Kitabı oku: «Traumaterapeutas en la caja de arena»

Traumaterapeutas en la caja de arena
Una técnica para sanar las heridas emocionales de los profesionales que trabajan con niños
Primera edición: 2022
© 2022 José Luis Gonzalo Marrodán y profesionales de la Red Apega
Prólogo de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan
Diseño de la cubierta: ENEDENÚ DISEÑO GRÁFICO
Maquetación: D. Márquez
Correctoras: Nuria Barroso y Beatriz García
Directora de producción: M.ª Rosa Castillo
La imagen de la página 72 está extraída del senticuento Cuando mi corazón tiembla, cuyo autor es José Luis Gonzalo Marrodán y la ilustradora es M.ª Jesús Santos Heredero.
La traumaterapia sistémica infanto-juvenil de Barudy y Dantagnan es una marca registrada en la propiedad intelectual con número de registro: 01/21/1208.
© 2022 Editorial Sentir es un sello editorial de Marcombo, S. L.
Avenida Juan XXIII, n.º 15-B
28224 Pozuelo de Alarcón. Madrid
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Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
ISBN: 978-84-267-3406-8
Producción del ePub: booqlab
Quien no escucha tus silencios no entenderá tus palabras.
ALBERTO ÁLVAREZ CALERO
Cuando mi voz calle, mi corazón te seguirá hablando.
RABINDRANATH TAGORE
AGRADECIMIENTOS
Gracias…
Al grupo Apega 5 Donostia (Adalys Vázquez, Ana Belén Frías, Beatriz San Millán, Begoña Emparan [in corde], Carmen Pérez, Idoya Pérez, Jenny González, Josu Goikoetxea, Julia de Castro, Laia Vals, Natalia Gómez y Sandra Ruiz), por cedernos sus historias personales, sus experiencias con la caja de arena, y por involucrarse en su propio trabajo respecto del aspecto personal del terapeuta. Alabo su honestidad, valentía y sentido de la responsabilidad y del deber en cuanto a la infancia, especialmente la que ha sufrido malos tratos.
A Tatiana Cáseda Fernández, amiga y compañera de docencia y consulta, de alegrías y penas, por sumarse incondicionalmente a participar en este libro, siempre estás ahí.
A Nerea Benito Herce, estudiante del grado en Psicología en la Universidad del País Vasco, a las puertas del último año académico, por atreverse a aceptar este reto y superarlo con nota. Ha sido un privilegio y un placer acompañarte en tus primeros pasos en la profesión.
A mis colegas B. y S. Con ellas viví dos de las experiencias con la caja de arena más impresionantes y conmovedoras que he tenido la fortuna de compartir como profesional de la psicoterapia.
A Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan, nuestros queridos y admirados profesores, directores del posgrado en traumaterapia sistémica infanto-juvenil, ellos son siempre el faro que nos guía. Nos dan las oportunidades y el insumo para que libros como este puedan germinar.
A los pacientes anónimos que han cedido sus historias terapéuticas para poder ilustrar los contenidos del libro.
A la Editorial Sentir, a todo su fenomenal equipo, que aceptan siempre los proyectos que les propongo y ponen todo tipo de facilidades para que finalmente vean la luz.
NOTA DE LOS AUTORES
Como profesionales concienciados y comprometidos con la igualdad de género y, por lo tanto, con el uso de un lenguaje igualitario, queremos aclarar que el uso del artículo neutro en la redacción de este libro se debe a la finalidad de ofrecer una lectura más ágil. No obstante, os animamos a que adaptéis los textos al género del lector.
Este libro se completa con un contenido adicional de descarga consistente en el comentario del psicólogo y traumaterapeuta José Luis Gonzalo, quien hace un estudio detallado desde el punto de vista clínico de una grabación en vídeo de una sesión con una caja de arena elaborada por un niño de 9 años. Para disfrutar del contenido, entre en www.editorialsentir.info y acceda gratuitamente con el código SENTIR17.
ÍNDICE DE CONTENIDOS
Presentación
Prólogo
1. Introducción
2. Breve descripción de la técnica de la caja de arena
2.1 Fase de preparación
2.2 Fase de creación
2.3 Fase de contemplación
2.4 Fase de coexploración
2.5 Fase de poscreación y cierre
2.6 Sobre la interpretación de las escenas creadas en las cajas de arena: ¿Cuándo? ¿Cómo?
3. La formación del psicoterapeuta: carencias
3.1 «El 60 % de los psicólogos tiene trauma complejo…»
4. La técnica de la caja de arena en la formación del psicoterapeuta
4.1 Dos modos principales de trabajo con la caja de arena: acercamiento consciente e inconsciente
4.2 Lo que dicen los profesionales sobre la técnica de la caja de arena
4.3 Un método de aplicación de lo revelado en la caja de arena a la vida personal del terapeuta
4.4 Dos fascinantes historias de profesionales en formación con la caja de arena
4.4.1 «Miró y lo vio todo». Cajas de arena de B
4.4.2 «La música nos puede salvar». Caja de arena de S
5. Descripción de los talleres de la caja de arena del posgrado de traumaterapia de Barudy y Dantagnan
6. Imágenes de resiliencia: cajas de arena elaboradas por profesionales en formación
6.1 Cuando se produce la conexión, todo cambia: «Que la fuerza nos acompañe»
6.1.1 Perspectiva de la terapeuta Idoya
6.1.2 Perspectiva de la paciente Carmen
6.2 Del escepticismo al encantamiento: «La caja mágica»
6.2.1 Perspectiva de la terapeuta Bea
6.2.2 Perspectiva de la paciente Natalia
6.3 El impulso de racionalizar todo: «Proyectar la mente»
6.3.1 Perspectiva de la terapeuta Adalys
6.3.2 Perspectiva del paciente Josu
6.4 El poder de los silencios: «La vida desde la arena de las relaciones»
6.4.1 Perspectiva de la terapeuta Jenny
6.4.2 Perspectiva de la paciente Ana Belén
6.5 La conciencia del self: «Entre el miedo y el deseo»
6.5.1 Perspectiva de la terapeuta Tatiana
6.5.2 Perspectiva de la paciente Sandra
6.6 El camino de la resiliencia permite la integración: «Transitar por luces y sombras internas»
6.6.1 Perspectiva de la terapeuta Julia
6.6.2 Perspectiva de la paciente Laia
7. Trabajar con la caja de arena desde el paradigma de la mentalización
7.1 Papel de los cuidadores en el desarrollo de la mentalización
7.2 La técnica de la caja de arena y la mentalización
7.2.1 Trastornos de la mentalización y caja de arena
7.3 Cómo usa un terapeuta mentalizador la caja de arena
7.4 Intervenciones mentalizadoras y caja de arena
8. La técnica de la caja de arena a través de la mirada de una estudiante en prácticas del grado de Psicología
8.1 Introducción: Por qué participé en el taller
8.2 Mi experiencia con la caja de arena: Cambio de opinión
8.3 Técnicas como esta en el grado de Psicología
8.4 Resumen y conclusiones: Qué me ha aportado la experiencia
9. Referencias
Otras publicaciones de José Luis Gonzalo en la editorial Sentir
PRESENTACIÓN
JOSÉ LUIS GONZALO MARRODÁN
Este libro se gesta en el contexto del posgrado de traumaterapia sistémica infanto-juvenil de Barudy y Dantagnan, durante las clases presenciales que celebramos los días 22 y 23 de abril de 2021. Los protagonistas son los alumnos que forman parte de la quinta promoción (grupo Apega 5 de la ciudad de San Sebastián-Donostia, País Vasco, España1). El programa del posgrado contempla módulos formativos sobre la técnica de la caja de arena aplicada a traumaterapia. Cuando terminamos las sesiones, que fueron prácticas y vivenciales, decidimos escribir un libro dirigido a todos los que ejercen su profesión con niños para sensibilizarlos de la importancia del autoconocimiento y la terapia personal.
Los autores echamos en falta este aspecto tan necesario en las formaciones de los psicoterapeutas y de los diversos profesionales que atienden a la infancia: un proceso de conocimiento personal y de sanación de las propias heridas emocionales. No hay nadie que tenga una historia familiar y de apego perfecta (pensar esto sería, indudablemente, una señal negativa, pues todos sabemos que la perfección no es de este mundo). Aspiramos a que el apego adulto sea «imperfecto», pero «todavía seguro» (Ogden y Fisher, 2016), porque solo así lograremos crear vínculos de calidad con los niños. Tenemos que aclarar que no es tanto lo que una persona ha vivido y experimentado en su pasado, sino cómo lo ha elaborado y reconstruido psicológicamente. Creemos que existen pocas formaciones para terapeutas (u otros profesionales de la infancia) que incluyan en sus programas la exploración o introspección personal.
Los escritores de este libro consideramos que el uso de la técnica de la caja de arena puede ser muy útil para todos los que se planteen hacer terapia como requisito formativo para ser profesionales de la infancia (psicólogo, psiquiatra, médico, maestro, trabajador social, educador…). Los traumas y los problemas emocionales que estos pueden presentar necesitan de un abordaje que no solo tenga en cuenta la palabra, sino que contemple también los aspectos emocionales, cinestésicos y sensoriales de los recuerdos de las experiencias codificadas en la memoria. El componente del «pensamiento en imágenes» (Rae, 2013) resulta un elemento externalizante fundamental en el manejo y la elaboración de cualquier problema psicológico. Por eso, este libro quiere dar a conocer este abordaje como instrumento terapéutico dirigido a la formación del profesional de la salud mental infanto-juvenil, de la educación y la intervención social.
El grupo Apega 5 Donostia nos ha cedido amablemente sus historias, experiencias con la técnica y su punto de vista como herramienta terapéutica destinada a la formación de profesionales. Muchas gracias al grupo Apega 5 Donostia por su participación: Adalys Vázquez, Ana Belén Frías, Beatriz San Millán, Begoña Emparan (in corde), Carmen Pérez, Idoya Pérez, Jenny González, Josu Goikoetxea, Julia de Castro, Laia Vals, Natalia Gómez y Sandra Ruiz.
Uno de los puntales de la formación en traumaterapia es el trabajo personal del terapeuta. El equipo rector y docente del posgrado es consciente de que el abordaje de las historias de vida y la salud mental de los profesionales es una condición a la que no se puede ni se debe renunciar si queremos programas formativos de calidad y éticamente comprometidos con la infancia.
Participan en este libro dos colegas que hicieron hace años el taller de la caja de arena: B y S. He querido incluirlas porque, transcurridos unos años, estas cajas de arena aún siguen presentes en la memoria de estas personas como imágenes de resiliencia. Porque, como dice Dora Kalff, una vez que las imágenes emergen, «estas tienen tanta fuerza que pueden lograr cosas increíbles»2.
También ha participado en esta obra Tatiana Cáseda Fernández, psicóloga, miembro de la Red Apega de profesionales y del equipo docente del posgrado de traumaterapia sistémica infanto-juvenil de Barudy y Dantagnan. Su relato versa sobre cómo se desarrolló el taller de la caja de arena celebrado en abril de 2021, dentro del posgrado, que dio origen a la creación de este libro.
Finalmente, contamos con la participación de Nerea Benito Herce, estudiante del grado de Psicología de la Universidad del País Vasco, a las puertas del último año académico. Nerea también participó, como parte de sus prácticas, en el taller de la caja de arena. Ella aceptó el reto de colaborar en el libro para explicarnos su valoración de esta técnica, la cual contrasta con la formación académica que los alumnos reciben en la facultad.
Durante el taller nos dimos cuenta del beneficioso impacto que el uso adecuado (con un buen acompañamiento dentro de un proceso terapéutico) de la técnica de la caja de arena tiene en la sanación de las heridas de apego y trauma que pueden presentar los profesionales que trabajan con niños, así como de su potencial resiliente3. Esto fue lo que nos motivó a escribir Traumaterapeutas en la caja de arena. Una técnica para sanar las heridas emocionales de los profesionales que trabajan con la infancia.
No cabe duda de que el reencuentro entre alumnos y profesores, tras un largo periodo de clases online motivado por la pandemia causada por la COVID-19, tuvo su influencia, propiciando una explosión de oxitocina4 que transfiguró las realidades vividas, haciéndolas afectivamente más cercanas, compasivas, mágicas y entrañables. No obstante, todos los talleres de la caja de arena son siempre una profunda experiencia de conexión emocional, muchas veces inefable.
