Kitabı oku: «Atrapamiento y recuperación del alma»
Las vidas pasadas, ¿son vidas pasadas o son vidas simultáneas?¿Es posible que en situaciones traumáticas perdamos una parte de nuestra alma? Y si es así, ¿es posible recuperar el fragmento que se perdió?
Tras haber escrito sobre la técnica básica, el espacio entre vidas,la vida antes de nacer, el propósito del alma y la influencia de las almas perdidas en la génesis de algunos disturbios emocionales, el autor presenta aquí un enfoque novedoso de la terapia de vidas pasadas como coralario de su experiencia de veintisiete años en la práctica clínica y más de seis mil regresiones conducidas.
Atrapamiento del alma, multisimultaneidad, pérdida y recuperación del alma, promesas, pactos y maldiciones son algunos de los conceptos que conforman un nuevo paradigma y una comprensión diferente de la terapia de vidas pasadas. Un libro que revoluciona el concepto acerca de esta terapia; revelador y atractivo para el público en general, servirá de guía para los profesionales interesados en esta técnica transpersonal.
Graduado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1974 el Dr. José Luis Cabouli se formó como cirujano en la Escuela Quirúrgica "Enrique y Ricardo Finochietto" del Hospital Rawson especializándose más tarde en cirugía plástica en el Hospital Ramos Mejía. En 1988 abandona el ejercicio de la cirugía para dedicarse exclusivamente al desarrollo de la Terapia de Vidas Pasadas. Desde 1992 dirige el Curso de Formación en esta técnica y ha entrenado profesionales en Argentina, España, México y Venezuela. Entre 2012 y 2016 realiza el dictado del Curso Básico de Terapia de Vidas Pasadas en la Escuela de Graduados de la Asociación Médica Argentina. En la actualidad imparte talleres y cursos de formación en Argentina y España
José Luis Cabouli
Atrapamiento y recuperación del alma Terapia de vidas pasadas: un nuevo paradigma

Índice
Cubierta
Contratapa
Biografía del autor
Portada
Dedicatoria
Introducción
Capítulo I. El atrapamiento del alma. Las claves de la terapia de vidas pasadas La atemporalidad del alma El atrapamiento del alma La multisimultaneidad Fragmentación del alma y pérdida de energía vital Ni regresión ni viaje en el tiempo Salir del atrapamiento
Capítulo II. El síntoma: la vía regia de acceso a la experiencia del alma
Capítulo III. Gladiador
Capítulo IV. El atrapamiento del alma en la experiencia de la muerte Atrapada en los cuerpos Atrapamiento post mórtem Un guerrero que no se quiere ir Atrapado esperando el perdón
Capítulo V. Mandatos ¿Cómo se desactivan los mandatos? Tipos de mandatos Soy culpable, merezco morir Listado de mandatos
Capítulo VI. Promesas ¿Qué es una promesa? Pactos ¿Cómo se anula una promesa? La promesa a un padre
Capítulo VII. Un pacto con la oscuridad
Capítulo VIII. Maldiciones ¿Cuáles son las manifestaciones clínicas de una maldición? ¿Cómo se trabaja una maldición? Fórmulas para terminar con una maldición Ejemplos de maldiciones
Capítulo IX. La maldición de una madre guerrera y los votos de un fraile rebelde
Capítulo X. Pérdida y recuperación del alma ¿Qué es lo que ocurre en la pérdida del alma? ¿Cuáles son las manifestaciones clínicas de la pérdida del alma? ¿Cómo se recupera el fragmento que se perdió?
Capítulo XI. Víctima, victimario y observador La víctima El victimario El observador
Capítulo XII. Historias de victimarios y de un observador Víctima y victimario Un victimario perdonándose a sí mismo Asistiendo a una ejecución pública Desventuras conyugales de un verdugo
Capítulo XIII. La causa del sufrimiento
Capítulo XIV. Sanando el niño interior Amado María Teresa
Capítulo XV. Reflexiones finales
Créditos
Otros títulos de esta editorial
A Eduardo H. Grecco, maestro, amigo y hermano del alma
Introducción
Han pasado veintisiete años desde mis primeras experiencias con la Terapia de vidas pasadas (TVP). Todavía están frescas en mí las sensaciones vividas en mi primera sesión como sujeto de demostración didáctica en un seminario conducido por mi maestra, la doctora María Julia Moraes Prieto Peres. Recuerdo muy bien el estupor que experimenté antes las vivencias que se sucedían, y que yo no podía evitar que ocurrieran a pesar de mi mente racional. Al mismo tiempo que estaba sorprendido por las escenas que surgían, era plenamente consciente de que nada de eso era producto de mi imaginación, lo que hacía aún mayor mi sorpresa. Lo que se sucedía era algo más que imágenes; yo lo estaba viviendo intensamente con todo mi ser. Yo estaba allí, en el lugar de los hechos y todo acontecía sin ningún control de mi voluntad.
Desde entonces, mi comprensión de lo que sucede durante el trabajo con la TVP ha variado sustancialmente, y me ha llevado a modificar el enfoque original que tenía sobre la técnica. Ahora entiendo que, en el preciso momento en el cual me encontraba en el lugar de los acontecimientos, realmente estaba allí. Sin saberlo entonces, había entrado en otra realidad que estaba sucediendo aquí y ahora, al mismo tiempo que estaba recostado en el suelo, acompañado por mi maestra.
Hace ya una docena de años o más que vengo trabajando con un abordaje diferente al que aprendí inicialmente, pero el campo de la experiencia con la TVP es tan vasto que es imposible cubrir en un solo libro todo lo que sucede en la práctica cotidiana. Es así que, después de haber escrito sobre la técnica, la vida antes de nacer, el espacio entre vidas, las almas perdidas y el propósito del alma, ha llegado el momento de explicar el funcionamiento de la TVP desde una comprensión distinta a aquella desde la cual partí originalmente. La estructura básica y la técnica de la terapia siguen siendo las mismas descriptas en mi primer libro –Terapia de vidas pasadas, técnica y práctica–, pero entender de manera diferente lo que sucede cuando el paciente está en una experiencia de vidas pasadas hace que cambie el abordaje y que el trabajo terapéutico llegue a niveles antes insospechados.
Fueron los mismos pacientes, con sus experiencias, y mis propias vivencias quienes me obligaron a cambiar mi enfoque terapéutico y con ello mis creencias. Aprendí así que toda creencia constituye un límite y que existe tanto una creencia espiritual como una creencia científica. Ambas, la espiritual y la científica, constituyen límites que no nos permiten ir más allá, porque no podemos ver lo que no estamos dispuestos a aceptar, y hasta puede suceder que pretendamos acomodar la experiencia del paciente a la creencia que tenemos. Cuando soltamos estas creencias es cuando comenzamos a trascender y a ir más allá de los límites conocidos. En nuestro caso, es como lograr el plus ultra de la terapia. Un discípulo me enseñó que el paciente llega hasta donde llegó el terapeuta.
Lo que verán en este libro constituye un nuevo paradigma en la práctica de la terapia de vidas pasadas. Este nuevo paradigma es producto justamente de haber dejado de lado las creencias que yo mismo tenía cuando me inicié en el estudio y desarrollo de esta técnica.
Comenzaremos por explicar las claves del funcionamiento de la TVP bajo este nuevo enfoque. Estas claves son la condición atemporal del alma, el atrapamiento de la conciencia, la multisimultaneidad y la fragmentación del alma. Una vez comprendido el fenómeno del atrapamiento del alma en las experiencias traumáticas pasaremos revista a una serie de incidencias que ocurren tanto en vidas pasadas como en la actual, y a las cuales no me pude referir en libros anteriores. Se trata de las promesas, votos, pactos y maldiciones, como así también el fenómeno de la pérdida y recuperación del alma.
Ampliaremos el concepto de víctima, victimario y observador, ya esbozado en mi anterior libro, y profundizaremos en la causa del sufrimiento, un trabajo fundamental para cerrar definitivamente el ciclo como víctima. Finalmente, comprobaremos que, si bien el objetivo inicial de la TVP es el trabajo con las experiencias traumáticas de vidas pasadas, también es posible sanar al niño interior herido en la vida actual.
A riesgo de parecer tedioso, he mantenido en las historias tanto el desarrollo del trabajo terapéutico como las consignas del terapeuta, para que sirvieran de guía a los profesionales interesados en esta técnica. No obstante, lo he simplificado en la medida de lo posible e incluso suprimido en algunas ocasiones.
Como siempre, he mantenido en las sesiones de trabajo la forma de expresarse de cada protagonista, según el lugar de proveniencia.
Agradezco a todas las personas que confiaron en mí como docente y como terapeuta, y en particular a los protagonistas de este libro. Sin su coraje para entregarse al trabajo terapéutico desnudando su alma, y su disposición para compartir con otros sus dolores y sufrimientos, este libro no se hubiera podido concretar. Vaya para ellos mi sincero homenaje y reconocimiento.
JOSÉ LUIS CABOULI
Blanes, Gerona, 12 de febrero de 2014
Capítulo I
El atrapamiento del alma.
Las claves de la terapia de vidas pasadas
LA ATEMPORALIDAD DEL ALMA
Lo primero que hay que saber para comprender cómo y por qué funciona la TVP es que para el alma el tiempo no existe. La clave de la TVP está en la condición atemporal del alma o de la conciencia que, a mi criterio, es lo mismo. La encarnación en el cuerpo físico obliga a la conciencia a experimentar eso que hemos denominado tiempo. Pero el concepto de tiempo es una construcción de la mente humana. Hemos acordado una convención universal para manejarnos en forma práctica con los sucesos de la vida cotidiana, para poder relacionar y situar ciertos acontecimientos respecto de otros, y para saber que tal día a tal hora hemos de encontrarnos. Pero cuando el 31 de diciembre, a las doce de la noche, estamos celebrando la llegada de un año nuevo, al Universo no se le mueve una sola estrella. Somos nosotros quienes hemos acordado que ese día, 31 de diciembre, cambia el año, y a ese día le hemos dado un significado especial, pero para la Tierra, la Luna, el Sol, la Vía Láctea y el resto de las galaxias todo sigue igual que antes y no se dan por enterados.
El tiempo es un concepto asociado a la experiencia del cuerpo físico. La percepción interna de que algo cambia nos da una sensación que denominamos paso del tiempo, y vemos esa experiencia en términos de una línea recta. Por eso hablamos de tiempo lineal. El cuerpo envejece y eso afirma la sensación del paso del tiempo. A esta sensación interna se la llama tiempo subjetivo, y el tiempo que medimos con los relojes y los calendarios se denomina tiempo objetivo. Pero creer que realmente podemos medir el tiempo es una ilusión. Podemos medir una distancia o un objeto material, pero al medir el tiempo no sabemos lo que estamos midiendo. Nadie ha tenido en su mano o bajo un microscopio un segundo de tiempo como para poder medirlo, compararlo y conocer sus propiedades. En el instante en que pretendemos medir el tiempo en nuestro reloj pulsera ese tiempo se desvanece súbitamente. Hablamos de algo que en realidad no puede ser medido y, sin embargo, hemos quedado atrapados en ese concepto del tiempo.
En la dimensión del alma, el tiempo no existe. En su estado primigenio, antes de unirse al cuerpo físico, el alma se desenvuelve en una dimensión atemporal donde tiempo y espacio son una sola cosa, que denominamos espacio-tiempo. El concepto no es novedoso, ya que fue presentado por Hermann Minkowski en 1908 durante una conferencia.1 Entender esto es fundamental para comprender cómo funciona la TVP. Si pensamos en un evento que ocurrió hace mil años, lo que desde nuestra concepción del tiempo lineal parece remoto e inalcanzable, para el alma recién acaba de ocurrir, y hasta es posible que todavía esté sucediendo. A fin de comprender mejor las implicancias que este fenómeno tiene para nosotros en la vida cotidiana, vamos a suponer por un momento –vaya ironía– que para el alma existe un tiempo, solo que ese tiempo transcurre en el alma de manera diferente que en el cuerpo físico.
Consideremos arbitrariamente que un segundo del alma equivaliese a un año de vida en el cuerpo. Si así fuese, para una hora del alma habrán transcurrido tres mil seiscientos años en el cuerpo físico. Imaginemos ahora que una persona fue ahorcada hace seiscientos años de nuestro tiempo. Para el alma apenas habrán pasado diez minutos. Si una persona se ahogó en el hundimiento del Titanic cien años atrás, para el alma apenas ha pasado poco más de un minuto y medio, y para una persona que murió en una cámara de gas en un campo de concentración, han devenido escasamente sesenta o setenta segundos, y eso significa que aún se está asfixiando. Sin embargo todo esto es relativo, ya que no sabemos exactamente cómo es el tiempo para el alma; por añadidura, seguimos utilizando como referencia el tiempo medido con los relojes. Solo estamos haciendo suposiciones, porque si en lugar de ser un año por segundo fuesen cien años de nuestro tiempo por cada segundo del alma, apenas habrá pasado un segundo desde la tragedia del Titanic o dos segundos y fracción desde la muerte en la guillotina durante la Revolución Francesa o poco más de un minuto y medio del hundimiento de la Atlántida. Si así fuese, en veinticuatro horas del alma habrán pasado 8.640.000 años del tiempo terrestre o tiempo lineal.
Para los aborígenes australianos y para los mayas, el tiempo es circular y se cuenta por repeticiones de ciclos. Fred Alan Wolf2 imagina el tiempo aborigen como un aro que puede representarse rodando por la línea del tiempo lineal a cada instante. Así, la dirección del tiempo se vuelve inmaterial. No importa lo que sea pasado, presente y futuro. Lo importante es la presencia del aro tocando a cada momento la vida indicada por la línea del tiempo. Si pensamos en el tiempo del alma como un aro que va rodando a lo largo del tiempo lineal, vemos que el tiempo del alma está siempre presente: fue en el pasado, es en el presente y será en el futuro. Así es la naturaleza del tiempo mítico o del tiempo del sueño. Todos los acontecimientos del pasado se hallan igualmente presentes.
