Kitabı oku: «La cultura en la Universitat de València: 1985-2019»


Col·lecció Cinc Segles
Edita: Publicacions de la Universitat de València
© Irene Liberia Vayá, 2020
© de esta edición: Universitat de València, 2020
Publicacions de la Universitat de València
http://puv.uv.es Publicacions@uv.es
Coordinación editorial: Maite Simón
Maquetación: Inmaculada Mesa Corrección: David Lluch
ISBN: 978-84-9134-732-3 Edición digital
Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, ya sea fotomecánico, foto químico, electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el per miso previo de la editorial.
¿Qué valor tiene toda la cultura cuando la experiencia no nos conecta con ella?
WALTER BENJAMIN,
«Experiencia y pobreza», en Obras II, 1
Es preciso dar a la educación dos metas de igual importancia: por un lado, la formación de la razón y la capacidad de acción racional; por el otro, el desarrollo de la creatividad personal y del reconocimiento del otro como sujeto.
ALAIN TOURAINE, ¿Qué es la democracia?
ÍNDICE
Prólogo, por Antonio Ariño
Nota preliminar
Listado de siglas y acrónimos
CAPÍTULO I. INTRODUCCIÓN: LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA UNIVERSIDAD Y SU MISIÓN CULTURAL
CAPÍTULO II. LA UNIVERSITAT DE VALÈNCIA, UNA HISTORIA DE 500 + 20 AÑOS
1. El camino hacia la autonomía universitaria
CAPÍTULO III. LA ACCIÓN CULTURAL EN LA UNIVERSITAT DE VALÈNCIA (I): LOS VICERRECTORADOS DE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA Y DE CULTURA
1. Introducción
2. La extensión universitaria de 1985 a 1994: entre la efervescencia y la institucionalización
2.1 Vicerectorat d’Extensió Universitària: primera década
2.2 La iniciativa estudiantil a través de la Comissió Gestora d’Estudiants
2.3 El Servei d’Extensió Universitària: pasado y presente
2.3.1 Principales programas culturales del Servei d’Extensió Universitària
2.3.1.1 Cursos d’Extensió Universitària
2.3.1.2 Universitat als Pobles
2.3.1.3 Ajudes a la Creativitat i a les Iniciatives Culturals
2.3.1.4 Otras iniciativas en los primeros tiempos
2.3.1.5 La Nau Gran
2.3.1.6 Propuestas recientes
3. De la extensión universitaria a los vicerrectorados de Cultura y del Estudi General al Centre Cultural La Nau (1994-2019)
3.1 Aulas culturales
3.1.1 Aula d’Arts Escèniques
3.1.1.1 Aula de Teatre (I): nacimiento y primer impulso (1985-1990)
3.1.1.2 Aula de Teatre (II): de la creación de l’Eina Teatre a la explosión de Cinc Segles (1990-2002)
3.1.1.3 Aula de Teatre (III): creación del área «Arts Escèniques» de la FGUV, crecimiento de la actividad y nuevos retos (2002-2019)
3.1.1.4 El grupo de teatro de la Universitat de València: de l’Eina Teatre a ASSAIG pasando por el GTUV. Un camí plaent de 29 años (1990-2019)
3.1.1.5 Escena Erasmus: diez años creando Europa a través del teatro (2009-2019)
3.1.2 Aula de Música y Àrea d’Activitats Musicals de la FGUV
3.1.2.1 Primera década de programación musical universitaria (1985-1995) . 3.1.2.2 De la creación de la Orquestra Filharmònica a la celebración de Cinc Segles: una etapa dorada (1995-2002)
3.1.2.3 Consolidación de la gestión musical universitaria, aumento de las actividades y nuevas agrupaciones propias (2002-2019)
3.1.2.4 Festival de Serenates (1985-2019)
3.1.3 Aula de Cinema
3.1.3.1 Primera etapa: creación y consolidación (1985-1990)
3.1.3.2 Segunda etapa: de la continuidad a la desaparición (1990-2002)
3.1.3.3 Tercera etapa: renacimiento y reconversión (2007-2019)
3.1.3.4 La Cabina: Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia (2008-2019)
3.1.4 Aulas de letras
3.1.4.1 Aula de Poesia
3.1.4.2 Aula de Lectura i Escriptura
3.1.4.3 Aula de Literatura
3.1.5 Aula d’Història i Memòria Democràtica
3.1.6 Aula de Còmic
3.2 Àrea d’Exposicions
3.2.1 De producciones puntuales a una programación expositiva permanente (1985-1994)
3.2.2 De la consolidación de la Sala d’Exposicions a Cinc Segles (1994-1997)
3.2.3 Celebrando «Cinc segles i un dia» y mucho más (1997-2002)
3.2.4 Después de Cinc Segles: nuevo ciclo, nuevos espacios y multiplicación de la oferta (2002-2019)
3.3 La Universitat de València, espacio de debate público y circulación libre de ideas
3.3.1 Del Aula al Fòrum de Debats
3.3.2 Claustre Obert y Debats a La Nau
3.3.3 Clàssics a La Nau
3.3.4 Escola Europea de Pensament Lluís Vives
3.3.5 Otros debates y ciclos de conferencias
3.4 Àrea de Patrimoni Cultural
3.4.1 El patrimonio cultural de la Universitat de València: testimonio de 520 años de historia
3.4.2 Cinc Segles de la Universitat de València: impulso y difusión de su patrimonio cultural
3.4.2.1 Del Estudi General al Centre Cultural La Nau
3.4.3 Arquitectura universitaria y colecciones patrimoniales: una aproximación a los principales bienes muebles e inmuebles de la Universitat de València
3.4.3.1 El patrimonio arquitectónico
3.4.3.2 Las colecciones patrimoniales
3.5 Nau social, Nau inclusiva, Nau igualitaria
3.5.1 Por una cultura de la inclusión y la justicia social
3.5.1.1 Emergents
3.5.1.2 Experiència Estètica: Art i Ment
3.5.2 Por una cultura de la igualdad
CAPÍTULO IV. LA ACCIÓN CULTURAL EN LA UNIVERSITAT DE VALÈNCIA (II): LA CULTURA A TRAVÉS DE OTROS ÓRGANOS Y SERVICIOS
1. Fundació General de la Universitat de València
1.1 Col·lecció Martínez Guerricabeitia
1.2 Amics i Antics Alumnes de la Universitat de València
1.3 Escola d’Estiu de la Universitat de València: la Nau dels Xiquets i de les Xiquetes y la Nau Jove
1.4 Voluntariat Cultural y visitas guiadas
2. Los colegios mayores propios: «el Vives» y «el Rector Peset»
2.1 Col·legi Major Lluís Vives
2.2 Col·legi Major Rector Peset
3. Los servicios para estudiantes (1987-2019): DISE, CADE, SEDI
3.1 Información, asesoramiento y dinamización: inicios, consolidación y reestructuración (1987-2011)
3.2 De la bifurcación a un servicio único: SEDI (2011-2019)
4. Centre Internacional de Gandia de la Universitat de València
4.1 Universitat d’Estiu de Gandia
4.2 La Universitat en Gandia más allá de la UEG: formación, investigación, transferencia y cultura durante todo el año
5. Palau de Cerveró
5.1 Colección Histórico-Médica y exposiciones permanentes
5.2 Exposiciones temporales y otras actividades culturales y divulgativas
6. Jardí Botànic
6.1 De hort de simples a centro puntero de investigación y cultura científica: una breve historia
6.2 Más allá de la investigación: el patrimonio, la educación y la cultura, pilares fundamentales del nuevo Jardí Botànic
7. Unitat de Cultura Científica i de la Innovació - Càtedra de Divulgació de la Ciència
7.1 Antecedentes y creación de la Càtedra de Divulgació de la Ciència
7.2 La ciencia como cultura: formación, divulgación, investigación y comunicación
8. Servei d’Educació Física i Esports
8.1 Inicios y consolidación del deporte en la Universitat democrática
8.2 El Pavelló Poliesportiu: punto de inflexión de una actividad deportiva en constante crecimiento
CAPÍTULO V. A MODO DE EPÍLOGO: ECHANDO LA VISTA ATRÁS: 20 AÑOS DE CINC SEGLES Y DEL CENTRE CULTURAL LA NAU
ANEXOS
1. Decisiones de estilo y notas aclaratorias
2. Entrevistas realizadas
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS CITADAS
ÍNDICE ONOMÁSTICO
PRÓLOGO
La Universidad ha sido históricamente un agente cultural fundamental y, durante siglos de vida, ha contribuido, también desde ese lugar, al progreso de la sociedad. Con todo, la dimensión cultural de las universidades, representada en su tercera misión (después de la docente y la investigadora), comenzó a fraguarse más recientemente, y lo hizo en forma de «extensión universitaria», entendida como la divulgación del conocimiento universitario hacia la ciudadanía.
En el año 2019, la Universitat de València conmemora un doble aniversario: por un lado, los 520 años desde su creación por los jurados de la ciudad y, por otro, el 20 aniversario de la restauración integral de su edificio histórico, La Nau, y su inauguración como centro cultural. Con este motivo, desde la Universitat de València hemos acometido dos investigaciones para hacer un balance de la dimensión cultural de la institución en sentido amplio. El primer libro, realizado por José Garcelán, aborda las manifestaciones y actividades culturales que estuvieron presentes en la Universitat de València desde el siglo XIX hasta el comienzo de la universidad democrática. Por su parte, el presente volumen es fruto de una investigación llevada a cabo por Irene Liberia Vayá, que toma el relevo precisamente en el momento en el que la Universitat de València aprueba sus Estatuts de 1985 e inicia su andadura democrática hasta la actualidad.
A diferencia de la función docente e investigadora, en la que sí existe una regulación normativa clara y una implementación organizativa en facultades, centros de postgrado e institutos, la misión cultural se halla históricamente en una situación muy distinta, ya que no hay legislación específica, ni estatal ni autonómica, y cada universidad ha regulado la organización de esta según sus propios criterios. No obstante, en la mayoría existe un órgano superior (vicerrectorado) que aglutina las diversas dimensiones culturales, que se encuentran dispersas entre servicios, centros singulares, colegios mayores, unidades y demás programas.
Este libro recoge por primera vez en un único volumen la labor que una universidad histórica, como la Universitat de València, viene desarrollando en las últimas décadas en materia de cultura. En concreto, el primer capítulo habla de la función social y misión cultural de la Universidad; el segundo traza un breve recorrido histórico sobre la Universitat de València, especialmente centrado en el proceso de democratización hasta llegar a la aprobación de los Estatuts; los siguientes, tercero y cuarto, recogen la acción cultural desarrollada por la Universitat de València a través de los distintos vicerrectorados de extensión universitaria y cultura, así como de los centros y estructuras universitarias que también implementan iniciativas y programas culturales de distinta índole. Para acabar, y a modo de epílogo, se dedica un capítulo a la conmemoración del quinto centenario de la Universitat, la efeméride de Cinc Segles.
De este modo, esta investigación pretende hacer una contribución pionera sobre la necesaria función cultural de la Universidad mediante una perspectiva histórica de las acciones acometidas por la Universitat de València, poner en valor el compromiso que la institución universitaria adquiere con la sociedad a través de esta misión cultural y, en última instancia, reconocer el trabajo de las personas que realizan tareas culturales en el seno de las universidades, tan a menudo infravalorado.
Antes de iniciar este largo y apasionante viaje por la cultura en la Universitat de València, resulta pertinente rescatar las inspiradoras palabras de Rafael Altamira, introductor de la extensión cultural en la Universidad española, en su ya clásico texto Cuestiones obreras:1
El cielo estrellado es sin duda cosa magnífica y que a todos más o menos admira y seduce; pero está más henchido de bellezas, ofrece más goces y distracciones para el espíritu culto que para el ignorante. Así como nuestros ojos ven más cuanta más luz tienen en su horizonte, así la inteligencia iluminada ve más, ve materialmente más cosas que la cerrada a toda cultura.
Con el deseo de que esta investigación contribuya a difundir esta labor que las universidades acometemos para democratizar la iluminación de la mirada de todo ser humano.
ANTONIO ARIÑO VILLARROYA
Vicerector de Cultura i Esport de la Universitat de València
1. Rafael Altamira: Cuestiones obreras, Valencia, Universitat de València, 2012, p. 18.
NOTA PRELIMINAR
Este libro es el resultado de una investigación sobre la historia cultural de la Universitat de València realizada con motivo de un doble aniversario: los 520 años transcurridos desde su fundación por parte de los jurats de la ciudad en 1499 y los 20 años que han pasado desde que su sede histórica fuese rehabilitada y convertida en el Centre Cultural La Nau. Pero este estudio no es, ni mucho menos, un hecho aislado, sino que se enmarca en un amplio conjunto de actividades especiales desarrolladas a lo largo de 2019 bajo el lema Universitat de València, 500+20 anys, que pretende celebrar la dimensión cultural de una institución férreamente comprometida con la sociedad y cada vez más abierta a la ciudadanía.
Entre las acciones implementadas en este contexto, particularmente en lo que aquí concierne, por parte del Vicerectorat de Cultura i Esport destaca la apertura de un nuevo espacio en el edificio histórico de la Universitat: la Sala de Bigues. Esta albergará próximamente una exposición permanente sobre la historia de la institución a partir de piezas provenientes de varias de sus ricas colecciones patrimoniales, ofreciendo así una nueva y poderosa razón para visitar La Nau. A la puesta en valor del patrimonio cultural universitario mediante esta y otras iniciativas, se añade una amplia programación de debates, ponencias y mesas redondas con grandes figuras de la actualidad política, económica, cultural y social como protagonistas, además de diversos proyectos que buscan promover la cultura científica y que van desde exposiciones hasta ciclos de conferencias, pasando por la celebración de «bares de ciencia».
Asimismo, las históricas aulas culturales han ofrecido durante el 2019 una programación especial y han sumado a sus filas dos nuevas incorporaciones: el Aula de Còmic y el Aula de Literatura. También el Àrea d’Exposicions ha planteado una serie de muestras extraordinarias que se hacen eco de las conmemoraciones de otras instituciones públicas artísticas y educativas de prestigio. Mientras que, por otro lado, se han puesto en marcha interesantes acciones de innovación sociocultural, como la creación de laboratorios para fomentar la colaboración entre las distintas áreas culturales de la Universitat y la participación activa del estudiantado y de la ciudadanía, así como programas para el seguimiento, análisis y ampliación de los públicos.
Por último, entre los proyectos lanzados con motivo de estos 500+20 anys, hay que destacar la organización de jornadas y congresos y la publicación de más de una decena de libros e investigaciones para visibilizar y valorizar el patrimonio y la misión cultural de la Universitat de València. Precisamente en este marco se desarrolla el estudio que ahora se presenta y que revisa la amplia trayectoria de la institución en materia de cultura desde la aprobación de los Estatuts de 1985 –punto de arranque de la Universitat democrática y autónoma tras cuarenta años de dictadura, represión y oscuridad– hasta la actualidad. Cabe advertir a este respecto que se trata de la segunda entrega de una investigación más amplia, cuyo primer volumen, firmado por José Garcelán, repasa la proyección cultural universitaria desde finales del siglo XIX hasta 1985.
En el caso que nos ocupa, el presente libro se estructura en cinco capítulos que trazan un relato posible de la trayectoria cultural de la Universitat de València en el periodo señalado. En primer lugar, la introducción reflexiona sobre el concepto de función social que define a la institución universitaria (a la nuestra y a todas las demás) en tanto que servicio público, y aborda la tercera de sus tres misiones, tras la docencia y la investigación: la misión cultural. Posteriormente se dedica un breve capítulo a rememorar los principales pasos dados concretamente por la Universitat de València hacia la conquista de su autonomía y su progresiva democratización. A continuación, se abre el primero de los dos capítulos que dan cuenta del reflejo práctico de esa función cultural –los capítulos III y IV, que funcionan a modo de dos grandes bloques–, en otras palabras, que describen algunos de los principales programas, iniciativas y actividades desarrollados por la Universitat de València en este ámbito durante casi 35 años.
Más específicamente, el capítulo III se encarga de la acción cultural llevada a cabo por los distintos vicerrectorados que desde 1985 han asumido las principales competencias en esta materia: el Vicerectorat d’Extensió Universitària y el Vicerectorat de Cultura (con sus diversas denominaciones, responsables y servicios a su cargo según las épocas). No obstante, dado que la producción y proyección cultural en la Universidad –en todas ellas– se halla dispersa por centros, institutos, unidades, departamentos, colegios mayores y otras estructuras, el capítulo IV trata de recoger los programas, actividades y proyectos más destacados implementados fuera de los vicerrectorados que han ejercido la función de representación cultural en la Universitat de València.1 Entre otras secciones, se abordan aquí los servicios de deportes, de divulgación científica, de estudiantes, etc., la Universitat d’Estiu de Gandia, los colegios mayores propios y otros centros singulares como son el Jardí Botànic o el Palau de Cerveró. Asimismo, en este bloque se describe el importante papel que juega la Fundació General de la Universitat de València como instrumento de cooperación para el cumplimiento de los fines de la Universitat, siendo uno de los principales, según los propios estatutos de la Fundació, la difusión de la cultura.
Por último, tras los dos bloques que conforman el grueso de la investigación, esta se cierra con un capítulo a modo de epílogo dedicado a la efeméride Cinc Segles de la Universitat de València. Celebrada entre los años 1999 y 2002, la conmemoración del quinto centenario supuso para la institución un antes y un después en muchos sentidos, pero ante todo lo fue en términos de visibilidad y presencia social. En otras palabras, a través de Cinc Segles hubo una apertura real de la Universitat hacia la ciudadanía, al tiempo que se dieron pasos muy importantes en cuanto a la participación de la comunidad universitaria en el quehacer de la propia institución. Así, continuando un camino iniciado en 1985 por el primer rectorado de Ramon Lapiedra, la Universitat de València consiguió ocupar un espacio específico y relevante en la sociedad valenciana como entidad pública de ciencia, educación y cultura, comprometida con su entorno y capaz de conectar con los problemas y necesidades de su tiempo.
Para llevar a cabo este estudio cualitativo-descriptivo se han utilizado básicamente dos técnicas de recogida de datos, siendo la primera de ellas una revisión bibliográfica y documental que ha incluido, por un lado, las principales publicaciones relativas a la historia de la Universitat de València (y, en especial, a su dimensión cultural); y por otro, la búsqueda y recolección manual de información en los distintos archivos de la institución. A través de estos se ha tenido acceso a memorias de actividades, correspondencia oficial, proyectos e informes, folletos, documentos gráficos y de otra índole, que, sumados a los contenidos digitales –notablemente a partir de los años 2000–, han permitido trazar un relato de la acción de la Universitat en materia de cultura desde 1985 hasta la actualidad. No obstante, para el correcto análisis e interpretación de los datos recabados, y también para completar las ausencias existentes, ha sido imprescindible contar con el testimonio de algunas de las personas protagonistas de la historia cultural reciente de la institución (que, además, a menudo han aportado material al que, de otro modo, no se hubiese tenido acceso). Con este fin se han realizado un total de 44 entrevistas semiestructuradas o semidirigidas,2 además de llevarse a cabo numerosas conversaciones abiertas3 con responsables, gestores y técnicos de varias de las áreas objeto de estudio.
Aprovecho esta presentación para agradecer públicamente a todas las personas entrevistadas4 su buena disposición y colaboración (entusiasta la mayor parte de veces) en todo aquello que se les ha requerido, y sobre todo pido disculpas a tantas y tantos protagonistas del pasado y del presente cultural de la Universitat de València que se han quedado fuera. En este sentido, dadas las limitaciones de tiempo y espacio que toda investigación ha de afrontar, a la hora de escoger a los entrevistados se ha optado –entre otros criterios– por dar prioridad a aquellos cuyo testimonio solo podía obtenerse de este modo, y también a personas que han trabajado en áreas sobre las que existen menos publicaciones y documentación. Por lo demás, en otras ocasiones han sido problemas logísticos o de agenda los que han impedido la participación de otros posibles colaboradores. En cualquier caso, reitero mi agradecimiento y lo hago extensible a quienes han contribuido de otras muchas formas a que esta investigación haya llegado a buen término, ya sea mediante la cesión de materiales, la revisión de contenidos o la rememoración de anécdotas reveladoras. También hay que reconocer aquí el papel del personal del Arxiu Històric y del Arxiu Intermedi de la Universitat de València, que han proporcionado todas las facilidades de consulta posibles y simplificado enormemente el trabajo de localización de documentos.
Por lo que respecta a las secciones, departamentos, servicios, etc., que han focalizado la atención de este estudio, resulta materialmente imposible incluir todas aquellas áreas que juegan (o lo han hecho en el pasado) algún papel en la producción y difusión cultural de la Universitat en sentido amplio. Como ya se ha apuntado con anterioridad, existen estructuras específicas que giran alrededor de la cultura –como el Servei d’Extensió Universitària–, así como órganos superiores de coordinación y representación en este terreno –como el Vicerectorat d’Extensió en su momento y hoy el de Cultura–. Sin embargo, ni las leyes estatales, ni las normativas autonómicas, ni siquiera los Estatuts de la Universitat regulan estrictamente la misión cultural, por lo que esta se ha ejercido hasta hoy en mayor o menor medida en todos los campus y edificios de la institución a través de centros y unidades muy heterogéneos que funcionan con un alto grado de autonomía (y que, además, en ocasiones prestan también servicios de docencia e investigación). Ante una realidad con tantas aristas, un trabajo como el que aquí se presenta no puede más que tratar de recoger, sin vocación de exhaustividad, las líneas programáticas generales que definen la trayectoria cultural de la Universitat de València desde 1985. Nuevamente hay que pedir disculpas por las ausencias,5 esperando que el resultado final sirva al menos para dar pistas sobre la envergadura, complejidad y riqueza de la historia cultural de la institución, así como sobre sus principales debilidades y áreas que se deberían reforzar de cara al futuro.
De igual modo, además de las limitaciones señaladas, se excusan de antemano los errores en los que se haya podido incurrir, y se recuerda que la intención que ha guiado desde el comienzo el trabajo realizado ha sido la de construir un relato lo más pegado posible a la realidad. De ahí la importancia otorgada a los testimonios, tanto escritos como orales –al fin y al cabo, ¿qué es la Universitat si no las personas que la conforman?–, que han servido para estructurar y dar un sentido concreto a la enorme cantidad de información disponible (no siempre libre de contradicciones, por cierto). Con otras voces y otros documentos, este sería, sin duda, un libro distinto.
Antes de finalizar, quiero agradecer también a la rectora de la Universitat de València, M.ª Vicenta Mestre, y al vicerrector de Cultura i Esport, Antonio Ariño, la oportunidad que me han brindado de participar en la celebración de los 500+20 anys de la Universitat a través de estas páginas, lo que me ha permitido profundizar en la historia de la institución y conocer detalles fascinantes sobre ella. Por último, una mención especial al equipo del Centre Cultural La Nau, que ha colaborado con entusiasmo y rigurosidad en todo aquello que se les ha solicitado (y en mucho más). Mi más sincero agradecimiento.
Logo La Nau / Universitat de València, 500 + 20 anys, diseñado por Boke Bazán para la conmemoración del 20 aniversario del Centre Cultural La Nau y 520 de la Universitat de València.
El recorrido que ahora se inicia, como señalara el rector Pedro Ruiz Torres a propósito de Cinc Segles en 1999, no trata de transformar el pasado «en refugi contemplatiu per fugir dels problemes del present, ni menys encara de convertir el passat en espill de vanitats». Lo que se pretende al echar la vista atrás cuando se cumplen 20 años de la reapertura del Estudi General como Centre Cultural La Nau es dar a conocer y poner en valor el camino andado hasta aquí, sin ocultar los puntos débiles ni la necesidad de revisiones y cuestionamientos que conducirán, sin duda, a una mejor versión de la institución en el futuro. Pero hoy, 520 años después de su creación y transcurridas dos décadas desde aquel centenario que la abrió de forma irreversible a la sociedad, puede afirmarse que la Universitat de València no es solo un centro referente de producción y transmisión del saber y de la ciencia, sino también, y cada vez más, un espacio de innovación sociocultural y de acción participativa. Y es que, en tanto que servicio público, su misión principal y constitutiva pasa por el cultivo y fomento del pensamiento crítico y del debate ciudadano, siendo la cultura un valor estratégico clave para el cumplimiento de su responsabilidad como agente de transformación y cohesión social.
LISTADO DE SIGLAS Y ACRÓNIMOS
| ACNUR | Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados |
| ADEIT | Fundació Universitat-Empresa de la Universitat de València |
| AELC | Associació d’Escriptors en Llengua Catalana |
| AEPUM | Asociación Estatal de Programas Universitarios para Mayores |
| AIMJB | Asociación Ibero-Macaronésica de Jardines Botánicos |
| ANCLA | Curs d’Alts Estudis en Pensament i Cultura de l’Antiguitat Clàssica |
| APA | American Psychological Association |
| APRJUV | Associació de Professors Jubilats de la Universitat de València |
| AUJE | Associació Universitària Jurídic-Ecològica |
| AVETID | Associació d’Empreses d’Arts Escèniques del País Valencià |
| AVL | Acadèmia Valenciana de la Llengua |
| BIC | Bien de Interés Cultural |
| Biennal MG | Biennal Martínez Guerricabeitia |
| BRL | Bien de Relevancia Local |
| CADE | Centre d’Assessorament i Dinamització dels Estudiants |
| CAM | Caja de Ahorros del Mediterráneo |
| CCCC | Centre del Carme Cultura Contemporània |
| CEAR | Comisión Española de Ayuda al Refugiado / CEAR-PV Comisión Española de Ayuda al Refugiado - País Valencià |
| CEFIRE | Centre de Formació, Innovació i Recursos Educatius |
| CEIP | Colegio de Educación Infantil y Primaria |
| CEM de SIPE | Centro Escolar y Mercantil de Servicio de Información de Prensa y Espectáculos |
| CESE | Comité Económico y Social Europeo |
| CEV | Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana |
| CGE | Comissió Gestora d’Estudiants |
| CIG-UV | Centre Internacional de Gandia de la Universitat de València |
| CMG | Col·lecció Martínez Guerricabeitia |
| ComCiRed | Comunicar Ciencia en Red |
| CRE | Conferencia de Rectores Europeos |
| CRUE | Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas |
| CSIC | Consejo Superior de Investigaciones Científicas |
| CUDAP | Centre Universitari de Diagnòstic i Atenció Primerenca (Universitat de València) |
| CUM | Comunidad de Universidades Mediterráneas |
| CVONGD | Coordinadora Valenciana d’ONGD (organitzacions no governamentals per a desenvolupament) |
| DELE | Diploma de Español como Lengua Extranjera |
| DISE | Difusió, Informació i Servei a l’Estudiant |
| DOGV | Diari Oficial de la Generalitat Valenciana |
| E+SCN | Erasmus+ Scene Network |
| ENAS | European Network Academic Sports Services |
| EUSA | Asociación Europea de Deporte Universitario |
| FAO | Food and Agriculture Organization (en español Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) |
| FECyT | Fundación Española de Ciencia y Tecnología |
| FGUV | Fundació General de la Universitat de València |
| FICU | Festival Internacional de Coros Universitarios |
| FIMU | Festival Internacional de Música Universitaria |
| FISU | Federación Internacional de Deporte Universitario |
| FIU | Festival Internacional de l’Oralitat |
| FUE | Federación Universitaria Escolar |
| FULL | Fundació pel Llibre i la Lectura |
| GEHTID | Grup d’Estudis Històrics sobre les Transicions i la Democràcia |
| GTUV | Grup de Teatre de la Universitat de València |
| IES | Instituto de Educación Secundaria |
| IHCD | Institut d’Història de la Ciència i Documentació «López Piñero» |
| IILP | Institut Interuniversitari «López Piñero» |
| ISEACV | Institut Superior d’Ensenyaments Artístics Comunitat Valenciana |
| IVAC | Institut Valencià de l’Audiovisual i de la Cinematografia «Ricardo MuñozSuay» |
| IVAECM | Institut Valencià d’Arts Escèniques, Cinematografia i Música |
| IVAJ | Institut Valencià de la Joventut |
| IVAM | Institut Valencià d’Art Modern |
| LGTBIQ+ | Lesbianas, gais, personas transgénero, bisexuales e intersexuales, queer (y colectivos no representados en las siglas anteriores) |
| MOC | Moviment d’Objecció de Consciència |
| MUA | Museu de la Universitat d’Alacant |
| MuseuHN | Museu de la Universitat de València d’Història Natural |
| MuVIM | Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat |
| NTIC | Nuevas tecnologías de la información y la comunicación |
| Octubre CCC | Octubre Centre de Cultura Contemporània |
| OFUV | Orquestra Filharmònica de la Universitat de València |
| OIUDSMA | Organización Internacional de Universidades para el Desarrollo Sostenible y el Medio Ambiente |
| OPAL | Observatori d’Inserció Professional i Assessorament Laboral (Universitat de València) |
| OTRI | Oficina de Transparència de Resultats d’Investigació |
| PAM | Patronat d’Activitats Musicals |
| PAS | Personal de Administración y Servicios |
| PAU | Proves d’Accés a la Universitat |
| PDI | Personal Docente e Investigador |
| PMG | Patronat Martínez Guerricabeitia |
| PNN | Profesores/as no numerarios/as |
| PUV | Publicacions de la Universitat de València |
| RSC | Responsabilidad social corporativa |
| RSU | Responsabilidad social universitaria |
| SAP | Servei d’Anàlisi i Planificació (UV) |
| SECC | Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales |
| SEDI | Servei d’Informació i Dinamització d’Estudiants |
| SENA | Sistema de Evaluación de Niños y Adolescentes |
| SEU | Sindicato Español Universitario |
| SGAE | Sociedad General de Autores y Editores |
| TIC | Tecnologías de la información y la comunicación |
| TICO | Tecnologías de la información, comunicación y organización |
| UCC+i UV | Unitat de Cultura Científica i de la Innovació de la Universitat de Valènci |
| UE | Unión Europea |
| UEG | Universitat d’Estiu de Gandia |
| UIMP | Universidad Internacional Menéndez Pelayo |
| UV | Universitat de València |
| UVEG | Universitat de València - Estudi General |
1. Muchos de estos programas e iniciativas se desarrollan / han desarrollado en colaboración con el Vicerectorat de Cultura / Extensió Universitària, pero no dependen principal o exclusivamente de este. En casos como el de las actividades culturales del Jardí Botànic o del Palau de Cerveró, por ejemplo, aunque en parte competen al Vicerectorat de Cultura (hoy de Cultura i Esport), se llevan a cabo en coordinación con los propios centros, que tienen su identidad y autonomía propias y que, por esta razón, se ha decidido incluirlos en el capítulo IV.
2. Las entrevistas semiestructuradas (Corbetta, 2007) constituyen una herramienta ampliamente validada en la investigación social cualitativa, ya que proveen de información relevante no disponible por otros medios, además de ayudar a contrastar y clarificar datos confusos o no verificados. En el presente estudio se ha hecho de ellas tanto un «uso exploratorio preparatorio» como «de contraste, ilustración o profundización», según las dos funciones principales que les atribuye Valles Martínez (1999). De manera sintética, se ha procedido del siguiente modo: a medida que se trabajaba con la documentación y se realizaban las lecturas bibliográficas, algunas de las entrevistas y conversaciones con personas implicadas de primera mano en la política y gestión cultural de la Universitat servían para orientar el trabajo documental e ir trazando un recorrido concreto por la historia cultural de la institución. Asimismo, conforme dicho recorrido iba tomando forma y llenándose de contenido, nuevas entrevistas servían para matizar, corregir o confirmar los datos disponibles. En este sentido, cabe apuntar también que para la preparación de todas ellas se ha tenido muy presente el modelo de «entrevista de investigación social» (research interview) y de «entrevista especializada y a élites» (elite specialized interviewing), entendidas respectivamente como técnicas de obtención de información relevante para los objetivos de un estudio y entrevistas realizadas a personas «expertas» o «bien informadas» respecto al tema central de la investigación (Valles Martínez, 1999: 181-189).
3. Las conversaciones abiertas constituyen una de las principales técnicas utilizadas en la investigación biográfica en el marco de la sociología y la antropología social. En este caso han servido para realizar las primeras aproximaciones al objeto de estudio en contextos menos formales y también para plantear dudas o solicitar aclaraciones ante informaciones contradictorias o poco concretas.
4. El listado completo se puede consultar en el anexo 2.
5. Hay que precisar que, dado el gran volumen tanto de los órganos universitarios creadores y difusores de cultura, como de la propia agenda cultural (entendida en sentido amplio) que estos desarrollan en el periodo estudiado, el presente libro no se ocupa de la cultura generada desde abajo, esto es, desde el estudiantado. Salvo en algunos casos puntuales, como el del papel crucial que tienen las y los estudiantes durante el proceso constituyente y en los años inmediatamente posteriores, ciertas iniciativas escolares en los colegios mayores o la participación del alumnado en programas concretos (especialmente del DISE/CADE/SEDI), esta «historia cultural desde abajo» queda pendiente para futuras investigaciones. Pueden consultarse al respecto trabajos ya publicados como Ramírez Comeig (2013b) y Quixal Alejos y Ramírez Comeig (2002).
CAPÍTULO I
INTRODUCCIÓN: LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA UNIVERSIDAD Y SU MISIÓN CULTURAL
Las universidades son organizaciones nacidas en la Edad Media como centros de saber, con el objetivo principal de transmitir los conocimientos propios de la época, es decir, que la conservación del saber dominante y no la búsqueda de nuevos conocimientos es lo que define a la educación superior durante los primeros tiempos. No obstante, a medida que pasan los años y la sociedad se desacraliza y se transforma, la Universidad va cambiando con ella y asumiendo nuevas funciones. Así, con el método científico surge la segunda generación de universidades, que añaden la investigación a la misión docente (en lo que se conoce como el modelo humboldtiano), siendo la función cultural la más recientemente incorporada. Esta se oficializa en la Europa de finales del siglo XIX siguiendo la fórmula de «extensión universitaria», lo cual no significa que no existiese espacio para la cultura en la educación superior en épocas anteriores, pero en ningún caso puede hablarse de esta como una competencia institucionalizada (Ariño, 2017; Cantero, 2006).1
En la actualidad, la Universidad se concibe como servicio público orientado a los intereses de toda la sociedad, de manera que, además de cumplir con su tradicional doble misión de investigación y enseñanza, busca la formación de ciudadanas y ciudadanos críticos y comprometidos con las necesidades y los desafíos propios de su tiempo. Además, especialmente en la segunda mitad del siglo XX –y en lo que concierne al Estado español, desde los últimos años de la dictadura franquista, durante la Transición política y sobre todo a lo largo de los ochenta–, la Universidad se constituye en un agente esencial de transformación social y de consolidación del modelo democrático. A lo que hay que añadir en las décadas más recientes su destacado papel en el complejo proceso de innovación, así como «… sus demás aportaciones a la competitividad de la economía y a la cohesión social, por ejemplo, su función en la vida ciudadana y en materia de desarrollo regional» (Comisión de las Comunidades Europeas, 2003: 3).
