Kitabı oku: «Fortalece tus huesos y articulaciones»
© Jaume Serra, 2014.
© de esta edición digital: RBA Libros, S.A., 2019.
Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
www.rbalibros.com
REF.: ODBO615
ISBN: 9788491182108
Composición digital: Newcomlab, S.L.L.
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Índice
Introducción
Anatomía de una articulación
Factores que intervienen en las enfermedades articulares inflamatorias
Componentes alimentarios relacionados con los factores que intervienen en las enfermedades...
Las enfermedades articulares de tipo inflamatorio
La osteoporosis involutiva
La actividad física en las enfermedades articulares y óseas
Diez consejos para mantener una buena salud osteoarticular
Menús saludables
Bibliografía
Notas
Introducción
La salud de los huesos y articulaciones determina nuestra capacidad funcional, nuestro grado de autonomía y nuestro nivel de confort diario. Cualquier patología de tipo óseo o articular genera no solo importantes limitaciones físicas, sino también un sufrimiento permanente a causa del dolor que las caracteriza. Estos factores distorsionan de forma transversal la cotidianidad de los afectados, ya que alteran los ritmos de sueño, el estado anímico, la convivencia familiar y la vida social.
Afortunadamente, tenemos a nuestro alcance diversas posibilidades para intervenir favorablemente en la evolución y sintomatología de las enfermedades osteoarticulares. Entre ellas tienen un especial protagonismo las opciones medicamentosas, pero es importante incidir en los aspectos vinculados a los estilos de vida, fundamentalmente los referidos a la alimentación y a la actividad física, ya que son factores muy importantes de prevención y de tratamiento complementario de cualquier terapia osteoarticular.
Por otro lado, muchos de los consejos aplicables a las enfermedades articulares se traducen también en recomendaciones adecuadas para otras afecciones de distinta naturaleza que, de forma no infrecuente, pueden coexistir en la misma persona. Es el caso de las enfermedades cardiovasculares, diabetes, obesidad o determinados trastornos neurodegenerativos.
En este libro vamos a describir, primero, los factores que intervienen, con diferente nivel de implicación, en diversos mecanismos que favorecen la aparición de las enfermedades osteoarticulares más prevalentes en nuestro entorno. Y a continuación expondremos una serie de consejos alimentarios y de actividad física que repercuten positivamente sobre esos mecanismos que causan o forman parte del curso evolutivo de dichas enfermedades.
El objetivo principal es ayudar a incorporar en nuestra vida cotidiana unos hábitos saludables que nos permitan prevenir los problemas osteoarticulares o que, si ya los padecemos, faciliten una evolución clínica menos lesiva, menos dolorosa. En definitiva, se trata de adquirir unos hábitos de vida que mejoren nuestra salud.
Anatomía de una articulación
En el cuerpo humano existen diferentes tipos de articulaciones. Móviles, como la cadera; semimóviles, como las vértebras; y fijas, como las del sacro. Las grandes articulaciones móviles, aquellas que permiten movimientos extensos (rodilla, codo, espalda, cadera, etc.), son las que se ven afectadas con mayor frecuencia en las enfermedades osteoarticulares inflamatorias. ConozcaLas grandes articulaciones móviles, aquellas que permiten movimientos extensos (rodilla, codo, espalda, cadera, etc.), son las que se ven afectadas con mayor frecuencia en las enfermedades osteoarticulares inflamatorias. ConozcaLas grandes articulaciones móviles, aquellas que permiten movimientos extensos (rodilla, codo, espalda, cadera, etc.), son las que se ven afectadas con mayor frecuencia en las enfermedades osteoarticulares inflamatorias. Conozcamos las diferentes partes que integran una articulación antes de ver cómo participa cada una de estas estructuras en las enfermedades articulares:
• El cartílago articular. Es un tejido conjuntivo liso no vascularizado que recubre las extremidades óseas de la articulación. Este tejido conjuntivo está dotado de características biomecánicas especiales que permiten realizar las funciones articulares, es decir:
— Asegurar el mantenimiento de la postura (la articulación trabaja entonces bajo presión). lación trabaja entonces bajo presión).
— Permitir el movimiento en el que la articulación trabaja por deslizamiento, procurando el mínimo coeficiente de fricción y repartiendo al máximo el impacto de las presiones sobre las superficies articulares
El aspecto de un cartílago es nacarado, liso, firme pero ligeramente elástico, depresible a la palpación y con un grosor que varía según la zona del cuerpo; es mayor en las zonas de más carga.
Visto al microscopio se aprecia la falta de nervios y vasos sanguíneos. Las células que lo integran son los condrocitos, que están inmersos en una matriz compuesta de agua, fibras de colágeno y proteoglicanos.
