Kitabı oku: «Historia de Jesús de Nazaret»

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Versión impresa, ISBN: 978-607-99468-1-4

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Los textos aquí presentados fueron arbitrados (doble-ciego) y dictaminados por especialistas nacionales.

Posteriormente, fueron revisados, corregidos y modificados por los autores antes de llegar a su versión final.

Dirección editorial y diseño de portada: Miryam Meza Robles

Cuidado de la edición: Felipe G. Sierra Beamonte

Corrección de estilo: Óscar Díaz Chávez

Diagramación: Carlos A. Vela Turcott

Versión digital: Daniel P. Estrella Alvarado

Impreso en México


Índice

Introducción

Capítulo 1

El país y las fuentes de la historia de Jesús de Nazaret

Introducción: perspectiva histórica

I. Las fuentes no cristianas

A. Flavio Josefo

B. Tácito

C. Plinio el Joven

D. Suetonio

E. Adriano

F. La tradición judía

II. Los evangelios

A. La tradición oral

B. La redacción de los evangelios

C. Contenido de los evangelios

D. Autores de los evangelios

E. La cuestión sinóptica

F. La datación de los evangelios

G. La transmisión textual

H. Autoridad de los evangelios en la Iglesia de los primeros años

I. Los evangelios apócrifos

III. El país de Jesús

A. Geografía

B. Situación política

C. Situación social

D. La situación religiosa

Capítulo 2

Origen y nacimiento de Jesús

I. El origen de Jesús

A. La genealogía de Mateo

B. La genealogía de Lucas

C. La explicación de Juan

II. Los relatos sobre el nacimiento de Jesús

III. El relato de Lucas

A. La anunciación a Zacarías

B. La anunciación a María y la concepción virginal de Jesús

C. La visitación de María a Isabel

D. El nacimiento de Jesús

IV. El relato de Mateo

A. El anuncio a José

B. El nacimiento

C. La llegada de los magos

D. La huida a Egipto, la matanza de los inocentes y el retorno a Nazaret

Capítulo 3

La vida de Jesús en Nazaret y los comienzos de su vida pública

Introducción

I. La vida de Jesús en Nazaret

A. La vida ordinaria en Nazaret

B. El episodio del Niño en el templo

II. El inicio de su vida pública

A. El encuentro de Jesús con Juan el Bautista

B. Juan el Bautista

C. El bautismo de Jesús

D. Las tentaciones de Jesús en el desierto

III. Los comienzos del ministerio en Judea

A. Los primeros discípulos

B. El primer milagro

C. La primera Pascua

D. La predicación en Judea posterior a la primera Pascua

IV. Esquema cronológico del ministerio público de Jesús

Capítulo 4

Su mensaje

Introducción

I. El Reino de Dios

A. Diversas interpretaciones

B. El Reino de Dios en las palabras de Jesús

II. El Sermón de la Montaña

A. Las bienaventuranzas

B. La nueva ley o el cumplimiento de la ley

C. Conclusión general del Sermón de la Montaña

Capítulo 5

La oración de Jesús, el Hijo del Hombre

Introducción

I. La oración de Jesús

A. La oración de un judío piadoso

B. La oración peculiar de Jesús

II. Las enseñanzas de Jesús sobre la oración

A. Advertencias sobre el modo de hacer oración

B. El Padrenuestro

III. Epílogo

Capítulo 6

Sus milagros, los signos del Reino

Introducción

I. ¿Son posibles los milagros?

A. ¿Qué es un milagro?

B. La posibilidad de los milagros

C. Otros relatos de milagros en el mundo antiguo

D. Milagros y magia

II. Los milagros de Jesús

A. Exorcismos

B. Curaciones

C. Resurrecciones

D. Milagros sobre la naturaleza física y biológica

III. Epílogo

Capítulo 7

El buen pastor que busca la oveja perdida: Jesús y los pecadores

Introducción

I. Los anuncios de la salvación de los pecadores

A. El anuncio hecho por Zacarías

B. El anuncio de Juan el Bautista

C. El anuncio del ángel a José

II. La actitud de Jesús hacia los pecadores

A. Jesús come con publicanos y pecadores

B. Jesús busca a los pecadores

C. ¿Qué pecadores son los que busca Jesús?

D. Los pecados y los sufrimientos

III. Jesús invita a la conversión

A. Qué es la conversión

B. El gozo por la conversión

IV. Jesús perdona los pecados

A. Demuestra su poder de perdonar los pecados

B. Jesús pide el perdón para todos los hombres

C. Delegación del poder de perdonar los pecados

V. Los pecadores impenitentes

A. Una distinción fundamental

B. Advertencias

C. El juicio final

D. El juicio particular

E. Exhortación a la vigilancia

F. ¿Amenazas de Jesús?

VI. En manos de los pecadores

A. El pecado de incredulidad

B. El pecado como disposición interior estable que genera odio

C. Intentos y decisión de darle muerte

VII. Epílogo

Capítulo 8

El sembrador que salió a sembrar: los discípulos de Jesús

Introducción

I. Las multitudes

II. Los discípulos

A. El llamado de Jesús

B. La respuesta que hace al discípulo

C. Llamamientos especiales

D. ¿Qué significa seguir a Jesús?

E. Condiciones para seguir a Jesús

F. La participación de los discípulos en la misión de Jesús

III. Los doce

A. La elección

B. El grupo de los doce

C. La misión de los doce

D. Envío de los doce

E. La misión universal: de todos los discípulos a todos los pueblos

F. Los poderes sacerdotales: el poder de consagrar y el poder de perdonar

G. El primado de Pedro

IV. La recompensa de los discípulos de Jesús

A. El requisito: dejar bienes y familiares

B. La recompensa

Capítulo 9

Jesús, el pan de vida

Introducción

I. Referencias al pan en su ministerio público

A. La tentación de convertir las piedras en panes

B. El pan nuestro de cada día

C. La multiplicación de los panes

D. La cena con los discípulos de Emaús

II. La enseñanza sobre el pan de vida

A. Primera parte de la enseñanza de Jesús sobre el pan del cielo que da la vida eterna

B. El discurso en la sinagoga de Cafarnaúm

III. La Última Cena

A. La fecha de la Última Cena

B. Qué clase de cena fue la Última Cena

C. Jesús hecho pan de vida

IV. Jesús, pan de vida eterna

A. Qué es la vida eterna

B. Cuándo se adquiere la vida eterna

C. Cómo se adquiere

V. Epílogo

Capítulo 10

Su entrada final en Jerusalén y el fin de su predicación pública

Introducción

I. Su último viaje a Jerusalén

A. Hostilidad contra Jesús

B. Jericó y el ciego Bartimeo

C. La cena en Betania y la unción por María

II. Su entrada en Jerusalén

A. El acontecimiento

B. Significado del acto: cumplimiento de una profecía

III. La purificación del templo

A. Significado del acto

B. La autoridad de Jesús

IV. Las últimas enseñanzas de su ministerio público

A. Las últimas preguntas capciosas

B. La crítica contra los escribas

C. Enseñanza sobre la divinidad del Mesías y de Jesús

D Último discurso público de Jesús

V. Los preparativos para aprehenderlo

VI. El discurso escatológico

A. La profecía del fin del templo y de la ruina de Jerusalén

B. El tiempo de los paganos

C. El fin de la historia, el regreso del Hijo del Hombre y el juicio universal

Capítulo 11

Su pasión y muerte

Introducción

I. La cena

A. El lavatorio de los pies

B. La traición

C. El discurso de despedida

D. La oración sacerdotal

II. El juicio de Jesús

A. Prendimiento

B. Interrogatorio preliminar ante Anás

C. Interrogatorio ante Caifás

D. El juicio ante el Sanedrín

E. El juicio ante Pilatos

III. La muerte

A. El camino con la cruz

B. La crucifixión

C. El reparto de sus vestiduras

D. Los asistentes

E. La muerte de Jesús

Capítulo 12

La Resurrección

Introducción

I. La sepultura

II. Los testimonios en forma de narración

A. El día de la Resurrección

B. El sepulcro vacío

C. Los encuentros con Jesús resucitado

III. Los testimonios en forma de confesión

A. De los discípulos reunidos

B. De san Pablo en la Carta a los romanos

C. De san Pablo en la Carta a los corintios

IV. Epílogo

A. La Resurrección como acontecimiento histórico

B. La Resurrección como inicio de una nueva vida

Capítulo 13

La difusión del cristianismo en los cuarenta años posteriores a la muerte de Jesús de Nazaret

Introducción

I. La ascensión y Pentecostés

A. La ascensión

B. Pentecostés

II. La comunidad de discípulos en Jerusalén

A. Crecimiento de la comunidad y oposición del Sanedrín

B. La organización de la comunidad

C. Nueva persecución general, promovida por Herodes Agripa

D. Guerra civil y destrucción de Jerusalén

E. Los primeros cuarenta años de la comunidad de Jerusalén

III. La predicación del cristianismo en el imperio romano

A. La expansión a Samaria

B. La apertura a los gentiles

C. La conversión de Pablo (año 34-36)

D. Crecimiento de la comunidad de Antioquía

E. El concilio de Jerusalén (año 49)

F. Los viajes apostólicos de Pablo

G. La predicación de Pedro

H. La persecución de los cristianos en el imperio

I. Síntesis de la difusión del cristianismo en el imperio romano

IV. Conclusión general

Epílogo

Veracidad de la historia de Jesús de Nazaret narrada por los evangelios

Introducción

I. Consideraciones de crítica externa

A. Los autores

B. Transmisión de los evangelios

II. Consideraciones de crítica interna

A. El contenido

B. Coincidencia de las fuentes entre sí

C. Inclusión de la historia de Jesús en la historia universal y en la historia de Israel

D. Las profecías de Jesús

III. Credibilidad de la historia de Jesús

Referencias

Introducción

El propósito de este libro es difundir el conocimiento de quién fue, qué hizo y qué enseñó Jesús de Nazaret, de acuerdo con lo que nos han transmitido quienes lo conocieron personalmente, es decir, según lo que dicen los cuatro evangelios. No trata de presentar datos nuevos sobre su vida, ni hipótesis arriesgadas sobre lo que pudo haber sido, ni reflexiones teológicas o filosóficas acerca de su persona o de su mensaje. El objeto es más sencillo: componer una imagen completa, no exhaustiva ni detallada, de la vida y palabras de Jesús de Nazaret, a partir de lo que nos informan los cuatro evangelios.

Eso puede ser interesante para el cristiano que, aunque conozca y haya leído los evangelios, suele tener una imagen fragmentada de la vida y las palabras de Jesús, de modo que este libro le da una visión de conjunto, que puede ayudarlo a profundizar su conocimiento de Jesús y a recordar más fácilmente sus actos y palabras al relacionarlos con el conjunto de su vida y los acontecimientos de la historia de Israel y del imperio romano.

Es también útil para quienes no reconocen que Jesús es Dios, pero aceptan la existencia de Dios y que Dios cuida de la humanidad. Es el caso de los judíos, los musulmanes y otros creyentes que pueden decir que Jesús es un profeta o un hombre o maestro ejemplar, o simplemente un maestro que vivió en una determinada época y murió. Para ellos, el libro les ofrece la oportunidad de conocer en su conjunto la obra de Jesús para así poder dar una respuesta mejor fundada en la pregunta ¿es realmente Jesús el Hijo de Dios?

Finalmente, a los escépticos, a quienes dudan de la existencia de Dios o la niegan, este libro les puede servir para entender el cristianismo en sus fuentes originales y comprender mejor ese gran fenómeno cultural que ha influido, durante siglos, en la historia de muchos pueblos de Occidente, principalmente, pero también en muchos pueblos de Oriente, y especialmente en la historia de México. A ellos les pido que lean el libro asumiendo que Dios existe y que es bueno con la humanidad; de esa manera la lectura no les será fastidiosa y podrán comprender quién fue Jesús, sus actos y sus palabras y por qué han seguido su enseñanza millones de personas, de todas las culturas y condiciones sociales durante más de veinte siglos.

Pensando en esos posibles lectores que no son creyentes cristianos, he titulado el libro Historia de Jesús de Nazaret, y no Historia de Jesucristo, pues este nombre ya implica la aceptación de que Jesús es el Cristo, el Ungido de Dios, el Mesías esperado por el pueblo judío. En cambio, llamarle Jesús de Nazaret hace pensar en un personaje histórico, en un hombre que vivió entre nosotros y que es parte de nuestra historia común. Ese punto de vista me parece importante y enriquecedor para el creyente, que puede tender a olvidarse de la historia del hombre Jesús y concentrarse en la divinidad de su persona o de su doctrina. Jesús mismo insistió en llamarse el “Hijo del Hombre”.

Los cuatro evangelios nos ofrecen cuatro visiones distintas, y a la vez complementarias, de Jesús de Nazaret. Cada evangelio tiene sus propias peculiaridades, que derivan principalmente del entendimiento que tuvo su autor acerca de las cosas que narra y del público al que dirige su escrito. Cada evangelio es también un testimonio independiente, pues si bien todos tienen fuentes comunes y se nutren de la misma tradición oral, cada uno es diferente en su composición y cuenta con algunas noticias que no poseen los otros, pero sobre todo, cada evangelio tiene un autor que es quien da testimonio de lo que escribe.

La historia de Jesús que documentan los evangelios se concentra en su vida cuando predicó públicamente, un periodo que sólo comprende dos años y cuatro o cinco meses. Respecto de lo que ocurre en ese tiempo, los evangelios dan mucha información y todavía más respecto de los días previos a su muerte. De lo ocurrido antes de ese período, se conservan muy pocas noticias. Dos evangelios, el de Lucas y el de Mateo, se refieren, con algunos pormenores, al nacimiento de Jesús y a lo que ocurrió en los días posteriores, y luego simplemente indican que sus padres y él se establecieron en Nazaret de Galilea. De la vida que llevó allí no se tiene ninguna noticia documentada, y ese fue el periodo más amplio de su vida, de unos treinta años.

Por esa limitación impuesta por el contenido de las fuentes, la historia de Jesús es básicamente la de sus dos años y medio de predicación pública. Se ha intentado reconstruir la vida pública de Jesús con una secuencia temporal, pero las noticias cronológicas de los evangelios no son suficientes para poder fijarla con certidumbre.

La historia que aquí se presenta combina una exposición cronológica con una exposición temática. El primer capítulo, de carácter introductorio, analiza las diversas fuentes de la historia de Jesús y el país donde se desarrolló. El segundo se refiere a su nacimiento y a los sucesos inmediatamente posteriores. El tercero trata de lo que pudo ser la vida de Jesús en Nazaret, considerando las condiciones socioeconómicas y políticas de Galilea y luego presenta, en orden cronológico, los primeros días de la predicación de Jesús en Judea, desde su bautismo y hasta que decide establecerse en Galilea. Los siguientes capítulos, del cuarto al noveno, son de carácter temático y en cada uno se analiza un aspecto de la actividad de Jesús: su mensaje (cuarto), su oración (quinto), sus milagros (sexto), su llamado a los pecadores (séptimo), sus discípulos (octavo) y su promesa del pan de vida (noveno). En los siguientes capítulos se retoma la exposición cronológica: su entrada final en Jerusalén y los últimos días de su predicación pública (décimo), su pasión y muerte (undécimo) y su resurrección y ascensión al cielo (duodécimo). El libro termina con un epílogo con algunas noticias sobre la difusión del cristianismo en los cuarenta años posteriores a la muerte de Jesús y una reflexión sobre la veracidad de su historia narrada en los evangelios.

He procurado transmitir los hechos y palabras de Jesús según lo que dicen los evangelios, los Hechos de los Apóstoles, y algunos otros libros de la Biblia. Por eso hago frecuentes referencias a ellos y pocas a bibliografía especializada. Las referencias a los evangelios y a la Biblia son a estas ediciones: Sagrada Biblia. Santos Evangelios, 2a. edición, Ediciones de la Universidad de Navarra, Pamplona, 1985, y a la Sagrada Biblia. Edición Latinoamericana, hecha por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, Ediciones de la Universidad de Navarra, Pamplona, 1997-2016.

Capítulo 1
El país y las fuentes de la historia
de Jesús de Nazaret

Sumario. Introducción: perspectiva histórica. I. Las fuentes no cristianas. A. Flavio Josefo. B. Tácito. C. Plinio el joven. D. Suetonio. E. Adriano. F. La tradición judía. II. Los evangelios. A. La tradición oral. B. La redacción de los evangelios. C. Contenido de los evangelios. D. Autores de los evangelios. 1. Mateo. 2. Marcos. 3. Lucas. 4. Juan. E. La cuestión sinóptica. F. La datación de los evangelios. G. La transmisión textual. H. Autoridad de los evangelios en la Iglesia de los primeros años. I. Los evangelios apócrifos. III. El país de Jesús. A. Geografía. B. Situación política. C. Situación social. D. Situación religiosa.

Introducción: perspectiva histórica

El nacimiento, vida, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret son hechos históricos que se conocen con los recursos propios de la ciencia histórica, es decir, por medio del análisis de las fuentes que los narran. Las fuentes son siempre testimonios o afirmaciones de personas que conocieron los acontecimientos y que los narran según lo que cada persona conoció y entendió. Los hechos históricos son actos y sucesos pasados y, por eso, no pueden conocerse directamente ni reproducirse. Los conocemos únicamente por medio de testimonios.

Conocer los hechos históricos es conocer los testimonios o fuentes. Entender o interpretar las fuentes significa entender lo que el autor quiso decir en su momento. La objetividad en el conocimiento histórico es fidelidad a las fuentes.

Las fuentes históricas son siempre documentos, es decir, palabras humanas, principalmente escritas, pero también otros signos humanos, como pinturas, monedas, por los que se transmite un mensaje. Las fuentes comprenden dos aspectos: el soporte material, esto es, el documento mismo y el mensaje. El conocimiento histórico abarca ambos aspectos. Primero, se debe hacer la crítica externa o juicio acerca del documento: determinar quién es su autor, fijar el texto que contiene, su fecha de composición, si el documento es el original o una copia, el origen histórico del documento, el contexto social en que se produce, etcétera. Luego, la crítica interna o juicio acerca del mensaje que transmite, cuyo objetivo es conocer qué es lo que el autor del documento transmite, es decir, se trata de interpretar el mensaje de manera objetiva, para lo cual debe hacerse la interpretación gramatical del documento y, si esto no fuera suficiente, la interpretación del sentido posible del documento.

