Kitabı oku: «Jesús y su misión en la posmodernidad»

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JESÚS Y SU MISIÓN EN LA POSMODERNIDAD

John Harold Caicedo


Jesús y su misión en la posmodernidad

© 2020, John Harold Caicedo

©Primera edición 2020 Portable Publishing Group LLC, 30 N Gould St, Ste R, Sheridan, WY 82801, Estados Unidos de América.

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ISBN: 978-1-953540-35-5

Impreso en México – Printed in Mexico

CONTENIDO

JESÚS Y SU MISIÓN EN LA POSMODERNIDAD

CONTENIDO

Introducción

Capítulo 1. Sígueme. El llamado a la misión

Capítulo 2. Un templo restaurado. El lugar de la misión

Capítulo 3. Nacer de nuevo en el siglo XXI. La forma para la misión

Capítulo 4. La prueba de amor. La actitud frente a la misión

Capítulo 5. Agua viva. La dificultad de la misión.

Capítulo 6. Jesús, levántate y anda. El poder de la misión

Capítulo 7. La vida y la muerte. El valor de la misión

Capítulo 8. Maná para el siglo XXI. Nutriendo la misión

Capítulo 9. Vete y sigue pecando. El futuro de la misión

Capítulo 10. Los iluminados del tiempo presente. Luz para la misión

Capítulo 11. La muerte de la verdad. La misión en tiempos postmodernos.

Conclusiones

Bibliografía

Introducción

El desmantelamiento paulatino de los pilares de la fe cristiana ha dejado a la generación del siglo XXI en medio de grandes interrogantes para los cuales tampoco se ofrece una respuesta. Es por eso que las respuestas personales han tomado preponderancia sobre las respuestas institucionales, pues estas últimas han perdido credibilidad en pleno auge del posmodernismo presente. A su vez estas respuestas personales están influenciadas por la misma incertidumbre que se ha apoderado del mundo presente, pues en medio de tantas opciones no parece que un único camino sea una posibilidad real.

Seguir a Jesús en el siglo XXI y entender su misión puede significar algo muy diferente a lo que el mundo del primer siglo concibió. Entender sus declaraciones puede convertirse hoy en día en algo más que un simple ejercicio hermenéutico. Puede resultar más bien en una multiplicidad de opciones con las cuales cada quien establece sus propias decisiones. Y si esto es difícil, es posible también que la misión de Jesús pueda ser interpretada de una manera diferente a como se expresó de manera original y que representaba además el propósito por el cual Jesús vino desde los cielos. “Los cambios que ocurren al presente en la misión cristiana no son ni incidentales ni reversibles, sino que son el resultado de un cambio fundamental de paradigmas, no solo en la misión y la teología sino en el pensamiento y la experiencia de todo el mundo.”1

Es fundamental entender que la cosmovisión cristiana elabora sus propios paradigmas a partir del evangelio como base fundamental y esto no es negociable. “Para el cristiano (…) cualquier cambio paradigmático se puede dar únicamente sobre la base del evangelio y por causa del evangelio, nunca en contra del evangelio.”2 De esta manera se establece un marco de referencia a partir del cual toda acción que tenga como propósito representar adecuadamente los paradigmas cristianos debe surgir a partir del contenido escritural como fundamento inamovible, o al menos no contradecirlo en sus principios básicos.

“Interpretar la Biblia es una tarea difícil. Nosotros traemos nuestro pasado, nuestras nociones preconcebidas, nuestra ya formada teología, nuestros puntos culturales ciegos, nuestra posición social, nuestro género, nuestras posturas políticas, y muchas otras influencias a nuestra interpretación de la Biblia.”3 Esta afirmación pone de manifiesto que la objetividad con la cual anhelamos acercarnos al mensaje de la Biblia en realidad ya tiene presupuestos establecidos en nuestra mente desde los cuales leemos e interpretamos lo que leemos. Esto afecta nuestra percepción por supuesto, pero al mismo tiempo nos obliga a ser abiertos en cuanto a las opiniones divergentes y las fuentes de las cuales provienen. “Esto no implica que el significado dependa de su lector. El significado permanece constante. Pero la lectura de los textos difiere y depende de muchos factores que rodean el proceso interpretativo.”4

La misión de Dios está establecida en la Escritura misma. “La Escritura viene a nosotros en forma de palabras humanas que ya están <<contextualizadas>> (en el sentido de que fueron dirigidas a un contexto histórico muy específico) y además están abiertas a distintas interpretaciones.”5 Desde el Antiguo Testamento encontramos a un Dios que llama y encomienda misiones específicas a los suyos. El plan de Dios es el plan de quienes le siguen. La misión es la misión de Dios y no simplemente una acción compasiva que puede realizarse bajo parámetros humanos. Esta reflexión pone de manifiesto la necesidad de una tarea que no se detiene. Puede variar la metodología, pero no los postulados que la hicieron real. Pueden variar las formas de acercamiento, pero el mensaje es entregado y confronta la disponibilidad de quienes lo reciben.

Para Samuel Escobar el llamado de Dios es a tener una participación activa dentro del proceso misiológico mundial, reconociendo el cambio constante que un mundo globalizado ofrece y los desafíos que se derivan de ese proceso de transformación mundial.6 Cuando un convertido traspasa los mares o las fronteras, su fe también cruza los límites y de alguna manera, cuando comparte sus experiencias espirituales, es un misionero que trae buenas nuevas. “El mensaje de Cristo no resuena en el vacío, sino que propone una tarea en relación con la situación en la que nos encontramos y esta situación, para ser comprendida a la luz de la caridad, debe, en todo caso, definirse en términos reconocibles.”7 La naturaleza de su misión no solo va en orden al contenido del mensaje bíblico que comparte, sino además sus experiencias, sus propios sufrimientos, sus costumbres, el legado cultural que posee y muchas otras cosas, pasan a ser parte del contenido de ese mensaje en su forma integral. “La Iglesia cristiana debe funcionar como una <<comunidad hermenéutica internacional>> en la cual los cristianos (y los teólogos) de diferentes contextos se desafían mutuamente respecto a sus prejuicios culturales, sociales e ideológicos.”8

La iglesia local ha dejado de ser simplemente un organismo aislado que intenta realizar una proclamación limitada en un contexto particular. Más que eso, la iglesia del siglo XXI es una iglesia globalizada que proclama un mensaje que puede ser difundido en otros lugares del mundo y cuyo contenido debe ser aplicable en cualquier sitio donde se compartan las buenas nuevas. La aplicación de los postulados de la fe cristiana no se limita a ciertos ámbitos o lugares específicos. La predicación del evangelio debe ser una acción constante y de carácter universal, dado que tiene la capacidad de transformar, no solo las vidas en particular, sino también las comunidades enteras, pueblos o naciones. Al menos esa es la pretensión de su contenido. Por eso el tiempo de la misión es todo tiempo y el lugar de la misión es todo lugar. “Tal vez los autores del Nuevo Testamento estuvieran más interesados en la existencia misionera de sus lectores que en definir el concepto de misión; para dar expresión a la primera, crearon una rica variedad de metáforas, como <<la sal de la tierra>>, <<la luz del mundo>>, <<una ciudad sobre una colina>> y otras más.”9

La obra de la misión es también la obra del Espíritu Santo. Los dones dados a los creyentes y el poder que permite abrir surcos que han sido cerrados por siglos, son parte de la práctica y la teología de la misión. Comprender la acción vivificadora del Espíritu Santo estimula la acción de quienes son partícipes directos de esta labor transnacional.

En medio de la sociedad globalizada en la que vivimos podemos encontrar expresiones tangibles de la visión bíblica que nos remonta a la acción misionera de los tiempos antiguos y nos lanza de nuevo a la proclamación de la palabra viva pero con argumentos correspondientes a los nuevos tiempos, en los que los avances tecnológicos y la rápida difusión se han convertido en parte esencial del diario vivir. Aun en lugares remotos y atrasados, se han aumentado las posibilidades de encontrar recursos con los cuales continuar en este proceso de evangelización mundial que el mundo cristiano debe seguir alimentando.

Vivimos en un mundo cambiante de manera acelerada. El cristianismo ahora se ha expandido, al punto de dejar de considerarse simplemente como una religión occidental, para convertirse en una religión de variadas gamas, multifacética, multilingüe y global. Y eso representa el cumplimiento del mandato de Jesús y a su vez el reto para la iglesia contemporánea en cuanto a la eficacia de su labor misionera.

Bajo la perspectiva de un mundo cambiante, la Biblia misma debe aprenderse a ser leída con otra óptica inclusiva y abarcadora que pueda llegar a los oídos de personas en cualquier lugar del mundo y que sea relevante en su contexto. “Más recientemente hemos empezado a aceptar el papel de la cultura en la religión y en la experiencia religiosa.”10 Esta enseñanza debe ir acompañada de una acción deliberada de alcance, partiendo de la premisa del amor al prójimo esbozado en la Escritura.

Para Fernando Bullón es necesario trascender los espacios circundantes y establecer formas que puedan mirar más allá del mundo inmediato que nos rodea, para ir al escenario de lo nacional, lo internacional y lo mundial. Partiendo de la comprensión de la dimensión local, desde la base orgánica, se puede ir a otros niveles de mayor alcance donde se considere lo supra comunal como punto de referencia más amplio con vistas a una verdadera transformación de las estructuras sociales.11 Por lo tanto la dimensión misionera no consiste únicamente en realizar esporádicas visitas a ciertos lugares, sino en encarnarse en la vida misma de aquellos a quienes se quiere comunicar el mensaje de salvación.

David Bosch entiende que “lo sucedido en círculos teológicos y misiológicos en las últimas décadas es el resultado de un cambio paradigmático fundamental no solo en las áreas de la misión y la teología sino en la experiencia y en la manera de pensar del mundo entero”12, mientras que Christopher J.H. Wright se pregunta si deberíamos entender la misión cristiana a la luz de la Biblia o entender la Biblia a partir de la misión de Dios.13

Por su parte Grunlan y Mayers al considerar que el proceso misionero no se trata solo de cruzar fronteras sino de moverse entre culturas afirman que: “las fronteras nacionales son líneas artificiales dibujadas sobre mapas políticos; las culturas son realidades en localidades geográficas.” 14 Padilla mientras tanto considera que “El llamado del Espíritu está vinculado al envío o misión de Dios (missio Dei) de crear un pueblo para sí, un pueblo donde Él habita y con el que tiene comunión íntima (1 Juan 4:16)”15

En su libro Contra corriente, Juan Driver establece que “La sociedad occidental se caracteriza por su preocupación pragmática por los resultados, los cuales mide en términos objetivos de cantidad y calidad, de eficacia y de éxito. A veces los cristianos aplicamos estos criterios a nuestras evaluaciones de la vida y misión de la iglesia.”16

Van Engen percibe al pueblo de Dios como un grupo misionero que puede mirar su propósito en relación a la tarea encomendada por Jesucristo. “Los miembros de la Iglesia que se consideran como el pueblo misionero de Dios necesitan visualizar simultáneamente la comunidad cristiana como una organización social y humana, y a la vez como un organismo espiritual creado por Dios. En este caso la misión llega a ser tanto un don como una tarea.”17 Johannes Blaw en una cita de Van Engen dice que: “No hay otra Iglesia más que la Iglesia enviada al mundo y no hay otra misión más que la de la Iglesia de Cristo.”18 Y John R. Stott declarando que: “la iglesia no puede ser entendida correctamente excepto en una perspectiva que es a la vez misionera y escatológica.”19

Algunas preguntas que podrían guiar el enfoque y la pretensión de este escrito podrían ser resumidas de esta manera: ¿Para entender el tiempo en que vivimos deberíamos hacerlo con base en la temporalidad en la que nos movemos o en la trascendencia que se nos anuncia en la palabra de Dios? ¿Cómo conectamos lo temporal con lo trascendente? ¿Cambia la misión si no tenemos una adecuada comprensión de las declaraciones de Jesús para cada época de la historia? ¿Estaremos desarrollando la misión de Jesús de una manera acorde con las exigencias de los tiempos posmodernos?

Obviamente no podemos entender el mundo como un salto desde los tiempos bíblicos hasta el postmodernismo. Muchos acontecimientos han sucedido a través de los siglos que han influido directamente en la formación del pensamiento humano y en sus acciones que representan esas formas de pensamiento. Sin embargo este escrito no puede ocuparse por razones obvias de la historia del pensamiento y sus distintos matices, sino que se ocupará de manera directa de la manera en que se conciben algunas de las declaraciones de Jesús en tiempos posmodernos y su influencia en la misión actual derivada de esta forma de interpretación. “La cuestión crucial es simplemente esta: la Iglesia cristiana, en general, y la misión cristiana en particular, confrontan hoy desafíos jamás soñados que claman por respuestas relevantes y armónicas con la esencia de la fe cristiana.”20

Para efectos de este escrito se tendrá presente en primera instancia, sin ignorar otros autores, desde el lado del posmodernismo los conceptos desarrollados por Gianni Vattimo en sus diferentes obras que tienen que ver con el encuentro entre cristianismo y posmodernismo y sus efectos. “El objetivo de Vattimo aquí no es otro que elaborar un tipo de filosofía acorde con las exigencias de nuestra época y cultura, que ya no puede admitir las pretensiones absolutistas y racionalistas de la época moderna.”21 Por otro lado considero importante estudiar el texto de Antonio Cruz quien desarrolla el concepto del posmodernismo con una base sociológica en la cual no prescinde del aspecto religioso. De hecho el subtítulo de uno de sus libros sobre la posmodernidad es: “El evangelio ante el desafío del bienestar”.22

Desde el lado de la misión, a David Bosch quien trabaja en el cambio de paradigma de la teología de la misión con lo cual podrá entenderse el proceso misionero a la luz de los cambios culturales, sociales e históricos y finalmente desde el ángulo de los estudios del Evangelio de Juan a Eli Lizorkin, quien desarrolla una interesante propuesta al analizar el cuarto evangelio desde una perspectiva judía con un acercamiento histórico sin sacrificar la importancia religiosa contemporánea de su contenido. “Siempre he encontrado el contenido del cuarto Evangelio, en particular, más desafiante y más fascinante.”23

Esta propuesta nos permitirá crear un punto de contacto entre autores diversos y de distintas disciplinas, con el propósito de crear un escenario propicio para comprender de una mejor forma las declaraciones de Jesús en el evangelio de Juan y su relevancia para los tiempos posmodernos. Más que establecer criterios de contradicción entre los diferentes autores, la propuesta es usar sus argumentos como una guía apropiada para entender de una mejor forma lo que supone escuchar las palabras de Jesús en este tiempo, entendiendo la aplicación de su misión en la posmodernidad, desde el ángulo de algunas de sus declaraciones iniciales que se citan en el cuarto evangelio. “Hay que saber cómo piensan los hombres y las mujeres a los que se dirige la Buena Nueva.”24Al observar desde los tres ángulos será posible comprender de una forma más cercana el contraste entre los enunciados de la cultura posmoderna con sus particularidades y algunas declaraciones de Jesús en el evangelio de Juan, para a su vez interpretar su misión y la aplicación de la misma en estos tiempos, que es al fin de cuentas el propósito de este trabajo.

