Kitabı oku: «La vida antes de nacer»
¿Puede una madre influir en el psiquismo de su hijo antes del nacimiento? ¿Es lo mismo nacer de parto natural que por cesárea? ¿Cómo es nacer bajo anestesia general? ¿Y con fórceps? ¿Y con circular de cordón? ¿Qué sucede con el alma después de la interrupción del embarazo? ¿De qué hablan los mellizos antes de nacer? Todo lo que nunca imaginó sobre la vida del bebé antes de nacer lo sabrá directamente a través del relato de quienes revivieron la vida intrauterina en regresión. Un libro revelador para padres, terapeutas, obstetras y todos aquellos interesados en este fascinante período de la vida.
Graduado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1974 el Dr. José Luis Cabouli se formó como cirujano en la Escuela Quirúrgica "Enrique y Ricardo Finochietto" del Hospital Rawson especializándose más tarde en cirugía plástica en el Hospital Ramos Mejía. En 1988 abandona el ejercicio de la cirugía para dedicarse exclusivamente al desarrollo de la Terapia de Vidas Pasadas. Desde 1992 dirige el Curso de Formación en esta técnica y ha entrenado profesionales en Argentina, España, México y Venezuela. Entre 2012 y 2016 realiza el dictado del Curso Básico de Terapia de Vidas Pasadas en la Escuela de Graduados de la Asociación Médica Argentina. En la actualidad imparte talleres y cursos de formación en Argentina y España
José Luis Cabouli
La vida antes de nacer Viaje al origen de nuestra historia personal

Índice
Cubierta
Contratapa
Biografía del autor
Portada
Dedicatoria
Introducción
Capítulo I. La fecundación: una cita para tres
Capítulo II. La carga del pasado
Capítulo III. Los preparativos para venir Repasando el libro del alma
Capítulo IV. De la concepción al nacimiento Jorge Juan Alfonso Mariela Penélope Alejandra
Capítulo V. La experiencia del nacimiento “¿Qué es esto? ¿Dónde estoy?” Nacimiento con pentotal Nacimiento con fórceps Nacimientos que recuerdan muertes anteriores Un cordón asesino “¡De vuelta los azulejos!” “¡No quiero que me toquen los pies!”
Capítulo VI. Un virus infiltrado
Capítulo VII Cesáreas Atrapada y sin espacio Desconectada y atascada “¡Que me saquen ya!”
Capítulo VIII. Abortos Amenaza de aborto Aborto provocado Aborto accidental Suicidio fetal
Capítulo IX. Historias de mellizos “¡Otra vez estás acá!” “Sólo vine a enseñarte a amar”
Capítulo X. Descubriendo secretos de familia El precio de una decisión apasionada “¡No es mi mamá!”
Capítulo XI. Caput-zihill: “Renacer” ¿Cuál es el rol de la madre? ¿Qué es lo que espera el feto de su madre? El rol del obstetra Recomendaciones y palabras finales
Paula y la puerta cerrada
Apéndice. Guía de trabajo para terapeutas
Bibliografía
Créditos
Otros títulos de esta editorial
A Patricio, que en esta vida me eligió como su papá, y a todos los seres que vienen a hacer una nueva Humanidad.
Bienvenidos.
Introducción
La vida antes de nacer es uno de los períodos más fascinantes de nuestra historia personal. Allí, en ese universo único que es el seno del vientre materno, tienen lugar acontecimientos fantásticos que quedan grabados profundamente en nuestra memoria subconsciente. A partir de una pequeña célula se desarrolla una forma física compleja que ya antes de nacer dispone de todas las capacidades de las que se servirá durante su existencia. Pero a su vez, esta forma física va acompañada de una conciencia que trae consigo el recuerdo de sus experiencias pretéritas y que vive intensamente todos los eventos que ocurren durante su vida intrauterina.
Habitualmente no recordamos nada ni de nuestra vida fetal ni del nacimiento y por ello ambas experiencias no están integradas a nuestra memoria consciente. Es como si nunca hubieran existido. Sin embargo, todo lo que hemos vivido y experimentado en este período se hará sentir más tarde con toda su fuerza en nuestra vida adulta expresándose a través de actitudes, pensamientos o reacciones emocionales.
La vida fetal está íntimamente relacionada con las experiencias de vidas pasadas. Básicamente, la impronta emocional de una experiencia traumática de una vida anterior es reactualizada por un trauma de la vida presente que activa la memoria emocional del hecho anterior. Como regla general ese incidente gatillo se encuentra fundamentalmente en el período intrauterino y en el momento del nacimiento, y en ocasiones puede hallarse también en la primera infancia.
Fue así que desde mis inicios con la TVP comencé a trabajar en forma sistemática la vida fetal y el nacimiento. Al principio sólo procuraba que la persona encontrara el hecho desencadenante del trauma de vida pasada, pero a medida que fui progresando en el trabajo con los pacientes, fui descubriendo que sus experiencias con la vida fetal iban mucho más allá del simple hecho de vivenciar un incidente traumático. Incluso, los pacientes podían revivir en una misma sesión, sin solución de continuidad, la muerte en una vida anterior, el pasaje por el espacio entre vidas, los instantes previos a la concepción, la propia concepción en su vida actual y el desarrollo en el vientre materno hasta llegar a la experiencia del nacimiento. En ocasiones, había pacientes que en las dos horas de sesión sólo trabajaban con la vida fetal y el nacimiento. Imagínense ustedes todo lo que se puede experimentar en un trabajo de esta naturaleza.
Han transcurrido doce años desde mis primeras experiencias con la TVP. En este lapso he tenido ocasión de descubrir y constatar muchas cosas que al principio ni siquiera hubiera sospechado. Si hubiese escrito este libro cinco años atrás probablemente hubiese sido diferente. Cinco años atrás me hubiese referido a los hallazgos científicos y a las pruebas de laboratorio que demuestran que las vivencias de los pacientes son verosímiles. Hoy estoy convencido de que, más allá de las teorías que ensayamos para explicar lo que ocurre en el laboratorio, no hay nada más verídico, más trascendente y más valioso que la propia experiencia vital.
Al igual que en Muerte y Espacio entre Vidas, las experiencias contenidas en este libro han sido extraídas de las sesiones terapéuticas de regresión de los protagonistas. Esto significa que durante la sesión las vivencias que van surgiendo son trabajadas de acuerdo con la técnica básica de la TVP para producir el efecto terapéutico. En la transcripción de estas sesiones he suprimido parte del trabajo terapéutico para rescatar fundamentalmente la experiencia pura de la vida fetal. Considero que el aprendizaje mayor y el mensaje que los protagonistas tienen para cada uno de nosotros está allí, en su vivencia personal. Lo demás sólo implica cuestiones de forma para ayudar a la persona a realizar su trabajo de sanación.
Si bien es cierto que el tema central que nos ocupa es la vida fetal, es imposible dejar de referirme a las experiencias de vidas anteriores porque todo está concatenado. Las historias de los pacientes, como nuestras propias historias, no se inician en el momento del nacimiento o en la vida fetal. Ni siquiera en el instante de la concepción. Su origen está más allá todavía y para comprender lo que sucede hoy es necesario saber lo que ocurrió ayer. Por este motivo la referencia a las vidas anteriores es casi permanente, porque la vida fetal sólo es una etapa en la experiencia evolutiva del alma.
Debo confesar que el libro final es totalmente diferente de la idea que tenía cuando comencé a escribirlo. Como si se me hubiese escapado de las manos. Más que autor me veo como presentador y comentarista de las experiencias vividas por los protagonistas y me siento un privilegiado al haber asistido en forma directa a estas experiencias. Todo lo que quieran saber sobre la vida fetal y el nacimiento lo sabrán también ustedes, en forma directa, por boca de quienes revivieron estas instancias trascendentales en la vida de toda persona.
Como ocurre siempre con los relatos, todo lo que yo pueda decir es poco comparado con la experiencia real. Por mucho que lo intentara, no podría jamás reproducir el intenso dramatismo de algunas de las regresiones incluidas aquí. Si no he abundado en más comentarios es porque creo que todo lo que es necesario saber está contenido en las historias y en las palabras de los propios pacientes. Más allá de todas las experiencias, los acontecimientos y los dramas que cada protagonista revivió, están sus enseñanzas y sus mensajes. El poder de sus palabras y vivencias es para mí de mayor peso y trascendencia que cualquier comentario que yo pudiera aportar. He incluido mis reflexiones sólo con el ánimo de llamar la atención sobre determinados aspectos que me parecieron insoslayables. Una segunda lectura de cada experiencia les permitirá encontrar seguramente otros mensajes que quizás algunos hasta podrán percibir como dirigidos particularmente a ellos.
Es mi deseo que este libro sea una contribución a la nueva Humanidad que se está gestando. Que los padres puedan encontrar aquí el conocimiento necesario para concebir y recibir a sus hijos con amor, sabiduría y libertad.
José Luis Cabouli
18 de agosto de 1999, día de Santa Elena
Capítulo I
La fecundación: una cita para tres
Producida la fecundación del óvulo por el espermatozoide en algún lugar de las trompas de Falopio, la célula huevo o cigoto, en flotación libre, va en busca de la pared del útero para anidarse. A los cinco días y medio ya es un grupo de ciento siete células llamado blastocisto. En su interior están ocurriendo una serie de procesos claves denominados segmentación, compactación, polarización y cavitación, pero todavía no es un embrión. Luego de implantarse, en las dos semanas siguientes se multiplicará mil veces formando primero un disco plano y alargado para luego enrollarse en una serie de tubos. Recién al cabo de las tres primeras semanas a este conjunto de tubos se lo denomina embrión. A los veinticinco días, el tubo que dará origen al corazón comienza a pulsar espontáneamente y a las ocho semanas ya están establecidas todas las estructuras fundamentales del cuerpo y comienza la etapa fetal propiamente dicha. Este período de formación de órganos y desarrollo de los tejidos concluye aproximadamente a los cien días.
Ahora bien, todo este desarrollo embriológico pertenece a la forma física que seguirá su evolución y crecimiento hasta el final del período fetal. Pero esta forma física que se está gestando va a ser ocupada por un principio consciente, un ser pensante, que tiene conciencia de sus pensamientos, de su individualidad y de su destino aun antes de que se haya concretado la concepción, cuando ni siquiera existe el esbozo de lo que será el sustrato anatómico de su actividad mental.
En el instante de la fecundación tendrá lugar uno de los fenómenos más extraordinarios que encierra el secreto de la Creación. El óvulo y el espermatozoide corren hacia su encuentro pero, al mismo tiempo, proveniente de otro mundo, de otra dimensión, llega un tercer personaje a la cita: es el alma o principio consciente a punto de encarnar. ¡Qué tremenda energía debe de desarrollarse en ese momento para que el alma se sienta inexorablemente atraída hacia ese punto sin poder sustraerse a su influjo! La concepción actúa como un electroimán con una fuerza magnética irresistible. El alma no puede hacer nada para evitarlo.
En el momento en que el espermatozoide penetra la membrana pelúcida del óvulo se reúnen las dos polaridades básicas del Universo: positiva y negativa, el yin y el yang. La energía que se pone en juego en ese momento debe de ser algo así como un pequeño Big-Bang. Una paciente que vivenció ese instante lo describió como una explosión de luz. Es en ese preciso momento cuando se produce el anclaje de la energía espiritual en la nueva célula física. Este es un misterio que todavía no alcanzamos a penetrar. Piensen que en ese instante quedan unidos dos universos diferentes: la materia física y el espíritu. Allí, en esa célula inicial que es el óvulo fecundado, comienza la aventura de una nueva encarnación. Cómo es que se produce intrínsecamente este fenómeno es algo que todavía no sabemos pero que podemos imaginar. No se trata de que el alma se mete sencillamente dentro del cuerpo. Es mucho más que eso. Lentamente, a medida que la célula inicial se va segmentando, el alma se va enraizando en cada nueva célula creada por división. Cada célula va siendo rodeada por la energía que irradia el ser espiritual y, al mismo tiempo, esta energía se va anclando en cada una de esas células constituyendo así un nuevo punto de fijación. Lenta y progresivamente, a medida que las células se van multiplicando, se va produciendo el proceso de la encarnación, y así como el alma necesita de cada célula para anclarse al mundo físico, de la misma manera cada célula necesita de la energía vital del alma para poder desarrollarse. Así lo explica Sandra en Muerte y Espacio entre Vidas (Cap. 16):
Voy proyectando vibraciones mías a esa unión física, a esa célula inicial. Es como si mi energía rodeara a esa célula física y le diera luz.
Esto es muy importante porque si por algún motivo el principio vital se retira, si el alma logra zafar del anclaje celular, el embrión no podrá desarrollarse y se producirá lo que conocemos como un aborto espontáneo de etiología desconocida. No se trata tan sólo de un proceso químico biológico. Si el alma falta a la cita no habrá desarrollo embrionario. De alguna manera esto es lo que ocurre con la fertilización in vitro. No depende sólo de la técnica empleada. La fertilización podrá efectuarse pero si el alma no logra hacer pie en esa fecundación asistida el intento fracasará. En cierta forma hay que atrapar al alma en ese momento. Esto es lo que hacían los sacerdotes mayas quienes representaban el alma con un pez al que denominaban pixan. Mediante un rito de magia simpática, elchilán (sacerdote) con una mano atrapaba un pez y obligaba al pixan a fundirse en el feto en gestación. De modo que en realidad la embriogénesis no es otra cosa que la preparación de un vehículo adecuado para que el alma que regresa a la vida física se conduzca en su nueva experiencia en la tierra.
Para comprender entonces cabalmente lo que va a acontecer durante la vida fetal, el primer punto es tener presente que la conciencia del nuevo ser ya existe antes de su concepción. La conciencia no depende del cerebro para su existencia sino que necesita de él para su manifestación en el plano físico. El segundo punto a tener en cuenta es que este ser que va a tomar posesión de ese embrión en formación trae consigo su historia, su personalidad ya bien definida a lo largo de muchas existencias previas, sus recuerdos y sus propósitos. De la convergencia y de la interacción de su propia historia con la historia de los padres que va a tener, con la carga genética que estos padres le darán y con el entorno social y ambiental en el cual nacerá dependerá su nueva experiencia en la vida física. De la interacción de estos factores, de su propia capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias y del peso que cada uno de estos factores adquiera dependerá su vida, sus posibilidades y el grado de desarrollo que alcancen los proyectos que traiga para realizar en esta existencia.
Recordemos que hemos vivido muchas vidas y que cada una de ellas deja una huella profunda en el alma. Junto con su historia personal, el ser que acaba de ser concebido en el plano físico trae también todo un bagaje de conocimientos, emociones, capacidades latentes, deseos insatisfechos, miedos y culpas como así también un propósito a cumplir y una lección a aprender. Con toda esta carga es como llega este ser al vientre de quien será su futura madre. Nadie imagina la magnitud de la responsabilidad que adquiere una mujer en el momento de quedar embarazada, porque a partir del instante de la concepción su vientre se convertirá en una caja de resonancia donde cada situación que ella viva funcionará como un eco del pasado para el ser que está allí con ella, despertando, reactivando, reforzando o suavizando y neutralizando los recuerdos traumáticos de sus experiencias anteriores.
Debido a la presencia del alma el feto tiene una extraordinaria sensibilidad para recibir y registrar las más mínimas sensaciones de su madre. Puede percibir los estados afectivos más sutiles y más complejos, como la ambivalencia y la ambigüedad, y reaccionar emocionalmente en consecuencia. A partir de aquí, todo lo que le ocurra a la madre en esta etapa incidirá en el feto. Cada emoción, cada circunstancia difícil o mareante que experimente la madre despertará en el alma que está ocupando ese feto el recuerdo de una circunstancia anterior similar. Por analogía se reactivarán las memorias del pasado. Si sus vidas anteriores fueron trágicas puede resistirse a nacer. Si los padres tan sólo piensan en abortarlo aunque luego no lo hagan, sentirá la amenaza de la muerte y eso le hará recordar la experiencia de alguna muerte anterior. Tal vez sus padres de hoy lo mataron en una existencia previa. Entonces pensará que quieren matarlo nuevamente y sentirá la desesperación de estar acorralado y atrapado sin tener siquiera la oportunidad de escapar porque en el útero no hay lugar adonde huir. Lo único que puede hacer es quedarse allí, hecho un ovillo, impotente y a merced de la voluntad de sus padres. Quizás haga lo indecible para no nacer y no correr riesgos o se diga a sí mismo: “Haré todo lo que me pidan con tal de que no me lastimen”. Nada afecta más a la madre que la relación con su compañero y sus consecuencias emocionales son vividas por el feto como propias. Si la madre es rechazada por su pareja o por su familia sentirá que él también es rechazado y hasta puede sentirse culpable de ese rechazo. Tal vez piense que si él no estuviera ahí su madre no sería rechazada. El sentimiento de rechazo trae consigo la desesperación y la incertidumbre de no saber qué hacer. ¿Adónde ir? Tan sólo de aquí, de este rechazo en la vida fetal, puede provenir la sensación de algunas personas de no encontrar nunca un lugar para sí o de tener siempre deseo de irse o de huir al menor contratiempo. El alma trae sus impresiones del pasado y una vez que está unida al feto el universo que la rodea se tiñe del color de ese pasado entremezclado con el color de las emociones de su madre.
