Kitabı oku: «Islam y migración en Senegal: el espacio transnacional mouride»

Yazı tipi:

Islam y migración en Senegal:

el espacio transnacional mouride

José Luis Gázquez

México, 2021



Universidad Nacional Autónoma de México

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Islam y migración en Senegal: el espacio transnacional mouride

José Luis Gázquez

Catalogación en la publicación UNAM. Dirección General de Bibliotecas y Servicios Digitales de Información Nombres: Gázquez Iglesias, José Luis, autor. Título: Islam y migración en Senegal: el espacio transnacional mouride / José Luis Gázquez. Descripción: Primera edición. | Ciudad de México : Universidad Nacional Autónoma de México, 2021. | Serie: Colección Universitaria de Estudios sobre Asia y África ; 8. Identificadores: LIBRUNAM 2102005 (impreso) | LIBRUNAM 2109515 (libro electrónico) | ISBN 9786073043335 (impreso) | ISBN 9786073049337 (libro electrónico). Temas: Mourides -- Senegal. | Cofradías musulmanas -- Senegal. | Sectas islámicas -- Senegal. | Religión -- Senegal. | Transnacionalismo -- Aspectos religiosos. Clasificación: LCC BP195.M66.G39 2021 | LCC BP195.M66 (libro electrónico) | DDC 297.48—dc23

Primera edición electrónica en formato ePub: agosto 2021

dr © 2021. Universidad Nacional Autónoma de México

Coordinación de Humanidades

Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria,

Coyoacán, 04510, Ciudad de México

ISBN: 978-607-30-4933-7

Esta edición de un ejemplar de (1.5 MB) fue realizada por el Área de Ediciones y Publicaciones Electrónicas del Programa Universitario de Estudios sobre Asia y África de la UNAM. La edición de formación y producción de este ejemplar fue realizado por María del Carmen Uribe Rangel. Apoyo editorial: Patricio Martínez Moreno.

Esta investigación, arbitrada por pares académicos, se privilegia con el aval de la institución editora.

La obra Islam y migración en Senegal: el espacio transnacional mouride fue publicado en versión impresa en abril de 2021 por la Coordinación de Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México. El cuidado de la edición estuvo a cargo de: Andrea Reyes Lozano. Diseño e ilustradicón de portada: Yussef A. Galicia Galicia.

Prohibida su reproducción parcial o total por cualquier medio sin autorización escrita de los titulares de los derechos patrimoniales.

Esta edición y sus características son propiedad de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Hecho en México / Made in Mexico

Índice

1  Presentación

2  Introducción

3  Precisiones metodológicas Metodología y las ciencias sociales Metodología del trabajo de campo Transnacionalismo El transnacionalismo religioso Religión y política Organización y resumen de los capítulos

4  Surgimiento de la cofradía y de la doctrina mouride: principios ideológicos y organizativos de una comunidad islámica-sufí africana Sufismo, marabout y baraka El sufismo minimalista de Amadou Bamba Baraka El cheikh La relación cheikh-taalibé Un pacto de lealtad El trabajo Cheikh Ibra Fall, bayfalismo y doctrina del trabajo Educación: daara tarbiyya como espacio pedagógico integral El regalo Estructura organizativa de la cofradía mouride

5  La cofradía mouride y el Estado colonial de Senegal: el califato de Modou Moustapha Mbacké (1927-1945) Producción del espacio mouride en Bawol oriental y su participación en la economía colonial: “los marabouts del cacahuate” La evolución del territorio mouride: de la daara a la aldea La política mouride y las instituciones políticas coloniales —el contrato social senegalés Organización del poder maraboútico tras la desaparición del fundador: la política mouride Segunda fase de expansión: de 1927 a 1945 Intercambio de servicios

6  Politización, urbanización e internacionalización de la cofradía mouride: los califatos de Falilou (1945-1968) y Abdou Lahat (1968-1988) La urbanización e internacionalización de la cofradía mouride La dahira El sistema comercial mouride La emergencia de la “intelligentsia” mouride Internacionalización de la cofradía mouride Internacionalización de la cofradía mouride: Europa y EUA

7  La globalización mouride: el califato de Saliou Mbacké (1989-2007) La creación del espacio mouride en la diáspora La expansión del espacio asociativo mouride en la migración: la evolución de las dahiras Los antecedentes de las dahiras en los países de inmigración Las visitas de los marabouts en la diáspora y la transformación de la práctica de la zîyara: de las dahiras “rama” a las dahiras generales Algunos ejemplos documentales: Estados Unidos, Italia y el sur de Francia Mourtala Mbacké y la formalización de las dahiras en España (Madrid y Barcelona) Funciones de la dahira general en la diáspora La interacción entre asociaciones de inmigrantes y dahiras

8  Extraterritorialidad, migración y economía espiritual: Touba en la era de los califatos de los nietos de Bamba Touba: del califato de Falilou al de Abdou Lahat Urbanización de Touba bajo Saliou Mbacké: la autonomía respecto del Estado La extraterritorialidad de Touba y el sistema transnacional mouride Las relaciones Estado-cofradía y la posición particular de Touba en el territorio senegalés Los circuitos económicos espirituales

9  Comentarios finales

10  Glosario

11  Lista de acrónimos

12  Referencias

Landmarks

1  Cover

Presentación

Este trabajo representa una reflexión sobre el proceso histórico-político de construcción de una comunidad religiosa islámica transnacional —la cofradía islámica sufí mouride1 — mediante un análisis que busca centrarse en las dinámicas e instituciones migratorias que han servido para la construcción de dicha sociedad en el marco del Estado-nación poscolonial de Senegal.

Para dicho cometido, a lo largo del libro, se busca determinar la naturaleza de las relaciones entre el actor religioso y el actor político en los distintos puntos de inflexión y coyunturas inscritas en la perspectiva de la larga duración histórica del islam en Senegambia y del Estado colonial y poscolonial de Senegal.

A partir de estas relaciones, se analizan las dinámicas espacio-territoriales propias del movimiento mouride que han derivado en su institucionalización y en la creación de un espacio transnacional de gran extensión a nivel mundial.

Con el fin de lograr lo anterior, es necesario en primera instancia señalar que el movimiento que se analiza en esta obra no solo es producto del contexto y narrativas históricas del islam del último cuarto del siglo xix en las que el actor colonial francés jugaba aún un papel secundario, sino que resulta de una dimensión histórica diacrónica que coloca al islam en una perspectiva más amplia en relación con los sistemas políticos africanos precoloniales, en este caso las monarquías esclavistas de los reinos precoloniales wolof de la región de Senegambia. Esta precisión resulta imprescindible para la realización del objetivo de conceptualizar a la cofradía mouride como una síntesis heterogénea, cuyo crecimiento y expansión han trascendido el registro exclusivamente religioso para convertirse en uno de los vectores de integración más importantes de la sociedad senegalesa contemporánea y de mayor influencia política en el seno del Estado.

Lo que se busca a lo largo de los capítulos no es proporcionar respuestas definitivas a la naturaleza de las relaciones entre las esferas religiosa y política en Senegal, sino desarrollar un método novedoso que, mediante la perspectiva que ofrece la historia crítica, argumente que la creación de comunidades religiosas en Senegal (en este caso, la mouride) procede a la vez de la relación dialéctica entre religión y política secular, pero también del desarrollo de las propias dinámicas, instituciones y espacializaciones migratorias, fruto de su propia historicidad y de su relación con los procesos de islamización y posteriormente de colonización europea.

En este sentido, aunque en el título del libro se menciona la migración como uno de los elementos de análisis, no se pretende estudiar la migración mouride ni desde su perspectiva “nacional” (causas de la migración senegalesa) ni desde la perspectiva de su integración a los países donde ha llegado, sino como el producto tanto de su propia agencia como de sus relaciones históricas con las instituciones políticas occidentales. Así, dado que las migraciones senegalesas contemporáneas se construyen en gran medida desde pautas culturales y referenciales wolof-mouride, puede argumentarse que el fenómeno migratorio senegalés en sí encuentra parte de su explicación en la historicidad y en la cultura migratoria mouride.

Es importante aclarar que si bien gran parte de esta obra es resultado del trabajo de campo que se realizó en España (Madrid y Barcelona principalmente), no se busca exponer sistemáticamente las características que adquiere el mouridismo en las ciudades en donde se implanta (sin duda, un eje reflexivo importante en los estudios contemporáneos sobre el mouridismo y el islam transnacional), sino que considera estos destinos como constelaciones de un espacio migratorio más amplio que se expande desde su foco de origen en la región semidesértica de Senegambia noroccidental en las últimas décadas del siglo xix, hasta países tan distantes y dispares como Estados Unidos y Egipto (Bava, 2005, pp. 105-122) en el siglo xxi. Por esta razón, las migraciones son tratadas de manera transversal considerando, pues, que el significado de la migración no debe entenderse como algo coyuntural o accidental, sino como la dinámica esencial constitutiva mediante la cual se construye la sociedad mouride transnacional.

Asimismo, es necesario precisar que este trabajo es el resultado de un análisis particular que encuentra su originalidad tanto en su enfoque (rehabilitar la perspectiva del propio actor mouride) como en su método. Al hacer un uso combinado de fuentes directas —fruto de la experiencia que supuso el trabajo de campo con líderes y discípulos del movimiento tanto en Senegal como en su diáspora— y complementar el análisis con determinados materiales documentales, se pretende ahondar en las dinámicas y prácticas religiosas transnacionales que proyectan a la cofradía como una formación político-religiosa paralela, pero a la vez inextricablemente ligada al proceso de construcción estatal.

En suma, el fin último de este trabajo es discernir la trayectoria paralela transnacional del proceso de construcción comunitario mouride en su propia historicidad y en su relación con el proceso de construcción del Estado colonial y poscolonial de Senegal como una herramienta epistemológica capaz de reconducir los cuestionamientos y respuestas hacia la perspectiva de los propios actores y grupos políticos y religiosos presentes y activos en el proceso de reapropiación, y no únicamente de imposición, de las instituciones políticas coloniales. Metodológicamente, se intenta rehabilitar la perspectiva del propio actor mouride para comprobar cómo la relación entre política y religión es la productora —mediante las migraciones— de una sociedad religiosa transnacional.

1 Mouride (árabe) aspirante, novicio o discípulo. Término estándar del islam sufí para designar a aquel que sigue a un líder religioso. En el marco de este trabajo, es también el nombre que reciben los discípulos de la Mouridiyya (árabe), orden sufí fundada por Cheikh Amadou Bamba en 1883-1884 en el reino wolof precolonial de Bawol, región nororiental de Senegambia. Los wolof son históricamente el grupo étnico mayoritario de esta región.

Introducción

Para el análisis de las migraciones como el resultado de la relación entre religión y política, y como principales fuerzas productoras de la institución y del espacio transnacional mouride, cuyos resultados se exponen aquí, se recurrió a una metodología diversa e interdisciplinar. Así, antes de abordar la lógica metodológica propia de este trabajo, es pertinente realizar dos precisiones para el marco general del argumento que se propone.