Por lo que respecta al tema medular de la presente investigación, existen experiencias muy lejanas en el tiempo que dan cuenta de la convergencia Universidad-sociedad a través de la acción cultural: es el caso, por ejemplo, de las célebres sabatinas que tenían lugar en la Universitat de València ya en el siglo XVI. Sin embargo, no será hasta finales del XIX y durante el siglo XX cuando, con la finalidad de abrir el conocimiento a los sectores sociales con menos recursos, las universidades participan activamente en la vida cultural moderna, contribuyendo así a explicar y buscar soluciones a los problemas y necesidades que atañen a la calidad de vida de la ciudadanía.
Acaba de señalarse que la primera forma oficial que toma la cultura promovida y difundida por la Universidad es la de la «extensión universitaria», que, como su propio nombre indica, trata de llevar los conocimientos que genera más allá de los límites de la institución, adaptándolos para ello a un público no culto. Aunque existen experiencias anteriores como las de Sir Thomas Gresham o William Dill en el siglo XVII, que organizaban conferencias para los comerciantes y pequeños artesanos de Londres y Cambridge, la idea de la extensión universitaria como tal surge en el último tercio del siglo XIX para tratar de corregir la profunda fractura socioeducativa. En concreto, esta incipiente democratización del conocimiento empieza en Cambridge en 1871 y se extenderá luego a Oxford y a otros centros de educación superior, ejerciéndose en Francia, con gran éxito, a través de las universidades populares. Grosso modo, este movimiento de proyección cultural desarrollaba prácticas y actividades filosóficas, artísticas, científicas, etc., en clave divulgativa para explorar y recoger los problemas y valores culturales de todos los grupos de población, procurando «estimular el desarrollo social, elevar el nivel espiritual, intelectual y técnico de la nación, proponiendo […] ante la opinión pública las soluciones fundamentales a los problemas de interés general» (Fresán Orozco, 2004: 49).
En España, la implantación oficial de la extensión universitaria llegará en 1898 a través de la Universidad de Oviedo, de la mano del humanista y pedagogo Rafael Altamira. De raíz krausista, este movimiento se practicará de manera activa durante tres décadas, traduciéndose fundamentalmente en la organización de conferencias de divulgación del conocimiento científico, excursiones artísticas y arqueológicas, y cursos y ponencias fuera de Oviedo.2 Será adoptado también por otras universidades españolas, siendo su objetivo primordial el acercamiento de la institución a los núcleos obreros y campesinos, si bien es cierto que desde el comienzo incluía iniciativas de puertas adentro (Ariño y González, 2012). En otros términos, no se trataba únicamente de salir al encuentro de quienes no eran los destinatarios originales de la acción universitaria, sino de ampliar la actividad docente dirigida a los propios estudiantes desde una perspectiva integral. Esta entendía que la educación superior no sirve solo para formar profesionales, sino que busca transmitir conocimientos y contenidos culturales regidos por una serie de normas, principios y estructuras que responden al escenario social, económico y político en el que la misma Universidad se inserta y desarrolla. Así, más allá de formar a ingenieros, médicos, juristas, historiadores, etc., esta institución social inculca valores, una determinada ética y el sentido de pertenencia a la comunidad (Malagón, 2006).
Treinta años después de los inicios de este fenómeno, en un contexto de fuertes protestas contra la reforma educativa de Primo de Rivera, que restringía la libertad y autonomía de la Universidad, Ortega y Gasset impartirá varias conferencias en Madrid y Granada invitado por la Federación Universitaria Escolar (FUE). En ellas y en su ensayo Misión de la Universidad (1930), el filósofo y ensayista focaliza su discurso en la función cultural como elemento imprescindible para compensar el excesivo profesionalismo y cientificismo que en los últimos tiempos había caracterizado al quehacer universitario. A este respecto, Ortega se refiere a la cultura como «el sistema vital de ideas sobre el mundo y el hombre correspondientes al tiempo», y como lo único que puede evitar que el profesional se convierta en el nuevo bárbaro, «más sabio que nunca, pero más inculto también». De ahí que la Universidad haya de encargarse «ante todo de enseñar la cultura» (pp. 4-6), y, por ende, que sus tres misiones fundamentales sean, por este orden: «transmisión de la cultura, enseñanza de las profesiones, e investigación científica y educación de nuevos hombres de ciencia» (Vicente y González, 2002: 141).
En resumen, Ortega reclama la vuelta a la función primigenia de la Universidad, la cultural, que en su época (años treinta) se ha convertido en mero «ornamento» –no en vano se presenta como «cultura general», expresión que tacha de absurda y filistea–. Cuando en la Edad Media se crea la enseñanza superior, la cultura representaba «el sistema de ideas sobre el mundo y la humanidad que el hombre de entonces poseía. Era, pues, el repertorio de convicciones que había de dirigir efectivamente su existencia» (Ortega y Gasset, 1930: 4). Y ese es precisamente el lugar que debería ocupar de nuevo, puesto que solo ella permite comprender y afrontar los problemas del contexto propio de cada época. Se trata nada menos que de aquello «que salva del naufragio vital» (p. 4), y en tanto que necesidad ineludible para la vida humana, ha de constituir la misión central de la Universidad.
Sin embargo, la extensión universitaria desarrollada hasta el momento había fracasado, según este planteamiento, ya que la educación superior continuaba siendo en los años treinta un «privilegio difícilmente justificable y sostenible» (p. 3). Pero por encima de no haber conseguido universalizar la Universidad, el mayor error consistía, como se ha visto, en el abandono de su función primordial en favor de la formación en exclusiva de profesionales y científicos. A todo ello hay que sumar, además, el hecho de que la cultura tiene que estar «abierta a la plena actualidad; más aún: tiene que estar en medio de ella, sumergida en ella» (p. 21); sin embargo, «la vida pública se ha entregado a la única fuerza espiritual que por oficio se ocupa de la actualidad: la Prensa». Frente al tratamiento frívolo e instantáneo que de los sucesos realizan los periodistas, para Ortega es esencial y urgente que también aquí, esto es, de puertas afuera, la Universidad desempeñe la función que le corresponde, abordando los grandes temas de su tiempo con profundidad y rigor desde su propio punto de vista (cultural, profesional o científico), imponiéndose «como un “poder espiritual” superior frente a la prensa» (pp. 21-22).
De vuelta a lo histórico, después de tres décadas de práctica continuada de extensión universitaria, las expectativas generadas por el triunfo de la Segunda República tras la deriva autoritaria que había supuesto la dictadura de Primo de Rivera quedan truncadas en 1936. Durante los cuarenta años de franquismo, la extensión universitaria permanece «guardada en el baúl como muchas otras esperanzas […] y no es hasta el retorno de la democracia cuando se recupera el nombre y la idea adaptadas a las circunstancias de ese tiempo reciente» (Ariño y González, 2012: 118). En 1983 se aprueba la Ley de Reforma Universitaria (LRU), después de las fuertes movilizaciones y debates que durante la Transición reclamaban la reforma y democratización urgente de la Universidad. La nueva norma reconocía la autonomía de una institución que era considerada un servicio público, que renovaba el procedimiento de elección de los equipos rectorales y racionalizaba las figuras del profesorado, menguando significativamente el poder de los catedráticos, entre otros cambios importantes. En cuanto a la cultura, la entrada en vigor de la LRU implicó en la mayoría de universidades la creación de vicerrectorados para ocuparse en exclusiva de esta materia.3
Casi dos décadas más tarde, en 2001, la LRU será sustituida por la Ley Orgánica de Universidades (LOU), que en 2007 experimentará una importante reforma (LOMLOU).4 En todas ellas la cultura queda claramente constituida como tercera misión o función de la Universidad, tras la docencia y la investigación, como señala de forma explícita en sus párrafos iniciales la primera de estas leyes: «el desarrollo científico, la formación profesional y la extensión de la cultura son las tres funciones básicas que de cara al siglo XXI debe cumplir esa vieja y hoy renovada institución social que es la Universidad española» (Ley Orgánica 11/1983, de 25 de agosto, de Reforma Universitaria, Exposición de Motivos).
Pero, además, entre 1983 y 2001 también se dan pasos importantes en materia de cultura y educación superior a nivel europeo, siendo buena muestra de ello la firma de declaraciones al respecto por parte de distintas universidades o la aprobación de documentos muy relevantes de la mano de la UNESCO y otros estamentos internacionales. Por orden cronológico, destaca en primer lugar la Magna Charta Universitatum de Bolonia (1988), en cuyo preámbulo se afirma que «el porvenir de la humanidad, al finalizar este milenio, depende en gran medida del desarrollo cultural, científico y técnico, que se forja en los centros de cultura, de conocimiento y de investigación en que se han convertido las auténticas universidades» (s. p.). El primer principio fundamental que debe sustentar la vocación de la Universidad queda expresado en esta Magna Charta firmada por los rectores de 388 universidades europeas –incluidos representantes españoles– como sigue: «… la universidad […] es una institución autónoma que, de manera crítica, produce y transmite la cultura por medio de la investigación y de la enseñanza» (s. p.).
Posteriormente, en la Declaración de la Sorbona (1998) y la Declaración de Bolonia (1999), entre otras cuestiones, se pondrá de relieve el papel central de las universidades en el desarrollo de la dimensión cultural europea. Y en ese mismo momento la UNESCO organiza la Primera Conferencia Mundial de Educación Superior (1998), en la que se firma la Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y Acción (publicada en 1999), que deja constancia de la capacidad de esta para el progreso de la sociedad. En su segundo artículo (dedicado a la «función ética, autonomía, responsabilidad y prospectiva»), esta declaración señala que «los establecimientos de enseñanza superior, el personal y los estudiantes universitarios deberán […] reforzar sus funciones críticas y progresistas mediante un análisis constante de las nuevas tendencias sociales, económicas, culturales y políticas», así como «aportar su contribución a la definición y tratamiento de los problemas que afectan al bienestar de las comunidades, las naciones y la sociedad mundial» (UNESCO, 1999: 22). Unos años más tarde, la Comisión de las Comunidades Europeas presenta la comunicación titulada El papel de las universidades en la Europa del conocimiento (2003), en la que se afirma que las actividades desarrolladas por las universidades, presentes en todas las regiones de la Unión, «tienen un impacto local económico, social y cultural a menudo importante, lo cual las convierte en un instrumento de desarrollo regional y de consolidación de la cohesión europea» (p. 24).
Dos años antes de esta comunicación –de vuelta a la legislación española y como se ha señalado con anterioridad– se aprobaba la LOU. En ella, las funciones de la Universidad se concretan en:
a) La creación, desarrollo, transmisión y crítica de la ciencia, de la técnica y de la cultura.
b) La preparación para el ejercicio de actividades profesionales que exijan la aplicación de conocimientos y métodos científicos y para la creación artística.
c) La difusión, la valorización y la transferencia del conocimiento al servicio de la cultura, de la calidad de la vida y del desarrollo económico.
d) La difusión del conocimiento y la cultura a través de la extensión universitaria y la formación a lo largo de toda la vida.
(Ley Orgánica 6/2001, de 21 de diciembre, de Universidades,
Título Preliminar, Artículo 1).
Como puede comprobarse, se introduce aquí un aspecto novedoso que tendrá un amplio recorrido: el de la formación a lo largo de la vida. Más concretamente, en la exposición de motivos se afirma al respecto que la sociedad exige una formación permanente «no sólo en el orden macroeconómico y estructural sino también como modo de autorrealización personal. Una sociedad que persigue conseguir el acceso masivo a la información necesita personas capaces de convertirla en conocimiento mediante su ordenación, elaboración e interpretación». Y es que, como señala Mayordomo Pérez (2015), la educación a lo largo de la vida es fundamental porque contribuye a «consolidar una cultura de los valores democráticos, a fundamentar bien una cultura política, a articular efectivamente competencias para una cultura del ejercicio cívico» (p. 197); en otras palabras, a cumplir con las obligaciones de la Universidad en tanto que servicio público.
Otro artículo importante en relación con la cultura es el número 33, dentro del Título VI de la LOU, en el que, entre las funciones docentes de la Universidad, se incluyen «las enseñanzas para el ejercicio de profesiones que requieren conocimientos científicos, técnicos o artísticos, y la transmisión de la cultura», todas ellas «misiones esenciales de la Universidad». Asimismo, en el Título IV, modificado por la reforma de la ley de 2007, dentro del artículo 42 se añade el apartado 4, que aborda los procedimientos para el acceso a la Universidad por parte de quienes no disponen de la titulación requerida, y se especifica al respecto que dicho sistema de acceso alternativo tiene como fin «facilitar la actualización de la formación y la readaptación profesionales y la plena y efectiva participación en la vida cultural, económica y social». De igual forma, el artículo 46, sobre derechos y deberes de los estudiantes, también añade un apartado que admite el derecho a «obtener reconocimiento académico por su participación en actividades universitarias culturales, deportivas, de representación estudiantil, solidarias y de cooperación».
Pero el más explícito en el terreno que aquí nos ocupa es el artículo 93,5 que lleva por título «De la cultura universitaria» y especifica que:
Es responsabilidad de la universidad conectar al universitario con el sistema de ideas vivas de su tiempo. A tal fin, las universidades arbitrarán los medios necesarios para potenciar su compromiso con la reflexión intelectual, la creación y la difusión de la cultura. Específicamente las universidades promoverán el acercamiento de las culturas humanística y científica y se esforzarán por transmitir el conocimiento a la sociedad mediante la divulgación de la ciencia (Ley Orgánica 4/2007, del 12 de abril, por la cual se Modifica la Ley Orgánica 6/2001, de 21 de diciembre, de Universidades, Título XIV, Artículo 93).
Llegados a este punto, puede afirmarse que el articulado de la LOU/LOMLOU reseñado en estas páginas no deja lugar a dudas sobre la voluntad de reflejar la enorme trascendencia de la cultura en la Universidad actual. No obstante, algunas críticas apuntan a la falta de rigor y concreción en la definición de esta dimensión sociocultural, «resultado de un planteamiento inmaduro, precipitado y heredero de las inercias del pasado» (Ariño, 2007: 18); a lo que se suma la falta de consistencia en la depuración léxica. A este respecto, se habla de cultura como «misión», «función» y «responsabilidad», pero además, en términos generales, los textos revisados adolecen de una escasa claridad en el contenido de dicha misión/función, limitándose a recoger distintos tipos de actividades e iniciativas que la Universidad viene desarrollando en este marco desde hace décadas.6 Otro de los aspectos negativos de la ley estatal actual deriva de su perspectiva jerárquica y unilateral acerca de la cultura, ya que únicamente identifica como tal las acciones de divulgación –es decir, de la Universidad hacia la sociedad–, ignorando las múltiples y diversas propuestas que, cada vez con mayor frecuencia, parten de la ciudadanía y enriquecen y dinamizan la vida universitaria (Ariño y González, 2012).7
Además de las leyes estatales y de las declaraciones y comunicaciones de carácter internacional abordadas en los párrafos precedentes, la cultura universitaria en el ámbito nacional también se ve afectada por la Ley del Patrimonio Histórico Español (1985), así como por las legislaciones autonómicas en esta materia. Como se tratará con mayor detalle en el capítulo dedicado específicamente al Àrea de Patrimoni Cultural de la Universitat de València, las universidades, sobre todo las históricas, son poseedoras de edificios y de bienes muebles que conforman colecciones histórico-artísticas, científicas, bibliográficas, técnicas, etc., de gran valor. Pero, además, por su propia naturaleza, tienen la particularidad de que la inmensa mayoría de uno de estos patrimonios, el científico –así como una parte muy importante del bibliográfico y documental–, les pertenece. A la obligación de desarrollar herramientas y programas para conocer, conservar, restaurar, poner en valor y difundir este diverso y abundante patrimonio, se suma la capacidad de interlocución que las leyes les reconocen en tanto que instituciones consultivas, y también el hecho de que en sus centros de investigación se estudien e investigen todos los campos de los que se ocupa el patrimonio (Ariño, 2018, 2017).
Otra fuente normativa importante en términos de Universidad y cultura son los estatutos por los que se rigen estos organismos, donde el término cultura aparece en distintos títulos y apartados, generalmente coincidentes. De acuerdo con la ley española, la función cultural suele figurar en los primeros artículos dedicados a la naturaleza, fines, principios, misión y objetivos de la Universidad, y pese a que existe diversidad en los enfoques, esta se muestra en todas las normas estatutarias como punto nuclear de la misión universitaria. En el caso de la Universitat de València, como se verá con mayor profundidad a lo largo de esta investigación, el artículo 3 alude a su compromiso en el fomento de la acción intelectual y cultural del siguiente modo:
… amb les garanties de racionalitat i universalitat que li són pròpies, és una institució difusora de cultura en el si de la societat. La Universitat de València facilita, estimula i acull les activitats intel·lectuals i crítiques en tots els camps de la cultura i del coneixement (Decret 45/2013, de 28 de març, del Consell de la Generalitat Valenciana, pel qual es modifiquen els Estatuts de la Universitat de València-Estudi General, Títol Preliminar, Article 3).
Además, en el apartado «e» del artículo 10, se reconoce el derecho de la comunidad universitaria a participar, entre otras iniciativas, en «la promoció i realització d’activitats culturals, esportives i recreatives». A lo que se suma la responsabilidad de la Universitat en materia de patrimonio, plasmada en el artículo 12:
El patrimoni cultural de la Universitat de València està constituït pels béns mobles i immobles de valor històric, artístic, arquitectònic, arqueològic, paleontològic, etnològic, documental, bibliogràfic, científic, tècnic o de qualsevol altra naturalesa cultural existent a la Universitat de València.
La Universitat es compromet a conservar i difondre els diferents valors d’aquest patrimoni i, en particular, la seua biblioteca històrica (Decret 45/2013, de 28 de març, del Consell de la Generalitat Valenciana, pel qual es modifiquen els Estatuts de la Universitat de València-Estudi General, Títol Preliminar, Article 12).
En resumen y como señala Ruiz Brox (2014: 26), según el marco normativo propio de la Universitat, la cultura se desarrolla en tres ámbitos diferenciados en función de los destinatarios a los que se dirige y de las actividades que promueve: «1. Ámbito orientado hacia fuera: extensión/difusión cultural a la sociedad. 2. Ámbito interior de innovación/creación cultural para su comunidad universitaria. 3. Ámbito patrimonial de conservación y difusión de sus bienes».
Más allá de sus Estatuts, los distintos planes estratégicos son también documentos clave en la definición y concreción de la misión cultural de la Universitat de València. Así, el Pla Estratègic 2012-2015 recogía como líneas de trabajo prioritarias «millorar el coneixement de les demandes de la comunitat universitària i de la societat valenciana en el camp de la cultura» (p. 31), «desenvolupar una programació integrada del conjunt de l’oferta cultural de la Universitat» (p. 32) y «dissenyar un pla de participació cultural a la UV» (p. 33) (Universitat de València, 2015). Por su parte, en el Pla Estratègic 2016-2019 se concibe la cultura en sentido amplio como todas aquellas actividades culturales, editoriales, deportivas, de bibliotecas o del Pla d’Igualtat que se desarrollan en el seno de la institución, y se propone entre sus objetivos estratégicos, orientar la acción cultural a la promoción de los valores de responsabilidad social y desarrollar actividades culturales que potencien la inclusión social de colectivos desprotegidos, además de incrementar la dimensión internacional de todas estas iniciativas. A ello hay que añadir el objetivo institucional de «reorientar l’activitat cultural de la UV, d’acord amb les potencialitats de les TIC,8 per adaptar-les a les missions de la Universitat» (Universitat de València, 2016: 41).
En este sentido, al hablar hoy en día de cultura universitaria se ha de tener muy presente –y parece que la Universitat de València lo está haciendo–9 la transformación profunda que está afectando en los últimos años a los procesos de producción y transmisión de conocimiento y a la propia cultura –auténtico fenómeno multimodal–,10 especialmente debido a las inmensas posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC). Malagón Plata (2006) afirma a este respecto que dichos procesos son cada vez menos jerárquicos y dependientes, y más colaborativos e interactuantes. Por ello y de forma creciente, los saberes serán recibidos y apropiados de diferentes maneras –ya lo están siendo–, tanto dentro como fuera de la Universidad: «la creatividad, la imaginación, la reflexión y el trabajo colectivo constituyen estrategias para el trabajo cognoscitivo. El campus universitario no tendrá límites y el aprendizaje será durante toda la vida, sin restricciones de tiempo y lugar» (p. 88).
En otro orden de cosas, cabe apuntar que, además de las universidades, instancias como la administración pública, el tercer sector o el mercado poseen competencias en materia de cultura, por lo que desde la política y la gestión universitaria se debe colaborar con estos sectores, siempre y cuando compartan sus valores y se enmarquen o subordinen a su misión y objetivos (Ariño, 2017). No obstante, hay que tener en cuenta que, nuevamente en gran medida por los cambios profundos en el paradigma comunicativo, la Universidad está experimentando en este sentido una pérdida de protagonismo debido a la proliferación de otros centros de saber, que además son muy heterogéneos; a lo que se añade el hecho de que dicho saber adopta cada vez más una lógica de tipo cooperativo (la lógica de la Web 2.0). Ante esta realidad, la institución universitaria solo puede abrirse al cambio y trabajar para ser más universal y al mismo tiempo más diversa, y en este contexto, «las posibilidades para la tercera función de la universidad son inconmensurables» (Ariño, 2007: 32-33).
Si históricamente las universidades han sido organizaciones dedicadas a la producción y transmisión del saber, posteriormente convertidas también en espacios para la investigación científica y técnica –sin olvidar su misión de liderazgo y representación social, a la que ya apuntaba Ortega y Gasset–, en los últimos tiempos han aparecido nuevos ámbitos de acción que redefinen el modelo universitario tal y como era concebido hasta hace solo unas décadas. Entre ellos destaca el creciente peso de la innovación tecnológica y la transferencia del conocimiento, por un lado, y el discurso de la responsabilidad social universitaria, por otro. Respecto al primero, especialmente desde los años ochenta del siglo XX se produce un auge de la investigación que tiene su reflejo en la proliferación de institutos y parques tecnológicos y científicos, empresas emergentes, etc. Una de sus derivadas será el surgimiento de las «universidades-empresa», centradas en esta supuesta «tercera misión» (transferencia económica de conocimiento) y orientadas a la productividad, que reducen el compromiso social de la Universidad a su capacidad como agente de desarrollo de las economías locales (Ariño, 2017). En este contexto en el que innovación se entiende exclusivamente como innovación tecnológica, obviando su dimensión sociocultural, es importante recordar lo que apunta el Dictamen del Comité Económico y Social Europeo (CESE) sobre La enseñanza superior europea en el mundo (2014): las universidades deberían estar «no solo en el centro de las políticas de investigación científica y de innovación tecnológica, sino también en el centro de la investigación capaz de contribuir a la producción de políticas sociales innovadoras y de cohesión social» (p. 72).
Por otro lado, el segundo discurso más en auge sobre el compromiso social de la Universidad con su entorno es el de la responsabilidad social universitaria (RSU),11 que en España surge para compensar el énfasis de la transferencia empresarial como tercera misión. En términos generales, ha habido una proliferación de actuaciones en este sentido, especialmente en Latinoamérica,12 pero no existe un marco normativo claro, aunque ha sido incorporada en ciertas áreas de conocimiento, equipos de gobierno universitarios y en la «Estrategia Universidad 2015» del Ministerio de Educación (Ariño, 2017: 92).13 En este último caso, en el documento La Responsabilidad Social de la Universidad y el Desarrollo Sostenible (2011: 10), el Ministerio apunta lo siguiente:
La simplificación de una Tercera Misión que se limitaría a un enfoque de transferencia, comercialización y participación en procesos de innovación ha sido analizada ampliamente, y, en algunos casos, contestada, por olvidar aspectos fundamentales de la nueva Universidad.
En el contexto, la Estrategia Universidad 2015 propugna una Universidad que equilibre esta Tercera Misión en dos direcciones. Por un lado, en el sentido clásico […] y, por otro, en relación con la «Responsabilidad social de la Universidad y el desarrollo sostenible». Esta perspectiva permite reconocer el papel de la Tercera Misión en el caso de aquellas actividades universitarias que, sin conllevar una actividad económica en el proceso de relación con la sociedad o la empresa (transferencia), suponen una contribución social respecto de ámbitos como la cooperación al desarrollo, la sostenibilidad ambiental, la integración y accesibilidad, u otras.
Una vez más, las definiciones y funciones que se engloban bajo el concepto de RSU son poco claras, pero, en cualquier caso, entre ellas se encuentra la capacidad de la Universidad de intervenir en la sociedad que la acoge, y a la vez, su responsabilidad a la hora de rendir cuentas sobre la actividad que desempeña, y todo ello a través de estrategias orientadas a un desarrollo sostenible. En este sentido, François Vallaeys (2008: 203-205) destaca tres puntos esenciales que se han de tener en cuenta: 1) La responsabilidad social como acatamiento de normas éticas universales de gestión para el desarrollo humano sostenible (buenas prácticas organizacionales reconocidas internacionalmente); 2) La gestión de los impactos y efectos colaterales que genera la organización, y 3) La responsabilidad social como participación de las partes interesadas (los stakeholders) en el quehacer de la organización.
No obstante, ante los riesgos que supone aplicar a la Universidad baremos provenientes del mundo empresarial –la RSU como adaptación de la responsabilidad social corporativa (RSC) al ámbito universitario–, cabe recordar que el mayor ejercicio de responsabilidad social que le corresponde a la institución universitaria no es otro que el del desarrollo de su condición de servicio público (Ariño, 2017). En otras palabras, el papel prioritario de la Universidad en este sentido es realizar «una gestión social del conocimiento para todos los actores sociales, que tenga como finalidad la construcción de una ciudadanía informada, responsable y participativa» (Gasca-Pliego y Olvera-García, 2011: 49). En definitiva, «repensar la función social de la universidad pública requiere defender los valores propios de la educación pública» (p. 55).
Tras el recorrido realizado hasta aquí sobre la función social de la Universidad y su misión cultural, puede concluirse que, desde el proceso iniciado en la Transición a la democracia con la aprobación de la LRU, hasta la actualidad, se ha logrado la consagración de la extensión universitaria mediante su institucionalización y la creación de las estructuras organizativas necesarias para su implementación. Además, también se ha producido una formidable ampliación de las acciones que se incluyen bajo este enunciado (cuyo significado, por esta y otras razones, se ha transformado significativamente), motivada en buena medida por la generalización de las TICO (tecnologías de la información, comunicación y organización) (Ariño y González, 2012). No obstante, respecto a estas –y las tecnologías de uso general (TUG)–, «todavía no se ha aprovechado suficientemente […] para crear factorías de ideas, laboratorios de innovación sociocultural o espacios de mediación con la sociedad y sus organizaciones» (Ariño, 2017: 99), por lo que las posibilidades de desarrollo y diversificación aún por explorar en esta línea siguen siendo muy potentes.
Independientemente de las nuevas formas que la misión cultural de las universidades pueda adoptar –y que, de hecho, ya está adoptando–, esta debe seguir proporcionando –sin menoscabo de la necesaria (y obligada por ley) formación técnica y científica del estudiantado– una «formación integral que permita a la institución intervenir en el entorno con las suficiencias necesarias para generar dinámicas de cambio hacia una sociedad más justa y solidaria» (Malagón, 2006: 90). Con este fin, el compromiso social y la función cultural se hallan y ejercen, dentro de la Universidad, a través de todos sus órganos, departamentos y estructuras. Solo así es posible formar a ciudadanas y ciudadanos responsables y conscientes de las problemáticas y los retos más urgentes del mundo contemporáneo, y trabajar en la propuesta de soluciones, al tiempo que se realiza «una gestión administrativa transparente, planificada, coherente y contrastada con la realidad» (Ayala, 2015: 2). Y en el centro de todo ello se sitúa la creación de espacios de participación para el debate abierto con la ciudadanía y para la innovación sociocultural, imprescindibles para el fomento de la inserción real de la Universidad en su entorno y de la sociedad en la Universidad, verdadera expresión de la naturaleza de servicio público que define y da sentido a esta última.
Con un legado de 520 años que hacen de ella una de las universidades más antiguas de España, y con La Nau - Estudi General como el principal emblema de su historia, y a la vez de su política cultural, la Universitat de València ha logrado erigirse en una pieza fundamental de la ciencia, la cultura y el pensamiento valenciano, gracias en gran medida a su extraordinaria experiencia de extensión universitaria dentro y fuera de la institución. Esta entidad de conocimiento, investigación y creatividad, que atesora un vasto y rico patrimonio y que, muy especialmente en los últimos años, se ha convertido en lugar privilegiado de innovación científico-tecnológica, pero también sociocultural, tomó una trascendental y acertada decisión a las puertas de la celebración de su quinto centenario: convertir su sede histórica en centro cultural.
Dos décadas después, La Nau se ha consolidado como espacio de encuentro Universidad-sociedad a través de la participación de instituciones, organizaciones y colectivos culturales y cívicos que, «en la búsqueda de modelos alternativos y emergentes», promueven junto a la Universitat todo tipo de actividades e iniciativas culturales (Ruiz Brox, 2014: 3). Buena prueba de ello son los premios y reconocimientos que le han sido concedidos en los últimos años, como el otorgado en 2013 al Vicerectorat de Cultura, Igualtat i Planificació por parte de la Cartelera Turia «a la millor contribució cultural de la ciutat de València». En 2014, el Centre Cultural La Nau recibió el premio de la revista Tendencias a la mejor gestión cultural, y a través de la figura del vicerrector de Cultura i Igualtat, Antonio Ariño, la Universitat fue condecorada con la Orden de las Palmas Académicas del Ministerio de Cultura francés por el apoyo a la cultura del país vecino. Recientemente, en 2018, La Nau fue también distinguida con la Medalla al Mérito de las Bellas Artes, concedida por la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, además de recibir el Premio de la Facultat de Belles Arts de la Universitat Politècnica de València, la Medalla Sant Carles, en su XXIII edición.
A partir de este momento, las páginas que siguen no pretenden sino describir y poner en valor los hechos concretos que dan cuenta del intenso y extenso trabajo que la Universitat de València ha realizado en materia cultural desde la aprobación de los Estatuts de 1985 hasta la actualidad, y que le ha valido los reconocimientos aludidos. En el camino que ahora se inicia, como ya se indicó en la nota preliminar, no se prestará atención solo a la acción desarrollada por los sucesivos vicerrectorados de cultura y extensión universitaria, aunque su rol central obligue a otorgarles el peso más significativo. Por el contrario, se tratará de reflejar cómo lo conseguido hasta el momento –con sus luces y sombras– ha sido posible únicamente por el esfuerzo conjunto, de coordinación y creación de sinergias tanto desde los distintos centros, unidades, departamentos y servicios de la Universitat,14 como entre administraciones públicas, empresas privadas, otras universidades, colectivos y organizaciones de la sociedad civil, además, por supuesto, del propio estudiantado. Una vez más, es la vocación de servicio público traducida en el compromiso en/con/para la sociedad, y con la cultura como valor estratégico, lo que convierte a la Universitat de València en un agente de desarrollo y transformación social que trabaja insistentemente –pese a los errores y limitaciones– para lograr mayores cuotas de justicia, igualdad, bienestar y democracia.
1. Este no es el lugar para realizar un recorrido por el extenso y complejo concepto de cultura, y tampoco es objetivo de la presente investigación disertar sobre las nociones de política y gestión cultural (universitaria o no universitaria). Se remite para ello a la siguiente bibliografía básica, que incluye tanto referencias clásicas como contemporáneas: Ariño, 2019, 2017, 2007; Ariño y González, 2012; Barrera, 2013; Cantos y González, 2007; Catalán y González, 2014; Comisión de Cultura de la Asociación Mundial de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos, 2004; Cuche, 1999; Díaz y Guzmán, 2010; Eagleton, 2001; Eliot, 2003; García Canclini, 2004; Geertz, 2003; Girard, 2006; Gombrich, 2004; González Quirós, 2003; Hawkes, 2001; Malinowski, 1984; Martinell, 2007, 2003; Martinell y López, 2008; Moreno González, 2013; Olmos, 2009; Rausell, 2007; Restrepo, 2003; Rodríguez, 2007; Thompson, 1998; UNESCO, 1998, 1997, 1982; Vidal-Beneyto, 1981.
2. Además de la Extensión Universitaria, también se impulsó desde la Universidad de Oviedo en estos momentos la Universidad Popular, creada en 1898 por el tipógrafo francés Jorge Deherme y que buscaba «promocionar una cultura obrera autóctona para formar así una “elite proletaria” que sería el núcleo vivo de la sociedad futura» (Moreno Sáez, 2004).
3. Estos recibirán nombres distintos según la universidad: Vicerrectorado de Extensión Universitaria, Extensión Cultural o Actividades Culturales (Ariño y González, 2012: 118). A partir de entonces, cada universidad organiza y desarrolla la misión cultural siguiendo su propia estrategia, aunque hay elementos comunes: pese a que distintos órganos y servicios se encargan de gestionar dicha función, normalmente existe una entidad superior (por ejemplo, un vicerrectorado), que ejerce la función representativa y engloba varias dimensiones de esta misión. No obstante, son diversas las estructuras que suelen asumir pequeñas parcelas (divulgación científica, publicaciones, deportes y actividad física, universidades de verano y universidades de personas mayores, etc.) y cuya dependencia del Vicerrectorado de Cultura (o similar) obedece más a factores discrecionales que a una coherencia funcional. Para más información, véase Ariño (2017: 95-96).
4. Ley Orgánica 4/2007, del 12 de abril, por la cual se modifica la Ley Orgánica 6/2001, de 21 de diciembre, de Universidades.
5. Previamente, el artículo 92 aborda la promoción de actividades e iniciativas para «la cultura de la paz, el desarrollo sostenible y el respeto al medio ambiente» (LOMLOU, Título XIV, Artículo 92).
6. Véase en este sentido la pluralidad de significados del término cultura que pueden extraerse de las diversas leyes citadas (Ariño, 2017: 88).
7. Como ejemplo en el ámbito local, la Universitat de València abre vías de participación ciudadana a través del debate (como el reciente espacio Acadèmia Pública), del arte (mediante programas como «Art Públic/Universitat Pública» o propuestas expositivas que colectivos sociales y particulares hacen llegar al Àrea d’Exposicions del Vicerectorat de Cultura i Esport), de la acogida en sus distintos centros de propuestas cívicas de todo tipo o de la colaboración en la rehabilitación social y patrimonial de los barrios que albergan edificios de la Universitat (como puede ser el Barri del Carme en el caso del Col·legi Major Rector Peset o el de Botànic-Jesuïtes respecto al histórico Jardí Botànic, que tuvo un papel clave en la lucha impulsada por Salvem el Botànic contra el urbanismo desmesurado).
8. Tecnologías de la información y la comunicación.
9. Para la Universitat de València la comunicación tiene una importancia capital, y en el caso concreto que aquí nos ocupa, existe una línea específica para trabajar la cultura a través de la comunicación (destaca la labor realizada a este respecto por el equipo de comunicación del Centre Cultural La Nau, con Magda Ruiz Brox al frente, Ignacio Agote y Juan Jordán, y más generalmente por el Gabinete de Premsa de la Universitat). Asimismo, las estrategias comunicativas se han adaptado con los años –y siguen adaptándose– a los avances de las TIC, multiplicándose los medios, recursos y esfuerzos para informar y atraer de la manera más completa y eficaz posible tanto a la comunidad universitaria como a la sociedad en su conjunto. En resumen, a pesar del largo camino que aún queda por recorrer, la Universitat está demostrando ser consciente de que una parte fundamental de su responsabilidad social se traduce en el establecimiento de alianzas duraderas con el entorno, constituyendo los medios de comunicación en este sentido agentes esenciales de transformación social.
