Kitabı oku: «Hacer radio hoy»

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Hacer radio hoy

Tradicional, online, pódcast, la que vendrá

Hacer radio hoy

Tradicional, online, pódcast, la que vendrá

GALERNA

Índice de contenido

Portada

Portadilla

Legales

Introducción

Sobre Hacer radio. Guía integral

¡Ah, sí! Yo lo leí en ese libro

Los cien años de la radio

Tipos de radio

Profesional y vocacional

La radio de siempre La gestación

Cómo nace un programa

Planificación

Generalidades

Presentación de un proyecto

La emisora

AM/FM

Niveles o dimensiones

Días y horarios

Oyentes

Roles y vinculaciones

Staff

Operadores técnicos

Conducción

Novatos

Productores

Locutores

Coordinador

Columnistas

Columnistas ajenos al ámbito

Humoristas

Movileros y cronistas

Autocontrol

Méritos para destacar

Aditamentos

El nombre del programa

Contenidos

Vestimenta o artística

Guion: hoja de ruta

Llamadas y mensajes de oyentes

Entrevistas

Entrevistas telefónicas

Entrevistas grabadas

Entrevistas en vivo

El lenguaje de la radio

¿Malas palabras?

Musicalización

El manejo de la voz

Lectura

El pase

Sinergia

Tiempo para evaluar un programa

Géneros

Tipos de programas

Musicales

Deportivos

Espectáculos

Institucionales

Profesionales

Informe periodístico

Micro

Necesidades y recursos

Cuestiones económicas

Costos

Financiamiento

Canjes

Productoras comerciales

Publicidad

Publicidad tradicional y PNT

Compromiso

Imagen y publicidad propia

Medición de audiencia

Sobre las producciones independientes

Edición digital

Audacity

Radios universitarias

Radios zonales

Formación

Nuevas consideraciones

Radios online

Las “otras” radios Somos capaces

Radiarte

Taller de radio para jóvenes adultos con discapacidad intelectual de Senderos del Sembrador

Vocación de Ser (taller de radio, habilidades sociales y comunicación)

Desate

Radio Chamuyo. Comunicación comunitaria y cárcel

Radio Palabrotas

Loló Bachur x 2

El pódcast como herramienta áulica transversal: Escuela Sarmiento de la Universidad Nacional de Tucumán

Multiplicar las voces, inclusión y pódcast: Centro de Día Casa Grande Tucumán

La Bisagra, radio abierta y andariega del HESM

Reconocimientos

Proposiciones: un proyecto de inclusión social

Semillas de radio

Radio Interactiva – Garupá, Misiones

Comunitarias. El caso La Tribu

Relevamiento

El mundo de las radios universitarias

Podcasting

Consideraciones generales

Pódcast en Argentina hoy

Redes de pódcast en Argentina

Monetización

Encuesta Pod2019: un estudio para conocer a las audiencias de pódcast en español

Una mirada desde España

Redes sociales

La experiencia de La Tribu

Transmedia

Planes de estudio y capacitación

Federalismo

Cuestión de género

El hilo violeta

Un caso especial: todo está guardado en la memoria

Medición Kantar IBOPE Media: la fuerza de la radio en la Argentina

Radio digital y pódcast

El futuro de la radio

Nuestros libros por el mundo

Radio en cuarentena en Argentina

Radio y educación formal

Agradecimientos


Portugal, MarioHacer radio hoy : tradicional, online, pódcast, la que vendrá / Mario Portugal ; Héctor Yudchak. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Galerna, 2021.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descargaISBN 978-950-556-793-51. Periodismo. 2. Radio. 3. Comunicación. I. Yudchak, Héctor. II. Título.CDD 302.2

© 2021, Mario Portugal y Héctor Yudchak

©2021, RCP S.A.

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna, ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopias, sin permiso previo del editor y/o autor.

ISBN 978-950-556-793-5

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

Diseño de tapa e interior: Pablo Alarcón | Cerúleo

Primera edición en formato digital: febrero de 2021

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto451

A la memoria de Enrique Telémaco Susini, el gran Loco de la Azotea, precursor de la radio.(1)

Y de Juan Alberto Badía, modelo de profesional de la radio, notable difusor de los artistas argentinos, por su talento, esfuerzo y respeto hacia el medio y sus oyentes.

La radio es un derecho humano.

Alberto Veiga (2)

1. El multifacético Enrique Susini fue pionero de la televisión y el cine argentinos. Músico, autor y director de teatro, propulsor de la prestación de servicios públicos a través de cooperativas y, como médico, uno de los introductores en Argentina de su especialidad, la otorrinolaringología.

2. Creador de decenas de programas de radios y exdirector de Radio Continental y Radio Del Plata; expresidente de la Asociación de Radiodifusoras Privadas Argentinas.

Introducción

Pasaron siete años desde la publicación de la última edición de Hacer radio. Guía integral, uno de los tres títulos que hemos creado en forma conjunta (los otros dos son Producción de radio y Locución hoy), tiempo suficiente para plantearnos un nuevo desafío: posar nuestra mirada y la de destacados colegas en el devenir de la radio, en todas sus formas de producción y consumo.

Así lo entendió la editorial Galerna y así lo acordamos los autores.

Son tiempos de un mundo VICA (Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo) como bien citara Pablo Bricker, coordinador de la carrera de Locución Integral del ISER, en una jornada académica que compartimos en la ciudad de San Miguel de Tucumán, por lo que las profesiones, los oficios, los trabajos, los hábitos, las comunicaciones, los oyentes, en fin, la vida en general, están en permanente cambio.

También la radio se encuentra en ese estado de transformación. Y, a pesar de todo, de la dura realidad actual de la radio en Argentina, que incluye la grave situación o desaparición de emisoras históricas, seguimos creyendo en la radio.

El objetivo que nos mueve es el mismo que inspiró nuestros títulos anteriores: brindarles a quienes desean ingresar en el mundo de la radio las herramientas básicas para que puedan cumplir su sueño, de manera sostenible y realizando productos que los enorgullezcan por su calidad, a partir de los recursos con los cuales cuentan, siempre incentivando la capacitación permanente, la creatividad, el esfuerzo y la honestidad en el ejercicio del hacer radio.

Este medio tan querible cumplió cien años de aquella memorable noche del 27 de agosto de 1920 en que un grupo de inquietos estudiantes recordados como los “Locos de la Azotea”, inspirados en “el” gran loco, Enrique Telémaco Susini, realizara la primera transmisión radial de nuestro país (¿y del mundo?) desde las alturas del Teatro Coliseo. ¿Cuál es la vigencia real de la radio en nuestros días? ¿Y de qué radio estamos hablando?

Eso, entre otras cosas, les preguntamos a los especialistas, además de recurrir a los datos aportados por quienes investigan sobre el tema. También incluimos en esta obra una síntesis de los conceptos aportados en nuestro libro Hacer radio. Guía integral referidos al medio en su formato clásico, ya que consideramos que mantienen su vigencia.

Nuestra intención es que este libro les resulte útil a nuestros lectores, y abrigamos la secreta esperanza de que la radio permanezca vigente y nos obligue a seguir escribiendo sobre su actualidad y su futuro.

Sobre Hacer radio. Guía integral

El libro que tenés en tus manos, lector, lectora, es una continuación natural de Hacer radio. Guía integral, de nuestra misma autoría. Incluso encontrarás aquí una síntesis de ese texto.

Le pedimos al estimado Carlos Ulanovsky (responsable del nombre de aquella obra) que escribiera algunas líneas de ese entrañable libro, de alguna manera, padre y madre de la presente producción.

¡Ah, sí! Yo lo leí en ese libro

Por Carlos Ulanovsky

La radio tiene un reaseguro de supervivencia, y es que no se detiene. Y una prueba de ello es lo que les pasa a los autores de Hacer radio: en cada edición (va por la quinta) tuvieron que sumar tópicos y contenidos porque el avance del medio se los exigió.

Desde su aparición en 2008, Hacer radio no solo tuvo una veloz y constante inserción en instituciones de enseñanza secundaria, terciaria y universitaria, sino que advirtió a sus lectores dos puntos importantes. Primero: este formidable manual de instrucciones exigirá consecuentes y posteriores capacitaciones por parte de quienes lo lean. Y, lo otro: pese a que casi no hay detalle que el libro deje por analizar, no todo es leerlo y armar un programa. Menos mal.

Libro útil, porque quienes lo idearon y escribieron primero vivieron, realizaron, experimentaron, crearon.

Libro de lectura sencilla y entretenida, que nos cuenta que lo primero es lo primero y que ofrece un plan concreto para conocer, aprender y, si cabe, poner en acción.

Libro valioso, porque, junto con lo práctico, suma consignas serias, profesionales y que se compadecen con cualquier tiempo tecnológico.

Libro de personas generosas, que decidieron compartir sus saberes.

Libro tan creíble, amable e interesante por donde se lo lea, porque ofrece pistas, abre caminos, diseña objetivos, pero sin esconder dificultades.

Libro muy completo que, aunque habla de todo, no secuestra la voz del lector y mucho menos cohíbe su decisión.

A pesar de su profundo conocimiento de este medio, los autores ceden la palabra a más de setenta entrevistados que abren su propio libro hablando de pasado, presente y futuro. Y no es la única intervención a lo largo del libro. Con regularidad insertan frases fuertes, de mujeres y hombres de radio, que son para coleccionar y no olvidar. Libro amoroso este, pensado y escrito por dos especialistas que siguen educando, que no resignaron objetivos, a tal punto que en este nuevo trabajo registran y les dan lugar a lo más clásico y a lo que vendrá. Los dos son una prueba cabal de que lo que perdieron en sus vidas profesionales lo recuperaron con creces en esta tarea docente.

¿Quiénes son y qué hacen los autores de este libro? Portugal y Yudchak, en orden alfabético. Mario y Héctor estuvieron al frente de áreas sensibles y acumularon, ya que no poder, mucha experiencia en gestión. Mario Portugal lo tuvo como gerente de noticias de Radio América (que, sin paz, no descansa) y Radio del Plata (ahora reducida a su mínima expresión); Héctor Yudchak, como cofundador y director de FM Sur (102.7). Yudchak es periodista, docente, conductor de radio, escritor de ficciones. Portugal es locutor-redactor y periodista, informativista de primera, conductor de programas y de gran experiencia docente. En los años recientes, los autores supieron que en ese medio que tanto respetan también se hizo periodismo de guerra, se difundieron noticias falsas y no pocos conductores vieron lesionado su capital de credibilidad. Y peor aún: Yudchak y Portugal también fueron víctimas de las críticas situaciones económicas de las emisoras, de la precarización y de la permanente caída de proyectos. Los dos perdieron trabajos, lugares y paciencia. Pero no creatividad.

Los cien años de la radio

¿Una gran casualidad? Como dijimos, esta obra se publica poco después de cumplirse el primer centenario del acto fundacional de la radio, cuando Enrique Telémaco Susini y sus compañeros inauguraron este querido medio de comunicación. A pesar de todas las dificultades y crisis, la radio da pelea. Precisamente, ofrecemos esta obra como nuestro modesto homenaje a quienes, desde aquella transmisión original, hicieron buena radio en la Argentina y la siguen haciendo. Los famosos y los desconocidos, los de antaño y los actuales, locutores, operadores, musicalizadores, periodistas, directivos, guionistas, cronistas. Docentes, oyentes y escuchadores.

Incluimos un capítulo dedicado a las emisoras y proyectos radiales que denominamos genéricamente como “las otras radios”. Lejos de los impactos masivos, o casi, estos emprendimientos, programas o iniciativas colectivas se desarrollan en ámbitos tales como centros educativos, instituciones neuropsiquiátricas y hasta penales (cárceles). Allí, apreciados y esforzados colegas y profesionales de distintos ámbitos realizan muy meritorias tareas en condiciones complejas, y diversos colectivos sociales se benefician de estas experiencias. En esos mundos comunicacionales, la radio agrega a sus clásicas virtudes —“informa, entretiene y acompaña”— valiosas capacidades: la radio incluye, la radio sana.

Tipos de radio
Profesional y vocacional

Cuando intentamos analizar el medio en su complejidad, más que hablar de la radio, consideramos oportuno hablar de las radios, es decir, distinguir, en el universo de emisoras existentes, los distintos formatos, plataformas y dimensiones. Esto nos permitirá entender mejor su funcionamiento y situación actual en el marco del ecosistema comunicacional.

Entendiendo esta necesidad de ordenamiento o tipificación, consideramos que aparecen dos grandes grupos (no los únicos, pero sí los más numerosos) de producciones radiales que alimentan las programaciones de las emisoras argentinas: el que podemos denominar radio profesional y el que proponemos llamar radio vocacional.

En el primer caso, se trata de producciones que tienen como objetivo el desarrollo profesional y económico de sus integrantes. Programas (o programaciones, en el caso de las emisoras que contratan profesionales para que interpreten una propuesta radial determinada y definida por la dirección artística de la empresa) realizados, en términos generales, por profesionales que, más allá de sus vocaciones originales, tienen como objetivo el desarrollo de sus oficios y la obtención de su sustento económico. Intentan “vivir de la radio”, o que, al menos, esta forme parte de sus ingresos económicos.

En cuanto a lo que denominamos radio vocacional, nos referimos a producciones que obedecen, fundamentalmente, a la aspiración de poner en práctica un deseo por parte de sus realizadores. Una aspiración de comunicación social originado en aficiones diversas, tales como la música, la psicología, la religión, el deporte, la política, etc. Una gran parte de estos programas están producidos por personas ajenas al ámbito radial. Aunque intentan su comercialización publicitaria, en general se hacen cargo de los costos que implica esta actividad.

En las denominadas radios comerciales encontramos habitualmente programas o programaciones que se corresponden al primer grupo, y en las radios zonales (comunitarias o privadas) son más habituales las del segundo grupo. Analizaremos luego en detalle el rol de las radios web, pero adelantamos que habitualmente la encontramos en este último sector, es decir, como receptáculo de producciones vocacionales.

La radio profesional es el ámbito natural en el que los/as estudiantes de carreras vinculadas al medio en forma directa (locución, producción de radio, operación técnica), o de comunicación social en general, aspiran a desplegar sus conocimientos durante el desarrollo de sus estudios y, aún más, al culminarlos.

La radio vocacional es el campo propicio para todos los que, por motivaciones diversas, quieren “hacer radio” (expresión que el muy estimado Carlos Ulanovsky sugiriera oportunamente para el título de nuestro libro). Hay músicos que aprecian hacer radio para difundir sus creaciones y otras afines a su estilo; hay personas dedicadas a las terapias alternativas que desean divulgar esta temática; hay dirigentes políticos o sociales o agrupaciones que encuentran en la radio un medio apto para difundir sus ideas; hay poetas que utilizan la radio como un medio para compartir ese arte; hay músicos, como el talentoso Alejandro Weber, que pudo unir sus dos pasiones: “Hago radio porque es lo que más me gusta hacer en la vida. Hubo noches en las que estaba con una considerable disfonía, teniendo que ir a conducir mi programa en la madrugada (precioso horario para este medio), y mi voz reaparecía milagrosamente al encenderse la luz roja de AIRE; demostración irrefutable del poder curativo de la radio, esa compañera incondicional… También creo que es un vehículo inmejorable para mi otra actividad, la música”.

Lógicamente, hay estudiantes de carreras vinculadas con la comunicación social que utilizan la radio como primer campo de práctica profesional.

Estos y otros colectivos sociales han alimentado las programaciones de las radios de baja potencia —y luego de las radios web— desde su explosiva aparición a mediados y principalmente a fines de la década de 1980.

Vale aclarar que los propietarios de las radios alternativas persiguen, en muchos casos, objetivos económicos o, por lo menos, necesitan comercializar publicidades y espacios para sostener los costos de su mantención.

Ambos mundos, profesional y vocacional, tienen características comunes y también notables diferencias.

En el mundo profesional, la clásica modalidad de emisoras que diseñan su programación y contratan a profesionales para que la realicen se encuentra en crisis desde hace mucho tiempo, dejando paso a las producciones independientes que adquieren espacios en esas radios para poner en el aire sus programas. Por otra parte, la situación económica del país y las conductas irresponsables de algunos empresarios han deteriorado las condiciones materiales de muchas emisoras (en algunos casos hasta producir su desaparición), lo que dificulta aún más la posibilidad de incorporación profesional en esas empresas en la modalidad de relación de dependencia.

