Kitabı oku: «Pedagogía y literatura: enseñar a pensar»

Pedagogía y literatura:
enseñar a pensar
Humberto Quiceno C.
Pedagogía y literatura: enseñar a pensar
Humberto Quiceno C.
Título: Pedagogía y literatura: enseñar a pensar
Autor: Humberto Quiceno Castrillón
© Humberto Quiceno Castrillón
ISBN: 978-958-20-1423-0
Primera edición: Octubre de 2021
© Cooperativa Editorial Magisterio
info@magisterio.com.co
www.magisterio.com.co
Contenido
Pedagogía y literatura: enseñar a pensar
Prefacio
Cómo escribí este libro
Introducción
Capítulo I
El tratado didáctico, la guía y el manual
La didáctica y el método de enseñar
El espacio de individualización de la enseñanza
La pedagogía en los libros
La escuela y la clase de Comenio
La escuela y la lección de Lasalle
La escuela, la clase y el aula de Lancaster
El maestro que enseña
Los niños que aprenden
El hombre y la pregunta por el oficio
Capítulo II
Campo conceptual de la pedagogía
El tratado de pedagogía
La pedagogía y la moral
El Emilio o la pedagogía del joven
La educación del niño y el pensamiento de la infancia
La educación del joven y su moral
Capítulo III
La pedagogía como formación del espíritu
Pestalozzi y la experiencia moral y ética
La pedagogía de la carne y del espíritu
La pedagogía de Kant y la formación de la razón
Pedagogía del cuerpo, de la razón y del espíritu
La confesión y el hombre ético
Las confesiones de Rousseau
Las confesiones de Pestalozzi
Capítulo IV
Campo narrativo de la pedagogía
La novela de formación
Goethe: Años de andanzas y aprendizajes
La formación como práctica de sí
La formación en los pedagogos
Locke: el preceptor y el niño inglés
Rousseau: el preceptor, el niño y el joven francés
Pestalozzi y la formación de la madre educadora
Goethe: La formación del artista y el escritor alemán
Nietzsche: La formación del filósofo alemán
Capítulo V
El campo de la pedagogía católica en Colombia
El Plan, el Manual y el Catecismo
El plan y el Plan de estudios
La enseñanza en el Plan de estudios
La escritura y la instrucción
Los planes de escuela y las primeras letras
El manual y la escritura
Los manuales de Triana: las letras, los objetos y la moral
El catecismo: elementos de pedagogía
Capítulo VI
Hacia la construcción del campo conceptual de la pedagogía en Colombia
La pedagogía y la formación de la razón crítica:
Nieto Caballero y la construcción del individuo y la educación pública
Jaramillo Uribe y el exterior de la cultura
Olga L. Zuluaga y los saberes universales a la enseñanza
La Revista Educación y Cultura y el Movimiento pedagógico
Capítulo VII
Literatura y pedagogía en Colombia
La formación de la subjetividad: los afectos
La formación de la vida del hombre
La formación de José Fernández (José Asunción Silva)
La formación de Arturo Cova (José Eustasio Rivera)
La formación como representación social
La formación del maestro Manjarrés (Fernando González)
La formación de Florentino Ariza (Gabriel García Márquez)
Referencias
Prefacio
Cómo escribí este libro
1
Este texto nace de la preocupación por pensar la pedagogía en Europa y en Colombia. Esta vez ensayaremos una línea de análisis que parte de entender la relación entre escritura y pedagogía, nuestra hipótesis parte de pensar la pedagogía como un saber escrito, lo cual significa relacionar éste saber con los temas y objetos de la pedagogía y de la escritura desde que nació la pedagogía en la época moderna. En Colombia es la relación de la enseñanza con la escritura la que ha marcado su historia, en Europa el énfasis se puso más en la didáctica que en la enseñanza. Por supuesto que esta argumentación tendrá que ser demostrada. En nuestra historia de la pedagogía conocemos más esta relación de la pedagogía y la escritura por la importancia que ha tenido el saber enseñar a leer en la escuela. Si nos atreviéramos a definir qué es la escuela, diríamos que es aquella institución que nos enseña a escribir porque nos enseña a leer. Desde que fuimos Colonia española, la Iglesia católica nos enseñó a escribir y para hacerlo empezó por la letra, luego la palabra para llegar finalmente a la imagen. Esta enseñanza duró hasta el Movimiento pedagógico, que en Colombia todos conocen como el momento en que cambió la escritura, porque cambió la enseñanza. En esos años, los primeros de la década del setenta del siglo XX, enseñar a escribir empezó por la imagen de las cosas y no por la letra. No fue la Iglesia católica la que cambió la enseñanza, esa gran diferencia en la cultura y en la civilización fue producto de la pedagogía laica y de los maestros laicos. Por este cambio abismal podemos decir que se pudo comprender lo que era ser civilizado, culto y educado. Ser civilizado es saber escribir, que es saber interpretar el libro, los textos, los signos. Lo que hay detrás de esta ruptura es llegar al fin de la cultura rural y medieval. Hasta esa fecha, en Colombia, no había distancia real entre lo rural y lo urbano, ambos campos se situaban en una misma geografía y en una misma cultura. Hasta esa fecha no sabía muy bien qué era ser educado.
Queremos explicar el sentido de lo que quiere decir ser educado, llegar a ser civilizado y lo haremos desde la pregunta por la escritura, cuestión que nos llevó a la lectura de dos textos clásicos Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera. Como se sabe, Cien años de soledad recrea la figura de un pueblo en el Caribe, Macondo, que todos han interpretado como si fuera el símbolo de Colombiay no es así, es el de un pueblo rural de la costa caribe. El libro narra la vida de un pueblo rural, su cultura y su existencia. Por otro lado, El amor en los tiempos del cólera no habla de un pueblo, sino de la ciudad de Cartagena, ubicada n la costa caribe. Este libro narra, no la vida y la existencia de este pueblo citadino, sino que narra el amor y la muerte en ese pueblo. La diferencia entre las dos narraciones, entre los dos pueblos, es la escritura. En uno, no hay escritura y en el otro, el de la ciudad, la escritura es el tema y objeto de toda la obra. La diferencia entre lo rural y la ciudad es el tener o no tener escritura. En los dos pueblos hay escuelas, educaciones, maestros, métodos, pero en uno, hay escritura y en otro, no la hay. Escritura, no es enseñar a escribir en la escuela, escritura no es que haya escritores, escritura no es que hayan signos escritos, escritura es que haya preocupación por explicar, descifrar y comprender los signos que conmueven a la gente, que los asombra, como lo es el amor, la muerte y la vida.
Las cosas y los objetos son signos, representan signos, para Macondo esos signos eran signos entre muchos signos, signos que solo significaban si estaban pegados a las cosas que los hace significar, si las cosas cambian, también lo harían los signos. En Cartagena, los signos no cambian con las cosas, no dependen de las cosas, del mundo de las cosas, al contrario, los signos dependen de la cultura letrada de los habitantes de la ciudad. Si el letrado es un médico, si es un poeta, si es un hombre rico o pobre, cambia el signo. En Macondo el signo de las cosas domina el pueblo, en Cartagena, la cultura letrada de la gente domina el signo, le impone su sentido. No deja que el signo haga con la gente lo que quiere, en esta cultura letrada, el signo es controlado, prisionero de la gente. En la cultura rural las cosas y sus signos hacen proliferar el sentido, lo multiplican, lo vuelven algo explosivo, en Cartagena, el sentido queda fijo al signo que le da la gente y esto porque allí, el sentido es representado, interpretado, comprendido según la cultura letrada de la gente. Decir cultura letrada es poder imponer el sentido sobre el signo, es darle un sentido al signo, darle una interpretación. No es que la gente sea estudiada, la cultura letrada es que la gente se vuelve intérprete, se hace a una única imagen del signo que le representa un único sentido.
¿Por qué ocurre todo esto?, porque en un pueblo hay sentidos del signo, y en otro, solo signos sin sentido, todo ocurre por la escritura. En Macondo la escritura es externa al pueblo, es poseída por un único hombre, que no es del pueblo, que es extranjero, y que además tiene virtudes de mago y de hechicero. En Cartagena, la escritura está dentro de la ciudad, en dos cosas que se convierten en signos importantes para la ciudad, que se ve dividida en dos mitades, que son sus signos y problemas, atraviesa la gente y la hace existir. Esta división, enfrentamiento, polarización, lucha y batalla es lo que funda la escritura. Esos signos son los del amor y la muerte. La ciudad la cruza la lucha entre el amor y la muerte, la gente no vive sino para entender qué es una cosa y qué es la otra, las cosas son de amor o de muerte, el tiempo es para el amor o para la muerte. Se vive pensando en el amor o pensando en la muerte. Si así se vive y si así se piensa, eso crea la escritura, que es la interpretación, la representación, la imagen de una cosa o de la otra o de las dos. Escribir es estar dividido, es estar atravesado por dos mitades, es vivir dos cosas, es pensar en dos cosas a la vez, juntas o separadas. Escribir es lo uno, lo otro, las dos, una sola cosa. En la escritura se escoge un camino, se hace una elección, se toma partido, se ama o se muere.
Macondo y Cartagena son dos pueblos, con dos culturas, una sin escritura y otra con la cultura escrita. El pueblo rural vive sin escribir y el pueblo de la ciudad vive escribiendo. Eso no quiere decir que no haya escritura, como la imagen de las cosas como signos, lo que se quiere decir, es que además de signos, estos deben ser interpretados, y para ello se da el saber de interpretación, no un saber estrictamente universitario, además de éste, se da el saber de interpretación de mujeres del común, de hombres del común, habitantes de la ciudad. Lo que caracteriza y define este saber de interpretación es el que se hace desde la muerte o desde el amor. Es la lucha entre el amor y la muerte o la muerte y el amor, lo que hace posible la interpretación. La ciudad interpreta, el pueblo rural no interpreta. El pueblo rural vive y muere sin saber, que ese vivir es el amor y sin saber que esa muerte es el fin del amor. El amor y la muerte son dos interpretaciones, son representaciones de lo que significa para el hombre o la mujer amar a otro o dejarlo de amar. Amar, para ser interpretación, ha de pasar por la ausencia prolongada del objeto de amor. La muerte del otro ha de pasar por la vida común con el otro. Sin vida común y larga, no hay muerte del otro, sin ausencia del otro, no hay amor. Para que haya amor debe haber previamente una preparación y construcción del saber del amor, para que haya muerte debe existir una separación radical del otro.
Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera son dos obras sobre la escritura, cómo un pueblo vive cien años sin escribir y cómo un pueblo vive cien años escribiendo. En la primera obra se trata de la descripción de la vida rural, Macondo, ésta obra no representa a Colombia, Macondo representa el mundo rural, el mundo y la vida de la familia de los Buendía. Este mundo rural se sitúa en dos limites, la llegada al pueblo de Macondo de Melquíades, el extranjero, el hombre sabio, el mago y el escritor. Melquíades trae a su llegada al pueblo unos manuscritos, un texto escrito. La obra transcurre entre esta llegada y el día en que el último de los Buendía, Aureliano, interpreta los manuscritos de Melquíades, lo que descubre su interpretación, es que los manuscritos tratan de la vida de los Buendía, de su vida en cien años. Todo lo que ocurrió y todo lo que sucedió, ya estaba escrito, antes que pasaran cien años. Que la escritura anteceda al tiempo, a todos los tiempos, quiere decir, que lo escrito está fuera del tiempo que viven los habitantes del pueblo, fuera de la vida y del mundo de la vida. La escritura es un exterior más profundo que todo exterior. Esa escritura exterior, y por fuera del tiempo de los hombres, entra un día a sus vidas, y al hacerlo, crea el tiempo y el espacio, con las cuales los hombres forman sus categorías de conocimiento, con el fin de poder reconocer los objetos y las cosas y, de este modo, tener consciencia y memoria de ellas y del trascurrir. Si el tiempo pasa es porque hay categorías que dividen el tiempo y el espacio, sin ellas, el tiempo no pasa o pasa lento, como si no pasara. Eso nos pasa en el campo, en el bosque, allí no pasa el tiempo y no nos orientamos en el espacio, porque el bosque nos quita la conciencia del tiempo, al hacernos olvidar las categorías o las formas de las cosas.
El mundo rural es un mundo sin escritura. El mundo de la ciudad es un mundo con escritura. En la ciudad se lee lo escrito para poder vivir, en lo rural se vive sin escritura, lo que hace que la vida y su tiempo, el destino de las cosas, los hechos y su trama, lo que pasa y acontece, se vivan en tiempo presente, por fuera del tiempo, que es memoria escrita. La escritura es memoria de las cosas, y si no hay escritura, no hay memoria. Se vive en un eterno presente. La escritura, lo dice el manuscrito de Melquiades, es la explicación del porqué suceden las cosas, porqué pasa lo que pasa. La obra Cien años de soledad explica para el presente, para el lector de este mundo presente, explica por qué suceden las cosas en ese mundo de Macondo y, en ese sentido, es el pliegue del manuscrito de Melquíades para los habitantes del pueblo de Macondo, son dos manuscritos, uno para los habitantes del pueblo, otro para los habitantes del mundo. El mundo rural es el mundo sin escritura, no la escritura que es la imagen de las cosas, sino la escritura que es el desciframiento de las imágenes, de las cosas, de la relación entre imagen y cosa. Descifra las cosas y las convierte en signos, y hace de los signos, un mundo aparte de las cosas. Por un lado, el mundo de los signos y, por el otro, el mundo de las cosas. En el mundo rural, el mundo no tiene signos, es la sucesión de cosas y el choque de cosas, y es la escansión de cosas y sucesos, de tiempo interrumpido y de tiempo continuo. No hay un más allá de la velocidad de las cosas o de su lentitud.
La diferencia entre ruralidad y ciudad es la interpretación de la escritura. Es la diferencia entre vivir sin la interpretación o vivir con la interpretación de escritura. Vivir con la interpretación te hace aparte de las cosas, te obliga a la representación sin tomar parte en ella. Vivir sin interpretación es vivir de la confusión entre cosas, seres y objetos. Existe tiempo y espacio, porque existe representación en la conciencia de lo que son las cosas y sus imágenes. No hay tiempo o espacio, al no haber una imagen previa de las cosas y de los objetos. Veamos la diferencia entre Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera. Cartagena, la ciudad donde ocurre la obra, no es Macondo, pueblo sin escritura, Cartagena, es una ciudad de escritura, de gente letrada, de lucha por la escritura y por la interpretación de los signos. En la ciudad todo se interpreta, el mundo se interpreta, y se interpreta la enfermedad y el amor. Se dan muchas interpretaciones, la del médico, la del poeta, la de la mujer, la del joven. La obra se inicia con la interpretación de la muerte, lo que significa, y se cierra con la interpretación del viaje de amor. Entre el amor y la muerte se dan todas las interpretaciones posibles y la escritura es el vencimiento del amor sobre la muerte. Sobre muertes personales, muertes de amor, muertes de enfermedad, muertes de tristeza y desencanto. El amor pasa por todas estas muertes y sale al final del viaje, como escritura del amor.
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Otra de nuestras preocupaciones y estudio, en este libro, es por pensar el nacimiento de la pedagogía en Europa y en Colombia, que no es otra cosa que pensar lo moderno, la civilización moderna. Para pensar la pedagogía moderna, hay que empezar por definir qué es lo moderno y la modernidad. Existen muchos libros que definen lo moderno, libros que piensan lo moderno, desde Europa o desde otra parte, América, América Latina o África. Este no es nuestro problema, no es definir la modernidad, desde un lado geográfico, en particular, nuestra perspectiva es definir la modernidad entre Europa y Colombia, no pensar desde un lado, sino en un entre-lados. Para hacerlo nos situamos en un período histórico que comprende cien años en Europa y cien años en Colombia. Decir cien años es una eternidad, es describir un tiempo sin tiempo, es la metáfora de un tiempo pasado, un tiempo cuya existencia se presenta como si no tuviera tiempo. Un tiempo que es tanto el europeo como el colombiano. Un tiempo para la pedagogía o mejor para poder escribir las pedagogías, porque la pedagogía es una escritura que se refiere a ella misma, el pedagogo es el que escribe lo que piensa al educar. Ese fue el oficio de Comenio, el de Rousseau y el de Pestalozzi y es nuestro oficio, escribir los cien eternos años de la pedagogía.
Para pensar lo moderno de la pedagogía, en Europa y en Colombia, lo haremos desde la literatura, más aún, desde la poesía y las dos obras citadas. Si construyéramos una línea histórica sobre la sociedad colombiana, veríamos que las dos obras cubren desde el año ١٨٤٠ a ١٩٤٠, la primera, y la segunda, desde 1930 hasta 1985; en total son 185 años de historia y de acontecimientos que acaecen y se dan en Colombia. Cien años no se refiere a Colombia, su dominio narrativo es un pueblo de la Costa Caribe de Colombia y El amor tampoco tiene como referencia a Colombia, sino a Cartagena, una ciudad del Caribe colombiano. Las dos obras des-escriben el pueblo y la ciudad. He ahí la modernidad desde la perspectiva del Caribe, la diferencia entre ser un pueblo y ser una ciudad.
¿Qué es ser pueblo y qué es ser ciudad? Es el problema moderno o desde esa perspectiva hay que mirar lo moderno. Ser pueblo es no tener escritura, no saber leer lo escrito, tener cultura oral, no tener entonces tiempo y espacio, no tener devenir del tiempo y del espacio, porque todas estas condiciones no se tienen, no se sabe quién es quién, no se sabe el ser de cada uno, el ser hombre, la subjetividad humana, la especie humana. No se sabe qué es una estirpe, una familia, una tribu, una comunidad. ¿Cómo se sabe lo que son todas y cada una de estas cosas? porque se sabe leer, se sabe leer lo escrito, y saber leer lo escrito es tener memoria, es tener la identidad del tiempo y del espacio, condiciones humanas necesarias para poder saber quién soy yo, quién es el otro, qué es la muerte y qué es el amor. En el pueblo se vive, se muere y se ama, sin saber lo que es el vivir, el morir y el amar. La ciudad es aquel lugar del tiempo y del espacio que, por poseer letras, escrituras, discursos y saberes, puede llegar a saber qué es la muerte y qué es el amor. Tener la idea de la muerte y la idea del amor.
