Kitabı oku: «Antología de poesía chilena reciente»

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Índice

  Prólogo

  Cecilia Aravena

  Alejandra Basualto

  Maritza Castro

  Cristián Cisternas

  Eduardo Contreras

  José Ángel Cuevas

  Orietta de la Jara

  Blanca del Río Vergara

  Felipe de la Parra Vial

  Martín Faunes

  Víctor Lobos

  Juan Mihovilovich

  Josefina Muñoz Valenzuela

  Iván Quezada

  Hernán Ramírez

  Miguel Ángel Salinas

  Roger Texier

  Max Valdés

  Letras de Chile

Prólogo

Cristián Cisternas Ampuero. Universidad de Chile.

Esta Antología abarca dos generaciones consolidadas de poetas y una que podría considerarse emergente, pero que, dentro de pocos años, alcanzará su plenitud creativa. Las dos primeras se benefician de los descubrimientos de la antipoesía y de los frutos, agridulces, de la poesía lárica. Tanto la segunda como la tercera generación reciben el impacto del cosmopolitismo de 1927 y el refinamiento teórico de la generación de 1960. Al mismo tiempo, se ven impactadas por hitos de carácter histórico, cultural e incluso tecnológico: revoluciones, exilio y retorno. Voces que han dejado profundas huellas en la tradición nacional como Enrique Lihn, Rodrigo Lira, Jaime Huenún, Oscar Hahn (entre muchos otros) son revitalizados en poéticas de emergencia, compromiso y búsqueda existencial.

La poesía contemporánea, a partir de las vanguardias del siglo XX, se construye sobre la desmitificación del arte puro, de la palabra profética y de la ingenuidad psicológica. A partir de la segunda mitad de este siglo, la poesía latinoamericana se abre tanto al compromiso político de Neruda y Ernesto Cardenal como al examen crítico de la subjetividad que encontramos en poetas como Octavio Paz y José Emilio Pacheco. El poeta ya no es un ser solitario, pero sigue siendo de excepción; interviene en los grandes oleajes de la historia, pero también lee, relee y hace una hermenéutica (paródica) de la tradición literaria. La materia literaria se alimenta de mitos grecolatinos, productos de la cultura media y sabiduría popular.1 La imagen de mundo2 que surge de esta poesía representa la decadencia, la desmitificación y la banalización de los ideales de igualdad, solidaridad y fraternidad de la Modernidad. El balance existencial del artista muestra la precaria condición de un presente (insatisfactorio) que convive con el futuro (indeseado, pero triunfante): «Ahora llegó el futuro y nosotros / bizcos y desquiciados» (Roger Texier, «El rock propuso»). Este panorama social y cultural corresponde al período de fin de las utopías que se inicia con la caída del Muro de Berlín. Pese a la desesperanza frente al predominio aparente del neoliberalismo, las y los poetas no abandonan la intención de cantar los hallazgos de belleza y resistencia en medio de este presente decaído.3

Por otra parte, el poeta adquiere conciencia de la naturaleza estético-política de la escritura y lectura. Ambas son procesos semióticos que instalan actos de habla, construyen artificios y generan interrupciones o distorsiones en la comunicación normalizada. La aparición de nuevas tecnologías, anunciada por Alvin Toffler en Future Shock (1970), cambia para siempre la artesanía del verbo, la recepción diferida del lector y el encierro del poeta agónico y modernista. Por su parte, el hallazgo antipoético abre la posibilidad de leer semióticamente el mundo de las cosas y lo cotidiano desde la óptica del individuo «promedio». Un sentido profundo se revela en la observación microscópica de la vida; el descenso a los arquetipos de la inconsciencia y al ejercicio lúdico del signo intertextual concurre desde las Iluminaciones (1886) de Rimbaud al Aullido (1956) de Ginsberg.4 Ello permite levantar mundos auténticos, pero no gratuitos; autónomos, pero no desvinculados de la historia ni de su origen. El valor de estos mundos posibles reside en el testimonio del hombre o la mujer expuestos a los vaivenes de la historia. Casi siempre, el poeta encuentra las fuerzas para resistir en su lugar de origen, la región de la infancia.

A partir de la generación de 1960 (y tal vez desde antes), la infancia, como aetas aurea, es recordada con una nostalgia dulce, pero también lacerante. El sujeto ha perdido la ingenuidad de los primeros años, acaso prematuramente; el deseo de recuperarla se mezcla con el desengaño sobre el momento presente. La ensoñación poética permite recuperar parte de los contenidos arcaicos de la memoria, a partir de metonimias o cenestesias, a la manera de chispazos, sabores, aromas («Mientras camino por el agua», Orietta de la Jara). Como ocurre en parte de la generación de los 60 y del 87, la infancia aparece como un territorio de refugio, pero despojado de inocencia. El ritmo lento del pasado biográfico es reemplazado por la repetición de rituales dolorosos en el presente. Así, en los textos de Max Valdés el retorno obsesivo a la casa materna conlleva angustia: la infancia y la adolescencia siguen allí, asociadas a espacios, objetos y artefactos. El vehículo principal del recuerdo es la corporalidad propia y del otro, la palabra hecha cuerpo y cosa viva. Los cuerpos de la madre y el padre, enfermos o derruidos son los principales signos de referencia del inconsciente poético.

La imagen de la madre, asociada con el origen, la identidad matriarcal y la hermandad, se contrasta con la figura del padre y del amante. En el caso de la poesía masculina, las imágenes maternas dicen relación con la infancia, la seguridad y la protección, pero también con el deseo latente, la atracción y repulsión del cuerpo materno deteriorado (como en la alusión a Yocasta, madre de Edipo, en «La duda» de Víctor Lobos). El cuerpo moderno no es el cuerpo clásico, armonioso y proporcional; está pendiente de la mirada del otro: masculina, femenina, ambigua. Es un cuerpo en tensión, abrumado por artefactos periféricos: cuerpo insatisfecho, incómodo, fragmentado. Para la poesía de perspectiva masculina, el poder de la otredad femenina, exclusiva del sujeto que le rinde homenaje caballeresco, reside en el cuerpo y sus extensiones. El cuerpo femenino se extiende más allá de sus límites físicos hacia la naturaleza y los espacios artificiales. Así, tiene la capacidad de contener a la naturaleza y salvar a la ciudad de un apocalipsis climático (como en «Tormenta», de Eduardo Contreras). Para la perspectiva femenina, el cuerpo viril está fragmentado como el cuerpo del dios Osiris: debe ser buscado y recolectado en espacios de naturaleza extrema: «Por médanos silenciosos / por pantanos, marismas, / por arenales fríos, / por tierras de cementerio, / por cuevas inundadas, / por abismos de fuego, / bajo bosques de robles, / en pozos muertos» («Búsqueda final», Josefina Muñoz): «mis oídos me siguen excitando por el acento viril / de aquella voz silenciada» («Estoy aquí», de Cecilia Aravena).

El lugar de enunciación de la poesía de autores como Alejandra Basualto, Orietta de la Jara y Juan Mihovilovichh reside en la madurez de la medianía vital. Para los ojos de mujer, mientras que la adultez plena trae sabiduría y desengaño, aún persiste un ideal de hombre a quien unirse para recuperar el ansia de vida juvenil. El desmitificado príncipe azul puede volver como síntesis de virilidad, deseo y muerte erótica, reuniendo al adolescente, hombre maduro y hombre mayor: «Me abrazaría entonces al mentado MUERTE convencida / de que es mi último /caballero andante, / el olvidado príncipe azul o un valiente filibustero / que viene a rescatarme / a seducirme» («Si muerte fuera», Alejandra Basualto).

El encuentro entre los amantes (o entre el recuerdo y el deseo sin tiempo), se produce en la noche, espacio de lo sagrado y profano. La otredad, cuando se considera plenamente, adquiere una dimensión panteísta que se inserta en la cotidianeidad, dando vida y sentido a la rutina. La mujer, para el hombre, es punto de contacto con la naturaleza, detención del instante y recuperación por la palabra. Se convoca al arquetipo tónico: la imagen telúrica de la mujer, que es, al mismo tiempo, Ceres, Démeter y Vesta. Desde la óptica de la mujer, el otro masculino aparece representado con símbolos de arraigo y acogida, de consolidación y permanencia en el tiempo: casa, árbol, partes de la casa. Es un refugio frente al paso inexorable del tiempo. La imagen paterna, masculina, surge en un trabajo onírico expreso: escribir es relatar un sueño, descender a lo arcaico, en busca de una figura elemental. El hombre «árbol» se revela en su dimensión atemporal de fuente de vida y consolidación, como el Yggdrasil de la mitología nórdica: «un gran árbol / que subía pretencioso a un costado de tu casa, curvo, sinuoso, / por el muro húmedo ya adornado de musgo» («Sueño», Cecilia Aravena). Pero también es el árbol humilde (el álamo), desafío descriptivo dentro de su sencillez («Retórica del álamo y el viento», Blanca del Río). Para poetizar estas imágenes primordiales, se busca la retórica de la claridad y el despojamiento de los oropeles: una poesía que bebe de los mitos originarios de la especie, distanciada de la autoridad, ansiosa de borrarse a sí misma en el acto de enunciación. A esta retórica de la sencillez se opone el desborde del discurso amoroso de un Yo que busca religarse eróticamente.

La angustia del Yo enamorado y su deseo de fusión es semejante a la angustia del Yo frente a lo oceánico (Freud). Los polos masculino y femenino sólo pueden unirse con el concurso contradictorio de la naturaleza: «comenzamos a bullir, inquietos, / penetrados por savias milenarias / que palpitan con ferocidad» («Las enredaderas», Josefina Muñoz). «Aquellas ramas como cómplices fugitivas de mis deseos» («Sueño», Cecilia Aravena). La mujer renace a través del hombre: «Ayer cuando me susurrabas / Lograbas que naciera una y otra vez / Ya no del vientre materno…» («Distancia», Cecilia Aravena). Cuando se renuncia a la individuación dolorosa y se busca la fusión del doble ser (rebus en el simbolismo alquímico), se alcanzan los límites del decir y su contraparte, el silencio: «Rechazo la unidad / Clamo ser una letra / Un movimiento de tu boca / Una palabra, un susurro / Exijo quedarme en tu voz…» («Distancia», Cecilia Aravena). Cuando la fusión no se produce, la mirada de mujer puede despojar al hombre de su aura o prestigio legendario, representándolo como un mito agresor (el vampiro), el ofensor de la madre, como la contraparte del hombre dominante (el hombre de humo): «yo soy la mujer que grita / y no se guarda» («Voces para un hombre de humo», Alejandra Basualto). La relación del Yo femenino con el origen (la madre) se textualiza a través de la parodia inversa de la oración dirigida al padre. El yo lírico opta por la autenticidad en vez de la sumisión: «Madre nuestra que estás en la tierra / (…) Castigado sea quien te ofenda / como también quien te hiere» («Madre nuestra», Maritza Castro). La experiencia unitiva con la esencia del hombre lleva al yo lírico a un segundo nacimiento de conjugación con la naturaleza y el tiempo. La madurez del yo se manifiesta en la conformidad con el presente, pleno de llagas y heridas, pero también de sabiduría.

Es importante señalar que estos poemas también son ejercicios de memoria, de individuación, de perspectiva obtenida con el paso del tiempo. El poema opera como escenificación de resultados del recordar desde un aquí y ahora. La nostalgia de la conjunción original se invoca desde un «estar aquí» escindido del amado, recordando a los muertos que han quedado en el camino, tratando de decir, por enésima vez, lo inefable de la revelación poética: «Estoy aquí, / con algo de corteza de árbol y portada / con meses fríos de guardarse y prisas» («Estoy aquí», Cecilia Aravena). La paradoja de la escritura es que representa la imposibilidad de escribir un mensaje definitivo, o de enviarlo a otro (a) exitosamente, dada la ambigüedad del signo; el texto mismo es testimonio del fracaso. Ahora bien, la condición contemporánea del signo es precisamente su apertura y ambigüedad. La conciencia escritural se nutre de esta evidencia y llega al desengaño de las verdades y testimonios afirmados dogmáticamente, abrazando la pluralidad de significados. La reivindicación por la palabra, la salvación por el verbo, se dirigen, finalmente, al desengaño de la madurez, pero dejan abierta la posibilidad del nuevo encantamiento. La revelación, de por sí, se resiste a la proposición y deviene en sueño o visión. Y cuando los sueños escapan de la noche y se instalan en la cotidianeidad, devienen en pesadillas.

El ingreso de la vida cotidiana en poesía tiene un impacto semejante al de la rutina burguesa en la novela del siglo XIX. Son los pequeños actos que aluden a nuestra procedencia de clase, nuestros oficios y logros, los que alimentan la materia poética. Es en medio de la rutina que surge la conciencia del absurdo, el choque entre lo que somos y lo que creemos ser. A partir de la rutina cotidiana nos encontramos con el Otro colectivo. El sujeto lírico se sumerge en la cotidianeidad de las masas, nombrando sus interconexiones familiares: «En la coincidencia de dos calles / Se detiene la micro que siempre viene / De la población ex Nueva Esperanza» («Intertanto», Hernán Ramírez). La voz lírica sale a las calles, transmite las voces de otros, los ruidos y conversaciones. La rutina del mundo moderno y las necesidades de la conectividad, se muestran como alienación en un sentido clásico; del presente rutinario, o degradado, de la enunciación se pasa a un pretérito determinado por un cronotopo catastrófico, origen irónico de un futuro que nunca llega, el de la colectivización. Desengaño amoroso e histórico se aproximan al tópico barroco, pero del mismo desengaño surge una lucidez irónica que permite abrigar esperanzas: «Que el milagroso despegue termine en un desplome / … Da igual». («Da igual», Miguel Ángel Salinas).

La variedad de estructuras métricas usadas por los autores de esta antología se extiende desde el uso del soneto endecasílabo hasta el poema largo (o corto) en verso libre. La tradición neoclásica está presente en la escritura chilena en Gabriela Mistral, Manuel Silva Acevedo e incluso Óscar Hahn. La antipoesía, por ejemplo, recupera el octosílabo del cancionero y el endecasílabo de la poesía hispánica. Cuando el verso métrico aparece, cumple con una función a la vez paródica y de homenaje, como en «Sueños no cumplidos» de Orietta de la Jara.5 Incluso el verso libre recupera los ritmos del habla y de la conversación; las rimas internas, los ritmos sugeridos por las pausas versales, convierten al poema en un objeto que adquiere vida propia, y tal vez única, cuando es leído en público y en voz alta. Estamos, pues, frente a una poesía coloquial pero eufónica; transcripción, muchas veces, de los automatismos verbales, que se revelan como hallazgos de ingenio apenas quedan fijados en el poema: «Parece que andamos todos en las mismas» («Un mal síntoma somos de este tiempo», Miguel Ángel Salinas)

Por otro lado, los ritmos de la lengua materna, o la lengua segunda, se suman a la lengua oficial y coexisten con ella, enriqueciéndola o singularizándola. Como en Víctor Lobos:

«Mi niña del viento, estabas tan flaca / Que el Puelche te encumbró como a un volantín / Y de ti no quedó más que un rastro de lluvia» («Niña del viento», Víctor Lobos).

