Kitabı oku: «El liderazgo y su dinámica»
EL
LIDERAZGO
Y SU DINÁMICA
Un modelo bíblico
para levantar líderes efectivos
Harry L. Reeder III
con
Rod Gragg
Publicado por:
Publicaciones Faro de Gracia P.O. Box 1043 Graham, NC 27253 www.farodegracia.org
ISBN 978-1-629461-76-2
Agradecemos el permiso y la ayuda brindada por Crossway para traducir e imprimir este libro, The Leadership Dynamic: A Biblical Model for Raising Effective Leaders, al español.
Copyright © 2008, Harry L. Reeder III
Publicación de Crossway
A Ministry of Good News Publishers
1300 Crescent Street
Wheaton, Illinois 60187
This edition published by arrangement with Crossway. All rights reserved.
© 2014 Traducción por Publicaciones Faro de Gracia. Todos los derechos reservados. Traducción al español por Ignacio Uranga y Robert Wilson; la revisión por Armando Molina, MTW. La portada fue deseñada por Kyle Smith.
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación podrá ser reproducida, procesada en algún sistema que la pueda reproducir, o transmitida en alguna forma o por algún medio - electrónico, mecánico, fotocopia, cinta magnetofónica u otro - excepto para breves citas en reseñas, sin el permiso previo de los editores.
© Las citas bíblicas son tomadas de la Versión Reina-Valera, a menos que se indique lo contrario. © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. © renovada 1988, Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.
Contenido
PREFACIO
1 EL MODELO DE DIOS PARA EL LIDERAZGO
2 EN EL MUNDO, PERO NO DEL MUNDO
3 SUS CAMINOS NO SON NUESTROS CAMINOS ¡GRACIAS A DIOS!
4 LA DEFINICIÓN DE UN LÍDER
5 LAS CARACTERÍSTICAS DE UN LÍDER CRISTIANO EFECTIVO
6 ¿QUÉ ES EL LIDERAZGO?
7 ¿TERMÓMETRO O TERMOSTATO?
8 APRENDER, VIVIR, LIDERAR
9 CÓMO DESARROLLAR LÍDERES: EL MÉTODO DE DIOS
10 ARRIERO O PASTOR: ¿CUÁL DE LOS DOS ERES TÚ?
11 PELEAR LA BUENA BATALLA
12 LA IGLESIA: UNA FÁBRICA DE LIDERAZGO Y UN CENTRO DE DISTRIBUCIÓN
13 SI NO ES UN CABALLO, ¡ENTONCES QUÍTALO!
14 ¿QUIENES ESTÁN EN EL EQUIPO?
15 CONOCE A TU ENEMIGO
EPILOGO
Otros títulos por Publicaciones Faro de Gracia
PREFACIO
Si fuera a comenzar mi ministerio como pastor mañana sabiendo lo que sé hoy, hay un compromiso que elevaría en lo que respeta a la prioridad y la atención. Ese compromiso es el liderazgo. Específicamente, me comprometería a definir con mayor claridad el concepto bíblico de un líder. Después, me comprometería a invertir más tiempo y enfoque en desarrollar líderes comprometidos con dicho concepto bíblico de liderazgo. Finalmente, buscaría maneras de colocarlos o desplegarlos no sólo en la iglesia y en sus familias sino en cada esfera honorable de influencia en nuestra cultura. Si pudiera comenzar mi ministerio nuevamente, ciertamente buscaría ser más consistente en la oración de intercesión y más efectivo como un predicador expositivo de la palabra, y de hecho, no conozco ninguna área prioritaria del ministerio donde no desearía crecer en fidelidad y competencia. Pero la cosa más elevada en mi lista de prioridades es lo que estoy llamando en este libro el liderazgo de las tres D: Definir, desarrollar y desplegar líderes cristianos que sean capaces de transformar la sociedad por medio de un estilo de vida y liderazgo centrados en Cristo e impulsados por el evangelio y quienes de forma intencional busquen ser multiplicadores de sí mismos.
Creo que esto es una estrategia bíblica a la que nuestro Señor claramente dio prioridad en su ministerio público de tres años. También es claro que los grandes movimientos de la historia en general y los movimientos del reino de Dios en particular siempre han sido impulsados por la multiplicación del liderazgo. La palabra de Dios está repleta con una multitud de esos ejemplos. Consistentemente, siempre que Dios decide hacer algo, él llamó a líderes guiados por la gracia y con carácter para iniciar su misión, y ellos a su vez, sin fallar, se multiplicaron a sí mismos por medio de otros líderes.
Aún más, este es un momento increíble de oportunidad a lo largo de todas las culturas de este mundo. El momento ha sido creado por un vacío de buen liderazgo y un fenómeno simultáneo de pesimismo y desanimo en lo concerniente al liderazgo, el cual ha sido creado por los conceptos actuales de liderazgo que dominan nuestro mundo hoy en día.
Quisiera agradecer a mi Señor y Salvador por permitirme conocerle de una forma salvífica y personal y de servirle vocacionalmente. En esa relación, la visión completa de un liderazgo dinámico ha nacido a través de muchos años. Que Nuestro Señor se agrade de bendecir este esfuerzo al tiempo que yo le agradezco por la enorme bendición de servir al Dios trino y a su iglesia y proclamar el evangelio de su reino.
Me gustaría agradecer a Crossway, Allan Fishery y a su equipo completo, también a Rod Gragg quienes me asistieron significativamente en la escritura del manuscrito. A la iglesia presbiteriana de Briarwood, le estoy agradecido al Señor por tener el privilegio de servir junto a ustedes y por el ánimo que recibo, no solamente de nuestros miembros sino también de nuestros ancianos, diáconos y equipo pastoral sin los cuales este esfuerzo no se podría haber finalizado.
Le debo unas gracias enormes a la labor diligente e incansable de mi asistente en el ministerio, Marie Gathings, la consultoría de Tara Miller y la edición preliminar de Linda Waugh. A mi familia, estoy eternamente agradecido. Mis hermanas, Vickie, Amy y Beth junto con sus esposos han sido una fuente constante de ánimo y oración. Alabo al Señor por mis hijos Jennifer, Ike y Abigail, su esposo Ryan y nuestros nietos Brianna, CJ, Mack, Mathias y Taylor. A Cindy, mi preciosa esposa quien es mi inspiración y consejera constante, deseo dedicarle este trabajo especialmente. Quizás más que cualquier otro, ella manifiesta el concepto bíblico del liderazgo como siervo. También deseo hacer un reconocimiento a mi papá y mamá quienes ahora ya viven en la presencia del Señor y quienes me enseñaron de palabra y práctica mucho de lo que después aprendí a conocer como liderazgo cristiano.
En conclusión, a todos los pastores que desean servir al Señor, proclamar el evangelio, equipar a los santos, cumplir la gran comisión, y ver una transformación basada en el evangelio de sus iglesias, de sus comunidades y de su mundo, este libro se les dedica especialmente. Que nuestro Señor los bendiga al tiempo que buscan primero ser fieles por la gracia efectiva de Dios, y segundo, ser influyentes para la gloria de Dios y la preeminencia de Cristo. Que nuestro Señor les permita liderar a su iglesia, basados en el ministerio de la oración y la Palabra, de modo que sus iglesias lleguen a ser una fábrica de líderes y un centro de distribución, y juntos podamos escuchar nuevamente: “Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá” (Hechos 17:6).
1
EL MODELO DE DIOS PARA EL LIDERAZGO
“Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá.”Hechos 17:61
¿Por qué lo hacemos?
¿Por qué los cristianos quieren aprender el liderazgo de los modelos del mundo, cuando sabemos que la “sabiduría mundana”, inevitablemente entra en conflicto con la Palabra de Dios y trae el caos y la desesperación? El liderazgo efectivo y genuino se aprende de la Palabra de Dios, se desarrolla a través de hacer discípulos, se alimenta en la iglesia de Dios, y luego se envía al mundo. Cuando esto sucede, podemos anticipar una reproducción consistente de líderes que se multiplican y que han sido transformados por el liderazgo bíblico. Es la reacción en cadena de Dios. Un líder transformado produce más líderes transformados, líderes que han sido formados en la iglesia y luego enviados a impactar al mundo. Por la gracia de Dios se convertirán en agentes de cambio y el proceso se repetirá continuamente tal como Dios se lo propuso. Al aplicar fielmente el modelo de liderazgo revelado en la Palabra de Dios, la iglesia puede de nuevo trastornar al mundo. Por el momento, sin embargo, nos enfrentamos a una disolución cultural.
El Modelo Norteamericano Contemporáneo
La iglesia estadounidense se encuentra en el borde de una espiral de muerte auto-infligida acelerada por el liderazgo mundano. El pueblo de Dios es la “sal” y “luz” de la cultura circundante, así que cuando la iglesia empiece su caída libre, toda la cultura norteamericana pronto le seguirá. ¿Cuál es el elixir venenoso que la iglesia contemporánea de Norteamérica parece tan decidida a consumir? La respuesta: el modelo de liderazgo que ahora se practica y promueve en los consejos de administración de grandes empresas estadounidenses. ¿Es acaso el capitalismo tradicional americano el problema? ¿Es antibíblico o peligroso? La respuesta es no, el capitalismo tradicional no es el problema. El modelo de liderazgo que está infectando a la iglesia de hoy (con resultados desastrosos) es un producto del capitalismo contemporáneo el cual es una mutación del sistema capitalista que históricamente fue influenciado por el Cristianismo y que creó la riqueza sobre la cual nuestra nación prosperó y bendijo al mundo. Esta mutación está basada en la avaricia y acaba con la riqueza. El liderazgo corporativo de hoy infectado de auto-promoción es una pócima mortal que innumerables iglesias beben al integrar irreflexivamente los modelos de liderazgo corporativos de hoy en día.
El capitalismo influenciado por la fe Cristiana fue puesto a trabajar de inmediato en suelo norteamericano, y ayudó a dar forma a nuestra nación de una manera poderosamente positiva. La influencia fresca de la Reforma protestante se derramó en las Colonias Inglesas de Norteamérica para forjar la ley y la cultura estadounidense con base en la cosmovisión judeo-cristiana. Nuestra nación fue fundada en ese consenso bíblico con el que floreció y progresó ética y prácticamente hasta que la cosmovisión Norteamericana completó su cambio al humanismo secular en el siglo XX. La cosmovisión bíblica sostiene que Dios es la autoridad sobre todas las cosas, y que agradarle a Él debe ser el fundamento de todo esfuerzo. El humanismo secular proclama que el hombre, no Dios, es la autoridad final y todo existe para el placer personal y la riqueza.
