Kitabı oku: «ADN pyme»

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Sobre este libro

Me gusta la óptica de Jonatan Loidi, porque parte del principio que no solo se trata de saber vender sino nunca subestimar los costos y la estructura. El desafío no es solo crear o crecer, sino trascender en el tiempo.

Claudio Zuchovicki - Gerente de Difusión y Desarrollo de Mercados de Capitales.

Con una prosa honesta, sencilla y dinámica, sin “humo” ni circo, Jonatan Loidi, tal vez el divulgador más lúcido y práctico en esta temática, llega con ADN PyME a poner en valor esta agenda indispensable para la economía, los negocios y la política pública en el siglo XXI.

Sebastián Campanario - Economista y periodista, columnista de La Nación.

Todos aquellos apasionados, que tenemos sangre PyME, y que estamos convencidos que las PyMEs son el motor de la economía Argentina debemos leer este libro. Imperdible !!!”

Diego Bouchoux - Gerente de negocios y PyMEs del banco Galicia.

Jonatan Loidi creó este libro que será de lectura imprescindible para todo emprendedor o empresario que anhele pegar un salto de calidad y de tamaño en su organización y al mismo tiempo mejorar su calidad de vida.

Santiago Bilinkis - Emprendedor y tecnólogo.

En el camino de profesionalización y crecimiento de una PyME hay incomodidad, pero también herramientas que el autor presenta y que se pueden poner en práctica mientras se avanza con la lectura. Esto no es un libro, es un manual de consulta diaria, para tener a mano y salir a la cancha todos los días.

Martina Rua - Periodista en La Nación y Radio Metro 95.1.

Leer el libro del “provocador intelectual” Jonatan Loidi, te hace repensar... Te hace ver cuántas inconsistencias tenemos los que manejamos PyMEs, y de repensarse nacen nuevos rumbos.

Mariano Fernández Madero - Director Ejecutivo de la Asociación Argentina de Marketing

Índice

Sobre este libro

Agradecimientos

Consideraciones previas

Introducción

¡Ser PyME, una bendición!

Toda gran empresa fue pequeña

Más respeto por la palabra empresario

El centro de gravedad de las PyMEs

Emprendedores versus empresarios

Etapas de crecimiento de las PyMEes

Gerenciamiento PyME: ¿Dueño de mi capital o dueño de mis objetivos?

¿Por qué muchas empresas fracasan?

El antimanagement

¿Cómo competir con las grandes empresas siendo un PyME?

¿Qué es un modelo de negocios? ¿Tengo uno?

Innovación en las PyMES

Innovación, lo que aprendí en Disney

Financiamiento o capital

¿Cómo saber si estoy invirtiendo bien?

El costo de oportunidad

Patrimonio empresa, patrimonio empresario

Franquicias, una buena alternativa para las PyMEs

Las veinte problemáticas comunes a las PyMEs

1: El Gerendete

2 : Nadie hace las cosas como yo

3 : Mi empresa, mi hijo, mi gran amor

4 : Cuanto más crezco peor estoy

5 : No sé si gano o pierdo con mi negocio

6 : Mi contador no me ayuda

7 : No sé qué vendo realmente

8 : El marketing es solo para empresas grandes

9 : El campo del vecino siempre es más verde

10 : No encuentro profesionales para mi empresa

11 : Fijo muchos objetivos que nunca logro cumplir

12 : El día a día me consume

13 : Sé por qué pero no para qué tengo mi empresa

14 : Cómo convivir con mis socios

15 : Estoy harto de las reuniones inútiles

16 : Tengo un (des) organigrama

17 : Empresa familiar o Familia empresaria

18 : Barreras de salida, la cárcel del empresario

19 : Me vivo peleando dentro de la empresa

20 : Los consultores me dicen cosas que ya sabía

Modelo SET 360

Conclusiones

Sobre los autores


Loidi, Jonatan MarcosADN PyME : claves para darle vida y mejorar tu PyME / Jonatan Marcos Loidi; Julián González.1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires :Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-46939-2-11. Marketing Estratégico. 2. Comercialización. 3. Empresas. I. González, Julián II. TítuloCDD 658.802

Fecha de catalogación: Julio de 2019

© 2018 by Set Editorial

Conversión a eBook: Daniel Maldonado

ISBN 978-987-46939-2-1


Dedicado a la memoria de mi abuelo Flaco, uno de mis mayores maestros en la vida…


No solo me gusta el contenido de este libro, sino el momento en el que sale. Las PyMEs viven de desafío en desafío, y en cambios constantes de contexto. Pero la disrupción tecnológica acelera los tiempos y exige cada vez más flexibilización y horizontes más cortos. Me gusta la óptica de Jonatan Loidi, porque parte del principio que no solo se trata de saber vender sino nunca subestimar los costos y la estructura. El desafío no es solo crear o crecer, sino trascender en el tiempo.

Claudio Zuchovicki - Gerente de Difusión y Desarrollo de Mercados de Capitales.

Aunque a nivel agregado representan mucho más de la mitad de la economía y son su verdadero dinamizador, las PyMEs suelen ser injustamente sub-valoradas en la literatura de negocios. Este silencio se vuelve más atronador en la nueva economía, donde la innovación y el uso de tecnología ya no son monopolio de las grandes empresas y hay infinidad de historias increíbles de cambio y creatividad en jugadores pequeños. Con una prosa honesta, sencilla y dinámica, sin “humo” ni circo, Jonatan Loidi, tal vez el divulgador más lúcido y práctico en esta temática, llega con ADN PyME a poner en valor esta agenda indispensable para la economía, los negocios y la política pública en el siglo XXI.

Sebastián Campanario - Economista y periodista, columnista de La Nación.

Excelente crónica sobre que significa ser emprendedor y empresario;

Sobre las dificultades que amenazan a una empresa en nuestro país. Nos enseña a Como enfrentarlas, moderarlas y solucionarlas. Y por supuesto las recompensas de tanto esfuerzo.

Todos aquellos apasionados, que tenemos sangre PyME, y que estamos convencidos que las PyMEs son el motor de la economía Argentina debemos leer este libro. Imperdible !!!”

Diego Bouchoux - Gerente de negocios y PyMEs del banco Galicia.

ADN PyMES es un retrato muy certero de todos los momentos que alguna vez transitamos o transitaremos como emprendedores. Nos ayudará a reafirmar nuestra hoja de ruta, calibrar el gps de la empresa. Leerlo y repasarlo puede abrirnos a ideas productivas y reconfortantes.

Ing. Pablo Rodríguez - Socio fundador Cerveceria Antares.

Apoyado en sus años de experiencia acompañando los desafíos y el crecimiento de las empresas PyMEs, Jonatan Loidi creó este libro que será de lectura imprescindible para todo emprendedor o empresario que anhele pegar un salto de calidad y de tamaño en su organización y al mismo tiempo mejorar su calidad de vida.

Santiago Bilinkis - Emprendedor y tecnólogo.

En ADN PyME Jonatan Loidi comparte su conocimiento y experiencia de trabajo con cientas de PyMEs con gran sencillez y claridad. El relato se construye desde la trinchera y no desde un púlpito de sermones, con casos y ejemplos en el que el lector se sentirá reflejado, pero por sobre todo, entendido, acompañado y empoderado para poner manos a la obra. En el camino de profesionalización y crecimiento de una PyME hay incomodidad, pero también herramientas que el autor presenta y que se pueden poner en práctica mientras se avanza con la lectura. Esto no es un libro, es un manual de consulta diaria, para tener a mano y salir a la cancha todos los días.

Martina Rua - Periodista en La Nación y Radio Metro 95.1.

Leer el libro del “provocador intelectual” Jonatan Loidi, te hace repensar... Te hace ver cuántas inconsistencias tenemos los que manejamos PyMEs, y de repensarse nacen nuevos rumbos. Me gustó mucho la reflexión acerca de, ¿en manos de quién delegarías lo que más querés? Muy poco comunes las respuestas que encontrarás leyéndolo.

Mariano Fernández Madero - Director Ejecutivo de la Asociación Argentina de Marketing.

Agradecimientos

La lista de agradecimientos es tan grande que tengo miedo de dejar afuera a muchos.

Este libro llega en un momento justo, donde siento que tengo la experiencia y recorrido suficiente para poder hablar con autoridad del mundo PyME. Pero el camino no lo recorrí solo, por el contrario, siempre estuve acompañado de mi familia, amigos, clientes y cientos de maestros que con sabiduría me criticaron, alentaron o simplemente me acompañaron.

Este libro es también un fiel reflejo de la era de la asociatividad, ya que a lo largo de todos sus capítulos recurrí a colegas y referentes de distintas áreas para mejorar el contenido y escuchar de primera mano a los expertos. Entre ellos: Pablo Marek, Carlos Canudas, Jorge Hambra, Carlos Sosa, Diego Merena, Agustín Mundiña, Loreley albornoz, Omar Mastandrea y Federico Rocha.

A Julian “Gaita” Gonzalez, quien me acompaño codo a codo en este proyecto, desde su idea inicial hasta su finalización, con aportes y sobre todo contención y apoyo.

A mis socios de Set Consulting, con quienes hemos compartido consultorías y viajes debatiendo sobre cada uno de los temas aquí desarrollados.

A mi corrector de estilo Willy Robles, sin quien este libro sería un desorden y mezcla rara de conceptos sin sentido.

A mi esposa Majo y mis hijos Lucas y Tomás, quienes siempre apoyan y acompañan con su inmenso amor.

A mi Abuela Pocha por ser una constante fuente de inspiración y admiración.

A mi papá Tomy por ser mi fan número uno.

A mis colegas y profesores, que sin saberlo, fueron fuente de inspiración y consulta: Daniel Elhelou, Guillermo Spitznagel, Alicia Caballero, Sebastián Bago, Luis Churio, Luis del Prado, Hernán Schuster, Fernando Canepa, Santiago Bilinkis, Miguel Sturla, Matías Pons Lezica, Sebastián Campanario, Martina Rua, Claudio Zuchovicki, Diego Bouchoux, Mariano Fernández Madero, entre muchos otros.

A Martin Quirós, José María Quirós y Mónica Román por confiar en mí cuando recién empezaba, y enseñarme tanto del mundo PyME.

A mi madre, Cristina Robles, esa estrella que siempre me guía.

A Germán Pérez, mi primer socio.

A Sergio Ardanaz, mi segundo socio y de quien aprendí mucho.

A Emiliano Piscitelli por ser mi hermano.

A todos mis clientes y alumnos, de quienes siempre aprendí más de lo que les enseñé.

Consideraciones previas

Desde pequeño siempre soñé con tener un negocio, una empresa, y ser reconocido por ello. Siempre me atrajeron las historias sobre las empresas y las personas que habían alcanzado el éxito con sus emprendimientos, que habían aportado cosas importantes a la sociedad. Me la pasaba leyendo biografías de personajes históricos como Churchill, Napoleón, Colón, Henry Ford, o de otros más actuales como Bill Gates o Steve Jobs.

Uno de mis primeros emprendimientos fue vender revistas usadas con un amigo en la vereda de mi casa. A los 10 años, y con una inversión más importante, logré montar un vivero en miniatura. Lo gracioso era que compraba las plantas a tan solo cuatro cuadras de mi casa, y casi todas las ventas eran a mi madre, abuela y vecinas de la cuadra... a un precio que duplicaba al de mi competidor y proveedor.