10. Tras la revolución que supuso la perspectiva antropológica y con las aportaciones de otras ciencias sociales, hoy en día la cultura solo puede ser concebida «desde una perspectiva compleja, como un fenómeno multidimensional». Este, además, se ha visto radicalmente afectado en toda su complejidad por la introducción de las NTIC, hasta el punto de poder hablar de un cambio de paradigma cultural, que Antonio Ariño describe en forma de decálogo: 1) Expansión constante de la esfera cultural especializada; 2) Puesta en cuestión de las jerarquías artísticas, relativismo y democracia cultural; 3) Mediatización de la cultura o experiencia mediada; 4) Centralidad del consumo cultural y deriva de la cultura hacia el entretenimiento; 5) Ampliación y reorganización de los modos de interacción; 6) Globalización cultural; 7) Carácter creativo e interactivo de las audiencias; 8) Amplia diferenciación cultural y segmentación de audiencias; 9) La individualización y los derechos culturales; 10) Metamorfosis de las políticas públicas (para más información, véase Ariño, 2007: 21-31).
11. Véase Vessuri (2008).
12. En este sentido, en su artículo sobre la «pertinencia» o función social de las universidades –entendiendo por «pertinencia» la capacidad de una universidad para formar a profesionales, y al mismo tiempo, a ciudadanas y ciudadanos preparados para la vida en su dimensión personal y social–, Malagón Plata (2006) apunta que, mientras que las universidades del Norte ponen el énfasis en lo cultural, lo político y los valores, las del Sur se preocupan más por procurar un acercamiento y una articulación exitosa con los sectores productivos, dado que, a diferencia de las primeras, en estas la vinculación universidad-empresa como expresión de la relación universidad-sociedad todavía no es un hecho. Esta conclusión se basa en un estudio de Yarzábal (1999) sobre la educación superior según las conferencias regionales preparatorias de la «Conferencia Mundial sobre Educación Superior» (París, 1998).
13. En torno a la RSU también se han celebrado foros por parte de los consejos sociales de las universidades, se han creado cátedras, organizado cursos y jornadas, elaborado documentos estratégicos desde la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) y otras instancias. Asimismo, la RSU ha dado nombre a vicerrectorados de universidades españolas como las de Navarra, Girona, Cádiz, Santiago de Compostela, la Universitat Politècnica de València, etc. (Ruiz Brox, 2014: 17).
14. Cabe destacar aquí el papel crucial que juegan las áreas de Programación, Producción, Administración y Gestión en la planificación, organización y ejecución de todas las actividades que se llevan a cabo (en el caso del Centre Cultural La Nau, además de muchas otras personas que han ocupado distintos puestos a lo largo de estos veinte años, en la actualidad hay que citar a Ana Bonmatí, Cristina Rovira, Amparo Soriano, Aránzazu Torrecillas, Susana Bas, Cristina Serra, Rosa Martínez, Ana Chillarón, Antoni Esteve, Inmaculada Ramos y Vicent Zaragozá, entre otros). Sin el trabajo de dichas áreas ninguna iniciativa cultural –o de cualquier otra índole–, desde la más modesta hasta la más ambiciosa, podría pasar de mera idea o propuesta a convertirse en una realidad. Por supuesto, La Nau es viable como centro cultural igualmente por la labor que desarrolla el personal de servicios de empresas externas.
CAPÍTULO II
LA UNIVERSITAT DE VALÈNCIA, UNA HISTORIA DE 500 + 20 AÑOS
En 2019 se cumplían 520 años desde que los jurats de Valencia redactaron las constituciones para el nuevo Estudi General, agrupando los estudios superiores existentes en la ciudad desde el siglo XIII. Estas Constitucions, firmadas el 30 de abril de 1499, preveían obtener la aprobación pontificia con el fin de poder expedir grados académicos para el ámbito de la cristiandad europea, y así fue. Con la bula del papa valenciano Alejandro VI Borja del 23 de enero de 1501 –que reconocía la nueva institución educativa– y el privilegio real de Fernando el Católico del 16 de febrero de 1502 –que confirmaba la fundación–, se acababa de configurar una universidad que, frente a las de tipo claustral, colegial o conventual, adoptaba el modelo municipal arraigado en la Corona de Aragón.
Es decir, la Universitat de València nació como una universidad estrictamente municipal, fundada a iniciativa del Ayuntamiento y apoyada por la pujante burguesía valenciana medieval, «que veía en su creación una sólida e imprescindible inversión para asegurar la prosperidad de la ciudad y dotarla de una imagen prestigiosa» (Benito, 2008c: 10). Más concretamente, el Consell General de València, en el que estaban representados los gremios y las parroquias, decidió reunir en un Estudi General los «Estudios» particulares dispersos por la ciudad desde tiempos de Jaume I –que ya tuvo intención de erigir el primer Estudio de la Corona aragonesa–, dotándolos de un espacio físico unitario y de un reglamento. Para ello encargó a los jurats que redactasen las citadas constituciones y solicitasen la aprobación pontificia y regia, de manera que el Ayuntamiento se erigió en responsable del patronato y de la financiación, si bien es cierto que la bula papal y el privilegio real dan cuenta de la incuestionable tutela ejercida por «el altar y el trono» (Peset, Albiñana y Mancebo, 1994: 7).
Situada desde el comienzo en un solar de la calle de la Nau, la Universitat de València ha vivido durante sus más de cinco siglos de existencia etapas muy distintas, fruto del contexto histórico-social y de los formidables cambios experimentados también en los ámbitos académico y científico. Este no es lugar para realizar un recorrido exhaustivo por dichas etapas, pero siguiendo a Josep Guia i Marín (2001b), la historia del Estudi General puede dividirse, de manera muy esquemática, en cuatro fases: Un primer periodo (siglos XVI y XVII) en el que el sello del Gobierno local es tan claro como la presión eclesiástica, con notables enfrentamientos jurisdiccionales entre el clero y el patronato municipal. En segundo término, durante el siglo XVIII la Universitat padece el creciente intervencionismo del Estado borbónico, entre el despotismo y la ilustración, que aniquila el poder municipal. En tercer lugar, el siglo XIX y parte del XX se caracterizan por el desarrollo y mantenimiento de una universidad napoleónica, débilmente laica y fuertemente centralizada en la capital del Estado. Y, finalmente, se produce desde entonces una «lenta i zigzaguejant conquesta de l’autonomia universitària», así como del enraizamiento de la Universitat en el País Valencià (ibíd.: 14).
En otro orden de cosas, conviene recordar en este punto que, ya desde sus inicios, la institución tuvo entre sus prioridades contar con los mejores profesores, y de igual modo, estudiaron en ella personalidades tan ilustres como el filósofo y humanista Joan Lluís Vives (1492/3-1540), que pasó por sus aulas antes de huir a París y cuya estatua forjada en bronce (obra del escultor José Aixa) preside desde 1880 el claustro mayor del edificio histórico. Entre la nómina de célebres personajes que enseñaron o aprendieron en el Estudi General figuran, además de Vives, el médico Lluís Alcanyís (1440?-1506), el humanista Pere Joan Nunyes (1522/29-1602), el médico y botánico Joan Plaça (1525-1603), el geómetra y matemático Tomás Vicente Tosca (1651-1723), el científico Juan Bautista Corachán (1661-1741), los eruditos Gregori Maians (1699-1781) y Francisco Pérez Bayer (1711-1794), el naturalista Antonio José de Cavanilles (1745-1804), el botánico Rojas Clemente (1777-1827) o el investigador y Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), entre otros muchos.
Respecto al espacio físico que ha ocupado la Universitat durante sus 520 años, cabe subrayar que la decisión de crear un Estudi General vino acompañada de la determinación de configurar un entorno cómodo donde impartir una enseñanza de calidad. Para ello, el Consell Municipal de la ciudad, en lugar de construir un edificio de nueva planta, optó por reformar una serie de viviendas particulares y huertos, de buen tamaño y disposición, que había adquirido unos años antes de la redacción de las constituciones. Con el fin de adaptar y ennoblecer estas construcciones siguiendo los principios del pragmatismo y la funcionalidad, se contrató al reputado arquitecto Pere Compte y al «mestre de la ciutat» Pere Bernia. En el mes de mayo de 1499 «el arzobispo bendice e inaugura la sede del Estudi General y en los años siguientes, mientras las obras prosiguen, los jurados compran nuevas casas para ampliar el solar» (Benito, 1999a: s. p.).
Como acaba de apuntarse, desde el punto de vista constructivo, este primer periodo se caracteriza por la búsqueda de funcionalidad y comodidad, frente a épocas posteriores, especialmente la del contexto del Barroco, cuando el Claustro de profesores decide magnificar el edificio para prestigiar la institución académica y favorecer también su propia reputación. Más adelante, distintos y reconocidos arquitectos (como Sebastián Monleón, Antonio Martorell o Javier Goerlich) irán dando forma a la sede de la Universitat basándose en las líneas maestras trazadas por Timoteo Calvo Ibarra (1799-1879) en el proyecto general que el Claustro universitario le encarga en 1839. Pero hasta el siglo XX el Estudi General no ocupará toda la manzana sobre la que se asienta a día de hoy, y solo tras el restablecimiento de la autonomía universitaria con la aprobación de los nuevos Estatuts de 1985, se iniciará un proceso de recuperación del edificio histórico, «concebido ahora como un monumento neoclásico y valioso testimonio de la arquitectura valenciana de los últimos siglos» (Benito, 2008c: 53). Ya en 1999, después de la rehabilitación integral llevada a cabo con motivo de la celebración de sus cinco siglos, dirigida por los arquitectos Antonio Escario y Luis Carratalá,1 el edificio histórico de la Universitat de València tomará su forma actual.
En consecuencia, puede afirmarse que más que un edificio, el Estudi General fue durante cientos de años «una heterogénea agrupación de construcciones diversas» que, a lo largo de un desarrollo constructivo dilatado, «reflexivo y de incuestionable valor histórico» (ibíd.: 13), desemboca en el siglo XXI en lo que hoy conocemos como el Centre Cultural La Nau de la Universitat de València. En este lento y complejo proceso, además, no pueden obviarse los efectos negativos de las épocas de sobreutilización, de falta de mantenimiento o incluso de maltrato de las infraestructuras universitarias, por no hablar de las consecuencias devastadoras de algunos avatares históricos, como el bombardeo de la ciudad por parte de las tropas napoleónicas en 1812 –que destruyó por completo la recién creada (y muy valiosa) Biblioteca, además de las aulas y los despachos (aunque se salvaron el Teatre Acadèmic y la Capella de la Sapiència)– o el violento incendio que sufrió en 1932 el Museo de Historia Natural, y que acabó también con los laboratorios de análisis químico y de química general, los observatorios meteorológico y astronómico y el aulario de ciencias.
Llegados a este punto resulta casi una obviedad afirmar que para que la sede histórica de la Universitat haya podido sostener desde su fundación en 1499 sus funciones y actividad lectiva,2 investigadora, administrativa y de gobierno,3 han sido necesarias numerosas intervenciones, reconstrucciones y reformas. Estas, de distinta índole e intensidad, han respondido a los contextos político-sociales, económicos y académicos específicos de cada época, y han convivido con periodos de abandono y de ausencia de actuaciones por falta de recursos para mantener el Estudi General en unas condiciones dignas. Y es que, como ha quedado patente, la Universitat de València no nace en un edificio homogéneo y unitario que funciona inmediatamente como centro universitario, sino que surge de elementos dispersos que se van levantando, modificando y regularizando con el tiempo hasta adoptar su forma actual. Incluso a día de hoy puede decirse sin miedo a errar que La Nau sigue inmersa en un proceso evolutivo continuo y constante, que la lleva a adaptarse a las necesidades de la institución, erigiéndose en testimonio vivo no solo de su origen y de su historia, sino también del momento presente en tanto que principal referente cultural de la Universitat.
Como se ha apuntado previamente, existe un antes y un después del restablecimiento de la autonomía universitaria en lo que respecta a la recuperación y puesta en valor del patrimonio cultural perteneciente a la Universitat (incluyendo, por supuesto, su sede histórica). Será a partir de entonces, con Ramon Lapiedra como primer rector de una Universitat que vuelve a caminar por la senda democrática –gracias al largo y arduo esfuerzo de muchas y muchos de sus miembros, y que se materializa en los Estatuts elaborados tras la aprobación de la LRU de 1983–, cuando se inicie la paulatina recuperación del antiguo Estudi General4 (declarado Bien de Interés Cultural en 1981 en la categoría de Monumento), y más allá, cuando se pongan en marcha diversas vías de acción cultural, en cumplimiento de una de las tres «líneas de fuerza» que definen a la Universidad surgida de la LRU: la extensión de la cultura.5
Progresivamente, este activismo cultural encomendado a la Universidad y que, en el caso valenciano, recogen los Estatuts de 1985 ya en su Preámbulo –pero especialmente en el artículo 3.º del Título Preliminar, como se apuntó con anterioridad– irá materializándose en programas cada vez más amplios, diversos y complejos, que pasarán de la irregularidad (y a veces casi de la improvisación) a institucionalizarse a través de servicios concretos con personal estable y responsables directos. Desde el inicio de la recuperación de la democracia y la autonomía universitarias en la década de los ochenta, el Vicerectorat d’Extensió Universitària primero y el de Cultura después, han sido los principales encargados de concebir y desarrollar la política cultural de la Universitat. En la actualidad, la Carta de Serveis de la Unitat de Suport al Vicerectorat de Cultura i Esport recoge tres funciones primordiales de la institución en esta materia, basándose en la edición más reciente de los Estatuts: «1) Participació de la comunitat universitària en la cultura; 2) Extensió i difusió de la cultura en la societat, y 3) Conservació i difusió del seu patrimoni».
En la introducción se ha reflexionado sobre la función social que la Universidad como servicio público tiene en todo Estado democrático, así como sobre su constitutiva misión cultural. No obstante, antes de iniciar el recorrido por los estamentos y programas específicos en los que se concreta dicha misión en el caso de la Universitat de València, se estima conveniente realizar una breve incursión en el camino que llevó a esta a recuperar la autonomía que la Constitución de 1978 reconocía como derecho fundamental de todas las universidades españolas. Este derecho, que modificaba el régimen centralista e intervencionista que había regido el ámbito académico durante tantas décadas, no se materializará, sin embargo, hasta la aprobación de los estatutos posteriores a la entrada en vigor de la LRU. En el caso valenciano, como se ha visto, esto ocurrirá en 1985, concretamente el 16 de diciembre (fecha de su publicación oficial), tras un duro y complejo proceso –no exento de polémica y desencuentros con la Generalitat Valenciana–, pero a la vez ilusionante y muy participativo, que fue reflejo de la profunda democratización y renovación que se estaba produciendo en el seno de la institución.
1. EL CAMINO HACIA LA AUTONOMÍA UNIVERSITARIA6
Mucho antes de la promulgación de la LRU en 1983, en el paso del siglo XIX al XX, «la autonomía, como cauce para mejorar, se halla presente en los ambientes universitarios» (Peset, 2002: 14). De hecho, en Valencia, la celebración del cuarto centenario del Estudi General en 1902 se corresponde con «un momento inicial de la reivindicación autonómica universitaria» (ibíd.: 15).7 Previamente existieron fenómenos tan destacables como la Institución Libre de Enseñanza, que funcionó al margen del Estado durante el último cuarto del siglo XIX y hasta la Guerra Civil española, y supuso un movimiento de renovación de la educación, la ciencia y la propia organización de la Universidad sin precedentes. Inspirados en el pensamiento de Karl Christian Friedrich Krause, sus estatutos declaraban sin ambages la total independencia de cualquier interés religioso, ideológico o de partido político, además de proclamar la libertad de cátedra, la inviolabilidad de la ciencia y el respeto a la conciencia individual.
Inspirado en este movimiento, como ya se señaló en la introducción, el nacimiento oficial de la extensión universitaria en España se produce en 1898 en la Universidad de Oviedo y por iniciativa de Rafael Altamira. El programa iniciado entonces y que se extendería posteriormente a otras universidades –a la de Valencia llegará en 1902, como acaba de apuntarse–, se fundamentaba en dos pilares básicos: la promoción de la democratización del conocimiento y la defensa de una concepción integral del saber. A lo largo del primer tercio del siglo XX hubo dos proyectos concretos de autonomía universitaria lanzados desde el Gobierno, aunque fracasaron: el de Antonio García Alix de 1901 al frente del recién creado Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, que no logró pasar la tramitación parlamentaria, y el Decreto de 1919 de concesión de autonomía a las universidades, con César Silió como ministro en el Gobierno conservador de Antonio Maura. Dicho decreto, que sí llegó a entrar en vigor, quedó suspendido en julio de 1922, cuando apenas había pasado un año desde el visto bueno del Gobierno a los estatutos de la universidad valenciana promulgados sobre la base de este.
Poco después, la deriva autoritaria tras el triunfo del golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera en 1923 trajo consigo el aumento del intervencionismo gubernamental en el ámbito académico, y aunque a principios de la nueva década la proclamación de la Segunda República prometía cambios muy significativos (la Universitat de València tuvo un gobierno paritario de profesores y estudiantes), la renovación universitaria no llegaría a formalizarse. Así, el Estudi General continuó rigiéndose por las normas estatales y no hubo elecciones libres internas ni capacidad de autogobierno. En resumen, «les convulsions socials del moment i la manca de personalitat col·lectiva i de consciència universitària valenciana impossibilitaren la renovació, modernització i autonomia de la nostra Universitat» (Guia, 2001b: 19).
A nivel del Estado, aunque en 1933 el ministro de Educación, Fernando de los Ríos, había presentado una Ley de Reforma Universitaria que recogía en su Exposición de Motivos las tres funciones de la Universidad según el planteamiento de Ortega y Gasset, el golpe de Estado y el triunfo fascista en la Guerra Civil inició un periodo de control absoluto de la institución universitaria por parte del Gobierno y la religión católica, con las consiguientes depuraciones, además de la ejecución de profesores (paradigmático en el caso valenciano resulta el fusilamiento del rector Juan Peset Aleixandre en 1941, pero que se sepa, al menos otros ocho catedráticos fueron ejecutados por el Régimen en la Universidad española) y del exilio forzoso de muchos de ellos.8 Cabe subrayar a este respecto que las depuraciones fueron consideradas prioritarias en el ámbito educativo como parte de una estrategia general de persecución del enemigo, ya que, además de castigar, pretendían extirpar del sistema las ideologías divergentes.
Por otro lado, en 1943 se aprueba la Ley de Ordenación Universitaria, que anulaba las reformas republicanas, volviendo a la estructura de funcionamiento del siglo XIX, con un gobierno universitario en manos del Estado y unos supuestos doctrinales basados en el nacionalcatolicismo. Así, la Universidad tenía el cometido de formar a profesionales, pero más allá debía inculcar las esencias nacionalcatólicas, ser imperial, autárquica y «forjar un nuevo hombre con sentido del honor, heroísmo, voluntad de servicio y disciplina» (Baldó, 1999a: 706). En el propio Preámbulo de la ley se hablaba de la Universidad como «tesoro del patrimonio histórico de la Hispanidad» y se distinguía al rector como «Jefe de la Universidad» –un rector nombrado por el Ministerio entre los catedráticos numerarios y que había de ser obligatoriamente militante de Falange Española–, quedando todos los demás «bajo su jerarquía» (Sanz y Martí, 2013: 6).
En este ambiente inquisitorial y represivo, la lucha universitaria contra el franquismo no cesó y, aunque fuertemente castigada, también consiguió a la larga provocar la dimisión de ministros y una cierta liberalización de la enseñanza superior con la aprobación de la Ley General de Educación de 1970. Esta supuso un paso adelante en la modernización de las universidades, al permitirles la elaboración de un «Estatuto singular». Ahora bien, los dos órganos que intervenían en dicha elaboración, la Junta de Gobierno y el Patronato, estaban constituidos por miembros designados a dedo. En el caso valenciano, el decano de la Facultad de Derecho, el Dr. Broseta, fue el encargado de redactar el anteproyecto, que desembocaría (después de los trámites permitentes y de la imposición de varias modificaciones) en la publicación en el BOE de los Estatutos provisionales de la Universidad de Valencia en junio de 1971. Estos daban cuenta del momento de cambio profundo que vivía la Universitat y, aunque con limitaciones evidentes, se trató de un texto bastante avanzado que llegaba a hablar de «fomentar la cultura valenciana» y atender a las «aspiraciones y necesidades de la región» (Guia, 2001b: 20).
Por su parte, los estudiantes, que habían monopolizado las inquietudes culturales y sociales durante el primer tercio del siglo XX (Garcelán, 2020), dieron muestras de resistencia incluso durante «los años bárbaros», totalmente dominados por el sindicato franquista SEU (Sindicato Español Universitario): reconstruyen la FUE, lanzan octavillas, escriben poemas, hacen pintadas en los muros del edificio de la calle de la Nau… A partir de la década de los cincuenta, en un contexto de cierto aperturismo, con Ruiz Giménez al frente del Ministerio de Educación,9 y sobre todo gracias a la llegada a las aulas de una nueva generación, los estudiantes «con inquietudes» empiezan a organizar actividades culturales alternativas a las «beaterías oficiales» y a las «rutas imperiales». Entre ellas había tertulias, cinefórums, teatro universitario, clubs de lectura, conferencias, certámenes literarios, revistas de facultad, etc., e incluso contaron con el apoyo de ciertos profesores y «de algún audaz director de colegio mayor» (Baldó, 1999b: 706). Así, de las actividades culturales se fue pasando progresivamente a la politización directa y consolidándose un estilo de oposición basado en «asambleas, solidaridades, protestas callejeras, manifestaciones relámpago, pintadas, interrupciones de tráfico…» (Baldó, 1999c: 708). En definitiva, los estudiantes lograron «convertir la universidad en un espacio de resistencia a la dictadura y conquista de la libertad» (ibíd.: 709).
De vuelta a los Estatutos provisionales de 1971, pese a los avances que suponen respecto a la autonomía universitaria, Josep Guia i Marín (2001b: 20-22) recuerda que los recortes y limitaciones de la legislación vigente en ese momento todavía eran muy significativos. Uno de los sectores más afectados negativamente será el creciente colectivo de profesores no numerarios –los famosos PNN–. Estos, que se habían incorporado a la Universidad por la necesidad docente que impuso la masificación desde finales de los sesenta, tenían contratos precarios, sin prestación social ni sanitaria y con salarios bajos, pese a llevar el grueso de la docencia y de la poca investigación que se hacía. Muchos de ellos, además, poseían una formación ideológica, cultural y política desarrollada en la oposición antifranquista y, con la llegada de la Transición, dirigirán «gran part de les seues inquietuds a la institució a què pertanyen: la Universitat» (Martínez, 2001: 36), una institución que les dejaba fuera de la toma de decisiones a todos los niveles. De esta forma surge un «moviment de renovació molt majoritari […], de caire progressista en totes les universitats de l’estat espanyol i que, en la nostra […], incorpora un fort vessant nacionalista, assembleari, estructurat en un òrgan anomenat Assemblea de PNN» (ibíd.: 36-37). Y pese a que a partir de mediados de los setenta comienzan a acceder a plazas estables, este colectivo sigue creciendo debido a que las necesidades docentes aumentan más rápidamente que su ritmo de conversión en funcionarios. Por ello, el periodo constituyente abierto con la LRU y la autonomía que esta daba a las universidades será una gran oportunidad para que los PNN plasmen todo aquello por lo que habían estado luchando durante los años precedentes.
En cualquier caso, en la primera mitad de los setenta se siguen dando pasos relevantes hacia la transformación de la Universidad, como la publicación de un decreto en 1972 que abría la posibilidad de procesos electorales universitarios más democráticos, y la postura adoptada por profesores y catedráticos que protestaron y se significaron en numerosas ocasiones contra decisiones autoritarias impuestas desde el Gobierno. Como consecuencia de unas reivindicaciones de autonomía y democratización cada vez más importantes, las tensiones se agudizaron en esos años finales de la dictadura, y aunque la autonomía universitaria no se formalizaría hasta diez años después de la muerte de Franco, el camino iniciado resultaba ya imparable.10
En 1976, siguiendo los Estatutos provisionales, se elige al Dr. Cobo del Rosal como rector de la Universitat de València, que al marcharse a Madrid en 1977 es sustituido por el Dr. Gandía –uno de sus vicerrectores– en calidad de rector en funciones. Ese mismo año, la Junta de Gobierno acuerda iniciar el proceso para elaborar unos estatutos que sean definitivos y se pone en marcha una Comisión o Coordinadora General de Estatutos para redactar un borrador de estos. Dado que el periodo en funciones se estaba alargando demasiado, la Junta de Gobierno acuerda en 1979, a propuesta del propio rector, solicitar al Ministerio autorización para iniciar el proceso de elección a rector. De estos comicios saldrá elegido en el mes de junio el Dr. Colomer, poniéndose en marcha posteriormente una nueva Comisión de Estatutos. Tras tres años de intensa actividad, esta finalizará en 1983 un anteproyecto de estatutos que servirá de base para los trabajos estatutarios oficialmente constituyentes posteriores a la LRU, pero, además, la Comisión fue también la encargada de elaborar la propuesta de composición del Claustro Constituyente y las normas electorales para elegir a sus miembros de acuerdo con la nueva ley universitaria de 1983.
El Claustro Constituyente tuvo dos funciones principales: 1) la elección del rector y 2) la elaboración y aprobación de los Estatuts. En su primera sesión ya se puso de manifiesto que, en la correlación de fuerzas, el sector formado por el Bloc per una Universitat Progressista, Moderna i Valenciana,11 el colectivo de PNN y el Bloc d’Estudiants Agermanats (BEA)12 era claramente mayoritario. Poco después, los doctores Vicent Cuñat y Josep Guia fueron elegidos presidente y secretario respectivamente de la Comisión de Estatutos, y se aprobó la propuesta del Bloc para la configuración de la Ponencia que tenía que redactar el Avantprojecte d’estatuts.13 En mayo de 1984 y en dos sesiones consecutivas del Claustro, se celebraron elecciones a rector y ganó Ramon Lapiedra. Con él, en palabras del que será su sucesor en 1994, Pedro Ruiz Torres, ganaron también «las ideas sobre la reforma universitaria de una amplia mayoría de profesores, estudiantes y personal de administración y servicios de nuestra universidad, que pudieron concretarse en el anteproyecto de Estatuts presentado a finales de noviembre de 1984» (Ruiz Torres, 1999a: 711).
Se inicia entonces el proceso de redacción de los Estatuts definitivos, que será muy participativo y no menos complejo. De entrada, se topa con dos dificultades importantes: los plazos ajustados y la lengua de trabajo. Con más de un mes de retraso según lo que disponía la LRU, la aprobación de los Estatuts por el Claustro llega el 10 de mayo de 1985. Respecto a la lengua, tanto los textos estatutarios como las actas de la Comisión se editaron en castellano y en catalán, aunque esta última será la utilizada normalmente en los trabajos de la Ponencia. Por otro lado, para elaborar los Estatuts se tomó como base el Anteproyecto redactado por la anterior Comisión de Estatutos (teniendo en cuenta lo que marcaba la LRU) y las líneas programáticas del Bloc. De nuevo en palabras de Pedro Ruiz, esto se traducía en una política universitaria concebida «de un modo abierto a la participación» y en una normativa que ponía
… un gran énfasis en la independencia de la institución de cualquier tipo de poder social, económico, político o religioso. Propugnaban una universidad al servicio del desarrollo cultural de los distintos pueblos, vinculada a la realidad histórica, social y económica valenciana y comprometida con la recuperación de su lengua propia (Ruiz Torres, 1999a: 711).
En coherencia con este planteamiento, pese a las limitaciones de la ley, se pretendió en todo momento llegar al máximo posible «d’autonomia, de democratització, d’arrelament al país, de llibertat docent i investigadora, d’estabilitat del professorat, de drets dels estudiants [i] de promoció del personal d’administració i serveis» (Guia, 2001b: 28). Después vendría el plazo para las enmiendas: se invitó a participar a toda la comunidad universitaria y finalmente se presentaron 1.160, que fueron ampliamente debatidas en un trabajo conjunto de la Ponencia y la Comisión, de manera que el Proyecto resultante mejoraba considerablemente el Anteproyecto. Este fue aprobado el 30 de marzo de 1985 e inmediatamente se convocó al Claustro para tramitar el Projecte d’Estatuts, que, tras otras 214 enmiendas presentadas por los claustrales, fue tomando forma definitiva hasta ser aprobado en su versión completa y por amplia mayoría, como se ha adelantado, el 10 de mayo de 1985.
Sin embargo, aún quedaba el trámite de control por parte del Consell d’Estat y de la Generalitat Valenciana, que el 22 de julio decidió no aprobar los Estatuts propuestos por la Universitat de València, con lo que se inició un proceso negociador entre esta y la Conselleria de Cultura, Educació i Ciència con el fin de llegar a un acuerdo sobre las modificaciones que había que introducir en los artículos objetados por los poderes públicos. Tras unos meses de intensas reuniones y discusión de los cambios que se debían implementar, tanto en el seno de la Comisión de Estatutos como del Claustro, se aprueban más de cincuenta modificaciones (previamente acordadas con la Conselleria), aunque la Universitat no está dispuesta a alterar los artículos primero y sexto en lo relativo al nombre de la institución («Universitat de València») y a la mención del «País Valencià». Pese a todo, el Consell de la Generalitat aprobará el 28 de octubre unos Estatuts donde, además de cambiar los dos artículos aludidos, modificaba muchos otros que no habían suscitado ningún cuestionamiento ni habían sido objeto de negociación.
Como respuesta, la comunidad universitaria se manifiesta masivamente el 7 de noviembre de 1985 por lo que considera una clara vulneración de su autonomía. Se inician entonces nuevas (y discretas) negociaciones para «suavizar» el texto y acercarlo más a la postura defendida por la Universitat, de manera que, por ejemplo, la referencia a la «llengua catalana» como denominación académica del «valencià» –que había sido eliminada del artículo sexto– se incluye en el artículo séptimo (Guia, 2001b: 33). Finalmente, el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana (DOGV) publica los Estatuts el 16 de diciembre, pero el proceso judicial que se abre entonces no terminará hasta nueve años después.
Hay que tener en cuenta, además, que todo este recorrido tuvo lugar en un contexto de fuerte crispación y violencia social –iniciado con la Transición política en 1975– a nivel del Estado, y que en Valencia coincidió con la disputa por el control del autogobierno, por la cuestión de la lengua y, en general, en torno a los símbolos identitarios. Los retos que se planteaban no eran pocos ni sencillos en un ambiente en el que «las reticencias, cuando no la abierta hostilidad, con que la universidad era vista en ciertos sectores de la sociedad valenciana» eran más que patentes y respondían a «décadas de animadversión por motivos políticos» (Ruiz Torres, 1999a: 709). En este sentido, como recuerda el escritor y periodista Alfons Cervera, «en aquella època la Universitat es converteix en el punt de mira de tota la violència de l’extrema dreta: no podem oblidar que fins i tot un treballador va perdre un peu a causa d’un paquet bomba al mateix edifici de La Nau»14 (A. Cervera, comunicación personal, 2019, 13 de mayo). Por lo demás, la falta de recursos económicos y de profesorado (la mayor parte del cual estaba en una situación de absoluta precariedad, como se ha visto) complicaba aún más el panorama.
A ello habrá que añadir también la virulenta campaña mediática que, especialmente desde las páginas del diario Las Provincias –con M.ª Consuelo Reyna a la cabeza–, se dirigió contra la Universitat, acusándola de estar «en manos de una peligrosa coalición de izquierdas y catalanistas radicales» (Ruiz Torres, 1999a: 711). Los ataques se centraron especialmente en los temas conflictivos a los que ya se ha hecho referencia con anterioridad: la lengua y la utilización en los Estatuts de términos como «País València» o «àrea lingüística catalana». Pero, además, Las Provincias, su clientela y los sectores más católicos y conservadores de la Universitat –en esta cuestión no entró el Consell de la Generalitat– se opusieron también a la decisión de la Comisión y del Claustro de eliminar del emblema de la institución –apelando al carácter laico de esta–, la imagen de la Virgen. Una imagen que, por el contrario, se mantuvo por razones históricas y de tradición en la creación estatutaria de la medalla de la Universitat. En torno a esta polémica se abrió otra batalla judicial, esta vez iniciada por el periódico de M.ª Consuelo Reyna contra el Claustre de la Universitat y el Consell de la Generalitat, que ganó Las Provincias tanto en el Tribunal Superior de Justícia de la Comunitat Valenciana como en el Tribunal Supremo. No obstante, finalmente el Tribunal Constitucional reconocería el derecho del Claustro Constituyente a decidir su propia simbología (Martínez, 1999: 44).15
A pesar de todo, en el balance de aquel proceso, lo que más destacan quienes lo vivieron de primera mano es la ilusión democrática, la libertad, la creatividad, la voluntad seria de cambiar la vida de la Universitat y la sensación de que «els nostres eren els més progressistes, assemblearis, menys unipersonals i més col·lectius» (Josep Martínez Bisbal, en Bayarri, 2001: 93) de todos los estatutos universitarios que se aprobaron después de la entrada en vigor de la LRU. En palabras del rector Lapiedra, en la Universitat de esos años hubo entusiasmo, generosidad y participación, y tras décadas de extrema jerarquización y gestión opaca, que acababan de empezar a romperse en toda la Universidad española, «més l’herència d’una politització compromesa en la lluita contra la Dictadura, [s’havia] conformat un clima universitari irrepetible que, amb les seues ombres i clarors, fou, en definitiva, positiu per a la modernització de la nostra institució» (Lapiedra, 2000: 213). Y en el centro de ese cambio radical se encontraban –hay que subrayarlo– los estudiantes, que, junto al Bloc Progressista y los PNN, a través del BEA fueron una pieza clave en el impulso que hizo posible la democratización de la institución.
Como recuerda Jordi Peris Orero (2013), «calia canviar la Universitat des de la democràcia, la modernitat i el progrés, en favor dels drets dels estudiants i de la construcció del País» (ibíd.: 297). Con ese objetivo nació el BEA –con precedentes como el SDEPV (Sindicato Democrático de Estudiantes del País Valenciano), la FUE, etc.– justo antes de la constitución del Claustro. Movidos por el entusiasmo y por la convicción de que la transformación de la Universitat solo podía materializarse con su presencia y participación institucionales, consiguieron ya durante el periodo constituyente crear provisionalmente la Comissió Gestora d’Estudiants (CGE) e introducir en el equipo rectoral a un estudiante como representante de su colectivo (Vicent Martínez), convirtiéndose así la Universitat de València en un referente estatal en términos de participación estudiantil (R. Company, comunicación personal, 2019, 13 de marzo).16 Más adelante, con la aprobación de los Estatuts, esta figura se transformará en la de «vicerector d’Estudiants», siendo nuestra Universitat, junto a la Autònoma de Barcelona, la única con un estudiante que ocupaba un vicerrectorado propiamente dicho en el equipo de gobierno. «El BEA es convertirà en una fàbrica de propostes […] No hi havia infraestructura però sí molta assemblea i reunions» (Àngel Juan, en Ramírez y Solbes, 2013: 284). Su implicación desde el principio en tareas de gobierno y su voluntad de «construir societat, de canalitzar els anhels de participació i de canvi dels joves universitaris» (Peris, 2013: 299-300) serán la clave de su éxito.