Históricamente, la influencia del cristianismo en el capitalismo estadounidense produjo una clase media amplia y generalmente próspera que proporcionó estabilidad económica y cultural a la nación. Influenciado por el liderazgo cristiano, el capitalismo norteamericano tradicional promovió crecientemente el noble objetivo de que el éxito empresarial no es el consumo de la riqueza, sino la creación de la misma. Lo bueno no era la codicia sino el acto mismo de hacer el bien. La ética fundamental del capitalismo norteamericano tradicional, influenciado por el cristianismo, no era simplemente “hacer lo que es bueno para el negocio”, sino “que tu negocio sea hacer el bien”. A través de las diferentes épocas, el capitalismo tradicional norteamericano con influencia cristiana se mantuvo produciendo más y más líderes empresariales extraordinarios, que también destacaron como filántropos creando empleos, invirtiendo en la comunidad, ayudando a los necesitados, proporcionando un servicio público significativo, apoyando a la iglesia, y de varias otras maneras haciendo progresar a las comunidades. Claro que había un número de líderes de negocios codiciosos, pero fueron marginados y ciertamente no eran respetados como sí lo son hoy. Históricamente, en Estados Unidos, el pueblo de Dios, la iglesia, influenció al capitalismo estadounidense para practicar un modelo bíblico de liderazgo por medio del servicio. Hoy en día, el capitalismo contemporáneo está influyendo en la iglesia para ejercer un modelo humanista de liderazgo egocéntrico. Ayer, la iglesia produjo líderes y siervos eficientes para el mundo de los negocios. Hoy el mundo produce líderes que se promueven a sí mismos y que infectan a la iglesia.
Al igual que la cosmovisión bíblica afectó todos los aspectos culturales en la mayor parte de la historia de Estados Unidos, el humanismo hoy influye en nuestras instituciones fundamentales: la ley, el gobierno, la educación, la salud, los medios de comunicación, las artes y la comunidad empresarial. Este paganismo reciclado que abraza el capitalismo norteamericano contemporáneo, rechaza la influencia de la verdad bíblica con el fin de adoptar un modelo de liderazgo enfocado en el yo y que promueve el culto a uno mismo. Sin embargo, de manera alarmante, gran parte de la iglesia norteamericana de hoy, ya sea descuidada o pragmáticamente emplea un modelo humanista de liderazgo capitalista contemporáneo. Y el modelo no solo es antibíblico, también su capacidad de permear la cultura causa en última instancia destrucción.
La evidencia de esta espiral descendente en la Norteamérica corporativa contemporánea es manifestada por una búsqueda personal de la riqueza y el poder, la considerable pérdida de puestos de trabajo, la destrucción de un sinnúmero de jubilaciones, un número incalculable de divorcios y, la erosión generalizada de la base de nuestra cultura moral, la desaparición de grandes empresas y una pérdida general de respeto por el sistema norteamericano de libre empresa. El liderazgo empresarial hoy en día muy a menudo no se enfoca en el liderazgo, sino en el líder, el poder de él o de ella, sus inversiones y utilidades. La falta de liderazgo basado en la Biblia en la cultura estadounidense tiene a nuestra sociedad tambaleante como un boxeador contra las cuerdas después de recibir un golpe de nocaut.
El liderazgo empresarial moderno tiene sus raíces en conceptos ensimismados de éxito, los deseos del ego impulsados por el poder, y lo que hoy en día se considera una expresión socialmente aprobada de la codicia que hace un siglo hubiera sido denunciada como algo malvado. Este modelo de liderazgo ególatra, centrado en el hombre, se promueve de nuevo cada semestre a través de los programas colegiados de MBA. Instituciones educativas en Estados Unidos son la vanguardia de la guerra cultural, ya que la universidad típica es militantemente intolerante a cualquier idea que proponga absolutos éticos en cualquier programa de estudio. Pocos programas universitarios de MBA hoy, instruyen a los futuros líderes empresariales en la ética tradicional, con base en la Biblia, de un liderazgo de servicio sacrificial. De hecho, lastimosamente solo unos pocos programas de MBA conservan un curso sobre ética empresarial. El Capitalismo norteamericano tradicional, junto con la cosmovisión Judeo-cristiana en la que se basa, es rechazado fuertemente en la universidad típica de hoy. ¿Qué se enseña en su lugar? El pragmatismo ha ocupado su lugar. El fin justifica los medios. La ética no se compone de absolutos a ser obedecidos, sino de obstáculos que hay que superar. Y ahora, vorazmente, este modelo humanista de liderazgo impulsado por la codicia es adoptado y absorbido por las iglesias en toda nuestra nación. Sin embargo la codicia destruye. Este popular nuevo modelo de liderazgo corporativo eventualmente destruirá la iglesia estadounidense si no se controla y continúa como la principal fuente de los modelos de liderazgo y de los líderes mismos. ¿Qué se puede hacer para detener esta caída mortal en un hoyo negro de un liderazgo destructivo? ¿Puede la iglesia beneficiarse de ciertos aspectos de cómo hacer negocios tomados de la Norteamérica corporativa? Claro que sí. Pero en primer lugar, la iglesia no es un negocio. No hacemos un producto para ser vendido y los miembros de la iglesia no son clientes. Los pastores no son directores generales y los líderes no son un consejo de administración de la mesa directiva. En segundo lugar, la iglesia ciertamente no puede absorber la dinámica actual de muerte, movida por la codicia y destructora de la cultura, que se encuentra en las oficinas ejecutivas y salas de consejo del mundo de los negocios de Estados Unidos. La iglesia debe escaparse del pantano de un liderazgo que se mueve por codicia y ascender al monte de un liderazgo que se impulsa con el Evangelio, liderazgo que se describe en la Palabra de Dios.
El Modelo Bíblico
Recuperar el terreno perdido no será fácil pero la solución es simple: la iglesia debe seguir el modelo de la Biblia para definir, desarrollar y desplegar (o colocar) líderes, mientras que al mismo tiempo rechaza los modelos y normas de liderazgo del mundo. Para decirlo en pocas palabras, la iglesia estadounidense debe definir el liderazgo y entonces desarrollar y desplegar estos líderes que puedan transformar al mundo por Jesucristo. ¿Cómo lo hacemos? Obviamente, levantar líderes para un tiempo como este requerirá más que un par de clases de entrenamiento oficial o unos cuantos sermones sobre liderazgo Cristiano. La iglesia cristiana debe convertirse en una fábrica de liderazgo y un centro de distribución para el mundo, y por la gracia de Dios, esto es posible si regresamos tanto a la definición bíblica de liderazgo como al método bíblico de producir líderes para la iglesia y para el mundo.
El primer paso para la iglesia, desde la sede denominacional hasta los pastores que se relacionan con los miembros todos los domingos es definir claramente el modelo Bíblico de liderazgo. Inicialmente esto requerirá alejarse de los modelos anti-bíblicos de liderazgo que han infiltrado la literatura denominacional, libros populares sobre liderazgo y clases para entrenamiento de liderazgo de la iglesia local. Eche una atenta y honesta mirada a lo que está considerado como entrenamiento para líderes en muchas de las iglesias modernas de Estados Unidos. En primer lugar, la promoción de la autoestima personal es vista por muchos como el llamado principal de la iglesia. ¿Qué tan malo es eso? Una vida centrada en sí misma es exactamente lo contrario del llamado de Cristo a una vida centrada en Dios y de la esencia del liderazgo cristiano que demanda un corazón de siervo y una vida de sacrificio. El énfasis actual en la autoestima se origina no en la Escritura, sino en la preocupación actual por el narcisismo. “Todo gira en torno a mi”; por lo tanto el Cristianismo se recicla y redefine como un sistema ensimismado de auto estima. Lamentablemente, el amor a sí mismo está profundamente arraigado en la cultura norteamericana contemporánea, incluyendo la iglesia, porque hemos incorporado a los líderes de la cultura en el liderazgo de la iglesia. Ahora nos enfrentamos a una generación de miembros de la iglesia y líderes que constantemente se preguntan: “¿Qué tan bien me siento conmigo mismo?” Y “¿Me haces tú sentirme bien?” La misma pregunta se hace con respecto a la iglesia y hasta con respecto a Jesús. La iglesia ha sucumbido a la presión cultural y secular de promover la autoestima, en lugar de compartir el llamado del evangelio a morir a sí mismo a través de una vida centrada en Dios y si tu no vives la vida Cristiana impulsado por el evangelio, entonces es imposible producir líderes cristianos.
