Kitabı oku: «El regalo del lobo»

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IRENE HENCHE ZABALA

Psicodramatista y psicoterapeuta familiar, ha trabajado en educación como psicóloga y asesora de formación del profesorado, sobre todo en el área de necesidades especiales.

En 1986 creó el método al que llamó Psicodrama Simbólico, que rescata las versiones arquetípicas de los cuentos de hadas, y que desarrolla por primera vez en esta obra.

En la actualidad, es psicoterapeuta y se dedica a escribir y a impartir seminarios y conferencias de Psicodrama Simbólico en España y en diversos países.

Los cuentos de hadas son patrimonio de la humanidad, como las pinturas rupestres, las catedrales, las sinfonías o las obras maestras de la pintura.

Irene Henche Zabala tuvo la intuición, hace más de treinta años, de que el lenguaje simbólico de los cuentos de hadas podía servir para ayudar a identificar y sanar traumas y bloqueos emocionales. Aunque inició su trabajo con niños, ha desarrollado una metodología terapéutica para todas las edades, el Psicodrama Simbólico, que expone por primera vez en esta obra.

Este libro ofrece un recorrido por algunos de los cuentos más interesantes y conocidos de la historia para enseñarnos a aprender una lengua olvidada que habita en nuestro interior, un lenguaje perdido que solo comprendemos cuando estamos dormidos.

Frente a las visiones simplistas o ideológicas, que desdeñan los cuentos de hadas por infantiles o reaccionarios, la autora nos muestra que no hemos sabido profundizar en su mensaje más transcendente y sanador.

El regalo del lobo ayuda a que toda persona pueda potenciar su originalidad y creatividad, mejorar su evolución personal e incluso realizar una profunda transformación de su guión de vida.

EL REGALO DEL LOBO

Irene Henche

EL REGALO DEL LOBO

Psicodrama Simbólico y cuentos de hadas


El regalo del lobo

Psicodrama Simbólico

y cuentos de hadas

© 2021, Irene Henche

© 2021, Arzalia Ediciones, S.L.

Calle Zurbano, 85, 3º-1. 28003 Madrid

Ilustraciones de cubierta: Ricardo Sánchez

Diseño de cubierta, interior y maquetación: Luis Brea

ISBN: 978-84-17241-92-6

Producción del ePub: booqlab

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por un sistema de recuperación de información en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotomecánico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso por escrito de la editorial.

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Índice

Prólogo

Agradecimientos

Introducción

PRIMERA PARTE. EXPLORANDO EL UNIVERSO DE LOS SÍMBOLOS

1. Hamlet

2. Un mapa y una brújula

3. Aprendiendo la lengua de los símbolos

4. La naturaleza de los cuentos de hadas

5. El Psicodrama Simbólico

6. El guion existencial

SEGUNDA PARTE. LOS DOCE CUENTOS

7. El reloj se pone en marcha

8. Los Siete Cabritillos y El Lobo. Estoy a salvo

9. Caperucita Roja. La segunda piel

10. Los Tres Cerditos. La casa

11. La Casita de Chocolate. La búsqueda del paraíso

12. Pulgarcito. La aparición de la conciencia

13. La Reina de las Abejas. La totalidad de la infancia

14. El Patito Feo. La diferencia y la diferenciación

15. Pinocho. La obra que cobra vida

16. Cenicienta. El lugar propio

17. La Bella Durmiente. El cuento de los cuentos

18. Blancanieves. La madre quiere matar a su hija

19. La Bella y la Bestia. La Sombra en el interior

20. El cine de Walt Disney y los cuentos de hadas

21. Otros cuentos fundamentales

TERCERA PARTE. LOS TESOROS QUE SE OCULTAN EN LOS DOCE CUENTOS

22. Los personajes femeninos y masculinos en los cuentos de hadas

23. El despertar de lo femenino

24. El viaje del héroe a través de los Doce Cuentos

25. El regalo del lobo

26. El conflicto y la Sombra en los Doce Cuentos

27. La dimensión transgeneracional del Ánimus y el Ánima

28. Los otros personajes femeninos del patriarcado

CUARTA PARTE. EL PSICODRAMA SIMBÓLICO EN ACCIÓN

29. Los personajes internos y los guiones existenciales transformados

30. Rematrizar el propio guion de vida. El adentro y el afuera

31. Una aproximación al Método Simbólico aplicado

32. La reconstrucción materna interior

Bibliografía

Prólogo

Llevo más de treinta años trabajando con los cuentos de hadas. Empecé a apasionarme con estas historias mientras desarrollaba mi actividad docente en la escuela, centrada en niños con dificultades en su desarrollo y su autoestima. En esa época, coincidiendo con mi periodo de formación en psicodrama, se me ocurrió formar grupos y poner en práctica en ellos lo aprendido: surgió así la idea de hacer psicodrama con los cuentos de hadas, una experiencia que resultó tan intensa y creativa para los alumnos que me enamoré de estos relatos cuyo universo he seguido explorando durante toda mi vida.

A medida que me iba adentrando en la escritura de estas páginas, fui descubriendo que era esencial rescatar los significados de estas hermosas historias. Como una restauradora de obras de arte que han sufrido el paso del tiempo o la huella de agentes nocivos, he ido despojando a los cuentos de esas capas que ocultan su belleza intrínseca y su gran valor.

El libro se centra especialmente en la recuperación de versiones arquetípicas de los cuentos de hadas y en la comprensión de su simbología latente mediante el aprendizaje de la lengua de los símbolos, un lenguaje perdido, que solo recuperamos cuando estamos dormidos, durante la creación de sueños, y es esencial que el ser humano lo recobre también cuando está despierto. Los cuentos de hadas son patrimonio de la humanidad, como lo son las pinturas rupestres, las catedrales y todas las grandes obras de la cultura. Mi objetivo profundo es mostrar su verdadera naturaleza, su belleza, su luz y su sombra, y restituir el universo metafórico que habita en ellos.

Desde la Ilustración y la Revolución Industrial hemos creído que podíamos controlarlo todo con la razón y con la técnica. Esa inflación del yo ha sido y sigue siendo muy cara; entre otras cosas, ha traído dos guerras mundiales, el nazismo y, en la actualidad, la amenaza de destrucción del planeta como consecuencia del cambio climático.

A lo largo de la evolución siempre ha habido personas sensibles que han guardado los recuerdos y las fantasías de la comunidad y los han transmitido oralmente a través de ficciones, permitiendo a nuestra especie seguir encontrando sentido a la existencia. Y entre estas ficciones se encuentran los cuentos de hadas, uno de los legados que han perdurado durante siglos y han acompañado el laborioso devenir de los seres humanos, ofreciéndoles esos espacios de juego, de disfrute a través de la imaginación, que hacen que la vida merezca la pena ser vivida. Algunos elementos de significado de estos relatos vienen de la más remota antigüedad y perduran todavía sin perder su esencia.

En la actualidad, época de reivindicación de las mujeres y de recuperación del legado femenino a lo largo de la historia, algunas corrientes de pensamiento han puesto el foco en los cuentos de hadas, dando por hecho que fomentan un modelo de relación tradicional y que forman parte del entramado de poder ideológico y político para mantener la sumisión de las mujeres. Mi reflexión es que las mujeres, principales transmisoras de los cuentos, han ido depositando en estos relatos el protagonismo prohibido para ellas en la vida pública. Eso explica el surgimiento de una de las grandes ideas de algunos cuentos prototípicos, el despertar de la mujer, la restitución de lo femenino, un contenido que se manifiesta de manera simbólica, primero porque este es el lenguaje del inconsciente, en el que hablan los cuentos, y segundo porque si la necesidad de otorgar un papel a la mujer se hubiera expresado de manera discursiva, esto habría sido condenado.

Veamos lo que dice Irene Vallejo en su libro El infinito en un junco:

A lo largo de los tiempos han sido sobre todo las mujeres las encargadas de desovillar en la noche la memoria de los cuentos. Han sido las tejedoras de relatos y retales. Durante siglos han devanado historias al mismo tiempo que hacían girar la rueca o manejaban la lanzadera del telar. Ellas fueron las primeras en plasmar el universo como malla y como redes*.

Así que, precisamente, los cuentos de hadas recogen la dimensión femenina que ha sido relegada y marginada a lo largo de la historia. Estas heroínas de los relatos que despiertan son las protagonistas. Escuchemos los mensajes de esas contadoras sensibles y visionarias que nos dejaron su legado en este material mágico de los cuentos de hadas para que esta dimensión pudiera permanecer viva.

La confusión reinante entre la ficción y la realidad, entre lo simbólico y la vida cotidiana, me hace considerar urgente y de la máxima necesidad recuperar los cuentos de hadas tal y como son, realzar sus contenidos arquetípicos y hacer perdurar su belleza.

Justamente porque estas historias son una de las vías para recobrar el universo simbólico, ese lenguaje olvidado del que habla Erich Fromm, es prioritario conservarlas y custodiarlas en su esencia, respetando su naturaleza y sin contaminarlas con ideologías de ningún signo.

Esta es la principal misión de este libro, ofrecer un recorrido a través de una serie de cuentos de hadas, mostrando sus contenidos desnudos, perfectos, y ayudando a comprender que estas obras de arte seculares pueden enseñarnos no lecciones morales ni conductas ejemplares, sino a escuchar la voz de esa lengua olvidada que habita en nuestro interior.

El otro gran propósito del libro es acabar con la idea, el lugar común, de que los cuentos de hadas son solo para niños y abrir su universo a todos los seres humanos en cualquier etapa de su ciclo vital.

Y finalmente, estas páginas buscan también presentar el Psicodrama Simbólico como un modelo de trabajo con los cuentos de hadas que permite obtener valiosísimos frutos de ellos.

_________

* Vallejo, pág. 384.

Agradecimientos

Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que me han acompañado en el proceso de escritura de este libro.

En primer lugar a mi marido, José Luis Zamorano, por su ayuda constante en el perfeccionamiento de la redacción y en la configuración de la estructura. Sin su apoyo y dedicación, me hubiera sido muy difícil llevar a buen puerto esta aventura.

En este recorrido me ha acompañado también mi hijo Luis Manuel Zamorano Henche, psicólogo y músico, quien desde el otro lado del Atlántico me ha aportado su visión lúcida y sus comentarios inteligentes y alentadores sobre algunos fragmentos que le pedí que leyera.

Muchas gracias igualmente a mi gran amiga Vicky Abril por su lectura sabia y por sus sugerencias.

A lo largo de mi trayectoria he encontrado algunas personas que me fueron abriendo horizontes y que son el origen remoto de estas páginas. Quiero mencionar a Pablo Población, con quien descubrí el psicodrama, y a Carlos María Menegazzo, que ha sido una fuente de inspiración y de cuya amistad y sabiduría tengo la fortuna de disfrutar. Y, desde luego, a mi querida amiga Lilia Fornasari por su afecto, su apoyo y su estímulo para escribir.

Deseo nombrar también a Maurizio Gasseau, quien me abrió las puertas de Eranos, un lugar mágico, en el que Jung y los pensadores de su época se reunían para conectar con el lado sagrado de la naturaleza humana y en el que se han seguido celebrando encuentros de Psicodrama Junguiano. Haber entrado en ese espacio y haber impartido allí conferencias y talleres sobre el Psicodrama Simbólico de los cuentos de hadas, convirtiéndome así en una eranista, es un gran honor para mí.

Quiero expresar mi profundo agradecimiento a Christian Tauber, el discípulo junguiano de Marie-Louise von Franz, con quien descubrí verdaderos tesoros simbólicos en mis sueños que me han dado valiosas claves.

Finalmente, muchas gracias a Ricardo Artola, por su confianza y por haberme animado a escribir este libro y publicarlo.

Madrid, 24 de febrero de 2021

Introducción

En este libro vamos a hacer un viaje a través de la dimensión de los símbolos, de la fantasía, de la imaginación. Un viaje en el que nos acompañarán doce cuentos de hadas maravillosos, especiales, para ofrecernos su sabiduría y permitirnos recrear internamente sus significados según nuestra originalidad y nuestra creatividad. Desde sus orígenes, tanto individuales como colectivos, el ser humano crea la función simbólica y la ficción. La necesidad de símbolos y de ficciones es universal e inherente a la propia especie humana.

Para sumergirnos en la magia de estas historias, vamos a comenzar por una de las más grandes que se han contado, una que nos revela grandes arcanos de la existencia humana. Una de las mejores historias creadas por el gran sabio Shakespeare y, por tanto, una de las mejores historias de todos los tiempos: la historia de Hamlet.