La posmodernidad es la generalización de un proceso histórico, cultural, social muy complejo que puede situar sus inicios en la segunda mitad del siglo XX. Refleja de alguna manera la frustración frente a lo que la modernidad no logró. “Desde puntos de vista bien distintos en este ámbito cultural ha surgido una nueva forma de pensar, y de entender el mundo, que difiere de lo que hasta ahora se llamaba el espíritu de la modernidad.”25 Algunas de las grandes propuestas de la modernidad se tornaron en fracasos y el hombre posmoderno quedó a la deriva en cuanto a estructuras que le den fundamento a su forma de pensar. “La posmodernidad surge a partir del momento en que la humanidad empieza a tener conciencia de que ya no resulta válido el proyecto moderno. Por eso está hecha de desilusión y desencanto.”26

Dentro de ese mundo posmoderno de pluralismo, fragmentación y relativismo se hace cada vez más complejo comprender y vivir las palabras pronunciadas por Jesús durante su ministerio y llevar a cabo la misión encomendada por Él, especialmente en un tiempo en el cual las meta narrativas se diluyen en medio de la incredulidad y el lenguaje responde más a los cuestionamientos individuales que a las verdades universales.

El pensamiento es hijo de su tiempo, pero la palabra de Dios es trascedente. Cuando los ideales planteados por el modernismo se vinieron abajo, en cuanto a la esperanza de que el poder del desarrollo científico y la racionalidad se convirtieran en los factores esenciales que la humanidad necesitaba para crear una sociedad perfecta, vista casi como una epifanía de potencialidad resurgente del ser humano, la desconfianza y la desilusión inundaron el corazón de los seres humanos y apareció el posmodernismo reemplazando esos ideales por el consumo, el relativismo, el crecimiento del narcisismo, el auge de los sentimientos, entre otras cosas. Ya no hay utopías, es el fin de la historia y ese es nuestro mundo. De hecho, Vattimo considera que la historia es vista ahora desde un ángulo de pluralidad en su interpretación. “Tampoco la historia, después del fin del colonialismo y la disolución de los prejuicios eurocéntricos, tiene ya un sentido unitario, se ha disgregado en una pluralidad de historias irreductibles a un único hilo conductor.”27

El pensamiento posmoderno no es producto únicamente de un grupo de filósofos de finales del siglo XX. Es también considerado como un fenómeno cultural, artístico, social y de consideraciones éticas. Pero al referirnos a sus orígenes filosóficos se hace necesario remontarse, desde la perspectiva de Vatimmo, a Federico Nietzsche quien enarbola la bandera del nihilismo a partir de su anuncio de la muerte de Dios28 y de su obsesión por el superhombre29. Su crítica a la imposición de la racionalidad a toda costa se constituyó en parte fundamental de su pensamiento, al entender que tanto el mundo racional como el moral y el religioso son solo inventos del hombre occidental que constituyen símbolos de su propia decadencia. Las masas se adaptan a la tradición y es por esto que se debe renunciar al pensamiento de manada para estructurar conceptos particulares en cuanto a la verdad y a la autodeterminación.30

Lyotard con su obra La condición posmoderna31, le da una identidad al fenómeno posmoderno y junto a Derrida, Vatimmo y otros, establecen una corriente filosófica de pensamiento que desarrolla conceptos básicos posmodernos en cuanto a la crítica a la racionalidad y el progreso modernista; la evolución social hacia una nube de pequeñas moralidades; la duda de los meta relatos de la modernidad en cuanto a la visualización del hombre como el héroe capaz de crear sus propias condiciones para vivir en paz y bienestar; o los grandes enunciados que sirvieron como fundamento de la revolución francesa de igualdad, justicia y libertad, que ya no son tan creíbles para la mente posmoderna. Por otro lado, algunos pensadores mantuvieron su fidelidad a la modernidad, al afirmar que este es aún un periodo inconcluso que aún necesita materializar más elementos para alcanzar los ideales modernos, en cuanto a la cuestión epistemológica del realismo en Habermas, 32el discurso filosófico de la modernidad analizando sus giros históricos33, o de la sociedad de consumo en las sociedades occidentales de Baudrillard34 y otros filósofos que se mantienen en esta línea de pensamiento.

Desde el punto de vista teológico, el movimiento posmoderno podría semejarse más a Babel con su multiplicidad de lenguajes inconexos, que a Pentecostés con la comprensión diáfana del mensaje expresado en un lenguaje entendible para las diversas culturas presentes. Los militantes principales del posmodernismo son o han sido ateos o quizás ambiguos en sus pensamientos, como un fiel reflejo de las ideas que nutren sus inclinaciones. Rorty y Vatimmo, se movieron entre diferentes expresiones de su ateísmo, al cual calificaron luego de ser insostenible, al igual que el teísmo. Posiblemente su accionar lindaba más con un anti-clericalismo que con una negación tajante de cada aspecto de la religión. Tamayo en su libro Otra teología es posible se refiere al pluralismo religioso muy citado en estos tiempos. Como contraposición a los modelos exclusivistas o inclusivistas, el paradigma pluralista abre un abanico de posibilidades al interior de la ciencia teológica. Para escritores como José María Vigil, la teología del pluralismo religioso no es solo una nueva rama de la teología existente que ha encontrado formas de expresión exclusivas, sino en realidad es una nueva teología que debe ser tratada bajo una óptica diferente. “La TPR no cambia solo de tema, sino de supuestos profundos”.35

El planteamiento de Vigil pone de manifiesto una necesidad absoluta de dinamizar la ciencia teológica, tomando elementos que corresponden a la visión pluralista del mundo posmoderno. “En este mundo actual, la teología estrictamente mono-confesional está condenada a no ser escuchada, tal vez incluso a no ser siquiera entendida por la sociedad como conjunto”36 Para Juan José Tamayo las religiones ancestrales han entrado en decadencia con la consabida pérdida de los valores que estas contenían. Las exigencias del mercado han obligado a las religiones tradicionales a tomar partido hacia una asimilación cultural que no les permite mantener su esencia, sino que por el contrario son solo una visión borrosa y desgastada de lo que algún día dirigió los destinos espirituales de las multitudes de creyentes. A pesar de que desconfiamos de lo que antes era más estable como concepto, aun no tenemos la posibilidad de generar alternativas sensatas para aquellos conceptos que desechamos.

La modernidad representó uno de los saltos cualitativos más interesantes para la humanidad, toda vez que involucró las artes, la política, la filosofía, la ciencia y en general la manera de vivir de quienes salieron de la Edad Media en el siglo XV. Si la religión había tenido hasta ese entonces la mayor influencia en el pensamiento humano, la razón se instaló como precursora de grandes innovaciones que apuntaban hacia el Iluminismo como contraposición al Oscurantismo de la Edad Media. Del teocentrismo se pasó al antropocentrismo. “La característica predominante de la era moderna es su antropocentrismo radical.”37 El mito no fue más una explicación coherente del origen del universo. El Estado como institución se secularizó al punto de buscar su independencia de la monarquía y de las instituciones religiosas. La pregunta de Bosch entonces es: “¿Cómo puede estar reinando Dios soberanamente si las personas se consideran a sí mismos seres libres?”38

Esa liberación de la religión trajo como consecuencia una búsqueda incesante por alcanzar grandes ideales humanos como la libertad, la igualdad y la fraternidad, símbolos de la dialéctica de la Revolución Francesa y del decurso de los esfuerzos por vislumbrar al ser humano como dueño de su propio destino y constructor de utopías impensables en los siglos anteriores. La revolución industrial sirvió como fundamento para el modelo capitalista y la aparición de nuevas clases sociales, a las que el marxismo denominaría burguesía y proletariado.

La posmodernidad, por otro lado, se caracteriza por ser una corriente de pensamiento de tendencias relativas, ideas fragmentadas en torno a diversas prácticas religiosas, gran compromiso con la cultura como fundamento teológico, ideales individuales, desconfianza de las instituciones y muchos otros aspectos que reflejan la confusión de nuestros tiempos en muchos sentidos. De acuerdo a Antonio Cruz “La postmodernidad ha aprendido a negar casi todos los valores del pasado: la verdad, la libertad, la razón, el bien, la moral y también la creencia en Dios. La vida sin ideales ni objetivos trascedentes se ha convertido en la forma más común de la existencia humana.”39

Las formas de pensamiento en la actualidad, caracterizadas por la ambigüedad y el pluralismo, representan un terreno sobre el cual el creyente de hoy en día puede leer una palabra escrita de un “libro antiguo” llamado la Biblia y cotejarlo con sus propios intereses, los cambios culturales y sociales en los que impera el relativismo moral y su propia cosmovisión acerca de Dios y sus atributos para finalmente gestionar un marco de referencia en el que no prevalecen los valores cristianos. Estos valores, extractados de la Escritura y que constituyen el fundamento de la fe cristiana se expresan en el amor, la fe, la honestidad, la lealtad, la humildad y muchos otros, que a día de hoy son acomodados de acuerdo a la conveniencia particular y usados cuando convienen a ciertos intereses particulares.

Vivimos en un mundo quebrantado por el desencanto y fragmentado en cuanto a la búsqueda de soluciones para los problemas humanos. De esta manera las respuestas particulares toman prelación obstaculizando la posibilidad de encontrar puntos de confluencia, pues el mundo del siglo XXI se caracteriza precisamente por la individualización y relativización en el pensamiento humano. “Hablar de posmodernidad es algo común desde hace tiempo y, sin embargo, nos sigue costando ponerle palabras más allá de una especie de sentimiento de desencanto de lo anterior e incerteza sobre lo que vendrá.”40

Cada generación de creyentes debería estar en capacidad de redescubrir las verdades originales que se dieron a partir del contenido escritural. Esto es sin duda uno de los grandes desafíos que se plantean al intentar aplicar ese contenido de una manera relevante a cada contexto y que pueda responder de una manera eficaz a los retos y situaciones coyunturales. El problema viene cuando el abordaje se realiza a partir de premisas surgidas por posiciones que de antemano rechazan los meta relatos, las verdades absolutas o cualquier autoridad que pretenda imponer sus criterios dogmáticos. Sin embargo es necesario entender que lo religioso no ha desaparecido, por el contrario, se ha acentuado pero bajo un prisma diferente, a partir del cual la multiplicidad origina diversas formas de sincretismo aceptadas sin reparos por quienes asumen esta dinámica espiritual. Vattimo entiende este resurgimiento y lo califica como un renacer en ese sentido: “advierto un renacer del interés religioso en el clima cultural en el que me muevo.”41 De hecho lo considera como un producto de la evolución del pensamiento humano. “Para el renacer de la religión han sido determinantes una serie de transformaciones acaecidas en el mundo del pensamiento, en las cuestiones teóricas.”42

Para el creyente existen valores dentro del cristianismo que no se pueden transigir, pues representan la razón de ser de la vida tras un “nuevo nacimiento”. El contenido del mensaje cristiano debería ser “vivo y eficaz” para todas las épocas de la historia y en cualquier contexto, por lo tanto, desde el punto de vista del creyente no debería ser alterado por los cambios culturales o sociales; cambios que de hecho se han acentuado en los tiempos modernos.

El contraste por lo tanto puede empezar a ser evidente en la medida en que ahondamos más en los conceptos que ofrece la corriente posmodernista de pensamiento en relación a la fe, los valores o la moralidad. Para Vattimo, si bien la razón no ha dado todas las respuestas, esto no significa necesariamente que la divinidad las posea. “Que el retorno de Dios en la cultura y en la mentalidad contemporánea tenga que ver con las condiciones de derrota en las que parece encontrarse la razón frente a muchos problemas que se han agrandado precisamente en la actualidad, no quiere decir en absoluto, por lo tanto, que se deba considerar insuperable la imagen de la trascendencia divina como potencia amenazadora y negativa.”43

Incluso sus disquisiciones lo llevan a determinar la irracionalidad del ateísmo a la luz de la evolución de la filosofía. “Hoy ya no hay razones filosóficas fuertes y plausibles para ser ateo, o en todo caso, para rechazar la religión.”44

Las afirmaciones de Jesús en el último de los evangelios escritos figuran como un elevado contraste para el pensamiento posmoderno. El contenido de muchas de las declaraciones que aparecen en el evangelio de Juan es desafiado en la actualidad con otros conceptos que van en contravía de lo expresado hace 2000 años en aquel contexto palestino. La conversación de Jesús con Nicodemo en el capítulo 3 del evangelio de Juan definió la conversión del creyente que pasa a vivir bajo el signo del Espíritu. Pero de la misma manera que Nicodemo no pudo comprender esas palabras en su momento, hoy en día se hace difícil conectarlas a la realidad del pensamiento actual. Tanto el desafío de Jesús a Nicodemo, como el entendimiento del amor en tiempos posmodernos, así como el tema de las carencias en un mundo de grandes desequilibrios encuentran puntos de contraste en la corriente posmoderna. El llamado al arrepentimiento en una cultura hedonista y narcisista, también figura dentro de esta línea de discrepancia. Capítulo aparte merece la declaración de Jesús como la encarnación de la verdad, en un tiempo en que esta definición de por sí despierta recelos en la cultura posmoderna.

