Kitabı oku: «Más leyendas urbanas del rock»

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MÁS LEYENDAS URBANAS DEL ROCK


MÁS LEYENDAS URBANAS DEL ROCK

JOSÉ LUIS MARTÍN


© 2020, José Luis Martín Caperote

© 2020, Redbook Ediciones, s. l., Barcelona

Diseño de cubierta: Regina Richling

Diseño de interior: Amanda Martínez

Fotografías interiores: Creative Commons / APG imágenes

Todas las imágenes son © de sus respectivos propietarios y se han incluido a modo de complemento para ilustrar el contenido del texto y/o situarlo en su contexto histórico o artístico. Aunque se ha realizado un trabajo exhaustivo para obtener el permiso de cada autor antes de su publicación, el editor quiere pedir disculpas en el caso de que no se hubiera obtenido alguna fuente y se compromete a corregir cualquier omisión en futuras ediciones.

ISBN: 978-84-9917-618-5

Producción del ePub: booqlab

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.»

«No todo tiene una explicación. No siempre existe una respuesta. No debes encontrar el sentido a todo. Porque no todo es justo y lógico. Aprende a vivir con ello.»

Proverbio chino

Dedicado a Mónica Fernández y Manuel López Poy, porque sigo sin entender su apoyo impertérrito.

Índice

I. Prólogo

II. El gran mito de las teorías de conspiración

¿Quién asesinó a Kurt Cobain?

El asesinato de Sam Cooke

La trágica muerte de Brian Jones

AC/DC y Bon Scott: el crepúsculo de los dioses

Amy Winehouse, cuidado con lo que deseas

El envenenamiento de B.B. King

Chris Cornell y la mano que mece la cuna

III. Historias fascinantes

Clapton is God

La guitarra de Jimi Hendrix

Esquerita, el gran olvidado

Pattie Boyd, la musa engañada

Rompiendo moldes y lo que haga falta

La leyenda de Mia Zapata

IV. El gran circo del rock and roll

El contrato más corto del mundo

The Verve, sinfonía de una injusticia

La verdad sobre «Hotel California»

La mujer fantasma de Black Sabbath

La portada de Rolling Stone

La leyenda de Jazz Sabbath

V. Exorcismos, mentiras y blasfemias

Dakota, la casa del diablo

James Brown, un monstruo maltratador

El mítico Fillmore nació por casualidad

Little Richard se salió del guion

Rainbow falseó una fotografía

Studio 54, del cielo al infierno

George Harrison salvó la vida de Brian

«Gloomy Sunday», invitación al suicidio

Moondog, el vikingo de la Sexta Avenida

La maldición de «Jeremy»

Bibliografía

Playlist Spotify

I. PRÓLOGO

De nuevo me encuentro sentado en un tren que se dirige al apasionante mundo del rock and roll, donde las estaciones irán marcando a grandes rasgos la falta de valores, ética y veracidad de lo que irá reflejado en el diario de a bordo.

No se trata de una ruta que busca el glamour, las chispeantes burbujas del champán o las luces deslumbrantes y cegadoras de la pista del circo del rock. Aquella por la que acróbatas, contorsionistas, equilibristas, forzudos, hombres bala, magos, malabaristas, mimos, payasos, trapecistas, ventrílocuos y domadores, nos ofrecen su particular arte, carisma y mejor semblanza.

El billete indicaba perfectamente que vamos a la trastienda, donde no se escuchan las fanfarrias de trompetas ni el júbilo del público.

En esa zona del circo se entrelazan las mentiras y la realidad, los gladiadores se acuchillan por la espalda, los payasos son pervertidos violadores de menores, el forzudo se inyecta esteroides y drogas de diseño, los malabaristas hacen sus trucos con royalties ajenos, mientras que el mimo vocifera teorías de la conspiración que encandilan y doblegan la ecuanimidad de los equilibristas y amansa a las fieras, que se han zampado al domador en un festín patrocinado por la dirección.

