Kitabı oku: «Terapia de vidas pasadas»
¿Hemos vivido otras vidas antes de ésta? ¿Es posible que hoy, en nuestra vida presente, reaccionemos sin saberlo al influjo de antiguas emociones no resueltas?
Muchas personas que atravesaron por la experiencia de regresión, descubrieron que los síntomas y conflictos que las perturban desaparecían o se resolvían al revivir escenas de sus vidas anteriores. Por primera vez un médico argentino revela su experiencia clínica con la Terapia de Vidas Pasadas y explica, en forma clara y amena, a través de historias reales, la técnica que utiliza en su práctica privada.
Terapias de Vidas Pasadas, un libro que ya es un clásico de la psicología transpersonal.
Graduado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1974 el Dr. José Luis Cabouli se formó como cirujano en la Escuela Quirúrgica "Enrique y Ricardo Finochietto" del Hospital Rawson especializándose más tarde en cirugía plástica en el Hospital Ramos Mejía. En 1988 abandona el ejercicio de la cirugía para dedicarse exclusivamente al desarrollo de la Terapia de Vidas Pasadas. Desde 1992 dirige el Curso de Formación en esta técnica y ha entrenado profesionales en Argentina, España, México y Venezuela. Entre 2012 y 2016 realiza el dictado del Curso Básico de Terapia de Vidas Pasadas en la Escuela de Graduados de la Asociación Médica Argentina. En la actualidad imparte talleres y cursos de formación en Argentina y España
José Luis Cabouli
Terapia de vidas pasadas Un camino hacia la luz del alma Técnica y práctica

Índice
Cubierta
Contratapa
Biografía del autor
Portada
Dedicatoria
Acerca de esta edición
Prólogo
Capítulo 1. Voy a ir a las catacumbas
Capítulo II. Memoria y olvido
Capítulo III. Una terapia del alma ¿Qué es la Terapia de Vidas Pasadas?
Capítulo IV. Cómo funciona la TVP
Capítulo V. Un poco de historia Las experiencias del coronel Albert de Rochas El nacimiento de la terapia de vidas pasadas
Capítulo VI. Del sueño magnético al estado expandido de conciencia ¿Qué es el sueño magnético? El estado expandido de conciencia
Capítulo VII. El plan de trabajo Conceptos básicos ¿Cómo llevo a la persona a revivir el trauma original? Regresión propiamente dicha El momento más traumático Armonización Mandatos Víctima y victimizador o verdugo Algunas precisiones en cuanto al manejo de la regresión
Capítulo VIII. El anciano archivero
Capítulo IX. El karma
Capítulo X. La técnica del Samyama El miedo de Penélope
Capítulo XI. Otra variante técnica La fobia de Aída
Capítulo XII. El espacio entre vidas La psoriasis de Roberto
Capítulo XIII. El propósito de vida La experiencia de Nadia
Capítulo XIV. La vida fetal Una madre dormida y un oído que no funciona La rebeldía de Rosaura
Capítulo XV. Cómo trabajar situaciones difíciles Una vida de tortura
Capítulo XVI. Reminiscencias del pasado La experiencia de Lamartine Las ruinas de San Ignacio
Capítulo XVII. Cómo trabajar los sueños La pesadilla de Checha
Capítulo XVIII. Regresiones como animales Criatura acuática, tigre y pantera Los mandatos de un conejo ¿Fue o no fue un conejo?
Capítulo XIX. El suicidio Pedro Flavia Julieta
Capítulo XX. Cómo trabajar una depresión El miedo de Mario
Capítulo XXI. Reflexiones, indicaciones y contraindicaciones ¿Cuáles son las indicaciones de la TVP? Contraindicaciones
Capítulo XXII. Cierre y despedida
Quién soy
Apéndice 1. Charla personal con Morris Netherton Algunas recomendaciones de Morris Netherton
Apéndice II. Otras variantes para inducción El túnel detrás de los ojos La confesión al anciano archivero
Apéndice III. Ejercicio del espacio entre vidas antes de nacer
Bibliografía
Créditos
Otros títulos de esta editorial
A mis padres, a mis maestros
Acerca de esta edición
El tiempo y la experiencia permiten que podamos entender de una manera diferente lo que ya conocemos. No obstante, no es fácil revisar nuestro propio trabajo y emitir un nuevo concepto de aquéllo que hacemos todos los días. Desde mi primer encuentro con la Terapia de Vidas Pasadas, en 1986, he ido perfeccionando y simplificando la técnica procurando llegar cada vez más profundamente a mí mismo y al alma de mis semejantes. Cuando escribí la versión original de este libro mi experiencia era de un poco más de 1200 regresiones. Ahora ya son más de 3000 las regresiones individuales que llevo realizadas. Ni la TVP ni yo somos los mismos que cuando nos encontramos aquel día de 1986. La técnica básica continúa siendo la misma, pero el enfoque y la comprensión de lo que sucede durante el trabajo son diferentes. Ante la oportunidad de una nueva edición de Terapia de Vidas Pasadas, técnica y práctica, decidí introducir algunas correcciones y modificaciones menores en algunos párrafos de algunos capítulos y hacer cirugía mayor en el capítulo correspondiente al plan de trabajo. Es así que el capítulo VII fue modificado totalmente y escrito de nuevo para exponer mi concepto actual de la TVP y la forma como trabajo en este momento. He agregado además un apéndice en el que encontrarán una charla personal con el Dr. Morris Netherton, creador del término terapia de vidas pasadas, donde él relata la forma en la que se inició y cómo desarrolló la TVP. Encontrarán, también en el apéndice, algunas variantes técnicas para la inducción y un ejercicio de regresión al espacio entre vidas antes de nacer.
Hay mucho más para compartir de la experiencia con la TVP, pero eso excede el marco de este libro. Aquí estamos mostrando la técnica básica. Con ella se puede ir en forma segura y precisa hacia lo más profundo de nosotros mismos para sanar nuestra alma.
José Luis Cabouli
Prólogo
Tenía cinco años cuando dije que quería ser médico. Y no había dudas al respecto. Sabía exactamente lo que estaba diciendo.
Alrededor de los ocho, comencé a preguntarme de dónde venía. ¿Quién soy? ¿Quién fui antes de ser José Luis? En mis fantasías pensaba a lo grande. ¿Y si yo fui Cristóbal Colón o San Martín? ¿Cómo había llegado a ser José Luis? ¿Por qué no me acordaba?
Nadie supo jamás de estas inquietudes de mi infancia. En mi familia no se hablaba de estas cosas. Nunca se habló de la reencarnación. Ni siquiera sabía de la existencia de esa palabra. Y sin embargo, tenía la fuerte sensación de haber existido antes, de haber sido siempre yo. ¿De dónde venía esta sensación?
Pasaron algunos años y me olvidé de la cuestión. Hasta que alrededor de los quince, leí el libro de Milton Steinberg Como una hoja al viento. La desgarradora búsqueda del rabí Elisha ben Abuya, el hereje, reactualizó en mí la vieja pregunta. ¿De dónde venía? ¿Quién o qué era Dios? ¿Qué era la muerte? ¿Por qué ocurrían tragedias que no tenían explicación? ¿Por qué un criminal andaba suelto y moría un niño inocente?
Entonces conocí a mi amigo Nicolás Rey y de él escuché por primera vez la palabra reencarnación, y todo comenzó a encajar como en un rompecabezas. Y el primer libro que leí fue Autobiografía de un yogui, de Paramahansa Yogananda, y después siguió la lectura y el estudio apasionado de Lobsang Rampa, Blavatsky, Leadbeater, Allan Kardec y muchos más. Y me recibí de médico y casi simultáneamente comencé a asistir a una escuela espírita kardeciana, y allí encontré a mi maestra espiritual. Mejor dicho, me reencontré con mi maestra y madre espiritual.
El círculo se cerraba. Ya estaba en el camino. Allí, por espacio de veinte años, aprendí a trabajar con lo que hoy se llaman emergencias espirituales. Aprendí a reconocer las distintas manifestaciones mediúmnicas, como así también a diferenciar los seres de luz de los mistificadores. Adquirí así una gran experiencia que más tarde me sería de inestimable ayuda al trabajar con la Terapia de Vidas Pasadas (TVP).
Mientras tanto, me especialicé en cirugía general primero, y más tarde en cirugía plástica, y comencé a desarrollar la microcirugía como subespecialidad.
Me formé en el viejo Hospital Rawson, en la escuela de Finochietto, bajo la mirada atenta de mi maestro, el doctor Delfín Vilanova, y más tarde con el doctor José Alberto Cerisola. De uno y de otro aprendí el valor de una técnica precisa y detallada paso a paso para el principiante, como así también a planificar con anticipación la estrategia a seguir y el objetivo a alcanzar.
Y cuando todo hacía prever que mi vida estaría por siempre ligada a la cirugía, ocurrió algo imprevisto o tal vez previsto. En 1986 asistí a un seminario de regresión a vidas pasadas que dictó la doctora María Julia Prieto Peres, de la ciudad de San Pablo. Posteriormente, efectué mi entrenamiento con ella y me sorprendió lo fácil y natural que me resultaba trabajar con la regresión. Como si lo hubiera hecho siempre.
De pronto, me di cuenta de que podía unir el arte de la medicina con el conocimiento esotérico y metafísico que poseía. Podía continuar el acto médico de otra manera.
Durante un tiempo alterné la cirugía con la terapia, hasta que una noche, en el verano del ‘88, estando de vacaciones en Ostende, tomé la gran decisión.
Estaba en la playa, recostado mirando las estrellas, contactándome conmigo mismo, y casi instantáneamente supe lo que quería hacer. Ahí mismo decidí dejar la cirugía y dedicarme por entero a la Terapia de Vidas Pasadas. Todo lo anterior no había sido más que una preparación para ese gran momento.
El camino estaba trazado; sólo restaba recorrerlo.
José Luis Cabouli
Nota: Los nombres y datos personales de los pacientes fueron modificados, pero las historias se ajustan fielmente a la realidad. (N. del A.)
Capítulo 1
Voy a ir a las catacumbas
Jueves 23 de mayo de 1991. 11:15 horas
Aquella mañana, Luisa (54 años), llegó al consultorio un poco antes de lo habitual. Apenas me vio me dijo:
—Descubrí que tengo claustrofobia. Me di cuenta el sábado, cuando salí con unos amigos. Íbamos dos parejas en el auto cuando subieron dos personas más. De pronto, me sentí apretada entre dos personas y me ahogué. Tuve una sensación de muerte y comencé a gritar: “¡Así no viajo!”.
Esto era algo que nunca antes le había ocurrido. Ocasionalmente, experimentaba cierto malestar dentro de ascensores con puertas blindadas, pero esto no le impedía utilizarlos. Antes de comenzar con la regresión, le sugerí que fuera al toilette y entonces susurró:
—Voy a ir a las catacumbas.
Sin saberlo, Luisa ya estaba en regresión. Cuando volvió, le pedí que se acostara sobre la alfombra, que cerrara los ojos y que volviera a la situación del auto, sin ningún tipo de preparación previa. Luisa venía trabajando con TVP desde hacía un tiempo y le resultaba muy fácil entrar en regresión.
Terapeuta: Muy bien, cierra los ojos. Ahora ... quiero que me relates la situación del auto desde el principio, paso a paso.
Luisa: Llegamos a la casa de mi amiga. Yo estoy sentada en el asiento de atrás con mi marido. Adelante no pueden ir tres, así que los dos suben atrás. Yo le cedo mi lugar a mi amiga, pero con su cuerpo aprieta el mío contra el asiento. Quería moverme, pero no podía porque estaba aprisionada de ambos lados. No me podía mover ni podía respirar. Pensé que me moría.
T: Muy bien, ahora deja salir todo lo que sientas en ese momento.
L: ¡Salgan de acá! ¡Déjenme salir! ¡No puedo respirar! (Luisa no lo sabe, pero esta reacción no se debe a lo que está sucediendo en el auto, sino a otra realidad, de otro momento, que dejó una impronta emocional muy fuerte, y que está reverberando en el nivel subconsciente de su memoria. La situación en el auto sólo es un eco del pasado.)
T: Ahora cuento hasta tres, y ve directamente al origen de esta emoción. Uno... dos... tres. ¿Qué está pasando?
L: La gente grita... es una calle de tierra... con puentes... vamos caminando unos detrás de otros... tengo mucho miedo... nos llevan. ¿Adónde nos llevan? ¡Ay! No entiendo bien lo que pasa.
T: Fíjate cómo eres allí. ¿Qué llevas puesto?
L: Tengo el pelo largo, negro. (En su vida actual es rubia de pelo corto.) Llevo un abrigo marrón, sin mangas, tipo túnica o poncho. Tengo unas sandalias con tiras atadas a la pierna y llevo una canasta con frutas.
T: Eso es. Ahora, sigue adelante. ¿Qué está pasando?
L: La gente corre y corre. Hay soldados por todas partes... no nos dejan pasar... se los van a llevar a todos... nadie se va a salvar. ¡Ay! Yo también voy a correr, pero adelante hay una barrera de soldados con caballos. No podemos escapar, y de atrás también vienen corriéndonos.
T: ¿Qué estás sintiendo en esos momentos?
L: Me ahogo, quiero escapar y no puedo... la gente me arrastra porque los soldados nos empujan.
T: ¿Cómo son los soldados?
L: Son enormes, son malos. Tienen un casco y nos llevan por un camino de tierra. Ahora caminamos sin que nos empujen, pero nos guardan de ambos lados de la columna. No hay manera de escapar.
T: Sigue un poco más.