Siempre guardo un hermoso recuerdo de aquellos tiempos, de aquellos primeros experimentos - emprendimientos comerciales que tenían tanto de juego. Lo que más valoro son las posibilidades que me dieron la vida y mis padres para hacer siempre aquello que yo creyera mejor; jamás le pusieron límites a mis iniciativas.

Muchos años después con mi amigo –hermano de la vida y socio por muchos años– Germán Pérez, sentimos la necesidad de emprender algo. Pensamos que debíamos buscar la forma de tener nuestro propio proyecto, algo que nos permitiera aplicar todo aquello que veníamos estudiando en la carrera de Ciencias Económicas.

Decidimos luego de varias ideas bastante alocadas comenzar con lo que en ese momento era toda una novedad: invertir algunos ahorros y usar la computadora de la madre de Germán para hacer copias de CDs con música mezclada; compilados que luego venderíamos a amigos, familiares y algún que otro cliente.

Recuerdo que en el primer mes perdimos aproximadamente cien discos sin poder siquiera grabar uno solo. Estábamos al borde de la quiebra, sin fondos y sin una solución para nuestro desesperante problema.

Todo pareció terminar allí, una idea frustrada, un proyecto de adolescentes. Pero luego de varios intentos, un día descubrimos cuál era el problema técnico; de ahí en más, las ventas de discos fueron constantes.

En ese entonces, yo vivía con un amigo en un típico departamento de estudiantes, bastante desordenado, con unos vecinos muy ruidosos y no demasiado preocupados por la estética y el orden.

Un día, sorpresivamente, sonó el teléfono: era un amigo de un amigo preguntando si vendíamos insumos de informática; necesitaba, específicamente, un mouse. Me salió responderle no solo que sí, sino que teníamos varios modelos para mostrarle. Quedamos en que en media hora pasaría a buscarlo por mi “oficina” (mi casa), por lo que inmediatamente me vi obligado a ir en bicicleta hasta un proveedor que quedaba a veinte cuadras, comprar un mouse y volver antes de que el cliente llegase a retirar su pedido.

Lo logré, con cinco minutos de ventaja para acomodar el ratón en una repisa y así atender al primer comprador de la que, con el tiempo, se transformaría en una exitosa empresa de informática. ¡Por suerte había pedido algo que podía cargar en una bicicleta!

Es posible que en este momento estés a punto de cerrar el libro y revisar el título, para ver si no compraste por error la novela de algún loco soñador; una más de las tantas historias de gente que empezó con nada y que con el tiempo logró tener algo sustentable y real.

No te preocupés, el título está bien. Quería empezar con esta breve historia porque sé que muchos de ustedes podrían sentirse identificados y crear algún tipo de analogía con su propia historia; quizás otros estén empezando a pensar en cómo llevar a cabo su sueño.

Un sueño es un sueño: no existen mejores o peores. Todos merecen la pena e, independientemente del resultado final, siempre vale haberlo intentado.

Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico es el momento en que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia. Paulo Coelho.

Varios años después de lo que les contaba, viajé a Mar del Plata para dictar unos cursos y me tocó compartir la habitación con una excelente persona. Por algún motivo, esa noche no podíamos dormir y, casi sin conocernos, empezamos a hablar de nuestros sueños. Él era dueño de una importante empresa de software que, al igual que la mía, había empezado desde cero.

Serían las cinco de la mañana cuando, tras haber discutido sobre los factores que permitían que algunos sueños se volvieran realidad y más difícil aún– que se mantuvieran en el tiempo, llegamos a la conclusión de que deberíamos investigar y luego volcar en un libro alguna clase de metodología para que todos los soñadores pudieran ordenar y hacer realidad sus ideas. En otras palabras: comprender el proceso de realización de un proyecto o plan de negocios desde su etapa inicial hasta la puesta en marcha, y su posterior gestión.

La persona con quien compartí habitación aquella noche se llamaba Javier Bazo. Lamentablemente, nunca pudimos concretar esos planes juntos, falleció un año después a causa de una enfermedad terminal. Este libro está dedicado a su memoria, a sus sueños.

Introducción

Escribir este libro es para mí una gran satisfacción, no solo por lo que significa escribir un libro, sino porque realmente me siento un PyME. Como suele decirse popularmente “ser PyME es un sentimiento”.

Este ensayo no pretende ser solo una descripción de los problemas comunes a las PyMEs; mi propósito es generar en ustedes una 7profunda reflexión sobre cómo están gestionando sus empresas y dotarlos de herramientas simples y aplicables a su realidad.

Debo ser sincero y decirles que escribir este libro fue relativamente fácil; y que en parte responde a muchos pedidos de los seguidores de mis conferencias y artículos, que me solicitaban un libro que reuniera todo lo que escribo y las ideas que expongo en mis conferencias y consultorías. Este libro es, en gran medida, un reconto de muchas de mis notas publicadas, sobre todo en Forbes, para mi sección sobre PyMEs y otras tantas que he ido escribiendo a lo largo de los años en distintos medios.

También debo aclarar que si bien cuento con una base teórica, producto de mis más de cinco estudios de posgrado, la gran mayoría de las exposiciones de este libro se basan más en la experiencia que en la teoría: algo vital para poder entender el intrincado mundo PyME.

En realidad esto no es un libro, es un manual que consta de cuatro partes: un tomo donde se analiza la realidad PyME, su problemática y las posibles soluciones para cada una de ellas; y tres tomos donde cada uno de ellos ataca una problemática de lo que llamamos modelo SET, en honor a la consultora Set Consulting donde se crearon estas herramientas.

Cada tomo profundiza en cada una de las áreas donde considero que el PyME debe poner foco:

a) Gestión comercial (Modelo SET de propuesta de valor);

b) PEF donde se analizan los números; y

c) RACI SET donde se trabaja sobre la estructura y organización formal de la empresa.

Creo firmemente que esta obra será un aporte importante a la sociedad PyME y dará una base, no solo para el propio PyME, sino para todos los que asesoran o quieren vincularse con ellos, para mejorar así el ecosistema PyME en su conjunto.

Es ambicioso, pero basado en cosas muy concretas y simples.

El mundillo de las PyMEs es un lugar que solo pueden conocer y entender si fueron ahí; difícilmente entiendan o puedan entender la magnitud de la problemática PyME sin haber vivido una temporada en esa dimensión, para muchos desconocida, temida e inexplicable.

¿Por qué escribir un libro sobre PyMEs? Por varias razones: primero, porque dependiendo del país y del rubro, las PyMEs suelen constituir más del 50 % del total de las empresas; por otro lado, porque sorprendentemente no existe mucha bibliografía destinada a este segmento. ¿La razón? Realmente no lo sé; me imagino que es porque les parecerá poco glamoroso.

De paso, aprovecho para hacer una crítica abierta y profunda sobre la educación universitaria, al menos en mi país. La carrera de ciencias económicas como tal tiene una mirada bastante general y, luego de superar las materias de base como matemáticas, estadística, historia, etc., se concentra de lleno en teorías, que en su gran mayoría fueron creadas y desarrollas en otros países y aplicables solo a grandes organizaciones. Muy poco se trabaja sobre el intrincado mundo de las pequeñas y medianas empresas.

Se forman egresados para trabajar en Coca Cola, pero no para hacerse cargo de la realidad de una organización que dista muchísimo de las grandes corporaciones. Así, cuando esos jóvenes egresan –más del 60% trabajarán en PyMEs–, no tienen preparación o adaptación para desenvolverse y generar valor en esas organizaciones; y tienen entonces que reinventarse, lo que muchas veces suele ser un proceso muy frustrante e insuficiente para las necesidades del empresario.

¿Por qué estaría yo autorizado a escribir sobre esto? Porque nací ahí y hace más de diez años que asesoro –junto a mi equipo de consultores– a más de doscientas empresas de todos los rubros y realidades que se puedan imaginar.

Es que hablar de las PyMEs como si fueran una sola cosa, es de por sí un grave error. Tenemos que entender que cuando hablamos de PyMEs, por lo general hablamos de tres grupos. Por un lado las microempresas, que son aquellas que superaron la etapa de emprendimiento y que, por lo general, son comercios o empresas de servicios con pocos empleados y estructura; cabe destacar que en cantidad son las más numerosas de todas. Luego le siguen las pequeñas empresas, las que ya tienen una mayor facturación, complejidad y cantidad de empleados. Por último, las empresas medianas ya son organizaciones con mayor complejidad y niveles jerárquicos.

¿Por qué leer este libro? No importa si son empresarios PyMEs, ejecutivos de una gran empresa o trabajan en el estado. Este libro les va a servir para comprender mejor cómo piensa, siente y vive el empresario PyME. Este conocimiento les puede facilitar, no solo cómo venderle, sino también cómo ayudarlo, y de esta forma aportar una mejora a la sociedad en su conjunto.

Por último, en esta breve introducción quiero pedirles a todos más respeto por el empresario y sobre todo por el PyME. En mis años de consultor y docente aprendí que no existe mejor empresario que el empresario PyME. El PyME invierte todo lo que puede en su empresa. Antes de echar a un empleado, va a buscar todas las alternativas posibles para evitarlo; resiste con endereza los avatares de los gobiernos y contextos externos y en muchos casos, solo. Si queremos una sociedad con más trabajo, más justa y más equitativa, sin dudas hay que apuntar a mejorar el ecosistema de las PyMEs.

Las preguntas suelen ser útiles disparadores para autoevaluarnos; cada capítulo aportará una pregunta final que tendrán que responder y esa respuesta les servirá como una prueba y una guía para saber por dónde deben empezar a mejorar.

Los invito a compartir este viaje con una mirada crítica y objetiva.

Si no te sentís identificado, no te lo tomes como algo personal. Si te sentís identificado, es porque sos un PyME.

¡Ser PyME, una bendición!

Desde que tengo uso de memoria me he desempeñado en estrecha relación con el mundo PyME, tanto como empresario o consultor.

Es común ver a los PyMEs quejarse de su condición; de que todo les resulta difícil y que no cuentan con ninguna ayuda.

No es extraño ver a un empresario pineno involucrarse en lo más mínimo y al mismo tiempo estar pendiente de todo.

Es como si solo fuera un FODA, donde en vez de describir cuáles son las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas, solo nos concentráramos en las últimas dos.

No voy a negar que es complejo, pero es mi intención mostrarles que ser PyME, es una bendición.

Ser PyME significa ser ágil.

Ser PyME implica estar cerca del mercado y las necesidades de los clientes.

Ser PyME no es contar un sueño, es vivirlo todos los días.

Ser PyME es relación con el público y no transacción.

Ser PyME es conocer lo que se hace y de lo que se habla.

Ser PyME implica conciencia social y responsabilidad hacia todos los que trabajan en la empresa.

Ser PyME es el mayor aporte que uno puede hacer a su sociedad, porque el trabajo es la mayor fuente de estabilidad de cualquier país.

Ser PyME no es ambición, es convicción y pasión.

Ser PyME es sacrificio, como el de esos héroes de la historia que sacrificaron todo por el bien de la mayoría.

En el mundo actual ser PyME es una bendición, ¿Por qué? ¡Ya se los dije! Porque tienen flexibilidad, construyen relaciones, conocen a sus clientes, generan equipos comprometidos y, ¿saben qué?: eso, las grandes empresas no lo pueden hacer o les cuesta mucho. Al crecer despersonalizan las relaciones, pierden contacto con el cliente y sus necesidades; los empleados son un legajo y una ficha en un tablero.

