Kitabı oku: «Fausto (texto completo, con índice activo)»

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Johann Wolfgang von Goethe

Fausto

(texto completo, con índice activo)

e-artnow, 2021

EAN 4064066498320

Índice

DEDICATORIA

PRELUDIO EN EL TEATRO

PRÓLOGO EN EL CIELO

LA TRAGEDIA

PRIMERA PARTE

DE NOCHE

ANTE LA PUERTA DE LA CIUDAD

GABINETE DE ESTUDIO

GABINETE DE ESTUDIO

TABERNA DE AUERBACH

COCINA DE BRUJA

CALLE

AL ATARDECER

PASEO

LA CASA DE LA VECINA

UNA CALLE

JARDÍN

INVERNADERO EN EL JARDÍN

BOSQUE Y CAVERNA

CUARTO DE MARGARITA

JARDÍN DE MARTA

JUNTO A LA FUENTE

EN LA MURALLA

DE NOCHE

CATEDRAL

NOCHE DE WALPURGIS

SUEÑO DE LA NOCHE DE WALPURGIS O BODAS DE ORO DE OBERÓN Y TITANIA

DÍA NUBLADO. CAMPO

POR LA NOCHE. LLANURA

PRISIÓN

SEGUNDA PARTE

LUGAR AGRADABLE

PALACIO IMPERIAL. SALA DEL TRONO

AMPLIA SALA CON CÁMARAS CONTIGUAS

JARDÍN DE RECREO

GALERÍA OSCURA

SALAS INTENSAMENTE ILUMINADAS

SALA DE LOS CABALLEROS

HABITACIÓN GÓTICA, ESTRECHA Y DE ALTAS BÓVEDAS EN OTRO TIEMPO PROPIEDAD DE FAUSTO, EN LA ACTUALIDAD SIN CAMBIO ALGUNO

LABORATORIO

NOCHE DE WALPURGIS CLÁSICA

EN EL ALTO PENEO

EN EL BAJO PENEO

EN EL ALTO PENEO

CALAS ROCOSAS EN EL MAR EGEO

ANTE EL PALACIO DE MENELAO EN ESPARTA

PATIO INTERIOR DE UNA FORTALEZA

ALTA MONTAÑA

A LOS PIES DE LA MONTAÑA

LA TIENDA DEL ANTIEMPERADOR

PALACIO

NOCHE PROFUNDA

MEDIANOCHE

GRAN PATIO DELANTE DEL PALACIO

SEPULTURA

BARRANCOS

DEDICATORIA

Índice

Os aproximáis de nuevo, formas temblorosas que os mostrasteis hace ya mucho tiempo a mi turbada vista. Mas, ¿intento apresaros ahora?, ¿se siente mi corazón aún capaz de semejante locura? Os agolpáis, luego podéis reinar al igual que, saliendo del vaho y la niebla, os vais elevando a mi alrededor. Mi pecho se estremece juvenilmente al hálito mágico de vuestra procesión.

Me traéis imágenes de días felices, y algunas sombras queridas se alzan. Como a una vieja leyenda casi olvidada, os acompañan el primer amor y la amistad; el dolor se renueva; la queja vuelve a emprender el errático y laberíntico camino de la vida y pronuncia el nombre de aquellas nobles personas que, engañadas por la esperanza de días de felicidad, han desaparecido antes que yo.

Las almas a las que canté por primera vez ya no escucharán estos cantos. Se disolvió aquel amigable grupo y se extinguió el eco primero. Mi canción se entona para una multitud de extraños cuyo aplauso me provoca temor, y todo aquello que se regocijaba con mi canto, si aún vive, vaga disperso por el mundo.

Me sumo en una nostalgia, que no sentía hace mucho tiempo, de aquel reino de espíritus, sereno y grave. Mi canto susurrante flota como arpa de Eolo; un escalofrío se apodera de mí. Las lágrimas van cayendo una tras otra. El recio corazón se enternece y ablanda. Lo que poseo lo veo en la lejanía y lo que desapareció se convierte para mí en realidad.

PRELUDIO EN EL TEATRO

Índice

DIRECTOR

Vosotros dos, que tantas veces nos apoyasteis en la necedad y la aflicción, decidme qué acogida esperáis para nuestra empresa en estas tierras alemanas. Yo, sobre todo, querría agradar sobremanera al estado llano, porque vive y deja vivir. Ya están colocados los postes, ya se montó el tablado y todos se las prometen felices. Se han sentado allí confiados, con los ojos bien abiertos y deseando que asombren. Aunque sé cómo dar sosiego al espíritu del pueblo, nunca me he sentido tan desconcertado: no están acostumbrados a lo bueno, pero han leído mucho. ¿Cómo conseguiremos que, siendo todo fresco, nuevo y relevar resulte a la vez agradable? Y es que, la verdad, me gusta ver al pueblo llano acercarse en torrente a nuestra carpa y agolparse con insistente afán para pasar por la estrecha puerta de la Gracia, verlo a pleno sol, antes de las cuatro, llegar a empellones hasta la taquilla y casi romperse el cuello por su entrada, como se lo rompen por el pan en tiempos de escasez. Propiciar este milagro en gente tan diversa es algo que sólo logra el poeta, ¡consíguelo hoy, amigo!

POETA

No me hables de esa abigarrada multitud cuyo aspecto panta al espíritu. Presérvame del ondulante flujo que, a nuestro pesar, nos empuja hacia el torbellino. No; llévame a ese sereno rincón del cielo donde sólo para el poeta florece la auténtica alegría, donde, con mano divina, el amor y la amistad procuran y dispensan bendiciones a nuestro corazón. Lo que de nuestro pecho brotó, lo que los labios empezaron a balbucir, malogrado o tal vez conseguido, queda envuelto por la salvaje violencia del instante. Lo que brilla nació para el instante; lo auténtico permanece imperecedero en la posteridad.

PERSONAJE CÓMICO

Cómo me gustaría dejar de oír hablar de posteridad. Si me pongo a hablar de ella, ¿quién hará reír a nuestra época? Esta quiere y debe disfrutar. Nunca es poco la presencia de un muchacho divertido; el que sabe expresarse con gracia no amargará el humor del pueblo; deseará estar ante un público amplio para conmoverlo con más seguridad. Por eso, pórtate bien y sé ejemplar; haz oír a la fantasía con todos sus coros, a la razón, al entendimiento, a la sensibilidad, a la pasión; pero, eso sí, cuídate de la locura.

DIRECTOR

Pero, sobre todo, ¡que haya acción! Se viene a ver; lo que gusta es mirar. Si ante los ojos ofreces una trama con muchos sucesos, de manera que la gente se quede boquiabierta, te habrás ganado a la masa y serás un hombre bienamado. La masa sólo puede ser movida por la masa y así cada cual se procurará lo suyo. El que mucho reparte, da un poco a cada uno, y así todos salen contentos de la sala. Si les das una pieza, dásela en piezas, con ese ragú te sonreirá la fortuna: lo representado con sencillez es igual de fácil de imaginar. De nada sirve que lo ofrezcas todo entero, pues el público lo desmenuzará.

POETA

No comprendéis lo innoble que es ese oficio, lo poco se adecua al auténtico artista. Veo que las chapuza esos esmerados señores se han convertido en tu máxima.

DIRECTOR

Semejante reproche me deja indiferente. Aquel que quiere obrar correctamente, debe servirse de la herramienta apropiada. Piensa que has de partir madera blanda y mira a aquellos para quienes tienes que escribir. Uno viene aburrimiento; el otro llega ahíto de su mesa y, lo que es peor, algunos lo hacen después de haber leído el periódico. Acuden distraídos, como a un baile de máscaras; las damas, para lucirse, se esmeran en su arreglo y represe desinteresadamente su comedia. ¿Qué imaginabas desde tus alturas poéticas? ¿Qué hay de malo en una sala llena? Observa de cerca a esos mecenas: la mitad son frío; la otra, rudos. Uno, después de la función, espera jugar a las cartas; otro pasar una noche de amor al abrigo de los pechos de una fulana. ¿A qué viene, pobre loco, molestar a las amables musas para tal fin? Te lo digo: dales más y más, y mucho más, y así nunca te apartarás del objetivo. Intenta sólo embrollar a los hombres; satisfacerlos es muy difícil... ¿Qué prefieres, el entusiasmo o el dolor?

POETA

Anda y búscate otro esclavo ¿Debe el poeta desaprovechar frívolamente el supremo derecho que la naturales dona? ¿Con qué conmueve él a todos los corazones? ¿Con qué logra vencer todo elemento? ¿No es acaso la armonía la que, saliendo del pecho, anuda el mundo al corazón? Cuando la naturaleza, tejiendo serena, somete en el huzo la longitud infinita del hilo; cuando, provocándonos fastidio, la inarmónica multitud de todos los seres, por entreverarse unos con otros, resuena desordenada, ¿quién, dole vida, divide en intervalos esa serie monótona para que tenga ritmo?, ¿quién atrae lo aislado hacia esa consagración universal en la que tañen magníficos acordes? ¿quién hace que se desencadenen con furor las tormentas y que brille con gravedad el crepúsculo?, ¿quién esparce todas las bellas flores de la primavera por la senda que pisa la amada?, ¿quién trenza insignificantes hojas dándoles la forma de una corona merecedora de todo mérito? La fuerza del hombre puesta de manifiesto en el poeta.

PERSONAJE CÓMICO

Pues usa, entonces, esas fuerzas formidables y emprende tu labor creadora como se emprende una aventura amorosa: uno se aproxima por casualidad, siente y se queda. Poco a poco se ve atrapado y crece la dicha, pero pronto se pelea. Aunque se esté encantado, el dolor viene y, antes de que se repare, se ha acabado la novela ¡Ofrécenos una función de este tipo! Echa mano de la vida en su totalidad. Todos la viven, pero no muchos la conocen; cuando les asombre, les parecerá interesante. Poca claridad con mucho color, mucho yerro y una sombra de verdad, así fermenta la mejor bebida, que a todo el mundo refresca y reconstituye. Entonces se reunirá la flor de la juventud ante tu escena y escuchará atentamente tu mensaje, y toda alma sensible absorberá en tu obra el sustento de su melancolía. Ora este, ora el otro se emociona; cada cual ve lo que lleva en el corazón. Ya están dispuestos tanto a reír como a llorar. Todavía alaban el ímpetu; disfrutan con la apariencia. No hay nada que conmueva al ya maduro, pero el que se está haciendo, siempre lo agradecerá.

POETA

Devuélveme entonces ese tiempo en el que yo estaba aún en formación, cuando nacía siempre un manantial de cantos que salían en tumulto; cuando la niebla me velaba el mundo y los brotes prometían milagros; cuando cortaba las mil flores que llenaban todos los valles de riqueza. No tenía nada y, sin embargo, nada me faltaba: el anhelo de verdad y el placer por la alucinación. Devuélveme el empuje desatado, la profunda y dolorosa alegría, la fuerza del odio y el poder del amor, ¡devuélveme mi juventud!

PERSONAJE CÓMICO

Amigo, sólo necesitarías la juventud si los enemigos te acosaran en los combates; si adorables muchachas se colgaran con fuerza de tu cuello; si a la cabeza de una carrera de velocidad, te llamara a lo lejos la difícil meta; si, después del torbellino de la danza, pasaras la noche bebiendo. Pero hoy, viejo señor, sólo tienes que interpretar con ánimo y gracia el conocido tañido de la lira y, vacilando en dulce errar, avanzar hacia la meta que tú mismo te ha impuesto; pero no por eso te admiramos menos. No es que, como se dice, la vejez nos haga niños, sino que no alcanza siendo aún auténticos niños.

DIRECTOR

Ya habéis intercambiado suficientes palabras; hacedme ver también los hechos de una vez. Mientras os piropeáis se podría hacer algo de provecho. ¿Para qué hablar tanto de la inspiración? Esta no se le presenta nunca al que vacila. Puesto que te las das de poeta, ponte al mando de la poesía. Ya sabes lo que necesitamos: queremos bebida fuertes, ponlas a fermentar inmediatamente. Lo que hoy no ocurra, no estará hecho mañana y no hay que dejar pasar ni un solo día. Cuando se toma la decisión de crear, tiene que hacerse valientemente y, en lo posible, de inmediato; si no se la deja escapar, esta seguirá haciendo efecto, porque así ha de ser.

Sabéis que en nuestros escenarios alemanes cada cual pone a prueba lo que desea. Por eso, en este día, no escatiméis en decorados ni artilugios. Usad las luces del cielo la grande y la pequeña; podéis derrochar las estrella; que no falte ni agua, ni fuego, ni paredes de roca, ni animales, ni plantas. Que entre en la estrechez del escenario todo el círculo de la Creación y vaya, con moderada rapidez, pasando por el mundo, del Cielo al Infierno.

PRÓLOGO EN EL CIELO

Índice

(EL SEÑOR. Las Huestes celestiales. Después MEFISTÓFELE: Se acercan los tres Arcángeles.)

RAFAEL

El Sol templa, a la antigua usanza, el duelo de canto de las esferas hermanadas y culmina con un rayo su prescrito viaje. Su luz da fuerza a los ángeles, aunque ninguno puede dar razón de él. Las nobles y sublimes obras está tan espléndidas como el primer día.

GABRIEL

Y, con una velocidad inconcebible, la hermosa Tierra gira rápida sobre su eje e intercambia el esplendor paradisíaco con la noche profunda y estremecedora. Grandes oleadas de mar rompen en espuma al estrellarse en la honda base de las rocas, y estas y el mar son arrastrados por el rápido y eterno curso de la esfera.

MIGUEL

Las tempestades rugen con el desafío del mar y la tierra, de la tierra y la mar, a su alrededor e, iracundas, van trenzando una cadena del más poderoso influjo. Allí, una desolación ardiente hace brillar la senda que precede trueno; pero tus mensajeros, Señor, admiran el apacible caminar de tu día.

LOS TRES A LA VEZ

Esta visión da fuerzas a los ángeles, porque nadie puede dar razón de Ti y todas tus nobles obras están espléndidas como el primer día.

MEFISTÓFELES

Señor, ya que te acercas otra vez a preguntar cómo nos va todo por aquí, y ya que te agradó mirarme en otros tiempos, estoy de nuevo entre tu servidumbre. Perdona que no pueda hablarte con palabras elevadas, aunque de mí se mofe toda esta reunión; mi patetismo te haría reír, si no te hubieras acostumbrado a dejar de hacerlo. No sé nada sobre el sol y los mundos, sólo veo cómo se atormenta el hombre. El pequeño dios del mundo sigue igual que siempre, tan extraño como el primer día. Viviría un poco mejor si no le hubieras dado el reflejo de la luz celestial, a la que él llama razón y que usa sólo para ser más brutal que todos los animales. Lo comparo, con licencia de Vuestra Gracia, con esas cigarras zancudas que vuelan continuamente, dando saltos, y, una vez que están sobre la hierba, cantan su vieja canción. ¡Si al menos permaneciera en la hierba!, pero no, tiene que meter las narices donde no le importa.

EL SEÑOR

¿No tienes nada más que decir?, ¿sólo vienes aquí a acusar? ¿Es que no hay sobre la tierra nada bueno?

MEFISTÓFELES

No, Señor; sinceramente me parece que allí todo va tan mal como siempre. Compadezco la vida de calamidades que llevan los hombres. Ni siquiera me apetece atormentar a esos desdichados.

EL SEÑOR

¿Conoces a Fausto?

MEFISTÓFELES

¿El doctor?

EL SEÑOR

Mi servidor.

MEFISTÓFELES

Sí; y cierto es que os sirve de una manera muy peculiar. Ni la comida ni la bebida de ese insensato son terrenales. Su inquietud lo inclina hacia lo inalcanzable, pero percibe su locura sólo a medias. Le exige al Cielo las más hermosas estrellas y a la Tierra los goces más elevados y, sin embargo, nada cercano ni lejano sacia su pecho profundamente agitado.

EL SEÑOR

Aunque ahora me sirve en la confusión, pronto lo llevaré a la claridad. El jardinero sabe, cuando el arbolito echa renuevos, que le crecerán ramas y le saldrán frutas.

MEFISTÓFELES

¿Qué apostáis? Todavía habéis de perder si me permitís llevarlo a mi terreno.

EL SEÑOR

Mientras él viva sobre la tierra, no te será prohibido intentarlo. Siempre que tenga deseos y aspiraciones, el hombre puede equivocarse.

MEFISTÓFELES

Te lo agradezco, pues con los muertos nunca me he entendido muy bien. Prefiero unas mejillas frescas y gordezuelas. Con un cadáver no me encuentro nunca a gusto: me pasa lo que al gato con el ratón.

EL SEÑOR

Bien, lo dejo a tu disposición. Aparta a esa alma de su fuente originaria y, si puedes aferrarla por tu camino, llévala abajo, junto a ti. Pero te avergonzará reconocer que un hombre bueno, incluso extraviado en la oscuridad, es consciente del buen camino.

MEFISTÓFELES

¡Muy bien!, no tardaremos mucho tiempo. No me da miedo la apuesta. Permíteme, si logro mi objetivo, sentirme henchido por mi triunfo. Para mi regocijo, él tendrá que morder el polvo, como mi tía, la famosa serpiente.

EL SEÑOR

Podrás actuar con toda libertad. Nunca he odiado a tus semejantes. De todos los espíritus que niegan, el pícaro es el que menos me desagrada. El hombre es demasiado propenso a adormecerse; se entrega pronto a un descanso sin estorbos; por eso es bueno darle un compañero que lo estimule, lo active y desempeñe el papel de su demonio. Pero vosotros, auténticos hijos de Dios, disfrutad de la viviente y rica belleza. Que lo cambiante, lo que siempre actúa y está vivo, os encierre en los suaves confines del amor, y fijad en ideas eternas lo que flota en oscilantes apariencias.

(El Cielo se cierra y los Arcángeles se dispersan.)

