Kitabı oku: «Manual del Director de Grupo. Una guía para hacer efectivo el cuidado y la formación integral de los estudiantes.»

MANUAL DEL DIRECTOR DE GRUPO
Una guía para hacer efectivo el cuidado y la formación integral de los estudiantes
Manual del Director de Grupo
Una guía para hacer efectivo el cuidado y la formación integral de los estudiantes
José Guillermo Martínez Rojas
Colección Gestión
Título: MANUAL DEL DIRECTOR DE GRUPO
Una guía para hacer efectivo el cuidado y la formación integral de los estudiantes
© José Guillermo Martínez Rojas
Primera edición: Enero de 2018
ISBN
© COOPERATIVA EDITORIAL MAGISTERIO
www.magisterio.com.co
Un guía lo es en grado sumo, cuando las gentes apenas saben que existe.
No lo es tanto, cuando las gentes lo obedecen y lo vitorean.
Más lo es en el peor grado, cuando las gentes lo desprecian.
De un buen guía que habla poco, cuando haya realizado su trabajo,
cuando se haya logrado su meta, dirán todos: lo hemos hecho nosotros mismos.
Lao Tsé
EL AUTOR
José Guillermo Martínez Rojas
Licenciado en Filosofía y Teología (Pontificia Universidad Javeriana), especialista en Legislación Educativa y Procedimientos (Universidad Autónoma de Colombia), magíster en Educación (Pontificia Universidad Javeriana), magíster en Docencia e Investigación Universitaria (Universidad Sergio Arboleda), estudios de doctorado en Educación (Universidad de Barcelona), y de pregrado en Derecho (último semestre).
Cuenta con una trayectoria y experiencia de más de veintiocho años en el ámbito educativo. Se ha desempeñado como rector, vicerrector, director académico, director curricular, coordinador académico, de área y docente en varias instituciones de Educación Básica y Media en Bogotá y otras ciudades de Colombia; de Educación Superior en calidad de profesor en asignaturas como: Legislación Educativa, Evaluación Educativa, Modelos Pedagógicos, talleres de formación en Investigación Educativa, cátedras de Problemas Educativos, Seminarios de Gestión Directiva, de Gestión de Convivencia y de Currículo, entre otros. Igualmente, se destaca como ponente y conferencista a nivel nacional e internacional en los asuntos de su experticia.
En su trayectoria investigativa se ha especializado en: Evaluación en Educación; Sistemas de Acreditación y Certificación de Instituciones y Programas, tanto en Educación Básica y Media como en la Superior; Construcción Participativa de Normas, Convivencia Escolar y bullying; Desarrollo Moral y Social; Currículo y Evaluación de los Aprendizajes; Políticas Públicas en Educación; Aspectos Legales para Instituciones Educativas; Gestión de Sistemas Educativos. Entre sus publicaciones se destacan:
Libros:
– Lineamientos teóricos para la construcción de reglamentos o Manuales de Convivencia (2010).
– Relación entre desarrollo moral y el rol de agresor en situaciones de bullying. Un estudio exploratorio para la comprensión de las causas del bullying (2014).
– El Manual de Convivencia y la prevención del bullying (2014).
– Cómo implementar la Ley de Convivencia en los colegios (2015).
– Bullying, sexting y grooming. ¡Cómo los puedes prevenir y combatir! (2016).
– Bullying, sexting y grooming. Guía de prevención y manejo para padres y maestros (2017).
– Los manuales de convivencia de los colegios: alcances y límites (2017).
– La formación ética y la educación moral de los hijos, desde la perspectiva de los padres de familia (2017)
Capítulos de libro o artículos:
– “El desarrollo moral de los educadores, condición de posibilidad para la formación moral de los educandos” (2008).
– “Factores asociados al desarrollo moral en un grupo de estudiantes de Grado Décimo” (2008).
– “Las rúbricas en la evaluación escolar: su construcción y su uso” (2008).
– “Cinco instrumentos objetivos para medir el maltrato por abuso de poder entre pares” (2009).
– “La condición actual de la juventud y la educación ética y moral” (2011).
– “El acompañamiento a los estudiantes: una estrategia clave para hacer realidad la formación integral en el ámbito educativo” (2013).
– “Algunos desafíos actuales para los procesos de formación ética y moral de los jóvenes” (2013).
– “El currículo oculto y sus implicaciones en la formación moral y ciudadana de los estudiantes” (2014).
– “Apuntes para la prevención del bullying desde la primera infancia” (2014).
– “Una controversia jurídica entre la asignación salarial de los docentes al servicio del Estado con quienes prestan sus servicios en instituciones educativas privadas” (2015).
– “La responsabilidad civil contractual de las instituciones educativas por los casos de acoso escolar o bullying” (2017).
Contenido
Manual del Director de Grupo
EL AUTOR
Introducción
Origen y sentido pedagógico del acompañamiento
¿Qué es acompañar?
Características y cualidades de un buen acompañante
Funciones del acompañamiento
Aspectos formativos que requieren especial acompañamiento
Lo social
Lo afectivo
Lo ético y moral
Lo político y la formación ciudadana
Lo académico
Lo deportivo y recreativo
Los conflictos y las dificultades especiales
El acompañamiento de los estudiantes como una estrategia para su formación humana
Objetivos del acompañamiento
Espacios y oportunidades para el acompañamiento
La atención personal del docente al estudiante
Presencia del educador en los descansos y en actividades no académicas
La convivencia escolar y la disciplina
Actividades y momentos para el acompañamiento
La atención personal
Espacio de atención para padres de familia
Reuniones de seguimiento
Hora formativa de dirección de grupo
Espacio diario de encuentro con los estudiantes
Proyecto de vida
El proyecto de grupo
La aplicación del Manual de Convivencia
El debido proceso
Conducto regular para situaciones académicas
Conducto regular para situaciones de convivencia
Tipificación de las faltas
Taxonomía de las faltas a partir de los deberes de los estudiantes
Estrategias de atención para contribuir al desarrollo humano de los estudiantes
Manejo de la autoridad y las normas
La formación ética y moral de los estudiantes
Referente conceptual
Orientaciones para la formación ética y moral de los estudiantes
Estrategias en la formación para el desarrollo ético y moral de los estudiantes
El sentido de la construcción de las normas en la institución educativa
Una posible metodología para la construcción de las normas en la institución educativa
Fase 1: Sensibilización y toma de conciencia
Fase 2: Producción de normas
Fase 3: Negociación y consenso
Fase 4: Aplicación y seguimiento
Las sanciones en el contexto escolar
El castigo
Tipos de sanciones
Sanciones por reciprocidad
La disrupción como problema de convivencia
La mejora del ambiente de aprendizaje como estrategia para la superación de la disrupción
El aprendizaje y el clima de aula
Generar percepción de comodidad y orden para el trabajo académico
El sentido del trabajo académico para los estudiantes
El acoso escolar o bullying
El concepto de acoso escolar o bullying
La comunicación efectiva
Estrategias específicas para los involucrados en el acoso escolar
Papel de los educadores frente a la intimidación escolar o bullying
Algunas recomendaciones para el colegio que le permitan hacer frente a la intimidación escolar o bullying
El cuidado con la normalización del comportamiento
Conclusión
Referencias
Anexo 1 Formato para reporte de faltas leves de convivencia
Formato para reporte de faltas graves y muy graves de convivencia
Anexo 2 Instrumento de diagnóstico de conductas disruptivas
Anexo 3 Instrumentos de diagnóstico
Anexo 4 Habilidades prosociales
Anexo 5 Dilemas para generar conflicto moral
Anexo 6 Señales y síntomas de abuso
Anexo 7 Diez estrategias para formar el carácter y vivir las virtudes morales
Anexo 8 Valores éticos
Anexo 9 Instrumento de evaluación para identificar el tipo de comunicación
Introducción
Uno de los elementos relevantes del proyecto educativo de un colegio es el componente formativo y del cuidado de los estudiantes, que normalmente es desarrollado o implementado por los educadores que cumplen la función de directores de curso.
La dirección de curso hace referencia a la labor que realiza un docente al cuidar, acompañar, caminar con, hacer seguimiento, velar por el otro, entre otras muchas cosas, con el fin de garantizar la integridad de los estudiantes, pero sobre todo y fundamentalmente, para orientar y guiar al estudiante en todos los aspectos de la vida escolar.
En esta perspectiva, el presente texto es un manual diseñado con el fin de brindar a los directores de grupo elementos y criterios que les permita hacer efectivo y eficiente el cuidado del grupo de estudiantes que se les encomienda.
Este texto no pretende ser una investigación académica exhaustiva sobre el tema del acompañamiento, aunque tenga elementos de orden conceptual que permitan una comprensión más o menos seria de dicha actividad docente. Tampoco pretende ser una guía superficial o un recetario de fórmulas para realizar la tarea del cuidado de los estudiantes, aunque contenga estrategias y elementos que guían al docente que ejerce la función de acompañante.
El manual contiene varias funciones, entre las que se encuentran: crear un marco de referencia para todo el colegio sobre lo que es y significa el cuidado de los estudiantes; unificar las prácticas de acompañamiento a los estudiantes en las distintas divisiones o secciones del colegio; proponer estrategias y acciones dentro de los elementos del Proyecto Educativo Institucional (PEI) del colegio, así como su direccionamiento estratégico, que hagan posible la formación integral de sus estudiantes y el logro del éxito académico y formativo; trabajar para entregar a la sociedad ciudadanos íntegros, comprometidos con su país y con el mundo.
Está dividido en cuatro grandes partes, a saber: la primera, denominada “Origen y sentido del acompañamiento”, aborda desde lo conceptual elementos que le permitan al director de grupo encontrar el sentido profundo que tiene el acompañamiento y cuidado de los estudiantes, en la perspectiva de su desarrollo humano, de tal manera que los procesos formativos que la institución se propone puedan lograrse de manera más efectiva y eficiente.