–¿Si es fácil? ¡Claro que no! –¿Qué es fácil? –¿Acaso escalar una montaña, lograr un record olímpico o criar a tus hijos es fácil?

Es momento de que ustedes, –sí, ustedes, señores PyMEs–, dejen de renegar y aprovéchense condición para lograr no solo crecer, sino desarrollarse. Y así, como un adulto que tuvo una buena infancia y adolescencia, estarán más preparados para encarar la vida. Y seguramente recordarán esa infancia empresarial con añoranza.

Eso sí, cuando crezcan, no olviden seguir preservando en su interior eso que fue su mayor fuente de inspiración y cuando se miren al espejo, si miran atentamente, verán que aún siguen siendo PyMEs con todo lo bueno que eso puede implicar. Porque ser PyME no es una condición, es un sentimiento y un compromiso.

Así que ahora que saben que ser PyME es una bendición, no dejen pasar su próxima oportunidad y recuerden: “Un PyME no ve problemas, ve obstáculos para llegar a su sueño”.

Toda gran empresa fue pequeña

Suele suceder que los empresarios PyMEs ven a las grandes empresas como algo lejano a su realidad. Es común escucharlos decir: “en las grandes empresas hay plata para todo”; “en una empresa grande trabaja cualquiera”; “un gerente de una gran empresa no dura ni cinco minutos en una PyME”, etc.

Las pequeñas empresas quieren parecerse a las grandes, pero no saben cómo; o lo ven como algo muy lejano, cosa que puede ser cierta y hasta irreversible sino se animan a entender los sacrificios que requiere el camino de pasar de ser pequeño a grande.

¿Por dónde comenzar? Comenzaré dándoles la razón en la primera afirmación de esta parte. Es verdad que en las grandes empresas hay plata para muchas cosas; también que muchas veces parece que cualquiera puede trabajar en una de ellas, aunque esto no es tan cierto; y también es real que, posiblemente en una PyME, un gerente de una gran empresa dure poco. Pero todo esto tiene una razón de ser.

Hace poco en un asado, chicaneé a un amigo que trabaja en una gran empresa preguntándole –¿qué pasa si mañana decidís no ir más a trabajar? Luego de pensar y tratar de evitar la respuesta, concluyó:.–Nada, hay alguien que me puede reemplazar. Esta es una de las mayores fortalezas de las grandes empresas; básicamente, las personas tomadas en forma individual no son indispensables.

Esta realidad es muy distinta en una PyME, donde si Roberto –el que armó la planilla de Excel que maneja la planificación financiera– no va a trabajar y no quiere entregar la clave, nadie sabe qué pasará mañana. O cuando se retira el que conoce a fondo el oficio, generando un caos en la organización.

Ahora bien, ¿cómo podemos empezar a pensar en grande? Lo primero es asumir que cuando uno quiere crecer, la empresa se vuelve más compleja y requiere de más procesos, más profesionales y delegación de tareas. Esta última suele ser la palabra más temida y, para muchos, una batalla ya perdida.

No delegar implica creer que el otro no va a hacer las cosas tan bien como ustedes. Que seguramente ganarán menos dinero, que esa persona se va a equivocar y que nada le va a importar tanto como a usted.

¿Alguna vez se preguntaron por qué una gran empresa con un 6% de rentabilidad neta festeja y usted por menos de un 20% no va a trabajar?

Daré un ejemplo claro de delegación. Si ustedes tienen niños y no tienen la posibilidad de encargarse de su crianza, seguramente enviarán a sus niños todos los días, y muchas veces durante largas jornadas, a una guardería. De alguna manera están delegando en un tercero la crianza de, nada más y nada menos, que de sus hijos.

Si están dispuestos a delegar lo más importante de su vida, ¿no deberían empezar a hacer lo mismo en su empresa?

Delegar no significa o implica dejar de controlar, de estar encima. Solo implica liberarse un poco de lo operativo para recuperar la visión estratégica del negocio.

Nunca olviden que son ustedes los máximos responsables de los resultados y por ende deben preservar la visión integral; ser grandes comunicadores y armonizadores. Deben tener la posibilidad de proyectar estratégicamente y poder delegar las cuestiones operativas en gente capaz, comprometida y profesional.

Deben ser como un buen número 5 en el fútbol, paren la pelota para ver si es momento de atacar o defender, y tal vez sea mejor un conservador 1 a 0,que perder por un gol en el último minuto por no poder adelantarse a la estrategia del contrincante.

“Si quiere una empresa de gigantes contrate gigantes, si quiere una empresa de enanos contrate enanos.” Es una famosa frase de un publicista llamado Ogilvy. Con esta frase él se refería con frecuencia a sus gerentes, invitándolos a que siempre buscaran el mejor talento y contribuyeran a que su organización contara con los mejores para afrontar los desafíos. Añadía recurrentemente “Si no podemos pagarles, significa que algo no estamos haciendo bien.”

La pregunta entonces sería ¿Están delegando correctamente? ¿Tienen verdaderos gigantes en su organización?

Más respeto por la palabra empresario

Escribir un libro tiene algunas ventajas. Entre ellas la posibilidad de expresar ideas, reclamos, quejas y pensamientos con la impunidad de quien decide qué escribir y qué no.

En estas líneas quiero pedirles un favor. Quiero solicitarles más respeto por la palabra empresario. Está degrada, perimida, desgastada, descalificada, ausente de entidad y cual pin que se compra en cualquier kiosco, cualquiera puede ponérselo en su pecho y gritar a viva voz “¡¡¡Soy empresario!!!”

Les pregunto, solo para sacarme la duda: ¿para ser doctor, abogado, ingeniero, arquitecto; o para ser artista, artesano o el 5 de un club de primera división, ¿hay que estudiar e invertir muchos años y así poder decir soy profesional? ¿O esos títulos se regalan en algún lugar?

Entonces, ¿por qué si para ser profesional en todos los aspectos de la vida hay que estudiar e invertir tiempo, para ser empresario no?

Por favor, más respeto; si quieren, llámense así y manden a imprimir tarjetas con el título que quieran. Es más, si quieren métanle CEO o Director ejecutivo o simplemente Empresario. Cuéntenle al mundo lo que quieran, pero entre nosotros, por favor no se lo crean. Rodéense de profesionales, inviertan tiempo, inviertan dinero, en horas de lectura y asistencia a clases, antes de realmente creerse empresarios.

Y acá es cuando me saltan a la yugular y me dicen: –¿Vos querés decir que con estudiar o leer libros alcanza para ser empresario? No, claro que no alcanza, pero créanme que tendrán más herramientas para afrontar los desafíos que el mundo empresario requiere. Si no, hagan una cosa: no manden más los pibes al colegio, que se formen en la calle, así nomás.

Tener un negocio no te hace empresario, te hace acreedor de un negocio, que puede funcionar de manera caótica y en ausencia total de gestión profesional. Sí, esto es verdad, sucede y mucho. Es una de las particularidades del mercado.

Es más, muchas veces fui invitado a lo que algunos llaman organización, y la realidad es que lo primero que veo es una desorganización. Veo un boliche que funciona, es verdad, pero es eso: un boliche.

Che, pero pará un poco, estás siendo muy duro, alguno se va a ofender.

–Que se ofenda; sino tiene la capacidad de darse cuenta ‒y para colmo se la cree– que se ofenda; capaz que así se digne a revisar su prontuario.

¡Tranquilos! Soy provocador a propósito porque me enseñaron que muchas veces hay que desafiar a las personas, y sobre todo a los más duros, para que las cosas entren.

Pero también es verdad que ser empresario es un título que hay que ganárselo y revalidarlo todos los días.

También tengo muy presente y me saco el sombrero cuando veo a un verdadero empresario, porque sé que eso, no es fácil.

–Entonces, Jonatan, ¿qué es un empresario?

Un empresario es una persona que supo combinar en una rara alquimia, una pizca de experiencia, dos cucharas de fracaso, 100 gramos de éxito, 2 tazas grandes de humildad, unas fetas de liderazgo, medio kilo de entendimiento de los números, una cucharada sopera llena hasta el tope de visión estratégica, 100 gramos de contactos y buenas relaciones, y otro tanto a ojo de autocrítica, información, escuchar y observación activa.

Y ahora te hablo a vos: si sos de esos que compran libros pensando encontrar recetas para el éxito, perdiste; este libro no es para vos.

Te vas a dar cuenta solito cuando seas empresario; pero te doy una mano con algunos síntomas:

• Te fuiste y las cosas funcionan

• Tu empresa es vendible y sabés cuánto vale

• Tu equipo te respeta y valida tus decisiones

• Sos consultado permanentemente por tus colegas

• Hiciste algo de plata como para vivir tranquilo

• Sos innovador y abrazás el cambio en vez de rechazarlo

• Entendés que los procesos son los que hacen grande a las empresas

• Lograste separar el problema, de la persona

Créanme que ser empresario no debe ser una carga, por el contrario debe ser un título para colgar con gran orgullo detrás de sus escritorios. Pero por favor sean respetuosos y nunca dejen de intentar mejorar.

Recuerden que sabio es aquel que sabe que aún no lo sabe todo.

El centro de gravedad de las PyMEs

El mundo de los negocios es sin dudas uno de los más dinámicos y complejos que existen. En él se conjugan e integran conocimientos de todo tipo: finanzas, procesos, capital humano, estrategia, etc. Todo dentro de un gran sueño, que debe ser administrado eficientemente para alcanzar el éxito.

Los seres humanos tenemos el centro de gravedad cerca del ombligo; si movemos este centro, perdemos el equilibrio. Las organizaciones también tienen un centro de gravedad que las mantiene en pie.

A diferencia de los seres humanos, el centro de gravedad de las organizaciones se mueve a lo largo de los años y esto nos obliga a rediseñar la estrategia y el foco de las organizaciones.

Si pudiéramos viajar a fines del siglo XIX y principios del XX, veríamos con claridad que en esa época el centro de gravedad de las organizaciones dependía en gran medida de la producción. Los gigantes de la industria, como se los llamó, ponían todos sus esfuerzos en el desarrollo de técnicas e innovaciones para mejorar procesos de producción. A diferencia de hoy en día, existía una gran demanda de casi todos los productos. Las estrellas de ese momento histórico eran los ingenieros y los monopolios.

Si siguiéramos con nuestro viaje en el tiempo y nos transportáramos a mediados del siglo XX, nos encontraríamos con una sobreabundancia de innovaciones a nivel productivo, fruto de la gran demanda producida por la Guerra. Una vez terminada esta, todos estos medios de producción estaban ahora estaba disponibles para quien contara con el dinero suficiente para adquirirlos. Así, el foco de las organizaciones se movió a las finanzas. Si cuento con el dinero, cuento con la innovación a nivel de producto. Este momento histórico fue dominado por las grandes corporaciones, y las PyMEs solo podían aspirar a ser proveedores de ellas.

Finalmente llegamos a la actualidad y observamos que sobra dinero en todo el mundo, que el conocimiento es un recurso transaccional, estamos dominados por la tecnología y hay una sobrecarga de información, accesible para todos. Las empresas más valiosas del mundo no fabrican nada y no son bancos. Pequeñas organizaciones y en algunos casos emprendedores desde algún remoto país con una buena conexión a internet, compiten de igual a igual con las grandes corporaciones.

