Kitabı oku: «Subjetividad, biopolítica y educación»


Martínez Posada, Jorge Eliécer
Subjetividad, biopolítica y educación: una lectura desde el dispositivo / Jorge Eliécer Martínez Posada. – Bogotá: Ediciones Unisalle, 2014.
154 páginas: ilustraciones; 16 × 24 cm.
Incluye bibliografía
1. Pedagogía 2. Educación 3. Filosofía de la educación 4. Subjetividad (Filosofía) 5. Biopolítica
I. Tít.
370.1 cd 21 ed.
A1466907
CEP-Banco de la República-Biblioteca Luis Ángel Arango
Jorge Eliécer Martínez Posada
Autor
ISBN: 978-958-8844-53-4
Primera edición: Bogotá, D.C., octubre del 2014
© Derechos reservados, Universidad de La Salle
Edición
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Coordinación editorial
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Correción de estilo
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Diseño de carátula y diagramación
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Fotografía de portada “Naixement”
Neyith Ospina Antury
Diseño de ePub
Hipertexto
Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro por cualquier procedimiento, conforme a lo dispuesto por la ley.
Contenido
Introducción
El dispositivo, grilla de análisis de lo social
El dispositivo desde el saber-poder
El dispositivo de la sexualidad
El dispositivo de la seguridad
El dispositivo de la persona
Historia de los espacios, historia de los poderes: el dispositivo en los límites de la acción
Espacios diferentes (Des spaces autres)
El espacio y el poder: de la teatralización al saber gubernamental
El cuerpo como espacio del poder: del Leviatán a Frankenstein
La configuración del territorio (cuerpo/especie-medio) en los dispositivos de seguridad
La subjetividad en las acciones institucionales: biopolítica e intimidad
Anatomopolítica y biopolítica en la configuración de la subjetividad
Subjetividad e intimidad: dos concepciones que se traslapan
La pedagogía de la deuda en el mercado global del saber: universidad y biopolítica
El conflicto: la educación universitaria en el centro
La pedagogía de la deuda: el paso del hombre encadenado al hombre endeudado
La crítica como inservidumbre voluntaria e indocilidad reflexiva en las prácticas pedagógicas*
Colorario: el dispositivo en el cuerpo educado y saludable
Bibliografía
A toda subjetividad que encuentra en las palabras de Walt Whitman unos minutos de plenitud y de autoconstitución y en estos fragmentos de su poesía, elementos para nuevos dispositivos de resistencia: “Me canto y me celebro, me celebro y me canto, y si me canto y me celebro, te celebro y te canto, porque tú y yo somos la misma cosa”. “¡Zafarse de las anclas y cordajes ajenos! ¡Ser libre! ¡Amar con libertad! ¡Arrojarse incauto y temerario! ¡Perderme si es preciso! ¡Nutrir el resto de la vida con una hora de plenitud y libertad! Con una breve hora de locura y alegría”.
W. Whitman: “Canto a mí mismo” y “Una hora de locura y alegría”
Introducción
Subjetividad, biopolítica y educación: una lectura desde el dispositivo es un libro cuya estructura ha sido definida en cinco capítulos y un colorario, articulados a través del pensamiento denominado por algunos posestructuralista. Se constituye en un esfuerzo por hacer visibles aspectos teóricos del dispositivo como concepto, y propone asumirlo como un elemento metodológico que, por un lado, permite analizar lo social desde un referente crítico y reflexivo y, por el otro, reconoce la historicidad del sujeto. En este sentido, se evidencia la condición actual del mundo ante la constitución de subjetividades, y como resultado de ello, se develan nuevos interrogantes.
Este libro es el resultado de las investigaciones “Análisis de los discursos gubernamentales en educación superior como lugar de producción de la subjetividad actual, 1991-2005”, realizada en el 2009; “Universidad colombiana y sociedad del conocimiento”, adelantada en el marco del doctorado en Ciencias Sociales y Humanas de la Pontificia Universidad Javeriana en el periodo 2011-2014, y “Dispositivos de producción de subjetividades juveniles universitarias”, adelantada en el Departamento de Formación Lasallista de la Universidad de La Salle, periodo 2012-2014. Es también producto de los avances y desarrollos teóricos y metodológicos del grupo de trabajo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso): Subjetivaciones, Ciudadanías Críticas y Transformaciones Sociales.
El primer capítulo plantea la comprensión del dispositivo como una paradoja. Para ello, reconstruye teóricamente el concepto a partir de los planteamientos de Michel Foucault y desde los análisis realizados por Giorgio Agamben y Gilles Deleuze. De esta forma, el dispositivo como concepto adquiere un horizonte de comprensión complejo e histórico que no se queda en el plano de los discursos o de las cosas, sino que va más allá, como algo que acontece o emerge en una interacción entre diversos elementos sociales y que ha sido nombrado por estos autores como una red.
Si bien es cierto que en la comprensión del dispositivo se reconoce al sujeto, en este primer capítulo se estructura la idea de dispositivo en cuanto régimen social, al exponer la existencia de subjetividades mediadas por relaciones de poder. Por ello, se describe detalladamente el dispositivo desde el saber-poder, la sexualidad, la seguridad y la persona, con lo cual se evidencian las diferentes formas en las que se han constituido cuerpos útiles y dóciles.
