Kitabı oku: «El desafío crucial»

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Sobre este libro

En un entorno de trabajo amenazado por la automatización y por los grandes avances tecnológicos que ocurrirán en los próximos años, el más seguro de los caminos para mantener la empleabilidad será desplegar comportamientos creativos e innovadores, ya sea como aporte de valor individual o de equipo en las organizaciones. Alternativamente a la desaparición de empleos, surgirá un aumento de la demanda de recursos humanos con competencias que serán muy difíciles de reemplazar por la inteligencia artificial y que se refieren a la resolución de problemas en situaciones complejas y a la capacidad de dar respuestas flexibles frente a cambios rápidos.

Hasta hoy la educación formal ha sido el antídoto más seguro contra el reemplazo laboral que produce la modernización. Esta dinámica aún se da en la era de las máquinas inteligentes. La diferencia es que con el crecimiento explosivo de la tecnología, la divergencia educativa entre lo que se enseña y lo que se necesita se está haciendo cada vez más pronunciada. Debemos prepararnos de manera diferente antes de que sea tarde. Ya no será posible prosperar en un mundo digitalizado utilizando solamente herramientas analógicas.

Índice

Sobre este libro

Introducción

Historia de fuego y arena

La sociedad transformada

Explorando nuevas rutas

Preparados para triunfar

De la teoría a la acción

Parte I

En busca de la llave maestra

El retorno a las fuentes del conocimiento

Atrapando la luz

Entre saber y hacer

Los talleres ocultos de la mente

Encuentro con las máquinas pensantes

Navegando entre el orden y el caos

La clave descifrada

Parte II

Asumir el desafío

La curiosidad y las cosas

Un Quadrivium para la era cognitiva

El poder del pensamiento crítico

La magia del pensamiento creativo

La totalidad del Pensamiento Sistémico

La disciplina del Pensamiento Algorítmico

El modelo C-Nova integrado

Parte III

Nuevo conocimiento y creación de valor

El trabajo en un mundo incierto

Práctica 1: Modelamiento y aprendizaje continuo

El impacto de aprender en ciclos

Práctica 2: Gestionando lo que sabemos

Listos para todo

Práctica 3: Líderes y equipos que anticipan el futuro

Epílogo

El Proyecto 2050

La historia continúa

La evolución tecno-humana

Glosario de conceptos y términos destacados

Agradecimientos

Bibliografía

Sobre el autor

José Antonio Bustamante

El desafío crucial

Como enfrentar la complejidad del trabajo en la era cognitiva

Primera edición, Santiago de Chile, Junio 2019.

ISBN 978-956-398-881-9

Título – 1. El desafío crucial–Ebook

Coordinación editorial: Marcela Peniche

Diseño de portada: César Blas Graciano

Ilustración de portada: © sdecoret, ID 207009904

Corrección de estilo: Gloria Fuentes

Diagramación: Gustavo Vargas Martínez

Conversión a eBook: Daniel Maldonado

El desafío crucial

Copyright © 2019 Todos los derechos reservados a José Antonio Bustamante.

ISBN 978-956-398-880-2

No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o cualquier medio, ya sea electrónico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo de los titulares del copyright. Reservados todos los derechos, incluido el derecho de venta, alquiler, préstamo o cualquier otra forma de cesión del uso del ejemplar o ePUB.

© 2019 José Antonio Bustamante.

Impreso en México. Printed in Mexico.

Primera edición: julio de 2019.

Ediciones Granica

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“A las generaciones exitosas del futuro...”

Introducción

Debemos tomar al cambio de la mano, o podemos estar seguros de que el cambio nos tomará de la garganta.

Winston Churchill

Historia de fuego y arena

El dominio del uso del fuego por el hombre, hace ya alrededor de un millón de años, constituyó, tal vez, uno de los primeros ejemplos de cómo las ideas, descubrimientos e invenciones que se convierten en conocimiento son una fuente de alto valor. Al observar el poder destructivo que tenían las gigantescas llamaradas emergentes desde los volcanes o de grandes incendios provocados por los rayos, que iluminaban los cielos y encendían praderas, el hombre de la época comenzó a entender que era “estratégico” controlar este elemento. Fue el inicio de la “guerra del fuego”, ya que tribus rivales serían capaces de arriesgarlo todo por tener la fórmula para producir y aplicar este recurso en sus rutinas de sobrevivencia. El primer logro lo consiguieron aquellos integrantes de una tribu que fueron capaces de mantener la llama encendida en un depósito o vasija, pues les permitía trasladar el fuego desde las zonas de origen hasta las cuevas o refugios y replicarlo varias veces antes que se les apagara o extinguiera, por falta de elementos combustibles, para protegerse del frío, de los animales, de enemigos, fundir metales y fabricar herramientas; además de hacer algo especialmente importante: cocinar alimentos. El impacto de esta última aplicación del fuego tendría grandes consecuencias en el ahorro de energía usada para el procesamiento de los nutrientes a nivel del metabolismo, además de acelerar la disponibilidad de dicha energía para otros fines productivos o de defensa. Esta ganancia que surge a partir de un conocimiento, que hoy nos puede parecer muy rudimentario, grafica el valor que adquiere este factor como “ventaja competitiva” en tiempos remotos y que origina una espiral de consecuencias impulsoras del progreso y desencadenantes de nuevo conocimiento. Lo anterior sucede porque se pone en marcha de manera “natural” el proceso evolutivo por querer mejorar lo que ya existe.

Si bien era altamente beneficiosa para las tribus que lograron controlar el fuego en vasijas o canastos, esta técnica tenía grandes limitaciones para su conservación: se apagaba fácilmente con el viento y debían acudir nuevamente a las fuentes originales: volcanes, incendios espontáneos que podían quedar muy lejos de su refugio, por lo que otros grandes peligros, animales y enemigos, los hacían altamente vulnerables durante la travesía, sin considerar que su ventaja de poseer el conocimiento ya pudo haber sido alcanzada por alguien más, perdiéndose el “monopolio temporal” que otorgaba el ser los únicos que lo dominaban. El siguiente paso surge ya no de controlar el fuego, sino de ser capaz de generarlo cuando se requiriera, lo que se logró inicialmente, como es ampliamente sabido, por la generación de calor al frotar piedras o metales hasta alcanzar una temperatura que enciende arbustos, ramas o pasto seco. El salto cualitativo en el control del fuego que esta técnica permite, al fabricarlo “de la nada”, es posible que haya provocado asombro e incredulidad entre nuestro antepasados que observaban el proceso por primera vez y de paso facilitó la fama a aquellos integrantes del clan que tenían el conocimiento para hacerlo. Probablemente la popularidad de estos miembros del clan les dio acceso a privilegios, les otorgó posiciones de poder y aumentó su atractivo reproductivo.

Otro acontecimiento muy relevante para dimensionar lo que significa el poder del conocimiento y cómo éste va creciendo y diversificándose a partir de descubrimientos, a veces casuales, es lo que ocurrió hace 26 millones de años. Algo pasó sobre las arenas del desierto del Líbano. No se sabe qué fue exactamente lo que ocurrió, pero sí se sabe que hubo mucho calor, al menos 1 000 grados de temperatura. Como el agua, el dióxido de silicio, es decir la arena, forma cristales en estado sólido y cuando sube la temperatura cambia a un estado líquido, pero la arena necesita para ello mucho más calor que el agua, sobre 500 grados y, a diferencia de ésta, si se vuelve a enfriar no puede volver a reordenarse en forma de cristales. La nueva forma que permanece es algo intermedio entre sólido y líquido, una sustancia que el ser humano ha observado desde los inicios de la civilización: el vidrio. Así se inició el largo y variado uso de este material, probablemente a partir de alguien que caminó sobre esos terrenos y pudo observar las especiales propiedades de los objetos que tenía frente a sus ojos. El vidrio hizo la transición desde ornamentos a alta tecnología durante el apogeo del Imperio Romano, cuando artesanos fueron encontrando la forma de hacerlo cada vez más transparente y se fabricaron las primeras ventanas, hasta lograr lo que son hoy en los grandes rascacielos completamente vidriados.

A través de los ejemplos del dominio del fuego o el uso del vidrio, ocurridos en los albores de la civilización, hemos ido mostrando la espiral de conocimiento que se forma como una fuerza incontrarrestable a través de los siglos y épocas marcadas por puntos de inflexión significativos, como el Renacimiento y en especial la segunda mitad del siglo XX, testigo de avances teóricos científicos y tecnológicos muy decidores para lo que está ocurriendo hoy en día. El matemático Claude Shannon en 1948, con la publicación de su Teoría de la información, define las bases de toda la compu­tación moderna a partir de sólo tres operaciones fundamentales que permiten la programación digital. En 1953 James Watson y Francis Crick logran descifrar el código genético, presente en todos los seres vivos, basado en sólo cuatro pares de aminoácidos que constituyen los pilares de un lenguaje de programación biológica. Hoy en día estamos observando la convergencia de ambos tipos programación, esencialmente manifestados en lo que se denomina inteligencia artificial, no siendo raro escuchar hablar de algoritmos evolutivos y computación genética. Se agrega a lo anterior la masificación de internet y todo lo que ello implica en el ámbito de la información, las redes sociales, el aprendizaje y el comercio, además del alto desarrollo y también masificación de la tecnología móvil en teléfonos celulares inteligentes, tablets, computadoras personales y la aplicación de estas tecnologías en artefactos domésticos a través de la denominada “internet de las cosas”. Como si fuera poco, en paralelo ocurre la automatización digital y robotización de plantas industriales, vehículos, máquinas, camiones y una gran variedad de equipos de uso productivo o recreativo como los lentes de realidad virtual, impresoras 3D y mucho más. Ya es posible leer artículos o libros donde se menciona que las emociones serían “algoritmos bioquímicos” o donde se pregunta sobre cuáles serían las etapas para “crear una mente”.

El avance tecnológico descrito anteriormente contribuye a entender por qué hoy se dice con frecuencia que vivimos en la “era del conocimiento”, sin embargo ya vimos cómo a partir del uso y control del fuego hace miles de años este activo intangible ha jugado un rol clave. No obstante lo anterior, en la actualidad su relevancia es cada vez mayor para la creación de valor. Algunos de los más importantes gurús de la administración de la última década del siglo pasado, ya avizoraban este panorama. Peter Drucker, autor de numerosos libros de administración considerados clásicos, fue uno de los primeros expertos en hablar de este hecho singular. Para este profesor de la Universidad de Harvard, la sociedad actual se distingue de las anteriores porque en ella el conocimiento desempeña un papel esencial. No sólo es otro recurso además de los tradicionales factores de producción (tierra, trabajo y capital), sino el único que se ha vuelto “el” recurso en vez de ser sólo “un” recurso y que hace que la nueva sociedad sea única en su clase. Alvin Toffler, otro famoso autor, especialista en temas del futuro, coincide con Drucker al afirmar que el conocimiento es el recurso de más alta calidad. Su opinión es que este factor dejó de ser un elemento más del poder, como el dinero, la fuerza muscular que caracterizaron épocas anteriores, para convertirse en su esencia y sustituto de los otros recursos. Así las capacidades de una empresa moderna se basarán más en sus capacidades intelectuales y de servicio, que en sus activos, como tierra, plantas y equipos. El valor de la mayoría de los productos y de los servicios depende ahora de la forma en la que se desarrollan los elementos intangibles, como el know-how tecnológico, el diseño, el marketing, el nivel de comprensión de las necesidades del cliente, la creatividad personal y la innovación. Los autores citados también coinciden en que el futuro pertenecerá a las personas que posean este conocimiento, que han conseguido poniendo en juego un conjunto nuevo de habilidades no sólo técnicas, sino de pensamiento, de aprendizaje y una forma diferente de hacer las cosas.

