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LOS ESCRIBANOS EN

ANTEQUERA (1478-1869)


JOSÉ ESCALANTE JIMÉNEZ

LOS ESCRIBANOS EN

ANTEQUERA (1478-1869)

EXLIBRIC

ANTEQUERA 2016

LOS ESCRIBANOS EN ANTEQUERA (1478-1869)

© José Escalante Jiménez

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Iª edición

© ExLibric, 2016.

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ISBN: 978-84-16110-63-6

Nota de la editorial: ExLibric pertenece a Innovación y Cualificación S. L.

JOSÉ ESCALANTE JIMÉNEZ

LOS ESCRIBANOS EN

ANTEQUERA (1478-1869)

Índice de contenido

Portada

Título

Copyright

Índice

Dedicatoria

Siglas

Prólogo

Introducción

I El oficio de escribano en Antequera

1.1.La instauración de escribanías durante el siglo XV

1.2.La ubicación espacial urbana de los escribanos

1.3.Los escribanos del número

1.4.Los escribanos del cabildo

1.5.Los escribanos de “millones y cientos”

1.6.Los escribanos y la administración de justicia

1.7.No solo fedatarios. Las otras actividades de los escribanos

1.8.Cofradías y devoción de los escribanos en Antequera

2 Vínculos, lazos familiares y relaciones interprofesionales

2.1.El linaje de los Talavera

2.2.Otras familias de escribanos

Conclusiones

Fuentes impresas y manuscritas

Fuentes documentales consultadas

Bibliografía

A María Lourdes y a Lourdes Cayetana

mis mujeres

por su constante e incansable apoyo

a todos mis proyectos y especialmente a este

Debo mostrar públicamente y dejar constancia de mi eterno agradecimiento a todos cuantos han contribuido de una forma u otra a hacer posible este ilusionante proyecto, durante los últimos 12 años, especialmente al Director del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de Málaga Don Juan Jesús Bravo Caro. A mis entrañables y queridos amigos Mercedes Fernández Paradas por su fe depositada, a Don Rafael de Talavera Quirós por la generosa aportación documental y ayuda, sin la cual este trabajo no hubiera salido nunca, y muy especialmente a mi entrañable amigo Don Antonio Parejo Barranco, quien me indujo y comprometió en su día en este proyecto, que no ha podido ver concluido.

Siglas

Archivo de la Real Chancillería de Granada (a.R.Ch.G)

Archivo Diocesano de Málaga (a.D.M.)

Archivo General de Indias (a.G.I.)

Archivo General Militar de Segovia (a.G.M.S.)

Archivo General de Simancas (a.G.S.)

Archivo Histórico Municipal de Antequera (a.H.M.A.)

Fondo Protocolos Notariales (F.P.N.)

Fondo Parroquial (F.P.)

Fondo Hermandades y Cofradías (F.HH.y CC.)

Fondo Judicial (F.J.)

Prólogo

El libro que el lector tiene entre sus manos es parte de una Tesis Doctoral defendida en la Universidad de Málaga en el año 2015, la cual obtuvo la máxima calificación de Sobresaliente Cum Laude. El autor alcanzaba el grado de Doctor con un tema muy interesante, centrado en una de las ciudades más importantes de la Andalucía de finales de la Edad Media, que mantuvo su protagonismo durante prácticamente toda la Edad Moderna.

Las franquezas y exenciones concedidas a Antequera, al poco tiempo de su conquista cristiana, contribuyeron a la llegada de personas de diferentes procedencias y extracciones sociales, que reactivarían una comarca básica para la expansión castellana hacia Granada.

Junto al papel logístico desempeñado por la urbe antequerana, y su jurisdicción, la ciudad experimentó un notable aumento en el volumen comercial. La necesidad de reflejar las transacciones efectuadas de un núcleo de población en crecimiento conoció la consolidación de la figura de las escribanías públicas, impulsadas, especialmente, con la llegada al trono de los Reyes Católicos. Como fedatarios de los documentos expedidos, los escribanos, antecedentes de los notarios actuales, comenzaron a representar un colectivo de indudable peso en el conjunto de las comunidades donde se ubicaban.

Así va a quedar atestiguado en las páginas siguientes, ceñidas a Antequera, pero cuyo reflejo puede refrendarse en localidades de similares características o en otras de singularidades dispares, con naturalezas y desarrollos económicos o sociales diferentes.

El arco cronológico contemplado en esta obra del Dr. Escalante Jiménez nos permite recorrer etapas históricas del área antequerana, en las que fueron asentándose verdaderas sagas de escribanos. Las estrategias matrimoniales y las redes sociales desplegadas llegarán a alcanzar auténticos entramados de control del sistema de escribanías, con la entidad social, económica y política que ello conlleva.

Aunque las fuentes documentales principales para la elaboración de este libro han sido los más de tres mil volúmenes de escrituras de los escribanos de Antequera, el autor supo complementarlos con informaciones de los distintos fondos del rico Archivo Histórico Municipal de Antequera, además del examen de legajos de diversas instituciones archivísticas. Sin olvidar la riqueza de datos atesorada en las Crónicas e Historias de la ciudad, elaboradas durante los siglos XVI-XVIII.

Los dos capítulos que articulan la obra del Dr. Escalante Jiménez nos trasladan al origen del establecimiento de los oficios antequeranos, ubicando en el entramado urbano a sus protagonistas y lugares de desempeño de la actividad, especificando la tipología de las propias escribanías. Los deseos de obtener ingresos adicionales a su trabajo, o la particular inclinación por una variada ocupación llevaron a dichos escribanos a “cultivar” trabajos muy dispares. Especial atención dedica el autor a la cuestión de la mentalidad en el marco de este colectivo, con epígrafes que describen las particularidades de las devociones y cofradías en las cuales quedaban integrados. Este apartado es de gran interés, por cuanto observamos la preocupación de los escribanos por integrarse en uno de los instrumentos de integración y sociabilidad mayores de la época, como es el mundo cofrade.

El segundo capítulo es una de las grandes aportaciones al conocimiento de la sociedad antequerana, que rebasa los márgenes de contenido de este libro. Toma de ejemplo la familia de los Talavera, junto a otras referencias domésticas, que manifiestan los engranajes, vicisitudes y aspiraciones de quienes iniciaron determinadas escribanías y continuaron construyendo un armazón familiar más allá de la propia existencia de cada uno de los escribanos. Casamientos y acuerdos puramente mercantiles enseñan las directrices mantenidas década tras década por miembros de un grupo social con influencia y motivaciones que superaban las inherentes a la profesión ejercida.

En definitiva, estamos ante un estudio necesario, de conjunto, del cual adolecía Antequera, pese a la relevancia de la ciudad a lo largo de los siglos del Antiguo Régimen. La presente obra completa un gran espacio en el panorama historiográfico de la urbe antequerana, y su valor viene del contenido, del enfoque y de un libro avalado por la trayectoria investigadora y de publicaciones de su autor.

Málaga, octubre de 2015.

Juan Jesús Bravo Caro

Profesor Titular de Historia Moderna y

Director del Departamento de Historia Moderna

Y Contemporánea de la Universidad de Málaga.

Introducción

La consonancia “información = poder”, es una ecuación o regla que tenían perfectamente clara los escribanos. Eran conscientes del valor que tenían los documentos por ellos custodiados y generados, en el entorno de una sociedad con una gran mayoría de analfabetos y con unos niveles culturales raquíticos, muy lejanos a la realidad de nuestros tiempos, donde la información y el conocimiento llega a superar la capacidad de asimilación por parte del ser humano.

Sin embargo, nada más lejano en la sociedad del Antiguo Régimen, donde la información es poder, nadie mejor que los escribanos tenían ese privilegio, nadie como ellos tenían ese concepto global de la sociedad en la que convivían. Su constante e indispensable presencia en la vida cotidiana de villas, pueblos y ciudades lo hacían una figura indispensable. Estaban presentes en la administración. Su firma rubricaba actas del cabildo y expedían cuantos documentos el municipio o las Chancillerías o cualquier organismo burocrático tenían necesidad. Estaban presentes en las instituciones, cofradías, gremios y sociedades. Pero, además, sería imposible el funcionamiento diario de la sociedad sin su presencia. Por sus pupitres pasaban arrendamientos, compra ventas, testamentos, particiones, obligaciones y contratos de todo tipo. Se expedían poderes a procuradores o a terceros, en definitiva la figura del escribano era uno de los pilares fundamentales de la sociedad castellana, al que todo el mundo acudía para solventar sus negocios y sus necesidades.

El escribano no solo era el redactor de documentos entre partes. La justicia municipal le da un papel importantísimo. Además, era el responsable de la custodia del archivo del oficio en el caso de los escribanos de número, circunstancia vital que acentúa ese poder de esta institución, ya que expedirá copias de escrituras y documentos y será fundamental, por ejemplo, a la hora de realizar las particiones, ya que estas tenían que realizarse ante el escribano u oficio donde se había otorgado la última voluntad. No se podría llegar a entender la sociedad de la Edad Moderna sin la presencia del escribano.

Pero en una sociedad como esta, además, tenemos que tener en cuenta un factor fundamental, la tremenda diferencia de grupos sociales. A los escribanos no acudía cualquiera. Su principal clientela era la nobleza, la burguesía, comerciantes, labradores, ganaderos, e instituciones como la Iglesia. Es decir, en general la elite y sus afines. El conocimiento que sobre estos grupos sociales ejercerán los escribanos será la fuente de su poder. Nadie mejor que ellos llegaron a conocer los entresijos de los grupos privilegiados y conscientes de ello se aprovechaban de su conocimiento para pactar matrimonios, adquirir patrimonio e intentar en definitiva jugar su papel de control en una sociedad que muchas veces se dejaba hacer.