El segundo capítulo profundiza sobre el lugar del poder en la configuración de los sujetos; por tanto, desarrolla teóricamente el concepto de espacio como el resultado de juegos de verdad, poder y saber, e introduce el planteamiento de la gubernamentalidad desde su representación histórica. En este sentido, se hace referencia, una vez más, a la genealogía y la arqueología en la obra de Foucault, y se confirma que el espacio se configura como el resultado arqueológico de la relación entre discursos y epistemes, y como el resultado genealógico de interacciones mediadas por las relaciones de poder.
A partir de esta línea de análisis se configura el camino para comprender el concepto de biopolítica, que se articula con el de gobernabilidad, dado que no solo se remite al sujeto, sino que también se ejerce sobre las poblaciones. Desde este referente, se hace énfasis en el dispositivo de la seguridad que había sido enunciado en el primer capítulo y que lleva a analizar el espacio de la seguridad como un acontecimiento temporal y circunstancial.
En este contexto, el espacio existe desde la forma de relaciones de emplazamiento, y el tiempo no aparece más que como uno de los juegos de distribución posibles entre los elementos que se reparten en el espacio, lo cual se articula con una idea de cuerpos útiles y dóciles que lleva a proponer las utopías y las heterotopías. Resulta evidente que los seres humanos existen en un esquema de compartimentación disciplinaria desde el cual se reconoce a cada quien: su cuerpo, su muerte, su enfermedad, su tumba, su pupitre, hasta su sexta parte de metro cuadrado en el Transmilenio. Por tanto, el cuerpo como espacio de poder es descrito en este capítulo a través de la analogía del paso de Leviatán a Frankenstein.
La estructura teórica de los dos primeros capítulos converge en un tercer capítulo de análisis, centrado en la visibilización de dinámicas de acción o agenciamientos que configuran las subjetividades, en la sociedad, como una realidad objetiva de la estructura social, en la cual existen o se han constituido “esquemas tipificadores” (Berger y Luckmann, 1978). En otras palabras, las instituciones sociales son el mejor ejemplo para mostrar los sistemas de control social existentes en toda sociedad. En este orden de ideas, la familia se convierte en un escenario concreto para describir cómo se configuran las formas de ser sujeto. Así, se llega a un elemento central desde la postura foucaultiana: la introducción de la ética del cuidado del otro y de las tecnologías del yo.
En este capítulo se llega a la definición de subjetividad como un campo de acción y representación, siempre establecido en las condiciones históricas, políticas, culturales, religiosas, etc., y como capacidad de interacción a partir de la intencionalidad y la negociación. Se afirma, entonces, que la subjetividad es dada por la experiencia que constituye y acompaña al sujeto toda la vida; es un producto que le permite hablar desde la experiencia de lo individual, lo propio, lo alterno, lo diferente y lo otro.
En este sentido, la subjetividad corresponde a la capacidad de constituirse a sí mismo como individuo a partir del lenguaje, la interacción y la interpretación. Se entiende que así como la subjetividad se constituye con otros, también plantea la posibilidad de configurarse sobre sí mismo. Por ende, el sujeto es una construcción histórica como producción, y el proceso de socialización es el modo como el sujeto se configura como “verdadero” en el marco social. A partir de este análisis se llega a un concepto fundamental: la anatomopolítica, donde el peso de los discursos condiciona la anatomía de los sujetos.
La comprensión del disciplinamiento del cuerpo se convierte, entonces, en el elemento para entender la emergencia y el funcionamiento del capitalismo en su forma actual, y a partir de ello, describir cómo las instituciones configuran la producción de la subjetividad en todas sus expresiones, porque la disociación del poder del cuerpo garantiza productividad y obediencia cuando las técnicas de poder ejercidas encauzan la potencia corporal en un circuito de relaciones directamente proporcionales; por tanto, se encuentra que a mayor productividad, mayor obediencia, y viceversa. Estos elementos llevan a reconocer que el sujeto se configura como sujeto epistémico, sujeto moral y sujeto político, es decir, como sujeto que acontece como resultado de la producción biopolítica de la subjetividad.
Entre tanto, comprender de manera amplia la subjetividad involucra la intimidad como un concepto emergente. Pensar la relación subjetividad-intimidad permite hacer un acercamiento a la perspectiva de Pardo (2004), quien plantea la “pasión comunicativa” que hace posible mirar el lenguaje más allá, es decir, asumiendo la intimidad, “no hecha de sonidos sino de silencios. No tenemos intimidad por lo que decimos sino por lo que callamos, ya que la intimidad es lo que callamos cuando hablamos” (p. 38).
El análisis existente hasta este punto refleja cómo la subjetividad si bien es la verdad que habita y configura al hombre, también se expresa en el silencio de lo que se calla, es decir, en la intimidad; pero también introduce la posibilidad de proponer un análisis del agenciamiento de los sujetos en las instituciones a partir de una cartografía de la condición histórica del hombre, lo cual conlleva interesarse por la afectividad y las pasiones humanas como un motor de la subjetividad.
Una vez realizado el recorrido por el concepto de dispositivo y planteada la constitución de la subjetividad como un ejercicio ético de reconstruirse, pensarse, revaluarse y ubicarse en el lugar de la crítica —crítica no solo como autoevaluación, sino también como posibilidad de interrogar a la verdad y lo que se ha dicho que un hombre es—, se plantean los dos últimos capítulos, orientados al contexto específico de la educación superior.