La segunda parte, “El acompañamiento como programa de formación integral”, aborda elementos de orden práctico con los cuales se definen aspectos importantes de lo que sería la estrategia de acompañamiento en el colegio, sin que necesariamente sea un programa en el sentido estricto de lo que ello significa. Allí se definen objetivos, espacios y actividades que hacen parte del proceso de acompañamiento. Esta es una parte más práctica, que busca poner las bases de aquello que sería el acompañamiento propiamente dicho.
En la tercera parte, denominada “Estrategias de atención para contribuir al desarrollo humano de los estudiantes”, se propone una serie de estrategias que ayudan a los docentes directores de grupo a trabajar aspectos propios de la formación de los estudiantes, como la construcción colegiada de normas, el trabajo para potenciar el desarrollo moral, el manejo de la autoridad y de las sanciones, y algunas estrategias para prevenir o intervenir en caso de que se presenten situaciones de acoso o bullying, entre otras situaciones. La idea es proponer algunas estrategias y elementos que hagan posible que los profesores acompañantes o directores de grupo puedan implementarlos o emplearlos a fin de poder contribuir significativamente al desarrollo humano de los estudiantes.
La cuarta parte del texto la conforman anexos que buscan complementar el texto con otras herramientas que doten a los profesores acompañantes o directores de grupo, de suficientes elementos para poder llevar a cabo un cuidado más efectivo y eficiente.
El primer anexo contiene dos formatos para reportar faltas leves, el primero, y faltas graves y muy graves el segundo. Estos formatos son útiles al seguimiento que deben hacer los directores de grupo.
El segundo, tiene dos ejercicios para que los docentes identifiquen los principales problemas o conductas de disrupción o indisciplina en el aula de clase y pretenden contribuir a que logren hacer acuerdos sobre aquellos comportamientos que definitivamente no aceptarán en los estudiantes, así como unas sugerencias para que el director de grupo pueda realizar un manejo adecuado de ellas.
El tercero ofrece algunos instrumentos que permiten identificar de manera rápida si los estudiantes son víctimas o agresores en situaciones de acoso escolar o bullying, o si hay acoso en un grupo de estudiantes.
En el cuarto anexo se incluye un cuadro con cincuenta habilidades prosociales, debidamente clasificadas en seis categorías, que se constituyen en un repertorio para el trabajo formativo de los estudiantes en dichas habilidades, lo que redundará en mejorar muchas situaciones problemáticas de la convivencia escolar.
El quinto, es una metodología con el uso de dilemas morales de modo que permitan generar conflicto moral, una estrategia recomendada por los pedagogos cuando se quiere trabajar para avanzar en el desarrollo moral de los estudiantes.
El sexto, corresponde a un documento diseñado por el Centro de Defensa de los Niños de Chicago para identificar posibles casos de maltrato y abuso a los menores de edad y que puede orientar a los acompañantes o directores de grupo cuando requieran identificar alguno de estos problemas.
El séptimo, presenta varias estrategias al trabajar con los estudiantes las diez virtudes morales que los griegos consideraban esenciales para lograr la formación del carácter de las personas.
En el octavo, se ofrece un repertorio de valores, con sus definiciones, a fin de que los directores de grupo no solo los conozcan, sino que también los tengan en cuenta en sus procesos formativos con los estudiantes.
Y el noveno anexo presenta un instrumento que se puede aplicar a los estudiantes para identificar el tipo de comunicación que habitualmente emplean en sus interacciones, con las claves para calificación.
No se debe olvidar que una de las metas del proceso de acompañamiento o cuidado que realizan los directores de grupo o acompañantes está enfocada no solo en contribuir a la protección integral de los estudiantes, sino en especial a generar procesos de formación que aseguren la intencionalidad educativa de la institución, de tal manera que se constituyan en el eje central de lo que el colegio busca y pretende con sus estudiantes.
En síntesis, el manual ofrece recursos, reflexiones, talleres y otros elementos que le permitan al director de curso o acompañante de grupo realizar de manera adecuada sus responsabilidades, garantizarle un efectivo trabajo para llevar a la práctica el cuidado personal de los estudiantes de tal forma que su actividad vaya mucho más allá de los procesos de aprendizaje de conceptos y contenidos, para verla de manera más holística e integral.
Espero que este nuevo texto contribuya a mejorar la calidad de la educación en tanto que se ofrece a los docentes una nueva herramienta que les brinda posibilidades de cumplir más debidamente con su labor formativa. De igual manera, espero que las estrategias aquí propuestas sean ocasión para la reflexión y conduzcan a los lectores y los educadores a desarrollar nuevas e innovadoras estrategias que lleven a conquistar la meta formativa en su labor profesional.
El autor
Origen y sentido pedagógico del acompañamiento
¿Qué es acompañar?
Acompañar significa estar con el otro, caminar con, seguir al otro para saber lo que está viviendo y elaborando personalmente, apoyándolo en su proceso individual de desarrollo humano, ayudándole a crear las condiciones para que pueda ir definiendo y construyendo progresiva y paulatinamente su propio proyecto de vida. También es situarse al lado del otro como compañero de camino, estableciendo relaciones profundas de diálogo y amistad, relaciones de compañía y solidaridad que le permitan crecer como persona, e incluso, compartir con el otro lo que se es y lo que se tiene, sin que cada uno deje de ser quien es.
Para educar integral y auténticamente es necesario acompañar, hacer seguimiento, y para acompañar y hacer seguimiento es indispensable tener vocación de educador, lo que necesariamente supone dedicación y entrega. Esta relación de compañía es la que permite al otro contar con un espacio para expresarse tal y como él es, sintiéndose libre, escuchado, comprendido, lo cual le ayuda a confrontarse, aceptarse y superarse como persona, como ser humano en proceso de construcción.
El educador como acompañante ha de ayudar a caminar a cada estudiante con sus propios pies, de tal forma que pueda asumir su responsabilidad como ser humano. Por ello es importante entender que acompañar y hacer seguimiento a un estudiante no significa ser permisivo con esa persona, o resolverle sus problemas, o no permitirle ser lo que puede y debe ser. El acompañante ‘camina con…’, es decir, se pone al lado del acompañado para ir a su lado por donde va avanzando, con criterio y capacidad de discernimiento1, para orientar, para apoyar, para guiar, sin que este acompañamiento se constituya en un proceso de anulación de ese otro, o se limite a ser un espectador de lo que él vive, sin intervenir.
El acompañante también realiza la función de transmitir principios y valores al acompañado, al proponer modelos de identificación que posibiliten la construcción de su personalidad. Todo ello con el firme propósito de ayudarle a crecer, a aprovechar al máximo todo su potencial, permitirle ser persona y contribuir a su proceso de maduración y crecimiento, de desarrollo humano.
Meueler (1988) plantea que el verdadero acompañante es el que infunde ánimos, libera la creatividad y las energías propias de aquel a quien acompaña: a quien aprende el arte del acompañamiento lo que le importa no es refinar las técnicas del dominio, sino abolirlas, esto hace que el acompañamiento vaya en contraposición del esquema de ser atendido y planeando desde afuera o desde otra persona, distinta, al acompañado. Ello necesariamente supone que el acompañante, el guía, el director de grupo, al acompañar debe estar centrado en el proceso de contribuir a la construcción de sus estudiantes como seres humanos dentro del sinnúmero de posibilidades y opciones que cada uno de ellos tenga.
El acompañamiento presupone que aquel a quien se acompañará sabe a dónde quiere ir, tiene o está construyendo un proyecto de vida, tiene unos objetivos personales en la etapa de vida en la cual se halla y está dispuesto a poner todas las condiciones y a emplear todas las herramientas con las que pueda contar para alcanzar la meta que se ha propuesto. En el contexto escolar, en cada año lectivo que inicia los estudiantes tienen unas metas, como aprobar el grado en el cual se han matriculado, construir saberes y aprender contenidos que les permita seguir adelante con su proceso de desarrollo cognitivo, madurar más como seres humanos, cumplir las metas que los padres y cada quien de modo personal se ha propuesto, de cara a la construcción de aquello que será su vida adulta y profesional. No es el acompañante quien determina la meta y la velocidad con que se debe avanzar en el proceso de desarrollo y maduración del estudiante, justamente por todo lo anterior se puede acompañar a quien quiere emprender un camino y acepta ser acompañado, pero también se puede invitar y motivar a ser acompañado cuando el otro está desorientado.
Muchas veces los estudiantes, especialmente en la etapa de la adolescencia, no tienen mucha claridad hacia dónde quieren ir, hacia dónde quieren llevar su vida, o en otras ocasiones sus múltiples y complejos problemas, o la soledad en la que viven, o las necesidades afectivas que padecen, entre otras muchas situaciones, no les permite centrarse en pensar a futuro o en construir un proyecto de vida, sino que más bien se limitan a vivir el momento. En estas condiciones, un muy buen director de grupo sabe cómo acompañar y caminar con sus estudiantes para conducirlos hacia zonas con mayor claridad en sus vidas.
Una de las virtudes más importantes de un buen director de grupo es justamente la sabiduría. Este concepto se debe entender no como la acumulación de conocimientos, sino más bien como la capacidad que tiene una persona para juzgar con propiedad en cada momento de su vida las situaciones en las que debe decidir, para discernir con propiedad, así como la capacidad de decidir atendiendo a la complejidad de la situación particular que se enfrenta, para desde todas estas condiciones orientar a conciencia al otro, no por el camino que el director de grupo quiere o considera que debe ir su acompañado, sino por aquel que es el más apropiado para el estudiante, por aquel que lo conducirá a continuar la construcción de su proyecto de vida, o si no hay proyecto de vida, a buscar el identificar las pistas y señales que lo pueden llevar a ir configurando uno propio.