Después de conocer lo que la fuente dice, es necesario preguntarse si aquello que afirma el autor de la fuente es verdadero, si corresponde o no a lo sucedido y si tiene alguna importancia o significado hoy para mí: hacer la crítica de la autoridad que merece esa fuente. Las palabras de los autores de las fuentes tienen un significado que va más allá de la simple narración de los acontecimientos: las fuentes no son simples “crónicas” o recuentos de datos; contienen también la asimilación o entendimiento personal que hace el autor acerca del acontecimiento narrado, que puede ser también comprendido, aceptado o rechazado por el lector actual.

El juicio de autoridad se hace con base en la credibilidad que merecen los autores de las fuentes por razón de su cultura, de su conocimiento directo o indirecto de los hechos narrados, de la congruencia o incongruencia de lo narrado con lo que afirman otras fuentes históricas y lo conocido por otros medios, como los conocimientos obtenidos por la arqueología, la geografía y otras ciencias sociales y naturales. Finalmente, el conocimiento histórico depende de la confianza que el lector deposite en los autores de las fuentes, gracias a la cual puede considerar verdadero aquello que los autores de las fuentes afirman o niegan.

La confianza en los conocimientos de los autores de las fuentes está basada en la experiencia cotidiana de conocer objetivamente, con más o menos profundidad, lo que nos ocurre. Sin esa experiencia sería imposible el gobierno de la propia vida. Gracias a ella se puede afirmar que los autores de las fuentes pudieron conocer objetivamente aquello que relatan. Es cierto que podían haberse equivocado o tener la intención de engañar; por eso se procede con cautela y se hace la crítica del documento, de su contenido y de la fiabilidad del autor. La posibilidad del error o del engaño no invalida la comunicación de los conocimientos que tuvieron los autores de las fuentes a los lectores actuales, simplemente exige que se proceda críticamente.

Ese juicio o crítica de autoridad es especialmente importante cuando se trata de documentos, como los evangelios, que son las fuentes que aquí se van a considerar principalmente, que contienen un mensaje sobre el significado de la vida personal y de la historia de la humanidad y de su relación con Dios, mensaje que afecta directamente la ordenación de la vida personal, de modo que aceptarlo como verdadero implica una reordenación de la vida personal. Este juicio lo tiene que hacer cada persona y no puede presentarse como una conclusión del estudio histórico. El historiador puede concluir señalando la fiabilidad y congruencia de las fuentes y de sus autores, pero el juicio de aceptar o rechazar el mensaje contenido en los evangelios es de orden estrictamente personal.

Esta confianza o fe en el testimonio que ofrecen los autores de las fuentes es una fe meramente humana, esto es, la confianza en su capacidad de conocer y de transmitir lo conocido. El creyente tiene además el auxilio de la fe divina o teologal, es decir, de la confianza en que el autor de los evangelios es finalmente el mismo Dios que no se engaña ni nos engaña.

Las fuentes que relatan la vida de Jesús de Nazaret son principalmente los cuatro evangelios, escritos respectivamente por Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Pero hay otras fuentes no cristianas.

1 Las fuentes no cristianasSon fuentes de autores judíos, griegos o romanos.A. Flavio JosefoLas fuentes no cristianas más antiguas son las obras del historiador judío Flavio Josefo, escritas a fines del siglo primero. Flavio Josefo nació hacia el año 37 d. C. Fue sacerdote en Jerusalén y, cuando se produjo la sublevación de los judíos contra el imperio romano, fue jefe de un grupo de guerrilleros. Estuvo presente en el asedio y destrucción de Jerusalén por el ejército romano de Tito, el año 70. A pesar de su pasado, logra allegarse, en Roma, a la gens Flavia (a la que pertenecían los emperadores Vespasiano, Tito y Domiciano), y obtiene el oficio de cronista imperial. Entre los años 75 y 79 escribió su Guerra judaica, en la que narra la caída de Jerusalén; luego escribió, hacia el año 95, las Antigüedades judaicas, que es la historia del pueblo hebreo, desde los orígenes hasta la destrucción de Jerusalén. En esta obra menciona a Juan el Bautista y refiere su muerte violenta;[1] a Santiago, “el hermano de Jesús, llamado el Cristo”, y también refiere su muerte violenta.[2] Se refiere a Jesús en estos términos:Existió en este tiempo Jesús, hombre sabio [si cabe llamarlo hombre], ya que hacía obras extraordinarias y era maestro de hombres que acogen con placer la verdad. Atrajo a sí a muchos judíos y también a muchos griegos. [Era el Mesías] Habiéndole castigado Pilatos con la cruz, por denuncia de los varones notables entre nosotros, sin embargo, no desistieron aquellos que le habían amado desde el principio. [Se les apareció al tercer día de nuevo vivo, según habían dicho de antiguo los divinos profetas acerca de él y otras mil cosas admirables] Todavía hoy no ha decaído la tribu de los que, a partir de él, son llamados cristianos.[3]Este texto es conocido como el Testimonium flavianum, está en todos los códices manuscritos de esta obra y es citado, ya desde el siglo iv, por Eusebio de Cesarea, en su Historia eclesiástica. Como es muy favorable a Jesús, y se ha conservado principalmente en ambientes cristianos, es verosímil que haya sufrido alteraciones, pero dada la coincidencia de todos los manuscritos, las alteraciones no pueden documentarse. Por otra parte, hay un texto árabe del siglo x, escrito por el obispo Agapito de Hierápolis, en su Historia Universal, en el cual recoge, casi al pie de la letra, en árabe, el Testimonium flavianum.[4]Este testimonio es muy importante. Afirma la existencia de Cristo y su muerte por acusación de los jefes judíos y aprobación de Poncio Pilatos. Afirma que fue un sabio, como podía decirse de los profetas del Antiguo Testamento, que hizo actos extraordinarios y enseñó y atrajo a muchos judíos y griegos, y que sus discípulos le han sido fieles después de su muerte. No dice nada que no conste en los evangelios, pero es una fuente externa a ellos que confirma su veracidad.B. TácitoEl historiador romano Tácito (56/57 ca. 118) escribió una historia de Roma, llamada Anales, que pretendía cubrir el período de los años 14 a 68; desgraciadamente no se conservan los libros que trataban de los años 29, 30 y 31, que con mayor probabilidad corresponderían al proceso y muerte de Cristo (el año 30, es el más probable), donde debería haber hecho mención de ese proceso, llevado por Pilatos; no obstante, cuando describe la persecución de Nerón contra los cristianos y el incendio de Roma, afirma que Nerón presentó como culpables a los cristianos, que se llaman así por el nombre “de Cristo, al que, bajo el imperio de Tiberio, el procurador Poncio Pilatos había condenado al suplicio”. Esta fuente afirma directamente la existencia de Cristo, y la sitúa cronológicamente, durante el imperio de Tiberio (14-37 d. C.), y muerto bajo el procurador Poncio Pilatos (26-36 d. C.); afirmación que coincide completamente con lo que dicen los evangelios en ese punto.C. Plinio el JovenSiendo procónsul de Bitinia (provincia del Asia Menor, con costa en el mar Mármara y el Mar Negro) el emperador Trajano escribió varias cartas (de la 111 a la 113), y en una dice que “los cristianos se reúnen en un día fijo, al alba y cantan un himno a Cristo como a un Dios”.[5] Este testimonio afirma, 80 años después de la muerte de Jesús, la existencia de un grupo de personas llamadas cristianos, que se reúnen a adorar a su fundador, a Cristo, como si fuera un Dios. No afirma directamente la existencia de Cristo, sólo la presupone; pero es importante la afirmación de que los cristianos tratan a Cristo como a un Dios.D. SuetonioPor el año 120 escribió, en su biografía sobre el emperador Claudio, que expulsó de Roma a los judíos, los cuales, según dice, incitados por “Cresto”, causaban muchos problemas;[6] el texto no afirma la existencia de Jesús, sino de un “Cresto” (Cristo), que Suetonio piensa que estaba vivo en tiempo de Claudio, pero sí afirma la existencia de una comunidad cristiana; el mismo autor, en la biografía de Nerón, dice que el emperador sometió a los cristianos a suplicios porque eran seguidores de “una superstición nueva y maléfica”.[7]E. AdrianoHay también dos cartas del emperador Adriano: una del año 125, en que da instrucciones al procónsul de Asia para proceder contra los cristianos, y otra, hacia el año 133, donde incidentalmente menciona a Cristo y a los cristianos. Son fuentes que prueban la existencia de grupos cristianos y que era conocido su fundador llamado Cristo.[8]F. La tradición judíaFue conservada por los rabinos y se puso por escrito a partir de mediados del siglo ii d. C., en una obra llamada Mishna, que consideraban como complemento de la ley. En ella hay una oposición al cristianismo, al que consideran una herejía del judaísmo, que los autores prefieren no tratar, y cuando lo hacen es en tono despectivo, por ejemplo, cuando se refieren a Jesús, con el nombre de Jeshu’a, como un mago que llevó a Israel por mal camino, que aprendió las artes mágicas en Egipto, y que fue ahorcado en vísperas de la Pascua. Son fuentes que no desean conocer quién fue Jesús, sino desacreditarlo, pero de cualquier modo hacen constar la existencia de Jesús y el impacto que tuvo su presencia y vida en el pueblo de Israel.De todos los testimonios analizados, los que se refieren directamente a Jesús son el testimonio de Flavio Josefo y el de Tácito, que afirman la existencia de Jesús, la época en que vivió, las circunstancias y el tiempo de su muerte, así como algunas características de su personalidad: sabio, maestro, obrador de prodigios y el hecho de que dejó discípulos que le seguían incluso después de su muerte.