L: Llegamos a un lugar donde hay unos túneles. Arriba hay un parque. Tenemos que entrar ahí. Son prisiones, son oscuras... Quiero mirar el sol por última vez... Hay puertas de rejas... Ya no vemos nada más; estamos debajo de la tierra, hablando en un susurro. Esto es la muerte... No podemos respirar. ¡La tierra nos tapa y estamos vivos! ¡Dios! ¡Me falta el aire! (la misma sensación que en el auto). Nos dejan ahí. ¡Qué espanto! Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre... (reza el Padrenuestro).¡Ayúdanos Señor! ¡Ayúdanos a morir en paz! Ven a recoger mi espíritu.
T: Sigue adelante.
L: Así, despacito, nos fuimos yendo. El maestro está acá. Yo voy a dejar este lugar. Mi cuerpo se queda y yo me elevo. Es como que el techo se abre y por allá nos vamos. Siento que salgo de ahí pero hay muchos que no saben que tienen que salir. Tengo que ayudarlos.
T: Y entonces ¿qué haces?
L: Me voy al espacio, tengo que pedir que me dejen volver.
T: Y... ¿cómo vas a volver?
L: Con otro cuerpo. Tengo que volver a salvarlos. Tengo que volver como soldado para defenderlos.
T: Ahora quiero que veas, ¿cuál fue el momento más difícil de esta experiencia?
L: Fueron dos: cuando la gente me apretaba y cuando entramos en ese lugar.
T. Ve al momento cuando la gente te apretaba y deja salir todo lo que sientas para agotar esa emoción. ¿Qué estás sintiendo?
L: ¡Me ahogo! ¡Me van a matar! ¡Me aprietan! Es mucha gente encima de mí. (Las mismas emociones que experimentó en el auto.)
T: Ahora ve al episodio bajo tierra.
L: Eso es entrar en una tumba. Eso es saber que no se sale más. Es despedirse de la luz del sol. Estamos debajo de la tierra. Es la muerte.
T: Ahora... ya puedes dejar ese cuerpo. Quiero que tomes conciencia de que ya no estás ahí. Nada de eso te pertenece. Ese cuerpo se murió, y al morir ese cuerpo terminaron todas esas sensaciones. Ahora puedes liberarte para siempre de todo eso que ya no te pertenece.
L: Vino el Maestro y yo me elevo y se abre la tierra y por ahí salgo. Subo como si fuera un globo.
¿Qué es todo esto?
¿Fantasía? ¿Realidad? ¿Dramatización? ¿Hemos vivido otras vidas antes de ésta? ¿Es posible que hoy, en nuestra vida cotidiana, reaccionemos sin saberlo al influjo de antiguas emociones no resueltas? ¿De qué manera y hasta dónde, nuestras vidas pasadas condicionan nuestra forma de vida actual? ¿Es posible recordar nuestras existencias anteriores? Y si podemos recordar, ¿por qué nos olvidamos?
Al igual que Luisa, muchas personas que atravesaron por esta experiencia, descubrieron que los síntomas y conflictos que los perturbaban desaparecían o se resolvían al revivir escenas de otras vidas.
Como terapeuta, no estoy interesado en probar la existencia de las vidas pasadas. Personalmente no tengo dudas al respecto. De modo que yo parto de la aceptación de la reencarnación como un hecho natural y desde allí ejerzo el acto médico.
Lo que veremos aquí es cómo funciona la Terapia de Vidas Pasadas (TVP). Asistiremos al desarrollo de una técnica clara, precisa y segura, fruto de la experiencia obtenida en más de 1.200 regresiones individuales. Fiel a las enseñanzas de mis maestros, “curar cuando se puede, aliviar a veces, y consolar siempre”, es como abordo mi trabajo con la TVP.
Capítulo II
Memoria y olvido
La posibilidad de recordar existencias previas es una facultad inherente del ser humano. En la antigüedad, varios personajes famosos recordaban algunas de sus personalidades anteriores. Tal vez el caso más notable es el de Pitágoras. Diógenes Laercio nos cuenta lo siguiente:
...decía de sí mismo que en otro tiempo había sido Etalides y tenido por hijo de Mercurio; que el mismo Mercurio le tenía dicho que pidiese lo que quisiese, excepto la inmortalidad, y que él le había pedido que vivo y muerto retuviese en la memoria cuanto sucediere. Así que mientras vivió se acordó de todo y después de muerto conservó la misma memoria. Que tiempo después de muerto pasó al cuerpo de Euforbo y fue herido por Menelao. Que siendo Euforbo, dijo había sido en otro tiempo Etalides, y que había recibido de Mercurio en don la transmigración del alma. Que después que murió Euforbo, se pasó su alma a Hermótimo, el cual, queriendo dar fe de ello, entrando en el templo de Apolo, enseñó el escudo que Menelao había consagrado allí, y decía que cuando volvía de Troya consagró a Apolo su escudo y que ya estaba podrido, quedándole sólo la cara de marfil. Que después que murió Hermótimo, se pasó a Pirro, pescador delio, y se acordó de nuevo de todas las cosas, a saber, cómo primero había sido Etalides, después Euforbo, luego Hermótimo y finalmente que después de muerto Pirro, vino a ser Pitágoras y se acordaba de todo cuanto hemos mencionado. 1
También Ovidio decía haber asistido al sitio de Troya y el emperador Juliano el apóstata afirmaba haber sido Alejandro de Macedonia. Napoleón creía haber sido Carlomagno, tanto que tenía en su poder el talismán que había pertenecido al gran emperador, y el general George Patton, héroe de la Segunda Guerra, recordaba haber combatido contra Ciro, junto a Alejandro Magno.
Estos recuerdos pueden surgir espontáneamente, como ocurre a veces en los niños, o ser despertados por algún impacto emocional o por la visita a algún lugar desconocido y que sorpresivamente resulta familiar. Algunos sueños también pueden ser reminiscencias de vidas pasadas.
Pero, además, la memoria de vidas anteriores puede ser inducida o provocada, y es esta posibilidad lo que permite su uso terapéutico y da origen a la Terapia de Vidas Pasadas (TVP). El mecanismo o la técnica por los cuales se accede a la revivencia del pasado, tanto sea de esta vida, como de una anterior, se denomina regresión de memoria.
Seguramente, se preguntarán ustedes: si es posible tener estos recuerdos, ¿por qué el olvido, entonces? “Es por bondad de la naturaleza que no recordamos nuestros nacimientos anteriores”, responde Gandhi. La vida sería una carga si arrastráramos todos esos recuerdos. ¿Cuántas veces, en nuestra vida actual, quisiéramos borrar todo y tener la oportunidad de comenzar nuevamente? ¿Podríamos llevar una vida social normal si todos recordáramos nuestras faltas del pasado y conociéramos las de los otros?
Y aquellos que fueron poderosos, ¿no querrían reclamar sus riquezas materiales, sus tierras, o tal vez países enteros, amparados en sus títulos del pasado? El recuerdo de nuestras anteriores personalidades traería graves inconvenientes, pues podría en algunos casos humillarnos profundamente, y en otros exaltar nuestro orgullo y esclavizar nuestro albedrío.
No en vano, la figura del olvido está presente en todas las culturas, tanto en la hebrea, como entre los griegos o los hindúes. En La República, Platón relata que las almas, antes de volver a la vida, se encaminan juntas a la llanura del Leteo. Allí corre el río Ameleto, cuyas aguas no pueden ser recogidas por vasija alguna. Es preciso que todas las almas beban de esta agua cierta cantidad, pero aquéllas que por imprudencia beben más allá de la medida, pierden absolutamente la memoria.
En la tradición hindú, al explicarle a Kali los secretos de la iniciación sexual, Shiva dice: “La primera iniciación sexual por la que pasan todos los seres, tiene lugar al salir por el yoni2 de la madre, paso que hace olvidar sus vidas anteriores”. Durante esta primera iniciación, la madre ofrece a su hijo el mundo entero y borra todos los recuerdos dolorosos del pasado.3
Hay otras razones para el olvido. Al entrar en la atmósfera material, el alma atraviesa una barrera energética que disminuye las vibraciones de su conciencia. El río del olvido sería la metáfora de esta barrera. Al completar el proceso de encarnación, el pasaje del estado de energía al estado de materia hace que disminuyan aún más estas vibraciones. El cuerpo físico es un material muy denso, y el alma ya no puede transmitir todas sus sensaciones.
Por otra parte, se ha comprobado que la ocitocina, una hormona que regula las contracciones uterinas en el momento del parto, provoca amnesia en animales de laboratorio, y que aun los mejores entrenados no son capaces de realizar sus tareas habituales, luego de ser sometidos a la acción de esta hormona.4 Se sabe que la ocitocina liberada por la mujer durante el trabajo de parto pasa a la circulación sanguínea de su hijo. Ésta podría ser otra de las razones físicas para el olvido del pasado.
Esta amnesia es indispensable para poder asumir la nueva personalidad. No sólo se olvidan los hechos de la anterior encarnación, sino también la angustia y la nostalgia que provocan la pérdida de un mundo de luz y de amor como lo es el mundo de la esencia espiritual.
El olvido nos permite recomenzar de cero, en igualdad de condiciones, sin prejuicios. Al nacer, todos iniciamos una nueva vida, una nueva experiencia, una posibilidad de rectificación de nuestros caminos.
El olvido es la amnistía cósmica.
Si el olvido es la amnistía cósmica, ¿para qué recordar, entonces?
Aunque no tengamos conciencia de ello, en los bancos de nuestra memoria subconsciente todos tenemos recuerdos de otras encarnaciones que, de una u otra manera, están incidiendo en nuestra vida actual. Y no se trata de recuerdos anecdóticos, sino de registros emocionales muy fuertes que nos están afectando ahora. No recordamos, pero estos registros están presentes en nuestra vida cotidiana, ya sea en nuestro carácter, en nuestras creencias, en nuestras pautas de conducta o en la forma como reaccionamos frente a determinadas situaciones.
De igual manera, no recordamos lo que hemos aprendido y, sin embargo, ese conocimiento se mantiene intacto. El aprendizaje alcanzado en vidas previas se manifiesta a través de aptitudes o habilidades innatas para realizar determinadas actividades o emprender estudios especiales. La facilidad que tienen algunas personas para entender un idioma que escuchan por primera vez, es señal de que ya han estado en contacto con él en una existencia anterior. Los niños prodigio son el ejemplo clásico. Es como si ellos no hubieran bebido de la copa del olvido. Cicerón decía que la velocidad con que aprenden los niños es una prueba de que los hombres saben casi todo antes de nacer, y Platón afirmaba que el conocimiento fácilmente adquirido es aquel que se ha obtenido en una vida anterior. Aprender es recordar.
Así como el aprendizaje realizado en vidas anteriores se expresa en aptitudes en la vida presente, de la misma manera los traumas del pasado se manifiestan en forma de conflictos emocionales. Cuando estas emociones impiden el libre fluir en esta vida, llegó el momento de recordar, de traer a la conciencia el trauma original para resolver el conflicto en su origen. Es allí cuando entra en escena la Terapia de Vidas Pasadas.
1 Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, Diógenes Laercio, Perlado Páez, Madrid, 1914, t. 2, libro VIII.
2 Órgano sexual femenino. (N. del A.)
3 Secretos sexuales, N. Douglas y P. Slinger, Martínez Roca, Barcelona, 1982.
4 La vie secrete de l’enfant avant sa naissance, Thomas Verny, Grasset, París, 1982. Versión en español: La vida secreta del niño antes de nacer, Urano, Barcelona, 1988.
Capítulo III
Una terapia del alma
¿Qué es la Terapia de Vidas Pasadas?
Si intentara una definición académica, podría decir que la TVP es una técnica psicoterapéutica transpersonal, entendiendo por este término todas las experiencias de la persona que trascienden el sí mismo para integrarse con la conciencia cósmica, el éxtasis y los estados místicos. Experiencias transpersonales son aquéllas que vivieron los profetas, los apóstoles y los Maestros de Luz como Buda, Moisés, Jesús o Mahoma. La vida de Juana de Arco es una experiencia transpersonal toda ella, al igual que los actos de los chamanes.
Íntimamente, prefiero una definición más simple para la TVP: es una terapia del alma, porque los dolores están en el alma, y es el alma lo que hay que sanar. Es la curación por el espíritu.
Los griegos denominaron psiqué al alma, de donde deriva la palabra psiquis, y de allí psicología. Por consiguiente, cuando hablamos del estudio de la psiquis, estamos hablando del estudio del alma y de sus manifestaciones.
Si examináramos por un instante nuestra vida presente, seguramente encontraríamos infinidad de experiencias que nos marcaron profundamente. Una paliza en la infancia, la muerte temprana de un ser querido, quizás la separación de nuestros padres o el alejamiento de uno de ellos, alguna experiencia difícil en la escuela, un amor frustrado o una traición amorosa, la persecución política, el exilio, un accidente grave, quizás una iniciación sexual traumática o, peor, una violación en la infancia y cientos de otros episodios mareantes o dolorosos. Una sola de estas experiencias es suficiente para condicionar la conducta de una persona para toda su vida. Tan solo un incidente de éstos puede convertirse en un trauma.
¿Y qué es un trauma? Simplemente, es el recuerdo de un hecho asociado a una carga emocional. Con el tiempo, el recuerdo desaparece, es olvidado, pero la carga emocional permanece intacta en nuestro subconsciente, y desde allí determina nuestra conducta, nuestra forma de vida y nuestra respuesta frente a situaciones similares. Todo esto puede suceder con apenas un solo incidente de nuestra vida actual.
Ahora bien: sucede que, a lo largo de miles de existencias, hemos atravesado por incontables situaciones mareantes. En cada acontecimiento quedan grabados en nuestra memoria espiritual cada gesto, cada palabra, cada emoción, pensamiento o sensación. No se trata de nuestra memoria física o genética; los investigadores de hoy la llaman memoria extracerebral. Dos mil años atrás, Plutarco decía que la memoria era una facultad del alma.
