Kitabı oku: «Tratado general de fútbol»

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TRATADO GENERAL DE

FÚTBOL

Guía práctica de ejercicios de entrenamiento

Jorge Fernando Ferreira Castelo


Título original: Futebol

Traducción y revisión técnica: Manuel Pombo Fernández

Diseño de cubierta: David Carretero

© 2009, Jorge Fernando Ferreira Castelo

Editorial Paidotribo

www.paidotribo.com

E-mail: paidotribo@paidotribo.com

Primera edición:

ISBN: 978-84-8019-609-3

ISBN EPUB: 978-84-9910-888-9

Fotocomposición: Editor Service, S.L.

ÍNDICE

PREFACIO

Parte 1. ORGANIZACIÓN SISTÉMICA DEL JUEGO DEL FÚTBOL

Capítulo 1.Fases del juego

1.1.Proceso ofensivo

1.2.Proceso defensivo

Capítulo 2.Estructura del juego

2.1.Bases de la racionalización del espacio de juego

2.2.Bases de la racionalización de las misiones tácticas de los jugadores

Capítulo 3.Métodos de juego

3.1.Métodos de juego ofensivo

3.2.Métodos de juego defensivo

Capítulo 4.Principios del juego

4.1.Principios del juego ofensivo

4.2.Principios del juego defensivo

Capítulo 5.Factores del juego

5.1.Acciones individuales ofensivas y defensivas

5.2.Acciones colectivas ofensivas y defensivas

Parte 2. UNIDAD LÓGICA DE ESTRUCTURACIÓN Y PROGRAMACIÓN DEL ENTRENAMIENTO EN FÚTBOL

Capítulo 6.Fundamentos del ejercicio de entrenamiento

6.1.Características del ejercicio de entrenamiento

6.2.Naturaleza del ejercicio de entrenamiento

6.3.Estructura del ejercicio de entrenamiento

Capítulo 7.Lógicas estructurales del ejercicio de entrenamiento

7.1.Adaptación funcional del jugador

7.2.Componentes estructurales del ejercicio de entrenamiento

7.3.Condicionantes estructurales del ejercicio de entrenamiento

Capítulo 8.Principios de aplicación del ejercicio de entrenamiento

8.1.Principios biológicos

8.2.Principios metodológicos

8.3.Principios pedagógicos

Capítulo 9.Bases y eficacia del ejercicio de entrenamiento

9.1.Concepto del ejercicio de entrenamiento

9.2.Presentación del ejercicio de entrenamiento

9.3.Práctica y repetición del ejercicio de entrenamiento

9.4.Corrección del ejercicio de entrenamiento

Parte 3. CONCEPTUALIZACIÓN Y ORGANIZACIÓN PRÁCTICA DE LOS EJERCICIOS DE ENTRENAMIENTO

Capítulo 10. Concepción teórica de los ejercicios de prepararación general

Capítulo 11. Ejercicios específicos de preparación general

11.1.Ejercicios de predominio técnico, lúdico y recreativo

11.2.Ejercicios para el desarrollo de las acciones de recepción/pase y conducción del balón

11.3.Ejercicios para la conservación de la posesión del balón

Capítulo 12. Ejercicios específicos

12.1.Ejercicios de finalización en condiciones favorables de espacio, tiempo y número de jugadores

12.2.Ejercicios de circulaciones tácticas a partir de diferentes estructuras de juego

12.3.Ejercicios para potenciar las misiones tácticas de los jugadores dentro de la organización del equipo

12.4.Ejercicios para potenciar la coordinación de los sectores de juego del equipo

12.5.Ejercicios para potenciar situaciones fijas de juego (esquemas tácticos)

Capítulo 13. Ejercicios competitivos

Parte 4. ORIENTACIÓN Y PREPARACIÓN DE LOS EQUIPOS PARA LA COMPETICIÓN

Capítulo 14. Planificación conceptual

Capítulo 15. Planificación estratégica

Capítulo 16. Planificación táctica

Capítulo 17. Planificación del microciclo semanal y de una sesión de entrenamiento

BIBLIOGRAFÍA

PREFACIO

En el contexto de nuestra civilización, el fútbol, en sus diferentes manifestaciones, es un fenómeno profundamente asociado a los aspectos de origen social, ya que se trata de un hecho institucional que tiene su propia organización, sus reglas, sus infra y superestructuras, que son de origen cultural, y se considera un proceso de actualización de los valores culturales, morales y estéticos, los cuales están basados en una gran popularidad y en su universalidad. Aunque las opiniones se encuentren divididas en cuanto al sistema de valores sobre los que se basa este fenómeno, su importancia en el mundo contemporáneo no tiene ningún tipo de contestación. En este sentido, el juego del fútbol es una creación del hombre que se desarrolla simultáneamente con la utilización, reflejando o rechazando así los aspectos de carácter positivo o negativo que toda sociedad presenta en su evolución. El fútbol, por el alto nivel de especialización y profesionalización que ha alcanzado, se ha vuelto objeto de conocimiento (léase comprensión de los hechos), y cuando es correctamente adquirido y aplicado, posibilita la creación de nuevos valores y paralelamente la construcción de un sistema de convicciones que, en última instancia, determina la alteración de los procesos o los caminos para su renovación e innovación. Desde esta perspectiva, sean cuales sean los medios de análisis, la causa, el pretexto o las circunstancias, siempre será la reflexión del hombre sobre el hombre un camino que conduce al conocimiento basado en una lógica racional, reflexiva y aplicativa.

Como especialistas de esta modalidad deportiva, a lo largo de estos últimos veinte años nos hemos encargado de múltiples aspectos, desde la conceptualización y la aplicación de diferentes sesiones de entrenamiento, hasta la dirección estratégico-táctica de equipos en la competición profesional, pasando por la elaboración de libros y publicaciones de carácter pedagógico-científico, y concluyendo con la enseñanza teórica y práctica de esta modalidad en la universidad. Sentimos en cada momento la responsabilidad y la exigencia metodológica de interpretar la complejidad de la situación, consustancial simultáneamente a la identificación y la sistematización de la realidad del juego, que describimos con el máximo rigor posible, y, a partir de éste, lanzamos un conjunto de líneas orientadoras programáticas-estratégicas esenciales para la transformación, sea cuantitativa o cualitativa, en la intervención en esta realidad competitiva. No nos olvidamos de las raíces que siempre nos guiaron a lo largo de estos años; pretendemos dar «alma» al «cuerpo» de nuestra actividad profesional cotidiana, que se desarrolla en un circuito que empieza con la observación de un hecho y pasa por su identificación, reflexión, sistematización y experimentación, llevándonos inmediatamente a una nueva observación, para establecer a qué nivel cuantitativo o cualitativo intervendremos sobre esa realidad. Durante este «trayecto» perfilamos fundamentalmente dos actitudes programáticas: por un lado, no buscar, aunque reconocemos nuestras ambiciones legítimas, y esconder nuestras limitaciones reales; por otro, como en todas las áreas del conocimiento, desvelar dónde el misterio de hoy es en verdad el redimensionamiento en el futuro de otros problemas cada vez más difíciles de resolver. Consecuentemente, la pertinencia de nuestro esfuerzo tendrá que venir de nuestra coherencia profesional, que reside obviamente en la comprensión de la intencionalidad y la significación de las decisiones tomadas, y del comportamiento técnico-táctico de los jugadores que de ella se derivan, buscando sus relaciones e interrelaciones de cooperación y de adversidad y, por qué no, también de algunos de sus determinismos. En el último análisis pretendemos que con el desarrollo del tiempo, siempre inquieto, dinámico y absorbente, no se apague del todo el estigma de nuestro principal esfuerzo, traducido tanto mediante ideas sueltas como por una visión que estimule e inspire la búsqueda de una sistematización y organización cada vez más realista del juego del fútbol o, dicho con otras palabras, construyendo un código de lectura cada vez más representativo de la realidad.

En este lento y seguro caminar aprendemos a debatir esencialmente la complejidad de dos cuestiones, cuyos marcos nos transportan en sí a una misma implicación para el desarrollo del juego del fútbol: por un lado, la importancia del establecimiento de una teoría general del juego; por otro, la dinamización de nuevas actitudes mentales, prácticas y funcionales.

ESTABLECIMIENTO DE UNA TEORÍA GENERAL DEL JUEGO

Aunque una teoría general no se debe encarar como un dogma indiscutible, ha de presentar un sistema explicativo que cumpla provisoriamente (en la medida en la que acompañe las perspectivas de las diferentes corrientes de evolución del pensamiento), de la manera más eficaz posible, con una búsqueda que abarque el máximo de hechos observados dentro del ámbito de la realidad que le es propia. Por eso una teoría representa un conjunto de conocimientos organizados en un sistema lógico y coherente, pero al mismo tiempo es un sistema abierto, dinámico, complejo, adaptable y, dentro de ciertos límites, anticipativo, cuya función consiste en la descripción, explicación y sistematización de los fenómenos observados en la práctica del juego. Adicionalmente se puede señalar que una teoría general del juego debe tener un carácter activo y no contemplativo, elaborada de esta forma para el perfeccionamiento de la práctica y de su metodología, entendidas éstas como una parte integrante del motor íntimo de la evolución del fútbol.

¿QUÉ ES EL JUEGO DEL FÚTBOL?

El fútbol es un juego deportivo colectivo en el cual quienes intervienen (jugadores) están agrupados en dos equipos con una relación de adversidad-rivalidad deportiva en una lucha incesante por la conquista de la posesión del balón (respetando las leyes del juego) con el objetivo de introducirlo el mayor número de veces en la portería adversaria y evitar que entre en la propia portería para obtener la victoria. Para conseguirlo, el fútbol posee una dinámica propia, un contenido que podemos definir como la esencia del juego, que está moldeada por las leyes del juego y da origen a una serie de actitudes y comportamientos técnico-tácticos más o menos estereotipados. Concretamente, es el juego el que determina el perfil de las exigencias impuestas a los jugadores, creando de esta forma un marco experimental específico. Esto resulta válido tanto para las acciones motoras en sí, y su consecuente rendimiento, como para las exigencias de tipo psíquico y su exteriorización en términos de respuesta. Los equipos en confrontación directa forman dos entidades colectivas que planifican y coordinan sus acciones para actuar una contra la otra y cuyos comportamientos se hallan determinados por las relaciones antagónicas de ataque/defensa. Bajo esta perspectiva, representan una actividad social, con diferentes manifestaciones específicas, cuyo contenido consta de acciones e interacciones. La cooperación entre los diferentes elementos se efectúa en condiciones de lucha con adversarios (oposición), que, a su vez, coordinan sus acciones con el objetivo de desorganizar dicha cooperación.

FUERA DE LA TEORÍA NADA ES VISIBLE; PARA VER OTRA COSA ES NECESARIO CAMBIAR DE TEORÍA

Al observar y analizar el contenido del juego del fútbol tenemos que tener en cuenta ciertas irregularidades, que identificamos, nombramos y clasificamos como condición importante para la relación de las leyes propicias para esta etapa de la teoría. Debido a la continua unión entre la práctica y la teoría, se alcanza un estado superior de comprensión de la realidad del juego que hace posible realizar una síntesis, es decir, una generalización y sistematización de los elementos fundamentales. De esta forma, se parte desde la práctica hacia la teoría y después se vuelve para orientar la práctica. Tal como refiere Popper (1989), es preciso tener claro que los conceptos y las teorías que buscan explicar una realidad no son absolutos sino aproximativos; así, las verdades de hoy podrán no ser las de mañana. Además, nunca debemos olvidar que las verdades de mañana sólo existirán porque existen las de hoy; por ello no se debe ignorar su importancia ni dejar fuera un proceso evolutivo impar. En este ámbito, cuanto más se le prive al juego de este esfuerzo de análisis, más se resiente su teoría para el establecimiento de los fundamentos necesarios y sus raciocinios, aumentando consecuentemente el espacio donde prolifera lo accidental, lo casuístico. Si el fracaso individual (un jugador) o colectivo (equipo) está exclusivamente en las manos del azar, el mérito, y como consecuencia la responsabilidad del jugador que actúa, parece estar fuera de explicación. Además, y en sentido diametralmente opuesto, no podemos hacer una aprobación tácita cada vez que nuestra concepción se realiza, ni sentir una especie de malestar intelectual cuando se verifica que es falsa. «Un hecho no es nada por sí mismo; sólo vale por la idea a la que está unido o por la prueba que aporta. Cuando se identifica y cualifica el descubrimiento de un nuevo hecho, no es el hecho en sí el que constituye el descubrimiento, sino la nueva idea que de él deriva, y también cuando se demuestra no es el propio hecho el que da la prueba, sino sólo la relación racional entre el fenómeno y su causa» (Bernard, 1783).

LA DINAMIZACIÓN DE NUEVAS ACTITUDES MENTALES

El cambio más marcado que actualmente se distingue en el desarrollo del fútbol en el mundo lo constituye sin duda la aplicación de la ciencia a sus problemas y, especialmente, la utilización de una tecnología cada vez más perfecta y apoyada en datos científicos que permite establecer un «código de lectura» de la realidad del juego. Además, la aplicación de estos datos no podrá tener éxito si simultáneamente no se dinamizan nuevas actitudes mentales con la finalidad de ajustar los componentes a un eficaz aprovechamiento del inmenso potencial ofrecido por la ciencia del deporte. Por otro lado, la aplicación de estos datos no podrá tener éxito si simultáneamente no se dinamizan nuevas actitudes mentales con la finalidad de ajustar los componentes a un eficaz aprovechamiento del inmenso potencial ofrecido por la ciencia del deporte. Los cambios de perspectiva no surgen ni se implantan fácilmente. Muchos se resisten a este tipo de innovaciones porque éstas tienden a volver absoletas, en la mayoría de las situaciones, las antiguas formas de pensamiento, llevando consecuentemente a rupturas con un pasado no muy distante. Para nosotros la competición de alto nivel, y naturalmente el entrenamiento que la soporta en la actualidad, presentan elevadas exigencias a los jugadores en cualquiera de los factores de preparación que deseemos mejorar. Importa determinar en este ámbito si la sesión de entrenamiento y los ejercicios que la constituyen son o no un momento fundamental para el desarrollo y el perfeccionamiento del jugador o del equipo, pues muchas veces parece más un pasatiempo, un hábito, un castigo, un ritual, una forma de «tirar arena a los ojos» de los directivos y de los socios de los clubes. Porque es preciso sudar la camiseta; no interesa si concomitantemente existen ideas, objetivos, principios y desarrollo profesional.

En un último análisis existe la idea de que la calidad (o su falta) de la competición nada tiene que ver con la calidad (o su falta) del entrenamiento; todo se reduce al azar: un día todo se desarrolla bien y otro mal. Hay que observar cuántos equipos profesionalizados tienen como mínimo un campo de entrenamiento o cuántos poseen uno con las mínimas condiciones para realizar cualquier tipo de entrenamiento que permita el desarrollo integral de los factores técnicos, tácticos, físicos y psicológicos de los jugadores, entrenándolos verdaderamente para una competición profesional que quiere ser de alto rendimiento. Además de esto tenemos también que inventariar si los presupuestos práctico-científicos actuales responden a esas exigencias para poder establecer una teoría que auxilie a la práctica y se desarrolle simultáneamente. Hemos de mostrar, en nuestra opinión, que aún no poseemos suficiente conocimiento sobre la problemática de cuál es el fenómeno deportivo en el que se apoya, con el objeto de responder eficazmente a sus exigencias en lo que respecta a sus aspectos metodológicos, derivados, a su vez, de los inherentes a la técnica, a la táctica, a la tecnología didáctica y a los factores humanos y sociales, etc… Además, es a partir de esta constatación cuando se vuelve más importante e imprescindible el apoyo al estudio y la reflexión del juego del fútbol tanto desde el punto de vista de la práctica diaria como desde una perspectiva teórica. También resulta fundamental traspasar visiones parciales en el análisis y en el tratamiento del contenido real del juego, traducidas por una excesiva compartimentación de los componentes técnicos, tácticos, físicos y psicológicos. Tomamos de esta forma conciencia de que el juego es algo más que la simple suma de varios factores. El fútbol contiene en sí una enorme complejidad secundada por un numeroso conjunto de variables y se debe analizar como sistema abierto. Su condición de sistema determina que la multiplicidad de su estudio y de su interpretación se deban considerar en complementariedad.

MIENTRAS TANTO, EL FÚTBOL EVOLUCIONÓ Y EVOLUCIONA CONTINUAMENTE

El juego del fútbol ha evolucionado a lo largo de los años desde su institucionalización hasta la actualidad. Queramos o no, nos guste o no, el hecho es que los acontecimientos que lo consustancian se han vuelto más intensos, competitivos, complejos, con ritmo, con presiones, transitorios, inestables, etc. La evolución del juego tiene un carácter sistémico, es decir, la mejora de uno de sus factores constituyentes no sólo afecta ese elemento, sino también el rendimiento de los otros, influyendo radicalmente en todo el sistema. Si tenemos presentes algunos datos del análisis del juego del fútbol, observamos que el número de acontecimientos aumenta en la unidad de tiempo. En efecto, en el gráfico de la dinámica de los esfuerzos realizados por los jugadores a lo largo del partido, éstos se triplicaron en los últimos 30 años. De ahí se infiere que en el ámbito táctico los jugadores cubren mayor área de terreno de juego tanto en la fase ofensiva como en la defensiva, lo que su vez implica una disminución del tiempo y del espacio para la resolución técnico-táctica de una situación dada cuando se tiene o no la posesión del balón. En la actualidad cada jugador ejecuta por término medio 360 intervenciones (de corta duración, hasta 2 s; de medio duración, hasta 5 s, o de larga duración, hasta 8 s) por partido, lo que determina cuatro esfuerzos por minuto, pero si utilizamos el tiempo real de juego (excluyendo las paradas, que representan más del 30% del tiempo total de juego), este valor sube a seis, es decir, se observa un comportamiento de 10 en 10 segundos con o sin posesión del balón con una determinada intención, finalidad y duración. La tendencia de estos valores en el futuro es hacia el aumento especialmente en el ámbito cualitativo y en la duración de cada esfuerzo. De este pequeño análisis, fácil de extrapolar, en el que se incrementa el movimiento en el juego, se dice que los jugadores están más presionados tanto en el ámbito de razonamiento táctico como en el del rendimiento técnico, y resulta cada vez más importante utilizar procesos de anticipación con el objeto de prever no sólo el resultado, sino también el desarrollo de los acontecimientos de cada situación. Cada jugador busca en cada situación de juego «vivir la imagen del futuro en el momento presente» para ganar el tiempo suficiente para pensar/ejecutar un comportamiento eficaz y adaptado en la respuesta a los problemas expuestos por el entrenamiento y por la competición deportiva. Asimismo, ante estos hechos incontestables de la realidad competitiva aún existen técnicos que afirman categóricamente que en el fútbol nada cambia, que todo está inventado, que no vale la pena reflexionar, que no vale la pena pensar y siempre es el pase corto y el pase largo, el remate, la pared, etc. Otros un poco más «evolucionados» dicen que es fundamental tener dos o tres ideas y aplicarlas en función de las situaciones que se presenten. Partiendo de esta visión cerrada y estática de la realidad del juego, no cabe sorprenderse de que los entrenadores que piensan todavía de esta forma vivan como ermitaños utilizando recetas del pasado muertas, manteniéndose «fieles» e inflexibles en sus «ejercicios» medios y métodos de entrenamiento y siendo «entrenadores» de repetición año tras año, independientemente de los jugadores o del equipo, de los vicios malos y buenos del equipo. Ante este panorama, algunos aún se proclaman competentes simplemente por llevar 20 ó 25 años de profesión cuando en la mejor de las hipótesis tienen un año multiplicado por 20 ó 25 veces. Es verdad que para innovarse es preciso leer, reflexionar, investigar, difundir experiencias, intercambiar ideas para que esta especialidad tenga más y mejor público y una implantación en la sociedad, pero esto cuesta tiempo, masa cerebral y una exposición pública y crítica.

En relación con los médicos, por ejemplo, todos los años tienen un nuevo vademécum que determina que las enfermedades actuales no sean curadas con medicamentos de hace 10 ó 20 años. Los entrenadores mantienen su «vademécum» técnico influidos por los mismos ejercicios sobre que se realiza toda su vida deportiva. ¿Es posible que el conocimiento teórico y práctico de hace 20 ó 30 años pueda responder adecuada y cabalmente a las cuestiones relacionadas con la actividad deportiva de la actualidad? La falta de cultura general, deportiva y de hábitos reflexivos por parte de los entrenadores determina su rechazo para aceptar y entender que existen nuevas condiciones, nuevos cambios en los medios de investigación, en la metodología del entrenamiento y en las diferentes tecnologías pedagógicas, y este desinterés determina un inmovilismo y una repetición ciega del pasado. La mediocridad de gran parte de los que intervienen en el fenómeno deportivo (entrenadores, dirigentes, periodistas, etc.) está basada en una constante necesidad de oscurantismo y en el miedo a perder algún tiempo para estudiar y reflexionar. Algunos piensan que su mediocridad será compensada por la mutación genética de las diferentes generaciones de jugadores que pasaron por sus manos a lo largo de su vida profesional repleta de repeticiones fundadas no en la experiencia o en la competencia, sino en la falta de ambas. Progreso, desarrollo e innovación significan, por encima de todo, una nueva actitud mental sobre el problema, que implica una nueva actitud práctica y una nueva actitud funcional. El entrenador debe abarcar un bagaje de conocimientos suficientes que le posibiliten elaborar situaciones de entrenamiento que permitan verdaderas oportunidades para que los jugadores crezcan, más allá de los recursos físicos, ejerciendo a priori una reflexión crítica y eligiendo dentro de un grupo de opciones las más adecuadas y adaptadas a los problemas que se presenten. En esta línea de pensamiento, no es posible la utilización constante de los mismos «caminos», pues nos transportan a los mismos lugares a partir de los cuales contemplamos las mismas vistas, cambiando solamente el tiempo y las circunstancias de llegada. Esta realidad se constituye así más como un ritual, muchas veces penoso y repetido. El entrenador debe asumir su rol de explorador de nuevos caminos, donde encontrará nuevos conceptos, nuevas metodologías, nuevas teorías, etc., que contribuirán de forma clara a la evolución del juego del fútbol. En efecto, el entrenador tendrá que construir e interpretar nuevos caminos (léase mapas) partiendo de perspectivas diferenciadas en función de nuevos conceptos, del tiempo, del espacio, de las circunstancias, etc., abriendo de esta forma nuevas vías de acceso a la optimización del proceso de entrenamiento por la rentabilización de los medios humanos y materiales que están a su disposición. Al mismo tiempo, hay que eliminar todo aquello que potencialmente pueda disminuir las posibilidades de que los jugadores no alcancen el máximo de sus capacidades. En el entrenamiento se deben conceptualizar situaciones-problemas en las que centrarse más en la producción de acciones motoras, esto es, aquellas que se alteran constantemente en la búsqueda de una adaptación más eficaz, que en las acciones motoras de repetición, en las que se realiza siempre la misma respuesta independientemente de la variabilidad propuesta en la situación. «El acto del entrenador está basado en un saber que, como cualquier otro, se aprende, se renueva y se transforma constantemente» (Lima, 2000).

LOS JUGADORES SON EL ESPEJO DE AQUELLO QUE ENTRENAN

Existe en la mente de muchos entrenadores la presunción de que cualquier ejercicio de entrenamiento independientemente de su nivel de especialización (que reproduzca de forma más o menos aproximada la naturaleza-lógica del juego del fútbol) transfiere siempre algo de positivo a la capacidad objetiva del jugador o del equipo. Además, es preciso tener presente que está transferencia, esto es, la influencia de un ejercicio sobre otro que se realiza en un ambiente contextualmente diferente en la adquisición de otro tipo de competencia, no representa un fenómeno positivo por naturaleza: podrá tener un efecto positivo al potenciar esa relación (es el objetivo que hay que alcanzar siempre), un efecto neutro, no existe influencia ni positiva ni negativa, o un efecto negativo al influir negativamente (situación a evitar). Thorndike en 1914 postuló que para que exista una transferencia positiva es necesario tener «elementos idénticos» entre la tarea originalmente aprendida y la nueva que hay que aprender. Más tarde, Osgood (1947) desarrolló un encuadre del tipo estímulo-respuesta en el que precisó, refiriéndose a esta teoría, que la cantidad y la dirección del efecto de la transferencia están relacionadas con las similitudes existentes entre los estímulos y las semejanzas de las respuestas. Esta teoría, vulgarmente conocida como «teoría de los dos factores», refiere que cuando las similitudes decrecen en un cierto porcentaje no sólo no se produce la transferencia positiva, sino que se pasa a una interferencia de carácter negativo, como en el caso de la transferencia entre tareas «con elementos parecidos». Desde esta perspectiva, el entrenamiento, de la misma manera que puede ampliar y optimizar los límites de la capacidad humana, cuando está mal diseñado (léase construido) es un factor limitador de los futuros rendimientos. En este ámbito existe una evidencia que ha sido demostrada a lo largo de los años: sólo se es bueno en aquello que específicamente se practica; además, los procesos de adaptación específica y de aumento del rendimiento especializado se ven perjudicados cuando predominan en el entrenamiento otros actores (léase no específicos) y también cuando éstos ocurren temporalmente, es decir, en un determinado momento de la sesión de entrenamiento o en un período concreto de preparación para la competición. Tomemos en consideración un ejemplo práctico para tomar conciencia de la necesidad de la utilización de ejercicios con un determinado grado de especificidad en el entrenamiento: imaginemos un jugador que inicia el entrenamiento en la especialidad a los ocho años y se mantiene hasta los veinte, es decir, 12 años de práctica ininterrumpida utilizando ejercicios correctos y específicos de fútbol. Efectuará cerca de 2.700-3.000 h de entrenamiento durante las cuales realizará más de 1,5 millones de acciones técnico-tácticas de pase, 100.000 remates y más de tres millones de desplazamientos ofensivos o defensivos durante las fases ofensivas y defensivas del juego. El simple hecho de que otro entrenador para el mismo tiempo total de entrenamiento dedique más de 10-15 min en la ejecución de otro tipo de ejercicio que no sea específico del juego del fútbol hará que otro jugador ejecute cerca de un millón de pases, 80.000 remates y cerca de dos millones de desplazamientos ofensivos y defensivos durante las fases ofensivas y defensivas del juego. Por ello, al final de los 12 años de entrenamiento, el segundo jugador tendrá un «deficit técnico-táctico» en el final de su formación que muy difícilmente recuperará a lo largo del resto de su vida como practicante. Es verdad que la cantidad no determina de inmediato la calidad, pero hay una fuerte relación entre el número de veces que se ejecuta una acción de predominancia técnica o de predominancia técnico-táctica y el nivel de rendimiento conseguido en ella.

OBJETIVO DEL LIBRO

El contenido de este libro se centra en la problemática de que la evolución de la praxis del fútbol resulta de la interacción entre el juego (la lógica interna) y el jugador (la lógica de cómo aprende, evoluciona y se perfecciona), y éstos a su vez evidencian el establecimiento de un tercer problema: la lógica del ejercicio de entrenamiento (considerándolos como la hipotética construcción potencialmente capaz de organizar y orientar la actividad del jugador) (ver fig. 1). Por ello, más allá de las cuestiones que se derivan del análisis, de la sistematización y de la evolución de los diferentes aspectos de orden metodológico (factores, etapas, principios, unidades de programación, etc.) en la búsqueda de una didáctica pedagógica eficaz para el juego del fútbol, el ejercicio de entrenamiento es un medio, que se rebela como uno de los más importantes de la actividad del entrenador. Además, si es un medio esencial de la actividad profesional, se deben tener con el ejercicio de entrenamiento una reflexión, un estudio y una profundidad de acuerdo con su importancia real, y no sólo en la actividad profesional del entrenador, sino también en el proceso de formación/desarrollo de los jugadores y de los equipos. En esta dimensión buscamos poder contribuir, si es posible decisivamente, a que el ejercicio de entrenamiento sea enfocado, reflejado, analizado y utilizado como una individualidad, una intimidad y una lógica funcional, conteniendo de esta forma todos los elementos esenciales y vitales para que se constituya como el instrumento operacional para traspasar las fronteras del límite de la capacidad humana. Es con esta presentación deliberada (en el sentido de que se tome como una opción), racional (en la dinámica de lo inteligible) y apasionada (orientada por un objetivo exclusivo) como se podrá concretar un determinado designio, pretexto para abarcar gran parte del cilo de ejercicios de entrenamiento, lo que sólo será posible mediante un análisis riguroso, sistemático, coherente e inteligible que:

1. «Nace» de la reflexión intelectual del entrenador en la búsqueda de los mejores medios para elevar racionalmente las capacidades deportivas de los jugadores o del equipo.

2. «Vive» durante el tiempo de su aplicación, en el cual el jugador tendrá que respetar sus obligaciones y directrices con el objeto de potenciar el comportamiento motor específico.

3. «Muere» al final de su ejecución, dejando sin embargo que su sustentable existencia se traduzca en los efectos de origen interno que producen en el jugador a corto, medio y largo plazo.

4. «Resucita» mediante la continua y sistemática aplicación del mismo o de otros ejercicios de carácter más complejo que se desarrollaron sobre la base de los primeros.

5. «Se autorregenera» debido a la necesidad de estudiar sus efectos (de carácter positivo o negativo) para comprender qué nivel cualitativo y cuantitativo intervino en la elevación, el mantenimiento o la reducción de la capacidad de rendimiento deportivo del jugador.

La conceptualización y la construcción del ejercicio de entrenamiento para el fútbol se basa en nuestra opinión sobre tres puntos fundamentales de base que es importante concretar y determinar permanentemente: 1) separar o hacer interaccionar los diferentes factores del entrenamiento en el mismo ejercicio; 2) asumir que inevitablemente debemos contextualizar situaciones para potenciar la toma de decisiones, y 3) saber cuáles son las relaciones inteligibles que se establecen entre la realidad competitiva del juego y su proceso de entrenamiento.


SEPARAR O HACER INTERACCIONAR LOS DIFERENTES FACTORES DEL ENTRENAMIENTO EN EL MISMO EJERCICIO

Muchos entrenadores persisten en admitir tanto en la teoría como en la práctica diaria la existencia de constantes dicotomías en relación con el trabajo físico, técnico y táctico. De hecho, cuando se verifica que este o aquel jugador demuestran durante sus ejecuciones técnicas o técnico-tácticas la existencia, por ejemplo, de un determinado déficit de fuerza que influye decisivamente en el éxito de su comportamiento, de inmediato se piensa que debería realizar un programa de entrenamiento de fuerza para cumplir con el diagnóstico realizado. Además, a pesar de la buena voluntad demostrada por el entrenador, tanto en su análisis como en su posterior intervención o la de sus colaboradores, es normal colocar al jugador ante un conjunto de ejercicios predominantemente físicos de carácter «artificial» para mejorar la capacidad de producir fuerza. Sin embargo, estos programas de entrenamiento generalmente no tienen en cuenta el contexto en el que ese o esos comportamientos deben ser ejecutados tanto en el ámbito del entrenamiento como en el de la competición. Normalmente esta estrategia de entrenamiento está condenada al fracaso en términos de eficacia de proceso, tanto en lo que respecta a la pérdida de tiempo como al gasto de energía por parte del jugador en un programa de esas características. De este hecho se deriva que las condiciones de la mejora de una de las partes de todo un sistema de respuesta motora efectiva del jugador, así como de los procesos cognitivos que están en la base, no han tenido en consideración el contexto ni el ambiente; en otras palabras: las diferentes interrelaciones de los factores de soporte en los que esa participación muscular se hace sentir durante las respuestas de índole técnica o técnico-táctica del jugador. La elevación del rendimiento deportivo, tanto en el plano individual como en el colectivo, jamás podrá pasar por una decisión puramente analítica del problema, sino por un análisis y una operacionalidad multifactorial conceptualizando ejercicios de entrenamiento que potencian situaciones contextualmente análogas, condicionando diferentes niveles de complejidad (de mayor a menor) del problema que determinamos y queremos resolver. De otra forma, un análisis y una operacionalidad analítica no determinarán las interacciones factoriales que encierra cada problema en el ámbito competitivo protegiendo, consecuentemente, la situación que queremos hacer evolucionar. Sobre esta misma cuestión podrá reflexionarse cuando se verifique que un jugador, por ejemplo, falla consecutivamente muchas acciones técnico-tácticas de pase. Se piensa de inmediato que es preciso potenciar esta acción «aislando» al jugador «obligándole» a ejecutar varias repeticiones y ejercicios tanto de carácter individual como colectivo donde la acción de pase sea principal en relación con el todo o con otro repertorio de acciones técnico-tácticas inherentes al juego del fútbol. Además, nos olvidemos lo principal: en qué situaciones de entrenamiento o de partido se verifica efectivamente que la acción observada es ineficaz. Al elevarse el tiempo y el número de ejercicios de entrenamiento con carácter predominantemente técnico sin tener en cuenta los contextos del juego ni aquellos en los que el jugador falla en la acción considerada, es decir, en qué contextos se verifican los errores de ejecución, el único aspecto que se está potenciando es la pérdida de tiempo, que algunas veces resulta lo más negativo, y a desautomatizar un comportamiento de base con un determinado nivel de calidad. Complementariamente es importante sumar a estos aspectos el factor de la monotonía de los ejercicios y de los actores psicológicos negativos que sufre el jugador, quien cada vez se siente más frágil por la ineficacia de lo que podemos considerar como sus comportamientos subyacentes, es decir, la capacidad de ejecutar diferentes tipos de pase en distintas situaciones de juego, y sus comportamientos adyacentes o acciones unidas predominantemente a la acción de pase y a la de recepción del balón, a la conducción y al remate; ya no nos referimos a algunas acciones colectivas cuya realización está soportada fundamentalmente por este tipo de acción técnico-táctica (combinaciones o circulaciones tácticas).

CONTEXTUALIZAR SITUACIONES CON EL OBJETIVO DE POTENCIAR LA TOMA DE DECISIONES

Las nuevas y actuales exigencias del entrenamiento y de la competición necesitan tener en cuenta la forma específica con la que cada jugador actúa en las diferentes situaciones inherentes al juego del fútbol con el objetivo de optimizar su rendimiento. La toma de decisiones es un proceso complejo inherente a cualquier actividad de nuestra vida cotidiana, así como a la deportiva. En lo que se refiere a nuestro análisis, la naturaleza y la contextualización de la decisión dependen específicamente de la lógica interna de cada modalidad deportiva, que determina para su correcta ejecución un conjunto de exigencias, de control y de regulación del comportamiento motor del jugador. Naturalmente, la toma de decisiones supone una elección entre muchos otros actos motores posibles para la solución de una situación y determina de forma inexorable el pensamiento y la acción. Por ello, en la solución de cualquier situación-problema (en el entrenamiento o en la competición), sea más o menos compleja y dinámica la problemática que incluya, resulta inherente cierta incertidumbre que se deriva de las informaciones a las que el jugador tiene acceso a partir del contexto situacional, así como de los resultados que son evaluados de acuerdo con su nivel de riesgo, los estratégicos, los tácticos y los físicos. Interactuando con estos factores se encuentran igualmente las características de jugador, así como sus preferencias personales o las expectativas subjetivas que pueden influir en las decisiones. El aspecto fundamental en la toma de decisiones que distingue a los jugadores con experiencia consiste en: la repetición y similitud en la que los contextos-situaciones se suceden ante el jugador y la variabilidad en la toma de decisiones que va asumiendo en el transcurso del entrenamiento y la competición; en la cantidad de veces en las que las diferentes situaciones son vividas tanto en la ejecución de los ejercicios de entrenamiento como en las competiciones, creando éstas una serie de rutinas en el plano de la percepción/análisis y de la solución mental que permiten emplear más alternativas que facilitan la decisión y la solución motora, cada vez más adaptadas a las circunstancias contextuales de las situaciones, y en una mejor selección de las informaciones más pertinentes que desencadenarán patrones familiares de respuesta motora, que ya estarán controlados automáticamente. El éxito deportivo está condicionado esencialmente por la capacidad del jugador para asimilar la variabilidad del entorno y transformar la información disponible para realizar la acción. Por ello, la comprensión del fenómeno de la toma de decisiones pasa por la capacidad del jugador de integrar e interpretar la información, cuya garantía y validez son imperfectas. El jugador está limitado por sus recursos y procede de dos formas: sigue su intuición, es decir, usa la información de la forma que le es mas fácil (hasta la información más accesible deja una serie de incertidumbres y dudas); además, según Slovic (1982), las decisiones y los juicios por intuición de los individuos infringen muchos de los principios fundamentales del comportamiento correcto; o usa la información de la manera más lógica con el objetivo de optimizar su respuesta motora ante el problema. Además, importa preguntarse si el hombre pretende actuar de forma óptima o en un momento dado las decisiones resuelven mejor el problema que en otras. De esta forma se constata que todos los jugadores tienen un repertorio de reglas de decisión, denominadas «de eurística» (Svenson, 1979), que se desarrollaron a través de: las directrices del entrenador, la experiencia del propio jugador y los ejercicios de entrenamiento que presentan diferentes situaciones-problema análogas o similares a las que ocurren específicamente en la competición. Esta reglas de decisión aprendidas y perfeccionadas posibilitan soluciones satisfactorias con el objetivo de no perder demasiado tiempo y esfuerzo, pues se podrían realizar mejores elecciones, pero requerirían más tiempo y esfuerzo.

Profundizando en este aspecto vamos a considerar un ejemplo sintomático. Cuando se constató que la distancia total recorrida por un jugador de fútbol durante los 90 min variaba entre los 6 y los 11 km (dependiendo de la misión táctica dentro del sistema de juego del equipo), se creó en la mente de los entrenadores la imagen de que en el entrenamiento los jugadores recorrerían más o menos esta distancia al inicio de cada sesión y esta «parte física» quedaría de inmediato resulta. Más tarde, observando que esta distancia total se dividía en diferentes velocidades (intensidades), cambios de dirección, distancias parciales, etc., se elaboraron ejercicios de entrenamiento derivados del atletismo que contemplaban más o menos estos aspectos. Se olvidaron de que cuando en el fútbol se corre se hace después de percibir y analizar la situación de juego, encontrar una solución mental de la situación y después surge la respuesta técnico-táctica para que se solucione la situación de juego en la que se puede incluir o no la carrera como un elemento constituyente de esa misma respuesta. Esto significa que el jugador en una determinada situación momentánea del juego no corre sólo por el simple hecho de correr, sino con ideas y pensamientos cuyo ámbito está determinado por la dimensión estratégico-táctica de la situación. Esto significa que resulta fundamental precisar y centrar la construcción de los ejercicios de entrenamiento con la actividad de toma de decisiones de los jugadores y los procesos cognitivos que están sobre la base para ejecutar las acciones motoras más eficaces y más adaptadas a la situación. Es a partir del resultado de la respuesta motora del jugador cuando éste la analiza en función de su eficacia, lo que le permite interiorizarla en su memoria volviendo la experiencia significativa; más adelante será facilitadora de la solución de otras situaciones idénticas (por la participación de la conciencia) o servirá de base para la solución de una nueva situación momentánea del juego (por la utilización de un pensamiento productivo).

Podemos concluir que en el fútbol no gana quien es mas rápido, salta más alto o corre más, sino quien básicamente tiene la capacidad de reconocer en cada momento las variantes estructurales del juego y de anticipar el desarrollo de esos acontecimientos usando los procedimientos técnico-tácticos específicos adaptados a las situaciones momentáneas del juego, que son escogidos de entre un abanico más o menos grande de posibles opciones para ese caso y están soportados por las diferentes modalidades de la capacidad física (velocidad, fuerza y resistencia) en una correlación íntima (que no hay que confundir con separada). En esta dimensión, el juego del fútbol tiene una estructura multifactorial al formar una complejidad específica y pluridimensional; además, si partimos de su lógica interna, podemos analizar los factores fundamentales que se han de desarrollar en el entrenamiento y sobre cuáles están soportados de forma coherente y correlacionada. Invertir el orden de los factores en el entrenamiento es no respetar la lógica interna del juego que se quiere aprender, desarrollar o perfeccionar; es volver el proceso del entrenamiento arbitrario, como si se tratara de operaciones de multiplicación (8 × 4 ó 4 × 8 siempre tienen el mismo resultado), es perder el carácter inteligible de la relación consciente entre la competición, el entrenamiento y el jugador.

«El mejor técnico del mundo no es un entrenador internacional de gran éxito, pero sí el propio jugador. Observen el juego y les enseñará lo que deben hacer» (Cramer, 1987).

LA RELACIÓN ENTRE LA REALIDAD COMPETITIVA Y SU PROCESO DE ENTRENAMIENTO

Es fundamental no ignorar que los diferentes comportamientos motores ejecutados por los jugadores en las respuestas a los variados contextos situacionales que la competición encierra en sí misma están basados en el perfeccionamiento, durante el proceso de entrenamiento de forma particular e interactiva, en los complejos sistemas de orden cognitivo, nervioso, muscular, energético, etc., y todos constituyen al ser humano. De hecho, estos comportamientos (acciones motoras), producto final de conjugar todos los esquemas orgánicos, se deben observar e interpretar de forma inteligible. Más adelante nada puede resultar argumento más contundente que el hecho de que la construcción y aplicación de los ejercicios del entrenamiento respeten y reflejen esa inteligibilidad, sin la cual la práctica del entrenamiento buscando que sea un medio de preparación para la competición deportiva, por más horas que contemple, no tiene ningún sentido. Todos los entrenadores le dan importancia a que sus jugadores estén sometidos a una práctica variable, pero en el fondo parecen no entender claramente esta noción. La práctica variable en términos operativos significa variar las condiciones de la práctica, es decir, manipular de forma sistemática, coherente e inteligente los diferentes parámetros de la respuesta motora en función de un problema específico expuesto para cada ejercicio de entrenamiento. Se parte así del principio según el cual la estructuración de un contexto variable de las condiciones de la práctica contribuye a la construcción de los esquemas motores más genéricos, es decir, más adaptables y ajustables a las diferentes situaciones determinadas por los ejercicios de entrenamiento, que naturalmente deben reproducir de forma más o menos idéntica, o no, teniendo en cuenta los muchos problemas específicos planteados por la situación competitiva del juego del fútbol. De esta forma, manipulando las secuencias de las decisiones y de la práctica de un cierto número de comportamientos técnicos o técnico-tácticos similares en función de distintos contextos de aprendizaje, perfeccionamiento o desarrollo, se busca que unas interfieran con las otras.

No es de extrañar que las acciones motoras, especialmente las de carácter complejo, sólo sufran presiones adaptativas cuando son entrenadas en determinados contextos y circunstancias proporcionados por situaciones cuyos entornos están diversificados. Si analizamos las dos teorías que estudian estos hechos (la de la elaboración y la de la construcción), aunque son divergentes en la reflexión del fenómeno de la interferencia contextual, se basan sin embargo en términos explicativos en un proceso de naturaleza altamente cognitiva, es decir, la interferencia contextual que se deriva de la variabilidad de las condiciones de la práctica y que está mediatizada por variables cognitivas que se traducen en la práctica por: aumento de la capacidad del jugador para memorizar la información relacionada con la respuesta motora (refuerza la resistencia al olvido), incremento de la capacidad de discriminación de pequeñas y sutiles variaciones de la situación (identificación y retención de los índices pertinentes) y potenciamiento del efecto de la transferencia positiva por medio de la evocación de las experiencias anteriores (disminuyendo significativamente el tiempo de aprendizaje y perfeccionamiento de la respuesta motora). Malina (1993) se refiere relativamente al movimiento inteligente: «En una jugada de baloncesto se identifican los elementos estructurales de toda la actividad creativa: el invento de un proyecto, su desarrollo, las operaciones para realizarlo y los actos para evaluarlo. Y es la inteligencia la que posibilita la ejecución de esas capacidades».

Podemos profundizar gracias a un ejemplo práctico comparativo en lo que pretendemos mostrar. Si aplicamos un ejercicio pliométrico a los jugadores para el desarrollo de su rendimiento de la fuerza explosiva utilizando cierto número de repeticiones de saltos sobre vallas, el programa motor para su ejecución es de carácter «cerrado» al no existir la posibilidad de que esa «rutina motora» pueda emplear ajustes y reprogramaciones motoras «significativas» para ejecutar el ejercicio. Por el contrario, si usamos una situación específica de entrenamiento de 3 × 3 sobre dos porterías, el trabajo de fuerza explosiva podrá realizarse con constantes paradas y salidas con cambios de dirección y velocidad y mediante saltos para rematar de cabeza el balón. Al comparar los dos ejercicios previamente referidos, se observa que el segundo utiliza una programación motora completamente distinta y además especializada, teniendo en cuenta los diferentes aspectos que se derivan de la contextualización de la situación que determina distintos mecanismos de toma de decisiones y de ejecución. Este hecho objetiva la necesidad de constantes reprogramaciones motoras debido a las constantes alteraciones de esa situación. Además podría preguntarse cómo podemos garantizar que el segundo ejercicio cumpla los presupuestos científico-metodológicos del entrenamiento pliométrico. La respuesta está dada por las prescripciones (condiciones estructurales) establecidas para la realización del ejercicio. Por ejemplo: empleo de circulaciones tácticas estandarizadas que, debido a su eficacia, aumentaron las posibilidades de los centros y de los remates de cabeza del balón (incremento del número de saltos por jugador por unidad de tiempo); valoración solamente de los goles conseguidos con remates de cabeza con impulsión, y creación de condiciones de espacio y tiempo que potencian ciertos tipos de comportamiento técnico-práctico en detrimento de otros (disminución del número de toques de balón por intervención o restricción del número de pases de la fase ofensiva para que se pueda finalizar con remates de cabeza). ¡Seamos claros!, un ejercicio de entrenamiento que provoca interaccionar (en sus distintas proporciones según su lógica) los diferentes sistemas funcionales de los jugadores aproximándolos a la especificidad competitiva del juego del fútbol tiene un valor aumentado porque establece patrones de respuesta motora y un número de repeticiones que aumentan el rendimiento deportivo del jugador o del equipo. En este sentido, todos los procesos y sistemas de la persona que juega están en interacción, especialmente los de la recogida y el tratamiento de la información, la memoria, la atención selectiva y la anticipación, que se hallan permanentemente en uso en virtud de la variabilidad contextual del ejercicio. Por otro lado, el ejercicio de carácter «general» o «artificial», independientemente de los aspectos fisiológicos, musculares y del control de su ejecución, no tiene solicitaciones en el plano cognitivo ni un nexo de unión ni transferencia; además, se emplea mucho en la metodología práctica de antiguos paradigmas que nada tienen que ver con las necesidades del entrenamiento deportivo de la actualidad. Bajo esta perspectiva, si pretendemos verdaderamente establecer una relación significativa entre la lógica interna de cualquier especialidad deportiva, la del jugador y la del proceso de entrenamiento, debemos elaborar y construir modelos (simulaciones de la realidad constituidos por elementos específicos del fenómeno que se observa) de forma intencionada y susceptibles de volver inteligible un fenómeno complejo. La elaboración de modelos de entrenamiento implica la representación de algo que es semejante y consistente con la realidad y presenta como ventajas los siguientes aspectos: posibilidad de superar las dificultades inherentes a la organización jerárquica de los diferentes factores y contenidos específicos que se derivan de la lógica interna del juego del fútbol (separando lo fundamental de lo accesorio), posibilidad de un análisis operativo y una búsqueda del carácter provisional de cada factor o contenido preponderante en la estructura del rendimiento de esa modalidad deportiva (analizando las partes en función del todo, sin perder la posibilidad de analizar aisladamente cada factor del rendimiento) y posibilidad de creación de contextos más o menos complejos que se derivan de la estructura del proceso competitivo inherente al juego del fútbol pero conservando las informaciones, los contextos, las actitudes y los comportamientos sustanciales y significativos del juego (independientemente del nivel de complejidad del ejercicio de entrenamiento, éste nunca desvirtuará la lógica fundamental). Concluyendo, en la elaboración de cualquier programa de entrenamiento, sea para las sesiones, los microcliclos, los mesociclos o la periodización anual, se puede manifestar la objetividad cuando se crea una unidad correcta (célula) lógica de programación y estructuración del ejercicio de entrenamiento. Es con esta entidad y con sus diferentes facetas y en su acumulación a lo largo de cierto período de tiempo como se pueden alterar constante, consistente y significativamente las posibilidades del éxito del jugador o del equipo a corto, medio y largo plazo. La reflexión sobre el ejercicio de entrenamiento y su operacionalidad es tan satisfactoria como perturbadora y obliga por conciencia y necesidad profesional a dedicar racionalmente todo nuestro esfuerzo, tiempo y empeño en este problema temático que muchas veces parece estar resuelto pero que, sin embargo, otras parece estar al principio de un largo camino.

El ejercicio es un problema tan evidente dentro del contexto del proceso del entrenamiento que tal vez sea esa propia evidencia la que provoca una discrepancia significativa entre la importancia del tema y las reflexiones teóricotácticas que buscan analizarlo, así como los parámetros fundamentales que deberían ser manipulados para su correcta elaboración, compatibilizándolo con todas las variables y no variables inherentes a este proceso pedagógico. Por otro lado, podemos observar que existen pocos escritos y estudios sobre el ejercicio debido a su dificultad: por su fuerte determinismo, porque cuando está correctamente elaborado, aplicado y corregido potencia con claridad la riqueza humana mostrando los elevados rendimientos deportivos alcanzados, y por su volatilidad, porque cuántas veces al utilizar este o aquel ejercicio pensamos que sus efectos se dirigen a una acción con determinado sentido de la evolución del jugador y después de algunas sesiones o semanas de trabajo verificamos que sus mismos efectos se manifiestan ubicándolos en una dirección completamente opuesta a aquella que nosotros nos habíamos propuesto. La lógica funcional y relacional del ejercicio de entrenamiento es precaria e inestable y depende, por un lado, del nivel de la capacidad del jugador en el momento de su aplicación y, por otro, de los diferentes niveles de complejidad que estructuran cada plataforma evolutiva de perfeccionamiento o desarrollo de la lógica del juego del fútbol.

LA ORGANIZACIÓN DEL LIBRO

Este libro está organizado en cuatro partes fundamentales, 16 capítulos y 31 subcapítulos.

En la primera parte estudiaremos la organización sistémica del juego del fútbol, que se asienta en cinco vertientes fundamentales:

• Las fases del juego. Representan, bajo una perspectiva, el proceso ofensivo y defensivo en el cual cada jugador es totalmente solidario con todos sus compañeros y rival de todos sus adversarios. En este ámbito cada jugador en cada momento del juego busca romper el equilibrio existente y crear ventajas que le aseguren el éxito respetando las leyes del juego.

• La estructura del juego. En este ámbito el equipo debe ser analizado como un campo de fuerzas soportadas por los jugadores en el que cada uno es una línea de fuerza y todos actúan conjuntamente (cooperando) e interactuando sus esfuerzos para confrontarlos con los del otro equipo (el otro campo de fuerzas), que tiene objetivos diametralmente opuestos. Por ello, cada situación de juego que se sucede a cada momento se resuelve con el objetivo de perseguir los objetivos preestablecidos racionalizando continuamente el espacio de juego y las funciones (misiones) tácticas definidas para cada jugador.

• Los métodos de juego. Representan la coordinación general y la secuencia temporal de ejecución de los comportamientos técnico-prácticos de los jugadores en el proceso ofensivo y defensivo. Los métodos de juego buscan de esta forma determinar constantemente la creación de condiciones más ventajosas a nivel numérico, espacial y temporal con el objetivo básico de la coherencia de los procedimientos de los jugadores en el reparto sobre el terreno de juego, el orden y sus relaciones recíprocas, la orientación y la velocidad de ejecución de los comportamientos técnico-tácticos y la iniciativa que los equipos deben buscar ante el adversario independientemente de estar o no en posesión del balón.

• Los principios del juego. Establecen líneas orientadoras en virtud de las cuales los jugadores orientan y coordinan sus decisiones, actitudes y comportamientos con el objetivo de asegurar rápidamente la soluciones tácticas para cada situación de juego y para establecer un lenguaje común dentro del equipo para mejorar su funcionalidad.

• Los factores de juego. Representan los medios de base de la solución de las situaciones de juego. En este sentido, todos los jugadores deben tener un repertorio de respuestas motoras para resolver las diferentes y complejas situaciones momentáneas del juego y poder optar consciente y adaptadamente en función de los objetivos tácticos y estratégicos pretendidos.

En la segunda parte se analiza la unidad lógica de la estructuración y programación del entrenamiento del fútbol reflexionando sucesivamente sobre:

• Los fundamentos del ejercicio de entrenamiento, de los cuales se desarrollan las cuestiones inherentes a su definición, caracterización, naturaleza y estructura.

• Las lógicas estructurales del ejercicio de entrenamiento, dentro de las cuales se analizan los aspectos de la adaptación funcional del jugador creada por las componentes y las condicionantes estructurales del ejercicio de entrenamiento.

• Los principios de aplicación del ejercicio de entrenamiento, que tienen por objetivo dirigir, orientar, adaptar y controlar la globalidad de la actividad de los jugadores y de los equipos para conferirles mayor eficacia y eficiencia. En este ámbito presentamos principios de carácter biológico, metodológico y pedagógico.

• Las bases de la eficacia del ejercicio de entrenamiento, que abarcan la concepción fundamental determinada por la capacidad momentánea del jugador o del equipo y la lógica interna del juego del fútbol, en la representación en la que se establecen los objetivos y la forma de concretarlos, la práctica/repetición donde son creadas las condiciones más favorables para alcanzar los objetivos pretendidos y su corrección con el fin de evitar la consolidación de hábitos motores inadecuados a los objetivos buscados y que posteriormente serían de difícil modificación.

La tercera parte se dedica a la concepción y organización práctica de los ejercicios de entrenamiento estableciendo una taxonomía que presenta tres niveles fundamentales.

• Los ejercicios de preparación general, que son conceptualizados sin tener en cuenta los contextos situacionales ni los condicionantes estructurales en los que se realiza la competición.

• Los ejercicios generales de preparación específica, que manipulan los condicionantes estructurales, como espacio, número, tiempo, reglamento, etc., con el objetivo de crear condiciones favorables para potenciar la relación del jugador con el balón y un número restringido de compañeros y adversarios con los que se relaciona, que irán progresivamente aumentando hasta un número establecido por el reglamento de la especialidad y por la capacidad de rendimiento de los jugadores. En este ámbito conceptualizamos ejercicios de tipo técnico, lúdico y recreativos; de perfeccionamiento de la acción de control/pase y conducción, y para el mantenimiento de la posesión del balón.

• Los ejercicios específicos, que se constituyen como el eje central del entrenamiento de los jugadores y que tienen siempre presentes las condiciones estructurales en las que las diferentes situaciones de juego se desarrollan. En este ámbito conceptualizamos los ejercicios como de finalización en condiciones favorables de espacio, tiempo y número de jugadores; de circulaciones tácticas a partir de diferentes estructuras de juego; para potenciar misiones tácticas específicas dentro de la organización del equipo, y para potenciar la situaciones fijas de juego.

En una cuarta parte desarrollamos los aspectos más importantes para la orientación y preparación de los equipos para la competición, que se expresan en una planificación que analiza, define y sistematiza los diferentes aspectos y las operaciones inherentes a la construcción y al desarrollo de un equipo, organizándolas en función de finalidades, objetivos y previsiones y escogiendo las decisiones que buscan el máximo de eficacia y funcionalidad. En este ámbito analizamos cuatro cuestiones fundamentales.

• La planificación conceptual, que está definida por el establecimiento de un conjunto de líneas generales y específicas que buscan direccional, orientar y fortalecer la relación del equipo en un futuro próximo, según una conceptualización de modelo de juego.

• La planificación estratégica, en la cual se elaboran planes de intervención que se traducen en modificaciones puntuales y temporales de la expresión táctica de base del equipo en función de los conocimientos y del estudio de las condiciones objetivas sobre las cuales se realizará la futura competición deportiva.

• La planificación táctica, que utiliza de forma racional y oportuna durante el juego las cualidades individuales y colectivas de los jugadores que constituyen el equipo coordinándolos unitariamente con el objetivo de concretar los objetivos preestablecidos.