El gran avance del poder del conocimiento comienza en la mitad del siglo XVIII, momento en que se marca la transición desde el uso de la energía muscular a la mecánica, para llegar a lo que estamos conociendo hoy, en que el protagonismo lo tendrá el poder cognitivo artificial que aumenta la producción humana en una manera muy diferente. La Primera Revolución Industrial fue desencadenada por la construcción del ferrocarril y la invención del motor de vapor, luego la segunda fue posible por la producción en masa, fuertemente impulsada por el uso de la electricidad y la cadena de montaje. La Tercera Revolución Industrial se inició en la década de 1960 y dio comienzo al uso creciente de la computación hasta alcanzar el gran desarrollo de las computadoras personales e internet y la creación de inteligencia artificial para reemplazar al hombre en tareas que hasta hace poco era imposible de pensar que podían ser asumidas por otros entes que no fueran con las competencias, talentos o sensibilidad exclusivas de “seres racionales”, marcando el inicio de la Cuarta Revolución Industrial, de acuerdo con el nombre acuñado por Klaus Schwab, presidente del Foro Económico Mundial del año 2015. Allí se definió que esta nueva era industrial implica la “fusión de tecnologías que está desdibujando las líneas entre las esferas físicas, digitales y biológicas”, y predijo que esta revolución haría desaparecer 7.1 millones de puestos de trabajo y creará dos millones de trabajos en los próximos cinco años. Mediante la creación de “fábricas inteligentes”, la cuarta revolución industrial genera un mundo en el que sistemas de fabricación virtuales y físicos cooperan entre sí de una manera flexible en todo el planeta. Esto permite la absoluta personalización de los productos y la creación de nuevos modelos de operación. Al mismo tiempo, se producen oleadas de más avances en ámbitos que van desde la secuenciación genética hasta la nanotecnología, y de las energías renovables a la computación cuántica.

En un escenario como el descrito, va a existir, alternativamente a la desaparición de empleos, un aumento de la demanda de recursos humanos con competencias que son irremplazables por las tecnologías automáticas, tales como la creatividad, la sensibilidad frente a hechos o situaciones de interpretación compleja, habilidades sociales y emocionales de interacción, además de la capacidad de actuar con flexibilidad frente a cambios rápidos. No obstante lo anterior, lo que parece predominar es miedo por lo que pueda ocurrir, ya que en el mismo año 2015 en que se hicieron los anuncios del Foro Económico Internacional, la Universidad Chapman de Orange, California, publicó los resultados de una encuesta que clasifica los peores temores de los ciudadanos estadounidenses. Los desastres provocados por el hombre, tales como el terrorismo y los ataques nucleares estuvieron en el tope de la lista de los horrores más populares. Pero cerca en el segundo lugar, aún más terrorífico que el crimen, terremotos y hablar en público, fue el temor a la tecnología. De hecho, la tecnología parece asustar a muchos de nosotros más que lo absolutamente desconocido. Según las respuestas dadas, el estudio concluye que “los americanos le temen más al remplazo de la gente en el trabajo que al miedo a la muerte”. Lo dicho anteriormente podría explicarse por el hecho contradictorio de que crecerán los puestos de trabajo cognitivos y creativos de altos ingresos y las ocupaciones manuales de bajos ingresos, pero disminuirán con fuerza los empleos rutinarios y repetitivos de ingresos medios. En el futuro previsible, los trabajos de bajo riesgo en términos de automatización serán aquellos que requieran de capacidades sociales y creativas; en particular, la toma de decisiones bajo situaciones de incertidumbre y el desarrollo de ideas novedosas, según el estudio conducido por Carl Benedikt Frey y Michael Osborne de Oxford Martin. La cruda realidad es que, en la nueva economía, la gran mayoría de la gente hará todo lo que se espera que haga, estudiar una carrera universitaria, especializarse, hablar distintos idiomas, para buscar un trabajo estable y, sin embargo, no le será fácil.

Para dimensionar el cuadro que se está formando a partir de esta tendencia a la rápida automatización de capacidades, no sólo productivas tradicionales, sino cognitivas, debemos recordar el extraordinario avance tecnológico en robótica y su impacto en el trabajo, que se remonta a noviembre de 2006, cuando Nintendo introdujo la consola para videojuegos Wii. Como especialmente los jóvenes de la época recordarán, éste era un dispositivo compacto y ligero con una tecnología de visión muy compleja. Los investigadores del área de la robótica supieron apreciar de inmediato el enorme potencial de esta tecnología que permitía “ver” y que hace imposible no relacionarlo con el surgimiento de la visión en la evolución, cuando hace 600 millones de años los primeros animales marinos que tuvieron ojos provocaron lo que se conoce como la Explosión Cámbrica, pues las ventajas que esta nueva capacidad les otorgaba para encontrar alimentos, defenderse y adaptarse a su entorno, hizo crecer en cantidad y diversidad las especies que poblaron los océanos. El camino seguido por los robots que pueden ver, está comenzando a ser la clave para que asuman muchas tareas nuevas que antes les eran imposibles, en contraste con los robots industriales de la generación anterior, que además exigían una programación compleja y costosa, por lo que estamos asistiendo al inicio de una oleada expansiva de innovación que producirá robots destinados a realizar casi cualquier tarea comercial e industrial. Martin Ford, autor de un inquietante libro, El ascenso de los robots, que a primera vista, por el nombre, parece un texto de ciencia ficción, indica que en Estados Unidos y en otras economías desarrolladas, el principal problema se dará en el sector de servicios, que es donde están empleados la gran mayoría de los trabajadores. En la misma línea indica, por ejemplo, que Momentum Machines, Inc., una empresa de San Francisco, California, se ha propuesto automatizar por completo la producción de hamburguesas, con iniciativas que ya estaría estudiando Mc Donald’s para reducir drásticamente el personal en sus locales.

La sociedad transformada

En el pasado, la educación ha sido el antídoto más seguro contra el desplazamiento que produce la automatización. Un tejedor artesanal desempleado podía aprender a manejar maquinaria. Un maquinista desplazado podría aprender ingeniería o administración. Este camino ascendente siempre estuvo disponible porque incluso cuando los trabajos de baja calificación desaparecían, las economías se volvían más complejas, al igual que el trabajo que las impulsaba. Las habilidades cada vez más sofisticadas generaban ingresos significativamente mejores. Esta dinámica aún se da en la era de las máquinas inteligentes. La diferencia es que con el crecimiento explosivo de la tecnología, la divergencia educativa entre lo que se enseña y lo que se necesita se está haciendo cada vez más pronunciada. Hace una generación, una persona podía pasar cuatro o cinco años estudiando para sacar un título profesional y esperar con confianza la obtención de un empleo estable. Éste ya no parece ser el caso. Las presiones de la automatización y la globalización, además de las crecientes complejidades del trabajo disponible, pueden llevar a problemas de empleabilidad y un estancamiento de los ingresos de técnicos y profesionales, por supuesto con la excepción de aquellos que puedan demostrar un aporte de mayor valor, a través de competencias y prácticas que los equipan para trabajar en áreas nuevas que requieran de solución de problemas complejos e innovación.

Otro factor que da cuenta de lo que ocurre en una sociedad que está viviendo un fuerte proceso de transformación, lo constituye el hecho de que en su entorno físico no existe ya nada completamente natural pues la vida cotidiana de las personas se desarrolla rodeada de los más diversos dispositivos tecnológicos. La Revolución Industrial del siglo XIX abrió las puertas a una nueva etapa de la civilización. A partir de entonces la tecnología ha invadido todos los rincones de la vida humana. Los avances científicos del siglo XX y sus repercusiones en el diseño y desarrollo de nuevas tecnologías han hecho cambiar por completo, en pocos años, el panorama actual. Por una parte, se han creado nuevas fuentes de energía. La síntesis de nuevos materiales con propiedades insospechadas, como por ejemplo el grafeno, altera por completo el total de componentes disponibles para realizar nuevos productos. La tecnología láser permite utilizar la luz como fuente de energía no sólo extraordinariamente potente, si se desea, sino también insospechadamente versátil y adaptable tanto a trabajos de tipo mecánico como a funciones de comunicación o de procesamiento de información. La biotecnología permite por primera vez la producción de organismos vivos con características predefinidas y siguiendo procesos enteramente artificiales. Nunca como hasta ahora había estado la sociedad en su conjunto tan articulada en torno a la actividad tecnológica, y nunca la tecnología había tenido tan fuertes repercusiones sobre la estructura social, y en especial sobre la estructura cultural de una sociedad. En definitiva, pues, la tecnología actual tiene efectos decisivos en los componentes más peculiares de nuestra cultura: nuestros sistemas de conocimientos, nuestras pautas de comportamiento y nuestros sistemas de valores. Y ello no de una forma esporádica y accidental, sino de manera sistemática, continua, intensa y sin vuelta atrás.

Otro aspecto clave que se potencia con los avances tecnológicos de la era digital, son los cambios generacionales que conforman un cuadro con diversas consecuencias para el trabajo y los negocios. Los representantes de la generación milenio, que ya tienen actualmente más de veinte años, están accediendo a los puestos de trabajo con ciertas actitudes, intereses y demandas que marcan fuertemente las tendencias para el consumo y los requerimientos a las organizaciones y líderes de equipos de trabajo. Están insertos en un mundo, donde se envían 30 000 millones de mensajes diarios por WhatsApp, donde más del 80% nunca se separa de su teléfono inteligente. Este “mundo del ahora” obliga a las empresas a responder en tiempo real dondequiera que estén sus clientes y sean estos quienes sean. Sería un error pensar que esto se limita a economías altamente desarrolladas, ya que abarca a sociedades tan diversas que van desde el auge de compras en línea en China hasta el creciente número de suscripciones de telefonía móvil en África. También se espera que un punto de inflexión muy importante ocurra en 2020, que será el momento, según un vaticinio de Google, en que casi toda la población del mundo estará conectada a internet.

Para liderar esta generación, cada vez más influyente, será necesario hacer también cambios en la forma en que se obtiene su talento y su participación en equipos de trabajo. De acuerdo con la Encuesta Millennial 2015 llevada a cabo por Deloitte, en que participaron más de 7 800 nacidos después de 1983, estuvieron de acuerdo con seis características consistentes con la definición de un “verdadero líder”, que determinan un desafío adicional para comenzar a hacer las cosas de un modo diferente: se valora actuar como un pensador estratégico, es decir anticipar los ambientes cambiantes en los negocios, pensar críticamente, analizar información y alinear sus acciones con las necesidades del negocio y los empleados. También es relevante para los nuevos profesionales que sus líderes motiven y sean una fuente positiva de influencia, comuniquen en forma efectiva y construyan alianzas con otros líderes y equipos para fomentar el éxito en el negocio.

En este cambio generacional, se deberá agregar muy pronto la irrupción en el trabajo de otro importante segmento: la generación Z, o Centennials, que nacieron ya en este siglo XXI, están hiper conectados y tienen más amigos virtuales que reales. La tecnología es, para la mayoría, parte central de su vida y casi una extensión de su propio cuerpo. Son el relevo de la generación Y. Si la generación anterior se caracterizó por romper paradigmas con una mirada más flexible del mundo del trabajo, del concepto de familia y del uso de la tecnología, las expectativas sobre los cambios que impulsarán los Z son mayores. Por el momento, los expertos se atreven a describir su mirada del mundo con tres palabras: inmediatez, rapidez y eficiencia. A ellos se suma otro grupo muy relevante de “migrantes digitales” que se han incorporado a esta era digital con mayor o menor adquisición de las tecnologías. Este escenario estaría formando una nueva “clase” con una disposición distinta frente al trabajo y que se supone posee algunas competencias que los preparan mejor para los nuevos desafíos. Sería una superación de lo que se denominó a mediados del siglo XX “trabajadores de cuello blanco” para asociarlos a los que trabajan en tareas productivas o de servicio que requieren el uso de algunas competencias intelectuales especificas aprendidas en carreras de formación técnica o profesional en áreas como finanzas, administración, servicios y en general carreras universitarias de diverso tipo.

La migración digital, especialmente de algunos integrantes de la generación X anterior a 1985, unida a los comportamientos de los integrantes de la generación Y, y pronto la Z, está reemplazando la clase de cuello blanco por una clase de “cuello dorado”, denominada así por el valor que agregan a las organizaciones en que se desempeñan y que en su conjunto conforman un grupo que está creciendo de manera acelerada: los knowmads, o nómadas del conocimiento según el nombre creado por John Movarec, experto sobre el futuro del trabajo y la educación, que hace un juego de palabras entre Know (conocimiento en inglés) y nómada en referencia a los pueblos y tribus que no tenían un lugar fijo donde residir y buscaban siempre aquello que les era más favorable. Los nómadas del conocimiento constituirán para este autor el 45% de la fuerza laboral en 2020. Hay sociólogos que ya hablan del knowmad como el ciudadano del siglo XXI. No tiene una edad determinada, contrariamente a lo que muchos piensan. No entiende su trabajo como un trabajo. Es una persona imaginativa, pero además de imaginar, tiene la capacidad de transformar lo imaginado en ideas productivas y por supuesto es un usuario frecuente de las nuevas tecnologías digitales. Transforma la información en conocimiento y la comparte. Como explica Moravec, “el conocimiento no es algo impersonal como lo es el dinero. No se encuentra en los libros, en las bases de datos o en un programa computacional. Estos sólo portan información. El conocimiento lo encarna siempre una persona, que es quien lo lleva, lo genera, lo aumenta o lo mejora, lo aplica y quien se lo transmite a otra persona o equipo de trabajo”. En síntesis, el avance tecnológico no es algo que se vaya a revertir, tampoco su rol cada vez más preponderante en la vida moderna, lo que ha traído consigo que las nuevas generaciones puedan ser consideradas nativas digitales y adopten rápidamente las diversas formas en que éste se manifiesta. Sin embargo asumir la automatización en el trabajo es otra cosa diferente, ya que no necesariamente estamos preparados para ello. Se requiere una actitud y ciertas competencias que no se enseñan con mucha claridad en el colegio ni en la universidad, que se deben adquirir o potenciar de modo diferente y que, al parecer, es algo que ya están haciendo los denominados nómadas del conocimiento. En este sentido podría revalorizarse el hecho de que, por mucho que avance la tecnología, hay cosas que los robots será muy difícil que logren emular: se trata de todo aquello que requiera creatividad, capacidad de síntesis, resolución de problemas e innovación, por lo que, si no hemos cultivado destrezas de ese tipo, tendremos que explorar la forma de lograrlo y así recuperar ventajas competitivas en lo personal y profesional.

