Kitabı oku: «Compendio de la fe cristiana»
COMPENDIO DE LA
fe cristiana
JOHN SCHWARZ


ÍNDICE
Prefacio
1. La Biblia
La Biblia: Su Historia y Mensaje
Los Dos Pactos o Testamentos
La Biblia: Proceso de Formación, Estructura y Libros
El Antiguo Testamento
El Nuevo Testamento
Las Escrituras Hebreas
El canon judío y el canon cristiano del Antiguo Testamento
La Septuaginta
El orden de los libros
Los Textos Apócrifos
Libros Históricos
Los Libros Proféticos
Literatura Sapiencial
El Nuevo Testamento
Los Libros de la Biblia
El Tema y Mensaje de la Biblia
La Narración Bíblica
Los primeros pactos de Dios
El pacto definitivo de Dios
La Transmisión y las Traducciones de la Biblia
Primeras traducciones
Traducciones al castellano
Traducciones recientes
Revelación, Inspiración y Autoridad
Revelación general y especial
La inspiración de la Biblia
La autoridad de la Biblia
La Lectura de la Biblia
Enfoques generales
Principios de interpretación
Traducciones, Diccionarios y Comentarios Bíblicos
Traducciones de la Biblia
Recursos para el estudio de la Biblia
2. El Antiguo Testamento
Las raíces veterotestamentarias de nuestra fe
El Pentateuco: La creación, la caída, la elección, la salvación y el pacto
El prólogo a la historia bíblica
Los dos relatos de la creación
La caída en el huerto
La caída para abajo
La historia ancestral de Israel
Los “llamados” en la Biblia
Abraham: El patriarca fundador
Isaac: el hijo prometido
Jacob y José
El Éxodo: el “centro” del Antiguo Testamento
Moisés: Liberador y legislador
El Éxodo y el pacto sinaítico
Levítico, Números y Deuteronomio
Levítico
Números
Deuteronomio
Los libros históricos: surgimiento y caída de Israel
La invasión y la conquista de Canaán
La monarquía
La división y la derrota de Israel
El exilio, el retorno y la restauración
La voz y el mensaje de los profetas
Los profetas
Los libros de los profetas
La cronología de los profetas de Israel
Profetas y profecías importantes
Las profecías mesiánicas
Los escritos: la literatura sapiencial y devocional de Israel
El libro de Salmos
El libro de Proverbios
El libro de Job
El Judaísmo contemporáneo
Judaísmo ortodoxo, reformado y conservador
Relación entre el judaísmo y el cristianismo
3. Jesús de Nazaret
El mundo, la vida y el ministerio de Jesús
Período intertestamentario
Alejandro y los griegos
La sublevación macabea
El imperio romano
Israel / Palestina
La casa de Herodes
Herodes el Grande
Los sucesores de Herodes
Comunidades Judías políticas y religiosas en el primer siglo
Los saduceos
Los fariseos
Los zelotes
Los esenios
Los escribas
Jesús de Nazaret: en la “plenitud de los tiempos”
El Nacimiento de Jesús
José y María
Relatos del nacimiento
¿Cuándo nació Jesús?
La encarnación de Dios
Breve reseña del ministerio de Jesús
Jesús: su bautismo, tentación y discípulos
El bautismo de Jesús
La tentación de Jesús en el desierto
Los discípulos de Jesús
El ministerio público de Jesús
Misión de Jesús
La muerte de Jesús
Arresto, juicio, crucifixión, muerte, entierro, resurrección y ascensión de Jesús
La última semana de Jesús
Los acontecimientos de la última semana de Jesús
Nombres, títulos y símbolos de Jesús
4. Los Evangelios
Los testimonios que los Evangelios dan de Jesús
Los Evangelios: las “buenas nuevas”
¿Qué es un “Evangelio”?
Las fechas y la elaboración de los Evangelios
La autoría de los Evangelios
La estructura de los Evangelios
¿Por qué hay cuatro Evangelios?
Símbolos de los Evangelios
El Jesús histórico
Los Evangelios sinópticos
La prioridad de Marcos
La génesis de los Evangelios sinópticos
El reino de Dios
Marcos: el Evangelio fundacional
Juan Marcos
Estructura, auditorio y mensaje de Marcos
Los milagros de Jesús
Mateo: el Evangelio Judeocristiano
La ubicación de Mateo
Mateo, el recaudador de impuestos
Estructura, auditorio y mensaje de Mateo
El Sermón del Monte
Las Bienaventuranzas
Lucas: el Evangelio universal
Lucas, el médico
Estructura, auditorio y mensaje de Lucas
Las parábolas de Jesús
La parábola de El Sembrador
Juan: el Evangelio espiritual
Diferencias entre Juan y los sinópticos
Juan, el discípulo amado
Estructura, auditorio y mensaje de Juan
Jesús y Nicodemo
Los “Yo soy” de Jesús
Resumen comparativo de lo cuatro Evangelios
5. El movimiento de expansión
Los Hechos y las Cartas de los apóstoles
Los hechos de Pedro y los viajes de Pablo
La autoría de Lucas
La importancia de Hechos
El mensaje de Hechos
Pentecostés: el “cumpleaños” de la iglesia
La iglesia primitiva en Jerusalén
La muerte de Pedro y de Pablo
El apostol Pablo: embajador de Cristo
El llamado y la conversión de Pablo
Pablo de Tarso
Los viajes misioneros de Pablo
Los escritos de Pablo
Orden y clasificación de las cartas de Pablo
El pensamiento y la teología de Pablo
Gálatas: la epístola sobre la libertad cristiana ante la ley
El ataque de los judaizantes
La defensa de Pablo
Justificación por la fe
El fruto del Espíritu
Romanos: la obra magna de Pablo
La iglesia en Roma
“El Evangelio según Pablo”
El cristiano en el mundo
La correspondencia a los Corintios
La ciudad de Corinto
1 Corintios
2 Corintios
Las otras cartas de Pablo
1 y 2 Tesalonicenses
Las cartas desde la cárcel
Las cartas pastorales
Hebreos y las Cartas Universales: Santiago, Pedro, Juan y Judas
La Carta a los Hebreos
Las cartas universales
El libro de Apocalipsis
El simbolismo de Apocalipsis
La literatura apocalíptica
Las revelaciones a Juan
Cómo entender el libro de Apocalipsis
¿Por qué los judíos no aceptaron a Jesús?
6. La Iglesia
Breve historia del cristianismo
La era apostólica (30-400)
Los padres apostólicos
El credo de los apóstoles
Constantino el Grande (280–337)
El canon del Nuevo Testamento
La iglesia en la edad media (476-1453)
Agustín (354–430)
La iglesia de Roma y el papado
Mahoma y el surgimiento del islamismo
El cisma entre católicos y ortodoxos (1054)
Las cruzadas (1095–1291)
Tomás de Aquino (1225–1274)
El monasticismo
Ordenes religiosas
La reforma protestante
Martín Lutero (1483–1546)
Juan Calvino (1509–1564)
Pensamiento y teología de la Reforma
La cuádruple Reforma
La Reforma Católica
Misiones cristianas al mundo entero
Exploración y colonización
Francisco Javier y William Carey
La expansión mundial del cristianismo
Misiones cristianas: Pasado, presente y futuro
El cristianismo en Norteamérica
La llegada del cristianismo a Norteamérica
El Gran Despertar
Independencia e identidad nacional
Industrialización y urbanización
El pentecostalismo
Modernismo y fundamentalismo
El movimiento evangélico
Fechas y sucesos importantes en la historia cristiana
7. Creencias cristianas
Resumen de las doctrinas y creencias cristianas
Teología cristiana
Dios nuestro padre: Todopoderoso y todo amor
El conocimiento de Dios
La naturaleza de Dios
La Trinidad de Dios
Otros “—teísmos”
La doctrina de la creación
Ciencia y religión
La creación del universo
La creación de la vida
El pecado: el aprieto humano
La doctrina del pecado
El pecado original
La caída en el Huerto de Edén
Jesucristo: Señor y Salvador
La persona y la naturaleza de Cristo
El nacimiento virginal de Jesús
La preexistencia de Cristo
La muerte redentora de Jesús
La resurrección corporal de Jesús
Salvación: por gracia por medio de la fe
Justificación por la fe
¿Serán todos salvados?
La doctrina de la seguridad de la salvación El Espíritu Santo: el que perfecciona nuestra fe
La persona y obra del Espíritu Santo
Regeneración
Santificación
Recibir el Espíritu Santo
La iglesia: rasgos y sacramentos
Los rasgos de la iglesia
Los sacramentos de la iglesia
La iglesia: forma de gobierno, cargos clericales y calendario
Estructura y gobierno de la iglesia
Títulos clericales
El calendario litúrgico de la iglesia
Los últimos tiempos o los sucesos finales
El regreso o segunda venida de Jesús
La resurrección, el juicio y la eternidad
¿Hay ángeles? ¿Es real el diablo? ¿Qué son los demonios?
8. Otras religiones
Otras religiones y creencias
Otras religiones universales
Hinduismo: la religión más antigua del mundo
Orígenes y prácticas
Castas y vacas
Brahmán, Atman y la reencarnación
El movimiento Hare Krishna
El hinduismo frente al cristianismo
El budismo: el camino medio
Buda
La formación del budismo
El camino de los ocho brazos
Budismo Zen
El budismo frente al cristianismo
Otras cinco religiones orientales
Confucianismo
Taoísmo
Sintoísmo
Sikhismo
Baha’ísmo
Islam: el rival más grande del cristianismo
El profeta Mahoma
El Corán
Algunas creencias del islamismo
El islam frente al cristianismo
Los cinco pilares
Los sunnis y los shi’itas
Los musulmanes negros
Sectas cristianas y no cristianas
¿Qué es una secta?
¿Por qué la gente adhiere a las sectas?
Creencias comunes en las sectas
Para entender a las sectas
La iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días
José Smith
Las creencias mormonas
Los testigos de Jehová
Charles Russell
Creencias de los testigos de Jehová
Ciencia cristiana
Escuela de la unidad cristiana
Movimientos religiosos que ha surgido recientemente
La Iglesia de la Unificación
Iglesia de la Cientología
El Camino Internacional
Eckankar
El movimiento de la Nueva Era: mezcla de oriente y occidente
¿Qué es el movimiento de la Nueva Era?
¿Cómo se originó la Nueva Era?
La Nueva Era frente al cristianismo
¿Conducen todas las religiones a Dios?
Exclusivismo
Inclusivismo
9. Crecer en Cristo y testificar acerca de él
Crecer en Cristo y testificar acerca de él
Apologética cristiana
Fideísmo
Racionalismo
Fe más razón
El escepticismo y la verdad
Temas y desafíos de la apologética
La existencia de Dios
El mal y el sufrimiento
Jesús como “El Camino” de salvación
Crecer en Cristo por medio de la oración
La vida de oración
Diversas formas de oración
El Padrenuestro
La práctica de la oración
Respuestas a la oración
El ayuno
Crecer en Cristo por medio del estudio
La práctica y la disciplina del estudio
Formar una biblioteca de estudio
La vida de servicio
Obstáculos al crecimiento: los siete pecados capitales
El mensaje evangelístico: Jesucristo
“¿Quién dice la gente que soy yo?”
La Resurrección
La esencia del cristianismo
La dinámica del evangelismo: compartir las buenas nuevas
¿Por qué evangelizar?
Sugerencias sobre cómo compartir las Buenas Nuevas
La “apuesta” de Pascal: apostar a Dios
10. Cómo vivir la vida cristiana
Orientaciones bíblicas para vivir la vida cristiana
La cosmovisión cristiana
Otras cosmovisiones
Argumento a favor de la cosmovisión cristiana
El problema del dualismo
Los diez mandamientos: normas para la vida cristiana
Los Diez Mandamientos, entonces y ahora
Los Diez Mandamientos en la actualidad
El sermón del monte: el manifiesto cristiano
Las Bienaventuranzas
El resto del sermón de Jesús
El Sermón del Monte en nuestros días
La parábola del buen samaritano
La parábola
El significado de la parábola
Una adaptación moderna
Parábolas sobre las riquezas y las posesiones
El Rico Insensato
El Rico y Lázaro
¿Cómo debemos vivir, entonces?
PREFACIO
Cuando compro un libro, me gusta tener alguna información sobre su autor y sobre las razones que lo o la llevaron a escribirlo. Por lo tanto, permítame decirle algo acerca de mí mismo y porqué escribí este libro, Compendio de la fe cristiana. Crecí en un hogar cristiano en Minneápolis. En 1946, cuando tenía catorce años, fui confirmado en la iglesia episcopal. Como recuerdo de esa ocasión, mi abuelo me regaló una Biblia de cuero, grabada. La Biblia permaneció cerrada, en un estante de mi biblioteca, durante treinta años.
En otoño de 1976, mi hermano mayor me persuadió para que asistiera con él a un grupo de estudio bíblico. Ese fue el comienzo de una prolongada y apasionada relación de amor con la Biblia. Empecé a leer diccionarios bíblicos, comentarios bíblicos, atlas bíblicos: de hecho, todo lo que pude conseguir. En 1977 me inscribí en un curso de capacitación de dos años para dirigir las Series Bíblicas Bethel, y en 1979 empecé a dar clases de esa modalidad en mi iglesia. En 1981 desarrollé un curso de treinta semanas titulado A Year With The Bible (Un año con la Biblia) que luego enseñé en varias iglesias en Minneápolis.
En 1986 comencé a estudiar en Regent College, un instituto internacional de estudios cristianos de posgrado en Vancouver, Columbia Británica, Canadá. Me gradué en 1990 (después de varios viajes ida y vuelta al Africa) y obtuve un master en Estudios Cristianos. En 1992 empecé a desarrollar materiales para clases de educación cristiana para adultos. Este libro, que es una versión condensada del curso Un año con la Biblia, fue el manual de estudio para un curso Bíblico acompañado con videos y titulado Word Alive! (¡La Palabra viva!).
Algunas personas quieren saber de mi trasfondo denominacional. En este aspecto he sido muy ecléctico. Como ya dije, crecí en la iglesia episcopal, pero no fui muy activo allí después de mi confirmación. Cuando nuestros hijos estaban creciendo, mi esposa y yo nos incorporamos a una iglesiacongregacional porque tenía un excelente programa para jóvenes, el mejor a nuestra disposición. Cuando empecé a estudiar la Biblia, mis mentores fueron un pastor presbiteriano y un profesor de Nuevo Testamento de un seminario Luterano. Cuando fui a Regent College, mi esposa y yo asistimos a una iglesia de los Plymouth Brethren (se conocen como “hermanos libres”). Cuando vivimos en Kenya como misioneros, asistimos a una iglesia pentecostal Africana y a una iglesia bautista expatriada. Actualmente somos miembros de una congregación metodista en un área urbana deprimida.
Cuando comencé mi peregrinaje cristiano no sabía nada acerca de la Biblia ni de la iglesia ni de lo que significaba ser cristiano. Decidí que algún día escribiría la clase de libro que yo hubiera deseado tener cuando me inicié en la vida cristiana; algo del estilo de “Lo que siempre quiso saber sobre el cristianismo pero no sabía a quién preguntar”. Un libro que respondiera preguntas corrientes, como: ¿De qué trata la Biblia? ¿Qué relación tienen el Antiguo y el Nuevo Testamento? ¿Por qué hay cuatro Evangelios en lugar de uno? ¿Cómo evolucionó la iglesia desde los primeros cristianos hasta la iglesia que conocemos hoy? ¿Cuáles son las creencias fundamentales y no negociables del cristianismo? ¿En qué difiere el cristianismo de otras religiones universales, de los mormones y otras sectas, del movimiento de la nueva era? ¿Qué significa ser cristiano y vivir como cristiano?
El libro que tiene en sus manos se propone responder a estas y otras preguntas. La primera mitad se ocupa de la historia y el mensaje de la Biblia, del Antiguo Testamento, del mundo del primer siglo de la era cristiana, de la vida y el ministerio de Jesús, del Nuevo Testamento, de las Cartas de Pablo y las Cartas Universales y el Libro de Apocalipsis. La segunda mitad trata sobre la historia del cristianismo, las doctrinas y creencias cristianas, otras religiones y creencias, la cosmovisión cristiana y la apologética, crecer en Cristo y testificar de él, y algunas pautas para la vida cristiana.
Las fuentes para este libro provienen de: los contenidos de cursos Bíblicos que he ido recogiendo a lo largo de los años; lecturas y conferencias en Regent College; libros sobre la Biblia por Raymond Brown, John Drane, Robert Gundry, Howard Clark Kee, Bruce Metzger, John Stott y otros; The Anchor Bible Dictionary, The Dictionary of Bible and Religion, The Columbia Encyclopedia, The Oxford Dictionary of the Bible y otros libros de referencia; libros sobre la historia de la iglesia por Martin Marty, Bruce Shelley y otros; libros sobre la historia del cristianismo publicados por la editorial Eerdmans y por Oxford University Press; introducciones al cristianismo de las editoriales Eerdmans y Lion; libros de teología cristiana de autores como Paul Little, Millard Erickson, Shirley Guthrie y otros; libros sobre otras religiones y creencias, escritos por autoridades en ese campo y libros publicados por Eerdmans, Lion, Oxford y otras casas editoriales; y lecturas sobre el cristianismo en el mundo contemporáneo. Donde había diferencias, por ejemplo en las citas, la ortografía o la forma de usar las mayúsculas, las fechas de hechos históricos, datos geográficos, la traducción de palabras griegas o latinas, y otros asuntos, he aplicado el “criterio de la mayoría”.