• La planificación del microciclo semanal y de la sesión de entrenamiento, analizando la duración, forma, estructura, tipos y las operaciones para su elaboración.

PARTE 1

ORGANIZACIÓN SISTÉMICA DEL JUEGO DEL FÚTBOL


El fútbol es un juego deportivo colectivo cuyos intervinientes (jugadores) están agrupados en dos equipos en una relación de adversidad/rivalidad deportiva en una lucha incesante por la conquista de la posesión del balón (respetando las leyes del juego) con el objetivo de introducirlo el mayor número de veces en la portería adversaria y evitar que entre en la propia para obtener la victoria. Para ello el fútbol posee una dinámica propia, un contenido esencial de juego, moldeado por sus leyes y reglamentos, que da origen a determinados comportamientos y actitudes técnicotácticos. Concretamente, es el juego el que determina el perfil de las exigencias impuestas a los jugadores, originándose de está forma un cuadro experimental específico. Esto resulta válido tanto para las acciones motoras en sí y su consiguiente rendimiento como para los requerimientos psíquicos y su exteriorización en términos de respuestas. La naturaleza del juego del fútbol está fundamentada en su carácter «lúdico, agonístico y de proceso, en el que los 11 jugadores que constituyen ambos equipos se encuentran en una relación de adversidad no hostil denominada “rivalidad deportiva”» (Teodorescu, 1983). Los equipos en enfrentamiento directo formal son dos entidades colectivas que planifican y coordinan sus acciones para actuar unos contra otros y cuyos comportamientos están determinados por las relaciones antagónicas de ataque/defensa. Se representa así bajo esta perspectiva una forma de actividad social con diferentes manifestaciones específicas y cuyo contenido consta de acciones e interacciones. La cooperación entre los distintos elementos se efectúa en condiciones de lucha con adversarios (oposición), quienes a su vez coordinan sus acciones con el objetivo de desorganizar dicha cooperación.

LA FINALIDAD DEL JUEGO DEL FÚTBOL

El juego del fútbol es un deporte colectivo que opone dos equipos formados por 11 jugadores en un espacio claramente definido en una lucha incesante por la conquista del balón con la finalidad (objetivo) de introducirlo el mayor número de veces posible en la portería contraria (marcar gol) y evitar que entre en la propia (evitar el gol). En este sentido, desde el momento en que el árbitro manda iniciar el partido, observamos que los elementos de los dos equipos realizan sobre el espacio de juego un conjunto de acciones individuales y colectivas (dentro de los límites de las leyes del juego) para alcanzar la victoria. Además, el equipo que tiene la posesión del balón ejecuta acciones individuales y colectivas ofensivas que le permiten no perder la posesión del balón y que buscan marcar gol, mientras que el equipo que no tiene el balón ejecuta acciones individuales y colectivas defensivas y busca evitar la progresión del equipo contrario y también sufrir el gol, intentando simultáneamente la recuperación de la posesión del balón para poder tomar la iniciativa en el juego. Es esta referida realidad o finalidad (la victoria) la que se asume como valor fundamental y se reparte entre todos los elementos que forman el equipo, estableciéndose bajo esta situación la cooperación, consciente y deliberada, contra las acciones adversas, conscientes y deliberadas, por parte de los miembros del equipo adversario. Este hecho relacional de cooperación (entre los jugadores del mismo equipo) y de oposición (con los elementos del equipo adversario) fomenta y promueve un conjunto de convicciones, que en última instancia construyen el motor íntimo de coherencia interna de un equipo, determinando igualmente los valores normativos que orientan los comportamientos técnico-prácticos que responden a los problemas que la situaciones de juego encierran en sí. Resumiendo, la formación y organización del equipo de fútbol pasa inevitablemente por el siguiente objetivo: marcar gol en la portería contraria y evitarlo en la propia, pues sólo así se puede alcanzar la victoria. Esta premisa, que habitualmente no se menciona por su clara evidencia, es la que condiciona todo el trabajo colectivo. Además, todos los esfuerzos individuales y colectivos se dirigen a la persecución de esta finalidad intrínseca del juego, buscando alcanzarla el mayor número de veces pero independientemente del contexto competitivo. En la práctica, sin embargo, podemos observar otras dos finalidades relativas a los equipos cuando se enfrentan (la competición).


• La finalidad del juego y la finalidad del equipo

Aunque la finalidad del juego sea conseguir meter gol el mayor número de veces posible o, como mínimo, más veces que el adversario para lograr la victoria, existen muchas ocasiones tanto antes del propio partido como en muchos momentos durante el mismo en las cuales las finalidades del equipo no coinciden con la del propio juego. Esto significa que, en función de las estrategias diseñadas para el partido (por ejemplo, el equipo adversario tiene una organización demasiado eficaz y por ello, debido a la organización del torneo o campeonato, es absolutamente necesario ganar el partido) o de la táctica que se desarrolla durante el partido (por ejemplo, falta poco tiempo para que termine el partido y el equipo con resultado desfavorable en el juego –y que puede estar ganando en el cómputo general de la eliminatoria– busca mantener la posesión del balón para romper el ritmo del adversario, intentando así dejar pasar el tiempo, evitar que los adversarios consigan la posesión del balón, etc.), el equipo establece otras finalidades, otros objetivos táctico-estratégicos, para los que concurren los comportamientos y las acciones de sus elementos en el juego. Bajo estas circunstancias, cada jugador del equipo se adhiere a una visión común establecida: en el plano estratégico (preestablecido y desarrollado durante el período de preparación que antecede a la competición); en el plano de la acción táctica (en el que se hace un balance permanente entre los condicionantes de la respuesta a los contextos situacionales y a la estrategia preestablecida para ese partido), y en la comprensión y ejecución de sus funciones tácticas (generales y específicas) respecto a la posición que ocupa en el seno de su equipo y a las relaciones e interrelaciones que establece con sus compañeros y adversarios. La aparente simplicidad de la finalidad del juego del fútbol (marcar gol y evitar que lo marquen) contienen en sí un amplio complejo de variables de dominio técnico, táctico, físico, psicológico y social que se interrelacionan y condicionan mutuamente. Esto se complica aún más por la mezcla y las opciones de la aplicación de las concepciones estratégicas preestablecidas y/o a través de la aplicación de medidas tácticas especiales, fruto de modificaciones, previstas o no, que ocurren a lo largo de un partido. Además, durante el partido de fútbol nada es definitivo; nada está establecido para siempre. La consecuencia de determinada situación de juego, la pérdida de la posesión del balón, la interceptación de un pase o incluso los efectos positivos o negativos se producen durante un determinado tiempo y pueden ser inmediatamente «compensados» en la acción defensiva ofensiva siguiente. Esta realidad provoca una inseguridad constante en los jugadores, los cuales evidencian una preocupación y una tensión permanentes que sólo terminan después del pitido final del árbitro cuando acaba el partido. Resumiendo, cualquier concepción organizacional dinámica de un equipo de fútbol, en la preparación y en el desarrollo de la competición contra un equipo adversario específico, debe basarse en un conjunto de convicciones, representaciones y finalidades a través de las cuales los jugadores aceptan, desarrollan y evolucionan su proyecto individual y lo integran en uno colectivo. La construcción de ese aspecto fundamental de la organización del equipo y que es su finalidad (objetivo) está soportada sobre tres vertientes esenciales:


1. El plano conceptual, que se expresa en el modelo de juego, instituido por el entrenador en función de su concepción del juego y de las particularidades y especificidades de los elementos que constituyen el equipo.

2. El plano estratégico, considerando el modelo de juego de base del equipo: se realizan un conjunto de alteraciones funcionales de éste buscando potenciar y aprovechar los aspectos menos eficaces y dañar con la mayor eficacia la organización del equipo adversario.

3. El plano táctico, que se basa en el plano conceptual y estratégico y establece las decisiones operativas necesarias para la solución de las situaciones de juego y la concreción de los objetivos planificados.

• La finalidad divergente entre los equipos que compiten

En cada instante del partido las circunstancias de cada momento no son semejantes para cada uno de los dos equipos que compiten, y además no permanecerán mucho tiempo como tales. Con el tiempo se producen alteraciones y estas secuencias cambiantes provocan que en cada instante presente existan situaciones más favorables para un equipo que para el otro. En consecuencia, no pueden tener los dos equipos simultáneamente el mismo objetivo táctico y, también debido a esto, los mismos comportamientos y actitudes técnico-tácticos. Esta exclusión mutua de los mismos objetivos en el mismo momento para los dos equipos refleja la condición sine qua non que la define y condiciona, pues a cada ventaja para un equipo le corresponde una desventaja equivalente para el otro en el transcurso del juego. En este sentido, en términos técnicos de la teoría de los juegos, el duelo consustancia una situación de enfrentamiento que opone a los adversarios, cuyos intereses son diametralmente opuestos, es decir, de «suma cero» (nula). Esta expresión indica que la suma algebraica del «saldo» de los dos protagonistas es igual a cero y lo que uno gana (la ventaja) corresponde a una pérdida (desventaja) simétrica del otro. En este ámbito, debemos antender al hecho de que los diferentes elementos de carácter estratégico y táctico utilizados de una manera más o menos correcta, adaptada y eficaz por uno de los equipos en la competición pueden simular perfectamente ambientes y condiciones de la competición, que a ojos de un observador inexperto le pueda parecer que la ventaja del juego esté tendiendo hacia uno de los dos equipos. Sin embargo, después de un análisis más profundo podemos llegar a la conclusión de que esa pretendida ventaja se desprende «solamente» del resultado de la aplicación de una estrategia adaptada a esas circunstancias, que crean condiciones favorables para la concreción en el plano del juego establecido. Este hecho podrá ser proporcionado por la estrategia del equipo, que, al dar «toda» la iniciativa al adversario con el objetivo de aprovecharse de los posibles desequilibrios defensivos de ahí desprendidos, tanto en el plano estructural (sistema de juego) como en el mental (concentración y atención), posibilita la concreción de contraataques o de ataques rápidos en condiciones ventajosas en términos espaciales (ataques a zonas vitales de juego), de tiempo y de número (situaciones aisladas de atacante contra defensas –1 × 1– o de superioridad –2 × 1–).


Capítulo 1
FASES DEL JUEGO


La mayoría de autores buscan una teoría del contenido de los juegos deportivos colectivos que privilegie básicamente un modelo de organización dualista. De forma irreversible, el jugador es totalmente solidario con todos sus compañeros de equipo y totalmente rival de todos sus adversarios. Esta oposición crucial en dos bloques antagonistas es reseñada por la unidad de tiempo, espacio y la acción. De hecho, el término «organización dualista» define en general un sistema en el que los miembros del juego están divididos en dos grupos que poseen límites rigurosamente fijos, en el interior de los cuales se mantienen relaciones complejas de cooperación y diversas formas de rivalidad (deportiva) con el equipo adversario.


Más allá de este punto referencial de base, la organización dualista establece igualmente, en un segundo momento, un cuadro de lucha permanente por la posesión del balón que conjuga dos fases fundamentales de juego: el ataque (proceso ofensivo), determinado por la posesión del balón, y la defensa (proceso defensivo). De hecho, el elemento material fundamental del juego en el cambio de las elecciones y de los objetivos tácticos momentáneos de cada equipo es el balón. Así, se constituye «como el eje a partir del cual se puede alcanzar un número infinito de relaciones abstractas… suscitando las relaciones interpersonales y la lucha entre los dos equipos» (Menaut, 1983), dotando a los sucesivos poseedores de responsabilidades específicas. Bajo estas circunstancias, el juego del fútbol evidencia dos procesos perfectamente distintos que reflejan clara y fundamentalmente diferentes conceptos, objetivos, principios, actitudes y comportamientos técnico-tácticos, que están determinados por la condición «poseer o no el balón» (proceso ofensivo y proceso defensivo, respectivamente). Sin embargo, estos dos procesos, aunque están elaborados sobre una verdadera oposición lógica, en el fondo son el complemento de otro, es decir: cada uno está fundamentalmente implicado en el otro. De hecho, en nuestro análisis estructural del contenido del juego del fútbol reconocemos interinamente que la totalidad de un proceso está en la totalidad del otro. Esto significa, en otras palabras, que la identificación, definición y clasificación de un nuevo elemento perteneciente a uno de esos procesos lanzará siempre sobre el otro una luz suficiente para identificar el elemento que se halla directamente en oposición. Según Teodorescu (1984), «el contenido técnico o táctico del juego se desarrolla en un cuadro antagónico de dos fases fundamentales de ataque y defensa, que se manifiesta tanto individualmente (lucha entre el atacante y el defensa) como colectivamente (lucha entre el ataque y la defensa). Cada elemento del juego (ataque o defensa) intenta romper el equilibrio existente (teóricamente) y crear ventajas que le aseguren el éxito». Para alcanzar este objetivo, comenta el mismo autor (1984), «es necesario encontrar procedimientos técnicos específicos, para el ataque y para la defensa, así como una forma más eficaz de utilizarlos y valorarlos y que conduzca claramente a su organización-estructuración (lo que presupone el desarrollo y la coordinación racional de las acciones), bajo la forma de acciones individuales y colectivas»… «para desarrollar el juego es, por lo tanto, necesario establecer principios, reglas, formas, así como otros elementos, a través de los cuales se asegure el éxito, tanto en el ataque como en la defensa». «El espacio crucial del juego es el hecho de tener o no la posesión del balón. El equipo que tiene la posesión del balón ataca; cuando no tiene la posesión del balón, defiende. En este contexto, sea cual sea la posición del jugador dentro del equipo, será siempre un potencial atacante o defensa cuando su equipo tiene o no la posesión del balón.» (Hughes, 1990) Además, resulta igualmente un lugar de contrastes, comenta el mismo autor (1973): «Un jugador, cuando aprende a presionar a los adversarios, debe igualmente saber cómo aliviar la presión cuando su equipo tiene la posesión del balón. Ésta es la base del juego y su principal atracción». Desde esta visión dualista del juego, podemos subdividirla en dos fases fundamentales: el proceso ofensivo –ataque– y el defensivo –defensa–.



1.1. PROCESO OFENSIVO


Sólo el proceso ofensivo contiene en sí una orientación positiva o, en otras palabras, un fin positivo, pues únicamente a través de éste el juego puede tener una conclusión lógica: el gol. En pro de este objetivo, los jugadores de los dos equipos, cuando poseen el balón, dirigen sus intenciones y acciones. Esta aceptación no impide que en algunos partidos haya períodos de juego que resalten a los ojos de cualquier observador imparcial porque uno o los dos equipos en confrontación, estando en posesión del balón, no parezcan dispuestos a realizar ninguna cosa positiva, es decir, concretar el objetivo del juego, el gol. Se produce de esta forma un «estado de equilibrio», que comprende un conjunto de contingencias y de intereses tácticos de equipo que no son convergentes con los objetivos tácticos del juego porque, cuando dos objetivos no forman parte uno del otro, se excluyen mutuamente y la acción utilizada para alcanzar uno no puede servir para lograr el otro. Sin embargo, este «estado de equilibrio» no acarrea la suspensión temporal de las actitudes y de los comportamientos de los jugadores del equipo en posesión o sin la posesión del balón, pues la primera continúa aprovechándose de las ventajas inherentes al proceso ofensivo, a la iniciativa y a la sorpresa. Así, de un momento a otro, una situación que «parecía» no tener ningún fin positivo se puede transformar en el mismo fin.

CONCEPTO

El proceso ofensivo representa una de las dos fases fundamentales del juego del fútbol; está objetivamente determinado «por el equipo que se encuentra en posesión del balón, con el objetivo de conseguir gol, sin cometer infracciones de las leyes del juego». Cuando determinado equipo está en posesión del balón, además de poder concretar el objetivo del juego –el gol–, puede igualmente:

1. Controlar el ritmo específico del juego porque, en función de la estrategia concebida para ese partido, del resultado (numérico) momentáneo y de las circunstancias del momento, podrá desarrollar acciones técnico-tácticas que aceleren o disminuyan ese ritmo.

2. Crear condiciones con el objetivo de sorprender al equipo adversario por medio de cambios continuos de orientación de las acciones técnico-tácticas y realizar una ocupación racional del espacio de juego dependiendo de los objetivos tácticos del equipo.

3. Obligar a los adversarios a pasar largos períodos sin la posesión del balón, llevándoles a una crisis de raciocinio táctico y, consecuentemente, a expresar las respuestas tácticas incorrectas en función de los contextos situacionales del juego.

4. Concretar la recuperación física de los compañeros con el menor riesgo que, debido a pequeños choques con el adversario o por un elevado rendimiento para la recuperación de la posesión del balón, no se encuentren en las mejores condiciones para participar de inmediato en el proceso ofensivo del equipo.

OBJETIVOS

La posesión del balón no es un fin en sí y se vuelve utópica si no se considera conscientemente el primer paso indispensable en el proceso ofensivo y condición sine qua non para la concreción de los objetivos fundamentales:

• Progresión/finalización

Inmediatamente después de recuperar la posesión del balón, el objetivo fundamental del equipo consiste en progresar en dirección a la portería contraria, de forma rápida y eficaz, evitando al máximo las interrupciones en este proceso. La maximización de este objetivo conlleva:

1. Continua inestabilidad del equipo adversario desequilibrándolo en su organización defensiva y creando constantemente las condiciones más favorables en términos espaciales, temporales y numéricos para la resolución táctica de los contextos situacionales del juego.

2. Orientación de todas o de la mayoría de las acciones técnico-tácticas individuales y colectivas que realizan los jugadores en el proceso ofensivo en dirección a la portería contraria.

3. Creación de las condiciones de juego más propicias cuando, estando cerca de la portería adversaria, se pretende la culminación positiva de la acción ofensiva a través de acciones individuales que soportan la fase de finalización (desmarque-remate) con el objetivo de obtener el gol. Perseguir continuamente este objetivo venciendo la resistencia organizada del adversario supone la tarea más importante de todos los jugadores de los dos equipos y se debe tratar de cumplir con la mayor frecuencia posible.


• Mantenimiento de la posesión del balón

La concreción de este objetivo significa evitar el riesgo irracional presente en algunos jugadores que, en diferentes circunstancias del juego, pierden de forma irresponsable la posesión del balón, cuestionando con ello todo el esfuerzo colectivo que determinó su recuperación, así como todos los procedimientos de carácter ofensivo ejecutados hasta ese momento. «Si las acciones individuales o las circulaciones tácticas utilizadas en la construcción y creación de situaciones de finalización no se concretan, se recomienda que se reinicien y no se transformen en una lotería.» (Teodorescu, 1984.) En función de un conjunto de circunstancias inherentes al propio juego, independientemente de la dimensión estratégica y de las tácticas del equipo para ese partido, la resolución de los diferentes contextos situacionales debe prever la imposibilidad temporal de progresar o de atacar la portería adversaria en condiciones que posibiliten un éxito mínimo de las acciones técnicas y tácticas de los jugadores. En este sentido, habiendo o no percibido esas condiciones mínimas, los jugadores deben mantener la posesión del balón con el objetivo de temporizar el proceso ofensivo hasta que esas condiciones existan. Por ello, la maximización de este objetivo presupone:

1. La necesidad de resolver los diferentes contextos situacionales evaluándolos en función del binomio riesgo/seguridad. En este caso, el jugador en posesión del balón tendrá que percibir y evaluar pronosticando de forma realista cuándo hay ventajas e inconvenientes para los objetivos tácticos de su equipo y para la ejecución de este o de aquel comportamiento. Por esto, dentro de un amplio abanico de opciones, es preferible una acción técnicotáctica «de más» antes que otra que entregue el balón al adversario. Una determinada acción técnico-táctica puede no constituir la solución más adecuada para una situación dada del juego, pero permite al equipo mantener la posesión del balón, que es siempre un aspecto positivo.

2. Sentido táctico de los jugadores de que en ciertas situaciones de juego tienen que romper el ritmo de juego del adversario imprimiendo otro más conveniente a su propio equipo o creando una falsa noción de ritmo que proporcione una acentuación de la iniciativa del ataque.

3. Mantenimiento de la iniciativa del juego con el objeto de sorprender a los adversarios y cansarles físicamente obligándoles a jugar bajo una gran presión psicológica y, por último, creando condiciones para que se establezca una crisis de raciocinio táctico.


VENTAJAS-INCONVENIENTES

La iniciativa y la sorpresa creadas por las acciones ofensivas, cuyo riesgo puede terminar en la concreción del gol, constituyen las grandes ventajas del ataque, que se derivan del proceso ofensivo, donde se utiliza mayor movilidad por parte de los jugadores (pudiendo rodear y envolver) en relación con las posiciones más o menos fijas y concentradas de los defensas. En contrapartida, el inconveniente del proceso ofensivo lo constituyen las dificultades presentadas por la ejecución de las acciones técnico-tácticas específicas con el balón que sugieren la necesidad de su protección y conservación contra las acciones agresivas del marcaje de los adversarios.

ETAPAS

Antes de analizar individualmente las diferentes etapas del proceso ofensivo es importante resaltar estos dos aspectos fundamentales:

1. El proceso ofensivo se inicia antes de la recuperación de la posesión del balón. En este sentido, los jugadores que no intervienen directamente en la fase defensiva de su equipo deben prepararse mentalmente para la acción ofensiva en la búsqueda de espacios libres que puedan emplearse para el desarrollo del ataque y obligar a sus adversarios directos a preocuparse más por la defensa de su propia portería que por el ataque a la contraria.

2. Durante el proceso ofensivo. Independientemente de la etapa ofensiva de este proceso y del nivel organizacional del sistema defensivo adversario, dos aspectos asumen fundamental importancia:

A. Los desplazamientos de los jugadores sin balón, cuya intención táctica es la de crear las situaciones que contribuyen constantemente a proporcionar el mejor apoyo al compañero que posee el balón aumentado las posibilidades de resolución de la situación táctica con el máximo de eficacia y la creación de desequilibrios puntuales y temporales en la organización defensiva adversaria.

B. Los jugadores que poseen el balón, que deberán tener visión, lectura y análisis correctos de las situaciones tácticas del juego para jugar rápidamente buscado aprovechar los movimientos de los compañeros mejor colocados, es decir, en los espacios más peligrosos para el equipo adversario, y asegurar la posesión del balón esperando el momento más favorable para la solución táctica escogiendo, decidiendo y ejecutando la acción técnico-táctica más apropiada (y no la más fácil).


En un análisis estructural del juego del fútbol podemos establecer tres etapas fundamentales en el proceso ofensivo: la construcción, la creación y la finalización.

• La construcción del proceso ofensivo

Busca asegurar, en un último análisis, el desplazamiento del balón de la zona y la recuperación hacia las áreas vitales del terreno de juego. Esta etapa presenta las siguientes características esenciales:

1. Es la fase del ataque más fácil y frecuentemente observable y utiliza igualmente el mayor tiempo para su concreción.

2. Consta de circulaciones, combinaciones y acciones tácticas individuales y colectivas que buscan la progresión del balón hacia las zonas propicias para la finalización.

3. La circulación del balón por los diferentes jugadores se realiza de forma continua, fluida y eficaz, evitando al máximo su interrupción (pérdida de la posesión del balón).

4. Se busca crear continua o puntualmente situaciones de inestabilidad y consecuentemente desequilibrios en la organización defensiva adversaria.


• La creación de situaciones de finalización

Es la etapa del proceso ofensivo que busca fundamentalmente asegurar en las zonas predominantes de finalización los presupuestos más ventajosos para la concreción inmediata del objetivo del juego. Esta etapa presenta las siguientes características esenciales:

1. Se culminan las combinaciones «más ricas» desde el punto de vista táctico (binomio espacio-tiempo) porque sólo así es posible provocar las rupturas necesarias para implementar la siguiente fase, de finalización.

2. Se concentra en un espacio de juego donde se encuentran un gran número de jugadores, esencialmente con actitud defensiva, y que requiere por parte de los atacantes mayores riesgo y eficacia en la ejecución de las acciones técnico-tácticas individuales y colectivas con el objetivo de desorganizar el proceso defensivo en determinados espacios vitales del juego y ángulos de la portería.

3. Es fundamental que se observen acciones que exijan gran movilidad y flexibilidad de la organización en el ataque del equipo para crear, explorar y ocupar los espacios vitales de juego.

4. Se buscan y provocan situaciones de juego que llevan a los defensas a fallar y a cometer infracciones de las reglas del juego. En función de su gravedad, existe siempre la posibilidad del equipo atacante de tener tiempo suficiente para reorganizarse alrededor de esas situaciones de balón parado (libre directo e indirecto, córners, penalti y saques de banda) para crear condiciones ventajosas para la obtención del gol. Estas soluciones estereotipadas, estudiadas y entrenadas a partir de las fases fijas de juego (esquemas tácticos) son las situaciones tácticas que contribuyen con mayor preponderancia a la consecución del gol. En el caso de dos equipos en confrontación directa que presentan niveles de rendimiento similar, estas situaciones tácticas constituyen el factor «desequilibrador» que repercutirá en el resultado final del partido.

• La finalización

Esta fase del proceso ofensivo está objetivada por la acción técnico-táctica individual (remate) que culmina todo el trabajo del equipo en la búsqueda de la consecución del gol. Esta etapa presenta las siguientes características esenciales:

1. Se desarrolla en una zona restringida del terreno de juego, donde la presión de los adversarios es elevada y el espacio está disminuido.

2. Las condiciones de ejecución técnico-tácticas exigen una precisión y un ritmo elevado donde la espontaneidad, determinación y creatividad son los componentes más evidentes de esta fase del ataque.

3. La responsabilidad del jugador que desarrolla esta fase del juego reside en tener que valorar individualmente aquello que fue construido a través del esfuerzo colectivo.


1.2. PROCESO DEFENSIVO


El proceso defensivo contiene en sí una acción negativa porque el equipo no puede concretar el objetivo del juego. Por ello este proceso debe encararse como un recurso y abandonarse rápidamente cuando se recupera la posesión del balón. Al conquistar una ventaja importante, el proceso defensivo ya desempeñó su papel y se tiene que desarrollar el ataque para proteger esa ventaja; el paso rápido al ataque es el momento más brillante del proceso defensivo. En este sentido, las probabilidades de la acción ofensiva culminan en la finalización, dependiendo en gran medida de las circunstancias en las que ocurrió la recuperación de la posesión del balón.

CONCEPTO

El proceso defensivo representa una de las dos fases fundamentales del juego del fútbol, donde un equipo lucha para conquistar la posesión del balón con el objetivo de efectuar acciones ofensivas sin cometer faltas ni permitir que el equipo adversario obtenga el gol (Teodorescu, 1984). La fase defensiva está basada en las acciones del marcaje y, en última instancia, se traduce en la presencia física del defensa sobre el atacante, buscando realizar todas las acciones para neutralizarle en cualquier momento del juego empleando los medios legales (incluyendo naturalmente el contacto físico). En estas circunstancias las acciones de marcaje que expresan la oposición del conjunto de los defensas por medio de los comportamientos técnico-tácticos individuales y colectivos buscan esencialmente la anulación y cobertura de los adversarios y de los espacios libres, lo que se concreta con el cumplimiento de los objetivos fundamentales de la defensa, en definitiva, con la recuperación de la posesión del balón (quitándole la iniciativa al adversario) y la defensa de la portería (impedir la finalización).

OBJETIVOS

El objetivo básico de la defensa es restringir el tiempo y el espacio disponibles a los atacantes manteniéndoles bajo presión y negándoles la posibilidad de progresar en el terreno de juego. Todos los jugadores, independientemente de su posición, deberán presionar lo más rápidamente posible a sus adversarios. Manteniendo la concentración en el juego y la presión sobre los atacantes, los defensas establecen de esta forma el primer paso para la recuperación del balón. Los objetivos fundamentales del proceso defensivo son: recuperación de la posesión del balón y defensa de la portería.

• La recuperación de la posesión del balón

Este objetivo de la fase defensiva de juego se estructura a través de dos puntos:

1. Una actitud fundamental. Al no ser posible atacar la portería contraria cuando el equipo no se encuentra en posesión del balón, se debe «atacar el balón» con el objetivo de recuperarlo o de retardar el proceso ofensivo del adversario. En este sentido, se observan dos tipos de actitudes en lo que concierne a la recuperación de la posesión del balón:

A. Los jugadores del equipo en fase defensiva desarrollan una serie de comportamientos técnico-tácticos fundamentados en una fuerte actitud por la conquista del balón (característica de los equipos de alto rendimiento).

B. Los jugadores del equipo en fase defensiva se limitan a esperar a que el equipo adversario pierda la posesión del balón esencialmente por errores propios.


2. Los comportamientos técnico-tácticos. Se caracterizan por la búsqueda del desarme, lo más rápidamente posible, de los adversarios en fase de posesión del balón. En este sentido, el intento de la defensa de quitar la iniciativa al ataque adversario puede ser consecuencia de:

A. Comportamientos técnico-tácticos defensivos (se trata de la causa que más veces se observa en los partidos en los que intervienen equipos de alto rendimiento).

B. Errores en la protección y conservación del balón e infracciones de las reglas del juego por parte de los atacantes debido esencialmente a la insuficiente preparación técnico-táctica del equipo.

• La defensa de la portería

La imposibilidad de recuperar de inmediato la posesión del balón y parar la progresión del proceso ofensivo del adversario deriva de uno de estos dos factores:

1. La capacidad del equipo para traspasar los diferentes y variados problemas (obstáculos) que están siendo presentados de forma sucesiva.

2. La incapacidad organizativa momentánea del equipo para plantar cara a los diferentes y variados problemas presentados por las situaciones de juego creadas en el proceso ofensivo.


El equipo en fase defensiva, en función de los aspectos referidos anteriormente, ha de dar inmediata prioridad a la defensa de su propia portería. No respetar este objetivo puede comprometer el resultado del partido, es decir, la victoria. En otras palabras: los errores cometidos en el proceso defensivo se saldan habitualmente sufriendo goles al no consolidar de esta forma el éxito de su propio ataque. El cumplimiento de este objetivo por parte de los jugadores es fácilmente observable en las zonas predominantes de finalización (a 20 ó 25 m de la portería), por lo que se verifica la mayor concentración de jugadores para defender mejor la portería. Finalmente, tal como hemos referido para el proceso ofensivo, el respeto de estos objetivos presupone que la organización del dispositivo defensivo determine la división de las tareas y funciones individuales, su organización por sectores y las reglas específicas de colaboración entre los jugadores y entre los sectores del equipo.

VENTAJAS-INCONVENIENTES

Las ventajas del proceso defensivo son: una mayor simplicidad de las acciones técnico-tácticas sin balón, el gran número de procesos que permiten la recuperación de la posesión del balón y la ubicación concentrada de los jugadores en un espacio de juego para establecer mejor colaboración y ayuda entre los jugadores. En contrapartida, la sorpresa creada por las acciones ofensivas y el riesgo que se deriva de ellas a poder terminar en gol reflejan las desventajas del proceso defensivo.

ETAPAS

El proceso defensivo se inicia antes de la pérdida de la posesión del balón. Los jugadores que intervienen directamente en él deben preparar mentalmente la atención defensiva: buscando espacios que el equipo adversario pueda utilizar para el inicio de sus acciones ofensivas y adversarios que puedan darle continuidad al proceso ofensivo de su equipo. Cuando se consuma la pérdida de la posesión del balón, todo el equipo ha de pasar por un cambio de actitud de ofensiva a defensiva reajustándose los comportamientos técnico-tácticos individuales y colectivos en la respuesta a las cuatro cuestiones fundamentales: quién (todos los jugadores del equipo), cuándo (en el momento inmediato a la pérdida de la posesión del balón), dónde (en cualquier zona del campo) y cómo (ocupando las posiciones con el objetivo de vigilar los espacios vitales de juego y marcar a los atacantes con y sin posesión del balón). Consideramos fundamentales tres etapas en el proceso defensivo: el equilibrio, la recuperación y la defensa.


• El equilibrio defensivo

Representa una de las fases fundamentales del proceso defensivo. Se puede concretar interdependientemente en dos momentos diferentes y sucesivos:

1. En el desarrollo del proceso ofensivo del propio equipo a través de medidas preventivas realizadas por uno o más jugadores (especializados), que se colocan y actúan en la retaguardia de los adversarios (en fase defensiva) ya que no están directamente implicados en las acciones que determinan objetivamente la recuperación de la posesión del balón.

2. Después de la pérdida de la posesión del balón mediante la rápida reacción de todos los jugadores del equipo que se desplazan en dirección al balón o al jugador que lo posee, a los espacios vitales de juego y a los adversarios que puedan dar de inmediato una continuidad eficaz al proceso ofensivo de su equipo.

Los equipos normalmente pierden su concentración en el juego cuando los jugadores están fatigados, en las situaciones de balón parado (esquemas tácticos) y después de la pérdida de la posesión del balón debido a los desplazamientos de los jugadores del equipo que recupera el balón. En este caso, existe la dificultad de una vigilancia y un marcaje eficaz de esos adversarios directos. Por eso el tiempo ganado por la acción de la presión (después de la pérdida de la posesión del balón) se utiliza para la recuperación y organización de la defensa y la concentración (atención) de los jugadores en el juego, buscando rápidamente los espacios y a los jugadores adversarios más peligrosos. En esta línea de pensamiento, sea cual sea la zona del terreno de juego en la que se pierde la posesión del balón, la primera fase de la organización del proceso defensivo debe ser consustancial a una rápida reacción del equipo mediante desplazamientos en dirección al adversario que posee el balón y hacia los espacios vitales de juego con los siguientes objetivos:

A. Volver a recuperar la posesión del balón para reorganizar el ataque, lo que implica recuperar rápidamente la posesión del balón después de su pérdida, constituye uno de los aspectos del juego que mejor traduce la ganancia de confianza de un equipo y, a la vez, que presiona psicológicamente al equipo contrario. Si unimos a este hecho la posibilidad de que esa rápida recuperación del balón puede proporcionar condiciones ventajosas en términos de creación de situaciones de finalización, mayor será su impacto positivo para uno de los equipos y negativo para el otro. En estas circunstancias, uno de los aspectos esenciales de la fase defensiva de juego consiste en no perder el campo visual, ya que pequeños pormenores pueden determinar inminentes grandes momentos.


B. Impedir el relanzamiento del proceso ofensivo del contrario y, especialmente, que éste renuncie al contraataque. En esta misma línea de pensamiento lógico, y que fue referida en el punto anterior, es siempre importante «frenar» las acciones técnico-tácticas individuales y colectivas de los contrarios inmediatamente después de la recuperación del balón con el objetivo de disminuir el número de opciones posibles en el relanzamiento de su proceso ofensivo. En este ámbito se hallan las soluciones que pueden originar una aceleración positiva del juego en dirección a la portería contraria. De hecho, al reducirle el número de acciones tácticas en el contexto situacional de juego, el adversario concreta acciones que no buscan nada más que el mantenimiento de la posesión del balón y la concreción de acciones previsibles desde el punto de vista táctico.

C. Ganar el tiempo suficiente para que todos los jugadores se puedan organizar en el dispositivo defensivo del equipo. Al no existir la posibilidad de la rápida recuperación de la posesión del balón y disminuir el número de opciones tácticas en el momento del relanzamiento del proceso ofensivo, es necesario temporizar las acciones del equipo adversario para que todos los jugadores se posicionen (mental y físicamente) en la organización defensiva en función de la situación momentánea de juego.

• La recuperación defensiva

Se inicia cuando es imposible recuperar inmediatamente la posesión del balón o evitar la progresión del ataque del contrario en su fase inicial por medio de acciones que consustancian la fase de equilibrio defensivo y dura hasta la ocupación del dispositivo defensivo previamente definido por el equipo. En estas circunstancias cabe reseñar los siguientes aspectos fundamentales que se derivan de la etapa de recuperación defensiva:

1. Marcar durante el desplazamiento de los defensas en la recuperación defensiva a los atacantes que se desmarcan o se posicionan en el mismo espacio de juego, especialmente a los que se dirigen hacia la portería adversaria. Los desplazamientos de la recuperación defensiva se consideran verdaderos exámenes de madurez táctica.

2. Interponerse rápidamente entre el atacante (con o sin posesión del balón) y la propia portería. De hecho, entre todas las cuestiones a las que el defensa debe responder adecuadamente, éste es el sentido táctico dominante, a partir del cual son ejecutados todos los demás comportamientos técnico-tácticos.

3. Obstaculizar constantemente la acción de los atacantes poniéndoles problemas que retarden su progresión en relación con la portería adversaria y posibiliten, al mismo tiempo, situaciones de pérdida de posesión del balón. Es importante recalcar que el repliegue defensivo ha de ser el resultado de la capacidad de los atacantes para traspasar los obstáculos puestos por los defensas y no por el repliegue puro y simple para posiciones defensivas preestablecidas, independientemente de las capacidades técnico-tácticas de los adversarios.

4. Establecer ayudas establecidas y coordinadas entre varios defensas con el objetivo de que cada jugador sienta la importancia de cambiar de posición y misión táctica, pero nunca de responsabilidad y solidaridad. Como se puede comprender, un jugador que tenga muy buenas capacidades técnico-tácticas, si actúa aisladamente, solamente en casos muy raros podrá hacer frente a un ataque colectivo.

• La defensa propiamente dicha

Esta fase constituye la fase principal de la defensa. Presupone la ocupación, por parte de todos los jugadores, del dispositivo defensivo previamente definido por el equipo. Cualquier método defensivo busca en su organización, coordinación y colaboración no sólo la recuperación de la posesión del balón, sino también proteger su portería contra las acciones agresivas desarrolladas por los adversarios. Terminada la etapa del equilibrio y de la recuperación defensiva, la siguiente es la de la defensa propiamente dicha, que completa y complementa los presupuestos de base del establecimiento eficaz de una organización defensiva. En este ámbito importa valorar dos aspectos fundamentales que caracterizan a las defensas modernas:


1. Quitar parte de la iniciativa al proceso ofensivo. Defender no significa solamente proteger la portería, ni la colocación de este o de aquel jugador en este o aquel espacio dentro del método defensivo definido por el equipo. Bajo esta perspectiva, uno de los aspectos fundamentales de cualquier método de juego defensivo de los equipos de rendimiento de elite es la importancia y la necesidad de asegurar, en todo momento del juego, quitar la iniciativa al ataque. Este aspecto puede consustanciarse por los siguientes hechos:

A. El desplazamiento coordinado y homogéneo de todos los jugadores dentro de sus sectores de equipo hacia el centro de juego buscando reducir el espacio donde sus adversarios pueden desarrollar el proceso ofensivo, intentando recuperar el balón en espacios lejanos de su propia portería y buscando beneficios de la ley de fuera de juego.

B. La variación secuencial de la ejecución de los comportamientos técnico-tácticos individuales y colectivos de marcaje sobre los adversarios, como el objetivo de que el orden, el espacio y la velocidad sean imprevisibles a los ojos de los adversarios.

C. El aumento de la presión y agresividad en el marcaje sobre el atacante que posee el balón y de los compañeros que puedan darle continuidad al proceso ofensivo de forma eficaz, es decir, obligarles a tener respuestas tácticas direccionadas hacia una banda o hacia atrás (en dirección a su propia portería).

D. La ubicación en profundidad de uno o dos jugadores que no se implican directamente en la lucha por la recuperación de la posesión del balón pero que asumen actitudes y comportamientos técnico-tácticos de preparación del ataque de su equipo inmediatamente después de que éste recupere el balón. Esto determina consecuentemente que dos o más jugadores del equipo en posesión del balón no se pueden incorporar al proceso ofensivo, pues en estas circunstancias se preocuparán más de la defensa de su propia portería que del ataque a la contraria.

E. La conducción de los adversarios con y sin la posesión del balón hacia espacios menos peligrosos donde se beneficien (a través de la acción conjunta de varios compañeros) de situaciones de superioridad numérica, disminuyendo de esta forma los ángulos del pase o de remate y el número de jugadores a los que se les puede pasar el balón eficazmente, y el juego ofensivo se vuelva previsible.

2. Tener un carácter constructivo. La conceptualización de un método de juego defensivo no se puede caracterizar solamente por la destrucción del proceso ofensivo adversario, sino que debe buscar concomitantemente la base fundamental por la cual se ha de construir el proceso ofensivo inmediatamente después de la recuperación de la posesión del balón. Bajo esta perspectiva, las probabilidades de la acción ofensiva y su culminación con la finalización dependen en gran medida de las circunstancias en las que ocurrió la recuperación de la posesión del balón. El cuadro de referencia que condiciona este hecho está basado fundamentalmente en la zona (espacio de juego/carril de juego), en el estado de la evolución y de la organización tanto en la defensa como en el ataque y en la forma, es decir, en la acción técnico-táctica individual defensiva de la recuperación de la posesión del balón. Basándonos en el análisis de este hecho, es fundamental desarrollar situaciones de entrenamiento que potencien una recuperación «modélica» de la posesión del balón con el objetivo de que sus efectos de carácter impositivo puedan influir en la fase ofensiva resultante. «La defensa no se debe limitar a replicar al adversario; todo lo contrario, tiene que responder siempre con el objetivo de obligar al ataque a preocuparse igualmente con la protección de su propia portería. En esto consiste el carácter agresivo de las defensas modernas» (Teodorescu, 1984).

Capítulo 2
ESTRUCTURA DEL JUEGO


CONCEPTO

La estructura del juego está definida por el posicionamiento de los jugadores en el terreno de juego y, paralelamente, por las funciones tácticas generales y específicas que tienen atribuidas en esos momentos los jugadores.

NATURALEZA

La naturaleza de la estructura del juego se consustancia básicamente con dos dimensiones: «estática» como denominación de sistema de juego o dispositivo táctico, que representa la colocación de los jugadores sobre el terreno de juego (que se traduce por diagramas, por ejemplo: 4-4-2; 4-5-1; 4-3-3, etc.), que establece el orden y los equilibrios en las diferentes zonas del campo, y sirve de punto de partida (como referencia) a los diferentes desplazamientos de los jugadores y a la coordinación de las acciones individuales y colectivas cuando el balón entra en movimiento; y «dinámica», que se establece por las diferentes tareas y misiones tácticas atribuidas a los jugadores que componen el equipo y que, en última instancia, siguen las reglas y respetan los límites orientadores de sus comportamientos técnico-tácticos.

Bajo esta línea de pensamiento, la naturaleza de la estructura del juego tiene una doble dimensión del mismo fenómeno, es decir, dos caras de una misma moneda, envolviendo en el mismo nivel de importancia el posicionamiento de base del jugador en el espacio de juego y las funciones tácticas generales y específicas desarrolladas a partir de ese posicionamiento. Concluimos que la naturaleza de la estructura del juego de un equipo de fútbol evidencia fundamentalmente dos elementos de base constituidos por:

• El sistema de juego o dispositivo táctico, que representa el modo de colocación de los jugadores sobre el terreno de juego y para el que la racionalización del espacio representa la orientación fundamental.

• Las diferentes funciones distribuidas entre los distintos jugadores que componen el equipo, para el que la objetivización del comportamiento técnico-táctico representa su orientación fundamental.

Estos dos elementos de base desarrollan un sistema de relaciones que se establecen entre compañeros, adversarios, balón, espacio de juego, etc., y que se condicionan mutuamente provocando una articulación interna, pero manteniendo una interdependencia funcional. Con el objetivo de comprender mejor esta dimensión estructural del problema, F. Sausurre presenta un claro ejemplo de esta cuestión: «Una pieza de ajedrez no se define por su color, sus dimensiones, el material del que está hecha ni sus atributos físicos o su “forma”, sino por las reglas del juego y por las relaciones que esa reglas le permiten para intervenir con otras en el conjunto de los casos. Por ello, el delantero o el portero tienen un valor estructural que no sólo se define por las características físicas de su apariencia y de sus desplazamientos, sino por un sistema de relaciones que se establecen entre los diferentes jugadores».

IMPORTANCIA

A lo largo del tiempo, el sistema de juego en su dimensión geométrica de la estructura del juego del equipo se ha sobrevalorado en el momento de la observación del juego, en detrimento de otros espectros tan importantes como los métodos y los principios del juego, por ejemplo. Un análisis de la naturaleza del sistema en su dimensión geométrica lo condena a una perspectiva unilateral, incapaz de abarcar la realidad lógica del juego. Muchas personas aún piensan que la eficacia y el rendimiento del equipo pasan solamente por la aplicación de este o de aquel sistema de juego o por la disposición de los jugadores de una forma más o menos inteligente. Sin embargo, no existe ningún sistema de juego que pueda compensar la insuficiencia técnica de un mal pase o de una mala recepción, de la falta de organización de un conjunto de reglas básicas de coordinación de los comportamientos de los jugadores en el terreno de juego o de la incapacidad física para poner en funcionamiento todo el sistema de elementos en la búsqueda de un objetivo común: el gol. En este sentido nos equivocaríamos profundamente acerca del sentido de nuestro análisis si lo tomásemos como una condición indispensable, pues su importancia depende concomitantemente de las condiciones intrínsecas de su aplicación. Podemos concluir que la importancia de la estructura del juego se debe a que éste, más allá de establecer la colocación de base de los jugadores en el terreno de juego, proporciona igualmente la base racional de la coordinación de las acciones de los jugadores, permitiendo así analizar la toma de conciencia por parte de ellos sobre sus derechos y deberes, fundamentalmente respecto a sus funciones y limitaciones. Además, esto significa que cada jugador encuentre dentro de esta concepción de organización de equipo el «espacio» necesario para reflejar su propia personalidad, improvisación y creatividad, ya que se trata de un presupuesto integrante de la estructura del juego.

OBJETIVOS

Pragmática y sintéticamente, la estructura de juego de un equipo de fútbol se fundamenta en dos objetivos esenciales:

• Racionalización del espacio de juego por medio del estudio de la evolución de los sistemas de juego y de los elementos de base que fundamentan la alteración de los sistemas en la actualidad y mediante la distribución de los 11 jugadores del equipo en el terreno de una forma coherente y homogénea, correlacionada paralelamente con la constitución de sectores (defensa, medio campo y ataque) formados por varios jugadores que ejercen su acción de forma concertada.

• Racionalización y objetivización de los límites orientadores de los comportamientos técnico-tácticos por medio de la distribución de un conjunto de tareas y misiones tácticas específicas en ataque y defensa en función de las potencialidades individuales de los jugadores, de los objetivos estratégico-tácticos del equipo y del conocimiento más o menos pormenorizado de las circunstancias en las que tiene lugar determinado partido, incluyendo, naturalmente, las particularidades fundamentales del equipo contrario. Se asegura de esta forma, como último análisis, la coordinación de los comportamientos de los jugadores dentro de la organización del equipo, a partir de la cual se desarrolla y evoluciona su expresión táctica.

ELEMENTOS DE BASE

En relación con los elementos de base de la estructura de juego vamos a analizar dos subvertientes: el jugador como una línea de fuerza dentro del terreno de juego y la estructura de base del equipo en función de las líneas y de los sectores constituidos por diferentes jugadores que ejercen su acción de forma concertada y homogénea.

• El jugador

La ocupación del terreno de juego determina relaciones y, a su vez, define unas líneas de fuerza, es decir, redes de comunicación y contracomunicación. Para que esto se verifique realmente se requiere el respeto de cierta distancia relativa entre los jugadores, ni demasiado amplia, pues aumenta los riesgos de la interceptación del balón por parte del equipo adversario, ni demasiado corta, pues la progresión del balón en dirección a la portería adversaria se haría con grandes dificultades. En este sentido, cada jugador en el campo representa una fuerza que se manifiesta por:


1. Ocupación dinámica de una parte del espacio de juego. Al analizar el área de terreno de juego en función del total de jugadores que se mueven en ella observamos un espacio de alrededor de 325 m2 por jugador. Bajo esta circunstancia, dentro de la estructura del equipo cada jugador, independientemente de su misión táctica específica, deberá ocupar y dinamizar una parte del terreno de juego, y podrá expresar individualmente su propia personalidad, no quedando «prisionero» de su puesto, y ser un soporte para una organización estructurada y fundamentada en una cobertura permanente y recíproca.

2. Acción sobre el balón. En cada momento del juego solamente un jugador de los 22 que están en el campo podrá tener la posesión del balón. Esto significa que cada jugador, al intervenir sobre el balón, direcciona el juego en uno u otro sentido, es decir, en la concreción o no de los objetivos del juego. Simultánea y paralelamente, en cada intervención sobre el balón por parte de cualquier jugador se observa una interacción operativa entre él y el resto de jugadores (compañeros y adversarios), consustanciado por un conjunto de complejos movimientos alrededor o en dirección al balón (apoyo o cobertura del compañero que tiene la posesión del balón o poco marcaje del adversario con balón).

3. Relación entre los compañeros. La cooperación representa una forma específica de sociabilidad del juego del fútbol. Cualquier jugador dentro del equipo debe ayudar a sus compañeros y comunicarse con ellos en función de un determinado objetivo común. Para comunicarse ha de establecerse un «lenguaje común», en otras palabras, un sistema de referencia común que se fundamenta en el establecimiento y en la definición de los principios del juego. La comunicación se realiza de forma instrumental –a través del balón– y comportamental –mediante las acciones técnico-tácticas realizadas–. Así, los jugadores deberán comprender las intenciones y los proyectos de sus compañeros en cada situación de juego y adoptar los comportamientos que conduzcan a tener un máximo de eficacia en esa situación dependiendo de los objetivos del equipo. Las peculiaridades y el carácter de las acciones sin balón de los jugadores representan la base del concepto de juego del equipo. El posicionamiento elegido por el jugador en las diferentes fases del juego refleja la fase cualitativa de su pensamiento creativo y de su madurez táctica, basados en la capacidad de leer y valorar rápidamente las situaciones con el objetivo de adoptar operativamente las soluciones más eficaces para la tarea táctica de su propio equipo.


4. Interceptación de las relaciones entre los adversarios. La presencia del adversario constituye otra de las constantes del juego y determina «jugar con y en contra». El juego ha de analizarse y comprenderse en términos de relaciones de fuerza entre los equipos. Éstas, cuando se dan en la fase ofensiva, intentan desequilibrar el sistema de fuerzas del adversario y establecer las condiciones más favorables para el objetivo del gol, pero es todo lo contrario cuando el equipo en acción defensiva intenta en todo momento mantener un equilibrio dinámico de su sistema buscando recuperar el balón y proteger su portería.

5. Constante adaptación a la variabilidad de las situaciones de juego. La variabilidad de las situaciones momentáneas del juego determina una constante adaptación de los comportamientos técnico-tácticos individuales (solución táctica presente) y colectivos (desplazamientos coordinados por la necesidad de equilibrar el reparto de fuerzas en el terreno de juego). En síntesis, dentro de estas diferentes manifestaciones, cada jugador concreta una línea de fuerza con múltiples orientaciones en las que el rendimiento está subordinado a su situación en el espacio de juego en relación con el balón, las porterías, sus compañeros y los adversarios.


6. Concreción del objetivo de juego. Cada jugador representa una identidad indivisible con una voluntad propia que lleva consigo una mentalidad, una capacidad y una finalidad. Redimensionando esta cuestión en el seno de un equipo, la integración de cada jugador se realiza por la aceptación por parte de éste de un conjunto de valores, de convicciones y de un proyecto común en el que se asume, bajo este contexto, una conciencia colectiva. De forma simultánea, cada jugador debe saber lo que el equipo espera de él y la mejor forma de corresponderle respecto a sus expectativas. Por ello, ante un partido cada jugador debe entender que en cualquier momento del juego (interviniendo o no sobre el balón) es una parte integrante de una cadena de acontecimientos cuya importancia está determinada por sus decisiones al contribuir a la solución de los diferentes contextos de las situaciones de juego, con el objetivo de que se concreten los objetivos estratégicos preestablecidos y los objetivos tácticos momentáneos del equipo.

• La estructura de base del equipo

Un equipo de fútbol presupone la existencia de un colectivo organizado y unido desde el punto de vista de la finalidad, de los objetivos y de las intenciones. Representa, según Teodorescu (1984), un «microsistema social numéricamente estable y constituido por jugadores especializados (…) Lo que conduce a la aparición de espacios en el equipo (defensas, mediocampistas, etc.), así como a la constitución de los subconjuntos, sectores o líneas». De hecho, la colocación de base del equipo es soportada por las acciones individuales de los jugadores, se organiza en función de las líneas o los sectores integrados por diferentes jugadores que ejercen su acción (tanto ofensiva como defensiva) con una forma convenida y homogénea, estableciendo las relaciones y las uniones que son la base de las acciones colectivas (misiones tácticas colectivas), y, en un último término, por las acciones del equipo en su conjunto. En este sentido, los jugadores que pertenecen a los distintos sectores del equipo tienen misiones tácticas específicas cuya nomenclatura internacional es la siguiente:


1. Porteros. Dentro del área grande gozan de un estatuto diferente al de todos sus compañeros en relación con el contacto con el balón y la protección de sus acciones técnico-tácticas. La principal responsabilidad del portero consiste en evitar el gol en su portería.

2. Defensas. Conforman el sector más cercano a su portería. Normalmente, son de tres a cinco jugadores, de los que dos o tres son defensas centrales, con un defensa lateral derecho y un defensa lateral izquierdo. La responsabilidad básica de los defensas es proteger su portería.

3. Medios. Los jugadores que forman el sector intermedio, es decir, entre el sector defensivo y el atacante. Son normalmente de tres a cinco jugadores, con dos o tres medios centrales, un medio izquierdo y un medio derecho. La responsabilidad básica de los medios consiste en auxiliar a los defensas en sus misiones defensivas y a los atacantes en las ofensivas.

4. Atacantes. Son los jugadores que forman el sector atacante. Habitualmente son de uno a tres jugadores, cuya responsabilidad básica es conseguir marcar gol.

Esta nomenclatura indica solamente el papel preponderante de los jugadores, pues su actividad real en la actualidad traspasa en mucho el límite de las obligaciones resultantes de estas denominaciones, desapareciendo por ello las fronteras de carácter rígido entre sus funciones dentro del equipo. Así, existe con gran frecuencia el intercambio de posiciones y de funciones de los jugadores. Esta perspectiva renuncia de igual forma a la división por categorías (los creadores/distribuidores del juego y los luchadores por la posesión del balón), ya que todos deben ser peligrosos en relación con la portería contraria y saber construir, crear, rematar y, simultáneamente, recuperar la posesión del balón y proteger la portería. Según Kacani (1982), en relación con la cantidad y la calidad de trabajo que desempeñan en el juego, los jugadores pueden ser divididos en tres categorías: universales, capaces de cumplir con la misma eficacia tareas de las fases defensivas y ofensivas del juego en las zonas de defensa y de ataque en los sectores de terreno de juego propio de ambos y conocedores de las exigencias de cada una de las funciones que hay que desarrollar; semiuniversales, capaces de cumplir las tareas de una de las fases del juego (defensiva u ofensiva) en la zona de defensa o de ataque y en los sectores del terreno propio de cada una y conocedores y dominadores con elevado nivel de rendimiento de las funciones de una de estas fases del juego, y especialistas, con una especialización delimitada, capaces de cumplir con eficacia las tareas de una fase del juego en un sector específico de la zona defensiva u ofensiva (por ejemplo, el portero).