Muchas personas han experimentado en algún momento un instante atemporal. Se conocen innumerables relatos de personas que, en una instancia dramática, vieron desfilar toda su vida ante sus ojos en un segundo. ¿Es posible que una vida entera quepa en un segundo? ¿Es posible que el tiempo se detenga en circunstancias especiales? Aparentemente sí, ya que la física moderna ha demostrado que el tiempo no funciona del mismo modo para un objeto en movimiento que para uno quieto. Los objetos en movimiento experimentan un enlentecimiento del tiempo y desplazarse a la velocidad de la luz resulta ser nada de tiempo en absoluto. Yo mismo, cuando era adolescente, he experimentado un instante atemporal o de suspensión del tiempo. Ocurrió de forma totalmente espontánea e inesperada.
Tendría yo alrededor de quince años. Me encontraba tomando una ducha en la casa de mis padres. Una rutina cotidiana, automática, desprovista de cualquier connotación mística. Supongo que, mientras me duchaba, mi mente estaría ocupada con pensamientos banales o mundanos, propios de un adolescente. De repente, sin saber cómo, sentí que penetraba en el misterio del Universo. Mientras mi cuerpo se quedaba estático, tuve la sensación nítida de zambullirme a gran velocidad con mi mente o mi conciencia en dirección a un punto lejano. Era como estar lejos y cerca al mismo tiempo; como si hubiera llegado al centro mismo del Universo. Por un instante tuve la clara conciencia de entender el origen del Universo y el sentido de todas las vidas y de esta vida. Es muy difícil poder describir y transmitir esta sensación. Fue como si por un instante hubiese penetrado en el misterio de la Creación y hubiese comprendido todo, absolutamente todo.
La experiencia fue muy efímera. En cuanto me di cuenta de lo que ocurría la sensación desapareció instantáneamente y ya no pude recuperarla ni reproducirla. Fue como si el darme cuenta me trajese de regreso a la consciencia de mi cuerpo, al tiempo del aquí y ahora. Todo ocurrió en una fracción de segundo. Me ha llevado más tiempo describirla que vivirla. Pero tengo la certeza interior de haber vivido la eternidad por un instante y de haber comprendido el misterio de la Creación, aunque ahora no pueda explicarlo y, de alguna manera, esa certeza se manifiesta en el trabajo con la TVP. Hoy no puedo repetir esa vivencia, pero sé positivamente que existe una realidad atemporal donde el tiempo no puede medirse con relojes y que tal vez sea eso que llamamos eternidad.
Si para el alma el tiempo no existe, tampoco es exacto hablar de vidas pasadas o de vidas sucesivas, aunque así es como lo entendemos. Cuando hablamos de vidas pasadas, lo hacemos desde la visión del cuerpo físico; como hemos asociado el concepto de vida al cuerpo físico y le hemos dado un nombre a ese cuerpo para identificarlo, cuando un cuerpo se muere decimos que eso fue una vida o que una vida terminó. Pero para el alma no se trata de vidas pasadas ni de vidas sucesivas ni de vidas futuras, sino de una sola vida que por momentos transcurre en el plano atemporal y por momentos lo hace en el cuerpo físico.
Cuando desaparece el tiempo lineal, las vidas ya no son ni pasadas ni sucesivas: las vidas son simultáneas. Todo está ocurriendo aquí y ahora al mismo tiempo, y todo está junto. Lo que sucede es que para vivir una experiencia en el plano físico se requiere un tiempo, pero mientras estamos viviendo esa experiencia, el resto de las experiencias vividas por el alma, e incluso aquellas que todavía no han sido vivenciadas están todo el tiempo aquí y ahora, coexistiendo al mismo tiempo. Todo es simultáneo.
Podremos comprender mejor esta singularidad del alma con el siguiente ejemplo. Imaginemos a las experiencias del alma como si fuesen los libros de una biblioteca. Todos los libros están allí, en los estantes, al mismo tiempo. Todos los libros contienen su información al mismo tiempo. Mientras están en la estantería, los libros se encuentran en la dimensión atemporal. Pero cuando yo tomo un libro del estante para leerlo, ese libro entra en el tiempo físico, en el tiempo lineal. Ahora necesito un tiempo para leer ese libro. Mientras tengo el libro en mis manos, mientras lo estoy leyendo, ese libro se encuentra en lo que denominamos tiempo presente. Al mismo tiempo, el resto de los libros de la biblioteca están allí, coexistiendo en forma simultánea con el libro que estoy leyendo. Cuando lo devuelvo a su lugar en la biblioteca, puedo decir que ese libro ahora pertenece al pasado, y los libros que faltan por leer se encuentran en el futuro, porque todavía no he llegado a ellos. Pero todos los libros siguen estando allí, en los estantes, todo el tiempo y al mismo tiempo; los libros que he leído, el que estoy leyendo y aquellos que aún no alcancé a leer. Pasado, presente y futuro coexisten al mismo tiempo, con la salvedad de que el futuro se encuentra como una probabilidad en forma potencial de ser vivida, ya que nada me obliga a leer todos los libros de la biblioteca ni a seguir un orden correlativo. Yo puedo elegir en cualquier momento cuál es el próximo libro que me dispongo a leer. Esto me ayuda a comprender mejor el concepto de futuro, pues todas las experiencias potencialmente pasibles de ser vividas por el alma están allí, en el espacio-tiempo, pero en el momento en que elijo vivir una experiencia determinada todas las demás desaparecen. El futuro ya está allí desde el primer momento, pero solo como una probabilidad contingente de ser. Einstein decía que la distinción entre pasado, presente y futuro es solo una terca y persistente ilusión.
Todas las experiencias de esta vida –de la infancia, la adolescencia y la vida adulta– coexisten al mismo tiempo, y si quiero evocar algo que sucedió cuando yo tenía cinco años, no necesito viajar a ese momento. No necesito pasar por cada evento en forma sucesiva hacia atrás para llegar a los cinco años. Ya estoy ahí, y estoy ahí todo el tiempo, aunque no tenga consciencia de ello.
Con las vidas pasadas sucede lo mismo. Todas las experiencias de vidas pasadas están conmigo aquí y ahora al mismo tiempo, solo que están excluidas de la conciencia física. Es como si yo fuese la biblioteca de mi alma. Por eso, cuando trabajo con la TVP, las vidas pasadas no aparecen en orden cronológico ni sucesivo, sino que surge la experiencia relacionada con la problemática en la cual trabajo en ese momento. Para el alma es como si viviera varias vidas al mismo tiempo. Ocurre que algunas experiencias me afectan más que otras, porque hay situaciones que no pudieron ser resueltas emocionalmente, por eso todavía no han concluido.
La inexistencia del tiempo nos conduce al siguiente concepto clave: el atrapamiento del alma.
EL ATRAPAMIENTO DEL ALMA
Hemos mencionado que, en este marco, podemos considerar el alma como sinónimo de conciencia. Las experiencias traumáticas que no pudieron resolverse satisfactoriamente en su momento crean un atrapamiento de la conciencia, y esto vale tanto para las vidas pasadas como para la presente. Al no existir el tiempo, y al no resolverse el evento original, el alma queda atrapada en una experiencia inconclusa. Por lo general, en determinado momento de un hecho traumático el cuerpo se muere, pero como para el alma no existe el tiempo, la experiencia continúa como si todavía estuviera sucediendo.
Examinemos un ejemplo terrible y frecuente al trabajar con vidas pasadas. Pensemos en una persona a la cual torturan en alguna mazmorra en la Edad Media. Se encuentra allí, sobre la mesa de tortura o el potro de tormentos, sujeta por las muñecas y los tobillos. Un verdugo encapuchado da vueltas a una manivela; los miembros de la persona son traccionados y estirados, una morsa le aprieta la cabeza. La columna vertebral comienza a crujir mientras un inquisidor interroga al prisionero, amenazándolo con un hierro incandescente. La víctima está allí, experimentando el dolor físico y psíquico, el pánico, la impotencia, la indefensión, la rabia, el odio, la angustia, la ira y el deseo de venganza. Los músculos se tensan, las articulaciones se rompen, las vértebras se separan, los pulmones están a punto de explotar, al igual que el corazón, y el cerebro va a estallar. A la vez que siente el dolor, la víctima está pensando en su familia, en los hijos que ya no verá, en aquellos que lo traicionaron, en lo que debería haber hecho y no hizo, en las cosas que ya no podrá hacer o en lo que dejará inconcluso. Todo sucede al mismo tiempo unísono, pero es imposible sentir, identificar y procesar al mismo tiempo todas las sensaciones físicas, emocionales, y tener consciencia de lo que se está pensando. De pronto, el cuerpo se muere, pero la muerte ocurre en el pico de todas esas sensaciones que no se han podido procesar. Al morirse el cuerpo, el alma todavía está experimentando el dolor, pero se queda sin el instrumento necesario para procesar lo que acontece. Cuando el alma se separa del cuerpo, las sensaciones continúan allí porque no ha podido terminar con ellas mientras estaba en el cuerpo, y ahora no puede desprenderse de ellas, porque las sensaciones, emociones y pensamientos en el alma son energía. Como además el alma ha entrado en la dimensión atemporal, sucede que el cuerpo se murió, pero la experiencia continúa. Quizás han pasado seiscientos o dos mil años del tiempo terrestre, pero para el alma no ha pasado ni un segundo. La experiencia aún no terminó; una parte del alma persiste allí, en la tortura. La conciencia ha quedado atrapada en un instante que se convierte en un eterno presente, ya que el tiempo no existe. Entonces, por un lado la persona está aquí, en la vida presente, en otro cuerpo, pero hay una parte de su conciencia atrapada en una experiencia que continúa sucediendo.
En el momento del trauma no se puede hacer todo lo que uno necesitaría para poder resolver y terminar la experiencia antes de que el cuerpo muera. Cuando el evento traumático acontece es imposible sentir y hacer consciente todo lo que está sucediendo y todo lo que se está sintiendo. Uno está atrapado en el pánico, en el shock, en el dolor, en la ira o en la indefensión. Demasiadas cosas suceden al mismo tiempo como para reconocer todo lo que se experimenta a nivel visceral, emocional y mental. La persona que se encuentra viviendo el suceso tan movilizante no puede terminar con la experiencia, porque sencillamente no puede hacer todo lo que sería necesario hacer, sentir y decir para poder completarla y terminarla de una vez y para siempre, y eso crea el atrapamiento. La única forma que el alma tiene de procesar la multiplicidad de sensaciones es volver a encarnar en un cuerpo, y sentir en este nuevo cuerpo todo lo que no pudo terminar en el cuerpo que se murió. Así aparecerán los síntomas, sean físicos o emocionales, ya que el alma necesita completar y terminar la experiencia original. El alma reproduce en su nuevo cuerpo la experiencia que todavía no terminó. Esto puede manifestarse por medio de diferentes síntomas: dolor, angustia, bloqueo, fobia, etc., o una enfermedad. Incluso, en su lucha por sobrevivir en un evento doloroso, puede que la conciencia se aferre al dolor pensando: si siento dolor significa que estoy vivo, si dejo de sentir dolor significa que estoy muerto. El cuerpo se muere, pero la conciencia se aferró al dolor para sobrevivir y no se da cuenta de que el cuerpo murió. Pasaron mil años, pero para la conciencia eso todavía está ocurriendo y entonces reproduce en el cuerpo actual el dolor original, porque a nivel subconsciente siente que dejar de sentir dolor podría significar que está muerta.
Utilizamos como ejemplo didáctico lo que sucede en una muerte traumática ya que ésta es el paradigma del atrapamiento, pero es importante señalar que cualquier evento que no se haya podido resolver en su instancia original puede crear un atrapamiento de la conciencia,3 independientemente de que termine o no con la muerte.
LA MULTISIMULTANEIDAD
La inexistencia del tiempo y el atrapamiento de la conciencia nos llevan a la siguiente clave para comprender cómo funciona la TVP.
Hemos visto que, en realidad, para el alma no hay vidas pasadas ni sucesivas. Hay experiencias simultáneas que nosotros, desde la visión de la conciencia física y del tiempo lineal, denominamos vidas pasadas. Como para el alma el tiempo no existe, todo está ocurriendo aquí y ahora, al mismo tiempo; todo está ocurriendo en forma simultánea. Pero si todo es simultáneo, como las experiencias del alma son incontables, debemos ahora concebir un nuevo concepto: la multisimultaneidad. Esto significa que la conciencia puede estar atrapada en múltiples experiencias que están sucediendo al mismo tiempo y que todavía no han terminado. Puede ocurrir que, mientras yo estoy escribiendo estas líneas, una parte de mí se esté ahogando en el hundimiento de un submarino, otra parte se está quemando en la hoguera, condenado por brujo, otra se está asfixiando enterrada viva, otra está convulsionando en la horca, otra está perdiendo la cabeza en la guillotina, otra se está haciendo el harakiri como samurai, a otra parte le han clavado una lanza en el corazón, a otra se la están comiendo los leones en el circo romano y, seguramente, otra parte de mi alma está viviendo la culpa por haber saqueado y destruido a sangre y fuego un pueblo de campesinos. Todas estas experiencias que todavía no han terminado y en las cuales el alma o la conciencia están atrapadas, son las responsables de muchos de los síntomas que experimentamos en la vida cotidiana. El miedo a hablar en público, la fobia a lugares cerrados, el temor a nadar en el mar o la imposibilidad de subir a un avión o a un barco, el bloqueo para manifestar y ejercer las capacidades que tenemos, la dificultad para sentir o abrir el corazón a las relaciones afectivas, síntomas físicos como ahogos o dolores sin causa médica tienen su origen en experiencias traumáticas que todavía están ocurriendo. El síntoma es la manifestación de una experiencia inconclusa y en la cual estamos atrapados sin saberlo.
FRAGMENTACIÓN DEL ALMA Y PÉRDIDA DE ENERGÍA VITAL
Cada experiencia que culmina con un atrapamiento de la conciencia trae como consecuencia adicional otro fenómeno, además de las sensaciones que no se pueden procesar y que dan origen a los síntomas en la vida actual. Se trata de la fragmentación del alma y de la pérdida de energía vital.