En el mundo vocacional, en los últimos años se han agregado como oferta para la emisión de programas las radios web (nativas web, es decir que nacieron online). En términos generales, ofrecen mejores posibilidades tecnológicas, aunque aún no han logrado un caudal de oyentes apreciable (salvo excepciones). Obviamente, la radio de baja potencia (de antena) tiene una impronta local que la radio web no suele tener, pero esta cuenta con un alcance de cobertura geográfica prácticamente sin límites.

Estos autores reconocen ambas modalidades y respetan a quienes aman la radio y se esfuerzan por realizar programas con arte y contenido, cada uno con sus posibilidades y recursos.

Pablo Bricker, locutor y docente, reconoce: “Soy feliz cuando un pollo viene y me dice: ‘Profe, estoy haciendo un laburo en una radio de una villa’. Ahí nos replanteamos qué es el éxito. Porque nosotros nos formamos con una idea de éxito tilingo. De ‘si no estás en las grandes ligas, no existís’. Y ese pibe es feliz estando en una FM barrial con su espacio”. A eso, por ejemplo, nos referimos cuando hablamos de radio vocacional.

¿Hay diferencias entre comunicar desde un medio grande y una radio de menor dimensión? “Ninguna”, arriesga Adrián Noriega, “porque yo entiendo lo que hago con mucha pasión. Utilizando una metáfora boxística, ‘tenés que subir al ring siempre con la misma actitud’. Yo no hago distinto el programa. Es lo mismo desde la pasión por la comunicación. Exijo al operador que esté metido en el programa, a la productora que busque las notas de igual manera que lo haría en una radio grande. Obvio que después hay cuestiones lógicas de diferencias de medios. La repercusión no es la misma. Los recursos no son los mismos”.

Rescatamos conceptos que Eduardo Aliverti nos dijera para nuestra obra Hacer radio y que se emparentan con los conceptos de Noriega y con nuestra idea de ser exigentes a la hora de producir contenidos, siempre reconociendo las posibilidades con las que contamos. Nos dijo Aliverti, sobre el fenómeno de las radios de baja potencia: “Creo que fueron uno de los fenómenos, generados de abajo para arriba en esta sociedad, más excitantes de la democracia argentina. Sucede que ese tipo de fenómenos, si no tienen después una herramienta político-social que los vehicule desde la institucionalización, dejan de ser espontáneos. Así sucedió en este caso: esas radios fueron cooptadas por la lógica del funcionamiento comercial del sistema, que compró las mismas ondas para el desarrollo de sus propios proyectos. Creo que sigue habiendo una buena porción de radios en pueblitos y ciudades chicas que son una ligera opción si vos no querés escuchar la FM que te baja por satélite una radio porteña, donde hay programas, no programaciones, alternativos, que responden todavía a cierto espíritu de servicio a la comunidad e introducción de actores sociales alternativos. Otro problema que han tenido esas radios es que no se han profesionalizado; no basta con pensar distinto”. Un desafío que sigue abierto.

Por supuesto que las condiciones económicas del país influyen decididamente en el desarrollo de todo tipo de emisoras y afectan especialmente los medios locales o de menor dimensión. La baja sustancial de productores independientes interesados en rentar espacios y la merma en pautas publicitarias, tanto privadas como estatales (en estas últimas vale destacar las eternas preferencias vinculadas con simpatías e intereses políticos), son dos de los síntomas más evidentes. Nos ilustra Norberto Pallotto, titular de la 101.9 FM de Villa General Belgrano, en Calamuchita, Córdoba, con casi treinta años en el aire. Sus palabras sobre los últimos años son comunes a las de miles de sus colegas: “El incremento en los costos fijos, que no se podían trasladar al valor de la publicidad (porque se ‘caían’ los auspiciantes), nos obligó a ajustarnos hasta suspender el uso del mayor equipo de aire acondicionado y recuperar los viejos ventiladores de pie. No solo eso: vivimos una incertidumbre muy grande, porque nunca sabíamos cuáles serían los nuevos costos fijos de cada mes. Esta situación se repitió desde el 2016, junto con una caída importante en el número de los auspiciantes, finalizando el año 2019, con respecto al 2015, con una baja del 40%. Con estas condiciones económicas, se hace bastante cuesta arriba poder, crear, inventar, hacer periodismo y poder brindarle al oyente mejor calidad en la producción y en la propuesta”. Con cautela, Pallotto aguarda tiempos duros: “Probablemente con muchos altibajos, pero con una carga de ilusión y esperanza en la gente que seguramente será contagiosa y renueve los ímpetus de ‘hacer radio’”.

Para quienes desean satisfacer esa necesidad de introducirse en el mundo de la radio vocacional, los talleres que brindan habitualmente distintos profesionales son opciones válidas tanto para hacerlo de manera circunstancial o como inicio de una actividad de largo aliento, sea vocacional o aun semiprofesional.

El docente, comunicador social y recreólogo Matías Nirenberg tiene una profusa experiencia en el dictado de talleres de radio. Con ellos satisface la necesidad vocacional de muchas personas que, si bien se dedican a otras profesiones y oficios, tienen la radio en su corazón: “A los espacios de radio concurren personas con avidez por conocer, explorar y descubrir los secretos del lenguaje radiofónico. Los grupos que se conforman suelen ser heterogéneos en lo que se refiere a sus edades”. Según Matías, muchos “sellan su objetivo de ser parte de un grupo social (radiofónico) y compartir vivencias de aprendizaje a la vez que de entretenimiento”. Mientras tanto, “otros integrantes califican cada cuota de enseñanza radial y la direccionan a la posibilidad de constituirse como radiómanos y crear, en consecuencia, un proyecto radial”.

A quienes participen de los talleres se les brinda la capacitación necesaria, teniendo en cuenta sus propios intereses y deseos vinculados con el lenguaje radiofónico. En otras palabras, se postulan consignas y dinámicas que fortalecen el espectro socio-comunicacional de la persona, incluso para la vida misma.

Para Matías, los resultados son ampliamente satisfactorios, lo que se debe, fundamentalmente, al arraigo de los integrantes del taller al juego dialéctico que propone el espacio: “Siempre tendiendo a la interacción de los participantes, a la escucha tolerante, a la creatividad”.

Estos son algunos de los motivos por lo que las personas concurren a estos talleres: “Amo la radio”, “En mi casa siempre se escuchó radio y quería estudiar y meterme en el mundo de la radio”, “Como soy una persona que escuchó mucha radio, me pareció interesante saber cómo era participar y ser activo en este medio”, “Fue una experiencia superrica. A medida que iban pasando las clases, más me entusiasmaba”, “El taller fue un incentivo para hacer un programa y por suerte tuve la posibilidad de hacerlo”.

¿Cómo les fue en esta experiencia, en este primer contacto con el medio no ya como espectadores, sino como protagonistas? Esto nos respondieron: “Desde la primera clase me atrapó, conviven la creatividad, la sorpresa, la rapidez para resolver el trabajo, el juego, la risa…”, “Destaco la tarea en equipo, con momentos buenos y otros difíciles”, “Lo viví como una actividad de crecimiento personal, donde se aprende a ver al otro y descubrirse a uno mismo”, “Es inmensa la alegría de volcar en el micrófono el producto final”, “Disfruté la posibilidad de darse la libertad para jugar, de ser espontáneo”, “Ayuda a parir lo que cada uno tiene para aportar y que en conjunto se logre la pieza radial”, “Es gratificante saber que uno puede escuchar y ser escuchado y sentirse más partícipe de la realidad”.

Los primeros pasos “al aire” confirman lo que comienza a sentirse en los talleres: “La radio es magia… ¿a quién le hablo?”, “Transmitir mi sentimiento en una denuncia, sumar a otros, defender a quienes no tienen voz, hacer reír al que está solo”, “Es desplegar las alas y atreverse a volar, aun con miedo”, “Es saber que desde Brasil, Érica se sintió aquí, con nosotros, en la mesa de la radio, y Analía nos escucha desde Israel y siente que la traemos a su país de origen cada viernes”.

Matías incluye también a personas con discapacidad en los talleres. Como reconocieron algunos de los participantes: “En un principio me costó adaptarme y lo sentí como incompatible, pero la experiencia terminó siendo positiva”, “Se pudo resolver hermosamente y a medida que fueron pasando las clases, lo fui disfrutando cada vez más”, “Sentí mucho cariño por los chicos con discapacidad que integraban el grupo, su sonrisa, su amor, fueron abiertos a escuchar y a aprender”, “Rescato el valor que le dan a que se los escuche y valore y vi todas su capacidades, más allá de sus discapacidades…”, “Fue movilizador compartir con compañeros a los que quizás les cueste expresarse o movilizarse, y sentir la felicidad de poder ver sus logros” y “La experiencia de participar con personas con discapacidad me llena el corazón y voy a seguir porque me encanta”. Más adelante retomaremos los vínculos entre la práctica de la radio y las personas con discapacidad.

Consideramos que los contenidos de la presente obra se aplican a todas las singularidades, a programas realizados por profesionales y también por productores amateurs. Cada lector avaluará los conceptos específicos que sirven para su práctica cotidiana.

Dado que en muchas ocasiones estamos obligados a gestionar nuestros propios programas, la visión de este texto también suele ubicarse en la perspectiva del productor independiente o, por lo menos, desde el rol de responsable de un ciclo radial. En ese sentido, vale una aclaración importante: salvo los aspectos comerciales, no distinguimos nivel de exigencia entre una producción profesional y las que podemos denominar vocacionales. (Como ocurre en otros ámbitos, hay zonas grises, es decir, ciclos que presentan características híbridas, por ejemplo, profesionales del medio que realizan ciclos en medios “zonales”, fundamentalmente por amor a la radio).

Reiteramos el concepto: aunque entendemos y contemplamos las limitaciones de recursos de un productor vocacional en una radio de barrio (penurias que en los últimos años comprobamos hasta en las denominadas emisoras “grandes”), aspiramos a que cada comunicador o grupo de comunicación radial respete al oyente, que dedique el tiempo necesario para la producción, la planificación y que se esmere por entregar el mejor producto posible a su audiencia, sea esta masiva o exigua.

Respetar al oyente, respetar al medio. Nos contraten o lo hagamos de manera independiente. Cobremos o paguemos por hacer radio.

Nos vienen a la memoria las palabras que compartió con estos autores el recordado Alberto “Negro” Veiga: “La radio es un lugar para quedarse, sin hacerse rico, ganándose el respeto de la gente”.

La radio de siempre

Este capítulo está basado en el contenido de Hacer radio. Guía integral (Galerna, Buenos Aires, 2013). Muchos de esos elementos permanecen vigentes; otros los hemos renovado convenientemente. Estos conceptos fundamentales referidos a la producción integral de un programa de radio en su formato tradicional pueden ser perfectamente adoptados para la producción en otras plataformas.

Porque lo deseamos y también porque muchos colegas así lo consideran, seguimos apostando por la vigencia de la radio en su formato clásico. Lo dice un histórico del medio, el reconocido operador técnico Charlie Caccaviello: “La radio en su formato tradicional, en mi opinión, es imbatible, porque es gratis, porque es el medio más creíble y principalmente porque la parte más importante de la radio corre por cuenta de la imaginación”.

Damián Kirzner, curiosamente desde su condición de productor de contenidos transmedia, inmersivos y especialista en innovación en medios digitales, nos brinda su visión sobre esa vigencia de la radio: “En este momento la audiencia está viviendo en realidades paralelas a través de las nuevas tecnologías; cada uno de nosotros está conectado con su realidad orgánica analógica y digitalmente, vive en sus redes diferentes realidades. Esto hace que la atención se fragmente y, por ende, conectar con nuestras audiencias es, para los diferentes medios, cada vez más difícil, más complejo. En ese esquema, la radio tiene hoy una vigencia única y una posibilidad enorme hacia el futuro”.

Sigue Kirzner: “Esa oportunidad que tiene la radio se basa en que los humanos tenemos micromomentos, o momentos más cortos, para prestar atención. Cuando estamos en el tren yendo al trabajo, cuando estamos en el baño pegándonos una ducha, cuando estamos manejando, cuando estamos sentados frente a la computadora, a veces en el trabajo. Esa atención es parcial. Es decir que si estoy manejando, no puedo estar leyendo el diario; si me estoy bañando, no puedo estar en la computadora, pero puedo prestar atención. Ahí es donde la radio me permite prestar atención de una manera horizontal. Puedo estar haciendo otra actividad y también estar escuchando radio. Ahí la radio les lleva ventaja a los otros medios: nos permite estructurar un discurso de conexión con las audiencias complementario y totalmente diferente al que nos permiten las otras plataformas”.

Concluye el creador de Mediamorfosis, un foro transmedia con sedes en Argentina y diversos países de Latinoamérica: “La oportunidad de crear contenidos que conecten con audiencias en micromomentos a partir del audio hace que la radio esté más vigente que nunca como espacio de conexión social en el que todos nos conectamos. La radio, en el sentido de que una persona transmite en directo a través de una frecuencia, nos permite encontrarnos y conectarnos con lo que está sucediendo en el presente de esa comunidad, por eso la radio tiene una vigencia para la información, para el encuentro social, para saber qué está sucediendo ahora en nuestra comunidad, en nuestro país”.

Las siguientes páginas introducen al lector al maravilloso mundo de la radio en (casi) todos sus detalles.

La gestación
Cómo nace un programa

El proceso que puede culminar con la puesta en el aire de un programa se inicia habitualmente por alguna inquietud, individual o grupal, relacionada con:

 El deseo de hacer radio, de vivir tal experiencia (sin definición de programa).

 La idea de un programa específico.

 Una necesidad institucional o empresarial (por ejemplo, la de difundir actividades de cierta colectividad o promocionar una actividad profesional).

“Es muy común que la gente de los medios quiera hacer radio, porque es muy atractiva y todos creemos que tenemos cosas interesantes para decir.” (Sebastián Wainraich)

Planificación

Como afirma la periodista especializada en radio Alicia Petti, la propuesta de un programa debe ser planificada: “Hay quien cree que tiene una buena idea y que eso basta para venderla. Pero un demo, ofrecido en el soporte que sea, y un bosquejo escrito resultan importantes”. Es decir, se hace necesario desarrollar la idea original en diversos aspectos, entre los que se cuentan:

 La temática.

 El diseño general.

 Los contenidos.

 El equipo.

 La emisora.

 La periodicidad, el día y horario de emisión.

 La generación de recursos económicos

Y, aunque Petti se refiere a la situación en la que se intenta vender un programa a una emisora, consideramos que la necesidad de planificar es válida también en los casos en que un productor independiente alquila un espacio para hacer su programa bajo su propio riesgo.

No es nuestra intención resolver por el lector todas las cuestiones involucradas en la realización de un programa de radio. Nos proponemos acompañar a quien encara ese proyecto señalando algunas cuestiones a determinar, decidir y definir, y consejos para hacerlo convenientemente, de parte de los autores de esta guía y de destacados profesionales de los medios.

Generalidades

La realización de un programa de radio requiere, en su etapa “fundacional”, la toma de múltiples decisiones; en la medida en que estas sean correctas y armónicas, habrá mayores posibilidades de que el emprendimiento se sostenga en el tiempo. Si el objetivo es realizar un programa que permanezca, aunque solo se trate de una temporada, antes de concretar su primera emisión deben tomarse una serie de decisiones, todas ellas en forma simultánea, para que haya mayores chances de lograr la meta.

Entonces, ¿cómo tomar decisiones que dependen unas de otras y que están interrelacionadas o condicionadas entre sí? Pues bien, ese es el difícil arte de hacer un programa de radio que logre cumplir con las que nosotros consideramos tres metas fundamentales:

 Alcanzar (o superar, claro) un nivel básico de calidad.

 Satisfacer los objetivos del productor (artísticos, económicos, políticos, de difusión de una temática determinada, o todos ellos juntos o combinados).

 La permanencia, el sostenimiento en el tiempo.“Pensá bien qué querés hacer, porque en este tipo de proyectos uno trata de llegar al objetivo lo más rápido posible, y no hay que gastar pólvora en chimangos. Saber lo que se quiere, en definitiva, es ponerse del otro lado del parlante y conocer qué se espera que salga por allí.” (Lalo Mir)

Comenzaremos a repasar algunas de las decisiones que hay que tomar, en orden arbitrario, referidas a la emisora y los elementos que se tienen en cuenta para su elección: el horario de emisión; la frecuencia de emisión; la duración; la estructura básica; la constitución del equipo de trabajo (aunque solo sean dos personas); la determinación de roles y de cómo se cumplen dichos roles; la determinación de qué cosas se pueden hacer y qué cosas no, sobre la base de los recursos humanos, técnicos y económicos con los cuales contamos; la conducción (como tarea crítica); y siguen las firmas…

Pepe Eliaschev, quien tuvo una larga experiencia como productor independiente de sus propios programas, nos dejó los siguientes consejos a quienes proyectan seguir ese camino autónomo:

 Primero, definir su interés: ¿es un producto general o específico?