En este libro he procurado reflejar un elevado concepto de la Biblia. Las versiones que cito a lo largo del libro son la Versión Reina Valera Revisada, 1995, y la Nueva Versión Internacional, 1999. También he intentado reflejar las variadas maneras en que los investigadores y otros estudiosos han comprendido el texto bíblico, aunque en todo el libro doy énfasis a las enseñanzas y posiciones históricas de la iglesia. Finalmente, he querido que este libro sea un libro fácil de leer; por ello, he expandido el comentario en el texto en lugar de añadir notas al pie; también he usado encabezamientos claros, letras mayúsculas, comillas y cursivas para destacar palabras y frases importantes.
Quiero agradecer a varias personas que revisaron, corrigieron e hicieron sugerencias sobre el libro: al doctor Roy A. Harrisville (h.), profesor emérito de Luther Seminary, por su revisión crítica del manuscrito original; al reverendo Norman H. Dodman, fundador del Instituto de Capacitación Bíblica en Nairobi, Kenya, por sus comentarios sobre el contenido y la teología del libro; a Dean C. Halverson, especialista en religiones universales por International Students Inc., por editar el capítulo 8 (“Otras religiones”); y al doctor Alfred A. Glenn, profesor emérito de Bethel Seminary y profesor adjunto de Fuller Seminary por la edición del manuscrito final en inglés.
Mi oración es que al leer este libro, al estudiar los pasajes bíblicos a los que se hace referencia en el texto y al leer algunos de los autores citados en el libro, usted llegue a comprender con claridad las Buenas Nuevas y lo que significa vivir “por la causa de Cristo”.
John Schwarz — Julio de 1999
Capítulo 1
LA BIBLIA
La Biblia es la Palabra de Dios para nosotros. Es el mapa del viajero, el cayado del peregrino, la brújula del navegante, la espada del soldado y la guía del cristiano. Debería llenar la memoria, gobernar el corazón y guiar los pasos. Debiera ser leída pausadamente, frecuentemente, y en actitud de oración.
— Fuente Desconocido
LA BIBLIA: SU HISTORIA Y MENSAJE
El punto de partida para estudiar la fe cristiana es la Biblia, el testimonio escrito de lo que Dios habló y actuó en el plano de la historia. En este capítulo haremos una revisión del Antiguo y del Nuevo Testamento, de los libros apócrifos del período intertestamentario (“entre ambos Testamentos”), que son los libros que Martín Lutero y los reformadores no incluyeron en la Biblia cuando tradujeron las Escrituras de hebreo y griego a los idiomas que hablaba la gente del pueblo. Luego consideraremos diversas traducciones de la Biblia. Después de esto, analizaremos tres conceptos que se relacionan con la Biblia: las revelaciones que Dios dio a Israel y la revelación de sí mismo en Jesús de Nazaret; la inspiración de los escritores humanos de la Biblia, y la autoridad de ésta en asuntos de fe y de práctica. Por último consideraremos algunos principios generales que deben ser aplicados en la lectura e interpretación de la Biblia; mencionaremos varias traducciones y algunos recursos que pueden usarse al estudiar la Biblia.
LOS DOS PACTOS O TESTAMENTOS
Aunque la Biblia tiene muchos libros, en realidad es un solo libro: una narración continuada con dos partes diferenciadas, o dos “testamentos”, del latín testamentum, que significa “pacto” o “acuerdo”. El Antiguo Testamento contiene el pacto entre Dios y el pueblo de Israel al pie del monte Sinaí: “Si ahora ustedes me son del todo obedientes, y cumplen mi pacto, serán mi propiedad exclusiva entre todas las naciones” (Ex. 19.5). El Nuevo Testamento contiene el pacto entre Dios y toda la humanidad, pacto que había sido anunciado por el profeta Jeremías: “Vienen días … en que haré un nuevo pacto…” (Jer. 31.31). Este pacto fue instaurado por Jesús en la Ultima Cena: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes” (Lc. 22.20).
LA BIBLIA: PROCESO DE FORMACIÓN, ESTRUCTURA Y LIBROS
La palabra “Biblia” viene del término griego biblia, que significa “libros”. De modo que la Biblia es una colección de libros, aunque no todos son “libros” estrictamente hablando. En el AntiguoTestamento, por ejemplo, el libro de los Salmos y el de Proverbios son colecciones de poemas y refranes; y la mayoría de los “libros” que lo componen el Nuevo Testamento son cartas.
Los libros fueron escritos a lo largo de un período que abarca por lo menos 1200 años: desde el 1100 a.C. hasta el 100 d.C. (a.C. significa “antes de Cristo” y d.C., “después de Cristo”). Además, fueron escritos por una variedad de personas, algunas de las cuales han sido identificadas y otras no, especialmente en el Antiguo Testamento; se escribieron en muchos diferentes lugares, como Palestina, Babilonia, Corinto, Efeso, Roma, Antioquía y la isla de Patmos. La Biblia ha sido traducida a unos dos mil idiomas y hoy más del 80% de la población mundial tiene acceso a la Biblia, o a una parte de ella, en su propio idioma.
El Antiguo Testamento
El Antiguo Testamento comprende treinta y nueve libros en las Biblias protestantes, cuarenta y seis en las Biblias católicas, y cincuenta y cinco en las Biblias ortodoxas (ver próxima sección), divididos en cuatro amplias secciones, a saber:
• El Pentateuco o la Torá, los cinco libros “fundacionales”: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, en los cuales Dios llama (elige) a Israel para ser su pueblo, lo libera de la esclavitud en Egipto y establece un pacto con Israel en el monte Sinaí. El Pentateuco contiene también lo que se conoce como la Ley.
• Los Libros Históricos: Josué, Jueces, Ruth, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes, 1 y 2 Crónicas, Esdras, Nehemías y Ester. Los Libros Históricos relatan la historia de Israel a lo largo de un lapso de unos ochocientos años: la entrada de los israelitas a la Tierra Prometida (Canaán) bajo el liderazgo de Josué en el 1250 a.C.; la ocupación de la tierra durante el período de dos mil años bajo la guía de los jueces; los reinados de Saúl, David (en el 1000 a.C.) y Salomón, reyes de Israel; y la división y separación de la tierra en los dos reinos, Israel y Judá, y su derrota a manos de los asirios (en el 721 a.C.) y de los babilonios (en el 586 a.C.); el exilio en Babilonia y el retorno de los exiliados a Israel (en el 538 a.C.) y la reubicación en Jerusalén y Judea bajo el liderazgo de Esdras y Nehemías (a mediados del siglo V a.C.).
• Los Profetas, una colección de escritos de los cuatro profetas “mayores” (Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel) y los doce profetas “menores” (Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías). Los Profetas también incluyen el libro de Lamentaciones, que son las endechas de Jeremías sobre la destrucción de Jerusalén tras la invasión de Babilonia, en el 586 a.C.
• Los Escritos, también llamados literatura sapiencial y devocional, que incluyen los libros de Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares o Cántico de Salomón.
El Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento tiene veintisiete libros, también divididos en cuatro secciones:
• Los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, testimonios escritos de la vida, muerte y resurrección de Jesús.
• Los Hechos de los Apóstoles, el relato histórico de los primeros tiempos de la iglesia en Jerusalén y de los tres viajes misioneros de Pablo; abarca el lapso entre el 30 d.C. y principios de la década del 60.
• Las Cartas o Epístolas (de epistolos, palabra griega que significa “carta”), que incluyen trece cartas escritas o atribuidas a Pablo (cartas escritas a las congregaciones en Roma, Corinto, Galacia, Efeso, Filipos, Colosas y Tesalónica), y cartas personales escritas a Timoteo, Tito y Filemón; la Carta a los Hebreos y siete cartas “generales” de Santiago, Pedro, Juan y Judas.
• El Apocalipsis o Revelación, de Juan, que contiene el registro de las visiones que éste recibió sobre la soberanía de Dios y su inminente victoria sobre las huestes del mal.
LAS ESCRITURAS HEBREAS
Las Escrituras Hebreas (es decir, el AT, ya que el Nuevo fue escrito en griego) son el registro de las palabras y el trato de Dios con el pueblo de Israel, a quienes llamó para que fueran “luz para las naciones” (Is. 42.6). La historia de esas revelaciones y actos divinos fue transmitido en forma oral de una generación a la siguiente. A partir de la instauración de la monarquía (1020 a.C.) los relatos orales y tradiciones fueron puestos por escrito y coleccionados; luego, durante y después del exilio (siglo VI a.C.), fueron reunidos y compilados como libros. Se cree que la Torá se completó alrededor del 400 a.C., los Libros Históricos y los Profetas alrededor del 200 a.C. y los Escritos alrededor del 100 d.C. Se considera que el canon hebreo definitivo —es decir, libros reconocidos por los rabinos como sagrados o divinamente inspirados— fue confirmado por un concilio o asamblea de ancianos en Jamnia, la actual ciudad de Jabneh, hacia finales del primer siglo d.C.
El canon judío y el canon cristiano del Antiguo Testamento
Judíos, protestantes, católicos y ortodoxos tienen diferentes cánones de las Escrituras, es decir, diferentes cantidades de libros.
• El canon judío contiene veinticuatro libros, porque muchos de los libros de las Escrituras hebreas no están divididos. Por ejemplo Reyes, Samuel y Crónicas son cada uno un libro, Esdras y Nehemías forman un solo libro, y los doce profetas menores están agrupados en un libro (el Libro de los Doce).
• El Antiguo Testamento protestante contiene treinta y nueve libros, arreglados de manera algo diferente del canon judío (ver la sección El orden de los libros, en p. 14).
• El Antiguo Testamento católico contiene cuarenta y seis libros. Los siete libros adicionales provienen de la Septuaginta (ver sección sobre Los textos apócrifos en pp. 14-16).
• El Antiguo Testamento ortodoxo incluye cincuenta libros: los libros del Antiguo Testamento católico más 1 Esdras, 3 Macabeos, la Oración de Manasés y el Salmo 151.
Además, las Escrituras Hebreas están dispuestas en tres divisiones en lugar de cuatro. Lo que en la mayoría de las versiones cristianas del Antiguo Testamento se denomina Libros Históricos son aquí llamados Primeros Profetas: los libros de Josué, Jueces, Samuel y Reyes. En el canon hebreo estos libros se consideran libros proféticos o “historia religiosa”, más que “historia histórica”. La Biblia judía o hebrea a veces es llamada Tanak o Tanakh, palabra formada con las primeras letras de los nombres hebreos de esas tres secciones: T por Torá (el Pentateuco), N por Niviim (los Profetas) y K por Kethuvim (los Escritos), con las vocales añadidas para facilitar la pronunciación.
La Septuaginta
La Biblia de la iglesia primitiva de habla griega era la Septuaginta. Cuando Alejandro el Grande (356-323 a.C.) conquistó el mundo antiguo durante el siglo IV a.C., el griego llegó a ser la lingua franca o idioma común en el mundo conquistado. Con el tiempo, los judíos que vivían fuera de Palestina empezaron a hablar el griego en lugar del hebreo; se hizo entonces necesaria una versión de las Escrituras en griego. Alrededor del año 250 a.C. un grupo de ancianos y escribas judíos en Alejandría, Egipto, que era la ciudad que albergaba la comunidad judía más numerosa del mundo antiguo, tradujeron las Escrituras al griego. Según la leyenda judía, setenta y dos traductores de la Torá (seis por cada una de las doce tribus) tradujeron en forma independiente, y cuando terminaron ¡no había ninguna discrepancia entre sus traducciones!
El nombre Septuaginta proviene del latín septuaginta, que significa setenta, la cifra redonda más cercana al número de setenta y dos traductores. La Septuaginta a veces se abrevia como LXX, el numeral romano 70. La Septuaginta se constituyó en la Biblia de los judíos de habla griega que vivían fuera de Palestina, y también lo fue de los primeros cristianos.
El orden de los libros
El orden de los libros en el Antiguo Testamento cristiano sigue a la Septuaginta, que es diferente de las Escrituras Hebreas. Además, en éstas la última sección comprende los Escritos en lugar de los Profetas, y aquellos incluyen cinco libros que el Antiguo Testamento cristiano ubica entre los Libros Históricos (Ruth, Crónicas, Esdras, Nehemías y Ester) y otros dos libros que el canon cristiano incluye con los Profetas (Daniel y Lamentaciones).
LOS TEXTOS APÓCRIFOS
La Septuaginta contiene quince libros que no están en las Escrituras Hebreas, libros tales como Tobit, Judit, 1 y 2 Macabeos y Baruc. Cuando Jerónimo tradujo el Antiguo Testamento al latín, alrededor del 400 d.C., incluyó varios libros de la Septuaginta, con la advertencia de que no debían ser considerados en el mismo nivel que los libros del canon hebreo. Con el tiempo, sin embargo, esos libros deuterocanónicos (esto significa “segundo canon”) fueron colocados en la misma categoría que los libros canónicos de las Escrituras Hebreas; algunos de ellos dieron origen a doctrinas católicas tales como el purgatorio, que aparece en 2 Macabeos 12.43–45.
Cuando Martín Lutero y otros tradujeron la Biblia a las lenguas que hablaba el pueblo en su época (a comienzos y hasta mediados del siglo XVI) a veces colocaron los libros deuterocanónicos en una sección separada, ubicada entre el Antiguo y el Nuevo Testamento y titulada como Apócrifos (de la palabra griega que significa “de dudosa autoridad o autoría”), o bien los eliminaron totalmente. La razón por la que los reformadores rechazaron los libros deuterocanónicos fue que no habían sido aceptados por los ancianos judíos en el canon hebreo. (Además, aunque Jesús y los otros apóstoles en el Nuevo Testamento citaron extensamente al Antiguo Testamento, no hay en el Nuevo Testamento referencias a ninguno de los libros deuterocanónicos). Para contrarrestar la actitud tomada por los reformadores en contra de los libros deuterocanónicos y de las enseñanzas fundadas en esos libros, la iglesia católica otorgó plena aceptación a doce de los libros apócrifos, como parte del canon, en el Concilio de Trento en 1546.
A pesar de no pertenecer realmente al canon, los libros deuterocanónicos son documentos importantes. Libros tales como 1 y 2 Macabeos contienen la historia del pueblo elegido de Dios durante el período entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Otros libros, como Sabiduría de Salomón, reflejan los cambios que empezaron a producirse en el pensamiento religioso judío antes de la venida de Jesús, tales como una creencia cada vez más firme en la vida después de la muerte, doctrina a la que se alude muy brevemente en el Antiguo Testamento. En la actualidad algunas Biblias protestantes tienen ediciones que incluyen a los libros apócrifos.
Puesto que los libros apócrifos estuvieron excluidos por largo tiempo de las Biblias protestantes, la mayoría de los protestantes saben muy poco acerca de ellos. Lo que sigue es el listado de estos libros tal como aparecen en las Biblias católicas.
Libros Históricos
Tobit es la historia de un judío (Tobit) piadoso y fiel a la ley cuya ceguera fue sanada por medio de una fórmula mágica provista por un ángel (Rafael). Judit es una historia sencilla y fácil de leer acerca de una hermosa mujer viuda quien, como Ester, salva a su pueblo. Adiciones a Ester son agregados que tienen el propósito de darle al libro de Ester un estilo más “religioso” (no se menciona el nombre de Dios en el libro canónico de Ester). Los libros 1 y 2 Macabeos narran el opresivo reinado del gobernante seléucida (sirio) Antíoco Epífanes y la revuelta y purificación del templo bajo el liderazgo de Judas Macabeo y sus hermanos.
Los Libros Proféticos
Baruc es un libro que se atribuye al secretario de Jeremías; al libro de Jeremías se le agregó La Carta de Jeremías, que el profeta escribió a los judíos que estaban a punto de ser llevados cautivos por los babilonios. El libro canónico de Daniel fue extendido para incluir tres escritos deuterocanónicos: la Oración de Azarías y el Canto de los tres jóvenes, que es un cántico o plegaria de los tres compañeros de Daniel en el horno de fuego (Dn. 3.24–90); y Susana, la historia de una bella mujer que era deseada por dos malvados ancianos, y que fue salvada por Daniel (Dn. 13), y Daniel, el dios Bel y el dragón, una historia ubicada en el tiempo de Daniel y que presenta el contraste entre la adoración a Dios y la falsa adoración a los dioses babilonios (Dn. 14).
Literatura Sapiencial
El libro Sabiduría, que es obviamente de otro autor y no de Salomón, define el origen, la naturaleza y la función de la sabiduría y el destino de quienes hacen lo bueno y quienes hacen lo malo. El Eclesiástico o Sirácida (por el autor del libro, también conocido como La sabiduría de Jesús hijo de Sira) es una maravillosa colección de dichos y consejos similar al libro de Proverbios.
EL NUEVO TESTAMENTO
En el Antiguo Testamento, el Pentateuco y los libros históricos aparecen más o menos en orden cronológico y los cuatro profetas mayores y los doce profetas menores están ubicados, con muy pocas excepciones, en el orden en que fueron escritos. En el Nuevo Testamento los libros no aparecen en orden cronológico. Por ejemplo:
• Pablo, que murió a mediados de la década del sesenta, escribió sus cartas antes de que se escribieran los Evangelios—el primero de los cuales (Marcos) está fechado alrededor del año 70—y antes que Hechos de los Apóstoles, que describe los viajes de Pablo.
• Las cartas de Pablo están ordenadas de acuerdo con sus destinatarios y más o menos agrupadas según su extensión, más que por orden cronológico. Las nueve cartas a las iglesias están ubicadas en primer término, seguidas por cuatro cartas personales. Romanos es la primera carta a las iglesias porque es la más larga y no porque fuese la primera que escribiera el apóstol (en realidad, fue una de sus últimas cartas a las iglesias). Filemón es la última entre las cartas personales de Pablo porque es la más breve de éstas, aunque probablemente fue la primera en ser escrita.