La superficie del cartílago juega un papel muy importante en su fisiología, puesto que es la parte que recibe inicialmente las presiones y está sometida a las fuerzas de cizallamiento.
• La cápsula articular. Es el «recinto cerrado» que rodea y delimita la articulación. Se trata de un envoltorio fibroso y elástico que contribuye, junto con los ligamentos, a mantener el contacto entre las estructuras articulares, y participa de su estabilidad.
• La membrana sinovial. Es la membrana que tapiza la cara interna de la cápsula de la articulación. Su objetivo es nutrir y lubricar las superficies articulares produciendo una sustancia parecida a la clara de huevo: el líquido sinovial.
Como el cartílago carece de vasos sanguíneos, los condrocitos viven en condiciones de muy baja presencia de oxígeno. El cartílago solo puede nutrirse a partir del líquido sinovial, cuyos movimientos dentro de la cavidad articular son muy importantes y dependen básicamente de los movimientos de la articulación y de las presiones que el cartílago recibe.
• Los ligamentos articulares. Son tejidos conjuntivos fibrosos muy resistentes y elásticos. Unen los huesos entre sí.
• Los meniscos. Son pequeñas estructuras fibrocartilaginosas con forma de media luna o cruasán. Están situados entre dos superficies articulares móviles y ejercen de cojín intraarticular, el cual permite el contacto íntimo entre las superficies, el deslizamiento de la articulación y la amortiguación de los impactos. Constituyen otro de los elementos que participa en la estabilidad articular.
• Las bolsas serosas. Son pequeñas cavidades cerradas rellenas de líquido sinovial. Se fijan en los huesos e impiden el contacto directo entre un tendón y el hueso. Facilitan, pues, el deslizamiento suave sin roce de estructuras.
• Los tendones. Son bandas de tejido fibroso poco inervadas y escasamente vascularizadas. Unen los músculos con los huesos, permitiendo el movimiento de estos últimos por la contracción de los músculos.

Factores que intervienen
en las enfermedades
articulares inflamatorias.
La importancia de la nutrición
En este capítulo vamos a analizar una serie de situaciones que participan en mayor o menor grado en los procesos implicados en las lesiones articulares: la nutrición, el estrés oxidativo, la glicosilación y la permeabilidad y la microbiótica intestinales.
LOS PROCESOS INFLAMATORIOS
Existen numerosas enfermedades con base inflamatoria, algunas de ellas de localización articular, como la osteoartritis (artrosis), la poliartritis reumatoide, la artritis juvenil, la gota y la espondilitis anquilosante, por citar las más prevalentes e importantes que se describirán en el capítulo «Las enfermedades articulares de tipo inflamatorio». El proceso inflamatorio que se desencadena en un tejido corporal afectado conlleva la aparición de una compleja cascada biológica de señales moleculares y celulares que alteran su normalidad fisiológica. La manifestación clínica supone la aparición de los síntomas clásicos de inflamación: dolor, rubor (enrojecimiento), calor e hinchazón.
En el foco de la lesión, las células emiten señales moleculares que causan cambios en la zona afectada, como el incremento del aporte de sangre y de la permeabilidad vascular con salida de sustancias hacia el medio externo (fuera de los vasos sanguíneos) y, a su vez, llegada de leucocitos (glóbulos blancos). Se inicia así una auténtica batalla con armas muy potentes (los eicosanoides, compuestos derivados de los ácidos grasos, y sus derivados) que acuden al foco inflamatorio.
Inicialmente, la inflamación es un proceso de carácter protector destinado a eliminar el agente causante del daño generado en el organismo y reconstruir los tejidos alterados, pero si se cronifica, entonces la inflamación se convierte en un mecanismo patológico asociado a la propia enfermedad, es decir, como si fuera una enfermedad sobre otra enfermedad. Esto puede ocasionar importantes lesiones en el organismo al deteriorar los tejidos, a pesar de los sistemas de autorreparación de los que dispone el propio cuerpo.
La alimentación está relacionada con la respuesta inflamatoria. En concreto, la presencia de determinados componentes alimentarios —algunos nutrientes, como proteínas, grasas o hidratos de carbono, y otros elementos, como los polifenoles— influye en el proceso inflamatorio en un sentido u otro según las circunstancias, como explicaremos más adelante. Los eicosanoides derivados de los ácidos grasos que se ingieren con los alimentos pueden ser de perfil más o menos proinflamatorio en función de los hábitos dietéticos. Esta circunstancia se verá con detalle más adelante, cuando expliquemos los aspectos alimentarios relacionados con las enfermedades articulares. Por ahora destaquemos que el contenido nutricional del patrón alimentario puede intervenir en la cadena inflamatoria dificultando la expresión de determinados factores que participan en el proceso.