El alma es energía pura, es nuestra fuerza vital. Como el alma es energía, cuando una parte de ella queda atrapada en una experiencia traumática, también hay un atrapamiento de energía. Hablamos de una parte del alma, ya que hemos dicho que el alma puede estar atrapada en múltiples experiencias al mismo tiempo. Cada experiencia en la cual estamos atrapados implica necesariamente atrapamiento de energía, y esto equivale a una fragmentación del alma. El resultado de esto es que estamos fragmentados en la integridad de nuestra alma y cada fragmento contiene energía atrapada que no está disponible en nuestra vida cotidiana. De modo que, además de estar padeciendo síntomas que provienen de experiencias no resueltas, también estamos fragmentados en nuestra esencia y no disponemos de toda la energía vital a la que podríamos tener acceso. En realidad, la energía está con nosotros, pero está atrapada o bloqueada sin que podamos utilizarla, como si tuviéramos una batería auxiliar en el automóvil guardada en un cofre de seguridad y sin la llave para abrirlo. La energía está allí, en la batería, pero está atrapada y no puede ser aprovechada.
Cuando trabajo terapéuticamente con la TVP comienzo a salir del atrapamiento. Al terminar con la experiencia en la cual estaba atrapado desaparecen los síntomas que provenían de esa experiencia y, al mismo tiempo, comienzo a recuperar mi energía. Por otro lado, al integrar las partes de mi alma que estaban atrapadas, comienzo a ser cada vez más yo mismo ya que a medida que voy saliendo de cada atrapamiento se van integrando partes de mi propia esencia que estaban fragmentadas de mi totalidad. Y todavía hay algo más; el atrapamiento del alma implica que hay capacidades innatas que no pueden expresarse porque están bloqueadas. Salir del atrapamiento significa también salir del bloqueo que impide que los talentos y habilidades del alma puedan manifestarse y concretarse en la vida actual.
NI REGRESIÓN NI VIAJE EN EL TIEMPO
Hemos dicho que la llave y el secreto para entender el funcionamiento de la TVP es que para el alma el tiempo no existe y, por lo tanto, todas las experiencias están conmigo aquí y ahora, en este momento. Están sucediendo en forma simultánea y al mismo tiempo, solo que no tengo consciencia de ellas porque están excluidas de la conciencia física.
Si todas las experiencias traumáticas están aquí conmigo y al mismo tiempo, no necesito viajar en el tiempo para llegar a ellas, porque la realidad es que ya estoy allí, siempre estuve allí, donde quiera que sea. En lugar de viajar en el tiempo, lo que necesito hacer para salir del atrapamiento es traer a la conciencia física lo que siempre ha estado conmigo, aunque yo no tuviera consciencia de ello, para poder trabajarlo terapéuticamente en el aquí y ahora. Entender esto cambia todo el abordaje del trabajo con la terapia de vidas pasadas. Al no existir el tiempo no hay ni regresión ni viaje en el tiempo. Y si no hay regresión, tampoco hay progresión. Hablar de regresión o de progresión es hablar en términos de física mecánica y de tiempo lineal. Es hablar de un nuevo paradigma utilizando creencias y conceptos de un viejo paradigma. Cuando menciono el término regresión me estoy refiriendo al trabajo terapéutico propiamente dicho del paciente. Por lo tanto, nadie que haga un ejercicio de regresión corre el riesgo de quedarse en el pasado. De ahí que cualquier persona atrapada en una experiencia traumática que no terminó ya está viviendo en el pasado, y lo mejor que le puede pasar es salir del atrapamiento.
Entonces, en lugar de viajar al pasado, todo lo que tengo que hacer para trabajar con la TVP es bajar a la conciencia física lo que ya está en el alma o en el subconsciente. No hay necesidad de hacer una relajación, ni una inducción ni una sesión de hipnosis. Simplemente se trata de traer a la conciencia física del aquí y ahora lo que siempre ha estado conmigo a nivel subconsciente.
SALIR DEL ATRAPAMIENTO
Una vez que la experiencia que provoca los síntomas actuales ha sido traída a la conciencia física, el trabajo terapéutico consiste en revivir esa experiencia como si se estuviese allí. Es necesario reproducir el hecho original en el cuerpo actual para darle al alma la oportunidad de hacer todo lo que no pudo hacer en su momento. Implica experimentar en forma visceral todas las sensaciones y reacciones a nivel físico, emocional, mental y energético. Esto se denomina abreacción, significa experimentar y exteriorizar en el cuerpo físico las sensaciones internas de las que habitualmente no se tiene consciencia. Significa sentir en el cuerpo todo lo que deba ser sentido, por doloroso que sea. Si me clavaron un puñal debo padecer el impacto del puñal y sentir lo que sienten los músculos y los órganos internos al ser atravesados. Si me ahorcaron con una soga tengo que sentir lo que sienten los músculos del cuello, lo que sienten la tráquea, las cuerdas vocales, el esófago, los pulmones, el corazón, el cerebro, las vértebras cervicales y la médula espinal cuando la soga se cierra sobre mi cuello. Si evito sentir el dolor, el dolor seguirá allí, atrapado o enquistado en el alma. A nivel del alma, todo lo que nosotros definimos como dolor, sensación o emoción no es otra cosa que energía, y la única forma que el alma tiene de desprenderse de esta energía es a través del cuerpo. El cuerpo es el atanor del alquimista donde se produce la transmutación de las energías del alma. Por eso es inevitable que en algún momento el cuerpo se enferme, ya que es el sitio por donde se drenan las energías negativas del alma.
Es fundamental, entonces, reproducir la experiencia original en el cuerpo para que el alma pueda completarla y hacer lo necesario para terminar con esa experiencia para siempre. El alma suele llevarnos a repetir situaciones dolorosas como una forma de reproducir las condiciones de la experiencia original en un intento por terminarla. No lo hace por masoquismo, sino que es su forma de hacer terapia. Repite la experiencia original para ver si puede terminarla de una vez por todas. Sin embargo, por lo general la experiencia no puede ser completada y el trabajo queda inconcluso. Al trabajar con la TVP le estamos dando al alma la oportunidad de hacer todo lo que no pudo hacer originalmente y terminar definitivamente con esa experiencia. Pero es necesario efectuar la abreacción para traer a la conciencia física todo aquello que está en el subconsciente. Esta es una premisa básica del trabajo terapéutico: hacer consciente lo inconsciente. Todo aquello que está en el subconsciente y de lo cual yo no tengo consciencia tiene que manifestarse de alguna manera, y lo hace por medio de los síntomas, tanto físicos como emocionales, mentales o energéticos. Esto es válido para todo lo que hablemos en el marco de la terapia de vidas pasadas. En la sesión terapéutica, permanentemente estaremos haciendo consciente lo inconsciente.
La abreacción, entonces, significa experimentar visceralmente y hacer consciente todo aquello de lo cual no se tuvo consciencia en el devenir del evento traumático. A tal fin deben experimentarse todas las reacciones físicas, todas las reacciones emocionales y todas las reacciones mentales producidas mientras se experimentaban las emociones y sensaciones físicas; pero además hay que hacer consciente las palabras o dichos de terceras personas y decir todo lo que no se pudo decir en el momento del acontecimiento traumático.
Para poder salir definitivamente del atrapamiento es primordial experimentar la muerte en vida pasada, independientemente de cómo haya sido la muerte. La mayoría de los atrapamientos del alma ocurren en las muertes traumáticas, pero es posible que una persona sobreviva a un evento traumático y tenga una muerte tranquila. Aun así, puede suceder que una parte del alma quede atrapada en el cuerpo físico porque no quiere abandonarlo o puede que el atrapamiento tenga lugar en el post mórtem inmediato, ya sea porque la conciencia experimenta culpa o deseo de venganza o simplemente porque no se dio cuenta de que el cuerpo se murió. En cualquier caso, es importante tener presente que ningún incidente de vida pasada está terminado si no se trabaja el momento de la muerte y el post mórtem inmediato, ya que suele ocurrir que los síntomas que presenta una persona provengan de un atrapamiento del alma posterior a la muerte, como el caso de un suicidio en vida pasada.
Una vez que se ha terminado de trabajar con la experiencia de la muerte, todavía restan hacer un par de cosas más. En primer lugar, la persona que está en regresión debe asegurarse de recoger toda su energía del cuerpo que se acaba de morir. Así estaremos seguros de que el alma ha salido definitivamente del atrapamiento en el cual se encontraba. Seguidamente, si la muerte o la experiencia traumática fue provocada por el accionar de terceras personas, el paciente debe reclamar la energía que le fue robada en ese evento. Finalmente —y para disipar toda duda de que haya ocurrido un atrapamiento en el post mórtem inmediato— debo pedirle a la persona que está trabajando que lleve esa parte de su alma que acaba de liberar a la Luz. Si la persona no consigue sentirse en la Luz significa que hay algo que se lo impide o quizás el alma todavía esté atrapada en algún incidente en el estadio post mórtem. Hasta que el paciente no me asegure que ha entrado en la Luz no puedo seguir adelante con el trabajo terapéutico.
Sinteticemos ahora en siete pasos la esencia del trabajo terapéutico con la TVP:
1 Traer a la conciencia física lo que ya está sucediendo a nivel subconsciente en el alma.
2 Reproducir la experiencia original como si se estuviese allí.
3 Completar la experiencia original.
4 Hacer todo lo que sea necesario para terminar definitivamente con la experiencia original (abreacción).
5 Experimentar la muerte en vida pasada para salir definitivamente del atrapamiento.
6 Recuperar la energía que estaba atrapada en la experiencia.
7 Llevar a la Luz la parte del alma que estaba atrapada.
Y todavía podemos resumir el trabajo terapéutico con la TVP a solo dos puntos: terminar todo lo que se necesite terminar y salir de allí para siempre. Esta es la esencia de la Terapia de vidas pasadas. Lo demás es la técnica requerida de parte del terapeuta para cumplir con los pasos enunciados.
1 Fritjof Capra, El Tao de la física, Sirio, Málaga, 1997.
2 Fred Alan Wolf, El yoga del viaje en el tiempo, cómo puede la mente derrotar al tiempo, Ediciones Vesica Piscis, La Herradura, 2007.
3 A fin de evitar confusiones definimos conciencia como la propiedad del alma de reconocerse como sujeto de sus actos, ideas y sentimientos. La consciencia es una función de la conciencia: es la experiencia del darse cuenta de los pensamientos, actos y sentimientos. (N. del A.)
Capítulo II
El síntoma: la vía regia de acceso a la experiencia del alma
El síntoma es la manifestación a nivel físico de una experiencia traumática que aún no se resolvió y en la cual el alma está atrapada. Esta experiencia está excluida de la conciencia física y, al mismo tiempo, es la experiencia responsable del síntoma. De modo tal que la experiencia responsable del síntoma es una experiencia traumática que todavía no terminó y que está excluida de la conciencia física. Toda experiencia traumática no resuelta, y de la cual yo no tengo consciencia, necesariamente tiene que manifestarse de alguna manera, y lo hace a través de los síntomas. Síntoma es todo aquello que se siente en el cuerpo y que es propio y característico de una enfermedad; por extensión, lo aplicamos a las sensaciones físicas, emocionales, energéticas o pensamientos que afectan a una persona. En el marco de la TVP y de cualquier terapia el síntoma es lo que una persona trae para sanar cuando acude al terapeuta.
El síntoma, entonces, me está diciendo que fuera de la conciencia de la persona que consulta hay una experiencia traumática que todavía no terminó y en la cual el consultante está atrapado sin saberlo. Cuando un paciente se encuentra frente a mí, terapeuta, relatando el problema que lo aqueja, yo debo pensar que es posible que una parte de esa persona esté viviendo atrapada en otra realidad. Mientras el paciente está hablando conmigo, debo tener presente todo lo que hemos dicho anteriormente. De un lado la persona se encuentra aquí y ahora conmigo, exponiendo su problema, pero al mismo tiempo hay otra parte o partes del alma de esa persona atrapadas en experiencias inconclusas y que están sucediendo en forma simultánea con la vida presente. El síntoma es como la punta de un iceberg; es la síntesis de una experiencia del alma que aflora y se manifiesta en la superficie de la conciencia física. Si recorro el síntoma desde la punta del iceberg hacia su base sumergida me encontraré con la experiencia responsable del síntoma. El síntoma me está diciendo: aquí hay una experiencia que está excluida de la conciencia. Por lo tanto, el síntoma es la vía de acceso directa y más fácil para acceder a la experiencia que lo origina, ya que el síntoma proviene de allí mismo, de la experiencia en la cual el alma está atrapada. Un síntoma, una experiencia excluida de la conciencia.
Esta vía de acceso requiere entrenamiento por parte del terapeuta para reconocer en el discurso del paciente las sensaciones, las emociones, las palabras o las frases que aluden a la experiencia excluida de la conciencia. Tengo que entrenarme para eso, tengo que aprender a escuchar, ya que cualquier cosa que diga el paciente puede que provenga de otra realidad, y yo debo reconocer eso. Supongamos que el paciente simplemente me dice “no puedo más”. Lo que inmediatamente cabe preguntarse es: ¿dónde se encuentra esta persona cuando dice “no puedo más”? ¿No puede más aquí y ahora o no puede más en otro lugar? ¿En qué otra realidad está el paciente cuando dice esto? Como terapeuta, me corresponde tener presente todo el tiempo que cuando el paciente está relatando su problema puede estar refiriéndose a otra realidad, aunque él no lo sepa. Si soy consciente de que cuando el paciente está experimentando el síntoma una parte de su conciencia está viviendo una experiencia en otra realidad, podré ayudarlo a entrar en contacto con esa otra realidad para acabar con la experiencia en la cual se encuentra atrapado.
Un ejemplo clásico de lo que estamos exponiendo es la claustrofobia. Cuando ante la vista de un ascensor una persona experimenta ahogo, taquicardia, pánico y la sensación de muerte inminente, lo que acontece es que una parte de esa persona se está muriendo encerrada en algún lugar, en otra realidad. Cuando la persona está experimentando síntomas de claustrofobia, una parte de ella ya se ubica en una experiencia que aún no ha terminado, de modo que no hay necesidad de hacer ninguna preparación especial, porque la persona ya está en otra realidad y sólo debo profundizar el síntoma principal para acceder a la experiencia original. Cualquier persona que al entrar en un ascensor o en un lugar cerrado experimentara los síntomas de la claustrofobia podría sanarse allí mismo si un terapeuta la acompañara en ese mismo momento a terminar con dicha experiencia. Sucede que, habitualmente, la persona o bien evita entrar en el ascensor o bien toma un sedante o alguien le indica un ejercicio de relajación, con lo cual anulamos el síntoma y perdemos la oportunidad de traer a la conciencia física la experiencia que genera la claustrofobia. El ahogo me dice que la persona se está ahogando en una experiencia que todavía no terminó; para ayudarla hay que traer a la conciencia física la experiencia que está originando el ahogo para poder terminarla. Siguiendo el síntoma me encontraré con la experiencia que lo está provocando y que está excluida de la conciencia.