Todo ello en una maravillosa barahúnda que se empaqueta convenientemente, se envuelve en papel de regalo y se pone a la venta como suvenir de la memoria y nostalgia de lo que pudo ser y no fue. Porque en este circo se aprovecha todo, no hay ni desperdicios, ni inmundicia que no pueda triturarse y envasarse en cápsulas antidepresivas, caramelos ansiolíticos y píldoras de la felicidad que algún día creímos haber conseguido.

Comenzaremos nuestro viaje, con un recorrido por el universo de las conspiraciones, que si bien es cierto que la totalidad son musicales, comprobaremos cómo se escapan de la fina línea que las separa de la paranoia social e incluso política. Compartiremos las dudas vertidas en las versiones oficiales y sin desdeñar ninguna conclusión, dejaremos entrar el fantasma de la incertidumbre. Los muertos irán pasando sin previo aviso del suicidio al asesinato, de la borrachera a la mala praxis o por qué no, de la drogadicción al maltrato paterno o la pederastia.

La segunda estación posee una vía muerta por la cual circulan relatos de un magnetismo maravilloso. Músicos que juegan a ser dioses o dioses que bajaron al mundo para ser simples músicos, guitarras legendarias que podrían en ocasiones terminar en un amasijo de astillas sin perder la compostura, amores que no lo fueron, pero que la obsesión los transformó en neurosis y asesinos que elevaron a la categoría de leyenda a su víctima.

No deberemos perder de vista en ningún momento donde nos encontramos, en el maravilloso circo del rock’n’roll, ese que nos regala obras musicales prodigiosas, con la misma pomposidad que nos muestra comportamientos esperpénticos y rastreros. Contratos con letra pequeña para protagonistas ignorantes, managers que chupan la sangre de sus protegidos, promociones surrealistas y cuentos fantasmagóricos, es lo que encontraremos en este aquelarre caótico.

Cuando el trayecto llegue a su destino, habremos dejado pasar pequeños rumores en formato mentiras, blasfemias y quizás nos encontremos con el Diablo sin saberlo, ni pretenderlo, en una colección de leyendas que intentan escapar de los consabidos chismes de portería y que entre líneas, nos dejaran una buena dosis de adrenalina rock.

II. EL GRAN MITO DE LAS TEORÍAS DE CONSPIRACIÓN

En el campo de las leyendas urbanas del rock, el mayor caldo de cultivo son las llamadas teorías de la conspiración, que aunque se las trata en un tono peyorativo, en ocasiones han arrojado más luz sobre ciertos asuntos que la verdad oficial manipulada.

Una teoría de la conspiración es una versión alternativa a la oficial, que normalmente viene acompañada de una cadena de acontecimientos, llevados a cabo por una serie de personas o grupos, que terminan en secreto y ocultos a la opinión pública.

Algo que debe quedar claro desde el principio es que se trata de teorías que no se han podido demostrar, o bien por ser imposibles de verificar o porque poderes ocultos han sabido enterrar los hechos de forma impermeable. Una teoría conspiranoica que se pueda demostrar deja automáticamente de ser teoría y pasa a ser un delito, con responsabilidad penal o al menos escarnio popular. Sin embargo, han existido teorías de la conspiración desde siempre, utilizadas por los poderes fácticos para apoyar sus intereses de forma sibilina y engañosa. Hitler construyó una teoría conspirativa en torno a los judíos, que fue aceptada por la gran mayoría de sus seguidores y desencadenó el Holocausto.

En Estados Unidos, el proyecto MK Ultra, conocido como el Programa de Control mental de la CIA, se consideró durante muchos años como una teoría de la conspiración, sin embargo terminó demostrándose que era cierto que el gobierno experimentó con seres humanos, probando nuevas sustancias químicas destinadas a ser utilizadas en interrogatorios y torturas. Incluso podríamos determinar que la Iglesia creó su propia teoría en la manipulación del mal y la existencia del Diablo, con el objetivo de controlar la conciencia de los feligreses, o ir más lejos y considerar su propia existencia como la mayor de las teorías conspiranoicas que han existido.