MEFISTÓFELES

De vez en cuando me gusta ver al Viejo y me guardo de indisponerme y romper con Él. Es muy generoso que un señor tan grande tenga la bondad de hablar incluso con el diablo.

LA TRAGEDIA

Índice

PRIMERA PARTE

Índice

DE NOCHE

Índice

(En una habitación gótica, estrecha y de altas bóvedas, FAUSTO está sentado en un sillón ante su pupitre.)

FAUSTO

Ay, he estudiado ya Filosofía, Jurisprudencia, Medicina y también, por desgracia, Teología, todo ello en profundidad extrema y con enconado esfuerzo. Y aquí me veo, pobre loco, sin saber más que al principio. Tengo los títulos de Licenciado y de Doctor y hará diez años que arrastro mis discípulos de arriba abajo, en dirección recta o curva, y veo que no sabemos nada. Esto consume mi corazón. Claro está que soy más sabio que todos esos necios doctores, licenciados, escribanos y frailes; no me atormentan ni los escrúpulos ni las dudas, ni temo al infierno ni al demonio. Pero me he visto privado de toda alegría; no creo saber nada con sentido ni me jacto de poder enseñar algo que mejore la vida de los hombres y cambie su rumbo. Tampoco tengo bienes ni dinero, ni honor, ni distinciones ante el mundo. Ni siquiera un perro querría seguir viviendo en estas circunstancias. Por eso me he entregado a la magia: para ver si por la fuerza y la palabra del espíritu me son revelados ciertos misterios; para no tener que decir con agrio sudor lo que no sé; para conseguir reconocerlo que el mundo contiene en su interior; para contemplar toda fuerza creativa y todo germen y no volver a crear confusión con las palabras.

Oh, reflejo de la luna llena, por la que tantas veces velé sentado ante este pupitre hasta que aparecías, melancólico amigo, sobre los libros y los papeles, si iluminaras por última vez mi pena; ¡ay!, si pudiera andar por las cumbres de los montes bajo tu amada claridad; flotar en las grutas acompañado de espíritus; vagar en tu penumbra por los prados y, habiéndose disipado todas las brumas del saber, bañarme, robusto, en tu rocío. ¡Ah!, ¿pero seguiré preso en esta cárcel?, agujero maldito y húmedo, hecho en un muro a través del cual incluso la querida luz del cielo entra turbia al pasar por las vidrieras. Encerrado detrás de un montón de libros roídos por los gusanos y cubiertos de polvo, que llegan hasta las altas bóvedas y están envueltos en papel ahumado. Cercado por cofres y retortas, aherrojado por instrumentos y trastos de los antepasados. Este es tu mundo, ¡vaya un mundo!

¿Y aún te preguntas por qué tu corazón se para, temeroso, en el pecho? ¿Por qué un dolor inexplicable inhibe tus impulsos vitales? En lugar de la naturaleza viva, en medio de la que Dios puso al hombre, lo que te rodea son osamentas de animales y esqueletos humanos humeantes y mohosos.

¡Huye!, sal fuera, a la amplia llanura. ¿No te será suficiente compañía ese libro misterioso, autógrafo de Nostradamus? Con su ayuda reconocerás el curso de las estrellas y, cuando la naturaleza te haya instruido, aumentará en ti la fuerza del alma, como si un espíritu le hablara a otro. En vano tratarás de explicar los sagrados signos mediante la ayuda de la árida reflexión; ¡volad, oh espíritus, junto a mí y decidme si me oís! (Abre el libro y serva el signo del Macrocosmos.) ¡Ah!, qué deleite corre de súbito, al mirarlo, todos mis sentidos. Siento cómo la joven y santa felicidad vital me fluye por músculos y las venas con renovado ardor. ¿Fue acaso un Dios el que escribió estos signos que calman el furor de mi interior, llenan mi pobre corazón de gozo y, con un impulso secreto, me desvelan las fuerzas naturales? ¿Soy acaso, un dios? Todo se llena de claridad. En estos trazos puros se evidencia ante mi espíritu la activa naturaleza. Ahora sí que entiendo lo que dice el sabio: «No está cerrado el mundo espiritual; son tus sentidos los que están cerrados, es tu corazón el que está muerto; discípulo, levanta, y baña infatigablemente tu pecho terrenal en la aurora». (Observa el signo.)

¡Cómo se entreteje el conjunto de las cosas en el Todo y cómo lo uno repercute y vive en lo otro! ¡Cómo las fuerzas celestiales suben y bajan y se siguen los áureos cangilones! ¡Con un vaivén que huele a bendición, bajan desde el cielo a recorrer la tierra y hacen que resuene en armonía el universo!

¡Qué espectáculo!; pero, ay, ¡es sólo un espectáculo! ¿Dónde te comprenderé, naturaleza infinita? ¿Dónde estáis, pechos, fuentes de la vida de las que penden el cielo y la tierra y adonde el corazón marchito acude? Vosotros manáis en torrentes y alimentáis el mundo; ¿languidezco yo en vano? (Hojea el libro de mala gana y ve el signo del Espíritu de la Tierra.)

¡Qué diferente es el efecto de este signo sobre mí! Tú, Espíritu de la Tierra, me resultas más cercano. Siento que mis fuerzas aumentan, ardo como si hubiera bebido un vino nuevo; siento valor para aventurarme por el mundo, para afrontar el dolor y la fortuna que me reporte la tierra, para adentrarme en la tempestad y no temer el crujido de la nave al zozobrar. Las nubes se amontonan sobre mí, la luna oculta su luz, la lámpara se extingue, el ambiente está húmedo. Unos rayos rojos se concentran sobre mi cabeza, un estremecimiento va descendiendo desde la bóveda y se hace dueño de mí. Siento que flotas sobre mí, espíritu anhelado, ¡revélate! Ah, ¡cómo se desgarra mi corazón! Mis sentidos se abren a nuevos sentimientos. Mi corazón está plenamente entregado a ti. ¡Revélate!, aunque me cueste la vida. (Toma el libro y pronuncia misteriosamente el signo del ESPÍRITU. Se enciende una llama rojiza y el ESPÍRITU aparece en la llama.)

ESPÍRITU

¿Quién me llama?

FAUSTO (Volviendo la cara.)

¡Qué aterradora visión!

ESPÍRITU

Me has atraído aquí con gran poder, absorbiéndome lejos de mi esfera; y ahora, ¿qué?

FAUSTO

¡Vete!; no te soporto.

ESPÍRITU

Has suplicado, hasta quedarte sin aliento, poder contemplarme, poder oír mi voz y ver mi cara; el fuerte anhelo de tu alma me ha atraído aquí, y aquí estoy. ¡Qué deplorable pavor se ha apoderado de ti, superhombre! ¿Dónde está la llamada del alma? ¿Dónde está el pecho que creó un mundo dentro de sí, lo portó, lo cuidó y, temblando de gozo, se engrandeció para elevarse a nuestra altura, la de los espíritus? ¿Dónde está Fausto, cuya voz resonó para que acudiera? ¿Eres tú el que, al respirar mi hálito, tiembla en lo más profundo de su vida, gusano asustadizo y encogido?

FAUSTO

¿Podría eludirte, hijo de la llama? Yo soy Fausto; yo soy tu semejante.

ESPÍRITU

En las mareas de la vida, en la tempestad de la acción, si y bajo en oleadas, me agito de un lado para otro. El nacimiento y la sepultura son un mar eterno, una trama cambiante, una vida candente que voy tejiendo en el veloz telar del tiempo, para hacerle a la divinidad su manto viviente.

FAUSTO

Tú, que das vueltas por el ancho mundo, ¡qué cercano me siento a ti, atareado espíritu!

ESPÍRITU

Te asemejas al espíritu que concibes, no a mí. (Desaparece.)

FAUSTO (Desplomándose.)

¿No a ti? Entonces, ¿a quién me asemejo? Yo, imagen de Dios, ni siquiera soy semejante a ti. (Llaman.) Oh, muerte, ya sé quién es: es mi fámulo. ¡Mi más hermozo gozo se echa a perder! ¡Que este ser rastrero y mezquino interrumpa semejante riqueza de visiones!

(Entra WAGNER en batín y gorro de dormir y con una lámpara en la mano. FAUTO se vuelve de mala gana.)

WAGNER

¡Perdone!, le he escuchado declamar; ¿no leía usted una tragedia griega? Me gustaría iniciarme en ese arte, pues resulta provechoso hoy en día. He oído muchas veces que un actor puede aleccionar a un predicador.

FAUSTO

Siempre y cuando el predicador sea un actor, lo cual puede muy bien pasar en los tiempos que corren.

WAGNER

¡Ay!, estando tan encerrado en el museo y viendo el mundo apenas los días de fiesta, y eso a través de un catalejo, sólo desde una distancia lejana, ¿cómo queréis que lo domine por la persuasión?

FAUSTO

Si no lo sientes, no lo lograrás; si no brota de tu alma y no consigues estremecer los corazones de todos los oyentes con un placer fuerte y primario, limítate a sentarte. Reúne piezas, prepara un ragú con las sobras de otros y reaviva las miserables llamas de tu diminuto montón de cenizas. Agradando el paladar obtendrás la admiración de los niños y de los monos, pero no conseguirás conmover otros corazones si del corazón nada te sale.

WAGNER

Sólo la oratoria reporta fortuna al orador, pero siento que estoy muy atrasado en este arte.

FAUSTO

¡Busca una ganancia honrada! ¡No seas como el bufón que hace sonar las campanillas! La razón y el buen sentido se manifiestan con muy poco arte, y si te tomas en serio el decir algo, ¿necesitarás entonces las palabras? Sí. Tus discursos de gran brillo, en los que sacas punta a todo asunto humano, son tan molestos como el viento otoñal que, acompañado de bruma, sopla entre las hojas.

WAGNER

¡Ay, Dios!, el arte es largo, pero nuestra vida corta. En mis afanes críticos, siento muchas veces miedo en la cabeza y en el pecho. ¡Qué difícil es obtener los medios con los que ascender hasta las fuentes! Antes de haber llegado a la mitad del camino, uno, pobre diablo, habrá de morirse.

FAUSTO

¿Es el pergamino una fuente sagrada de la que un sorbo saciará nuestra sed para la eternidad? No, no repararás tu sed si la bebida no brota de ti mismo.

WAGNER

Discúlpeme y permítame que le diga que es un gran placer trasladarse al espíritu de otros tiempos, ver cómo pensó el sabio antes de nosotros, y cómo hemos continuado admirablemente nuestro camino.

FAUSTO

Sí, ¡hasta las estrellas hemos llegado! Amigo mío, el pasado es para nosotros un libro de siete sellos. Eso que llamas el espíritu de otros tiempos no es más que el espíritu de aquellas personas en las que los tiempos se reflejan. Y la verdad es que, a menudo, son una auténtica lástima; vamos, para echar a correr sólo de verlos: un saco de inmundicia o un desván, o todo lo más un drama histórico con espléndidas máximas morales de tipo pragmático, como las que se ponen en boca de los títeres.

WAGNER

Pero algo sabría cada uno de ellos de lo que son el mundo y el corazón y el talante humanos.

FAUSTO

Sabrían lo que normalmente se llama saber; pero, ¿quién se atreve realmente a poner los puntos sobre las íes? Los pocos que sabían algo, y que insensatamente no se cuidaron de expresar lo que llevaban en su lleno corazón, mostrando a la plebe su sentimiento y su punto de vista, fueron crucificados o llevados a la hoguera. Pero, perdona amigo, la noche está muy avanzada; hemos de interrumpir nuestra conversación por esta vez.

WAGNER

De buena gana me mantendría en vela para seguir hablando con usted con tanta erudición. Pero mañana que es primer día de Pascua, déjeme que le haga otras preguntas. Me he entregado, diligente, al estudio, pero, aunque sé mucho, me gustaría saberlo todo. (Se va.)

FAUSTO (Solo.)

¡Cuánto tarda en disiparse la esperanza en la cabeza de quien se aferra a bagatelas y, escarbando curiosamente en busca de tesoros, se siente feliz si encuentra lombrices. ¿Cómo es posible que en este lugar, donde me rodea una multitud de espíritus, se haya atrevido a dejarse oír la voz de semejante hombre? Pero, ay, por esta vez debo agradecerle al más mísero de los hijos de la tierra el haberme arrancado de la desesperación que amenazaba con destrozarme los sentidos. La aparición fue tan colosal que no pude menos que sentirme como un enano.

Yo, imagen de Dios, que creía hallarme muy cerca de la verdad eterna, me había despojado de mi ser terreno y gozaba de mí mismo en el fulgor y la claridad celestiales; yo, creyéndome superior a un querubín, derramaba la fuerza libre por las venas de la naturaleza y me atrevía, lleno de esperanza, a disfrutar de una vida de dioses, creando. ¡Cómo habría de pagarlo! ¡Un trueno me ha aniquilado!

No debo pretender asemejarme a Ti. Aunque tuve fuerzas para atraerte, me faltan para retenerte. En aquel instante de gran ventura, me sentí al mismo tiempo tan grande y tan pequeño: tú me has lanzado con un empujón cruel al destino inseguro de los hombres. ¿Quién me enseñará ahora?, ¿qué debo evitar?, ¿debo obedecer a aquel impulso? Tanto nuestros actos como nuestras pasiones estorban el fluir de nuestra vida.

A lo mejor que el alma ha acogido se añade más y más materia extraña. Cuando alcanzamos lo bueno de este mundo, le damos el nombre de locura y engaño. Los magníficos sentimientos que nos llenaron de vida, se quedaron anquilosados en el caos del mundo. Si con audaz vuelo la fantasía se lanza, esperanzada, ampliando el espacio hacia el infinito, le basta luego un pequeño recodo si, pasada la fortuna, fracasa en el torbellino del tiempo. La preocupación anida de inmediato en las profundidades del corazón; allí da pábulo a secretos dolores, se mece, inquieta, y perturba el plan y la calma; se cubre constantemente con máscaras nuevas: puede aparecer como casa y corte, corno mujer y niño, como fuego y agua, daga y veneno; pero, sobre todo, te estremece lo que no te afecta y siempre lloras lo que nunca pierdes.

¡No soy como los dioses!, bien lo noto. Soy como un gusano que escarba el polvo y al que, nutriéndose de polvo, aplasta y sepulta la pisada del caminante.

¿No es polvo lo que en esa alta pared de cien balda me sofoca? ¿No hay polvo en los mil cachivaches que me abruman y me confinan en este mundo de polillas? ¿Habré de leer, quizá, en miles de libros, que por todas partes los hombres se torturan y que aquí y allá hubo uno feliz? ¿De qué te ríes sardónicamente, hueca calavera? ¿Se extravió tu seso como el mío? ¿Buscó el día claro y, ansiando la verdad, se perdió lamentablemente en el crepúsculo? Instrumentos, ya sé que me hacéis burla con vuestras ruedas, dientes, cilindros y planchas: yo estaba junto a la puerta y tendríais que haberme servido de llave pero a pesar de que vuestras barbas están rizadas, no abrís el cerrojo. Misteriosa en pleno día, la naturaleza no se deja quitar el velo, y lo que ella no muestra a tu espíritu no lo puedes forzar tú con palancas y tornillos. Tú, viejo trasto que no he usado, sólo estás aquí porque mi padre te utilizó. Tú, viejo pergamino, te has ennegrecido con el humo de la lámpara que está sobre el pupitre. ¡Mas me hubiera valido disipar mis pocos haberes, que vivir agobiado con ellos! Lo que se hereda de los padres, has de ganarlo para llegar a hacerlo tuyo. Lo que no se utiliza se convierte en pesada carga; sólo lo que el instante crea puede ser usado por este.

Pero, ¿por qué se fija mi vista en aquel punto? ¿Es ese frasquito un imán para los ojos? ¿Por qué, de pronto, todo se vuelve dulce claridad para mí, como si en el bosque de la noche me iluminara el fulgor de la luna?

Te saludo, redoma singular, que ahora, con respeto cojo de tu estante. En ti venero el ingenio y la habilidad del hombre. Tú, síntesis de todos los propicios jugos que adormecen, tú, extracto de sutil fuerza mortal, ¡concédele tus favores a tu dueño! Te miro y el dolor queda paliado; te tomo y se moderan mis ansias, la marea del alma va bajando más y más. Soy transportado hacia alta mar, el espejo del agua brilla a mis pies: un nuevo día llama a orillas nuevas.

Un carro de fuego vuela en leve vaivén y se me acerca. Estoy dispuesto a cruzar por nuevas sendas y llegar a nuevas esferas de actividad pura. ¿Vas a merecer tú, que aún eres un gusano, esta alta vida, este placer de dioses? ¡Sí, sólo consiste en volverle decidido la espalda al dulce sol de esta tierra! Prepárate a forzar las puertas ante las que todos quieren pasar de largo. Ya es hora de demostrar mediante hechos que la dignidad del hombre no cede ante la grandeza de los dioses; que no siente temor cuando se encuentra ante esa oscura sima en la que la fantasía se condena a su propio tormento; que no elude adentrarse por ese estrecho pasaje, alrededor de cuya abertura arde en llamas el infierno entero; que puede, resuelto, decidirse a dar ese paso, aun a riesgo de convertirse en nada.

Baja pues, recipiente límpido, recipiente de cristal. Sal de tu viejo estuche, en el que no he pensado durante muchos años. En las fiestas paternas relucías y alegrabas a los graves invitados cuando pasabas de mano en mano. Era obligación del que bebía explicar el rico lujo y arte de tus relieves y vaciarte de un trago. Esto me recuerda a muchas noches de mi juventud. En esta ocasión no tengo que pasarte a mi vecino, ni he de mostrar mi ingenio al ver tus adornos; aquí hay un jugo que produce una rápida embriaguez y que, con oscuro fluir, colmará mi vaciedad. Sea este el último trago que prepare y elija. Lo dedico, con toda mi alma, como saludo festivo y solemne, a la mañana. (Se lleva el recipiente a la boca.)