La poesía en mapudungun, las citas en idiomas extranjeros, como «Ogotemmeli, el viejo cazador ciego de Bandiagara» («A ti te hablo, mi poema», Blanca del Río) o en español arcaico, constituyen un acontecimiento disruptivo y, a la vez, carnavalesco. El abandono de la sublimidad retórica abre el camino al habla vernácula, aquella lengua en que el Arcipreste de Hita deseaba hablar a su vecino. Llegamos, así, a las formas vernaculares del español de Chile: idiolectos de estrato y clase social, vulgarismos y coprolalias propios de las situaciones informales.6 Incluyo aquí, también, los lugares comunes o frases hechas con que rellenamos los vacíos del pensamiento: «Que la pierna entera el mohicano o con rebaje» («Da igual», Miguel Ángel Salinas). La acumulación de todos estos efectos retórico-lingüísticos transforma al poema contemporáneo en un discurso híbrido y, por lo tanto, irónico, paródico y forjado.7

No es aventurado afirmar que el gesto creativo predominante, tanto en la poesía como en la narrativa contemporánea, es la parodia. Así lo propone Linda Hutcheon en su ensayo sobre la poética de la parodia postmoderna.8 Si consideramos que toda obra poética contiene en sí su propia parodia, podemos entender, por ejemplo, el verso «Canto general mi canto particular» de Enrique Lihn (El paseo Ahumada) o los versículos apócrifos en Leyendas del Cristo Negro de Mahfud Massis. La parodia no es sólo la inversión o el reverso desmitificador de una escritura en la cual nos apoyamos al mismo tiempo que la arruinamos; es, además, una ocasión de celebrar la continuidad de los procesos creativos que abarcan desde los primeros esfuerzos de la poesía didáctica (épica y ditirámbica) hasta la transformación del poema en una especie de ensayo científico o político-económico, como ocurre en el Cántico Cósmico de Ernesto Cardenal. La parodia necesita un lector que sea capaz de leer en segundo plano, entendiendo la intertextualidad subterránea, la cita y su desmitificación. Por eso el lector de poemas como «Da igual» de Miguel Ángel Salinas, debe ser cómplice, realizador o coproductor del texto poético. En este caso, la parodia recoge la conocida frase de Marshall McLuhan: «The medium is the message», para modificarla morfológicamente («message» / «masaje») e insertarla críticamente en la vida cotidiana chilena. La función, pues, de la parodia, es mantener viva una tradición que tratamos de desarmar, desmitificar o satirizar y que se termina por validar y resignificar. Y hasta se puede, por añadidura, parodiar al Yo poético mismo, además de su lenguaje y producciones.

Tal vez lo más definitivo y característico de la poesía chilena contemporánea, y en general de la poesía contemporánea, es la representación de una estructura subjetiva en proceso de escritura y dilucidación. El poema, lejos de ser un producto acabado de la artesanía, es una muestra del taller de escritura. A menudo, el texto funciona como terapia, confesión, repaso o balance vivencial. Muchas veces, el resultado es la escenificación de un trauma, una herida («Imagina que tienes una herida…»: Manuel Rojas, Hijo de Ladrón), una pérdida. La palabra poética permite la articulación de una narrativa sobre el origen traumático de la identidad, llena de detalles concretos: una forma de vida, un hogar enfermo, un intento de suicidio abortado por la mala suerte. El devenir del sujeto, consciente de su ruina, es circular; regresa a una escena originaria, «la vieja casa / Que nunca cambia» («Cuervos II», Víctor Lobos), evocando el rito de comunión incompleta de la mesa puesta (nuevamente, ecos de Millán). En este sentido, la poesía de Max Valdés es testimonio de un sujeto precario, que aparece como una subjetividad lastimada por la historia, la vida y la existencia misma. Es un Yo que experimenta la soledad, la desconexión existencial, la insatisfacción o incluso la depresión. El balance existencial, la identidad sumida en la melancolía, inducen en el poeta un talante pesimista, un abandono al misterio sin respuesta del absurdo. En este sentido, el poema es el lugar en que se vierte el recuento de una vida en el momento de la conclusión de la experiencia. Entonces, se verifican ganancias y pérdidas y se recogen las partes que permiten construir una identidad. La dimensión de autognosis, de exploración y representación de contenidos inconscientes, recurre a símbolos de ansiedad y encierro, censura y control, pero también de anhelos de cambio y libertad («Pájaros», «El ángel» en Alejandra Basualto, «Rabino» en Josefina Muñoz). En el origen del despertar de la libido hay angustia, expansión de la conciencia y culpa; el poema plantea el conflicto como una pesadilla, de la que no sirve despertarse; los dolores y angustias pertenecen al género, tal vez a la especie y a toda forma de vida: separación, desgarro, pérdida de una inocencia original, en síntesis: caída. A lo cual se suma la derrota histórica, leída en clave de decadencia, incluso de apocalipsis, del cronotopo de 1973 en Chile.

La denuncia, la pasión del sujeto ciudadano (político), en la medida en que se inserta en un cronotopo concreto y expresa su visión de la justicia histórica, se manifiesta en los poemas de manera sincera y directa. Sobre los agentes que promueven los cambios históricos y sustentan las legalidades políticas, se levanta el testimonio existencial. El sujeto examina su condición y se compara con otros arquetipos culturales, en un lamento irónico sobre la pauperización de la sociedad bajo el capitalismo avanzado. Por ejemplo, en el texto «Ahora que los negros», de Miguel Ángel Salinas, la otredad racial enfrenta la segregación de una sociedad que ve la diferencia en base a estereotipos. Por ello, se hace una autocrítica sobre la identidad colectiva, auto-lacerante, del ser chileno: «…nosotros / que por todo nos calentamos la cabeza» (Miguel Ángel Salinas). El poeta realiza un diagnóstico descarnado y lapidario del momento presente como una instancia de degradación de una época mejor, más humana y colectiva. El texto poético posee una dimensión testimonial que apunta a la conexión con la colectividad y que apostrofa, e, incluso, desafía al contrincante político. Este aparece como agente omnipresente y hegemónico, casi imbatible. El rock, la memoria y la utopía resisten desde un futuro que se ha presente; el movimiento continuo, las máquinas y artefactos periféricos (la televisión, el escáner) nos definen y mediatizan. La poesía es herida: testimonia una derrota, un cuerpo lacerado. En el balance de su madurez, las y los poetas rescatan la rebeldía juvenil, la ilusión y el compromiso, y se evoca a los desaparecidos políticos y amorosos. Los textos de José Ángel Cuevas son ejemplos clarísimos en este sentido: el poeta constata la derrota de un proyecto y la victoria de un orden político y económico poderoso. Sin embargo, surge la esperanza de un «despertar», una contraofensiva popular que, a mediano plazo, desbanque al enemigo político: «Los vencidos salen / los vencidos / van a saltar / correr / demoler / el miércoles de cenizas de Chile (…) / se trata de un inconsciente poderoso /el de los vencidos de la clase chilena / (…) Ah, las grandes Maniobras Nacionales / la historia del engaño / sectores completos / de sociedad patriarcal. / Ahí van por los caminos / drogados /bebidos / con su sombrero al viento, / los rotitos» («Los vencidos van»). El Yo escribiente comparte las características de precariedad, pero también de solidaridad y testimonio, que ha alcanzado el sujeto de experiencia. Por otro lado, se considera que la escritura es una forma de justificación, compensación e incluso reivindicación histórica. El sujeto escritor tiene un origen de clase, una conciencia, se diferencia frente a los lectores reales, el pueblo letrado e iletrado: «Los profesores me abrieron las puertas de sus casas / y ocultaron a sus hijas en los sótanos / El pueblo iletrado me regaló libros para que cobrase venganza / en su nombre…» (Iván Quezada). Es en el poema donde se mantiene viva esta profecía: el poema es acto y lugar de resistencia.

En los poemas de la presente Antología existe una clara conciencia del acto de escritura, de la instalación del poema en cuerpos de discursos preexistentes, orales y escritos. Una identidad meta-poética conoce y emplea los recursos para llamar la atención sobre las palabras, sobre la enunciación y el carácter artístico-artificioso de la escritura poética. Escribir es una suerte de confesión y reconocimiento de culpa, frente al otro y los otros: «Escribo la biografía de un verdugo / y resulta que es mi propia vida» («Idaho», Iván Quezada). El lenguaje de la oralidad materna aparece como forma de consolidar imágenes primordiales: mujer, niña y hechicera, transitan en el bosque, donde se da la formación del sujeto en la naturaleza, la guerra y la caza de amor. Ejemplo notable, en este sentido, en el poema «Kutrán Killén» de Víctor Lobos. Los mitos originarios, como la luna llena, y el «cuero chico», se aproximan a los elementos de la modernidad (la televisión), mezclados con los mitos y geografías indoeuropeos. («Monte Citerón», «La duda» de Víctor Lobos).

Del ámbito urbano, escenario de catástrofe y esperanza, los poetas pasan, imperceptiblemente, al ámbito de la naturaleza9, opuesto al mundo de la ciudad tecnológica. La naturaleza y el sentimiento oceánico del Yo (Freud, El malestar de la cultura) se instalan frente a la otredad absoluta, la Natura viviente, el paisaje y la biósfera, entrando en un estado de contemplación y asombro frente a la vida y los misterios de la creación. Es el momento en que la conciencia meta-poética enfrenta el dilema de la expresión de lo inefable, lo sublime, lo trascendente. Es el momento arquetípico por excelencia: nos sumergimos en las vastas fosas de la memoria del mar, nos anulamos en el movimiento colectivo y eterno de los oleajes. En los textos de Juan Mihovilovichh, es el momento místico en que el Yo y el Otro se funden en una pareja primordial, en el contexto fenomenológico del ser. El sentimiento oceánico, que refería Freud, se concreta en el anhelo de encontrar el sentido de un recuerdo sin contenido lógico. La lucidez y el desengaño desmitifican a la memoria biográfica e introducen la noción de inefabilidad de los momentos originarios de conciencia. Desengaño de la palabra, de la memoria, del sentido y la verdad, salvo una leve esperanza del reinicio, a manera de un retorno del sí mismo. El hablante lírico «ya no cree en nada / salvo en que habrá una señal / para que todo vuelva a empezar / Como se demora el regreso / comienza a pronunciar palabras sin sentido, / hasta que ellas también pierden su significado» («Cuestión de un minuto»»). El Yo de la enunciación es el hombre letrado; creyente en sueños de justicia y renovación, amante en desgracia o decaído, solitario al fin y autoexiliado de la sociedad, con serias dudas sobre la validez de la memoria y la motivación del escribir: así lo encontramos en los textos de Iván Quezada y Mihovilovichh.

El recuerdo y el recordar se desvelan como construcciones ficticias que desfiguran la imagen original. El recuerdo es fragmentario y conjetural; se resiste a la sintaxis de la vigilia. «La memoria es una broma de mal gusto / Un tránsito esquivo…» (Mihovilovich). Mas, el trabajo de memoria, la escritura y transubstanciación del recuerdo y la esperanza operan un proceso profundo de generación de significado: la semiosis.

El signo y la semiosis introducen un dilema que no se resuelve en el poema. Por el contrario, la escritura se percibe ajena, inane, cacofonía o leyenda que incluye la noción de biografía conjetural. El yo es un espacio vacío; el acto de comunicación no tiene destinatario. En el origen de la conciencia, posterior a los recuerdos originales, se percibe un sueño, un ideal que la experiencia revela como infantil o imposible. El anhelo de trascendencia trae consigo la melancolía e incluso la acedia10 del exégeta rutinario. Los arquetipos del anciano y del niño, del determinismo de la vida y del deseo de muerte, se conjugan en una situación lírica básica: la noche y el sentimiento de anhelo de lo desconocido, del perseguir una forma que dilucide nuestra existencia. Como en «Guayacán» de Alejandra Basualto, pasado y presente se reencuentran en el reconocimiento de un sentido, encontrado y perdido, en los primeros despertares de la fantasía y la libido.

El discurso antipoético, de profunda motivación y vigencia, encuentra en la apropiación de los rituales coloquiales, frases hechas y clichés («digamos que», «claro está», «me parece», «por decirlo de algún modo») de los marcos comunicacionales de la cultura de masas una forma de resignificación de la palabra capturada por un discurso hegemónico. Por otro lado, la tradición antipoética desmitifica la imagen del vate letrado, su prestigio de género y sus aspiraciones burguesas: «Escritores rufianes / me confiaron sus burocráticas esperanzas / Debía ser como ellos, /oler los archivadores a un kilómetro de distancia / e impresionar a jovencitas intoxicadas con la noche…» («El estudiante de poesía», Iván Quezada). El sujeto iluminado se aparta del fariseísmo y la integración en el sistema social, pero cae, una vez más, en el desengaño: «Quedé más vacío que antes, / con un espejo apuntándome entre los ojos / Al final sólo se escribe del envejecimiento / El mundo no tiene por qué agradecérmelo» («El estudiante de poesía», Iván Quezada).

La antipoesía se nutre del idiolecto chileno y cotidiano, con recurrentes alusiones a la cultura de masas audiovisual. La hibridación se da en el plano del lenguaje, entre la sofisticación de la tradición científica y grecolatina y el habla cotidiana, que retoma la crítica al ser social, mediante un coloquialismo «toda teoría es cuántica / & toda alma es cuática» («¡Eureka!... ¡Eureka!», Miguel Ángel Salinas). La antipoesía permite una crítica de una sociabilidad decadente, extensión de la metáfora del cambalache, que se manifiesta en los cuerpos de diferentes sexualidades, en la decadencia del valor del oro, de la cultura libresca y los valores solidarios. Al igual que en «Los vicios del mundo moderno», de Nicanor Parra, el paralelismo sintáctico introduce el aplanamiento de la diversidad, la crueldad del capital, la banalización de la resistencia contracultural: «Da igual… si el masaje no es sólo un masaje / Que en el espacio ciber a todo se le dé rienda suelta / Que la venta de libros esté predestinada a la quiebra / Que la cibernética la lleve más que la ética y la estética / Que en este lugar se le dé duro al pensamiento mágico / Que de todas las leyes impere siempre la de moraga / Que el milagroso despegue termine en un desplome» («Da igual», Miguel Ángel Salinas). A través de chilenismos muy sincrónicos, se lamenta una legalidad de mundo en que rige la «ley de Moraga», la cual se proyecta sobre un mundo en que predomina la apariencia por sobre una realidad. El poema se detiene en la denuncia, pero se arriba a respuestas desengañadas: el corazón del mundo «es sueño, es ilusión, es inocencia y es olvido» (Cecilia Aravena). Mientras tanto, en la tradición discepolesca, el poema se abre el diálogo intertextual, a partir de situaciones puntuales de la sociedad chilena: el abuso de menores, el encubrimiento de la pedofilia al interior de la Iglesia y el abuso generalizado de los poderosos. Se arriba a una visión encarnada en la lectura evangélica de Babilonia como símbolo de las sociedades metropolitanas y capitalistas-seculares.

También, como en la tradición crítica (autoparódica) de Lihn, se asume una función apelativa hacia el sujeto hegemónico, autoritario, pero también al sujeto promedio y anómico, instalando una soterrada amenaza de resistencia: «Caliénteme la sangre hasta el resentimiento / Y métase hasta en el último rincón de mi casa / Pero aténgase después a las consecuencias» («Tómeme nomás por un ingenuo», Miguel Ángel Salinas). El poeta mismo se encuentra en una encrucijada: ser y escribir dentro del sistema predominante o guardar silencio. La tercera vía, frente a la crítica radical y el desengaño, es un deseo de muerte: «Lo escribo todo, brillante / bebo el éxito y me arropan / los elogios / o escribo y nada guardo / para un después de otros / o me diluyo, me diluyo / en los espejos del camino» («Tercera vía», Roger Texier). La visión de la decadencia apocalíptica se remonta a los valores fundacionales, pero también a una condición mórbido-neurótica propia del sujeto moderno. Este sujeto enfermo adolece de impotencia, de vejez prematura, de desconfianza y apatía social. Como en la poesía de Lihn, la sociedad de consumo, extremada en la etapa de conectividad digital, redunda en un escenario social catastrófico. La crítica denuncia (con cierto grado de resignación) la alienación generada por los medios, la agresividad de las redes sociales, el narcisismo y el exhibicionismo visuales, instalando un diagnóstico colectivo en que el propio hablante se incluye. El estado del cuerpo también es decadente; el sujeto se alimenta de cadáveres; depende de pastillas para la libido y está constantemente agresivo.

En la misma línea de crítica e invectiva contra la historia adversa, se revisan los emblemas de una chilenidad anárquica y libertaria. Su decadencia y redención en un último acto de liberación libidinosa, aparece representado por el apareamiento del cóndor en «El último vuelo del cóndor chileno», de Martín Faunes: «El ave libertaria en plena parada de los militares / Pudo al fin desprenderse y agitando las alas, majestuoso / montó el vuelo». Lectura paródica y alegórica de la semiosis impulsada por el ethos militar; arquetipo clásico de la aspiración erótica, parodia entrañable de la identidad nacional: Todo ello está presente en este poema que desplaza la imagen del escritor viril a la fauna popular y al bestiario de los Andes.