Explorando nuevas rutas

Tomando en serio el desafío de desarrollar las nuevas competencias, lo primero será poseer la información relevante, luego el conocimiento teórico, pero después el conocimiento aplicado a crear nuevos productos, servicios, procesos o modelos que satisfagan necesidades o vacíos en áreas de gran relevancia para las personas y las organizaciones. Es el camino que siguen los integrantes de la clase de “cuello dorado” y las empresas que hoy triunfan en el mundo de los negocios y que han tenido a la cabeza fundadores o creadores capaces de identificar esas necesidades latentes y avanzar en la creación de soluciones o propuestas, que no surgen de la nada, sino que toman el conocimiento y la tecnología y los utilizan para dar forma a una propuesta diferente y disruptiva. Se dirá que en los ejemplos de las grandes apuestas que han triunfado, tales Uber o Whatsapp, no se están considerando todas aquellas a las que no les ha ido bien y han tenido que salir del mercado. Eso ocurrirá siempre y es parte de la selección natural que opera en la innovación, pero que en nada anula la actitud y empleo de recursos nuevos, de una metodología diferente para crear y aprender, de un rediseño de las competencias necesarias que serán la base para crear valor. En un entorno más estrecho, como una pequeña empresa o una carrera profesional, van a significar una diferencia al momento de buscar trabajo o de mantener la estabilidad en el mismo durante los próximos años.

La ventaja competitiva más poderosa que le permite a una organización reaccionar con flexibilidad, rapidez, con capacidad de cambio, es el talento, el conocimiento y la innovación. Sobre eso hoy ya no hay ninguna duda, pues se generan beneficios y resultados sostenibles en el tiempo, que nos hacen ser únicos, diferentes al resto de la competencia y finalmente, es algo muy difícil de copiar porque el conocimiento se crea internamente a partir de las personas o integrantes de los equipos de trabajo. Lo que se debe liderar será entonces, el ambiente que permite crearlo, compartirlo y difundirlo. El líder será a todos los niveles el facilitador y el catalizador quien, en una interrelación cercana con sus colaboradores, impulsa el proceso y logra resultados efectivos. Aquí también hay un impacto que progresivamente redefinirá los roles no sólo de las empresas al tener que generar espacios para creación del saber, sino también el de las entidades educacionales para buscar formas en que se fomente la colaboración mutua y la rápida transferencia de una parte a la otra en un ecosistema creador de conocimiento, donde veinte personas no harán el trabajo de doscientas, harán un trabajo diferente. Esta distinción es fundamental, pues apunta al hecho que ya no será necesario tener grandes dotaciones para producir un determinado producto o servicio, sino lo más relevante será que aquellos que sean contratados deberán hacer un aporte distinto desde la perspectiva individual y desde el trabajo con otros, incluyendo una delimitación mucho más difusa de los límites de la empresa, pues si es necesario se buscará en otros lugares lo que se requiera, ya que las restricciones de distancia física, cultural o idiomática están siendo superadas por la relevancia de contar con la diversidad de aportes en todos esos aspectos.

En este panorama se hace entonces muy necesario entender con profundidad primero lo que está ocurriendo y luego actuar en consecuencia para saber hacer frente a esta amenaza del futuro cercano. La creación de nuevo conocimiento como base de la innovación y el progreso, puede ser la respuesta al transformarse en una ventaja competitiva individual y organizacional, si logramos tener el control, tal como alguna vez ocurrió con el fuego, frente a la tecnología avanzada que nos tenderá a remplazar en muchas funciones. El secreto estará en obtener y hacer algo que se aprecie verdaderamente por los empleadores y potenciales clientes, como un tipo de elemento diferenciador en las posibilidades de resolver problemas, identificar oportunidades, descubrir nuevas formas de hacer las cosas y aprender de ello para seguir en la espiral de creación de valor, algo que será muy difícil de lograr por las máquinas de aprendizaje, incluso más allá del límite impuesto para el arribo de la singularidad. La actual tecnología está produciendo la generación más avanzada de máquinas en la historia. Necesitamos prepararnos de manera diferente para abordar este desafío y nuestra propuesta irá por potenciar las competencias cognitivas, adquiriendo una metodología que permita desarrollarlas a nivel individual y organizacional para competir en un mercado laboral que se prevé muy diferente. En el futuro no muy lejano los profesionales y también los estudiantes necesitarán construir sobre las antiguas materias habitualmente tratadas en sus carreras otras nuevas, propias de la era cognitiva. Esto se debe a que las personas ya no pueden prosperar en un mundo digitalizado utilizando solamente herramientas analógicas. Vivirán y trabajarán en un flujo constante de Big data, conectividad e información instantánea que fluye de cada clic y toque de sus dispositivos. Por lo tanto, se necesitará alfabetización de datos para leer, analizar y utilizar la marea de información en constante aumento. El conocimiento técnico por sí solo no es suficiente para el trabajo del mañana. Sí lo serán, de preferencia, un conjunto de capacidades cognitivas las que hagan la diferencia.

A modo de iniciar esta preparación para explorar nuevas rutas, podemos identificar niveles de complejidad donde las posibilidades de ser reemplazados por máquinas vaya desde alta a baja probabilidad. En el primer nivel se sitúan aquellos trabajos donde se aplican las mejores prácticas y donde la relación entre algo que ocurre o se hace y lo que se espera como resultado está claramente determinado. En este dominio se opera con problemas simples. Por lo general, la respuesta correcta es clara, conocida por todos e indiscutible. En el segundo ámbito, la relación entre acción o causa y resultado no es obvia para cualquier persona, sino que requiere del conocimiento y del análisis de experto. Hay múltiples soluciones correctas para un mismo problema, pero se requiere la participación de expertos para poder identificarlas. El tercer ámbito es el complejo, ya no es posible conocer de antemano la relación entre la causa que provoca un determinado efecto, y dicho efecto. Para poder trabajar con problemas complejos, el análisis no es suficiente. Hay que ir probando y experimentando. Cuando nos enfrentamos a problemas complejos, los resultados se vuelven más impredecibles. Las soluciones encontradas rara vez son replicables, con los mismos resultados, a otros problemas similares. Enseguida están los problemas imprevistos, producto de variables no detectadas, ocultas, pero que aparecen en el momento menos pensado y requieren una respuesta inmediata. Suceden en momentos de crisis cuando se necesita actuar de inmediato para restablecer cierto orden. Por último está el ámbito desconocido, “latente”, de lo que puede ocurrir, pero no es seguro que suceda, para lo cual tenemos que usar predictores y adelantarnos al cambio adaptativo, lo que llamaremos crear “un excedente de conocimiento”, es decir, ir más allá del necesario en el momento actual, pero una valiosa reserva para el futuro. Los métodos para innovar suelen navegar en el ámbito de la complejidad, incluyendo las crisis imprevistas y serán estos los ámbitos del trabajo en que la creación de conocimiento, a partir de habilidades no lineales será la más demandada y por lo tanto, la de mayor valor al momento de encontrar trabajo y progresar en él. Desde esta perspectiva se explica por qué los nómadas del conocimiento tendrán ventajas y serán nuestra fuente de referencia para prepararnos en esa dirección. El gran desafío es ahora encontrar el cómo se potencian estas competencias de un modo sistemático y cuáles deberán ser los comportamientos permanentes en el plano de crear, aprender y pensar diferente para lograrlo.

Preparados para triunfar

Teniendo en mente el gran avance en el campo tecnológico con su impacto en las actividades laborales y en la vida diaria, podemos comenzar a extraer algunas conclusiones que nos servirán de fundamento para el viaje de preparación que nos lleve a superar en forma exitosa el desafío crucial que deberemos abordar en un futuro inmediato: 1. Se debe tener muy claro que el alto valor del conocimiento está asociado a la satisfacción de una necesidad latente y significativa para un grupo, empresa o la sociedad toda. 2. Una vez adquirido este conocimiento, otorga a aquellos que lo poseen una ventaja que es sólo temporal, hasta que otros también lo adquieran y las necesidades a satisfacer se hacen más complejas y sofisticadas, por ello la importancia y la razón de la búsqueda del saber nunca se detiene. 3. Existe un alto potencial de hacer evolucionar este conocimiento, pero es un conocimiento que se tiene que ir renovando y que se crea a partir de lo que ya existe. 4. El conocimiento que sirve de base para algo puede mutar a través de los procesos de mejora e innovación a dominios completamente diferentes a aquellos desde los cuales se originó. En el caso del fuego, por ejemplo, aquello que partió como algo para protegerse luego dio paso al fundido del metal, siendo después un medio para la fabricación de herramientas y armas. También ha estado presente en el arte, para generar piezas escultóricas o de artesanos y muchas otras aplicaciones y técnicas derivadas que requieren altas temperaturas. Un uso especialmente importante ha estado en lo referente a la cocción de alimentos, ya que esta acción estratégica, que permite aprovechar en una forma más completa los nutrientes sigue evolucionando hasta hoy, incluso en algunas de ellas el fuego ya no está presente en forma física, pues ha sido remplazado por electricidad y otros medios, dado que en el fondo era la temperatura la clave y no el fuego por sí mismo. Sin embargo, sin contar con el elemento en sus inicios, tal vez nunca se habría avanzado hasta llegar a los actuales hornos eléctricos, de microondas y últimamente, con base en electromagnetismo, que calienta sólo el utensilio y hay por lo tanto poca pérdida de energía en forma de calor. 5. Aquellos que poseen el conocimiento, personas, equipos, tienen una ventaja que los hace ser importantes, a veces imprescindibles, para llevar adelante una tarea o función de la cual dependen cosas esenciales relacionadas con una necesidad por satisfacer o un problema a resolver. 6. Se requiere precisar el significado y alcance del concepto conocimiento, ya que si recordamos una vez más la historia del fuego, aquéllos que observaban cómo otro lograba hacerlo de la nada, no podrían hacerlo ellos mismos con sólo observar o incluso escuchar el cómo lograrlo. Los hechos demuestran que no se puede considerar que exista verdadero conocimiento si no se es capaz de llevar a la práctica lo aprendido, pues una cosa será poseer información, conocimiento teórico y otra muy diferente será “saber hacer”. Cuanto sabemos hacer y el cómo hacerlo, determinan una diferencia fundamental.

A través de la historia los pueblos que han poseído un determinado conocimiento han logrado formar imperios asociados a la fuerza para imponer sus condiciones, sin embargo igual han terminado por caer en algún momento si es que no continuaron impulsando el desarrollo del saber como un aspecto de alta importancia. Esto le ocurrió al Imperio Romano, que socavó su superioridad, entre otras cosas, porque dejó de lado el progreso tecnológico y la innovación, envuelto en largas disputas por el poder político. Las guerras mundiales del siglo XX marcan un punto de inflexión en este aspecto. Ya en la primera de ellas, se inició el uso de muchas armas mecanizadas, especialmente tanques que hicieron la diferencia cuando Estados Unidos comienza a tomar parte. Para la segunda conflagración, los avances en aviación, comunicaciones y otros, sin contar el desarrollo de la energía atómica, fueron decisivos al inclinar la balanza de fuerzas en, quizás, la última guerra entre grandes ejércitos, pues las guerras desde entonces se han ido haciendo cada vez más a distancia, con misiles teledirigidos, drones y en el futuro cercano, con fuerzas robóticas de campo para tomar posesión de los lugares conquistados. En una de las recientes películas del Agente 007 un asistente de informática le comenta al famoso espía que “él puede hacer más daño desde su habitación antes del desayuno, que 007 como agente de campo viviendo todas las peripecias del espionaje”.

