Kitabı oku: «La memoria»

La memoria. Una breve introducción se publicó originalmente en inglés en el año 2009. Esta traducción es publicada en acuerdo con Oxford University Press. Ediciones UC es responsable de la traducción de la obra original y Oxford University Press no es responsable por ningún error, omisión, imprecisión o ambigüedad en esta traducción o por cualquier daño causado por la dependencia al respecto.
EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE
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www.ediciones.uc.cl
LA MEMORIA
Una breve introducción
Jonathan K. Foster
© Inscripción Nº 2021-A-82
Derechos reservados
Diciembre 2020
ISBN 978-956-14-2490-6
ISBN digital 978-956-14-2491-3
Traducción: English UC Language Center
Ilustración de portada: Antonia Daiber
Diseño y diagramación: versión productora gráfica SpA
Diagramación digital: ebooks Patagoonia
www.ebookspatagonia.com info@ebookspatagonia.com
CIP – Pontificia Universidad Católica de Chile
Foster, Jonathan K., autor.
La memoria : una breve introducción / Jonathan K. Foster.
Incluye bibliografía.
1. Memoria.
2. Memoria – Fisiología.
I. t.
2020 153.12 + DDC23 RDA

Contenido
Capítulo 1: Eres tu memoria
Capítulo 2: Mapa de recuerdos
Capítulo 3: Sacando conejos del sombrero
Capítulo 4: Imprecisiones en la memoria
Capítulo 5: Deterioro de la memoria
Capítulo 6: Las siete edades del hombre
Capítulo 7: Mejorar la memoria
Pensamientos finales
Lista de ilustraciones
Lectura adicional
CAPÍTULO 1
ERES TU MEMORIA
Parece que hay algo más claramente incomprensible en el poder, en los fracasos, en las irregularidades de la memoria, que en cualquier otro aspecto de nuestra inteligencia.
Jane Austen
Este capítulo enfatizará lo importante que es la memoria en todo lo que hacemos. Sin ella, seríamos incapaces de hablar, leer, identificar objetos, navegar nuestro entorno o mantener relaciones personales. Para ilustrar este punto, se presentarán observaciones y consideraciones anecdóticas, junto con observaciones de importantes pensadores de otras áreas relacionadas como la literatura y filosofía. Luego, consideraremos una breve historia de investigaciones científicas sistemáticas sobre la memoria, que comenzaron con Ebbinghaus a fines del siglo XIX y luego avanzaron con Bartlett en la década de 1930 a una investigación experimental controlada y grupal realizada en el contexto de modelos recientes de procesamiento de información de memoria. Al finalizar consideraremos cómo estudiamos la memoria en la actualidad y los principios del buen diseño en la investigación de la memoria contemporánea.
La importancia de la memoria
¿Por qué esta facultad absolutamente dada por Dios habría de conservar mucho mejor los acontecimientos de ayer que los del año pasado y, aun mejor, los de hace una hora? ¿Por qué, además, en la vejez se han de evocar con más nitidez los sucesos de la infancia? ¿Por qué, repitiendo una experiencia, hemos de reforzar nuestro recuerdo? ¿Por qué las drogas, la fiebre, la asfixia y la excitación han de resucitar cosas hace tiempo olvidadas?… Tales peculiaridades parecen casi fantásticas; y debieran ser, en cuanto podemos decir a priori, precisamente lo contrario de lo que son. Evidentemente, pues, la facultad no existe en absoluto, sino que obra bajo ciertas condiciones, y la cuestión de las condiciones llega a ser la tarea más interesante del psicólogo.
William James (1890), cita extraída de Principios de psicología
En la cita anterior, William James menciona algunos de los muchos aspectos interesantes de la memoria. En este capítulo, veremos algunas de sus fascinantes características. Sin embargo, en un capítulo de esta extensión y alcance, solo seremos capaces de raspar la superficie de lo que ha sido una de las áreas de investigación psicológica más estudiadas. La razón del rango de trabajo que se ha realizado en las preguntas de qué, por qué y cómo recordamos debe ser evidente: la memoria es un proceso psicológico clave. Según lo declarado por el eminente neurocientífico cognitivo Michael Gazzaniga: “Todo en la vida es memoria, salvo el delgado filo del presente”. La memoria nos permite recordar cumpleaños, días festivos y otros eventos importantes que pueden haber tenido lugar hace horas, días, meses o incluso años. Nuestros recuerdos son personales e “internos”, pero sin la memoria no podríamos realizar actos “externos”, como mantener una conversación, reconocer las caras de nuestros amigos, recordar citas, actuar sobre nuevas ideas, tener éxito en el trabajo o incluso aprender a caminar.
La memoria en la vida cotidiana
La memoria es mucho más que simplemente recordar la información encontrada en algún momento previo. Cuando la experiencia de un evento pasado influye posteriormente en alguien, la influencia de la experiencia anterior es un reflejo de la memoria de ese evento pasado.
Los vaivenes de la memoria se pueden ilustrar con el siguiente ejemplo. Sin duda, ha visto miles de monedas en su vida. Pero, reflexionemos sobre qué tan bien puede recordar una moneda típica que pueda tener en su bolsillo. Sin mirarla, tómese unos minutos para intentar extraer de la memoria una moneda específica. Ahora compare su dibujo con la moneda. ¿Qué tan preciso fue su recuerdo de la moneda? Por ejemplo, ¿estaba la cara mirando hacia el lado correcto? ¿Cuántas de las palabras (de haberlas) recordó? ¿Puso estas palabras en el orden correcto?
En las décadas de 1970 y 1980, se llevaron a cabo estudios sistemáticos sobre este mismo tema. Los investigadores descubrieron que, de hecho, la mayoría de las personas tienen muy malos recuerdos de cosas familiares, como las monedas. Esto representa un tipo de memoria que tendemos a dar por sentado (pero que, en cierto sentido, ¡en realidad no existe!). Inténtelo con otros objetos familiares en su entorno, como sellos, o trate de recordar los detalles de la ropa que normalmente usan otras personas en su lugar de trabajo o con quienes socializa con frecuencia. El punto clave aquí es que tendemos a recordar la información que es más importante y útil para nosotros. Por ejemplo, podemos recordar mucho mejor el tamaño, las dimensiones o el color típicos de las monedas que la dirección en que mira la cara o el texto en la moneda, ya que el tamaño, las dimensiones o el color pueden ser más relevantes para nosotros cuando estamos usando dinero (es decir, con el fin principal de pago e intercambio por el cual se ideó el dinero). Y cuando recordamos a las personas, generalmente recordamos sus caras y otras características distintivas que no cambian (y, por lo tanto, son más útiles para identificarlas), en lugar de elementos que pueden cambiar (como su ropa).
En lugar de pensar en monedas y ropa, tal vez sea más sencillo para la mayoría de las personas considerar el papel de la memoria en el caso de un estudiante que: i) asiste a una clase, y ii) luego recuerda exitosamente en el examen lo que se enseñó en la clase. Este es el tipo de “memoria” que todos recordamos de nuestros días escolares. Pero, puede ser menos obvio que la memoria pueda desempeñar un papel efectivo para el estudiante, incluso cuando la persona no “recuerda” la clase o la información en sí misma, sino que utiliza la información de la clase de manera más general (es decir, posiblemente sin pensar en la clase en sí, o recordando la información específica que se presentó en ese contexto; esto se denomina memoria episódica).