En conclusión, estamos frente a un cuerpo poético que encuentra su lugar de enunciación en una relectura desmitificadora y revitalizante de la tradición literaria de Occidente. Los poetas de la presente antología tienen una clara conciencia de las propiedades mestizas y heterogéneas de la palabra, chilena y americana, en el contexto de una sociedad global y contemporánea. Esta poesía no renuncia a la exploración de la subjetividad y sus tribulaciones existenciales, pero transita prácticamente al examen político e incluso ideológico del momento histórico, proponiendo lecturas alternativas a las verdades impuestas por la hegemonía o el discurso del poder. Es una poesía que ha hecho de la búsqueda de la identidad a través de la palabra su núcleo más persistente, pues, junto con la clara conciencia de la naturaleza construida de la identidad propia, aparece la necesidad de explorar y redescubrir los elementos inmanentes de nuestra ancestrología cultural. El profundo impacto de la antipoesía conlleva la aparición de una supuesta naturalidad del discurso, que llega directamente y sin mediaciones, al lector implícito por medio de la inmediatez del coloquialismo, lo vernacular y local. Sin embargo, existe la conciencia de que la palabra poética contemporánea es, también, una obra de arte, un artificio, una herramienta e incluso un simulacro. Se desprende, por lo tanto, que otro núcleo importante de esta poesía es la construcción del sujeto poeta que surge y se levanta en el contexto del mundo moderno. Su función es provocar una sonrisa, una reflexión crítica y tal vez un poco de incomodidad, e incluso de resistencia. Estas voces poéticas hace mucho tiempo que no moran en las torres corporativas. Antes bien, se levantan de la cotidianidad compartida con el colectivo para testimoniar un proceso de búsqueda, reflexión y proposición que no tiene fin, como la poesía misma.


Cecilia Aravena

Nace en Santiago de Chile el 14 de diciembre de 1963. Estudió Trabajo Social (Instituto Profesional de Santiago, ex Tecnológico de la Universidad de Chile) y Magíster en Ciencias Sociales (Universidad Academia de Humanismo Cristiano). Trabajó en la Vicaría de la Solidaridad entre los años 1983 y 1990 y en el Arzobispado de Santiago entre los años 1991 y 1992.

Ejerció como docente de distintas asignaturas en la Universidad Católica (sede Curicó) y en el Instituto del Valle Central, en la Universidad Autónoma del Sur, sede Talca, entre los años 1993 y 2004. En 1993 ingresa a trabajar al Ministerio de Planificación Nacional (hoy Ministerio de Desarrollo Social y Familia). Participa en el taller de Poli Délano entre los años 2007 y 2017. Luego, en el período 2018-2020, integra el mismo Taller dirigido por Eduardo Contreras, después del fallecimiento del consagrado escritor. Es miembro de Letras de Chile desde el año 2014. Tiene poemas publicados en la Antología Entrepuentes (Mago Editores 2007). Su cuento «Sólo un Peón» fue publicado en la antología Historias, cuentos y poesía del mundo rural en el año 2009. Este cuento obtuvo el segundo lugar en el concurso de cuentos de FUCOA de ese año. Su cuento «Camino seco» fue publicado en el sitio electrónico de letrasdechile.cl en el año 2016. El año 2017 obtiene mención honrosa en el concurso de cuentos organizado por la Unión Comunal de Ñuñoa y el Gobierno Regional Metropolitano de Santiago, con su relato «Los Tonos del Crepúsculo». Su cuento «Ginebra a media tarde» se publicó en la antología El taller de Poli Délano de Editorial Espora, en 2017. El año 2018 publica su primer libro de cuentos Fragmentos de Chile, un recorrido de norte a sur de nuestro país a través de las historias de sus héroes anónimos. El año 2019, publica una novela policial escrita a cuatro manos con el escritor Eduardo Contreras Villablanca, titulada La verdad secuestrada, de editoriales Espora y Mago Editores.

Estoy aquí

Estoy aquí,

con algo de corteza de árbol y portada

con meses fríos de guardarse y prisas

con meses calurosos y salpicados de siestas ansiosas de obscenidades,

con días suaves y crujientes de otoño

con noches jóvenes de bailes y sonrisas de primavera

llevo pasos calzados de historias,

algunas certeras

todas con rostros guardados

con rostros vistos envejecer

con rostros olvidados

con rostros redibujados

con rostros que no quise conocer

y otros que quise huyeron como pájaros

A veces fui artesana del viento ciego

tratando de reconstruirme junto a otros

buscando / inventando puertas abiertas a caminos inexplorados

que nos dejaran esperanzas en el espejo

a veces fui llanto mudo incansable

aún se queja mi alma de aquellos silencios

reconozco a veces a la niña que me habita

la que habla y tiembla en los amaneceres,

digamos también que intenta ser madura

mis ojos siguen deslumbrándose por la belleza de un abrazo

por la acogida

y mis oídos me siguen excitando por el acento viril

de aquella voz silenciada

Me han salido trofeos de vida en la cara

que muestran a la gente lo que se me ha ofrecido

y lo que se me ha negado

adornan mis ojos

acompañan mi sonrisa

hablan en mi mente

Ya descubrí el corazón del mundo, está lastimado

se esconde en recuerdos, en fotos,

en los cielos celestes de los cuadros

en los bancos de colegio, esos viejos y rayados

Es sueño, es ilusión, es inocencia y es olvido

de pueblo pobre, de tierra parida,

ello está en mi tristeza

lo cargo en la espalda

de bruces me ha tenido

Sueño

Soñé que por esa ventana se podía ver un gran árbol

que subía pretencioso a un costado de tu casa, curvo, sinuoso,

por el muro húmedo ya adornado de musgo,

ya con vida propia

Y aquellos brazos extendidos de madera no se detenían

Y desde abajo entremedio de ramas parecía tejido el cielo

Fragmentada tu ventana por esas ramas,

parecías mosaico de ojos, mentón, espalda y brazos

¿Cuántas centurias de segundos, cuántas épocas de minutos

[soñé que te veía?

Aquellas ramas como cómplices fugitivas de mis deseos

[se movían silenciosas

hasta encontrarte

y eran ellas las que dejaban en ti la fragancia de la madera,

de las hojas, del árbol que hacían a mi olfato buscarte

Y pegada a tu ventana cuidaba las noches, tus noches

en vigilia

Soñé que dejaba que cada amanecer despertaba con el abrir

[de tu ventana

Y salían aquellas cortinas como brazos extendidos a buscarme

Si sólo hubiera alcanzado

A cruzar de un salto tu jardín, a presentarme en tu puerta

a sonreír

Si sólo hubiera dormido un poco más

lo suficiente para el galope de mis ansias

Si hubieras soñado tú con mi ventana

rogando a las ramas que se abrieran hacia mí

Si una vez despierta me hubieras dicho los secretos que

[flotan arrepentidos

que las nubes no se agotan

y los ojos no pierden brillo.

Distancia

Ayer cuando reías el sonido de tu risa se colgó de la noche

Y la noche no se quedó quieta ante tal honor

Entró por las rendijas, se coló por las cortinas y nos envolvió

Nos dijo su nombre

Alargó los minutos para hacerse eterna

Dejó su soledad y nos esperó

Se deleitó con nosotros

Nos envidió.

Ayer cuando reías se levantaban los bosques

Ya no quejumbrosos

Ya no torpes

Ahora bailaban y parecían torres

Dignos, solemnes abriéndose jubilosos

Al eco de tu voz

Ayer cuando me susurrabas

Lograbas que naciera una y otra vez

Ya no del vientre materno

de la frescura y prisa del viento

de grandes olas espumosas

de fuertes alas desplegadas

de montañas…

Hoy que algunos pueblos nos separan

Y volvemos a ser individuos

Rechazo la unidad

Clamo ser una letra

Un movimiento de tu boca

Una palabra, un susurro

Exijo quedarme en tu voz.

Ahora es diferente

Primero corría entre nieblas

A veces alumbraba el sol

Y alcanzaba a ver el horizonte

Y el mar era celeste

El sol pasaba hasta calentar mi piel

Pero luego quedaba oculto bajo cortinas

Volvía a sentir frío

Y quedaba a oscuras

Después crucé algunos puentes

Descalza, caí en agujeros grandes del camino

Sentí piedras filosas en las plantes de los pies

Pero pude aferrarme a una orilla más lisa

La tierra seca cambió y se convirtió en un pasto verde

Verde, húmedo, blando, fresco

Y los pasos fueron más largos, más altos,

Ahora no voy corriendo a ninguna parte

Me quedo cómoda en el mismo lugar

Y puedo tener un jardín

Y una mascota

Un hogar con algo que ofrecerte

Y música en mi sala

Puedo bailar y perder el tiempo

Y girar con las luces encendidas

Alejandra Basualto

Oriunda de Rancagua (1 de diciembre de 1944). Hizo su Licenciatura en Literatura en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile (1980-1985). Más tarde, en el mismo plantel, se Doctoró en Literatura.

Entre 1978 y 1987 participó en diversos talleres literarios: con Miguel Arteche, Alfonso Calderón, José Donoso, Eduardo Gudiño Kieffer y Pía Barros.

Trabajó como docente universitaria desde el año 2000. Fue Visiting Professor en la Humboldt State University, Arcata, California, USA. Dos años después y hasta el 2005 fue Directora del Programa en Chile de Estudiantes de la Universidad Humboldt State University, de California, USA, y profesora de Español Avanzado y Poesía Chilena. El 2003 también fue profesora de Taller de Escritura Creativa, Escuela de Teatro, Universidad Bolivariana. Y el 2001 se desempeñó como docente en la Universidad Mayor, en su Escuela de Comunicación.

Desde 1984 hasta la actualidad, dirige diversos talleres literarios en Santiago.

Publicaciones en poesía:

1970: Los ecos del sol

1983: El agua que me cerca

1993: Las malamadas

1996: Altovalsol

1996: Guayacán y otros poemas/ Guayacan and other poems

2000: Casa de citas

2010: Antología personal 1970-2010

2017: Cuchillos,

2017: De telarañas y puñales/ Of cobwebs and daggers

2018: Mujer cinco / Woman five

Publicaciones en narrativa:

1988: La mujer de yeso, cuentos

1991: Territorio Exclusivo, cuentos

1999, Territorio Exclusivo / Exclusive Territory, cuentos

1994: Desacato al bolero, cuentos

2012: Invisible, viendo caer la nieve. Novela

2017: Micropoesía, manual explicativo para escribir micropoesía.

Guayacán

Esos días se me van quedando a oscuras,

ocultos bajo el polvo, diseminados

por nueva servidumbre. Otra luna

esparce hoy las cenizas de su vieja mano.

La noche traía caballos repentinos

que me llamaban desde la ventana:

sus terribles ojos horadando los postigos

y su respiración sobre mi almohada.

Tras el muro un jinete sombrío

desvelaba los sueños de la medianoche

y en el viento sembraba los signos

que en la niñez las penumbras recogen.

A veces los piratas rondaban por la casa

y un olor a barcos subía las colinas

y yo sabía -y sé- que allá en la playa

todavía buscan la luz escondida.

Entonces despertaban los naranjos

y el perfume de diez mil estrellas

me temblaba en la palma de la mano,

cuajando en el lecho mi mitad de tierra.

Las madrugadas son ahora silenciosas,

los árboles dialogan en secreto;

pero a veces, debajo de las sombras,

vuelvo a encontrar aquel antiguo miedo.

Pájaros

El cielo está sangrando pájaros.

Muchos pájaros de un raro color,

desmadejados,

las alas yertas,

los picos deshechos.

Sólo soplos grises

cayendo desde lejos.

Pájaros de dónde.

Tal vez despojos de ciertos ángeles

caídos de la secreta casa.

Cientos de pájaros

con el grito roto en la garganta

y los ojos vueltos

Todos serán sombras.

Para que los olvidemos.

(Voces para un hombre de humo).

Tú me crees

la incrustada

la mujer sin brazos

la que llora

Me quieres silenciosa

clausurada

pero yo soy la mujer que grita

y no se guarda

la que recorre la casa encendiendo luces

la explorada

la dadora y la avara

Voy a aventar el humo donde yergues

tu cabeza

enmascarada

voy a sorprenderte

y borrar impunemente tus colores

Capaz que pueda acostumbrarme

a sembrar cicatrices

en los sueños

capaz que crezcan

nuevas raíces en mi tierra extendida

y me broten brazos

o plumas

El ángel

El inconsciente es un árbol lleno de pájaros muertos que se echan a volar cuando uno menos lo espera Óscar Hahn

Toma de mi leche dijo el ángel

y yo, que no sabía dónde estaba

lo miré

y lo seguí mirando

con la perplejidad de los recién nacidos.

Era una noche negra y escondida,

nadie nos podía ver,

solo cabía la disculpa de venir de lejos

sin resuello

remontando río arriba hasta el amanecer.

El ángel me miró y yo no supe

si sonreír o llorar

y me quedé ahí, desbocada,

como quien no tiene horizontes a la vista,

ni bordes, ni caminos, ni siquiera,

el destello de algún amanecer en perspectiva.

Soy yo, dijo el ángel, ¿no me reconoces?

y perdida en la locura,

no pude responder, solo miraba

su larga cabellera rubia,

ahí sus ojos,

los ojos de aquel que hace ya mucho

voltearon mis sentidos, dieron rumbos a mi sangre,

percibieron que mi toda yo

estaba dispuesta.

Y entonces comprendí

que era un fantasma del pasado

una voz huera que intruseaba

en el temido recordar de los ancianos

sola sombra de los huesos porvenir.

Si muerte fuera

De manera que soñé capitanes y ataúdes de colores deliciosos… Alejandra Pizarnik

Si la palabra MUERTE abrigara un hombre bajo el poncho

manso de actitudes / dulce de palabras / bello

como los caquis en otoño / que me endulzara la boca

con su áspero sabor a macho en celo;

si MUERTE fuera un muchacho fuerte y juguetón

como un cachorro sin destetar,

que mordiera mis tobillos y me robara la ropa interior,

los zapatos y las medias;

si ese MUERTE que tal vez ya me observa

—centinela del siglo que asoma sus encías inmaduras—

mostrara un resuello de varón maduro

y sienes clareando en la penumbra;

entonces sí me gustaría encontrármelo de frente

aunque fuera en un callejón oscuro,

o en la mitad de un verano bajo los árboles de mi casa

en un domingo cualquiera

de ésos que nadie haya motivos para recordar.

Me abrazaría entonces al mentado MUERTE convencida

de que es mi último caballero andante,

el olvidado príncipe azul o un valiente filibustero

que viene a rescatarme / a seducirme

a llevarme consigo

para que por fin juguemos

un último juego

de esperanza.

Maritza Castro

Santiago de Chile, 1971. Abogada y escritora. Estudió Derecho en la Universidad de Chile, titulándose en 1995. Posteriormente, se graduó de Magíster en Derecho en la Universidad de Harvard, Estados Unidos. En 2018, publica el ensayo Ética pública y rescate del Estado (Rubicón Editores, 2018). Como abogada se ha desempeñado en diversas instituciones públicas y ejercido las cátedras de Derecho Constitucional y Administrativo. Tiene publicaciones jurídicas en libros y revistas en Chile y Reino Unido en el área de la semiótica, las facultades del Congreso de los EE.UU. en materia de guerra, y la libertad de expresión. Como poeta, ha publicado: Vivir y soñar (RIL, Santiago, Chile, 2005), Los versos de la espera (Mago editores, Santiago, Chile, 2016), Insight (Mago Editores, 2017) y Al origen (Lord Byron Ediciones, Madrid, España, Noviembre de 2018). Su poesía aparece en la antología Nueva Poesía y Narrativa Hispanoamericana del siglo XXI, de Lord Byron Ediciones (2017) y en diversos blogs y revistas. Además, tiene el cuento bilingüe Matías el dragón/Matthew the Dragon (RIL, 2010).

El vampiro

Como un vampiro,

sensual y silencioso,

emergió de su supuesta tumba

un amor que fue conjurado

por su propia víctima.

Un amor que corre en la sangre

Y, nunca muerto, sólo dormía.

Madre nuestra

Madre nuestra que estás en la tierra,

reconocido sea tu nombre.

Quédate con tu reino.

Haz tu voluntad

tanto en lo íntimo como en lo externo;

Que no te quiten hoy

el pan tuyo de cada día.