Fruto de su actividad es la generación de un volumen ingente de información plasmada en gruesos volúmenes, que recogen la vida cotidiana de nuestras ciudades. Material indispensable para el historiador actual a la hora de conocer la realidad de nuestro pasado. Ningún documento nos aporta una información más fidedigna ni exacta que los registros de protocolos. En definitiva, el escribano es pieza clave en las redes clientelares, y en el control y conservación de la memoria.

No obstante, el estudio de esta figura y su mundo no ha tenido su justa contraprestación. Secularmente estuvo en un segundo plano, siendo más estudiado y analizado en el ámbito jurídico que en el histórico. Esta situación está cambiando en las últimas dos décadas, pues están apareciendo números trabajos que están configurando el corpus historiográfico justo. Además, constatamos de la existencia de grupos de investigación dedicados al análisis de esta institución, en sus aspectos más generales e incluso particulares, como su influencia en el mundo cultural y literario de su época, o al análisis pormenorizado de determinados individuos.

Por señalar tan solo uno de los trabajos más meritorios en este sentido indicaremos los estudios realizados por Miguel Ángel Extremera Extremera sobre el mundo notarial en la Edad Moderna en Córdoba[1], probablemente una de las obras mejor estructuradas de las últimas décadas, y que de forma contundente desmitifica determinados aspectos relacionados con la teórica homogeneidad de los grupos profesionales y de la organización social del Antiguo Régimen. Este autor demuestra que no existe nada más heterogéneo que los escribanos, abriendo las bases de un interesante campo de investigación.

Aunque no es el único, tan solo a nivel de la provincia de Málaga, tenemos que reseñar los estudios del profesor Pedro J. Arroyal Espigares, especialmente su publicación El notariado en Málaga durante la Edad Moderna…[2], donde aborda por primera vez en conjunto la estructura del notariado malagueño, tratando de determinar los distintos oficios del número y su cadencia sucesoria. Junto a este estudio no deben olvidarse determinados capítulos de libros que la Dra. Esther Cruces Blanco publicó en su momento, de manera individual o en conjunto con la profesora Mª. Teresa Martín Palma y el doctor mencionado más arriba Pedro Arroyal Espigares[3].

Otros trabajos más concretos sobre el mismo tema nos lo encontramos con la profesora Alicia Marchant Rivera[4], entre los que destacamos su tesis Los escribanos públicos en Málaga, bajo el reinado de Carlos I, que fue publicada en 2002.

Más recientemente la aportación de la doctora Eva Mª. Mendoza García[5], más en la línea analítica de Miguel Extremera, nos detalla multitud de aspectos del notariado malacitano del siglo XVII, con sus trabajos Pluma, tintero y papel. Los escribanos de Málaga en el siglo XVII (1598-1700), o Los escribanos de Málaga en el reinado de Felipe IV (1621-1665).

Todos ellos tenían como referente muy lejano en el tiempo obras fundamentales recogidas en el Congreso organizado en Estrasburgo en 1978[6], y las Jornadas de Metodología Aplicada de las Ciencias Históricas (1973) y el II Coloquio de Metodología Aplicada… (1982), ambos en Santiago de Compostela[7].

Además, en el caso malagueño sigue siendo una referencia imprescindible, en los estudios que centran su interés en los protocolos notariales, la obra de la Dra. Marion Reder Gadow Morir en Málaga…[8]. Este libro abrió las puertas a análisis posteriores en la materia.

En otros espacios, siempre debemos de tener en cuenta las aportaciones que desde hace más de dos décadas realiza la profesora María Luisa Pardo Rodríguez, desde la Universidad de Sevilla, como “El notariado de Sevilla en el tránsito a la Modernidad”, o Señores y escribanos. El notariado andaluz entre los siglos XIV a XVI[9]. En el caso de Granada, trabajos recientes de la Dra. Amalia García Pedraza intentan clarificar determinadas cuestiones relativas a los notarias de la capital granadina, principalmente en la formalización de inventarios que sirvan para el investigador[10].

Por último, tampoco podemos dejar atrás el importante y más reciente trabajo de Leonor Zozaya Montes, De papeles, escribanías y archivos: escribanos del concejo de Madrid (1557-1610)[11].

Algunas veces tan solo hace falta raspar levemente una superficie para descubrir que debajo se esconde una realidad bien diferente, como ya apuntaba James Amelang en su obra La formación de una clase dirigente: Barcelona 1490-1714[12]. En ella opinaba sobre la dificultad de determinar el lugar que ocupa un individuo en la sociedad.

En nuestro caso, hemos tomado como referencia las obras mencionadas y otras muchas sobre la realidad del notariado.

Partiendo de estos trabajos analizamos el caso de estos escribanos en el ámbito de una ciudad concreta como es Antequera.

La elección de este espacio urbano para realizar nuestra investigación tiene una intencionalidad clara, al conjugarse en él una serie de características geográficas y urbanas muy concretas y que difícilmente se van a dar unidas en otros lugares. El marco referencial suma un territorio superior a la antigua demarcación política de la comarca, ampliando espacio a un entorno que se está comenzado a denominar “tierras de Antequera”

En primer lugar, en este entorno la ciudad de Antequera aparece como centro neurálgico y referencial, rodeada de una serie de localidades que establecen un sistema radial que va a estar funcionando administrativamente toda la Edad Moderna.

En segundo lugar, el archivo de protocolos de Antequera, presenta una serie de características singulares, que propician de una forma determinante su análisis y estudios Prácticamente no tiene lagunas, conserva los instrumentos de descripción originales y tiene perfectamente definidos sus oficios.

En tercer lugar el conjunto de protocolos continúa hoy día vinculado a la ciudad en su Archivo Histórico, circunstancia esta que hace posible relacionar en conjunto la masa documental de este entorno.

El Archivo antequerano además conserva un conjunto documental único en total 12 Fondos y más de 30 archivos, que cubren de forma inusual cualquier orientación investigadora, dando una amplia y completa visión de todos los aspectos de una sociedad tan compleja como la que se estructura en el corazón estratégico de Andalucía.

A este significativo conjunto de archivos debemos añadir las fuentes historiográficas locales[13], que en el caso antequerano suponen un destacado recurso como fuente esencial para el conocimiento de la historia local en todos sus aspectos. En nuestro caso ha sido de una gran utilidad la consulta e información que nos ha aportado sobre el ámbito de la fe pública, y base para contextualizar la vida cotidiana de esta singular ciudad que es Antequera, y que por su trascendencia le dedicamos un capítulo en este estudio.

Por otra parte debemos señalar que el objeto principal de este trabajo tiene dos claros propósitos. El estudio y análisis de este importante grupo social, como son los escribanos en la estructura de la Edad Moderna y en el contexto de Antequera, que era una asignaturas pendientes en la historiografía de esta ciudad, dado el importante papel que jugaban en la sociedad, el colectivo de los escribanos y la perfecta conservación del fondo documental en sí.

Por otro lado, y es la tarea más laboriosa emprendida, identificar los distintos oficios y la elaboración, de forma definitiva, de un inventario general del fondo, tanto a nivel cronológico como a nivel de oficio. Este punto ha centrado más de una década de nuestro trabajo, para redactar el catálogo e inventario conseguido, y en el cual se ha analizado la vinculación de los distintos escribanos a sus correspondientes números.

A este respecto y más como anécdota, señalar, que tras haber sido clasificados y agrupados en su correspondiente número, el humanista D. José A. Muñoz Rojas, me hizo entrega, poco antes de fallecer, de la fotocopia de un pequeño cuaderno manuscrito de tamaño un octavo y redactado a finales del siglo XVIII, que contenía la clasificación que tanto esfuerzo supuso. No obstante, este documento ha venido a valar y contrastar el trabajo realizado y en su caso corregir algunos datos.

Cronológicamente hemos encuadrado nuestro estudio entre 1475 y 1865. La elección de estas fechas no es aleatoria y se corresponden, como veremos, a dos circunstancias concretas.

A pesar de que Antequera se incorpora a la corona de Castilla en 1410, la documentación conservada de los distintos Fondos no tienen continuidad hasta bien entrado el siglo XV. El Archivo Municipal solo conserva documentos esta centuria indicada, en la sección denominada disposiciones y autoridades supramunicipales, donde encontramos reales cédulas, reales provisiones, cartas de merced, privilegios, pero todo con grandes lagunas temporales y que dan una información muy parcial y nula en el caso de la información sobre las escribanías. Paralelamente a esta tipología documental se conserva un importante libro copiador en la sección de secretaria general, se trata de un instrumento formado a partir de 1516, y que traslada en el mismo copias literales de esas disposiciones de la Corona, conservadas a la hora de iniciar el libro. Prácticamente, salvo con tres documentos, coincide la conservada en la sección de disposiciones y autoridades supramunicipales con lo trasladado a este copiador.

La otra sección que conserva documentos del siglo XV es la de gobierno en su serie de actas capitulares, que dan comienzo en 1491.

El fondo documental de protocolos notariales comienza con documentación a partir de 1495, aunque en el legajo 49 del oficio primero correspondiente a Fernando de Molina, se incluye un cuadernillo con las actas capitulares de 1491, antes aludidas.

Por último, se conserva un libro de repartimientos realizados por el bachiller Alonso Serrano, que en realidad se trata de una copia mandada hacer en el siglo XVI, la cual fue transcrita y analizada en su día por el profesor Alijo Hidalgo[14].

Hecha esta aclaración hay que indicar que tan solo tenemos noticias evidentes de la existencia de un escribano real, Alonso de Lupion, en 1438, que aparece repetidas veces mencionado en el indicado libro de repartimientos. Unas veces figura como beneficiario de adjudicación de tierras, otras como colindante y en dos ocasiones refrendando en su calidad de escribano real documentos referentes a los repartimientos, en 1443.