En cada nueva existencia, el alma va adquiriendo conocimientos, desarrollando aptitudes, aprendiendo lecciones que en la vida siguiente se convertirán en peldaños para seguir creciendo. Pero, al mismo tiempo, en ese aprendizaje se generan emociones, sensaciones y pensamientos que también quedan grabados profundamente. Un deseo insatisfecho buscará satisfacerse en la vida siguiente. Una experiencia placentera intentará repetirse. Una conducta repetida se convertirá en una tendencia. Una culpa que no se resolvió buscará calmarse mediante el autocastigo. Un dolor no resuelto seguirá arrastrando su pena hasta sanar la herida que quedó abierta. Una experiencia traumática se convertirá en advertencia y su manifestación en la vida cotidiana será un bloqueo, un miedo o la incapacidad para hacer determinadas cosas.
Todavía hoy, nuestro mundo es escenario de la violencia en todas sus formas. Piénsese en el pasado, donde pudimos haber experimentado centenares de muertes violentas; desde el cráneo destruido por la maza de un guerrero primitivo, hasta quemado por la Inquisición, guillotinado durante la Revolución Francesa, enterrado vivo en una mina, ahogado en un naufragio o asfixiado en una cámara de gas. Una sola de estas experiencias es suficiente para generar una fobia, un dolor de cabeza crónico, el temor de hablar en público, de expresar una creencia religiosa o una conducta temerosa y defensiva o, por el contrario, una respuesta agresiva y violenta ante la menor oposición.
Pero, además, estas situaciones se repiten a lo largo de varias vidas, y en cada una de ellas se refuerzan aún más. No siempre fue la muerte el hecho traumático. Al igual que en nuestra vida presente, ocurrieron miles de incidentes que grabaron a fuego nuestro espíritu. La esclavitud, la tortura, la impotencia frente a una catástrofe, la traición, la mentira, la infidelidad, el abuso de poder, el rechazo y cientos de situaciones donde el dolor psíquico fue mucho más intenso que el físico. Así, el conjunto de emociones no resueltas se proyecta desde la memoria subconsciente, como una sombra sobre cada acto de nuestra vida.
Los antiguos sabios hindúes identificaron estas fuerzas del subconsciente con el nombre de samskáras y vāsanās, impresiones pasadas y tendencias latentes, respectivamente. Estas impresiones y tendencias son residuos de las experiencias del pasado que quedaron grabados en la memoria del alma, y desde allí condicionan la vida de la mayoría de nosotros. Allí se originan nuestros temores. nuestras creencias, nuestras pautas de conducta, nuestra elección de vida, como así también la aversión o atracción a determinadas personas o lugares. Frente a cada situación de la vida cotidiana que nos conmueve, respondemos sin saberlo de acuerdo con estas fuerzas del subconsciente. Cuando Luisa reacciona en el episodio del auto, se debe a que en otro nivel de su conciencia se reactivaron los samskáras o impresiones residuales de su antigua experiencia con los soldados. Antigua para la conciencia cotidiana, pero no para el alma o para la conciencia transpersonal, cósmica y eterna, para la cual el tiempo no existe.
Cuanto más extemporánea, cuanto más insólita y fuera de lugar es una reacción, más probabilidades tiene de tratarse de una emoción originada en un evento de otra vida. La situación de hoy sólo actúa como gatillo, reactivando la memoria emocional del pasado.
Decíamos que para el alma el tiempo no existe. Todo está ahí, al mismo tiempo. Así como podemos recordar episodios de nuestra vida presente instantáneamente, sin necesidad de una secuencia cronológica, de la misma forma están registradas todas las vidas y las experiencias vivenciadas. En realidad, estamos viviendo muchas vidas al mismo tiempo. Mientras vivimos el presente, frente a cada situación, ante cada emoción, nuestra alma está reviviendo, al unísono, el hecho o los hechos donde experimentó por primera o por última vez esa emoción. Reaccionamos en el presente, no de acuerdo con lo que está sucediendo, sino a lo que nuestra alma está reviviendo. Si no podemos vivenciar el aquí y el ahora, si no podemos ser lo que somos, se debe a que el pasado está invadiendo el presente con su carga de fuerzas subconscientes, impidiéndonos ver la situación actual tal como es. Estamos viendo el presente teñido con los colores de los samskáras.
Por medio de la TVP podemos ir al origen de estas impresiones, a la raíz de nuestros dolores. Podemos ir al lugar y el momento preciso donde se generaron estas fuerzas emocionales profundas. Podemos encontrarlas, identificarlas y liberar ahora, en este preciso instante, esa energía atrapada, latente, que está condicionando nuestra vida.
Pero no es suficiente con recordar. Es necesario vivenciar, sentir en el cuerpo el hecho que originó esa emoción. Por eso, la TVP es fundamentalmente vivencial e implica poner el cuerpo y sentir vivamente esas emociones que están latiendo en el alma.
Y no se requiere viajar a ningún lado. Simplemente se trata de traer a la conciencia habitual ese instante, esa emoción que nuestra alma revive continuamente sin que nosotros lo sepamos. Al revivir la situación original permitimos que esa emoción encuentre salida a través de nuestro cuerpo, experimentando, no sólo las emociones, sino también las sensaciones físicas de esos momentos. El cuerpo, la sensación consciente, actúa como drenaje del alma, limpiando, purificando, liberando por fin esas energías enquistadas. Y entonces se produce el alivio. Súbitamente la comprensión surge en la mente. Ahora entiendo por qué. Y al otro día, o a la semana siguiente, la misma situación ante la cual sentía miedo o angustia, ahora la puedo ver con otros ojos, la puedo ver tal cual es. Sin proponérmelo, respondo en forma diferente. Tal vez ni siquiera me dé cuenta de que pasó algo, porque esa emoción que estaba reprimida, ya no está. No hay nada que elaborar. Sencillamente, actúo en forma libre y espontánea.
Los dolores, las emociones, los samskáras, no están en el cerebro físico. Están en la memoria extracerebral, en el alma, en el espíritu, el cuerpo suprafísico o el cuerpo astral, como se prefiera.
Por eso, la Terapia de Vidas Pasadas es una terapia del alma.
Nota: Los conceptos generales de este capítulo fueron publicados anteriormente en la revista Orientación Vital, No. 41, junio de 1994. (N. del A.)
Capítulo IV
Cómo funciona la TVP
Por medio de la regresión, la persona revive los hechos traumáticos o significativos no resueltos, grabados y reprimidos en la memoria subconsciente, y cuya carga emocional aún está actuando, causando los disturbios psíquicos, psicosomáticos y de comportamiento.
Durante la regresión, la persona revive los acontecimientos originales, sintiendo en su cuerpo las sensaciones físicas, experimentando las emociones vividas y tomando conciencia de sus pensamientos en esos momentos. Esto es fundamental, porque no basta con recordar. Una regresión no es una regresión efectiva si no se vivencian los hechos del pasado como si se estuviera allí.
Durante este trabajo hay una gran liberación de energía emocional, lo que produce una reestructuración en los distintos niveles de conciencia. La regresión se desarrolla en el plano físico, mental, emocional y espiritual. Se trata de una experiencia personal y directa, donde el terapeuta no interpreta nada. Simplemente actúa como conductor de la experiencia, acompañando y asistiendo al paciente para que haga contacto con su verdad, ayudando a la persona a descubrir lo que tiene que descubrir.
La revivencia de los hechos originales proporciona a la persona el conocimiento subjetivo de su propia verdad. Hay un darse cuenta y un contacto íntimo en una experiencia netamente gestáltica. El paciente está experimentando su pasado aquí y ahora. No es necesario creer en la reencarnación.
Muchos se preguntarán si esto no es más que una fantasía. En verdad, podría ser una fantasía. Pero aun así, el efecto terapéutico se cumple igual. Porque la fantasía es propia de cada uno. Para el subconsciente, la fantasía es real. Una vez le escuché decir a Ernesto Sabato que el inconsciente es la realidad más verdadera que existe. Los maestros tibetanos nos enseñan que la experiencia absoluta de la ilusión es, ella misma, la experiencia de la no ilusión. Porque al vivenciar la ilusión, desaparece Ja dualidad. Lo único real es lo que sentimos y experimentamos. Ésa es nuestra verdad.
El recuerdo de una vida pasada podría ser una ilusión, pero si experimento las sensaciones de esa ilusión, significa que, en algún lugar de mi subconsciente, esa ilusión está afectando mi vida actual.
Sin embargo, la experiencia demuestra que en una regresión, se podrá comenzar fantaseando o inventando una historia, pero en algún momento, la fantasía escapa al control de la persona, y los hechos, las imágenes y las sensaciones comienzan a producirse y a surgir independientemente de lo que la persona crea, piense o imagine. Suele suceder que algunas personas, que comenzaron fantaseando una historia, de pronto se encuentran vivenciando una situación que no se esperaban, y entonces exclaman algo así:
—¡No puede ser que esto me esté pasando a mí!
—¡Esto es una locura!
—¡Esto no me puede estar pasando a mí!
Y, sin embargo, está pasando.
Las sensaciones son muy profundas, y hablamos de sensaciones físicas; hablamos de dolor, de frío, de angustia, de pánico, de llantos incontenibles; emociones y pensamientos tan intensos que la persona los vivencia como si realmente estuvieran ocurriendo aquí y ahora.
Éste es uno de los aspectos más importantes de la terapia. Cuanto más sensaciones se experimentan en el cuerpo, tanto más efectivo y espectacular es el resultado de la regresión. Estas sensaciones son tan vívidas, tan intensas, que la persona no tiene ninguna duda de lo que le está pasando, porque lo está viviendo. Recuerdo en este momento a un paciente que, durante la regresión, sintió que le clavaban una lanza en el estómago. Es frecuente sentir esos impactos. Pero además, en este caso, el paciente sintió que tocaba la lanza con las manos. Estaba clavado contra el piso, y con sus manos hizo el gesto de aferrar la lanza y exclamó: —¡Es impresionante! ¡La estoy tocando, y es de madera!
Tanto él como yo quedamos impresionados con su vivencia. Al terminar la regresión, la mayoría de las personas señalan lo mismo: “Yo nunca me hubiera imaginado una cosa así”.
En el 99% de los casos, las escenas que surgen durante la regresión no tienen nada que ver con lo que se pensaba antes de ésta.
Y llegamos así a otro aspecto particular de la TVP. La vivencia es tan profunda que la regresión se convierte en una experiencia vital, en una experiencia de vida, en la cual la persona incorpora esto a su historia como si realmente lo hubiese vivido. Es como si algo nos hubiera pasado ayer, o antes de ayer o la semana pasada. Como si algo nos hubiera ocurrido recientemente y nos hubiera conmovido profundamente, y a la par que nos conmovió, nos enriqueció con un aprendizaje, con una toma de conciencia. De la misma manera, las vivencias durante la regresión a vidas pasadas se incorporan como experiencias realmente vividas. Por eso son tan movilizadoras. Por eso se producen esos cambios. Es como si en el lapso que dura la regresión, hubiéramos tenido una experiencia de vida. Es como si hubiéramos madurado de improviso.
Muchas veces, lo que no se aprendió en muchos años de vida, se aprende en la regresión. ¿Por qué? Porque esta experiencia conmueve profundamente todas las estructuras psíquicas y emocionales de la persona. Se produce esto que se llama insight, la visión interior. Se produce esta iluminación, este conocimiento, esta maduración imprevista que hace que lo que parecía una fantasía, ahora se convierte en una experiencia vital. Y esto no puede proporcionarlo ninguna historia que imaginemos o inventemos. Porque lo que inventamos o fantaseamos pronto se olvida. En cambio, la regresión pasa a integrarse a nuestra memoria como una experiencia real, como algo que se vivió y podrán pasar los años, pero los detalles no se olvidan. Ahora, esto es incorporado como un recuerdo, de allí el gran valor de integración que posee, porque es integrar una parte de nuestra personalidad, una parte de nuestra historia que teníamos olvidada.
¿Cuál es el mecanismo intrínseco por el cual funciona la regresión?
Es difícil decirlo. A través de la experiencia recogida con los pacientes, he comprobado que lo más importante durante la regresión es que el paciente sienta y experimente las sensaciones en su cuerpo. Que experimente en el cuerpo lo que está pasando en la escena del pasado, ya sea en esta vida, en la primera infancia, dentro del vientre materno o en una existencia anterior.
Lo más importante de todo es experimentar las sensaciones y las emociones, y rescatar los pensamientos y las reacciones mentales que surgen cuando se tienen esas emociones y sensaciones. Es allí donde se originan los miedos, las culpas, los mandatos, las creencias y las pautas de conducta. No interesa lo que se haga después. Si la persona experimenta y siente con el cuerpo, el trabajo está hecho, porque se movilizó una energía, porque algo se desprendió o se transmutó, porque algo cambió en la organización psíquica emocional de esa persona.
Es como si las emociones y las sensaciones estuvieran todavía ancladas en algún lugar del alma, y el alma necesitara del cuerpo para desprenderse de esa energía. Es como si el cuerpo fuera la cloaca del espíritu, como si el cuerpo fuera el drenaje, a través del cual, el espíritu desechara esta energía que lo está perturbando.
De alguna manera podríamos ilustrar esto con el modelo de las estructuras disipativas elaborado por llya Prigogine, premio Nobel de Química 1977.1 Las estructuras disipativas son sistemas abiertos que intercambian energía, donde las formas y las estructuras son mantenidas por una disipación continua de energía. Las grandes fluctuaciones de energía producen una ruptura de la estructura antigua que se reorganiza entonces de una manera más compleja y elevada. De alguna manera, el sistema se escapa a un orden superior.
Parecería que con la estructura psíquica pasara algo similar. Durante la regresión, al traer un traumatismo antiguo a la conciencia y vivenciarlo en el cuerpo intensamente, se produce una gran catarsis emocional conocida como abreacción. Esta gran movilización de energía perturba la estructura correspondiente a este recuerdo y desencadena una reacción, creando una nueva estructura disipativa. Alcanzado el origen del trauma, la estructura de éste se resquebraja, se desintegra y desaparece. Al desaparecer la estructura del trauma, se modifica todo el sistema psíquico y la persona alcanza un estado de comprensión diferente y superior.