El porqué se creen las teorías de la conspiración, lo podría explicar mejor un psicólogo, pero probablemente el ser humano necesita creer en historias que le enfrentan a lo establecido, al poder, para sentirse poseedor de ciertas dosis de libertad, lo que de por sí es toda una teoría imposible de demostrar. El mundo de la música y del rock en particular está abonado para plantar teorías de la conspiración, porque además de la voluntad popular de creerlas, está el interés de la industria en fomentarlas y exprimirlas como parte de un gran negocio lucrativo.

Por qué ponemos en duda que haya quién piense que Elvis está vivo, que Paul McCartney falleció en los sesenta, que a Lennon lo asesinó la CIA, todas ellas leyendas explicadas en el libro Leyendas urbanas del rock de esta misma editorial; por qué dudamos que se les dé credibilidad en un mundo donde hay quien sigue pensando que la Tierra es plana o que el hombre no pisó la Luna sino un decorado de Hollywood; por qué no vamos a creer la conspiración de Sam Cooke o Bon Scott, si el presidente de Brasil, el bizarro Bolsonaro, divulgó que la Covid-19 era un simple resfriado y millones de personas lo creyeron, o si el descerebrado de Trump inventó una conspiración china para acabar con el mundo occidental con un virus de laboratorio y le creyeron. ¡Cómo no vamos a creer en teorías de la conspiración como las que os vamos a contar en este capítulo, si llevamos siglos creyendo que somos libres y está demostrado que es una auténtica falacia!

Así que lo creas o no, estas son algunas de las teorías de la conspiración que han crecido alrededor del rock.

¿Quién asesinó a Kurt Cobain?

El 8 de abril de 1994, el planeta se convulsionó por un macabro suceso, Kurt Cobain, guitarra y cantante de Nirvana y líder sin pretenderlo de la llamada Generación X, se había volado la tapa de los sesos con una escopeta de caza. El cadáver lo descubrió Gary Smith, técnico de equipos de seguridad que acudió al 171 del Boulevard Lake Washington en Seattle para colocar un sistema que alertara de la presencia de extraños, sobre todo periodistas y curiosos.

Cuando la policía llegó, encontró el cadáver del vocalista y a su alrededor toda una parafernalia que parecía dispuesta a modo de escenografía de un suicidio. Los utensilios imprescindibles para inyectarse una última dosis de heroína, un juego de ordenador del que era jugador asiduo, un peluche al que le tenía mucho aprecio, residuos de tabaco y un casete con el álbum In Utero, no sabemos si a modo de última promoción o como aviso a navegantes, ya que el disco pretendía llamarlo I Hate Myself And Want To Die (Me odio y quiero morir), pero la compañía no se lo permitió. También encontraron una maceta con flores, en la que había clavada una nota de suicidio dirigida a su mujer Courtney Love y a su hija Frances. Junto al difunto se encontró una escopeta Remington M 11 de calibre 20, con la cual se había pegado un tiro en la cabeza. El veredicto fue inapelable, muerte por lesión mortal de bala autoinfligida, es decir suicidio.


El 8 de abril de 1994 se suicidaba Kurt Cobain, símbolo de la Generación X y líder de la banda Nirvana surgida en Seattle.

Apenas un mes antes, el 3 de marzo, en la habitación 541 del hotel Excelsior de Roma, había intentado dejar este mundo administrándose sesenta cápsulas de Rohypnol, un fármaco de la familia de las benzodiacepinas que se administra como ansiolítico y para combatir el insomnio.

En aquella ocasión se intentó vestir el incidente como un mero accidente a consecuencia del cansancio y la falta de sueño, pero a todas luces fue un intento claro de suicidio y de llamar la atención de su mujer. Al parecer una discusión o un rechazo por parte de Courtney, quien acababa de llegar de Londres donde estaba promocionado el segundo álbum de Hole, Live Through This, disparó la reacción drástica de Cobain, quien estaba ahogándose en un mar de celos, pensando que su mujer tenía un affaire con Billy Corgan de Smashing Pumpkins.