No se conservan actas del cabildo, ni otro tipo de documentación. El Registro General del Sello del Archivo General de Simancas, hasta 1475, no tiene continuidad en las series, y esa ha sido la causa determinante de establecer la primera cronología en ese año coincidente con el proceso de nombramiento del primer escribano que de forma fehaciente tenemos constado, Juan de Mercado. Aunque debemos esperar hasta la última década del siglo XV, para tener una secuencia seriada en los nombramientos y uso de los oficios de los escribanos, refrendados por la documentación conservada. Curiosamente esta cronología coincide con un periodo de estabilidad en las “Tierras de Antequera”, donde la frontera se aleja y los enfrentamientos bélicos dan paso a una etapa de paz, que precederá a la primera fase de la guerra contra el reino de Granada tan solo unos años después en 1482.

La segunda fecha de la cronología, viene determinada por la promulgación de la Ley Orgánica del Notariado de 28 de mayo de 1862. En Antequera, la aplicación plena de esta reforma de la fe pública no tendrá plena vigencia hasta unos años después, al acogerse las escribanías existentes en la ciudad a la disposición transitoria primera de la Ley, que establecía que: “no obstante la incompatibilidad establecida en el artículo 16 de esta ley, los Escribanos y Notarios que actualmente, además de sus Escribanías, intervienen en los actos judiciales, continuarán desempeñando uno y otro cargo mientras no vacaren natural o legalmente”. Dicho acto coincide con la entrada en vigor del Decreto de 8 de enero de 1869, que ordenó la formación de Archivos Generales en las cabeceras de los distritos notariales, con la misión de custodiar los protocolos con más de 30 años de antigüedad y recoger los que estuviesen en poder de los notarios, corporaciones o particulares, y que tuvo más eco que la propia ley.

A partir de 1869 desaparece plenamente la denominación de escribano en Antequera, que es sustituida por la de notario, habiendo convivido ambas durante esos años de tránsito, a la vez que las formas de estructurar el protocolo.

Respecto a la estructura de nuestro estudio, da comienzo con una aproximación a la Antequera de la Edad Moderna. Este apartado se hace complicado, por la importante historiografía que en las últimas décadas han tratado este periodo. No obstante, hemos querido dar nuestra particular visión del mismo, haciendo un mayor hincapié en la influencia que la Iglesia católica tuvo en la configuración de la ciudad antequerana a lo largo de todo este periodo, tanto por el asentamiento de un elevado número de órdenes religiosas, masculinas y femeninas, como la posterior implantación por influencia de las mismas de hermandades y cofradías, que vendrán a jugar un papel determinante de las mentalidades colectivas antequeranas. Esto no fue ajeno a otros espacios, pero en el caso de esta ciudad es determinante e influirá, como veremos, no solo en la religiosidad popular, sino también en aspectos tan destacados como el urbanismo al marcar una red de edificaciones entre las que surgirá la Antequera que ha llegado a nuestros días, sin dejar atrás el importante papel económico que jugarán, al ser fuente casi inagotable de necesidades de todo tipo.

Seguiremos con la parte fundamental del estudio, el oficio de escribano en la urbe antequerana. En este capítulo hemos querido dar una visión ajustada a la realidad local, apuntando los orígenes y describiendo el complejo entramado de los oficios, tanto de los de número, como los de millones y concejo. En este apartado tampoco hemos olvidado esa vinculación de los escribanos con el mundo simbólico, muy llamativo en nuestro caso. Nos ha llamado especialmente la atención lo que denominamos “las otras actividades de los escribanos”, donde hemos localizado desde poetas a guerrilleros.

Una familia de escribanos que mantienen su presencia profesional de manera interrumpida entre el siglo XVII al XX nos ha inspirado el capítulo denominado vínculos, lazos familiares y relaciones interprofesionales.


[1]. EXTREMERA EXTREMERA, M. Á., El notariado en la España Moderna. Los escribanos públicos en Córdoba (siglos XVI-XIX), Madrid, 2007.

[2]. ARROYAL ESPIGARES, P. J.; CRUCES BLANCO, E. y MARTÍN PALMA, Mª. T., El notariado en Málaga durante la Edad Moderna. Estructura organizativa, Málaga, 2007.

[3]. CRUCES BLANCO, E., “La sección de protocolos notariales en los archivos históricos provinciales: El Archivo Histórico Provincial de Málaga”, en MORENO TRUJILLO, Mª. A., DE LA OBRA SIERRA, J. Mª. y OSORIO PÉREZ, Mª. J. (eds.), El notariado andaluz: institución, práctica notarial y archivos: siglo XVI, Granada, 2011, pp. 297-316. ARROYAL ESPIGARES, P. J.; MARTÍN PALMA, Mª. T. y CRUCES BLANCO, E., Las escribanías públicas de Málaga (1487-1516), Málaga, 1991, y de los mismos autores “Sobre los orígenes de la institución notarial en Málaga”, en PARDO RODRÍGUEZ, Mª. L. y OSTOS-SALCEDO, P. (coords.), El notariado andaluz en el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna. I Jornadas sobre el notariado en Andalucía, Sevilla, 1995, pp. 47-74.

[4]. MARCHANT RIVERA, A., Los escribanos públicos en Málaga bajo el reinado de Carlos I, Málaga, 2002.

[5]. MENDOZA GARCÍA, E. Mª., Los escribanos de Málaga en el reinado de Felipe IV (1621-1665), Málaga, 2007; Pluma, tintero y papel. Los escribanos de Málaga en el siglo XVII (1598-1700), Málaga, 2007, y “Los escribanos reales de Málaga en la Edad Moderna”, en MORENO TRUJILLO, Mª. A., DE LA OBRA SIERRA, J. Mª. y OSORIO PÉREZ, Mª. J. (eds.), El notariado andaluz: institución, práctica notarial y archivos: siglo XVI, Granada, 2011, pp. 65-88.

[6]. Les actes notariés. Soource de l’historie sociale, XVIe-XIXe siècles. Actes du Colloque de Strasbourg (1978), Strasburg, 1979.

[7]. EIRAS ROEL, A. (ed.), Actas de las I Jornadas de Metodología Aplicada de las Ciencias Históricas, Santiago de Compostela, 1975, 4 vols.; Actas del II Coloquio de Metodología Aplicada, Santiago de Compostela, 1984, 2 vols.

[8]. REDER GADOW, M., Morir en Málaga. Testamentos malagueños del siglo XVIII, Málaga, 1986.

[9]. PARDO RODRÍGUEZ, Mª. L., “El Notariado de Sevilla en el tránsito a la Modernidad”, en PARDO RODRÍGUEZ, Mª. L. y OSTOS SALCEDO, P. (coords.), El notariado andaluz en el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna, Sevilla, 1996, pp. 257-292, y Señores y escribanos. El notariado andaluz entre los siglos XIV y XVI, Sevilla, 2002.

[10]. GARCÍA PEDRAZA, A., Inventario de protocolos notariales. Granada, siglo XVI, Granada, 2008. De la misma autora: “El archivo histórico de protocolos de Granada”, en MORENO TRUJILLO, Mª. A., DE LA OBRA SIERRA, J. Mª. y OSORIO PÉREZ, Mª. J. (eds.), El notariado andaluz: institución, práctica notarial y archivos: siglo XVI, Granada, 2011, pp. 317-333.

[11]. ZOZAYA MONTES, L., De papeles, escribanías y archivos: escribanos del concejo de Madrid (1557-1610), Madrid, 2011.

[12]. AMELANG, J. S., La formación de una clase dirigente: Barcelona, 1490-1714, Barcelona, 1986.

[13]. ESCALANTE JIMÉNEZ, J. y FERNÁNDEZ PARADAS, M., “Las Historias de Antequera: Una aproximación a los orígenes de la Historiografía Antequerana (siglos XVI-XVII)”, Baetica. Estudios de Arte, Geografía e Historia, 25, 2003, pp. 686-696. En este trabajo se analiza por primera vez la realidad historiográfica de Antequera.

[14]. ALIJO HIDALGO, F., Antequera y su tierra. 1410-1510. Libro de repartimiento, Málaga, 1983.

I
El oficio de escribano
en Antequera

El escribano es la persona que por oficio público está autorizada para dar fe de las escrituras y demás actos que pasan ante él[15]. En las Partidas de Alfonso X, la definición que se aporta hace alusión a los distintos tipos de escribanos que deben servir al Rey:

…Escribano tanto quiere decir como ome que es sabidor de escrevir, e son dos maneras de ellos. Los unos que escriben los previllejos, e las cartas, e los actos de la Casa del Rey, e los otros que son los escrivanos públicos, que escriben las cartas de las vendidas, e de las compras, e los pleitos, e las posturas que los omes ponen entre sí en las cibdades, e en las villas…[16].

En Antequera, la figura del escribano seguirá la tónica general castellana, los requisitos personales e intelectuales requeridos y a pesar de la venalidad del cargo[17], se exigirá una preceptiva pasantía y tras ella un examen. Sobre la forma de realizar el examen hemos conseguido localizar un documento que nos detalla el proceso, se trata de un certificado expedido por el escribano Juan José de Córdoba, donde hace constar los pasos seguidos por Andrés Félix de Aguilar, un futuro escribano del número.

El documento comienza con la transcripción literal de una real cedula en la que se indica:

…me ha sido hecha relación le pertenece un oficio de escribano del número perpetuo de ella que últimamente por título despachado ejerció Juan de Bouso Rivadeneira y deseando ponerse en posesión y ejercerla necesitando para ello venir a examinarse a mi Consejo so lo impide la larga distancia y accidentes que padece suplicándome que en esta consideración se servido dispensarle comparecerpersonalmente en el Consejo y que puede hacer el examen ante el corregidor de dicha ciudad de Antequera o como la mi mercede fuese…

El nuevo escribano solicita al rey le permita realizar el preceptivo examen en la propia Antequera, dada la distancia a la Corte. Acordando por resolución se proceda de acuerdo con lo interesado y se efectúe el examen ante el corregidor.