El cambio se produce prácticamente en forma espontánea. La persona no tiene que elaborar nada ni pensar en lo que va a hacer de ahora en adelante. Simplemente actúa de una manera diferente porque ya no está condicionada por la estructura emocional antigua. Es frecuente que, tiempo después, las personas digan algo como: “El cambio lo noto más por las cosas que dejé de hacer, que por lo que hago”.
Espontáneamente, la persona deja de hacer algunas cosas y puede hacer otras. Deja de tener ciertas reacciones porque ya no está la espina irritativa que, frente a determinados estímulos, provocaba esas reacciones.
“Ahora, puedo vivir el presente aquí y ahora, tal como es.”
1 Nous sommes tous inmortels (Somos todos inmortales), Patrick Drouot, Le Rocher, Mónaco, 1987. Traducido y editado por Edaf, Madrid, 1989.
Capítulo V
Un poco de historia
Es probable que en la antigüedad se practicara la regresión de memoria. Tanto Patanjali como Buda hacen referencia a la posibilidad de recordar las existencias anteriores. Por otra parte, en el mundo antiguo estaba difundido el uso del sueño hipnótico con fines terapéuticos. Heródoto cita varios templos donde llevaban a los enfermos, a quienes se sumía en el sueño para obtener su curación.1
La primera experiencia de regresión documentada oficialmente fue realizada en España, en 1887, por Fernández Colavida. Ésta fue recién comunicada en público por Esteban Marata, en el Congreso Espírita de París de 1900, en la sesión del 25 de setiembre. Debe hacerse notar que dicha regresión fue llevada a cabo en un sensitivo.
Fernández Colavida decidió probar si era posible provocar en un médium, en estado de trance, el recuerdo de sus existencias anteriores. El médium fue magnetizado por él —luego explicaremos esto— le ordenó decir qué había hecho el día anterior, una semana, un mes, un año antes y lo hizo llegar así hasta su infancia. Ordenándole que fuera más atrás, el médium relató su vida en el espacio, la muerte de su última encarnación y llegó así a cuatro existencias anteriores, la última de las cuales era una existencia totalmente salvaje. En cada existencia, los rasgos del médium se modificaban completamente. Luego lo hizo volver a su existencia presente y lo despertó. Para evitar la posibilidad de un engaño, unos días más tarde, hizo magnetizar al mismo médium por otro magnetizador, quien le sugirió que las existencias pasadas no eran verdaderas. A pesar de esta sugestión, el médium reprodujo nuevamente las cuatro existencias exactamente en la misma forma como lo había hecho antes. Según León Denis, esas experiencias fueron intentadas en varios centros de estudios, obteniéndose numerosas indicaciones sobre las vidas sucesivas del alma. A este fenómeno se lo llamó renovación de la memoria.2
Las experiencias del coronel Albert de Rochas
Nacido en 1837. Rachas no era un hombre vulgar. Coronel de ingenieros, administrador de la Escuela Politécnica de París, al retirarse en 1888 ya había escrito innumerables obras sobre temas militares, ciencias naturales, conducción técnica, historia y lingüística. Varias obras suyas fueron premiadas por la Academia de Besançon, la Sociedad Francesa de Arqueología, la Sociedad para el Estímulo de los Estudios Griegos y la Sociedad de Lenguas Románicas. No era, pues, un improvisado. Luego de su retiro, se dedicó al estudio de los estados profundos de la hipnosis, valiéndose para ello de la vieja hipnosis, el sueño magnético. Escribió una docena de libros al respecto, el último de los cuales, Las vidas sucesivas, publicado en 1911, es el que nos interesa.3
Recién en 1991 pude dar con el libro de Rachas. En una visita a Francia dos años antes, mi búsqueda había sido infructuosa. Fue gracias a la perseverancia y el oficio de mi hermana Claudia, conservadora de museos. que el libro de Rachas al fin llegó a mis manos.
Claudia lo rastreó en París y consiguió nada menos que un ejemplar de la edición original, celosamente custodiado por un viejo librero, quien accedió a desprenderse de él ante la sorpresa que le causó que ese libro fuera tan importante para un desconocido médico que habitaba en la Argentina.
Leer a Rochas fue entrar en contacto con la fuente original. Ante su lectura, no se puede experimentar menos que sorpresa y admiración. Allí detalla paso a paso sus experiencias con la regresión realizadas en 19 personas entre los años 1893 y 1910. Algunas de ellas fueron seguidas durante varios años. Siempre tuvo testigos calificados presenciando las sesiones, y algunas de ellas fueron llevadas a cabo en la Facultad de Medicina de Grenoble.
Rochas fue el primero en utilizar el término regresión de memoria. Sus experiencias fueron llevadas a cabo como investigación, y no sabemos si se le ocurrió o no su uso terapéutico. Lo cierto es que, ya en aquel entonces, Rochas describió todos los pasos que hoy se investigan en una regresión. Las vidas pasadas, la muerte, el espacio entre vidas, la concepción, la vida fetal y el nacimiento.
Rochas se encontró por azar con el fenómeno de la regresión de memoria mientras estudiaba los estados profundos de la hipnosis provocada con la imposición de sus manos. Rochas trabajaba entonces con lo que se conoce como sueño magnético. Utilizaba su propia fuerza vital proyectándola con sus manos.
Sus primeras experiencias con regresión fueron publicadas en los Annales des Sciences Psychiques, en 1895. Allí relataba el caso de Laurent, un estudiante de letras de 20 años. Con Laurent descubre la regresión de memoria, pero sólo llega hasta la infancia. Habrían de pasar varios años antes de darse cuenta de que podía acceder al recuerdo de las vidas pasadas. Esto ocurre en 1904, cuando hipnotiza mediante pases con sus manos a Joséphine, una joven de 18 años, llevándola primero a la edad de siete y luego de cinco años. Allí decidió seguir ejerciendo su acción magnética, y al interrogarla nuevamente, Joséphine le hizo saber que todavía no había nacido, que el cuerpo en el que debía encarnar estaba en el vientre de su madre. Profundizando más aún el sueño magnético, Joséphine dio lugar a la aparición de un personaje que hablaba con voz de hombre y decía llamarse Jean Claude Bourdon, nacido en 1812 en Champvent. Así describe Rochas ese momento trascendental:
Me encontré así lanzado en una investigación que estaba lejos de sospechar. Envejecía o rejuvenecía al sujeto en sus existencias anteriores, por medio de pases apropiados.4
En esta primera experiencia, además del hecho de la regresión en sí misma, aparece una constante que se repetirá en todos los casos: la evaluación de la vida pasada en el espacio entre vidas; el concepto de la reparación en las vidas siguientes de las faltas cometidas en las vidas precedentes, y las enseñanzas que se desprenden espontáneamente al efectuar la regresión.
El tal Bourdon había estado cuatro años en el servicio militar, en cuyo transcurso había abusado de muchas jovencitas. Interrogado por Rochas si no había embarazado a alguna de ellas, contestó muy suelto de lengua: “Y bueno, no será ni la primera ni la última”. Murió a los 70 años, burlándose de los curas. Entonces Rochas, adelantándose en muchos años a Joel Whitton,5 lo sigue al espacio entre vidas. Al morir, permanece atado a su cuerpo por un largo tiempo. Sigue su entierro de cerca. En la iglesia, el cura, dando vueltas alrededor de su cuerpo, ha creado con su paso un muro luminoso que lo protege de los malos espíritus. Reconoce que la muerte no era lo que pensaba. Si hubiera sabido lo que sabe ahora, no se hubiera burlado del cura. Tiene entonces la inspiración de encarnarse en un cuerpo de mujer, porque las mujeres sufren más que los hombres, y él tiene que expiar sus faltas por haberse aprovechado de las jóvenes. Y entonces pasa a describir cómo se encarna. Se aproxima a quien será su madre y la rodea, hasta que la niña viene al mundo y entra poco a poco en el cuerpo de esa niña. Dice entonces que, hasta los siete años había alrededor de ese cuerpo como una suerte de brillo flotante con el cual había visto muchas cosas que luego no vio más.
Todavía le aguardaban más sorpresas a Rochas. Profundizando la magnetización, aparece una personalidad anterior: Philoméne Carteron; y antes de Philoméne había sido una pequeña niña, muerta a temprana edad, y antes había sido un hombre que había matado y robado, por lo cual sufría en la oscuridad. Pero eso no era todo. De improviso, Joséphine le dijo que era un simio. Imagínense a Rochas en 1904. Debió de haberse caído de espaldas. Afortunadamente, se recobró de su sorpresa y pudo rescatar este concepto fundamental que le entregó Joséphine. Dijo que entre las bestias había, como entre los hombres, naturalezas buenas y malas, y que, cuando se convertían en hombres, se guardaban los instintos de aquello que se había sido como bestia. Retengan este concepto, porque más adelante asistirán a regresiones de pacientes que se vieron como animales.
También dijo que entre su estado de bandido y de simio había tenido varias encarnaciones sucesivas.
Rochas debe de haber tenido un gran sentido del humor, porque al comentar esta experiencia relata la siguiente anécdota de Alejandro Dumas, padre. Cierta vez le preguntaron al escritor si era cierto que su padre era negro. A Dumas no le gustaba que le preguntaran sobre su origen, y contestó de la siguiente manera: “Perfectamente, y mi abuelo era simio. Mi familia comenzó donde terminó la suya”.
En el afán por encontrar una prueba que confirmara los datos suministrados durante la regresión, Rachas investigó siempre que pudo cada caso en particular. En ocasiones, encontró evidencias significativas; en otras, no encontró nada. En el caso de Joséphine, no encontró trazas de Jean Claude Bourdon en el registro parroquial que le correspondería, pero ese nombre era común en una región vecina. Sin embargo, sí pudo confirmar algo. Jean Claude le dijo que había hecho el servicio militar en el séptimo de artillería en Besançon. Rachas constató que, efectivamente, el séptimo de artillería había tenido su guarnición en Besançon de 1832 a 1837. Es difícil de comprender de qué manera Joséphine, que en 1904 tenía 18 años, tuviera esa información tan precisa. Por otra parte, de acuerdo con estas fechas, Jean Claude tendría unos veinte años en el momento de cumplir su servicio militar, lo cual es perfectamente posible.
Una de las evidencias más significativas la tuvo Rachas con otra mujer, a quien le ordenó que avanzara en el tiempo. En lugar de hacer una regresión, hizo una progresión. Eugénie era viuda, y en 1904 tenía 35 años. La lleva a los 37 años y con mucha vergüenza, por cuanto no se había vuelto a casar, Eugénie dice que tiene un parto. Hasta aquí nada de extraordinario. La hace envejecer dos años más. Nuevos síntomas de parto, y dice que está sobre el agua. Ante esta respuesta, Rachas pensó que la mujer estaba divagando, y rápidamente la volvió al estado de vigilia normal. Sin embargo, dos años después, en 1906, tuvo un bebé de un hombre a quien no conocía al momento de hacer la experiencia, y en 1909 tuvo otro. Este nacimiento se produjo sobre uno de los puentes del río Isére, donde le sobrevinieron los dolores del parto. Allí estaba el agua que había visto durante la sesión con Rochas.
En la sexta sesión con Joséphine ocurre otro hecho importante. Esta vez, simplemente le tiene las manos y le pregunta qué es necesario hacer para que vaya hacia el pasado o al futuro. Ella le responde que es suficiente con desprender su cuerpo fluídico; luego irá hacia el lado que él desee. Esto es muy significativo, puesto que tiene que ver con la técnica que se utiliza actualmente. No es necesario recurrir ni al magnetismo, ni a la hipnosis moderna, ni a drogas, ni a hiperventilación. El mismo Rochas concluye que lo esencial es relajar los lazos que unen el cuerpo astral al cuerpo físico para permitirle al primero tomar la dirección que se le sugiere.
En su trabajo de investigación, Rochas encontró detalles que hoy son la base del trabajo terapéutico. Por ejemplo, al experimentar con la señorita Mayo, encontró que en tres encarnaciones sucesivas murió con trastornos respiratorios. La primera fue una muerte tísica, la segunda una muerte por enfriamiento con tos quintosa, y la tercera una asfixia por inmersión. En cada caso la mujer revivió esas muertes por asfixia, experimentando la falta de aire y la sofocación. La revivencia del hecho traumático constituye la base de la acción terapéutica de la TVP.
Otro caso que nos interesa es el de la Sra. Trinchant, mujer de 40 años que vivenció haber sido una joven árabe asesinada a los veinte años de una puñalada. Esta mujer le contó a su madre esta experiencia, como si fuera una ocurrencia disparatada. Cuál no fue su sorpresa, cuando su madre le dijo que de niña frecuentemente se quejaba de experimentar la sensación brusca de un golpe de cuchillo, sensación para la cual no había ningún motivo que la justificara.
Esto coincide con las experiencias de personas con enfermedades psicosomáticas, quienes relacionan los síntomas presentes con traumas físicos experimentados en vidas anteriores.
Una anécdota más de Rochas: su padre falleció a los 75 años de una embolia. Conservó la plenitud de sus facultades intelectuales y la visión bien nítida de su muerte inminente. Rochas asistió a sus últimos momentos, donde, recordando sus pláticas filosóficas, su padre le dijo con serenidad:
Mañana o pasado mañana sabré más que tú al respecto. Y no me desagrada pensar que bien pronto tendré la solución del problema que tanto me ha preocupado.
En sus conclusiones, Rochas nos dejó el siguiente mensaje:
La puerta está abierta; los señores sabios y psicólogos pueden desde ahora investigar qué hay de cierto o no en este dominio del pensamiento.