En el proceso de acompañar no se puede olvidar que la persona acompañada es quien toma las decisiones, quien resuelve los problemas y quien asume una responsabilidad de sí misma. Al acompañante le corresponde estar con el acompañado en su proceso de toma de decisiones, cuando resuelve sus problemas, cuando asume las responsabilidades que le corresponden, siendo un punto de confrontación, dando perspectivas e ideas que ayuden al acompañado a afianzar sus decisiones, permitiéndole que madure en su proceso de ser cada vez más autónomo. El acompañante debe permitir simultáneamente que el acompañado tome la iniciativa pero también que se aquiete cuando sea necesario, exigiéndole y calmándolo, estructurando y trasgrediendo todas las limitaciones.
El acompañamiento es más un arte que una técnica, es una actitud que vive del diálogo y del apoyo mutuo. Al acompañar se le debe permitir al estudiante su autorrevelación (mostrarse tal cual es, darse a conocer desde su interioridad), posibilitar que sus sentimientos, conflictos, vivencias y sueños puedan exteriorizarse, situándose en su lugar, pero sin dejarse envolver por sus emociones para así no perder la objetividad que puede ayudar al otro a confrontarse y avanzar.
Características y cualidades de un buen acompañante
El buen acompañante:
— Es una persona con grandes habilidades para escuchar a los otros; sabe oír, poner atención y seguir lo que el otro le está compartiendo, de tal manera que puede parafrasear lo que un estudiante le está compartiendo. Al igual que el saber escuchar, hace parte de sus características la discreción y la confidencialidad, saber guardar la información que recibe, pero también informar aquello que pueda estar interfiriendo en la vida del estudiante y le pueda causar daño grave.
— Posee cualidades y habilidades como la empatía, la sensibilidad, la sabiduría para aconsejar sin imponer su punto de vista; puede discernir para orientar al otro en una situación difícil; es propositivo y creativo, y en síntesis, es un adulto cercano a sus estudiantes, sin confundirse con ellos o dejar de lado su posición de adulto.
— Sabe ‘leer’ la realidad de sus estudiantes para acercarse a ellos y brindarles apoyo cuando requieren algo o están pasando por una situación difícil en sus vidas.
— Denota habilidades para ser mediador, lo que le permite contribuir a la resolución de los conflictos que se presentan entre los estudiantes, entre ellos y los profesores, entre estos y los padres de familia, y entre los estudiantes y los padres de familia.
— Es un modelo para los estudiantes, es decir, les modela comportamientos y maneras de ser, modos de resolver los problemas, formas de interactuar con los demás.
— Es una persona admirada por los estudiantes, reconocida por sus cualidades humanas, intelectuales o artísticas, poseedora de elementos o modos de ser y proceder que son reconocidos por ellos como valiosos o dignos de imitar.
— No es un par de los estudiantes, sino un adulto que los acompaña en sus procesos académicos, formativos y convivenciales, procurando siempre su crecimiento sin confundirlos o confundirse en la relación que establece con ellos.
— Es una persona auténtica, es decir, segura de sí misma, con una identidad propia, que se muestra tal cual es, fiel a los principios y criterios que hacen parte de su repertorio moral. Asimismo, es una persona equilibrada emocionalmente, lo que le permite manejar con propiedad las situaciones complejas de los estudiantes a su cargo, así como las tensiones y los problemas que puedan surgir en el trabajo de acompañar.
— No vigila ni supervisa a los estudiantes, sino que está con ellos, comparte en forma natural y espontánea la vida de ellos, sin ser una presencia que censura o juzga, de todas maneras teniendo criterios claros sobre lo adecuado y lo no adecuado en el contexto educativo, pero especialmente, buscando siempre el formarlos.
— Sabe poner límites, es decir, siendo cálido, amable y cordial sabe decir ‘no’, conoce hasta dónde puede llegar un estudiante y hasta dónde no deben ir sus comportamientos, sus maneras de ser y de actuar; además, ha asumido los criterios formativos institucionales y desde ellos modula y ajusta dichos comportamientos.
— Como director de grupo es una persona contextualizada con la edad evolutiva, la fenomenología actual de los jóvenes, la situación cultural y social de las familias y del país, que confronta de manera adecuada aquellos aspectos en los que el estudiante puede mejorar teniendo en cuenta sus condiciones y particularidades.
— Posee una actitud conciliadora que le permite mediar en los conflictos, negociar con otros profesores o directivos en situaciones en las que los estudiantes requieren su apoyo, pero igualmente es exigente con estos cuando debe reorientar sus comportamientos.
Funciones del acompañamiento
Las siguientes son algunas de las funciones que debe tener o puede cumplir un acompañante en el contexto escolar.
— Hacer seguimiento a los estudiantes, lo que necesariamente implica que los conoce, sabe de sus fortalezas y debilidades, cómo les ha ido en el año y cómo les fue en el grado anterior, si tienen materias pendientes, si tuvieron o no compromisos académicos o disciplinarios, si poseen condiciones emocionales, de salud o académicas especiales que el colegio y quienes interactúan con ellos deben conocer.
— Acompañar los procesos convivenciales, académicos, socioafectivos y demás que hagan parte del proceso formativo y académico de los estudiantes, de tal manera que está al tanto de cuanto sucede con ellos, lo que viven, lo que les preocupa, lo que hacen bien y aquello en lo que tienen dificultades.
— Orientar a los estudiantes en el desempeño y trabajo de los procesos y actividades realizados por ellos en la institución, de tal manera que lleva adecuados y eficientes registros de cada uno de ellos, en los que consigna lo pertinente para su seguimiento y orientación.
— Guiar a los estudiantes en la cotidianidad de la vida institucional, con el fin de que puedan responder adecuadamente a las expectativas y necesidades de aquello que el colegio y el grado al cual pertenecen esperan y exigen.
— Aconsejar a los estudiantes, de manera individual o grupal, cuando se hallen en alguna situación que requiera la guía o palabra de un adulto. Aconsejar es guiar y dar un punto de vista, dejando que el estudiante sea en últimas quien tome la decisión y, por lo mismo, asuma las consecuencias de lo decidido.
— Mediar en los conflictos presentes en su entorno, especialmente cuando intervienen en ellos los estudiantes de su grupo, cuando ocurren entre estos o con otros profesores, con el personal de apoyo o administrativo de la institución, con los padres de familia, o entre los padres y los profesores, por citar algunos.
— Representar los intereses de los estudiantes frente a la institución, los diversos estamentos o los profesores, cuando se requiera mediar o negociar con ellos para salvaguardar sus intereses y atender sus necesidades.
— Saber discernir en las distintas situaciones de la vida escolar, sobre todo en las situaciones y problemas en los que se ven envueltos los estudiantes a su cargo, para juzgar dichas situaciones y asumir posiciones particulares bien a favor de ellos o de la institución, con criterio siempre de contribuir a los procesos formativos a su cargo.
— Acompañar de manera individualizada a cada estudiante en su proceso de desarrollo humano para que se vaya construyendo como persona mediante el cuidado y la atención a todas y cada una de sus características personales (Martínez, 2013).
— Hacer seguimiento pormenorizado a las características de cada estudiante, de tal forma que se atiendan oportunamente las dificultades que se puedan presentar en su proceso de desarrollo y maduración para que dichas dificultades no se conviertan en problemas o limitantes para su vida académica, socioafectiva o convivencial (Martínez, 2013).
— Ofrecer acompañamiento y tutoría oportuna a los estudiantes a fin de hacer posible que el proceso de desarrollo humano y de crecimiento como persona se dé dentro de los ideales y parámetros del PEI (Martínez, 2013).
— Contribuir al proceso de ajuste en los procesos educativos y formativos de los estudiantes, de tal manera que se logre una atención lo más individualizada posible y, por supuesto, oportuna y adecuada a las necesidades de cada estudiante (Martínez, 2013).
— Ser el intermediario entre el colegio y los padres de familia, atendiéndolos de manera oportuna y adecuada cuando ellos lo requieran o cuando el acompañante considere que debe interactuar con ellos, en orden de hacer seguimiento a los procesos formativos de los estudiantes y mantenerlos informados sobre este particular (Ramírez, 2003).
— Ser el responsable inmediato del bienestar general del grupo, liderando ideas desde lo académico, lo informativo, lo deportivo, lo social, la convivencia, lo cultural, lo afectivo, entre otros asuntos, promoviendo así el desarrollo individual y grupal del curso que lidera (Ramírez, 2003).
— Mantener comunicación permanente con los demás educadores que trabajan en el curso a su cargo, para conocer y hacer seguimiento al proceso de cada uno de los estudiantes de su grupo (Ramírez, 2003).
— Participar activamente en las reuniones de seguimiento y evaluación, así como de los diversos comités en los espacios de capacitación y demás actividades del curso o grado, contextualizando a los otros educadores o profesores sobre la realidad y necesidades de los integrantes de su grupo (Ramírez, 2003).
— Apoyar de manera efectiva la labor que realizan al aprendizaje el jefe de año, las jefes de escuela y el personal del equipo de apoyo, de tal manera que las actividades y funciones que estas instancias programen lleguen a feliz término (Ramírez, 2003).
Además, todas aquellas que la institución considere necesarias y pertinentes para el logro de sus objetivos formativos.
Aspectos formativos que requieren especial acompañamiento
Si bien el acompañamiento se debe dar en todos los aspectos de la vida escolar de los estudiantes, existen algunos aspectos que revisten especial importancia en el día a día de la institución y por lo mismo deben ser objeto de especial atención por parte de quien lleva a cabo el proceso de acompañamiento. Dichos aspectos son los siguientes:
Lo social
Se entiende por dimensión social del ser humano la capacidad que este tiene para vivir ‘entre’ y ‘con’ otros de tal manera que puede transformarse y transformar el entorno sociocultural en el que está inmerso.