 Buscar programas alternativos, que ofrezcan algo distinto a lo que ya está en el mercado.

 Constatar la existencia de un mercado para su producto.

 Procurar que se deje de lado la autosatisfacción narcisista.

 Pensar en la sinergia: asociar el programa a las plataformas que ofrece la tecnología.

 Instalarlo, dándole difusión por otros medios.

Nos dijo Magdalena Ruiz Guiñazú: “No creo demasiado en las improvisaciones. Cuando se explora un nuevo medio es importante documentarse sobre él. En este caso, escuchar y escucharse, para ver cómo sonamos en los oídos ajenos”.

Escuchar toda la radio que se pueda, más o menos meticulosamente, es una condición básica para quien aspira a ser protagonista del medio. Lo sugiere Daniel Miguez, de dilatada carrera en medios gráficos y que luego de muchos años incursionó en la radio: “Escuchar profesionalmente la radio con el fin de aprender técnicas y recursos que parezcan utilizables para uno permite también descartar otros”.

Presentación de un proyecto

¿De qué manera nos presentamos en la emisora en la cual pretendemos desarrollar nuestra idea?

En principio, es de mucha importancia el tipo de emisora de la cual se trata, con sus peculiaridades, y el vínculo que pretendemos o podemos establecer con ella. El primer concepto se refiere a que la exigencia en cuanto a la calidad de la presentación del proyecto está relacionada con la dimensión de la radio y el cuidado con el que diseña su programación.

Cuando hablamos de vínculo, nos referimos a si vamos a alquilar el espacio, abonando por el mismo la tarifa determinada por la radio, o si convendremos la realización de lo que se denomina coproducción, cuando cada parte aporta lo suyo (producción por un lado e infraestructura por el otro) y los ingresos obtenidos se comparten, según un acuerdo determinado de antemano.

Una tercera posibilidad es que la emisora compre la idea como propia, incorporando al gestor de la producción como personal de la radio.

Obviamente, en el primero de los casos tendremos que explicar, mostrar y convencer sobre las bondades artísticas o periodísticas menos que en el segundo. Sin embargo, vale aclarar que, cuanto mayor sea la dimensión y el desarrollo de la emisora en cuestión, la calidad del producto y sus posibilidades de integración armónica con la programación de la emisora resultarán más determinantes en la evaluación que la dirección de la radio haga de nuestro producto.

Si estamos dispuestos a pagar por el espacio, seguramente tendremos más posibilidades de ser aceptados que si proponemos una coproducción; pero una radio que se precie de profesional, además del ingreso económico, observará la calidad del producto propuesto y la vinculación con su programación.

Pablo de León, ex coordinador general de La Red, nos cuenta su experiencia desde una radio de primer nivel: “Lo correcto sería que una propuesta tuviera que ver con la radio e ingresara por lo artístico, para luego evaluarse desde lo comercial; aunque está muy claro que, si algo es muy bueno en lo artístico y no tiene ninguna connotación comercial, resultará muy difícil tenerlo en cuenta, a menos que apostemos a futuro; pero es muy raro que ocurra. Si viene algo que desde lo artístico es muy difícil que ingrese, y la propuesta comercial es muy interesante, se plantea una discusión y una instancia superior; suele quedar a decisión de una gerencia general”.

Sin embargo, los autores, coherentes con el espíritu del presente texto, proponemos proceder con seriedad y profesionalismo; esto es que, sean cuales fueran las circunstancias, presentemos la idea de nuestro programa a través de un texto descriptivo y la producción de un demo que nuestro interlocutor pueda escuchar de la manera más sencilla.

No expondremos un formato estandarizado para la presentación escrita; invitamos a los productores a que jueguen con su creatividad, la misma que luego utilizarán en la realización del programa; en cambio, les proponemos que, con su propio estilo, cuiden que la presentación argumente a favor de las bondades de su producto para la programación de la emisora, además de sus virtudes intrínsecas.

La realización de un demo, aunque luego no sea evaluado por la emisora, resulta un rico ejercicio de producción radial. Se supone que es una muestra fiel, de no más de quince minutos de duración, de lo que será nuestro programa en el aire. Si lo hacemos bien, quien lo escuche con oídos entrenados podrá evaluar nuestro producto y considerar si tiene cabida en la grilla de la emisora en cuestión.

El demo puede contener un fragmento completo del programa o distintos segmentos, convenientemente ensamblados para que, sin necesidad de ninguna nota aclaratoria, quede explícita nuestra intención. Podremos subirlo a la red para que pueda ser reproducido en cualquier momento y desde cualquier dispositivo.

De igual modo, tal cual quedó dicho, la recepción dependerá de la emisora y sus responsables, que tienen su particular manera de evaluar proyectos de programas. Por ejemplo, Freddy Ojea, durante muchos años identificado como el “Sr. Continental” y exdirector de Belgrano, dice: “Me cuesta guiarme por los demos porque a veces no son la muestra de lo que después se transforma en programa. Siempre digo que no me traigan un demo, quiero el programa número cuarenta, porque generalmente en el demo la gente pone un gran esfuerzo que después, en la realidad, no se puede sostener. Y la otra cosa que sucede con quienes hacen los programas es que, cuando los van desarrollando, los moldean de tal manera que nunca el primer programa es igual al número cuarenta, y nadie puede hacerlo. Distinto es el caso de los microprogramas, de uno o dos minutos, que son pura edición, y en ese caso tenés que pedir no un demo, sino todos los programas para escucharlos”.

Consultado, Juan Carlos García Bisio, exdirector de Radio Del Plata, puso su acento en el aporte de contenido que un programa puede sumar a la programación. “Vos te das cuenta enseguida, al escuchar, el criterio con el que armaron un demo; no es necesario que tenga una o dos horas, con quince minutos o menos te das cuenta de las capacidades y de si ese contenido puede servir tal cual o, modificado en algunas cosas, se adapta a tu radio. Le das un formato o ponés al locutor institucional o adecuás la música o ves de qué manera se ayuda a armarlo para que no quede tan despegado del continente radio; es decir, que no sea una isla. No me fijo tanto en el ingreso económico, me fijo en el ingreso de un contenido aceptable, que no distorsione la programación”.

En tanto, Pablo Fábregas, productor y guionista de Metro y medio, el programa conducido por Sebastián Wainraich en La Metro, afirma que desarrollar un proyecto en una FM es identificar un objetivo, un público, un estilo de radio, un nicho vacante en el mercado, o una necesidad surgida por olfato. ¿Esos parámetros se pueden aplicar a quien se propone hacer un programa? “Todo el mundo debería plantearse esos parámetros, identificar qué quiere uno o qué quiere otro, para armar alrededor de ese deseo su proyecto de radio; aunque esto no se hace muy seguido”.

La emisora

En ocasiones, la idea de realizar un programa de radio parte de alguna certeza, una idea básica, o un tema particular que nos motiva; otras veces contamos primero con un espacio ofrecido y a partir de allí pensamos en un programa. De acuerdo con el testimonio de productores consultados, por lo general, se parte de la idea de un programa, nuevo o que se haya hecho en otra emisora, pero del cual hay un borrador, y a partir de allí se desarrolla el proyecto, muchas veces sin tener respuesta a todos aquellos interrogantes que planteábamos en un principio.

“A veces no tenés más remedio que hacer otra cosa, pero a mí me gusta caer en una radio que tenga cierta coherencia, a la que yo pueda incorporar un producto relacionado con ese estilo, ese perfil de programación. Es algo a lo que le doy mucha importancia.” (Marcelo Manuele, productor)

Cuando llegamos al punto de la emisora en la cual emitiremos nuestro programa, tendremos que pensar en diversos aspectos. Uno de ellos es el económico, de acuerdo con nuestros recursos y los que nos sentimos capaces de generar, para afrontar el costo del espacio; otro ítem a considerar tiene que ver con las características de la emisora: cuál es aquella en la que suponemos, aparentemente, luego de haberla escuchado, que nos sentiremos más cómodos, por la temática de nuestro emprendimiento, por coincidencia en la orientación ideológica, por el perfil de los oyentes de la radio. Si lo podemos definir, ya que muchas emisoras son muy heterogéneas; en ocasiones, estas consideraciones no tendrán que ver con esa emisora en general, sino con las características propias del día y con el segmento horario en el cual planeamos emitir nuestro programa, analizado el programa que precede y el que continúa, respecto al espacio que nos interesa, ya que, muchas veces, en emisoras de programaciones heterogéneas sí aparecen segmentos homogéneos. Consideramos de fundamental importancia el programa que nos antecederá; ese ciclo nos dejará una audiencia (sea cual sea su número) valiosísima. Será nuestra tarea atraparla para que continúe escuchando. Escuchándonos. Y la posible coincidencia de perfil de sus oyentes podrá facilitarnos esa tarea.

Pablo Caruso, ex responsable de programación de Radio Cooperativa AM 770, recuerda como habitual que “el productor viniese con una idea de programa, pero muy pocas veces traía una idea de programa para esta radio. Y tenía que adecuarla a nosotros”.

Otro aspecto a considerar son las posibilidades técnicas vinculadas con los requerimientos de nuestro programa. Qué nos brinda la emisora, por ejemplo, en materia de locutores para el armado de la artística y para las publicidades que vendamos, estudio de grabación, líneas telefónicas, acceso a Internet y redes sociales, móviles, servicio informativo cada hora o media hora, enviados especiales, corresponsales, diarios, revistas, archivo y otros.

La cercanía a nuestro lugar de trabajo o a nuestro domicilio, en la medida en que nuestros horarios sean habitualmente muy ajustados, puede ser importante.

Cabe agregar que debemos tomar en cuenta el prestigio de la emisora, el conocimiento e imagen que los oyentes que buscamos tienen de ella, y la ubicación en el dial. No es igual, por ejemplo, una AM cercana a las líderes que otra ubicada en uno de los extremos. Si hacemos un programa periodístico, o de cualquier tipo, que incluya habitualmente invitados, la dirección de la emisora (la facilidad o dificultad para llegar hasta sus estudios), su apariencia (¿qué imagen brinda?) y si cuenta con un espacio apto para recibir a los invitados son factores a considerar.

Un aspecto que en general preocupa a los productores es el alcance de la emisora: dónde y con qué claridad y calidad se escucha, su real área de cobertura. Especialmente cuando se trate de emisoras de baja potencia, los datos aportados por sus responsables deben ser constatados (este es un tema habitualmente controversial). Haciendo un análisis más fino, será bueno conocer, no solamente su alcance físico, sino en qué localidades o barrios se cuenta la mayor cantidad de oyentes. Entonces, el productor deberá hacerse un mapa que describa dónde realmente se escucha esta emisora, dónde se la puede sintonizar con total claridad, y además las zonas de las cuales proviene la mayor parte de los oyentes; esto es, un mapa real que le va a permitir tomar decisiones de producción basadas en tal conocimiento.

En el caso particular de las radios con un claro perfil local, es importante considerar que, aunque su alcance técnico sea más amplio que la localidad a la cual sirven, probablemente, fuera de esta, los oyentes sean escasos.

Los requerimientos técnicos específicos para la puesta en el aire son diversos (cuanto menor sea la dimensión de la emisora, más debemos indagar sobre estas cuestiones):

 La disponibilidad de líneas de teléfono, para llamadas de oyentes o producción, entrevistas realizadas en vivo durante el programa o producción general, todo lo que tiene que ver con la producción periodística durante el programa. Calidad de estas líneas, posibilidad de uso simultáneo, etcétera.

 La disponibilidad del servicio de Internet.

 El estudio, su tamaño en relación con las necesidades de nuestro equipo y de otros (por ejemplo, si planeamos llevar grupos de música para que interpreten sus canciones durante la emisión del programa).

 Características y calidad de los micrófonos.

AM/FM

En línea con la definición de estilos, surge la pregunta: para el programa proyectado, si se tratase de una emisora “de aire”, ¿es mejor una AM o una FM? A su vez, nos conduce a estos interrogantes: ¿qué definen estas siglas?, ¿cuáles son sus características y diferencias?

Comencemos por la cuestión técnica. Sin entrar en detalles que no incumben al presente trabajo, por regla general una emisora de AM nos brindará un alcance de cobertura mayor que una de FM, y una calidad de sonido inferior a esta. Habitualmente, además, en una emisora de AM nos encontraremos con una programación con preeminencia de lo oral por sobre la música y lo contrario ocurrirá en una emisora de frecuencia modulada. Pero ya en este concepto la regla se encuentra en discusión desde hace algunos años y las fronteras se han vuelto débiles y cambiantes. Especialmente en lo que se refiere a las FM, tanto alternativas como líderes, ya que muchas de ellas presentan horarios, o por lo menos franjas horarias, con ciclos periodísticos o de entretenimiento en los que la música tiene un rol meramente secundario.

“Yo crecí escuchando AM, con sus ruidos, sonidos e interferencias. A mí el sonido de la FM me vuelve loco y no lo aguanto, prefiero lo chiquito, lo finito, como decimos nosotros, que está como acotado por todo lo natural de la AM.” (Mariano Closs)

La evaluación, entonces, tendrá que ir más allá de la diferenciación AM/FM, porque habrá de considerar las características particulares de cada radio. Sin embargo, resulta razonable pensar que, en términos generales, preferiremos una FM cuando:

 Proyectamos un programa con fuerte presencia musical (incluyendo la vestimenta o artística).

 Nuestro objetivo se centra fundamentalmente en una localidad determinada.

Y una AM será seguramente mejor para nuestro proyecto cuando:

 La propuesta es esencialmente periodística.

 Aspiramos a una cobertura geográfica lo más amplia posible.

Niveles o dimensiones

Existen actualmente en el mercado radial distintos tipos de emisoras, respecto a su condición legal y dimensiones o recursos. Al productor independiente, el debate sobre la legalidad de una radio que funciona con permiso provisorio o bajo una medida de amparo no le compete, solo le interesan los servicios que le brinda y, llegado el caso, tener la tranquilidad de que la emisora se encuentre en una situación estable, sin riesgos de interrumpir sus transmisiones. El estado técnico y edilicio general (por lo menos lo que se puede apreciar a simple vista) también nos dará pistas sobre la estabilidad de la emisora.

Días y horarios

Si bien ya nos referimos a este tema, que consideramos crucial, detallamos algunos aspectos. El primero se refiere a nuestras posibilidades horarias. Aunque parezca obvio, se recomienda ser realista, para tener la mayor seguridad de que podemos cumplir con el día y el horario elegidos, sin llegar sobre la hora del programa.

Luego, ya hilando más fino, tenemos que ser conscientes de las características de nuestro programa, a qué público nos dirigimos (no debemos olvidar nunca a nuestro público, quienes pretendemos que nos escuchen), qué programas nos anteceden y cuáles continuarán luego del nuestro. De nada vale que consideremos el horario y el día correcto para nuestro programa si vamos a aparecer a continuación de otro completamente distinto, en cuanto a sus oyentes potenciales; en ese caso, nadaríamos contra la corriente, sumando una dificultad a nuestro proyecto. Entonces, tendremos que evaluar otras opciones de día y horario. Sobre el programa que nos antecede, analicemos dos aspectos: el nivel de semejanza de su público con el nuestro y el nivel de audiencia. La suma de ambos parámetros nos dará por resultado un imaginario coeficiente. No dejemos de considerarlo cuando tomemos una decisión.

Una aclaración referida a la duración. Consideraremos como programa de radio a aquellos ciclos que tienen como mínimo la duración de una hora semanal. Todo producto de menor duración y frecuencia, aunque válido para integrar una programación, estará incluido en otra categoría, como el caso de los microprogramas.

Quienes nunca hicieron un programa de radio deben saber que la producción de un ciclo de una hora semanal, aunque dependiendo de las características del programa, requiere de un tiempo respetable de organización y producción. Un programa de dos horas semanales suele ser mucho más dificultoso, más que el doble que sugiere el simple cálculo matemático. La persona que se anima por primera vez a producir no debe subestimar el esfuerzo que implica la producción de cada hora que requiere un programa de radio, en la medida en que aspire a cumplir con las tres características que hemos expuesto: calidad, satisfacción de los objetivos de la producción y sostenimiento en el tiempo.

Un universo distinto, una dimensión diferente toman las llamadas tiras, programas que se emiten todos los días de la semana o de lunes a viernes, porque requieren de la decisión de contar con una capacidad de producción mucho más importante.