Definido el síntoma a trabajar —en este caso, el ahogo—, lo siguiente es localizarlo en el cuerpo. Tratándose de ahogo es obvio que se experimentará en el pecho, como falta de aire y dificultad para respirar. Una vez localizado, hay que profundizar el síntoma. El paciente tiene que permitirse experimentar el ahogo. Al profundizar el ahogo comienzan a hacerse evidentes en el cuerpo otras sensaciones, como asfixia, taquicardia, temblores en el cuerpo, pánico, etc. El cuerpo me indica que el paciente ya está en otro lado. De modo que tengo que asumir sin lugar a dudas que el paciente ya está en la experiencia, aunque él todavía no lo sepa. La pregunta clave ahora es: ¿dónde te encuentras cuando estás sintiendo el ahogo, la falta de aire, el pánico, etcétera?
Puede ser que la barrera para ir hacia una vida pasada esté en el terapeuta. Cuando el paciente está sentado frente a mí, es obvio que está sentado frente a mí. Pero lo que no sabemos es en qué otro lugar está la persona mientras está sentada frente al terapeuta. Y eso es lo que tenemos que descubrir. Recordemos que todas las experiencias están aquí con nosotros, solo que no las vemos porque nuestra atención está puesta en lo inmediato, en lo que vemos, en lo que tocamos, en nuestras preocupaciones cotidianas y en lo que hemos aprendido a percibir del mundo. Todo lo que el paciente está diciendo puede ser adjudicado a otra realidad, y mi función es ayudar al paciente a entrar en esa otra realidad.
Si luego de la pregunta clave el paciente aún no tiene claro dónde se encuentra, puedo ayudarlo preguntando: ¿como si estuvieses dónde?, ¿como si estuviera pasando qué cosa?
El paciente puede definir la situación diciendo “es como si estuviese encerrado en un cajón o como si me estuvieran echando tierra encima o como si estuviese atrapado en un derrumbe en una mina”. A partir de allí ayudaré al paciente a revivir esa experiencia hasta el final para poder terminar con ella. Tengo que aceptar sin más la definición del paciente como una realidad verdadera, que está sucediendo efectivamente, sin interferir con mis cuestionamientos, dudas, creencias o esquemas convencionales ni pretender ensayar una interpretación. Lo que está sucediendo, está sucediendo.
No todos los síntomas son tan claros como el ahogo. A veces es necesario ayudar al paciente a definir la sensación, asemejándola a algo que pudiera provocarla. Por ejemplo, un dolor en el estómago podría parecerse a un puñal clavado. Una sensación de angustia podría equipararse a una cuerda que cierra la garganta. En cualquier caso, una vez que la persona ha definido la sensación, debo dar por sentado que efectivamente hay un puñal clavado o una cuerda alrededor del cuello del paciente, y animarlo a profundizar esa sensación hasta que se encuentre en la experiencia que la origina.
Si entiendo este proceso, es muy fácil entrar en la experiencia que está excluida de la conciencia. Solo tendré que desplazar la atención del paciente del aquí y ahora para enfocarla en esa otra realidad, que siempre ha estado allí, sumergida como el iceberg.
Supongamos que al momento de iniciar el trabajo terapéutico la persona no ha definido el síntoma o no está en contacto con sus sensaciones o emociones. Puede entonces recurrirse a la técnica de los cinco pasos, denominación que utilizo actualmente para la técnica de Young, o bien a algún tipo de inducción.4 El objetivo será siempre el mismo, encontrar la sensación o la emoción que lleva a la experiencia responsable del síntoma.
Una vez que el paciente entra en la experiencia excluida de la conciencia, hay que acompañarlo para que pueda revivirla y hacer todo lo necesario para completarla y terminarla.
Al desarrollar la experiencia responsable del síntoma la persona se encontrará indefectiblemente con una situación traumática. Aquí se efectúa el trabajo terapéutico propiamente dicho. Es relativamente fácil entrar en una experiencia de vida pasada; lo difícil es revivir la situación traumática y hacer lo necesario para terminar con ella. Piensen que no es nada agradable revivir una muerte en la horca, en el potro de tormento, en la hoguera o encerrado vivo en un sarcófago. Hay que pasar por ese trance, hay que sentir en el cuerpo todo lo que está sucediendo y hay que experimentar la muerte en esas circunstancias para poder terminar con esa experiencia para siempre. Vivenciando la muerte la persona logrará salir definitivamente del atrapamiento en el cual se encuentra.
Luego de que se ha vivenciado la experiencia traumática responsable del síntoma, llegamos al núcleo del trabajo terapéutico. Para realizarlo, el paciente debe señalar cuál es el momento más traumático o terrible de la experiencia que acaba de vivir. Es obvio que toda la experiencia ha sido traumática en sí misma, pero señalar el momento más aterrador o más difícil ayuda a la persona que está trabajando a centrar su atención en un punto fijo, para hacer consciente determinadas reacciones que se encuentran a nivel inconsciente y que están provocando los síntomas y la conducta actual de la persona.
Definido el momento más traumático debemos preguntar por las reacciones físicas, emocionales y mentales que se perciben en ese momento. ¿Por qué? A finales de la década de 1950, el neurofisiólogo Ben Libet (citado por Fred Alan Wolf) comenzó a investigar cómo nuestro cerebro parece procesar datos retrocediendo en el tiempo. En 1979, Ben Libet publicó un artículo sobre lo que él llamó remisión subjetiva. Nos interesa aquí que las investigaciones de Libet nos llevan a concluir que la reacción es más rápida que la percepción. En forma práctica, esto significa que somos principalmente inconscientes. Tomamos decisiones y reaccionamos a estímulos procedentes del mundo exterior de manera inconsciente, y no somos conscientes del estímulo propiamente dicho hasta muchísimo más tarde, después de que las adversidades de nuestro destino ya nos han pasado de largo o conmocionado. Cuando pensamos en lo que acaba de ocurrir nos remitimos atrás en el tiempo desde el último momento de conocimiento consciente al primer momento de la sensación. Según las experiencias de Libet, la persona se halla totalmente inconsciente en el momento de la reacción. La reacción es más rápida que la percepción.
Esto ocurre exactamente así cuando reproducimos la experiencia traumática original con la técnica de la TVP. Todas las reacciones, en todos los niveles de conciencia, tienen lugar en forma inconsciente. Por eso hablamos de reacciones y no de sensaciones. Ni siquiera las reacciones mentales pasan por la conciencia. Por eso nos perturban, porque están fuera de la conciencia del aquí y ahora y, desde el subconsciente, rigen nuestras reacciones emocionales, nuestros hábitos y nuestra conducta. Las reacciones se hacen conscientes en el momento de la regresión. Al hacer consciente lo inconsciente todas esas reacciones dejan de proyectarse sobre nuestra vida cotidiana.
Al momento de preguntar por las reacciones físicas, emocionales y mentales debemos tener en cuenta que, aunque lo hagamos por separado, todas las reacciones están teniendo lugar al mismo tiempo y en el mismo momento. Preguntamos por estas reacciones por separado para poder identificarlas y hacerlas conscientes. El hecho de que todo esto está ocurriendo al mismo tiempo nos da idea de la imposibilidad de ser conscientes de todo lo que acontece en el momento original.
Veamos con un ejemplo sencillo y acotado cómo se trabaja la secuencia del momento más traumático.
Nina es una mujer de sesenta años que consultó por un sobrepeso de cuarenta kilos. En una vida pasada, siendo hombre, alguien la acusa de un hecho falsamente para quedarse con sus tierras. Es condenada y luego de arrojarla a un pozo le tiran una piedra encima.
Nina: Me muero en ese lugar. Debo haberme roto algo. Quedo inmovilizado. Me duele el corazón. Pierdo la respiración. No puedo respirar. Encima se ríen y se burlan.
Terapeuta: Y hasta aquí, ¿cuál es el momento más terrible de esta experiencia?
N: Cuando me arrojan al pozo.
T: Y en ese momento, cuando te arrojan al pozo, ¿cuáles son tus reacciones físicas?
N: Rabia, es injusto.
T: Y en ese momento, cuando sentís la rabia, ¿cuáles son tus reacciones emocionales?
N: Espero que se descubra todo.
T: Y en ese momento, cuando sentís la rabia y esperás que se descubra todo, ¿cuáles son tus reacciones mentales?
N: Los odio.
T: Ahora fijate de qué manera todas estas sensaciones están afectando tu vida como Nina. Esta rabia, esto de “es injusto”, “espero que se descubra todo” y “los odio”; todo esto, ¿qué te hace hacer en tu vida como Nina?
N: Callarme y agredir mi cuerpo comiendo y tomando lo que no debo, esperando que todo salga a la luz.
T: Y todo esto, ¿qué te impide hacer?
N: Pensar en nuevos proyectos.5
Observen que primero hemos marcado el momento más traumático o terrible vivido por Nina en esa situación. Luego preguntamos por las reacciones físicas, emocionales y mentales de a una por vez y en ese preciso orden. Ahora Nina ha hecho consciente lo inconsciente. Ha logrado traer a su conciencia física las reacciones que estaban originando sus actitudes y sus hábitos en su vida cotidiana. El paso siguiente fue hacer dos preguntas muy simples para que Nina tomara consciencia de qué manera estas reacciones afectan su vida actual. Estas dos preguntas son: todo esto, ¿qué te hace hacer? y todo esto, ¿qué te impide hacer? Así, primero hacemos consciente lo inconsciente y luego vemos de qué manera todas esas reacciones que estaban inconscientes están afectando nuestra vida actual.
Ahora solo resta efectuar la abreacción. Para ello el paciente deberá vivenciar una vez más toda la secuencia traumática hasta terminar con la muerte, y salir de allí si se trata de una experiencia de vida pasada. Pero esta vez, al haber tomado consciencia de qué manera todo está afectando su vida actual, la persona se permitirá sentir más profundamente en el cuerpo las sensaciones físicas más desagradables. Al hacerlo, se harán conscientes las reacciones a nivel de los órganos internos, como así también otras reacciones emocionales y mentales del paciente y dichos de terceras personas que, desde la sombra, funcionaban como mandatos o programadores de conductas. Cuanto más intensamente se vive la experiencia en el cuerpo, más profundo y completo es el trabajo terapéutico.
Hagamos ahora una síntesis de los pasos a seguir a partir del síntoma.
1 Definir el síntoma.
2 Localizar el síntoma en el cuerpo.
3 Asemejar el síntoma a algo que lo pudiese provocar.
4 Profundizar el síntoma hasta que la experiencia excluida se manifieste en el cuerpo.
5 Reproducir la experiencia traumática.
6 Definir el momento más terrible o difícil de la experiencia traumática.
7 ¿Cuáles son tus reacciones físicas?
8 ¿Cuáles son tus reacciones emocionales?
9 ¿Cuáles son tus reacciones mentales?
10 Todo esto, ¿cómo te está afectando en tu vida como…?
11 Todo esto, ¿qué te hace hacer?
12 Todo esto, ¿qué te impide hacer?
13 Repetir la experiencia traumática más profundamente para hacer la abreacción.
14 Si se trata de una experiencia de vida pasada, hacer consciente la muerte del cuerpo físico para salir del atrapamiento.
15 Recuperar la energía.
16 Llevar esa parte del alma a la Luz.
Una cosa más. En ocasiones, suele ocurrir algo notable durante el trabajo terapéutico: a veces la sesión se desarrolla como si el alma conociese la técnica de la regresión o supiese lo que necesita hacer para sanarse. El paciente, sin tener la menor idea de la técnica, suele anticiparse a lo que se necesita decir o hacer. A mi modo de ver, esto evidencia que todo lo que estamos haciendo viene de un conocimiento superior, que el alma ya lo tiene. De alguna manera, lo que hacemos es poner por escrito lo que el alma ya sabe.
4 Encontrarán la técnica de Young y diferentes modelos de inducción en mi libro Terapia de vidas pasadas. Técnica y práctica, Continente, Buenos Aires, 2001 (N. del A.)
5 Todos los testimonios de pacientes reflejan la transcripción textual de lo ocurrido en las sesiones, incluyendo los giros idiomáticos o modismos propios de cada país.
Capítulo III
Gladiador
A continuación veremos en forma práctica cómo se llega a la experiencia traumática que está excluida de la conciencia a partir del síntoma. Para hacerlo todavía más interesante examinaremos una situación en la que inicialmente no había un síntoma claro y preciso. En un caso así el terapeuta debe descubrir cuál será la puerta de acceso a la experiencia responsable del síntoma.
Cuando Nicolás (52) me consultó se encontraba viviendo una contradicción en pleno proceso de divorcio. Por un lado advertía la destrucción de todo lo construido durante su matrimonio. Por el otro, se sentía en paz consigo mismo. Nicolás vivenciaba dos realidades diferentes. Conocedor del tarot, la realidad exterior le mostraba la escena de la tierra devastada que corresponde al arcano XVI, La Torre. Experimentaba la pérdida de amigos y de afectos muy queridos, además de atravesar el proceso de divorcio que era devastador en sí mismo. Pero al mismo tiempo, la realidad interior de Nicolás era de calma y serenidad y él deseaba conectarse con su interior y su espiritualidad sin caer en la insensibilidad.
Mientras Nicolás me relataba esta situación se encontraba en calma y sin ninguna emoción o sensación aparente. Entonces le pregunté a Nicolás:
—Y todo esto, la calma interna por un lado y la tierra devastada por el otro, ¿qué te hace a vos?
—Me hace sentir palpitaciones, el corazón late aceleradamente. Es como la ansiedad por salir al combate —contestó.