En este ámbito los jugadores deben pasar de la noción estática del «puesto» en el que cada jugador evoluciona solamente en determinada área conduciendo al equipo a una rígida compartimentación y por inercia a una mayor permeabilidad en su organización a un concepto de función (misión). Esta noción consustancia amplios límites para que cada jugador pueda expresar su iniciativa, improvisación, creatividad y autonomía, es decir, su propia personalidad, y dar un importante apoyo a la organización, con una cobertura permanente y recíproca en todas las fases (de ataque y defensa) del juego y en cualquier zona del campo. Los jugadores están obligados por ello a cumplir alternadamente tareas técnico-tácticas tanto en la fase de ataque como en la de defensa en cortos intervalos de tiempo. De hecho, esta ambivalencia de la actividad de los jugadores (ataque/defensa) determina igualmente que han de asumir otras misiones tácticas específicas distintas de las suyas (que consustancian por la mayor cultura táctica) dentro del cuadro referencial de las necesidades del equipo; de ahí que no sorprenda que los protagonistas fundamentales en la concreción del proceso ofensivo sean en muchas de las situaciones de los partidos los jugadores que pertenecen al sector medio y defensivo. La universalización de las funciones de los jugadores y la concienciación de las particularidades relacionadas con su especialización no constituyen, en nuestra opinión, realidades antagónicas. Estamos ante complementariedades naturales y necesarias del modelo de juego del fútbol contemporáneo. Adicionalmente a los aspectos relacionados con la universalidad frente a la especialización, los jugadores en la actualidad están caracterizados por las siguientes opciones:


1. Disponibilidad total para el juego. Los jugadores se caracterizan por efectuar innumerables operaciones mentales complejas por unidad de tiempo, lo que se evidencia por una asistemática repetición de comportamientos técnico-tácticos. Bajo esta perspectiva, los jugadores deben estar continuamente activos, intervenir de forma coherente y racional en las diferentes situaciones, apoyar, marcar o solicitar el balón y no observar el juego de forma pasiva. De esta dimensión procede la expresión: «el juego actual es un fútbol de movimiento». Sólo de esta forma se puede influir y ser influido por las constantes modificaciones transitorias de los acontecimientos, posibilitando así la transformación del significado preciso de las actitudes y de los comportamientos de otros jugadores en función de sus intenciones y proyectos. Sin embargo, deben escoger el momento más favorable en función de sus misiones tácticas específicas dentro del dispositivo de base y cuándo intervenir dentro o fuera de las unidades estructurales funcionales, siendo corresponsables en la concreción de los objetivos tácticos del equipo. De ahí que el concepto de jugador activo no signifique solamente la intervención sobre el balón, sino fundamentalmente la disponibilidad de los jugadores para intervenir en el juego. Existe un pensamiento de base en todos los jugadores desde el momento en el que el árbitro manda iniciar el partido hasta su final: «siempre hay cosas que hacer» en el plano táctico y estratégico para facilitar las condiciones de solución de los diferentes contextos situacionales del juego.


2. Elevado grado de capacidad física. Si pasamos revista al pasado-presente de esta modalidad, somos conscientes del elevado aumento del número y de la intensidad de los esfuerzos realizados por los jugadores en el partido. Tal como refiere Queiroz (1983), «al analizar el fútbol de nuestro tiempo resalta una perspectiva dinámica y creativa, tanto de los jugadores como lógicamente del juego. Se aprecie o no en el fútbol actual, es incontestable que el modelo de juego de la década de los ochenta resulta diferente del de la década de los sesenta, y que casi nada tienen en común los anteriores con el modelo de la década de los cuarenta y los cincuenta. Reflexionando sobre el cuadro de la dinámica de los esfuerzos del fútbol, se muestra que éste ha aumentado significativamente tanto en cantidad como en calidad. Comparando datos observados en la década de los sesenta con los actuales, se observa que el espacio de juego cubierto por los jugadores casi se ha triplicado. Si atendemos a que en el fútbol el espacio es igual al tiempo y a que en el juego el factor tiempo es la causa del aumento de la velocidad de los rendimientos técnicos y simultáneamente está condicionado por el ritmo y que el factor espacio está hoy asegurado por la mayor movilidad de todos los intervinientes en el juego, percibimos fácilmente que su resultante altera sustancialmente todo el perfil del juego. Bajo esta perspectiva, el juego en la actualidad exige por parte de los jugadores un radio de acción mayor y una preparación más completa, tanto desde el punto de vista técnico-táctico como respecto a la condición física. El aumento del «radio y de la velocidad de la creación de los jugadores en el campo» significa que están presentes en un mayor número de situaciones momentáneas en el juego en fragmentos cada vez más pequeños. Este factor determina dos aspectos esenciales: el aumento de la presión sobre los jugadores con o sin posesión del balón, disminuyéndoles el tiempo en el que se desarrollan las fases del acto táctico (percepción-análisis, solución mental y solución motriz) con el objetivo de solucionar los problemas creados por las situaciones de juego con los mismos niveles de eficacia y de rendimiento, y una aproximación o un alejamiento constante del compañero en posesión del balón para proporcionarle mayor número de posibilidades de respuesta táctica ante el contexto de la situación de juego.


3. Cualidades psíquicas e intelectuales específicas del juego. El comportamiento de los jugadores sólo es comprensible si los consideramos como individuos que tienen que dar una respuesta eficaz a diferentes situaciones instantáneas del juego en las que prevalecen procesos de adaptación porque están obligados a adaptarse rápida y constantemente a sí mismos, a las necesidades del equipo y a los problemas presentados por el equipo contrario. Esta forma de adaptación caracterizada por el estrés favorece los procesos de saturación de ansiedad y de angustia, por lo que no hay espacio en el fútbol actual para personalidades frágiles en el plano afectivo-emotivo. En este sentido, las cualidades psíquicas e intelectuales representan uno de los dos factores fundamentales del juego del fútbol, que se muestran en la necesidad de los jugadores de soportar sacrificios luchando constante y continuamente contra las dificultades inherentes a la complejidad de sus funciones específicas dentro del equipo (coordinándolas con los restantes compañeros) y con las diferentes situaciones de juego (variabilidad-imprevisibilidad); paralelamente, las cualidades intelectuales de los jugadores se caracterizan por un pensamiento (solución mental) lógico, flexible, original y crítico en la búsqueda de una ejecución técnico-táctica (solución motora) que permita modificaciones autónomas según las circunstancias, pues sólo así se puede alcanzar un elevado grado de eficacia. Por ello cada situación del juego expresa una dimensión táctica y una estrategia única.


De esta forma, si observamos dos situaciones de juego similares, vemos que no son iguales. Aunque la dinámica de un juego deportivo colectivo como el fútbol permite acciones preestablecidas estudiadas y entrenadas, no se reproducen de la misma forma durante el partido. Por lo tanto, toda acción de ataque o de defensa, con o sin el balón, es discreta y se resuelve según el contexto de la situación; además, su realización exige un programa de acción (dentro de un grupo de opciones) adecuado a la situación y a los objetivos estratégico-tácticos que se pretende alcanzar.

4. Creatividad e improvisación. Los jugadores de fútbol expresan en la actualidad comportamientos técnicotácticos caracterizados por su adaptabilidad a los contextos situacionales del juego en la búsqueda de soluciones heterogéneas y eficaces; su anticipación, es decir, la capacidad de discernir y prever las modificaciones de la situaciones de juego, y su creatividad, que define la capacidad de idealizar y ejecutar nuevas soluciones imprevisibles desde el punto de vista defensivo, en el que se aumenta el factor sorpresa (iniciativa) del juego.

NIVELES

En conformidad con lo anterior, establecemos los dos niveles de análisis de la estructura del juego:

• Bases de la racionalización del espacio de juego a través de la distribución coherente y homogénea de los 11 jugadores del equipo en el espacio de juego, constituyendo sectores (o líneas) formados por varios jugadores que ejercen sus funciones de forma concertada.

• Bases de la racionalización de las misiones tácticas de los jugadores que se establecen en función de las potencialidades individuales de los jugadores, de los objetivos tácticos del equipo y del conocimiento más o menos pormenorizado de las circunstancias en las que determinado partido se va a jugar, incluyendo, naturalmente, las particularidades fundamentales del equipo contrario.

2.1. BASES DE LA RACIONALIZACIÓN DEL ESPACIO DE JUEGO


El sistema de juego proporciona una base racional que permite canalizar la toma de conciencia por parte de todos los jugadores sobre sus derechos y deberes, fundamentalmente en lo que respecta a sus funciones y limitaciones. En otras palabras, se subordinan las acciones individuales a las colectivas a través de una distribución coherente de sus comportamientos con el objetivo de asegurar la coordinación y cooperación entre ellos en la búsqueda del aumento de la rentabilidad y de la eficacia del equipo. Además, esto no significa que cada jugador no encuentre dentro de esta concepción de organización de equipo el «espacio» necesario para reflejar su propia personalidad, su improvisación y su creatividad, ya que éste es un presupuesto integrante de la estructura del juego del equipo. Las situaciones de posesión o no del balón, que se corresponden con complejos movimientos en torno a él (apoyo o cobertura del compañero en posesión del balón o marcaje del adversario con balón) aparentemente sin sentido, corresponden en realidad a situaciones altamente rentables en términos de espacio y tiempo para la concreción de los objetivos momentáneos del equipo (el gol o la recuperación de la posesión del balón). Es en esta ocupación racional constante y fluida del espacio en función de las situaciones momentáneas del juego donde la estructura de juego del equipo expresa su movilidad y flexibilidad al no posibilitar al equipo contrario sus acciones en ningún momento del juego para ocupar, crear y explorar espacios vitales para el desarrollo de la eficacia del proceso ofensivo propio, y restringir, vigilar y marcar espacios vitales cuando se desarrolla el proceso defensivo. Bajo esta perspectiva el espacio de juego ofrece en todo momento la posibilidad de transformar el significado preciso del comportamiento de los jugadores dependiendo de sus intenciones y proyectos, donde todos los movimientos, lejos de ser independientes unos de otros, se influencian mutua y recíprocamente. Un jugador interviene siempre en la organización del juego, aunque sea adversario o compañero, facilitando o impidiendo mediante sus desplazamientos el juego colectivo.


LA DINÁMICA DE LOS ESPACIOS DE JUEGO

La estructura esquemática del juego vuelve evidentes diferentes zonas con alto significado. En este sentido, cada jugador se encuentra ante espacios dinámicos funcionalmente unidos entre sí que se modifican en un sentido particular y después ante los comportamientos técnico-tácticos individuales y colectivos de los jugadores, que buscan conducir el juego hacia ciertos espacios y evitar otros. En resumen, podemos observar:

1. Espacios de gran seguridad y de responsabilidad individual y colectiva donde se busca no crear situaciones peligrosas para la portería propia.

2. Espacios donde existe cierto equilibrio entre la seguridad y el riesgo, es decir, se busca, por encima de todo, mantener la estabilidad dinámica de la organización del propio equipo, no descuidando la posibilidad de desequilibrar la organización del equipo contrario.

3. Espacios donde hay cierto equilibrio entre el riesgo y la seguridad, donde se pretende sobre todo desequilibrar la organización del equipo adversario, sin descuidar la estabilidad dinámica de la propia organización.

4. Espacios de riesgo donde se culminan las grandes combinaciones tácticas en la búsqueda de la concreción eficaz de la acción ofensiva.

DIVISIÓN DE LOS ESPACIOS DE JUEGO

El terreno de juego es un espacio rectangular que para los partidos internacionales tiene 110 m como máximo de largo y como mínimo 100 m y de ancho un máximo de 75 m y un mínimo de 64 m. Está marcado por líneas bien visibles, y además de éstas, la división del espacio de juego puede comportar otras líneas (imaginarias) que describen los carriles y los sectores del terreno de juego.

• Los carriles del terreno de juego

Proyectando dos líneas longitudinales que unen las áreas pequeñas de las porterías, se forman tres carriles de juego:

1. El carril central. Es un espacio delimitado por la proyección de las líneas laterales de las áreas pequeñas de portería y contiene gran número de zonas vitales del terreno de juego. La importancia de esta zona se deriva fundamentalmente del establecimiento de ángulos frontales (formados por la posición del balón y por la portería adversaria o propia) que proporcionan la posibilidad de concretar elevados niveles de eficacia en el cumplimiento de los objetivos establecidos tanto en el proceso ofensivo como en el defensivo. Este carril está privilegiadamente ocupado y explorado en el plano ofensivo por jugadores claramente organizadores de las acciones del equipo, pues gozan de excelentes condiciones para pasar a los compañeros posicionados tanto en los carriles laterales –cambiando el ángulo de ataque– como en el central –a través de pases con cambio de orientación– con el objetivo de aislar a uno de sus compañeros. En el plano defensivo, los equipos buscan privilegiar la ocupación de una forma concentrada del carril central para disminuir las distancias relativas entre los defensas y, de esta forma, desarrollar una organización defensiva eficaz que proporcione la recuperación de la posesión del balón y una protección segura de la portería. En este sentido, el carril central se halla normalmente ocupado por dos perfiles de jugadores: unos de reconocida capacidad técnica y de raciocinio táctico que buscan resolver de forma eficaz las diferentes situaciones momentáneas de juego, y otros «especialistas», cuya función es la culminación del proceso ofensivo en la búsqueda del gol o en la defensa de la propia portería.

2. Los carriles laterales. Son espacios delimitados por la proyección de las líneas laterales del área pequeña y de las líneas laterales del terreno de juego. Los carriles laterales proporcionan excelentes espacios para progresar el balón hacia zonas cercanas de la portería adversaria debido a la reducida concentración de defensas. En este sentido, los atacantes buscan, por un lado, apoyar el ataque creando situaciones de superioridad numérica u ocupando los espacios «a las espaldas» de los defensas, y, por otro, cuando están cerca de la portería contraria, asumir actitudes y comportamientos técnico-tácticos preferentemente de creación y de finalización.


• Los sectores del terreno de juego

Proyectando dos líneas que subdividan en partes iguales los dos medios campos del terreno, se forman cuatro sectores de juego:

1. Sector defensivo. Es una zona preferentemente ocupada por jugadores de acción defensiva. Aquí se constituyen redes escalonadas en función del balón, adversario y portería buscando en última instancia condicionar, y sobre todo interrumpir, las uniones de las acciones ofensivas adversarias. En esta zona son frecuentes las aglomeraciones de los jugadores y requiere por parte de ellos mayor eficacia en la ejecución de las acciones técnico-tácticas con o sin balón; por esto se observa una mutua cobertura a los compañeros y un marcaje obligatorio a los adversarios con o sin posesión del balón, ya que la introducción de un adversario libre de marcaje supone una gran desventaja por la posibilidad de que se produzca una ruptura de la organización defensiva. Una vez recuperada la posesión del balón, se debe efectuar rápidamente la progresión con él en dirección a la portería adversaria o, si momentáneamente es imposible, asegurar su mantenimiento, sin crear situaciones peligrosas para la propia portería. Raramente las acciones ofensivas son interrumpidas en esta zona del campo, debido, por un lado, a una disminución de la presión defensiva por el repliegue de los adversarios y, por otro, por la gran seguridad y responsabilidad individual y colectiva de no perder el balón en esta zona del campo de juego. Por ello, si ocurre, implica, por la proximidad a la portería propia, un gran riesgo. Además, la ejecución de cualquier acción técnico-táctica de los jugadores que contacten momentáneamente con el balón en esta zona del campo se hace siempre calculando desarrollar la máxima seguridad.


2. Sector del medio campo defensivo. En esta zona del campo existe cierto equilibrio entre la seguridad y el riesgo que conlleva la ejecución de cualquier acción técnico-táctica; es una excelente zona de apoyo y de soporte al jugador en posesión del balón. Ofensivamente este sector está ocupado y dinamizado por jugadores fundamentalmente dedicados a la búsqueda de espacios libres que buscan asegurar eventuales compensaciones y circulaciones tácticas. La ejecución deficiente de cualquier acción técnico-táctica no sólo interrumpe el desarrollo del proceso ofensivo, sino que también puede desencadenar un contraataque del equipo adversario, ya que los jugadores del equipo en posesión del balón disminuyen la vigilancia de sus adversarios directos. Defensivamente se trata de una zona donde se desencadenan las primeras «verdaderas» acciones en el sentido de parar el proceso ofensivo o retardarlo con el objetivo de ganar el máximo tiempo posible para la propia organización defensiva.

3. Sector del medio campo ofensivo. En esta zona del campo existe cierto equilibrio en el riesgo en la búsqueda de desequilibrar de forma clara la organización defensiva. Por esto constituye una zona de base fundamental para traspasar la resistencia que opone el equipo contrario; de hecho, es en esta zona donde se desencadenan las primeras «verdaderas» acciones para traspasar el proceso defensivo del equipo contrario. En este sentido, en términos ofensivos, esta zona está ocupada y dinamizada por jugadores fundamentalmente dedicados a la creación y ocupación de espacios vitales del juego a través de desplazamientos ofensivos de progresión y de la ruptura (perpendiculares y en diagonal) de combinaciones tácticas simples, directas o indirectas, y de acciones técnico-tácticas de pase, regate, conducción y finta. También se da cierto equilibrio de seguridad que se basa en el mantenimiento del equilibrio dinámico de la propia organización, ya que la pérdida del balón en esta zona del campo, tal como se ha referido para las restantes zonas, eventualmente puede desencadenar un contraataque del equipo adversario con grandes posibilidades de éxito. Por esto se requiere una organización dinámicamente equilibrada con el objeto de poder reaccionar adecuadamente a esta situación. Defensivamente se trata de una zona donde se busca evitar que los adversarios inicien rápidamente su proceso ofensivo a través de acciones de temporización para ganar el tiempo necesario para una organización defensiva cohesionada y homogénea, prestando igualmente atención a las enormes ventajas determinadas por la posibilidad de recuperar el balón en esta zona del campo.

4. Sector ofensivo. Es hacia esta zona a la que se orientan las líneas de fuerza y donde culminan las grandes combinaciones y circulaciones tácticas buscando provocar rupturas en la organización defensiva adversaria. Permite, por su proximidad al área de portería y a partir de cierto ángulo, finalizar con mayores posibilidades de éxito las acciones ofensivas. Por esto, por haber frecuentemente en esta zona aglomeraciones, no deben existir retrasos en la decisión y ejecución de las acciones técnico-tácticas, esencialmente aquellas que puedan dar el balón al adversario y resultar en gol. Se trata de una zona donde los equipos buscan, después de la pérdida del balón, equilibrarse defensivamente con el objetivo de ganar el tiempo necesario para que todos los compañeros asuman actitudes y comportamientos técnico-tácticos de marcaje sin descuidar las posibilidades de la inmediata recuperación de la posesión del balón, estableciendo unas condiciones más ventajosas para marcar gol. Es en esta ocupación racional, constante y fluida del espacio en función de las situaciones momentáneas de juego donde se consustancian los sistemas de juego actuales que expresan gran movilidad y flexibilidad y no permiten a los adversarios la posibilidad de que en cualquier momento del juego ocupen, creen y exploren espacios vitales para el desarrollo eficaz de su proceso ofensivo o para que restrinjan, vigilen y marquen los espacios vitales en el proceso defensivo.


2.2. BASES DE LA RACIONALIZACIÓN DE LAS MISIONES TÁCTICAS DE LOS JUGADORES


Los juegos deportivos colectivos se caracterizan por innumerables operaciones multifactoriales complejas cuya realidad está determinada «por una asistemática repetición de acciones» (Konzag, 1981), es decir, por actos premeditados que tienen un sentido y un objetivo. Por ello, la racionalización de las tareas y las misiones tácticas de los jugadores representa una de las orientaciones fundamentales de la estructura del juego, que queda establecida en función de las potencialidades individuales de los jugadores, de los objetivos tácticos del equipo y del conocimiento más o menos pormenorizado de las circunstancias en las que va a jugarse determinado partido, incluyendo, naturalmente, las particulares fundamentales del equipo adversario.

ELEMENTOS PARA LA RACIONALIZACIÓN DE LAS MISIONES TÁCTICAS

Uno de los problemas más complejos que determinan la eficacia de cualquier estructura de un equipo de fútbol es la forma como los jugadores desarrollan su acción dentro de la organización del equipo. De hecho, la concreción de los objetivos preestablecidos consustancia la necesidad del establecimiento de un estatuto (por ejemplo, portero, defensa, delantero, etc.) y de una solución (misión) táctica específica (por ejemplo, marcaje individual de un adversario, desplazamientos exclusivos en un carril de juego tanto en el proceso ofensivo como en el defensivo, ejecución de esquemas tácticos de una determinada forma, etc.), que definen el sentido y los límites de la participación de cada jugador en la solución de las variadas situaciones que el juego encierra en sí. Según Teodorescu (1984), «un equipo presupone una funcionalidad general (constante, realizada basándose en principios y reglas de coordinación de las acciones) y otra especial (variable, para cada partido, para cada adversario, en función de diferentes condiciones, etc.) (…) Tanto la funcionalidad general como la especial del equipo se realizan a través de una determinada programación de las acciones individuales y colectivas de los jugadores siguiendo un sistema de relaciones e interrelaciones dinámicas desarrolladas y coordinadas según unos principios y unas reglas tácticas». Bajo estas circunstancias, la complejidad de las diferentes misiones tácticas específicas parte de las finalidades y de los objetivos comunes, atribuyéndose de esta forma:


1. No restringir la iniciativa y la capacidad individual sino, por el contrario, tener en consideración que cada jugador es único en sus ambiciones personales, actitudes, preferencias y tendencias, por lo que hay que ampliar su «radio de acción» en términos de participación en el juego, fundamentalmente en lo que respecta a su creatividad e improvisación.

2. Asegurar la valoración de las particularidades de los jugadores en sus capacidades técnicas, tácticas, físicas o psicológicas. Esta valoración está condicionada por la creación (a través de las acciones individuales y colectivas) de las condiciones y situaciones de juego favorables para su realización.

3. Combinar diferentes misiones tácticas específicas, es decir, asegurar que el potencial (técnico, táctico, físico y psicológico) operacional de cada jugador se interrelacione y complemente, creándose así una fuerza integradora que establezca una cohesión en la homogeneidad y funcionalidad del equipo.

4. Sacar ventajas del conocimiento particularizado de la expresión táctica del equipo adversario minimizando o anulando los aspectos más eficaces y evidenciando las carencias de su preparación técnica, táctica, física y psicológica.

5. Establecer coordinadores de juego. Si es verdad que el colectivo y la capacidad de ayuda en un equipo resulta fundamental, no lo es menos que continúan existiendo jugadores que individualmente pueden decidir el partido; de ahí la importancia de los coordinadores del juego o de los jugadores de nivel técnico-táctico superior. Teodorescu (1984) refiere que «un gran número de las acciones técnico-tácticas (tanto ofensivas como defensivas) han determinado la aparición y especialización de los coordinadores del juego. Por esto, en el ataque el coordinador tiene como función específica adaptar de forma creativa, en las situaciones concretas del partido, el plan táctico del ataque. Este jugador se caracteriza por tener un elevado pensamiento táctico y una gran capacidad de ejecución técnica, así como por una fuerte personalidad y cierta autoridad sobre sus compañeros». Para Palfai (1982), «los equipos tienen necesidad de jugadores con cualidades humanas y competitivas especiales, capaces de conducir a sus compañeros, de organizar el juego de un sector o de un equipo, siendo los ejemplos que hay que seguir y animando a sus compañeros también en los momentos más difíciles». Durante un largo período de la evolución del juego, la preponderancia dependía de la singular capacidad técnico-táctica de algunos jugadores. De hecho, es absurdo pensar que el fútbol actual no les necesita o que han perdido importancia; la diferencia reside en que los nuevos factores vitales complementan y amplían el rendimiento de la acción de estos jugadores dentro del contexto del equipo, y naturalmente del juego. En este sentido, un equipo valioso se caracteriza por la complementariedad de sus elementos, lo que reside en una inequívoca aceptación mutua y en una comprensión recíproca.

Por lo tanto, la coherencia y la dinámica de estas manifestaciones, como hemos referido anteriormente, son tanto más eficaces cuanto más se traduzca su expresión final de forma unitaria y homogénea, no dando lugar a compartimentos estancos que sólo conducen al equipo a una mayor permeabilidad en su organización. La racionalización de estos desplazamientos compensatorios deriva esencialmente de un conjunto de misiones tácticas específicas atribuidas a cada jugador por el entrenador, que las adapta en función de las situaciones del juego y de los objetivos tácticos momentáneos del equipo.

LAS ACTITUDES Y LOS COMPORTAMIENTOS TÉCNICO-TÁCTICOS DE LOS JUGADORES

La estructura del juego, más allá del dispositivo de base (sistema de juego) que posiciona a los jugadores sobre el terreno de juego, establece igualmente las tareas o las misiones tácticas fundamentales que se integran en un conjunto de actitudes y de comportamientos técnico-tácticos generales y específicos.

• Las actitudes y los comportamientos técnico-tácticos de base de los jugadores

En este ámbito podemos encontrar cinco atributos fundamentales que todos los jugadores deben perfeccionar y desarrollar constantemente:

1. Seleccionar una atención que se concentre sobre los aspectos pertinentes del contexto de la situación. De este atributo resulta una costosa observación del comportamiento de los compañeros y los adversarios, condición fundamental para una correcta lectura y valoración de las situaciones de juego.


2. Planificar con anticipación las opciones que hay que decidir para las diferentes situaciones que el juego encierra en sí, reaccionando con un comportamiento distinto ante su imprevisibilidad y transitoriedad.

3. Respetar constantemente los principios establecidos por el equipo durante las fases del juego para que haya un lenguaje común de comunicación entre los jugadores, con el objetivo de aplicar una solución táctica eficaz a las situaciones momentáneas del juego.

4. Buscar fundamentalmente ventajas en términos numéricos, espaciales o temporales con el objetivo de transformar las situaciones del juego en fáciles soluciones tácticas, realizando de esta forma un juego simple y práctico para concretar los objetivos tácticos del equipo.

5. Utilizar todos los medios técnico-tácticos para cooperar constantemente con los compañeros con y sin balón, expresando actitudes en las que el interés colectivo se muestre por encima de los intereses individuales, pues éstos sólo tienen sentido cuando están soportados por la acción colectiva. La ejecución de los procedimientos técnico-tácticos se puede potenciar con determinación, agresividad y eficacia, transmitiendo estas características para aportar mayor capacidad a los compañeros y restar eficacia a los adversarios.


Las actitudes y los comportamientos técnico-tácticos de base de los jugadores en el proceso ofensivo

En el ámbito ofensivo podemos presentar los siguientes atributos fundamentales:


1. Buscar obstinadamente el gol intentando conseguirlo el mayor número de veces, lo que ha de reflejar una concepción y un método de juego concretos previamente establecidos por el equipo.

2. Cambiar, después de la recuperación de la posesión del balón, de una actitud defensiva a otra ofensiva, fundamentada en rápidos movimientos, con objeto de que el adversario no tenga el tiempo necesario para organizar convenientemente sus acciones defensivas, tanto individual como colectivamente.

3. Comprender, cuando estamos en posesión del balón, la responsabilidad de su mantenimiento y la cuota de responsabilidad en la concreción del objetivo del ataque (el gol). Por esto hay que penetrar (con o sin la posesión del balón) siempre que las circunstancias lo permitan, evitando que el adversario directo oriente sus comportamientos técnico-tácticos hacia zonas de juego importantes.

4. Asegurar una ocupación racional del espacio, en consonancia con las necesidades determinadas por las diferentes situaciones del juego por las infiltraciones de los compañeros en otras posiciones y soluciones tácticas, articulando un posicionamiento variable (distancia, ángulo y comunicación) y teniendo en cuenta, más allá del balón, las posiciones relativas de compañeros y adversarios, el estado del terreno de juego, las condiciones climáticas y la zona del campo.

5. Buscar ejecutar constantemente acciones de cobertura-apoyo con el objetivo de hacer la tarea del compañero que tiene el balón lo más simple posible y, al mismo tiempo, crear mayor número de posibilidades para que decida un comportamiento técnico-táctico más eficaz en la solución táctica de las situaciones momentáneas del juego. En este sentido, se debe alejar o aproximar del compañero que posee el balón para crearle espacios, que podrán ser ocupados inmediatamente y explorados por sus compañeros o para hacer un desplazamiento del adversario directo hacia una posición más desfavorable, en sintonía con el trabajo del equipo.

6. Utilizar todo el espacio de juego (amplitud y profundidad en la búsqueda permanente de la creación y exploración de espacios libres en las zonas vitales del terreno con el objetivo de desestabilizar al equipo contrario, fundamentalmente en lo que se refiere a su organización defensiva, para crear una progresión y finalización eficaz. Aprovechar todos los momentos de desequilibrio del equipo adversario desplazándose sincronizadamente con el movimiento global de su equipo hacia esas zonas del espacio de juego.

7. Conocer a la perfección y de una forma correcta los principios generales y específicos del ataque, estableciendo un lenguaje común con los compañeros. Aunque no esté incluido en la situación de juego (centro de acción), se debe concienciar y ha de valorar constantemente su contribución al desarrollo del proceso ofensivo de su equipo volviendo el juego imprevisible desde el punto de vista defensivo y desde el punto de vista ofensivo, disimulando así las verdaderas intenciones tácticas y obligando a los adversarios a no anticipar las acciones ejecutadas en las situaciones de juego.


Las actitudes y los comportamientos técnico-tácticos de base de los jugadores en el proceso defensivo

En el ámbito defensivo podemos presentar los siguientes atributos fundamentales:

1. Preparar mentalmente el ataque del equipo cuando está interviniendo en el objetivo de recuperar la posesión del balón a través de movimientos que creen espacios libres, obligando así al equipo adversario a preocuparse más por él que por el ataque a la portería adversaria.

2. Reaccionar de inmediato ante la pérdida de la posesión del balón cambiando de actitud y de comportamientos técnico-tácticos, que han de basarse en rápidos movimientos para posicionarse en función del balón, la portería, los adversarios y los compañeros, marcando individualmente al adversario que está en posesión del balón, al adversario que le pueda dar continuidad al proceso ofensivo o creando un espacio vital del juego hacia el que encaminar el juego ofensivo.

3. Comprender su responsabilidad en el retraso del proceso ofensivo (temporización) del equipo adversario, especialmente cuando se marca al adversario que está en posesión del balón, para intentar ganar el tiempo suficiente para la recuperación y organización del método defensivo. En este ámbito se incluye la orientación de los comportamientos técnico-tácticos del atacante hacia espacios de juego donde el peligro será menor y la recuperación del balón se pueda realizar de forma más eficaz.

4. Saber recuperarse defensivamente para ocupar las funciones dentro del método defensivo. Este desplazamiento se caracteriza por una marcada presión sobre los adversarios que puedan dar continuidad al proceso ofensivo y por la ayuda organizada, es decir, por la organización y coordinación de las acciones individuales de los defensas.

5. Asegurar constantemente la ocupación racional del espacio de juego equilibrando dinámicamente la organización del equipo. En este campo dominan los conceptos técnico-tácticos de doblar, permutar y compensar.

6. Buscar la ejecución constante de acciones de cobertura defensiva transmitiendo mayor confianza e iniciativa al compañero que marca al adversario que posee el balón (contención) y respetando una distancia y un ángulo convenientes a la situación momentánea del juego. En este dominio debe saber aproximarse o alejarse en función de la zona del campo, de la capacidad técnico-táctica del adversario, etc., con el fin de aumentar la presión sobre el adversario.

7. Comunicarse constantemente con los compañeros pidiendo ayuda e informaciones de las intenciones de los atacantes. Este hecho presupone una permanente preocupación por prever y deducir las verdaderas actitudes tácticas de los adversarios para permitir preparar preventivamente las acciones que las anticipan.


8. Conocer correctamente los principios generales y específicos de la defensa estableciendo un lenguaje común con los compañeros. Aunque no estén introducidos en la situación de juego (centro de acción), deben concienciarse y valorar constantemente su contribución a la estabilidad y organización del método defensivo, volviendo el juego previsible desde el punto de vista defensivo e imprevisible desde el ofensivo, disimulando de esta forma las verdaderas intenciones tácticas y obligando a los adversarios a no poderse anticipar a las acciones en las situaciones de juego.


9. Asegurar su contribución a la formación de barreras.

10. Desplazarse de atrás adelante después de recuperar el balón acompañando el proceso ofensivo: abriendo el «frente de ataque», jugando con el máximo de seguridad y creando inestabilidad en el equipo adversario con el objetivo de progresar y realizar finalizaciones eficaces. En este sentido, hay que aprovechar todos los momentos de desequilibrio del equipo adversario para desplazarse sincronizadamente con el movimiento global del propio equipo hacia el centro de esas zonas exploradas en los espacios de juego.

• Las actitudes y los comportamientos técnico-tácticos específicos de los jugadores

Durante el proceso ofensivo

1. El portero debe atender a los siguientes aspectos:

A. Regular el ritmo de juego aumentándolo o disminuyéndolo mediante la reposición rápida o lenta del balón.

B. Orientar, debido a su posición privilegiada sobre el terreno de juego, esencialmente a los compañeros de la última línea defensiva.

C. Asegurar constantemente líneas de pase seguras a sus compañeros haciendo uso de las ventajas que las leyes del juego le confieren respecto al control y a la protección del balón con las manos.

D. Expresar tranquilidad, confianza y seguridad a los compañeros para que asuman comportamientos más arriesgados, pues saben que existe confianza «a sus espaldas».


2. Los defensas laterales han de atender a los siguientes aspectos:

A. Desplazarse inmediatamente hacia la línea lateral después de la recuperación del balón con el objetivo de abrir la posibilidad de pase, particularmente cuando el portero tiene el balón.

B. Utilizar su carril de juego en el apoyo al ataque de su equipo saliendo por detrás de la línea del balón para desequilibrar, crear situaciones de su pérdida numérica o explorar los espacios libres de juego. Estos comportamientos se deben verificar a partir de la correcta coordinación con sus compañeros de los sectores de medio campo y ofensivo para evitar situaciones de repeticiones de acciones y gastos de energía inútiles.


C. Desarrollar y cumplir, cuando sea necesario, misiones tácticas inherentes a los jugadores de medio campo o extremos.

D. Evitar la ejecución de pases laterales (especialmente los largos y los de trayectoria aérea) de su carril hacia el centro del espacio de juego.

E. Valorar el momento más justo para poder aprovechar su carril de juego para rentabilizar las acciones de contraataque o de ataque rápido o por medio de desplazamientos hacia los espacios de juego existentes «a las espaldas» de los defensas contrarios.


F. Realizar acciones que establezcan equilibrios defensivos vigilando a jugadores y espacios y permutar funciones con el defensa central.

G. Realizar los lanzamientos de línea lateral a partir de su carril.

3. Los defensas centrales tienen que atender a los siguientes aspectos:

A. Coordinar y cooperar entre sí, particularmente cuando uno se incorpora al desarrollo y a la finalización del proceso ofensivo del equipo.

B. Desplazarse hacia los espacios cercanos al medio campo, disminuyendo de esta forma la profundidad del equipo.

C. Aprovechar las ventajas que tiene su posición en el carril central, ya que representa tener condiciones óptimas para servir a los compañeros que juegan en otros carriles (medios, interiores, extremos o defensas laterales).

D. Incorporarse al ataque, especialmente en situaciones de contraataque o ataque rápido, con el objetivo de sacar ventajas en la creación de contextos para reducir su número o desequilibrar el método defensivo adversario con la ejecución de desmarques de ruptura perpendiculares.

E. Participar en la organización de las situaciones de balón parado (esquemas tácticos) para maximizar y valorar sus capacidades particulares, ya que en algunas situaciones son ellos los elementos más apropiados para la finalización de la situación.


4. Los medios centrales deben atender a los siguientes aspectos:

A. Tener comportamientos técnico-tácticos que expresen gran equilibrio tanto en la ejecución de funciones ofensivas como defensivas. Estos jugadores son normalmente inteligentes y con un alto nivel de cultura táctica, y se adaptan de forma creativa a las situaciones concretas del juego. De hecho, marcan el ritmo de juego temporizándolo o aumentándolo.


B. Apoyar constantemente el proceso ofensivo, muchas veces organizando el juego. En este sentido, deben evitar utilizar acciones de conducción de balón cuando es posible efectuar el pase a un compañero mejor posicionado; incluso, en función de las circunstancias del juego, pueden emplear pases largos con el objeto de aislar a algún compañero.

C. Crear, desarrollar y culminar, cuando sea posible, los ataques a través de remates de larga o corta distancia asumiendo de esta manera las responsabilidades inherentes a la ejecución y las consecuencias de esta acción técnica.

D. Desmarcarse hacia los espacios libres en los carriles de juego «a las espaldas» de la defensa. En este sentido, colaboran de forma racional con los delanteros centros, interiores o extremos.

E. Colaborar en el remate de los saques de esquina, participando en su culminación o en el equilibrio defensivo de su equipo.

F. Ejecutar rápidamente las acciones con balón solicitando de inmediato al compañero mejor posicionado. Por ello, siempre que sea posible, deben jugar al primer toque, aumentando de esta manera la velocidad de la circulación del balón.

5. Los interiores o extremos han de atender a los siguientes aspectos:

A. Crear situaciones eminentemente de finalización utilizando su velocidad de ejecución técnico-táctica y particularmente su capacidad de regate y desmarque.

B. Aprovechar sus posiciones para ejecutar remates eficaces a partir de ángulos reducidos.

C. Ejecutar los saques de esquina.

D. Utilizar constantemente acciones de movilidad cuyo objetivo táctico sea la creación de espacios libres o arrastrar consigo mismo a uno o más defensas para que otros compañeros puedan ocupar ese espacio.

E. Desmarcarse hacia los espacios de base del delantero centro con la idea de desequilibrar a la defensa.

F. Prepararse mentalmente para el contraataque en las situaciones de saque de esquina en contra, posicionándose en el carril central (fuera del área grande).

6. Los delanteros centro deben atender a los siguientes aspectos:

A. Dar profundidad al proceso ofensivo del equipo, una vez que se han posicionado lo más cerca posible de la portería adversaria.

B. Atraer a los defensas centrales hacia falsas posiciones, facilitando así la penetración de sus compañeros hacia las zonas vitales del terreno de juego.

C. Dominar la acción técnico-táctica de remate en cualquier situación o posición (con el pie o con la cabeza) siendo espontáneo, creativo y asumiendo la responsabilidad de finalizar el ataque.

D. Crear constantes condiciones de movilidad a través de los desmarques en dirección a los carriles laterales, buscando el apoyo de los interiores o de los defensas laterales.

Durante el proceso defensivo

1. El portero tiene que atender a los siguientes aspectos:

A. Proteger la portería utilizando un conjunto de acciones técnico-tácticas específicas con el objetivo de impedir por todos los medios que el equipo adversario consiga marcar gol.

B. Dirigir y orientar las acciones de sus compañeros en las diferentes situaciones de juego utilizando un lenguaje constituido por expresiones cortas, simples e inequívocas.

C. Leer constantemente el juego y las situaciones de emergencia, saliendo del área grande para jugar con el balón utilizando los procedimientos técnico-tácticos de cualquier jugador de campo.

D. Transmitir constantemente tranquilidad, confianza y seguridad a sus compañeros.

2. Los defensas laterales deben atender a los siguientes aspectos:

A. Formar con los defensas centrales la última línea defensiva, que se ha de desdoblar el mayor número de veces en función de la situaciones momentáneas del juego.

B. Defender los carriles de juego vigilando y marcando agresivamente a los atacantes que por ahí se desplacen.

C. Desplazarse hacia la zona central marcando el espacio a las espaldas de sus defensas centrales siempre que el balón esté del lado contrario a su carril de juego.

D. Marcar presionando al adversario para que evolucione en su zona de actuación, obligándole a orientar sus comportamientos técnico-tácticos hacia la línea lateral. Este marcaje será tanto más agresivo cuanto más se aproxime el adversario a la portería.

E. Temporizar, en situaciones de emergencia, hasta que los compañeros restablezcan un referencial equilibrado de fuerzas.

F. Colocarse sobre la línea de la portería protegiendo y utilizando todos los medios en las situaciones en las que el portero se ha tenido que desplazar para presionar al atacante en posesión del balón.

G. Participar en la formación de las barreras.

3. Los defensas centrales han de atender a los siguientes aspectos:

A. Marcar de forma activa y rigurosa al jugador adversario más adelantado no dándole ni tiempo ni espacio para que pueda ejecutar sus acciones técnico-tácticas.

B. Alternar acciones de marcaje individual mediante acciones de cobertura defensiva con el otro defensa central.

C. Coordinar la última línea defensiva, disminuyendo o aumentando la profundidad defensiva de su equipo y, simultáneamente, buscar aprovechar las ventajas de la ley del fuera de juego.

D. Participar en la construcción de las barreras coordinando su posición con las indicaciones del portero.

E. Buscar actuar con sobriedad, exactitud y seguridad en las acciones defensivas.

F. Por su función y posición sobre el terreno de juego, presenta las mejores condiciones para ser el capitán del equipo.

4. Los mediocampistas centrales deben atender a los siguientes aspectos:

A. Equilibrar constantemente el sistema de juego del equipo.

B. Marcar a los mediocampistas centrales del equipo adversario acompañándolos si se desplazan hacia las zonas vitales de finalización.

C. Permutar sus misiones tácticas, en función de las situaciones momentáneas de juego, con los defensas centrales.

D. Colaborar en todos los saques de esquina en contra por medio del marcaje de un espacio vital de juego, de un adversario o a través de la preparación del contraataque.

5. Los interiores y extremos tienen que atender a los siguientes aspectos:

A. Cerrar sus carriles de juego prestando ayuda al compañero defensa lateral.

B. Desplazarse hacia el centro del terreno ayudando en las tareas defensivas a los mediocampistas centrales siempre que el balón esté en el carril opuesto a su acción.

C. Colocarse frente al balón hasta que la formación de la barrera esté concluida, evitando así que el balón cambie de posición o que el esquema táctico sea ejecutado rápidamente.

D. Posicionarse al frente de la barrera con el objetivo de desplazarse, aprovechando su velocidad, en dirección al adversario después del primer toque de balón.

6. Los delanteros centro deben atender a los siguientes aspectos:

A. Presionar las líneas posibles de pase en su salida del balón, particularmente cuando se encuentra en el sector defensivo del equipo adversario.

B. Constituir una amenaza permanente para los porteros adversarios presionándolos constantemente.

C. Presionar a los adversarios cuando el balón circula en el carril central de juego.

D. Participar en las situaciones de balón parado con el objetivo de sacar partido a sus capacidades, especialmente cuando incluyen a los defensas centrales del equipo adversario.

Capítulo 3
MÉTODOS DE JUEGO


CONCEPTO

El método de juego está representado por la coordinación (sincronización) comportamental de los jugadores y por el ritmo de ejecución de sus acciones técnico-tácticas, racionalizándolas y secuenciándolas a través del estudio y del internamiento realizado durante el proceso de preparación del equipo para las fases fundamentales del juego, es decir, en el proceso ofensivo y defensivo, encuadrados en un dispositivo estructural de base denominado «sistema de juego».

NATURALEZA

La naturaleza de los métodos de juego se expresa, para una realidad dada (equipo), por la aplicación teórica y práctica de los principios basados en juicios de valor que orientan inapelablemente y de forma simultánea regular actitudes, comportamientos y ritmos de ejecución de las acciones técnico-tácticas de los jugadores. Esta orientación y regulación tiene por objetivo racionalizar y secuenciar durante las fases ofensiva y defensiva del juego la circulación (desplazamiento) de los jugadores y, naturalmente, del balón dentro del espacio de juego en el seno de un dispositivo táctico preestablecido. En consecuencia, la naturaleza de los métodos de juego evidencia fundamentalmente dos elementos esenciales:

• La coordinación unitaria de las acciones de los 11 jugadores que constituyen el equipo en la concreción de un proyecto que les es común

En este sentido, la conjugación de los esfuerzos de los diferentes elementos del equipo con la intención de responder colectiva y eficazmente a todo el contexto situacional que el juego del fútbol en sí encierra determina la necesidad de establecer un orden en los comportamientos de los jugadores. Esta necesidad desarrolla de forma inequívoca la división de las tareas y funciones tácticas que deben ser comprendidas y asimiladas por todos los jugadores, es decir, entendiendo las suyas y las de sus compañeros con la intención de que cuando se analice cualquier contexto situacional de juego se asuman actitudes y comportamientos técnico-tácticos coordinados con las actitudes y los comportamientos técnico-tácticos del resto de los compañeros. En otras palabras: la organización coordinada del equipo se basa en la unidad de comprensión, de actitudes y de acción, donde cada jugador sintoniza sus comportamientos en función de las necesidades para la solución de las situaciones de juego, siendo simultáneamente consciente de sus acciones y de las de sus compañeros con el objetivo de que cada comportamiento tenga una intención, un ritmo, un tiempo y una eficacia en la ejecución. En este sentido, al establecerse los principios directores y orientadores de forma general de la organización del ataque y de la defensa dentro del sistema de juego preconizado por el equipo, se desarrollan paralelamente estos mecanismos:

1. De participación activa de todos los jugadores en la solución de las situaciones de juego creándose una fuerte mentalidad y dimensión colectiva.

2. De ayuda y solidaridad entre ellos para asegurar una mayor eficacia en las fases ofensivas y defensivas independientemente de las misiones tácticas de base a las que cada jugador debe estar adscrito.

3. De equilibrio constante y automático de las relaciones de fuerza dentro del sistema de juego con el objetivo de mantener elevados niveles de organización y de respuesta ante las alteraciones constantes y operacionales determinadas por la situación de juego.

4. De racionalización de los espacios en función de los contextos situacionales del juego, donde se observan comportamientos divergentes de los jugadores, pero que en su globalidad se complementan convergiendo hacia la concreción de un proyecto común.

5. De simplificación de los procesos de carácter ofensivo y defensivo para alcanzar sus fines y asimismo cuando los niveles de capacidad de los jugadores son elevados.

• El tiempo y el ritmo de juego

Paralela y complementariamente, cada equipo al aplicar un determinado método de juego expresa, en la misma medida, un tiempo y un ritmo convenientes para mantener elevados niveles de rendimiento, lo que determina, entre muchos otros aspectos:

1. La variación secuencial de la velocidad de ejecución de los procedimientos técnico-tácticos individuales y colectivos tanto en el ámbito ofensivo como en el defensivo.

2. El conocimiento monográfico de los espacios de juego respecto a dónde y cómo ejecutar las acciones de forma metódica y sistemática para asegurar el éxito de cada iniciativa.

3. El uso del factor sorpresa con el objetivo de sacar ventaja a los desequilibrios puntuales y temporales de la organización ofensiva o defensiva del equipo adversario.

IMPORTANCIA

La estructura del juego del fútbol pasa inicialmente, en su fase organizativa, por una etapa geométrica de ocupación racional del espacio. Todavía se trata, sea cual sea la forma de colocación de los jugadores sobre el terreno de juego, de una forma geométrica implícita, que no permite la ocupación total y, por lo tanto, es la disposición establecida en el inicio del partido y no se puede conciliar con las modificaciones situacionales en el transcurso del juego. En este sentido, los equipos ocupan el espacio de juego con el objeto de asegurar las disposiciones básicas de los jugadores dentro del equipo para que establezcan líneas de fuerza unitarias y homogéneas, que constituyen el cuadro de referencia de la red de comunicación del equipo o de la interceptación de las uniones entre los adversarios. Después de que el balón se pone en movimiento, efectúan con cierta libertad, de sector a sector y de carril a carril, movimientos compensatorios en los que la ocupación sea la apropiada en cada momento en relación con el contexto situacional del juego para asegurar las respuestas tácticas específicas (inmediatas y preeminentes) en orden a la consecución de los objetivos del equipo. En la línea de los racionamientos formulados, es el método de juego el que establece los principios directores de la forma general de la organización del ataque o de la defensa, racionalizando simultáneamente la coordinación/sincronización de los comportamientos individuales y colectivos en función de los contextos situacionales del juego. La coherencia y la dinámica (ritmo) de estos comportamientos (tanto en el proceso ofensivo como en el defensivo) están coordinadas por la necesidad de equilibrar el reparto de los jugadores (de las fuerzas) sobre el terreno de juego. Esta coordinación será tanto más eficaz cuanto más se traduzca su expresión final de forma unitaria y homogénea, no dando lugar a compartimentos estancos que sólo conducen al equipo a una mayor permeabilidad de su organización. Bajo estas circunstancias, la observación de la articulación dinámica de la estructura del equipo en el espacio refleja indudablemente desplazamientos con tendencias a:

1. Apoyar o presionar al jugador en posesión del balón y los espacios que lo rodean. En este campo se observan desplazamientos alrededor de ese espacio de juego en el sentido de facilitar el movimiento y la progresión del balón cuando es una situación ofensiva u oponiéndose si se trata de una situación defensiva.

2. Romper la organización defensiva con el objetivo de asegurar condiciones contextuales favorables en la creación de situaciones de finalización con elevadas probabilidades de éxito.

3. Equilibrar la organización defensiva en el sentido de evitar la posibilidad de la progresión del equipo adversario hacia las zonas propicias de finalización o de crear situaciones eminentes de finalización, y, cuando están en posesión del balón, equilibrar su organización ofensiva por medio de la vigilancia de los espacios vitales de juego o el marcaje de los adversarios que no están directamente implicados en el proceso de la recuperación del balón, los cuales se posicionan para poder preparar o dar continuidad al ataque de su equipo cuando se verifica la recuperación del balón.

OBJETIVOS

Se plantean ante el cuadro referencial establecido que se deriva de la racionalización y coordinación que caracterizan todo el método de juego (tanto ofensivo como defensivo), por un lado, y debido a la variación secuencial y a la velocidad de ejecución de los procedimientos técnico-tácticos que definen el tiempo y el ritmo del juego propio del equipo, por otro lado. Los métodos de juego buscan crear constantemente condiciones más ventajosas en términos de número de jugadores, espacio de juego y tiempo con el objetivo esencial de establecer los principios que definen la línea general de coherencia de los procedimientos en relación con:

1. El reparto de los jugadores sobre el terreno de juego, particularmente a través de sus continuos desplazamientos ejecutados con el objetivo de equilibrar dinámica y automáticamente el sistema táctico de su equipo, y, simultáneamente, desequilibrar el de los adversarios inmediatamente después de ponerse el balón en movimiento.

2. El orden y las relaciones recíprocas de los jugadores en su colaboración (con sus compañeros) y con los adversarios (con los componentes del equipo adversario).

3. La orientación de los comportamientos técnico-tácticos en función de los objetivos táctico-estratégicos momentáneos del juego, de los contextos situacionales, de las fases (ofensivas y defensivas), de las etapas en las que el equipo se encuentra y de los factores que condicionan la solución del contexto situacional.

4. La velocidad más o menos elevada de ejecución de las acciones técnico-tácticas de los jugadores, manteniéndose elevados niveles de adaptación al problema expuesto y de eficacia en la solución de un elevado número de opciones.

5. La iniciativa que los equipos deben tener ante el adversario independientemente de poseer o no el balón. En este sentido, cada equipo ha de hacer uso de la iniciativa tomando decisiones, anticipando y aplicando comportamientos cuyas variaciones secuenciales serán imprevisibles a los ojos del adversario, con el objetivo de establecer un elevado nivel de presión y agresividad (ofensiva y defensiva).

ELEMENTOS DE BASE

Los elementos de base de los métodos de juego, tanto ofensivos como defensivos, comportan los siguientes atributos:

• Fundamento frente a finalidad

La concepción de cualquier método de juego ofensivo o defensivo se estructura en un primer análisis según un fundamento, pues establece sus principios y bases, y con una finalidad que expresa una intencionalidad que da un significado a todas las actividades de la organización del equipo. De hecho, la organización del equipo se basa en el conjunto de actitudes y comportamientos técnico-tácticos individuales y colectivos, los cuales determinan un fundamento sólido, por un lado, para la comprensión situacional del contexto y, por otro, con una finalidad objetiva para la solución de esas situaciones de juego. Sólo así es posible desarrollar y evolucionar de las respuestas menos complejas hacia las más complejas. En estas circunstancias, siempre que un equipo retrocede en su rendimiento, tanto en el plano individual como en el colectivo, sin que se observen razones aparentes, los medios de entrenamiento se deben direccionar e intensificar planteando ejercicios cuyo contenido contemple profunda y predominantemente los fundamentos y las finalidades de la organización del equipo.


• Simplicidad frente a complejidad

La organización del equipo de fútbol bajo una perspectiva metodológica se tiene que basar en una doble articulación:

1. En la simplicidad de la comprensión de sus fundamentos y finalidades en lo que concierne a su articulación entre los diferentes jugadores y sectores del equipo.

2. En la simplicidad de su aplicación práctica, que se expresa por la solución eficaz de las situaciones problemáticas del juego. Cuanto mayor es la capacidad de los jugadores en su inteligencia táctica, ejecución motriz y talento, más compleja puede ser la organización ofensiva o defensiva de un equipo. Además, el pensamiento y las acciones de carácter «simple» deben permanecer como elementos referenciales de fundamento en todo el método y el ritmo de juego, al que sustentan, en último término, con su eficacia.

• Adaptación frente a flexibilidad

La conceptualización y la construcción del método de juego tanto ofensivo como defensivo se debe basar esencialmente, en un primer análisis, en dos factores fundamentales: la precisión, el rigor y la orientación adecuados de las acciones técnico-tácticas individuales y colectivas ejecutadas para la solución de los diferentes contextos situacionales en el juego, y la aplicación de un tiempo y un ritmo, en cualquier fase del juego, adecuados a la organización y preparación técnico-táctica de los jugadores que componen el equipo. Concomitantemente hay que establecer dos tipos de adaptación funcional de los métodos ofensivos y defensivos preestablecidos por el equipo:

1. El que se deriva de su carácter intrínseco, que se refleja en la concordancia organizativa entre el método ofensivo y el defensivo en su aplicación por el propio equipo. De hecho, es necesario que los presupuestos fundamentales de uno de los métodos no pongan en riesgo de forma inevitable la aplicación de los presupuestos de la eficacia de otro. En este sentido, el equipo debe jugar en un bloque homogéneo y compacto no sólo en la aplicación de cada uno de los métodos preestablecidos, sino también en la transición de uno hacia otro método con el objetivo de que no exista ninguna ruptura en la continuidad del proceso ofensivo o defensivo. Esto determina, por ejemplo, la colocación de ciertos jugadores en posiciones «clave» dentro del dispositivo ofensivo o defensivo del equipo para favorecer el inicio y el desarrollo tanto del ataque como de la defensa con los mejores jugadores (especialistas). Así se preconiza que el equipo tenga la «flexibilidad» suficiente para pasar rápidamente de un proceso ofensivo a otro defensivo, y viceversa, buscando de esta forma sacar todas las ventajas inherentes a los posibles desequilibrios en la organización del equipo adversario cuando éste deja de atacar y tiene que pasar a defender, o cuando recupera el balón y ha de pasar a atacar. En resumen, esta articulación ofensiva frente a la defensiva determina que las características de base de uno de los métodos no deben poner en riesgo los presupuestos de la eficacia del otro, pero sí, si es posible, deben aumentarlos.


2. El que se deriva de su carácter extrínseco, que materializa tanto en su globalidad como en su especificidad el método ofensivo y defensivo establecido y aplicado por el equipo adversario. De hecho, se busca asegurar cierto número de medidas preventivas y adaptativas tendentes a contrarrestar la iniciativa, las cualidades y a los jugadores que las aplican. Esta dotación se realiza fundamentalmente para intentar una recuperación rápida del balón, inmediatamente después de su pérdida, estableciendo de forma simultánea la creación de circunstancias y momentos más ventajosos, que posibiliten en un futuro inmediato que el proceso ofensivo que salga de esa situación tenga las más elevadas probabilidades de éxito. En los mismos términos y acentuando la misma dinámica, el equipo debe organizarse y dar primordial importancia a la protección de su portería, evitando por todos los medios recibir un gol cuando no fue posible una recuperación rápida del balón y paralelamente no se consiguió romper el proceso ofensivo adversario que progresó hacia las zonas predominantes de finalización. También se busca obligar al equipo adversario a defenderse con un menor número de jugadores, de menor cualidad en términos defensivos, o incluso más, en situaciones desfavorables para ellos en términos de espacio, tiempo y número, inmediatamente después de la recuperación del balón y durante el desarrollo y la concreción del proceso ofensivo. En resumen, en relación con esta segunda articulación se puede afirmar que el desarrollo de cualquier método de juego debe contener medidas preventivas y adaptativas que tiendan a contrarrestar la iniciativa y eficacia de los métodos de juego del adversario.

• Sorpresa e iniciativa

Hay que destacar que la organización de un equipo de fútbol ha de hacerse a partir de los métodos de juego de carácter ofensivo o defensivo y mediante los ritmos acordes con el rendimiento favorable de las capacidades de los jugadores. Además, para valorar y potenciar esta conceptualización se debe igualmente contar con dos aspectos esenciales:

1. Un conjunto de acciones inesperadas, desde el punto de vista del equipo adversario, con el objetivo de sorprenderle y obligarle a realizar continuamente ajustes en su organización. Estos constantes ajustes, además de desgastar a los adversarios en términos energéticos, establecen las condiciones más propicias para que existan fallos en el plano técnico-táctico, originando así desequilibrios en su organización de tipo numérico, espacial y temporal. De hecho, los desequilibrios de una organización disminuyen la coordinación (sincronización) de las acciones adversarias y, consecuentemente, su eficacia.