La dimensión social abre la posibilidad a los seres humanos de fomentar, construir y participar de una convivencia con los otros que garantice bienes sociales primarios, la libertad, el reconocimiento de la diferencia, la equidad y la responsabilidad social, valores que deben protegerse bajo una idea de justicia legitimada por la formación en instituciones democráticas, que lejos de favorecer los intereses de mayorías o minorías busquen que todaslas personas se integren y comprometan en el desarrollo comunitario de la sociedad a la cual pertenecen para que puedan tener derecho a vivir dignamente (Acodesi, 2002).
Los educadores tienen una especial responsabilidad con la formación en los procesos sociales. Aunque la persona nace con predisposiciones sociales, es necesario estimularlas para propiciar un desarrollo adecuado esas habilidades. Es muy importante, desde pequeño, enseñarle al estudiante a tener en cuenta a los demás, a reconocerlos como interlocutores válidos, a saber compartir lo que se tiene, a ser solidario con los más necesitados, a ser agradecido y cordial, a demostrar el afecto con respeto, a tener alta autoestima y sólida personalidad al relacionarse con los demás (Ramírez, 2003).
En esta perspectiva, el acompañante debe implementar trabajos y talleres conducentes al desarrollo de las habilidades prosociales2 de los estudiantes, puesto que estas se constituyen en un repertorio de comportamientos adecuados para la interacción con sus pares, con los profesores, con otras personas y con sus padres.
Las habilidades prosociales son características y condiciones esenciales para una adecuada interacción en la vida de los estudiantes, de tal manera que adquieran o cuenten con dichas competencias y habilidades, las sepan usar adecuadamente, y con el uso de ellas, interactuar en los múltiples espacios de la vida escolar, social y familiar.
Hoy es común que las personas se quejen o manifiesten que las actuales generaciones de niños y jóvenes carecen de ‘buena educación’ o de ‘buenas costumbres’, lo que tradicionalmente se ha llamado ‘buena educación’. Muchas de estas habilidades y competencias constituyen las normas básicas de cortesía que se requieren para las interacciones sociales, las cuales generalmente se forman en el ámbito familiar y, de alguna manera, la institución educativa debe contribuir a su formación.
La dimensión comunicativa es otro de los elementos del contexto social de los estudiante que se debe trabajar y atender, propiciando espacios para que los estudiantes puedan expresarse asertivamente, garantizando la escucha y el respeto. Así mismo, es importante que en el ambiente escolar se fortalezcan y pulan expresiones verbales y escritas, diferenciando los contextos y el adecuado manejo del lenguaje (Ramírez, G., 2003).
Uno de los aspectos más significativos para los estudiantes es justamente la posibilidad de socializar entre ellos, de interactuar, generando vínculos, que en ocasiones perduran por muchos años. Por ello, el proceso de acompañamiento o de dirección de grupo requiere de un adecuado trabajo, puesto que para los estudiantes este ámbito tiene mucha relevancia y significancia.
Lo afectivo
La dimensión afectiva se puede entender como
el conjunto de potencialidades y manifestaciones de la vida psíquica del ser humano, que abarca tanto la vivencia de las emociones, los sentimientos y la sexualidad, como también la forma en que él se relaciona consigo mismo y con los demás; comprende toda la realidad de la persona, ayudándola a construirse como ser social y a ser copartícipe del contexto en el que vive. (Acodesi, 2002)
La dimensión afectiva incluye los sentimientos y las emociones, las formas como el ser humano se relaciona consigo mismo, con los demás y con el entorno, a través de la expresión de su condición humana y particularmente de su condición de género, que le da un carácter especial a la vivencia de la sexualidad y a la existencia individual y única. En este proceso de crecimiento psicoafectivo el ser humano va descubriendo la riqueza personal y social y desarrollando sus habilidades para disfrutar de estas riquezas (Acodesi, 2002).
El desarrollo y la maduración afectiva de los estudiantes requiere especial cuidado y atención por parte del acompañante de curso. Este es uno de los aspectos o dimensiones del desarrollo humano que tal vez requiera más atención y cuidado por parte del acompañante.
Acompañar este proceso de los estudiantes no significa ‘jugar’ al psicólogo o al orientador, que son quienes tienen la formación y los elementos necesarios y adecuados para atender profesionalmente los aspectos más complejos y delicados de su vida afectiva. Acompañarlos en esta dimensión de su desarrollo humano va más en la dirección de conocer lo que pueden estar viviendo, saber orientar los aspectos básicos de su proceso de desarrollo, escuchar y orientar la búsqueda de ayuda profesional en caso de que lo requieran, entre otros aspectos.
La dimensión afectiva de los estudiantes, junto con la dimensión cognitiva, son los dos aspectos que más cambios y transformaciones tienen durante la vida escolar, justamente por todo lo que significa la vida en sociedad, pero además porque son los aspectos que más evolucionan en su proceso del desarrollo humano. Esta dimensión, entre otros muchos aspectos, incluye el manejo de las emociones y los afectos, la maduración sexual, la construcción de la autoimagen y el concepto personal, la formación de elementos como la autoestima, la seguridad en sí mismo, la construcción de un proyecto de vida.
Ser acompañante en este aspecto afectivo supone ir más allá del plano de la información, contrarrestar con su presencia y orientación el inmenso influjo de los medios de comunicación, que generalmente en este campo desorientan y deshumanizan (Ramírez, 2003). No se debe olvidar que los dispositivos electrónicos ofrecen posibilidades ilimitadas de acceso a información en diferentes formatos los cuales mantienen sobreinformadas y sobreexpuestas a las actuales generaciones, incluso llegando a exponerlos a problemas y delitos como el sexting, el grooming, el ciberbullying y demás fenómenos que han surgido fruto de los actuales desarrollos de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).
Lo ético y moral
Por dimensión ética se puede entender la posibilidad del ser humano de tomar decisiones a partir del uso de su libertad, la cual se rige por principios que sustenta, justifica y significa desde los fines que orientan su vida, provenientes de su ambiente sociocultural. Como es obvio, esta es una manera como se puede definir la dimensión ética del ser humano, en tanto es una de sus potencialidades que es preciso trabajar para alcanzar su pleno desarrollo como persona. También se la puede entender como aquella condición de la realidad humana por la que esta se construye libre y coherentemente. Desde esta perspectiva, se puede afirmar que la historia humana depende, en gran medida, de las decisiones responsables y libres de los seres humanos que, en cuanto tales, están orientadas por modelos que trascienden normativamente (sentido, fines, ideales) la realidad fáctica (Acodesi, 2002).
Una de las preguntas fundamentales de la ética es con relación a la coherencia. ¿Puede un individuo ser coherente consigo mismo, sin tener en cuenta la coherencia que debe también tener con su comunidad? Para que la persona sea coherente en sus principios y valores, debe saber poner en práctica y saber formular las consecuencias y los desafíos de la comunidad en que vive. La primera pregunta orienta la moral hacia una ética ‘individualista’, mientras que la segunda lo hace hacia una ética ‘colectivista’ o comunitaria. La solución adecuada está en realizar una síntesis dialéctica de los dos cauces de la responsabilidad, aunque destacando la importancia metodológica y real de la responsabilidad comunitaria (Acodesi, 2002).
El proceso de formación ética de los estudiantes es tal vez uno de los elementos más relevantes de las acciones y procesos educativos que se dan en la escuela, puesto que ella está llamada, junto con la familia, a generar los procesos necesarios y pertinentes para que los estudiantes, en su proceso de desarrollo humano y de maduración, avancen hacia niveles cada vez más altos de juicio moral. En este proceso hay elementos que desempeñan un papel preponderante, como el manejo de la norma, la asunción de las consecuencias por las decisiones tomadas, la aplicación de consecuencias lógicas y sanciones por las faltas cometidas, la racionalidad de las normas, la construcción personal de principios y criterios de acción, entre otros.
Desde esta perspectiva, el acompañamiento del docente a los estudiantes es vital, puesto que en muchos de los elementos y procesos mencionados el acompañante o director de grupo se halla involucrado o desempeña una función preponderante en ellos. En este sentido, el trabajo del acompañante es fundamental para lograr el desarrollo moral de los estudiantes, la maduración de su juicio moral. Este trabajo no se hace desde la adoctrinación o la imposición heterónoma de normas, sino más bien y sobre todo desde el conflicto moral, el debate en torno a la racionalidad de las normas, el respeto y cumplimiento de lo prescrito en el Manual de Convivencia de la institución, el respeto a los acuerdos de grupo y todo lo demás que se proponga desde la dirección de este, de tal manera que se contribuya real y efectivamente al desarrollo o la formación de este aspecto.
Lo político y la formación ciudadana
Se entiende por lo político el conjunto de acciones, procesos y formas de interactuar entre los integrantes de un grupo humano o social, en relación con los asuntos que conciernen a lo público, a la organización y a las interacciones entre sus integrantes, con el fin de lograr una adecuada organización, el bien común y la vida digna para todos. Si bien la institución educativa no es igual a una sociedad y a un Estado, sí tiene muchos elementos semejantes a ellos, y muchos de los trabajos e interacciones que se dan en su contexto contribuyen a la formación política y ciudadana de los estudiantes, puesto que la escuela es como un laboratorio donde se vive en pequeño aquello que posteriormente será su vida como adultos.
Por formación ciudadana se entiende toda aquella acción formativa y educativa que se lleva a cabo en la escuela, con el fin de educar a los estudiantes en el proceso de asumir los elementos más significativos del sistema político del cual hacen parte, poniendo especial énfasis en los mecanismos, estrategias y procesos propios del sistema político que hacen posible la participación de todos los ciudadanos, como integrantes de un Estado. Esta formación ciudadana involucra otros procesos, como la formación ética y moral, la formación en la vida afectiva, la resolución de conflictos, entre otros muchos aspectos que los estudiantes viven en la cotidianidad de la vida escolar, y por ello, los aprenden a manejar o a resolver, según sea el caso.