Precisar la importancia de lo que necesitamos aprender, implica tanto contenidos, habilidades y competencias que serán cada vez más genéricas o lo que se denomina meta competencias, cuyo dominio por la tecnología de inteligencia artificial se visualiza mucho más lejano. En este mismo sentido también se necesita cambiar las metodologías de aprendizaje, tomando cada vez mayor ventaja el aprendizaje que se logra desde la experiencia, en la práctica directa del trabajo, apoyado por el uso de tecnología móvil, el e-learnig y el aprendizaje colaborativo, mucho más que la enseñanza tradicional en sala de clase, a la cual se pronostica en el futuro cercano una casi total irrelevancia.

Otra conclusión que surge de una revisión de las primeras etapas del progreso en las técnicas y las ciencias, es la sistematización del conocimiento obtenido para permitir una base que facilite su registro replicación, pero esencialmente como pilar para crear una nueva etapa de desarrollo. En este sentido la invención de la escritura hace aproximadamente cinco mil años y su registro sucesivo en piedras, papiros y luego en papel, que se multiplicó, además, con el surgimiento de la imprenta en el siglo XV, hasta los enormes depósitos y disponibilidad que existe hoy debido a los motores de búsqueda como Google en internet o las diferentes formas de almacenamiento en línea tipo Wikipedia. Sin embargo esta gran disponibilidad de fuentes de información, no sirve de mucho si no se hace algo concreto con ella. Es como aquellos libros que están en la casa, pero que no se leen. El conocimiento puede estar disponible pero es como si no existiera si no se explora, aplica, y se genera algo nuevo a partir de ello. El asunto es aún más complejo cuando ni siquiera tenemos conciencia de que necesitamos hacer esa búsqueda, porque para ello se requiere motivación y un plan que nos permita gestionar lo que sabemos. Desde allí se comenzará a obtener la diferencia, pues permitirá la transformación y la generación de valor. Lo anterior requiere precisar un contexto en que líderes, equipos y la forma de aprender en los colegios, universidades y en la capacitación organizacional se haga en forma diferente. Esto no es menor, porque al parecer este aprendizaje ha estado centrado en desarrollar competencias para la revolución industrial que ya pasó y está completamente desfasada de la nueva era digital y la cuarta revolución industrial que está llegando. Este cambio tan dramático en la creación de valor puede ejemplificarse en los valores de mercado de compañías emblemáticas de la era industrial como las fábricas de automóviles, General Motors por nombrar una, que tiene un valor en bolsa menor a la empresa de taxis basada en una aplicación móvil, como es Uber. O la empresa de tecnología Apple, que tiene un valor mayor a las empresas del petróleo, como Shell o Exxon. Podemos decir que las empresas tecnológicas son la “industria pesada” del siglo XXI.

Por qué mejor no adelantarse y prepararse desde ahora sin perder más tiempo y comenzar a incorporar nuevas herramientas “multiuso”, para lograr una mirada diferente, estratégica, que sepan valorar en el mercado del trabajo y que impida la obsolescencia de muchas prácticas y tareas que no serán necesarias. Hace ya algunos años, el título de un artículo aparecido en el Financial Times decía “no busque empleos, busque clientes”. Para ello será necesario comprender y luego ofrecer algo que esos clientes valoren o aprecien en el futuro próximo, pues grandes cambios ocurrirán en menos de una década. El mundo será muy diferente en 2025. Como ya hemos examinado, a medida que avance la frontera tecnológica, muchos trabajos que hoy consideramos protegidos de la automatización porque no son rutinarios, acabarán siendo tan rutinarios como predecibles.

En forma complementaria, debemos tener en cuenta que el temor actual sobre la tecnología, no se debe a la idea de que las máquinas o los robots puedan actuar por su cuenta, sino a la idea de que nos pueden llegar a dominar. Sin embargo será necesario determinar su alcance para prepararnos adecuadamente en superar el desafío laboral y organizacional que este temor, pero también los avances reales demanden. Será necesario no olvidar los siguientes aspectos: en primer lugar las tecnologías de la información nos permiten automatizar la toma de decisiones en muchos campos, pero gracias a ello podemos concentrar el ejercicio de nuestras capacidades propiamente diferenciadoras en otros campos importantes y determinantes para nuestra sociedad. Las tecnologías de que disponemos, y más aún, seguramente las tecnologías de que dispondremos en el futuro, son extraordinariamente poderosas; sin embargo, la tecnología “total” no es posible. En segundo lugar, el desarrollo tecnológico responde a ciertas pautas de racionalidad práctica, pero depende de valoraciones y de actividades humanas, no es completamente autónomo. Las computadoras tienen un problema con la interpretación de contextos porque no viven en el caos del mundo humano, aunque extiendan sus funcionalidades en ambientes digitales y físicos. Las computadoras equipadas con sensores se vuelven más y más expertas, cada vez son más capaces de operar y aprender de la realidad de las calles de la ciudad, lugar de trabajo y el hogar, pero no pueden experimentar la vida humana, y porque no pueden conocer el mundo a través de la experiencia humana, no pueden explicar o apreciar completamente los contextos humanos. A medida que avanza el aprendizaje automático, las computadoras continuarán creciendo a más capacidades cognitivas sofisticadas, sin embargo carecerán de los lentes humanos con los cuales vemos la vida, aprendemos a interpretar contextos para evaluar, actuar y tomar decisiones importantes. Las máquinas inteligentes aprenden cuando sus neuronas artificiales forman conexiones más fuertes o más débiles alterándolas gradualmente a través de ensayo y error. Los seres humanos aprendemos de la misma manera, con nuestras conexiones sinápticas cada vez más fuertes o más débiles. La diferencia clave es que en lugar de entradas de datos numéricos puros, nosotros fortalecemos o debilitamos nuestras conexiones mentales a través de la experiencia. En otras palabras, hemos evolucionado para imaginar y crear. Otros animales aplican una cierta capacidad para resolver problemas específicos relativos a su supervivencia, como habilidades de caza, de protección, lenguaje e incluso sociales sofisticadas presentes en mamíferos, pero sólo los seres humanos pueden crear historias imaginarias, inventar trabajos de arte, e incluso construir cuidadosamente teorías racionales que explican la realidad percibida. La creatividad combinada con la flexibilidad mental nos ha hecho únicos y debiera seguir estando en la base de lo que nos permita superar nuevos desafíos. Cualquiera que sea el campo o la profesión, el trabajo más importante será la parte creativa del mismo. Cada vez más, las capacidades más demandadas hacen alusión a esta forma de pensar junto al pensar crítico, y sistémico. Algunas compañías, tal como Google, incluso lo convierten en una piedra angular de su proceso de contratación. El proceso de entrevista evalúa las respuestas de los postulantes a grandes desafíos, en lugar de interrogarlos sobre un área específica de conocimiento: algunas de ellas por ejemplo son: “¿Qué piensa usted? ¿Cómo analiza los problemas? ¿Cómo desarrolla algoritmos? ¿Cómo mide el desempeño de esos algoritmos?” Si hay veinte formas de resolver un problema y sólo dos o tres son muy buenas, se debe saber cómo enfocarse en ellas y pensar creativamente sobre cómo aplicarlas.

En este panorama ¿cuál podría ser un “plan maestro” que logre mantener la empleabilidad y otorgue ventajas a profesionales y empresas? No hay una respuesta única, porque dependerá del ambiente especifico o ámbito de acción, pero sí es posible señalar, y ése es el propósito a ser desarrollado en el libro, que más allá de un trabajo en particular en el caso de las personas o un rubro específico en el caso de las organizaciones, la opción más segura irá por la creación de valor que puedan realizar creando nuevo conocimiento basado en ciertas “meta competencias” que lo hacen posible, lo incrementan y lo transforman en una práctica y una forma de ser arraigada en una estrategia flexible, que se adapta con rapidez para proponer soluciones nuevas a los desafíos propios del trabajo diario. A la vez, estas competencias cognitivas serán la base para desarrollar nuevas posibilidades de innovación disruptiva, es decir no lineales y por lo tanto muy difíciles de imitar por las máquinas de aprendizaje en una sociedad de complejidad creciente. Generar nuevo conocimiento y adquirir o potenciar estas meta competencias no tiene que ver necesariamente con hacer un doctorado o aprender cosas muy sofisticadas, sino con poner en práctica técnicas y herramientas relacionadas con la forma de pensar, preguntar y trabajar con otros que hacen una diferencia fundamental, si se logra canalizar el potenciar creativo, compartir lo que se sabe para mutar, aprender de una manera diferente, dejando de lado los paradigmas que han prevalecido por largo tiempo en la formación, la capacitación, el trabajo por áreas funcionales y, de modo muy importante, en el estilo de liderazgo que emplean jefaturas de los diferentes niveles organizacionales.

Cualquiera que sea la industria; finanzas, leyes, manufactura, medios o cualquier otra, requerirá de capacidades cognitivas que la equipen para tareas que quizá ni siquiera podamos imaginar todavía. Estas capacidades son cognitivas generales más que conocimiento específicos. En el futuro, las personas necesitarán tener conocimiento especializado para ser efectivos en la parte básica de su trabajo, pero eso solo no será suficiente. Para tener éxito, los profesionales de mañana tendrán que demostrar un orden superior en la manera de pensar. La adquisición y aplicación de estas meta competencias cognitivas debería constituir la llave que abra la senda hacia una nueva forma no sólo de trabajar sino de relacionarse con las tecnologías. Podrá ser perfectamente posible aplicar el proverbio “si no puedes contra tu enemigo únete a él”. El hecho de que un trabajo sea rutinario no lo hace más o menos vulnerable frente al avance tecnológico. La fragilidad laboral radica en la predictibilidad. Pensemos en un trabajo que cualquier persona pueda aprender a hacer mediante el estudio detallado de las tareas que desempeña alguien más. Si esto es posible, entonces muy probablemente un algoritmo aprenda algún día a hacer ese trabajo o parte de él. La conclusión de todo esto es que adquirir más habilidades y grados académicos no necesariamente nos protege ante la automatización laboral. En este panorama que nos convoca el desafío crucial, los líderes, es decir, todos aquéllos que deseen ejercer influencia desde sus respectivos campos de acción –que puede incluir desde dirigentes sociales, políticos, hasta los que se desempeñan en las empresas, guiando equipos de trabajo como emprendedores, jefaturas o ejecutivos–, tendrán que iniciar o potenciar, sin dilación, una reflexión profunda en relación con sus competencias, habilidades y en sus creencias respecto de lo que el liderazgo significa para tener credibilidad y hacer que las cosas ocurran. El líder deberá ser el primero en prepararse y entender el contexto de lo que este desafío implica y desde ahí favorecer nuevas formas de trabajar y relacionarse con colaboradores y equipos, para hacer que fluya el uso de las competencias cognitivas señaladas.

De la teoría a la acción

En las páginas siguientes, haremos primero un recorrido por las fuentes de creación de conocimiento y la forma en que éstas han ido forjándose en el tiempo, desde la época de la filosofía griega hasta la formulación de los algoritmos que aprenden. Con esta perspectiva en mente, podremos construir un modelo que hemos denominado C-Nova, “Conocimiento Nuevo”, para representar cuatro tipos de estrategias y técnicas de pensamiento esenciales al abordar los desafíos del trabajo en los próximos años por los estudiantes, los profesionales de diferentes áreas, los equipos de trabajo y las organizaciones en forma global. C-Nova estará constituido por competencias cognitivas (como se observa en la Figura 1) de alto poder en la creación de nuevo conocimiento si se aplican en forma continua a la resolución de problemas, el mejoramiento de productos, servicios y procesos, como un foco relevante de innovación.


Figura 1. El modelo C-Nova, integrado por cuatro competencias de pensamiento esenciales para abordar los desafíos en el trabajo de la “era cognitiva”.