Esta nueva época, como nunca antes, es un campo fértil para las PyMEs; pero para que estas sean protagonistas tienen que evolucionar y profesionalizarse poniendo foco en: (Les aclaro que cada uno de estos puntos serán desarrollados en profundidad más adelante; tomen esto como un resumen introductorio.)

a) Conocer el mercado: A diferencia de lo que sucedía antaño, hoy todos pueden acceder a información de mercado y de esta forma poder segmentarlo en búsqueda del que represente una oportunidad (P.ej. segmentos que son lo suficientemente grandes y que por alguna razón no fueron atendidos aún).

b) Poner foco: Como definió uno de los grandes pensadores del siglo XX, Peter Drucker, “Lo primero que toda empresa debe comprender es que no puede ser para todo el mundo” el secreto es poner foco en un segmento a la vez y ser reconocidos en él como un referente.

c) Invertir en Marketing: El presupuesto que las PyMEs destinan al marketing es alarmantemente bajo y más aún si consideramos que por lo general, las PyMEs llaman marketing a la publicidad y no a lo que realmente es marketing hoy en día y que podríamos resumir en una palabra: ¡ESTRATEGIA!

d) Construir una Propuesta de valor: El secreto no es ser diferente, eso es relativamente sencillo, la clave es lograr que esa diferencia los haga atractivos. Deben responder a una simple pregunta ¿Por qué me elegirían entre tantas opciones similares? Una vez descifrado esto, deben comunicarlo a toda su organización para que puedan ayudar a construirla.

e) Innovar: ¡Ya no se trata de mirar, sino de aprender a observar! Cuando uno observa a sus clientes en búsqueda de satisfacer sus problemas, encuentra miles de pequeñas cosas que antes ignoraba o “veía sin verlas”. Innovación no es sinónimo de revolución, sino de solución. ¿Qué solución les están brindando a sus clientes?

f) Canales de comunicación: Internet es, sin dudas, el gran aliado de las PyMEs, ya que permite con poco presupuesto –y no menos importante, de manera “medible”–, poder llegar a los segmentos seleccionados. Ser creativos y además pagar por un buen asesoramiento, es prioritario en este punto.

g) Canales de comercialización: Esta es tal vez, la clave en los modelos de negocios actuales. Detectar claramente cuál es el mejor canal de comercialización para llegar a cada segmento. Una vez más, Internet parece ser la solución; pero no descarten los canales tradicionales, y recuerden que podrán tener tantos canales como segmentos quieran atacar; y los modelos de negocios sólidos son los que saben cómo desarrollar cada uno de ellos.

h) Cómo hacerlo: Recuerden siempre que lo que valoran los clientes no es lo que ustedes venden, sino cómo lo venden. Sean innovadores en cómo llevar adelante su negocio y como se relacionan con sus públicos. Si consiguen enamorarlos, ellos serán sus mejores promotores.

i) Medir: Es vital diseñar métricas para las distintas áreas de la organización y así detectar desvíos que puedan traducirse en insatisfacciones para los clientes. “Lo que no se puede medir no se puede gestionar”.

j) Integración: El secreto de un buen modelo de negocios tiene que ver con lograr la integración de todas las áreas con los diferentes públicos. Inviertan tiempo en explicar a sus colaboradores sus puntos fuertes; ¡ese debe ser el tesoro más importante y por ende más protegido!

Recordá que toda gran empresa una vez fue pequeña; no seas ansioso, pero sí debés intentar avanzar un paso cada día y tenés que saber que el mercado nunca fue tan fértil como ahora para empresas innovadoras, agiles y dinámicas. Es la “Era de las PyMEs” ¿Será la tuya?

Emprendedores versus empresarios

Seguramente todos ustedes conozcan al mítico Walt Disney. Quienes lo conocieron lo describen como un loco creativo, inquieto, innovador, ansioso, visionario y un sinfín de adjetivos que no hacen más que mostrar lo que, en hechos, él supo llevar adelante con un sinfín de emprendimientos y maravillosas creaciones que todos hemos disfrutado y compartido.

Disney es uno de esos personajes venerados dentro del mundo emprendedor; básicamente porque cumple con las aptitudes y el éxito con el que sueña cualquier emprendedor.

Lo que pocos saben, es que Disney era pésimo con los números, –en realidad no le interesaban. Tampoco se preocupaba mucho por lo que hoy conocemos como management. Su foco estaba en crear y llevar adelante sus visiones.

Pocos de ustedes conocen al otro Disney, se llamaba Roy y era la versión opuesta de su hermano. Él era cauto, conservador, ordenado, y disfrutaba administrando los cientos de negocios que su hermano impulsaba.

Ser emprendedor no es sinónimo de empresario. En realidad podríamos decir que son dos cosas distintas. Muchas veces van de la mano; pero muchísimas otras, esta dualidad no se ve plasmada en una misma persona y se transforma en la principal causa de fracaso (7 de cada 10 emprendimientos no superan el año de vida)

¿Cómo son los emprendedores?

En principio son personas ansiosas, proactivas, optimistas; no miden el riesgo de sus decisiones y les gusta justificar sus actos con una visión de presente y no de futuro. Vivir el hoy justifica cualquier acción. Son visionarios, o al menos eso creen. Suelen pensar que lo más importante para poder llevar adelante un negocio es la idea. Todo lo demás les parece que se acomodará solo.

El empuje es su característica más destacada. No tienen miedo al fracaso y, si por alguna razón se enfrentan a él, podrán sobreponerse sin demasiados problemas.

¿Y el empresario?

Siempre recordaré mi primera vez ante un CEO. Esta persona era el máximo responsable de una de las mayores empresas del mundo en Argentina.

La empresa que él lideraba no era una creación suya. En realidad nunca había emprendido nada por su cuenta. Desde el inicio de su carrera se había desarrollado adentro de grandes corporaciones.

Si tuviera que describirlo diría que: era cauto, sumamente tranquilo, –tanto que esa tranquilidad se trasmitía al ambiente. Era analítico y tenía una gran capacidad de reacción ante la adversidad.

Siempre medía el impacto de cualquier decisión. Se obsesionaba por intentar predecir el impacto de las acciones presentes en el futuro.

Amante de los indicadores, sabía que su función no era ser operativo, sino lograr que otros lo fueran por él, reportándole información para la correcta toma de decisiones.

Como habrán podido ver, ser emprendedor no necesariamente significa que algún día podrán ser empresarios. ¿Es esto un defecto? ¿Debemos buscar personas con ambos perfiles? ¿Existen?

Mi madre siempre me decía que en la vida, el secreto pasa por descubrir en qué uno es realmente bueno; cuál es su habilidad, que es lo que realmente a uno lo hace feliz. “Si lo encontrás, –me decía–, dedicate con toda tu fuerza a desarrollarlo.

Si aplicamos esto a las organizaciones, el secreto de un buen emprendedor pasa por focalizarse en sus habilidades, dedicarse a eso que realmente sabe hacer, y rodearse de capital humano que sea bueno en lo que él mismo no lo es.

Cada día que me involucro más con el mundo de los negocios, me convenzo que no existe una única fórmula para el éxito. Una empresa es un conjunto de factores sumamente complejos y variables.

Rebatiendo el título de este artículo, la cuestión no es emprendedores versus empresarios, sino más bien, emprendedores y empresarios. Y que juntos puedan lograr lo que Walt y Roy lograron con una de las organizaciones más grandes y prestigiosas de la historia.

¿Y las PyMEs? Ser pequeño o mediano empresario es toda una aventura, y el mayor desafío siempre está en lograr ser empresarios; infelizmente, no siempre sucede así.

Aguerridos y en muchos casos obsesivos, los gerentes de las PyMEs suelen estar en todo: desde lo más mínimo a lo más importante. Ya superaron la etapa emprendedora y se dan cuenta que ahora la película es distinta. Ya no es tan divertido y en muchos casos se sienten solos tomando decisiones que son grandes desafíos para los que no están preparados (Más del 70 % de los PyMEs no se formaron o tomaron estudios en temas relacionados a los negocios). Entonces ¿cuál es el mayor desafío de un PyME? Lo resumiré en dos puntos:

1) Aprender a delegar: para aprender a delegar es fundamental asumir que, con el crecimiento uno se vuelve un poco más ineficiente, pero que esto es parte del crecimiento. Delegar también implica asumir que el otro se puede equivocar y hay que dedicar tiempo a enseñar. Esto también los obliga a ser menos informales y empezar a tener una estructura.

2) Alejarse de las operaciones: es vital que el PyME se aleje de las operaciones y las pueda delegar en gerentes. Esto le permitirá ocupar un lugar crítico: el de la estrategia. Sin estrategia no hay rumbo y sin rumbo no hay organización. Si están al 100 % en las operaciones, no podrán ocuparse de la estrategia y esto es lo que más puede poner en riesgo a sus empresas.

Para resumir todo lo visto en este artículo –escrito originalmente para Forbes–, me parece importante entender que EMPRESARIO es un título fácil de adquirir pero difícil de revalidar. Según mi experiencia un emprendedor se recibe de empresario cuando logra alejarse de su empresa y que la misma siga funcionando, y en muchos casos mejor que antes.

Entonces, ¿sos un emprendedor o un empresario?

Etapas de crecimiento de las PyMEes

Por Julián “Gaita” González1

En este capítulo Julián Gaita González nos brinda un panorama claro de las diferentes etapas por las que toda empresa transcurre. Es interesante diferenciar una vez más la etapa emprendedora de la etapa empresarial y los cambios que la persona o empresario deben realizar para evolucionar y mejorar día a día ante los diferentes desafíos.

La reinvención es una de las habilidades más difíciles de desarrollar, pero es la clave para no vivir cada momento como un sufrimiento, sino por el contrario, como una posibilidad para aprender y crecer.

Me veo especialmente atraído por la última etapa propuesta por Julián, la re-creación y no la declinación. Nos invita precisamente a tener siempre una visión de cambio y estar en necesaria evolución.

CRECIMIENTO m. Acción de crecer y su efecto, proceso de desarrollo.

ETAPA f. Avance parcial en el desarrollo de una acción u obra.

(Pequeño Larousse Ilustrado, pp. 284 y 444, 1964)

#1 Etapa – Creación

Las ganas de progreso y las energías positivas aparecen en todo su esplendor en esta primera etapa. ¿Qué emprendedor no sabe que tiene mucho recorrido por delante? ¿Qué emprendedor no está dispuesto a invertir tiempo completo en su emprendimiento? ¿Qué emprendedor ignora que tendrá que ser tan multifacético como le sea posible? Desde la elección de la marca y el diseño del logo hasta la preparación de los presupuestos para las propias ofertas, todo ocupa la mente del emprendedor. La positividad y las ganas de alcanzar los objetivos que se han fijado, lo pueden todo. Y aprende incluso a tolerar el sufrimiento que se deriva del esfuerzo extremo. Sin manuales de instrucciones infalibles a su alcance, el sentido común del emprendedor es ahora el gran protagonista. El verdadero potencial empresario adquiere nitidez a medida que el emprendedor comprende la importancia de tener un proyecto concreto, sólido, con bases firmes, y bien montado sobre los hombros de un equipo competente.

Numerosas preguntas asaltan al emprendedor en esta primera etapa. Con el tiempo, ¿será rentable mi negocio? ¿Seré elegido por los clientes? ¿Podré vivir de esto?

La revelación de nuestras ideas se impone como necesidad ineludible en esta primera etapa. Hay que animarse a contarlas y en el proceso hay que agregarles valor. Un especialista en marketing y negocios podrá llevarnos muy lejos con nuestro sueño. No debemos pensarnos como un negocio, debemos entender que estamos en desarrollo.