A partir de 1986, con los Estatuts aprobados, Ramon Lapiedra elegido nuevamente rector y Joan Carles Martí como primer estudiante vicerrector, la CGE –recogida en el artículo 182 de los Estatuts y formada por siete representantes– se encargará de gestionar las áreas concretas de actividad que tienen que ver con los intereses de este colectivo. En un documento publicado por la propia Comissió un año después de su puesta en marcha –con el elocuente título de Del zero a l’infinit–, sus dirigentes declaraban:
En aquell moment hom tenia un grapat de projectes, moltes ganes de treballar i la voluntat política del Rectorat, que havia inclòs aquesta problemàtica en el seu programa electoral. Davant d’això, no hi havia la infraestructura necessària, ni una trajectòria prèvia, ni una excessiva comprensió de l’establishment universitari. Clarament hom podia dir allò de «tot està per fer i tot és possible» (Comissió Gestora d’Estudiants, 1985: s. p.).
A este respecto, es necesario destacar que la CGE trabajó muy a menudo codo con codo con el Vicerectorat d’Extensió Universitària de Isabel Morant, ya que entre las iniciativas tan diversas (asesoría jurídica, deportes, economía, relaciones institucionales, publicaciones, etc.) del colectivo estudiantil que este órgano era responsable de proteger, las de índole cultural tuvieron un peso muy destacado. De esta manera, desde el inicio de la Universitat democrática –y aun antes, como se ha visto–, los estudiantes realizaron una importante contribución al cumplimiento del artículo 3.º de los Estatuts, que definía –y sigue haciéndolo en su versión más reciente de 2013– la Universitat de València como «una institució difusora de cultura al si de la societat» que tiene el deber de facilitar, estimular y acoger «les activitats intel·lectuals i crítiques en tots els camps de la cultura i del coneixement» (Decret 172/1985, Títol Preliminar, Article 3r).
* Los datos históricos se han extraído de: Ramírez, 2013; Benito, 2008c; Piqueras, 2003a; Quixal y Ramírez, 2002; Comas, 2002; Guia, 2001a; Rosselló i Verger, 2001; Albiñana, 2000a; Peset, 1999-2000; Furió et al., 1999; Benito y Piqueras, 1999; Benito, 1999a; Peset, Albiñana y Mancebo, 1994, y Baldó, 1986.
1. A esta rehabilitación completa hay que sumar otra reforma menor que se llevó a cabo en 2012.
2. La Facultad de Ciencias Económicas fue el último centro docente en abandonar la sede histórica, trasladándose en 1974 al Campus de Blasco Ibáñez, al que ya habían ido a parar en 1968 las facultades de Derecho y Filosofía y Letras. Mucho antes, todavía en el siglo XIX, las enseñanzas de Medicina habían sido albergadas en un edificio propio junto al Hospital General (que será derribado en 1964) y posteriormente pasarán al actual Campus de Blasco Ibáñez (entonces paseo de Valencia al Mar), donde también se traslada la Facultad de Ciencias en 1940 (en lo que hoy es la sede del Rectorat).
3. El Rectorat estuvo ubicado en el edificio de la calle de la Nau hasta mediados de los noventa, para trasladarse poco tiempo antes de la reforma integral iniciada en 1997 a unas oficinas de la calle Antiga Senda de Senent. Posteriormente, tras finalizar la celebración de Cinc Segles, el nuevo Rectorat abrirá sus puertas en febrero de 2002 en la antigua Facultad de Ciencias.
4. En este sentido cabe destacar la restauración del Teatre Acadèmic o Paranimf –incluyendo las obras de arte que alberga en su interior–, finalizada en 1987, y de la Capella de la Sapiència, cuyas obras comienzan precisamente en 1987 y que será inaugurada en febrero de 1990. Más adelante, de cara a la celebración de sus cinco siglos, la Universitat de València pondrá en marcha un ambicioso proyecto de catalogación, estudio y difusión de su patrimonio cultural: el proyecto Thesaurus.
5. Las otras dos son el desarrollo científico y la formación profesional (Moliner, 2001: 53), como se ha señalado en la introducción.
6. Para una información más detallada sobre la etapa anterior al periodo constituyente iniciado en 1984, se puede consultar el primer volumen sobre la historia cultural de la Universitat, preparado con motivo de la conmemoración de los 20 años del Centre Cultural La Nau y los 520 años de la Universitat de València: Garcelán (2020).
7. Los fastos en torno al cuarto centenario de la Universitat de València tenían un doble objetivo: 1) mostrar al pueblo la importancia del evento y el relieve de la Universitat, y 2) plantear la situación de las universidades y de sus profesores. El acto central de la celebración fue la asamblea universitaria de profesores, que pretendía dar voz a sus posiciones y orientar las reformas inminentes. Entre sus avanzadas conclusiones pedían «autonomía científica y económica, la personalidad jurídica de las universidades, y que su gobierno pasase a asambleas de profesores, doctores y aun escolares, con elección de sus autoridades». Además, entre otras cuestiones también se habló de libertad de cátedra, de la falta de medios, de la necesidad de crear nuevas categorías de profesores o de limitar el número de alumnos por clase (Peset, 2002: 16-17).
8. Sobre la Universitat de València bajo la dictadura franquista, véanse Sanz y Martí (2013) y Sanz y Rodríguez (1999).
9. Aunque con Ruiz Giménez como ministro de Educación desde 1951, el SEU y la Falange pierden poder político en la Universidad, «l’estructura jeràrquica, la línia de comandament antidemocràtica i fortament autoritària roman vigent fins a l’aprovació de la Llei general d’educació de Villar Palasí el 4 d’agost de 1970» (Sanz y Martí, 2013: 6).
10. Para una mayor profundización en el proceso constituyente que desembocará en la aprobación de los Estatuts de 1985, véanse especialmente Guia (2001b: 24-34), Martínez (2001: 35-42) y Bayarri (2001). Desde la perspectiva de los estudiantes que tomaron parte y, más específicamente, del BEA, véanse Ramírez (2013: 104-138) y algunas de las entrevistas y testimonios incluidos en las pp. 275-292 y 293-411.
11. En la autoconvocatoria para «formar un Bloc per una Universitat progressista, moderna i valenciana al si del Claustre», que fue firmada por 26 miembros de este y se dirigía a todos los claustrales interesados en la propuesta, se resumen así los principios generales del Bloc: «1) Democratització de la Universitat. 2) Àmplia transparència de la gestió universitària, tant acadèmica com econòmica. 3) Major eficàcia i control de la docència i la investigació. 4) Una Universitat compromesa amb el País Valencià, la seua llengua, la seua cultura i la seua problemàtica social i econòmica» (Guia, 2001b: 40).
12. El Bloc d’Estudiants Agermanats «dio sus primeros pasos en consonancia con el Bloc Progressista per una Universitat Moderna, Democràtica i Valenciana, que aglutinaba a toda la izquierda y el nacionalismo más allá de las tesis del PSOE. El colectivo de estudiantes trabajó para que Ramón Lapiedra fuera elegido rector» (Pitarch, 2013, 29 de octubre). Más concretamente, en marzo de 1984, en la víspera de la constitución del Claustro, se formó el BEA «per a defensar des d’una postura clarament progressista i d’esquerres les reivindicacions mínimes de l’estudiant. Aquest Bloc integra els alumnes de Magisteri, Geografia i Història, Filologia, Econòmiques, Físiques i Químiques, si bé s’espera comptar amb la participació d’altres facultats» (Martínez, 2001: 40). En cuanto al nombre, Rafael Company, uno de sus fundadores, da la siguiente explicación: «el dia que sorgí el nom els que estaven reunits a l’habitació n’érem tretze, i algú digué: “Com els dotze apòstols i Crist”, i algú altre digué: “Sí, però també tretze com els agermanats, que copiaren l’organització dels apòstols”. I d’ací uns digueren: Bloc, perquè els majors es diuen Bloc, Estudiants per la nostra condició i Agermanats perquè n’érem tretze» (Rafael Company, en Quixal y Ramírez, 2002: 39).
13. Esta está compuesta por 15 miembros: 3 doctores numerarios, 3 doctores no numerarios, 2 profesores no doctores, 4 estudiantes, 2 miembros del PAS y 1 del personal laboral del Hospital Clínic. Los nombres concretos pueden consultarse en Guia (2001b: 26).
14. Se refiere Cervera a la explosión de un artefacto el 15 de octubre de 1981 que afectó a tres trabajadores de la Universitat: Luis Tolosa, carpintero en el edificio histórico, perdió un pie mientras intentaba sacar el paquete; el conserje José Medel sufrió heridas de metralla en ambas piernas, mientras que otro trabajador, Julián Tello, pudo ser dado de alta la misma noche del atentado (Millás, 1981, 16 de octubre).
15. A este respecto, el rector Lapiedra (2000) subraya el hecho de que la presión mediática de aquellos primeros años no cesó a corto plazo y hace balance al respecto cuando, quince años después, se festejaban los cinco siglos de la Universitat: «Durant anys, la Universitat de València mateixa i el seu govern van ser objecte d’una fogosa campanya mediàtica que, a hores d’ara (juliol de 1999), encara no ha acabat, feta de silencis ominosos, de manipulació informativa i de desqualificació sistemàtica. La campanya era tan barroera que, de portes endins de la universitat, si va tenir algun efecte fou justament el contrari del buscat, atès que, en particular, els tres equips rectorals que el claustre va triar successivament els anys 1984, 1986 i finalment 1990, on jo figurava com a rector, ho foren per majories progressivament més grans: no podia ser altrament perquè la Universitat de València no és un món tan immens perquè els seus membres no puguen tindre un coneixement directe del que hi passa i distingir així entre la crítica, d’una banda, i la pura calúmnia i tergiversació, de l’altra. Això valia fa deu anys i ha valgut després també, quan la universitat i el seu govern continuen procedint sense deixar-se pressionar per una vella i prolongada campanya que encara perdura» (ibíd.: 209).
16. Basándonos en el sistema de citación APA (American Psychological Association), «comunicación personal» es la fórmula que se utiliza para hacer referencia a las entrevistas realizadas personalmente por la autora en el marco de la investigación. Con el fin de evitar la interrupción continua de la lectura con este tipo de acotaciones entre paréntesis, se ha optado por incluirlas la primera vez que se cita el testimonio de la persona entrevistada o cuando no hacerlo pueda inducir a error sobre la fuente. Generalmente, a partir de la primera referencia, cada vez que aparecen citadas las declaraciones del entrevistado o entrevistada, se entiende que han sido extraídas de la misma entrevista. Por otro lado, en el anexo 2 está disponible el listado completo de las entrevistas realizadas.
CAPÍTULO III
LA ACCIÓN CULTURAL EN LA UNIVERSITAT DE VALÈNCIA (I): LOS VICERRECTORADOS DE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA Y DE CULTURA
1. INTRODUCCIÓN
Tras la aproximación realizada previamente a los conceptos de responsabilidad social universitaria y misión cultural como preceptos que deben cumplir las universidades en tanto que servicio público, el capítulo que ahora se inicia y el próximo –dedicado a la acción cultural de la Universitat fuera del Vicerectorat de Cultura y del Vicerectorat d’Extensió Universitària– pretenden clarificar cómo se ha plasmado en la práctica el mandato cultural a lo largo de los casi 35 años de vida democrática y autónoma de la Universitat de València. Aunque de modo necesariamente no exhaustivo, en las páginas que siguen se expondrán algunos de los principales programas, actividades, unidades y estructuras que la institución ha dedicado o dedica en la actualidad al servicio cultural en un sentido amplio, y que tienen como destinatarios a la comunidad universitaria y, más allá, a la sociedad en general.
Como ya se advirtió al comienzo de este libro, primero el Vicerectorat d’Extensió Universitària, y a partir de 1994 el de Cultura, han sido los responsables más destacados en el cumplimiento de esa tercera misión que la Universitat de València recoge claramente en sus Estatuts de 1985.1 Así, aunque el Vicerectorat d’Extensió (y otras experiencias de extensión universitaria) existía previamente al proceso constituyente iniciado en 1984,2 como recuerda Isabel Morant (comunicación personal, 2019, 4 de febrero) –vicerrectora d’Extensió Universitaria entre 1984 y 1990–, la honda transformación que experimenta la institución a mediados de los ochenta se tradujo en una profunda remodelación de su organización, que afectó también a los contenidos de los vicerrectorados, incluyendo aquellos que ya existían con anterioridad. En este sentido, por ejemplo, el Vicerectorat d’Extensió Universitària pasó a llamarse «d’Extensió Universitària i Normalització Lingüística», una modificación muy significativa que evidenciaba el «tarannà sobiranista» de esa Universitat progressista, moderna i valenciana que había triunfado en las dos elecciones a rector pre y post Estatuts (1984 y 1986), que quedaba reflejada abiertamente en estos y que echaba a andar entonces con el rector Ramon Lapiedra al frente.
En lo que concierne a la extensión universitaria propiamente dicha, como ocurriera ya en las experiencias pioneras alemanas, belgas e inglesas del último tercio del siglo XIX, también en esta nueva etapa que estrena la Universitat de València un siglo después de aquellas se persigue la renovación académica y, especialmente, la apertura de la institución a toda la sociedad, llevando los saberes y conocimientos que genera a las clases y sectores sociales que históricamente no han tenido acceso a ellos. Así, como recuerda García Guatas (2005), aunque las circunstancias y el enfoque adoptado por la extensión universitaria en cada organización serán distintos, «en todas ellas latía una convicción en el carácter emancipador de la cultura y una voluntad en transmitirla desde la Universidad».
En el caso valenciano, la primera Junta de Extensión Universitaria se había creado ya en 1902, al calor de la celebración del cuarto centenario –tras la aprobación del proyecto presentado por el rector Manuel Candela en Claustro extraordinario el 15 de enero–, y aunque esta nueva función de la Universitat sufrirá muchos altibajos desde entonces, pasando incluso por momentos en los que la actividad prácticamente desaparece, también vivirá épocas de esplendor. Especialmente reseñable a este respecto es la década de los años veinte, cuando la Universitat se convierte en «un espai de gran producció cultural i científica» (Garcelán, 2020) que trasciende las fronteras institucionales, acercándose a distintos sectores de la sociedad y aproximándose así a la concepción actual de la extensión cultural entendida como motor de «comunicación activa y creadora de la comunidad universitaria con la sociedad» (Fresán, 2004: 49).
De vuelta a los Estatuts de 1985, estos incluyen el Servei d’Extensió Universitària entre los servicios generales de la Universitat, según el artículo 70, y en el 84 se identifica su objetivo principal con «la promoció i la realització d’activitats de difusió i divulgació dels coneixements, la ciència i la cultura al si de la societat» (Decret 172/1985, Secció Sisena, Article 84é). Por otra parte, existe una Comissió d’Extensió Universitària –a la que se dedica el artículo 85– que tiene carácter consultivo y asesor de la Junta de Govern y está formada por el rector, el director del Servei y representantes de los distintos centros y estamentos. A esta Comissió, además de otras funciones, le corresponde elaborar la programación de actividades de extensión universitaria, mientras que, como se expone en el artículo 149, los estudios de extensión están dirigidos a «la difusió i la divulgació social dels coneixements, la ciència i la cultura» (Decret 172/1985, Secció Quarta, Article 149é).
Prácticamente durante la primera década de Universitat democrática, el Vicerectorat d’Extensió Universitària –con el Servei d’Extensió como brazo ejecutor, que dependía de él, antes de aparecer el Vicerectorat de Cultura en 1994– fue una pieza fundamental en la consecución del «increment del nivell cultural de la població», que la propia institución se fijaba como uno de sus principales objetivos, según el preámbulo de los Estatuts (y que se ha mantenido hasta la versión más actual de estos). No obstante, como se indica en el artículo 33 del texto de 1985, también las facultades, escuelas técnicas superiores, colegios universitarios y otros centros tienen (entonces y ahora) entre sus funciones la de difusión de la cultura. La diferencia fundamental entre la extensión universitaria que se abría paso en 1985 como germen de la actual y la completamente asentada de 2019 radica precisamente –aunque no solo– en el camino ya recorrido y en el nivel de organización e institucionalización. Como apunta Morant, en aquel momento una parte muy importante de la extensión universitaria «se entendió como todo lo que correspondía a las relaciones de la Universidad con el exterior, y a eso sí que tuvimos que darle forma porque no había estructuras, hubo que darle contenido concreto a todo».
Para ello, como se verá en el siguiente apartado, la vicerrectora se apoyó en una serie de profesores y estudiantes de distintas áreas de conocimiento que pasaron a integrar la Comissió encargada de programar y llevar a cabo las iniciativas culturales de la Universitat. Entre ellas destaca la configuración de lo que luego serán las aulas culturales que han llegado a la actualidad o la organización de exposiciones, que entonces se desarrollaban en la única sala destinada a este fin en el edificio de La Nau. Paralelamente, el personal del Servei d’Extensió Universitària empezó a gestionar programas como Universitat als Pobles, los primeros cursos de extensión o la Universitat d’Estiu de Gandia a partir de su cuarta edición.3 Así comenzó a gestarse una estructura que irá cambiando con el tiempo, pero que ya no desaparecerá, y a formarse un personal que poco a poco se irá especializando y que trabajó muy intensamente «y con mucho esfuerzo, desde el cariño que tenían por la actividad que realizaban, a pesar de la falta de infraestructuras y de preparación específica» (L. Tortajada, comunicación personal, 2019, 13 de febrero). A todo ello hay que añadir, además, la importante labor desempeñada por los estudiantes a través de la ya aludida Comissió Gestora d’Estudiants.
En los próximos epígrafes y capítulos se explicará más concretamente el desarrollo de esta etapa inicial y, a través de la descripción e indagación en el trabajo cultural llevado a cabo desde entonces por los principales organismos y servicios que han ejercido funciones en este ámbito hasta la actualidad, se trazará una panorámica de lo que ha sido la cultura institucional en la Universitat de València durante el periodo democrático. Cabe destacar el rol central que ha jugado en este ámbito la sede histórica de la calle de la Nau, especialmente desde que en 1999 reabriese sus puertas convertida en centro cultural, hasta el punto de ser considerada a día de hoy uno de los espacios culturales de referencia en la ciudad y en todo el territorio valenciano.
No obstante, antes de entrar en materia, es importante insistir en el hecho de que el recorrido que ahora se inicia no puede ser sino limitado, ya que resulta imposible en una investigación de estas características realizar un retrato fiel y profundo que contenga en su totalidad el volumen extraordinario de acciones culturales impulsadas desde la Universitat o que recoja todos los órganos, centros, departamentos y servicios que desarrollan competencias en este terreno. Y es que la institución, a través de las personas que han pasado por los distintos puestos de responsabilidad y gestión cultural, ha trabajado muy intensamente para generar y transmitir otros conocimientos –más allá de los derivados de la docencia y la investigación– «que expresen valores cualitativos sobre los que aplicar objetivos de denuncia y transformación del individuo» (Cantos y González, 2007: 12). En definitiva, pese a las innegables limitaciones y carencias que aún perduran, desde la conquista de la democracia y de su propia autonomía, la Universitat de València ha hecho un gran esfuerzo por responder a las necesidades de «una formación integral centrada en la creatividad, comprensión, participación y construcción social del conocimiento» (Malagón, 2006: 86).
2. LA EXTENSIÓN UNIVERSITARIA DE 1985 A 1994: ENTRE LA EFERVESCENCIA Y LA INSTITUCIONALIZACIÓN
En las páginas que siguen se lleva a cabo una revisión de las competencias y principales líneas de actuación de los primeros vicerrectorados de Extensión Universitaria en época democrática, encabezados por Isabel Morant Deusa y Maribel Martínez Benlloch. Asimismo, se describe el recorrido que han seguido algunos de los programas lanzados entonces y que continúan en marcha en la actualidad, además de iniciativas surgidas más recientemente, sin olvidar otras áreas importantes en el ámbito cultural que se desarrollaron en los años posteriores a la aprobación de los Estatuts, como es el caso del trabajo realizado por la Comissió Gestora d’Estudiants.
2.1 VICERECTORAT D’EXTENSIÓ UNIVERSITÀRIA: PRIMERA DÉCADA
Antes de que la Universitat iniciase oficialmente su andadura democrática con la publicación de los Estatuts en el DOGV el 16 de diciembre de 1985, Isabel Morant Deusa había sido elegida para integrar el primer gobierno con una mujer al frente de un vicerrectorado. Esto ocurrió en las primeras elecciones a rector que ganó Ramón Lapiedra, en mayo de 1984, aunque, como la misma Morant apunta, quienes le abrieron camino para llegar hasta allí fueron los estudiantes. En concreto, se habían celebrado una serie de asambleas y reuniones para elegir un candidato a rector, que, a su vez, debía escoger a los candidatos a vicerrectores, pero entre los nombres que se barajaban no figuraba el de ninguna mujer. Ante esta situación, un grupo de estudiantes se mostró tajante: «era impresentable un equip només d’homes. També ho era un equip només amb una dona, però bé, […] era infinitament més que zero», como apunta Vicent J. Martínez (comunicación personal, 2019, 17 de abril), primer representante de estudiantes en el equipo de gobierno tras la dictadura (1984-1986). Estos apoyaron a Isabel Morant para que fuese la candidata: era joven, PNN y, dado que les había dado clase a muchos de ellos, conocían su activismo y su perfil encajaba perfectamente en lo que pensaban que debía ser la nueva Universitat. Pese a la oposición de algunos profesores, Morant logró salir elegida vicerrectora d’Extensió Universitària i Normalització Lingüística, aunque, como ella misma insiste:
Yo no fui elegida como los demás, yo fui elegida porque los estudiantes quisieron y porque hubo una gente (no solo estudiantes, también algunos profesores) que se dio cuenta de que era muy llamativo que no hubiese ninguna mujer en el primer equipo democrático de Gobierno en la Universitat (I. Morant, comunicación personal, 2019, 4 de febrero).
A partir de aquí, como se pondrá de manifiesto en las páginas que siguen, la colaboración entre el vicerrectorado y los estudiantes será continua y muy fructífera, ya que ambos habían iniciado juntos, luchando en el mismo bando, el camino hacia un proyecto nuevo de Universitat autónoma, democrática y basada en el compromiso cívico. En cuanto a los ejes fundamentales que definen el trabajo de Isabel Morant y su equipo en los seis años durante los que fue vicerrectora, pueden sintetizarse en tres: 1) la intensificación de la actividad dirigida al interior de la Universitat, 2) la apertura hacia el exterior y 3) el carácter rupturista y joven de muchas de las iniciativas desarrolladas.
En el caso de las acciones enfocadas a la comunidad universitaria, partiendo de un grupo de profesores, estudiantes y personal de administración y servicios que se reúnen en una comisión de cultura (formalmente denominada Consell Assessor d’Activitats Culturals i d’Extensió),4 se van lanzando una serie de actividades de cine, teatro, música, arte y también conferencias y mesas redondas en torno a temas de actualidad.5 Para apoyar estas actividades –que también son abiertas a la sociedad en general–, en julio de 1987 se crea el Servei d’Extensió Universitària, que, junto al Gabinet de Premsa y el Servei de Publicacions (adscritos todos ellos al Vicerectorat d’Extensió), dinamizan la red cultural universitaria. Asimismo, se celebran las primeras ediciones de la Festa de Benvinguda (organizada en sus comienzos entre el Vicerectorat d’Extensió y la Comissió Gestora d’Estudiants, y que ha llegado a nuestros días gestionada por el SEDI [Servei d’Informació i Dinamització d’Estudiants]) o las Nits de Sant Joan, que se consolidarán con el paso de los años. En términos generales, esta efervescencia cultural6 irá creciendo progresivamente hasta que se conforman estructuras estables y se nombra oficialmente a responsables de las distintas áreas, que también se transformarán con el tiempo.
De esta manera, nacen algunas de las aulas culturales que todavía funcionan en la actualidad: el Aula de Cinema, el Aula de Música y el Aula de Teatre (hoy Aula d’Arts Escèniques).7 Además, se genera una actividad regular en la Sala d’Exposicions8 de La Nau a partir de 1987, que, con el transcurso de los años y la apertura de nuevos espacios, se acabará convirtiendo en la actual Àrea d’Exposicions. Esta coordina hoy no solo las distintas salas de la sede histórica de la Universitat, sino que trabaja también en la programación y gestión expositiva de otros centros como el Col·legi Major Rector Peset, el Palau de Cerveró o el Jardí Botànic. Más adelante, bajo otros vicerrectorados se lanzarán nuevas aulas, aunque siguiendo generalmente la misma estructura: un profesor o profesora de la Universitat como responsable, con el que colaboran estudiantes, compañeros y, dependiendo del caso, personal técnico-administrativo asignado.
Paralelamente, en ese momento en el que se inicia la política y gestión cultural universitaria alrededor del Vicerectorat d’Extensió, se dan los primeros pasos en la recuperación y puesta en valor del patrimonio cultural –como se explicará con detalle más adelante–de la mano de quien ha sido el conservador de Patrimoni durante varias décadas, Daniel Benito Goerlich, y entre otras cosas, en 1987 comienza un proceso de restauración integral del Jardí Botànic, que concluirá en el año 2000 (hay que destacar a este respecto el importante esfuerzo realizado por su entonces director, Manuel Costa).
Por otro lado, aunque el Servei d’Extensió Universitària está contemplado en los Estatuts de 1985, no se formalizará hasta un tiempo después (concretamente, como se ha apuntado ya, es aprobado por la Junta de Govern el 27 de julio de 1987), con Antoni Tordera como primer director. Es el personal destinado a este servicio el que realiza todas las labores de organización, administración y gestión, a las que se suman tareas de ejecución y «todo lo que hiciera falta», en palabras de Leonor Tortajada –que había sido secretaria de Isabel Morant entre 1985 y 1989, incorporándose entonces al Servei d’Extensió–, ya que no había infraestructuras, especialistas, ni protocolos o normativas como los que existen hoy en día. Además, también por esas fechas se empiezan a celebrar cursos y seminarios en torno a las temáticas de las aulas culturales, hasta que se configuran oficialmente los Cursos d’Extensió Universitària, de los que se sigue encargando en la actualidad el Servei d’Extensió, ahora dependiente del Vicerectorat de Cultura (L. Tortajada, comunicación personal, 2019, 13 de febrero).
A todo ello hay que añadir, entre las iniciativas para intensificar las acciones dirigidas al interior de la Universitat, el esfuerzo realizado durante los primeros años del periodo democrático en materia de divulgación entre las distintas áreas de conocimiento. En este sentido, Morant y su equipo pusieron mucho énfasis en llevar la difusión científica al espacio cultural de las humanidades y viceversa: acercar las humanidades al Campus de Burjassot, en un momento en el que la actividad de la Universitat se circunscribía a dicho campus y al de Blasco Ibáñez. Con este fin y con la inestimable ayuda de profesores de todas las áreas, se creó un programa de alta divulgación intercampus llamado Ciències-Lletres.
Por lo que respecta al segundo de los ejes que definen este periodo, la apertura de la Universitat hacia el exterior, esta se llevó a cabo a través de varios programas que se lanzaron entonces y que, en algunos casos, tendrán un largo recorrido. En primer lugar, se empiezan a programar conferencias y actividades musicales, teatrales, cinematográficas, etc., abiertas a la sociedad valenciana. Así, aunque la mayor parte de acciones culturales vinculadas a las aulas tenían lugar en los campus y se dirigían fundamentalmente al estudiantado (y más ampliamente, a la comunidad universitaria), ya se empiezan a organizar algunas enfocadas a todo tipo de público, aunque todavía no tienen una regularidad. Entre ellas cabe destacar, por su celebración temprana y por la continuidad e importancia que ha tenido después en el seno de la institución y fuera de ella, el «Cicle d’Estudis i Investigació Feminista». Este constituyó el primer gran acto académico feminista de la Universitat de València, que Morant asumió nada más aterrizar en el vicerrectorado, y que ponía el foco en los estudios de género como una de sus líneas prioritarias de trabajo, que luego continuaría la vicerrectora Maribel Martínez Benlloch. Poco después, en 1986, se crea el «Seminari Interdisciplinar d’Investigació Feminista» –cuya primera directora fue precisamente Martínez Benlloch y del que formaba parte también Isabel Morant–, que organizó en los años sucesivos este ciclo en colaboración con el propio Vicerectorat d’Extensió Universitària y con el Institut Valencià de la Dona (Conselleria de Cultura, Educació i Ciència).
Asimismo, en el proceso de apertura hacia la sociedad, la Universitat comenzó a colaborar con otras instituciones y organismos, como colegios profesionales, institutos, asociaciones y colectivos ciudadanos, otras universidades, etc. En este nuevo ámbito de acción, cedía sus espacios a proyectos de fuera, acogiendo iniciativas (especialmente conferencias y debates) de entidades muy diversas, tales como el Colegio de Psicólogos y Psicoanalistas, el Colegio de Doctores y Licenciados, grupos feministas… Pero si hay algo digno de ser destacado particularmente en este impulso de apertura a la ciudadanía, son dos proyectos concretos con nombre propio: la Universitat d’Estiu de Gandia (UEG) y el programa Universitat als Pobles.
La primera, por su importancia, continuidad y por las transformaciones que ha experimentado hasta hoy, es objeto de un epígrafe concreto dentro del capítulo siguiente, aunque es importante anticipar aquí que se trata de una iniciativa del Ajuntament de Gandia a la que se suma posteriormente la Universitat de València. A partir de entonces, el consistorio se encargará de la infraestructura y de las cuestiones locales y la Universitat, con el Vicerectorat d’Extensió a la cabeza –más adelante lo harán el de Cultura, el de Relacions Institucionals y el de Participació i Projecció Territorial–, de la programación, mientras el Servei d’Extensió Universitària realiza el trabajo técnico-administrativo.9
En aquellos primeros momentos, la UEG fue una herramienta que permitió a la Universitat cumplir un doble objetivo: por una parte, que los estudiantes (tanto de la Universitat de València como de otras universidades) pudiesen disfrutar de una oferta de cursos de verano –aunque no se trataba en ningún caso de formación reglada–, y por otra, poner a disposición de la ciudadanía un programa abierto a través de las actividades culturales y de debate programadas en horario de tarde y de noche. Lo que más destacan quienes vivieron de cerca estos primeros e intensos años de la UEG es su extraordinaria interdisciplinariedad, la gran acogida que tuvo tanto por parte de la comunidad universitaria como de la ciudadanía gandiense (y, más generalmente, de la comarca de la Safor), el atrevimiento y radical actualidad de las temáticas abordadas (con intelectuales, científicos, políticos y otras personalidades de primer nivel) y también el pionero e importantísimo paso que supuso en la integración de las personas mayores a la Universitat. En cuanto al programa Universitat als Pobles, este comienza a funcionar en el curso 1985-1986 y se desarrolla durante muchos años en colaboración con los ayuntamientos donde se imparten los cursos, la Diputació de València y el patrocinio de entidades financieras, especialmente de la Fundació Bancaixa. Su objetivo era «posar a l’abast de la població del nostre àmbit d’incidència una extensa i diversa oferta cultural» (Servei d’Extensió Universitària de la Universitat de València, 1999a: s. p.), y tras las primeras ediciones, será en la etapa de Albert Girona como director del Servei d’Extensió (1991-1994) cuando adquiera una estructura más formalizada, creándose una unidad específica con varios profesores como responsables directos y ampliando considerablemente la oferta formativa.10
De regreso a las líneas maestras que definen el trabajo de difusión cultural en la primera etapa de Universitat democrática (esto es, en los prácticamente diez años que transcurren hasta la creación del Vicerectorat de Cultura), la tercera pata –junto a la intensificación de la actividad hacia el interior y la apertura hacia el exterior– es el carácter rupturista y la acogida de la iniciativa joven. Como recuerda de nuevo Isabel Morant, la institución de aquellos años, en sintonía con el contexto de gran ebullición y renovación cultural, dio oportunidades a muchos jóvenes que estaban empezando y que tenían dificultades para abrirse puertas en el ámbito más mainstream. Así, la Universitat dio cabida a trabajos innovadores y a menudo provocadores (especialmente en el caso de las exposiciones artísticas), que no tenían tanta receptividad en términos de público general y que muchas veces constituyeron óperas primas de artistas que luego serán muy reconocidos a nivel nacional e incluso internacional. A este respecto, Maribel Martínez Benlloch, que sustituyó a Morant al frente del Vicerectorat d’Extensió en 1990, subraya la audacia de la Universitat de aquella época, sobre todo si se la compara con la actual, en la que, según sus propias palabras:
… hay un ambiente más conservador en todos los estamentos: la institución es mucho más pragmática y aunque eso no es malo, tiene que serlo pero dentro de una utopía. La Universitat tiene que ser utópica porque si no, no hay transformación, y su responsabilidad es precisamente la de aportar elementos críticos para abrir las mentes en todos los órdenes (M. Martínez Benlloch, comunicación personal, 2019, 26 de febrero).
En general, durante el mandato de Martínez Benlloch (1990-1994), continúa la misma filosofía del proyecto que se había empezado a gestar en el periodo (pre)constituyente y desarrollado después durante la primera legislatura de Universitat plenamente democrática. Esta década en la que se inicia todo, precisamente por el hecho de tener que remodelar en profundidad lo que ya existía y, sobre todo, levantar desde cero muchos servicios, programas, departamentos, etc., constituyó una etapa de intenso trabajo, aprendizaje y sobre todo mucha ilusión. Nicolás Sánchez Durá, primer responsable junto a Salvador Albiñana de la Sala d’Exposicions y primer director del Col·legi Major Rector Peset, comenta al respecto: «entonces había menos medios, pero mucha más imaginación» (N. Sánchez Durá, comunicación personal, 2019, 27 de marzo).