En el libro encontrará, amable lector, primero, una breve descripción de la técnica de la caja de arena, destinada sobre todo quienes se acercan a esta obra sin saber nada de ella (capítulo 2). A continuación, en el capítulo 3, nos centramos en la formación del psicoterapeuta y apostamos por el «modelo tripartito» preconizado por Mario Marrone (2017). Seguidamente, destacamos el papel de la técnica de la caja de arena en la formación del psicoterapeuta, ofreciendo como colofón dos impresionantes ejemplos de experiencias vividas por dos profesionales que años atrás hicieron los talleres conmigo (capítulo 4). Tras describir por parte de Tatiana Cáseda las características de los seminarios de la caja de arena que celebramos en el posgrado de traumaterapia (capítulo 5), los profesionales del grupo Apega 5 nos cuentan sus vivencias con la técnica (capítulo 6). En el capítulo siguiente, disertamos sobre la caja de arena y el paradigma de la mentalización (capítulo 7); para cerrar con la visión que una estudiante de Psicología, Nerea Benito, tiene sobre la técnica a las puertas del último curso de la carrera (capítulo 8). Una de las cualidades interesantes de este libro es comprobar que a veces diferentes profesionales coinciden en apreciaciones similares sobre aspectos relevantes de esta maravillosa técnica. El lector observará que existen concordancias entre los autores en puntos importantes en el uso de la caja de arena, lo que le otorga credibilidad y coherencia a esta obra.
Esperamos que este texto sensibilice sobre la necesidad del trabajo personal del terapeuta. Deseamos que sean muchos más los profesionales que se sumen a hacer terapia y que utilicen la caja de arena como parte de este proceso.
Burgos, 18 de agosto de 2021
_________________
1 Apega es el nombre que reciben las diversas promociones de profesionales que han participado en el programa formativo del posgrado de traumaterapia de Barudy y Dantagnan. Con el guarismo que acompaña a la denominación, designamos el número de promoción, junto con la localidad donde se ha cursado el programa. Apega 5 Donostia se refiere, en consecuencia, a los profesionales pertenecientes a la quinta promoción del posgrado cursado en la ciudad de San Sebastián-Donostia, País Vasco, España.
2 Expresión escuchada en: La caja de arena. Dora Kalff. Material didáctico preparado en casa Jung. Medellín, Colombia. https://www.youtube.com/watch?v=E7rPD1LHkt4&t=3s
3 El uso de esta palabra, con su popularización, ha perdido parte de su valor. Por ello, quiero aclarar que la resiliencia es siempre un fenómeno que difícilmente puede brotar en soledad. Esta es fruto de un entorno de apoyo, afectivo y solidario. (Ver artículo de El País escrito por Jorge Barudy: https://elpais.com/elpais/2016/03/22/actualidad/1458660245_345067.html).
4 Es una hormona segregada por el cerebro cuando existe un vínculo afectivo entre las personas, por lo que puede considerarse la hormona de los buenos tratos, tal y como lo exponen Barudy y Dantagnan (2005).
PRÓLOGO
JORGE BARUDY Y MARYORIE DANTAGNAN
Cuando José Luis Gonzalo Marrodán nos pidió que escribiéramos el prólogo para este libro, tras explicarnos cómo se gestó el proyecto de escritura, no dudamos en ponernos manos a la obra. Esta petición nos ha abierto una nueva oportunidad para retribuir lo que nos ha aportado desde que nuestras trayectorias se juntaron hace más de 20 años, en este difícil, pero digno, empeño compartido, para contribuir a aliviar y reparar el dolor visible e invisible de las personas afectadas por traumas. Nos referimos al de los niños, las niñas y los jóvenes, así como al de los adultos traumatizados cuando eran niños o en la actualidad.
Nuestra posición privilegiada como fundadores de la diplomatura en traumaterapia sistémica infanto-juvenil nos ha permitido crear una profunda conexión con José Luis, que nos permite afirmar sin ninguna duda que se trata de una persona bondadosa, sabia, amigo de sus amigos en la forma más completa y bella de la amistad.
Su valentía y su compromiso lo llevaron a unirse a nuestro proyecto de formación con el que quisimos compartir el modelo de terapia reparadora de las secuelas sufridas por traumas, resultado de nuestra investigación. Esto dio origen a lo que hoy se conoce como el diploma de posgrado en traumaterapia sistémica aplicada a niños, jóvenes y adultos. José Luis fue uno de los alumnos destacados de la primera promoción de nuestra diplomatura. Esta primera promoción nos confirmó nuestras capacidades de transmitir lo que serían las bases de nuestro modelo de traumaterapia basado en la aplicación del paradigma de los buenos tratos y en el apoyo de los recursos resilientes de las personas afectadas por traumas. Guardando todas las distancias, José Luis Gonzalo y los participantes de esta primera promoción tuvieron la función de ser las primeras crías de esta aventura social. Aprendieron de nosotros, al mismo tiempo que nos dieron la oportunidad de aprender de sus recursos y capacidades. Después de terminar su formación, a la que se sumaron algunos años de acompañamiento y supervisión con la psicóloga Maryorie Dantagnan (cofundadora de la diplomatura), José Luis Gonzalo fue el primer integrante de nuestro equipo de formadores. Desde sus comienzos no solo se ocupó de la coordinación de la versión de la diplomatura en Donostia, País Vasco, sino que sus aportes al enriquecimiento teórico y práctico del programa de formación han sido impecables y continuos. Queremos destacar y agradecer la creación del blog Buenos Tratos, actualmente el blog oficial de la Red Apega, reflejo de su solidaridad con todos los profesionales formados en las diferentes diplomaturas de traumaterapia, que hoy en día suman más de 600 profesionales. A esto hay que añadir la organización y animación de las Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil, en Donostia (San Sebastián, País Vasco), cuya cuarta edición se celebró en 2019 y cuya próxima edición está programada para mayo de 2022.
Como autor, hizo posible la creación de este libro, transformándose en activista y animador incansable de la permanencia de la tribu de gente buena, que abarca a todos los profesionales que son y se sienten parte de la Red Apega.
Como profesional de psicología y psicoterapia, tuvo la valentía de romper los moldes tradicionales de esta disciplina, aportando una lectura comprensiva integral y sistémica del sufrimiento y los trastornos mentales de los seres humanos, al incorporar las relaciones interpersonales de malos tratos, los contextos sociales de violencia, las diferentes formas de discriminación y las injusticias de las desigualdades como obstáculo y experiencias dañinas para la configuración, el desarrollo y el funcionamiento sano de la mente.
Este es otro de sus libros que nos demuestran las cualidades de José Luis Gonzalo, esta vez su calidad y coherencia como formador. Halagar a una persona como José Luis es una satisfacción, pero también la ilustración de una de las características que definen las relaciones interpersonales de los participantes de la Red Apega: el reconocimiento y los halagos genuinos son parte de nuestros rituales de conexión social. Para lograrlo, contó con la colaboración de Tatiana Cáseda, psicóloga y traumaterapeuta docente destacada de nuestro equipo de formadores. Su contribución a este texto es la descripción detallada del desarrollo de los módulos de trabajo con la caja de arena celebrados en abril de 2021, cuando nace el contenido vivencial de Traumaterapeutas en la caja de arena. También queremos destacar la aportación de Nerea Benito Herce, futura psicóloga, que en el periodo de escritura de esta obra (desde marzo a agosto de 2021) hacía las prácticas del grado de Psicología en el Centro Lotura que dirigen José Luis y Tatiana. Nos ha encantado su capítulo, donde nos cuenta sus primeras experiencias con la caja de arena (participó en los talleres de abril de 2021), al tiempo que hace un certero análisis sobre la formación de los graduados en Psicología. Jóvenes tan entusiastas y brillantes como ella son el presente/futuro de las nuevas generaciones, pues ya forma in péctore parte de la Red Apega.
José Luis y Tatiana deciden compartir la experiencia de los alumnos de la quinta promoción de la diplomatura (para nosotros, Apega 5 de la ciudad de San Sebastián-Donostia, País Vasco, España) en el módulo formativo sobre la aplicación de la técnica de la caja de arena, proponiendo a los alumnos editar los testimonios de sus experiencias en este libro.
Este proyecto muestra la riqueza de la complementariedad entre los conocimientos que emergen de las experiencias de vida de las personas con los resultados de las investigaciones científicas en el campo de la psicología del apego, de la mentalización, la neurociencia y la epigenética.
En este libro, los participantes comparten sus experiencias de la aplicación de la técnica de la caja de arena, ya sean tanto creadores como acompañantes terapeutas de sus colegas, todos ellos «pacientes» en formación.
Las escrituras de las vivencias de cada participante transmiten contenidos que reflejan una prosodia que a nosotros como lectores prologuistas nos llegó a lo más profundo de nuestros mundos emocionales y nos permitió una llana conexión con cada uno de ellos.
La finalidad de este trabajo es mostrar e ilustrar la importancia de poner a disposición de los profesionales que optan por ofrecer cuidados terapéuticos a otras personas, la oportunidad de realizar un recorrido por sus historias de vida en sus procesos formativos.
Sus testimonios muestran cómo a través del autoconocimiento permitido por esta técnica se pueden recuperar experiencias vitales como fuentes de recursos y capacidades que se convierten en insumos para ofrecerlos en las relaciones terapéuticas con sus pacientes. Pero también, y no menos importante, es que cada participante tuvo la oportunidad de experimentar la utilidad de la técnica para la sanación de sus heridas emocionales y, en los casos más dolorosos, la integración en sus biografías de traumas no resueltos.
El contenido de este libro no se limita a la presentación de la técnica de la caja de arena, es la entrega generosa de los testimonios de profesionales en formación y el impacto de esta en su trabajo como traumaterapeuta. A esto se suma el valor testimonial del trabajo de dos formadores de la diplomatura y la relevancia de un ambiente seguro que permita a los profesionales en formación sentirse bien tratados y reconocidos en el ámbito personal y en todas las actividades propuestas. Nuestro modelo no economiza en halagos, y por eso este prólogo nos ofrece una oportunidad para expresar nuestra admiración, reconocimiento y gratitud a todos los protagonistas que hicieron posible la existencia de este libro. Celebramos la iniciativa de este grupo de profesionales en formación que aceptó entregar parte de sus historias personales, basadas en las clases sobre la caja de arena, para sensibilizar a otros sobre la importancia que tiene el trabajo personal para los que se dedican a proporcionar ayuda terapéutica.
Los diferentes testimonios muestran la valentía y el rigor de profesionales en formación, que, con el apoyo del grupo, exploran en sus cajas de arena sus emociones, sentimientos y representaciones ampliando su autoconocimiento, al mismo tiempo que se ejercitan en la técnica para integrarla y ofrecerla en sus trabajos como terapeutas.
Sus testimonios muestran el impacto de una técnica, pero sobre todo la importancia del acompañamiento de personas a otras personas, en el reconocimiento de sus capacidades conscientes o inconscientes que les han permitido superar el daño de sus experiencias traumáticas. Este reconocimiento es un insumo fundamental para que los participantes se reconozcan como afectados y se otorguen el derecho de disfrutar de las fuentes de bienestar y reparación que sus conexiones sociales les ofrecen.
Este libro, como asegura uno de sus coautores, muestra el valor terapéutico de una técnica, la caja de arena, pero en todo momento está presente la necesidad de integrarla con otras en un proceso terapéutico. Este enunciado es un antídoto al mercantilismo engañoso que ofrecen ciertas técnicas de resultados dudosos.
Hay muchos elementos novedosos y creativos en las páginas de este libro; estamos seguros de que los lectores sentirán, mientras se adentran en su contenido, la misma admiración e igual placer que nosotros, los prologuistas, hemos experimentado. Este módulo formativo sobre la técnica terapéutica de la caja de arena es una oportunidad para que los participantes se apropien y aprendan a usarla, pero también una invitación a emprender un viaje para explorar sus historias de vida; por lo tanto, una forma eficaz y respetuosa de ofrecer la oportunidad de un trabajo personal en el marco de una formación. En este libro, los lectores podrán constatar cómo se cumplen, en la enseñanza de una técnica concreta, los objetivos enunciados en las finalidades de la diplomatura. Los participantes acceden a los fundamentos teóricos de la técnica y realizan un ejercicio práctico para aprender a aplicarla, a lo que se suma el trabajo personal sobre sí mismo y sobre las historias de vida de cada participante. En los testimonios, todos reconocen el impacto terapéutico que tuvo para todos ellos.
El libro es un compendio de la metodología de la diplomatura. José Luis, con la generosidad y rigurosidad que lo caracteriza, entrega un resumen de las bases históricas, clínicas, científicas y prácticas de la técnica, como un instrumento terapéutico, lo que está extensamente explicado en sus dos libros anteriores: Construyendo puentes. La técnica de la caja de arena (2013) y La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia (2017).