Incluirá, primeramente, el Pensamiento Crítico, que implica cuestionar antes que aceptar sin análisis las cosas, también implica aceptar que uno no es dueño de la verdad absoluta y que nuestra apreciación de los hechos y situaciones está teñida por nuestros modelos mentales preexistentes. Para aplicar pensamiento crítico las personas necesitan poder observar, reflexionar, sintetizar e integrar conceptos e información, además comunicar efectivamente su argumentación a los demás. La segunda competencia a tratar será el Pensamiento Creativo y está relacionado con una estrategia que permita desarrollar el potencial no utilizado para generar nuevas ideas y ofrecer alternativas que rompan con lo lógico lineal y sean el primer paso de una siguiente innovación. El Pensar en forma Sistémica constituye la tercera competencia incluida y representa un cambio significativo en la manera en que habitualmente abordamos el análisis o las causas de un hecho o situación. No es sólo considerar que todo se relaciona con todo, sino que nosotros somos un sistema y todo lo que nos rodea también lo es, porque la realidad en cualquier ámbito no es una colección de cosas o hechos aislados, sino que la forma en que se estructuran y relacionan define sus propiedades, su funcionamiento y el impacto que poseen sobre otros sistemas; una capacidad cognitiva crítica para cualquier persona en una posición de liderazgo, pero también para cualquiera que intente descubrir nuevos conocimientos, iniciar un negocio o crear algo original. Ver los detalles y todo el cuadro, al mismo tiempo que poner a prueba nuestra comprensión de múltiples variables, sin duda será una ventaja competitiva difícil de imitar. La cuarta modalidad, el Pensar Algorítmico, puede resultar un tanto extraño o rebuscado, sin embargo la idea fundamental detrás de esta inclusión en el modelo C-Nova, es que introduce una manera de elaborar alternativas de solución y ejecución de dichas soluciones a problemas o procesos para innovar, tomando como referencia las ciencias de la computación y el diseño de algoritmos que requiere, más allá de la codificación y el procesamiento informático posterior, una muy rigurosa descripción, diagramación en etapas y ensayo de opciones. Aprender a pensar en esta forma, no sólo nos puede adentrar en la “guarida de nuestro potencial enemigo”, la automatización, sino que nos permitirá aumentar la comprensión, en particular a los no especialistas, de cómo se conforma la estructura y función de las “máquinas pensantes” y de este modo, transformarla en un factor valioso a la hora de marcar diferencias en el mundo del trabajo.

Las ventajas de adquirir y usar estas competencias de pensar en forma crítica, creativa, sistémica y algorítmica serán tan significativas que, por sí solas, ya implican un aspecto distintivo en nuestra oferta de valor laboral, sin embargo al aplicar el modelo C-Nova se puede ir más allá, pues aumentará el desarrollo de propuestas no lineales para la solución de problemas y tareas que no son rutinarias, facilitando la detección temprana de nuevas oportunidades no consideradas normalmente en el trabajo cotidiano. Todo lo anterior a través del potencial individual y de equipos de trabajo de diversa índole. Esta liberación del poder creativo va a requerir simultáneamente actuar sobre la canalización del talento, la generación de ambientes y contextos apropiados para que se expresen las ideas, pues de lo contrario la tarea será ardua dada la cantidad de años que, en muchos casos, la capacidad creativa ha estado sepultada bajo capas de pensamiento lineal en el ámbito de la educación y las organizaciones.

Los formas de pensamiento que proponemos para ser adquiridas o potenciadas a nivel individual, grupal u organizacional, no van servir de mucho si no se practican de modo aplicado a la solución de problemas concretos u oportunidades detectadas que ofrezcan posibilidades no exploradas. Es por ello que en la tercera parte del libro se avanzará en la definición de tres prácticas que sirvan de facilitadores y complemento para el modelo C-Nova. La primera de ellas será el uso de herramientas de modelamiento sobre la base de prototipos y modelos computacionales, que además generen aprendizaje continuo, como una forma de hacer tangibles las ideas o propuestas de solución que se obtengan para generar valor, iniciando así una espiral indefinida en la creación de nuevo conocimiento. La siguiente práctica estará relacionada con la implementación de un sistema, con soporte tecnológico, para intercambiar, registrar y transferir el nuevo conocimiento, de un modo que se transforme en un activo intelectual de quien lo posea, sea éste una persona, un equipo o una organización completa. Por último, una práctica de especial importancia para los líderes, ya sea con emprendimientos propios o trabajando en una empresa, será definir lo que podríamos llamar un “campo de acción” donde ocurran las cosas, donde tengan lugar las instancias para pensar de acuerdo con el modelo C-Nova. Este campo para practicar, aprender y aplicar podrá tomar la forma de proyectos para dar solución a problemas complejos, talleres de aprendizaje de competencias, reuniones de trabajo en equipo, comunidades internas de práctica o, en una forma global, en la creación o cambio de cultura dentro de una organización que promueva decididamente este tipo de iniciativas, teniendo como centro la búsqueda de respuestas adaptativas a las demandas de un mundo cada vez más complejo y dominado por los avances y temores sobre la tecnología.

Éste es un camino sin retorno, pero también un desafío de gran alcance, que si somos previsores y empezamos desde ahora a recorrerlo, yendo al encuentro de las raíces del conocimiento, para transformarlo después en estrategias de pensamiento crítico, creativo, sistémico y algorítmico, que podremos aplicar en nuestros respectivas áreas de interés, sentiremos que estamos mejor preparados para hacer frente a la avalancha tecnológica y a las amenazas que presenta el trabajo en el futuro. Podremos afirmar sin duda lo siguiente: “Nunca pongas un punto final donde el Universo puso una coma, ya que la historia continuará...”.

Parte I
En busca de la llave maestra
El retorno a las fuentes del conocimiento

No debemos dejar de explorar y al final de nuestra exploración será que lleguemos adonde empezamos y conozcamos el lugar por primera vez.

T. S. Eliot

De modo sorprendente, los teóricos en máquinas de aprendizaje están proponiendo una audaz tesis: consideran que es posible llegar a encontrar un algoritmo, es decir el conjunto de reglas e instrucciones precisas, que sea capaz de construir cualquier tipo de conocimiento. Si bien entienden que este objetivo hoy es poco realista, de lograrse respondería una serie de preguntas que a muchos les preocupa: ¿cómo aprendemos?, ¿hay una mejor forma?, ¿qué capacidad de predecir tiene lo que se sabe?, ¿podemos confiar en lo que conocemos y aprendemos? Como avance en el logro de este propósito la disciplina del aprendizaje de máquina ya posee cinco “escuelas de pensamiento” que constituyen el enfoque específico desde donde abordan actualmente su trabajo. Cada una de estas escuelas tiene su propio learner (así se denominan los algoritmos que son capaces de construir otros algoritmos) de fines generales que pueden usar en principio para extraer conocimiento desde los datos de un campo de acción determinado (industria, finanzas y muchos otros). Estos algoritmos tienen aplicaciones que dan resultados y son exitosas en hacer ciertas cosas, pero no otras. El pretender hacer uno que combine las mejores cosas de aquellos específicos en un área, sería el algoritmo maestro final, algo así como conseguir la teoría unificada en la Física, derivando todo el conocimiento del mundo respecto del pasado, presente y futuro, a partir de fuentes de datos determinados.

De modo sorprendente, los teóricos en máquinas de aprendizaje están proponiendo una audaz tesis: consideran que es posible llegar a encontrar un algoritmo, es decir el conjunto de reglas e instrucciones precisas, que sea capaz de construir cualquier tipo de conocimiento. Si bien entienden que este objetivo hoy es poco realista, de lograrse respondería una serie de preguntas que a muchos les preocupa: ¿cómo aprendemos?, ¿hay una mejor forma?, ¿qué capacidad de predecir tiene lo que se sabe?, ¿podemos confiar en lo que conocemos y aprendemos? Como avance en el logro de este propósito la disciplina del aprendizaje de máquina ya posee cinco “escuelas de pensamiento” que constituyen el enfoque específico desde donde abordan actualmente su trabajo. Cada una de estas escuelas tiene su propio learner (así se denominan los algoritmos que son capaces de construir otros algoritmos) de fines generales que pueden usar en principio para extraer conocimiento desde los datos de un campo de acción determinado (industria, finanzas y muchos otros). Estos algoritmos tienen aplicaciones que dan resultados y son exitosas en hacer ciertas cosas, pero no otras. El pretender hacer uno que combine las mejores cosas de aquellos específicos en un área, sería el algoritmo maestro final, algo así como conseguir la teoría unificada en la Física, derivando todo el conocimiento del mundo respecto del pasado, presente y futuro, a partir de fuentes de datos determinados.

Si comparamos los objetivos que pretenden alcanzar algunos de los más importantes expertos en inteligencia artificial respecto del conocimiento y los medios para alcanzarlo, con aquellos pensadores preocupados por el tema desde la antigua Grecia, surgen varias conclusiones que nos pueden ayudar a avanzar en identificar, descubrir y luego gestionar este importante activo por profesionales, equipos, organizaciones de manera de generar valor: Desde los albores de la civilización se han planteado las interrogantes acerca de cuál es proceso que nos permite conocer, aprender y aplicar lo que sabemos y cuales son límites del mismo. Por otra parte, en el transcurso de este devenir por la filosofía, la psicología, las neurociencias, la lingüística y hasta en la inteligencia artificial se manifiesta una tendencia a proponer una especie de “algoritmo maestro” que explique y dé cuenta, como un modelo globalizador, de que este conocimiento ocurre a partir de elementos (datos, impulsos biofísicos, lenguajes, códigos, redes cognitivas, símbolos, formas, ideas, matemáticas, mutaciones, dependiendo del campo de estudio) que se constituyen en los insumos para la construcción de teorías, técnicas, métodos y herramientas esenciales del desarrollo de la cultura y la civilización en un sentido amplio. Además, en una revisión de los principales aportes desde donde se han ido construyendo estos modelos, podemos obtener una mejor comprensión de lo que ocurre hoy en el ámbito del aprendizaje y su influencia diversa, reflejada en ciertas creencias y paradigmas que han ido quedando desfasados en los procesos, por ejemplo de educación y capacitación, así como en la forma de trabajar y aportar. En el mismo sentido nos permite rescatar metodologías, técnicas y estrategias para acercarnos a descubrir el valioso tesoro que reside en crear lo nuevo como una práctica permanente, pues desde allí se pueden construir competencias diferenciadas y de mayor éxito profesional y organizacional. Por último, resulta muy sorprendente que desde las antiguas escuelas filosóficas hasta las modernas escuelas de la inteligencia artificial, coincidan en algunos principios que subyacen en la búsqueda del conocimiento y en entender cómo éste ocurre. Tal vez no esté tan errada la idea de encontrar un algoritmo maestro y de que cualquiera de nosotros podamos construir uno propio que nos oriente y nos transforme en “líderes del conocimiento” y así abordar los desafíos en el trabajo del futuro cercano. Para descubrir la llave maestra de acceso al reino del nuevo conocimiento, tendremos que realizar un viaje que implica superar ciertas etapas cruciales para el éxito.

En esta travesía de aprendizaje y descubrimiento será necesario clarificar inicialmente qué es lo que buscamos. Por esta razón, la primera detención será en los dominios de la filosofía y su intento desde hace más de dos mil quinientos años por “atrapar la luz”, que nos acerque a la verdad y a los límites que tiene el hombre, para conocer la realidad desde el saber qué (la teoría), saber cómo (el hacer práctico) y también del saber qué es (las observaciones y vivencias). Luego haremos una visita a los “talleres ocultos de la mente” de la mano de las neurociencias. Allí nuestro propósito será comprender la forma en que aprendemos lo que aprendemos y también lo necesario para desaprender y crear, a partir de la intrincada red neuronal que conforma nuestro sistema nervioso central y los hemisferios cerebrales. La siguiente etapa del recorrido será una parada en la “guarida” de nuestro enemigo potencial del trabajo del futuro: las máquinas pensantes y descubrir, en lo esencial, cómo lo hacen para ser cada vez más inteligentes, igualar o superar ciertas competencias consideradas hasta ahora exclusivamente humanas y provocar el temor en muchas personas respecto de sus posibilidades laborales. No obstante lo anterior, también interesaría saber si tal vez no son enemigos reales, sino aliados que pueden contribuir de manera positiva a incrementar nuestra creatividad y el desarrollo de nuevo conocimiento. En el siguiente paso tendremos que dejar el terreno sólido de lo predecible para navegar en aguas cuya característica principal es la incertidumbre de su curso, sin embargo entender y actuar en ellas será clave para generar conocimiento pues, como veremos, la complejidad constituye hoy por hoy un componente esencial del escenario en que pueden surgir grandes oportunidades, en la medida que ésta se asocia a hechos, sucesos o problemas no lineales, es decir aquellos en que su causa y su solución son sistémicas y se relacionan con un conjunto de variables a considerar para entregar propuestas creativas que los resuelvan. Por último, luego de hacer todo el recorrido, será necesario extraer de lo aprendido en las diferentes etapas del viaje los insumos de un modelo para generar nuestro propio conjunto de métodos y herramientas que nos sirvan para crear e innovar, sin importar mayormente el campo profesional o laboral en que nos desempeñemos.