(Repique de campanas y cánticos de coros.)

CORO DE LOS ÁNGELES

¡Cristo ha resucitado!

Alegría al mortal,

al que estaba sumido

en funestas, insidiosas

y heredadas taras.

FAUSTO

¿Qué profunda melodía, qué sonido claro aparta con fuerza el vaso de mi boca? Campanas silenciosas, ¿anunciáis ya la primera hora de la Pascua? Coros, ¿cantáis el canto de consuelo que en la noche de la Vigilia pascual fue entonado por los labios de los ángeles y sirvió de testimonio de la Nueva Alianza?

CORO DE LAS MUJERES

Con perfumes y ungüentos lo embalsamamos.

Nosotras, sus fieles, allí lo dejamos.

Con vendas y lienzos, pulcro, lo envolvimos.

Mas, de vuelta al Sepulcro, a Cristo no vimos.

CORO DELOS ÁNGELES

¡Cristo ha resucitado!

Dichoso quien lo amó,

pues superó la prueba

que, aun siendo dolorosa,

nos da la salvación.

FAUSTO

¿Por qué me buscáis, melodías celestiales, con fuerza y dulzura a la vez, a mí, que estoy sumido en el polvo? Sonad donde haya hombres más sensibles. Oigo el mensaje, pero me falta la fe. No me atrevo a elevarme a esas esferas de donde procede la Buena Noticia, pero este son que oí de niño me llama de nuevo hacia la vida. El beso del amor celestial caía sobre mí en la grave tranquilidad de la fiesta; entonces, sonaban las campanas llenas de presagios y era un placer ardiente la oración. Un anhelo noble e inconcebible me impulsaba a andar por bosques y praderas entre miles de cálidas lágrimas; sentía que un mundo nacía ante mí. Esta canción me anunciaba animados juegos juveniles y de libre dicha en la primavera. Hoy, el recuerdo, con sentimientos pueriles, hace que retroceda ante el último y grave paso. ¡Seguid sonando, cantos celestiales! ¡Las lágrimas caen, la tierra me recobra!

CORO DE LOS DISCÍPULOS

Mientras que el sepultado

vivo, sublime y espléndido

por fin ha resucitado

y está del gozo creador

cercano, aquí nosotros,

aferrados a la tierra,

penarnos. Él nos dejó

en congoja a los suyos.

¡Ay!, ¡cómo hemos de llorar,

maestro, la gloria tuya!

CORO DE LOS ÁNGELES

¡Cristo ha resucitado

de tu seno, corrupción!

Liberad vuestras cadenas.

Alabadle, activos;

demostradle vuestro amor,

comed fraternalmente,

predicadlo en viajes,

anunciad la Salvación.

El maestro, cercano,

siempre irá con vosotros.

ANTE LA PUERTA DE LA CIUDAD

Índice

(Salen paseantes de toda índole.)

ALGUNOS APRENDICES

¿Por qué salís?

OTROS

Porque vamos a la Hostería de los Cazadores.

LOS DE ANTES

Queremos ir paseando al molino.

UN APRENDIZ

Os aconsejo que vayáis a Wasserhof.

APRENDIZ 2.°

El camino hasta allí no es bonito.

LOS DEMÁS

Entonces, ¿qué haces tú?

APRENDIZ 3.°

Yo voy con los demás.

APRENDIZ 4.°

Vayamos hasta Burgdorf: seguro que allí encontraremos las muchachas más guapas y la mejor cerveza.

APRENDIZ 5.°

Compañero de juergas. ¿Quieres que te den una paliza por tercera vez? No quiero ir allí, me espanta ese lugar.

CRIADA

No, no, ¡yo regreso a la ciudad!

OTRAS CRIADAS

Seguro que lo encontramos junto a esos chopos.

LA ANTERIOR

Para mí no es nada seductor; él se pondrá a tu lado, él solo bailará contigo en la explanada. ¡Qué gano yo con tu suerte!

OTRA

Seguro que hoy no está solo; nos ha dicho que el del pelo rizado vendrá con él.

ESTUDIANTE

¡Caramba con los andares de esas buenas mozas! Hermano, vamos, tenemos que acompañarlas. Cerveza recia, tabaco aromático y una criada bien vestida: eso es lo que me gusta.

UNA SEÑORITA

¡Mira aquellos apuestos muchachos! Es una auténtica vergüenza. Pudiendo tener la compañía más selecta, persiguen a esas criadas.

ESTUDIANTE 2.°(Al primero.)

No tan rápido. Por allí vienen dos delicadamente arregladas. Mi vecina es una de ellas; me siento muy atraído por esa muchacha. Van con paso tranquilo, pero acabarán por alcanzarnos.

ESTUDIANTE 1.°

No, hermano, no quiero exquisiteces.. La mano que movió la escoba el sábado, te acaricia el domingo como nadie.

UN BURGUÉS

No, no me gusta el nuevo alcalde. Desde que desempeña su cargo está cada día más insolente. Y ¿qué hace por la ciudad? ¿No está cada vez peor? Hay que obedecer más que nunca y pagar más que en ningún tiempo anterior.

UN MENDIGO (Canta.)

Distinguidos señores y bellas damas

elegantes y de suave tez,

dignaos echarme una mirada,

y en vano no sonarás, organillo.

Sólo es feliz aquel que puede dar.

El día que es de fiesta para todos

es para mí un día de cosecha.

OTRO BURGUÉS

Los domingos y la fiestas no hay nada mejor que charlar de guerras y batallas, mientras que allá, en la lejana Turquía, los pueblos luchan entre sí. Uno bebe su vaso sentado junto a la ventana, ve las barcas engalanadas que van río abajo y vuelve a casa bendiciendo las épocas de paz.

TERCER BURGUÉS

Eso mismo hago yo, señor vecino, y allá pueden abrirse la cabeza y todo puede andar revuelto con tal de que en casa todo siga como siempre.

VIEJA (A las señoritas.)

¡Ay, qué elegantes!, ¡la hermosa sangre joven! ¿Quién no se fijará en vosotras? Pero no seáis tan orgullosas, ya está bien. Sabré conseguir lo que queréis.

UNA SEÑORITA

¡Vamos, Agathe! Me cuidaré mucho de que me vea la gente en compañía de esta bruja. Ella hizo que en la noche de San Andrés viera en carne y hueso a mi futuro amado.

LA OTRA

A mí me lo enseñó por un cristal. Tenía aspecto marcial iba junto a otros valientes. Mas yo miro alrededor y lo busco por todas partes sin encontrarlo.

SOLDADOS

Me gustaría ganar

fortalezas con altas

murallas y almenas,

muchachas de altiva

y despectiva alma.

Audaz es la empresa,

magnífico el premio.

Hagamos resonar

la trompeta llamando

para la destrucción

igual que para el gozo.

Esto es un asedio.

Esto es una fiesta.

Mozas y fortalezas

pronto nuestras serán.

Audaz es la empresa,

magnífico el premio,

y los bravos soldados

continúan su marcha.

(FAUSTO y WAGNER.)

FAUSTO

Los ríos y los arroyos están libres ya de hielo gracias a la dulce y vivificante mirada de la primavera. En el valle brota verde la alegría de la esperanza. El viejo invierno, en su decrepitud, se retira a los ásperos montes. Desde allí, fugitivo, manda a ráfagas, sobre las llamas que verdean, un imponente chaparrón de granizo. Pero el sol no tolera nada blanco, todo se agita en formación y crecimiento, todo quiere tomar vida llenándose de colores. Aunque faltan flores en esta zona, son suplidas por personas bien arregladas. Vuélvete a mirar desde esta altura la ciudad que está allá detrás. De la puerta oscura y hueca sale una abigarrada muchedumbre. Hoy todos gustan de tomar el sol. Celebran la Resurrección del Señor y ellos también están resucitados. Saliendo de las silenciosas habitaciones de casas bajas, despojándose de las ataduras de talleres y gremios, liberándose de la opresión de techos y fachadas, zafándose de la estrechez aplastante de las calles y habiendo culminado una velada de respetuosa piedad en la iglesia, todos van hacia la luz. ¡Mira!, mira con qué afán la gente se dispersa por campos y jardines. Mira cómo el río mueve a lo largo y a lo ancho todos esos divertidos botes y esa última lancha va alejándose cargada, a punto de zozobrar. Incluso desde los caminos de los montes llegan hasta aquí destellos del color de sus trajes. Escucho ya el tumulto de la villa, este es el auténtico cielo del pueblo. Los mayores y los pequeños proclaman alegres: aquí soy hombre, aquí puedo serlo.

WAGNER

Pasear con usted, Doctor, es un honor y es provechoso, pero no me gustaría perderme solo, pues soy enemigo de todo lo rudo. El rascado de los violines, el griterío y el caer de los bolos es un ruido odioso. Alborotan como si estuvieran poseídos por un espíritu maligno y a ese alboroto lo llaman alegría, lo llaman canto.

CAMPESINOS (Cantando y bailando bajo un tilo.)

El pastor se arrregló para el baile;

Con su chaqueta de color, pañuelo

y faja, iba soberbio y flamante.

El gentío ya estaba junto al tilo

y bailó hasta la misma locura.

¡Hurra!, ¡hurra!,

¡viva!, ¡ea!

El violín resonará.

Él avanza con rapidez y empuje.

Bailando, topa con una muchacha.

Pícaro, la golpea con un codo.

La buena moza vuelve la mirada

y dice: qué tonto eres gañán.

¡Hurra!, ¡hurra!,

¡viva!, ¡ea!

Nunca grosero serás.

Pero el corro da vueltas muy deprisa,

bailando a la derecha y a la izquierda,

y las faldas se ponen a volar.

Todos enrojecían sofocados

y descansaban sin soltar los brazos.

¡Hurra!, ¡hurra!,

¡viva!, ¡ea!

La cadera contra el codo.

Conmigo no tengas tantas confianzas.

Muchos ha habido que engañaron

y traicionaron a su prometida.

El se la llevó aparte, zalamero,

y lejos del tilo la conquistó.

¡Hurra!, ¡hurra!,

¡viva!, ¡ea!

Gritos y son del violín.

VIEJO CAMPESINO

Doctor, es muy amable por su parte no despreciarnos en un día como hoy, y es bueno que en medio de este tumulto de gente se encuentre un hombre tan sabio como usted. Tome la jarra más hermosa, que hemos llenado con bebida fresca; se la entrego y deseo que no sólo sacie su sed sino que su vida dure tantos días como gotas ella contenga.

FAUSTO

Tomo la refrescante bebida y brindo por vosotros con gratitud.

(La gente se reúne en corro a su alrededor.)

VIEJO CAMPESINO

Realmente está muy bien que aparezca usted en días de alegría, al igual que fue bueno con nosotros los días malos. A buen número de los que hay aquí los arrancó su padre a última hora de la tórrida furia de la fiebre, cuando supo ponerle coto a la epidemia. También entonces, usted, que era un hombre joven, visitaba a los enfermos en sus casas. Se sacaron muchos cadáveres, pero usted salió indemne y superó muchas pruebas duras. El que ayuda recibe la ayuda de Aquel que ayuda desde arriba.

TODOS

Brindemos por el hombre protegido que puede seguir dando ayuda.

FAUSTO

Inclinaos siempre ante el Altísimo que enseña a ayudar y envía ayuda. (Prosigue su camino con WAGNER.)

WAGNER

Qué sensación debe experimentar al ver cómo lo admira el pueblo. Feliz aquel que de sus talentos puede obtener tal beneficio. Los padres le señalan diciéndoles a sus hijos quién es usted. Todos preguntan, corren y se agolpan. El violín para de tocar y el danzante se detiene. Todos se abren respetuosos a su paso; los gorros vuelan por lo alto y falta poco para que se arrodillen, como si en lugar de usted pasara el Venerabile.

FAUSTO

Andemos un poco más hasta aquellas piedras, allí descansaremos del paseo. He estado muchas veces aquí, miditando, y me torturaba con oraciones y ayuno. Rico en esperanza y firme en fe, con llantos, suspiros, y las manos juntas e implorantes, creía que obligaba al Señor del Cielo a que acabara con aquella peste. El aplauso del pueblo me suena a burla. ¡Si pudieras leer en mi interior lo poco que padre e hijo merecíamos tales alabanzas! Mi padre era un individuo sospechoso que pensaba con visionario afán sobre la naturaleza y sus ciclos sagrados. Lo hacía con honradez, pero a su manera. Se encerraba en la cocina negra en compañía de adeptos y, después de interminables formulas, conseguía reunir los contrarios. Allí un León Rojo, uno libre y audaz, era desposado en tibio baño con el Lirio y ambos eran torturados con fuego vivo y llameante para pasar de una cámara nupcial a otra y, así, finalmente, surgía la Joven Reina en el cristal. Ahí estaba el medicamento; los pacientes morían y nadie se preguntaba quién había sido curado. Con nuestros elixires infernales hicimos por estos valles y estos montes estragos muchos peores que los de la peste. Yo mismo di a muchos el veneno y ellos se fueron marchitando, y hoy tengo que ver cómo alaban al desvergonzado criminal.

WAGNER

¿Cómo puede usted abrumarse por eso? ¿No hace suficiente un hombre honrado con ejercer concienzuda y puntualmente la profesión que se le enseñó? Si de joven admiras a tu padre, recibirás con gusto lo que él sepa; si, siendo ya un hombre, aumentas esa ciencia, tu hijo podrá alcanzar metas más altas.

FAUSTO

Oh, ¡feliz aquel que todavía tiene esperanza de emerger de este mar de confusión! Lo que se necesita no se sabe, lo que se sabe no se puede usar. Pero no llenemos de pesar esta hora de hermoso bien. Mira cómo resplandecen esas chozas a la luz ardiente del atardecer, rodeadas de hierba. El sol se aleja y cede, pero el día sobrevive, pues aquél marcha hacia otro lugar donde animará nueva vida. ¡Cómo desearía que unas alas me elevaran del suelo y pudiera acercarme a él más y más! Entonces, en el fulgor perenne del ocaso, vería a mis pies al tranquilo mundo: encendidos los altos, serenos los valles y el arroyo de plata fluyendo en corriente dorada. Este vuelo, propio de dioses, no se vería impedido por el salvaje monte lleno de barrancos, y entonces, el mar, con sus tibias ensenadas, se abriría a mis ojos asombrados. Pero, finalmente, parece que el dios Sol se hunde, tan sólo sigue despierta el ansia. Me apresuro para beber su luz eterna. Ante mí, el día, y tras de mí, la noche; sobre mí, el cielo, y abajo, el oleaje. Es un hermoso sueño, pero él se escapa. Ah, no es tan fácil que a las alas del alma se añadan otras del cuerpo. Sin embargo, en todos es innato que su sentir se eleve y adelante, cuando, perdida en el cielo azul, la alondra gorjea su canto, cuando el águila flota sobre las escarpadas cimas plagadas de pinos, y cuando, sobre las llanuras y los mares, la grulla va en busca de su patria.

WAGNER

Yo también he tenido fantasías, pero nunca he sentido ese impulso. Los bosques y los campos hastían pronto; nunca envidiaré las alas de los pájaros. De qué manera tan distinta los placeres del espíritu nos llevan de libro a libro, de página a página. Así, las noches de invierno se hacen agradables y bellas; una vida tranquila da calor a todos los miembros. Y ¡ah!, si aciertas a desplegar un buen pergamino, el cielo entero baja hasta ti.

FAUSTO

Sólo eres consciente de un impulso. ¡Nunca aprendes el otro! Dos almas, ay, viven en mi pecho. Una quiere separarse de la otra. Una, con recio amor a la vida, se aferra al mundo sirviéndose de sus miembros prensiles; la otra se eleva con fuerza desde el polvo y va hacia los campos de los nobles antepasados. Oh, si es verdad que hay espíritus en el aire que flotan entre la tierra y el cielo, que desciendan desde la áurea neblina y que me lleven a una nueva vida llena de colores. Si tuviera un manto mágico que me transportara a tierras lejanas, sería mi mejor gala y no lo cambiaría por el manto de un rey.

WAGNER

No nombre a este conocido ejército de espíritus que, tormentoso, se despliega por la atmósfera y, desde todos los extremos del mundo, acecha al hombre con múltiples peligros. Desde el Norte se acerca el estrago de los espíritus, armado con sus lenguas puntiagudas; cuando desde Naciente estas avanzan resecas, se alimentan de tus pulmones; cuando el Mediodía te las manda desde el desierto, el ardor se acumula en tu coronilla; entonces, el Oeste trae el enjambre que, primero, refresca, pero luego agosta el campo y el prado. Gustan de escucharnos, pues están preparados para provocarnos daño; gustan de obedecer, porque les encanta engañarnos; se presentan como enviados del Cielo y cuando mienten susurran angelicalmente. Pero, ¡vámonos!, el mundo se oscurece, el aire se enfría, la niebla desciende. A la caída de la noche se empieza a apreciar el calor del hogar. ¿Por qué se para asombrado?, ¿qué atrapa su atención en la penumbra?

FAUSTO

¿Ves a ese perro negro andando por los sembrados y los rastrojos?

WAGNER

Hace rato que lo veo. No me ha llamado la atención.

FAUSTO

¡Míralo bien!, ¿qué te parece?

WAGNER

Un perro de aguas que, a su manera, sigue el rastro de su dueño.

FAUSTO

¿No notas cómo se va acercando a nosotros describiendo amplias curvas? Y, si no me equivoco, va dejando remolinos de fuego a su paso.

WAGNER

No veo más que un perro de aguas negro; quizás esté sufriendo usted una alucinación.

FAUSTO

Parece como si fuera trazando leves lazos mágicos que acabarán atando nuestros pies.

WAGNER

Yo lo veo rodearnos, inseguro y temeroso, porque en vez de su amo ve dos desconocidos.