Inmediatamente tomé la frase de Nicolás “es como la ansiedad por salir al combate” como la expresión literal de una escena que se desarrollaba en otra realidad. Para mí no había necesidad de preguntar o decir nada más. El síntoma de Nicolás era la ansiedad por salir al combate. Ahora solo había que profundizar esta ansiedad para que Nicolás hiciera contacto con la experiencia que estaba excluida de su conciencia.
Jueves 24 de noviembre de 2005
Terapeuta: Muy bien, Nicolás. Sentí la ansiedad por salir al combate. ¿Qué más estás sintiendo?
Nicolás: Sí, quiero salir al ruedo. Estoy por salir al ruedo.
T: Repetí eso más fuerte.
N: ¡Estoy por salir al ruedo! —con vehemencia.
T: ¿Y dónde estás cuando estás por salir al ruedo? (Aquí está la pregunta clave para desplazar la conciencia del aquí y ahora y enfocarla en la realidad en la cual está atrapada.)
N: Estoy en una habitación oscura, de piedra; hay una reja, como si fuera una puerta reja y por ahí se filtra la luz y se escucha el griterío de la gente. Un griterío casi ensordecedor, es como el clamor del combate. (Como pueden apreciar, Nicolás ya está en otro lado y yo doy por seguro que esto es así.)
T: Eso es, sentí el clamor del combate, el griterío ensordecedor.
N: Yo estoy ahí y sé que esa reja se va a levantar como tantas otras veces se ha levantado y yo voy a atravesar ese túnel.
T: Y fijate, ¿cómo es tu cuerpo cuando estás por atravesar ese túnel?
N: Soy alto y robusto. Tengo un cuerpo musculoso, un cuerpo trabajado. Llevo brazaletes, muñequeras, sandalias, un casco en la cabeza y en la mano tengo una espada.
T: ¿Qué sentís cuando tenés la espada en la mano?
N: Es la sensación de entrar en acción —con un dejo de placer y excitación.
T: ¿Y qué sentís cuando vas a entrar en acción?
N: Sentís que te toma todo; el estómago se hunde, se prepara para el combate. Sabés que todo está jugado, ya nada importa. Una vez más vas a matar o morir y, a pesar de que ya lo he hecho tantas veces, no puedo evitar ese nerviosismo, ese temblor.
T: Sentí ese temblor, ese nerviosismo. ¿Qué pasa con la respiración?
N: La respiración se angosta, entonces…. ¡Tenés que salir corriendo!
T: ¿Quién tiene que salir corriendo?
N: Yo tengo que salir corriendo. Te tiembla todo —gritando, jadeando y sacudiéndose—. El temblor te impulsa, y salgo y… ¡ahí está!
T: ¿Quién está?
N: ¡Yo estoy! Veo las gradas. Todos me miran a mí, todos gritan y me miran a mí. ¡Ahhh! Empiezo a caminar hacia el centro, esa plaza llena de arena con gradas. Llego al centro y ahí me quedo, y la gente grita.
T: ¿Qué es lo que grita la gente?
N: ¡Cle-món! ¡Cle-món! ¡Cle-món! Y yo levanto la espada y la agito gritando ¡Ehhhhhhh! Y la gente grita lo mismo ¡Ehhhhhhhhhh! —imitando el vocerío de la multitud en un estadio.
T: ¿Y qué sentís en esos momentos?
N: Siento que la energía de la gente entra en mí y me da ínfulas, fuerza, ¡Cle-món! ¡Cle-món! Es como si la espada fuera una antena que recibe toda esa energía y esa energía te traspasa todo el cuerpo, como si fuera una descarga. ¡Ehhhhhhhhh! —su cuerpo se estremece mientras grita con éxtasis.
T: Y entonces, ¿qué ocurre?
N: Yo pongo el escudo en el piso y lo sujeto y se abre otra puerta reja y ahí aparece mi contrincante. Es negro, también es musculoso, está vestido con ropa de leopardo y viene armado con un tridente y una red. Y ahí pienso: lo tengo que matar.
T: Eso es, seguí.
N: La gente también grita y me doy cuenta de que son estúpidos, gritan por cualquiera, gritan por mí, gritan por el otro. No les interesa nada, solo quieren el combate. Y eso me tranquiliza. El otro se sitúa enfrente de mí, a una buena distancia. En este combate no hay reglas, es a matar o morir. Alguien da una señal, un silbato o un pitido y empezamos.
T: Eso es, seguí, ¿qué más?
N: Comenzamos a movernos, a estudiarnos. Lo miro; él es un veterano, sabe de las guerras, su cuerpo tiene cicatrices. Encuentro su mirada, no hay odio. Él sabe como yo que esto es matar o morir. Puedo ser yo, puede ser él. Y seguimos mirándonos.
T: Seguí.
N: Me tengo que cuidar de la red. Tengo que adivinar si es zurdo o diestro porque tiene el tridente en la mano izquierda y la red en la derecha. Hago una movida con el escudo y él retrocede. ¡Es zurdo! Su primer movimiento fue hacia la izquierda. Sigo, nos estamos acercando un poco. Avanzo dos pasos, él retrocede para un costado. Es hábil, así que no me tengo que acercar mucho, y lo sigo rodeando y la gente grita. Es un griterío ensordecedor, ellos quieren que la lucha comience enseguida, pero yo no. Yo quiero estudiar al contrincante, es peligroso.
T: Sí, seguí.
N: Él amaga con la red; yo pongo mi escudo por encima de mí, pero no le pierdo la visión. Tengo que tenerlo bajo mi mirada, necesito saber dónde está permanentemente. No puedo perder de vista sus pies y su mano izquierda. Amaga con el tridente, yo me cubro y ahí me tira la red y yo me corro. El primer amague pasó, seguimos y yo sigo estudiándolo. Miro dónde se apoya. Yo estoy tratando de encontrar su punto débil y él sabe que lo estoy buscando. Trata de no mostrar su debilidad.
T: Eso es, seguí.
N: Yo me tengo confianza; he pasado muchas de estas, pero nunca se sabe cuál es la última. ¡Nunca se sabe! Siempre tenés que estar atento —jadeando—. Pero tengo experiencia, sé cómo es. Miro, miro; tenés que ser paciente. Aquí, la prisa te puede jugar en contra. Tiro con la espada así y veo para dónde retrocede —haciendo el gesto del lance con la espada.
T: Eso es.
N: Hasta ahora, siempre retrocede sobre la izquierda. Entonces pienso: dos veces sobre la izquierda. Sigo avanzando hacia un costado y hacia el otro. Él sigue con la red, la red es peligrosa. Tira la red de nuevo y yo la esquivo con el escudo. Sé que lo va a intentar de nuevo y ahí voy a aprovechar. Nuevamente la tira y simulo que me agarra como si ése fuera mi punto débil. Seguimos rodeándonos. De nuevo tiro una estocada. ¡Siempre hace lo mismo! ¡Retrocede sobre la izquierda! —cada vez con mayor excitación.
T: Eso es, seguí.
N: Él amaga de nuevo con esa red y ahora… ¡me voy sobre él! Pero no doy un paso solo sino que doy dos y ahí… ¡casi le acierto! Sobre el costado, algo le herí sobre el costado. Ahí su mirada ya tiene un poco de miedo. Sigo entonces y ahora me acerco un poco, ahora me acerco un poco —jadeando.
T: Seguí.
N: Él está con el tridente y yo tengo que destruir el tridente. Tira la red y yo… ¡corto! ¡Corté el tridente! Lo desarmé con el tridente. La gente grita “¡ehhhhhhh!”; ellos quieren ver una buena pelea, quieren ver sangre y él tiene un poco de miedo, ya lo pesqué en su mirada. De nuevo él tira la red y yo… ¡le clavo la espada! ¡Paaa! Le clavé la espada —estremeciéndose—. Él se desploma y yo, ¡le clavo la espada en el corazón! No hay que darle oportunidad. Nunca sabés cómo son.
T: Eso es.
N: Y ahí muere. La gente grita “¡Cle-món! ¡Cle-món!”. Pero yo estoy lejos.
T: ¿Dónde estás?
N: Ya no escucho. Ya hice lo que tenía que hacer. Levanto la espada manchada con sangre. ¡Cle-món! ¡Cle-món! —apaciguándose.
T: Muy bien. Ahora contaré hasta tres y avanzarás al próximo hecho marcante en esa vida después de haber matado a ese contrincante. Uno, dos, tres. ¿Qué está pasando?
N: Estoy con un chico, es mi hijo. Él está a mi lado, jugando. Yo soy mayor, no soy viejo, pero tengo mis años. Estoy como en una campiña sentado sobre un asiento de piedra. Me gusta ver jugar a mi hijo. He sobrevivido por él. Pero hay malas noticias. Hay invasores, ejércitos enemigos que vienen y no nos vamos a poder defender. Están avanzando y son muy rápidos y sé que pronto van a venir. Es difícil escapar, casi inútil, y estoy cansado de escapar. Escucho los cascos de los caballos, sé que están viniendo.
T: Sí.
N: Me pongo de pie. Me pongo el casco, tomo el escudo y tomo mi espada. Pero es para morir en combate, nada más. Son muchos, son buenos, no hay escapatoria. De nuevo enarbolo mi escudo. No tengo miedo, empuño mi espada y… otra vez esa sensación.
T: ¿Cómo es esa sensación?
N: Como si toda una energía me atravesara de la cabeza a los pies —una vez más su cuerpo tiembla y se estremece—. Es como si fuera la energía de Marte, de la guerra. ¡Fffffffffffff! ¡Ahí está, te toma! ¡Ffffffff!
T: Eso es. Sentí cómo te toma esa energía.
N: Y ahí vienen, a caballo. Son muchos, con lanzas. Alcanzo a herir a uno que viene pasando. Son muchos, pero no importa. No voy a permitirles que les sea fácil. Algunos me voy a llevar conmigo. Siguen viniendo, empieza el combate; ¡fá!, ¡pá!... ¡Ah!, ¡la pierna!
T: ¿Dónde te dieron?
N: En la cabeza, y me clavan una lanza, ¡ahhhh! —gimiendo y llorando.
T: ¿Qué está pasando?
N: Viene mi hijito gritando “¡padre, padre, padre!” —llorando—. Trato de hablarle, pero no puedo.
T: Seguí.
N: No puedo hablarle, ¡no puedo! —sigue gimiendo y llorando—. Ya me estoy yendo de mi cuerpo y le pido al Padre que me reciba.
T: Y ahora fijate, hasta aquí, ¿cuál es el momento más terrible de esta experiencia?
N: Son dos momentos; uno, cuando siento que me clavan la lanza y sé que es el final, y el otro, cuando no le puedo decir a mi hijo todo lo que lo quiero.
T: Fijate en el momento cuando te clavan la lanza. ¿Cuáles son tus reacciones físicas en ese momento?
N: Se me hunde el estómago. ¡Ahhh! Como que me clavan contra el piso, se me parte el estómago.
T: ¿Y cuáles son tus reacciones emocionales cuando sentís que te clavan contra el piso?
N: ¡Ahhh! No hay nada que hacer, es el final.
T: ¿Y cuáles son tus reacciones mentales cuando te clavan contra el piso y ya no hay nada que hacer?
N: Yo quiero ver a mi hijo, quiero ver a mi hijo.
T: Y ahora fijate, ¿de qué manera todo esto está afectando tu vida como Nicolás? Esto de “estoy clavado contra el piso”, “se me hunde el estómago”, “no hay nada que hacer” y “quiero ver a mi hijo”. Todo esto, ¿qué te hace hacer en tu vida como Nicolás?
N: Quiero ver a mi hijo.
T: Y esto, ¿qué te hace hacer?(A veces es necesario repreguntar para que surja el resultado final de las reacciones inconscientes.)
N: Me hace depender de él, no ser yo para estar con él. No seguir mi percepción, mis intuiciones.
T: Y todo esto, ¿qué te impide hacer?
N: Me impide ser definitivamente yo mismo, como si estuviera colgado de él y él de mí. No podemos ser libres.
T: Muy bien, ahora fijate en ese otro momento, cuando no le podés decir a tu hijo todo lo que lo querés. ¿Cuáles son tus reacciones físicas en ese momento?
N: Se me hace un nudo en la garganta, se me corta la voz. Todo mi cuerpo se aprieta así, quiere y no puede.
T: Y en ese momento, cuando se te corta la voz, ¿cuáles son tus reacciones emocionales?
N: Impotencia, bronca, desdicha, quiero hablar y no puedo, quiero decir y no puedo. No es justo.
T: Y en ese momento, cuando sentís la impotencia y querés hablar y no podés, ¿cuáles son tus reacciones mentales?
N: No es justo, no es justo, no es justo —llorando—. Yo quiero hablar con mi hijo, quiero decirle todo lo que lo quiero, lo importante que era para mí.
T: Eso es, y ahora fijate. ¿De qué manera, todas estas sensaciones están afectando tu vida como Nicolás? Esto de “se me hace un nudo en la garganta”, “se me corta la voz”, “quiero hablar y no puedo”, “no es justo”. Todo esto, ¿qué te hace hacer en tu vida como Nicolás?
N: Me cuesta decir las cosas que para mí son injustas. No me animo a decir las cosas que son injustas.
T: Y todo esto, ¿qué te impide hacer?
N: Me impide quejarme de cosas injustas, me somete, me impide ser plenamente yo.
Nicolás acaba de hacer consciente todas las reacciones que estaban afectando su vida actual. Ahora es el momento de hacer la abreacción para que Nicolás pueda hacer todo lo que no pudo hacer en el momento en que tuvo lugar la experiencia original, y de esa manera terminar definitivamente con el atrapamiento.
T: Ahora contaré hasta tres y te permitirás hacer esta experiencia más profundamente. Al contar hasta tres retrocederás un instante antes de que te claven la lanza y dejarás que tu cuerpo haga todo lo que tenga que hacer para terminar con estas sensaciones para siempre. Uno, dos, tres. ¿Qué está pasando?
N: ¡Ahhh! ¡Otra vez! ¡Le doy a una cabeza! ¡Táaa! ¡Veo una pierna! ¡Páaa! ¡Páaa! —dando mandobles a diestra y siniestra como si tuviera una espada en la mano.