• Los Evangelios, como veremos en el capítulo 4, empiezan con Mateo. Sin embargo, la mayoría de los estudiosos del Nuevo Testamento coincide en que Marcos, no Mateo, fue el Evangelio que se escribió primero.
Los libros que componen el Nuevo Testamento son testimonios escritos de las Buenas Nuevas de Jesús y cartas a las congregaciones cristianas. A mediados del segundo siglo de esta era, los escritos fueron reunidos para dar expresión escrita al nuevo pacto o testamento entre Dios y la humanidad. No conocemos la fecha precisa en que fueron reconocidos y aceptados definitivamente los libros en el canon del Nuevo Testamento, como es el caso con el Antiguo Testamento. Parece, sin embargo, que esto tan temprano como mediados del siglo II ya había un acuerdo general sobre veinte de los veintisiete libros (todos, con excepción de Hebreos, Santiago, 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Judas y Apocalipsis).
El criterio para incluir los libros en el canon del Nuevo Testamento tenía tres elementos. En primer lugar, los escritores debían tener credenciales apostólicas o haber mantenido una relación estrecha con un apóstol, como es el caso de Marcos con el apóstol Pedro y el de Lucas con el apóstol Pablo. En segundo lugar, los escritos debían ser coherentes con las enseñanzas de la iglesia. En tercer lugar, los escritos debían ser aceptados y utilizados por toda la iglesia.
Los cristianos tienen motivos sólidos para estar tranquilos respecto a la confiabilidad y autenticidad del Nuevo Testamento. Se han encontrado y clasificado más de cinco mil manuscritos griegos, incluyendo manuscritos completos del Nuevo Testamento, como el Codex Sinaiticus, descubierto en el monasterio Santa Catalina, al pie del monte Sinaí, en 1844 (ahora se encuentra en el Museo Británico en Londres), y el Codex Vaticanus, un manuscrito casi completo (que se encuentra en la Biblioteca del Vaticano, en Roma). Ambos están fechados a mediados del siglo IV. Como punto de comparación, los manuscritos de fecha más antigua que existen de Julio César están fechados 1000 años después de su muerte; los de Platón 1200 años después de su muerte y los de Aristóteles 1400 años después de su muerte, y a pesar de ello los investigadores aceptan en forma universal la autenticidad de estos manuscritos.
Otra razón de nuestra confianza en los escritos del Nuevo Testamento, además de la abundancia de manuscritos existentes, es que los escritos fueron producidos en el lapso de una o dos generaciones posteriores a la muerte de Jesús. Las primeras cartas de Pablo están fechadas en el 50 ó el 51, apenas veinte años después de la muerte de Jesús; el Evangelio de Marcos está fechado alrededor del año 70, cuarenta años después de la muerte de Jesús; y casi todos los libros pueden ser fechados sin vacilación antes de cerrar el primer siglo. Según el investigador John A. T. Robinson, “la abundancia de manuscritos y, sobre todo, el breve intervalo entre el momento en que fueron escritos y las copias más antiguas que disponemos hacen [del Nuevo Testamento] fácilmente el texto mejor confirmado entre todos los escritos del mundo antiguo” (Can We Trust the New Testament?, [¿Podemos confiar en el Nuevo Testamento?]).
LOS LIBROS DE LA BIBLIA
El canon protestante del Antiguo Testamento
• El Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
• Los Libros históricos: Josué, Jueces, Ruth, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes, 1 y 2 Crónicas, Esdras, Nehemías y Ester.
• Los Libros poéticos: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares.
• Los Profetas mayores: Isaías, Jeremías (y sus Lamentaciones), Ezequiel y Daniel.
• Los Profetas menores: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías.
El canon del Nuevo Testamento
• Los Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
• Los Hechos de los apóstoles.
• Las Cartas paulinas: Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito y Filemón.
• Las Cartas universales: Hebreos, Santiago, 1 y 2 Pedro, 1, 2 y 3 Juan y Judas.
• El Apocalipsis o Revelación a Juan.
En las páginas que siguen, las referencias a los libros bíblicos están abreviadas, siguiendo la forma en que aparecen en el índice de la Nueva Versión Internacional. Por ejemplo, Gn. por Génesis, Éx. por Éxodo, Lv. por Levítico, Sal. por Salmos, Is. por Isaías, Ro. por Romanos, Ef. por Efesios, etc.
EL TEMA Y MENSAJE DE LA BIBLIA
Muchos estudiosos de la Biblia sostienen que ésta tiene un mensaje que le da unidad y que corre de Génesis a Apocalipsis. Algunos afirman que este mensaje es el pacto: el pacto que Dios hizo con Israel, y por medio de Jesús, con toda la humanidad. Otros dicen que el tema de la Biblia es la historia de la salvación: las revelaciones sucesivas y progresivas que Dios nos dio para que pudiéramos llegar al conocimiento de la verdad y ser salvos (1 Ti. 2.4).
Una variación sobre los temas del pacto y de la historia de la salvación es el de promesa y cumplimiento: la promesa de un Mesías que vendría de la familia de David (2 S. 7.12–16) y de un nuevo pacto (Jer. 31.31); y el cumplimiento de esas promesas en Jesucristo (Lc. 1.31–33), quien instauró un nuevo pacto en la Última Cena (Lc. 22.20).
En cuanto al mensaje que comunica la Biblia, el primer lugar donde debemos buscarlo es en la Biblia misma. C. H. Dodd, en su clásico libro The Apostolic Preaching (La predicación apostólica), afirma que el mensaje esencial de la Biblia se puede extraer de las predicaciones de Pedro y de otros en el libro de los Hechos, y de las cartas de Pablo. Lo que sigue es un ejemplo de la enseñanza apostólica que encontramos en el discurso de Pedro en casa de Cornelio en el libro de Hechos (10.34–43): Dios anunció al pueblo de Israel que Jesús, aquel de quien “dan testimonio todos los profetas” era “Señor de todos [lo] mataron … colgándolo de un madero, pero Dios lo resucitó al tercer día y dispuso que se apareciera, no a todo el pueblo, sino a nosotros, testigos previamente escogidos por Dios … comimos y bebimos con él después de su resurrección … El ha sido nombrado por Dios como juez de vivos y muertos … todo el que cree en él recibe, por medio de su nombre, el perdón de los pecados”. El mensaje de la Biblia es que Jesucristo es aquel a quien Dios envió, aquel de quien profetizaron los profetas y dieron testimonio los apóstoles; el que fue enviado a morir por nuestros pecados, a perdonarnos, a juzgarnos y a salvarnos; aquel que fue enviado para reconciliarnos con Dios el Padre y también para reconciliarnos unos con otros.
LA NARRACIÓN BÍBLICA
La narración bíblica es la revelación progresiva de Dios tal como se registra en las Escrituras judías y cristianas: la historia de los pactos de Dios con Noé, Abraham, Moisés y David en el Antiguo Testamento y del pacto de Dios por medio de Jesús en el Nuevo Testamento.
Los primeros pactos de Dios
El prólogo de la historia bíblica (Gn., capítulos 1 a 11) relata cómo Dios creó los cielos y la tierra, a la vida en toda su maravillosa variedad, al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza; relata cómo estos se rebelaron contra Dios y fueron alienados de él. La “historia de la salvación” comienza con el llamado de Abraham a iniciar una comunidad (el “pueblo elegido”) para que por medio de ellos Dios bendijera a todas las naciones. Para mostrar su amor y sus propósitos con Israel, Dios liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto (este es el “evento salvífico” del Antiguo Testamento) y entró en un pacto con el pueblo en el Monte Sinaí. Más tarde, Dios prometió que un descendiente del rey David sería el líder de un reino que no tendría fin. Israel esperaba ese Mesías, el Ungido, que vendría de la casa de David. Malaquías dijo que Elías regresaría para anunciar al Mesías (Mal. 3.1; 4.5); Isaías dijo que llevaría sobre sí los pecados del mundo (Is. 53); el salmista profetizó que el Mesías sería ridiculizado y abandonado pero luego Dios lo rescataría y vindicaría para bien del mundo entero (Sal. 22).
El pacto definitivo de Dios
El Antiguo Testamento es una historia en búsqueda de su fin, lo cual viene con el Nuevo Testamento. En “la plenitud de los tiempos” el Espíritu Santo de Dios vino sobre María, quien dio a luz a Jesús en Belén, la ciudad de David. Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, figura de Elías, quien anunció que Jesús era aquel a quien Israel había esperado por tanto tiempo. Jesús prometió la vida eterna a todos los que creyeran en él. En la Ultima Cena instauró un pacto nuevo y más inclusivo. En el año treinta (algunos dicen que fue en el año 33), Jesús fue condenado a muerte por las autoridades de Jerusalén, pero Dios lo resucitó de entre los muertos para confirmar así su misión y su mensaje. Cuando Jesús fue arrestado, sus discípulos, al ver que corrían peligro de morir ellos también, se escondieron. Pero el Jesús resucitado se les apareció, enseñándoles y ordenándoles que fueran sus testigos “hasta los confines de la tierra”. Hoy, con casi dos billones de adherentes, el cristianismo es la religión más numerosa y más universalmente extendida en el mundo.
Las verdades centrales que declara el cristianismo son que Jesús es Dios encarnado, que murió una muerte vicaria por nosotros, que fue resucitado de entre los muertos, y que todos los que creen en él no perecerán sino que tendrán vida eterna (Juan 3.16). ¿Hay alguna evidencia de que Jesús se resucitó de entre los muertos? La evidencia más segura es el testimonio de aquellos que sufrieron el martirio por su fe. Para parafrasear al fallecido Paul Little: “La gente puede estar dispuesta a morir por aquello que cree que es verdad … pero nadie moriría voluntariamente, como lo hicieron muchos de los seguidores de Jesús, por algo que estuviesen convencidos que era falso” (Know What You Believe [en cast. La razón de nuestra fe]).
LA TRANSMISIÓN Y LAS TRADUCCIONES DE LA BIBLIA
Los primeros manuscritos eran rollos, semejantes a aquel del cual leyó Jesús en la sinagoga de Nazaret (Lc. 4.17–20). Estaban escritos en papiro (hecho de juncos), más tarde sobre pergamino (cueros de ovejas, cabras y otros animales) y finalmente sobre papel. A comienzos del siglo II (ca. 130), los manuscritos comenzaron a ser producidos como libros, en páginas; se llamaron codex (singular) o códices (plural) y tenían páginas que podían pasarse una a una.
Como otros libros del mundo antiguo, las Biblias se escribían enteramente con mayúsculas. Las letras mayúsculas y minúsculas fueron introducidas en el siglo IX, y los intervalos dos siglos más tarde. No hubo indicación de capítulos hasta que Stephen Langton, profesor de la Universidad de París y más tarde arzobispo de Canterbury, dividió la Biblia en capítulos, en 1226. Luego, Robert Estienne, un imprentero francés radicado en Génova, dividió los capítulos en versículos en 1551. La Biblia Genovesa, publicada en 1560, fue la primera Biblia en la que el texto estaba organizado en versículos. Originalmente, las copias de la Biblia se hacían a mano, tarea que realizaban los escribas; las copias eran escasas y muy costosas (se estima que el Codex Sinaiticus requirió el cuero de 360 cabras y ovejas). En el año 1456, Johann Gutenberg, de Mainz, Alemania, inventó la imprenta y entonces la producción de Biblias ya no se hizo a mano sino con tipos movibles.
Primeras traducciones
Las primeras Biblias se escribieron en griego, pero ya en el siglo II d.C. la Biblia empezó a traducirse a otros idiomas. En el año 405, Jerónimo, el más destacado investigador y lingüista de su época, terminó su traducción de las Escrituras Hebreas y del Nuevo Testamento griego al latín, versión que llegó a conocerse como Vulgata, del latín vulgatus, palabra que significa “común” o “corriente” (idioma). La Vulgata llegó a ser la Biblia de la iglesia occidental hasta la Reforma, y fue la base de todas las traducciones católico romanas hasta 1943. La Vulgata fue la primera Biblia que se imprimió con tipos móviles (la Biblia de Gutenberg, llamada así por el inventor de la imprenta).
Traducciones al castellano
La Biblia ha sido hasta hoy, y seguirá siendo en la providencia de Dios, el libro que mayor número de traducciones ha tenido en el mundo a lo largo de los siglos.
Los informes de las Sociedades Bíblicas Unidas indican que para 1990, toda la Biblia, o parte de ella, existía en más de 1850 idiomas modernos. Y los esfuerzos están encaminados para que, en el menor tiempo posible, cada lengua en uso tenga por lo menos una porción de las Sagradas Escrituras. En lo que a la lengua castellana se refiere, ésta ha sido una de las más privilegiadas, puesto que en ella existen diversas traducciones de las Escrituras. Algunas de ellas han sido hechas por rabinos judíos, otras por eruditos protestantes, y otras por sacerdotes católicos. Existen también traducciones interconfesionales, y versiones de libros o fragmentos de la Biblia hechos por muy destacados escritores como Juan de Valdés, Andrés Bello, Juan Montalvo, Arturo Capdevila, entre muchos otros.
Se sabe que los más antiguos documentos escritos en castellano, siglo X d.C., son anotaciones colocadas al margen de unas homilías y un penitencial latino. Se trata de las glosas emiliamenses, halladas en el monasterio de San Millán de la Cogolla, comarca de la Rioja, en la provincia española de Logroño. Lo mismo ha ocurrido con las glosas silenses, halladas en Silos, al sudeste de Burgos.
Las más conocidas versiones de la Biblia en lengua castellana son: la Biblia alfonsina, versión tomada de la Vulgata, concluida en el año 1280 y realizada bajo los auspicios del rey Alfonso X, el Sabio. Es la primera versión conocida de toda la Biblia en castellano.
Biblia del Oso, llamada también, posteriormente, de Reina Valera. Casiodoro de Reina empleó doce años de incansable labor en realizar esta obra. Se trata de la primera traducción de toda la Biblia al castellano tomada de las lenguas originales: hebreo, arameo y griego. Su autor, un monje del convento de San Isidoro del Campo, cerca de Sevilla, España, convertió al protestantismo. Gracias a su calidad literaria y a las diversas revisiones de las que ha sido objeto, esta Biblia continúa distribuyéndose en gran cantidad.
La primera edición de la Biblia del Oso, o de Casiodoro de Reina, vio la luz en Basilea, Suiza, en setiembre de 1569. La primera de las diversas revisiones a las que ha sido sometida fue hecha por Cipriano de Valera, amigo y compañero de Reina, publicada en Amsterdam, Holanda, en el año 1602. Por esta razón se le conoce también como Versión Reina – Valera. Otras revisiones han sido hechas por la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera y por la Sociedad Bíblica Americana en los años 1708, 1806, 1832, 1850, 1858, 1861, 1865, 1874, 1883, 1886, 1890, 1905, 1909 y 1960. Son múltiples las ediciones que de esta versión han sido hechas hasta hoy; todas ellas por las Sociedades Bíblicas antes mencionadas, por las Sociedades Bíblicas Unidas y otras casas editoriales. Estas han publicado varias Biblias de estudio: Biblia anotada de Scofield (1966); Biblia de Estudio, Editorial Mundo Hispano (1977); Santa Biblia con notas, concordancia y mapas, editorial Caribe (1977). Además, editorial Vida ha publicado diversas ediciones.
La Sociedad Bíblica Internacional, ha lanzado en 1999 la Nueva Versión Internacional, traducción realizada por un equipo de expertos biblístas de habla española, y que pertenecen a un buen número de denominaciones cristianas evangélicas. La traducción ha sido hecha directamente de los escritos hebreos, arameos y griegos en sus mejores ediciones. Es una traducción que en buena medida aprovechó el trabajo de investigación y exégesis que antes efectuaron los traductores de la New International Version, traducción al inglés ampliamente conocida.
Existen otras versiones en castellano tales como: Scío de San Miguel, publicada el año 1793. Es una traducción realizada por Felipe de Scío de San Miguel, obispo de Segovia, a solicitud del rey Carlos IV de España; es la primera versión española de toda la Biblia hecha por un erudito católico. Torres Amat, traducción publicada el año 1825. La Versión Moderna, publicada por la Sociedad Bíblica Americana el año 1893. Nácar – Colunga, primera versión católica tomada directamente de las lenguas originales; hecha por Eloíno Nácar Fuster y Alberto Colunga, de la Universidad Pontificia de Salamanca, publicada en 1944.
La Biblia de Jerusalén, publicada en 1966 bajo el nombre de Edición Española de la Biblia de Jerusalén, producto del trabajo de un equipo de distinguidos lingüistas bajo la dirección del doctor José Angel Ubieta. Dios Habla Hoy, versión popular e interconfesional de la Biblia realizada por Sociedades Bíblicas Unidas. Su primera edición fue publicada el año 1979. Desde un principio circuló dos ediciones, una con el canon hebreo y otra con el canon alejandrino que contiene los libros deuterocanónicos.
Esta lista es sólo una muestra de lo mucho que en lengua castellana se ha hecho respecto a las traducciones de la Biblia.
Traducciones recientes
El siglo XX ha sido testigo de más de un centenar de nuevas traducciones. Hay por lo menos tres razones de esto. La primera es que han descubierto manuscritos más antiguos y más precisos, tales como el Codex Sinaiticus (fechado ca. 325), que es unos ochocientos años anterior al Nuevo Testamento griego de Erasmo utilizado por los traductores de la versión Rey Jaime. En segundo lugar, hubo importantes hallazgos arqueológicos, el más significativo de los cuales es el de los rollos del Qumram, en el Mar Muerto, en 1947, que es el manuscrito más importante que se haya encontrado en el siglo XX (entre unos ochocientos manuscritos), y la Biblioteca de Nag Hammadi, en el Egipto superior, en 1945, que contenía doce códices de papiro en copto, una antigua lengua egipcia, entre los cuales el más valioso es el Evangelio (apócrifo) de Tomás. Estos descubrimientos han dado a los estudiosos de la Biblia una comprensión mucho más profunda del mundo del primer siglo, en el que vivió Jesús, y también del cristianismo primitivo. En tercer lugar, está el deseo de actualizar las palabras bíblicas anticuadas, como el vosotros, y traducir el lenguaje bíblico en un estilo más inclusivo de ambos géneros en lugar de usar lenguaje masculino al referirse a las personas o a la humanidad en forma general.