Previamente a realizar el examen el candidato debe de cumplir otro requisito el abono de las correspondientes tasas:

…se ha de tomar razón de valores de mi Real Hacienda a que esta agregada la de la media annata[18] expresando haberse pagado y quedar asegurad este derecho con declaración de lo que importare, sin cuya formalidad mando sea de ningún valor y no se admita ni tenga cumplimiento esta merced…

La suma ingresada en concepto de media anata por Andrés Félix de Aguilar fue de 562 reales de vellón. Finalmente el examen en sí se realizará en la Real Chancillería de Granada

…siendo las cinco de la tarde de este día compareció Andrés Félix de Aguilar en el cuarto donde hace audiencia su señoría el sr. d. Francisco de Cascajares, del Consejo de su majestad su presidente en esta Real Chancillería y a presencia de mi el infra escrito escribano por su señoría se le hicieron varias preguntas a el referido Andrés Félix de Aguilar así sobre la ordenación de diferentes instrumentos como en el modo de actuar, civil y criminalmente para instruirse de su capacidad; y fenecido dicho examen por haberle hallado hábil, capaz y suficiente para usar y ejercer el oficio de escribano del número, dijo se apreciaba y aprobó en virtud de dicha real provisión y bajo de juramento que hizo por Dios nuestro Señor y una señal de cruz ofreció defender el misterio de la Pura y Limpia Concepción de María Santísima Señora Nuestra; no llevar derechos a los pobres, y guardar legalidad en su oficio y en vista de todo su señoría mandó se le notifique no ejerza el oficio de escribano contenido en la real cedula ínterin que no se le despache el título que en ella se previene y para que pueda obtenerlo, se le entregue original y así su señoría lo proveyó y firmó…[19].

El siguiente paso que debía seguir el futuro escribano del número, antes de ejercer en el oficio era dar cuenta al cabildo de la ciudad, presentando toda la documentación, examen, pago de derechos a la corona y título. Esto lo podemos ver en 1672:

…En este cabildo Carlos de Talavera Navarro, vecino de esta ciudad requirió un real título de su majestad y cedula de aprobación de escribano por el cual le hace merced de un oficio de escribano público en el número de esta ciudad en lugar de Francisco de Alcántara Cabrera como se contiene y declara en el dicho real título…[20].

Seguidamente, en el acta capitular, se traslada la real provisión, la cual contiene en resumen todo el proceso, además de aludir a la historia del oficio concreto y de sus transmisiones,

…el rey mi señor que está en gloria por una su carta y provisión de 3 de mayo de 1631 hizo merced a Francisco de Alcántara y Cabrera de darle un título de un oficio de escribano del número de la ciudad de Antequera en el lugar de Pedro Gutiérrez Álvarez perpetua por juro de heredad y con otras facultades…[21] .

Una vez tenido conocimiento los regidores y jurados del expediente, continua el ceremonial de recibimiento del nuevo escribano,

…por cuanto habiendo constado de la edad y de su suficiencia de vos Carlos de Talavera Navarro vecino de la ciudad de Antequera, el licenciado don Fernando y Saavedra de Paz, juez de nuestra audiencia de grados que reside en la ciudad de Sevilla os examinó y aprobó y hallo suficiente para usar oficio de escribano…[22].

Se continúa reiterando todos los requisitos y haciendo pública constancia de esta en posesión de los mismos, para terminar todo el proceso de la manera siguiente:

…e pidió que se le de posesión del dicho oficio en virtud del dicho real título y visto y entendido por la ciudad lo tomó en sus manos el señor corregidor y dos regidores más antiguos, besaron y pusieron sobre su cabeza y obedeció con todo el respeto y acatamiento debido y en cuanto a su cumplimiento fue llamado al dicho Carlos de Talavera y entró en este cabildo del cual se recibió juramento y lo hizo y prometió de usar bien y fielmente el dicho oficio de escribano como debe y es obligado…[23].

Tras el ritual, la ciudad acuerda dar testimonio al nuevo escribano para constancia.

El título, diplomáticamente se expide como una real cedula, y se transcribía íntegramente en el acta. Una característica del documento consistía en que contiene el dibujo de la impronta que el escribano va a usar en su actividad como fe datario[24].

1.1.La instauración de escribanías durante el siglo XV

El 16 de septiembre de 1410, Antequera se incorpora a la Corona de Castilla, tras un dramático asedio de varios meses y un cruento enfrentamiento entre musulmanes granadinos y cristianos castellanos. La entonces villa, y pocos años después ciudad, se convertirá en un punto estratégico de primer orden, siendo la base de operaciones, en las distintas fases de la guerra con el reino de Granada.

Antequera sufrirá un cambio radical. Toda la población musulmana abandona la villa, dejándola en manos de sus conquistadores, quienes la ocuparán y repoblarán[25].

Durante años Antequera será ciudad de frontera, donde la principal actividad de sus gentes será la lucha constante contra sus eternos enemigos. Sobre este periodo son numerosos los estudios que se han desarrollado, muchos de los cuales han servido para elaborar el capítulo anterior. En ellos quedan analizados esos primeros años de dependencia castellana y esa casi militarización total de la población, más pendiente de los enfrentamientos y constantes escaramuzas que de construir los pilares de una sociedad próspera.

Todo comenzará a cambiar a partir primero de la toma de Málaga en 1487 y posteriormente, con la definitiva derrota granadina en 1492.

La documentación municipal conservada de este periodo es muy escasa. Se reduce tan solo a unos cuantos documentos supramunicipales y a un bloque de actas capitulares, muy escasas, y ya muy tardías, que nos ofrecen una visión parcial de la Antequera del siglo XV. Concretamente el Archivo Histórico Municipal de Antequera, en su Fondo Municipal, tan solo cuenta con un libro de cabildos, que recoge las sesiones celebradas a partir de 1494, y de forma incompleta. A ello hay que añadir un cuadernillo cosido al protocolo número 49, correspondiente al escribano del oficio primero Fernando de Molina, que contiene igualmente Actas Capitulares sin continuidad entre 1491 y 1493[26]. La otra serie documental que conserva documentación de este periodo es la de Disposiciones y Autoridades Supramunicipales, aunque los primeros documentos que informan sobre las escribanías de la ciudad solo aparecen ya en un periodo relativamente tardío, 1527, fecha a partir de la cual sí conseguimos una amplia y completa información vinculada con los fedatarios. Circunstancia similar concurre con la serie de Registro de Disposiciones de la subsección Secretaría General.

Este panorama documental cambiará radicalmente desde el inicio del siglo XVI.

Por tanto, las fuentes documentales que nos van a informar de la configuración del concejo y de la existencia de escribanos, van a ser muy reducidas y tenemos que recurrir al Registro General del Sello, del Archivo General de Simancas, para tratar de reconstruir, en el caso de los escribanos, los nombramientos de los mismos.[27] Aunque también encontramos ciertas dificultades, si bien es cierto que el Registro General del Sello de Corte se forma en 1454, fue ya instituido el Registro en Las Partidas por Alfonso X y por Enrique IV en las Cortes de Toledo en 1462, y serán los Reyes Católicos, en las Cortes de Madrigal en 1476 y en las Cortes de Alcalá de Henares celebradas en 1498, los que dicten las primeras disposiciones sobre cómo y qué se ha de registrar y su conservación. Tan solo a partir de 1475 contará la documentación con un carácter seriado, fecha a partir de la cual nosotros usamos para determinar la formación de escribanías en Antequera.

En este sentido, hasta una fecha ya muy tardía no tenemos constancia de nombramientos de escribanos para Antequera. El primero que hemos contrastado es en 1476, Juan de Mercado, quien dice ser vecino de Sevilla, e hijo de Pedro González Mercado, a través de una confirmación del nombramiento de escribano y contador de las pagas que se hacen a los vecinos y moradores de la ciudad de Antequera[28].

De manera cronológica, vamos a localizar a Antonio de Mesa, a quien por Carta de Merced, otorgada el 8 de diciembre de 1485 en Alcalá de Henares, se le concede una escribanía pública, por vacante del escribano Rodrigo de Toro[29].

El 22 de marzo de 1487 se otorga merced de una escribanía pública de la ciudad de Antequera a favor de Diego Rocha, en lugar de Juan de Robledo, escribano que fue del número, ya fallecido[30].

Lorenzo de Padilla, el 15 de enero de 1488 por merced otorgada en Zaragoza, recibe igualmente una escribanía del número de Antequera, por muerte de Diego de Mesa[31]. Sabemos que este Diego de Mesa fue recibido por el cabildo de la ciudad como escribano público, en la sesión de 20 de julio de 1486, tan solo dos años antes[32].

Por renunciación de Juan de Córdoba, se le concede a Juan de Torres, una escribanía pública del número de Antequera por merced de fecha 28 de febrero de 1489 dada en Medina del Campo[33].

Fernando de Alcalá, en 1490 obtendrá primero una escribanía del número de Antequera, por renunciación de Lorenzo de Padilla[34]. Y paralelamente una escribanía y notaría pública, en el mismo año[35].

Por fallecimiento del escribano García de Gallegos, se le concede en su lugar a Juan de Córdoba, por Carta de Merced dada en el Real de la Vega de Granada el 30 de noviembre de 1491, una escribanía pública del número. Juan de Córdoba, es igualmente vecino de la ciudad[36].

Por último tenemos que por renuncia de Juan de Córdoba, se le concede una escribanía pública a Fernando de Molina el 4 de junio de 1492[37].


1.2.La ubicación espacial urbana de los escribanos

No existe una ordenanza o norma que regule la ubicación en un determinado espacio de las escribanías públicas en la ciudad de Antequera a lo largo del siglo XVI van a seguir la tónica general del entorno andaluz, que las sitúa espacialmente en las plazas principales o sus aledaños[38], siempre coincidiendo con lugares donde se desarrolla, de una forma significativa actividades económicas.