En el cuarto capítulo se hace un análisis, desde una postura biopolítica, en torno al papel de la universidad en el contexto globalizado, para lo cual se propone una línea de reflexión sobre su carácter funcional en medio de la producción de capital y en el marco de la visión mercantilista del conocimiento.
En este orden de ideas, se retoma el planteamiento de Lazzarato, quien presenta elementos de análisis para pensar la actualidad de la universidad desde la postura teórica de Foucault. Lazzarato afirma que a través del concepto de biopolítica se había anunciado, desde los años setenta, lo que hoy día va haciéndose evidente: la “vida” y lo “viviente” son los retos de las nuevas luchas políticas y de las nuevas estrategias económicas. Pero desde la biopolítica también se había mostrado que la “entrada de la vida en la historia” corresponde al surgimiento del capitalismo. Se presentan, por tanto, fenómenos como estos: 1) la mercantilización de la universidad; 2) el capitalismo cognitivo; 3) la producción de subjetividades mercantilistas; 4) el lugar del conocimiento, y 5) la lógica de la financiación; todos ellos, ejemplos concretos de las lógicas biopolíticas en las que la universidad se ha convertido, por cuanto representan una racionalidad neoliberal.
En este punto se plantea que el problema actual no es la educación como instrumento (“aparato”) del Estado, sino como prolongación de la forma empresa, porque la educación se ha convertido en una mercancía cuyo fin es el incremento de “activos intelectuales” y de competencias laborales en una economía del conocimiento. Ello se traduce en un escenario para proponer análisis y reflexiones que cuestionen el lugar del conocimiento y de los sujetos como mercado.
El último capítulo da continuidad al análisis biopolítico de Foucault (2004) en el texto Nacimiento de la biopolítica, donde afirma que “un aspecto central de la teoría y de la práctica neoliberal es la transformación de los seres humanos en ‘capital humano’”. Todo lo que conforma al individuo —la inteligencia, la apariencia, la formación, el matrimonio, la ubicación— constituye una inversión de tiempo o de energía que puede convertirse en futuras ganancias. Tal y como escribe el autor, “el homo economicus es un empresario de sí mismo” (Foucault, 2004, p. 239).
Desde este enfoque se plantea que las prácticas pedagógicas se convierten en prácticas mercantiles que responden no a la educación de los sujetos en términos de la vida, sino a la formación para el trabajo, de tal forma que la vida se va convirtiendo en trabajo. Así, se asume que el neoliberalismo crea el marco a través del cual ámbitos sociales, como el de la educación —que no son estrictamente contextos económicos—, pueden funcionar como mercados y vincularse al mecanismo de la competencia.
A la luz de estos planteamientos, se desarrolla el lugar de la crítica como la posibilidad de indagar la práctica, entendida como la praxis y la poiesis que surge en la interacción entre educación y sociedad. Se enuncia la parresía como la manera a través de la cual una estética de la existencia terminó siendo un modo de resistencia ética y política, que hoy puede ser una ruta para pensar la relación educación-sociedad y para analizar nuestras prácticas pedagógicas y educativas.
Entonces, se propone la necesidad de construir una teoría pedagógica o unas prácticas pedagógicas desde una actitud, desde un ethos, que permita la constante revisión de los límites de la libertad y de los modos como estos son sujetados por la gubernamentalidad. Esto significa que la ética interactúa con la política para preguntarse por los límites de la libertad y su posible franqueamiento.
Por último, se presenta un colorario a modo de conclusión desde dos espacios sociales específicos, a saber: el campo de la educación y el de la salud. Allí se asume que los sujetos contemporáneos no son un producto de una época, sino más bien construcciones históricas; es decir, los individuos, en sus subjetividades, se van construyendo a través de la historia.
Para iniciar la lectura de este libro es importante recordar que la educación moderna surge en el modo de institución disciplinaria, que al pasar a la educación contemporánea incluye dispositivos de la sociedad de soberanía y de la sociedad de seguridad. Así, la educación contemporánea es reflejo de una combinatoria de estas tecnologías de las sociedades que historió Foucault en su estudio sobre la gubernamentalidad del Estado.
La educación está dentro de un dispositivo de gobierno, con políticas de control de la población que llegan para ser enseñadas y aprendidas (por ejemplo, a través del currículo). De ahí que el dispositivo de seguridad gobierne de una manera sutil y utilice la libertad como tecnología de gobierno; es el caso de las formas de las evaluaciones de calidad en las instituciones educativas, las cuales se presentan como búsquedas “autónomas” que generan un distintivo en el mercado de la educación. En esta misma dinámica aparecen los enunciados biopolíticos de “proyecto de vida” y “ser empresario de sí mismo”, según los cuales los estudiantes tienen que hacer de su vida un proyecto, con misión, metas, planes y dar resultados; se les exige ser autónomos, con la libertad de tomar su propias decisiones, pero dentro del marco de gubernamentalidad que se les presenta.
Ante estas tecnologías de gobierno sobre el sujeto, surgen las preguntas: ¿estamos paralizados? ¿Cuáles son las posibilidades de fuga? ¿Cuáles son las posibilidades contra la conducta y las resistencias? ¿Cómo logran convertir ese dispositivo de control en una tecnología de sí? Este libro no pretende responder estos interrogantes, sino ser una posibilidad dentro de un mar de opciones para pensar de otro modo la educación en la configuración de las subjetividades, donde el lugar del pensar implica el pensarse.