La soledad en Cien años es no tener ideas porque no hay escritura, y no la hay porque no existe su enseñanza. Al no tener ideas no se sabe lo que es la diferencia entre la muerte y el amor. La diferencia entre morir y amar no es del orden de la existencia, de las cosas que mueren y de las cosas que se aman, es del orden de la representación que nos hacemos cuando leemos lo escrito. En un escrito leemos que alguien muere, en otro escrito leemos que alguien ama, eso que es leído, porque está escrito, es la diferencia entre morir y amar. Si vemos y sentimos que alguien muere, que alguien o cada uno ama, no sabemos de la diferencia entre morir y amar. La diferencia es la diferencia de las palabras morir y amar, es la diferencia de sus signos, de sus imágenes, de sus representaciones, discursos y escrituras. Esa diferencia es todo el libro de El amor en los tiempos del cólera, que empieza por la descripción de la muerte: el olor, la sensación, el cadáver, el cuerpo, la desnudez, el recuerdo, el olvido y termina, el libro, por el viaje de amor y por la diferencia entre vida y muerte: “es la vida más que la muerte la que no tiene límites”. El amor es un devenir, es tiempo, es un ir y venir, “durante toda la vida”.
El último Aureliano, en Cien años, sabe que va a morir y que el pueblo se va a acabar porque lee los manuscritos de Melquíades, lee y sabe qué es el morir, lee y sabe que la diferencia entre el pueblo y la ciudad es leer lo escrito. En lo escrito está la historia de Macondo, la historia de la familia Buendía, la historia de cada uno de los habitantes del pueblo, la historia del pueblo, sus guerras de amor y de muerte. Florentino Ariza, en El amor, sabe que va a amar durante medio siglo, sabe que ese amor acabará con su soledad, porque la soledad es no poder escribir, sabe que llegará el otro, la otra, para ello tendrá que escribir durante medio siglo, porque amar es un proceso de medio siglo, un largo proceso de saber escribir qué es el ser del amor.
La obra de García Márquez es la escritura de la historia del pueblo, la escritura de la historia de la ciudad. Es la escritura de la Diferencia entre pueblo y ciudad, es la diferencia entre el ser pueblo y ser ciudad, es la escritura de esta diferencia que se expresa en conocer la escritura y no conocerla o desconocerla. La escritura de García Márquez es pensar el ser de la escritura, es saber que conocer lo escrito es lo que define (diferencia), conocer la historia, no solo de la sociedad, sino del sujeto. Florentino es sujeto, porque conoce la escritura, porque se pone a escribir, porque sabe que escribir lo lleva al amor y antes de ese viaje, lo lleva a ser sujeto por sí mismo, en su soledad de escritor, él se educa como sujeto y educa su subjetividad o su subjetividad lo educa para ser sujeto. En estas dos obras vemos los signos de lo moderno y vemos el problema de lo moderno que es conocer la escritura, lo que significa conocer el amor y la muerte, conocerse así mismo, para poder ser sujeto y para poder dar cuenta del propio ser de sujeto, es decir, aquel que define los límites entre morir o amar.
Lo que narra García Márquez lo tradujo la sociedad moderna o sociedad de la ciudad, cuando decidió que el problema mayor de la sociedad y de los hombres es llegar a conocer la escritura y que el mejor modo de hacerlo es creando la escuela y sobre todo, creando la enseñanza de la escritura. Enseñar a escribir a los colombianos comprende los mismos años que se describen en estas dos obras de García Márquez. Recordemos que la primera escuela que se creó en Colombia para saber enseñar la escritura fue la Escuela Mutua, una escuela cuyos orígenes los vemos entre 1820 y 1840, que son los inicios de las narraciones que leemos en Cien años de soledad. Durante los siglos XIX y XX, la escuela tuvo como centro la enseñanza de la escritura y podemos decir que también la sociedad colombiana. La universidad y el colegio, la Normal y la facultad han insistido en resolver este problema, que es central, no para ser modernos, sino y, sobre todo, para saber quiénes somos, de dónde venimos, cuál es nuestro origen, desde cuándo hablamos, desde cuándo amamos y dejamos de morir, sin saberlo.
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Aceptemos que la ciudad surge y se crea cuando deja atrás el pueblo, lo rural, se deja atrás los seres sin tiempo y sin historia. Esta mutación o paso a la ciudad, no es un progreso, porque no se establece sobre una continuidad, es un salto al vacío, es llegar a otra cosa porque es otro tiempo, el lugar de los seres de tiempo y memoria, que saben que van a morir, porque ya saben del pasado y del presente. Ciudad significa dejar atrás ese mundo tranquilo de lo rural, mundo hermoso, el mundo de lo mismo, para llegar al mundo de lo otro, del lenguaje, un mundo donde el hombre se encuentra consigo mismo a estar con los otros. Este mundo otro es el mundo de la sociedad, el mundo de los otros que viven afuera de nosotros.
Aceptemos que la idea de sociedad es lo que permite dar ese paso hacia delante, que es la búsqueda de lo otro, y el dejar lo mismo y que por ello merece la pena de vivirlo. Pues bien, la sociedad no es, como parece, una idea económica o social, la sociedad es la idea de que existen dos cosas y no solo una, existe una cosa y la otra, existe otro más que yo, existen dos realidades, la que veo y la que no puedo ver. Para que exista sociedad lo más importante es lo que no puedo ver, la búsqueda de que existe algo más allá de lo que veo. Si se habla de imagen es porque es la imagen, no de lo mismo, sino de lo otro. La imagen es de otra cosa de la que veo. Por eso crear imágenes no es tan fácil, porque es aceptar el otro y dejar de existir solo para uno. Es en la escritura que se refleja este juego de imágenes, lo escrito es la imagen de lo que no veo, lo escrito me dice que esa es la verdadera imagen. Si acepto lo que me dice lo que ya está escrito, a pesar de que yo vea otra cosa, entro a la sociedad, que es entrar al lenguaje, a un lenguaje que me habla de otro mundo, que no es el mío, “viendo en un espejo hablado”.
La imagen está en el lenguaje, es la idea de la representación, yo me represento lo que existe, una cosa es lo que existe y otra, lo que yo me represento, la representación es la reunión de cosas y objetos, en una sola unidad, en una imagen que vale por igual para todos los objetos. Todas las cosas, las que veo y las que no veo, en una sola imagen, que yo me represento, es lo que produce la idea de sociedad. Esta imagen se define como la representación, una imagen que representa todas las cosas. Esta representación es la idea o la idea de las cosas. Para llegar a la idea de las cosas, a la idea, hay que destruir el mundo de las cosas, que es como destruir la realidad, la realidad de las cosas, destruir lo que veo y aceptar como creíble y verídico lo que no veo.
Esta descripción que hacemos de la sociedad, de la idea, y de la destrucción de las cosas, es lo que podemos leer en Cien años de soledad. El final de la novela es la destrucción del pueblo de Macondo, en el mismo momento en que Aureliano Buendía lee los manuscritos de Melquíades y comprende, al leerlos, que los textos hablan de esa misma destrucción y de su propia muerte. El pueblo es borrado de la faz de la tierra, el pueblo desaparece por la fuerza de una cosa, del “huracán bíblico”, después ya no hay más pueblo, se acaba lo rural y se acaba porque alguien lee lo que pasa, alguien lee lo que está escrito y lo escrito dice que el pueblo, lo rural, debe desaparecer. La escritura antecede lo que va a pasar, los hombres no saben lo que va a pasar, si no leen lo que va a pasar. La idea de sociedad nace o se crea, cuando los hombres se dan cuenta que la escritura es lo que dice lo que va a pasar.
La escritura es lo que marca la diferencia entre lo rural y la sociedad, que luego adquirirá los nombres de la ciudad, lo urbano, la urbe y el último nombre, que es de modernidad. Una vez se instale la modernidad o la sociedad, en el mundo, por efecto de la escritura, desaparece lo rural. Decir rural es poder decir que no existe la escritura para ver reflejado el mundo, lo que existe, al no darse la escritura, es vivir continuamente es una “ciudad de espejismos”, ver el espejo que devuelve el ver sin saber lo que pasa en el ver. La Alicia de Carroll atraviesa el espejo para ver qué está detrás de él. Escribir es atravesar el espejo de la realidad, y ver que detrás hay otra imagen, no la que devuelve del espejo, sino la imagen que el hombre se hace de sí mismo. El hombre se imagina y al hacerlo rompe la imaginación producida por las cosas. Escribir es imaginar el mundo sobre la imagen del mundo. Sobre ese mundo y su imagen, el hombre crea sus propios signos, crea la escritura que solo él reconoce.
La modernidad empezó por esta preocupación de la escritura, empezó por donde terminó Cien años de soledad. En Colombia, esta modernidad empezó igual, por enseñar a escribir. La Escuela Mutua fue la primera escuela que enseñó la escritura, que enseñó a escribir a los colombianos, a principios del siglo XIX, que eran, en ese entonces, granadinos. La enseñanza de ese entonces y cien años después, primera mitad del siglo XX, era copiar las cosas, los objetos, los signos. Repetir, imitar y asemejar la realidad, y no ver diferencia entre la realidad y la realidad misma. Esta enseñanza nunca entendió que la escritura “es irrepetible desde siempre y para siempre” y que, si no se aprendía a escribir, no se saldría de la soledad y no habría forma de tener “una segunda oportunidad sobre la tierra”. Escribir es interpretar, es ver detrás del espejo, es descubrir las claves de los textos, es ver con otros ojos, es crear la imagen de las cosas, que las mismas cosas no lo pueden hacer. Copiar la realidad es vivir eternamente en la soledad y no poder pasar a la sociedad. Lo que hoy debemos descubrir es si la escuela logró enseñar a escribir como lo dice la sociedad moderna o sigue repitiendo la vida y la forma de vivir de un pueblo como Macondo. Es rural cualquier lugar, cualquier persona, cualquier institución, que no entienda que escribir es interpretar los textos, los libros, los discursos. Decir rural no es decir algo malo, es decir que se vive en completa soledad, donde no hay comunicación, reunión y presencia del otro. En esta soledad no solo no se entiende el mundo, no se sabe para qué uno está en el mundo.
Para pensar lo rural lo haremos desde la cultura escrita y no escrita. En todo caso, nuestra aproximación al tema es la escritura. De paso, es una crítica a la cultura escrita de la escuela, a la divulgación de la escritura desde su cultura escolar que, con la ausencia de la escritura, no ha hecho otra cosa, que ruralizar la ciudad, o sea, extender la ausencia de escritura a la ciudad. Ese es uno de efectos de la escuela en Colombia: impedir que haya escritura en la sociedad, mantener la falsa identidad entre enseñar escritura y la escritura, y con ello lograr que la sociedad no pueda conocer su historia y saber de sus límites, no conozca su presente y no sepa cómo construir su futuro y reconstruir su pasado.
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Una sociedad se mide y mide su valor por las ideas que ha tenido, así mismo, podemos pensar que escribir y saber escribir es tener ideas, partir de ellas. No solo de cosas, objetos o experiencias, es tener ideas de las cosas. El pueblo griego fue maestro en tener ideas, ellos crearon la idea de los rivales, del simulacro, de lo abierto, de lo interior, de lo masculino, de la penetración. Colombia ha tenido pocas ideas y superficiales, primero, fue la idea de ser católico o cristiano, luego, la idea de ser liberal o conservador, idea que se mantuvo por dos siglos, en el siglo XX, apareció la idea de lo público y lo privado. Hasta García Márquez, que no solo fue un gran escritor, sino un gran filósofo, no apareció una gran idea: la diferencia entre el amor y la muerte, idea que recorre toda su obra. Botero quizás logró construir una nueva idea, que es la de los gordos. Hasta allí este país sin ideas.
La escritura no consiste en hacer copias de las cosas o de los signos, que es lo que nos enseñan en la escuela, la escritura tiene el sentido de crear ideas y de crearlas porque se hace sobre la escritura, que no hay que entender como copia, sino cómo establecer un orden preciso con signos, sobre los signos. En la escuela hay que dar y crear ideas y hacer escribir sobre ellas, no sobre cosas y objetos. Hay que crear ideas de objetos que se vuelvan signos. Se sabe que tener ideas es muy difícil, sobre todo para una sociedad y una cultura. La soledad de Macondo es que no tuvo una sola idea. La riqueza de la Cartagena de principios del siglo XX está en que tuvo una idea, la idea del amor. Sin ideas no hay escritura y sin escritura no hay ideas. Los hombres y mujeres deben tener ideas y no solo puntos de vistas. La idea es una imagen total y vertical del mundo, como lo es la contemplación, gran idea medieval, como la conducción, el gobernar, que, por su parte, es una idea moderna, o la dialéctica, la fuerza, la energía que son las ideas del siglo XX.
La idea parte el mundo y la vida, trazando una raya de lado a lado, haciendo una ruptura, estableciendo un antes y un después, es una fuerza que se impone de fuera, que nace de la historia. Es la fuerza de la idea. Quizás la idea primordial de la modernidad y que es muy importante para la educación y para la escuela, es la idea del saber empezar y saber terminar, la idea de saber cuándo algo comienza y cuándo llega a su final, lo que no es otra cosa, que saber cuál es nuestro destino en la tierra. Es en la escritura que está escrito el destino de los hombres, como lo dice muy bien García Márquez en Cien años de soledad.
Estas palabras preliminares son para pensar lo rural en Colombia, saber la diferencia entre rural y ciudad. Nuestra hipótesis inicial es que lo rural tiene que ver con una cultura que no tiene ideas, y que no las tiene, por falta de escritura. La vida rural, tiene muchas cosas: pasiones, luchas, avatares, desafíos, pero no tiene ideas, porque no tiene escritura de ideas. Para tener ideas se necesita que varias generaciones de hombres y mujeres busquen la idea, la idea que explica sus vidas y la historia de sus vidas. Esa es la primera idea, conocer el destino propio, antes de vivirlo. La escritura es eso: conocer antes, lo que uno es, conocer la historia, sin haberla vivido, uno es, antes de ser, uno sabe lo vivido para poder vivir, sabe de la vida para conocer la vida. Saber de la vida es saber (representársela) la vida, antes de vivirla. La idea es pues una representación que está fuera de uno, fuera del sujeto. Esa representación es una imagen, muchas imágenes, redes de imágenes, que enlazan cosas, objetos y acciones, que no es la imagen que uno se hace, sino otra, una imagen que viene de otra parte. La representación es una imagen del otro lado de las cosas, el lado desconocido, el lado oscuro, el lado oculto. Escribir es dar con la idea oculta, con la imagen que se escapa, con la representación que uno no puede tener por sí mismo, con sus propias percepciones, sino que requiere creer que vienen de otra parte, de una parte, que uno no conoce. Tener ideas es llegar a este mundo que se oculta y se desconoce. Es llegar a las cosas secretas o al secreto de las cosas.
Tener ideas y buscar secretos es convertir las cosas y los objetos en textos, en “textos sagrados”, como se dice en Cien años de soledad, cuando José Arcadio vio y tocó el hielo por primera vez. Partir entonces del texto, convertir las cosas en textos, los signos en textura, en discursos. Eso es lo que se usa en la disertación, que se ha empleado en las escuelas para enseñar a tener ideas y pensar en ellas. La disertación es un esquema de escritura que parte de empezar a escribir anteponiendo dos ideas, una idea que se enfrenta con otra idea distinta, el método consiste en buscar sus diferencias. El ensayo es otro esquema o composición de escritura para aprender a escribir, trata de buscar la idea, surge de poder saber plantear una idea, que es situarla, construirla y darle forma. El problema es otro esquema de escritura, alude a la posibilidad de construir una idea y darle un desarrollo tensionado, largo y consistente. Finalmente, tenemos la interpretación, que va a ser muy importante porque lleva a la búsqueda de la idea, el que interpreta sabe que hay una idea a perseguir, que detrás de las cosas y los objetos, está el mundo de la idea. ¿Cómo hacer para poder conocer la escuela rural y poder diferenciarla de la escuela de la ciudad? Para ello hay que partir de una idea, es la idea de la diferencia entre ciudad y ruralidad. Ciudad es una idea y ruralidad es otra idea. ¿Cuál es la diferencia? pensar la diferencia es empezar a hacerlo por pensar la escritura. Una sociedad rural es aquella que no escribe y una sociedad urbana es aquella que escribe. En Macondo (pueblo rural), no hay escritura, mientras que en la ciudad de Cartagena sí la hay. Ciudad puede asimilarse a cultura escrita y ruralidad a cultura no escrita. No es que no haya en ésta última escritos o cuadernos de escritura, es que no hay interpretación de los signos que tienen las cosas. Interpretación, quiere decir: no se parte de los textos para poder descifrar con ellos la realidad. Macondo tiene ante sí, los textos manuscritos que les dejó Melquíades, y ninguno de sus habitantes supo leerlos para saber, por anticipado, cuál sería su destino. Leerlos, desde el comienzo de su historia, como pueblo, les hubiera dado dos oportunidades, anticipar su final y luchar por cambiar ese destino. Interpretar es leer y descifrar lo que una sociedad puede llegar a ser al cabo de su historia, antes que esa historia se cumpla. Aunque esa misma sociedad no pueda impedir que esa historia se haga realidad, como dice Hegel, una vez se cumple como tragedia y otra, como comedia. Macondo no conoció sino la tragedia, por no haber interpretado la escritura de Melquíades, que le hubiera dado la oportunidad de reírse de sí misma.