En el caso del uso más general que hace el estudiante de la información presentada en la clase, nos referimos a esta información como ingresada en la memoria semántica, que es ampliamente análoga a lo que también denominamos “conocimiento general”. Además, si ese estudiante desarrolla posteriormente un interés (o un desinterés marcado) en el tema de la clase, este interés puede reflejar la memoria de la clase anterior, aunque el estudiante no pueda recordar conscientemente haber asistido a una clase sobre el tema en cuestión.
De manera similar, la memoria juega un papel, ya sea que tengamos o no la intención de aprender. De hecho, comparativamente, pasamos muy poco tiempo tratando de “registrar” los eventos para recordarlos más tarde, como en un estudio formal. Por el contrario, la mayoría de las veces simplemente vivimos nuestras vidas cotidianas. Pero si, en esta vida cotidiana, ocurre algo sobresaliente (que, en nuestro pasado evolutivo como homo sapiens, bien podría haber estado asociado con amenaza o recompensa), los procesos fisiológicos y psicológicos establecidos se activan, y generalmente recordamos estos eventos bastante bien. Por ejemplo, la mayoría de nosotros hemos olvidado dónde dejamos nuestro automóvil en un gran estacionamiento. Pero si tenemos un accidente mientras estacionamos y dañamos nuestro automóvil y/o el automóvil de la persona estacionada a nuestro lado, se inician mecanismos específicos de “miedo, retiro o retracción”, lo que garantiza que recordemos esos eventos (y la ubicación de nuestro automóvil) muy bien.
Figura 1. Nuestro recuerdo de objetos muy familiares,
como las monedas, suele ser mucho peor de lo que creemos.

Entonces, la memoria no depende, de hecho, de la intención de recordar eventos. Además, los eventos pasados tienen que influir en nuestros pensamientos, sentimientos o comportamiento (como lo consideramos en el ejemplo anterior del alumno que asiste a clases) para que esto proporcione evidencia suficiente de nuestra memoria sobre estos eventos. La memoria también desempeña un papel, independientemente de nuestra intención de recordar o utilizar eventos pasados. Muchas de las influencias de eventos pasados son involuntarias, y pueden “aparecer en la mente” de manera inesperada. La recuperación de información puede incluso ir en contra de nuestras intenciones, como se muestra en el trabajo realizado por investigadores durante las últimas décadas. Este tema se ha vuelto muy actual en el contexto de fenómenos como la recuperación de recuerdos traumáticos.
Modelos y mecanismos de memoria
Ha habido muchos modelos diferentes de cómo funciona la memoria, que se remontan a los tiempos clásicos. Por ejemplo, Platón consideraba que la memoria era como una tableta de cera, en la que las impresiones se realizaban o codificaban, y luego se almacenaban, de modo que podíamos regresar y recuperar estas impresiones (es decir, los recuerdos) en un momento posterior. Esta distinción tripartita entre codificación, almacenamiento y recuperación ha persistido entre los investigadores científicos hasta nuestros días. Otros filósofos en tiempos clásicos compararon los recuerdos con los pájaros en una pajarera o con los libros en una biblioteca, subrayando las dificultades de recuperar la información después de haberla almacenado, es decir, capturar el pájaro correcto o localizar el libro indicado.
Los teóricos contemporáneos han llegado a reconocer que la memoria es un proceso selectivo e interpretativo. En otras palabras, hay más en la memoria que solo el almacenamiento pasivo de información.
Además, después de aprender y almacenar nueva información, podemos seleccionar, interpretar e integrar una cosa con otra, a fin de hacer un mejor uso de lo que aprendemos y recordamos. Es probable que esta sea una de las razones por las que a los expertos en ajedrez les resulta más fácil recordar la posición de las piezas en un tablero de ajedrez, y a los aficionados al fútbol les resulta más fácil recordar cada uno de los resultados de fútbol de un fin de semana, es decir, gracias a su amplio conocimiento y a las interconexiones entre los diferentes elementos de este conocimiento.
Figura 2. Pájaros en una pajarera: a veces se compara recordar algo específico con la captura de un pajaro específico en una pajarera llena de aves.

Al mismo tiempo, nuestra memoria está lejos de ser perfecta. Según lo resumido por el escritor y filósofo C. S. Lewis:
Cinco sentidos; un intelecto incurablemente abstracto; una memoria azarosamente selectiva; un conjunto tan numeroso de prejuicios y supuestos que nunca puedo examinar más que una minoría y jamás llegar a ser siquiera consciente de todos ellos. ¿Cuánto de la realidad total puede captar ese aparato?
Sin embargo, hay cosas que debemos recordar para funcionar con eficacia en el mundo, y otras cosas que no necesitamos recordar. Como ya hemos señalado, las cosas que debemos recordar a menudo tienen un significado evolutivo: en situaciones de “amenaza” o “recompensa” (real o percibida), se invocan mecanismos cerebrales y cognitivos que nos ayudan a recordar mejor.
Pensar en esta línea ha llevado a muchos investigadores contemporáneos a considerar que los mecanismos que subyacen a la memoria se caracterizan mejor como una actividad o proceso dinámico en lugar de una entidad o cosa estática.
Figura 3. Ebbinghaus notó que la tasa de olvido para los trigramas consonante-vocal-consonante que él mismo se enseñó fue aproximadamente exponencial (es decir, el olvido fue rápido al principio, pero la tasa a la que se olvidó la información disminuyó gradualmente).

La tradición de Ebbinghaus
Aunque las observaciones personales y las anécdotas sobre la memoria pueden ser esclarecedoras y entretenidas, a menudo se originan a partir de una experiencia específica de un individuo determinado. Por lo tanto, es cuestionable en qué medida son a) objetivamente “reales” y b) se pueden generalizar universalmente a todos los individuos. La investigación científica sistemática puede ofrecer una visión única de estos temas. Parte de la investigación sistemática clásica en memoria y olvido se llevó a cabo a finales del siglo XIX por Hermann Ebbinghaus. Ebbinghaus se enseñó a sí mismo 169 listas separadas de 13 sílabas sin sentido. Cada sílaba comprendía un trigrama de consonante-vocal-consonante “sin sentido” (por ejemplo, PEL). Ebbinghaus volvió a aprender cada una de estas listas después de un intervalo que oscilaba entre 21 minutos y 31 días. Estaba especialmente interesado en la magnitud en que se había producido el olvido durante este período de tiempo, utilizando el “puntaje de retención” (es decir, cuánto tiempo le tomó volver a aprender la lista) como una medida de cuánto había olvidado.
Ebbinghaus notó que la tasa de olvido era aproximadamente exponencial: es decir, el olvido es rápido al principio (poco después de que el material ha sido aprendido), pero la tasa en la que se olvida la información disminuye gradualmente. Entonces, la tasa de olvido es logarítmica más que lineal. Esta observación ha resistido bien la prueba del tiempo y se ha demostrado que se aplica en una variedad de diferentes materiales y condiciones de aprendizaje. Entonces, si deja de estudiar francés después de salir de la escuela, en los primeros 12 meses mostrará un rápido descenso en su vocabulario francés, pero la velocidad a la que olvide este vocabulario irá disminuyendo gradualmente con el tiempo. De modo que, si estudia francés de nuevo cinco o diez años después, se sorprenderá de cuánto ha retenido (en comparación con lo que recuerde unos años antes).