Dentro del vientre materno el alma tiene una gran dificultad para discriminar sus sensaciones de las de la madre. Prácticamente madre y feto funcionan como una sola alma. Ya Leonardo da Vinci había advertido esta peculiaridad en sus Cuadernos:
Una misma alma gobierna los dos cuerpos. Las cosas que desea la madre se imprimen frecuentemente sobre el niño que ella lleva allí en el momento en que ella las desea. Todo anhelo, deseo supremo o temor de la madre o todo dolor de su espíritu hieren fuertemente al niño ya que es frecuente que él muera debido a ello.
Una misma alma. De eso se trata ya que sus campos vibratorios están en contacto íntimo. Hay una conexión de onda cuántica entre la madre y el feto y esto significa que hay una comunicación telepática entre ambas mentes aunque la madre no tenga conciencia de ello y es esta conexión tan particular la que dificulta la discriminación por parte del feto. La madre y el feto están conectados entre sí y aunque muchas madres no perciban los pensamientos de su bebé simplemente porque no piensan en él. pueden estar seguros de que el feto sabe perfectamente todo lo que pasa por la cabeza y las emociones de su madre y hasta puede leer los pensamientos de su padre y de otras personas cercanas. La presencia o ausencia del padre es nítidamente percibida por el feto, quien sabe perfectamente cuáles son las actitudes de aquél hacia su madre y hacia su futuro hijo. Si el padre espera un hijo varón y el feto es hembra el alma puede tomar decisiones in útero que condicionarán toda su vida. Puede sentirse culpable por no ser lo que su padre espera que sea o tomar la determinación de ganarse su amor sometiéndose a su voluntad y más adelante reproducirá esta conducta en cada vínculo afectivo que establezca.
Así como el feto tiene una sensibilidad extrema para grabar las emociones de la madre, así también sus reacciones pueden ser desmesuradas. Ante el rechazo, la agresión o la indiferencia de los padres puede reaccionar con impotencia, culpa, pánico, odio, rencor o deseos de vengarse y matar. Estos sentimientos pueden funcionar por años en la sombra del subconsciente para surgir más tarde en el adulto como rencor, temor o rechazo inexplicables hacia su madre, su padre y el mundo en general. Algunas depresiones de la vida adulta pueden tener su origen en una de estas emociones de la vida fetal. Muchos mandatos o patrones de conducta son establecidos o adoptados por la persona en su etapa fetal, cuando su capacidad de discriminación está limitada mientras que sus reacciones emocionales están exacerbadas. No todos los mandatos de la etapa prenatal se deben a la programación materna. Me atrevería a ir más allá diciendo que la mayoría de las decisiones que más tarde resultan ser funestas son tomadas por el propio feto como consecuencia de sus reacciones emocionales. Explorando con la regresión esta etapa de la vida, la persona puede hacer el trabajo de discriminación de las sensaciones que no le pertenecen como así también reconocer y desprogramarse de sus propios mandatos.
El momento del nacimiento es el instante culminante de la vida fetal. El trauma del nacimiento está profundamente entretejido con el trauma de vidas pasadas y con la experiencia de la vida intrauterina. No quiere decir esto que no haya nacimientos apacibles y gozosos, porque en verdad los hay, pero para la gran mayoría de las personas el nacimiento puede llegar a ser la situación más traumática de su vida. El bebé en tren de nacer se acuerda de sus experiencias anteriores y siente que otra vez está en el infierno de una muerte antigua. Imaginen a una persona que en una vida anterior murió en la horca y ahora está con el cordón umbilical enroscado alrededor de su cuello, o tal vez murió en una cámara de gas y a su madre la están durmiendo con gas, o quizás murió al entrar en el túnel de una mina y ahora tiene que entrar en el túnel del canal del parto, o lo torturaron en la Edad Media y ahora el médico tiene que usar fórceps. En cada una de estas situaciones, en el momento del nacimiento, el bebé experimentará por analogía la agonía de la muerte anterior desencadenando con ello todas las sensaciones y reacciones emocionales vivenciadas antiguamente que, al ser reactivadas, se instalarán en la vida presente originando desde conflictos emocionales hasta desórdenes orgánicos. Muchas de las pautas de comportamiento de sobrevivencia en la vida se originan en la forma como sobrevivimos en el momento del nacimiento. Por medio de la regresión muchas personas se dieron cuenta de que en instancias claves de su vida se comportaban de la misma manera como lo hicieron en su nacimiento. No es lo mismo nacer de nalgas que presentando la cabeza, saliendo activamente al mundo, y nacer fácilmente, en un pujo o dos, no es lo mismo que nacer a los tirones con fórceps. Más allá de las contingencias médicas hay una actitud definida en el nuevo ser en cada nacimiento.
Con todo lo que hemos expuesto, aun así, una madre tiene el poder de liberar al bebé de los traumas de vidas precedentes. Una madre consciente puede sanar las heridas de vidas pasadas y neutralizar o minimizar la influencia de sus emociones durante la vida fetal. Un obstetra preparado y conocedor del drama del ser que está a punto de nacer podrá ayudarlo a que su nacimiento sea un renacimiento y no una lucha por sobrevivir. Para que esto sea así, para que despertemos a una nueva conciencia de la vida fetal, oigamos la voz de los protagonistas que tienen muchas cosas para decir y enseñarnos. Previamente recordemos los puntos principales de este nuevo saber:
1 La conciencia del nuevo ser existe antes de su concepción.
2 Este ser ya viene con su historia y tiene una personalidad bien definida.
3 Trae consigo las impresiones emocionales de sus existencias previas.
4 Estas impresiones son reactivadas por incidentes que ocurren en la vida fetal y en el momento del nacimiento.
5 Ya feto, puede percibir los estados afectivos más sutiles y más complejos de la madre y reaccionar a ello.
6 Las emociones de la madre se graban profundamente en su psiquismo y sus consecuencias se harán sentir más tarde en la vida.
7 El recién nacido llega a nosotros con una historia que incluye vidas pasadas, experiencias en el útero y el trauma del nacimiento.
Antes de entrar de lleno en la vida fetal veremos de qué manera llega el alma al momento de la concepción. Comenzaremos primero por conocer el peso de la carga del pasado.
Capítulo II
La carga del pasado
Nadie llega impoluto y santo a esta vida a menos que se trate de un enviado del cielo. Quien más quien menos trae su historia y arrastra su carga del pasado y la vida en el cuerpo físico es una oportunidad para liberarnos de esa carga. Hasta que el alma no se libere de ese peso no puede evolucionar en paz. Cada uno trae su misión, su propósito y su trabajo particular. Gran parte de este trabajo consiste en blanquear nuestro prontuario cósmico vaciando la mochila del alma. Este es uno de los motivos por el cual estamos aquí y hasta que no limpiemos ese pasado no podremos cumplir con nuestras metas más trascendentes. Cada ser que llega a este mundo bajo la forma de un recién nacido trae consigo esta carga del pasado y, su historia, junto con sus miedos y sus anhelos, ya se pone de manifiesto antes de que se produzca su concepción física.
Así como cada uno de nosotros trae su carga histórica, así Teresa traía la suya. A los cuarenta y tres años se encontraba en un momento crítico, difícil y doloroso de su vida. La sensación dominante era el dolor, un profundo dolor y un gran sentimiento de culpa. Teresa creía que no merecía vivir, que no merecía nada bueno en la vida. Separada después de un matrimonio desastroso, sin techo propio y con magros ingresos tenía que tomar una decisión trascendental. “Tengo que decidir si voy a vivir en este cuerpo y en este planeta”, decía Teresa. “Yo no quería venir.
Comencé a sospechar esto al abrir tu libro Terapia de Vidas Pasadas y ahora estoy segura de esto. Tengo que tomar una decisión y no puedo. ¡Ay! ¡Estoy temblando!”
Inmediatamente se largó a llorar y su alma comenzó a trabajar.
Viernes 2 de febrero de 1996
Terapeuta: ¿Qué está pasando que estás temblando?
Teresa: Tengo miedo de tomar una decisión distinta. Tener que decidir otra cosa. Vivir mi vida. ¡No quiero! ¡No quiero! ¡No quiero! ¡No quiero venir! —llorando.
T: ¿Qué es lo que está pasando?
Tere: ¡Ay! ¡No quiero! ¡Hay una puerta y una decisión que no es mía! ¡Tengo que hacer algo que no quiero! ¡Es una pulseada y yo no quiero! ¡Ay, José Luis! ¡Yo no quiero!
T: ¿Con quién estás pulseando?
Tere: Con alguna energía en donde estoy. ¡Yo no quiero! ¡Yo quiero decidir sola! ¡No quiero que decidan por mí! Pero sé que tengo que aceptar y no quiero. ¡No quiero venir con este destino! ¡Ay! ¡Lo odio porque no quiero! ¡Es una lección de humildad para venir! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡No quiero!!! ¡Ay! ¡Por favor!!! —llorando y gritando—. ¡Ay, sí! ¡Acepto! —con voz de resignación—. Acepto. Era una lección de humildad la que tenía que aprender. Sí, acepto.
T: ¿Quién más está allí?
Tere: Hay una luz muy fuerte.
T: ¿Y qué te transmite esa luz?
Tere: Que tengo que venir. Que no soy yo la que va a decidir. Estoy muy mareada. Estoy pulseando. Está el ángel conmigo. Estoy totalmente en rebeldía. ¡A mí nadie me dice lo que tengo que hacer! Tampoco quiero ser mujer. Yo quería nacer varón para tener todo el poder. No quería nacer mujer. No quería. Quería ser varón para tener el poder. Para no pedirle nada a nadie. Pedir es humillarme. Y ser mujer es pedir.
T: ¿Y qué es lo que va a pasar? ¿A qué cosa le tenés miedo?
Tere: No es que tenga miedo. No quiero venir a perder. También es aceptar que yo no mando —continúa llorando.
T: ¿Y a qué se debe que tenés que pasar por esta experiencia de no mandar?
Tere: Es una lección de humildad. ¡No puedo reconocer que esto es así! ¡Ay! ¡Ah! ¡Ah! Estoy pulseando y pulseando. Yo vengo muy soberbia y me cuesta reconocer que esto es así —llorando—. ¡Ay! ¡No quiero! ¡No quiero! ¡No quiero! ¡No quiero!
T: Y esta soberbia, ¿qué te hace hacer?
Tere: Es como* una cosa negra. Es como el alquitrán, como una lacra negra. Es algo que se cae de mí, que se arrastra. Estoy envuelta en esa lacra negra. Estoy como podrida de algo que no es mío. ¡Es de otro! ¡No es mío y yo estoy pulseando! ¡No es mío! ¡Ya no lo quiero! ¡No es mío! ¡Eso no lo quiero! ¡Ay! ¡Es una lacra! ¡Y yo acepté eso en algún momento! ¡Ay! ¡Yo acepté! ¡Yo acepté eso!
T: Dejá salir eso. No importa lo que sea. Fijáte, ¿de dónde te viene esa lacra?
Tere: ¡Ay!... yo sé lo que es. Yo soy mujer... estoy con un hombre... y me pega mucho, me pega mucho. Me patea y me arrastra por el piso. ¡Ay! ¡Estoy temblando! Estoy en el piso y me sigue pateando y pateando y yo tengo mucho odio. Este hombre me pega mucho y me arrastra y yo no hago nada y lo único que deseo es que se enferme y que se muera, ¡que se muera! Y este hombre se enferma y se muere... lo sé porque lo estoy viendo. Y se muere y yo me quedo con mucha culpa... y esa energía la llevo pegada. ¡Nunca la liberé!
T: Eso es y fijáte, ¿hiciste algo más ahí para que ese hombre se muriese?
Tere: Algo hice... no sé qué... ¡Creo que lo maté! ¡Esta escena la tenía presente desde hace años sin saber lo que era! ¡Pero yo ya sabía hace años! ¡Yo creo que lo maté! ¡Ay! ¡Me espanta!!! ¡Creo que lo maté, José Luis! ¡Yo no tenía paz con esto! ¡Esta escena me volvía y me volvía! Yo estaba bajo la ducha en mi casa y me acordaba de este hombre que me pegaba y yo me veía en la cama tendida y decía: “¡Que este hombre se muera!” ¡Una cosa muy oscura! ¡Esa imagen me volvía por años! ¡Yo lo maté! ¡Lo maté! ¡Ay! ¡No lo puedo creer! ¡Y tengo esa energía pegada a mí! ¡No puede ser! ¿Cómo yo hice eso? ¡No puede ser! ¡No puede ser! Te juro que veo la cama y todo. ¡Ay! Esto no me deja en paz.
T: Eso es, dejá salir todo eso. Dejá salir todo eso para terminar con esto para siempre. Es muy importante que puedas hacerte cargo de lo que hiciste en ese momento. Yo no voy a censurarle ni a criticarte. Lo importante es que puedas aceptar lo que vos hiciste...
Tere: Esperá, esperá. ¡Ah! Está la pulseada. ¡Ah! Me cuesta aceptarlo. Somos tres... yo te voy a contar lo que está pasando. Hay una energía muy grande, muy blanca, en la cual estamos envueltos, y estoy yo y está mi ángel de la luz que yo conozco y está conmigo y vos ahora estás hablando por él. Estás hablando por él y lo que me acabás de decir es lo mismo que él me dijo en ese espacio, en ese momento.
T: ¿Qué fue lo que yo te dije?
Tere: Que yo me tengo que hacer cargo. Exactamente eso. Está la pulseada. Me dijo eso, que yo me hiciera cargo.
T: Eso es...
Tere: Esperá que estoy en el momento. El problema es que yo no quiero reconocer esto. ¡Esperá que lo reconozca! Esperá que lo pueda decir con palabras porque sé muy bien lo que hay. Es muy doloroso pero yo sé que tengo que hacerlo. ¡Ay! ¡Cómo me jode decírtelo ahora!
T: Tomáte tu tiempo.
Tere: ¡No! ¡No hay tiempo! ¡Esta es la cosa! No hay tiempo porque si hay tiempo se hace lo que yo quiero y sé que esto no es bueno para mí. Esta es la pulseada. Y yo sé lo que me dice mi ángel. No me digas nada más. Mi ángel me dice que me va a dar todo para que yo pueda superar esto. Toda la vida me pregunté por qué el Universo me dio todo. Talento, gracia, buena estampa, lindos ojos, ¡todo a favor! Y yo me gasté la vida diciendo: “¡No quiero! ¡No quiero!”. Y mi ángel me dice: “Te lo voy a dar todo, todo, para que lo puedas superar”. Es una gracia de él. ¡Ah! Todos los elementos para que yo pueda superar acá todo esto... Está bien... acepto. Acepto reconocer que yo hice esto. Acepto reconocer que yo no soy una maravilla. Que yo no soy Dios, que yo tengo que evolucionar, que me falta para crecer.
T: Eso es.
Tere: La gracia que no me da es que yo nazca varón porque tendría mucho más poder siendo varón. Esto no me lo banco y yo viví toda la vida queriendo ser hombre. Esto no me lo da y esa era la condición que yo ponía. No, no.
T: ¿Qué hubiera pasado si hubieras sido varón?