Este falso entrenamiento de liderazgo también favorece el ensimismamiento con la prosperidad física y material que puede convertirse fácilmente en idolatría. La salvación ofrecida por Jesucristo es así pervertida en un “evangelio de la prosperidad” definido por un materialismo egoísta que asegura que los verdaderos creyentes van a ser prósperos y saludables con técnicas tales como las llamadas “confesar y tomar posesión”, “proclamar y recibir” o “créelo y recíbelo” ¿De dónde viene esta perversión del cristianismo? Ciertamente no de la Biblia. La Palabra de Dios claramente promete que nuestro Dios “proveerá para todas nuestras necesidades” (Fil 4:19) en Cristo Jesús y “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil 4:13). ¿Para qué? Para que yo pueda ser “derramado en libación” (Fil 2:17) y abrazar el llamado de nuestro Salvador: “para mí el vivir es Cristo” (Fil 1:21) y “Ya no vivo yo sino Cristo vive en mi” (Gal 2:20). A través de esta enseñanza ensimismada que se hace pasar como verdad del Evangelio en nuestras iglesias, el verdadero Evangelio de la gracia es blasfemamente pervertido. El resultado es que la mayoría de los cristianos en la cultura contemporánea no tienen un concepto del llamado bíblico a aceptar el sufrimiento, el sacrificio y la negación de uno mismo, lo cual no solo es parte del caminar en la vida cristiana sino que de acuerdo con la Palabra de Dios, es un don y llamado de nuestro Señor a nosotros. “Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no solo que creáis en él, sino también que padezcáis por él…” (Fil 1:29). Cuando en el peor de los casos, estos elementos básicos de la vida del Evangelio y el llamado de Cristo son pervertidos y el mejor de los casos sencillamente permanecen ignorados, ¿qué posibilidad tiene la iglesia de responder con efectividad a los desafíos del mundo actual y como puede desarrollar líderes que sean siervos y que voluntariamente se sacrifiquen a sí mismos por los demás? Por último, a medida que algunos líderes equivocados de la iglesia siguen un modelo mundano y auto-dirigido de liderazgo, la madurez espiritual de los creyentes y la estabilidad de su iglesia local son constantemente erosionados. En el púlpito, los sermones dirigidos por el Evangelio y centrados en Cristo son reemplazados por charlas llenas de “consejos para la vida”. Los rasgos de personalidad prevalecen sobre el carácter, y la felicidad es más valorada que la santidad. La percepción supera a la realidad e incluso el llamamiento más sagrado del creyente, la adoración a Dios, se sustituye por el entretenimiento personal. La congregación se convierte en una audiencia de espectadores de un evento de adoración que llegan por la experiencia de adoración que brinda el predicador y los líderes del culto quienes se vuelven los protagonistas y Dios meramente toma el papel de actor secundario. No hace mucho, la iglesia hubiera identificado esto como blasfemia. Hoy, lo llamamos “servicios orientados a los buscadores”.
En contraste la verdadera adoración tiene una audiencia de Uno, el Dios Trino. Hoy con frecuencia el mandato bíblico de “adorarán al Padre en espíritu y en verdad” ( Juan 4:23) está siendo reemplazado por una pregunta dirigida a uno mismo: “¿Cómo me hace sentir esta experiencia de adoración?” El resultado es que el servicio divino de adoración está ahora convertido en un servicio humano de entretenimiento y el adorador se ha convertido en el centro del culto sacando de su lugar a Aquel que sí debe ser adorado. En reacción a esta tendencia mundana, otras congregaciones han caído en un tradicionalismo irreflexivo y se dedican firmemente a prácticas de adoración cómodas y tradicionales con un ardor exclusivo que promueve involuntariamente la forma sobre la sustancia. El llegar a saber cómo adorar a Dios en espíritu y verdad al mismo tiempo que se recibe a los visitantes, se enseña a los nuevos creyentes y anima a los cristianos maduros requiere de un liderazgo piadoso. Dicho liderazgo es necesario para producir más líderes piadosos. Los líderes piadosos crecen a partir de la Palabra de Dios con el poder del Espíritu de Dios como un resultado inevitable de la Gracia de Dios, pero no se levantarán del modelo de liderazgo corporativo de hoy que ha sido aceptado en la iglesia.
Para recuperar una visión bíblica de liderazgo se debe primero recuperar el terreno perdido mediante el arrepentimiento de la irreflexiva infusión de la cultura popular en la vida de la iglesia y el liderazgo y arrepentirse también de la ausencia de una respuesta bíblica para esto. Debemos regresar y alejarnos de las tendencias populares y las preocupaciones centradas en el hombre, al mismo tiempo que nos entregamos seriamente al modelo de Dios de liderazgo que se encuentra en las Escrituras. Hemos permitido que la necesidad válida de lograr una contextualización cultural se convierta en una capitulación cultural. La Palabra de Dios no guarda silencio sobre el tema del liderazgo o sobre el cómo desarrollar y desplegar a los líderes. La Palabra de Dios es clara y nosotros debemos abrazar la visión bíblica recuperando el concepto de la iglesia como una fábrica y centro de distribución de líderes. Esto se logrará dando la importancia a la tarea de formar discípulos definiendo, desarrollando y desplegando líderes cristianos en la iglesia norteamericana.
Una Propuesta Inmodesta: el liderazgo de las tres “d”
¿Cómo empezamos? ¿Qué hacemos después de habernos alejado de todos los modelos mundanos de liderazgo y de la imposición irreflexiva de líderes y liderazgo centrados en el hombre? ¿Cómo identificamos e implementamos un liderazgo bíblico en nuestras denominaciones y congregaciones locales? La respuesta: En lugar de seguir los caprichos y el “espíritu del mundo” (1 Cor. 2:12), debemos buscar intencionadamente un compromiso estratégico a tres iniciativas que provienen de la verdad eterna de la Palabra de Dios y confirmadas a través de la historia. Yo llamo a estas iniciativas “Las Tres D” del liderazgo bíblico: Primero, debemos definir claramente el liderazgo bíblico; segundo, debemos desarrollar líderes piadosos y tercero, debemos estratégicamente desplegar los líderes en la iglesia y en el mundo.
Definir
Ahora que “quitamos” el liderazgo mundano antibíblico estamos ahora en posición de “ponernos” el liderazgo bíblico. Así que vamos a definir liderazgo bíblico. Una tarea fácil, ¿verdad? En realidad, este es un gran desafío, porque la verdad de la Palabra de Dios sobre el liderazgo ha sido ignorada, cambiada o descartada en las últimas décadas. Hace un siglo, tal vez hasta una generación atrás, conceptos bíblicos como “muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros” (Marcos 10:31) eran entendidos al instante y reconocidos por las personas asistentes a los servicios. Esto ya no es así. La falta de un sistema bíblico sólido para hacer discípulos, ha producido congregaciones contemporáneas que son asombrosamente ignorantes, bíblicamente hablando. Afortunadamente muchos quieren que se les enseñe, y muchos tienen celo y hambre por la verdad. Además, hay un deseo ardiente por auténticos líderes en la iglesia de hoy a pesar de que el modelo bíblico ha sido descartado y/o abandonado. El reto es también una oportunidad; los líderes actuales que tienen una pasión por el liderazgo bíblico genuino, fiel y efectivo pueden transformar sus congregaciones en fábricas de liderazgo y centros de distribución.
Hacerlo demandará sin duda un compromiso reflexivo y paciente. Los líderes bíblicos deben ser líderes de sacrificio, líderes siervos, líderes valientes, líderes benéficos, líderes que alimenten, líderes de combate, líderes compasivos y líderes visionarios. Deben ser todo esto y pueden serlo por la gracia soberana de Dios. Y al poner en práctica ese tipo de liderazgo bíblico, cambiarán los corazones y las mentes de la iglesia. Es el “cuerpo de Cristo” –así es como la Escritura describe principalmente a la iglesia- (1 Cor. 12:27) y la iglesia responderá al llamado de reforma del liderazgo. El resultado será una renovación de la unidad -una unidad en el llamado, una unidad en la salvación, una unidad en la Palabra inspirada de Dios, una unidad en un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Y esta renovación de unidad fomentará también una armoniosa diversidad de llamados, pasiones, dones y habilidades dentro del Cuerpo de Cristo.
Hay dos palabras griegas utilizadas en la Biblia para tiempo: kairos y cronos. Cronos es la palabra usada para denotar el paso cronológico del tiempo, en tanto que kairos denota una temporada o momento oportuno de tiempo. El momento kairos del liderazgo es ahora y la iglesia no debe flaquear. A medida definimos el liderazgo bíblico en la iglesia, debemos movernos al mismo tiempo y de manera estratégica para definir ese mismo concepto para el mundo. Tenemos que revertir completamente lo que hemos estado haciendo. En lugar de recibir a los líderes mundiales definidos y desarrollados por modelos mundanos de liderazgo, ha llegado el momento de definir el liderazgo piadoso para un mundo cínico, desarrollar líderes piadosos que puedan ser cuidadosamente desplegados en el mundo de acuerdo con las pasiones y deseos dados por Dios. Este es el momento para recuperar el terreno perdido. Existe un vacío de buen liderazgo y desesperación y escepticismo en lo tocante al liderazgo. Nótese que yo no he dicho que hay un vacío de liderazgo, sino un vacío de buen liderazgo. Dios nos ha llamado a producir y propagar líderes que van a ser sal y luz y bendecirán a la sociedad con un liderazgo valeroso, confiable y beneficioso. Ha sucedido en la historia y ha sido demostrado por la iglesia Norteamericana en los siglos pasados. No debemos soltar la batuta de un discipulado en el liderazgo Bíblico que se desborda en la sociedad penetrándola con gracia y verdad.
Desarrollar
Cuando se define el modelo bíblico de liderazgo en nuestras iglesias y a nivel de sede denominacional, una nueva generación de líderes se puede desarrollar mediante el discipulado. A medida que la iglesia norteamericana comprenda de nuevo lo que Dios espera del liderazgo, se levantará una nueva ola de líderes, líderes que han sido transformados por el entendimiento bíblico de su tarea. Y ya que los líderes bíblicos son por definición multiplicadores ellos desarrollarán más líderes. Dichos líderes habrán sido preparados en la iglesia de Dios para su distribución en el mundo. Un liderazgo transformado transformando a otros así como ellos mismos han sido transformados, con cada uno multiplicándose y reproduciéndose una y otra vez. Así es como trabaja el modelo de liderazgo de Dios. Nosotros debemos reclamar este modelo nuevamente y debemos hacerlo ahora.