REVELACIÓN, INSPIRACIÓN Y AUTORIDAD
Llamamos a la Biblia “Palabra de Dios”, lo cual es una metáfora o figura del lenguaje, ya que Dios no dictó la Biblia (como los musulmanes creen que ocurrió con el Corán). Dios se comunicó con aquellos a quienes confió la tarea de escribir por medio de visiones y de sueños (ver Nm. 12.6), por medio de experiencias de Dios y por medio de encuentros con profetas y apóstoles llamados a anunciar su Palabra.
Tres conceptos que se relacionan con la Biblia son revelación, inspiración y autoridad. Estos conceptos están relacionados entre sí, ya que la autoridad de la Biblia proviene del hecho de ser el testimonio inspirado de la revelación de Dios.
Revelación general y especial
Se dice que la religión es el esfuerzo de la humanidad por alcanzar a Dios, mientras que el cristianismo consiste en el esfuerzo de Dios de alcanzar a la humanidad. Dios “alcanza” a los hombres y mujeres por medio de su revelación, tanto general como especial. La revelación general se refiere al testimonio de los cielos y la tierra y de la vida sobre la tierra, que no puede explicarse a sí misma: es el testimonio a todo ser humano de que hay un Creador, al que llamamos Dios. La revelación especial se refiere a las revelaciones y manifestaciones específicas, tales como cuando Dios revela su nombre (ver capítulo 2), su llamado y promesas a Abraham liberando los israelitas de su esclavitud en Egipto, la entrega de los Diez Mandamientos a Moisés en el Monte Sinaí, las comunicaciones por medio de los profetas, la venida de Dios a la tierra en la persona de Jesús de Nazaret y el llamado a Pablo en la ruta a Damasco. La Biblia es el testimonio escrito de las revelaciones que Dios hizo a los patriarcas y a profetas de Israel y a los apóstoles y seguidores de Jesús.
La inspiración de la Biblia
La Biblia es el vehículo o el medio por el cual nos llega la “Palabra” de Dios. La selección divina de quienes habrían de escribir, y la guía para asegurar la fidelidad al escribir y transmitir su testimonio, se llama inspiración (ver 2 Timoteo 3.16). Los escritores, sin embargo, eran seres humanos; escribieron para diferentes audiencias y contaban con fuentes diferentes, tanto orales como escritas (ver Lc. 1.1–4), lo cual explica las ocasionales divergencias entre los relatos. Algunos creen que cada palabra de la Biblia es inspirada, lo cual se conoce con el nombre de inspiración verbal. Otros creen que la Biblia contiene la palabra de Dios (con respecto a la salvación), lo cual deja lugar para diferencias en el texto y cierta flexibilidad en las interpretaciones del mismo.
Los cristianos fundamentalistas creen que la Biblia no contiene error en ningún sentido (inerrancia), ni siquiera en cuestiones de historia, ciencia y geografía. Los que sostienen este punto de vista creen que admitir la posibilidad de error en la Biblia es el primer paso en la resbaladiza cuesta abajo de la incredulidad. Una perspectiva más blanda respecto a la inerrancia, llamada a veces “inerrancia limitada”, considera que la Biblia no contiene error en lo que enseña, pero que no todo lo que la Biblia contiene debe ser considerado como “enseñanza”. Los evangélicos prefieren hablar de la Biblia como infalible, es decir, la Biblia es plenamente confiable, especialmente en lo que se refiere a la revelación que Dios hace de su persona a través de Jesucristo. Los cristianos liberales tienden a considerar a la Biblia no como la Palabra inspirada y revelada por Dios sino como un conjunto de escritos relativos a la búsqueda religiosa de la humanidad.
Muchos consideran que el término “inspiración” se aplica a algo más que a los manuscritos únicamente. Por ejemplo, algunos aplican este término a la inspiración que recibieron del Espíritu Santo las personas que decidieron qué libros habrían de incluirse en el canon y cuáles no (por lo tanto, ésta es una elección hecha por Dios); a la inspiración de aquellos que hicieron y de quienes actualmente hacen la traducción a otros idiomas, a fin de asegurar la fiel transmisión de la Palabra de Dios a todas las personas en todo lugar; y a la inspiración interior del Espíritu Santo a los creyentes que “oyen la palabra, la aceptan, [son bendecidos] hasta el ciento por uno” (Mr. 4.20).
La autoridad de la Biblia
Puesto que la Biblia es el testimonio escrito de las revelaciones de Dios, tiene autoridad en cuestiones de ortodoxia (las creencias cristianas) y de ortopraxia (la práctica cristiana). Muchas personas que no pertenecen a la fe cristiana no aceptan la autoridad de la Biblia, entre otras razones porque sus cosmovisiones no dan cabida a la posibilidad de la revelación sobrenatural. Los que están dentro de la fe se encuentran con un problema distinto: no tienen dificultad con la autoridad de la Biblia en sí sino con la interpretación y aplicación de las enseñanzas al gobierno de la iglesia, los sacramentos, la liturgia, las misiones, la justicia social y otros asuntos.
Un tema relacionado con la autoridad de la Biblia es la autoría de cada libro. Algunos estudiosos conservadores consideran que la autoridad se relaciona con la autoría y en consecuencia dedican enormes esfuerzos para defender, por ejemplo, la autoría de Moisés en el caso del Pentateuco, la autoría de un solo escritor en el libro de Isaías o la autoría de Pablo en las cartas pastorales. Sería bueno saber quién escribió cada uno y todos los libros de la Biblia, pero autoría no es lo mismo que autoridad; es decir, los libros de la Biblia no tienen “autoridad” por el hecho de que sepamos quién los escribió. Por ejemplo, no conocemos el origen de cada uno de los salmos o los proverbios, ni de las narraciones contenidas en los libros de Samuel o de Reyes ni quién escribió el libro de Job o la Carta a los Hebreos. Estos libros tienen autoridad porque están en el canon.
LA LECTURA DE LA BIBLIA
Se cuenta de la historia de un famoso actor al que se estaba brindando homenaje en un banquete. Después de la cena, un anciano clérigo le pidió que recitara el Salmo 23. El actor dijo que lo haría con gusto, con la condición de que el clérigo también lo hiciera. El actor recitó el salmo de manera cautivante y mantuvo en vilo al auditorio. Cuando terminó, el clérigo también recitó el mismo salmo y conmovió al auditorio en tal forma que todos derramaron lágrimas. Después de un momento de silencio, el actor dijo: “Yo causé una impresión en sus oídos, pero este hombre alcanzó sus corazones. Yo conozco el salmo, pero él conoce al Pastor” (Millie Stamm, Be Still and Know [Estad quietos y conoced]). Muchas personas, como aquel actor, leen la Biblia como si fuera una extraordinaria obra literaria; otros, como aquel clérigo, perciben la Biblia en un nivel más profundo, más hondo, como la Palabra revelada de Dios.
Enfoques generales
He aquí algunos elementos que conviene tener presente al leer la Biblia:
• En primer lugar, hay que leer la Biblia con una actitud mental abierta y no con una actitud llena de dudas; debe leerse con la perspectiva y la expectativa de “escuchar” hablar a Dios por medio de su Palabra escrita. Anselmo, Arzobispo de Cantebury en el siglo X, dijo: “Creo para comprender”. Lamentablemente, el mundo contemporáneo es excesivamente escéptico y exige lo opuesto: “Cuando me convenza, entonces creeré”.
• En segundo lugar, la Biblia es una historia continua, desde Génesis a Apocalipsis, y no dos historias separadas y desconectadas. El lector debería ocuparse esencialmente de comprender el tema o el mensaje de la historia (de la salvación), más que de analizar microscópicamente y hacer una disección de las historias parciales que conforman la grandiosa narración bíblica.
• En tercer lugar, no hay que sentirse desanimado o reaccionar con rechazo ante aquellas cosas en la Biblia que son difíciles de entender o de creer. Alguien le preguntó en una ocasión a William Booth, el fundador del Ejército de Salvación, qué hacía cuando se encontraba en la Biblia con algo que no entendía. Booth respondió: “Hago lo mismo que cuando como pescado: dejo las espinas a un costado en el plato y sigo con la carne buena”.
Principios de interpretación
Lo que sigue son algunos principios básicos para tener presente al interpretar la Biblia.
• Primero, la Biblia debería leerse en su sentido sencillo o natural. Algunos, equivocadamente, subrayan exageradamente la naturaleza divina de las Escrituras y caen en interpretaciones extremadamente literales. Otros enfatizan en exceso el hecho de que fue escrita por seres humanos y la leen como si sólo fuera una colección de historias, poemas y leyendas religiosas.
• En segundo lugar, la Biblia tiene diferentes formas literarias. Algunas son declaraciones de fe (“En el principio creó Dios …”), otras son narraciones históricas (“En el año …”), algunas son profecías (“Así dice el Señor …”), otras son cartas (“Yo, Pablo, apóstol …”), etc. Estas formas literarias deberían ser interpretadas según las pautas respectivas a cada una de ellas. Por ejemplo, las metáforas y las expresiones antropomórficas, tales como que los árboles “aplauden” (Is. 55.12), deben ser entendidas en forma figurativa. Además, hay que prestar atención al contexto de las palabras, y aun a las palabras mismas, ya que pueden tener más de un significado.
• Finalmente, el mejor comentario de la Biblia es la Biblia misma. Esto significa que el Nuevo Testamento interpreta al Antiguo. Por ejemplo, cuando Jesús “declaró limpios todos los alimentos” (Mr. 7.19) estaba dejando sin vigencia los códigos que clasificaban los alimentos en limpios e inmundos (Lv. 11). Además, los pasajes oscuros deben ser interpretados a la luz de aquellos que sí son claros, y los pasajes que son parciales e incompletos deben ser interpretados a la luz de aquellos que son más completos. Los conflictos entre pasajes deberían decidirse sobre la base de la regla de la mayoría. Si un versículo está en contradicción con otros dos o tres, la perspectiva de la mayoría debe prevalecer; por ejemplo, en las enseñanzas de Pablo sobre el papel de la mujer, donde son más los versículos con un enfoque positivo que los versículos con enfoque negativo.
TRADUCCIONES, DICCIONARIOS Y COMENTARIOS BÍBLICOS
Mencionamos las traducciones más conocidas de la Biblia y algunos recursos que deberían ser de ayuda a cualquier estudiante de ella.
Traducciones de la Biblia
A continuación señalamos las traducciones protestantes más conocidas de la Biblia y ampliamente usadas. En caso de adquirir una, conviene hacer un esfuerzo por conseguir una versión de estudio.
• Versión Reina – Valera de 1960. Esta versión ha tenido gran difusión en el mundo hispano tras varias revisiones hechas por la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera y por la Sociedad Bíblica Americana. Existen otras revisiones de esta versión como las efectuadas por Editorial CLIE (1977) y por la Casa Bautista de Publicaciones (1986). Algunas casas editoriales han publicado, con la autorización de las Sociedades Bíblicas Unidas que posee los originales de la revisión de 1960; la Biblia de Estudio (Editorial Mundo Hispano, 1977); la Santa Biblia con Notas, Concordancia y Mapas (Editorial Caribe, 1977).
Además, Editorial Vida ha lanzado diversas ediciones que han tenido amplia distribución. Las ediciones de estudio contienen introducciones útiles sobre cada uno de los libros y comentarios al pie sobre pasajes importantes.
• Reina – Valera Revisión de 1995. Edición de Estudio preparada por Sociedades Bíblicas Unidas, como resultado de un proceso de adaptación al castellano actual de la revisión hecha en 1960. Se trata de una revisión que trata de poner el mensaje bíblico al alcance del sector hispano, sea cualquiera su trasfondo sociocultural y peculiaridades idiomáticas, y ofrecer al lector una amplia información sobre el texto bíblico, la geografía, la historia, la cultura y las circunstancias en que se produjo el mensaje transmitido de una generación a otra.
• Dios habla hoy. Versión popular e interconfesional de la Biblia realizada por Sociedades Bíblicas Unidas. Es una traducción directa de los originales: hebreo, arameo y griego. Usa un lenguaje sencillo, fácil de ser entendido por la generalidad de los lectores actuales de hispanoamérica. Desde un principio circularon dos ediciones: una con el canon hebreo, otra con el canon alejandrino que contiene los libros deuterocanónicos. Existe la edición de estudio de esta versión.
• Nueva Versión Internacional (NVI, 1999). Esta versión ha sido preparada por la Sociedad Bíblica Internacional, directamente traducida de los textos hebreos, arameos y griegos en sus ediciones disponibles. Un grupo de expertos biblistas de habla española y que pertenecen a varias denominaciones cristianas evangélicas ha tenido a su cargo la traducción. Muchos de ellos son pastores, o profesores de seminarios e institutos bíblicos; es una excelente versión contemporánea.
Recursos para el estudio de la Biblia
Dos ayudas para el estudio de la Biblia que han mostrado ser útiles tanto para principiantes como para estudiantes avanzados de la Biblia son los diccionarios bíblicos y los comentarios bíblicos.
• Diccionarios bíblicos. Son colecciones por orden alfabético con información referida a personas, lugares, costumbres, palabras y otros temas. Dos buenos diccionarios son: Nuevo Diccionario Bíblico, publicado por Ediciones Certeza (1991); Nuevo Diccionario de la Biblia (Unilit) y Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia (Caribe).
• Comentarios bíblicos. Son introducciones a cada uno de los libros de la Biblia (con referencias al autor, fecha, mensaje, esquema del libro y otros asuntos), además de comentarios interpretativos sobre el texto y artículos generales sobre geografía, historia y otros temas. Dos buenos comentarios en volumen individual son: Nuevo Comentario Bíblico (Casa Bautista de Publicaciones), y Comentario Bíblico de Matthew Henry (Clie).
A estos recursos conviene añadir la Concordancia de las Sagradas Escrituras (Caribe); Manual Bíblico Ilustrado (Unilit) y Diccionario Teológico (Patmos).
Capítulo 2
EL ANTIGUO TESTAMENTO
El Emperador Federico el Grande le preguntó en una ocasión a su médico personal, el doctor Zimmermann: “Puede mencionarme una sola cosa que por sí sola sea prueba de la existencia de Dios?” Zimmermann respondió: “Los judíos, su majestad!” Con eso quería decir que si uno quiere una prueba de Dios, algo visible y tangible que nadie podría negar, algo que se despliega a la vista de todos los seres humanos, entonces tiene que dirigir su atención hacia los judíos. Simplemente porque allí están, porque sobreviven hasta nuestros días. Cientos de pequeñas naciones en el Cercano Oriente… se han disuelto o han desaparecido en el enorme mar de las naciones; [sólo] esta minúscula nación se ha mantenido… Si alguien pide una prueba de que Dios existe, basta con señalar este simple hecho histórico. En la presencia judía tenemos ante nuestros ojos el testimonio del pacto que Dios hizo con Abraham, con Isaac y con Jacob, y por medio de ellos con todos nosotros. Aun la persona que no entiende las Sagradas Escrituras puede reconocer este recordatorio.
— Karl Barth — Dogmatics In Outline
LAS RAÍCES VETEROTESTAMENTARIAS DE NUESTRA FE
En el Monte Sinaí, Dios estableció un pacto con Israel. Puesto que los cristianos creen que Dios ha establecido un nuevo pacto, sobre la base de la persona y obra de Jesús, tradicionalmente se han referido al pacto que Dios hizo con Israel como el antiguo pacto. Algunos se preguntan por qué habría que tener en cuenta el antiguo pacto, si Dios hizo uno nuevo. La respuesta es que Jesús vino a cumplir las promesas que Dios hizo a Israel, que están contenidas en el Antiguo Testamento. Necesitamos entender esa historia para llegar a comprender el plan de la salvación, que no comenzó en Belén sino con el llamado que Dios hizo a Abraham unos dos mil años antes.
En este capítulo vamos a dar una mirada al prólogo a la historia bíblica: el relato de la creación, Adán y Eva, y la caída para abajo. Luego veremos el llamado de Dios a Abraham, el Éxodo de Egipto y el pacto mosaico. Después daremos una mirada al surgimiento y a la caída de Israel, los dichos y escritos de los profetas, la literatura devocional y de sabiduría producida en Israel. Por último, consideraremos el judaísmo actual, en el siglo XXI.
EL PENTATEUCO: LA CREACIÓN, LA CAÍDA, LA ELECCIÓN, LA SALVACIÓN Y EL PACTO
La historia de cómo Israel llegó a ser una nación está contenida en los primeros cinco capítulos de la Biblia, que en las Escrituras judías se llaman en conjunto la Torá, que se deriva de la palabra hebrea tora que significa “instrucción”. También se los llama Los cinco libros de Moisés, que es la figura principal en cuatro de los cinco libros. En la Biblia cristiana, a los cinco primeros libros se los denomina Pentateuco, que significa cinco rollos (de la palabra griega penta, que significa “cinco” y teukhos, que significa “porta rollos”). La Torá recibe un lugar de honor en la sinagoga (palabra griega que significa “asamblea”) y es un elemento central en la adoración judía: el calendario litúrgico de cada año completa la lectura en voz alta de estos libros.