#2 Etapa – Realización

Sabemos que estamos realizando nuestro sueño, y que estamos creciendo. Nos sentimos plenos y llenos de energía. La incomodidad y el miedo a lo desconocido, son solo síntomas del crecimiento. Seamos sensatos y autocríticos, en todo momento. ¡Adelante!

Ahora es cuando se producen nuestras primeras contrataciones importantes. Y también es cuando la estructura de la empresa comienza a fortalecerse y a crecer. Las ventas se hacen cada día más significativas, y algunos clientes se hacen habitués. ¡Hasta se dan casos concretos de éxito!

Aunque todavía nos resulta atractivo considerarnos emprendedores, comenzamos a sentir claramente la sensación de ser “empresarios”. La intención de iniciar la delegación de funciones importantes comienza a tomar cuerpo, aunque es lógico que todo emprendedor, como alma máter de su propio negocio, todavía trate de estar presente en todo, e intente controlarlo todo. Sin dudas, es esta una etapa crucial: trabajamos en el fortalecimiento de los cimientos de la empresa mientras aprendemos lo que significa crecer. Se comienza a formalizar el negocio.

#3 Etapa – Madurez

Alcanzamos la madurez. Nuestra empresa ha ganado peso en el mercado, y su foco principal está puesto ahora en obtener mayores ventajas competitivas. Tenemos el camino más seguro para lograrlo: evitar la impostura. No hay nada más característico en una madurez aparente que el vicio del autoengaño.

Quien se crea una estrella inmune en el firmamento empresarial, se estrellará; puede estar seguro de esto. La madurez real recién se alcanza cuando el empresario toma conciencia de la importancia de aprender a tomar dimensión de la complejidad del negocio y su posible desorden financiero.

Es primordial:

• Generar indicadores a partir de los cuales tomar decisiones objetivas.

• Formalizar los procesos productivos, las políticas internas y la relación entre áreas.

• Optimizar la prestación de servicios y la gestión de pagos y cobros.

• No subestimar jamás la inteligencia del consumidor y establecer estrategias de satisfacción posventa.

• Generar un marketing profesional sólido, técnico y eficaz.

• Acompañar los cambios del mercado con la renovación y el fortalecimiento interno de la propia organización.

Solo se suben al tren de la perdurabilidad las empresas que maduran con inteligencia y tenacidad.

#4 Etapa – Re-Creación

Hay que aprender a perdurar renovándose en el tiempo. Si lo crucial es mantener la competitividad de la empresa, hay que crear nuevos productos y buscar nuevos mercados; entonces se impone reconocer la enorme importancia que tiene la comunicación empresarial interna para el origen y desarrollo de nuevas ideas y proyectos, y por tal motivo es preciso que las vías de contacto creativo sean siempre óptimas. El trabajo interdisciplinario permanente con profesionales competentes, consejeros empresariales y consultores es fundamental para construir un sistema de comunicaciones adecuado entre todos los sectores de la empresa.

Ya se adivina: nada tendría sentido si el declive fuera el último estadio empresario. Hay que admitir entonces que la extinción de la empresa siempre estará en el horizonte como una posibilidad entre muchas otras, y entonces, hay que trabajar duro para para que esto no suceda.

Los procesos conscientes y responsables de recreación de la propia estructura organizacional –en un mundo que evoluciona de manera progresiva– constituyen un signo inequívoco de madurez real. Dicho de otro modo: una empresa que se recrea constantemente quiere algo más que perdurar en el tiempo. Quiere sobresalir, y así lo quiere siempre.

Etapas del crecimiento PyME


Si bien en un principio podemos enfrentar los desafíos de armar una empresa relativamente solos, a medida que crecemos se vuelve crítico y fundamental armar un equipo y sumar consultores externos que nos brinden herramientas, miradas diferentes y mucha objetividad a nuestra gestión y toma de decisiones.

Gerenciamiento PyME: ¿Dueño de mi capital o dueño de mis objetivos?

Por Carlos A. Sosa2

Ser dueño de un capital (bienes o dinero) de una empresa, significa tener la propiedad de una inversión, que una persona ha arriesgado para emprender una actividad empresarial. Es decir, la propiedad implica la posesión de la inversión y los usufructos que se deriven de la misma.

Por otro lado, para obtener un retorno sobre ese capital invertido, el empresario creará una organización, a través de la cual desarrollará una actividad, ya sea, comercial, industrial o de servicio. Esta organización, deberá establecer objetivos y acciones, para poder complacer los requerimientos del dueño del capital o inversor.

¿Ser dueño del capital implica ser dueño de los objetivos de una organización?

A menudo, solemos encontrarnos con empresarios o directivos que son dueños de sus empresas por la legitimidad que les otorga la titularidad del capital en juego. Sin embargo, no podemos decir lo mismo respecto de la administración de los objetivos de su organización. Esto significa que es usual encontrar muchos titulares de empresas que no poseen el dominio de su negocio, es decir, no tienen control sobre el gerenciamiento del mismo.

¿Qué significa ser dueño de los objetivos de un negocio?

Ser dueño de los objetivos de un negocio, implica tener el gerenciamiento de la gestión. En pocas palabras, significa conducir el destino de una organización, ponerse al frente del barco marcando el rumbo, no dejando que sea la desidia la que motorice la marcha del negocio.

¿Por qué muchas veces no se puede administrar el propio destino?

Esto sucede, cuando los directivos son prisioneros de sí mismos, es decir, de la propia organización que han creado. Esto significa que no son propietarios de sus tiempos, no conducen a su personal, no poseen colaboradores de confianza, están ensimismados en la cárcel del día a día.

¿Cómo salir de la propia cárcel?

Para iniciar este largo recorrido hay que comprender en primer lugar que en una organización, debe existir una “cabeza visible” que sea la que piense y dirija. Para ello, deben darse ciertas condiciones:

• Diferenciar lo urgente de lo importante.

• Administrar los tiempos a través de una agenda gerencial.

• Identificar una persona de confianza, potencial “mano derecha”.

• Aprender a delegar.

• Ubicar en esa agenda, un espacio para el trabajo reflexivo.

• Aprender a escuchar y dejarse ayudar.

• Interrogarse acerca de dónde se quiere llegar.

• Examinar debilidades y fortalezas.

Conclusión

En primer lugar, debe quedar absolutamente clara la diferencia entre “ser el titular del capital y ser la cabeza de la organización”, o dicho de otra manera, entre “ser propietario y ser gerente”. Con esto queremos expresar, que la posesión de un capital no da derecho al dominio de un negocio. Esto significa que para lograr transformar un capital en una empresa, no se necesita solamente dinero. Este, desde ya, es una primera condición para el inicio, pero de ninguna manera será sinónimo de una organización exitosa, ya que la misma, vendrá de la mano de un gerenciamiento efectivo. Y entonces, usted no siente que: ¿cómo dueño, es muy buen empleado?

¿Por qué muchas empresas fracasan?

Por Carlos A. Sosa

El rol gerencial en las PyMEs

El gerente de una pequeña empresa en una primera etapa es aquella persona que básicamente ejecuta tareas, toma decisiones, organiza y coordina actividades, ejerce determinados controles.

La evolución de la figura del gerente

Cuando los gerentes propietarios han conseguido un orden relativo, comparten (a colaboradores de confianza, asesores, etc.) inquietudes, desafíos, pasiones, nuevas ideas, con esa visión de negocios que caracteriza a los emprendedores. Estos necesitan ser escuchados, que se les preste atención, porque seguramente están viendo algún negocio que el resto de la empresa no ve. En numerosas oportunidades esas ideas, se convierten en objetivos que van en búsqueda de acciones inmediatas. Así, el gerente inicia el proceso de planificación, dándole forma a esas ideas con la ayuda de sus colaboradores internos y externos; comienza a tomar riesgos, a utilizar esa red de relaciones y contactos que han establecido a lo largo de su gestión, a observar que perfil de Recursos Humanos pueden acompañar este nuevo proyecto.

De la etapa del “hacer y ejecutar” a la del “pensar y controlar”

En pleno crecimiento –con más personal a su cargo y dinero para administrar–, el rol del gerente debería incorporar más funciones de control, dedicar más tiempo a pensar en términos estratégicos y tácticos, intentar liderar personas y procesos, a convertirse en guía de su gente para ayudarlos a cumplir sus tareas eficientemente. Es decir que en esta fase estamos ante el gerente que debe administrar el crecimiento, pensar estratégicamente, cuidar la nueva estructura creada, preservar la salud del negocio, fijar objetivos de desempeño del personal, controlar las actividades y resultados obtenidos. Aquí el administrador, debe tener una agenda ordenada, administrar bien sus tiempos, ir dejando de lado la ejecución de las tareas operativas (corto plazo) –reservándose solo el control de las mismas–, para dedicarse a tareas de mayor valor agregado, estratégicas (mediano y largo plazo).

¿Qué sucede en la práctica de las empresas?

La experiencia permite afirmar que en la mayoría de los casos la función del gerente NO es comprendida, ni por los propios dueños de un negocio y menos aún por el personal, que no tienen dimensión de su importancia. La falta de definición del negocio que se quiere, la ausencia de objetivos, la discreta capacitación, el bajo nivel de competencia, el buen pasar económico, la cultura del “a mí siempre me fue bien así, para que cambiar”, la escasa visión estratégica, la ausencia de consejos externos, entre otras causas, ocultan la necesidad de gerenciamiento que tienen todas las empresas y fomentan la no compresión de la importancia fundamental de este rol. Es común observar que las personas que deberían encargarse del gerenciamiento en las empresas, se ocupan de realizar tareas equivocadas, que no les pertenecen; se encargan de hacer de tareas operativas, y no utilizan apropiadamente sus tiempos en actividades más valiosas. Algunas de estas causas son: dificultad para delegar, falta de confianza en el personal, la engañosa creencia de que el empleado va a lograr mejor rendimiento si lo ve trabajar a la par de ellos, entre otras.

¿Cuáles son las consecuencias para estas empresas?

En las empresas marginales –donde el objetivo es percibir un beneficio mínimo para mantenerse–, existe cultura pobre de trabajo y escaso entusiasmo por el negocio. La ausencia de gerenciamiento profundizará el estancamiento, la pasividad de la gente, y serán para siempre empresas marginales sin ninguna posibilidad de futuro.

Por el contrario, en empresas emprendedoras, con potencial comercial técnico, con altos objetivos de rendimientos, con incorporación gradual de personal idóneo, el no interpretar claramente el rol del gerente, puede traer problemas muy serios, como pérdida de visión estratégica del negocio y del contexto, escasos niveles de control, disminución de la rentabilidad, incremento de costos, baja de la eficiencia, deterioro en las relaciones con los clientes, bajo grado de desarrollo de relaciones con los proveedores, entre otros.

Conclusiones y sugerencias

Así como una persona necesita de sus padres para desarrollarse adecuadamente, las empresas también requieren de una apropiada conducción, que alguien las administre, les marque lineamientos y políticas. Los negocios no marchan solos, las empresas con cultura y pasión por el trabajo son las que se diferencian, y son las que están lideradas por el gerente.