Mi propuesta de manera específica es la de trabajar con algunas de las declaraciones de Jesús en el evangelio de Juan, intentando dilucidar la manera cómo se perciben en la cultura actual, con el propósito de comprender mejor su misión y como sería más efectiva su aplicación en el contexto presente. Debido a la amplitud de las declaraciones de Jesús en el evangelio de Juan y teniendo en cuenta las implicaciones de entrar a analizar una por una, me limitaré a estudiar 11 declaraciones que abarcan desde el final del capítulo 1 en la conversación de Jesús con Natanael, hasta el capítulo 8 en la declaración de Jesús como la verdad que libera. Esta escogencia más que arbitraria es selectiva. Estos pasajes en particular contienen declaraciones que pueden servir acertadamente para ubicar algunos contrastes entre lo que predicó Jesús en un contexto en particular y lo que hoy percibe el oído posmoderno, más habituado a la multiplicidad, la inmediatez y la subjetividad a la hora de analizar lo que se escucha.

He escogido este evangelio porque su autor no estableció una narrativa cronológica de la vida de Jesús como en los evangelios sinópticos, sino que especialmente manifestó su deidad. Esto lo hace más contrastante con el pensamiento posmoderno de verdades relativas, de eliminación de dogmas absolutos, de desencantamiento, de desacralización o de sincretismo a la hora de vivir la espiritualidad. Este evangelio fue escrito a finales del primer siglo cuando ya se avizoraban algunas dudas en cuanto a lo que se había referido en los otros evangelios y se hacía necesario fortalecer la fe de los primeros creyentes.

El evangelio de Juan tiene sus singularidades que lo diferencian de los sinópticos en su composición y contenido. El cuarto evangelio es sin lugar a dudas muy particular por su configuración literaria, su contenido y el propósito de Juan de exaltar a Jesucristo como Hijo de Dios y observar la dimensión de su obra. A través de este evangelio, Juan suplió una gran cantidad de material único no registrado en los otros Evangelios. Para escritores como Samuel Soto el Evangelio de Juan es un tratado teológico que ha de sustentar la fe de la iglesia en los momentos de prueba, en todo lugar y en todos los tiempos. Raymond Brown en su Introducción al Nuevo Testamento45 considera que Jesús debe adaptar su mensaje para ser entendible entre las multitudes de su tiempo. Aunque viene del cielo, debe expresarse con un “lenguaje terrenal” que lo aproxime a quienes lo escuchan. George Ladd en su Teología del Nuevo Testamento46 hace especial énfasis en el dualismo juanino como un verdadero contraste entre dos mundos. Para Thomas D. Lea, en su libro sobre el Nuevo Testamento “la presentación simple de palabras (en el evangelio de Juan) envuelve una profundidad teológica notable con temas como la deidad de Cristo (10:30), la encarnación (1:14) y la preexistencia (1:1)”47

El cuarto evangelio utiliza una gran cantidad de símbolos y un lenguaje que confronta otras tradiciones religiosas y en esto sentido se asocia al posmodernismo que a su vez se vale de una gran simbología. Juan escribió para convencer a sus lectores de la verdadera identidad de Jesús como el Dios-hombre encarnado cuyas naturalezas divina y humana estaban perfectamente unidas en una persona quien era el Cristo profetizado y Salvador del mundo. Esto tomaría algunos siglos de discusiones que vinieron a esclarecerse en las proposiciones de la ortodoxia cristiana de los concilios de Nicea y Calcedonia especialmente. Pero existe una percepción diferente al leer este evangelio con relación a los demás, pues parece situarnos en una perspectiva vivencial que nos acerca más al Jesús hombre y nos revela más al Jesús Dios. Estos símbolos juaninos que trascienden con su interpretación al pueblo judío, se instalan en realidad en una dimensión mucho más amplia para hacer de este evangelio una declaración de la misión universal de Cristo y de su iglesia.

Eldin Villafañe afirma que “La necesidad de la hora no es de un cristianismo fácil, frágil y fastidioso, sino de un cristianismo riguroso, vigoroso, concreto y encarnado –un cristianismo muscular- ¡con las señales de la Cruz en sus manos!”48 Resulta interesante la lectura de Eli Lizorkin en su libro: El evangelio Judío de Juan: descubriendo a Jesús, Rey de Todo Israel, pues de manera particular aborda el estudio del cuarto evangelio bajo la perspectiva de un replanteamiento integral de su contenido. Su exploración es abordada desde una óptica que desafía las interpretaciones hasta ahora usadas para extractar de algunos pasajes en particular su gran riqueza de contenido. Su visión acerca de las buenas noticias que implica el evangelio para los cristianos es vista como mala noticia para los judíos, y para el como uno de ellos.

Esto sin duda le da un abordaje por demás interesante que contrasta con la visión que otros comentaristas tienen acerca del evangelio de Juan.49 “Desde la perspectiva de su autor, el Evangelio (de Juan) entero muestra que son las autoridades judías las que son juzgadas. Es Jesús quien ha venido como acusador pactado para presentar cargos contra los malvados pastores de Israel. No al contrario, como podría parecer.”50 Es por esto que he tomado de manera particular este abordaje para explorar en su contenido una óptica novedosa de este evangelio. C. H. Dodd trata con el cuarto evangelio entendiendo que es eminentemente teológico, pero los hechos en él narrados responden a una indudable realidad histórica. Dodd considera que detrás del Evangelio de Juan subyace una antigua tradición independiente de la de los otros Evangelios, que debe considerarse seriamente como básica contribución al vivir histórico de Jesús.51

Juan Alberto Casas en su libro: Vengan y vean entiende que el sentido de la fe cristiana se ha revitalizado a partir del giro contemporáneo con el que se realiza la teología de las formas narrativas. La incorporación de las temáticas juaninas en sus primeros capítulos en la cotidianeidad y el entorno social para transformarlos, resulta de particular interés en el análisis propuesto para el presente trabajo.52

En el enfoque cristológico del evangelio entendemos su teología de la misión. Jesucristo aparece como Aquel que revela al Dios vivo. Con las declaraciones iniciales se vislumbra el resto del contenido. Jesús es manifestado como la palabra preexistente que se encarna para traer vida nueva a la humanidad. Desde el principio del evangelio, Juan reafirma el carácter activo de Jesús en la creación y su naturaleza redentora. “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3). La aparición de Jesús representó el punto de convergencia de la humanidad y en el evangelio de Juan se resalta más que en ningún otro libro, con la encarnación del Verbo (1:14), la invitación a nacer de nuevo (3:3), la aceptación por la fe de la persona de Jesucristo y de su obra (3:16), la regeneración del ser humano pecador (4:14), la presentación del Padre por el Hijo (7:16), la promesa de vida abundante (10:10), las obras a través de su ministerio terrenal venciendo las enfermedades y la muerte (11:44) y su sacrificio en la cruz.

El vínculo Padre-Hijo aparece una y otra vez a lo largo del evangelio como revelación constante de la figura de Jesús y de lo que vino a hacer a este mundo. Su misión lo dirige y en su muerte se termina de reconocer la obra concluida que ha sido llevada a cabo en perfección por el Hijo de Dios. “A Dios nadie le vio jamás, el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” (Juan 1:18). La controversia se hizo más intensa entre los religiosos de la época y Jesús en sus declaraciones a las que consideraban blasfemas: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Por eso los judíos aún más procuraban matarle, porque no solo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios” (5:17-18)

Así mismo las secuencias del yo soy conectan a Jesús con el Dios que aparece a Moisés en el desierto, al iniciar la aventura liberadora del pueblo de la esclavitud. Como pan celestial es sustentador de la vida; como luz del mundo supone que quien esté alejado de Él está en tinieblas; como puerta de las ovejas representa la protección para su pueblo escogido y el único acceso al redil del Señor; como Buen Pastor se preocupa genuinamente por el bienestar de sus ovejas; como resurrección y vida pone de relieve su autoridad sobre la muerte y su naturaleza mediadora entre Dios y los hombres para traer vida en medio de un mundo de muerte y de pecado; como camino, verdad y vida elimina cualquier otro acceso al Padre y a la salvación y como vid verdadera nos sitúa dentro del viñedo de Dios y cada creyente como rama de esa vid que debe producir fruto.

La consideración de Jesús como enviado reafirma su tarea misionera. Si es enviado tiene un propósito y alguien que lo envía. Por lo tanto esa misión debe quedar satisfecha para que haya aprobación total en quien lo ha designado para esa labor específica. Pero su misión, lejos de ser simplemente local, es en realidad una misión cósmica, encaminada a unir a los pueblos del mundo alrededor del que puede cambiar el presente y el destino eterno. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:16)

El Espíritu Santo juega un papel preponderante en las declaraciones del evangelio de Juan. En la elaboración de la misión, el paráclito desempeña un rol fundamental, ya que respalda y unge la obra de Jesús desde su propio bautizo hasta el final de su ministerio terrenal. Pero aún se resalta más su importancia después de la partida de Jesús por cuanto se constituye en la promesa dada a los discípulos para llevar a cabo la obra encomendada. La fe en Jesús es el acceso a la vida del Espíritu. La transmisión de la historia del cristianismo, el evangelismo, nunca consiste solo en presentar bien la historia ni usar las palabras idóneas; no consiste solo en la proclamación del evangelio, sino en la participación fiel en él, lo cual es posible gracias al Espíritu. El ministerio del Espíritu es siempre dar a conocer a Cristo, hacer que Cristo aparezca vivo en el mundo, y participar en la historia creciente de Dios. Tal como prometió Jesús, el Espíritu Santo es un consuelo inmenso y real en la vida cristiana. R. C. Sproul en su libro: ¿Quién es el Espíritu Santo? desarrolla los elementos fundamentales de la acción del Espíritu Santo que se conectan al lenguaje misionero de Jesús en cuanto a la santificación de los creyentes, el fortalecimiento, el aprendizaje y luego el envío y la unción para el ministerio.

Como afirmó Jesús en Juan 16: 7-11: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.” Jesús deja claro también que la vida nueva no es algo que se consiga por esfuerzo humano, porque lo que nace de la carne es carne, mientras que transformar la vida espiritual requiere la acción sobrenatural del Espíritu Santo. Así mismo refiriéndose al paráclito Jesús afirmó: Juan 15:26: cuando venga el Consolador, que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre, El testificará acerca de mí.

La relación de Jesús con sus discípulos en el envío misionero que les encomienda tiene que estar respaldada por El Espíritu Santo, o de lo contrario no tendrá ningún éxito. El Espíritu-Paráclito hace a Cristo más presente, más comprensible, más transformador. En su misión ante el mundo, urgida por El Espíritu, la iglesia descubre el verdadero sentido de la palabra hecha carne.

Jesús envía a sus discípulos a una misión sin fronteras, misión cuyo verdadero origen está en El Padre. “Como el Padre me ha enviado, así también yo os envío”. (Juan 20:21). La misión de los discípulos se asocia en Juan de una manera muy precisa con la misión de Jesús. Jesús es enviado al mundo para salvarlo (3:17), para alumbrarlo (1:4-5), para ser la vida (1:4) y para dar a conocer al Dios invisible (1:18). De la misma manera, al entender la misión de Jesús se dan los lineamientos de la misión de la iglesia, encarnada originalmente en sus primeros discípulos. La misión de Jesús sirve como fundamento para la misión de la comunidad.

En el envío está la clave de la misión juanina. Juan Bautista es enviado por Dios para dar testimonio acerca de Jesús. Jesús es enviado por el Padre para dar testimonio acerca del Padre y realizar su obra. El Paráclito es enviado por el Padre y el Hijo para dar testimonio acerca de Jesús. Y, finalmente, los discípulos son enviados por Jesús para hacer lo que Él hizo. Esta es la clave. La misión ha sido dada y el trabajo se ha venido haciendo desde entonces. La misión de Jesús está en el proceso de ser cumplida hasta que Él vuelva. Tenemos una misión.

Capítulo 1.
Sígueme. El llamado a la misión

“El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme” (Juan 1:43)

Una sola palabra significó el cambio de vida radical para Felipe: “Sígueme”.

Galilea fue el escenario en el cual se cambió el destino para dos hombres que aguardaban al Mesías de la misma manera que todo el pueblo de Israel. Sin embargo es a ellos a quienes se les revela de manera particular. No es solo el encuentro de Felipe con “aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas,” es el encuentro de este hombre con una misión exclusiva, señalada en el tiempo, definida desde los cielos, estructurada con el Hijo como sujeto principal y desarrollada entre seres humanos tan simples como los que estaba empezando a reunir el Verbo hecho carne.

Es el llamado que trasciende la conciencia, que se instala más allá de los deseos, que prorrumpe violentamente en medio de la monotonía y desbarata de un tajo la tranquilidad de quien lo recibe.

Es el llamado a ser débil para ser fuerte, a tomar la cruz para caminar ligero, a ser humilde para ser exaltado, a entrar en discordias para alcanzar la paz, a desafiar los poderes malignos para marcar territorio, a entrar en la dinámica de un reino desconocido abdicando a los deseos pasajeros e instalándose en la eternidad.

Es el llamado para tomar el yugo fácil y la carga ligera, que sin embargo conduce al sacrificio mayor. Es el llamado de quien amará a su enemigo, bendecirá al que lo maldice, orará por quien lo ultraja y lo persigue, caminará la milla extra y se despojará de lo poco que tenga para hacer tesoros que no se corrompen.