2 Los evangeliosSon cuatro relatos acerca de la persona, la doctrina y actos de Jesús. Cada uno escrito por un autor diferente: por Mateo, que fue uno de los apóstoles elegidos por Jesús y que compartió con él el tiempo de su ministerio público; por Marcos, uno de los primeros discípulos de Jesús, compañero y auxiliar de Pedro y de Pablo en sus viajes apostólicos; por Lucas, médico, originario de Siria y uno de los primeros cristianos convertidos del paganismo, y Juan, otro de los elegidos por Jesús como apóstol, el más joven entre todos, y quien acompañó a Jesús desde el inicio hasta el fin de su ministerio público.Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas tienen una estructura semejante y muchas coincidencias, incluso de redacción, de tal modo que, si se ponen en tres columnas juntas, se advierten inmediatamente muchas semejanzas, así como algunas particularidades de cada Evangelio, lo cual permite que se complementen entre sí; por eso se les ha llamado “sinópticos”, y se ha planteado el problema denominado “cuestión sinóptica”, de cómo explicar esas coincidencias y diferencias.La composición de los evangelios se da en varias etapas.A. La tradición oralEl origen de todos los evangelios es, en primer lugar, la tradición oral de las enseñanzas de Jesús y de los apóstoles, que se conservaban en las diversas comunidades cristianas. Se han distinguido tres etapas en esta tradición. La primera fue la misma predicación de Jesús, que además de dirigirse a las multitudes, se dirigía especialmente a los discípulos asiduos, de entre los cuales eligió a los apóstoles. La segunda etapa es precisamente la predicación que hicieron los apóstoles, una vez muerto Jesús. Ellos predicaban el mensaje de Jesús, llamado “kerygma”, el cual contenía el anuncio del nacimiento, muerte y resurrección de Jesús y una invitación a la conversión;[9] como iba dirigida inicialmente a los judíos, se mostraba como cumplimiento de lo anunciado por los profetas. A quienes se convertían, era necesario darles una instrucción más completa o catequesis sobre la vida y enseñanzas de Jesús, antes de que recibieran el bautismo.[10]Para ayuda de los predicadores y catequistas, pronto pudieron hacerse colecciones de dichos de Jesús, en arameo, agrupados por temas, que son también reconocibles en los evangelios. Se ha conjeturado que una de estas colecciones, oral o escrita, denominada Q (Quellen), fue usada por Mateo y Lucas, para componer sus propios evangelios.[11]La segunda etapa es la predicación apostólica. Es lo que los apóstoles enseñan acerca de la vida y palabras de Jesús. Si bien cada apóstol puede tener sus preferencias personales acerca de lo que es más o menos importante de la vida y palabras de Jesús, y que cada uno tiene en cuenta también las necesidades de aquellos a quienes predican, todos procuran transmitir los actos y las palabras de Jesús, pues saben que no predican una doctrina propia que ellos hayan elaborado, sino que transmiten lo que “vieron y oyeron”.[12] El cuidado que tenían los apóstoles en mantenerse fieles al mensaje original se manifestó en la decisión que tomaron en el concilio de Jerusalén, del año 49, en la cual, dirigiéndose a los cristianos de origen gentil, se lamentan de que algunos cristianos de origen judío, que los apóstoles no enviaron, los inquietaron, y que los apóstoles y el concilio deciden no imponerles el cumplimiento de los aspectos rituales de la ley de Moisés, como algunos pretendían. El concilio decidió, con base en la doctrina de Jesús, enviarlos a bautizar y no a circuncidar.[13] En la tradición oral se va formando también una tradición “cultivada”, es decir, un grupo de expertos que procuran recoger y conservar con fidelidad las enseñanzas de Jesús.Debe tenerse en cuenta, para valorar la importancia de esta tradición, el papel que tenía la memoria en el nivel educativo. Muchos de los dichos de Jesús conservados están redactados de modo que sea fácil retenerlos en la memoria, con juegos de palabras y rimas, como lo demuestran los estudios filológicos y gramaticales que se han hecho de ellos. Por eso es confiable que la tradición apostólica fuera fiel al contenido de los mensajes de Jesús, a veces conservando incluso la literalidad.La tercera etapa de esta tradición es el periodo en el que se redactan los evangelios. Los autores eligen de la tradición oral, y también de lo escrito en los evangelios previos, lo que les parece necesario para los fines que se proponen, de acuerdo con las condiciones de los fieles a quienes se dirigen. De ahí que haya diferencias entre ellos, pero sin contradicción del mensaje principal. Los autores se encuentran con una gran variedad de materiales que, si bien todos derivan de la primera tradición apostólica, cuentan también con diversos contenidos en las iglesias locales, donde los catequistas y predicadores formaron tradiciones locales derivadas de la primera; y algunas enseñanzas y episodios de la vida de Jesús eran más recordados en unas comunidades que en otras.Los evangelios se escriben en el seno de la Iglesia, de la comunidad creyente, la cual reconoce esos escritos como fieles a su tradición, al mensaje de Jesús. Lucas lo dice expresamente:[14] Muchos han puesto por escrito la narración de las cosas acerca de la vida y palabras de Jesús, “conforme a lo que nos transmitieron quienes desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra”.Los evangelistas no fueron meros recopiladores de los contenidos de la tradición, sino autores, en el sentido que ellos eligen sus materiales y los acomodan y redactan según sus preferencias, es decir, los interpretan y hacen una transmisión inteligente de los contenidos que procura ser fiel a los originales.B. La redacción de los evangeliosSe puede afirmar que los evangelistas reelaboran las tradiciones acerca de Jesús conservadas en las iglesias primitivas, con el objeto de dar su propio testimonio de la vida y palabras de Jesús, y procuran que sea verdadero (el creyente entiende que el Espíritu garantiza que es verdadero), fiel a las palabras y actos de Jesús, y los redactan de modo que sean asequibles a quienes se dirigen. Los evangelios son libros escritos por seres humanos y, bajo ese aspecto, pueden ser estudiados y sometidos a crítica, como cualquier otro escrito.La veracidad de los evangelios, considerados como textos escritos por autores humanos, ha sido probada por razones históricas, literarias y filológicas, a lo cual debe agregarse la prueba que dan los propios evangelistas con su vida, que la dedican a transmitir un mensaje que choca con la cultura dominante, a pesar de las persecuciones que sufrieron y de la perspectiva de una muerte violenta. Tres de ellos, Mateo, Marcos y Lucas, aparentemente sufrieron el martirio. ¿Qué interés económico o político podían tener para predicar una doctrina que les traía tanto malestar? Ellos sabían, como dice Juan, que su testimonio era verdadero.Los cuatro evangelistas escriben con el fin de suscitar o reforzar la fe en Jesucristo, es decir, el conocimiento de que Él es Dios y de que ha venido al mundo para salvar a todos los hombres, y hacerlos, desde ahora, partícipes de su vida. No tienen la intención de hacer un libro de historia al modo moderno, sino de dar testimonio de lo que conocen acerca de la vida y palabras de Jesús, a fin de que sus lectores crean en Él. El Evangelio de Marcos, que es el único que lleva título, inicia así: “Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”, es decir, comienza con el testimonio de que Jesús es el Hijo de Dios;[15] Lucas advierte a su destinatario hipotético (Teófilo) que ha escrito “para que conozcas la indudable certeza de las enseñanzas que has recibido”;[16] y san Juan concluye su Evangelio con esta afirmación: “Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero”;[17] más fuerte es la afirmación que hace después de narrar que un soldado atravesó el cuerpo de Jesús con una lanza, pues entonces dice: “El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice la verdad para que también ustedes crean”.[18]Se puede pensar que si los evangelistas escriben para que otros crean su intención no parece ser la de narrar una historia objetiva sino la de proponer argumentos que convenzan. Pero lo que ellos quieren es que sus lectores crean que Jesús es el Hijo de Dios, para lo cual tienen que proporcionar datos sobre la persona y la vida de Jesús de Nazaret, que lleven a sus lectores a concluir que Jesús es el Hijo de Dios. Los evangelios no son escritos teológicos ni filosóficos, sino escritos históricos que dan cuenta de la persona, palabra y obras de Jesús, con palabras sencillas y nada grandilocuentes, a diferencia de los escritos hechos, por ejemplo, para exaltar la memoria de los emperadores.C. Contenido de los evangeliosNo son propiamente biografías de Jesús, sino testimonios que relatan episodios de la vida de Jesús, de sus actos y palabras. Los evangelios de Lucas y Mateo comienzan con sendos relatos de la infancia de Jesús. El de san Juan, con una contemplación de Jesús como el Verbo Eterno del Padre, encarnado para hacerse un hombre como cualquiera de nosotros. Marcos empieza directamente con el inicio de la vida pública de Jesús.Los cuatro evangelios siguen más o menos este esquema de la vida pública de Jesús: primero el bautismo por Juan y las tentaciones en el desierto, que son como la preparación al ministerio público. Luego se narra su actividad pública, refiriendo la formación de un grupo de discípulos, sus milagros, su mensaje, que llega a contrastar con lo que enseñaban los escribas y doctores de su tiempo, y la oposición de los jefes de los judíos, que culmina con la aprehensión de Jesús. Los cuatro evangelios concluyen con una descripción detallada y extensa de la detención de Jesús, del juicio por el que lo condenan, de su muerte en la cruz y de su posterior resurrección y aparición, por varios días, a sus discípulos.Son relatos sencillos y sobrios, al alcance de cualquier persona; el de Juan, no obstante ser el más reflexivo, es igualmente asequible.D. Autores de los evangeliosLas cuatro narraciones de la vida y las palabras de Cristo fueron escritas por testigos cercanos. Mateo y Juan fueron apóstoles, de modo que conocieron directamente a Cristo, lo acompañaron en sus viajes, oyeron sus palabras, presenciaron los milagros y las reacciones del pueblo y de los jefes de Israel. Marcos fue uno de los discípulos que seguían a Cristo (posiblemente el que la noche del jueves santo huyó abandonando su túnica, pues él es el único que narra este suceso, que es irrelevante para la historia de Jesús), y luego, compañero de Pablo y de Pedro en su trabajo apostólico, por lo que él vio posiblemente muchas de las cosas que narra, y otras las conoció por el testimonio directo de Pedro; de hecho, se considera que los recuerdos de Pedro son la fuente principal de su evangelio. Lucas fue de los primeros discípulos no judíos, tal vez de los convertidos en la primera predicación de Pablo en Antioquía, de donde era originario; fue compañero de viaje de Pablo. Él escribe guiado por lo que oyó de Pablo y de la primera comunidad cristiana; tuvo el cuidado de informarse de lo que escribió y posiblemente conoció de labios de María[19] los sucesos del nacimiento e infancia de Jesús.[20]1. Mateo. También llamado Leví, es el publicano elegido por Jesús para ser apóstol, y que lo acompañó a lo largo de su vida pública. Escribió un evangelio en arameo, que se ha perdido, del cual hay testimonios de que fue el primero, pero no se conserva alguna copia o fragmento; luego se tradujo al griego, que es el texto que conocemos, del cual nos han llegado varios manuscritos. El autor no firmó el escrito, lo cual también ocurre en otros evangelios, pero la tradición constante, desde el siglo ii, atribuye este Evangelio a Mateo, o Leví, el que fue publicano y llamado a ser apóstol. Papías, obispo de Hierápolis, hacia el año 130 dice: “Mateo, en lengua hebrea, ordenó las palabras (y los actos), pero cada uno las tradujo (e interpretó) como mejor podía”.[21] Hacia el año 400, san Jerónimo, dice: “Mateo, también llamado Leví, publicano antes de apóstol, fue el primero que compuso un Evangelio de Cristo en Judea para los creyentes de la circuncisión, con letras y palabras hebreas […] El texto se conserva todavía hasta el día de hoy en la biblioteca de Cesarea”. Este original arameo se perdió, y sólo conocemos una versión en lengua griega. Se ha discutido si este ejemplar es una mera traducción o una reelaboración. Actualmente, la mayoría de los especialistas consideran que es una reelaboración, posterior a la muerte de Mateo; algunos opinan que fue un grupo de escribas cristianos quienes hicieron esa reelaboración, pero es sólo una hipótesis, que no parece muy convincente, si se toma en cuenta la gran autoridad que tenía Mateo.Ese evangelio, como todos los demás, está destinado para que los lectores crean que Jesús es el Hijo de Dios, pero especialmente se dirige a los cristianos procedentes del judaísmo. Por ese motivo, el autor insiste en mostrar a Jesús como el Mesías anunciado y esperado, pero uno muy diferente del conquistador militar y político que muchos esperaban. Por la misma intención, el evangelio presenta que el Reino de los Cielos o Reino de Dios, ya anunciado en el Antiguo Testamento, ha sido inaugurado por Jesús y comienza a desarrollarse en el nuevo pueblo de Dios, convocado por Jesús.Una peculiaridad de este Evangelio es que presenta largos discursos de Jesús, como si fueran pronunciados en un solo momento, como el Sermón de la Montaña, cuando se sabe, por los otros evangelios, que contienen mensajes y palabras que fueran dichos en diversos momentos y lugares.No se tienen muchas noticias acerca de la vida de Mateo, además de lo que dice el Evangelio. Como publicano, era un hombre rico y que gozaba de buena posición social. Dejó sus bienes para seguir a Cristo. Después de la muerte de Jesús, aparentemente permaneció en Palestina algunos años, según lo afirma una tradición de escritores cristianos del siglo ii al siglo iv, donde posiblemente compuso su Evangelio, y después salió a evangelizar otros países; los testimonios históricos que hablan de su actividad son contradictorios y poco fiables; la más antigua tradición señala que predicó en Arabia, Persia y principalmente en Etiopía (Abisinia); y allí murió mártir.[22]2. Marcos. Las tradiciones de la Iglesia primitiva atribuyen el segundo Evangelio a Marcos. Lo refiere el texto de Papías, citado por Eusebio de Cesarea, hacia el año 130, y después lo citan san Justino Mártir hacia el año 155,[23] y san Ireneo, a fines del siglo ii;[24] a partir del siglo iii hay muchos testimonios.Marcos, conocido también como Juan Marcos, no fue de los doce, pero posiblemente fue uno de tantos discípulos de Jesús que fue testigo directo de muchos acontecimientos que narra;[25] además, acompañó a Pablo, a Bernabé y, sobre todo, a Pedro; de modo que muchas de las palabras y actos que narra, los pudo saber por Pedro; Eusebio de Cesarea dice que fue discípulo e intérprete de Pedro.[26] Escribió en griego, como los demás evangelistas, posiblemente cuando estaba en Roma con san Pedro, en la década de los años sesenta, como lo afirman varios escritores antiguos, aunque se duda si lo concluyó antes o después de la muerte de san Pedro.[27]Tiene muchos latinismos, lo que es un indicio de que fue escrito en Roma y dirigido a los cristianos de esa ciudad y de otras comunidades cristianas de Italia. Es el más corto de los evangelios sinópticos y, a diferencia del de Mateo, casi no contiene discursos de Jesús, sino principalmente sus actos.La mayoría de los investigadores actuales opina que el Evangelio de Marcos fue el primero que se escribió y que proporcionó el marco histórico narrativo que siguieron Mateo y Lucas, quienes habrían añadido una cantidad de dichos o palabras de Jesús, que posiblemente habían sido recogidos en alguna colección hipotética de dichos de Jesús, a la que se denomina Q.La peculiaridad de este Evangelio es que sitúa al lector directamente ante Jesús, le presenta los acontecimientos más significativos, sin desarrollos explicativos, sin citar muchas palabras de Jesús (a diferencia de Mateo) y sin hacer reflexiones teológicas (a diferencia de Juan). Hace relatos sencillos, destaca las circunstancias particulares, lo que hace que sean muy vívidos. De acuerdo con el testimonio de Papías de Hierápolis (siglo ii) la fuente principal de Marcos fueron los recuerdos y la predicación de Pedro, a quien acompañó muchos años.[28]Marcos era primo de Bernabé, y éste lo eligió para que ayudara en la evangelización de Antioquía, y luego acompañó a Pablo y Bernabé a su primer viaje de misión a Chipre; pero de ahí se regresó a casa y abandonó la misión. Al planear su segundo viaje, Bernabé quiso llamar a Marcos, pero Pablo se opuso, lo cual generó un conflicto que resolvieron haciendo cada uno su propio viaje; Bernabé volvió a llamar a Marcos para que lo acompañara a visitar las comunidades fundadas en Chipre. Diez años más tarde, los Hechos de los Apóstoles lo mencionan acompañando a Pedro en Roma (antes del año 61) y ayudándole como intérprete; posteriormente, aparece como ayudante de Pablo (año 62). Después del año 66 (Marcos tendría 50 años) no se tienen noticias ciertas suyas, pero Eusebio de Cesarea y san Jerónimo recogen tradiciones anteriores que afirman que Marcos fundó la iglesia de Alejandría; según otras tradiciones, murió mártir en el pueblo de Búcoli, cercano a Alejandría; sus reliquias, en el año 825, se trasladaron a Venecia.3. Lucas. La tradición cristiana es unánime en atribuir el tercer Evangelio a Lucas. El Fragmento Muratori (hacia el año 180) afirma que “El tercer libro del Evangelio es según Lucas, médico…”.[29] Hay muchos testimonios, pero es especialmente interesante el de san Jerónimo, que dice: “Lucas, médico de Antioquía de Siria, discípulo del apóstol Pablo, compuso el volumen en Acaya y Beocia; en él, con una visión más amplia, repetía algunas cosas de otros y, como confiesa en el prólogo, describía cosas oídas, no vistas”.[30] Se han propuesto otros lugares de composición, pero, de acuerdo con la tradición, el más probable es el ya señalado, Acaya y Beocia. La fecha de composición se ha conjeturado en relación con la del otro libro de Lucas, los Hechos de los Apóstoles, que, como concluyen cuando Pablo fue liberado de su primera cautividad en Roma, lo cual ocurrió el año 63, algunos autores suponen que el evangelio debió de escribirse después del año 63, en el que terminó su cautiverio, y antes del año 65. Otros autores se inclinan por una fecha más tardía, entre los años 67 y 80, porque consideran que las características del relato, principalmente su serenidad y equilibrio, son propias de una persona madura, como lo sería Lucas en esas fechas.[31]Lucas fue compañero de Pablo: lo acompañó a Macedonia, donde permaneció en Filipos, y luego regresó con él a Jerusalén; después fueron a Roma, y permaneció con él en su segunda cautividad. Según una antigua tradición, después de la muerte de Pablo, predicó en Bitinia y Acaya, y murió, muy probablemente, martirizado, cuando tenía 84 años. Sus restos fueron trasladados a Constantinopla, durante el reinado de Constantino, a la Iglesia de los apóstoles, y después se dispersaron por varios templos, y quizá la mayor parte se encuentra en la iglesia de santa Justina, en Padua.Este Evangelio se distingue por tener un capítulo sobre el nacimiento e infancia de Jesús, mucho más extenso que el de Mateo. También por la narración del viaje de Jesús, cuando deja definitivamente Galilea y se dirige a Jerusalén para su Pasión y Muerte;[32] narración que es muy amplia, abarca 10 capítulos (Lc 9,51-19,28), y muchos de los episodios que narra no los contienen los evangelios de Mateo ni de Marcos.[33] Sus relatos sobre la resurrección y ascensión son también más extensos.Lucas, como Mateo, recopila muchos dichos o palabras de Jesús, pero los relaciona con circunstancias concretas en que los pronunció, a diferencia de Mateo, que los agrupa para formar “discursos”. Por eso se ha dicho que Lucas fue el primer historiador de Jesús. Da una gran importancia a Jerusalén, la ciudad santa, y al templo, donde inicia y concluye su Evangelio, de tal modo que su narración se presenta como un continuo caminar hacia Jerusalén.Otra característica muy importante es la dimensión universal del Evangelio, como Buena Nueva para todos los gentiles, y de Jesús, como salvador de todos los hombres, como lo expresa en el cántico de Simeón, donde dice del Niño que es “luz que ilumina a todos los gentiles”. Él es el único evangelista que no fue judío y cuya lengua materna fue el griego.Es muy propio de Lucas la descripción que hace de María, por lo que se le ha llamado “pintor” de la Virgen. Es él quien narra la anunciación del ángel a María, la visita de la Virgen a su prima Isabel y la presentación del niño en el templo.4. Juan. El Evangelio de Juan fue el último que se escribió. La tradición sitúa su composición en Éfeso, donde Juan residía, y en la década de los años noventa, cuando ya se había producido la ruptura del judaísmo con los cristianos, a quienes expulsaron de las sinagogas. El Canon de Muratori (hacia el año 180-190) afirma, como algo sabido, que el cuarto evangelio es el de Juan, que él mismo comunicó a las iglesias mientras vivía. San Ireneo, en el mismo tiempo, confirma esa noticia y añade que lo escribió en Éfeso, y hay muchos otros testimonios coincidentes. Hay papiros del siglo ii, donde se reproducen fragmentos de este Evangelio que coinciden completamente con los manuscritos del siglo iv que tenemos, lo cual echa por tierra la hipótesis de que el Evangelio fue escrito en el siglo segundo o tercero. Es posible que el Evangelio fuera el fruto de una comunidad cristiana, de la cual Juan era la cabeza.Es particular del Evangelio de Juan, el conocido prólogo, en el cual se remonta al Verbo como la Persona que se encarna en Jesús. De esta manera, desde el principio, Juan afirma al lector que Jesús es Dios.A diferencia de los evangelios sinópticos, el de Juan se concentra en lo ocurrido en Judea. Mientras los sinópticos refieren sólo una subida, la última, de Jesús a Jerusalén, Juan narra tres o posiblemente cuatro.Juan fue el discípulo predilecto de Jesús, y lo siguió desde el principio de su vida pública. Después de la muerte de Jesús, Juan aparece acompañando a Pedro en Jerusalén, y en el primer concilio ecuménico en Jerusalén es considerado como “columna” de la Iglesia. De Palestina, marchó a Éfeso, posiblemente después de la muerte de Pablo (año 67) y la guerra de Judea (a. 70), que hizo que muchos cristianos salieran de Palestina. Permaneció en Éfeso, hasta que fue desterrado por el emperador Domiciano a la isla de Patmos (a. 95), donde escribió el Apocalipsis; regresó a Éfeso tras la muerte de Domiciano (a. 96), y murió el año 98, al comienzo del imperio de Trajano.E. La cuestión sinóptica[34]Los tres primeros evangelios, los de Mateo, Marcos y Lucas, tienen muchas coincidencias entre sí acerca de los dichos y actos de Jesús, a veces coincidencias literales, pero también, cada uno tiene noticias propias que no contienen los otros dos o sólo uno de ellos. Las concordancias y diferencias entre ellos se perciben con una sola mirada (sinopsis) si se ponen los textos de estos tres evangelios en columnas paralelas; por eso se les ha denominado “evangelios sinópticos”. Para explicar estas concordancias y discordancias, se han dado varias teorías: i) la teoría de los dos evangelios, que, de acuerdo con la tradición histórica, afirma que primero se escribió el Evangelio arameo de Mateo, luego el de Lucas y finalmente el de Marcos; esto coincide con el testimonio de Clemente de Alejandría, citado por Eusebio de Cesarea, de que los evangelios más antiguos son los que tienen las genealogías de Jesús, pero se le ha objetado que hay partes de los evangelios de Mateo y Lucas que parecen haber sido correcciones al texto de Marcos, lo que hace suponer que el de Marcos fue el más antiguo; ii) la teoría de las dos fuentes, que supone que los tres evangelios se derivan de dos documentos: el primero, es el Evangelio de Marcos, que aportó el esquema histórico narrativo básico de los actos de Jesús, y el segundo es una hipotética colección de dichos de Jesús, que habría servido a Mateo y Lucas para completar sus evangelios, y que se suele denominar Q, cuyo contenido se infiere de las coincidencias que hay entre Mateo y Lucas y que no están en Marcos; esta hipótesis no explica las coincidencias que hay entre Mateo y Lucas, que parecen divergentes de lo que afirma Marcos, el cual sería supuestamente fuente común de Mateo y Lucas. Es una teoría que se basa en la presunción de que existió esa fuente común y que va en contra de la atribución tradicional, desde Papías, de que el primer Evangelio fue el de Mateo; iii) la teoría de los niveles múltiples, que parte del hecho de que los textos antiguos, una vez redactados, no quedaban fijos, sino que tenían correcciones y modificaciones, por lo que pudieron existir “preevangelios” de Mateo, Marcos y Lucas, que se van corrigiendo, de acuerdo con las tradiciones locales y a la vista de los otros evangelios escritos o de la tradición apostólica, hasta que finalmente quedaron fijos, y entran al canon de la Iglesia en el siglo segundo.Ninguna de las tres teorías explica suficientemente cómo fueron redactados los evangelios. Actualmente, la más seguida es la teoría de las dos fuentes, pero hay también partidarios autorizados de la teoría tradicional de los dos evangelios. La tercera teoría puede ser complementaria de las otras dos.[35] En todo caso, la falta de seguridad acerca de cómo se escribieron los evangelios no afecta el hecho de su existencia, ni la posibilidad de entender su contenido.F. La datación de los evangeliosNo se puede datar con exactitud la redacción de cada evangelio, pero sí precisar un margen de tiempo. Cabe afirmar de modo general que los cuatro se escribieron en la segunda mitad del siglo primero.La datación de los evangelios sinópticos depende de la teoría que se siga acerca de su composición. Conforme a la teoría tradicional de los dos evangelios, que es la que me parece mejor, el más antiguo sería el evangelio arameo de Mateo,[36] que habría sido escrito entre los años 45 y 55; luego el de Lucas, entre los años 58 y 62 (terminado antes que la otra obra del mismo Lucas, los Hechos de los Apóstoles, que debió terminarse poco después de la liberación de Pablo de su primera cautividad romana el año de 63) y el de Marcos, entre el 45 y el 65, concluido posiblemente durante el cautiverio de Pedro en Roma o poco después de su muerte, el año 64. Mientras se componían los evangelios de Lucas y Marcos, pudo aparecer la versión griega del Evangelio de Mateo, antes del año 70, porque todavía predice la destrucción de Jerusalén, ocurrida en ese año, como algo por suceder.Conforme a la teoría de las dos fuentes,[37] se considera que el más antiguo fue el de Marcos, hacia al año 70, y que luego siguieron los de Lucas y Mateo, compuestos cada uno por separado, entre los años 80 y 90, a partir de una supuesta colección de dichos de Jesús (Q) y del Evangelio de Marcos. Todos los estudiosos coinciden en que Juan escribió su Evangelio durante los años noventa, posiblemente en Éfeso, y que tenía conocimiento de los evangelios sinópticos, por lo que redacta su Evangelio para dar información complementaria, que no está en ninguno de los otros tres evangelios, y que es una muestra de que Juan tiene otros recuerdos y fuentes distintas de las que usaron los tres evangelistas sinópticos.[38] G. La transmisión textualLos cuatro evangelios, incluyendo la versión revisada de Mateo, fueron escritos en lengua griega, en la modalidad llamada koiné, que era entonces un lenguaje internacional. Los ejemplares autógrafos u originales de los evangelios se han perdido, porque seguramente fueron escritos en papiro, que es un material fácilmente corrompible, salvo en climas muy secos. A partir del siglo ii d. C. se difunde el uso del pergamino, material resistente hecho a base de pieles de animales, pero era muy caro. Los primeros cristianos, en el siglo ii, usaban copias en papiro de los originales, de los cuales se han conservado algunos ejemplares, la mayoría fragmentarios. A partir del siglo iv usaron copias en pergamino, de las cuales se conservan muchas.De acuerdo con datos de 1978 se conservan 88 papiros con textos del Nuevo Testamento. El más antiguo, fechado en el año 60, que aparentemente contiene algunas palabras del Evangelio de Marcos, y otras de la primera epístola de Timoteo. Hay otro papiro, denominado Papiro Roberts o Ryland, datado hacia el año 125, que contiene fragmentos del Evangelio de Juan, cuyo descubrimiento fue muy importante para destruir las hipótesis de que ese Evangelio debía haberse redactado después del año 150. Del año 200 es el papiro denominado Bodmer ii que contiene unos dos tercios del Evangelio de Juan, y otro, llamado Bodmer xiv, que contiene casi todo el Evangelio de Lucas.A partir del siglo iv se conserva una cantidad creciente de códices griegos de los evangelios, que suman ya más de cinco mil. Los más valiosos son el Códice Vaticano o B(03) que contiene toda la Biblia en griego y, aunque faltan los folios del principio y del final, los cuatro evangelios íntegros; es un manuscrito hecho en Egipto que se conserva en la Biblioteca Apostólica Vaticana, y el Códice Sinaítico o S(01), que se considera el segundo en importancia, muy afín al anterior, escrito en el siglo iv o principios del v, contiene toda la Biblia en griego, y le faltan sus primeros y últimos folios; se conserva en el museo Británico.Existen ejemplares de los evangelios y de todo el Nuevo Testamento escritos en otras lenguas antiguas. Suman más de 50 mil. Los más importantes son los latinos, fechados desde el siglo ii, que fueron sustituidos por la Vulgata latina de san Jerónimo, a partir del siglo v. Hay una versión siríaca del siglo v, y versiones coptas de los siglos ii y iii. Hay versiones armenias y etíopes del siglo iv.Además, hay citas de los evangelios en los escritos de los autores cristianos, y las copias conservadas de algunos de estos escritos son más antiguas que los códices griegos en pergamino.En conclusión, se puede afirmar que no hay ningún otro documento de la antigüedad griega o romana que tenga tantas pruebas de su fiel transmisión textual como los evangelios y el Nuevo Testamento.H. Autoridad de los evangelios en la Iglesia de los primeros añosLa Iglesia primitiva reconoció solamente cuatro evangelios, como inspirados por Dios y canónicos, o “auténticos”.[39] Este reconocimiento se basaba en que el contenido de estos evangelios concordaba con la tradición oral de lo que los apóstoles y demás discípulos habían visto, oído o dicho acerca de Jesús. La condición de veracidad histórica fue clave para su reconocimiento. Los hechos que relatan los evangelios eran recientes, se contaba con la tradición oral para contrastarlos y había testigos directos que podían haberlos confirmado o refutado; por otra parte, era totalmente ajeno a la mentalidad de los cristianos de origen judío inventar un mito de un hombre que se igualara con Yahvé.La Iglesia desechó otros muchos “evangelios” atribuidos a algún apóstol, porque no concordaban con la tradición apostólica, aunque su autor hubiera tenido alguna intención piadosa; a esos se les conoce como evangelios apócrifos, es decir, fabulosos o fingidos.Los cuatro evangelistas reconocidos escriben de acuerdo con la tradición oral, y son sumamente respetuosos de ella, por lo que es difícil discernir en cada Evangelio lo que es propio del autor de aquello que toma de la tradición oral. San Lucas es especialmente respetuoso, de modo que hasta cambia su estilo para transmitir el tenor de las fuentes. El material del cual se sirven, oral o escrito, ya estaba debidamente formado y estabilizado, como lo demuestra la coherencia de los cuatro evangelios entre sí.La tradición preevangélica fue conservada y transmitida no por comunidades entusiastas o anárquicas, sino por comunidades jerárquicamente constituidas, que no desean crear una nueva religión, sino transmitir fielmente las enseñanzas y los actos de Jesús. La sobriedad de los cuatro evangelios abona la seriedad de la tradición en la que se fundan, en la que no aparecen elementos literarios encomiásticos o ponderativos.Otra prueba de la autenticidad de los evangelios es la continuidad y discontinuidad, a la vez, con el ambiente judaico de la época, que presenta la conducta narrada de Jesús. Frente al sistema legislativo de su tiempo, Jesús, según afirman los cuatro evangelios, admite y respeta la ley transmitida por Moisés, pero al mismo tiempo se manifiesta como alguien que interpreta auténticamente el contenido de esa ley, sin haber estudiado en las escuelas rabínicas y que declara su sentido apoyado en su propia potestad y autoridad. En la historia del pueblo de Israel, muchos profetas habían hablado en nombre de Dios, especialmente Moisés; pedían la adhesión del pueblo a las palabras de Dios que ellos transmitían, y hacían milagros con la autoridad y el poder de Dios. Jesús, en cambio, pide adhesión total a su propia persona, y actúa por su propio poder. Frente a las esperanzas mesiánicas de Israel, que algunos interpretaban en el sentido del advenimiento de un Mesías Rey poderoso que exaltara a Israel por encima de los demás pueblos, y otros que no esperaban un Mesías en una persona humana, sino la intervención providencial de Dios, Jesús se presenta como un Mesías único, muy diferente de lo que muchos esperaban, pero plenamente conforme con las escrituras: es descendiente de David, pero es también el siervo humilde que describe Isaías, y es glorificado después de haber sufrido tormentos impensables.I. Los evangelios apócrifosSe da este nombre a relatos acerca de la vida y palabras de Jesús, o que contienen datos acerca de él, que son llamados evangelios por sus autores o bien por el público, pero que no fueron reconocidos por la Iglesia como inspirados ni fueron incorporados al canon o lista de relatos auténticos. De muchos de esos apócrifos sólo se conservan algunos fragmentos. Hay dos que nos han llegado completos, el Proto evangelio de Jacob y el Evangelio de la infancia, atribuido a Tomás, que contienen narraciones sobre la infancia de Jesús, las cuales son combinaciones de las noticias que dan Lucas y Mateo, con algunas elucubraciones y fantasías propias de sus autores, como la que contiene el Evangelio de Tomás, de que el Niño Jesús, maldijo a un niño que lo perseguía y éste cayó muerto al instante. De los demás apócrifos, como el Evangelio del Nazareno, el Evangelio de Pedro o el Evangelio de la Cruz, entre otros, sólo nos han llegado fragmentos. En general, los evangelios apócrifos se originan en el siglo segundo o posteriormente, no demuestran tener contacto directo con los acontecimientos que narran ni tener noticias sobre los actos y palabras de Jesús que provengan de tradiciones independientes de los evangelios canónicos. John Meier,[40] después de analizarlos críticamente, considera que son documentos importantes para conocer la imaginación exagerada de algunos cristianos del siglo segundo, pero no para conocer la vida y palabras de Jesús.Hay otros documentos que se descubrieron el año 1945, en el pueblo de Nag Hammadi, en Egipto, que eran los restos de una biblioteca de cristianos coptos. Contienen, entre otros, fragmentos de la República, de Platón, de libros de moral pagana, como las Sentencias de Sexto, de libros judíos y también de libros cristianos, que reflejan puntos de vista gnósticos. La mayor parte de este material no contiene algo relacionado con la vida y palabras de Jesús, y los pocos que sí refieren sus actos y palabras, no son propiamente narraciones de su vida, sino exposiciones teológicas, aun cuando se llamen “evangelios”, como el Evangelio de la verdad. Hay algunos que relatan pasajes de la vida de Jesús, como el Evangelio de Felipe, pero las noticias que dan fueron tomadas de los evangelios sinópticos y no reflejan conocer ninguna fuente independiente de los sinópticos.[41] Mención aparte merece el Evangelio de Tomás, que es una colección de 114 dichos de Jesús, sin ninguna referencia a las circunstancias en que fueron pronunciados; al analizar su contenido, Meier concluye que está dominado por la visión gnóstica, y no cabe verlo como una fuente confiable de las palabras de Jesús;[42] como muestra de ello, cita el pasaje donde Pedro le dice a Jesús que María tendrá que abandonarlos porque las mujeres no merecen la vida verdadera, y Jesús le replica que va a convertirla en varón para que pueda acceder a ella. Contiene muchos dichos de Jesús que coinciden con los que hay en los sinópticos, pero no se ha podido probar que provengan de una fuente distinta, por lo que es más probable que sean dichos tomados de los sinópticos, especialmente de Mateo.Del análisis de las diversas fuentes de la vida y palabras de Jesús se puede concluir que las únicas fuentes críticamente confiables de los actos y las palabras de Jesús son los cuatro evangelios; de los otros libros del Nuevo Testamento, especialmente las cartas paulinas, sólo ofrecen algunos datos, pocos, no conocidos en los evangelios. Y de las fuentes no cristianas, la más importante, que parece proceder de una fuente distinta de los evangelios, es el llamado Testimonio Flaviano, que coincide con lo que dicen los evangelios, pero no aporta datos nuevos. Lo que dice Tácito acerca de Jesús puede proceder de otra fuente independiente de los evangelios, pero no aporta nada nuevo.[43]