Ya en 1994 se crea el Vicerectorat de Cultura con Antoni Tordera al frente.11 En ese momento el Servei d’Extensió Universitària pasará a depender de este vicerrectorado hasta que, en la siguiente legislatura, la segunda con Pedro Ruiz como rector (1998-2002), reaparece el Vicerectorat d’Extensió, cuyo responsable es Vicente Ramón Torcal, mientras sigue funcionando el Vicerectorat de Cultura con Tordera como máximo responsable. Pero de todo ello se hablará con más detenimiento posteriormente. No obstante, antes de pasar a abordar en profundidad la actividad del Servei d’Extensió Universitària y también la iniciativa estudiantil en estos primeros años a través de la Comissió Gestora d’Estudiants, es importante señalar que, aparte de todo lo dicho hasta ahora, hubo otros servicios y áreas adscritos al Vicerectorat d’Extensió Universitària en este periodo. Entre ellos, el Servei d’Educació Física i Esports –al que también se dedica un epígrafe específico en este libro– o el de Publicacions, Normalització Lingüística –hasta 1986–, el Gabinet de Premsa (y en general, la comunicación de la Universitat con el exterior) o el Gabinet d’Estrangers.12
Respecto a esta última cuestión, hay que subrayar que, durante el mandato de Isabel Morant, se hizo por primera vez un gran esfuerzo por comunicar lo que se estaba llevando a cabo desde la nueva Universitat. La institución, como apunta Morant, «era muy desconocida o solo conocida por las cuestiones más conflictivas» –ya se habló al comienzo de las acusaciones feroces de catalanismo e izquierdismo por una parte de la prensa y por los sectores conservadores de la sociedad valenciana–, y había que corregir eso. No existía todavía el Gabinet de Premsa, únicamente hubo algunos periodistas que trabajaron a tiempo parcial para la Universitat, pero ya en 1985, la vicerrectora, que consideraba esta una cuestión prioritaria, favoreció la creación de una estructura comunicativa. El primer responsable del Gabinet será Alfons Cervera, que se mantendrá al frente desde 1985 hasta 199613 (A. Cervera, comunicación personal, 2019, 13 de mayo). Además, la propia Morant se ocupó mucho de visibilizar el trabajo del vicerrectorado y, más en general, de toda la institución, cultivando relaciones fluidas con la prensa y los principales organismos y entidades valencianas públicas y privadas.
En lo que concierne al Servei de Publicacions (actualmente PUV [Publicacions de la Universitat de València]) –cuyo consejo editorial preside en la actualidad el vicerrector de Cultura i Esport–, aunque existía antes de la etapa democrática como Secretariado de Publicaciones, también con la llegada de Isabel Morant se remodela y se pone énfasis en la creación de colecciones. En aquellos momentos se trabajaba con linotipias, antes de introducir la informática, pero los medios eran muy precarios y faltaba infraestructura, por lo que se decidió externalizar la impresión de libros, ya que no resultaba rentable hacerlo desde el propio Servei. Por su parte, Maribel Martínez Benlloch se refiere a Publicacions como «la joya de la corona» durante su vicerrectorado, con Vicent Salvador al frente –que ya lo estaba en la legislatura anterior y que había sido precedido Eugenio Portela–:14 «hubo un cambio cualitativo impresionante, aumentaron las colecciones todavía más y se iniciaron todas las dinámicas interuniversitarias y de colaboración entre bibliotecas». Subraya también la importancia crucial de la colección «Feminismos», surgida del convenio firmado en julio de 1990 entre la Universitat y la editorial Cátedra (al que se sumó posteriormente el Instituto de la Mujer) a iniciativa de Isabel Morant, que había concebido el proyecto y que dirigirá la colección ininterrumpidamente a lo largo de 25 años, hasta el 2014.
2.2 LA INICIATIVA ESTUDIANTIL A TRAVÉS DE LA COMISSIÓ GESTORA D’ESTUDIANTS
En el capítulo anterior ya se ha adelantado el papel fundamental que tuvieron los estudiantes –especialmente a través del BEA– en el proceso constituyente y en la propia redacción de los Estatuts de 1985. Lo que interesa aquí específicamente es su acción en materia cultural, por lo cual hay que poner el foco en la Comissió Gestora d’Estudiants. Esta, que se había creado provisionalmente antes de la aprobación de los Estatuts, queda recogida en el artículo 182 de estos como sigue:
L’òrgan màxim de representació dels estudiants de la Universitat de València és l’Assemblea General d’Estudiants. Aquesta Assemblea General ha de comptar amb assignacions pressupostàries, llocs de reunió i mitjans de difusió i de participació per tal que puga realitzar la seua tasca. L’Assemblea General d’Estudiants nomenarà al seu si una Comissió Gestora (Decret 172/1985, Capítol Segon, Article 182é).
Como también se apuntó en su momento, esta Comissió estaba formada por siete miembros15 que tenían que dotar de contenido el modelo de participación que los estudiantes habían elegido, y lo primero fue –como se cuenta en el documento Del zero a l’infinit–16 conseguir un local para situar su sede. En un momento en el que la Universitat tenía muchos problemas de espacio, esto no fue tarea fácil, pero finalmente se les cedió un lugar en el edificio histórico, con «la importància simbòlica i pràctica» que esta localización implicaba (Comissió Gestora d’Estudiants, 1985: s. p.). En palabras de uno de sus protagonistas, Rafael Company –encargado precisamente de la sección de Cultura– «el carrer de la Nau donava caràcter i tots sabíem que teníem entre mans una cosa massa preciosa», sobre todo teniendo en cuenta que no había habido ninguna otra experiencia de gobierno de los estudiantes en la historia reciente de la Universitat. En otros términos, puede afirmarse que «la Nau era una cosa a conquerir», como cuenta Vicent J. Martínez, y «una manera de recuperar l’edifici per als estudiants».
Entre las tareas de la Comissió, uno de los aspectos más importantes que destacan sus propios miembros es la promoción, organización y difusión de actividades deportivas y culturales realizadas por y para los estudiantes. En primer lugar, con el fin de solventar los problemas de comunicación existentes, la CGE empezó a enviar una abundante correspondencia a las facultades, informando de todas las actividades que se celebraban en este sentido. Además, se preocuparon especialmente de descentralizar al máximo la vida universitaria, estableciendo contactos con las comisiones de cultura y deportes de los centros, así como con las asociaciones de estudiantes que había en los distintos campus. Convocaron también de forma inmediata los primeros Premis Studium Generalis para diversas disciplinas literarias y plásticas, y, en el terreno deportivo, organizaron, por ejemplo, las muy demandadas «Jornades d’Atletisme» o el «Passeig universitari en bici», donde «la bicicleta, l’esport, el viatge i la convivència» reunían a estudiantes de toda la Universitat. Más tarde vendrán campeonatos de ajedrez y otros torneos deportivos, colaboraciones con la Sala d’Exposicions, certámenes literarios, etc.
Asimismo, en tanto que estudiantes, se ocuparon especialmente del aspecto lúdico: el 30 de mayo de 1985 organizaron una primera gran «Festa a la Universitat» para celebrar la primavera y la aprobación de los Estatuts por parte del Claustre. En el Paranimf de La Nau y en la plaza del Patriarca actuaron cantautores y grupos valencianos como Paco Muñoz, Joan Amèric, Cànem o Patxinguer Z, y también hubo espacio para el jazz fusión de Saravah. Pero lo más destacado de ese año, aunque ya en el curso 1985-1986, fue la célebre Festa de Benvinguda, después convertida en la multitudinaria Setmana de Benvinguda que, como se ha dicho previamente, sigue organizando el SEDI cada año.
Esta iniciativa, celebrada por primera vez el 23 de octubre de 1985, fue lanzada por los estudiantes en colaboración con el Vicerectorat d’Extensió Universitària i Normalització Lingüística, con el objetivo primordial de poner fin a «les borregades». Tuvo una gran acogida desde el inicio y contó con el apoyo claro del rector Ramon Lapiedra, que publicó un bando que prohibía las novatadas y anunciaba medidas punitivas en contra de estas (Vicent J. Martínez, en Quixal y Ramírez, 2002: 37). Su éxito se debió en gran parte a la buena sintonía que había entre la CGE y el vicerrectorado dirigido por Morant. Como explica Vicent J. Martínez, en la CGE se dieron cuenta enseguida de que coordinarse bien con el Vicerectorat d’Extensió era algo extremadamente importante, y además, puntualiza, «va ser molt fàcil». En la misma línea se sitúa el primer estudiante con título oficial de vicerrector (1986-1987), Joan Carles Martí:
La universitat de la tuna grande y libre i les borregades, no era la universitat que volíem. […] Li vam donar la volta. […] Nosaltres vam omplir la plaça de bous. […] Això era un programa de vida. […] Si nosaltres no haguérem tingut la complicitat d’una part del professorat […] no haguérem pogut fer allò mai de la vida (Martí, en Ramírez y Solbes, 2013: 285).
La Festa de Benvinguda modificaba por completo «la forma classista i impossible d’entendre l’arribada de la nova gent a la Universitat» (en referencia a las novatadas), según Rafael Company.
En definitiva, supuso enfrentarse a una tradición basada en agresiones y humillaciones que, desde la CGE, no estaban dispuestos a seguir tolerando, y consiguieron ganar la partida precisamente porque no se trató simplemente de exigir su prohibición, sino de proponer una alternativa que, además, era muy potente. También hay que reconocer la importancia que tuvo en este triunfo «la complicitat d’alguns mitjans de comunicació que li donaren molt de relleu a la iniciativa» (R. Company, comunicación personal, 13 de marzo). Respecto al contenido, aquellas primeras ediciones incluían recitales, conciertos, proyecciones de películas, espectáculos de mimo, verbenas, pasacalles… (Comissió Gestora d’Estudiants, 1985: s. p.).

Cartel de la primera fiesta de la Universitat organizada por la Comissió Gestora d’Estudiants en mayo de 1985. Documento cedido por Vicent J. Martínez.
Se celebraban en distintos centros y espacios de la Universitat, incluyendo las calles, con un concierto principal que ha ido ganando peso con los años, y que durante la mayor parte de las ediciones celebradas hasta hoy ha tenido lugar en la plaza de toros, pero que en algunas ocasiones en los ochenta tuvo otras sedes como el Mercado de Abastos17 (A. Tordera, comunicación personal, 2019, 1 de marzo).
Además, hay que subrayar también el carácter innovador en cuanto a la comunicación. En este sentido, la CGE era muy sensible a esta cuestión y decidió, sin dejar de lado vías más directas y espontáneas, combinarlas con una estrategia más reflexionada y «especial». Para ello contactaron con Carme Tamarit, «una dissenyadora molt rellevant a València» –nuevamente según Company–, para que realizase toda la comunicación corporativa. En aquel entonces se trataba de una práctica intuitiva «que després s’ha demostrat que és el que s’ha de fer: has de meditar molt els continguts, però també la manera en què ho transmets». En resumen, la Festa de Benvinguda fue un «auténtico impacto», según afirma Leonor Tortajada, y una prueba irrefutable de que «aquello se movía», de que se empezaban a desarrollar muchas iniciativas en las que no solo se implicaba el personal de los centros, sino que «ya se movilizaba la gente para acudir a actos», y lo que es más importante, «todo hacía pensar que [los alumnos] ya no solamente venían a la Universitat a ser estudiantes que estudian y aprueban, sino que tenían otras inquietudes, y las tenían también más allá de lo político. Los estudiantes eran una fuerza viva». O, como afirma Vicent J. Martínez refiriéndose a toda esta etapa: «el més important d’aquella època era el protagonisme, i aquest estava en els estudiants».
Por otro lado, una iniciativa algo posterior, no tan masiva pero igualmente exitosa, fue la de la Falla Universitat Vella - Plaça del Patriarca. Con Rafael Company a la cabeza, en 1989 estudiantes y licenciados tuvieron la idea de crear una falla universitaria: «el projecte consistia, sobretot, a ser fallers, falleres de ple dret, però a la seua manera» (Llopis, 1990a: 19), y sirvió en cierto modo para aproximar la institución –entonces, como se ha apuntado en varias ocasiones, acusada de «catalanista radical»– a los valores y tradiciones de la cultura valenciana (M. Martínez Benlloch, comunicación personal, 2019, 26 de febrero), aunque con un carácter innovador y gamberro. La Falla Universitat Vella entendía la calle como lugar de interacción, «com fruit de vida» (Llopis, 1990a: 21), y aparte de organizar múltiples y diversas actividades durante la semana fallera (conciertos, exposiciones, teatro, verbenas, etc.), sus miembros programaban conferencias y espacios de reflexión en torno al significado e historia de la fiesta. Xavi Pons, su presidente en 1996, definía así el proyecto:

Falla Universitat Vella de 1990, en la plaza del Patriarca. El lema de aquel año fue «La Universitat per un tub». Foto de L. Rubio publicada en la Revista DISE, 14 (abril de 1990).
… tenim una visió diferent de tot, no és una postura elitista, però tenim un altre tipus de conductes falleres. La inquietud no és tant en l’aspecte faller com en el de fer un altre tipus d’activitats més culturals, més en el sentit de recuperar tradicions valencianes com ara la indumentària, l’ús del valencià a les falles, etc. (Hoyos, 1996: 12).
Asimismo, el hecho de que se tratase de un proyecto estudiantil –con su simbólico emplazamiento en la plaza del Patriarca–, le imprimía ya de entrada un carácter particular, al que se sumaba el énfasis en el establecimiento de vínculos de unión entre sociedad y Universitat a través de la fiesta en la calle, monumentos vanguardistas y llibrets llenos de humor y parodia, pero también de crítica. Igualmente, decisiones como la recuperación de los vestidos «de valencià i valenciana com els més vàlids per a una festa popular» (Llopis, 1990a: 21) o la búsqueda de subvenciones en la empresa privada (con Banesto e Hidroeléctrica Española como algunos de sus principales financiadores), provocaron sorpresa –cuando no levantaron polémicas más o menos serias– en el mundo fallero, dejando patente su singular personalidad y su voluntad de vivir la fiesta de una manera respetuosa, pero diferente, y a veces claramente rupturista. Una prueba es el eslogan con el que se anunciaban en 1990: «Traca, sexe i rock & roll» (Llopis, 1990b: 8), o la presentación de la Falla que realizaban cada año en el Paranimf de La Nau y que siempre era «un acte poc semblant al que tradicionalment sol ser una presentació de fallera major i cort d’honor»18 (Criado, 1991: 10). Hay que apuntar, asimismo, que dentro de la Falla Universitat Vella había gente que luego formó parte del Centre d’Estudis Fallers, y también estaban hermanados con fallas como Arrancapins, Na Jordana o Palleter-Erudito Orellana. Rafael Company explica así la experiencia:
En 1989 va ploure moltíssim, aleshores, què fas si eres post-universitari i a València plou i no eres d’un casal? A mi i a gent que encara estava a la Universitat se’ns va ocórrer crear una Falla Universitària, que a més a més tingués una virtut ideològica: que incorporara gent de la «tercera via» respecte de totes les qüestions identitàries valencianes. Es tractava d’una idea sorgida arran del llibre de Damià Mollà i Eduard Mira De impura natione [1986] i del llibre que nosaltres vam fer, Document 88. Destinat (sobretot) a nacionalistes,19 per intentar trobar una eixida al conflicte lingüístic, etc. De fet, l’Acadèmia Valenciana de la Llengua, molts anys desprès, es considera un fruit tardà de totes aquelles iniciatives. Però el primer fruit i el més divertit va ser la Falla Universitat Vella-Plaça del Patriarca: una història molt bonica (R. Company, comunicación personal, 2019, 13 de marzo).
Dejando de lado la Falla Universitat Vella y más allá de las actividades culturales y de ocio, cabe puntualizar que la CGE se preocupó y ocupó de muchas otras cuestiones. En lo que concierne a tareas de comunicación y publicaciones, sus miembros realizaron carteles, trípticos y documentos explicativos para dar a conocer su trabajo, editaron guías de la Universitat para los nuevos alumnos, propiciaron el lanzamiento de revistas universitarias y de asociaciones culturales en los centros, subvencionaron la edición de un cómic de los Estatuts, colaboraban con Ràdio Universitat y fueron artífices de múltiples proyectos que tenían por objetivo darse a conocer e informar a los estudiantes sobre los servicios que ponían a su disposición (y sobre otros que existían en los centros, etc.).
De igual forma, fueron pioneros en propuestas como la de las encuestas de evaluación al profesorado y, en general, en materia de estudios, participaron activamente en iniciativas para mejorar la docencia y paliar la masificación que entonces sufría la Universitat. También intervinieron en la elaboración de nuevos planes de estudios y, dentro de sus funciones como servicio práctico para los estudiantes, elaboraron circulares y folletos informativos sobre cuestiones como el seguro escolar, la vida universitaria y, más ampliamente, herramientas de orientación para el alumnado en múltiples sentidos. Además, gestionaban ayudas como bolsas de viaje para congresos y jornadas científicas o becas para asistir a cursos en universidades de verano. Entre sus inquietudes más destacables se encontraba desde el principio la de la transparencia: informaban rigurosamente de las partidas a las que iba destinado el presupuesto que se les asignaba, y uno de sus logros más tempranos, conseguido durante su primer año de funcionamiento, fue la Assessoria Jurdídica, cuya necesidad apremiante queda claramente expuesta en Del zero a l’infinit:

Folleto Del zero a l’infinit, elaborado por la
Comissió Gestora d’Estudiants en 1985.
El problema de la indefensió dels estudiants, ve ja d’antic. La legislació, quan no s’acompleix, no aprofita per a res, i això s’esdevé amb les normes legals que pretenen defensar els drets dels «alumnes». Quan, a més a més, són desconegudes pels qui són hipotètics destinataris, la «categoria» de paper mullat, és indefugible.
En la pràctica, la impunitat més absoluta permet actuacions irregulars per part d’alguns professors. Donar solució a aquesta problemàtica serà quelcom llarg i penós, però la CGE ha pres aquest com un tema prioritari, raó per la qual posar a l’abast dels estudiants una Assessoria Jurídica ha estat considerat un gran aconseguiment (Comissió Gestora d’Estudiants, 1985: s. p.).
En general, muchas de las iniciativas y proyectos lanzados por la CGE pasaron posteriormente a otros órganos y departamentos de la Universitat. Hay que tener en cuenta que aunque la Comissió se crea de manera provisional en 1984, con su formalización tras ser reconocida en los Estatuts, funcionará como un servicio en el contexto de la segunda mitad de los ochenta, momento en el que se crea también el Servei d’Estudiants (primero DISE [Difusió d’Informació i Serveis als Estudiants] en 1987, dentro del cual nacerá el CADE [Centre d’Assessorament i Dinamització dels Estudiants] en 1993, antes de convertirse, reunificado, en el SEDI en 2011). Este se hará cargo de actividades como la Festa de Benvinguda y se ocupará de las tareas de información, asesoría y orientación al estudiantado desde una unidad ya gestionada por personal especializado. Además, junto con el CADE, implementará programas específicos de participación, convocatoria de becas, premios, bolsas de viaje…; fomentará el voluntariado, el asociacionismo y, en definitiva, favorecerá la implicación directa de las y los estudiantes en todas las dinámicas universitarias, como se explicará con mayor detalle en el epígrafe dedicado específicamente a este servicio dentro del próximo capítulo.
En 1990 volverá a haber un Vicerectorat d’Estudiants, con Joaquim Bosch a la cabeza (1990-1992), al que seguirán otros estudiantes vicerrectores hasta que, en 2002, como consecuencia de la entrada en vigor de la LOU (Ley Orgánica de Universidades), la Delegació d’Estudiants asume las funciones y competencias de este vicerrectorado. Durante esos más de diez años, como señala Ramírez Comeig (2002: 14), el Vicerectorat d’Estudiants vive «un continuat procés de consolidació i de creixement, tant en professionalitat com en repercussió externa», desarrollando en colaboración con el DISE, el CADE o la Assessoria Universitària d’Estudiants amb Discapacitat multitud de actividades y proyectos. Entre otros, la actualización constante de la información académica y de normativas universitarias, programas como Conèixer la Universitat o Conéixer el trànsit al món professional, la Guia de la Universitat, censos de asociaciones y colectivos, la Assessoria Universitària d’Orientació Personal, la Jurídica, La Nau dels Xiquets, La Nau dels Estudiants, la Setmana de Benvinguda, el asesoramiento en la creación de asociaciones, el lanzamiento y gestión de convocatorias a proyectos socioculturales, de solidaridad y cooperación, ayudas al transporte, al estudio…20 Desde 2002 hasta hoy, como se ha adelantado, es la figura del delegat o delegada d’Estudiants i Estudiantes quien se encarga de articular las políticas de asociacionismo, participación, dinamización sociocultural y formación e información del estudiantado.
2.3 EL SERVEI D’EXTENSIÓ UNIVERSITÀRIA: PASADO Y PRESENTE
El Servei d’Extensió Universitària está recogido como uno de los servicios estatutarios en el artículo 70 de la nueva normativa que rige la Universitat a partir de 1985. Pese a que esto cambiará en posteriores actualizaciones de los Estatuts, seguirá funcionando como servicio durante todo el periodo democrático y, a día de hoy, después de pasar por distintos vicerrectorados21 y ubicaciones,22 depende del Vicerectorat de Cultura i Esport y se encuentra situado en la sede de la Fundació General de la Universitat de València (FGUV).23
Como ya se ha señalado con anterioridad, aunque sus competencias varían con el tiempo, desde los últimos años de la década de los ochenta y hasta 1998 –cuando por primera vez existen al mismo tiempo un Vicerectorat de Cultura y un Vicerectorat d’Extensió Universitària–, el Servei realiza las tareas técnico-administrativas de la Universitat d’Estiu de Gandia (solo en los primeros años), del programa Universitat als Pobles24 y de los Cursos d’Extensió Universitària. Además, gestiona tanto iniciativas puntuales del vicerrectorado como aquellas que tienen continuidad, entre las que destacan la Festa de Benvinguda, la Nit de Sant Joan y las actividades realizadas en el marco de las aulas culturales y la Sala d’Exposicions. A partir de 1998, el Vicerectorat de Cultura asume la Universitat d’Estiu de Gandia y las aulas culturales, mientras que el Servei d’Extensió –dependiente ahora del Vicerectorat d’Extensió Universitària i Relacions amb la Societat, dirigido por Vicente Ramón Torcal– continúa gestionando la Universitat als Pobles y los Cursos d’Extensió, a lo que se sumarán propuestas tan potentes como La Nau Gran, que se pone en marcha en 1999, y mucho después, actividades culturales de enorme acogida como el Passeig Saludable, que ha celebrado su décima edición en el curso 2019-2020. A todo ello hay que añadir proyectos recientemente estrenados como el Passaport Cultural UV o los Col·laboratoris UV.
Como se ha apuntado, las responsabilidades y los programas gestionados por el Servei varían a lo largo del tiempo, y dependiendo de quién esté a la cabeza de la unidad y de las necesidades concretas del contexto, el énfasis se coloca en unas iniciativas u otras. Así, bajo el mandato de Antoni Tordera (1987-1989), primer director del Servei d’Extensió, cuando este se formaliza –hay que tener en cuenta que previamente existía la Comissió d’Extensió Universitària presidida por Isabel Morant, de la que Tordera ya formaba parte–, se va dando forma a las primeras aulas (Teatre, Cinema y Música), se organizan exposiciones artísticas y se continúa con la Universitat als Pobles y la UEG.25 Asimismo, se lanza un programa pionero de Ajudes a la Creativitat i a les Iniciatives Culturals, convocado por primera vez en el curso 1987-1988 y que a principios de los noventa, con Albert Girona al frente del Servei d’Extensió (1991-1994), se ampliará considerablemente. «En donar-li una estructura fixa i estable i dedicar més recursos, molts joves creadors que, en alguns casos, acabaran convertint-se en professionals molt reconeguts, van tindre per primera vegada l’oportunitat de desenvolupar les seues idees» (A. Girona Albuixech, comunicación personal, 2019, 6 de marzo).
Antoni Tordera dejará el Servei en 1989 al ser nombrado director artístico del Centre Dramàtic de la Generalitat Valenciana. Antes de la llegada de Albert Girona en 1991, ya bajo el mandato de Maribel Martínez Benlloch como vicerrectora d’Extensió, Salvador Albiñana se hace cargo de la dirección del Servei (mientras sigue al frente de la Sala d’Exposicions) y continúa, en términos generales, la tarea iniciada por Tordera. Girona, por su parte, pondrá el foco en lograr una estructura más estable articulando las aulas (con sus espacios, sus responsables respectivos coordinados por él, y una cierta identidad corporativa que comienza a forjarse) y en abrir «tot el ventall possible del món de la difusió cultural y de l’extensió universitària». Entre otras cosas, además de ampliar las ayudas a la creatividad y, en general, de intensificar la búsqueda de financiación logrando nuevos convenios y patrocinios con entidades públicas y privadas, impulsará una nueva aula cultural, la de Debats, con los profesores de Historia Contemporánea Justo Serna y Anaclet Pons como responsables. Además, en esos momentos, dentro del Servei se creará un departamento específico para gestionar el programa Universitat als Pobles, que ofrecerá cada vez más cursos en más municipios.
Por otro lado, la continuación de las labores de inventariado, restauración, catalogación, recuperación y difusión del patrimonio cultural, que se habían iniciado en 1985, siguen siendo desarrolladas directamente y de forma independiente por el conservador del Patrimoni Històric-Artístic, Daniel Benito Goerlich –nombrado como tal en enero de 1987–, que contará con la ayuda del actual responsable del Àrea d’Exposicions, Norberto Piqueras Sánchez. Además, en 1990 se celebra la 1a Biennal Martínez Guerricabeitia, que continúa a día de hoy y gracias a la cual, en palabras de Albert Girona, «es va aconseguir consolidar la presència de la Universitat al món de les arts plàstiques, després del formidable treball realitzat els anys previs per Albiñana i Sánchez Durá a la Sala d’Exposicions».
Con Juan Vicente Martínez Luciano, que se hace cargo del Servei d’Extensió entre 1994 y 1998 –es decir, bajo el Vicerectorat de Cultura de Antoni Tordera y ya con Pedro Ruiz Torres como rector–, los principales programas culturales de la Universitat seguían desarrollándose a través de las aulas, la Sala d’Exposicions y la Biennal Martínez Guerricabeitia (gestionada por su propio Patronat), la Universitat d’Estiu de Gandia (de la que se encarga ahora el Vicerectorat de Cultura), la Universitat als Pobles y una serie de ayudas y reconocimientos otorgados por la Comissió d’Extensió Universitària.26 Además, durante sus años al frente del Servei, se dará un gran espaldarazo a los Cursos d’Extensió, que, aunque «no estaban formalizados ni mucho menos como a día de hoy» (M. Luciano, comunicación personal, 2019, 12 de marzo), ofrecían una amplia formación relacionada siempre con cuestiones culturales y estaban abiertos tanto a la comunidad universitaria como a la sociedad en general.
Por otra parte, hay que tener en cuenta que esta primera legislatura de Pedro Ruiz ya se inicia con la idea de convertir La Nau en un centro cultural. De hecho, el mandato culmina en 1998 con el edificio en plena rehabilitación, justo antes del comienzo oficial de la celebración de la efeméride Cinc Segles. Esta se llevará a cabo en el segundo gobierno de Pedro Ruiz, concretamente entre 1999 y 2002, aunque, como es lógico, un proyecto de tal envergadura requiere un inmenso trabajo previo, para lo cual en 1997 se crea, dentro de la Fundació General de la Universitat de València, el Patronat Especial Cinc Segles,27 presidido por el rector y del que forma parte el vicerrector de Cultura, Antoni Tordera. Aunque todo ello se explica con mayor profundidad en el capítulo que cierra esta investigación –dedicado precisamente a la gran conmemoración–, hay que destacar que Juan Vicente Martínez Luciano será nombrado director adjunto de Cinc Segles en 1998, dejando por ello su puesto al frente del Servei d’Extensió Universitària.28
Además, según apunta Albert Girona, la voluntad de convertir el edificio en un espacio cultural en el centro de la ciudad «i amb una visió absolutament progressista de la cultura» venía de muy atrás, ya con Isabel Morant en el Vicerectorat d’Extensió Universitària y, más tarde, con Maribel Martínez Benlloch y con el mismo Girona como director del Servei. Así, si bien durante los años ochenta la sede histórica de la Universitat había sido un edificio administrativo donde estaba ubicado el equipo rectoral y donde se celebraban la mayoría de actos institucionales, se tenía desde entonces una clara voluntad de ir trasladando la actividad administrativa y del rectorado fuera de La Nau. Sin embargo, la idea de transformar esta en un espacio estrictamente cultural solo se materializará –y lo hará incluso a nivel físico, al abrir más salas dedicadas a la exhibición de arte, un teatro, además de consolidar nuevos espacios para la programación musical, etc.– estando Tordera a la cabeza del Vicerectorat de Cultura propiamente dicho, con la remodelación integral del edificio en el contexto de Cinc Segles.
De vuelta al Servei d’Extensió Universitària, antes de pasar a describir con más de detalle sus principales acciones en materia de cultura a lo largo de estos años, es importante destacar algo en lo que insisten todos los protagonistas de esta primera etapa: las actividades y proyectos culturales desarrollados por la Universitat hasta la consolidación y formalización de la unidad como tal y, más tarde, del Vicerectorat de Cultura, fueron posibles gracias al trabajo colaborativo, voluntarista y entusiasta de todas las personas que integraban el Servei, el propio Vicerectorat d’Extensió, así como los profesores, estudiantes y colaboradores que gestionaban las aulas culturales. En una época de trabajo muy intenso y de mucha experimentación, en la que todo estaba por desarrollar, el compromiso y, sobre todo, la ilusión, fueron los motores que llevaron a buen puerto el proyecto cultural de una incipiente Universitat democrática.
2.3.1 Principales programas culturales del Servei d’Extensió Universitària
En las páginas anteriores se ha explicado, grosso modo, qué papel ha cumplido el Servei d’Extensió Universitària desde sus inicios hasta hoy, y se ha hecho referencia a algunas de las principales actividades y proyectos desarrollados por esta unidad en materia de cultura. Aunque no es posible exponer aquí exhaustivamente todo el trabajo realizado durante más de treinta años, a continuación se presentan con más detalle algunas de estas acciones, tanto si siguen vigentes en la actualidad como si solo funcionaron en un determinado periodo de tiempo en el pasado.
2.3.1.1 Cursos d’Extensió Universitària
El Servei d’Extensió Universitària gestiona desde su creación –incluso antes de su propia formalización– los Cursos d’Extensió Universitària, que surgieron, como casi todas las iniciativas culturales de aquellos años, de manera informal, pero que poco a poco se fueron oficializando.29 Entonces y hoy en día –regulados por la normativa aprobada en Consell de Govern el 22 de octubre de 1991 y modificada parcialmente en los Consells de Govern del 19 de julio de 1994 y del 22 de julio de 2003–, pretendían y pretenden cumplir con lo establecido en los Estatuts, que en el artículo 149 de su primera edición (1985) y en el 139 de su última versión (2013), señalan:
La Universitat de València, per acord del Consell de Govern, pot establir estudis d’extensió universitària. Aquests estudis van adreçats a la difusió i la divulgació social dels coneixements, la ciència i la cultura.
La realització d’aquest tipus d’estudis s’ha de fer preferentment en col·laboració amb altres entitats públiques o privades.
Les propostes d’aquests estudis poden sorgir dels departaments, instituts universitaris d’investigació, centres o serveis i, per a llur aprovació pel Consell de Govern, han d’anar acompanyades d’una memòria que els justifique i en la qual s’exposen els mitjans necessaris per poder desenvolupar-los (Decret 172/1985, Secció Quarta, Article 149é; Decret 45/2013, Secció Quarta, Article 139).
Como herramienta para lograr que el saber universitario traspasase el ámbito académico y llegase a sectores sociales tradicionalmente alejados de la educación superior, los Cursos d’Extensió se materializaron en un primer momento en forma de talleres y seminarios organizados por el Servei y por las distintas aulas culturales. Como se ha apuntado, con el tiempo se regularon administrativamente y se ampliaron de forma muy significativa, respondiendo así al principio asentado desde finales del siglo XX en la política educativa nacional e internacional de que los procesos de aprendizaje tienen que durar toda la vida (Lifelong Learning).
Tanto los Cursos d’Extensió, como los programas y servicios Universitat als Pobles,30 La Nau Gran u otros más recientes como Unimajors y UniSocietat, se enmarcan en esa noción de aprendizaje permanente entendido como «acto político», que se traduce, según el profesor Mayordomo Pérez (2015: 184), en
… crear espacios y modos de cultura abiertos a todos en cualquier momento de su trayectoria vital, y cumpliendo de tal manera –como establecen nuestros Estatutos– otro ámbito de su participación e implicación en nuestra realidad social. Esa es una importante opción política, desde su decisión inicial hasta las consecuencias de su desarrollo, y puede ser componente de interés en el cumplimiento del nuevo paradigma de la Responsabilidad Social Universitaria.
Este reto que se plantea a la Universidad especialmente desde los años noventa del siglo pasado y que se recoge en múltiples normativas y declaraciones –así lo hace, por ejemplo, el Marco estratégico para la cooperación europea en el ámbito de la educación y la formación (ET 2020), la European Universities Charter for Lifelong Learning (2008) de la Asociación Europea de Universidades, el documento La formación permanente y las universidades españolas, aprobado en pleno del Consejo de Universidades Españolas en 2010, etc.–31 implica un compromiso y una responsabilidad muy importantes: poner a disposición de todas y todos una enseñanza compacta, coherente y duradera, que vaya mucho más allá de la formación reglada y que sea capaz de satisfacer las demandas y los desafíos de las sociedades complejas del siglo XXI.
Respondiendo a esta estrategia global, según figura en las Actes del Consell de Govern de la Universitat de València del 19 de diciembre de 2017, la legislación general universitaria española ha asentado las bases necesarias «per encomanar a les institucions d’ensenyament superior la conformació d’aquesta oferta de formació permanent». Por su parte, nuestra Universitat se ha incorporado a la dinámica del aprendizaje permanente «impulsant cada vegada més formació per a l’actualització de competències dels seus graduats o d’aquelles persones que vulguin adquirir aquestes competències a nivell universitari, amb una oferta flexible, sense que necessàriament conduïsca a una titulació oficial».32 Precisamente en esta línea se sitúan también programas como los ya aludidos de La Nau Gran y la oferta de cursos, talleres y actividades de La Nau Gran en Obert, así como la regulación de las bases de los estudios de extensión universitaria, que abren nuevos caminos formativos para el alumnado de enseñanza superior, para profesionales que ya están en activo y para el colectivo de personas mayores.
Aunque han ido cambiando con los años para adecuarse a los intereses de la ciudadanía y de la comunidad universitaria en particular, los cursos no han perdido su esencia inicial, que desde el Servei d’Extensió Universitària se expresaba de esta forma tan clara y rotunda en su segunda edición:
La Universitat de València ix dels seus murs el segon any consecutiu per tal de prendre contacte amb la societat que l’acull. La Universitat no pot romandre al marge de la realitat que l’envolta. La investigació, la docència i, al capdavall, el lliurament de títols, no esgoten les raons de la seua existència. Ben al contrari, tot això adquireix un vertader sentit quan la Universitat es compromet amb la conjuntura econòmica, cultural, educativa i política de la societat del seu temps; quan contribueix a millorar la qualitat de vida de tots els individus, pertanyents o no a la institució universitària. Els ciutadans han d’estar al corrent de les activitats internes de la Universitat; només així es podrà exercir un control racional sobre la transparència dels seus comptes, i així mateix sobre els resultats dels seus programes de recerca i la utilització que es fa de les descobertes de la ciència (Servei d’Extensió Universitària de la Universitat de València, 1986: s. p.).
En la actualidad, aparte del conjunto de Cursos d’Extensió como tal que se ofertan cada año, el Servei d’Extensió organiza unas «actividades universitarias por participación» en colaboración con el Servei de Biblioteques i Documentació, el Servei d’Informàtica, el Institut Universitari d’Estudis de la Dona, el Vicerectorat d’Ordenació Acadèmica i Professorat, etc. Por lo demás, también pone a disposición de los jóvenes que están a punto de entrar en la Universitat unos «Cursos zero» de acceso a grados que buscan potenciar la adquisición de conocimientos y habilidades considerados imprescindibles, así como «Cursos d’Accès a Màsters Oficials» para quienes ya han obtenido el título de graduado/a.