Rural no es zona, campo o sector, rural es la condición de no saber escribir y escribir, es saber que la realidad es un texto que hay que interpretar. Todo es texto, primero que todo, todo es discurso, para que todo se pueda volver realidad, sino es así, la realidad es confundible, imposible de saber si es real o no. Esto lo dijo Comenio, el primer pedagogo que puso en la escuela la escritura. Comenio dijo que enseñar es saber representar con imágenes (textos), las cosas y, además, que enseñar es saber organizar la imagen en textos que puedan ser leídos para luego ser escritos. Dicho de otra manera, la realidad son relatos sobre las cosas. Saber organizar los relatos, como lo hizo Melquíades, que ordenó, distribuyó, separó, clasificó y organizó la historia de los Buendía, que nadie supo descifrar, porque no conocieron las claves de la escritura. Comenio fue el primer maestro que llevó a la escuela el orden que necesitan las cosas y los objetos para que la realidad pueda ser descifrada, comprendida, aprendida. Sin este orden, la realidad es indescifrable y lo que le pasa al hombre también.
Introducción
En este libro se piensa la pedagogía desde una metáfora temporal, la que uno se imagina cuando dice que han pasado cien años. Estos largos años son un siglo, pero si uno dice cien años, parece decir algo más, es mucho tiempo, un largo tiempo, y si a estos años le agregamos que son de soledad, el tiempo es aún más largo, casi infinito, un tiempo que no se puede contar. Esta metáfora la usamos para pensar la pedagogía en Europa y la pedagogía en Colombia. No es para hacer una comparación entre las dos culturas, es sólo trazar una línea entre ellas, que permita ver cómo se construyó la pedagogía. Me sitúo en la Europa del siglo XVII, exactamente en 1667, y en la Colombia de 1886. En estas dos fechas aparecen dos libros de pedagogía, uno de Didáctica y otro de Elementos de pedagogía. Pienso en este comienzo de lo que podríamos denominar pedagogía, que es la pedagogía que se creó para pensar la nueva sociedad, con un nuevo Estado y una nueva forma de producción económica. Pedagogía que representa un corte en el saber sobre el individuo, la escuela y la educación, pues por primera vez el objeto de la pedagogía es la escritura y su enseñanza. La pedagogía antigua y aún la medioeval, en Europa, no tenía estas características, era una pedagogía fuera de la escuela y no era para enseñar, en la antigüedad era para conducir un joven, y en el medioevo era para conducir la vida espiritual y religiosa. En Colombia no existió la palabra pedagogía antes de 1886, lo que se representaba como tal era la enseñanza y la instrucción.
La metáfora de cien años
La metáfora de cien años la tomo del libro Cien años de soledad, de García Márquez, allí la soledad se refiere al aislamiento de Macondo, que es la figura mítica del libro, una sociedad agraria y campesina, este aislamiento no es geográfico, sino lingüístico, es el aislamiento y la soledad por no poder descifrar los libros, no poder leerlos, Macondo es un pueblo que no tiene escritura y por eso está aislado, solo. El no saber escribir aísla, nos envuelve en un manto de soledad, que es la de la palabra, la de la cultura oral. El libro describe el comienzo y el final de una cultura y una sociedad que no escribe y que siente como una destrucción de sí misma el encuentro con la escritura. Esta destrucción no solo le acontece a este pueblo y a esta sociedad, la vamos a encontrar en otro libro de García Márquez, El amor en los tiempos del cólera, Florentino, el personaje de la obra, ha de pasar por destruirse así mismo para construirse después. El acceso a la escritura tiene una condición: llegar a ser otro, distinto al ser que se es. Macondo no llega a ser otro, pues perece en la aventura de no poder interpretar lo escrito, Florentino no perece, llega a ser escritor.
En Europa, y en relación con la pedagogía, encontramos un fenómeno parecido al acontecimiento de Macondo en el libro de García Márquez. En 1632 Juan A. Comenio escribe la Didáctica magna1 y su gran libro Pampedia2 que representa el paso de la pedagogía antigua y medioeval, a la pedagogía moderna, a la didáctica, al arte de enseñar, a la ciencia del enseñar. Este acontecimiento, como en Macondo, representa la transformación de una cultura oral y de una pedagogía oral, desde estos años la pedagogía se vuelve escritura, se puede decir que lo que se representaba hasta ese entonces en Occidente como pedagogía, desapareció de la cultura, si bien se mantuvo el nombre, éste ya no representa lo que era, la palabra pedagogía pasó a significar otra cosa, pedagogía era instruir, ahora pasa a saber escribir lo que se dice con instruir. La pedagogía antigua y medioeval había nacido en una cultura que no era escrita, era una cultura oral, y si lo escrito figuraba en esa cultura no era para definir la pedagogía, sino para darle sentido e importancia, al lado de otras experiencias de más valor, como la política, la moral y la religión. La pedagogía tenía como finalidad llegar a la escritura, pero ella misma no estaba escrita. Cuestión muy distinta a lo que ocurre en el momento de Comenio, aquí la pedagogía es escrita, es un tratado, y no busca descubrir la escritura, llegar a ella, sino que la escritura es su condición, es lo que la explica. Esta figura discursiva nos revela que, si la pedagogía es escrita, con ella y desde ella, se puede enseñar a escribir.
La Didáctica magna de Comenio enseña a escribir, y el sentido de su pedagogía es que el sujeto adquiera la cultura escrita. La escuela, el tratado, el arte y la ciencia se ponen al servicio de la escritura. Un siglo más tarde las cosas van a cambiar, el enseñar a escribir no se hace solo en la escuela, el individuo puede aprender a escribir apoyándose en el arte y en la literatura, podemos decir que, en el siglo XVIII, en el paso al siglo XIX, nace el escritor, el hombre que sabe escribir por sí mismo. Este el comienzo de la novela de formación de Goethe, que leemos en la saga de Wilhmer Meister. García Márquez, el que escribió Cien años de soledad, también escribió una novela de formación, que es El amor en los tiempos del cólera, que es la saga de Florentino Ariza, en este libro él aprende a escribir por sí mismo.
Comenio escribe la Didáctica magna al comienzo de la modernidad, en 1632, que es el encuentro de la escuela con la escritura, es la pedagogía la que propicia este encuentro, bajo el nombre de la didáctica. En Colombia, García Márquez, en Cien años de soledad, nos explica qué sucede cuando se pasa de la cultura oral a la escrita. La sociedad que es descrita en la obra es la Nueva Granada, una sociedad que existe entre los años 1730 y 1830, que es el período colonial, es también la Colombia de 1830 a 1930, que es una sociedad agraria, conservadora y católica; estas dos sociedades forman una única sociedad, la sociedad que no escribe, sino que habla, la sociedad que no ha inventado la escritura, la sociedad que no tiene una pedagogía escrita, sino una pedagogía oral. Desde 1730 hasta 1930, la pedagogía de la Nueva Granada y de Colombia, es de la conducción católica, que no es una pedagogía escrita, que, si bien esta pedagogía se propone enseñar a escribir, no lo puede cumplir, porque esta enseñanza hunde sus raíces en la cultura y la pedagogía oral. En 1930 se crean las condiciones para que surja la pedagogía escrita, la didáctica, el arte y la ciencia del enseñar, 1930 tiene un parecido con el momento Comenio, pues fue en esos años que se pasó de la pedagogía oral a la pedagogía escrita, con el nombre de Didáctica magna.
La sociedad que sirve de fondo a Años de enseñanza y aprendizaje de Goethe es muy parecida a la sociedad que sirve de horizonte a García Márquez para situar las aventuras de Florentino en El amor en los tiempos de cólera. Las dos obras son de aventuras, aprendizajes y andanzas, son experiencias donde Guillermo y Florentino aprenden a escribir y a ser escritores. Para que esto ocurra, para que nazca la escritura y emerja el escritor, se necesita que haya amor, desamor, tragedia y dolor, en una palabra, soledad. Florentino vivió cincuenta años solo, antes de poder ser escritor, por vencer esta soledad es que aprendió a escribir. En el libro Cien años de soledad, los Buendía, la estirpe Buendía, desaparece, como también la sociedad Macondo, y solo queda un último descendiente de la familia, que es aquel que sobrevive porque sabe escribir, sabe interpretar los libros. Se mantiene vivo el que sabe leer lo escrito, este saber tiene la propiedad de revelar, la historia, el pasado, el presente y revelar el misterio de saber quién es uno.
Didáctica y escritura
La didáctica, desde Comenio, no es solo saber enseñar, es también saber enseñar el escribir. Este saber consiste en saber cómo se construyó el pasado, lo que ha pasado y no deja de pasar. La frase escrita habla del pasado, de lo que fue imagen, recuerdo, memoria, el significado de la frase ya pasó, cuando se lee la frase, el significado ya no existe porque lo escrito separa lo que fue y lo que es. Se sabe lo que fue porque está escrito y lo que fue es el pasado más lejano y el más cercano. Cuando Comenio establece la didáctica, separa la pedagogía de lo que fue y de lo que es y por esta separación sabemos qué es la pedagogía, sabemos de su pasado, sin necesidad de ir a su pasado, al solo leer lo escrito, ya sabemos lo que fue, aunque lo que fue se nos escape, porque ya no es. Solo cuando desaparece la pedagogía oral, del diálogo, la conversación y la amistad, sabemos qué es la pedagogía, porque pedagogía es escribir y no hablar.. Este efecto de la escritura ilumina lo que es la historia, el tiempo, el espacio y la vida de las sociedades. Creo que este efecto fue el que aconteció en la cultura europea cuando Comenio escribe la Didáctica magna. Un efecto claramente pedagógico, si por ello entendemos la manera como se puede llegar a ser otro, que fue el sentido de la pedagogía antigua y medioeval, formar a alguien para que llegue a ser otro. La escuela que se ve en este libro pretende formar el hombre católico para que llegue a ser otro y esta formación se produce al aprender a escribir. La escuela es la que enseña a escribir y la pedagogía es la que, al dirigirse al hombre, lo conduce para que aprenda a escribir. En la novela de formación y después en la Bildung, pedagogía es la conducción que uno se hace así mismo para llegar a leer lo escrito y poder llegar a ser escritor. La escritura es una multiplicidad de separaciones, nos separa de lo que fuimos, nos separa de la escuela, nos separa del amor, nos separa en el tiempo.
En Colombia, la pedagogía como didáctica, la pedagogía como el arte de enseñar a escribir y la escuela como la institución que enseña a escribir fue un acontecimiento que se aplazó históricamente y fue ese acontecimiento el que investigó García Márquez en sus dos libros citados. En Cien años de soledad nos da una versión de la sociedad colombiana, desde la Colonia, el siglo XIX hasta 1930, para mostrar lo que significa el no poder entender que las cosas existen en sus separaciones naturales, sociales y culturales, que amar se da cuando algo se separa, que pensar es establecer divisiones, que hablar se produce al construir unidades distintas, que todo está en relación con el adentro y el afuera, el interior y el exterior, el pasado y el presente, lo que fue y ya no es. En una cultura oral esta potencia de las divisiones y las separaciones no existe, todo, el ser, las cosas están unidas. Existe un solo ser, contrario a lo que nos enseña la escritura que es la multiplicidad del ser. Saber leer lo escrito es poder entender y comprender el no ser, la negatividad, la diferencia, lo otro. En El amor en los tiempos del cólera, lo que estudia García Márquez es cómo Florentino llega a ser escritor, cuál es la pedagogía que forma el ser escritor y la escritura. Para llegar a ser escritor, Florentino pasa por múltiples separaciones en su vida: de sus padres, de su familia, de su casa, de su oficio, de su imagen social, de su identidad, de sus relaciones con los otros, de sus aventuras, y, finalmente, de su amor y de sus amistades. La escritura separa la imagen del signo, el significado del significante, la visión de la cosa y nos separa también de nosotros mismos, nos separa del tiempo pasado, nos separa, y en ello nos deja solos, para que podamos volver a unir, nuevamente, todo lo separado. Escribir es entender la separación y unir de otro modo lo separado, pegarlo a nuestro modo y con nuestro estilo de vida, es decir, con nuestra ética y estética.
En 1886 se escribió en Colombia el libro Elementos de pedagogía de los hermanos Restrepo Mejía, un libro que se ocupó del tema de la pedagogía y de la pedagogía como didáctica, diríamos que el libro se sitúa en el momento Comenio y en el tema de investigación de García Márquez, pues trata el problema de la división o separación de los objetos de la educación, la división de las palabras y conceptos, de la separación de las instituciones educativas y las funciones de los educadores. Diríamos que tiene en cuenta la escritura, la enseñanza de la escritura y la formación de escritores, pues eso es lo que define a la escritura, una técnica cultural que separa y divide. Separa lo oral de lo escrito, separa lo que está unido por la semejanza, establece la diferencia, y define cada cosa según su espacio y su tiempo. Si bien, el libro tiene el valor de pensar la escritura, lo hace con una técnica que no es escrita, pues a pesar de que el libro se reclama de ser una ciencia y un arte, es una copia de los pedagogos que lograron construir la pedagogía como saber escrito, nos referimos a Comenio, Locke, Rousseau, Pestalozzi, Froebel y Herbart. El libro copia lo que escribieron estos pedagogos, y no cumple lo que se propuso, cual es establecer, en Colombia, el momento en que la escuela enseñe a escribir, que la pedagogía sea una escritura y el pedagogo un escritor3.
La escritura no consiste en hacer copias de las cosas o de los signos, que es lo que nos dicen y enseñan en las escuelas. La escritura tiene el sentido de crear conceptos y de crearlos porque se hace sobre la escritura, que no hay que entender como copia, sino cómo establecer un orden preciso de signos, sobre los signos. En la escuela hay que producir conceptos, crearlos y producir símbolos, sobre las ideas y las percepciones y no sobre las cosas y los objetos. Hay que crear ideas de objetos que se vuelvan signos. La idea es una imagen total y vertical del mundo, como lo es la contemplación, gran idea medioeval, como la conducción, el gobernar, que, por su parte, es una idea moderna, o la dialéctica, la fuerza, la energía, que son las ideas del siglo XX. García Márquez creó el concepto o la idea de la escritura, como aquella pasión que a la vez que nos destruye también nos crea y nos inventa. La escritura es un concepto que partió el mundo y la vida, trazó una raya de lado a lado, creó una ruptura, estableció un antes y un después, es pues una fuerza que se impone de fuera, que nace de la historia. Es en la escritura donde está el destino de los hombres, como lo dice muy bien García Márquez en Cien años de soledad.
La escritura es eso: conocer antes, lo que uno es, conocer la historia, sin haberla vivido, uno es, antes de ser, uno sabe lo vivido para poder vivir, sabe de la vida para conocer la vida. Saber de la vida es saber (representársela) la vida, antes de vivirla. La escritura es pues una representación que está fuera de uno, fuera del sujeto. Esa representación es una imagen, muchas imágenes, redes de imágenes, que enlazan cosas, objetos y acciones, que no es la imagen que uno se hace, sino otra, una imagen que viene de otra parte. La representación es una imagen del otro lado de las cosas, el lado desconocido, el lado oscuro, el lado oculto. Escribir es dar con la idea oculta, con la imagen que se escapa, con la representación que uno no puede tener por sí mismo, con sus propias percepciones, sino que requiere creer que vienen de otra parte, de una parte, que uno no conoce. Tener escritura es poder comprender el mundo que se oculta y se desconoce. Es llegar a las cosas secretas o al secreto de las cosas.
Tener escritura es buscar secretos, es convertir las cosas y los objetos en textos, en “textos sagrados”, como se dice en Cien años de soledad, cuando José Arcadio vio y tocó el hielo por primera vez. Partir entonces del texto, convertir las cosas en textos, los signos en textura, en discursos. Eso es lo que se usa en la disertación, que se ha empleado en las escuelas para enseñar a tener escritura y pensar en signos escritos. La disertación es un esquema de escritura que parte de empezar a escribir anteponiendo dos ideas, una que se enfrenta con otra distinta, el método consiste en buscar sus diferencias. El ensayo es otro esquema o composición de escritura para aprender a escribir, trata de buscar la idea, surge de poder plantearla, que es situarla, construirla y darle forma. El problema es otro esquema de escritura, alude a la posibilidad de construir una idea y darle un desarrollo tensionado, largo y consistente. Finalmente, tenemos la interpretación que va a ser importante porque lleva a la búsqueda de la idea, el que interpreta sabe que hay una idea a perseguir, que detrás de las cosas y los objetos está el mundo de la idea.
El nacimiento de la pedagogía moderna
El final de Cien años de soledad le da sentido a la historia de la enseñanza de la vida pública en Colombia. Este acontecimiento no tiene una fecha precisa, se desliza a través del siglo XIX, y se fija en ciertos momentos, en 1821 cuando se introduce la Escuela Mutua, en 1848 cuando el manual es oficial en la Escuela Normal, en 1870 con las reformas liberales y la publicación de la Revista de la Normal, con la publicación del libro Elementos de pedagogía, y avanza hacia el siglo XX, en 1932, con los cursos de información para Normales, en 1933 con la creación de la facultad de educación y en 1938 con la Escuela Normal Superior, en 1948 con su disolución, en la década del cincuenta con las reformas de las facultades de educación, la escuela y la normal, y en 1980 con la emergencia del Movimiento pedagógico, que termina con la Ley 115 de 1994.