2. La iniciativa, en el sentido de poner en práctica un pensamiento y una acción. De hecho, la iniciativa debe ser una cualidad de los métodos y del ritmo de juego, en el cual se toman decisiones anticipando las del adversario y aplicándolas con el objetivo de sacar ventaja de su ejecución.

De aquí resulta la necesidad de que su conceptualización debe tener en cuenta el nivel actual de las capacidades del jugador, es decir, sus capacidades técnicas, tácticas, físicas y psicológicas, con el objetivo de llenar todos los prerrequisitos establecidos para cada método de juego elegido. Por ello, si este elemento no se respeta, la eficacia de la organización del equipo no se podrá aprovechar al máximo.

NIVELES

La noción fundamental que define y condiciona el fútbol en la actualidad deriva del hecho de que en muchos momentos del partido los equipos «tienen o no la posesión del balón». Bajo estas circunstancias, ni el proceso ofensivo es exclusivo de los jugadores que detentan el rol de delanteros ni se descarga sobre los defensas toda la responsabilidad de defender. Siguiendo este raciocinio, cualquier método de juego encontrará grandes dificultades para imponerse si depende exclusivamente de las acciones aisladas de un jugador o de un sector del equipo. Sin embargo, se pueden observar preponderancias más o menos acentuadas que se derivan del modelo de juego del equipo y de la planificación estratégica para un partido o para un momento; todo método se vuelve más eficaz si se pone en práctica a través de las acciones coordinadas y con la participación consciente de todos los jugadores del equipo. Por esto:

1. En las situaciones de posesión del balón, los jugadores con funciones predominantemente defensivas apoyan la fase ofensiva moviéndose en dirección a la portería adversaria con el objetivo de que las distancias entre ellos y los compañeros con funciones predominantemente atacantes se reduzcan. En esas posiciones realizan las siguientes acciones:

A. De soporte en las circulaciones tácticas cambiando el ángulo del ataque de un carril de juego a otro.

B. De apoyo en la retaguardia en relación con los jugadores más adelantados.

C. En la temporización en el proceso ofensivo hasta que se presenten las condiciones favorables para progresar y culminar con éxito dicho proceso.

D. De ejecución de desmarques de ruptura ofensivos, de atrás adelante respecto a la línea que marca el balón, con el objetivo de sorprender a los adversarios y crear situaciones de ruptura temporal de la organización defensiva del adversario y de superioridad numérica en un determinado espacio vital de juego.

E. De colaborar activamente en la preparación y organización del proceso ofensivo, siendo cada vez más protagonistas fundamentales en la concreción del objetivo de juego (el gol).

2. En las situaciones de pérdida de posesión del balón, los jugadores con funciones predominantemente atacantes:

A. Presionan de inmediato la salida del balón.

B. Dificultan y obstaculizan permanentemente el desencadenamiento del proceso ofensivo adversario.

C. Acompañan y marcan con decisión a los adversarios que salgan por detrás de la línea del balón para crear situaciones puntuales de ruptura de la organización defensiva o respecto a su paridad numérica en espacios vitales de juego.

D. Se interrelacionan posicionalmente con otros compañeros ejecutando acciones de permuta y desdoblamiento con el objetivo de contribuir al mantenimiento del equilibrio dinámico del equipo.

E. Cumplen tareas especiales de marcaje a los adversarios en función de las situaciones momentáneas y específicas del juego (por ejemplo, en situaciones de balón parado y esquemas tácticos).

De lo expuesto anteriormente cabe resaltar el raciocinio de base del juego del fútbol: se ataca la portería contraria cuando se tiene la posesión del balón, defendiéndose atacando el balón con el objetivo de recuperarlo. Por esto se observa una expresión colectiva en el proceso y el método ofensivo y otra en el proceso y en el método defensivo. En otras palabras: todos los jugadores atacan y todos los jugadores defienden. De esta reflexión resulta evidente que los equipos deben establecer un conjunto de relaciones e interrelaciones que permitan resolver todos los contextos situacionales del juego con pleno sentido de equipo. De hecho, la funcionalidad del equipo no se puede concretar en la yuxtaposición de las acciones individuales, sino en el ajuste de los diferentes comportamientos técnico-tácticos de los jugadores en función de las contingencias y del desarrollo de las situaciones del juego en una complementaridad coherente y dinámica. Esto por sí solo determina, consecuentemente, la exigencia de la participación de todos los jugadores en la solución de todas las situaciones de juego, creándose así una fuerte mentalidad y dimensión colectivas. Concluyendo, los niveles de todos los métodos de juego son una resultante del dualismo establecido por las fases ofensivas y defensivas del juego del fútbol, las cuales evidencian, naturalmente, dos vertientes fundamentales de análisis: los métodos del juego ofensivo y los del juego defensivo.

3.1. MÉTODOS DE JUEGO OFENSIVO


Los métodos de juego ofensivo buscan una coordinación eficaz de las acciones de los jugadores que constituyen el equipo para crear las condiciones más favorables para concretar los objetivos del ataque en consonancia con los del juego (el gol). Para alcanzar este objetivo, los métodos de juego ofensivo buscan, dentro de un marco de posibilidades, los siguientes aspectos:

1. Provocar una continua inestabilidad en la organización del método de juego defensivo del adversario.

2. Aplicar un ritmo más o menos elevado, incompatible con las acciones coordinadas de los adversarios con el objetivo de desorganizarles.

3. Utilizar constantes desplazamientos en profundidad y amplitud para aumentar el número de líneas de pase y naturalmente las acciones tácticas en términos de apoyo, progresión y ruptura de la organización defensiva del adversario. Bajo estas circunstancias, se dificultan las acciones de marcaje que se traducen en la presencia física de defensas sobre el atacante con la intención de neutralizarle.

4. Dirigir, siempre que sea posible, las acciones técnico-tácticas individuales y colectivas hacia la portería adversaria o hacia espacios vitales del terreno de juego. Esta condición ubica a los defensas adversarios bajo una fuerte presión de carácter táctico y psicológico.

5. Ejecutar circulaciones tácticas, que representan formas superiores de coordinación de la participación consciente de los jugadores y de sus acciones de carácter individual o colectivo con la intención de elevar las tasas de éxito, especialmente en las fases de creación de situaciones de finalización y de remate a la portería.

6. Simplificar el proceso ofensivo a través del recurso de un reducido número de jugadores que intervienen directamente sobre el balón ejecutando comportamientos técnico-tácticos por el lado donde hay riesgo, lo que determina un aumento de la capacidad de iniciativa, improvisación y creatividad de los jugadores.

7. Aprovechar el desequilibrio momentáneo de carácter mental (actitud), motor (comportamiento) y de la organización espacial del equipo que estaba atacando, que tiene que pasar a defender.

MÉTODOS DE JUEGO OFENSIVO

Se pueden establecer tres formas básicas a través de las cuales se expresan los diferentes métodos de juego ofensivo: el contraataque, el ataque rápido y el ataque posicional.

• El contraataque

Caracterización

Esta forma de organización ofensiva se caracteriza por los siguientes aspectos:

1. Rápida transición de las actitudes y de los comportamientos técnico-tácticos individuales y colectivos de la fase defensiva a la ofensiva inmediatamente después de la recuperación del balón.

2. Elevada velocidad de transición de la zona del campo donde se tuvo la recuperación del balón a las zonas predominantes de finalización, disminuyendo de esta forma el tiempo de la fase de desarrollo del proceso ofensivo.

3. Máxima (la más elevada) cadencia-ritmo de circulación del balón y de los jugadores.

4. Simplicidad del proceso ofensivo implicando a un reducido número de jugadores para que intervengan directamente sobre el balón ejecutando comportamientos técnico-tácticos fundamentalmente hacia el lado donde hay riesgo.

5. Ejecución de respuestas técnico-tácticas en condiciones favorables en términos de tiempo y espacio cuya dirección tiene como objetivo la portería adversaria.

6. Impedimento dirigido al equipo adversario debido a la velocidad de este método ofensivo, pues no dispone del tiempo necesario para poder evolucionar hacia una organización más estable y cohesionada en su método defensivo.

7. Obligación al aplicar los métodos defensivos de que los jugadores se posicionen y concentren muy cerca de su gran área. Este hecho provoca en el equipo adversario, cuando está en el proceso ofensivo, una falsa sensación de dominio del juego que lleva a los jugadores a «subir» en el terreno para cubrir el desequilibrio existente y reclutar un mayor número de jugadores para cumplir el objetivo del ataque. A consecuencia de esta acción, se crean grandes espacios de juego entre la última línea defensiva y la portería que deberán ser posteriormente utilizados para la aplicación eficaz del método ofensivo en cuestión.

Aspectos favorables

Los aspectos favorables del contraataque son los siguientes:

1. Crea sucesivamente condiciones de inestabilidad del proceso defensivo adversario debido a la rápida transición de las actitudes y los comportamientos de la fase defensiva a la ofensiva y a la elevada velocidad de transición desde la zona de recuperación de la posesión del balón hacia las zonas predominantes de finalización, buscando no proporcionar al equipo adversario el tiempo necesario para establecer una organización suficiente para contrarrestar las acciones e interacciones de los atacantes.

2. Transmite al equipo adversario, cuando se utiliza eficazmente, un elevado nivel de inseguridad. Por ello, desde hace algún tiempo se observa que un solo atacante «tiene» la atención de dos o más adversarios que, consecuentemente, no podrán integrarse en el proceso ofensivo de su equipo.

3. Provoca un elevado desgaste técnico-táctico, físico y principalmente psicológico a los adversarios, cuya función táctica es marcar a los atacantes que realizan y soportan fundamentalmente este método ofensivo.

4. Aumenta las dificultades de marcaje de los atacantes, pues la mayoría de los desplazamientos en este método ofensivo se ejecutan de atrás adelante en la línea del balón, lo que vuelve las situaciones más delicadas en términos defensivos.

5. Eleva la capacidad de iniciativa, improvisación y creatividad de los jugadores, quienes, debido a su gran libertad de dirección, pueden explorar ampliamente todas sus capacidades individuales.

6. Dispone de condiciones favorables en términos espaciales. La creación y utilización eficaz de estos espacios lleva a una constante modificación del ángulo de ataque y, consecuentemente, provoca una constante inestabilidad en la organización de la defensa del adversario.

7. Dificulta o imposibilita al equipo adversario el contraataque o el ataque rápido inmediatamente después de la recuperación del balón, ya que hay un gran número de jugadores por detrás de la línea del balón para mantener un rígido y eficaz equilibrio defensivo.

Aspectos desfavorables

Los aspectos desfavorables del contraataque son los siguientes:

1. Existe la posibilidad de observar constantes y rápidas pérdidas de posesión del balón debido a la elevada velocidad de ejecución técnico-táctica, así como a una falta individual que puede comprometer de inmediato la continuidad del proceso ofensivo y crear situaciones difíciles de solucionar.

2. Hay un elevado carácter individualizado de las acciones, ya que en casi todas las situaciones de juego los jugadores se encuentran en igualdad o en inferioridad numérica. De ahí la necesidad de que los jugadores, además de ser rápidos, deban tener elevados niveles de eficacia en situaciones de 1 × 1 y 1x 2.

3. Disminuye la cohesión y aumenta la permeabilidad de la organización ofensiva porque no existe una mutua cobertura en las situaciones de juego, lo que imposibilita que se juegue en un bloque homogéneo y debilita el espíritu y la solidaridad entre los jugadores.

4. Contribuye a un rápido desgaste físico de los jugadores sobre los que recae fundamentalmente el desarrollo del ataque del equipo, obligándolos a reaccionar constantemente ante las situaciones de juego.

5. Se necesita utilizar métodos defensivos en los que se produzca una gran concentración de jugadores cerca de su propia portería, lo que determina mayor peligrosidad en la recuperación del balón debido a la distancia a la que se encuentra de su portería; además cuando el equipo sale hacia el contraataque, se observa su estiramiento en términos de profundidad (parece que se encuentra «roto»), lo que disminuye la cohesión y homogeneidad del equipo.

6. Impone un elevado espíritu de sacrificio y paciencia; sin estos atributos difícilmente habrá un tirador así en este método ofensivo.


• El ataque rápido

Las características fundamentales del ataque rápido son las mismas que las referidas para el contraataque; la diferencia se establece fundamentalmente porque el contraataque busca asegurar las condiciones más favorables para preparar la fase de finalización antes de que se organice de forma eficaz la defensa contraria, mientras que el ataque rápido tiene que preparar la fase de finalización con el equipo adversario ya organizado eficazmente en su método defensivo. Así, se observan los mismos presupuestos referidos para el contraataque, especialmente respecto a la rápida transición de la zona de recuperación del balón a las zonas predominantes de finalización, con una preparación más tardía y laboriosa de la etapa de creación y de finalización. Las ventajas y los inconvenientes de este método ofensivo son fundamentalmente los mismos que los del contraataque.


• El ataque posicional

Caracterización

Esta forma de organización ofensiva se caracteriza por los siguientes aspectos:

1. Se eleva el tiempo de elaboración de la fase de desarrollo del proceso ofensivo, en el que la mayor o menor velocidad de transición de la zona de recuperación de la posesión del balón a las zonas predominantes de finalización es siempre consecuencia del nivel de organización del equipo en proceso ofensivo y del equipo en receso defensivo.

2. Presupone la utilización de un gran número de jugadores y acciones técnico-tácticas para concretar los objetivos del ataque. En este sentido, el equipo juega constantemente con una organización que evidencia un bloque homogéneo y compacto por las permanentes acciones de cobertura ofensiva, especialmente las de los jugadores que intervienen directamente sobre el balón.

3. Se impone que las actitudes y los comportamientos individuales y colectivos de los jugadores en las situaciones momentáneas de juego se resuelvan por el lado donde hay más seguridad, fundamentalmente en el desarrollo del proceso ofensivo, siendo preferibles las acciones «de más», es decir, que no resuelvan eficazmente la situación de juego, a realizar otras que puedan provocar la pérdida del balón rápidamente.

4. Se crean constantemente las condiciones más favorables, en términos de tiempo, espacio y número, para una simple, eficaz y segura respuesta táctica en función de las situaciones de juego.

5. Se establece un constante equilibrio dinámico en la organización del método ofensivo debido a la utilización de acciones técnico-tácticas de compensación y permuta en la búsqueda permanente de una ocupación racional del espacio de juego.

6. Se posibilita la aplicación de métodos defensivos presionantes que evidencien la preocupación por la recuperación del balón en zonas lejanas de la propia portería y que disminuyan la profundidad del proceso ofensivo adversario. En resumen, quitar parte de iniciativa al adversario cuando éste se encuentre en posesión del balón.

Aspectos favorables

Los aspectos favorables del ataque posicional son los siguientes:

1. Posibilita que la organización ofensiva refleje continuamente un bloque homogéneo y compacto.

2. Disminuye la posibilidad de perder el balón de forma rápida al optar por soluciones tácticas por el lado donde hay más seguridad.

3. Establece que las faltas individuales se puedan corregir rápidamente por los compañeros debido a la continua ejecución de acciones de cobertura ofensiva, estableciendo de esta forma un elevado grado de solidaridad.

4. Proporciona una mejor división de los esfuerzos producidos por el equipo, no existiendo una sobrecarga de algunos jugadores en detrimento de otros.

5. Permite muchas situaciones de superioridad numérica en el centro del juego ofensivo por el desplazamiento de uno o más jugadores hacia un cierto espacio vital de juego.

6. Puede determinar, debido al tiempo que dura normalmente este método ofensivo, que los adversarios entren en crisis de pensamiento táctico. Consecuentemente, juzgarán incorrectamente las situaciones de juego y optarán por soluciones tácticas de elevado riesgo en su intento de recuperar el balón.

Aspectos desfavorables

Los aspectos desfavorables del ataque posicional son los siguientes:

1. Posibilita, debido al tiempo necesario para la fase de desarrollo del ataque, que el equipo adversario pueda establecer una organización defensiva consistente y homogénea en función de la evolución del proceso ofensivo.

2. Implica por parte de los jugadores atacantes una percepción y lectura constantes de las situaciones de juego y una anticipación de las acciones técnico-tácticas de los defensas.

3. Requiere una ejecución constante de acciones que buscan el reequilibrio de la organización del equipo (compensaciones-permutas) durante la fase ofensiva.

4. Aporta perspectiva a la solución táctica de las situaciones de juego por el lado donde hay más seguridad; de ahí que se observe que muchas acciones técnico-tácticas se orienten hacia una banda o hacia atrás. En algunos casos se pierde la posibilidad de aprovechar una excelente situación de juego para aislar a un compañero y resolver rápidamente la acción ofensiva.


5. Establece la posibilidad, debido a que el proceso ofensivo se desarrolla frecuentemente en espacios reducidos, de que el equipo adversario se concentre en esos espacios facilitando las acciones de marcaje y, por injerencia, dificulte la progresión del ataque.

6. Disminuye la eficacia del método defensivo, si no se corrigen rápidamente los posibles desequilibrios en la organización del equipo inmediatamente después de la pérdida del balón. Este hecho es significativo y comprensible, pues debido a un mayor tiempo de posesión del balón y a la utilización de un número de jugadores muy elevado es normal que el equipo tienda al desequilibrio defensivo. Además, inmediatamente después de la pérdida del balón el equipo está más expuesto y vulnerable a las acciones ofensivas caracterizadas por una elevada velocidad de ejecución.

ASPECTOS FUNDAMENTALES DE LOS MÉTODOS OFENSIVOS

Cualquier método de juego ofensivo se fundamenta en diferentes presupuestos que orientan y potencian sus objetivos. En este sentido, vamos analizar cinco aspectos esenciales del problema: el equilibrio defensivo, la velocidad de transición, el relanzamiento del proceso ofensivo, los desplazamientos en amplitud y profundidad y la circulación táctica.

• El equilibrio defensivo

El primer aspecto fundamental en la organización de cualquier método ofensivo es tener presente que la fase de ataque comienza antes de la recuperación del balón. De hecho, los jugadores que intervienen directamente en las acciones que buscan concretar esa recuperación deben asumir actitudes y comportamientos técnico-tácticos para alcanzar los siguientes objetivos:


1. Preparar mentalmente la acción ofensiva ocupando y explorando espacios vitales de juego que puedan ser utilizados para el lanzamiento del ataque.

2. Obligar a sus adversarios directos a preocuparse más por la defensa de su propia portería que por el ataque a la adversaria y también a la organización del proceso ofensivo de su equipo.

3. Forzar al equipo adversario a atacar en inferioridad numérica, una vez que se ha establecido el equilibrio defensivo, en la mayor parte de las situaciones sobre la base de la superioridad numérica.

• La velocidad de transición

Uno de los presupuestos esenciales de cualquier método de juego ofensivo es la velocidad de transición, que posee dos aspectos fundamentales:

1. Las actitudes y los comportamientos técnico-tácticos individuales y colectivos subyacentes de la fase defensiva a la ofensiva, inmediatamente después de la recuperación del balón. En este sentido, al consumarse la recuperación del balón, todo el equipo debe reajustar sus comportamientos técnico-tácticos individuales y colectivos en la respuesta a cuatro cuestiones fundamentales: quién (todos los jugadores del equipo), cuándo (en el momento inmediato a la recuperación del balón), dónde (en cualquier espacio de juego) y cómo (ocupando espacios apropiados, estableciendo líneas de pase, utilizando rápidos cambios de ritmo y dirección, y ejecutando procedimientos técnico-tácticos individuales y colectivos).


2. La rápida transición del centro de juego desde la zona de recuperación del balón en dirección a los espacios predominantes de finalización. Disminuye bajo esta perspectiva el tiempo de la fase de construcción/elaboración del proceso ofensivo con el objetivo de que la organización defensiva adversaria no tenga el tiempo necesario para poder evolucionar hacia un organización más estable y cohesionada de su método defensivo.

• El relanzamiento del proceso ofensivo

Se establece como un momento fundamental de cualquier método atacante establecido por el equipo. Los objetivos de unificar el relanzamiento del proceso ofensivo radican en:

1. Aprovechar el momentáneo desequilibrio en el que se encuentra el equipo que atacaba y que tiene que pasar a defender. Este hecho es, en la mayor parte de las situaciones, la llave para un ataque con éxito.

2. Reaccionar inmediatamente todos los jugadores a través de movimientos escalonados en amplitud y profundidad para establecer líneas de pase (opciones tácticas) y disminuir la posibilidad de que se realicen acciones de marcaje.

3. Maximizar las acciones técnico-tácticas de relanzamiento de este proceso evitando la pérdida inmediata de la posesión del balón, que se traduciría en cierto intervalo de tiempo, en un nuevo cambio de actitud de los jugadores (defensiva-ofensiva-defensiva) y en el desequilibrio de toda la organización del equipo en ese momento. De esto se infiere la necesidad de asegurar la posesión del balón para que el equipo encuentre una forma segura y eficaz, por un lado, pero tan rápida como sea posible, por otro, para la progresión desde éstas hacia las zonas predominantes de finalización.


4. Hacer una correcta lectura de la situación del juego, que consecuentemente determina qué forma de organización ofensiva va a darse (contraataque, ataque rápido o ataque posicional) teniendo en cuenta que el relanzamiento del proceso normalmente tiene lugar en situaciones de gran presión sobre el jugador que posee el balón.

• Los desplazamientos en amplitud y profundidad

Cualquier método ofensivo se construye con constantes desplazamientos de los jugadores que no tienen el balón. Estos desplazamientos se realizan en diferentes ángulos y hacia diferentes espacios; nunca se debe perder el contacto visual con el balón y al mismo tiempo hay que tener una visión lo más amplia posible del terreno de juego en la exploración de espacios de juego para la progresión del balón. Los desplazamientos en amplitud y profundidad han de buscar los siguientes objetivos:

1. Crear el mayor espacio de juego estableciéndose, por un lado, la posibilidad de que los jugadores tengan más tiempo para ejecutar sus comportamientos técnico-tácticos y, por otro, obligar a los defensas a tener que optar frecuentemente entre marcar un espacio vital o a un adversario.

2. Proporcionar al compañero que posee el balón el máximo de alternativas en la solución técnico-táctica de la situación momentánea de juego.

3. Dificultar el trabajo defensivo unido a un deficiente marcaje a los atacantes directos y la imposibilidad de establecer una mutua cobertura defensiva.

• La circulación táctica

Cualquiera que sea el método de juego ofensivo aplicado por un equipo con un determinado nivel de organización refleja de forma más o menos explícita un conjunto diferenciado de circulaciones tácticas que representan, en último caso, formas de coordinación de las acciones individuales y colectivas de varios jugadores, que buscan esencialmente asegurar la creación de contextos de juego propicios para la concreción de las situaciones de finalización y de culminación de todo un proceso ofensivo con la acción técnico-táctica del remate. Estas etapas del proceso ofensivo sólo podrán tener una elevada tasa de éxito a través de una coordinada orientación y regulación preestablecida con la utilización de los medios de entrenamiento suficientemente ejercitados (volumen e intensidad) en el ámbito de la estandarización, por un lado, y de la variación situacional, por el otro.

Bajo esta perspectiva, la circulación táctica considera una forma evolucionada de reglas (más o menos complejas) la participación consciente de todos los elementos del equipo en el juego colectivo con el objetivo de superar los obstáculos puestos por el equipo adversario y crear situaciones de gol inminente. Es en este cuadro conceptual donde los ejercicios cuyo objetivo es el perfeccionamiento y desarrollo de las circulaciones tácticas se sistematizan para rentabilizar con coherencia y eficacia las acciones técnico-tácticas específicas de los jugadores con o sin balón. El estudio y la aplicación de las circulaciones tácticas buscan maximizar cada comportamiento individual en una dinámica y con una intención colectivas fruto de los objetivos estratégico-tácticos del equipo en cada momento del juego. Por esto, las circulaciones tácticas se expresan en función de cuatro vertientes fundamentales: una circulación del balón en determinadas direcciones que deriva de la ejecución de diferentes acciones técnico-tácticas, una circulación de los jugadores con o sin el balón expresada en desplazamientos y desmarques múltiples y constantes, una variación secuencial de la velocidad de ejecución de los procedimientos técnicotácticos individuales y colectivos, y una articulación por sectores (defensas, medios y delanteros) entre los diferentes jugadores que constituyen el equipo en la concreción del gol, pero que mantienen siempre un equilibrio dinámico en función de cada situación en caso de que se tenga que reiniciar el proceso ofensivo o como máximo si se posee de nuevo el balón. Finalizando, cualquier circulación táctica debe presentar un conjunto de características que en su globalidad deben determinar la eficacia de estas acciones:


1. Agresividad. Las circulaciones tácticas deben tener como una de sus características intrínsecas la propensión al ataque a la portería y, simultáneamente, la disminución de la resistencia psicológica y moral del equipo adversario. Estas condiciones sólo son posibles debido a la creación y al desarrollo de una coordinación colectiva consciente y dinámica que busca imponer sucesivamente el último objetivo del juego del fútbol: el gol. Desde esta perspectiva, la agresividad de las circulaciones tácticas ha de contener básicamente tres aspectos fundamentales de orden técnico y táctico:

A. Ejecución sucesiva y múltiple de desplazamientos ofensivos y desmarques.

B. Orientación permanente de todos los comportamientos técnico-tácticos en la dirección de la portería adversaria.

C. Ataque constante a los espacios vitales de juego a través de la creación y exploración de esos espacios por los jugadores pertenecientes al equipo.

2. Reversibilidad. Se ajusta a las circulaciones tácticas en el sentido de que establece mecanismos automáticos con el objetivo de responder adecuadamente a estas tres posibilidades:

A. Cambio de sentido del desarrollo del proceso. Cuando los jugadores perciben la posibilidad de perder el balón al insistir en la utilización de un determinado sector o carril de juego, en el cual existe una elevada presión defensiva del equipo adversario, el desarrollo de la circulación táctica tiene que contener mecanismos de cambio de sentido del carácter técnico-táctico y espacial para cambiar rápidamente el ángulo del ataque.

B. Reinicio del proceso. Los jugadores tienen la noción de que en cualquier momento del desarrollo de la circulación táctica ésta pueda ser puntualmente interrumpida debido al incumplimiento del reglamento del juego por parte de los defensas (faltas e infracciones) o por la ejecución ineficaz de la acción técnico-táctica. En estas circunstancias, la circulación táctica no debe reiniciarse desde su inicio, sino coordinando las acciones de los jugadores del equipo a partir de un nuevo contexto situacional, que por sí solo podrá determinar una circulación táctica diferente.

C. Paso controlado a la fase defensiva del juego. Las circulaciones tácticas deben igualmente prever las situaciones de pérdida de la posesión del balón creándose mecanismos de soporte para pasar controladamente a la fase defensiva del juego. En este sentido, es fundamental establecer condiciones ventajosas para una rápida recuperación del balón o como mínimo impedir que los atacantes adversarios impriman una elevada velocidad a la transición desde la zona de recuperación de la posesión del balón hacia las zonas propicias para la finalización.

3. Accesibilidad. Las circulaciones tácticas presentan un nivel de accesibilidad elevado, el cual puede verse según diferentes vertientes:

A. Elaboración de un acceso más fácil para la concreción de los objetivos del proceso ofensivo, es decir, el gol.

B. Establecimiento de las condiciones en las cuales la creación, innovación e improvisación son aspectos fundamentales del juego defensivo.

C. Posibilidad de un fácil aprendizaje y de que esté en consonancia con las capacidades momentáneas de los jugadores en el ámbito de la comprensión y de la práctica.

D. Presentación de las condiciones para que el mayor número de jugadores puedan estar en condiciones de finalizar el proceso ofensivo con elevadas posibilidades de éxito.

• Establecimiento de un tiempo y de un ritmo de juego

La variación del ritmo de juego es hoy en día, y en el futuro, uno de los aspectos fundamentales en la modificación estructural del fútbol. La duración de cada acción ofensiva varía entre 2 y 150 s, tiempo durante el cual la actitud y los comportamientos técnico-tácticos de los jugadores del equipo que posee el balón son los de moverlo con precisión y lo más rápidamente posible (en relación con la situación del juego) hacia la portería adversaria y ahí culminar el proceso ofensivo a través de las acciones de finalización. Con todo, se observa una alternancia frecuente entre períodos de tiempo (de las acciones ofensivas) cortos y relativamente largos, con constantes cambios del ritmo (en función del resultado numérico y de la situación de juego). Esta alternancia se relaciona, por un lado, con el grado de riesgo o de seguridad con en el que los equipos en esta fase del juego ejecutan sus acciones técnico-tácticas para marcar gol y, por el otro, con los equipos en el proceso defensivo, que asumen una actitud más o menos determinante y agresiva en el intento de conseguir la posesión del balón.

Los equipos intentan imponer un tiempo y un ritmo más rápido de los que tiene su adversario. Para conseguirlo, presionan y obligan al adversario a entrar en una crisis de tiempo y de pensamiento táctico. Los equipos que están sometidos a largos períodos de juego sin haber recuperado el balón se vuelven ansiosos y arriesgan en exceso al intentar recuperarlo, no comprendiendo correctamente las situaciones de juego. Según Teodorescu (1984), el tiempo y el ritmo del juego tienen una importancia mayor en el ataque que en la defensa (debido a la iniciativa, determinada por la posesión del balón) y consisten en un mayor o menor número de acciones individuales y colectivas, en la velocidad de ejecución de éstas y en la zona del terreno de juego donde se desarrollan. Por esto, podemos afirmar lo siguiente:

1. Tiempo de juego. Se pretende que el equipo realice durante el tiempo reglamentario de juego –90 min– el máximo número de acciones individuales y colectivas tanto en la fase ofensiva como en la defensiva en relación con una unidad de tiempo (duración de un proceso ofensivo o defensivo). En otras palabras, se busca aumentar el número de veces en las que el equipo tiene el balón, y consecuentemente incrementar el tiempo de posesión del balón y a la vez disminuir el tiempo en que el equipo se encuentra en el proceso defensivo. Lógicamente, estos presupuestos elevan las oportunidades de concreción del equipo y reducen el número de oportunidades concedidas para el mismo fin al adversario. Es en este contexto en el que el «tiempo de juego» es el número de acciones individuales y colectivas realizadas por unidad de tiempo durante un proceso ofensivo o defensivo.


2. Ritmo de juego. «Se pretende que el equipo varíe la secuencia de las acciones individuales y colectivas durante el proceso ofensivo, de modo que sea variable el orden en el que son ejecutadas, en el espacio necesario para su ejecución, y la velocidad de ejecución de cada una de ellas y su distribución en el tiempo que dura el ataque» (Teodorescu, 1984). La capacidad de utilización de un ritmo-variación secuencial de las acciones individuales y colectivas, adaptado a las situaciones momentáneas del juego, determina el nivel de madurez técnico-táctica de un equipo. En este contexto, el ritmo al que se desarrolla el proceso ofensivo o defensivo se expresa por la velocidad (tiempo), orientación (espacio) y organización (acciones técnico-tácticas de los jugadores, etc.). Muchas veces, en un partido entre dos equipos de iguales características, la victoria se decide por la capacidad de uno para imponer su ritmo de juego.

De lo expuesto, podemos inferir que la velocidad (de ejecución y de pensamiento táctico) es el factor determinante y el denominador común de la aplicación de un elevado ritmo de juego. Sin embargo, es preciso tener presentes tres aspectos fundamentales:

A. Un ritmo elevado es una consecuencia de la variación («puntos altos y bajos») de la velocidad de ejecución de los comportamientos técnico-tácticos individuales y colectivos; de ahí la importancia de que el equipo reaccione en su conjunto reconociendo cuándo, dónde y cómo aplicarlo de forma metódica y sistemática. Un mayor o menor ritmo de juego, al conllevar igualmente el factor sorpresa, provocará desequilibrios puntuales y temporales, tanto en las unidades estructurales funcionales del equipo adversario como incluso en toda su organización defensiva.

B. El aumento de la velocidad corresponde normalmente al de la probabilidad de ejecución ineficaz de las acciones técnico-tácticas, que por sí podrían incrementar el número de pérdidas de posesión del balón; de este contexto se infiere la necesidad de establecer un ritmo, lo más conveniente posible, para mantener los niveles de rendimiento del equipo.

C. El ritmo del juego aplicado deberá determinar la imposibilidad del adversario para adaptarse eficazmente a las constantes.

PROCEDIMIENTOS EN RELACIÓN CON LOS DIFERENTES MÉTODOS DE BASE OFENSIVA

En función de los diferentes métodos de base ofensivos puestos en consideración con sus características principales y sus ventajas e inconvenientes, analizaremos los procedimientos que hay que tener en cuenta contra métodos ofensivos basados en el contraataque y el ataque rápido y métodos ofensivos basados en el ataque posicional.

• Procedimientos contra métodos ofensivos basados en el contraataque y en el ataque rápido

Cuando se juega contra un equipo que utiliza predominantemente un método de juego ofensivo basado en el contraataque o en el ataque rápido, los procedimientos deben presentar esencialmente los siguientes aspectos:

1. Cuando el equipo tiene la posesión del balón debe:

A. Mantener una organización defensiva de base (denominada «equilibrio defensivo») que asegure la reorganización del ataque en el caso del fracaso de éste, o un paso organizado y controlado a la fase defensiva. En este sentido, el equipo busca concomitantemente el objetivo del juego (el gol) y debe estar preparado para el momento de la pérdida del balón. Este presupuesto, aunque es importante, se vuelve determinante contra equipos que utilizan el contraataque o el ataque rápido como método de juego ofensivo.

B. Marcar individual y agresivamente a todos los jugadores que no estén directamente en labores de defensa de su propia portería. Bajo estas circunstancias, se deben utilizar los mejores defensas en términos individuales o crear condiciones de superioridad numérica en el caso de que el equipo adversario tenga jugadores de elevada capacidad técnico-táctica individual ofensiva (con fácil solución de situaciones de 1 × 1).

2. En los momentos posteriores a la pérdida de la posesión del balón, marcar individual y colectivamente a todos los jugadores que estén en las mejores condiciones para relanzar o darle continuidad al proceso ofensivo. De esta forma es posible retardar el ataque adversario dando el tiempo necesario para que el equipo en su conjunto recupere las posiciones defensivas de base o de inmediato la posesión del balón, obteniendo así todas las ventajas inherentes al hecho de que un equipo tiene que pasar en un tiempo muy corto de la fase defensiva a la ofensiva y nuevamente a la defensiva.

3. Si no ha sido posible parar o retardar el contraataque o el ataque rápido del adversario, inmediatamente después de la pérdida de la posesión del balón resulta fundamental:

A. Crear las condiciones más favorables para deshacer o disminuir el espíritu colectivo de este método ofensivo con el objetivo de que no exista posibilidad de que los adversarios puedan cimentar sus propósitos en cualquier momento de juego.

B. Desgastar psicológicamente a los adversarios evitando que puedan poner en práctica sus comportamientos técnico-tácticos, especialmente los atacantes, sobre los que recae la organización de este método de juego.

• Procedimientos contra métodos ofensivos basados en el ataque posicional

Cuando se juega contra un equipo que utiliza predominantemente un método de juego ofensivo posicional, los procedimientos deben presentar esencialmente los siguientes aspectos:

1. Concentrar rápidamente, justo después de la pérdida del balón, a los jugadores según el método de juego defensivo mediante un bloque homogéneo que expresa un conjunto de coberturas recíprocas de las acciones de los jugadores en las que cada error individual lo corrigen de inmediato los compañeros.

2. Marcar agresivamente al atacante que tiene el balón de forma segura y paciente, obligándole a cometer errores o a ejecutar respuestas tácticas inofensivas desde el punto de vista defensivo. En este contexto, el defensa debe intentar quitar el balón si existen elevadas posibilidades para su recuperación.

3. Asegurar en todo momento del juego quitar la iniciativa de ataque por medio de los desplazamientos coordinados y homogéneos de todos los jugadores en la búsqueda de la reducción de los espacios de juego donde el ataque se puede desarrollar y, en este sentido, beneficiarse, si es posible, de la ley del fuera de juego.

4. Establecer ritmos defensivos usando una variación o una secuencia de acciones individuales y colectivas de marcaje sobre los adversarios con el objetivo de que el orden, el espacio y la velocidad sean imprevisibles, creando condiciones de inseguridad en las que el equipo adversario no sabe ni quién, ni dónde ni durante cuánto tiempo estará sujeto a elevados niveles de presión. Incluso en este contexto, los equipos que emplean predominantemente el ataque posicional tienen algunas dificultades contra equipos que presentan un tiempo y un ritmo elevados.

3.2. MÉTODOS DE JUEGO DEFENSIVO


Los métodos de juego defensivo buscan una coordinación eficaz de las acciones de los jugadores que constituyen el equipo con el objetivo de crear las condiciones más favorables para concretar los objetivos de la defensa, es decir, la recuperación del balón y la protección de la portería. Para alcanzar estos objetivos, los métodos de juego ofensivo pretenden, entre un gran número de aspectos, los siguientes:

1. Establecer una continua estabilidad dinámica de la organización del método de juego defensivo.

2. Desarrollar una constante iniciativa ante los diferentes contextos del juego para atacar el balón con la intención de recuperarlo o retardar el proceso ofensivo adversario disminuyendo sus posibilidades de éxito.

3. Recurrir constantemente a los procedimientos técnico-tácticos que encaucen a los atacantes, con o sin posesión del balón, hacia posiciones o espacios de juego menos peligrosos y que posibiliten simultáneamente una recuperación del balón con elevados niveles de éxito. Además, en el caso de que no sea posible la recuperación del balón, es importante que los atacantes no dispongan de posibilidades para culminar su ataque con éxito.

4. Realizar una recuperación defensiva que mantenga una fuerte presión sobre los atacantes en posesión del balón o que puedan darle continuidad al proceso ofensivo adversario.

5. Mantener una elevada concentración defensiva en las zonas donde está el balón o aquellas hacia donde puede progresar.

LOS MÉTODOS DE JUEGO DEFENSIVO

En este ámbito podemos establecer cuatro formas básicas: el método individual, el zonal, el mixto y el de la zona presionante, que se deriva de la evolución del método zonal.

• El método individual

Características

Esta forma de organización defensiva se caracteriza por los siguientes aspectos:

1. Aplica en todos los momentos del juego la ley del uno contra uno.

2. Establece que cada atacante está marcado por un defensa que le estorba sin cesar evitando que reciba el balón bajo cualquier circunstancia (respetando el principio de la contención).

3. Busca situaciones de igualdad numérica en todo momento evidenciando mayor agresividad cuando la acción se aproxima a la portería.

4. Desarrolla la responsabilidad individual en el grado más alto. Por esto, en cualquier momento podemos observar cuál o cuáles fueron los jugadores fundamentales en la solución o no de la situación del juego.

5. Utiliza primordialmente los fundamentos individuales defensivos inherentes al principio de la contención, ya que sin él no hay eficacia.

6. Requiere una elevada capacidad física de todos los jugadores para que reaccionen constantemente ante los desplazamientos de sus adversarios para mantenerles siempre bajo presión.

7. Recluta elevados niveles de atención selectiva, especialmente sobre el atacante al que el defensa debe marcar de un modo constante.

8. Necesita altos niveles de sacrificio y abnegación, pues sin estas capacidades este método defensivo no es eficaz.

Aspectos positivos

Los aspectos positivos del método individual son los siguientes:

1. Posibilita la anulación de un jugador de gran capacidad técnico-táctica por otro de menos recursos, compensados por otras características, como la perseverancia y la fuerza de voluntad.

2. Establece misiones de fácil comprensión en el plano táctico, por parte de los jugadores, ya que cada uno se puede concentrar en su atención y esfuerzo en un solo adversario en una sola misión.

3. Transmite, cuando es utilizado y aplicado eficazmente, una autoconfianza de extrema importancia para el desarrollo del juego.

4. Provoca un desgaste técnico, táctico, físico y principalmente psicológico a los jugadores que están sujetos a este tipo de marcaje.

5. Reduce la capacidad de iniciativa de los adversarios que están bajo la influencia de este tipo de marcaje.

6. Siempre se consigue cierto equilibrio numérico en cualquier situación momentánea del juego.

7. Se potencia su eficacia cuando se utiliza inmediatamente después de que el equipo ha conseguido el gol; de esta forma se aumenta el carácter perturbador de la situación.

Aspectos negativos

Los aspectos negativos del método individual son los siguientes:

1. Contextualiza situaciones muy difíciles de superar cuando se produce un fallo individual en un defensa que puede comprometer de inmediato toda la organización defensiva.

2. Determina un rápido desgaste físico, pues el defensa debe reaccionar constantemente ante los movimientos de su adversario directo.

3. Establece la posibilidad de crear y explorar espacios libres en zonas vitales del terreno de juego y, consecuentemente, rupturas del método de juego debido a las faltas o los fallos individuales.

4. Limita el juego ofensivo del equipo, ya que inmediatamente después de la recuperación del balón se depende mucho del adversario directo del jugador que lo recuperó.

5. Disminuye la iniciativa, creatividad e improvisación del jugador en términos defensivos, ya que minimiza sus misiones tácticas.

6. Reduce la cohesión y aumenta la permeabilidad de la organización defensiva debido a que no se cumple uno de los principios específicos de la defensa, la cobertura defensiva, debilitando de esta forma el espíritu de ayuda y la solidaridad entre los jugadores.

7. Crea la posibilidad de que existan más contactos físicos, que se podrán producir por un mayor número de infracciones de las leyes del juego realizadas en espacios peligrosos para la portería propia.


• El método zonal

Características

Esta forma de organización defensiva se caracteriza por los siguientes aspectos:

1. Aplica, en la mayoría de la situaciones de juego, la ley de todos contra uno.

2. Atribuye a cada jugador la responsabilidad de una zona del campo (perfectamente delimitada) en la que interviene a partir de que en esa zona penetre el balón, el adversario en posesión del balón o el adversario sin balón, independientemente del atacante que por allí evolucione. Por esto, la responsabilidad de la defensa está en función de la zona y no del adversario.

3. Evidencia una primera línea defensiva, que se forma dependiendo del posicionamiento del balón forzando a los adversarios a tener que rodearla. Simultáneamente se organiza otra línea defensiva que asegura la cobertura permanente de la primera línea.

4. Establece continua y permanentemente las acciones técnico-tácticas colectivas con el objetivo de proporcionar una ayuda permanente entre los jugadores.

5. Puede utilizar la denominada «defensa de línea» intentando sacar partido de la ley del fuera de juego.

Aspectos positivos

Los aspectos positivos del método zonal son los siguientes:

1. Delimita el posicionamiento de los defensas, los cuales gozan de la facilidad de ver su acción limitada a un determinado espacio (zona) que les es familiar, pues no abandonarán sus puestos habituales de marcaje.

2. Reduce mucho el desgaste físico y psicológico en comparación con los métodos individuales, estando de esta forma a priori más aptos para responder a las situaciones de juego que ocurran, tanto en la fase defensiva como en el cambio hacia la ofensiva.

3. Obliga a los atacantes adversarios a tener que ejecutar acciones en direcciones alternativas en relación con la portería adversaria debido a la continua existencia de dos líneas defensivas que interrumpen sucesivamente la progresión del proceso ofensivo adversario.

4. Aumenta la dificultad de crear, explorar y ocupar espacios vitales en el juego. En los casos en que este hecho se verifique, el atacante estará siempre presionado por uno o más defensas.

5. Corrige rápidamente las faltas individuales de los compañeros por la continua ejecución de la cobertura defensiva. Se establece así un elevado grado de solidaridad entre los jugadores, ya que todos se sienten partícipes de la acción, que busca la recuperación del balón.

6. Proporciona un mejor aprovechamiento de las cualidades técnico-tácticas físicas de los jugadores.


Aspectos negativos

Los aspectos negativos del método zonal son los siguientes:

1. Crea condiciones que facilitan la posibilidad de que los atacantes desarrollen mayor capacidad de iniciativa, particularmente cuando se desplazan desde un espacio hacia otro de marcaje.

2. Permite situaciones de superioridad numérica ofensiva, ya que se puede producir la entrada simultánea de dos o más jugadores en una determinada zona de marcaje de un defensa.

3. Desarrolla las dificultades inherentes a la definición, con exactitud, de los límites de las respectivas zonas de marcaje en relación con cada defensa y con las inhibiciones que a partir de ahí se puedan desarrollar. Existen posibilidades para los jugadores en ciertas situaciones de juego en las que no saben de quién es la responsabilidad del marcaje de determinado atacante.

4. Impone un elevado sentido de sacrificio, pues sin él difícilmente habrá efectividad.

5. Establece elevados niveles de inseguridad si no existe una sincronización colectiva correcta.

6. Compartimenta el método defensivo, lo que siempre determina mayor permeabilidad del sistema.

El método mixto

Características

Esta forma de organización defensiva se caracteriza por los siguientes aspectos:

1. Sintetiza de forma global los métodos defensivos zonal e individual.

2. Desarrolla un marcaje al atacante que evoluciona en una determinada zona del terreno de juego, continuando con él aunque progrese hacia otra zona que no es de responsabilidad del defensa. En este caso, sólo después de que el atacante se deshaga del balón o de que otro compañero asuma sus funciones, el defensa podrá (en relación con la situación de juego) volver hacia su zona de marcaje.

3. Acentúa las acciones de cobertura defensiva al primer defensa (contención), que se vuelven más rigurosas que en el método zonal. Por ello es necesario que los otros defensas se posicionen en función de la acción del compañero que marca al adversario en posesión del balón y de otros atacantes que puedan evolucionar en su zona de marcaje y dar continuidad al proceso ofensivo del equipo adversario.

Aspectos positivos

Los aspectos positivos (más allá de los que ya se han referenciado para el método zonal) del método mixto son los siguientes:

1. Ofrece una excelente seguridad defensiva.

2. Dificulta la creación de situaciones de superioridad numérica por parte de los atacantes.

3. Permite la posibilidad permanente de ejecutar compensaciones y permutas.

4. Aumenta la iniciativa y la creatividad de los defensas posibilitándoles salir de su zona de marcaje hacia otra marcando al atacante en un espacio vital.

Aspectos negativos

Los aspectos negativos del método mixto son los siguientes:

1. Requiere una lectura constante de las situaciones de juego y una anticipación de las acciones técnico-tácticas de los atacantes.

2. Determina la necesidad de un gran espíritu de solidaridad y un alto grado de responsabilidad individual.

3. Obliga a los defensas a jugar en ciertas zonas a las cuales están menos habituados.

4. Disminuye en ciertas circunstancias la eficacia del método ofensivo del equipo.

• El método de zona presionante

Características

Esta forma de organización defensiva se caracteriza por los siguientes aspectos:

1. Establece un marcaje riguroso al adversario que tiene el balón en el cual el defensa debe demostrar agresividad en su intento de recuperar el balón u obligarle a cometer errores en el plano técnico-táctico.

2. Permite a cada defensa evolucionar en su zona de marcaje, pero debe desplazarse hacia otras zonas para concentrarse en espacios de juego próximos al balón.

3. Impone de forma continua un marcaje agresivo zonal y a los jugadores adversarios que puedan dar continuidad al proceso ofensivo. Para obtener mayor concentración defensiva, se disminuye la presión ejercida sobre los atacantes que estén posicionados en espacios alejados del balón.


4. Conduce el ataque adversario hacia un espacio de juego propio donde predomina la mejor capacidad del equipo en términos de recuperación del balón.

5. Proporciona concentración y homogeneidad a toda la organización defensiva, independientemente del desplazamiento del balón.

6. Aporta una constante comunicación verbal entre los jugadores, fundamentalmente cuando los atacantes adversarios consiguen cambiar el ángulo del ataque y llevar el balón hacia otro espacio de juego.

7. Requiere elevado espíritu de equipo, coordinación y solidaridad.

Aspectos positivos

Los aspectos positivos (más allá de los ya mencionados para el método mixto) de la defensa en la zona presionante son los siguientes:

1. Proporciona muchas situaciones de recuperación del balón que derivan de las acciones de los defensas en su conjunto. En este sentido, no espera a que los adversarios cometan errores de ejecución, sino que los provoca.

2. Disminuye el espacio de juego alrededor del posicionamiento del balón, creándose condiciones más favorables para su recuperación. Se busca de esta forma una recuperación del balón lo más cerca posible de la portería adversaria.

3. Crea continuamente situaciones de superioridad numérica en los diferentes momentos del juego.

4. Disminuye la iniciativa de los adversarios forzándoles a cometer errores en el plano técnico-táctico que normalmente no ocurren, dando origen a que los atacantes entren en «pánico» en términos de pensamiento táctico y ejecución técnica.

5. Permite a la organización defensiva jugar como un bloque homogéneo y compacto.

6. Dificulta la creación, exploración y utilización de los espacios libres en el ataque adversario, especialmente las zonas que rodean el balón y todas las vitales del terreno de juego.

7. Establece una solidaridad efectiva entre los defensas, verificándose una cobertura permanente de los comportamientos técnico-tácticos en la búsqueda de la recuperación del balón.

8. Imposibilita la existencia de líneas de pase en dirección a la portería, obligando a los adversarios a que jueguen hacia un lado o hacia atrás.

9. Determina que el repliegue defensivo se realice siempre en función de la posible progresión del proceso ofensivo, no replegándose por el simple hecho de replegar.

10. Aumenta la iniciativa y la creatividad de los defensas dependiendo de su velocidad y habilidad.

11. Es extremadamente eficaz contra equipos cuya organización ofensiva resulta lenta y sin ritmo o con dificultades de condición física.

Aspectos negativos

Los aspectos negativos del método de la zona presionante son los siguientes:

1. Presenta dificultades para la estabilización de la organización defensiva si el balón circula rápidamente de un carril a otro de juego, utilizando jugadores sobre los cuales la presión es menos agresiva, ya que éstos están posicionados lejos del centro de juego.

2. Requiere una lectura constante de las situaciones momentáneas del juego, obligando a la anticipación de las acciones técnico-tácticas de los atacantes.

3. Impone la ejecución constante de acciones de compensación/permuta, pudiendo en algunos casos no tener el tiempo necesario para un reequilibrio eficaz de la organización defensiva en relación con ciertas situaciones del juego, creándose así cierto «pánico» entre los defensas si los adversarios consiguen algunas situaciones de finalización con elevadas posibilidades de éxito.

4. Necesita un elevado espíritu de equipo, trabajo duro y mucha coordinación y cooperación entre los jugadores.

5. Se crean grandes espacios de juego entre el último defensa y el portero debido a que el repliegue defensivo se efectúa en función de la progresión del balón. Estos espacios pueden emplearse con mucha eficacia con acciones de penetración o de pase largo a las «espaldas» de la defensa.

6. Hay exceso de agresividad sobre el atacante que posee el balón o sobre los adversarios que puedan dar continuidad al proceso ofensivo, lo que puede traducirse en un mayor número de infracciones de las leyes del juego.

7. Surgen dificultades para realizar una rápida transición defensa/ataque inmediatamente después de la recuperación del balón (en ciertos casos puede disminuir la eficacia del ataque); de ahí la necesidad de la recuperación inmediata del balón. El proceso ofensivo debe desarrollarse teniendo en cuenta el contexto de las situaciones para determinar un ataque más pausado o seguro o más rápido y directo.

8. Se requiere una elevada capacidad física de los jugadores para que se pueda adoptar y aplicar este método defensivo.


Finalizando, la elección de cualquiera de estos métodos defensivos depende esencialmente de la concepción de juego del entrenador, quien debe tener en cuenta:

1. Los condicionantes y las características de los jugadores en el plano intelectual, motor y físico.

2. El método ofensivo propio y el del equipo adversario.

3. Las capacidades técnico-tácticas de los jugadores que van a jugar y a sufrir ese marcaje (si cometen muchas faltas o si por el contrario las simulan).

4. El nivel de pensamiento táctico de los jugadores (capacidad de lectura y de percepción del juego).

5. La capacidad física alcanzada por los jugadores.

6. Los niveles de perseverancia, personalidad, sacrificio, etc., de los jugadores.

ASPECTOS FUNDAMENTALES DE LOS MÉTODOS DEFENSIVOS

Cualquier método de juego defensivo se fundamenta en diferentes presupuestos que direccionan y potencian sus objetivos. En este sentido, vamos a analizar cuatro aspectos esenciales del problema: el equilibrio, la recuperación, la concentración y la última línea defensivos.

• El equilibrio defensivo

Una defensa altamente organizada, característica del fútbol moderno, se inicia, incluso durante el desarrollo de su ataque y en cualquier fase de este proceso, a través de medidas preventivas, aseguradas por uno o más jugadores (especializados) que se colocan y actúan en la retaguardia de los jugadores atacantes del equipo que se encuentra en ese momento en fase defensiva. El equilibrio defensivo se establece sobre la base de la igualdad o de la superioridad numérica; esto es, si el equipo adversario deja a un jugador adelantado, el equipo en posesión del balón podrá dejar a uno o dos jugadores que mantienen bajo vigilancia a lo(s) adversario(s) que no están directamente atareados en la lucha defensiva. Esta forma de organización tiene un triple objetivo:

1. Reorganización del ataque en caso de fracaso.

2. Paso organizado a la defensa después de la pérdida del balón.

3. Organización de una defensa temporal en función de la situación hasta que todos los compañeros se coloquen en el dispositivo defensivo del equipo.


• La recuperación defensiva

Se inicia inmediatamente después de que sea imposible recuperar el balón a través de las acciones que se realicen en la fase del equilibrio defensivo, y dura hasta la fase de la defensa propiamente dicha. Durante este trayecto, los jugadores tienen como cuadro referencial dos aspectos fundamentales:

1. La línea de repliegue. Recuperar lo más rápidamente posible tomando el camino más corto (sin perder nunca el contacto visual con el balón), marcar a los adversarios que puedan darle continuidad al proceso ofensivo y deducir constantemente las intenciones tácticas del equipo adversario.

2. Hasta qué posición replegar. Hay siempre un punto en el que el repliegue defensivo termina; depende de dos cuestiones fundamentales: la capacidad del equipo en fase defensiva para presionar más o menos cerca de su propia portería y la capacidad técnico-táctica del equipo adversario para progresar en el terreno de juego traspasando los obstáculos puestos por los defensas a lo largo de su desplazamiento en la recuperación defensiva.

Podemos distinguir dos formas básicas de recuperación defensiva:

1. La recuperación intensa. Revela una actitud táctica fundamental en la cual los jugadores recuperan rápidamente sus posiciones dentro del sistema defensivo preestablecido. En estas circunstancias, los desplazamientos de los defensas se realizan de forma instantánea, rápida y continua, no teniendo en la mente ni el contexto de la situación ni la posibilidad de ejercer acciones de marcaje de forma continua o puntual sobre los diferentes atacantes que intervienen sobre el balón, especialmente en el momento de su recuperación, en el relanzamiento del proceso ofensivo y en su progresión en dirección a la portería adversaria (etapa de construcción del proceso ofensivo). Bajo esta perspectiva, la intencionalidad táctica primaria de todos los jugadores sometidos a una recuperación intensa es ocupar de inmediato las posiciones preestablecidas por el sistema defensivo, normalmente delante de la portería propia, formando un bloque compacto y homogéneo a partir del cual se desarrollan las primeras (verdaderas) acciones de carácter defensivo más apropiadas para la concreción eficaz de los objetivos del juego (recuperar el balón y proteger la portería).

2. La recuperación en pressing. Revela una actitud táctica fundamental soportada por comportamientos individuales y colectivos que buscan una rápida reconstrucción del sistema defensivo preestablecido, marcando de forma simultánea durante ese trayecto a los atacantes con o sin el balón y los espacios de juego por donde los atacantes puedan darle continuidad al proceso defensivo de su equipo. La recuperación en presssing, contrariamente a la intensa, prevé constantemente la posibilidad de ejecutar acciones de marcaje inmediatamente después de la tarea de la posesión del balón y durante el relanzamiento del proceso ofensivo con la intención de: recuperar de inmediato el balón, reducir el número de opciones tácticas de los atacantes en el relanzamiento de su proceso ofensivo, temporizar la acción de los atacantes para ganar el tiempo suficiente para que todos los jugadores se puedan ajustar adecuadamente al nuevo contexto situacional del juego y obstaculizar constante y permanentemente la progresión de los atacantes en el espacio de juego. Estos presupuestos demuestran que la recuperación en pressing se basa en una intencionalidad táctica primaria determinada por la existencia, desde su inicio, de verdaderas acciones defensivas con la intención de quitar al adversario el balón inmediatamente después de su pérdida, continuando en esa actitud hasta su recuperación. Desde esta perspectiva, la recuperación en pressing buscan realizarse teniendo siempre en cuenta las capacidades demostradas por los atacantes al traspasar los diferentes obstáculos colocados por los defensas, quienes sólo recurren a la recuperación defensiva hacia espacios próximos de su portería cuando no es posible parar el proceso ofensivo y recuperar el balón en espacios más alejados.