3 El país de Jesús[44]A. Geografía

Palestina es una franja de tierra fértil a lo largo de la orilla suroriental del mar Mediterráneo. Era la tierra que, de acuerdo con la Biblia, Dios había prometido y entregado a su pueblo, Israel.[45] En tiempo de Jesús, estaba dividida en cuatro regiones, tres del lado occidental del Jordán: Galilea, al norte; Samaria, al centro y Judea, al sur; del otro lado del Jordán (Transjordania) estaba Perea y, al norte de ella, algunos distritos que se mencionan en los evangelios: Decápolis, Iturea, Traconítide y Abilene.

Galilea fue la región donde Jesús vivió la mayor parte de su vida. Está en el norte de Palestina. Se extiende desde las laderas del monte Hermón, al norte, hasta el valle de Esdrelón, al sur; y desde el río Jordán y el lago de Galilea, en Oriente, hasta la costa del mar Mediterráneo, en el occidente. Al sur de Galilea, separada por el valle de Esdrelón, se encuentra Samaria, cuyo núcleo lo constituye un macizo de montes y colinas. Galilea tiene un relieve ondulado; sus colinas están revestidas de olivos y viñas; en los valles se cultiva trigo y cebada. El lago de agua dulce tiene unos 21 km de largo y 12 de ancho, y gran abundancia de peces. Durante su vida pública, Jesús predicó principalmente en las ciudades de la orilla noroccidental del lago: Corazaín, Betsaida, Cafarnaúm, pero fue en esta última donde fijó su residencia. Ahí todavía se conservan las paredes de una habitación que, de acuerdo con una antigua tradición, confirmada por las investigaciones arqueológicas, fue la casa de san Pedro, donde se hospedaba Jesús.

En Galilea, vivía gente de dos culturas distintas. Una parte importante era de cultura helénica, hablaba griego, se dedicaba principalmente al comercio o a la industria, y vivía en las grandes ciudades como Tolemaida (con puerto en el Mediterráneo), Séforis, en el interior, o Tiberíades, en la orilla del mar de Galilea. La otra parte, la población rural, era eminentemente judía, hablaban arameo y vivían en aldeas o en pequeñas poblaciones, como Nazaret, Caná, Cafarnaúm o Betsaida. No parece que hubiera un trato muy frecuente entre ambas poblaciones. Cristo predicó a la población judía y no tenemos constancia en los evangelios de que lo haya hecho en las ciudades helenizadas; no obstante, existen relatos en los evangelios de que acoge a los gentiles que lo buscan.

En la Galilea media, al sureste del lago, estaba, y sigue estando, Nazaret, donde vivió Jesús treinta años. Era una aldea desconocida, donde vivían unas cuantas familias pobres, dedicadas en su mayoría a la agricultura y algunas, como la de José, que vivían de su trabajo artesanal. Las casas estaban adosadas a las rocas. Por lo general, eran de dos habitaciones, una era una cueva que servía de bodega y despensa, y que tenía adosadas tres paredes de adobe, que formaban la segunda habitación, techada con maderas, ramas y hojas, donde vivía la familia. Gran parte de la vida familiar discurría en el terreno al frente de la casa. Los habitantes de Nazaret eran judíos y hablaban arameo.

B. Situación política

En el tiempo de Jesús, la nación israelita había perdido mucho de su antigua grandeza. Quedó sujeta al dominio de Roma desde que Pompeyo entró en Jerusalén el año 66 a. C. Desde entonces, Roma gobernaba Palestina mediante monarcas que pactaban con ella. Herodes el Grande, accedió al trono con el apoyo de los generales romanos Antonio y Octavio; un senadoconsulto (40 a. C.) lo nombró rey de los judíos; gobernó durante 37 años (40-4 a. C.). Reconstruyó el templo, pero no era un hombre religioso, de hecho, no era judío, sino de Idumea (suroeste de Judea). En su testamento, dividió su reino entre sus tres hijos: al hijo mayor, Arquelao, le legaba Judea y Samaria, con el título de rey; a Herodes Antipas, le dejó Galilea y Perea, y a Filipo, los distritos del noreste: Gaulanítide, Traconítide, Iturea y otros. Para validar el reparto de territorios, era necesario el consentimiento de Augusto, al cual acudieron los tres hijos. El emperador confirmó el reparto, pero dio a Arquelao el título de etnarca o gobernador de un pueblo, y a Antipas y a Filipo, el de tetrarca, es decir gobernador de una cuarta parte. Arquelao, antes de partir para Roma, tuvo que reprimir una sedición en Jerusalén; sus soldados mataron a más de tres mil judíos. Durante la ausencia de los tres herederos, se produjeron rebeliones en toda Palestina, sobre todo en Galilea. Tuvo que acudir el procónsul de Siria, Varo, para restablecer el orden con una gran represión. A su vuelta de Roma, Arquelao se encontró con mucha oposición entre la población, que Arquelao aumentó con sus propios actos, hasta que fue denunciado otra vez por los jefes judíos ante Augusto, quien lo desterró a Viena. Entonces, la Judea y la Samaria quedaron bajo el dominio directo de Roma por medio no del procónsul de Siria, sino de un gobernador especial, que, durante la vida pública de Jesús, fue Poncio Pilatos (26-36).

Jesús vivió sus años de infancia y juventud bajo la jurisdicción de Herodes Antipas. Los emperadores romanos que gobernaban en tiempo de Jesús fueron Augusto, quien logró unir el imperio y ponerlo en paz, al grado de que el Senado decidió (entre los años 13 y 19 a. C.) erigir, en el campo Marte, el ara pacis, un altar de la paz; murió el año 14 d. C., y le sucedió Tiberio, quien gobernó hasta su muerte el año 37.

Existió un órgano de gobierno propiamente judío, el Sanedrín, una especie de senado, que tenía un poder considerable en el gobierno y administración interna del país; tenía su sede en Jerusalén y llegó a tener jurisdicción sobre todo el pueblo, en causas civiles y religiosas; velaba por la pureza de la doctrina y por eso envió emisarios para interrogar a Juan el Bautista, y condenó a Jesús a muerte; pero no podía ejecutar la sentencia, sin autorización del procurador. Estaba compuesto de 71 miembros, representantes de los sacerdotes, de los doctores de la ley y de los “ancianos” o notables, esto es, representantes de la aristocracia civil. El sumo sacerdote en funciones era el presidente del Sanedrín.

C. Situación social

La vida familiar se tenía en alta estima, fundada en el matrimonio. Las bodas eran objeto de celebraciones que se prolongaban por varios días. Era frecuente el divorcio y la poligamia estaba todavía autorizada, pero excepcionalmente se practicaba. Los padres cuidaban educar a sus hijos en la fe de Israel, que se complementaba con la educación en las escuelas donde los hijos aprendían a leer y escribir para conocer la Biblia.

Las familias judías, unidas por vínculos de sangre y de religión, se trataban amistosamente y se ayudaban. De ahí el saludo que se daban: la paz contigo. La clase superior, compuesta por los sacerdotes, los doctores de la ley, los fariseos y los ciudadanos ricos solía mirar con desprecio al “pueblo de la tierra”.

El trabajo manual era muy apreciado en tiempos evangélicos, pero iniciaba ya la afición por el comercio. Había una red de caminos bien trazada.

El costo de la vida no era alto y la población en general podía vivir con poco dinero, pues tenía pocas necesidades. Pero había miseria y, a veces, miseria extrema. Muchos consideraban que la causa principal de la pobreza eran los pesados impuestos que había que pagar a Roma, la cual los cobraba por medio de los publicanos, es decir, agentes cobradores a quienes se les encargaba la exacción de impuestos y se les daba el derecho de retener algo.