A quienes no hicieron nunca un programa de radio, recomendamos comenzar con proyectos menores, para luego ampliar su extensión.

La duración del programa se vincula también con el aspecto económico, con los mecanismos de obtención de recursos. Es obvio que, cuantas menos horas de programa sean, el costo mensual resultará menor, en cuanto a la emisora; sin embargo, si el programa cuenta solo con el recurso de la venta de publicidad, hay que considerar que no es muy sencillo obtener publicidad auténtica (es decir, no la obtenida por amistad, que suele durar poco tiempo) para un ciclo de frecuencia breve, de una o dos horas semanales. Teniendo en cuenta que los resultados de la publicidad se cimientan en los conceptos de permanencia y de reiteración de su mensaje, resulta más factible obtener publicidad para tiras o para programas de fin de semana que tengan una duración relativamente extensa.

Los mensajes que se emiten una sola vez por semana, salvo ciertos casos especiales, no resultan tan atractivos para un potencial anunciante. Se produce entonces una tensión entre la duración del programa, el costo y la posibilidad de obtener publicidad que el productor deberá finalmente resolver.

“El programa anterior te deja el micrófono ‘frío’ o ‘caliente’.” (Silvio Huberman)

Jorge Lanata compara el horario matutino con el vespertino: “La tarde es muy distinta, permite un relax que no permite la mañana; puedo pasar música, leer un cuento, hacer una nota de una hora con un personaje interesante”.

De todas maneras, mucho tendrán que ver las características particulares de nuestro emprendimiento. Fíjense en lo que nos dice Bobby Flores: “El sábado por la noche es el mejor horario para experimentar, donde yo logré el respeto de la gente. Lamento que sea un horario considerado marginal”.

Pablo de León, ex coordinador general de Radio La Red, señala: “A alguien sin experiencia y que quiere hacer algo en radio, le recomendaría empezar por un sábado o un domingo a la mañana, horarios donde hay otros tiempos, otras urgencias. Si es una radio que no tiene tintes deportivos, un domingo a última hora es también un buen horario”.

Le preguntamos a Julio Lagos, quien hizo historia conduciendo el programa Despierto y por la calle, de 4 a 6 de la mañana, en Del Plata. ¿Cualquier horario es bueno? “Sí, no hay mal horario. La madrugada, por ejemplo, es un mundo propio…”.

¿La madrugada? “Para mí es importantísima —retoma De León—, tiene códigos y tiempos particulares, otra participación de los oyentes, otras necesidades. Además, debe ser viva, porque el oyente tiene otro nivel de compromiso, y no me refiero a la llamada pidiendo un tema musical”.

Oyentes

¿Quiénes podrían interesarse por nuestro programa? ¿Por qué lo harían? Este es un tema directamente vinculado con el de la emisora elegida, porque, más allá del valor propio que le adjudiquemos a nuestro trabajo, si la radio tiene su audiencia y nosotros brindamos un producto que esas personas acepten, que sea de su agrado, existe la posibilidad de que un porcentaje de estas permanezcan en la frecuencia, y ello constituye una ventaja que no debemos desaprovechar.

Reiteramos que la noción de oyentes fieles a una emisora, si bien en ocasiones se aplica en particular a determinadas franjas horarias, para el concepto general de audiencia que nos interesa aquí, se aplica de la misma manera.

A riesgo de pecar de reiterativos —en todo caso, este, un pecado menor—, nuevamente recomendamos fundarse en criterios realistas cuando evaluamos quiénes y por qué motivo van a interesarse en nuestro programa. Generalmente estamos convencidos de que alguien nos escuchará, porque pensamos que hay personas con intereses o puntos de vista similares a los nuestros. Lamentamos informarles que no basta con eso. Y tenemos que trabajar con seriedad (no confundirla con solemnidad) y algunas pizcas de talento e imaginación para lograrlo.

Como en toda cuestión, existen excepciones: los profesionales de trayectoria que adquirieron sus propios seguidores, más allá de la emisora en la cual hagan sus programas. Sin embargo, seguramente ellos potenciarán sus posibilidades de sumar oyentes integrados a una programación que coincida básicamente con su propuesta.

“Supongo que la gente nos incorpora en su vida cotidiana como si fuéramos el despertador. Por otra parte, la confianza que brinda una audiencia sostenida seguramente tiene sus fundamentos en la línea de conducta y de pensamiento de cada conductor. Creo que una vida transparente e ideas firmes le transmiten serenidad y credibilidad al que escucha, aunque no esté de acuerdo con vos.” (Magdalena Ruiz Guiñazú)

En el encuentro que sostuvimos con motivo de su participación en el presente trabajo, Julio Lagos manifestó un concepto interesante: “Mi objetivo, como artesano de la radio, es tener cada vez más oyentes; otros querrán montar una concepción ideológica, hacer una revolución cultural o que todo el mundo coma avena. Pero mi concepto es que la radio constituye un entretenimiento cultural, la primera y muchas veces la única posibilidad de superación de miles y miles de personas. Por ello, debo estar cada vez más capacitado y, en lugar de ser más ramplón, estar más informado, más instruido para llegar a más gente, para darle al oyente una alternativa que, de otro modo, quizá, no tenga”.

Conocer y definir de alguna manera a los potenciales oyentes de nuestro programa resulta atractivo. ¿Un ejemplo? Nos lo brinda Daisy May Queen, refiriéndose al público de 12 a 18 años: “Buscan una radio donde puedan escuchar sus canciones, con las cuales se sienten identificados, que hablan de su mundo, de las cosas que les pasan, y de los problemas que enfrenta cualquier adolescente”. Y se plantea cómo satisfacer a ese universo: “No cualquiera lo puede hacer. Necesitás una mente un tanto más fresca que la de otra persona, menos inhibiciones y prejuicios. Los chicos de hoy tienen menos prejuicios que los de hace diez o quince años, no catalogan las cosas, aceptan lo que les gusta y eso forma parte de su mundo. Ya no dejan que les vendan una división del mundo que no existe; ellos hacen su propia división, lo cual me parece muchísimo más sano”.

El correcto conocimiento de nuestros oyentes se vincula también con las posibilidades de comercialización de publicidad.

A continuación, reproducimos un esquema sobre necesidades, intereses y motivaciones del oyente de radio:

¿Qué busca el oyente en la radio?(3)

Los móviles últimos de la audiencia radican en la búsqueda de algunos o algunas de estas necesidades o intereses:

 Compañía (sentimiento de relación interpersonal).

 Información (las noticias ayudan a dibujar en cada momento los cambiantes contornos del entorno social).

 Orientación (para el mejor desarrollo de las actividades cotidianas).

 Alerta (ante situaciones imprevistas del hábitat).

 Educación, formación o enriquecimiento cultural (conocimiento de otras ideas u otros mundos).

 Afianzamiento personal (autoafirmación, refuerzo de nuestros puntos de vista).

 Entretenimiento o diversión.

 Disfrute estético de la música y la palabra.

 Expresión de la opinión personal en programas de participación.

¿Por qué se elige un determinado programa?

 Por su contenido (es interesante, aprendo cosas, habla de asuntos que me atañen).

 Por su tratamiento (ameno, ágil, profundo, desenfadado).

 Por identificación con los conductores/locutores (son simpáticos, convincentes, se expresan muy bien, me gusta su voz).

Roles y vinculaciones
Staff

La productora comercial Mariela De Marco dice que la relación entre los miembros del equipo se nota al aire: “Tiene que haber muy buena química entre los miembros del equipo, quienes están al aire y quienes integran la producción; el buen o mal clima se transmite y el oyente lo siente”.

¿Quiénes conforman estos equipos? En el presente capítulo desarrollamos algunos conceptos referidos a los oficios que habitualmente aportan lo suyo en la realización de un programa de radio y, fundamentalmente, a la relación que se establece entre los mismos.

“Yo armo el equipo a partir del profesionalismo, pero, al mismo tiempo, con buena gente, porque esto es como tu casa.” (Mariano Closs)

El generador del emprendimiento radial tendrá que observar esta cuestión con especial cuidado. Lo decimos nosotros y lo reafirma una de las figuras que brilla con luz propia en la radio de los últimos años, Sebastián Wainraich: “Es difícil que un programa vaya para adelante si la gente que lo hace no puede juntarse para comer un asado”.

Jorge Lanata, por su parte, nos comenta: “En general, no trabajo con gente que dice a todo que sí, necesito respetar profesionalmente a quien labura conmigo; entonces, todo puede cambiar en el programa”.

El experimentado productor Daniel el Tano Gentili subraya la importancia de contar en un programa periodístico con un buen equipo: “Si aparecen los protagonistas de la noticia con una entrevista, mejor, pero sabemos que en un país como la Argentina esto no siempre es posible, hay notas que se preproducen y no siempre se cumplen. Entonces, lo básico es la estructura propia y el complemento serían las entrevistas, más allá de que hacerlo ameno, entretenido y ágil es la sal que le ponen el conductor y el grupo de producción”.

Algunos profesionales destacaron la importancia de los encuentros que realizan con sus equipos inmediatamente después de finalizar cada programa.

Entre ellos, la gran Nora Perlé: “Calientes por errores y aciertos, nos reunimos y evaluamos el trabajo. Lo ponemos del derecho y del revés, nos retamos mutuamente y empezamos a planificar el programa siguiente”.

“Una tira de tres horas diarias, por ejemplo —cuenta Miguel Ángel Verdún, redactor y locutor del premiado servicio informativo de Radio Mitre—, necesita una reunión de preproducción como mínimo de una hora, y de posproducción, lo que dure, para hacer la crítica del programa y comenzar a cocinar los temas del día siguiente”.

Otro de los elementos aportados por nuestros entrevistados es el de la conveniencia de conformar equipos con gente perteneciente a distintas generaciones. Nuevamente habla Nora Perlé: “Los chicos dan la vuelta de tuerca que la gente de más edad necesita. A los conductores, por ejemplo, nos avisan cuando se necesita un temita arriba. Sería un error que la gente grande trabaje con otros de su edad”. Lo confirma Gentili: “Es bueno que haya gente de diferentes generaciones para que existan distintas opiniones. El traspaso de conocimiento genera mística, y ese equilibrio te permite, además, estar en contacto con todos los temas”.

Operadores técnicos

Comenzamos por el miembro del equipo a quien podemos llamar externo, ya que no depende directamente de nosotros como productores: el operador técnico.

“La participación del operador es decisiva. Es el artista, el imaginero, el que me entiende, el que sabe cuáles son mis códigos, mis tiempos, cómo me gustan las cortinas. Mi operador, Hernán Avella, me toma la delantera en la iniciativa para buscar que al aire el programa tenga permanentemente sonidos que atrapen la atención: las cortinas de presentación de cada tema, los efectos, la cortina general del programa, que va según el dramatismo buscado. Nuestro segundo operador es excelente; si yo tuviera un segundo operador que viniera y me preguntase cómo se hacen las cosas, me moriría.” (Víctor Hugo Morales)

La operación técnica es esencial en cualquier programa. Cuanto más complejo sea este, cuanta mayor cantidad de elementos contenga, cuanto más variado sea, cuantas más personas intervengan, más dependeremos de la idoneidad y el compromiso del o de los operadores para la realización del programa.

Hablamos de idoneidad profesional y de compromiso con el programa, conceptos que habrá que verificar fundamentalmente en las radios más modestas. En las emisoras, de cualquier dimensión, con programaciones heterogéneas, un operador ve pasar diariamente gran cantidad de programas, algunos de ellos realizados por gente ajena al ámbito radial, algunos que no logran (ni se proponen) estándares básicos de calidad (este concepto no pretende calificarlos como personas, sino por su perfomance en este métier).

Si queremos contar con su colaboración profesional, más allá del cumplimiento básico de su labor, tenemos que proponérselo, como decíamos, para comprometerlo con el programa.

¿Cómo lo haremos? Presentándonos, contándole con suficiente antelación acerca de nuestro ciclo, no mientras se encuentra efectuando su tarea, sino fuera de su turno, si es posible, tomando un café y con toda la pasión que habitualmente tenemos como productores, detallando de qué se trata nuestro proyecto, cómo planeamos hacerlo y cuánta importancia le damos a su labor.

De esta manera, es posible que se interese y comprenda mejor lo que queremos. “Yo lo mimo permanentemente. Si te llevás mal con el operador, perdiste. Lo cuido para que ponga voluntad, porque, si no es así, me voy a la banquina”, dice desde su dilatada y prestigiosa carrera Anselmo Marini.

“El operador es la mano derecha de lo que soñás en el aire. Si conductor y operador van a diferentes velocidades, el programa se complica.” (Fernando Bravo)

El operador, además, nos dirá seguramente la verdad sobre las disponibilidades técnicas de la emisora, sobre todo en el caso de las de baja potencia, tema sobre el cual el director o el propietario de la emisora, al momento de vendernos el espacio, quizá no sea totalmente sincero, precisamente porque nos está hablando de su producto (que muchas veces es una parte trascendental de su vida). El operador técnico nos puede ubicar en la realidad sobre esta y otras cuestiones.

Nos consta que sabe de qué habla el productor Marcelo Manuele: “Hay algo que, en general, no se hace: la participación del operador en las reuniones de producción y armado del programa. Ya desde las primeras reuniones, debería incorporarse indefectiblemente. El tipo puede aportar ideas desde lo artístico. No pasa por seducirlo con plata, aunque, si se lo hace, mejor. Me parece que la seducción debería venir por integrarlo al proyecto. A mí me da mucha satisfacción lograr que el operador se enganche y escuche el programa”.

Es importante que el operador conozca correctamente nuestro nombre y el de cada miembro del equipo y nuestros respectivos roles. En cada programa deberemos proveerle una hoja de ruta que contenga la estructura básica de cada emisión, que le indique con claridad lo que ocurrirá y su participación específica. (Ver apartado “Guion: hoja de ruta”.)

“Hay que ser amigo del operador…, conocer de su vida y que él conozca la tuya.” (Juan Alberto Badía)

Los gestos de las manos son el medio de comunicación habitual entre el conductor y el operador técnico, tanto cuando nos encontramos en el aire como en las tandas, aunque en este último caso disponemos de un mecanismo de comunicación interna, el previo; por lo cual será importante confirmar cuáles son esos gestos, si conocemos los comúnmente utilizados y, obviamente, si los desconocemos. A través de este medio se comunican habitualmente los siguientes mensajes:

 Del estudio al control: abrir el micrófono, cerrarlo, ir a tanda, incluir, subir o bajar cortina.

 Del control al estudio: viene tanda, se estableció una comunicación telefónica, separador, último momento, informativo, se cortó la comunicación, tema musical, audio, redondear.

El operador debe saber cómo será el funcionamiento y el movimiento de personas durante el programa, quiénes pueden entrar en el control para acercarles material o darles alguna indicación; la idea es incorporarlo, incluirlo como un miembro más del equipo, aunque sea personal de la emisora.

Es necesario saber si, por cualquier circunstancia, el operador habitual será reemplazado, para poner al tanto al suplente de todo lo que debe saber para el normal desarrollo del programa.

Conducción

Al planificar los roles a cumplir por cada uno de los miembros del equipo, debemos tener en cuenta que el rol crucial es el del conductor, que cumple la función de guía del equipo y de los oyentes, de supervisión de la marcha del programa. Habitualmente, quien genera la idea del programa, a su vez, lo conduce; es el alma, el corazón del proyecto.

“En el fondo, es injusto con el equipo, pero la impronta del conductor en los medios electrónicos es básica. Yo me formé creyendo todo lo contrario y, es más, querría que fuera de otra manera, pero no lo es.” (Jorge Lanata)

Pensando en el desarrollo del programa, esta persona, que habitualmente cumple los roles de productor y conductor, podrá saber entonces con qué personas debe contar y qué roles cumplirán. Muchas veces el equipo ya está planteado en la gestación misma de la idea, porque de ese grupo de personas surge la idea del programa. En ese caso tenemos que determinar qué función quiere y/o puede desarrollar, qué puede aportar, con qué conocimientos y habilidades cuenta cada uno.

Habitualmente, existe un conductor, o a lo sumo dos, y esto no es casual. Hablaremos en singular y luego haremos algunas aclaraciones para cuando haya más de uno (y pedimos disculpas por la múltiple redundancia en que incurriremos en este apartado con el término conducción y derivados).

Reafirmamos lo crucial de la conducción y, por ello mismo, es coherente que el creador, quien genera la idea, conduzca también, ya que tiene en su cabeza claramente los objetivos del proyecto y, habitualmente, además se banca las dificultades que surgen (no todo será un camino de rosas) y el sostenimiento económico del programa; entonces, es mayor su compromiso.