Tere: Hubiera tenido mucho poder y hubiera alimentado mi orgullo porque en este planeta y en esta evolución histórica el hombre tiene mucho poder. Culturalmente yo me hubiera montado sobre esto. Me lo dice este ángel de la luz. Es el mismo de hoy. Es el mismo de siempre. El mismo que me decía: “No lo hagas”, mientras estaba matando a este hombre. En realidad no lo maté, lo dejé morir. Se está ahogando y yo no lo socorro. Está en la cama y se ahoga... ¡Ay! ¡Por Dios! ¡Estoy temblando!
T: Eso es, andá a ese momento.
Tere: Está en la cama, yo estoy acá, sentada. Una cama de hierro como las camas de hospital. Está mi ángel acá —señalando a su izquierda—. Es una luz que me dice: “No lo hagas. No lo hagas”. Me dice que no lo deje morir y yo no lo soportaba más. Es de noche y yo sabía que nadie se iba a enterar. Que iba a quedar como que se murió.
T: Eso es, seguí.
Tere: Soy responsable de esta muerte. No sé cómo, pero este hombre, mientras se está ahogando y su alma se está yendo del cuerpo, me posesiona. Es una cosa negra, negra, negra. ¡Ah! Te libero, te perdono, te perdono... pero él no me perdona.
T: Eso es y ¿qué necesitarías en este momento para que él te perdonara?
Tere: Ser más amoroso con él, tratarlo con afecto. No ser tan impía. ¡Me veo! ¡Me veo! ¡Me las vas a pagar! Soy muy impía. Yo sabía que esto iba a pasar. Era un karma. ¿Sabés que me parece que es mi marido? ¡Ah! ¡Me ahogo!
T: ¿Qué está pasando?
Tere: ¡Es esa energía! ¡No se quiere ir de mí! Me parece que ahora lo estoy hilvanando. Te voy a contar algo que yo sé. Yo era monje y tenía un hijo natural. Tenía fama de ser un varón santo pero tenía un hijo que yo jamás reconocí. Ese chico viene descalzo a verme al convento. Viene a pedirme que lo reconozca, que lo alimente. Pero yo no quiero. Lo echo. Tengo la sospecha de que es la misma persona. Yo siempre sospeché que ese chico era el marido con quien yo me casé en esta vida. Mientras estuve casada con él era tanta la aversión que tenía hacia este hombre como la fuerza que me empujaba a estar con él. Cuando yo tuve la imagen de esta criatura que yo eché tuve la sospecha de que era este hombre porque él me dio un hijo al que abandonó absolutamente. Siempre sospeché que esto era algo que yo tenía que pagar. Y en los momentos más dolorosos yo decía: “Espero que esto se anote en los libros sagrados a cuenta de lo que tengo que pagar”.
T: Muy bien. Entonces, seguirás trabajando para terminar de limpiar esa cosa pegajosa, para terminar con la vida de ese monje y con la vida de esa mujer. Lentamente, sintiendo tu respiración, tomando coraje, pidiéndole a tu ángel la asistencia de siempre, irás retrocediendo, yendo al origen, a la raíz de este conflicto, de tu soberbia, de estos sentimientos, recapitulando el aprendizaje de las duras lecciones de tu evolución. No importa lo doloroso que sea...
Tere: ¡Ay! ¡Es una cama igual que la de este hombre que hoy te contaba! Pero yo no estoy en la cama. Me fui a morir a otro lado. Me estoy yendo a algún lugar, barranca abajo. Me persigue una energía, una cosa de vergüenza, vergüenza y vergüenza. Y no me puedo esconder de esa vergüenza... ¡Ah! Me morí, me morí. Me fui a morir a otro lado. La vergüenza me llevó a morir a otro lado.
T: Seguí.
Tere: Hay como una energía muy negra que me lleva. Es como que no soy dueña de mí. ¡Mierda! ¡Me asusta! ¿Viste, como vender el alma al diablo y después el diablo te lleva? Bueno, es algo de eso...
T: Eso es, seguí.
Tere: Lo que tenía que hacer en esa vida y no hice era reconocer que ese hijo era mío y mantenerlo, alimentarlo, cuidarlo. Era lo que me correspondía. Esto era lo que debí haber hecho y no hice. Por el orgullo, por el amor propio, por la imagen. Pero no puedo darme cuenta de qué es lo que pasa ahí.
T: No importa. Sentí esa energía que te lleva ahí. ¿Qué está pasando?
Tere: Es difícil, busco una imagen de la vida real y no la puedo encontrar. Es la nada, pero esa nada es insoportable. No hay sufrimiento pero... ¡No hay luz! Es desesperante, es una nada desesperante y ¿qué hago ahí? ¡Nada! Es como un espacio de energía negra. Nada. Es como un vacío interior. Es la Nada. Y no soy la única que está ahí.
T: Avanzá un poco y fijáte cómo salís de ese espacio.
Tere: Yo no salgo, me sacan. Hay una luz que me saca y yo me dejo llevar. Es como que se me ofrece otra oportunidad. ¡No puede ser esto así! ¡Yo que me creí que era una diosa! Es como una luz que me atrae y yo puedo salir porque hay un imán desde afuera que me atrae. No hay un afuera ni un adentro. Hay como un imán que me atrae. Yo no sé qué ocurrió con la vida física que pasó, pero yo fui a parar a ese lugar por mis errores.
T: Eso es.
Tere: La vida física terminó a orillas de un río. Ahora voy rebobinando un poco. Había una montaña, una selva... la gente pudo haber pensado que me devoró una fiera... pero en realidad yo siento que me fui a ese espacio. No es un espacio, es un vacío negro. ¿Sabés que es lo mismo que yo tenía en mi alma? ¡Es lo mismo!
T: Entonces, ¿estabas en un vacío negro o ese vacío negro era lo que había en tu alma?
Tere: Es lo que había en mi alma. Lo que pasa es que estoy conectada con todas las otras almas negras, por eso tengo la sensación de que somos muchos. Es como que al morirme me metí dentro de eso negro... Sí, es mi alma. No es un espacio afuera. Es mi alma. ¡Ah!
T: Y fijáte, ¿qué emociones persisten en tu alma de esa experiencia?
Tere: El orgullo, la soberbia, que yo soy perfecta, no reconocer mis errores, mis limitaciones. Cualquiera puede dejar embarazada a una mujer y tener un hijo, pero no hacerse cargo... es otra historia. ¡Y no hacerse cargo por orgullo! ¡Por la imagen! ¡Sólo por la imagen! Para que se crean que yo soy muy noble.
T: Muy bien. Ahora contaré hasta tres e irás al momento de la muerte en esa otra vida como mujer en la que dejaste que ese hombre se muriera para terminar con esa historia. Uno... dos... tres.
Tere: No me puedo conectar. Es esa energía que no me deja. Es una energía negra. No reconozco si es mía o es ajena... Hay algo en mí que no es mío. Hay algo que no me deja y no es mío.
T: Fijáte si esa energía puede hablar.
Tere: Desde hoy que me está diciendo: “No te voy a dejar”. Siento que es la energía del hombre al que yo dejé morir.
T: Dejála hablar entonces. Esa energía tampoco es feliz. Tampoco puede evolucionar. Ella también es prisionera del odio y del rencor. Yo estoy acá para ayudarlos a los dos.
Tere: Gracias. Sí, somos dos.
T: Muy bien. Quiero que los dos vean todo el sufrimiento por el que han pasado y todo el sufrimiento que aún les espera si no hay perdón. Mientras sigan unidos por el odio, por el rencor, serán esclavos. Ya no importa quién fue el responsable en primera instancia. La Luz sólo espera que se perdonen. Lo malo no es lo que han hecho, ni lo que hacen. Lo malo de todo esto es el dolor. El rencor, el odio, la venganza, son dolorosos. No importa quién esté allí. El dolor y el sufrimiento lo padecen los dos y, de la misma manera, la luz, la paz y el amor son posibles tanto para uno como para el otro. Perdonar significa liberarse y obtener el derecho a la luz y a la felicidad. Ahora, ve a ese momento de tu muerte para que puedas hacerte cargo de tu responsabilidad, de tu odio y de tu rencor, y al liberarte a ti misma liberarás también a esa energía.
Tere:... Le pido perdón. Le pido que me perdone. Yo tenía mucho miedo. Es verdad que tenía mucho miedo. Estaba muy sola... y me perdono yo. ¡Ah! —hondo suspiro.
T: Andá entonces al momento de tu muerte para terminar con todo eso.
Tere: Muero en una cama, tal vez en un hospital. Siento que no tengo consuelo y así me siento ahora. Mucha soledad, desamor. Es una soledad absoluta y yo la conozco en esta vida. Es la soledad del desamor. Así de igual es esta vida. Así como me fui de esa vida así estoy viviendo ahora. Siempre el desamor. Así como me fui, así he vivido.
T: ¿Y qué otra cosa estás arrastrando de esa vida?
Tere: El egoísmo. Sólo pensar en mí. Sólo importo yo. Jamás pensar en qué le puede estar pasando al otro. Recién ahora empiezo a hacer algo por los demás. El desamor. Eso es todo. Con la persona más cercana. Con ese chiquilín que era mi hijo y con el cual no me pude comprometer. Con esa pareja que me golpeaba era lo mismo. No poder sentir con el otro. No poder hacer nada por el otro. Así empezó todo y no pude revertir nada. Y vengo a esta vida en las mismas condiciones para revertido y encima no quiero venir. Tengo una sensación.
T: ¿Qué sensación?
Tere: Es como que mi ángel me dice que está todo bien. Hay un halo que me rodea y está todo bien. Como que esta era mi verdad.
T: ¿Y estás dispuesta a revertir esto?
Tere: Estoy totalmente dispuesta a revertir esto. No quiero más el infierno para mí.
T: ¿Y cuál es la lección que no querías venir a aprender?
Tere: Te voy a decir algo que quizás vos ya lo sabés. Ese lugar es muy bello y allí uno está bien. Yo sabía que venir significaba venir a esto y no quería. Quería estar allí pero no te podés quedar siempre ahí. Cuando era chiquita yo decía que extrañaba a Dios. Yo no quería venir, quería ser polvo cósmico. Lo único que quería era estar con Dios. Ahora me doy cuenta de que no quería venir y me fue mal por la soberbia. Si hubiera aceptado hubiera sido diferente.
T: Muy bien. Y ahora, ¿estás dispuesta a aceptar esta vida?
Tere: Estoy dispuesta a habitar este cuerpo. Estoy dispuesta a ser de este planeta. Los ángeles me ayudan. Estoy dispuesta... y me perdono para atrás. Me perdono el desamor. ¿Sabés qué es lo que me duele?
T: ¿Qué cosa?
Tere: Me duele lo que me castigué. Lo que me maltraté. Nunca me había dado cuenta. Necesito mucha ayuda. Esto es arrepentimiento. Es la primera vez que lo siento en mi vida. No sabía lo que era arrepentirse.
T: ¿De qué estás arrepentida?
Tere: Estoy arrepentida de lo que me hice y de lo que le hice a otros. Recién ahora sé lo que es el arrepentimiento. Estoy profundamente arrepentida. Nunca en mi vida sentí esto.
T: Muy bien. Ahora elegirás un color para traer una nueva vibración a tu vida.
Tere: Rosa.
T: Muy bien. Y envuelta en el color rosa proyectarás una imagen de vos misma donde te verás en la forma en que te gustaría verte de hoy en adelante.
Tere: Me veo llena de amor y de alegría. Con frescura. Habitando este cuerpo femenino. Me perdono y libero mi pasado.
Hemos visto que el principio consciente de Teresa ya sabía de su destino antes de su concepción física y por eso no quería venir. Y no se trataba de que tenía que venir a sufrir obligadamente. El sufrimiento surge de tener que aceptar algo que no quería aceptar: La lección de humildad. Ella quería tener todo el poder y hasta se rebela ante el ángel que la aconseja. Este deseo de poder y la frustración que sobreviene por no detentarlo suele ser la causa que está detrás de algunas depresiones. La frustración por no poder hacer lo que antes se podía hacer puede llevar a la depresión.
¿Cómo es posible que yo tenga que bajar la cabeza si antes todos se inclinaban ante mí y me obedecían sin chistar? Teresa lo dice claramente: “Es aceptar que yo no mando”. Allí está el gran desafío.
Teresa trae su carga del pasado y bien pesada por cierto y, haciendo un juego de palabras, tiene que hacerse cargo de esa carga. Eso es todo pero, ¡cómo pesa! ¿Cómo hago para aceptar que eso es mío? ¿Cómo hago para aceptar que yo maté y que no soy un santo como yo me creía que era? Y ¡ojo!, que todos nosotros, por más bondadosos y considerados que seamos hoy, en algún momento estuvimos en el lugar de Teresa y es precisamente esta historia la que tenemos que blanquear. Es con su propia carga y con su propia historia que cada ser llega al momento de la concepción. Teresa arrastraba el crimen y el pecado del abandono y de la soberbia de su vida como monje. Fíjense además de qué manera la culpa, el odio y el rencor se cristalizaron en esa lacra negra y pegajosa que todavía estaba adherida al alma de Teresa. Estaba obligada a tomar contacto con esa energía, a reconocerla y aceptarla como parte de sí misma para poder liberarse de ella. Como ven, la mochila del pasado viene bastante pesada a veces y con todo eso es como llega el recién nacido a este mundo. Vean también todas las emociones que trae Teresa en esa mochila de tan sólo dos de sus vidas anteriores. El rencor, el odio, la culpa, la rebeldía, la soberbia, el egoísmo, el desamor y la soledad.
Ahora que conocemos la historia previa de Teresa vamos a ver de qué manera todas estas emociones y esta carga histórica se ponen en juego cuando ella se encuentra en el vientre de su mamá.
Martes 7 de mayo de 1996
Teresa: ¡Ay! ¡Tengo miedo! Me siento muy sola. Quiero salir de acá. Mi mamá no me quiere. Le tengo miedo. ¡Tengo miedo! ¡Ay! —llorando desconsoladamente—. Siento que no quiero estar en la panza de mi mamá... me siento un estorbo... Estoy muy mal... Mi mamá está desesperada... ¡Ay!
Terapeuta: ¿Qué le está pasando a tu mamá?
Tere: Está muy sola. No sabe qué va a hacer y a mí me da lástima. ¡No sabe qué va a hacer! —con la voz entrecortada por el llanto—. Ella quiere que yo no esté... y yo estoy. ¡No quiero estar ahí!
T: Eso es. Dejá salir todo eso. ¿Qué tiempo tenés cuando estás ahí?
Tere: No sé... Tengo bracitos... soy muy chiquitita... estoy toda así —acurrucada, hecha un ovillo— y necesito que mi mamá ponga su mano sobre la panza... ¡Ay! ¡Qué desolación! ¡Ayyy! ¡Mi mamá no se conecta conmigo! ¡Ella tiene mucho miedo! ¡Tiene miedo!
T: ¿Y qué cosa está provocando ese miedo?
Tere: ¡Tiene miedo del hombre que tiene a su lado! Ella tiene miedo de todo. Miedo de lo que va a pasar, de qué va a hacer. ¡Ay! Ella no sabe qué hacer. ¡Es una criaturita! ¡No sabe qué hacer! ¡Yo la quiero ayudar y no puedo! ¡Necesito que ella me abrace!
T: ¿Y qué está pasando con tu papá?
Tere: Mi mamá le tiene miedo, mi mamá no lo quiere. Ella no se quiere, ellos no se quieren. Yo la necesito para mí y ella está en otra cosa. Para ella esta panza es una carga. ¡Ay! ¡Tiene vergüenza y no sabe qué hacer! ¡Ayyy! —continúa llorando todo el tiempo—. ¡Ay! ¡Me ahogo! ¡Ay! Son los vómitos de mi madre. Estoy totalmente mareada. ¡Ay! ¡No me quiero morir! ¡Ay! Estoy mareada... ¡Siento que mi mamá me va a vomitar!!!
T: Eso es, sentí todo eso.
Tere: ¡Ay! Estoy muy ahogada... ¡Ay! ¡Tengo mucho miedo! ¡Mi mamá cree que si vomita me va a vomitar!!! ¡Ay! ¡Si me vomita me va a vomitar y no puedo hacer nada! ¡Ay! ¡Soy muy chiquitita! ¡Sí! ¡Mi mamá me puede vomitar! ¡Estoy absolutamente indefensa!