El dispositivo, grilla de análisis de lo social*
Este apartado corresponde a un ejercicio de compilación teórica sobre el dispositivo como concepto. En él se visibilizan algunos puntos de convergencia entre diferentes autores, con la finalidad de comprender otra forma de lectura o análisis de la realidad, al asumir el “dispositivo” como elemento metodológico.
Por excelencia, se reconoce el referente teórico aportado por Foucault, para quien el dispositivo es la red que puede establecerse entre un conjunto heterogéneo de elementos, tales como discursos, instituciones, reglamentos, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, proposiciones filosóficas y morales. Todos ellos tienen siempre una función estratégica concreta y se inscriben en una relación de poder.
En este sentido, se ha planteado que el dispositivo implica la existencia de relaciones entre instituciones, prácticas sociales y modos de gobernar, que buscan determinar las formas de ser, hacer y conocer el sujeto en un momento histórico determinado, constituyéndose así en acontecimiento. Se puede afirmar, entonces, que el dispositivo es un modo de constituir subjetividades. En palabras de García (2011), el dispositivo puede comprenderse del siguiente modo:
Red de relaciones entre instituciones, sistemas de normas, formas de comportamiento, procesos económicos, sociales, técnicos y tipos de clasificación de sujetos, objetos y relaciones entre estos, un juego de relaciones discursivas y no discursivas, de regularidades que rigen una dispersión cuyo soporte son prácticas. Por eso, no es exacto decir que los dispositivos “capturan” individuos en su red, sino que producen sujetos que como tal quedan sujetados a determinados efectos de saber/poder (p. 2).
Por tanto, este primer capítulo se convierte en una invitación para profundizar en el concepto de dispositivo, y a partir de este, establecer un escenario de lectura crítica que permita comprender que él es un régimen social que produce subjetividades e implica la mediación de relaciones de saber.
EL DISPOSITIVO DESDE EL SABER-PODER
Llamo dispositivo a todo aquello que tiene,de una manera u otra, la capacidad de capturar, orientar, determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar los gestos, las conductas, las opiniones y los discursos de los seres vivos.
Agamben (2011)
Iniciar una presentación sobre el dispositivo como concepto implica su comprensión como “verdad”1 que se posiciona en los sujetos y que da cuenta de una relación entre saber y poder. De esta manera, el dispositivo adquiere significado y se ve permeado por una serie de relaciones derivadas de la posición de los sujetos en un determinado espacio. Del mismo modo, el dispositivo puede ser concebido como un medio a través del cual los sujetos son organizados y sancionados, con una correspondencia presente entre el saber y el poder que se hace visible en las acciones de los sujetos y, además, en la constitución del cuerpo refleja la creación de condiciones de subjetivación.
Así, a partir de la historicidad del concepto, se observa que existe una relación con la episteme como un saber que existe antes de todo, un saber ligado a la visión de sistema y estructura. Allí, el dispositivo es definido por un criterio de posición, cuyo significado se deriva explícitamente de su posición relativa dentro del conjunto (Moro, 2003, p. 33). Dicha posición puede hacer referencia al lugar que se ocupa en una serie de relaciones y que conduce a una verdad que se convierte en poder cuando los sujetos la apropian.
El dispositivo es una red que se establece entre los discursos, es una función estratégica y dominante que está inscrita en un juego de poder. Es también algo más general que la episteme, entendiendo esta como una plataforma o una capa de pensamiento donde se encuentran formaciones discursivas (enunciados, archivos) que permiten que la disciplina se establezca como un dispositivo que los hombres hacen en su relación social (en la escuela es bastante utilizado por su naturaleza discursiva). Según lo anterior, el dispositivo es más general que la episteme, y esta queda convertida como un dispositivo del discurso que separa lo calificable de lo incalificable.
La episteme es el campo de la arqueología en una concepción abierta desde la perspectiva foucaultiana. En su libro Vocabulario de Foucault, Castro (2004) afirma que a medida que Foucault se interesa por las cuestiones del poder y de la ética, el concepto de episteme será reemplazado, como objeto de análisis, por el de dispositivo y, finalmente, por el de práctica. El dispositivo es más general que la episteme; esta es solo un dispositivo específicamente discursivo, un dispositivo que permite separar lo incalificable científicamente de lo calificable, no lo falso de lo verdadero (Castro, 2004, p. 67).
En este sentido, y a partir de las reflexiones hechas por Foucault, surge un importante planteamiento de Moro (2003), cuando afirma que la episteme y el dispositivo presentan coincidencias, dado que los dos refieren distancias, diferencias y oposiciones dentro de sus múltiples discursos.
De esta manera, se articula el planteamiento de Deleuze (1990) al proponer cuatro líneas que componen el dispositivo: 1) la visibilidad de una intención; 2) el establecimiento de discursos, saberes, verdades; 3) la ocupación de un espacio y la regulación de las relaciones, y 4) las llamadas líneas de fuga, que se escapan a las anteriores líneas, como formas de poder y procesos de subjetivación. Este último componente permite visibilizar otra característica existente en el dispositivo: desde el poder también se generan formas de resistencia y transposiciones de los sujetos frente a un régimen de verdad.