• La concentración defensiva

Uno de los presupuestos clave de la eficacia de cualquier método de juego defensivo consiste en la posibilidad de transmitir y crear condiciones para que el equipo, inmediatamente después de la pérdida del balón, pueda concentrarse y volverse compacto y homogéneo en cualquiera de las etapas del proceso defensivo, particularmente en la recuperación defensiva y en la defensa propiamente dicha. Existen básicamente cinco aspectos esenciales para la concreción de este objetivo:

1. Los jugadores delanteros que normalmente ocupan las posiciones más cercanas a la portería adversaria deben interponerse entre el balón y su propia portería para ejercer presión inmediatamente después de que se pierda el balón: presionando las líneas de relanzamiento del proceso ofensivo adversario, obstaculizando permanentemente el desencadenamiento del método de juego ofensivo adversario, intercambiando las posiciones con otros compañeros de otros sectores de juego con el objetivo de cambiar de misiones tácticas, pero manteniendo una ayuda y una solidaridad dentro del equipo y marcando con agresividad a los adversarios que se desplazaron de atrás adelante de la línea que traza la posición del balón para sorprender, romper la organización defensiva, explorar espacios vitales de juego o crear puntualmente situaciones de superioridad numérica en espacios vitales del juego.


2. Los jugadores que pertenecen a la última línea defensiva deben «subir» en el terreno de juego con el propósito de disminuir la distancia entre los defensas, los medios y los delanteros para aumentar la homogeneidad y el carácter compacto de las líneas del equipo. Los jugadores que integran la última línea defensiva tienen como función: desarrollar sus misiones tácticas defensivas interactuando activamente con los compañeros del sector del medio campo dándoles cobertura defensiva; cumplir misiones específicas de marcaje, fundamentalmente a los adversarios ubicados más cerca de la portería; colocar a los delanteros adversarios en situaciones de fuera de juego contrastando con situaciones de profundidad defensiva a través de las cuales un defensa se coloca puntualmente en cobertura defensiva; todo este sector sube en el terreno de juego, con el objetivo de sacar ventaja de la reducción momentánea del espacio de juego en respuesta al aumento de la presión ejercida por los otros sectores del equipo, que se traduce objetivamente en la necesidad del equipo adversario de tener que ejecutar las acciones técnico-tácticas en la dirección de su propia portería, y se trata de funciones de los jugadores que integran la última línea defensiva (deben comenzar por infinitivo).

3. Los jugadores que pertenecen al sector del medio campo, debido a las particularidades de su posición, asumen actitudes y comportamientos dentro de un espacio de juego limitado por delante de ellos por los delanteros y en la retaguardia por la última línea defensiva. En estas circunstancias se objetivan los siguientes puntos: la cobertura defensiva de las acciones de los delanteros, que pueden realizar acciones con mayor riesgo en el intento de recuperar el balón; interactuar con el sector de los delanteros y con el defensivo cambiando puntualmente de posiciones y misiones tácticas con el objetivo de mantener una coherencia dinámica, una ayuda y una solidaridad en la organización defensiva; desarrollar sus acciones de marcaje usándolas con mayor convicción y riesgo para recuperar el balón, pues saben que existe una línea de cobertura a sus «espaldas»; los medios que juegan en los carriles laterales deben desplazarse hacia el espacio central con el objetivo de reforzar esta zona cuando el balón se encuentra en el lado opuesto al de la posición del medio y han de interaccionar igualmente con los defensas laterales (cuando éstos se desplazan al carril central) vigilando y marcando ese carril dejado libre por el defensa; los jugadores que actúan en el medio centro interactúan especialmente con los defensas centrales ayudándoles en sus tareas, en particular cuando se observa la introducción de uno o más atacantes que han venido de atrás de la línea del balón con la intención de sorprender, romper, explorar y crear situaciones puntuales de superioridad numérica, y «suben» en el terreno de juego en respuesta al aumento de la presión ejercida por los delanteros, lo que se traduce en la ejecución de acciones técnico-tácticas en dirección a su propia portería.

4. Los diferentes movimientos, interacciones, compensaciones, desdoblamientos y ayudas por parte de los jugadores que constituyen el equipo deben tener siempre como objetivo contribuir eficazmente a la homogeneidad y a la organización compacta de la defensa. Estos atributos pueden potenciarse si son aplicados en un espacio restringido del terreno de juego, lo más lejos posible de la propia portería, disminuyendo continuamente los posibles cambios del ángulo de ataque y reduciendo el elenco de opciones tácticas de los adversarios que surgen a cada momento para que las acciones técnico-tácticas ejecutadas para la solución de los diferentes contextos del juego sean anticipadas desde el punto de vista defensivo.

5. En caso de no poder evitar el rápido desarrollo del proceso ofensivo adversario y, consecuentemente, no poder concretar una organización defensiva constituida por la mayor parte de los jugadores del equipo, en función de la progresión del ataque adversario, los defensas posicionados entre los atacantes y la portería deben replegarse concentrándose en la zona central de ésta, procurando protegerla e interceptando los ángulos vitales de remate, y uno de los defensas ha de desplazarse para dar profundidad a esta organización defensiva básica evitando los desplazamientos de ruptura de los atacantes hacia el centro de las zonas vitales de finalización.

• La última línea defensiva

Puede analizarse en función de su organización y articulación.

La organización de la última línea defensiva

Sobresalen en la organización de la última línea defensiva tres variantes esenciales: la «defensa en línea», la «defensa en diagonal» y la defensa con profundidad variable.

1. La defensa en línea. Cualquier método de juego defensivo debe obligar al adversario a luchar en condiciones desfavorables con el objetivo de que cometa errores, lo que presupone una correcta, oportuna y agresiva realización de ciertas acciones sancionadas por las leyes del juego, así como por errores de orientación del ataque, que finalizan casi siempre con la pérdida del balón. De hecho, los métodos defensivos pueden aplicar la denominada «defensa en línea» intentando sacar beneficios de la ley del fuera de juego. En la «defensa en línea», los jugadores de la última línea defensiva se posicionan formando una línea paralela con la línea de la portería para provocar continuamente situaciones de fuera de juego al equipo adversario, reducir los espacios de juego entre los diferentes sectores del equipo, disminuir la profundidad del proceso ofensivo del adversario, defender la portería en zonas más alejadas y recuperar el balón lo más cerca posible de la portería contraria. Los inconvenientes del posicionamiento de esta última línea defensiva se basan en los dos aspectos siguientes: las dificultades de la realización de coberturas defensivas entre los jugadores y la falta de entendimiento entre los jugadores de la última línea defensiva, que pueden provocar situaciones difíciles de resolver.


2. La defensa en diagonal. Los métodos defensivos estudiados (fundamentalmente la defensa en zona y la mixta) pueden articularse con una última línea defensiva colocada «en diagonal» para establecer una cobertura mutua, sucesiva, integral y permanente entre todos los defensas. En términos prácticos, la organización de esta línea defensiva se expresa por el marcaje agresivo al atacante con el balón, a partir del cual todos los restantes jugadores se articulan estableciendo una distancia y un ángulo correcto para darle cobertura a la acción. En caso de que el proceso ofensivo adversario se realice por el carril central, la diagonal se subdivide en dos, articulándose en función del compañero que está en contención. Este posicionamiento de la última línea defensiva tiene como objetivos: disminuir los espacios de juego entre los jugadores que pertenecen a la última línea defensiva del equipo, dar menos posibilidades de utilización por parte de los atacantes de la exploración del espacio «a las espaldas» de los defensas y favorecer el empeño y la solidaridad de los defensas. Los inconvenientes del posicionamiento de esta última línea defensiva son los siguientes: no es posible sacar beneficios de la ley del fuera de juego; hay dificultad para mantener estable esta línea defensiva cuando los atacantes ejecutan rápidos cambios del ángulo de ataque, lo que obliga a los defensas a asumir constantemente acciones de contención sobre el atacante en posesión del balón y de cobertura defensiva, y los atacantes que realizan acciones de apoyo lateral a su compañero que posee el balón pueden recibirle en mejores condiciones, es decir, sin la presión de los defensas, que necesitan algún tiempo para desplazarse de laposición de cobertura defensiva hacia la de contención.


3. La defensa con profundidad variable. La articulación de la última línea con profundidad variable puede aplicarse a cualquiera de los métodos de juego defensivos estudiados (excepto al método individual). Esta articulación subjetiva, como su nombre indica por la variación constante que el defensa realiza en la acción de la cobertura defensiva de la última línea defensiva, está siempre en función de los contextos tácticos establecidos por el equipo adversario que se halla en proceso ofensivo. En esta perspectiva vemos los principales ejemplos:


A. Si el equipo adversario moviliza a un atacante, su marcaje se realiza por uno de los dos defensas centrales y se define en relación con el atacante que se desplace más hacia un lado o hacia otro del carril central. Simultáneamente, el defensa central que no tiene adversario al que marcar se desplaza hacia la posición de cobertura estableciendo de esta forma la profundidad defensiva del equipo.

B. Si el equipo adversario moviliza a dos atacantes que posiciona en el carril central, cada defensa central marca individualmente a cada delantero, y en relación con la posición del balón, la cobertura y la profundidad defensiva se realizan alternadamente por uno de los dos defensas laterales (izquierdo y derecho). En este sentido, si el balón está en el carril central, el defensa izquierdo debe realizar la cobertura a la acción de sus compañeros defensas centrales estableciendo la profundidad defensiva. En caso de que el balón se encuentre en el carril izquierdo, el lateral derecho ha de realizar la misma acción descrita. En caso de que el balón se posicione en el carril central, los dos defensas laterales se tienen que posicionar simultáneamente en el carril central posibilitando una cobertura defensiva más compacta a sus compañeros defensas centrales y permanecer ahí hasta que exista una nueva definición del carril de juego que emplearán los adversarios.

C. En caso de que el equipo disponga de tres delanteros que se posicionan en cada uno de los carriles de juego, cada defensa lateral marcará a su adversario directo, y uno de los defensas centrales, al tercer atacante. El defensa central que no marca le dará profundidad defensiva y cobertura a los tres compañeros desplazándose hacia «sus espaldas», colocándose en función del desplazamiento del balón sobre el carril de juego.

D. En caso de que el equipo adversario disponga de tres delanteros que se ubican en el carril central del juego, se puede utilizar una de estas dos formas: los dos defensas centrales marcan a los dos delanteros y el tercer elemento es marcado por uno de los defensas laterales, o los dos defensas centrales marcan a los dos delanteros y para el tercer delantero se moviliza a uno de los dos medios centrales. Esta segunda solución es normalmente la más utilizada, pues mantiene los movimientos de cobertura y profundidad defensiva realizados por los defensas laterales en función del posicionamiento del balón en el carril izquierdo, central o derecho.

La articulación de la última línea defensiva

La última línea defensiva puede ser articulada siguiendo dos posibilidades: con un libre o con un trinco.

1. El libre. Los métodos defensivos pueden o no articularse en profundidad. Esta medida presupone la posibilidad de la colocación de un jugador «libre» por detrás de la última línea defensiva (entre ésta y el portero). Su principal función consiste en realizar la cobertura de los espacios «a las espaldas» de los compañeros para garantizar de esta forma la seguridad y la homogeneidad. Normalmente este jugador tiene como característica un gran sentido de la lectura del juego, y domina y orienta perfectamente los desplazamientos defensivos en términos individuales y colectivos. Las ventajas de una defensa articulada en profundidad son: la existencia de un jugador que «sobra», por lo que se halla en condiciones de responder a las situaciones momentáneas del juego más rápidas, así como de efectuar la cobertura defensiva o doblar a sus compañeros, y que el equipo tiene mayor seguridad defensiva al permitir mayor espacio para que los defensas, después de la recuperación del balón, puedan salir jugándolo. Los inconvenientes de esta defensa son que no disminuye la profundidad del proceso ofensivo del adversario, y se le da de esta forma más espacio para jugar, y que existe la posibilidad de hacer faltas individuales que creen situaciones de 2 × 1 muy próximas a la portería.


2. El trinco. Los métodos defensivos pueden igualmente situar a un jugador por delante de la última línea defensiva. Habitualmente se le denomina «trinco» y sus funciones fundamentales son: reforzar el marcaje y la vigilancia de la zona central de la portería, y equilibrar el método defensivo ocupando y vigilando los espacios de juego que sus compañeros de la defensa dejan libres después de recuperar el balón y que se integrarán en el proceso ofensivo de su equipo.


• Establecimiento de un ritmo defensivo

La aplicación de un ritmo defensivo radica en la carencia de la ejecución de las acciones de marcaje a los adversarios con o sin posesión del balón temporizando la progresión del centro de juego, recuperando la posesión del balón o ejerciendo la protección máxima de la propia portería. Una defensa agresiva se debe caracterizar por un gran número de acciones y por un gran espacio de juego defendido.

PROCEDIMIENTOS DE LOS DIFERENTES MÉTODOS DE BASE DEFENSIVA

En función de los diferentes métodos de base defensiva y teniendo en consideración sus principales características en relación con sus ventajas e inconvenientes, analizaremos los procedimientos que hay que adoptar contra los métodos defensivos individuales, los métodos defensivos en la zona y mixtos y los métodos defensivos en la zona presionante.

• Procedimientos contra los métodos defensivos individuales

Cuando se juega contra un equipo que utiliza predominantemente un método de juego defensivo individual, los procedimientos deben abarcar esencialmente los siguientes aspectos:

1. Los atacantes sin la posesión del balón han de estar moviéndose constantemente con el objetivo de:

A. Estar disponibles para recibir el balón sin hallarse agresivamente marcados por sus adversarios directos, pues estan obligados a reaccionar a los movimientos de los atacantes (y no al del contrario), lo que les da posibilidades de desplazamiento ofensivo en los instantes finales al no estar marcados.

B. Arrastrar a sus defensas directos hacia los espacios de juego menos peligrosos (cerca de la línea lateral, por ejemplo), desestructurando así la organización defensiva y, consecuentemente, evitando las concentraciones y aglomeraciones en los espacios vitales de juego.

C. Posibilitar al compañero que está en posesión del balón de beneficiarse, por un lado, de una simplificación del juego al tener de esta forma más espacio para aplicar sus procedimientos técnico-tácticos individuales y, por otro, de los espacios vitales de juego (zonas frontales a la portería adversaria, por ejemplo) con el objetivo de poder efectuar con eficacia el ataque.

2. Los atacantes con elevadas captaciones individuales en la solución de situaciones de 1 × 1 (conducción, finta y regate) deben arriesgar constantemente al intentar desbordar a su adversario directo, ya que al hacer eso:

A. Tienen de inmediato tiempo y espacio de juego para decidir con eficacia la solución técnico-táctica que deben utilizar, es decir, mantener la posesión del balón, progresar o finalizar.

B. Obligan al equipo adversario en su conjunto a desdoblarse para compensar la ruptura momentánea y puntual de la organización defensiva, fundamentalmente respecto a su equilibrio (balance).

C. Establecer situaciones de superioridad numérica en un concreto espacio de terreno de juego cuando uno de los defensas tiene que dejar a su marcaje directo y desplazarse en dirección al atacante que tiene el balón.

D. Fuerzan y provocan la posibilidad de que los defensas cometan infracciones de las leyes del juego en espacios vitales del terreno.

3. Un aspecto importante en la lucha contra los métodos defensivos individuales es el carácter explosivo de los desplazamientos ofensivos realizados con cambios de dirección, velocidad y fintas en la búsqueda de:

A. Engañar a los adversarios directos al no darles indicadores claros sobre sus intenciones finales.

B. Obligarles a reaccionar a las falsas señales a las que toda comunicación motora puede conducir, lo que se traduce en un desgaste físico (gasto energético) inútil.

C. Realizar fundamentalmente desplazamientos ofensivos de ruptura (en diagonal y perpendicularmente) en dirección a la portería adversaria o hacia los espacios «a las espaldas» de los defensas con el objetivo de aumentar la profundidad del ataque y consecuentemente incrementar el espacio de juego.

4. Los múltiples desplazamientos de los atacantes sin balón deben estar sincronizados (coordinados) con el objetivo de que los defensas tengan grandes dificultades para leer las situaciones de juego de forma clara y sientan incertidumbre sobre a quién deben marcar, obligándoles consecuentemente a cambios sucesivos, lo que permeabiliza su organización defensiva.

5. El proceso ofensivo debe tener un carácter fundamentalmente organizado y colectivo, constituido por acciones en profundidad (en dirección a la portería adversaria) pero nunca sin cuestionar las acciones de cobertura ofensiva inherentes a cualquier organización atacante para:

A. Crear muchas situaciones con elevadas posibilidades de éxito (desde el punto de vista ofensivo).

B. Disminuir la iniciativa y la creatividad de los defensas en el control de las situaciones de juego.

C. Desmoralizar a los defensas disminuyendo su confianza en la utilización práctica de su método defensivo.

• Procedimientos contra los métodos defensivos en la zona o mixtos

Cuando se juega contra un equipo que utiliza predominantemente un método de juego defensivo en la zona o mixto, los procedimientos deben abarcar esencialmente los siguientes aspectos:

1. Los atacantes sin la posesión del balón han de ejecutar desplazamientos ofensivos:

A. En los límites (imaginarios) de las zonas de marcaje de los defensas, es decir, en los límites de responsabilidad individual, con el objetivo de crear incertidumbres.

B. Hacia los espacios de juego donde ya esté posicionado un compañero para crear situaciones de superioridad numérica puntual y temporal.

C. Arrastrar a los defensas hacia espacios no habituales para el desarrollo normal de sus acciones técnico-tácticas.

2. Los diferentes atacantes que intervienen momentáneamente sobre el balón deben intentar beneficiar a su equipo de las constantes acciones de cobertura ofensiva y de movilidad con la intención de poder:

A. Optar por la solución táctica más eficaz dentro de un abanico de posibilidades.

B. Contrastar con las acciones de la cobertura defensiva llevada a cabo por los defensas dentro de su organización, en la cual las faltas individuales son corregidas rápidamente.

3. Los jugadores y el balón deben circular de forma correcta y rápida buscando crear situaciones de desequilibrio con el objetivo de abrir la organización defensiva del adversario rompiendo de esta forma el elevado grado de solidaridad entre los defensas a través de la creación de situaciones de finalización.

4. Presentar problemas de juego complejos en el plano táctico, obligando a los defensas a necesitar más tiempo para percibir y analizar las situaciones del juego por medio de movimientos múltiples y sincronizados de los atacantes.

5. Utilizar métodos de juego ofensivos caracterizados por una rápida transición de la fase defensiva a la ofensiva, por un lado, y desde la zona de recuperación de la posesión del balón hacia las zonas predominantes de finalización, por otro, buscando crear continuas condiciones de inestabilidad del método defensivo del adversario y no permitiéndole ni el tiempo ni el espacio para que se pueda organizar.

• Procedimientos contra los métodos de la zona presionante

Cuando se juega contra un equipo que utiliza predominantemente un método de juego defensivo en la zona presionante, los procedimientos deben abarcar esencialmente los siguientes aspectos:

1. Los atacantes sin la posesión del balón han de:

A. Efectuar constantes desplazamientos ofensivos en dirección al compañero que está en posesión del balón ejecutando acciones de cobertura ofensiva y de movilidad, y buscando proporcionar soluciones tácticas simples y eficaces dentro de ese centro de juego.

B. Utilizar un juego con profundidad por medio de los desplazamientos ofensivos de ruptura buscando explorar los espacios existentes entre el último defensa y el portero, aumentando de esta forma el espacio de juego, tanto en amplitud como en profundidad, y obligando a los adversarios a replegarse a espacios más cercanos a su propia portería, proporcionando más tiempo y más espacio para organizar el ataque.

2. Los diferentes atacantes que intervienen momentáneamente sobre el balón deben:

A. Encontrar rápidamente soluciones técnico-tácticas para la situación de juego y evitar que el método de juego defensivo se concentre en ese espacio de juego, aumentando así las probabilidades de perder el balón.

B. Beneficiarse constantemente de las acciones de cobertura ofensiva y de movilidad por parte de sus compañeros con el objetivo de optar por la solución técnico-táctica más eficaz dentro de un abanico amplio de posibilidades.

C. Modificar, si es posible, rápidamente el ángulo de ataque obligando a los adversarios a adaptarse a este nuevo contexto de juego a través de un conjunto de acciones de compensación y permutas que pueden provocar desequilibrios irrecuperables dentro de la organización defensiva.

D. Buscar la ejecución de acciones de pase hacia los carriles de juego opuestos, donde se verifica una menor vigilancia y presión sobre los atacantes allí posicionados, que seguramente recibirán el balón sin marcaje y se aprovecharán del tiempo que es necesario para la organización defensiva en ese espacio, consiguiendo situaciones con elevadas posibilidades de éxito.

E. Forzar las situaciones de 1 × 1 provocando la posibilidad de que los defensas cometan infracciones en espacios vitales de terreno de juego debido a los elevados niveles de agresividad, especialmente sobre el atacante en posesión del balón.

3. Utilizar los métodos de juego ofensivos caracterizados por un análisis rápido y correcto de la situación de juego con el objetivo de imprimir un ritmo más o menos elevado:

A. Evitar las pérdidas de balón, después de su recuperación, debido a las elevadas concentraciones de jugadores en el centro de juego.

B. Proporcionar una progresión en el terreno de juego realizada de forma rápida y segura buscando continuamente los espacios contrarios.

C. Crear, a través de múltiples y divergentes desplazamientos ofensivos, condiciones de desincronización de las acciones de los defensas provocando la incertidumbre («pánico» algunas veces) en los marcajes sobre los atacantes.

D. Ejecutar acciones que lleven a los defensas a anticipar incorrectamente la situación de juego y beneficiarse de esos errores.

E. Aumentar la secuencia de las acciones individuales y colectivas si las condiciones en el ámbito físico de los jugadores adversarios están disminuidas para imprimirles elevados niveles de inseguridad.

Capítulo 4
PRINCIPIOS DEL JUEGO


CONCEPTO

Los principios del juego están definidos por la creación de un lenguaje táctico común en el seno del equipo, respaldado por la implementación de un conjunto de líneas orientadoras de pensamiento táctico de los jugadores (también denominadas «reglas de decisión») que buscan la solución operativa, es decir, técnico-táctica, de los diferentes contextos situacionales que encierra el juego en sí.

NATURALEZA

En función del concepto formulado, la naturaleza de los principios del juego pone en evidencia dos cuestiones recurrentes y esenciales:

1. La primera se refiere a la importancia del establecimiento de un lenguaje común en el seno de la organización dinámica del equipo, con el objetivo de que todos sus componentes utilicen el mismo «dialecto» pero puedan expresarlo con un estilo diferente. En este ámbito, ya Tessie (1970) refirió que «para jugar correctamente es necesario comprender, y para comprender es necesario saber, y para comprender y saber es necesario definir los principios del juego». Para una mejor clarificación de este problema, tomemos por ejemplo a dos personas que están hablando: para que los mensajes emitidos sean comprendidos, el cuadro referencial tiene que ser común e idéntico tanto para el emisor como para el receptor. Sólo así se permitirá no sólo mantener en el tiempo el significado de los términos utilizados, sino también el sentido de las frases gracias a las reglas que fijan la disposición de esos mismos términos. En otras palabras: para que las personas se comuniquen, se requiere que utilicen un lenguaje común. Análogamente, la naturaleza de los principios del juego, en un primer nivel de análisis, establece un marco a partir del cual los jugadores interpretan todas las acciones del juego, como los desplazamientos, las palabras, los posicionamientos, los marcajes, etc., de los compañeros y de los adversarios percibiendo el sentido y el significado de las señales, que transportan en sí una dimensión de carácter estratégico y táctico imponiendo simultáneamente sus propios significados. Por ello, en cada contexto situacional cada jugador debe ser capaz de realizar el conjunto de relaciones implicadas en la situación reduciendo anticipadamente la acción planificada por los compañeros, adversarios y fundamentalmente por el poseedor del balón. Para asegurar una secuencia lógica de la acción del juego, cada jugador ha de hacerse comprender entre sus compañeros mediante actitudes, comportamientos que él mismo puede planificar y ejecutar y gestos (se incluyen algunos casos de comunicación verbal); simultáneamente busca que resulten imperceptibles a los ojos de sus adversarios. Resumiendo, cada jugador, ante un contexto situacional concreto de juego, busca saber intervenir teniendo en consideración:


A. Lo que está ocurriendo a su alrededor, detectando los indicadores más pertinentes para tomar una decisión.

B. Qué hacer ante esas circunstancias, es decir, dentro de un abanico más o menos grande de opciones tácticas en la solución que mejor se adapta a esa situación.

C. Establecer el proyecto de acción considerando la estrategia preestablecida y los objetivos tácticos momentáneos del equipo.

D. Ejecutar la acción motriz de respuesta a la situación-problema.

E. Verificar qué alteraciones ocurren en el nuevo contexto situacional.

F. Continuar influyendo y siendo influido por la nueva situación y el contexto.


2. La segunda (que se desprende de la primera) expresa la esencia de la elaboración de las reglas racionales de decisión (heurísticas) que soportan el pensamiento táctico de los jugadores para solucionar las diferentes situaciones del juego. Estas reglas se pueden considerar la referencia en que se apoyan las relaciones comunes de todos, la comprensión y la eficacia de las acciones técnico-tácticas potenciadas por la creatividad y la improvisación, que determinan, en último extremo, la elevación del nivel de juego del equipo. Si comparamos a jugadores con diferentes niveles de experiencia, sus distinciones se establecen en estos tres niveles:

A. En la repetibilidad y similitud en que los contextos situacionales se suceden ante el jugador y en la variabilidad decisional inherente que éste va asumiendo.

B. En la cantidad de veces en las que varias situaciones son vividas y crean una serie de rutinas en el ámbito de la percepción/análisis y de la solución mental, permitiendo la utilización de más alternativas que faciliten la decisión y una solución motriz cada vez más adaptada a las circunstancias contextuales de las situaciones.

C. En la selección de las informaciones más pertinentes y que desencadenarán patrones familiares de respuesta motriz, que ya están controlados automáticamente. El éxito deportivo se halla esencialmente condicionado por la actitud del jugador para asimilar la variabilidad del entorno y transformar la información disponible para realizar la acción.

Partiendo de esta perspectiva, los factores que diferencian a los jugadores de elevado nivel de los que no tienen experiencia consisten en la capacidad que presentan los primeros para reproducir las actitudes y los comportamientos de índole técnica, táctica y estratégica en función del contexto situacional. En este sentido, se crea un conjunto de hábitos y rutinas de la percepción y el análisis de la situación, del tratamiento de la información y de la toma de decisiones que ponen en juego los mecanismos de evocación de la memoria, donde se encuadra un conjunto de experiencias pasadas y un mayor número de alternativas, que optimizan y facilitan la selección de la decisión (solución mental) establecida. Los jugadores de elevado nivel, además de la capacidad de seleccionar los indicadores más pertinentes de la situación, recurrirán a patrones familiares o similares de respuesta motriz y, consecuentemente, con un elevado nivel de automatismo.

IMPORTANCIA

Muchos son los autores que presentan la importancia de establecer los principios del juego justificando para ello un amplio número de diferentes aspectos que se relacionan con la mejora del funcionamiento del equipo tanto desde el punto de vista operacional como afectivo. El juego del fútbol refleja un conjunto diversificado de situaciones momentáneas de juego que por sí descartan innumerables problemas que deben ser resueltos por los componentes de los dos equipos en confrontación a través de acciones significativas orientadas a un objetivo común. De esta presunción fácilmente inferimos el elevado grado de complejidad que el comportamiento de los jugadores encierra en sí. Ejecutar una acción correcta en el momento exacto empleando la fuerza necesaria, imprimiendo una velocidad ideal, anticipando las acciones de los adversarios y volviendo comprensible su acción en relación con sus compañeros e incomprensible respecto a los adversarios es algo que cualquier jugador debe tener en cuenta cuando toma una decisión. En este sentido, la solución en cualquier contexto del juego pasa invariablemente por los comportamientos de los jugadores, que expresan dos vertientes fundamentales e inseparables: la táctica, definida por el proceso intelectual de la solución del problema del juego, y la técnica, determinada por la solución práctica del problema de juego. En esta línea de razonamiento, la solución de los contextos situacionales del juego implica generalmente recurrir a ciertos principios que se desarrollan a través de las directrices del entrenador (en la práctica del entrenamiento y de la competición) y de los conocimientos preexistentes (experiencias) de los jugadores para solucionar las situacionesproblema. Estas reglas de decisión, aprendidas y perfeccionadas por la aplicación práctica, posibilitan soluciones satisfactorias en relación con el balance entre los beneficios cualitativos de realizar mejores elecciones y los costes de usar otras más complejas, pues aunque sean mejores como reglas, necesitan más tiempo para reflejar la situación (tiempo es lo que no existe en el fútbol) y más esfuerzo.

La utilización de reglas de decisión comprende dos operaciones mentales distintas: la primera, que es la más difícil la mayor parte de las veces, consiste en determinar a qué regla es necesario recurrir para resolver el problema presentado, mientras que la segunda se refiere a la aplicación de una determinada regla relativa a las condiciones particulares del problema que se debe resolver. Es en esta perspectiva donde la elección de la respuesta ante la situación-problema está determinada por la:

1. Disposición de los elementos más pertinentes en el contexto situacional.

2. Estrategia colectiva individual de los jugadores del equipo.

3. Eficacia en la ejecución de la acción técnico-táctica.

En este ámbito, la importancia de los principios del juego del fútbol y de los deportes colectivos en general se correlaciona con dos valores de orden interno y externo.

• Valor interno

El análisis interno de los principios del juego del fútbol radica en dos aspectos fundamentales:

1. El hecho de que los jugadores alcancen rápidamente la solución táctica adaptada con eficacia al problema que la situación de juego encierra en sí exige concretamente la participación de la conciencia. Desde esta perspectiva se desarrolla una intensa y determinante actividad intelectual operativa, a través de la cual los jugadores buscan identificar las alteraciones/modificaciones del contexto intentando descodificar continuamente la estructura (lógica) dinámica de las interacciones observadas. Estos procesos intelectuales operativos, de carácter complejo, establecen los mecanismos organizadores de la percepción y de las acciones motoras de los jugadores, correlacionándose con la apreciación de las velocidades, de las distancias y de la profundidad y con la estimación (anticipación) de los proyectos de los otros intervinientes, es decir, compañeros y adversarios. Todos estos elementos y sus interacciones son analizados por los jugadores en términos de probabilidad subjetiva partiendo de un grado de confianza variable, con el cual se establece la estrategia de acción relativa a la situación contextual del juego.


2. El hecho de resolver la acción en la práctica, los problemas inherentes a los diferentes contextos situacionales en el juego del fútbol, obliga a los jugadores la mayor parte de las veces a ejecutar con discernimiento la situación problemática, cuya solución les lleva a obtener nuevos conocimientos y experiencias. Tal como refiere Mahlo (1966), «el actor táctico es un sistema de investigación que no se contenta con escoger la mejor respuesta entre las diferentes posibles, sino que se autoperfecciona al mismo tiempo que se resuelve el problema expuesto». Por ello las soluciones encontradas en las situaciones del juego se fijan como experiencias acumuladas que, a su vez, se vuelven el soporte fundamental en la formulación de nuevas soluciones tácticas. Estas soluciones alargan el espectro de las situaciones-problema existentes, potenciando paralelamente su grado de eficacia. Ante un determinado contexto situacional, los jugadores en una primera fase inmediatamente buscan las similitudes con otros problemas (otras experiencias) anteriores con el objetivo de evocar un determinado nivel de solución del problema (carácter inductivo). En el caso de que no exista ninguna similitud o no sea reconocida, es decir, que el problema para el jugador resulte totalmente nuevo, tendrá que deducir conscientemente para encontrar la acción motora de respuesta, a la que contribuye su capacidad de modificación, comparación, improvisación y creación ante las acciones adversas de los contrarios.

• Valor externo

El valor externo de los principios del juego está determinado por el establecimiento de los aspectos relacionados con la comunicación del equipo, es decir, con un «lenguaje común» para mejorar su funcionalidad. De hecho, al asegurar un constante lenguaje común, un «código de lectura», se contribuye claramente a que los jugadores, al leer y valorar las situaciones de juego, puedan imputarle un significado más o menos relevante y homogéneo en función de las necesidades para su solución táctica. Los mecanismos que fundamentan el comportamiento táctico de los jugadores se desarrollan continua y permanentemente durante la competición. Cada situación de juego comporta índices de identificación bien definidos y jerarquizados que son el testimonio de su significado táctico y que transportan ya en sí las uniones esenciales, a través de las cuales los jugadores, al «leer» la situación, evalúan sus posibilidades de éxito preparando mentalmente su acción futura, respetando las reglas del juego, anticipando su comportamiento en función del pronóstico por ellos elaborado y ejecutando una respuesta que sea previsible a los ojos de sus compañeros (orden) e imprevisible a los de sus adversarios (desorden). En este sentido, todos los jugadores deben concienciar y valorar constantemente su contribución al desarrollo eficaz, tanto en el proceso ofensivo como en el defensivo. Esto significa la necesidad de buscar cooperación, racionalización y coherencia dinámica del movimiento del equipo con el objetivo de concretar los objetivos definidos. Así, en el plano funcional (valor externo), los principios utilizados durante un juego tienen que permitir la comunicación dentro del equipo considerando la situación de juego (comprenderla) y su evolución (preverla).


OBJETIVOS

En cada momento del juego sólo un jugador puede tener el balón; además, la coordinación y el rendimiento del equipo dependen ampliamente de los comportamientos técnico-tácticos de los restantes 10 compañeros. El fútbol actual correlaciona el aumento de la movilidad (radio de acción) de todos los jugadores, lo que determina claramente la necesidad de una correcta correlación y complementación de sus movimientos, obligándoles en este contexto a tener un conocimiento lo más profundo posible de los principios (presentados como las normas para ayudar a formular un pensamiento y determinar el sentido de la acción), basados en hechos prácticos y teóricos básicos del juego para permitir el cumplimiento del propósito de la creación, ocupación y exploración eficaz de los espacios de juego (cuando el equipo tiene el balón) o de la vigilancia y la restricción (cuando el equipo no lo tiene).

Los principios del juego tiene como objetivo fundamental el establecimiento de un conjunto de reglas básicas de orientación táctica que coordinan las actitudes y los comportamientos técnico-tácticos individuales y colectivos de los jugadores, tanto en el proceso ofensivo como en el defensivo. En otras palabras, los principios del juego aseguran, en último término, las líneas orientadoras de los comportamientos de los jugadores (lenguaje común) permitiendo una mejor selección y articulación dentro de la realización del equipo; a partir de ellos se desarrolla y evoluciona su expresión táctica al reflejar en su interior una solidaridad orgánica y reguladora de esos mismos comportamientos. Así, la interacción técnico-táctica de los jugadores observada en el terreno en cualquier contexto situacional del juego pasa indudablemente (y cada situación es única, pues contiene siempre una parte de casualidad de improvisación) por el sentido táctico dado a las diferentes señales que la tarea en sí comporta, las cuales deberán estar reunidas y descifradas durante el transcurso de la situación en la búsqueda de hallar una solución eficaz al problema. Los jugadores de alto nivel consiguen comprender las acciones de sus compañeros, creándose una red de comunicación que coordina y sincroniza los movimientos de cada jugador. De esta forma tenemos que aceptar que existe una base de red, un lenguaje común que permite la transmisión y comprensión de las respectivas intenciones de los jugadores.

En este ámbito, la estructura del juego ha de establecer simultáneamente las líneas de fuerza unitarias y homogéneas (que constituyen el cuadro referencial de las redes de comunicación o de interceptación de las uniones de los adversarios) y correlacionarse con un conjunto de normas básicas de orientación que coordinan las actitudes y los comportamientos técnico-tácticos individuales y colectivos de los jugadores, tanto en el proceso ofensivo como en el defensivo. En otras palabras, los principios del juego aseguran las líneas orientadoras de los comportamientos de los jugadores (lenguaje común), permitiendo una mejor selección y articulación dentro de la organización del equipo, y es a partir de ellos como desarrolla y evoluciona la expresión táctica, reflejando en su interior una solidaridad orgánica y reguladora de esos mismos comportamientos. Al asegurarse el constante lenguaje común, es decir, un «código de lectura», se contribuye claramente a que los jugadores, al leer y valorar las situaciones de juego, puedan imputarles un significado más o menos relevante y homogéneo en función de las necesidades para su solución táctica. Si todos los jugadores comprenden, se conciencian y valoran constantemente su contribución y la de sus compañeros al desarrollo eficaz tanto del proceso ofensivo como del defensivo, establecen automáticamente un cuadro referencial de participación consciente y activa en la coherencia dinámica del movimiento del equipo, cooperando y racionalizando sus comportamientos técnico-tácticos con el objetivo de concretar los objetivos definidos para cada uno de los referidos procesos. Esta visión de ninguna manera restringe la libertad de acción de los jugadores; todo lo contrario, de esta forma, y en cada situación de juego, el jugador está en condiciones de percibir, analizar y decidir un comportamiento lo más adaptado posible a las condiciones de las situaciones del juego.

ELEMENTOS DE BASE

El juego del fútbol puede ser analizado en función de diferentes tipos de problemas técnico-tácticos que se establecen dependiendo de las diferentes y momentáneas situaciones de juego. Es en este cuadro diversificado de relaciones donde los jugadores tienen que intervenir en las situaciones de juego por medio de sus comportamientos, que al mismo tiempo se derivan de los principios previamente establecidos y que provienen de dos fuentes esenciales:

1. De las directrices presentadas por el entrenador. Es de extrema importancia profundizar en la comprensión de la lógica interna del juego a partir de un conocimiento lo más amplio posible de sus elementos estructurales. A través de la continua unión entre la práctica y la teoría se consigue un estado superior de comprensión de la realidad del juego que posibilita la elaboración de una síntesis, es decir, de una generalización y sistematización de todos los elementos fundamentales. Todas las actitudes y los comportamientos en el fútbol son autoformales, es decir, las formas más simples evolucionan hacia las más lógicas, racionales y eficaces, y el papel principal del entrenador consiste en acelerar constantemente los factores de ese perfeccionamiento; sólo podrá llegarse a concluir este proceso si la observación, el análisis y el entrenamiento se ajustan en la medida de lo posible (identidad/similitud) a la realidad de la competición.


2. De la experiencia y la madurez adquiridas por los jugadores. Los jugadores son enfrentados a una realidad que les exige percibirla por medio de los órganos de los sentidos, detectando los indicadores pertinentes; seleccionar una respuesta estableciendo un plan de acción que define con una elevada precisión la articulación de los diferentes procedimientos que se van a utilizar; programar la respuesta al recibir el proyecto de la solución y reclutar las órdenes o los comandos motores necesarios para su ejecución; enviarla al sistema neuromuscular para su ejecución, y recoger la información concomitante y terminal sobre la respuesta y su grado de ajuste para posibilitar su eventual corrección.

Después de una o varias situaciones de juego, los jugadores pueden comparar la desviación entre los efectos producidos y los previstos, es decir, la eficacia de su acción en función del cumplimiento de los objetivos tácticos de su equipo. Estas relaciones de influencia y comparación permiten a los jugadores modificar los pequeños detalles, redefinir totalmente el proyecto de la acción cuando el resultado pretendido no ha sido alcanzado y reforzar la compatibilidad entre la situación y la respuesta (feedback positivo). Respecto a los medios para la comparación entre lo producido y lo pretendido, según Grehaigne (1992), «cuando se asumen con carácter constante y son suficientemente generales, se transforman en un autoconsejo para los jugadores en la medida en que establecen reglas activas para afinar sus respuestas motoras». Más adelante profundiza el mismo autor (1992): «la conceptualización de la acción presupone una modificación en el lenguaje, es decir, la traducción de un lenguaje conceptual a uno motor. Esta modificación se realiza mediante la instalación del proyecto de la acción a partir del soporte conceptual que constituyen los principios del juego».


Otro aspecto que no debemos ignorar es que cada jugador, en relación con sus particularidades, percibe, analiza y resuelve mentalmente las situaciones competitivas de diferente forma. Por lo tanto, los procesos mentales de base para la solución eficaz de una misma situación determinan concretamente diferentes niveles de elaboración. Por ello, la solución mental de una misma situación del juego para unos puede conllevar un pensamiento que es la resultante de una actividad mental creativa, mientras que para otros puede implicar un proceso mental menos elaborado, resolviendo la situación de una manera más «económica». Este hecho determina que los jugadores puedan preservar la atención para el tratamiento de otros aspectos, como la previsión del desarrollo de la dirección del juego. Con todo ello, la solución mental en un elevado número de situaciones idénticas en la competición determina el autoperfeccionamiento, que está relacionado con la disminución de la elaboración mental y de la vigilancia en la situación. Más adelante, a medida que el jugador eleva su capacidad de solución mental del problema del juego, necesita cada vez menos que el proceso mental adyacente a esta solución sea tan elaborado, lo que significa que la respuesta a la situación de competición se da de una manera más rápida, pero manteniendo el mismo nivel de eficacia al no consagrar toda la atención a esa situación momentánea y particular del juego.

Las reglas racionales de la toma de decisiones de los jugadores deben tener en consideración tres aspectos fundamentales: la naturaleza de la decisión, el contexto situacional en que esa decisión se toma y la cantidad de procesos cognitivos y motores que posee el jugador.

• La naturaleza de la decisión

Diferentes investigadores coinciden en que la toma de decisión se da de acuerdo con una serie de estadios bastante bien definidos, aunque también algunas decisiones más complejas puedan repetir algunos pasos o volver atrás en la secuencia de esos estadios (Carroll y Johnson, 1990; Araujo, 1998):

1. Reconocimiento. El proceso de toma de decisiones se inicia cuando el jugador reconoce la necesidad de que ha de tomar una decisión para alterar los acontecimientos que le rodean.

2. Generar alternativas. Cuando un jugador ha tomado una decisión, teóricamente ha determinado innumerables alternativas. Sin embargo, ese número se reduce a las alternativas más racionales o adaptadas, preferidas o atractivas para él.

3. Búsqueda de la información. Discernir e identificar con eficacia entre diferentes estímulos, y que sean los más pertinentes en el menor tiempo posible resulta fundamental para solucionar las situaciones de juego.

4. Juzgar o escoger. Son dos diferentes tipos de toma de decisiones que pueden producir asimismo distintas decisiones. La forma en que un jugador evalúa las alternativas para un juicio o para una elección consiste en el empleo de las reglas de decisión, que varían por ser generales (al poder ser aplicadas a una larga variedad de situaciones de toma de decisiones) o específicas (cuando se aplican a un reducido número de situaciones).


5. Acción. Una vez tomada la decisión, debe ser puesta en práctica por el jugador.

6. Feedback. Después de ejecutar la decisión, el jugador debe recibir la información de retorno acerca de su acción para desarrollar su conocimiento y el de las reglas decisionales, es decir, aprender, perfeccionar o desarrollar.

• El contexto situacional

La toma de decisiones es un proceso extremadamente dependiente de las características del contexto de la situación, por lo que hay que tener en consideración los siguientes aspectos:

1. El contexto situacional puede ser conocido o desconocido. El conocimiento de la situación-problema establece un determinado nivel de estructuración en el proceso de la toma de decisiones que está regulada y organizada en función de los hábitos y automatismos adquiridos por el jugador a lo largo de su proceso de entrenamiento. Cuando el contexto es desconocido se verifica una desestructuración, pues no existe una forma predefinida para encontrar y aplicar la acción motora en respuesta a los problemas puestos en cuestión por la situación, que ha de ser resuelta a través del aspecto intrínseco y creativo del jugador y de los principios orientadores del comportamiento táctico.

2. Claridad del objetivo. Presupone una especificación clara de un estado o de una multiplicidad de resultados.

3. Complejidad. En el fútbol los comportamientos de los jugadores no presentan una secuencia fija de los elementos que los componen, pero sí una adaptación a cada circunstancia situacional, alterando los elementos de la ejecución de distinta manera, lo que da lugar a una cascada de decisiones de gran variabilidad.

4. Importancia de la situación. Dependiendo de ella en lo que se refiere a los objetivos que en ésta se podrían concretar, serán mayores los riesgos asociados a una toma de decisiones adaptada. En este sentido, consecuentemente el jugador tendrá mayor cuidado en la elección de una opción que se desprende de varias para solucionar el problema. La concentración psicológica y los índices fisiológicos que se pueden registrar en el jugador durante la realización de un penalti son totalmente diferentes si esa acción técnica decide o no el resultado final del partido.

5. Tiempo para decidir. La manipulación del tiempo que tiene un jugador para decidir (aumentándolo o disminuyéndolo) la solución de una situación-problema establecida constituye el factor de mayor apremio para él en la concreción de los objetivos y de los criterios de éxito predeterminados. Veamos una situación concreta: al recibir el balón un jugador está ante dos soluciones tácticas, rematar a la portería o penetrar, aproximándose al área para aumentar sus posibilidades de éxito en el remate. La pequeña fracción de segundo (determinada por la duda sobre cuál de las decisiones alterará el contexto situacional) puede llevar al jugador, debido al aumento de la presión defensiva, a optar por una tercera opción menos eficaz, como pasar el balón a un compañero peor posicionado. Bajo presión temporal puede verse afectada la eficacia de la toma de decisiones del jugador.


6. Reducción del espacio. Cada jugador representa una «fuerza» que se manifiesta por la ocupación y dinamización de un espacio de juego en el que expresa su individualidad y personalidad en referencia a sus opciones y, consecuentemente, por sus acciones motoras. Por ello es preciso tener presente que cada juego se encuentra enfrentado a espacios dinámicos funcionalmente unidos entre sí, que se modifican en función de las tareas que le son determinadas, respecto a la evolución de las acciones programadas y en cuanto al tiempo para ejecutarlas. En lo que se refiere a esta última vertiente, al disminuir el espacio se incrementan las dificultades que encuentran los jugadores en la concreción de los objetivos, porque cuanto menor es el espacio menor resulta el tiempo para analizar la situación y ejecutar las acciones técnico-tácticas correspondientes a su solución, lo que implica consecuentemente un aumento de la velocidad y del ritmo de las ejecuciones en las acciones individuales y colectivas, disminuyendo así la eficacia establecida para la concreción de los niveles de éxito propuestos.


• El jugador

Genéricamente sólo es legítimo que se hable del proceso de toma de decisiones cuando el jugador pasa por el proceso de la comparación de alternativas. Sin dicha comparación no es posible que el comportamiento refleje una elección, sino un hábito o un automatismo. En este campo se pueden señalar los siguientes aspectos:

1. No infatigable. La mente humana es limitada, pues la memoria a corto plazo almacena una ínfima parte de lo que pasa a su alrededor o pasa la información a la memoria a largo plazo. Debido a estas limitaciones, el jugador tiende a simplificar las informaciones que se derivan del entorno y a formular decisiones que iluminan algunos aspectos de la situación pero ignoran otros. En el fútbol podemos sistematizar las diferentes tomas de decisión partiendo de las condiciones iniciales concretas, que se anulan mutuamente con las situaciones en las que se determinan diferentes opciones (decisiones), que a su vez están soportadas por un conjunto de comportamientos (acciones técnico-tácticas) de base que concretan los objetivos de cada decisión tomada.

2. Selección sistemática. Como no es infatigable, el ser humano es selectivo, lo que se convierte en fuente de dificultad. El hombre privilegia determinado tipo de información en detrimento de otro; por ello, la información sobre lo que acontece es sobrevalorada en relación con aquella referente a lo que no acontece; la información superficial relevante o que confirma las expectativas o los aprendizajes anteriores se tiene como más útil respecto a la información cuya relevancia es un poco menos obvia o incongruente en relación con las expectativas o el aprendizaje anterior, y se da a la información más accesible un valor exagerado respecto a la menos accesible.

3. Falta de comprensión del concepto «casualidad». El ser humano muchas veces es incapaz de reconocer el componente aleatorio de gran parte de las situaciones a las que se enfrenta.

4. Demasiada confianza en el juicio y en la decisión. Las personas dicen tener mucha mejor imagen de la realidad de lo que en verdad tienen, pues el conocimiento que poseen acerca de los hechos es demasiado estrecho, por oposición a las amplias previsiones que efectúan con plena confianza.

5. Propensión a correr riesgos. Otra de las características del jugador es la de asumir riesgos, lo que influye en las estrategias de la decisión cuando se juega con un amplio número de características en el contexto. En una decisión con riesgo, el jugador no tiene dudas sobre los resultados y las posibilidades de pérdida de los recursos.

6. Influencia de las características del jugador en los modos de elección. Las características de quien decide parecen influir con mucha fuerza en la selección de un modo de elección apropiado a partir del momento en que se reflejan diferentes percepciones del problema y se requieren distintas capacidades para procesar la información, además de implicarse diferentes niveles de aspiración y de riesgo.



Finalizando, los principios del juego definen, en última instancia, la comprensión de las relaciones lógicas elementales o, en otras palabras, las propiedades invariables de las situaciones del juego, sobre las cuales se inserta la actividad conceptual y motriz de los jugadores para responder a los diferentes problemas generados por la confrontación entre los dos equipos. Se constituye en este ámbito como una construcción teórica y un instrumento operativo que orienta cierto número de comportamientos técnico-tácticos de los jugadores, representando así una fuente que permite actuar sobre la realidad del juego, es decir, en la solución de las situaciones momentáneas del juego. Sus principales características son que resultan conscientes y simples, que poseen cierto grado de generalización, que concurren en la planificación, selección y ejecución de la acción en estrecha relación con los mecanismos motrices y que participan en la explicación de la acción.


NIVELES

El fútbol se desarrolla en un extenso espacio de juego (como término medio, 325 m2 por jugador) con un elevado número de elementos (11) que pertenecen a cada uno de los equipos en confrontación. Se deriva de esta lógica constatación del juego del fútbol la existencia, sin la cual el juego no podría evolucionar en el sentido positivo, de una acción coordinada de todos los jugadores en cualquier momento del juego, que en un primer análisis ha de estar dirigida por sus misiones tácticas específicas, que se derivan de su posicionamiento dentro del sistema táctico del equipo. La atribución de estas misiones tácticas obliga a los jugadores a mantenerse constantemente atentos y activos, influyendo e influyéndose por el desarrollado del juego. Buscan en este sentido contribuir al desarrollo eficaz del proceso ofensivo o defensivo en el que su equipo está inmerso en la preparación de una de estas fases fundamentales del juego independientemente de si su equipo posee o no el balón. Para que el correcto desarrollo del juego sea una realidad, es fundamental que el jugador sienta su contribución a la solución inmediata de los diferentes contextos situacionales puntuales y temporales que encierra en cada momento el juego, así como la anticipación en la preparación de los futuros escenarios contextuales que pueden resultar de esa situación.

En este sentido, los jugadores buscan dentro de sus posibilidades facilitar o perturbar la continuidad del proceso ofensivo o defensivo, que está constituido por las interacciones resultantes de los diferentes contextos situacionales, desde la recuperación hasta la pérdida del balón. De lo referido anteriormente podemos evidenciar en cada fracción del juego que todos los jugadores de cada equipo deben asumir actitudes y comportamientos técnico-tácticos de carácter individual y colectivo, convergiendo (aproximándose) o divergiendo (alejándose) del espacio en el que se encuentra el balón y, naturalmente, del compañero o del adversario que lo posee. Estas decisiones de aproximación o alejamiento derivan fundamentalmente de las necesidades verificadas para solucionar con eficacia esa situación puntual y temporal del juego, de la importancia de crear condiciones de desequilibrio en la organización del equipo adversario y del restablecimiento continuo y automático de los equilibrios que soportan el sistema táctico del equipo. De hecho, siempre que el balón entra en movimiento se observan por parte de los jugadores unas acciones individuales coordinadas por un amplio sentido colectivo, soportadas por decisiones mentales que les llevan hacia los espacios más alejados de los contextos situacionales temporales o directamente hacia el centro de dichos contextos, con la intención de que esas decisiones de ámbito táctico y técnico tengan una convergencia en una vía única y contribuyan positivamente a alcanzar los objetivos estratégicos preestablecidos por el equipo y/o los objetivos tácticos que resultan de las circunstancias de la situación del juego.


Ampliando las referidas consideraciones, se verifica que los jugadores, cuando optan por aproximarse (apoyando a los compañeros) o alejarse de la posición del balón (rompiendo o equilibrando el sistema táctico del equipo adversario y del propio equipo, respectivamente), cumplen con presupuestos fundamentales de carácter estratégico y táctico eficaces para desarrollar el juego, sea cual sea la fase en la que se encuentren. En esta medida, el juego «fragmenta» (no en el sentido de partir o separar) una continuidad lógica de la acción (envolviendo en el mismo momento la solución de los diferentes contextos situacionales del juego y la creación de condiciones facilitadoras) en espacios más distantes, que pueden resultar en la ejecución de los comportamientos técnico-tácticos de carácter individual o colectivo, que buscan la ruptura de la organización adversaria o el equilibrio del sistema táctico del propio equipo. Es en este contexto situacional, soportado por dos decisiones y comportamientos (que a primera vista parecen divergentes), donde convergen en un sentido único para contribuir con eficacia a alcanzar los objetivos del ataque o de la defensa. Un ejemplo típico de estas consideraciones ocurre cuando los jugadores no están implicados directamente en la recuperación del balón y se posicionan en ciertos espacios estratégicos del juego donde preparan el ataque de su equipo (cuando se verifica la recuperación del balón). Simultáneamente obligan al equipo adversario a atacar en condiciones de inferioridad numérica, ya que, como se comprende, estos goles deben ser marcados y vigilados por adversarios cuyo equipo se encuentra en ese momento en proceso ofensivo. En la línea de este razonamiento se puede añadir que los jugadores que no están directamente implicados en el proceso ofensivo de su equipo se posicionan en ciertos espacios estratégicos del juego (equilibrando el sistema táctico), donde se desarrolla y prepara la posibilidad de perder el balón, marcando y vigilando los espacios y a los adversarios que pueden establecerse, así como los carriles y las corrientes de transmisión del rápido desarrollo del proceso ofensivo adversario. Su posicionamiento debe posibilitar, simultáneamente, una reorganización rápida del ataque de su equipo en caso del fracaso momentáneo de éste. Bajo esta perspectiva, en el desarrollo de cada proceso ofensivo y defensivo no todos los jugadores que pertenecen al equipo se hallan directamente implicados en el ataque a la portería adversaria ni tienen la intención de recuperar el balón, si bien esto no significa, en cualquier circunstancia del juego y siempre que se exija, que no puedan ser reclutados y envueltos de una forma profunda y motivante en la creación de las condiciones favorables para la concreción eficaz de los objetivos de una de las dos fases fundamentales del juego del fútbol.

• Las unidades estructurales funcionales (de las que se derivan los principios específicos del juego)

Si analizamos otras especialidades deportivas de carácter colectivo, como el balonmano o el baloncesto, de inmediato verificamos que se desarrollan en un espacio de juego más reducido y con menor número de elementos por equipo en comparación con el juego del fútbol, lo que tiene como consecuencia práctica tres aspectos esenciales:

1. En todas las situaciones, todos los elementos del mismo equipo en el mismo momento están profundamente involucrados en una de las fases fundamentales del juego (ataque o defensa), por lo que los jugadores del equipo que posee el balón buscan hacerlo circular ejecutando simultáneamente constantes desplazamientos con el objetivo de crear, ocupar y explorar los espacios vitales del juego para ejecutar un remate (balonmano) o lanzamiento (baloncesto) eficaz. A su vez, los recesos buscan anular esas mismas circulaciones tácticas con el objetivo de recuperar el balón y defender la portería o la canasta por medio de desplazamientos que mantengan objetivamente el marcaje a los adversarios directos y la vigilancia de los espacios vitales y estratégicos del juego.