T: Eso es. Dejá salir todo eso y avanzá al próximo hecho significativo dentro de la panza de tu mamá...
Tere: No quiero nacer. ¡No quiero nacer! ¡Me puedo morir! ¡Me puedo morir! No sé si quiero nacer o no. No sé, estoy muy confundida. No sé si voy a nacer o no voy a nacer... ¡No quiero nacer! Me dejo estar, me dejo estar...
T: Eso es, seguí un poco más.
Tere: Tengo miedo. Tengo miedo ahora de ver qué pasa...
T: Yo estoy a tu lado. Ahora estás acompañada. Por duro o difícil que sea, todo esto es muy importante para vos y... al contar a tres irás al momento de tu nacimiento...
Tere: No quiero nacer —interrumpiéndome—. Porque hay otro nacimiento en que yo nazco y hay mucho frío alrededor, de eso ya te hablé y ahora están los dos acá. No sé qué nacimiento es pero yo no nazco. Yo no nazco.
T: Muy bien, experimentá eso.
Tere: Tengo frío, estoy helada. No puedo conectarme, todo es muy frío, todo es silencio.
T: ¿Dónde estás cuando está todo frío?
Tere: Soy un cuerpo inerte, sin vida, no tengo vida. Me tiran, me tiran, me tiran a algún lado. Tiraron mi cuerpo, a mí no me tiran. Sí, me tiran. Alguien me tiene en la mano. Son manos muy frías, me arrojan, me tiran. Como si fuera un despojo. Ya está, ya pasó, yo no estoy ahí... .
T: ¿Dónde estás?
Tere: La veo a mi mamá... ¡Ay! ¡Veo a mi mamá! ¡Pobrecita! ¡Pobrecita mi mamá! ¡Se quedó sin su bebé! ¡Ayyy! ¡Después de todo ella quería tener ese bebé! ¡Ay! ¡Tengo una culpa tremenda! —llorando—. ¡Mi mamá lo quería tener! ¡Mi mamá tiene un dolor infinito! ¡Ay! ¡Pobrecita mi mamá! ¡Está tan sola!
T: Eso es, dejá salir todo eso.
Tere: ¡Ay! ¡Pobrecita! ¡No tiene consuelo! ¡No tiene consuelo! ¡Mi mamá se vuelve una piedra! ¡No puede llorar! ¡No tiene a nadie que la tome de las manos! ¡Y yo siento cómo se endurece de dolor! ¡Mamá!!! ¡Ay!!! ¡No puede ni llorar! ¡Se ahoga de dolor! ¡Mi mamá no tiene consuelo! ¡Ayyy!!!
T: Eso es, dejá salir todo eso y, cuando cuente a tres, retrocederás un poco antes de todo eso para ver qué fue lo que pasó. Por duro que sea esto es muy importante para vos. Cuento hasta tres y retrocederás para que veas cómo es que dejás ese cuerpo. Uno...
Tere: Mi mamá sabe que es un varón, ella lo sabe. Ella necesita ese varón para apoyarse en mí pero yo no estoy dispuesta. Yo necesitaba de ella, pero no estoy dispuesta a ser su sostén. ¡Ay! ¡Te juro que estoy ahí, José Luis! ¡Te lo juro! Yo no estoy dispuesta porque ella no me quería. Pero ahora que sabe que es un varón, quiere. Ahora que me siente patear me quiere y yo no quiero. Por eso tengo tanta culpa. Yo decidí no nacer. Necesito pedirle perdón.
T: Eso es. Fijáte entonces, ¿qué sucede con vos ahí? ¿Cómo es que muere ese cuerpo? ¿Muere dentro o fuera de la panza?
Tere: Yo no salgo con vida. Yo no salgo con vida. No quise salir cuando era mi hora. Cuando me toca, ya estoy muerta. Te podría decir que lo estoy viendo. Hay una mujer de blanco que agarra el cuerpito y lo siente. Está muerto. La mujer tiene las manos frías.
T: Y entonces, ¿qué sucede? ¿Qué ocurre con vos? Avanzá un poco más.
Tere: Tengo mucha vergüenza. Me siento muy egoísta, muy egoísta. ¡Uh! Decido que voy a volver otra vez en la condición que sea. (Una decisión mortal tomada bajo la presión de la culpa.)
T: Eso es, seguí adelante.
Tere: Me siento como una luz chiquitita. Un espacio con luz y mucha alegría. Pero no estoy bien. Siento mucha vergüenza, mucha vergüenza. Me siento mal.
T: ¿Y entonces?
Tere: Hay como un tiempo que transcurre, pero no tengo noción, no tengo conciencia... Es como que otra vez entro en mi mamá, en esa panza.
T: Muy bien, ¿cómo es eso? ¿Cómo entrás?
Tere: No sé, pero decido que ésa soy yo. A ver, ¿cómo te explico? Es como que mi mamá está embarazada. Yo ya sé que mi mamá está embarazada y decido que ésa voy a ser yo. En algún momento me incorporo.
T: Eso es, seguí.
Tere: Mirá, yo no sé si es de entonces o es de ahora pero yo siento que no tengo mejor suerte. Como que yo me hago cargo de esto.
T: Muy bien. Entonces, sentíte en el vientre de tu madre cuando estás ahí, por segunda vez. Tomá contacto con tus sensaciones y emociones cuando estás allí, en el vientre de tu madre, para limpiar todo esto de tu alma. ¿Qué estás experimentando?
Tere: Hay mucha aridez. Es muy árido. Yo no me puedo comunicar con mi mamá.
T: ¿Qué está pasando esta vez con tu mamá?
Tere: Está siempre enojada, siempre enojada. Tampoco quería este embarazo. Está muy confundida, muy sola. Yo siento que me lleva y me trae. Es una carga. Yo me siento una carga. No me puedo conectar. Ella no se conecta.
T: ¿Cuál es la sensación dominante cuando estás allí?
Tere: Ella tiene mucha violencia por dentro. Siente mucha violencia. Se siente muy mal... y yo necesito que me quiera. No tengo ninguna sensación de calidez, de tibieza. No me puedo conectar. Me siento muy infeliz, pero también siento que me lo merezco, que yo quería esto. (Otro de los mandatos de Teresa.)
T: Eso es, seguí adelante.
Tere: Yo creo que hay algo que yo necesito reparar con mi mamá.
T: ¿Qué cosa necesitás reparar?
Tere: Eso de que antes mi mamá necesitaba apoyarse en mí y yo no quería. Yo no estaba dispuesta... Pero yo tampoco quiero nacer. Soy yo que no quiero nacer y esto no tiene nada que ver con mi mamá.
T: Eso es, ¿qué está pasando?
Tere: Yo no quiero. ¡No quiero! No quiero nada. Todo me da igual. Es igual que lo que te contaba la vez pasada. No quiero.
T: Y fijáte, ¿de qué manera esto de que “todo me da igual”, “no quiero nada”, cómo está influyendo en tu vida actual?
Tere: ¡Es tal cual! Todo me da igual, no quiero nada.
T: ¿Y a qué se debe que no querés nacer esta segunda vez?
Tere: Creo que vengo porque quiero reparar. En algún lugar sé que quiero reparar esto con mi mamá... de la vez anterior.**
T: ¿Y para qué te va a servir reparar esto con tu mamá?
Tere: Para tener paz. Mi mamá sufrió mucho cuando perdió ese bebé y yo me siento culpable de esto. Es como que esta vez no me importa lo que está pasando. Porque tengo mucha culpa y yo no quería venir. Todavía no quería nacer.
T: Seguí avanzando entonces. Avanzá a un hecho mareante dentro de la panza de tu mamá.
Tere: Estoy totalmente confundida, estoy rabiosa. Estoy furiosa, ¡estoy furiosa! Siento que todo me da igual. ¡Pero esto es una rebeldía! ¡Me cago en ustedes!
T: Eso es, experimentá todo eso, la furia, la rebeldía, ¿qué más?
Tere: No quiero conectarme con mi mamá. Siento como que ella espera las pataditas y todo eso y yo no quiero. No quiero conectarme con mi mamá. Por eso estoy confundida; porque yo quería reparar pero ahora no quiero.
T: ¿Y a qué se debe que ahora no querés?
Tere: Porque no quería venir. Es todo un desierto, es como si estuviera caminando en un desierto oscuro, vagando. Es la misma sensación que tengo toda mi vida. No tengo raíces, no pertenezco a ningún lugar, nada me importa. Si es, es y si no es, no es. Me puede dar furia, rabia o desasosiego en un momento, pero después sigue esto. Puedo tener entusiasmo en un momento pero después nada me importa. Tengo algo en el estómago que no sé qué es.
T: Sentí eso en el estómago, ¿qué es eso?
Tere: Es como un veneno, como una energía muy negra. Pero no sé si soy yo o es mi mamá. Yo no sé si mi mamá no tomó algo para abortarme. Hay algo muy negro en el estómago.
T: Eso es, experimentá eso. ¿Qué está pensando tu mamá?
Tere: Que esa panza desaparezca mágicamente, que desaparezca, que no esté. Esto es lo que ella quiere y yo no sé si... ¡Oh! ¡Es el vino de mi papá! No sé qué es. Hay algo que es como un veneno pero no es un veneno. Es como un envenenamiento acá —tocándose el estómago—, no sé si es la rabia, tanta rabia...
T: ¿Y quién está sintiendo esa rabia?
Tere: Mi mamá... mi mamá...
T: ¿Y qué le está pasando a tu mamá que siente esa rabia?
Tere: Tiene rabia porque mi papá toma. Tiene mucha rabia, mucha rabia e impotencia y vomita, vomita y vomita. Y tiene mucho miedo. Mi mamá está tiesa, dura y soy yo la que ahora está tiesa y dura. Todo su cuerpo está tieso. Por eso no hay calidez.
T: Eso es, sentí todo eso.
Tere: Mi mamá está tiesa de miedo, de terror. ¡Ay! Me duele todo el cuerpo. Yo siento que soy muy chiquitita. Soy muy chiquitita y estoy tiesa, tiesa y tengo un nudo en el estómago. Mi mamá no se relaja nunca, nunca.
T: Y fijáte, ¿quién tiene el nudo en el estómago, vos o tu mamá?
Tere: Mi mamá, pero yo también. Yo estoy tan tiesa como ella, no me puedo mover. ¡Ay! De repente vi que me crecieron los bracitos, ¡por favor! ¿Cómo puede ser esto? Me descubro los bracitos. ¡Ay, por favor! ¡Qué lindo! ¿Sabés que yo me quiero?
T: ¡Muy bien! Eso es.
Tere: ¿Sabés que yo me quiero? —llorando—. Pero estoy muy sola. Mi mamá no festeja esto. Acá se separan los mundos. Como que yo me conecto conmigo, a ver... ¿Cómo te voy a explicar? Me desconecto de mi mamá. Yo me quiero, me quiero, veo los bracitos y me quiero.
T: Eso es, tomá conciencia de eso.
Tere: Sí, totalmente. Es un estado de gozo pero, ¿sabés qué? Me desconecto de mi mamá. Ella está tiesa y son dos mundos. Yo no estoy conectada con mi mamá.
T: Y esto, ¿cómo te está afectando en tu vida actual?
Tere: Mi mamá sigue en la suya y yo sigo en la mía, como toda la vida. ¿Sabés que soy un bebé feliz? Feliz conmigo, no con mi mamá. Yo siento que soy feliz conmigo. Mi mamá está totalmente desconectada de mí.
T: Muy bien. Cuento hasta tres y avanzá al próximo hecho mareante en tu vida fetal. Uno... dos... tres.
Tere: ¡Tengo tanto miedo! Me pongo cabeza abajo pero tengo tanto miedo, tanto miedo. ¡Tengo terror! Hay algo que pasa pero no sé qué pasa. No me puedo conectar.
T: Eso es, ¿qué está pasando?
Tere: No sé... miedo, miedo, miedo. ¡Terror! Mi mamá no quiere ir a parir, ¡no quiere abrirse! ¡Tiene terror de que el bebé nazca muerto! ¡Tiene miedo de todo, miedo de estar sola! ¡Oooh! ¡El miedo es de mi mamá, no es mío! Mi mamá está aterrada, está tiesa. Toda ella está tiesa, la panza está tiesa. Me duele todo.
T: Eso es, experimentá todo eso y seguí avanzando hacia tu nacimiento.
Tere: ¡Ay! ¡Es muy difícil! ¡Muy difícil! ¡Mi mamá está muy tiesa y yo me siento muy mal! ¡Mi mamá no me quiere! —llorando—. Mi mamá está mal. ¡Ay! ¡Me siento muy maltratada! Mi mamá está muy dura y yo no me puedo mover. ¡Ay! No tengo espacio, no tengo nada. ¡No me deja nacer! ¡Ay! ¡No me deja nacer y me voy a ahogar! A mi mamá le da igual. ¡Ay! ¡No sé qué pasa! Ella no me acompaña. ¡Ella no sabe qué hacer!
T: Seguí.
Tere: ¡Y yo no sé qué hacer! ¡Me siento muy perdida! Me siento muy mal. ¡Nadie me espera! ¡Nadie me espera! ¡A nadie le importa que yo nazca! —llorando.
T: Seguí un poco más.
Tere: Me pregunto para qué voy a nacer. ¡A nadie le importa! ¡A nadie le importa! —con la voz entrecortada— ¡Ay! ¡Me duele todo! ¡Ay, todo es muy frío! ¡A nadie le importa! ¡Ay, José Luis! ¡Nadie me espera! —llorando desconsoladamente—. ¡Ay! ¡Qué desolación! ¡A nadie le importa! ¡Ay! ¡Me siento tan sola! ¿Qué hago conmigo?!
T: Eso es, dejá salir todo eso.
Tere: ¡Nadie me recibe! ¡Ay! ¡Me dejan ahí y a nadie le importa y yo tengo frío! ¡Necesito una mano, que alguien me toque! ¡Que alguien me abrace! ¡Y yo tengo la misma sensación de cuando me morí y me dejaron ahí! ¡Ay, qué dolor! ¡Por favor! ¿Dónde hay alguien a quien yo le importe? ¡Ay, qué desolación! Yo no puedo hacer nada. Sólo llorar y a nadie le importa. ¡Me llevan! ¡Me llevan! ¡Yo no sé adónde me llevan! ¡Yo quiero estar con mi mama!
T: ¿Qué está pasando con tu mamá?
Tere: ¡Mi mamá se duerme y yo estoy lejos! ¡Me dejan sola y yo estoy muy desesperada! ¡Necesito calor! ¡Que alguien me abrace! ¡Qué desasosiego! ¡Todo es muy frío!
T: Seguí.
Tere: Me dan algo, unas gotitas para que no llore y me duerma.
T: Eso es, y fijáte, ¿cuál fue el momento más terrible de esta experiencia?
Tere: Cuando yo salía y nadie me esperaba, a nadie le importaba.
T: ¿Y cuáles son tus reacciones físicas en ese momento?
Tere: Tengo frío, se me contraen los bracitos. ¡Tengo frío! ¡Estoy contraída! ¡Tengo miedo! ¡Ay! ¡Tengo mucho miedo!
T: Y fijáte, cuando sentís ese miedo y tenés frío, ¿cuáles son tus reacciones emocionales?
Tere: ¡Tengo frío, tengo miedo! ¡Me contraigo, me duele el vientre! ¡Necesito que me abracen! ¡Ay!
T: ¿Y cuáles son tus reacciones mentales en esos momentos?
Tere: Tengo mucha desolación, mucha aridez.
T: Y todo esto, ¿qué te hace hacer ahora en tu vida como Teresa?
Tere: Me cierro mucho, no quiero nada, no quiero nada —llorando—. ¡No quiero nada! ¡Todo me da igual! —sigue llorando—. ¡Ay! Me duele todo, el estómago, la espalda. ¡Nadie viene por mí!
T: Y todo esto, ¿cómo está afectando tu vida actual?
Tere: Yo estoy cerrada, tengo miedo. ¡Mucho miedo! No me sirve que me den la libreta. No me sirve. No me importa. ¡Yo quiero calor humano! Siento mucha aridez, ¡me siento muy sola!
T: Y ahora fijáte, ¿qué venías a aprender? ¿Para qué te iba a servir pasar por esta experiencia tan dolorosa? ¿Para qué necesitabas atravesar por esta experiencia tan dura?