Una persona puede ser dueña de un negocio, lo que no significa que esté gerenciando. En la actualidad todavía se observan muchas empresas sin objetivos estratégicos, que caminan por inercia, que perduran porque aún no les ha tocado un competidor fuerte o que han tenido el beneficio de gozar de un buen momento económico. En algún momento, esa necesidad de contar con conciencia empresarial, les llega a todos; es mejor anticiparse y adecuarse a las nuevas exigencias, porque los cambios y el adaptarse posteriormente al acontecer de los hechos suele ser más duro y costoso.

El antimanagement

Este concepto lo creé o pensé hace ya varios años, luego de una seguidilla de consultorías con nuevos clientes –empresas medianas–, con aparentes buenos resultados económicos pero, que cuando entraba a analizar en profundidad su realidad, veía con claridad que podía tranquilamente prender fuego todos los libros que había leído, incluyendo mi título universitario. Nada, absolutamente nada de lo que los libros y las buenas costumbres dicen sobre cómo gestionar una empresa, se aplicaba aquí.

Los empresarios antimanagement desconocen por completo cualquier teoría o regla básica de gestión.

Se caracterizan por no tener claridad en ninguna de las variables críticas; no construyen indicadores, no tienen una clara división de tareas y difícilmente pueden explicar su visión o estrategia.

No obstante, cuentan con una gran habilidad de interpretación de la realidad, capacidad de anticipación y un gran sentido común. Suelen ser personas con una gran inteligencia emocional y capacidad de relacionamiento. Tienen claro su negocio y saben lo que tienen que hacer, pero difícilmente puedan explicarlo con claridad suficiente para que otros lo puedan hacer.

Su gran déficit es la delegación y capacidad de entender a los demás en parte porque les es imposible trasmitir su realidad, su claridad en el día a día.

Ya dijimos y volveremos a decir con seguridad, que el mundo de los negocios es uno de los entornos sociales más complejos, ya que se conjugan de manera aleatoria cientos de conocimientos que a la vez, siempre están dotados de la complejidad de estar formados por seres humanos.

Esta gran complejidad hace que exista lugar para que, personas sin conocimientos teóricos, puedan desarrollarse como empresarios.

Ahora bien, si te sentiste identificado, ya seas vos o alguien de tu entorno, quiero que sepas bien algo: los empresarios antimanagement tienen los días contados y ahora les explico por qué.

Estos empresarios necesitan crecer y desarrollarse en entornos altamente informales y poco profesionales; con competidores de su mismo tipo y en ausencia de las reglas básicas de convivencia en economías de mercado. Tiene que existir la informalidad para así poder arreglar de palabra situaciones con el estado, competidores y clientes. Estos clientes suelen ser rehenes de un mercado poco sofisticado y, donde cada vez que compran sienten que están haciendo un favor.

La mala noticia es que el mercado ha cambiado y sigue cambiando. No importa el país o la ciudad, todos los mercados se están volviendo más sofisticados y esto quita margen a los informales o improvisadores seriales. En esta era digital los clientes tienen mucho poder y ahora pueden quejarse y hacer daño con sus opiniones online. Ya no se compite contra el vecino, se compite con el mundo. Los estados se han vuelto más sofisticados y tienen herramientas para obligar a las empresas a ser formales y brindar información. Ya nadie presta dinero a una empresa que no pueda justificar, no con palabras sino con números, su realidad y proyecciones.

¿Con todo esto estoy diciendo que las habilidades del antimanagement no tienen ningún valor hoy día? De ninguna manera, todas ellas son muy valiosas, ya que forman parte de la inteligencia emocional empresaria y siempre serán un gran activo; pero solo con eso hoy no alcanza. Hay que profesionalizarse y jugar con las mismas cartas que el resto del mundo y hacer la diferencia en el cómo usarlas, y no porque el mazo de cartas esté marcado.

La pregunta de este capítulo es personal. ¿Sos vos un antimanagment? Si no sos vos, ¿lo es tu jefe o tu padre, o quien lidera la organización? Si tu respuesta es sí, entonces te recomiendo que le hagas leer este libro y lo pongas a reflexionar. Si ves que es imposible, es un lindo momento para bajar la aplicación Linkedin, crear un perfil y empezar a buscar otro destino, porque esa empresa en un futuro cercano no tiene chances de sobrevivir, ¿Cuánto tiempo? No lo sé, pero seguro llegará.

¿Cómo competir con las grandes empresas siendo un PyME?

Estimado lector, si sos un empresario PyME y ves a la gran empresa como tu principal enemigo, si te sentás a ver cuál será la próxima gran innovación para intentar copiarla, si te quejás por no contar con esos enormes presupuestos para marketing de las grandes, si sos uno de ellos, ¡hoy te alegraré el día!

Me animo a hacer una predicción y les pido que la anoten en un papel. “En no muchos años veremos entrar en crisis a muchas grandes corporaciones, y sus clientes serán captados por PyMEs trabajando de manera asociativa, brindando soluciones hechas a la medida de un consumidor cada vez más exigente y selectivo”.

En estas líneas argumentaré por qué si ustedes son una pequeña o mediana empresa, tienen grandes oportunidades compitiendo con las grandes. Eso sí, no es fácil y requiere de mucha disciplina, inversión y profesionalismo.

Paso a enumerar las 3 ventajas competitivas en las que creo deben poner foco las PyMEs para competir:

1) El elefante y la liebre: Durante años la selva era el reinado de los elefantes. Ellos con sus grandes cuerpos y poder dominaban todo y ningún animal de menor tamaño se les animaba. Mientras tanto, la liebre estaba en la base de la pirámide alimenticia, todos se la querían comer. Esto hizo que la liebre estuviera obligada a ser ágil, flexible y a tomar decisiones muy rápido; cambiar todo el tiempo para no ser devorada. Pero la selva fue cambiando y ahora los animales torpes, lentos y sin condiciones para cambiar rápido están en problemas. En esta nueva selva la liebre es el rey.

El mercado es igual a esta fábula. Los grandes se han vuelto estructuras sumamente rígidas, con ejecutivos cómodos, burócratas, resistentes al cambio y esperando su gran cheque. Sin embargo, las PyMEs son hábiles por naturaleza y eso hoy, es una gran fortaleza. Consejo: las PyMEs también crecen y, si bien necesitan procesos y algún grado de burocracia, nunca deberían perder su agilidad. ¡Si hay que cambiar, cuanto antes mejor!

2) El cliente, un número: En las grandes empresas es común sentirse un número y no un cliente; y la realidad, muchas veces es así. Los grandes se han vuelto totalmente impersonales. Las PyMEs, por el contrario, conocen muy bien a sus clientes y en muchos casos conocen sus historias personales y deben poner énfasis en este punto. Lograr que el cliente se sienta contenido y entendido es la clave para lograr más compromiso, que siempre debe ser de las dos partes. Créanme, en esto, ¡ninguna empresa grande podrá hacerles sombra!

3) Transaccional vs. relacional: Esta es tal vez la más importante de las claves para poder hacer frente a las corporaciones. A ellas les es muy difícil generar negocios relacionales y se focalizan en la transacción y en el volumen de ventas; esto hace que el cliente no sea fiel. Las PyMEs deben reforzar el concepto de modelo de ventas relacional, donde la transacción es una consecuencia directa de la buena relación lograda. En el modelo transaccional, la relación solo se genera si hay una transacción, lo que no implica que exista una buena relación. En las grandes empresas, las personas de contacto cambian todo el tiempo, lo que genera la imposibilidad de conocerlos. En las PyMEs, por lo general los dueños están al frente de las mimas y los empleados suelen durar muchos años. Esto hace que el cliente reconozca a quien lo atiende y a la vez genera un compromiso aún mayor entre empleados y clientes.

No obstante, si bien existen estas ventajas para hacerle frente a los grandes, no olviden que estas se pueden perder frente a los problemas del día a día y que deben lograr muchas otras cosas para ser sólidos como empresarios. A saber:

• Profesionalizar la estructura: es vital para las PyMEs poder profesionalizar su estructura y así poder administrar la complejidad que viene de la mano del crecimiento.

• Visión estratégica: es común ver al PyME en el día a día ocupándose de cuestiones completamente operativas, lo que lo aleja de la visión estratégica. En un mundo de cambio permanente, es más valioso cambiar que aprender a hacer muy bien lo mismo de ayer.

• Despersonalizar las decisiones: no es positivo –como muchos creen–, tomar o supervisar todas las decisiones. Delegar es la mejor habilidad que pueden desarrollar para mejorar su organización.

Como suele decirse, “para poder aprender, primero hay que aprender a desaprender”. Anímense a innovar, no se subestimen y crean en su intuición, anímense a ir por más, pero siempre de la mano de una estructura; sepan construir alianzas que les permitan seguir siendo ágiles a la vez ganar competitividad.

Créanme, si logran desarrollar todos estos puntos, ¡las grandes empresas están en problemas y ustedes frente a una gran oportunidad!

¿Qué es un modelo de negocios? ¿Tengo uno?3

A menudo se escucha hablar de los modelos de negocios, pero ¿qué es un modelo de negocios? Y lo más difícil, ¿cómo se construyen y administran? y ¿quién se encarga de su diseño?

Como hemos dicho antes, es función del marketing desarrollar los modelos de negocios. Esto se fundamenta en que cada vez más, el diseño de los mismos se relaciona con variables de mercado y de un entendimiento profundo del comportamiento de los consumidores.

Para simplificarlo, podríamos definir un modelo de negocios como la respuesta, en todo momento, a tres preguntas. ¿Qué vendo?, ¿a quién? y ¿cómo?

Sobre las dos primeras ya hemos hablado y hacen referencia a responder en todo momento y con claridad ¿qué vendo? Cuando hago esta pregunta en los cursos, la mayoría de las personas me nombran lo que hacen. Así por ejemplo algunos me dicen que venden casas, hacen pizzas o venden comida servida de manera elegante en un restaurante de Palermo.

La pregunta intenta ser engañosa y ponerlos en evidencia. Si usted solo vende lo que hace tendrá una alta probabilidad de verse obligado a tener que competir por precio.

Cuando el consumidor ve dos productos que no se diferencian entre sí y que solo venden lo que hacen en el sentido más simple (por ejemplo: agua), es él quien tiene el poder, y cuando eso sucede, suele presionar a la baja de precios.

Una forma diferente de hacer la misma pregunta es: ¿por qué lo eligen sus clientes? Ahí todo cambia y nombran cosas como confianza, trayectoria o una experiencia única.

En conclusión, podríamos resumir que el diseño de modelos de negocios consiste en desarrollar productos o servicios, enfocado en la resolución de una necesidad y la creación de valor, para luego configurar la organización para que eso sea posible.

Un modelo de negocios describe la forma en que una organización produce, distribuye y captura valor –según el modelo Canvas–, formulado inicialmente por Alexander Osterwalder en el año 2004. Esta obra es tal vez uno de esos grandes avances en la interpretación de la lógica organizacional y fue un gran aporte a las ciencias de Management, ya que consolidó lo que se venía expresando en el mercado.

Me gustaría detenerme, aunque sea brevemente en esta idea, para poder ver más claramente cómo se deben desarrollar los modelos de negocios.

El modelo Canvas consiste en la configuración de nueve bloques, que como un rompecabezas, debe estar completo para poder funcionar.


El primer bloque consiste en la segmentación de mercados: básicamente se pone énfasis en describir y conocer a fondo los distintos segmentos de mercado para así poder elegir claramente dónde quiero y cómo puedo posicionarme. Más adelante en el apartado “Descubriendo nuestro segmentos” veremos en profundidad como llevar adelante esta importante y difícil tarea.