Otra característica interesante de la memoria señalada por Ebbinghaus es que, al haber perdido información, como parte de su vocabulario francés, puede volver a aprender esta información mucho más rápido que alguien que nunca ha aprendido francés en primer lugar (es decir, el concepto de “retención”). Este hallazgo implica que debe haber un rastro residual de esta información “perdida” en su cerebro. Este punto también confirma la importante cuestión relacionada con el conocimiento consciente frente al conocimiento inconsciente que consideraremos en capítulos posteriores: obviamente no somos conscientes de este vocabulario francés “perdido”, pero los hallazgos de la investigación con respecto a esta información conservada indican que debe haber cierta retención del registro de la memoria a un nivel inconsciente. El eminente psicólogo B.F. Skinner denota algo muy relacionado cuando escribe que “La educación es lo que sobrevive cuando lo que se ha aprendido ha sido olvidado”. Podríamos añadir… “conscientemente olvidado pero retenido en alguna otra forma residual”.
El trabajo clásico de Ebbinghaus en el campo, Sobre la memoria: Una contribución a la psicología experimental, se publicó en 1885. Este trabajo abarca muchas contribuciones duraderas de Ebbinghaus a la investigación de la memoria, incluida la sílaba sin sentido, la identificación del olvido exponencial y el concepto de retención (más los diversos problemas de memoria en los que Ebbinghaus trabajó sistemáticamente en su investigación, como los efectos de la repetición, la forma de la curva del olvido, y la comparación de la poesía y el aprendizaje sin sentido de sílaba). La gran ventaja de la metodología experimental practicada por Ebbinghaus es que controla muchos factores extraños (y potencialmente distorsionantes) que pueden influir en la memoria. Ebbinghaus describió sus sílabas sin sentido como “uniformemente no asociadas”, lo que consideraba una fortaleza de su enfoque.
No obstante, el autor podría ser criticado por no usar materiales de memoria más significativos. Algunos investigadores del campo han argumentado que el enfoque de Ebbinghaus tiende a simplificar en exceso la memoria, reduciendo sus sutilezas a una serie de componentes matemáticos artificiales. El riesgo de este enfoque es que, aunque estamos empleando rigor científico y somos capaces de dividir los mecanismos de la memoria en trozos manejables, es posible que estemos eliminando aquellos aspectos de la memoria humana que son más intrínsecos (y definitivos) a la manera en que nuestra memoria funciona en la vida cotidiana. Por lo tanto, una pregunta importante se refiere a lo siguiente: ¿hasta qué punto los hallazgos de Ebbinghaus son generalizables para la memoria humana en su conjunto?
La tradición Bartlett
La segunda gran tradición en la investigación sobre la memoria se ejemplifica en el trabajo de Frederick Bartlett, realizado en la primera mitad del siglo XX, es decir, varias décadas después de Ebbinghaus. En su libro El recuerdo: Estudio experimental y social, publicado en 1932, Bartlett desafió la tradición de Ebbinghaus, que en ese momento era preeminente en el campo. Bartlett argumentó que el estudio de las sílabas sin sentido no nos dice mucho sobre la forma en que funciona la memoria humana en el mundo real. Planteó una pregunta importante: ¿cuántas personas pasan la vida recordando sílabas sin sentido? En contraste con Ebbinghaus, quien intentó eliminar el significado de sus materiales de prueba, Bartlett se enfocó en lo opuesto: materiales significativos (más específicamente, materiales a los que tratamos de dar algún significado). Estos materiales fueron aprendidos y recordados por los participantes de Bartlett en condiciones relativamente naturales. De hecho, parece ser un elemento fundamental de la “condición humana” que, en nuestro estado natural, por lo general buscamos imponer un significado a los eventos que tienen lugar en nuestro entorno. Este principio resalta en gran parte el trabajo de Bartlett. Por ejemplo, en algunos de los estudios más influyentes de Bartlett, se pidió a los sujetos que leyeran una historia (la historia más conocida que leyeron fue “La guerra de los fantasmas”); luego intentaron recordar la historia más tarde.
Bartlett descubrió que los individuos recordaban cada historia de manera idiosincrásica, pero también descubrió algunas tendencias generales entre sus hallazgos:
• las historias tendieron a ser más cortas cuando eran recordadas;
• las historias también se volvieron más coherentes: es decir, la gente parecía dar sentido a material desconocido al vincular este material con sus ideas preexistentes, conocimientos generales y expectativas culturales;
• los cambios que las personas hicieron al recordar una historia tienden a estar asociados con las reacciones y emociones que experimentaron cuando la escucharon por primera vez.
Bartlett argumentó que lo que la gente recuerda está, en cierta medida, mediado por su compromiso emocional y personal con el evento original que se recordará. En las propias palabras de Bartlett, la memoria retiene “un pequeño detalle sobresaliente”, mientras que el resto de lo que recordamos representa una elaboración que está meramente influenciada por el evento original. Bartlett se refirió a esta característica clave de la memoria como “reconstructiva”, en lugar de “reproductiva”. En otras palabras, en lugar de reproducir el evento o historia original, derivamos una reconstrucción basada en nuestras presuposiciones, expectativas y nuestro “conjunto mental” existentes.
Como ejemplo, piense en la forma en que dos personas que apoyan a dos países diferentes (Inglaterra y Alemania) informan los eventos de un partido de fútbol que acaban de ver (el equipo inglés que juega contra el equipo alemán). Los mismos eventos objetivos tuvieron lugar en el campo de juego, pero es muy probable que el partidario de Inglaterra informe los eventos de una manera marcadamente diferente del partidario del equipo alemán. Al igual que cuando dos personas ven la misma película, sus recuerdos de la película serán similares, pero también habrá diferencias significativas. ¿Por qué podrían ser diferentes sus relatos? Estos dependerán de sus intereses, motivaciones y reacción emocional, cómo captan la narrativa presentada. Del mismo modo, alguien que votó por el gobierno actual en la última elección general bien puede recordar eventos relacionados con un evento nacional importante (una guerra, por ejemplo) de una manera bastante diferente a alguien que votó por el actual partido de la oposición. (Estos ejemplos también sugieren la manera en que los factores sociales, incluidos los estereotipos, pueden influir en nuestra memoria de los acontecimientos).
Por lo tanto, existe una diferencia crucial en el enfoque de la memoria que consideraron Ebbinghaus y Bartlett. La esencia del argumento de Bartlett es que las personas intentan imponer un significado a lo que observan en el mundo, y que esto influye en su memoria de los eventos. Esto puede no ser importante en un experimento de laboratorio que utiliza materiales relativamente abstractos y sin sentido, como las sílabas sin sentido empleadas por Ebbinghaus. Pero Bartlett argumentó que, en un contexto más natural, este esfuerzo por significado es una de las características más significativas de la forma en que funciona nuestra memoria en el mundo real.
Construyendo memoria
Como hemos visto en el trabajo de Bartlett, la memoria no es una copia verídica del mundo, a diferencia de un DVD o grabación de video. Quizás sea más útil pensar en la memoria como una influencia del mundo en el individuo. De hecho, un enfoque constructivista describe la memoria como las influencias combinadas del mundo y las propias ideas y expectativas de la persona. Por ejemplo, la experiencia de cada persona mientras mira una película será algo diferente porque son individuos distintos, que tienen diferentes pasados personales, y distintos valores, pensamientos, metas, sentimientos, expectativas, estados de ánimo y experiencias pasadas. Podrían haber estado sentados uno junto al otro en el cine, pero en un sentido importante en realidad experimentaron películas subjetivamente diferentes. Entonces, un evento, tal como ocurre, es construido por la persona que lo experimentó. Esta construcción está muy influenciada por el “evento” de la memoria (en este caso, la proyección de la película), pero también es un producto de las características individuales y las idiosincrasias personales de cada persona (las cuales desempeñan un papel importante en la forma en que se experimenta, codifica y almacena el evento posteriormente).