Como se mencionó anteriormente, presentar un análisis de la creación del espacio africano, en este caso el mouride en sus propios términos históricos, es uno de los objetivos primordiales de este trabajo. La razón para ello radica en la necesidad de establecer una perspectiva poscolonial y crítica de la historia de África, y más precisamente de las sociedades africanas. A menudo, la historia de estas últimas se narra desde la academia occidental como una progresión lineal que define y concatena anacrónicamente los periodos precolonial, colonial y poscolonial como caminos que condujeron inevitablemente a las sociedades africanas a conformarse en Estados-nación modernos. En esta investigación no se toma como referencia historiográfica clave la colonial europea (lo cual resultaría altamente eurocéntrico y, sobre todo, daría lugar a análisis incorrectos y reduccionistas), sino que se intenta determinar una cronología original que dé cuenta de las temporalidades y perspectivas históricas del objeto de estudio.

Otro punto crucial para el argumento central del trabajo es la importancia de ahondar en el análisis crítico del proceso historiográfico de la cofradía, el cual reside en determinar el origen transnacional del movimiento en su relación con la política secular, así como su naturaleza migratoria y la continuidad de estos dos factores a lo largo del tiempo.

En resumen, se busca enfatizar el dinamismo histórico del proceso de construcción comunitario como el elemento reflexivo central del análisis, y no el factor mouride en la construcción del Estado o en el desarrollo de las migraciones senegalesas contemporáneas, como hace la mayor parte de la literatura.

Debido a lo anterior, es importante señalar que la distribución de los capítulos obedece principalmente al objetivo de recalcar el plano temporal mouride sobre el proceso de construcción estatal. De esta manera, no se eligieron los hitos de la historia moderna del Estado-nación de Senegal sino en función de los distintos liderazgos, mutaciones y coyunturas que han conformado al movimiento como las líneas fundamentales de concatenación histórica.

Finalmente, es necesario recalcar que en el marco de este trabajo se ha privilegiado la habilitación de voces y perspectivas de la diversidad de actores que componen a la cofradía mouride. Hasta épocas recientes, los estudios sobre el mouridismo habían favorecido el análisis en la cima de las jerarquías políticas y religiosas de Senegal silenciando en gran medida las narrativas creadas desde “abajo”, es decir, desde la óptica de los grupos subordinados al poder político y religioso que influyen en su ejercicio. En este sentido se hace un esfuerzo sistemático por dar voz a los propios actores miembros de la cofradía, independientemente de la posición que ocupan dentro de las estructuras jerárquicas presentes en su organización.

Precisiones metodológicas
Metodología y las ciencias sociales

Como afirma Jean-François Bayart (2009), en África no se puede asumir la construcción del Estado y de la sociedad civil a la occidental; la colonización, la independencia, las relaciones con el exterior definen la estructura, pero no la agencia de las sociedades africanas. No obstante, esto no quiere decir que la introducción del Estado-nación como estructura política centralizadora y creadora de desigualdades sociales no haya significado una ruptura mayor respecto de los sistemas políticos precoloniales africanos, ni que esta no sea pertinente (al menos como referencia) para el desarrollo de este trabajo.

La introducción del Estado en África representa un cambio de escala significativo en lo relativo a los sistemas de dominación política precolonial. Como señala Bayart, las lógicas de extraversión de los sistemas políticos africanos han definido en gran medida su relación con el mundo; en este caso, el sistema internacional desde una relación asimétrica y de dependencia en la que los propios actores africanos han desempeñado un papel central. En este trabajo se adopta la metodología que propone Bayart (2009) para aprehender la inteligibilidad de las sociedades africanas, en las que el Estado —lejos de parecer una estructura política importada estática, monolítica y hegemónica— ha sido apropiado en gran medida por los propios actores africanos. Así, se trata de analizar la manera en que el actor religioso, en específico la cofradía islámica sufí mouride, se ha erigido históricamente como un elemento central del sistema político senegalés.

Por lo tanto, lo que se busca es salir de parámetros académicos convencionales al desplazar el centro analítico del proceso de construcción estatal senegalés al proceso de su subversión mediante el análisis de la construcción y expansión transnacional mouride. Con esto último se busca resaltar el proceso de construcción comunitario que se da de manera paralela al proyecto de construcción estatal y de la nación.

Al adoptar un enfoque que supone la valorización de las fuentes y narrativas mouride (tanto en la cima como en la base de la jerarquía religiosa), esta investigación representa una reflexión original ya que adopta una perspectiva metodológica específicamente desarrollada para comprender por una parte los fenómenos políticos de construcción del Estado y la nación así como los procesos migratorios en África y en particular en Senegal. A pesar de que ambos factores fueron contemplados de forma recíprocamente constitutiva en el desarrollo de la investigación conducente al presente proyecto que constituye este libro, en este último el interés se centra en plasmar la historicidad de la expansión transnacional de la cofradía mouride. Es preciso señalar que lo anterior derivó del empleo de paradigmas alternativos a aquellos centrados en teorías y conceptos que emanan de la tradición estato-céntrica y del nacionalismo metodológico de las ciencias sociales tradicionales, y con ello desplazar el foco de análisis de grupos culturales subnacionales del margen al centro de las dinámicas de construcción del Estado mediante procesos de apropiación de las instituciones y la cultura occidental.

Movimientos y sociedades religiosas como la mouride, creadas al margen del espacio político del Estado y que por ello representan un reto a su autoridad, deben ser considerados en todo su valor teórico para las ciencias sociales en proceso de redefinición conceptual desde el fin de la Guerra Fría y en el marco actual de globalización, ya que suponen una perspectiva alternativa a la investigación basada voluntaria o involuntariamente en el sesgo ideológico que producen los conceptos y categorías que vieron la luz en instituciones académicas occidentales.

Una vez establecidas estas precisiones metodológicas respecto de la historia y la inteligibilidad de las sociedades políticas africanas, y con una importante intención de descolonización epistemológica de los paradigmas teóricos hegemónicos, se vuelve evidente el porqué de adoptar una perspectiva metodológica plural e interdisciplinar.

Por otra parte, es importante recalcar que, si bien las técnicas de observación procedentes de la antropología y la etnografía pueden entenderse como los procedimientos por medio de los cuales el investigador presencia en directo el o los fenómenos que estudia, este trabajo no busca primordialmente establecer su argumento basado en estas ramas del saber en la investigación social. En este sentido, nuestro objeto de estudio no es stricto sensu la cofradía mouride, sino el proceso de construcción de un espacio político-religioso comunitario transnacional. Desde este enfoque, lo que interesa es poner de manifiesto la evolución de las propias instituciones mouride creadas y recreadas para adaptarse a los múltiples y diversos contextos a los que se ha extendido, tanto en Senegal como en su extensa diáspora. De ahí la importancia de reforzar la perspectiva emic, así como la progresión histórica del argumento.

Metodología del trabajo de campo

En lo que concierne a la metodología empleada para el trabajo de campo que se llevó a cabo, se adoptó el modelo de la etnografía liberal2 y los ­estudios multisituados (Marcus, 1995, pp. 95-117).

La etnografía, como otras formas de investigación social, no puede tratar simultáneamente asuntos factuales y de valor, y su papel implica inevitablemente una intervención social (tanto si los investigadores son conscientes de ello como si no). Por ello, se cree conveniente aclarar que la postura que se adoptó fue la de identificarse en todo momento y de manera sincera como un investigador social, es decir un actor académico dedicado al estudio de fenómenos políticos, religiosos y migratorios de África y Senegal. En términos generales, tanto en Senegal como en España, la actitud de las personas con quienes sostuve entrevistas o conversaciones estaba determinada por el grado de confianza que se alcanzaba con ellas. En muchas ocasiones, sobre todo en España debido a la situación irregular de muchos migrantes senegaleses así como al recelo inicial que provocaba el interés particular en lo relativo a la cultura de origen, se tuvieron que llevar a cabo negociaciones para acceder a la información. No solo era necesario ser capaz de generar una entrada al mundo de la cofradía, sino que esta, si quería resultar significativa en el marco de la investigación, tenía que darse de manera que partiera de las propias interpretaciones que hacían los actores sociales (en este caso, los migrantes mouride) de mi presencia como representante de una institución educativa occidental. De hecho, en situaciones en que la negociación no era suficiente para generar la confianza necesaria a fin de plantear todo tipo de cuestiones en las entrevistas, los propios actores me invitaban a adoptar una participación más activa en las prácticas rituales para demostrar la sinceridad de mis intenciones. Aunque este tipo de procedimiento pudiese ser considerado desde algunos posicionamientos teóricos como una interferencia en el desarrollo original de las prácticas rituales, en la práctica esta técnica se volvió altamente rentable en términos de acceso a la información por el interés que suscitaba mi participación entre el conjunto de creyentes.

Todas las investigaciones sociales se basan en la capacidad humana para participar en la observación. El actor social debe estar preparado para reflexionar sobre él o ella misma y sobre sus acciones e implicaciones en los resultados que arroje su investigación. Sin embargo, más que hacernos dudar acerca de si esta produce o no conocimiento, o sobre su significado político, la reflexividad sobre esta cuestión proporciona la base para al menos contextualizar el significado sociohistórico de la investigación. Al incluir nuestro propio papel dentro del enfoque de esta, e incluso por momentos explotando sistemáticamente nuestra participación en los lugares de estudio, se pudieron producir relatos sobre el mundo social mouride y se le pudo analizar sin recurrir a concepciones asépticas del naturalismo, o a la aspiración de crear leyes universales para el comportamiento social, como apuntala el positivismo.

Todo esto no implica automáticamente que la labor investigadora, tal como se desarrolla en las instituciones universitarias en la actualidad, no represente o no pueda representar los fenómenos sociales y, de igual modo, el hecho de que como investigadores estemos en una posición de crear un efecto en la gente que estudiamos no significa que la validez de nuestras conclusiones quede restringida a los datos de situaciones que con nuestra presencia hemos provocado. Aunque tradicionalmente se trate de minimizar este efecto observador con el fin de producir información más “objetiva”, en realidad la forma en que la gente responde a la presencia del investigador puede proporcionar tanta información como la reacción ante otras situaciones.3

Por último, en este trabajo se utiliza la perspectiva que ofrecen los estudios multisituados debido a la problemática misma de la investigación. Al tratarse del estudio de la creación y desarrollo de un espacio transnacional religioso, cuyas dinámicas se extienden desde Senegal en el continente africano hasta una multiplicidad de localidades diaspó­ricas, se tornó en una cuestión imperativa considerar una diversidad de contextos espaciales y temporales con el objetivo de obtener la mayor cantidad de información.

Transnacionalismo

En las últimas tres décadas, tanto el fenómeno de la globalización (entendido como una intensificación de la interconectividad mundial) como el conocimiento teórico que se ha producido al respecto han ejercido una influencia considerable en los estudios sobre las migraciones internacionales. En particular, el concepto de transnacionalismo ha sido objeto de debate académico para sugerir que la mayor interconectividad del mundo ha creado nuevos tipos de migrantes llamados transmigrantes o transnacionales. Aunque el transnacionalismo, en el sentido de describir procesos políticos, económicos, sociales o culturales que implican la relación entre al menos dos fronteras estatales, no alude a un fenómeno nuevo, la intensificación de las interacciones sociales a nivel global ha ocasionado que dicho concepto se utilice para describir estas dinámicas como un fenómeno novedoso a falta de una perspectiva histórica más amplia.