La población de Palestina era judía en su mayor parte, sobre todo en Judea, Galilea y Perea, pero existía población helenizada. Los jefes religiosos cuidaban que los judíos no se contaminaran, para lo cual expedían órdenes y prohibiciones. Había muchos judíos que vivían fuera de Palestina, lo cual había sucedido como consecuencia de las conquistas por los asirios y caldeos que deportaron a muchos judíos. El conjunto de judíos en suelo extranjero lo denominaban la “diáspora”. Ellos seguían reconociendo a Jerusalén como su centro religioso y solían peregrinar a ella en las grandes fiestas.

La lengua que se hablaba en Palestina, y en la cual predicó Jesús, era el arameo. Cuando nació Cristo, el hebreo ya era una lengua muerta para casi todos los judíos, al grado que era necesario traducir al arameo los pasajes del Pentateuco y de los profetas, escritos en hebreo, para que lo entendieran los judíos de Palestina. El arameo era el idioma que se hablaba en Aram (Siria) y en Caldea y Babilonia, donde fueron desterrados los judíos, y ahí tuvieron que aprenderlo, y cuando volvieron a Palestina, llevaron el nuevo idioma.

D. La situación religiosa

En general, el pueblo judío vivía su fe religiosa. El templo era el gran lugar de culto. El primer templo lo construyó Salomón, y fue destruido por los soldados de Nabucodonosor, cuando tomaron Jerusalén. Después del destierro, los judíos reconstruyeron un templo en el mismo lugar, pero era un edificio pobre. Herodes el Grande ordenó la construcción del templo en el que llegó a estar Jesús. Era un templo magnífico, cuya construcción se inició hacia el año 20 a. C. y que terminó hasta 62-64 d. C. Pocos años después, sería destruido por el ejército romano (70 d. C.).

Además, existían las sinagogas, que no eran lugares de culto, pues ahí no se hacían sacrificios, sino que eran lugares de reunión, donde, en determinados días, especialmente los sábados, se reunían los judíos para orar y para escuchar las enseñanzas de los doctores acerca de la Ley y los profetas. En tiempos de Jesús había muchísimas sinagogas en Palestina, pues hasta las más pequeñas aldeas tenían la suya.

Los encargados del culto eran el sumo sacerdote, los sacerdotes y los levitas, todos debían ser descendientes de la tribu de Leví, y los sacerdotes, de la familia de Aarón. El sumo sacerdote era el jefe religioso del pueblo; su cargo era vitalicio y hereditario, pero bajo la dominación romana, los procuradores del poder romano los instituían y destituían a su antojo. Valerio Graco, procurador anterior a Poncio Pilatos, instituyó a varios, entre ellos a Anás, el año 6 d. C., que fue destituido después de muerto Augusto (14 d.C.); le sucedieron sus tres hijos y luego su yerno, Caifás, quien condenará a Jesús. Los sacerdotes hacían los sacrificios en el templo y atestiguaban la curación de los leprosos. Los levitas eran los encargados del orden en el templo y de auxiliar a los sacerdotes.

Los actos litúrgicos eran los sacrificios y la oración. Había un sacrificio incruento de un puñado de harina mezclado con sal y vino; y sacrificios cruentos, de diversos animales. Cada mañana y cada tarde, a nombre de todo el pueblo, se ofrecía el sacrificio de un cordero sin mancha; previamente, se procedía a la incensación del altar de oro, la cual le tocó hacer a Zacarías, según narra el Evangelio de Lucas. La oración se hacía de pie y, algunas veces, de rodillas con los brazos y manos extendidos hacia el cielo; para orar, algunos judíos se sujetaban a la frente y al brazo izquierdo unas cajitas de pergamino que contenían textos bíblicos, llamadas “filacterias”.

La vida cotidiana estaba impregnada por la ley mosaica. Los expertos en conocerla e interpretarla eran los escribas o doctores de la ley, que no eran sacerdotes, sino laicos instruidos, en parte teólogos y en parte juristas. Llegaron a formar un grupo compacto que, en general, era proclive a los fariseos. La interpretación que hacían fue conformando una tradición oral, la “tradición de los padres”, en la que se explicaban y desarrollaban los preceptos de la Ley, y que se puso por escrito a partir del siglo ii d. C., y es conocida como Mishná; en ella se contaban 248 preceptos positivos y 365 negativos. Esta elaboración de la Ley caracterizó, y sigue caracterizando, al pueblo judío. Los escribas tenían más influencia en el pueblo que los sacerdotes comunes.

En la población judía de Palestina, había diversos grupos religiosos que se distinguían por su modo de interpretar y vivir la misma religión judía: los fariseos, los saduceos, los esenios y los samaritanos.

La distinción entre fariseos y saduceos parecen haberse constituido alrededor del año 170 a. C., cuando fue la persecución del rey de Siria Antíoco Epifanes (215 a 164 a. C.), que intentaba imponer en Palestina el helenismo, con sus dioses y cultos, y terminar con la religión judía. Su intento dividió la población judía en dos bandos, los que resistieron a la persecución y se adhirieron con energía y sin mezcla de elementos paganos, a la religión de sus padres, que finalmente fueron llamados fariseos, y los que contemporizaban con el poder constituido y aceptaban las nuevas influencias, que fueron los saduceos. En el siglo primero, estos estaban naturalmente ligados a los partidarios de Herodes, a los herodianos. Los fariseos daban gran importancia al cumplimiento de la Ley, de acuerdo con las prescripciones de la tradición, por lo que solían asociarse con los escribas, y por eso en el evangelio, Jesús se dirige a veces conjuntamente a “escribas y fariseos”. Los saduceos decían que debían cumplirse solamente los preceptos de la Ley contenidos en el Pentateuco, por lo que despreciaban las tradiciones de los escribas, pero no eran laxos en el cumplimiento de los preceptos escritos en dicha parte de la Biblia; por otra parte, negaban la resurrección de los muertos.

Los esenios conformaban un grupo que no se menciona en el Nuevo Testamento; eran una especie de monjes del judaísmo, vivían en comunidades, poseían todo en común, practicaban el celibato, eran austeros y ordinariamente habitaban en pequeñas aldeas; hacían profesión de gran pureza de costumbres, como lo manifestaban sus vestiduras blancas; no tomaban parte en los sacrificios del Templo, y sólo enviaban ofrendas para los sacrificios incruentos. El interés por ellos creció a partir del descubrimiento de los rollos de Qumran. Se ha conjeturado que Juan el Bautista, y aun María, tuvieron contacto con ellos.

Los samaritanos eran los habitantes de Samaria, que se distinguían de los de Judea porque pensaban que el lugar por excelencia para adorar a Dios era el monte Garizim, mientras que los de Judea y Galilea, decían que era Jerusalén.

La vida religiosa del pueblo era, en general, fiel a su religión monoteísta, y no obstante las diferencias entre grupos, todos reconocían la importancia de la Ley, y, salvo los samaritanos, el papel central del templo en Jerusalén. La gente celebraba con regularidad los sábados y las fiestas, y hacía las peregrinaciones anuales a Jerusalén con ocasión de las tres grandes fiestas:[46] la Pascua, que conmemoraba la liberación de Israel del poder egipcio, y se celebraba el día 14 Nisan, es decir el día del primer plenilunio de primavera; en la misma fecha se celebraba conjuntamente la fiesta de los panes ácimos, en la que se consagraban a Dios las primicias de la nueva cosecha del año; la fiesta comenzaba con la cena pascual la noche del día 14 Nisan, y se continuaba durante siete días. La fiesta de Pentecostés (o de las semanas) se celebraba siete semanas después de la fiesta de los panes ácimos y tenía por objeto dar gracias a Dios por las cosechas de cereales; en los años en que vivió Jesús, esta fiesta se había convertido en una acción de gracias por la renovación de la alianza del Sinaí. Y la fiesta de los Tabernáculos o campamentos, que celebraba la terminación de todas las cosechas, del día 15 al 22 del séptimo mes, lo que equivale a fines de septiembre y principios de octubre en nuestro calendario; el nombre de la fiesta hacía alusión a los tabernáculos o tiendas que los judíos acostumbraban a poner en sus campos o viñas para vivir ahí mientras duraba la recolección; pero también hacían alusión a las tiendas en que vivían mientras peregrinaban por el desierto. Fue tomando alguna importancia, y se menciona en el Evangelio de Juan, la fiesta de la Dedicación (Janukah) el día 25 del mes Kisleu (nuestro diciembre), que conmemoraba el día en que Judas Macabeo purificó el templo de Jerusalén, profanado por Antíoco.

Practicaban la oración privada: en la mañana y en la tarde hacían oraciones especiales y solían acompañar con oración las actividades ordinarias como las comidas. Practicaban el ayuno, que estaba prescrito, al menos, el segundo y el quinto día de la semana.

Existía en el pueblo una viva esperanza por la venida del Mesías. De esto dan testimonio los evangelios, pero también los libros judíos escritos entre el siglo ii a. C. y el siglo ii d. C. De su estudio, se ha demostrado que entonces se aplicaban al Mesías 456 pasajes de la biblia hebraica. Dado que el pueblo había sufrido la dominación política de Persia, Siria y últimamente de Roma, asociaron la idea del Mesías a la de un restaurador de la independencia política.

[1] Antigüedades judaicas, XVIII, 116-119.

[2] Antigüedades, XX, 200.

[3] Antiquitates Judaicae, XVIII, 63-64. Traduzco al español el texto inglés que propone Meier I, p. 60. Entre corchetes pongo las palabras que Meier considera, con aparente razón, que son interpolaciones hechas por una mano cristiana. Las referencias a este autor corresponden a los volúmenes I y II citados en las referencias al final del texto.

[4] Véase Ocariz, F., Mateo Seco, L. F. y Riestra, J. A., El misterio de Jesucristo, pp. 83-84.

[5] Epistula X,96.

[6] Claudius, 25.

[7] Nero, 16.

[8] Citadas por Eusebio en Historia Ecclesiastica, IV, 9.

[9] Una muestra de esta predicación está en los discursos de Pedro recogidos en los Hechos de los Apóstoles (Hch 8, 4, 12; 3,12-26; 2,14-36, y sobre todo 13,16-41).

[10] Un resumen de esta catequesis previa en Hch 10,37-43. La estructura de esta catequesis es reconocible en el Evangelio de Marcos, quien puso por escrito la predicación de Pedro.

[11] Se considera que Q se conoce por las coincidencias de Mt y Lc en oposición a Mc. Sobre esta cuestión, véase más adelante, en el rubro la cuestión sinóptica.

[12] Cuando el Sanedrín les prohíbe a Pedro y Juan predicar en el nombre de Jesús, ellos responden (Hch 4,20) que “no podemos dejar de hablar lo que hemos visto y oído”.

[13] Hch 15, 23-29.

[14] Lc 1,2.

[15] Mc 1,1.

[16] Lc 1,4.

[17] Jn 21,24.

[18] Jn 19,35.

[19] Esto se infiere de la afirmación que hace dos veces en su Evangelio (2,19 y 2,51) de que los sucesos de la infancia de Jesús, María “los guardaba en su corazón”; no tiene sentido hacer esta referencia si no fuera porque Lucas transmite recuerdos que oyó de María.

[20] Para una exposición detallada de las noticias fidedignas o dudosas que se conservan de los cuatro evangelistas conviene véase O. Hophan, Los apóstoles, Madrid, Palabra, 1982.

[21] Citado por Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica III, 39,16 (principios del siglo iv).

[22] Hay una leyenda etíope sobre la muerte de Mateo, que fue luego vertida al latín como Passio Mathei, que se recoge en el breviario romano, según la cual, después de haber convertido al rey y a la familia real, fue muerto por orden de un hermano del rey, mientras celebraba la Santa Misa.

[23] En su obra Diálogo con Trifón, 106,3.

[24] En su obra Adversus Haereses, III,1,1; III,10,5.

[25] En Mc 14,51-52, donde se narra el episodio del joven que soltó la túnica para escapar de los soldados que aprehendieron a Jesús, los intérpretes suponen que ese joven fue el mismo Marcos, pues es un suceso que sólo viene en este Evangelio y es completamente irrelevante en la historia de Jesús.

[26] Comentario, Introducción al Evangelio de san Marcos, p. 1026, n.2.

[27] Que lo escribió en Roma, lo afirman Clemente de Alejandría, hacia el año 200a, Tertuliano, hacia el 220.

[28] Citado por Eusebio, Historia eclesiástica 3,39, 14-15; véase Comentario, Introducción al Evangelio de san Marcos, p. 1026. Sobre esa base y otros testimonios antiguos se ha mantenido la afirmación de que Marcos transmite la predicación de Pedro.

[29] En Enchiridion Biblicum, Nápoles, Pontificia Comisión Bíblica, 4a. ed., 1961, n. 1.

[30] Citado en Comentario, Introducción al Evangelio según san Lucas, p. 1061.

[31] Ibidem.

[32] El esquema común es: 1. Preparación del ministerio. 2. Predicación en Galilea. 3. Desde Galilea a Judea y Jerusalén. 4. Ministerio en Jerusalén. 5. Pasión, Muerte y Resurrección.

[33] A esta parte del Evangelio de Lucas se le ha denominado el “gran viaje”, que se entiende en un sentido teológico de predicación y extensión de la Buena Nueva, o también “la gran inserción de Lucas”.

[34] Una exposición breve, pero completa de estas teorías en Casciaro, pp. 145-151.

[35] Combinando ambas teorías acerca de los sinópticos, se me ocurre esta otra: el primer Evangelio es la versión aramea de Mateo, que contiene principalmente dichos de Jesús. Lucas escribe su Evangelio, posiblemente en Acaya, en los años sesenta, y traduce al griego las palabras arameas de Jesús. Esta traducción de Lucas fue tenida en cuenta por quienes hicieron la versión griega de Mateo, y de ahí las coincidencias entre ambos evangelios, a veces literales, que no procederían de la supuesta fuente Q, sino del evangelio arameo de Mateo. Mientras Lucas componía su Evangelio, Marcos hacía lo propio en Roma, y quizá trabajaron sin compartir sus redacciones, lo que explicaría que Lucas no tenga (la “gran omisión”) el pasaje de Mc 6,45 a 8,26, que sería muy adecuado para los lectores de Lucas, y que Marcos no tenga los pasajes de Lucas, llamados la “gran inserción”, que relatan muchos episodios relacionados con el último viaje de Jesús a Jerusalén (Lc 9,51-19,28). Juan, hacia los años 90, redacta su Evangelio conociendo los tres sinópticos, con la finalidad de transmitir su propio testimonio, completar los sinópticos, especialmente con las noticias del ministerio en Judea, aclarar algunos puntos que le parecen oscuros, como el día que tuvo lugar la Última Cena.

[36] Respecto del Evangelio de Mateo, deben considerarse las fechas de redacción de cada una de sus dos versiones; la versión en arameo, que fue la más antigua, y me parece que fue el primero de todos los evangelios, y la versión griega o versión revisada que bien pudo ser posterior a los otros dos sinópticos.

[37] Esa es la opinión común hoy entre los especialistas; véase Meier I, p. 43.

[38] Ibid, p. 44 y Comentario, Introducción a los Santos Evangelios, pp. 968-969.

[39] El Fragmento (o Canon) Muratori, de fines del siglo ii, advierte que hay libros que todos tienen como sagrados e inspirados, entre los cuales cita los cuatro evangelios; otros, que no todos tienen como sagrados o inspirados y no pueden leerse en las iglesias; unos más, que, aunque no son reconocidos como inspirados, pueden leerse privadamente, y otros que la Iglesia rechaza, por ser apócrifos o agnósticos.

[40] John Meier I, p. 122.

[41] Meier, op. cit., p. 124, quien refiere que Cristopher Tuckett (Nag Hammadi and the Gospel Tradition. Studies of the New Testament and Its World, Edinburgo, Clark, 1986) después de analizar este material, concluye que, salvo el Evangelio de Tomás, nada de este material muestra una fuente independiente de los sinópticos.

[42] Ibid., p. 127. Analiza también las opiniones de otros autores que llegan a afirmar que tal Evangelio de Tomás da muestras de poseer fuentes de los dichos de Jesús, independientes de los evangelios sinópticos, y previas a ellos, pero Meier considera que no pueden probar sus afirmaciones, pp. 128 a 131.

[43] Ibid., pp. 139-140.

[44] Se puede ver una descripción del país de Jesús, así como de la sociedad en que vivió en Fillion I, pp. 31-110.

[45] Gen 13,15-16.

[46] Casciaro, pp. 83-85.

Capítulo 2
Origen y nacimiento de Jesús

Sumario. I. El origen de Jesús. A. La genealogía de Mateo. B. La genealogía de Lucas. C. La explicación de Juan. II. Los relatos sobre el nacimiento de Jesús. III. El relato de Lucas. A. La anunciación a Zacarías (Lc 1,5-25). B. La anunciación a María y la concepción virginal de Jesús (Lc 1,26-38): 1. El saludo del Ángel, 2. El mensaje. 3. La respuesta de María. C. La visitación de María a Isabel. D. El nacimiento de Jesús en Belén. 1.Tiempo. 2. Lugar. 3. Anuncio y adoración de los pastores. 4. La circuncisión del Niño. 5. La purificación de María en el templo, la presentación del Niño y el pago del rescate. IV. El relato de Mateo. A. El anuncio a José. B. El nacimiento. C. La llegada de los magos: 1 Quiénes eran los magos. 2. La estrella. 3. La previsión de Herodes. 4. La adoración de los magos. D. La huida a Egipto, la matanza de los inocentes y el retorno a Nazaret. 1. La matanza de los inocentes. 2. La huida. 3. El regreso.