Atrapando la luz

La vida es un proceso de adquisición de conocimientos. Toda la evolución no sería otra cosa que un proceso por el cual los sistemas vivos, para adaptarse a su medio, o por ello mismo, extraen conocimientos o leyes del mundo.

Konrad Lorenz

Parménides fue un filósofo griego presocrático, nacido en 530 a. C., que relata haber vivido una experiencia mística con una diosa que le habla y le dice que va a revelarle dos cosas diferentes: has de aprenderlo todo, tanto la imperturbabilidad de la convincente verdad, como las opiniones de los mortales, en las cuales no hay que confiar, pues en ellas no hay creencia verdadera. Esta revelación no sólo se queda en lo expresado, sino que la diosa le da argumentos para creer en esa verdad y también para distinguir lo que no lo es. No te dejes llevar por el antiguo hábito de aceptar lo que habitualmente ves y oyes, basados en lo que la gente dice y hace; sino que sigue mis razonamientos y juzga con tu propia razón lo que has escuchado de mi boca… Todo ello forma parte de un ya muy famoso y estudiado poema, referente obligado de lo que se define como “conocimiento proposicional”, y que se basa en tres partes esenciales: 1. Tener una creencia acerca de algo. 2. Que dicha creencia sea verdadera, y 3. Que sea justificada. La justificación de una creencia será algo fundamental para que determinada proposición, afirmación o creencia, se considere como conocimiento y será lo que lo distinga de una mera “opinión verdadera”. Por ejemplo, Juan cree que va temblar mañana y efectivamente tiembla, pero no tiene ninguna base para su creencia; es una opinión verdadera, pero no conocimiento. De los tres componentes del conocimiento en este caso se cumplen sólo dos, falta la justificación. En uno de los diálogos de Platón, el Teeto, se argumenta que las creencias verdaderas “accidentales” no pueden ser conocimiento. Por otra parte la actitud de creer se presenta en grados de intensidad o fuerza, que tiene que ver con el nivel de confianza respecto de la proposición. Por ejemplo, si estamos muy convencidos (creyentes) de que va temblar mañana (proposición verdadera), entonces estaremos dispuestos a organizar un kit de emergencia, acumular agua o estar atento a las noticias, pero si el grado de creencia es bajo, seguiremos con la vida en forma normal. Esta dinámica entre grado de creencia y acción o comportamiento, tiene una alta incidencia en la toma de decisiones y otras consecuencias a nivel de flexibilidad y apertura frente a nuevas perspectivas, que pueden hacer una gran diferencia en nuestra disposición a investigar, profundizar o razonar sobre un tema.

En relación con la condición de verdad, podría objetarse que ¿cómo es posible que forme parte de la definición de conocimiento, si el alcanzar la verdad absoluta ha sido visto como algo no posible o muy difícil? Sin embargo, el problema de esta objeción es que del ignorar que una proposición sea verdadera, no se puede inferir que no lo sea. Esta posibilidad, como podrá observarse, hace que la búsqueda de la verdad sea más un camino que tiene muchas opciones y no un fin que puede resultar tal vez inalcanzable, pero que no invalida esas aproximaciones sucesivas a las que nos lleve la justificación, dependiendo del peso que ésta tenga en un momento determinado y los cuestionamientos que de ella emerjan.

Podríamos decir que la relevancia de la búsqueda de nuevo conocimiento implicará la búsqueda de nuevas creencias, corrección de las anteriores y búsqueda de justificaciones que garanticen su verdad, todo ello generando nuevas fuentes y procesos por medio de los cuales podamos adquirir dicho conocimiento, que a su vez será nuestra forma de relación (adaptación, transformación, evolución) entre el ser (yo) y las “cosas” del mundo, es decir aquellos hechos, sucesos y objetos que forman la realidad. La relación permanente entre esta triada, como se observa en la Figura 2 (Hombre, Verdad, Mundo), será la base permanente sobre la cual se puede explorar y descubrir nuevas opciones y resolver los desafíos que nos presenta permanentemente la realidad para adaptarnos, transformarla y evolucionar, generando conocimiento útil y valorable.

Sin embargo, la relación entre los componentes de esta triada, como podrá suponerse, no es algo estático. Lo que sabemos y hacemos va cambiando en la medida en que se proponen nuevas teorías, tecnologías, métodos y técnicas para acercarnos a la verdad y este propósito puede verse facilitado o dificultado por nuestra posición frente a ello, dado que existe un elemento mediador de gran importancia: los supuestos, teorías y prácticas que constituyen nuestra “verdad” y no la verdad.


Figura 2: La triada que une al hombre en la búsqueda de la verdad sobre el mundo, a través del conocimiento.

De esta acotada descripción acerca de las razones de la búsqueda de conocimiento para alcanzar una verdad justificada y reducir las “incertezas” acerca del mundo, que aumenten la adaptación y evolución, podríamos deducir un primer fundamento importante que estará en la base de las siguientes etapas en el camino de crear nuevo conocimiento, pues los comportamientos que tengamos al respecto, así como los supuestos, las hipótesis que necesitan ser probadas, las conversaciones que se generen como parte de la justificación, los conflictos que se manifiesten y resuelvan de un modo constructivo, además la creatividad para abordar los hechos del mundo, serán parte esencial del proceso. Es necesario decir algo más respecto a este primer factor clave encontrado en el camino: el mayor debate y surgimiento de nuevas teorías, se ha dado sobre la justificación de nuestras creencias, más que sobre la parte dos, es decir la verdad de la creencia. ¿Qué significa que una creencia esté justificada? Implica que en cierto sentido se nos entregue “una garantía” que no es correcta o verdadera por accidente. La condición de verdad es completamente no controversial, es decir lo que es falso no puede ser conocido. Si algo es falso podemos creer en ello, pero no saberlo en el sentido de tener conocimiento de ello. Aunque se puede cuestionar que es muy difícil alcanzar la verdad, no se puede negar que algo no lo sea en la medida que a través de sucesivas justificaciones nos acerquemos a ella y no sea desechada como falsa. Por ejemplo, lanzar una moneda en una pieza oscura: no podemos saber si salió cara, pero ello no implica que no salió cara. Para saberlo tendremos que emplear algún proceso de búsqueda de justificación y evidencia que nos permita saber y no se debe confundir que algo es verdad con algo que esté en condiciones de ser conocido. Pero sí podemos saber a priori lo que es falso: que haya caído cara y sello al mismo tiempo. Esto son los principios de bivalencia, será lo uno o lo otro (verdadero o falso), pero no ambas cosas a la vez, que se denomina principio de no contradicción, muy importante para la búsqueda de nuevo conocimiento, ya que podemos no saber si es algo verdadero, lo cual no quiere decir que no lo sea, ya que tiene por lo menos un 50% de posibilidades de serlo. Se puede decir que existen razones o evidencias (experiencias directas, como percepciones, recuerdos, intuiciones y lógica) o experiencia indirecta (inferida de ciertos principios que se dan en la realidad), testimonial, es decir dependiente de otras personas para justificar la creencia. No obstante lo anterior, esta forma de evidencia puede ser cuestionada porque depende de mecanismos cognitivos que no son necesariamente confiables y se exigen otras evidencias “externas” para dar mayor peso a la justificación. Según el enfoque causal, la confiablidad está ligada a los conceptos de explicación y causalidad. Por ejemplo, el experto puede explicar la generación de la creencia verdadera, pero esto puede actuar sobre el pasado y no sobre el futuro, lo que como se podrá notar deja aprisionados “dentro de la caja” a los especialistas. Una versión más flexible indica que el experto “rastrea” la verdad del modo de ser del mundo en un dominio determinado, pues tiene cierta competencia para ello, evitando cometer errores y descubre ciertas certezas, pero sus predicciones sobre el futuro son limitadas. También la justificación podría estar dada por “virtud intelectual”, es decir que haya sido originada por una habilidad, disposición o competencia bajo determinadas circunstancias y se asocia, con frecuencia, al llamado conocimiento práctico. En este contexto es posible visualizar la importancia que tendrá, cuando avancemos en la construcción del modelo guía, la introducción de una estrategia de pensamiento que deje entre paréntesis los supuestos a priori que están detrás de nuestras creencias y nos abramos a la idea de cuestionar y formular las hipótesis que requieren evidencia y prueba.

Definido el marco conceptual de por qué estamos siempre detrás del saber, es necesario decir que conocimiento es una palabra compleja que denota numerosas acepciones. A lo largo de siglos de civilización, los seres humanos nos hemos preocupado del mismo pues, como planteamos anteriormente, intuimos o suponemos que nos entrega la posibilidad de “dominar la Creación” y saber de la naturaleza de las cosas. Este significado se relaciona entonces, en mayor o menor medida, con leyes del universo y dependiendo de si esta búsqueda es mística, religiosa o incluso filosófica, mantiene una indudable cercanía con capturar la luz o alcanzar la iluminación. Conocer, del latín cognoscere, implica que la mente del hombre puede tener acceso, por el ejercicio de sus facultades intelectuales, a la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas, entender las causas y las leyes que rigen el mundo, es decir, éste se le torna inteligible. Para dejar claro cuál será el sentido y contenido en que usaremos el concepto de conocimiento, será necesario definir otras acepciones de este término que abarcan temas diversos y que han ido derivando en un uso amplio del vocablo, alejándose del uso original ya señalado. Por ejemplo, “conocido” es una persona con quien se tiene algún trato, pero no amistad. Perder o “recobrar el conocimiento”, es una expresión usada cuando una persona se desmaya o vuelve a estar consciente. Otro uso de la palabra ocurre para afirmar una facultad legítima, por ejemplo el juez “conoce” del juicio, este sentido está asociado a información. O como una manera de experimentar algo, por ejemplo “el equipo conoció la derrota”. En este caso puede haber un germen de conocimiento genuino que surge de la experiencia y la posibilidad de un aprendizaje que servirá en una próxima oportunidad, como le ocurre a un niño pequeño que por “no saber” introduce un dedo en una toma de corriente eléctrica y “aprende” desde dicho evento. En una forma aún más alejada de su significado original, el concepto se utiliza como asociado a valoración: “Fue reconocido como el empleado del mes”. O en el sentido inverso, “no se reconoce su aporte”. Otra acepción de la palabra conocimiento relevante de identificar y distinguir del sentido original del vocablo, tiene una orientación más ética, asociándolo a la capacidad de discernir, de entender la diferencia entre lo bueno y lo malo, lo conveniente y lo inconveniente, como cuando una madre expresa: “Qué poco conocimiento tiene este hijo mío”. Adicionalmente, el verbo “saber” y su sustantivo “sabiduría”, tienen una indudable cercanía también con el término conocimiento y se confunden o se usan como si fueran sinónimos. No obstante lo anterior, será necesario distinguirlos, en especial cuando sus usos se alejen de la definición original, como ocurre en el siguiente ejemplo: “Sé que estás interesado” por “me da la impresión que estás interesado”, o “tengo información de que estás interesado”. En estos casos el saber apunta a una forma cotidiana de expresar opiniones o compartir una información obtenida desde la propia interpretación o indirectamente desde otras fuentes informativas. Otro ejemplo de estas similitudes pero también de las diferencias, se ejemplifica al decir “Teresa conoce el portugués” y “Teresa sabe portugués”; son expresiones que pueden ser tomadas como iguales, sin embargo, “Julio conoce el programa” y “Julio sabe el programa” ya introduce elementos diferenciadores. Podemos decir, en cambio, que “Pedro conoce a Francisca”, pero no que “Pedro sabe a Francisca”.

El anterior recorrido por los diferentes significados y uso del término conocimiento, tiene un propósito fundamental para comprender en mejor forma los objetivos y metodología que se irá develando a medida que avancemos en nuestra propuesta, pues en este amplio espectro de definiciones, tenemos que distinguir lo que será el sentido del conocimiento que desarrollaremos y éste se relaciona con la acepción original: es decir el conocimiento como la búsqueda de la verdad, de descubrir y de generar valor que derive de dicho conocimiento para sí mismo, para un grupo, para determinadas organizaciones o para la sociedad en su conjunto. Como reflexiona poéticamente el filósofo español Fernando Savater: Quiero dar respuesta a mil preguntas sobre mí mismo, sobre los demás, sobre el mundo que nos rodea, sobre los otros seres vivos e inanimados, sobre cómo vivir mejor.