En el conocido estudio Nations Unbound se define el transnacionalismo migrante como “procesos por medio de los cuales los inmigrantes forjan y mantienen múltiples relaciones sociales que vinculan entre sí sus sociedades de origen con las de destino” (Basch, Schiller y Blanc, 1994, p. 22). Más que en cualquier otra época, se asume que los migrantes contemporáneos mantienen contactos más cercanos con su país de origen mediante las oportunidades que ofrecen los avances en las tecnologías de la información y la comunicación como el abaratamiento relativo de la transportación aérea. Para precisar más la novedad conceptual del transnacionalismo, autores como Alejandro Portes (2006) han afirmado que mientras los movimientos de ida y regreso siempre han existido entre los migrantes, estos no habían adquirido el volumen y la complejidad necesarios para hablar de un campo social emergente. Según este autor, los parámetros que definen al transnacionalismo migrante como un nuevo campo de estudio son los siguientes: la proporción de personas en un universo cultural común relevante y la estabilidad de sus relaciones en el tiempo.

Por otra parte, los estudios del transnacionalismo han adoptado en su mayoría una óptica que privilegia las relaciones entre unidades estato-nacionales, asumiendo que las relaciones que establecen los individuos con su Estado (a pesar de que pueden ser conflictivas) representan la principal fuente de identificación a través de la nación. Aunque en este libro se mantiene de trasfondo el transnacionalismo como una perspectiva que permite analizar las relaciones entre Senegal y los países de inmigración proveniente de este país (en el sentido de una multiplicidad de relaciones entre origen y destino facilitadas en una era de mayor interconexión), se utiliza el transnacionalismo religioso como herramienta teórica para comprender el proceso de constitución y construcción de la sociedad islámica mouride. Hasta la fecha, la religión representa una dimensión del transnacionalismo que permanece relativamente poco estudiada por lo que este trabajo busca abonar y expandir los límites en dicho campo.

El transnacionalismo religioso

El estudio de las religiones mundiales o globales tiene una larga historia. Muchos de estos estudios se centran en el desarrollo de prácticas religiosas en un contexto singular en lugar de enfocarse en las conexiones transfronterizas que comparten las comunidades religiosas entre sí. En este trabajo se considera la religión como un sistema social que se guía por una lógica transnacional, al igual que la economía o el Estado-nación (Levitt, 2003, pp. 847-873).

Sin embargo, ¿qué significa estudiar la religión, o más precisamente, la identidad religiosa y su proyección sobre el espacio en un contexto histórico de globalización en el que, por un lado, se promueve la homogenización de los cultos universales, mientras que por otro se agudizan las identidades y particularidades, todo marcado por el trasfondo de un declive ideológico de la comunidad política representada por el Estado-nación y la emergencia y consolidación de nuevos actores en el sistema internacional?

Al igual que en el libro Transnational Religion and Fading States, el término transnacional es utilizado a lo largo de esta investigación para capturar las maneras en que las religiones globales (en este caso, el islam en su versión senegalesa mouride) crean una sociedad civil transnacional que desafía la lógica de los Estados-nación (Piscatori y Rudolph, 1996).

Una manera en que los migrantes se conectan con sus comunidades de origen es por medio de prácticas transnacionales. Los migrantes transnacionales son individuos que viven aspectos de su vida social, política y económica en al menos dos contextos nacionales. Se establecen en los países de acogida, mientras que ganan dinero, votan y/o rezan en sus países de origen. En algunos contextos, el impacto de estas actividades se siente principalmente en aquellos que se mueven; en cambio, la fuerza y el alcance de otros son tan fuertes y extendidos que algunos aspectos de la vida de los no migrantes también se transnacionalizan (impacto en comunidades de origen).

Por su parte, es necesario recalcar que las prácticas e identidades religiosas transnacionales tienen dimensiones a la vez objetivas y subjetivas. A las dimensiones inobservables de la vida religiosa se les ha brindado poca atención, ya que las herramientas analíticas para estudiarlas se encuentran subdesarrolladas o infravaloradas. La religión desempeña un papel crítico en la construcción de la identidad, creación de significado y formación de valor. La religión genera estructuras de pertenencia alternativas que utilizan la memoria y la imaginación colectivas para crear y redefinir identidades transnacionales.

En el caso de los musulmanes mouride, el pertenecer a una religión instituida universalmente que los acepta como sus miembros a donde quiera que vayan, plantea la cuestión de la primordialidad entre la membresía a religiones transfronterizas y otro tipo de sistemas de identificación como la nación. En este trabajo se propone la necesidad de entender, por medio de la óptica del transnacionalismo religioso, qué diferencia hay para las comunidades en los países de origen y de destino cuando los migrantes expresan su lealtad en escenarios religiosos en lugar de étnicos o políticos, así como de plantear pautas dialécticas producto de su relación con la nación, tanto en escenarios de origen como en los contextos de inmigración.

Por ello, aunque nuestra premisa principal reposa sobre el supuesto de que la creación de una sociedad religiosa transnacional se realiza como un espacio comunitario alternativo y autónomo al del Estado-nación colonial y poscolonial, sus dinámicas constitutivas no pueden entenderse sin referencia a la manera en que se relaciona con las instituciones políticas que de él emanan. De este modo, se considera de singular importancia en el marco de este trabajo el papel del Estado senegalés en sus versiones colonial y poscolonial, en tanto regulador del movimiento de las personas y la expresión religiosa que, en consecuencia, influye de manera significativa en la magnitud y en el carácter de las prácticas religiosas transnacionales de los migrantes.

En el caso de Senegal, el Estado se ha erigido como un actor laico que reconoce el prominente lugar de la religión musulmana de su población. De hecho, desde una perspectiva histórica, en este país, religión y nacionalidad se refuerzan a sí mismos siempre y cuando se conciba esta última como una apropiación del actor religioso de la idea de nación. La sociedad mouride es significativa en este aspecto, ya que no solo el islam no preconiza separación entre religión, política y sociedad, sino que en este caso se da la singularidad de que la sociedad religiosa se ha apropiado del proyecto nacional de Senegal. Como se verá a lo largo del libro, esta dualidad identitaria en que habitan los senegaleses mouride —en tanto ciudadanos de un Estado-nación y como discípulos de alguna cofradía sufí (en este caso la mouride)— establece la dinámica migratoria de base a partir de la cual se construye el espacio político-­religioso transnacional.

Esta investigación intenta explicitar por lo tanto el nexo entre los estudios de las religiones globales y diaspóricas, y el estudio de las prácticas religiosas de los migrantes transnacionales. Una vez expresado lo anterior, se puede afirmar que poco trabajo se ha realizado que examine directamente la relación entre migración transnacional y religión (Levitt, 2003), y aún menos sobre los vínculos entre el transnacionalismo religioso y la política secular.

Por lo tanto, deben examinarse las maneras en que los creyentes utilizan los símbolos y las ideas para imaginar y localizarse a ellos mismos en paisajes religiosos y analizar cómo las geografías políticas y religiosas se sobreponen y yuxtaponen unas con otras. En este trabajo se entiende el mouride como un espacio transnacional, un paisaje religioso alternativo a los íconos y símbolos nacionales e internacionales, pero que a la vez se nutre de ellos. Muchos senegaleses, durante las sesiones de trabajo de campo, asocian al mouridismo con un sentido de pertenencia nacional a Senegal, aunque consideran la cultura religiosa como el marcador auténtico de la identidad senegalesa, que utilizan para construir una barrera contra una aculturación (americanización u occidentalización) no deseada.

Los migrantes transnacionales utilizan la religión para delinear una cartografía alternativa de pertenencia y, de este modo, los peregrinos que viajan de un punto de referencia a otro crean topografías religiosas imaginarias cuyas fronteras se encuentran delimitadas por esos lugares sagrados (Eickelman y Piscatori, 1990). Apropiándose simultáneamente de la idea de nación, su estructura de pertenencia en el sistema internacional y los derechos colectivos e individuales a los que da lugar dicha pertenencia, los íconos religiosos y los santuarios sagrados, más que las banderas nacionales, son los que dejan su impronta en estos espacios. Las geografías imaginadas (físicas y morales) resultantes del fenómeno anterior pueden estar contenidas dentro las fronteras nacionales, trascenderlas, pero también coexistir con ellas y crear nuevos y alternativos espacios que para algunos individuos tienen mayor prominencia e inspiran mayor lealtad que el terreno definido exclusivamente por la nación.

La constitución de este tipo de geografías sagradas ha hecho que se conciban como comunidades “desterritorializadas”, entendiéndose este proceso como la operación llevada a cabo por las redes transnacionales. Aunque es verdad que el componente simbólico es preponderante en la creación del espacio religioso en la diáspora, en el caso que nos concierne el proceso de desterritorialización de la cofradía mouride se ha visto acompañado en todo momento por una dinámica de “reterritorialización” (en este caso el crecimiento y urbanización de Touba, la ciudad santa y capital de la cofradía mouride), producto de la agencia migrante y de las relaciones en la cima de las jerarquías político-religiosas (islámicas) de Senegal.

Este último aspecto genera implicaciones políticas importantes ya que el crecimiento urbano de santuarios religiosos como Touba se lleva a cabo en detrimento de la soberanía territorial del Estado. Al habitar los creyentes en un mundo islámico, donde la autoridad divina ­antecede a la de los representantes políticos del Estado y que además cuenta con un territorio propio, se presentan planteamientos problemáticos, tales como el reconocimiento de la autoridad legítima o las relaciones con otros grupos sociales (religiosos, étnicos o seculares) presentes en el ­territorio estatal.

En este sentido no debe perderse de vista que esta prioridad dada a la esfera religiosa en ciertos contextos rurales, como estructura de pertenencia identitaria alternativa al proyecto de Estado-nación senegalés, no significa que los seguidores del mouridismo se eleven en la práctica como entes divorciados del mundo secular. De hecho, una de las estrategias centrales del mouridismo en su relación con las instituciones heredadas de la colonización ha consistido en una reapropiación para influenciarlas de acuerdo con sus intereses. Por ello, si bien en esta investigación se considera al mouridismo como un proyecto comunitario alternativo al del Estado-nación colonial y poscolonial de origen europeo, su relación con este define en gran medida su campo de acción.

Religión y política

Es importante señalar que al tratarse de un trabajo sobre la producción de un espacio (migratorio) religioso transnacional resultado de la relación entre actores políticos y religiosos en Senegal, a lo largo de este se abordan cuestiones teóricas que moldean el debate académico sobre la relación de estas dos esferas.

En primer lugar, se considera que el aumento de los movimientos religiosos en las últimas décadas a nivel global y de manera particular en África responde al menos parcialmente a la crisis de legitimidad a la que se enfrenta el Estado-nación contemporáneo (Ellis, 1998). La multiplicación de movimientos religiosos en un contexto de intensificación del proceso migratorio global ha derivado en la creación de redes transnacionales que vinculan grupos de personas a menudo sin referencia alguna a los Estados.