FAUSTO

¡El círculo se estrecha, ya está cerca!

WAGNER

¿No lo ve? Ahí hay un perro, no un fantasma. Gruñe, remolonea, se echa sobre la tripa, mueve la cola. ¡Igual que todos los perros!

FAUSTO

¡Acompáñanos! ¡Ven aquí!

WAGNER

Es un animal muy gracioso: si te paras, se queda esperándote; si pierdes algo, lo va a buscar, y si se te cae el bastón, se tira al agua por él.

FAUSTO

Tienes razón, no encuentro rastro alguno de un fantasma. Todo lo que hace es fruto de su adiestramiento.

WAGNER

Incluso el sabio se siente atraído por el perro cuando está bien. Sí, él merece su favor, pues es un aventajado aprendiz de muchos estudiantes.

GABINETE DE ESTUDIO

Índice

FAUSTO (Entrando acompañado del perro de aguas.)

He dejado atrás el campo y la pradera, cubiertos por la oscura noche que, con un miedo sacro, lleno de presagios, despierta en nosotros la mejor alma. Los impulsos salvajes, con su impetuosa fogosidad, se han sumido en el sueño. Ahora despierta el amor humano y el amor a Dios va animándose.

¡Quieto, perro! ¡No corras de acá para allá! ¿Qué olfateas aquí, en el umbral? Túmbate tras la estufa, te daré mi mejor cojín. Así como en el escarpado sendero nos divertiste con tus carreras, deja ahora que te cuide como a huésped tranquilo y bienvenido.

Ay, cuando en esta estrecha celda la lámpara arde de nuevo, amigable, en nuestro pecho hay claridad, la del alma que se conoce a sí misma. La razón empieza a hablar de nuevo y la esperanza florece otra vez. Se añoran los arroyos de la vida, se ansía llegar a las fuentes de la vida.

No gruñas, chucho. El ruido animal no armoniza con las sagradas músicas que ahora envuelven mi alma. Estamos acostumbrados a que los seres humanos se rían de lo que no entienden, a que rezonguen ante lo bueno y lo bello, que a menudo les resulta fastidioso. ¿Gruñe también el perro como los hombres?

Pero, ay, ya no siento brotar satisfacción de mi pecho, aunque ponga en ello el mayor de mis empeños. ¿Por qué tiene que secarse tan pronto el arroyo y hemos de sufrir sed una vez más? Ya he experimentado eso en muchas ocasiones, pero sé cómo satisfacer esa carencia. Aprendamos a valorar lo sobrenatural: ansiemos la revelación, que en ningún lugar refulge con mayores dignidad y hermosura que en el Nuevo Testamento. Siento el impulso de abrir este volumen con el texto original y, con honesto sentimiento, traducir de nuevo el sagrado texto a mi alemán querido. (Abre el volumen y se dispone a leerlo.)

Aquí dice: «En el principio fue la Palabra». Ya empiezo a atascarme, ¿quién me ayudará a seguir? No puedo darle tanto valor a la Palabra. Tengo que traducirlo de otra manera. Si el Espíritu me iluminara... Aquí dice: «En el principio fue el Pensamiento». Piensa bien en esta línea, la primera; que tu pluma no se apresure. ¿Es el pensamiento el que todo lo crea y por el que todo se obra? Tal vez ponga «En el principio fue la Fuerza». Pero ya, al escribirlo, algo me dice que no he de dejarlo así. Me ayuda el Espíritu, veo cuál es su consejo y escribo confiado: «En el principio fue la Acción».

Si quieres compartir el cuarto conmigo, perro, deja ya de ladrar. No quiero sufrir la cercanía de un compañero tan molesto. Uno de los dos tendrá que abandonar la celda. Con disgusto deniego tu derecho a disfrutar de mi hospitalidad. Te abro la puerta, tienes libre el camino. Pero ¿qué veo? ¿Puede ocurrir esto en la naturaleza? ¿Es una sombra o realidad? ¿Qué es lo que hace que mi perro de aguas crezca y se hinche? Se alza violentamente. Esa no es la forma de un perro. ¿Qué fantasma he metido en esta casa? Ahora tiene el aspecto de un hipopótamo de ojos de fuego y dientes espantosos. Oh, serás mío, seguro. Para estos engendros del infierno es buena la Clave de Salomón.

ESPÍRITUS

Dentro hay uno preso,

no lo sigáis, quedaos.

Como en la trampa el zorro,

tiene miedo el demonio.

Mas, atención, ¡mirad!

Volad de un lado a otro.

Volad de arriba abajo,

y así se zafará.

Tenéis que ayudarlo,

no lo dejéis plantado,

pues a todos nosotros

nos colmó de favores.

FAUSTO

Para acercarme al animal emplearé ahora el conjuro de los cuatro: «¡Que arda la Salamandra! ¡Que la Ondina se enrosque! ¡Que desaparezca el Elfo y que el Duende trabaje!». Aquel que nada sabe sobre los elementos, sobre su enorme fuerza, sobre sus propiedades, nunca logrará dominar a los espíritus. «¡Desaparece en llamas, Salamandra! ¡Fluye en la rauda corriente, Ondina! ¡Elfo, brilla en el bello meteoro! ¡Duende, trae ayuda hogareña! ¡Adelántate y cierra la marcha!»

Ninguno de los cuatro está en el animal, pues está tranquilo y le rechinan los dientes. Todavía no le he hecho daño. Pero me has a oír; te invocaré aún más. ¿Acaso, compañero, te has escapado del infierno? Mira entonces el símbolo ante el que se posterna el oscuro ejército. Ya se hincha y se le erizan los pelos. Ser vil y depravado, ¿acaso distingues la presencia del de insondable origen, del jamás nombrado y enviado del Cielo, vilmente asesinado? Tras la estufa, escondido, se hincha como un elefante y llena el cuarto entero; desea escapar. ¡No subas hasta el techo! ¡Quédate a los pies del maestro! Yo no amenazo en vano. ¡Obedece o te abraso! No quieras esperar la luz del triple fuego. No quieras esperar mi más fuerte recurso.

MEFISTÓFELES (Al disiparse la niebla aparece con la figura de un estudiante viajero desde detrás de la estufa.)

¿A qué viene tanto ruido?, ¿en qué puedo servir al señor?

FAUSTO

¿Esto es lo que había dentro del perro de aguas? ¿Un estudiante viajero? Esto me hace reír.

MEFISTÓFELES

Saludo al erudito señor. Me ha hecho usted sudar la gota gorda.

FAUSTO

¿Cuál es tu nombre?

MEFISTÓFELES

La pregunta me parece de poca categoría para alguien que desprecia la Palabra; para alguien que, desdeñando toda apariencia, busca la esencia ahondando en las profundidades.

FAUSTO

En vuestro caso, señor, se puede llegar a la esencia conociendo el nombre; esto ocurriría si supiera, con toda claridad, si os apellidáis «Dios de las moscas», «Corruptor» o «Mentiroso». Bueno, ¿quién eres?

MEFISTÓFELES

Una parte de esa fuerza que siempre quiere el mal y siempre hace el bien.

FAUSTO

¿Qué significa ese acertijo?

MEFISTÓFELES

Soy el espíritu que siempre niega. Y lo hago con pleno derecho, pues todo lo que nace merece ser aniquilado, mejor sería entonces que no naciera. Por ello, mi auténtica naturaleza es eso que llamáis pecado y destrucción, en una palabra, el Mal.

FAUSTO

¿Por qué te defines como parte si estás entero ante mí?

MEFISTÓFELES

Te diré una discreta verdad: aunque el hombre, ese pequeño mundo de locos, suele considerarse un todo, yo soy una parte de la parte que al principio lo era todo. Soy una parte de la oscuridad que la luz engendró, esa luz soberbia que le disputa a la madre noche su antiguo rango y su lugar. Sin embargo, aunque se esfuerce no lo logra, pues está presa de los cuerpos. Surge de los cuerpos y a los cuerpos embellece, pero un cuerpo opaco la detiene. Espero que esto no dure mucho tiempo y que sucumba pronto a los mismos cuerpos.

FAUSTO

Ahora capto tus dignas obligaciones. No puedes aniquilar nada grande, por eso empiezas por lo pequeño.

MEFISTÓFELES

Y cierto es que no he conseguido mucho con ello. Por más que me he empeñado, no he conseguido destruir lo que se enfrenta a la Nada, el Algo, este mundo tan tosco. A pesar de las olas, las tormentas, los terremotos y los incendios, al final se quedan en paz el mar y la tierra. Y a ese maldito engendro de vida humana y animal tampoco hay por dónde cogerlo. ¡A cuántos he enterrado ya! Y sin embargo, la sangre vuelve a fluir, nueva y fresca; y así continúa todo. Es como para volverse loco. En el aire, en el agua y en la tierra germinan miles de semillas, ya sea el medio seco, húmedo, caliente o frío. Si no me hubiera reservado el fuego, no tendría nada para mí.

FAUSTO

Así opones tú al eterno poder creador y salvífico tu frío puño diabólico, que aprietas impotente con alevosía. ¡Emprende algo diferente, extraño hijo del caos!

MEFISTÓFELES

Te aseguro que pensaremos más en ello la próxima vez. ¿Me puedo marchar ahora?

FAUSTO

No comprendo por qué me lo preguntas. Ahora que te conozco, ven a visitarme cuando quieras. Aquí tienes la ventana, ahí la puerta, incluso el hueco de la chimenea está a tu disposición.

MEFISTÓFELES

He de confesarlo: hay un pequeño obstáculo que me impide salir de aquí, la estrella de cinco puntas del umbral.

FAUSTO

¿Te hace daño esta estrella? Pues si eso te espanta, hijo del infierno, dime entonces, ¿cómo entraste aquí? ¿Cómo conseguiste burlar a ese espíritu?

MEFISTÓFELES

Fíjate en ella. No está bien trazada. El ángulo que va hacia fuera, como ves, se abre excesivamente.

FAUSTO

¡El azar ha acertado! ¡Eres mi prisionero! Pero ¿lo he conseguido por casualidad?

MEFISTÓFELES

El perro de aguas no lo vio al entrar de un salto. Pero ahora la cosa cambia, el diablo no puede salir de la casa.

FAUSTO

Y ¿por qué no sales por la ventana?

MEFISTÓFELES

Es una ley del diablo y los fantasmas. Allá por donde logramos entrar hemos de marcharnos. Para lo primero tenemos libertad, de lo segundo somos esclavos.

FAUSTO

¿Hay también leyes en el infierno? Me alegro de saberlo; entonces, ¿se podrá pactar con vosotros, señores?

MEFISTÓFELES

Podrás disfrutar lo pactado sin que te sea escatimado nada. Pero explicar esto requiere su tiempo y a tal efecto nos veremos otro día. Esta vez ruego encarecidamente que se me deje salir de aquí.

FAUSTO

Pero, quédate un momento y dime la buenaventura.

MEFISTÓFELES

¡Déjame salir! Pronto volveré. Entonces podrás preguntarme lo que quieras.

FAUSTO

Yo no te he perseguido. Has sido tú el que ha caído en la red. Aquel que ha atrapado al diablo, ¡que no lo suelte!; no volverá a atraparlo por segunda vez.

MEFISTÓFELES

Si tanto lo deseas, estoy dispuesto a quedarme haciéndote compañía a condición de poder hacerte pasar el tiempo con mis artes.

FAUSTO

Me parece muy bien, tienes permiso con tal de que esas artes sean gratas.

MEFISTÓFELES

Amigo mío, ganarás más para tus sentidos en esta hora, que en la monotonía de un año. Lo que te canten los tiernos espíritus, las bellas imágenes que te brinden, no serán un vacío juego de magia. Tendrás placer para el olfato y un agradable regusto en el paladar, y al final se encenderán tus sentimientos. No es necesario hacer preparativos. Estamos juntos, vamos a empezar.

ESPÍRITUS

Desapareced, bóvedas

oscuras de la techumbre.

Mira el mayor hechizo

del amigable y azul

éter que está penetrando.

Desvaneceos de una vez,

tenebrosas nubes negras.

Centellean estrellitas,

pues la luz de suaves soles

entre ellas se va filtrando.

Esa belleza sutil

de los hijos de los cielos,

al flotar sobre nosotras,

tímida, nos reverencia.

El deseo anhelante

acompaña nuestros pasos.

Y los aleteantes

flecos de los atavíos

cubren todas las tierras,

cubren la vegetación

de allí donde los amantes

muy solemnes prometieron

entregarse de por vida.

¡Follaje sobre follaje!

¡Sarmientos que echan renuevos!

El bien cargado racimo

cae en el receptáculo

del lagar que lo tritura,

y brota un gran arroyo

de vinos espumeantes

que se desliza por rápidos

de bellas piedras preciosas

y, dejando las alturas

tras de sí, en su caída,

se ensancha y hace un lago

y así la felicidad

reinará en las colinas.

Y un ejército de aves

paladea el placer.

Se van acercando al sol,

se aproximan a las islas

claras que, sobre las olas,

en apariencia se mueven.

Allá en coro oímos

suspiros alborozados.

Volando sobre llanuras

vemos figuras que bailan

y que se van desperezando

bajo el manto del cielo.

Algunos van escalando

por las elevadas cumbres.

Otros, cruzando a nado,

cortan las olas del mar.

Otros van volando y flotan.

Todos en busca de vida,

en busca de tierras lejanas,

de estrellas acogedoras,

de gracia y serenidad.

MEFISTÓFELES

¡Duerme! ¡Muy bien, tiernos hijos del aire! ¡Lo habéis arrullado a conciencia! Estoy en deuda con vosotros por este concierto. —¡Todavía no eres el hombre indicando para retener al demonio!— ¡Seducidlo con dulces formas oníricas, hundidlo en un mar de delirios! Mas, para romper el hechizo del umbral, requiero el diente de un ratón... Aunque no habré de conjurarlo mucho tiempo; ya oigo deslizarse a uno y pronto me escuchará.

El señor de las ratas y los ratones, de las moscas, ranas, chinches y piojos, te manda que te atrevas a salir y roas ese umbral tan rápido como si rezumara aceite. Ya veo que sales. ¡Manos a la obra! El pico que me retenía era el de la esquina de delante. ¡Otro mordisco más y ya está hecho! —Fausto, sigue soñando hasta que nos volvamos a ver.

FAUSTO (Despertando.)

Entonces, ¿he sido engañado otra vez? ¿Se disipa así la fuerza de tantos espíritus? ¿Acaso fue una mentira, un sueño, que viniera un demonio y que un perro se me escapara?

GABINETE DE ESTUDIO

Índice

FAUSTO

¿Llaman? ¡Adelante! ¿Quién querrá incordiarme?

MEFISTÓFELES

Soy yo.

FAUSTO

¡Adelante!

MEFISTÓFELES

Lo habrás de decir tres veces.

FAUSTO

¡Adelante, pues!

MEFISTÓFELES

Así es como me gusta que seas. Confío en que nos toleremos. Para disipar tu mal humor he venido aquí vestido de hidalgo, con traje rojo, bordado en oro, con esclavina de tersa seda, una pluma de gallo en el sombrero y una daga larga y afilada. Y ahora te recomiendo que, sin más dilación, te vistas igual para que, una vez liberado, experimentes lo que es la vida.

FAUSTO

Con cualquier traje sufriré la pena de las estrecheces de la vida terrenal. Soy demasiado viejo para limitarme a jugar y demasiado joven para morir sin deseos. ¿Qué podrá ofrecerme el mundo?

«¡Renuncia, tienes que renunciar!». He aquí el precepto que continuamente resuena en nuestro oído y que cada hora repite con ronca y acompasada voz. Por la mañana me despierto sobresaltado, y con razón podría llorar amargamente al ver que el nuevo día sigue con rapidez su camino sin dejar satisfecho ninguno de mis deseos; al ver que con su curso ahoga toda esperanza de felicidad, y que, con la ayuda de los ridículos y cómicos actos de la vida, hace desaparecer cuantas agradables creaciones buscan un albergue en mi mente. Después, al llegar la noche, me acuesto con desasosiego ni aun allí puedo descansar, e incluso me llenan de espanto pesados y horrorosos sueños. El espíritu que reina en mi interior puede conmover profundamente mi ser; no obstante, a pesar de que tiene imperio sobre todas mis fuerzas, no puede hacerlas obrar en el exterior: por eso me he convencido de que vivir es una pesada carga, por eso deseo la muerte y aborrezco la vida.

MEFISTÓFELES

Y sin embargo, en aquella noche hubo alguien que no se bebió la pócima color marrón.

FAUSTO

Parece que te gusta el fisgoneo.

MEFISTÓFELES

No soy omnisciente, pero sé muchas cosas.

FAUSTO

Aunque un dulce y conocido canto, con ecos de los buenos tiempos, me apartó del terrible abismo y despertó lo que queda en mí de sentimientos infantiles, maldigo ahora todo lo que el alma enreda con sus juegos de seducción y engaño y cómo, cegándonos y adulándonos, nos ata a esta cueva de penas. ¡Desde ahora declaro maldita la alta opinión de sí mismo con la que el espíritu se aprisiona!, ¡maldito el engaño de los sentidos que oprime nuestra alma!, ¡maldito todo aquello que nos embelece en sueños: el engaño de la fama y el renombre!, ¡maldito lo que nos halaga como posesión, como mujer y como hijo, como criado y arado!, ¡maldito Mammón cuando, prometiéndonos tesoros, nos anima a hazañas temerarias y cuando nos ofrece almohadones para nuestro ocioso placer!, ¡maldito el balsámico jugo de uvas!, ¡maldita la más refinada caricia del amor!, ¡maldita la esperanza!, ¡maldita la fe! y, sobre todo, ¡maldita la paciencia!

CORO DE LOS ESPÍRITUS (Invisible.)

¡Oh, dolor!, ¡qué gran dolor!