La tarea de conducción es esencial, básica, la piedra fundamental del programa, y requiere, para hacerla bien, más que compromiso y clara idea del objetivo, de técnicas, conocimientos, talento, diferentes aptitudes y actitudes.

El conductor debe tener muy en claro el desarrollo del programa; es decir, además de guía para los oyentes, lo será para el equipo de producción, sin importar cuántos sean sus miembros. Al menos habrá dos: conductor y operador técnico; habrá un tercero que atiende el teléfono y un cuarto que hará producción; habrá columnistas, comentaristas fijos o rotativos, entrevistados, oyentes que llaman y participan de alguna manera; habrá un movilero… Todos guiados por el conductor del programa. Por eso decimos que es importante que este sea muy consciente de que conduce a los oyentes y, simultáneamente, a su equipo.

En cada momento, el conductor debe palpar el desarrollo del programa, hacia dónde va; es decir:

 si logra los objetivos planteados;

 si tiene el ritmo deseado;

 si cumple las pautas de tiempo;

 si sigue la estructura determinada.

Durante la realización del programa, debe decidir cuándo seguir estrictamente lo planificado y cuándo recurrir a la improvisación o a los cambios que considere necesarios. El conductor tiene que ser muy claro en la comunicación que establece con los oyentes al aire y con su equipo en el piso.

El conductor parte su cabeza en dos: con una parte estará haciendo el programa y con otra deberá saber todo lo que ocurre, en el aire y fuera de él. Parece difícil, y lo es.

En referencia a la posibilidad de distensión de los miembros del equipo durante las tandas, la recordada Betty Elizalde nos contó que trabajaba a micrófono abierto. “Yo me pongo los auriculares cuando empieza el programa y me los saco cuando termina, para que nadie joda. Entonces, a mí no me vienen a hablar de fútbol, ni de lo que les pasó en la casa. Es un estilo de trabajo”.

Quienes conducen y no son locutores profesionales (o no tienen la suficiente experiencia en la tarea) tienen que reflexionar con sinceridad acerca de su capacidad en dos cuestiones fundamentales: el manejo de su voz y, por supuesto, el correcto manejo del idioma, que van de la mano pero están claramente diferenciados, ya que podemos dominar una técnica y no la otra. Tenemos que trabajarlas conscientemente como elementos, como herramientas distintas, diferentes, que se complementan, se apoyan, van juntas y finalmente generan un producto único.

A quienes no son locutores profesionales o no se han capacitado al respecto, les recomendamos que realicen algún taller en técnicas de la voz; en la medida de lo posible, con locutores; es decir, la técnica de la voz como herramienta radiofónica; pero, aunque así no fuera, es decir que la capacitación no fuera específicamente con gente de radio, seguramente será muy útil para que aprendan o mejoren, en todo caso, en lo que respecta a la respiración y el manejo de su voz.

Respecto a los recursos expresivos, un tema más complejo, no se resuelven con un simple taller y requieren de una preparación más extensa; sin embargo, hay algunos trucos, herramientas y mecanismos que podemos utilizar para apoyarnos, en la medida en que lo necesitemos.

Una de estas posibilidades es escribir previamente ciertas partes del programa, comentarios, aperturas; es decir, frases para abrir o cerrar los bloques o el programa mismo, ya que estas cuestiones parecen sencillas, pero al momento de hacerlo no siempre podemos escapar de las palabras obvias o reiterativas.

Quizá podamos ser más originales. Muchas veces sabemos qué queremos decir, pero debemos tener en cuenta a un enemigo oculto en el estudio de cada emisora de radio: la presión que ejerce la señal que nos indica que estamos en el aire (por algo, tradicionalmente es una luz roja).

El aire ejerce una presión que no tiene que ver con las leyes de la física, sino con las leyes de la psicología en todo caso, que nos ponen en una situación de tensión que, en muchos casos, especialmente cuando no hay mucha práctica radial, nos dificulta, nos distrae, nos influye negativamente. En algunos animales de radio, Lalo Mir dixit, se produce el efecto contrario, y esa presión agrega lucidez, inventiva, adrenalina positiva. Pero quienes no tienen mucha experiencia en radio, o ninguna, van a descubrir que esto significa un condicionante que muchas veces nos impide expresar con claridad lo que minutos antes podíamos decir perfectamente.

Entonces, escribir para luego leer nuestro apunte textualmente, o incluso improvisar sobre ese texto, será de gran utilidad. Aun si no lo utilizamos, la presencia del machete nos aportará tranquilidad.

De la misma manera, si vamos a hacer una entrevista a un invitado en el piso o a través de la línea telefónica, tener una guía de preguntas siempre es útil y (esto lo saben bien los periodistas) tener data, declaraciones anteriores del invitado, antecedentes. Todo eso nos servirá para enriquecer el reportaje. Pero, ¡atención!, no hay que atarse a un cuestionario. Escuchar atentamente las respuestas del entrevistado nos puede sugerir nuevas y valiosas preguntas.

Una cuestión sencilla, pero a la que hay prestar debida atención, es la distancia óptima que debemos mantener ante el micrófono. Esto se hablará con el operador técnico y dependerá del tipo y calidad de micrófonos que posea la emisora. El uso de auriculares facilita el chequeo permanente de los niveles de audio de lo que sale al aire.

Abrir el programa, abrir o cerrar los bloques parecen temas menores, pero hacen a la calidad final del producto. Correctas aperturas y cierres de bloques aportan al sostenimiento de un ritmo determinado. Una prolija salida del bloque, no repetir siempre las mismas fórmulas, brinda al oyente una imagen de profesionalismo.

Pensemos cómo manejaremos cada una de las cuestiones. Por ejemplo, decidimos si anunciaremos la tanda; a veces suena redundante y no sirve; quizá prefiramos la sorpresa que resulta de pegar un comentario nuestro a la tanda. Al respecto, lo ideal es conocer el contenido de las tandas, cómo comienzan —con un aviso o con una sigla de la emisora, entre otras posibilidades—; son detalles, pero nos servirán para manejar con mayor sutileza la continuidad del programa. Si al cerrar un bloque mencionamos la emisora y la tanda que sigue inmediatamente comienza con una sigla, se producirá una redundancia innecesaria.

Tenemos que conocer la extensión de las tandas para saber con qué tiempo contamos para hacer lo que necesitamos o, a veces, simplemente para relajarnos, respirar profundamente y prepararnos para el próximo bloque. Además, para que el equipo y nosotros como conductores estemos perfectamente preparados para la vuelta al aire. Como se notará, estamos entrando en el manejo de los ritmos y de la estructura del programa, que el conductor debe manejar conscientemente. No se debe permitir que las cosas ocurran por decisión del operador, porque este tiene como obligación poner algo en el aire (¡ah, cómo duelen los silencios involuntarios!) y no podemos dejar que él, o ella, decida cómo sigue el programa, y esto no significa minimizar los aportes creativos que pueden hacer los operadores.

Reiteramos que el conductor debe conocer la duración de cada una de las tandas que hay en el programa, y además decide cómo abre cada nuevo bloque de programa. Si este se emite en una emisora de cierta envergadura, el pautado publicitario es más estricto, más rígido, y entonces nos tenemos que adaptar porque no podemos modificar la estructura de la tanda. En cambio, cuanto menor sea la dimensión de la emisora, tendremos mayores posibilidades de influencia.

La idea es que observemos las tandas, la duración, la composición y en qué medida podemos influir sobre ellas en nuestro beneficio.

Puede darse el caso de que el pautado indique una tanda cada media hora, y quizá para nuestro programa no nos sirva esta frecuencia y prefiramos que, cada quince minutos, haya una tanda más breve, y jugar con esta nos sea útil porque necesitamos salir del estudio para hablar con los productores o recibir las llamadas de los oyentes o darle alguna indicación al operador.

Podría ocurrir que, habiendo estado previstas tandas cada quince, veinte minutos, o cuando el operador las pueda mandar, quizá nosotros, como invitamos a alguien importante al piso o a un grupo musical a tocar en vivo, preferimos extender el bloque para contar con media hora sin interrupciones y luego una tanda más extensa.

Si las tandas son extensas, atentan contra la continuidad del programa o contra el interés que podrán despertar los últimos avisos que la integran. Un truco es pedirle al operador que, en el medio de la tanda, haga una pausa y entonces el conductor dice algo muy breve, por ejemplo: “Estamos haciendo tal programa, ya volvemos, recuerden que pueden llamarnos al teléfono…”. Y luego continúa la tanda. Seguramente, a quienes tengan práctica se les ocurrirán otras variantes creativas. Por supuesto, no debemos olvidar nunca que los anunciantes que integran la tanda posibilitan la existencia del programa, y que la tensión entre lo artístico (el contenido) y lo comercial (la tanda, los auspicios) debe resolverse sin vencedores ni vencidos, sino con equilibrio entre ambas partes, imprescindibles para la vida del proyecto.

Aunque la comunicación habitual entre el conductor y el operador técnico se realiza a través de gestos —el operador técnico Pablo Favieri propone gestos “cortos y claros”—, en la medida en que la modalidad y el tono del programa lo permitan o, incluso, si fuese parte de su perfil, también se puede jugar con indicaciones al operador que los oyentes escuchen.

Si esta modalidad trasciende la mera indicación (ejemplo: “Fulano, vamos a la tanda”), los autores recomendamos que estos juegos, y otros que se realicen con los miembros del equipo, sean entendibles para los oyentes, quienes quedan afuera del mero humor interno.

En radio, es fácil caer en la tentación de dirigirse a la gente que se ve en el estudio, el control o la producción, y no a los intangibles oyentes.

Cuando el estilo del programa se proponga exponer la comunicación interna, para que el oyente comparta ese espectáculo, lo mejor es hacerlo de manera consciente, premeditada, que convierta al operador, con nombre y apellido, en otro personaje del programa.

Lo anterior nos recuerda la conciencia que obviamente debe tener el conductor de los oyentes como destinatarios de su mensaje, no siendo ese el lugar del operador técnico, de alguna persona que se encuentre en el control cebando mate, ni de otros miembros del equipo que lo acompañen en el estudio.

Dijimos que el conductor debe saber todo lo que pasa en el programa; luego sabrá qué hacer con tal información, qué decisiones tomará. Veamos alternativas respecto a la música, en relación con esta responsabilidad:

Si el programa, por ejemplo, es periodístico e incluye música, cortinas o fragmentos de canciones, el conductor debe ser quien las elija, a menos que confíe en la capacidad del operador para que haga las veces de musicalizador por su conocimiento específico del programa.

Si el equipo cuenta con un musicalizador, alguien que selecciona la música de cortinas y/o canciones u obras musicales a emitir, este será supervisado por el conductor.

Si el operador no cumple con este rol, ni hay otra persona exclusivamente para esta tarea, el conductor se hace cargo, a conciencia de que la música resulte acorde con el tono y el ritmo que pretende generar.

El conductor, en todos los casos, estará atento a cómo se ensamblan cada uno de los momentos y sonidos que conforman el programa. Para ello, será fundamental la pericia y creatividad del operador, factor que determinará cuánto deberá preocuparse el conductor por esta cuestión.

Por supuesto que resultaría útil grabar el programa, para escucharlo con posterioridad, pero este es un ejercicio que no suele hacerse en forma permanente, sino solo en las primeras emisiones. Por otra parte, la instancia de ese análisis posterior y puntilloso no es equivalente al momento en que un oyente promedio percibe la radio, que suele escucharse mientras se realizan otras actividades, y entonces la atención puesta sobre la misma es relativa, nunca tan concienzuda como la de quien lo hace con la específica intención de analizar su propio trabajo. De todas maneras, el ejercicio será interesante y útil, si se lo realiza con el objetivo de descubrir los errores o debilidades, para corregirlos y mejorar el producto final.

Para los oyentes, debe quedar claro el nombre y apellido del conductor, como una marca que se va imponiendo, cuando no se trata de una persona ya reconocida, porque se inició recientemente, trae una trayectoria en otras radios zonales o locales, en otros horarios, o es un periodista proveniente de medios gráficos.

También será tarea del conductor el reconocimiento claro y puntual de los componentes del equipo, con su identidad completa. (Nada de “Jorge nos va a hablar de…”, porque existen millones de Jorges.) Cada uno será presentado con su nombre y apellido, para que el oyente vaya identificando ese nombre con esa voz y con lo que dice, con la temática particular de la cual se ocupa, con su personalidad.

Cuando hay más de una persona al micrófono, también es tarea del conductor la de velar por la claridad de aire, que no se superpongan voces que vuelvan confuso el entendimiento, la comprensión por parte de los oyentes. Este es un trabajo para realizar tanto en la etapa de planificación del programa como durante el desarrollo del mismo. A menos que el estilo del programa marque exactamente lo contrario, recomendamos que, estando en el aire, este ordenamiento se realice con buenos modales hacia los colaboradores.

Ya nos referimos a la conveniencia de acordar un entendimiento gestual entre conductor y operador técnico; agregamos que esto funciona con los miembros de todo el equipo: dos o tres señas básicas le permiten al conductor comunicarse con ellos sin hablarles. Por ejemplo, si desea que uno de sus colaboradores, comentaristas o columnistas vaya redondeando una idea, porque le parece que su comentario no da para más, o porque quiere o necesita continuar con otro momento del programa, entonces lo expresa verbalmente, pero muchas veces resultará más prolijo que quien esté hablando finalice su comentario sin que los oyentes escuchen esa indicación.

El conductor siempre reafirma su presencia, su condición de guía del programa. No puede ausentarse mucho. Siempre demuestra que es la piedra fundamental, quien marca el camino del programa.

Los autores reconocemos que, a pesar de nuestro espíritu republicano, adjudicamos al conductor un rol ciertamente poco democrático.

Nos referiremos brevemente a la modalidad de co-conducción, formato que tiene particularidades que deben considerarse y que surge generalmente cuando son dos los iniciadores del proyecto, o cuando se considera que dos específicas personas pueden generar un producto valioso a partir de su complementariedad.

Hablamos de dos conductores y no de más porque el solo pensarlo nos provoca dolor de cabeza.

En principio, una advertencia (distinta a la amenaza): no será tarea sencilla. Sin embargo, de un buen entrecruzamiento de personalidades puede surgir un producto interesante.

Recomendamos acordar algunas cuestiones entre ambos, realizar un trabajo previo para que algunas cuestiones puedan ser aclaradas con anterioridad y no necesariamente en el aire. Desde las más sencillas, como la distribución de quién se hace cargo de la apertura y el cierre de bloques y del programa. Será importante intentar no interrumpirse (por lo menos) demasiado. Hasta destacados y meritorios profesionales de los medios, que co-conducen, se pisan y cortan el comentario de su compañero o compañera. Hay que ser paciente con el otro conductor, escucharlo (consejos válidos para la vida en general, ¿no le parece?).

En todo caso, volvemos a la utilidad del lenguaje gestual, para comunicarle al otro que uno quiere hablar, quiere intervenir. Este es un elemento fundamental que parece sencillo, pero no lo es: equilibrar la presencia de ambos para que quede claro que ambos son conductores. Repartirse algunos roles será de utilidad, pero siempre debe quedar claro que se trata de una co-conducción y no de un conductor y un columnista.

En su momento, un profesional como Silvio Huberman lo consideró de difícil implementación: “¿Puede haber dos directores de orquesta al mismo tiempo? La radio es una línea de tensión y distensión. De pronto, para la línea de tensión necesitás una nota sobre temas económicos o un comentario político, e inmediatamente tenés que aflojar con un chiste o con un aviso o con un disco que distienda, porque el oyente no es un frontón al que uno pueda matar a pelotazos, tenés que darle tiempo de recuperación, hay que pensar mucho en el oyente y esto es muy difícil compartirlo”.

Coincide Fernando Bravo: “Para mi manera de hacer radio, no existe la co-conducción. La radio necesita una voz de mando en el aire, el oyente necesita saber quién lleva el timón”. Mario Giorgi lo considera una cuestión cultural: “La idiosincrasia argentina dificulta la convivencia de dos conductores en un mismo programa”.

Desde su perspectiva de productor, Marcelo Manuele señala que le gustan las conducciones unipersonales, “pero con gente en la mesa —no con un club o con un clan de amigos—; el conductor acompañado para no hacer un monólogo, para no aburrir, para tener distintos matices, para que pueda intercambiar paredes con la mesa y descansar en un columnista. Me resulta mucho más fácil mirarme y arreglarme con un tipo que con dos o tres”.

Para la co-conducción es preciso acordar algunas cuestiones previamente, para luego no interrumpirse… mucho, equilibrar la presencia en el aire, repartir roles.