Es el llamado a dejar tierra y parentela, a soltar las amarras de los botes que garantizan el sustento y dejar ir las barcas a la deriva, a seguir al que no tiene un lugar seguro donde reposar, a no voltear la mirada en un camino sin regreso, a seguir hasta el Gólgota a quien caminó desde los cielos en su peregrinación por este mundo. Es el llamado a la misión. Una misión desconocida, apabullante, estremecedora e inédita, pero surgida desde los mismos cielos y a punto de cambiar la historia para siempre.

Para Felipe, Jesús es la respuesta al anuncio de Moisés y los profetas. De Él se escribió desde tiempos antiguos. A Él se refirieron los profetas anhelantes de la verdad revelada. Por Él es que Israel camina mirando al futuro con esperanza.

Jesús no solo realizó una misión en la tierra, sino que invitó a sus seguidores a ser parte de la misma. El desafío de seguir a Jesús no solo implicaba dejar atrás las tareas propias de supervivencia que tenía cada uno de sus discípulos, sino además tomar una nueva y aún más desafiante labor a la cual se les llamaba como parte de la misión más amplia en la que entraban. Dentro de ese llamado eran necesarias las muestras de compasión hacia el necesitado, es decir, que la misión no solo conllevaba un dejar atrás de ciertas tareas, sino también la de asumir un nuevo carácter acorde con el modelo que se adaptaba al Reino anunciado. Pero aun no sería completo el llamado a la misión si no involucrara el sufrimiento como parte esencial de esta nueva vocación de sacrificio y entrega.

Seguir a Jesús es también seguirlo a donde El concluye su misión terrenal. Seguirle a Él implica necesariamente ir con El hasta el Gólgota mismo, donde se completará la obra misionera que transformó el mundo para siempre.

Felipe se enfrentó en aquel momento a una autoridad diferente que desafiaba su modelo de vida. Un llamado irresistible que convenció a este hombre de Betsaida para dejarlo todo e incluso involucrar a su amigo Natanael en tamaña aventura. Natanael (Bartolomé) ya había sido hallado por Jesús desde cuando le vio debajo de la higuera y supo que se trataba de un verdadero israelita. La confrontación entre el llamado de Jesús y la duda de Natanael por el origen de quien lo llamaba tenía que encontrar un punto débil para inclinar la balanza y lo halló cuando Jesús lo consideró como un hombre de gran estima.

Juan El Bautista ya estaba elevando su voz en el Jordán anunciando el arribo esperado del reino de Dios. La misión celestial estaba a punto de dar sus primeros pasos y Jesús necesitaba rodearse de hombres a quienes pudiera formar y promover en ese reino que se empezaba a percibir y cuyo anuncio rompió con el silencio del cielo de 400 años.

El Logos preexistente encarnado expresa en su llamado una autoridad de la cual carecían los fariseos y religiosos. Su misión se ha ideado en la armonía del cielo pero debe llevarse a cabo en medio de la tensión del mundo como escenario de su obra redentora. “Jesús de Nazaret, absolutamente por sí y a través de sí, a través de su mera existencia, naturaleza, instinto, sin prudencia, sin exhortación, se ha hecho manifestación completamente sensible de la palabra eterna, de un modo que antes que él nadie lo hizo.”53 Es importante entender cómo se conectan las ideas sobre el mundo, el hombre y la muerte con Jesucristo. Juan dirá en su evangelio que el Logos se hizo carne (1:14) y los demás evangelios conectarán su nacimiento en un momento histórico definido con el cumplimiento de la palabra escrita.

Nazaret representa un obstáculo a los ojos de Natanael en la concepción que él mismo tiene acerca del origen del Mesías anunciado. Parecieran dos instancias tan disímiles que no pueden reunirse en una noticia tan relevante. No puede venir nada bueno de aquella aldea insignificante y mucho menos cuando se trata de buscar el origen del esperado de todos los tiempos.

La expectativa judía no podría compaginar algo así en relación a su gran Mesías. El Dios de la historia no podría prorrumpir de esa manera en aquel ambiente intrascendente.

El pueblo de Israel se movía continuamente entre la expectativa y la esperanza, pero Jesús no parecía llenar ninguna de ellas. Su expectativa de un Mesías poderoso y la necesidad de encontrar un respiro a su condición de subyugación a través de ese Mesías, habían volcado la esperanza en un libertador que distaba mucho de parecerse a ese Jesús que se abrogaba para sí el derecho de llamar a Dios como Padre. El celo característico del pueblo judío para sus leyes y tradiciones, representaron siempre un obstáculo para poder ver enfrente de ellos al Mesías esperado.

En Malaquías 3: 1-2 se lee: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí, y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí, viene, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿O quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores.”

Las profecías mesiánicas, presagiaban la llegada de un rey poderoso que haría notar públicamente su estela desde los cielos y llegaría en medio de los imperios para derribarlos y establecer a su pueblo en el trono.

Pero Jesús prorrumpe en la escena sin grandes aspavientos. No era un general llamando a su ejército para prepararlo para la batalla. Era un carpintero delineando un camino de transformación para quienes respondieran a su llamado y despertando a una misión trascendente a unos pocos escogidos.

El evangelista no lo ha introducido como un hombre común de Galilea que desarrolla una labor singular, sino como el Verbo hecho carne que tiene una misión vivificadora e iluminadora. “En él estaba la vida” (1:4), y eso es precisamente lo que viene a traer a los hombres. Es portador de la vida abundante en contraposición a aquel que solo vino a robar, matar y destruir. (10:10)

El mensaje dualista del cuarto evangelio es una de sus características más notables. Él es la vida pero los hombres han escogido la muerte. Él es de arriba y sus adversarios son de abajo. Él es la verdad pero quien se le opone es portador de la mentira. Él es la luz y quien no lo sigue anda en tinieblas. Él no es de este mundo, pero viene a morar en un mundo que lo rechaza y lo lleva hasta la muerte. “Aunque procede de arriba y habla de lo que es <<verdad>> o <<real>>, Jesús, el Verbo hecho carne, debe usar el lenguaje de abajo para transmitir su mensaje.”54

El lenguaje de Jesús en Juan es contrastante. A Nicodemo le asegura que tiene que nacer de nuevo aunque este maestro de Israel no podría comprenderlo. A la mujer samaritana le afirma que el que beba del agua que Él puede ofrecer no volverá a tener sed y la mujer le inquiere por ella de manera inmediata, sin entender cabalmente las palabras del que tiene frente a ella. A Natanael le asevera que cosas mayores verá, los cielos se abrirán y los ángeles del Señor establecerán una vía de comunicación continua entre el cielo y el Hijo del Hombre que ahora aparece en la parte baja de la escalera en una alusión directa a la escalera de Jacob en la cual el patriarca ha visto a Dios en la parte superior. (Génesis 28) Ahora el Verbo ha descendido por esta escalera para habitar entre los hombres, y son estos los que tienen que prepararse para ver cosas mayores. “Haciendo referencia al sueño de Jacob, Jesús le indicó a Natanael que el también vería ángeles subir y bajar, pero no en Betel, como en la historia de Jacob, sino sobre el mismo Jesús.”55

El mensaje de Jesús no empieza con palabras sino con hechos. El Verbo se hizo carne y vino a habitar en este mundo. El Verbo habló sin palabras. Jesús se hizo presente en medio de un ambiente hostil y modeló un estilo de vida contrastante al mundo en el que vino a morar. Habitando en un mundo que se resistía a su anuncio, que desconfiaba de su verdadera identidad y que fue reacio a cambiar sus rasgos esenciales de fe, Jesucristo proclamó un mensaje radical que contrastaba abiertamente con la vida cotidiana de quienes lo recibían.

¿Cómo entendieron el llamado a la misión estos primeros discípulos?

Con toda seguridad no lo comprendieron a cabalidad en primera instancia. No siempre se conoce el segundo paso cuando ya se ha dado el primero. No siempre se sabe cuál es el final del camino a pesar de haber emprendido ya la marcha. Esa incertidumbre es propia del llamado divino.

Abraham la experimentó al dejar para siempre a los suyos para emprender un viaje sin retorno hacia una tierra desconocida. “La misión es una empresa que se ejecuta en el contexto de la tensión entre la providencia divina y la confusión humana.”56

Moisés la vivió al recibir instrucciones desde un fuego en el desierto para ir a confrontar al hombre más poderoso sobre la tierra en aquel instante.

David fue testigo de primera mano de un llamado que no lo llevó al cetro y la corona directamente, sino a la angustia de la persecución a través de montañas, cuevas y desiertos.

“En dos ocasiones distintas, Pedro recibió el llamado <<Sígueme>>. Fue la primera y la última palabra que Jesús les dijo a sus discípulos (Marcos 1:17; Juan 21:22). Una vida completa existe entre estos dos llamados.”57

El diálogo de Jesús con Natanael trae consigo un anuncio singular: “cosas mayores que estas verás.” Los cielos se abren para mostrar un atisbo de su gloria. La misión está en acción y para ella se necesitan mensajeros celestiales, agentes humanos y obras poderosas. “Jesús, al hablar con Natanael, le aseguró que el aún no había visto lo que luego sería revelado.”58

Nuestra generación podría tener una concepción diferente de este anuncio. En un tiempo de esoterismo, una fe dispersa entre muchas opciones y pragmatismo, los oídos posmodernos podrían recibir esta palabra bajo otros parámetros.

A medida que ciertos conceptos son reemplazados por otros que se acomoden más a la cultura de nuestros tiempos, las mismas concepciones que le dieron fundamento al cristianismo se pueden diluir en propuestas que miradas bajo prismas diferentes, terminen por agrietar la cohesión que el cristianismo anhela mantener.

“Cosas mayores que estas verás” puede sonar atractivo para los oídos posmodernos, pero desde un ángulo diferente. La búsqueda desenfrenada de algo novedoso transpira entre los hombres de hoy en día, de tal manera que puede encender la ambición de quien anhela saber o tener algo más en un mundo lleno de competencia. En todo caso resulta mucho más cómodo al gusto del pensamiento actual, exigir una respuesta apropiada a los deseos de quien lo pide. En otras palabras, es más apropiado exigirle a Jesús que nos siga, que seguirle en obediencia a su llamado.

Seguir a Jesús en estos tiempos requiere una sensibilidad intercultural y una contextualización apropiada que permita avanzar en la difusión de su mensaje sin tener necesariamente que desvirtuar su contenido. “Los acontecimientos posmodernos han demostrado que la ciencia no es inherentemente adversa a la fe cristiana.”59

¿Qué significa seguir a Jesús y entender sus palabras en el siglo XXI?

Significa sumergirnos en este mundo actual con las premisas que le caracterizan y desde allí seguir creyendo que su mensaje será siempre vigente y relevante.

Significa entender un mundo en el cual se renuncia a las utopías y a la idea de progreso de conjunto y se apuesta a la carrera por el progreso individual y aun así apostar por una misión de alcance universal. Un mundo que reconoce los límites de las ciencias modernas en cuanto a la generación de conocimiento verdadero, acumulativo y de validez universal y que al mismo tiempo produce un cambio en el orden económico, pasando de una economía de producción hacia una economía del consumo.

Significa de alguna manera comprender una cultura en la que desaparecen las grandes figuras carismáticas y surgen infinidad de pequeños ídolos que duran hasta que surge algo más novedoso y atractivo, pero aun así perseverar con un mensaje que surgió 2000 años atrás en un lugar distante del Medio Oriente.

Significa también aceptar el reto de seguir difundiendo el mismo mensaje antiguo, pero a través de los medios masivos de comunicación modernos que se han convertido en verdaderos centros de poder.

Significa seguir creyendo en la validez del mensaje que proclamamos, a pesar de que para el mundo actual ha dejado de importar el contenido, para revalorizar la forma en que es transmitido y el grado de convicción que pueda producir. “Hoy se acepta ampliamente en todas las ciencias (tanto naturales como sociales) que la objetividad total es una ilusión y que el conocimiento pertenece a una comunidad y viene influenciado por la dinámica operativa de dicha comunidad.”60

Significa proclamar la verdad de lo expresado por Jesús en un mundo que ha desmitificado a sus líderes y que cuestiona abiertamente a las grandes religiones. Un mundo que le rinde culto al cuerpo y a la liberación personal y en el que los individuos quieren vivir el presente sin que les importe mucho el futuro que les espera. Un mundo que se rinde ante la tecnología y en el cual el hombre basa su existencia en el relativismo y la pluralidad de opciones.

Pero también significa entender la aplicación contextualizada de la misión en el tiempo y en el espacio. Bosch asegura que: “Las profundas diferencias entre aquella época (la época del ministerio de Jesús) y la nuestra implican que no es suficiente apelar de manera directa a las palabras de los autores bíblicos para aplicarlas una por una a nuestra situación.”61

Entonces ¿Cómo puede interpretarse el llamado de Jesús para las generaciones actuales? Allí radica el gran desafío. “¿Qué puede significar el llamado al discipulado en la actualidad para el obrero, el hombre de negocios, el hacendado y el soldado?”62

La contextualización de la misión en el presente tiene que ver con la aplicación de la misma en un mundo que percibe las cosas desde otro ángulo a aquel en el cual fueron expuestos los términos de la misión encomendada por Dios. “Es ilusorio creer que podemos penetrar hasta un evangelio puro y libre de los efectos de agregados culturales y humanos.”63

Es decir, no solo se debe comprender el cambio en la urbanización, la globalización, el desplazamiento continuo de personas entre territorios, etc., sino también en las formas de pensamiento que identifican al ser humano en cada época histórica. “Nadie recibe el evangelio pasivamente; cada uno a su vez lo reinterpreta.”64 Sin embargo, esta globalización debe ser vista desde diferentes ángulos, pues involucra cuestiones comerciales, sociales, religiosas, políticas, culturales, tecnológicas, etc., y cada área en particular debe ser examinada a la luz de los intereses particulares que se quieran definir. “El reto de la globalización actual, que es principalmente de línea cultural y religiosa, se resuelve en el aprecio o valoración de la propia tradición, descubriendo en su hondura una relación estrecha e indisoluble con otras culturas y religiones.”65

Jesús se encarna en este mundo para encarnar su misión entre los suyos. Quien lo sigue debe extender el sentido de lo que enseña. “Es imperioso que el cristiano logre el renunciamiento, que practique la auto negación, para distinguir su vida de la vida del mundo.”66

Para Jesús la compasión no es meramente un sentido de lastima por el que sufre, sino una empatía profunda con el marginado quien carece de voz y a quien la sociedad lo rechaza por su propia condición. Su llamado implica todo esto. Seguirlo representa palpitar al ritmo del Maestro. La misión de Jesús es singular en su contenido y exigente en su aplicación.