Con un poderoso puño,

tú has conseguido destruir,

asolar y abatir

este espléndido mundo.

Un semidiós lo asoló

y nosotros llevaremos

sus ruinas hacia la nada

y lamentaremos también

esa belleza perdida.

Dotado de gran poder,

vástago de la tierra,

vuelve tú a construirlo,

con un esplendor mayor,

edifícalo en tu pecho;

con aguda inteligencia,

has de volver a dar

un nuevo curso a la vida

y, así, nuevas canciones,

mientras tanto resonarán.

MEFISTÓFELES

Estos son mis pequeños. Escucha cómo incitan, con sabiduría, al placer y a la acción. Haciéndote salir de la soledad, donde los sentidos se atrofian y los humores dejan de fluir, quieren atraerte hacia la amplitud del mundo. Deja ya de avivar el rencor que, como un buitre, te va devorando la vida. La peor de las compañías te hace sentir que eres un hombre entre los hombres. Pero no se pretende que te sumas en el vulgo. No soy ninguno de los grandes, pero si quieres caminar junto a mí a través de la vida, con gusto estaré contigo en el acto. Soy tu compañero y, si te parece bien, seré tu servidor, tu criado.

FAUSTO

¿Y qué habré de cumplir yo a cambio?

MEFISTÓFELES

Tienes todavía un plazo largo para ello.

FAUSTO

No, no. El diablo es egoísta y no hace nada que le sea útil a otro por amor de Dios. Expón claramente cuáles son tus condiciones; un criado así pone la casa en peligro.

MEFISTÓFELES

Quiero ponerme a tu servicio aquí. Cuando des la señal, ni me detendré ni descansaré, pero cuando volvamos a encontrarnos allí, tú deberás hacer lo mismo conmigo.

FAUSTO

El futuro apenas me inquieta. Si destruyes este mundo y lo conviertes en ruinas, el otro surgirá después. Pero mis alegrías brotan de esta tierra y este sol ilumina mis dolores. Si he de separarme de ellos con antelación, entonces que ocurra lo que sea. No quiero oír nada acerca de si en el más allá se amará o se odiará y de si también en aquellas esferas hay un arriba y un abajo.

MEFISTÓFELES

En ese caso puedes arriesgarte. Únete a mí. Durante estos días verás con placer cuáles son mis artes. Te daré lo que nunca ha visto hombre alguno.

FAUSTO

¿Qué podrás darme tú, pobre diablo? ¿Alguno de los tuyos ha llegado a comprender alguna vez las altas aspiraciones del espíritu humano? ¿Qué es lo que ofreces? Alimento que no sacia; oro candente que, como el mercurio, se escapa de las manos sin descanso; un juego en el que nunca se gana; una muchacha que, abrazada a mi pecho, ya guiña el ojo y se entiende con el más cercano; el espléndido y divino placer del honor, que se desvanece como un meteoro. Muéstrame frutos que se pudran antes de nacer y árboles que verdeen de nuevo cada día.

MEFISTÓFELES

No me asusta semejante encargo; puedo, muy bien, brindarte esos tesoros. Pero, buen amigo, se acerca el tiempo en el que podremos disfrutar en plena paz de algo bueno.

FAUSTO

Si llega el día en el que pueda tumbarme ociosamente, con toda tranquilidad, me dará igual lo que sea de mí; si entonces logras engañarme con lisonjas haciendo que me agrade a mí mismo, ese será para mí mi último día. En eso consistirá mi apuesta.

MEFISTÓFELES

¡La acepto!

FAUSTO

Choquemos esos cinco. Si alguna vez digo ante un instante: «¡Detente, eres tan bello!», puedes atarme con cadenas y con gusto me hundiré. Entonces podrán sonar las campanas a difuntos, que seré libre para servirte. El reloj se habrá parado, las agujas habrán caído y el tiempo habrá terminado para mí.

MEFISTÓFELES

Piénsatelo bien; no lo olvidaré.

FAUSTO

Tienes pleno derecho a ello. No he entrado locamente en la apuesta. Si alguna vez me siento extasiado, seré esclavo y no preguntaré si tuyo o de otro dueño.

MEFISTÓFELES

Hoy mismo, en el banquete doctoral, cumpliré mi obligación como criado. ¡Sólo una cosa! Por amor a la vida o a la muerte, te ruego que escribas unas líneas.

FAUSTO

Ah, ¿exiges algo escrito, pedante? ¿No has conocido nunca a un hombre de palabra?, ¿no es bastante que mi palabra empeñada haya dispuesto para siempre de mis días? Si este mundo que corre en todos sus torrentes no me ha detenido, ¿lo hará una promesa? Pero esta locura se ha apoderado de mi corazón, ¿quién se atreverá a liberarme de ella? ¡Afortunado aquel que lleva la fidelidad en su pecho!, ¡no hay sacrificio que le pese! Un pergamino escrito y sellado es un fantasma que espanta a todos. La palabra muere en la pluma, y el papel y la cera son los amos. ¿Qué deseas de mí, espíritu maligno? ¿Bronce, mármol, pergamino o papel? ¿He de escribir con pizarrín, buril o pluma? Te dejo libre la elección.

MEFISTÓFELES

¿Por qué exageras con tanto calor tu charlatanería? Cualquier hojita valdrá. Firmarás con una pequeña gota de tu sangre.

FAUSTO

Si te hace ilusión, te seguiré en este grotesco juego.

MEFISTÓFELES

La sangre es un humor muy especial.

FAUSTO

No temas que rompa la alianza. Lo que ahora mismo te prometo es el alcance de toda mi fuerza. Me he engrandecido tanto que ya sólo pertenezco a tu rango. El gran Espíritu me ha despreciado, ante mí se cierra la naturaleza. Se ha roto el hilo del pensamiento, hace mucho que me asquean los saberes. ¡Que las pasiones que arden dentro de mí se hundan en lo profundo de la sensualidad! ¡Que todo milagro me espere dispuesto tras un velo mágico impenetrable! ¡Lancémonos a la embriaguez del tiempo, a la sucesión de los acontecimientos! ¡Que se alternen como quieran el dolor y el placer, el logro y la desazón!: solamente sin descanso se pone el hombre en actividad.

MEFISTÓFELES

No se te impondrá ninguna medida ni se limitarán tus metas. Si te place picotear aquí y allá y atrapar algo al vuelo, tendrás aquello que te deleite. No seas estúpido y aférrate a mí.

FAUSTO

Ya oíste, no se trata sólo de gozar. Me entrego al vértigo, al placer más doloroso, al amado odio, al fastidio que reconforta. Mi pecho, que se ha liberado del ansia de saber, jamás se cerrará a ningún dolor. Quiero disfrutar dentro de mí de lo que ha disfrutado el conjunto de la humanidad. Quiero apresar con mi espíritu lo más elevado y lo más sumido en la profundidad, amontonar su ventura y su dolor en mi pecho y, de esta manera, ampliar mi yo y convertirlo en el suyo, y, al final, sucumbir como ella misma.

MEFISTÓFELES

Ah, confía en mí, que llevo mascando hace varios miles de años ese manjar de áspero sabor. No hay nadie, desde la cuna hasta la tumba, que digiera la vieja levadura. Créeme: esa totalidad sólo fue hecha para un dios. Él se encuentra en la plena y eterna luz, a nosotros nos confinó en las tinieblas y sólo a vosotros os dio el día y la noche.

FAUSTO

¡Pero yo lo quiero!

MEFISTÓFELES

¡De acuerdo!, pero hay algo que me da miedo. El tiempo es breve y el arte es largo. Diría que debieras aprender: asóciate a un poeta que se afane en encontrar ideas y en amontonar sobre tu cabeza de laureado todas las nobles cualidades: el valor del león, la rapidez del cuervo, la sangre ardiente del italiano y la tenacidad de los del norte. Déjale que encuentre el secreto de unir magnanimidad y astucia con el cálido impulso juvenil que te haga enamorar conforme a un plan. Me gustaría conocer a un ser así; le pondría por nombre microcosmos.

FAUSTO

¿Qué soy, entonces, si no me es posible alcanzar la corona de lo humano, a la que todos los sentidos tienden?

MEFISTÓFELES

Eres, al fin y al cabo, lo que eres. Aunque te pongas una peluca con miles de rizos, aunque te pongas tacones de un codo de altura, seguirás siendo lo que eres.

FAUSTO

Siento que he acumulado en vano los tesoros del espíritu humano. Y ahora que me detengo, ninguna fuerza brota de mi interior; no soy ni un pelo más alto ni me he acercado al infinito.

MEFISTÓFELES

Mi señor, ves las cosas tal como suelen verse. Hay que actuar con mayor sutileza antes de que se nos escape el gozo de la vida. ¡Qué demonios! Las manos, los pies, la cabeza y hasta el trasero son tuyos, pero ¿no es por ello menos mío todo lo que disfruto y está rebosante de vida? Si puedo permitirme pagar seis caballos, ¿no hago mías sus fuerzas y, sin dejar de ser un hombre, camino con veinticuatro patas? Así pues, cumple tus pensamientos y lánzate al mundo. Date cuenta: un tipo que especula es como un animal en una llanura yerma al que un genio maligno le hace dar vueltas en círculo mientras, a su alrededor, hay bellos prados verdes.

FAUSTO

¿Cómo empezamos?

MEFISTÓFELES

Ahora mismo nos ponemos en marcha. ¿Qué lugar de martirio es este? ¿Qué clase de vida es aburrirse y aburrir a los muchachos? Deja eso para tu vecino, el señor Wanst. ¿Por qué te empeñas en desgranar la paja? Lo mejor que podrías conocer no puedes enseñárselo a los muchachos. ¡Ahora mismo oigo a uno en el pasillo!

FAUSTO

No me es posible verlo.

MEFISTÓFELES

El pobre muchacho espera desde hace mucho tiempo; no puede marcharse desconsolado. Venga, dame la esclavina y el birrete, este disfraz me ha de sentar bien. (Se viste.) Ahora déjalo todo en manos de mi ingenio. Sólo necesito un cuarto de hora; entretanto, prepárate para nuestro bello viaje.

(Sale FAUSTO.)

(Con las largas ropas de FAUSTO.) Si desprecia la razón y la ciencia, la más potente fuerza de los hombres, y se fortalece con el espíritu del engaño con obras de ilusionismo y magia, ya lo tengo en mis manos incondicionalmente. El destino le dio un alma que avanza sin detenerse y cuyas apresuradas aspiraciones sobrepasan los gozos del mundo. Ya sabré arrastrarlo por la vida salvaje a través de lo irrelevante y lo insignificante; habrá de quedar atrapado por mí, se aferrará a mí, lo dejaré paralizado y avivaré su insaciabilidad haciendo pasar comida y bebida ante sus ansiosos labios. Suplicará alivio en vano y, aunque al diablo no se hubiera entregado, sucumbirá.

(Entra un ESTUDIANTE.)

ESTUDIANTE

Llevo aquí poco tiempo y vengo, lleno de devoción, a conocer y hablar al hombre que todos mencionan con respeto.

MEFISTÓFELES

¡Me congratulo al ver vuestra educación! Estáis ante un hombre como otro cualquiera. ¿Habéis andado ya por otros sitios?

ESTUDIANTE

Os ruego que me aceptéis entre los vuestros. Vengo con toda mi buena voluntad, una aceptable cantidad de dinero y sangre joven y sana. Mi madre no quería que me fuera, pero quiero estudiar algo de Leyes.

MEFISTÓFELES

Estáis en el lugar más adecuado.

ESTUDIANTE

La verdad es que me querría marchar ya: entre las paredes de estas aulas no consigo estar a gusto. El espacio es muy limitado. No se ve nada verde, no se ve un árbol y en esos bancos y en esas aulas noto que pierdo oído, vista y pensamiento.

MEFISTÓFELES

Sólo es cuestión de costumbre. Al principio tampoco el niño toma con mucho gusto el pecho de la madre. De igual modo, podréis disfrutar cada día más de los pechos de la ciencia.

ESTUDIANTE

Me gustaría ir colgado de su cuello, pero cómo podría llegar a alcanzarlo.

MEFISTÓFELES

Antes de seguir, decidme qué Facultad pensáis escoger.

ESTUDIANTE

Mi deseo es llegar a tener una buena erudición y saber qué hay sobre la tierra y en el cielo; es decir, comprender la ciencia y la naturaleza.

MEFISTÓFELES

Emplead bien el tiempo, pues este no deja de correr, pero el orden os enseñará a aprovecharlo. Por ello, querido amigo, os aconsejo que os inscribáis en primer lugar en el Collegium Logicum. Allí os adiestrarán bien el pensamiento, calzándolo con normas para que avance por la senda del espíritu y no persiga bagatelas vagando de un lado a otro. Entonces aprenderéis un día que lo que antes hacíais de un golpe, como el comer o el beber, ahora requiere uno, dos y tres. Cierto es que en el taller del pensamiento ocurre como en la obra maestra de un tejedor, donde un solo impulso mueve a la vez mil hilos. La lanzadera se pone en marcha, va de arriba abajo y un solo golpe da lugar a mil tramas. El filósofo que considere este asunto os demostrará que es así, porque si lo primero es así, así será lo segundo y por ello serán así lo tercero y lo cuarto. Y si lo primero y lo segundo no fueran, lo tercero y lo cuarto nunca hubieran sido. Esto lo saben los estudiantes de todos los lugares, pero jamás se han hecho tejedores. El que quiera conocer y describir algo viviente, que empiece por echar fuera el espíritu y, así, tendrá las partes en su mano. Pero entonces, por desgracia, le faltarán los lazos del espíritu. Encheiresin naturae, dice la química burlándose de sí misma.

ESTUDIANTE

No consigo entenderos plenamente.

MEFISTÓFELES

Con el tiempo os irá mejor cuando sepáis reducirlo todo y clasificarlo como corresponde.

ESTUDIANTE

Me siento tan torpe como si en mi cabeza girara una rueda de molino.

MEFISTÓFELES

Más tarde, antes de afrontar otras cosas, deberíais dedicaros a la Metafísica. Veréis cómo comprendéis con claridad lo que no cabe en cabeza humana; quepa o no quepa, siempre encontramos a nuestra disposición una brillante frase. Pero, ante todo, en este semestre, seguid el mejor orden. Oíd cinco lecciones cada día y entrad cuando suene la campana. Preparaos primero minuciosamente, estudiando muy bien los apuntes, para que volváis a ver de nuevo que no dicen nada diferente de lo que hay en el libro. Pero esforzaos en la toma de apuntes como si os los dictara el Espíritu Santo.

ESTUDIANTE

No tendréis que decírmelo dos veces. Comprendo que es algo muy útil, pues lo que se tiene en negro sobre blanco puede llevarse tranquilamente a casa.

MEFISTÓFELES

¡Pero habéis de elegir la Facultad!

ESTUDIANTE

El Derecho no acaba de gustarme.

MEFISTÓFELES

No he de ser yo quien os lo tome a mal; sé lo que ocurre con esa doctrina. La Ley y el Derecho se heredan como una enfermedad incurable, se deslizan de generación en generación y avanzan de un lugar a otro. La razón se convierte en algo absurdo, la bondad en perjuicio. Y ¡ay de ti si eres nieto! Del Derecho que nace con nosotros no se habla jamás.

ESTUDIANTE

Con eso hacéis que aumente mi aversión. Dichoso aquel al que instruís. Casi voy a estudiar Teología.

MEFISTÓFELES

No querría extraviaros, pero, en lo que toca a esa ciencia, es difícil evitar el camino errado. En ella hay mucho veneno y apenas puede distinguirse de la Medicina. Lo bueno aquí es que oigáis sólo a uno y juréis por la familia del maestro. En definitiva, ateneos a la palabra, así entraréis por la puerta segura del templo del saber.

ESTUDIANTE

Pero ha de haber concepto en la palabra.

MEFISTÓFELES

¡Bien! Pero no hay por qué angustiarse, pues allá donde faltan conceptos se encaja oportunamente la palabra. Con palabras se puede discutir acertadamente, con palabras se puede construir un sistema; se puede creer en las palabras. No hay que escatimarle ni una jota a una palabra.

ESTUDIANTE

Perdonad que os haga tantas preguntas, pero aún tengo que pediros que os sigáis esforzando por mí. ¿No podríais darme un consejo sincero sobre Medicina? Tres años es poco tiempo y, ¡Dios!, el campo es demasiado amplio; con una indicación, podemos avanzar mucho mejor.

MEFISTÓFELES (Hablando para sí.)

Estoy cansado de esta sobriedad, debo hacer nuevamente de demonio. (En voz alta.) El sentido de la Medicina es fácil de entender. Ella estudia el mundo grande y el pequeño para, finalmente, dejar que todo vaya como Dios quiera. Es cosa vana que sigáis dando vueltas y sudando tras la ciencia. Todo el mundo aprende lo que se puede aprender, pero el hombre perfecto es aquel que aprovecha su momento. Tenéis una buena constitución física y no os falta audacia; si confiáis en vos mismo, la gente confiará en vos. Aprended especialmente a dominar a las mujeres. Sus eternos y múltiples lamentos y quejas se curan solamente desde un punto y os bastará comportaros con mediana decencia para tenerlas a todas a vuestros pies. Un título debe convencerlas de que vuestro arte es superior a muchos artes. Para empezar, atreveos a hacer cosas que otro tan sólo se atrevería a rozar durante muchos años, aprended a tomarles el pulso y, con mirada audaz y fogosa, oprimidles sus estrechas caderas para ver qué bien apretado tienen el corsé.

ESTUDIANTE

Esto tiene mucha mejor pinta. Se ve el dónde y el cómo.

MEFISTÓFELES

Querido amigo, toda teoría es gris, pero es verde el áureo árbol de la vida.

ESTUDIANTE

Juraría que estoy soñando. ¿Podría molestaros de nuevo para oíros ir hasta los fundamentos de vuestra sabiduría?