2. La proximidad posicional y procesual (operativa) que los jugadores (atacantes o defensas) adoptan en los diferentes contextos situacionales del juego durante las fases ofensiva o defensiva interacciona con sus comportamientos técnico-tácticos, teniendo en consideración sus decisiones de carácter táctico con las acciones ejecutadas por otros jugadores (compañeros y adversarios), quienes en la mayoría de las situaciones se encuentran en su campo de visión. Se establecen de esta forma, debido a un esfuerzo concentrado de la atención, relaciones de comunicación y contracomunicación privilegiadas por el hecho de que son observadas, analizadas y conscientemente integradas como informaciones pertinentes para la toma de decisiones.

3. Independientemente de la disposición táctica adoptada por los jugadores de un equipo dentro del terreno de juego o en cualquier momento, se puede verificar que al unir a los jugadores por medio de líneas se obtiene una cadena de figuras geométricas denominadas «triángulos»; de ahí que se considere que el juego del fútbol es una cuestión de triángulos. En este sentido, las unidades estructurales básicas de un equipo de fútbol, tanto durante el proceso ofensivo como el defensivo, están aseguradas por las relaciones dinámicas de cada triángulo, considerándolos como las estructuras funcionales parciales más simples del juego del fútbol. La forma y el tamaño de cada triángulo varía de acuerdo con la sucesión y el desarrollo de las situaciones momentáneas del juego.


En el juego del fútbol este aspecto de influir y ser influido por un número significativo de jugadores (compañeros y adversarios) que asumen diferentes comportamientos técnicotácticos es del todo imposible. La realidad de este hecho está relacionada inapelablemente con la toma de decisiones y la ejecución de la acción de respuesta al contexto situacional presente. De ahí que podamos teóricamente establecer la existencia en cada momento del juego de una unidad lógica funcional y operativa, que se constituye rápidamente (en relación con el nivel de organización dinámica del propio equipo) cada vez que uno de los jugadores recibe el balón, pudiendo alterarse (positiva o negativamente) durante el tiempo en que lo posee. Así, en cada momento del juego se observan transformaciones fundamentales que conllevan un conjunto de desplazamientos de algunos compañeros, que convergen en su dirección con la intención de apoyarle en su acción, y de los adversarios, que intentan quitarle el balón o como mínimo llevarle a optar por la ejecución de acciones desadaptadas e ineficaces en el contexto situacional presente. Cada unidad lógica (estructural) funcional que se forma cada instante del juego en función de los objetivos tácticos momentáneos de quien ataca y de quien defiende se establece en un contexto situacional que se caracteriza por una determinada «incertidumbre», pero también por una integridad estructural, cuyos componentes se establecen por:

1. Un espacio concreto de juego donde esta unidad operativa se verifica.

2. Un tiempo real de juego ya que, a medida que se agota, estas unidades estructurales operativas se tienden a deteriorar.

3. Un resultado numérico en el partido, pues en función del resultado positivo o negativo existe la posibilidad de un aumento o de una reducción de la eficacia de estas unidades lógicas funcionales.

4. Un jugador que interviene sobre el balón convergiendo hacia él la atención de los compañeros y de los adversarios, que se desplazan en su dirección, pero manteniendo cierta distancia, con el objetivo de que el balón pueda circular (perspectiva ofensiva), o evitar esa circulación y la recuperación de la posesión del balón (perspectiva defensiva).

5. Un contexto de cooperación, constituido por los compañeros que adoptan posiciones que concretan verdaderas opciones tácticas dentro de un marco más o menos grande de soluciones que respondan de forma adecuada y eficaz a la situación-problema.

6. Un contexto de oposición, naturalmente constituido por los adversarios, que se colocan a una determinada distancia del jugador que posee el balón, que determina la reducción del número de opciones tácticas de solución de la situación y simultáneamente posibilita la recuperación del balón de forma directa y consecuente o a través de los errores en la ejecución técnico-táctica del atacante.

7. Una finalidad, determinada por la necesidad de cumplir, simultánea o separadamente, los objetivos estratégicos preestablecidos para ese juego y los objetivos tácticos momentáneos del equipo, dependiendo de las circunstancias contextuales de la situación.


• La organización dinámica que envuelve las unidades estructurales funcionales (de las cuales se derivan los principios generales del juego)

Las referidas constataciones llevan a admitir en la teoría la posibilidad de establecer dos niveles en los principios orientadores del comportamiento táctico de los jugadores, de los cuales se derivan las unidades estructurales funcionales que se encuentran en constante cambio, constituidas momentáneamente por el jugador que posee el balón y los elementos pertenecientes a los dos equipos (compañeros y adversarios) posicionándose a cierta distancia (no superior a 15 m), auxiliando o perturbando el raciocinio táctico y, consecuentemente, su ejecución motora. En este sentido, los atacantes que se posicionan en el centro de la unidad estructural funcional apoyan las acciones técnico-tácticas del compañero que posee el balón, facilitando opciones en la solución táctica en cuanto a que los adversarios se oponen o limitan estos propósitos para recuperar el balón o evitar situaciones que puedan tener como consecuencia un remate a la portería. Alrededor de las diferentes unidades lógicas funcionales que se forman continuamente se estructura una organización dinámica más extensa en términos de espacio de juego y número de jugadores, que asumen actitudes y comportamientos técnico-tácticos que tienen en consideración el desarrollo de las unidades estructurales funcionales, direccionadas por las circunstancias del momento y por los objetivos estratégicos preestablecidos.

Desde el punto de vista defensivo, los defensas asumen posiciones para ajustarse a la continuidad de las acciones de sus compañeros colocados en medio de las unidades estructurales funcionales, la racionalización de los espacios vitales y estratégicos del juego en consonancia con las circunstancias del momento y del sistema táctico de base del equipo, los desplazamientos de ruptura de los atacantes en relación con la posesión del balón y de la portería y la forma de recuperar el balón en condiciones favorables para implementar inmediatamente un proceso ofensivo eficaz.

Desde el punto de vista ofensivo, los atacantes buscan ajustarse anticipando la solución de las situaciones contextuales del juego, proporcionando simultáneamente condiciones óptimas para su continuidad, crear condiciones favorables para la realización de las acciones de ruptura de la organización defensiva adversaria o de la progresión del balón en dirección a zonas predominantemente de finalización y racionalizar constantemente el espacio de juego en relación con los equilibrios que todo el sistema táctico debe asegurar en función de las posibilidades de perder el balón momentáneamente (inmediato reinicio del ataque u organización del proceso defensivo), los espacios vitales del juego y los adversarios que no están directamente implicados en el proceso defensivo de su equipo.

En la mayoría de las situaciones del juego estos jugadores forman parte del círculo de relaciones privilegiadas desde el punto de vista de la respuesta táctica del que posee el balón, lo que no significa que el hecho de que un compañero o un adversario se posicionen fuera de la unidad estructural funcional no influya en la toma de decisiones del portador del balón, pues esto significa que el atacante, teniendo conciencia o no de sus movimientos, normalmente responde tácticamente relacionándose con los compañeros más próximos con la intención de resolver los diferentes contextos situacionales que el juego le proporciona. La sustentabilidad de este hecho puede ser comprobada por los siguientes dos aspectos:


1. El jugador que posee el balón en un determinado espacio de juego no consigue abarcar en su campo de visión todas las acciones de los jugadores (compañeros y adversarios). Cuando él decide, no atiende por lo tanto a las diferentes señalizaciones de carácter facilitador o perturbador, de las que no tiene conciencia de su existencia ni pertinencia. De ahí que el jugador se concentre profundamente en lo que está ante él o a su alrededor, dentro de las referencias que son bastante limitadas, y de una u otra solución táctica que busque una ruptura de la organización defensiva adversaria lejana a ese centro de juego. En este caso, las acciones ofensivas con elevados niveles de éxito, es decir, que concretizan situaciones inminentes de finalización o de gol efectivo, tienen como denominador común el uso de esas acciones de carácter técnico-táctico, que objetivan la ruptura puntual de la organización defensiva adversaria en espacios de juego más distantes de donde se posiciona o encuentra el balón.

2. Al analizar las acciones tácticas de los jugadores (en partidos de alto nivel de rendimiento) inmediatamente antes de que intervengan sobre el balón se verifica que en un 64% de esas situaciones ya se han ejecutado acciones de apoyo al compañero que posee el balón. Esta constatación abarca a todos los jugadores del equipo, independientemente de sus misiones tácticas, disminuyendo naturalmente en función de la distancia a la que éstos se encuentran en relación con la portería adversaria. Así, los jugadores defensivos presentan los valores más elevados (76%), seguidos de los medios (62%) y de los delanteros (44%). Este hecho admite de igual manera que la mayoría de las soluciones del juego pasen por un mantenimiento y una progresión del balón en dirección a la portería adversaria o asimismo creando situaciones de finalización, cuya circulación del balón pasa fundamentalmente por relaciones de proximidad, privilegiando a los compañeros que se colocan cerca del jugador que posee el balón. De este análisis podemos concluir que el fútbol es un juego fundamentalmente de apoyo/equilibrio.

En esta línea de pensamiento se pueden establecer dos niveles en relación con los principios del juego:

1. Los principios generales del juego. Buscan fundamentalmente asegurar unas líneas orientadoras básicas que coordinen las actitudes y los comportamientos técnico-tácticos de los jugadores que no se encuentran dentro de la unidad estructural funcional del juego (no forman parte del círculo de apoyos a los compañeros que poseen el balón, en caso de que el equipo se encuentre en el proceso ofensivo, o del compañero que marca al adversario que posee el balón en el caso de que el equipo esté en fase defensiva). En este aspecto se distinguen los principios generales de carácter ofensivo y defensivo.

2. Los principios específicos del juego. Buscan fundamentalmente asegurar las líneas orientadoras básicas que coordinen las actitudes y los comportamientos técnico-tácticos de los jugadores que se posicionan dentro de la unidad estructural funcional del juego, distinguiéndose en este nivel los principios específicos ofensivos y los defensivos.


4.1. PRINCIPIOS DEL JUEGO OFENSIVO


PRINCIPIOS GENERALES DEL JUEGO OFENSIVO

Los jugadores que no se encuentran directamente implicados en la unidad estructural y funcional (también denominada «centro del juego») ofensiva deben mostrar en todo momento actitudes y comportamientos técnico-tácticos en la búsqueda de uno de los siguientes tres principios generales en función de la variabilidad de las situaciones de juego: la ruptura de la organización del equipo adversario, la estabilidad de la organización del propio equipo y la intervención en la unidad estructural funcional ofensiva.

• La ruptura de la organización del equipo adversario

Este principio general del proceso ofensivo busca orientar las decisiones, las actitudes y los comportamientos técnico-tácticos de los atacantes cuando están posicionados fuera de la unidad estructural funcional del juego en el sentido de plantear de forma constante y persistente problemas de carácter técnico, táctico y estratégico difíciles de resolver y de regular por el equipo adversario, o, como mínimo, obligar al rival a preocuparse (concentrarse) más con estos problemas que con el desarrollo del juego. Al conseguir descentrar la atención de los defensas se crean las condiciones más propicias para que asuman decisiones e inherentemente acciones técnico-tácticas desajustadas e inadecuadas a la solución de la situación. De hecho, ésta podrá y deberá ser una de las primeras y principales consecuencias, determinadas por los constantes desplazamientos de los atacantes, con el objetivo de romper el equilibrio organizativo adversario y mantener esa desorganización durante el máximo tiempo posible, es decir, que los movimientos defensivos compensatorios de respuesta sean complejos desde el punto de vista táctico y retardados desde la perspectiva del juego.

Estos desplazamientos de ruptura de la organización defensiva adversaria se deben caracterizar por ser repentinos, utilizando cambios rápidos de ritmo y de dirección, conjuntamente con pequeñas fintas, para simular el sentido de la carrera con la intuición de sorprender y eludir a los adversarios. Desde el punto de vista táctico, estas rupturas de la organización defensiva del adversario se deben realizar no solamente con el objetivo último de intervenir sobre el balón, sino fundamentalmente para:

1. Arrastrar a defensas adversarios hacia posiciones menos favorables y habituales donde no puedan ejercer con eficacia sus capacidades individuales.

2. Mover a uno o a más defensas dejando libre de vigilancia y marcaje determinados espacios estratégicos para la concreción eficaz e inmediata del ataque o el relanzamiento eficaz del proceso ofensivo después de la recuperación de la posesión del balón (dar primacía al juego directo).

3. Conducir a los defensas hacia determinados espacios dejando libre de marcaje a los atacantes en la una situación en que puedan desarrollar toda su capacidad específica de juego en relación con la consecución del gol (por ejemplo, el regate y el tiro a portería).

4. Aumentar la distancia entre los defensas disminuyendo por esta razón su homogeneidad y la concentración defensiva adversaria. El aumento de la permeabilidad de la organización del equipo adversario se consigue fundamentalmente si no hay esta compactación, lo que eleva consecuentemente las distancias entre los jugadores y, especialmente, «secciona» las líneas de comunicación entre los jugadores involucrados en el centro de juego respecto a los restantes compañeros del equipo.

5. Crear, ocupar y explorar los espacios vitales y estratégicos de juego con el objetivo de concretar los objetivos ofensivos del juego.

6. Construir rápidamente las situaciones de finalización con elevadas probabilidades de éxito usando la iniciativa y la sorpresa y obligando de esta manera a que los adversarios jueguen bajo una fuerte presión psicológica y técnico-táctica.

• La estabilidad de la organización del propio equipo

El principio ofensivo de la estabilidad de la organización del propio equipo se asienta en la necesidad de que los jugadores que no están posicionados en el centro de las unidades estructurales funcionales reajusten sus comportamientos técnico-tácticos individuales y colectivos en relación con el desarrollo sucesivo de estas unidades. Tiene como objetivo fundamental la racionalización permanente de los espacios vitales del juego equilibrando y adaptando el sistema táctico a la dinámica de las situaciones momentáneas del juego. De hecho, la organización de un equipo de fútbol será tanto más eficaz cuanto más consiga expresar un bloque unitario y homogéneo, tanto en las etapas que se derivan del proceso ofensivo como del defensivo. La concreción de este principio general ofensivo está definida por la permanencia o por el desplazamiento de los jugadores, normalmente de las líneas más alejadas, en dirección a los dos objetivos fundamentales:

1. Espacios vitales y estratégicos del juego, que en función de la variabilidad situacional:

A. Posibiliten a los jugadores que pertenecen a la línea más alejada «subir» en el terreno de juego en dirección a la línea de medio campo con el objetivo de aumentar la agresividad del ataque, volver el juego ofensivo más compacto y sacar ventajas de la ley del fuera de juego.

B. Asegurar una recuperación inmediata del balón en caso del fracaso momentáneo del ataque. Esta capacidad del equipo de reaccionar inmediatamente anticipando constantemente la posibilidad de la pérdida del balón incrementa la presión de carácter psicológico sobre los adversarios.

C. Establecer, en el caso de que no se recupere el balón rápidamente, una transición rápida y segura de la fase ofensiva a la defensiva, en la que se ajusta una unión estructural en amplitud y profundidad para tener una concentración de jugadores en ciertos sectores del campo.

D. Racionalizar constantemente el espacio de juego, pues la pérdida del balón en la mayoría de los casos es imprevisible, por lo que en todos los momentos del juego hay que asegurar un equilibrio constante y eficaz.

E. Que se tomen decisiones tácticas determinadas por un balance correcto entre los aspectos inherentes: la contextualidad situacional, las misiones tácticas que se distribuyen a los diferentes jugadores y la organización preestablecida por el sistema táctico del equipo y su estrategia.

2. Los adversarios que no están de momento implicados en el proceso defensivo de su equipo y que buscan preparar el ataque, predisponiéndose para materializarlo de forma inmediata y eficaz justo después de que se concrete la recuperación del balón. Debe ser de esta manera:

A. Marcar agresivamente a todos los adversarios que busquen concretar estos objetivos.

B. Vigilar constantemente las posibles permutas o los desdoblamientos entre adversarios que estaban o no involucrados en el proceso defensivo del equipo.

C. Atender a la posibilidad, en función de la variabilidad de los contextos del juego, de la existencia de situaciones de superioridad o igualdad numérica en ciertos espacios vitales del juego.

D. Mantener simultáneamente la concentración en las circulaciones del balón y los desplazamientos permanentes de los delanteros adversarios.

E. Resistir la tendencia de que cuando el equipo está en el proceso ofensivo se desequilibre defensivamente debido a la incursión en el ataque de los jugadores de las líneas más atrasadas, no creando condiciones para que sus misiones sean salvaguardadas por otros compañeros.

3. La intervención en las unidades estructurales funcionales

En función de la elevada variabilidad de las situaciones del juego, los jugadores deben estar preparados en todo momento y circunstancia para intervenir directamente en el centro del juego, lo que puede suceder por el desplazamiento del jugador en dirección al centro del juego o por el desplazamiento del centro del juego en dirección al jugador (a través de las acciones técnico-tácticas del pase y de la conducción del balón). En este sentido, sean cuales sean las circunstancias que determinen la intervención de un jugador dado en el centro del juego, es importante que rápidamente transmita a sus compañeros confianza y seguridad, apoyando constantemente sus comportamientos técnico-tácticos y respetando los principios específicos inherentes (penetración si tiene el balón, cobertura ofensiva al compañero que posee el balón o ejecución de acciones de movilidad con la intención de desequilibrar posicionalmente a los defensas adversarios). Busca de esta forma ventajas de superioridad numérica en términos espaciales y temporales, lo que establece:

A. El control del juego a través de los comportamientos técnico-tácticos que imprimen cambios de ritmo y de dirección del ataque llevando a los adversarios a aceptar cierta cadencia del juego.

B. La resolución eficaz de los problemas inherentes a las unidades estructurales funcionales del juego a través de la interacción posicional y procesual de los jugadores de su equipo.

C. La preparación de los desequilibrios en la organización del equipo adversario en los espacios y los momentos apropiados.

PRINCIPIOS ESPECÍFICOS DEL JUEGO OFENSIVO

Los jugadores, cuando se encuentran directamente implicados en la unidad estructural funcional ofensiva, deben tener en todo momento actitudes y comportamientos técnico-tácticos que busquen uno de los siguientes tres principios específicos: la penetración, la cobertura ofensiva o la movilidad.

• La penetración

En la competición, cuando el equipo se encuentra con la posesión del balón, su actitud táctica fundamental se ha de consustanciar con una persistente penetración de las diferentes líneas de resistencia de la organización defensiva (con una dinámica en amplitud y profundidad) para conquistar una posición favorable (en relación con la portería contraria) en las zonas predominantes de finalización, susceptible de la culminación del proceso ofensivo con la concreción del objetivo del juego, el gol. En este sentido, independientemente de los factores inherentes a la estrategia del juego predefinido, del resultado momentáneo que se pueda verificar, del tiempo de juego, de las misiones tácticas atribuidas a los diferentes jugadores que constituyen el equipo y de todo un conjunto de circunstancias puntuales y temporales que puedan influir de forma significativa la toma de decisiones de los jugadores, la penetración se configura como el principio táctico que orienta con más importancia las decisiones y los comportamientos de los atacantes que en cada momento intervienen sobre el balón durante el desarrollo del proceso ofensivo de su equipo. El cumplimiento eficaz de este principio específico está soportado por un conjunto de decisiones y comportamientos técnico-tácticos de carácter individual y colectivo que se expresan por la creación de las condiciones favorables para hacer circular el balón con precisión, eficacia y con una velocidad adecuada en relación con los diferentes y sucesivos contextos situacionales que se pueden dar en cada momento del proceso ofensivo.


En la línea de este raciocinio, el cumplimiento de este principio táctico orientador de las actitudes y de las acciones de los atacantes implica múltiples exigencias, que se fundamentan en los siguientes atributos esenciales:

1. En una inteligencia táctica soportada por una agudeza de espíritu, una motivación sin límites y una agresividad ofensiva del equipo que debe ser cultivada, entrenada y perfeccionada para responder continua y adecuadamente a los contextos situacionales que el juego determina.

2. En una rápida transición de la actitud defensiva hacia una actitud ofensiva inmediatamente después de la recuperación del balón a través de los movimientos concertados en amplitud y profundidad con el objetivo de aumentar el número de opciones tácticas de carácter eficaz.

3. En una elevada velocidad de ejecución técnico-táctica con el balón utilizando los medios individuales que pueden determinar el mantenimiento de éste (a través de las acciones de conducción, fintas, regates, etc.), la comunicación (mediante la acción del pase) o la finalización (remate a portería) si las condiciones del juego lo permiten y las posibilidades de éxito son razonables.

4. En una sincronización de los movimientos colectivos de los jugadores en dirección a los espacios de juego y con un ritmo de juego correcto para apoyar al compañero que posee el balón o desequilibrar la organización defensiva del adversario.

5. En una direccionalidad de las acciones técnico-tácticas que perturben constante y persistentemente los obstáculos y las líneas de resistencia que se derivan del método de juego defensivo del adversario y los espacios de juego que por su distancia y ángulo puedan determinar una finalización eficaz.

6. En una incapacidad por parte del equipo adversario de dirigir y conducir el proceso defensivo hacia los espacios no vitales del juego, hacia situaciones parciales y temporales donde se verifiquen condiciones de superioridad numérica, en la creación de contextos favorables para la recuperación de la posesión del balón y en el relanzamiento favorable del proceso ofensivo subsiguiente.

La concreción de esta orientación táctica fundamental (la penetración) se conjuga por los siguientes tres comportamientos: tener y usar la iniciativa, la correcta percepción de la situación del juego y las acciones técnico-tácticas que buscan el principio de la penetración y la continuidad de la acción del juego.

Tener y usar la iniciativa

El atacante que posee el balón debe mantener la iniciativa y la sorpresa de la situación del juego a través de los siguientes aspectos:

1. Orientar continuamente su acción en dirección a los espacios vitales del terreno de juego, especialmente hacia las zonas predominantes de finalización. Respetando esta orientación, el atacante le presentará sucesivamente problemas y dificultades para su resolución en la organización defensiva del contrario. En las situaciones de juego en las que el atacante tiene que recibir el balón de «espaldas» a la portería contraria, ha de tener en cuenta dos aspectos importantes: desplazarse en dirección a la trayectoria del pase que le han enviado (evitando que el defensa se anticipe) y, simultáneamente a la atención técnico-táctica de la recepción, orientar rápidamente sus apoyos con el objetivo de dirigir su comportamiento hacia la portería adversaria. En el caso de que no sea posible debido a la presión impuesta por el defensa, el atacante podrá asumir uno de los siguientes comportamientos:

A. Pasar el balón hacia atrás o hacia un lado en dirección a un compañero que pueda recibirlo de inmediato y orientarlo en la dirección deseada del ataque.

B. Forzar al adversario directo a aumentar la presión defensiva para cometer infracciones a las leyes del juego y consecuentemente determinar una situación ventajosa para el ataque (esquema táctico).

C. Mantener la posesión del balón hasta que se establezcan las condiciones favorables para el desarrollo del ataque.


2. Variar el ángulo y el momento del ataque. El atacante que posee el balón debe buscar desequilibrar la organización defensiva o el centro del juego defensivo del adversario a través de la modificación del ángulo y del momento del ataque con el objetivo de obligar a los defensas a salir de sus posiciones de base y cambiar su atención hacia el marcaje directo a otros atacantes. La modificación del ángulo y del momento del ataque se puede conseguir por medio de estas acciones técnico-tácticas:

A. La conducción, el regate/finta y la simulación que alteren los ángulos en relación con sus compañeros.

B. Los pases dirigidos hacia uno u otro carril o sector del terreno de juego.

3. Simular las verdaderas intenciones tácticas. El atacante que posee el balón debe producir un conjunto de «falsas señales» que, por un lado, vuelven más difícil y complejo el proceso de la anticipación de los defensas y, por otro, les induce a asumir un comportamiento a partir de una lectura falsa de los indicadores pertinentes referentes al contexto de la situación del juego. De hecho, el atacante, al buscar que resulte más difícil la lectura del juego desde el punto de vista defensivo, consigue varios objetivos:


A. Crea y explora espacios de juego en los que se logren simultáneamente diferentes líneas de pase o de comunicación dentro del equipo, facilitando y posibilitando constantes modificaciones del ángulo del pase.

B. Contribuye a que los defensas asuman comportamientos técnico-tácticos ineficaces y posicionamientos inadecuados en relación con el contexto situacional del juego.

C. Ejecuta acciones de regate buscando desequilibrar la posición de base del defensa y, en función de la reacción de éste, aumentar de inmediato la velocidad cambiando la dirección de la acción técnico-táctica o el objetivo de rebasar con eficacia al defensa.

Correcta percepción de la situación del juego

El atacante que posee el balón debe discernir correctamente el contexto de la situación del juego con el objetivo de seleccionar el comportamiento técnico-táctico más adaptado y eficaz para su resolución por lo seguro (mantenimiento de la posesión del balón) o con riesgo (provocando acciones de ruptura de la organización defensiva del adversario para crear situaciones de finalización). Esto significa que el jugador que posee el balón decide la dirección del juego, es decir, la concreción o no de los objetivos del proceso ofensivo. Por esto, el comportamiento técnico-táctico observado en la resolución táctica de la situación del juego es la resultante de la mutua responsabilidad del jugador en la penetración y de sus compañeros (aproximándose o alejándose de él). Esta opción técnico-táctica debe reflejar el mantenimiento de la posesión del balón, y su meta es la concreción del objetivo del ataque: el gol. En otras palabras, en función de los condicionantes que cada contexto situacional encierra en sí, el jugador ha de optar por las situaciones tácticas que le permitan de forma simultánea estar en la posesión del balón, conservarlo y lograr el objetivo del juego. En este ámbito podemos establecer los siguientes procedimientos:


1. Esperar el momento más oportuno para desarrollar el ataque. El atacante que posee el balón en las diferentes situaciones del juego tendrá que esperar el momento más oportuno para desarrollar o culminar el proceso ofensivo, lo que significa, por ejemplo, dar el tiempo necesario para que sus compañeros se desplacen y se posicionen en los espacios vitales del juego (colocación en el ataque) o salgan de posiciones irregulares desde el punto de vista de las leyes del juego (fuera de juego), con lo que da tiempo para que se establezcan las condiciones más favorables y ventajosas para el cumplimiento de los objetivos del ataque. En este sentido, el atacante que posee el balón debe ejecutar comportamientos técnico-tácticos que busquen fundamentalmente la protección y conservación del balón (conducción, regate, finta y engaño), comprendiendo su responsabilidad en función de los condicionantes que cada situación del juego presenta en el cumplimiento de este objetivo táctico.

2. Acelerar el ritmo del desarrollo del proceso ofensivo de su equipo, especialmente en las siguientes situaciones básicas:

A. Inmediatamente después de la recuperación del balón, pues aprovechar el desequilibrio momentáneo en el que se encuentra un equipo que atacaba y que tiene que pasar a defender es, en la mayor parte de las situaciones, la clave para un ataque con éxito.

B. En la etapa de construcción del proceso ofensivo, siempre que se observen situaciones de ruptura de la organización defensiva del adversario debido a la ejecución de desplazamientos ofensivos en profundidad por parte de sus compañeros.


C. En la etapa de elaboración de situaciones de finalización, es decir, cerca del área grande adversaria, donde la espontaneidad, determinación y creatividad son componentes fundamentales de esta etapa del ataque. En este ámbito se deben observar cambios en la velocidad del desarrollo del ataque para encontrar líneas y ángulos de remate con elevados niveles de éxito.

D. En el saque rápido del balón siempre que se interrumpa el juego. Es en las paradas momentáneas del juego donde se verifica menor concentración (atención) por parte de los jugadores, por lo que, aunque el tiempo en estas situaciones éste a favor del ataque, no se ha de perder la oportunidad de sacar rápidamente el balón, intentando obtener el máximo de ventajas de la desconcentración de los jugadores adversarios o de una organización defensiva precaria.

E. En las situaciones en las que la organización defensiva adversaria consigue orientar el juego ofensivo en un determinado espacio de juego, con el objetivo de facilitar la recuperación del balón por medio de una utilización concentrada de sus jugadores. En estas situaciones, los atacantes deben responder acelerando la ejecución de las acciones técnico-tácticas de apoyo al desarrollo del proceso ofensivo, saliéndose de dichos espacios y modificando rápidamente el ángulo del ataque para desequilibrar en términos espaciales, temporales y numéricos la defensa adversaria.

F. Crear condiciones que alteren constantemente la velocidad y el ritmo del desarrollo del ataque, especialmente cuando el equipo adversario está bien organizado desde el punto de vista defensivo. El hecho de modificar la velocidad y el ritmo de ejecución técnico-táctica variándolo entre regímenes reducidos y elevados crea en las defensas concepciones falsas de la realidad del juego, lo que conlleva sensaciones de inseguridad y presión en el ámbito del pensamiento táctico, lo que constituye el primer paso para la toma de decisiones desajustadas a la realidad contextual del juego.


3. Cambiar el ritmo de ejecución técnico-táctica. Este cambio de ritmo comportamental por parte del jugador que posee el balón se traduce operacionalmente en la aceleración con carácter «inesperado» y «explosivo», utilizando simultáneamente cambios de dirección en la acción del juego. La alteración del ritmo de ejecución técnico-táctica es un factor fundamental del comportamiento del atacante que busca alcanzar dos aspectos:

A. Mantener la iniciativa en la situación de juego estableciendo su dirección, ya que los defensas tendrán que reaccionar constantemente a la acción del atacante y no al contrario.

B. «Desequilibrar» los eventuales comportamientos de los defensas en términos técnicos, tácticos, físicos y psicológicos, volviéndolos de esta manera desajustados a la realidad de la situación momentánea del juego.

Las diferentes acciones técnico-tácticas que objetivan este principio

Básicamente existen cuatro acciones técnico-tácticas que objetivan el principio de la penetración:

1. El pase. Es la forma más rápida y simple de progresión del equipo en el terreno de juego y la actitud fundamental de los jugadores que poseen el balón cuando se deciden por la ejecución de la acción técnico-táctica del pase en la resolución de la situación de juego que se les presenta. Se procura ganar el máximo espacio en términos de profundidad o el objetivo de transportar el centro del juego lo más rápidamente posible hacia las zonas predominantes de finalización. Bajo estas circunstancias, el jugador que posee el balón debe buscar preponderadamente, en su ejecución técnico-táctica, pases en dirección a la portería contraria (proporcionando un juego directo) o hacia los espacios que aproximen el ataque a la portería adversaria (utilizando pases hacia los carriles laterales) para establecer los presupuestos fundamentales e inmediatos para la consecución positiva de los objetivos del juego: el gol. Esta actitud fundamental de todos los jugadores, conformada por los pases en profundidad en dirección a los atacantes o a los medios, asume claramente un papel importante en la modelización y conceptualización de un método de juego ofensivo eficaz. En este sentido, Hughes (1990) establece unas prioridades en la selección de la acción técnico-táctica del pase:



A. Pasar el balón hacia el espacio de las «espaldas» de la última línea defensiva. Éste es el pase que causa el mayor número de problemas a la defensa contraria por dos factores: los defensas están obligados a cambiar la orientación de sus apoyos y a desplazarse en la dirección de su propia portería, por lo que se pueden volver las acciones lentas e ineficaces, y la última línea defensiva, al «subir» en el terreno de juego para soportar su propio ataque, se vuelve vulnerable a este tipo de pases inmediatamente después de perder el balón por estar eventualmente desconcentrados debido al cambio de la posesión del balón, por no encontrarse en sus posiciones defensivas de base y por tener que marcar y vigilar un amplio espacio del terreno de juego.


B. Pasar el balón a un compañero que se posicione con la mayor profundidad del ataque. Si el pase hacia el espacio a las «espaldas» de la última línea defensiva adversaria no es posible, la mejor opción consiste en pasarlo con precisión directamente a los pies del compañero que esté posicionado con la mayor profundidad en el ataque.


C. Pasar el balón a un compañero colocado lejos de la máxima acumulación de defensas y de la línea de pase. Si el pase hacia el compañero que está en la posición de mayor profundidad de ataque no es posible, la mejor opción es pasarlo a un compañero que esté en la línea de pase y lejos de la concentración de los adversarios, es decir, no estando entre ellos. Aunque esta acción sólo pone el balón fuera del alcance del adversario, le crea problemas por un lado al defensa que está mal colocado y por el otro a los otros defensas, que tendrán que reajustar sus posiciones como consecuencia de la modificación de la situación del juego.



D. Cambiar el ángulo del ataque. Si las tres anteriores opciones tácticas no son posibles, el jugador que posee el balón debe cambiar el ángulo del ataque; es decir, si está ubicado en el carril lateral derecho, ha de ejecutar el pase hacia el carril lateral izquierdo, y viceversa. Debido a una mayor concentración ejercida por los defensas en el lado del centro del juego, normalmente existe una disminución en el marcaje y en la vigilancia sobre los espacios contrarios, que pueden ser eventualmente utilizados por atacantes preparados para explotar ese hecho.

E. Pasar el balón hacia atrás como último recurso. Si no es posible cambiar el ángulo del ataque, hay que pasar hacia atrás hacia un jugador en cobertura ofensiva, que debe tener el espacio, el tiempo y el campo de visión para llevar el balón en dirección a la portería adversaria.

2. La conducción como medio en la penetración. En estas circunstancias es necesario que el jugador oriente esa acción hacia el interior de la defensa adversaria creando un continuo desequilibrio en los apoyos de los adversarios, ya sea a través de los cambios rápidos e inesperados de velocidad o por la persistente alternancia del pie utilizado para esa conducción.

3. Muchas veces la única forma de ganar ventaja es a través del regate. Para realizarlo, todo depende de las características del adversario directo, del lugar del terreno de juego donde ese regate se realiza, del tipo de ventaja que se obtiene por la realización de ese regate y de las propias capacidades de quien lo ejecuta. Como norma, cuanto más se aleja un jugador de su portería y se aproxima a la contraria, menos arriesgado y más compensador se vuelve ejecutar un regate. Resta saber si ante las condiciones referidas será una acción oportuna y además con elevadas posibilidades de éxito.

4. La finalización. En ella el jugador que posee el balón debe modificar su actitud táctica basada en comportamientos técnico-tácticos que buscan la progresión y el mantenimiento del balón y transformarla en una actitud de finalización. En este sentido, el atacante tiene que ser valiente y asumir la responsabilidad de rematar en cualquier oportunidad. Sin duda, éste es el comportamiento del jugador que posee el balón que más condicionado está por las características individuales. Los jugadores con funciones y predisposiciones básicas similares desarrollan particularidades técnicas diferentes, y son precisamente dichas particularidades las que determinan la eficacia de un jugador.


La continuidad de la acción del juego

Después de que el atacante solucione la situación del juego a través de cualquier comportamiento técnico-táctico posible (pase, regate, remate, etc.), independientemente de su eficacia, debe darle continuidad a su acción manteniendo una actitud activa y disponible para intervenir en uno de los siguientes contextos:

1. En el seno de las unidades estructurales funcionales a través de los comportamientos de la cobertura ofensiva o la movilidad, tanto en el plano defensivo (en el caso de que se pierda el balón), como ejecutando comportamientos de contención, de cobertura defensiva o de equilibrio.

2. Fuera de las unidades estructurales funcionales a través de los comportamientos que objetiven la ruptura de la organización del equipo adversario o que contribuyan a la estabilidad de la organización del sistema de juego del propio equipo.


• La cobertura ofensiva

En el transcurso del proceso ofensivo existen varias situaciones de juego en las que el jugador puede recibir el balón cuando existe un conjunto de rápidos desplazamientos del resto de los jugadores habiendo alrededor excesivo movimiento. En estas «apretadas» circunstancias puede que no tenga el tiempo necesario para efectuar un juicio preciso y controlado de la situación, y, obviamente, si no tiene a ningún compañero a quien poder pasar el balón, no contará con grandes posibilidades de elección. Si existen tres o cuatro opciones para elegir y ejecutar, simplificará mucho su respuesta técnicotáctica. Estas hipótesis de la elección sólo pueden ser posibles si los compañeros que se desplazan de delante atrás de la línea del balón realmente se desmarcan y dan apoyos y cobertura abriendo líneas de pase al compañero que tiene la posesión del balón. Por lo tanto, la organización del equipo debe permitir que, cuando un jugador reciba el balón, reciba igualmente y de forma inmediata por parte de sus compañeros acciones de cobertura (por detrás de la línea del balón) y de apoyo (por delante de la línea del balón) para tener diferentes opciones en la solución técnico-táctica y, consecuentemente, volver más fácil su tarea. Las acciones de la cobertura ofensiva básicamente tienen un triple objetivo:


1. Simplificar la respuesta táctica del compañero que tiene la posesión del balón, dándole varias opciones de solución técnico-táctica de la situación de juego. Al aumentar el número de opciones de la respuesta táctica en función de las circunstancias del contexto, se disminuye la complejidad de la solución de la situación.

2. Disminuir la presión de los adversarios sobre el portador del balón determinando consecuentemente la ejecución de acciones rápidas y eficaces. Los defensas tienen como principio básico el incremento de la presión sobre el atacante que tiene el balón dependiendo del número de las opciones tácticas de la respuesta a la situación. Consecuentemente, cuanto menor es el número de apoyos a su acción, mayor será la presión a la que estará sujeto, y por el contrario, cuanto mayor sea el número de apoyos, menor resultará la presión de los defensas.

3. Posibilitar el mantenimiento del equilibrio defensivo en relación con el compañero que tiene el balón. Para que éste desencadene cualquier acción, conducción del balón, regate, remate o pase, necesitará estar mínimamente seguro. El riesgo sólo existe cuando no se conocen los límites de seguridad. El lugar donde se desarrolla la acción y el jugador que está en la cobertura ofensiva son los límites de seguridad para el jugador que tiene el balón porque, al ubicarse en la cobertura el primer atacante, el segundo está en una buena posición para defenderla si se pierde el balón.

Para realizar una cobertura ofensiva eficaz se deben considerar especialmente estos tres factores: la distancia de la cobertura, el ángulo de la cobertura y la comunicación.

La distancia de la cobertura

Se sitúa entre el jugador en cobertura ofensiva (segundo atacante) y el que tiene el balón (primer atacante). La distancia de la cobertura ofensiva intenta cumplir dos objetivos:

1. Que la recepción del balón por parte del jugador en cobertura ofensiva se realice con seguridad y sin la presión defensiva de los adversarios directos.

2. Que el jugador en cobertura ofensiva al recibir el balón tenga tiempo y espacio para dirigirlo a la portería contraria.

La distancia de la cobertura ofensiva depende de cuatro aspectos fundamentales: zona del campo, estado de la superficie del terreno de juego y de las condiciones climatológicas, distancia de la defensa en cobertura defensiva y velocidad de la ejecución técnicotáctica del atacante que tiene el balón.


1. La zona del campo donde se desarrolla la situación de juego: la distancia entre el primer y el segundo atacante varía de acuerdo con la zona del campo; podemos ver dos situaciones básicas:

A. Si la situación se encuentra en el tercio del campo (zona predominantemente defensiva), el jugador en cobertura podrá optar por una distancia mayor para que esta acción sea extremadamente segura, pues teniendo más espacio consecuentemente contará con más tiempo para controlar y pasar el balón.

B. Si la situación de juego se realiza en los tres tercios del campo (zona predominantemente ofensiva), el jugador que tiene el balón se deberá mover con el jugador en cobertura ofensiva más cercano, pues en estas situaciones en las que la presión defensiva resulta elevada los atacantes tienen que jugar en espacios restringidos y con la máxima velocidad.


2. El estado de las superficies del terreno de juego y de las condiciones climatológicas: afectan obviamente la distancia de la cobertura ofensiva. Veamos cuatro situaciones posibles:

A. Cuando se presentan condiciones de terreno irregular, es aconsejable que el jugador en cobertura aumente la distancia en relación con el que tiene el balón porque puede necesitar más tiempo del habitual para controlar el balón.

B. Cuando las condiciones del terreno son regulares y firmes, los jugadores en cobertura ofensiva se deben desplazar más cerca del jugador que tiene el balón para que el ritmo del juego del equipo sea elevado.

C. Cuando el viento sopla en contra a gran velocidad, hay que disminuir la distancia entre el jugador que tiene el balón y el que está en cobertura, y viceversa.

D. Otra razón que se deriva de las condiciones climatológicas que pueden darse en el partido es que el sol esté en contra. En estas circunstancias, el equipo que está de espaldas al sol debe desarrollar sus acciones ofensivas por medio de pases de trayectoria aérea hacia las zonas peligrosas del terreno con la intención de que el sol pueda provocar efectos negativos en los jugadores de la defensa contraria.

3. La distancia establecida por el jugador en cobertura defensiva: si el segundo defensa (cobertura defensiva) se aproxima al primero (contención) procurando quitar parte de la iniciativa al ataque al aumentar la presión sobre el jugador que tiene el balón, el jugador de cobertura ofensiva (segundo atacante) deberá asumir uno de los siguientes tres comportamientos tácticos:


A. Acortar la distancia en relación con el compañero que tiene el balón con el objetivo de no permitir que se establezca una situación de superioridad numérica (desde el punto de vista defensivo).

B. Aumentar su distancia en relación con el compañero que tiene el balón para beneficiarse de más tiempo y espacio para recibir y pasar el balón en dirección a la portería contraria.


C. Dar movilidad a su ataque buscando ocupar un espacio por delante o por el lado de la línea del balón con la intención de sobrepasar de inmediato a los dos opositores y provocar un desequilibrio del centro del juego defensivo a partir del movimiento del segundo defensa, reduciendo de esta forma la complejidad de la situación de 2 × 2 por el 1 × 1 o provocar la desconcentración del primer defensa.


4. La velocidad de ejecución técnico-táctica del compañero que tiene el balón influye en la distancia de la cobertura ofensiva, y en este sentido el aumento de la velocidad de la ejecución se correlacionará con una disminución de la distancia de la cobertura ofensiva, y viceversa.

El ángulo de la cobertura ofensiva

El ángulo de la cobertura es el ángulo establecido entre el jugador que tiene el balón (primer atacante) y el que está en cobertura ofensiva (segundo atacante). El ángulo de la cobertura ofensiva busca tres objetivos:

1. Posibilitar una eficaz recepción del balón, es decir, que se oriente hacia la portería adversaria.

2. Posibilitar una visión global del espacio y de la situación de juego hacia delante.

3. Posibilitar un cambio rápido del ángulo y del momento del ataque, especialmente pasando el balón hacia delante. No existe ningún ángulo que sea permanentemente correcto. Si el jugador en cobertura defensiva tiene dudas en cuanto al ángulo que debe escoger, debe optar por uno de 45°.


Concomitantemente con los objetivos y las consideraciones formuladas, otra cuestión fundamental que se le presenta al segundo atacante es la de saber cuál es el lado (en relación con el compañero que tiene el balón) de la cobertura ofensiva que debe escoger para poder efectuar eficazmente esta acción. De hecho, podemos establecer cuatro condiciones (situaciones) básicas en la respuesta a la cuestión formulada:

1. A medida que el compañero que tiene el balón se desplaza o se posiciona en dirección o cerca de las líneas laterales, el jugador en cobertura ofensiva deberá desplazarse o posicionarse a un lado, es decir, del lado que convergen hacia el centro del terreno de juego, creando de esta forma la posibilidad de variar eficazmente el ángulo y el momento del proceso ofensivo.

2. La opción del lado de la cobertura ofensiva está en función de la posibilidad de arrastrar al segundo defensa (cobertura defensiva) hacia una posición ineficaz para proporcionar mejor espacio de progresión al compañero que tiene el balón o en la exploración de un espacio vital del juego para la intervención de un tercer atacante (movilidad).

3. La opción del lado de la cobertura ofensiva ha de tener igualmente la posibilidad de que el jugador que la asuma en función de la situación de juego pueda ocupar y explorar un espacio vital por delante de la línea del balón, dando de esta forma movilidad a su propio ataque.

4. La opción del lado de la cobertura ofensiva ha de contar con la posibilidad de la pérdida del balón por parte del compañero que lo tiene. Por ello, el jugador en cobertura ofensiva buscará anticipadamente posicionarse en el lado en que pueda intervenir con mayor eficacia (desde el punto de vista defensivo) si esta situación ocurre.

La comunicación

Se establece entre el primer y el segundo atacante y resulta esencialmente verbal. En ella el jugador en cobertura ofensiva debe comunicarse con el compañero que tiene el balón informándole del contexto general de la situación del juego, es decir, de la posición del adversario y de los compañeros mejor posicionados, y animarle a ejecutar las acciones técnico-tácticas por el lado del riesgo.

Finalizando, el fútbol moderno requiere cada vez más requiere jugadores que sepan dónde y hacia dónde desplazarse por delante de la línea del balón. Si este desplazamiento se ejecuta en el momento correcto, crea excelentes oportunidades para progresar rápidamente en dirección a la portería adversaria. En este contexto, la madurez táctica del jugador se puede objetivar cuando ejecuta eficazmente la acción de cobertura o el apoyo al jugador que tiene el balón, es decir, cuando lo hace hacia atrás o hacia delante, respectivamente. Ha de desplazarse hacia delante de la línea del balón (apoyo)


cuando el compañero que tiene el balón no precisa cobertura. Con todo, no tiene ningún sentido táctico que todos los jugadores intenten posicionarse por delante de la línea del balón, ya que, si esto ocurre, no habrá posibilidad de que el balón circule ni, consecuentemente, variación del ángulo del ataque del proceso ofensivo.

• La movilidad

Los jugadores en el proceso ofensivo, una vez asegurada la cobertura del compañero que tiene el balón, utilizan el principio de la movilidad intentando romper la organización defensiva (en términos de amplitud y profundidad), creando de esta forma los espacios necesarios para que progrese el balón. De hecho, la concreción de los comportamientos técnico-tácticos de base del principio de la movilidad buscan los siguientes objetivos tácticos: crear espacios libres, desequilibrar el centro del juego defensivo, volver el juego defensivo imprevisible y asumir otras funciones dentro o fuera de la unidad estructural funcional ofensiva.

La creación de espacios libres

La movilidad busca la creación de espacios libres y su utilización, de modo que se posibilite al portador del balón la elección de la acción técnico-táctica más adecuada al contexto de la situación de juego. Cada jugador entiende específicamente el juego a su manera. Las particularidades y el carácter de las acciones sin el balón representan la base del concepto de juego del equipo y comprenden dos cuestiones fundamentales en estricta relación (aunque independientes):

1. El posicionamiento «objetivo» elegido por el atacante. La posición escogida por el jugador representa la fase cualitativa de su pensamiento creativo y de su madurez táctica, que contiene componentes tales como la capacidad de leer y valorar rápidamente las situaciones con el objetivo de poder adoptar operacionalmente las soluciones más eficaces a la tarea táctica de su propio equipo.

2. El desplazamiento del atacante. Se caracteriza por el desarrollo de ciertos procedimientos de carácter técnico basados en una elevada velocidad de ejecución, con cambios rápidos de dirección, y por la utilización de fintas y engaños con el objetivo de disimular sus verdaderas intenciones tácticas.


Desequilibrar la unidad estructural funcional defensiva

La continua creación de inestabilidad en el equipo que defiende es la llave de la progresión sobre el terreno de juego, así como la creación de las condiciones favorables para la finalización. El marcaje que realiza cada uno de los defensores sólo podrá tener éxito completo si los atacantes asumen una posición estática en el terreno de juego. En todos los momentos y en todos los espacios del juego, con especial incidencia cerca del área grande del adversario, los atacantes deben estar continuamente activos para presentar en cada momento problemas a la defensa contraria. La comprensión y asimilación del juego sin el balón es tan importante como el perfecto dominio de las diferentes acciones técnico-tácticas. En este ámbito, los jugadores que momentáneamente puedan no estar dentro del número de acciones divisionales del compañero que tiene el balón han de concienciarse y valorar constantemente su contribución para la resolución y el desarrollo de la acción ofensiva, sobre todo porque el objetivo del juego sin el balón no consiste tan sólo en intervenir de una forma más concreta invisible en el juego y apoderarse del balón, sino también en arrastrar a uno o a varios adversarios permitiendo dejar libres de marcaje directo a uno o a varios compañeros o crear espacios vitales de juego que podrán ser ocupados para la concreción de los objetivos del ataque.

Vuelve el juego ofensivo imprevisible (desde el punto de vista defensivo)

El jugador en movimiento debe volver su juego imprevisible desde el punto de vista defensivo a través de los desplazamientos ofensivos, los cuales tienen que atender a las siguientes cuestiones fundamentales:

1. El tipo de desplazamiento de mayor éxito ejecutado por el atacante es el que proporciona al portador del balón dos opciones de pase:

A. Directamente hacia el atacante en el desplazamiento, con lo que amenaza el espacio de juego de su defensa directo.

B. Directamente hacia el espacio dejado libre instantes antes para este atacante, en el que el compañero del equipo pueda amenazar inmediatamente a la defensa y ahí posicionarse, o que se abran perspectivas para la exploración de ese espacio de juego en el que no está marcado o en el que se encuentra desfasado en el tiempo.


2. El jugador que se desplaza generalmente determinará la dirección, la forma y el momento oportuno del pase. Bajo esta perspectiva, el atacante que tiene el balón debe decidir y actuar de acuerdo con las diferentes opciones tácticas que han dispuesto sus compañeros, previendo al mismo tiempo las intenciones de éstos por la forma y por el tipo de desplazamiento. En consecuencia, para que al jugador que tiene el balón se le ofrezca un mayor número de alternativas de acción, es necesario que esos desplazamientos:

A. Se realicen sorprendiendo al adversario, aprovechando de una forma cualitativa el espacio disponible para su realización.

B. Que los jugadores al alejarse del balón busquen espacios que puedan ser inmediatamente ocupados por otros atacantes, escogiendo el momento correcto para desplazarse hacia espacios.

C. El atacante en movilidad debe buscar colocarse de forma que no sea posible a su defensa directo observar el balón y al atacante al mismo tiempo. En este sentido, el atacante se ha de posicionar en la denominada zona «ciega» del defensa para crear condiciones en las que éste cometa el error de concentrar su atención solamente en el balón.

3. El desplazamiento ofensivo del jugador en movimiento se debe caracterizar por el desarrollo de ciertos procesos técnicos individuales de carácter «explosivo», buscando en el último momento sorprender o eludir al adversario utilizando:

A. Cambios rápidos de ritmo y de dirección de carrera para dificultar las posibilidades de marcaje por parte del defensa adversario.

B. Pequeñas y rápidas fintas de engaño, en el sentido de la carrera, con el objetivo de disimular sus verdaderas intenciones tácticas.

Asumir otras funciones dentro o fuera de las unidades estructurales funcionales

Al jugador en movimiento se le exige una clara visión del juego, percibiendo constantemente los movimientos de sus compañeros (percepción) y rápidamente qué decisión-respuesta táctica es la más adecuada a la situación del juego (decisión). En este sentido, debe asumir otras funciones dentro de la unidad estructural funcional ofensiva y reajustar sus comportamientos técnicotácticos:


1. Cobertura ofensiva siempre que su compañero (en esas funciones) tome la iniciativa y no le permita continuar cumpliendo la tarea en relación con el compañero que tiene el balón.

2. Actitudes y comportamientos técnico-tácticos inherentes al principio de la penetración, siempre que el balón le sea pasado.

3. Asumir, si es posible, los comportamientos técnico-tácticos inherentes al jugador en cobertura defensiva inmediatamente después de la pérdida del balón por parte de uno de sus compañeros.


Desde otra perspectiva, la situación del juego puede determinar que un jugador asuma actitudes y comportamientos técnico-tácticos individuales determinados por la necesidad de desplazarse fuera de la unidad estructural funcional, buscando básicamente provocar problemas cada vez más difíciles de resolver al equipo adversario:


1. Ocupar y utilizar espacios libres y vitales lejanos a la unidad estructural funcional buscando una ruptura inmediata de la organización del equipo adversario.

2. Crear condiciones favorables a la resolución táctica de la situación momentánea del juego y concomitantemente a la persecución eficaz de los objetivos del ataque-progresión/finalización y mantenimiento de la posesión del balón.

3. Constituirse como un «objetivo» que se desplaza en profundidad y amplitud para hacer progresar o modificar el ángulo de ataque de su equipo y ser la referencia para una unión de transmisión hacia otra unidad estructural funcional.


4.2. PRINCIPIOS DEL JUEGO DEFENSIVO


PRINCIPIOS GENERALES DEL JUEGO DEFENSIVO

Los jugadores que no se encuentran directamente implicados en la unidad estructural funcional defensiva deben presentar en todo momento del juego actitudes y comportamientos técnico-tácticos que busquen uno de los siguientes tres principios generales en función de la variabilidad de las situaciones del juego: la preparación del proceso ofensivo, la continua estabilidad de la organización defensiva y la intervención en la unidad estructural funcional defensiva.

• La preparación del proceso ofensivo

Este principio general desarrollado durante la fase defensiva del juego busca orientar las decisiones, las actitudes y, consecuentemente, los comportamientos técnico-tácticos de los defensas cuando están posicionados fuera de las unidades estructurales funcionales del juego por las circunstancias de la situación (por ejemplo, en el lanzamiento de un balón parado, partes fijas del juego) o de las directrices de carácter estratégico definidas por el entrenador y que se expresan por la aplicación del plan de juego. Lógicamente, este o estos jugadores, al no estar directamente implicados en el cumplimiento de los objetivos defensivos (recuperación del balón o protección de la portería), tienen como misión táctica fundamental presentar constantemente y con persistencia problemas de carácter técnico, táctico y estratégico de difícil solución a los adversarios del equipo contrario que en ese momento tienen el balón.

Actuando de esta manera, el cumplimiento de este principio produce un impacto que se traduce por el efecto en estos dos niveles estructurales: el primero se deriva de su contribución indirecta a la creación de las condiciones favorables para la recuperación del balón, que se establecen por la disminución del número de jugadores adversarios implicados directamente en el desarrollo del proceso ofensivo de su equipo, ya que su actividad en este contexto del juego se restringe a marcar y vigilar de forma permanente y agresiva a esos jugadores, y el segundo se deriva de que se establece desde ese momento un contexto de carácter ofensivo, aunque esté preparado de forma «precaria», pero suficientemente organizado para dar una respuesta inmediata y positiva al desarrollo del ataque del equipo inmediatamente después de que se verifique la recuperación del balón. La correcta aplicación de este principio lleva consecuentemente a que los jugadores del equipo que tienen el balón se tengan que preocupar más de defender (equilibrar la organización de su sistema táctico) que de atacar (ruptura de la organización defensiva del adversario), conduciéndoles a que asuman actitudes y comportamientos técnico-tácticos que pueden ser inadecuados en la resolución contextual de la situación y que puedan aprovecharse en ese momento.

Una forma de potenciar la aplicación de este principio general pasa por utilizar a esos mismos jugadores, aunque de forma diferenciada, dentro de ciertos límites, ya que permutan sus funciones en relación con las necesidades de los contextos situacionales del juego en términos de recuperación del balón y del mantenimiento constante del equipo adversario bajo su amenaza, que se expresa por desplazamientos y posicionamientos que buscan la preparación inminente del ataque a su portería. La permuta racional y sistemática de los jugadores que cumplen el principio de la preparación del ataque determina que los adversarios no se puedan habituar a las capacidades individuales de los jugadores a los que marcan de forma continuada, ya que éstos lo perciben, se acomodan y anticipan facilitando sus acciones de marcaje. Al modificarse los jugadores que cumplen este principio, los adversarios se tienen que adaptar a las diferentes particularidades de los jugadores con un buen dominio técnico y táctico, y estos elementos pueden decidir y determinar las acciones erróneas en el plan táctico y estratégico. Ésta puede ser una de las principales consecuencias que determinen los constantes desplazamientos de los jugadores y sus permutas para desorganizar al equipo adversario y mantenerlo el máximo tiempo posible realizando movimientos compensatorios de respuesta, complejos desde el punto de vista táctico y retardados desde el del juego.

Bajo esta perspectiva, las acciones de preparación del proceso ofensivo están basadas en un conjunto de desplazamientos cuya intencionalidad táctica es alterar constantemente con los compañeros la lucha directa por la recuperación del balón y por la preparación del proceso ofensivo. Estas acciones buscan fundamentalmente los siguientes objetivos:

1. Disminuir el número de jugadores que se implican directamente en el proceso ofensivo del equipo. En términos globales se verifica constantemente una situación de inferioridad numérica, imposibilitando igualmente que estos jugadores puedan contribuir al reinicio inmediato del proceso ofensivo en caso de fracaso momentáneo de éste.