Los padrones más antiguos conservados en el Archivo Histórico Municipal de Antequera se remontan al año 1600. Las primeras noticias documentadas sobre el emplazamiento de los oficios datan del año 1635[39], indicando un espacio muy poco habitado como la plaza de la Audiencia, y que no será hasta una fecha ya muy tardía como es 1696[40], en la que se denomina a este espacio concretamente como Plaza de los Escribanos. De forma dificultosa volvemos a encontrar esta denominación en esta serie documental hasta bien avanzado el siglo XIX.

A finales del siglo XVI, el 7 de mayo de 1585, la documentación municipal recoge la alusión a la plaza de las escribanías públicas. Es un acta capitular[41], en la que se acuerda la demolición de una de las puertas islámicas de la ciudad y la reordenación de ese espacio, con la construcción del denominado Arco de los Gigantes, el cual delimitará la plaza Alta o de la Feria y de esta forma se abrirá hacia la plaza de los Escribanos y la plaza de Santa María. Es difícil definir este complejo espacio urbano, que comienza a delimitarse en los primeros años del siglo XVI, y que en definitiva vino a ser la encrucijada que unía la puerta de la Medina con la Mezquita. En realidad se trataba de una vieja calle del caserío musulmán que lo atravesaba y que tras la incorporación de Antequera a la corona de Castilla los cristianos la llamaron Calle Ancha de la Villa, y en ella se instalaron la Audiencia, la cárcel y las tiendas de los escribanos[42].

No será hasta años posteriores cuando esta encrucijada llega a la categoría de plaza, y lo hará como consecuencia de la gran reforma urbanística que en el último cuarto del siglo XVI afectará a dicha zona de la ciudad que se transformará de una forma muy significativa, y a la que hemos aludido anteriormente.

De una manera o de otra, este espacio que unía la Plaza Nueva o de Santa María con la Plaza de la Feria, se convierte durante casi dos siglos, en el lugar donde los escribanos del cabildo primero y algunos públicos después instalarán sus tiendas.

Existe en estos años una gran preocupación por parte del cabildo civil y del cabildo eclesiástico por mantener activo el casco viejo en la ciudad amurallada. De hecho, los principales edificios públicos se construyen en este espacio, lo que implica un gran movimiento de población en dicho entorno. De igual forma se obligará, o mejor dicho se tratará de obligar, a los escribanos a residir y mantener sus tiendas dentro de este ámbito. Buena prueba de ello es la Real Provisión de 24 de julio de 1539 enviada al corregidor de Antequera mandando que los escribanos que viniesen y morasen en la ciudad lo hicieran de muros adentro y que allí tuviesen sus escritorios[43] en los siguientes términos:

…y siendo necesario para el dicho efecto y para que no se perdiese lo que está dentro de los dichos muros se hizo dentro de ella casa cabildo y ayuntamiento, cárcel y audiencia y todo lo necesario para la gobernación de ella y por nuestra carta fue mandado que los corregidores y otros cualesquiera jueces, de la dicha ciudad viviesen e morasen de los dichos muros adentro y porque algunos de los escribanos de consejo y número han sacado sus escritorios fuera de los dichos muros y la dicha ciudad y vecinos de ella y las personas extranjeras que tratan pleitos reciben mucho perjuicio y no hallan los dichos escribanos para hacer los autos que se les conviene hacer por ende que nos suplicaba vos mandásemos que guardasedes y cumpliesedes la provisión que acerca de ello fue dada e hiciese de que los dichos escribanos viviesen y morasen en la dicha ciudad de los muros adentro y allí tengan sus escritorios y oficios para que las partes pudiesen pedir justicia…

La voluntad por parte de la ciudad de hacer cumplir la Real Provisión es patente, ya que es la primera interesada en evitar el despoblamiento de los barrios ubicados en el interior de los muros. La élite local descendiente de los conquistadores y primeros repobladores tenían dispuestas sus casas solariegas y palacetes en las collaciones de San Salvador y Santa María, y el corregidor, desde 1502 tenía casa palacio, fecha en que el primero de ellos Gutierre de Escalante construyera la residencia. Tanto el cabildo civil como el eclesiástico, no escatimarán esfuerzos. Hemos indicado que uno de los principales es la construcción del Arco de los Gigantes, alarde de genialidad y primer museo público de España[44]. De igual forma dotará a la antigua villa de un sistema de suministro de agua moderno[45]. Por su parte, la curia emprenderá y concluirá la construcción de una iglesia mayor de unas dimensiones extraordinarias. Por último, en 1582, costeará a cuenta de los propios la construcción de un edificio en los aledaños de la Audiencia para ubicar las escribanías. La obra se le encarga al alarife Llorente Pérez y se trataba de una estructura de ladrillo con una arcada de pórtico y compartimentada en seis espacios, con sus correspondientes ventanas cada habitáculo [46].

El edificio cercano a la Audiencia estuvo funcionando con más o menos fortuna y dedicado exclusivamente al uso de los escribanos del cabildo y del número hasta finales del siglo XVII, concretamente hasta 1653, fecha en la que se produce el hundimiento del edificio, lo que induce al concejo a tomar medidas, acabando por demolerlo y adaptando la galería de arcos a la entrada de la casa de cabildos para su uso por los referidos escribanos[47].

A pesar de todas estas medidas y de los esfuerzos de los regidores la realidad fue muy distinta a lo deseado.

En 1675 el rey emite una real provisión en este sentido:

...a vos don Pedro Beluti de Haro caballero de la orden de Santiago, nuestro corregidor de la ciudad de Antequera, nuestro lugarteniente en el dicho oficio salud y gracia, sepades que Simón Álvarez de Prado en nombre de esa dicha ciudad nos hizo relación que habiendo como había en ella una plaza que llaman del Juzgado, por haber estado en ella siempre el despacho y los oficios de escribanos con todos sus papeles y protocolos que había sido y era la más principal de esa dicha ciudad por estar rodeada y contigua a la Santa Iglesia Colegial de ella y casas del Ayuntamiento y las que estaban destinadas para la vivienda de los corregidores, la cárcel real, la sala de las armas, la audiencia del juzgado, las carnicerías y pescaderías públicas y plaza donde se hacían los mercados todos los lunes y era así que de algún tiempo a esta parte los dichos escribanos habían desamparado la habitación y asistencia de sus oficios de dicho sitio y tiendas que cada uno tenía en la dicha plaza trayendo todos sus papeles a las casas donde vivían en grave perjuicio del despacho y administración de justicia y de los litigantes y dependientes de dichos oficios pues estando juntos y todos en dichos oficios que para este efecto estaban destinados y esa dicha ciudad se los daba de balde y sin alquiler alguno, los dependientes los hallaban con facilidad a la hora del despacho y los pobres presos tenían más fácil sus diligencias por estar allí la habitación de nuestro Corregidor y estando divididos padecían mucho trabajo todo lo cual y otros inconvenientes que se experimentaban de que no estuviesen los dichos escribanos en los dichos despachos ocasionados de vivir cada uno en distrito y distinto barrio de que recibían gran molestia los dependientes habrá obligado a esa dicha ciudad a ocurrir al remedio y había hecho instancias con vos el dicho nuestro corregidor para que con efecto hiciesedes volviesen al dicho sitio todos sus papeles y despacho para lo cual había reedificado las dichas tiendas y oficios y aderezado de todo lo necesario por ser propias de esa dicha ciudad y dárselas graciosamente para hacer por este medio más fácil la reducción de dichos oficios y sin embargo no lo había podido conseguir por lo cual vos el dicho nuestro corregidor nos habiades dado cuenta representando los dichos inconvenientes y pidiendo se os mandase ejecutarlo que fuese de nuestro mayor servicio y para los del nuestro Consejo se os había mandado hiciesedes la dicha reducción y habiades tratado de hacerlo y sin embargo no se había ejecutado con que cada día crecían y se aumentaban los perjuicios referidos los cuales cesarían yendo los dichos escribanos a sus oficios y llevando a ellos los dichos papeles y protocolos lo cual además de ser de la obligación de su parte el solicitarlo por el beneficio de sus vecinos era también propio el que mandásemos que se ejecutase y nos pidió y suplico mandásemos despachar nuestra carta y provisión o el despacho que más conviniese cometido a vos el dicho nuestro corregidor para que dentro de un breve termino el que se os señalase hicieredes que los dichos escribanos pusiesen en los dichos oficios sus papeles y protocolos y que tuviesen y guardasen la forma que antes en el despacho y que de acuerdo ejecutado diesedes cuenta a los del nuestro Consejo imponiendo para ello y a los dichos escribanos graves multas que para que así se hiciese lo podrá por la vía y remedio que más favorable fuese y hacía presentación con el juramento y solemnidad necesaria de un acuerdo hecho por esa dicha ciudad sobre todo lo referido…[48].

Este documento refleja de manera fiel la situación provocada por los escribanos públicos, si bien la actuación real vendrá a suavizar el ya abierto y constante enfrentamiento con el cabildo civil por mantener viva a costa de cualquier cosa la ciudad “alta”. Sin embargo, poco durará de hecho esta situación. Una serie de circunstancias encadenas provocaran el total despoblamiento de las collaciones de San Isidoro (o San Isidro) y la de San Salvador, primero como consecuencia de la epidemia de peste sufrida por la ciudad en 1679, que diezmará más si cabe estos deprimidos barrios, y luego el traslado de la Colegiata de Antequera a la parroquia de San Sebastián. Por otra parte, y en 1672, las modernas necesidades de la ciudad harán que se construyan unas nuevas casas capitulares, esta vez en el coso de San Francisco, aunque el espacio de la plaza alta se continuará usando para determinadas actuaciones

administrativas. De hecho, el cabildo alternará durante años la celebración de sus sesiones tanto en un espacio como en otro.