MEFISTÓFELES

En lo que de mí dependa, no habrá ningún problema.

ESTUDIANTE

No puedo marcharme sin presentaros mi libro de recuerdos. ¿Me haríais el favor de escribir algo?

MEFISTÓFELES (Lee.)

«Eritis sicut Deus scientes bonum et malum». (Cierra el libro con veneración y se despide.) Sólo sigue el viejo dicho y a mi tía la Serpiente, y algún día tu semejanza con Dios te causará espanto.

FAUSTO (Entrando.)

¿Adónde iremos?

MEFISTÓFELES

Iremos donde quieras. Veremos el Gran Mundo y el Pequeño. Con qué alegría y qué provecho harás este viaje.

FAUSTO

Pero, a pesar de mi larga barba, me falta la naturalidad de trato. No resultará bien el ensayo, no sabré manejarme bien por la vida. Me siento empequeñecido ante los otros, siempre estaré cohibido.

MEFISTÓFELES

Mi buen amigo, todo llegará a su debido tiempo. Tan pronto como tengas confianza, sabrás vivir.

FAUSTO

¿Nos vamos, pues, de casa? ¿Dónde están los caballos, el coche y el cochero?

MEFISTÓFELES

Basta con que extendamos las capas y ellas nos llevarán por los aires. Para dar este osado paso no debes llevar nada contigo. Un poco de aire ardiente que he preparado nos alzará del suelo. Como somos ligeros, subiremos. Te felicito por tu nueva vida.

TABERNA DE AUERBACH

Índice

(Alegres compadres de taberna.)

FROSCH

¿Nadie quiere beber?, ¿nadie se ríe? ¡Ojo, que os voy a poner mala cara! Vosotros, que en otras ocasiones ardéis en llamas, estáis hoy como paja mojada.

BRANDER

Es por tu culpa. No aportas nada, ni una sandez, ni una mamarrachada.

FROSCH (Le vierte un vaso de vino en la cabeza.)

Ahí tienes ambas.

BRANDER

Eres un cerdo por partida doble.

FROSCH

Si tú lo has querido, así ha de ser.

SIEBEL

¡Afuera los que riñen! ¡Cantemos a pleno pulmón! ¡Bebed y gritad! ¡Hala, eh!

ALTMAYER

¡Pobre de mí!, estoy perdido. ¡Que me traigan algodones para los oídos! Este muchacho me los va a reventar.

SIEBEL

Si la bóveda resuena, se siente la potencia del bajo.

FROSCH

¡Vamos!, y que se vaya quien se lo tome mal. Tra-la-rá-lará.

ALTMAYER

Tra-la-rá-la-rá.

FROSCH

Las gargantas están bien templadas. (Cantando.)

Querido y Sacro Imperio Romano,

¿cómo puedes tenerte aún en pie?

BRANDER

¡Repelente! ¡Una canción política, una canción triste! Agradece a Dios cada día que no tengas que preocuparte por el Imperio Romano. Me parece un magnífico logro no ser ni emperador ni canciller. Pero no debe faltar un mandatario. Elijamos Papa. Sabéis qué cualidad es la importante, la que eleva al hombre.

FROSCH (Canta.)

Flota por el aire, señora ruiseñor.

Saluda diez mil veces a mi amorcito.

SIEBEL

Ningún saludo al amorcito. No quiero oír hablar de eso.

FROSCH

No me impedirás ni saludar ni besar al amorcito. (Canta.)

Se abre el cerrojo, en la noche oscura.

Se abre el cerrojo, la amada se despierta.

Se cierra el cerrojo, en la clara mañana.

SIEBEL

¡Sí, canta, canta, alábala y elógiala! Cuando me llegue el turno, me reiré. A mí me engañó y contigo hará lo mismo. A la amada, que le regalen un duende que retoce con ella en un Viacrucis y un viejo macho cabrío que, cuando regrese del Blocksberg, le vale un «buenas noches» al galope. Para esa fulana es demasiado bueno un muchacho de carne y hueso auténticos. El único saludo que le haría sería romperle los cristales de su ventana.

BRANDER (Dando golpes en la mesa.)

¡Atended, atended! ¡Escuchadme! Confesad, señores, que yo sé vivir bien. Aquí se sientan personas enamoradas y conforme a la buena educación. A estos, al darles las buenas noches, hay que obsequiarles con algo. ¡Atención! ¡Oídme la canción de última moda! ¡Cantad conmigo fuerte el estribillo! (Canta.)

Había una rata en la despensa

que sólo comía grasa y mantequilla,

tenía una panza tan lustrosa

como la tuvo el buen Doctor Lutero.

Mas la cocinera le puso veneno

y la vida se le hizo tan angustiosa

como si en el pecho abrigara el amor.

CORO (Jubiloso.)

Como si en el pecho abrigara el amor.

BRANDER

Empezó a dar vueltas, luego salió.

Quiso apagar su ardor en todos los charcos.

Royó y arañó la casa entera.

Brincaba y se retorcía de dolor;

pronto el animal su vida acabó

como si en el pecho abrigara el amor.

CORO

Como si en el pecho abrigara el amor.

BRANDER

Un día claro, siendo presa del miedo,

la rata cruzó corriendo la cocina,

cayó en el horno y un respingo dio

y empezó a respirar con dificultad.

La envenenadora con ganas se rió.

Ja, está con un pie en la sepultura

como si en el pecho abrigara el amor.

CORO

Como si en el pecho abrigara el amor.

SIEBEL

Cómo se divierten estos muchachos tan simplones. Me gusta mucho el arte de echarles veneno a las pobres ratas.

BRANDER

¿Tienes predilección por ellas?

ALTMAYER

El ventrudo calvete se enternece con la desgracia. Ve su propia imagen reflejada en la de la hinchada rata.

(Entran FAUSTO y MEFISTÓFELES.)

MEFISTÓFELES

Antes de nada, quiero ponerte en compañía de gentes alegres para que veas lo fácil que es la vida. Para el pueblo aquí reunido, todos los días son fiesta. Con poco talento y mucho placer, todos giran danzando en estrechos círculos, como gatitos persiguiendo su cola. Mientras que no se quejen de dolor de cabeza, el tabernero les sigue fiando y están satisfechos y despreocupados.

BRANDER

Parece que están de viaje, tienen un aspecto extraño; seguro que no llevas aquí ni una hora.

FROSCH

Verdaderamente tienes razón. Adoro mi Leipzig. Es como un pequeño París que deja su impronta en la gente.

SIEBEL

¿De dónde crees que son esos forasteros?

FROSCH

¡Voy a ver! Con un solo vaso y con la facilidad con la que se arranca un diente voy a sonsacar a estos tipos. Parecen de familia distinguida, tienen aires altivos y descontentos.

BRANDER

Apuesto a que son charlatanes de fiesta.

ALTMAYER

Quizá.

FROSCH

Ved cómo me río de ellos.

MEFISTÓFELES (A FAUSTO.)

La gentuza del pueblo no siente la presencia del diablo aunque les esté cogiendo por el cuello.

FAUSTO

¡Sean saludados, señores!

SIEBEL

Muchas gracias, igualmente. (A media voz, mirando a MEFISTÓFELES de reojo.) ¿Por qué cojeará ese?

MEFISTÓFELES

¿Nos permiten sentarnos con ustedes? En lugar de un buen trago, que aquí falta, disfrutaremos de la compañía.

ALTMAYER

Parece usted un hombre muy bien tratado por la vida.

FROSCH

¿Han salido esta noche de Rippach con retraso? ¿Han cenado en casa del señor Hans?

MEFISTÓFELES

Hoy hemos pasado de largo ante su casa; la última vez ya charlamos con él. Nos habló mucho de sus primos. Nos dio recuerdos para todos. (Se inclina haciéndole una reverencia a FROSCH.)

ALTMAYER (En voz baja.)

¡Chúpate esa! Este sí que entiende.

SIEBEL

Es todo un sinvergüenza.

FROSCH

Descuida, que ya le cazaré.

MEFISTÓFELES

Si no me equivoco, al llegar escuchábamos un coro de voces bien entonadas. Sin duda alguna, el canto debe resonar muy bien bajo estas bóvedas.

FROSCH

Seguro que usted es un virtuoso.

MEFISTÓFELES

No; mi capacidad es endeble, pero el placer es grande.

ALTMAYER

¡Cántenos algo!

MEFISTÓFELES

Si lo desean; puedo entonar muchas canciones.

SIEBEL

Una pieza nueva.

MEFISTÓFELES

Acabamos de volver de España, el bello país del vino y sus canciones. (Canta.)

Había una vez un rey

que tenía una gran pulga.

No era poco lo que la amaba.

La quería como a su hija.

Entonces llamó a su sastre

y su sastre allí acudió.

Al noble le tomó medidas

y le hizo calzas y jubones.

BRANDER

No olvidéis encarecerle al sastre que mida con la máxima exactitud y que, si tiene estima por su cabeza, no le salgan arrugas en las calzas.

MEFISTÓFELES

De terciopelo y de seda

iba aquella pulga vestida,

de su jubón colgaban bandas

y estaba prendida una cruz.

Llegó enseguida a ministro

con magna condecoración.

Fue entonces cuando sus parientes

renombre en la corte tuvieron.

Las damas y los cortesanos

sufrieron enorme fastidio.

A la reina y sus doncellas

ellas picaron e incordiaron.

Mas aplastarlas no podían,

aunque todo les escociera.

Las aplastamos y matamos

tan pronto como una nos pica.

CORO (Jubiloso.)

Las aplastamos y matamos

tan pronto como una nos pica.

FROSCH

¡Bravo!, ¡bravo!, eso estuvo muy bien.

SIEBEL

Ese es el merecido de todas las pulgas.

BRANDER

Hay que afilar las uñas y machacarlas.

ALTMAYER

¡Viva la libertad!, ¡viva la vida!

MEFISTÓFELES

Alzaría mi copa para honrar la libertad, si vuestro vino fuera más bueno.

SIEBEL

No queremos volver a oír eso.

MEFISTÓFELES

Me temo que el tabernero se ofendería, pero, de no ser así, daría de mis bodegas algo mejor a estos dignos huéspedes.

SIEBEL

Venga, venga, esta corre por mi cuenta.

FROSCH

Procuradnos un buen trago y os alabaremos. Pero no nos deis catas muy pequeñas, que yo para juzgar necesito tener la boca llena.

ALTMAYER (En voz baja.)

Me parece que son del Rin.

MEFISTÓFELES

Conseguidme una barrena.

BRANDER

¿Para qué? ¿Pero es que no tenéis los barriles ante la puerta?

ALTMAYER

Ahí, detrás del tabernero, hay una espuerta con herramientas.

MEFISTÓFELES (Toma la barrena. A FROSCH.)

Ahora dígame, ¿qué quiere usted probar?

FROSCH

Pero, ¿qué significa esto?, ¿tenéis varios vinos?

MEFISTÓFELES

¡Ofrezco a cada cual su preferido!

ALTMAYER

Ah, ¡ya empiezas a relamerte!

FROSCH

¡Bien! Si tengo que elegir, prefiero tomar vino del Rin. La patria nos ofrece las mejores dádivas.

MEFISTÓFELES (Mientras va haciendo un agujero en el canto de la mesa, a la altura del sitio donde se sienta FROSCH.)

Consígame un poco de cera para hacer espitas.

ALTMAYER

Ah, son juegos de ilusionismo.

MEFISTÓFELES

¿Qué queréis?

BRANDER

Quiero vino de la Champaña, y debe tener mucha espuma.

(MEFISTÓFELES sigue barrenando mientras otro va haciendo y colocando los tapones de cera.)

No se puede estar evitando lo extranjero constantemente. A menudo, lo bueno se encuentra lejos de nosotros. Un auténtico alemán no soporta a un francés, pero bebe con gusto sus vinos.

SIEBEL (Mientras MEFISTÓFELES se va acercando a su sitio.)

Lo confieso: no me gusta el seco. Dadme un vaso de genuino vino dulce.

MEFISTÓFELES (Barrenando.)

Enseguida saldrá Tokay de aquí.

ALTMAYER

¡Nada, señores, mírenme a la cara! Sé que este hombre nos está tomando el pelo.

MEFISTÓFELES

¿Qué me dice usted? Con estos distinguidos huéspedes sería demasiado atrevimiento. Rápido, diga con franqueza qué vino he de servirle.

ALTMAYER

Cualquiera. Y no pregunte tanto.

(Una vez que los agujeros han sido barrenados y taponados.)

MEFISTÓFELES (Con gestos raros.)

La cepa tiene racimos,

el macho cabrío cuernos;

el vino es jugoso, la cepa leñosa,

la mesa de madera da también vino.

Mirad la naturaleza.

Creed, esto es un milagro.

Quitad los tapones y disfrutad.

TODOS (Mientras quitan los tapones y reciben en el vaso el vino deseado.)

¡Qué buena fuente esta que nos sacia!

MEFISTÓFELES

Tened cuidado de derramar nada (Ellos continúan cantando.)

TODOS (Cantando.)

Nos va hacer el caníbal

como a quinientos puercos.

MEFISTÓFELES

El pueblo es libre. Ved lo bien que le va.

FAUSTO

Me gustaría marcharme ahora mismo.

MEFISTÓFELES

Primero asiste a ver cómo se manifestará la bestialidad de modo esplendoroso.

SIEBEL (Bebe descuidadamente. El vino cae al suelo y se convierte en llamas.) ¡Socorro!, ¡fuego!, ¡socorro!, ¡arde el infierno!

MEFISTÓFELES (Hablando a la llama.)

Tranquilízate, amigo elemento. (A los compadres.) Esta vez sólo fue una pavesa del purgatorio.

SIEBEL

¿Qué es eso? Espera. La va a pagar. Me parece que no sabéis quiénes somos.

FROSCH

¡Que no se atreva a hacerlo por segunda vez!

ALTMAYER

Creo que lo mejor es decirle que se vaya de aquí.

SIEBEL

¿Qué pasa, señor? ¿Os divierten vuestros juegos de magia?

MEFISTÓFELES

Cállate ya, viejo tonel de vino.

SIEBEL

Palo de escoba, ¿aún quieres insultarnos?

BRANDER

Espera, que te va a caer una lluvia de palos.

ALTMAYER (Quita un tapón de la mesa y le viene fuego encima.)

Me quemo, me quemo.

SIEBEL

Brujería. Vamos a por él, se ha abierto la veda.

(Sacan las navajas y se acercan a MEFISTÓFELES.)

MEFISTÓFELES (Con ademanes serios.)

¡Falsos dichos e imágenes

que trastornáis los sentidos!

¡Estad aquí y allá!

(Se quedan aturdidos mirándose unos a otros.)

ALTMAYER

¿Dónde estoy? ¡Qué bello país!

FROSCH

¿Es cierto que estoy viendo viñas?

SIEBEL

Y los racimos están a mano.

BRANDER

Aquí, en esta verde vegetación, ¡mirad qué racimos!, ¡mirad qué uvas! (Agarra a SIEBEL por la nariz; los otros lo hacen mutuamente y levantan las navajas.)

MEFISTÓFELES (Como antes.)

Error, quítales la venda de los ojos. Ahora comprobad cómo se divierte el demonio. (Desaparece con FAUSTO mientras los compadres se separan unos de otros.)

SIEBEL

¿Qué es esto?

ALTMAYER

¿Cómo?

FROSCH

¿Era esta tu nariz?

BRANDER (A SIEBEL.)

Y la tuya la tengo en la mano.

ALTMAYER

Este golpe me ha hecho estremecer los miembros. Traedme una silla, que me caigo.

FROSCH

No; dime ¿qué ha pasado?

SIEBEL

¿Dónde está ese tipo? Si lo encuentro, no se me ha de escapar vivo.

ALTMAYER

Yo lo he visto salir por la puerta cabalgando sobre un tonel. Mis pies pesan como el plomo. (Volviendo a la mesa.) Y no sigue manando ese vino.

SIEBEL

Fue todo un engaño. Mentira y apariencia.

FROSCH

Pues a mí me parece como si hubiera bebido vino.

BRANDER

Y ¿qué era aquello de las uvas?

ALTMAYER

Y ahora, que alguien me diga que no hay que creer en milagros.

COCINA DE BRUJA

Índice

(En un hogar bajo hay una gran marmita sobre el fuego. En los vapores que salen hacia arriba se vislumbran diversas formas. Una mona está sentada ante la marmita espumándola y cuidando de que no rebose su contenido. Él, con sus crías, está sentado a su lado calentándose. Las paredes y el techo están adornados con el más raro instrumental de brujería.)

(FAUSTO junto a MEFISTÓFELES.)

FAUSTO

¡Me repugna esta estúpida brujería! ¿Y tú me prometes que voy a curarme en este caos de locura? ¡Pedir consejos a una vieja! ¿Y estas cochambrosas artes culinarias me quitarán treinta años de encima? ¡Pobre de mí si es que no sabes algo mejor! ¿No habrá encontrado la naturaleza, o tal vez un espíritu noble, el bálsamo adecuado?

MEFISTÓFELES

Amigo, vuelves a hablar con perspicacia. Para hacerte más joven hay un medio natural, pero viene en otro libro y es un capítulo muy raro.

FAUSTO

¡Quiero saberlo!

MEFISTÓFELES

Un medio que no requiere ni dinero, ni médico, ni hechizos: sal inmediatamente al campo y ponte a escarbar y a cavar; manténte a ti y a tu pensamiento dentro de un círculo muy limitado; aliméntate de comidas no muy sazonadas; vive junto al rebaño y como parte del rebaño, y no creas excesivo abonar el terreno en el que hiciste la recolecta. ¡Créeme, ese es el modo de llegar joven a los ochenta!

FAUSTO

No estoy acostumbrado, no podría habituarme a tomar la azada en mi mano. No me va vivir con estrecheces.

MEFISTÓFELES

De ahí que tenga que entrar en danza la bruja.