Castigado sea quien te ofenda

como también quien te hiere.

Que no te reduzcan a la tentación;

Líbrate del mal.

Sé tú.

No quiero recuerdos

¡No quiero recuerdos!

Como la madre que aborta

no quiere mirar;

como el soldado que mata

no quiere llorar,

no quiero recuerdos.

Que la nada entre tú

y yo sea todo;

que el amor cruce la vereda;

que no me mire a los ojos.

Yo miraré hacia el suelo:

¡No quiero recuerdos!

Cristián Cisternas

Nace en Santiago de Chile el 16 de marzo de 1969. Estudió el colegio Pan American College de San Miguel. Ingresó en 1987 a la carrera de Licenciatura en Humanidades con mención en Lengua y Literatura Hispánicas de la Universidad de Chile. Posteriormente, alcanzó los grados de Magister y Doctorado en Literatura en esta misma casa de estudios.

Actualmente, ejerce como Profesor Asociado en el Departamento de Literatura de la Universidad de Chile. Ha publicado diversos trabajos académicos sobre narrativa y poesía chilenas, así como el libro Imagen de la ciudad en la literatura hispanoamericana contemporánea (Universitaria, 2011)

Ha incursionado en la radiofonía en la Radio Universidad de Chile con los programas Holojazz (2000-2006), junto con Miguel Vera Cifras; y Revolución 78 (2007-2016), este último, creado y producido junto a Patricia Valenzuela.

Ha participado en el Taller de Narrativa del crítico chileno Camilo Marks. También participó en el Taller de Poesía Códices, del poeta Andrés Morales. Ha publicado narrativa: En el faro y otros relatos (Mago, 2011), La flecha de Dornier (Mago, 2015) y poesía: Distimia (Mago, 2016) y Medievario (Cuadernos de Casa Bermeja, 2017). Ha sido incluido en la Antología del cuento chileno contemporáneo, editada por Max G. Sáez (Mago, 2015).

Actualmente trabaja en un tercer volumen de poesía inspirado por la música del compositor polaco Fréderic Chopin.

[El penitente].

Doy vuelta en sueños como asado

Tengo visiones de tierras baldías

Caída de máquinas fantásticas

Retorno de dioses, la revelación

De cosas y seres que se esconden

Soy el primero y último de mi Orden

Me dedico a reparar tumbas y reducir

Material restante de osarios ahítos

He departido largamente con muertos

Sé de sus cuitas, ansiedades de ultratumba

Llevo en mis alforjas uno que otro hueso

Largo para reforzar los míos y apartar

Maleza, selva oscura, cercos de espino

También el cráneo de un viejo amigo

Para conversar de noche y llamar al sueño

En verdad arrastro más viva que muerta

Mi alma hasta el borde de encrucijadas

Y me dispongo a empezar una última

Expedición a este mundo hueco, huero

Hasta que dé con mi corazón amojamado

Mi cuero, mi grasa, en la rinconada o peña

Que Dios me reserva para descansar

Entonces dormiré sueño sin colchonetas

El sueño perfecto de la blanca osamenta

Hasta que alguien me recoja y aviente

Hacia el doble fondo de olvido y silencio.

[Sobre su iniciación].

Recuerdo como si fuera ayer la escena obligatoria

Estabas en el rellano de la escalera, así, en deshabillé

Con una espada en la mano a guisa de escobillón

Yo sacaba la basura; recuerdo se me cayó un guante

Y al arrodillarme te vi tan alta y majestuosa, rígida

Como tu enaguas colgado con perros en el baño

Las extensiones de tu cabellera llegaban hasta el suelo

Arrastraban el polvo de torreones, pasillos de hostal

Tu cinto lleno de diseños complicados como runas

Subí los escalones como penitente, sangrando

Me pesaban la armadura y el chaleco reflectante

Pero debía llegar hasta el borde de tu manto

Acantilado del deseo, humillarme y escuchar

La salmodia de tus encargos para la feria libre

La bendición en gaélico antiguo, anglosajón rudo

Sentir el golpe de tu escobillón en mis clavículas

Y luego salir a buscar aventuras, cualquier trabajo

Descargando sacos, descabezando gigantes:

Era el primer día de solsticio, Calendas de Mayo.

Eduardo Contreras

Nació en 1964 en Chillán. Desde ahí partió al exilio con su familia, luego del golpe militar en 1973. Regresó a Chile a fines de 1983. Es Ingeniero Civil Industrial de la Universidad de Chile, con posgrados (Master y Doctorado) en España. Profesor de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile desde 1996.

Participa en el Taller Literario del escritor Poli Délano desde el año 2007. Luego de la muerte del maestro y escritor, en agosto del año 2017, asume la dirección de ese Taller, hasta la fecha.

Más de diez de sus cuentos han sido publicados en revistas, antologías o recopilaciones, otros tantos microcuentos fueron publicados en antologías en Chile y en revistas digitales de Argentina, Francia y México

Ha publicado las novelas Don’t Disturb: Crónica de un encuentro en Cartagena de Indias (Mago Editores 2005 y 2009), Será de madrugada (CEIBO, 2015), Muerte en la campaña (Editorial Piedra Lunar, Cuba, 2018), La verdad secuestrada, co-autor con Cecilia Aravena Zúñiga (Mago editores y Editorial Espora, 2019). El libro Cuentos urgentes para Nueva Extremadura fue publicado por Editorial Espora el año 2016.

Ha recibido varios premios, entre ellos el Primer Premio en los Juegos Literarios Gabriela Mistral, de la Municipalidad de Santiago, el año 2002 (novela); el Primer Premio del Concurso Letras de Chile en la versión 2017 (cuento); y el Primer Premio en el concurso Fantoches 2017 en Santa Clara, Cuba (novela).

Omnipresencia

En la luna te ocultabas,

sólo para algunos efectos,

y en circunstancias muy especiales,

desde tu olimpo bajabas.

Y ahora te materializas en todo:

Sales desde la grúa que ensordece el amanecer.

Emerges desde el agua que acaricia mis manos.

Fluyes desde el libro que ya no puedo leer.

(no puedo leer un libro si estás saliendo desde él)

Te asomas desde la nube que arropa las copas del bosque.

Saltas desde ese edificio al techo del autobús.

Apareces lentamente detrás de la cortina de caracoles.

Desembarcas en mi cuerpo desde tu corazón.

Aterrizas en mi pecho al caer desde tu flor.

Me sorprendes proyectándote en la pared, en medio de la reunión.

Caes sobre mi espalda mientras preparo mi café.

Te corporizas en la cocina desde el vapor del tazón.

Parpadeas en la llama, brotas en el canto de la cigarra.

…surges, te desenrollas, manas, te incorporas.

Te veo por todas partes,

todo lo cubres, por toda mi vista te expandes,

mantente así, con tu omnipresencia invádeme,

que siga arreciando tu lluvia,

que tu sabor no me falte.

Tormenta

El viento aúlla sobre las copas de los árboles

Los árboles se abaten sobre las calles de la ciudad

La ciudad colapsa bajo el peso de la lluvia

La lluvia invade y arrasa las escaleras

Las escaleras se derrumban aplastando los automóviles

Los automóviles claman con sus alarmas silenciando al viento

El viento contraataca sacudiendo las techumbres

Los techos acallan las alarmas y ensordecen a la gente

La gente se despierta y corre hacia los teléfonos

Los teléfonos suenan al unísono rivalizando con techos y alarmas

La alarma de la gente y de los autos se contagia a la ciudad

La ciudad me despierta y me confunde con sus dantescas imágenes

Pero es tu imagen la que entonces aparece borrando el viento

Y el viento se repliega liberando las techumbres

Y las techumbres acarician y arrullan a los teléfonos

Y los teléfonos se duermen tranquilizando a los automóviles

Y los automóviles se detienen desconcertando así a la lluvia

Y la lluvia se sacude y tirita enderezando las escaleras

Y las escaleras se despliegan normalizando la ciudad

Y la ciudad bosteza estirando sus árboles

Y los árboles arropan con sus ramas a la gente

Y yo me duermo para amarte en mis sueños, nuevamente.

José Ángel Cuevas

Es chileno, nacido en Santiago en octubre de 1946. Se crió en la calle Rosas 1314, segundo piso, mirando la ciudad desde una ventana graaaande… Estudió en el Liceo Amunátegui, aprendió a bailar rock en la Quinta Normal, ayudó a su padre a reparar máquinas de escribir Underwood, Remington, fue un rockero total recorriendo la ciudad en motoneta...y leer ,leer mucho en la Biblioteca Naciona… Después entró a estudiar Derecho, pero no le gustó. Mucho cuico. Se pasó al glorioso Pedagógico a estudiar Filosofía… y ahí se autoconstruyó… Con su Grupo América recorrió todos los países del continente a dedo, en camiones… Etcétera.

Se casó muy joven… Tuvo tres hijitos… Trabajó en diversos liceos… Después entró a las Juventudes Comunistas… Recorrió poblaciones con su grupo… Etcétera.

Ahí comenzó a escribir… Ganó varios concursos… Vinieron esos tres gloriosos años del ’70 al ’73… El pueblo en el poder… Se nacionalizó el cobre, las grandes empresas pasaron a manos del pueblo, medio litro de leche al pueblo, quitaron los fundos a los ricos del sur (los grupos económicos Matte, Vial, Edwards, Larraín… Etcétera… Después vinieron esos horribles diecisiete años de crimen y horror… Estuvo detenido, le quitaron la casa que estaba comprando, después cargo de profesor… Etc., etc. Todavía sigue vivo…

Poemas Bolcheviques
12

Saludo a Freddy Taverna

compañero del Pedagógico. Las últimas horas antes de ser fusilado Freddy Taverna las pasó cantando tangos. Sí, pobre Freddy. ¿Cómo estaría por dentro? Después fue ejecutado por los asesinos del Regimiento Norte o Caravana de la Muerte. ¿Qué tangos habrá cantado en la cárcel de Pisagua esa primavera del 73? No lo imagino. Despojado de su exmelena y zapatos en punta con los que dirigió las huestes pandillas de locos de Macul 774. Rebeldes y revolucionarios. Freddy Taverna fue arrestado y encerrado en un espacio mínimo cantó tangos iquiqueños allí con el Universo encima de la frente y fusilado al amanecer por los asesinos de la maldita Burguesía. Siempre intentaron matarnos a todos los que queríamos hacer la Revolución en Macul 774.

Tardes de bebida

Felices tardes de bebida

bebemos junto al río los árboles cantan

bebemos en la noche oscura de Toque de Queda

en voz baja

bebemos en mesas rojas deshechas y muertas

para esperar que termine la lluvia

la muerte

de caer

El tren pasa

innumerables personas se lanzan a su paso

Bebemos por el Barrio Norte en el ayer

los gatos se restriegan

bebemos en las garras de la Policía Secreta

días enteros frente a la ventana

Ahora solo faltaría que Dios eche un vistazo

se siente en una silla del Restaurante

y coma de esta misma mugre de comida.

Vía Crucis del cesante y su cesantía

La cesantía prolongada / conduce

provoca ilusiones cósmicas

cosmológicas

lleva a pensar en Dios intensamente

despojado de su poder sobre persona

animal o cosa

El cesante se vuelca hacia el cielo

levita

sus hijos gritan

el cesante no oye sino el crecimiento de los árboles

se ve ascender a sí mismo

baja de peso

no piensa ya en mujeres desnudas

que lo besan en la boca

el cesante toma su té puro

su sopa

Todo ha sido vendido todo

empeñado

las paredes lucen empapeladas de currículum vitae

lo que fue

lo que ha sido

A quién le importa lo que sabe

lo que ignora

el río corre / las nubes saltan

Ya llegará la noche

para cerrar los ojos y colgarse

de algún árbol

cargado de cerezas

negras

rojas

Los vencidos van

Los vencidos salen / los vencidos

van a saltar / correr / demoler

el miércoles de cenizas de Chile

estallan las estrellas solidarias y los fondos

de pensiones los huesos de los trabajadores

los vencidos piensan / lloran / dentro de sí

envejecen / se encorvan sin chistar

se trata de un inconsciente poderoso

el de los vencidos de la clase chilena

Ah, las grandes Maniobras Nacionales

la historia del engaño / sectores completos

de sociedad patriarcal.

Ahí van por los caminos / drogados

bebidos / con su sombrero al viento,

los rotitos.

Orietta de la Jara

Santiaguina de 1952. Estudió Secundaria en el Liceo 14, hoy Amanda Labarca, en Vitacura. Ingresó en 1971 a la carrera de Historia y Geografía en el Pedagógico de la Universidad de Chile. Ejerció como profesora de Historia en la Scuola Italiana por tres años. En el año 1978, mientras terminaba la carrera de Pedagogía, ingresó a la Universidad Católica de Chile a estudiar Secretariado Profesional. En 1987 cursó Cosmetología, dando examen en el Ministerio de Salud, ejerciendo como profesional paramédico hasta hoy. Fue profesora de estética integral desde 1988 hasta el 2016. Durante diez años trabajó activamente como dirigente sindical del Colegio Profesional de Cosmetólogas de Chile A.G.

Fue Fundadora del Colegio Profesional A.G., gremio donde ocupó diversos cargos directivos siendo presidenta en dos períodos.

Tiene un libro de poemas publicado: Poesía concreta, la no poesía, en el año 2004. Participó en la Segunda Antología Voces Online del Club de Escritores.cl, con extractos de los libros Sentimientos de mujer, Naturaleza viva y Poemas de la gata, aún sin publicar. Y asimismo integró la Tercera Antología Voces online de Escritores.cl con poesía infantil (ambas del 2006).

En el año 2010 sus textos aparecieron en el primer tomo de ¡Niños, aprendamos en rima! y seis años después en el segundo tomo.

La ola

Ola de esperanzas acogidas

Eres la belleza en vestidura

Ola con el viento presumida

De escapada fácil, pues nunca perduras

Ola ladrona de amores

Promesas recoges sin fin

Olvidos causando dolores

Resaca, con mis lágrimas escogí.

Olas de vida fugaz

La intención traes en tu altura

Tan efímera pero audaz

Eres mar que por siglos perduras

Olas que deben morir

Naturalmente sin ostentar

Que poco sentido vivir

Sin dejar para recordar.

Olas muertas sin retorno

Muchas preguntas nacen de ahí

Olas que hablan sin adorno

Se fueron y me estremecí

Ola, que te llevas grandes penas

Envolviendo en tu regazo a toda hora

Convierte la angustia en ajena

Y descanse mi pecho sin demora.

Haz algo

Silencio que el olvido va teniendo

no se nota en mi mente testaruda

imposible con fronteras y viviendo

las persigo, ya mi alma está desnuda.

El olvido entre el silencio se esconde

como bosque ruidoso nocturno

con la luz siempre alguien responde

hasta notar, aunque sea esto absurdo.

El crepúsculo resplandece, sin el miedo

que causaban a mis fibras juveniles

como nubes arrancando por el cielo

se quedaron los temores puberiles.

No es grave morir; sino, no vivir

como la noche escondida en la noche

nadie logrará saber algo de ti

si de muestra no hay siquiera un derroche

Te escucho viento

Te siento viento

Hoy te escucho afuera,

Dejarte entrar quisiera

Y alegrar mi vida con tu aliento.

Sensible estoy a tu pesar

En mi rostro quiero sentir

Me hablas bajito silbando

Mas ganas tengo de vivir.

Eres brisa fresca, eres voz

Abro la puerta, puedes pasar

Refresca mi menta y mi piel

Y te retiras veloz pero sutil.

Te sigo escuchando viento

Me emociono, hay deseo pasajero

Recuerdos de un pasado sin aliento

A mi mente un buen momento.

Eres viento frágil

Estuviste y recuerdo dejaste

Pasaste algo volátil

Solo huellas pasajeras en mi lápiz.

Mientras camino por el agua

Mis pies disfrutan del contacto

Rememoran días de antaño

Mi mano en la de mi padre

Y los pinos en mi olfato.

Gotitas de lluvia en mi rostro

Sonido del agua en el suelo

Mi mente una voz recordando

Enseñanzas que quedaron.

Camino a la playa en Enero

Jubilo de aquellos tiempos

Recuerdos y anhelos de infancia

Mi padre junto a mí caminando.