Todas estas iniciativas tienen como objetivo fundamental el cumplimiento de una misión social: poner a disposición de la ciudadanía la capacidad docente, creativa, investigadora y cultural de la Universitat (Universitat de València, 2003: s. p.), al igual que lo ha hecho durante más de dos décadas el programa Universitat als Pobles, como se verá a continuación. Y es que la Universidad como lugar de conocimiento por excelencia solo puede fomentar un aprendizaje entendido como aprendizaje a lo largo de la vida, esto es, como herramienta «de desarrollo personal y social que sirve al fomento de la adquisición de competencias básicas para vivir y trabajar en el siglo XXI; un aprendizaje, sobre todo, que resulta imprescindible para ejercer plenamente el derecho a una ciudadanía activa» (Mayordomo Pérez, 2015: 191).
2.3.1.2 Universitat als Pobles
Este fue durante mucho tiempo el programa que más directamente se ceñía a la idea de extensión universitaria heredada del siglo XIX y entendida como esa voluntad de la Universidad de estar al servicio del pueblo, de las clases y sectores tradicionalmente alejados del mundo universitario. En definitiva, la Universitat als Pobles ejemplifica bien esa «tecnología cultural» que es la extensión universitaria en un sentido clásico, concebida como «algo que sale al encuentro de alguien, donde ese alguien, que no es el destinatario propio de la acción universitaria, obtiene no el producto central de la institución, sino materiales por así decirlo “digeridos”» (Ariño, 2007: 37).
El objetivo fundamental del programa, en funcionamiento hasta tiempos muy recientes, era «obrir noves vies de relació de la Universitat amb el seu entorn social, humà i cultural», facilitando el contacto del profesorado universitario y de su trabajo científico «amb les inquietuds i preocupacions de la gent, que, per diversos motius, no ha pogut accedir al campus universitari» (Servei d’Extensió Universitària de la Universitat de València, 1995: 6). Con dicho fin se impartieron desde 1985-1986 una serie de cursos de divulgación científica, técnica y cultural en multitud de municipios, con un enfoque práctico en la mayoría de los casos, y dirigidos a cualquier persona interesada, sin importar su nivel de estudios. Es decir, no se trataba de cursos de especialización o perfeccionamiento profesional, sino de formaciones que perseguían en términos generales el desarrollo comunitario de la población destinataria del programa.
Estas formaciones tenían lugar fundamentalmente en el distrito universitario, es decir, en pueblos de la provincia de Valencia y algunos de la de Castellón, dado que la Universitat Jaume I no abrirá sus puertas hasta 1991. Con los años irán aumentando progresivamente en volumen y temáticas, sobre todo al conseguir la financiación de la Fundació Bancaixa, que patrocinó el programa durante muchas ediciones. Antes, otras entidades financieras locales como la Caixa de Sagunt o la Caixa d’Estalvis de Carlet se habían involucrado en el proyecto, aunque generalmente eran los ayuntamientos de los pueblos quienes colaboraban con el 50 % del total de lo presupuestado para los cursos que solicitaban, además de la Diputació de València, el Consell Social de la Universitat o la Diputació de Castelló para las formaciones en los municipios de su provincia. Por su parte, la Universitat pagaba al profesorado «la quantitat convinguda» (Servei d’Extensió Universitària de la Universitat de València, 1991a: s. p.), que era en realidad algo bastante simbólico.
La Universitat, a través del Servei d’Extensió, se ocupaba de la programación de los cursos y de la facilitación del contacto entre los docentes y los coordinadores de cada ayuntamiento. Hubo varios profesores responsables: el primero fue Tobies Grimaltos Mascarós, de Filosofía, y luego Francesc Andreu Martínez Gallego, de Historia.33 Más adelante, cuando el Vicerectorat de Cultura y el d’Extensió Universitària se separan, lo será Salvador Roig Dobón, de Economía. Por su parte, los ayuntamientos tenían que asegurar el lugar y los recursos para impartir las formaciones, publicitarlas en los municipios, gestionar la matriculación del alumnado y entregar al Servei d’Extensió Universitària una memoria y la lista de asistentes al finalizar los cursos (Servei d’Extensió Universitària de la Universitat de València, 1990a: s. p.).
Por lo que respecta al tipo de formaciones ofertadas, ya se ha dicho que tenían un carácter general y eminentemente práctico, pero las temáticas eran muy variadas. Aun en los primeros años, cuando todavía no estaban normalizados, había cursos que trataban desde cuestiones sanitarias como primeros auxilios, estrategias para dejar de fumar o medicina preventiva y salud pública, hasta el desarrollo de habilidades artísticas tanto prácticas como teóricas (por ejemplo, iniciación a la danza o introducción a la historia del cine). También se ofrecía formación en el manejo de distintos programas informáticos y uso de bases de datos, o talleres de coeducación y educación en el ámbito familiar.34
Como ocurre con el resto de programas, el funcionamiento de la Universitat als Pobles se sistematiza con el tiempo y, en 1999, aparte de «l’oferta bàsica de cursos», el Servei d’Extensió presenta «l’oferta de cursos a mida», con el fin de personalizar la formación ofrecida y adecuarse a las necesidades reales de cada pueblo (Servei d’Extensió Universitària de la Universitat de València, 1999a: s. p.). Además, desde entonces, cada año el programa se dividía en cinco grandes áreas de conocimiento: ciencias básicas y técnicas, ciencias de la salud, ciencias sociales, humanidades y educación y formación.
En una etapa muy posterior y debido a la bajada notable de interés y participación de los municipios en estos cursos tras más de veinte años de trayectoria, la Universitat llevó a cabo, en colaboración con la Diputació de València, «un intenso estudio […] de las distintas necesidades y demandas formativas […] de las diferentes comarcas de la provincia, a través de visitas, presentaciones y realización de encuestas a sus ayuntamientos» (Tomás, 2006a: 5), cuyos resultados fueron publicados en el libro Demanda formativa de los municipios de Valencia. Universitat als pobles (2006). Estos revelaron una falta de adecuación entre la oferta formativa y las necesidades reales del público objetivo, situado en «una franja de edad entre los 20 y los 40 años, con un nivel de estudios básico y con una ocupación predominante de amas de casa, estudiantes y personas en paro» (Camarasa, Civera, Miranda y Ayuso, 2006: 31). En esta fase final del programa, el alumnado potencial se mostraba interesado especialmente en las siguientes áreas temáticas: «Introducción a las herramientas informáticas, los temas domésticos y los temas sobre el campo y la agricultura», destacando entre ellos «los cursos de Introducción a Internet, Agricultura ecológica y Salud y educación» (ibíd.: 31).
Una vez el Servei d’Extensió Universitària deja de hacerse cargo de la gestión del programa, lo asume el Vicerectorat de Participació i Projecció Territorial (actual Vicerectorat de Projecció Territorial i Societat). Pasado un tiempo, la Universitat als Pobles como tal deja de existir, pero surgen nuevas iniciativas en la línea de formación a lo largo de la vida, como es el caso de UniSocietat. Ampliado posteriormente a UniSocietat Plus, participan ayuntamientos de localidades como Alzira, Benetússer, Bétera, Cullera, Gandia, l’Eliana, Massamagrell, Ontinyent, Paterna, Quart de Poblet, Requena o Riba-roja de Túria, proponiendo itinerarios formativos para la ciudadanía mayor de 30 años que quiera continuar sus estudios. Junto a otras iniciativas ya consolidadas como La Nau Gran o Unimajors,35 UniSocietat busca reconocer la valiosa contribución del colectivo de mayores a la sociedad, fomentar el interés por la cultura y promover el aprendizaje mutuo entre personas de distintos ámbitos y generaciones.
2.3.1.3 Ajudes a la Creativitat i a les Iniciatives Culturals
La convocatoria de Ajudes a la Creativitat i a les Iniciatives Culturals fue una de las primeras propuestas destinadas a fomentar la iniciativa creativa y cultural entre la comunidad universitaria y, más allá, entre la sociedad valenciana en general. Fue una idea de Antoni Tordera como director del Servei d’Extensió, y su primera edición tuvo lugar en el curso 1987-1988, para mantenerse hasta mediados de los noventa, aunque con cambios tanto en las modalidades de participación como en el presupuesto. En el folleto de la segunda edición se explica así su objetivo principal:
… potenciar les dimensions no estrictament acadèmiques de la Universitat de València, sense que els diferents projectes renuncien a la indubtable riquesa que suposa el normal desenvolupament de la vida docent i investigadora de la Universitat. Aquesta convocatòria, en distingir entre creativitat i iniciativa cultural, pretén de subratllar el desig que totes dues dimensions no siguen considerades excloents; tractem d’assumir les diferències que hi ha entre la tasca específicament creativa i la posada en marxa d’iniciatives culturals que dinamitzen la vida universitària, tant en aquesta mateixa com en relació amb la societat (Servei d’Extensió Universitària de la Universitat de València, 1989a: s. p.).
En general, en las distintas ediciones se ofertaron ayudas a la producción de teatro o danza, a la interpretación musical, a la organización de debates y a la producción audiovisual. La comisión encargada de evaluar los proyectos y otorgar las subvenciones estaba compuesta por miembros del propio Servei d’Extensió Universitària y por personas expertas en los distintos campos culturales de las diversas modalidades. Salvo en el caso de los debates, el resultado de los proyectos musicales, audiovisuales, teatrales y de danza que habían conseguido las ayudas, se presentaban dentro del programa de la Festa de Benvinguda del curso siguiente al de la convocatoria que habían ganado.
Durante las siguientes ediciones se irán produciendo cambios menores, pero se mantendrán en términos globales las ayudas a las distintas disciplinas ya descritas, aunque ampliándose el presupuesto al contar con la colaboración de la Caixa d’Estalvis i Pensions de Barcelona. Ello permitirá, por ejemplo, que la modalidad de espectáculo se divida en dos: danza y teatro por separado; en consecuencia, serán cinco modalidades en total las ofertadas, en lugar de cuatro. Y si en el folleto de la tercera edición (marzo de 1990) se hablaba de «potenciar les dimensions no estrictament acadèmiques de la comunitat universitària i fer més permeable la universitat a les exigències i les activitats de la societat», los objetivos perseguidos también van siendo progresivamente más ambiciosos, como muestra la presentación de la sexta edición:
Amb aquestes convocatòries el Servei d’Extensió Universitària pretén obrir els seus espais culturals a l’organització d’activitats de caràcter cultural i artístic, de dins i fora de la Universitat, que d’altra manera no tindrien l’oportunitat de ser presentades a la societat valenciana y que complementen també, les dissenyades pel propi Servei. Es tracta, doncs, de connectar amb l’entorn social i cultural en què es troba la Universitat de València i renovar el concepte de servei cultural, consistent en servir de canal d’animació i difusió de béns culturals, però, sobretot, de prendre la iniciativa i fomentar la producció de fets i objectes culturals novedosos (Servei d’Extensió Universitària de la Universitat de València, 1993a: s. p.).
Entre otros muchos, algunos de los premiados en las distintas ediciones y modalidades fueron: Big-Band Universitària en la sección de música de 1988; el vídeo L’Erosió a les costes valencianes, dirigido por Jaume Riera o la obra de teatro Plaza bonita, plaza roja, dirigida por Manuel de la Dueña en el mismo año; el colectivo CEDSALA en la modalidad de debates en 1990, con un ciclo de conferencias y mesas redondas sobre el sida; la obra Broza, de la compañía El Desván, también en 1990, o Bloody Mary Show, de L’Eina Teatre,36 en 1991; el espectáculo Mi horóscopo decía, de la compañía de danza Aviones Diferentes, en 1993; los músicos Vicente Pérez (saxofón), Antonio Pérez (saxofón) y Fernando Ferrer (piano) en la modalidad de interpretación musical también en 1993, o David Fons Callejón (viola) y Francisco Navarro (piano) en la misma modalidad en 1994, año en el que se premió, asimismo, la organización de unas jornadas de debate tituladas «Medio ambiente, ¿una necesidad?», proyecto presentado por Rafael Fabra Bellido y que contó con la participación de Joaquín Araújo, Emèrit Bono, José Luis Barona, Antoni Tordera o la ONG Greenpeace, entre otros.
2.3.1.4 Otras iniciativas en los primeros tiempos
Aparte de los Cursos d’Extensió Universitària, la Universitat als Pobles y las ayudas a proyectos culturales y creativos, uno de los programas más ambiciosos –y que ha resultado ser el más longevo– con los que se inicia la extensión cultural en la Universitat democrática es la Universitat d’Estiu de Gandia, a la que se dedica más adelante un apartado específico de este libro. Además de todo lo dicho hasta ahora, el Servei gestionaba muchas otras actividades culturales que se celebraban puntualmente y que no pueden ser reseñadas aquí por las obvias limitaciones de espacio. Entre ellas figuran conferencias y mesas redondas, actuaciones musicales memorables, espectáculos teatrales o la Academia de los Nocturnos. Este era un certamen literario en cuatro modalidades (prosa y poesía en castellano y en valenciano) organizado por el Vicerectorat d’Extensió y la Comissió Gestora d’Estudiants y con colaboraciones como la de la Revista Literaria Lagos de Lahos, que se dirigía a toda la sociedad y que celebró su primera edición en 1985-1986. El premio a los ganadores en cada modalidad consistía en la publicación de sus obras por parte del Servei de Publicacions de la Universitat.
Pero, sin lugar a dudas, una actividad que se convirtió en todo un hito y se erigió durante mucho tiempo en la esperada cita de bienvenida al verano dentro del programa cultural de la Universitat fue la Nit de Sant Joan. Organizada primero por el Vicerectorat d’Extensió Universitària, con el Servei d’Extensió como brazo ejecutor, tomará luego el relevo en su gestión el Vicerectorat de Cultura, al que se unirá durante los años de celebración del quinto centenario de la Universitat el Patronat Cinc Segles, además del Jardí Botànic en todas las ediciones que tuvieron lugar allí.
La sede que en sus comienzos acogía estas Nits era el edificio histórico de La Nau, hasta que debido a la reforma integral que empieza en 1997, estas se trasladan al Botànic en 1998. Eran (y son) noches de conciertos, espectáculos de danza y teatro, performances, audiovisuales, mimo…, dirigidas a los miembros de la comunidad universitaria y, como ocurría con el resto de iniciativas en aquellos años, se sacaban adelante gracias a la participación y el esfuerzo conjunto de todo el personal que trabajaba o colaboraba en alguna de las áreas relacionadas con el Vicerectorat d’Extensió Universitària. En palabras de Leonor Tortajada, «había unas necesidades mínimas de infraestructuras y lo hacíamos con el esfuerzo personal y el cariño que teníamos por la actividad que desempeñábamos».
Poco a poco las Nits de Sant Joan se fueron consolidando, y con ellas se formalizó su organización y funcionamiento, pero lo que no cambió nunca fue el entusiasmo y la ilusión de quienes trabajaban para hacerlas realidad. Al ser preguntados por estas noches mágicas, a los protagonistas se les amontonan los recuerdos (y las sonrisas): una instalación de Valentí Figueres compuesta por un reguero de paja y dinosaurios de goma que conducía desde la calle de la Nau hasta la estatua de Lluís Vives –o «Sant Lluís», como Antoni Tordera le llama a veces porque, según afirma, «mucha gente de la que pasa por el claustro cree que es un santo…»–; la bailarina Sol Picó girando sobre una plataforma alrededor del humanista valenciano más universal; el Petit Café Concert Futuriste; performances de Bartolomé Ferrando; instalaciones y acciones dirigidas por Esteve Grasset en un espectáculo titulado On són els somnis?… (A. Tordera, comunicación personal, 2019, 1 de marzo). Y la lista continúa:
… la música de Pep Llopis acompañaba la Nau dels Argonautes de Salvador Jàfer, el mimo de Carles Castillo y las esculturas acuáticas de Zingler,37 el Macbeth de los títeres de la Tartana (materia pura) y la proclama de Carmen Alborch (espíritu alado, aquella noche de viento), la instalación de hielo de Valentí Figueres y la ilusión hecha ilusión del prestidigitador Gurrea (Tordera, 1993: 162).
Pero «quizá una de las noches más bonitas fue aquella en la que el edificio se convirtió en una caja de música» (A. Tordera, comunicación personal, 2019, 1 de marzo). Se refiere Tordera a la edición de 1996, cuando, bajo la organización del Patronat Cinc Segles y del Vicerectorat de Cultura, La Nau se abrió como Una capsa de música a toda la familia universitaria. Aquel prólogo al festejo de los quinientos años de la Universitat fue un evento multidisciplinar que combinaba teatro y danza con músicas de los más diversos estilos: contemporánea, pop, clásica, barroca, afrolatina, flamenco, jazz… Y representaba muy bien lo que el equipo de gobierno de Pedro Ruiz, y muy especialmente el primer Vicerectorat de Cultura, se habían propuesto: «convertir el espacio de La Nau en el referente cultural de la Universitat de València» (J. V. Martínez Luciano, comunicación personal, 2019, 12 de marzo). Un edificio, pues, transformado en una caja musical abierta a la que Pep Llopis como director artístico invitaba a conocer con estas sugerentes palabras:
Recuperar una part de les ressonàncies d’un espai com la Universitat de València potser només consisteix a posar atenció, parar l’orella, obrir l’esperit i escoltar. Aquests murs és ben segur que abriguen en el seu si milers d’ecos, de veus, de sons i vibracions que s’emmagatzemen curosament i amorosament en aquesta capsa meravellosa que és l’edifici de la Nau. I si l’obrim? I si per una nit destapem la capsa? Tot el que pot passar és que algunes d’aquestes remors es barregen i es confonguen. O en tot cas, que algunes de les coses que sonen ens sorprenguin. O que no passe allò que esperem. De tota manera em sembla que val la pena intentar-ho. I per això us convoquem a acompanyar-nos en una cerimònia en què, emparats per la màgia i la complicitat de la Nit de Sant Joan, gosarem destapar la capsa en un acte d’absoluta tolerància i llibertat per a la barreja de qualsevol estil musical. Conduits per l’element bàsic sonor –la música– i amb la intervenció de la veu i d’una àmplia gamma d’instruments, us convidem a degustar un ric menú que ens pot conduir d’un salt del renaixement a l’època contemporània, del jazz al barroc, o de l’ordinador al clavecí, i que, amb una alquímica amalgama de llenguatges, ens pot aprofitar per a obrir les portes de l’estiu amb els sentits desperts i una mirada més oberta (Vicerectorat de Cultura de la Universitat de València, 1996: s. p.).

Brecht al Botànic, Nit de Sant Joan, Jardí Botànic de la Universitat de València, 26 de junio de 1998. Foto de Vicente A. Jiménez.
Como se ha dicho, posteriormente estas Nits de Sant Joan pasaron al Jardí Botànic, donde se estrenaron en 1998 con el espectáculo itinerante Brecht al Botànic, bajo la dirección y coordinación artística de Joaquín Hinojosa. Aquel año, la noche más mágica sirvió para celebrar al mismo tiempo dos aniversarios: el primero del colectivo Amics i Antics Alumnes y el centenario del nacimiento del dramaturgo alemán, «un home dedicat a l’art i compromès amb la transformació progressista del món» (Ruiz Torres, en Vicerectorat de Cultura de la Universitat de València, 1998: s. p.). Y todo ello, además, como parte ya de la celebración del quinto centenario de la Universitat, que, entre otras muchas cosas, pretendía «una “aproximció” a tots del seu Jardí Botànic, una ordenació científica de la naturalesa creada en el XVIII pels homes de la Il·lustració valenciana» (Hinojosa, en Vicerectorat de Cultura de la Universitat de València, 1998, s. p.). A esta siguieron otras noches memorables en el Botànic, como la del Jardí d’Amics, que animaba a aprender «de la naturalesa de les coses i la vetlada de Sant Joan segons les regles de caminar, aprendre, admirar i mirar ara per mitjà de la naturalesa del cine» (Belda, 2002: 50); o Paraules, que «interpretades amb diferents pauses i ritmes», demostraron en aquella velada del año 2000 su vital importancia para evitar «que s’esborre la història i el futur» (p. 50)… Y tantas otras: Un somni de nit de Sant Joan, a cargo de ASSAIG - Grup de Teatre de la Universitat de València, que preparó «una festa per als sentits» a través de textos de Shakespeare (Sanchis, 2015c: 248); Una nit amb Joan, también de ASSAIG, basada en textos de Joan Brossa «amb un concepte ampli que abraça múltiples formes: poesia literària, prosa, poesia escènica (teatre), poesia visual, instal·lacions i poemes transitables» (ibíd.: 268); Tempo, de la compañía mallorquina Res de Res, que invitaba a un viaje emocional y sonoro que mezclaba música, teatro y acrobacia…
En definitiva, noches y noches de cultura y magia que volvieron al claustro de La Nau en el verano de 2011. Aquel año la Orquestra Filharmònica de la Universitat de València festejaba su décimo aniversario y, como clausura de esta celebración, junto al grupo de teatro Escena Zero y la soprano Marta Mathéu, interpretaron Peer Gynt: música per a ombres i orquestra. Desde entonces –excepto en 2012 por nuevas obras en La Nau–, cada Nit de Sant Joan la Universitat sigue invitando a todos sus miembros a reunirse en su sede histórica para disfrutar de espectáculos de música, danza y teatro.38
2.3.1.5 La Nau Gran
Aunque no es hasta 1999 cuando se materializa el proyecto concreto de La Nau Gran, la idea de crear programas específicos para el colectivo de personas mayores39 dentro de la Universitat se empieza a gestar antes. Según apuntan Maribel Martínez Benlloch y Albert Girona, durante sus años al frente del Vicerectorat d’Extensió Universitària i del Servei d’Extensió respectivamente (1990-1994), comenzaron ya en cierta manera a dar forma a esta idea, y poco después, en el contexto de la UEG, se produjeron avances importantes hacia la apertura de la Universitat a la gent gran. Así, siendo Isabel Morant directora de la UEG y con Rafael Company como adjunto a la dirección en tareas de comunicación y de gestión, en la XII edición (1995) «les iaies de la Universitat d’Estiu» ocuparon incluso una contraportada de El País, como recuerda Morant. La Revista SEDI también se hacía eco de esta gran novedad:
… de vegades, es pot pensar que una universitat d’estiu és un espai de difícil accés adreçat a un públic específic. Amb aquesta idea han trencat enguany quatre dones majors de 65 anys que, segons ens explica la portaveu, Mari Creu, de 67 anys, van arribar a la UEG «per un impuls no massa pensat, acompanyat pel desig d’entrar en contacte amb una gran afició: el món de la literatura». […] Pel que fa a la seua incursió en aquesta Universitat, totes quatre –Mari Creu, Amparo, Tomasa i Reme–s’han sentit molt a gust, «encara que ens hauria agradat passar més desapercebudes. Però al mateix temps vam pensar que si el fet de fixar-se en nosaltres, unes dones que venim de les aules de la tercera edat i que no totes hem tingut una educació acadèmica superior, ha servit per a animar a altra gent a vindre, tot aquest guirigall haurà sigut profitós. Ha sigut una bona manera de no barrar l’assistència de gent molt diversa però interessada pels mateixos temes» (Llorens, 1995: 17).
Posteriormente, en 1998 la Universitat encargó a agentes externos la organización de una serie de actividades para mayores, que, al no proporcionar los resultados esperados, dieron pie a la creación de un programa propio. Este le fue encomendado al Servei d’Extensió Universitària durante el segundo mandato del rector Pedro Ruiz y con Vicente Ramon Torcal como vicerrector d’Extensió Universitària i Relacions amb la Societat. Tras estudiar los proyectos existentes en otras universidades, el Servei40 comenzó a armar el nuevo programa basándolo –por sugerencia del rector Pedro Ruiz– «en la incorporació d’estes persones en les aules amb la resta d’estudiants, de manera que poguera haver-hi una confluència intergeneracional enriquidora per a tots» (Torcal, 2015: 32). Así, La Nau Gran vio la luz en 1999,41 en plena celebración de Cinc Segles, pero lejos de nacer como una iniciativa efímera, lo hizo con una clara vocación de permanencia que ha sido satisfecha con creces, como prueban sus veinte años de historia.
En el folleto de presentación del programa en 1999, se hablaba del objetivo prioritario que suponía para la Universitat abrir sus puertas a los mayores de 55 años y de la importancia, como acaba de apuntarse, de hacerlo poniendo a este colectivo en contacto «amb l’entorn universitari real» (Servei d’Extensió Universitària de la Universitat de València, 1999b: s. p.), una de las principales claves de su éxito. En términos mucho más poéticos expresa el rector Francisco Tomás, quien recogió el testigo tres años después de su lanzamiento, el fin último con el que nació este proyecto:
… la voluntad de la Universitat de València al establecer La Nau Gran [fue] construir un vehículo en el que nuestros mayores pudieran «embarcarse» para descubrir mundos nuevos, ideas, saberes, arte, pensamiento, literatura, ciencia y cuantos conocimientos ha alcanzado el ser humano con su inteligencia y su curiosidad a lo largo de la Historia (Tomás, 2015: 26).
Algo que confirman, siguiendo con la metáfora de la nave, los propios protagonistas cuando describen su experiencia:
Son –somos– los estudiantes de La Nau Gran […], gente que se ha embarcado en esta moderna arca para salvarse de los diluvios del siglo XXI: soledad, aburrimiento, tedio, escasa comunicación…; una fauna variopinta con un denominador común: la ilusión por aprender, por ocupar ese precioso tiempo libre que se recibe como regalo después de la jubilación o prejubilación, cuando se ha finalizado un largo ciclo profesional y familiar (Aledo, Balanzá, Balbás et al., 2006: 31).
Este programa «de connexió fluida entre la cultura, el coneixement, la curiositat, la imaginació i la participació cívica» (López Martín, 2015: 13) estuvo dirigido desde el principio a «persones que bé van obtenir una titulació i han exercit una professió durant anys, bé no van accedir al seu moment a la universitat, bé abandonaren els estudis sense concloure’ls»,42 ofreciéndoles itinerarios curriculares en el marco de diferentes titulaciones. Dichos itinerarios, que en su origen eran cinco (arte, geografía, historia, psicología y humanidades), se planteaban ya en 1999 a partir de módulos del propio plan de estudios de las titulaciones, «seleccionats de manera que oferesquen un disseny coherent des del punt de vista acadèmic, donen una visió global de la titulació i puguen ser seguits per persones que, en la majoria dels casos, porten anys desvinculades de les aules» (Servei d’Extensió Universitària de la Universitat de València, 1999b: s. p.).
En la actualidad, en términos prácticos, el alumnado de La Nau Gran debe cursar al menos 75 créditos del itinerario escogido para obtener el correspondiente certificado d’Extensió Universitària, que no es el título oficial de graduado/a de las carreras regladas. La oferta se ha ido modificando y ampliando con el tiempo, pero sigue buscando el desarrollo personal, cognitivo, físico, emocional y de participación social del colectivo comprometido que conforman los estudiantes de La Nau Gran. Esta «aventura cívica» (Tomás, Gil y Mestre, 2006: 17) se materializa a día de hoy en once itinerarios compuestos por tres cursos cada uno de ellos, y aunque la mayoría siguen perteneciendo al ámbito de las humanidades y de las ciencias sociales (historia; historia del arte; filosofía y humanidades; educación; lengua, literatura y comunicación; psicología; derecho, ciencia política y criminología; sociedad y territorio; y ciencias sociales y económicas), también hay un itinerario de ciencias de la salud y otro de ciencia y tecnología.
Los contenidos están compuestos por asignaturas básicas de cada itinerario, optativas que dan la oportunidad al alumnado de más de 55 años de compartir aula con los estudiantes de las titulaciones oficiales; una conferencia inaugural y las actividades de libre elección, que se escogen entre la programación propuesta por La Nau Gran en Obert y también por otros servicios de la Universitat. A todo ello se suman programas como La Nau Gran - Estudi General o el recientemente implantado «Curs d’Alts Estudis en Pensament i Cultura de l’Antiguitat Clàssica» (ANCLA).
La Nau Gran en Obert, por su parte, hace referencia al amplio abanico de actividades culturales y de participación destinadas al público mayor de 55 años (tanto universitario como de fuera de la Universitat), gestionadas por el Servei d’Extensió y que sirven también para que el alumnado de La Nau Gran complete los créditos de libre elección previstos en los diferentes itinerarios. Comprende tanto cursos específicos para este sector poblacional, como el Passeig Saludable –del que se hablará más adelante– y otras propuestas culturales y deportivas, los Cursos d’Extensió Universitària o distintos programas de voluntariado.43
Tras todo lo dicho hasta ahora, puede concluirse que La Nau Gran, después de superar no pocas dificultades en sus veinte años, constituye hoy un programa fuertemente consolidado que ha pasado de los 71 inscritos en su primera edición (1999-2000) a 2.619 en el curso 2017-2018,44 de los cuales una inmensa mayoría (casi el 65 %, esto es, 1.696) son mujeres. Por otro lado, en este proceso de consolidación cabe destacar también que desde el año 2010 la Universitat de València, mediante La Nau Gran, forma parte de la Asociación Estatal de Programas Universitarios para Mayores (AEPUM), una organización que engloba tanto a universidades públicas y privadas, como a entidades con personalidad jurídica, y que desde hace quince años trabaja para favorecer el desarrollo formativo y cultural, por tiempo indefinido, del colectivo de personas envejecientes (AEPUM, s. f.).
Asimismo, es necesario recordar las palabras de José Beltrán Llavador (2006: 43) cuando afirma que «un proyecto como el de la universidad para mayores en general, y el de la Nau Gran en particular, no puede estar guiado por orientaciones tecnocráticas o mercantilistas, sino por fines sociales emancipadores», y en esta misma línea se sitúan también iniciativas lanzadas por los propios estudiantes y exestudiantes de La Nau Gran, como es el caso de la asociación Amigos de La Nau Gran. Esta, de ámbito provincial y creada en 2008, tiene como meta principal «fomentar y mejorar la relación entre los alumnos y exalumnos» de este programa, así como con el «resto de alumnos de la Universitat de València, mediante la organización y realización de actividades tanto culturales como lúdicas» (Amigos de La Nau Gran, s. f.). Además, busca que sus acciones contribuyan a mejorar y complementar la oferta oficial del programa y cuenta con su propio boletín informativo –como lo hizo La Nau Gran durante un tiempo, concretamente entre 2010 y 2014, cuando publicó el boletín El Rogle– y con la revista UNIDIVERSIEDAD.

Acto de entrega de diplomas a la XVI promoción de alumnas y alumnos de La Nau Gran de la Universitat de València. Centre Cultural La Nau, 13 de noviembre de 2017.
Con 1.500 alumnos y exalumnos del programa de formación para personas mayores de la Universitat, se trata de una de las asociaciones de este tipo que más socios aglutina en la actualidad en toda España. Su sede está en el Campus de Tarongers y, aunque es independiente de cualquier órgano de la Universitat y de la FGUV, mantiene una comunicación fluida con los responsables de La Nau Gran, a quienes plantea propuestas y sugerencias de mejora y ofrece su colaboración para enriquecer los «resultados tanto culturales como de organización de dicho programa», según se afirma en el tercer artículo de sus estatutos. Como ejemplo de la intensa actividad que esta asociación mantiene desde hace ya más de una década, cabe destacar que, para celebrar su décimo aniversario, desarrolló entre los meses de enero y junio de 2018 alrededor de 30 actividades enmarcadas en un programa abierto a todo el público, con mesas redondas, conferencias, conciertos, teatro e incluso una exposición sobre su propia trayectoria, que fue presentada en el Col·legi Major Rector Peset.
En definitiva, todos estos proyectos e iniciativas, ya partan de la institución universitaria en sí o del propio colectivo de personas mayores de 55 años, responden a una misma inquietud: continuar aprendiendo, movidos por la curiosidad y estimulados por la imaginación en un contexto formativo que conecta cultura, conocimiento y participación cívica, y que entiende la educación –siguiendo el célebre Informe Delors de 1996–como imperativo democrático.45
Este sentido político de La Nau Gran (y de toda la estructura levantada a su alrededor) se traduce en un sistema que promueve mayor autonomía en la construcción del conocimiento y favorece un aprendizaje más arraigado, «de carácter participativo/cooperativo, en el que todos se integran en una actitud dialogal, en una función reflexivo-problematizadora» (Mayordomo Pérez, 2015: 204). Algo que nos devuelve a la función social universitaria –la educación superior como promotora de la cohesión social, la reducción de las desigualdades y la elevación del conocimiento de toda la ciudadanía–, pilar fundamental de la sociedad a la que aspiramos en el siglo XXI: democrática, sostenible y basada en el conocimiento. Y es que, como señala Jürgen Habermas al explicar su modelo de política deliberativa fundamentado en la «razón comunicativa» –una razón discursiva que emerge a través del diálogo entre grupos sociales–, sin ciudadanas y ciudadanos verdaderamente autónomos y críticos no es posible una «opinión pública raciocinante» (Habermas, 2006), y sin esta no puede haber decisiones políticas legitimadas ni una verdadera cohesión social.
2.3.1.6 Propuestas recientes
Además de las actividades y los programas anteriores, el Servei d’Extensió Universitària, en colaboración con diversos organismos y unidades de la Universitat de València, coordina otras acciones culturales, algunas de las cuales ya tienen una trayectoria considerable. Es el caso del citado Passeig Saludable de La Nau Gran, que ha celebrado en el curso 2019-2020 su décima edición y que mantiene una gran concurrencia, con más de un millar de participantes. Esta actividad, llevada a cabo el domingo más cercano al Día Internacional de las Personas de Edad (1 de octubre), se organiza conjuntamente con el Servei d’Educació Física i Esports, y se concreta en una marcha intergeneracional, saludable, sostenible y solidaria de 3,5 kilómetros que recorre parte del Jardí Botànic, de Les Hespèrides, del viejo cauce del río Túria y de Vivers. Sale cada año del Botànic y finaliza en el Rectorat de la Universitat, en la avenida Blasco Ibáñez, con un desayuno saludable para todos los participantes, y tiene como principal objetivo ofrecer «un ámbito de convivencia social y familiar, desde el protagonismo para las personas mayores y su visibilidad positiva en los espacios públicos de València» (Servei d’Extensió Universitària de la Universitat de València, s. f.).
Al encuentro festivo entre gente diversa y al fomento de la vida sana y de una convivencia que ponga en valor a la población envejeciente, se suma un marcado carácter solidario, dado que parte del dinero de la inscripción se dona a una ONG. Esta varía según la edición: en la más reciente, celebrada el 29 de septiembre de 2019, la ONG beneficiaria fue Hogares Compartidos, que promueve el acompañamiento social en pisos tutelados de personas mayores en riesgo de exclusión por la falta de recursos o por soledad. En años anteriores han participado otras como ATTEM (Asociación para el Tratamiento de Personas con Alteraciones en el Desarrollo), FEDER (Federación Española de Enfermedades Raras), CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado), ACNUR-Comité Español (Agencia de la ONU para los Refugiados), Save the Children, etc. Cabe apuntar, asimismo, que aparte de los Serveis d’Extensió Universitària y d’Educació Física i Esports (con el apoyo del Gabinet de Salut), en ediciones precedentes también han colaborado en la organización y financiación de este evento entidades como la Fundación Divina Pastora o el Ajuntament de València.