Más tarde, cuando tratamos de recordar ese evento, algunas partes de la película vienen a la mente, mientras que otras partes podemos reconstruir en función de las partes que recordamos y de lo que sabemos o creemos que debe haber ocurrido. (Es probable que este último se base en nuestros procesos inferenciales sobre el mundo, combinados con los elementos que recordamos de la película). De hecho, somos tan buenos en este tipo de reconstrucción (o “rellenar las lagunas”) que a menudo no somos conscientes de que lo estamos haciendo. Esto parece especialmente probable que ocurra cuando se cuenta y se vuelve a contar un recuerdo, con diferentes influencias presentes en cada momento de recuperación (lea la referencia a las técnicas de reproducción en serie y repetida de Bartlett citadas en el recuadro de la página 21). En tales situaciones, la memoria “reconstruida” a menudo parece tan real como la memoria “recordada”. Esta es una consideración especialmente preocupante cuando reflexionamos sobre el grado en que las personas pueden sentir que están “recordando” características cruciales de un asesinato presenciado o un asalto de la infancia con experiencia personal, cuando, en cambio, pueden estar “reconstruyendo” estos eventos y llenando la información faltante según su conocimiento general del mundo (véase el capítulo 4).
A la luz de estas consideraciones, el acto de recordar se ha comparado con la tarea de un paleontólogo que reconstruye un dinosaurio a partir de un conjunto incompleto de huesos, pero que posee un gran conocimiento general sobre los dinosaurios. En esta analogía, el evento pasado nos deja con acceso a un conjunto incompleto de huesos (a veces con huesos “extraños” que no derivan del evento pasado en absoluto). Nuestro conocimiento del mundo luego influye en nuestros esfuerzos para volver a ensamblar esos huesos en algo que se asemeje al episodio pasado. Los recuerdos que reunamos pueden contener algunos elementos reales del pasado (es decir, algunos huesos reales), pero, en conjunto, es una reconstrucción imperfecta del pasado ubicado en el presente.
Cómo estudiamos la memoria hoy en día
La memoria puede ser estudiada de muchas maneras y en muchas situaciones. Puede ser manipulada y estudiada en el “mundo real”. Sin embargo, la mayoría de las investigaciones objetivas sobre el tema de la memoria realizadas hasta la fecha han comprendido trabajos experimentales, en los que se comparan diferentes manipulaciones en condiciones controladas (generalmente, en un entorno de laboratorio) que involucran un conjunto de palabras para recordar u otros materiales similares. La manipulación puede incluir cualquier variable que se espera que influya en la memoria, como la naturaleza del material (por ejemplo, estímulos visuales y verbales), la familiaridad del material, el grado de similitud entre las condiciones de estudio y de prueba y el nivel de motivación para aprender. Tradicionalmente, los investigadores experimentales han estudiado la memoria con los siguientes tipos de estímulos: listas de palabras, estímulos verbales inarticulados, como los utilizados por Ebbinghaus, y otros materiales comúnmente disponibles, como números o imágenes (también se han utilizado otros tipos de materiales; textos, cuentos, poemas, citas y acontecimientos de la vida).
| La guerra de los fantasmasCuando Bartlett siguió el ejemplo de Ebbinghaus e intentó realizar más experimentos con sílabas sin sentido, el resultado fue “decepcionante y muy insatisfactorio”. En su lugar, optó por trabajar con material de prosa común que “fuera interesante en sí mismo”, el tipo de material que Ebbinghaus había rechazado.Bartlett usó dos métodos básicos en sus experimentos: Reproducción en serie, similar al juego del “teléfono descompuesto”. Una persona le dice algo a otra persona, quien luego lo repite a una tercera, y así sucesivamente. La “historia” que le llega a la última persona del grupo se compara con la original.La reproducción repetida es cuando se le pide a alguien que repita la misma información en ciertos intervalos (desde 15 minutos hasta años) después de haberla aprendido por primera vez.La pieza de prosa más famosa que Bartlett usó para investigar los recuerdos es un cuento popular estadounidense llamado La guerra de los fantasmas:Una noche, dos jóvenes de Egulac bajaron al río a cazar focas. Estando allí se encontraron envueltos por la niebla y el silencio. Entonces oyeron gritos de guerra y pensaron: “Puede que se preparen para la guerra”. Se marcharon a la orilla y se escondieron detrás de un tronco. Aparecieron las canoas, escucharon los ruidos de los remos y comprobaron que una se dirigía hacia ellos. Los cinco hombres que venían en la canoa les dijeron:“¿Qué pensáis? Deseamos que vengáis con nosotros. Vamos a remontar el río para luchar contra la gente”. Uno de los jóvenes dijo: “No tengo flechas”. Él dijo: “Las flechas están en la canoa”. “Yo no iré, me pueden matar. Mi familia no sabe dónde he ido”. “Pero tú”, volviendo al otro “puedes ir con ellos”. Así que uno de los hombres se fue con ellos y el otro volvió a casa.Y los guerreros remontaron el río hasta una ciudad al otro lado del Kalama. La gente bajó al río y empezaron a luchar. Muchos murieron. En ese momento, el joven oyó a uno de los guerreros que decía: “Deprisa, vamos a casa; ese indio ha sido golpeado”. Entonces pensó: “Oh, son fantasmas”. No se sentía mal pero decían que le habían disparado.Así que las canoas regresaron a Egulac, y el joven regresó a casa y encendió el fuego. Y dijo a todo el mundo: “Escuchadme, acompañé a los fantasmas y fuimos a luchar. Muchos de nuestros compañeros murieron y muchos de nuestros atacantes también. Dijeron que fui golpeado pero no me siento mal”.Se lo contó a todos. Después calló. Al amanecer se desmayó. De su boca salió algo negro. Su cara se contorsionó. La gente saltó y lloró. Estaba muerto.Bartlett eligió esta historia porque no se relaciona con la cultura narrativa inglesa de sus participantes, y parece ser inconexa y algo incoherente para los oídos anglosajones. Bartlett anticipó que estas características de la historia exagerarían la transformación cuando sus participantes intentaran reproducirla.A continuación, y como ejemplo, se presenta el intento de una persona que repite la historia por cuarta vez, esta vez varios meses después de haberla escuchado por primera vez: |
| Dos jóvenes bajaron al río para cazar focas. Se escondían detrás de una roca cuando un bote con algunos guerreros se les acercó. Los guerreros, sin embargo, dijeron que eran amigos, y los invitaron a ayudarlos a luchar contra un enemigo al otro lado del río. El mayor dijo que no podía ir porque sus familiares se preocuparían si no regresaba a casa. Así que el más joven se fue con los guerreros en el bote.En la noche regresó y les dijo a sus amigos que había luchado en una gran batalla, y que muchos habían muerto en ambos lados. Después de encender un fuego se fue a dormir. Por la mañana, cuando salió el sol, cayó enfermo y sus vecinos vinieron a verlo. Les había dicho que había sido herido en la batalla, pero que no había sentido dolor en ese momento. Pero pronto se puso peor. Se retorció y chilló y cayó al suelo muerto. De su boca salió algo negro. Los vecinos dijeron que debió haber estado peleando con fantasmas.A partir de sus experimentos, Bartlett concluyó que las personas tienden a racionalizar el material que están recordando. En otras palabras, intentan facilitar la comprensión del material y modificarlo en algo con lo que se sientan más cómodos. La propia descripción de Bartlett de lo que estaba sucediendo es la siguiente:El recordar no es la re excitación de innumerables rastros fijos, sin vida y fragmentarios, es una reconstrucción o construcción imaginativa a partir de la relación de nuestra actitud hacia una masa activa y completa de reacciones o experiencias pasadas y organizadas, y a partir de un pequeño detalle que aparece comúnmente en forma de imagen o lenguaje. Por lo tanto, casi nunca es realmente exacto, incluso en los casos más rudimentarios de recapitulación de memoria…En este contexto, tal vez no sea sorprendente que las personas a menudo encuentren que sus recuerdos son poco confiables, o que los recuerdos de dos personas diferentes que han observado el mismo evento pueden ser algo distintas. Después de considerar dos de las figuras más influyentes en la investigación de memoria experimental, pasamos ahora a considerar métodos y hallazgos más contemporáneos. |
Durante las últimas décadas, gran parte de la investigación empírica sobre la memoria que se ha llevado a cabo se ha interpretado típicamente en el contexto del procesamiento de la información y los modelos informáticos de memoria que fueron adoptados por la mayoría de los experimentadores después de la Segunda Guerra Mundial. Dentro de este marco, las propiedades funcionales que subyacen a la memoria humana (y otros aspectos del funcionamiento cognitivo) se consideran en términos generales para reflejar el tipo de procesamiento de información que incorpora la computadora moderna. (Tenga en cuenta que esta metáfora generalmente se refiere a las propiedades funcionales o al software de la computadora, en lugar de a su hardware). Los estudios de investigación más recientes generalmente involucran un mayor número de participantes que los del trabajo anterior realizado por Ebbinghaus y Bartlett, que a menudo se enfocaron en el examen detallado de casos individuales (incluido, en el caso de Ebbinghaus, ¡él mismo!). Los hallazgos de los estudios grupales se pueden analizar mediante potentes técnicas estadísticas inferenciales que nos permiten interpretar objetivamente el tamaño y la importancia de los hallazgos obtenidos.