Con el paso de los años, el conocimiento humano se ha ido sistematizando en diferentes disciplinas, artes o ciencias. San Isidoro de Sevilla, en el siglo VII, elabora un compendio de todos los saberes conocidos hasta esa fecha. En sus Etimologías presenta las disciplinas (artes) liberales de su tiempo: gramática, retórica, dialéctica, aritmética, música, geometría y astronomía. La aparición de la ciencia como tal y los grandes avances tecnológicos han permitido que esta sistematización crezca de manera exponencial pero, si bien está disponible, no necesariamente es usada para generar nuevo conocimiento o puede resultarnos algo que existe en nuestra experiencia a pesar de su almacenamiento en grandes reservorios en internet. Lo anterior implica que, a nivel individual y de las organizaciones, se requiere algo diferente para obtener valor de este activo intelectual, en una relación muy estrecha, interactiva, dinámica y evolutiva con los tres grandes conceptos relacionados: creencia, verdad y justificación, que se definieron hace dos mil quinientos años.

Según muchos estudiosos, ni Platón ni Aristóteles tienen escritos específicos sobre la teoría del conocimiento, sin embargo ello puede deducirse de algunas de sus obras más significativas, como son la Apología de Sócrates, los Diálogos o Metafísica. ¿Qué se dice en sus teorías sobre la posibilidad de que el hombre acceda al conocimiento de las “cosas como son”?, ¿cuáles son las formas o caminos que puede seguir para lograrlo? ¿Existen límites como ser humano que le impidan alcanzar este conocimiento esencial y en ese mismo sentido, es posible perfeccionar las maneras de actuar para intentar alcanzarlo? “Todos los hombres, por naturaleza aspiran al saber”. “El ejercitar la sabiduría y el conocer son deseables para el hombre por sí mismos, en efecto, no es posible vivir como hombre sin estas cosas”, “Su expresión visible es el asombro al comienzo ante las dificultades más simples y luego lo más complejo como es el origen del Universo entero”, escribe Aristóteles en el libro I de su Metafísica. No obstante lo anterior, inicialmente este conocimiento son sólo “sombras” de lo verdadero, pero tiene una opción: seguir el camino, el “método de preguntar” para avanzar hacia la sabiduría. Así se busca transformar la opinión o juicio en una verdad profunda para encontrar lo que las cosas son. Este saber puede ser enseñado y aprendido a través del “diálogo”. Platón por su parte distingue las siguientes clases de conocimiento: Opinión o doxa, el cual es el conocimiento que surge de la experiencia sensible, cuyo objeto son las cosas materiales y Ciencia o episteme que es el conocimiento inteligible, que nos permite comprender las leyes que rigen el Mundo, cuyo objeto son las Ideas, el “ser eterno e inmutable”.

Los conceptos definidos por Platón serán una referencia muy frecuente en la búsqueda de nuevo conocimiento desde la perspectiva de las estrategias para lograrlo que se basen en las conversaciones y el diálogo, pues deberá cambiarse la doxa u opinión, que se apoya en supuestos y creencias por la episteme, es decir la ciencia, en otras palabras en la formulación de ciertas ideas, que serán en su conjunto hipótesis a ser comprobadas. Giovanni Reale, autor de una muy completa Historia de la Filosofía, señala que Aristóteles distingue varios niveles o grados de conocimiento: el conocimiento sensible deriva directamente de la sensación y es un tipo de conocimiento inmediato y fugaz, desapareciendo con la sensación que lo ha generado. Sin embargo, al mezclarse con la memoria sensitiva y con la imaginación puede dar lugar a un tipo de conocimiento más persistente. Ese proceso tiene lugar en el hombre, generando la experiencia como resultado de la actividad de la memoria que, sin permitirles a los hombres conocer el porqué y la causa de los objetos conocidos, les permite, sin embargo, saber que existen, es decir, la experiencia consiste en el conocimiento de las cosas particulares: “Ninguna de las acciones sensibles constituye a nuestros ojos el verdadero saber, bien que sean el fundamento del conocimiento de las cosas particulares; pero no nos dicen el porqué de nada; por ejemplo, nos hacen ver que el fuego es caliente, pero sólo que es caliente”. (Metafísica, libro 1,1). El nivel más elevado de conocimiento vendría representado por la “actividad del entendimiento”, que permite conocer el porqué y la causa de los objetos; este saber surge necesariamente de la experiencia, pero en la medida en que es capaz de explicar la causa de lo que existe se constituye en el verdadero conocimiento: se pone así énfasis en que el saber no debería ser solo teórico, sino una combinación que emerge de la observación sensible o vivencia, que proviene de la práctica y que finalmente se conceptualiza y sistematiza.

La perspectiva filosófica que hemos recorrido en esta primera etapa del camino hacia la creación del nuevo conocimiento, posee una gran relevancia por las consecuencias que ha tenido en la educación, en el aprendizaje organizacional, en el desarrollo de competencias técnicas y sociales que hasta hoy debemos considerar para un posterior modelo de creación de conocimiento. Y tal vez no nos damos cuenta, pero técnicas como el obtener ideas al preguntar, desarrollando la creatividad, el diálogo y las conversaciones como fuentes de “luz”, la importancia de la co-construcción y participación activa en el desarrollo de ideas, son algunos de los elementos de la herencia invaluable a tener en cuenta como base para superar el desafío crucial en el trabajo del futuro. Por otra parte, unido al valor de algunos principios extraídos de la filosofía, que podremos transformar en guías de acción al momento de incrementar nuestra preparación para crear opciones de valor, hay dos aspectos que aparecen muy importantes y necesarios de tener en cuenta: El primero de ellos tiene que ver con la forma en que estos principios y creencias influyen en cómo adquirimos conocimiento, pues se ha tenido una postura de pasividad, es decir ha predominado la idea de que basta con exponerse a él a través de la observación, el escuchar o el registrar lo que otros comunican o transmiten para considerar que ya lo poseemos. El segundo aspecto es propositivo de la potencialidad que podemos desarrollar al ser partícipes activos en el proceso de adquirir conocimiento y aplicarlo en forma de crear valor: Se relaciona con ir más allá de los límites que han sido impuestos por factores culturales o metodológicos y, por lo tanto, un cambio de paradigma es posible para lograr un nuevo nivel de competencias cognitivas.

Entre saber y hacer

Para crear como un dios, primero tienes que trabajar como un esclavo.

1 001 ideas para la creatividad

En la siguiente etapa de nuestro camino nos detendremos un momento en la rama de estudio que deriva de la filosofía y cuyo propósito es justamente lo relacionado con la forma en que conocemos acerca del mundo y las cosas. Se trata de la Epistemología, de episteme (ciencia o conocimiento) y logos (palabra, razón). Si llevamos estos estudios al ámbito del trabajo destacan dos visiones: la “epistemología de la posesión” y la “epistemología de la práctica”. La primera de ellas trata al conocimiento como algo que la gente tiene, mientras que la epistemología de la práctica trata al conocimiento como algo que la gente hace. Un complemento entre ellos será parte de nuestra propuesta, pues como veremos, ambos son complementarios, no obstante que es necesario precisar que el conocimiento como posesión ha sido claramente dominante en la forma en que nos acercamos al saber y al aprender. Enfatiza los aspectos cognitivos y es visto como una capacidad mental o un recurso que se puede desarrollar, aplicar y usar para mejorar la efectividad en los lugares de trabajo. Aquellos investigadores que adoptan esta visión, a menudo describen al conocimiento como una pirámide, o jerarquía, que incluye datos, información, conocimiento y aun sabiduría, como se resume en el modelo de Russell Ackoff, pionero y promotor del enfoque de sistemas en las ciencias administrativas, que se puede observar en la Figura 3.


Figura 3. Modelo de la jerarquía del conocimiento de Russell Ackoff.

Se sitúan en la base de la pirámide los datos como insumos externos a las personas, y que no tienen un valor intrínseco por sí mismo, como por ejemplo los puntos de tinta de esta página. En el ámbito de lo que hoy en día ocurre a nivel tecnológico, el uso de los datos como fuente inicial de conocimiento adquiere los cada vez más cotidianos nombres de Big Data y Data Mining, el primero relativo a la gran cantidad de datos almacenados en depósitos en la red o en las computadoras, provenientes de las más diversas fuentes, y el segundo es el proceso de hacer minería (explorar, “picar”, procesar) de los datos para buscar patrones de comportamientos de grupos y personas respecto a un determinado factor como es la frecuencia de compra de objetos, las visitas a determinados lugares, etc. La información define el segundo nivel y surge a partir de los datos que se organizan y se relacionan, otorgando acceso al objeto por conocer. Este siguiente escalón de la pirámide es esencial para alcanzar los significados propios que se dan en el conocimiento, tercer nivel en el modelo. Respecto de la sabiduría diremos por ahora, en el contexto del foco central que nos guía, que además de ser la cúspide de la pirámide, donde el conocimiento es una parte constitutiva pero no el todo, se caracteriza y distingue al incorporar aspectos axiológicos y afectivos del conocer, otorgándole un nuevo significado e inserto en dar trascendencia y sentido a la vida del hombre. También se ha asociado al hecho de alcanzar la maestría, pero este concepto puede ser más estrecho, ya que en algunos casos se entiende como alcanzar la excelencia en el desarrollo de un talento o del dominio de un área específica de conocimiento. En otras palabras, no todos los maestros son sabios, aunque es muy probable que todo sabio sea maestro en algún aspecto. El Oráculo de Delfos en la Grecia antigua señaló: “Sócrates es el más sabio”, pero éste replicó “sólo sé que nada sé”. En este sentido la sabiduría consiste en creer saber algo sólo cuando se tiene una justificación elevada que apoye la creencia, agregando una alta convicción. Como síntesis diremos que ser sabio incluye tener autoconocimiento respecto de lo que se sabe, se acepta la propia ignorancia y no se cree en algo cuando no se tiene justificación. Además el “sabio” posee amplio conocimiento sobre cosas importantes y útiles (teoría y práctica). Por ahora digámoslo en palabras del escritor egipcio y Premio Nobel de Literatura Naguib Mahfouz: Uno sabe si un hombre es inteligente por sus respuestas; uno sabe si un hombre es sabio por sus preguntas.

Descrita la pirámide del saber en sus diferentes niveles, retomemos el conocimiento por posesión como una propiedad del conocedor, quien puede conferir un significado a los datos e información al trazar desde su propia experiencia subjetiva, percepciones y entendimientos previos. Éste es el sentido en el cual el conocimiento es “poseído”. El poder hacer sentido a las palabras y frases de esta página se relaciona con ese tipo conocimiento. Lo que una persona infiere de la información se relaciona a su capacidad cognitiva y esquema interpretativo, o “marcos de referencia”, los cuales han sido adquiridos a través de la vida. Es razonable, por lo tanto, sugerir que diferentes personas, con diferentes experiencias pasadas, podrían inferir de la misma información cosas diferentes en relación con sus capacidades cognitivas y esquemas interpretativos, o “marcos de referencia”, los cuales han adquirido a través de la vida.

En síntesis, ¿qué extraemos de este primer recorrido en la búsqueda de la llave maestra para crear nuevo conocimiento?: La importancia del preguntar, del diálogo, del aprender desde la experiencia y luego elevarlo a niveles teóricos. La importancia del asombro y de los deseos de conocer presente en los hombres por naturaleza (impulso básico junto al crear y aprender). Los diferentes tipos de conocimiento productivo, práctico y teórico, que podemos señalar como conocimiento de posesión o del hacer, no son opuestos y no implican predominio de uno sobre otro, como frecuentemente se considera en los procesos formativos y de capacitación, ya que desde ambas modalidades podemos obtener nuevas formas, ideas, métodos y procedimientos que generan más conocimiento en una espiral continua que no se agota y que permite el “aprender haciendo”. Es importante mencionar, por las consecuencias que tiene en la construcción del modelo guía, la internalización de lo aprendido que también incluye el aspecto vivencial del proceso de adquisición de conocimiento, con factores emocionales y afectivos como acompañantes. San Agustín de Hipona, una de las máximas figuras del pensamiento cristiano del primer milenio (354-430), refleja bien esta propiedad respecto del saber en su libro Confesiones, al realizar una reflexión sobre el tiempo, concluyendo que no siempre podemos conceptualizar lo que hemos experimentado, aunque forme parte de nuestro conocimiento: Así pues, ¿qué es el tiempo? si nadie me lo pregunta, lo sé, pero si me lo preguntan e intento explicarlo, no lo sé.