Algunas de las parábolas que compartió significaban la representación del amor práctico, colocando como modelo de la misma a personajes impensables, como el buen samaritano o el padre ofendido por el hijo pródigo.

El punto de vista enseñado por Jesús personifica en realidad una crítica de la conciencia dominante. Y esa forma de encarar el asunto de la compasión, el perdón, la misericordia, etc., significaban a su vez una amenaza para la tradición despótica.

La iglesia antigua consideraba a Jesús como la encarnación de una conciencia alternativa. El representaba una realidad visiblemente contraria a la realidad visible. Su origen, su nacimiento, el ejercicio de su ministerio, su revelación a los más marginados, etc., son elementos que contrastaban con las formas de dominio imperial existentes. “Hemos sido educados por la tradición cristiana para pensar a Dios no como dueño sino como amigo, para considerar que las cosas esenciales no han sido reveladas a los sabios sino a los pequeños, para creer que quien no pierde su alma no la salvará…y así sucesivamente.”67

Desde el principio, Jesús se puso del lado de los desvalidos: los pobres, los oprimidos, los enfermos, los marginados. En los relatos de Lázaro resucitado y Lázaro el pobre que aparece en contraposición al rico epulón, Jesús manifiesta su solidaridad con quienes lloran a causa de la muerte y la injusticia. Su aflicción por Jerusalén pone de manifiesto que su misión va mucho más allá que salvar algunas vidas o sanar algunos enfermos. Las ciudades, los sistemas, las estructuras que las formaban, las autoridades que las dirigen, los inmensos conglomerados indiferentes que las componen, solo son una extensión de un sistema enfermo que necesita ser cambiado, pero que para muchos representa su seguridad y harán lo que sea necesario para mantenerlo como está.

La obra de la misión es también la obra del Espíritu Santo. Los dones dados a los creyentes y el poder que permite abrir surcos que han sido cerrados por siglos, son parte de la práctica y la teología de la misión. Comprender la acción vivificadora del Espíritu Santo estimula la acción de quienes son partícipes directos de esta labor transnacional.

En nuestros tiempos es mucho más llamativo elaborar una misión de contraste. No es seguir a Jesús sino exigirle que nos siga. No es obedecer al Mesías, sino obligarlo para que se acomode a nuestros caprichos personales. No es entender su mensaje, sino exigirle que entienda nuestra condición particular. No es comprender a cabalidad la obra de la cruz, sino adecuarla en perspectiva para que encaje con otras formas de salvación más apropiadas. “Si hay salvación, parece, en definitiva, que esta tiene más los caracteres de la ligereza que los de la justicia.”68

La idea del sacrificio de Jesús en una cruz, el derramamiento de su sangre, el sufrimiento por los azotes, golpes, la corona de espinas, etc., puede resultar repulsiva para el hombre posmoderno, quien puede ahora convertir la sola idea de sacrificio en algo psicológico como quien piensa en su sacrificio para sacar sus hijos adelante, o pagar su universidad. Esta perspectiva produce un alejamiento paulatino del hecho sacrificial en sí, para dar paso a una imagen cada vez menos dolorosa. De alguna manera supone un alejamiento del Gólgota para ir a un escenario más terapéutico donde no sea necesario sacrificar a alguien por los demás. “Pertenece al firmamento del hombre el ser <<libre y poderoso>>, <<no obedecer orden alguno>>, <<no estar regido por ninguna de las otras criaturas>>.”69

El siervo sufriente ya no lo es tanto y su sacrificio ya no es tan doloroso. Al fin y al cabo conciliar los conceptos de dolor y bienestar no parece ser una gran idea para quien piensa que el hedonismo es la única forma de vida aceptable.

Natanael aún no puede comprender que su llamado es para una misión en la cual los anhelos del hombre mueren y se reemplazan por la obediencia a la voz de quien llama. El carácter de la acción salvífica modela así mismo la integralidad que reclama el anuncio de esa obra de salvación. Si Jesús es un Dios misionero, es imposible concebir que sus seguidores pretendan ignorar este llamado divino, establecido de manera concreta en sus palabras y luego observado en plenitud en los hechos posteriores a su partida. “Vivimos en un mundo, en el cual el rescate de unos a expensas de otros no es posible. Únicamente hay salvación y supervivencia juntos. Esto incluye no solo una nueva relación hacia la naturaleza sino también entre las personas.”70

La misión es desafiante, no solo por lo que implica en cuanto a la confrontación de personas hostiles al mensaje, sino además porque esa confrontación se vive primero en la cosmovisión personal. Tiene que darse un verdadero cambio de paradigma mental para que se pueda llevar a cabo la labor misionera de acuerdo a lo expresado en la Escritura. Sin embargo la cosmovisión posmoderna encarna otro tipo de intereses que chocan contra el llamado bíblico.

La posmodernidad ha planteado interrogantes a la teología que desafían su aplicabilidad. En un tiempo de discursos holísticos, abarcadores y pluralistas no es fácil encontrar un nicho apropiado desde donde se instalen las propuestas teológicas del presente, sin que de alguna manera pueda llegar a permear los supuestos que la hicieron vigente para otras épocas de la historia.

La autoridad ha sido desafiada totalmente. El llamado que Jesús realizó en aquel tiempo no encaja con la perspectiva actual de desconfianza en quien quiere ejercer alguna coerción o mando. La rebeldía es símbolo de este tiempo. Sin embargo es al mismo tiempo una forma de sumisión a otras formas que se han erigido en autoridad, tales como el sexo, los vicios, el placer o cualquier otra expresión individual o colectiva con la que se demuestre plena autonomía en desprecio a la voz de quien desea asumir una posición directriz.

Jesús llama hoy, ¿el hombre posmoderno lo sigue? Y si no lo sigue: ¿A quién llama entonces?

Si la misión que se desarrolla en el mundo actual depende en sumo grado de la aceptación del mensaje de Jesús, de su obra y especialmente de la persona del Dios encarnado, entonces esa misión tiene grandes impedimentos para llevarse a cabo. “Jesús convoca hombres para seguirlo no como un maestro o un molde de buena vida, sino como el Cristo, el Hijo de Dios.”71

Pero es precisamente esa figura la que hoy en día se rechaza constantemente a la par de la autoridad y la institución que le representan.

Bonhoeffer asegura en la mitad del siglo XX: “Porque el Hijo de Dios se hizo hombre; porque Él es el Mediador; por esa sola razón, la única verdadera relación que podemos tener con Él es seguirlo.”72 Décadas más tarde, la afirmación tajante de este hombre perteneciente a la iglesia confesante en tiempos de la segunda guerra mundial, parece una versión cándida para aceptar una razón desvirtuada por la autonomía del hombre posmoderno y una forma exageradamente piadosa y descontextualizada de la vida espiritual que se practica en tiempos actuales. La cosmovisión actual no anhela una mejor visión del futuro pues no lo espera ni intenta comprenderlo. “Este pesimismo de los postmodernos les lleva a aceptar la idea de que no existen posibilidades de cambiar o mejorar la sociedad y ante esta imposibilidad de modificar el mundo se opta por disfrutar de él. Se decide vivir plenamente el momento presente.”73

La confesión de Natanael: “Rabí, tu eres el Hijo de Dios; tu eres el Rey de Israel”, significa un descubrimiento que redirige la vida de aquel hombre y le asegura una posición a su lado, mientras las cosas mayores que anuncia Jesús van sucediendo.

Sin duda alguna el elemento mesiánico figura en el Evangelio de Juan a través de todo su desarrollo. Desde la llegada al mundo narrada por Juan de una manera diferente y plena de un significado especial, hasta la consumación de su obra en la cruz del calvario, Jesús se constituyó en el redentor de su pueblo y precursor de la implementación de un nuevo reino para el mundo. Más allá de su defensa de la vida, Jesús vino para liberar de la muerte y ofrecer vida en abundancia. Mediante su muerte y resurrección, Cristo abrió una nueva dimensión de vida para la humanidad, para que “todas las cosas” sean hechas nuevas (2 Cor. 5:17)

Esa dimensión dadivosa de la persona de Jesucristo solo puede ser entendida a la luz de quien posee los derechos para hacer que la vida sea abundante. El mismo creador de la vida es el único que puede quitarla, sobreabundarla o modificarla. Solo Jesucristo es la verdadera fuente de conocimiento de Dios y la única base para obtener seguridad espiritual.

Vistas las cosas desde ese ángulo, la misión para todos los tiempos debe enfocarse en continuar con la obra iniciada por El. En seguir a Jesús como lo hicieron Felipe y Natanael. Cualquier otra cosa es fallar en la misión encomendada.

Algo debe cambiar en la mente de quien es llamado por Jesús. Renunciar a una conciencia colectiva para entrar en la individualidad del ser que puede responder afirmativamente a un llamado al cual la mayoría se negaría, implica una renovación del entendimiento que no va en orden al sistema vigente, sino a la autoridad de quien traza un camino diferente.

Lewis escribió, en su libro titulado Una pena observada: “Mi concepción sobre Dios no es divina ni sagrada. Debe ser destruida una y otra vez. La rompe Dios mismo. Él es el gran iconoclasta. ¿No podríamos casi decir que este acto de destrucción es uno de los indicios de su presencia? La encarnación es el ejemplo supremo. Deja en ruinas a todas las ideas previas sobre El Mesías”74

A menudo, la teología y sus procesos destruyen lo que creíamos saber sobre Dios, igual que Jesús hizo añicos lo que la gente de su época creía sobre quién sería el Mesías y sobre lo que haría.

“Porque el Hijo de Dios se hizo hombre, porque Él es Mediador; por esa sola razón, la única verdadera relación que podemos tener con Él es seguirlo.”75 Pero comprender el llamado a seguir a Jesús en estos tiempos, supone un cambio en la comprensión de la figura del Mesías bíblico, evidentemente distorsionada por la cosmovisión posmoderna que encumbra mesías e ídolos, mientras destruye los relatos que le dieron forma a la espiritualidad cristiana.

Obedeciendo a los nuevos paradigmas que caracterizan la posmodernidad, la teología se ha tornado eminentemente humanista, enfocada en el bienestar y el hedonismo, manipulada por el uso de textos fuera de contexto para justificar un discurso positivo y una “palabra de fe” en la que se le da prelación a la bendición financiera y al bienestar físico. Se escuchan los textos pero no los contextos. Se citan las palabras pero no se profundiza en ellas. Se habla de fe, sin hablar de dónde surgen estas convicciones.

Los pactos o alianzas con Dios para alcanzar sus favores, el surgimiento de líderes carismáticos que atraen a las masas, las revelaciones particulares propiedad de los “ungidos”, la demonización de cada aspecto de la vida social, el rechazo a cualquier forma de sufrimiento, el mercado de bienes simbólicos, son solo algunas de las características de esta forma de teología que se ha introducido en la práctica común del creyente actual.

Pero el mensaje de Jesucristo no está ceñido a la especificidad de un tiempo en particular y es inclusivo, es decir que está abierto para aquel que desea acercarse a la “fuente del agua viva.” Sin embargo la dinámica propia de un mundo en constante evolución obliga a contemporizar no solo las formas de vida, sino también la manera de compartir el mensaje, so pena de quedar marginados de cualquier posibilidad de influenciar al mundo de hoy.

La obra de Cristo es redentora y lo es así por la clase de mundo en el que vivimos. Estamos en una sociedad que desarrolla primero la enfermedad para luego justificar los esfuerzos curativos y promueve la muerte para recalcar la importancia de la vida. Y así como no hay amanecer sin oscuridad que la preceda o sanidad sin enfermedad que la confronte, así mismo no existe un estado ideal de cosas sin una anarquía que pueda comparársele o un reino de justicia, paz y gozo en el que more el Señor sin haber un estado opuesto de injusticia, de pobreza y desigualdad en el que reine el enemigo.

Cada paso en el progreso de la humanidad, supone normas morales superiores que sean coherentes con esa dinámica de cambio. El problema es llegar a dilucidar si la evolución del mundo implica necesariamente progreso o retroceso en su orden social y moral. Las instituciones tampoco ayudan dilucidar este enigma. “La Iglesia que, en el plano de la moral como en el de la política, parece estar condenada a llegar siempre con siglos de retraso respecto a la evolución de las costumbres.”76 Siempre estamos inmersos en una realidad que determina muchas de las formas de obrar o de pensar, pero el posmodernismo no logra convocar un criterio en cuanto a lo que representa finalmente para la cultura actual. “El porvenir sólo puede anticiparse bajo la forma del peligro absoluto. Rompe absolutamente con la normalidad constituida y, por lo tanto, no puede anunciarse, presentarse, sino bajo el aspecto de la monstruosidad.”77

Derridá quien siguiendo a Heidegger acuñó la palabra deconstruir en sus análisis literarios, abrió la compuerta para la disolución de los significados expuestos para muchas de las aseveraciones hechas con antelación, pero sin dejar una alternativa aceptable para resignificarlas. La variedad de significados posibles para un texto o un pasaje determinado, desafía la hermenéutica tradicional y abre la compuerta para la subjetividad en la definición de los conceptos. El contexto, la cultura, las circunstancias particulares, e incluso los estados de ánimo, pueden constituirse en elementos que establecen variables interpretativas a la hora de abordar nociones que se consideraban absolutas o dogmáticas.