T: Eso es, muy bien. Contaré hasta tres e irás al momento del impacto de la lanza en tu cuerpo. A la cuenta de tres tocaré tu cuerpo y sentirás más profundamente el impacto de la lanza. Uno, dos, tres. (Con mi dedo índice simulo en el cuerpo de Nicolás el impacto de la lanza.)
N: ¡Aaahhh! ¡Aaahhh! —retorciéndose de dolor.
T: Eso es, sentí cuando entra la lanza, ¿hasta dónde llega la lanza?
N: Hasta el fondo, ¡ahhh!
T: ¿Qué sienten los músculos cuando entra la lanza?
N: Que se van cortando, ¡trac! ¡trac! ¡ahhh!
T: ¿Qué sienten tus órganos internos?
N: Que se van cortando uno tras otro, ¡trac! ¡trac! ¡trac! ¡Ahhh! ¡Qué dolor!
T: ¿Qué le pasa a la columna vertebral?
N: La columna se rompe, ¡crack! ¡Ahhh!
T: ¿Qué pasa con la sangre?
N: Sale, sale y se llena todo de sangre —su voz se va apagando lentamente.
T: ¿Qué sienten las piernas?
N: Se aflojan, se aflojan… ahhh.
T: ¿Qué pasa cuando llega tu hijo?
N: ¡Ayyy! Escucho “¡padre, padre, padre!” —llorando—. Me acaricia y me abraza.
T: ¿Qué está pasando con tu cuerpo mientras tu hijo te acaricia?
N: Mi cuerpo se va abandonando.
T: ¿Qué pasa en la garganta?
N: Todo se va juntando en la garganta; la energía de las piernas, de las rodillas, el estómago roto… Todo eso se va juntando aquí, en la garganta.
T: ¿Y qué te está diciendo tu hijo?
N: Me dice “¡padre, padre! ¿Qué pasa, padre? ¿Dónde estás?” —llorando.
T: ¿Y qué es lo último que alcanzás a pensar en ese cuerpo?
N: ¡Qué inútil todo! ¡Qué inútil! Solo el amor sirve. Mi hijo me acaricia con sus manitas. Siento que mi hijo me quería a mí por mí mismo. No me quería por combatir. Me quería por mí mismo; era un amor puro, espontáneo, amoroso.
T: Muy bien, ahora le vas a hablar a ese hijo y le vas a decir todo lo que no pudiste decirle en ese momento.
Éste es el momento para decir lo que no se pudo decir en el hecho original. Es una forma más de cerrar y terminar lo que quedó pendiente o inconcluso. De alguna manera, todo lo que no se pudo decir se le queda atragantado al alma. Esto vale tanto para circunstancias extremas, como cuando uno no puede defenderse de una agresión o no puede hablar ante una acusación injusta, como para despedirse de un ser querido cuando no pudo hacerlo. Al expresar lo que no se pudo decir en el momento original el alma queda en paz.
N: “Querido Héctor —llorando—, me voy a ir a la casa de nuestro Padre. Gracias por el amor que me diste, porque en esa vida era lo único que a mí me gustaba y me hacía bien. Me hacías sentir un ser humano. Cuidate mucho, hijito. Te quiero mucho, hijito.”
T: Fijate en la mirada de ese hijo. ¿Cómo es su mirada?
N: A pesar de ser un chico es una mirada fuerte, como si fuera un ser mayor, profundo.
T: ¿Y dónde más has visto esa mirada?
N: …en mi hermana.
T: Muy bien, ahora vas a desprenderte de ese cuerpo y vas a retirar toda tu energía de ese cuerpo, tomando consciencia de que ese cuerpo se murió, y al morir ese cuerpo terminó esa experiencia. Ya nada de eso te pertenece.
N: (Hace el gesto de recoger su energía.)
T: Eso es, ahora comenzarás a alejarte de ese cuerpo recogiendo toda tu energía y llevarás esa parte de tu alma a la Luz. Ya no hay nada que hacer allí, ya nada de eso te pertenece. Llevarás esa parte de tu alma a la Luz y avisame cuando estés allí, en la Luz.
N: Ahí estoy entrando. Sí, estoy ahí, en la Luz.
T: Eso es, tomando consciencia de que todo eso se acabó.
N: Sí, voy a descansar —hablando en un susurro y suspirando.
T: Muy bien, respirá profundamente, y al contar hasta tres irás a la siguiente experiencia que tu alma necesita trabajar. No importa lo que sea o dónde sea.
N: Necesito descansar. Estoy muy cansado.
¡Atención con esta expresión! El terapeuta puede interpretar que el paciente no quiere seguir trabajando. Pero ya hemos dicho que no debe haber interpretación por parte del terapeuta. Hay que definir dónde está el paciente cuando dice que está cansado o que no quiere seguir. Todo lo que el paciente diga puede provenir de otra realidad, de modo que a menos que el paciente diga claramente “no quiero seguir con esta sesión”, yo debo asumir en primera instancia que la persona está en otra experiencia.
T: ¿Dónde estás cuando estás cansado?
N: Estoy sentado en una colina rocosa. Clavo la espada en el suelo. Miro hacia abajo; hay como un poblado y sale humo de algunas casas. Estoy cansado, tanto pelear…
T: Eso es, seguí.
N: Tanta muerte, tanta muerte… Miro alrededor de mí y ahí hay otros guerreros también. Estamos acechando el poblado. Lo vamos a saquear.
T: Seguí.
N: Tenemos armas de hierro, hachas, escudos, espadas… Los guerreros son de barba roja y el pelo es rubio. Parecemos vikingos.
T: Seguí.
N: Los guerreros están esperando que yo dé la orden. Me levanto, me pongo de pie. Se me acerca un guerrero barbudo y me increpa. Me dice algo así como “¿qué estamos esperando?”. Yo sé que me va a matar. Estoy esperando que me mate.
T: ¿A qué se debe que estés esperando que te mate?
N: Porque nuestra razón de vivir es ésa, saquear, matar, y yo me cansé. Yo soy uno de los jefes de ahí, entonces no puedo retroceder, no puedo dar marcha atrás. Esto es como una traición, por eso el otro saca un cuchillo y me lo clava, ¡zac!
T: Eso es, seguí.
N: Lo que pasa es que de esa manera me libera, ya no voy a matar más. El cuchillo corta hacia abajo, ¡ahhh!
T: Muy bien, ahora fijate, ¿cuál es el momento más terrible de esta experiencia?
N: Cuando se me acerca y leo en sus ojos la traición y que me va a matar.
T: Y en ese momento, cuando se te acerca y ves la traición en sus ojos, ¿cuáles son tus reacciones físicas?
N: Mi cuerpo se pone tenso.
T: Y en ese momento, cuando ves la traición en sus ojos y tu cuerpo se pone tenso, ¿cuáles son tus reacciones emocionales?
N: Al fin voy a sentir alivio.
T: Y en ese momento, cuando tu cuerpo se pone tenso y al fin vas a sentir alivio, ¿cuáles son tus reacciones mentales?
N: Quiero estar en paz, quiero descansar.
T: Y ahora fijate, ¿de qué manera todas estas sensaciones están afectando tu vida como Nicolás? Esto de que el cuerpo se pone tenso, “quiero estar en paz”, “quiero descansar” y “ veo la traición en su ojos”, todo esto, ¿qué te hace hacer en tu vida como Nicolás?
N: Que para estar en paz tengo que estar solo, no puedo esperar que estén conmigo. Estar en paz conmigo mismo es estar solo. Estar con otros es estar cansado, tenso, a la espera de la traición.
T: Y todo esto, ¿qué te hace hacer?
N: Si quiero estar en paz, tengo que estar solo. Si estoy con otro, espero la traición.
T: Y entonces, ¿qué te hace hacer?
N: Estar en dos mundos, con los otros o conmigo, conmigo o con los otros.
T: Y todo esto, ¿qué te impide hacer?
N: No puedo estar en paz con otros. Me cuesta confiar en el otro, puede venir la traición como un cuchillo.
T: Muy bien, contaré hasta tres y volverás al momento del impacto del cuchillo. Al contar hasta tres tocaré tu cuerpo y sentirás más profundamente el impacto del cuchillo. Dejarás que tu cuerpo haga todo lo que necesite hacer para terminar con todas estas sensaciones para siempre. Uno, dos, tres.
N: ¡Ugh! ¡Hijo de puta! ¡Sabía que eras vos!
T: Eso es, dejá salir todo eso, ¿hasta dónde llega el cuchillo?
N: ¡Hasta adentro! ¡Ahhh!
T: ¿Qué siente el cuerpo cuando entra el cuchillo?
N: Se corta todo, el cuerpo, la panza, el estómago, los intestinos, ¡ahhh!
T: ¿Qué sienten los músculos cuando entra el cuchillo?
N: Se contraen y después se revientan… ¡ahhh!
T: ¿Y qué le pasa al resto del cuerpo? ¿Qué pasa con las piernas y los brazos?
N: Se contrae todo, ¡ahhh!
T: Eso es, sentí los pulmones, el corazón…
N: ¡Uhhh!
T: Y fijate en la mirada de ese hombre, ¿qué te dice con la mirada?
N: “Yo te puedo, yo te puedo.”
T: Y fijate, ¿cómo es la mirada de ese hombre?
N: Es como la de mi exesposa.
T: Y esto de “yo te puedo”, ¿cómo te está afectando en tu vida como Nicolás? ¿Qué te hace hacer?
N: Es como si no tuviera derecho a defenderme, pero es otra la situación.
T: Y esto de “yo te puedo”, ¿qué te impide hacer?
N: Me impide defenderme. Pero no necesito renunciar a mí para defenderme. No soy culpable, no soy culpable.
T: Muy bien, ahora le vas a decir a ese ser que te mató a traición todo lo que no pudiste decirle en ese momento. (Aquí está el otro ejemplo de manifestar lo que no se pudo decir en el momento original.)
N: ¡No soy culpable! ¡Estoy harto de matar y de morir, de saquear y de violar! ¡Estoy harto de reventar y de destruir! ¡Hay otro mundo! Hay otro cielo, hay otras cosas. ¡Basta ya! ¡Matar y morir! ¡Matar y morir! ¿Hasta cuándo? Los dioses, los dioses, ¿qué saben los dioses? ¡Qué dioses ni qué ocho cuartos! ¡Estúpido! ¡No creas en los dioses! Solo creé en vos; ya basta de violencia, ya basta de matar y de morir. ¡Basta!
T: Eso es.
N: ¡Y no tenés derecho a matarme! ¡Yo no combato! ¡Nada más! No los traiciono. Me voy yo, por mí, a mí (sic). Simplemente no combato. Hacé lo que quieras. ¿Querés ser el líder? ¡Sé el líder! No me preocupa. Yo me voy, quiero encontrar otro cielo.
T: ¡Y quiero que me devuelvas la energía que me robaste!
N: ¡Y quiero que me devuelvas la energía que me robaste! ¡La energía que me robaste con ese cuchillo de mierda que yo te regalé, hijo de puta! ¡Ese mismo cuchillo que yo te di cuando te inicié como guerrero! ¡Ese mismo cuchillo me lo devolvés con toda la energía que me sacaste! ¡Y vos no podés nada! ¡Inútil! ¿No te das cuenta? Sos como todos los demás guerreros, solo se reflejan unos con otros. Buscan la violencia unos con otros, se alimentan unos con otros y buscan matar y morir, y se tiene que terminar eso. Alguien tiene que empezar, hay otro cielo, hay otra tierra.
T: Muy bien. ¡Quiero mi energía ya, ahora mismo!
N: ¡Quiero mi energía ya, ahora mismo! ¡Yo tomo lo que es mío, lo que me corresponde! ¡Me la devolvés! ¡Ahhh!
T: Muy bien. Asegurate de recoger toda tu energía de ese cuerpo y vas a sacar a tu alma de ese cuerpo, tomando consciencia de que ese otro cuerpo también se murió y de que ya nada de eso te pertenece. Comenzarás a alejarte de allí y llevarás esa parte de tu alma a la Luz.
N: Era un buen cuerpo —susurrando—. Mmm…
T: Alejate de allí; ya nada de eso te pertenece. Avisame cuando estés en la Luz.
N: Me está esperando un sacerdote druida. Me dice que vaya con él. Me está esperando para entrar al Cielo. Me recibe, me abraza… Vamos como entre nubes hacia una luz brillante, amarilla. Ahí está todo bien.
T: Muy bien, ¿hay algo más que quieras agregar?
N: No, siempre es la Luz, hay que buscar la Luz. Siempre está la Luz, tenemos que buscarla y encontrarla.
T: Muy bien, dejarás que tu alma descanse allí, en la Luz y elegirás un color para traer una nueva vibración a tu vida como Nicolás. ¿Qué color necesitarías?
N: Rosa, ¡qué color raro! —sorprendido.
T: Muy bien. Comenzarás a respirar el color rosa tomando consciencia de que ahora estás vivo respirando en tu cuerpo como Nicolás. Éste es otro cuerpo, es otra experiencia y es una nueva oportunidad para tu alma. Lentamente, en cada latido, en cada respiración, el color rosa se va procesando en tu interior, en cada átomo, en cada partícula y en cada célula de tu ser. A medida que el color rosa se va procesando en todo tu ser yo voy a suturar las heridas del pasado. Sintiendo el color rosa que va recorriendo todo tu ser; la cabeza, el corazón, los pulmones, los brazos, las piernas, tus órganos abdominales, la columna, los músculos. Ahora todo tu ser está vibrando en la frecuencia del color rosa y lentamente, a tu tiempo, cuando vos lo decidas, abrirás los ojos y eso hará que regreses aquí, a tu conciencia física como Nicolás a este día jueves 24 de noviembre del año 2005.
N: ¡Ahhh! ¡Qué lindo el color rosa! Es la primera vez que siento el color rosa.
Para cerrar el trabajo terapéutico siempre hacemos una armonización sobre la base de un color elegido por el paciente. Esta armonización es necesaria para situar en la conciencia del aquí y ahora a la persona que ha estado trabajando en una realidad no ordinaria. Por el mismo motivo mencionamos la fecha, para terminar de ubicar al paciente en su conciencia física habitual. En el resto de las experiencias que veremos en este libro he suprimido la armonización para abreviar el texto.