1 El origen de JesúsCon Jesús se presenta el problema de su origen de manera muy especial. Es, a la vez, conocido y misterioso. Es conocido, porque todos saben que es hijo de María y José, que viene de Nazaret, donde vivió la mayor parte de su vida y también sus familiares. A veces, este origen “pueblerino” se aducirá como una prueba contra su autoridad como maestro. Por otra parte, la gente afirma que, a diferencia de Moisés de quien sabían que Dios hablaba con él, de Jesús no se sabe de dónde viene, y eso mismo le pregunta Pilatos en el interrogatorio previo a su condena a muerte: ¿De dónde eres tú?Los evangelios dan respuesta a esta pregunta. Ese es el sentido que tienen las genealogías de Jesús que ofrecen Mateo, al principio del Evangelio, y Lucas, al narrar los inicios de la vida pública. Juan, en cambio, ofrece una reflexión sobre su origen eterno.A. La genealogía de MateoLa genealogía de Mateo[1] comienza con el nombre de Abraham, a quien Dios había hecho la promesa de que de su descendencia vendría una bendición para todos los pueblos. Está dividida en tres grupos, cada uno de catorce generaciones: de Abraham a David; de Salomón al exilio en Babilonia, y del exilio a Jesús. David, a quien se le había hecho la promesa de un descendiente que reinaría eternamente, es un nombre crucial en esta genealogía. Toda ella es un argumento de que Jesús es descendiente de Abraham y de David, conforme a las promesas que Dios había hecho a Israel. Jesús es, como la gente le dirá, el Hijo de David.La genealogía muestra también el misterio del origen de Jesús. De todas las generaciones se dice que un varón engendró un hijo en una mujer (“Abraham engendró a Isaac) pero al llegar a la generación de Jesús se corta ese esquema y se dice: “Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo”. José no engendró a Jesús, por lo que en María se da un nuevo comienzo, pues su hijo, Jesús, no proviene de hombre alguno.En ningún lugar de los evangelios se afirma que María fuera descendiente de David, Lucas[2] sólo dice que era pariente de Isabel, la madre de Juan el Bautista, y que ésta era descendiente de la tribu de Aarón; de ahí podría suponerse que María también era descendiente de esa tribu.Para la mentalidad de los judíos, la ascendencia de una persona se determinaba por vía paterna, independientemente de que el padre fuera padre biológico o padre legal. Esto supone una concepción de la paternidad más amplia que la sola concepción biológica: padre es el que sustenta, protege, educa, como lo hizo José con Jesús. Por eso, hay varios lugares en los evangelios y en las cartas paulinas que afirman que Jesús era hijo de David.[3]Si Jesús fuera descendiente biológico de David no podría afirmarse que fuera Dios. El mismo Jesús hizo notar esto a sus adversarios poco antes de que lo apresaran les preguntó[4] de quién es hijo el Mesías, y ellos respondieron “de David”, y él les replica: “Entonces, ¿cómo David, movido por el Espíritu, le llama Señor al decir [Salmo 110,1]: Dijo el Señor a mi Señor: ‘siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies’? Por lo tanto, si David le llama ‘Señor’, ¿cómo va a ser hijo suyo?”. Los tres evangelios sinópticos hacen este relato que afirma implícitamente la divinidad de Jesús, que Juan hará explícita.B. La genealogía de LucasLucas procede de modo inverso a Mateo, pues en vez de empezar por el progenitor más antiguo y terminar con Jesús, comienza con Jesús que “se pensaba hijo de José”, y se remonta a los progenitores previos hasta llegar a Adán, de quien afirma que es “hijo de Dios”.[5] Llama la atención que no hay coincidencia de muchos nombres en las dos genealogías, y ni siquiera concuerdan en el nombre del padre de José; es evidente que cada evangelista ha usado una fuente propia para construir su genealogía, y que lo que les interesa transmitir, no es la sucesión de generaciones, sino el mensaje que contiene la estructura de cada genealogía. Así como Mateo, que se dirige principalmente a los judíos, transmite una genealogía en la que se muestra a Jesús como el hijo de David, descendiente de Abraham, Lucas, que se dirige a los cristianos o discípulos de origen no judío, presenta una genealogía en la que Jesús es, como todos los seres humanos, descendiente de Adán, y de Adán dice que era hijo de Dios. Lucas también cuida de no afirmar que Jesús fue engendrado por José, de modo que deja abierto el misterio acerca del origen de Jesús.La visión que ofrece Lucas del origen de Jesús, como descendiente del primer hombre, de Adán, coincide con el título que Jesús gusta usar respecto de sí mismo, que es el Hijo del Hombre.[6]C. La explicación de JuanJuan aborda el problema del origen de Jesús de una manera completamente distinta. En vez de referirse al origen de Jesús en el tiempo, en la historia, lo plantea como algo fuera del tiempo, en la eternidad. En su prólogo afirma: “En el principio ya existía la Palabra (o el Verbo), y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios… Y la palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”.[7] Aquí el origen de Jesús es Dios, pero no en el sentido de que Dios lo haya creado, como creó a Adán y a todos los hombres, sino en el sentido de que Jesús es Dios, el Hijo eternamente engendrado por el Padre, que se ha hecho hombre, que se ha hecho “carne” para habitar entre nosotros. El origen último de Jesús no está en el tiempo. Él es Dios, causa primera, origen y fin de todo lo que existe. A todos los que creen que Jesús es Dios, añade el evangelista, les da el “poder de ser hijos de Dios”.Lo que Juan afirma expresamente, que Jesús es Dios, es algo que también se dice en los evangelios sinópticos,[8] y especialmente interesante es el testimonio del sumo sacerdote Caifás, quien condenó a Jesús. Caifás le preguntó, según narran los tres sinópticos, si él era el Hijo de Dios; con esta pregunta demuestra que conocía que Jesús afirmaba eso de sí mismo. Jesús responde y afirma con toda sencillez que Él es. Y la misma condena que pronuncia el Sanedrín, que Jesús ha blasfemado, es una prueba de que Jesús afirmaba y enseñaba que él era el Hijo de Dios.

2 Los relatos sobre el nacimiento de JesúsUno es de Mateo[9] y el otro de Lucas.[10] Son relatos independientes que narran distintos acontecimientos, que resultan complementarios de una misma historia. Tienen en común que los narran de manera muy ligada con textos del Antiguo Testamento. El relato de Mateo continuamente explica los acontecimientos con citas bíblicas. El de Lucas narra los acontecimientos con palabras de los libros antiguos, haciendo alusiones implícitas y, cosa extraña en el estilo de Lucas, tiene muchos semitismos, por lo que se ha propuesto que sigue el modelo de un género literario judío, un “misdrash hagágico”, es decir, una interpretación de la Escritura mediante narraciones.[11]En estos relatos se cuenta una historia que ya estaba anunciada en la Escritura, aunque veladamente. Por eso es también una historia que da su pleno significado a la palabra, relata los acontecimientos anunciados, por ejemplo, la profecía de Isaías de que una virgen concebirá, que se verifica en el hecho de la concepción virginal de Jesús en María. La fuente de estos relatos, que parecen haber sido conservados en la memoria de los discípulos como “tradiciones familiares”, no puede ser otra que María o el mismo Jesús.[12] Lucas alude a lo primero, cuando afirma que ella guardaba estas cosas, es decir, las que él ha narrado, en su corazón y las pudo haber comunicado a sus íntimos, y al mismo Lucas, quien hace la narración de la concepción y nacimiento de Jesús desde la perspectiva de María.[13]Jesús, quien en varios pasajes explica a los discípulos, con base en las Escrituras, que tendría que padecer y morir,[14] especialmente cuando se aparece resucitado a los discípulos de Emaús[15] y, mientras camina con ellos, les explica todos los pasajes de las Escrituras que se referían a Él. Bien pudo ser que en vida Jesús, mientras caminaba con sus discípulos, les explicara las Escrituras en lo referente a su nacimiento. Mateo, uno de los doce, pudo tener como fuente esas palabras de Jesús, y por eso su relato, compuesto desde la perspectiva del padre legal de Jesús, de José, está lleno de referencias al Antiguo Testamento.Una peculiaridad de ambos relatos es que los personajes principales que intervienen en ellos, María y José, son personas que hacen oración, es decir, que están en un diálogo continuo con Dios, lo cual explica que Dios les hable, a María, por medio de un ángel, y a José, en sueños. Quien tiene experiencia en la oración, en el diálogo del hombre con Dios, no verá extraño que las narraciones digan que Dios habla realmente a los padres de Jesús.Los dos relatos, si bien son diferentes, coinciden en puntos esenciales: que María concibió sin haberse unido a un varón, el tiempo y el lugar en que ocurrió el nacimiento, y el nombre Jesús que sus padres deberán poner al niño.Ambos relatos, antes de narrar el nacimiento, se refieren a sendos anuncios del nacimiento. Lucas cuenta el anuncio a María; Mateo, el hecho a José. Lucas relata un anuncio previo, el del nacimiento de Juan el Bautista, hecho a Zacarías.