El impacto terapéutico para los participantes en esta diplomatura está ampliamente ilustrado por quienes relatan sus experiencias, por lo que son, junto con José Luis, Tatiana y Nerea, coautores de esta obra. A estos testimonios se suman los de dos profesionales que experimentaron los beneficios de la técnica en dos de los tantos talleres impartidos por José Luis y quienes relatan su vivencia transcurrida hace algunos años. Nos muestran que lo que experimentaron en ese taller sigue presente como fuente de bienestar en sus vidas y también en la práctica de la psicoterapia.
Lo experimentado por este grupo de profesionales al realizar sus cajas como «pacientes» y «facilitadores» para acompañar a un compañero de promoción muestra el valor de esta técnica como instrumento para recuperar las experiencias de cada uno, desde lo recursivo y creativo de su cerebro y su sistema nervioso para adaptarse a contextos de sufrimiento y, en otros casos, a contextos que generaron traumas siendo niños, adolescentes o en su vida adulta. En los diferentes testimonios queda en evidencia la utilidad de la técnica para facilitar la integración en la memoria de experiencias vividas que en su momento no fueron simbolizadas por las áreas cerebrales, ya sea porque ocurrieron en un periodo en que su cerebro no estaba desarrollado o por la intensidad amenazante de los contenidos traumáticos. La caja de arena es un abordaje integral de las experiencias personales de los participantes, porque no solo toma en cuenta la palabra, sino también los aspectos emocionales, cinestésicos y sensoriales de los recuerdos de las experiencias codificadas en la memoria. En otras palabras, permite «al cuerpo que lleva la cuenta» (Van der Kolk, 2015) encontrar otra vía para expresarse.
El trabajo con la técnica de la caja de arena permitió a los alumnos no solo conectar con aspectos de lo que les ocurrió en sus historias de vida, sino también con los efectos de estas experiencias y con cómo habían sido o no integradas en su historia.
Por todo esto, esta obra es una excelente contribución para explicar por qué uno de los pilares de nuestro programa de formación es el trabajo personal de los futuros terapeutas, y mostrar que esta actividad no solo es necesaria, sino también posible.
Los caminos para hacerlo pueden ser diversos, lo específico de este libro es que los autores, con la ilustración de las experiencias vividas por los profesionales en formación en traumaterapia, muestran de una manera magistral cómo la enseñanza de la técnica de la caja de arena cumple con esa finalidad. A través de su contenido, existen argumentos suficientes para que se incorporen trabajos de este tipo en los procesos formativos de los profesionales de la salud mental infanto-juvenil, de la educación y la intervención social, porque es un instrumento que contribuye a que los terapeutas sean mejores personas y, por lo tanto, mejores profesionales.
José Luis comenta de una manera rigurosa y magistral los testimonios de cada participante del grupo; en cada ilustración establece puentes sobre lo vivenciado por cada alumno, la técnica y los objetivos de la caja de arena y el impacto terapéutico que tuvo para ellos. Cada comentario es una ilustración de la sabiduría clínica y científica del autor, la lectura de esos comentarios no deja ninguna duda sobre la utilidad de la técnica de la caja de arena, para permitir a cada traumaterapeuta en formación un trabajo personal que garantice el apego o conexión social, la empatía y la mentalización terapéutica en las relaciones que establecerán con sus pacientes.
En los comentarios también se resalta que el principal recurso reparador del daño traumático provocado por otros, sobre todo cuando se trata de una persona significativa, es aquel capaz de ofrecer una relación interpersonal reparadora, lo que la convierte en terapéutica; por esto mismo, el hecho de realizar un trabajo de la propia historia del terapeuta aumenta en este sus capacidades de conexión social de empatía y de mentalización, protegiéndolo de la tentación de transformarse en un tecnócrata, omnipotente y desconectado de la vivencia del paciente.
Las experiencias testimoniadas en este libro tendrán suficientes argumentos para convencer al lector de que es su persona el principal instrumento para ayudar a los demás, siempre y cuando los ingredientes de sus historias hayan sido trabajados. En uno de los comentarios, el autor referente argumenta que es el trabajo que cada traumaterapeuta lleva a cabo en su historia personal lo que previene con eficacia los riesgos de «representaciones y conductas enactivas» (Lyons-Ruth, 1999) o, en otros términos, de reaccionar con una contratransferencia proyectiva a los relatos y las conductas de sus pacientes.
Como no podía ser de otra manera, José Luis nos regala en la última parte del libro un extraordinario suplemento. En este, nos entrega de una forma clara y didáctica elementos para comprender los efectos de la técnica de la caja de arena, a la luz del paradigma de la mentalización. Para ello, no solo nos ofrece los fundamentos básicos de este paradigma, sino que, además, muestra que las preguntas que utilizamos para explorar el mundo en la caja de arena (como las que los diferentes participantes realizaron a sus colegas en el taller) son totalmente mentalizadoras. Más aún, considerando las máximas que proponen los creadores de la «terapia basada en la mentalización» (Bateman y Fonagy, 2018), nos muestra cómo el trabajo terapéutico realizado con la técnica de la caja de arena responde a estas máximas, lo que refuerza la utilidad de esta técnica a la hora de proponer un taller sobre la persona de los terapeutas en general y de los traumaterapeutas en particular.
Referencias
Bateman, A., Fonagy, P. (2018). Tratamiento basado en la mentalización para trastornos de personalidad. Una guía práctica. 2.ª edición. Bilbao: Desclée de Brouwer.
Lyons-Ruth, K. (1999). The two-person unconscious: Intersubjetive dialogue, enactive relacional representation and the emergence of new forms of relational organization. Psychoanalytic Inquiry, 19, 576-61.
Van der kolk, B. (2015). El cuerpo lleva la cuenta. Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Barcelona: Eleftheria Editorial.
Capítulo 1
INTRODUCCIÓN
JOSÉ LUIS GONZALO MARRODÁN
Han pasado ocho años desde que publiqué el primer libro sobre la técnica de la caja de arena (Construyendo puentes. La técnica de la caja de arena) y quince desde que me formé con la profesora Josefina Martínez, psicóloga del Centro Metáfora de Chile, en el contexto del posgrado de traumaterapia sistémica infanto-juvenil de Barudy y Dantagnan. Desde entonces, he usado esta herramienta con los niños y adultos que acuden a mi consulta de San Sebastián y he participado como profesor en infinidad de talleres y seminarios a lo largo de toda la geografía española, dándola a conocer entre mis colegas psicólogos y psicoterapeutas, principalmente. En estas formaciones hemos vivido increíbles experiencias de conexión emocional y hemos sentido el poder curativo de esta técnica, si se sabe utilizar adecuadamente y se brinda a los pacientes una presencia plena, contenedora y sentida. En el recuerdo de quienes hemos participado en esos talleres quedará para siempre grabada la vivencia de lo que compartimos. La primera caja de arena de cada uno es inolvidable. E, incluso, mucho tiempo después, esta sigue siendo reveladora. Ha habido colegas que me han escrito correos electrónicos para agradecerme lo que su caja de arena les aportó y cómo transformó su vida. En algunos casos, como veremos en los ejemplos de S y B, de una manera profunda. No en vano, Boris Cyrulnik (2003) afirma que, para que alguien experimente el fenómeno de la resiliencia, un «encuentro significativo» puede ser suficiente.
Antes de continuar con el propósito de este libro, quiero dirigirme al lector que, por primera vez, atraído por el título, se acerca a esta técnica psicológica y por ello le ofreceré en estas páginas una breve explicación para que no se sienta perdido al leer el texto. Sin embargo, remito a todas las personas interesadas en profundizar en esta técnica a la lectura de Construyendo puentes. La técnica de la caja de arena y La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia (Gonzalo, 2013; Benito y Gonzalo, 2017). Por su parte, el lector que ya conoce este abordaje terapéutico encontrará en este volumen las últimas novedades y reflexiones sobre el tema. Así pues, me propongo que estos capítulos sean interesantes y útiles tanto para el iniciado como para el terapeuta familiarizado con la técnica de la caja de arena.
Capítulo 2
BREVE DESCRIPCIÓN DE LA TÉCNICA
DE LA CAJA DE ARENA
JOSÉ LUIS GONZALO MARRODÁN
En sandplay, nos privamos de hacer juicios. Aceptamos el carácter único de los individuos y sus modos de afrontar y tratar con sus heridas, sus problemas, sus trastornos. Disfrutamos, sin interpretar, de la belleza del proceso de construcción de las cajas, la belleza de la unicidad de cada paciente, la belleza de su autocuración. Esto es lo que hace que el proceso funcione.
BRADWAY Y MCCOARD (1997)
La caja de arena es una técnica, pero puede ser mucho más: un auténtico proceso terapéutico con el que llegar a lo más profundo del interior de la persona y a la conciencia del self (Robertson, 2002).
La técnica nace fruto de la colaboración de dos mujeres: Margaret Lowenfeld y Dora Kalff. Margaret trabajaba en su consulta utilizando una caja cubierta de arena. Los niños llamaron a este juego «hacer mundos» (Lowenfeld, 2004). Una analista llamada Dora Kalff tuvo conocimiento de la técnica y decidió, animada por el propio Carl Jung, formarse con Margaret. Durante su entrenamiento, Dora descubrió que a lo largo del proceso terapéutico tenía lugar algo que iba más allá del alivio sintomático. Se dio cuenta de que este método podía llegar a transformar profundamente la psique. Desarrolló así una terapia fundamentalmente no verbal que Dora Kalff denominó sandplay. Como ya hemos referido (Gonzalo, 2013), este es un acercamiento genuinamente analítico (escuela del psicoanalista Carl Jung).
En este libro no pretendemos proponer una conceptualización de la caja de arena exclusivamente desde la psicología analítica (sandplay)1, sino desde un conjunto de metodologías de aplicación de dicha técnica a la psicoterapia (sandtray), concretamente desde el modelo integrador de la traumaterapia de Barudy y Dantagnan (2017).
De acuerdo con Kalff (2020), la técnica de la caja de arena consiste básicamente en proveer a los pacientes, en el interior de una sala de terapia que garantice la privacidad y el silencio, de una estantería donde se dispongan, ordenadas por categorías, un conjunto de miniaturas y diversos ítems que «simbolizan a los seres animados e inanimados que pueblan el mundo interno y externo de las personas» (Kalff, 2020). Al mismo tiempo, cerca de dicha estantería, en paralelo a ella, se les ofrece a los pacientes una caja de madera (medidas: 50 × 72 × 8 cm, aproximadamente) cubierta de arena (natural) fina y limpia hasta aproximadamente la mitad de su cabida, con el fondo pintado de azul para simular el elemento del agua y las paredes internas también pintadas de azul para representar el cielo. Los pacientes se acercan a la estantería y, «dejándose llevar», sin ninguna censura y juicio alguno, deben elegir las miniaturas que les atraigan (aquellas que «les llamen», «deja que las miniaturas te elijan a ti», se les suele decir) y colocarlas en el interior de la caja de arena para hacer lo que quieran (una escena, un mundo imaginario, una representación…). Exceptuando no arrojar la arena fuera de la caja y ceñirse al espacio de esta, no hay más reglas ni nada que aquellos deban saber. Los pacientes tienen total libertad para hacer lo que quieran, es un «espacio libre y protector» (Bradway y McCoard, 1997). No hay nada en lo que estos se puedan equivocar, se trata de una experiencia completamente diferente a otras que hayan podido vivir. No se requiere que ejecuten nada artístico, ni deben sentir que se les fuerza a ser creativos en modo alguno.

Miniaturas dispuestas a ser seleccionadas, a la vista, antes de empezar un taller de la caja de arena en el Centro Albores de Murcia. El hecho de exponerlas ordenadas es una invitación atractiva a interesarse por la técnica, ya que aumenta la curiosidad de las personas (de izquierda a derecha: Rafael Llor, José Luis Gonzalo, Nerea Benito, Cristina Herce, Rafael Benito).
A este respecto, es necesario recordar que Margaret Lowenfeld2 fue quien diseñó y dio a conocer la caja de arena. No suele figurar entre las psicoterapeutas infantiles más afamadas. Sin embargo, la doctora Margaret fue una pediatra que se convirtió en pionera de la psicología y la psicoterapia infantil. Su interés en cómo crecen, se desarrollan y piensan los niños comenzó cuando, recién doctorada, trabajó ayudando a los habitantes de Polonia, su país de origen, después de la Primera Guerra Mundial. Tras esta experiencia, Margaret se preguntó qué fue lo que les permitió sobrevivir y prosperar a algunos niños (preconizó el fenómeno de la resiliencia antes de que se inventara la palabra) a pesar de sus experiencias traumáticas. Al principio de su carrera se dedicó a la investigación médica (reumatismo infantil y lactancia), pues era de la opinión de que la investigación y la evaluación eran muy importantes en cualquier campo de la ciencia.