En todos esos años, ni en la Colonia o en la República hay una pedagogía que se ocupe de crear el hombre, la razón, el pensamiento, la escuela y el maestro público. No hay que confundir público con el Estado, educación pública con instituciones, vida pública con los espacios públicos, razón pública con hablar en público, pensamiento público con decir públicamente alguna cosa. Público es el tema, el objeto, el problema de la pedagogía y tiene que ver con el individuo, la razón, la vida y el pensar. Ninguno de estos temas y problemas pasa por el Estado o pasa por los espacios, ellos pasan por la cultura, el saber y la educación de la pedagogía. En Europa, en los siglos XVII y XVII, y desde Comenio, la educación pública no era la del Estado, era la educación del hombre racional, del hombre ético, del hombre que lo sabía todo. Kant planteó otro sentido de lo público que como fue la razón, y la educación pública consistía en formar la razón, que no era la razón en el hombre o en el individuo, sino la razón fuera de los dos, la razón como experiencia de las cosas, del individuo enfrentado a esa experiencia. Con la Bildungroman o novela de formación, lo público no es el hombre o la razón, sino la vida. Esta novela desarrolló tres formas de vida o tres culturas: la vida privada, la pública y la secreta. Desde el siglo XIX y XX, lo público es el pensamiento, es el pensar, y esto desde el libro de Heidegger ¿Qué significa pensar?4. Es muy probable que lo público haya cambiado de sentido para finales del siglo XX, desde el libro de Derrida De la gramatalogía, escrito en 1968, lo público como el problema de la escritura.
Si la finalidad de toda sociedad moderna, la que se crea después de la imprenta en 1492, es de instalar la formación de la escritura y la formación de sujetos para que lleguen a escribir y a leer, entonces de lo que se trató fue de darle importancia al manual de enseñanza, a la didáctica, a la enseñanza, a los saberes que se ocuparon de ello. Fue establecer prácticas pedagógicas sobre la formación de un cuerpo que escribiera y que leyera, un cuerpo productivo y colectivo, y también de crear prácticas individuales que hicieran de ellos mismos hombres. Estas tres líneas de formación son las que establecieron la pedagogía: un método para enseñar a escribir, un tratado sobre el cuerpo productivo y una ciencia sobre el hombre interior, y son las que formaron la pedagogía moderna, que en Colombia no tuvieron discursos y saberes que los explicaran y dieran cuenta de sus objetos, caso contrario a Europa, en donde vemos una amplia reflexión y estudio sobre ellos.
Esta disyunción para explicar el nacimiento y el desarrollo de la pedagogía moderna, que va entre el silencio y el habla, el discurso y su práctica, hizo necesario que hiciéramos un análisis de la pedagogía moderna en Europa y en Colombia. No se trató de comparar las dos pedagogías, sino de desentrañar lo que pasó en Colombiaa partir de lo que pasó en Europa. Los problemas son puntuales: estudiar la enseñanza desde la didáctica y en ella, el individuo productivo; pensar la pedagogía moral y el hombre interior, desde los tratados de moral; y estudiar el sí mismo desde la confesión y las novelas de formación. En Colombia no existieron tratados para explicar la formación de la pedagogía, lo que no sucedió en Europa, en donde el tratado tiene una larga tradición, y esto desde la antigüedad griega. Hemos partido de tres tratados de pedagogía: el tratado de didáctica, el de pedagogía moral y el tratado autobiográfico o de confesión. En Colombia, el primer tratado de pedagogía es de 1888 que tiene la forma de catecismo, de libro de confesión católica. La novela de formación en Colombia funciona como un tratado del hombre interior. En general en Colombia no se tienen tratados de pedagogía o de didáctica, hasta muy avanzado el siglo XX. El Movimiento Pedagógico no construyó tratados, sino metodologías y posturas epistemológicas. El tratado es importante porque permite una mirada sobre las tres líneas de fuerza que queremos estudiar: la enseñanza de la lectura y la escritura, el hombre productivo y el hombre interior. La pedagogía es la conjunción de estas tres líneas, su formación es tanto hacia la construcción de la enseñanza, como hacia la formación del hombre, en sus dos campos de saber: el hombre que trabaja, que tiene un oficio, una profesión y el hombre que se conoce así mismo y conoce a los otros.
Esta formación de la pedagogía no se puede ver solo desde el estudio de un único campo de saber, ya sea la enseñanza, la profesión o la subjetividad, tampoco se puede entender en un momento determinado, es un proceso largo y complejo. En Europa va desde 1657 con la publicación de la Didáctica magna de Comenio, hasta las ciencias de la educación, creadas a mediados del siglo XX. En Colombia, desde 1821, que es el nacimiento de la Escuela Mutua, hasta 1980, cuando surge el Movimiento pedagógico. Esta formación de la pedagogía no puede hacerse desde el registro de leyes jurídicas, tampoco desde políticas públicas del Estado, pues de lo que se trata es de estudiar la formación de los códigos de saber que vinculan las prácticas de conducta, el código nos muestra el tratamiento que se le hace a los conocimientos educativos para que se pueda crear la experiencia de los sujetos en relación consigo mismo, con los otros y con los objetos exteriores. La didáctica, la moral y la ética son tres elementos del código de formación de la pedagogía, que se articulan a las prácticas de la escuela, del trabajo y de la conducta individual, todo ello para formar un campo de saber o de experiencia pedagógica.
Este libro está organizado para explicar esta experiencia pedagógica, primero, estudiar el tratado didáctico, que nos revela cómo se construye la enseñanza y que nos muestra lo que es la formación del individuo, la conciencia pública, el hombre productivo, el trabajador, y el profesional. Luego, el tratado moral, que es el estudio de la razón y su formación, en contacto con las cosas y las instituciones. Y, por último, las prácticas éticas y estéticas, aquellas que indagan sobre la formación del hombre consigo mismo, prácticas que se inician tardíamente con la escuela nueva y los métodos activos, y que en sus inicios están en la prácticas confesionales, autobiográficas y narrativas. En Colombia, las encontramos hacia finales del siglo XIX, en las novelas pedagógicas y en los tratados de confesión. La pedagogía no es solo el estudio de los libros sobre la enseñanza, los métodos de enseñanza y aprendizaje y la formación del maestro. El análisis de la pedagogía busca relacionar estas modalidades teóricas con las instituciones educativas, la escuela, la Normal y la facultad, y con las prácticas morales y éticas, los estilos de vida, las figuras, la dirección y conducción de la conducta propia y la de otros. Pedagogía no es solo saber enseñar, es saber formar la razón, saber conducir y saber llegar al otro, son estas tres cosas a la vez, es una experiencia en la cual el maestro es uno y uno mismo, el niño otro y sí mismo, y la escuela es otra para sí y para otros.
La pedagogía hay que buscarla y encontrarla, desde el siglo XVII, en las distintas representaciones sobre el hombre, católico y laico; el niño y el joven, como objetos de las instituciones educativas; en la construcción y funcionamiento de instituciones como el preescolar, la escuela, el colegio, la Normal y la facultad y en los procesos de formación del individuo, como objeto de sí mismo, que ya no se produce en instituciones, sino en la relación del sujeto consigo mismo. Esta dispersión de la pedagogía ha dado lugar a tres campos pedagógicos: la pedagogía como una disciplina, como una institución y como formación del individuo. Como disciplina, la pedagogía está en los tratados didácticos y pedagógicos, que se refieren a la enseñanza y a la moral; como institución, en las prácticas escolares, de disciplina y obediencia que son las que construyen el hombre productivo; y como formación, en las prácticas de individualización que se dan en los textos estéticos y literarios, que tienen como objeto la relación del hombre consigo mismo, como las autobiografías, las confesiones y las novelas. Son tres los campos de la pedagogía: la enseñanza, la moral y la ética, cada uno de estos campos tiene sus propias prácticas, la enseñanza tiene como práctica la institución, cuyo fin es la construcción del hombre productivo; la moral, tiene como práctica la cultura y su fin es la construcción del hombre libre; y la ética que construye su práctica, en el pliegue del hombre práctico, el hombre libre y su propio destino. Este es el esquema:
Cuadro 1. Campos de la pedagogía
| Objeto | Práctica | Finalidad |
| Enseñanza | Institución escolar | Hombre productivo: identidad, oficio, disciplina, profesión |
| Moral | Cultura | Libertad |
| Ética | Alejarse de la identidad y la disciplina | llegar a ser uno mismo |
Fuente. Elaboración propia
De los tres campos de la pedagogía, sólo el de la ética merece el nombre de formación, pedagogía de la formación, porque es el único que envuelve los tres campos, no pretende construir un único campo, sino liberarse del campo de la enseñanza y el de la moral, y hacer posible que el sujeto encuentre su propio lugar, su propia identidad, su propio ser, que es lo que se llama ética. Cada uno de los campos de la pedagogía tiene sus textos precisos, en este campo ético, sus libros son las novelas de pedagogía o de formación, en estas novelas, los personajes principales, abandonan tempranamente la escuela, la universidad y sus distintos oficios, sean actividades o profesiones. Se desprenden de cualquier moral, no quieren ni la libertad, ni la obediencia, buscan ser dueños de su propio destino, aunque saben que ese destino o finalidad no se aleja de darse y construirse su propia disciplina, como la de ser santo, monje, humanista o escritor, la diferencia es que esa disciplina u oficio, es propia. En este campo, las prácticas buscar formar la individualidad, hacer que el sujeto se construya así mismo, en sus luchas y aventuras, por dejar de ser lo que dice la institución y ser otra cosa, lo que ellos mismos quieren ser. Textos filosóficos o artísticos hacen parte de este campo, su pretensión es la de pensar la no identidad, como los de Nietzsche o los de Fernando González y Estanislao Zuleta en Colombia.
La enseñanza tiene sus textos representativos que son los tratados, su particularidad es que sean metódicos, que busquen dar cuenta de la forma, de la identidad del pensar y del conocer, como los manuales, cartillas, catecismos, textos de lectura y escritura, guías, textos de dirección de la conducta y de la mente. De este modelo se copiaron las leyes, normas, reglamentos, decretos, lineamientos, instrucciones, planes, sistemas curriculares, proyectos, prospectivas, etc. Las prácticas institucionales buscan que el sujeto construya su identidad como hombre productivo y práctico, en la dirección hacia la ciudadanía, la vida social, económica o social y que todo termine en aprender un oficio, que pasa primero, por la construcción del cuerpo, de la mente y de la conciencia, necesarios para aprender a leer y a escribir lo que dicen las leyes, las normas y los métodos, con los cuales llegará a identificarse para toda la vida.
La pedagogía moral tiene sus textos representativos en los tratados morales, los ensayos, las reflexiones, las disertaciones y los textos críticos. En estos textos vemos una crítica al método, a la institución y las políticas de crear la identidad en un oficio o profesión. Rousseau decía que lo que buscaba era que Emilio fuera hombre, solo hombre, que no tuviera ningún oficio y no asistiera a ninguna escuela. Las prácticas en este campo moral no son las instituciones y sus distintas representaciones escritas, no es nada parecido con enseñar, instruir, criar o cuidar. Las prácticas son aquellas que buscan, primero, que el hombre sea un individuo, y segundo, que la construcción individual sea hacia la libertad. El individuo no se construye en la institución y en sus prácticas, su construcción es social, cultural, al lado de las ciencias, las artes y las humanidades. El individuo es el resultado de una educación que sea libre, abierta, sin ninguna dependencia, sin ataduras, sin controles, solo aquellas limitaciones que el individuo se da sí mismo para saberse como un individuo, es decir, una parte esencial de la cultura y de la sociedad. Para hacerlo, el hombre debe conocer su naturaleza íntima, interior, propia, su naturaleza, sus fuerzas vitales. El poder llegar a esta fuerza vital y saber emplearla, es el fin de todo hombre como ser individual y esta es la pedagogía que vemos en los grandes pedagogos. Ser libre tiene dos sentidos, saber qué fuerza se tiene y saber usar con sabiduría esta fuerza, he ahí todo Rousseau, Pestalozzi, Dewey, Nietzsche. Por supuesto, esta pedagogía no está en ninguna enseñanza escolar, método o reglamento institucional, pues ellos persiguen doblegar la fuerza sin pretender conocerla.
Esta manera de pensar y estudiar la pedagogía desde tres campos, representaciones y objetos nos aleja de la idea de pensar la pedagogía como la relación entre teoría y práctica, en donde la teoría serían los libros que hablan de la mezcla entre enseñanza, didáctica, aprendizaje, formación, oficio, profesión, y la práctica que son aquellas acciones y hechos que solo encontramos en la escuela, en los métodos, en las políticas públicas o en las políticas institucionales. La pedagogía no es una teoría, son tres teorías, y no es una práctica, son tres prácticas, y más, las teorías no son ellas propiamente teorías, son además tratados, manuales, novelas, confesiones y autobiografías, y las prácticas no son solo institucionales, son acciones individuales, interiores, pulsionales y fuerzas vitales. Esta manera de comprender la pedagogía rompe con la idea de entender la teoría pedagógica solo referida a la enseñanza o al aprendizaje y con la idea de entender la práctica como un saber hacer en la escuela o en alguna institución escolar.
Es muy común en Colombia, entonces, pensar, planear e investigar la práctica docente y práctica escolar como si fuera la práctica de la pedagogía, sin entender que esa práctica docente sólo se refiere a un campo, un objeto de la pedagogía, aquel que se delimita por la enseñanza y la didáctica. La práctica pedagógica que aquí pensamos, y que surge de la práctica que construyó el Grupo Historia de la Práctica Pedagógica (GHPP), no se puede confundir con estas dos prácticas anteriores, la práctica docente o la escolar, la pedagogía tiene como objeto pensar la relación que existe entre tres campos de los cuales vamos a hablar: la enseñanza, la moral y la ética, o si quiere el oficio, la libertad y el sí mismo. En la tradición de este Grupo se nombra esta práctica desde la idea de los campos, el campo disciplinario, el conceptual y el narrativo. Este sentido es lo que nos ha permitido pensar, en forma histórica y analítica, la formación de la pedagogía, la constitución de sus objetos y la conformación de sus prácticas.
Si este libro comienza con la obra de Comenio es para poder mostrar que, así como Rousseau y Pestalozzi, no solo piensan por fuera de una educación de la disciplina institucional, del control de la vida de los hombres, de la opresión, que según Lasalle y Lancaster debía hacerse desde la escuela, sino porque ellos, los pedagogos, nos sirven para mostrar, como en un espejo, la actual sociedad y la manera totalitaria como nos han diseñado la educación, la pedagogía y la instrucción pública, ya no como disciplina y encierro, sino como tutelaje de la vida individual para convertirla en un sistema donde el hombre es empresario de sí mismo, muy lejos del pensamiento de Comenio de la educación como el modo de reconocerse, conocerse y regirse para comprender la vida y donde la enseñanza es ese primer modo, una disciplina personal y sabia, que aspira a imitar la sabiduría de la naturaleza así como esta imita el ciclo vital y el alma del universo.
1. Comenius, J. A. (1913). Didáctica magna. Primera edición en español, traducida por Saturnino López Peces. Madrid: Casa Reuss. La primera edición en checo es en 1632, Universale omnes Omnia, y la del latín en 1640.
2. Comenius, J. A. (1992). Pampedia (Educación Universal). Estudio Preliminar y Traducción de Federico Gómez R. de Castro. Madrid: UNED. La primera edición en latín en 1657.
3 En 1886 en Colombia se representa el comienzo de una nueva sociedad, no solo porque se publica una nueva constitución, ya no colonial, sino porque se intenta pasar de la sociedad agraria a la sociedad urbana, del convento a la escuela y a la universidad, de la instrucción a la pedagogía. Restrepo Mejía, M., y Restrepo Mejía, L. (1905). Elementos de Pedagogía. Bogotá: Imprenta Eléctrica. Este libro es una obra que el Ministerio de Instrucción Pública convoca públicamente a escribir para que sea el texto oficial de la enseñanza en las Escuelas Normales. Fue escrita por Luis y Martín Restrepo Mejía en 1886 y publicada en 1888.
4 Heidegger, M. (1964). ¿Qué significa pensar? Buenos Aires: Nova.
Capítulo I
El tratado didáctico, la guía y el manual 5
El campo de la enseñanza hay que organizarlo en dos partes: como un objeto universal y como algo privado, aparte de la vida pública. Si hablamos de disciplina escolar y educativa, hay que mencionar la escuela de Lasalle, de Lancaster y, en general, la escuela católica. Si el objeto es la enseñanza como un saber universal, hablaremos de la disciplina espiritual, de la formación moral de los hombres. En la disciplina de la escuela católica no hay formación moral, hay disciplina moral del cuerpo para volverlo obediente. En la enseñanza como un saber para formar el hombre, para que el hombre se conozca como hombre, la escuela es una escuela más espiritual que escuela disciplinaria, no es una institución, es un lugar moral de vida.
Comenio representa el momento en el cual la enseñanza aparece como objeto de la pedagogía, como un lugar para crear la instrucción pública, la escuela pública y el saber público de los estudios. La escritura para pensar este objeto es el tratado, la escritura racional y filosófica, la escritura personal, ética y moral, el pensamiento universal. Lasalle y Lancaster representan el momento en que la enseñanza como objeto de la pedagogía se vuelve una disciplina total del individuo cuya finalidad es la obediencia y la docilidad. El libro para hacer los niños dóciles es la guía y el manual, los catecismos y las cartillas, las pizarras, el papel y la arena. La enseñanza en estas superficies es privada, es particular, individual, una enseñanza que no ve el espacio exterior, las cosas, el mundo, las ciencias y las artes, el hombre tendrá que ser creación del libro y de la escuela. La clase y la lección están al servicio de la escuela, de su orden interno, de su inspección y su control. La clase es un espacio físico de control, la lección es un orden que obliga al cuerpo a obedecer, seguir la orden y el mandato y nunca a obedecer la razón, como es en el tratado y en la pedagogía moral.