3 El relato de LucasComienza con la narración de los anuncios de dos nacimientos: el de Juan el Bautista y el de Jesús, con lo cual se resalta la unidad entre la historia de Juan y la de Jesús.A. La anunciación a Zacarías[16]Lucas es el único evangelista que narra la anunciación de Juan el Bautista, pero los cuatro evangelios coinciden en la importancia de Juan, por lo que todos relatan el inicio de la vida pública de Jesús en relación con las actividades de Juan el Bautista. Flavio Josefo también habla de Juan el Bautista, al que le presta más atención que a Jesús.La anunciación a Zacarías está enraizada en el ambiente del Antiguo Testamento. Zacarías es un sacerdote, y también su esposa Isabel es descendiente de familia sacerdotal, de Aarón. De ambos se dice que eran “justos ante Dios y caminaban intachables en todos los mandamientos y preceptos del Señor”.[17] El anuncio sucede en el templo, el día en que toca a Zacarías incensar el altar, en preparación al sacrificio del cordero. Toda la escena se corresponde con la vida ordinaria de Jerusalén y especialmente de un sacerdote.Dentro del templo, sin testigos, aparece un ángel, que anuncia a Zacarías que su mujer, Ana, quien era estéril, dará a luz un hijo, al que deberá nombrar Juan. En el relato de Lucas hay un detalle realista, que ha permitido reconstruir la escena: el ángel, dice, estaba “de pie a la derecha del altar del incienso”.[18] Es un relato parecido a los que hay en las escrituras de otras mujeres estériles, como Sara, esposa de Abraham, o Ana, madre de Samuel, que conciben gracias al poder de Dios. La semejanza significa que Juan, como todos esos niños, proviene de Dios, de modo particular.El ángel continúa su anuncio y dice que el niño deberá llamarse Juan, y que tiene una misión especial, para la cual estará preparado, pues estará “lleno del Espíritu Santo ya desde el vientre de su madre”. Su misión será preceder al Señor de Israel, “con el espíritu y el poder de Elías”, para “convertir los corazones de los padres hacia los hijos y a los desobedientes a la prudencia de los justos”, a fin de preparar al Señor un pueblo perfecto. La misión encomendada se encuadra en la escritura. En la profecía de Malaquías,[19] pronunciada unos quinientos años antes, se lee: “Vean que envío a mi mensajero a preparar el camino delante de mí”,[20] y más adelante: “Vean que yo les enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y temible. El reconciliará el corazón de los padres con los hijos y el corazón de los hijos con los padres, para que no venga yo a golpear la tierra con el exterminio”.[21]Para un sacerdote judío, tal anuncio no sería tan sorprendente, y menos para Zacarías que, según dice el texto, había hecho oración pidiendo un hijo. Sin embargo, Zacarías dudó y el ángel entonces reveló su nombre: Gabriel, y le dijo que en castigo por su incredulidad quedaría mudo, hasta que naciera el niño.[22] Al salir del templo, no podía hablar, y de eso pudieron dar testimonio todos los judíos que asistían al templo en ese momento.Cuando terminó su turno en el templo, regresó Zacarías a su casa; se unió a su mujer, ella concibió y pasaron cinco meses de gestación.B. La anunciación a María y la concepción virginal de Jesús[23]Sucede en un ambiente totalmente distinto al de la anunciación de Juan, fuera de Jerusalén y fuera del templo; en una pequeña villa de Galilea llamada Nazaret, en el interior de una casa pobre. El anuncio se hace no a un sacerdote, sino a una niña, de alrededor de quince años, “a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David.[24] El nombre de la virgen se llamaba María”.[25] Hay, sin embargo, varias conexiones entre aquella anunciación y ésta: en ambas, el mensajero es el ángel Gabriel; la anunciación de María se conecta cronológicamente con la de Juan, pues ocurre cuando Isabel estaba en su sexto mes; y, además, María e Isabel eran parientes.1. El saludo del ángel. El relato de Lucas dice que el ángel entró donde estaba la Virgen, y le saludó con estas palabras: “Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo”, y que la Virgen se turbó al oír tal saludo, por lo que el ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios”.[26]Es de notar que el saludo no es el acostumbrado entre los judíos, no le desea la paz, sino que es una exhortación a la alegría, fundada en que el Señor “es contigo”. Es semejante a una profecía de Sofonías,[27] en la que exhorta a Israel a la alegría, porque el Señor “está en medio de ti”.2. El mensaje. El ángel le dice que dará a luz un hijo, al que le pondrá el nombre de Jesús,[28] que será llamado Hijo del Altísimo, y Dios le dará el trono de David, que reinará eternamente sobre la casa de Jacob y que su reino no tendrá fin. En este anuncio se aúnan dos títulos de Jesús, el de Hijo de Dios (“Hijo del Altísimo”) y el de hijo de David, a quien llama “su padre”.El mensaje se entiende en la perspectiva de la promesa que el profeta Natán había comunicado a David: “Tu casa y tu reino permanecerán para siempre en mi presencia y tu trono será firme también para siempre”.[29]3. La respuesta de María. Se da en tres fases. Su primera reacción es de asombro e inquietud; ella no duda, pero reflexiona sobre el significado del saludo. La segunda inquietud es cuestionarse sobre cómo ella va a concebir si no conoce varón. Es una pregunta desconcertante, porque ella estaba “desposada”, esto es, comprometida con José, por lo que era natural que pensara que concebiría por obra de José. San Agustín dio la explicación de que ambos habían hecho un voto de virginidad, pero esto no era una práctica en el mundo judío de entonces; recientemente se ha dado esta explicación: María entiende que concebirá de forma inmediata, y José aún no la ha recibido. Pero no es explicación convincente porque la convivencia sería próxima. Puede ser que María, al oír que el hijo que concebirá se llamará “Hijo del Altísimo”, entiende que ha de concebir sin concurso de varón, y por eso pregunta cómo ha de ser.Luego, ante el desconcierto de María sobre cómo concebirá, el ángel le explica que el Espíritu Santo vendrá sobre ella, que la fuerza del Altísimo la cubrirá con su sombra, es decir, que va a concebir gracias al amor y al poder de Dios y, por eso, el que va a nacer será llamado Hijo de Dios.Enseguida viene la tercera reacción de María, su respuesta: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”.[30] Es una manifestación de la libertad humana, que el mismo Dios respeta: no podía redimir el mundo sin la voluntad de María. Algunos autores han entendido que con su respuesta María se hace madre de todos los hombres, en cuanto les abre la posibilidad de ser hijos de Dios. Entonces, el ángel la deja y ella queda sola y concibe a Jesús por obra del Espíritu Santo.Algunos autores han pensado que el relato de la concepción virginal de Jesús es una especie de adaptación de algunos mitos existentes en las culturas antiguas, en los que se habla de hombres engendrados por los dioses, como se decía de los faraones egipcios o como se decía de Hércules, en la mitología griega, que había nacido de la unión sexual entre Zeus y Alcmena. Pero en todos estos mitos se habla de una unión física, por la que el dios varón se une con una mujer y procrea.En cambio, tanto Lucas como Mateo afirman que María concibió sin unión física, por obra del Espíritu Santo, de modo que es algo radicalmente nuevo y no cabe entenderlo como una “adaptación” de un mito preexistente, porque afirma algo muy diferente y contrario de la experiencia de los pueblos. Es interesante que ambos relatos, aunque son independientes y cada uno tiene sus propias fuentes, afirmen lo mismo, lo cual significa que era ya algo sabido y difundido en la comunidad cristiana primitiva.[31]Mateo, como prueba de la credibilidad de su relato, afirma que eso sucedió “para que se cumpliera lo que dijo el Señor por medio del profeta”, esto es, por el profeta Isaías: que una virgen concebirá y dará a luz un hijo;[32] fue una profecía dicha en el año 733 a. C., y en toda la historia posterior de Israel, nadie había afirmado que se había cumplido.Los testimonios de Mateo y Lucas son claros al afirmar la concepción virginal de Jesús. Son dos testimonios coincidentes e independientes, pero aceptar que verdaderamente sucedió lo que afirman requiere aceptar que Dios, omnipotente, actúa por medio de los hombres. En la historia de Jesús de Nazaret hay dos momentos en que la acción de Dios interviene directa y decisivamente en la historia: en la concepción y nacimiento de Jesús y en su resurrección de entre los muertos.C. La visitación de María a IsabelLucas continúa su relato y narra el viaje de María a un lugar en las montañas de Judea, donde vivía su pariente Isabel.[33] Narra los saludos que se dan, luego el nacimiento de Juan el Bautista y la recuperación del habla por Zacarías. El lugar se ha identificado como la actual Ain Karim. Con el encuentro de ambas mujeres se unen las historias de Juan y de Jesús, desde antes de su nacimiento, que luego confluirán en el inicio de la vida pública de Jesús.Lucas afirma que, pasados tres meses con su parienta Isabel, María regresa a Nazaret. Se ha conjeturado si lo hizo antes o después del nacimiento de Juan y algunos, por ejemplo sor María de Jesús de Agreda,[34] afirma que María se quedó para ayudar a Isabel en el parto y en los siguientes días.D. El nacimiento de Jesús[35]Lucas comienza el relato del nacimiento con una referencia histórica que permite encuadrar el nacimiento de Cristo en la historia universal. El emperador Octavio Augusto promulgó un edicto para que se empadronase todo el mundo. El imperio era entonces una comunidad universal que gozaba de paz, que tenía una lengua común, el griego, y que era un ambiente propicio para un mensaje de salvación universal. Agrega Lucas que dicho empadronamiento o censo ocurrió cuando Quirino era el gobernador de Siria, de la cual dependía Palestina. Todos los varones debían acudir a su ciudad de origen a empadronarse. Por esa causa, José, que era descendiente de David, salió de Nazaret, con su esposa encinta, para ir a Belén, la ciudad de David. Continúa Lucas que, estando ahí, le llegó el tiempo a María y dio a luz a su hijo primogénito, “lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada”.Lucas dice que María dio a luz a su “hijo primogénito”. ¿Qué quiere decir con esto? No puede entenderse en el sentido de que fue el primero de varios. La palabra primogénito en esa frase aparece como una anticipación de lo que posteriormente relatará Lucas, la presentación en el templo y el pago por el rescate del hijo primogénito. La teología paulina desarrollará el significado de esa palabra al decir que Jesús resucitado es “el primogénito de muchos hermanos”,[36] es decir, el primero que resucita de todos los que resucitarán para ver a Dios.1. Tiempo. El relato permite ubicar históricamente el acontecimiento en un tiempo determinado, el del censo ordenado por Octavio Augusto y ejecutado por Quirino.Como no se ha tenido noticia segura del año en que pudo practicarse el censo ordenado por Augusto en Palestina,[37] el año del nacimiento se ha calculado mejor tomando en cuenta la vida y muerte del rey Herodes.[38] Tanto Lucas como Mateo coinciden en que Jesús nació cuando reinaba Herodes, del que se sabe con seguridad que murió en los primeros meses del año 750 de la fundación de Roma, que equivale al año 4 antes de Cristo. Por un error de cálculo, Dionisio el Exiguo, en el siglo vi, fechó el nacimiento de Jesús a finales del año 753 y el comienzo de la era cristiana en el año 754. Dado que Jesús nació cuando reinaba Herodes, su nacimiento debió ocurrir antes del año de la muerte de Herodes, es decir, antes del año 4 a. C.; considerando que Herodes, cuando decidió matar al Niño Jesús, ordenó que se diera muerte a los niños de dos años y menores, se ha tenido como lo más probable que Jesús nació dos años antes de que muriera Herodes, esto es, el año 748 de la fundación de Roma, que equivale al año 6 antes de Cristo, según la cuenta actual. Ese año sexto antes de Cristo coincide con las noticias cronológicas que da Lucas: Octavio Augusto era el emperador y Quirino tenía mando en Siria.En cuanto al día del nacimiento, no puede precisarse por fuentes documentales, pero hay una antigua tradición, en la iglesia latina, reconocida por san Agustín, que refiere que los cristianos celebraban la Natividad el 25 de diciembre, y a esa tradición se unió la Iglesia de Oriente en el siglo cuarto.2. Lugar. Del relato se desprende que Jesús nació en Belén, la ciudad de David, de donde era oriundo José. En cuanto al lugar preciso del nacimiento, desde el siglo ii se sabía en Palestina que Jesús había nacido en una gruta, como lo demuestra el diálogo de san Justino (oriundo de Palestina) con Trifón.[39] Las grutas son abundantes en los alrededores de Belén y, por la configuración del suelo calcáreo, son refugios socorridos para el ganado. Santa Elena hizo construir, entre 327 y 333, una basílica encima de la gruta, la cual, después de varias restauraciones, aún se conserva y preserva el lugar donde nació Jesús.El Evangelio de Lucas nada dice de la presencia del buey y del asno, que la iconografía cristiana incluyó en sus representaciones de la gruta desde los primeros tiempos. Puede ser que haya influido una profecía de Isaías[40] que dice: “Conoce el buey conoce a su amo, y el asno el pesebre de su dueño. Pero Israel no conoce, mi pueblo no discierne”. La supuesta presencia de los dos animales se ha interpretado como una metáfora que se refiere a los dos pueblos, los judíos y los gentiles, de los cuales sólo unos pocos reconocieron a Jesús. La venerable María de Jesús de Agreda, que transmite la tradición franciscana sobre la infancia de Jesús, que oyó en las homilías y consejos de sus confesores, dice, con sentido común, que el asno fue el que usaron María y José para su viaje de Nazaret a Belén y que el buey era uno que vagaba por ahí y entró atraído por el lugar.[41]3. Anuncio y adoración de los pastores. Después de narrar el nacimiento, Lucas da cuenta del anuncio que recibieron unos pastores, que estaban cerca de la gruta, de que había nacido el Salvador. De acuerdo con una antigua tradición, ocurrió dos kilómetros al este de Belén, en una pradera abundante en pastos, donde era razonable que estuvieran los pastores. El anuncio a los pastores, antes que a otras personas de mejor posición social, era, por una parte, algo natural, pues estaban en los alrededores del lugar donde nació Jesús, por lo que era lógico que fueran los primeros en enterarse; pero, por otra parte, ha dado lugar a la reflexión de que ellos, por ser de los “pobres” que esperaban la salvación de Dios, también estaban interiormente más cercanos al acontecimiento, por lo que eran los primeros que podían comprenderlo.El mensaje lo transmite un ángel, que se presenta ante los pastores “y la gloria del Señor los rodeó de luz” y ellos “se llenaron de un gran temor”,[42] por lo que el ángel los tranquiliza con estas palabras: “no teman”. El mensaje es el anuncio de una “gran alegría”, “hoy les ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor”.Del mensaje, conviene fijarse primero en la expresión una “gran alegría” que coincide con el saludo del arcángel Gabriel a María: “alégrate”. De esa consideración viene la idea de que el nacimiento, vida y mensaje de Cristo son el “Evangelio”, la buena noticia por excelencia. El lugar del nacimiento se identifica como la “ciudad de David”, porque de acuerdo con las Escrituras, el Mesías sería descendiente de David, como lo afirman las dos genealogías, y nacería en su misma ciudad, en Belén. Se le llama “salvador” (en griego soter), porque era una palabra que se usaba para designar al emperador Ocatvio Augusto, de quien se decía que era salvador, porque, después de las guerras civiles, había impuesto la paz en el imperio; Lucas utiliza la palabra y la aplica a Jesús para poner en contraste la paz de Augusto, obra de las armas, con la muy distinta paz y salvación que anuncia Jesús, con su nacimiento de modo humilde y celebrado entre los humildes.El ángel concluye su mensaje dando una señal a los pastores: que encontrarán al niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre. Luego, dice Lucas, apareció, a la vista de los pastores, una muchedumbre de ángeles que dicen (se ha entendido que cantan): “Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres en los que Él se complace”. Y ¿quiénes son los hombres en los que Él se complace? En el relato del bautismo de Jesús, se oye una voz del cielo, es decir, de Dios, que afirma que Él se complace en Jesús, por lo que posteriormente pudo entenderse que Dios se complace en los que son como Jesús.[43]En cuanto desaparecen los ángeles, los pastores deciden ir a Belén y caminan presurosos, dice Lucas, y encontraron a María, a José y al Niño recostado en el pesebre. Los pastores les cuentan lo que les había sucedido, lo cual es muy natural, que al llegar expliquen su presencia en ese lugar y, agrega Lucas, que todos[44] los que los escucharon “se maravillaron”. Los pastores, dice Lucas, regresan glorificando y alabando a Dios, por todo lo que habían oído y visto. Lucas añade que “María guardaba todas estas cosas en su corazón”, lo cual parece indicar que Lucas las conoce gracias a que María se las comunicó a él,[45] o a la comunidad cristiana, de cuya tradición las recogió.Conviene notar la sencillez del relato del nacimiento de un niño en condiciones pobres, con la presencia de lo sobrenatural, gracias al mensaje del Ángel y los cánticos de los ángeles, que hacen ver que el nacimiento, en ese lugar tan humilde, tan alejado de los centros del poder y de la riqueza, concurrido por personas pobres, es el acontecimiento que trae la salvación al mundo entero.4. La circuncisión del Niño.[46] Cumplidos los ocho días del nacimiento, Jesús fue circuncidado, de acuerdo con la ley, con lo cual ya pertenecía jurídicamente al pueblo de Israel o, como diría san Pablo, fue “nacido bajo la ley”.[47] Con toda precisión, Lucas añade que le fue impuesto el nombre de Jesús, nombre que el ángel había anunciado a María antes de que fuera concebido, lo cual transmite la idea de que Dios tiene un nombre para los seres humanos, antes de que sean concebidos, por lo que nadie nace “por casualidad”.La circuncisión la pudo haber hecho el mismo José. La costumbre era que la hiciera un rabino. Sor María de Jesús de Agreda afirma que José fue a la sinagoga de Belén y llevó al rabino que circuncidó al Niño en la gruta.[48]5. La purificación de María en el templo, la presentación del Niño y el pago del rescate.[49] Lucas no era judío ni conocía a fondo los preceptos de la ley y escribe para los cristianos que no eran de procedencia judía, por lo que no es de extrañar que no describa con precisión, ni se esfuerce por hacerlo, los actos que tienen lugar en el templo. Inicia el relato de este episodio diciendo que, al cumplirse los cuarenta días posteriores al nacimiento, llegó el día de la purificación de María, de acuerdo con la ley de Moisés; según el libro del Levítico,[50] la mujer debía ofrecer un sacrificio de purificación, un cordero, y un sacrificio de expiación, una tórtola o un pichón; los pobres podían simplemente ofrecer dos tórtolas o dos pichones. María, según refiere Lucas,[51] ofreció el sacrificio de los pobres.En el mismo párrafo que habla de la purificación de María, Lucas dice que sus padres llevaron a Jesús al templo para presentarlo ante el Señor, de acuerdo con la Ley, y cita expresamente el precepto que dice que todo varón primogénito será consagrado a Dios.[52] Según las prescripciones judías, los padres podían rescatar al niño, pagando a cualquier sacerdote, en todo el país, la cantidad de cinco ciclos. Pero, lo singular de la narración de Lucas, es que no menciona el pago del rescate, antes bien dice que los padres llevaron a Jesús para presentarlo, es decir “ofrecerlo” a Dios. Y aunque no era necesario hacerlo en el templo, pues se podía hacer en cualquier lugar o sinagoga, Lucas dice claramente que fue en el templo, con lo que da mayor solemnidad al ofrecimiento. La falta de pago del rescate indica que el Niño no es de sus padres, sino que ha sido dado a Dios, de acuerdo con la ley.Lucas continúa su narración[53] y menciona el encuentro que tuvieron María y José en el templo con dos personajes de características proféticas, Simeón y Ana. Simeón es descrito como un habitante de Jerusalén, al cual califica Lucas con la misma palabra que dijo de José, esto es, que era “justo” y agrega que Simeón esperaba la “consolación de Israel”, es decir, esperaba al Mesías y su salvación; es un hombre dócil a Dios, por lo que llegó al templo “movido por el Espíritu Santo”. Dice Lucas que tomó al Niño en sus manos y entonces dijo unas palabras que, cuando escribe Lucas, ya eran parte de un cántico litúrgico, conocido hoy como Nunc dimiti (“Ahora puedes sacar de esta vida a tu siervo”), y que desde tiempos antiguos es parte de las oraciones de la noche en la Iglesia de Oriente y Occidente (junto con los otros cánticos que transmite Lucas en su relato de la infancia: el Magnificat y el Benedictus). En el cántico, Simeón hace dos afirmaciones respecto de la misión de Jesús, ambas tomadas del profeta Isaías: que Jesús es gloria de Israel[54] y, a la vez, luz para alumbrar a las naciones.[55]Después de alabar a Dios y bendecir a los esposos, Simeón, dirigiéndose a María, dice esta profecía: que Jesús viene como signo de contradicción,[56] que hará que muchos se levanten y otros caigan y que a ella una espada le traspasará el alma, es decir, que habrá de sufrir.Junto a Simeón, introduce Lucas a otro personaje, la profetisa Ana, de 84 años, que vivió siete años casada, permaneció viuda y servía en el templo. Ella presencia la escena de Simeón, con el Niño, y habla de él a todos los que esperaban la liberación de Israel, es decir, a quienes esperaban al Mesías.Lucas termina su relato,[57] y dice que, después de haber hecho todo lo que la ley prescribía, María y José, con el Niño, regresaron a Nazaret.

4 El relato de Mateo[58]

El Evangelio de Mateo contempla más el papel de José que el de María. Por eso, sólo refiere el anuncio del nacimiento hecho a José.

A. El anuncio a José

Mateo relata que José, antes de convivir con María, se da cuenta de que ella espera un hijo; pudo haber sido después de su regreso de su estancia con su prima Isabel, cuando ya tenía tres meses y semanas de haber concebido, y el embarazo sería visible. José tiene que decidir cómo reaccionar ante ese acontecimiento. Podría denunciar públicamente a María y rechazarla como esposa, pero como no concibe maldad en ella, decide repudiarla en secreto, es decir, huir y no tomarla como esposa. Entonces, dice Mateo, que se le aparece “en sueños” un ángel del Señor, que le dice que no tema recibir a María, pues el hijo que va a nacer de ella es obra del Espíritu Santo y José deberá darle el nombre de Jesús, “porque salvará al pueblo de sus pecados”. El encargo de poner un nombre al Niño implica el de confiarle su manutención y educación, es decir, de confiarle el papel de padre de Jesús, junto a María, la madre.[59] El aviso por parte de un ángel se entiende, en primer lugar, de forma negativa, pues lo recibe no de una voz humana, y el recibirlo en sueños indica una forma no perceptible por los sentidos externos; pudo ser como algo que pensó mientras dormía, que lo reconoce como un mensaje de Dios.

Hay dos coincidencias interesantes en los relatos, que provienen de fuentes independientes. Ambos afirman que María concibe “por obra del Espíritu Santo”, y en ambos el ángel anuncia, en uno a María, y en el otro a José, que el nombre que deberá llevar el niño es “Jesús”.

B. El nacimiento

Mateo no narra el nacimiento, simplemente afirma que Jesús nació en Belén, en tiempos del rey Herodes, que son datos que coinciden con los que da Lucas. Mateo data el acontecimiento con la referencia a Herodes, mientras que Lucas lo hacía con referencia a Augusto; y lo localiza en un lugar determinado, Belén de Judá. Después de afirmar el nacimiento, Mateo hace el conocido relato de la visita de los magos, que pudo ocurrir después de la presentación de Jesús en el templo, es decir, ahí donde Lucas termina su narración.

C. La llegada de los magos

Mateo dice que unos “magos”, procedentes de Oriente, llegaron a Jerusalén y preguntan dónde ha nacido el rey de los judíos, pues han visto su estrella y han venido para adorarlo. La presencia y la pregunta de los magos causa conmoción en Jerusalén e inquieta profundamente a Herodes. Él convoca a reunión a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas para que digan el lugar donde las Escrituras señalan que nacerá el Mesías, y concluyen que es Belén de Judá. Mateo cierra esta primera parte de su relato citando la profecía de Miqueas, que afirma que el Mesías nacerá en Belén, con lo cual vuelve a afirmar el acontecimiento histórico del nacimiento de Jesús en Belén como cumplimiento de las Escrituras.[60]

1. Quiénes eran los magos. La palabra “mago”, mágoi en griego, tenía varios significados: se refería a los sacerdotes persas, pero como se decía que ellos sostenían ciertas ideas filosóficas, también se aplicaba la palabra a los filósofos o sabios; así mismo denotaba a personas dotadas de saberes y poderes sobrenaturales, y a los brujos, embaucadores y charlatanes.[61] La acepción que conviene a los personajes que menciona Mateo es la de “sabios” o “filósofos”, no la de “sacerdotes persas”, pues vienen a adorar a uno que no es un dios persa.

Se ha demostrado que en tiempos del nacimiento de Cristo todavía existía en Babilonia una ciencia astronómica, aunque en decadencia; por lo que se puede conjeturar que estos magos sabían astronomía y que pudieron observar la conjunción astral de los planetas Júpiter y Saturno que, según cálculos de Kepler, tuvo lugar entre los años 7 y 6 a. de C., es decir, en los años en que nació Jesús. Esa observación pudo haberlos movido a emprender el viaje, pero el sólo interés científico no explica su comportamiento, porque ellos preguntan por un rey de los judíos, al que miran como un salvador también para ellos, por lo que quieren adorarlo. Para que la observación de las estrellas tuviera un significado era necesario que los magos conocieran algún vaticinio o profecía relacionada con los astros. Según dicen Tácito y Suetonio, en ese tiempo corría la idea de que surgiría de Judá un dominador del mundo.[62] Puede ser que además tuvieran conocimiento de una profecía de Balaán, adivino al servicio del rey de Moab, quien no era judío y tenía otra religión, por lo que es mal visto en la Biblia, pero que profetizó: “Lo vislumbro, pero no es ahora, lo diviso, pero no de cerca: viene en camino una estrella, en Israel se ha levantado un cetro”;[63] hay confirmación, fuera de la Biblia, de la existencia de Balaán, y su promesa pudo ser conocida fuera del ámbito de Israel.

La tradición cristiana ha leído la narración de los magos en relación con el Salmo 72, que dice: “Que le traigan presentes los reyes de Tarsis [España] y de las islas, le ofrezcan dones los reyes de Sebá y Sabá”;[64] y en relación con la profecía de Isaías, donde canta el esplendor de Jerusalén cuando llega el Mesías, y dice que a ella acudirán reyes y las naciones de todo el mundo.[65] De ahí que los magos de que habla Mateo se hayan convertido en reyes o reyes-magos.

2. La estrella. ¿Existió realmente? Y si así fue, ¿qué tipo de estrella era? En la tradición cristiana ha habido dos posturas. San Juan Crisóstomo (siglo iv) dice que no tiene caso averiguar si fue o no una estrella, que más bien se trató de un poder sobrenatural, que tomó la apariencia de estrella, y que es imposible que una estrella se mueva como supuestamente se habría movido la del relato. Otra tradición, que se remonta a san Ignacio de Antioquía (ca. 100 d. C.) afirma que fue realmente una estrella extraordinaria. Dados los progresos de la astronomía actual, parece razonable buscar si hay algún dato que confirmara la existencia de esa estrella.

Johanes Kepler (1571-1630) adelantó una explicación, que hoy siguen algunos astrónomos. Él calculó que hacia el año 6 o 7 a. C. se produjo una conjunción de Júpiter, Saturno y Marte, semejante a la que había ocurrido en 1604, a la cual se añadió una supernova, es decir, una estrella débil o lejana en la que se produce una gran explosión, de manera que produce una gran luminosidad durante semanas y meses; opinaba que en tiempos de Jesús pudo haberse producido una supernova semejante. El astrónomo vienés Ferrari d’Ochieppo retoma esa teoría y explica adicionalmente que, según los astrónomos de Babilonia, Júpiter era la estrella de la más alta divinidad de Babilonia, y Saturno el representante del pueblo judío. Estos datos, aunque no constatan el hecho –lo cual ya no es posible porque es pasado e irrepetible– hacen verosímil la narración.