Su contribución más sobresaliente está en reconocer que el juego es una actividad importante en el desarrollo de los niños y que el lenguaje es a menudo un medio insatisfactorio para que estos expresen sus experiencias. En consecuencia, Margaret inventó técnicas no verbales que permitían a los niños transmitir sus pensamientos y sentimientos sin recurrir a las palabras. Una de ellas fue la caja de arena, la cual utiliza, como sabemos, bandejas llenas de arena y colecciones de animales de juguete, personas, vehículos, edificios, etc. Estas representaciones en miniatura de objetos de su vida cotidiana en forma de imágenes permiten a los niños retratar sus mundos interiores. La doctora Lowenfeld abrió su consulta en la década de 1920 en el barrio de Nothing Hill, Londres. Creó una sala de terapia en la que dispuso de un mueble con cajones dentro de los cuales guardaba diferentes muñequitos ordenados por categorías. Además, ofrecía a los niños cajas cubiertas con arena en la que estos podían jugar. Pronto los pequeños le dijeron a Margaret que querían hacer «mundos en la arena», siendo los propios chicos los que le pusieron el nombre a la técnica (Lowenfeld, 2004). Para esta autora, el juego en la arena debía ser algo espontáneo. Ella pedía a los niños que representaran lo primero que se les pasara por la cabeza, pudiendo utilizar dos cajas, una con arena seca y otra con arena mojada. Margaret los animaba después a que contaran lo que habían hecho y a que jugaran dentro de la caja.
Una de las mejores aportaciones de Margaret es que no interpretaba el juego de los niños, sino que se interesaba por lo que estos expresaban auténticamente, considerando que ellos eran los expertos en su mundo y no el adulto. Ella aprendía de la observación directa de los mismos niños y de sus acciones tanto como de sus palabras, ya que, como ella dijo, «los niños piensan con sus manos», es decir, a partir de sus experiencias sensoriales. Margaret Lowenfeld siempre estuvo más interesada en descubrir y reorientar las fortalezas de un niño que en diagnosticar sus debilidades o patologías.
Cuando usaba la técnica de los mundos, la doctora Lowenfeld atendía a la propia idea del niño. Por ello, dejaba que la imaginación de este eligiera lo que cada figura o miniatura podía representar. Para un niño determinado, un caballo podía ser un caballo, pero para otro podía ser otra cosa. También pedía a los chicos que dibujaran la caja de arena que habían hecho. Margaret desarrolló sus propias ideas sobre el «pensamiento en imágenes» (Lowenfeld, 2004) de los niños, una capacidad que no se explota en los actuales programas educativos. Personalmente, el modo de trabajar y de considerar a los pacientes como expertos y jefes de su mundo, preconizado por Margaret, me parece que empodera y sitúa a aquellos en un plano constructivo y activo, y les devuelve de alguna manera el control sobre sus vidas. Este es uno de los aspectos más importantes cuando se usa esta herramienta como técnica para sanar el trauma.
¿Puede aplicarse esta técnica con todos los pacientes? La caja de arena es un procedimiento seguro, creado para facilitar la expresión y externalizar los contenidos psíquicos, indicado cuando el uso de la palabra no está disponible para los pacientes o esta puede ser potencialmente retraumatizante. El papel del terapeuta es fundamental para transmitir seguridad y regulación emocional. No obstante, como toda técnica, tiene limitaciones. ¿Cuándo está contraindicado utilizar la caja de arena? Respuesta: cuando el paciente no quiere. También conviene tener precaución o no utilizarla: (1) con pacientes que no hayan desarrollado la teoría de la mente; (2) que abusen de sustancias y no cuenten con un apoyo psicosocial externo; (3) pacientes que presentan una alta inestabilidad emocional; (4) personas con trastorno mental como esquizofrenia y otras psicosis, si no presentan eutimia y no diferencian entre lo externo y lo interno (fantasía); (5) quienes muestren hipersensibilidad al tacto con la arena o rechazo a esta; (6) personas que necesiten atender primero a un problema o crisis personal que requiere un previo afrontamiento en el mundo real; (7) mujeres y niños víctimas de violencia de género o que se encuentran en una situación de desprotección (deben estar en un entorno de convivencia seguro).
Debemos tener presente que hay pacientes que han podido tener experiencias negativas, adversas e incluso traumáticas con la arena o en un lugar donde existe este elemento natural. Por ello, tenemos que ser cuidadosos porque se puede convertir en un catalizador de recuerdos emocionalmente intensos e incluso traumáticos. Recuerdo a un niño cuyo padre pereció ahogado en un silo de arena en el que trabajaba. Solo pudimos usar la caja cuando creamos un vínculo seguro y pudimos hablarlo. Ninguna técnica sustituye a la empatía. En caso de duda, siempre es mejor optar por otras técnicas. La adecuación de estas a las necesidades de cada cliente es fundamental. No debemos dejarnos arrastrar por la fascinación y el encantamiento que producen la caja y las miniaturas. Como todas las técnicas, tiene sus alcances y limitaciones. Para saber más, consulte el libro La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia (Benito y Gonzalo, 2017).
2.1 Fase de preparación
En psicoterapia, lo primero y más importante de todo es partir de esta premisa: sentimos un profundo respeto por nuestros pacientes. Muchos de ellos han convivido con personas que han traicionado su confianza, menoscabado su seguridad e infligido malos tratos. Por ello, la relación terapéutica debe ser reparadora en este sentido, priorizando el mantenimiento de la «armonía relacional» (Benito y Gonzalo, 2017) con nuestros clientes por encima de las técnicas psicoterapéuticas. El terapeuta pide siempre permiso a los pacientes para cualquier intervención que se proponga hacer.
Para introducir la caja de arena, la misma sala de terapia, bien organizada e iluminada, con su estantería de miniaturas a la vista, es ya, de entrada, una atractiva e implícita invitación a los pacientes a jugar con estas en la arena. Tenemos que ser capaces de ofrecerles una explicación de qué es la caja de arena y en qué puede ayudarlos, adaptando nuestro lenguaje a sus necesidades. Nunca forzamos a los pacientes a hacer nada, ni siquiera de manera sutil, aunque sí podemos animarlos. Damos seguridad a los que se muestran más inhibidos y calma a los que puedan sentirse más ansiosos. Es importante explicitar que no existe juicio alguno y que buscamos justo lo que los pacientes construyan en la arena.
Dicho esto, antes de que los pacientes creen su escena en el interior de la caja, conviene que se familiaricen con los materiales. Que vean y toquen las figuras y jugueteen con la arena3 entre los dedos. Esto produce una experiencia sensorial y cinestésica que los relaja, los emplaza al presente y los dispone favorablemente para que puedan conectar con su interior. Todos estos elementos de tacto y movimiento con la arena son importantes para personas que han sufrido traumas, pues les provee de una sensación de presencia en el «aquí y el ahora» del espacio de la terapia y con el terapeuta a su lado (los pacientes deben sentir que están en una estancia y con una persona seguras).
Tras comunicar a los pacientes las consignas (las recordamos: tienen total libertad de crear lo que deseen en la arena, es necesario guardar silencio y no hay nada que deban saber hacer, no existe la posibilidad de equivocarse), se les anima a que «sus manos hablen» y que permitan que las figuritas «los elijan» a ellos, sin pensar demasiado, «dejándose llevar». Les aclaramos que los profesionales somos facilitadores, no expertos, así como que no existe juicio alguno; es una experiencia completamente diferente a otras que hayan podido vivir; a partir de aquí, comienza la fase de creación de la caja de arena.
2.2 Fase de creación
Durante la fase de creación de la caja, los clientes guardan silencio. Algunos pueden necesitar hablar en voz alta, si lo que verbalizan tiene relación con lo que están representando en la arena. En este caso, puede permitirse la verbalización.
El terapeuta se mantiene completamente presente, atento e involucrado en el proceso, actuando como un facilitador. Si el profesional no dispone en la estantería de determinadas miniaturas que los pacientes pueden precisar para construir su caja, se les ofrece un cestillo con materiales diversos (plastilina, lana, papel, pinturas…) para que construyan lo que necesiten, y se les presta ayuda para fabricarlo.
El terapeuta se coloca a una distancia de los pacientes que les permita gozar de suficiente espacio para que miniaturicen su mundo en la arena con comodidad. Conviene preguntar a los clientes si se sienten cómodos a esa distancia. A las víctimas de malos tratos les da seguridad este tipo de consideraciones, pues se sienten vistos y respetados.
El profesional puede apuntar y tomar notas durante esta fase, pero en las siguientes es mejor dejar el cuaderno y el bolígrafo encima de la mesa y centrarse en los pacientes. Si se necesita, se puede grabar la sesión en vídeo, previa firma de un consentimiento informado por parte de estos4.
2.3 Fase de contemplación
En la fase de contemplación, una vez que las personas han creado la escena, es fundamental dedicar todo el tiempo que estas necesiten para que caminen despacio alrededor de la caja y observen, desde diferentes ángulos, lo que han construido. El terapeuta también mira en silencio y contempla la escena con atención plena. Esta fase es muy importante, porque, si bien la anterior está principalmente gobernada por el hemisferio derecho del cerebro (se produce una «disociación benigna» [Benito y Gonzalo, 2017] de manera natural y sin que el constructor de la escena en la caja realmente lo busque, es el propio cerebro quien lo hace, pues se activa el «pensamiento en imágenes» [Rae, 2013]), en esta segunda etapa contemplativa se produce progresivamente un diálogo entre el hemisferio derecho y el izquierdo a través del cuerpo calloso5. El hemisferio izquierdo, verbal y contador de historias, busca un sentido a lo que el derecho ha construido y es confrontado por este. En este momento, se pueden producir insights6, y algunos pacientes pueden tomar conciencia de que se les revelan aspectos del self disociados que no habían imaginado que emergerían a su conciencia. Si el terapeuta transmite seguridad, el paciente podrá regularse emocionalmente y aceptar de manera progresiva lo revelado en su caja de arena. Es posible, además, que, al contemplar la imagen, algunos clientes conecten con recuerdos traumáticos de su biografía que se activan al visualizar la escena de la caja. Pueden ser pacientes que han sufrido un trauma temprano y crónico de naturaleza compleja, como suele suceder en las víctimas de abuso sexual y/o maltrato, que pueden irse fuera de la «ventana de tolerancia a las emociones»7 por la desregulación emocional que suelen padecer a veces (Ogden y Fisher, 2016). Estas conexiones pueden conllevar una intensa abreacción8 emocional, pues los recuerdos que se activan, vía visual, de naturaleza traumática, son duros y dolorosos. Otras veces, al contrario, la imagen puede propiciar la desconexión y la distancia emocional como defensa. En este momento (y en otros de esta índole que puedan surgir durante la sesión con la caja de arena) es de vital importancia que la confianza y seguridad en la relación terapéutica puedan ayudar a los pacientes a estabilizarse. El terapeuta acompañará adecuadamente a estos y contendrá la expresión de lo que emerja, ofreciéndoles la posibilidad de que puedan usar algún recurso de regulación emocional (previamente ensayado) que les sea útil. Pero, sobre todo, es fundamental que el terapeuta permanezca a su lado, involucrado y presente, mostrándose contenedor y evidenciando «receptividad empática» (Ogden y Fisher, 2016).

«¡Deja que las miniaturas te elijan a ti!». ¿Te sientes atraído por esta? Entonces, ¡selecciónala! No pienses demasiado y déjate llevar. Tu hemisferio derecho, sede del pensamiento en imágenes, no se equivoca.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, hemos de prever que los clientes no puedan hacer una coexploración verbal de la caja de arena hasta que no estén regulados y manejen las emociones y sensaciones corporales intensas que experimentan, o hasta que no hayan salido de la desconexión o el bloqueo emocional. Como terapeutas hemos de ayudarlos a que, progresivamente, se adentren en la «ventana de tolerancia a las emociones» (Ogden y Fisher, 2016), usando recursos de regulación como «la respiración, el arraigo y la presentificación», todos propuestos por estas autoras. Cuando los pacientes están dentro de esta ventana, ya pueden procesar la información. Si se apartan de los márgenes de esta, estarán demasiado hiperactivados o, al contrario, hipoactivados, con lo cual no procesarán ni elaborarán, sino que reexperimentarán lo traumático sufrido en el pasado. Puede que para estas personas crear la escena en la caja de arena sea suficiente para una sesión, dejando la coexploración para otro día. «No todos los pacientes pueden hacer todas las fases de la caja de arena en una sola sesión» (Rae, 2013). Por ello, si se trabaja con esta técnica con clientes que presentan una traumatización compleja y temprana, es un requisito formarse en los modelos explicativos del apego, la mentalización y la terapia informada por el trauma.