PRIMERA PARTE
EXPLORANDO EL UNIVERSO DE LOS SÍMBOLOS


1
Hamlet

El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.

El tiempo no vuelve atrás, por lo tanto, planta tu jardín y adorna tu alma en vez de esperar a que alguien te traiga flores.

WILLIAM SHAKESPEARE

Érase una vez un joven príncipe danés, llamado Hamlet, que recibe la visita del fantasma de su padre, muerto poco tiempo atrás, el cual le emplaza a una nueva cita la noche siguiente. Acompañado por su amigo Horacio, acude a la reunión en la que el fantasma le revela algo esencial. El fantasma del padre de Hamlet le dice que mientras dormía fue asesinado por su propio hermano, que le administró un veneno derramándolo en su oreja. Murió, por tanto, en pecado y con ello está condenado, al menos, al purgatorio. El príncipe queda conmocionado por esta revelación. Su tío se ha casado con su madre apenas un mes después de enviudar y ha ocupado el trono. A partir de entonces, la vida de Hamlet se desarrolla dentro de esta mentira, de este secreto criminal.

Afrontar esta verdad de una manera directa y abierta solo augura el fracaso, la neutralización y, con seguridad, la destrucción de Hamlet, un príncipe joven que aún depende de su madre y, en este momento, también de su tío. Su plan va a ser conseguir que la verdad salga a la luz. Para ello finge que ha enloquecido, aunque las frases que nacen de su aparente locura resultan demasiado inteligentes e incisivas, y no parecen provenir de una mente enajenada.

Hamlet va envolviéndolo todo en una trama surrealista y compleja, en la que su propio destino es puesto en riesgo. Su enamoramiento de Ofelia debe servir de elemento de confusión y de trampa para capturar a los villanos. Y sabemos que Hamlet abandona ese gran deseo de su vida, el amor, la búsqueda del emparejamiento, debido a que hay una tarea que es absolutamente prioritaria: restituir la justicia y permitir la salvación de su padre.

En la escena en que Hamlet va a la habitación de su madre para instarla con palabras muy duras a que le revele el secreto que ha mantenido hasta entonces, el joven, que ya siente muchas amenazas sobre sí, observa que algo se mueve tras las cortinas y, cegado por la furia, hunde su espada en el intruso, que, inesperadamente, resulta ser Polonio, el padre de Ofelia. A partir de ese momento, en la obra se irán sucediendo una serie de muertes, un destino ineluctable.

En sus reflexiones sobre la vida y la muerte, Hamlet nos transmite su pesimismo sobre el ser humano, la imposibilidad de escapar del destino, ni siquiera con la muerte, porque ¿quién podría asegurarnos que con la muerte haríamos desaparecer realmente nuestra conciencia? Este es el sentido del majestuoso monólogo: «Ser o no ser». En otro momento, nos muestra la vida humana como una obra de teatro: cada ser humano es un personaje que desarrolla toda una historia, ríe, llora, se enamora… Después, al cerrarse el telón, desaparece y ya no queda nada.

Hamlet descarta la opción del suicidio, aunque finalmente también él morirá. Y su legado habrá sido descubrir la verdad e impedir que el reino continúe sustentado en la mentira de una pareja de reyes bastarda, asesina y mentirosa. Su misión es restituir a su padre al lugar que le corresponde, de legítimo rey, aunque sea después de su muerte, aunque ello conlleve también la propia desaparición del príncipe. Porque este trastrocamiento del verdadero lugar que se ocupa en la familia, este crimen secreto, este casamiento emponzoñado tiene un precio sumamente alto, no solo en la generación en la que ha tenido lugar, sino en la siguiente. Así, Hamlet no podrá madurar, nunca podrá ser rey aun siendo el heredero. Nunca podrá tener una pareja y crear una nueva familia. Y Ofelia ya se le adelanta en la muerte.

Esta obra inconmensurable, inagotable, de la que únicamente he querido aportar un breve resumen, nos está revelando una serie de verdades profundas sobre el ser humano:

• Toda persona, en su tiempo de vida, desarrolla una historia de la que es protagonista, lo quiera o no.

• Esta historia de vida tiene un desarrollo dinámico, es decir, va construyéndose a lo largo de las etapas del ciclo vital.

• Las heridas o traumas que tienen lugar en una generación pasan a las siguientes generaciones.

• El propio proyecto de vida está totalmente condicionado por los legados recibidos de nuestros padres y de nuestra familia de origen.

Si un hijo, como es el caso de Hamlet, se encuentra en un lugar perverso que le hace atravesar su evolución hacia la vida adulta en una secuencia alterada, está abocado a poner orden en la generación anterior, para lo que se requiere conciencia y valentía. De cualquier modo, en el caso de Hamlet, su unión con su padre a través de la comunicación profunda e interior con su fantasma lo sitúa en un lugar que no es el de hijo, sino casi el de padre de su padre. Esta inversión de roles, este orden trastocado, compromete el guion existencial del hijo.

Algunas personas realmente hacen suyo un guion obstaculizador de sus padres o antepasados, y ello conlleva neurosis o psicosis. En muchos casos, la persona puede desarrollar su guion existencial de una manera parcial y se pregunta, incapaz de darse una auténtica respuesta, por qué no ha logrado cumplir tal o cual deseo, por qué su vida es profundamente incompleta e insatisfactoria.

Cuando el orden de las relaciones familiares queda tan sumamente trastocado como en el caso de Hamlet, cuando hay una situación traumática de gran calibre que permanece en secreto (en este caso, un asesinato), ello tiene que hacerse consciente y ha de ser reconstruido de alguna manera en toda persona que aspire a llevar una vida saludable. El joven príncipe se ve obligado a iniciar un proceso implacable en el que todo va a destruirse, como espejo de la brutal reacción desencadenada por tal infamia, sobre la que no se puede edificar un proyecto de vida personal; tampoco puede seguir adelante un reino con semejante ponzoña. Todos van a morir. Hamlet también, porque su guion existencial está truncado. Queda Horacio, su amigo del alma, que puede contar la verdadera historia y hacer que el reino, limpio y purificado con el fuego de la verdad, renazca.

Muchas personas no mueren como Hamlet, pero viven como muertos en vida. Uno de los grandes objetivos del Psicodrama Simbólico que desarrolla este libro es desvelar el guion interno que bloquea o desvirtúa la energía para desarrollar de una manera original, fluida y satisfactoria el proyecto de vida deseado.

Los grandes literatos, ya lo decía Freud, nos ofrecen una sabiduría inmensa sobre la naturaleza humana. Y Shakespeare es el gran sabio de todos los tiempos. El arte permite una catarsis y una reconstrucción, una aportación única y original para salvarnos de guiones que nos mantenían prisioneros. La sabiduría contenida en Hamlet me ha permitido mostrar una de las tres grandes coordenadas del Psicodrama Simbólico que se desarrolla en este libro: el guion existencial. Ahora voy a detenerme en otros aspectos relevantes de esta obra que conectan con otra de las grandes coordenadas: el psicodrama. El ejemplo que nos da Hamlet al hacer que la verdad salga a la luz a través de la representación teatral de una historia semejante es un hallazgo maravilloso. Podríamos decir que hallamos aquí un poderoso precursor del psicodrama, como también lo son determinados rituales primitivos y la tragedia griega.

En lugar de declarar abiertamente a su madre y a su tío que conoce la verdad, Hamlet opta por crear una situación propicia. Se le ocurre una idea genial: contratar a unos cómicos y pedirles que representen, en una celebración palaciega, justamente la historia que ha tenido lugar y que se mantiene en secreto. En un clima lúdico, se reproduce la escena del asesinato del padre. El efecto de esta representación es absolutamente decisivo, pues su tío y su madre se desequilibran al verlo ante sus ojos. Esta representación permite que se haga patente la verdad que el joven quiere desvelar, y produce en los implicados un intenso malestar y un enorme desasosiego. Su tío reacciona con violencia y quiere deshacerse de él: alejar a Hamlet del palacio, enviarle a Inglaterra y ordenar que le maten en cuanto desembarque. Su madre cae en una suerte de depresión.

La representación de los cómicos en Hamlet se sitúa en el espacio del como si y posee ese carácter lúdico que tiene el teatro. Atreverse a transitar por territorios enormemente peligrosos y dolorosos es más fácil mediante esta vía de tono festivo. En la obra, la escena representada es claramente un trasunto de lo ocurrido en realidad, lo que nos lleva a mencionar la evidente conexión entre la genial aportación shakespeariana y esa extraordinaria creación que fue el psicodrama de J. L. Moreno.

El psicodrama posibilita la toma de conciencia, una toma de conciencia mucho más poderosa. A partir de todo lo que he aprendido de este gran creador y de los psicodramatistas que han sido mis maestros, he creado una modalidad de psicodrama que se realiza fundamentalmente a través de tramas y motivos metafóricos y se denomina Psicodrama Simbólico. En él, la invitación es a sumergirse en relatos de un significado universal porque están llenos de la sabiduría de las imágenes arquetípicas. Y, de este modo, elijo como base los cuentos maravillosos o de hadas, porque en ellos la carga arquetípica es inmensa y de gran calidad. Y así, con esta aportación del universo simbólico dentro del psicodrama, inspirada en las enseñanzas de Carl Gustav Jung y Marie-Louise von Franz sobre los arquetipos, el inconsciente colectivo y la dimensión simbólica, se completa la tercera coordenada de este modelo.

En suma, a través del Psicodrama Simbólico podemos afirmar que la persona puede viajar no solo a su pasado, sino también a su futuro, porque este a menudo es rescatado y transformado. Este viaje se realiza a través del aquí y ahora del psicodrama, de manera que el tiempo se reunifica. Podemos decir que la persona recobra el tiempo, el tiempo perdido en el pasado y el que estaba potencialmente perdido en el futuro. La persona recobra su tiempo de vida.

2
Un mapa y una brújula

A lo largo de estas páginas voy a presentar una cosmovisión y un modelo activo derivado de ella y que puede ser aplicado en diferentes ámbitos. Propongo realizar un viaje imaginario a través de contenidos universales que importan a todo ser humano y que este libro sea guía en ese recorrido simbólico. En algunos momentos podríamos perdernos, como les ocurre a Hansel y Gretel y a Pulgarcito. Por ello me parece fundamental aportar un mapa y una brújula para transitar por el bosque de los cuentos y recuperar el norte si nos extraviamos.

Este libro puede ser leído por cualquier persona interesada en su evolución personal y que tenga confianza en que el ser humano puede mejorar, tanto individual como colectivamente. Se destina a todo aquel que sustente esta confianza en su esfuerzo cotidiano de pacificación, de autoconocimiento y de compromiso profundo y activo con esa tarea de mejora. Una tarea que no es espontánea, sino una conquista y un esfuerzo constantes a lo largo de toda la vida.

El núcleo de la cosmovisión que voy a transmitir es despertar y activar el universo simbólico, que constituye la seña de identidad más emblemática de la especie humana1. Para entrar en ese universo necesitamos conocer la lengua de los símbolos. Afortunadamente es un idioma común a todo ser humano, de cualquier edad y cualquier cultura. Por supuesto, este modelo no es la única puerta de entrada al universo simbólico; existen otras, como la meditación o el disfrute y el movimiento emocional producidos por la lectura y por el arte…

En mi modelo, la puerta de entrada es la lengua de los símbolos expresada en diversas manifestaciones humanas: los sueños, el arte, las religiones, los mitos o los cuentos de hadas. Vamos a sumergimos en el universo de estos relatos que recogen, con gran belleza arquetípica, motivos esenciales de toda existencia. Para ello necesitaremos cuatro claves con las que orientarnos, a las que hemos llamado puntos cardinales.

El primer punto cardinal: los cuentos maravillosos o cuentos de hadas

Una de las primeras señales para seguir bien el mapa es distinguir, dentro de los cuentos populares, los que podemos considerar verdaderamente maravillosos o de hadas. Para ello definiremos algunas señas de identidad prototípicas que los diferencian de otro tipo de relatos.

La riqueza del acervo popular, expresado a través de narraciones de muy diversa índole, es realmente valiosa, como valioso es también el trabajo de muchos estudiosos que han ido recopilando estas historias procedentes de la tradición oral y poniéndolas por escrito.

Dentro de este patrimonio cultural de historias procedentes de la tradición oral, voy a centrarme en los cuentos de hadas o historias maravillosas del ámbito occidental, a los que añado algunos otros de autor que me parecen especialmente valiosos y significativos, como Pinocho o El Patito Feo. Conozcamos las cinco características esenciales de los cuentos de hadas o maravillosos:

• Su espacio y argumento se encuentran en una dimensión diferente de la realidad, es decir, son fantásticos.