Por último, en concordancia con las atribuciones y responsabilidades que le competen al conductor, agregamos otro elemento, el del conocimiento que debe tener acerca de los materiales que sus colaboradores le aportarán al programa. Lo cual no significa que conozca con exactitud la información y los comentarios que realizará cada uno de los miembros de su equipo, pero estará al tanto de los temas que serán desarrollados al aire cuando estos no hayan sido propuestos por él mismo.

Conocer los materiales que traen sus colaboradores le permitirá manejarlos mejor, dosificarlos y participar de su exposición, cuando lo desee. Aunque depende del tipo de programa y de cada circunstancia, lo mínimo que el conductor debe hacer, a nuestro entender, es participar en la introducción de cada tema: presentándolo o con alguna pregunta convenida con anterioridad para darle fluidez al programa.

Respecto a la relación con los columnistas, Fernando Bravo opina que: “El conductor es el primer interlocutor de sus columnistas, el primer oyente de sus columnistas, no puede desligarse, tiene que estar interesado en lo que hacen, primero, para sostenerlo, para mostrarle interés. Si el conductor no entendió algo de lo dicho por un columnista, es posible que el oyente tampoco lo haya entendido. Pero, si esto llegara a suceder, no lo expongo al aire, se lo marco después; le digo, por ejemplo: ‘Me parece que fuiste un poco confuso’, ‘No sumes tantas noticias’, ‘Manejá menos datos’, ‘Sé más preciso’, ‘Planteate qué es lo que querés decir’… El modo en que cumplo el rol de su primer oyente, en el programa, es apuntalándolo, aunque sea con afirmaciones, para que no esté dos minutos solo”.

Dijimos que el conductor debe dejar siempre en claro que él es el guía del programa y, por lo tanto, resulta muy común que presente las entrevistas o comunicaciones telefónicas, que lleve a cabo su introducción; luego, quizá alguno de sus colaboradores toma un rol protagónico en la entrevista, en la medida en que sea más conocedor o esté más al tanto del tema en cuestión o, simplemente, porque se le ocurren mejores preguntas que al conductor; pero es este quien debe establecer la comunicación, presentar al entrevistado y cerrar la comunicación.

Novatos

Claudio Canullán, ex operador técnico de Radio Del Plata, actualmente en Radio Nacional, nos alerta sobre las muletillas con que suelen arrancar las intervenciones frente al micrófono de conductores y columnistas no iniciados. (Clásicos ejemplos: “Bueno…”; “Esteee…”; “No…”; “Nada…”.) En ocasiones, agrega, “están tan pendientes de su voz que leen palabras y no contenidos”.

Como profesional de larga experiencia en medios gráficos, le preguntamos al periodista Daniel Miguez qué cuestiones recordaba como significativas de su primera experiencia radial. “El miedo a no hablar fluidamente, a dejar baches, a llenarlos con eeeehhhh… o esteeee… Y a no tener un manejo radiofónico adecuado por provenir del periodismo escrito”. Moraleja: es mejor y casi imprescindible tener pensado lo que se va a decir antes de empezar el programa. Y tener aceitado con la producción todo el esquema y el orden del programa, con espacios flexibles para hacerles lugar con mayor comodidad a los imponderables.

Marcelo Martínez, desde su visión de operador que se desempeña en emisoras por donde pasan permanentemente conductores sin experiencia radial, dice: “Les marcamos detalles: que respiren más, porque se quedan sin aire; que no se preocupen tanto cuando no suenan los teléfonos; que tengan conciencia de cuándo están en el aire; que no se vayan por las ramas; como ejercicio, les aconsejo que se graben y que se escuchen para pulirse”.

Con similar experiencia, Pablo Favieri, operador, apunta que una diferencia grande entre la persona que no es de radio y la que tiene experiencia es que “la primera se distrae con los gestos que el operador le hace para comunicarse con él, y la segunda, en cambio, mira de reojo, entiende el gesto y sigue adelante con lo que está diciendo”.

Alejandro Apo se atreve a dar solo un consejo:

“Leer. Porque la autoridad microfónica te la da la lectura. Los pibes deben creer que Víctor Hugo habla así por generación espontánea, y Víctor Hugo se quemó las pestañas leyendo y sigue leyendo todos los días”.

Con buen tino, el periodista y relator de fútbol Eduardo Caimi reflexiona sobre las primeras experiencias frente al micrófono: “El aire no tiene que atemorizar, pero sí generar respeto, por uno mismo y por el producto, por la búsqueda cotidiana de sensaciones nuevas que a uno lo vayan retroalimentando, para luego ser transmitidas al oyente en una palabra, una frase, un clima”.

Productores

Quienes sueñan con tener su propio programa de radio (son muchos y se multiplican) y no cuentan con experiencia en el medio suelen imaginarse haciendo aire con la asistencia de un operador técnico. Y podría ser simplemente así. Sin embargo, ¿quién lo nutre de material?, ¿quién le consigue una nota, un entrevistado, información para sus comentarios?, ¿quién lo ayuda en la producción periodística o artística del programa?

El productor. Sí, señor. Que cumple los siguientes roles:

 Abastece al conductor y los columnistas del material necesario para la realización del programa: comentarios, entrevistas, etcétera.

 Redacta y produce guiones para la salida al aire en distintos formatos: pastillas, separadores, aperturas y cierres.

 Participa en el armado de la hoja de ruta, junto al resto del equipo.

 A su habitual tarea de contactar al entrevistado, y asegurar su salida al aire, se agrega la de proponer y concretar investigaciones periodísticas.

 Junto al coordinador, es el nexo con otros sectores de la radio, como el informativo, la oficina comercial, publicidad, discoteca.

 Se encarga, en caso de que existan, de coordinar a los movileros, decide los destinos a cubrir y determina su salida al aire.

El productor no es ni debe ser un mero portador de agenda de teléfono, sino un creativo, un trabajador del medio, que va más allá de la simple nota de coyuntura. Como enfatiza Marcelo Manuele: “Odio a los productores que imponen cosas al conductor. Y odio a los conductores que al productor ejecutivo le dicen: ‘Yo quiero esto, esto y esto’, sin consultarle cuál es el tema del día, por dónde pasa la información, qué podemos hacer distinto. ¿Para qué lo tienen? Hay conductores que confunden productor con telefonista”

“La producción es uno de los laburos menos aburridos del mundo. Todo el tiempo pasa algo, necesitás muchos reflejos. Para los obsesivos, resulta el lugar ideal. A un aspirante le digo: el esfuerzo da sus frutos y, además, si no sos curioso, dedicate a otra cosa.” (Daniel Gentili)

Los grandes conductores de radio saben y valoran la importancia de contar con un eficiente productor detrás de la pecera. Además de su aporte específico, un buen productor es alguien que les da la tranquilidad de saber que van por el camino correcto en la transmisión, que nada queda sin atender, y que la calidad del producto está asegurada.

Como quedó expresado, sus funciones son múltiples, y van desde la asistencia en la construcción del programa hasta aplicar conocimientos tecnológicos para consolidar el formato. Para ello debe ser un periodista informado, alerta a las novedades diarias y a las que surgen en el momento del programa, para anoticiar al conductor.

Daniel Gentili nos brindó estas definiciones: “La tarea del productor depende mucho del conductor, de lo que este le requiera. Creo que tiene que informar al conductor, porque este no alcanza a leer todos los diarios, navegar los sitios de Internet, ver la tele… Como primera función, el productor es el tipo más atento de la radio; segundo, hace un ranking de lo más importante del día; tercero, sabe interpretar la personalidad que tienen cada programa y cada conductor, encargándose de buscar desde notas o noticias hasta un tema musical”.

Es importante que el productor se encargue de realizar un archivo del programa, en todo lo referido a su salida al aire. Es bueno que esté atento a los mensajes de los oyentes, que suelen advertir no solo sobre necesidades, sino además sobre novedades que pueden ser útiles para el programa.

Los cambios que se han dado hoy en el medio permiten que nos animemos a decir que el productor radial ya debe estar capacitado para transformarse en un realizador integral.

En el libro Siempre los escuchamos, Carlos Ulanovsky cita al productor Carlos Bianco, quien definió a sus pares como “los periodistas del silencio”, porque el oyente no los escucha a ellos, no percibe su trabajo en la puesta en el aire.

Estas son algunas de las virtudes que reconocemos en un buen productor:

El orden y la organización son herramientas básicas, dadas las variadas y habituales dificultades que pueden presentarse y que deben ser sorteadas al instante y sin dudar.

Capacidad y voluntad de ayudar a imaginar el proyecto: lo piensa, lo conforma y lo lleva a cabo, junto con los otros artífices de la idea. Saber trabajar en equipo, tarea fundamental para poder consolidar un buen producto al aire. No es habitual que uno pueda elegir un grupo de amigos para trabajar; a veces hay que dejar de lado la rispidez y los malos entendidos en pos del producto.

Estar actualizado en materia tecnológica le permitirá salir airoso en las más variadas transmisiones.

Lo mismo ocurre con las novedades musicales, de todos los órdenes, que lo ayudarán en la elaboración de la artística del programa. Debe ser tan exigente consigo mismo como con los demás. Eso lo lleva a obligarse a intentar hacer el mejor programa.

El rol de la producción es una meta que, al igual que los programas de radio, parece no tener nunca punto final, siempre va más allá. El buen productor nunca debe dejar de estudiar, de perfeccionarse, de pensar en nuevas y mejores creaciones.

El trabajo del productor es de 24 horas. Generalmente se transforma en un enfermo escucha de radio, no solo del medio en que trabaja, sino de todo lo que su tiempo le permite.

Como nos dijo Luisa Valmaggia, el buen productor “es un periodista, pero también es un perro de presa”.

Miguel Ángel Verdún cuenta una anécdota que ilustra sobre productores atentos y creativos: “Llegó la noticia de la muerte de Marlon Brando, diez minutos antes de un boletín. Lo anunciamos en un último momento y los productores del programa de Néstor Ibarra volaban… tenían que hacer algo ya. Empezaron a tirar data, las películas del gran actor, Apocalipsis ahora, El padrino…; no había terminado el flash, que dura treinta segundos, cuando se les ocurrió: Robert Duvall, actor estadounidense, casado con una salteña, que habla español. Lo llamaron al toque y, al terminar el último momento, entró Néstor hablando un minuto sobre Brando y fue la nota con Duvall”.

Pensemos en un ejemplo más accesible a un productor que recién se inicia. Un acontecimiento que involucre a un actor o deportista o dirigente político del ámbito nacional. Y rescatemos de este ejemplo la creatividad, el sano ejercicio de pensar con amplitud e imaginación opciones para enriquecer el contenido de un programa.

Hace falta agenda. Y nutrirse con lectura y curiosidad de todos los temas para poder utilizarla con criterio periodístico.

Locutores

Contando ya con un conductor, ¿cuál será el rol de un locutor provisto por la emisora o incorporado al equipo por el propio productor? En principio, siempre las buenas voces aportan color y riqueza sonora a un programa. Pero al locutor hay que integrarlo armónicamente al equipo, aprovechando todas sus posibilidades, para que su voz no termine siendo solo un adorno que anuncia el clásico HTH (hora, temperatura y humedad) o el nombre de una canción.

Quizá podamos plantearlo por la positiva, pensando en incorporar elementos artísticos a partir de la presencia de una voz entrenada profesionalmente.

Cuando el locutor es personal de la emisora, al igual que ocurre respecto a los operadores, es aconsejable tratar de integrarlo al grupo y ponerlo al tanto de las características y objetivos del ciclo. Los locutores, además, suelen tener vocación por hablar (por eso han seguido esta carrera, dirá usted) y entonces aspirarán, de manera natural, a intervenir en todo lo que puedan, si su participación no es claramente convenida.

Aquí debemos apelar nuevamente a la influencia, si se quiere psicológica, de provocar al profesional para que dé lo mejor que tiene. Es recomendable, tal como lo mencionamos en el caso de los operadores, conocer sus gustos y capacidades para que se sienta lo más útil posible y de esta manera le brinde el mayor beneficio al programa.

Desde su experiencia, Pablo de León aporta la siguiente opinión: “Hay locutores con mucha trayectoria que creen que son casi los co-conductores, y hay otros locutores muy nuevos a los que uno tiene que marcarles errores y aciertos.”

Así como resaltamos la necesidad imperiosa de una buena relación conductor/coordinador, también lo hacemos para la relación conductor/locutor/a, hecho que redundará en una mejor salida al aire.

Hay que considerar aquello que locutoras y locutores pueden aportar, y de esa manera conciliar necesidades y apetencias personales, por el bien del producto.

Dentro de las peculiaridades de este rubro, el trabajo de las mujeres locutoras marca una serie de elementos distintivos que vale la pena puntualizar, a partir de esta descripción de Rafael Manzano, ex director de contenidos de Radio Continental: “Desde el comienzo, la radio fue muy masculina, y nunca pudo desembarazarse de esa tendencia”.

Corriendo el riesgo de introducirnos voluntaria y conscientemente en camisa de once varas, reproducimos los siguientes testimonios, que dan cuenta del rol de las locutoras en la radio actual:

Marcela Giorgi: “Es habitual que el conductor se agarre de la locutora para chichonear, y eso vuelve difícil la construcción de un lugar propio para nosotras. Son pocas las que se pueden destacar por su personalidad, porque la mayoría termina dando los datos del tiempo”.

Alicia Petti: “La radio es de los hombres, al menos en la Argentina. Hay una cosa casi institucionalizada, y es que a la hora de armar una programación, los directivos piensan primero en los hombres, las mujeres están para hacer de columna o de soporte, pero no de protagonistas. Debo decir que hubo mujeres que tuvieron la posibilidad de hacerlo y no lo aprovecharon”.

Luisa Valmaggia se lamenta: “Estamos restringidas a determinados roles u horarios. En algún momento parecía que teníamos que estar solo después del almuerzo, en el segmento de la primera tarde, o ser columnistas”.

Estas destacadas profesionales, mujeres de los medios, coinciden en términos generales.

Coordinador

Otra modalidad de trabajo resulta de la presencia del denominado coordinador o coordinador de aire. Su rol de nexo y facilitador puede redundar en una salida impecable del producto radial, si alcanza el feeling necesario con el conductor y conoce como nadie no solo las características del programa, sino también gustos y necesidades, tanto de los oyentes como del responsable del espacio.

Su importancia es tal que, en algunos casos, previo acuerdo con el responsable principal, suele transformarse en el psicólogo del grupo y tiene a su cargo la mediación ante posibles diferencias en el equipo.

El coordinador debe transformarse en el primer escucha del programa y a él se le otorga suficiente autoridad para permitirle aconsejar, y hasta intimar, al conductor, para que cambie el rumbo del programa o acorte y termine una nota. Tiene la obligación de notar el clima que logra la transmisión y puede agregar audio o sonidos que enriquezcan el producto.

Es el gran conocedor del programa, de su ritmo, su impronta, y hasta de los humores del conductor de turno. Sabe de gustos y posibilidades, debe tener un perfecto manejo de tiempos para poder ubicar en el espacio todo lo que se tenía preparado en la preproducción.

También, en la mayoría de los casos, es el que se encarga de controlar que la tanda salga como estaba prevista y que no haya olvidos ni equivocaciones en lo que a publicidad se refiere.

El productor Daniel el Tano Gentili se reveló un entusiasta del trabajo del coordinador de aire: “Está en vías de extinción por una cuestión de presupuesto. Creo que el productor ejecutivo no necesariamente tiene que saber de estética ni de tiempos; generalmente es un periodista que tiene la obsesión de que ninguna nota tiene que quedar afuera. Sin embargo, como los programas son habitualmente magazines, nos falta el coordinador, que hace las veces de cocinero, que mezcla todos los ingredientes; entonces, si vengo de una nota de veinte minutos, no es recomendable hacer tanda y otra nota; en realidad, se puede hacer, pero… El coordinador de aire es un tipo que nació en una radio y quiere hacer fundamentalmente radio. Tiene gran manejo de talkback (mecanismo de comunicación interna entre el estudio y el control técnico). Esa es una gran diferencia entre el coordinador y un productor ejecutivo”.

Para Sebastián Wainraich, el coordinador tiene dos tareas: “Cuando va para la radio ya sabe cómo va a ser el programa y, además, que esa estructura se puede romper por una noticia o por algo interno que suceda; por ejemplo, una polémica surgida en la mesa, ante la cual negocia con el conductor y el operador, es decir, discute con criterio”.