El momento de Juan B. Lasalle, en donde la pedagogía, una vez descubierta la didáctica, captura el maestro, lo convierte en conductor y vigilante de niños, y crea su vez, nuevos espacios escolares, como los restaurantes, la recreación, el asueto y la piedad. El tercer momento es el de Lancaster, la enseñanza territorializa el niño y la clase, y extiende estos objetos a toda la escuela, es el momento de la enseñanza de la escritura. Para que la pedagogía sea disciplina fue necesario, en primer lugar, contar con el libro, al que toma como objeto escrito relacionado con las ciencias y el arte; en segundo lugar, el lenguaje, que pasa a ser el signo de los signos, condición para reconocer la escuela; y, en tercer lugar, la forma libro que es el tratado, guía y manual. La disciplina hace posible que la enseñanza se instale en la escuela, sea el instrumento del maestro y el apoyo del niño. Una enseñanza que tiene la forma de un tratado teórico sobre cómo formar el hombre y cómo darle sentido a las cosas, proceso que se despliega en la forma de la disciplina, que en Comenio es la identidad del ser con el saber y con las cosas, en Lasalle es la identidad del sujeto con sus prácticas individuales y en Lancaster con sus disposiciones móviles y los espacios escolares. Se disciplina el saber del sujeto y el saber en qué se reconoce el sujeto. Doble juego de constitución de los sujetos, maestro y niño.
Lo que hay que destacar es la individualización de la enseñanza, la disciplina le dio forma y la dotó de unidad lógica, de este modo, la hizo entrar en su momento al orden de las ciencias y el arte. Orden fundamental para lograr que la enseñanza pudiera hacer lo mismo con la razón, hacerla parte de las escuelas. Comenio usa el libro para organizar la razón cristiana, que permitiera, a su vez, hacer de la razón una práctica escolar. La lección, que venía de las universidades, creadas en el siglo XII, sufrió los cambios de la didáctica y modificó su objeto, que pasó de organizar y darle orden al saber oral, a conducir, fijar y regular la conducta del maestro y del niño. La clase, también de origen medioeval, se orientó hacia el campo de la escritura, ya no como guía o conducción, sino como superficie para dotar el cuerpo humano de valor letrado. La clase ya no va a hacer espacio, sino grado en el orden de la escritura. Estas tres formas de enseñanza son cada una, tres saberes pedagógicos, que se forman como un saber sobre el conocer, el maestro y el alumno y un espacio de individualización de la escuela y del cuerpo.
Estos saberes no sólo individualizaron el conocimiento que debía ser enseñado, sino también el sujeto de toda enseñanza, construcción que posibilitó la fijación, entre el siglo XVII y el XIX, de la pedagogía católica. La didáctica le dio forma al conocer y a la conducta individual, la lección, por su parte, guio ese conocer y lo fijó al cuerpo, y la clase unió conocer, cuerpo y sujeto por conocer. Este proceso dio expresión y nuevo contenido a la vieja idea de enseñar y la estableció como un nuevo conocimiento y fundamento universal para llegar a saber, aprender y ser el camino de formación del hombre como lector y escritor, estudiante y sujeto, parte ya no de una comunidad, sino de una población abierta y unidad del lugar estatal. Enseñar, desde estos saberes entró al mundo universal de las ciencias, las artes y las humanidades.
Esta es la pedagogía que emerge en Europa con la identidad del saber cristiano y católico, que luego habría de sufrir cambios, orientaciones y transformaciones. La primera, la pedagogía como enseñanza; la segunda, la pedagogía como moral; la tercera, la pedagogía como ciencia o ciencia de la educación. Son tres pedagogías para diferentes objetos, el primero de ellos, es la enseñanza de la lectura y la escritura, el segundo, es la educación del hombre y de la vida y el tercero, es la formación del hombre desde las ciencias y desde la investigación. Estos tres sentidos de la pedagogía se producen sobre tres superficies: la aparición de la escritura y su forma libro, imagen y técnica; la imagen y la figura del hombre social, el desarrollo del cuerpo, y su relación con la vida; y el hombre interior, el conocimiento, las capacidades mentales y las subjetividades.
La pedagogía comienza en el siglo XVII, con enseñar a leer, a escribir y a saber estar en un lugar especial, la escuela, como lugar aparte de la casa, la iglesia y la comunidad. Otras finalidades como la de conocerse a sí mismo, conocer a los otros y a la sociedad, fueron construidas en el siglo XVIII, antes que la pedagogía se dirigiera al conocimiento del cuerpo interior, la mente, los sentimientos y los afectos, que fueron los objetos del siglo XIX. En el siglo XX, la pedagogía abandona el cuerpo humano y se dirige a conocer las cosas, las relaciones entre cosas, los hechos y acciones humanas. A mediados de este siglo, la pedagogía se encuentra así misma y se pregunta por su propio ser, de allí surge la inquietud por su naturaleza y sus diferencias con otros saberes similares como la educación, la formación y la propia enseñanza que fue el objeto de sus comienzos.
En los comienzos de la pedagogía, la didáctica fue el elemento central, el concepto del cual se derivaron la formación y el pensamiento, que si bien hicieron parte de la enseñanza, dependieron de ella. Primero fue enseñar y en forma descendente y derivada se formó y se pensó. En la pedagogía de formación, por su parte, la enseñanza y el pensamiento pasaron a ser elementos secundarios. Lo importante fue la formación, es decir, la construcción del sujeto que piensa y que enseña. Con la emergencia de la pedagogía como ciencia y como pensamiento, la enseñanza y la formación ocupan un lugar secundario. Es pues decisivo saber qué lugar ocupa cada objeto en la pedagogía y de qué pedagogía se habla, si la pedagogía que solo le interesa enseñar, como finalidad principal o formar, o asume el pensamiento y la ciencia
La didáctica y el método de enseñar
No se puede pensar el método de enseñar sin ubicarlo como un libro especial, que es el Tratado. La Didáctica magna6 así como Orbis pictus7 y la Pampedia8 las escribió Comenio con la forma libro y en especial, la didáctica que tiene la forma de tratado. Esta forma fue conocida en la antigüedad, en el seno de la cultura oral, que todavía no tenía escritura. La forma de tratado de Comenio viene de la tradición escrita y de la invención de la imprenta ocurrida en el año de 1492. El tratado es una escritura previa a la escritura de la ciencia, la diferencia entre las dos escrituras está en que el tratado tiene como objeto pensar la totalidad como una totalidad infinita y la ciencia tiene la idea de totalidad finita. Dios, el universo, el hombre, el tiempo y el espacio universal son los conceptos del tratado, como lo podemos ver en La Didáctica Magna. Además de ello, el tratado se da su unidad en la forma libro, este, por decirlo así, cierra los contenidos del tratado, le da sentido físico al tratado, lo convierte en una cosa manejable para la lectura y la escritura, que es lo que va a tener el nombre de manual. Entre el tratado y el manual hay una relación de identidad, que la explica el método, que tiene varios sentidos: explica el todo como centro, muestra la articulación de este centro con sus partes a través del lenguaje y le da sentido a cada de ellas. De esta manera, el tratado da cuenta de todas las cosas y las partes de un todo, en este caso de la didáctica con la enseñanza. El tratado enseña que la didáctica es una totalidad con sus partes y que hay que respetar esa unidad, si se quiere conocer el objeto de esa totalidad. La enseñanza como tratado transmite su saber a través del libro, es la cosa física que da una mejor imagen de su unidad su sentido.
La sociedad moderna, la del siglo XVII, formó o construyó, en primer lugar, la pedagogía del saber enseñar a escribir por medio del tratado. Esta pedagogía se separa y rompe con la pedagogía de formación espiritual, que venía de la antigüedad y de la edad media, el enseñar no es formar, no como lo entendía Platón y tampoco como lo comprendió Clemente de Alejandría. La pedagogía, como formación del sujeto y de la subjetividad, existió antes de la didáctica, aunque reapareció en el siglo XVIII con Locke, Rousseau, Kant y Pestalozzi. El saber enseñar o la didáctica también rompe y se separa de la escolástica, sobre todo de la enseñanza de la doctrina tal y como se enseñaba en las comunidades y en las casas espirituales. La enseñanza, como didáctica, produjo tres fracturas: con la formación espiritual, con la enseñanza de la doctrina y con la enseñanza en casas que no fueran la escuela.
¿A qué se llama la didáctica, ese nuevo objeto de la pedagogía moderna? Es saber enseñar a escribir y a leer, enseñar con un método y enseñar en escuelas espirituales, un saber enseñar dirigido al hombre para que sea racional y luego hombre cristiano, al niño y el joven para que sean niños y jóvenes y luego cristianos. Didáctica es enseñar bajo la forma de una escritura que es el tratado, un tratado de la enseñanza. La Didáctica magna tiene este sentido del tratado, cuyo objeto es enseñar a pensar, a ser racional, metódico, espiritual y moral, que es conocerse, regirse y encaminarse. El tratado es universal por todos lados, parte de lo que se ha escrito en la historia, sagrada o laica, lo que ha sido tradición, sagrada o laica, y capturar otras escrituras sobre la enseñanza. El tratado tiene esta forma de composición: tratar de una manera general, universal y extensa todas las cosas de la enseñanza, de la educación y de la escritura, tratarlas en forma total y puntual, y dedicarle a cada una un discurso, un método y un análisis. No solo hablar de cada de uno de los elementos, tratarlos en su singularidad y en su unidad, además, hacerlos entrar en el discurso del tratado, de tal forma que cada tema y objeto quede rigurosamente pensado. El tratado no tiene la forma y el contenido de la ciencia, tiene otra forma y otro contenido: es total, particular y da la idea de unidad, de tal forma que evita que los elementos sean considerados fuera del tratado, que es el que les da lugar y sentido. Si el objeto es el enseñar, este es considerado de forma universal: es arte, experiencia, oficio, discurso. Comenio piensa la enseñanza, como una escritura, la ubica en los libros, quiere hacer de ella un libro, un discurso universal, y una práctica específica, que la piensa en relación con el arte, el lenguaje, la ciencia y la religión.
La didáctica es tratado de enseñanza porque es un saber aprendido de manera laica: parte de la lectura de los libros de enseñanza, de los libros de educación, de los libros de la doctrina y de otros libros de filosofía, de arte y de religión. Es tratado porque habla del lenguaje con el cual enseñar, del arte para transmitir la enseñanza, de los efectos prácticos del acto de enseñar, del método que requiere toda enseñanza y de la institución en la cual enseñar. Sobre todo, de la finalidad universal de la enseñanza, cual es saber enseñar en la sociedad, saber enseñar para leer las leyes, saber enseñar para comprender las instituciones, saber enseñar para saber que dice el libro, la escritura, el signo escrito que es el resultado final de la enseñanza.
En la pedagogía de la escolástica no había método de enseñar y lo que se sabía de enseñar se aprendía por la lectura de los libros sagrados de Santo Tomás o de las comunidades de los jesuitas y su Ratio Studiorum9. Con la didáctica se inaugura otro tipo de lectura-escritura, leer es un saber universal que recorre las líneas de un libro que está hecho para enseñar. Los libros anteriores no estaban construidos desde la forma-enseñar, se leían y se repetían, pero su diseño no era la enseñanza en la escuela y no era para que fueran leídos por alguien que iba a enseñar. El libro en la forma del tratado, si bien se separa de la escolástica, también lo hace de la pedagogía de formación que vemos despuntar desde Rousseau. El Emilio de Rousseau tiene otra pedagogía con otra idea y otro sentido del libro, no es el saber enseñar, sino saber educar. Rousseau escribe un libro para educar, no para enseñar, ese libro tiene una escritura para aprender lo que es la formación de la razón. Comenio escribe su libro para que cualquiera que sepa leer un escrito, aprenda lo que es enseñar y enseñar a escribir. J. B. La Salle escribe su libro Guía de las Escuelas Cristianas, para que cualquier lector aprenda lo que es enseñar en una escuela cristiana10. Basta leer el libro que guía al lector para que se dé cuenta qué es saber enseñar.
La pedagogía como escritura y para la escritura que vemos desde el siglo XVII se plantea la problematización de la lectura, de la escritura y del lector. Es la problematización del saber letrado. En Orbis pictus de Comenio la pregunta es ¿cuál es la letra y el orden de las letras para construir un saber que lleve al enseñar o al educar? La pedagogía es una pregunta por la escritura, por la letra y su orden, por su discurso y su forma, por el lector y su función. Para Comenio y La Salle se trata de construir el saber enseñar, lo cual implica construir un lector del libro, un lugar para enseñar, un destinatario del libro y del lugar y la función de educar por medio del enseñar. Para Rousseau y Pestalozzi se trata de otra escritura y de otro orden, otro lector y otro lugar, que definen de otro modo la función de educar, que ya no es enseñar, sino formar.
En la pedagogía de la enseñanza o didáctica de comienzos de la modernidad, hay una relación de identidad entre escritura, enseñar, escuela, maestro y niño. Este dispositivo se estableció como la pedagogía moderna, que tiene como centro la enseñanza de la escritura. Para las culturas católicas, la enseñanza es la pedagogía, no así para las culturas laicas que reconocen como pedagogía la formación del hombre y su autoformación. La enseñanza es un dispositivo que no funciona como método, es la relación con los sujetos y con los espacios donde se establece esa enseñanza, espacios que adquieren la forma escolar y se identifican por esta forma porque la enseñanza es la que les da la forma. La pedagogía tiene otros espacios, sujetos y relaciones, ya no hablaremos, entonces, de la forma escolar, sino de la forma de la pedagogía o, sencillamente, de la pedagogía, que va a pensar el preceptor en el lugar del maestro, de la infancia en el lugar del niño y de la civilización o cultura, en el lugar de la escuela.
Pedagogía en sus comienzos modernos es enseñar, pero antes que se enseñe en escuelas, hay que aprender esa enseñanza. No hay en la época, comienzos del siglo XVII, normales o facultades de educación para enseñar el saber enseñar, y como no hay instituciones de enseñanza, el libro es la institución y es el que se encarga de enseñar “lo enseñado”. El libro es de saber enseñar y ¿cómo es ese libro? Es un libro que tiene el método de saber enseñar. El método está en el libro o el libro está escrito con método, así como lo debe tener el maestro que enseñe en escuelas. Como el lector del libro no tiene método para leer el libro, el mismo libro guía al lector para que lea con método. Este guiar ya no es conducir el espíritu por medio de la alimentación espiritual o fisiológica, no es acompañar el cuerpo en sus prácticas ascéticas, no es ayudar a salvar el alma. Este guiar que inaugura Comenio, es el de J. B. La Salle en la Guía de las Escuelas Cristinas y es el guiar en la Enseñanza Mutua de J. Lancaster11.
La guía es el método, que se inicia y termina en el libro, para Comenio las ciencias, el arte, la literatura y la historia se materializan en libros, de allí la importancia de saber leer un libro y, en general, los libros y este saber se adquiere por la enseñanza del método, saber enseñar es primero que todo enseñar el método, después se enseña la enseñanza. El método es un guiar letrado: es primero que todo, aprender a leer el libro. ¿Cómo se aprende a leerlo? El mismo libro lo dice, la lectura es inmanente al libro y esa inmanencia se muestra por el orden que es el que guía al lector, por medio de este orden que tiene el libro. Comprender es entender el orden inmanente del libro, de allí las precauciones de la lectura: lectura atenta, meditaba, consciente, visual, mental y con el corazón. Muy distinta a la lectura escolástica cuyo esfuerzo y atención estaban en la voz, en la pronunciación hacia afuera, efecto que se devolvía hacia adentro como una luz, como un canto12.
A la modernidad pedagógica del siglo XVII, en Europa, le preocupó la educación exterior del cuerpo, la didáctica es una educación exterior, se trata del rostro fijo del lector, la quietud para leer y escribir, la postura, la atención del cuerpo frente al otro. La pedagogía de formación se inclinó hacia el cuerpo interior, ya no el rostro, sino los ojos del alma, en Rousseau la sensación, en Pestalozzi el corazón, en Dewey la experiencia, incluso en Montessori, la vida psíquica del niño. La didáctica no tiene formación porque su objeto no fue construir la vida interior, sino la relación exterior del cuerpo con los otros. Si se trata de educar la exterioridad del hombre, basta para ello la didáctica, si se trata del interior, es necesaria la formación. La didáctica fue el discurso moderno que le dio el sentido universal y el sentido escolar a la enseñanza, que había sido creada por la escolástica y la doctrina de Tomás De Aquino. Esta enseñanza tenía como objeto trasmitir la doctrina católica, que era la versión vulgata de la Teología cristiana. Comenio no quiere construir una didáctica que sea la doctrina escolástica, su intención fue construir una ciencia de la didáctica, tal y como la escribió en la Didáctica magna.
El espacio de individualización de la enseñanza
Comenio hacia 1657 produce una ruptura en la sociedad educativa de su tiempo, la escolástica, al introducir el concepto de pedagogía como enseñanza, también piensa un nuevo modo de educar en escuelas con el método de enseñar y aprender en las escuelas y en otras instituciones como el colegio y la academia. Comenio plantea una nueva forma de escuela, separa la escuela de la casa y piensa, extensamente, el método de enseñar, aunque Comenio no completa la formación del educador, ya que se la deja al método de enseñar. La sociedad formativa abandonará el método y pensará en la formación por fuera del método, en lugares especiales, en experiencias de formación y en obras de formación, como la ciencia, la pedagogía y la novela. Un concepto que nos da la idea de la forma como Comenio piensa que la formación es el de desarrollo, que el autor entiende como el desarrollo interno al hombre y como obra del entendimiento. En la sociedad formativa, el desarrollo es externo al hombre, es un proceso económico de creación de la productividad y la riqueza y tiene que ver con la forma como se piensa el poder económico y el poder político de la sociedad. Comenio piensa que el desarrollo es un poder que nace de la naturaleza que es la imagen de las cosas, del ser de las cosas y de su desarrollo, esta fuerza es exterior al hombre que Comenio no piensa como una fuerza autónoma en sí misma, sino que se interesa en su reflejo, en la luz que desprende para que el hombre se vea en ella. Esta ausencia, el no pensar esta fuerza, hace que el desarrollo en este autor sea una maduración o continuidad de las partes del cuerpo del hombre, que él designa como grados, progresos, adelantos.