Tere: A dar; no sólo a pedir. A darle una sonrisa a mi mamá. A hacer algo como mi mamá quería, como mi mamá me pedía. A cuidar, no sólo a pedir que me cuiden.
T: Muy bien. Ahora quiero que tomés conciencia de que ya no estás más allí... y quiero que recuerdes que vos te querés a vos misma...
Tere: Sí.
T: ... Que te iluminaste cuando te empezaron a crecer los bracitos y que decidiste quererte. Ahora vas a buscar la luz, un color, una vibración. El color que necesites...
Tere: Rosa, siempre es rosa.
T: Muy bien. Entonces, podrías sentir o imaginar como si un rayo de luz de color rosa llegara...
Tere: ¿A ese bebé o a mí?
T: A ese bebé, a esa situación y a vos también. Vas a envolver con el color rosa a ese bebé, en ese nacimiento, para transmutar todas esas energías...
Tere: Y a mi mamá también, yo la quiero a mi mamá.
T: Eso es. Vas a envolver toda esa escena con el color rosa, como a vos te hubiera gustado que fuese. Ahora vas a envolver a ese bebé en tu interior en el color rosa, abrazándolo y protegiéndolo. Ahora estás en condiciones de cuidar a ese bebé, de amarlo y abrazarlo, dándole todo el cariño que necesita, y de ayudarlo a crecer sano, seguro y confiante. Y envuelta en la energía del color rosa, lentamente, muy lentamente, cuando vos lo decidas, abrirás tus ojos y eso hará que regreses aquí, a este día martes, siete de mayo de 1996.
Esto es tan sólo el preámbulo de la vida fetal pero aquí ya están presentes todas las sensaciones del feto y sus reacciones emocionales ante las contingencias que le desagradan. En su libro Gravidez, un momento fundamental, el Dr. Luiz Menezes comenta que de repente, el período intrauterino, considerado tradicionalmente como un mar de rosas, se transforma en el infierno del Dante en la experiencia con la regresión. Creo que ésta es una descripción acertada de lo que puede llegar a ser la vida fetal para algunas personas. Algo así es lo que vivenció Teresa dentro del vientre materno. Allí están la rebeldía, la indefensión, el miedo, la soledad y también la percepción clara de lo que le sucedía a su madre. En la tormenta emocional en la que se encontraba, Teresa hasta cree que su madre la puede vomitar.
Algo sorprendente que ocurre y que ya he comprobado muchas veces a través de las experiencias de los pacientes es la intencionalidad del alma-feto para no nacer, para complicar el embarazo y el nacimiento. Como si fuese un suicidio fetal. La carga previa de Teresa todavía es tan fuerte que a pesar de haber aceptado venir se rebela y muere en el primer intento. La mamá de Teresa tuvo un bebé varón que murió al nacer, dos años antes de que ella naciera. Teresa nunca supo qué fue lo que sucedió con ese bebé. Nunca se supo si nació muerto o si murió al nacer pero desde hacía un tiempo Teresa sospechaba que ese bebé podía haber sido ella misma. Esto es muy importante de tener en cuenta. Siempre que en una familia haya un bebé muerto o un aborto previo a otros nacimientos es posible que alguno de los hijos que le siguen sea esa misma alma que vuelve para una nueva oportunidad. En esta experiencia Teresa se ve allí y siente que está allí. Ese hermano que murió al nacer, en realidad, fue su primer intento para volver a limpiar su pasado, pero su rebeldía y su despecho porque su mamá no la quería eran tan profundos que decidió no nacer. Esto no hizo más que intensificar su culpa y su vergüenza. Ya de por sí su carga del pasado era pesada y ahora le agregó otra piedra más. Así es como uno mismo, sin darse cuenta, se va complicando el camino simplemente por orgullo, por no aceptar, por no dar el brazo a torcer.
Como consecuencia de esta culpa Teresa toma una decisión terrible: “Volver otra vez en la condición que sea”. Esto es lo que les anticipaba al principio. Existe la programación materna y están los mandatos familiares; de esto no hay duda. Pero además el alma, en el estadio fetal, toma decisiones que por sí mismas son más que suficientes para complicarle la vida a una persona. Una decisión así hace que en los momentos de desesperación, de soledad o de culpa una persona sea completamente vulnerable y acepte cualquier condición que se le ofrezca con tal de calmar esas sensaciones que la agobian.
Tomen nota de todas las reacciones emocionales de Teresa dentro del vientre de su mamá y de qué manera esas reacciones se reproducen en su vida presente. Esta es una constante en todas las experiencias. El comportamiento fetal se debe a la personalidad que ese feto trae por su alma, y todas estas reacciones no hacen más que reafirmar y reforzar ese comportamiento que más tarde se pondrá de manifiesto en la vida adulta.
Otro hecho importante en la experiencia de Teresa es la desconexión. Pero es ella misma quien se desconecta de su mamá. La separación entre ellas tiene lugar en la vida intrauterina y ya no tendrá arreglo. Madre e hija llegan desconectadas al momento del nacimiento y así seguirán por años hasta que hagan algo para reconectarse.
Finalmente llegó el momento del nacimiento y toda la soberbia de Teresa se fue a pique. Ahora necesitaba de su mamá y del mundo exterior para poder sobrevivir. Ante la aridez y la soledad que la rodeaban su pauta de sobrevivencia fue cerrarse y contraerse, pero esa misma actitud le trae problemas en su vida de relación. Observen también que al nacer se reactiva la misma sensación de la muerte anterior. Esta es otra constante que van a comprobar en muchas de las experiencias de los pacientes.
Les cuento que la vida de Teresa dio un vuelco total después de su trabajo de limpieza del alma y se ha vuelto a conectar con su mamá.
Un comentario técnico: siempre termino las regresiones con una armonización pidiéndole al paciente que se envuelva en un color de su elección. En la transcripción de varias de las experiencias en este libro la he suprimido simplemente para abreviar el texto, pero todas las sesiones terminan así.
* Nótese, en todos los relatos, el uso abusivo de “como” y “como que”, que indica la dificultad de los pacientes para describir las vivencias insólitas de las regresiones, en la TVP, y su necesidad de recurrir a la comparación con la realidad conocida, para poder transmitirlas.
** No hay salto. (Teresa responde en el párrafo siguiente, aunque de manera indirecta.) A veces los pacientes contestan con otra cosa; esto evidencia que no están sugestionados ni se preocupan por complacer al terapeuta.
Capítulo III
Los preparativos para venir
Antes de llegar a la concepción todavía pasan muchas cosas. Primero el alma ha tenido que desprenderse del cuerpo de su existencia anterior. Luego ha tenido que hacer su evaluación de la experiencia que acaba de finalizar y más tarde ha tenido un encuentro con otros seres espirituales y con sus maestros o guías que la aconsejan en el camino a seguir como hizo el ángel con Teresa. Recién ahora comienzan los preparativos para volver a ocupar un cuerpo y la puesta a punto del propósito de vida a ejecutar, sin olvidarnos que también debe encontrarse con quienes serán sus futuros padres.
Primeramente asistiremos a una experiencia curiosa e infrecuente. En uno de los cursos de terapeutas Ana vivenció, paso a paso, la preparación de su alma para el ingreso a la atmósfera terrestre y luego experimentó parte de su desarrollo embriológico. La regresión, realizada en una sesión de práctica, fue conducida por el doctor José Luis Messina.
Miércoles 18 de septiembre de 1996
Ana: Hay como luces y sombras... estoy flotando ahí con las luces. Es como si fueran nubes de colores, como si fueran distintas capas. Es como si estuviera entre esas capas de colores que van pasando rápidamente. Como si delante de mí hubiera un túnel de luz.
Terapeuta: Eso es. Seguí adelante con ese túnel de luz.
A: Como si hubiera un luz que gira muy fuerte y que yo tuviera que pasar por ahí. Como si yo tuviera que pasar por el centro. Ahora hay más claridad. Parece que hubiera figuras sin forma. Como si yo formara parte de eso, como si fuéramos todos iguales.
T: ¿Cómo son esas figuras?
A: Es como que somos seres, somos espíritus, no sé qué somos. Estamos volando sin rumbo. No somos nada. Estamos yendo y viniendo.
T: Y ¿qué es ese lugar?
A: Es como si fuera el infinito. Estamos dejando que pase todo, que pase nuestro descanso, que pase el olvido. Estamos descansando. Descansar sin recordar.
T: ¿Y de qué están descansando?
A: De algunas cosas que hemos hecho, que hemos vivido. Estamos descansando para ordenar, porque lo merecemos. Ahora no tenemos nada que hacer ni adónde ir.
T: Muy bien, avanzá un poco más. Uno... dos... tres. ¿Qué está ocurriendo?
A: Veo una luz con unos rayos que me está diciendo algo. Pareciera que me está dando indicaciones. Parece que me está preguntando si estoy preparada para volver... Tengo que volver a la Tierra para algo, pero todavía no sé para qué. Parece que tengo que volver a estar en un cuerpo, pero no sé para qué.
T: Seguí adelante.
A: Están preparando mi vida para ver qué es lo que tengo que hacer.
T: ¿Quiénes están ahí?
A: Están mis maestros. Le están dando forma a mi futura vida... Me van indicando con una luz que me va diciendo lo que tengo que hacer y para qué tengo que estar.
T: Seguí adelante.
A: Les digo que sí, que acepto. Siento frío cuando entro en ese lugar oscuro dejando la luz. Empiezo a sentir frío, buscando dónde tengo que ir. Hay una lucecita chiquitita que me va guiando, me estoy acercando.
T: Eso es, ¿qué está ocurriendo?
A: Estoy en una camita, soy chiquita. Estoy tratando de adivinar qué soy. No me di cuenta porque es como si fuera un gusanito enroscado y hay mucha luz, no hay personas. Es como si fuera una cosa tubular, redonda, cuyos extremos no se juntan y tiene mucha luz alrededor. Irradia mucha luz y estoy tratando de ver qué soy. No entiendo lo que pasa, no hay nadie, no se ve nada, como si fuera...
T: ¿Sííí?
A:... Como si fuera un ser distinto. No soy un animal, no soy una persona. No sé qué es.
T: ¿Y si supieras? Decí lo primero que te surja.
A: Como si viniera para aprender, para mejorar. Es un estadio anterior, es una forma necesaria para aprender algo, para aprender antes de... ¡Ah! ¡Esto es muy difícil!
T: Sí, seguí adelante, esto es necesario, seguí.
A: Es difícil de explicarlo; no sé cómo decirlo. No tengo palabras para describirlo. Es un lugar que está antes de la Tierra, que es como para inmunizarse. Es una forma necesaria para poder entender y entrar en ese cuerpo.
T: ¿Y cómo es esa forma?
A: Como si fuera un gusano con muchas patitas pero no es un gusano. Como si fuera... una larva.
T: Eso es, no importa lo que sea. Viví esa experiencia, sentí todo eso, seguí adelante.
A: Me voy haciendo cada vez más chiquita, como si fuera una bolita. Como si fuera una bolita chiquitita que ahora va a ingresar a la Tierra.
T: Eso es, seguí adelante.
A: Esto fue necesario para atravesar sin dolor esas capas gruesas. Ahora voy bajando, bajando. Ahora entré y... ahora estoy dentro de un cuerpo chiquitito con una forma parecida a la que tenía antes y que va creciendo...
T: Eso es, seguí adelante.
A: ...Va tomando forma de un bebé. Voy creciendo ahí dentro, como si estuviera flotando en un líquido y siento cómo voy creciendo. Siento cómo se van formando dos brazos chiquitos, una cola larga y se van formando como dos piernitas. Parece un bicho. Tengo una cabeza grande.
T: Eso es, seguí. ¿Qué más está ocurriendo?
A: Ahora la cola se me va achicando. Me están diciendo que tengo que tomar una forma más específica.
T: ¿Quiénes te están diciendo eso?
A: Mis maestros, los que me dijeron que tenía que volver. Me están diciendo lo que va a pasar con mi cuerpo, que va a tomar la forma de un bebé. Siento cómo van creciendo mis brazos, mis piernas. Ellos me dicen que la cabeza se va a achicar y, a medida que me lo dicen, yo voy sintiendo cómo se forman mis ojos, mi boca... La cola grande ya no es más una cola grande. Es un rabito chiquitito. A medida que ellos me van diciendo esto van pasando las cosas en mi cuerpo.
T: Eso es, muy bien, seguí adelante.
A: Me dicen que mis piernas van a crecer y que mis pies también. Y veo que hay un cordón que sale del medio de mi cuerpo y mis maestros me dicen que por ahí me están alimentando con el alimento de la Tierra. Me siguen diciendo cómo se va a transformar mi cuerpo. Que mi cabeza ya es más chica. Me dicen que ahora mi cuerpo es como un muñequito y que en la Tierra son así y me muestran un muñequito. Es lindo.
T: Eso es, sentí eso.
A: Ahora soy como un muñequito y parece que ahora mis maestros ya se van a ir porque... ¡Ay! ¡No quiero que me dejen!
T: ¿Sííí?
A: ¡Se van! —llorando—.¡Me van a dejar sola y me dicen que me tengo que olvidar de ellos!... por ahora —continúa llorando.
T: Seguí adelante.
A: No los voy a ver por ahora hasta cuando sea necesario. Y entonces, algo se mueve adentro. No sé qué pasa.
T: Sentí eso.
A: Es como si el agua se moviera...
T: Seguí.
A: ...Y tengo que salir de ahí y siento que este cordón me tira. Pero es como que no quiero salir porque me dijeron que iba a sufrir. Pero a mí me duele estar ahí dentro. No quiero estar más... —gimiendo.
T: Eso es, seguí adelante.
A: Parece que estoy saliendo ¡Ah! Me están sacando. ¡Me están tirando de los pies!!! ¡Ah!
T: Eso es, seguí, seguí.
A: Oigo que están gritando y yo no quiero salir y gritan. ¡Ay! ¡Qué dolor! ¡Me duele todo el cuerpo!
T: Eso es, sentí todo eso y seguí adelante.
A: ¡Ay! Hay una luz... tengo frío... ¡Ay! Hay una luz muy fuerte. Acá tengo una cosa... me ataron una cosa y... ahora tengo que aprender... no sé dónde estoy.
T: Seguí adelante, ¿qué está ocurriendo?
A: Me taparon, hace frío. Acá estoy, estoy esperando.
T: Y decíme, ¿esto es en esta vida o en otra vida?
A: Es en otra vida. Parece que estoy sola, que la que iba a ser mi mamá se murió y ahora estoy sola.
T: Eso es, seguí.
A: Oigo voces, parece que no saben adónde llevarme porque no tengo a nadie que me cuide y oigo las voces que dicen que me van a llevar a un... no entiendo la palabra... un... orfan... no conozco la palabra... un ofanato (sic). No sé lo que dicen.
T: Seguí adelante.
A: Me duele el estómago porque no me dan de comer. Mis maestros me dicen que no me preocupe —susurrando—. Ellos me van a llevar a un buen lugar. Dicen que no me asuste, que ellos me van a guiar, me van a acompañar desde arriba hasta encontrar ese lugar. Me van a llevar hasta los brazos de la mamá que me va a cuidar en esta vida y...
T: Eso es, seguí adelante.
A: Ahora estoy en los brazos de quien me está destinada. Tiene una cosa blanca en la cabeza y tiene una cara muy dulce. Me está mirando y dice: “¡Qué nena linda!”. Parece que me quiere y ahora mis maestros se van. Dicen que ya encontré el lugar adonde debía ir y que cuando yo los necesite van a volver. Pero ahora no me duele que se vayan porque ahora estoy cuidada.
T: ¿Y cuál fue el momento más difícil de esta experiencia?
A: Cuando se fueron mis maestros y me dejaron sola.
T: ¿Y cuáles son tus reacciones emocionales en ese momento?
A: Abandono, dolor psíquico... No sé, era un dolor muy profundo en el alma, algo que no conozco. Es un dolor difícil, una sensación muy fuerte de tristeza por el abandono de los maestros.
T: ¿Y de qué manera estas sensaciones están incidiendo en tu vida como Ana?
A: A veces, este dolor no me deja escucharlos. No me deja sentir cuando me hablan. No me permite interpretar la luz que ellos me dan.