Cuando Cobain salió del coma y se recuperó, se recomendó a la pareja seguir un tratamiento de desintoxicación, ante el peligro de perder la custodia de su hija. Courtney aceptó recibir ayuda de inmediato e ingresó en una clínica, mientras que Cobain se negó y marchó a Seattle, donde le pidió a su amigo Dylan Carlson, líder de Earth, que le comprara la escopeta Remington. La inestabilidad mental de Kurt se demuestra al comprobar que tras una reacción violenta contra su mánager Danny Goldberg, su mujer y algunos amigos, y la negativa de hospitalizarse, terminó por ingresar en el Centro de Recuperación Exodus de Los Ángeles.


Las constantes peleas de Kurt Cobain con Courtney Love y la adicción de ambos a la heroína sumió a la pareja en un rol autodestructivo.

Cuando el tratamiento parecía que producía los efectos necesarios, Kurt Cobain se escapó del Exodus en modo presidiario, saltando la valla. Según su mujer, le llamó y le dijo «Pase lo que pase, recuerda que te quiero. Que sepas que has hecho un álbum buenísimo». Love que se encontraba de promoción en Los Ángeles, contrató al detective privado Tom Grant para que encontrara a Kurt, ante la sospecha de que pudiera suicidarse, algo que terminó pasando el 5 de abril, tres días antes de que Gary Smith lo encontrara.

Courtney Love, la mano que mece la cuna

Desde el primer minuto, cuando se supo la muerte del líder de Nirvana, hubo voces que apuntaron a un posible asesinato y todas ellas señalaban con el dedo a su mujer.

El primero y más acérrimo defensor de la teoría de la conspiración fue Tom Grant, el detective contratado por Love que diseñó un relato que sigue manteniendo como veraz 26 años después de su muerte. Según Grant, en la autopsia se encontró una enorme cantidad de heroína en sangre, suficiente para haberle matado si hubiera errado el tiro, pero al mismo tiempo la cantidad idónea para no dejarle ni apretar el gatillo. Según Grant, la nota de suicidio no era una despedida a Courtney y su hija, sino más bien a Nirvana, pues es muy posible que quisiera abandonar la banda abrumado por el éxito y las consecuencias que este le reportaban y que no le dejaban ser feliz.

El día 4 de abril la policía de Seattle recibió una llamada supuestamente realizada por Wendy O’Connor, madre de Kurt, donde avisaba que su hijo estaba armado y tenía intención de suicidarse. Posteriormente Wendy negó saber que su hijo estuviera armado y mucho menos sus intenciones. Para Grant, la llamada fue de Courtney para preparar el terreno. Jackie Farry, niñera de Frances, declaró que la pareja se peleaba en numerosas ocasiones y que Kurt estaba pensando en el divorcio como escapatoria a una situación de maltrato psicológico por parte de su mujer. En la teoría de Grant existía un móvil económico claro, si se producía el divorcio, Love se quedaría fuera del testamento, mientras que si fallecía Kurt se quedaría con el 100% del patrimonio y gestionaría los derechos de autor.


Uno de los que creyeron a pies juntillas las teorías de Tom Grant fue el director cinematográfico Nick Broomfield, prestigioso documentalista británico que grabó el film Kurt & Courtney, donde realiza un ejercicio de «cine directo» sobre la muerte de Cobain. En el documental aparecen personajes que niegan la teoría del asesinato y otros que la apoyan, como el propio Grant, el padre de Courtney, quien acusa directamente a su hija del asesinato o de inducir a cometerlo y un personaje bastante bizarro llamado el Duce, músico mediocre que asegura que Courtney le ofreció 50.000 dólares por asesinar a su marido. El documental sufrió amenazas de Courtney Love, quien consiguió que se le retirara el presupuesto por parte de la productora. Broomfield lo terminó autoproduciendo, pero se vio obligado a autocensurarse para evitar demandas judiciales de Love.