La narración de la estrella ha servido, según afirmaron los escritores cristianos de los primeros siglos, para desmitificar la astronomía: no es la estrella la que determina cómo será el Niño, sino que es el nacimiento del Niño el que determina el comportamiento de la estrella.

3. La previsión de Herodes. La llegada de los magos a Jerusalén, y su pregunta por el nacimiento del “rey de los judíos”, causa inquietud en la ciudad y en Herodes, quien convoca a una junta a los sumos sacerdotes y escribas para que respondan por el lugar donde deberá nacer, de acuerdo con las escrituras, el futuro rey de Israel.[66] Los sabios responden que el lugar es Belén, y Mateo, para encuadrar el acontecimiento en la tradición de Israel, cita dos lugares del Antiguo Testamento: una profecía de Miqueas,[67] que afirma que de Belén saldrá el jefe del pueblo, y otra del Segundo Libro de Samuel,[68] que dice, refiriéndose a David: “Tú apacentarás a mi pueblo Israel, tú serás príncipe sobre Israel”, palabras que Mateo interpreta en el sentido de que el pastor[69] de Israel saldrá de la descendencia de David.

Después de la junta de los sabios, que concluyen que el Mesías nacerá en Belén, Herodes llama en secreto a los magos para pedirles que le informen del lugar donde encuentren al Niño, porque él también quiere ir a adorarlo. Llama la atención que no haya ninguna indicación de la reacción de los sabios ahí reunidos, que podrían o deberían estar interesados en conocer al Niño.

4. La adoración de los magos. Mateo continúa el relato y dice que los magos emprenden el camino a Belén, ven de nuevo la estrella que los había guiado y que se detiene en el lugar donde estaba el Niño. Entran los magos en la “casa”, ven al Niño y a su madre, se arrodillan y lo adoran, y le ofrecen presentes de oro, incienso y mirra.

Del relato parece claro que el Niño ya no está en la gruta sino en una casa, por lo que cabe conjeturar que la adoración de los magos tiene lugar pasado un cierto tiempo después del nacimiento y de la purificación y presentación en el templo. Llama la atención que Mateo no mencione a José en la escena, a pesar de que Mateo suele interesarse en su persona; podría ser simplemente que no presenció la escena, por estar ocupado en otras cosas o que Mateo prefiera no mencionarlo para resaltar que el Niño es hijo de Dios, no de José.

La actitud de los magos, según el relato de Mateo, es la proskýnesis, es decir, la postración, que es la postura corporal que manifiesta el homenaje que se ofrece a Dios. Los presentes que ofrecen al Niño no son cosas prácticas que la familia necesitaría, sino dones que expresan el reconocimiento de su divinidad. El oro y el incienso también los menciona Isaías, como dones que los pueblos ofrecerán al Dios de Israel.[70]

En lugar de regresar por el mismo camino y ver a Herodes, quien los esperaba, los magos, “después de recibir en sueños avisos de no volver a Herodes”, decidieron regresar por otro camino.[71]

D. La huida a Egipto, la matanza de los inocentes
y el retorno a Nazaret[72]

Después de la visita de los magos, José retoma el papel protagónico. Recibe, otra vez en sueños, el aviso, por parte de un ángel, de huir con el Niño y con su madre porque Herodes pretende matarlo. Esto debió ocurrir algunas semanas después de que Herodes se entrevistó con los magos. Mateo dice que José tomó inmediatamente al Niño y a su madre y se fue a Egipto.

1. La matanza de los inocentes. Cuando Herodes se da cuenta de que los magos lo eludieron, enfurece y decide poner por obra lo que quizá ya había tramado antes, asesinar al Niño, a quien ve como un competidor en el poder. Como no sabe dónde localizarlo, ordena matar a todos los niños de Belén y de sus alrededores de dos años o menores. El dato de la edad de los niños inocentes sirve como apoyo para conjeturar que el nacimiento habría ocurrido uno o dos años antes de la muerte de Herodes.[73]

La ejecución de los inocentes es un dato que sólo se conoce por esta fuente. Han habido diversos cálculos del número de niños varones asesinados. Los más conservadores afirman que fueron entre quince y veinte.[74] Aunque no hay otra fuente que hable de la matanza, ésta parece posible, dado el carácter de Herodes, quien había mandado ajusticiar a sus hijos, Alejandro y Aristóbulo, en el año 7 a. C., porque presentía que amenazaban su poder; lo mismo hizo, tres años después, con su hijo Antípater.[75] Quien mató a sus propios hijos con tal de conservar su poder, bien podía ordenar la matanza de otros por la misma razón.

2. La huida. Es posible que José y María tomaran el camino que conducía a Egipto y salieran por la frontera sur de Palestina, por Hebrón y Bersabé, de ahí por el desierto de Farán y, después de seis o siete días, entrasen a la provincia de Gessén, en la que, desde antiguo, habitaban muchos judíos;[76] de acuerdo con una tradición, que recoge sor María de Jesús de Agreda,[77] hicieron una breve parada en Heliópolis y finalmente se establecieron en Menfis.[78] Mateo entiende la estancia en Egipto, como algo previsto en la profecía de Oseas que dice: “De Egipto llamé a mi hijo”.[79]

3. El regreso. Estando José, María y Jesús en Egipto, muere Herodes en el año 750 de la fundación de Roma, que equivale al año 4 a. C.[80] Mateo relata que una vez más un ángel en sueños avisa a José que pueden volver a Israel, porque han muerto los que querían matar al Niño. La estancia en Egipto debió de durar uno o, máximo, dos años, considerando que llegaron ahí cuando el Niño tenía menos de dos años y regresaron después de la muerte de Herodes.

José, una vez avisado, toma al Niño y a su madre y se encamina a Israel. Posiblemente se dirigiría de nuevo a Belén, donde había nacido el Niño y era la ciudad de origen de José, y donde tal vez tendría alguna tierra. Pero en el camino se entera de que Arquelao, uno de los hijos de Herodes, conocido por su crueldad, reina en Judea, y esto lo hace dudar de si debe ir allá. Nuevamente, recibe un aviso “en sueños”, y se dirige a Galilea, para asentarse en Nazaret, donde vivían antes.

En todos estos acontecimientos, Mateo, quien se dirige principalmente a los judíos, ve cumplimientos de las Escrituras. La huida a Egipto da lugar a que se cumpla la Escritura que afirma “de Egipto llamé a mi hijo”;[81] la matanza de los inocentes es cumplimiento de una profecía de Jeremías que afirma el llanto de Raquel, cuyo sepulcro estaba cercano a Belén, por la muerte de sus hijos;[82] y el regreso a Nazaret, con el cumplimiento de otra profecía, según la cual se llamaría “Nazareno” al Mesías.

La inserción de las profecías por parte de Mateo es una manera de indicar las fuentes por las cuales atribuye un significado especial a los acontecimientos narrados. No es que leyendo las profecías “invente” los acontecimientos, lo cual sería en extremo laborioso, máxime que muchas de ellas son simbólicas, como la citada “De Egipto llamé a mi hijo”, sino más bien que, al reflexionar sobre los acontecimientos, recuerda las profecías y entiende que se han cumplido.[83]

Algunos autores críticos modernos discuten la historicidad de los acontecimientos narrados por Mateo, ya que es un testimonio único, y se trata de acontecimientos cuya omisión no implicaría ninguna merma en el sentido teológico. Sin embargo, habiendo un testimonio que relata acontecimientos creíbles, aunque extraordinarios, podemos suponer, mientras no haya pruebas en contra, que los acontecimientos narrados son verídicos, pues el autor no intenta engañar a sus lectores, sino dar testimonio de lo que él vio, oyó y creyó.[84]

Con la indicación del establecimiento de la Familia en Nazaret, se vuelven a unir los relatos de Lucas y Mateo.

[1] Mt 1,1-17.

[2] Lc 1,5 y 26.

[3] Por ejemplo, Pablo en Rom. 1,3 dice de Jesús “nacido del linaje de David según la carne”, en una carta escrita a finales de los años cincuenta; el añadido “según la carne” indica que eso se afirma de Jesús teniendo en cuenta los modos de pensar humanos, pero no vale a los ojos de la fe, que ve a Jesús como Hijo del Eterno Padre.

[4] Mt 22,44; Mc 12,35; Lc 20,41.

[5] Lc 3,23-38.

[6] Son muchos los lugares de los evangelios sinópticos donde Jesús se llama Hijo del Hombre, y son especialmente significativas las veces en que se dice que el Hijo del Hombre volverá al final de los tiempos, como en Mt 24,29-31; Mc 13,24-27 y Lc 21,25-28.

[7] Jn 1,1-14.

[8] Mt 26,63; Mc14, 61-62; Lc 22,70-71.

[9] Mt 1,18-2,23.

[10] Lc 1,1-2,38.

[11] Véase Ratzinger I, pp. 20-23.

[12] Esa es la opinión de Joachim Gnilka, cit. por Ratzinger I, p. 23.

[13] Lc 2,19 y 2,51.

[14] En Lc 24,6 el ángel les dice a las mujeres que recuerden cómo Jesús les explicaba que tenía que padecer, morir y resucitar.

[15] Lc 24,27.

[16] Lc 1,5-25.

[17] Lc 1,6.

[18] Erik Petersen, citado por Ratzinger, p. 27, dice: “Era el lado sur del altar. El ángel está entre el altar y el candelabro de siete brazos. En el lado izquierdo del altar, que da al norte, había una mesa con los panes de la proposición”.

[19] Malaquías vivió entre el año 515 y el 445 antes de Cristo.

[20] Ml 3,1.

[21] Ml 3,23.

[22] Lc 1,19. Este nombre del ángel aparece en el Antiguo Testamento únicamente en el Libro de Daniel, 9,21.

[23] Lc 1,26-38.

[24] De acuerdo con las costumbres judías, la mujer prometida o desposada seguía viviendo en el hogar paterno por un año, bajo la potestad de sus padres, y pasado el año, el esposo la recibía en su casa, es decir, tenía lugar el matrimonio. Gnilka, cit. por Ratzinger I, p. 45.

[25] Lc 1,27.

[26] Lc 1,28-30.

[27] So. 3,15: “El Señor, Rey de Israel, está en medio de ti; no temerás más la desgracia”; 3,17: “El Señor, tu Dios, está en medio de ti como poderoso Salvador. Él disfrutará de ti con alegría, te renovará su amor, se regocijará en ti con canto alegre, como en los días de fiesta”.

[28] El nombre de Jesús también lo señala Mateo, quien dice que significa que Dios salvará al pueblo de sus pecados.

[29] 2S 7,16.

[30] Lc 1,38.

[31] También el Evangelio de Juan, que es independiente respecto de estas narraciones de Lucas y Mateo, afirma lo mismo en 1,13, si se lee en singular: “que no ha nacido de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni del querer del hombre, sino de Dios”.

[32] Is 7,14: “Miren, la Virgen está encinta y dará a luz un hijo…”.

[33] Lc 1,39-56.

[34] María de Jesús de Agreda, op. cit., pp. 452-454.

[35] Lc 2,1-38.

[36] Rom 8,29.

[37] De acuerdo con las fuentes de historia romana (véase Casciario, op. cit., p. 42, n. 55; Meier I, op. cit., pp. 212-213; Ratzinger I, p. 69), se sabe que Quirino pudo tener mando en Siria entre los años 10 a 6 a. C., y luego un segundo mandato, como gobernador de Siria, del año 6 al 7 d. C., y que llevó a cabo un censo en Judea (no en Galilea) el año 6 d. C., que no puede ser aquel al que se refiere Lucas. Se puede fijar mejor la fecha del nacimiento con la referencia de la vida y muerte de Herodes, como se explica en el texto.

[38] Véase Comentario, p. 974.

[39] Fillion I, p. 164, quien también se apoya en Orígenes (Cfr. Celso, 1,5), y en varios evangelios apócrifos, da esto como bien conocido en su tiempo (185-254) y también lo consignan varios de los evangelios apócrifos.

[40] Is 1,3.

[41] María de Jesús de Agreda, op. cit., libro IV § 485, p. 561. Ahí dice que María mandó a los animales que “adorasen”, en cuanto ellos podían a su Creador, y que “obedecieron los humildes animales al mandato de su Señora y se postraron ante el niño y con su aliento le calentaron y sirvieron con el obsequio que le negaron los hombres”.

[42] Lc 2,9-10. En los evangelios se presenta de manera constante este “llenarse de temor” ante la presencia divina, como cuando Gabriel se aparece a la Virgen o a Zacarías; es un temor de asombro, no de miedo ni de pánico.

[43] Lc 3,21.

[44] Todos sería María y José, pero quizá hubiera otros que habían acudido espontáneamente al saber que ahí había nacido un niño.

[45] Se ha conjeturado que Lucas pudo entrevistarse con la virgen María en el tiempo en que había ido a Jerusalén con Pablo, y cuando éste fue puesto en prisión en Cesarea. Lucas acompañó a Pablo en Cesarea y desde ahí pudo hacer viajes a Jerusalén y otros lugares donde vivió Jesús para entrevistar a testigos de la vida de Jesús, y especialmente a la virgen María. Véase J. Holzner, San Pablo, Barcelona, Herder, 1955, p. 401.

[46] Lc 2,21.

[47] Gal 4,4.

[48] María de Jesús de Agreda, op. cit, libro iv § 530, p. 581.

[49] Lc 2,22-38.

[50] Lev 12,1-4.

[51] Lc 2,24.

[52] Ex 13,2; 13,12 y ss.

[53] Lc 2,25-38.

[54] Is 46,13: “Mi justicia está cerca, no se alejará, mi salvación no se demorará, daré la salvación a Sión, y mi gloria a Israel”.

[55] Is 42,6 y 49,6: “Muy poco es que seas siervo mío para restaurar las tribus de Jacob y hacer volver a los supervivientes de Israel. Te he puesto para ser luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta los extremos de la tierra”.

[56] Dice Ratzinger (La infancia, p. 92) que, aunque Dios es amor, se puede odiar el amor cuando exige. Hoy, Cristo sigue siendo signo de contradicción para los hombres que ven en él un límite a su libre voluntad.

[57] Lc 2,39-40.

[58] Mt 2,1-23.

[59] Así se entiende que no es que José adopte a Jesús, sino que Dios Padre, de quien procede toda paternidad, instituye a José como padre de Jesús. No es José el padre adoptante ni el padre putativo, sino el padre que Dios quiere para su Hijo.

[60] Mi 5,1: “Pero tu Belén Efrata, aunque tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser dominador en Israel”.

[61] En los Hechos de los Apóstoles 13,10 se usa la palabra “mago” en el sentido de charlatán o embustero, cuando refieren (13,6-10) a un mago llamado Barjesus, que era consejero de Sergio, el gobernador romano (procónsul) de Chipre, y como tal mago se oponía a la predicación de Pablo y Bernabé, Pablo le dijo: “¡Tú, lleno de todo engaño y de toda malicia, hijo del diablo, enemigo de toda justicia!”.

[62] Esta expectativa la aprovechó Flavio Josefo para congraciarse con Vespaciano, quien, mientras llevaba su ejército contra Jerusalén, fue aclamado emperador en Roma, por lo que Flavio Josefo dijo que el propio Vespaciano era el dominador del mundo surgido en Judá.

[63] Num 24,17.

[64] Sal 72,10.

[65] Is 60,3.

[66] Mt 2,2. La expresión “rey de los judíos” es típicamente pagana; un judío habría dicho “el rey de Israel”.

[67] Mi 5,1: “Pero tú, Belén Efrata, aunque tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser dominador en Israel”.

[68] 2Sam 5,2.

[69] Es interesante notar que el oficio del rey es el de ser “pastor”, cuidador del rebaño, y no su dueño.

[70] Is 60,6: “Te cubrirá una multitud de camellos, dromedarios de Madián y Efá, todos vendrán de Sabá, cargados de oro e incienso, y pregonando alabanzas al Señor”. De ahí se ha formado la tradición de que procedían de Arabia, Persia y África (Etiopía); Isaías se refiere a lugares al este de Jerusalén.

[71] Mt 2,12.

[72] Mt 2,13-23.

[73] Mt 2, 7 dice que Herodes “se informó cuidadosamente por ellos [los magos] del tiempo en que había aparecido la estrella”.

[74] La cifra se calcula, considerando que la población de Belén era de unos 2 mil habitantes, que podrían tener un promedio de 30 nacimientos anuales, de los cuales quince serían mujeres y quince varones. Véase Filion I, op. cit., p. 198.

[75] Ratzinger, La infancia, p. 113.

[76] Filion I, p. 197.

[77] María de Jesús de Agreda, segunda parte, capítulo 25, p. 640.

[78] Una iglesia copta, en el antiguo Cairo está, según alguna tradición, en el lugar donde habitó la Sagrada Familia.

[79] Os 11,1: “Cuando Israel era niño, Yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo”. La profecía se refiere, en primer lugar, al pueblo de Israel, al que Dios sacó de Egipto; pero también se puede entender, como lo hace Mateo, referida al Hijo de Dios, a Jesús, al que llamó de Egipto para volver a Israel.

[80] Filion I, op. cit., p. 200.

[81] Os 11,1.

[82] Jer 31,15.

[83] Mateo no pudo conocer directamente estos acontecimientos, pero pudo haberlos conocido por medio de Jesús, quien, en los muchos momentos que tuvo de intimidad con sus discípulos cercanos, pudo contarles lo que Él sabía de su propia infancia, y que él conoció porque se lo contaron María y José; el hecho de acompañar el relato con la cita de muchas profecías recuerda que cuando Jesús hablaba con los discípulos de Emaús, les “interpretaba en todas las Escrituras lo que se referían a Él” (Lc 24,27).

[84] Véase Ratzinger, La infancia, pp. 123 y 124.

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Litres'teki yayın tarihi:
24 şubat 2026
Hacim:
504 s. 7 illüstrasyon
ISBN:
9786079946821
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