• En ellos aparecen imágenes arquetípicas y personajes simbólicos.

• Sus argumentos y contenidos contienen una dimensión trascendente.

• Son atemporales.

• Se expresan en la lengua de los símbolos, es decir, una lengua que permite un puente entre lo consciente y lo inconsciente y, por tanto, inalcanzable mediante el pensamiento discursivo.

Para entender el tipo específico de los cuentos de hadas o maravillosos, dentro del gran caudal de las narraciones populares, hay que tener en cuenta una de sus señas de identidad esenciales: los contenidos, las historias que narran, encierran la huella de una incursión en el inconsciente que los llena de imágenes arquetípicas y de elementos mágicos. Es un rasgo que no encontramos en todos los cuentos populares.

De la misma manera que podemos diferenciar tipos de sueños, ya que solo algunos son verdaderamente simbólicos, igualmente dentro del género de los cuentos populares solo algunos se expresan verdaderamente en la lengua de los símbolos y nos conectan de manera directa con el inconsciente, transmitiendo mensajes de enorme valor. Estos mensajes cumplen una función de equilibrio y ampliación de la dimensión consciente, y además se enriquecen con la dimensión estética y el disfrute asociado a la percepción de la belleza.

El recorrido propuesto en este modelo de Psicodrama Simbólico nos sumerge en un espacio que nos va a permitir, además de experimentar la belleza, aumentar nuestro autoconocimiento, así como la creación de nuevas síntesis y nuevos equilibrios en los contenidos de nuestra psique.

El segundo punto cardinal: el psicodrama

El psicodrama es un modelo de trabajo grupal creado por Jacob Levi Moreno, inspirado en el teatro y aplicable en los campos terapéutico, educativo y social.

El origen de mi modelo tiene dos pilares, uno está en mi formación como psicodramatista y el otro en mi trabajo con cuentos de hadas aplicados a grupos de niños y preadolescentes, dentro de la escuela pública en la que trabajé durante seis años. En mi modelo, el psicodrama aporta la fuerza de la comunicación a través de escenas, lo que multiplica infinitamente los matices, significados y posibilidades de los cuentos de hadas con respecto a su narración, lectura o, incluso, su empleo para talleres de teatro y dramatización.

Esta experiencia de hacer psicodrama con cuentos de hadas favoreció un salto cualitativo en el que los niños me permitieron entrar en la cualidad pluridimensional de los relatos, como si se tratara de un acceso a través de un espejo mágico, polifacético y polisémico. No se trataba únicamente de escuchar, leer los cuentos o conocerlos, sino de penetrar en ellos y recrearlos, de ser sus autores2. Al mirar en su espejo nuestro interior, era posible generar nuevas respuestas dentro de este espacio lúdico y trascendente de los cuentos. Para ello resultaban fundamentales la originalidad y creatividad que aporta el psicodrama, así como la mirada caleidoscópica de la experiencia grupal, con toda su riqueza vincular y la complementariedad de visiones y vivencias, capaz de recrear las historias de manera original y genuina.

El tercer punto cardinal: los arquetipos

Los arquetipos son elementos del inconsciente colectivo humano que se manifiestan de forma repetida en los sueños, en los relatos, en el arte plástico o en los mitos, incluyendo los de las religiones, de todas las culturas. En consecuencia, tienen un carácter universal y representan el componente hereditario de la psique humana.

La gran aportación de Freud respecto al inconsciente personal, ámbito en el que permanece almacenada toda la experiencia del individuo desde antes de su nacimiento, se complementa con la visión de Jung acerca del inconsciente colectivo. Para Jung el inconsciente es un manantial de contenidos, inagotable y vivificador, del que proceden la creación y el sentido de la vida humana. Al mismo tiempo, podemos definir el inconsciente colectivo como un espacio común de la humanidad, de la especie, que nos iguala y en el que hunden su origen los arquetipos. Las grandes aportaciones de Jung son el inconsciente colectivo y los arquetipos. Todo símbolo puede ser un arquetipo, cualquier elemento de la naturaleza, ya sea un bosque, el mar, un árbol, las fieras salvajes, las flores, los ríos, las montañas…

Jung habla de unos arquetipos esenciales, que son complejos, pero necesito explicarlos brevemente porque van a aparecer en numerosas ocasiones a lo largo de este libro. Se trata del Ánimus y el Ánima, la Sombra y el Sí Mismo

El Ánimus y el Ánima son términos que adopto, tomándolos de Jung, aunque establezco mi propia interpretación. Podemos considerarlos como las energías masculinas y femeninas que están presentes en toda persona y que se manifiestan a través de diferentes imágenes arquetípicas: personajes femeninos en el caso del Ánima y personajes masculinos en el caso del Ánimus. Para Jung, la mujer tiene un Ánimus, que es la parte masculina inconsciente de su identidad, de la misma manera que el hombre posee un Ánima, vinculada a la parte femenina inconsciente de su identidad.

En la etapa histórica en la que se desarrolló la vida de Jung, la diferenciación de roles entre hombre y mujer era mucho más rígida que en la actualidad. De todos modos, sigue siendo esencial que los hombres se permitan desarrollar su parte femenina, todas esas cualidades atribuidas a las mujeres y que generalmente les estaban prohibidas, y lo mismo sucede en el caso de las mujeres. Afortunadamente, en esta era de cambio y conquista de diferentes ámbitos tanto por parte de las mujeres como de los hombres, esta diferenciación de roles ha cambiado. Por ello, tanto unas como otros pueden permitirse cualidades y funciones que tradicionalmente solo eran atribuidas de manera separada a ellas o ellos. Entendemos, por tanto, que el Ánimus representa lo inconsciente masculino y el Ánima, lo inconsciente femenino.

Lo cierto es que estas poderosas energías se activan y pueden contribuir a descifrar arcanos en momentos clave de la vida. Así, es importante reconocer que cuando aparecen personajes femeninos o masculinos en los cuentos de hadas, son imágenes arquetípicas del Ánima y el Ánimus, y no pueden ser considerados representaciones de hombres o de mujeres reales. Si la Bella Durmiente despierta por el beso del príncipe, no podemos ver que es un hombre quien se acerca a una mujer dormida y la besa, no podemos considerar realista esta escena. Es necesario aprender a mirar y entender que lo femenino dormido durante cien años puede despertar porque lo masculino lo besa, lo que quiere decir que lo masculino entra en su espíritu y permite que lo femenino entre en el suyo. En esto consiste la conjunción de opuestos, la integración de femenino y masculino en la psique individual. Se trata de una imagen de totalidad. Esta escena simbólica nos habla también de la restitución de lo femenino en una cultura patriarcal. Como veremos más adelante, en La Bella Durmiente la heredera es una mujer, y en el nuevo reino, que surgirá después del despertar de lo femenino, la mujer gobernará, es decir, será protagonista de su destino.

La Sombra es otro concepto fundamental de la psicología junguiana que hace referencia al lado inconsciente, oculto y desconocido de nuestra personalidad. En este espacio están contenidas las tendencias reprimidas más rechazadas, las que nos alejan de ser buenas personas, junto con otras tendencias o capacidades verdaderamente valiosas y que no hemos desarrollado como se merecen.

Como dice Moreno, el ser humano nace con un potencial de espontaneidad enorme. Podemos establecer una conexión entre esa espontaneidad y la expresión de todas las tendencias prototípicamente humanas, sin censuras. A lo largo de la crianza familiar y de la educación, este potencial de espontaneidad se va atenuando para plegarse a lo que la sociedad considera deseable, es decir, para tratar de agradar o de cumplir el ideal de lo que debe ser un buen niño o una buena niña, algo que encontramos en las familias y en la escuela.

No debemos confundir la adquisición del complemento necesario para la espontaneidad, que es la tolerancia a la frustración, la capacidad de dilatar el cumplimiento de los deseos y la interiorización de límites saludables, con la tendencia a cortar las propias alas y amoldarse a ideales familiares o sociales que sofocan tendencias legítimas y genuinas, sepultando verdaderos anhelos o formas de ser. Conviene, por tanto, diferenciar este proceso de represión, totalmente necesario y sano para el crecimiento, es decir, para llegar a ser persona, de ese otro tipo de represión que consiste en desalentar, o incluso reprobar, determinadas inclinaciones inherentes a la propia evolución psicológica o a los deseos del niño o del joven que no se adaptan a los ideales que los otros han depositado en él.

La Sombra es un arquetipo capital que nos va a acompañar toda la vida y que, tal y como dice Jung, será más dañino cuanto más inconsciente y rechazadas estén las tendencias que contiene. Tomando las palabras del propio Jung, el mal que no se hace consciente actúa como un destino.

En cuanto al Sí Mismo, se trata de un arquetipo que nos habla de la totalidad de la psique del individuo. Por un lado, engloba los contenidos conscientes y por otro, los que corresponden al inconsciente. Entendemos el yo como el núcleo de la conciencia. Cuando nos damos cuenta de cosas, ahí está la conciencia, el yo. Pero nosotros somos también aquello de lo que no somos conscientes. Pues bien, el Sí Mismo engloba ambos aspectos, los de la conciencia y los del inconsciente; y está asociado a la esencia singular de cada uno. Sin embargo, la única manera que tiene lo inconsciente de acceder y dar cauce a esa esencia es a través del yo.

Junto con las aportaciones de Jung, también es fundamental la contribución de Marie-Louise von Franz. Esta autora estudia cómo los cuentos maravillosos o de hadas están totalmente saturados de arquetipos, que solo se manifiestan a través de imágenes arquetípicas, ya sean personajes, objetos o escenas. Estas narraciones contienen una serie de motivos universalmente significativos que permiten la proyección y recreación de contenidos propios de toda persona.

He podido constatar en los grupos de psicodrama que he dirigido cómo determinados objetos simbólicos daban a los participantes la oportunidad de expresar, de manera inconsciente, contenidos de la máxima importancia. Por ejemplo, los grupos que iniciaban su trayectoria incorporando árboles en el universo imaginario en que se desarrollaba la escena simbólica, tenían mejor pronóstico que aquellos en los que este motivo no aparecía. Durante una de las sesiones con adolescentes muy afectados, ya que la mayoría tenía un diagnóstico de trastorno de conducta o disocial, convirtieron a Blancanieves en una guerrera que, con su metralleta iba destruyendo el bosque y todo lo que encontraba a su paso. Al detener la escena y pedir soliloquios, que es una técnica propia del psicodrama, uno de los niños pudo contar que un árbol se había salvado de la quema. Este elemento representaba el alma del grupo, que permanecía viva a pesar del universo tan dañado que existía dentro de estos adolescentes sometidos a situaciones personales y sociales verdaderamente desventajosas y traumáticas.

Este tipo de imágenes arquetípicas tienen un poder curativo y ello es así porque proceden de las energías profundas de la psique y de un alma total, colectiva, lo que Jung llama inconsciente colectivo. Este es un continente universal de las experiencias vitales y esenciales de la existencia humana, y guarda energías y códigos profundamente significativos que pueden reactivarse y recrearse en cada individuo, ya sea en sus sueños o a través de su dimensión creativa. Los sueños son vías espontáneas y no intencionales de expresión y acercamiento a esta dimensión inconsciente. El Psicodrama Simbólico es una vía, intencional y voluntaria, de conexión y descifrado de lo inconsciente, así como de recreación y transformación personal.

El método de Psicodrama Simbólico aporta el marco de una gran imaginación activa, que yo denomino imaginación creativa, tomando como guías las imágenes arquetípicas que se encuentran de manera muy potente y sencilla en los cuentos maravillosos. Constituye una forma privilegiada de acceso a los arquetipos, a los que solo se puede llegar a través de imágenes, alcanzando de este modo el inconsciente personal y el inconsciente colectivo.

La tercera gran coordenada, por lo tanto, son los arquetipos presentes en los cuentos de hadas en forma de imágenes, escenas y personajes. Mediante la entrada en los relatos y en los materiales simbólicos que contienen, y a través de la imaginación creativa del Método Simbólico, esta base arquetípica va a hacer que despierte en cada persona el lenguaje olvidado de los símbolos, posibilitando su expresión mediante esta lengua con mayor competencia.

Este es el recorrido que se posibilita a través de los Doce Cuentos. La experiencia alquímica del viaje a través del Psicodrama Simbólico permite la ampliación de conciencia y la dialéctica creadora entre conciencia e inconsciente. De esta manera se abren las propias posibilidades de lo simbólico personal.