Observación e inferencia: La investigación de la memoria en la era moderna
La memoria es evidente en la medida en que un evento influye en el comportamiento posterior. Pero, ¿cómo podemos saber si el comportamiento posterior fue influenciado por el evento pasado? En la sección final de este capítulo, consideraremos algunas de las técnicas utilizadas por los investigadores de la memoria contemporánea.
Intente esto: escriba los primeros 15 muebles que se le vienen a la mente. Luego compare su lista con la de la página 27. Probablemente hay varias coincidencias. Si hubiera estudiado una lista de artículos con nombres de muebles, y más tarde le pidieran que los recordara, ¿podría deducirse lógicamente que su enumeración de un artículo dado fuera directamente atribuible a su recuerdo de los artículos en la lista presentada anteriormente? Esto no es una inferencia válida: podría recordar conscientemente algunos elementos como parte de la lista anterior, podría pensar en otros elementos debido a una influencia indirecta o inconsciente del estudio de la lista anterior, mientras que podría pensar en algunos elementos simplemente porque son muebles (es decir, no como resultado del estudio de la lista de palabras). Por lo tanto, no se puede concluir necesariamente que el número de coincidencias entre su lista y la lista de estudio sea una buena medición de su recuerdo de la lista (porque las coincidencias pueden ocurrir por cualquiera de los motivos mencionados anteriormente).
Esta demostración con la lista de muebles capta un importante tema en la investigación de la memoria. Como ya hemos señalado, la memoria no se observa directamente (a diferencia de, por ejemplo, una tormenta eléctrica o una reacción química), sino que se deduce de un cambio en el comportamiento, que generalmente se mide a través de un cambio observado en el desempeño de una tarea que está diseñada para medir la memoria. Pero el desempeño en tal tarea estará influenciado por otros factores (como la motivación, el interés, el conocimiento general y los procesos de razonamiento asociados), así como la influencia de la memoria de uno en el evento original. Por lo tanto, es muy importante tener cuidado con lo que i) se observa (típicamente influenciado por factores distintos de la memoria per se) y lo que ii) se infiere al realizar una investigación sistemática sobre las propiedades funcionales de la memoria.
Para abordar este problema, la investigación de la memoria generalmente se realiza comparando diferentes grupos de participantes (o diferentes manipulaciones de la memoria), organizados de tal manera que el “evento pasado” o manipulación ocurra para un grupo, pero no para los otros. Los grupos de participantes se eligen para que sean equivalentes (o al menos muy similares) en todas las dimensiones potencialmente relevantes; por ejemplo, los grupos generalmente no difieren en edad, educación o inteligencia. Este tipo de diseño de investigación es la base de la mayoría, si no es todo el material tratado en este libro. La secuencia lógica es la siguiente: debido a que la única diferencia relevante conocida entre los grupos de participantes es la presencia o ausencia del evento de memoria o la manipulación, se asume que las diferencias observadas entre grupos en un momento posterior reflejan el recuerdo de ese evento. Pero es importante tener en cuenta que esta es una suposición (aunque, en general, una razonable); además, es esencial determinar que no hay otras diferencias entre los grupos de individuos que se están evaluando y que podrían afectar el resultado de la investigación sobre la memoria.
Este es uno de los ejemplos de este enfoque, tomado de la investigación sistemática del fenómeno propuesto de “aprendizaje a través del sueño”. Supongamos que ha reproducido grabaciones mientras duerme, con la esperanza o la expectativa de que recordará la información más adelante. ¿Cómo evaluaría si las grabaciones fueron efectivas? Para responder a la pregunta, puede presentar información a las personas mientras duermen, luego despertarlas y observar si su comportamiento posterior refleja algún recuerdo de la información que se les presentó mientras estaban durmiendo. Wood, Bootzin, Kihlstrom y Schacter realizaron este mismo experimento. Mientras las personas dormían, estos investigadores leían pares de nombres de categorías y nombres (por ejemplo, “un metal: oro”). Cada par de categoría: pares de palabra ítem se repitió varias veces. Después de diez minutos, los participantes del estudio que habían estado durmiendo durante la presentación del estímulo se despertaron y se les pidió que generaran ejemplos de categorías nombradas (como los metales) cuando se les ocurriera. El supuesto que subyace a este estudio fue que, si los participantes recordaban que les leyeron palabras mientras dormían, sería más probable que incluyeran la palabra “oro” en la lista de nombres de metales que generaron posteriormente.
Sin embargo (según las consideraciones que se mencionaron anteriormente), para hacer una inferencia válida sobre la información recordada, claramente no es suficiente observar con qué frecuencia los ejemplos que se presentaron mientras los participantes estaban dormidos aparecieron en las listas generadas posteriormente. Por ejemplo, muchas personas, cuando se les pide que piensen en metales, incluyen el oro, incluso sin haberlo leído previamente mientras dormían. De acuerdo con los principios de buen diseño de investigación mencionados anteriormente, los investigadores pueden superar este tipo de problema al examinar la diferencia entre el desempeño de un grupo pareado o una condición de comparación con la de un grupo o condición experimental.
En su estudio, Wood y sus colegas hicieron dos comparaciones. La primera comparación fue entre grupos: algunos participantes estaban despiertos mientras se les leían los pares de palabras, mientras que otros estaban dormidos. Debido a que los participantes emparejados se asignaron de manera aleatoria a los grupos “dormido” o “despierto”, comparar la frecuencia con la que aparecían las palabras objetivo en cada uno de estos dos grupos reveló si las personas estaban más influenciadas por i) presentaciones mientras estaban despiertos o por ii) presentaciones mientras estaban dormidos. De hecho, en este estudio, las personas que estaban despiertas durante las presentaciones de los pares tenían más del doble de probabilidades de informar los ejemplos entregados, en comparación con las personas que habían dormido durante las presentaciones. Esta comparación particular muestra que aprender mientras se está despierto es mejor que aprender mientras se está durmiendo. Sin embargo, tenga en cuenta que esta comparación no descarta la posibilidad de que el rendimiento de la memoria de aquellos que habían dormido se haya visto beneficiado por las presentaciones anteriores de las categorías: palabras ítem.