En la sociedad educativa no había una identidad para educar el educador, pues era tanto un maestro, un escribiente, un enseñante, un regente, un cuidador, un instructor o alguien que alimenta y cuida. La cultura escolástica y el Antiguo régimen les asignaba esta tarea a los funcionarios de la Iglesia, a los seglares, al que supiera leer y escribir o a cualquier vecino. No existía una idea de su formación institucional o en un saber especial. La palabra o la expresión más generalizada fue el de institutor que es el nombre genérico del educador, y significó establecer, fijar, crear, fundar e instituir. Educar no es crear, este sentido es el que va a tener en la sociedad de la formación, educar es fundar, establecer, fijar, imponer, obligar, ya sea una palabra, un mensaje, un acto, un cuerpo, una ley, una norma, en general, una orden. La casa era el lugar para establecer y fundar, el institutor era el que llevaba a cabo este acto de fundar.
Tres discursos se unieron para establecer la educación: el discurso de la casa o el lugar originario; el discurso del fijar y establecer; y el discurso del sujeto que lleva a cabo la acción de educar. El sentido de estos tres discursos es el de inscribir el cuerpo en el espacio, inscribir es escribir, marcar, fijar y establecer el nombre, la palabra, el discurso. El espacio recibe la inscripción de tres formas, por el lugar en donde se habita, por el nombre que se indica y por el sujeto que lo manda. El espacio de inscripción era la casa, que tenía varios sentidos, era la casa familiar, la del Pater familia, la casa de Dios (la Catedral o Parroquia), la casa de la comunidad religiosa (una Orden) y la casa de los estudios (la escuela, el colegio).
En el siglo XVII, Comenio produce una ruptura en este orden y en esta inscripción. Para pensar la escuela lo hace, primero que todo, al pensar en el hombre, en su razón y en su lugar en el mundo. No dice fundar la escuela, dice “abrir la escuela”. Para abrir la escuela él parte del hombre y el lugar de este no en la Casa, sino en relación a su ser, a su razón de ser. Este lugar es el entendimiento, la razón, el conocer. Con Comenio el lugar de la educación es el hombre, este es el que debe ser educado y educar es formarlo como hombre racional que usa su razón para conocerse y conocer a Dios. Comenio traza la relación del hombre con Dios, desde que el hombre nace, desde que es útero y pinta de sangre paterna. Hay un orden, un desarrollo, un progreso entre este inicio y el final de la vida del hombre que es la vida eterna. Este lazo de unión es un orden, una gradación, grados de desarrollo que van del principio hasta el final. En el “Principio” coloca a Dios, como también coloca al hombre. El hombre es colocado en el mundo con un principio interno que el hombre debe conocer y lo hace una vez se desarrolle su entendimiento, que es un ojo o un espejo que todo lo ve. En principio es la semilla de lo que será el hombre, como árbol. La semilla se desarrolla por grados y es función del entendimiento conocer los grados de desarrollo. El entendimiento se produce como conocimiento de lo externo y lo interno, y el mismo principio que los une.
Comenio no funda, abre la escuela como un lugar de inscripción distinto a los otros lugares, piensa la escuela no como una casa, sino como un espacio fuera de la casa, un espacio singular, especial, aparte. Parte de la expresión antigua “conócete a ti mismo”, y la interpreta de otro modo al de los antiguos, la dirige para que sea la voz que guie al educador en su misión de educar a los hombres y no sólo a los lugares, y que esa voz se dirija a los corazones del educador, para ello se necesita esculpir la voz en los corazones. Formar, en Comenio, es esculpir el conócete a ti mismo en el corazón de los hombres. Esta operación es un desarrollo, que se hace en la vida, en las tres vidas que él describe, la vegetativa, la animal y la espiritual. Desde las entrañas de la madre se prepara la vida vegetativa, y esta vida prepara la otra y está la otra, hasta la vida eterna. El conocerse a sí mismo lo interpreta Comenio como una preparación para la vida eterna, un encaminarse y regirse. Esto hace al hombre una criatura distinta a las otras criaturas, una criatura racional. Conocer es conocerse y conocerse es conocer lo externo, las cosas, la preparación y el camino que sigue, para lograrlo hay que observar las cosas externas, denominar y clasificar para encontrar el orden interno de ellas y relacionarlas con el orden externo y ambos órdenes llevan hacia la vida eterna. Dios es el principio que rige el orden y la razón del hombre se guía por este principio, que es el fin de todas las cosas. La formación existe en Comenio, pero es un fin a seguir, desde que se nace hasta que se acabe la vida se llega a Dios. Hay un principio que Dios ha puesto, el hombre racional sigue este principio, paso a paso, orden a orden, hasta llegar al fin del principio. El orden es una gradación, que va de grados inferiores a grados superiores. En principio no hay nada, luego “la gota de sangre paterna”, la masa informe y bruta, la delineación del corpúsculo, sin sentido y movimiento, este corpúsculo empieza a moverse y la fuerza de la naturaleza lo expele al exterior, y poco a poco coge forma. En el transcurso del tiempo lo interno se manifiesta, más tarde, se ejercita el entendimiento.
Si los padres cuidan a sus hijos, eso significa educarlos y dice Comenio que desde hace mucho tiempo se estableció el formar los educadores que surgen de los que estén sin ocupaciones y quieran enseñar a otros. Eran personas escogidas, notables en el conocer, los llama formadores de la juventud, preceptores, maestros, profesores, y los lugares de enseñanza, escuelas, estudios literarios, auditorios, colegios, gimnasios, academias. Comenio propone abrir escuelas en la República Cristiana, dice que, en toda reunión de hombres, se abra una escuela como educatorio común de la juventud. La escuela obedece: 1. Al orden de las cosas, y este orden es el hacer una cosa; 2. Servir a la comunidad; 3. Educar la juventud reunida. Los demás; 4. Producir en cada sitio las cosas ya sea del cuerpo, del espíritu. Las escuelas, avivar, depurar y multiplicar las luces y distribuirlas en la comunidad humana; 5. Escuelas para la juventud.
Comenio no piensa en la formación del educador, que llama indistintamente preceptor, maestro, profesor. Comenio no lo forma, no se piensa como formador que forma, no se piensa como maestro preceptor o profesor. Es un pensador que describe el método, que es el que forma el educador. El método de enseñanza es un medio del cual debe valerse el formador. Habla de formación, de formador, del formar, y esos tres conceptos los piensa desde el método de enseñanza. La sociedad de formación abandonará el método de enseñanza que impide llegar hasta la materia que se forma, el hombre, el cuerpo y el entendimiento, y esa materia la que forma, el sujeto se forma así mismo, sin mediación del método. En este autor, el método de enseñanza oculta el ser, el sujeto, la subjetividad que queda en manos del método, este hace con el sujeto lo que quiere. No lo que quiere el sujeto, sino lo que quiere el medio o sea el instrumento, el aparato, el dispositivo, la institución. El dispositivo de formación se vuelve en Comenio institución. Él funda la formación, la institución del método como enseñanza. También funda la escuela, no así la formación del sujeto formador. No olvidemos que fundar es establecer un precepto, un principio, una raíz, que funciona como una orden para obrar, hacer y practicar. La sociedad formativa no tendría este proyecto, no funda principios ni preceptos, se adentra en la forma de pensar de los sujetos para que ellos se den las formas y los discursos que harán prácticos,
Una tercera ruptura de Comenio respecto de la escolástica se produce con relación a la casa como lugar y fundamento de la educación, Comenio sitúa la educación fuera de la casa, en la escuela, cambio entonces de lugar, que pasa de un lugar común para pocos al ser el lugar todos. Un lugar que piensa como ideal para el hombre, podríamos decir, el lugar del hombre y su contacto con otros hombres. La educación entra el régimen de la enseñanza, como el lugar del conocimiento, el lugar donde el hombre puede llegar a conocer. En el momento en que la casa era el lugar de educación y acogida, la educación tenía como objeto regular el saber de las costumbres y la piedad. La escuela como un lugar distinto a la casa, ya no funda la educación como hospitalidad sino transformación del cuerpo, en sus tres vidas, cuerpo biológico, cuerpo mental y espiritual. La educación como enseñanza hay que hacerla, según Comenio, cuando el hombre éste reunido con otros hombres. Estos dos elementos se acoplan con un tercero, el establecimiento de preceptos y principios universales: 1. Fundar el tiempo, como edad, fundar el desarrollo del aprender y fundar la relación entre aprender y tiempo; 2. Fundar la materia; 3. Fundar el ingreso a la escuela. Fundar el orden; 4. Fundar el orden interno, entendimiento, memoria, lengua y manos; 5. Lo sencillo a lo general, preceptos y ejemplos. Los grados; 6. No salir de la escuela; 7. Prohibir lo contrario y nocivo, libros, compañías, etc.
La Didáctica magna no solo es un estudio de la escuela que Comenio piensa que se debía construir, también indaga y analiza la escuela que existía desde el siglo XV, como él mismo lo dice. Esa era una escuela sin método o con métodos dispersos, pues existía ciertas metódicas en cada escuela, clase e incluso cada maestro era portador de un método. Las lecciones, las clases y las cátedras no tenían nada en común, representaban lo que quería cada maestro, y la conveniencia de adecuarla a un autor o a una escuela de pensamiento. Los ejercicios, las pruebas, los exámenes eran instrumentos sin conexión con las clases o lecciones y con la misma escuela. Los discípulos que asistían a la escuela no tenían un registro, una inscripción común que permitiera un cierto grado de unidad, uniformidad o medida común en relación a la edad, al saber y al desarrollo intelectual. El apoyo de los libros para la enseñanza era disperso, obedecían al interés de los maestros o a la necesidad de usarlos más como disciplina que como conocimiento. Lo que dice Comenio es que no había escuela. No existía ese espacio de individualización de la escuela que va desde su lugar físico, hasta múltiples espacios de saber y de disciplina. La didáctica es el saber pedagógico que va a hacer posible esta individualización de la escuela y es el método el instrumento para lograrlo.
El método de enseñanza no es, como parece, el saber enseñar un conocimiento, el método es mucho más, en Comenio tiene como centro los estudios, el hombre y las cosas. La didáctica consiste en pensar estos tres elementos en una unidad común, a la cual se le da el nombre de escuela. En la escuela se aprende a ser hombre por la importancia de las cosas y el valor de los estudios, que representan el saber de las ciencias, las artes, la religión y las costumbres. Estos elementos son los que deben ser enseñados. Enseñar no de cualquier forma, sino desde un conocimiento que lo una y los haga real y evidente. Este conocimiento debe contar con una sabiduría y una disciplina. En ese sentido es un taller para formación de hombres. El concepto de taller quiere decir que la escuela forma la unidad hombre, con el saber universal y el saber de las cosas. Aparece en Comenio la idea de formación como trabajo, es decir, una acción sobre una materia, un instrumento, un libro o una cosa. El hombre se labra, se hace, se realiza, se produce y no se puede producir sino es como una totalidad y una materia, que es como puede definirse su ser, que está compuesto de entendimiento, acciones y corazón, que es lo que mueve el alma, que a su vez está compuesta de voluntad y memoria, pero es el entendimiento la potencia humana fundamental, pues es ella la que reconoce las cosas, que la voluntad elegirá y la memoria recordará, para formar la conciencia. La escuela es el taller que forma el hombre mediante el uso de la potencia del entendimiento, pues esa potencia no solo lee las cosas y sus diferencias, sino que es la que descifra, en lo manifiesto, lo oculto, única posibilidad para que el hombre sea dueño de sí mismo, de su destino y de su acercamiento a Dios.
Hay en Comenio y en su propuesta didáctica una serie de elementos que son los que constituyen las prácticas de individualización de la enseñanza y que la convierten en una disciplina, como son las acciones de conocimiento, sobre sí mismo y sobre el espacio escolar, sin la integración de estos aspectos y acciones no hay individualización de la enseñanza y no hay, entonces, escuela. Este movimiento de fuerzas en la enseñanza existía en las comunidades religiosas en sus seminarios, escuelas y casas de estudio. Lo que hace Comenio es desplazarlas a un espacio común, que le aporta una nueva fuerza, que es su integración en una sola. La primera de esta fuerza es la de conocimiento.
Comenio unifica los estudios. Este concepto se vuelve dispositivo porque no es solo una acción de saber, es articular otras acciones y actividades del saber. Considerar siempre lo universal. No dejar de lado las ciencias y las artes. Relacionar las humanidades con la religión. Trasladar el saber universal a la escuela y hacer que estos espacios cerrados estén al alcance de cualquiera. Dividir lo universal en partes, y las partes darles unidad. Situar el saber de cada forma de enseñar, el de la cátedra, el de la lección y el de la clase, en cada uno de ellos, un saber, un estudio y un conocer. Esto es lo referido a los estudios. Veamos las prácticas de sí: inculcar en los niños el deseo, la disposición, el empleo del tiempo, la práctica de estudiar, la dedicación constante, todo ello ha de permitir relacionar subjetividad y conocimiento. Establecer el lugar común escolar, este lugar se divide en partes y cada una hace una solo una cosa y una acción. Comenio deshace la multiplicidad confusa de las escuelas anteriores y cree una línea recta y una única división, que es la del árbol de estudio, subjetividades y espacios.
La reforma de Comenio es crear en la escuela y en los estudios la idea de lo semejante, “todos hagan lo mismo”, dice Comenio. Este mismo también tiene que ver con los preceptores, profesores, catedráticos, maestros, enseñantes que a pesar tener varios nombres tienen la misma función respecto de los estudios, el saber, el conocer, los niños y el espacio escolar. Son los integradores de fuerzas, los conectores de acciones, los que dan unidad y forma a lo disperso y a la multiplicidad. Esta función es de conocimiento: ver, sentir, percibir, usar inteligencia. De subjetividad: disposición, alegría, motivación, animo, excitación. De escolaridad: estar en el lugar preciso, a la hora precisa, en el momento preciso. Este lugar es el de la presencia, y la función es estar presente en tiempo, espacio y saber. La escuela de Comenio es obsesivamente individual, única forma de aspirar a la disciplina: una cátedra, una lección, una clase, un profesor, un alumno, un saber y un autor. Todos haciendo lo mismo y en un mismo lugar.
La pedagogía en los libros
La Didáctica magna individualiza la escuela, la Guía lo hace con el maestro y el Manual con el niño. No vemos una preocupación de Comenio por el niño o por el maestro, que los hace parte de la escuela y piensa su lugar, aunque no con el sentido de asignarle un lugar espacial, su interés es fundar la escuela, interés que no es el de Lasalle, la guía es un saber sobre el maestro, toda la obra se refiere a lo que debe hacer un maestro para poder serlo. Hay que decir que el niño ocupa parte de la guía al que le dedica varios capítulos sobre su hacer y sus acciones. El manual, por su parte, tiene como objeto el niño, el maestro tiene una presencia difusa, como la escuela, y el método, no así el niño, que es el protagonista del manual de enseñanza.
Juan Bautista Lasalle escribe en 1720, su libro Guía de las Escuelas Cristianas13. Este libro es posterior, en el tiempo, a La Didáctica magna de Comenio, aunque no es posterior en términos del saber pedagógico. La guía de Lasalle no es un tratado porque no tiene como objeto el método de enseñanza, su campo de acción es la lección, figura de la enseñanza que surge en la época escolástica, en el siglo XV y XVI. El libro de Lasalle es una dirección de conducta que se hace a través de la práctica, de la lección, que no solo ocupa el espacio del salón, sino que se extiende al espacio escolar, la entrada y salida de la escuela y las actividades fuera del salón de clase, en el restaurante, la capilla y los lugares de descanso. Hay que precisar que la Escuela Mutua creada por Bell y Lancaster entre 1796 y 1798 no tiene como objeto la lección sino la clase14. Se puede decir que la pedagogía católica en Comenio, en Lasalle y en Lancaster crea en su orden el método, la lección y la clase como prácticas de enseñanza. El método tiene como objeto la creación de la conciencia del enseñar y el aprender en el maestro y en niño, la lección tiene como objeto principal la lectura y la clase, es la escritura su campo de acción. La didáctica es un tratado que piensa el hombre que tiene esta conciencia, además, establece la relación del método con las cosas, los objetos y la naturaleza. Decir tratado es poder construir un saber completo que busca crear la individualidad en la enseñanza mediante una reflexión que comienza en lo infinito, en lo alto, en la trascendencia y se conecta con lo finito, lo bajo y la inmanencia. La guía no es tratado, es conducción de la conducta y su dirección es hacia la inserción del espacio y tiempo del cuerpo, en los espacios y tiempos escolares y que busca crear una individualidad serial. El manual no es tratado, ni guía de conducta, pretende crear en el cuerpo del niño la conciencia perceptiva de los signos colectivos de la escuela que llevan a que el niño se convierta en un ser individual en medio de todos. La masa o lo colectivo es el que da orden a su práctica, en Lasalle este orden no es el orden de la totalidad sino de la particularidad y en Comenio el orden es de la relación entre el todo y las partes.
