ellas, estas particularidades provienen de la clase de imbricación que mantenga o pueda mantener el modo de producción capitalista ya constituido en dominante, o en vías de serlo (etapa de transición), con los modos de producción precapitalistas que ya subordinan o intentan hacerlo. Así decimos que existe una relación funcional cuando la presencia de modos de producción precapitalista no impide el desarrollo (crecimiento) y la supervivencia del modo de producción capitalista, tal como este se ha constituido originalmente en un país; coexistencia que es, por tanto, funcional a sus sistemas de dominación y patrones de acumulación; la misma que será rota si su posterior extensión regional-sectorial así lo requiere, fenómeno que generalmente aparece unido al desplazamiento de una fracción de la clase capitalista que es sustituida, a su vez, en la hegemonía del modo (y la formación) por otra.
Ücretsiz ön izlemeyi tamamladınız.