Desplegar
Después que la iglesia ha definido el modelo bíblico de liderazgo y ha comenzado el desarrollo de líderes en base a ese modelo a través del discipulado, entonces la iglesia debe estar lista para desplegar estos líderes emergentes en el mundo. Cada institución de nuestra cultura contemporánea debe estar influenciada por estos líderes transformados, quienes estarán armados con el evangelio de Jesucristo, la verdad de la Palabra de Dios y el amor de Cristo. Si se sigue el modelo bíblico de hacer discípulos para el liderazgo, los líderes cristianos por necesidad serán desplegados en cada esfera honorable de la sociedad. Estos líderes cristianos serán desplegados de acuerdo a los dones, talentos y pasiones que Dios les ha dado. Si algunos de estos nuevos líderes están en los negocios, se convertirán en líderes de negocios cristianos. Si algunos son padres de familia, producirán familias centradas en Cristo. Si un líder es un esposo, será el líder espiritual de su esposa en Cristo. Los miembros de la policía y los militares van a entender cómo proteger a aquellos bajo su cuidado desde una perspectiva bíblica. Los abogados cristianos estarán preparados defender la causa de la justicia con base en la cosmovisión judeo-cristiana histórica y se esforzarán para restaurar la una vez noble vocación y regresarla a una posición de respeto. Los funcionarios electos y otros funcionarios públicos estarán preparados para ejercer un liderazgo bíblico para el bienestar general de la sociedad y gracias a Dios los estadistas reemplazarán a los políticos. La cultura contemporánea podría ser transformada en un lapso asombrosamente rápido. El cambio de cosmovisión que se dio en el siglo XX en Estados Unidos pasando de una visión centrada en Dios a una centrada en el hombre podría ser revertido. Qué excepcional don de gracia de Cristo resucitado a través de su iglesia. Pero no podemos tener dos señores. O lideramos de acuerdo con el mundo o lideramos de acuerdo a la Palabra. Esas son nuestras únicas opciones. La iglesia norteamericana puede o no, alejarse del precipicio y evitar la caída libre mortal a la que ahora nos enfrentamos. Por la gracia de Dios aún tenemos tiempo y es un momento oportuno. Una puerta abierta está ante nosotros. La falla del liderazgo mundano ha desmoralizado a nuestra cultura, y a la iglesia de hoy le está siendo ofrecida una oportunidad maravillosa. Por la gracia de Dios, podemos y debemos aprovechar el momento.
El libro de los Hechos nos dice que cuando líderes cristianos como Pablo y Silas llevaban la verdad de la Palabra de Dios al corazón de la cultura Greco-Romana del siglo I, se encontraron con esta queja: “Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá” (Hechos 17:6). Como me gustaría escuchar estas palabras una vez más. “Nuestro problema”, observó C.S. Lewis en The Weight of Glory (El Peso de Gloria), “no es que nuestras pasiones sean demasiado grandes, sino que son demasiado pequeñas”.1 La Palabra de Dios nos explica este punto con la mayor sencillez en Filipenses 4:13: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” A través del amor de Jesucristo, estamos llamados por el Dios de la Biblia a combatir hasta el fin la muerte y la decadencia que ahora cubren nuestra cultura. Y su manual de liderazgo está listo y disponible. La espiral de la muerte cultural se puede parar, revertir y ser transformada por líderes cristianos dirigidos por el Evangelio y centrados en Cristo.
Definir. Desarrollar. Desplegar. “Por tanto, id,” Dios nos ordena, “y hacer discípulos” (Mateo 28:19). Ahora bien ¿qué características tendrán estos líderes que trastornan el mundo y de dónde vendrán y qué es lo que harán?
2EN EL MUNDO, PERO NO DEL MUNDO
“Vosotros sois la luz del mundo. …Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”Mateo 5:14-16
Aparentemente era una pregunta sencilla.
“¿Dónde está tu iglesia?,” me preguntó una persona que acababa de conocer.
“No lo sé,” le respondí honestamente.
“Bueno, ¿cómo esperas que visite yo una iglesia si el pastor ni siquiera sabe dónde está?,” preguntó de buen humor.
“Yo conozco el lugar donde se reúne nuestra iglesia,” le expliqué. “Ahora bien, en cuanto a donde está la iglesia ahora, no lo sé. Una parte puede que esté en la escuela. Algunos pueden estar en un centro comercial. O en casa. O tal vez viajando en coches o en avión. Algunos están en otras partes del país, y algunos incluso en otras partes del mundo.”
Lo que quería expresar, algo que mi nuevo amigo captó de inmediato, era que la iglesia es el pueblo de Dios y que están en todas partes, ocupados en evangelización y discipulado de acuerdo con su estilo de vida. Nuestra congregación se reúne en un lugar determinado en diferentes ocasiones, pero son los miembros, no una estructura de ladrillo y concreto, quienes constituyen la iglesia. Y a la iglesia como a cada cristiano, se le ha ordenado estar en el mundo, pero no ser del mundo. (Juan 17:11, 16)
Ningún aspecto de este mandamiento es fácil de cumplir. Es un verdadero desafío el seguir a Cristo de forma efectiva en el mundo que nos rodea, sobre todo en una cultura norteamericana contemporánea donde los cristianos son considerados una insignificante minoría en un entorno cada vez más hostil. Y en esta sociedad de la información mejorada tecnológicamente, es también cada vez más difícil evitar conformarse al mundo que nos rodea, tanto como creyentes individuales y como congregaciones. Un aspecto de nuestra naturaleza creada por Dios, es nuestro deseo inherente de comunión unos con otros, y parte de nuestra naturaleza humana pecaminosa es la búsqueda constante de recibir afirmación unos de otros. La tentación permanente es pensar que el estar “en Cristo” no es suficiente y que debemos tener la afirmación y aprobación de otros seres humanos. Este impulso es tan grande que con frecuencia nos puede conducir a buscar agradar al hombre antes que a Dios.
Trampas que Vienen del Mundo
Buena parte del liderazgo de la iglesia de hoy puede tener buenas intenciones, pero está condenado al fracaso. ¿Por qué? Porque es un liderazgo que ha caído hasta el punto de adaptarse culturalmente impulsado por el deseo de ser bien recibido por esa cultura. En la cultura de hoy “dios” está de moda pero Jesús no. Se acepta la espiritualidad pero no el Cristianismo. Se busca la religión pero se rechaza el Evangelio. De hecho Jesús, el Cristianismo y el Evangelio están más que fuera de moda: son un escándalo. El resultado de líderes que desean la afirmación de esta cultura contemporánea es que redefinen a Jesús como un terapeuta o un consejero para el éxito; redefinen el Cristianismo en términos de éxito y auto-promoción y redefinen el Evangelio en términos de prosperidad material, terapia, sicología popular y una guía de auto-ayuda para la vida. Además, estos líderes tienen miedo a nadar en contra de la encrespada ola de la oposición cultural y, lo que es peor, en su búsqueda de la afirmación cultural, comprometen la esencia del Evangelio y el llamado de la iglesia. El liderazgo de hoy ha perdido la confianza en el poder de la Palabra de Dios, y más específicamente en el poder del Evangelio. En su temor al rechazo y con una incesante necesidad de la aceptación popular han inyectado a la iglesia con esteroides culturales para hacerla “pertinente y aceptable”, con la esperanza de que de alguna manera el resultado sea que entonces la gente “acepte” a Jesús y la iglesia sea más grande y más fuerte y por lo tanto más influyente. El mundo del deporte nos ofrece el ejemplo de algunos atletas que en su deseo de ser más fuertes o más rápidos recurren a la solución rápida de los esteroides. Obtienen rápidamente los resultados deseados pero a un gran riesgo de su futuro y su salud. Del mismo modo, las tácticas de adaptación cultural en la iglesia mediante la inyección de los valores dominantes de la cultura pueden inflar temporalmente los números en los asientos pero llevan a las congregaciones a su eventual destrucción. “Hay camino que parece derecho al hombre,” de acuerdo con Proverbios 16:25, “pero su fin es camino de muerte.” La iglesia, “el cuerpo de Cristo” inyectada con estos esteroides culturales puede, como el atleta, ganar un inmediato embellecimiento de tamaño y aclamación pero en la realidad, estos líderes habrán inyectado una enfermedad y muerte eventuales en el cuerpo de creyentes que dirigen.
Por supuesto que queremos comunicación efectiva dentro del contexto cultural que nos rodea, ya sea que nuestra congregación esté en Kenia o en Kansas, pero debemos estar decididos a no sustituir la fidelidad bíblica por una adaptación cultural, todo esto bajo el pretexto de una contextualización cultural y eficiencia misionera. Por ejemplo, cuando la adoración pasa de estar centrada en Dios a estar centrada en el hombre, es porque ha ocurrido una adaptación cultural y el liderazgo de la iglesia eligió la aceptación y una supuesta eficacia sobre la fidelidad y los principios. Cuando una iglesia se aparta de la adoración centrada en Dios, incluso por motivaciones aparentemente nobles, con el tiempo se apartará del mismo Evangelio. ¿Cómo puedo estar tan seguro de eso? Es muy sencillo: el evangelio está diseñado para discipular creyentes y llevarlos a un punto de madurez en el que aman “la alabanza de la gloria de su gracia” (Efesios 1:6). Cuando el cuerpo de Cristo pierde la adoración centrada en Dios, también pierde el propósito del llamado del evangelio que es traer adoración y gloria a Dios. Las tácticas centradas en el hombre pueden acarrear grandes números, pero la realidad es que esa será solamente una ilusión de crecimiento. El hecho de usar el mismo concepto que atrae una gran multitud a un evento deportivo o a un concierto de rock no garantiza la efectividad si los medios son contraproducentes al contenido y finalidad del mensaje y de la misión. Esta clase de crecimiento se describe en 1 Corintios 3:12 como “madera, heno, hojarasca” (RVA) en lugar de el “oro, plata, piedras preciosas” que es creado por un discipulado centrado en Cristo.
Eventualmente llega la destrucción al perder la iglesia su mensaje y su misión. Los métodos siempre afectan el mensaje. La Biblia nos da muchos ejemplos de adaptación cultural y de su seguro fracaso final. Consideremos a Lot, quien aparentemente fue un creyente bien intencionado (2 Pedro 2:8). En primer lugar, Lot “fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma” (Génesis 13:12). Después nos encontramos que vivía en una “casa” dentro de la ciudad. Eventualmente se le halló sentado a las “puertas de Sodoma,” lo que al parecer significa que se había convertido en un anciano de la ciudad. Los insistentes cantos de sirena de la cultura de Sodoma lo integraron gradualmente a esa cultura, sofocó su testimonio y cuando finalmente habló en defensa de sus huéspedes surgió con creces la falta de respeto de la población de la ciudad y reveló un odio vehemente a este hombre disminuido, que si bien estaba abrumado en su alma justa, perdió todo testimonio y fue de hecho un objeto de burla. No sólo su adaptación falló en tratar de influir en la cultura que lo rodeaba sino que también perdió el respeto de sus conciudadanos. Eso es obvio por la forma en que los sodomitas se burlaron y amenazaron cuando trató de proteger a los ángeles a quienes Dios había enviado para rescatarlo a él y a su familia. (Génesis 19:4-11) En lugar de actuar como la bíblica luz del mundo, fue asimilado completamente en la cultura secular sin resultados positivos. No sólo fracasó en tratar de transformar la cultura, sino que tanto él como su familia se conformaron a ella.