Lo que hemos descrito nos muestra que estas tres prácticas: el tratado, la guía y el manual pueden ser ubicadas en la perspectiva de la construcción del sujeto individual, el maestro, el niño y el joven, que es un objeto que no podemos decir que sea medioeval, sino ubicado en la sociedad que nace en el siglo XVII y que busca construir el sujeto para esta sociedad, un sujeto que tenga conciencia de sí mismo, de los otros y de la sociedad. Este sí mismo que es su cuerpo y la conciencia del cuerpo, se logra educando el sujeto en un medio cerrado, colectivo, individualizado y organizado en pequeños espacios de tiempo. Los otros, los niños, los hombres, la población entran a ser parte de esta conciencia, pues la enseñanza se hace en un medio poblacional. La sociedad se percibe en la relación con las cosas y los objetos internos al espacio escolar y externos, aunque esta exterioridad solo se percibe en Comenio que introduce la presencia de la naturaleza, por medio de la luz y de la distancia de las cosas.
A pesar de la imagen que produce a primera vista el encierro, lo que hay que destacar de la escuela es que es un lugar para enseñar. Puede o no existir el encierro o la disciplina, lo que no puede faltar es la enseñanza y alguien que enseñe. La pedagogía del siglo XVII tenía tres elementos: enseñar, escuela y maestro. Pedagogía es eso, que el maestro enseñe en la escuela, en el aula, con lecciones y enseñe a niños y jóvenes. La pedagogía en Rousseau, la del siglo XVIII, tiene otra manera de expresarse, es una pedagogía, no para enseñar, sino para formar el hombre laico y se forma mediante un tratado moral y este tratado no tiene escuela, su objeto es la vida moral y ética.
La Escuela Normal fue la primera institución educativa para formar maestros15. Se sabe que La Salle creó los inicios de esta institución a comienzos del siglo XVIII, y la creó con los tres sentidos que hemos citado: ser una casa espiritual, ser una casa familiar y ser una casa de estudios. La forma de la escuela Lasallista respondía muy bien a estos sentidos, forma compuesta de dos elementos, la formación moral y la formación en el saber educar. Con esta forma, Lasalle se propuso formar maestros para educar niños. El maestro debía incorporar la formación religiosa, la moral católica y la formación en los estudios, o sea, el saber enseñar y el aprender. El maestro debería ser un cura, un sacerdote, en su sentido espiritual, y también debería ser un hombre católico, y, además, ser un sujeto que conociera cómo dirigir niños, cómo gobernar los niños. El gobierno de niños se hacía mediante la disciplina que era una forma de organizar el espacio y el tiempo escolar, de tal modo que resultara beneficioso para el desarrollo del cuerpo y que formara la mente del niño en un sistema de normas y de reglas de conducta. El resultado era un niño obediente que el maestro con la ayuda del reglamento desarrolla. Nos interesa saber qué pasa en el aula de esta escuela. Para profundizar veamos sus antecedentes en otras aulas, la de Comenio, y el aula posterior de Lancaster. Hay muchas diferencias entre un humanista y un renacentista como Comenio que es un sabio para entender el mundo y la realidad, y Lasalle como el creador de la escuela normal y del maestro normalista. Lancaster fue el que transformó la escuela pública y la amplió a nivel universal. Analicemos las prácticas pedagógicas de estas tres escuelas y estas tres aulas.
La escuela y la clase de Comenio
La escuela fue el objetivo de la vida de Comenio, no fundarla sino cambiarla, convertir las escuelas de su tiempo en escuela de y para la vida, como corresponde a quien en su vida practicó la Pansofía, esa filosofía espiritual que piensa que el mundo es total, que cada cosa es un parte de ese mundo total, y que la mayor fuerza del saber es poder comprender la unión del todo con las partes. Cualquier cosa por pequeña que sea tiene ese gran secreto, estar unida al universo, que es la vida, y si un hombre comprende ese secreto está en el camino de ser hombre. La escuela debe ser ese lugar, ese saber, ese libro, ese maestro, que enseñe ese secreto. La comunidad de la Pansofía existía en otras comunidades religiosas y Comenio fue de los pocos de esa comunidad, que pensó que las escuelas podían ser parte de ese saber universal y sabio. No solo conoció la Pansofía, sino filósofos antiguos que podían explicar sus categorías, como Platón y, en general, los griegos atenienses. En la lectura de estos filósofos conoció la Paideia y vio que le podía servir para pensar sus escuelas, ya que ésta piensa la escuela y la educación en contacto con su exterior, la naturaleza y la sabiduría.
En la Pampedia y en la Didáctica magna describe seis escuelas, que no hay que entender como las escuelas actuales, son escuelas que existen por virtud de tener un maestro, una enseñanza y unos libros y adecuarse a una cierta edad, el nacer, del bebé hasta los seis años, de las seis a los doce, la escuela de los jóvenes, los adultos y los viejos. La escuela no es sitio físico, es un lugar en el saber, o sea una modalidad de enseñanza donde se estudia, que es la categoría que hereda Comenio y la reforma, los estudios los ubica dentro de una clase, un programa y unos libros, orientados por los padres, los preceptores, los maestros y los profesores. Que la escuela sea un taller de formación, quiere decir, que inicia, prepara, sube, ordena en grados y en ciclos, y termina un nivel para continuar con el otro. Como se piensa desde la pansofia, se inician los estudios en el nacer y terminan con una edad mayor, se sube de los elemental hasta lo universal y empieza con una cosa y llega a todas las cosas y a todos los estudios.
La clase es el orden que nace de la enseñanza. Es un orden de las cosas, los conocimientos y el aprender. Estos tres conjuntos van unidos, relacionados y por niveles. Pasan de las cosas y los sentidos en los niños, de las facultades y los objetos en los jóvenes, y de las categorías del entendimiento en los adultos y los saberes universales. En cada clase hay un maestro, una enseñanza, un modo de aprender y unos libros. Este orden y estos elementos de la enseñanza los que crean las escuelas. En la Didáctica magna, Comenio incorpora la lección que desaparece en la Pampedia. La lección es similar a la clase, las usa en forma indistinta, a veces parece que la clase es la forma y la lección los contenidos de esa forma, otras veces es la revés, todo muestra que es una categoría fija como lo va a hacer en Lasalle y en Lancaster.
Comenio, en general, dedica su didáctica a fundar la escuela, en ese espacio, el maestro y el niño son partes de ese lugar común. Para que la escuela sea un espacio, hay que pensarla como un conocimiento, un lugar en el saber de la enseñanza que tiene como característica el ser un espacio común, donde se enseñe lo mismo en todas partes de este espacio y donde pueda estar un mismo sujeto, haciendo lo mismo. Este significado de lo mismo es la representación que tiene Comenio de establecer un orden universal y el orden común en todos los espacios. Lo mismo al igual que la presencia son fundamentales en Comenio, lo mismo es el hacer y la presencia es el estar, dos enunciados para lograr la identificación de una enseñanza común, para todos y enseñando todo y de la misma manera. Esta manera de pensar lleva a que cada una de las partes o elementos de la escuela se combinen y se mezclen y no tengan una identidad particular, el niño son los niños, los alumnos, los discípulos, los adolescentes, la juventud. La diferencia entre esas denominaciones es la edad. El maestro es el preceptor, el profesor o el catedrático, la diferencia entre ellos es la actividad.
La escuela, por su parte, es lugar, espacio, taller y presencia. En la escuela aparecen tres divisiones que son la cátedra, la clase y la lección, que tampoco tienen una diferencia clara, se mezclan entre sí, se articulan para formar un solo lugar. El aula es un lugar para llegar al conocimiento, según la edad, la población y el desarrollo de la mente. Son estos tres aspectos los esenciales: 1. Edad para empezar a conocer; 2. Según la población se dedicará a oficios, artes o ciencias y por la inteligencia; 3. Su relación con objetos, imágenes y libros, lectura y escritura. El número clave de Comenio es el seis, la edad para entrar a la escuela son los seis años; son seis los grados escolares; la clase en Comenio tiene este orden: el maestro enseña, empieza por Dios, el cosmos, lo general y las cosas, por el lenguaje y los signos. De los objetos el principal es el libro y de este la imagen. El maestro lee, repite, escribe, repite. Intenta hacerse comprender. Pone énfasis en los significados, en la gramática, en los signos. Comenio empieza en Dios y termina en los libros. El centro es el conocimiento de los signos, empezando por el signo mayor y los signos del lenguaje. Para Comenio el aula es un lugar de signos de escrituras, no es espacio, es un símbolo, es un signo, de cultura, ciencia y religión. Recorre el lenguaje y el idioma, la lengua vulgar y desde allí hace observar los objetos y las cosas que son también signos escritos. Comenio empieza y termina en la escritura16.
El aula es la misma clase, en la Didáctica magna es un espacio de enseñanza y, sobre todo, de aprendizaje del lenguaje. La enseñanza se basa en el método de enseñar que se dirige a la palabra, al acto verbal. Se trata de descomponer el acto verbal, la frase, la oración, poner la atención del maestro que enseña, en la palabra y enseñar el valor de la palabra, sobre todo su orden y sus significados. Las tres cualidades de la palabra dirigida a los estudiantes en el aula son: facilidad, solidez y rapidez. Estas tres cualidades se complementan con el método adecuado a las ciencias, la lengua y las artes, también a las costumbres y la piedad. El método consiste en perseguir un orden universal que debía estar en todas las cosas y, por supuesto, en el lenguaje. Orden que localiza las cosas y el lenguaje en su desarrollo, desde que comienza la operación del conocer: dónde comienza, cómo sigue y cómo termina. Definir la relación entre mente, cosa y palabra, entre lenguaje y comprensión.
La formación del estudiante consiste en formarle el orden de todas las cosas, primero universal, que está en lo alto; después el singular, que está en la tierra, la naturaleza y el orden que articula lo alto y lo bajo. El orden de Dios con el orden de la tierra y el hombre en la mitad, que ha de adquirir los dos órdenes. La formación buscaba hacer comprender mentalmente estos tres órdenes, Dios, tierra y humano. Esta experiencia del lenguaje y del acto verbal se daba en el espacio del aula. Esta experiencia del orden de Dios, del mundo y de la realidad, acontecía en el pequeño espacio del aula, que era la ventana, la luz, la dirección que había de mirar hacia la eternidad, pues la formación era llegar a Dios, llegar a otra vida, que no la vida terrenal. El hombre católico había de conocerse, para regirse y encaminarse hacia Dios y hacia esa otra vida, fuera de la vida terrena. Esa dirección y esa finalidad se calculaba en grados de formación que se medían toda vez que el hombre se alejaba cada vez más de la tierra.
La escuela y la lección de Lasalle
No hay nada universal en la escuela y el aula de Lasalle, allí todo es particular, son hechos, cosas, espacios divididos en espacios, hasta multiplicarlos. La presencia de la escuela en Comenio deviene del método, del saber racional, de la ciencia y del arte, en Lasalle la presencia es inmediata, visible, palpable. Es una presencia del sujeto, del niño que entra a la escuela. Lasalle empieza su Guía por la entrada a la escuela, a la clase y a la lección. Es un plano subjetivo, para que el niño sienta que entra a la presencia, en Comenio la presencia baja de Dios, del universo, del arriba. En Lasalle estamos debajo de las cosas, que se van a ordenar siguiendo un camino, que es el sustituye el método de la didáctica, que en Lasalle no hay, en la Guía vemos una práctica de subjetividad porque dispone y organiza la conducta, el comportamiento y el cuerpo, paso a paso del maestro y los niños por la escuela y las lecciones.
El lenguaje en Comenio es una letra y un significado para conocer y descifrar. Cada parte del lenguaje requiere de la participación del sujeto para lograr descifrar su sentido. El niño se presenta ante el lenguaje, intenta saber qué es, con la ayuda del maestro, cuya función es saber colocar el orden de las cosas del lenguaje y saber precisar los significados. El lenguaje para Lasalle no es letra o significado, no requiere de la función del conocer por parte del sujeto conocedor, el lenguaje vuelve pasivo este sujeto, lo activo es la gramática, que es un discurso que une, junta, conecta y ordena el mundo exterior, las cosas y los objetos del exterior y se los presentan al sujeto conocedor, que no requiere, no necesita conocer. El lenguaje es el que ordena las relaciones y coloca a cada quién en su lugar y a las cosas en su sitio.
La formación quiere decir que el lenguaje guía al niño antes de entrar a la escuela, en la escuela y al salir de ella. Lo hace desde la entrada, que es el Capítulo 1, allí se describe la puerta y el uso al interior del espacio que se divide en serie de actividades. El Capítulo 2 es la entrada del maestro a la clase. Capítulo 3, el desayuno y merienda. Capítulo 4 es la práctica pedagógica extendida hasta el desayuno y la merienda; es práctica pedagógica porque el espacio del repaso de las clases. Este espacio es una extensión de la clase y de la escuela. El Capítulo 5 trata de las lecciones: lección general, de las cosas. En total nueve lecciones. En ese espacio están los carteles, los libros y el salterio. Capítulo 6, habla de la postura del cuerpo del maestro y del niño. El 7, de lo que debe hacer un maestro al cambiar de lección a un alumno. El 8 de los carteles, la lectura del silabario, lectura de los libros, lectura del latín. Y de la enseñanza de la urbanidad y de la escritura. La forma de la escritura y de la letra. La mano y la letra. Luego se pasa a la aritmética, las oraciones y la misa. Finalmente, la salida de la escuela y de todos los espacios escolares. Luego viene el hablar del orden en las escuelas. De la vigilancia. La corrección de las palabras en la lección. Del silencio. Los signos. Registros. Las oraciones del cuerpo. La formación es una práctica que se da en toda la escuela. En cada espacio escolar, el aula, los sitios de comidas, el espacio de la misa o los espacios de silencio. ¿En qué consiste la educación de los niños? Es el guiar sus cuerpos, mentes (ojos, percepción y sensaciones) por los espacios que el lenguaje ha ordenado previamente. El discurso pedagógico de la escuela guía la conducta, dirige el comportamiento, conduce el cuerpo y la mente de los niños por los espacios escolares. Es una pedagogía de los espacios interiores y una pedagogía de la adecuación de la conducta a estos espacios, con la ayuda de objetos, varas, señales, y acciones de premio y castigo.
La escuela, la clase y el aula de Lancaster
La Escuela Mutua, fundada por Bell y Lancaster, es la que mejor nos dice lo que pasa en este espacio de educación de maestros, pues es esta escuela la primera institución que hace de la clase, del aula y de las lecciones, una experiencia que sirve para formar el maestro17. Lancaster fue más práctico que Comenio, cambió el sentido de los grados de formación y, en lugar de orientarlos del universo a la tierra de Dios hacia el hombre, los puso en la tierra y trazó los caminos de la tierra, hizo de la escuela un único espacio, el espacio del aula, el espacio de la enseñanza, el espacio de la disciplina, el espacio del aprender y el espacio de la moral, no todo al mismo tiempo, sino todo en el mismo espacio y puso los grados de formación como grados de la enseñanza. Con Lancaster estos grados de la enseñanza van a dirigir la formación universal y la formación singular, lo general y lo individual. El grado de la enseñanza es la dirección o el sentido que orientará la formación general del hombre. El punto sensible del grado es por supuesto la clase que comprende la lección. Dividió el espacio en clases y las clases en grados. Grado es espacio, es medición, es tiempo, es orden, es la facilidad, la solidez y la rapidez verbal de Comenio, ya no es el acto verbal, el objeto de atención y preocupación, es la cosa espacial. El espacio es el que tiene grados. Formación es avanzar en el espacio, ocupar lugares, hacerse a un sitio, ponerse en un lugar. La formación en Comenio es avanzar de la tierra hacia Dios, alejarse de la vida terrena y encontrar el camino hacia Dios. La formación en Lancaster es avanzar en pequeños espacios, sumar espacios, pasar uno a uno los espacios.
Otro aspecto de Lancaster respecto de la educación de niños, como lo vimos en Comenio, es el relevo del acto verbal, de la palabra por la escritura. La clase, los grados de la clase, los espacios y los grados espaciales, tendrán su materialización en la escritura y está en el manual de enseñanza. El manual tiene en el ocho la clave de su escritura. El ocho es un dibujo en el que se une dos círculos entre sí. El círculo es un espacio muy importante en el espacio escolar, los estudiantes-niños están sentados y van luego a los círculos y de ellos vuelven a los asientos. Es el movimiento esencial de la clase. El manual define qué se pone en el círculo y qué no, y es además el lugar de la prueba, de la evidencia del aprender. El círculo es espacio, un claro en el aula para que el niño compruebe que sabe.
Son ocho las clases, como son ocho los grados y ocho los círculos. La primera clase del manual de Triana es sobre la escritura que define según la naturaleza de la materia física donde el niño escribe: arena, pizarra o papel. La escritura el mismo dictado o deletreo. Este dictado o deletreo está dividido en ocho clases: la primera es sobre la enseñanza de la escritura en arena, la segunda en pizarra y la tercera en papel. Las otras clases son sobre la lectura y la aritmética. En relación con la práctica esta se considera como el pasar del niño de una escritura a la otra y a la otra, pasar la serie, que se hace ante la mirada atenta del monitor, que es un alumno que ya ha pasado por la serie y atiende y vigila la práctica. El orden, la atención, la organización de los objetos, la división del tiempo para cada serie y para cada cosa, se convierten en el reglamento del aula. Su finalidad, además de la obediencia, el desarrollo y destreza del cuerpo, es establecer la jerarquía de las funciones, de las acciones y de los sujetos en un mismo espacio. El espacio y la función mayor es la del profesor, la segunda es la del monitor y la tercera es la del niño, la última y definitiva es la del espacio interior, el espacio del aula. La escritura del manual recorre y hace un trazado de estos espacios y estas funciones. La formación se hace sin hablar, sin decir una palabra que no sea la palabra de la acción que corresponde a la serie. La formación es el paso del cuerpo del niño por materias físicas, por espacios, por serie de actividades. La formación es destreza del cuerpo, habilidad y hacer corresponder la orden de la acción con la palabra y con la fuerza de la atención.