La moda de la publicidad no tradicional (PNT) le agrega un trabajo desconocido hasta hace algún tiempo, en el control del cumplimiento de las pautas convenidas. Así nos lo dijo la productora comercial Mariela De Marco. “Me parece que un coordinador de aire es fundamental en todos los programas, porque es la persona que más entiende el nexo entre lo comercial y lo artístico. Muchas veces los productores, por su hambre de producir notas, le dan prioridad a lo periodístico y entonces el PNT queda fuera, no importa que la tanda se atrase. Entonces, el coordinador está para cuidar tanto el negocio como lo artístico”.

“En casi veinte años de radio, solo conocí a tres buenos coordinadores. Yo lo he sido y no me incluyo. Es muy difícil coordinar el aire.” (Javier Bravo, ex operador técnico de Basta de todo)

La presencia de un coordinador puede ser muy importante para el conductor inexperto, ya que le “saca presión” al no tener que preocuparse por cuestiones que aquel resuelve.

¿En qué tipo de programas es más necesario un coordinador? Dice el operador Javier Bravo, formado en la escuela de la vieja Rock&Pop: “Hay programas que son todos los días exactamente iguales, no necesitan un coordinador para nada. En cambio, otros programas lo requieren, no tanto para coordinar el aire sino para el trabajo general; por ejemplo, el descifrado de lo que quiere el conductor y la constatación de que la producción tenga armado ese pedido, para lo cual mantiene la idea general del programa en su cabeza”.

Marcelo Manuele considera que el conductor “no debe desobedecer órdenes”, pero a la vez el coordinador debe ser flexible. “Ni el coordinador ni el productor ejecutivo son puestos para dictadores”.

“El error que cometen los coordinadores nuevos es no contarles de antemano a los operadores qué es lo que se quiere, hacia dónde va el programa.” (Claudio Canullán)

Columnistas

Así como consideramos al conductor la piedra fundamental del programa, debemos reconocer que los columnistas pueden constituir elementos importantísimos y aun imprescindibles para algunos formatos radiales.

Un columnista:

 aporta información y opinión sobre uno o más temas específicos;

 dispone de un tiempo determinado por el conductor o el coordinador;

 de acuerdo con el estilo de conducción, puede participar en el aire durante el programa, en general.

Fernando Bravo aconseja: “Dale a tu columna el énfasis y las pausas necesarios para que se te entienda; no te enamores de tu propio discurso ni de tus propios matices; transmitile al oyente entusiasmo por lo que decís”.

El “Tano” Gentili pretende que los columnistas entiendan que son parte de un programa. Distingue dos tipos: el que hace su columna y se va, y el que está sentado al lado del conductor. “Tiene que ser especialista en su materia, pero, dicho en términos futbolísticos, si juega de cuatro y está solo frente al arco, no la puede patear a la tribuna y escudarse con que juega de cuatro. Por ello, está disponible para hablar de otros temas, sin ser mezquino con su participación. Debe entender las lógicas del programa y devolverla siempre redonda”.

Claudio Canullán aporta una crítica oportuna: “Muchos columnistas, al ser invitados por el conductor a hablar, suelen empezar con muletillas del tipo ‘No…’ o ‘Nada…’. ¡Horrible costumbre!”.

“Entre las virtudes de los columnistas, observo la voz, la continuidad en el hablar, la firmeza para expresarse. Y entre los defectos, el discurso cortado, la reiteración de palabras, la dificultad para hablar con sujeto y predicado.” (Víctor Hugo Morales)

Alicia Petti nos acerca reflexiones sobre su especialidad: la columna de espectáculos: “Sirve, como la de deportes, para cortar y cambiar climas. Si el conductor conoce poco de la materia del columnista, generalmente, cuando empezás a hablar, te dice: ‘Hacelo cortito’, y a la segunda frase te hace la seña pidiendo que redondees; eso es muy terrible. O cuando te preguntan de qué vas a hablar, les contás y responden: ‘¿De eso vas a hablar?’. Es una actitud un poco dura, porque vos sentís que ya arrancás mal. Por suerte, tenés otros conductores a quienes les encanta el espectáculo y que, además, sienten que el espectáculo es lo que más ayuda a matizar los temas dramáticos, provoca un break en esa sucesión de accidentes, caída de aviones, decretos, en fin… La dificultad es que en esta columna se meten todos, cualquiera opina y usa los pocos minutos asignados al especialista. Como todos vieron la película, el programa de tele de la noche anterior, la obra de teatro, a veces ya con los comentarios de terceros se pasan tus dos minutos y medio”.

Columnistas ajenos al ámbito

Muchas veces, el productor independiente incorpora a su proyecto a columnistas sin experiencia en la radio o en lo periodístico. Hablamos de colaboradores fijos, sumados al equipo para agregarle elementos a nuestra producción o por algún tipo de compromiso. Por ejemplo, convocamos a un martillero público, un amigo, un conocido o un anunciante para que opine sobre la actualidad del ámbito inmobiliario.

Para ello, analicemos de antemano si, además de su experiencia concreta, tiene el suficiente conocimiento sobre el tema, y si sabrá expresarlo con claridad y en forma atractiva para los oyentes. Consideremos si podrá desenvolverse con fluidez en el ámbito radial. Quizá podemos invitarlo a un programa determinado, sin más compromiso, para evaluarlo con mayor precisión.

Una vez decidida su incorporación, no lo arrojemos de cabeza el primer día al aire. Tomémonos un tiempo para acordar algunas cuestiones imprescindibles para una persona ajena el ámbito radial, que le permitan hacer ese trabajo con tranquilidad, con el mayor conocimiento posible acerca de cómo será su participación, de cuánto tiempo dispone, etcétera. Pongámosle cerca un vaso de agua o un té, por si se atraganta, además.

Mario Giorgi propone: “Darle orientación sobre el armado de una narrativa breve, para que la columna no resulte aburrida, para que el oyente, en tres minutos, como mucho, tenga resuelto un prólogo, un desarrollo y un desenlace de aquello que se quiere contar; toda esa ayuda, sin meterse con la materia prima, que es su conocimiento básico”.

Los casos de gente de gráfica que incursionó en el medio radial son muchos, y aun cuando se trate de profesionales con grandes virtudes para la comunicación escrita, existen diferentes resultados finales en la emisión oral del producto, desde grandes revelaciones hasta rotundos fracasos imposibles de sostener frente al micrófono.

De ser posible —dependerá de las posibilidades técnicas y la disponibilidad de la emisora o de nuestros bolsillos—, debemos pensar en grabar, y hasta editar, la salida al aire del especialista que tenga limitaciones para el vivo. No descartemos hacer algunas experiencias previas con esta persona, grabarlas y escucharlas juntos para que reconozca allí algunas dificultades y pueda superarlas con el tiempo y la experiencia adquirida.

Fernando Bravo cree que al columnista proveniente de otros ámbitos hay que dejarlo hacer, primero, para luego darle aportes. Y recomienda invitarlo a que:

 No se extienda más de cuatro minutos, porque es el tiempo máximo hasta que comienza una curva decreciente, en cuanto al interés del oyente; que entienda la diferencia entre un texto plausible de ser releído y una columna que se escucha por única vez.

 Arranque con algo que genere expectativa y termine con algo contundente, que refleje su opinión.

 Reflexione si le costó redondear.

 Guarde una frase fuerte para cerrar, para que la gente sepa que terminó.

Humoristas

¿Es imprescindible que un programa de formato magazine incorpore humor en su contenido? Obviamente no es ineludible ni obligatorio, nada lo es; sin embargo, no cabe duda de que “el aire” necesita, pide una dosis de humor para mejorar la “digestión” de los contenidos periodísticos habitualmente más duros, aquellos que forman parte esencial de la agenda cotidiana. “Entre tanta noticia, que haya un escape, una fuga, un poquito de alegría para el oyente de la mañana”, dice Ariel Tarico, y completa la idea: “Porque la radio también es servicio y ese servicio implica no solo informar la temperatura y la humedad, sino también, a través del humor, brindarle una caricia al oyente”. En una nota para el sitio web Narrativa radial, escribe Marcelo Cotton: “De todos los momentos de radio, quizá hoy el del humor, paradójicamente, sea el más serio. O, para decirlo de otro modo: al que más respeto y atención el oyente dedica. Será porque la risa, como sabemos, es distensión, descarga”.

El humor, además, cumple otros objetivos, incluso periodísticos, formando parte de la propia línea editorial del programa. O de la radio.

No nos estamos refiriendo al humor espontáneo (o casi) de conductores, locutores o columnistas, sino a bloques o espacios dedicados específicamente al humor, a cargo de especialistas en la materia. Algunos de ellos, además, están “autorizados” a formar parte de la tertulia de la mesa que integran en casi todo momento.

Imitaciones, personajes, chistes, breves monólogos, teatralizaciones…, encontramos diversas modalidades de participación de los humoristas en las radios argentinas. Algunos de ellos nos brindaron su testimonio para el presente texto.

Para quienes se embarcan en la aventura de producir su propio programa de radio, una de las primeras decisiones a la hora de convocar a un humorista para sumarlo al staff es evaluar cuál será su lugar, su grado de participación y los objetivos que se persiguen con su aporte. Y será bueno que esto quede explícito desde el primer momento. También ayudará a una buena convivencia establecer el universo de temas y, de existir, los tópicos que quedarán excluidos. Planificación, que le dicen. Un concepto en el cual insistimos a lo largo de toda la presente obra. Y que no siempre se tiene en cuenta. “Creo que actualmente”, nos cuenta Tarico, “como no se planifica mucho (es decir, se van viendo los resultados en la cotidianeidad), tiene que ver mucho la confianza que va teniendo el conductor, la relación que se construye todos los días y que sirve, más que nada, para que el conductor se relaje y sienta la necesidad del humor”.

¿Hay suficientes espacios de humor hoy en las radios argentinas? Marcelo Ruiz Díaz cree que no y ensaya una explicación: “Se ve que esta cuestión del exceso de estar informando a la gente todo el tiempo hace que el humor esté más acotado”. Ariel Tarico ve un panorama de cambio: “Creo que las radios en general están más desestructuradas, los conductores se hacen los graciosos, como si estuvieran medio confundidos; me parece que los humoristas hablamos cada vez más en serio para competir con ellos”. Al humorista santafesino le gustaría que hubiese más espacios para la experimentación en la radio: “Creo que eso es lo que falta, laboratorios”. Hablando de programas de radio, claro.

Marcelo Ruiz Díaz destaca las diferencias de estilo entre las emisoras de AM y FM: “Para mí, hay dos maneras, como dos radios: la FM y la AM. Yo tengo una formación más de FM y tuve que ir entendiendo cómo era el lenguaje de la AM, más simple, más milanesa con papas fritas. En FM, podés zafarte un poco más, hacer algo un poco más complicado, ya sea de producción o de guion. En AM, funciona mucho más el chiste, el juego de palabras, funciona mucho agarrar el tema del día, algo que la gente va comprendiendo, que ya sabe de qué se trata, que no hay que explicar”.

¿Humorista se nace o se hace? “Podés tener un don, claro, pero lo tenés que educar”, sostiene Tarico. “Yo sigo haciendo talleres de teatro, todo el tiempo estoy tratando de nutrirme de otros lados. Estudié locución, también, para educar la voz. Creo que uno tiene que ser como una esponja todo el tiempo y dejarse nutrir por otras cosas. No estar siempre encerrado en su ámbito, sino tratar de ser abierto”. Sigue la misma línea de pensamiento Walter López, dirigiéndose a quienes se inician en este camino: “El primer consejo: que sean una gran computadora, que recopilen datos, datos, datos, datos, datos de todo, de historia, geografía, medios de comunicación, historia del cine, historia de la televisión… Que absorban datos. A partir de ahí, van a tener un gran campo para tomarle el pelo a un montón de cosas”. Marcelo Ruiz Díaz, por su parte, cree que existe una capacidad innata difícil de incorporar con el aprendizaje: “He visto muy pocos lugares donde digan: ‘Te enseñamos a escribir guiones graciosos, a ser cómico’. Y, si uno no es gracioso, por más que haga un curso con Woody Allen, no le sale”. Sin embargo, reconoce que se ha preocupado por observar y aprender sobre el funcionamiento de la radio en general y sobre los distintos roles que se cumplen en particular: “A mí me sirve estudiar los otros roles de la radio. Entender cómo labura el locutor, cómo labura un productor, cómo labura un columnista. ¿Por qué? Porque con esas armas también puedo parodiar, si entiendo cómo funciona; puedo armar un reportaje, puedo armarme un texto de locutor, una publicidad, etcétera”.

Algunos humoristas que se desempeñan en la radio cuentan con el apoyo de guionistas que les aportan ideas y textos para su labor. Como Ariel Tarico: “Laburar con un guionista, con otra cabeza, es importante”.

Claro que, en la radio argentina actual, las restricciones económicas no siempre permiten la presencia de un guionista. “Yo creo que el laburo del guionista de humor en radio está como desapareciendo, no conozco a muchos”, se lamenta Marcelo Ruiz Díaz. “La vieja radio tenía sus guionistas y se los mencionaba junto con quien ponía su voz a esos textos”. Ruiz Díaz afirma: “Hay mucho conductor que se hace el gracioso. La gente piensa que es material de él, pero hay pibes que se están comiendo los sesos detrás del micrófono y nadie los tiene en cuenta. Quizá por eso yo no conozco a muchos. Debe haber más, pero no los sacan a la luz”.

Sobre las ventajas de trabajar con un guion, Marcelo traza un paralelo: “Uno no hace un gol de media cancha todos los días, no te sale todos los días la jugada de Diego contra los ingleses. Entonces, si laburás sin guion, no te van a salir genialidades. En cambio, si te sentás a escribir, te encontrás con un chistecito, algo de donde vos te podés agarrar. Lo bueno del guion es eso, es una especie de salvavidas: cuando vas nadando, te agarrás del chiste y podés nadar otro ratito”. Habitualmente, los humoristas que cuentan con la colaboración de un guionista también aportan lo suyo. Aun así, Walter resalta que, más allá de lo planificado, es fundamental “la buena onda del grupo, la buena relación con el conductor, que permite ese morcilleo, ese ida y vuelta, ese torear al conductor para que diga dos palabras y, a partir de esas dos palabras, rematar con alguna idea graciosa”.

Una de las formas de humor más comunes en la actualidad, aunque no sea un recurso nuevo, son las imitaciones. “Está muy de moda”, señala Walter López, y ensaya una explicación: “Lo que sucede es que se trabaja con la realidad, y la realidad te lleva a hacer imitaciones”. López distingue la imitación de la creación de un personaje: “Imponer a un personaje es dificilísimo, cuesta mucho en la televisión armar un personaje y, después, que la gente compre ese personaje. Imaginate en radio, donde no se lo ve. Así que es más fácil ir por el camino del personaje político, del personaje mediático, la gente lo compra porque toda la vida se ha reído de las imitaciones”. Claro que no todo es “sacar” la voz del personaje que se pretende imitar: “Está de más decir que dependen del imitador la pincelada, la caricatura y el rasgo que le encuentre al personaje real para hacer reír al público”. Para eso, según Tarico, hay que “conseguir el perfil psicológico del personaje”.

¿Es imprescindible una gran capacidad vocal, un gran dominio de la voz para hacer imitaciones graciosas por radio? Marcelo Ruiz Díaz no lo cree así. “Yo soy un pésimo imitador. A lo sumo, recreo la voz, tomo lo que la gente conoce, el latiguillo que la gente conoce, una forma de hablar; utilizo eso, pero para dar una idea, ni siquiera para decir lo mismo que dice ese personaje”.

¿Se abusa de este recurso? Responde Ruiz Díaz: “Sí. Lamentablemente, no hay lugar para la creación de personajes como se hacía en la vieja radio porque todo tiene que ser en forma inmediata”.

Ya Walter López nos mencionó la complicidad que el humorista necesita del conductor del programa: “Tener buena relación con el conductor y con el equipo es fundamental. Vos podés hacer el mejor chiste del mundo y, si nadie te apoya, si nadie se ríe, puede fracasar rotundamente; en cambio, contás el chiste más tonto y, si el equipo te apoya, sale redondo; ese es el gran secreto. Lo que se llama armar el clima”. Este concepto de clima radial, desarrollado en otros capítulos de la presente obra, resulta clave para el trabajo de los humoristas. “El estado de alegría se transmite al oyente”, observa Ariel Tarico. Es tarea del encargado del humor involucrar a sus compañeros. “Es mucho más divertido cuando participa toda la mesa”, reconoce Ruiz Díaz; “me gusta muchísimo, por ejemplo, ver al periodista político al que desarticulás pidiéndote que hagas un personaje. No pierde la seriedad; muchos tienen ese miedo, pero no pasa nada y es muy gracioso, toda la mesa se ríe”. Claro que no siempre los columnistas aceptan estas propuestas “descontracturantes”. Entonces, dice Marcelo, “tenés que ir probando con quién podés y con quién no. Hay gente que no te va a aportar nada y que te va a hacer hundir. No porque el tipo sea malo, sino porque no le sale. Tampoco lo puedo obligar. Primero pregunto y, si acepta el juego, le damos para adelante”. Y no solo por respeto hacia el compañero de trabajo, sino porque, como alerta Ruiz Díaz, “vos podés tener el mejor guion, pero, si no tenés un buen partenaire, puede ser desastroso; a mí me ha tocado trabajar con gente que no podía establecer este juego y tenía que hacer todo yo; tenía que hacer un personaje que se diera el pie y el remate”. ¿Esa química se puede transmitir? “A los ponchazos, pero se aprende”, confía el humorista.