El 13 de abril de 1994 el periodista independiente de Seattle Richard Lee emitió el primer capítulo del nuevo programa de documentales de la cadena CBS, Now See It Person to Person, al que llamó ¿Quién ha asesinado a Kurt Cobain? Desde entonces no ha parado de investigar sobre el posible asesinato de Cobain de una forma obsesiva, que para muchos es carroñera. En el año 2000 se cursó una orden de alejamiento pedida por el bajista de Nirvana Krist Novoselic y en 2004 fue arrestado en Los Ángeles al presentarse en una causa judicial contra Courtney e intentar hacer preguntas sobre el asesinato de su esposo desde el público. En 2018 Love, su hija Frances Bean Cobain y el Departamento de Policía de Seattle ganaron una batalla judicial contra Lee para impedir que se publicaran fotos forenses de la escena del crimen, realizadas por la policía y filtradas a Lee.


Kurt Cobain y Krist Novoselic en el escenario

En 2015 se publicó Soaked In Bleach, un documental dramatizado y dirigido por Benjamin Statler, que se centra en las investigaciones de Tom Grant, apostando por la teoría del asesinato y señala como culpable a Courtney Love, de quien realiza un retrato de pervertida y psicópata enfermiza que resulta poco creíble. Pero si hablamos de credibilidad, quien la ha perdido totalmente es Tom Grant, que se ofrece a conversar sobre la muerte de Kurt bajo la modesta tarifa de 45 dólares la media hora.


Defendiendo a Love

Por poner una nota discordante en este turbulento relato, diremos que también hubo voces que defendieron a Courtney Love, pocas para ser sincero, porque ni siquiera el mánager de Nirvana y amigo de Kurt, Danny Goldberg, lo hace de forma entusiasta en su libro Serving The Servant. Recordando a Kurt Cobain, publicado en 2020, aunque niega categóricamente la teoría del asesinato.

Lucy O’Brien, periodista musical británica que ha ejercido durante décadas en publicaciones como New Musical Express, The Guardian y The Observer entre otras, además de ser autora de varios libros sobre mujeres en la música, entre los que destacan los dos volúmenes de She Bop: The definitive history of women in rock, pop, and soul, argumenta: «Es parte de la narrativa del rock que eleva al músico al estatus de héroe romántico. Cuando muere o se desmorona, no es su culpa, sino que se debe al súcubo que lo robó, como Yoko Ono, a la que culpan por romper los Beatles, y a Courtney Love, por no cuidar bien a Kurt».

La periodista de This Magazine Lisa Whittington-Hill es de una opinión parecida: «Las mujeres a menudo son vilipendiadas y condenadas por la muerte de sus parejas masculinas. Se suponía que el amor, como todas las mujeres, salvaría a su pareja de la muerte y la adicción. Los fanáticos de Cobain proyectaron toda su ira y resentimiento por la pérdida del líder de Nirvana en Love, y pronto fue culpada no solo de su adicción sino también de su muerte».

Como en casi todas las teorías de la conspiración, es muy complicado conseguir un cambio de opinión entre admiradores y difamadores, pero en el caso de un líder generacional como Kurt Cobain, esa tarea es poco más o menos que una quimera. ¿Quién tiene la razón? No se sabe y seguramente no se sabrá jamás. Lo cierto es que se ha convertido en un negocio, porque nunca se han realizado tantas películas, documentales, libros, artículos, podcast, programas de radio y televisión, etc.

El asesinato de Sam Cooke

De todas las teorías de conspiración que existen en torno a la música, la más indignante es la de Sam Cooke. Jamás ha existido una versión oficial más kafkiana y chapucera que en este caso. Ninguna de las personas que conocieron a Sam Cooke, tanto a nivel profesional o personal, creyeron ni una sola línea de lo esgrimido por la administración. Todas las explicaciones expuestas por la maquinaria del estado para justificar su asesinato como un caso evidente de defensa personal, estuvieron manipuladas y fueron poco a poco desmontándose a lo largo de los siguientes años, dando la razón a los que pensaron desde un principio que fue un asesinato programado o al menos no fue en defensa propia.


Un 11 de diciembre de 1964, una serie de catastróficos acontecimientos desencadenaron el asesinato de Sam Cooke, la estrella del soul más emergente en aquellos momentos.