El Pentateuco contiene los escritos más importantes y sagrados para los israelitas, aquellos en los cuales Dios habló a los ancestros y líderes de Israel: Abraham, Isaac, Jacob y Moisés; eligió a Israel al establecer un pacto con Abraham; rescató o salvó a Israel de su esclavitud en Egipto (el Éxodo); y entró en un pacto con Israel en el Monte Sinaí. Los cinco libros del Pentateuco son los siguientes:
• Génesis: La creación del mundo y de la raza humana; la “caída” de Adán y Eva; las historias de Caín y Abel, Noé y el diluvio, y la torre de Babel; el llamado a Abraham para salir a una nueva tierra; y las historias de Abraham, Isaac, Jacob y José.
• Éxodo: la esclavitud de Israel en Egipto; el llamado de Moisés en la zarza ardiente; el Éxodo de Egipto; el pacto de especial de Dios con Israel en el Monte Sinaí; y los Diez Mandamientos.
• Levítico: Las instrucciones sacerdotales (levíticas) en relación al culto, los sacrificios y las ofrendas; las normas respecto a las comidas limpias e inmundas, y los códigos de comportamiento.
• Números: El censo y la organización de las doce tribus de Israel en una comunidad o nación; el llamado de Dios a tomar posesión de Canaán, la tierra que se le había prometido a Abraham; los cuarenta años durante los cuales Israel deambuló en el desierto.
• Deuteronomio: Una segunda narración de la historia de Israel: la Shema, que es la gran confesión de fe de Israel; las últimas instrucciones de Moisés a las doce tribus, antes de la invasión a Canaán bajo el liderazgo de Josué; y la muerte de Moisés.
EL PRÓLOGO A LA HISTORIA BÍBLICA
Génesis 1 a 11 son el prólogo a la historia bíblica y la respuesta a la pregunta de Israel: ¿Por qué llamó Dios a Abraham? Dios llamó a Abraham como el primer paso en su plan de rescate de la raza humana, que había caído en una pecaminosa desobediencia y alienación de Dios. El desarrollo de este plan se registra en la narración bíblica que comienza en Génesis 12 y continúa a lo largo del Pentateuco, las narraciones históricas y los libros proféticos del Antiguo Testamento, y los Evangelios y las Cartas y escritos en el NT.
Los dos relatos de la creación (Génesis 1 y 2)
Hay dos narraciones sobre la creación en el Génesis. La primera (1.1–2.4a) es un relato cuidadoso, ordenado y sistemático sobre la creación de los cielos y la tierra, las plantas y las criaturas vivientes, el hombre y la mujer. La segunda narración (2.4b–25) es el relato de cómo Dios formó al hombre, insufló en él aliento de vida, y de una de sus costillas hizo a la mujer. Una forma de considerar estos dos relatos es recordar la escena inicial de la película La novicia rebelde (The Sound of Music). La cámara recorre los Alpes y luego hace una aproximación y enfoca a María, que es el personaje central de la historia. Génesis 1 abre sobre el universo y luego, en Génesis 2, la cámara se aproxima y enfoca en Adán y Eva como personajes centrales de la historia.
• En el principio Dios creó. El Génesis se abre con la declaración de que En el comienzo … Dios creó los cielos y la tierra. El universo tuvo un comienzo, y Dios estaba en ese comienzo; y él creó al universo de la nada, en lugar de dar forma a algo que preexistía. La historia de la creación, sin embargo, no se refiere al proceso de la creación sino a quién creó: al que está detrás de la creación, al que dio existencia a todo lo que hay.
• El hombre y la mujer: la corona de la creación de Dios. La historia de la creación del hombre y la mujer es diferente de la forma en que Dios creó las estrellas, la tierra y “todas las criaturas vivientes”. Dios se involucró personalmente en la creación de la humanidad. En la primera narración, Dios dice: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza” (Gn. 1.26). En la segunda narración, “Y Dios el Señor formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz y le dio vida. Así el hombre comenzó a vivir” (Gn. 2.7). Luego, de la costilla del hombre Dios hizo a la mujer. Más adelante en el relato de la creación, el hombre recibe el nombre Adán, una palabra hebrea que significa “humanidad” (expresando así la unidad de la raza humana) y a la mujer se le da el nombre de Eva, una palabra que significa “vida” (por ser madre de todos los seres humanos). Aunque muchos ven a Adán y Eva como figuras metafóricos o simbólicos, el Nuevo Testamento los considera como seres históricos, como vemos, por ejemplo, en la genealogía de Jesús en Lucas (ver Lc. 3.38).
Cuando Dios insufló vida en el hombre, le impartió algo de sí a la humanidad —podríamos decir que el alma— lo cual nos hace diferentes de todas las demás criaturas. El hecho de haber sido creados a la imagen y semejanza de Dios (lo cual alude a la imagen y semejanza espiritual, puesto que Dios es espíritu, como expresa Jn. 4.24) implica que podemos tener relación con Dios.
(Nota aclaratoria: En los párrafos anteriores y a lo largo de todo el libro a menudo me refiero a Dios usando pronombres masculinos, pero Dios no tiene género: ambos sexos fueron creados a imagen y semejanza de Dios. Uso este lenguaje porque sigo el texto bíblico, que por lo general utiliza los pronombres masculinos al referirse a Dios).
La caída en el huerto (Génesis 2 y 3)
A menudo leemos Génesis 1 y 2 como una unidad: la creación del universo (Gn. 1) y la creación de la humanidad (Gn. 2). En realidad, Génesis 2 debiera leerse en conjunto con Génesis 3 y los capítulos subsiguientes: la creación y la caída de la raza humana. Dios puso a Adán en el huerto de Edén para que lo labrara y lo cuidara, y le dijo que podía comer de todos los árboles del huerto “pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer”. Pero la serpiente sedujo a Eva para que comiera del árbol prohibido, y luego también comió Adán. Este relato acerca de cómo comieron del fruto prohibido es el relato de cómo entró el pecado en el mundo: el pecado de desobedecer a Dios, el pecado de actuar en forma independiente del Creador, el pecado de tratar de ser iguales a él. Al comer del árbol, Adán y Eva perdieron la armonía que existía entre ellos y Dios (de quien se escondieron), entre ellos mismos (sintieron vergüenza de estar desnudos) y con el mundo (fueron expulsados del huerto).
La caída para abajo: hermanos; diluvio; torre (Génesis 4 a 11)
La historia de la caída en el huerto continúa con el pecado de los descendientes de Adán y Eva.
• Caín y Abel. Caín y Abel eran hijos de Adán y Eva. Caín era agricultor y ofreció a Dios una ofrenda “del fruto de la tierra”. Abel era pastor y ofreció a Dios “lo mejor de su rebaño”. Dios “miró con agrado a Abel y a su ofrenda” pero “no miró así a Caín y a su ofrenda”. ¿Por qué miró Dios con agrado la ofrenda de Abel y no la de Caín? No se nos dice por qué. Muchos creen que el sacrificio de Abel fue aceptado porque dio lo mejor a Dios (“las primicias”), cosa que Caín no hizo (ver He. 11.4). Caín se puso celoso y mató a Abel, convirtiéndose en el primer asesino del que habla la Biblia.
• Noé y el diluvio. La humanidad continuó deslizándose para abajo. El pecado llegó a multiplicarse tanto que Dios “se arrepintió de haber hecho al hombre” y decidió eliminar todo lo que había hecho. Pero antes de llevar a cabo su decisión llamó a Noé, “un hombre justo” (Gn. 6.9). Dios envió luego un diluvio sobre la tierra, pero salvó a Noé y a su familia como remanente para seguir adelante con sus propósitos. Después del diluvio, Dios entró en un pacto irrevocable con Noé y todas las criaturas vivientes, y dio el arco iris como señal de ese pacto perdurable (9.8–17).
• La torre de Babel. Dios bendijo a Noé. Pero sus descendientes, al igual que los de Adán y Eva, cayeron en desgracia con Dios, como vemos en la historia final del prólogo bíblico, en los hechos que tuvieron lugar en la torre de Babel. La actitud de la raza humana, continuamente centrada en sí misma, llevó a los hombres a construir un ziggurat, una torre-templo mesopotámica, para honrarse a sí mismos y no a Dios. El Señor bajó y confundió el idioma entre ellos — empezaron a bla–bla— para que no pudieran seguir conspirando para hacer el mal; así, los dispersó hacia los cuatro puntos cardinales.
La historia de la caída nos habla acerca de los orígenes del pecado, la universalidad del pecado y el juicio de Dios sobre el pecado. Pero también nos dice que Dios ama a la humanidad: él hizo vestimentas para Adán y Eva antes de expulsarlos del huerto; le dio a Caín una señal de protección antes de enviarlo como errante por la tierra; le dijo a Noé que construyera un arca para sí y para su familia antes de enviar el diluvio; y llamó a Abraham para que fuera el padre de una comunidad que guiaría a los pueblos de la tierra a tener nuevamente comunión con Dios y entre ellos.
LA HISTORIA ANCESTRAL DE ISRAEL
Los once primeros capítulos de Génesis ofrecen un preámbulo a la historia bíblica: el amor especial de Dios hacia la humanidad, la interrelación de la raza humana y la universalidad del pecado humano. El resto de la Biblia, a partir del capítulo 12 de Génesis, es una respuesta a esos primeros capítulos: Dios está llevando a cabo sus planes de salvación. Lo vemos cuando llama a Abraham; cuando entra en un pacto con Abraham, con Moisés y con David; cuando establece a Israel en la tierra de Canaán; cuando llama a los profetas para que desafíen a Israel a volver al pacto que hizo con ellos en el Monte Sinaí; y cuando viene a la tierra en la persona de Jesús de Nazaret.
Los “llamados” en la Biblia
En la historia bíblica, Dios llama a personas a ser agentes en su plan de salvación. Según Claus Westermann, estudioso del Antiguo Testamento, los llamados de Dios tenían varios elementos en común:
• El propósito del llamado de Dios era enviar a la persona llamado a una misión: Abraham fue enviado a Canaán, Moisés de regreso a Egipto, Samuel a Saúl y luego a David, Pablo a los gentiles.
• La persona llamada no estaba buscando recibir ese llamamiento: Abraham estaba con su familia en Harán, Moisés estaba cuidando el rebaño de Jetro en Madián, Samuel estaba con Elí, Isaías no se consideraba digno de su llamado, Jeremías pensaba que era demasiado joven, Pablo estaba persiguiendo cristianos en Damasco.
• El llamado vino desde afuera: Abraham escuchó una voz, Moisés vio una zarza ardiente, los profetas recibieron sueños y visiones, Pablo fue encandilado por una luz.
• El llamado cambió el destino de muchas personas: el Éxodo de Egipto (Moisés), la invasión y ocupación de Canaán (Josué), el reinado davídico en Israel (Samuel), la evangelización a los gentiles (Pablo).
• La persona que recibía el llamado no respondía por el beneficio de su propia gloria sino por la gloria de aquel que lo había llamado, es decir, Dios.
La respuesta bíblica al llamado de Dios con frecuencia es “Aquí estoy”, como en el caso del llamado que recibió Abraham para sacrificar a Isaac (Gn. 22.1), Moisés en la zarza ardiente (Ex. 3.4), Samuel en su condición de aprendiz de Elí (1 S. 3.4, 6 y 8), la coronación de David (Sal. 40.7), la respuesta de Isaías a la pregunta de Dios: “¿A quién enviaré?” (Is. 6.8) y la de Ananías en Damasco (Hch. 9.10).
Abraham: El patriarca fundador (Génesis 12 a 25)
La historia bíblica no comienza con el nacimiento de Jesús en Belén. Comienza con el llamado a Abraham, el padre de Israel, en Jarán. Abraham nació hace cuatro mil años (2000 a.C.) en Ur de los Caldeos, al norte del Golfo Pérsico, en territorio que hoy es Iraq, una ciudad sumeria cuya gente era culta, manufacturaba cobre y vidrio, tenía vehículos con ruedas y practicaba la astronomía, la medicina y las matemáticas.
• El llamado a Abraham. El llamado a Abraham es la elección de Israel para constituirse en el pueblo elegido de Dios. De todas las naciones del mundo, Dios eligió un hombre, Abraham, para ser el padre fundador de una comunidad que sería luz de Dios para las naciones y traería bendición de Dios a todos los pueblos. ¿Por qué Dios llamó a Abraham? No se nos dice por qué. Según escritos rabínicos posteriores, Dios llamó a muchos pero sólo Abraham respondió.
• Las promesas de Dios a Abraham. En Génesis 12, Dios habló a Abraham, a la edad de 75 años, en Jarán, donde vivía con su padre Téraj y su familia. Dios le dijo: “Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré”. Esta era una orden difícil de cumplir porque en los tiempos antiguos la unidad familiar permanecía intacta hasta que moría el patriarca. Luego Dios hizo tres promesas a Abraham. Primero, le dijo que sería el padre de una “gran nación” (Dios cambió su nombre Abram por Abraham, que significa “padre de muchos”). Segundo, por medio de él “todas las naciones de la tierra” recibirían la bendición de Dios (el favor divino). Tercero, la descendencia de Abraham recibiría “esta tierra”, la región de Canaán, la tierra prometida.
• Gracia y fe. La historia de Abraham es una historia de gracia y fe, un relato que va desde Génesis hasta Apocalipsis. En lugar de abandonar a la humanidad caída, a ese pecaminoso mundo que se presenta en Génesis 1 a 11, Dios llamó a Abraham para ser el padre de una comunidad cuya misión era llevar el amor, el perdón y la salvación de Dios a todas las naciones (“pueblos”). Abraham creyó las promesas de Dios y “el Señor lo reconoció a él como justo” (Gn. 15.6). De esa manera, la narración bíblica comienza con la gracia de Dios: su llamado a Abraham. Esta gracia divina, para que sea “gracia salvífica” debe ser aceptada por fe, y como podemos ver en el desarrollo de la historia bíblica, esta respuesta llega a precisarse como la respuesta por fe en Jesucristo, aquel que murió para reconciliar a la humanidad con Dios y a los seres humanos entre sí.
• El pacto abrahámico. El concepto bíblico de pacto alude a una relación entre Dios y su pueblo, e incluye tanto promesas como obligaciones. Los tres pactos importantes que Dios hizo con Israel fueron: el pacto de elección con Abraham, del cual la “señal” fue la circuncisión (para la mayoría de los cristianos la señal de pertenecer a Dios es el bautismo); el pacto formal con Moisés en el Monte Sinaí, expresado, en parte, en los Diez Mandamientos; y el pacto con David, prometiéndole que uno de sus descendientes sería rey en un reinado que no tendría fin.
Isaac: el hijo prometido (Génesis 24 a 28)
Abraham iba a ser el padre de una gran nación, pero su esposa, Sara, era estéril, un tema que se presenta a lo largo de todo el Antiguo Testamento y también en el Nuevo, en el caso de Elizabet, la madre de Juan el Bautista. (En la narración bíblica, la gracia de Dios es mayor que la esterilidad de Sara y de otros, y la supera para seguir adelante con el plan de salvación.) Abraham y Sara eran de edad avanzada, pero Dios les proveyó un hijo, Isaac, tal como había prometido.
Cuando Isaac era un muchacho jovencito, Dios ordenó a Abraham que lo llevara al Monte Moria (que según algunos investigadores sería el sitio donde luego Salomón construyó el templo de Jerusalén) y lo ofreciera como ofrenda quemada u holocausto. Abraham obedeció, pero a último momento Dios proveyó un carnero para ser sacrificado. Algunos se han preguntado por qué Dios puso en esa prueba a Abraham, si ya se había propuesto proveer el cordero a último momento. El escritor judío Elie Wiesel, en su libro Messengers of God (Mensajeros de Dios), dice que Dios sabía acerca del cordero —como lo sabemos nosotros al leer la historia— en tanto Abraham no lo sabía. En esto consistía la prueba final de Abraham. Así mostró ser fiel y obediente, alguien con quien Dios podía contar para llevar a cabo su plan de salvación. En sus cartas a los gálatas y a los romanos, Pablo presenta a Abraham como alguien que, por fe, obedeció a Dios y fue “justificado” (puesto en paz con Dios).
Jacob y José (Génesis 27 a 50)
El segundo patriarca fue Isaac, el hijo de la promesa, a quien Dios bendijo después de la muerte de Abraham. No tenemos muchos relatos respecto a Isaac; es más bien el nexo entre Abraham y Jacob. La narración sobre la historia patriarcal de Israel termina con Jacob, cuyos hijos llegaron a ser las “tribus” de Israel, y con José, que trajo a Jacob y a su familia a Egipto.
• Jacob. Isaac se casó con Rebeca y tuvieron dos hijos jemelos, Esaú y Jacob. Jacob, el menor, engañó a su padre y recibió la primogenitura (los privilegios que correspondían al primogénito). Huyó a Jarán (al este de Canaán) para escapar de Esaú, se casó con dos hijas de Labán (Lea y Raquel) y por medio de ellas y de sus dos siervas tuvo doce hijos. Más tarde, en Peniel (que significa “rostro de Dios”), Jacob luchó con un ángel de Dios, y este cambió el nombre de Jacob por el de Israel, “el que ha luchado con Dios” para obtener su bendición (Gn. 32.28). En Betel, Jacob recibió la bendición de Dios (Gn. 35.9).
Los doce hijos de Jacob (en realidad diez hijos de Jacob y dos hijos de José, Manasés y Efraín; ver Gn. 48.1–5) llegaron a ser los padres de las doce tribus de Israel. Los descendientes del cuarto hijo de Jacob, Judá, fueron luego la tribu remanente: la tribu a la que se le confió la misión de llegar a ser “luz para las naciones” de parte de Dios; de esa tribu nacieron más adelante José y María, padres de Jesús.