El trabajo en la institución educativa está enfocado en la formación de un sujeto político que pueda dar cuenta de lo que ocurre a su alrededor y, además, promueva la formación de un pensamiento —juicio— crítico y una acción política que contribuyan a generar sociedades más justas, más respetuosas de los derechos humanos, más incluyentes y, sobre todo, más democráticas. Dicho sujeto político debe promover la conformación de una idea de justicia que incluya tanto lo individual como lo social para construir un proyecto social y político que garantice la sana convivencia. Además, independientemente de las condiciones actuales de cada una de las sociedades, se pueda elaborar una idea de responsabilidad social acorde con los actuales cambios en el contexto social y político del mundo y que, de alguna manera, no desconozca la contingencia y fragilidad humanas, sino más bien, cree las condiciones para su atención.
Formar a los estudiantes como sujetos políticos está relacionado con un concepto de ciudadano, sin el cual no es posible la modificación del orden social. Por tal motivo, el sujeto político debe ser formado en tres direcciones: a) Conciencia histórica, desde la cual cada ser humano tenga conocimiento de los momentos históricos que hicieron parte de la formación social y política de su entorno y, a través de ellos, pueda explicar el momento histórico actual; b) Formación en valores cívicos, los que se constituyen en elementos claves para la participación y deliberación de los integrantes de una organización política; entre dichos valores se pueden considerar las virtudes cívicas y la identidad ciudadana; dentro de las virtudes cívicas pueden considerarse el sentido de lo público, la solidaridad, la justicia, el reconocimiento de la diferencia, entre otras; dentro de la identidad ciudadana pueden considerarse el sentido de pertenencia y la construcción de comunidad; por último, c) La formación de un pensamiento —juicio— y una acción política, en los que se abre espacio para la deliberación y la confrontación política.
Es decir, los seres humanos, a través de la palabra, del razonamiento y del discurso, se relacionan con los demás y pueden discutir acerca de los asuntos que les son comunes. Como el lenguaje hace parte integral de los seres humanos, el discurso —su uso— es parte constitutiva de la esfera política, porque se hace uso de la palabra y se puede participar comunitariamente de ella, por tal razón, y tal como lo afirman algunos filósofos, los seres humanos tienen una vivencia común, acerca de los valores que constituyen, en torno a lo que se llama el bien común. Por esta razón se debe fomentar en los estudiantes su capacidad para pensar y dialogar en un escenario que posibilite la participación y la deliberación, dentro de los límites del respeto a la diferencia y la pluralidad.
Como acompañantes, los profesores pueden estimular la formación del sujeto político buscando desarrollar una conciencia clara de responsabilidad social y de participación, valores que se potencializan en la cotidianidad de la vida escolar. Uno de los medios más evidentes para hacerlo es la elaboración y aplicación del Manual de Convivencia, donde se ratifica la importancia de los consensos, los acuerdos, el compromiso y el respeto por lo consensuado o acordado (Ramírez, 2003).
De igual manera, el acompañante debe generar procesos de formación en los estudiantes a su cargo que vayan en la dirección del cuidado y la conservación, así como de respeto por el espacio público, tanto de la institución como de la ciudad. Los estudiantes deben y pueden aprender en la escuela el cuidado de lo público como parte de la búsqueda del bien común. Esta experiencia solo se logra despertando un profundo sentido de pertenencia, fruto de un ambiente de comunidad participativa, en el cual los estudiantes interactúan con los demás integrantes de la comunidad educativa, pueden expresar sus formas de pensar y de ser, y contribuyen al logro de metas comunes.
Lo académico
Se entiende por académico, el conjunto de actividades, acciones y procesos de orden pedagógico y educativo, que buscan el desarrollo integral de los estudiantes y que se encuentran definidos en el Plan de Estudios y en el PEI de la institución. Dicho trabajo está orientado al desarrollo armónico de todos los aspectos constitutivos de los estudiantes como personas, a fin de hacerlos competentes y eficientes para la educación superior. De igual manera, este aspecto abarca la implementación y el desarrollo de los programas especiales que la institución haya asumido como parte de su proceso formativo y que determinan o hacen parte del Plan de Estudios de ella.
Lo académico es uno de los elementos que dan sentido a las instituciones educativas. En esta perspectiva, la vida escolar gira en torno a lo académico, determinando con ello muchos de los procesos, interacciones y actividades que en ella se programan y ejecutan. La vida escolar está organizada en torno a actividades académicas orientadas en gran medida a los estudiantes.
El acompañante desempeña un papel importante en la vida académica de los estudiantes y la institución. De alguna manera, es un mediador entre lo que la institución busca y logra, y los estudiantes, que se hallan en proceso formativo. El docente acompañante debe ser garante de los procesos académicos de los estudiantes a su cargo. Ha de estar informado, no solo de los procesos que son de su responsabilidad personal, sino del trabajo que realizan sus compañeros docentes con los estudiantes, de las metas y objetivos del grado, de las fortalezas y debilidades de los estudiantes, de los conflictos y problemas que surgen entre ellos y los docentes, de las maneras de proceder de estos últimos, de los estándares de calidad para los trabajos académicos que los profesores exigen, entre otros asuntos.
En lo académico, el acompañante o director de grupo tiene una función preponderante, no solo mediando, sino también exigiendo, proponiendo, acompañando, solicitando apoyos especiales y, en últimas, haciendo todo lo que esté a su alcance y estipulado para lograr que los estudiantes acompañados por él sean exitosos en su vida académica, alcancen los objetivos y logros en cada una de las materias del grado que están cursando, de tal manera que sean exitosos al final del año lectivo y puedan aprobarlo con la suficiente calidad.
El trabajo de acompañar los procesos académicos de los estudiantes demanda del acompañante o director de grupo muchas de sus habilidades y competencias, pues no solo debe saber mediar, sino tener el criterio y el juicio necesarios para estimular a los estudiantes, de tal manera que ellos asuman sus responsabilidades, den lo mejor de sí mismos, aprovechen todo su potencial y alcancen el mejor desempeño posible. El acompañante debe ayudar a su acompañado para que este siempre asuma sus responsabilidades y dé lo mejor de sí; ha de saber exigir, sin ser coercitivo, pero tampoco generando dependencias que inutilicen al estudiante.
Finalmente, no se debe olvidar que un estudiante dará tanto de sí mismo según su potencial, pero sobre todo, cuando es estimulado por sus profesores para que todo ese potencial salga a flote y logre desarrollarlo mejor. En esta tarea el acompañante desempeña un papel fundamental, pues debe conocer muy bien a sus estudiantes a fin de saber cuál es el nivel de su potencial y generar las estrategias adecuadas para estimularlos, de tal manera que efectivamente den lo mejor de sí.
Lo deportivo y recreativo
Generalmente lo deportivo y lo recreativo son dos aspectos de la vida de los estudiantes que ellos más disfrutan, pues allí pueden, entre otras cosas, ser libres, espontáneos, mostrarse tal cual son, quemar energía, dar rienda suelta a su creatividad, expresar sus emociones y, en fin, tener una serie de comportamientos y actuaciones que les permite socializar con sus amigos y compañeros, e incluso, ser reconocidos por alguna cualidad o aptitud especial.
Desde este punto de vista, cuando los estudiantes están participando o practicando algún deporte, o están teniendo algún espacio recreativo, el acompañante del grupo encuentra una ocasión privilegiada para interactuar con ellos, darse a conocer en un rol diferente y conocerlos a ellos, incluso para identificar cualidades y aptitudes que en otros contextos no sería posible hacerlo.
Como se afirmó, el acompañante ‘camina con’, está presente, no como una presencia censuradora o disciplinaria dispuesta sobre todo a castigar o a señalar lo inadecuado, sino más bien como una presencia de igualdad ante los estudiantes, sin ser igual a ellos. Esto quiere decir que, en la mayoría de los casos, si el acompañante participa en un deporte o una actividad recreativa con sus estudiantes, ha de ser en condición de igualdad a ellos, sin caer en la presencia que todo lo juzga. Obviamente, si por alguna razón requiere asumir su papel como formador o educador, lo puede y debe hacer, pero mientras esto no sea necesario un buen espacio de interacción con los estudiantes le permitirá no solo conocerlos mejor, sino hará posible que ellos lo vean como una persona común, de carne y hueso, que también tiene emociones, sentimientos, habilidades o cualidades distintas de aquellas que están circunscritas al rol del docente que imparte alguna materia.
Compartir con ellos algunos de estos espacios de deporte y recreación debe ser una meta de todo acompañante, especialmente al inicio del año escolar, para conocer a los estudiantes y para que lo conozcan a él. Tampoco se trata de estar presente en todo momento, cobijándolos de manera omnipresente, pues ello también puede cansarlos, hacer que pierdan su espontaneidad y sentirse siempre vigilados.
No se debe olvidar que un buen acompañante o director de grupo también conoce en detalle las habilidades y aptitudes especiales de los estudiantes, de tal manera que si ellos practican algún deporte de alto rendimiento sabe cuándo tienen torneos o presentaciones, cómo les está yendo, qué les gusta y que los molesta, en fin, todo lo que hace que se sientan individualizados y reconocidos en sus particularidades, de tal manera que no hacen parte de la masa ni pasan inadvertidos.
Los conflictos y las dificultades especiales
En la vida escolar los estudiantes se suelen ver envueltos en situaciones que si no se manejan adecuadamente pueden degenerar en problemas, pues dependiendo de circunstancias concretas y particulares el indebido manejo de las emociones podría generar hechos de alguna gravedad. En esta realidad, es importante la labor del acompañante o director de grupo, por cuanto debe tener suficiente capacidad de juicio y discreción para manejar esas situaciones, buscando ser imparcial, mediando y haciendo que asuman una posición, las resuelvan debidamente y, en últimas, asuman las consecuencias de sus decisiones.
Como se dijo al hablar de las cualidades y funciones de un buen director de grupo o acompañante, este debe tener suficiente tino, prudencia y sabiduría para guiar a los estudiantes, exigiendo, pero también comprendiendo; mediando, pero también exigiendo a las partes voluntad y actitudes que lleven a resolver los conflictos; acompañando y apoyando, pero también permitiendo que cada parte asuma sus responsabilidades, por mencionar algunas actitudes y comportamientos idóneos de un acompañante a la hora de ayudar a resolver adecuadamente los conflictos entre ellos.