El porqué después de más de medio siglo sigue siendo un crimen sin esclarecer, sólo se puede contestar contemplando la posibilidad verídica de que la administración de justicia americana sigue estando regida por postulados altamente segregacionistas y aposentados en profundas raíces racistas. El crimen de Sam Cooke lo debemos enmarcar en el mismo lienzo sobre el que están suspendidos los crímenes de Martin Luther King, Malcom X, Medgar Evers o las cuatro niñas de la iglesia de Birmingham, Alabama, Denise McNair, Carole Robertson, Cynthia Wesley y Addie Mae Collins, que fueron asesinadas un año antes en un atentado con bomba, los miles de linchamientos que se produjeron con total impunidad o los asesinatos de afroamericanos en manos de la policía americana (tan sólo en 2018 casi 500 personas), que siguen siendo habituales en la actualidad.

Samuel Cook nació el 22 de enero de 1931 en Clarksdale, Misisipi, siendo el quinto de ocho hermanos de una familia marcada por la religión. Sus padres, Annie Mae y Charles Cook, pertenecían a la Iglesia de Cristo, congregación baptista de la que Charles era predicador. La familia emigró a Chicago escapando de las leyes Jim Crow y del segregacionismo brutal que conllevaban.

En Chicago los pequeños Cook asistieron al Wendell Phillips Academy High School, institución que aportaba un valor especial a la música y por la que ya había pasado Nat King Cole. A los 14 años ya estaba involucrado en coros de góspel y alcanzó a ser solista principal de Highway QC, pero aún siendo una agrupación de prestigio, en 1950 fichó con los legendarios Soul Stirrers, formación con una carrera de más de 80 años creada por RH Harris, vocalista pionero en el góspel de cuarteto y una de las figuras que influyó en el soul, doo wop y el sonido Motown. Cuando Harris abandonó Soul Stirrers en 1953, Cook pasó a liderar el grupo, pero tras varias giras y grabaciones exitosas, decidió que era momento de lanzar su carrera en solitario alejado de la música de carácter religioso, sin embargo su primer single, «Lovable» era un plagio del clásico del góspel «Wonderful», que firmó como Dale Cook por miedo a las represalias del entorno religioso que lo podía considerar como una profanación del legado sagrado. La congregación religiosa tenía un sentimiento de rechazo absoluto para los cantantes negros que se dedicaban a la música secular, no había medias tintas, o cantabas música religiosa o la música del Diablo.


En 1950, con tan sólo 19 años, Sam Cooke entró como miembro de The Soul Stirrers.

Fue su padre, el reverendo Cook quien le dio la bendición para alejarse del góspel y adentrarse en la música comercial: «Mi padre me dijo que lo importante no era lo que cantaba, sino que Dios me dio una voz y talento musical y lo esencial era compartirlo y hacer felices a las personas» como declaró en un programa de radio el ya renombrado Sam Cooke, añadiendo la «e» a su apellido para marcar su cambio de vida y homenajear a su ídolo Nat King Cole.

The King of Soul

Desde el inicio de su carrera como solista, Cooke comprendió que lo realmente importante no era interpretar estándares de la música popular, sino hacer sus propias canciones. Otro de los detalles que Cooke quiso remarcar desde el principio era el reparto de los derechos de autor, donde los negros eran estafados sistemáticamente, por eso su primer single como Sam Cooke, el tema «You Send Me» era un tema propio, pero acreditó a su hermano LC como autor del mismo, para que el editor de la grabación no se agenciara los derechos de autor. Como era habitual, la compañía discográfica no confiaba en el tema de un primerizo vocalista, desconocido para el mercado laico y colocó como cara A el clásico «Summertime», relegando «You Send Me» a la cara B. Contrariamente a lo previsto, los dj’s de las emisoras de música negra comenzaron a pinchar la cara B del single, ignorando el tema principal y llevándole hasta el #1 de las listas de rhythm & blues del Billboard, donde se mantuvo durante dos semanas consecutivas, con unas ventas aproximadas de un millón y medio de copias. Rápidamente la maquinaria industrial buscó a una imagen blanca para grabar el tema y colocarlo en las listas de pop, negadas por rutina perversa a las voces de color, en un comportamiento que era habitual. En este caso la cara escogida fue la cantante Teresa Brewer, una de las voces femeninas más populares de final de la década. La versión alcanzó el #8 del Hot 100, pero de nuevo el resultado no fue el deseado y se produjo un efecto llamada sobre el tema original, que volvió a colocarse en el #1 del Hot 100 americano.