• José. El Génesis termina con la historia de José, el undécimo hijo de Jacob y también su favorito, que fue vendido como esclavo por sus hermanos envidiosos. José fue llevado a Egipto y con el tiempo llegó a ser el segundo después de faraón, el funcionario que le seguía en la jerarquía del gobierno. Los hermanos de José fueron a Egipto a comprar granos porque había una hambruna en Canaán. Se reencontraron y reconciliaron con José, y luego se instalaron, con Jacob, en Gosen, al norte de Egipto. José dijo a sus hermanos: “Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien” (Gn. 50.20) para continuar llevando a cabo las promesas que había hecho a Abraham, a Isaac y a Jacob.
EL ÉXODO: EL “CENTRO” DEL ANTIGUO TESTAMENTO
El Éxodo —la milagrosa liberación de Israel de su esclavitud en Egipto— es el hecho individual más importante en la historia de Israel. El relato del Éxodo se lee cada año durante la Pascua. Es la historia del ángel de la muerte que hirió de muerte “a los primogénitos de Egipto pero pasó de largo en las casas de los israelitas” (Ex.11 y 12), después de lo cual Moisés guió a los Israelitas para salir de Egipto.
Se ha dicho que el Nuevo Testamento se escribió después de que los seguidores de Cristo habían experimentado el Cristo resucitado; es decir, desde el otro lado de la cruz. Se puede decir lo mismo del Antiguo Testamento: se escribió después de que los Israelitas habían “experimentado” el Dios de Abraham, Isaac y Jacob; es decir, desde el otro lado del Mar Rojo.
Moisés: Liberador y legislador (Éxodo 2 a 4)
Al abrir el libro de Éxodo, llegó al poder en Egipto un faraón (palabra hebrea para designar al rey de Egipto) cuyo nombre no conocemos, que “no había conocido a José”, es decir, no reconoció los privilegios que se habían concedido a su familia. Este faraón (probablemente Seti I o Ramsés II) tuvo temor de los israelitas porque con el tiempo se iban poniendo “más fuertes y numerosos” que los egipcios. Impuso cargas pesadas a los Israelitas, pero estos continuaron multiplicándose, de modo que el faraón ordenó que todo israelita recién nacido varón fuese arrojado en el Nilo. Moisés escapó de la orden del faraón porque su madre lo puso sobre las aguas del Nilo en un canasto de mimbre, y éste fue recogido de las aguas por la hija del faraón, quien decidió cuidar y criar a Moisés. El nombre Moisés viene ya sea de una palabra hebrea que significa sacar de (Ex. 2.10) o, en caso de recibir el nombre que le dio la hija de faraón, de la palabra egipcia que significa hijo de.
Los padres verdaderos de Moisés eran levitas (Leví era el tercer hijo de Jacob). Cuando Moisés tenía 40 años (Hch. 7 divide la vida de Moisés en tres períodos de 40 años cada uno) mató a un egipcio que había golpeado a un israelita, después de lo cual huyó a Madián, al Este de Egipto, en lo que hoy es Arabia Saudita. Moisés se casó con Séfora, hija de Jetro, y tuvo dos hijos varones; se radicó en Madián como pastor de ovejas. Dios oyó el “clamor” de los Israelitas y “se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob” (Ex. 2.24). Llamó a Moisés desde una “zarza ardiente”, una zarza que ardía pero no se consumía, para que sacara a los Israelitas de Egipto.
Moisés le preguntó a Dios: “Supongamos que me presento ante los israelitas y les digo: “El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes.” ¿Qué les respondo si me preguntan: “¿Y cómo se llama?” YO SOY EL QUE SOY, respondió Dios a Moisés” (Ex. 3.13 y 14). Estas palabras se refieren a la naturaleza y al carácter de Dios. Nos dicen que Dios es un ser vivo y activo. En el Antiguo Testamento YO SOY EL QUE SOY se expresa por medio de cuatro consonantes: YHWH (hay mucho debate sobre el origen y significado de esto). En el siglo X se agregaron dos vocales para facilitar la pronunciación: A, por Adonai (“Señor”) y E por Elohim (“Dios”), y así llegó a ser Yahweh. (Jehová es la traducción de esta palabra al lenguaje popular, pero no hay evidencia alguna de que los Israelitas hayan jamás usado este nombre para referirse a Dios.)
El Éxodo y el pacto sinaítico (Éxodo 12 a 24)
Dios preparó cuidadosamente a Moisés para su “llamado”. Primero, por medio de su madre biológica, milagrosamente contratada por la hija de faraón como “nodriza” de su propio hijo (Ex. 2.8–10). Ella le dio a Moisés conciencia de su herencia y lo preparó para su misión. Segundo, por medio de su formación en la casa de faraón (Hch. 7.20–22), que lo capacitó para enfrentar más tarde al propio faraón. Tercero, por sus años en el desierto de Madián, que lo prepararon para guiar a los Israelitas a la península del Sinaí, y a través de ella, al sitio donde recibieron los mandamientos de Dios. Los dos grandes hechos en la vida de Moisés fueron el Éxodo y el pacto en el Monte Sinaí.
• El Éxodo de Egipto. El Éxodo (la “salida de”) tuvo lugar después de que “los Israelitas vivieron en Egipto [durante] 430 años” (Ex. 12.40). Aunque el Éxodo es el hecho más importante en la vida de Israel, no sabemos dónde sucedió. No fue en el Mar Rojo al extremo sur de la península de Sinaí sino más probablemente en un lago o en el Mar de los Juncos (yam suf en las Escrituras hebreas). Tampoco sabemos la fecha exacta, y las opiniones están divididas entre el 1446 a.C., sobre la base de 1 Reyes 6.1, y 1290 a.C., sobre la base de datos arqueológicos (esta es la opinión mayoritaria). Tampoco sabemos con certeza cuántas personas participaron o cómo exactamente se llevó a cabo la “liberación” a través del agua.
En el Éxodo, Israel se encontró con el Dios de sus antecesores, que los salvó de una muerte segura. Ese fue y llegó a ser el momento decisivo de la historia de Israel, que los judíos celebran con una comida ceremonial (Seder), las dos primeras noches de la Pascua, de manera muy similar a la que los cristianos conmemoran la muerte redentora y la resurrección de Jesús en el viernes santo y el domingo de resurrección.
• El pacto sinaítico. Después de escapar de los soldados de faraón, que fueron ahogados en “el mar” (Ex. 14.28), Moisés condujo a los Israelitas a través de la península del Sinaí. En el Monte Sinaí, Dios ordenó a Moisés que dijera al pueblo de Israel que “si [ellos] eran del todo obedientes entonces serían su propiedad exclusiva entre todas las naciones” (Ex. 19.5). Dios entró luego en un pacto con Israel, que Moisés selló con la sangre de un novillo (Ex. 24.5–8). (En el Nuevo Testamento, Jesús selló el nuevo pacto con su propia sangre.) La historia siguiente de Israel en la Tierra Prometida —desde su ingreso con Josué en el 1250 a.C. hasta la caída de Jerusalén en el 586 a.C.—gira en torno a su fidelidad y, con más frecuencia, su infidelidad al pacto sinaítico.
La esencia o los términos del pacto sinaítico están contenidos en los Diez Mandamientos (Ex. 20.3–17), que llegaron a ser la ley religiosa y moral de Israel. (La expresión Diez Mandamientos proviene de Éxodo 34.28.) Los cuatro primeros mandamientos (los tres primeros para los católicos y los luteranos, ya que los enumeran de manera diferente) son los más importantes, porque hacen una distinción y separación entre los israelitas y los pueblos vecinos. De estos cuatro, el primero es el más importante de todos: Israel no tendría otros dioses por encima ni junto a “el Señor tu Dios. Yo te saqué de la tierra de Egipto, donde eras esclavo” (Ex. 20.2). El capítulo 10 de este libro contiene un breve comentario de cada uno de los Diez Mandamientos.
LEVÍTICO, NÚMEROS Y DEUTERONOMIO
Los tres últimos libros del Pentateuco instruyen a los israelitas sobre cómo deben adorar y servirle a Dios en el mundo.
Levítico
Levítico es el libro de los levitas, los sacerdotes que descendían de Leví, uno de los doce hijos de Jacob. Levítico contiene orientaciones para los sacrificios rituales, instrucciones respecto a la ordenación de los sacerdotes, reglas concernientes a la pureza ritual (incluyendo las de alimentos limpios e inmundos), instrucciones para la celebración de las fiestas litúrgicas y una variedad de normas sobre la santidad. En el capítulo 16 de Levítico encontramos las instrucciones para la observación del Yom (día) Kippur (expiación), el día más solemne en el calendario judío (el equivalente judío del Viernes Santo de los cristianos), que tiene lugar diez días después de Rosh Hashanah, el año nuevo judío, que llega en septiembre o en octubre. Yom Kippur es el día en que Israel confiesa sus pecados, tanto los “visibles como los invisibles” a fin de poder reconciliarse con Dios. Levítico contiene el mandamiento de Dios: “Amar a tu prójimo como a ti mismo” (Lv. 19.18), que Jesús presentó como el segundo mandamiento en importancia (Mr. 12.31).
Números
Números trata sobre la organización (numeración) de las doce tribus y de la misión de cuarenta días que llevaron a cabo doce espías que se aventuraron en la Tierra Prometida para recoger información. Los israelitas tuvieron miedo de los cananeos y se negaron a invadir la tierra que Dios había prometido a Abraham, lo cual trajo sobre ellos el juicio de Dios: durante cuarenta años estuvieron deambulando por el desierto, un año por cada día que los espías habían estado en la tierra de Canaán. Números contiene la conocida bendición aarónica: “El Señor te bendiga y te guarde… [y] el Señor te mire con agrado y te extienda su amor… [y] el Señor te muestre su favor y te conceda la paz” (Nm. 6.24–26).
Deuteronomio
Deuteronomio (la “segunda ley” o “repetición de la ley”) es una nueva narración de la relación pactual de Israel con Dios, porque la mayoría de los ancianos había muerto durante los largos años en el desierto. El capítulo 6 contiene la Shema (una palabra hebrea que significa “oír” o “escuchar”) que es el credo o confesión monoteísta de Israel: “Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt. 6.4 y 5). Jesús dijo que este era el más grande de todos los mandamientos (Mr. 12.28–30). Deuteronomio fue la base para las respuestas que Jesús dio a Satanás cuando fue probado en el desierto: no vivimos solamente de pan (8.3); hemos de adorar a Dios únicamente (6.13); y no debemos poner a prueba al Señor (6.16).
LOS LIBROS HISTÓRICOS: SURGIMIENTO Y CAÍDA DE ISRAEL
La sección siguiente en el Antiguo Testamento contiene la historia de Israel en la tierra de Canaán, la tierra que Dios había prometido a Abraham. Las fechas que se mencionan en esta sección han sido tomadas de A History of Israel (Una historia de Israel), de John Bright, reconocida autoridad en el campo de la historia de Israel.
La invasión y la conquista de Canaán (Josué y Jueces)
El libro de Josué es la narración sobre la invasión a Canaán en el 1250 a.C., cuarenta años después de la fecha estimada para el Éxodo, en el 1290 a.C. Después de la invasión inicial en Jericó y la conquista de territorio en la meseta central del país, fue necesario un largo período de conquista para someter la región. El libro de Jueces relata la historia de Israel en la Tierra Prometida desde la muerte de Josué hasta el comienzo de la monarquía. Es la historia de personajes carismáticos como Débora, Gedeón y Samsón, a quienes Dios llamó y puso al frente de Israel cuando era atacada por sus vecinos. El período de Josué y Jueces a veces se designa como “confederación tribal”. Se extiende desde 1250 a.C. hasta 1020 a.C., cuando comenzó la monarquía con el rey Saúl.
Geográficamente, la tierra de Israel era (y hoy sigue siendo) muy pequeña: aproximadamente 240 km. de largo por 120 km. de ancho. ¿Por qué quería Dios que Israel tuviera una tierra que le perteneciera? Tal vez porque Dios quería que los israelitas se asentaran como pueblo, en lugar de vivir como nómades. ¿Y por qué la tierra de Canaán? Quizás porque estaba en el cruce de los caminos del mundo (Europa, Asia y Africa), un lugar donde Israel podía ser “luz para las naciones”.
La monarquía (Rut, 1 Samuel y 1 Crónicas)
Durante el período de los jueces, la principal amenaza a Israel fueron los filisteos. Estos eran ambiciosos y belicosos, y empezaron a moverse hacia el interior desde la costa del Mediterráneo, donde habían desembarcado provenientes de la isla de Creta, en el 1100 a.C. A raíz de la amenaza que significaban los filisteos, los israelitas pidieron un “rey que nos gobierne … como las otras naciones” (1 S. 8.19 y 20). El primer rey de Israel fue Saúl (alrededor de 1020 a 1000 a.C.). Fue ungido por Samuel, la figura más grande que encontramos en el Antiguo Testamento entre Moisés y la monarquía. Saúl era un gran guerrero, pero era una persona inestable y fue una desilusión como el “ungido” de Dios.
• El rey David: el héroe más grande de Israel (2 Samuel, 1 Reyes y 1 Crónicas). Dios le dijo a Samuel que ungiera a David como sucesor de Saúl (1 S. 16). David era el hijo menor de Isaí, un agricultor de Judá. Nació en Belén en el año 1030 a.C. David gobernó Judá y luego todo el territorio de Israel durante cuarenta años: desde la edad de 30 años hasta los 70 (entre el 1000 y el 961 a.C.). Fue un líder carismático; un gran jefe militar que doblegó el poder de los filisteos y extendió y dio seguridad a las fronteras de Israel; fue un genio político que unificó las tribus del norte y del sur al ubicar la capital en la ciudad neutral de Jerusalén (la ciudad de David); una figura religiosa que trajo el arca del pacto a Jerusalén, escribió salmos de adoración a Dios y oró pidiendo perdón y regeneración después de haber cometido adulterio con Betsabé (Sal. 51).
El plan de Dios para nuestra salvación se vuelve más específico en la narración davídica. Por medio del profeta Natán, Dios promete a David que de su “casa” (sus descendientes) vendrá aquel cuyo “reinado no tendrá fin” (2 S. 7.12–16). Mateo y Lucas actualizan esta promesa cuando ponen de manifiesto en la genealogía de Jesús que José, el padre legal de Jesús, era descendiente de David (ver Mt. 1.6 y Lc. 3.31). Lucas, en el relato del nacimiento de Jesús, informa que Gabriel le dijo a María, refiriéndose a Jesús: “Él será un gran hombre … Dios el Señor le dará el trono de su padre David, y reinará sobre el pueblo de Jacob para siempre. Su reinado no tendrá fin” (Lc. 1.23–33).
• Salomón: el gran monarca (1 Reyes y 2 Crónicas)
Salomón fue el segundo hijo que David tuvo con Betsabé. Salomón tuvo muchas esposas, incluyendo mujeres extranjeras con quienes contrajo matrimonio para establecer alianzas políticas. Para algunas de ellas hizo levantar altares e ídolos a sus dioses paganos. También impuso impuestos al pueblo y lo forzó a trabajar para su administración y en sus proyectos de construcción, incluyendo el templo en Jerusalén (Templo de Salomón), que fue su legado más famoso, ubicado en el sitio donde actualmente se encuentra el Domo sobre la Roca, en Jerusalén. Salomón recibió sabiduría como don (1 R. 3.5–12), como se observa en el relato sobre las dos mujeres y el bebé (1 R. 3.16–28), pero “hizo lo que ofende al Señor y no permaneció fiel a él como su padre David” (1 R. 11.6). Salomón murió en el 922 a.C. Roboam, su hijo, no pudo mantener la unidad de las doce tribus y en consecuencia Israel se dividió en dos reinos. Las diez tribus del Norte se constituyeron en la nación de Israel, con su capital en Samaria; las dos tribus del Sur, Judá y Benjamín, formaron la nación de Judá, con capital en Jerusalén.
La división y la derrota de Israel y de Judá (2 Reyes y 2 Crónicas)
Las historias de los reinos del Norte y del Sur (Israel y Judá respectivamente) son capítulos penosos en la historia de Israel. Muchos reyes (hubo diecinueve en el norte y veinte en el sur) y sacerdotes rindieron culto a los dioses de la fertilidad y a otras deidades canaanitas, y además persiguieron y oprimieron a su propio pueblo, especialmente a los más débiles y a los que carecían de poder.
La corrupción, la opresión y la infidelidad de los reyes y sacerdotes, tanto en el norte como en el sur, condujo a la declinación y desaparición de ambos reinos. En el año 721 a.C. el reino del Norte fue derrotado por los asirios, y la mayoría de los israelitas fueron deportados o asimilados a la población asiria, lo que dio lugar a lo que se denomina las doce tribus perdidas de Israel. En el año 586 a.C. el reino del sur fue derrotado y el Templo de Salomón fue destruido por los babilonios, y muchos de los habitantes de Judá fueron exiliados a Babilonia. El reino de Judá se transformó en el remanente, los sobrevivientes conocidos como “judíos” (ver, por ejemplo, Est. 2.5). Después del exilio el término judío llegó a ser la manera de designar a los que pertenecían o se identificaban con Israel.
A causa del sitio y de la inminente derrota de Jerusalén a manos de los babilonios, muchos judíos abandonaron Judá y se reubicaron en el norte de Africa, Asia Menor y Europa, y así llegaron a ser lo que se conoce como la Diáspora, palabra griega que significa “dispersión”. Se estima que el 80% de los judíos en el primer siglo de esta era vivía fuera de Israel, lo cual explica por qué generalmente había sinagogas donde Pablo podía predicar durante sus viajes misioneros.
El exilio, el retorno y la restauración (2 Reyes, 2 Crónicas, Esdras, Nehemías y Ester)
El capítulo siguiente en la historia de Israel es el exilio o la cautividad en Babilonia. El exilio fue una severa prueba para la fe de Israel: había sido destruido el templo de Salomón, que era señal o símbolo de la presencia de Dios en medio de su pueblo; y la dinastía de David, que debía haber existido para siempre, aparentemente había llegado a su fin. ¿Qué había ocurrido? Lo que sucedió había sido anunciado antes por los profetas: Dios iba a juzgar y castigar a Israel si era infiel y desobediente, si tenía “otros dioses”, si no vivía como pueblo de “justicia y rectitud”.