FAUSTO

¿Y por qué ha de hacerlo precisamente la vieja?, ¿no puedes tú mismo preparar la pócima?

MEFISTÓFELES

¡Menuda pérdida de tiempo! Prefiero, entretanto, construir mil puentes. No sólo hacen falta arte y ciencia, también se precisa paciencia para realizar la obra. Un espíritu tranquilo está activo muchos años; sólo el tiempo provee de poderes a un sutil fermento. Y todos los ingredientes son sorprendentes. Aunque el demonio le ha enseñado, el demonio no lo puede hacer. (Reparando en LOS ANIMALES.) ¡Mira qué diminuta y agradable especie! Aquí está la sirvienta; allí el criado. (Mirando a LOS ANIMALES.) Al parecer, la señora no está en casa.

LOS ANIMALES

Está comiendo fuera de casa; salió ponla chimenea.

MEFISTÓFELES

Decidme, ¿cuánto tiempo emplea, de ordinario, en sus diversiones?

LOS ANIMALES

El mismo que empleamos nosotros en calentarnos las patas.

MEFISTÓFELES

¿Qué te parecen estos tiernos animales?

FAUSTO

¡Del peor gusto que he visto nunca!

MEFISTÓFELES

No; una charla como esta es precisamente la que más me gusta tener. (A LOS ANIMALES.) Entonces decidme, muñecos malditos, qué es ese puré que se cocina en la olla que rondáis. .

LOS ANIMALES

Estamos cocinando una gran sopa para pobres.

MEFISTÓFELES

Entonces tendréis mucho público.

EL MONO (Acercándose y adulando a MEFISTÓFELES.)

¡Juguemos a los dados!

Quiero hacerme rico.

¡Haz que gane mi apuesta!

El asunto va mal.

Si tuviera dinero,

tendría inteligencia.

MEFISTÓFELES

¡Qué feliz se sentiría este mono si pudiera jugar a la lotería.

(Entretanto, las pequeñas crías de mono se han puesto a jugar con una gran bola dorada y la hacen rodar.)

EL MONO

El mundo es así,

va subiendo y bajando

y no deja de rodar.

Resuena cual cristal

que quebradizo es.

Por dentro está vacío.

Mucho brilla aquí,

y allí aún más.

Estoy lleno de vida.

Hijo de mi amor,

ten cuidado con él.

Al final morirás.

El mundo es de barro,

se pulverizará.

MEFISTÓFELES

¿Para qué sirve la criba?

EL MONO (Descolgándola.)

Si fueras un ladrón te reconocería. (Corre hacia donde está LA MONA y la hace mirar a través de la criba.)

¡Mira bien por la criba!

¿Conoces al ladrón

y no puedes nombrarlo?

MEFISTÓFELES (Acercándose al fuego.)

¿Y este puchero?

EL MONO Y LA MONA

Es estúpido y simple.

No conoce el puchero.

No conoce la marmita.

MEFISTÓFELES

¡Qué animal tan mal educado!

EL MONO

Toma este soplillo

y en el sillón siéntate.

(Insta a MEFISTÓFELES a sentarse.)

FAUSTO (Que entretanto ha estado frente al espejo, tan pronto acercándose como alejándose de él.)

¿Qué veo? ¿Qué visión celestial se refleja en este espejo mágico? ¡Oh amor, préstame tus alas más ligeras y llévame a su país! Ah, si me quedara aquí, si me atreviera a acercarme. ¡Esta es la más bella imagen de mujer! ¿Es posible que una mujer sea tan hermosa? ¿Es posible que, en el cuerpo tendido de esta mujer, esté reunida toda la belleza de los cielos? ¿Existirá algo así sobre la tierra?

MEFISTÓFELES

Claro, si un Dios se afana durante seis días y al último se vitorea a sí mismo, tiene que haber dado lugar a algo muy logrado. Por esta vez, mira hasta saciarte. Sabré hacerte hallar este pequeño tesoro, y feliz el que tenga la buena suerte de llevársela a casa como esposa. (FAUSTO se sigue mirando al espejo. MEFISTÓFELES, arrellanándose en el sillón y jugando con el soplillo, continúa hablando.) Aquí estoy, sentado como el rey en el trono. Aquí empuño el cetro, sólo me falta la corona.

LOS ANIMALES (Que hasta entonces han hecho todo tipo de movimientos, le traen a

MEFISTÓFELES una corona haciendo gran griterío.)

Oh, haznos el favor,

con sudor y con sangre

péganos la corona.

(Caminando torpemente con la corona, MEFISTÓFELES la rompe en dos pedazos, con los que dan vueltas y saltan.)

Ya ha ocurrido.

Hablamos y vemos,

rimamos y oímos.

FAUSTO (Frente al espejo.)

Ay de mí! Casi me estoy volviendo loco.

MEFISTÓFELES (Señalando a los animales.)

También a mí me empieza a flaquear la cabeza.

LOS ANIMALES

Si tenemos suerte

y todo concuerda,

tendremos ideas.

FAUSTO (Como antes.)

Mi pecho empieza a arder. Alejémonos cuanto antes.

MEFISTÓFELES (Con la postura anterior.)

Bueno, al menos hay que reconocer que son unos poetas muy sinceros.

(La marmita que LA MONA ha dejado hasta ahora descuidada empieza a rebosar; sale una gran llama que sube por la chimenea. LA BRUJA baja a través de la llama dando unos gritos espantosos.)

LA BRUJA

Ay, ay, ay. Maldito animal, condenada puerca. Has descuidado la caldera, has chamuscado a tu señora. Maldito animal. (Mirando a FAUSTO y a MEFISTÓFELES.)

¿Qué ha pasado aquí?

¿Quiénes sois vosotros dos?

¿Qué es lo que queréis?

¿Quién os hizo entrar?

¡Que el fuego del infierno arda en vuestros huesos!

(Mete la espumadera en la marmita y empieza a salpicar con llamas a FAUSTO, MEFISTÓFELES y a LOS ANIMALES. LOS ANIMALES aúllan.)

MEFISTÓFELES (Que le da la vuelta al soplillo que tiene en la mano y golpea las vasijas de cristal y

las ollas.)

Por el suelo, por el suelo,

ahí está tu brebaje,

ahí están tus vasijas.

Esto es sólo una broma,

puta vieja, es el ritmo

propio de tu melodía.

(Mientras LA BRUJA retrocede llena de horror y espanto.) ¿Me reconoces, esqueleto?, ¿eh, espantajo? ¿Reconoces a tu señor y maestro? No sé qué me impide golpearos y destrozaros a ti y a tus espíritus animales. ¿Le has perdido el respeto al jubón rojo? ¿Ya no puedes reconocer la pluma de gallo? ¿He ocultado mi rostro? ¿Tengo que anunciarme por mi nombre?

LA BRUJA

Oh, señor, perdona este grosero saludo, pero no he visto ningún pie de caballo. ¿Dónde están vuestros dos cuernos?

MEFISTÓFELES

Por esta vez saldrás del apuro, pues es cierto que hace mucho tiempo que no nos vemos. También la cultura, que a todo el mundo barniza, se ha extendido al demonio. Ya no es posible ver al fantasma nórdico. ¿Dónde están los cuernos, la cola y las garras? Y en cuanto al pie, del que no puedo prescindir, sé que me causaría cierto perjuicio entre la gente. Por ello, como algunos hombres jóvenes, me sirvo desde hace muchos años de falsas pantorrillas.

LA BRUJA (Bailando.)

Casi pierdo el sentido y el entendimiento. He aquí de nuevo al noble señor Satán.

MEFISTÓFELES

Mujer, no vuelvas a repetir ese nombre.

LA BRUJA

¿Por qué?, ¿qué daño os hace?

MEFISTÓFELES

Hace ya tiempo que fue escrito en el libro de las fábulas, sin que por eso los hombres hayan mejorado. Están libres del Maligno, pero los males se han quedado. Llámame señor Barón; así queda mejor. Soy un caballero igual que otros. Tú no dudarás de mi sangre azul. Mira, estas son mis armas. (Hace un gesto obsceno.)

LA BRUJA (Ríe con desmesura.)

¡Ja!, ¡ja! Ese es vuestro estilo. Seguís siendo un pícaro, como lo habéis sido siempre.

MEFISTÓFELES (A FAUSTO.)

Amigo, echa cuenta de esto; este es el modo de tratar con las brujas.

LA BRUJA

Ahora, decidme, señores, qué deseáis.

MEFISTÓFELES

Un buen vaso del conocido jugo. Pero quiero que sea del más añejo. Con los años redobla su efecto.

LA BRUJA

¡Con mucho gusto! Aquí tengo una botella de la que me gusta de vez en cuando beber y que no apesta en absoluto. Os daré un vasito con gran placer. (En voz baja.) Pero si este hombre bebe sin estar preparado, sabéis que no vivirá ni una hora.

MEFISTÓFELES

Es un buen amigo y le sentará muy bien. Quiero que disfrute de lo más escogido de tus artes culinarias. Traza tu círculo, pronuncia tus ensalmos y dale una taza llena.

(LA BRUJA, con extraños gestos, traza un círculo y va depositando dentro de su contorno cosas extrañas. Entretanto, los vasos empiezan a tintinear, las marmitas a resonar y a hacer música. Finalmente trae un libro, coloca a los monos dentro del círculo. Estos le sirven de pupitre y le sostienen la antorcha. Hace un gesto a FAUSTO para que se acerque a ella.)

FAUSTO (A MEFISTÓFELES.)

No; dime ¿a qué va a dar lugar esto? Esos trucos absurdos, esos gestos locos, este engaño de mal gusto ya son bastante conocidos y odiados por mí.

MEFISTÓFELES

¡Ea, qué tontería! Esto es sólo una broma. No seas tan estricto. Como médico, ella debe hacer un ensalmo para que el jugo le salga bien. (Apremia a FAUSTO a entrar en el círculo.)

LA BRUJA (Empieza a declamar con énfasis un párrafo del libro.)

Debes entender.

Haz de uno diez

y réstale dos

e iguálalo a tres.

Serás rico así.

Quítale el cuatro.

Con cinco y seis,

te avisa la bruja,

siete y ocho harás.

Llegó ya el final:

nueve es igual a uno

y diez no es ninguno.

Esta es la tabla de multiplicar de la bruja.

FAUSTO

Me parece que esta vieja delira.

MEFISTÓFELES

Pues todavía falta mucho para que esto acabe. Sé muy bien que así suena el libro entero; he perdido mucho tiempo con él. Una contradicción perfecta es tan misteriosa para los listos como para los tontos. Amigo mío, el arte es viejo y nuevo. Con él se difundió para la posteridad el error en lugar de la verdad: con el tres y el uno y con el uno el tres. Así se charla y se enseña sin trabas. ¿Quién se ocupa de los locos? Cuando el hombre oye palabras, cree habitualmente que estas ofrecen materia para pensar.

LA BRUJA (Continúa.)

La enorme fuerza

que tiene la ciencia

queda oculta al mundo.

Pero el que no piensa

que le es brindada

la obtiene de balde.

FAUSTO

¿Qué tonterías nos está diciendo? Pronto me estallará la cabeza. Me parece estar escuchando un coro de cien mil dementes.

MEFISTÓFELES

Ya basta, ya basta, perfecta sibila. Trae la bebida y llena la copa hasta los bordes. Este jugo no le hará daño a mi amigo: es un hombre con muchos grados que otros tragos ha tenido ya que beber.

(LA BRUJA, muy ceremoniosamente, escancia la bebida en una copa; al llevársela FAUSTO a la boca, surge una tenue llama.)

¡Venga, adentro!, ¡de un trago! ¿Estás hablando de tú a tú con el diablo y te asusta el ver una llama?

(LA BRUJA rompe el círculo. FAUSTO sale.) ¡Venga afuera!, ¡no debes quedarte quieto!

LA BRUJA

Que os aproveche el trago.

MEFISTÓFELES

Si puedo hacerte algún favor, pídemelo por Walpurgis.

LA BRUJA

¡Esta es una canción! Si la cantáis de vez en cuando, notaréis ciertos efectos.

MEFISTÓFELES

Vamos, deprisa, deja que te guíe. Tienes que sudar para que te invada su fuerza por dentro y por fuera. A partir de ahora te enseñaré a apreciar el ocio noble y pronto notarás con íntimo placer cómo Cupido despierta y vuelve a saltar.

FAUSTO

Deja que me mire en el espejo. ¡Esa imagen de mujer era tan bella!

MEFISTÓFELES

¡No, no! Pronto verás en persona el modelo de toda mujer. (En voz baja.) Con esta bebida en el cuerpo verás pronto a Helena encarnada en cada una de las mujeres.

CALLE

Índice

(FAUSTO. MARGARITA se cruza con él.)

FAUSTO

Mi bella señorita, ¿podría atreverme a ofrecerle mi brazo y mi compañía?

MARGARITA

No soy señorita ni bella, y puedo volver a casa sin compañía de nadie. (Se zafa de él y sigue andando.)

FAUSTO

¡Por el cielo, qué niña más hermosa! Nunca he visto nada igual. Llena de bondad y de virtud, al tiempo que muestra cierto desdén. Tiene rojos los labios y luminosas las mejillas. ¡No los podré olvidar en este mundo! Se ha grabado en mi pecho la forma en que bajó la mirada y el momento en que me replicó brevemente; qué entusiasmo sentí. (Entra MEFISTÓFELES.) Tienes que conseguirme a esa muchacha.

MEFISTÓFELES

¿A cuál?

FAUSTO

A esa que acaba de pasar.

MEFISTÓFELES

¿Aquella? Vuelve de hablar con su confesor, que le perdonó todos sus pecados. Me oculté en el confesonario y pude ver que es una inocente que confiesa faltas insignificantes. No tengo ningún poder sobre ella.

FAUSTO

Pero tiene al menos catorce años.

MEFISTÓFELES

Hablas como un auténtico calavera que deseara poseer todas las flores y se enorgulleciera de que para él no hay honor ni bien que no se puedan lograr. Pero esto no siempre ocurre.

FAUSTO

No, elogioso maese; no me vengas a hablar de la ley. Te lo digo claro y alto: si esta noche no siento el palpitar de su joven sangre al tenerla entre mis brazos, a medianoche nos separaremos.

MEFISTÓFELES

¡Piensa en todo lo que hay que hacer y deshacer! Al menos necesito dos semanas para encontrar la ocasión.

FAUSTO

Si tuvieras siete horas disponibles, no necesitaría del demonio para la seducción de esa criaturita. MEFISTÓFELES

Ya habláis casi como un francés, pero no os enojéis. ¿De qué sirve obtener el placer de inmediato? Nunca es tan grande el gozo, ni con mucho, como cuando poco a poco, con todo tipo de embustes, vas encadenando y poniendo en suerte a tu muñequita, tal como ocurre en algunos cuentos extranjeros.

FAUSTO

Aun sin eso, me apetece.

MEFISTÓFELES

Ya sin bromas ni chanzas. Te digo que con esa bella niña no se puede ir tan rápido. Con el empuje no podrás conseguir nada. Tendremos que servirnos de la astucia.

FAUSTO

¡Tráeme algo de su tesoro angélico! ¡Llévame a su lugar de descanso! ¡Haz de su pecho mi pañuelo, hazle una liga con mi deseo amoroso!

MEFISTÓFELES

Para que veas que ante tu pena quiero ser diligente y servicial, no perderemos ni un instante y hoy te llevaré a su cuarto.

FAUSTO

¿Y podré verla?; ¿y será mía?

MEFISTÓFELES

No. Ella estará en casa de una vecina. Mientras tanto podrás hacerte con esperanzas de futuras alegrías en el aire donde ella respira.

FAUSTO

¿Podemos ir ya?

MEFISTÓFELES

Todavía es muy pronto.

FAUSTO

Consígueme un regalo para llevarle. (Se va.)

MEFISTÓFELES

¡Regalos ya! ¡Muy bien! ¡Lo acabará consiguiendo! Conozco lugares adecuados donde están enterrados algunos viejos tesoros. Tengo que volver a echarles un vistazo. (Se va.)

AL ATARDECER

Índice

(Un cuarto pequeño y pulcro.)

MARGARITA (Haciéndose sus coletas.)

Daría cualquier cosa por saber quién era el caballero de antes. Con aquel aspecto tan gallardo, seguro que es de casa noble; se lo noté en la frente. De no ser así, no hubiera tenido tanta audacia. (Se va.)

(MEFISTÓFELES y FAUSTO entran.)

MEFISTÓFELES

¡Adentro!, ¡sin hacer ruido!, ¡adentro!

FAUSTO (Después de una pausa.)

Te lo ruego, déjame solo.

MEFISTÓFELES (Fisgoneando.)

No todas las muchachas son tan aseadas. (Se va.)

FAUSTO (Mirando alrededor.)

Bien llegada seas, dulce luz del crepúsculo que te filtras en este santuario penetrándolo. Apodérate de mi corazón, dulce pena de amor, que vives consumiéndote en el rocío de la esperanza. ¡Qué sentimiento de serenidad, de orden, de contento se respira! ¡Qué plenitud en esta pobreza!, ¡qué felicidad en esta prisión! (Se deja caer en el sillón de cuero situado junto a la cama.) Acógeme tú que, en la alegría y el dolor, recibiste con los brazos abiertos a sus antepasados. ¡Cuántas veces se subieron los niños a este trono paternal! Quizá aquí, mi pequeña amada, con las mejillas gordezuelas y agradecida por el aguinaldo navideño, besó la marchita mano del abuelo. Siento, muchacha, cómo me envuelve tu espíritu ordenado y generoso que, maternal, te enseña diariamente a extender pulcramente el mantel sobre la mesa y a alisar la arena a tus pies. Oh, mano amada, semejante a la de los dioses, esta choza se convierte gracias a ti en un reino celestial. ¡Y aquí...! (Abre una de las colgaduras de la cama.) ... ¿Qué frenesí se apodera de mí? Aquí querría pasarme horas enteras; aquí, naturaleza, has formado en leve sueño a este ángel hecho carne; aquí está la niña durmiendo, su pecho lleno de calor y vida; aquí, con textura limpia y pura, se crea la imagen divina. Pero, ¿qué es lo que te ha traído aquí? ¡Me siento conmovido en mi interior! ¿Qué quieres? ¿Por qué está tan grave tu alma? Pobre Fausto, ya no te reconozco. ¿Un aroma de encanto me rodea? Me impulsó a venir la satisfacción de un placer inmediato y ahora me deshago en un sueño amoroso. ¿Somos un juguete ante cada golpe de aire? Y si ella apareciera ahora, ¡cómo expiarías tu sacrilegio! Qué diminuto se haría, incluso, el gran libertino; se fundiría echándose a sus pies.