2. Preparar el proceso ofensivo en el cual ya existen jugadores «objetivo» para los que el balón debe ser (cuando sea posible) dirigido inmediatamente después de su recuperación para evitar que el equipo adversario tenga el tiempo suficiente para desarrollar los movimientos que le permitan una mejor organización defensiva.

3. Conducir a los defensas hacia determinados espacios para dejar libre de marcaje a los atacantes en una situación en la que puedan exteriorizar toda su capacidad específica de juego, que es extremadamente ventajosa para su equipo (por ejemplo, regate y remate a portería).

4. Arrastrar a los adversarios hacia las posiciones menos cómodas y habituales y donde no puedan ejercer con eficacia sus capacidades individuales.

5. Establecer inmediatamente después de la pérdida del balón una transición dinámica insegura de la fase ofensiva a la defensiva en la cual se ajusta una unión estructural concentrada para una organización en amplitud y profundidad.

• La estabilidad de la organización del propio equipo

Este principio general de carácter defensivo se asienta fundamentalmente en la necesidad imperiosa de los defensas (cuando por diversas circunstancias no están posicionados en el centro de las unidades estructurales funcionales) de reajustar constantemente sus decisiones, actitudes y comportamientos técnico-tácticos individuales y colectivos en función del éxito del desarrollo de ese centro del juego, teniendo como fundamento táctico orientador la elaboración de una organización concentrada y desarrollada en la expresión de un bloqueo unitario y homogéneo que objetive: la racionalización permanente de los espacios vitales y estratégicos del juego, ya que su ocupación y vigilancia determinan la restricción «del tiempo» de actuación de los atacantes estableciendo condiciones favorables para orientar el proceso ofensivo hacia las zonas menos peligrosas, volviendo el juego así más previsible desde el punto de vista defensivo, y para una resolución inadaptada al contexto situacional por la presión ejercida sobre los órganos de decisión táctica de los jugadores, y el marcaje presionante y agresivo de los atacantes que se desplazan o se posicionan en los espacios estratégicos del juego intentando estructurar condiciones ventajosas para progresar para la creación de situaciones de finalización o para rematar el proceso ofensivo. La concreción de este principio general defensivo está determinada por el cumplimiento de los siguientes aspectos fundamentales:

1. Disminuir la profundidad defensiva del equipo por medio del desplazamiento (después de que se den las condiciones para que se desplace la última línea defensiva en la dirección de la unidad estructural funcional) con el objetivo de aumentar la concentración de los defensas en ese espacio de juego. Este desplazamiento, que podrá tener diferentes proporciones, independientemente de las ventajas inherentes a la aplicación de la ley del fuera de juego, determina un aumento de la presión sobre el o los atacantes que intervienen sobre el balón y los que lo apoyan, creando así condiciones para la ejecución de decisiones tácticas inadecuadas al contexto situacional, del que se podrán derivar temporizaciones irremediables para el éxito del proceso ofensivo y también la posibilidad de la pérdida inmediata del balón.

2. Crear condiciones ventajosas para la recuperación sin «sobresaltos» del balón imposibilitando a los atacantes realizar circulaciones prácticas de forma rápida y eficaz en dirección hacia las zonas de finalización y condicionando positivamente el desarrollo del proceso ofensivo del equipo por medio de la posibilidad de alcanzar elevados niveles de éxito.

3. Asumir decisiones tácticas determinadas por un correcto balance entre los aspectos contextuales de la situación, las misiones tácticas que se han distribuido entre los diferentes jugadores y la organización preestablecida por el sistema táctico del equipo y su estrategia.

4. Mantener constantemente la superioridad numérica, especialmente en los espacios más sensibles y vitales en relación con la unidad estructural funcional del juego.

5. Resistirse a la tendencia de perseguir (marcar) a todos los atacantes que puedan con uno de sus desplazamientos desarticular la organización defensiva y crear espacios que podrían ser ocupados por otros compañeros que se benefician de la acción de los primeros.

6. Resistirse a la tentación de estar mirando solamente hacia el balón y el espacio en donde éste se encuentra, porque actuando de esta manera los defensas podrían perder la noción global de la situación, especialmente la de los adversarios directos que se están moviendo con el objetivo de constituir una amenaza efectiva para su portería.

• La intervención en las unidades estructurales funcionales (centro del juego)

Los jugadores en cualquier situación de juego deben estar preparados en términos mentales, técnicos y tácticos para intervenir directamente en el centro del juego. Esta situación puede ocurrir tanto por el desplazamiento de un jugador en la dirección hacia el centro del juego como por el desplazamiento del centro del juego en la dirección del jugador. De hecho, sean cuales sean las circunstancias que determinen esa intervención, es importante que transmita confianza y seguridad a sus compañeros, apoyándoles en sus decisiones y acciones respetando los principios específicos inherentes a la unidad estructural funcional, es decir, asumiendo la contención de las acciones del atacante que tiene el balón, la cobertura defensiva o la movilidad, y agresividad y presión defensiva a los adversarios en la búsqueda de la creación de condiciones ventajosas en términos numéricos, espaciales y temporales con el objetivo de establecer:

1. Una resolución eficaz de los problemas inherentes a las unidades estructurales funcionales del juego a través de la interacción posicional y procesual de los jugadores de su equipo.

2. Quitar parte de la iniciativa al proceso ofensivo del adversario conduciéndole en dirección a las líneas laterales del terreno de juego hacia espacios donde se puedan verificar situaciones de inferioridad numérica ofensiva y un aumento de la previsibilidad del ataque, disminuyendo así las opciones tácticas de la situación.

3. Establecer condiciones para una recuperación del balón que simultáneamente potencie el éxito del proceso ofensivo siguiente.

PRINCIPIOS ESPECÍFICOS DEL JUEGO DEFENSIVO

Los jugadores, cuando se encuentran directamente implicados en la unidad estructural funcional defensiva, deben en todo momento expresar actitudes y comportamientos técnico-tácticos que busquen uno de los siguientes tres principios específicos: la contención, la cobertura defensiva o el equilibrio.


• La contención

En la competición, cuando el equipo pierde el balón, todos sus jugadores deben orientar sus actitudes y comportamientos técnico-tácticos individuales hacia la sincronización con los de sus compañeros para el cumplimiento de los objetivos establecidos en la fase defensiva del juego. En este ámbito, inmediatamente después de que se verifica la pérdida del balón, la actitud básica del equipo se fundamenta en la creación de obstáculos y líneas de resistencia defensiva con una dinámica de concentración posicional y procesual de los jugadores para reunir las condiciones más ventajosas para la recuperación del balón. Este retiro podrá ser concretado de forma más o menos rápida (en relación con la estrategia y el método de juego preestablecido y en función de las circunstancias específicas de la situación) formulando un contexto situacional favorable que no ponga en riesgo la protección de la portería, es decir, su inviolabilidad, y potencie el éxito del proceso ofensivo subsiguiente. De hecho, independientemente del conjunto de circunstancias inherentes a todos los contextos situacionales del juego, la contención se configura como el principio táctico orientador más importante de las decisiones y los comportamientos de los defensas, que presionan al atacante que posee el balón en cada momento del desarrollo del proceso ofensivo del adversario. Desde esta perspectiva, el cumplimiento de este principio táctico orientador de las actitudes y actuaciones de los defensas implica múltiples exigencias, que presentan estas características:

1. Un cambio rápido de una actitud ofensiva hacia otra defensiva fundamentada en los movimientos en la dirección del atacante que tiene el balón y de los compañeros a los cuales éste puede pasar el balón de forma privilegiada con la intención de darle continuidad al proceso ofensivo. Se evita de esta forma que el equipo adversario pueda aprovecharse del momentáneo desequilibrio que ocurre cuando está atacando y tiene que pasar a defender.

2. Reacción instantánea a la situación de la pérdida del balón a través de comportamientos técnico-tácticos individuales y colectivos que se traducen en movimientos y posicionamientos en función del balón, de los adversarios, de los compañeros, de la portería y de los espacios más sensibles del terreno de juego, a través de los cuales el proceso ofensivo adversario se pueda desarrollar.

3. Marcaje presionante y riguroso a los atacantes que en cada momento intervienen sobre el balón eligiéndolos como los elementos más importantes de la situación, ya que son éstos los que determinan la dirección y el desarrollo del proceso ofensivo.

4. Sincronización de los movimientos colectivos de los defensas con el objetivo de apoyar al compañero que marca al atacante que tiene el balón con el objetivo de quitarle al atacante parte de la iniciativa en la situación y optar por espacios vitales de juego, que en cada momento se alteran debido a los cambios en el ángulo del ataque.

5. Direccionamiento constante de las acciones de los atacantes hacia zonas y espacios de juego menos sensibles, dentro de los cuales sea posible la recuperación del balón en las condiciones más favorables en términos temporales y numéricos (superioridad numérica).

6. Aplicación de un elevado ritmo de ejecución de las acciones técnico-tácticas con el objetivo de presentarle problemas a los atacantes para presionarles en su pensamiento táctico en niveles que les lleven a equivocarse en las valoraciones de las situaciones y a optar por respuestas técnicas inadecuadas y desajustadas al contexto situacional.

7. En una inteligencia táctica, soportada por una agudeza de espíritu, con una motivación sin límites, con una lucha constante con los atacantes y con una agresividad defensiva del equipo, que debe ser cultivada, entrenada y perfeccionada, con el objetivo de responder continua y adecuadamente a los contextos situacionales que el juego determina.

La concreción de esta orientación táctica fundamental (la contención) se consigue con los siguientes tres comportamientos: mantenerse entre el balón y la portería, retardar la acción del atacante que tiene el balón y la continuidad de la acción de juego.

Mantenerse entre el balón y la portería

Uno de los fundamentos básicos de la fase defensiva del juego del fútbol se expresa en la adopción por parte de los defensas de una colocación que traduce la posibilidad de que en cualquier situación del juego se posicionen entre el balón y su propia portería para cumplir eficazmente uno de sus dos objetivos: la recuperación de la posesión del balón o la defensa de la portería. En este sentido, siempre que un equipo está en el proceso defensivo, los jugadores que lo componen deben, en función del contexto de la situación del juego (compañeros, adversarios, balón y portería), posicionarse continuamente entre el balón y su propia portería adaptando todos sus comportamientos técnico-tácticos a este sentido (instinto) táctico dominante. Además, existen situaciones de juego donde este fundamento no puede aplicarse: situaciones que se derivan de las zonas del terreno de juego cercanas a la línea de fondo, por ejemplo saques de esquina, saques de banda, cruces a partir de la línea de fondo, etc. En este ámbito podemos desarrollar los siguientes aspectos:



1. Observar la velocidad y el ángulo de aproximación al atacante que tiene el balón. De la lectura de las situaciones del juego se deriva la capacidad del defensa de deducir anticipadamente qué acciones técnicotácticas ejecutarán los atacantes. Por esto es fundamental considerar la rápida aproximación del defensa al atacante en cuanto el balón tenga una trayectoria en la dirección de éste o cuando no esté perfectamente controlado el balón por el jugador. Después de que se verifique esta condición, debe suavizar su carrera, ya que, si no lo hace, será extremadamente difícil cambiar de dirección si la situación se desarrolla de esta manera, y puede ser fácilmente desbordado. Por lo tanto, se debe observar una suavización en la carrera de aproximación del defensa al adversario inmediatamente después de que éste controle el balón. También hay que adoptar un correcto ángulo de aproximación, que está determinado por una condición esencial: que el defensa se mantenga continuamente entre el balón y su propia portería, y por una condición específica, que se deriva de la situación del juego, es decir, de la intención táctica del atacante de pasar, regatear o rematar.


2. Posicionamiento de base. Todas las posibles intervenciones en una situación de juego están determinadas por un factor esencial: la posición de base. Aunque aparentemente se escape a la observación, su trascendencia e importancia en cualquier situación del juego se demuestra en la práctica en el jugador apto y preparado para intervenir, decidiéndose anticipadamente en su acción técnico-táctica y ejecutándola con la mayor seguridad y eficacia, actuando con mayor equilibrio y estabilidad, y adoptando para sí parte de la iniciativa del ataque. De hecho, es necesario considerar la posición de base como un comportamiento de gran importancia y exigir que la adopten los jugadores, ya que no es un gesto decorativo e ilustrativo. La posición de base está fundamentada por dos razones: motora (equilibrio-estabilidad), al favorecer la intervención y la continuidad del comportamiento defensivo, y psíquica (observación-concentración), al favorecer la reacción del jugador en el momento oportuno. En lo que se refiere a la problemática de la posición de base podemos hablar de tres factores importantes: la eficacia de una posición de base disminuye a medida que el atacante utiliza acciones de carácter repentino, con cambios de velocidad y de dirección; pero la mejor forma en que el defensa puede contrarrestar el comportamiento del atacante es reaccionando apropiadamente a esas acciones a partir de una correcta posición de base; el defensa en una situación de 1 × 1 debe mantener continuamente una estabilidad dinámica de su posición de base resistiéndose a la tentación de intentar quitarle el balón al atacante tirándose al suelo, pues esta acción técnico-táctica de difícil ejecución sólo debe emplearse en situaciones extremas o cuando el defensa tiene la absoluta seguridad de que va a ganar el balón, y en todas las demás situaciones tiene que mantenerse sobre sus pies, ser paciente e intentar coger parte de la iniciativa del ataque, y el defensa, a partir de la posición de base y en función de la capacidad de progresión del atacante, se debe deslizar en dirección a su propia portería sin elevar su centro de gravedad y manteniendo la planta de los pies en contacto con el suelo.


3. La distancia entre el defensa y el atacante. En una situación de contención al adversario que tiene el balón, el defensa debe asumir una posición cuya distancia varía entre 0,5 y 1 m; el aumento o la disminución de esta distancia están determinados fundamentalmente por los siguientes aspectos: la capacidad técnico-táctica del defensa, pues cuanto mayor es su capacidad de interceptación, menor resulta la distancia de marcaje entre él y el atacante que tiene el balón para poder aplicar eficazmente el referido procedimiento técnico defensivo; la capacidad técnico-táctica del atacante, pues cuanto mayor es en el regate/finta, mayor resulta la distancia de marcaje adoptada por el defensa en contención con el objetivo de que tenga el tiempo y el espacio necesarios para recuperar la posición defensiva equilibrada y eficaz, siempre que el atacante busque aplicar el referido procedimiento técnico ofensivo; la zona del terreno de juego donde ocurre la situación, pues a medida que el atacante que tiene el balón se aproxima a la portería adversaria, especialmente a los espacios predominantes de finalización, menor es la distancia de marcaje entre el defensa y el atacante; la posibilidad de observar continuamente el balón (reaccionar al movimiento del balón observándolo de forma constante, con paciencia); la posición del atacante en relación con la portería adversaria, pues si el que tiene el balón está posicionado «delante de» la portería adversaria, el defensa en contención debe aumentar un poco la distancia de marcaje, evitando así ser sorprendido por éste, mientras que si el atacante se posiciona «de espaldas» o eventualmente «de lado», ha de disminuir la distancia del marcaje con el objetivo de evitar que se gire en dirección a la portería adversaria; la existencia de acciones de cobertura defensiva, pues determinan la posibilidad de que el defensa en contención asuma mayor iniciativa ante el atacante en la recuperación inmediata del balón, en la creación de condiciones más favorables para que el atacante cometa errores o en que otro compañero se pueda beneficiar de su acción y recuperar el balón; de hecho, al buscar ser más agresivo en la conquista del balón, el defensa en contención sabe que, si su acción falla, inmediatamente otro compañero tomará integralmente y sin retardo su misión táctica); y la existencia de acciones de cobertura ofensiva o apoyo al atacante que tiene el balón, pues determinan qué jugador en contención deberá asumir mayor distancia de marcaje con el objetivo de evitar ser inmediatamente desbordado por la superioridad numérica de los atacantes (de hecho, al posicionarse un poco más lejos del atacante, buscará temporizar (retardando) al máximo el desarrollo del proceso ofensivo para que el resto de sus compañeros puedan integrarse y realizar las ayudas necesarias).


4. Observar el balón: tener paciencia. El defensa ha de observar continuamente el balón para que su reacción esté de acuerdo con éste y no con el adversario. De esta forma evita ser engañado con las falsas señales emitidas por el cuerpo del adversario y particularmente por sus pies. Ésta es la razón por la cual el defensa no se debe posicionar demasiado cerca del adversario; si lo hace, no podrá observar el balón y sólo podrá reaccionar a los movimientos del atacante. Es importante que el defensa comprenda este aspecto, ya que, una vez correctamente posicionado, los problemas los debe resolver el atacante. El tiempo en estas situaciones se desarrolla siempre a favor del defensa. «La paciencia y la concentración son cualidades esenciales de los defensas, forman parte de todas las técnicas defensivas y son fruto de la confianza y de la capacidad.» (Hugges, 1973.) Por lo tanto, hay que evitar la interceptación, salvo cuando exista la garantía de poder ganar el balón. En la situación del último defensa del equipo no se debe arriesgar con la interceptación, salvo en última instancia, es decir, cerca de la línea de gol.


Retardar la acción del atacante

Existen fundamentalmente dos momentos en los que se verifican desequilibrios (puntuales o totales) en la organización defensiva: inmediatamente después de la pérdida del balón, que hace que el equipo tenga que reestructurar todo su comportamiento colectivo hacia una nueva situación (ataque por defensa), y cuando los atacantes con o sin el balón ejecutan desplazamientos ofensivos de ruptura (perpendiculares o diagonales) hacia espacios vitales del juego. En cualquiera de estas situaciones, el jugador en la acción de contención inmediatamente ha de respetar uno de los principios fundamentales de la defensa: temporizar la acción del atacante que posee el balón con el objetivo de retardar el desarrollo del proceso ofensivo para que todos sus compañeros tengan el tiempo suficiente para recolocarse en sus posiciones de base en función de las exigencias de la situación del juego, marcando simultáneamente de forma agresiva a todos los atacantes que puedan de alguna manera dar continuidad a la acción del atacante. En este ámbito podemos desarrollar los siguientes aspectos:


1. Tener la iniciativa. El vencedor de las situaciones de 1 × 1 es aquel que tiene la iniciativa. El defensa puede tener la iniciativa si asume los siguientes comportamientos técnico-tácticos y actitudes: en muchas situaciones de juego, principalmente en las zonas predominantes de finalización, los atacantes reciben el balón de «espaldas» a la portería adversaria y el jugador en contención debe ejercer un marcaje más presionante y no dejar girar al jugador, obligándole a orientar sus comportamientos técnico-tácticos en dirección a su propia portería; simular que va a realizar una entrada, con dos posibles objetivos: que el jugador que tiene el balón lo mire con la intención de protegerlo de la pretendida entrada (cuando esto ocurre, el atacante piensa más en la protección del balón que en el ataque al defensa) y que el jugador que tiene el balón intente ponerlo fuera del alcance de la interceptación y de esta forma perder su control; intentar conducir al adversario que tiene el balón hacia uno de los carriles laterales, volviendo de esta forma la acción ofensiva del adversario menos peligrosa por tres razones: el ángulo del pase es extremadamente reducido, el número de jugadores a quienes el atacante puede pasar el balón resulta menor y el juego ofensivo se vuelve más previsible; buscar conducir al adversario que tiene el balón hacia una determinada dirección que posibilite la ayuda de un compañero, teniendo de esta forma en la mente la creación de la superioridad numérica cerca del balón, y escoger el momento correcto en la interceptación y ejecutar la acción con eficacia.


2. Mantener el juego ofensivo ante los defensas. No siempre es posible recuperar inmediatamente el balón, ni alejar el balón de las zonas vitales del terreno de juego, ni evitar que el atacante directo consiga girar y orientar sus comportamientos técnicotácticos en dirección a la portería adversaria. De hecho, los defensas no deben estar obcecados en la búsqueda de la concreción de estos objetivos defensivos hasta el punto de entrar en una crisis de pensamiento táctico, y por culpa de eso cometer graves errores que determinen situaciones mucho más ventajosas para el ataque del adversario. En este sentido, es importante que los defensas sean pacientes y diferencien claramente entre el riesgo que tiene la búsqueda de la interceptación del balón, que puede contribuir a que sean desbordados por el atacante y que determina una ruptura del centro del juego defensivo que podrá ser temporal o permanente u originar situaciones peligrosas de balón parado (esquemas tácticos), y la seguridad del mantenimiento y la orientación del juego ofensivo en los espacios de juego por delante de la migración defensiva del equipo, obligando así a los atacantes a asumir continuamente comportamientos técnico-tácticos hacia los laterales (en dirección a las líneas laterales) o hacia atras (en dirección a su propia portería).



3. Determinación. Cuando el defensa se desplaza para recuperar el balón lo debe hacer con velocidad, precisión, temporización y determinación. «El juego del fútbol es un conjunto de situaciones de 1 × 1 en todo el campo donde algunas implican velocidad, otras, técnica, y otras, contacto físico, y cuantas más situaciones de éstas gane un equipo ,mayor será el dominio psicológico sobre el equipo adversario.» (Hughes, 1990)

4. «Solucionar» la defensa. También los equipos que defienden con eficacia más tarde o más temprano estarán en situaciones de presión cerca de su área grande. A todos los niveles muchos goles, se marcan porque el defensa no «soluciona» adecuadamente la situación de juego. Existen cinco presupuestos en la «solución» de la defensa: llegar primero al balón, interesa si el jugador es buen rematador de cabeza o si su técnica es segura, pues si no es el primero en llegar al balón su capacidad técnica no le sirve para nada, por lo que atacar el balón en esas circunstancias es un problema de determinación y de coraje; ir en el momento correcto, ya que debido a que el tiempo en el área grande se desarrolla a favor de la defensa, es mejor jugar el balón por el aire que por el suelo para el atacante; jugar el balón lo más lejos posible, ya que jugar el balón en largo determina la disminución temporal de la presión ofensiva, por lo que cuanto más lejos del área grande se juegue el balón, menos serán las posibilidades de encajar un gol; jugar el balón con un ángulo correcto, ya que el balón debe ser dirigido hacia una zona donde haya el menor número de jugadores atacantes; y jugar el balón hacia fuera, ya que existen situaciones en las que es preferible jugar inmediatamente el balón hacia la línea de banda o hacia la línea de fondo que intentar interceptar el balón al adversario.


Continuidad de la acción de juego

Independientemente de la resolución eficaz o no de la situación de juego por parte del atacante que tiene el balón, el defensa en contención debe ejecutar comportamientos técnico-tácticos basados en una actitud activa y disponible continuando en su intervención:

1. En el centro de la unidad estructural funcional, tanto en el plano defensivo (si no es posible recuperar la posesión del balón), ejecutando comportamientos de contención, de cobertura defensiva o de equilibrio, como en el ofensivo, a través de comportamientos de penetración, de cobertura ofensiva o de movilidad.

2. Fuera de la unidad estructural funcional con comportamientos que busquen la ruptura de la organización del equipo adversario o que contribuyan a la estabilidad de la organización del propio equipo.


• La cobertura defensiva

Su acción resulta extremadamente importante, ya que no sólo da la confianza necesaria al compañero que marca al adversario que tiene el balón (primer defensa) para que éste tenga mayor iniciativa, sino que también tiene la responsabilidad inmediata de ejercer presión sobre el adversario cuando éste rebase a su compañero. De hecho, independientemente del nivel cualitativo del jugador en contención, éste ha de tener siempre la seguridad de beneficiarse de una cobertura defensiva correcta y eficaz. La posición de la cobertura defensiva, independientemente de los aspectos anteriormente mencionados (posición de base, observación del balón, tener paciencia, etc.), tiene que tener además en cuenta los siguientes factores: la distancia y el ángulo de la cobertura y la comunicación.

La distancia de la cobertura

La distancia de la cobertura entre el jugador de la cobertura defensiva (segundo defensa) y el que está en contención (primer defensa) depende de:

1. La zona del campo donde se desarrolla la situación de juego. La distancia entre el primer y el segundo defensa varía de acuerdo con la zona del campo; es decir, si la situación se desarrolla en tres tercios, el segundo defensa se posiciona a mayor distancia del primer defensa, ya que el adversario que tiene el balón puede rebasar a los dos jugadores en acción defensiva de una sola vez al aumentar la velocidad de ejecución que se deriva fundamentalmente de la utilización de los grandes espacios de juego. Si la situación de juego se desarrolla en un tercio del campo, el segundo defensa se colocará más cerca del primero, para evitar que (en caso de que el adversario rebase al primer defensa) no tenga el mínimo espacio para poder finalizar. Finalmente, siempre que los jugadores se posicionen o desplacen hacia las líneas laterales del terreno de juego, el jugador en cobertura defensiva debe inmediatamente aproximarse a su compañero, aumentando de esta forma la presión defensiva.

2. La capacidad técnico-táctica del jugador adversario. Los jugadores atacantes, según sus características y capacidades, ejecutan las acciones técnico-tácticas con las que se sienten más seguros (regate o pase). Por ello, si el adversario tiene una gran capacidad para resolver situaciones de 1 × 1 (regate), el segundo defensa deberá posicionarse más cerca de su compañero con el objetivo de acortar el tiempo y el espacio de ejecución del adversario. Si éste tiene gran capacidad de ejecutar acciones de pase (especialmente hacia los espacios libres), el segundo defensa se ha de posicionar un poco más lejos del primero para que tenga más tiempo para decidir cómo evoluciona la situación.

3. La velocidad de los defensas. Si éstos son más rápidos que los adversarios directos, el segundo defensa se deberá posicionar más cerca del compañero; pero si son más lentos, el segundo defensa deberá aumentar la distancia respecto al primer defensa.

4. El estado de la superficie del terreno de juego y las condiciones climatológicas. Afectan obviamente la distancia del defensa en la acción de cobertura. En una superficie de terreno de juego irregular es aconsejable que el segundo defensa disminuya la distancia respecto al primer defensa. Cuando el viento sopla a gran velocidad, se debe aumentar la distancia de la cobertura defensiva.

5. El desplazamiento del jugador en la cobertura ofensiva. En dirección al compañero que tiene el balón o de éste en dirección al jugador de cobertura ofensiva, éste debe inmediatamente disminuir su distancia en relación con su compañero en acción de contención con el fin de evitar que se produzca una superioridad numérica ofensiva momentánea.

El ángulo de la cobertura defensiva

Es el ángulo entre el jugador de contención (primer defensa) y el de cobertura defensiva (segundo defensa), y busca alcanzar dos objetivos: posibilitar una visión global del espacio y de la situación de juego y la interceptación de las líneas de pase en dirección a la propia portería. No existe ningún ángulo permanentemente correcto. Si el jugador en cobertura defensiva tiene dudas en cuanto al ángulo que debe escoger, ha de optar por uno de 45°. Concomitantemente con los objetivos formulados, al segundo defensa se le presenta otra cuestión fundamental: saber cuál es el lado (en relación con el compañero en contención) que debe escoger para realizar eficazmente la cobertura defensiva. De hecho, podemos establecer cuatro condiciones (situaciones) básicas de respuesta a la cuestión formulada:


1. Cuando el atacante es conducido en dirección a uno de los carriles laterales del terreno de juego, el jugador de cobertura defensiva deberá, en función de la evolución de la situación, posicionarse cerca de la línea lateral, buscando así aumentar la presión sobre el adversario que tiene el balón.

2. Cuando el atacante es conducido en dirección al carril central, el jugador de cobertura defensiva se tendrá que posicionar del lado de dentro, es decir, del que converge hacia el centro del terreno de juego.

3. El jugador de cobertura defensiva debe igualmente valorar la posibilidad de que el compañero en la acción de contención (primer defensa) sea desbordado por el atacante en posesión del balón. En esta situación deberá posicionarse anticipadamente con el objetivo de intervenir de inmediato y con el máximo de eficacia.

4. Cuando el atacante que tiene el balón se beneficia de la acción de la cobertura ofensiva (segundo atacante) por parte de uno de sus compañeros, el jugador en cobertura defensiva tendrá que asumir una posición que favorezca la colocación adoptada por el segundo atacante.


La comunicación

La establecida entre el primer y el segundo defensas es esencialmente verbal. En ella, el jugador en cobertura defensiva debe comunicarse con el compañero que en ese momento marca al adversario que tiene el balón informándole de la posición del adversario estimulándole para que lo oriente hacia las zonas menos peligrosas del campo o animándole en la ejecución de la interceptación.

• El equilibrio

Los jugadores en el proceso ofensivo (una vez asegurada la cobertura del compañero que tiene el balón) utilizan el principio de la movilidad intentando desorganizar el método defensivo (en términos de amplitud y profundidad) en la búsqueda de la creación de los espacios necesarios para la progresión del balón o para crear situaciones de finalización. Los jugadores en el proceso defensivo luchan con el principio de la movilidad y con el del equilibrio, que busca asegurar fundamentalmente la estabilidad de la unidad estructural funcional defensiva, la creación de las condiciones desfavorables a los atacantes y el desarrollo de otras funciones dentro de la unidad estructural funcional defensiva.

La estabilidad de la unidad estructural funcional

El principio táctico orientador de las decisiones y los comportamientos técnico-tácticos del tercer defensa buscan asegurar constantemente el equilibrio o el reequilibrio de la unidad estructural funcional defensiva con el objetivo de mantener su estabilidad dinámica. En estas circunstancias, cuando los atacantes buscan desestabilizar el centro del juego (a través de constantes desplazamientos en apoyo al compañero que tiene el balón o hacia fuera de ese mismo centro), el defensa que asume el principio del equilibrio realiza un balance estructural de las acciones de los diferentes jugadores (compañeros y adversarios) prestando especial atención a los movimientos del tercer atacante (movilidad). Se establece de esta forma una distancia coherente y homogénea entre éste y los compañeros en contención y cobertura defensiva. De hecho, en consonancia con la variabilidad del contexto situacional, el defensa en equilibrio en ese momento disminuye la concentración restringiendo el espacio de juego o marcando al tercer atacante hacia fuera de la unidad estructural funcional.

Crear condiciones desfavorables a los atacantes volviendo el juego ofensivo previsible

El jugador en equilibrio defensivo debe crear constantemente condiciones desfavorables a los atacantes, es decir, hacer que no cumplan de forma eficaz los objetivos del ataque cometiendo errores que determinen la recuperación del balón en una situación favorable para la entrada inmediata del contraataque. En estas circunstancias, en el centro del juego los defensas deben mantener cierta iniciativa basada en una clara visión del juego, percibiendo continuamente los movimientos de los adversarios, los compañeros y la trayectoria del balón. Para que estos hechos sean una realidad, el tercer defensa ha de asumir desplazamientos caracterizados por bruscos cambios de ritmo y de dirección con el objetivo de mantener una presión constante sobre los espacios y los adversarios con la intención de:

1. Alterar los ángulos de ataque para volver el juego ofensivo previsible (desde el punto de vista defensivo), obligándoles a jugar en un cierto sentido y, como consecuencia, a tener como máximo una solución táctica para la resolución de la situación de juego.

2. Hacer sentir constantemente a los adversarios directores su presencia acaparando su atención, intentando desconcentrarles, incluso a través de pequeños contactos físicos.

3. Hacer un marcaje continuo y coherente principalmente sobre los jugadores atacantes (quienes podrán dar mejor seguimiento al proceso ofensivo) obligándoles a desplazarse hacia los espacios menos peligrosos, alejandoles de los caminos posibles en la progresión del proceso ofensivo adversario.

Asumir otras funciones dentro del centro del juego defensivo

El posicionamiento del jugador en equilibrio defensivo representa la fase cualitativa del pensamiento y de la madurez táctica, que refleja la rápida capacidad de leer, valorar, anticipar y ejecutar operacionalmente las soluciones tácticas más eficaces (adaptadas) a las situaciones momentáneas del juego. Tiene por objetivo fundamental mantener cierta iniciativa de juego obligando a los atacantes a jugar bajo una fuerte presión técnico-táctica y psicológica. En este sentido, el jugador en equilibrio defensivo debe asumir otras funciones dentro del centro del juego defensivo reajustando sus comportamientos técnico-tácticos para:

1. Asumir funciones de cobertura defensiva siempre que el compañero en contención (primer defensa) sea rebasado por el atacante que tiene el balón.

2. Cumplir con actitudes y comportamientos técnico-tácticos inherentes al principio de la contención siempre que se modifiquen las condiciones de la situación del juego y sea el defensa más cercano al atacante que tiene el balón.

3. Respetar el principio de la movilidad inmediatamente después de la recuperación del balón para aumentar las opciones de ataque de su equipo en la búsqueda de los espacios libres o en la creación de desequilibrios en la organización adversaria.


Concluyendo, el fútbol actual exige un elevado grado de comunicación y comprensión de las situaciones tácticas por parte de todos los jugadores con el objetivo de encontrar las soluciones más eficaces a los problemas a partir de un concepto colectivo en el que el factor individual se pueda desarrollar y exprimir. De la referida exigencia se deriva igualmente el carácter de la cooperación que debe existir entre los jugadores; es decir, si un jugador sale de su posición de base (en un intento de concretar los objetivos tácticos del equipo), otro compañero ocupará rápidamente su posición. Esta ocupación racional, constante y fluida del espacio de juego busca un sistema de juego con una gran movilidad y flexibilidad estratégica, táctica y de las circunstancias situacionales. Los equipos con una alta organización movilizan constantemente jugadores hacia el centro del juego, es decir, hacia los espacios próximos al desarrollo de la acción del compañero que tiene el balón. De hecho, podemos inferir del comportamiento técnico-táctico observado para la resolución táctica de la situación de juego que debe resultar de la mutua responsabilidad del jugador que la ejecuta y de los compañeros que le apoyan. Este aspecto demuestra clara e inequívocamente que la riqueza táctica (expresada por el contexto de cooperación) corresponde posteriormente a una mayor variedad de respuestas a los problemas presentados por la situación de juego. Lo que importa es conceder a los jugadores, en cualquier situación de juego, la posibilidad de decidir y ejecutar, entre diferentes respuestas tácticas, las que les parezcan más eficaces en función de los objetivos del equipo y no decidiendo una única alternativa táctica que les proporcione la situación.


Capítulo 5
FACTORES DEL JUEGO


CONCEPTO

Los factores del juego están definidos por los comportamientos (medios) de base que los jugadores individual o colectivamente desarrollan en la fase de ataque o de defensa buscando solucionar los contextos situacionales del juego. En este ámbito, los factores del juego contienen los medios, las formas y los procedimientos más eficaces y racionales para la solución de los problemas que se derivan de las situaciones del juego. Esta solución está condicionada interiormente por los procesos cognitivos, fisiológicos, afectivos y motores, y exteriormente por las condiciones del contexto de la situación y por las leyes que regulan los comportamientos del juego del fútbol.

NATURALEZA

Los jugadores, cuando ejecutan cualquier acción técnico-táctica, se están enfrentando a una situación con diferentes vertientes en las que se pone en evidencia que:


1. La acción técnico-táctica es un medio para conseguir un fin determinado por la resolución de las situaciones de entrenamiento o de competición, y se ejecuta sobre la base de cuatro procesos esenciales:

A. Cognitivos (percepción, memoria, anticipación, atención selectiva, etc.).

B. Afectivos (sensaciones agradables, acciones que proporcionan placer, etc.).

C. Fisiológicos (fuentes energéticas en las que se basa la acción y son de dominancia aeróbica, anaeróbica o mixta).

D. Motoras (funcionalidad muscular y articular, coordinación muscular, etc.).

2. La acción técnico-táctica es un procedimiento entrenado sistemáticamente y experimentado que se demuestra eficaz cuando:

A. Se ejecuta con un dinamismo, una velocidad y un ritmo correctos y coherentes con cada situación.

B. Es adecuado a la solución de una determinada situación competitiva que el jugador de fútbol escoge de un amplio abanico de posibilidades (opciones).

C. Se individualiza, cuando no se confunde la técnica con el estilo, ya que éste no es más que la interpretación personalizada de una determinada acción técnica.

3. La acción técnico-táctica debe respetar las leyes y los reglamentos del fútbol bajo las perspectivas:

A. Reglamentaria. Normaliza y condiciona las actitudes y los comportamientos motores prescribiendo en este sentido los requisitos básicos necesarios para que resulte posible intervenir de forma adecuada ante las situaciones competitivas. De hecho, la estructuración de cualquier modalidad deportiva necesita la adopción de un código, que se constituye como uno de los factores de socialización de la modalidad y del que se desprende la lógica de la igualdad de oportunidades para todos los jugadores. Para algunos autores los reglamentos deportivos configuran en gran medida la denominada «lógica interna de la modalidad». También es importante que las disposiciones reglamentarias establecidas para cada modalidad deportiva impongan «solamente» formas generales de ejecución técnica. Por ello, las acciones técnicas deportivas no son inamovibles, sino que progresan y se perfeccionan. En cada época deportiva tenemos una técnica «actual», que es la más eficaz y económica, y es necesario algunas veces cierto tiempo para que se propague. De hecho, el progreso técnico está asentado en la variabilidad de las acciones, en las variantes intrínsecas, en la investigación, en el entrenamiento y especialmente en la competición. Lo que no «funciona» es eliminado y lo que «funciona» pasa a ser estudiado y aplicado por otros practicantes.

B. Histórica. Las acciones técnicas de las modalidades son en la actualidad el producto final de años de evolución, constituyéndose como su propio patrimonio cultural. Bajo este contexto, las acciones técnicas de una modalidad deportiva «se establecen con un repertorio concreto, superespecializado y específico de acciones motoras» (Bayer, 1974) y tienen como objetivo alcanzar un determinado rendimiento deportivo. Lima (1981) escribe que es un «reducido número de entrenadores el que tiene conciencia de la función social que ejercen cuando a través de los años de actividad van transmitiendo a las diferentes generaciones de practicantes las actitudes y los movimientos que integran y sintetizan un verdadero código corporal de su modalidad y que definen, por decirlo de alguna manera, la especialización global que la identifica e individualiza entre otras modalidades deportivas».


4. La acción técnico-táctica debe permitir el máximo rendimiento. El problema motor que hay que resolver mediante la acción técnica deportiva siempre es el producto del objetivo general de cada jugador. En este sentido, la capacidad y el dominio técnico no son un estado en sí, sino más bien un proceso de perfeccionamiento constante. Por ello la acción técnica deportiva ha de:

A. Fomentar la máxima eficacia de las capacidades individualidades del jugador.

B. Utilizar del modo más eficaz las variables externas.

C. Considerar las exigencias tácticas traducidas de las respectivas situaciones de competición, en cooperación con los compañeros y en oposición a los adversarios; la importancia de la acción técnica estriba en adecuarse a las circunstancias dinámicas de la situación.

5. La acción técnico-táctica representa la fase final de un complejo proceso psicofisiológico. Los modelos de ejecución técnico-táctica utilizados durante las situaciones competitivas se establecen como uno de los factores básicos en la configuración y determinación de su resolución. Además, los comportamientos técnicos (motores) visibles de los jugadores reflejan una relación consciente e inteligente de la manifestación de una personalidad; no representan «sólo» la fase final de un largo y complejo proceso psicofisiológico. Bajo esta perspectiva, el jugador, al ejecutar una opción de juego, trabaja mentalmente cuatro tipos de sensaciones: las del medio externo (que se modifican constantemente en cada momento), las del medio interno (que se refieren a las condiciones de los órganos efectores), las imágenes evocadas de la memoria (que son el resultado de las experiencias anteriores significativas) y las imágenes representativas (planificadas anticipadamente y asociadas al momento de la acción). Esta actividad cognitiva e intelectual amplia significativamente la capacidad de las respuestas adaptativas de los jugadores a las situaciones competitivas permitiéndoles que reconozcan, orienten y regulen su acción motora. El factor técnico-táctico, dimensionada como el producto final de un complejo proceso psicofisiológico, se expresa en el juego del fútbol bajo cuatro vertientes fundamentales:


A. La anticipación de la respuesta a la situación. El jugador debe hacer intervenir los procesos cognitivos que se expresan por la capacidad no sólo de prever el resultado sino también por el desarrollo de los acontecimientos de un determinado contexto situacional. Cuando la anticipación de la situación es exacta, acelera el proceso de la respuesta motora; cuando es falsa, provoca un retardo o una ejecución errónea, cuyo grado dependerá del nuevo proyecto situacional que de él se desprenda.

B. La velocidad con la que se encuentra la solución de la situación. Cada situación comporta índices de implicación bien definidos y jerarquizados, que son el testimonio de su significado. A través de esto, los jugadores evalúan sus posibilidades de éxito, preparan mentalmente su futura acción anticipando su comportamiento en función del pronóstico y ejecutan una respuesta previsible a los ojos de sus compañeros e imprevisible a los de los adversarios.

C. La adecuación de la solución a la situación. Las fuentes críticas de información de las situaciones evolucionan constantemente. Los acontecimientos son imprevisibles en el tiempo y en el espacio y resultan de los comportamientos motores de los jugadores. Aquí nace la necesidad de establecer constantes ajustes espaciotemporales, que reflejan una anticipación y adaptabilidad de modo eficaz (plasticidad) a la misma, reflejando también una respuesta coherente con los objetivos estratégicos y tácticos.

D. La eficacia de la solución de la situación. La existencia de un ambiente continuamente inestable y complejo determina que los jugadores busquen (en un tiempo mínimo, que va de la percepción a la ejecución) una adaptación eficaz y creativa que evidencie sus capacidades motoras en el ámbito técnico-táctico, físico y psicológico, etc. Consecuentemente, los jugadores están obligados (ante las diferentes situaciones de entrenamiento o competición) a optar por la respuesta motora más eficaz posible dentro de un amplio número de posibilidades. Entre las múltiples variantes que se pueden elegir para una situación dada, se elige y realiza desde el punto de vista motor (en el menor tiempo posible) la solución considerada óptima. Así, los comportamientos motores desarrollados por los jugadores en respuesta a los cambios permanentes de las situaciones competitivas requieren de ellos «una aptitud en la decisión que sea objetiva, racional y creativa, y una aptitud de ejecución física, técnico-táctica y psicológica que resulte lo más eficaz posible» (Queiroz, 1986).


6. La acción técnico-táctica debe «jugar» con la incertidumbre. Cada acción técnica porta un sentido y, consiguientemente, un significado para los demás jugadores (compañeros y adversarios), y está siempre en función del contexto situacional en el cual está integrada. Bajo estas circunstancias, en la secuencia de juego se observan dos aspectos complementarios:

A. Las actitudes y los comportamientos técnico-tácticos son hasta cierto punto imprevisibles, lo que significa que cada situación establece una rápida sucesión de acontecimientos caracterizados por la «incertidumbre», que está determinada por las acciones y reacciones de otros jugadores, que intentan resolver eficazmente la situación del juego. Se establece en este contexto un margen de imprevisibilidad en correspondencia con las actitudes, elecciones y decisiones que se toman en cada momento dependiendo de aquello que cada jugador observa de la situación.

B. Gran parte de las acciones de los jugadores consiste en «jugar» con la incertidumbre inducida por sus comportamientos. En este sentido se busca, por un lado, anular la incertidumbre hacia los propios compañeros y, por otro, aumentar la incertidumbre hacia los adversarios. Se trata de un medio humano repleto de reflexión táctica, decisión y anticipación. Eigen y Winkler (1989) citan que «en los juegos de estrategia el transcurso de cada juego es históricamente único en virtud de un gran número de posibilidades de elección. La aleatoriedad de la trayectoria tiene su origen en la incertidumbre asociada a la ignorancia recíproca de la estrategia escogida por cada uno de los participantes en el juego».

IMPORTANCIA

La importancia de los factores de juego se expresa durante el desarrollo del mismo, en el que todos los jugadores buscan resolver eficaz y adaptadamente (a través de los comportamientos técnico-tácticos) las situaciones momentáneas del juego en función de los diversos contextos que encierra cada situación. Las referidas acciones técnicotácticas son la consecuencia de un proceso mental y de una ejecución motora que se establece a partir de un largo número de posibilidades de respuesta (elección múltiple). Los factores de juego fundamentan y soportan la racionalidad y especificidad del juego del fútbol; se consideran uno de los factores básicos del carácter complejo de la estructura del rendimiento de los jugadores. En el fútbol, cuyo ambiente es variable y transitorio, la acción técnica es un medio para alcanzar un fin, es decir, la consecuencia de la utilización de esta o aquella acción motora determina la eficacia de la acción del jugador o, dicho en otras palabras, su éxito. Bajo estas circunstancias, lo que realmente se pone en evidencia en la ejecución motora no es propiamente la belleza, innovación o dificultad de la acción de un pase o de un remate, por ejemplo, sino el objetivo (estratégico) que se busca con su ejecución (la continuidad del proceso ofensivo o la concreción del objetivo del juego, el gol, respectivamente). La ejecución de cualquier procedimiento técnico tiene que atender a la contextualización de la situación, caracterizada por su variabilidad, transitoriedad y aleatoriedad en una constante búsqueda de la adaptación a las circunstancias del ambiente («técnica situacional», según Mesquita, 2001). En la dinámica del contexto del ambiente, el jugador debe, por un lado, dominar eficazmente los procedimientos técnicos de base del fútbol y, por el otro, adecuar uno (dentro de un vasto número de opciones) para elaborar la respuesta a la situación de juego; el jugador ha de estar buscando consistencia permanentemente ante la necesidad de accionar lo inesperado en un contexto en el que predomina precisamente la inconsistencia, lo que obliga a no perder nunca de vista que la preparación deportiva no tiene que apuntar sólo a la adquisición mecánica de los automatismos técnicos, sino también buscar la adaptación constante a las perturbaciones que las situaciones del juego imponen permanentemente.

OBJETIVO

Los factores de juego tienen como objetivo fundamental adecuar eficazmente las respuestas técnico-tácticas de los jugadores en función de las situaciones del juego y en conformidad con los respectivos principios (generales y específicos). La acción técnico-táctica debe admitir la coexistencia de tres dimensiones:

1. La eficiencia, que presupone la realización correcta de la acción en el ámbito de la precisión, seguridad y economía.

2. La eficacia, que refleja la búsqueda del rendimiento en el ámbito táctico y estratégico.

3. La adaptabilidad, en el sentido de ajustar la acción al contexto de la situación.

NIVELES

Los niveles de los factores de juego se fundamentan esencialmente en los diferentes niveles de formación y rendimiento de un equipo y se reflejan, dependiendo de las situaciones del juego, en la organización básica y compleja, que se asienta en las acciones que buscan:


1. La ejecución de un conjunto de procedimientos técnico-tácticos que objetiven de inmediato la solución a las situaciones del juego.

2. Una coherencia en el movimiento y en la ocupación racional del espacio de juego.

3. Una resolución temporal de las situaciones tácticas del juego.

4. Las soluciones estereotipadas de las partes fijas del juego.

5.1. ACCIONES INDIVIDUALES OFENSIVAS Y DEFENSIVAS


CONCEPTO

Son la elección y ejecución conscientes por parte de los jugadores (tanto en ataque como en defensa) del complejo de procedimientos técnico-tácticos con el objetivo de solucionar las situaciones del juego.

OBJETIVOS

La acción (comportamiento y procedimientos) técnica individual no es un objetivo es sí, sino un medio para alcanzar una capacidad, que se debe dimensionar con los constantes cambios en las situaciones (movimientos de los compañeros y de los adversarios) del juego: intención táctica. En otras palabras, la intención táctica es el fin, en cuanto que la técnica es un medio, y no puede concebirse un medio independientemente del fin al que se destina.

SUPERFICIES CORPORALES DE CONTACTO CON EL BALÓN

Se denomina «superficies de contacto» a las partes del cuerpo que entran voluntariamente en contacto con el balón. Podemos establecer dos aspectos fundamentales respecto a la superficie de contacto con el balón:

1. Cuanto mayor es, mayor resulta la precisión de la acción.

2. Cuanto menor es, menor es la potencia que se puede imprimir al balón.

CLASIFICACIÓN

En el fútbol podemos dividir los comportamientos técnico-tácticos individuales en función de las fases del juego:

1. Acciones individuales ofensivas (con o sin balón). Las acciones técnico-tácticas con balón pueden subdividirse en las que tienen como objetivo la conservación/progresión del balón (recepción, protección y conducción del balón, dribling, finta y simulaciones) y las que pretenden la comunicación/finalización (pase y remate).

2. Acciones individuales defensivas. Buscan fundamentalmente la recuperación del balón/o interrumpir momentáneamente el proceso ofensivo del equipo contrario protegiendo la portería (interceptación, robo del balón, técnica específica del portero y carga).

LAS ACCIONES INDIVIDUALES OFENSIVAS
• La recepción/el control del balón

Definición

Entendemos por «recepción» la acción técnico-táctica efectuada por un jugador buscando el control o el dominio del balón que ha recibido de los compañeros (pase) o de los adversarios (interceptación).

Objetivo

La recepción del balón es la acción sin la cual no se puede rentabilizar el comportamiento técnico-táctico del jugador en la resolución de las situaciones del juego. De hecho, una eficaz recepción del balón permitirá:


1. Que el jugador tenga el tiempo y el espacio suficientes para ejecutar sus comportamientos técnico-tácticos (incluso cuando está presionado por un defensa).

2. Una mejor unión con las acciones técnico-tácticas siguientes al control del balón, y, por ello, cuanto mejor es la recepción y el control, mejor será la ejecución final de la acción del jugador, que podrá ser un pase, un regate o un remate.

Ejecución

Existen cuatro elementos fundamentales que concurren en una buena recepción del balón:

1. Desplazarse en la dirección de la trayectoria del balón. La superficie corporal de recepción y control se debe desplazar en la dirección de la trayectoria del balón interceptándola.

2. Decidir anticipadamente con qué superficie corporal se va a recepcionar y a controlar el balón. Esta decisión anticipada da el tiempo necesario para posicionarse correctamente y para concentrarse en la ejecución técnica.

3. Dominar el balón orientándolo con el objetivo de establecer una unión más coherente con las siguientes acciones técnico-tácticas (pase, conducción, finta o remate), imprimiendo así un ritmo de juego constante.

4. Tener confianza en la ejecución técnica. Esta confianza está basada en un estado mental de relajación determinado por el conocimiento de las capacidades reales de uno mismo. Las recepciones del balón pueden realizarse sin o con la presión del adversario directo, fundamentalmente en dos situaciones del juego: de frente o de espaldas al defensor.

• La conducción del balón

Definición

Entendemos por «conducción» la acción técnico-táctica de un jugador que busca un desplazamiento controlado del balón en el espacio de juego.


Objetivo

Es una acción técnico-táctica imprescindible no sólo para la progresión hacia la portería adversaria, sino también para temporizar la acción ofensiva posibilitando unos movimientos tácticos de los compañeros con el objetivo de crear las condiciones más favorables al desarrollo del proceso ofensivo.

Ejecución

Existen cinco elementos fundamentales para el desarrollo eficaz a en la conducción del balón:

1. La conducción del balón. Se efectúa normalmente con los miembros inferiores, especialmente con los pies: la parte interna del pie es la que ofrece mayor precisión (debido a que ofrece mayor superficie de contacto), pero es menos rápida (ya que es necesario controlar el balón con la parte exterior en el momento del toque); la conducción del balón con el empeine es bastante rápida porque es más continua, pero en cierto modo poco precisa por ser relativamente pequeña el área de contacto con el balón, y, por último, la conducción del balón que se realiza con la parte externa del pie es rápida y eficaz por ser grande la superficie de contacto con el balón y fácil su adaptación. Estas tres superficies corporales de contacto y de conducción del balón pueden emplearse durante un mismo desplazamiento.

2. El contacto con el balón. Cuando existe un espacio libre delante del atacante, menor debe ser el número de contactos sobre el balón, ya que cada contacto ha de permitir que esté permanentemente delante del atacante si se desplaza a velocidad máxima. Cuando el atacante está presionado por el adversario, durante la conducción del balón tiene que mantenerlo cerca de los pies (evitar que lo roben), contactándolo permanentemente, con el objetivo de protegerlo y poder cambiar de dirección (en función de la situación del juego).

3. La conducción del balón debe ejecutarse con el pie opuesto al contrario que está ejerciendo presión con el fin de evitar que éste pueda interceptarlo o recuperarlo (protección del balón).

4. Observar el espacio de juego inmediato. Durante la conducción del balón el jugador debe levantar la cabeza para tener información correcta sobre el desarrollo de la situación del juego y poder determinar qué opciones técnico-tácticas ha de tomar.

5. La decisión. Durante el desplazamiento con el balón el jugador ha de decidir constantemente y antes de cada contacto sobre la continuidad o no de la acción. No deben existir dudas sobre la decisión.

• La protección del balón

Definición

Entendemos por «protección del balón» todo el comportamiento del atacante que posee el balón (en movimiento o no) que busca protegerlo de cualquier intervención de los adversarios directos.

Objetivo

Esta acción técnico-táctica, al buscar evitar que el defensa intervenga sobre el balón, objetiva cuatro aspectos fundamentales:

1. Temporizar el proceso ofensivo con el objetivo de que los compañeros (atacantes) opten por mejores soluciones tácticas en la resolución de la situación del juego.

2. Ganar tiempo de juego en el cual el atacante se colocará cerca de la banderilla de córner y se beneficiará de las líneas del límite de campo buscando retener el balón el máximo tiempo posible.


3. Romper el ritmo del adversario obligándole a entrar en una crisis de pensamiento táctico.

4. En ciertas zonas específicas del terreno de juego, provocar infracciones de las leyes del juego (por parte de los adversarios) posibilitando en estas circunstancias beneficiarse de las ventajas inherentes a las situaciones del balón parado.

Ejecución

Existen tres elementos fundamentales que el atacante que posee el balón debe respetar para una eficaz protección del balón:

1. Ubicar sistemáticamente el balón lo más lejos posible de los adversarios.

2. Interponer su cuerpo entre el balón y los adversarios: uno de sus miembros inferiores soporta el peso y funciona como pivote (en el caso de variar el ángulo en relación con el defensa) mientras que el otro contacta con el balón con pequeños toques manteniéndolo lejos de los adversarios.

3. Reaccionar constantemente a las diferentes acciones de los adversarios directos variando los ángulos y las posiciones en relación con éstos.

• El driblin o la finta

Definición

Entendemos por «dribling o finta» las acciones técnico-tácticas de sobrepasar al adversario directo con el balón perfectamente controlado. La diferencia entre estas dos acciones técnico-tácticas se refiere al contacto físico, pues en el dribling el contacto directo es más fuerte, mientras que en la finta el jugador atacante pasa al lado del adversario directo.

Objetivo

Este comportamiento técnico-táctico es un elemento fundamental del fútbol actual debido a la falta de espacios libres y a las acciones de marcaje desarrolladas por los adversarios en el proceso defensivo. Tanto el dribling como la finta son elementos muy personales y originales que exigen un gran virtuosismo técnico y un sentido muy elevado de la improvisación.

Ejecución

Existen cinco elementos importantes que concurren en la ejecución eficaz del dribling:


1. La aproximación. La aproximación del atacante en dirección al defensa debe tener dos objetivos: la línea de aproximación ha de ser lo más recta posible y la velocidad de aproximación tiene que resultar máxima, observando una disminución de esa velocidad en el momento final de aproximación para que pueda existir la posibilidad del cambio de dirección y de velocidad cuando se sobrepasa al adversario.

2. El control del balón. El dribling conlleva sobrepasar al adversario directo, y, por ello, su ejecución debe objetivar dos aspectos: el control del balón para que el defensa no lo pueda interceptar y conducir con el balón atacando de inmediato al defensa.

3. Engaño y desequilibrio al adversario directo. Es importante para el atacante engañar al defensa, especialmente si éste tiene cobertura defensiva, dependiendo siempre de la velocidad y de la distancia en la que el defensa se encuentra. Cuanta más rápida es la aproximación, más lejos de la defensa se debe ejecutar el engaño. El defensa, al reaccionar incorrectamente a las intenciones del atacante, se desequilibrará y resultará más fácil la ejecución del dribling.

4. Cambio de dirección. Normalmente los defensas eficientes sólo reaccionan a los movimientos del balón; de ahí la importancia del cambio de dirección para desequilibrar al adversario.