Un primer referente a partir del cual se propone desarrollar la idea de que el dispositivo permite hacer análisis de lo social se encuentra en García (2011), quien expone el desarrollo teórico que han realizado Foucault, Deleuze y Agamben en torno a dicho concepto. Derivado de ello, García (2011) aborda una discusión centrada en las siguientes preguntas: ¿qué tipo de sujeto se constituye como efecto de saber-poder? ¿Se trata de un autómata fabricado según un estándar maquínico de producción? Adicionalmente, permite reconocer los tipos de dispositivo existentes y la manera como se configura la subjetividad a partir de este.
Para dar inicio al desarrollo de este escrito, puede rastrearse la perspectiva foucaultiana explícita en una entrevista de 1977. Precisamente, en este evento se abordó la problematización del dispositivo como concepto a partir de tres niveles que orientan su comprensión. En un primer nivel, el dispositivo es entendido fundamentalmente como red, ya que enmarca las relaciones o los vínculos entre elementos heterogéneos, tales como discursos, instituciones, instalaciones arquitectónicas, leyes, medidas y enunciados científicos. El segundo nivel se encuentra en la naturaleza de dicha red, que permite justificar u ocultar una práctica. Finalmente, se encuentra el nivel del acontecimiento2 histórico, que como respuesta a una urgencia, posibilita el dispositivo.
La importancia del dispositivo se instala en el momento en que dichos discursos, instituciones, construcciones arquitectónicas, reglamentos, leyes, enunciados científicos, proposiciones filosóficas y todo tipo de situaciones permiten el control del individuo; pero, además, se encuentra en que el dispositivo es entendido como una especie de formación que surge en un momento histórico dado a partir del acontecimiento.
En este orden de ideas, resulta pertinente reconocer la conceptualización que García (2011) hace sobre el dispositivo:
El término dispositivo en ocasiones es utilizado como un concepto general en tanto hace referencia a la red de relaciones que existen entre sus elementos y en otras para hacer referencia a los elementos en sí mismos, instituciones (cárcel, fábrica, escuela, hospital, entre otras), disposiciones arquitectónicas (panóptico), discursos, procedimientos, reglamentos, artefactos o formas de subjetividad (por ejemplo, el dispositivo de la sexualidad) (p. 2).
Lo que queda claro, entonces, es que un dispositivo no se reduce exclusivamente a prácticas discursivas, sino que también incluye prácticas no-discursivas. Allí, la relación, asociación, interrelación o articulación entre estas prácticas resulta un requisito indispensable:
Para Foucault, los discursos se hacen prácticas por la captura o pasaje de los individuos, a lo largo de su vida, por los dispositivos, produciendo formas de subjetividad; los dispositivos constituirían a los sujetos inscribiendo en sus cuerpos un modo y una forma de ser (García, 2011).
Lo anterior se explica por cuanto los dispositivos inscriben en los cuerpos un conjunto de praxis, saberes e instituciones cuyo principal objetivo es gobernar, controlar, orientar, dar un sentido que se supone útil a los comportamientos, gestos y pensamientos de los individuos. Ello amplía los términos que están relacionados con la palabra dispositivo, más allá de la institución. De igual manera, lo que define al dispositivo es la relación o red de saber-poder, situada histórica, espacial y temporalmente. Un ejemplo de esto es el panóptico o el panoptismo, definido por Foucault así:
El principio general de una nueva “anatomía política” cuyo objeto y fin no es la relación de soberanía sino las relaciones de disciplinas. […] Se puede, entonces, hablar en total de la formación de una sociedad disciplinaria en este movimiento que va de las disciplinas cerradas, especie de “cuarentena social”, hasta el mecanismo generalizable del panoptismo (García, 2011, p. 12).
Para Díaz (2005), en su libro La filosofía de Michel Foucault, las relaciones de poder comprenden acciones sobre acciones caracterizadas por la capacidad de “unos” para poder “conducir” las acciones de otros. En este contexto es indispensable la libertad de los participantes para generar diagramas de agenciamiento o dispositivos, ya que la lucha agónica, pasando a través de dominados y dominantes, es, a su vez, una estrategia de producción.
Al respecto, Castro (2004) menciona que el dispositivo es un objeto de la descripción genealógica, y aclara que posteriormente Foucault hará referencia a los dispositivos de saber, sexualidad, alianza, subjetividad y verdad. Es así como en la red de relaciones que conforman el dispositivo está implicada una forma determinada de ejercicio del poder y de configuración del saber que hace posible determinados efectos de verdad y realidad.