En el caso de la cofradía mouride de Senegal, por tratarse de un movimiento en constante redefinición que se adapta a las circunstancias históricas cambiantes de los contextos nacionales, regionales y globales, proporciona en todo momento un sistema cognitivo del mundo a sus seguidores, de forma que ellos encuentran una explicación exhaustiva de todo lo que acontece a través de su historia, sus narrativas y sus dinámicas sociales.

De este modo, se consideran los argumentos religiosos en primera instancia en los propios términos de los creyentes antes de tratar de intentar traducirlos a un vocabulario más adecuado a las disciplinas académicas occidentales.

Ranger (1986) señala que es posible identificar regiones africanas extensas integradas a sistemas culturales religiosos anteriores a la colonización europea —como el islam— que superaban por mucho las fronteras de cualquier grupo étnico. Esto resulta pertinente para nuestro análisis ya que, debido a la profundidad histórica del islam respecto de la presencia europea, el Estado moderno carece aún de medios oficiales para gobernar poblaciones cuya abrumadora mayoría profesa la adscripción a sociedades religiosas al margen del Estado. En este sentido, la actividad religiosa puede considerarse como una expresión de la política “desde abajo” o como modos políticos de acción popular (Bayart, 1981):

En África, como en todas partes, la política se produce “de abajo hacia arriba”, revueltas, no conformidad, subproducción de ciertos cultivos, huelgas, abstencionismo electoral, migraciones, recurso a ritos sagrados, contrabando, florecimiento del llamado frecuentemente sector informal, viviendas improvisadas, circulación intensiva de noticias no controladas por los medios oficiales, delincuencia, descalificación del gobierno, etc. Participando, pero al mismo tiempo retando al aparato de control político: hay una larga lista de modos populares de acción política que directa o indirectamente influencian la arena estatal (Bayart, 2009, p. 209 [traducción y cursivas propias]).

En este trabajo, el islam —y más particularmente el islam mouride— se entiende como una de estas formas de hacer política al erigirse como un medio de organización y recomposición social definido por el tipo de relación que establece con el Estado. Dependiendo de factores contextuales, el islam sufí senegalés permite a sus seguidores “disentir” de sus relaciones con el Estado, incorporándose a circuitos económicos paralelos a los oficiales, o incluso escapar o salir de él vía la emigración. Dada la lógica constitutiva de la sociedad mouride, se busca determinar el grado de agencia que se ha desarrollado desde la base religiosa por parte de la sociedad poscolonial senegalesa.

Habiendo situado las dimensiones de la relación entre política y religión en África, así como el interés teórico que despierta el transnacionalismo religioso islámico mouride, en este respecto resta situar la lógica analítica de esta investigación en lo relativo a la problemática del Estado y la política en África, y de manera particular en Senegal.

Una de las dinámicas centrales en la construcción del Estado en África es lo que Bayart llama la asimilación recíproca de las elites —a su vez enmarcada en el proceso de construcción estatal y que, en el caso senegalés, incluyó desde el principio a los intelectuales “populares”, como los líderes religiosos islámicos o marabouts—, que reposa en una incorporación de los grupos subordinados a la malla de redes políticas que emanan de la burocracia estatal. Estas redes se caracterizan principalmente por su heterogeneidad socioeconómica y por sus dos ejes organizativos:

• Redes horizontales de solidaridad.

• Redes verticales y jerárquicas determinadas por el intercambio desigual de bienes y servicios. Trascienden sin nulificar las divisiones de estatus, ingreso y poder vinculando a los estratos sociales más bajos con los más altos de la sociedad (Bayart, 2009, p. 219).

De acuerdo con esta concepción bayartiana del Estado, es necesario tener en cuenta que:

El Estado poscolonial opera como un rizoma en lugar de un sistema de raíz. Aunque está dotado de su propia historicidad, no es unidimensional formado alrededor de un único tronco genético, como un majestuoso roble cuyas raíces se extienden profundas dentro de la historia de la tierra. Se trata más bien de una infinita multiplicidad variable de redes cuyas ramas subterráneas se unen en puntos diseminados de la sociedad […]. Es de hecho por medio de estas redes rizomáticas que el cinturón retroactivo que vincula las sociedades africanas con las instituciones poscoloniales fue creado […]. Sin importar los que nos diga la ortodoxia africanista, la precariedad de los equilibrios nacionales no es una manifestación de lo adecuado del Estado ni una prueba suplementaria de su extrañeza, por el contrario, revela la estrecha simbiosis con las bases que lo sostienen (Bayart, 2009, p. 220).

Asimismo, es importante recordar que las redes están fundadas en la desigualdad pero son a su vez productoras de desigualdad y que, de acuerdo con este modelo de concepción del Estado, son los principales agentes estructuradores de las estratificaciones sociales que trajo consigo la introducción de las instituciones políticas coloniales.

Al basar nuestra reflexión en esta manera de concebir las luchas sociales en torno al control del aparato estatal, podemos comprender que el mouridismo es también, al igual que las distintas manifestaciones africanas del cristianismo y demás cultos religiosos regionales, una manifestación de la “política del vientre” (Bayart, 1989). No hay que olvidar que el trasfondo de esta investigación es el de un contexto de gran pobreza y de agudas desigualdades sociales (opulencia y despojo) y competencia por los recursos políticos, económicos y sociales que provienen del control estatal. De este modo, la “corrupción” puede considerarse como un método de lucha social en todo el sentido del término, y reposa sobre una vívida conciencia política de la desigualdad” (Bayart, 2009, p. 236). En el caso que nos concierne, al estar involucrados algunos miembros de la cofradía en actividades económicas y políticas extraoficiales e incluso ilegales, es importante no concebir dichas dinámicas transnacionales desde una perspectiva normativa, sino desde una perspectiva analítica. Respecto de esta cuestión, es necesario recordar que para el observador externo, el Profeta fue el fundador tanto de una religión como de un Estado, pero, desde dentro no existe tal distinción. Esta indivisibilidad entre el terreno social y el político, característica del islam, posee como implicación principal la adscripción a preceptos morales alternativos y/o contrarios a la ética y la moral cristianas, de las cuales provienen la mayoría de nuestros juicios de valor.

Por lo tanto, estos modos populares de acción política, ejecutados por actores que operan dentro y fuera del marco estatal, se imponen de manera contingente sobre los actores. Según las circunstancias, a veces participan en las instituciones estatales, a veces las reivindican o a veces les dan la espalda. Si a esto añadimos que las principales dinámicas de identificación política se encuentran localizadas en los márgenes del Estado, podemos entender cómo sentimientos de identificación social pueden engendrar solidaridades sociales que forman la base de “comunidades imaginadas” (Anderson, 1983), alternativas a la nación.

La opción de “salida” continúa siendo una estrategia viable cuya pertinencia es evidente en la arena política, la cual —considerada en casos extremos— conduce a la creación de santuarios territoriales como Touba. Entonces entran en juego los derechos de soberanía nacional. No obstante, a pesar de la autonomización del islam en Senegal, la evidencia histórica muestra que los movimientos sociales a los que ha dado origen en general no han intentado sistemáticamente subvertir el espacio del Estado. Lo anterior no significa que, por el contrario, se actúe indefectiblemente conforme a su autoridad. En su accionar, tanto los líderes mouride como sus seguidores doblan el sistema estatal con sus propias redes, y proveen de apoyo logístico a la opción de salida. Al igual que sus herederos precoloniales, los movimientos religiosos islámicos ­contemporáneos a la introducción del Estado moderno en Senegal ignoran o instrumentalizan el control del Estado en vez de reivindicarlo abiertamente.

Para ilustrar lo anterior, es posible referirnos al modelo cultural de la hégira que en sociedades islámicas parece legitimar el abandono de contextos paganos o adversos a la práctica de la religión.4 Aunque existe una noción básica de desplazamiento físico, la disidencia que propone dicho modelo puede ser exclusivamente una práctica mental o ritual que trasciende las fronteras morales del Estado-nación.

En casos de disidencia colectiva como la mouride, entendiéndose esto como una postura instrumental de rechazo ideológico al referente identitario del Estado, las fronteras de este último son a menudo transgredidas por medio de un sistema económico informal en el que, por ejemplo, no hay recaudación de impuestos. Se trata de un sistema económico de acumulación paralelo que genera la cultura migratoria mouride. Sus expresiones y manifestaciones colectivas son muestra a su vez de las múltiples prácticas individuales de escape social dentro del vacío de las estructuras e instituciones estatales.

Desde esta óptica, por lo tanto, la deserción de las instituciones se vuelve consustancial a la deserción espacial que se realiza por medio de la movilidad geográfica. “El escape, en un antiguo sentido de la palabra —la acción de escapar de algún lugar— es aún una de las estrategias constituyentes de la producción de la política y las relaciones sociales” (Bayart, 2009, p. 259).

Finalmente, debemos recordar que:

África no tiene el monopolio en cuestiones relativas a la política del vientre ni del escape. Como prueba de esto no necesitamos ver más allá del aumento del número de trabajos académicos dedicados a la descripción de la corrupción, el clientelismo y las migraciones. Asumiendo que estos fenómenos tan comunes no pueden ser considerados como simplemente mórbidos, estamos forzados a admitir que el análisis de la política en África abre la puerta a una reflexión más amplia sobre la naturaleza de la política (Bayart, 2009, p. 259).

Tomando todo esto en cuenta, el principal objetivo teórico de este trabajo, más allá del ámbito africano y africanista en que se desenvuelve, es obtener pistas de análisis que ayuden a comprender las dimensiones de movimientos y sociedades religiosas contemporáneas que se suscriben formalmente a las fronteras y al marco estatal, pero que al mismo tiempo lo trascienden con sus prácticas e ideologías transnacionales.

Incluso cuando se alinean con una ideología estato-nacional, como la cooptación del kimbanguismo del antiguo Zaire (Bayart, 2009, p. 257)(hoy República Democrática del Congo), movimientos religiosos como este o el mouride se erigen como vectores de disidencia social y se convierten en referentes culturales contemporáneos ante el declive de la idea de nación como estructura de identidad primaria y exclusiva. Muchos de los movimientos sociales actuales (no solo religiosos ni reducidos al ámbito africano) comparten características históricas en su relación con las instituciones políticas heredadas de la colonización, así como en el estilo transnacional de apropiación del espacio y construcción comunitaria.

El estudio de los movimientos religiosos transnacionales contemporáneos en su relación dialéctica con el Estado y el sistema internacional representa un método reflexivo vanguardista para el estudio de procesos de conformación de comunidades políticas, así como del desarrollo conceptual y empírico de las prácticas democráticas en África y el mundo. Como resulta evidente en la escena africana (y en cualquier parte del mundo), la complejidad de los procesos políticos rebasa con creces el ámbito de las instituciones representativas del Estado basadas en políticas electorales. Por último, el estudio de dichos movimientos y ­comunidades transnacionales representa un prisma por medio del cual es posible comenzar a medir el impacto que tienen los actores no estatales en la construcción de un nuevo orden global más allá del Estado-­nación como unidad organizativa fundamental.