Por otro lado, entre las iniciativas más recientes que gestiona el Servei d’Extensió, destaca el Passaport Cultural de la UV, una propuesta lanzada en el curso 2018-2019 como experiencia piloto con el fin de proyectar la actividad cultural de la Universitat hacia nuevos públicos «curiosos y críticos», además de facilitar el acceso del alumnado universitario a acciones y eventos relacionados con el arte y con la práctica cultural en general. En última instancia se persigue con ello, en el marco de la función primordial que constituye la razón de ser de la extensión universitaria, contribuir a la formación de una ciudadanía libre y responsable, de miembros de la comunidad universitaria que tengan una participación activa en la institución, mucho más allá de las clases regladas y de las tareas de investigación. Como expone el propio Servei, este Passaport «permite lograr experiencias culturales poco masificadas y descubrimientos personales desde la diversidad», que se van acumulando en ese «currículum complementario» conformado por aquellas actividades que exceden las dos primeras misiones de la Universidad y que fomentan la formación integral del estudiantado.
En la práctica, lo que se ofrece es la posibilidad de realizar recorridos personales dentro de la oferta cultural plural de la Universitat (aunque no solo), permitiendo así a las personas interesadas acercarse a ramas culturales concretas (desde ese itinerario definido previamente) y obtener con ello un reconocimiento máximo acumulado de 1,5 créditos ECTS por curso. Los programas de esta primera experiencia piloto entre los que pueden escogerse actividades concretas son música, cine, teatro, debate y reflexión, exposiciones y patrimonio, y diversidad.
Por último, también con carácter experimental, se pusieron en marcha en 2018-2019 los Col·laboratoris UV, un programa centrado en la promoción de la innovación y la creatividad entre los estudiantes universitarios. Se trata de formaciones gratuitas y acreditadas por la Universitat que, en contraposición al «currículum complementario» al que se ha hecho referencia anteriormente, conforman méritos oficiales valorados en el currículum reglado tanto para la búsqueda de empleo en empresas privadas como en las convocatorias de instituciones públicas. Según las bases elaboradas por el Servei d’Extensió, las características fundamentales de este programa son las siguientes: protagonismo central del estudiantado, carácter grupal y cooperativo, transversalidad, fomento de la creatividad y la innovación sociocultural y sociotécnica, y durabilidad.
Las propuestas experimentales de Col·laboratoris ofertadas en su primera edición fueron: el seminario intensivo «I Escola d’estiu d’estudis cívics» (Departament de Filosofia); el curso «Dona i Constitució. Una anàlisi sobre la proposta de reforma constitucional des de la perspectiva feminista» (Departament de Dret Constitucional, Ciència Política i de l’Administració); el curso «Innovació transversal en competències d’ajuda professional» (Departament de Metodologia de les Ciències del Comportament) y el curso «Intel·ligència artificial i Big Data: noves aplicacions en ciència, societat i economia» (Departament d’Ingenieria Electrònica). Como se comprobará a lo largo de las próximas páginas, desde algunas de las aulas culturales dependientes del Vicerectorat de Cultura i Esport se están lanzando nuevas propuestas colaborativas en este sentido.
3. DE LA EXTENSIÓN UNIVERSITARIA A LOS VICERRECTORADOS DE CULTURA Y DEL ESTUDI GENERAL AL CENTRE CULTURAL LA NAU (1994-2019)
En las páginas previas se ha abordado la acción cultural del Vicerectorat d’Extensió Universitària de Isabel Morant Deusa (en sus dos etapas) y de Maribel Martínez Benlloch, así como la iniciativa cultural estudiantil en los primeros tiempos tras la recuperación de la autonomía universitaria, y los principales programas gestionados por el Servei d’Extensió hasta hoy. A partir de aquí comienza un recorrido por los distintos vicerrectorados de Cultura de la Universitat de València desde que echase a andar el primero de ellos en 1994, con Antoni Tordera al frente, hasta el actual Vicerectorat de Cultura i Esport encabezado por Antonio Ariño. No obstante, dado que muchas de las áreas de actuación que todavía siguen vigentes en este terreno nacen con los Estatuts de 1985 –aunque la mayoría hayan experimentado cambios muy relevantes a lo largo del tiempo–, en la revisión que ahora se inicia se volverá atrás en la cronología cuantas veces sea necesario para relatar la historia completa de las diversas aulas culturales y de la intensa actividad expositiva, patrimonial y de debate público dentro del periodo estudiado.
Desde los inicios y consolidación de una programación cultural universitaria estable y variada bajo los vicerrectorados de Isabel Morant (1984-1990) y Maribel Martínez Benlloch (1990-1994) –con Ramon Lapiedra como rector–, que crean y asientan muchas de las estructuras que continúan en funcionamiento a día de hoy, los distintos programas y proyectos irán evolucionando y adaptándose a las circunstancias y contextos concretos en función de las necesidades y demandas. La etapa de Antoni Tordera (1994-1999) y Juli Peretó (1999-2002) –bajo el rectorado de Pedro Ruiz–, por su parte, está marcada por la preparación y celebración de la gran efeméride Cinc Segles de la Universitat de València y las enormes posibilidades que esta supuso en cuanto a la dimensión y la diversificación de la actividad. En lo que aquí concierne, 1999 significó un antes y un después, gracias, especialmente, a la reapertura de la sede histórica de la Universitat, el antiguo Estudi General, como Centre Cultural La Nau; a lo que hay que sumar, entre otras cosas, la creación de un servicio específico: el Servei de l’Àrea Cultural, que permaneció activo hasta finales de 2002.
En las dos décadas transcurridas desde entonces, la actividad no ha dejado de crecer, implementándose nuevos programas e iniciativas en el marco de los distintos vicerrectorados de Cultura. Así, por ejemplo, con Rafael Gil al frente (2002-2010) –y con Francisco Tomás como nuevo rector– se reactiva el Aula de Cinema y se crean otras nuevas, como la de Poesia, además de desarrollarse y/o reforzarse estructuras en colaboración con la Fundació General de la Universitat de València, siendo el Àrea d’Exposicions y la de Patrimoni Cultural dos de las más relevantes.46 Por su parte, el vicerrector d’Arts, Cultura i Patrimoni, Josep Lluís Sirera (2010-2011), continúa la misma línea de trabajo al frente de un edificio que alberga una programación cada vez más importante en volumen y más heterogénea en contenidos. Al mismo tiempo, la manera de funcionar también va transformándose poco a poco hacia una progresiva profesionalización de la gestión de las distintas áreas. Así, el sistema inicial en el que un/a PDI ejercía de responsable de una determinada aula cultural o campo de actividad concreto y se apoyaba en personal técnico y administrativo (con la colaboración, en ocasiones, de estudiantes o recién licenciados) va derivando hacia la incorporación de gestores culturales, especialmente a lo largo de la última década.
A este respecto, es importante subrayar que, si bien en 2002 dejó de existir el Servei de l’Àrea Cultural, en 2011 se produce un cambio cualitativo importante al crearse la figura de director/a de Gestió Cultural del Vicerectorat de Cultura (entonces de Cultura, Igualtat i Planificació), cargo que ocupa Gonzalo Montiel47 hasta su fallecimiento en diciembre de 2015, a los 47 años de edad. En su homenaje, el Centre Cultural La Nau alberga una sala con su nombre: la Sala Gonzalo Montiel. Todo ello ocurre durante los vicerrectorados de Antonio Ariño (2011-actualidad), siendo rector Esteban Morcillo (2010-2018) y M.ª Vicenta Mestre (2018-actualidad).48 Por lo demás y como se explicará en las próximas páginas, la programación ha seguido aumentando y diversificándose, se han llevado a cabo nuevas obras en el edificio histórico y se han puesto en marcha numerosos proyectos, con un peso específico muy importante de las actividades participativas y de debate público, y con la incorporación o refuerzo de líneas de trabajo menos exploradas hasta entonces, como las que tienen que ver con la cultura de la igualdad. Por último, antes de iniciar el recorrido anunciado, cabe señalar el esfuerzo realizado por intensificar la colaboración y crear sinergias entre las distintas áreas y departamentos del vicerrectorado y de la Universitat en su conjunto en materia cultural,49 y también la apuesta decidida por la innovación y la inclusión sociocultural como dos líneas prioritarias de trabajo en los años más recientes.
3.1 AULAS CULTURALES
La primera parte de este largo camino está protagonizada por las denominadas aulas culturales, que tienen su germen en aquel Consell Assessor d’Activitats Culturals i d’Extensió creado en 1985 en el marco del nuevo Vicerectorat d’Extensió Universitària i Normalització Lingüística.50 Como el resto de unidades y servicios, con el tiempo se irán formalizando, modificando y, en algunos casos, acabarán desapareciendo, pero también nacerán nuevas aulas en un afán por adaptarse a los tiempos que van llegando y a las demandas e inquietudes culturales de las generaciones más jóvenes. Entre las históricas, figuran el Aula d’Arts Escèniques (antes Aula de Teatre), la de Música y la de Cinema, a las que se irán añadiendo el Aula de Debats, distintas aulas de letras (Poesia, Lectura i Escriptura, Literatura), el Aula d’Història y la de Memòria Democràtica y, muy recientemente, el Aula de Còmic. No obstante, este recorrido va más allá y, como se acaba de apuntar, rememora la amplia trayectoria de la Universitat de València en el ámbito expositivo de muy diversa índole y también en la actividad de recuperación y puesta en valor de su patrimonio cultural. Asimismo, aborda, a través de los variados y numerosos programas de debate y conferencias, el papel fundamental que la institución universitaria ha tenido como promotora de la discusión pública durante sus casi 35 años de andadura democrática, sin olvidar las acciones más directamente encaminadas a la consecución de una sociedad más justa e igualitaria.
3.1.1 Aula d’Arts Escèniques
La larga tradición teatral en la Universitat de València se remonta a los orígenes mismos de la institución: ya en 1531 existen noticias de representaciones escénicas en el Estudi General, y apenas unas décadas después, es bien conocida la extensa labor del dramaturgo Joan Llorenç Palmireno (1524-1579), «quien compuso un buen número de obras en las que las lenguas romances, el castellano y el valenciano, se entremezclaban con el canónico latín» (Lapiedra, 1993: 105). Este catedrático de Retórica de la Universitat promovió numerosas representaciones de comedias en griego y en latín por parte de los estudiantes en el propio Paranimf de La Nau, colaborando así «a la extensión del humanismo helenista y al resurgimiento del teatro en el siglo XVI, desde un enfoque educativo dentro de la denominada subpráctica teatral humanística o escolar» (Benito, 2014: 40). Precisamente Palmireno se llamó, cuatro siglos más tarde, la sala de teatro ubicada en la Facultat de Filologia –actual Facultat de Geografia i Història–, núcleo fundamental de las actividades que el Aula de Teatre desarrolló durante veinte años, desde su creación en 1985 hasta su traslado a la Sala Matilde Salvador en el curso 2004-2005. También en la Palmireno51 nació y creció el grupo de teatro de la Universitat, actual ASSAIG - Grup de Teatre de la Universitat de València, dirigido desde 1991 por Pep Sanchis, y que, además de multitud de muestras teatrales y otras representaciones, ha ofrecido desde entonces hasta hoy casi 40 espectáculos protagonizados por el entusiasta alumnado que cada año llena el Taller Permanent de Teatre de la Universitat.
Asimismo, de la mano de CRIT Companyia de Teatre52 nació hace diez años el proyecto escénico europeo con sede en la Universitat de València, Escena Erasmus. Este, protagonizado por estudiantes de intercambio de distintos países de Europa, consiste en la realización de un taller de interpretación y formación teatral, al que se suma la creación y montaje de una producción final que recorre varias localidades del territorio valenciano todos los veranos. Además, otra novedad dentro del ámbito de las artes escénicas de la Universitat tiene lugar en el curso 2017-2018, cuando el Aula de Teatre pasa a ser Aula d’Arts Escèniques tras la incorporación de la danza a la actividad formativa y el significativo incremento de los espectáculos de esta disciplina en la programación de la Sala Matilde Salvador.
Todo ello se abordará en las siguientes páginas, donde se lleva a cabo un recorrido por los principales elementos que definen la actividad escénica universitaria desde la creación del Aula de Teatre bajo la dirección de Antoni Tordera en 1985, hasta la situación actual. Sobre la presencia y características del teatro universitario en etapas anteriores, puede consultarse el catálogo de la exposición «60 anys de teatre universitari» (Aznar, Diago y Mancebo, 1993), que trata de manera exhaustiva este fenómeno entre los años treinta y noventa del siglo XX.
3.1.1.1 Aula de Teatre (I): nacimiento y primer impulso (1985-1990)53
Como señala Nel Diago (1993: 156), director del Aula de Teatre entre 1989 y 1994, desde finales de los años sesenta y hasta la creación del Aula de Teatre de la Universitat de València en 1985, se produce un largo paréntesis tras «una de las etapas más significativas del teatro universitario valenciano», que había sido protagonizada en la década de los sesenta por José Sanchis Sinisterra –con el Aula de Teatro y el Seminario de Teatro dentro de la Universitat– y Antonio Díaz Zamora –con el Teatro de Cámara del Centro Escolar y Mercantil, el Nuevo TEU de Medicina, el TEU del Distrito, etc.–. Aunque desde 1970 la Universitat de València contaba con un espacio propio para el teatro en la Facultad de Filosofía y Letras –la que posteriormente sería Sala Palmireno–, en la práctica este nunca fue tal hasta que a finales de la década pasó a depender de la entonces ya Facultat de Filologia. No obstante, por la masificación de la Universitat, que obligaba a utilizar cualquier espacio disponible como aula para la formación reglada, y por la ausencia de grupos teatrales universitarios, la futura Sala Palmireno solo fue escenario de algunas representaciones esporádicas desde los últimos años setenta hasta que a partir de 1985 comienza a funcionar la actual Aula de Teatre.
Esta se pone en marcha en el marco de la Universitat surgida de los nuevos Estatuts de 1985, que, como se ha visto, tiene como responsables del fomento y creación cultural dentro de la institución y de su apertura hacia toda la sociedad, al Vicerectorat d’Extensió Universitària de Isabel Morant y al Servei d’Extensió creado formalmente en 1987, con Antoni Tordera como director. Este, responsable también del Aula de Teatre, centra la actividad de esta en tres ámbitos de acción fundamentales: por un lado, la formación a través de talleres y seminarios dirigidos tanto a universitarios como a actores y actrices profesionales; en segundo término, el debate en torno a diferentes campos teatrales (escritura dramática, investigación histórica, práctica escénica, etc.) a través del «Projecte parlar de/per/contra el teatre»; y por último, la programación de representaciones escénicas que, además, se realizaban en diversos centros, más allá del espacio propio del Aula en la Facultat de Filologia54 (aunque el grueso de la actividad se desarrollaba aquí).
Estas representaciones, de nuevo en palabras de Nel Diago (1993: 158), contaban siempre «con un carácter abierto del concepto de teatro» y se dividían a su vez, grosso modo, en tres corrientes: 1) la exhibición de montajes de grupos, tanto españoles como extranjeros, dentro de lo que podría llamarse «nuevas tendencias» (algunos ejemplos fueron Facundina, por Inyäh; Nunc Fluens, por Brau Teatre; Malas noticias acerca de mí mismo, por Teatro del Norte; Así que pasen cinco años, de García Lorca, por Atalaya; ¡Possiqueteveré!, de Juli Cantó; o los «incidentes teatrales» como la ya citada actuación del ilusionista Gurrea o las acciones teatrales durante los Días Mundiales de Teatro de 1998, entre otros muchos); 2) la creación de Quart Estudi, una compañía propia que escenificó en varias ciudades Estel·les, un espectáculo creado a partir de textos de Vicent Andrés Estellés, estrenado en diciembre de 1985 en la Facultat de Filologia; y 3) la promoción de los grupos universitarios que iban apareciendo en las distintas facultades (entre ellos, Baladre Teatre, Variable o El Desván, que será el más importante y constante de los grupos surgidos en los ochenta).
Respecto al número de espectadores que acuden a ver estas obras, en la memoria de actividades del Servei d’Extensió Universitària del curso 1988-1989, se dice literalmente que «la asistencia es masiva (suele llenarse el teatro de 300 localidades)» y está compuesta por un público variado que, aparte de universitarios, acoge a gente «de la calle, críticos y programadores» (s. p.). Además, hay que añadir que cuando se trata de obras de grupos de teatro universitario, en ocasiones «la representación es acompañada con charlas con los actores, conferencia de un experto, etc.» (s. p.). Y todo ello con una fuerte repercusión mediática en la mayoría de las ocasiones, según varias memorias y otros documentos del Aula de esta segunda mitad de los ochenta.
Hay que destacar aquí nuevamente el importante papel que jugó desde su creación en 1988 la convocatoria de Ajudes a la Creativitat i a les Iniciatives Culturals, que, en su rama de teatro, subvencionaba la puesta en escena de espectáculos realizados por grupos no profesionales, tanto de dentro de la Universitat como externos a esta. Algunos de los premiados fueron Un western autèntic (de Sam Shepard, dirigido por Inma Garín, 1988), Plaza bonita, plaza roja (montaje de Manuel de la Dueña con estudiantes de Geografía e Historia, 1989), Broza (El Desván, 1990) o I dibuixant per palmeres (Sefa Jorques, 1990). Este último figura dentro de modalidad de danza, que se incluye en la edición de 1990 de dichas ayudas, dentro de la categoría de espectáculo (junto al teatro), y que un año más tarde tendrá premio independiente.
Aparte de todo lo dicho hasta ahora, hay que recordar la participación del Aula de Teatre en actividades organizadas también por el Servei d’Extensió en colaboración con otros servicios y áreas de la Universitat, como es el caso de la Festa de Benvinguda, de las famosas Nits de Sant Joan, etc. Asimismo, de la cooperación entre las propias aulas culturales surgen valiosos proyectos como La llum de l’espectacle, realizado entre el Aula de Teatre y la de Cinema en el curso 1989-1990, que contó con el patrocinio de Hidroeléctrica Española y la colaboración del Centre Dramàtic de la Generalitat Valenciana (Servei d’Extensió Universitària de la Universitat de València, 1990b: s. p.).
Por último, antes de pasar a la siguiente etapa, que se inicia en el curso 1989-1990, con Nel Diago como nuevo responsable del Aula tras ser nombrado Tordera director del Centre Dramàtic, merece ser destacada una representación muy particular que tuvo lugar en la Cárcel Modelo de Valencia: El corral de la mala suerte. Este espectáculo de Jaime Carballo, al que asistió abundante público universitario, fue sucedido por un intenso e interesante debate del que posteriormente se hará eco la revista La Tramoia (Diago, 1993: 158). El propio Tordera recuerda aquel singular proyecto –que, como se verá, ha tenido cierta continuidad en la estrecha colaboración entre la Universitat y el Centro Penitenciario de Picassent– con las siguientes palabras:
Jaime Carvallo [sic], autor teatral y aventurero honesto, había escrito una obra de teatro (El corral de la mala suerte) para presos de la Prisión Modelo de Valencia. Todo estaba dispuesto para que vinieran a representarla al Aula de Teatre. Pero por razones de seguridad, según dijeron, desautorizaron la función. Así pues, por primera vez, el público siguió a los cómicos y no al revés, y nos fuimos cerca de 200 espectadores a la prisión. Yo creo que los universitarios que fueron a la prisión, difícilmente olvidarán una tan extraña y contundente superposición de lo que es siniestro y brillante. Muros y puertas, pero también gestos y verdad teatral (Tordera, 1993: 161-162).
3.1.1.2 Aula de Teatre (II): de la creación de l’Eina Teatre a la explosión de Cinc Segles (1990-2002)
Con Nel Diago al frente del Aula de Teatre, muchas de las líneas de trabajo lanzadas por Antoni Tordera seguirán desarrollándose, pero, a la vez, se introducirán otras nuevas. En lo que respecta a las ayudas a la creatividad, por ejemplo –y como se apuntó unos párrafos más atrás–, la modalidad de espectáculo ya no se dirige a la financiación de la producción de una obra teatral o de un espectáculo de danza, sino que esta última se separa del teatro y cuenta con su propia subvención. Asimismo, unos años después, la modalidad de teatro se transformará en Premi de Literatura Dramàtica «Llorenç Palmireno», al que podía optar cualquier escritor menor de 35 años de dentro o fuera de la Universitat, y que consistía en la edición del texto premiado y 75.000 pesetas, además del montaje de la obra por parte del Aula de Teatre si se consideraba económicamente viable (Servei d’Extensió Universitària de la Universitat de València, 1994).
Algunos de los premiados entre 1991 y 1994 fueron, en teatro, en 1991, el grupo L’Eina Teatre (que se crea ese mismo año como grupo estable de la Universitat de València vinculado a la Facultat de Filologia) con la obra Bloody Mary Show, de Rodolf Sirera, y el montaje El resto es poesía, de un taller de la Escola d’Art Dramàtic de València; mientras que la ayuda para proyectos de danza la gana Alquimia 5, de Okrana Danza. En 1992 se llevan el premio de teatro el montaje Pandemònium, dirigido por Carles Alberola y Pasqual Alapont sobre una idea de Albert Miralles, para la falla Na Jordana, y Prohibida la reproducción, con texto de José Ricardo Morales dirigido por Inma Garín, quedando la ayuda de danza en manos del espectáculo La edad del sol. El año siguiente el montaje Calambur, inspirado en textos de Max Aub, gana la subvención para teatro, y Mi horóscopo decía (de la compañía Aviones Diferentes), la de danza. En 1994 será el turno para El sentir de los sentidos (de Amaia Donoso) e Igual a tres (de Eva López) en las ayudas a la producción de un espectáculo de danza, y en la modalidad de literatura dramática se lleva el premio Sueño, de Josep Pere Peiró.
Entre las propuestas y principios que la nueva dirección del Aula mantiene respecto al periodo anterior, se encuentra también la «defensa y promoción de los grupos universitarios, colaboración con los centros y con las instituciones, desarrollo de la investigación y la docencia, etc.», pero como nueva prioridad estará «la confirmación del Aula de Teatro de la Facultad de Filología, ahora ya con el nombre de Sala Palmireno, como el espacio físico del teatro universitario valenciano», hasta el punto de que una de sus primeras medidas fue la mejora de sus condiciones, arreglando el techo, poniendo cortinas e instalando una cámara negra (Diago, 1993: 159). Además, en el terreno de las conferencias, ponencias y mesas redondas, se pone especial énfasis en la difusión del teatro latinoamericano: el coloquio «El teatro argentino ante el 92», a cargo de Osvaldo Pellettieri y Miguel Ángel Giella; el seminario sobre «Mujer, teatro y sociedad en España e Iberoamérica», con intervinientes como Josep Lluís Sirera, Joan Oleza, Pat O’Connor, Kirsten Nigro o el propio Nel Diago, entre otros; las primeras «Jornadas de teatro latinoamericano», con investigadores de Argentina, Chile, México, Cuba y España; o la «Semana de poesía y teatro latinoamericanos», con una conferencia del dramaturgo chileno Marco Antonio de la Parra y dos espectáculos, son solo algunos ejemplos.
En lo que concierne a la actividad pedagógica, habrá continuidad respecto a la línea de trabajo marcada por el equipo anterior, con formaciones de iniciación al teatro y a la danza, algunos monográficos, cursos teóricos y analíticos como «Análisis y crítica textual», «Teatro latino del Medioevo», «Crítica teatral», «Dramaturgia: el sainete», etc. Se incluyen, asimismo, formaciones más técnicas: diseño de iluminación teatral, reeducación postural, vestuario, etc., y se organizan también formaciones en colaboración con la Conselleria de Cultura, Educació i Ciència –«Curs de gestió i producció teatral», «Curso de teatro cómico» o «Curso de investigación en didáctica de actividades dramáticas».– y cursos de formación teatral desde el Servei d’Extensió impartidos por Pep Sanchis (Servei d’Extensió Universitària de la Universitat de València, 1992).
Por su parte, las representaciones que promueve el Aula en esta nueva fase experimentan ciertos cambios: según Nel Diago, no buscan tanto exhibir montajes de grupos españoles dentro de nuevas tendencias escénicas, sino, en un primer momento, «transformar la sala de la Universidad en plataforma para que los grupos valencianos, tanto amateurs como profesionales, puedan dar a conocer sus trabajos en la ciudad de Valencia» (1993: 160). A este respecto Salvador Bahilo afirma que «lo que se hacía en la Sala Palmireno en la época de Tordera y de Nel Diago fue muy importante porque sirvió de “prerrodaje” para muchos grupos que estaban empezando, y también como preestreno antes del lanzamiento oficial de sus obras» (S. Bahilo, comunicación personal, 2019, 30 de enero). Juan Vicente Martínez Luciano, director del Servei d’Extensió entre 1994 y 1998, afirma en el mismo sentido que, tanto en la época de Tordera como en la de Nel Diago al frente del Aula, «no se trataba solo de lo que la Universitat hacía hacia fuera, sino que se pretendía que la sociedad fuera consciente de que en la Universitat había un espacio desde el que poder irradiar todas aquellas iniciativas que artistas de todo tipo tenían en la ciudad» (J. V. Martínez Luciano, comunicación personal, 2019, 12 de marzo). Así, durante este tiempo pasan por la Palmireno grupos como Jácara o Teatre de l’Aigua, de Alicante; La Carátula, de Elche; A contratiempo, de Valencia; Zàlata Teatre; el Centre Dramàtic, de Sagunt; Boig Teatre, de Puçol; Bajopar Teatro; La Tarumba, de Alzira; Taules, de El Pinós, y muchos otros.
Sin embargo, hacia finales del mandato de Diago, con la apertura en 1993 de un espacio muy enfocado a los grupos valencianos, el Teatro Talía, la necesidad de que la Universitat cumpla esta función pasa a un segundo plano y, a partir de entonces, esta se puede centrar más concretamente en el teatro universitario (Diago, 1993: 161). Teatro al que –hay que subrayarlo– había seguido prestándole mucha atención desde el curso 1989-1990, con actuaciones recurrentes de El Desván o L’Eina Teatre, pero también dando cabida a montajes de otras universidades, tales como Los engañados, de Lope de Rueda, o la Ymenea, de Torres Naharro (del Teatro de la Universidad de Murcia); Volpone, de Marlowe, dirigido por el Aula de Teatre de la Universitat d’Alacant, etc. (ibíd.: 160).
Pero si hay una producción que merece ser destacada especialmente, esa es La gran Semíramis, de Cristóbal de Virués, que supuso «la empresa más ambiciosa desplegada por el Aula de Teatro durante el periodo de Nel Diago» (ibíd.: 160), y que fue posible gracias a la colaboración del Aula con el Departament de Filologia Espanyola, la Escola d’Art Dramàtic de València, la empresa Embelo, la Direcció General de Patrimoni Cultural y el IVAECM (Institut Valencià d’Arts Escèniques, Cinematografia i Música). El espectáculo, dirigido por Ricard Salvat a partir de una dramaturgia de Josep Lluís Sirera, se estrenó en mayo de 1991 en el Aula de Teatre de la Facultat de Filologia –que todavía no había sido bautizada como Palmireno–, para representarse luego en Castellón y en Alicante, pero no solo eso, sino que cerró su pequeña gira en la Sala Escalante, no sin antes viajar a Volterra (Italia) en julio de ese mismo año para representar a la Universitat de València en un congreso sobre teatro renacentista (Servei d’Extensió Universitària de la Universitat de València, 1991b: s. p.).
A todo ello hay que añadir la creación, a partir de un taller de teatro del Aula impartido por Pep Sanchis, del grupo L’Eina Teatre, que dirige desde el comienzo el mismo Sanchis y que pasará por distintas fases hasta convertirse en el actual ASSAIG - Grup de Teatre de la Universitat de València. Durante su primera etapa está vinculado a la Facultat de Filologia, dependiendo directamente de la Universitat de València en el periodo de Ramon X. Rosselló al frente del Aula de Teatre. Nel Diago rememora los inicios con estas palabras:
Tot va començar el 1990. Jo aleshores exercia de vicedegà de Cultura de la Facultat de Filologia i, alhora, de coordinador de l’Aula de Teatre de la UVEG. Fins al meu despatx es va arribar un jove, Pep Sanchis, que coneixia de vista (érem veïns a Russafa) i que em va proposar crear un grup de teatre a la Facultat amb la idea de fer teatre en valencià i d’autors valencians, clàssics i contemporanis, preferentment. Com que allò coincidia amb els meus propòsits, vaig decidir secundar la iniciativa amb entusiasme. Al cap de poc ja teníem el primer resultat: BLOODY MARY SHOW, de Rodolf Sirera (Diago, 2015: 17-19).
Sobre el grupo de teatro de la Universitat se profundizará en un epígrafe propio más adelante, pero cabe apuntar ahora que, desde su creación, L’Eina Teatre / GTUV / ASSAIG ha estrenado cada año una producción propia con la que muy pronto comienza a girar por varias ciudades, en ocasiones incluso fuera del territorio español. Además, como el propio Sanchis escribe, a lo largo de estos casi 30 años, el grupo de teatro de la Universitat de València ha servido de «trampolí [per a molts dels seus components] per a entrar en el món professional de les arts escèniques i audiovisuals: actors/actrius, il·luminadors, escenògrafs, regidors, guionistes i dramaturgs, directors d’escena, tècnics de RTVV, periodistes, crítics de teatre, etc.» (2015a: 13). Y todo ello –es muy importante recordarlo–sin perder su esencia: seguir haciendo teatro universitario, en valenciano y preferentemente de autores locales.
De regreso al Aula de Teatre, en 1994 Ramon X. Rosselló sustituye a Nel Diago como responsable de esta, y se mantendrá en el puesto hasta 2002, es decir, durante toda la preparación y celebración de los 500 años de la Universitat de València, con la programación teatral especial que ello conllevó. Pero antes, en los años previos a esta e inmediatamente posteriores al periodo de Nel Diago, el trabajo del Aula continúa dividiéndose entre actividades de formación, producción y programación de espectáculos. A partir de aquí tiene lugar, nuevamente en palabras de Pep Sanchis, «un nou enfocament, els mateixos objectius: tallers de teatre des del CADE, tallers d’investigació, tallers de teatre sobre textos d’autors en llengua catalana i tallers d’entrenament per a espectacles concrets» (2015b: 28). Es decir, se potencia todavía más la formación a través de otros servicios de la Universitat, y especialmente con monográficos preparados por el Aula y coordinados por el grupo de teatro –que a partir de entonces se llama GTUV (Grup de Teatre de la Universitat de València)–, de manera que sus nuevos integrantes llegan con más preparación.
En el terreno de la producción se hará referencia a los trabajos del GTUV estrenados durante estos años en el epígrafe correspondiente, pero en lo que concierne a la programación de la Palmireno, cabe destacar el ritmo frenético con el que funciona a partir de mediados de los noventa. A modo de ilustración, solo en el curso 1995-1996 ofrece 45 espectáculos de danza y teatro. Entre ellos siguen figurando, como desde su creación y hasta hoy, las muestras del Taller Permanent de Formació Actoral del grupo dirigido por Pep Sanchis, así como producciones de otros talleres y grupos universitarios, a lo que hay que añadir el Obert de Dansa, que presenta varios montajes.
Asimismo, continúa la colaboración del Aula en actividades organizadas por otros servicios de la Universitat, como es el caso del Vicerectorat d’Estudiants en la Festa de Benvinguda, en el marco de la cual el Aula de Teatre comienza a participar a mediados de los noventa en la Mostra de Teatre Universitari –o, como en la edición de 1997-1998, Mostra de Teatre de Carrer i Teatre Universitari–. También en colaboración con el propio Servei d’Extensió sigue organizando cursos: «30 anys de teatre valencià (1968-1998)» ; «Pràctiques escèniques»; «Creativitat: pedagogia, art i expresió», etc. Pero especialmente hay que destacar que en estos años, como señala Rosselló (2015: 22), surgían en Valencia compañías y artistas ahora consolidados que pasaron por la Palmireno: La Dependent, Arden, Xavi Castillo, Hongaresa de Teatre, Tres Teatre (antecedente de Teatro de lo Inestable)… Y todo ello con una sala «habitualment ben plena de públic».
Tal y como se anunció unas páginas más atrás, la etapa de Ramon X. Rosselló al frente del Aula viene determinada por la celebración de Cinc Segles de la Universitat de València, que empieza a diseñarse tras la entrada del nuevo equipo rectoral en 1994, con Pedro Ruiz como rector, y en lo que aquí concierne, con Antoni Tordera como vicerrector de Cultura, Juan Vicente Martínez Luciano como director del Servei d’Extensió Universitària y, a partir de 1995, con Rosselló como responsable del Aula de Teatre. Y será precisamente una obra de teatro el elemento escogido para anunciar y abrir simbólicamente los actos conmemorativos de estos 500 años: Apocalipsis, voz de mujer.
Este espectáculo, preparado de manera extraordinaria, como se explica en la Memòria del Cinqué Centenari de la Universitat de València (2002), fue una propuesta dramática nueva desarrollada a partir de un texto del griego Iorgos Khimonàs y escrita por la actriz Irene Papas, que hacía una adaptación libre del Apocalipsis de San Juan, traducido por el catedrático Antonio Melero. Así presentó el rector Pedro Ruiz este Apocalipsis, voz de mujer en el Jardí Botànic de la Universitat el 21 de abril de 1998: «La revolució silenciosa de les dones ha estat junt amb l’educació la gran transformació social del segle XX, i donar testimoni d’aquest gran canvi és una forma magnífica d’iniciar la celebració dels cinc segles de la Universitat de València» (p. 47). Las dos intérpretes principales fueron la propia Irene Papas y la cantaora flamenca Carmen Linares; pero, además, la obra contó en sus cuatro papeles de voces del pueblo con cuatro actrices valencianas: Ángela Castilla, Cristina Perales, Maria Josep Peris y Marina Viñals, a las que se sumaron diferentes voces de mujeres y cantos bizantinos interpretados por el Cor de València (distinguido con el premio Clar de Llums de la Universitat de València). Todo ello estuvo envuelto en una escenografía con materiales artísticos creados por Yoko Ono para la exposición «Ex it», «amb una concreció a l’espai escènic de Iannis Metzikof, qui va dissenyar també el vestuari» (p. 47).55 Esta coproducción de la Universitat de València y la Conselleria de Cultura, Educació i Ciència de la Generalitat, tras ser estrenada en el Teatre Romà de Sagunt, viajó a otros escenarios durante el verano de 1998 (el teatro Juan Bravo de Segovia, el Castell de Peralada y el Palacio de Festivales de Santander), cosechando grandes éxitos de crítica y público.
Más allá de este gran espectáculo, precisamente en 1998 el Aula de Teatre recibe el que a día de hoy sigue siendo su reconocimiento más importante: el Premi Micalet de la Generalitat Valenciana a la mejor contribución no profesional, tras varias nominaciones en convocatorias previas. Este fue, según la propia Aula d’Arts Escèniques, un merecido reconocimiento a su implicación durante tantos años en las actividades que se han venido desarrollando históricamente en la Universitat de València en torno a la práctica teatral.