En definitiva, los escribanos fueron reacios a estar ubicados en un espacio acotado, limitado y controlado en la ciudad alta, cuando el gran potencial demográfico y económico tendía a desarrollarse en la ciudad nueva, la ciudad baja. La prueba evidente del poco éxito de los regidores la conseguimos ver de una forma muy simple. Tan solo debemos ojear el callejero de Antequera, para darnos cuenta de que los escribanos públicos optaron por no usar el edificio público construido por la ciudad y expandirse libremente, burlando los deseos de los corregidores y de la voluntad regia. Ello, además, desde inicios del siglo XVI y coincidiendo con la primera expansión del casco urbano. Veamos algunas denominaciones de calles vinculadas a los distintos oficios de escribanos y los lugares donde habitaron.

Cuesta de Álvaro de Oviedo. Nació en el arrabal del Albaicín en el conocido como partido del Rincón de Herrera, como una vía casi obligada a construir para enlazar la calle de la Fuente de los Abades con la Plaza del Portichuelo. No es una cuesta demasiado larga, y relativamente con pocas casas, pero que recoge un largo inventario de historias y anécdotas. Álvaro de Oviedo fue escribano del número en Antequera bautizando con su nombre a la calle. En el año 1499 el Libro de Repartimientos señala que le fue concedido, en este lugar un tercio de yubada para su vecindad[49].

El 1 de julio de 1498, a la muerte del escribano público Pedro Fernández de Córdoba, Álvaro de Oviedo tomó su oficio y funda el segundo de número. En el Archivo Histórico Municipal de Antequera existen escrituras firmadas por este escribano desde 1504 hasta el 18 de marzo 1542, fecha en que Juan de Baena se hace cargo de su oficio.

Este escribano tuvo su vivienda y oficio en esa calle, en la que además también habitó un siglo después otro escribano del número, Juan Cabezas de Escobar, que vivió en dicha Cuesta, próximo al Palacio del Marqués de las Escalonias, desde 1631 hasta 1675, y que usó el oficio 19.

Veamos otros ejemplos. En el entorno de la parroquia de San Sebastián van a existir una serie de calles cuya característica común va a ser por un lado que se conocerán y se denominarán con mayor o menor suerte en el tiempo con el nombre de un escribano del número y por otra parte que estarán habitadas en distintas épocas por escribanos.

Calle del Escribano Rodrigo Alonso Mesa, quien tuvo abierto su oficio en este lugar desde 1596. Esta calle ha recibido diferentes denominaciones a lo largo de su historia calle del Regidor Juan de Córdoba, calle Compañía, calle de Don Francisco Joaquín Aguilar o calle del Rey, como se conoce hoy día.

En esta calle desemboca otra, la conocida como calle del Gato o calle del escribano Gonzalo de León, que posteriormente tomará como denominación la de calle de los Talavera, aludiendo a la saga familiar de escribanos que estudiamos en su capítulo correspondiente.

La calle Gonzalo de León tiene una geometría de línea perpendicular con lo que se conoce como el Arroyón, con la Sacristía y nave del Evangelio de la Parroquia de San Sebastián. La perpendicularidad con el Arroyón le obligó a soportar muchos males, pero la situación respecto a la Sacristía y la nave evangélica de la colación de San Sebastián le hizo ser descrita a finales del siglo XVI como “calle que desde Rodrigo Alonso viene a parar al muro izquierdo de San Sebastián”.

Vamos a fijarnos en una de sus casas, la marcada con el número 2[50]. Sabemos que perteneció al licenciado Juan de Carmona, médico que era el propietario de la casa en 1566, fecha de la concesión de una paja de agua a esta casa. La vendió a D. Luís de Figueroa, el cual, a su vez, la enajenó al regidor Don Juan de Carrión. A partir de aquí hubo varias transmisiones siendo propiedad posteriormente de D.ª Juana de Tejada, viuda del regidor Santiago de Andaia, que constituyó un censo reservativo de 20.000 reales a favor del vendedor D. Jerónimo Florencio de Carrión. Este censo fue después transferido al Patronato de D. Antonio Torrejón por importe de 15.600 reales en que quedó fijado como consecuencia de ciertas redenciones[51].

D.ª Juana de Tejada, vende a Francisco de Alcántara, escribano del número, y a D.ª María de Huertas, su mujer, las casas principales de calle de Gonzalo de León marcada con el número 2, encargándose los compradores del censo de 15.600 reales a favor del Patronato de Torrejón. La escritura fue formalizada ante Rodrigo González en 1642. Francisco de Alcántara redimió ante el Patronato dicho censo, en parte, dejándolo reducido a 9000 reales[52].

Francisco de Alcántara expresó en su testamento el deseo de casar a la sobrina de su esposa, llamada Antonia Cano de Huertas, con Carlos de Talavera hijo de D. Juan de Talavera Navarro, también escribano público, según estaba ya tratado. A su citada sobrina le hizo un importante legado de 4.000 ducados y de su oficio de escribano, con la obligación de que lo ejerciera Carlos de Talavera en las casas de su morada. Alcántara falleció en la calle del Gato y se enterró en el convento de San Agustín, el 7 de abril de 1671, y el matrimonio de Carlos de Talavera con Antonia Cano de Huertas se celebra en la iglesia parroquial de San Sebastián el día 12 de abril del mismo año. Por tanto no cabe duda de que, de hecho, la familia Talavera empieza a vivir en la calle del Gato en ese año 1671. Como veremos esto es un dato importante, que en el capítulo correspondiente desarrollaremos.

En los años 1728 y 1729 se produce y tramita un concurso de acreedores sobre los bienes de Francisco de Alcántara y su esposa D.ª María de Huertas, entre los cuales entran las casas principales de la calle de Gonzalo de León número 2. Subastadas estas casas se produce una postura en calidad de ceder por D. Baltasar de Uribe Montehermoso, que cede su postura a D. Miguel Francisco de Talavera y Cano y a su mujer D.ª María de Cueto Chacón y Traba. Desde ese momento la casa ha sido siempre propiedad de esta familia, y siguió estando dedicada sin interrupción alguna al desempeño del oficio de la fe pública y a vivienda de sus titulares. A D. Miguel Francisco de Talavera y Cano le sucede en la casa y en el oficio su hijo don Antonio María de Talavera y Cueto y a este su hijo don Miguel de Talavera Muñoz de Toro. Fallecido éste último en 1850, la casa de calle de Gonzalo de León número 2 pasa a su hijo D. Miguel de Talavera Muñoz, en parte por herencia de su padre y el resto por compra a su hermano D. José de Talavera Muñoz, según escritura otorgada ante D. Pablo de Salinas Durán el 25 de agosto de 1886. A D. Miguel de Talavera Muñoz le sucede su hijo D. Rafael de Talavera Delgado, también notario, y a este le heredan sus hijos, refundiéndose las distintas partes adjudicadas en su herencia, en la persona de su hijo menor D. Rafael de Talavera Gómez, ya fallecido, siendo hoy titulares sus herederos[53].

En sesión celebrada por el Ayuntamiento Pleno el día 17 de febrero de 1906 se acordó, por unanimidad, que la llamada hasta ese momento popularmente Calle de Gonzalo de León pasara a denominarse Calle de Talavera “…como justo tributo a la memoria del distinguido Notario que fue Don Miguel de Talavera Muñoz y de sus esclarecidos progenitores que desde tiempo inmemorial han habitado en ella…”[54].

Como vemos, esta calle ha llegado a estar ocupada por escribanos de una forma continua desde finales del siglo XVI hasta el siglo XX.

Gonzalo de León, quien primero dio nombre a este espacio urbano, fue además de escribano público y del número escribano del concejo.

Igualmente, localizamos otras dos calles en el entorno del espacio conocido como las Peñuelas, en las que residen y tienen despacho abierto los escribanos. La primera de ellas es la Calle Bastardos. Esta vía sube desde las Peñuelas a la antigua Plaza de Santa Ana, hoy llamada del Espíritu Santo. El nombre se le impone por residir en ella el escribano del número Antonio Bastardo desde 1560 hasta 1578, su hijo también escribano y un hermano Diego Bastardo que ejerció de procurador. La otra calle de este entorno es la Cuesta Flores que perteneció durante los siglos XVI y XVII al llamado arrabal del Albaicín. Una calle flanqueada aún hoy por Bastardos, Pulidos y Tinajerías. Fue calle compartida para organizar su feligresía por dos parroquias diferentes: Santa María se responsabiliza de la acera izquierda y San Sebastián de su acera derecha (entrando por las Peñuelas), hasta que en 1822 pasó toda ella a la parroquial de San Miguel.

Situada en la parte alta de la ciudad no fue difícil observar el cambio vertiginoso de panorama que se producía al salir de Pasillas, en donde se instituyó un grupo social de los más ricos de Antequera y pasando por un ensanchamiento variopinto en el que estuvo ubicado desde 1559 hasta 1589 el escribano Pedro Ruiz Flores y sus escribientes.

Como vemos, y a pesar de todas las medidas y esfuerzos, los escribanos irán asentando sus oficios a lo largo del amplio callejero antequerano, hemos relacionado tan solo la ubicación de los más significativos, de aquellos que marcaron con su nombre el espacio urbano donde vivieron ellos y sus descendientes, con anterioridad al siglo XVIII, periodo en que de forma oficial la ciudad desistirá en su lucha por mantener las desahuciadas escribanías de la Plaza de la Audiencia o Plaza de los Escribanos.