Organización y resumen de los capítulos

A lo largo de los siguientes capítulos se rastrea y analiza la progresión histórica del espacio transnacional mouride conforme a sus relaciones políticas y de espacialización. Para poder comprender dichas dinámicas, en el primer capítulo se explica el surgimiento de la cofradía y se analizan los principios doctrinales fundamentales desde una perspectiva crítica, contraponiendo estereotipos occidentales con fuentes mouride.

En este capítulo se abordan las principales características ideológicas, doctrinarias y organizativas que adquirió la cofradía bajo la influencia determinante de su fundador Cheikh Amadou Bamba Mbacké. Asimismo, se profundiza en aspectos metodológicos que permiten el abordaje de los objetivos principales del libro en cuanto a la contraposición de fuentes históricas occidentales (coloniales) y las provenientes de fuentes mouride. En términos de la perspectiva mouride, el análisis de los principios doctrinales y principales prácticas religiosas mouride es imperativo para aprehender su transnacionalidad histórica a través de sus propias dinámicas e instituciones desarrolladas desde los márgenes del proceso de construcción estatal.

Posteriormente, el segundo y tercer capítulos dan cuenta de la expansión mouride tanto en su región rural de origen como en las aglomeraciones urbanas de la colonia, y posteriormente en el Estado-nación independiente de Senegal. En estos capítulos se proporciona una explicación de la evolución institucional religiosa mouride y de sus proyecciones espaciales dentro y fuera de las fronteras senegalesas, adaptada al contexto urbano de mediados del siglo xx de África occidental.

Específicamente en el capítulo segundo, se contextualiza la economía colonial del cacahuate para demostrar cómo se convierte en un instrumento del gobierno colonial para administrar el territorio así como de los líderes religiosos quienes incrementaban su aura política y sus recursos simbólicos, sociales y financieros, convirtiéndose en auténticos “Big Men” del campo senegalés afirmando su papel de líderes comunitarios. Esto traería como consecuencia la consolidación de las daaras como institución de base del mouridismo para expandirse en las circunscripciones espaciales del Estado colonial y con ello ampliar la extensión del territorio controlado por los mouride.

Con la muerte de Amadou Bamba en 1927, se dio la primera disputa por el liderazgo de la jerarquía Mbacké. Por medio del estudio de la política mouride como elemento adicional de proyección espacio-cultural de la cofradía, en este capítulo se aborda la problemática de Touba en su relación con los derechos de soberanía y jurisdicción del Estado. Este capítulo resulta significativo, ya que estudia las dinámicas migratorias constitutivas del espacio mouride rural, fruto a su vez del pacto entre la autoridad política colonial y la maraboútica.

En el tercer capítulo se pretende determinar las transformaciones que trajo consigo la doble lógica creadora del espacio mouride con la confluencia de tres procesos que a partir de 1945 sentaron las bases de las dinámicas contemporáneas del mouridismo. Por una parte, su politización, con el acceso al voto de los taalibé mouride rurales, abrió por primera vez las puertas a los marabouts al patrocinio político del Estado, además de consolidarlos como intermediarios absolutos entre la clase política y la sociedad.

En lo relativo a las estrategias adaptativas mouride, en este periodo se vio el surgimiento de instituciones —dahiras— adaptadas al nuevo contexto urbano y que comenzaban a adquirir prominencia en el continuo proceso de creación de la comunidad transnacional mouride, la cual —como se verá en este capítulo— mostraba ya una tendencia a expandir sus límites fuera de las fronteras senegalesas, tanto en el continente africano como fuera de él.

En los capítulos cuarto y quinto se ahonda en las dimensiones transnacionales de la expansión mouride en la era global. Mientras que el cuarto se centra en la evolución del espacio asociativo e institucional mouride en la diáspora, el quinto analiza algunas de las implicaciones políticas del desarrollo transnacional mouride en Senegal.

De esta forma, en el capítulo cuarto se analiza la expansión de la cofradía como medio de recomposición social y referente cultural en la diáspora. A través de la proliferación de dahiras en Senegal y en las ciudades y países de inmigración, el movimiento asociativo mouride ha ido construyendo un poder federador cada vez mayor. Sin embargo, como se apreciará en este capítulo, el nivel de integración y de desarrollo de las instituciones mouride en el extranjero se encuentra dado, entre otros factores, en función del grado de visibilidad que estas puedan adquirir en el espacio público de las distintas ciudades en las que se instalan e integran. Con base en ejemplos documentales y en la información obtenida durante el trabajo de campo, este capítulo busca evaluar la evolución y reproducción de las prácticas culturales mouride en la diáspora como un parámetro fundamental de medición de la expansión transnacional de la cofradía en ámbitos extrafricanos.

Finalmente, el capítulo quinto busca determinar, como contraparte, el impacto de las dinámicas transnacionales de la cofradía en Senegal y particularmente en la capital mouride Touba, así como algunas cuestiones derivadas de su estatus de extraterritorialidad de facto dentro del Estado senegalés. Asimismo, busca evaluar la evolución de los circuitos económicos mouride como el factor central que asegura la reproducción de la comunidad, así como una demostración de fuerza respecto a su posición y relación en y con el Estado.

2 “Entendemos el término como una referencia que alude principalmente a un método concreto o a un conjunto de métodos. Su principal característica es que el etnógrafo participa, abiertamente o de manera encubierta, en la vida de las personas durante un periodo de tiempo” (Hammersley, 1994, p. 20).

3 “Más que enredarnos en fútiles intentos de eliminar por completo los efectos del investigador, deberíamos intentar comprenderlos” (Hammersley, 1994, p. 33).

4 Hégira (ar. hijra indica el traslado de Mahoma de la Meca a Medina. Es la emigración de los musulmanes ocurrida en 622 de la era cristiana. Dicho evento señala el año primero en el mundo islámico. Los musulmanes toman desde el año 632 d. C. el primer día del año lunar en que se produjo (16 de julio de 622) como referencia para su calendario. Literalmente se traduce como “migración” (Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano, t. x).

Surgimiento de la cofradía y de la doctrina mouride: principios ideológicos y organizativos de una comunidad islámica-sufí africana

En 1883, Amadou Bamba Mbacké fundó la más exitosa de las cofradías sufís de Senegal y posiblemente de África subsahariana. En este capítulo, se realiza en primer lugar una contextualización desde una perspectiva popular construida a partir de sus propios seguidores (tanto históricos como contemporáneos). Como revela Mamadou Diouf en la introducción al estudio de Mary Nooter Roberts y de Allen Roberts sobre el arte urbano mouride en el contexto urbano actual senegalés, la proliferación de representaciones y reproducciones artísticas de la única fotografía que se conoce de Amadou Bamba es un ejemplo de cómo el arte es puesto al servicio del proceso de construcción de la memoria histórica de la comunidad, en este caso la mouride.

En segundo lugar, por medio del análisis de la relación de base —la que une a los marabouts con sus discípulos y sus principios doctrinarios y la que sirve de fundamento para la estructura organizativa mouride— se trata de presentar un panorama general de las conceptualizaciones esencialistas, construidas desde el exterior o impregnadas de sesgos eurocéntricos, contraponiéndolo con la información procedente de fuentes directas e información de primera mano recabada durante las sesiones de trabajo de campo realizadas en Senegal y España. Todo esto con la intención de contrastar elucubraciones teóricas abstractas con perspectivas internas de la cofradía.

Sufismo, marabout y baraka
El sufismo minimalista de Amadou Bamba

Como señala John Spencer Trimingham, antes del siglo xix no se puede considerar a las cofradías sufís como un elemento importante en el islam del África occidental. Sin embargo, a partir de este siglo, la adherencia tanto a la Qadiriyya como a la Tidjaniyya se tornarían en sinónimo de adscripción a la religión musulmana en la región senegambiana ­(Trimingham, 1970, p. 158).

Es posible afirmar que la característica primordial de los diversos movimientos de reforma islámica previos a esta centuria era su objetivo abiertamente político dirigido contra la propia clase musulmana asociada al poder monárquico pagano. En el caso que nos concierne, se trató de movimientos islámicos armados que confrontaron a las monarquías precoloniales wolof y a sus aliados musulmanes por la participación y violencia ejercida de estos últimos en la economía esclavista. En la mayoría de los casos, las insurrecciones sufís obtuvieron victorias pasajeras en su afán por instalar regímenes teocráticos debido al apoyo externo que recibieron los sistemas políticos esclavistas. En el contexto inmediato posterior a la conquista colonial francesa, estas órdenes o cofradías sufís adoptaron una postura de acomodo al poder colonial francés, abandonando las estrategias de confrontación violenta. Desde una perspectiva histórica, las luchas armadas llevadas a cabo por estos movimientos representan excepciones dentro de una tendencia sufí más inclinada hacia el distanciamiento de los gobernantes y hacia la política secular como mecanismo para lograr el perfeccionamiento espiritual y los proyectos de construcción comunitaria. En el caso de la cofradía mouride sus ­líderes nunca promovieron una acción militar ni contra los regímenes monárquicos wolof ni contra los franceses. En lugar de eso, los mouride buscaron crear una esfera autónoma moldeada por un nuevo marco intelectual y social como medio para difundir la práctica del islam sufí (Robinson, 2004). Entre las últimas dos décadas del siglo xix y la primera del xx, Amadou Bamba desarrolló una nueva pedagogía sufí sobre la manera correcta en que las comunidades musulmanas debían vivir en un contexto marcado por el “paganismo” de las monarquías wolof de Kajoor y Bawol, y la descomposición social producto de los regímenes esclavistas y el proceso de colonización francesa. Con estos preceptos, Bamba comenzó a dar forma a su incipiente comunidad sufí.

Históricamente, el sufismo se ha considerado como la dimensión mística de la religión musulmana que surge en oposición al islam legalista basado en la palabra escrita del Corán y la sunna del profeta Mahoma y profesado por los ulemas. Precisamente esta dimensión mística es la que ha impedido y aún impide una definición exacta del sufismo: “El sufismo es difícil de definir ya que, en gran medida, es autoconscientemente esotérico”.5

Teniendo en cuenta esta dificultad para cernir de manera unívoca el significado del sufismo, este puede ser definido operacionalmente como “un sistema de pensamiento y un método para el entendimiento y aprendizaje del control del alma carnal o instintos animales presentes en todo ser humano” (Babou, 2007, p. 83). El sistema sufí está moldeado por acciones y comportamientos que tienen como objetivo liberar al cuerpo humano del influjo de las preocupaciones mundanas, así como la purificación del alma y el pensamiento (Babou, 2007, p. 5). De manera más general, en varios contextos musulmanes, se considera al sufismo como la “dimensión interna del islam” y en algunos casos se le ha descrito como la “ciencia del corazón” (Roberts, 2006). En estos términos, puede considerarse al sufismo o tasawwuf como la dimensión espiritual del islam, “una reacción a los fríos y formalistas principios del islam ortodoxo que pone un gran énfasis en el golfo absoluto que existe entre el hombre y Dios” (Ever Rosander y Westerlund, 1997, p. 3).