MEFISTÓFELES

Rápido. La veo bajar.

FAUSTO

¡Vamos!, ¡vamos! ¡Jamás he de volver!

MEFISTÓFELES

Aquí hay un cofrecito bien pesado que encontré no sé dónde. Pónselo en el armario y te prometo que perderá el sentido. Metí en él varias cosas para conseguir otra. Y es que los niños son siempre niños y el juego siempre es juego.

FAUSTO

No sé si debo.

MEFISTÓFELES

¿Aún te lo preguntas? ¿Pretendes guardarte este tesoro? Entonces le recomiendo a Su Avaricia que no me haga perder el día y que me dispense de esfuerzos venideros. No creí que fueras avaro. Me rasco la cabeza y me froto las manos. (Coloca la cajita en el armario y vuelve a cerrar la puerta.) ¡Venga! ¡Deprisa! Yo intento someter el deseo y la voluntad de tu corazón a esta joven y dulce niña y tú estás ahí, como si fueras a entrar al aula y, grises, en carne y hueso, te esperaran la física y la metafísica. Vamos.

(Salen.)

MARGARITA (Con una lámpara.)

¡Qué bochorno!, ¡qué humedad hay aquí! (Abre la ventana.) Sin embargo, no hace calor fuera, pero siento calor no sé por qué. Me gustaría que volviera mamá a casa. Siento un escalofrío que me recorre todo el cuerpo. Creo que soy una mujer miedosa y tonta. (Empieza a cantar mientras se va desnudando.)

Había una vez un rey en Thule,

fiel hasta la sepultura,

al que su amada, muriendo,

regaló una áurea copa.

Era su mayor tesoro;

la llevaba a los banquetes;

se humedecían sus ojos

cuando de ella bebía.

Al estar su muerte próxima,

calculó su gran fortuna

y a su heredero la legó,

mas no su querida copa.

Celebró regio banquete,

flanqueado de caballeros,

en el antiguo salón

del castillo junto al mar.

Allí el viejo bebedor

tomó su último sorbo

y arrojó su amada copa

al albur de las mareas.

La vio caer y hundirse

en aquel profundo mar.

Los ojos se le apagaron,

nunca volvió a beber.

(Abre el armario para ordenar sus vestidos y ve el cofrecito de joyas.) Cómo ha llegado hasta aquí este cofrecillo si estoy segura de haber cerrado muy bien el armario. ¡Qué raro! ¿Qué podrá haber dentro? Quizá lo haya traído alguien en prenda, para pedir un préstamo a mi madre. Cuelga una llavecita de la cinta. Me parece que lo voy a abrir ahora mismo. ¿Qué es esto? ¡Dios de los cielos! Mira, no he visto nunca nada igual en mi vida. Unas joyas con las que cualquier dama de la nobleza podría asistir a la mayor de las solemnidades. ¿Cómo me sentaría esta cadena? ¿A quién pertenece esta maravilla? (Se adorna con las joyas y se pone ante el espejo.) ¡Si tan sólo fueran míos los pendientes, ya tendría otro aspecto! ¿De qué sirven la belleza y la juventud? Todo ello puede ser muy bueno y muy bonito, pero ahí se queda y se alaba casi por compromiso. Mas todos persiguen el oro y todo pende del oro. ¡Ay, pobres de nosotras!

PASEO

Índice

(FAUSTO, pensativo, va andando de un lado a otro. Se le acerca MEFISTÓFELES.)

MEFISTÓFELES

Por todo el amor desdeñado, por todos los elementos infernales; ¡quisiera saber lo más ofensivo posible para poder maldecir!

FAUSTO

¿Qué te pasa?, ¿qué mosca te ha picado? No he visto peor cara en mi vida.

MEFISTÓFELES

Me daría ahora mismo a los diablos si no fuera yo uno de ellos.

FAUSTO

¿Estás perturbado? La verdad es que te da empaque ponerte como un loco.

MEFISTÓFELES

Las joyas que reuní para Margarita se las ha llevado un cura. La madre, en cuanto vio aquello, empezó a sentir miedo. La mujer tiene un fino olfato, pues siempre tiene las narices dentro del misal, y empieza a oler todos los muebles a ver si son sagrados o profanos, y cuando vio las joyas comprendió al momento que no tenían muchas bendiciones. Ella exclamó: «Hija mía, este bien injusto apresa el alma y consume la sangre. Lo consagraremos a la madre de Dios y quedaremos satisfechos con el Maná del Cielo». La pequeña Margarita torció el gesto, pensó que era caballo regalado y que no era ningún impío el que lo había traído con tanta finura. La madre hizo llamar a un cura que, en cuanto presintió el placer, se dejó agradar la vista. El dijo: «Está muy bien pensado, el que supera la prueba gana. La Iglesia tiene un buen estómago, ha devorado países enteros y nunca se ha empachado hasta ahora. Sólo la Iglesia, estimadas señoras, puede digerir bienes injustos».

FAUSTO

Ese es un uso general. El judío y el rey hacen lo mismo.

MEFISTÓFELES

Se llevó el prendedor, el collar y los anillos como si fueran bagatelas, y sin dar más gracias que por un cesto lleno de avellanas, les prometió la recompensa celestial y ellas se sintieron muy edificadas.

FAUSTO

¿Y Margarita?

MEFISTÓFELES

Ahora está intranquila, no sabe lo que quiere ni lo que debe hacer; día y noche se acuerda de las joyas y piensa aún más en quién se las dejaría allí.

FAUSTO

Me duele la preocupación de mi pequeña amada. ¡Consíguele nuevas joyas! Las primeras valían poca cosa.

MEFISTÓFELES

Sí claro, para el señor todo es un juego de niñas.

FAUSTO

Hazlo y dispónlo a mi voluntad. Pégate a su vecina. Demonio, no seas blandengue y trae nuevas joyas. MEFISTÓFELES

Sí, gran señor, lo haré con gusto y de corazón.

(FAUSTO se va.)

Así es cómo un loco enamorado hace estallar el sol, la luna y las estrellas para la diversión de la amada. (Sale.)

LA CASA DE LA VECINA

Índice

MARTA (Sola.)

¡Que Dios perdone a mi marido! No me hizo ningún bien. Se ha ido a recorrer el mundo y me dejó sola en la estacada. Yo no hice nada que le molestara. Dios sabe que le amé de veras. (Llora.) Quizás esté muerto. ¡Qué pena! Si al menos tuviera un certificado de defunción.

(Viene MARGARITA.)

MARGARITA

¡Señora Marta!

MARTA

¿Qué hay de nuevo, Margarita?

MARGARITA

Las piernas me tiemblan tanto, que apenas puedo permanecer de pie. He vuelto ha encontrar un cofrecito en mi armario; es de ébano y contiene alhajas mucho más valiosas que las del primero.

MARTA

Ni una palabra a tu madre o se las volverá a dar al confesor.

MARGARITA

¡Mírelas, mírelas tan sólo!

MARTA (Adorna a MARGARITA con las joyas.)

¡Criatura dichosa!

MARGARITA

Por desgracia, no puedo dejarme ver con ellas en la calle ni en la iglesia.

MARTA

Ven a visitarme con frecuencia y ponte las joyas a escondidas. Pasea durante una hora delante del espejo. ¡Será una buena diversión para nosotras! Luego ya habrá alguna ocasión; alguna fiesta donde poco a poco podrás dejarte ver ante la gente, primero una cadenita, luego los pendientes de perlas... Probablemente no lo vea tu madre o podamos engañarla con algo.

MARGARITA

Quién habrá traído los dos cofrecitos. Esto no me huele muy bien. (Llaman a la puerta.) ¡Dios mío, puede que sea mi madre!

MARTA (Observando por la mirilla.)

Es un caballero desconocido. ¡Adelante!

(Entra MEFISTÓFELES.)

MEFISTÓFELES

He de pedir excusas a las damas por haberme tomado la libertad de entrar. (Retrocede respetuosamente ante MARGARITA.) Busco a la señora Marta Schwerdtlein.

MARTA

Soy yo, ¿qué queréis de mí?

MEFISTÓFELES (Hablándole en voz baja.)

Por ahora me basta con conocerla. Tiene usted una visita distinguida. Perdone la confianza que me tomo, pero volveré por la tarde.

MARTA (En voz alta a MARGARITA.)

¡Mira qué cosa más particular!... Ese caballero te toma por una encopetada señorita.

MARGARITA (En voz alta.)

Soy una muchacha de sangre humilde. ¡Válgame Dios!, sois demasiado amable, señor. Las joyas y las alhajas no son mías.

MARTA

¿Qué noticias trae de mi marido? ¿Me pide mucho dinero?

MEFISTÓFELES

Me gustaría traer mejores noticias. Espero que no me reproche por ello. Su marido murió y le manda recuerdos.

MARTA

¿Ha muerto? Pobre de mi fiel corazón. Oh, dolor. ¡Mi marido ha muerto! ¡Me desmayo!

MARGARITA

Ah, estimada señora, no desesperéis.

MEFISTÓFELES

Escuchad mi triste relato.

MARTA

No volveré a amar a nadie. La pérdida me desolará hasta la muerte.

MEFISTÓFELES

La alegría ha de tener pena y la pena alegría.

MARTA

Contadme cómo fue su final.

MEFISTÓFELES

Está enterrado en Padua, junto a San Antonio. En un lugar sacrosanto obtuvo el frío y eterno lecho.

MARTA

¿No habéis traído nada más para mí?

MEFISTÓFELES

Sí, un favor grande y difícil: qué mandéis decir trescientas misas por él. Por lo demás, mis bolsillos están vacíos.

MARTA

¿Cómo? ¿Ni un medallón?, ¿ni una alhaja? ¡Ni eso que el más modesto de los trabajadores manuales guarda en el fondo del saco como recuerdo, conservándolo aunque tenga que pasar hambre y mendigar!

MEFISTÓFELES

Señora, lo siento en el alma, pero él no ha malgastado su dinero. También se arrepintió muy profundamente de sus pecados y se lamenta todavía más de su mala suerte.

MARGARITA

¡Por qué seremos tan míseros los seres humanos! Sí, haré que por él digan muchos Réquiem.

MEFISTÓFELES

Merecéis llegar pronto al matrimonio. Sois una amable niña.

MARGARITA

Todavía no es tiempo de eso.

MEFISTÓFELES

Si no es un marido, puede ser entretanto un amante. Es un don del cielo tener algo tan bello entre los brazos.

MARGARITA

No es esa la costumbre del país.

MEFISTÓFELES

Sea o no sea la costumbre, se hace.

MARTA

¡Contadme!

MEFISTÓFELES

Estuve en su lecho de muerte, que casi era de inmundicia, era de paja semipodrida; él murió como cristiano y vio que había dejado muchas deudas sin saldar. Exclamó: «Tengo que odiarme profundamente por haber dejado mi trabajo y a mi mujer. Este recuerdo me mortifica. Si al menos pudiera perdonarme en vida».

MARTA (Llorando.)

El buen hombre. Hace ya mucho tiempo que lo he perdonado.

MEFISTÓFELES

«Pero, bien sabe Dios que ella es más culpable que yo.»

MARTA

¡Eso es mentira! ¡Vaya! ¡Mintiendo al filo de la tumba!

MEFISTÓFELES

Aunque yo no entiendo mucho de eso, creo que en sus últimos momentos deliraba: «No he podido», dijo, «malgastar el tiempo. Primero vinieron los hijos y luego tuve que conseguirles el pan, el pan en todos los sentidos, y ni siquiera pude comer mi parte en paz».

MARTA

¡Así olvidó mi fidelidad y mi amor, las fatigas que pasé día y noche!

MEFISTÓFELES

Ah, no, él pensó de corazón en usted. Dijo: «Al salir de Malta recé con fervor por mi mujer y mis hijos, y el Cielo nos fue propicio, pues nuestra nave hizo presa a una galera turca que llevaba un tesoro del gran Sultán. La valentía tuvo recompensa, yo también recibí, como era justo, mi parte bien medida».

MARTA

¿Cómo?, ¿dónde?, ¿lo habrá enterrado tal vez?

MEFISTÓFELES

¿Quién sabe dónde se lo habrá llevado el viento? Una linda dama se prendó de él al andar por Nápoles errante y le dio tanto amor y fidelidad que la tuvo presente hasta el fin.

MARTA

Ese pícaro, ese ladrón de sus hijos. Ni toda la miseria ni la escasez le impidieron llevar a cabo su vergonzosa vida.

MEFISTÓFELES

Veis; por eso ha muerto. Si estuviera en vuestro lugar, le guardaría un recatado año de luto mientras me buscaba un nuevo amado.

MARTA

Ah, Dios. Difícilmente encontraría uno como mi primer marido. Apenas podrá haber un loco más enternecedor. Sólo era aficionado al mucho errar, a las mujeres extranjeras, al vino extranjero y al condenado juego de los dados.

MEFISTÓFELES

Bien, yo veo así la cosa. Con la condición de ser más o menos tan tolerante como lo fue con él, cambiaría con usted los anillos.

MARTA

¡Vaya, al caballero le gusta bromear!

MEFISTÓFELES (Para sí.)

Voy a marcharme ahora mismo. Esta es capaz de tomarle la palabra al mismo diablo. (A MARGARITA.) ¿Y a vuestro corazón, cómo le va?

MARTA

¿Qué quiere decir el señor con eso?

MEFISTÓFELES (Para sí.)

¡Niña buena e inocente! (En voz alta.) ¡Adiós, señoras!

MARGARITA

¡Adiós!

MARTA

Pero decidme antes algo. Me gustaría tener un documento de dónde y cómo está enterrado mi esposo. Siempre he sido amiga del orden, e incluso me gusta ver las esquelas de las gacetas semanales.

MEFISTÓFELES

Sí, buena mujer; por boca de dos testigos se establece la verdad. Tengo un distinguido compañero al que os pondré frente al juez. He de traerlo aquí.

MARTA

¡Oh, hacedlo!

MEFISTÓFELES

¿Estará aquí la doncella? Él es un buen muchacho. Ha viajado mucho y ha mostrado su cortesía a muchas jóvenes damas.

MARGARITA

Ante él enrojecería de vergüenza.

MEFISTÓFELES

No deberías hacerlo ante ningún rey de la tierra.

MARGARITA

Detrás de mi casa, en mi jardín, esperaremos esta tarde a los señores.

UNA CALLE

Índice

(FAUSTO y MEFISTÓFELES.)

FAUSTO

¿Cómo va todo?, ¿se avanza?, ¿lo lograremos?

MEFISTÓFELES

¡Ah, bravo! ¿Estás en ascuas? En poco tiempo Margarita será tuya. Esta noche la verás en casa de su vecina Marta. Una mujer que ni pintada para celestineos y gitanerías.

FAUSTO

¡Bien!

MEFISTÓFELES

Pero se exige algo de nosotros.

FAUSTO

Bien merece la pena devolver un favor por otro.

MEFISTÓFELES

Hemos de dar fe de que los restos de su esposo descansan en Padua y están enterrados en tierra sagrada.

FAUSTO

¡Muy inteligente! Entonces tendremos que viajar primero allí.

MEFISTÓFELES

¡No se trata de eso; sancta sinplicitas! Hay que atestiguarlo sin informarse previamente.

FAUSTO

Si no hay otro camino, el plan ha fracasado.

MEFISTÓFELES

Oh, santo varón, ¿con esas sales? ¿Es esta la primera vez en tu vida que das falso testimonio? ¿No has dado definiciones más fuertes sobre Dios, el mundo y lo que en él se mueve, sobre el hombre y sobre lo que en el interior de su corazón se agita?, ¿y no lo hiciste con pecho audaz y mente disipada? Si miras en tu interior, ¿no has de confesar que sabes tanto de eso como de la muerte del señor Schwerdtlein?

FAUSTO

Eres y serás un mentiroso, un sofista.

MEFISTÓFELES

¡Ah, si no se supiera un poco más! Pues mañana, con todo el honor, ¿no irás a aturdir a la pobre Margarita jurándole un amor profundo?

FAUSTO

¡Lo haré de corazón!

MEFISTÓFELES

¡Muy bonito! Luego hablarás de la eterna lealtad, amor de un único deseo todopoderoso. ¿Y todo eso saldrá del corazón?

FAUSTO

¡Sí saldrá! ¡Déjalo ya! Si siento algo y busco nombre para el sentimiento y el fuego en el que ardo, y no lo encuentro y ando por el mundo para alcanzar las palabras más elevadas, y a ese fuego que me quema lo llamo infinito, ¿es esto un juego y un engaño diabólico?

MEFISTÓFELES

Pero tengo razón.

FAUSTO

Escucha y atiéndeme, y sobre todo no me fatigues más: quien se empeña en tener razón, si se apoya en la elocuencia, acaba teniendo razón. Vamos, ya estoy harto de tanto cotorreo. Tienes razón, sobre todo porque no me queda más remedio.

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Yaş sınırı:
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Litres'teki yayın tarihi:
27 şubat 2026
Hacim:
320 s.
ISBN:
4064066498320
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