El cuarto punto cardinal: la creatividad

El Psicodrama Simbólico plantea una síntesis creadora en la que podemos distinguir conceptos esenciales de tres autores: Jung, Moreno y Winnicott.

Jung nos dice que la psique posee cuatro funciones de procesamiento, dos de las cuales son de captación de la realidad, percibir e intuir; y otras dos son de enjuiciamiento de la misma, pensar y sentir. Señala asimismo una quinta, que él llama la función trascendente y que se refiere a la imaginación; se vincula con las otras cuatro, de manera que permite la repetición y la combinación de lo conocido de una manera original. Jung creó el método de la imaginación activa para realizar una conexión más profunda con la dimensión inconsciente.

Para Moreno todo ser humano posee un potencial innato de espontaneidad y creatividad, de manera que la persona puede llegar a producir a lo largo de la vida opciones originales y nuevas, por contraposición a los estereotipos que uniformizan y carecen de la subjetividad creativa.

Y finalmente Winnicott nos dice que «si hay algo que hace que la vida merezca verdaderamente la pena de ser vivida, es más que ninguna otra cosa la apercepción creadora», es decir, la visión subjetiva, individual y original sobre todo lo que existe, incluidos nosotros mismos. Esta visión será la fuente de la creatividad y la base de las grandes aportaciones humanas, como la ciencia, el arte, la filosofía y la dimensión trascendente.

El Psicodrama Simbólico va a despertar la espontaneidad y a potenciar la creatividad y la imaginación, de manera que, a través de los símbolos, cada persona y cada grupo pueda transitar de manera propia y absolutamente original en un viaje hacia sí mismo y hacia su vinculación con los otros y con el mundo.

En ese viaje recorreremos, a través de la lengua de los símbolos, los Doce Cuentos y alcanzaremos el descubrimiento de sus imágenes arquetípicas. En el trayecto contactaremos con nuestra historia de vida. La vida puede ser entendida como un devenir, como una obra de teatro, como una película, como una novela. Hay un guion que se está desarrollando y revelando desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte. Nuestra vida es una totalidad, como lo es también la de la especie humana. La gran misión de este modelo es abrir nuestras vías interiores para ampliar nuestra sensibilidad, nuestra conciencia y mejorar nuestros actos. Así, ese guion de vida, ese viaje, puede ser una historia única con sentido y belleza en sí misma, de la que no solo somos protagonistas sino autores en la mayor medida posible. Y esta posibilidad de autoría de nuestro propio guion de vida constituye el objetivo esencial de este modelo, que puede ser aplicado en muy diversos contextos y cuya versatilidad permite otros nuevos.

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1 «Leyendas, mitos, dioses y religiones aparecieron por primera vez con la revolución cognitiva. Muchos animales y especies humanas podían decir previamente: “¡Cuidado! ¡Un león!”. Gracias a la revolución cognitiva Homo sapiens adquirió la capacidad de decir: “El león es el espíritu guardián de nuestra tribu”. Esta capacidad de hablar sobre ficciones es la característica más singular del lenguaje de los sapiens». Harari, págs. 37 y 38.

2 Cada vez que una persona visualiza una determinada escena de un cuento, la recrea y se convierte en su autora. Tal y como dice Marie-Louise von Franz, el arquetipo requiere la recreación de un individuo para volver a estar vivo. Por otro lado, podemos considerar que la autoría de los cuentos de hadas procede del inconsciente colectivo, es decir, del ser humano universal.

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Aprendiendo la lengua de los símbolos

The imagination is not a state: it is the Human Existence itself.

WILLIAM BLAKE

Desde la más temprana infancia el niño crea el universo del como si, una dimensión que le acompañará toda la vida, y que es también la que encontramos en los albores de la especie humana y nos hace afirmar que estamos ante una nueva especie, la especie simbólica.

Esta dimensión que nos permite jugar al como si se inicia con la creación del objeto transicional1, del que nos habla Winnicot, con el que el bebé, totalmente indefenso y dependiente, puede conformar un trasunto de la figura cuidadora y primigenia, generalmente la madre, que le permita permanecer íntegro y vinculado en ausencia de esta. Así los seres humanos van a experimentar de manera universal su gusto por las ficciones, por las historias, por el arte, como santuarios en los que vuelven a conectar con aquel poeta original que creó el mundo cuando aún no entendíamos las palabras.

Sabemos que los hechos de la vida humana no son reversibles y están sujetos a las leyes de la realidad. Pero al mismo tiempo, el ser humano es el único que ha creado desde sus orígenes la dimensión del como si, de la ficción, de manera que su vida no está limitada únicamente por lo acontecido, sino que puede transformarse a través de nuevas y creadoras narrativas sobre ello.

Además de este gusto profundo, toda persona está dotada de una capacidad de originalidad y creatividad que le permite expresarse en esta dimensión de la imaginación, de lo simbólico. El ser humano posee la potencialidad innata de expresarse a través de símbolos, y lo hace de manera espontánea, mediante los sueños, y de manera más elaborada, a través de producciones de enorme intensidad emocional y de significado, como por ejemplo los mitos, los cuentos de hadas y las obras de arte.

Los símbolos son la expresión humana que conecta en mayor medida con la dimensión inconsciente y, por tanto, poseen capacidad para evocar los contenidos relativos a él. El verdadero crecimiento psíquico involucra la dimensión inconsciente, cuya importancia capital revela el psicoanálisis de Freud y que, con la Psicología profunda analítica de Jung, cobra un nuevo sentido como el sustrato de todo nuestro conocimiento. Jung señala que no podemos abarcar nuestro destino únicamente a través de la voluntad y la intención consciente. Es decir, no es posible convertirnos, por ejemplo, en personas generosas solo con tener la voluntad de ser así. En la psique humana existen fuerzas enormemente poderosas, de carácter fundamentalmente inconsciente, que están determinando nuestra personalidad y nuestras elecciones vitales.

En la concepción junguiana, la conexión con el universo inconsciente es esencial para el desarrollo de un proceso vital auténtico y personal, es decir, para atravesar la vida de manera significativa, a través de nuestras propias elecciones y afrontando los conflictos, los retos y las contradicciones, los dilemas e incluso las paradojas de la compleja arquitectura de nuestra propia casa, nuestra identidad y nuestro guion existencial.

El ser humano va haciendo su recorrido, como especie e individualmente, a partir de un universo lleno de tinieblas en el que se encuentra a merced de las fuerzas poderosas de la naturaleza y del cosmos. De esa gran oscuridad irá surgiendo un espacio iluminado con el descubrimiento del fuego y con la luz de los astros que desde siempre han acompañado las travesías de los individuos. El fuego es el primer paso hacia otros descubrimientos y avances hasta alcanzar esta era de enorme desarrollo científico y tecnológico.

Sin embargo, los grandes hitos de conocimiento y sabiduría que se dan en todos los campos científicos no se corresponden con un nivel de progreso y evolución en el desarrollo social, ético y personal. Basta un pequeño ejemplo para ver esta abismal disociación: se puede salvar la vida de alguien mediante un trasplante de un órgano vital, mientras los océanos se mueren inundados de basura. En el plano del autoconocimiento, de la evolución personal, el ser humano se encuentra en un estadio muy rudimentario. Por ello, resulta vital el desarrollo psicológico individual, de cada uno de nosotros, para unificar esta grave disociación. Se ha producido un progreso ingente de la conciencia, priorizando la dimensión racional, pero una atrofia de otras capacidades.

El individuo es la creación más avanzada de la especie humana. Es un gran misterio y un gran logro que la dimensión individual haya podido florecer. En este sentido, la aportación de la psicología ha contribuido al buen desarrollo del yo, de la conciencia y de las capacidades de mentalización.

Así como el universo está formado en su mayor parte de materia y energía oscuras, así la conciencia es una parte ínfima del inconmensurable universo inconsciente. En esa oscuridad insondable de lo desconocido surgieron los símbolos, como fogonazos de luz, como luces de estrellas infinitamente lejanas que brillaban en la inmensidad del cosmos. Esos fogonazos, esas luces, nos guían en el recorrido de humanización de la especie y de evolución personal.

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1 «En mi opinión, el objeto transicional deja lugar para el proceso de adquisición de la capacidad de aceptar diferencias y semejanzas. Creo que se puede usar una expresión que describe la raíz del simbolismo en el tiempo, que describe el viaje del niño, desde lo subjetivo hasta la objetividad, y me parece que el objeto transicional es lo que vemos de ese proceso de viaje hacia la experiencia». Winnicott, pág. 23.

4
La naturaleza de los cuentos de hadas

Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha creado cuentos de hadas y los ha transmitido oralmente, de generación en generación, por medio de contadores dotados de una sensibilidad especial1. Los estudiosos de estos relatos nos revelan que ya desde la más remota antigüedad se los narraban a los niños y también a los adultos. Y así descubrimos, después de milenios, que hay historias similares que han aparecido en diferentes culturas y con diferentes formas y que aún se mantienen vivas. Si estas historias han perdurado es porque sus motivos se expresan en una lengua universal, que es la de los símbolos, y porque sus contenidos hablan de las experiencias humanas esenciales. Al igual que los sueños y las obras de arte, los cuentos de hadas se formulan en un lenguaje metafórico en el que objetos, personajes, secuencias y argumentos poseen un nivel de significado latente que es preciso descifrar.

Por lo tanto, en los cuentos de hadas, un árbol, un príncipe, la Bella Durmiente, una boda, el abandono de unos niños en el bosque, etc., no pueden ser entendidos literalmente, puesto que son metáforas que se pierden en la noche de los tiempos y evocan grandes arcanos e imágenes esenciales del universo humano.

Sus motivos están saturados de contenidos que se expresan de manera muy diversa, a través de:

• objetos simbólicos, como la llave, el reloj, la rosa o la manzana;

• personajes simbólicos humanos, como Hansel y Gretel o Cenicienta;

• personajes simbólicos humanizados, como los siete cabritillos y los tres cerditos;

• personajes simbólicos semihumanos, como el lobo, el ogro o la bruja;

• escenas simbólicas de valor universal, como el despertar de la Bella Durmiente o la transformación de Bestia en hombre.

Todos ellos constituyen un caleidoscopio de vivencias, sentimientos e ideales que acompañan al ser humano en su proceso de constante transformación y reconstrucción psicológicas. En resumen, los cuentos de hadas están constituidos por un material simbólico de una gran complejidad de significado, y utilizan un lenguaje semejante al de los sueños, el lenguaje en el que habla nuestro inconsciente, el lenguaje de los símbolos. Sus múltiples significaciones vuelven a ser creadas y recreadas cada vez que tiene lugar el proceso vincular y comunicativo que implica contar el cuento.

Si bien en los cuentos de hadas encontramos huellas históricas e ideológicas determinadas, lo cierto es que la verdadera esencia de estas obras de arte no puede ser apresada en ninguna ideología particular ni en un momento histórico concreto, pues los trasciende. Para abrir nuestra mente a sus significados, es necesario poner en funcionamiento las diferentes capacidades de la psique humana y posibilitar la captación de su cara oculta, potenciando la percepción estética y el pensamiento creativo. No se puede acceder al contenido esencial y al significado auténtico de los cuentos de hadas mirándolos con los cristales de los valores o estereotipos de una época específica, como tampoco es posible ponerse en contacto con su sabiduría y sus mensajes psicológicos desde una óptica exclusivamente racional.

Estos relatos no tienen un mensaje único ni aportan una lección moralista. Se sitúan en ese espacio añorado y deseado de la fantasía (el espacio transicional entre el mundo interior y el mundo exterior del que nos habla Winnicott). No pretenden dar lecciones ni consejos, ni emitir juicios de valor o propuestas ideológicas, porque son fundamentalmente evocadores y metafóricos. Por ello, ofrecen ese ámbito inconmensurable de libertad para la búsqueda de autoconocimiento, perfeccionamiento y belleza.