Adaptación Cultural
Este fenómeno le está ocurriendo a una velocidad asombrosa a la iglesia norteamericana de hoy. En el nombre de la relevancia cultural, muchas congregaciones han sido llevadas por sus líderes más allá de la línea de la adaptación cultural. Han plantado su tienda cerca de Sodoma. De hecho, algunos líderes de la iglesia han comprado una casa en Sodoma, pensando que están haciendo relevantes a la iglesia y su mensaje cuando en realidad es todo lo contrario. Así como Lot, los líderes de iglesia que eligen los modelos mundanos de liderazgo, con el tiempo sufren la pérdida de respeto y pérdida de voz así como también lo perderán sus iglesias. En el trayecto, aunque tal vez aumente la asistencia, estos líderes rebeldes también habrán comprometido su capacidad de equipar a sus miembros a evitar caer en la adaptación personal con el mundo. ¡Qué trágica es esta inevitable consecuencia para los miembros de la iglesia y sus familias! Los cristianos en Estados Unidos necesitan desesperadamente que la iglesia local se mantenga en su tarea: dar testimonio al mundo sin llegar a ser como el mundo y por lo tanto hay una necesidad urgente de líderes que marquen el paso.
La Adaptación Cultural es fácil hoy en día. Atrás quedó el día en que la cosmovisión judeocristiana definía nuestra cultura alentando así a las personas a hacer lo que era correcto y desalentar lo que estaba mal. Vivir para el Señor día a día es hoy más difícil que nunca en la cultura de Estados Unidos. Los cristianos apasionados y fieles nadan contra la corriente cultural en cuanto a una multitud de temas, nacionales y personales también. La batalla no es sólo con los llamados temas sociales: la amenaza del matrimonio entre personas del mismo sexo o la pérdida de las libertades religiosas, por ejemplo, sino también con cuestiones domésticas, cercanas y personales. Por ejemplo, algunos padres de mi iglesia se acercaron a mí con un dilema de la vida real que si bien nunca aparecería en el noticiero de la noche, era muy importante para ellos. Era también típico de las cosas que los creyentes norteamericanos y sus familias están combatiendo hoy.
“Pastor Reeder”, me explicaron, “queremos honrar el día del Señor, pero los programas deportivos de nuestros hijos son el domingo.” Nos sentamos y escuché su historia. Su liga deportiva local programaba práctica los domingos. ¿Debían sus familias faltar al culto para asistir a la práctica de pelota? ¿Debían sacar a sus hijos de los equipos? Finalmente decidieron, correctamente, que la obediencia a la Escritura y la adoración de la familia en el día del Señor era mucho más importante que los equipos deportivos. Esto puede parecer una opción obvia para algunos lectores, pero no es la norma. En las familias de la cultura actual, centradas en los niños, se necesitó valor y convicción para tomar la decisión correcta; la clase de valor y convicción que los líderes de la iglesia deben tener de modelo si desean animar a los miembros y sus familias.
Al dirigir a estos padres a la resolución de su problema mediante las Escrituras, pensé en mi propia infancia en el Sur de Estados Unidos en la década de 1950. Teníamos algunas cuestiones importantes que necesitaban tratarse en aquel tiempo y lugar, pero tener que elegir entre el culto dominical y la práctica deportiva no era una de ellas. De hecho, los programas deportivos no sólo son actividades que deben evitarse los domingos, sino que ni siquiera se deben programar prácticas o juegos los miércoles por la noche cuando se llevan a cabo de forma rutinaria los servicios religiosos entre semana. ¿Por qué no? ¿La cultura de los años 50 era más sensible al calendario de adoración y la oración de la iglesia cristiana? Sin duda lo era, hasta cierto punto, pero esa no fue la razón principal por la que los equipos deportivos cancelaron los juegos y prácticas de domingo y miércoles por la noche. La razón principal fue que no habrían tenido suficientes jugadores para desarrollarlas si los cristianos comprometidos estaban ausentes. Y la mayoría habría de hecho estado ausente. Los cristianos se conectaban con la sociedad al jugar en las ligas de la comunidad de la época, pero también tenían como prioridad su obediencia bíblica y su compromiso con la iglesia de Cristo y la adoración del Día del Señor. En respuesta, la cultura imperante se vio afectada por su fe y se conformó a ella. Los líderes de la Iglesia de la época enseñaban que el día del Señor es sagrado, es un don de Dios y es un medio esencial de la gracia en la vida de un cristiano. Bajo la influencia de un liderazgo basado en la Biblia, los cristianos usaban el día del Señor para adorar, descansar y estar con sus familias. A diferencia de lo que hoy ocurre, la necesidad que tienen los padres de una relación con el niño no se imponía a su deber de ser un padre y tomar la decisión correcta aún si no contaba con la aprobación de su hijo. No ponían todo de lado para ir a jugar a la pelota. Y si los cristianos no se presentaban, los equipos no funcionaban. Por lo tanto, las ligas deportivas ajustaron sus horarios a las necesidades de los creyentes, no a la inversa.
Hoy no es así. La adaptación cultural por parte de la iglesia realmente disminuye nuestra oportunidad de influir en la cultura que nos rodea. Sí, algunos líderes argumentan que esta adaptación mejora el evangelismo. ¡Pero por favor recuerden que la verdadera efectividad nunca se logra a costa de la fidelidad! Cuando el deseo de un niño de jugar a la pelota llega a ser más importante para los padres cristianos que la adoración del domingo, es una falla de la iglesia local y sus dirigentes. La familia está siendo “discipulada” por la cultura, en vez de ser discipulada por la iglesia. Claro que se nos manda a conectarnos con la cultura que nos rodea, pero debemos hacerlo en obediencia, no en desobediencia a la Palabra de Dios. Recuerden, estamos llamados por Nuestro Señor a estar “en el mundo” pero no “del mundo”. ( Juan 17:11, 16) Eventualmente, la adaptación irreflexiva al mundo se convierte en una capitulación ante el mundo y nuestro testimonio del Señor se vuelve inútil.
Tradicionalismo
Por otra parte, los líderes de la iglesia no deben permitir que sus congregaciones reaccionen a la tendencia de adaptación con una caída en la pendiente resbaladiza del tradicionalismo. La tendencia reaccionaria de hacer de la iglesia local un museo religioso solo concentrado en logros pasados es tanto anti-bíblica como ineficaz. La iglesia debe ser un movimiento del Reino de Dios para transformar el presente y cambiar el futuro, no un monumento del pasado o un museo de nostalgia religiosa. Considéralo de esta manera: un hombre decide poner su lancha en un cobertizo porque no quiere que se hunda. Tiene razón, la lancha no se hundirá si está en el cobertizo. Pero también se vuelve absolutamente inútil como lancha. Si la iglesia se sale del mundo en un intento de evitar el compromiso, no se la puede culpar de acomodarse a él, pero se volverá inútil, al igual que la lancha. Este tipo de liderazgo antibíblico y reaccionario en la iglesia norteamericana contemporánea aísla del mundo a sus miembros a fin de mantenerse “puros” y fieles al mensaje o los alienta a adaptarse al mundo con la noción equivocada de ser “relevante y eficaz”. En lugar de este liderazgo deficiente, los cristianos de Estados Unidos necesitan líderes transformadores que confíen en el Espíritu Santo y en el poder de la Palabra y que sean ejemplos vivientes de ello.
El Método de Dios
Por un lado tenemos que evitar el deslizamiento por la pendiente traicionera de la adaptación y por el otro la pendiente igualmente peligrosa del tradicionalismo y el aislamiento. En cambio, el llamado de Dios a nosotros es el de estar en la cima, el punto de tensión que es la verdad de Dios vivida y predicada en amor. Solos no podemos hacerlo; se requiere del conocimiento de la Palabra y confianza en el poder del Espíritu de Dios. Así es como el liderazgo bíblico hace la obra del Señor: predicando el evangelio y haciendo discípulos de acuerdo a la Palabra y por medio del Espíritu Santo. Recuerde, la gracia transformadora de Dios se encuentra con la gente en su condición real. Nadie tiene que lograr ser “mejor” para acercarse a Jesús. Esta gloriosa verdad de la Escritura se resume bien en la letra del gran himno “Tal como soy, de pecador, sin más confianza que tu amor”, y se afirma en el himno “Roca de la Eternidad” que dice: “Nada traigo para Ti, mas tu cruz es mi sostén,”. Y alabado sea el Señor, cuando nos acercamos a él tal cual somos, Él nunca nos dejará en el mismo estado. Somos salvos solo por la fe, solo a través de la gracia, solo en Cristo, pero por el amor de Cristo, la fe y la gracia nunca están solas. Cuando se capacita en la gracia a aquellos quienes Dios ha salvado a través del liderazgo bíblico, entonces el poder transformador del Evangelio que obra dentro de ellos y sobre ellos fluirá de sus labios y sus vidas para atraer y llevar a los hombres y mujeres del mundo a Cristo y Su reino, al tiempo que ellos buscan y salvan lo que se había perdido (Ver Luc. 19:10). La Gracia de Dios es gloriosa, todopoderosa, y como dice el escritor del himno, es “más grande que todos nuestros pecados.” No sólo redime a los pecadores, sino que los transforma. Un líder lleno de gracia se convertirá en un líder transformado y, finalmente, en un líder transformador. Comprometido con el verdadero evangelismo y a hacer discípulos, logrará que se desate la iglesia de Dios como un agente de cambio en la sociedad que la rodea. Esto pasó con Moisés, David y Pablo, y todavía puede suceder hoy en día cuando definamos, desarrollemos y despleguemos estos líderes en la iglesia y los enviemos al mundo. Este poder transformador del evangelio cambia hombres y mujeres. Cuando cambian, cambian sus familias. Cuando las familias cambian, cambian sus vecindarios. Cuando cambian los vecindarios, las ciudades cambian. Cuando las ciudades cambian, las naciones cambian. Y cuando las naciones cambian, el mundo es trastornado.