Quisiera trasponer a los tiempos

Quisiera ocho años tener

Sin recuerdos dolorosos

Y la mano de mi padre, la mía sujetando.

Sueños no cumplidos

No debería haber sueños no cumplidos

Como viajar donde todo es desconocido

Donde las flores tienen otro colorido

Y los caminos, no importa el sentido.

No debería haber sueños no cumplidos

Como pisar arenas en el infinito

Donde las aguas me amen sin vestido

Y las vergüenzas sean olvido.

Quisiera volar al infinito

Si ese lugar alguna vez ha existido

Donde los árboles canten al oído

Y las garzas en los árboles hagan su nido.

No sé qué hacer con mis sueños detenidos

Revoloteando con deseos intranquilos

Donde las estrellas tomen otro camino

Para irme sin sueños no cumplidos.

Blanca del Río Vergara

Nace en Molina en 1936. Doctora en Ciencias de la Educación, Desarrollo y Formación en la Universidad de Toulouse II, Francia. Licenciada en Pedagogía y Literatura (Inglés y Francés) en la Facultad de Filosofía y Educaciónde la Universidad de Chile. Fue académico en las Universidades de Chile, Argel y Orán (Argelia) y fue Oficial de Enlace y Consultora para UNICEF, PNUD en países africanos (1976-1994).

Autora y coautora de libros de Educación y Literatura, artículos y ensayos. Obras recientes: A la sombra de un baobab en África ( poesía, 2010), Este planeta nuestro (poesía, 2011). Entre el amor literario y el amor humano en Pablo Neruda. El juego de las influencias (Ensayo, 2014); Vivir en África. Crónicas y Cuentos: 2ª edición, 2019. Análisis de situación de los pueblos originarios de Chile. Congreso Berna, Suiza (Ensayos, 2018). Asociación de Escritores Italo-Chilenos: Ensayos y Artículos (coautoría ,2018); Vivir y Contar (coautoría, 2019). Traducida al francés e italiano. Participante en ferias del Libro y congresos internacionales (Quebec, Canadá, 2015; Berna, Suiza, 2018). Jurado en los sistemas de postulación al Fondo del Libro (CNCA). Participa en el Comité de Pueblos Originarios (Política del Libro 2015-2020). Miembro de Asociaciones Literarias. Es Presidenta Emérita del Centro PEN Chile, filial del PEN Internacional.

Retórica del álamo y el viento

Escuálido como hombre de pueblo marchito.

No tiene ademanes sueltos como el sauce,

ni se cubre de flores rojas como el ceibo.

Monet deseaba pintar, así como el pájaro canta,

lo plasmó en arboleda, en serie,

luces y sombras fugitivas que menguan y renacen.

El álamo, blanco de mañana,

se inflama al sol declinante del crepúsculo:

gama de rojos, púrpuras, azules,

verdinegro de noche entre la masa opaca de los árboles.

Y a mí que no poseo el arte del pincel

ese árbol modesto, la ligereza de sus ramas,

las hojas danzarinas, las voces del follaje,

el sueño despierto del árbol a la hora de siesta, me fascinan.

En un susurro se hila y se deshila. Se diría que reposa.

Efímero sosiego. Basta un tropel de nubes, truenos

para que devenga una torva de tronco, ramas, hojas

e intente huir como pájaro herido.

Delirio del árbol, retórica del álamo y el viento.

A ti te hablo, mi poema

Cosmogonía del pueblo Dogon En África del Oeste A ti te hablo, mi poema estás hecho de palabras como yo. Ogotemmeli, el viejo cazador ciego de Bandiagara *, me enseñó a hilar con ellas. El crochet de las nubes las enhebró una a una. Hizo hilos pares e impares, figuras métricas y libres. El algodón les dio dulzura, sencillez. El maestro herrero las templó en su fragua. El Dios de las aguas las lavó una a una: las dejó límpidas, transparentes. El caballo incestuoso les dio su ímpetu y mientras los hilos se entrecruzaban. La lengua horquilla les dio el ritmo, el movimiento que impone el arte de la lírica. Ogotemmeli declamaba y sus palabras eran el tejido mismo. Y el tejido era el verbo. Siempre te he respetado, mi poema. Perdóname si alguna vez usé palabras-oropeles, Algún día el colibrí aprenderá a pastar margaritas Tú eres un primer intento. Otro te embellecerá. Yo te corrijo, pero poco a poco tú me borras. Me seduces, perturbas mi sueño. Lamento haberte retenido tanto tiempo. Eres libre. Échate a volar. A ti te toca ahora ser mi autor. * Bandiagara, capital del Pueblo Dogon.

Felipe de la Parra Vial

Periodista de 1971 a la fecha. Nació en Santiago en 1951. Actualmente dirige la Revista Digital de Cultura y las Artes, www.entramacultural.cl, desde 2017. Dirigió la revista Occidente (2011-2018). Anteriormente, trabajó en revistas del INTA de la Universidad de Chile; en la Editorial Holanda Comunicaciones, como directivo de Ercilla, Vea, Publimark, Cinegrama, Miss 17, Deporte Total, Elle, Catalina y Gourmand. En los años de la dictadura fundó y dirigió el Diario Liberación, más un par de publicaciones clandestinas, escribiendo en otras.

Con estudios en la Universidad de Chile, diplomados en la Universidad de Colonia (Goethe Institut) e Instituto Tecnológico de Monterrey, entre otros de plástica y curso de música antigua.

Algunas publicaciones suyas son:

 69 poemicidios y un te almo –Editorial Entrama Cultural. 2017.

 Mi 11 de septiembre, 24 periodistas relatan su vivencia. Editorial Occidente 2017.

 Redactor del libro Flora silvestre de chile, de los fotógrafos María de la Luz Vial y Robinson Palma.1997.

 Ausentes presentes. Editorial Horizonte.1972.

 Los niños cuentan. Editorial Ministerio de Educación.1963.

 Es padre de dos hijos Valentina (36), diseñadora industrial e ingeniera en ejecución civil, y José Manuel (30), cineasta científico.

La boca no sabe contar

en los labios

desbocada

besa y vuela de pájaro

besa y se va

besa y vuelve

besa como cañón

besa sus bombas

una tras otra

estalla desordenada

sin aliento

suelta su lengua de fuego

besa torrencial

la boca no sabe calcular

en los pechos

arremolinada

vuelta loca

devora miel

besa ciega

el cielo de tus labios

besa hasta el final.

Me detengo frente a tus ojos

ese relámpago maravilloso

ese segundo primero de los segundos

en que se detiene el sol,

cuando la luna llega tarde a las sábanas

esa noche de día en que tus ojos me miran

donde mis sentidos te besan

la mañana de toda la vida

la noche blanca de ojos de sol

ese día más largo en que se detiene mi existir

ese instante en que me incendio para siempre

que por mirar te amo.

Todas las noches te amo con locura

con el credo en la boca

con la inocencia primigenia del pan

te beso siempre a sabiendas del último tren

con la eternidad del segundo cumplido

con la seguridad del destello

te toco hasta que pierdo las manos

te abrazo te entrego

donde al alma no se devuelve

tanto tanto que todas las noches

te dejo embarazada

tanto tanto que todas las noches

tenemos un hijo

así de cielo

así de estrellas.

Amo una mujer en la oscuridad

que se ilumina de sombras

que adivino de noche

en el resplandor de la obsidiana y la sábana

que la descubro por su arena volcánica

por su caudal de azabache

por su cabalgata de luna quemada

que vislumbro en mi ceguera.

Ándate

toma tus maletas

y ándate

ándate ahora

porque mañana será inútil

mi boca no tiene ley

mis abrazos solo saben del amparo

ándate

porque perderás tu nombre

por todos los nombres de la luz

busca el fin del mundo

levanta tu casa frente al mar

anuncia el último día de tu vida

porque nadie te amará como mi cuchilla

puedes quedar sin piernas

olvidarte de tus tetas

negar tu sonrisa por todas las mañanas

y dejar rodar tu cabeza

para que no te reconozca

ándate ahora

porque es tarde

porque te amo

y no puedo vivir sin ti.

Imagino

y es lo único que tengo

sueño con la ventana de lluvias

tus ojos detenidos frente al mar

lejos escucho las campanas del viento

el viento ululando

el cielo más cielo de estrellas

toda la estatura de Dios

en el tragaluz de cristal

hasta la mañana

más mañana desde ayer

de todos los días

con la mesa de trabajo encendida de papeles

con la fiesta de la cocina y la leña fulgurante

en dos sillas

sentados frente al crepúsculo

como en el sueño

contigo

es lo único que tengo

caminando junto a nuestros padres

con nuestros hijos

festejando con los amigos

una casa de colores

un bosque iluminado.

Martín Faunes

Escritor, docente, psicólogo social nacido en Santiago en 1949. Premio Municipal Juegos Literarios Gabriela Mistral 2019, ha publicado la novela Viajera de los nombres supuestos (EDEBE), y los libros de cuentos Tranvía equivocado, Fantasmas en la red y un lápiz de pasta marca Bic, Voces verdaderas, ambiguas, equivocadas (Cuarto Propio), además del libro de cortometrajes Lo duro y lo hermoso al finalizar el siglo XX (Cuarto Propio).

Sus cuentos aparecen en antologías de Alfaguara, Etnika, Mosquito, Simplemente Editores y LOM, entre otras. Ha sido traducido al inglés en ¡Basta! Más de 100 hombres contra la violencia de género (Asterión), y al italiano en Compañero Presidente (Feltrinelli Milán), antología distribuida en Europa junto al DVD de La memoria obstinada, de Patricio Guzmán. Su cuento «El hombre del abrigo amarillento y la mujer que lo amaba» aparece en ruso en el libro Silencio y Tiempo. Antología del cuento chileno (Instituto de Lenguas Extranjeras de Moscú).

Faunes fundó la Corporación La Serena Dieciséis de Octubre, galardonada por el Museo de la Memoria con el Premio Nacional de Derechos Humanos 2015. Dirige, además, el colectivo «Las historias que podemos contar», con el que ha producido tres libros sobre memoria histórica a modo de saga en Cuarto Propio, más otro publicado por Monte Ávila en Venezuela. Mantiene un espacio web con más de 300 relatos sobre la historia reciente.

De su libro infanto / juvenil Cuentos para leer y sonreír (edebe), su historia «El pájaro pardo y el león desafinado» ha sido musicalizado y llevado al teatro con múltiples presentaciones.

El último vuelo del cóndor chileno

Hastiado el cóndor chileno

Prisionero en ese escudo abyecto donde sólo hay fuerza y no razón,

Ante la atónita mirada del huemul

Ciervo pusilánime que nada dice y poco aporta,

El ave libertaria en plena parada de los militares

Pudo al fin desprenderse y agitando las alas, majestuoso,

[montó el vuelo.

Esos que se han puesto el nombre de «infantes de la patria»

Que no hacía minutos lo colmaban de elogios

Enfurecidos contemplaban ahora cómo ese símbolo

[que los enorgullecía sorteaba

los árboles del parque y tomaba rumbo a la montaña.

Más de alguno atinó a dispararle

Era sin embargo tanta la voluntad de partir de aquel pájaro

[libertario que, pese a

la hora y a la edad, logró esquivar con éxito balazos y bajezas.

Es que estaba viejo el cóndor chileno y sería ese su último viaje

Situación que él intuía

No le fue fácil llegar por eso hasta el roquerío

Ese que lo había visto nacer y lo vería morir

Pero habría valido la pena

Volvía a ese hogar suyo tras contemplar desde la altura el buen

[Valle de Santiago

Ese de la Nueva Extremadura

Sin embargo se equivocaba

No iba a ser ese su último vuelo

Desde su sitio de muerte pudo ver cómo una cóndora arribaba

[hasta donde él se estaba

Era un ejemplar joven y magnífico que posada en la palestra,

[agitaba alas

conservando el equilibrio.

Le bastó una mirada para adivinar en el cóndor

[convicciones profundas

Y al entenderlo sereno ante la muerte

Fruto de los tiempos que han cambiado

Osada como era, lo quiso premiar ofreciéndose como hembra

Algo que jamás hubieran hecho aquellas

Las cóndoras de su tiempo

Esas que volaban junto a él antes que el escudo lo convirtiera

[en prisionero

Así pues

Con esa hembra magnífica

De cara al horizonte

En un último esfuerzo saltó sobre su grupa buscando el éxtasis

La última flor del limonero.

Y lo encontró

Fue homenaje a la vida

Explosión del deseo

Un relámpago que hizo trizas el silencio e incluso los recuerdos

Yo sé que algunos podrían pensar que fue también un revés

[para la patria

«Traición» como le llaman

Pero a esos y a todos, les digo que los únicos traidores eran esos

Los que lo tenían prisionero

Cóndor chileno

Pájaro libertario

Te fuiste a pique tras el éxtasis en un planeo sin cadenas

Esa sí fue tu última vez

Y tras ese vuelo final tuyo, te estrellaste en lo profundo del barranco

En todo caso cuenta un pájaro testigo

Contemplador del acontecimiento

Que jamás vio ni verá una cara de cóndor muerto más feliz

[que esa que tenía

aquella vez nuestra ave insigne

Aquel cóndor del escudo que pese a haber vivido prisionero

Se negó a morir encadenado.

Vuelta del espacio

Es muy solitario el espacio allá afuera, En un vuelo tan eterno Elton John

He vuelto a este mundo tras casi un milenio

Me han recibido con honores que tal vez no merecía

Me invitan a un trago y a algo frugal como todo lo que hoy puede consumirse

Me invitan también a un lugar donde podré relajarme.

Una campanilla repica

Una docena de muchachas ante mí se presentan

Elijo a la más humilde a la más sombría

Una que se toma de mi brazo sonriendo agradecida

Dice que hará lo que me cause más placer

Asegura que lo gozará haciendo

Y yo que quisiera creer que lo que dice lo dice de verdad

Hundo mi cabeza entre el frío acero de sus piernas mientras lloro, lloramos.

Víctor Lobos

Original de Santiago (1960), estudió en el Colegio San Juan Evangelista, y luego en la Universidad Católica de Santiago, donde se graduó en Psicología. Trabajó en el Instituto Psiquiátrico de Santiago, durante once años fue profesor titular de la cátedra de Psicología Dinámica en la Universidad La Republica y actualmente ejerce su práctica clínica en la consulta privada.

Fue uno de los integrantes del primer taller literario de José Donoso, pero abandonó la prosa y no retomó la escritura hasta el año 2001, cuando empezó a escribir poesía de manera sistemática. Sin embargo, sólo publicó su primer libro, un poemario titulado El ojo y otros puntos de vista (RIL editores), en 2007. Elogiado críticamente por Raúl Zurita, Andrés Morales y Manuel Silva Acevedo, este volumen fue seguido por Norte en Elocoyán (2013) y Mithos: de dioses y héroes (2015), ambos publicados por MAGO editores; la plaquette Cuervos (2017), traducida al ruso por Tatiana Istomina para la colección de poesía bilingüe de los Cuadernos de Casa Bermeja de Argentina y MAGO editores de Chile; y el volumen doble de poesía Cuervos y otros poemas encontrados en sueños / El jardín de las delicias y otros poemas domésticos (2018, Editorial La Trastienda).

Después de la lluvia

Como ásperas migajas en sábana negra

Vuelven las viejas consejas.

Con la luna brillosa y el desparramo de estrellas,

Para que traces con ellas el camino de vuelta.

Niña del viento

Mi niña del viento, estabas tan flaca

Que el Puelche te encumbró como a un volantín

Y de ti no quedó más que un rastro de lluvia.

Haucella

Dondequiera que miraba veía tu figura de potranca estilizada

Retozando a la luz de la luna o en pleno mediodía,

Me topaba a cada rato con tus ojazos de ternera asustada

Y si hablaba con alguien sus gestos y sus acentos

Se me antojaban los tuyos, llamándome.

Me tenías engatusado, haucella condenada.

Me ibas chupando el alma poco a poco,

Con gusto y con calma,

Hasta que gritó la bandurria remontando el vuelo,

Tus pupilas se borraron en el iris gris verdoso

Y las mías, liberadas del embrujo,

Se fijaron en tus uñas enlutadas.

Kutrán Killén

Está en la colorá

Esa luna llena que asoma entre los cerros.