El abordaje predeterminado de un texto cualquiera realizado bajo un prejuicio claro, ya lleva implícito el germen de la desconfianza y puede ser dirigido hacia la libre determinación del lector. Esto produce a su vez una amplia posibilidad de interpretaciones, tantas como el número de personas que se aproximan al texto con diferentes intenciones.

Todo esto, en lugar de provocar un acercamiento hacia criterios solventes de la realidad actual y una visión positiva, se traduce en caos interpretativo, desde el cual lo amorfo, imperfecto, desconcertante, inteligible y subjetivo conduce a un destino incierto, imposible de descifrar.

Antes de seguir a Jesús, Felipe y Natanael reconocen su procedencia. Es un Rabí, pero no de este mundo. Es Aquel de quien escribió Moisés pero ahora hecho hombre. Es la fusión del cielo y la tierra en figura terrenal. Con autoridad celestial, pero con debilidad natural. Es el Verbo hecho carne, que ahora llama a los suyos a caminar con El. Es el Rey de Israel que anuncia un reino de otro mundo. Es a Él a quien deben seguir, pero…

¿De Nazaret puede venir algo bueno?

Capítulo 2.
Un templo restaurado. El lugar de la misión

“Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Más él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho” (Juan 2:19-22)

Las señales anunciadas por Jesús a Felipe y Natanael han empezado. El evangelio de Juan no habla de milagros o portentos, sino de señales. Caná es escenario del poder divino que empieza a preparar los odres nuevos para el vino nuevo que viene desde el cielo. Si ya ha sucedido la primera señal, es cuestión de tiempo para el anuncio de otras más. Las palabras se convierten en hechos, los hechos en señales, las señales en demostración del poder auténtico del Mesías. La pascua está cerca. La celebración no puede perder su carácter sagrado.

Pero el templo es ahora un lugar destinado para el comercio. Los negociantes del lugar son los privilegiados que asumen ganancias con los feligreses necesitados. Ventas en lugar de oración. Comercio en lugar de devoción. El incienso se ha cambiado por el olor de los bueyes y las ovejas. La palabra sagrada se intercambia por anuncios de ofertas incomparables. El templo es ahora un lugar propicio para el intercambio, pero no de plegarias y oraciones, sino de animales y monedas. Las oraciones han quedado mudas mientras el ruido ensordecedor de los comerciantes se apropia del lugar.

En medio de todo ello surge de repente el sonido del azote. El Verbo vocifera en defensa de lo sagrado. No puede soportar la profanación de lo divino. De las manos del manso surgen violentos golpes con azote de cuerdas que vienen y van. La alteración responde al sacrilegio. Las manos que luego serán horadadas ahora empuñan con fiereza el látigo y la boca que pedirá perdón para los que no saben lo que hacen ahora pronuncia palabras de enojo e irritación. El negocio invade lo sagrado provocando al Santo a quien el celo de la casa de Dios le consume.

Otra faceta de Jesús es ahora descubierta por quienes le rodean. No defenderá nunca su causa sino la del Padre. No intentará detener a quienes le afligen, pero responderá con violencia a quienes se atrevan a profanar lo sagrado. Como Cordero irá al matadero, pero como escudero defenderá la investidura del que lo envió. “Para el Evangelio de Juan, el tema es la conveniencia y pureza del lugar empleado para la adoración del Dios de Israel. Por este medio, él declara el Templo de Jerusalén inadecuado para la adoración divina.”78

Volcar las mesas no era únicamente tirar por el piso las monedas de los cambistas o sus animales, era en realidad volcar un sistema religioso contaminado por la ambición y la codicia. Un sistema sacrificial, maquinal y repetitivo que no traía conversión ni evolución espiritual. “Fue el compromiso y la pasión de Jesús por purificar la religión de Israel los que le llevaron a realizar esta acción.”79

La misión de Jesús se define poco a poco. Hay rasgos que identifican su proceder y quienes le siguen deben aprender su causa y seguir sus huellas. Lo santo es intocable. “La autoridad que Jesús demostró con su acción profética de limpieza del Templo fue para destacar, una vez más, la pregunta básica que implícitamente se hizo - ¿Quién está y quien debería estar a cargo del pueblo de Dios, Israel? La respuesta del Evangelio, como era previsible, fue el Rey Jesús.”80

Hay un templo que puede ser derribado, pero hay otro en plena construcción. El habitáculo sagrado pronto cambiará de ubicación. Un sacrificio perfecto reemplazará al otrora lugar de sacrificios continuos. El templo puede ser destruido para que la morada del Espíritu sea inquebrantable. Los ladrillos pueden ser derribados para que surja una edificación más poderosa.

La misión de Jesús ya está en marcha y son pocos los que la comprenden.

Juan en su inicio, al referirse a Jesús, afirma que hizo habitación o tabernáculo entre los suyos (1:14). Pero no escogió el templo como lugar de refugio o permanencia, sino que escogió los caminos, las barcas, los montes, etc., para proclamar su mensaje de salvación. Por eso “el compromiso misionero de la Iglesia sugiere algo más que llamar a los individuos a entrar en la Iglesia como a una sala de espera del más allá.”81

Para los fariseos la ley y el templo eran intocables. La pena de muerte aguardaba al que se pronunciara en su contra y osara profanar los símbolos de su fe. Durante su juicio, dos testigos falsos acusaron a Jesús con estas palabras: “Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo.” (Mateo 26:61) “Hay que recordar que Jerusalén tenía un único centro espiritual – el Templo. También existía un gran consejo de sabios, el Sanedrín, que gobernaba todos los asuntos de la comunidad judía.”82

¿Pero es Jesús el iconoclasta que anuncia la destrucción de lo sagrado? ¿Pretende no solo expulsar los comerciantes sino también a los religiosos?

¿Cuál es el lugar de la misión entonces? ¿Es acaso el templo, lugar de sacrificios, casa de oración para todas las naciones? ¿Es acaso una misión encerrada que invita en lugar de ir, que atrae en lugar de explorar, que discurre en ámbitos cerrados, en lugar de andar por las naciones?

Juan es el evangelio más templo-céntrico de entre los cuatro.

Él retrata a las autoridades del Templo de Judea como incapaces de liderazgo en Israel y aunque legales en su posición, desorientados sobre la dirección espiritual de Israel. “Básicamente, su oposición al Ungido de Dios (Jesús) es ejemplificada por su intento de preservar el culto en el Templo de Judea y luego enriquecerse a sí mismos, a sus familias y a sus sectas, bajo los términos dictados por la ocupación romana (Jn 11:48).”83

En Juan, Jesús es un Judío no un Galileo (Juan 4: 43-45) Da la impresión que el evangelio de Juan crea la polémica no con todo el pueblo judío, sino un grupo muy específico de personas corruptas que se le opusieron. A lo suyo vino y los suyos no le recibieron. El no vino a tomar partido por uno de los grupos existentes, sino a encarnar la verdad. No era agradar las instituciones, sino ponerlas al servicio de la verdad que Él representaba.

Hoy en día existe una tendencia reduccionista en el mundo cristiano en la que lo sagrado puede suceder únicamente al interior de los templos, en detrimento de la comunidad, de la sociedad que nos rodea, del trabajo, etc., ambientes aquellos en los cuales la iglesia podría ser iglesia, podría llegar a consumar el llamado de Jesús de ser luz en medio de la oscuridad. Ese desconocimiento de otras realidades sociales, en lugar de propender por un fortalecimiento de la iglesia, lo que hace precisamente es desconectarla de la comunidad, convirtiéndola paulatinamente en un ente irrelevante que ya no tiene incidencia en el diario vivir de la sociedad del presente.

¿Cuál es el lugar de la misión? ¿Se centrará en los templos o en los corazones? ¿Buscará atraer prosélitos o intentará la transformación de las vidas?

¿Será necesario derribar los templos para que se levante la voz a las naciones?

¿Representa el templo a la institución religiosa o al Dios que se confina en el Lugar Santísimo?

La posmodernidad tiene mucho que ver con las vivencias que se ofrecen al interior de las iglesias. Si bien es cierto que históricamente puede situarse la aparición de la teología de la prosperidad antes de la posmodernidad, es precisamente bajo los postulados esgrimidos por la cultura de nuestros tiempos, donde encuentra un campo de cultivo perfecto para adentrarse en las dinámicas cotidianas del creyente.

Hoy no se venden palomas o bueyes al interior del templo. Hoy se comercia con bendiciones a través de pactos y alianzas que indiscriminadamente se ofrecen para que las arrebate el mejor postor. Los cambistas ya no se visten con delantales y ropas del campo, ahora usan trajes de última moda, viajan en aviones privados y pisotean billetes en las gradas de los templos, mientras siguen ofreciendo la prosperidad anhelada por sus receptores y se lucran de la ansiedad de sus seguidores.

La cosmovisión de los tiempos posmodernos rechaza y cuestiona los prejuicios y las formas culturales, pero no establece parámetros radicales de moralidad, de ética o de comportamiento humano basado en normas de convivencia definidas. La verdad se ha vuelto un concepto en perspectiva, es decir que depende de cómo se mire y a qué intereses beneficie.

Todo esto sucede al interior de los templos o a través de los nuevos templos: los medios tecnológicos y de comunicación. “Ya no se concibe a la iglesia como algo que necesita arreglo, sino como una oportunidad de negocios que apunta a los gustos del consumidor de pecadores con inclinaciones espirituales tanto dentro como fuera de la congregación.”84

Ahora el evangelio es muy diferente. No es solamente una proclamación del evangelio sin rigor exegético, sino que se convierte también en una respuesta a los interrogantes de la sociedad del presente agobiada por los temores de “guerras y rumores de guerra”, inestabilidad social, política y económica, aparición de amenazas continuas a través de fenómenos naturales o enfermedades para los cuales no se halla cura, la pérdida de valores fundamentales de los cuales valerse en la formación de hijos y de generaciones futuras y el anhelo por las respuestas inmediatas en la época de lo instantáneo.

De alguna manera el evangelio de la prosperidad ha servido como una catarsis para quienes desean escuchar algo que los motive, con un trasfondo bíblico, aunque sea solo una versión del evangelio acomodada a criterios que benefician altamente a quienes los proclaman.

Pero un evangelio al que se le quita la cruz, el sacrificio, el “mejor dar que recibir”, etc., es un evangelio corto, pobre, que no contempla la globalidad de la palabra del reino expresada por Jesús, que no compagina con el anuncio del Señor y de sus discípulos.

¿Qué clase de purificación necesitan ahora los templos?

Una enseñanza deformada produce una fe deformada. Un Cristo hecho a la medida produce una fe hecha a la medida, pero que se desvanece tan pronto se pierde esa medida individual.

Aquellos principios éticos que derivaron en formas de vida, en valores diferenciados entre el conocimiento del bien y del mal, se han derrumbado hoy en día para dar paso a la frivolidad.

“Necesitamos elaborar teodiceas más complejas porque ahora la gente plantea preguntas más difíciles sobre la benevolencia divina.”85 Todo ser humano puede llegar a reconocer que las raíces del mal enquistadas en la humanidad no son simplemente situaciones coyunturales del presente o tal vez circunstanciales, sino en realidad tienen un origen edénico en la ruptura de la relación perfecta que Dios tuvo con el ser humano. La lógica adámica de la auto justificación es un comportamiento repetido en el ser humano y este proceder permea todo sistema económico, toda estructura de relaciones y todo tipo de organización en la que intervenga el ser humano.

La sociedad contemporánea ha quedado reducida simplemente a la interacción de individuos para quienes es más importante la satisfacción individual, la búsqueda hedonista de auto complacencia y la relatividad en su pensamiento bajo el cual todo se hace posible y además justificado. “Es posible pensar verdaderamente que la acción de Cristo respecto al mal es también una acción de disolución irónica; todo lo contrario a tantas actitudes cristianas que se creen en la obligación de exagerar el gigantesco poder del mal en el mundo, como si este fuese un modo de enfatizar el poder salvífico de quien nos libera de ello.”86

Todas las áreas del desarrollo humano, como las ciencias, el arte, la cultura, etc., se ven ahora bajo una perspectiva en la cual las formas de pensamiento derivadas del racionalismo moderno y del humanismo adquieren un papel preponderante en su desenvolvimiento. Y aunque el mundo moderno con el desarrollo de las teorías cuánticas y la interrelación de todo el universo bajo parámetros sistémicos intenta explicar los sucesos a partir de la interconectividad de los elementos, aun el pensamiento humano, prefiere la individualización y el egocentrismo desmedido y al ser humano como eje central sobre el cual gira el mundo y “todo lo que en él habita”.

En medio de una generación que ha perdido sus ilusiones y se mueve bajo la desconfianza de las instituciones, el individualismo gana terreno y la perspectiva propia se sobrepone a los intereses del común. “Se inventa así un Jesús apócrifo tergiversado y marginal que poco, o nada, tiene que ver con la historia real. Un Jesucristo milagrero que atrae al supersticioso y al ansioso de novedades pero que aleja al ser humano de la auténtica Palabra de Dios.”87

El posmodernismo con su desvalorización de las instituciones y su relativismo conceptual incentiva aún más las formas de vida individualistas y promueve constantemente una búsqueda de la realización del ser humano centrada en sí mismo, pero en abierto contraste con la proclamación de Jesús en su evangelio. La desacralización de lo que otrora representaban los símbolos intocables de la fe es símbolo del tiempo presente, en tanto se sacraliza lo banal como la moda, el culto al cuerpo, el consumismo desmedido, la posesión de bienes, etc. “Al desacralizar lo sagrado se ha llegado, por el contrario, a sacralizar lo profano.”88

¿Cuál es el lugar de la misión?