Y de igual manera que en los conflictos, los estudiantes pueden tener dificultades especiales, que un buen director de grupo o acompañante requiere conocer y tener registradas en su texto de seguimiento a cada uno. Muchos sufren problemas familiares complejos, o situaciones físicas, emocionales o cognitivas adversas, o en últimas, alguna condición particular que requiere apoyo institucional personalizado, el cual, de alguna manera, se materializa en el trabajo que hace el acompañante. Por lo tanto, el director de grupo o acompañante debe conocer esas dificultades especiales; sin que ello implique inmiscuirse en la vida privada de los estudiantes, precisa saber todo aquello que pueda interferir en la vida escolar de ellos para darle un manejo adecuado a dichas circunstancias.
En estas situaciones se requiere de cualidades del director de grupo o acompañante como la discreción y la prudencia, pues la información que él conoce requiere manejarse con tacto y reserva, obrando siempre en beneficio del estudiante y de las tareas y responsabilidades que la institución educativa tiene frente a este. El director de grupo o acompañante ha de saber cuándo hablar y cuándo callar; también, a quién referir los hechos, puesto que no se debe ventilar la vida privada de los estudiantes, como tampoco ocultar información relevante que pueda desencadenar un problema mayor.
Además de lo anterior, en esta categoría figuran situaciones delicadas y complejas en las que pueda estar involucrado un estudiante, como la ideación suicida; las conductas delictuales; el consumo de sustancias psicoactivas, alcohol o tabaco; las prácticas de actividades paranormales; la pertenencia a tribus o grupos de culturas urbanas; conflictos como el acoso escolar, el abuso sexual, la violencia intrafamiliar o cualquier otra conducta o situación que ponga en riesgo su integridad o el éxito de su proceso formativo en la institución.
Frente a estas últimas eventualidades, dada la gravedad que pueden revestir, el acompañante debe conocer los protocolos y las políticas institucionales, para darles el manejo estipulado en ellos, de tal manera que no se pongan en riesgo ni al estudiante ni a su familia ni a la institución educativa.
Todos los anteriores, constituyen aspectos o elementos que conciernen a un director de grupo o acompañante, los cuales ha de conocer y manejar con propiedad para poder cumplir los objetivos formativos de la institución educativa, y sobre todo, para que el proceso de acompañamiento sea efectivo y eficiente.
1 Discernir es un verbo que se emplea para significar el tener la aguda capacidad de juicio para juzgar entre dos o más opciones, y desde los criterios, principios y valores que la persona tiene o ha optado por emplear en su decisión, elegir, siempre buscando lo mejor. Lo contrario a discernir es tomar decisiones por impulso, por emocionalidad, sin tener en cuenta los argumentos y las razones a favor y en contra de la decisión que se está tomando, sin ser capaz de seguir las emociones que se experimentan para tomar la decisión que se debe
2 En el Anexo 4 se incluye una tabla con el conjunto de habilidades prosociales más comunes, que se sugiere tener como referente para ser trabajadas con los estudiantes.
El acompañamiento de los estudiantes como una estrategia para su formación humana
El acompañamiento o cuidado de los estudiantes, sin ser propiamente un programa establecido, formal, estructurado por la institución educativa, sí funciona en muchos aspectos a la manera de una estrategia formativa tipo programa, de tal manera que ella incluye algunos elementos, como los siguientes.
Objetivos del acompañamiento
Los siguientes son los objetivos de la estrategia de acompañamiento:
— Favorecer la formación integral de los estudiantes, fomentando su autoestima y el desarrollo equilibrado de su personalidad, acorde con la misión de la institución y el perfil de ellos.
— Fomentar la relación personal entre educadores y educandos, fortaleciendo en unos y otros la capacidad de escuchar, la solución concertada de problemas y, en últimas, el cuidado de los estudiantes por sus educadores.
— Hacer posible la construcción de un proceso de maduración grupal que permita un mejor clima educativo y haga posible cumplir las metas formativas definidas por la institución educativa y satisfacer las necesidades de los padres de familia respecto a la labor de la institución.
— Contribuir al proceso de construcción personal del proyecto de vida de los estudiantes, el desarrollo de sus aptitudes, la maduración de sus dimensiones y, en últimas, su desarrollo humano.
— Personalizar la tarea educativa que la institución se ha propuesto, haciendo posible que no haya estudiantes invisibles o anónimos en los grupos, puesto que desde el acompañamiento se individualiza a cada uno de ellos como una persona única e irrepetible, que está en continuo desarrollo y crecimiento.
— Brindar al estudiante elementos que le posibiliten conocer mejor su realidad personal, guiándolo en el proceso de identificar y reconocer sus fortalezas y debilidades, buscando que cada vez sea más seguro de sí y pueda ser exitoso en su proceso de formación.
— Ser con los estudiantes y su familia, la cara visible, inmediata y primera de la institución, de tal manera que se fortalezca la identidad institucional, se haga efectivo el cuidado y la atención de los estudiantes, y se asegure el proceso de formación en la perspectiva que la institución ha definido.
Espacios y oportunidades para el acompañamiento
La atención personal del docente al estudiante
La primera y fundamental estrategia para el acompañamiento es la reunión personal del acompañante con el estudiante; en el encuentro, se dialoga en un clima de confianza y sinceridad sobre la vida escolar, los logros y las dificultades, el desarrollo de los procesos formativos, de aquello que le molesta al estudiante y lo que le agrada. En este diálogo, no solo debe haber absoluta confianza y sinceridad de ambas partes, sino una verdadera interacción de cuidado personal, de seguimiento, de pastoreo, de acompañamiento.
En este encuentro, el director de grupo o acompañante puede y debe hacer gala de todas las cualidades, habilidades y competencias de que esté dotado, para hacer del acompañamiento un arte donde de verdad se acompañe y haga seguimiento al estudiante, se genere un clima de confianza y trabajo en equipo que le permita al estudiante avanzar en sus procesos de desarrollo humano, ser exitoso en la vida escolar, superar las dificultades que se le presenten, avanzar con paso firme en su proceso de alcanzar los logros de un determinado grado escolar.
La entrevista entre el educador y el estudiante es la práctica o experiencia por antonomasia del acompañamiento de los estudiantes. Es en ella que se pueden hacer efectivos muchos de los objetivos del acompañamiento; es la estrategia con la que mejor se puede conocer al estudiante, con la que mejor se le puede orientar, y la que más oportunidades brinda para formarlo. Por ello, el acompañante debe poner especial cuidado en la manera como ella se lleva a cabo a fin de asegurar el éxito.
Presencia del educador en los descansos y en actividades no académicas
Como ya se afirmó, el educador, en aras de acompañar a los estudiantes debe hacer presencia en los espacios informales en los cuales interactúan de manera natural y espontánea, una presencia que no es para supervisar o censurar, sino para compartir con ellos lo que son y lo que hacen.
Esta presencia del director de grupo o acompañante en los espacios informales precisa ser gratuita, espontánea, sin el acartonamiento de quien se hace presente para supervisar, sino más bien con la idea o intención de estar con los estudiantes para conocerlos en su ambiente natural, saber de ellos e irlos identificando espontáneamente, de tal manera que no se sientan vigilados, sino justamente acompañados por un profesor que le gusta compartir, mostrarse tal cual es también y que hace parte de lo que ellos son y viven en la cotidianidad.
Esta presencia, como se ha dicho, no es ni puede ser formal, con la intención de vigilar a los estudiantes, sino con el objetivo de compartir con ellos, de observarlos de manera diferente a lo que ocurre en el aula de clase, de reconocerlos en la cotidianidad sin la presión de realizarse una actividad formal del colegio; con la intención de conocerlos mejor, de apoyarlos, de ver cómo interactúan entre ellos, cómo se relacionan, qué tensiones pueden existir, a quién molestan más, a quién ignoran, quién se integra menos, entre otros muchos aspectos que se dan en la cotidianidad de la vida escolar. Posteriormente, el director de grupo o acompañante debe saber manejar lo que observa en estos espacios para guiarlos como grupo e individualmente, de manera que cumpla sus funciones y responsabilidades.
En estos espacios la principal cualidad de un buen director de grupo o acompañante es la observación detenida que permita conocerlos de manera diferente, reconociéndolos y validando lo que ellos han expresado, lo que manifiestan formalmente, para determinar si se requiere otro tipo de interacción o ajustarse las relaciones del grupo, e identificar si hay casos de aislamiento que requieran de acciones especiales, entre otros aspectos.
La convivencia escolar y la disciplina
Un elemento de vital importancia para las instituciones educativas es el manejo de la disciplina, ya que esta es usada como un medio para potenciar el desarrollo integral de los estudiantes y además un facilitador de la labor educativa en cuanto a la adquisición de conocimientos y el desarrollo de competencias (Gotzens, 2001). Ante esto, las instituciones tienen, entre otras posibilidades, la elección de usar los castigos como mecanismo de mantener la conducta disciplinada, o aplicar las sanciones como consecuencia lógica de los comportamientos inadecuados.
La diferenciación entre sanciones por reciprocidad o como consecuencia lógica del comportamiento, y los castigos, ha sido propuesta por Piaget (1932), y fue el punto de partida para conceptualizar manejos diferentes ante la conducta disruptiva o inadecuada de un estudiante en las instituciones educativas.
Esta reflexión le permite a los profesores contar con una estrategia que les ayude en su labor educativa diaria, permitiéndoles tener mayor certeza sobre la efectividad de sus acciones a la hora de formar personas más autónomas, que realicen juicios morales más complejos. Debe recordarse que la labor docente va más allá de la transmisión de conocimientos, puesto que consiste en formar sujetos competentes para la vida, con actitudes y juicios que permitan su relación diaria con otros (Defrance, 2005).