La principal crítica a las cofradías sufís desde la ortodoxia musulmana es la adoración a los santos. Esta “veneración por los santos dentro de las cofradías era condenada sobre todo por el hecho de que se colocaban intermediarios entre el creyente y Dios” (Cruise O’Brien, 1971, p. 27 [traducción propia]). Sin embargo, alrededor de la figura del santo con poderes sobrenaturales se vuelve posible la creación de una organización política y económica en forma de una cofradía sufí. Como señala Cruise O’Brien (1988), “la preocupación de estos estudios es primeramente la emergencia de una forma particular de liderazgo, de tipo profético, y posteriormente el desarrollo de instituciones musulmanas sufís que rastrean su origen hacia los milagros del santo fundador” (p. 2 [traducción propia]). De hecho, a pesar de que los análisis de antropólogos coloniales como el de Paul Marty revelan juicios basados en percepciones y estereotipos culturalistas, también resultan esclarecedores de la dimensión organizativa del islam sufí al sur del Sahara: “Los musulmanes negros de Senegal se alinean todos, sin excepción, detrás de la bandera de los marabouts. No conciben al islam fuera de la afiliación sufí a la orden o más exactamente sin la lealtad a algún ‘serigne’ o ‘thierno’” (Marty, 1917, p. 3).

Asimismo, aunque el lenguaje de los actores en este tipo de movimientos surgido alrededor de figuras carismáticas es religioso, sagrado o perteneciente a un mundo espiritual, lo que nos interesa estudiar son las cuestiones seculares derivadas de una organización religiosa de este tipo. Como argumenta Coulon, “sería erróneo considerar estos movimientos como típicos de sociedades oprimidas y subdesarrolladas; aunque la ideología mesiánica que los moviliza parece utópica, las instituciones a las que se aferran son muy reales” (Coulon, 1981, p. 28 [traducción propia]).

Debido a la influencia del pensamiento de al-Ghazzali6 en Bamba, así como a la afiliación histórica de su familia y de él mismo con la cofradía Qadir, el sufismo que promovió el marabout wolof se inscribe en la modalidad propuesta por el místico persa desde el siglo xxi. Este tipo de sufismo proponía una reconciliación entre la interpretación racional-­legalista del islam de los ulemas y las enseñanzas espirituales y esotéricas de los místicos. A pesar de ser un místico, Amadou Bamba nunca propuso una ruptura con la tradición legalista del islam ni con la sociedad en su conjunto, de ahí que su propuesta sufí se haya definido como sufismo minimalista, en el que, si bien atribuye gran importancia a cuestiones místicas, la educación formal islámica ocupaba un lugar central en su propuesta de modelo educativo tarbiyya (o educación del alma).

A partir del pensamiento de al-Ghazzali, Amadou Bamba desarrolló su ideología de distanciamiento con la clase política más no de la sociedad.7 La doctrina Qadir, en este mismo sentido, proponía un ascetismo moderado que permitía al creyente llevar a cabo la búsqueda de Dios mientras permanecía involucrado en los asuntos sociales. La doctrina Qadir recomienda a sus adherentes seguir las enseñanzas del Corán y las tradiciones del profeta Mahoma al mismo tiempo que se lucha por mantener la pureza del alma. Como el resto de las doctrinas sufís, la doctrina Qadir enfatiza un profundo respeto y sumisión por parte del discípulo o creyente hacia la figura y autoridad del cheikh (Babou, 2003).

Baraka

Existe una gran variedad de definiciones de este concepto básico sufí: “gracia divina”, “bendición”, “fuerza benéfica”, “magia” o “poder sobre­natural”. Desde la perspectiva de la academia occidental, el concepto de baraka ha sido equiparado desde los estudios de Cruise O’Brien con el concepto weberiano de autoridad carismática (Weber, 1978). En el ­marco de nuestra investigación, baraka será utilizado como el poder espiritual del cual emana la legitimidad de la autoridad del jefe religioso sufí, en este caso el marabout o cheikh mouride.

Según el marabout mouride Serigne Modou Mbenda Fall, los criterios de transmisión de la baraka en el islam mouride son tres:

1. Pertenencia a la familia de Serigne Touba.8

2. Pertenencia a la familia de algunos de los discípulos de Serigne Touba que fueron elevados al rango de cheikh. Serigne Touba elevó a muchos de sus discípulos como Ibrahima Fall, Thierno Birahim, Serigne Mbacké Bousso. Al ser elevados al rango de cheikhs, adquieren la posibilidad de tener discípulos, como los hijos y los nietos de Serigne Touba.

3. Persona piadosa que sigue los preceptos del islam (S. M. M. Fall, entrevista personal, 22 de noviembre de 2009 [traducción ­propia]).

Hay varios métodos por medio de los cuales se transmite la baraka de los marabouts hacia los discípulos. Algunos de estos son: la sangre, la saliva, los discursos, la ropa, las tumbas o las fotografías de Cheikh ­Amadou Bamba, sus descendientes y sus primeros taalibé.

En el marco del trabajo de campo en Senegal, en numerosas ocasiones se tuvo la oportunidad de presenciar el acto en que el marabout, tras efectuar un rezo, escupe en las manos del discípulo como método de transmisión de su baraka para volver efectivas las oraciones efectuadas previamente por el discípulo. Por otra parte, quien ha estado en Senegal puede corroborar que la iconografía sufí, y muy particularmente la mouride, es una característica omnisciente del paisaje tanto urbano como rural senegalés. Existe la creencia en los mouride que la baraka tiene la capacidad de transmitirse por medio de las representaciones fotográficas o artísticas de las imágenes iconográficas de la cofradía (Amadou Bamba, Ibrahima Fall, la mezquita de Touba). En este sentido, es necesario señalar los estudios de Allen y Mary Roberts sobre las artes visuales mouride en el Senegal urbano contemporáneo en los cuales demuestran que la única imagen fotográfica de Cheikh Amadou Bamba, tomada por los agentes coloniales franceses y reproducida ad infinitum por los artistas gráficos mouride, cumple al mismo tiempo la función simbólica de ícono y la de productor y médium para captar la captación de la baraka ­(Roberts, 2006).

El cheikh

La baraka es transmitida a los descendientes del fundador de la cofradía y a sus discípulos promocionados al rango de cheikh. Al ser liberado, el discípulo adquiere la baraka de su marabout y con ello la posibilidad de tener discípulos. La baraka está presente en la familia de Serigne Touba y en las familias de sus grandes discípulos (S. M. M. Fall, entrevista personal, 22 de noviembre de 2009 [traducción propia]).

El cheikh o marabout es el depositario del poder espiritual o baraka. Representa la encarnación de este poder que a su vez simboliza la legitimidad de su autoridad —real y espiritual— que ejerce sobre el conjunto de sus discípulos, seguidores o taalibé. Corresponde al marabout, y solo a él, la transmisión de baraka.9

Amadou Bamba consagró a los primeros cheikhs mouride en Daaru Saalam entre 1886 y 1888. Después de su nombramiento, estos cheikhs procedieron a fundar aldeas y escuelas para formar a sus taalibé y así constituir sus propias comunidades basadas en la educación religiosa y el trabajo. De esta manera puede observarse un primer momento de crecimiento del espacio mouride a través de la fundación de escuelas y aldeas maraboúticas en el reino wolof de Kajoor. Bamba continuó nombrando cheikhs hasta 1912, cuando la administración francesa lo puso bajo arresto domiciliario en el poblado de Diourbel. A partir de entonces, la tarea de nombrar nuevos cheikhs fue continuada por sus hermanos Cheikh Anta y Maam Thierno, y sus primeros discípulos consagrados cheikhs (Ibra Fall, Isa Jenn, Massamba Joob). Cuando estos murieron, la obtención del título de cheikh mouride se convirtió en una cuestión exclusivamente hereditaria (Babou, 2007).

Entre los primeros discípulos que accedieron a la posición de ­cheikh tras su nominación por Bamba, se encontraban antiguas castas y categorías sociales precoloniales wolof. Bamba intentó traducir en la práctica el principio sufí de igualdad entre los discípulos, ante el guía espiritual y ante Dios, y así elevar al rango de cheikhs a discípulos de todo origen social. Los clérigos musulmanes tradicionales de Kajoor y Bawol se oponían —al igual que al método educativo— a este modo de gestionar las jerarquías religiosas, ya que significaba una revolución de las posiciones de autoridad, las cuales tradicionalmente debían ser obtenidas por medio de una trayectoria exitosa en el estudio del islam, así como —y sobre todo— la pertenencia a familias de linajes prestigiosos, o doma sokhni.

La relación cheikh-taalibé

A pesar de las acusaciones y de las caracterizaciones destinadas a descalificar al movimiento mouride por parte de los administradores y académicos coloniales franceses de principios del siglo xx, Amadou Bamba siempre enfatizó su firme creencia en Alá, el profeta Mahoma y la sunna, es decir la ortodoxia musulmana:

Amadou Bamba dijo: “Para ser mouride hay que ser primero musulmán”. Aquello que caracteriza al musulmán debe caracterizar al mouride. Condición sine qua non para ser mouride. La primera condición para convertirse en mouride es por tanto la de ser musulmán y respetar los cinco pilares del islam o sea: La shahada[o profesión de fe: “No hay más Dios que Alá y Mahoma su profeta”], la oración, el zakat (dar limosna), el hajj (o peregrinaje a la Meca) y el ayuno en el mes de Ramadán. Serigne Touba, él mismo lo dijo: no es una cofradía nueva. El vino para rehabilitar una vía que ya había trazado el Profeta. Por lo tanto él no es el creador de ninguna cofradía como suele pensarse. Él rehabilitó una vía que ya había sido trazada por el Profeta y que estaba en vías de perdición. Serigne Touba vino y la renombró [la vía mouride] bajo la denominación del mouridismo (S. M. M. Fall, entrevista personal, 22 de noviembre de 2009 [traducción propia]).

Un pacto de lealtad

Una vez reconocido este principio de adherencia a la ortodoxia sunni musulmana, Amadou Bamba fijó una serie de obligaciones (condiciones) que debían reunir los aspirantes a formar parte de su congregación.

En primer lugar, Amadou Bamba enfatizó la importancia de tener un guía religioso cuya función consiste en conducir al discípulo por el camino del bien en la vida terrenal, garantizándose así el acceso de este al paraíso en el más allá: “Aquel que no tenga marabout, tendrá a Satanás por guía” (Mbacké, como se citó en Babou, 2007).

Serigne Touba dijo que todo musulmán debe tener un guía. El guía es esencial para ser llevado hacia Dios. Nosotros, como discípulos de turuq y como musulmanes estamos obligados a encontrar un marabout. Pero Serigne Touba no te dice de ir hacia ninguno en particular. Tienes que ver primero si aquel a quien te diriges te conviene. ¿Tienes confianza en él? Teniendo confianza en él es cuando puedes someterte a él, a través del pacto de lealtad. Antes de contraer un pacto de lealtad con alguien se necesita primero que tengas confianza en él. Deberás haber hecho un trabajo de observación que te habrá permitido comprender y conocer a tu marabout antes de hacer el pacto de lealtad con él (S. M. M. Fall, entrevista personal, 22 de noviembre de 2009 [traducción propia]).