1.3.Los escribanos del número

En Antequera se establecerán 23 oficios, que agruparán a lo largo del tiempo a los fedatarios públicos de la ciudad. Aunque el principio del numerus clausus generalmente viene determinado por un privilegio real[55], que limita o, mejor dicho, fija el número de escribanías en una ciudad[56], en el caso de Antequera no tenemos constancia de haber recibido tal privilegio y las escribanías se irán formando de manera progresiva, y sin atender aparentemente a ninguna circunstancia concreta, como podemos ver en la siguiente tabla:


OFICIOFECHA CREACIÓNESCRIBANO
11495Fernando de Molina
21504Álvaro de Oviedo
31509Juan Fernández Vilorado
41509Juan Mendoza Ramos
51521Luis de Palma
61521Juan de Merodio
71521Pedro de Jaén
81522Fernando Sánchez
91529Juan López
101548Fernando de Torres
111557Francisco Pérez de Aguilera
121557Ruiz Gómez Adalid
131572Antonio Bastardo
141573Alonso de Puebla
151576Pedro Rodrigo Alonso de Mesa
161581Gonzalo Fernández Perdigón
171581Gaspar de Torres
181587Pedro de Rojas
191591García de Carvajal Duran
201592Francisco Rodríguez León
211598Diego Román Cerón
221599Miguel Fernández Merodio
231636Francisco Méndez de Pineda

Fuente: Elaboración propia a partir de diversos documentos[57].

Tan solo observamos un momento en el que se crean 4 escribanías casi simultáneamente es el periodo entre 1521 y 1522, que coincide con un momento de expansión urbana y crecimiento demográfico de la ciudad.

A partir de 1495 Antequera se irá expandiendo de manera progresiva y constante, salvo en muy concretos momentos, en la que la mortalidad provocada por crisis epidémicas mermará este crecimiento y lo frenará. Es fácil observarlo en el siguiente cuadro:

Antequera. Evolución de la población
(siglos XV – XIX)


AÑOHABITANTES
14102.252
14951.951
15188.151
153410.357
159117.154
165722.452
171716.494
175222.746
176820.378
178715.254
185727.070

Fuente: Elaboración propia partir de Padrones de Población[58].

Como hemos señalado anteriormente existe una constancia documental de la constitución y conformación de los 23 oficios que se crean en Antequera. Hay que señalar que en las fuentes donde se describe la composición y fecha de fundación de cada uno de estos oficios se alude al número. Posteriormente, en los documentos, en ningún momento hemos podido localizar referencia explícita cuando se alude al escribano del número, a la indicación del ordinal correspondiente, salvo en determinados inventarios y relaciones de documentos, realizadas en las transmisiones de escribanías o como consecuencia de algún conflicto, donde sí se alude al número ordinal correspondiente.

Comparativamente con otras ciudades del entorno andaluz su número es muy similar al de las diversas capitales de provincia. Así tenemos que a mediados del siglo XVIII, en Almería se cuenta con 9 oficios de escribanos públicos, en Cádiz 22, en Córdoba 43, Granada 29, Huelva tan sólo 3, Jaén 25, Málaga 26 y Sevilla 24[59].

En las siguientes tablas incluidas al final de este capítulo podemos ver además de la fecha de creación, las distintas transmisiones que se irán produciendo en cada uno de ellos hasta mediados del siglo XIX. Apreciamos de forma muy clara la continuidad temporal en los mismos y las vinculaciones familiares en el control de determinados oficios, donde se transmitirán su explotación de padres a hijos o sobrinos[60].

Esta circunstancia es debida, sin lugar a dudas, no solo al importante desarrollo demográfico que hemos señalado con anterioridad, sino también a un elemento clave que servirá para dar explicación a muy diversos fenómenos que se vendrán a desarrollar en el ámbito territorial antequerano, y que no es otro que el peso específico del comercio y de las transacciones inter-vivos que se establecerá en la ciudad. Este elemento será crucial para llegar a comprender el complejo entramado social, económico y político que fundamentalmente se vivirá a lo largo de los siglos XVI y XVII.

Los numerosos privilegios obtenidos por la ciudad durante el largo periodo de frontera, y su colaboración con la corona en las cuatro fases de la guerra con Granada, le valdrán el otorgamiento de un elevado número de privilegios entre los que destacara de manera fundamental la exacción del pago de las alcabalas, lo que será crucial, junto con su privilegiada ubicación estratégica dentro del territorio andaluz, para que se desarrolle ese importante comercio que hará de Antequera y sus tierras un lugar con un fuerte poder económico.

Sin embargo, este hecho también jugará en contra y será la causa de su declive durante la primera mitad del siglo XVIII. El trasiego de personas de todos los lugares será un claro caldo de cultivo de transmisión de enfermedades, y Antequera se verá diezmada una y otra vez por epidemias. Sobre todo señalaremos las producidas en los años 1649 y 1679, especialmente cruentas, y afectarán directamente al normal desarrollo del comercio que se verá gravemente perjudicado[61]. Así queda reflejado en numerosos documentos, pero tal vez el más esclarecedor de todos sea la escritura final de reducción de oficios, realizada entre los distintos escribanos,

…era el proporcionado[62] y correspondiente al despacho común y público de las dependencias que ocurrían en esta ciudad por lo populosa que entonces se hallaba y lo florecido del abundante y rico comercio que tenía y habiéndose este menoscabado por la injuria de los tiempos, enfermedades de peste pasadas agregaciones tan cuantiosas de bienes raíces que se han hecho en fundaciones de vínculos y otras obras pías experimentaban los individuos que componían dicho número de escribanos notable perjuicio y por consiguiente muy gravoso al común por no tener los expresados con los emolumentos de sus oficios lo necesario para mantenerse con la decencia correspondiente…[63].

El documento continúa aludiendo al prestigio de los escribanos en otros tiempos

…en los años antiguos se experimentaron en los sujetos que los usaron pues cuando eran solo los de las dichas primeras creaciones muchos de ellos ilustraron sus casas y fueron personas decentes, estimadas, atendidas y respetadas en el pueblo y por razón de lo abundante de aquellos tiempos y grande valor que tenían dichos oficios los ejercían personas acaudaladas…

Finalmente alude a la devaluación económica de los oficios

…soliendo valer en lo antiguo dichos oficios de primera creación 6 ó 7 mil ducados, no ha sido tal su declinación que muchos de ellos se han vendido en estos tiempos por unos mil ducados y otros en mucho menos…

Esta serie de elementos serán los desencadenantes del proceso de reducción del número de oficios, en los que los primeros interesados serán los propios escribanos.

No obstante, el primer intento de reducción de los oficios data de la segunda década del siglo XVII. El desmesurado aumento en la venta de oficios y las continuas quejas de los abusos de poder y los enfrentamientos entre bandos, en toda la Corona decide a Felipe IV a redactar los Capítulos de Reformación de 1623[64], ordenando la reducción a la tercera parte de los oficios de regidores, alguacilazgos, procuradores, escribanos y otros.

Para ello se desplazará hasta Antequera el licenciado Baltasar Gilimón de la Mota, quien incoa el correspondiente expediente[65]: “Autos sobre el consumo de los oficios de alférez mayor, regidores, jurados, escribanías del número y procuradores de la ciudad de Antequera…”. En total, la medida afectaba a 104 oficios[66]. Tras un largo proceso y varios recursos la reforma no llega a aplicarse finalmente en Antequera. No será hasta cien años después cuando el problema del exceso de escribanos se retome. En esa ocasión acuciados por la crisis económica que afectaba el normal funcionamiento de los oficios, y la existencia de varias escribanías vacantes, que afectaban a la tramitación y al control de los registros.

El 15 de noviembre de 1735 la ciudad, reunida en cabildo, recibe una proposición del corregidor, en la que manifiesta que el número de escribanos es muy copioso, siendo conveniente su reducción a la mitad, en consideración a lo gravoso que es y lo poco rentable para los escribanos. Así mismo se acuerda que esta propuesta se vea en un próximo cabildo, donde se establezcan las medidas a tomar[67].

Tan solo tres días después la propuesta es debatida aprobándose la reducción, que afectará igualmente al número de procuradores:

…Habiendo 23 oficios de escribanos y 23 de procuradores como consta a la ciudad y que esta creación hecha desde el año 1500 hasta el de 1600, era número proporcionado y correspondiente por lo populoso que entonces se hallaba floreciendo en ella un abundante rico comercio, pero en la decadencia que hoy se halla es excesivo y consiguientemente de sumo perjuicio el numero mismo de escribanos de público…que los 23 oficios de escribanos quedasen solo en 12, que siendo 23 los oficios y habiendo de quedar uno sin agregación sea este el ultimo de la creación que sirve don Juan Bouso…

El acta continúa estableciendo una serie de condiciones que regularán la reducción.

Con esta iniciativa se trata de poner orden en el desolador panorama de las escribanías de número de la ciudad. Ya en 1708 recogemos una descriptiva acta del cabildo en la que se denuncia la dejadez de algunos oficios y el descontrol que sufren los registros:

…que respecto de haberse reconocido graves inconvenientes contra el común y particulares en luego que vacan cuales quiera oficios de escribanía publica de este número no se recojan y pongan cobro a ellos teniéndolos con la guarda y custodia que se requiere en partes seguras y decentes para que los que los entraren a usar los reciban con la cuenta y razón que se requiere respecto de que en las vacantes suelen faltar muchos de los papeles de dichos oficios como se ha reconocido en el de Juan Manuel García y otros que se hallan sin uso agregándose los papeles de más consideración por los escribanos que los despachan a sus propios oficios…[68].

El acta continúa recogiendo el acuerdo de que todos los registros y demás documentación referentes a escrituras públicas procedentes de los oficios vacantes se reúnan, identifiquen y se organicen en las casas capitulares, quedando en ella en custodia, para ser entregados en su momento a los nuevos propietarios de los oficios. Sin embargo, como hemos visto, esta circunstancia no se va a producir. El proceso de reducción continuará de forma pausada y firme.

Así, el rey, mediante una real provisión dada en Madrid el 17 de noviembre de 1738, autoriza la reducción de los oficios de número a 11 ó 12, y ordena se proceda a su liquidación, como a que se eleve a escritura pública el acuerdo o convenio que entre los distintos escribanos se establezca con intervención del corregidor. De igual modo manda se valoren los oficios que queden vacantes[69].