En el año 539 a.C. los persas derrotaron a los babilonios. El rey persa, Ciro, promulgó un edicto que permitía a los judíos regresar a su patria: el nuevo o segundo Éxodo de Israel. (Cuando los Estados Unidos reconoció a Israel como estado independiente en 1948, otorgando a los judíos su propia patria, el entonces Presidente Harry Truman dijo: “Soy Ciro”.) Los exiliados que regresaron a la Tierra Prometida (muchos otros optaron por permanecer en Babilonia) encontraron a Judá en ruinas. Fueron necesarios hombres de la talla de Nehemías, quien reconstruyó las murallas de Jerusalén, y de Esdras, quien restituyó la vida religiosa judía en Judá, para fortalecer la fe de aquellos que regresaron y se instalaron en la Tierra Prometida.
LA VOZ Y EL MENSAJE DE LOS PROFETAS
Durante el período de la monarquía y de los reinos divididos, Israel se volvió cada vez más infiel y desobediente. Dios llamó a los profetas para que exhortaran a los israelitas a retornar al pacto que había hecho con ellos en el Monte Sinaí, y para que les advirtieran sobre las trágicas consecuencias si se rehusaban a hacerlo.
Los profetas
La palabra bíblica profeta viene de la palabra griega que significa “alguien que habla de parte de otra persona”; los profetas son aquellos a quienes Dios envió para anunciar su Palabra al pueblo de Israel (“Así dice el Señor”). No formaban parte del estamento sacerdotal y tenían un elevado concepto de la elección por y el pacto con Dios de Israel. Los profetas entraron a la escena durante el período de los reyes, como una manera de controlar y equilibrar el papel de estos; fueron diluyéndose en el período pos-exílico cuando ya no hubo reyes en Israel. Según la tradición judía, con la muerte de Malaquías (alrededor del 440 a.C.) el espíritu de Dios se apartó de Israel.
Los profetas hablaron al pueblo de Israel y de Judá en el contexto de su época y de su vida cotidiana, llamándolos a cambiar su manera de vivir y a regresar a su pacto con Dios. A menudo pensamos en los profetas de Israel como personas que hablan respecto al futuro, pero éste era sólo un aspecto menor de su tarea, tal vez no más del 10% de su mensaje.
Los libros de los profetas
En el Antiguo Testamento, hubo profetas como Natán, Elías y Eliseo, cuya biografía y mensaje fue entretejida en la narración bíblica. Aquellos profetas se conocen a veces como los profetas “orales” o “narrativos”. Las palabras y sermones de otros profetas fueron escritos y coleccionados, posiblemente por sus discípulos, a fin de que se recordaran y se retransmitieran. Esos profetas se conocen a veces como profetas “escribas” o “canónicos”.
En el Antiguo Testamento cristiano, los libros de los profetas se dividen en cuatro profetas mayores y doce profetas menores: “mayores” son los más extensos y “menores” los más breves. En las Escrituras hebreas hay tres profetas mayores (Daniel está incluido en la literatura sapiencial, no entre los profetas), cada uno de los cuales constituía un rollo completo, como el rollo de Isaías que se menciona en Lucas 4.17–20. Los doce profetas menores constituían un solo rollo, conocido como el Libro de los Doce. En las Biblias cristianas, los profetas mayores están ubicados primero, y a continuación se encuentran los menores. Entre los profetas menores, Oseas es el primero porque es el libro más extenso de los escritos proféticos preexílicos, si bien Amós fue el primero que se escribió.
La cronología de los profetas de Israel
A continuación presentamos la lista de los profetas de Israel y las fechas de sus ministerios, según la información contenida en diversos diccionarios y comentarios bíblicos y en el libro de John Drane, Introducing the Old Testament (Introducción al Antiguo Testamento).
Profetas narrativos
Elías (ca. 870–845)
Eliseo (ca. 850–800)
Profetas pre–exílicos (760–586 a.C.)
Amós (ca. 770–750)
Oseas (ca. 750–722)
Isaías (ca. 740–690)
Miqueas (ca. 740–865)
Sofonías (ca. 635–620)
Jeremías (ca. 626–586)
Habacuc (ca. 615–590)
Nahum (ca. 612)
Abdías (ca. 605–590)
Profetas del exilio (586-538 a.C.)
Ezequiel (ca. 593–571)
Daniel (ca. 500s)
Profetas pos-exílicos (538–440 a.C.)
Hageo (ca. 520)
Zacarías (ca. 520–518)
Malaquías (ca. 440)
Jonás (muy probablemente pos–exílico)
Joel (muy probablemente
pos–exílico)
Profetas y profecías importantes
He aquí algunos de los profetas más importantes y sus profecías:
• Elías. Elías fue el primero y el más importante de los profetas orales. Profetizó en el norte, enfrentó al rey Acab y a la reina Jezabel y derrotó a los profetas de Baal en el Monte Carmelo. Según el profeta Malaquías, Elías, que fue llevado al cielo en un torbellino (2 R. 2.11), regresará para anunciar al Mesías (Mal. 3.1 y 4.5). En el Nuevo Testamento se describe a Juan el Bautista en un lenguaje que tiene reminiscencias de Elías (compare 2 R. 1.8 y Mt. 3.4), y se lo identifica como uno “semejante a Elías” que anuncia la llegada del Mesías (ver Mt. 17.12 y 13 y Lc. 7.24–27).
• Amós. Amós es el primer profeta cuyas palabras fueron registradas en un libro que llevó su nombre. Se considera a Amós como el más grande de los profetas menores, en lo que se refiere a su estilo, su mensaje y su personalidad. Amós profetizó en el reino del Norte a partir de la década del 770 a.C. Se pronunció contra la superficialidad de Israel, contra la adoración vacía y contra el trato injusto a los pobres; declaró que a Jehová no le interesaban las falsas ofrendas de Israel; él quiere “que fluya el derecho como las aguas, y la justicia como arroyo inagotable” (5.24).
Para Amós, pecar contra otra persona era pecar en contra de Dios, un refrán al que hace eco el apóstol Juan en su primera carta: “Si alguien afirma: “Yo amo a Dios”, pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto” (1 Jn. 4.20).
• Oseas. Oseas fue un israelita que ejercitó su ministerio unos diez años después que Amós. En contraste con el mensaje de condenación y destrucción que anunciaba Amós, Oseas fue un profeta que ofrecía esperanza, si tan sólo Israel se mostraba fiel. El libro comienza con la orden que Dios le da a Oseas de “Ve y toma por esposa una prostituta, y ten con ella hijos de prostitución, porque el país se ha prostituido por completo. ¡Se ha apartado del Señor!” (1.2). Oseas se casa con Gomer, que le da dos hijos y una hija y, después, vuelve a la prostitución. Aunque no hay acuerdo entre los estudiosos respecto a si este relato debe entenderse en sentido autobiográfico o alegórico, una perspectiva convincente es que Dios le ordenó a Oseas que se casara con Gomer para que pudiera conocer y hablar sobre el dolor de la infidelidad en términos personales, el dolor que Dios sufría por la infidelidad de Israel, por sus sacerdotes corruptos, su idolatría, su ingratitud.
El tema o leitmotiv del matrimonio tiene un contenido simbólico poderoso: compara el pacto de Dios con Israel en el Monte Sinaí con el pacto de amor y fidelidad en el matrimonio. Un tema similar se encuentra en la descripción que Pablo hace de Cristo como novio de la iglesia, que es su esposa (Ef. 5.23). Otro tema en Oseas es el de la resurrección, que algunos estudiosos interpretan en el versículo 6.2: “Después de dos días nos dará la vida; al tercer día nos levantará, y así viviremos en su presencia”.
• Isaías. Isaías era natural de Judea y vivió en los años 700 a.C. Es el profeta que con más frecuencia se cita en el Nuevo Testamento. Muchos investigadores creen que el libro de Isaías tiene dos autores: los capítulos 1–39 escritos por “Isaías, hijo de Amós” a fines del siglo VII a.C., durante los reinados de cuatro reyes de Judea; y los capítulos 40–66, escritos por un profeta desconocido (denominado como segundo o deutero Isaías), en los años 540, hacia fines del exilio de Israel en Babilonia. La autoría múltiple del libro de Isaías es un tema importante entre los estudiosos, pero no entre los laicos. Para citar al evangelista norteamericano del siglo XIX, Dwight L. Moody: “¿Qué valor tiene hablar de los dos Isaías cuando la mayoría de la gente no ha oído hablar siquiera de uno?”
El libro de Isaías contiene profecías que el Nuevo Testamento interpreta como mesiánicas: el enviado de Dios que nacería de una virgen y al que llamarían “Emanuel” (Is. 7.14; Mt. 1.23); el Espíritu Santo vendrá sobre él para anunciar “buenas nuevas” (Is. 61.1 y 2; Lc. 4.16–21); él establecería el trono de David y reinaría para siempre (Is. 9.6 y 7; Lc. 1.32 y 33). Con todo, las profecías más importantes son las que se refieren al “Siervo sufriente” que vendría a “interceder por los transgresores” y a llevar “el pecado de muchos” (Is. 53.12). Jesús entendió que estos versículos se referían a su persona. Él declaró que había venido para dar su vida como “rescate por muchos” (Mr.10.45); dijo a sus discípulos que las profecías en Isaías 53 debían cumplirse en él (Lc. 22.37); dijo a los dos que iban por el camino a Emaús que él era el que había venido para “sufrir esas cosas” (Lc. 24.26).
• Jeremías. Jeremías vivió unos cien años después de Isaías, en los últimos años del reinado del Sur. Su ministerio se prolongó durante cuarenta años. Sabemos más acerca de Jeremías que de cualquier otro de los profetas, por el material autobiográfico que contiene su libro. Jeremías fue rechazado por su pueblo porque profetizó el inminente juicio de Dios, y esto le acarreó mucho sufrimiento personal. Algunos lo llaman el “padre” de los santos. Según William Neil, “la principal contribución de Jeremías reside en el testimonio de su propia vida. Es la encarnación del mensaje profético, y esto es lo que hace de él la figura más humana y más comprensiva en el Antiguo Testamento … [Su] vida tiene más semejanza con la de Jesucristo que la de cualquier otro personaje del AT” (Harper’s Bible Commentary [Comentario Bíblico editado por Harper]).
Sin embargo, lo que más se recuerda de Jeremías es su profecía sobre un nuevo pacto: “Vienen días —afirma el Señor— en que haré un nuevo pacto” (Jer. 31.31). El Nuevo Testamento interpreta que este nuevo pacto fue instituido por Jesús durante la Ultima Cena: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes” (Lc. 22.20).
• Jonás. La historia de Jonás y la ballena —en realidad, un pez grande— es una de las historias del Antiguo Testamento que más se conoce. El libro de Jonás contiene el relato acerca de un profeta (aunque probablemente no es el profeta que se menciona en 2 R. 14.25), no solamente las palabras de un profeta. Algunos consideran que este libro enseña acerca del amor universal de Dios, porque demuestra que no podemos huir de Dios cuando él nos llama para anunciar su amor a otros: aun si esos “otros” son nuestros más odiados enemigos, nuestros “asirios”.
Las profecías mesiánicas
Según algunos recuentos, hay más de cuatrocientos profecías mesiánicas en el Antiguo Testamento. Debemos ser cautelosos cuando consideramos dichas profecías porque algunas permiten más de una interpretación; es decir, no debemos forzarlos a decir más de lo que dicen. Lo que podemos decir, con mucha confianza, es que las profecías del Antiguo Testamento claramente señalan algo por venir, algo que está más adelante, algo que todavía está por ocurrir, y que el Nuevo Testamento interpreta que esto ocurrió en Jesús de Nazaret: su nacimiento virginal, su ascendencia davídica, sus obras maravillosas, sus declaraciones y promesas, su muerte dolorosa para los pecados del mundo, su resurrección que confirmó su “persona” (quién era) y su “obra” (lo que había venido a hacer).
LOS ESCRITOS: LA LITERATURA SAPIENCIAL Y DEVOCIONAL DE ISRAEL
Los Escritos contienen los últimos libros de la Biblia judía. Dos de ellos en realidad son colecciones, que no tienen un autor único (Salmos y Proverbios); los otros tres no son centrales a la historia de la salvación de Israel (Job, Eclesiastés y Cantar de los Cantares). En cuanto al orden de los libros, Job está primero porque está ubicado en un contexto histórico anterior a los demás. Le siguen Salmos y Proverbios, ubicados en ese orden porque David, el patrono de este género literario, vivió antes que Salomón, el patrono de la literatura sapiencial. El libro de Eclesiastés contiene las reflexiones de un anciano (“el maestro”) sobre el significado de la vida; declara que este no se encuentra ni en el trabajo, el conocimiento, el éxito o en el placer, sino en Dios (12.13 y 14); las cosas de esta vida son transitorias, como “correr tras el viento” (1.14). El Cántico de Salomón o Cantar de los Cantares, que significa “el más grandioso de todos los cánticos”, es un poema de amor.
El libro de Salmos
Los Salmos han sido considerados como la “soul music” (música del alma) de Israel (en el antiguo Israel, la intención era que los salmos fueran cantados). En contraste con otros escritos del Antiguo Testamento, los Salmos son palabras que Israel le decía a Dios, en lugar de las palabras de Dios a Israel. Un rasgo literario peculiar de los Salmos, que también se presenta en Proverbios, es que la rima ocurre más bien entre ideas y no entre palabras. El libro de Salmos o Salterio, como también se lo conoce, es el libro más extenso de la Biblia y el más citado en el Nuevo Testamento; se usa en las iglesias para las lecturas comunitarias y se usa ampliamente como lectura devocional personal.
Es difícil fechar los Salmos porque muchos de ellos no tratan con sucesos de la historia de Israel a los cuales se los pudiese vincular. Las fechas probablemente corren desde el período del reino unificado (la monarquía) hasta y a lo largo del exilio. A menudo se da crédito a David por la mitad de los Salmos, pero un Salmo de David también podría significar para (“dedicado a”) David. Algunos creen que las cinco partes del Salterio (1–41, 42–72, 73–89, 90–106 y 107–150) fueron así agrupadas para hacer un paralelo con el Pentateuco: los cinco libros de Moisés y los cinco libros de David. En sentido general se puede decir que los Salmos son lamentaciones, súplicas y peticiones de ayuda a Dios; himnos de alabanza a Dios por haber elegido a Israel y por haber liberado a Israel de sus enemigos; e himnos que exaltan la grandeza y la santidad de Dios.
El libro de Proverbios
El libro de Proverbios es uno de los tres libros de sabiduría en el Antiguo Testamento; los otros dos son Job y Eclesiastés. El libro es un manual para llevar una vida exitosa. Los dichos, que suman alrededor de 500, se atribuyen a Salomón por su legendaria sabiduría, pero muchos estudiosos consideran que son anónimos. Los dichos contienen el consejo de los hombres mayores a los jóvenes (“hijo mío” es una expresión inclusiva: “criatura”, “mi pequeño”) sobre temas como la sabiduría, el trabajo, la sinceridad, el auto-dominio y otros asuntos. El libro tiene treinta y un capítulos, lo que lo hace muy apropiado para la lectura: un capítulo para cada día del mes, siguiendo la numeración en el libro.
El libro de Job
Job es un libro que no pierde vigencia en el tiempo, y uno de los grandes clásicos de la literatura. Es la historia acerca de (no escrita por) un caudillo rico que pudo haber vivido durante el período patriarcal. (Se menciona una persona de nombre Job en Ez. 14.14 y 20, pero no hay consenso de que se refiera a la misma persona.) Job se describe como una persona sabia y justa que reverenciaba a Dios, pero que perdió absolutamente todo: sus rebaños, sus hijos, aun su salud (tenía llagas dolorosas y pestilentes).
El libro de Job es un tratado teológico sobre el problema del sufrimiento. Si Dios es todo-poderoso y todo amor, ¿por qué sufren los justos? ¿Y por qué algunas personas sufren más que otras? El libro de Job no nos da la respuesta: Dios no satisface el reclamo de Job, que pide una explicación de su padecimiento. Sin embargo, en medio de su dolor Job expresa: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir. El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!” (1.21).
EL JUDAÍSMO CONTEMPORÁNEO
El judaísmo es la religión de los judíos. El investigador judío Jacob Neusner define el judaíasmo como “la voluntad de Dios expresada a Israel en la Torá”. Hay tres ramas claramente diferenciadas en el judaísmo.
• El judaísmo ortodoxo adhiere a la observancia estricta de la Torá, y afirma que Dios se la dictó a Moisés en el Monte Sinaí. Los ortodoxos prohiben toda forma de trabajo durante el día de reposo (sábado), actividades de comercio, cocina, viajes o tareas de escribir. Cumplen las normas del Antiguo Testamento respecto a la alimentación (comida kosher) y separan los productos de la leche y la carne. Los servicios religiosos ortodoxos son dirigidos por rabinos de sexo masculino en hebreo, los hombres y las mujeres se sientan en bancos separados, y se requiere a los hombres llevar la cabeza cubierta. Los judíos ortodoxos esperan el día en que se restablecerá el templo en Jerusalén (actualmente hay allí una mezquita musulmana y una gruta), cuando se reiniciarán los antiguos sacrificios rituales y llegará el Mesías, una persona concreta.