5. Cambio de velocidad. El tiempo necesario para que el defensa vuelva a estar en equilibrio en su posición debe usarse para que el atacante sobrepase rápidamente al defensa.

• La finta

Definición

Entendemos por «finta» la acción técnico-táctica individual realizada con cualquier segmento corporal que busca provocar un desequilibrio momentáneo del adversario directo, es decir, simular que se va a ejecutar una acción por un lado, cambiando bruscamente hacia otra dirección.


Objetivo

La importancia creciente de la ejecución de las acciones de la finta en el fútbol se debe fundamentalmente a la necesidad que tienen los jugadores de «ocultar» a los adversarios directos en todo momento sus verdaderos objetivos.

• El pase

Definición

Entendemos por «pase» la acción técnico-táctica de relación de la comunicación material establecida entre los jugadores del mismo equipo, por lo que es la acción de la relación colectiva más simple de observar y ejecutar.


Objetivo

La acción técnico-táctica del pase se considera el elemento fundamental básico de la colaboración entre los jugadores de un mismo equipo (los cuales deben poseer un amplio «bagaje técnico» de los diferentes tipos de pases), imprescindible para la consecución de los objetivos tácticos del ataque. El pase es, sin duda, una acción predominante en el juego del fútbol. En el 80% de las situaciones en las que el jugador está en posesión del balón tiene la intención de pasarlo a otro compañero; en las restantes situaciones, conduce, finta, hace dribling o remata.

Ejecución

Según Houghes (1990), «nada destruye tan rápidamente la confianza de un equipo como un pase impreciso; nada construye tan rápidamente la confianza de un equipo como un pase preciso (…) no existe ningún sustituto para una buena acción técnica de pase ni ninguna estrategia que se resista a los pases imprecisos». La ejecución técnico-táctica del pase está basada en una actitud que busca llevar el centro del juego rápidamente en dirección a la portería adversaria buscando dos aspectos esenciales:

1. Táctico, es decir, seleccionar el pase. Está determinado por el análisis de la situación momentánea del juego y establecerá el objetivo táctico de la ejecución del pase. Este análisis está basado en cinco factores. Primero, la posición de los compañeros, es decir, la existencia o no de atacantes posicionados o preparados para explorar espacios vitales del terreno de juego con el objetivo de concretar el desarrollo del ataque. Segundo, la posición de los adversarios, que se concreta en el nivel de organización defensiva y en la posibilidad de obtener ventajas de su precariedad. Tercero, la zona del terreno de juego donde se calcula la relación entre el riesgo y la seguridad de la ejecución de la acción técnico-táctica (se observa una disminución porcentual de la ejecución de esta acción a medida que el centro del juego se aproxima a la portería adversaria). En este sentido, el 60% de los pases son ejecutados en el medio campo porque en estas zonas del terreno de juego se constituyen los espacios preferenciales para la preparación y construcción de las acciones ofensivas. Complementariamente, los jugadores, cuando están cerca de la portería adversaria, tienen que encontrar y ejecutar otros procedimientos técnico-tácticos, como el dribling/la finta o la simulación, que conllevan la búsqueda de la creación de ventajas para la concreción eficaz del proceso ofensivo). Cuarto, el conocimiento por parte del jugador de sus propias capacidades para la ejecución del pase seleccionado. Quinto, los objetivos tácticos momentáneos del equipo, cuyos presupuestos comprenden un largo conjunto de factores, como el resultado del marcador en el partido, el tiempo de juego, la ruptura del ritmo de juego del adversario o esperar a que los compañeros se desplacen hacia ciertas posiciones que determinan un elevado nivel de organización ofensiva.

2. Técnico, es decir, la ejecución del pase está determinada por la ejecución propiamente dicha de esta acción. En este sentido, existen cinco factores fundamentales en la ejecución de un pase:

A. Simular: el atacante debe simular su verdadera intención táctica produciendo un conjunto de «falsas señales» contribuyendo de esta forma a que los defensas adopten posiciones inadecuadas a la situación del juego.

B. Tipo del pase que se va a ejecutar: el tipo de pase depende mucho de la intención táctica preestablecida por el atacante. De esta forma, se podrá tener una amplitud grande o pequeña, una trayectoria alta o baja y un golpeo con o sin efecto.

C. El tiempo del pase: un pase ejecutado en el momento correcto pone al compañero (receptor) en una posición de máxima ventaja y naturalmente vuelve el trabajo defensivo más difícil y complejo.

D. La potencia del pase: un pase eficaz alcanza el objetivo de una velocidad que no crea problemas al compañero en la recepción del balón, ya que esto tiene consecuencias importantes no sólo en la relación de la comunicación entre los dos jugadores, sino que también disminuye la fluidez y el ritmo del proceso ofensivo.

E. La precisión: determina si el compañero (receptor) tiene o no que modificar la dirección y el objetivo de su comportamiento en la recepción del balón. «La precisión no lo es todo en el pase, pero todo el resto no tiene ningún significado si el pase es impreciso» (Hughes, 1990). Todas las superficies corporales pueden emplearse para la ejecución de esta acción técnico-táctica, pero las más utilizadas son los pies (parte interna y externa y empeine), el pecho, la cabeza y las manos (para el portero dentro de su área grande). El empleo de la mejor superficie para pasar el balón depende de la situación del juego, de la dirección, de la precisión y de la velocidad que queramos transmitir. Por esto, cuanto mayor es el área de impacto, menos preciso será el gesto, pero mayor la distancia a la que el balón puede ser enviado. Por lo tanto, la parte del pie que ofrece mayor precisión es la interna y la que permite enviar el balón a mayor distancia es el empeine, si no consideramos la punta del pie.

• El saque de banda

Definición

Es la acción técnica de reponer el balón en juego que se ejecuta con las manos y que deriva de la salida del balón por las líneas laterales del terreno de juego.

Objetivo

El saque de banda lateral conlleva en todas las circunstancias una acción técnico-táctica de pase ya que asume los mismos objetivos establecidos para esta acción. En virtud de las posibles modificaciones en las leyes del juego (que reglamentan el saque de banda), determina que éste sea ejecutado con los pies e implica dos ventajas fundamentales para el equipo que posee el balón: mayor amplitud y rapidez en la progresión del centro de juego en dirección a la portería adversaria y que en ciertas situaciones del juego el ángulo de lanzamiento desde la línea lateral (en relación con la portería adversaria) sea el más propicio para la creación de situaciones de finalización.


Ejecución

Los saques de banda son situaciones de ataque de inestimable valor ya que son ejecuciones muy simples (con las manos) en el reinicio de juego. Existen seis aspectos importantes en la ejecución de los saques de banda:

1. Ejecutar rápidamente el saque de banda.

2. Ejecutar el saque de banda hacia un compañero sin marcaje.

3. Ejecutar el saque de banda en dirección a la portería adversaria.

4. Ejecutar el saque de banda con el objetivo de que el compañero pueda controlar el balón fácilmente.

5. Crear el espacio suficiente para que éste sea eficaz.

6. Una vez realizado el saque de banda, el jugador ha de entrar rápidamente en el terreno de juego.

• El remate de cabeza

Definición

Es la acción técnica de golpear el balón con la cabeza.

Objetivo

Esta acción puede, en relación con la situación y los objetivos del juego, estar unida a la recepción, al pase, al remate, a la conducción del balón y a la interceptación.

Ejecución

Existen cuatro elementos básicos que concurren mayoritariamente en una acción de remate de cabeza eficaz:


1. Precisión en el contacto. Las superficies preferentes de contacto con el balón son la cabeza-frente (es la superficie anatómicamente más adaptada al balón y permite mayor visión de juego) y los parietales (que no permiten tanta precisión, por lo que se usan como recurso en función de la situación del juego).

2. Mantenimiento del contacto visual con el balón. Es normal que los ojos se cierren en el momento de contacto con el balón; sin embargo, es importante que se mantengan abiertos hasta ese momento.

3. Impresión de potencia. Todo el cuerpo (piernas, tronco y cuello) debe ayudar a soportar, estabilizar y generar potencia para la acción de remate de cabeza. En este sentido, es importante una ligera inclinación del cuerpo hacia atrás para que cuando se desarrolle la incursión hacia delante en la dirección del balón se genere mayor potencia de golpeo. Las formas de remate de cabeza pueden ser: con o sin salto, con o sin giro lateral y con o sin oposición.

4. Ataque del balón. Saltar o girarse para atacar el balón durante su trayectoria tiene dos aspectos fundamentales: llegar el primero al balón y aumentar la potencia en el remate.

• El remate

Definición

Entendemos por «remate» toda acción técnico-táctica realizada por el jugador sobre el balón con el objetivo de introducir el balón en la portería contraria.

Objetivo

El juego del fútbol tiene como objetivo la concreción del gol. Perseguir continuamente este objetivo venciendo la resistencia de la organización del adversario constituye la tarea más importante que todos los jugadores de uno o de otro equipo pretenden cumplir con la mayor frecuencia posible.

Ejecución

Existen seis aspectos fundamentales en la ejecución de las acciones técnico-tácticas de remate:

1. Rematar después de que surja la oportunidad. Los jugadores pierden muchas oportunidades de remate (en cualquier nivel de rendimiento) por las siguientes razones: por buscar un mejor posicionamiento en relación con la portería adversaria, por tener recelo a utilizar el pie dominante, por buscar pasar la responsabilidad a un compañero, por miedo a fallar en la portería y por el contacto físico.

2. Utilizar la técnica más adaptada a la situación de juego. El tipo de ejecución técnico-táctica de remate depende de la trayectoria del balón (rasa o alta), de la distancia a la portería (necesidad de emplear mayor o menor potencia sobre el balón) y de la posición del portero (colocado en el centro de la portería o desplazándose en dirección al atacante).

3. Rematar a partir de ángulos eficaces. Los remates ejecutados con ángulos reducidos necesitan procedimientos técnicos más complejos y precisos. De hecho, la eficacia del remate se modifica en relación con el ángulo con el que se puede ejecutar el remate.

4. Rematar raso y fuera del alcance del portero. Las acciones técnico-tácticas de remate más eficaces son normalmente las que se dirigen hacia el poste más alejado de la posición del portero, es decir, fuera del alcance del mismo. De ahí la necesidad de seleccionar el área de la portería más vulnerable y rematar con una trayectoria rasa con el objetivo de forzar al portero a que se mueva de su posición de base para defender el balón.

5. Crear el espacio para rematar. Las aglomeraciones de jugadores en las inmediaciones de la portería son frecuentes y no facilitan, en estas circunstancias, la ejecución del remate. De hecho, los atacantes deben ejecutar desplazamientos ofensivos de ruptura para desorganizar y «arrastrar» a los defensas hacia otras posiciones menos eficaces, y, de esta manera, crear el espacio suficiente al compañero que posee el balón para que pueda tener tiempo y espacio para rematar.


6. Desplazarse inmediatamente después del remate. Muchos goles se consiguen debido a las paradas incompletas de los porteros, quienes, al intentar evitar que el balón entre en su portería, lo desvían hacia un espacio frontal del juego, exponiéndose fácilmente a un nuevo remate (menor distancia, mejor ángulo y menor organización defensiva).

7. Existen tres situaciones en las cuales los jugadores no deben rematar: cuando el adversario está tan cerca que bloqueará la trayectoria del balón, cuando la distancia es tan grande que el porcentaje de éxito resulta inaceptable y cuando el ángulo de remate es muy reducido.

• La técnica del portero

Definición

Entendemos por «técnica del portero» todas las acciones técnico-tácticas específicas ejecutadas durante el proceso ofensivo de su equipo.

Objetivo

Las acciones de los porteros comprenden técnicas que buscan fundamentalmente el reinicio del ataque de su equipo.


Ejecución

El comportamiento técnico-táctico del portero se beneficia de un estatus especial, ya que puede utilizar todas las partes de su cuerpo (siempre que se halle dentro del área grande) y, especialmente, por la posibilidad de intervenir con las manos. Se concreta de esta forma una mejor protección y conservación del balón, y también destaca que no debe ser nunca presionado en sus acciones por los adversarios. En este sentido, el portero expresa su influencia directa sobre el ataque de dos maneras, que en términos pragmáticos se concretan en el reinicio del juego o en el desarrollo del proceso ofensivo. Además, se evidencia que en algunos momentos del juego los porteros (que encierran algunas particularidades especiales, como la envergadura, la capacidad de salto, etc.) «suben» en el terreno de juego y participan en las situaciones de balón parado (en especial en las que son ejecutadas cerca de la portería adversaria, como saques de esquina, saques libres, etc.) buscando finalizar la acción ofensiva de su equipo. Finalmente, a partir de su posición de base, el portero puede observar todo el espacio de juego y, en relación con las circunstancias del partido, aumentar o disminuir el ritmo específico del mismo mediante el reinicio o el desarrollo (rápido o lento) con pases (largos o cortos) hacia zonas o compañeros que le puedan dar mejor continuidad al proceso ofensivo.

LAS ACCIONES INDIVIDUALES DEFENSIVAS
• La entrada

Definición

Entendemos por «entrada» la acción técnico-táctica efectuada por el defensa buscando interferir sobre el balón y respetando las reglas del juego en la lucha directa con el atacante que posee el balón.

Objetivo

La acción técnico-táctica de la entrada busca fundamentalmente la recuperación de la posesión del balón o la temporización del proceso ofensivo del adversario interceptando momentáneamente el balón.

Ejecución

Existen dos formas fundamentales de entrada:

1. Frontal. Es la situación en la que el defensa bloquea la trayectoria del atacante que posee el balón en la lucha por su conquista. En casos extremos esta acción puede ser ejecutada con caída al suelo.

2. Lateral. En la imposibilidad de bloquear de frente al atacante que posee el balón en su trayectoria, el defensa podrá buscar entrarle lateralmente, utilizando para eso dos tipos de ejecución técnica en función de la situación del juego: desplazándose un poco y colocándose al lado del atacante buscando el momento propicio para intervenir sobre el balón, usando el contacto corporal e interponiendo uno de sus miembros inferiores en la interceptación del balón y, cuando no resulta posible desplazarse o colocarse al lado del atacante, poniéndose un poco más atrás, buscando en un momento concreto, con una caída (tirándose al suelo), intervenir sobre el balón. Esta forma de ejecución técnica debe emplearse como última opción, por dos razones: una vez que el cuerpo está en el suelo, el defensa jamás podrá controlar debidamente su deslizamiento (en especial en los terrenos mojados), provocando así el choque o que el atacante tropiece, con lo que podría originar una infracción de las reglas del juego; además, después de la ejecución técnica el defensa se encuentra en el suelo y es incapaz durante breves momentos de proseguir con la lucha defensiva, si la acción ejecutada fue ineficaz, o de relanzar el proceso ofensivo rápidamente, si ha recuperado el balón.


• La interceptación

Definición

Podemos entender por «interceptación» la acción técnico-táctica que consiste en que el jugador se apodera del balón o lo despeja cuando es enviado en dirección a su propia portería (interceptación de un remate) o entre los adversarios (interceptación de un pase).

Análogamente a la entrada, la acción técnico-táctica de la interceptación busca fundamentalmente la recuperación del balón o la temporización del proceso ofensivo del contrario interviniendo momentáneamente sobre él.


Ejecución

La acción técnico-táctica de la interceptación contiene fundamentos básicos difíciles de sistematizar porque presupone diferentes formas de actuación relacionadas con las cualidades del jugador y las situaciones momentáneas del juego.

• La carga

Definición

Es la acción ejercida por dos jugadores que buscan el contacto físico (carga), en zonas del cuerpo permitidas por las reglas del juego cuando están en lucha directa por la posesión del balón.

Objetivo

Los defensas utilizan todos los recursos técnicos legales para crear situaciones de desventaja a los atacantes que poseen el balón buscando intervenir sobre él, aunque sea momentáneamente, para interrumpir el proceso ofensivo del adversario. El hecho de que las reglas del juego permitan cierto contacto físico (la carga) en la disputa del balón sitúa bajo una fuerte presión al jugador que posee el balón. En estas circunstancias, los defensas aumentan las dificultades inherentes a la protección y a la conservación del balón por parte del atacante si le cargan legalmente por medio del contacto físico, alejándole o desequilibrándole respecto a la situación del juego. Es éste el objetivo esencial en el que se basa la acción técnico-táctica de la carga.

Ejecución

Las superficies corporales de contacto permitidas por las leyes del juego son hombro contra hombro y hombro contra la espalda. Por ello, aunque existe la restricción de que sólo se pueden utilizar estas superficies de contacto, la carga tiene que ser obligatoriamente realizada en cierto momento de la disputa del balón. De hecho, todas las cargas «fuera o dentro del tiempo» se consideran legales o ilegales en función de los criterios del árbitro. Independientemente de los presupuestos legales referidos anteriormente, los presupuestos técnicos de la ejecución de esta acción están basados fundamentalmente en un tiempo correcto de carga sobre el jugador que posee el balón, y esto ocurre cuando éste se apoya en la pierna más alejada por las siguientes razones: se vuelve más difícil para él recuperar el equilibrio o no rmalmente la pierna más alejada es la que protege o conduce el balón. Por ello, el jugador, al desequilibrarse, tendrá menos posibilidades para controlar el balón.


• La técnica del portero

Definición

Entendemos por «técnica del portero» todas las acciones técnico-tácticas específicas que ejecuta durante el proceso ofensivo de su equipo.

Objetivo

Las acciones del portero comprenden técnicas que buscan fundamentalmente la protección de la portería: evitar el gol.

Ejecución

En el plano defensivo, el comportamiento técnico-táctico del portero presenta dos vertientes fundamentales: seguir atentamente el proceso ofensivo del adversario y, al estar ubicado en un lugar privilegiado dentro del área del terreno de juego, asumir la orientación verbal de sus compañeros a nivel individual o colectivamente respecto a sus posicionamientos y los desplazamientos de los atacantes, siendo igualmente el elemento preponderante en la formación de las barreras, estableciendo de esta forma una relación de comunicación extremadamente viva y contagiosa; toda vez que el objetivo del juego es el gol, normalmente es responsabilidad del portero ser el último que intenta evitarlo, a través de una variada gama de acciones técnico-tácticas, como, el bloqueo, el despeje, etc.


5.2. ACCIONES COLECTIVAS OFENSIVAS Y DEFENSIVAS


En relación con el nivel de preparación de un equipo (tanto ofensiva como defensivamente), se refleja un modelo de organización básica que se asienta fundamentalmente en:

1. Las acciones técnico-tácticas individuales y colectivas que buscan la coherencia de los movimientos de los jugadores dentro del subsistema estructural (sistema de juego y tareas tácticas) desarrollado por el equipo y una ocupación racional y constante del espacio de juego (desplazamientos ofensivos y defensivos y compensaciones/permutas).

2. En las acciones técnico-tácticas individuales y colectivas que buscan una solución temporal a las situaciones momentáneas del juego (combinaciones tácticas, desdoblamientos y temporizaciones).

3. En las soluciones estereotipadas de las partes fijas del juego (esquemas tácticos ofensivos y defensivos).

LAS ACCIONES COLECTIVAS OFENSIVAS
• Los desplazamientos ofensivos

Definición

Los desplazamientos ofensivos son los comportamientos técnico-tácticos individuales y colectivos desarrollados con un absoluto respeto a los principios (generales y específicos) del ataque que buscan asegurar como finalidad la cooperación y la coherencia dinámica de los movimientos dentro del método ofensivo desarrollado por el equipo para el cumplimiento de los objetivos fundamentales del ataque (finalización-progresión y mantenimiento).

Objetivos

Los desplazamientos ofensivos que realizan los atacantes buscan como último objetivo el control del ritmo y del tiempo del juego en función de los objetivos tácticos del equipo durante el desarrollo del partido y mantener la iniciativa en el juego, sorprender al adversario y cansarle físicamente, obligándole a jugar bajo una gran presión psicológica y a entrar continuamente en crisis en el pensamiento táctico. Bajo esta perspectiva, los desplazamientos ofensivos tienen como objetivos los tres siguientes:

1. El equilibrio o el reequilibrio constante en el reparto de las fuerzas del método ofensivo utilizado en función de las situaciones del juego. Cualquiera que sea el sistema de juego utilizado por un equipo, la relación geométrica implícita en ese dispositivo no permite ocupar todo el espacio de juego. De ahí que los cambios constantes de las condiciones del juego determinen permanentes desplazamientos de los jugadores para equilibrar o reequilibrar el reparto de fuerzas sobre el terreno de juego. De esta forma la dinámica de un equipo debe asegurar:

A. Constantes desplazamientos que respeten siempre la relación de la distancia entre jugador-balón-compañeros-adversarios, es decir, que el equipo juegue como un bloque homogéneo entre los diferentes jugadores y sectores evitando que el equipo se disperse o esté separado entre sus líneas a lo largo del terreno de juego. Esto concreta automáticamente una disposición geométrica en la que se equilibra o reequilibra la organización dependiendo de las situaciones momentáneas del juego.

B. La constitución de asociaciones básicas entre varios jugadores (apoyo, cobertura y movilidad) formando unidades funcionales en las acciones colectivas del ataque. Se crean de esta forma más hipótesis al jugador que posee el balón, dándose la posibilidad de una opción más óptima en la situación momentánea del juego y no obliga a un individualismo excesivo por falta de apoyo o de cobertura de los compañeros de su equipo.

2. Crear, ocupar y utilizar de forma eficaz los espacios de juego. Los jugadores en el proceso ofensivo deben tomar conciencia y valorar constantemente su contribución al desarrollo eficaz de la acción ofensiva. Por esto el juego sin balón no consiste sólo en ejecutar cierto número de desplazamientos con el objetivo de intervenir sobre él, sino que ha de asegurar a través de sus desplazamientos el «arrastre» de uno o más adversarios dejando libres de vigilancia determinados espacios de juego que son más favorables para la consecución de los objetivos tácticos momentáneos del ataque. Como resultado de estos desplazamientos, se busca igualmente aumentar los espacios entre los defensas, tanto en el sentido longitudinal como en el transversal, para descoordinar y desequilibrar la ocupación racional del espacio de juego y, consecuentemente, el debilitamiento del método defensivo del adversario. Después de la creación de los espacios libres es necesario ocuparlos y utilizarlos de forma eficaz y resultan esenciales los desplazamientos rápidos hacia esos espacios, para los que en principio se debería orientar el centro de la acción ofensiva.

3. La colocación de los jugadores libres de marcaje del adversario. El aumento de la cantidad (distancia) y de la calidad (intensidad) de los desplazamientos de los jugadores sobre el terreno de juego ha determinado consecuentemente un incremento de su «radio de acción». En otras palabras, los jugadores se desplazan con más frecuencia para crear y utilizar los espacios de juego (cuando tienen el balón) o para restringir y marcar los espacios y a los jugadores (cuando no lo tienen). De esta situación se desprende que los condicionantes de la ejecución técnico-táctica, con o sin el balón, se vuelven cada vez más problemáticos para una eficaz solución de la situación táctica. Este hecho refleja la constante preocupación por plantear en cada momento problemas cada vez más difíciles de resolver (desde el punto de vista defensivo) buscando desplazamientos ofensivos que ubiquen a uno o varios jugadores libres de marcaje para que utilicen las condiciones favorables en términos espaciales y temporales para la solución táctica de las situaciones momentáneas del juego, teniendo presente que un jugador interviene siempre en la organización del juego facilitando o dificultando con sus desplazamientos el juego colectivo. En este sentido, hay que resaltar la necesidad de ejecutar los desplazamientos ofensivos con rapidez, integrados en un contexto que busque colocar a los jugadores en las zonas vitales, y en las condiciones más ventajosas para la persecución de los objetivos tácticos del equipo. Obviamente, los defensas prefieren jugar contra los atacantes que se mantienen en posiciones fijas. De hecho, cuantas más veces cambian de posición los atacantes, más difícil se vuelve para los defensas coordinar su organización defensiva.

Clasificación

Los desplazamientos ofensivos pueden clasificarse según dos características en relación con la forma y el tipo:

1. Formas. Las formas de los desplazamientos ofensivos constituyen la resultante de la relación que se establece entre la línea final y la trayectoria descrita por el desplazamiento del jugador sobre el terreno de juego. Existen cuatro formas de desplazamiento ofensivo:


A. Perpendicular o directo: la trayectoria de desplazamiento del jugador es perpendicular a la línea final del terreno de juego.

B. Diagonal o indirecto: la trayectoria del desplazamiento del jugador es diagonal a la línea final del terreno de juego.

C. Paralelo o simétrico: la trayectoria del desplazamiento del jugador resulta paralela a la línea final del terreno de juego.

D. Circular-complejo: la trayectoria del desplazamiento del jugador es circular, por lo que está perfectamente definida, es decir, presenta diferentes cambios de dirección.

2. Tipo. Los tipos de desplazamiento ofensivo son el resultado de la relación que se establece entre el desplazamiento efectuado y el objetivo próximo del ataque planteado por el jugador. Se observan cuatro tipos de desplazamiento ofensivo:


1. De apoyo. Estas acciones se caracterizan fundamentalmente por desplazamientos de aproximación en relación con el compañero que posee el balón para el cumplimiento de uno de los objetivos del ataque: el mantenimiento de la posesión del balón. Consecuentemente, estos desplazamientos conllevan:

A. Un control de juego en determinados momentos temporizando la acción ofensiva para sorprender al contrario con cambios de ritmo y de ángulo de ataque.

B. La preparación de desequilibrios en la organización defensiva del adversario, en los espacios y en los momentos apropiados.

C. La disminución o el aumento del ritmo de juego, lo que lleva a los adversarios a aceptar cierto tipo de cadencia de juego. Podemos distinguir tres tipos de desplazamiento ofensivo de apoyo: frontal, lateral y de retaguardia.

2. De progresión. Estas acciones se caracterizan fundamentalmente por desplazamientos de alejamiento en relación con el compañero que posee el balón en dirección a la portería adversaria en el cumplimiento de uno de los objetivos del ataque: la progresión. Consecuentemente, estos desplazamientos conllevan:


A. El desarrollo de la acción ofensiva hacia zonas más cercanas a la portería adversaria, donde se crean las condiciones más favorables para la fase de finalización.

B. La creación de inestabilidad de la organización defensiva del adversario en la búsqueda del aprovechamiento de los espacios vitales de forma más simple y eficaz.

C. El aumento del ritmo y de la iniciativa del juego ofensivo. Los desplazamientos de apoyo y de progresión son la base fundamental para el soporte de las combinaciones tácticas.

3. De ruptura. Estas acciones se caracterizan fundamentalmente por la creación de situaciones de finalización o de ruptura del método defensivo del adversario. En este sentido, estos desplazamientos están caracterizados por la aproximación o el alejamiento del compañero que posee el balón con el objetivo inmediato de asegurar las condiciones más favorables para el cumplimiento de uno de los objetivos del ataque: la finalización. Consecuentemente, estos desplazamientos conllevan:

A. El desarrollo de las condiciones más favorables para la ejecución de las acciones técnico-tácticas del remate.

B. La ruptura momentánea de la organización defensiva del equipo adversario, en los espacios y en los momentos apropiados.

C. La creación de las situaciones de sorpresa para los adversarios obligándoles a jugar bajo una gran presión psicológica y técnico-táctica. Podemos distinguir tres tipos de desplazamiento ofensivo de ruptura: perpendicular, diagonal y paralelo.

4. De equilibrio. Estas acciones se caracterizan fundamentalmente por los desplazamientos en dirección a los espacios vitales o a jugadores adversarios (que no están directamente implicados en el proceso defensivo de su equipo) y buscan el equilibrio de la organización ofensiva en función de las situaciones del juego. Consecuentemente, estos desplazamientos conllevan:

A. El equilibrio de la organización ofensiva en función del espacio y de los adversarios que en él se encuentran evitando que después de la pérdida del balón exista la posibilidad de que el equipo adversario pueda realizar un contraataque, estableciendo de inmediato una continua estabilidad en la organización del equipo.

B. La reorganización rápida del ataque en caso de que se fracase a través de una mayor homogeneidad en el juego ofensivo.

Medios

Las condiciones favorables para la realización de los desplazamientos ofensivos se pueden analizar en las siguientes vertientes:

1. Generales. La forma general de organización, es decir, el método de juego, debe ser un factor facilitador en la ejecución de las acciones de los jugadores, que exprese un bloque homogéneo, tanto en el proceso ofensivo como en el defensivo, la creación de espacios libres por medio de los desmarques coordinados en profundidad y amplitud de dos, tres o más jugadores, cambios bruscos de ritmo y de dirección y combinaciones tácticas fundamentales (simples, directas e indirectas). Con todo, es importante evidenciar dos aspectos que se relacionan directamente con la eficacia de estas acciones:

A. El desplazamiento individual está siempre condicionado por los desplazamientos colectivos, por lo que resulta importante la sincronización eficaz de estas acciones en su conjunto.

B. El momento (tempo) en que se plantean las condiciones más favorables para la solución táctica de la situación del juego es siempre muy corto y por ello es necesario una plena concentración psicológica por parte de los jugadores.

2. Específicos. Los desplazamientos defensivos son el resultado de la búsqueda constante y armónica entre el poseedor del balón y los restantes compañeros:

A. En lo que respecta al jugador que posee el balón, se exige:

1. Una clara visión de juego, percibiendo continuamente los movimientos de sus compañeros (percepción) y tomando rápidamente decisiones (respuesta táctica) adecuadas a las situaciones momentáneas del juego (decisión). Hay que entregar el balón en el mejor momento y sincronizar su ejecución técnico-táctica con la del compañero al que le dirige el balón (ejecución).

2. Utilización de las acciones técnico-tácticas que alteren las trayectorias y los ángulos en relación con sus compañeros con las siguientes intenciones: movilizar la atención y, por consiguiente, la desconcentración de uno o de más adversarios que estaban marcando, bajo esa circunstancia, a sus compañeros; volver imprevisible el juego desde el punto de vista defensivo, pudiendo en todo momento ejecutar acciones técnicotácticas en la dirección de uno o de otro carril de juego o de cualquier sector de juego, y asegurar la protección del balón con el objetivo de ganar el tiempo necesario para permitir el desencadenamiento de los desplazamientos ofensivos de sus compañeros, creando de esta forma las condiciones más favorables para los objetivos momentáneos (mantenimiento-progresión-finalización).

B. En cuanto a los jugadores que se desplazan, se exige:

1. Indicar a través de la dirección, la forma y el tipo de desplazamiento cuáles son sus verdaderas intenciones tácticas, ya que el compañero que posee el balón debe decidir en relación con éstas.

2. Plena concentración en el juego, sabiendo cuándo, dónde y cómo se han de crear las condiciones más ventajosas para concretar los objetivos tácticos del equipo (decisión). En consecuencia, hay que tener espíritu de sacrificio y colaboración, permaneciendo constantemente en movimiento, realizándolo en el espacio oportuno, en el momento correcto y de acuerdo con las posibilidades técnico-tácticas del jugador que posee el balón (ejecución).

Principios

Los principios de la orientación en la ejecución de los desplazamientos ofensivos deben reflejar dos aspectos fundamentales:

1. Generales. Las incesantes modificaciones de las condiciones del juego (tanto ofensivas como defensivas) han de determinar los permanentes desplazamientos de los jugadores expresando los siguientes principios:

A. Racionalizar permanentemente el espacio de juego:

1. Los desplazamientos de los jugadores están coordinados por la necesidad de equilibrar y racionalizar el reparto de las fuerzas sobre el terreno de juego.

2. Todos los desplazamientos se influyen mutua y recíprocamente, y cada jugador interviene siempre sobre el juego (adversario o compañero) facilitando o dificultando con sus desplazamientos el juego colectivo.

3. La articulación de las diferentes fases del juego será tanto más evolucionada cuanto más se exprese y se traduzca de forma unitaria y homogénea, no dando lugar a compartimentos estancos que sólo conducen al equipo a una mayor permeabilidad en su organización.

B. Mantener la ejecución y el ritmo de los desplazamientos (velocidad) y direcciones variables con la pretensión de llamar la atención de los contrarios con la intención de:

1. Desplazar a los adversarios de los espacios más peligrosos.

2. Atraer a los adversarios dejando libres de marcaje a los compañeros mejor posicionados.

3. Buscar permanentemente la portería contraria, es decir, el objetivo del juego: el gol.

C. Buscar que el movimiento del balón implique un desplazamiento relativo de todos los jugadores:

1. Un jugador en cualquier situación del juego jamás debe estar parado.

2. El espacio libre dejado por un jugador ha de ser inmediatamente ocupado por un compañero.

3. Cualquiera que sea o donde quiera que se sitúe, el jugador que posee el balón, inmediatamente después de pasarlo, debe moverse (simultáneamente al pase) en el sentido de apoyar al compañero que posee el balón o buscando romper el equilibrio defensivo del adversario.

4. Los desplazamientos ofensivos son siempre válidos aunque el jugador no reciba el balón.

2. Específicos. Reaccionar rápidamente a la situación de la recuperación del balón:

A. Las acciones que buscan liberarse del marcaje y buscar espacios libres se deben iniciar inmediatamente después de la recuperación del balón. Así, los jugadores se han de responder las siguientes preguntas: quién, todos los jugadores del equipo; cuándo, a partir del momento en que el equipo entra en posesión del balón; dónde, en cualquier zona del terreno de juego, y cómo, ocupando los espacios apropiados para ofrecer líneas de pase y ayudar al jugador que posee el balón.

B. Los desplazamientos. Los jugadores deben desarrollar ciertos procesos técnicos individuales «explosivos» buscando en última instancia sorprender o eludir al adversario utilizando rápidos cambios de ritmo y dirección en la carrera y pequeñas y rápidas fintas de simulación en la orientación de su carrera, es decir, el jugador ejecuta un desplazamiento rápido y corto en el sentido inverso al que pretende verdaderamente.

Concluyendo, el fútbol exige que la totalidad de los jugadores (a partir del momento en el que se recupera el balón) se encuentren disponibles por medio de los desplazamientos con el objetivo de ofrecer los siguientes objetivos:

1. El mantenimiento de la posesión del balón (se desarrolla en un cuadro referencial cuyo núcleo está representado por el jugador que posee el balón y se orienta preferencialmente con el objetivo de aproximarse a él).

2. La progresión de la acción ofensiva (que se desarrolla en un cuadro referencial cuyo núcleo está formado por el jugador que posee el balón, la portería adversaria, los adversarios y los compañeros).

3. La ruptura del sistema defensivo del adversario (se desarrolla en un cuadro referencial cuyo núcleo está constituido por el jugador que posee el balón, la organización defensiva del adversario y la portería del adversario).

4. El equilibrio del método defensivo (se desarrolla en un cuadro referencial cuyo núcleo está integrado por el jugador que posee el balón, la propia portería y los adversarios, que están directamente implicados en el proceso defensivo de su equipo).

• Compensaciones/desdoblamientos ofensivos

Definición

Son las acciones técnico-tácticas individuales y colectivas desarrolladas con el más absoluto respeto a los principios (generales y específicos) del ataque que buscan asegurar constantemente la ocupación racional del terreno de juego, asumiendo posiciones y misiones tácticas de los compañeros que en cierto momento del juego están ocupados en la realización de otras funciones.

Las acciones técnico-tácticas de compensación y permuta en términos pragmáticos expresan los mismos objetivos. En las acciones de ocupación y de racionalización del espacio de juego y de intercambio de las misiones tácticas específicas de cada jugador se verifica que la compensación se expresa fundamentalmente por la ocupación de un espacio de juego que ha dejado libre un compañero, que en un momento concreto se integró directamente en el proceso ofensivo. La permuta se plasma esencialmente en que después de terminar la acción ofensiva el jugador que ha sido ayudado tiene que retomar lo más rápidamente posible no sólo su posición y su misión específica de base, sino las del jugador que le ayudó, cumpliendo esta función con pleno sentido de la responsabilidad.

Objetivo

En síntesis, los objetivos de las compensaciones/permutas son los siguientes:

1. Ocupación racional del terreno de juego. Cuando el equipo está en el proceso ofensivo existe la tendencia de desequilibrarse defensivamente debido a la penetración y a la integración de cierto número de jugadores de las líneas más atrasadas en el centro del juego atacante, asegurando una eficaz continuidad en el juego. Estos desequilibrios defensivos se reflejan en el poco cuidado puesto en la vigilancia de los espacios vitales del juego. Dado que el momento y la zona donde se verifica la pérdida del balón no es siempre previsible, hay que asegurar en todos los momentos en los que se desarrolla el proceso ofensivo una vigilancia o incluso la ocupación de los espacios del juego por los que el equipo adversario podría progresar inmediatamente después de que recupere el balón.

2. Continua vigilancia sobre los adversarios. Cuando un equipo está en el proceso defensivo, siempre se puede verificar que existen uno o dos elementos del equipo que no se hallan directamente implicados en este proceso, cuya función es la de preparar mentalmente el proceso ofensivo inmediatamente después de la recuperación del balón. Por ello, la vigilancia, o incluso el marcaje presionante sobre las actitudes y los comportamientos técnico-tácticos de esos jugadores, son de vital importancia para poder evitar la posibilidad de que se realicen contraataques que puedan romper el equilibrio inmediato de la organización defensiva, creando de la misma forma condiciones más favorables para concretar el gol.

3. Reparto equilibrado del esfuerzo de los jugadores. Debido a la gran dinámica actual en el fútbol, existe la necesidad de encontrar un equilibrio que permita resolver las situaciones momentáneas del juego con un pleno sentido colectivo. Ese hecho resalta que los jugadores de las líneas atrasadas, cuando se incorporan al proceso ofensivo, no pueden por razones físicas y técnico-tácticas recuperar inmediatamente su posición y sus funciones específicas de base. De hecho, cada jugador debe encontrar en su equipo una organización que exprese la posibilidad de que cualquier elemento pueda participar en el ataque asumiendo otras posiciones y funciones en relación con las necesidades de la variabilidad de las situaciones momentáneas del juego. Se sabe que de esta forma su posición y sus funciones específicas las cumplirá otro compañero, pudiendo de esta forma, terminada la acción ofensiva, recuperar su posición y su función específica de base, y, si fuera el caso, recuperarse del esfuerzo realizado.

Medios

La forma general de la organización, es decir, el método de juego ofensivo, debe ser un factor facilitador en la organización de las acciones de los jugadores, expresando un bloque homogéneo que refleje un gran sentido de juego colectivo, un grupo de jugadores solidarios con sus funciones específicas, una clara fijación de los conceptos derivados de la disciplina y la responsabilidad táctica, un gran espíritu de sacrificio y un correcto sentido de la dosificación del esfuerzo físico.

Principios

Los cambios incesantes en las condiciones del juego determinan permanentes desplazamientos de los jugadores, expresando un racionalización constante relacionada con las necesidades para la solución táctica de las situaciones momentáneas del juego:

1. Los desplazamientos de los jugadores están coordinados por la necesidad de equilibrar y racionalizar el reparto de fuerzas en el terreno de juego.

2. Todos los desplazamientos se influyen mutua y recíprocamente, y cada jugador siempre interviene en la organización del juego (adversarios o compañeros) facilitando o dificultando el juego colectivo con sus desplazamientos.

3. La articulación de las diferentes fases del juego será tanto más evolucionada cuanto más se exprese y se traduzca de forma unitaria y homogénea, no dando lugar a compartimentos estancos que sólo conducen al equipo a una mayor permeabilidad en su organización.

4. En el fútbol debe existir esta comprensión elemental: siempre que un compañero nos ayuda, tiene derecho a que también le ayuden. Si un jugador deja su lugar y sus funciones específicas en un momento determinado del partido para ocupar el lugar y las funciones de un compañero que se adelantó en el terreno de juego, lo más rápidamente posible (y cuando se pierda el balón o en otra situación particular) este último tendrá que volver a su lugar y a sus funciones de base, pero antes deberá ocupar el lugar dejado libre por el compañero que le ayudó. Cambian de esta forma momentáneamente de lugar y de funciones, pero nunca de responsabilidades, organización y solidaridad. En conclusión, estas acciones técnico-tácticas deben reflejar una comprensión mutua entre los jugadores, ya que la realización de estos comportamientos no tiene ningún efecto práctico si lleva al equipo a realizar agrupamientos múltiples de jugadores, y deben efectuarse rápida y espontáneamente, ya que constituyen un elemento dinámico del juego actual.

• Las combinaciones tácticas

Definición

Las combinaciones tácticas representan la coordinación de las acciones individuales de naturaleza ofensiva de dos o tres jugadores desarrolladas con un absoluto respeto a los principios del ataque (generales y específicos). Buscan la solución de una tarea parcial (temporal) específica del juego para asegurar la creación de condiciones más favorables (de la misma forma que la de los desplazamientos ofensivos) en el factor numérico, espacial y temporal.

Objetivo

El objetivo fundamental de las combinaciones tácticas es la solución táctica de las situaciones momentáneas del juego (en las unidades funcionales), creando de esta forma las condiciones más favorables (en términos numéricos, espaciales y temporales) para la consecución de los objetivos del proceso ofensivo (progresión/finalización). Esta acción coordinada de dos o tres jugadores busca:

1. Colocar a los jugadores (durante el proceso ofensivo) en espacios vitales y libres de oposición.

2. Romper el equilibrio o mantener el desequilibrio de la organización defensiva del equipo adversario.

3. Reorganizar constantemente el método ofensivo del adversario, lo que consecuentemente determina un mayor esfuerzo físico y psíquico de sus jugadores.

Clasificación

Las combinaciones tácticas se pueden clasificar en:

1. Combinaciones simples (combinaciones de dos o «pasa y va»). El poseedor del balón fija la acción del adversario directo (penetración), ejecuta un pase a un compañero, que desarrolla un desplazamiento ofensivo de apoyo, seguido de un desplazamiento inmediato (pasar y moverse), hacia un espacio o una posición que facilite y sea favorable para recibir el balón.


2. Combinaciones directas (1-2 o «pasa y va»). El poseedor del balón fija la acción del adversario director (penetración), ejecuta un pase a un compañero que realiza un desplazamiento ofensivo de apoyo, seguido de un desplazamiento inmediato (pasar y moverse) hacia un espacio o una posición facilitadora y favorable para la recepción del balón y devuelve el balón al poseedor inicial.


3. Combinaciones indirectas (combinaciones de tres jugadores). La utilización de combinaciones simples (a dos) es muchas veces difícil debido a las grandes concentraciones de jugadores o a la falta de espacios libres. Son de esta forma fáciles de anular siempre que la cobertura defensiva está asegurada. Con el objetivo de garantizar un mayor desequilibrio en la organización defensiva, se integra un jugador más, realizando así una combinación de tres, que abre más posibilidades. En función de la iniciativa (selección de una opción), de la circunstancia (lugar de la acción en el espacio) y de la colocación o del posicionamiento sobre el terreno (posición relativa de los adversarios en relación con la portería), el poseedor del balón fija la acción del adversario directo (penetración), ejecuta un pase a un compañero que realiza un desplazamiento ofensivo de apoyo, seguido de un desplazamiento inmediato (pasar y moverse) hacia un espacio o una posición facilitadora y favorable para la recepción del balón y devuelve el balón no al poseedor inicial, sino a un tercer jugador, cuya situación favorable tiene como resultado un beneficio directo (fruto de la acción que desencadenó) y otro indirecto (fruto de la acción desarrollada por el primer poseedor del balón).


Medios

Los medios de soporte de las combinaciones tácticas (en lo que se refiere especialmente a las simples y a las directas) se fundamentan esencialmente en los desplazamientos ofensivos de apoyo. Por lo tanto, los medios (generales y específicos) enunciados para los desplazamientos ofensivos se mantienen para las combinaciones tácticas, particularmente para las exigencias referentes al método de juego, al jugador que posee el balón y al jugador en el desplazamiento ofensivo.


Principios

Las combinaciones tácticas estudiadas están condicionadas por la participación directa o indirecta de todos los jugadores del equipo. Todos y cualquiera de los tipos de combinaciones tácticas se complementan con la introducción de los cambios de ritmo y de dirección, que tienen consecuencias muy importantes sobre el equilibrio defensivo del adversario, tanto porque dan como resultado situaciones en las que jugador que posee el balón queda libre de marcaje (situación favorable para la finalización, por ejemplo), como por permitir la creación de situaciones inmediatas de superioridad numérica en las unidades funcionales del equipo. Finalmente, es importante recalcar que la actitud y las acciones descritas de pasar y moverse son siempre válidas, aunque no se reciba el balón.


• Las pantallas

Definición

Son combinaciones tácticas especiales desarrolladas con absoluto respeto de los principios (generales y específicos) del ataque y de las reglas de juego por uno o más jugadores que se colocan con el objetivo de perturbar la lectura táctica de la situación y, consecuentemente, el comportamiento defensivo de los adversarios directos.

Las acciones técnico-tácticas de las pantallas, en términos pragmáticos, consolidan los mismos objetivos.

Objetivos

En síntesis, los objetivos fundamentales son los siguientes:

1. Proteger los comportamientos técnico-tácticos de los compañeros. La organización general del equipo, particularmente su método defensivo, puede articular acciones de marcaje específico (temporal o continuo) de un cierto número de jugadores atacantes que, por su elevada capacidad técnico-táctica, deben (desde el punto de vista defensivo) ser continuamente vigilados o marcados muy pronto por ello; ante esta organización defensiva del adversario, los elementos del equipo atacante, siempre que sea posible, han de posicionarse con el objetivo de interponerse entre el adversario directo del marcaje y el compañero para que éste se libere de la presión del marcaje y gane el tiempo necesario, lo que provoca:

A. La necesidad de un mayor tiempo de lectura de la situación de juego (percepción) por parte del defensa, con el consecuente momento de incertidumbre para él.

B. Un tiempo más amplio de ejecución de sus comportamientos técnico-tácticos debido a la necesidad de tener que rodear al atacante que se interpone entre él y su adversario directo de marcaje.

2. Imposibilitar la visión de la posición y de la posible trayectoria del balón. Las grandes concentraciones de jugadores en un espacio concreto de juego obligan a los atacantes a ejecutar sus acciones técnico-tácticas bajo gran presión, pero determinan de la misma forma dificultades para los defensas que están colocados en los espacios más atrasados para ver con claridad la posición del balón y su correcta o posible trayectoria (especialmente en lo que respecta al portero). Por ello, los jugadores atacantes aprovechan este hecho y sacan ventajas a través de:

A. La liberación de uno u otro jugador que, viniendo desde atrás, podrá penetrar con o sin la posesión del balón hacia posiciones vitales, sin un marcaje adecuado a la peligrosidad de la situación.

B. El error de juicio de la posición y de la posible trayectoria del balón. Los defensas, al no ver salir el balón, requieren un tiempo de análisis (percepción) y de reacción (decisión) más largo.

Las pantallas son más fácilmente observadas durante la ejecución de los esquemas tácticos por la colocación de uno o más jugadores delante del balón cubriendo perfectamente al jugador que va a ejecutar la acción técnicotáctica y el momento de la salida del balón. En los saques de esquina, por ejemplo, la colocación de un jugador por delante del portero adversario (muchas veces ejecutando continuos saltos) y la incorporación de uno o de más jugadores en la formación de la barrera del equipo adversario en los saques libres son los hechos más observables y evidentes de la utilización de estas combinaciones tácticas.

3. Desequilibrar el centro del juego defensivo. Las acciones técnico-tácticas de las pantallas crean momentos de indecisión del pensamiento táctico de los defensas cuando éstos buscan a su adversario directo de marcaje y la posición y la posible trayectoria real del balón. Este hecho se refleja incondicionalmente en el equilibrio del centro del juego defensivo, ya que los momentos de incertidumbre que tienen los adversarios les obliga a reaccionar más tarde en la solución táctica de las situaciones momentáneas del juego.


Medios

De lo que ya se ha expuesto, y más allá de los aspectos relacionados con el método de juego, es necesario evidenciar que estos comportamientos técnico-tácticos son el resultado de:

1. La búsqueda que los adversarios (en su conjunto o particularmente, por ejemplo, el portero) tienen de una visión poco clara de las situaciones de juego obligándoles a reaccionar más tarde.

2. La utilización de los comportamientos técnico-tácticos que conllevan una variación de los ángulos y de las posiciones de los jugadores atacantes, en función de los defensas, con las siguientes intenciones:

A. Interponerse entre el defensa y su compañero para que éste se libere de esa presión, movilizando de esta forma la atención hacia él y desconcertando los comportamientos técnico-tácticos del defensa.

B. Encubrir la posición real del balón y su posible trayectoria volviendo el juego imprevisible (desde el punto de vista defensivo).

C. Asegurar la protección del balón para ganar el tiempo suficiente para que se creen las condiciones favorables en la persecución de los objetivos tácticos del ataque.

D. Rentabilizar los esquemas tácticos aumentando las dificultades a cierto número de jugadores adversarios, tanto en el encubrimiento del jugador que va a ejecutar la acción técnico-táctica como en la salida y trayectoria del balón.

3. La correcta lectura del juego y saber cuándo, dónde y cómo efectuar las pantallas, teniendo en cuenta que su desplazamiento debe crear las condiciones más ventajosas para la concreción de los objetivos tácticos del equipo, por lo que existen momentos en los que estos desplazamientos pueden originar aglomeraciones de jugadores atacantes que, como consecuencia, como defensa pueden marcar efectivamente y con eficacia a más de un atacante.


4. Desplazamientos rápidos y directos hacia el centro de esas situaciones momentáneas del juego, por lo que, si durante ese trayecto el jugador es marcado, debe utilizar pequeñas y rápidas fintas de simulación con el objetivo de evitar o arrastrar a más de un adversario hacia el centro del juego, aumentando de esta forma las dificultades para la solución táctica de la situación.

Principios

La gran presión ejercida sobre cierto número de jugadores atacantes debe originar acciones que busquen su liberación del marcaje de los compañeros. Estas acciones se desarrollan en un cuadro referencial cuyo núcleo está representado por el compañero que posee el balón y el adversario directo, y que tiene como principio la interposición de un jugador atacante entre los dos jugadores referidos. Este aspecto refleja el principio de la exigencia fundamental del fútbol de nuestros días, del que se traduce que en todo momento los jugadores deben estar disponibles en el sentido de ofrecer el máximo de posibilidades en la solución táctica al compañero que posee el balón, creando simultáneamente las condiciones más desfavorables para el marcaje de los atacantes y la visualización del balón y de su posible trayectoria. La maximización de la eficiencia de los esquemas tácticos ha de incluir los objetivos enunciados para las pantallas, que conllevan una coherente y coordinada acción de los jugadores involucrados en esos esquemas.

• La temporización

Definición

Se refiera a las acciones técnico-tácticas individuales y colectivas de naturaleza ofensiva que se desarrollan con el absoluto respeto de los principios (generales y específicos) del ataque y que buscan asegurar las condiciones más favorables para el cumplimiento de los objetivos tácticos momentáneos (temporales) del equipo.

Objetivo

El objetivo fundamental de la acción de temporizar consiste en ganar el tiempo suficiente para asegurar el cumplimiento de los objetivos tácticos momentáneos (temporales) del equipo, que pueden ser:

1. Que el jugador que posee el balón consiga por medio de sus comportamientos técnico-tácticos atraer hacia él la atención de uno o de varios adversarios con el objetivo de que éstos disminuyan la vigilancia o incluso el marcaje de sus compañeros, y así poder ser solicitados por el portador del balón en cualquier momento, y de los espacios de juego vitales, los cuales exigen el rápido desplazamiento hacia el centro de esas razones, hacia las cuales deben ser dirigidos los pases.

2. Que los compañeros se desplacen hacia esa posición en los espacios vitales del juego (ubicación en el ataque) y como consecuencia se saquen más ventajas para el cumplimiento de los objetivos del ataque, y, por otro lado, que los compañeros salgan de posiciones irregulares desde el punto de vista de las reglas del juego (fuera de juego).

3. Mantener la iniciativa de juego, sorprender al adversario y cansarle físicamente obligándole a entrar en una gran presión psicológica y en una crisis de pensamiento táctico.

4. Que debido a la gran dinámica del juego del fútbol, donde se observan continuamente movimientos que buscan establecer una ocupación racional del espacio de juego, haya momentos en los que proporcionar un tiempo más o menos grande para que se dé una reocupación clara del dispositivo táctico de base del equipo.

5. Proporcionar el restablecimiento físico de algunos jugadores, que por pequeños choques con los adversarios o por una elevada prestación de rendimiento en los momentos anteriores a la situación actual del juego no están en las mejores condiciones.

6. Mantener la posesión del balón para asegurar el resultado momentáneo del juego.

7. Romper el ritmo de juego del adversario imprimiendo otro más conveniente para su propio equipo o crear una falsa noción del tiempo que proporcione más ventajas en la iniciativa del ataque.


Medios

Los condicionantes favorables para la realización de las pantallas se pueden analizar desde los siguientes aspectos:

1. Generales. La temporización se desarrolla fundamentalmente durante la fase de elaboración del proceso ofensivo, por lo que el jugador que posee el balón la desarrolla con el análisis de los objetivos tácticos momentáneos (temporales) del equipo y de la variación de las situaciones momentáneas del juego, que determinan la selección de los comportamientos técnico-tácticos, optando por la disminución o por el aumento del ritmo del proceso ofensivo de su equipo.

2. Específicos. La temporización es la resultante de la búsqueda constante de conciliar una intención táctica individual (jugador que posee el balón) y otra colectiva (compañeros):

A. En lo que respecta al jugador que posee el balón, se le exige:

1. Una clara comprensión de los objetivos tácticos del equipo percibiendo las condiciones del sistema de juego del equipo, observando si hay compañeros que no estén en condiciones físicas (necesitan asistencia médica), viendo si existe una ocupación racional del sistema de juego aceptable y que no hay grandes desequilibrios en los diferentes sectores y carriles de juego, y valorando los pros y los contra de asumir un aumento o una disminución del ritmo atacante de su equipo en función del resultado del marcador del partido.


2. Una clara visión de la situación momentánea del juego utilizando acciones técnico-tácticas que alteren o modifiquen los ángulos en relación con sus compañeros con las siguientes intenciones: movilizar la atención y consecuentemente la desconcentración de uno o de más adversarios, que marcaban en esa circunstancia a sus compañeros; volver el juego imprevisible desde el punto de vista defensivo, pudiendo en todo momento ejecutar acciones técnico-tácticas en la dirección de uno o de otro carril o sector del juego, y asegurar la protección del balón esperando el momento más favorables para la solución táctica, escogiendo, decidiendo y ejecutando la acción técnico-táctica más adecuada (y no la más fácil).

B. En cuanto a los jugadores que se desplacen, se les exige:

1. Una clara comprensión de los objetivos tácticos momentáneos de su equipo y del compañero que posee el balón para que exista una intención colectiva, correlacionada con un gran sentido del juego colectivo. Se fijan los conceptos de la disciplina y de la responsabilidad táctica, que son los que le dan sentido a la ocupación racional constante del espacio de juego y de la dosificación del esfuerzo físico.

2. Una concentración en las situaciones momentáneas del juego, teniendo un espíritu de sacrificio y de colaboración constantes para la creación de las condiciones más favorables en la concreción de los objetivos tácticos del equipo.

Principios

Los principios de la orientación en la ejecución de los desplazamientos ofensivos deben asumir dos ámbitos fundamentales:

1. Generales. La variabilidad de las situaciones momentáneas del juego y de los objetivos tácticos del equipo determina una interferencia dinámica y continua de los aspectos condicionantes e inherentes al centro de la acción del juego (situación) y la necesidad de una atención concentrada de los condicionantes que se encuentran lejos de ese centro, obligando de esta forma a que los jugadores realicen un balance más global del juego y de los intereses momentáneos y fundamentales del equipo con el objetivo de cumplirlos, aunque «parezca» que se vayan a utilizar acciones técnico-tácticas individuales y colectivas que no concretan inmediatamente los objetivos del juego del fútbol.

2. Específicos. El jugador que posee el balón debe correlacionar sus comportamientos técnico-tácticos a través de acciones individuales hasta que se cumplan parte de los objetivos que determinan su comportamiento. Estas acciones individuales están basadas en procedimientos técnico-tácticos que buscan la protección-conservación del balón (contracción, dribling, finta y simulación) y que comprenden su corresponsabilidad en función de los condicionantes que cada situación del juego tiene y de los objetivos tácticos que abarca. Así, es el jugador quien ha de optar por las soluciones que le permitan concretarlos simultáneamente.

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