El nacimiento de la terapia de vidas pasadas
Es difícil establecer con exactitud quién fue el primero que siguió los pasos de Rochas. Es probable que mediante la hipnosis varios terapeutas hayan encontrado que sus pacientes les relataban sucesos de otras vidas. Más de uno debe de haber considerado que esto era una fantasía y nada más. Christie-Murray6 dice que el primero sería el Dr. Mortis Stark, quien exploró esta posibilidad en 1906, pero no hay registro de sus experiencias. También cita al sueco John Bjorkhem (1910-1963), quien publicó un libro titulado De Hypnotiska Hallucinationerna. Finalmente dice que la Dra. Blanche Baker, de San Francisco, comenzó a usar en 1950 una técnica hipnótica ligera y de asociación libre, que permitía la regresión a vidas pasadas de sus pacientes.
Whitton cita el trabajo del psiquiatra inglés Alexander Cannon, quien hacia 1950 ya había inducido la regresión en 1382 voluntarios. Al principio, Cannon se resistía a aceptar la teoría de la reencarnación, y hasta discutió con sus sujetos en trance, afirmando que decían tonterías. Cannon se especializó en buscar los orígenes de los complejos y los temores en incidentes traumáticos de vidas anteriores.
En 1967, Joan Grant y Denis Kelsey, también ingleses, publican su libro Many lifetimes (Muchas vidas), donde relatan, entre otras cosas, sus experiencias con la regresión.7
Nacida en 1907, desde niña Joan tenía recuerdos vívidos de siete vidas anteriores, que abarcaban desde la primera dinastía en Egipto, 3.000 años a. C., hasta una vida entre los primitivos aborígenes de Norteamérica. Joan llamó a estos recuerdos memoria lejana, y sobre la base de ellos escribió doce libros que constituyen una autobiografía de sus vidas pasadas. El primero de esa serie se llamó Winged Pharaoh (El faraón alado), y fue publicado en 1937, mucho antes que otros libros que se hicieron más famosos. Para Joan, estas memorias eran parte de su experiencia personal, y siempre hablaba de sus vidas. Joan relata que en su primera vida en Egipto se llamaba Sekeeta, y había sido entrenada para recordar diez de sus muertes anteriores, requisito indispensable para poder asistir a otras personas. Durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, Joan comenzó a apreciar que algunos problemas de los pacientes se originaban en sucesos de existencias anteriores.
Por su parte, Denis Kelsey, psiquiatra, comenzó a trabajar con hipnoanálisis en 1948, regresando a sus pacientes a la vida intrauterina y llevándolos incluso al momento de la concepción. Sin embargo, como no creía en la preexistencia del alma, nunca fue más allá, hasta que conoció a Joan, en 1958. A partir de allí comenzaron a trabajar juntos. Joan era una gran sensitiva y mientras Denis conducía la regresión, ella podía ver la escena que el paciente estaba vivenciando, y comprobar así la validez de la experiencia. El mismo Stanislav Grof, en su libro La mente holotrópica, relata una regresión que efectuó con ellos.
Denis Kelsey es el primero que llama la atención sobre la importancia del perdón a uno mismo. Encontró que a las personas les resulta más fácil castigarse que perdonarse a sí mismas.
Entre los años ‘60 y ‘70, la Terapia de Vidas Pasadas comienza a tomar forma. Ya sea por azar o intencionalmente, varios profesionales comienzan a aplicarla con sus pacientes. Aquí me referiré a los que más han contribuido en los aspectos técnicos.
En 1968, Thorwald Dethlefsen, trabajando con hipnosis con voluntarios, llevó a un joven a revivir la experiencia dentro del claustro materno. Se animó a retroceder un poco más y le ordenó que fuera todavía más atrás hacia el pasado. Tras una emocionan te pausa surgió la historia de un hombre nacido en 1852, llamado Guy Lafarge. Vivía en Alsacia y murió en 1880, cuando trabajaba de mozo de cuadra. Pronto, Dethlefsen encontró que había relación entre los síntomas psíquicos de la vida presente y las experiencias traumatizantes de encarnaciones anteriores. El síntoma tenía como causa alguna experiencia desagradable que fue desplazada de la conciencia. Comprobó que si uno investiga de manera consecuente el verdadero origen de un síntoma, tropieza en forma casi automática con anteriores encarnaciones. Así desarrolla lo que él llama Terapia de la Reencarnación, afirmando que la causa de todo comportamiento y de toda actitud equivocada radica en el alma. El resultado de sus experiencias puede encontrarse en su libro La reencarnación, publicado en 1976, donde propone una psicología apoyada en la teoría de la reencarnación.
En 1973, la psicóloga Edith Fiore asiste a un seminario de fin de semana sobre autohipnosis, en el instituto Esalen. Al lunes siguiente decide poner en práctica esta técnica con uno de sus pacientes que sufría problemas sexuales. Ante su sorpresa, el hombre le dice que es un sacerdote católico en el siglo XVII. Edith Fiore no creía en la reencarnación y consideró el relato del paciente como una fantasía. La sorpresa fue aún mayor cuando a la sesión siguiente su paciente ]e dijo que se había curado. A partir de ahí comenzó a estudiar seriamente el tema de la reencarnación, convirtiéndose en una de las pioneras de la TVP.
Otro caso notable es el del psiquiatra Brian Weiss. Su experiencia es otro ejemplo de cómo las circunstancias nos llevan a hacer lo que tenemos que hacer. Weiss desconfiaba de todo aquello que no se pudiera demostrar según métodos científicos tradicionales. Como ejemplo, hizo su tesis de investigación sobre la química del cerebro y el papel de los neurotransmisores. En 1980 conoció a Catherine, una mujer paralizada emocionalmente, dominada por la ansiedad, su fobia al agua, ataques de pánico y una pesadilla recurrente con un puente que se derrumbaba. Tras 18 meses de terapia convencional sin obtener resultado, Weiss decidió emplear hipnosis. Luego de darle la orden de volver a la época en que se habían iniciado los síntomas, Catherine comenzó a relatar una vida en Egipto, 1.800 años antes de Cristo. Ni Catherine ni Weiss creían en la reencarnación, pero una semana después, el miedo a ahogarse y la pesadilla del puente que se derrumbaba habían desaparecido.
A pesar de que para esa época ya había abundante literatura sobre vidas pasadas, como a Weiss no le interesaba el tema, no estaba al tanto de los trabajos anteriores. Esto resalta aún más el valor de su experiencia, porque no puede decirse que estuviera influido por lecturas previas. Su historia con Catherine está contenida en su libro Muchas vidas, muchos sabios.
He dejado para el final el comentario del trabajo de Morris Netherton, por considerarlo de vital importancia.
Al momento de publicarse la primera edición de este libro yo todavía no había conocido a Morris Netherton personalmente de modo que sólo tenía conocimiento de su trabajo a través de su obra y por referencias de terceros. Finalmente me encontré con él en ocasión del Primer Congreso Panamericano de Terapia de Vidas Pasadas que se llevó a cabo en Campinas, Brasil, en 1998. Allí tuve el privilegio de charlar a solas con él y saber de sus propios labios cómo fue que desarrolló la TVP. Fue trabajando en su propia terapia como se encontró de improviso en una vida pasada en la cual estaba el origen de sus malestares físicos. Al poco tiempo comenzó a trabajar en un centro de detención juvenil y fue allí donde comenzó a desarrollar la técnica de la TVP. Terapia de Vidas Pasadas es la denominación que él le dio a la terapia de regresión en 1978 al publicar su primer libro. Un detalle importante que pocos conocen es que desde hace varios años trabaja con la regresión a vidas pasadas en un hospital que pertenece a la orden religiosa de las carmelitas en la ciudad de Duarte, al este de Los Angeles. En el apéndice encontrarán el contenido de mi charla con Netherton.
La contribución fundamental de Netherton es que es el primero en darse cuenta de que no es necesaria la hipnosis para efectuar la regresión a vidas pasadas. Netherton descubrió que, simplemente con una entrevista cuidadosa, la experiencia de vida pasada puede ser traída más cerca de la superficie, hasta que su presencia se hace obvia para el observador entrenado. Pero Netherton avanza mucho más. Descubre que cuando el paciente entra en el consultorio ya está en regresión, y afirma que si uno está viviendo de acuerdo con condiciones de otra realidad, ya está parcialmente en trance. No es necesario provocar un estado de trance para efectuar la regresión, porque el trance se desarrolla como consecuencia de la regresión. Ésta es la diferencia básica entre la técnica de Netherton y la de los otros. La premisa de que la persona ya está en estado de trance y por lo tanto no es necesaria una inducción adicional.
Lo fundamental de esto es que el paciente no está perdido en un trance hipnótico y puede mirar hacia afuera y hacia adentro al mismo tiempo. Karl Schlotterbeck, discípulo de Netherton, es quien mejor explica su técnica. Enfatiza la necesidad de reconocer los síntomas de ansiedad, dolor, conducta o compulsión, como evidencia de que la regresión ya se ha producido.
La focalización en el síntoma profundiza el estado regresivo, y las imágenes y palabras asociadas al síntoma del pasado comienzan a aflorar libremente a la conciencia del paciente. 8
La técnica de Netherton fue introducida en Brasil, en 1980, por la Dra. María Julia Moraes Prieto Peres. En 1986 la Dra. Prieto Peres dicta un seminario aquí en Buenos Aires, donde presenta su técnica mixta, combinación de las de Netherton y de Edith Fiore. En ese seminario la conocí, y a partir de allí me entrené con ella junto con otros profesionales. Para ser justo, debo decir que, en ese momento, ya había varios profesionales en Argentina que estaban trabajando con la técnica de la regresión. Por otra parte, un amigo me confió que, en la década del 50, un médico en Paraguay le había efectuado una regresión utilizando hipnosis. También es conocido el trabajo del Dr. Michel Maluf en Brasil, pionero en ese país, quien, también en los años 50, comenzó a trabajar con la regresión a vidas pasadas. De modo que ya en aquella época. por estas latitudes, había profesionales incursionando en las vidas pasadas.
De algún modo, éste es mi árbol genealógico en la TVP. A partir de aquí, lo que sigue es mi visión personal, nutrida por las enseñanzas de quienes me precedieron, y enriquecida por la experiencia adquirida con los pacientes.
1 Los nueve libros de la Historia, Heródoto, Jackson, Buenos Aires, 1960.
2 El problema del ser y del destino, León Denis, Kier; Buenos Aires, 1981. Publicado por primera vez en 1905.
3 Les vies successives (Las vidas sucesivas), Albert de Rachas, Chacornac, París, 1911.
4 Se llama “pase” al acto de recorrer con las manos parte o todo el cuerpo del paciente para ejercer la acción magnética. (N. del A.)
5 La vida entre las vidas, Joel Whitton y Joe Fisher, Planeta, Buenos Aires, 1988.
6 Reencarnación, David Christie-Murray, Robín Book, Barcelona, 1990.
7 Many lifetimes, loan Grant y Denis Kelsey, Ayer, 1994.
8 Living your past lives (Viviendo sus vidas pasadas), Karl Schlotterbeck, Ballantine, Nueva York, 1990.
Capítulo VI
Del sueño magnético al estado expandido de conciencia
Durante el verano de 1774 —relata Stefan Zweig—1 un extranjero de paso por Viena, solicita al P. Hell, jesuita y astrónomo, que le confeccione un imán para calmar un súbito calambre de estómago de su esposa. El padre se limita a confeccionar el objeto en la forma solicitada, pero no deja de comunicar a su amigo, el sabio doctor Franz Mesmer (1733-1815) 1a curiosa ocurrencia. Mesmer no era ningún trasnochado ni embaucador, como todavía creen muchos Doctor en filosofía, médico y abogado, en el teatro de jardín de su residencia se estrenó la ópera Bastien y Bastienne, de Mozart. Eximio ejecutante de la armónica de cristal, Mozart no sólo compondrá un quinteto para su instrumento, sino que además le dedicará unos versos en Cosí fan tutte.
Admirado de la inmediata mejoría provocada en la enferma por la aplicación del imán, Mesmer comienza sus experimentos. Al principio, cree que el secreto de la cura está en las propiedades del imán, por eso llama magnetismo a su tratamiento. Así, llega a construir la célebre “cuba de la salud”. Era un gran recipiente de madera, en el cual dos hileras de botellas de agua magnetizada corrían convergentes a una barra de acero provista de puntas conductoras movibles, de las que el paciente podía aplicarse algunas en la región dolorida. Alrededor de esta batería magnética se situaban los enfermos, en contacto unos con otros por las puntas de los dedos. Mesmer sostenía en su mano una varita de hierro, en cuya punta concentraba el fluido magnético, intensificando así sus efectos. En poco tiempo logra curas espectaculares, cosechando fervientes seguidores y acérrimos enemigos entre sus colegas. Cinco veces intenta obtener en distintas facultades un examen atento de su sistema, solicitud que le fue siempre denegada. Emigra de Viena a París, donde su tratamiento causa furor, sobre todo entre la nobleza. Pronto Mesmer se da cuenta de que no es el imán lo que produce la cura, sino que son sus propias manos. Pero ya el término magnetismo está acuñado y no se puede volver atrás. Por ese motivo llama a este fenómeno magnetismo animal. No puede vedo, pero sabe que de sus manos se desprende algo que opera sobre los enfermos.
Mesmer ha provocado tal alboroto con sus curaciones que muy pronto su éxito se vuelve en su contra. Por todos lados surgen profanos que se ocupan del nuevo juego de sociedad, magnetizando animales, grutas, y se producen peleas entre partidarios y detractores. El problema de Mesmer es que hasta Lafayette y la misma reina María Antonieta son sus fervientes admiradores. A Luis XVI esto no le gustaba nada. Ordena a la corporación de médicos y a la Academia de Ciencias que abra una investigación oficial sobre el magnetismo. En la comisión investigadora se encuentran, entre otros, el doctor Guillotin, que unos años más tarde inventará la cura definitiva para todas las enfermedades: la guillotina. Lo acompañan Bailly, astrónomo, el químico Lavoisier y el botánico Jussieu. No saben que más adelante, Bailly, Lavoisier y el propio Guillotin perderán su cabeza con el remedio inventado por este último.