T: Muy bien, ahora quiero que recuperes para vos el contacto con tus maestros y que tomes conciencia de que cuando los necesites tus maestros van a volver. Recordá que tus maestros están ahí para ayudarte cuando los necesites. Ahora elegirás un color en el cual te envolverás para traer una nueva vibración a tu vida como Ana. ¿Qué color necesitarías?
A: Blanco brillante.
T: Muy bien... y envuelta en el blanco brillante, lentamente regresarás aquí a tu conciencia física como Ana, en este día miércoles 18 de septiembre de 1996.
En esta experiencia Ana nos describe lo que parece ser el molde astral o quizás etérico de lo que va a ser su futuro cuerpo. Algo así como una larva astral. Tal vez el cuerpo físico o mejor dicho el embrión necesite de este modelo o de esta larva para poder desarrollar todo su potencial. Recordemos que si el principio vital se retira no puede haber desarrollo embrionario. ¿Será que esta larva astral envía algún tipo de código vibratorio para que se activen determinados procesos embrionarios? Durante la experiencia Ana dice que se le forma una cola larga y que parece un bicho. Más tarde, sus maestros le dicen que tiene que adoptar una forma más específica y entonces la cola comienza a reducirse. Ahora bien, sabemos que durante la etapa embrionaria del ser humano se produce una recapitulación del desarrollo filogenético; esto es, la evolución de las diferentes especies a partir de una en común. Es como si en los primeros estadios del desarrollo fetal repitiéramos las distintas etapas de evolución de todas las especies desde las más primitivas hasta llegar a los mamíferos. El embrión humano de cuatro semanas tiene una cola o rabo que más tarde desaparece, tal como lo dijo Ana, que dicho sea de paso no sabía nada de embriología. ¿Habrá un embrión pluripotencial cuyo desarrollo depende del modelo espiritual que le dicta la forma astral que vivenció Ana? El ingeniero Hernani Guimaraes Andrade, fundador del Instituto Brasileño de Investigaciones Psicobiofísicas, sugiere que en el espíritu hay un modelo organizador biológico que es el que dirige el desarrollo del cuerpo físico. Es como si hubiese una matriz sobre la cual se modela el futuro cuerpo físico. Tal vez la experiencia de Ana tenga que ver con este organizador biológico del cual habla Andrade. Por ahora no tengo elementos para afirmar que esto sea así, pero de alguna manera nos invita a abrir nuevas líneas de investigación.
El otro aspecto interesante de la regresión de Ana es que todo esto ocurrió previo al nacimiento en una vida pasada, que, además, concluyó en adopción. Algo llamativo también fue el hecho de que, a pesar de su preparación intelectual, Ana no podía pronunciar correctamente la palabra “orfanato”. Si hubiese estado inventando no tendría por qué haber tenido esa dificultad. Con todas las sorpresas que nos deparó esta regresión, para Ana lo más intenso de la experiencia fue el dolor ante la partida de sus maestros.
Repasando el libro del alma
Gabriela llevaba un par de sesiones trabajando con la TVP cuando expresamente me pidió explorar el espacio entre vidas antes de nacer para revisar su programación para esta vida. También Gabriela trae su carga del pasado, pero a diferencia de Teresa no revive ninguna vida pasada sino que directamente, a través del libro del alma, toma conciencia de su pasado y hace una revisión de todo lo que tiene que hacer en su nueva experiencia en la Tierra. Incluso logra examinar sus vínculos con cada uno de sus familiares más próximos. Si Ana nos mostró los preparativos astrales para poder ingresar en la Tierra, Gabriela nos describe los preparativos de fondo, el ajuste de los detalles del trabajo a cumplir. Para esta experiencia, tras una breve relajación, le sugerí a Gabriela que imaginara una gran biblioteca en el espacio y que la recorriera hasta encontrar el libro de su alma.
Martes 25 de noviembre de 1997
Terapeuta: ¿Dónde estás? ¿Estás sola o acompañada?
Gabriela: Cuando me hiciste recorrer la biblioteca me pareció encontrar un libro que decía: “Alma 77777”. Es una biblioteca con muchísimos libros, muy gordos y muy viejos, y hay mesas con declive. Se supone que tengo que tomar mi libro. Estoy sola y sé que lo tengo que tomar, pero no quiero hacerlo.
T: Muy bien, ¿cómo es ese libro?
G: Es muy grande, pesado. Las tapas son de un color marrón amarillento. En realidad, el libro tenía un solo siete. Yo le agregué los otros porque me parecía que era un número muy chiquito. Las almas están numeradas y esa es un alma muy vieja. Por eso le agregué un montón de sietes pero no sabía cuántos tenía que agregarle.
T: Muy bien, adelante.
G: No dice ALMA. Pero sé que dice ALMA, a pesar de que está escrito en unas letras que no entiendo. Ya miré varias veces el libro y tiene un montón de vidas. No lo quiero mirar más. Son todas vidas feas, tristes, malogradas.
T: Andá a buscar entonces lo que te propusiste en este trabajo; tu programación de vida, el propósito para esta vida como Gabriela.
G: Espero que ésta sea una vida más linda, que no me dé miedo agarrar el libro la próxima vez que tenga que leerlo. Es como que el libro se escribe mientras estamos acá abajo. Cuando uno llega allá arriba se encuentra que tiene escrito todo lo que fue en su vida. Es como si ese libro se fuera escribiendo paralelamente mientras uno vive y, cuando uno llega allá arriba, tiene que leer lo que fue en su vida y darse cuenta para qué fue y qué es lo que tendría que haber hecho y que no hizo. Y en función de eso armar para qué va a bajar de nuevo.
T: Andá a repasar entonces el capítulo de ese libro que contiene la experiencia de cuando estabas en el espacio entre vidas antes de nacer. Cuando se diagrama tu vida como Gabriela. Cuando se planifica todo, cuando se decide quiénes serán tus padres y verás claramente cómo se vinculan tus vidas anteriores con esta vida. Cuento hasta tres e irás a repasar ese capítulo. Uno... dos... tres.
G: Es como que bajé un montón de veces y no hice nada de lo que tenía que hacer. Entonces en ésta me van a ayudar para que no sea una vida para nada. Me dicen que acá abajo voy a estar muy sola pero que ellos me van a acompañar desde allá arriba.
T: ¿Y quiénes son ellos?
G: Son almas que ya hicieron todo lo que tenían que hacer. Son buenas por naturaleza. Me dicen que crea. Que tengo que poder sola. Va a haber momentos en que no pueda más pero aunque esté sola estaré acompañada. Dicen que voy a sufrir mucho. Yo no quiero nacer de vuelta, pero no es porque no quiera sufrir. No quiero porque todas las veces que bajé no sirvió para nada. Es como que ya no confío más en poder por mí misma, pero todo está elegido en función de que pueda sola. Todo será con mucho sufrimiento, pero es necesario que así sea.
T: Y eso, ¿para qué te va a servir?
G: Porque en todas las anteriores no había sufrimiento en mí; sufrían los otros. En esta me toca sufrir a mí.
T: ¿Y qué vas a aprender con eso?
G: A no lastimar. A ayudar. Dicen que uno crece en el sufrimiento y que voy a poder porque ellos van a estar ahí, aunque yo no me dé cuenta. Yo no quiero, pero no quiero porque tengo miedo de fracasar de vuelta. ¡Otra vez volver a leer ese libro con un fracaso más después de millones de fracasos! No tengo más ganas. Quizás por eso siempre tengo esa sensación de estar cansada como si fuera vieja.
T: Y fijáte, ¿cuál es la idea general para tu vida como Gabriela?
G: La verdad, dar luz. Va a ser la primera vez que tenga hijos. Poder amar a mis hijos, lo cual no va a ser fácil. ¡Ay! ¡Tengo mucho miedo! Miedo de que se muera mi hija. Ya que puedo estar ahí les pido que eso no, eso no. Cualquier cosa menos que se la lleven a ella —llorando—. Me costó muchísimo quererla. Soñaba todas las noches que la mataba, que la quemaba, que se me caía de las manos. Yo sabía que la quería, pero no la podía querer. Pero ahora nos llevamos bárbaro. La pude querer, la pude amar. Me costó muchísimo armar esta relación. ¡Que no se la lleven! ¡No! Cualquier sufrimiento, ¡pero ése no!
T: Eso es, dejá salir todo eso.
G: Se trata de que aprenda a dar, a amar, a ayudar. Vengo de un “vagón” de vidas donde todo era para mí y nada para el otro. Y en esta vida se trata de todo lo contrario, de que todo sea para el otro. No va a ser nada fácil.
T: ¿Y cuál va a ser el trabajo más difícil de esta vida como Gabriela? ¿Qué es lo que más te va a costar?
G: Creer en mí. Poder sola. No necesitar del otro para poder ayudarlo. Dedicar mi vida a los otros, pero creyendo en mí.
T: ¿Y para qué te va a servir encarnar específicamente en la Argentina? ¿Qué condiciones en particular te ofrece la Argentina para el desarrollo de tu vida?
G: Un lugar donde hay mucho sufrimiento.
T: ¿Y cuál es el propósito de tu trabajo como psicóloga?
G: Ayudar. Yo tengo alguien que me ayuda. Es mi abuela. Me ayudaba cuando estaba acá. Pero mi abuela está muerta ahora. Tal vez tenga que ver con eso; ayudar con la muerte. Desde que era chica todo lo que tenga que ver con la muerte ejerce una atracción especial sobre mí. Me viene: “Ayudar a morir en paz”.
T: Muy bien. Ahora contaré hasta tres y avanzarás al momento en que te encontrás con quienes serán tus padres. Uno... dos... tres.
G: Yo estoy muy resignada. Como que no me queda más remedio. A mi papá lo eligen por la relación que tiene con la muerte. Por no darle valor a la vida.
T: ¿Cómo es eso?
G: Matar por matar. Caza, mata, pesca. Eso me va a posibilitar no tenerle miedo a la muerte. Animarme a meterme en todo eso sin miedo. Pero todo lo voy a tener que hacer sola. Es como que me dieran todo lo malo, pero bueno, eso es lo que me vengo ganando desde hace millones de años.
T: ¿Has estado en relación con quien será tu papá anteriormente o es la primera vez?
G: No sé, pero me dan ganas de llorar. No, no lo conozco, pero tengo que ayudarlo a que pueda querer. Va a ser muy difícil porque no quiere a nadie. Es muy egoísta.
T: ¿Y para qué te va servir la experiencia de tenerlo como padre?
G: ¡Mirá vos! Es como que en él estuvieran condensadas muchas de mis vidas anteriores. Le encantan las mujeres. A mí, en una vida, me encantaban los hombres. Era muy divertida, cantaba. En otra vida yo asesinaba personas; él asesina animales. El es como si fuera una condensación de todas mis macanas juntas. Y teniéndolo como padre... humm... yo tengo que quererlo, lo que no me va a ser difícil, porque teniendo tanto miedo no es difícil quererlo. Lo que es difícil es lograr que él me quiera, ¡ja! Como que somos tan parecidos que nos repelemos.
T: Muy bien. Ahora fijáte en el ser que será tu mamá como Gabriela.
G: Mi mamá es la falsa bondad. Es todo para el otro, pero de mentira. Es todo para el otro porque no tiene vida propia. Yo tengo que dar con vida propia. Ella da, pero después reclama. Cobra lo que da o desvaloriza al que da... ¡Claro! Y el amor lo voy a aprender de ellos. Ellos dos se quieren muchísimo, se quieren realmente. Pero sólo se quieren ellos.
T: ¿Y para qué te va a servir la experiencia de tener a esta madre?
G: Cómo cuida al otro. Pero me tengo que quedar sólo con eso. Con el cómo lo cuida y cómo da. Y el amor entre los dos, cómo se quieren.
T: ¿Has estado en relación con este ser anteriormente? ¿Sí o no?
G: Me parece que sí. Me aparece una cosa que me hizo de chiquita, que me decía: “Botas y más botas, botas y más botas”. Yo tenía tres o cuatro años y le hablaba y ella no me contestaba, como si no me conociera. Yo me desesperaba. Creo que en algún momento, en alguna otra vida, yo la maté y una de las dos usaba botas. Ella no sabe que me conoció. No sé si yo la maté o ella me mató a mí. Alguna de las dos mató a la otra.
T: ¿Y para qué se van a encontrar ahora como madre e hija?
G: Ella tiene que darme amor y poder unirse a mí y yo tengo que poder separarme de ella cuando ella hace todo lo contrario para que yo no me pueda separar. ¡Qué horror!
T: Muy bien. Ahora examiná un poco a quienes serán tus hijos. ¿Qué relación tenés con estos seres que serán tus hijos? ¿Qué esperás aprender con la experiencia de ser su madre?
G: A mi hija la odié mucho. Quizás fue mi madre en alguna vida anterior. Mi abuela también fue mi madre en una vida anterior. Estoy llena de madres, ¡ja, ja! Pero a mi hija la odié mucho. Tengo que aprender a quererla y a que me quiera. Sin hacerla dependiente. Dándole vida propia. Y si lo logro, cuando se vaya voy a sufrir mucho. Porque esta vida es para eso. Para lograr cosas y después sufrir. Como si fuera a construir una torre con mucho sacrificio y después, ¡fa!, la tiran y... ¡a empezar de vuelta!
T. ¿Y cuál es el sentido de esto, de lograr cosas para después sufrir?
G: Pagar por todo lo que hice sufrir a otros. Es como si fuera un desafío muy grande. Si pudiera pasar todo lo que tengo que pasar alcanzaría con esta vida y ¡basta! Creo que esta vida va a ser muy dolorosa. Hay mucho por hacer. Pero me dieron a mi abuela. Ella es la que me da fuerza. Mi abuela debe de haber sido una madre muy buena en alguna otra vida pero, en ese momento, yo no la pude querer y ahora la tengo que querer. Y en esta vida voy a poder quererla. Podría decir que nunca quise a nadie antes de esta vida.
T: Muy bien. Tomá conciencia de todo esto.
G: Y esta vida es un desafío. Tener que poder, querer a un padre jodido, a una madre jodida. La única a la que va a ser fácil querer es mi abuela.
T: Fijáte también cómo será el encuentro con quien será tu marido. ¿Qué cosas te llevan hacia él? ¿Qué esperás aprender con la experiencia de tenerlo como marido?
G: Más de lo mismo. Es un alma mucho más joven e inexperta y con él está la cuestión del orgullo. Matar el orgullo, pero el mío. Poder amar a alguien que me va a costar muchísimo amarlo. Alguien inferior, más joven, más infantil, más egoísta. Se trata de poder amarlo pese a todo y ayudarlo a crecer a él también. Y mi hijo... mi hijo va a ser lo más difícil de todo. No quiere venir, no quiere vivir. Hay que enseñarle a amar la vida. Va a ser rebelde, caprichoso, complicado, pero lo tengo que ayudar a que ame la vida por sobre todo y a que esta vez no se mate. Es como si se hubiera suicidado un montón de veces. Tiene que aprender a vivir y amar la vida. Va a ser muy difícil con él. A él también lo conozco de antes.
T: ¿Y qué esperás aprender con tu hijo? ¿Para qué te va a servir a vos la experiencia de tener a este ser como tu hijo?
G: Ayudar al que no se deja ayudar. No sé para qué me va a servir a mí. Es como si esta vida fuera todo para los otros. Es como si esta fuera la primera vida que hago para los otros y se supone que ese dar a los otros me va a dejar algo a mí. Al menos, cuando vuelva a leer el libro del alma, encontraré escrito algo diferente.
T: Muy bien. Contaré hasta tres y al llegar a tres irás al momento de tu concepción. Fijáte cómo se efectúa tu descenso al cuerpo y cómo se lleva a cabo tu concepción. Uno... dos... tres.
G: Es como si cayera por un tobogán, de esos que dan muchas vueltas. Como si fuera un sacacorchos. Hay una mezcla de alegría y resignación. No entiendo por qué la alegría. Quizás porque me dicen que con esta vida voy a poder.
T: ¿Hay alguien más allí?
G: Yo no veo a nadie pero hay mucha gente. No sé si es gente, es energía. Todo es positivo. Como que me dicen: “Vas a poder, vas a poder”. Y me voy contenta, pero resignada.
T: Eso es, seguí adelante.