Tan solo unos días después don Antonio de Heredia y Bazán, corregidor de Antequera, reúne en las casas de su morada a todos los escribanos del número en activo para dar cumplimiento a la real provisión. Para ello, el escribano mayor de la ciudad y el más antiguo del número, Jerónimo Muñoz de la Vega, elevará a publica el acuerdo y concordia que se establecerá entre las partes.

La escritura redactada consta de dos partes claramente definidas[70]. En la primera, como ya hemos señalado anteriormente, se hace una justificación y se pone en antecedente las circunstancias que llevan a realizar el convenio que se va a suscribir, para a continuación desarrollar 10 apartados o acuerdos donde se establece de forma pormenorizada el proceso de reducción de las escribanías que se hace con el pleno consenso de todos sus propietarios. Entre otras cosas se establece que se reducirán a 12 los oficios. El sistema sería mantener por un lado el último creado, que ocupaba en ese momento Juan de Bouso Rivadeneira, y por otro conservar los 11 primeros oficios, a los que se agregarán los 11 restantes. Dice el documento: “…que la dicha reducción y unión de oficios les parece se haga los vacos desde luego y los otros como vayan vacando, los que se deben consumir sin recibir a su uso, así a los vacantes como a los que vacaren, persona alguna para que no haya agravio así de presente en las personas que lo usan como en la reducción…”. En definitiva, se va desgranando todo el proceso, tratando de establecer cualquier supuesto que pudiera surgir a fin de evitar en la medida de lo posible conflictos ni pleitos que pudieran perjudicar al conjunto del proceso.

Por otra parte se acuerda no tocar ni los 2 oficios del Cabildo ni los oficios de Millones y Cientos.

Finalmente, en 1740, los escribanos del número elevan al Consejo de Castilla el convenio y proceso cerrado para su ratificación por este órgano[71].

A pesar de ello surgirán problemas tan solo unos años después, que finalmente en 1783 se tratará definitivamente de solventar por el corregidor, según aparece en un acuerdo del cabildo[72]. En un extenso texto se hace una relación de todo el proceso de reducción desde el primer intento del siglo XVII. El problema viene por la presentación por parte de algunos escribanos de un oficio en el que se les otorga el uso de oficios reducidos, y donde no queda claro el origen de su emisión.

…que de aquí adelante cuando se presente en este Ayuntamiento algún título para escribano de este número con solo un oficio se obedezca como es debido pero que no se ponga al interesado en posesión hasta que se reconozca, si el oficio a que pretende recibirse es o no de los de primera creación, y si tiene o no proporción de agregar legítimamente si es o no dueño propietario nombrando la ciudad comisarios que la informe en esta razón…

El panorama que se deduce de este acta y otras similares es desolador. El simple análisis de los registros de protocolos nos habla de ello. A partir de 1760 aproximadamente se detecta una falta de cuidado en la encuadernación de las escrituras, en la creación de los índices de otorgantes, tan minuciosos hasta entonces, y una dejadez evidente. Esta decadencia, en el ámbito de los escribanos, nos la hace muy patente las respuestas particulares del Catastro del Marqués de la Ensenada, que podemos resumir de forma muy clara a partir de los siguientes cuadros:


CATASTRO DE ENSENADA – RESPUESTAS PARTICULARES
ESCRIBANOS REALES
ESCRIBANOREALCABILDONÚMERORENTA*OTRA OCUPACIÓN
Antonio de Gálvez Montoya550Sin oficio
Francisco Esteban GalánX4.400Fabricante de Lanas
Francisco de Rojas CortésX2.500
Jerónimo Velasco García**XX4.400Escribano de Rentas Provinciales
Juan Felipe de AguilarXX1.650
Juan García SolanaX550Sin oficio
Juan Ruiz ConejoX550Sin oficio
José Manuel de León***X3.050Escribano de Rentas Provinciales
José Antonio de Velasco****X5.300Escribano de la Renta del tabaco
Nicolás José SánchezX2.020Escribano de la Renta del tabaco
Vicente Morales*****X2.500Escribano de Rentas Provinciales

* Las sumas van expresadas en reales de vellón y se refieren solo al oficio de escribano.

** Por la escribanía del cabildo, incluido el salario, 1.100 reales. Por la escribanía de Rentas Provinciales 1.500 reales. Por la escribanía del número 1.800 reales.

*** Por sueldo de la renta 2.075 reales. Por utilidad de su empleo 300 reales.

**** Por el sueldo de la renta del tabaco 5.000 reales. Por utilidad de su ejercicio 300.

***** Por sueldo de las rentas 2.200 reales. Por utilidad de su ejercicio 300 reales.


CATASTRO DE ENSENADA – RESPUESTAS PARTICULARES
OFICIALES DE PLUMA
NOMBREOFICIAL PLUMAESCRIBANO NºOTRA OCUPACIÓNRENTA
Antonio Núñez de CastroX550
Bernardo de LasarteProcurador550
Esteban de RojasX550
Francisco de VillarinoX550
Francisco Fernández CalvoX660
Francisco Fernández PedrazaX880
Juan Ruiz UrbanoX1.100
Juan Felipe de AguilarX550
Juan García ZapateroX550
José Salvador de AmorosoXProcurador550
José Francisco MontalvoX550
José RuizX330
Miguel Jiménez de LasarteX770
Nicolás de LanzasX1.100
Pedro BerjesX550
Vicente de Vargas GameroX1.100

El estado de las escribanías, va a continuar en una constante decadencia. Así llegamos a principios de siglo XIX, donde como veremos la situación es similar o incluso peor que la información que deducimos de los datos del Catastro de Ensenada.

La media de edad de los escribanos en 1807 rondaba los 45 años. Nos encontramos 7 oficios vacantes, 5 sin reunir, 1 sin uso, 5 compartidos los oficios, de cabildo número y rentas, y tan solo 6 reunidas. La tónica es una lenta descomposición del sistema, agudizado nuevamente por pandemias. En este caso, una terrible de fiebres amarillas que en 1805, y según el profesor Parejo Barranco, despobló en un 60% a la ciudad, bien por muertes directas, bien por movilidad de la población que la abandona huyendo de la enfermedad[73]. Nada será igual en Antequera, a partir de esta fecha.


ESCRIBANIAS EXISTENTES EN 1807
ESCRIBANONUM.REALCABIL.EDADESTADO
Bernardo Gómez de TejadaX62Reunida
Nicolás María de RojasX50Sin reunir
José A. AguilarXX52Sin reunir
José de Vílchez RealXXX44Reunida
José CaseroX42Reunida
Joaquín de Vílchez RealXX30Reunida
Francisco de RoaX32Reunida
Juan de CesarX32Reunida
Joaquín GonzálezX48Vacante, para reunir con la de José Navarro que despacha Juan de Frutos
Miguel PallcozarX38Vacante, reunida, despachó Joaquín Sánchez
José de CórdobaX46Vacante sin reunir, despacha José Rodríguez Catalán
Juan de MedinaX46Vacante sin reunir, despacha José Rodríguez Catalán
Francisco Javier RodríguezXX46Vacante sin uso
Antonio de TalaveraX46Vacante sin reunir, despacha Bernardo Gómez
Antonio CortesX47De rentas y pósito
José GonzálezSuelto. Vacante

Desde un principio el grupo social de los escribanos en Antequera mantuvo un fuerte corporativismo. Casi podemos establecer de una forma exacta ese anhelo colegial, que se fecharía a partir de la creación del oficio 15, concedido a Pedro Rodrigo Alonso de Mesa, en 1576. A partir de esta fecha el número de escribanos se van a agrupar por lado para constituir hermandades en concreto dos como veremos[74], que si bien no gremiales, o al menos eso pensamos, dado que no se conserva documentación y la información es de fuentes indirectas, si cubrirá durante un tiempo esa necesidad de colegiación para establecer unos parámetros de necesaria corporación. Esto se verá reforzado por la firma del conjunto de escribanos de una serie de convenios o concordias que regularán la vida profesional y que se establecerán en torno a esa fecha apuntada. En 1578 el número de escribanos suscriben una escritura de concordia, ante Rodrigo Alonso de Mesa, con el fin de establecer una normativa entre los distintos oficios que pusiera orden y evitara los al parecer constantes conflictos que se producían entre el número de escribanos: “…para la mejor expedición de los negocios que entre sí se ofreciesen cerca de sus oficios para obviar las disensiones y litigios que entre los susodichos y sucesores se pudieren ofrecer…”[75]. Tan solo disponemos de la referencia a este primer documento, que se recoge en un segundo convenio firmado cien años después en 1687, realizado en esta ocasión ante Diego del Águila, escribano de su majestad y del número. A pesar de conservarse el protocolo integro de Rodrigo Alonso Mesa, no aparece en el mismo la escritura referenciada, ni en el protocolo ni en el registro índice de otorgantes[76].

La nueva concordia se realiza a fin de solventar, al parecer, los confusos capítulos que contenía el anterior del siglo XVI, y que daban pie a litigios entre escribanos. Además había una serie de aspectos fundamentales que no recogían y que se hacía necesario establecer[77].

De manera principal estos capítulos tratan de forma exhaustiva, cuestiones vinculadas con las sucesiones hereditarias y, sobre todo, con el procedimiento de las particiones de bienes testamentarios, procedimientos muy deseados por los escribanos debido a las suculentas minutas que proporcionaban. También es tratado el concurso de acreedores. Por otro lado, el problema de los oficios vacantes y de cómo solventar la expedición de copias o la realización de negocios.

Se establece un libro registro y un sistema de reparto de causas procedentes de la justicia municipal, tanto civiles como criminales. En definitiva, se pactan los principales elementos de conflicto y se desarrollan las vías necesarias para la buena armonía y normal discurrir de los oficios.


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