La comisión se toma su tiempo. Asiste a las sesiones de Mesmer con sus pacientes. Comprueban el fenómeno. Lo increíble es que el documento final en el cual proclaman la nulidad del magnetismo, comienza reconociendo los innegables efectos de la terapéutica magnética, y certifican la presencia de algo inexplicable, desconocido, a pesar de toda su ciencia. El mismo Bailly, pese a su profundo desdén por Mesmer, escribe:
Todos los enfermos están ciegamente sometidos al que los magnetiza; aun cuando se hallen sumidos en el más intenso sopor, basta la voz, la mirada o el gesto del magnetizador para sacarlos de él instantáneamente.2
En su informe, la comisión observa que “... a la vista de estos efectos constantes no es posible negar la existencia de una fuerza que actúa sobre el hombre y lo domina y que está latente en el magnetizador”. Allí está el quid de la cuestión. La presencia de esa fuerza. ¿Magnetismo? ¿Fluido? ¿Energía vital o fuerza psíquica? Cualquier nombre que se le dé es lo mismo.
El informe público se dio a conocer el 11 de agosto de 1784. La comisión concluyó que “...no hay nada que demuestre la existencia de un fluido magnético-animal, y que en consecuencia este fluido imponderable no tiene utilidad alguna”. En privado, la comisión señaló al rey los peligros que para las buenas costumbres encerraba la práctica de Mesmer. Tendrán que pasar todavía cien años, hasta que por fin en 1882, Charcot consigue que la Academia tome nota oficialmente de la hipnosis, nombre con el que se rebautizó el magnetismo.
La paradoja fue que en ese mismo año de 1784, en que la Academia dio por terminada la cuestión, un discípulo de Mesmer, el conde de Puysègur, descubre lo que nos interesa a nosotros: el sonambulismo o sueño magnético. Y con él nace la hipnosis y la psicología moderna.
Un día, un joven pastor llamado Víctor, en lugar de responder a la magnetización con la crisis característica, con espasmos y convulsiones, se queda dormido. Puysègur, asustado, lo llama, lo sacude, pero Víctor duerme profundamente. De pronto, al ordenarle que se levante, el muchacho se incorpora y, a pesar de tener sus párpados cerrados, se comporta como una persona que estuviese despierta, aunque sin cesar en su sueño. Se halla en estado de sonambulismo en pleno día. Puysègur, estupefacto, lo interroga y para su asombro, Víctor responde, en medio de su sopor, con absoluta claridad a sus preguntas, utilizando un lenguaje más pulcro que lo habitual. Sin saberlo, Puysègur ha redescubierto el sonambulismo o sueño magnético, que fue enseñado y practicado en los santuarios antiguos con fines terapéuticos y proféticos.
Puysègur da un paso más y da órdenes posthipnóticas, es decir, ordena a la persona sumida en letargo que, al despertar, ejecute con toda puntualidad aquello que le ha sido indicado durante el sueño. Puysègur publica sus hallazgos y el fenómeno de la hipnosis queda establecido por primera vez en el mundo moderno.
Las consecuencias de este descubrimiento las sufre Mesmer. Es que, junto con los científicos y los investigadores que ven abiertas las puertas al dominio de la mente y del alma, se cuelan los curiosos y los charlatanes. No pasa mucho tiempo sin que florezca una nueva carrera: el sonambulismo profesional. Del magnetismo, todos pasan a hablar del mesmerismo. Mesmer es acusado de charlatán y debe huir una vez más. En Austria, una intriga política lo obliga a refugiarse en Suiza. Allí permanecerá hasta su muerte. En 1812, la Academia de Berlín, que en 1775 había rechazado su solicitud, se dispone a estudiar el magnetismo. Se lo invita a honrar a la Academia con su presencia. El mismo rey lo espera. Pero Mesmer declina, aduciendo que ya es demasiado viejo.
Las investigaciones continuaron entre los sucesores de Mesmer. En 1818, Wienholt, un magnetizador alemán, observa que su sonámbulo se dormía más rápidamente cuando vestía él una levita especial, provista de brillantes botones de vidrio. La idea de que la sugestión es uno de los principales factores en la producción del sueño provocado comienza a rondar las mentes de los investigadores. Y este proceso de dominio de la voluntad es demostrado por James Braid, un médico de Manchester, quien estudió el fenómeno en 1841, presenciando las sesiones del magnetizador suizo Charles Lafontaine. Braid es el primero que utiliza la técnica de cansar la mirada del sujeto, valiéndose de brillantes bolitas de cristal y, a continuación, procede a los pases magnéticos. En 1843 publica su Neurohipnología, donde rebautiza el magnetismo, palabra que sonaba mal a los sabios, con el nombre de hipnotismo, derivado del griego hypnos, que significa “sueño”. De modo que la hipnosis tradicional no es otra cosa que el sueño magnético con el nombre cambiado.
Finalmente, a instancias de Charcot, en la sesión del 13 de febrero de 1882, la Academia de París reconoció que el hipnotismo, que antes se llamaba magnetismo, era un elemento terapéutico científico. A partir de allí, la hipnosis fue evolucionando lentamente a partir de la teoría de la sugestión, hasta llegar a nuestros días con la técnica de Milton Erickson, la sofrología de Raymond Abrezol y la programación neurolingüística.
La hipnosis de hoy no tiene nada que ver con la de Puysègur y Braid. Ni siquiera con la de Charcot. Pero todavía, la mayoría de las personas asocian hipnosis con pérdida del conocimiento y, por todo lo que hemos visto, tienen razón, por cuanto hipnosis sigue queriendo decir sueño. Hay una gran confusión, porque muchos profesional es que dicen utilizar hipnosis, en realidad lo que están haciendo es una relajación asociada a técnicas de sugestión, tal como la practico yo mismo cuando el paciente lo requiere.
La hipnosis evolucionó, es cierto, pero en el camino se perdió algo muy importante. Aquello de lo que se sirvió Rochas en sus experiencias: el sueño magnético.
¿Qué es el sueño magnético?
Bajo la acción del magnetizador, la persona entra en un estado de conciencia que no es ni el de la vigilia ni el del sueño natural. A este estado se lo denominó sonambulismo magnético por su semejanza con el sonambulismo natural. Es sabido que el sonámbulo puede caminar con los ojos cerrados, realizar alguna actividad a la perfección, sortear obstáculos sin dificultades y regresar a su lecho para continuar con el sueño normal. Al despertarse, no recuerda nada de lo sucedido. Si el sonámbulo tiene los ojos cerrados y puede evitar los obstáculos que se le presentan, es obvio que la percepción de los objetos no pasa por el sentido de la vista. Ahí ya tenemos una pista.
¿Qué ocurre en el sonambulismo provocado por el magnetizador? La respuesta se la dio Joséphine a Rochas. Se aflojan los lazos que sujetan el alma al cuerpo. Bajo la influencia magnética, los lazos que unen el cuerpo astral, alma o cuerpo energético, al cuerpo físico, se aflojan poco a poco. A medida que se profundiza la acción magnética, el alma se desprende más y se eleva. Al acentuarse el desprendimiento aparece un estado de conciencia diferente y las facultades psíquicas entran en juego. Los sentidos psíquicos sustituyen a los materiales. Aparece la clarividencia, la capacidad de profetizar. la habilidad para diagnosticar dolencias e indicar su tratamiento, como hacían las sibilas en los antiguos santuarios, o Edgar Cayce, llamado el profeta durmiente. Al mismo tiempo se ensancha el campo de la memoria. Los recuerdos lejanos se despiertan y el individuo puede revivir sus vidas pasadas.
Esto es lo que se conoce como trance. La palabra trance deriva del latín transire, y designa el momento culminante de un suceso. El estado de trance es el momento del sueño magnético en que el alma se desprende del cuerpo carnal, para vivir entonces la vida del espíritu y ejercer sus poderes.
León Denis denominó a este estado de la conciencia estado de desprendimiento psíquico.3 Así lo explica él mismo:
En el estado de desprendimiento psíquico, el círculo de nuestras percepciones puede ensancharse en proporciones incalculables; entramos en relación con la inmensa jerarquía de las almas y de las potestades celestes. El espíritu puede remontarse hasta la causa de las causas, hasta la inteligencia divina, para quien el pasado, el presente y el futuro se confunden en un todo.
¿No es esto mismo, acaso, el estado de éxtasis y trascendencia que nos enseñan los maestros espirituales?
Pero veamos cómo describe un profano esta experiencia. Ésta es la palabra de Mireille, una mujer magnetizada por Rochas:
Cuando estoy despierta, mi alma está encadenada a mi cuerpo y soy como una persona que, encerrada en el piso inferior de una torre, no puede ver el mundo exterior más que a través de las cinco ventanas de sus sentidos, las cuales tienen, cada una, cristales de diferentes colores. Cuando usted me magnetiza, me libera poco a poco de mis cadenas, y mi alma comienza a ascender la escalera de la torre, escalera sin ventanas, y no veo otra cosa que a usted que me guía, hasta el momento en que desemboco en la plataforma superior. Allí mi vista se extiende en todas direcciones con un sentido único muy agudo que me coloca en relación con los objetos que no podía percibir a través de los vidrios de la torre. Entre esos objetos están los pensamientos de otros humanos que circulan en el espacio.
Bella y sencilla descripción, ¿no es así? Coincidente con lo que explicábamos antes. Pero, ¿cuál es la implicancia de todo esto?
Sencillamente que el estado de desprendimiento psíquico no es otra cosa que el estado expandido de conciencia, y lo más importante es que este estado de conciencia puede lograrse sin la intervención de agentes externos. No es necesaria la acción del magnetismo, ni de la hipnosis, ni del uso de drogas psicodélicas, ni de los sincroenergizadores cerebrales, ni siquiera de la hiperventilación.
El estado expandido de conciencia
¿Recuerdan que Rachas llegó finalmente a la conclusión de que todo lo que se precisa es aflojar los lazos que atan el alma al cuerpo físico? Cuando un magnetizador aplica su energía sobre una persona, está provocando una aceleración vibratoria en el campo energético de ella. El alma, cuerpo astral o cuerpo energético comienza a aumentar su frecuencia vibratoria. A medida que aumenta la frecuencia vibratoria, el alma comienza a desprenderse. Paralelamente, el campo de la conciencia se expande. La persona comienza a tener acceso a otros niveles de conciencia. Ahora puede sintonizar distintas bandas de frecuencia diferentes de la conciencia habitual. La conciencia cotidiana sería como un receptor de radio clavado siempre en la misma estación. A medida que voy recorriendo el dial, puedo recibir las señales de otras estaciones de radio que transmiten en frecuencias diferentes. Con la conciencia ocurre lo mismo. Al aumentar la frecuencia vibratoria, sintonizamos la frecuencia de otras dimensiones. Sintonizamos la frecuencia del mundo espiritual y allí tenemos acceso, entre otras cosas, a revisar los hechos de nuestras vidas pasadas.
Ahora, el siguiente paso es comprender que no necesitamos de un agente externo para alcanzar este estado de conciencia, porque todos tenemos la capacidad de acceder naturalmente a estados de conciencia diferentes. Cuando hacemos una relajación, estamos haciendo lo que decía Rachas. Estamos aflojando los lazos energéticos. Muchas personas que practican yoga, tienen experiencias espontáneas como visiones, imágenes de otras vidas o transportes a lugares distantes. Estas son manifestaciones de distintos niveles de desprendimiento psíquico.
La física cuántica nos explica que la expansión de la conciencia pasa por una modificación de tasas vibratorias que delimitan los diferentes niveles del ser, que accede así a otros universos que están simplemente situados en planos de conciencia diferentes, en otra banda de frecuencia. Cuando el pensamiento se concentra en la meditación, se convierte en un radar capaz de entrar en contacto con la conciencia del Universo.4
La mayoría de los autores habla de estados alterados de conciencia, de estados modificados o no ordinarios de conciencia. Personalmente, prefiero la expresión estado expandido de conciencia, ya que si hablamos de alteración o modificación seguimos atrapados en la idea de que no es algo normal o natural y, además, se trata de un concepto limitativo.
¿Cómo podemos definir el estado expandido de conciencia? Podemos decir que es un estado en el cual tenemos conciencia de lo que está ocurriendo en otra dimensión, en otro espacio-tiempo diferente de nuestra realidad física cotidiana, al mismo tiempo que conservamos la conciencia del aquí y ahora y del lugar donde estamos. Sería como tener conciencia de lo que está sucediendo en el planeta Marte, en este preciso instante, sin perder la conciencia de lo que está sucediendo aquí, en este momento, a mi alrededor. Sería como pasar de un universo a otro, sin perder la conciencia en ningún momento Por eso, es un estado expandido de conciencia. Porque no la estoy alterando, sino que simplemente estoy ampliando el campo de acción de mi conciencia.
El doctor Mario Percow, docente de farmacología, que atravesó por esta experiencia y la vivió intensamente, definió con sencillez este estado como un tiempo sin tiempo: “Es atravesar el tiempo, como si todo el tiempo fuese un registro instantáneo.” Se vivencia el espacio atemporal, un espacio-tiempo en el cual pocos minutos permiten vivenciar sucesos que en el plano físico llevarían años.
Ahora bien, en este estado expandido, pueden ocurrir todos los fenómenos que se dan en el sueño magnético, con la diferencia de que no es necesaria la acción de un magnetizador ni de ningún otro agente externo. Lo más importante de todo es que la persona no está sujeta la voluntad de nadie. El terapeuta acompaña y guía a la persona a través de su vivencia y trabaja las escenas que se presentan con sentido terapéutico, pero no interviene en la experiencia en sí misma El trabajo es exclusivo del paciente.