Por lo tanto, los investigadores hicieron otra comparación importante, que implicaba repetir sus mediciones con bastante inteligencia. En realidad, había dos listas diferentes de pares de palabras utilizadas en el estudio: una lista incluía “un metal: oro”, mientras que la otra lista incluía “una flor: pensamiento”. Cada participante solo leyó una de las listas de palabras emparejadas mientras dormía, pero todos los participantes fueron evaluados en ambas listas de categorías después de ser despertados. Este procedimiento permitió a los experimentadores comparar la frecuencia con la que las personas, después de ser despertadas, produjeron ejemplos de categoría que les habían leído en comparación con ejemplos que no se les había leído. En otras palabras, se hicieron múltiples observaciones para cada participante en el estudio y luego se compararon.
Cuando se realizó esta comparación en aquellos individuos que habían escuchado algunos de los pares de la categoría: ítem mientras estaban dormidos, los hallazgos indicaron que no había una diferencia real entre los informes subsiguientes de los individuos de los ejemplos de la categoría clave a) cuando los ejemplos se les habían leído anteriormente en comparación con b) cuando no se les habían leído los ejemplos. Por el contrario, si las personas estaban despiertas durante la presentación de palabras, una comparación análoga entre a) y b) mostró que las presentaciones de las listas tuvieron un efecto significativo en la memoria posterior para los ejemplos clave.
Resumen
En este capítulo hemos destacado que la memoria es esencial para prácticamente todo lo que hacemos. Sin ella, no podríamos hablar, leer, navegar por nuestro entorno, identificar objetos o mantener relaciones interpersonales. Aunque las observaciones personales y las anécdotas sobre la memoria pueden ser esclarecedoras y entretenidas, a menudo se originan a partir de una experiencia específica de un individuo determinado. Por lo tanto, es cuestionable hasta qué punto tales observaciones pueden generalizarse universalmente, es decir, a todos los individuos. Hemos visto en el trabajo de Ebbinghaus y Bartlett cómo la investigación sistemática puede proporcionar una visión crucial de las propiedades funcionales de la memoria humana. Más recientemente, ha sido posible analizar las propiedades funcionales subyacentes de la memoria mediante el uso de avanzadas técnicas de observación y estadísticas que nos permiten interpretar el tamaño y la importancia de los hallazgos obtenidos de experimentos cuidadosamente controlados. Los siguientes capítulos de este libro considerarán algunos de los hallazgos más destacados obtenidos de dichos estudios. Como veremos, es más preciso considerar nuestra memoria como una actividad que como una cosa. Además, uno de los aspectos más importantes de los descubrimientos científicos recientes es que, en lugar de ser percibidos como una entidad única (“mi memoria” esto… o “mi memoria” eso…), ahora sabemos que la memoria representa una colección de varias capacidades diferentes. Este tema se tratará en mayor detalle en el capítulo 2.
Lista de muebles (de la página 23):
Silla - Ropero
Mesa - Estante
Taburete - Escritorio
Alacena - Gabinete
Cama - Armario
Sofá - Cómoda
CAPÍTULO 2
MAPA DE RECUERDOS
Esta sección del libro considerará la pregunta central de cómo funcionan los sistemas de memoria y cómo se pueden definir los diferentes componentes de la memoria funcional. El punto central será que cualquier sistema de memoria, ya sea el cerebro humano (a veces denominado “el sistema más complejo del universo conocido”), el disco duro de una computadora, una videograbadora o un simple archivador de oficina debe ser capaz de i) codificar, ii) almacenar y iii) recuperar información de manera efectiva si ha de funcionar bien como un sistema de memoria. La memoria puede fallar si hay dificultades con cualquiera de estos tres procesos. Habiendo discutido este punto, pasaremos a considerar las formas en que se han definido los diferentes procesos de los componentes dentro de la memoria. Aquí sostenemos que nuestras impresiones personales sobre tener una buena o una mala memoria (en singular) son incorrectas. En contraste, gran parte de la investigación realizada durante los últimos cien años tanto en participantes sanos como en pacientes clínicos con lesiones cerebrales ha ilustrado la manera en que la memoria se separa en múltiples componentes distintos. La distinción clave entre a) memoria a corto plazo y b) memoria a largo plazo (a menudo mal entendida tanto por los médicos como por la comunidad lego) se hará usando las analogías apropiadas. Luego se considerarán los diferentes elementos funcionales dentro de la memoria a corto y largo plazo. Este capítulo proporcionará un marco conceptual dentro del cual se puede comprender gran parte del material presentado en el resto de este libro.
La lógica de la memoria: codificación, almacenamiento y recuperación
Aquí tienes romero que es bueno para la memoria; acuérdate, amor mío, te lo ruego.
Shakespeare, Hamlet
Cualquier sistema de memoria efectivo, ya sea una grabadora de audio o videocasete, el disco duro de su computadora o incluso un simple archivador, necesita hacer tres cosas bien. Tiene que ser capaz de:
1. codificar (es decir, tomar o adquirir) información,
2. almacenar o conservar esa información fielmente y, en el caso de la memoria a largo plazo, durante un período de tiempo significativo,
3. recuperar o acceder a esa información almacenada.
Entonces, utilizando la analogía del archivador, primero se archiva un documento en una ubicación particular. El documento se guarda en ese lugar y, cuando la persona lo necesita, lo recupera del archivador. Pero a menos que tenga un buen sistema de búsqueda, no podrá encontrar el documento fácilmente. Por lo tanto, la memoria implica no solo tomar y almacenar información, sino también la capacidad de recuperarla. Y los tres componentes deben trabajar juntos para que nuestra memoria funcione de manera eficiente.
Figura 4. La distinción lógica entre codificación, almacenamiento y recuperación es central cuando estamos considerando el funcionamiento de la memoria humana.

Los problemas en la codificación a menudo se relacionan con una atención deficiente, mientras que las dificultades en el almacenamiento se relacionan con lo que nos referimos en el habla cotidiana como olvido. En la recuperación, a menudo se hace una distinción importante entre disponibilidad y accesibilidad. Por ejemplo, a veces no podemos recordar el nombre de alguien, pero sentimos como si estuviera en la punta de la lengua. Podemos saber la primera letra del nombre y el número de sílabas, pero no podemos producir la palabra en sí. No es sorprendente que esto se llame el “fenómeno de la punta de la lengua”. Sabemos que tenemos la información almacenada en algún lugar, y es posible que tengamos un conocimiento parcial de ella (por lo que, en teoría, la información existe), pero actualmente no está disponible. Uno tiene una enorme cantidad de información almacenada en la memoria que está potencialmente disponible en cualquier momento, pero generalmente solo hay una pequeña parte de la información disponible para acceder inmediatamente.
La memoria puede dejar de funcionar debido a un bloqueo en uno o más de estos tres componentes (codificación, almacenamiento y recuperación). En el ejemplo del fenómeno de la punta de la lengua, el que falla es el componente de recuperación. Los tres componentes son necesarios para una memoria efectiva, pero ningún componente es suficiente: esta es la lógica fundamental de la memoria.