Hemos dicho que los cuentos hablan en la lengua de los símbolos, cuyos mensajes no son manifiestos ni realistas en modo alguno. La parte manifiesta del símbolo guarda siempre contenidos y sentidos distintos de los literales. Veamos algunos ejemplos. Construir una casa es construir la propia identidad, mientras que comer alude al proceso de nutrición psicológica, emocional o espiritual. Ser comido indica el regreso a un estado anterior de evolución, es decir, en lugar de seguir adelante en el proceso de crecimiento psíquico, volver atrás, lo que en último término supondría quedar atrapado de nuevo en un claustro semejante al útero materno. Pero también podría significar una vuelta simbólica a ese claustro antes de proceder a un cambio cualitativo en el proceso evolutivo. Este aspecto nos retrotrae, como veremos más adelante, a los primitivos rituales iniciáticos en la casa del bosque, en los que el iniciando era engullido simbólicamente por un animal totémico para salir, después de haber muerto, renacido y resucitado a una nueva vida. El lobo no es en realidad un animal de los bosques naturales, sino un personaje semihumano del bosque del mundo interior, que simboliza un estadio de la evolución en el que aún no ha tenido lugar la humanización total, y por eso representa siempre una amenaza. Finalmente, el bosque es la metáfora del inconsciente, es decir, un espacio desconocido, lleno de tesoros y, a la vez, de peligros.

El origen de los cuentos de hadas

Autores como Carl Gustav Jung y Marie-Louise von Franz nos dicen que los cuentos de hadas proceden de experiencias individuales que toman como punto de partida eventos de especial significación por su impacto o trascendencia en la vida de una persona o una comunidad. El motivo inicial, la experiencia individual en la que se basan, experimenta transformaciones de carácter mágico, inspiradas en la creatividad y en las características psicológicas profundas del ser humano (inconsciente e inconsciente colectivo). El relato adquiere así cualidades metafóricas y trascendentes, dando lugar a narraciones con gran poder catártico y estético, guardadas y enriquecidas por diversos creadores, los contadores de cuentos, que las han transmitido de generación en generación. Por otra parte, al igual que los mitos, los cuentos de hadas se colorean con esa dimensión especial de lo lúdico, la de expresar y simbolizar por el puro placer y sentido que ello conlleva.

Pero al mismo tiempo, estos relatos muestran siempre algún contenido del inconsciente colectivo y transmiten experiencias con un carácter numinoso —numen significa ‘fuerza sobrenatural’ en latín—, lo que explica la impresión de sagrado que generalmente acompaña la aparición de una imagen arquetípica. Jung y Von Franz consideran que los cuentos de hadas hunden sus raíces en esa dimensión numinosa y trascendente del inconsciente colectivo del que surgen los arquetipos. Se trata de un espacio «ejemplar» e iniciático en el que se pueden recrear, simbólica y metafóricamente, las experiencias y hallazgos clave de la especie humana en su conquista del significado.

Por otra parte, otros autores como Vladimir Propp y Mircea Eliade, nos dicen que los orígenes remotos de los cuentos de hadas se relacionan con los rituales iniciáticos de las culturas primitivas de clan, de los que aún guardan vestigios, y con los relacionados con el culto a los muertos. Estamos por lo tanto ante dos grandes dimensiones. Por un lado, la dimensión iniciática, que se refiere a las distintas etapas de la vida humana y sus experiencias fundamentales: nacimiento, niñez, pubertad, emparejamiento, paternidad y maternidad, madurez, vejez y muerte; por otro, la dimensión del culto a los muertos, es decir, la conciencia de la condición mortal del ser humano que es inherente a todas las culturas.

La respuesta a los interrogantes primigenios de la condición humana nos iguala en un espacio de emociones intensas, de búsqueda de significado, de necesidad de construir y legar una sabiduría, una cultura y unos valores.

Los cuentos incorporan, por lo tanto, estructuras antiquísimas relacionadas con la iniciación, que guardan una relación muy directa con la muerte, pero no con la muerte física, sino con la muerte considerada como un viaje. En este viaje el iniciado muere de una manera simbólica para resucitar tras el proceso iniciático. Muere el niño y resucita convertido en un adulto, como si se tratara de un segundo nacimiento. Este es el paradigma de la iniciación.

Ya hemos visto que desde los comienzos de la especie humana se han creado ficciones. El juego del como si ha estado presente desde el mismo nacimiento de la especie simbólica, en aquellos tiempos inmemoriales en los que, en el seno de las primeras organizaciones sociales, las llamadas culturas primitivas de clan, existían ceremonias iniciáticas para los varones en las que se desarrollaban aprendizajes que los capacitaban para desenvolverse como adultos. Se trataba de rituales destinados a los adolescentes de la comunidad, que eran recluidos en cabañas aisladas en el bosque cuyo acceso simulaba las fauces de un animal; así, mágicamente, permanecían en el seno del mismo, en un espacio oscuro. Hay que tener en cuenta la precaria diferenciación entre fantasía y realidad y el dominio de la magia en el pensamiento de estos grupos sociales. En ese lugar escondido se le revelaban al joven conocimientos fundamentales de la historia de la comunidad y secretos religiosos. Tal iniciación era además potenciada por las sustancias alucinógenas que se ingerían.

En lo esencial podemos entender estos rituales como la gran iniciación paradigmática que tiene lugar en el paso de la infancia a la vida adulta a través del periodo adolescente. Mircea Eliade explica cómo se produce un salto cualitativo desde tales ceremonias a la realización simbólica de los diferentes momentos de tránsito a lo largo de la existencia. Lo que llamamos iniciación coexiste con la condición humana, toda existencia está constituida por una serie de muertes y resurrecciones. Crecer y cumplir determinados hitos del desarrollo de la persona se convierte en un reto muy difícil, que no puede ser contemplado únicamente como adquisición de las normas sociales y culturales, sino que requiere la transmisión de una sabiduría oculta, profundamente significativa. Esta sabiduría está contenida en los cuentos de hadas, que repiten, en otro plano y con otros medios, el escenario iniciático ejemplar.

Por lo tanto, los cuentos de hadas prolongan la iniciación al nivel de lo imaginario. Nacen de ese salto gigantesco hacia la ficción y la imaginación. Una de sus características más destacables es la abundancia de protagonistas femeninas que realizan su recorrido a través de una iniciación simbólica. En este sentido, podemos decir que estas narraciones transgreden la ley patriarcal según la cual solo los varones son iniciados, como ocurre en las culturas primitivas de clan. Ni siquiera en civilizaciones tan avanzadas como la griega y la romana las mujeres eran consideradas ciudadanas de pleno derecho; su aprendizaje estaba absolutamente limitado al espacio privado, como guardianas del hogar y madres ocupadas en la crianza de los niños.

Sin embargo, en muchos cuentos de hadas, las mujeres son las protagonistas y en algunos muy prototípicos asistimos al despertar y la liberación de la mujer dormida o encerrada en reinos en los que su presencia ha sido excluida. Nos referimos a esos relatos que comienzan con un monarca que tenía tres hijos varones y en los que no aparecen ni reina, ni hijas, ni hermanas. O también a esos otros cuya protagonista cae en un largo sueño de cien años, o muere a causa de una manzana envenenada, y en los que se presenta un príncipe que busca en otro reino aquello de lo que carece en el suyo. El príncipe encuentra a la protagonista, que justamente se despierta y vuelve a la vida, bien porque se han cumplido los cien años del maleficio, bien porque ha expulsado el trozo de fruta envenenada. Ha sido necesario arrojar esta manzana con la que ya en el episodio del Génesis la mujer es tentada y condenada a un papel secundario y de sufrimiento. Blancanieves escupirá la manzana envenenada del patriarcado que, paradójicamente, le había dado su madrastra, es decir, la mujer patriarcal, para así renacer y hablarnos de una mujer nueva, que puede vivir su propio guion, amar y disfrutar de la vida. La maldición de la manzana queda anulada.

Los cuentos de hadas y los arquetipos

Hemos visto que la dimensión imaginaria y simbólica es la que caracteriza la naturaleza de los cuentos de hadas, que recogen la sabiduría y los secretos cuyo conocimiento puede ayudar al crecimiento psíquico en todas sus etapas. El cuento de hadas evoca ese espacio ejemplar, ahistórico y numinoso.

Estos relatos son un crisol de símbolos universales que evocan las fases y experiencias clave por las que atraviesa el ser humano en su proceso de construcción de su identidad y su imagen de la realidad. Están ligados a la propia necesidad de comunicar, de crear símbolos, de contar historias y son potenciadores de las emociones humanas más genuinas. Carl Gustav Jung nos dice que para entender bien estas preciosas creaciones, cuyo conocimiento e interpretación resultan de un valor esencial al estudioso de la psique humana, es necesario profundizar en las imágenes arquetípicas, que constituyen la esencia de los cuentos de hadas, y aproximarse no solo a los pensamientos elementales que muestran, sino también a las imágenes poéticas, emociones e incluso pulsiones elementales que contienen y que poseen la capacidad de evocar. Estos componentes emotivos y creadores dotan al propio universo del arquetipo de vida y verdadero sentido.

Por su parte, Marie-Louise von Franz afirma que los cuentos de hadas expresan de manera extremadamente sencilla y directa estos procesos psíquicos del inconsciente colectivo. Es decir, están constituidos por imágenes arquetípicas y reflejan estructuras psicológicas fundamentales.

En los cuentos de hadas encontramos cuatro grandes niveles de contenido: antropológico, histórico, social y psicológico, que se encuentran mezclados desde el origen mismo de los relatos, siendo más perdurables los aspectos antropológicos y psicológicos. Por tanto, sus señas de identidad más prototípicas se encuentran en las dimensiones antropológicas y psicológicas por tratarse de estructuras inherentes a la especia humana, de tal complejidad, amplitud y significación que requieren su expresión y recreación continuas. Son unidades de contenido profundo, ligadas a las señas de identidad fundamentales de las que hemos hablado, como su vinculación con el inconsciente colectivo y los arquetipos. Por su parte, las dimensiones históricas y sociales de los cuentos aportan el contexto del argumento esencial y muestran vestigios del momento histórico y los valores de una época.

En resumen, por lo tanto, es fundamental diferenciar los elementos esenciales de significado de los elementos complementarios. Los primeros corresponden a los niveles de contenido antropológico y psicológico.

Las versiones de los cuentos de hadas

Los cuentos de hadas han experimentado grandes transformaciones a lo largo de la historia que han dado lugar a diferentes versiones. A este respecto, podemos distinguir tres etapas.

En primer lugar, durante la fase de tradición oral, la preservación durante siglos de estas historias ha permitido salvar sus elementos esenciales de significado a través de las transformaciones propias de los contadores y del paso del tiempo. En una segunda etapa, la que va del siglo XVII hasta entrado el siglo XX, destacan recopiladores fundamentales como Charles Perrault y los hermanos Grimm, cuya aportación fundamental ha sido legarnos las versiones escritas. En la fase que comienza a mediados del siglo XX y llega hasta nuestros días, se producen dos fenómenos relevantes al respecto de las versiones de los cuentos de hadas. Por un lado, el enorme influjo del cine de Walt Disney, que toma una serie de cuentos clásicos para crear películas, en mi opinión, de gran calidad desde el punto de vista cinematográfico —en el capítulo 20 de este libro explico mi visión del cine de Walt Disney—; por otro, la consideración de que los cuentos de hadas son fundamentalmente para niños muy pequeños y tienen una función pedagógica, con lo que aparece una exagerada tendencia a transformar las versiones según el criterio y la ideología que cada persona o cada colectivo considera más adecuados. En relación con lo anterior, los relatos podrían perder contenidos esenciales debido a las ideas racionalistas o moralistas de muchos de sus transmisores actuales. Los cuentos de hadas son creaciones enormemente populares y todo el mundo se permite contarlos a su manera.

Una forma de arrojar luz en esta confusión es acudir a las versiones escritas de los recopiladores citados. En este libro queremos aportar las de mayor calidad arquetípica, es decir, las que recogen los elementos esenciales de significado. Considero que las más genuinas y valiosas son aquellas que mejor transmiten los siguientes aspectos:

Su naturaleza simbólica

Todos los cuentos empiezan con una fórmula de entrada con la que nos invitan a sumergirnos en un tiempo y un espacio que no son los presentes ni se encuentran en el exterior, sino que habitan en nuestra fantasía y a los que podemos acceder con nuestra imaginación. Por lo tanto, una versión de calidad es aquella que nos hace volar a lugares inventados, irreales, oníricos, apasionantes para nuestro mundo interior. De esa manera se borra por unos instantes mágicos la línea divisoria entre el adentro y el afuera, y ello va a permitir que se despliegue nuestra subjetividad.

Su dimensión atemporal

La historia en la que nos sumergimos no puede situarse en ningún tiempo determinado, está fuera del tiempo.

Su carácter iniciático

Lo que se nos está contando llega de manera misteriosa y profunda a nuestra comprensión, sin necesidad de entendimiento racional, y nos conecta con una experiencia propia de total significación. Esas historias hablan de nosotros, nosotros estamos en esas historias.