De esta forma, la propuesta de Deleuze (1990) se centra en que “el dispositivo es una máquina para hacer ver y hacer hablar, que funciona en determinados regímenes históricos de enunciación y visibilidad” (citado en García, 2011). Estos regímenes distribuyen lo visible y lo invisible, lo enunciable y lo no enunciable, al hacer nacer o desaparecer un discurso o una práctica que, de tal forma, no existirían fuera de ellos. La inteligibilidad de un dispositivo en función de su inscripción en un determinado régimen u orden que hay que reproducir se relaciona con la noción de relaciones sociales de saber-poder. En esa medida, un dispositivo, para Deleuze (1990), implica fuerzas que van de un punto singular al otro, formando una trama, una red de poder, saber y subjetividad:
[El dispositivo] es una especie de ovillo o madeja, un conjunto multilineal. Está compuesto de líneas de diferente naturaleza, y esas líneas del dispositivo no abarcan ni rodean sistemas cada uno de los cuales sería homogéneo por su cuenta (el objeto, el sujeto, el lenguaje), sino que siguen direcciones diferentes, forman procesos siempre en desequilibrio, y esas líneas tanto se acercan unas a otras como se alejan unas de otras. Cada línea está quebrada y sometida a variaciones de dirección (bifurcada, ahorquillada), sometida a derivaciones. Los objetos visibles, las enunciaciones formulables, las fuerzas en ejercicio, los sujetos en posición son como vectores o tensores. De manera que las tres grandes instancias que Foucault distingue sucesivamente (saber, poder y subjetividad) no poseen en modo alguno contornos definitivos, sino que son cadenas de variables relacionadas entre sí (p. 155).
A partir de la definición que realiza Foucault, Deleuze elabora un análisis que permitirá estudiar el dispositivo en toda su dimensión, pues define las líneas que están circunscritas a la red, las cuales forman un constante desequilibrio que se hace necesario para generar nuevas formas de las variables (saber-podersubjetivación). Para este autor es claro que los dispositivos tienen como componentes líneas de visibilidad, de enunciación, de fuerza, de subjetivación, de ruptura, de fisura y de fractura que se encuentran entre sí; por ello, propone la filosofía de los dispositivos y no acepta la universalización de estos: “Lo uno, el todo, lo verdadero, el objeto, el sujeto no son universales, sino que son procesos singulares de unificación, de totalización, de verificación, de objetivación, de subjetivación, procesos inmanentes a un determinado dispositivo” (Deleuze, 1990). Y derivado de ello, plantea:
Las dos primeras dimensiones de un dispositivo, o las que Foucault distingue en primer término, son curvas de visibilidad y curvas de enunciación. Lo cierto es que los dispositivos son como las máquinas de Raymond Roussel, según las analiza Foucault, son máquinas para hacer ver y para hacer hablar. La visibilidad no se refiere a una luz en general que iluminara objetos preexistentes; está hecha de líneas de luz que forman figuras variables e inseparables de este o aquel dispositivo. Cada dispositivo tiene su régimen de luz, la manera en que esta cae, se esfuma, se difunde, al distribuir lo visible y lo invisible, al hacer nacer o desaparecer el objeto que no existe sin ella. No es solo pintura, sino que es también arquitectura; tal es el “dispositivo prisión” como máquina óptica para ver sin ser visto. Si hay una historicidad de los dispositivos, ella es la historicidad de los regímenes de luz, pero es también la de los regímenes de enunciación. […] En tercer lugar, un dispositivo implica líneas de fuerzas. Parecería que estas fueran de un punto singular a otro situado en las líneas precedentes; de alguna manera “rectifican” las curvas anteriores, trazan tangentes, envuelven los trayectos de una línea con otra, operan idas y venidas, desde el ver al decir e inversamente, actuando como flechas que no cesan de penetrar las cosas y las palabras, que no cesan de librar una batalla. La línea de fuerzas se produce “en toda relación de un punto con otro” y pasa por todos los lugares de un dispositivo. Invisible e indecible, esa línea está estrechamente mezclada con las otras y sin embargo no se la puede distinguir. Es la línea que corresponde a Foucault y cuya trayectoria él vuelve a encontrar también en Roussel, en Brisset, en los pintores Magritte o Rebeyrolle. Se trata de la “dimensión del poder”, y el poder es la tercera dimensión del espacio interno del dispositivo, espacio variable con los dispositivos. Esta dimensión se compone, como el poder, con el saber. Por fin Foucault descubre las líneas de subjetivación. Esta nueva dimensión suscitó ya tantos malentendidos que dio trabajo precisar sus condiciones. Más que ningún otro, este descubrimiento nace de una crisis producida en el pensamiento de Foucault, como si este hubiera tenido que modificar el mapa de los dispositivos, encontrarles una nueva orientación posible, para no dejarlos que se cerraran simplemente en líneas de fuerza infranqueables, que impusieran contornos definitivos. […] También aquí una línea de subjetivación es un proceso, es la producción de subjetividad en un dispositivo: una línea de subjetivación debe hacerse en la medida en que el dispositivo lo deje o lo haga posible. Es hasta una línea de fuga. Escapa a las líneas anteriores, se escapa. El sí-mismo no es ni un saber ni un poder. Es un proceso de individuación que tiene que ver con grupos o personas y que se sustrae a las relaciones de fuerzas establecidas como saberes constituidos: es una especie de plusvalía. No es seguro que todo dispositivo lo implique [cursivas agregadas] (Deleuze, 1990, p. 157).
En suma, es por medio del dispositivo como el sujeto puede expresarse o no, “hablar o no”, convertirse y ser. El dispositivo ofrece elementos para la observación y el análisis de las interacciones sociales, y hace evidentes las estructuras y los recursos de poder y saber en la construcción de subjetividades que configuran una idiosincrasia e identidad particulares y diferenciadas de los sujetos. En el interior del análisis social, permite deconstruir los diversos flujos de dominación, a través de la modelación de los discursos de verdad en múltiples elementos.