2.4 Fase de coexploración
A continuación, si los pacientes lo desean, el terapeuta los acompaña en la coexploración verbal de lo creado. Es fundamental que no se convierta en una experiencia puramente intelectual y cognitiva. Se trata de que terapeuta y paciente se adentren en el mundo en la arena de tal modo que el primero sea capaz de crear una experiencia conectiva y resonante emocionalmente, que favorezca que las personas se sientan reguladas y permanezcan en los márgenes manejables de activación de la «ventana de tolerancia a las emociones» (Ogden y Fisher, 2016). El mantenimiento de la «armonía relacional» (Benito y Gonzalo, 2017) y una «comunicación neuroafectiva» (Ogden y Fisher, 2016) son mucho más importantes que el principio de querer «entender todo» de la caja de arena, sobre todo con personas cuyo «cerebro está organizado por traumas» (Barudy, 2021). La validación del mundo en la arena de los pacientes y cómo estos se sientan durante el proceso (sentidos y reflejados emocionalmente) es tan importante o más que conocer o desentrañar los significados de lo que han representado en la arena. Estos se les irán revelando poco a poco a lo largo del proceso terapéutico.
En la fase de coexploración se pretende, sobre todo al inicio, que las personas desarrollen un entendimiento básico de lo que acontece en la caja y que puedan regularse emocionalmente, sin sentirse desbordadas por lo que ven, sienten y piensan cuando son confrontadas por lo que han construido. No hay que tener prisa y concentrar esta tarea en solo una sesión. La necesidad de saber del terapeuta puede que no se corresponda con la de los clientes. ¡Su ritmo y capacidad de asimilación de la información pueden ser otros! Hay que tener presente que en sesiones posteriores puede volverse sobre el vídeo grabado o la fotografía para continuar aprendiendo sobre lo construido.
Como dice Weinrib (1983), «el terapeuta escucha, observa y participa empática y cognitivamente, con la menor verbalización posible». Por eso, este debe hacer pocas preguntas, dejando tiempo a los pacientes para que su cerebro procese toda la información contenida (imagen-cognición-emociónsensación) en sus redes neuronales, que se interconectan. La presencia segura del terapeuta, que administra con experiencia las preguntas y los silencios, mientras los pacientes observan el mundo en la arena atentos a lo que «llegue» a sus mentes, propicia que se procesen las emociones abrumadoras. Las preguntas que se formulan son abiertas, pensadas para favorecer la mentalización9 y fomentar la apertura y curiosidad. Las cuestiones que se plantean a los pacientes pueden ir dirigidas a tratar de cocrear una narración descriptiva del mundo en la arena («qué está pasando», «qué clase de mundo es», «qué hacen los personajes…», es decir, un relato sobre la escena de la caja). O pueden ir destinadas a que los clientes consigan adentrarse profundamente en la vivencia global, que no sea solo contar, sino hacer una verdadera inmersión en el mundo en la caja, incluyendo otros componentes de la experiencia como la emoción y la conexión con el cuerpo (ver epígrafe 7). Se trata de lograr que los diferentes niveles de la experiencia se interconecten entre sí y los clientes hagan un involucramiento cognitivo, emocional y sensorial (incluidas las imágenes) (Lowenfeld, 2004), así como una experiencia de conexión con su caja y el terapeuta, que es lo que ayuda a activar el nervio vago ventral (Porges, 2011). Esto es lo que favorece la integración de los problemas emocionales y los contenidos traumáticos que se van trabajando poco a poco simbolizados en las cajas de arena.
Durante el proceso de coexploración de la técnica, los silencios son muy importantes porque el terapeuta actúa como «testigo silencioso» (Bradway y McCoard, 1997) de lo que acontezca. No en vano estas autoras denominan a la técnica «el taller silencioso de la mente». Como bien expresa la maestra Josefina Martínez (quien me enseñó a trabajar con la técnica, junto con Maryorie Dantagnan, en el contexto del posgrado de traumaterapia), la imagen de la caja de arena se graba en la mente y opera en el interior del sujeto. Esto lo he podido comprobar porque, pasado un tiempo, los pacientes aún siguen descubriendo aspectos nuevos sobre su caja de arena.
El vínculo entre terapeuta y paciente debe ser sólido y seguro, de tal modo que el primero pueda contener la experiencia y lo que emerja sin invadir, ofreciéndose como «base segura» cuando ambos coexploran el mundo en la arena (Bowlby, 1989). El terapeuta debe ser capaz de ayudar a su cliente a regularse emocionalmente. El logro de una «sincronía afectiva» (Schore, 2003), muchas veces afectada en las personas traumatizadas por la desregulación sufrida durante años de exposición a traumas relacionales tempranos, es una de las experiencias más reparadoras que un terapeuta competente de la técnica de la caja de arena puede ofrecer a sus pacientes, sobre todo a los que tienen heridas tempranas en el apego. Muy por encima, probablemente, de lo que su escena signifique. El trabajo de desentrañamiento de lo que la caja de arena pueda significar para cada paciente se hace, en todo caso, después, cuando los pacientes pueden regularse emocionalmente, en especial con clientes que pueden aprovecharlo y sienten la necesidad de profundizar en los significados de los símbolos presentes en su caja de arena, que pueblan el «inconsciente colectivo» (Jung, 2009).
El trabajo con esta técnica no suele proponerse en las primeras sesiones de terapia (Bradway y McCoard, 1997). Primero, se requiere dedicar unas sesiones a la evaluación y el establecimiento de un vínculo de confianza entre paciente y terapeuta. Para poder explorar su mente, el sistema nervioso de los clientes ha de valorar como seguro tanto el lugar como la persona del terapeuta. De este modo, el conocimiento proveniente de su «neurocepción»10 les transmitirá que pueden relajarse y no son necesarias las «defensas animales» de lucha, huida, bloqueo o disociación (Ogden y Fisher, 2016). Además, es conveniente, antes de empezar con las cajas de arena, ensayar con los pacientes habilidades de regulación como la respiración, el arraigo, la presentificación y la alienación del núcleo, entre otras (Ogden y Fisher, 2016). No hay que tener prisa para que los pacientes confíen y se abran antes de tiempo. Muller ya ha advertido sobre los «peligros de la precipitación» en el uso de las técnicas terapéuticas. Antes de poder adentrarse en la exploración de su interior, el paciente ha tenido que desarrollar una «sensación interna de contención» (Muller, 2020).
2.5 Fase de poscreación y cierre
Cuando termina la fase de coexploración de la caja de arena, es necesario hacer un cierre y despedida del mundo en la arena. Suelo invitar a los pacientes a que hagan un resumen de lo acontecido desde el comienzo de la sesión hasta el final. Acostumbro a preguntarles si es buen momento para que se despidan del mundo en la arena y cerremos la sesión.
Tras fotografiar la caja de arena desde el ángulo que los pacientes deseen (se pueden hacer varias fotos, si las personas durante las diferentes fases hicieron cambios y modificaciones en la escena primaria), es importante cerciorarse de que aquellas terminan bien la sesión, reguladas emocionalmente, dándoles tiempo para que puedan reconectar con el mundo real, para que hagan una transición suave del mundo en la arena a la vida cotidiana. Sin prisa. Hay que prever una sesión con tiempo suficiente, entre 60 y 90 minutos.
La caja de arena se desarma al terminar y se devuelve todo a su sitio. Los pacientes son los que retiran las miniaturas e ítems del interior de las cajas y las depositan en los mismos lugares en los que antes estaban colocados en la estantería. Se limpia de arena la base de cada miniatura con un cepillo y se pasa un rastrillo por la arena de la caja para que no se quede ningún ítem escondido. Se limpia y barre la sala, si ha caído algo de arena al suelo, y se deja todo preparado para la siguiente sesión de caja de arena.
2.6 Sobre la interpretación de las escenas creadas en las cajas de arena: ¿Cuándo? ¿Cómo?
Después de la creación de una o varias cajas de arena, es cuando puede comenzar la labor interpretativa, si lo valoramos como necesario y beneficioso para nuestros pacientes adultos y, en ocasiones, para los adolescentes. Con los niños no se suele hacer dicha labor. Con ellos solemos jugar11 y nos mantenemos en el poder sanador del juego y en el potencial terapéutico de las metáforas que emergen (los niños liberan emociones, desarrollan sentimientos de control y crean narrativas mientras juegan, con un adulto facilitador, sintónico y empático a su lado, capaz de reflejarlos emocionalmente de manera adecuada y de ayudarlos cuando entran en un juego postraumático). Para saber más sobre este tema, recomiendo consultar el libro de La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia (Benito y Gonzalo, 2017).
En mi opinión, y basándome en todos mis años de experiencia con los pacientes y la caja de arena, respecto a la necesidad o no de interpretar esta, coincido con Bradway y McCoard (1997) cuando afirman que es mejor no hacerlo hasta que el proceso no verbal haya tenido tiempo de operar en la mente y las actitudes y la conducta se hayan integrado con lo que ocurre en el proceso de sandplay. Con determinadas personas esto supone un proceso terapéutico que puede prolongarse en el tiempo. Una muestra de lo que dicen estas autoras se observa en la caja de arena de B (ver epígrafe 4.4.1). Con otras personas, en cambio, dicho proceso puede alargarse menos y las podemos ayudar vinculando el mundo en la arena con el «ámbito personal» (Rae, 2013) en menor cantidad de tiempo.
Cuando vinculamos el mundo en la arena con el mencionado ámbito personal, lo que hacemos es aplicar de un modo realista lo que a los pacientes se les ha revelado en las cajas de arena a su vida cotidiana, cómo llevar esa toma de conciencia a su vida real. También analizamos la relación de dichas revelaciones con los motivos y problemas por los que aquellos nos han consultado como expertos que somos en psicoterapia (Rae, 2013), ayudándolos a comprenderse mejor a sí mismos y a reestructurar de una manera ordenada el material clínico de las cajas (ver apartado 4.3.).
A modo de contraste, con niños que habían padecido una negligencia grave durante los primeros seis-ocho años de vida, abandonados en orfanatos donde no existían contacto ni relaciones humanas, he trabajado con éxito en terapia con las cajas de arena sin usar palabras, pues presentaban trastornos graves del desarrollo que afectaban al área del lenguaje. No hizo falta ni hablar ni interpretar nada para que funcionara. Permití, como dice Margaret Lowenfeld, que los niños fueran los expertos en sus cajas (un espacio libre y protector) y atendí a lo que hacían y mostraban en sus mundos. Esto conviene dejarlo claro, sobre todo con los niños: jugar es el mejor modo que tienen de aprender y resolver sus conflictos psíquicos. Ahora bien, en traumaterapia (Barudy y Dantagnan, 2017) combinamos la técnica de la caja de arena con otras técnicas y con un trabajo con la BASE de cuidados (los padres o referentes del niño) y el contexto (los tutores escolares y otros profesionales que intervengan con el chico). Ninguna técnica por sí sola puede garantizar beneficios terapéuticos en terapia infanto-juvenil si no se integran adecuadamente en el enfoque de intervención terapéutica estos elementos (BASE y contexto).
Del mismo modo, con algunos pacientes adultos tampoco he llevado adelante esta labor interpretativa verbal explícita, porque no estaban preparados para ello y necesitaban un acercamiento metafórico y requerían de un mayor grado de distancia con respecto a lo traumático representado. Sin embargo, la experiencia de construcción de las cajas de arena les ha permitido lograr un alivio emocional y encontrar otro lenguaje para poder comprenderse a sí mismos y expresarse, usando metáforas y alegorías a las que no les hace falta la palabra, pues se explican por sí solas; es otro lenguaje más complejo y profundo. Por ello, antes de hacer un trabajo interpretativo explícito usando la palabra, hemos de preguntarnos el porqué, el para qué y el cuándo de este. ¿Es útil y beneficioso para determinado paciente en ese momento de su vida trabajar en la cocreación de interpretaciones? ¿Está preparado para un trabajo de semejante naturaleza? ¿Tiene una red psicosocial de apoyo que lo acompañe fuera de las sesiones de terapia? ¿Presenta la suficiente estabilidad emocional en su vida en ese momento? La caja de arena no requiere de una interpretación verbal para que sea un abordaje terapéutico eficaz. A Dora Kalff no le gustaba que catalogaran el sandplay como una terapia complementaria a la terapia verbal, para ella era un abordaje terapéutico per se.