Autores como Romi y Freund (1999), Moreno, Cervelló, Martínez y Villodre (2007) afirman que los comportamientos de indisciplina son casi siempre resultado de una serie de condiciones y factores desfavorables que afectan el desarrollo normal en la institución educativa. Estos factores se pueden categorizar en cuatro, a saber: a) sociodemográficos, b) factores educativos (estilos de enseñanza, características personales del alumno, características personales del profesor), c) factores sociales, y d) factores familiares.
Downing (1996) ha estudiado las respuestas de corrección de comportamientos indisciplinados de modo reactivo, y encuentra el castigo como la estrategia más relevante. En sus trabajos ha determinado que la corrección reactiva es a menudo inapropiada, dificulta la comprensión por parte del estudiante sobre por qué recibe el castigo, y puede, de manera contraria, reforzar comportamientos inadecuados, a largo tiempo el estudiante —o la persona castigada— desarrolla sentimientos de miedo y odio hacia aquel que le castiga.
Goetzens (2001) entiende la disciplina como un instrumento que posibilita el aprendizaje de los estudiantes y que para ser conceptualizada y modificada debe verse a la luz de principios psicológicos bien conocidos y contrastados, que orienten la intervención de tal manera que se evite una mala acción disciplinaria, con consecuencias desafortunadas. Esta definición es una simple guía, pues como afirman Watkins y Wagner (1991), no se puede ni es conveniente dar una sola definición de lo que es la disciplina escolar, ya que cualquier definición sería parcial o tan general que no tendría validez ya que el fenómeno abarcado es muy complejo. Ante la imposibilidad de una definición que abarque más, Watkins y Wagner (1991) han optado por la presentación de algunos criterios que permiten caracterizar una conducta como disciplinada o indisciplinada. Estos son:
— Dependiendo del momento en que tenga lugar la acción: normalmente lo que un estudiante haga en el horario de clase se valorará de manera distinta a como se haría si dicho comportamiento ocurre fuera de ella. Incluso dependiendo del momento histórico de un grupo social puede cambiarse la categorización de una conducta como disciplinada o no.
— Dependiendo del lugar: lo que se hace dentro de la institución se percibe de manera diferente cuando se está fuera de ella. De hecho, la comparación entre diferentes centros educativos puede llevar a hablar de distintas conductas características de la indisciplina.
— Dependiendo de las personas ante las que se realice la acción: la conducta suele tener un tratamiento distinto ante personas diferentes, de tal manera que una conducta indisciplinada puede variar de docente a docente o de docente a padre de familia.
— Dependiendo de las características personales del estudiante: comúnmente la conducta de un estudiante es evaluada teniendo en cuenta anteriores comportamientos de él o como es percibido por los demás, de tal manera que si alguien canta en el salón y es conocido por sus características como cantante, no sería indisciplina, o si alguien que molesta a sus compañeros en clase por lo general se comporta de esta manera, estaría simplemente haciendo lo que siempre hace y que anteriormente había sido etiquetado como indisciplina.
— Dependiendo de quién sea el afectado: se evalúa de manera distinta una pelea entre niños de quinto grado que otra entre un estudiante de quinto con uno de tercero, de tal manera que se puede incluso calificar el primero como una gracia y el segundo como un abuso.
Como lo muestran Watkins y Wagner (1991), una falta de disciplina dependerá de quién la realice, dónde, cuándo, por qué, a quién, delante de quién, etc. En la evaluación de la disciplina se mezclan un conjunto de juicios pluridimensionales que dificultan la unanimidad. De igual manera, afirman que los docentes consideran como conductas características de la indisciplina las siguientes: el rechazo (negativa a recibir enseñanza, obedecer, hacer trabajos o aceptar la autoridad), el hablar en clase, la conducta agresiva, llegar tarde, ser mal hablado, ser insolente y ser poco diligente.
Ahora bien, no se puede olvidar, tal como lo afirma Gotzens (2001), que la disciplina tiene una función instrumental en el contexto educativo y no es el fin mismo de la educación, razón por la cual no se puede hacer de ella un propósito absoluto en los procesos formativos, puesto que su función está directamente relacionada con el mantenimiento de un ambiente que favorezca el aprendizaje y los demás procesos formativos, sin que por ello se minusvalore, pero tampoco se sobrevalore.
Por otra parte, también es importante precisar que la diferencia entre un educador que mantiene un buen clima para el aprendizaje en el aula de clase, por la construcción de un ambiente de disciplina, y uno que termina por ser arbitrario al sanciona a los estudiantes de manera despótica y autoritaria, está en la capacidad del docente de poder discriminar los comportamientos que realmente perturban la buena marcha de la clase, de aquellos que percibe como molestos, fruto de sus rarezas personales (Gotzens, 2001). De ahí que las formas como la disciplina adquiere sus prácticas en el aula de clase generalmente se las asocia a los estilos de ser de los docentes.
Finalmente, es en este contexto de la disciplina y su mantenimiento que se puede hablar de castigos y sanciones, pues están directamente relacionados con la intencionalidad de modificar el comportamiento de los estudiantes para lograr o mantener un ambiente de disciplina. No se puede olvidar que, de alguna manera, el director de grupo es la instancia más inmediata para resolver muchos de los problemas de convivencia que se dan en el ámbito escolar, de ahí la necesidad de hacer un manejo adecuado de la misma.
Actividades y momentos para el acompañamiento
A continuación se proponen algunas actividades y momentos en los que el acompañamiento como estrategia formativa de la institución se puede hacer efectivo y eficiente. Los principales elementos son:
La atención personal
Una de las características y condiciones más importantes del cuidado que un director de grupo puede y debe implementar en sus prácticas es justamente la atención personal e individualizada a los estudiantes del grupo a su cargo. Ello significa que el docente esté disponible, no siempre y en todo momento, pero sí disponible para atenderlos personalmente.
La atención personalizada e individual, unas veces puede ser iniciativa del estudiante, y otras, del profesor. Lo importante es que al menos no pase un mes sin que el director de grupo haya conversado con todos sus integrantes. Hay estudiantes que lo buscan de manera natural, e incluso en ocasiones terminan por generar casi una dependencia de él, sin embargo, hay otros que son más tímidos o tienen algún tipo de prevención o aprensión y por ello no interactúan con su director de grupo. En ambas situaciones, el profesor debe poseer la capacidad de discernimiento necesaria para ponerle límites a uno y vincular al otro.
La atención o el cuidado personal e individual es irremplazable por otras actividades o métodos de trabajo grupal, pues con ella es que se evidencia el reconocimiento de la individualidad y la particularidad que posee cada estudiante de un determinado grupo o curso. La atención personal es el mejor recurso para desbaratar los prejuicios, tanto del director de curso, como del acompañado, al facilitar el encuentro real con las carencias, ambiciones, sueños, virtudes, temores y necesidades (Ramírez, 2003).
Este espacio de atención personal hace que el estudiante se sienta realmente acompañado, pero sobre todo, individualizado en lo que es como persona, que sienta que no es un número o alguien más del montón. Para que este espacio sea efectivo y cumpla sus objetivos es recomendable que la actitud del acompañante sea más de escucha que de consejería. Un diálogo interpersonal debe partir de las necesidades e intereses del acompañado, comenzando por aspectos muy generales de su vida personal y familiar, hasta avanzar hacia temas más privados y confidenciales, propuestos libremente por el acompañado. Generalmente la actitud de apertura y disponibilidad sin manipulación abre posibilidades de un diálogo cada vez más profundo (Ramírez, 2003).
En este proceso del acompañamiento personal hay dos elementos finales que deben tenerse en cuenta: un buen director de grupo es como un espejo que refleja cuanto está viendo, de tal manera que por lo general no se trata de aconsejar o dar soluciones, sino de hacer preguntas inteligentes, de reflejar lo que se ve, de señalar puntos problemáticos, o simplemente, de escuchar. Y el segundo elemento es que, si bien se ha afirmado mucho la confidencialidad y la discreción del docente acompañante, también debe decirse que cuando el profesor perciba o se dé cuenta de que el estudiante tiene problemas graves o complejos, proceda a remitirlo o informar su percepción, ya sea a alguno de los profesionales especializados de la institución o a un directivo, de tal manera que se atienda de manera rápida y efectiva la situación. Siempre será mejor ser más cuidadosos y extremar las estrategias de protección y ayuda, que tranquilos y negligentes.
Espacio de atención para padres de familia
Otra estrategia fundamental en el proceso de acompañamiento de un estudiante es la comunicación fluida y efectiva con los padres de él. Esta comunicación es necesaria para muchas cosas, entre las que se encuentran: validar las percepciones que los docentes puedan tener sobre los estudiantes, informar aspectos relevantes de los procesos formativos y académicos de estos, unificar criterios formativos en aquellos aspectos relevantes para un estudiante en particular, hacer seguimiento a compromisos y tareas especiales, hacer seguimiento a apoyos externos o internos, y en todo lo demás que sea fundamental para el éxito del estudiante en todos los procesos de la institución educativa.
En las citas con los padres de familia se les debe informar sobre la visión general que tiene el director de grupo o acompañante sobre sus hijos, cuidando de no violar la confidencialidad sobre asuntos que estos les han confiado. En caso de conocer algún aspecto que requiera especial cuidado o atención desde la casa, este espacio se debe emplear para ello. Y en esta última circunstancia, si el director de grupo o acompañante requiere de apoyo, lo puede solicitar, dependiendo del caso y la situación, a un profesional especializado de la institución o a un directivo. Lo importante es que todo se haga para el bien de los estudiantes.
Finalmente, es conveniente que el docente director de grupo o acompañante, en su horario escolar, asigne un espacio por ciclo, dispuesto para la atención a los padres de familia, y lo dé a conocer, tanto a los estudiantes como a los padres de familia, a fin de que estos puedan solicitar citas con anterioridad. Este horario se debe respetar para garantizar tan importante contacto con las familias y atender debidamente sus necesidades o sugerencias.