Walter López afirma que hacer humor para los argentinos, y en particular para los porteños, es difícil. “Por eso, siempre hay que estar buscando cosas nuevas, chistes nuevos, situaciones nuevas; no conozco en profundidad cómo es el oyente medio de otras provincias, pero en Capital y Gran Buenos Aires, somos todos especialistas en humor”.

Ariel Tarico le ha “sacado el jugo” a la creación de situaciones de comedia en las que participan sus imitaciones y de personajes como Betty, la señora de Barrio Norte. “Pegó muchísimo, sobre todo, porque era la caricatura del oyente típico de AM; entonces, fue un desafío dejar de hacer personajes políticos identificables y, de golpe, hacer una voz y darles cuerpo a muchas de las señoras que llaman para quejarse por la radio”. Una apuesta riesgosa, parodiar a los oyentes de la propia radio, que provocó el temor de algunos productores, pero que sin embargo se impuso entre esos mismos oyentes. Porque, como señala el propio Tarico: “Esto es continuamente prueba y error, todo el tiempo”.

Mucho del humor que se produce en la radio de hoy tiene que ver con la política; en general, a través de la sátira, cuando no la burla, a los funcionarios y dirigentes. ¿Hay intención de posicionarse ideológicamente o es solo un recurso para hacer reír? Marcelo Ruiz Díaz dice: “En ocasiones meto una bajada de línea. El humor que hago tiene a veces esa tarea de dar un gancho al hígado lo más divertido posible. Y todo pensamiento tiene ideología”. Esto nos lleva a la consideración del medio o el programa en que cada humorista trabaja, como señala Ruiz Díaz: “Tenés que estar pendiente del lugar en el que trabajás. Hoy en día muchos medios responden a intereses políticos”. Aunque reconoce no haber tenido, en general, inconvenientes por este tema: “Son contadas las veces que he tenido esas reuniones en las que te marcan limitaciones”.

Ariel Tarico agrega: “Por el lado de los personajes, muchas veces doy una opinión, pero no pontifico; es decir, trato de dar mi opinión, pero tampoco digo ‘esto es lo que tenés que pensar’ o ‘esto es lo correcto’”.

Por supuesto, hay límites naturales o los que se impone cada humorista de acuerdo con su idiosincrasia. Tarico ejemplifica: “Sobre todo, por laburar en una radio de noticias, cuando ocurre una tragedia, no podés hacer humor; esos días uno se reserva, se guarda”.

Hay límites que también impone el tipo de programa del que se trate. “Vuelvo a la diferencia de la AM y la FM”, reflexiona Ruiz Díaz: “en la FM hay programas en los que podés decir la barbaridad más grande que se te ocurra y está todo bien. En el programa en el que estoy yo en AM tengo ciertos límites. ¿Por qué? Por la edad de la gente. A la gente le gusta escuchar la picardía, pero no la guasada. Aunque a veces uno se ceba y se pasa un poquito”.

A quienes se inician en la profesión, Rolo les dice: “Tienen que laburar, no es solo buscar chistes en Internet; si vamos a hablar y hacer chistes sobre una cubetera, saber qué es una cubetera, para qué sirve”. Y lo ejemplifica con su propia carrera: “Yo empecé imitando, pero después tuve que leer y aprender quién era y qué hacía cada uno. Y tuve que aprender a resumir en dos renglones chistes muy largos”.

Villar intenta estar siempre presente en la mesa del programa, esperando para aportar lo suyo en el momento necesario: “Para mí, es de ese modo: uno tiene que vivir el programa”.

Finalmente, reflexiona sobre su trabajo en función de los oyentes: “Me gusta saber que despierto a la mañana a un tipo y lo pongo bien. Hay gente que ha venido a la radio y me ha dicho: ‘Me salvaste la vida’. ¿Cuánto vale eso?”. Entonces, concluye: “Yo no me tomo vacaciones. Me encanta ir a laburar a la radio”.

Como en todo contenido radial, el oyente es nuestra referencia. Y los humoristas intentan establecer con quien escucha la radio ese vínculo maravilloso de complicidad y acompañamiento a través de una de las más sutiles y extraordinarias características humanas: el humor.

Movileros y cronistas

La posibilidad de contar con uno o más periodistas que aporten información y testimonios “desde la calle” le agrega a un programa interesantes recursos, especialmente en el caso de ciclos periodísticos que intentan cubrir las noticias en el momento en que se producen los acontecimientos para competir de esta manera con las emisoras y programas más importantes, que cuentan invariablemente con este servicio.

Como se sabe, los requisitos tecnológicos son actualmente sencillos: un grabador y un teléfono celular (en ocasiones, con este último basta) alcanzan para realizar prácticamente cualquier cobertura. Lo que resulta menos simple es contar con el “movilero” o “cronista”, como algunos de ellos prefieren que se los llame, por una obvia cuestión de costos y por una menos evidente razón de recursos humanos, ya que no cualquiera está en condiciones de realizar esta tarea con eficacia.

Nos referiremos al tema desde dos perspectivas: la de los productores y conductores, para saber qué esperan de sus movileros y movileras, y la de estos últimos, para conocer las claves de su trabajo, uno de los más intensos y riesgosos en el ámbito del periodismo.

Con estas informaciones y opiniones, confiamos en que se podrá evaluar y eventualmente aprovechar más eficazmente la inclusión de movileros en un programa de radio.

Destacados colegas nos ayudan a definir su oficio. Coinciden, en principio, Hernán Bertolini y Martín Canay al valerse de una frase utilizada hace algún tiempo en un separador de Radio Continental: “Los ojos de la radio”. Para Marcela Ojeda: “Constituyen el primer contacto real, certero y cercano del protagonista de la noticia con el medio de comunicación al que uno representa”. Quienes ejercen este oficio resaltan la importancia de ese contacto directo que establecen con los escenarios y protagonistas de la noticia y que les da un plus de conocimientos con respecto a los periodistas que se encuentran en estudios.

“Nuestro rol”, dice Mariano Rinaldi, “es contar y transmitir lo que vemos con la mayor fidelidad posible, para que la gente lo perciba tal y como uno lo está teniendo delante de sus ojos”. Y agrega un factor destacado: “Además, lo que tratamos de hacer, básicamente, es comprobar si el hecho es verídico, si es real o está provocado…”.

Para quien se encuentre al comienzo de este camino periodístico, Hernán Bertolini recomienda: “A través del móvil tenés que tratar de hacerle llegar a la gente, al tipo que está en el taxi, a la señora que está en la casa o donde sea, lo que pasa en el lugar del hecho. Si estás en una manifestación y tiran petardos, acercar el ruido del petardo; si estás en una manifestación y hay bombos, los bombos; si hay un hecho policial y hay sirenas, las sirenas. Tratar de utilizar todo lo que tenés en la calle para acercárselo a la gente y de esa manera describir lo mejor posible el escenario en función del hecho que estás presenciando”. Canay coincide con el concepto y agrega que esto debe hacerse “también para el conductor del programa, no solo para el oyente”. Mariano Rinaldi señala que un cronista debe llegar al lugar de la noticia, contextualizarla “y agregarle una visión nueva, no repetir lo que salió en el diario o en portales de Internet”. Algo similar nos dice Marcela Ojeda: “Hay que ser curioso, inquieto, no quedarse con el cable ni con el diario debajo del brazo cuando uno sube al móvil y va a destino; lo más probable es que lo que uno lleve impreso de los cables o de las agencias de noticias diste mucho de la realidad con la que nos vamos a encontrar”.

Para sumar a esa visión de la que hablan Rinaldi y Ojeda, el cronista debe ser, ante todo, un periodista con todas las letras, como lo manifiesta Bertolini: “El cronista tiene que ser, primero, un tipo muy formado; tiene que estar, creo, informado de todo, conocer al menos, no digo en profundidad, pero tener un pantallazo general de todo”.

Permítasenos una digresión: es habitual, como lo pueden verificar en el párrafo precedente, el uso, aun por parte de mujeres, de la expresión “un tipo” o “el tipo” para referirse a cualquier persona perteneciente a la raza humana, sin distinción de sexo. Así la trascribimos, confiados en la indulgencia del lector. Fin del espacio digresionario.

Como ocurre con los productores, y quizá con la gente de radio en general, que vive intensamente el medio, Marcela Ojeda señala: “Un cronista de verdad, que ame la radio y este trabajo, no termina su jornada a las 12 ni a las 18 ni a las 24, sino que uno es cronista cuando no sale al aire, las 24 horas, porque uno es curioso las 24 horas”.

Precisamente, entre otras virtudes que deben poseer estos periodistas de la calle, se destacan la curiosidad, la versatilidad, la sensibilidad, el respeto y la pasión por el oficio.

“Antes que nada, tenemos despierta una curiosidad total”, destaca Martín Canay, “me parece que somos seres en un estado de pregunta constante, tenemos que tener curiosidad por todo. Como me gusta definir, somos chusmas con licencia”.

Sobre la versatilidad mencionada, afirma Bertolini: “Empezás el día en una villa de emergencia y terminás en el hotel Alvear haciéndole una nota al ministro de Economía… embarrando el hotel Alvear”.

Un buen cronista debe tener sensibilidad sobre qué es lo que está pasando en la calle. Y hablar con la gente. No existe un cronista que no hable con la gente. Muchas veces con personas que están pasando por momentos difíciles, incluso dramáticos. Dice Marcela Ojeda: “Nosotros también entendemos que a veces somos entrometidos, que a veces molestamos; hay determinados momentos en los que el límite es muy delgado entre el cumplimiento de nuestro objetivo, por ejemplo, y resultar invasor o maleducado. La persona que vas a entrevistar no sabe o no le interesa lo que significa ‘después de los títulos va el informe del tránsito’, el tipo necesita que alguien lo escuche ya y ahí me parece que está nuestro rol, nuestra función”. Nada de timidez, parece destacar Martín Canay: “Hay que tener un límite, dentro del respeto, perder la vergüenza para poder ir adelante porque, si no, no podés estar en la calle; tenés que enfrentar a la gente, desde una persona que perdió un familiar hasta el presidente de la Nación. Entonces, hay que ir de frente, pero siempre dentro de los límites del respeto”.

Ser respetuoso, insiste Marcela Ojeda: “No hay que ser invasivo y hay que saber ponerse en el lugar del otro; especialmente, cuando se trata de situaciones muy dolorosas, tristes, de familias, y mucho más cuando involucran a niños”.

Un cronista cubre cotidianamente, como se mencionó, hechos de carácter muy heterogéneo. Desde dramáticos accidentes hasta rutinarias ruedas de prensa. Sin importar estas diferencias, el buen profesional intenta hacer la mejor cobertura de cada hecho, para lo cual, según nos señala Mariano Rinaldi, debe prepararse convenientemente. “Lo primero que trato de hacer con una noticia es entenderla. Parece elemental, pero a veces uno va a cubrir un conflicto y no sabe qué es lo que se está pidiendo exactamente y, repitiendo los reclamos, no cumplimos bien nuestra labor. Si se lo entendió, después se puede transmitir mejor o peor, pero lo mínimo e indispensable es haber entendido qué es lo que se está cubriendo”.

Para comprender mejor esas situaciones, como reclama Rinaldi, los cronistas cuentan con una ventaja: el contacto directo con los protagonistas. “Nosotros tenemos la posibilidad de estar mano a mano y tomar un café o hacer un off con el funcionario de turno”, cuenta Hernán Bertolini, “y ese es un plus que quizá el resto de los periodistas no tiene, es una ventaja. Lo que se dice con el micrófono apagado muchas veces es más rico que lo dicho con el micrófono encendido”. Aunque no se pueda utilizar textualmente, ya que se trata de manifestaciones sobre las cuales el entrevistado pide reserva, esa información puede ser muy valiosa para entender mejor la situación, como reclama líneas más arriba Mariano Rinaldi. Claro que el cronista (periodista, al fin y al cabo) debe mensurar el valor de esa información y las posibles intenciones del emisor.

Repetimos: es conveniente evaluar y jerarquizar la información y el o los propósitos que pueda tener la fuente.

Los cronistas deben ser maestros en el arte de la síntesis por la brevedad que suelen tener sus intervenciones. Esto exige un adecuado manejo del lenguaje, un léxico rico, la capacidad para decir en pocas palabras lo esencial de la noticia. Periodismo, que le dicen. Hernán Mundo invita a todos los que aspiran a realizar este trabajo a “jerarquizar el valor de las palabras”. Entendemos que lo que Mundo propone es cuidar los términos que se utilizan, enriquecer el propio vocabulario para poder describir una situación o el escenario de la noticia con precisión y, si se puede, con gracia. Buena idea para periodistas, locutores y conductores de radio en general.

De los vínculos que un cronista mantiene con sus compañeros de trabajo, nos referiremos a los que se establecen con los conductores y productores.

Martín Canay nos introduce en el tema: “Hay que entender que los programas son de las radios y de los conductores, no nuestros. Uno no es la estrella, sino un colaborador más en la estructura de un programa. Entonces, hay que adecuarse, no se puede salir al aire con todos los conductores exactamente de la misma manera, hay que ir buscando, a veces te lleva un tiempito cuando empezás con un conductor o conductora, pero le tenés que buscar la vuelta para adecuarte a su onda”. Por supuesto que esa “onda” varía sustancialmente entre conductores que escuchan con atención la salida del móvil e interactúan con su cronista y los que, como define Hernán Bertolini, consideran a los movileros “separadores de tanda”.

El mismo cronista nos cuenta que, al momento de la realización de este texto, trabaja con un conductor al que, si la nota que él está realizando no le interesa, descarnadamente lo saca de tema y es capaz de preguntarle, como hizo en una oportunidad, sobre sus actividades personales y terminar haciendo la nota inspirado en esa conversación que, además, continuó luego en el piso.

A quienes están por comenzar la tarea de conducir un programa de radio y van a contar con la colaboración de un cronista, Martín Canay les recomienda que realicen una charla inicial, algo que se hace poco, para acordar pautas de trabajo. Y, además, que crean en lo que los movileros les cuentan cuando salen al aire: “Yo tuve la suerte de laburar con periodistas de piso que creen cien por ciento en lo que dice el cronista y eso me parece que no pasa en todos lados. Considero que, si vos tenés un empleado, o le creés cien por ciento o lo echás”.

Marcela Ojeda aporta conceptos similares a los de Canay, caracterizando de esta manera al cronista: “Va a ser su embajador, sus ojos en el lugar de los hechos; entonces, le digo que confíe, que sienta que alguien lo está representando, que puede preguntar lo que él preguntaría, que intente por un segundo pensar que nosotros elegimos este laburo porque de verdad queremos hacerlo, porque nos gusta, porque nos apasiona, y que queremos laburar en equipo, que formamos parte de un equipo…”.

Hernán Bertolini cree que los productores, antes de realizar ese trabajo, tienen que estar un año en la calle: “Porque, si no, te quieren mandar de Ezeiza a Victoria en diez minutos. Eso es imposible, salvo que tengas un helicóptero. Como eso, miles de cosas”.

Por supuesto que, al igual que toda relación de trabajo, hay que intentar que se desarrolle dentro de la mayor armonía. “Si te peléas con el productor por la nota, es porque querés hacer una nota mejor”, sostiene Martín Canay.

Antes, se debatían más las posibles coberturas de cada día, según Canay. “Ahora no. Ahora, la rapidez de la información y de la competencia ha hecho que se priorice lo instantáneo y salir al aire por sobre la información misma”.

Marcela Ojeda, por su parte, explica: “Yo discuto todos los días. Discuto bien porque comprendo que mi trabajo no es de productora, más allá de que yo, como todos los cronistas, nos producimos nuestras formas de salir al aire y jerarquizamos la información que queremos dar”.

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