G: Ya estoy adentro, ya empezaron los problemas. No quieren saber nada. Mi mamá no quiere tener un hijo. A mi papá le da lo mismo. Pero no se puede abortar. Es el primer hijo y es peligroso abortarlo. Ahí todavía estoy acompañada por esa energía.
T: ¿Qué energía?
G: Esa que me dieron arriba. Es la fuerza que te mueve. Eso es lo que me acompaña. Ellos decían que siempre iba a estar acompañada, aunque estuviera sola. Esa es la energía que siempre me acompaña, aunque por momentos sienta que la pierdo. Después la recupero. ¡Es cierto! Me caí cien mil veces y siempre me levanto de nuevo con fuerza. Esa fuerza me viene de allá. Es como que esa fuerza es mía.
T: Muy bien, seguí avanzando.
G: Mi mamá está muy feliz porque ni se nota que está embarazada. Ni piensa que yo estoy adentro. Corre, va, viene. Corre, va, viene. Una siente que está en una coctelera allí dentro. Hace lo mismo como si no estuviera embarazada. Se supone que tendría que hacer calor allí dentro pero yo tengo mucho frío... Bueno, ¡basta! ¡No quiero estar más allí dentro! ¡Quiero nacer! ¿Para qué me voy a quedar ahí dentro si ni siquiera hay paz?
T: Eso es. ¿Qué más está pasando cuando estás ahí dentro?
G: Ella está angustiada, llora. No sabe cómo va a hacer para trabajar cuando nazca. No tiene idea de lo que va a hacer. No quiere que nazca. Yo quiero salir de allí dentro. Quizás porque sé que allá afuera está mi abuela. Es la única en la que puedo confiar. ¡Uh! ¡Qué feo! ¡Es la única en la que puedo confiar para siempre! ¿Y cuando ella se vaya? ¿Cuando se muera? ¡No puedo confiar más en nadie...! Bueno, se supone que ahí voy a estar lista para seguir sola. No sé si estoy lista —llorando.
T: Eso es. Dejá salir todo eso.
G: Voy a nacer. Soy tan chiquitita que es como si me escupiera. Ni me doy cuenta de que nazco. ¡Otro tobogán!
T: ¿Y qué estás experimentando en ese momento?
G: Es como si estuviera sola. Está lleno de gente, pero es como si estuviera sola. Ella no puede llegar a mí. No sé qué le pasa.
T: ¿Y cuál fue el momento más difícil cuando estabas en el vientre de tu madre?
G: Cuando ella no sabía qué iba a hacer conmigo.
T: Y en ese momento, cuando ella no sabía qué iba a hacer con vos, ¿cuáles son tus reacciones físicas?
G: Me hago más chiquitita.
T: Y cuando te hacés más chiquitita, ¿cuáles son tus reacciones emocionales?
G: Le tengo miedo. Mucho miedo.
T: Y fijáte, ¿cuáles son tus reacciones mentales en esos momentos?
G: Que me voy a tener que proteger de ella. Que va a ser difícil. Ella finge ser buena y uno puede creérselo.
T: ¿Y de qué manera todas estas sensaciones están afectando tu vida como Gabriela?
G: Quizás yo estoy a la defensiva.
T: Y esto de estar a la defensiva, ¿qué te hace hacer?
G: Es como si fuera al revés. Confío demasiado en el otro. Es como si no tuviera con qué defenderme. Quedo completamente a expensas del otro. Como si le hubiera creído que ella era buena y que todos son buenos. Pero esto es por lo que yo cargo de mala encima de mí.
T: Y eso, ¿qué te impide hacer?
G: Desconfiar. En general no desconfío de nadie. Confío en todos y es así como me joden. Todos son buenos. La única mala soy yo.
T: Y esto de que la única mala soy yo y todos son buenos, ¿qué te hace hacer en tu vida como Gabriela?
G: Cosas que no tengo ganas de hacer. Maldades. Pero ya está, eso ya lo perdí. Ahora sí que soy buena. Pero fue todo un trabajo, ¿eh? No vine buena. ¡Ja, ja! Fue todo un trabajo doloroso de esta vida. No sé si voy a llegar a hacer todo lo que tenía que hacer, pero creo que hice bastante.
T: Muy bien. Ahora fijáte, ¿cuál fue el momento más difícil de tu nacimiento?
G: No es difícil nacer. Es otro tobogán más y yo caigo resignada, fácilmente.
T: Muy bien. Contaré hasta tres y experimentarás tu nacimiento paso a paso para agotar todas estas sensaciones. Uno... dos... tres.
G: Quiero salir. Ella ni sabe lo que quiere. Yo quiero salir. Hago fuerza para salir y como soy muy chiquita, salgo. Ya estoy afuera. No fue difícil, fue tan fácil como entrar. Es como que me dieron una alta cuota de resignación que traigo de allá arriba, del primer tobogán, necesaria para poder pasar por todo lo que. tengo que pasar.
T: Muy bien. Fijáte en el momento en que cortan el cordón...
G: —Interrumpiendo— Mi mamá está como contenta pero es siempre un “como”. No está contenta, está como contenta.
T: ¿Hay algo de eso que te esté afectando?
G: Ya no. Hasta me puedo llevar bien con ella. Siempre me llevé bien con ella. Demasiado bien. También... yo no existía casi. Ahora me pude separar y hasta puedo hablarle.
T: Muy bien. Ahora que has recuperado el conocimiento del propósito de tu vida como Gabriela, fijáte si estás dispuesta a cumplir con todo eso o si hay algo que quieras cambiar.
G: Me gusta ayudar. Lo que no sé bien es el cómo, con qué, de qué forma. Pero eso no me lo dicen. Lo tengo que encontrar yo. Me lo podrían decir, ¿no? Dicen que me voy a dar cuenta. Que tengo muchos años de experiencia. Muchos siglos de experiencia. Se trata de que yo pueda hacerlo sola. Me avisaron que iba a estar sola aunque esté acompañada. Que confíe en mí, que si creo en mí voy a poder y que haga todo lo que tengo que hacer sin miedo. Ellos me dijeron que iban a estar todo el tiempo y que me iban a ayudar. Que no tenga miedo a nada. Que la cosa está funcionando bien. Que siga luchando y que no baje los brazos.
T: Muy bien. ¿Hay algo más que quieras agregar?
G: Que quizás no sea necesario que se lleven a mi hija... Pero que si se la llevan es porque ya hizo todo lo que tenía que hacer.
T: Muy bien. Es muy importante que tomes conciencia de eso.
G: Ella es muy buena. Es una santa. Ella dice que cree que ésta es su última vida porque es demasiado buena. Pero espero que sea una vida larga. Una vidente me dijo que se iba ir a vivir al exterior y que se iba a separar de mí. Tal vez ésa sea la pérdida. Ojalá... Aprender a querer para después poder perder. ¡Qué difícil! Te podría decir que tal vez el mandato fuera ese. Aprender a querer para después poder perder.
T: ¿Y qué aprenderás con eso?
G: Amar sin ningún interés. Si uno ama porque ama y da porque da no está pensando en lo que pierde. Y va a ser así. Voy a amar muchísimo y voy a perder eso que amo. Tengo que amar mucho y, cuando lo ame mucho, lo voy a perder. Es como si así me fuera fortaleciendo y fuese pagando, pagando deudas. Como que traje una cuenta bancaria demasiado en rojo, con muchas deudas... pero las voy a poder pagar.
Creo que ahora, con la lectura del libro del alma de Gabriela, tenemos una idea más acabada de todo lo que está en juego antes de producirse la concepción. No se trata sólo de venir, ocupar un cuerpo y ¡listo! Hay muchos preparativos antes de subirse al cuerpo. La vida en la Tierra es un viaje que muchas veces suele ser accidentado y no sólo hay que preparar el vehículo que vamos a utilizar, sino que, además, hay que tener en claro qué es lo que esperamos obtener de este viaje. No se trata de hacer tan sólo un paseo. Tenemos que lograr algo más y para eso también el conductor del vehículo debe prepararse.
En sus preparativos Gabriela prácticamente no dejó punto por revisar. Sus errores pasados y el trabajo de corrección a realizar sobre estos errores, sus temores, su propósito de vida, su trabajo como profesional, su lección de vida, los integrantes de su familia y hasta el país donde iba a nacer están presentes en su trabajo preliminar antes de su concepción. Paradójicamente, con todas las dificultades que debía afrontar, lo más difícil para Gabriela era creer en sí misma. Tantas veces se equivocó, tantas veces fracasó, que esta vuelta se le hacía difícil confiar en sí misma. Sus maestros le prometieron que la iban a ayudar, pero claro, ella tenía que poner el cuerpo.
Observen de qué manera clara y precisa Gabriela examina el vínculo kármico y el trabajo a realizar con cada uno de los integrantes de su familia, algo que no siempre es posible lograr. No sólo aparecen sus padres y su abuela, sino que también están su marido y hasta sus hijos, que, al momento en que Gabriela se prepara para descender, todavía no existían como tales en la Tierra. Sin embargo, todos estos encuentros están previstos de antemano; cada ser tiene un rol específico a cumplir, y Gabriela tiene un aprendizaje y una tarea a cumplir con cada uno de ellos. Todos sus vínculos familiares en esta vida fueron conflictivos. Algunos de ellos ya fueron resueltos y en otros aún está trabajando.
A diferencia de lo que experimenta la mayoría de los pacientes, el nacimiento de Gabriela fue fácil. Para ella fue como deslizarse por un tobogán. Como pueden apreciar, no siempre el nacimiento es traumático. En este caso, lo difícil no era el nacimiento sino todo el contexto que la esperaba al nacer.
Una de las cosas más pesadas que arrastraba Gabriela era la culpa de sentirse mala, una sensación muy presente en algunas personas. En su caso, Gabriela confesaba que de chica era realmente mala. Asustaba a todo el mundo. Pero hemos podido ver que esta sensación fue reactivada en el vientre materno cuando dijo: “Todos son buenos. La única mala soy yo”. Y uno termina convencido de su propio mandato. Afortunadamente, esto era algo que Gabriela ya había superado a fuerza de hacer ese trabajo de corrección que se había impuesto antes de venir.
Todos hacemos nuestro trabajo aunque no lo recordemos. Hacerlo consciente, como en el caso de Gabriela, nos ayuda a realizarlo más concienzudamente teniendo la certeza de que eso es lo que tenemos que hacer.
Ahora que sabemos de qué manera nos preparamos para venir y cómo llegamos al momento de la concepción entremos en el universo de la vida fetal.
Capítulo IV
De la concepción al nacimiento
El alma ha culminado los preparativos para su descenso en la materia. Ha hecho la revisión de su pasado y ya tiene la hoja de ruta a seguir. Ahora viene lo más difícil. Hay que poner en ejecución el plan de trabajo que le ha sido asignado y para eso hay que entrar en ese vehículo que es el feto, el que a su vez está dentro de una bolsa llamada útero, que a su turno está dentro de otro vehículo que es la madre. Como si fueran varios envases contenidos uno dentro del otro y dos voluntades, bien definidas cada una de ellas, que a partir de este momento compartirán este universo único donde los pensamientos y sensaciones de uno incidirán en el comportamiento del otro.
En realidad, la influencia del alma a punto de encarnar ya puede ser percibida antes de que se produzca la fecundación. Algunas madres saben exactamente el momento preciso en el que se produce la concepción de su hijo. Otras, hasta pueden sentir en su cuerpo el ingreso de su futuro bebé. A veces es el padre quien siente la influencia del futuro ser. Varias personas me han relatado que pudieron percibir nítidamente el estado de ánimo del espíritu de su hijo antes de que fuese concebido y que más tarde, en la infancia o en la adolescencia, la conducta de su hijo concordaba con aquella primera sensación.
Ahora, madre e hijo estarán unidos telepáticamente o cuánticamente —si lo prefieren— durante nueve meses en una gestación normal. Este detalle es de una importancia singular porque es una de las claves para comprender el misterio de la fuerza del vínculo madre-hijo más allá de todas las teorías que se han desarrollado para explicar esta relación. Esta conexión es imposible de reproducir o igualar por el padre, aunque a veces alguno de los hijos tenga mayor afinidad con él. La simbiosis con la madre no pasa sólo por el hecho de haber estado dentro del vientre materno. Son nueve meses durante los cuales los pensamientos y sensaciones de la madre envuelven y penetran el alma del feto sin ningún obstáculo que se les interponga. El feto reaccionará a las emociones de la madre de acuerdo con el registro de sus impresiones pasadas, pero sea cuales fueren estas reacciones emocionales hay una conexión mental que para bien o para mal se mantendrá de por vida. Recuerden que se trata de dos campos vibratorios que se superponen e interactúan entre sí y de cómo sea esta interacción dependerá también el futuro vínculo madre-hijo. Hemos visto también que, aun cuando ambos campos vibratorios están íntimamente relacionados, si la madre no presta atención al alma del feto que está con ella, éste puede decidir desconectarse por medio de su voluntad y esto se reflejará más tarde en la futura relación filial. Esta sería la excepción a este vínculo especial que ya no podrá recrearse en la vida adulta.
Dijimos que el feto no sólo es influido por los pensamientos, sino también por los estados de ánimo y emociones que experimenta la madre y que reacciona ante ellos. Las actitudes que más inciden en el feto son la indiferencia, el abandono y el rechazo. Todo esto puede provocar distintas reacciones según la historia previa que tenga el alma del nuevo ser. Algunos vienen de circunstancias muy difíciles y se asustan o se repliegan ante la mínima señal de indiferencia o de temor por parte de sus padres. Otros tienen tanta confianza en sí mismos que las dificultades no hacen mella en ellos. A veces, hasta se sonríen ante las preocupaciones de sus padres. Sea como fuere, en todas las circunstancias siempre hay una lección a aprender.
Entremos, entonces, en el universo fetal propiamente dicho y veremos de qué manera se ponen en movimiento las piezas de este juego.
Jorge Juan
Jorge Juan tenía cuarenta y ocho años cuando vino a consultarme por sus problemas afectivos. Lo que lo preocupaba era la trilogía clásica: inseguridad, carencia afectiva y temor a ser rechazado. Separado dos veces, Jorge seguía en la búsqueda de la mujer ideal. “Estoy en una búsqueda permanente —decía Jorge—, pero no puedo conectarme con una mujer”. Trabajando con la regresión su vida fetal encontramos que gran parte de su problema se originó allí.
Sábado 20 de enero de 1990
Terapeuta: Cuento hasta tres y vaya al momento de su origen en esta vida. Uno... dos... tres.
Jorge: Veo a mis padres haciendo el amor. Los veo desde arriba... No hay mucho amor entre ellos. Es algo automático. No veo que haya afecto entre ellos. Tienen que tener otro hijo y nada más.
T: ¿Qué siente cuando ve esto?
J: Me siento mal, triste. Siento que estoy por accidente. Soy algo que no fue buscado por amor. Es como si fuera una obligación de ellos tener un hijo más.
T: ¿Qué piensa en esos momentos?
J: Casi no hubiese querido nacer. Hubiese querido más cariño, más ternura. Estoy con bronca. No me quedo quieto para nada. Doy vueltas y vueltas.
T: ¿A qué se debe que da vueltas y vueltas?
J: Es la resistencia que tengo a nacer. Ya me estoy resignando, me estoy quedando quieto.
T: ¿En qué momento de su vida fetal se encuentra?
J: Estoy en los primeros meses.
T: Muy bien. Avance un poco más y vaya al tercer mes.
J: Estoy flotando con una actitud indiferente. Me da lo mismo nacer que no nacer.
T: ¿Cómo está su mamá?
J: Mamá se acaricia la panza. Yo no quiero que lo haga. Pienso que no fui concebido con amor.
T: ¿Cómo está su papá?
J: Mi papá aparece y desaparece. Hizo el amor y se fue a cumplir sus tareas. La dejó sola a mi madre.
T: ¿Qué siente cuando sucede eso?
J: Es una sensación fea. Siento indiferencia. Veo cómo se aleja de mi madre. Me da bronca porque no se queda a acariciarla.
T: Avance al cuarto mes.
J: Tengo que seguir creciendo. Mi madre está resignada. Sigue haciendo sus cosas.
T: ¿Y su papá?
J: Papá sigue siempre lejos de mamá. Veo a mis hermanos dispersos por ahí.
T: ¿Qué piensan sus hermanos?
J: Están indiferentes. Otro más que viene al mundo.