Está empachá

De niños tiernos que se fue comiendo

Para ir creciendo

De recorte de uña a globo sangriento.

Se va durmiendo

Mientras sube por el cielo

Azul y negro

Y echa su luz azogada

Sobre la tierra blanda

Y la ruma de leños secos.

Al fondo del estero

Hay un cuero chico

Que también va creciendo

A costa de incautas liebres y terneros.

En la casa,

Con los postigos cerrados,

Viendo la tele, recordando agravios,

Discurriendo venganzas,

Nos vamos gastando

Como hadas viejas que se han transformado

Demasiadas veces

En polillas, en luciérnagas

Y en renacuajos.

El niño de los animales

Nací en el bosque y de más no me acuerdo.

En cuanto me crecieron las piernas

Me puse a caminar.

Al empezar el día me encuentro con una libélula.

Vuela que te vuela en torno a mi cabeza

Hasta que me besa.

Beso el escupo del mosquito

Y me vuelvo insecto azul

Al fondo de una cueva negra

En el vientre de la Bestia:

La abro de un tajo

Y nazco humano entre vísceras y huesos.

Sigo mi camino por la orilla del mar

Y en Mehuín un enorme mero

Me quiere tragar.

Beso la pluma de una gaviota

Que cae flotando

Y me echo a volar:

Me poso en el lomo del pez,

Renazco persona y lo parto por la mitad.

En la casa del Cherrufe,

Que es toda de piedra,

Beso una telaraña plateada:

Entro con ocho patas peludas por su oreja

Y le como el cerebro de lava

Hasta que me transformo en Su Majestad.

En mi cama encuentro a una niña relinda,

Desnuda y dormida,

Y no sé de qué animal se trata:

Me convierto en golondrina y vuelo sobre ella

Hasta que tengo que posarme entre sus piernas

Para poder descansar.

«¡Te tengo!» —dijo la princesa,

Aferrando triunfal su red

De aromas y greñas

Y desde entonces este bicho

No ha vuelto a viajar.

Monte Citerón

Pájaros como hojas cayendo

Contra un cielo negro

Desde la cima del monte Citerón.

Nubes azules floreciendo

Como hongos marchitos

A su alrededor.

Arriba, donde juegan los lobeznos,

Hay fragmentos de barro cocido,

Frágiles esqueletos serpentinos

Y secas escamas que recuerdan

Los pies taladrados del infante Edipo

Y los bastonazos del joven pastor

Que también vio lo que no debería haber visto.

La duda

Después de la lectura pública de la carta de Peribea

Y justo antes del colgarse de una viga de encina negra en la cámara nupcial

Hubo ese instante conmovedor

Entre eternidades de culpa y océanos de vergüenza que la arrasaron

En que Yocasta se preguntó angustiada

Si Edipo realmente la había amado

A pesar de su vientre estriado y de sus pechos fláccidos

O si sólo consintió en yacer con ella

Porque era parte del trato.

Cuervos I

Árbol de cuervos.

Hojas inmóviles en el viento.

Crujidos, graznidos negros

Perforando el silencio.

Tablones podridos

En el zaguán polvoriento.

Postigos cerrados.

Casa solitaria al borde del cementerio.

Niña mimada desnuda en la cama

Apenas respira cubierta de velos.

Mano húmeda

Explora sagrados misterios.

Cuervos II

Inquietante pentagrama:

Sombras de cuervos

En las ramas desnudas

Esta madrugada.

La vieja casa

Que nunca cambia.

La cicatriz breve y profunda

Que se adentra en los sombríos cerros.

La herida soñada

Que se abre paso en la carne

Hasta las mismísimas entrañas.

Juan Mihovilovich

Natural de Punta Arenas (1951). Escritor, actual Juez de Puerto Cisnes, Región de Aysén, Chile. Defensor y promotor de los Derechos Humanos durante la época dictatorial. Miembro Correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua.

Entre sus premios literarios se cuentan: Pedro de Oña 1980; Finalista Casino de Mieres, Asturias, España, con Sus desnudos pies sobre la nieve, 1989; Julio Cortázar, Buenos Aires, Argentina, con Extraños elementos, 1985; Revista Andrés Bello de El Mercurio, 1978; Cuentos de mi país, Biblioteca Nacional y Bata, 1982; Semifinalista Premio Herralde, España, con El contagio de la locura, 2005. Premio Nacional Narrativa y Crónica Francisco Coloane 2016 por Yo mi hermano.

Distinción Letras de Chile 2018.

Sus cuentos han sido antologados en publicaciones chilenas y extranjeras. Varias de sus obras fueron traducidas al croata.

Novela:

La última condena (Pehuén; 2da.ed. Windmills Ed. Usa); Sus desnudos pies sobre la nieve (Mosquito Comunicaciones). El contagio de la locura; Desencierro; Grados de Referencia; Yo mi hermano; (todas en LOM Ediciones); El asombro; Espejismos con Stanley Kubrick (ambas en Simplemente Editores).

Cuento:

El ventanal de la desolación (autoedición; 2da. Ed. Maranha Tha; 3era. Ed. Entre Páginas 2019); El clasificador (Pehuén; 2da. ed. Mosquito Comunicaciones); Restos Mortales (LOM Ediciones); Los números no cuentan (Mosquito Comunicaciones); Bucear en su alma (Simplemente Editores).

De Los idus de marzo sobreviven
2

No por nada nos alejamos de nosotros.

No por nada nos recluimos creyendo aislarnos

De los otros que siempre, obtusos

Persistentes y acosadores, nos obligan

A escondernos en un rincón de la casa

Y desde allí, parapetados en una muralla

Que nadie vigila, pero que todos conocen

Jugamos a ser el niño que se ha muerto

O que intenta, iluso el pobre

Ser el mismo que no existe.

Entonces, como premunidos de un odio repentino

Nos escudamos en la indolencia ajena

Y culpamos a los otros. De nuevo son ellos.

De nuevo insisten. Porfían. Se obstinan.

Pero no. No nos engañemos.

Ellos ni siquiera saben dónde estamos.

Con suerte podrían suponer que olemos

A otra cosa, a naufragio, a pesadilla

A sueño sin antecedente

A nerviosismo acompañado de espasmos pasajeros.

No es por nada que nos relegan.

No es por nada que nos relegamos.

Ninguno atraviesa la línea demarcatoria

Pensando que ambos obedecen

A igual perspectiva de las cosas. Allá

Tras la enmurallada ciudad que se envejece

Perdura el hastío que nos ha confinado. O mejor

Y para ser sinceros con nosotros mismos

Al tedio de sentirnos otros y que aquellos

No sientan jamás lo que sentimos.

De qué vale entonces, lo reitero

Sabernos diferentes si nadie tiene el padrón exacto

De una medida que a ninguno pertenece.

No por nada se escriben estas líneas

Que deslizadas sobre el muro blanco

Donde solemos escondernos

Semejan el suave reguero de un dedo turbio

Deslizado en la quietud cristalina de un lago permanente

Que fugaz refleja el eterno paso de las nubes.

6

Nada de qué asombrarnos: un día resucitas y eso basta

Sólo que no tienes demasiadas expectativas.

Al frente se yergue el mismo espejo:

Luego la muerte derrotada no es la misma.

O, dicho de otro modo, ella ha vencido.

Es curioso, pero suponiendo que resucitar

Desde la materia inerte sea

La aspiración de toda luz secreta

Que se anida en nuestra alma

Ello no nos hace mejores ni peores.

En apariencia, volvemos a lo mismo:

Un cuerpo, una imagen, una máscara que va cayendo

Otro cementerio enquistado en las alturas del trayecto.

Nada de qué asombrarnos, lo reitero:

Salvo la esperanza que en la resurrección

También acaba.

7

Está tan hermosa la tarde de marzo

Que parece que uno estuviera vivo.

El sol se escabulle como un mendigo

Y la amante furtiva gira en el aire

Queriendo atrapar un disfraz nocturno.

Sobre la puerta entreabierta

Se alza un mensaje que nadie escribe.

Miro el cielo cargado de silencios

Dibujando la silueta de aves migratorias.

Imagino el otro lado del mundo

Donde una veleta gigantesca

Siempre señala un punto fijo.

Yo me quedo ensimismado

Junto al murmullo de los insectos

Y entre la niebla de mis pensamientos

Atravieso la triste senda de un abrazo

Que se pierde río abajo en un gemido.

El horizonte no existe, y a mi pesar

Lo busco entre los ojos de una niña

Que veloz cruza de una vereda a otra

Poseída de un raro determinismo humano.

Presiento que en la calle no hay nadie

Que anhele descubrirse al verme

Posado como un animal moribundo

Que rutinariamente lame sus heridas.

Es tan hermosa la noche

Descendiendo de los árboles enfermos

Que su sombra acude a mis ojos

Para dormirme como un anciano

Que intenta cerrar una puerta

Luego de escribir contra el cielo

Un mensaje que nunca será leído.

14

Del pasado tengo un recuerdo borroso

Como suelen ser todos los recuerdos

Cuando uno se esfuerza en olvidarlos.

De cualquier manera, estoy ensimismado

Viendo el mar y viendo las olas del mar apretujadas

Y sobre ellas el cielo oscuro de una tarde invernal

Donde la lluvia anida en sus mejillas.

En medio de sus ojos brota un pájaro

Que se aleja veloz surcando un tercio de su iris.

Por su pupila izquierda se avizora

Una nube que arroja a su interior

Docenas de gotitas de lluvia delicada.

Es ahí, me parece, que la veo llorar por vez primera

Y tomo sus cabellos y los desenredo

Para que el viento no azote su tristeza y me confunda.

Es raro, por decirlo de algún modo

Pero los recuerdos son de una fijeza conmovedora:

Ellos asaltan el espacio y lo llenan de vacío.

El vacío está, luego, dispuesto a evaporarse

Y uno busca en la nada un objeto a descifrar.

No lo sé bien, el gesto de unos dedos despidiéndose

El giro del cuello anunciando el retiro

La ausencia de una palabra que algo desea decirme.

Desligado de mí y ella de sí misma

Nos vamos convirtiendo en pasajeros

Distantes y cercanos al olvido.

Sobre el recuerdo que ha empezado a construirse

La memoria es una broma de mal gusto

Un transito esquivo que huye despavorido

Mientras ella y yo corremos angustiados

Tras un signo que nos identifique un día.

15

Nunca escribí nada importante

Salvo lo que creí mi nombre

Y que en definitiva sólo era

Una ritual cacofonía

Que hacía mirarme al espejo

Cada vez que lo decía en silencio

O era pronunciado por alguien

Que ni siquiera existía.

Nunca leí nada importante

Salvo mi propia leyenda

Es decir, lo que había escrito

Y que no valía mucho

O para ser más preciso

No valía nada o casi nada.

No fui sino un exegeta

Que intento descifrarse

Y en cada intento profesó el amor

Como una palabra sin sentido

A menos, claro está, que se omitiera

Y fuera traducida como un acto de fe

Ya no en uno, sino en los otros

Que tampoco se entendían entre ellos.

Nunca renegué de la vida, sino de mí

Lo que en todo caso resulta equivalente.

Si no hubiera sido el preso que fui

Habría soñado con ser libre

Pero el sueño que tuve se perdió

Como un aterrador presentimiento.

No podía ser lo escrito, porque nadie

Dispone del propio verbo

Si no sabe quién es ni para qué.

Por eso, y por nada de eso y lo demás

Me cuesta comprender lo que he leído

Y me atrevería a atestiguar, sin vacilaciones

Que ninguna palabra fue escrita por mí

Y que ningún texto se puede afirmar

En la permanente duda de una prisión

Construida desde una precaria humanidad.

Josefina Muñoz Valenzuela

Nace en Santiago el 25 de julio de 1946. Estudió en el Liceo Experimental Darío Salas, Licenciada en Literatura de la Universidad de Chile. Trabajó en ONG, en Educación de Adultos y desde 1997 trabaja en el Ministerio de Educación en tareas de edición y elaboración de libros para el nivel de Educación Básica de establecimientos municipales.

Autora de numerosos artículos sobre educación formal, educación popular y crítica literaria. Integrante del directorio de Letras de Chile, actualmente es vicepresidenta de la corporación.

Algunas publicaciones:

La escuela, el reino de la belleza, Antología de Gabriela Mistral para escolares de 1º a 8º Básico (2005); Enseñar encantando, Antología de Gabriela Mistral para docentes de 1º a 8º Básico (2005); Mujeres de palabras, muestra de escritoras chilenas (2009); Cuenta Conmigo, serie de once textos para niños y familia, desde 2003 a 2016; Queridas maestras, queridas profesoras (2010); Letras del país, antología de textos de escritores chilenos sobre aspectos geográficos y naturaleza del país (2014); Tesoros chilenos, antología de textos de escritores chilenos sobre recursos del país (2017).

Cuentos de la muerte
IV

Un día deseé la muerte,

para anidar en su cuerpo,

convertirme en larva,

en insecto palpitante

que rompiera el aire,

amalgamados

en una nueva germinación.

Y así podrías poseerme

en pleno vuelo,

en las regiones celestes

donde viven

las palabras perdidas,

esas palabras que escapan todavía

desde el fondo de lagos de agua negra.

Resucitan nuevos murmullos

como volutas de aire enrarecido

que jamás podremos descifrar.

Búsqueda final

Por médanos silenciosos

por pantanos, marismas,

por arenales fríos,

por tierras de cementerio,

por cuevas inundadas,

por abismos de fuego,

bajo bosques de robles,

en pozos muertos,

flotando sobre desconocidas

aguas subterráneas,

bajo lunaciones de

venenosa luz

que ciegan nuestros ojos.

Y seguir preguntando

a los caminantes dónde,

dónde estás.

Porque… ¿dónde, dónde, dónde estás?

Encantamientos

Tú y yo prisioneros

de un nuevo encantamiento

que dibuja siete puertas y

siete llaves de bronce.

Alguna será

para abrir

el manantial de cenizas

que guardamos ¿cuándo?

en esa habitación

que no tiene cerradura.

Nuestros cuerpos de polvo

esperan la resurrección prometida.

Rabino

El rabino lanzó su sombrero

y ahí está, latiendo imperceptiblemente

sobre mi cama desnuda y perfumada.

El rabino me mira largamente desnuda

y se siente engañado por dios.

Renunciaré a todo —dice—

solo suelta tu pelo en mi vientre

y cruzaremos juntos

las devastadas montañas del infierno.

Cierra los ojos —digo—

y desato mi cabellera

lentamente,

sin dejar de mirarlo.

Y comienzo a sentir

el calor de su cuerpo

impaciente.

Las enredaderas

Las enredaderas han echado sus raíces

en nuestros yacentes cuerpos inmóviles

y nuevamente comenzamos a bullir, inquietos,

penetrados por savias milenarias

que palpitan con ferocidad.

Muéstrame tus heridas y te mostraré

las mías: por fin juntas nuestras sangres,

como en los tiempos del amor

que creímos olvidar.

Las raíces llevarán nuestros cuerpos

al otro lado de la Tierra

y volveremos a empezar.

Iván Quezada

Porteño de 1969. Me titulé de Periodista en la Universidad de Chile, en Santiago. Luego fui redactor de Cultura de casi todos los medios escritos de la capital y también en Valparaíso, para finalmente desempeñarme como Editor General de la Revista Rocinante. Cuando este medio desapareció el 2005, decidí dedicarme a la Edición Literaria y publicar mis propios libros. He trabajado como editor en las editoriales Random House, OjoLiterario o Mago Editores. Más tarde opté por crear mi propia editorial, El Español de Shakespeare. Paralelamente publiqué mis libros Elefantes y Cisnes (novela breve, 2002, TiempoNuevo), Los Extraños (cuentos, 2005, Tajamar), Escritos de ningún lugar (miscelánea, 2010, Mago Editores), Playa Las Dichas (poemas, 2011, Mago Editores), Decepción del mundo (poemas, 2013, El Español de Shakespeare), El Estudiante de Poesía (poemas, 2016, OjoLiterario) y Cuestión de un minuto (antología personal, 2019, Fundación Abbapalabra, México). Tuve el honor de editar los libros de Armando Uribe, Óscar Hahn, Poli Délano, Gabriel Salazar, Álvaro Jara, Marta Blanco…

El estudiante de poesía

Desperté en medio de la noche con el clarín del inconsciente:

«en ninguna parte hallarás lo extraordinario,

salvo en tus palabras»

Odiaba la idea de escribir un poema, incluso

me resigné a la demoníaca batalla del insomnio

Era preferible morir bajo la oscura lupa

que vivir deshilvanando los símbolos del tiempo

¡Necedad arraigada en el pensamiento!