El templo no solamente era el lugar de los sacrificios y oficios religiosos. Era también el símbolo de poder de las clases religiosas. Ocupaban los primeros puestos, administraban todo lo concerniente a sus prácticas ritualistas y determinaban la manera en que cada persona, dependiendo de su raza, condición, género, etc., debería estar más cerca o más lejos del Dios que allí se veneraba.

Para las culturas dominantes existen cierto tipo de parámetros que deben mantenerse tal como están para no amenazar el statu quo y su prolongación indefinida. “Naturalmente, el peso político de las jerarquías religiosas tampoco nace de la nada.”89 Las declaraciones de Jesús no fueron vistas únicamente como palabras de misericordia o afinidad con los sufrientes, sino también como una crítica a ese sistema dominante erigido sobre la ley pero carente de la esencia de la misma. Jesucristo empezó a convertirse en una amenaza para el poder dominante, y sus palabras empezaron a producir un desmantelamiento de lo existente en pro de la implementación o reordenamiento de lo que ahora se anunciaba. “Él se negó a reconocer la autoridad de los gobernantes de Jerusalén sobre él y, por extensión, sobre la totalidad de Israel.”90

Más adelante durante su ministerio, algunos hechos muy representativos le dieron una característica específica a la obra de Jesús. Su prontitud para perdonar los pecados con sus consabidas reacciones; la capacidad de Jesús para curar y su atrevimiento para hacerlo en Sábado lo cual representaba un parangón sin antecedentes para los religiosos que eran testigos de estas cosas; su costumbre de comer con los marginados, que ya de por si representaba un problema cultural, sin contar las dificultades que esto traía en la mente de quienes lo consideraban como una ofensa para la moral de la sociedad; y la actitud de Jesús para el lugar sagrado por excelencia para los judíos: el templo.

Al hablar de la destrucción del mismo produce diversas reacciones especialmente entre el pueblo religioso que vivía alrededor de este sagrado lugar, cuyos rituales y sacrificios y por ende su relación con Dios, dependía en gran manera de lo que allí sucediera. Sin duda, Jesucristo rompió muchos de los convencionalismos de su época en la que la ley regulaba no solo la vida religiosa, sino la social y cualquier clase de interacción entre los individuos.

La compasión que mostró Jesús por los que sufrían a causa de su marginalidad, confrontó un status quo que había aprendido a mirar el dolor como algo connatural a ciertos sectores desprestigiados de la sociedad. En esa forma de convivencia la compasión no cabía cuando se trataba de estructurar la legalidad.

Por eso es que este tipo de reacciones de parte de Jesús no eran solo cuestiones emocionales que surgían de un corazón sensible, sino más bien, una crítica pública en contra de la insensibilidad que se había apoderado de la gran mayoría de personas, incluidos los religiosos quienes pretendían enseñar la palabra de Dios al pueblo.

El contraste entre las jerarquías reinantes y la figura de Jesús representó un conflicto para quienes intentaban perpetuar el dominio, pero a su vez una esperanza para quienes anhelaban un cambio de mando con otras características. En la medida en que las bocas sean calladas y reprimidos los lamentos de los dolientes, el sistema buscará seguir consolidándose ante la indiferencia de los no afectados. Y es por eso que el fin del poder dominante es doloroso porque arrastra consigo víctimas inocentes que constituyen únicamente un elemento circunstancial en la transición violenta que produce quien pierde el poder en otras manos.

Por eso es que cuando Jesús representó la voz de los que no eran oídos, la conciencia social se vio comprometida y se hizo necesario también callar esa voz para que no interrumpiera la continuidad del sistema dominante. Su declaración profética de Lucas 4 en la sinagoga de Nazaret, puso de manifiesto que la atención a los desvalidos y menospreciados tendría que ser una obra guiada por el Espíritu, de tal manera que quienes ofrecían sus servicios religiosos sin poder entregar alguna forma de transformación a los demás, también eran confrontados en esa área espiritual de la que carecían sin saberlo.

Pero el culmen de toda su crítica profética que confrontó los sistemas dominantes se dio en la cruz. La muerte de Jesús no es definitiva. En realidad es victoria. ¿Pero victoria sobre qué?

Victoria sobre un sistema que en lugar de ofrecer vida solo trae muerte. Victoria sobre la conciencia de los que vivían para un presente en el que eran los privilegiados, pero que ahora podrían confrontar un destino en el que esos privilegios cambiarían de manos. Los suyos no le recibieron, pero El cumplió su propósito aun a costa de ese rechazo. Fue perseguido, azotado y crucificado, pero ese no fue el fin, y todos aquellos que creyeron que al morir Jesús se perpetuaba un sistema indolente y desigual, vieron frustrados sus planes, pues sus seguidores encarnaron la vida de Jesús y los valores que El vino a traer desde el cielo. Vida en lugar de muerte, compasión en lugar de indiferencia, amor en lugar de juicio, verdad en lugar de mentira. Esos valores cotejaron al sistema que confrontó su propia muerte, absorbió su indiferencia, recibió su propio juicio y vio como sus verdades no eran universales sino solo elementos particulares de una estructura que no podía mantenerse ante el Hijo del Hombre que vino a salvar lo que se había perdido. Es por esto por lo cual Vattimo considera el testimonio de la vida cristiana dentro de la integralidad que supone el llevar a cabo los lineamientos expresados claramente en las páginas de la Escritura. “Sigue siendo embarazosa y contraria a toda dignidad, coherencia y transparencia personal la situación de quien frecuenta la iglesia y no tiene, en absoluto, intención de abandonar la vida <<de pecado>> en la que, según la enseñanza eclesiástica oficial, vive.”91

Incluso hasta el final, cuando Jesús pendía de la cruz y su cuerpo había sido martirizado a más no poder, sus palabras siguieron siendo una crítica y una expresión de una conciencia alternativa. Su solicitud de perdón para sus infractores, su grito desgarrador y desesperado en el que trasmitía su sensación de abandono, su sumisión a pesar de ser el Hijo de Dios y su bienvenida final a un marginado que colgaba cerca de El en su propia cruz, representaban formas específicas de confrontación a un sistema que había quedado nulo y sin efecto.

Todas estas expresiones de Jesús traen un equivalente con las de Moisés en los tiempos antiguos. Y tal como sucedió con este, la crítica profética indicada con sus acciones confrontó a un sistema que aunque intentaba perpetuarse, traía dentro de sí mismo el germen de su propia destrucción. La cruz fue el triunfo final de la nueva conciencia alternativa que emergió desde los cielos mismos y se implantó en medio de un mundo que no la puede comprender fácilmente. Solo el que murió en ella la pudo expresar de una manera radical.

Jesús expresó delante de todos los sorprendidos judíos que lo observaban: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.” Habrá ahora una nueva construcción erigida no con manos humanas sino con los designios divinos. Habrá una resurrección que se espera como concreción del proceso redentor. Habrá una nueva verdad que se escribirá con sangre divina, con clavos en las extremidades del Mesías y con corona en la sien del sacrificado.

En la cruz termina una misión pero empieza otra. “Consumado es” se escucha desde la altura del Gólgota y se extiende hasta el confín del mundo. “Id a hacer discípulos” es el siguiente paso para tal suceso. Los oídos de los discípulos escuchan la voz del resucitado quien comisiona a los suyos a salir de los templos para ir a las naciones. La misión está en acción y no necesariamente es en los templos. Quizás ahora sea necesario destruir algunos para promover la verdadera misión.

La voluntad de Jesús expresada en su misión es una voluntad que trasciende, que no pone límites ni condiciones, que no hace acepción de quienes serán los portadores de esta tarea, ni restringe su avance a cierto tipo de culturas. Por el contrario, su naturaleza es abarcadora para todas las tribus, lenguas, razas y naciones. En realidad el concepto de testigo presupone el “ir” más allá de las puertas, más allá de las barreras culturales, idiomáticas, sociales o de cualquier índole. Testificar es participar personalmente en la misión de Cristo, es ser participantes de los padecimientos de Cristo (1 P. 4:13).

El templo puede ser derribado, pero ahora se ha levantado otro templo, inmaculado, glorioso y espiritual que aún conserva cicatrices. Y ahora la misión continúa sobre los hombros de aquellos que pueden manifestarse desde los templos a las naciones.

Pero el solo hecho de confrontar la realidad actual con los supuestos teológicos antiguos es motivo de tensión natural al reconocer el contexto plural de nuestros días. Estos retos se trasladan a la conformación de una comunidad con una praxis diferente que esté en capacidad de crear un discurso relevante a través de su dialéctica inclusiva. La relación comunidad y teología determina no solo un tipo específico de conocimiento, sino más aun exige un cambio de vida a través del cual puede expresar libremente su compromiso con el contenido del texto.

Los templos han sido destruidos junto con todo lo que representan. Los cimientos del pensamiento humano han quedado derribados y de sus escombros intentan surgir nuevas ideas que satisfagan los oídos de esta generación.

El pretendido anhelo de la modernidad por hallar la verdad a través de la ciencia y la razón, quedó desvirtuado, evidenciando, por un lado la falibilidad de la ciencia misma y por otro lado, su incapacidad para dar respuesta a todos los interrogantes que el ser humano se plantea constantemente. Los templos siguen cayendo.

La idea del progreso propia de la modernidad, tanto en el aspecto social después de la revolución francesa, como en el aspecto económico después de la revolución industrial, ha dado paso en el posmodernismo a una gran desconfianza frente a este pretendido anhelo, asumiendo en su frustración un desinterés por el cauce de la historia marcada por grandes ideales. Los propios meta relatos que le dieron sentido a la modernidad, son ahora simples paradigmas antiguos que se deben desvirtuar para darle libertad al ser humano en la búsqueda de sus propias convicciones.

“El término <<apologética>>, que gozó de tan alta reputación en la Iglesia primitiva, ha caído ahora en descrédito a causa de los métodos empleados en sus malogrados intentos de defender el cristianismo contra los ataques del humanismo, del naturalismo y del historicismo moderno.”92

El posmodernismo es subjetivismo en el que cada cual decide sus propias verdades. Aunque dos personas piensen en formas totalmente contrarias, las dos pueden tener la razón según el relativismo imperante. La razón, la ciencia y la tecnología, se supone que deben hacer progresar al hombre en sus propósitos. Sin embargo, esto no ha sido así, y más bien las barbaries, las masacres continuas, el mal uso de la tecnología, etc., han terminado por desvirtuar lo que parecía que se convertirían en elementos fundamentales del progreso humano. “Es evidente que la aplicación de la tecnología no es una cuestión meramente técnica, pues hay que contar con las profundas influencias de las disposiciones sociales y religiosas subyacentes.”93

Hay cimientos que nunca serán levantados de nuevo. Bosch considera sin embargo, que aun en medio de estas consideraciones que identifican el posmodernismo, es posible mantener la estructura de la fe y seguir dándole forma a la misión acorde, no con la cultura, sino con la fe precisamente. “Lejos de sumirnos en una confusión de subjetivismo y relativismo, el acercamiento que estoy sugiriendo realmente nutre una tensión creativa entre mi firme compromiso con la fe y mi propia percepción teológica de dicha fe.”94

La indefinición de los absolutos es la muerte de muchas certezas y convicciones. Con seguridad alguien quisiera tener absolutos en cuestiones de moralidad, de justicia, de amor o de verdad. Pero la destrucción de los cimientos sobre los cuales se han erigido estos conceptos ha empujado a la humanidad a la carencia de fundamento sobre el cual edificar algo sólido para su propia existencia.

“La modernidad fue el tiempo de las grandes utopías sociales y de los grandes actos de fe”95

Supuso nuevos desafíos para el quehacer teológico. Las transformaciones que trajo consigo, especialmente en la concepción del pensamiento humano, el desarrollo de la ciencia, los avances filosóficos y la aparición de una epistemología que, dejando de lado la tradición, apelaba al recurso humano como eje de autoridad y agente libre para concebir el saber en términos objetivos desde la razón únicamente, representaron un reto a la teología en su intento de mantener su vigencia, que como ciencia, aportaba elementos metafísicos en su proceso epistemológico.

La modernidad hizo énfasis en el método empírico y la razón para explicar todos los fenómenos, pero se quedó corta en sus explicaciones. La reacción a esto convirtió el pensamiento humano en una búsqueda de pluralismo, inclusión y relativismo. No hay una verdad universal. Los templos siguen cayendo.

La modernidad intentó usar parámetros universales para definir los conceptos éticos, morales, etc., pero la posmodernidad desvirtuó estas imposiciones de la modernidad.

Guerras mundiales fueron un producto de la modernidad. El ser humano el centro de todas las cosas. La posmodernidad continúa bajo esta misma premisa, pero bajo la libertad de acción que surge desde la forma de pensamiento que prevalece hoy en día.

En la redefinición de los pecados modernos, los conceptos absolutos han dejado de prevalecer. Cuando alguien habla hoy en día de verdades o términos absolutos, inmediatamente se convierte en un hereje en medio de un mundo de conceptos relativos. Otros cimientos se siguen derrumbando para que se erijan otros, más endebles.

La solidez que se pretendió tener en cuanto al conocimiento referido desde el rigor interpretativo en el análisis de los textos ha quedado disuelta. La superficialidad es característica de estos tiempos así como la cultura de masas en lugar de una cultura selecta. Mientras se desacraliza lo que antes era intocable, se destruyen los límites que otrora marcaban esas diferencias. Esos mismos limites que separaban lo serio y profundo frente a lo banal también han desaparecido, dando paso a una gran ambigüedad en la que todo vale.