Los talleres ocultos de la mente

Dios creó los números. El hombre todo lo demás .

Leopold Kronecker

La siguiente detención en nuestro viaje de búsqueda de los elementos y principios para la creación de nuevo conocimiento, será en la neurociencia cognitiva y sus grandes avances, en especial en los últimos diez años. Allí en sus talleres ocultos, donde la mente realiza sus operaciones más sutiles y esquivas de detectar, el objetivo fundamental será descubrir las formas mediante las cuales el cerebro adquiere, almacena y recupera conocimiento. También nos interesa saber cómo se producen los procesos cerebrales que impulsan funciones cognitivas, es decir, funciones en virtud de las cuales podemos crear y usar conocimiento en nuestras interacciones cotidianas con los demás y con el mundo que nos rodea. Joaquín Fuster, investigador en neurociencias de origen español y catedrático de la Universidad de California, ha introducido el concepto cógnito para identificar la base neurobiológica del conocimiento, y que describe como “un elemento de conocimiento en forma de red de neuronas repartida por la corteza cerebral que representa uno de los innumerables hechos o experiencias de la persona”. Estos cógnitos pueden variar mucho en cuanto al contenido desde un recuerdo de la infancia temprana hasta un recuerdo reciente. Unos estarían enlazados con otros a través de conexiones débiles o fuertes, dentro de otros, neutros desde el punto de vista emocional o con connotaciones emocionales. Estas unidades de conocimiento se constituyen en redes más amplias ensambladas que se han ido formando en la experiencia vital mediante la activación simultánea de redes más pequeñas. A medida que se autoorganizan forman recuerdos y elementos más complejos, más generales y abstractos. Existe así una jerarquía que va desde el recuerdo sensorial concreto, los cimientos del conocimiento, hasta sus elementos más abstractos. Por ejemplo, cuando decimos que un objeto es una manzana, se requiere de una acción cognitiva ya muy compleja, pues se activa en la corteza cerebral una red ensamblada de muchas unidades de conocimiento relacionadas con el color, el sabor, el olor, la forma y una palabra que la defina, todo a través del proceso de aprendizaje y experiencias que se iniciaron apenas nacemos, incluyendo cuando visitamos el huerto de manzanas o cuando nos peleamos por una de ellas con un hermano o cuando un compañero le llevó una a la profesora. Lo realmente clave acá, es que ya podemos ir deduciendo algunas implicancias posteriores para la educación y el aprendizaje: la construcción de unidades de conocimientos abstractos y complejos se componen de muchas configuraciones singulares o específicas que convergen en una conducta cognitiva superior, pero que va a mantener en su base estos componentes activos que provengan de elementos sensoriales, emocionales y de lenguaje que conforman dicha red, otorgando variedad a los conceptos abstractos superiores. Esta aproximación neurobiológica del doctor Fuster, nos permite realizar una serie de reflexiones muy significativas para entender y posteriormente aplicar en el desarrollo de la creatividad, la innovación y el nuevo conocimiento. También nos proporciona fundamentos importantes para rediseñar los procesos de aprendizaje y el compartir conocimiento preexistente a nivel de equipos de trabajo, pues éste reside en la mente de las personas, y al ser compartido da lugar a un activo colectivo de alto valor. En este sentido, como lo abordaremos más adelante, la red ensamblada neuronal que posibilita la construcción de conocimiento individual, puede ser replicada y enriquecida por una “red de mentes” que compone un equipo. También entrega indicios de las bases que han soportado muchas de las metodologías y herramientas utilizadas para estimular ideas, ya que todas ellas, de una u otra forma, requieren que se formen y activen estas unidades básicas de conocimiento, usando las técnicas de creatividad y el formular preguntas, generando nuevas asociaciones y combinaciones en un proceso de divergencia y convergencia. No es posible dejar de mencionar lo limitado que es para la capacitación, el entregar sólo el conocimiento abstracto en clases lectivas, pues no genera casi ningún impacto, ya que de acuerdo con lo que hemos descrito sería como construir un edificio sin los cimientos que lo hagan sostenible. No se produce una fijación al “piso” y en consecuencia se olvida fácilmente, al no estar ligado con el mundo real de la experiencia. Este tipo de aprendizaje en clases tradicionales tampoco conlleva una aplicación inmediata que genere nuevas asociaciones para continuar construyendo el edificio hasta hacerlo más complejo. Cuando se generan debidamente las condiciones para un aprendizaje experiencial en esta red que se va formando, cada enlace puede ser un componente que relaciona a muchos otros como, por ejemplo, la unidad de conocimiento codificadora del color rojo puede formar parte de otras que codifican el fuego, la manzana, la rosa, la sangre o el amanecer o un signo “pare”. Otro aspecto clave a tener en consideración es que una vez almacenada una nueva unidad de conocimiento, así como de memoria, éste queda “escrito” en la corteza cerebral mediante fuerzas de conexiones sinápticas fuertes o débiles entre neuronas afines, por tanto es un código activable, que puede desplegarse en el tiempo cuando se produzca una determinada operación cognitiva, tales como un desempeño en un área de trabajo, la toma de decisiones, una conversación o un nuevo aprendizaje.

Será necesario enfatizar que la riqueza de contenido que pueda generarse en nuestro cerebro, deriva casi exclusivamente del hecho de que el código cognitivo es un código relacional que surge del tipo de conexiones que se generen y el potencial conectivo de los nodos involucrados, que no necesariamente son muchos, pero que combinados pueden construir una infinita variedad de manifestaciones, como ocurre por ejemplo con el lenguaje, en que un alfabeto de sólo veintiocho letras da lugar a miles de palabras y expresiones lingüísticas agregando a la combinación espacios y puntuaciones. También ocurre con los sonidos de siete notas musicales que forman millones de melodías diferentes siguiendo el mismo patrón combinatorio y de espacio tiempo. O en un ballet donde un grupo limitado de bailarines combinados en el espacio y el tiempo dan lugar a cuadros coreográficos muy diferentes. En todos los casos el resultado obtenido, expresiones lingüísticas, melodías o cuadros coreográficos, no es sólo una suma de los elementos individuales, sino que constituye algo nuevo que está más allá de ello, dando paso a una propiedad emergente de mayor valor. Podríamos decir que surge una especie de sinergia que genera valor según como se relacionen las partes, tal como ocurre con un equipo que funcione en forma efectiva. Esta analogía podría no ser tan sólo una comparación con lo que ocurre en nivel social, sino que a nivel neurobiológico también opera la dinámica sinérgica, como un proceso que permite las funciones cognitivas superiores. Otra analogía que es estimulante de hacer, es aquella que relaciona el funcionamiento de la corteza cerebral con internet, pues ambas utilizan un código relacional que trasciende sus códigos binarios básicos de bits o impulsos celulares. Tanto en internet como en la corteza, el código pertinente consiste en relaciones entre unidades de información o conocimiento. El lenguaje aporta muchas unidades de información tanto al cerebro como a internet, si bien en el caso del cerebro las unidades de conocimiento pueden ser más elementales, por ejemplo, sensaciones simples tales como los símbolos o las palabras. Esta forma de funcionamiento está siendo replicada cada vez de manera más sofisticada en las redes neuronales artificiales y las máquinas de aprendizaje profundo, lo que nos pone sobre aviso de lo que se busca en el campo de inteligencia artificial. Para Ray Kurzweil, jefe de de diseño en Google, las técnicas matemáticas que están en la base de la inteligencia artificial (tal como aquellas usadas en Siri, el asistente del Iphone, Alexa de Amazon o Bixby de Samsung) son matemáticamente muy similares a los métodos que la biología usó en la formación de la corteza cerebral.

El principio de operación de la corteza cerebral es el referente más importante que existe hoy acerca de cómo se hace para representar el conocimiento. Estamos constantemente prediciendo el futuro, de acuerdo a los esquemas previos y la experiencia. Esta idea de predecir el futuro, en un sentido estricto, se relaciona con la necesidad de resolver la falta de certeza acerca de los estímulos que recibimos y la toma de decisiones que lleva a la acción. Nuestro cerebro sería una “máquina predictiva” que formula hipótesis en diversos niveles. Todo lo que hace el cerebro en todas sus operaciones y funciones es reducir errores de predicción al modo en que lo hace el método científico. Así lo considera Jacob Hohwy en su libro The predictive mind, de gran aceptación, entre los avances más promisorios de las ciencias cognitivas. En este modelo, cada capa de procesamiento de estas hipótesis tiene dos propósitos: desde abajo reducir el error de predicción del estímulo externo y desde arriba, compatibilizarlas con la expectativa sensorial (creencias); sin embargo lo que llega finalmente a nuestra conciencia no será necesariamente objetivo, dados los esquemas de referencia y conocimiento ya aprendidos y almacenados, por lo que a través de herramientas, por ejemplo de pensamiento crítico, podremos crear nuevas hipótesis a ser probadas, que nos acerquen de modo más preciso a la condición sistémica de la realidad. Este entramado de funciones cognitivas tendría un propósito muy importante como ya lo señalamos: el predecir el futuro y generar patrones de comportamiento adaptivo, siendo ésta la verdadera razón primaria de tener un cerebro con actividad cognitiva altamente compleja. En esta línea comienzan a cobrar cada vez más sentido los esfuerzos y los avances logrados por las ciencias computacionales para dotar a las máquinas de dichas funciones, que pueden ser vistas en primera instancia como rivalizando con nuestro cerebro biológico.

En esta visita a los talleres ocultos de la mente, nos interesa también profundizar cómo ocurre el proceso de crear y la generación de ideas a partir del fortalecimiento y la formación de conexiones sinápticas en la corteza cerebral, dentro de las unidades básicas de conocimiento y entre ellas. Cuando éste se inicia, hay una convergencia de estímulos internos y externos que activan y modifican de forma consecutiva las unidades ya preexistentes, pero dadas las nuevas formas de conexión y enlace, hacen impacto al mismo tiempo en varias direcciones imprevisibles, generando posibilidades casi infinitas que potencialmente pueden surgir. Aunque retomaremos más adelante este importante punto, la neurociencia de la creatividad nos está indicando un camino por el cual podemos fortalecer una manera de aportar valor muy difícil de imitar por las máquinas de aprendizaje, como son los caminos impredecibles para la búsqueda de soluciones o de la innovación radical, que surge de estas propiedades cognitivas, basadas en la posibilidad de combinaciones complejas a partir de la red de unidades básicas que emergen y que se forman a través de toda la vida.

El segundo gran motor de la creatividad, además de las combinaciones no predecibles de las redes neuronales que se ensamblan en diversos niveles de complejidad, es la propiedad generativa del lenguaje. Prácticamente no hay ninguna parte del cerebro que no esté involucrada en el lenguaje de una manera u otra. Su carácter generativo ocurre porque es esencialmente proposicional, es decir, se articula en frases conectadas mediante relaciones de estructura y de significado. De este modo, por ejemplo una bicicleta se define mediante las relaciones estructurales y funcionales entre sus partes y es irreducible a ellas o por sí sola. Por ejemplo un par de ruedas, un sillín, un manubrio, etc., son partes necesarias de una bicicleta, pero la suma total de sus partes no la define. Lo que sí la define como tal es el conjunto de relaciones que se dan entre ellas y que conforman el “sistema” bicicleta. Esta capacidad del lenguaje para construir frases en que se unen unas a otras, es la base de nuevas combinaciones para expresar ideas. No es sólo que el lenguaje nos permita decir cosas nuevas, sino que también nos permite decir muchas cosas, existentes y nuevas, de muchas maneras diferentes. El lenguaje nos permite, además, anticiparnos a los hechos por medio del pensamiento y será fundamental para comunicarse en forma efectiva y generar conversaciones y preguntas que nutran la creación de nuevo conocimiento, el aprendizaje en la educación, en el mundo académico, los negocios y las competencias del líder de equipos de trabajo. El uso de lenguaje creativo incrementa las alternativas, no sólo para elegir información sino también para elegir acciones que, de una manera u otra, dependan de esa información.

Junto al potencial del lenguaje, será de gran importancia en el modelo de creación de nuevo conocimiento, lo referente a la alta representación visual que posee nuestro cerebro. El surgimiento en la evolución de los ojos y la visión otorgó una ventaja adaptativa y de dominio a las especies que la poseían, hasta llegar al hombre en que esta corteza visual representa un aspecto clave de las funciones cognitivas. Las consecuencias de ello y, nuevamente en comparación con las máquinas de aprendizaje, serán fundamentales en esta convergencia que permitirá obtener impensadas formas de adaptarse y transformar el mundo.

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