¿Qué dicen los especialistas en sandplay sobre el tema de la interpretación? La mayoría convienen con Weinrib (1983) en que «al terminar de hacer su caja de arena, las explicaciones y amplificaciones pueden ser necesarias para algunos pacientes, así como las respuestas a las preguntas». Pero es verdad que, «a veces, poco hay que añadir, porque las imágenes parecen hablar por sí solas, directamente, a los pacientes, como si estos viesen las imágenes de su propio proceso de desarrollo». También los autores están de acuerdo en hacer interpretaciones verbales con los pacientes, si estos presentan una personalidad cohesionada y un yo bien constituido. Así, Ammann (1991) considera que, «una vez que el proceso ha terminado, es importante (para analizados con un yo estable) trabajar cuidadosamente con las imágenes» (fotografías de las cajas de arena).
Voy a detenerme un poco más en el tema de la interpretación12, pues esta es siempre una empresa delicada y solo se hace, en mi opinión, con las personas que lo desean y pueden beneficiarse de un trabajo de esta naturaleza. La interpretación nunca es pasiva-unidireccional (la hace el terapeuta y los pacientes han de aceptarla, dentro de un esquema de dominanciasumisión), sino que es activa-bidireccional (los expertos en su mundo en la arena son los pacientes y ellos deciden si le encuentran sentido a la interpretación cocreada por ambos), fruto de un esfuerzo conjunto por entender los significados que pueden tener las figuritas y otros ítems en la escena de la caja de arena y en qué medida guardan una relación con la vida real de las personas que asisten a la terapia. Sobre este tema, Gustavo Lanza (2021)13, citando a Green, refiere que «no hacen falta demasiadas reflexiones para darnos cuenta de que el analista no tiene capacidad de omnisciencia, y de que su decir, por más certero que sea… o no, solo expresa “un” punto de vista parcial, relativo, acotado… que bien puede ser complementado por el punto de vista del paciente sobre aquello en que ha focalizado la interpretación… o que ha dejado de lado por su inevitable parcialidad. Creo que es enriquecedor cuando se establece una dialéctica entre ambos puntos de vista, dialéctica que permite dinamizar el intercambio y complementar o cuestionar el decir del analista, o hacerle saber lo que el paciente necesita de él…».
Del mismo modo, Kuchuck (2021) habla de la corriente intersubjetiva, que ha renovado el psicoanálisis, llevándolo hacia lo relacional, que sintoniza muy bien con el modelo de traumaterapia de Barudy y Dantagnan, afirmando que «el paciente y el terapeuta crean una tercera entidad con sus propias dinámicas, ritmos y características. Cada miembro de la díada clínica participa en las interacciones, de tal modo que cada uno las siente como si se dieran fuera de uno mismo y teniendo vida propia. […] En otras palabras, ambos, analista y paciente, participan en un ámbito comunicacional en el cual el significado está siendo continuamente coelaborado. […] El analista está emocional y corporalmente inmerso en un terreno compartido con el paciente. […] La intersubjetividad incluye la toma de conciencia de un concepto central para el pensamiento relacional: la cocreación, la suposición de que las interpretaciones, la percepción y la comprensión dependen del ajuste intersubjetivo particular de cada díada única. Incluso si lo objetivo existe, solo el paciente y el terapeuta pueden conocerlo de manera subjetiva. […] Los modelos más antiguos del psicoanálisis no consideran las implicaciones de la subjetividad del clínico y que el observador-terapeuta es parte de la terapia. La experiencia del analista se mide por el grado en que puede facilitar la exploración de la dinámica intersubjetiva de un tratamiento para ayudar al paciente a obtener una mejor comprensión de las relaciones, internalizaciones, repeticiones y barreras para el cambio deseado». Es estimulante y reconfortante saber que el modelo de Barudy y Dantagnan, a partir del cual trabajo, incorpora desde sus orígenes este reconocimiento y respeto al otro como un sujeto. Personalmente, me encanta cuando Kuchuck (2021) afirma que el profesional es un «relacionalista» y no un «analista». En resumen, todo esto nos sirve para concluir que las interpretaciones de las cajas de arena son cocreadas entre el paciente y el terapeuta.
Por ello, a lo largo de las sesiones de la terapia, se puede profundizar en el entendimiento de las diferentes escenas construidas por los pacientes y en la cocreación de los significados. Se pueden vincular también los diferentes significados atribuidos a los mundos en la arena con el «ámbito personal» de aquellos (Rae, 2013), es decir, con los asuntos que los traen a la consulta. Normalmente, esto se hace en las fases finales, cuando la terapia se centra en la elaboración psicológica o la «reintegración resiliente» (Puig y Rubio, 2011; 2015) de los contenidos traumáticos o los problemas emocionales de los pacientes, como hacemos en el bloque III del modelo de traumaterapia de Barudy y Dantagnan (2017). En cualquier caso, esta labor suele llevarse a cabo después de que las personas en terapia creen una o varias cajas de arena. La decisión relativa a cuántas cajas de arena hace falta hacer antes de revisarlas y reexplorarlas dependerá de cada paciente, su salud mental, capacidad para poder elaborar psicológicamente, habilidades de regulación emocional, contexto de vida, apoyo psicosocial y el grado de motivación e interés que aquel tenga. Es necesario que esta decisión la tomen ambos, paciente y terapeuta, de común acuerdo. Dado que esta fase interpretativa y de reintegración de la historia de vida traumática la hacemos dentro del modelo de traumaterapia de Barudy y Dantagnan, en el bloque III, quiero insistir en que hemos de cerciorarnos bien de que los clientes estén preparados para hacer este trabajo, hayan desarrollado habilidades autorregulatorias, cuenten en su contexto de vida con una red de apoyo y el vínculo terapéutico sea sólido y seguro. Hay pacientes con alta capacidad de reflexión y de regulación que pueden y prefieren hacer esta tarea después de que han creado un número pequeño de cajas; en cambio, otros, dadas sus características y circunstancias personales, necesitan hacer un proceso de construcción de varias cajas de arena para, pasado un tiempo, cuando este trabajo no verbal se haya asentado en su psique, profundizar en la interpretación. Algunos pacientes han podido ver con claridad lo que sus cajas significaban meses e incluso años después.
Ahora bien, como ya he dicho en otras ocasiones, esta unión explícita entre el mundo en la arena y el «ámbito personal» (Rae, 2013) de los pacientes (cotejar toda la información surgida y buscar las asociaciones entre los mundos en la arena y sus vidas personales) no es una tarea imprescindible para que la caja de arena funcione y logre cambios positivos en los clientes. Hay algunos, como hemos dicho, que necesitan un tiempo para que todo lo que han construido se asiente en su mente; por lo que las coexploraciones más profundas en la arena suelen proponerse en las fases finales de la terapia, cuando se acomete el trabajo de elaboración psicológica (bloque III o de «reintegración resiliente» [Puig y Rubio, 2011; 2015], dentro del modelo de traumaterapia de Barudy y Dantagnan).
Tras la creación de una o varias cajas de arena, nuevas preguntas y revelaciones pueden emerger de manera espontánea a lo largo del tiempo, por lo que, posteriormente, se puede volver a trabajar con las personas respecto de las fotos o los vídeos grabados en las sesiones (con el correspondiente consentimiento informado firmado por el paciente). Las preguntas que se proponen para el desentrañamiento de los significados de los mundos en la arena son mentalizadoras (Bateman y Fonagy, 2018), como «preguntar y no saber», tratando de generar curiosidad. Son preguntas abiertas y con interrogación retórica en las que no se ejecutan afirmaciones taxativas por parte del terapeuta (ver epígrafe 7).
En el bloque III o de «reintegración resiliente» (Puig y Rubio, 2011; 2015) se puede proponer a los pacientes que necesiten profundizar en sus cajas de arena un análisis de los símbolos universales (Robertson, 2002) que pueblan el «inconsciente colectivo» de las personas (arquetipos, de acuerdo con Jung [Jung, 2019]). Son los símbolos que revisten la misma importancia para cualquier ser humano, sea del país o de la cultura que sea. Hay algunos clientes que, para explicarse a sí mismos, necesitan recurrir a narraciones basadas en la cultura popular, la mitología y/o personajes de la música, el cine, los videojuegos… Un ejemplo espontáneo de esto lo vemos en la transcripción de la primera coexploración de la caja de arena de Lucas, de doce años (recuadro 2.1).
A modo de conclusión, ha quedado patente que esta labor de búsqueda de significados es un esfuerzo conjunto en el que participan colaborativamente tanto el paciente como el terapeuta, siendo el primero el experto en su caja de arena. Él es quien, en última instancia, debe encontrar sentido a los significados y estos lo tienen que ayudar a entenderse, aliviar los síntomas, comprender sus problemas emocionales y/o elaborar contenidos e historias traumáticas de vida. Como ya he dicho, se puede trabajar terapéuticamente con cada caja de arena o tras hacer un conjunto de varias cajas a lo largo de la terapia (combinando esta técnica con otras, de acuerdo con las necesidades de los pacientes), aprendiendo a regularse emocionalmente y a desentrañar los posibles significados y su relación con aquellos asuntos que impelen a los pacientes a acudir a terapia. Normalmente, es un proceso que lleva tiempo y, en general, con una sola caja de arena no suele bastar; a veces se requiere de la ejecución de varias cajas durante la terapia. Por lo tanto, es un arte que precisa entrenamiento y pericia.
Si el terapeuta no ha hecho sus propias cajas de arena, no debe hacerlas con sus clientes. Tampoco estoy a favor de las formaciones online, solo si sirven para exponer conocimientos teóricos. Porque toda formación en esta técnica debe contemplar horas presenciales donde cada participante experimente lo que es hacer su propia caja. Es la única manera de conocer genuinamente lo que es esta técnica. Estoy de acuerdo con Beatriz San Millán, psicóloga y traumaterapeuta, colaboradora de este libro, cuando afirma que «todas las personas que trabajamos con otras personas en terapia tenemos que experimentar aquellas herramientas que usamos con ellas. Solo así podremos acompañar con el respeto y cuidado necesarios». Toda formación que no contemple el trabajo vivencial con la persona del terapeuta es una formación insuficiente e incompleta.

Caja de arena de Lucas.
Recuadro 2.1 Un mundo de Star Wars
Terapeuta: Bueno, Lucas, este es tu mundo en la arena, ¿no? ¿Quieres hablarme de tu mundo, qué me puedes decir sobre él?
[Silencio.]
Lucas: Es algo… doble. Esto [a la izquierda de la foto] son los malos contra los buenos y esto otro [derecha de la foto] los buenos contra los malos.
Terapeuta: [Reflejando.] Aquí son los malos contra los buenos y aquí los buenos contra los malos… [Señalando.]
Lucas: Y se cambian los papeles depende de donde estén…
Terapeuta: [Reflejando.] Se cambian los papeles depende de donde estén, ¡ajá! ¿Hablamos de alguno de los dos lados, te parece? ¿O qué prefieres decirme?
[Silencio largo.]
Terapeuta: Parece que los dos lados están divididos por unos troncos, ¿o no?
Lucas: ¡No! No es para eso… Es para hacer ver que son dos universos paralelos…
Terapeuta: [Reflejando.] Son universos paralelos, ¿están separados entonces?
Lucas: Sí.
Terapeuta: ¿Se puede acceder a cada uno de los dos lados?
Lucas: [Rotundo.] No.
Terapeuta: [Reflejando.] Son dos universos que transcurren paralelamente… ¿Quieres decir algo de alguno de los dos? Mira a ver qué te viene, por ejemplo, de este universo. [Izquierda de la foto.]
Lucas: [Silencio largo.] Malos contra los buenos…
Terapeuta: ¿Quiénes son los malos?
Lucas: [Los señala con la mano. Son los tres que están en línea, a la izquierda de la foto.]
Terapeuta: ¿Qué pasa entre ellos?
Lucas: Quieren exterminar a los buenos.
Terapeuta: [Refleja.] Exterminar a los buenos. Has utilizado figuras de Star Wars, ¿no? ¿Las has seleccionado queriendo o te ha salido así?
Lucas: Me ha salido así…
Terapeuta: ¿Qué pasa para que los quieran exterminar?
Lucas: Quieren que reine el mal.
Terapeuta: [Reflejando.] Quieren que reine el mal. ¿Te refieres a algo así como el lado oscuro de la fuerza, que sale en las películas, o no exactamente? [Dejándolo caer como hipótesis.]
Lucas: Sí, es el lado oscuro. [Rotundo.]
Terapeuta: Y en este otro universo paralelo [lado derecho de la fotografía], ¿qué sucede?
Lucas: Al revés, los buenos quieren exterminar a los malos…
Terapeuta: ¡Ah! ¡Aquí es a la inversa…!
Lucas: Que es lo mismo, pero de distinta forma…
Terapeuta: ¿Quiénes son aquí los buenos?