La posmodernidad es la época del desencanto. Si la modernidad apareció plena de optimismo en el quehacer del hombre guiado por la razón, los hechos demostraron a través de dolorosas y costosísimas guerras que aquella ilusión era solo eso, y que el futuro no deparaba algo mejor. Por eso las utopías ya no son una alternativa posible ni tampoco la idea del progreso que la humanidad tuvo en el tiempo del modernismo. “En cuanto al dinero, la miserabilidad por un lado y la codicia por el otro, han aniquilado la correcta visión cristiana sobre los bienes materiales. O te vistes con la sotana raída de Francisco de Asís o te vas a vivir a Beverly Hills. No hay término medio.”96

Otros cimientos siguen cayendo sin saber cuáles serán puestos en un nuevo orden del pensamiento y del conocimiento. “Hoy día la mayoría de personas están de acuerdo con que la libertad religiosa es uno de los derechos humanos básicos. Este factor, juntamente con muchos otros, fuerza al cristianismo a reexaminar su actitud hacia otras religiones y su comprensión de las mismas.”97Esto pone de manifiesto que la misión se enfrenta a nuevos desafíos correspondientes a cada época particular de la historia y que por el carácter que Jesús le imprimió para dar salvación a las naciones, debe estar en capacidad para responder a cada uno de ellos. “El mundo contemporáneo nos desafía a practicar una <<hermenéutica transformadora>>, una respuesta teológica que primero nos transforme a nosotros antes de involucrarnos en la misión del mundo.”98

¿Cuál es el lugar de la misión entonces?

De seguro algo debe cambiar en la forma de abordar este llamado. “Las duras realidades de hoy nos instan a reconcebir y reformular la misión de la Iglesia con valentía e imaginación, mientras mantenemos la continuidad con lo mejor de la misión en las décadas y los siglos pasados.”99

El mundo de hoy convertido en una aldea global, insta a un cambio de paradigma en la misión.

Los tiempos de Jesús eran también multiculturales con gran riqueza lingüística y de nacionalidades en el contexto de la Palestina de aquel tiempo. La lengua griega era la principal, no solo en Palestina, sino además en toda la cuenca del mediterráneo, pero el judío usaba el arameo, su lengua original y también el hebreo.

Tampoco existía una visión monolítica en cuanto a la religión misma. Había una gran influencia del paganismo de los romanos y los griegos, mientras los judíos mantenían su fe en un Único Dios y con ciertas libertades en el ejercicio de sus cultos y sus reuniones en las sinagogas.

Se construyeron coliseos donde gladiadores luchaban y se hacían espectáculos públicos de naturaleza pagana.

Dentro de la misma religión judía se manifestaban diferentes facciones, por lo que se descarta la existencia de un judaísmo monolítico en el tiempo de la aparición de Jesús. De hecho existían enfrentamientos claros entre las diferentes facciones, por cuestiones de poder o de aplicación de la Tora. Por ejemplo los fariseos protestaron contra el sacerdocio del templo porque la línea de los sacerdotes debía venir por parte de la línea de Aarón según la Tora y el sacerdocio que había en esta época no era de esa línea.

Sin embargo aquellos movimientos llegaron a tener una connotación más política que religiosa.

Por todo eso se hace necesario adquirir una memoria histórica, promover una cosmovisión bíblica, imaginar futuros escenarios y poner cimientos a la esperanza, articular una escatología realista y no escapista y valorar desde la perspectiva de fe el futuro deseado. Todo esto servirá de una manera práctica y coherente a transformar el pensamiento del presente y ayudará a asumir el compromiso que Dios ha colocado entre los suyos.

¿Cuál es el lugar de la misión entonces?

Jesús responde: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

Capítulo 3.
Nacer de nuevo en el siglo XXI. La forma para la misión

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciese de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:3-6)

Cuando la noche llega, la oportunidad aparece. Nicodemo es ilustre a los ojos de los hombres, y prefiere ocultarse de sus ojos inquisitivos porque teme perder su fama. Sin embargo la inquietud de su corazón lo mueve a buscar a Jesús. Un maestro buscando enseñanza. Un principal de los judíos buscando dirección para su fe. Un hombre letrado que busca sabiduría hasta entonces desconocida para él. Un religioso que no conoce lo espiritual.

Este diálogo de Jesús en el evangelio de Juan desemboca, como a menudo sucede, en una gran revelación que no es plenamente comprendida por su interlocutor. Esa dialéctica reveladora será una constante en las conversaciones de Jesús en este evangelio. La divinidad tiene que confrontar a la humanidad para ofrecer su revelación.

“Sabemos que has venido de Dios” asegura Nicodemo como poseedor de una convicción no solo de él sino de otros que seguramente han llegado a la misma conclusión acerca de Jesús entre los fariseos. Para Nicodemo el origen de Jesús determina su poder. “Nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.” Dios y poder van de la mano. Señales, maravillas y portentos no son signos de este mundo.

¿Es una afirmación tácita de la ausencia de Dios entre los fariseos? ¿Está hablando más acerca de su grupo religioso que de Aquel que tiene frente a él? ¿Lo reconoce como venido de Dios, pero no como Mesías?

Y Jesús no responde a sus afirmaciones con otros halagos. En la quietud y el silencio de la noche una voz pronunciará un mensaje de otro mundo. “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Jesús ha nacido del Espíritu y ofrece algo similar a quienes le siguen. Nacer del Espíritu es de alguna manera compartir la encarnación mesiánica. Es nacer de lo alto, es vivir para lo alto. Quien nace de nuevo tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida. (Juan 5:24) Jesús fue traído de los cielos por el Espíritu, quien ahora se encarga de llevar a los cielos a quienes lo aceptan. “El antiguo judaísmo celebraba varios rituales que marcaban las etapas del ciclo de la vida judía, empezando con el nacimiento y la circuncisión, continuando con la ordenación y los diferentes niveles del liderazgo judío, y culminando con la muerte de los individuos a una edad madura. Nicodemo estaba en la etapa final de ese ciclo (edad madura y judío de estatus alto) cuando Jesús le sorprendió con su declaración “debes nacer de nuevo.”100

La ley se honra y no se desacredita. El representante de la ley confronta a Aquel quien la cumplirá perfectamente y sus argumentos tendrán que confluir en algún lugar, pues al fin y al cabo se busca glorificar de una u otra manera al mismo Dios. La ley debe llevar a la relación más que a la imposición. El fariseo ansiaba encontrar finalmente ese punto de encuentro y buscó a Jesús en la oscuridad de la noche para que le diera claridad a sus inquietudes. “No es extraño que Nicodemo, el mejor y más espiritualmente consciente de ellos (fariseos), no sepa lo que el Único enviado por Dios tiene en mente.”101

Si Jesús trae consigo a Elías y a Moisés en el monte de la transfiguración, significa que hay un mas allá donde la ley, la profecía y la obra redentora han confluido para hablar un mismo idioma. El idioma de la revelación. En aquel monte aparece en su total esplendor esta idea, aunada a la voz del Padre quien respalda a quien ha enviado y se complace en su obra y su legado. La comunión es perfecta y ha traspasado los cielos para fusionarse en un lugar alto con tres discípulos como testigos. La obra está en acción, la misión no puede ahora detenerse.

Tratar de conocer a Dios a través de la ley no puede ser un concepto que se eternice en la humanidad. Conocer al Padre a través del Hijo es la vía de la revelación completa. Nicodemo conoce la ley, pero aún no conoce a Dios enteramente. Ahora lo tiene en frente de Él en figura humana y busca la manera de develar sus propias dudas.

En medio de la oscuridad de la noche brilla la luz de la revelación. “La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.”(Juan 1:5) Jesús es portador de la luz que prevalece sobre la oscuridad de la ignorancia de los letrados. Hay un mensaje que viene de los cielos que debe ser entregado en este mundo tanto a los doctores de la ley, como a los simples e indoctos. Si el reino ha llegado, los demás reinos tendrán que ser vistos en relación al nuevo.

Es una declaración universal para todos los ámbitos, contextos, tiempos y culturas. La misión redentora de Jesús está en acción y sus beneficiarios tendrán que empezar a aprender un lenguaje de otro mundo, el lenguaje del reino.

¿Podrá entenderlo Nicodemo? ¿Podrán entenderlo los fariseos y religiosos? ¿Podrá entenderlo el hombre del siglo XXI?

La misión de Jesús tiene una forma definida. Se aplica en el contexto pero se alimenta de lo celestial. La misión universal es colocada en manos de hombres falibles, pero dotados de poder espiritual y es este factor el que al final hace toda la diferencia. Es El Espíritu quien guía a la iglesia naciente en el emprendimiento de su labor misionera.

La historia de la salvación se relaciona con la historia de la interpretación en la comunidad y su experiencia en los procesos de transformación de las vidas. Pero esa ansiedad constante de la posmodernidad por suponer que todo puede ser de otra manera, contagia la interpretación bíblica de una necesidad de respuestas concretas que no puede ofrecer si se trata de analizar cuestiones de un reino aun no plenamente establecido o una escatología que de por si es proclive a muchas interpretaciones diferentes. “Los postmodernos declaran que carecen de referencias para pensar lo universal y que prefieren pensar exclusivamente lo particular, los acontecimientos momentáneos y cotidianos”102

Los medios masivos y la industria del consumo masivo se han convertido en centros de poder.

Deja de importar el contenido del mensaje, para revalorizar la forma en que es transmitido y el grado de convicción que pueda producir. Desaparece la ideología como forma de elección de los líderes siendo reemplazada por la imagen. Hay una excesiva emisión de información (frecuentemente contradictoria), a través de todos los medios de comunicación.

Los medios masivos se convierten en transmisores de la verdad, lo que se expresa en el hecho de que lo que no aparece por un medio de comunicación masiva simplemente no existe para la sociedad. El receptor se aleja de la información recibida quitándole realidad y pertinencia, convirtiéndola en mero entretenimiento. Se pierde la intimidad y la vida de los demás se convierte en un show, especialmente en el contexto de las redes sociales.

Todos estos elementos de la posmodernidad caracterizan nuestros tiempos unidos a la desacralización de la política, la desmitificación de los líderes y el cuestionamiento de las grandes religiones. De esta manera se llega al umbral de un sinsentido que intenta explicar lo que no puede y con base en esa confusión, se profieren declaraciones que no pueden ser verificadas cabalmente. Sin embargo para Vattimo esta desmitificación no es necesariamente mala si se trata de la misma concepción cristiana de Dios. “la visión general cristiana de Dios y del hombre puede afrontar tranquilamente un proceso de desmitificación sin temor a desfigurarse y a perder lo esencial.”103

¿Cuál es la forma para la misión en tiempos posmodernos?

La misión de Dios queda a cargo de los que traspasan el umbral del agua y del Espíritu rompiendo la virginidad de lo pasado y entrando de lleno en una dinámica propuesta desde el más allá. Es surgir desde el vientre del Espíritu para brotar a una poderosa vida. Es una nueva creación que prorrumpe en medio de lo viejo para comprender la obra revitalizadora que el Mesías propone. El misterio se devela, Nicodemo puede ver la luz.

En épocas de pluralismo y relativismo, la teología sigue siendo examinada bajo la lupa de los contextos sociales, de los contextos eclesiales, políticos y económicos. La hermenéutica anterior no daba espacios para una gran apertura, pero hoy en día es aceptado que toda interpretación está en cierta medida dirigida por el contexto y por los intereses.

El posmodernismo ha cambiado sustancialmente el espectro epistemológico. Ante la crisis de los meta relatos, la pluralidad de aproximaciones hacia la verdad última es aceptada sin más, teniendo por igual cualquier concepción que se haga de la misma. “Han caído en descrédito todos los meta relatos –según la afortunada expresión de Lyotard- que pretendían reflejar la estructura objetiva del ser.”104

Aprender a valorar el cambio de esta hegemonía previa a un ambiente pluralista se convierte en el gran reto, reconociendo que estos cambios son ineludibles y que deben verse no como una pérdida sino como una oportunidad para seguir madurando en la formación de una teología consistente con los cambios culturales. Vattimo asegura: “Ninguno de nosotros, en nuestra cultura occidental – y quizás en todas las culturas-, comienza desde cero en el caso de la cuestión de la fe religiosa.”105Esto pone de manifiesto que la religión como tal es un continuo redescubrir de aspectos que el ser humano ha tenido desde siempre en su interior y que intenta sacar al exterior de diversas formas.

Los cambios constantes en la sociedad actual con los desafíos planteados por los adelantos tecnológicos, la multiculturalidad que ha obligado a repensar muchas de las prácticas habituales de diferentes estamentos de influencia en la vida diaria, los cambios en los movimientos culturales, filosóficos, literarios y artísticos, aunados a una visión del mundo que se reestructura sobre el culto al cuerpo y a la personalidad, la pérdida de la fe tanto en los estamentos públicos como en las entidades de apoyo de carácter privado y la iglesia en general y muchos otros cambios en la cultura contemporánea, nos obligan de alguna manera a formular un paradigma diferente que nos pueda acompañar frente a las complejidades del mundo del siglo XXI.

Con la aparición del pluralismo es posible superar el dualismo existente en la teología en relación al idealismo y a la praxis, al punto que pueda verse una nueva dinámica en la interpretación que obedezca a los cambios culturales que se suceden cada vez de maneras más aceleradas. “El llamado es a pensar en términos integrales en vez de analíticos, enfatizando el aspecto de estar juntos antes que la distancia, rompiendo el dualismo entre mente y cuerpo, y entre sujeto y objeto, y subrayando la <<simbiosis>>.”106

La eliminación de los metarrelatos afecta directamente la credibilidad en cuanto a las historias bíblicas que distan mucho de ser entendidas por la razón. Esa forma del saber epistemológico del presente ha sido denominado para Vattimo como “pensamiento débil” en contraposición al “pensamiento fuerte” que admitía estos relatos y las consecuencias derivadas de esta aceptación. “El pensamiento débil, cuando se ha reconocido heredero del cristianismo, es decir, posibilitado solo por esta herencia, ¿se siente impulsado, en consecuencia, a rezar al Dios de Jesucristo o no?”107

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