Diferentes tipos de memoria: la estructura funcional de recordar
Platón y sus contemporáneos basaron sus especulaciones sobre la mente en sus propias impresiones personales. Esto todavía sucede en la actualidad, especialmente entre algunas personas que descartan los hallazgos sistemáticos sobre el cerebro y la mente como “solo sentido común”. Pero ahora tenemos información experimental (a menudo llamada empírica) en la que basar nuestras teorías. Realizamos estudios experimentales rigurosos y altamente controlados para recopilar información objetiva sobre el funcionamiento de la memoria humana (véase el capítulo 1). Y, como veremos, varios de estos hallazgos bien establecidos contradicen el “sentido común” en el que confían muchas personas.
Los experimentadores han aplicado una serie de técnicas sistemáticas en sus esfuerzos por comprender la memoria. Un enfoque ha sido subdividir el vasto campo de la memoria en áreas que parecen funcionar de manera diferente entre sí. Piense en lo que llevaba puesto la última vez que llegó a su casa. ¿En qué se diferencia ese recuerdo de saber qué meses del año tienen 30 días, o nombrar los números primos entre 20 y 30, o recordar cómo hacer una tortilla? Estos pueden sentirse como diferentes tipos de memoria, en términos intuitivos. ¿Pero qué dice la evidencia científica? De hecho, uno de los principales hallazgos de los últimos cien años es que la memoria es una entidad multicomponente (en lugar de monolítica). Discutiremos estas distinciones más adelante en el capítulo y en otras partes de este libro.
En la década de 1960, se hicieron populares las subdivisiones de la memoria basadas en modelos de procesamiento de información. Tras los rápidos desarrollos en tecnología de la información que tuvieron lugar después de la Segunda Guerra Mundial, hubo un crecimiento sustancial en la comprensión de los requisitos de almacenamiento de información durante el procesamiento de la computadora. Posteriormente se desarrolló un modelo de procesamiento de memoria de tres etapas, que alcanzó su máxima elaboración en el modelo propuesto por Atkinson y Shiffrin en los años sesenta. En estos modelos de etapas, se consideraba que la información se guardaba primero brevemente en las memorias sensoriales, y luego una selección de esta información se transfería a un almacén a corto plazo. Desde ahí, una cantidad aún menor de información se abría camino a un almacén de memoria a largo plazo.
Las características de estos diferentes almacenes se detallan a continuación.
Almacén sensorial
El almacén sensorial (Figura 5) parece funcionar por debajo del umbral de la conciencia. Recibe información de los sentidos y la retiene durante aproximadamente un segundo mientras nosotros decidimos en qué enfocarnos. Un ejemplo de esto es el “fenómeno del cóctel”, donde, en medio de una conversación, podemos escuchar nuestro nombre mencionado en otra conversación, lo que desvía nuestra atención automáticamente a esa otra conversación. Otra experiencia común es pedirle a alguien que repita una acción o reafirme algo que dijo (creyendo que se ha olvidado), mientras que al mismo tiempo descubrimos que, de hecho, sí tenemos acceso a la información que nos presentaron previamente. Con la memoria sensorial, lo que ignoramos se pierde rápidamente y no se puede recuperar: se descompone al igual que, desde una perspectiva sensorial, las luces que se desvanecen y los sonidos que desaparecen. Entonces, a veces puede captar un eco de lo que alguien dijo cuando no está prestando atención, pero un segundo después se ha ido por completo.
Figura 5. Modelo multialmacén (o modal) de memoria, descrito por primera vez en 1968 por Atkinson y Shiffrin. Este modelo ha ofrecido un marco heurístico muy útil para la comprensión de la memoria.

La evidencia objetiva para los almacenes de memoria sensorial surgió de experimentos como el realizado por Sperling en 1960. Sperling presentó muestras de doce letras muy brevemente (por ejemplo, durante 50 milisegundos) a los participantes. Aunque en este estudio los participantes solo podían informar sobre cuatro letras, Sperling sospechaba que los participantes realmente podían recordar más letras, pero la información se desvanecía demasiado rápido como para ser informada. Para probar esta hipótesis, Sperling diseñó muy inteligentemente una matriz visual, en la que las letras se presentaban en tres filas. Muy poco después de la presentación de la matriz visual, sonaba un timbre. Se instruyó a los participantes para que informaran solo una parte de la matriz visual, de acuerdo con el tono del timbre. Al utilizar este procedimiento de informe parcial, Sperling descubrió que las personas podían recordar aproximadamente tres letras de cualquier fila de cuatro letras, lo que indica que, por un período muy breve, aproximadamente nueve de las doce letras eran potencialmente informables.
Los investigadores de memoria dedujeron de investigaciones como esta que existe una memoria sensorial, que contiene una cantidad relativamente grande de información entrante que se percibe muy brevemente mientras se procesan los elementos seleccionados. La memoria sensorial para información visual se ha denominado memoria icónica, mientras que la memoria sensorial para información auditiva se ha denominado memoria ecoica. Los recuerdos sensoriales se caracterizan generalmente por ser ricos (en términos de su contenido) pero muy breves (en términos de su duración).
Memoria a corto plazo
Más allá de las memorias sensoriales, los modelos de procesamiento de información propugnados en la década de 1960, hipotetizaron uno o más almacenes a corto plazo que contenían información durante unos segundos (Figura 5). Prestarle atención a algo hace que se transfiera a la memoria a corto plazo (a veces denominada memoria primaria o almacén a corto plazo), que tiene una capacidad de alrededor de siete elementos. Este almacén se utiliza cuando, por ejemplo, se marca un nuevo número de teléfono. Tiene una capacidad limitada, de modo que, una vez que la memoria a corto plazo está llena, la información antigua es desplazada por una nueva entrada. Los pensamientos menos importantes (por ejemplo, un número de teléfono de alguien que tiene que llamar hoy pero que nunca volverá a necesitar) se guardan en la memoria a corto plazo, se usan y luego desaparecen. Por ejemplo, si va a llamar al cine para saber qué películas se muestran esta noche, debe recordar el número de teléfono durante un período relativamente corto y luego lo puede olvidar.
Dentro de la literatura científica, el almacén verbal a corto plazo ha recibido considerable atención. Su existencia se ha inferido, al menos en parte, del efecto de recencia en el recuerdo libre. Por ejemplo, Postman y Phillips pidieron a sus participantes que recordaran listas de 10, 20 o 30 palabras. En la memoria inmediata, los participantes tenían mayor facilidad en recordar las últimas palabras que las palabras de la mitad de la lista, conocido como el efecto de recencia. Pero este efecto desaparecía si la prueba de memoria se retrasaba en tan solo 15 segundos (siempre que la demora involucrara actividad verbal por parte del participante, como contar hacia atrás). La interpretación de estos hallazgos fue que el efecto de recencia involucra los últimos elementos de memoria que se recuperaron de un almacén a corto plazo con capacidad bastante limitada.
Alan Baddeley sugirió además en la década de 1960 que el almacén verbal a corto plazo conservaba la información principalmente en forma acústica o fonológica. Esta idea recibió apoyo al destacar la naturaleza acústica de los errores que aparecen durante la recuperación a corto plazo. Esto ocurría incluso cuando el material a retener se presentaba visualmente, lo que indica que la información almacenada se convirtía en un código acústico. Por ejemplo, Conrad y Hull demostraron que las secuencias de letras presentadas visualmente y que son similares en sonido (por ejemplo, P, D, B, V, C, T) fueron más difíciles de recordar correctamente luego de presentar las secuencias de letras que suenan diferentes (por ejemplo, W, K, L, Y, R, Z).