Por lo tanto, la primera obligación concreta para convertirse en mouride es el pacto de lealtad con el marabout. El pacto representa la relación que une a todo taalibé con su guía espiritual. La ceremonia o gesto que sella esta relación recibe el nombre de njebelu, cuyo significado en wolof es sumisión. El taalibé mouride está obligado a someterse al marabout a través de este ritual, el cual suele enunciarse así: “Me someto a usted eternamente, aquí y en el más allá. Todo lo que me pida que haga lo haré, todo lo que me prohíba que haga, no lo haré” (S. M. M. Fall, entrevista personal, 22 de noviembre de 2009 [traducción propia]).

Una vez que se realiza este ritual, el discípulo obtiene la bendición del marabout y ya puede considerarse mouride. Sin embargo, para concretar esta relación personal, base de la organización de la sociedad religiosa mouride, el taalibé debe cumplir con un número de condiciones y ­comportamientos:

En la relación entre el taalibé y el marabout, el taalibé debe venerar a su marabout. Cuando se hace un pacto de lealtad con el marabout, esto significa que debes someterte enteramente a él. Todo lo que te diga que hagas, hay que hacerlo; todo lo que te prohíbe que hagas, no hay que hacerlo. Hay que respetarlo. Hay que tener una buena idea de él. No debes tener dobles pensamientos hacia él. Hay que respetarlo, hay que respetar a su familia y a sus hijos. Incluso si tiene muchos bienes materiales hay que respetarlo. Esta relación es la que permite verdaderamente al taalibé esperar algo aquí y en el más allá. A partir del momento en el que haces un pacto de lealtad con él, le perteneces, eres como un objeto personal del marabout. No es una forma de esclavitud. No te impide tener un espíritu crítico. No es una forma de ­esclavitud porque teóricamente, le perteneces al marabout. Teóricamente dije, teóricamente, ¡que quede bien claro esto! No es una forma de esclavitud sino un pacto de lealtad porque has sido tú quien ha decidido unirte al marabout para que seas llevado hacia Dios. El marabout no dijo que vinieras a someterte a él, has sido tú quien ha decidido ­venir a someterte a él (S. M. M. Fall, entrevista personal, 22 de noviembre de 2009 [traducción propia]).

Como se puede apreciar, el amor a un cheikh difiere de la relación interpersonal de afecto bajo la cual las sociedades occidentales definen este concepto. El amor a un cheikh se expresa mediante la sumisión a la autoridad de un cheikh. Los mouride aseveran que el njebelu o pacto de lealtad es la puerta de entrada al mouridismo y con ella al paraíso. Uno se convierte en mouride al someterse al cheikh. De hecho, es común entre los mouride caracterizar la relación que les une a su jefe religioso como la de un “cadáver en manos de su embalsamador”. Esta frase es atribuida en relatos mouride al propio Bamba aunque su autor en realidad es Sahl al Tustari (816-896) y se trata de una referencia común en la historia del sufismo tanto en Senegal como en otras regiones del mundo musulmán (Babou, 2007, p. 86).

Es importante señalar que la relación cheikh-taalibé no es definitiva en términos temporales. Aunque la tendencia general indica que un discípulo le debe lealtad al marabout que históricamente ha estado relacionado con su familia, también es posible encontrar casos menos frecuentes en los que el discípulo escoge su propio marabout, siempre y cuando se encuentre de alguna u otra forma vinculado al linaje de Cheikh Amadou Bamba o a alguno de sus “grandes discípulos” convertidos en cheikhs en los albores del movimiento. Cuando el marabout personal de algún discípulo muere, este debe inmediatamente renovar su pacto de lealtad con la cofradía y buscar un nuevo líder religioso al cual afiliarse. Por lo general, la renovación de pacto se hace con el hijo mayor del marabout fallecido, quien es el heredero de su autoridad espiritual. Como veremos más adelante, estas formas de transmisión de la autoridad religiosa en el momento de suscitarse la muerte de algún marabout tendrían una importante repercusión en el liderato de la cofradía tras la muerte de Amadou Bamba en 1927.

Seguido la ruptura [de la relación] está ligada a la muerte del marabout. Pero esta ruptura no es total como pudiese pensarse ya que en el mouridismo, cuando no se tiene marabout hay que buscar inmediatamente otro. Por lo general, en el marco del mouridismo se te aconseja ligar un nuevo pacto de lealtad con el hijo del marabout fallecido. Si no, con otro marabout, siempre y cuando sea de la línea de Cheikh ­Amadou Bamba. De preferencia en el mouridismo, se hace pacto de lealtad dentro de la descendencia de Serigne Touba, sus hijos, sus nietos y bis­nietos. O también entre los descendientes de algún cheikh. Porque Serigne Touba, en su concesión estaban los que se llama sus grandes discípulos (S. M. M. Fall, entrevista personal, 22 de noviembre de 2009 [traducción propia]).

La estricta relación de sumisión entre el cheikh y el taalibé mouride es quizás el aspecto del movimiento que más interés ha despertado en la academia occidental. Como se ha reiterado, los juicios colonialistas del antropólogo Paul Marty han inspirado un gran número de sofis­ticadas interpretaciones sobre el significado de la sumisión y de la relación cheikh-taalibé en la cofradía mouride. No obstante, se debe tomar en cuenta que las observaciones de Marty respondían a un contexto histórico-­político determinado —el del incipiente orden colonial francés en África occidental— y a las ideas preponderantes del colonialismo francés sobre las sociedades africanas de principios del siglo xx, basadas en estereotipos culturales que concebían al movimiento como una forma de explotación que ejercían los líderes sobre sus seguidores.

Siguiendo esta línea de argumentación propuesta por Marty, investigadores subsiguientes han descrito y conceptualizado retrospec­tivamente y de manera análoga la relación cheikh-taalibé en la cofradía mouride. Mientras que Donal Cruise O’Brien y Christian Coulon la analizaron en términos de carisma y clientelismo, Jean Copans y el resto de su equipo de investigadores adoptaron un enfoque neomarxista en el que la ideología mouride deriva en una relación de explotación. El común denominador de estas investigaciones es que se han llevado a cabo desde marcos epistemológicos occidentales de lo que representan los procesos de construcción de comunidades e imaginarios sociopolíticos en las sociedades extraeuropeas. En este sentido, la relación cheikh­-taalibé es comparada implícita y sistemáticamente con estándares normativos provenientes de una perspectiva normativa ­estato-nacional. A través de dichos estándares, y sobre todo a raíz del proceso de secularización que han vivido las sociedades occidentales durante los últimos tres siglos aproximadamente, resulta sumamente complicada la comprensión de sociedades cuyos miembros identifican primordialmente su pertenencia a comunidades religiosas en lugar de la nación. Sin embargo, al reflexionar sobre estos procesos de construcción comunitarios en términos de su historicidad, no resulta muy diferente el grado de lealtad o sumisión que se le exige al taalibé con su marabout de aquel que se le exige al ciudadano con su nación. El taalibé mouride se entrega “teóricamente” al marabout como el cadáver en manos del embalsamador, de la misma forma en que nosotros, como ciudadanos, nos entregamos “teóricamente” a la nación y al proyecto de sociedad que esta propone.

Al igual que el surgimiento del movimiento y las relaciones tempranas entre los mouride y la administración francesa, esta conceptualización de la relación cheikh-taalibé en términos de explotación y servilismo ha comenzado a ser reevaluada a través de la rehabilitación académica de la perspectiva mouride. El presente trabajo pretende ser una modesta contribución a este enfoque metodológico.

En primer lugar, debemos resaltar —como lo hacen los mouride— que es el propio taalibé quien inicia la relación de dependencia a través de su njebelu, y de que es también el propio taalibé quien la puede romper o terminar. Esta dimensión de la relación no debe ser pasada por alto en ninguno de los contextos históricos por los que ha transitado ya que desmiente cualquier interpretación del movimiento ajustado a análisis orientalistas. Por el momento es necesario recordar que el sometimiento voluntario a la autoridad místico-religiosa de Amadou Bamba en el contexto del inicio del movimiento mouride y de la fundación de la cofradía, respondía primordialmente a un desgaste social provocado por la violencia de los regímenes monárquicos wolof precoloniales, las yihads armadas que peleaban contra ellos y la violencia y sometimiento al orden colonial impuesto por Francia. En este marco, integrarse al movimiento disidente mouride y posteriormente a sus primeros asentamientos comunitarios, representaba una mejor opción para algunos miembros de las sociedades wolof (aquellos ubicados en zonas rurales principalmente) que vivir bajo el yugo de los jefes wolof subordinados al poder francés.

Lo anterior no quiere decir que el sistema social mouride no funcionara a través de una importante dimensión de dependencia y desigualdad entre los discípulos y los marabouts, sino que la sumisión absoluta de la que se habla en la academia occidental pertenece más al ámbito de la teoría o al de la ideología que al de la realidad (Babou, 2007). Concordamos con Christian Coulon, quien concluye que “la relación marabout-taalibé en Senegal es pues, esencialmente una relación de dependencia personal dentro de la cual el carisma y el clientelismo se complementan” (Coulon, 1981, p. 192 [traducción propia]).

Finalmente, el grado de devoción de los taalibé mouride también se hallaba determinado por el origen social de la persona que se unía al mouridismo y por considerar que Bamba era al mismo tiempo un santo y un sabio. Mientras que las cualidades de santo y posteriormente de mártir en la época del colonialismo francés lo hicieron un personaje muy carismático a nivel popular, las elites musulmanas que decidieron unirse a la cofradía lo hacían básicamente por sus credenciales de gran maestro y por los vínculos de parentesco forjados en el pasado entre la familia de Amadou Bamba y las principales familias letradas aristocráticas musulmanas de los reinos precoloniales de Kajoor y Bawol.

El trabajo

Otro elemento central en la doctrina y práctica mouride es la importancia atribuida al trabajo al servicio del cheikh o khidma. De hecho, Khadim al-rasul —servidor del Profeta— fue un nombre que Amadou Bamba se dio a sí mismo para resaltar la importancia religiosa del trabajo que deriva de este concepto. En sus obras Muqadimat al Khidma (Preludio al trabajo) y Bidaayat al-Khidma (Iniciación al trabajo), Bamba plasmó su teoría del trabajo. En ellas aparecen referencias del Profeta que, por lo general, entre los mouride y sus estudiosos, se le atribuyen a Amadou Bamba:

1. Trabajar es un medio para adorar a Dios.

2. Trabaja como si no fueras a morir nunca y reza como si fueras a morir mañana.

La relación de los taalibé con el trabajo, junto con el grado de devoción u obediencia al cheikh, es otro de los tópicos que más han atraído a la academia occidental al estudio del mouridismo:

La otra condición es el trabajo. Yo diría que la base misma del mouridismo, es el trabajo. Yo diría que el trabajo es una vía para ser llevado al más allá, para ser llevado hacia Dios. Serigne Touba dijo que “solo el trabajo puede llevar a alguien hacia la vía divina”. El trabajo es llamado en el mouridismo khidma (S. M. M. Fall, entrevista personal, 22 de noviembre de 2009 [traducción propia]).