En este momento es crucial hacernos algunas preguntas, como por ejemplo:

• ¿Quién quiero que sea mi cliente?

• ¿Cuál es el segmento de clientes objetivo?

• ¿Para quiénes estamos creando valor?

• ¿Quiénes son nuestros clientes más importantes?

• ¿Qué características relevantes tienen?

• ¿Qué tareas claves debo realizar para alcanzarlos?

De este modo, el modelo Canvas pone como regla de oro comenzar siempre el desarrollo de un negocio haciendo foco en el cliente como la estrella y rector de las actividades de la organización.

El segundo bloque es a mi entender, y ya lo veremos en profundidad, el más importante del análisis y realmente el centro de gravedad de toda organización. La propuesta de valor es ahora la prioridad en el camino de desarrollo de nuestros negocios.

La mayoría de los emprendedores cometen el error de emprender y crear organizaciones y luego pensar su modelo de negocios, cuando debería ser totalmente al revés. Horacio Meléndez

Sin propuesta de valor no hay diferenciación y sin diferenciación solo podremos competir por precio y será difícil tener éxito. Por ahora diremos que la propuesta de valor es aquello que nos hace diferentes, únicos y elegibles para nuestros clientes.

Carlos y Miguel eran dos comerciantes emprendedores que decidieron, sin mucho análisis, poner un negocio de venta de celulares a tan solo 50 metros el uno del otro. Rápidamente se dieron cuenta que tenían un problema y que solo había lugar para uno de los dos en esa cuadra. Solucionar este problema no sería tarea sencilla, ya que ambos vendían básicamente lo mismo y habían acordado no bajar los precios.

Así, ambos se pusieron a pensar formas de construir una propuesta de valor que, como dijimos, los hiciera diferentes, únicos y elegibles.

Carlos tomo la iniciativa y ofreció a sus clientes un año de garantía con la compra de sus celulares. Momentáneamente logró ser único y elegible, pero como todo lo que no es muy innovador, duró poco. Fue así que Miguel rápidamente copió la propuesta de Carlos. Llamaremos a esto “Neutralización de la propuesta de valor”.

Carlitos no se quedó quieto y redobló la apuesta ofreciendo dos años de garantía. Una vez más, Miguel neutralizó a su rival.

Todo parecía estancado, cuando Carlos decidió ofrecerles no solo dos años de garantía, sino también la posibilidad de cambiar el equipo dentro de las 24 h en cualquier lugar del país.

Miguel, ante esta propuesta, decidió pasar.

Ahora Carlos tenía una propuesta de valor diferente y única. ¿Pero sería elegible? La cuestión es que Carlos necesitaba, para poder sostener esta propuesta de valor, asumir mayores costos, tantos que lo obligaban a subir sus precios en al menos un 20% para no perder dinero. De esta forma, el nuevo precio de los celulares sería más alto que los que vendía su competidor directo.

Frente a estos dos “empresarios” estaba el cliente, que venía viendo como los dos se sacaban los ojos por tratar de conquistarlo. Hasta ahora la pelea solo ofrecía ventajas momentáneas, ya que se copiaban el uno al otro. Esto sin dudas le daba cada vez más poder al cliente ya que tenía mayor poder de negociación.

No obstante, ahora tenía que analizar en profundidad la nueva propuesta de valor. Era cierto que era diferente y hasta superadora a la de Miguel. Pero algo no le terminaba de cerrar en su cabeza.

La cuestión pasaba por la variable elegible. ¿Por qué? Porque el precio es siempre un factor regulador para los clientes. Básicamente el conflicto del cliente pasaba por interpretar si la propuesta de valor que se expresaba monetariamente en un 20% más en el precio que la otra, era atractiva como para finalmente comprarla.

La percepción de caro o barato es subjetiva para cada cliente. Así, lo que para uno es caro, para otro es barato.

Así el cliente termina eligiendo a Miguel y sacrificando la diferencia, aparentemente superior, ya que la propuesta no llega a compensar el incremento de precios y decide sacrificar un beneficio.

Con este ejemplo intento ilustrar que no alcanza con ser diferente y único, es crucial ser elegible. Tampoco pretendan ser elegibles para todos los públicos, pero sí para el que ustedes hayan definido en su segmentación como objetivo.

El tercer elemento de este modelo es lo que el autor define como canales. Hemos hablado ya de esto y podríamos encuadrarlo en lo que en el plan táctico definimos como la P de Plaza. Recordemos que esta variable consiste en cómo pondremos a disposición de nuestros públicos objetivos las propuestas de valor, siempre cumpliendo con nuestras promesas.

También dentro de los canales se encuadran los canales de comunicación con los que pondremos a disposición nuestra propuesta de valor, ya que no sirve de nada tener una gran propuesta si el cliente no se entera. Aquí entra en juego la publicidad o cualquier estrategia que la empresa elija para lograr llegar a la mayor cantidad de gente dentro de sus segmentos objetivos.

Como cuarta variable está la esencia del marketing moderno que consiste en la generación de una relación con nuestro público.

Si logramos identificar bien a nuestros segmentos de mercado, indagamos sus necesidades y deseos, y sobre esta base establecemos nuestra propuesta de valor logrando estar al alcance y en el momento justo, podremos empezar a construir una relación.

Esta es una gran decisión a la que todo empresario debe enfrentarse tarde o temprano en el desarrollo de sus modelos de negocios. Básicamente definir si quiere tener un negocio transaccional o de relaciones. Las transacciones son impersonales y de corto plazo, las relaciones generan convivencia y son a largo plazo.

Si logramos construir un negocio basado en estos cuatro bloques podremos completar el quinto, que consiste en la generación de ingresos a nuestro flujo de fondos y así disponer de capital para sostener los otros 4 bloques restantes que consisten en: recursos claves, estructura de costos, actividades claves y red de socios estratégicos. Por lo general es en esta parte del esquema donde se generan egresos de dinero que se configuran en el último de los bloques del modelo.

Los recursos claves se refieren a aquellos que son vitales para que el negocio se sustente en el tiempo. Son los medios necesarios para sostener lo que definimos en los cuatro primeros bloques. Por ejemplo el capital de trabajo, el know how, patentes, etc.

Las actividades son los procesos, las políticas, la relación entre áreas y hacen al funcionamiento operativo del negocio.

Osterwalder pone especial interés en el octavo cuadrante, al que denomina red de socios estratégicos.

Es muy difícil para cualquier organización moderna poder crecer y sostenerse sin alianzas fuertes con agentes externos a lo largo y ancho de todo el mercado. Así, proveedores, intermediarios, gobiernos, competidores y por supuesto clientes, se vuelven socios claves de cualquier empresa.

Esto no solo es una necesidad operativa, sino una forma de relacionamiento. Las organizaciones se nutren de las experiencias de clientes y proveedores y co-crean productos y servicios.

El egoísmo organizacional no tiene lugar en la era moderna. Las preguntas aquí son: ¿Cuáles son sus próximas alianzas? ¿Cuándo fue la última vez que invitaron a un proveedor para conversar? ¿Cuándo fue la última vez que se reunieron con un competidor y juntos analizaron el mercado?

Resumiendo este modelo que tomamos como base para profundizar en el marketing, podríamos dividirlo en dos grandes grupos. Las áreas que miran al mercado y definen los ¿qué?, ¿quiénes?, ¿por qué? y ¿para qué? y los que definen el ¿cómo?, siempre con foco en la rentabilidad.

Recuerden:

– Diseño de modelos de negocios consiste en desarrollar productos o servicios, con foco en la resolución de una necesidad y la creación de valor, y luego configurar la organización para que eso sea posible.

– La percepción de caro o barato es subjetiva para cada cliente. Así, lo que para uno es caro, para otro es barato

– Si logramos identificar bien a nuestros segmentos, indagamos sus necesidades y deseos, y sobre esta base creamos nuestras propuestas de valor y logramos estar al alcance y en el momento justo, podremos empezar a construir una relación.

Innovación en las PyMES

Yo sé que si sos PyME, creés que la innovación es algo propio de las grandes empresas. Es más, seguro que escuchaste hablar muchas veces del “Departamento de innovación y creatividad.”

Entre nosotros, ¡la verdad es que las PyMEs son mucho más innovadoras que las grandes! Sí, sí, aunque no lo crean, así es y así debe ser. Les explicare por qué.

Ante todo me gustaría decir que soy un gran crítico del departamento de innovación dentro de las empresas. Básicamente porque creo que este departamento –en vez de fomentarla en toda la organización–, la reduce a un grupo y hace que el resto descanse creyendo que, ya que el “área de innovación” está innovando, entonces yo no tengo que hacerlo o nadie espera eso de mí.

Es importante aclarar que innovación no es creatividad. La creatividad es un proceso mental natural a todos los seres humanos mientras que la innovación es un proceso organizacional y por lo tanto, más complejo.

No se trata de tener ideas y luego ver si le pueden interesar a alguien. Esto los llevará directo al fracaso y al desánimo, y tiene más que ver con una ruleta que con un método.

La creatividad en muchos aspectos está sobrevalorada y entorno a ella se genera todo un manto de misticismo que lo que único que hace, es alejarla de la realidad y desmotiva a quienes no se creen tocados por la varita mágica.

Lo primero que hay que aclarar es que todas las empresas viven innovando. Cosas pequeñas que buscan dar solución a problemas simples, cotidianos, pero cuya resolución se vuelve algo imprescindible y necesario para poder sobrellevar el día a día.

También es importante comprender que casi todo ya fue inventado y entonces es importante observar con atención para encontrar soluciones prácticas a nuestros problemas que otro ya resolvió con anterioridad y que con algún ajuste, podríamos implementar en nuestro caso. Esto aplica tanto para soluciones de gestión como para ideas de negocios.

Hace unos años escribí un artículo que se titulaba Todos pueden viajar al futuro. En él explicaba que todos podemos viajar al futuro (en el mundo de los negocios) y que esa es una de las misiones fundamentales de los directores de las empresas.

–¿Se volvió loco?

Sé que suena un poco raro, pero les daré un ejemplo personal que viví junto a un cliente en 2012.

En enero se realiza todos los años una feria de tecnología llamada CES; esta feria es la más grande del mundo en lo que se conoce como tecnología de consumo (tv, informática, celulares, etc.); la misma se da cita todos los años en las Vegas y durante una semana, las principales marcas presentan sus próximos lanzamientos.

Ese año, un cliente me invita a acompañarlo a esta prestigiosa exposición. Llegamos allí y luego de caminar y caminar durante horas –ya las piernas no me daban más–, entré en un stand de LG donde presentaban algo que llamaban TV 4k (cuatro veces la definición HD).

Al retornar a la Argentina recuerdo ver en la televisión una publicidad anunciando como una gran novedad los TV Súper HD (doble HD).

Si en ese momento yo hubiese comentado en un asado que había tenido una visión y que en un futuro cercano existiría algo llamado 4K, estoy seguro que la mayoría me habrían llamado loco. Final de la historia: en 2015 llegaron a la argentina los TV 4k. Imaginando que lo del asado hubiera sucedido, mis amigos creerían que soy algo así como alguien que puede ver o que puede viajar al futuro. En parte esto es cierto, yo pude viajar al futuro; ustedes también pueden y deben hacerlo. No importa el rubro en el que estén, siempre hay algún lugar en el mundo donde se está mostrando lo que viene. Conocerlo con tiempo es una gran ventaja competitiva.