Memoria a largo plazo
Cuando se continúa prestando atención y dándole vueltas en la mente (o “ensayando”), la información se transfiere al almacén a largo plazo (a veces denominado memoria secundaria), que parece tener una capacidad casi ilimitada. La información más importante (por ejemplo, un nuevo número de teléfono, el PIN de su banco o su fecha de nacimiento) se coloca en el almacén a largo plazo (Figura 5). Este aspecto de la memoria a largo plazo es el enfoque principal de este capítulo.
A diferencia de la representación acústica de la información en el almacenamiento a corto plazo, se piensa que la información en la memoria a largo plazo se almacena principalmente según el significado de la información. Entonces, cuando se les pide que recuerden más adelante una selección de oraciones significativas presentadas antes, las personas generalmente no pueden reproducirlas con exactitud, pero pueden informar el significado o la esencia de las oraciones. Como vimos en el capítulo 1 (al considerar el trabajo de Bartlett), la imposición inductiva de significados a menudo puede llevar a distorsiones y sesgos en la memoria, como en el caso de la historia de La guerra de los fantasmas. Volveremos a este tema de sesgo en la memoria a largo plazo en el capítulo 4, cuando consideremos el testimonio de testigos presenciales.
Los modelos como el modelo de memoria de tres etapas de Atkinson y Shiffrin, descritos anteriormente, son útiles para simplificar y representar algunos aspectos de la complejidad de la memoria humana (Figura 5). Sin embargo, esta misma complejidad requiere un ajuste continuo para permitir que estos modelos incorporen observaciones adicionales. Por ejemplo, el modelo de procesamiento de información descrito anteriormente hizo dos supuestos fundamentales: i) la información solo podía llegar a la memoria a largo plazo pasando primero a través del almacén a corto plazo; y ii) ensayar la información en el almacén a corto plazo la retendría en este almacenamiento y aumentaría sus posibilidades de ser transferida al almacén a largo plazo.
Sin embargo, el primero de estos supuestos fue cuestionado por la identificación de casos clínicos clave. Estos pacientes con lesión cerebral manifestaron una capacidad de memoria a corto plazo muy deteriorada y por lo tanto (en términos del modelo de Atkinson-Shiffrin) dañaron gravemente los almacenes de memoria a corto plazo. Sin embargo, estos pacientes parecían no tener deterioro en su capacidad de memoria a largo plazo. El segundo supuesto del modelo de Atkinson-Shiffrin fue desafiado por los hallazgos de estudios en los cuales los participantes ensayaron las últimas palabras de las listas de palabras por un período de tiempo más largo, sin mostrar una mejora en el recuerdo a largo plazo de esas palabras. En algunas circunstancias, también quedó claro que encontrar la misma información en varias ocasiones diferentes (lo que se puede suponer conduce a un mayor ensayo) no era suficiente para retener esta información. Por ejemplo, como vimos en el capítulo 1, las personas tienen problemas para recordar los detalles de las caras de las monedas que ocupan a diario.
Otra evidencia de la distinción entre los almacenes de memoria a corto y largo plazo también ha sido cuestionada. Por ejemplo, como vimos anteriormente, el efecto de recencia en el recuerdo libre se había atribuido a la operación de un almacén a corto plazo, porque este efecto se reducía cuando los pocos segundos anteriores al recuerdo se llenaban con una tarea verbal como el conteo regresivo. Pero cuando los participantes estudiaron palabras y contaron hacia atrás después de cada palabra en la lista, los últimos elementos se recordaron mejor que la mitad de la lista. Este patrón de hallazgos contradice el modelo de Atkinson y Shiffrin, porque el almacén a corto plazo debería haberse “llenado” con la tarea de conteo regresivo, por lo que no se debería haber observado ningún efecto de recencia. La codificación semántica (es decir, el procesamiento de la información en términos de su significado) también se ha demostrado en el aprendizaje a corto plazo en condiciones adecuadas, lo que indica que la codificación fonológica no es la única forma de codificación relevante para la representación de la información en el almacén a corto plazo.
Dos respuestas principales siguieron al reconocimiento de los problemas con el modelo de procesamiento de información de Atkinson y Shiffrin (Figura 5). Un enfoque, especialmente asociado con Baddeley y sus colegas, fue refinar el modelo de memoria a corto plazo a la luz de sus limitaciones conocidas. Baddeley y sus colegas también intentaron realizar una mayor caracterización de las funciones que desempeña la memoria a corto plazo en la cognición. Este cambio de perspectiva condujo al modelo de memoria de trabajo original, y posteriormente revisado, de Baddeley. La otra respuesta principal a los problemas identificados con el modelo de Atkinson y Shiffrin fue, de manera más general, cuestionar el énfasis puesto en los almacenes de memoria y sus limitaciones de capacidad, y centrarse en un enfoque alternativo basado en la naturaleza del procesamiento que tiene lugar en la memoria, y las consecuencias de este procesamiento en el recuerdo.
Cualquiera que sea el modelo de memoria más convincente, muchas teorías de la memoria hacen una distinción general pero fundamental entre los procesos de memoria a corto y largo plazo. Como veremos, la evidencia de una dicotomía entre el almacenamiento de memoria a corto y largo plazo proviene de i) una serie de experimentos que se han realizado en individuos sanos, y ii) el estudio de pacientes con lesiones cerebrales con deficiencias de la memoria. También hay evidencia convergente de importantes investigaciones biológicas que respaldan la distinción entre el almacenamiento de memoria a corto y largo plazo.
Memoria de trabajo
Si consideramos más a fondo el almacenamiento a corto plazo, la distinción entre la memoria a corto plazo y la memoria de trabajo es a menudo borrosa. La memoria a corto plazo se conceptualizó previamente (de manera explícita o implícita) como un proceso relativamente pasivo. Sin embargo, ahora sabemos que las personas hacen más que solo mantener información en el almacén a corto plazo. Por ejemplo, si tenemos una oración en nuestra memoria a corto plazo, generalmente podemos repetir las palabras en la oración en orden inverso, o recitar la primera letra de cada palabra en la oración. Es este sentido más activo de la memoria a corto plazo el que se denota con el uso del término memoria de trabajo, pues se están realizando algunas operaciones mentales (o “trabajo”) sobre la información que actualmente se tiene en mente. Los términos “memoria de trabajo” y “memoria a corto plazo” también se usan a menudo como sinónimos de conciencia. Esto se debe a que estamos conscientes de lo que tenemos dentro de nuestra memoria de trabajo, es decir, lo que actualmente tenemos en mente.
El término capacidad se usa a menudo para referirse a la cantidad de información que una persona puede almacenar dentro de la memoria a corto plazo. En la década de 1950, George Miller definió los límites de la memoria a corto plazo para jóvenes sanos entre 7 ± 2 elementos. Los mecanismos que sustentan nuestra memoria a corto plazo se pueden demostrar cuando intentamos recordar una lista de palabras: tendemos a recordar mejor las últimas palabras de la lista, porque estas palabras aún se encuentran dentro de nuestra memoria a corto plazo. Como lo señaló William Shakespeare en El rey Ricardo II “los postreros acentos de la música se graban con mayor fuerza en el recuerdo que las cosas remotas”. Se ha sugerido que la capacidad de memoria a corto plazo está vinculada con la velocidad de articulación del habla, por lo que cuanto más rápido pueda alguien decir palabras o letras o números en voz baja, mayor será la capacidad de memoria a corto plazo.
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