Comencemos con el ahora. Vivimos en una nueva edad de las tinieblas. Sin embargo, debemos recordar que la luz brilla más intensamente en la oscuridad. Tenemos hoy una gran oportunidad ante nosotros en los Estados Unidos: la oportunidad de regresar a la luz a nuestra nación en tinieblas. Para hacerlo, debemos dejar a un lado lo que es falso y abrazar lo que es verdadero. Dejemos a un lado las falsas promesas de la adaptación cultural y la falsa seguridad del tradicionalismo. Debemos comenzar abrazando la verdad mediante la aplicación deliberada del modelo bíblico de multiplicación de líderes fieles y eficaces, centrados en Cristo, guiados por el Evangelio y que por lo tanto están “en el mundo” pero no son “del mundo”. En nuestro mundo de tinieblas, que se haga la luz, la luz del Evangelio de Cristo que brilla en su iglesia “como una ciudad asentada sobre un monte” (Mateo 5:14) ¿Cómo alcanzar esa meta? Es asombrosamente sencillo; Cristo, en sus tres años de ministerio nos dio el ejemplo al dar prioridad deliberadamente a definir, desarrollar y desplegar a líderes que a su vez producen más líderes para impactar a un mundo hostil y pagano por medio de la difusión del Evangelio y la formación de discípulos. Discípulos que no buscan la afirmación cultural sino que logran una transformación cultural. En resumen: líderes cristianos que pueden trastornar al mundo. Ahora bien, ¿de dónde salen tales líderes?
3
SUS CAMINOS NO SON NUESTROS CAMINOS ¡GRACIAS A DIOS!
“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice el Señor.” Isaías 55:8
¿A quién iba dirigido el Sermón del Monte?
¿A los cinco mil espectadores? ¿A ti? ¿A mí? ¿A todos nosotros? Cada una de esas respuestas es correcta, por supuesto, porque el Espíritu Santo ha estado cambiando corazones con esas palabras desde que el Señor las habló. Sin embargo, cuando Jesús pronunció su Sermón del Monte, les estaba hablando primero a sus discípulos. Mateo presenta el Sermón del Monte con estas palabras: “Al ver las multitudes, [ Jesús] subió al monte, y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo…” (Mateo 5:1, 2). El Sermón del Monte fue un sermón de discipulado, y lo dirigió en primer lugar a las doce líderes que Jesús había escogido. Obviamente, estaba consciente de la multitud que lo escuchaba en esa ladera, pero el objetivo número uno eran los Doce.
De hecho, si estudia detenidamente la vida de Cristo en las Escrituras, verá que la mayor inversión del Señor en lo que respeta a hacer discípulos fue la que hizo desarrollando el liderazgo. En realidad se centró en entrenar a tres grupos específicos de líderes. Los discipuló, los desarrolló, y en su ascensión los desplegó. ¿Cuáles fueron los tres grupos? Lo puedes ver claramente en los Evangelios: los Setenta, los Doce y los Tres. Él definió el liderazgo por medio de sus acciones y enseñanza. Luego desarrolló estas personas como líderes a través del discipulado, y después los desplegó por el mundo. Transcurridos 25 años, el mundo civilizado sería trastornado por ellos.
El Modelo de Liderazgo Encarnado
Cuando el Señor Jesucristo vino a este mundo, tomó sobre sí un cuerpo físico, y Dios se hizo un verdadero hombre. En ese cuerpo él era totalmente Dios y totalmente hombre y en ese cuerpo fue a la cruz para redimir a su pueblo, para derrotar a Satanás y a los principados de las tinieblas, y para comprar una iglesia triunfante. En el cumplimiento de esta misión también desplegó un modelo de liderazgo y simultáneamente implementó una estrategia para la multiplicación del liderazgo. Este es el modelo de liderazgo que la iglesia estadounidense necesita hoy, un modelo que si se implementa impactará al mundo. Es el modelo bíblico implementado por el Señor Jesucristo hace casi dos mil años. Jesús inició el modelo de liderazgo de las Tres D, él definió, desarrolló y desplegó a líderes que a su vez implementaron el mismo modelo con el que dentro de menos de una generación el mundo conocido fue puesto de cabeza.
Piense en lo que, como Campeón del Cielo, hizo nuestro redentor en el cumplimiento de su triple misión en su encarnación. En primer lugar, vino al mundo para salvar a los pecadores. “Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús”, dice Mateo 1:21, “porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” 1 Timoteo 1:15 también indica este aspecto de su misión con plena claridad: “Palabra fiel es ésta, y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores...” En segundo lugar, vino a destruir las obras de Satanás, los principados y potestades de las tinieblas. “El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo”, de acuerdo a 1 Juan 3:8. El tercer objetivo de la misión de Jesús fue que vino a comprar su iglesia militante y triunfante, y finalmente victoriosa, tal como es descrita en Efesios 5:25-27: “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella... a fin de presentársela a sí mismo una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”. También Hechos 20:28: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre”.
Salvarnos a nosotros pecadores. Destruir las obras de Satanás. Establecer su victoriosa iglesia en la tierra. E incrustada en el logro de su triple misión, está la estrategia de la multiplicación del liderazgo de líderes siervos para el reino.
Satanás, viendo el plan de Cristo y la prioridad que le daba al plan de multiplicación del liderazgo, no solamente ataca la adoración de Dios y la misión de la iglesia sino también ataca a los líderes de la misma. Por eso es que el Apóstol Pablo advertía a los ancianos en Éfeso (ver Hechos 20:17-34 que Satanás trataría de infiltrar el liderazgo de la iglesia. “Yo sé que después de mi partida, vendrán lobos feroces entre vosotros que no perdonarán al rebaño; y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos”. Pablo los llamó a ser pastores fieles y no permitir a Satanás infiltrarse con fasos maestros y líderes egocéntricos. La victoria de Cristo en el cumplimiento de su misión se declaró en la resurrección, la Gran Comisión se inició en su ascensión y el modelo para el liderazgo y la multiplicación del liderazgo se desplegó a través de todo su ministerio. El resultado fue un mundo trastornado (Hechos 17:6) en menos de 25 años. Casi se puede sentir la frustración del hombre que pronunció esas palabras al analizar lo que había ocurrido mediante el poder del Evangelio, del Espíritu Santo y una iglesia misionera. Iglesia cuya misión incluía la multiplicación de líderes siervos transformadores cuyo modelo era Cristo mismo. Todo esto ha tenido un impacto causado por Dios como ninguna otra cosa que haya pasado en la historia de la humanidad y eso que era solo el principio. Incontables millones de personas han sido transformadas de la muerte espiritual a la vida por el Evangelio de Jesucristo. Se han establecido, reformado y a veces hasta destruido naciones por su impacto. Debido a su influencia, han surgido, cambiado, disminuido o desaparecido, sistemas políticos y económicos. Movimientos ministeriales han transformado vidas y culturas por todo el mundo y a través de los siglos. El evangelio, movido por el modelo de liderazgo de Dios, ha resonado a través de la historia, tanto así que el mundo occidental ha dividido el tiempo en A.C. Y D.C. (antes de Cristo y después de Cristo). Mientras tanto, el cuerpo de Cristo, la iglesia, por la gracia de Dios ha resistido un amplio rechazo, la persecución, el martirio en masa, fallas internas y seguidores infieles.
Si un líder mundial humano o una corporación multinacional trataran de afectar al mundo hoy en día de una manera comparativamente menor, se convocarían asesores para desarrollar una estrategia internacional de mercadotecnia. Tendría que construirse una base de datos mundial y hacer uso de los medios de comunicación: campañas de publicidad, sitios web, tácticas de multimedia, herramientas de mercadotecnia, enlaces con medios noticiosos, desarrollo de una marca, correo electrónico directo. Todos estos, métodos de comunicación moderna del hombre. Pero eso no es lo que Jesús hizo. De hecho, Jesús repetidamente se alejó de las multitudes y le dijo a la gente que callara sobre lo que había hecho. Personalmente nunca escribió una sola cosa con excepción de una vez que escribió en la arena. Los caminos de Dios y los caminos del mundo no son iguales. La Palabra de Dios dice: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice El Señor” (Isaías 55:8).
Jesús tenía a los Setenta, llamó a Doce y centró su atención en Tres (Pedro, Santiago y Juan). Luego ellos continuaron el modelo implantado por Cristo. Uno de los tres –Pedro, junto con Bernabé- ayudó a definir, desarrollar y desplegar a un futuro líder llamado Saulo de Tarso, que se convirtió en Pablo. A su vez, con el tiempo el equipo de liderazgo de Pablo fue grande, profundo y eficaz. No contento con eso, cuando su hora de dejar este mundo se acercaba, él preparó a otro nuevo líder para llevar adelante su ministerio. Su nombre era Timoteo. Y con estas palabras inspiradas, Pablo le encargó continuar la definición, desarrollo, despliegue. “Tú pues, hijo mío, fortalecido por la gracia que es en Cristo Jesús, lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:1,2) Todo esto que se registra en el Nuevo Testamento tiene un precedente en el Antiguo.
La providencia de Dios desde antes de enviar a Cristo al mundo había promovido a través del Antiguo Testamento, este ejemplo de definición, desarrollo y despliegue de líderes. Moisés definió, desarrolló y desplegó líderes tales como los ancianos y obviamente, a Josué y Caleb. David tenía a sus tres valientes y sus treinta hombres de renombre. Elías tuvo a su Eliseo y su escuela de profetas. El modelo de Cristo revelado en su encarnación había sido integrado en el Antiguo Testamento y fue plenamente implementado en el Nuevo. Su efectividad como estrategia fue confirmada aún por sus frustrados adversarios y necesita ser restablecida en la iglesia de hoy. Tenemos hoy en día la oportunidad de hacerlo.
Me gustaría mucho volver a oír que un adversario frustrado diga: “Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá”. Si deseamos escuchar esto, debemos exaltar a Cristo no solo de palabra y obra, también debemos dar prioridad a definir, desarrollar y desplegar líderes. Estas personas que trastornaron el mundo no se produjeron de la nada. Fueron desarrollados intencionalmente y han aparecido una y otra vez a lo largo de la historia.