El atractivo de las estrategias dietéticas radica en que, además de influir en la sintomatología inflamatoria, aportan elementos de protección para enfermedades como la arterioesclerosis, determinados tipos de cáncer o la obesidad. Esto es lo que ocurre con el patrón alimentario mediterráneo, relacionado en algunos estudios epidemiológicos no solo con un menor riesgo de mortalidad cardiovascular o de ciertos tipos de cáncer, sino también con una menor prevalencia de enfermedades articulares crónicas.
Al tratarse de afecciones en las articulaciones, es decir, en las estructuras encargadas de soportar el peso corporal en buena parte, es importante destacar que el mantenimiento de un peso adecuado es fundamental en la prevención y en el tratamiento de estas enfermedades. Por otro lado, el nivel en sangre de determinados indicadores bioquímicos de la inflamación se han relacionado con la obesidad, lo que corrobora que el exceso de peso constituye un factor de riesgo para muchas de estas patologías.
EL ESTRÉS OXIDATIVO
Cuando respiramos, el oxígeno del aire penetra en nuestro organismo a través de los alveolos pulmonares, desde donde es absorbido y transportado por la sangre para repartirlo a todas y cada una de las células del cuerpo humano. La mayor parte del oxígeno es consumido por las mitocondrias, unas estructuras celulares que se comportan como auténticas centrales energéticas. Paradójicamente, ese oxígeno, que es un elemento imprescindible para la vida, se convierte en una fuente tóxica, ya que una pequeña parte de la utilizada en el proceso celular sirve de sustrato para la aparición de los radicales libres, agentes químicos muy lesivos para diversas estructuras y componentes celulares. La gran inestabilidad eléctrica de los radicales libres hace que reaccionen ante todo lo que encuentran a su paso, ya sean ácidos grasos, proteínas, componentes del núcleo celular (ADN), etc., con el objetivo de recuperar el equilibrio perfecto. Además, agentes externos, como el humo del tabaco o las radiaciones ionizantes, participan en la creación de radicales libres, añadiendo más cantidad de agentes destructores en el organismo.
Dada la capacidad dañina de los radicales libres, el cuerpo humano está dotado de una serie de mecanismos de defensa con poder antioxidante capaz de contrarrestar su actividad. No obstante, la labor defensiva tiene un límite y, cuando el equilibrio de los sistemas protectores claudica frente a un exceso de radicales libres o, simplemente, por una disminución de los mecanismos de defensa, se genera una situación de estrés oxidativo. Este proceso está estrechamente vinculado con la aparición y desarrollo de diferentes enfermedades, o con cambios acaecidos durante el largo trayecto del envejecimiento orgánico.
La importancia de la alimentación antioxidante
Cuando aparece el estrés oxidativo es muy importante que sustancias antioxidantes procedentes de los alimentos acudan en ayuda de los mecanismos de defensa que se han visto desbordados por la avalancha de radicales libres, contra la que no pueden competir en igualdad de condiciones.
Un antioxidante es una molécula que inhibe o retrasa la lesión oxidativa producida por la presencia de los radicales libres, por lo que un magnífico aliado en esta lucha es seguir una dieta rica en alimentos antioxidantes. Este concepto alimentario es muy importante, pues se ha demostrado que el beneficio obtenido de ingerir dosis elevadas de antioxidantes en forma de suplementos es menor que el obtenido con una alimentación saludable. Los antioxidantes consumidos a través de los alimentos van acompañados de otros nutrientes y componentes que interactúan de forma conjunta en el interior del organismo, provocando así un impacto que puede diferir del efecto biológico de un elemento aislado ingerido en forma de fármaco.
| TIPO DE ANTIOXIDANTE EN DIFERENTES ALIMENTOS | |
|---|---|
| Alimento | Componente antioxidante |
| Verduras de hoja verde, cítricos, zanahorias, tomates, uva, espinacas, sandía, maíz, boniato | Carotenoides |
| Cítricos, café, pimientos, cebollas, tomates, crucíferas (coles), vino tinto, frutos rojos, soja, chocolate, té verde | Polifenoles |
| Bayas, cítricos, crucíferas (coles), hortalizas, pimientos, kiwi, patatas, espárragos | Vitamina C |
| Frutos secos (nueces), granos integrales, hortalizas, margarina, aceites vegetales (girasol, germen de trigo) | Vitamina E |
Hay que tener en cuenta que un aspecto determinante de la defensa oxidativa reside en la propia naturaleza de las estructuras corporales. Por ejemplo, determinados ácidos grasos son más sensibles a la oxidación que otros, y, como los ácidos grasos de la dieta condicionan la composición de las membranas celulares, el tipo de alimentos ingeridos acaban por determinar la susceptibilidad a las estructuras orgánicas de la oxidación (ver capítulo siguiente).