Lucas: [Señala las dos figuras que están una al lado de otra en la parte superior derecha de la foto.]
Terapeuta: ¿Y qué ocurre en este universo para que los buenos quieran exterminar a los malos?
Lucas: Quieren que reine la paz.
Terapeuta: ¿No tienen ninguna otra manera de lograrlo?
Lucas: [Rotundo.] No.
Terapeuta: [Suena el timbre que indica el fin de la sesión.] Hemos de ir terminando por hoy. ¿Qué necesita este mundo, Lucas?
[Silencio largo.]
Lucas: Naves espaciales, pero no hay.
Terapeuta: Tendré que traer, o podemos construir unas. Bueno, es ya momento de dejar el mundo en la arena. ¿Le pondrías algún título?
Lucas: No.
Terapeuta: Muchas gracias por esta caja de arena. Guardaré el vídeo para llevar un archivo y para que podamos más adelante volver a verlo, con el fin de que podamos aprender más sobre ella.
Comentario: Desde el punto de vista clínico, este chico se debatía inconscientemente entre una parte de él que le indica que haga las cosas bien y otra (aparece en forma de voces interiorizadas) que le dice que haga las cosas mal. Una fuerza constructora y otra destructora. Lucas fue maltratado por su padre, lo cual ha generado en él una parte emocional hostil que debe reclamar como propia e integrar.
La caja de arena ayuda a ir del caos a la diferenciación y permite que ambas fuerzas (bien y mal) se manifiesten, opuestas. Con el trabajo de las cajas de arena (pero sobre todo al protegerlo y darle un contexto de buenos tratos), lo malo irá dejando espacio a lo bueno y logrará la integración de opuestos. Esperamos, como dice Ronnberg (2011), que estas fuerzas, «…por el mero hecho de que estén en conflicto, se unirán de manera gradual, y lo que parecía muerte y destrucción se acomodará en un estado latente de concordia en el que se gestan nuevos valores y actitudes dominantes».
Para concluir este apartado, quiero recordar que las reglas que rigen las diferentes fases de este abordaje terapéutico, es decir, el proceso, deben adaptarse a las necesidades de cada cliente, siendo coherentes con el procedimiento de aplicación, pero también flexibles. «No todos los pacientes pueden hacer todas las fases de la caja de arena en todo momento», recuerda Rae (2013). Por ello, para tomar buenas decisiones terapéuticas, es preciso hacer una buena valoración diagnóstica de los pacientes, antes de proponer técnicas de tratamiento. Esto nos permitirá un conocimiento profundo de las personas que solicitan nuestros servicios, de sus síntomas, problemas personales y sociales, fortalezas, recursos y redes de apoyo social. De este modo estaremos en condiciones de determinar cuáles son las técnicas más adecuadas para trabajar con aquellos. En el caso de optar por la caja de arena, también podremos acomodarla a las necesidades y características de cada paciente. El clínico experimentado sabrá cómo adecuar la técnica de la caja de arena a las características y necesidades de cada persona, siendo coherente pero flexible con las reglas, teniendo presente que «se ha creado la caja de arena para el paciente y no el paciente para la caja de arena».
Para más detalles sobre la técnica y para profundizar en ella, recomiendo consultar Construyendo puentes (Gonzalo, 2013) y La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia (Benito y Gonzalo, 2017).
Ahora que ya sabemos en qué consiste esta técnica, podemos centrarnos en la formación del psicoterapeuta y en lo que este abordaje terapéutico le puede ofrecer. De ello nos ocuparemos en el siguiente apartado.

Tatiana Cáseda y José Luis Gonzalo, en el Centro de Traumaterapia y Psicología Lotura, en San Sebastián, Guipúzcoa (España), donde ejercen como psicólogos y colaboran en calidad de docentes en el posgrado de traumaterapia sistémica infanto-juvenil de Barudy y Dantagnan.
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1 Para formarse y ser un Jungian Sandplay Therapist (terapeuta junguiano de la caja de arena), es necesario cumplir unos requisitos formativos. Véase: https://www.esperanza-psicologos.com/requisitos-que-debe-cumplir-un-terapeuta-de-sandplay/
2 Para más información sobre Margaret Lowenfeld, véase: http://sussex-academic.com/sa/titles/psychology/LowenfeldBiography.htm
3 Un ejemplo de un paciente jugando con la arena entre sus dedos puede verse en este vídeo de YouTube. Es también un resumen de los aspectos más importantes de la técnica sandtray. https://www.youtube.com/watch?v=E0F5PtI6nTw&t=1s
4 A este respecto, consultar la Ley de Protección de Datos de Carácter Personal. Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales.
5 «El cuerpo calloso es un conjunto de tejidos con forma de puente que permiten la división y la comunicación entre el hemisferio derecho e izquierdo del cerebro; sin embargo, esta no es su única función.» (Fuente: https://asociacioneducar.com/cuerpo-calloso.)
6 Término en inglés que en psicología se utiliza para indicar con ello que un paciente puede darse cuenta y percibir nuevos conocimientos sobre sí mismo. Insight significa literalmente «ver por dentro».
7 Este concepto quiere decir cuánta cantidad de estrés emocional podemos tolerar sin desbordarnos o desconectarnos.
8 «En la terapia psicoanalítica, proceso de descargar la tensión psíquica generada por una experiencia traumática, reviviéndola mediante su verbalización o a través de actos, en general en presencia del terapeuta».(Fuente: Diccionario de términos médicos, https://www.cun.es/diccionario-medico.)
9 «Definimos mentalización como una forma de actividad mental imaginativa, predominantemente preconsciente, que interpreta el comportamiento humano en términos de estados mentales intencionales (necesidades, deseos, creencias, sentimientos, objetivos, etc.).» Allen, J. G., Fonagy, P., Bateman, A. (2008). Mentalizing in Clinical Practice. American Psychiatric Publishing.
10 La «neurocepción» es un concepto propuesto por Porges (2011) y es diferente de la percepción. Se trata de un conocimiento proveniente de las señales de nuestro sistema nervioso que nos informa, por debajo del umbral de la conciencia, cuán segura es una situación y/o personas. Mediante el lenguaje de las sensaciones corporales, pero también con reacciones provenientes del sistema nervioso autónomo (luchar, huir o inmovilizarse), este pone en marcha el sistema de defensa de los mamíferos, el más antiguo desde el punto de vista de la herencia de la especie.
11 Puede verse un ejemplo de cómo un niño de 9 años juega con la caja de arena en el vídeo que se ofrece al lector en el material adicional de descarga que viene con este libro.
12 «Interpretar», para nuestro propósito, es desentrañar o aclarar los significados de los símbolos y de toda la gramática de la caja (establecer relaciones entre todos los elementos que conforman la escena global), logrando entre paciente y terapeuta una comprensión, que puede ir desde un nivel más básico hasta otro más profundo, de qué aspectos (puntos de vista que considerar) se le revelan al primero sobre sí mismo y su vida.
13 Lanza, G. (20 de agosto de 2021). El intercambio dialéctico entre paciente y analista. Hablando de los tiempos de la interpretación, entendida como un proceso, André Green. Publicaciones. Facebook. https://www.facebook.com/gustavo.lanzacastelli
Capítulo 3
LA FORMACIÓN DEL PSICOTERAPEUTA:
CARENCIAS
JOSÉ LUIS GONZALO MARRODÁN
La salud es la capacidad de permanecer en los espacios entre las realidades sin perder ninguna de ellas: la capacidad de sentirse uno mismo mientras se es muchos.
BROMBERG (1973)
Cuando allá por 1987 comencé a estudiar la licenciatura en Psicología (con un plan de estudios que no se parece en nada al actual), esta ciencia no gozaba del desarrollo y prestigio social con el que cuenta en la actualidad. Además, en el programa formativo que cursé (actualmente se denomina grado en Psicología), no existían las prácticas. Ha habido una clara mejora de la calidad formativa, ofreciendo a los futuros psicólogos experiencias laborales en entornos profesionales reales. Al finalizar el grado, los alumnos han de estudiar un máster (que también contempla prácticas) para poder habilitarse como psicólogos sanitarios. La inclusión de la psicología dentro de las profesiones sanitarias ha sido un logro que ha puesto en valor el rol y la utilidad social de la profesión, contribuyendo a su normalización. Aunque aún pesan estereotipos y creencias falsas sobre el hecho de acudir al psicólogo, no tiene nada que ver con la situación en la que estábamos en 1994, cuando abrí la consulta. Hoy en día, el alumno que termina el máster de psicología general sanitaria (es preciso que se incorporen a este más formadores y profesores que estén en el ámbito laboral, en contacto con la realidad profesional, pues hay un exceso de académicos) sigue su formación cursando otros másteres o posgrados donde también se ofrecen prácticas supervisadas. Se cuida este aspecto de la formación, al igual que los conocimientos científicos. No cabe duda. Aun así, considero que en el currículo de la carrera de Psicología existen importantes lagunas formativas. También creo que deberían mejorarse los programas instructivos de posgrado. ¿Qué echo en falta en la educación de los profesionales? En mi opinión, en la actualidad, en general, en las formaciones de posgrado de los psicólogos sanitarios o clínicos (que son los que mayoritariamente ejercerán la psicoterapia), no se considera la importancia que tiene el trabajo personal. Una de las razones por las que me matriculé en la diplomatura de traumaterapia infanto-juvenil sistémica de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan, allá por 2004, era porque en la propuesta de formación se explicitaba en el folleto de presentación que el programa consideraba tres aspectos: «a) Adquirir conocimientos teóricos resultado de las experiencias clínicas y de la investigación académica para integrar un modelo comprensivo de las secuelas traumáticas de los malos tratos y de los contextos de violencia en los niños, los adolescentes y los adultos. b) Una formación práctica para permitir el aprendizaje de técnicas e instrumentos diagnósticos y terapéuticos. c) El trabajo de la persona del terapeuta, es decir, el ofrecimiento de espacios seguros donde los profesionales en formación puedan explorar las experiencias más significativas de sus historias de vida, incluyendo tanto las fuentes de recursos y capacidades como las experiencias adversas e incluso traumáticas». Esto último me pareció muy importante y me atrajo poderosamente, pues ya era consciente de que los traumas personales se escenifican en la relación de transferencia-contratransferencia con los pacientes a través de las enactuaciones1 (Lyons-Ruth, 1999). Renik (1993) afirma que «la toma de conciencia de la contratransferencia es siempre retrospectiva y viene precedida de una enactuación».
Lo que la diplomatura de traumaterapia sistémica de Barudy y Dantagnan ofrecía, y ofrece en la actualidad, se corresponde con lo que años más tarde Mario Marrone (2017), psiquiatra, ha denominado «modelo tripartito». Como refiere Marrone (2017), «una sólida formación en psicoterapia debe hacerse sobre la base del modelo tripartito. No puede ni debe ser de otra manera. Y esto debe ser así en relación con las diferentes escuelas de psicoterapia».
Analizando brevemente este concepto (tema fundamental en el psicoanálisis relacional), creo que en nuestro trabajo como profesionales necesitamos del «modelo tripartito» para poder abordar las enactuaciones, pues estas son, como dice Kuchuck (2021), caminos para comunicar algo que emerge de lo que ha sido reprimido en el inconsciente (a menudo, no simbolizado, es decir, material disociado) o una manera de comunicar algo importante. Las enactuaciones no son algo que hay que evitar, hay que integrarlas en nuestro trabajo. Algunas de ellas pueden ser dolorosas y perturbar la terapia, incluso aunque sean procesadas. La terapia personal y la supervisión nos ayudan a detectarlas y resolverlas adecuadamente. Sobre todo, porque «el beneficio terapéutico se deriva de restaurar la relación entre el terapeuta y el paciente, que se ha descarrilado…». En nuestras palabras, hemos de resolverla para recuperar la «armonía relacional» (Benito y Gonzalo, 2017). «Un beneficio terapéutico añadido es que las enactuaciones son un fórum necesario para el conflicto y su resolución, cuando un paciente o un terapeuta son incapaces de reconocer e implicarse conscientemente en revelaciones directas cargadas de afecto negativo» (Kuchuck, 2021).
Por lo tanto, concluimos este apartado estando de acuerdo con Mario Marrone (2017) cuando dice: «Una sólida formación en psicoterapia debe hacerse sobre la base del “modelo tripartito”. No puede ni debe ser de otra manera. Y esto debe ser así en relación con las diferentes escuelas de psicoterapia».
3.1 «El 60 % de los psicólogos tiene trauma complejo…»
Asumir el rol de psicoterapeuta configura las perspectivas vitales de la persona. Es una experiencia absorbente que influye en todas las relaciones interpersonales y en las experiencias de la persona. Hay una interacción continua entre la personalidad del terapeuta y la práctica de la psicoterapia […].