El PyME tiene una gran cuenta pendiente en esta materia. Concentrado en su día a día y con, en muchos casos, una cierta soberbia, no dedica tiempo a viajar al futuro.

Ahora bien, para ser innovador se requieren algunos requisitos que todos ustedes pueden poner en práctica y les recuerdo que innovar no es una opción, es una obligación:

a) Desarrollar al máximo la observación: A diferencia de simplemente mirar, es necesario observar en detalle. Obsesionarse por los clientes y competidores, y observarlos en cada situación posible. Si hace esto, descubrirá que hay muchísimas cosas para mejorar e imitar.

b) Poner foco en resolverle problemas a la gente: Estos problemas no tienen que ver con salvar al mundo, sino, simples cosas que los clientes necesitan resolver y que por alguna razón nadie hace.

c) Involucrar a toda la organización para que las innovaciones no surjan solo de arriba para abajo, sino en todas las direcciones. Nadie mejor que quien está frente al mostrador, en los almacenes o en la administración para buscar mejoras para problemas en cada una de esas áreas.

d) Contar con métodos para analizar las ideas: Hoy en día existen infinidad de métodos para poder evaluar si algo es viable o no. El modelo Canvas puede ser una, The Lean Startup o Design thinking, entre tantas otras. Siempre es importante validar con método la idea y así descartarla o avanzar; pero con algo más que solo una gran intuición.

e) Rodearse de gente creativa y crítica: Es necesario tener objetividad sobre la idea. Muchas veces es difícil para el padre de la idea ser realmente crítico y objetivo. En este punto, la visión de un consultor externo puede ser muy valiosa. Si es humilde sabrá aprovechar las críticas, siempre sabiendo de quien vienen para evitar a los abucheadores del cambio. Recuerden que para muchos la innovación es una amenaza.

Es importante aclarar que no solo se trata de generar un nuevo producto o servicio. También pueden innovar en la forma de comercializarlo, en un nuevo formato de administración, en la logística, en como estructurar la matriz de costos, etc. Eso sí, la clave es que todas estas mejoras impacten en la realidad de los clientes, generen valor y rentabilidad.

Les contaré un caso que vi hace varios años y que seguramente muchos ya me escucharon contarlo en reiteradas ocasiones; pero es claro y ejemplifica.

En EEUU, hace aproximadamente siete años, un señor llamado John inventó un celular, sí, un celular en EEUU. Parecería imposible que un simple hombre pudiera desarrollar un buen producto para competir con las grandes empresas. Salvo que fuera una innovación que le permitiera llegar a un segmento desatendido por alguna razón por el resto de las empresas.

El teléfono de este señor solo tenía números, un botón para llamar y otro para cortar; nada más…

¿Para quién era este teléfono? ¿Cómo se le ocurrió hacer un teléfono tan básico?

Les pregunto a ustedes ¿cuántas cosas quiere de un teléfono su abuela o su tía ya mayor?

Si bien la respuesta no es general, me arriesgo a que la mayoría de los mayores solo quiere una cosa: hablar, ¡y que sea fácil!

Este señor observó lo que todos vemos, pero que nadie busca resolver, salvo él. Encontró lo que se llama un segmento de oportunidad para generar mucho valor. Tanto era así, que su teléfono se vendía en las tiendas a 250 dólares.

Cuando resolvemos problemas, es fácil generar valor y si generamos valor, es fácil obtener rentabilidad.

Entonces, ¿cuándo fue la última vez que innovaron en su modelo de negocios? ¿Cuánto tiempo dedican en su organización a la innovación? ¿Escuchan las sugerencias de sus colaboradores sobre cómo mejorar pequeñas o grandes cosas que ellos consideran importantes?

Por último y para aportar algo más a la materia, les comparto una nota que escribí para la Nación a pedido de un gran amigo (Sebastián Campanario) sobre mi experiencia en Disney Institute, y como esta prestigiosa empresa logra innovar día a día.

Innovación, lo que aprendí en Disney

El pasado mes de octubre de 2017 fui seleccionado para realizar un entrenamiento en Disney Institute en Orlando. El mismo consistía en ver el detrás de escena de sus procesos y entender como esta gran organización logra estar entre las más importantes del mundo desde hace más de 50 años.

Todos conocen a Walt Disney y muchas de sus historias. Walt fue sin dudas un gran creativo e innovador con una gran obsesión: “lograr que la creatividad no muera con él”. Fue así que siempre buscó y fomentó la innovación en su empresa. En este breve artículo recopilaremos algunas de las enseñanzas (no todas, ya que tengo prohibido –bajo un contrato de confidencialidad– contar todos los secretos).

1) Diferenciar la creatividad de la innovación: La creatividad es un proceso mental común a todos los seres humanos, la misma varía de unos a otros en cuanto a donde se aplica. Así, tendremos perfiles artísticos, técnicos o múltiples. Sin embargo, la innovación es un proceso organizacional y requiere de un trabajo en equipo y procesos más complejos para desarrollarse. Si bien son primos cercanos, no siempre se logra que la creatividad individual funcione de manera colectiva. Sin creatividad no hay innovación y sin innovación la creatividad no se puede capitalizar o llevar adelante. Con casi 70 mil empleados solo en Orlando, uno de los gerentes del gigante decidió realizar un concurso creativo. El resultado fue abrumador, más de 10 mil actos creativos fueron enviados por mail. No obstante, menos del 1 % de estas ideas pudo transformarse en una innovación. Contrariamente a lo que todos llamarían un fracaso, el gerente sostuvo que “sin 10 mil ideas jamás tendríamos las 100 que pueden generar grandes progresos para la compañía; la próxima, espero tener 20 mil”. No menor es el hecho a tener en cuenta de que, antes de solicitar ideas, es importante crear un área y procesos para poder analizar, depurar y ajustar las que tengan potencial. Es muy difícil lograr el salto de la idea a la acción sin una estructura.

2) Propósito: En Disney se habla mucho del propósito. Similar a la visión, el propósito es por lo que trabajamos y lo que nos guía y nos marca el camino. En Disney se habla de un faro que guía las acciones de todos en la compañía. Walt siempre sintió la necesidad de trasmitir un propósito simple que dejase claro el fin último de la organización. Para lograrlo contrató a un tal Vince France que venía de un rubro totalmente distinto y fue precisamente por eso que le interesó. Según decía Walt “la creatividad es buena para esconderse en la rutina”. Vince llegó a Disney y luego de un tiempo presentó lo que él consideraba el propósito que guiaría y lograría alinear todos los objetivos: “El propósito de esta empresa es generar felicidad a la familia” concluyó el viejo Vince. Este simple concepto era claro y motivador. ¿Quién no quiere trabajar en una empresa cuyo objetivo principal sea generar felicidad? Asumiendo además, que cuando la generamos, en parte también seremos felices nosotros. Adicionalmente, este concepto fue como una semilla caída en tierra fértil, ya que ahora la innovación tenía un claro propósito.

3) Equipos creativos: Disney creía en la diversidad como clave de la creatividad e innovación. Adelantándose a su época, Walt desarrolló lo que llamó equipos creativos. Los mismos estaban conformados por cuatro perfiles diferentes de personas. Por un lado estaban los artistas, los seguían los técnicos, después estaban los optimistas y por último, los que nunca faltan: los pesimistas. Al principio era difícil que se pusieran de acuerdo, pero con el tiempo se lograba un equilibrio que permitía poder cosechar innovación. Con esto generó lo que llamó disparadores creativos: podía ser una idea o un concepto; luego el grupo empezaba a debatirlo, cada uno desde su óptica. Al comienzo era común ver acaloradas discusiones, algo obvio viendo los perfiles existentes, pero con el tiempo el equilibrio lograba que la idea se depurara o descartara, pero todo gracias al aporte de las diferentes visiones.

4) Todos pueden aportar creatividad: Este es uno de los aspectos que más están presentes en la cultura de Disney. Todos tienen la libertad para contar ideas y soluciones. Walt sostenía que nadie mejor que quienes hacen el trabajo, para generar las ideas que impactarán en la felicidad de las personas. En Disney los managers tiene la obligación de convocar a reuniones semanales con todo el equipo y escuchar sus ideas, anotarlas y luego hacer devoluciones, tanto para cuando una de ellas se lleva adelante, como cuando se decide que no podrán ser implementadas. La comunicación e involucramiento de todos es clave en el proceso de innovación.

5) Simplicidad: Existe un dicho que dice “Si algo es bueno y simple, dos veces bueno.” De cuando en cuando sucede que cosas simples generan soluciones fantásticas. Para ejemplificarlo les contaré un caso ocurrido en Magic Kingdom hace varios años. Cuenta la historia que uno de los empleados del estacionamiento –que puede llegar a albergar a 20 mil vehículos por día–, observó que muchos visitantes olvidaban donde habían dejado estacionado su auto y que era realmente difícil poder resolver este inconveniente. Así, filas de visitantes se agolpaban todos los días solicitando información sobre su auto, y de ser posible ¡la ubicación! A este hombre se le ocurrió diseñar unas tarjetas con el mapa del estacionamiento, y anotar cada 15 minutos la hora y letra del estacionamiento, así cuando alguien decía no recordar su ubicación, solo bastaba que le recordara aproximadamente la hora en que había llegado y así achicar las probabilidades notablemente. Esta innovación se sigue usando hasta el día de hoy, ya no se hacen colas y así, ¡hay gente que termina el día un poco más feliz, o por lo menos, menos infeliz!

Otro ejemplo fue idea del mismo Walt. Cuando estaba a punto de inaugurar su primer parque notó que los cestos de basura tenían un problema: eran abiertos y eso permitía ver su contenido, generaba olor y muchas veces algunos animales se metían dentro para robar comida (Además de dar un aspecto sumamente sucio). Fue así que fue a visitar la fábrica y pidió que por favor le hicieran unos con tapa –hasta les hizo un dibujo. No obstante, la fábrica se reusó a hacerlo. No contento con esto, se fue a otro fabricante y luego de mostrarle la idea, el hombre accedió a desarrollar un prototipo. Así fue que se llegó a los tachos de basura con un mecanismo para abrir la tapa, que no solo evitan todo estos inconvenientes, sino que son tan limpios que es común ver a la gente apoyando a sus niños encima o comiendo sobre ellos.

6) Las 4 claves de la innovación en Disney: Muchas veces se piensa que a la hora de innovar no existen reglas claras; este no es el caso de Disney. Toda innovación debe cumplir con cuatro puntos y el orden altera el resultado.

a) Seguridad: La máxima prioridad es la seguridad y no es negociable. Si algo no es 100 % seguro, no es viable por más práctico que sea.

b) Cortesía: Todo debe realizarse con la máxima cortesía posible, ya que la misma es parte de la experiencia Disney. Esto incluye a las personas, el lugar y los procesos.

c) Espectáculo: No vendemos productos o servicios, vendemos un show y es fundamental que todo lo que desarrollemos esté pensado para ser parte de un espectáculo.

d) Eficiencia: “No se trata de reducir los costos, sino más bien de crear mucho valor y con eso cubriremos todos los costos” –sostenía Walt Disney. No es que no importe, pero si convertimos la reducción de costos en prioridad, es posible que muchas de las cosas geniales que se han logrado en Disney no existirían.

Como pueden observar, la innovación está mucho más al alcance de lo que imaginamos, pero requiere conducta, inversión y procesos estructurados.

Como alguna vez me dijo un profesor: “Existen cosas difíciles y cosas complejas”; sin duda la innovación es algo complejo, pero no difícil.

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