Su intensidad emocional

Todo está coloreado de emociones, es fascinante, podemos aventurarnos a ser devorados por lobos o envenenados por manzanas sin que el pánico se apodere en ningún caso de nosotros.

Su argumento ejemplar

Estas historias no hablan de la vida cotidiana ni son realistas, en ellas aparecen personajes como enanitos, lobos, princesas, príncipes, reinas y reyes que no guardan conexión con su referente en la realidad, sino que son personajes mágicos.

Sus cualidades fantásticas y mágicas

En estas historias se puede ser devorada por un lobo y ser posteriormente extraída de la barriga del animal, sana y salva; se puede caer en un sueño de cien años y despertarse y continuar la vida donde la dejamos, incluso se puede morir y volver a la vida.

Sumerjámonos en la fantasía, estas historias nos hablan de ficción total. No existe ningún parecido con personajes o hechos reales. Todos los hechos y personajes son simbólicos y podemos volver a crearlos una y otra vez.

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1 «Las mujeres griegas no escribían poesía épica, claro. No conocían la experiencia de las armas, porque las batallas eran el peligroso deporte de la aristocracia masculina. Además ellas no podían llevar la vida libre e itinerante de los aedos, viajando de ciudad en ciudad para ofrecer su canto. Tampoco participaban en los banquetes, ni en las competiciones deportivas, ni en los asuntos políticos. ¿Qué podían hacer? Cobijaban recuerdos. Como esas niñeras y abuelas que contaban cuentos a los hermanos Grimm, transmitían de generación en generación leyendas viejísimas». Vallejo, págs. 167 y 168.

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El Psicodrama Simbólico

El Psicodrama Simbólico es un método original que integra dos dimensiones: la potencia de la acción, la espontaneidad y la creatividad del psicodrama creado por Moreno, por una parte, y por otra el diálogo fructífero entre inconsciente y conciencia, siguiendo las aportaciones de la Psicología profunda de Jung.

Origen e historia del Psicodrama Simbólico

El Psicodrama Simbólico tiene su origen en la actividad con grupos de niños y preadolescentes en el contexto educativo, ámbito en el que empecé a trabajar con el psicodrama de los cuentos de hadas. Desde el primer momento, me di cuenta de que este material poseía un enorme poder para motivar a los participantes, que experimentaban un gran disfrute. Empecé con grupos pequeños en los que convivían alumnos con y sin necesidades educativas especiales, ya que el criterio para su formación era la inclusividad y la heterogeneidad, si bien se buscaba la homogeneidad en cuanto a la etapa evolutiva —sus edades estaban comprendidas entre los cinco y los doce años—. Esta actividad se convirtió en un proyecto de innovación en el centro educativo, un colegio público en el que ejercí la docencia al inicio de mi carrera profesional, entre los años 1986 y 1991.

El proyecto fue ampliándose, hasta organizar un equipo que recibió una formación básica en psicodrama, y así fuimos desarrollando una serie de grupos más reducidos. Al mismo tiempo realizamos una intervención en los grupos de clase, es decir, las tutorías de referencia de esos niños con necesidades educativas especiales, para ampliar la dimensión de integración y de creatividad a todos sus compañeros. Es importante insistir en la idea de que todos estaban verdaderamente motivados.

A medida que se iban desarrollando los grupos pude estudiar su evolución, así como la de los niños individualmente, y encontré otra dimensión tan poderosa como la del juego: me refiero a la dimensión de los contenidos. Las historias de los cuentos de hadas no dejaban indiferente a nadie. Estaba cada vez más claro cómo cada niño proyectaba en ellas su mundo interior y relacional, y ello les permitía una catarsis, una transformación, un disfrute, incluso en muchos casos una reconstrucción.

Como resultado de este trabajo de praxis e investigación desarrollado a lo largo de cinco años, surgió la serie de los Doce Cuentos, los doce relatos elegidos en mayor número de ocasiones por los niños y niñas de esa primera investigación. (En realidad, los niños escogieron diez, a los que más tarde yo añadí otros dos, para completar el significado psicológico de la serie). Estas historias y otras muchas entraban a formar parte de las sesiones de psicodrama de cuentos de hadas. En el transcurso de estas sesiones y de los procesos grupales de aquellos cinco primeros años de génesis del Psicodrama Simbólico, organicé y secuencié el orden metafórico de los Doce Cuentos, tal y como ha quedado establecido. Por lo tanto, el Método de Psicodrama Simbólico parte del trabajo con doce cuentos de hadas que muestran de una manera metafórica las etapas clave del crecimiento psicológico, los vínculos esenciales de génesis y construcción de la identidad y los contenidos existenciales fundamentales del ser humano. Esta sería la primera etapa.

En una segunda fase, a lo largo de cuatro años (1992-1994 y 1997-1999), se puso en marcha un proyecto de formación en la Unidad de Psiquiatría Infanto-Juvenil del Hospital Clínico Universitario San Carlos de Madrid, que yo dirigí, con grupos de niños y adolescentes que presentaban diversos tipos de dificultades y trastornos. En ese tiempo se desarrolló el método de Psicodrama Simbólico terapéutico.

Finalmente, en una tercera etapa, que se inició en el año 1999 y se prolonga hasta la actualidad, fui poniendo en marcha actuaciones en diversos contextos, entre los que quiero citar dos especialmente significativos: el grupo de adolescentes del Centro de Acogida de Menores de la Comunidad de Madrid de Leganés (2010-2011) y el Proyecto de ocio inclusivo y creativo de grupos de Psicodrama Simbólico intergeneracionales, en el que participaron personas con edades comprendidas entre ocho y noventa años. Esta última experiencia se realizó en la Casa Encendida de Madrid, durante ocho años seguidos, con grupos de unas treinta personas de nacionalidades diversas y con peculiaridades muy diferentes también. En todos los casos pude comprobar que todas ellas, independientemente de su edad, sus características y situaciones particulares, expresaban un intenso deseo de participar y sumergirse en los cuentos dramatizados.

La cosmovisión del Psicodrama Simbólico

El Psicodrama Simbólico parte de una filosofía de la vida que se sustenta en diferentes coordenadas.

Lo evolutivo

La idea básica es una concepción dinámica del ciclo evolutivo humano, que se prolonga durante toda la vida. El Psicodrama Simbólico se asienta, por lo tanto, en una cosmovisión evolutiva. La historia de vida de cada persona es una tarea profunda. Se trata de convertir nuestra existencia en un devenir creativo, bello, artístico, desarrollando el proceso casi sagrado de estar siendo quien ya uno es. En la base de esta idea de realización individual existe una forma de entender al ser humano como un ser en constante cambio, que está formando su identidad y construyéndose a sí mismo a lo largo de la totalidad de su ciclo vital.

Por lo tanto, toda persona es, en mayor o menor medida y de manera cualitativamente diferente, la protagonista de la construcción de sí misma, en un proceso que tiene lugar a lo largo de toda su biografía. En ese proceso se va configurando y desarrollando de manera dialéctica su guion existencial y para ello desempeñan un papel clave su potencial de creatividad y su capacidad de perfectibilidad, cualidades que son inherentes a todo ser humano.

La sucesión de la vida humana a través de las etapas del ciclo vital puede volver a recrearse en el recorrido simbólico y narrativo a través de los Doce Cuentos.

Lo simbólico

La psicología analítica de Jung nos habla de la capacidad del ser humano para crear la dimensión simbólica. El ser humano posee la potencialidad innata de expresarse a través de símbolos, y lo hace de manera espontánea mediante los sueños, y de manera intencional y más elaborada a través de producciones de enorme intensidad emocional y de significado, como los mitos, los cuentos de hadas y las manifestaciones artísticas, como ya hemos apuntado. Los símbolos son la expresión humana que condensa y evoca en mayor medida la dimensión inconsciente.

El ser humano crea obras de arte desde tiempos remotos, y posee la capacidad de concebir una dimensión diferente de la realidad. A partir de sus primeras etapas evolutivas, se sumerge en el reino del como si, de la ficción, de las historias imaginadas, de la autoexpresión a través de la pintura, la música, la invención de relatos. Ello permite la conexión con la dimensión inconsciente (como un sustrato inmenso y como parte esencial del funcionamiento psíquico), con el pensamiento fantaseado y con la imaginación, fuentes de espontaneidad, de creatividad y de profunda sabiduría.

La creatividad

Toda persona posee un gran potencial de espontaneidad y creatividad, así como la posibilidad de desarrollar su propia visión y experiencia, absolutamente individuales y originales, es decir, el cultivo creativo de su subjetividad. Esta creatividad se basa en la conexión con la energía del inconsciente a través de la imaginación en un proceso en el que dicha energía fluye y se va transformando.

La vincularidad

El ser humano es esencialmente un ser en relación, que necesita al otro desde su nacimiento, y es en la constante interacción con los otros como llega a convertirse en persona. El grupo es necesario para cualquier individuo en cualquier etapa de su vida, si bien resulta absolutamente imprescindible para su humanización en sus primeros años. La influencia de la familia es fundamental en la construcción de la identidad individual, así como en la formación de los vínculos y la manera de relacionarnos con nosotros mismos, con los otros y con el mundo.

A través de la dimensión grupal se potencia la creación de nuevas matrices grupales en las que, mediante el encuentro y la experiencia vincular y pluridimensional del conjunto, puede desarrollarse la naturaleza relacional del ser humano y producirse una reconstrucción o transformación en el vínculo consigo mismo, con los otros y con el mundo.

Tomando estas coordenadas como referencia, el Psicodrama Simbólico ha ido construyéndose a lo largo de un trabajo de más de treinta años con grupos de todas las edades, algunos intergeneracionales, en el contexto educativo, de ocio, terapéutico y formativo.

Hace años publiqué un primer libro en el que aporté este modelo para el contexto educativo1. En la actualidad, la dimensión de lo simbólico a través de los cuentos de hadas ha llegado a cobrar una entidad mucho más consistente y una perspectiva innovadora, por lo que he considerado valioso realizar en este libro una aproximación a ese universo narrativo, como el pilar clave en el que se asienta el Psicodrama Simbólico.

El Método Simbólico y los Doce Cuentos

En estas páginas vamos a recobrar2 las doce historias esenciales que propone el método presentando las versiones que consideramos más adecuadas. En su mayor parte han sido recogidas por los hermanos Grimm, a los que sigo con bastante fidelidad, aunque introduzco cambios de matiz que señalo explícitamente. En el caso de Pulgarcito, sigo la versión de Charles Perrault, pero con variaciones importantes y significativas. Y en historias que proceden de cuentos de autor, como Pinocho, El Patito Feo y La Bella y la Bestia, lo que aporto es un resumen o una secuencia de contenidos en los que se encuentran los elementos esenciales de significado.

Haremos un recorrido por cada una de las historias partiendo de la versión escogida, y sumergiéndonos en los motivos esenciales de significado latentes. Esta lectura inicial puede ser valiosa para cualquiera que desee conocer mejor los cuentos de hadas y para quienes deseen transmitirlos en la familia o en la escuela.

Estas doce narraciones permiten la inmersión inicial en la lengua de los símbolos. Realizando el viaje del héroe y el de la Sombra a través de ellas (viajes desarrollados en la tercera parte del libro), podemos sumergirnos en este universo de significado como en un espejo mágico y evolutivo que nos devuelve la imagen de nuestro interior. Estas doce narraciones poseen todas las características prototípicas de los cuentos de hadas, si bien dos de ellas, Pinocho y El Patito Feo, no pueden ser consideradas estrictamente como tales, pues son cuentos de autor.

Para configurar el conjunto de los Doce Cuentos, he tenido en cuenta una serie de aspectos fundamentales: la necesidad de que la selección abarque un amplio espectro simbólico; la secuencia evolutiva de los relatos; las versiones de mayor calidad arquetípica que sirven como punto de partida; los niveles de significado y los significados esenciales de cada uno y, por consiguiente, los contenidos manifiestos escogidos para configurar la versión inicial propuesta por el método para cada cuento.

La secuencia de los Doce Cuentos es la siguiente:

1. Los Siete Cabritillos y el Lobo.

2. Caperucita Roja.

3. Los Tres Cerditos.

4. La Casita de Chocolate.

5. Pulgarcito.

6. La Reina de las Abejas.

7. El Patito Feo.

8. Pinocho.

9. Cenicienta.

10. La Bella Durmiente.

11. Blancanieves.

12. La Bella y la Bestia.

La sucesión de estos cuentos puede entenderse como la expresión metafórica del proceso evolutivo de crecimiento psíquico individual hasta la génesis de la identidad adulta. Este proceso debe considerarse una propuesta dinámica. En ningún caso ha de establecerse una correlación unívoca entre fases evolutivas y cronológicas. Es cierto que determinados relatos suelen ser más apreciados en etapas específicas, pero todos ellos podrían ser contados y aportar significados esenciales en cualquiera. Por otro lado, quiero destacar que esta metáfora evolutiva contiene la idea del tiempo psíquico circular y no tiene, por tanto, un carácter lineal.