En Comenio, Lasalle y Lancaster, la educación es para todos, es para la masa de hombres, es para educar la población. El aula, la enseñanza y la lección es el espacio central para realizar esta formación. Formar es construir el sujeto, construir la masa de población sin que él o ella sean activos en ese proceso. La formación se da como guía, conducción y gobierno de las personas, de lo sujetos y de la población. El aula o escuela es el espacio de articulación entre la moral universal, las reglas de la conducta universal y el lenguaje que articula moral y reglas para cuidar, cultivar, conducir y guiar el sujeto. La formación hace posible que educación sea la de todos y que se le enseñe todo a todos.
El maestro que enseña
En el campo disciplinario de la enseñanza, no encontramos un único maestro, sino tres maestros, en tres libros, el Tratado, la Guía y el Manual. La didáctica define un sujeto y una subjetividad adecuada a la forma tratado, lo mismo vamos a encontrar en la guía y en el manual. No son solo libros de lectura, son libros que conducen la conducta de los sujetos, guían los ojos en Comenio, en Lasalle la postura del cuerpo, y en Lancaster la mano. Esa individualización y localización de la lectura y la escritura en el cuerpo es también individualización del sujeto, del hombre y como lo hemos señalado individualización del conocimiento. La enseñanza es el dispositivo que permitió que se instalara esta práctica educativa y subjetiva en la escuela. Pestalozzi, sobre todo, luchó para sacar la individualización del niño y del maestro de la enseñanza y la escuela, y llevarla a ser parte de la razón, como lo veremos en su momento. El saber de la enseñanza, en sus tres formas, no construyó la razón del hombre, su objeto fue dirigirse al cuerpo, a los órganos del cuerpo natural, fisiológico y espiritual. El maestro fue pensado como la figura para hacerlo, más como fuerza que une y conecta que como modelo para ser guía de los alumnos, como lo va a ser en Rousseau y en Pestalozzi.
Eso significa que se construyeron tres figuras del maestro cristiano, tres fuerzas y tres conexiones: el sujeto del tratado, el de la guía y el del manual, así como son tres formas de la enseñanza. A cada uno se le define una conducta distinta, al maestro del tratado se le sitúa en el saber del método, al maestro de la guía, el de conducir la conducta a través de los signos de la escuela, y el maestro del manual, a ser él mismo el signo escrito, gracias a su identidad con la escritura, que el niño debe reconocer. El maestro del tratado sin ser el maestro un signo, se le puso en la condición de ser capaz de leer los signos del lenguaje, de las cosas y de los objetos de la escuela, e incluso el poder ver un poco más allá de la escuela, en ese lugar donde comienza la naturaleza. Ese borde fue el límite que no pudo franquear la enseñanza medioeval o enseñanza escolástica. Comenio se atreve a leer la naturaleza, no como la leyeron Rousseau y Pestalozzi que lograron descubrir sus leyes, sino una naturaleza donde acaba el método y deja en su camino la posibilidad de ver esa luz de su más allá. El ojo puede ver a través de la luz la oscuridad, lo mismo la mente que puede atreverse a vislumbrar lo desconocido y lo extraño. La naturaleza fue presentida por Comenio que no puedo pasar ese límite horizontal del camino y prefirió mirar hacia arriba, hacia lo alto, a lo infinito donde localizó la abstracción.
Lasalle sitúa al maestro como lector de los signos del lenguaje, que para él son los de la lectura, las letras y su mundo complejo de formas y contenidos. Destina al maestro a no abandonar el interior de la escuela, a recorrer sus espacios y cada de los objetos de la escuela, desde la entrada hasta la salida. A mirar los rostros y, sobre todo, los ojos de los niños, también sus cuerpos, la posición, su lugar en el asiento, en el salón. Rostro, manos y ojos como los signos que pueden leer los signos de las letras en los carteles ubicados en los costados del espacio de la lección, pues son ellos los guías en las lecciones de lectura y escritura. Este maestro no sabe del método, no sabe de fundamento alguno, de cómo se origina el conocimiento y su importancia para la enseñanza y el aprender. Lancaster define el maestro como signo de signos, es él, el que permite la escritura. El manual de enseñanza establece el orden de lo escrito, grado por grado, como en una escalera, que se ubica en un libro y en la realidad del espacio escolar, y si hay grados en el espacio es por el libro que ordena lo real, y si hay dirección de la clase es porque el maestro es el signo que está detrás de todos los signos, por eso el maestro está oculto, tapado por el libro, por los monitores, por el movimiento intenso de cambiar de posición para poder escribir en distintas superficies.
Enseñar es mucho más que transmitir la palabra, qué hacer comprender, qué conocer. Enseñar es ocuparse de la actividad, de la conducta, del cuerpo, del movimiento, de la acción. Enseñar cubre tres totalidades: el conocer, el ser y el ser para qué. Es ordenar la mente, es fabricar el cuerpo y es construir la función activa, la actividad funcional. Todas estas funciones no se podrían hacer sin el tratado Didáctico. El maestro es el sujeto de este tratado, lo mismo que el niño al que no hay que confundir con infancia. Kant en su libro Pedagogía reorganiza y problematiza este orden del tratado didáctico en estas elecciones, el maestro es aquel que instruye a los niños en la escuela, es el que inicia el acceso a la cultura y para lograrlo debe usar la disciplina que es la pedagogía del cuerpo, de la creación del sujeto como cuerpo fabricado18.
Maestro es el que enseña, lo hemos dicho, y enseña en la escuela. Docente no es el que enseña en la escuela. Docente es el que dice, su decir se refiere a todos, al exterior de la escuela, a la sociedad y a los conocimientos que fundan la sociedad que son los de la ciencia y del arte. Maestro no dice, no dice a todos y habla de todo, el maestro no es sujeto del habla, no es sujeto que conecte el interior de la escuela con el exterior de la escuela, que es la sociedad. El maestro solo habla en el interior de la escuela, no habla, enseña, cuida de saber enseñar en la escuela y ese cuidado es cuidar el niño para que llegue al enseñar, su función es llevar el niño a la enseñanza, la función del docente es llevar el joven a la sociedad y la función del profesor es llevar el joven y el adulto a la ciencia.
El maestro está atado al tratado de enseñanza, a la enseñanza, que a la vez es la que se ocupa del saber enseñar, que es estar en la escuela y no en la casa o en la sociedad. Esta diferencia es esencial, el maestro es aquel que lleva al niño a romper con la casa y prepara para llegar a la sociedad, como se ve es un tratar, cuidar, llevar, conducir, es decir, gobernar. ¿Qué se gobierna? el espacio de la enseñanza, el orden al enseñar, la relación con el niño y el niño mismo. ¿De dónde surge este gobierno? En primer lugar, en lo más alto de las leyes del Estado y de la doctrina de la Iglesia, en el nivel medio, de tratado didáctico, y en lo más bajo de la escala, de la disciplina o gobierno de la conducta, de la distribución del espacio, del orden de los cuerpos y la diferencia de los ritmos del tiempo y de las actividades en el espacio.
“Dar escuela” es establecer este gobierno de los cuerpos en el espacio y en el tiempo. Es enseñar el tiempo, es enseñar el orden espacial, en el cuerpo y en la conciencia. Si el niño adquiere conciencia del tiempo y del espacio, de su propio tiempo y de su propia espacialidad es por la escuela. En la casa no se podía establecer en la conciencia del niño el tiempo y el espacio que es lo que forma el sujeto niño, el sujeto joven y el sujeto adulto. No lo puede hacer la casa, porque en la casa los padres no enseñan, no enseñan el tratado y el tratado no es para la casa y las padres. El tratado es para la escuela. Pestalozzi entendió esta limitación de la casa y los padres de familia que no podían enseñar y escribió en 1801 Cómo Gertrudis enseña a sus hijos, que es un tratado de pedagogía y no de enseñanza, es tratado moral y no de instrucción19. Es un tratado para que las madres eduquen a los hijos en la casa y no en la escuela, y no confundan educar con instruir o enseñar. Educar hace parte de un tratado moral y no se puede hacer sino cuando el niño tenga las nociones de tiempo y espacio, es decir, cuando sea sujeto y un sujeto que pueda dirigirse él mismo. En la casa y en la escuela el niño no se dirige así mismo, al niño lo dirigen, lo gobiernan, lo gobierna el tratado de enseñanza en la escuela, la familia y la madre en la casa.
La escuela se inventó para establecer el tiempo y el espacio que es lo que forma la conciencia del niño. El tiempo y el espacio son nociones, son ideas, sin ellas no puede haber sujeto, y sin sujeto no puede darse la educación, que es el objeto de la pedagogía moderna, el sujeto que tiene conciencia. Esta invención de la escuela es un problema de la didáctica, y no de la pedagogía que se ocupa del joven, porque el joven es que tiene conciencia y puede ser libre. Sin libertad no se puede educar. El maestro de escuela que fue pensado por Comenio y después por Lasalle tiene como función crear la conciencia en el niño, crear las nociones de su identidad primera. El maestro actual no puede hacer lo mismo, el maestro actual ya conoce lo que es la escuela y sabe que la escuela disciplina a una criatura que no es libre, y como lo sabe, educa con libertad, en libertad, intentando introducir la libertad en el niño, que era el objeto y la función de la pedagogía moderna al ocuparse del joven. La pedagogía para la escuela primaria trata al niño como joven al pensarlo como un ser que ya tiene conciencia y la tiene porque en la casa y el jardín lo que hacen es crear la conciencia en los niños para que cuando vayan a la escuela los traten como seres con conciencia, y no como criaturas a las que hay que disciplinar y gobernar para crearles conciencia de su cuerpo y de su mente.
Los niños que aprenden
La didáctica y el saber de la Pansofía descubre, para sí misma, que cualquier saber puede ser enseñado, la ciencia, el arte y las humanidades, y si se enseña es para que se convierta en estudios. La enseñanza es el código que permite que el saber universal y el saber particular, como aprender un oficio y aprender a regirse a sí mismo, sean estudiados en escuela. El estudio es el saber exterior que se interioriza en la escuela y se pasa a compartimentos individualizados, la clase, la lección y el salón o aula de clase. La didáctica descubre que los niños no solo serán educados, sino enseñados. ¿Qué quiere decir que los niños pueden ser enseñados? Quiere decir que la educación ha de darse en la escuela, con un maestro y con otros niños, en una clase y en una lección. Este es un nuevo orden para educar que no conocía la escuela y tampoco las lecciones anteriores, este orden incorpora un rango de clasificación que se define por la edad, en Comenio niños pequeños de corta edad y mediana edad, en Lasalle niños de siete años, en Lancaster niños en edad de entrar a la escuela y puedan aprender a leer escribiendo. La escritura en Lasalle solo se da a los 12 años. Los niños son enseñados significa que han de pasar por el método, una guía y un manual de enseñanza. Tres prácticas de subjetividad, el método es una práctica de conocimiento individual, conocerse y regirse, dice Comenio, que identifica la conciencia de los niños, la guía es una práctica para dirigir la conducta individual, y el manual para dar el sentido de colectividad y asociación a los niños. Una práctica de trabajo sobre sí mismo, una práctica de trabajo sobre el cuerpo y una práctica de trabajo sobre la población de niños. Son tres modos de enseñanza para proporcionar a los niños la idea de sí mismos, no como niños en relación con ellos mismos, sino de los niños y los otros niños, los niños y su espacio, los niños y sus cuerpos. El esquema de producción de estas prácticas subjetivas es la división, que en Comenio es la división de escuelas, en Lasalle la división en espacios interiores a la escuela y en Lancaster es la división del trabajo escolar, las actividades de la escritura. El trabajo es el eje en donde se asienta la creación de subjetividad infantil. Lo vemos en Comenio desde la idea del taller de formación, en Lasalle la atención y en Lancaster la ocupación. Con el trabajo, los estudios y la enseñanza, los niños podrán ser educados y podrán aprender un oficio, que pasa por aprender primero a leer, segundo a leer y escribir, tercero a escribir.
Entre los tres libros que hemos analizado, en donde es más fuerte la presencia de los niños es en los libros de la Enseñanza Mutua. Esta escuela que, como ya lo señalamos, buscó ser un único lugar, con una sola clase y un maestro, tenía como objeto de educación una población de niños numerosa. Aquí la enseñanza quería resolver la dificultad de lograr enseñar a escribir a muchos niños. Fue un ensayo y una experimentación pedagógica, sobre no solo enseñar la escritura, sino averiguar qué podía pasar en el experimento. Comenio no experimentó con población sino con los conocimientos, Lasalle lo hizo con el maestro, y Lancaster con los niños. El problema fue resolver la enseñanza de la escritura, que no era tanto en Lasalle y mucho menos en Comenio que a pesar de preocuparse del libro, su interés era su lectura y su presencia, que el alumno y el maestro tuvieran el libro cerca. En Lancaster el libro es el que enseña a escribir, aunque Lancaster lo ubicó muy lejos de los niños y del maestro.
En Comenio hay niños en sus libros y no existe el niño, como no existirá en Lasalle y en Lancaster, en este último son los niños los sujetos de la escuela. De los niños lo que se destaca es la mano porque es la que debe escribir. Pestalozzi le agregará a la mano, la cabeza y el corazón, que se le olvidó a Lancaster. Es la mano la que tiene contacto con la tierra, que no es propiamente tierra sino superficie para escribir, arcilla, barro o papel. Los niños tienen relación con los maestros, que no lo son, porque en esta pedagogía pasan a ser instructores, tutores y los niños son pupilos, aprendices o alumnos.
En el campo disciplinario de la pedagogía, el niño existe como objeto de la enseñanza, esto quiere decir, que es un objeto del enseñar y si existe es para ser enseñado. Su existencia es a lado de otras categorías como las naturales, el hombre, la juventud y la adolescencia, y figuras de enseñanza como el discípulo, el alumno y el estudiante. En Comenio, el niño existe al lado de una tercera serie de figuras que son las de la naturaleza en sus distintas representaciones como la primavera, el verano, el otoño y el invierno y de una categoría general que es la metáfora del árbol, en él la niñez son las raíces, la juventud el tallo y el follaje la vida adulta. En Lasalle no hay nada natural, los niños existen en tres espacios, el libro que es el que los guía, la escuela como guía de sus conductas y el maestro que conduce. En Lancaster los niños son objeto del manual, existen por virtud de ser signos escritos. En Comenio el método se desprende, se deduce, se deriva del tratado, en Lancaster es método, es el libro y el libro son las clases, así como la escuela. Los niños existen en la clase que es el formato de la enseñanza, y es la que designa y hace existir el niño al lado del monitor, del tutor y del instructor y tiene un lugar en cada nivel, como alumno, pupilo y aprendiz. el manual es una organización de trabajo, la guía es una organización de obediencia y el tratado es una organización de los estudios. El trabajo forma la actividad manual, la guía, los ojos, del alma y del cuerpo, y la didáctica forma los sentidos. En el tratado las cosas son las que afectan los niños, en la guía, los objetos escolares, el inmobiliario, y en el manual, las superficies de la escuela. El resultado del campo disciplinario, en relación con los niños, es la formación de un cuerpo dócil, obediente y que tenga un oficio.
En la enseñanza, la existencia del niño es difusa, son los niños los que tienen más presencia, la infancia no es objeto de la enseñanza, que lo va a ser del campo de formación de la pedagogía, que va a entender por infancia la representación que el niño se hace de sí mismo. Comenio habla de la infancia en la Pampedia cuando describe la escuela de la infancia, que como lo hemos dicho, la escuela no es un lugar físico, sino un lugar la enseñanza, y la infancia ocupa un lugar que se define por la edad, y por la edad que el niño recibe enseñanza infantil, una enseñanza según el desarrollo de los sentidos y las cosas que el niño ve, siente y puede tocar antes de hablar y después. En la enseñanza, y en sus tres libros mayores, no hay infancia en sí misma, el niño no se representa su vida y tampoco sus acciones, no se mira así mismo, lo miran, solo hay infancia, si el niño voltea su mirada para ver su interior, en ese gesto busca saber quién es. La enseñanza no pretende saber quién es el niño, su objeto es, en Comenio, situar el niño en la lección, la clase y en relación con el saber que debe adquirir. En Lasalle, los que existen son los niños vigilados, castigados, los niños conducidos y guiados. De esos niños el objeto que merece atención es la conducta, la mismo que va a hacer el Manual de Lancaster, solo que allí el espacio no es la escuela, como en Comenio y sus muchos espacios como en Lasalle, sino la Clase, un solo espacio, para un saber, y para un cuerpo. Una condición especial de la enseñanza es no poder mirar el niño directamente, la presencia que funciona en el régimen de la enseñanza no funciona para ver la presencia del niño, que se ve disfrazada por las máscaras del discípulo, el estudiante, el alumno y por una máscara más sutil que es la edad.
Uno de los sentidos de la enseñanza es producir el niño que aprende, que va a tener en los tres libros de enseñanza, diferentes modalidades. En Comenio el niño que aprende lo hace por la vida de los estudios, de la relación con las ciencias y las artes y con libros. En Lasalle el niño que aprende si bien tiene como régimen general los estudios, se busca que aprenda la docilidad de su cuerpo, que se produce por la repetición de las ocupaciones y las actividades. En el método de las escuelas mutuas, el objeto es el niño que aprende de otros. Si bien en la disciplina de enseñanza educa el niño como individualidad también persigue construir la población de niños, los niños como grupo. Los dos, el niño y el grupo de niños son los objetos de la disciplina, es decir, del dispositivo de educación del cuerpo, dispositivo sobre sus movimientos, el espacio que se va a ocupar, la fuerza que se va a tener, la utilidad, y la eficacia de sus actividades. En este dispositivo vemos o leemos lo que es un niño, y lo vemos desde la fabricación de su cuerpo, actividades y funciones20.
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