Además, el dispositivo está determinado tanto por las prácticas sociales como por el poder que las traspasa a través de formaciones discursivas y no discursivas. Para el pensamiento clásico, lo discursivo sería el soporte de la institución, mientras que para Foucault sería todo lo que el individuo aprende y lo constriñe.
El punto en el cual el aporte de Agamben (2006) se introduce en la discusión consiste en plantear que no solo existen los individuos y los dispositivos, sino que existe un tercer elemento que, a su juicio, resulta fundamental para entender los procesos de subjetivación, individualización y control: “El cuerpo a cuerpo entre individuo y los dispositivos” (Agamben, 2006).
El sujeto es, entonces, lo que resulta de la relación entre lo humano y los dispositivos, ya que estos existen solo en la medida en que subjetivan, y no hay proceso de subjetivación sin que sus esfuerzos produzcan una identidad y, a la vez, una sujeción a un poder externo. De este modo, cada vez que un individuo “asume” una identidad, también queda subyugado. Así, Agamben (2006) define el dispositivo como cualquier cosa que tenga de algún modo la capacidad de capturar, orientar, determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar los gestos, las conductas, las opiniones y los discursos de los seres vivientes.
Adicionalmente, en la discusión se retoma la importancia de efectuar un acercamiento genealógico al concepto de dispositivo planteado por Foucault y, posteriormente, hacer una ampliación de este a otros contextos históricos. En principio, se hace referencia al término positividad utilizado por Foucault en La arqueología del saber y su relación con las ideas expuestas por Hyppolite (1948) en el capítulo “Razón e historia” del ensayo Introduction à la philosophie de l’histoire de Hegel (Introducción a la filosofía de la historia de Hegel), donde analiza obras de los autores Berne y Francfort, a partir de los conceptos hegelianos de positividad y destino.
Respecto al concepto de positividad, Agamben cita a Hyppolite para detallar el antagonismo entre la “religión natural”, que corresponde a la relación de la razón humana con lo divino de manera inmediata y general, y la “religión positiva” o “religión histórica”, configurada por el conjunto de prácticas, normas y creencias que se constituyen en mandatos impuestos al individuo en sociedades y momentos históricos determinados.
A partir de estas precisiones, se analiza la unificación dialéctica de la historia y la razón en Hegel, que será cuestionada posteriormente por Foucault a través de las tesis que retoman el conflicto como mecanismo para indagar los modos específicos en que las positividades inciden en las relaciones, los mecanismos y los juegos de poder. Allí, los dispositivos ocupan el lugar de los universales cuestionados constantemente por Foucault, y reafirman el nexo existente entre los seres vivos y el elemento histórico, constituido por el conjunto de procesos de subjetivación, instituciones y reglas en el que se concretan las relaciones de poder.
Estas precisiones se amplían a través de la búsqueda que realiza Agamben de las diferentes acepciones del concepto de dispositivo en diccionarios franceses. La primera lo ubica como parte de un juicio que dispone o plantea una decisión jurídica; la segunda lo define como los modos en que se disponen las partes que componen una máquina, o el funcionamiento del mecanismo en sí mismo; y la tercera aproxima el concepto de dispositivo al de estrategia, a través de su significación como un conjunto de medios que se establecen para la consecución de un fin.
Luego de esta precisión, el autor presenta la investigación El reino y la gloria: por una genealogía teológica de la economía y del gobierno (Agamben, 2009). En ella describe los aspectos centrales del término oikonomia, que tiene diferentes miradas. Por un lado, se plantea su incidencia en la teología, como una práctica que, además de atender a un problema o una situación concretos, remite al asunto de la Trinidad, explicado por la teología cristiana a partir de la trilogía Padre, Hijo y Espíritu. La distribución que se propone desde esta postura teológica para sustentar su crítica al politeísmo surge a través de la división en estas tres figuras. El lugar de Dios es único y está definido por su ser y sustancia, a diferencia del Hijo, que pasa a ser el encargado de la economía, la gestión y el gobierno de los hombres. De esta manera, el término oikonomia se constituyó en el dispositivo que introdujo el dogma trinitario y estableció la separación entre la ontología del ser y la acción económica y política.
A partir de estas tres significaciones mencionadas previamente se constituye el eje del dispositivo que plantea Foucault: “Un conjunto de prácticas y mecanismos (invariablemente discursivos y no discursivos, jurídicos, técnicos y militares) que tienen por objetivo enfrentar una urgencia para obtener un efecto más o menos inmediato” (Agamben, 2006).
Desde este referente, Agamben equipara el planteamiento de Foucault sobre los dispositivos y el uso del término dispositio a la mirada teológica, por cuanto divide la actividad de gobierno del ser y enfatiza en el proceso de subjetivación que tiene como intencionalidad la producción de un sujeto. También establece la relación con el concepto de Ge-stell planteado por Heidegger, que, más allá de su significación como aparato, se constituye en el mandato que dispone unos modos de acción en el hombre. Dogma trinitario, dispositio, dispositivo y Ge-stell se configuran, para el autor, en referentes de una economía que articula prácticas, saberes, instituciones y medidas, cuya finalidad es la gestión y el gobierno, control y encauzamiento de los modos de racionalidad, gestos y comportamientos del hombre.