Reuniones de seguimiento
Eventualmente, las direcciones de las escuelas o las instancias académicas de la institución podrán convocar a reuniones especiales de seguimiento para un curso o grado determinado, en las que de manera interdisciplinaria se analicen los casos de estudiantes con situaciones o necesidades especiales en los aspectos académico, convivencial y socioafectivo. En dichas reuniones los directores de grupo o acompañantes desempeñan un papel relevante, puesto que son quienes más conocen a los estudiantes, tienen un visión más específica de sus fortalezas y debilidades, así como de sus necesidades.
Se puede entender por seguimiento el conjunto de acciones realizadas por un equipo interdisciplinario de profesionales de la psicología, psicopedagogía, los directivos y los profesores, que, fundamentados en el proceso de evaluación cualitativa, puede dar cuenta del desarrollo de los estudiantes, a través del análisis e interpretación sistemática de su desempeño escolar en los ámbitos académico, convivencial y socioafectivo. Su objetivo es identificar y analizar diferentes situaciones individuales o grupales en los ámbitos de desempeño mencionados, que se presentan en la vida escolar, con el fin de proponer e implementar estrategias que atiendan estas circunstancias y promuevan la formación integral.
El seguimiento implica realizar un proceso de integración de las diferentes disciplinas que están vinculadas al ejercicio pedagógico para enfrentar las situaciones y problemáticas que se derivan del quehacer pedagógico; busca, además, comprender y dar respuesta a esas situaciones y problemáticas a través de la interacción, la comunicación, la construcción colectiva y el enriquecimiento recíproco de los diversos campos del saber que intervienen en el proceso de formación integral.
Los aspectos que se tienen en cuenta para el análisis de los casos que van a seguimiento son los siguientes:
— El desarrollo de los estudiantes en lo que concierne a los procesos de formación académica de cada una de las áreas o asignaturas, tanto a nivel grupal como individual, de acuerdo con la etapa de desarrollo planteada y los niveles de logro esperados, con el propósito de generar estrategias pedagógicas que promuevan un óptimo desempeño de los estudiantes en ellas, o de atender las posibles dificultades que se puedan estar presentando.
— Las actitudes y comportamientos de los estudiantes y de los grupos, con miras a propiciar una reflexión, a plantear estrategias que contribuyan a generar procesos de desarrollo moral, de socialización, de convivencia civilizada, de respeto y valoración de los deberes y derechos de todos los miembros de la comunidad educativa.
— Las características psicológicas de los estudiantes (rasgos de carácter y estados de ánimo) y la dinámica familiar, con el objetivo de comprender su vida emocional y plantear estrategias que contribuyan a un mejor desarrollo en estos aspectos.
— Las estrategias que cada docente ha implementado en el espacio de su clase para atender las dificultades de los estudiantes, de manera individual, al desarrollar los procesos académicos propios de la materia a su cargo, saber cuáles han funcionado y cuáles no, con el fin de pensar y diseñar nuevas estrategias de atención a los problemas y dificultades académicas, socioafectivas y convivenciales que los estudiantes estén presentando.
— Una perfecta y completa descripción de cada uno de los estudiantes que es llevado a seguimiento, porque muchos de los problemas o de las dificultades que allí se analizan pueden tener explicaciones, razones o causas en condiciones específicas que, si no se conocen plenamente, no podrán resolverse.
— Todas las demás que son propias del énfasis y la intencionalidad formativa de la institución educativa, de tal manera que contribuyan a su realización y acompañamiento, desde el proceso que en este equipo interdisciplinar se planteen, diseñen y ejecuten.
Hora formativa de dirección de grupo
Es habitual que en los horarios semanales de las instituciones educativas se incluya un espacio o una hora de trabajo dedicada a los procesos formativos de los estudiantes, que generalmente se halla en manos de los directores de grupo. Es un espacio de trabajo, en el cual estos docentes trabajan con los estudiantes y lo emplean para llevar adelante el programa de dirección de grupo y acompañamiento a los estudiantes.
En dicho espacio de dirección de grupo se debe buscar abordar ejercicios, actividades, estrategias, en torno a los principales temas que son de orden formativo y que no hacen parte de lo planificado por cada una de las áreas o asignaturas del plan de estudios de la institución educativa. En estos espacios, entre otras cosas, se pueden trabajar asuntos como los siguientes:
— Temas y asuntos del programa de formación en la afectividad y la sexualidad de los estudiantes.
— Temas y asuntos de las estrategias institucionales implementadas para prevenir el consumo de sustancias psicoactivas como alcohol, tabaco y sustancias psicoactivas.
— Formación en la autonomía y en el uso adecuado de la libertad, en la perspectiva de la búsqueda del desarrollo moral de los estudiantes.
— Temas, asuntos y estrategias propias del programa de formación ética y desarrollo moral de los estudiantes y que hagan parte de lo propuesto por la institución.
— Temas y asuntos de hábitos de estudio, función ejecutiva, manejo de estilos de aprendizaje y todo lo que hace parte de estrategias y elementos para el éxito académico.
— Hacer seguimiento al proyecto anual de curso que previamente se haya formulado.
— Hacer seguimiento individual o grupal a dificultades académicas o convivenciales que el grupo esté presentando.
— Realizar asambleas en las que se construyan normas, se debatan dilemas morales, se aborden asuntos sociopolíticos del contexto mundial o nacional, que bien valen una reflexión y contribuyen a la formación de los estudiantes.
— Trabajar en proyectos o actividades de programas o políticas especiales que la institución haya formulado con anterioridad, entre otros.
— Tener un espacio de celebración de algo significativo para el grupo como cumpleaños, eventos especiales u otras actividades que les permita crecer como grupo.
El director de grupo, quien es su acompañante, debe ser consciente de que la responsabilidad de este espacio no recae única y exclusivamente sobre él, sino que muchas de las actividades que allí se hacen pueden ser fruto del trabajo colaborativo, del trabajo de todos los integrantes del grupo, o de algún invitado especial. Adicional a esto, dicho espacio no se debe usar como un momento en el que se dan informes, se avanza en una clase o en contenidos que se ‘encuentren atrasados’, o se hagan tareas que no correspondan con el cuidado de los estudiantes.
Espacio diario de encuentro con los estudiantes
Se refiere al espacio3 de quince a veinte minutos diarios que las instituciones interesadas en los procesos formativos de los estudiantes incluyen en el horario de cada día, y que es y debe ser atendido por el acompañante de grupo. Este es un espacio de encuentro entre el director de grupo y su curso, donde el objetivo es tener un encuentro entre el director de grupo y su curso, con la finalidad de captar la atención de los estudiantes de su grupo, motivándolos a una actitud de reflexión y formación, frente a temas o situaciones especiales de orden escolar, regional, nacional o mundial que requieran atención y puedan contribuir a la formación de ellos. También busca brindar y obtener la información necesaria para el buen desempeño del grupo y aproximarse a la realidad cotidiana de los estudiantes, sus problemas, ausencias y demás aspectos de la vida del grupo que requieran atención y cuidado por parte del director de grupo o de la institución, entre otros asuntos.
El espacio de encuentro diario no es un tiempo para que los estudiantes estudien o preparen una evaluación, no es un tiempo libre para hacer lo que quieran, no es un espacio para prolongar la clase, no es un espacio para contar chistes, ni debe ser un momento en el que un profesor improvisa un discurso sobre algún asunto que él considera relevante o hace ‘alguna cosa’ para cumplir.
Los elementos básicos de un espacio de esta naturaleza pueden ser los siguientes:
— El educador debe llegar al aula a tiempo y, en el mejor de los casos, es recomendable que reciba en la puerta a cada uno de los estudiantes, a medida que ellos van ingresando. Es un buen momento para observar su presentación personal y el porte de su uniforme, el estado de ánimo, entre otros. Este hábito estimula en los estudiantes la puntualidad
— Este es un buen momento para conocer, a través de los mismos estudiantes del grupo, la razón por la cual uno o varios de ellos faltaron a la institución.
— Reclamar y enviar al responsable las excusas presentadas por los estudiantes que no asistieron el día anterior. Si un estudiante, habiendo faltado, regresa y no presenta una excusa escrita firmada por sus padres, este es un espacio para dialogar con él, indagar las razones de su ausencia y, sobre todo, conminarlo a presentar la excusa.
— Trabajar en proyectos o actividades de programas o políticas especiales que la institución previamente haya formulado.
— Compartir con los estudiantes información relevante sobre aspectos cotidianos de la vida escolar. Esta información puede provenir de la Dirección, la Rectoría, la jefatura, la Administración, o de cualquier otra instancia de la institución. Aquí es válido, en ocasiones, conceder a alguno de los representantes del grupo un espacio para que entreguen a sus compañeros información específica y necesaria para la buena marcha del grupo. También se han de recibir de los estudiantes los desprendibles, carpetas o cualquier otro tipo de información o constancia que ellos deben traer firmada por sus padres.
— Hacer con los estudiantes una reflexión que se convierta en motivación, en una voz de ánimo, en dinamizador de las voluntades y conciencias de los estudiantes, para que a través de su esfuerzo, de su compromiso personal y grupal, lleven a la práctica la excelencia académica que la institución busca.
No se debe olvidar que el espacio de encuentro es un momento central, donde el docente director de grupo o acompañante genera procesos a nivel grupal. Por eso es importante tener claro qué líneas formativas específicas se requiere desarrollar, acorde con las necesidades del grupo. Para hacerlo posible es muy importante la creatividad y motivación con que se hagan estas tomas de contacto. El ideal es ir contagiando a los estudiantes de esta energía para que, en varios momentos, sean ellos mismos los que lideren, pero siendo cuidadoso de no obligar a nadie a hacerlo, en caso de constatar falta de disposición o interés.
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