• El judaísmo reformado comenzó en Alemania a comienzos del siglo XIX como un esfuerzo de “reformar” el judaísmo e incorporarlo en la sociedad. Los judíos reformados no consideran la Torá como ley sino como enseñanza abierta a la interpretación. Los servicios de adoración se conducen en el lenguaje corriente de la gente, se aceptan mujeres para ejercer como rabinos, los hombres y las mujeres pueden sentarse en los mismos bancos, y algunos servicios incorporan música instrumental y coros mixtos (que están prohibidos en el judaísmo ortodoxo). Las reglas concernientes al día de reposo son más flexibles y, en general, las normas alimentarias no se toman en cuenta. Los judíos reformados creen en la futura venida de una era mesiánica, no en un Mesías personal.
• El judaísmo conservador comenzó en Europa hacia fines del siglo XIX pero es principalmente un fenómeno de los Estados Unidos de Norteamérica, una posición correctiva o intermedia entre el judaísmo ortodoxo y el liberalismo del judaísmo reformado. Por un lado busca “conservar” las tradiciones del judaísmo, y por otro lado procura adaptarse a los cambios en la sociedad. En los últimos años, el judaísmo se ha movido más hacia la izquierda (hacia el judaísmo reformado) que hacia la derecha (hacia el judaísmo ortodoxo), lo cual lleva a algunos a especular que con el tiempo el judaísmo estará concentrado en dos ramas: la ortodoxa y la reformada.
Según el nuevo World Christian Encyclopedia (Edición Segunda, 2001), fuente de la mayoría de los datos sobre religiones y denominaciones presentados en este libro, se calcula que hay 15 millones de judíos en el mundo. El 45% de ellos vive en los Estados Unidos de Norteamérica y el 30% en Israel. Los primeros judíos llegaron al continente norteamericano en 1654, pero el flujo importante ocurrió después de los pogromos (masacres planificadas) en Rusia, en la década de 1880. Según el Anuario Judío Americano de 1992, el 38% de los judíos en Estados Unidos son de la línea reformada, 35% conservadores, 6% ortodoxos y 21% no está afiliado.
Relación entre el judaísmo y el cristianismo
El judaísmo y el cristianismo tienen muchas creencias en común: la creencia en un Dios único, soberano y supremo, la autoridad y centralidad de las Escrituras y la vida después de la muerte. Algunas de las principales diferencias son las siguientes: En primer lugar, el judaísmo cree que Dios se reveló a sí mismo en la Torá, no en una persona. Segundo, el judaísmo considera a Dios como puro espíritu, lo cual impide que se encarne en un ser “humano”. En tercer lugar, el judaísmo no incluye la doctrina del pecado original; hombres y mujeres tienen “inclinaciones” a hacer el bien y el mal, pero no son seres de naturaleza caída o pecaminosa. En cuarto lugar, el judaísmo cree que la salvación se obtiene por vivir rectamente y guardar fidelidad al pacto mosaico.
Capítulo 3
JESÚS DE NAZARET
Creció en una oscura aldea, hijo de una mujer campesina. Trabajó en una carpintería hasta los treinta años, y luego fue durante tres años un predicador itinerante. Nunca poseyó una casa. Nunca tuvo una familia. Nunca asistió universidad. Nunca viajó a más de trescientos kilómetros de donde había nacido. No hizo ninguna de las cosas que normalmente relacionamos con la grandeza. No tenía más credenciales que su persona.
Mientras todavía era joven, la opinión pública se volcó en su contra. Sus amigos se esfumaron. Fue entregado a sus enemigos. Tuvo que someterse a un juicio fraudulento. Fue clavado en una cruz entre dos ladrones. Mientras moría, sus verdugos sortearon lo único que poseía en esta tierra: su túnica. Cuando murió, fue colocado en una tumba prestada por la piedad de un amigo.
Diecinueve [ahora veinte] siglos han pasado, y todos los ejércitos que han marchado, las naves que han surcado los mareas, todos los parlamentos que han pasado, y todos los reyes que han reinado, puestos todos juntos, no han afectado la vida de los hombres y mujeres en esta tierra tanto como esta sola vida.
— Fuente Desconocido
EL MUNDO, LA VIDA Y EL MINISTERIO DE JESÚS
La gente ha logrado desprenderse de muchas cosas a lo largo de los siglos, pero no de Jesús. Sigue siendo una figura potente. Con frecuencia malinterpretado, a veces burlado, pero siempre presente. Nuestro calendario comience con él; no deja de salir en el arte y la música, y utilizamos sus enseñanzas como punto de referencia al hablar de la fe y la ética. En este capítulo consideraremos el mundo greco–judeo–romano del primer siglo en el cual Jesús nació, creció y desarrolló su ministerio. Luego veremos la vida de Jesús —su nacimiento en “la plenitud de los tiempos”, su bautismo por Juan, su ministerio público, su enseñanza central (el reino de Dios) y su traición, arresto, juicios, crucifixión, sepultura, resurrección y ascensión. Esto nos va a brindar una importante información sobre el trasfondo para nuestro estudio de los Evangelios, los testimonios escritos de la persona y obra de Jesús.
PERÍODO INTERTESTAMENTARIO
El período entre el regreso de los exiliados desde Babilonia (538 a.C.) y el nacimiento de Jesús es un período de la historia religiosa del que conocemos muy poco. Se había construido un modesto templo, impulsado por los profetas Hageo y Zacarías (520–515), conocido como el Segundo Templo. Los muros alrededor de Jerusalén habían sido restaurados por Nehemías (ca. 445). La vida religiosa judía había sido restablecida por Esdras. Las Escrituras hebreas habían sido compiladas, aunque el canon final no fue confirmado hasta el final del primer siglo d.C. Los judíos recuperaron el control de sus tierras que estaban en manos de los sirios (seléucidas), sólo para que se las arrebataran los romanos en ese mismo siglo.
Alejandro y los griegos
En el año 336 a.C., Alejandro el Grande, uno de los generales y conquistadores más grandes de toda la historia, a la edad de veinte años sucedió a su padre, Felipe II, rey de Macedonia (norte de Grecia), quien había sido asesinado. Alejandro era un brillante estratega militar y un líder audaz y valiente. Luego de consolidar su trono, derrotó a los persas (que habían derrotado a los babilonios) y se movilizó hacia el este, conquistando Egipto, Palestina (en el 332 a.C.) y Babilonia. Quería llegar más lejos, a la India; pero sus generales, cansados de la guerra, se rebelaron y se opusieron, culminando así sus conquistas.
Alejandro fue discípulo de Aristóteles y amaba todo lo griego. Su sueño era unificar el Oriente con el Occidente. Indujo a sus soldados a que se casaran con mujeres de los pueblos que había conquistado. Introdujo el lenguaje, la cultura y la religión griegas y construyó una cantidad de ciudades griegas, como Alejandría en Egipto.
Un ejemplo y consecuencia del programa de helenización de Alejandro (Hella era el antiguo nombre de Grecia) fue la comunidad judía en Alejandría. Se volvió tan helenizada que las Escrituras hebreas tuvieron que ser traducidas del hebreo al griego para poder ser leídas, lo cual dio como resultado la versión llamada Septuaginta (ver capítulo 1).
En el año 323 a.C., a la temprana edad de treinta y tres años, Alejandro murió en Babilonia a causa de fiebre tifoidea o malaria. Dado que no tenía ningún heredero legal, su imperio fue dividido entre sus generales, entre los cuales hay particularmente dos notables. En el este, Ptolomeo se erigió como gobernante de Egipto y Palestina con su capital en Alejandría (Cleopatra, la esposa del político y militar romano, Marco Antonio, quienes cometieron suicidio juntos en el 30 a.C., fue la última de los ptolomeos). Seleuco fue gobernante de Siria y Babilonia, con su capital en Antioquía. Hubo muchas batallas entre los seléucidas y los ptolomeos dado que los seléucidas querían tener acceso al mar Mediterráneo. Los seléucidas finalmente triunfaron y llegaron a controlar Palestina en 198 a.C.
La sublevación macabea
Antíoco IV, quien tomó el título de Epífanes —que significa “Dios se manifiesta”— se convirtió en rey del imperio seléucida o sirio en 175 a.C., e intentó erradicar al judaísmo. Prohibió los sacrificios en el templo, el rito del sábado, la enseñanza de las Escrituras y la circuncisión a los varones recién nacidos —todo “bajo pena de muerte”. Además profanó el templo ofreciendo cerdo como sacrificio a Zeus, el principal dios griego.
Esto provocó un levantamiento judío bajo el liderazgo del sacerdote Matatías y sus cinco hijos, el más famoso de quien fue Judas, cuyo apodo era Macabeo, una palabra que significa “martillo”. Los macabeos (fuerzas guerrilleras judías) derrotaron a los sirios en diciembre de 164 a.C. y purificaron el templo, un acontecimiento que los judíos celebran como la Fiesta de las Luces o Hanukkah (“dedicación”), un festival de ocho días que acontece alrededor de la misma época del año que Navidad. Después de la sublevación macabea (recordada en 1 y 2 Macabeos en los Apócrifos), y una vez que los sirios entraron en decadencia, víctimas de la expansión de Roma hacia el Este, los judíos recuperaron el control de sus tierras por cierto tiempo (160–163 a.C.).
El imperio romano
Los romanos querían controlar el perímetro del Mar Mediterráneo para tener una ruta segura durante los meses de invierno desde Egipto —la “canasta de pan” del imperio romano— hasta Roma. En el año 63 a.C. el ejército romano, bajo la conducción de Pompeyo, marchó hacia Jerusalén. Nuevamente Israel quedó sujeto a un gobierno normas extranjero, ahora al supremo imperio romano.
Jesús nació durante el reinado de Octavio, más conocido como Augusto, “el augusto” (quien murió en el mes que ahora llamamos agosto), el sobrino nieto y heredero adoptado de Julio César, asesinado en el 44 a.C. Augusto fue el primer emperador romano y la mayoría de los historiadores lo consideran el emperador más grande de Roma por su administración del imperio. Gobernó entre 27 a.C. y 14 d.C. Augusto dictó el decreto de que “todo el mundo debía ser empadronado” para el control de los impuestos (Lc. 2.1), razón por la cual José y María debieron ir a Belén, donde nació Jesús. Augusto fue sucedido por Tiberio, su hijastro adoptado, durante cuyo reinado (14–37 d.C.) Jesús comenzó su ministerio público (“en el año quince del reinado de Tiberio César…” Lc. 3.1) y fue crucificado.
Otros emperadores notables a mediados del primer siglo fueron Claudio (41–54), quien expulsó a los judíos y a los cristianos de Roma en el 49 (estos volvieron luego de su muerte en el 54); Nerón (54–68), quien persiguió ferozmente a los cristianos y, según la tradición, fue el responsable de las muertes de Pedro y Pablo; Vespasiano (69–79), quien sofocó la revuelta judía del 66–70 y construyó el famoso coliseo en Roma; Tito (79–81), el hijo de Vespasiano, quien destruyó Jerusalén al final de la Primera Guerra Judía; Domiciano (81–96), quien según algunos investigadores pudo ser el emperador del cual se habla en los capítulos 4–22 del Apocalipsis; y Trajano (98–117), el primer emperador no nacido en Italia (era español).
Israel / Palestina
Israel era parte de una provincia romana de Siria (el Imperio Romano tenía catorce provincias) y estaba gobernada por reyes locales como Herodes, y por gobernadores como Poncio Pilato, quien gobernó Judea y Samaria desde el 26 al 36, y Antonio Félix y Porcio Festo, a quienes se menciona en el libro de Hechos.
La influencia judía empalideció después de la Primera Guerra Judía, un levantamiento que fue brutalmente aplastada por Roma: el templo fue quemado y miles de judíos fueron asesinados; otros miles fueron vendidos como esclavos, y la ciudad fue arrasada. Sólo quedó en pie la pared occidental o “muro de los lamentos” de la plataforma del templo, ahora el lugar más sagrado para los israelitas. Los romanos también derrotaron reductos de judíos en todos los rincones de Israel, incluyendo los esenios en Qumrán, cerca del Mar Muerto. Unos sesenta años después hubo otro levantamiento, la Segunda Guerra Judía (132–135), que también fue aplastada, después de la cual Roma cambió el nombre de la tierra a Palestina —“tierra de los filisteos”— para erradicar el nombre de Israel del imperio. Los judíos no volvieron a recuperar el control del territorio hasta que las Naciones Unidas establecieron el actual estado de Israel, en 1948.
LA CASA DE HERODES
El fundador de la casa de Herodes fue Antípater, un judío mestizo natural de Idumea, la tierra de Edom en el Antiguo Testamento, al sur de Judea. (Edom fue el nombre que se le dio a Esaú en Génesis 25.30; sus descendientes se convirtieron en edomitas). Durante la campaña de Julio César a Egipto contra Pompeyo, para obtener el exclusivo control de Roma sobre la región (48–47 a.C.), Antípater se unió a César, quien lo recompensó con el gobierno de Judea (en 47 a.C.) y con la ciudadanía romana. César, además, garantizó a los judíos dos privilegios especiales: la exención del servicio militar y la libertad para adorar a su propio Dios.
Herodes el Grande
Antípater fue asesinado en el 42 a.C. En ese momento, su hijo Herodes era superintendente militar de Galilea. En el año 40 a.C., Marco Antonio, el gobernador de la mitad oriental del imperio romano, le dio a Herodes el título de “Rey de los Judíos” (en realidad era un rey vasallo). A Herodes los romanos lo llamaban “el grande” (no así los judíos) por sus grandes logros arquitectónicos: el templo en Jerusalén que fue desmantelado y vuelto a construir en el 20 a.C. para ganarse el favor de los judíos (el templo de Herodes fue aún más grande que el de Salomón); su palacio en Jerusalén, donde Jesús fue “juzgado” por Poncio Pilato; la Fortaleza de Antonia en Jerusalén (nombrada en homenaje a Marco Antonio), donde Jesús sufrió la burla y los azotes de los soldados romanos; Cesarea, una ciudad del noroeste de Palestina en el Mar Mediterráneo (nombrada en honor a César Augusto), que fue la ciudad capital de Herodes y luego la residencia oficial de Pilato, donde Pablo fue tomado prisionero a fines de la década del 50; Herodium, la residencia de Herodes al sur de Belén, donde algunos creen que fue sepultado; Maqueronte, en Perea, al Este del Mar Muerto, donde Juan el Bautista fue encarcelado y decapitado; y una cadena de fortalezas tales como Masada en el lado Oeste del Mar Muerto, que fue destruida por los romanos al final de la Primera Guerra Judía.
Herodes gobernó Palestina desde el 37 al 4 a.C. Sufría paranoia acerca de que otros pretendían su trono y ordenó la ejecución de dos de sus diez esposas y tres de sus siete hijos, a quienes consideraba rivales potenciales. Además ordenó “la matanza de todos los niños de Belén y sus alrededores, de dos años de edad para abajo” luego de saber que Jesús, el Mesías esperado por Israel —y por lo tanto su posible rival— había nacido allí (Mt. 2.16). Al margen del concepto que tengamos de su persona, Herodes debe haber sido un administrador eficiente y efectivo, ya que Roma le permitió gobernar la siempre turbulenta tierra de los judíos durante treinta y tres años.
Los sucesores de Herodes
Luego de la muerte de Herodes, su reinado fue dividido entre tres de sus hijos.
• Arquelao gobernó Judea y Samaria desde 4 a.C. hasta el 6 d.C. Fue un gobernador perverso y opresivo, como su padre, y los judíos enviaron una delegación a Roma para quejarse de él. El emperador Augusto destituyó a Arquelao y lo desterró a Galia (en tiempos modernos Bélgica y Francia), después de lo cual Judea y Samaria fueron regida por gobernantes designados por el emperador (Poncio Pilato fue el quinto gobernador después de Arquelao). En la narración de Mateo del nacimiento de Jesús, se le advierte a José acerca de Arquelao y por eso lleva a su familia a Nazaret, que estaba fuera del control de este monarca (Mt. 2.19–23).
• Herodes Antipas (o simplemente Antipas para evitar confusión con su padre) gobernó las regiones de Galilea y Perea desde el 4 a.C. hasta que fue destituido por el emperador Calígula en el 39 d.C. Antipas fue el más hábil de los hijos de Herodes. Encarceló y degolló a Juan el Bautista (Mr. 6.14–29) en su palacio—fortaleza en Maqueronte (según el historiador judío, Josefo) y tuvo un breve encuentro con Jesús durante el Viernes Santo (Lc. 23.6–12).
• Felipe el Tetrarca (“gobernador de una cuarta parte”) gobernó los territorios del nordeste desde el 4 a.C. hasta su muerte en el 34 d.C. Su gobierno fue moderado y justo. Felipe fue el responsable de reconstruir la antigua ciudad de Panion, a la que dio el nuevo nombre de Cesarea de Filipo, combinando su nombre con el de César. Cesarea de Filipo fue el sitio donde Pedro hizo su gran confesión a Jesús: “Tú eres el Mesías” (Mr. 8.27–30).
• Herodes Agripa I, llamado Rey Herodes en el libro de Hechos (12.1), era nieto de Herodes el Grande. Primero gobernó los territorios que habían estado bajo el reinado de Antipas y de Felipe, y desde el 41 al 44 sobre todo Israel. Fue responsable de la ejecución del apóstol Santiago, el hermano de Juan (Hch. 12.2), y del arresto y encarcelamiento de Pedro (Hch. 12.3–19). En el año 44 fue derribado por “un ángel del Señor” (Hch. 12.23). El rey Herodes fue sucedido por su hijo, Herodes Agripa II, llamado rey Agripa o simplemente Agripa en el libro de Hechos. Agripa II, quien murió en el año 93, fue el último gobernador herodiano. Escuchó la defensa de Pablo en Cesarea a fines de los años cincuenta (Hch. 25.13–26.32) y se alió con Roma en contra de su propio pueblo, en la Primera Guerra Judía.
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