El Modelo en Funcionamiento
La Biblia no solamente registra este modelo divino de liderazgo sino que, en la providencia de Dios, lo vemos en acción a través de la historia de la iglesia. Dios levantó a Martín Lutero para iniciar la Reforma. Lutero desarrolló líderes como Ulrico Zwingli, Felipe Melanchton y cientos de otros que hicieron de la Reforma un torrente rugiente de la verdad del evangelio que reformó la iglesia y se extendió por todo el mundo. La devoción de Juan Calvino a producir líderes para la evangelización mundial fue extraordinaria: desarrolló mil trescientos misioneros sólo para Francia e incluso envió un equipo de líderes entrenados para llevar el Evangelio a lo que es hoy Río de Janeiro, Brasil. John Knox multiplicó su liderazgo con su “milicia vestida de negro”, predicadores del evangelio vestidos con túnicas de Ginebra a quienes entrenó para vivir su oración en la que pedía a Dios “que me diera Escocia” (para Cristo).
Al multiplicarse los líderes a partir de la Reforma, a tiempo para la época de los descubrimientos, el reavivamiento saltó el Atlántico y se derramó en América del Norte. Puso los cimientos de la cultura para las trece colonias y las llevó al Gran Despertar en la América del Siglo XVIII. Providencialmente, ese notable avivamiento preparó a los estadounidenses para la independencia y puso un fundamento espiritual para la cultura y el gobierno de los Estados Unidos. También llevó una bendición para Inglaterra salvándola del humanismo que sofocó a Francia en la Revolución Francesa, estimulando aún más obra de evangelismo desde Inglaterra. A su vez, como líderes multiplicadores de líderes, la iglesia cristiana en los Estados Unidos dio lugar a un movimiento misionero masivo que finalmente cubrió la mayor parte del planeta y que aún al día de hoy está transformando a África, América del Sur y, sorprendentemente, Asia.
Es muy cierto, los caminos de Dios no son nuestros caminos. Es por eso que los líderes de la iglesia contemporánea de Estados Unidos deben volver al modelo de liderazgo dado por Cristo y a la multiplicación de liderazgo de líderes transformadores que también multipliquen a otros. Líderes identificadores de líderes, moldeando líderes y multiplicando líderes. Es la estrategia de Dios de la cual Cristo es el modelo. Dicha estrategia está incrustada en el Antiguo Testamento, fue implementada por los Apóstoles, reclamada por la Reforma y gloriosamente puesta en práctica en el Gran Despertar. A diferencia de cualquier cosa que podamos copiar del mundo, producirá fruto. Ahora que lleguemos a un nuevo comienzo, supliquemos al Señor Nuestro Dios con esta oración: “Señor, por favor lanza un movimiento de gracia para el Reino de Dios. Hazlo en medio de nosotros el día de hoy. ¡Padre! ¡Por Favor! ¡Hazlo de nuevo y hazlo con nosotros!”.
¿Y cuáles son las características de esos líderes multiplicadores? Gracias a Dios, otra vez, las Escrituras no guardan silencio. Cristo, en su vida y con su Palabra, no solamente nos ha dado una estrategia efectiva, sino que también ha sido el modelo donde vemos estas características. Así que primero lo primero. Antes de que podamos desarrollar y desplegar a estos líderes que hacen temblar al mundo, el primer paso es definirlos. Las marcas de tales líderes dirigidos por el Evangelio están profundamente definidas en la Palabra de Dios. Echémosles un vistazo.
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LA DEFINICIÓN DE UN LÍDER
“El pueblo tuvo ánimo para trabajar… y detrás de ellos estaban los jefes de toda la casa de Judá.”Nehemías 4:6, 16
A los predicadores les encanta Pedro.
Es el más conocido de los doce apóstoles no sólo por sus logros, sino también por sus errores. Sus varios tropiezos nos recuerdan a aquellos de nosotros que estamos en el liderazgo cuan fácil es equivocarnos. El relato bíblico de sus pecados, errores y flaquezas humanas nos dan un rico registro de ejemplos erróneos que nos advierten a vivir con cuidado. Su rápido arrepentimiento y sus declaraciones transparentes nos animan a todos. Con frecuencia Pedro parecía tener un problema ya que con solo abrir la boca, metía la pata (sólo a Pedro dijo el Señor en Mateo 16:23, “¡Quítate de delante de mí, Satanás!”). Pero realmente el problema no estaba en sus pies sino en su corazón. Pedro era un creyente bien intencionado que actuaba por impulso y pasión y por lo tanto estaba en una desesperada necesidad de que se le disciplinara, no solamente como un seguidor de Cristo sino como un futuro líder para Cristo. El Señor corrigió y redirigió a Pedro con más frecuencia que a cualquier otro discípulo en el registro bíblico. Y sin embargo, muchas veces el corazón de Pedro sí estaba en armonía con la voluntad de su Salvador. Un ejemplo de esto es cuando muchos discípulos estaban alejándose, el Señor preguntó a los Doce si ellos también querían irse. “Señor, ¿a quién iremos?” Dijo Pedro. “Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente” ( Juan 6:68-69). ¿Por qué se quedaron Pedro y los demás? ¿Por qué no lo dejaron para seguir a alguien más? Uno de los elementos de la respuesta es el liderazgo del Señor que les inspiró para mantener el rumbo y dar su vida sin reservas a él y a su misión.
La misión es la Gran Comisión de “hacer discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19), y la historia de la iglesia indica que casi todos ellos dieron su vida por seguirla. Estos hombres obstinados, que eran diferentes política, económica, regional y religiosamente, vinieron a Cristo, quien les dio nueva vida y luego siguieron su liderazgo con un enfoque notable. Uno ( Judas) se perdió en la apostasía, pero los otros once (junto con Matías, Pablo y los hermanos de Jesús recién convertidos) se entregaron a la misión y junto con aquellos desarrollaron y desplegaron líderes que “trastornan el mundo entero” (Hechos 17:6). ¿Qué lección podemos aprender de esto? Nosotros aprendemos y aplicamos el liderazgo en primer lugar, al abrazar a Cristo como el modelo de un líder que desarrolla y da poder a otros líderes.
Hacia una Definición de Liderazgo
Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron le adoraron, pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto id, y haced discípulos a todas las naciones bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y de Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todo lo que os he mandado, y he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. (Mateo 28:16-20)
En su ministerio terrenal, Jesús nos mostró lo que es un líder, como este, de manera planeada, produce otros líderes y como permanecen enfocados y unidos en su misión. Mateo 28:16-20 contiene el concepto de un líder como aquel que es escogido por Dios. A estos líderes desarrollados se les da una misión no solo para alcanzar logros en Cristo sino también para darse a otros hasta “el fin del mundo” y el regreso de Cristo.
Un líder influye en otros para lograr juntos una misión definida
Pensemos en esta frase. Tres palabras clave destacan en la definición y la observación del liderazgo que Jesús implantó. Esas tres palabras son influencia, efectividad y unión. Vamos a examinarlas una por una.
La Influencia

La primera palabra clave es influencia. Este es un sencillo diagrama de lo que se necesita para ser un líder efectivo e influyente en otras personas que a su vez se convierten también en líderes influyentes.
Puedes ver que un influyente debe cumplir cinco tareas en un orden específico. Cada tarea requiere también cinco habilidades de liderazgo.
Primero, los líderes influyen en otros por medio de la personificación con el propósito de aprovechar nuestro innato deseo de imitación. Un líder debe desarrollar la habilidad de ser un modelo. Por ejemplo, si un líder no es un modelo de integridad, él o ella podrían ser ignorados como hipócritas sin importar lo que enseñen acerca de la integridad. El dicho “que tus acciones hablen más que tus palabras” es verdadero. Los líderes cristianos deben vivir lo que enseñan, el ejemplo es crucial para hacer líderes y de hecho es la clave para la oportunidad de guiar y enseñar a líderes. En Hechos 1, Lucas se refiere a la vida de Jesús, la cual él reseñó en el Evangelio de Lucas como un registro de lo que “empezó a hacer y a enseñar”. Jesús para hacer discípulos claramente fue primero modelo y luego maestro. Por ejemplo, cuando vieron a Jesús orar le pidieron “enséñanos a orar”. Para hacer discípulos de manera efectiva en general y discipular para el liderazgo en particular, se requiere ser un modelo eficiente para abrir la puerta y solidificar una enseñanza efectiva. “Hacer” en la vida de un líder es la puerta para la “enseñanza” en las vidas de futuros líderes.
Consideremos esta ilustración: Los bebés tienen la capacidad de comunicarse pero no tienen un gen particular de lenguaje programado en su ADN. Sin embargo, en pocos años aprenden a hablar una lengua madre. Se les enseña un lenguaje por parte de alguien no profesional (usualmente su madre) que típicamente no estaba entrenado para esta asombrosa tarea. ¿Cómo es posible esto? Primero, el niño es alimentado y animado por el amor perseverante de una madre. Segundo, todos los humanos nacen imitadores. Pablo escribe en 1 Corintios 4:15,16 “pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio. Por tanto, os ruego que me imitéis”. Según algunos cálculos, el 80 por ciento de lo que se aprende viene por imitación y 20 por ciento por instrucción. El 20 por ciento es crucial porque establece lo que debe de imitarse y cómo conservarlo, ya que la mayor parte de lo que aprendemos lo adquirimos por imitación. Por tanto, es una prioridad ser un modelo con carácter íntegro.
Segundo, un líder influye en otros por la educación. La gente no puede hacer lo correcto, sin importar lo mucho que admire en la vida de otro, hasta conocer qué es lo correcto, por lo tanto los buenos líderes influyen por medio de la educación con el propósito de dar instrucción. Para hacer esto, un líder debe desarrollar las habilidades de un maestro. Por ejemplo, el libro de los Hechos nos dice que el evangelista Apolos era un inspirado y apasionado por la obra del Señor, pero tenía un conocimiento inadecuado. Dos líderes que habían sido desarrollados por Pablo (Aquila y Priscila) “tomaron a Apolo y le explicaron (lo instruyeron) el camino de Dios con mayor precisión” (Hechos 18:26). Así ellos influyeron en él. Los grandes líderes se hacen hábiles mentores para poder influir en los demás por medio de la educación con el propósito de instruir.