¡Deseo inútil como pensar algo dos veces!

Pero garrapateé

mis dichas y mis desdichas

y me fui por las calles con mi papel encendido,

hablándole a la oscuridad de mi pequeña estrella

—sucesión de sílabas sin melodía—

que imaginaba con un poder capaz de justificar mis ansias

Los profesores me abrieron las puertas de sus casas

y ocultaron a sus hijas en los sótanos

El pueblo iletrado me regaló libros para que cobrase venganza

en su nombre

Me ufanaba en mi erotismo

por amor a una mujer inexistente

Las sillas y las mesas dejaron de ser sillas y mesas,

transformándose en metáforas de Dios

Escritores rufianes

me confiaron sus burocráticas esperanzas

Debía ser como ellos,

oler los archivadores a un kilómetro de distancia

e impresionar a jovencitas intoxicadas con la noche

No quise, aunque quería

Mi contradicción me salvó de una desgracia para caer en otra

Huí a Santiago con la ilusión de morir en el intento

Viví como quien sabe la hora de su muerte,

pero me fallaron los cálculos

No sé cómo los Maestros me encontraron

y un día alguien cubrió al cielo con una capa:

necesitaba volver al estudio de mi cansancio y contar

mis monedas de plata

De día dormía sueños en blanco,

en las noches vagaba por la ciudad con un antifaz

y de a poco abandoné mis vicios y mis virtudes

Quedé más vacío que antes,

con un espejo apuntándome entre los ojos

Al final sólo escribo del envejecimiento

El mundo no tiene por qué agradecérmelo

Chileno

Soy chileno

pago en cuotas

lo que no necesito,

hablo sin esperanza

con gente sin propósito

Estoy cansado

como si tuviese

un marcapasos,

le hago la cruz a mi memoria

y fumo a escondidas

aunque vivo solo

Pronuncio las palabras

con rabia, me importan un bledo

sus significados

Sólo río con las groserías

y el resto del tiempo

preferiría dormir

Cuando muere alguien

lo celebro con un bostezo

Pienso en la conveniencia

de mi muerte

para quienes me odian

y me digo que mi venganza

serán mis deudas impagas

Idaho

Soy un desconocido en Idaho

Es una territorio poblado de murmullos,

donde el silencio habla con los fantasmas

Por sus calles veo un príncipe loco, pero sin capa

La realidad y los sueños son lo mismo

como si hubiera muerto

Cuando miro hacia el lado

descubro que me acompaña una mujer,

en cuyos ojos resplandece el odio

Soy culpable de su aborrecimiento, lo sé,

aunque desconozca el motivo

El crimen más hermoso es el reflejo

de una sonrisa en un espejo

Los poemas se disculpan con los versos

por robarles una novia destinada

a labores superiores al amor

En el cielo se avizora un planeta en llamas

que decidió salir de su escondite en el infinito

Es extraño que el mundo sea pesimista

cuando un hombre observa

las copas de los árboles

Escribo la biografía de un verdugo

y resulta que es mi propia vida

La navaja y la doncella

La navaja acerada en sueños

procura su delicada garganta

La memoria ya desnudó su ceño

de sombras, su rostro quedó de santa

No acierta su querido hermano

el Detenido Desaparecido

a unir su gesto tan desolado

con su afanarse desguarecido

¿Morir era la peor pesadilla?

Nadie contestaba en el vacío,

sólo el eco de una canilla

El calmante en su ser aterido

y el dolor colmando sus mejillas

borraron de sus ojos el sentido

Cuestión de un minuto

Un hombre sentado de noche

en el muro de un jardín

piensa en su vida, diciéndose

que todo está en orden,

que nada le falta, hasta el punto

de no tener conciencia

Hasta que un desconocido se cruza

ante sus ojos, pero no levanta el rostro

para ver el de su prójimo

Algo cambia por la eternidad

de un momento

y ahora ser él mismo no le basta

¿Qué debe hacer cuando la vida

lo abandona en apariencias?

Existe sólo para que alguien más no sufra

de soledad

La historia del mundo y sus recuerdos

se desdibujan, mientras en el jardín

el humo del cigarrillo serpentea

como una capa sin cuerpo, sólo con viento

Así permanece invisible como una piedra

para otra piedra, como la materia

para el espíritu

y en sólo cuestión de un minuto

ya no cree en nada,

salvo en que habrá una señal

para que todo vuelva a empezar

Como se demora el regreso

comienza a pronunciar palabras sin sentido,

hasta que ellas también pierden su significado

Certeza

Todo está claro como una linterna

o más aún como una luciérnaga

La verdad es un virus

en los ojos del hambre

La vida de los canallas

no vale la obscenidad

de su reflejo en un río

Gente sola deambula

por habitaciones vacías

y guardo un minuto de silencio

por los vivos, ya que los muertos

no tienen queja alguna

La libertad se redujo

a elegir entre una pantalla

u otra

El vino se derrama en calles

que nunca vieron una fiesta

Nada es importante

cuando risas grabadas

responden a la palabra amor

en un estudio de televisión

Alguien habla de pobreza,

de robo y malversación,

pero se muerde la lengua

para que nadie mencione

a los miserables que pagarán

con su olvido

la ignorancia de los ricos

Hernán Ramírez

Integrante del Taller de Poesía de la SECH de 1981. Integrante fundador del Grupo Poetas Tralca, 982. Coordinador del Taller Literario Caliche, de 1980. Director Agrupación Difusora del Arte en1980. Sin publicaciones, excepto a principios de los Ochenta en la Revista Solidaridad (de la Vicaría del mismo nombre) y en la Revista América Joven (editada en Europa)

(Antes)

Hace más de cuatro mil millones de años

No había nada, nada… o quizás algo

Hasta que el Tiempo

En un lugar aún indeterminado

Inocula expansión al Espacio

De una materialidad ígnea alucinante

Hidrogeno Oxígeno Temperatura

Dio a luz la vida dando a luz la muerte

Desde entonces no hay explicación posible

Acerca del origen del misterio

No hay más respuestas probables…

Ante tanta maravilla no alcanza ni calza nada con nada

Ni con los ojos de ella en los míos ni con Dios en la poesía.

(Intertanto)

En la coincidencia de dos calles

Se detiene la micro que siempre viene

De la población ex Nueva Esperanza.

Sentados tras el chofer

Dos profesores conversan…

Mientras ceden sus asientos

A dos técnicas de párvulos

Que saludan a dos enfermeras auxiliares

Que discuten con el auxiliar del liceo

Padre de un ayudante de contabilidad

Amigo del vigilante del Banco del Estado

Que juega en el mismo club

Del carabinero casado con la hija

Del que fuera por muchos años

Presidente de la Junta de Vecinos

De la población Nueva Esperanza

Cuyo secretario

Jubilado de Ferrocarriles del Estado (Q.E.P.D)

Padre del chofer de la micro

Redactó en el libro de actas

—Requisado el 11 de octubre del año 1973

Por unos señores de bigote cabello corto de lentes oscuros—

«Que lamentando sólo la ausencia forzada de don Isaac

Obrero de la construcción que no acepta ser de la directiva

Por no saber leer ni escribir

Abuelo de Albertina, ahora en Suecia

Se acuerda por la unanimidad de los presentes

Pavimentar la calle Venceremos

Por donde transitaremos con nuestros hijos

Hacia una vida mejor»—

(Tus ojos)

Tus ojos reducen todo a un instante

Porque el lado de acá de tu mirada

Coincide con el principio de mis cosas.

Vuelvo mis ojos hacia dentro

Donde habita el fin de los tuyos

Con la velocidad del beso que viene

Con la rebeldía del suceso que nos traspasa.

Miguel Ángel Salinas

Santiago de Chile, inicios de los Sesenta del siglo XX. Ha publicado: Yo n@die (Réplicas de Calibán, 2010). Car@col es su segundo libro.

No obstante, es autor de una prolífica y vasta producción poética. Escribe sin financiamientos ni mecenazgos. Poco se adhiere...

Ahora que los negros se salieron de la tele dejé de ser el más negro como antaño lo fui del barrio del curso de la pega y ya no se festina con la línea que divide el anverso y el reverso de mi mano Ahora andan en Metro en hora peak los tátara descendientes de Mama Kisy Kunta Kinte y los sirvientes de La cabaña del Tío Tom que a fin de cuentas también algo debían al Tío Sam Toman la troncal uno se los encuentra sirviendo mesas regando los prados de esta copia feliz del edén otras le dan firme en el barrio chocolate o la juegan de caballito a la pata del corcel De Valdivia Limpian los baños en la refundación de Santiago rondando la Plaza de Armas y yéndose en rosca con los peruanos Se hospedan en casonas que se derrumban o se incendian con el combustible de prestigiosas empresas inmobiliarias Se les queman sus pocas cosas siempre se les recuerda que no están en su tierra les cortan los suministros y aun así están empeñados en calentarnos la sangre a nosotros que por todo nos calentamos la cabeza.

¡Eureka!... ¡Eureka!

Hay un resumen elemental

entre la raíz de la física

y la subjetividad plena

ocurrida en todo sujeto

cuales campos de energías

que a tiempo se mueven

incidiendo contradictorias

y en un resultado en que:

toda teoría es cuántica

& toda alma es cuática.

Da igual… si el masaje no es sólo un masaje Que aquí una rubia no sea originalmente rubia Que el travestismo unisex sea vecino de la robótica Que todo corte mute y se imponga el que la lleva Que la pierna entera el mohicano o con rebaje Que un café sea la orilla de un pozo de adicciones Que en el espacio ciber a todo se le dé rienda suelta Que un tatuaje no suprima una herida incurable Que un piercing sea más un signo que pura rebeldía Que la apoteosis hiera el cuerpo por las puras Que la carne picaneada ya no cause ni asombro Que la belleza aquí sea ocasionalmente cosmética Que un efecto de letal consecuencia sea la pasturri Que el último relojero se esmere en seguir dando la hora Que la venta de libros esté predestinada a la quiebra Que la cibernética la lleve más que la ética y la estética Que en este lugar se le dé duro al pensamiento mágico Que el small el médium el large y el extralarge Que no se rotule en el juguete al niño curvo del Oriente Que de todas las leyes impere siempre la de moraga Que se venda por oro incluso lo que no tiene brillo Que el negocio consista sólo en abaratar las ilusiones Que nadie se dé cuenta cuando retiren los capitales Que a este elefante marketing también le echen el ojo Que con su bulla los evangélicos desalojen a los mercaderes Que la disputa sea entre grafiteros y blanqueadores Que con esto uno coma que por esto uno muera Que el milagroso despegue termine en un desplome … Da igual.

Im/píos – In/confesos

En la iglesia Santa Ana

un cura le hacía a eso

debajito e’ la sotana

tenía pasado a queso

El fraile pollera usaba

y debajo un pajarito

que casi nunca volaba

saciábalo con cabritos

Por pituquines se supo

que les pasaba la mano

mas al picante de abusos

se lo comen los gusanos

Políticos y empresarios

contábanle sus secretos

eran su red cual denario

y ampararon al perverso

Nunca estuvo tras las rejas

por priores fue perdonado

teníanlo entre cejas

y se salvó jabonado

Unas viejas re perpetuas

y unas monjas calentonas

cuidarónlo con sus tretas

haciéndose las weonas

Obispos y cardenales

dignatarios vaticanos

compinches de tantos males

y enverijados fulanos

Dueños son d’stos infiernos

también de sus paraísos

llaves tienen de lo eterno

manejando sus panizos

Indulgentes oprobiosos

del estiércol testaferros

divinos y tenebrosos

lame culos cuales perros

De la puta Babilonia

viene el basural impío

novedad sin parsimonia

desde siempre acontecido.

Tómeme no más por un ingenuo Considéreme del otro lado de la calle Supóngame un caso de oscuros reveses Enróstreme lo que además me corresponde Hágame la reverenda desconocida Subordíneme a la ganancia de mi valor cero Exíjame que a ultranza asuma mi derrota Restrínjame al ghetto de su política pública Arróguese poder sobre mi voluntad Impóngame su ley y su moneda Declárese un servidor de mis afanes Niégueme de mi sal y de mi agua Infúndame el temor de su mandato Dispénseme la música y el bullicio Déjeme que como un perro ladre Enróstreme que por eso usted avanza Exprímame hasta la última gota Sáqueme los ojos para crianza de sus cuervos Endóseme sus inmunes pecados veniales Aplíqueme la pena capital por disidencia Despójeme de lo que usted y yo merecemos Envícieme con las ofertas de su piratería Empújeme al abismo mientras limpio sus cimas Contamíneme el agua la tierra el aire Aprópiese incluso de lo inexorable Confúndame con la fantasía de sus milagros Embáuqueme en sus renovadas estrategias Caliénteme la sangre hasta el resentimiento Y métase hasta en el último rincón de mi casa Pero aténgase después a las consecuencias.

Un mal síntoma somos de este tiempo unos energúmenos de enervantes visiones como si el cuerpo no se aviniera con la mente y la realidad fuera un desborde generalizado hasta lo más sagrado flotando en la caca la culpa seguro la tienen los próceres que fundaron la provincia a punta de vejámenes Por eso es que vamos de mal en peor clientes habituales de prolíficas farmacias en búsqueda de la pastilla milagrosa o de esa crema que nos devuelva la lozanía padeciendo serias inhibiciones en la cama eructando la queja del último animal faenado solitariamente interconectados con el mundo viendo tele hasta que el sueño nos vence quizá nos importan demasiado sus personajes que hacen de la noche un parpadeante desvelo Nuestra felicidad está en el cuero del pollo en la última tecnología en la gran oferta Nos peleamos con gente que ni conocemos y en las cabezas hay turnos de 24 horas como que siempre hay luces encendidas Cualquier día le damos duro al vecino su tranquilidad nos genera mucho ruido seguro que él también tiene sospechas Por la cara nos buscamos en redes sociales e indagamos en muros ajenos para ver fotos siempre los muy cabrones en fiestas eternas Si por ahí los vemos se las cantamos claritas creyendo que son otros los culpables y al menor roce cualquiera muestra su arma Nos sacamos la madre a tirones hasta el ruedo prometiéndonos las duras penas del infierno Parece que andamos todos en las mismas.

Roger Texier

Nace en Valparaíso en 1955. Médico-cirujano. Miembro de la SECH y Letras de Chile. Cultiva la poesía y la narrativa breve. Poemas publicados en antologías colectivas de talleres (SECH, CEMOR-Chile) y microrrelatos publicados en las antologías digitales Sea breve, por favor (2011), Sea breve, por favor (2013), Microcuentos por la Memoria (2013), Dispara usted o disparo yo y Lectures du Chili (ambas en 2017); en la antología Borrando Fronteras (Ed. Macedonia, 2014) y en los sitios web E-Kuóreo y Letras de Chile.

El rock propuso…

El rock propuso un futuro de interrogantes

el bolero prometió un tiempo de romances,

ambos apostaron a ambos hemisferios

de la conciencia enloquecida por la guerra.

El rock ignoró al bolero y buscó su destino

el bolero tomó vereda y no detuvo su camino.

No se hicieron la guerra.

La guerra la inventaron otros,

la vendieron otros.

Ahora llegó el futuro y nosotros

bizcos y desquiciados.

Tercera vía

Lo escribo todo, brillante

bebo el éxito y me arropan

los elogios

o escribo y nada guardo

para un después de otros

o me diluyo, me diluyo

en los espejos del camino.

Y ahora…

Fueron los murmullos de las locomotoras,

fueron los anuncios de las naves recalando,

fueron también las boyas recibiendo la niebla,

y ahora esta estridencia de ambulancias publicitarias,

y ahora esta impaciencia de edificios tan fríos,

y ahora esta violencia de rieles en silencio.