Hay otro detalle importante y es que no se necesita provocar el estado expandido, por la sencilla razón de que el estado expandido de conciencia se produce como consecuencia de la regresión. Recuerden que Netherton descubrió que el trance se desarrolla como consecuencia de la regresión. De la misma manera, durante la regresión, la persona va expandiendo su conciencia a medida que va progresando en ésta. Esto no quiere decir que todos lo logren. Hay distintos niveles, que dependen de la entrega y del compromiso individual en cada caso.
La vivencia de la regresión se asemeja a la experiencia del estado místico. El ego trasciende los límites del cuerpo y, súbitamente, se convierte en uno solo con todo lo que ha existido. Maurice Bucke llamó a esto conciencia cósmica y Stanislav Grof la llama conciencia transpersonal. Cuando se llega a este punto, la regresión es sólo una de las cosas que pueden ocurrir. Alcanzado este nivel de conciencia, la persona puede tener contactos con seres de otras dimensiones, puede recibir enseñanzas o mensajes de maestros espirituales, puede conectarse con todo el universo y, lo más trascendente de todo, es que puede alcanzar la reunificación con su yo superior, integrando todos sus niveles de conciencia. La regresión facilita este proceso y, resuelto el problema que originó la consulta, el fin último es que la persona alcance el estado de unificación con su conciencia superior.
Yo no tengo ninguna duda de esto, porque he tenido testimonios incontestables en mi consultorio. Y lo coincidente es que generalmente ocurren hacia el final de la regresión. En varias oportunidades, distintas personas me dijeron que estaban fuera de su cuerpo y que me veían desde el techo. Esto siempre ocurrió espontáneamente, sin buscarlo y como consecuencia de la regresión.
Una de las experiencias más notables fue la de Beatriz, una médica que durante su entrenamiento como terapeuta se desprendió de su cuerpo. La sesión la estaba conduciendo otro profesional, también en entrenamiento, mientras yo supervisaba su trabajo. La regresión ya estaba llegando a su fin, cuando de pronto Beatriz dijo:
—José Luis, te estoy mirando desde el techo.
Yo miré hacia arriba y la saludé con la mano. Ella estaba con los ojos cerrados, sin embargo se sonrió con mi ocurrencia. Y entonces habló así:
—José Luis, esto es increíble. Estoy viendo dentro de tu cuerpo. ¿Sabes cuál es tu problema? Tenés una inflamación del esfínter de Oddi. Eso es lo que te pasa. Y a tu lado hay un maestro que está trabajando con vos. Hay un rayo de luz que entra por tu cabeza y que recorre tu interior.
La verdad es que Beatriz deseaba seguir un buen rato en ese estado. Me sorprendí con su diagnóstico, porque por aquella época yo tenía un malestar digestivo, cuya sintomatología coincidía con lo que había dicho Beatriz.
De todos modos lo importante aquí es lo que vivenció Beatriz, que es lo mismo que sucede durante el sueño magnético, con la diferencia de que Beatriz estaba consciente en todo momento y no dependía de la voluntad de nadie.
Todo esto no es una fantasía, porque la física cuántica nos demuestra claramente que esto es posible. No sé mucho de física, pero puedo explicarles en unas líneas cómo lo entendí yo mismo.
En 1935, en la Universidad de Princeton, Einstein, Podolsky y Rosen, intentando refutar la teoría cuántica, terminan confirmándola y describen lo que se llamó Efecto EPR por sus iniciales:
Dos partículas, separadas por un cuasi-espacio, se encuentran en comunicación de manera inexplicable.
Un cuasi-espacio es un espacio tal que no hay tiempo suficiente entre las partículas para que una señal luminosa las conecte. Por lo tanto, debe haber una conexión cuántica entre ellas y esto implica que la información debería ser comunicada a velocidades superiores a la de la luz.
En 1964, Bell perfecciona esta teoría con su teorema:
Cuando dos partículas gemelas separadas se alejan una de otra a la velocidad de la luz, un cambio provocado en una de ellas producirá un cambio simultáneo en la otra.
Como si una información pudiese circular entre ellas a velocidad supralumínica. Posteriormente, Gary Zukav, otro físico, dice que una de las consecuencias del teorema de Bell es que las distintas partes del universo estarían a nivel más profundo y más fundamental relacionadas entre ellas de manera íntima e inmediata.
En 1975, Jack Scarfati llega a la conclusión de que las partículas están conectadas íntimamente de una manera que trasciende el tiempo y el espacio. Quien desee profundizar en el tema, puede leer el famoso libro de Fritjof Capra, El Tao de la física.
Para nosotros, esto es suficiente. Si todas las partículas están conectadas íntimamente más allá del tiempo y del espacio, esto quiere decir que tenemos la capacidad de conectarnos al instante con todo el universo, sólo que todavía no sabemos cómo hacerlo. El estado expandido de conciencia sería una forma de lograrlo, porque en ese estado nos movemos en un espacio-tiempo diferente, donde estamos fuera de las limitaciones de la velocidad de la luz o del tiempo lineal. Entonces, como decía León Denis, el espíritu puede remontarse hasta la causa de las causas, hasta la inteligencia divina, para quien el pasado, el presente y el futuro se confunden en un todo.
1 La curación por el espíritu, Stefan Zweig, Anaconda, Buenos Aires, 1945.
2 El arte de magnetizar, David Perry, Kier, Buenos Aires, 1978.
3 En lo invisible, León Denis, Edicomunicación, Barcelona, 1987. Publicado por primera vez en 1903.
4 Patrick Drut, op. cit.
Capítulo VII
El plan de trabajo
Como terapeuta mi objetivo es conducir y ayudar al paciente a tomar contacto con la experiencia responsable de los síntomas actuales. Una vez logrado esto el paciente tiene que reproducir la experiencia original como si estuviese efectivamente allí. Esto significa que si en una vida pasada una persona se ahogó en el mar, en la regresión debe reproducir y vivenciar todo el proceso desde el contacto inicial con el agua y las primeras sensaciones, hasta sentir el agua entrando en su garganta y en sus pulmones, experimentando la falta de aire y el ahogo hasta llegar al punto en que la muerte se hace efectiva y deja ese cuerpo. Si la persona fue atravesada por una lanza o una espada en una batalla, tiene que sentir el momento en que la lanza se clava en su cuerpo para luego sentir el desgarro de los músculos y de los órganos internos a medida que la lanza va penetrando, experimentando a la vez todas las emociones e identificando todos los pensamientos en esos momentos. Éste es el secreto del trabajo terapéutico. Todo lo que el paciente necesita para sanarse es revivir aquí y ahora la experiencia responsable de sus síntomas actuales. Es en ese momento en el cual el paciente tiene que hacer todo lo necesario para agotar todas las sensaciones y emociones vinculadas a esa experiencia y, al mismo tiempo, identificar todos los mandatos o formas de pensamiento que están afectando su vida actual. Todo lo que hago antes, no importa la técnica que emplee, es para lograr que el paciente reviva la experiencia traumática original.
¿Cómo se logra todo esto? ¿Cómo se llega al núcleo del trauma donde se originó el problema actual?
La técnica básica fue desarrollada por Netherton y yo la aprendí de mi maestra, la doctora María Julia Prieto Peres, quien la sistematizó en un esquema de trabajo. 1 Más tarde, a medida que fui comprendiendo mejor qué era lo que sucedía durante Ja regresión, fui introduciendo modificaciones a la técnica original. A continuación vamos a ver este plan de trabajo, tal como yo lo practico hoy. Algunos de estos detalles no están en las historias de este libro ya que éstas pertenecen al período previo a algunas de las modificaciones. No obstante, la técnica continúa siendo la misma.
Conceptos básicos
En primer lugar necesito comprender cabalmente qué es lo que está pasando cuando una persona viene a consultarme por un síntoma. Para entender esto debo saber que aunque hablemos de vidas pasadas la realidad es que para el alma las vidas pasadas no existen como tales. Para el alma se trata de una sola vida que transcurre alternativamente en dos planos, ora en el plano físico, ora en el plano espiritual. Como nosotros desarrollamos nuestra vida consciente en el cuerpo físico nos hemos identificado de tal manera con éste que creemos que somos el cuerpo. Como además, a este cuerpo le hemos dado un nombre para identificarlo de los demás, la muerte de este cuerpo físico nos da la sensación de una vida pasada. Pero para el alma se trata de una sola vida y los distintos cuerpos que utiliza sólo son instrumentos o vehículos para llevar a cabo las experiencias que necesita para efectuar su evolución. Para acentuar aún más nuestra confusión nosotros nos guiamos por el tiempo físico que es lineal. Así, cuando nos referimos a un cuerpo conocido, hablamos de una vida que transcurrió hace cincuenta, cien o mil años, por ejemplo. Pero para el alma el tiempo no existe. Todo está aquí, ahora, al mismo tiempo, y esa vida o ese cuerpo que para nosotros se extinguió hace mil años, para el alma es como si acabara de acontecer o quizás esté aconteciendo todavía. Por lo tanto, aunque sigamos hablando de vidas pasadas porque así es como lo entendemos y como ya está establecido, sería más propio denominar a esta terapia como “Terapia de Experiencias en Cuerpos Pasados”.
El siguiente concepto a aprender deriva del anterior. Para el alma los distintos cuerpos que utiliza son como ropajes. De la misma manera en que yo me cambio de ropa sin dejar de ser quien soy, de igual forma, al cambiar de cuerpo, el alma sigue con su identidad original. Igualmente, si estoy triste o deprimido por alguna situación, aunque me compre ropa nueva, fina y elegante, mis problemas no se resolverán por el sólo hecho de cambiarme de traje. Con el alma sucede algo similar. Por cambiar de cuerpo no se terminan los conflictos y las experiencias traumáticas que quedaron sin resolver. Al volver a encarnar en un nuevo cuerpo el alma trae consigo todas las emociones y sensaciones que no fueron resucitas y, de una u otra manera, reproducirá en su nuevo cuerpo las condiciones físicas, emocionales y mentales de la experiencia original. Esto significa que, en ocasiones, algunas enfermedades orgánicas incluyendo el cáncer son una forma de reproducir una situación que no fue resuelta por el alma.
El próximo concepto es muy importante y está ligado a las premisas anteriores. Se trata del atrapamiento de la conciencia. Generalmente esto ocurre cuando la muerte en una vida anterior tuvo lugar en circunstancias muy dolorosas, terriblemente insoportables y especialmente si la muerte fue precedida por una larga agonía. Imaginemos a una persona que está siendo torturada hasta morir en la Edad Media. Sus verdugos quieren arrancarle alguna confesión, pero ella se resiste y la agresión al cuerpo físico y la presión sobre la psiquis van en aumento hasta que finalmente se produce la muerte. Durante la tortura el dolor físico y psíquico son extremadamente insoportables. Mientras está siendo torturada, la persona experimenta dolor, pánico, desesperación, rabia, odio, injusticia, impotencia, indefensión. Al mismo tiempo está pensando: “No voy a hablar”, “No voy a decir nada”, “No puedo salir de esto”, “Tengo que esperar a morirme”, “No me muero nunca”, “Me voy a vengar”, “Me las van a pagar”. En una circunstancia así la muerte se produce coincidentemente con el pico de todas estas sensaciones y emociones. En el momento en que el alma abandona el cuerpo físico, la conciencia está tan inmersa y tan absorbida por todas estas sensaciones que ni siquiera se da cuenta de que el cuerpo se murió. Esto se ve agravado por la lucha de la conciencia por sobrevivir, y la forma de hacerlo es permanecer en la mente separándose del cuerpo para no sentir el dolor, o bien todo lo contrario, aferrarse al dolor porque mientras siente el dolor está viva. En ambos casos el resultado es el mismo. La conciencia no se da cuenta de que el cuerpo físico se murió y queda atrapada en ese instante del tiempo y del espacio. El resultado de esto es que mientras la persona está aquí, viviendo esta vida, una parte de su conciencia está atrapada en otro tiempo y en otro lugar.
Entonces, aquí viene el concepto más importante que es consecuencia directa de todo esto que hemos visto. Lo que yo debo comprender y debo aprender a reconocer como terapeuta es que cuando una persona me consulta por un síntoma bien definido ya está en regresión. Por lo tanto, no tengo que hacer nada para enviar a esta persona al pasado por la sencilla razón de que ella ya está allí, todo el tiempo, aunque no tenga conciencia de ello. Si una persona me consulta porque cada vez que tiene que tomar un ascensor se ahoga y siente que se va a morir, yo tengo que saber que las sensaciones de ahogo, asfixia, pánico y sensación de muerte inminente son la manifestación física de un evento que está ocurriendo en el plano subconsciente y que la persona, más bien una parte de su conciencia, todavía no terminó de morir en esa experiencia. Tal vez quedó atrapada en el derrumbe de una mina o en un terremoto o fue enterrada viva. No lo sé, pero lo que sí sé es que todo lo que tengo que hacer es ayudar a esa persona a traer esa experiencia al plano de la conciencia cotidiana y completar la muerte de ese cuerpo aquí y ahora para que, finalmente, pueda liberarse el fragmento de conciencia que allí quedó atrapado.
Una cosa más. Ahora que sabemos que hay partes de nuestra conciencia que están viviendo en otro tiempo y en otra realidad podemos entender también que aunque sigamos hablando de regresión, tampoco se trata de una verdadera regresión dado que la persona no regresa a ningún lado sino que ha estado allí todo el tiempo. Personalmente, cuando hablo de regresión me estoy refiriendo a la experiencia terapéutica en sí misma.
Resumiendo los conceptos anteriores:
1 Para el alma el tiempo no existe. Todo está aquí, al mismo tiempo.
2 Al reencarnar el alma trae consigo todas las situaciones que no fueron resueltas.
3 En ocasiones la conciencia puede quedar atrapada en un instante del tiempo y del espacio.
4 Cuando el paciente experimenta el síntoma ya está en regresión.
¿Cómo llevo a la persona a revivir el trauma original?