Tomando como referencia el concepto de iniciación de Mircea Eliade, establezco dos categorías que hablan de los dos hitos clave de la vida humana: la iniciación primigenia y la paradigmática.

Entendemos la iniciación primigenia como aquella que tiene lugar en los primeros años de la infancia, en el proceso de génesis de la identidad básica. Cuando hablo de iniciación paradigmática, estoy aludiendo a la que tiene lugar en la etapa preadolescente–adolescente y, por tanto, me refiero al proceso de configuración de la identidad adulta, en el transcurso del cual existe la posibilidad de reeditar y reconstruir los aspectos válidos de las anteriores identificaciones infantiles para configurar una nueva identidad adulta, original y única.

En este sentido, podemos conectar con la iniciación primigenia esencialmente a través de los tres primeros cuentos de la secuencia. Los seis siguientes permiten tomar contacto con procesos, logros y retos fundamentales, desde la dependencia a la paulatina diferenciación psicológica, y muestran a su vez el desarrollo de una autonomía cada vez mayor. Finalmente, los tres últimos nos sumergen en la iniciación paradigmática.

Pero, como ya hemos dicho, la serie ejemplifica un proceso que cabe retomar en cualquier etapa de la vida, dado que existen una serie de ciclos, nuevos comienzos, permanencias y nuevos cierres. En palabras de Eliade, la vida es una sucesión de muertes y resurrecciones.

El trabajo de Psicodrama Simbólico a través de los Doce Cuentos tiene una gran capacidad de movilización y de transformación de la persona. Así lo he comprobado en infinidad de seminarios, cursos, talleres o sesiones de trabajo individual y grupal. Es una filosofía de la vida que se plasma a través de la acción y que ha generado un modelo aplicable a diferentes facetas: la creatividad, el desarrollo personal y la reconstrucción terapéutica. La cosmovisión del Psicodrama Simbólico se concreta a través de la acción, sea esta interior o grupal, como queda dicho. En todo caso, envuelve la relación con uno mismo, con los otros y con el mundo.

A lo largo de estas páginas realizaremos el viaje a través de los Doce Cuentos, de manera que su lectura en sí misma pueda poner en movimiento la creatividad individual. Ahora bien, el proceso de reconstrucción de la narrativa del propio guion de vida requerirá no solo la lectura, sino la experiencia de la inmersión secuencial en los relatos mediante una conducción experta del proceso grupal e individual.

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1 Educar en valores a través de los cuentos.

2 Cuando digo recobrar, me refiero a poder restituir las versiones y los elementos esenciales de significado, tan nublados por tantas influencias sociales diversas. Insisto en que los cuentos de hadas deberían ser patrimonio cultural de la humanidad y sus mensajes, respetados profundamente como se custodian y se respetan las catedrales góticas.

6
El guion existencial

La vida es un largo combate por el que se llega a ser uno mismo, esa es la tarea más elevada e ineludible de todo ser humano.

SIMONE DE BEAUVOIR

El concepto de guion existencial hace referencia a una construcción activa y original por parte de cada persona que dura toda la vida, así como también a una narrativa inconsciente muy poderosa que va condicionando la configuración de la historia de vida individual.

Ya desde antes del nacimiento, podemos afirmar que existen importantes elementos de este guion, como la dimensión relacionada con el deseo del hijo, así como los legados transgeneracionales que este va a recibir o el lugar que va a ocupar en la familia. Este nuevo ser va a requerir esencialmente del vínculo para empezar a generar las conexiones neuronales necesarias para su desarrollo cerebral, así como la relación de apego, esencial para la supervivencia.

Las primeras experiencias de apego se generan en el primer y segundo año de vida y quedan grabadas a fuego en nuestra memoria implícita, una memoria que es preverbal y está formada por emociones profundas. Aspectos tan cruciales como la autoestima y la empatía tienen su origen en estas primeras vivencias de apego, que también van a condicionar fuertemente la relación con uno mismo, con los otros y con el mundo, pues estarán mediatizando la interpretación que hagamos de lo que nos toca vivir y, por tanto, nuestra posición y nuestra respuesta ante ello.

En consecuencia, toda persona va creando una cosmovisión que colorea sus vínculos y sus acciones. Nuestra relación con el mundo es una parte esencial de esa cosmovisión. Entendemos que en dicha relación podemos establecer un continuo con dos polos extremos, en uno de los cuales el mundo es visto como una fuerza desmesurada y amenazante, con las correspondientes vivencias de aniquilación y muerte, mientras que en el otro se observa como un espacio al que somos invitados y en el que uno mismo puede conquistar su propio lugar.

La construcción de un núcleo de identidad sólido y fuerte tiene sus cimientos en los procesos psíquicos establecidos en la vinculación con las figuras básicas de apego, en el estilo de vinculación generado en los dos primeros años de vida y en la posibilidad de que dichas figuras permitan la diferenciación desde el inicio.

Podemos afirmar que el guion existencial hunde sus orígenes en esta génesis del vínculo de apego, que es el núcleo de la identidad desde el que se irá desarrollando nuestra complejidad psíquica y nuestra vinculación en sus diferentes aspectos: con nosotros mismos, lo que genera nuestra autoimagen, con los otros y con el mundo. En definitiva, de este vínculo de apego depende el significado profundo que cada persona otorga a la realidad.

Las grandes coordenadas del guion existencial
Las etapas del ciclo vital humano

Como dice una sentencia judía, sabemos que cada nuevo individuo vuelve a crear un nuevo universo. Al mismo tiempo, sabemos que este nuevo individuo viene con una dotación no solo genética, sino también transgeneracional, que se refiere a legados de diferente índole y relevancia.

El sustrato de las coordenadas esenciales del guion existencial se está configurando en las primeras etapas evolutivas. En el vínculo madre-hijo1 está condensado también lo vincular de esta madre con su pareja y con sus otros vínculos significativos. Por supuesto, este sustrato es de carácter inconsciente y se genera en etapas preverbales. Podríamos hablar de una iniciación primigenia a la vida psíquica, inconsciente y preverbal. Después, ya en fases verbales, hace su aparición otro tipo de dimensión condicionada por el poder de las palabras. Con el desarrollo del lenguaje tienen lugar grandes adquisiciones en el desarrollo psíquico de la persona.

Más tarde, en la adolescencia, hay una reedición de estas coordenadas de identidad primigenia e infantil, así como una oportunidad de cambio y reconstrucción. El adolescente recrea el mundo y con su originalidad dejará una huella absolutamente única y personal en su guion existencial y en su identidad. En esta etapa están ya contenidas las grandes preguntas. Se trata de una fase inaugural.

Sin embargo, podemos afirmar, como ya hemos dicho en páginas anteriores, que el ser humano puede mejorar en todas las etapas y momentos de su recorrido vital y, a través de un trabajo profundo, es capaz de generar cambios en su estilo de vinculación primigenio. Consideramos que el guion existencial no está escrito. Jung nos habla de que la máxima totalidad solo se alcanza en el momento de la muerte; hasta entonces existe una vía de perfeccionamiento, de reconstrucción, de cambio, de reparación. Hagamos lo que hagamos, somos en gran medida los autores de nuestra vida.

Veamos ahora dos ejemplos de guiones de vida tomando como referencia la dimensión profesional.

Si A quiere cumplir el deseo de su padre y llegar a ser ingeniero aeronáutico, puede que lo consiga y con ello se convierta también en autor de su propio guion. Porque resulta que le gusta mucho, es muy competente y halla disfrute y sentido en estudiar esta carrera. Obtiene unas calificaciones brillantes, después consigue un buen trabajo y tiene éxito profesional. Parece que ha aceptado el deseo de su padre y lo ha hecho suyo. Ha salido bien. La sintonía es muy grande y el anhelo del progenitor se ha transmitido seguramente de manera respetuosa y con amor.

Si B quiere cumplir el deseo de su padre y llegar a ser ingeniero aeronáutico, pero se encuentra bloqueado, abrumado por la dificultad de las materias, bien por falta de capacidad o por falta de esfuerzo, entusiasmo y compromiso… Sus calificaciones son malas, repite un año tras otro. Todo este proceso mina su autoestima y hace que su carrera pierda sentido. Se acerca a los treinta años y comprende que desea estudiar otra cosa. Durante todo este tiempo ha estado por un lado tratando de cumplir el deseo de su padre, y por otro resistiéndose a cumplirlo. Esta oposición de energías y esta lucha constante no pueden aportarle satisfacción ni éxito.

Ambos, A y B, están desarrollando su guion. En el primer caso puede que el «libro mayor» de la familia de origen2 le haya reservado dones y legados positivos que han soplado como viento a favor o que incluso le ayudaron a construir un barco fuerte y seguro. En el segundo caso, habría que ver qué deudas, qué legados negativos, qué repeticiones y traumas han viajado de generación en generación hasta llegar a él, de manera que su barco es frágil y suele aventurarse con el viento en contra.

La familia de origen

La familia es el átomo social y en su seno tiene lugar la formación de la identidad. Durante mucho tiempo se ha puesto el énfasis en el estudio del vínculo de los padres con el hijo. Este núcleo es esencial, pero para comprenderlo en toda su extensión es necesario enmarcarlo en la historia transgeneracional, porque en ella está el origen de legados y modelos que van a influir poderosamente en el guion individual.

La existencia de una serie de mandatos familiares que obstaculizan que la persona realice una verdadera elección, representados en los cuentos de hadas mediante los hechizos, es un factor muy poderoso. Asimismo, podemos hablar de modelos que se repiten como un intento de dar cauce a un enigma que se traspasa sin resolver, de generación en generación. Por ejemplo, tal y como sabemos por la psicología transgeneracional, si hay un miembro de la familia que es excluido por un motivo generalmente tabú, y este tema no se resuelve o repara de alguna manera, en una generación futura aparecerá un miembro excluido también por alguna causa tabú.

Desde el punto de vista familiar, quiero destacar un concepto esencial: el lugar que se ocupa. Hay familias en las que en el lugar de la pareja se sitúa un hijo o una hija. Algunas personas no tienen su sitio en la propia familia, son los excluidos. Otras ocupan la posición de la oveja negra y se pretende acallarlos o bien son señalados para cargar sobre ellos toda la culpa y la entropía que genera una estructura caótica, disfuncional, inicua. Por ello es esencial hacerse consciente y conquistar el propio lugar, y eso solo es posible en un proceso de reconstrucción de la familia interna.

Individuación y diferenciación

Desde el mismo momento del nacimiento se produce una separación y se inicia un proceso de diferenciación. La persona va a ir desarrollando su identidad original a través del crecimiento físico y psíquico desde la infancia.

Es muy destacable que, después de la necesidad de identificarse por oposición a los progenitores propia de la adolescencia y de las elecciones de la etapa de la juventud, una de las tareas esenciales del nuevo adulto consiste en diferenciarse más profundamente de las figuras de apego, fundamentalmente de los padres.

Este proceso hace necesaria una separación, que no quiere decir desapego. Se trata de un trabajo psicológico en el que la persona descubre sus metas originales y se desliga del punto de vista de sus progenitores y de las personas significativas, para encontrar el suyo propio. Dicho proceso compromete las propias elecciones de vida en cuanto a los ejes esenciales, como el autocuidado y el desarrollo personal, la vinculación significativa con los otros, el emparejamiento, las amistades, así como la propia pertenencia, la identidad profesional, nuestros ideales, nuestra razón de ser en esta vida

El guion existencial es dinámico y abierto

Podemos mirar la biografía de cada persona como si fuera un guion que se inicia en su nacimiento, o seguramente antes, y que atraviesa las diferentes etapas del ciclo vital hasta la muerte. Una de las ideas esenciales de este libro es que la formación del ser humano no tiene lugar únicamente en las etapas de la infancia y la adolescencia; cuando uno se convierte en adulto, el proceso evolutivo continúa durante toda su existencia. La vida de cada persona es una obra que se construye a lo largo del tiempo, y la tarea profunda es otorgar a esa obra la mayor belleza y originalidad de las que sea susceptible.