El 36 % de los psicoterapeutas en activo encuestados no se sometió a tratamiento antes de licenciarse, mientras que el 45 % se negó a iniciar un tratamiento después de empezar la práctica profesional.
GUY (1995)
Es posible que usted, amable lector, se haya quedado boquiabierto después de leer este epígrafe. Es una frase pronunciada en un taller de la caja de arena por mi colega Montse Lapastora. Y así es, aunque a los psicólogos nos cueste reconocerlo. Como otro colega afirmó en una formación, no hemos llegado a esta profesión por casualidad. Muchas personas se acercan al grado de Psicología con el fin de conocerse mejor a sí mismas, de profundizar en el conocimiento de sus historias y en la ciencia de la personalidad y los trastornos mentales, así como de nutrirse de las diferentes escuelas que nos ayuden a sanar las heridas sufridas a lo largo de nuestra vida. Y aunque esto, sin duda, puede facilitar el autoconocimiento, no es suficiente para que lleguemos a ser conscientes de cómo nuestros problemas personales nos afectan en la vida; y mucho menos aún de cómo nuestras historias y traumas personales, a menudo inconscientes, repercuten en la relación paciente-terapeuta. Si yo como psicólogo he sido maltratado (por ejemplo, he sufrido negligencia afectiva por parte de mis padres, que es una forma de maltrato) y recibo a una persona que también lo ha sufrido, ¿me bastará con haber estudiado Psicología y una formación en psicoterapia que incluya conocimientos, prácticas y supervisión? Obviamente, no. ¿Por qué? Porque el terapeuta, influenciado por una historia de vida similar a la de su paciente no elaborada, corre el riesgo de negar, minimizar, amplificar o distorsionar la experiencia de este. De este modo, dicho terapeuta es posible que haga intervenciones que pongan el foco en aspectos que no recojan el mundo interno del cliente, ignorando o invalidando sus emociones y sin reconocerle el dolor que ha padecido. O, al contrario, el profesional puede sentir que con su terapia podrá salvar a la persona de su sufrimiento, alimentando una «fantasía de rescate» (Muller, 2020).
No debería sorprendernos la frase de mi colega Montse Lapastora. En un curso impartido por Ana María Gómez, psicóloga experta en trauma, preguntó a toda la clase, psicólogos, quién consideraba que tenía un trauma… No todo el mundo levantó la mano, a lo cual ella dijo: «No hay nadie que no tenga ningún trauma». Y no solo los psicólogos, sino que en otras profesiones (médicos, psiquiatras, educadores, maestros, trabajadores sociales…) también hay una amplia presencia de traumas complejos.
Todo esto es aún más trascendente, sensible y preocupante cuando se trabaja con niños y adolescentes. Si estos han sufrido la desgracia de ser maltratados, abandonados y/o han sido víctimas de abusos, necesitan mucho más que un profesional con muchos másteres. Los títulos, siendo imprescindibles, no hacen a los hombres y a las mujeres. Los niños precisan, además, de alguien con una sólida formación en conocimientos y experiencia en su trabajo, una persona madura y equilibrada emocionalmente, empática, con «un estado de mente con respecto al apego» (George, Kaplan y Main, 1985) seguro o «ganado a la seguridad», con su historia de vida trabajada y con una buena salud mental. Porque el principal instrumento de cambio terapéutico, por encima de cualquier técnica, lo es la persona del terapeuta. Todavía hoy en día esto no se contempla por parte de determinados enfoques psicoterapéuticos, que ven al profesional como un mero técnico, y la relación terapéutica como algo que trabajar solo para conseguir una alianza enfocada en el análisis y la interpretación, o en el aprendizaje de determinadas técnicas cognitivas y/o conductuales.
La terapia personal del profesional es un aspecto clave de su formación que no es obligatoria para ejercer la psicoterapia (esta ni siquiera está regulada legalmente). Algunos programas formativos (como las sociedades o escuelas psicoanalíticas) la contemplan como requisito para ser acreditado y poder ejercer. Sin embargo, dentro de la amplia oferta de programas para poder formarse como psicoterapeuta (normalmente se accede a esta profesión desde los grados de Psicología o desde la especialidad de psiquiatría, más minoritariamente desde otros grados), la terapia personal depende de la decisión de cada profesional y del nivel de conciencia que este tenga sobre cómo influye la propia historia y salud mental en el trabajo y la relación con los pacientes. Si el terapeuta valora y es consciente de la necesidad de conocerse bien y sanar la propia mente antes de tratar de sanar la de otros, entonces contemplará, dentro de su formación, la terapia o, al menos, el trabajo personal. Afortunadamente, hay bastantes profesionales que deciden hacer terapia personal antes de empezar. Otros, en cambio, ni se lo plantean, a no ser que desarrollaran una patología o problemas personales de gran calado que repercutieran clara y negativamente en su trabajo y fueran conscientes de esta necesidad. Es importante para crear cultura de autoconocimiento y autocuidado entre los nuevos profesionales graduados de las facultades de Psicología. Y las formaciones de posgrado han de hacer una apuesta por el «modelo tripartito», o al menos incluir en sus programas módulos que aborden el conocimiento de la persona del terapeuta.
En mis investigaciones sobre este aspecto formativo de los terapeutas, entre las webs de los profesionales consultadas en Internet, recabé en la página de la psicóloga Ángela de La Fuente Martín, la cual resalta como un valor el hecho de que se haya sometido a terapia para conseguir su propia sanación. Es una excelente noticia que existan profesionales como Ángela que cuidan esta área de su formación, y que lo publiquen entre sus méritos, porque es importante que sus clientes sepan que se ponen en manos de una psicóloga no solo con formación académico-profesional y supervisión de casos, sino también con una terapia personal cumplimentada. Ángela explica en su página web2:
Empecé en la psicología hace años, intentando solucionar conflictos personales que venían desde la adolescencia. Movida por un cambio de etapa vital y de relaciones personales, empecé a sufrir. Este sufrimiento fue derivando en diferente sintomatología como ansiedad y episodios depresivos. El inicio de todo esto coincidió con el momento en el que tuve que escoger una carrera. Quise estudiar psicología desde la idea de que comprender cómo funcionaban las personas a nivel físico, psicológico y emocional me traería las herramientas para sanar mis heridas.
Evidentemente, no encontré la respuesta a mis dificultades internas en el conocimiento (por lo menos no totalmente). Si conocer mejor qué me pasaba no era toda la ayuda que necesitaba, no sabía ya qué más hacer. Quizás, empecé a pensar, yo era así y debía resignarme a vivir en ese sufrimiento.
Paradójicamente, nunca se me ocurrió lo más evidente para una psicóloga: ir a terapia. Afortunadamente, a las personas que me querían y me veían pasarlo mal sí se les ocurrió y con gran perseverancia consiguieron convencerme para que acudiera. Esta sanación que buscaba empecé a encontrarla en la psicoterapia personal que comencé a realizar.
Desde el posgrado de traumaterapia de Barudy y Dantagnan, conscientes también de que los profesionales han de trabajar y sobre todo relacionarse con niños y adolescentes, desde el comienzo, un pilar del programa de formación lo ha constituido el trabajo personal del terapeuta. Desde el inicio, como una declaración de intenciones, para ser seleccionado en este programa, pedimos al candidato o candidata que escriba una carta en la que debe elegir un momento de su vida pasada, ponerse en contacto con el niño interior que habita en su interior, como si fuese un registro mental, y que redacte desde el yo adulto cómo se sintió y lo vivió. Le pedimos que escriba el relato de lo acontecido y añada con qué puntos de apoyo contó que lo pudieron ayudar a sobrellevar el acontecimiento traumático y elaborarlo. Nos interesa no lo que le ocurrió, sino cómo el profesional ha construido y elaborado su historia. Esto es muy útil para valorar en qué medida una persona tiene «conciencia autonoética» (Siegel, 2007) de sí mismo y cómo narra lo ocurrido y/o vivido, cómo lo ha elaborado. No importa tanto qué paso, sino el relato construido sobre lo ocurrido, y si se ha podido integrar en la propia biografía (Wallin, 2012). Durante el posgrado dedicamos varios módulos al trabajo de la persona del terapeuta, practicando y experimentando las mismas técnicas que se proponen para los niños o adolescentes en terapia, entre las cuales destacamos: (1) las destinadas a acceder al «modelo interno de trabajo» (Bowlby, 1989); (2) las que están pensadas para ayudar a la elaboración de la historia de vida; (3) las que favorecen el empoderamiento, y (4) las que contribuyen a procesar los acontecimientos traumáticos. Y, dentro de todas las técnicas, la que ocupa un lugar central en el posgrado es, precisamente, la técnica de la caja de arena. Además, aconsejamos a todos los alumnos que hagan su propia terapia personal. La gran mayoría de los profesionales de la Red Apega hemos hecho, además del trabajo con la persona del terapeuta que el posgrado contempla, nuestra propia terapia personal, pues somos conscientes de la necesidad de sanar nuestras propias heridas emocionales antes de trabajar en terapia con los niños y sus familias.
Los módulos del posgrado de traumaterapia en los que se aprende a usar la caja de arena, en los cuales cada alumno crea y coexplora su propia caja, siendo acompañado por otro alumno en el rol de terapeuta (previamente, el profesor ha modelado cómo conducir una sesión con alumnos voluntarios, para instruir sobre cómo debe usarse la técnica), han sido tremendamente sanadores para nuestros alumnos. Muchos de ellos descubren aspectos de sí mismos que no habían contemplado, otros se dan cuentan de que deben trabajar en un espacio propio de terapia cuestiones de su historia que aún no se han cicatrizado ni cerrado, otros creían tener superado un determinado momento o periodo de su vida, o rasgo de su persona, y comprueban que aún no está finalizado del todo… Y a otros, a pesar de tener hecho un excelente trabajo personal en terapia, el proceso de elaboración de la caja de arena les ofrece una experiencia tan profunda de conexión, toma de conciencia y de integración cuerpo/mente/cerebro que les sirve de colofón a dicho trabajo. Del mismo modo ha ocurrido en otros talleres que he impartido sobre este abordaje terapéutico a lo largo de toda la geografía española: los profesionales que han acudido han hecho grandes descubrimientos sobre ellos mismos.
Durante la celebración de los módulos de la caja de arena (22 y 23 de abril de 2021) dentro del posgrado de traumaterapia con el grupo de San Sebastián (promoción Apega 5 Donostia), fuimos plenamente conscientes del poder de esta herramienta terapéutica como coadyuvante en la formación personal del profesional traumaterapeuta. Las revelaciones que emergieron durante la elaboración de las cajas, la conexión emocional que se produjo entre los participantes del taller, profunda e intensa, y la sensación de «reintegración resiliente» (Puig y Rubio, 2011; 2015) lograda por los profesionales fue de tal magnitud que decidimos dar a conocer en un libro las propiedades de este instrumento como un componente más dentro de la terapia del profesional, imprescindible si se quiere hacer, a nuestro juicio, un trabajo en profundidad sobre uno mismo.
Así pues, a través de estas páginas, compartimos con usted, lector, lo que los profesionales experimentaron, las vivencias que tuvieron, las narrativas que desarrollaron, los aspectos que se les revelaron y cómo todo ello ha contribuido a mejorar sus vidas. Ellos decidieron hacer públicas sus cajas de arena y regalarnos sus historias plasmándolas en este libro, con el fin de sensibilizar al profesional de la salud, la educación y la intervención social de la necesidad de una formación que contemple la terapia y/o, al menos, el trabajo con la persona del terapeuta. Porque no hay nadie que no tenga nada que revisar en su vida.
Pero antes nos centraremos en disertar sobre la caja de arena en la formación del psicoterapeuta. Hablaremos sobre los modos de acercamiento a la técnica (consciente e inconsciente). También ofreceremos un guion para que los profesionales reestructuren la experiencia de trabajo que han tenido con este abordaje terapéutico. Seguidamente, expondremos lo que estos opinan sobre la caja de arena. Compartiremos dos fascinantes experiencias de profesionales en formación y explicaremos cómo se organiza y desarrolla un taller sobre la caja de arena, tomando como base el que celebramos en abril de 2021 dentro del posgrado de traumaterapia de Barudy y Dantagnan en San Sebastián-Donostia.
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1 Las enacciones son las escenificaciones creadas conjuntamente que reflejan las vulnerabilidades y necesidades solapadas, inicialmente inconscientes, del paciente y del terapeuta (Lyons-Ruth, 1999).
2 Información obtenida de la página profesional de la psicóloga Ángela de La Fuente Martín: https://afpsicologia.com
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