La tercera tarea de un influyente es inspirar a los nuevos líderes por medio del empoderamiento. Un líder que quiere influenciar e inspirar debe también desarrollar la habilidad de ser motivador. En la trinchera mortal de la Primera Guerra Mundial, el coronel Douglas MacArthur, quien después sería general y arrojaría a las fuerzas imperiales japonesas del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial, recibió la orden de cruzar la “tierra de nadie” y tomar por asalto una fortificada posición alemana. Todos los esfuerzos anteriores para tomar la posición habían fracasado. MacArthur sabía que el éxito y la supervivencia dependían de su liderazgo. Le asignó a su segundo al mando, un Mayor del ejército, la tarea de dirigir el ataque contra el flanco izquierdo de la posición enemiga. “Señor, lo pongo en el lado izquierdo”, explicó MacArthur. “Yo dirigiré desde el centro.” Entonces, después de haber sido un modelo de liderazgo y haber instruido a su joven líder a seguirlo mientras él dirigía desde el centro, pasó de ser modelo y maestro a ser un motivador. “Yo sé que eres capaz de llevar a los hombres a la victoria”, le dijo al mayor. Luego señaló a una medalla al valor que llevaba en su propio uniforme. “Cuando la batalla haya terminado”, dijo, “me encargaré de que recibas una de estas.” Se dio la vuelta y se alejó, pero giró de regreso y se paró de frente al joven oficial. Se quitó la medalla y la pegó en el uniforme del sorprendido mayor. “Sé qué clase de hombre eres,” le dijo MacArthur “No voy a esperar hasta el final de la guerra para darte esta medalla. Te voy a dar la mía ahora. Nos veremos en la cumbre. “¿Qué crees que logró el hombre? Tomó la posición enemiga, en parte porque MacArthur lo había influenciado a través de la personificación, la educación y el empoderamiento.
La cuarta estrategia de influencia es equipar con el propósito de implementar. A fin de equipar, el líder debe convertirse en un buen gerente. Como gerente, el líder proporciona los recursos necesarios para que la gente haga lo que han sido llamados a hacer. Nada es más frustrante que llamar a la gente a una misión sin equiparlos para hacer el trabajo. Un líder efectivo se encargará de la entrega total de los recursos y el equipo necesarios para completar la misión.
Quinto: Un desafío final de la estrategia de un influyente es la evaluación con el propósito de mejorar. Los líderes deben amar a aquellos a quienes dirigen, lo suficiente para hacer tiempo tanto para la celebración como la evaluación cuando una tarea de liderazgo se ha logrado. Esto requiere el corazón y la habilidad de un ministro/servidor y asegura el desarrollo personal y la mejoría. Está mal, tanto moral como afectivamente que los líderes de otros líderes pasen a la siguiente tarea sin promover la celebración de un esfuerzo ya completado y no hacer una evaluación para una mejoría en las vidas de aquellos que sirvieron en el equipo de líderes. Seguir adelante sin tomarse el tiempo para celebrar y evaluar es desmoralizador y por lo tanto contraproducente. El liderazgo cristiano celebra tanto la gloria de Dios como el éxito de los demás. Los líderes cristianos evalúan a fin de que aquellos que sirvieron eficazmente puedan hallar formas para su mejoría y crecimiento. La evaluación revela fuerzas y debilidades y sirve para establecer planes para el desarrollo personal y el crecimiento. No debe omitirse este paso crítico en aras de seguir hacia el siguiente objetivo y debe implementarse tanto para mejorar la moral como para dar oportunidad de que haya un crecimiento significativo en las vidas de aquellos que están en desarrollo como líderes.
La Eficacia
La segunda palabra clave para el desarrollo de líderes es la eficacia. El corporativismo en Estados Unidos destaca la eficacia. El liderazgo cristiano promueve, primero la fidelidad, luego la eficacia y después y sólo entonces, la eficiencia. La eficiencia es inútil si no se es eficaz y para ser eficaz se requiere fidelidad. Los siguientes cuatro pasos pueden lograr el desarrollo de futuros líderes que son lo que a mí me gusta denominar “FEE” –Fieles, Eficaces y por lo tanto significativamente Eficientes
1. El principio de eficacia: aprender a hacer las cosas correctas.
2. El principio de la excelencia: aprender a hacer las cosas correctas de la manera correcta.
3. El principio de la eficiencia: aprender a hacer las cosas correctas de la manera correcta en el momento correcto.
4. El principio de la exaltación: aprender a hacer las cosas correctas de la manera correcta en el tiempo correcto por las razones correctas.
El primer principio es el de la eficacia, un compromiso de hacer las cosas correctas. En la sociedad actual, se alienta a los líderes a aprender la eficiencia con el fin de realizar múltiples tareas, pero hacer lo correcto es más importante que hacer muchas cosas. Considere este ejemplo modificado del libro Primero es lo Primero2: Un profesor pone un cilindro grande de vidrio enfrente de su clase. Adentro había varias piedras grandes, y sobre el escritorio del profesor había dos piedras aún más grandes que no cabían dentro.
“¿Está lleno el frasco?” preguntó a la clase, “¿o puedo poner las piedras adicionales dentro del recipiente? La mayoría de los estudiantes estuvo de acuerdo en que el frasco estaba lleno.
El profesor agitó el frasco e hizo que las rocas se asentaran y se hizo lugar para una más. “¿Esta ahora lleno el frasco?”, se preguntó.
“Sí, ya no caben más piedras en el frasco”, concluyeron los estudiantes.
El profesor sacó un recipiente con arena de debajo de la mesa y echó la arena en el cilindro. La arena llenó los espacios entre las rocas.
“¿Está ahora lleno el frasco?”, preguntó.
“No,” dijo la mayoría de los miembros de la clase, que habían descubierto la técnica del profesor. Efectivamente, el próximo paso fue echar agua en el frasco. El agua empapó la arena y, finalmente, llenó el cilindro.
“Entonces, ¿qué lecciones aprendieron?”, preguntó el profesor. Un estudiante sugirió que siempre hay espacio para meter apretadamente un poco más.
“Cierto”, estuvo de acuerdo el profesor, “esa es la lección de la eficiencia, usualmente uno se puede forzar a tener un poco más de actividad en la vida, pero esa no es la lección principal.” Los estudiantes estaban perplejos. “El punto principal aquí” concluyó el profesor, “es que las piedras grandes deben ir primero. Ese es el principio de la eficacia. Para ser realmente eficaz, deben identificar las piedras grandes en su vida y ponerlas como una prioridad en el calendario de su vida finita”.
Entonces, ¿cuáles son las “piedras grandes” en su vida, es decir, aquellas que deben tener el primer lugar en el calendario de su vida? Para los líderes cristianos las piedras grandes son las responsabilidades reveladas bíblicamente y las relaciones que son cruciales para vivir efectivamente para la Gloria de Dios. No pueden ser forzadas en la vida como una ocurrencia de último momento. Se les debe asignar su espacio como una prioridad. Por ejemplo, un cristiano se da cuenta de que el tiempo diario con el Señor en la oración y en la Palabra es una de sus piedras grandes. Así como también lo es la adoración en el día del Señor. Pasar tiempo con el cónyuge también es una piedra grande. También lo es la relación padre hijo. En otras palabras, las prioridades de Dios, tal como se enseñan en Su Palabra, son las piedras grandes a las que hay que dar el primer lugar en los calendarios de nuestra vida. Esto es lo que establece el principio de la eficiencia: hacer y mantener el compromiso de hacer las cosas correctas. Tome su calendario y ponga las “piedras grandes” primero.
El segundo principio de liderazgo eficaz es un compromiso a la excelencia: hacer las cosas correctas de la manera correcta. Cuando estemos delante de nuestro Salvador, ¿qué es lo que queremos oírle decir? “Bien, buen siervo y fiel”, ¿no es así? Ese es nuestro deseo según Mateo 25:21. Observe que la primera palabra de esa declaración es bien, el principio de la excelencia. Esta palabra denota algo más que simplemente haber completado algo, es más que ser aceptable o mediocre. “Bien hecho” es lo que queremos escuchar que el Señor nos diga. Pocos de nosotros seremos alguna vez el mejor en algo, pero todos podemos hacer nuestro mejor esfuerzo. Eso es lo que hacemos cuando hacemos las cosas correctas de la manera correcta como una ofrenda de alabanza a nuestro glorioso Salvador.
Mis padres, y probablemente los suyos también, acostumbraban decir: “Hijo, si vale la pena hacerlo, vale la pena hacerlo bien.” Ese es el principio de la excelencia. Lo correcto (eficacia) vale la pena hacerlo, y vale la pena hacerlo de la manera correcta, (excelencia).
El siguiente es el principio de la eficiencia: hacer lo correcto de la manera correcta en el momento correcto, o hacer más de una cosa a la vez, cuando sea apropiado. Hoy en día se le llama “multitarea”, pero si se hace correctamente, sigue siendo el principio de la eficiencia. Por ejemplo, cuando yo era niño, mi padre, jugador de béisbol, me consiguió un permiso de la escuela por dos semanas para que lo acompañara en una gira. Fue emocionante verlo en acción y pasar tiempo con él. Cuando tuve mis propios hijos, esta era una de las cosas en la que quería imitar a mi padre. Por lo general trataba de llevar a uno de mis hijos conmigo a una conferencia o a un corto viaje misionero o a una visita de hospital. Esto me permitió cumplir mi llamado como un pastor/maestro y pasar un tiempo significativo con uno de mis hijos, lo cual fue una de las bendiciones del principio de eficiencia aplicado meticulosamente. Otra manera en que he tratado de aplicar este principio es extenderlo a hacer discípulos y llevar a otros conmigo en visitas de hospital, viajes misioneros y oportunidades del ministerio. Normalmente invito a los miembros de nuestro equipo de liderazgo de la iglesia a que me acompañen, con lo que no sólo cumplo con mi ministerio pastoral, sino que incluyo a otros, lo cual bendice y ayuda mi eficiencia ministerial al mismo tiempo que ellos afinan sus habilidades de liderazgo y aprovechan la experiencia y consideramos las bendiciones del Señor y las lecciones de vida.
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