La sutura de las heridas del pasado se debe a que, a nivel del alma, queda la impronta del corte como una interrupción del flujo de la energía. Esto es más evidente cuando hay cortes con armas blancas, como cuchillos, espadas, etc., incluyendo las heridas de intervenciones quirúrgicas. También ocurre en heridas por armas de fuego. El caso más dramático es en la decapitación, ya que en este caso el corte es total y secciona la médula espinal. Esta sección puede manifestarse clínicamente como una sensación de desconexión o de estar dividido entre la mente y el corazón. No sé cómo ocurre esto, pero lo cierto es que después de hacer la sutura, esta sensación desaparece. La sutura restablece el flujo de la energía. De manera que siempre que haya heridas cortantes, tanto en experiencias de vidas pasadas como en la vida actual, al momento de realizar la armonización se debe efectuar la sutura de la herida, simulando el cierre de una herida quirúrgica.
Inmediatamente luego de terminada esta sesión, Nicolás sacaba sus conclusiones.
El rol de líder te obliga a hacer determinadas cosas, pues los demás esperan algo de vos, y lo tremendo ocurre cuando ya no querés seguir más en ese rol y el otro no lo quiere aceptar. Vos querés terminar con el rol de líder y los otros no te dejan. Es un entramado del cual no hay escapatoria. Irte del rol o de las expectativas de los otros puede tener la sensación de tierra devastada, y puede costarte la vida o la traición, pero yo no soy culpable de querer otra cosa, es mi derecho. Bueno, eso es lo que estoy ejerciendo ahora. Estoy ejerciendo mi derecho a querer otra cosa. Entonces, por un lado puede existir la sensación de tierra devastada y de la traición y, al mismo tiempo, tener la convicción de seguir adelante.
Luego de seguir el desarrollo de esta sesión, ¿queda alguna duda de que Nicolás era un gladiador? Se puede pensar que Nicolás pudo haberse inspirado en imágenes de películas, pero vivirlo y sentirlo es una cosa totalmente diferente. La vivencia de Nicolás cuando describe sus movimientos y los de su contrincante durante el combate provienen de alguien que yo llamaría un profesional en ese arte y doy fe de que Nicolás en esta vida no tiene nada que ver con un gladiador. Por otra parte, mientras revivía la experiencia del combate, Nicolás sentía una ansiedad y una excitación impresionantes acompañados por un jadeo constante.
Aquí hemos visto cómo, a partir de una frase, se puede acceder en forma inmediata a la experiencia excluida de la conciencia en la cual el alma está atrapada y de donde provienen los síntomas que se manifiestan en la vida cotidiana. Una vez que comprendemos que el tiempo no existe, que el alma o la conciencia están atrapadas en una experiencia que aún no terminó y que el síntoma que presenta la persona es la síntesis de dicha experiencia, todo se simplifica. Solo hay que estar atentos a los dichos del paciente ya que, mientras la persona está relatando su problema, hay frases que provienen de otra realidad y que no pertenecen al aquí y ahora. Cada vez que el paciente dice “es como si fuera…” tengo que pensar que muy probablemente se esté refiriendo a una experiencia que está sucediendo en otra dimensión o en otra realidad. Así fue cómo comenzó Nicolás, a partir de la frase “es como la ansiedad por salir al combate” y lo confirma cuando dice “estoy por salir al ruedo”. Observen que al decir esto último cambia la forma de expresarlo. No dice “es como si fuera a salir al ruedo” sino que afirma “estoy por salir al ruedo”. Al decir esto último Nicolás ya estaba en otro lado y, a partir de allí, solo había que acompañarlo para que pudiera desarrollar su experiencia.
Otras frases o expresiones a las cuales es necesario prestar atención son aquellas que comienzan con los vocablos “siempre” o “nunca”, como por ejemplo “nunca me puedo defender” o “haga lo que haga, siempre me siento culpable”. Frases de este estilo nos están indicando una acción que se continúa indefinidamente en el tiempo y por lo tanto están aludiendo a una experiencia que está sucediendo en otro lugar que no es el aquí y ahora. En el lenguaje coloquial cotidiano solemos emplear expresiones de este tenor sin tener consciencia de cuán cerca estamos de pasar a otra realidad.
Hay un detalle importante que a mí se me pasó por alto durante la sesión de Nicolás. En el momento en que Nicolás se está muriendo en la primera experiencia y su hijo lo está acompañando, yo le pregunto a Nicolás qué es lo último que alcanza a pensar en ese cuerpo de gladiador y él me dice “¡Qué inútil todo! ¡Qué inútil! Solo el amor sirve”.
En ese momento, yo debí haberle preguntado a Nicolás de qué manera ese pensamiento estaba afectando su vida actual ya que, como regla general, lo último que se alcanza a pensar en una vida pasada puede convertirse en un mandato que condiciona nuestro accionar en la vida presente. Por supuesto que esto no es un axioma absoluto, pero en el caso de Nicolás sí lo era y yo debí haberle preguntado a continuación “esto, ¡qué inútil todo!, ¿qué te hace hacer y qué te impide hacer en tu vida como Nicolás?”. Tampoco se lo pregunté en la segunda muerte lo cual constituye un error de mi parte.
Siete años después de esta experiencia Nicolás me escribió lo siguiente:
Con la regresión de Clemón tuve claro que no era necesario morir para seguir mi propio camino. Me di cuenta de que podía ir a una tierra nueva y dejar la devastada. Como dice el Apocalipsis (21:1) “Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva – porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron …”. Y sigue (21:4) “Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado”.
Capítulo IV
El atrapamiento del alma en la experiencia de la muerte
La experiencia de la muerte es el paradigma del atrapamiento del alma. Esto es así porque durante la vivencia de una experiencia traumática es imposible sentir y hacer consciente al mismo tiempo todo lo que está sucediendo en ese momento a nivel visceral, emocional y mental. Si la muerte sobreviene como consecuencia de esa experiencia traumática nos quedaremos sin cuerpo, y sin el cuerpo no podremos procesar todas las reacciones físicas, emocionales y mentales; por ende, nos veremos imposibilitados de terminar definitivamente con dicha experiencia. La muerte interrumpe el proceso terapéutico natural del alma y, como no existe el tiempo, la conciencia queda atrapada en un evento que continúa sucediendo aunque el cuerpo muera. De este atrapamiento del alma proviene la mayoría de los síntomas por los cuales las personas llegan a la consulta. Es ineludible, entonces, trabajar la experiencia de la muerte cuando trabajamos con vidas pasadas. Ninguna experiencia de vida pasada está terminada completamente si no se revive la muerte en esa vida pasada durante el trabajo terapéutico.
Pero todavía es posible que el atrapamiento del alma se produzca durante el proceso para desprenderse del cuerpo e incluso puede ocurrir en el post mórtem inmediato cuando el alma entra en un estado de conciencia que conocemos como espacio entre vidas.6
Los motivos por los cuales el alma no puede regresar a su dimensión de origen pueden ser varios. Con frecuencia, la dificultad estriba en desprenderse del cuerpo físico. Esto acontece, entre otras razones, por identificación absoluta con el cuerpo, o porque no se quiere morir, o porque no hubo consciencia de que el cuerpo se murió, como suele ocurrir en las muertes por congelamiento, hambre y envenenamiento por diversos tóxicos. En estos casos se pierde la consciencia antes de que el cuerpo muera, y por lo tanto no hay registro del momento en el que se produjo la muerte.
El atrapamiento en el post mórtem inmediato se produce cuando el alma ya se ha desprendido del cuerpo físico y debe partir hacia la Luz pero, o bien no quiere abandonar el cuerpo por apego a éste o porque se era demasiado joven para morir o porque el cuerpo era muy bello, o bien permanece en el plano físico por deseo de venganza, por culpa, porque siente que debe completar una misión, porque desea cuidar de su familia o de su pueblo o por miedo a lo desconocido o al castigo. También es posible que alguna entidad en particular o algún enemigo de esa vida que acaba de terminar impida al alma entrar en la Luz. Cuando el alma permanece en el plano físico luego de la muerte del cuerpo puede convertirse en lo que denominamos alma perdida o fantasma y ésta es otra razón para estar fragmentados en esta vida.
Un atrapamiento particular suele ocurrir luego de la muerte por suicidio. En este caso, lo que suceda en el post mórtem inmediato dependerá del estado de la conciencia y de las emociones imperantes en el momento de tomar esa decisión. Si en oportunidad de suicidarse la persona se encontraba en depresión, lo más probable es que la conciencia reproduzca ese estado de depresión como un espacio oscuro en su entorno espiritual. La oscuridad en la que se encuentra el alma no es más que la proyección en el exterior de su propia oscuridad, pero el alma no está en condiciones de discriminar que esa oscuridad es solo una proyección. Para el alma atormentada la oscuridad es real, por lo tanto el alma queda atrapada en esa oscuridad. Entender esto es muy importante, porque es posible que los síntomas de una depresión en la vida actual provengan del atrapamiento del alma en un espacio oscuro, como consecuencia de una muerte por suicidio en vida pasada. Recuerden que mientras estamos aquí, en esta vida, puede que una parte de nosotros esté atrapada en otra realidad, y que los síntomas que experimentamos provengan de ese atrapamiento. De ese modo, síntomas tales como la tristeza, la apatía, la falta de energía, el desgano, el abandono de sí mismo, y en particular la sensación de estar atrapado y de no tener salida, pueden tener su origen en el atrapamiento del alma en el post mórtem inmediato luego de una muerte por suicidio. Por un lado, la persona está viviendo en el aquí y ahora, pero al mismo tiempo una parte de su conciencia está atrapada en la oscuridad en otra realidad y del atrapamiento en esa oscuridad provienen todos los síntomas que experimenta en su vida cotidiana.
Una situación similar puede ocurrir como consecuencia de una muerte en estado de confusión. La conciencia queda atrapada en la confusión y, a su vez, esa confusión origina los síntomas en la vida actual. Por eso es tan importante vivenciar la experiencia de la muerte más allá del deceso del cuerpo físico, porque es la única forma en la que podemos estar seguros de salir definitivamente del atrapamiento y de que el trabajo terapéutico se ha completado. Primero el paciente tiene que vivir la muerte en vida pasada para sentir y hacer consciente lo no experimentado en aquella experiencia. Seguidamente tiene que desprenderse del cuerpo físico retirando toda su energía de ese cuerpo que acaba de morir y, finalmente, debemos asegurarnos de que esa parte del alma que ha dejado ese cuerpo entre en la Luz. Recién allí podremos estar seguros de que al menos esa experiencia en particular está terminada.
Veamos ahora algunas historias para comprender mejor el atrapamiento del alma en la experiencia de la muerte. Para concentrarnos en lo que aquí nos interesa he suprimido gran parte del desarrollo de las sesiones, como así también el trabajo del momento más traumático.
ATRAPADA EN LOS CUERPOS
Rosa María (45) me consultó inicialmente por su pánico al compromiso afectivo y su baja autoestima. Un hecho reiterado y constante en las sesiones terapéuticas de Rosa María fue la dificultad para dejar el cuerpo en sus experiencias de muerte en vidas pasadas.
Aquí veremos la secuencia de la muerte y el atrapamiento del alma en dos sesiones terapéuticas de Rosa. La primera de estas sesiones se inició a partir de la necesidad de Rosa de controlar a las personas y las situaciones en su vida.
—Cuando no controlo, me vuelvo loca —decía—, pero ahora la vida me pone en situaciones que no puedo controlar y, cuando no puedo controlar, enloquezco. Si no tengo todo controlado puede pasar algo terrible, se puede desmoronar todo.
Lunes 6 de junio de 2005
Trabajando su necesidad de controlar todo, Rosa se encuentra en una vida en la cual ella es un hombre de las cavernas que le ha robado la mujer a un hombre de otra tribu. La gente de esa tribu viene ahora a su cueva a buscar a la mujer. Rosa quiere enfrentarlos, pero son muchos y le pasan por encima, y se llevan a la mujer y al bebé que tenía con ella. Rosa queda malherida, tirada sobre la nieve.
Terapeuta: Cuento hasta tres y avanzá al momento de esa muerte. Uno, dos, tres. ¿Qué está pasando?
Rosa: Me voy a morir ahí donde me dejaron tirada. Me pasaron por arriba; estoy muy herido. No pude luchar y mirá lo que me pasó porque no pude luchar. Si hubiera peleado no estaría como estoy ahora, vencida, sintiendo que no hice nada. Empieza a nevar y estoy tirado ahí. (Se expresa en género masculino y femenino alternativamente.)
T: ¿Cómo empieza a morir ese cuerpo?
R: No siento el cuerpo, pero eso me pasa siempre. (Rosa se refiere a otras experiencias de vidas pasadas.) Siento que estoy viva, pero no siento el cuerpo. Estoy tirada en la nieve y el cuerpo no siente nada.
T: ¿Qué le hace la nieve al cuerpo?
R: Lo congela.
T: ¿Y qué pasa cuando el cuerpo se congela?
R: No se siente.
T: Retrocede un instante antes de que ese cuerpo comience a congelarse. Uno, dos, tres. ¿Cómo empieza eso?
R: Yo estoy vivo, pero estoy herido, pisoteado. Adentro de mi cuerpo está todo desgarrado y sangra.
T: ¿Y qué pasa cuando hay una hemorragia interna?
R: Te morís.
T: ¿Y qué le pasa al cerebro cuando no le llega la sangre?
R: No le llega oxígeno. Se muere.
T: ¿Y cómo empieza a morir ese cuerpo? ¿Qué parte de ese cuerpo comienza a morir primero?
R: Las piernas se ponen duras. ¿Por qué querés que sienta todo esto? ¿Para morirme otra vez?
T: Esto es muy importante porque tu alma todavía está atrapada en ese cuerpo porque no te diste cuenta de que ese cuerpo se murió. Hay una parte de vos que todavía está atrapada en ese cuerpo.
R: ¡Ahhh! Bueno, las piernas las tengo duras, violetas. ¿Tengo que hacer esto?
T: Sí; ese cuerpo, ¿se muere antes de que lo cubra la nieve o después de la nieve?