T: ¿Y usted qué siente con eso?
J: Siento bronca por la actitud de ellos.
T: Avance un poco más y vaya al quinto mes.
J: Estoy creciendo. Siempre con las mismas actitudes. A mi madre la dejan sola. No la cuidan.
T: ¿Qué siente cuando pasa todo esto?
J: Sigo mal porque quisiera otra cosa. Quisiera que hubiera más ternura, más cariño. Siento como un estado de abandono.
T: Y esto, ¿cómo lo está afectando en su vida actual?
J: Siento la tremenda necesidad de acariciar y de dar cariño porque no lo recibí en ese momento.
T: Avance al sexto mes.
J: Lo mismo. Todo sigue igual.
T: Avance al séptimo mes.
J: Mamá está resignada. Tiene que aceptar lo que Dios manda. Se sigue acariciando la panza.
T: ¿Qué siente usted en esos momentos?
J: Siento pena. Ella quiere a todos sus hijos, pero hubiese preferido no tener tantos.
T: Avance un poco más y vaya al octavo mes.
J: Afuera todo sigue igual.
T: Avance al noveno mes.
J: Todos siguen indiferentes esperando que yo nazca. Es corno si les diera igual.
T: ¿Cómo está su mamá?
J: Mi madre se está preparando para el parto. Mi padre se acerca y algunos de mis hermanos también.
T: ¿Y usted qué siente?
J: Yo también siento indiferencia. Me da lo mismo. Tengo que salir porque tengo que venir.
T: Y hasta aquí, ¿cuál fue el momento más difícil de su vida fetal?
J: Los primeros meses.
T: ¿Cuál fue la sensación dominante en esos meses?
J: La resistencia a crecer por no haber sido concebido con amor.
T: ¿Y de qué manera se relaciona esto con sus problemas afectivos en su vida actual?
J: Es como no encontrar a quién dar lo que mis padres no me dieron. Creo que no hubo amor en el momento de mi gestación. Eso me dejó marcado como una resistencia a sentir o a amar aunque es algo que lo deseo mucho. Creo que me pasan estas cosas por lo que viví en esos momentos. (Aquí está resumido todo el problema de Jorge.)
T: Muy bien. Cuento hasta tres y vaya al momento de su nacimiento. Uno... dos... tres.
J: Vengo al mundo con indiferencia. Siento murmullos... es como si mis hermanos estuvieran alrededor de mí.
T: ¿Qué experimenta en esos momentos?
J: Siento bronca porque no se acercaron a darle cariño a mi madre.
T: ¿Cómo está su mamá?
J: Mi mamá está en actitud pasiva. Ya está.
T: ¿Y su papá?
J: Mi papá vino, me vio y se fue. Estoy solo. Mis hermanos se retiran y me dejan solo con mi madre.
T: ¿Qué siente cuando pasa todo esto?
J: Siento bronca. Siento que me están abandonando. Cada uno vuelve a sus tareas.
T: ¿Qué piensa en esos momentos?
J: Es como que quisiera entrar de vuelta en el vientre de mi mamá.
T: ¿Y cuál fue el momento más difícil de su nacimiento?
J: Cuando mis hermanos y mis padres se alejaron.
T: ¿Qué experimenta en esos momentos?
J: Tristeza por la carencia y por la indiferencia.
T: Y todas estas sensaciones, ¿cómo lo están afectando en su vida actual?
J: No sé dar afecto. No me enseñaron a darlo y hoy no puedo conseguir lo que tanto deseo.
Para comenzar, un detalle muy importante que nos revela Jorge Juan. En el acto sexual en el que se produce la concepción hay un espectador invisible que está esperando el momento propicio para tomar su lugar. No hay que cohibirse por su presencia ya que hasta es posible que él mismo estimule a sus futuros padres a que cumplan con su parte del trabajo. Pero es necesario tomar conciencia de esta presencia invisible porque ya ahí comienzan a generarse sensaciones e impresiones que se sumarán a las que ya trae el recién llegado. Lo que perturba al ser que va a encarnar no es el acto sexual de sus padres, sino la falta de amor entre ellos. Es una cuestión vibratoria. El amor protege y brinda confianza y seguridad. La indiferencia genera incertidumbre. No es lo mismo llegar a una fiesta con bombos y platillos y fuegos artificiales que entrar en una prisión lúgubre y oscura.
De entrada nomás Jorge comprueba que el asunto no viene bien y ya se instala la resistencia a nacer por no haber sido concebido con amor. Aparecen las reacciones más comunes de este período: la indiferencia, el abandono, la bronca, el rechazo y la incertidumbre. Con esto sólo una persona ya tiene bastante para vivir una vida afectivamente insatisfactoria. Vean el resultado de la indiferencia: “Me da lo mismo nacer que no nacer”. Trasladen esto a cualquier situación o proyecto de la vida adulta y verán que muchas personas se encuentran repitiendo más o menos lo mismo. “Me da lo mismo esto que aquello, que me quieran que no me quieran, vivir que morir.” Jorge avanza aún más cuando dice: “Quisiera entrar de vuelta en el vientre de mi madre”. A cada deseo o afirmación expresado en la vida fetal o en el nacimiento le encontraremos una conducta correspondiente en la vida adulta. Tengan presente este concepto a lo largo de todas las historias, para reflexionar y sacar sus propias conclusiones.
Imagino que se habrán dado cuenta de que el germen de todos los problemas afectivos de Jorge Juan está presente en su vida intrauterina. Jorge describe la situación típica por la que atraviesa el carenciado afectivamente: “No encontrar a quién dar lo que mis padres no me dieron”. Allí está la búsqueda permanente de la pareja ideal. Nadie podrá jamás llenar ese vacío afectivo porque es imposible reingresar en el vientre materno aunque eso era lo que deseaba Jorge, pero el origen está allí, en el estadio fetal y su causa es muy precisa: la tristeza por la carencia afectiva primordial y la indiferencia.
Adentrémonos un poco más ahora en la vida fetal.
Alfonso
Tal vez alguno de ustedes que haya leído Muerte y Espacio entre Vidas recuerde la experiencia de Alfonso (Cap. 9). Allí, al llegar al bardo,* Alfonso dejó el traje de su personaje anterior y recibió el suyo, el de esta vida. Inmediatamente quiso salir corriendo, pero lo detuvieron diciéndole: “No, hay que ir al punto de partida. Hay que empezar de atrás”. Veremos ahora lo que ocurrió en la sesión siguiente cuando le pedí que volviera al punto de partida.
Lunes 6 de agosto de 1990
Terapeuta: Cuento hasta tres y retrocederás al punto de partida. Uno... dos... tres.
Alfonso: Veo como un agujero en el espacio. Veo llover y siento voces de chicos. Es un tiempo para pensar, para serenarme.
T: Avanzá al momento en que comienza tu descenso.
A: Es como si estuviese viendo la Tierra desde arriba, como una visión topográfica. Veo árboles... lugares con agua... Sigo dando vueltas en el espacio. Como dando una vuelta alrededor de la Tierra... como buscando algún lugar.
T: Muy bien. Avanzá al momento en que conocés a tus padres, antes de tu concepción.
A: Veo a dos jóvenes. Uno de ellos es una mujer muy joven con aire de princesa. La veo vestida de blanco, como con un traje de novia. El otro es un muchacho joven, al que veo de perfil a lo lejos veo como un casamiento.
T: ¿Conocés a estos seres?
A: No creo haberlos visto antes.
T: Avanzá entonces al momento de tu concepción.
A: Me da la sensación de que no tengo ganas de que sean mis padres. No encuentro nada en común con estos dos jóvenes. Pero es como si estuviera en un tobogán. Ya emprendí el descenso y no lo puedo parar.
T: ¿Qué esperás aprender con estos padres?
A: No tienen mucho para enseñarme, salvo que yo tengo que valerme por mí mismo. Tengo que tratar de encontrar mi camino. Ellos no tienen mucho para ayudarme, pero me van a tomar de las manos.
T: ¿Cómo es la relación entre ellos?
A: No hay una buena relación entre ellos. Son el polo opuesto.
T: ¿Y para qué te va servir la experiencia con estos padres?
A: Es parte de una misión. Yo tengo que tratar de buscar la unión de las personas. Es difícil poder congeniar con estos dos jóvenes. Cada uno de ellos piensa distinto. Yo tengo que caminar. Mal o bien tengo que seguir adelante.
T: ¿Cómo se produce tu concepción?
A: Es algo traumática. No fui un hijo buscado.
T: ¿Qué sentís en ese momento?
A: Siento rechazo.
T: ¿Qué está pasando con ellos?
A: Hay preocupación en la pareja. Hay recriminaciones. Discuten acerca de si prosiguen o no con el embarazo. Es un embarazo complicado. Mi madre tiene problemas de hígado, de estómago. Tiene muchos vómitos.
T: Avanzá al primer mes de tu vida fetal. ¿Qué está pasando?
A: Hay inseguridad por parte de mi madre. Hay temores. Ella tiene un rechazo total. No deseaba quedar embarazada.
T: ¿Qué sentís en ese momento?
A: Siento rechazo. Percibo que mi padre está enojado. Quiere buscar una solución, pero no la encuentra.
T: ¿Qué solución?
A: Suspender el embarazo. No hay posibilidades económicas.
T: Avanzá al segundo mes.
A: La cosa se complica más. Se confirma el embarazo. Se reprochan el uno al otro, pero dejan todo como está, dejan que el embarazo siga. El embarazo sigue complicado.
T: ¿Qué sentís cuando pasa todo esto, cuando piensan en suspender el embarazo y cuando está todo complicado?
A: Es como compartir todas las sensaciones de malestar... la incertidumbre... Me sentí atacado. Percibí la sensación de violencia.
T: Muy bien. Ahora te desprenderás de todas esas sensaciones tomando conciencia de que no te pertenecen. Son sensaciones de tus padres y no tienen nada que ver contigo.
A: Siento un alivio. Es como sacarme algo de adentro, como si una luna saliera por el pecho.
T: Muy bien. Avanzá ahora al tercer mes.
A: Estoy más tranquilo. No recibo sensaciones de malestar.
T: ¿Cómo están tus padres?
A: Mamá sigue nerviosa. Papá la escucha poco. Estoy sintiendo que otra mujer habla con mi madre. Debe de ser mi abuela. Mi abuela la aconseja mal. Sus palabras no son positivas. Mamá la tolera, pero se siente dominada por mi abuela.
T: Seguí avanzando y andá al cuarto mes.
A: Entré en una especie de letargo. Percibo que estoy creciendo. Me veo en la postura en que estoy —adopta la postura fetal—. Me veo medio transparente. Me muevo, me doy vuelta.
T: Avanzá al quinto mes.
A: Siento cambios en el crecimiento. Escucho voces que vienen de afuera. Hay cierta resignación en mi madre. Papá tiene muchos problemas. Siento que mi mamá tiene que conformar a una nena, la tiene que ayudar. La lleva de un lado a otro.
T: ¿Quién es esta nena? Fijáte qué le pasa.
A: Puede ser mi hermana. Hay inseguridad en esa nena. Está desprotegida. Veo con mucha insistencia la presencia de mi abuela. Ella quiere manejar la situación. Se mete en todo.
T: Avanzá al sexto mes.
A: En el quinto mes vi como una sala de hospital, como un consultorio. En el sexto mes, lo mismo. Es como una sensación.
T: ¿Cómo están tus padres?
A: Mamá está tranquila, papá no está. Ahora la veo muy sola a mi mamá.
T: ¿Qué sentís en ese momento?
A: Siento vacío, soledad. Veo a mi madre caminar por una plaza. Está cruzando una plaza. Es una tarde un poco gris.
T: Avanzá al séptimo mes.
A: Veo corredores, pasillos... una sala de espera. Parece el consultorio de un dentista.
T: ¿Qué sentís en esos momentos?
A: Sigo recibiendo la sensación de soledad. A mi mamá la siento sola.
T: Y esto, ¿cómo te afecta a vos?
A: Es como si estuviéramos abandonados los dos. Esa es la soledad que percibo siempre.
T: Muy bien. Seguí avanzando y andá al octavo mes. ¿Qué está pasando?
A: Veo un negocio. Yo sigo creciendo y mi madre está incómoda. Sigo viendo a esa nena muy apegada a mi mamá pero no me disgusta. Necesito más compañía.
T: Avanzá al noveno mes.
A: Tengo una sensación de malestar estomacal que se manifiesta en algunos momentos de mi vida.
T: ¿Cómo es esta sensación?
A: Es angustia. Viene de debajo del esternón, como si fuese en el cordón umbilical y tengo que dejar de respirar para que se vaya.
T: ¿Qué cosa está provocando esta angustia?
A: Estoy sufriendo. Tengo miedo a lo desconocido. En cualquier momento voy a nacer. Estoy llorando en el vientre materno.
T: Y hasta aquí, ¿cuál fue el momento más difícil de tu vida fetal?
A: Este tiempo que se está cumpliendo. El miedo a enfrentarme con una nueva vida.
T: ¿Y cuáles son tus reacciones físicas en esos momentos?
A: Miedo a que se repitan algunas cosas.
T: ¿Y cuáles son tus reacciones emocionales en esos momentos?
A: Incertidumbre, temor. Tengo miedo.
T: Y todo esto, ¿qué te hace hacer en tu vida actual?
A: Me hace volver atrás. Vivo mucho del pasado.
T: Avanzá ahora al momento de tu nacimiento.
A: No hay un buen trabajo como para que yo pueda nacer. Mi mamá está sufriendo.
T: ¿Qué hacés en esos momentos?
A: Es como darme vuelta, como hacer fuerza. Es como estar ubicado en una posición para pasar a través de un túnel que es oscuro, pero que adentro es luminoso. Es de color rojo.
T: Seguí.
A: Siento cómo me desplazo; es resbaloso. Veo una pequeña luz.
T: Seguí.
A: Estoy saliendo... Veo una gran luz... el color es rojizo, tipo salmón.
T: Seguí.
A: Estoy girando la cabeza... Siento miedo... Temor a lo desconocido, a nacer.
T: ¿Y cuál es tu primera impresión al salir?
A: La sensación de empezar de nuevo. Estoy llorando. Mamá está cansada. Veo varias personas. Hablan mucho. Le hablan a mi mamá. Me separan de ella.
T: ¿Y cuál es la lección que estás tratando de aprender en el momento de tu nacimiento?
A: No resistirme a vivir.
T: Muy bien. ¿Y cuál fue el momento más difícil de tu nacimiento?
A: Al recibir la primera luz. Sentí incertidumbre, miedo a lo desconocido. Hubiese preferido no nacer.
T: Y esto, ¿cómo te está afectando en tu vida actual?
A: Me cuesta enfrentar la vida.
T: Ahora ya estás aquí y todo eso ya no te pertenece. Ahora estás en condiciones de desligarte de todo eso. ¿Cómo te gustaría ser de ahora en adelante?
A: Quiero aprender a amar la vida. Quererme a mí mismo. Todo está en función del amor.
Otra vez el rechazo, el abandono y la incertidumbre. Este es un clima emocional que impide el desarrollo de un yo fuerte, seguro y decidido. El hecho de que sus padres consideraran tan sólo la idea de suspender el embarazo provoca en Alfonso la incertidumbre y la sensación de violencia y de sentirse atacado. Alfonso ya viene con el miedo a enfrentarse a una nueva vida, y estas sensaciones, unidas al clima de recriminaciones entre sus padres, hacen que se vuelva atrás viviendo del pasado tal como le venía sucediendo en su vida adulta. Finalmente sus padres se separaron cuando Alfonso aún no tenía diez años, pero el abandono comenzó antes, cuando todavía estaba dentro del vientre de su madre. Vean cómo describe él mismo las sensaciones compartidas con su madre cuando dice: “Es como si estuviéramos abandonados los dos”. Tal como decía
Leonardo, una misma alma. Aun así, Alfonso viene con una misión y tiene que hacer su aprendizaje: enfrentar la vida, no resistirse a vivir. Nadie puede evitarle a otra persona la lección que tiene que aprender. Nadie puede hacer el trabajo que el otro tiene que hacer, pero si tomáramos conciencia de que cada ser que llega al mundo trae su lección de vida, podríamos ayudarlo a aprobar su asignatura pendiente y a cumplir con su propósito personal.
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