Desde esta comprensión, Agamben (2006) describe su tesis sobre el dispositivo, que parte de la división entre los seres vivos y los dispositivos que permanecen aferrados siempre a ellos, cuya meta es su gobierno y orientación al bien: “Llamo dispositivo a todo aquello que tiene, de una manera u otra, la capacidad de capturar, orientar, determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar los gestos, las conductas, las opiniones y los discursos de los seres vivos” (Agamben, 2006).
Desde una perspectiva genealógica, surge el papel del dispositivo como su objeto de descripción y de acercamiento a toda una tipología, que incluye dispositivos carcelarios, disciplinarios, de saber, poder, verdad, subjetividad, sexualidad, entre otros. En estos mecanismos circulan relaciones de poder, se establecen formas de organización de los sujetos en términos económicos, se constituyen determinadas subjetividades y se da paso a lo que desde la anatomopolítica le permitiría al sujeto volverse más productivo o doblegar su voluntad. Así, los dispositivos se diferencian de la episteme, que se ubica como un dispositivo netamente discursivo.
En este sentido, se confirman tres situaciones que componen un dispositivo:
1) Es un conjunto heterogéneo que incluye virtualmente cualquier cosa, desde lo lingüístico y lo no-lingüístico, hasta el mismo título: discursos, instituciones, edificios, leyes, medidas de policía, proposiciones filosóficas, etc. El dispositivo en sí mismo es la red que se establece entre estos elementos.
2) El dispositivo siempre tiene una función estratégica concreta y se inscribe en una relación de poder.
3) Es algo general, un reseau, una red, porque incluye en sí la episteme, que es, para Foucault, aquello que en determinada sociedad permite distinguir lo que es aceptado como un enunciado científico de lo que no lo es.
De esta manera, es posible afirmar que en la base de cada dispositivo se encuentra un deseo de felicidad, y es precisamente la captura y la subjetivación de este deseo en una esfera separada lo que constituye su potencia específica. Esto significa que la estrategia que debe adoptarse en el “cuerpo a cuerpo” con los dispositivos no puede ser simple, ya que se trata de liberar lo que ha sido capturado y separado por los dispositivos, para devolverlo a un posible uso común. Así, el dispositivo es pensado estratégicamente, pero los sujetos no siempre son conscientes de esa relación que se está tejiendo en la red, por formar parte de ella (Martínez, 2012).
Para Agamben, el dispositivo es un término técnico decisivo en la estrategia del pensamiento de Foucault. Lo usa con frecuencia sobre todo a partir de la mitad de los años setenta, cuando empieza a ocuparse de lo que llamó la gubernamentalidad o el gobierno de los hombres. Y aquí resulta significativo recordar que el dispositivo trata de controlar las líneas de fuga de la gubernamentalidad, que proponen los espacios que constituyen dispositivos de seguridad. Precisamente, Foucault se encarga de estudiar las tecnologías donde el Estado se ocupa de organizar la vida de las poblaciones y de crear unas mejores formas de existencia dentro de unas condiciones de seguridad para la población.
En esta medida, Martínez (2012) plantea que hacer visible el dispositivo es una entrada muy fuerte para decir cómo se están constituyendo los sujetos. Una situación que permite describir este enunciado se encuentra en el ejemplo del colegio, que es visto como un dispositivo de seguridad que pretende regular los posibles peligros sociales. Si el niño es un peligro social, hay que organizarlo, hay que constituirlo en el sujeto que requiere la sociedad.
De esta forma, se evidencia la propuesta de Agamben al afirmar que los sujetos mismos terminan siendo el dispositivo; por tanto, crean todo un discurso de seguridad desde el yo dispongo. Los dispositivos de seguridad no buscan prohibir la circulación para que todas las cosas queden en su lugar, sino producir una movilidad de aquello que se espera. En otros términos, los sujetos pertenecen y se apropian de ciertos dispositivos, establecen una identidad con estos y obran allí creando nuevas estrategias que permitan su funcionamiento y desechando lo que ya no es; por ende, se configuran unas relaciones de poder que están definidas en la capacidad de afectar a otros.
El dispositivo pretende gestionar la producción en términos capitalistas, en términos de una producción; por tanto, gobernarse significa organizar el movimiento hacia la producción de unos cálculos de probabilidades en lugar de imponer una ley a los cuerpos. Una ley que dejaba quieta a una persona ahora busca generar un movimiento en un espacio.
Según los puntos de encuentro entre los diferentes autores mencionados a lo largo del escrito, se evidencia que aunque los sujetos se encuentren en los dispositivos y aunque los procesos de subjetivación sean constantes, las relaciones de poder no son fijas; por ello, tiene sentido mencionar una vez más a Deleuze (1990):
Lo actual no es lo que somos sino que es más bien lo que vamos siendo, lo que llegamos a ser, es decir, lo otro, nuestra diferente evolución. En todo dispositivo hay que distinguir lo que somos (lo que ya no somos) y lo que estamos siendo: la parte de la historia y la parte de lo actual. La historia es el archivo, la configuración de lo que somos y dejamos de ser, en tanto que lo actual es el esbozo de lo que vamos siendo. De modo que la historia o el archivo es lo que nos separa de nosotros mismos, en tanto que lo actual es eso otro con lo cual ya coincidimos (p. 159).
En este momento resulta oportuno decantar el lugar teórico del dispositivo en los tipos o clases que han sido nombrados de manera emergente a lo largo del escrito; por ello, se desglosará a continuación la comprensión de los dispositivos de sexualidad, seguridad y persona.
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