R: No, se muere por congelamiento.
T: Muy bien, entonces experimentá eso.
R: Lo que pasa es que tengo que ver si es este cuerpo de Rosa o el otro.
T: El cuerpo de Rosa está vivo, aquí, en este sofá. ¿Qué le pasa a ese otro cuerpo?
R: Estoy arriba de la nieve, el lugar es alucinante, parece un paisaje de Canadá. Me cae la nieve y yo no estoy mal ni estoy triste. Claro, como no siento nada…
T: Seguí. ¿Qué sigue después de las piernas?
R: Es de a poquito, como si me fuera yendo de a poquito.
T: ¿Y qué es lo último que alcanzás a pensar en ese cuerpo?
R: Que debería haber hecho algo.
T: Y esto de “debería haber hecho algo”, ¿qué te hace hacer en tu vida como Rosa?
R: Siempre estoy haciendo cosas, organizando y controlando. Me hace manejar las situaciones. Siempre estoy manejando las situaciones y las personas.
T: Y esto, ¿qué te impide hacer como Rosa?
R: Me impide relajarme.
T: Cuento hasta tres e irás al momento en que dejás ese cuerpo definitivamente. Uno, dos, tres. ¿Cómo dejás ese cuerpo?
R: Es como una energía que sale del cuerpo, que se va desprendiendo.
T: Muy bien, asegurate de sacar toda tu energía de ese cuerpo.
R: Pero, ¿adónde me voy a ir? Ahora no sé qué hacer. Estoy confundida, no sé para dónde agarrar. (Aquí está la confusión de la conciencia, y tomen nota de que todo esto está sucediendo al mismo tiempo en el aquí y ahora de la vida de Rosa.)
T: Entonces, ¿qué pasa?
R: Todavía estoy saliendo del cuerpo y viendo para dónde tengo que ir. Estoy como en el aire, pero no sé qué tengo que hacer. No sé adónde tengo que ir. Estoy como suspendida. Y… si no soy el cuerpo éste, ¿quién soy? Me pregunto eso, ¿quién soy?
T: Entonces fijate de qué manera todo esto está afectando tu vida como Rosa. Esto de “estoy confundida”, “estoy en al aire y no sé qué tengo que hacer”, “no sé dónde tengo que ir” y “si no soy el cuerpo este, ¿quién soy?”; todo esto, ¿qué te hace hacer en tu vida como Rosa?
R: Es lo que me pasa en mi vida. Muchas veces me pregunto: si no soy este cuerpo, ¿quién soy? Y me busco adentro y a veces me encuentro, pero después vuelvo al cuerpo y me confundo más. No me termino de encontrar a mí misma. No me termino de conectar conmigo misma. (Observen que todo esto proviene del atrapamiento en la confusión al desprenderse de aquel cuerpo en la nieve.)
T: Y todo esto, ¿qué te impide hacer?
R: Me impide ser yo.
T: Ahora tenés que rescatar a tu alma de ese cuerpo, de esa experiencia. Le vas a hablar a tu alma y le vas a explicar que esa experiencia terminó.
R: Mi alma está ahí, flotando, pero todavía no terminó de salir del cuerpo porque no sabe adónde ir. Está ahí, indecisa. No soy este cuerpo, pero… ¿quién soy y adónde voy? Estoy como en un intermedio. ¿Qué es lo que le tengo que explicar a mi alma?
T: Explicale a tu alma que esa experiencia ya terminó, que ese cuerpo se murió y que ahora estás en otra experiencia y estás viviendo en otro cuerpo. Hay que dejar ese cuerpo para vivir la experiencia como Rosa.
R: Sí, pero yo no sé si esa energía que está saliendo de ese cuerpo es la misma energía que tengo en este cuerpo como Rosa.
T: Esa energía es un parte de vos misma. Ahora tenés dos alternativas. Una, podés llevar esa parte de tu alma hacia la Luz, o dos, podés traerla para tu vida como Rosa.
R: No, mejor la llevo a la Luz.
T: Entonces explicale a esa parte de tu alma que ese cuerpo se murió, y que al morir ese cuerpo terminó esa experiencia. Ahora el alma queda libre para regresar a la Luz, donde todo va a estar bien.
R: Pero, ¿por qué cuando me muero yo nunca sé adónde ir? ¿Por qué mi alma no aprende? ¿Por qué siempre la misma alma se pregunta quién soy, adónde voy, qué hago?
T: Y si supieras, ¿qué cosa hace que tu alma se confunda? ¿Qué es lo que le resulta difícil de aprender a tu alma?
R: Le resulta difícil aprender a soltar el cuerpo, a dejar este mundo e irse al otro mundo. El alma se queda aferrada. (Más claro y preciso, imposible.)
T: Tal vez tu alma se aferra mucho a los cuerpos y se olvida de dónde viene.
R: Sí, pero no es lógico. Si el alma viene de la Luz debería tener sabiduría. Yo tengo entendido que el alma se olvida cuando ingresa en un cuerpo, pero mi alma, cuando sale del cuerpo, sigue olvidada sin acordarse de nada.
T: Así es, porque cuando el alma sale del cuerpo todavía está influenciada por las sensaciones y emociones del cuerpo, y por la confusión de ese momento.
R: ¿Pero cuándo me voy a acordar de adónde tengo que ir? En todas las muertes me pasa lo mismo.
T: Eso es lo que estás tratando de aprender en tu vida como Rosa para que no se vuelva a repetir. Ahora tenés la oportunidad de aprender esto para que no lo vuelvas a repetir en tu vida como Rosa. Parece que ésta es una lección muy difícil de aprender para vos.
R: ¿Qué pasa? ¿Soy tarada que no aprendo?
T: No, lo que sucede es que estás atrapada en los cuerpos y te cuesta mucho dejarlos. Ahora tenés que dejar ese cuerpo. Hace rato ya que deberías haber salido de ahí.
R: Sí, pero yo puedo dejar esos cuerpos porque estás vos que me lo explicás. Pero cuando yo me muera con este cuerpo como Rosa y nadie me lo explique, me va a volver a pasar lo mismo.
T: Lo importante ahora es que saques tu alma de ahí, de ese cuerpo que está tirado en la nieve. Ése es tu trabajo ahora. Tenés que llevar esa parte de tu alma a la Luz.
R: Sí, ya salió, pero es como que esa parte de mi alma no quiere dejar ese cuerpo.
T: Explicale a tu alma que vos ya estás en otro cuerpo, que estás viviendo otra experiencia. Mientras tu alma siga aferrada a ese cuerpo eso seguirá afectando tu vida como Rosa porque en tu vida como Rosa estás experimentando la confusión de esa parte de tu alma que sigue aferrada a ese cuerpo. Así que yo voy a contar hasta tres y avanzarás un poco más después de la muerte de ese cuerpo. Uno, dos, tres. ¿Cómo está ese cuerpo?
R: No, ya no veo ese cuerpo. Es como si mi alma se hubiera ido a la Luz y ahora tengo otra imagen. Yo soy una nena de entre dos y cuatro años, tengo un hermanito y hay una mujer. La mujer es parecida a mi mamá y el nene es parecido a mi hermano. Estamos divirtiéndonos en un picnic. Cerca de allí hay un precipicio y abajo está el mar. Me parece que uno de los chicos se va a caer. ¿Por qué siempre tengo que tener historias dramáticas? El nene se cae al precipicio y se mata, y la madre sigue divirtiéndose jugando con la nena y no se dio cuenta. El nene se cayó y ella ni se da cuenta.
Como podrán apreciar, Rosa finalmente terminó con la muerte en la nieve y, espontáneamente, entró en otra experiencia. Aquí la mamá culpa a Rosa de la muerte de su hermanito. Más adelante, en esa misma vida, los padres de Rosa la casan con un señor que ella no quiere. Con él tienen un hijo con síndrome de Down, pero Rosa abandona a ese hijo, al marido y a su familia. Hacia el final de esa vida Rosa se encuentra en una casa grande con una hija y con un buen pasar. Parece que tiene una historia amorosa con un cura. Veamos ahora qué pasa en la muerte de Rosa en esa vida.
Rosa: Me muero de vieja. El cura está a mi lado. Fue una vida de mierda, una vida sin ningún sentido. Una vida donde se murió mi hermanito, me casé con quien no quería, tuve un hijo Down y terminé con un cura. Otra cosa no me queda por hacer.
Terapeuta: ¿Cómo se muere ese cuerpo?
R: Contenta de que acabe esta vida tan siniestra. Me dejo estar, me dejo morir. Ya no tengo ganas de vivir.
T: ¿Qué le pasa a los músculos?
R: Se van achicando. Me voy arrugando, me voy haciendo cada vez más viejita. Se me va yendo la vida de a poquito. Me voy apagando.
T: ¿Por dónde empieza a morir ese cuerpo?
R: La piel se va achicharrando. Pero yo lo siento como si me estuviera muriendo en este cuerpo como Rosa. ¿No me va a pasar nada? ¿No me voy a morir en este cuerpo?
T: En este cuerpo no te va a pasar nada. Tenés que sentir la muerte de ese otro cuerpo para que tu alma se desprenda de todo eso definitivamente. Hay una parte de vos que sigue atrapada ahí.
R: Pero en esta vida como Rosa también estoy abandonando siempre. Siempre estoy abandonando todo, siempre estoy yéndome.
T: Justamente, estás repitiendo todo eso porque una parte de vos está atrapada en esa experiencia. ¿Qué le está pasando a ese cuerpo?
R: Se va apagando todo, se va quedando sin vida. Ya no quiero quedarme más en esta vida. Espero que venga algo mejor porque esta vida es una mierda. Otra vez me voy.
T: ¿Y qué es lo último que alcanzás a pensar en ese cuerpo?
R: Me voy a ir a buscar otra cosa y eso es lo que siempre hago en esta vida.
T: Y esto último, ¿qué te hace hacer en tu vida como Rosa?
R: No me quedo en ningún lado.
T: Y esto, ¿qué te impide hacer?
R: Establecerme. Siempre estoy saltando de un país a otro, de una casa a otra. Cuando llego a un lugar pienso que habrá otro mejor y siempre estoy buscando un lugar y una persona mejor y nunca me quedo con nada ni con nadie.
T: Cuento hasta tres e irás al momento en que ese cuerpo se muere…
R: Pero mi alma, ¿no se va a ir de este cuerpo como Rosa? Siempre tengo miedo de que se salga el alma.
T: Tranquila; más de dos mil personas han experimentado conmigo la muerte en vida pasada. No va a pasar nada.
R: Pero es que yo siento la muerte de ese cuerpo en este cuerpo. ¿No es peligroso eso? ¿No me va a pasar nada? Siempre tengo miedo de que mi alma se salga del cuerpo. Eso es lo que me pasa cuando medito.
T: Cuanto más sientas en tu cuerpo como Rosa, más se sanará tu alma. Tu cuerpo como Rosa tiene que sentir para que tu alma termine de desprenderse de todo aquello que ya no le pertenece. Es como si tu alma tomara prestado tu cuerpo como Rosa para terminar de experimentar esa muerte y poder salir de ahí.
R: Sí, me voy a ir, pero otra vez me pasa lo mismo. No sé adónde me tengo que ir.
T: Buscá la Luz tomando consciencia de que ese cuerpo se murió. ¿Quisieras decirle algo a ese hijo que dejaste en esa vida?
R: No, porque lo criaron mis padres. No le quiero decir nada a nadie. Me quiero ir. Ya quiero dejar ese cuerpo. ¿Pero yo viví esa muerte? Ahora me acuerdo que cuando yo tenía treinta años, en esta vida como Rosa, yo tenía la sensación de que era una vieja que tenía la piel arrugada, y ahora me doy cuenta de que era esa viejita que se está muriendo ahora. O sea que mi alma estaba allí. ¡Qué loco! (Fíjense con qué claridad Rosa describe el atrapamiento de su alma en ese momento.)
T: Eso es, dejá que muera ese cuerpo y vas a dejar todo eso para siempre. Andá al momento en que dejás ese cuerpo.
R: Por primera vez me voy feliz de un cuerpo. Ya estoy en otro lado, pero no sé dónde estoy.
T: Andá hacia la Luz.
R: Estoy en un espacio, pero no veo la Luz. Nunca la encuentro.
T: Tenés que desearlo realmente. Pedí entrar en la Luz.
R: ¡Quiero entrar en la Luz! Ahora sí, estoy en la Luz.
T: Ahora vas a elegir un color para traer una nueva vibración a tu vida como Rosa.
R: Violeta. ¿Tengo que volver acá, a mi cuerpo? Bueno, pero esperá porque tengo que volver desde allá.
Al término de esta experiencia Rosa comentaba:
—¡Qué viaje increíble, impresionante! Mi familia en aquella vida era la misma de ahora. Mi hermanito es la luz de los ojos de mi mamá; no le saca la vista de encima. ¡Claro!, como lo perdió en esa vida, ahora no le saca los ojos de encima.
Como consecuencia de la muerte de su hermanito en aquella vida Rosa comprendió su necesidad de manejar todo para que nada se le vaya de control. Ésta es una constante que he comprobado una y otra vez a lo largo de muchos años de trabajo clínico. La necesidad de controlar surge porque alguna vez sucedió una desgracia o alguna catástrofe por no haber estado alerta o por no haber estado atento en ese momento. Controlar es una pauta necesaria para sobrevivir. Rosa confirma este concepto diciendo:
—Tengo que tener todo controlado, así no pasa nada. En esa vida se me fue todo de control y no pude hacer nada. Ahora estoy controlando todo para que no pase lo peor.
Con la experiencia de Rosa habrán podido apreciar de qué manera podemos estar aquí, en este cuerpo, en la vida presente, al mismo tiempo que una parte de nuestra conciencia puede estar atrapada en una experiencia que todavía está sucediendo en otra realidad. Fíjense que Rosa en ningún momento de la sesión perdió la consciencia del aquí y ahora, y se sorprendía al experimentar en su cuerpo lo que sentía el otro cuerpo tirado en la nieve. Incluso se resistía a vivenciar en ella misma la muerte de aquel otro cuerpo. Esta resistencia a experimentar la muerte en el cuerpo actual se hará todavía más intensa en la próxima sesión de Rosa.
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