De vuelta a Cinc Segles, además de seguir celebrándose las mágicas Nits de Sant Joan –de las que ya se dio cuenta en el capítulo anterior, con grandes hitos después del fabuloso prólogo a la efeméride que constituyó Una capsa de música (1996), como Brecht al Botànic (1998), Jardí d’Amics (1999), Paraules (2000), etc.– durante este periodo, tuvieron lugar también otros acontecimientos extraordinarios de gran importancia para las artes escénicas: es el caso de dos actividades realizadas alrededor del congreso «La Universitat de València i l’humanisme: Studia humanitatis i renovació cultural a Europa i al Nou món». Por un lado, la producción de Fabella Aenaria, de Joan Llorenç Palmireno, que hizo posible el Patronat Cinc Segles y el Vicerectorat de Cultura dotando de los medios necesarios para una propuesta que partía del Departament de Filologia Clàssica de la Universitat de València y del Instituto de Estudios Humanísticos (con apoyo de la Diputació de València). La obra fue dirigida por Juli Leal, con dramaturgia del propio Leal y Josep Lluís Sirera, y se hicieron siete representaciones con un público total de 2.000 espectadores. Por otro lado, tuvo lugar también el espectáculo De civilitate, dirigido por Santiago Sempere a partir de un taller coreográfico e inspirado en textos de Lluís Vives, Erasmo y Thomas More, que fue presentado en la Chapelle des Brigittines (Bélgica), la Étoile du Nord (Francia) y La Nau, y se complementó con la publicación de un libro sobre danza y humanismo (De civilitate: escrits i dansa sobre l’humanisme, 2000), firmado por Martí Domínguez, Vicent J. Escartí, Santiago Sempere, Enric Sòria y Antonio Solano.
Por lo demás, también en pleno Cinc Segles se celebró la «III Bienal Internacional de Teatro Universitario» (1999), cuya primera edición había tenido lugar en 1995 con el objetivo de constituir un festival que respondiese desde las aulas a las nuevas tendencias de las artes escénicas y que potenciase el intercambio entre grupos de teatro universitario de distintos países (Mayordomo, 2015: 54). En esta ocasión la Universitat de València fue la anfitriona, organizando la tercera edición junto con el Patronat Cinc Segles de la FGUV, «amb extensió a les universitats d’Alacant i Múrcia», que trajeron sus propios montajes. El GTUV estrenó una obra que supuso un antes y un después en la historia del grupo: Parelles de fet, de fet parelles, de Carles Pons, y, además, participaron en la Bienal agrupaciones teatrales provenientes de Argentina, Italia, México, Portugal y Puerto Rico. En total, fueron ocho los grupos que asistieron a este festival, en el que se representaron dieciocho espectáculos en diversos espacios teatrales de Valencia, Murcia y Alicante, se realizaron dos lecturas dramatizadas y otras actividades complementarias que llegaron en total a 3.800 espectadores (ibíd.: 56). Asimismo, durante la conmemoración de estos cinco siglos, el GTUV celebró sus primeros diez años de actividad con el montaje del citado espectáculo basado en un texto inédito de Carles Pons, al que se le quiso rendir homenaje y que conllevó un reconocimiento sin precedentes para el grupo de teatro de la Universitat: «va ser espectacular, una gran experiència per a tot el grup que va obrir moltes portes a molts mercats desprès de més de 120 actuacions per tot l’Estat espanyol» (P. Sanchis, comunicación personal, 2019, 24 de mayo).
3.1.1.3 Aula de Teatre (III): creación del área «Arts Escèniques» de la FGUV, crecimiento de la actividad y nuevos retos (2002-2019)
Tras el fin de la efeméride del quinto centenario, el Aula de Teatre y el GTUV recuperan su actividad habitual, con la Sala Palmireno como sede principal. No obstante, las elecciones a rector de 2002 suponen un nuevo cambio en el equipo de gobierno de la Universitat y también en lo que concierne al teatro universitario. Bajo el rectorado de Francisco Tomás Vert, será Rafael Gil el nuevo vicerrector de Cultura, en sustitución de Juli Peretó –que en 1999 había tomado el relevo de Antoni Tordera–, y hay que recordar que desde 1998 el Servei d’Extensió Universitària había pasado a depender del nuevo Vicerectorat d’Extensió Universitària i Relacions amb la Societat, con Vicente Ramón Torcal al frente.56 Pero como ya se indicó en su momento, las aulas culturales se quedan en el Vicerectorat de Cultura tras esta separación Cultura / Extensió Universitària. Por su parte, el Aula de Teatre deja de estar dirigida por Ramon X. Rosselló y pasa en 2002 a manos de Ferran Grau, que permanecerá como su responsable hasta 2015. Durante los primeros años después de Cinc Segles continúa la intensa programación en la Sala Palmireno y también los talleres, las muestras y el estreno anual del GTUV, además de actividades habituales que implican a las artes escénicas, como la celebración de la Festa de Benvinguda o de la Nit de Sant Joan (tanto con la participación directa del Aula o del grupo de teatro, como de compañías externas, a las que se contrata desde el Vicerectorat de Cultura), que continúa teniendo lugar por estas fechas en el Jardí Botànic.
Asimismo, en cada curso se producen novedades o se desarrollan nuevas líneas de actuación. Por ejemplo, en 2003-2004 se firma un convenio con el Espai MOMA para facilitar y difundir el teatro en valenciano entre el estudiantado y el personal PDI y PAS de la Universitat. También se firman convenios con compañías teatrales como Albena Teatres, Cel Arran o con Teatres de la Generalitat Valenciana para difundir sus producciones, a lo que se añade una nueva vía de trabajo que tiene por objeto la difusión del espíritu solidario de la Universitat –sobre ello se profundizará más adelante, en el epígrafe dedicado a la Nau Social–, en el marco de la cual se realiza en el Centro Penitenciario de Picassent el preestreno de la obra Art i propaganda, además de cursos y talleres teatrales destinados a las personas presas que tendrán cierta continuidad (Vicerectorat de Cultura de la Universitat de València, 2004).
En 2004-2005 se produce un cambio muy importante: la Sala Palmireno de la Facultat de Geografia i Història se cierra, y la actividad pasa a la Sala Matilde Salvador del edificio histórico de la Universitat, donde se encuentra en la actualidad y que, hasta ese momento –desde la reapertura de La Nau como centro cultural en 1999–, había sido utilizada por la Orquestra Filharmònica para sus ensayos. Asimismo, se firma un convenio con el Teatre El Musical para la promoción del teatro en valenciano entre la comunidad universitaria, con reducción de precios en sus entradas. Mientras tanto, las representaciones organizadas por el Aula no dejan de aumentar y, como había ocurrido ya con el Aula de Música, es necesaria una estructura mayor que dé soporte a toda la actividad de artes escénicas. Así, en 2005, en el seno de la FGUV se crea el área «Arts Escèniques»,57 que tiene entre sus objetivos fomentar y divulgar el teatro entre el estudiantado de la Universitat y la sociedad valenciana, mantener un grupo estable de teatro universitario (el GTUV, que ahora toma su nombre actual: ASSAIG - Grup de Teatre de la Universitat de València), crear y ofrecer talleres de formación teatral y representar a la Universitat en cualquier acto relacionado con las artes escénicas.
En términos generales, las líneas de actuación en este nuevo periodo son tres: 1) la programación regular de teatro y danza, 2) la formación teatral del alumnado universitario y no universitario y 3) las producciones teatrales de ASSAIG - Grup de Teatre de la Universitat de València (Fundació General de la Universitat de València, 2015: 16). A estas se suma en los últimos años una cuarta: la colaboración con otras entidades e instituciones en «proyectos de especial interés» (E. López, comunicación personal, 2019, 21 de mayo). Aunque dicha línea de trabajo siempre ha existido –por ejemplo, en este marco fue muy importante la participación de ASSAIG - Grup de Teatre de la Universitat de València en 2006 en «Las Huellas de La Barraca», programa de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC)–, se ha visto reforzada últimamente con colaboraciones con el Institut Valencià de Cultura (programando Dansa València en la Sala Matilde Salvador, organizando de forma coordinada coloquios sobre teatro, etc.), el Teatre Escalante - Diputació de València (con el «Cicle memòria històrica» y, en general, la programación de espectáculos en el espacio universitario), etc.
En cuanto a la oferta en esta tercera y última etapa del Aula de Teatre, cada curso académico la Sala Matilde Salvador acoge más de cuarenta representaciones que tienen lugar cada miércoles y jueves entre los meses de octubre y mayo, excepto cuando se trata de festivales o acontecimientos particulares, en los que la sala programa todos los días. Más allá de constituir una oferta lúdica o de entretenimiento, esta actividad constante tiene como fin la formación de un público de teatro con criterio «des d’un espai universitari per a la llibertat creativa i d’expressió» (Fundació General de la Universitat de València, 2012: 70), y se complementa con otras actividades como la celebración de festivales, congresos, coloquios o conferencias. Así, por ejemplo, en el curso 2008-2009 el Aula acogió y ayudó a organizar el FIU, Festival Internacional de la Oralidad (con participación de actores de Alemania, Israel, Argentina, Camerún y Chile), un congreso sobre la figura de la dramaturga italiana Dacia Maraini o la XIV Mostra de Teatre Univeristari de la Xarxa Lluís Vives (Vicerectorat de Cultura, 2009). Por otro lado, en 2009-2010 se produce un acontecimiento muy importante para las artes escénicas en el marco de la Universitat: el nacimiento del proyecto Escena Erasmus, de la mano de la compañía CRIT, con vínculos muy estrechos con el Aula de Teatre y ASSAIG. Pero como ocurre con este último, el citado proyecto es objeto de un epígrafe específico en este libro.
La programación del Aula no deja de crecer, de manera que en el curso 2011-2012 son 67 las representaciones que se ponen en escena en la Sala Matilde Salvador, con un total de más de 6.000 asistentes que acuden a ver obras de grupos universitarios (propios y ajenos), pero también de compañías profesionales de pequeño formato. Asimismo, acoge el Projecte Alcover –una línea que ya había abierto en años anteriores–, que trae espectáculos de compañías de nuestro dominio lingüístico, y continúa participando en el FIU (Unitat de Suport al Vicerectorat de Cultura i Igualtat, 2012). También sigue interviniendo en la ahora llamada «Setmana de Benvinguda» de la Universitat y, cuando se le propone, en la programación de la Nit de Sant Joan, que, como ya se apuntó, regresa al claustro de La Nau en 2011. El número de representaciones que tienen lugar en la Matilde Salvador llega a 70 en 2014 y suma una más (un total de 71) en 2015, año en el que una parte importante de estos montajes son realizados por actores, directores o dramaturgos que en distintos momentos han pasado por el grupo de teatro de la Universitat, precisamente para celebrar sus 25 años de historia.
También en 2015 cambia de nuevo la dirección del Aula de Teatre, haciéndose cargo de esta la profesora Laura Monrós, actualmente todavía al frente de ella. De igual forma, se establecen convenios y colaboraciones importantes y se realizan actividades destacables, algunas de las cuales continúan a día de hoy: colaboración con Creador.es, sesiones informativas de las iniciativas del Aula de Teatre en todos los campus de la Universitat, organización de foros de teatro junto con The Theatre Forum Society (asociación de estudiantes de la Universitat de València), etc. El año siguiente se inician nuevos convenios y programas propios especiales: con el festival IETM València (siglas en inglés de Red Internacional de Artes Escénicas Contemporáneas), la realización de sesiones de vídeo-danza en el Col·legi Major Rector Peset, lecturas dramatizadas de los Premis Universitat de València d’Escriptura de Creació, etc. (Unitat de Suport al Vicerectorat de Cultura i Igualtat, 2016, 2015).
Este tipo de actividades continúan ampliándose en 2017 y 2018: presentaciones de libros, colaboración con la Unitat d’Igualtat de la Universitat en la programación de espectáculos especiales con motivo del Día Internacional contra la Violencia de Género o del Día Internacional de la Mujer, continuación de los convenios con Creador.es, con el Teatre Escalante - Diputació de València para celebrar el «Cicle memòria històrica», con el Institut Valencià de Cultura para programar Dansa València; recuperación de la Mostra de Teatre Universitari de la Xarxa Vives d’Universitats en un formato nuevo y más reducido (I Biennal de Teatre Universitari de la Xarxa Vives), etc. Sin embargo, el cambio más significativo en los últimos años se ha producido en términos de la oferta formativa del Aula y de los grupos propios que se enmarcan en esta. Así, en el curso 2017-2018, por iniciativa de la actual directora, el Aula pasa a llamarse Aula d’Arts Escèniques, ya que comienza a dar mucho más espacio a los espectáculos de danza en la Sala Matilde Salvador, y lo que es más importante: se suman talleres de danza a los de teatro que venían ofreciéndose desde 1990, y aparte de ASSAIG como grupo de teatro propio, se crea el Grup de Dansa de la Universitat de València.
Más concretamente, dentro de una de las líneas prioritarias del Aula desde sus inicios, la de la formación, en esta tercera etapa que comienza en 2005, desde «Arts Escèniques» de la FGUV se ofertan hasta el curso 2016-2017 dos talleres permanentes de formación actoral, uno de iniciación y otro de nivel avanzado –impartidos respectivamente por Josep Valero / Eva Zapico y Pep Sanchis–, además de dos talleres distribuidos de igual manera destinados a personas mayores de 55 años (a cargo de Tono Berti y Pura Marco). Asimismo, unos años después comenzarán a impartirse talleres monográficos que irán variando dependiendo de las necesidades del grupo de teatro: improvisación, canto y técnica vocal, teatro kabuki, esgrima, etc. Cabe destacar que, con motivo de la celebración de los 25 años de ASSAIG - Grup de Teatre de la Universitat de València, durante tres cursos consecutivos estos talleres especiales fueron bastante recurrentes.
Pero, como acaba de apuntarse, desde 2017-2018 destaca un nuevo taller permanente: el de danza, que también cuenta con dos niveles y que permite a las y los alumnos de segundo curso que así lo deseen, pasar a formar parte del Grup de Dansa de la Universitat de València, dirigido hasta ahora por Yoshua Cienfuegos y Maynor Chaves. Este grupo ha protagonizado, junto a la Orquestra Filharmònica de la Universitat de València, las dos últimas ediciones de la Nit de Sant Joan en el claustro del edificio de La Nau, con los espectáculos Reinterpretant la tradició: músiques i coreografies (2018) y 4 (2019).
Las novedades, sin embargo, no cesan: a modo de ilustración, como proyecto a cortomedio plazo se prevé poner en marcha el programa «Crea el teu grup», que, siguiendo la estela de otras propuestas desarrolladas en países de fuerte tradición teatral universitaria como Inglaterra, pretende abrir un canal de asesoramiento y ayuda al estudiantado que desee formar su propio grupo de danza o teatro.
3.1.1.4 El grupo de teatro de la Universitat de València: de l’Eina Teatre a ASSAIG pasando por el GTUV. Un camí plaent de 29 años (1990-2019)
El actual ASSAIG - Grup de Teatre de la Universitat de València nació en 1991 vinculado a la Facultat de Filologia, con el nombre de L’Eina Teatre, siendo su director desde el primer momento y hasta hoy Pep Sanchis. Como él mismo explica, la evolución del grupo puede resumirse en tres etapas (Sanchis, 2015b):
1) Una fase de formación-iniciación coordinada desde el Aula de Teatre de Nel Diago, que va de 1990 a 1995. Esta comienza con la creación del grupo L’Eina Teatre a partir del primer taller teatral, organizado en 1990 por Diago y dirigido por Pep Sanchis.
2) Un segundo periodo de desarrollo del proyecto, entre 1995 y 2002, que conducirá a la consolidación de un grupo de teatro estable de la Universitat de València: se multiplican los talleres (aparte del Servei d’Extensió, ahora también los oferta el CADE) y L’Eina Teatre pasa a ser el GTUV (Grup de Teatre de la Universitat de València).
3) Un nuevo nombre para un grupo, ahora sí, consolidado: ASSAIG - Grup de Teatre de la Universitat de València. Esta tercera etapa (2003-actualidad) viene marcada por la creación en 2005 de la estructura «Arts Escèniques» en el seno de la FGUV, que reforzará la gestión y los medios necesarios para el desarrollo de la actividad del grupo y, en general, del Aula de Teatre. Para ello, se incorpora Eva López, encargada de la producción de las formaciones que a partir de entonces acoge la FGUV, y que se materializa en varios talleres permanentes, tanto de iniciación como de nivel superior –a los que se sumarán posteriormente los destinados a la gent gran–, y en algunos monográficos realizados según necesidades específicas.
En la actualidad estos talleres son fundamentalmente de interpretación, aunque ocasionalmente incluyen aspectos como canto, danza, audiovisual, etc., si el espectáculo concreto en preparación así lo requiere. Grosso modo, su funcionamiento es el siguiente: hay un taller permanente de iniciación y un segundo taller de nivel superior, a partir del cual se puede pasar a formar parte de ASSAIG. Así, tras terminar este segundo curso, el alumnado interesado se integra en el equipo que preparará durante el año siguiente la producción propia que se estrenará hacia el mes de mayo. De los nada menos que 38 espectáculos realizados hasta el momento, son muchos los que podrían destacarse por su enorme acogida, los retos que han sido capaces de superar o la crítica favorable (e incluso entusiasta) de los expertos… Como es obvio, no pueden recogerse aquí todos ellos, pero sería inexcusable no comenzar por el primero, Bloody Mary Show, de Rodolf Sirera (1991). Fue posible gracias al taller que lo inició todo y en el que un «grup d’alumnes tan entregats, va formant-se i coneixent diferents tècniques» (voz, coreografías, regiduría, baile, canto, etc.) hasta adquirir unos conocimientos mínimos necesarios para montar esta primera producción propia (Sanchis, 2015b: 28). Los recursos vinieron de las célebres ayudas a la creatividad del Servei d’Extensió y el resultado fue un espectáculo con notables dificultades técnicas y con una gran cantidad de actores que se estrenó en la Festa de Benvinguda del curso 1991-1992.
Durante la primera etapa, que se inicia con esta producción, otras obras como Comèdia que no acaba, de Max Aub (1993), o La comèdia d’Amphitrió, de Joan Timoneda (1994), llenarán la Sala Palmireno. Ya en la segunda de las fases que definen la trayectoria del grupo (1995-2002), además de Després de la pluja, de Sergi Belbel (1996), o Senyores i senyors, de Joan Cavallé (1996), se realiza una producción que marca la historia de ASSAIG –entonces GTUV–, Les dones de Sade (1997), una versión libre de Madame de Sade, de Yukio Mishima. Con este montaje, el grupo ganó cinco premios en el XVII Concurs de Teatre Vila de Mislata (mejor obra de conjunto, mejor actriz, mejor actriz de reparto, mejor dirección y mejor estética de conjunto) y, lo que es más importante, «va començar, diguem-ne, a professionalitzar-se, aconseguint una gran repercussió desprès de viatjar per gran part de l’Estat representant-la» (P. Sanchis, comunicación personal, 2019, 24 de mayo).

Les dones de Sade. Dirección de Pep Sanchis y producción del GTUV, Aula de Teatre y Servei d’Extensió Universitària. Sala Palmireno, 1997. Foto de Javier Poveda.
Aunque, sin duda, el verdadero punto de inflexión llegó con la ya citada Parelles de fet, de fet parelles (1999), del actor y dramaturgo Carles Pons, lamentablemente desaparecido el mismo año de su estreno en plena celebración de Cinc Segles. Esta producción, en la que trabajaron cinco directores invitados, coordinados por Pep Sanchis, se presentó en la III Bienal Internacional de Teatro Universitario y con ella el GTUV recorrió todo el territorio nacional realizando más de 120 actuaciones, tanto en valenciano como en castellano, y obteniendo, además, otro gran premio: el Micalet de les Arts Escèniques de la Generalitat Valenciana. Antes y después de Parelles de fet, se sacaron adelante durante esta segunda etapa Kaput (1997), Historietes d’amor (1998) y Dies d’ensalada (2001), iniciándose la tercera y última fase con Victòria Cabaret (2003). En 2004 se estrenará Tic-tac y Els misteris del corpus de València, y en 2005 Lunaria –una lectura dramatizada de la obra de Vicenzo Consolo que se interpretó delante de su autor–, pero 2006 será un año clave por la gran cantidad de proyectos llevados a cabo y por los grandes retos que supusieron algunos de ellos.
Cabe destacar en primer lugar El burlador de Sevilla, que participó en el programa «Las Huellas de La Barraca» (del SECC) –homenaje a la agrupación encabezada por Federico García Lorca que «cambió de manera sustancial la escena española a partir de la II República» (Aula de Teatre de la UV, 2006, en Sanchis, 2015c: 235)–, por invitación del dramaturgo murciano y director del programa, César Oliva, recorriendo durante el verano de 2006 varios pueblos y ciudades de Castilla-La Mancha, Galicia, Asturias, Cantabria y Aragón. Ese mismo año se hizo una lectura dramatizada de Romeo y Julieta a partir de la adaptación de Josep Lluís y Rodolf Sirera del texto de Shakespeare, otra de la adaptación que Pasqual Alapont había hecho del Tirant lo Blanch y, por fin, Un somni de Nit de Sant Joan, espectáculo realizado a partir de una versión de Ramon X. Rosselló (entonces director del Aula), que protagonizó la mágica noche del 23 de junio del Jardí Botànic.
En 2007 vendría El dia que Bertolt Brecht va morir a Finlàndia, de Josep Lluís y Rodolf Sirera, un espectáculo que en 2005 había tenido un importante antecedente en la lectura dramatizada del mismo texto, y que ayudó a ASSAIG «a créixer com a grup de teatre i veure amb més claredat la importància d’un text provocador» a través de la preparación y el estudio en la creación de los personajes (Sanchis, 2015c: 250). Y ese mismo año llegaría otro gran hito de la historia del grupo: Per Sant Lluc, dramaturgia de Josep Lluís Sirera a partir de textos de varios autores clásicos, medievales y renacentistas.

Per Sant Lluc, de ASSAIG - Grup de Teatre de la Universitat de València. Sala Matilde Salvador, Centre Cultural La Nau, 2007. Foto de Miguel Lorenzo.
Ya en 2008 ASSAIG volvió a encargarse de la Nit de Sant Joan con un montaje basado en una dramaturgia de Josep Valero, Daniel Tormo y Anna Marí –que apenas un año después se aventurarán en el proyecto teatral europeo Escena Erasmus, que codirigen con gran éxito desde entonces– a partir de textos de Joan Brossa: Una nit amb Joan. Fue esta una producción que hacía una lectura amplia de Brossa desde múltiples formas, como se apuntó al abordar las Nits de Sant Joan en el capítulo anterior, y todo ello –nuevamente en palabras de Pep Sanchis– desde «el més estricte respecte per un autor tan admirable», en un proceso «molt dur i molt complicat, però també inoblidable».
Desde entonces hasta hoy, ASSAIG ha seguido creciendo con espectáculos muy aplaudidos como Espill (2008), Sentiments (2009), L’Odissea (2009), Jocs perversos (2011), Amics de l’ànima (2011), Oxígeno (2011) –lectura dramatizada–, Eixida d’emergència (2011) –lectura dramatizada–, Nit de reis (2012) o El Cant de la Sibil·la (2012-2013), un proyecto de la Capella de Ministrers en el que colabora el grupo dirigido por Pep Sanchis, y que tuvo una gran importancia por lo que significó de recuperación del patrimonio cultural valenciano al volver a dar vida a una representación que no se hacía desde el siglo XVI.58 A esta le siguieron Abelles (2013), Mentides… (2014), Questi fantasma (2015) y París, anys 60 (2016), última contribución del grupo a la Nit de Sant Joan, esta vez celebrada en el claustro de La Nau, que fue también muy relevante por el desafío que supuso «pujar a tanta gent dalt de l’escenari» y, sobre todo, porque este montaje –que ponía punto final al año de celebración del 25 aniversario de ASSAIG– había sido el último escrito por alguien muy cercano al Aula d’Arts Escèniques y muy querido por todos sus miembros, el desaparecido Josep Lluís Sirera:59 «una persona molt important per al teatre valencià, però importantíssim per al grup de la Universitat» (P. Sanchis, comunicación personal, 2019, 24 de mayo). En los últimos años, la larga lista de producciones de ASSAIG la completan Un dubte raonable (2017), La «Patti» de peixcaors (2018) y Esquerdes (2019).
Además de los talleres de formación y la producción de montajes propios con sus correspondientes giras –normalmente a otros espacios universitarios del País Valencià y de todo el Estado, pero también a municipios e instituciones de dentro y fuera de España que puntualmente solicitan sus espectáculos–,60 ASSAIG ha realizado numerosas y significativas colaboraciones con distintas entidades y organizaciones. Por ejemplo, entre las instituciones u otros sectores de la propia Universitat de València, destaca la coordinación con el CADE para ofertar cursos teatrales o participar en la ya aludida Mostra de Teatre Universitari; la implicación en la puesta en marcha del taller didáctico que en 2007 acompañó a la exposición «Fotografia i societat des dels seus orígens fins al segle XXI»; una serie de visitas guiadas teatralizadas al edificio de La Nau (idea de Antoni Esteve, coordinador de formación del Centre Cultural La Nau); una animación en el claustro y el Paranimf con motivo de un acto de Amics i Antics Alumnes UV; o los proyectos antes comentados de «Las Huellas de La Barraca» en el marco del SECC y El Cant de la Sibil·la junto a la Capella de Ministrers… Estas colaboraciones se extienden a iniciativas realizadas con otras compañías teatrales que se forman en ASSAIG, como Aparteatre, Crit, Resta+, Laspontània Teatre, etc., a las que se añaden numerosas aportaciones de profesionales de distintos sectores de las artes escénicas y que han compartido proyectos con el grupo de teatro de la Universitat a lo largo de sus casi tres décadas de historia: Juan Vicente Martínez Luciano, Ferran Grau, Ramon X. Rosselló, Bàrbara Obrador, Carles Cortés, Josep Lluís Sirera, Juan Luis Mira, Gabriel Ochoa, Rafael Castelló, Abel Guarinos, Alfredo Mayordomo, Fernando Dacosta, Juanjo Prats, Pep López, Toni Valesa, Ramon Moreno o Leopoldo Aranda (para más información, se puede consultar Sanchis, 2015c: 39-137).
Asimismo, además de la celebración de su décimo aniversario en pleno Cinc Segles, el grupo de teatro de la Universitat de València festejó en 2010 sus primeras dos décadas de vida con una exposición en la Sala Oberta del Centre Cultural La Nau: «Vint anys d’ASSAIG». Cinco años más tarde, en el curso 2015-2016, las actividades organizadas para el 25 aniversario incluían una programación especial con antiguos alumnos y colaboradores que presentaron en la Sala Matilde Salvador espectáculos de sus actuales compañías (ahora sí, ya profesionales), y la reposición de varios de los montajes más importantes de la vida del grupo, entre ellos, Per Sant Lluc, Les dones de Sade, Parelles de fet, de fet parelles y El dia que Bertolt Brecht va morir a Finlàndia, a lo que se sumó la publicación del libro Assaig / Grup de Teatre Universitat de València. 25 anys contant històries per un camí plaent.

Reposición de la obra Les dones de Sade con motivo de la celebración del 25 aniversario de ASSAIG - Grup de Teatre de la Universitat de València. Sala Matilde Salvador, Centre Cultural La Nau, 2016.
Antes de cerrar este recorrido por la trayectoria de ASSAIG, cabe destacar que, además de los premios ya referidos, en 2016 el grupo obtuvo el Premi Turia «a la millor contribució teatral», y el mismo año también fue galardonado con el Premio AVETID (Associació d’Empreses d’Arts Escèniques del País Valencià). Reconocimientos que son, sin duda, una prueba de la continuidad «dins d’una línia ascendent cap a una professionalització cada vegada major», en palabras de Pep Sanchis. El director de este inmenso proyecto subraya que el nivel actual solo ha podido alcanzarse desde la prudencia y la humildad, dando pasos pequeños, «però sense deixar d’avançar en un aprenentatge constant, que a més, mai no oblida el que som: una Universitat pública amb una missió pedagògica i cultural».
3.1.1.5 Escena Erasmus: diez años creando Europa a través del teatro (2009-2019)
En 2008, cuando emprenden su propia aventura con la creación de CRIT Companyia de Teatre, Josep Valero, Daniel Tormo y Anna Marí ya habían recorrido un largo camino en el mundo del teatro universitario. Una de las primeras iniciativas que lanzan en este marco es el Taller Internacional de Teatre, idea que surge tras una conversación con el catedrático, director teatral y exvicerrector de Cultura de la Universitat de València, Antoni Tordera. Este llevaba tiempo pensando en la posibilidad de crear un grupo de teatro específico con estudiantes Erasmus, dado que en más de una ocasión alumnos de este programa habían mostrado interés por asistir a clases de interpretación. Valero, Tormo y Marí, que años atrás también habían sido alumnos de Tordera y estudiantes Erasmus en distintos países, deciden ponerse manos a la obra, movidos por sus «decepciones teatrales en aquellas universidades, el recuerdo de la experiencia Erasmus –inolvidable y poderoso–», y por su «candoroso europeísmo» (Valero, Tormo y Tordera, 2014: 226). Ya existían grupos de teatro universitario formados por actores de varios países en otros lugares, e incluso Leeds y Luxemburgo contaban con talleres específicos para Erasmus o grupos de teatro Erasmus, respectivamente, pero la mayoría eran proyectos de amateurs, a menudo con finalidades lingüísticas, de afianzamiento de grupo u otras similares.
Los miembros de CRIT, sin embargo, buscaban algo distinto: encontrar «el encaje de un grupo internacional en una experiencia que pudiera resultar interesante, y que fuera ambiciosa y enriquecedora para todos» (ibíd.: 226). En términos generales, a través de la actividad con Erasmus, se planteaban promover el intercambio cultural y teatral, la investigación artística sobre el intercambio de personas y el análisis de las posibilidades creativas de las comunidades conformadas por estos estudiantes. Asimismo, pretendían fomentar la movilidad transnacional de equipos de profesionales de la cultura locales y actores Erasmus, además de ayudar a la integración de estos en las ciudades de acogida. En la práctica, querían establecer con el tiempo un método de trabajo para los equipos directivos y artísticos de Escena Erasmus a través de talleres de formación actoral y de la investigación sobre el desarrollo de estos, así como mediante la preparación de producciones con equipos profesionales y la celebración de festivales teatrales en las distintas sedes del proyecto (ibíd.: 227).
Sobre la base de estos objetivos, prepararon una memoria con el título antes aludido de Taller Internacional de Teatre y la presentaron al entonces vicerrector de Cultura de la Universitat de València, Rafael Gil Salinas, que se mostró muy favorable. A partir de ahí trabajaron sobre la idea inicial y dieron forma al programa hasta convertirlo en Escena Erasmus, que comenzó a andar como tal en el curso 2009-2010, vinculado, por un lado, al Vicerectorat de Cultura, y por otro, al Vicerectorat de Relacions Internacionals i Comunicació, dirigido en aquel momento por Enrique Bigné.61
Al casting de la primera convocatoria para cursar el taller de formación actoral para Erasmus se presentaron más de 100 personas, lo que provocó entre los codirectores del grupo una sorpresa mayúscula (J. Valero, comunicación personal, 2019, 9 de julio). A este respecto cabe recordar que Valencia es una de las ciudades europeas que más estudiantes Erasmus recibe,62 y los impulsores del proyecto lo tuvieron claro desde el principio: «no podíamos conformarnos, por supuesto, con un taller, sino que debíamos intentar aprovechar el potencial creativo de todos esos locos magníficos […] para crear una verdadera escena teatral universitaria europea, una Escena Erasmus» (Valero, Tormo y Tordera, 2014: 228).
Durante los tres primeros años de funcionamiento (2009-2010, 2010-2011 y 2011-2012), el proyecto se concretó en la realización de un taller de formación actoral anual, dos muestras de teatro (una al final de cada cuatrimestre) y la preparación, estreno y gira durante el verano de una producción propia. Ya en su primer año, este montaje, titulado Europa o la nave de los locos, se presentó al programa «Las Huellas de La Barraca» –el concurso de Acción Cultural Española (Gobierno de España) que había inaugurado ASSAIG en 2006, como se señaló en su momento– y resultó seleccionado entre más de 100 propuestas, lo que les permitió realizar una gira por más de 30 localidades de Castilla y León, Navarra, La Rioja y Galicia a lo largo del mes de julio de 2010. Esta misma fórmula se repitió en los dos cursos siguientes, con los espectáculos El maravilloso retablo de las maravillas europeas (dirigido por Pep Sanchis y llevado a 38 ciudades, festivales de teatro e incluso centros penitenciarios) y Lorca, Calderón y los estudiantes de Babel (bajo la dirección de Antoni Tordera, visitó más de 40 municipios de ocho autonomías), que volvieron a ganar «Las Huellas de La Barraca».
Pero durante estas tres primeras ediciones, además de los citados espectáculos, las muestras cuatrimestrales63 y el taller anual en el que se forma a las actrices y los actores y se va preparando la gran producción final,64 se producen algunos acontecimientos importantes. Especialmente merece ser destacada la obtención del Premio Europeo Carlomagno de la Juventud, que Escena Erasmus gana a nivel español, quedando en tercer lugar a nivel europeo. Este fue un reconocimiento muy importante cuando el proyecto apenas contaba con dos años de vida: como señala uno de sus codirectores, «això ens donà una gran espenta de cara a la coneixença internacional del programa» (J. Valero, comunicación personal, 2019, 9 de julio). De hecho, a partir de ahí, ya en 2013 la red europea de Escena Erasmus (Erasmus Europe on Scene Network) –una red de universidades europeas que busca la creación e intercambio de experiencias culturales por parte de grupos de estudiantes Erasmus, junto con estudiantes locales– se amplía a Marburgo (Alemania) y Padua (Italia), añadiéndose en 2014 Cagliari (Italia), y en 2019 Lodz (Polonia) y Sofía (Bulgaria).
Por otro lado, con la estrecha colaboración de Acción Cultural Española, el equipo de Escena Erasmus crea en 2012 el I Festival de Dins en las comarcas de La Costera y La Vall d’Albaida. Este se propone ser una especie de «minifestival» dentro de «Las Huellas de La Barraca», llevando a algunas comarcas centrales valencianas los trabajos de cuatro de las seis compañías universitarias que realizan en verano la gira del programa del SECC por todo el Estado. Pero el Festival de Dins se convertirá, sin saberlo, en el precedente de otro gran proyecto de teatro, cultura y turismo rural, denominado Les Europes Menudes, al desaparecer «Las Huellas de La Barraca» con la llegada del Partido Popular al Gobierno. Concretamente, Les Europes Menudes se pone en marcha en 2012-2013, cuarto año de funcionamiento de Escena Erasmus, con la colaboración del Àrea de Cultura de la Diputació de València, del Vicerectorat de Cultura i Igualtat, por un lado, y de Relacions Internacionals i Cooperació, por otro, además del apoyo del Vicerectorat de Participació i Projecció Territorial.
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