Una vez que he aprendido a reconocer que cuando el paciente está en frente de mí ya está en regresión, todo se simplifica. Si tomo el síntoma que presenta la persona que consulta como sinónimo de una experiencia excluida de la conciencia nunca fallaré. Es mu y fácil; un síntoma, una experiencia. Entonces, en la mayoría de los casos parto directamente del síntoma que presenta el paciente. Aquí no hay necesidad de hacer nada, ni siquiera una relajación. Si yo me doy cuenta de que el paciente está en regresión y, si la persona confía y se entrega al trabajo, la experiencia de vida pasada puede surgir en uno o dos minutos a más tardar y a veces puede ocurrir en forma instantánea. La forma de acceder a la experiencia de vida pasada por esta vía la veremos en el capítulo X al explicar lo que yo llamo la técnica del Samyama.
Cuando no es posible acceder a la experiencia de vida pasada a través del síntoma, sea porque la persona no está en contacto con sus sensaciones y emociones, sea porque no tiene bien claro lo que necesita trabajar o porque no puede salir del plano racional, debo recurrir entonces a una inducción. Una inducción es cualquier técnica que emplee para traer a la conciencia lo que está oculto en el subconsciente. Es un puente entre la conciencia cotidiana y la experiencia del alma. Básicamente se trata de un ejercicio de relajación asociado a técnicas de sugestión. Recuerden que todo lo que se necesita es aflojar los lazos que atan el alma al cuerpo físico.
Al terminar la relajación puedo sugerirle al paciente diferentes vías de acceso para encontrarse con la experiencia responsable de su problema actual. Por ejemplo, puedo sugerirle la idea de que va a retroceder en el tiempo a medida que recorre un túnel, o viaja en una máquina del tiempo, o desciende por una escalera, o hace un viaje en tren o en globo, o que un guía lo lleva de la mano, o que una nube viene a buscarlo. Cada uno puede crear su propia inducción o preguntarle al paciente cómo le gustaría hacerlo. Por ejemplo, en uno de los cursos de profesionales, la Dra. Mirta Glustron elaboró una inducción basada en el espejo de Alicia en el país de las maravillas. Ella le pide al paciente que se imagine frente a un espejo mágico y se vea claramente reflejado en él. Luego le indica que se acerque al espejo hasta pasar una mano a través de éste, luego el brazo, y así hasta pasar totalmente del otro lado. Al atravesar el espejo el paciente entra en una dimensión diferente y desde allí ella lo guía hasta encontrarse con la experiencia que tiene que trabajar.
En el caso de que usemos la figura del viaje en el tiempo, no olviden de que en realidad no existe tal cosa, porque no viajamos a ningún lado. La sugerencia del viaje en el tiempo sólo es un puente para ayudar al paciente a conectarse con la experiencia que ya está en el subconsciente. Esto es importante que lo tengan presente porque muchas personas tienen la fantasía y el temor de que al hacer la regresión pueden quedarse en el pasado. Ahora ustedes saben la verdad. Esto es imposible porque en realidad la persona no viaja a ningún lado. Por el contrario, ya está allí. En realidad ha estado atrapada en el pasado todo el tiempo sin siquiera saberlo. Por eso le pasa lo que le pasa. Volviendo a la inducción, en el siguiente capítulo les enseñaré una de mis inducciones favoritas y, en el apéndice, encontrarán otras variantes.
Regresión propiamente dicha
Una vez que el paciente ya está en una vida pasada debo guiarlo hasta que se encuentre con la experiencia responsable de su problema actual. En ocasiones, la persona aparecerá directamente en la experiencia traumática. Generalmente esto sucede cuando el paciente entró en regresión a través del síntoma. El síntoma me lleva directamente a la experiencia traumática porque, como dijimos antes, el paciente ya está allí. Cuando utilizo una inducción, lo más probable es que el paciente comience la regresión antes o después de la vivencia más importante.
¿Qué es lo que vamos a buscar en la regresión? Esto es fundamental. No se trata de hacer una regresión porque sí, sin saber qué es lo que se va a hacer una vez allí. Una cosa es hacer una regresión y otra cosa es saber qué hacer con lo que aparece en la regresión. Las escenas deben ser trabajadas como corresponde para obtener el máximo de provecho de la experiencia y que ésta no sea un mero acto de curiosidad banal. Si una persona tiene un conflicto, seguramente saldrá beneficiada de la regresión, pero si quien la conduce no es un profesional entrenado y la practica para satisfacer la curiosidad de sí mismo y de otros, puede dejar una herida abierta o traer a la superficie un síntoma que estaba reprimido y que ahora necesitará del trabajo de un verdadero profesional. Es posible que no pase nada, pero también es posible que surja una situación dramática y que no se sepa qué hacer con ella. En los cursos de entrenamiento es frecuente que al principio algunos profesionales entren en pánico frente a experiencias que no se imaginaban que pudieran acontecer. De modo que si usted no es un profesional entrenado, por favor no lo intente. Hecha esta advertencia, sigamos adelante.
El momento más traumático
El paciente tiene que ir a la experiencia responsable de sus síntomas y revivirla como si estuviese allí. Todo lo que hago durante la regresión es conducir al paciente para que reviva el hecho mareante responsable de su problema actual. Es allí donde se llega al momento cumbre de la regresión, el momento trascendental de la terapia donde está el secreto y la alquimia de la sanación. Una vez que el paciente está en la escena traumática tiene que revivirla en forma completa desde el principio hasta el final de ésta. Si piloteaba un avión y lo derribaron, tiene que reproducir toda la situación desde el instante mismo del impacto pasando por la caída hasta el momento en que el avión se desintegra o se estrella contra el suelo. Si lo enterraron vivo, tiene que reproducir toda la experiencia desde el momento en que lo entierran hasta que se produce la muerte y abandona el cuerpo. Si lo castigaron o lo torturaron o lo encerraron en un sótano, tiene que revivir toda la escena hasta salir de allí. Una vez que el paciente revivió en forma completa la experiencia responsable de sus síntomas tiene que identificar el momento más terrible o más traumático de esta experiencia. Para esto sólo es necesario una pregunta bien precisa:
—¿Cuál fue el momento más traumático o más terrible de esta experiencia?
Aquí, en este momento, está el centro del centro, el núcleo del núcleo. Una vez que el paciente llegó a este punto sólo resta identificar tres cosas:
—¿Cuáles son las reacciones físicas, las reacciones emocionales y las reacciones mentales en ese momento?
Ahora sí, llegué a la raíz del problema actual. Porque son estas reacciones físicas y emocionales las que experimenta la persona en su vida presente y son los pensamientos surgidos en esas circunstancias los que originan los patrones de comportamiento. Éste es el origen de los samskáras y de los vasanás, de las impresiones pasadas y de las tendencias latentes. Aquí se originan los miedos, las fobias, los bloqueos, las incapacidades, las culpas, los conflictos sexuales y también el rencor, la violencia o el deseo de venganza. Y es aquí también donde suele estar el atrapamiento de la conciencia. Éste es el momento durante el cual, al liberarse estas emociones y sensaciones, se produce el drenaje, la limpieza y la liberación del fragmento del alma que estaba atrapado. Es el momento donde la salida impetuosa de energía reprimida provoca la ruptura de la estructura del trauma. Inmediatamente sobreviene el alivio y la desaparición del síntoma.
Para facilitar y completar el insight, la toma de conciencia de cómo estas emociones están afectando a la persona en su vida actual, formulo dos preguntas más,2 siempre dentro de la regresión:
—Ahora vea, ¿de qué manera, todas estas sensaciones están afectando su vida como... (nombre actual del paciente)? Todas estas sensaciones (nombro las sensaciones), ¿qué le hacen hacer?
—Y todo esto, ¿qué le impide hacer?
Con estas dos sencillas preguntas el paciente completa el trabajo terapéutico de la experiencia responsable de sus síntomas y efectúa su proceso de elaboración y de darse cuenta en el instante mismo de la experiencia. A propósito, no hay necesidad de formular preguntas inteligentes durante la regresión. No hay premios por hacer preguntas sofisticadas. Todo lo que necesita el paciente es revivir la experiencia traumática y salir definitivamente de allí. A través de los años, lo sencillo ha probado ser lo más efectivo.
Veremos ahora en un ejemplo práctico cómo se trabaja la experiencia traumática. Marcos tiene dificultades para comunicarse y transmitir lo que siente, sobre todo con aquéllos con los que está involucrado afectivamente. Pero además, experimenta una gran traba para expresarse en público y en su ámbito de trabajo. En la regresión, se encuentra en una vida pasada en la cual él estaba a cargo de la custodia de un rey. Alguien lo traiciona, le tienden una trampa y lo juzgan por algo que él no hizo. Finalmente es condenado y muere decapitado. Veamos la secuencia traumática.
Terapeuta: ¿Cuál es el momento más terrible de toda esta experiencia?
Marcos: Cuando me van a cortar la cabeza.
T: Muy bien, ahora fíjate. En ese momento, cuando te van a cortar la cabeza, ¿cuáles son tus reacciones físicas?
M: Tengo miedo, me pongo duro, tiemblo. Veo los ojos de mi mujer que me mira con duda. Ella no me cree.
T: Muy bien, y en ese momento, cuando te van a cortar la cabeza y ves los ojos de tu mujer que no te cree, ¿cuáles son tus reacciones emocionales?
M: Miedo, impotencia, tristeza. Todos están mirando y nadie me cree.
T: Y en ese momento, cuando te van a cortar la cabeza y sientes la impotencia y nadie te cree, ¿cuáles son tus reacciones mentales?
M: Nadie me escucha. No sé cómo hacer para que esto no pase.
T: Muy bien, ahora fíjate. ¿De qué manera, todas estas sensaciones, están afectando tu vida como Marcos? Todo esto, “tengo miedo”, “todos están mirando y nadie me cree”, “la impotencia”, “nadie me escucha”, “no sé cómo hacer para que esto no pase”; todo esto, ¿qué te hace hacer en tu vida como Marcos?
M: Me quedo en silencio. Me encierro en mi mundo y no quiero escuchar lo que me dicen. Me pongo del otro lado y soy yo el que juzga a los demás y no digo lo que siento.
T: Y todo esto, ¿qué te impide hacer en tu vida como Marcos?
M: No puedo hablar, no puedo decir lo que siento. No puedo decir las cosas que no me gustan. Tengo miedo de que me juzguen.
T: Ahora fíjate una cosa más; ¿qué es lo último que recuerdas antes de dejar ese cuerpo?
M: La impotencia en la garganta. Nadie me escuchó.
Observen de qué manera precisa y sencilla aparece en la secuencia traumática el problema básico por el que consultaba Marcos y cómo él mismo se da cuenta de la forma en que las sensaciones en los instantes previos a la muerte estaban condicionando su vida de relación. Vean también la relación entre la presencia de su mujer y el público en el momento de la muerte y su dificultad para comunicarse con aquéllos a quienes amaba y la traba para expresarse en público. El último recuerdo antes de dejar el cuerpo también es muy importante porque allí quedó la impronta de la impotencia en la garganta que es justamente el órgano de la expresión. Si la experiencia traumática lleva a la muerte como en este caso, hay que acompañar al paciente hasta que su conciencia deje ese cuerpo para terminar así definitivamente con esas sensaciones. Puede suceder que la escena traumática no sea la causa de la muerte en vida pasada. En ese caso hay que conducir al paciente hasta llegar al momento de la muerte en esa existencia. La experiencia de la muerte es fundamental en el proceso terapéutico. Es lo que permite darle un corte definitivo a esa historia y liberar a la conciencia si hay un atrapamiento. La sola visión del cuerpo muerto en una vida pasada puede ser todo lo que necesite una persona para desprenderse de esa historia al tomar conciencia de que ya nada de eso le pertenece. Al vivenciar la muerte profundamente le damos la oportunidad al cuerpo para que experimente todo lo que necesita hacer para agotar las sensaciones del pasado. Y aun cuando se crea que todo esto es producto de la imaginación si el paciente termina su historia con la experiencia de la muerte también habrá terminado con el personaje de la fantasía.
Otro aspecto positivo de la experiencia de la muerte es que al dejar atrás el dolor y desprenderse del cuerpo físico es posible comprender el sentido total de esa vida y de esa experiencia. En ocasiones podremos ver que nos fue necesario vivir determinadas situaciones para aprender algún aspecto en particular. Un paciente que se vio en una vida pasada como discapacitado dijo que necesitó esa experiencia para aprender que todos somos iguales. En una vida más lejana, había sido muy soberbio y despreciaba a todo el mundo, y se dio cuenta de que, todavía hoy, le quedaban restos de esa soberbia para seguir trabajando.
Volviendo al principio, si estoy conduciendo la sesión con un objetivo terapéutico, mi trabajo consiste en ayudar al paciente a revivir el hecho responsable de su problema actual. La historia en sí es anecdótica. Lo que yo debo encontrar son las vivencias traumáticas, significativas o mareantes, sea en una vida pasada, sea en la vida actual. Estas vivencias traumáticas pueden ocurrir durante el transcurso de una existencia anterior, en el momento de la muerte en dicha existencia o bien en la vida actual, durante la etapa intrauterina, en el momento del nacimiento o en la primera infancia. Como regla general, las situaciones traumáticas de esta vida actúan como disparador reactivando las emociones del pasado. Por ejemplo, la asfixia que se experimenta al nacer con una circular de cordón puede reactivar las sensaciones y el recuerdo de una muerte en la horca. Así, se instalan en la vida presente todas las emociones y pensamientos experimentados en el momento de la muerte precedente. Netherton afirma que ningún incidente de vida pasada está totalmente apagado si no se investiga el trauma que lo reactivó. Sea en la misma sesión, sea en una sesión posterior, debo buscar en la vida presente la situación que reactivó la experiencia traumática de vida pasada y trabajarla de igual manera como ya lo hemos puntualizado.
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