Desde la infancia la persona va construyendo una cosmovisión, una filosofía de la vida. Los niños muy pequeños, de unos cuatro años, formulan preguntas sobre la muerte, sobre la amistad, sobre el origen de las cosas bellas de la naturaleza. Así, frente a un bello atardecer, se dirige a su madre: «¿Esto lo hace Dios?». Igualmente, es posible que le pregunte: «¿Tú te vas a morir antes que yo?». Una de las características diferenciales del ser humano es su capacidad para crear explicaciones acerca de todo lo relacionado consigo mismo, con los otros o con el mundo. En la infancia esta filosofía está en construcción y se encuentra muy vinculada a las creencias y los valores de la familia. Unas veces se expresa verbalmente y otras, de manera mucho más poderosa y sutil, a través de la comunicación no verbal y de las acciones.

Pero es en la adolescencia cuando tiene lugar el surgimiento del filósofo interior que hay en toda persona. Los grandes descubrimientos de esta etapa y la intensidad de los mismos mueven al nuevo ser humano pensante a preguntarse sobre los temas relevantes de la existencia: la vida y la muerte, la vida después de la muerte, el origen del ser humano, la realización personal, la justicia, el sexo y el amor, etc. De una manera mucho más conceptual que en la infancia, se generan teorías sobre el mundo, sobre nosotros mismos y sobre el ser humano.

La vida, como el río de Heráclito, está en constante movimiento. Es una totalidad única y original y su discurrir tiene lugar a través del tiempo de existencia. Estamos dentro de esa totalidad, por lo que la posibilidad de una autoconciencia sobre ella requiere un trabajo y un interlocutor válido que nos permitan mirarnos en el espejo nítido y veraz de nuestra identidad. El primer axioma de la comunicación humana establece que es imposible no comunicar. De la misma manera, podemos decir que es imposible no poseer una cosmovisión. La cuestión es descubrir cuál es verdaderamente la propia, la original, la que está absolutamente entrañada en nuestra individualidad.

Este es el primer paso, la toma de conciencia sobre nuestra cosmovisión; el segundo será su reconstrucción original y creativa dentro de un proceso de ampliación de conciencia y de autodescubrimiento. Querámoslo o no —así lo hemos señalado ya—, somos los protagonistas de la historia de nuestra vida, de manera absolutamente individual y diferente, como ocurre en las películas. Puede ser que, aparentemente vivos, en realidad estemos muertos como en El sexto sentido; tal vez hemos renunciado a cumplir nuestro deseo como en Casablanca; quizá tenemos la posibilidad de realizar nuestra misión como en La guerra de las galaxias, o de encontrar nuestro verdadero lugar en el mundo como en Qué bello es vivir. Podríamos citar muchas otras películas, y puede suceder que ninguna de ellas nos represente.

Así pues, podemos afirmar nuestro protagonismo o podemos resignarnos a representar papeles secundarios. Dicho de otra forma, podemos llegar a ser conscientes y responsables de nuestros obstáculos y de nuestra Sombra e integrarlos en nuestra vida, pero también existe la posibilidad de que necesitemos encontrar causas externas (la familia, los otros, la sociedad, el mundo, etc.) que nos impiden, desde nuestro punto de vista, ser verdaderamente genuinos y responsables.

La pregunta clave es, por tanto, cómo estamos creando nuestra historia de vida… Si consideramos que tenemos mala suerte y por eso no podemos realizar lo que anhelamos; en definitiva, si hay un destino inexorable del que no podemos escapar. Las teorías que nos formamos sobre nosotros mismos y sobre nuestra experiencia vital son en su mayor parte inconscientes y quizá no sabríamos reconocerlas. Pero seamos o no conscientes de ellas, estas concepciones sobre nosotros mismos y sobre el mundo influyen de manera poderosa en el devenir de nuestra existencia y en todas sus áreas de desarrollo.

El modelo del Psicodrama Simbólico se asienta en una cosmovisión evolutiva cuyo principio profundo es el de la perfectibilidad del ser humano a lo largo de todas las etapas de su ciclo vital. La razón de ser profunda, y lo que podría entenderse como un guion existencial cumplido, es convertirnos en la mayor medida posible en la totalidad que somos. El guion existencial se refiere a ir por la vida siendo quien uno es. Se trata de un proceso natural susceptible de enriquecerse con una conciencia de sentido y de singularidad. El recorrido a través del Psicodrama Simbólico es una vía para potenciar este enriquecimiento posibilitando la unificación de nuestra esencia y nuestra existencia.

En este libro voy a mostrar hitos y a iluminar grandes enigmas y contenidos de la existencia humana con la intención de que pueda constituir una lectura valiosa y significativa para cualquier persona con deseo de saber, de conocerse mejor y de encontrar su verdadero lugar.

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1 Entiendo por vínculo madre-hijo el que engloba el vínculo primigenio; madre quiere decir universo materno.

2 «A los efectos de conceptualizar a la lealtad como fuerza sistémica, más que como simple tendencia de los individuos, debe considerarse la existencia de un “libro mayor” invisible en el que se lleva la cuenta de las obligaciones pasadas y presentes entre los miembros de la familia». Boszormenyi Nagy, pág. 72.

SEGUNDA PARTE
LOS DOCE CUENTOS


7
El reloj se pone en marcha

Se inicia el proceso evolutivo simbólico

La vida humana se desarrolla en el tiempo. Somos mortales y nuestro tiempo es efímero, es así como lo sentimos en la madurez, o eterno, tal como lo percibimos en la adolescencia. En efecto, la adolescencia es una etapa de profundo cambio en la que sucede uno de los descubrimientos más impactantes, el descubrimiento de la muerte, y en la que, sin embargo, existe una fantasía de invulnerabilidad, de invencibilidad, como si la muerte no pudiera tocarnos, como si ante este hallazgo de la razón nuestra fantasía se rebelara y nos imaginara inmortales.

En este tiempo de vida, cada persona llega a la tierra y va a desarrollar las tareas de su existencia, los deseos, la misión. ¿Las tareas? Parece que esta palabra se asocia con la idea de acción y puede situarnos ante los trabajos, lo obligatorio; sin embargo, todo individuo posee también en su guion existencial una serie de misiones deseadas, esenciales, que puede ir cumpliendo. Una vez que el ser humano ha superado ya la etapa en que las tareas más acuciantes eran la supervivencia y el dominio de la naturaleza, surge la dimensión cultural, artística y filosófica. En este momento histórico, en nuestras sociedades occidentales existe una gran necesidad de reflexionar sobre el sentido de la existencia y sobre lo que deseamos realizar en ella.

El psicoanálisis ha querido ofrecer a la persona un larguísimo proceso para ir respondiendo a ese universo cultural, artístico y filosófico de una manera fundamentalmente discursiva, haciendo consciente lo inconsciente. En el Psicodrama Simbólico se posibilita la conexión con los contenidos que permiten a toda persona proyectar su narrativa inconsciente con respecto a estas grandes preguntas a través de las escenas y personajes arquetípicos de los cuentos de hadas. Y estos contenidos personales pueden surgir de una manera también simbólica, por medio de un lenguaje y una dimensión que el ser humano creó desde sus orígenes con el fin de comprender el mundo, comprenderse a sí mismo. Esta dimensión simbólica permite no solo hacer consciente lo inconsciente, sino generar un verdadero puente de vinculación creativa entre lo inconsciente y la conciencia.

A través de la inmersión y el descubrimiento de la dimensión simbólica se expresan contenidos que corresponden a otra semántica no discursiva, la semántica del vínculo, de lo analógico, de esos cimientos no verbales de nuestra identidad, de una sabiduría que todos poseemos, aunque esté dormida, y que se manifiesta espontáneamente a través de los sueños e intencionalmente a través de las imágenes arquetípicas de los cuentos maravillosos y de los mitos; y también mediante la potencia de las obras de arte, de la filosofía y de las religiones.

Platón, el gran sabio y literato, nos habla de un universo de grandes ideas, de totalidades perfectas a las que solo tenemos acceso a través de las sombras que su luz inmensa proyecta en la caverna de nuestro conocimiento, limitado por naturaleza. En algún lugar de la psique hemos soñado o experimentado esas ideas esenciales, esas grandes verdades, y hemos creado un lenguaje, un espacio sagrado, mágico o trascendente en el que podemos tener acceso a una conexión más directa y genuina con el mundo de las ideas.

También Erich Fromm nos habla de un lenguaje olvidado1 que el poeta y creador interior que todos llevamos dentro inventa cuando vuelve a crear el mundo, el afuera, a través de ese proceso delicado y decisivo que consiste en irnos diferenciando de la primera figura de apego. Esta semántica permite la aparición de un puente salvador que conecta la dimensión del adentro con la del afuera, de lo único con lo colectivo.

Jung nos habla de los grandes pilares de este puente: los arquetipos, que solo pueden expresarse a través de imágenes. Dada su naturaleza inefable, se manifiestan de manera indirecta y simbólica y requieren de un individuo para ser recreados, para estar vivos. Uniendo las visiones de Moreno y Jung en este punto, podríamos decir que el arquetipo se torna verdadero cuando regresa a la vida a través de la originalidad y la creatividad de un individuo, cuando es recreado con la espontaneidad y no pierde su energía para fluir, quedando encerrado en una serie de conservas culturales.

Siguiendo esta idea, el Psicodrama Simbólico crea un espacio que es nuevo cada vez que tiene lugar el encuentro dentro de un grupo, o en el vínculo con la dirección del grupo. En este espacio imaginario, las imágenes arquetípicas van a ser una fuente de inspiración para que cada persona en el seno de un grupo creativo pueda volver a vivir, en un como si bendito, los hitos de su guion de vida.

Freud nos dice que cualquier sueño puede llevarnos, mediante un proceso de asociaciones interminables, a todos los contenidos de nuestra biografía, a las escenas nucleares, a los modelos que están grabados en nuestra memoria afectiva, a nuestra concepción del deseo. Desde mi punto de vista, esto podría aplicarse en todo caso a los sueños simbólicos. Aun así, el ser humano se encuentra tan sofocado por conceptos, creencias y puntos de vista procedentes de los sistemas de referencia —familia, escuela y sociedad, etc.— que es necesario que una y otra vez surja la conexión con lo simbólico para sumergirse en otro universo de contenido, para beber de una fuente cristalina de sentimientos, pensamientos, percepciones e intuiciones, de manera que de verdad el individuo sea capaz de conectar con su filosofía de la vida original, con los deseos propios en su guion de vida y con la energía y el saber para poder hacerlos realidad. Para ello, en mi opinión, se requiere no un sueño ni una sola historia que recoja imágenes arquetípicas, por muy poderosas que estas sean, sino muchos sueños, muchas historias.

En el inicio de este viaje simbólico, a través del primer cuento se va a poner en marcha el reloj. El reloj de pared con su péndulo es un símbolo capital en este relato. Primero, porque el tiempo se pone en funcionamiento, es un punto de no retorno, la vida va a fluir y ya no habrá posibilidad de dar marcha atrás, ni de ensayarla ni de prepararla, ni de repetir la toma como se hace al rodar una película. No obstante, lo que sí podemos hacer es narrar nuestra vida: la narrativa es una manera de recrear o de crear verdaderamente lo vivido y lo por vivir.

En este trabajo, la invitación es volver al inicio, volver al origen. Cómo fue mi nacimiento psíquico, cómo fue el primer vínculo madre-hijo. Cómo pude crear ese objeto protector y transicional o por qué no pude crearlo. Cuál fue la dimensión del apego en la que hunde sus cimientos mi identidad. Todas estas preguntas son cruciales y todos nos las hacemos, consciente o inconscientemente.

Así iniciamos un viaje a través de los Doce Cuentos que será siempre una experiencia única y enriquecedora.

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1 «El lenguaje simbólico es un lenguaje que tiene una lógica distinta del idioma que hablamos a diario, una lógica en la que no son el tiempo y el espacio las categorías dominantes, sino la intensidad y la asociación. Es el único lenguaje universal que elaboró la humanidad, igual para todas las culturas y para toda la historia. Es un lenguaje que tiene su propia gramática y su sintaxis, por así decirlo, un lenguaje que es preciso entender si se quiere conocer el significado de los mitos, los cuentos de hadas, los sueños. No obstante, el hombre moderno ha olvidado ese lenguaje. No cuando duerme, sino cuando está despierto. ¿Es importante que entendamos esa lengua cuando estamos despiertos también?». Fromm, El lenguaje olvidado, pág. 20.

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Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
22 ekim 2025
Hacim:
375 s. 9 illüstrasyon
ISBN:
9788417241926
Telif hakkı:
Bookwire
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