Para Amadou Bamba, la búsqueda de la riqueza no debía estar motivada por el prestigio o deseo de acumular poder o ser ostentoso, sino solo por la voluntad de ganar uno mismo dignamente su subsistencia y evitar dependencia en otros seres humanos (Sow, 1998). Es cierto que Bamba alentaba a sus discípulos a obtener su kasb a través de la labor o la acción física, amal, pero la diferencia con khidma radica en que este último concepto sufí del trabajo se realiza siempre en beneficio de otros y su ­recompensa, se piensa, se obtiene en el más allá. Si bien las fuentes mouride indican la importancia del valor y sentido comunitario del trabajo como khidma, este aspecto fue en gran medida dejado de lado por los antropólogos y administradores coloniales para ocuparse en conceptualizar al mouridismo como una forma de explotación. De esta manera, el gobernador general del África Occidental Francesa, William M. ­Ponty, basado en las interpretaciones de Paul Marty, aseguraba en 1912 que la cofradía mouride era una especie de “desviación” en que la religión “solo sirve como un pretexto para la explotación de las masas ignorantes” (Searing, 2002, pp. 231-232).

Más allá de concepciones culturalistas u orientalistas, el trabajo desempeña un papel central en la doctrina y en la práctica religiosa mouride, así como en el mantenimiento de lazos afectivos entre correligionarios. Esto último se debe a que el concepto khidma —altamente valorado por los mouride— consiste específicamente en un trabajo comunitario. En el contexto de esta investigación, el trabajo —valor primordial expresado en los testimonios de los mouride entrevistados— es uno de los elementos que más han contribuido al diseño, creación y expansión de la sociedad religiosa transnacional mouride. En el sentido en que este presenta una dimensión indudablemente comunitaria, representa un importante vector de integración social y de desarrollo colectivo por encima de consideraciones individualistas predominantes en las sociedades occidentales que hacen parecer al mouridismo como un sistema de explotación.

Como se verá más adelante, la implicación económica del khidma, entendida en su perspectiva histórica, ha sido considerable, ya que ha derivado en la acumulación de riqueza y prestigio en el interior de la organización mouride y en beneficio de sus líderes. Sin embargo, como afirma Babou, “este resultado secundario no debe empañar su dimensión ética y doctrinal” (Babou, 2007, p. 91).

Cheikh Ibra Fall, bayfalismo y doctrina del trabajo

Interpretado de un sinnúmero de maneras, el personaje Cheikh Ibra Fall —el discípulo modelo— en la historia del mouridismo no solo se beneficia del baraka de Cheikh Amadou Bamba, como lo hace cualquiera de sus descendientes directos o primeros discípulos, sino que inyecta a la cofradía de su propia mística. La devoción del taalibé mouride hacia su cheikh, uno de los pilares del mouridismo, alcanza su máxima expresión en la saga mitológica mouride con Cheikh Ibrahima Fall y la subcofradía de los bayfals fundada por este último.10

Según la historiografía mouride, este personaje de origen social ­ceddo (pagano) tuvo un día una revelación mística en que se le instaba a realizar un viaje en busca de un guía espiritual al cual debía entregarse en cuerpo y alma una vez que lo encontrara. Después de un periplo místico, Ibrahima Fall conoció finalmente a Amadou Bamba y supo inmediatamente que era el guía que buscaba. La gran devoción de Fall por Bamba lo llevó a creer que no tenía necesidad de observar rigurosamente los rituales básicos del islam, puesto que la sumisión total mostrada hacia Bamba era a la vez su conexión con Dios, y trabajar para el marabout constituía la mejor manera de honrarlo. La historia mouride hace énfasis en la importancia de Ibrahima Fall en la construcción de la doctrina mouride, debido a que su persona y sus seguidores representan no solo la exaltación del trabajo, sino también la estricta sumisión a la autoridad del cheikh,11 es decir, los vectores centrales del mouridismo.

La vía bayfal se basa en dos elementos primordiales: por una parte, la fe en Alá, en su profeta, en Cheikh Amadou Bamba y en Cheikh Ibrahima Fall, y por otra, en la sumisión absoluta a un guía religioso: “Los bayfal son mouride pero mouride saadix [sadikhe], es decir perfectos, dedican integralmente su vida al marabout y a Dios” (Pezeril, 2010, pp. 449-463). De hecho, el islam mouride es considerado por algunos de sus seguidores como el resultado de la creencia en los pilares fundamentales del islam ortodoxo encarnados en la persona de Cheikh Amadou Bamba más la santificación e institucionalización del trabajo como un valor fundamental encarnado en la persona de Cheikh Ibrahima Fall: “Cheikh Ibrahima Fall obtuvo esta aura que tiene hoy en día porque se manifestó mucho a través del trabajo” (S. M. M. Fall, entrevista personal, 22 de noviembre de 2009 [traducción propia]).

Es verdad que el valor religioso del trabajo es uno de los ejes ideológicos de todo mouride, pero en Ibrahima Fall y en los bayfal se encuentra —al igual que la devoción del discípulo al marabout— llevado a su máxima expresión. Fall consideraba que el trabajo (cualquiera que este fuera pero en su caso enfatizaba el trabajo físico) al servicio de Amadou Bamba, es decir, el trabajo en su dimensión religiosa, podía considerarse como un sustituto de los rituales y pilares básicos del islam. Por ello, el bayfalismo surge como una corriente dentro del mouridismo que enfatiza el valor de las acciones haqiqa, por encima de la sharia (ley musulmana escrita). En este sentido, “para los bayfal, es la fe del musulmán lo que procura a las prácticas religiosas un valor espiritual y no al contrario” (Audrain, 2004, p. 155). De este modo, aplicado al ámbito del khidma mouride, el trabajo comunitario se convierte en una especie de modus vivendi: “Para obtener alguna cosa del marabout, para esperar algo en el más allá, se necesita primero respetar esta condición. El trabajo es una condición en sí misma del mouridismo” (S. M. M. Fall, entrevista personal, 22 de noviembre de 2009 [traducción propia]).

Históricamente, lo anterior ha servido como justificación de algunos discípulos bayfal para la transgresión no solo de los rituales asociados a la ortodoxia musulmana (sobre todo los cinco rezos diarios y el ayuno en el mes de Ramadán), sino también de ciertas normas comunitarias, como la prohibición de la ingesta de alcohol o de sustancias estupefacientes, por ejemplo la yamba (cannabis), proscritas por la moral musulmana.

De hecho, la cuestión del rezo es un asunto complejo en el bayfalismo. Muchos bayfal afirman que realizar un trabajo específico constituye una especie de rezo. También hay quienes afirman que el rezo en los bayfal no puede ser dividido en cinco sesiones, como lo estipula la ortodoxia musulmana, sino que debe realizarse de manera continua.12 Lo anterior no significa que este tipo de comportamiento se traduzca en la norma bayfal (aunque ciertos discípulos, sobre todo en la actualidad, así lo consideren), ni que el bayfalismo se conciba básicamente como el proceso de construcción de una heterodoxia musulmana. En este sentido concordamos con el posicionamiento académico que considera que el elemento de diferenciación de la vía bayfal respecto del culto mouride en general no radica en una desviación fundamental de la doctrina musulmana, sino en una acentuación de sus elementos sufís (Massó, 2014), es decir, en la centralidad de la experiencia, el imperativo del corazón y el conocimiento y dominio de lo “secreto” (Pezeril, 2010).

Como se mencionó con anterioridad, la llegada de Fall a la daara de Cheikh Amadou Bamba supuso una revolución en cuanto a la ética de comportamiento del taalibé hacia su cheikh, así como en lo relativo a la valorización del trabajo en su dimensión religiosa. La imposición de este código de conducta y la importancia adjudicada al trabajo físico (preparación de la tierra para el cultivo, cocina, limpieza) y la ausencia de ritos musulmanes ocasionaron que algunos discípulos partieran de la daara de Cheikh Amadou Bamba en total desacuerdo con el sistema introducido por Ibrahima Fall: “Los trabajos campestres, los trabajos domésticos, eso era una obligación primordial para Mame Cheikh Ibra Fall” (S. M. M. Fall, entrevista personal, 22 de noviembre de 2009 [traducción propia]).

Sin embargo, al ser elevado al rango de cheikh por Amadou Bamba, Cheikh Ibrahima Fall se convirtió en una figura central en el mouridismo. A partir de entonces, Amadou Bamba no fue un simple maestro de escuela coránica, sino un hombre de Dios al que se le debía una veneración absoluta.

Más allá de caracterizaciones tendientes a hacer coincidir la concepción de Ibrahima Fall y los bayfal y la teoría de la reconstitución de la sociedad precolonial wolof en torno al proyecto de sociedad religiosa de la cofradía mouride (interpretación basada en resaltar la coincidencia de los rasgos culturales de los antiguos esclavos ceddo en los nuevos bayfal), debe destacarse el papel de este líder religioso en el contexto histórico durante su exilio. Los años que Bamba permaneció exiliado en Mauritania y bajo arresto domiciliario en Ceyeen y Diourbel fueron determinantes para el desarrollo espacial, cultural e institucional de la cofradía gracias a la agencia histórica de familiares y principales colaboradores. Ibrahima Fall no solo dinamizó el trabajo agrícola y la educación coránica en las daaras, consolidando su institucionalización, sino que al establecerse en la ciudad de Saint-Louis también desempeñó el importante papel de interlocutor de la cofradía ante los poderes coloniales para presionar a estos últimos y conseguir el regreso de Bamba de Gabón durante el primer exilio.13 Por ello, asociar el surgimiento de la figura de Ibrahima Fall y la vía bayfal como la adaptación de una secta pagana precolonial al contexto del surgimiento de la sociedad mouride sería un error, ya que dicho fenómeno ha sido y es central en el desarrollo del mouridismo y no marginal y anacrónico como se le ha caracterizado desde diversos frentes.14

Concordamos con el argumento de Cruise O’Brien sobre la influencia cultural que ejerció Ibrahima Fall en el islam mouride. No obstante, esto no significa que dicha influencia haya desempeñado un papel determinante en el proceso de constitución de la cofradía. Si se acepta la centralidad del origen social ceddo de Ibrahima Fall en la fundación y constitución de la sociedad religiosa mouride, se acepta implícitamente el argumento que por tanto tiempo dominó en la investigación sobre el mouridismo, en la que se concibe a este como una reacción o restitución de la sociedad precolonial wolof, en particular de la categoría social ceddo en torno a la autoridad maraboútica. Como se ha insistido, el argumento que se esgrime en este trabajo, y que intenta entroncar con perspectivas históricas críticas del estudio de la cofradía, considera el mouridismo como un proyecto de reforma del islam wolof inscrito en la perspectiva histórica más amplia, que supone la islamización de África occidental en general y la región senegambiana en particular, y no como la súbita reconfiguración de la antigua sociedad wolof en el contexto de cambio político que supuso la colonización francesa y la derrota de los regímenes monárquicos.

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9786073049337
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