Max Valdés

Es novelista, cuentista, editor, antólogo, escritor de literatura infantil. Nació en Caleu en 1963. Es Magister en Edición de la Universidad Diego Portales y Máster en Edición de la U.Pompeau Fabra de Barcelona. Con un Diplomado en estudios de Arte mención Escultura de la Universidad Católica de Chile. Profesor de escritura creativa de la Universidad Andrés Bello y fue profesor de lenguaje en la escuela rural El Robledal de Caleu.

Ha publicado los volúmenes de cuentos: Mimí agoniza en la buhardilla de los bohemios; Ni un rumor en la oscuridad y las novelas: Una mañana de más; El ciervo herido; Manuscrito sobre la oscuridad; El ladrón de cerezas. En literatura infantil ha publicado: Una pequeña historia de miedo; Un gorila en mi cuarto; Sofía y la pareja de amantes.

Ha sido publicado en antologías y muestras literarias en Chile, España, México, Argentina, Francia, Croacia, Bolivia y Alemania. Finalista del Premio Municipal de Literatura Municipalidad de Santiago 2015 en literatura juvenil con el libro de relatos La sombra que arrastra el cochero. Primer Premio Pedro de Oña en novela corta, Primer Premio novela Juegos Literarios Gabriela Mistral 2000, Mención honrosa género cuento Juegos Florales 1998, Premio Oscar Castro en novela breve, entre otros. Su última novela (policial) es Fragmentos de un crimen, que obtuvo, entre otros reconocimientos, una beca de investigación, una beca de creación y financiamiento del Ministerio de las Culturas para su publicación.

A los veinte años…

A los veinte años una mujer me llevó a su cuarto

me dijo que nada grave pasaría

era un décimo piso de un edificio gris

con corredores desolados y puertas que temblaban

me arrastró con sus dedos de fierro

me empujaba para que no me convirtiera en humo

el cuarto era de mal gusto

y olía a tabaco de varios días

su aliento también olía a trasnoche

me dijo que intentó lanzarse desde el balcón

asomé la cabeza

vi automóviles del tamaño de un insecto

y libélulas iluminando los departamentos aledaños

ella me tomó de la cintura

Y me hizo poner los pies en la azotea:

mis zapatos de hierro se clavaron en el borde

es para que sepas la sensación de estar a punto de volar

o destruirse

Acostada después en su cama se arrancó la piel de sus deseos

y yo me transformé en un animal con caparazón de hierro

la luna colgaba del cielo

las estrellas hacían señas desde una casa en ruinas

que contenía cinco niños encerrados

ella no supo jamás mi nombre

sentí el vuelo de los trenes del sur de Chile

Ella me ahorcaba con sus brazos como rieles hambrientos

Entonces, alguien abrió la puerta que llevaba al sótano

Y volví a oír la voz de mi madre que me llamaba desde la oscuridad.

Lo primero que vino…

Lo primero que vino a mí fueron sus manos

tendidas como un manto sobre el desierto

Enseguida su voz se posó en mis oídos

diciéndome que debíamos huir a las montañas

Me presentó a su hijo que vivía en una casa de nubes

cenamos con los perros y los gatos sobre el tejado

me aconsejó no esperar que anocheciera para regresar

los animales salvajes despertaban con la oscuridad

yo deseaba dormir con ella esa noche

mi cuerpo estresado debía estallar en sus venas

Pero me acompañaron todos a la puerta

Y yo prometí volver en el próximo verano.

Diario de muerte

La última vez que visité mi casa mi madre dormía la siesta

después de haber visto una telenovela brasileira a las dos de la tarde

entré sin golpear y la vi tendida en su antigua cama

pensé —tontamente— que algún día la vería del mismo modo

pero dentro de una caja de madera.

Entrar en el viejo olfato de las paredes húmedas

en el olor a pasto seco confundido con la tierra mojada.

habitar una casa sin niños y enfrentar las torturas del pasado.

He vuelto aquí después de mi muerte.

Aparentemente nada ha cambiado

el viejo retrato de mi padre sigue en el mismo muro

cagado el vidrio por miles de moscas durante más de veinte años

el mueble con el tocadiscos IRT en que oí por primera vez

una canción de los beatles

la cocina con las anotaciones que hacía mamá en el muro

con los telefonos del trabajo de mi padre, de la oficina de mi hermana

y los números de emergencia que sí necesitó alguna vez.

He regresado sin saber por qué o para qué

no consigo desprenderme de este cuerpo que me obliga a caminar

a los lugares incluso que desprecio

los bares, la casa de mis amigos con los cuales

tomé mis primeras drogas

Los primeros tragos de alcohol

las noches perdido fuera de casa.

Pero quiero visitar mi casa

entrar a mi cuarto

y buscar entre los cajones aquellos objetos

Que no consigo olvidar: el libro de Orwell, Carroll

Lope de Vega, Sábato y Lihn.

Mi cama está igual

la misma colcha color ceniza

los barrotes adornados con stickers de series infantiles

incluso una cuerda que rodea la marqueza está allí

es un segmento de la cuerda con la cual me colgué

la dejé allí olvidada una noche de absoluto pesimismo

mientras fraguaba en mi mente un final inevitable

mis hermanas nunca lo supieron

mi madre, abandonada en su pereza, tampoco lo supo

Soy el suicida que regresa a la escena del crimen

a retirar los últimos rastros de vida

a limpiar las huellas

y echar un último vistazo a lo voyeur.

Pero no hay nadie en casa

¿Estarán todos en mi entierro?

yo no soporto la soledad de los cementerios

el tiempo que corre en los fríos pasillos

todos los hombres que alguna vez poblaron la tierra

estaremos allí, en silencio y bajo la lluvia

Como los animales abandonados en el bosque

como en las épocas en que el hielo separaba los territorios

pero insisto, no hay nadie en casa

Se han marchado

Quisiera que alguien diese una copa de vino

pusiese el mantel sobre la mesa

Y un plato de sopa caliente para clamar al suicida

En medio de la noche

esperaré con calma mi juicio final

las palabras que serán epitafio

Soy el joven de quince años que amaneció

como las manzanas en la huerta de doña Inés:

Colgado de la rama más robusta

balanceado por la brisa que se colaba por mis cabellos

Soy el muchacho que fue a pedir ayuda al consultorio

y que recibió una aspirina para calmar el dolor.

Soy el olvido

Que se esfuma por las ventanas

como un vaho de alcohol frente a un vaso

El que camina a solas por las calles

de un Santiago deslucido

agónico y prohibitivo

en donde no cabe espacio para la fatiga

la sensación de derrota

las tormentas de odio

Soy el hijo de la señora Lucy

la que vendía pancitos de leche a la subida del tren

la que fue violada por mi padre una noche de Septiembre

y que nunca más volvió al barrio

hermanastro de dos tipas

que venden droga a la salida de los estadios

o se prostituyen para alimentar a los críos que vendrán

Soy el inútil, el peor de todos, el que huyó del internado

buscando una ciudad para ser feliz

y no el exterminio a cada instante

juro que quise ser bondadoso

amable, cariñoso

pues no tenía más que ofrecer

Incluso esto me lo rechazaron

Arruinado, el joven de quince años hijo de la señora Lucy

Regresa a su casa y no halla a nadie vivo

Mi primera casa…

Mi primera casa

Mi primera casa tenía una acequia que la cruzaba

De este a oeste

El agua corría por esos senderos en donde ponía

A navegar mis barcos de papel

Todos se fueron y nunca regresaban

A mi puerto de piedras y lodo

Un día puse a navegar un bote transparente

Cargado de negros que huían de América

Fueron sorprendidos por el gobernador y puestos en calabozo

Allí sangraron, sufrieron y muchos murieron de hambre

De sed y de castigo.

Entonces busqué el mejor buque de guerra

Con dirección a las Antillas

Y perseguí a los culpables

Y con mis soldados los retuvimos tres semanas

Enviándoles de regreso a la península.

La península es aquel pedazo de tierra que se viene abajo

Cuando el caudal aumenta porque las casas vecinas

Botan allí el agua con la cual lavan el cuerpo de sus hijos.

Notas

1 Ejemplo de ello son las referencias a series de televisión de los años ochenta que encontramos en el poema «Ahora que los negros», de Miguel Salinas. La referencia paródica al mundo de los objetos de consumo audiovisuales se realiza desde el consumo de «cultura media» (midculture), concepto usado por Umberto Eco en Obra abierta y Apocalípticos e integrados.

2 El término «cosmovisión» es una adaptación del alemán Weltanschauung (Welt, «mundo», y anschauen, «observar»). La palabra Weltanschauung fue utilizada por primera vez por G.F.W. Hegel, pero sólo a partir del trabajo de W. Dilthey, Teoría de las cosmovisiones, dicho concepto adquiere su significado filosófico sistemático y completo. Más tarde, en 1919, K. Jaspers en Psicología de la Weltanschauung establece la vertiente psicológica del término en cuanto una manera de entender al hombre y estableciendo la frontera de sus significados con la filosofía. Cf. Marcel Cano, et al., «La weltanschauung* (cosmovisión) en el comportamiento medioambiental del siglo XXI: cambios y consecuencias», Ludus Vitalis, vol. XVIII, núm. 33, 2010, pp. 275-278.

3 La función de la poesía puede ser la celebración de un ser o un objeto, o la mera existencia del Otro: homenaje y transformación de la ontología en canción. En la poesía moderna, canción y oda se aproximan, e incluso se confunden. La actitud de la canción se reserva para seres majestuosos o sublimes, cada vez menos frecuentes; la oda, en la tradición de la poesía concreta y cotidiana de Pablo Neruda, evoca un ser emergente, al cual queremos distinguir, elevar, transubstanciar. Por otro lado, la función del apóstrofe (apelación, llamada de atención a un receptor implícito), se concreta como un desafío, un reto e incluso una amenaza. El apóstrofe puede alcanzar elementos de sublimidad grotesca, como «El general Franco en los infiernos» de Pablo Neruda, o convertirse en el mensaje que funda al Otro desde su propio lenguaje, parodiado y poetizado, como es el caso de «Cámara de tortura» de Enrique Lihn. No se puede pasar por alto el hecho de que incluso el apóstrofe, testimonio o denuncia, terminan, paradojalmente, por el elevar al Otro apostrofado a la categoría de símbolo y alegoría de un antivalor.

4 Es mi opinión que ya encontramos rasgos antipoéticos en algunos poetas del modernismo tardío, como José Asunción Silva, y, en el ámbito anglosajón, en la obra de W. H. Auden y W. Carlos Williams.

5 Sólo muy puntualmente el uso del verso contado y medido se pliega a una función satírica, como es el caso de la poesía de «Lope sin Pega» (Carlos Alberto Trujillo). Ver: No se engañe nadie, no. Santiago, Mosquito Editores, 1999.

6 Considérese, por ejemplo, el uso de verbos considerados chilenismos, como «intrusear» y «picanear».

7 Un exponente especial de este estilo es el poeta «Rufus Salvatierra». Ver: Distancia cero (alias El libro irresistible alias La reina de las morisquetas. Santiago, Ediciones Altazor, 2004.

8 Hutcheon, Linda, A theory of parody, University of Illinois Press, 2000.

9 La imagen de la naturaleza local, chilena o latinoamericana está representada constantemente. Forma parte de las poéticas andinas: la presentación de los ámbitos del cielo, la tierra, la vegetación y los animales. Misterio y, a la vez, encarnación de la creación, se transforma en escenario de las fantasías, recuerdos y pesadillas de los poetas. La noche y, específicamente, el crepúsculo, cuentan con una larga tradición poética como espacio simbólico de la meditación, la melancolía, la nostalgia y la inspiración. Se cumple el estado de ánimo melancólico asociado al atardecer y la noche, a una naturaleza que se percibe bella pero inapelable para el yo.

10 Sobre la noción de acedia, recomiendo el ensayo de Giorgio Agamben Los fantasmas de Eros. Melancolía y acedia se relacionan con la desesperanza y el rechazo del mundo. El discurso sobre la vanidad que encontramos en el libro de Eclesiastés se mezcla con tópicos literarios como Ubi sunt y tempus fugit, anticipando la neurosis moderna.

Letras de Chile

Letras de Chile es una corporación de derecho privado que posee personalidad jurídica desde el año 2000. Como entidad cultural, aporta desde diversos ángulos al desarrollo cultural del país, estimulando toda iniciativa que apoye el fomento del libro y la lectura. Con este fin, promueve un rol activo de los escritores en la difusión de la literatura, incorporando en sus plataformas a diversos agentes del campo cultural, la educación, el ámbito académico, la crítica literaria, medios de comunicación, bibliotecas, librerías y a quienes se dedican al trabajo de edición y distribución de libros.

Fomento del libro y la lectura

Letras de Chile organiza eventos culturales tanto nacionales como internacionales, como es el caso de los Encuentros por el Fomento del Libro y la lectura; Ciclos de lectura de poesía, narrativa y minificción; Coloquios y Congresos sobre Novela Negra; Literatura Fantástica y Ciencia Ficción; entre otras actividades que potencian el desarrollo cultural del país.

A partir de estas iniciativas, la corporación ayuda a revitalizar el estudio y conocimiento de la literatura chilena, y contribuye a la difusión de lo que se ha escrito en estos últimos años.

Portal literario y cultural

Letras de Chile ha publicado diversas antologías de poesía y cuentos, libros digitales y selecciones de ponencias presentadas en Congresos y Encuentros Literarios. Se realizan también convocatorias a escritores, tanto nacionales como extranjeros para que viertan sus miradas literarias y testimoniales acerca de nuestra realidad social y política. Es el caso de los encuentros: Palabras de memoria o Estado de emergencia.

Cabe destacar que muchas de las actividades son grabadas en videos que pueden ser visitados en nuestra página WEB.

publicaciones

Letras de Chile cuenta con publicaciones que aportan al conocimiento, difusión, estudio y análisis de la literatura chilena contemporánea, tales como: Contando el cuento (1986), Andar con cuentos (1992), Cuento chileno contemporáneo (1998), Cuentos chilenos 2000 (2001), Cuentos en dictadura (2003), Después del 11 de septiembre: Narrativa chilena contemporánea (2003), Al sur de la palabra (2005), Con pocas palabras, antología de microcuentos (2005) y Letras en el liceo (2010).

Actualmente iniciamos una serie de publicaciones en formato electrónico, la primera de estas dedicada al género poesía, material que podrá descargarse libremente de nuestro sitio web.

memoria histórica: testimonios audiovisuales

En 2010 iniciamos, produjimos y realizamos la serie de televisión Memoria de Escritor, con la participación de siete escritores que entregaron su testimonio acerca de los más significativos momentos históricos del siglo XX, dando testimonio de cómo desembocaron finalmente en la literatura. Pensamos que los resultados de estos programas, constituyen un aporte innegable a los estudios literarios, como también un rescate de la memoria histórica.

Servicios literarios

 Talleres de cuento y poesía.

 Confección de bases para concursos literarios y asesoría para su organización.

 Jurados para concursos literarios.

 Comentarios y críticas de libros.

 Evaluación de textos literarios por parte de expertos.

 Lecturas de escritores.

 Actividades literarias en colegios, liceos e instituciones educacionales.

 Organización de lecturas, seminarios y encuentros.

Distinción Letras de Chile

Desde 2008, la Corporación ha entregado la Distinción Letras de Chile a los siguientes escritores y escritoras, como reconocimiento a su obra:

 Juan Armando Epple (2008)

 Poli Délano (2009)

 Virginia Vidal (2011)

 Fernando Jerez (2014)

 Inés Valenzuela (2015)

 Antonio Rojas Gómez (2016)

 Juan Mihovilovichh (2017)

 Alejandra Basualto (2018)

860. Ch.

1. Literatura chilena.

© Copyright 2020.

Primera edición: Editorial Letras de Chile.

Santiago de Chile, Agosto de 2020.

egistro de Propiedad Intelectual Nº A-5434.

ISBN Digital: 978-956-9385-25-4.

Edición y fotografía de portada: Iván Quezada.

Diseño y diagramación: Freddy Cáceres O.

Edición Digital: Sergio Cruz.

Derechos Reservados

Editorial Letras de Chile.

“Se recomienda disponer de una letra más pequeña para apreciar los cortes originales de los versos”.


Türler ve etiketler

Yaş sınırı:
0+
Hacim:
81 s. 3 illüstrasyon
ISBN:
9789569385254
Yayıncı:
Telif hakkı:
Bookwire
İndirme biçimi:

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