Sam Cooke fue el primer afroamericano en dominar todos los aspectos del negocio musical.

De esta forma nació la leyenda de The King Of Soul, el primer cantante afroamericano que copaba las dos listas de éxito americanas, que derribó con un sólo tema, del que era autor, el segregacionismo de la industria musical. Las audiencias de Sam Cooke pasaron a ser de blancos y negros, pobres y ricos, mujeres y hombres, jóvenes y viejos.

Las dos caras de Sam Cooke

El éxito de «You Send Me» y sobre todo el hecho de haber protegido sus derechos como autor, le proporcionó una estabilidad económica que no era habitual en los cantantes de color que conseguían un hit, pero Cooke aprovechó este nuevo estatus para controlar todo lo que podía su carrera profesional. Gestionaba sus giras, administraba los porcentajes de conciertos y colocaba empleados suyos controlando la venta de entradas para evitar estafas, se enfrentó en numerosas ocasiones a su sello discográfico Keen Records, hasta que tras dos años de trabajo conjunto consiguió la rescisión de contrato y firmó con la potente RCA Victor.

Cooke había sido aceptado por el público blanco por su melosidad pop y por una figura inteligentemente construida bajo la premisa del negro bueno y complaciente, lo que le granjeó más de una crítica de la comunidad afroamericana que le acusaba de ser un bufón del señor blanco. Sin embargo, desde el principio de su carrera mantuvo una dualidad perfectamente estudiada con la que poder moverse en los dos mundos. Había un Cooke comedido, experto en baladas, educado y complaciente para el mercado blanco y luego un Cooke descarnado, salvaje, sexual y orgullosamente negro. Esa dicotomía quedó reflejada de forma intachable en la grabación de dos directos completamente diferentes, uno para el público blanco y pudiente, grabado en el Club Copacabana de Times Square, local donde se reunía la clase alta neoyorquina y los magnates de la industria musical y donde Cooke despliega un repertorio de soul pop repleto de versiones y donde sólo aparecen tres temas propios. Una grabación espectacular editada en octubre de 1964 bajo el nombre de Sam Cooke At The Copa, en la cual muestra su cara afable y moderada.

Otra grabada el 12 de junio de 1963 en el Harlem Square Club de Miami, Florida, un local situado en un barrio negro y ante un público mayoritariamente afroamericano, donde Cooke interpreta un repertorio propio sin recurrir a ninguna versión. Se muestra chulesco, descarado, provocador, agitador y perturbador, con un registro más desgarrado y visceral que asustó a RCA y se negó a editarlo en su día, tardando 22 años en publicarlo. En junio de 1985 se publicó y está considerado como uno de los mejores directos de la historia.

Camino del infierno

Aunque Sam Cooke tenía un estatus consolidado en los estados del norte y no era necesario girar por el segregacionista sur, siempre se empeñó en embarcarse en giras por el Cinturón Bíblico, formado por los estados más racistas del país, aquellos donde las leyes Jim Crow regían los destinos de los afroamericanos, sin importarles si eran famosos cantantes de soul.

Durante sus giras sureñas sufrieron todo tipo de vejaciones, ataques y agresiones, pero Cooke nunca quiso abandonar ese terreno y lejos de achicarse, comenzó a cultivar una conciencia política muy marcada y enraizada en la lucha por los Derechos Civiles. La troupe llegó a dormir en tanatorios porque los negros tenían prohibido el acceso a hoteles, tuvieron problemas para abastecerse pues en muchos locales de carretera no servían a negros. Sam Cooke fue gestando una personalidad beligerante con el racismo y los comportamientos intolerantes y en más de una ocasión se negó a actuar en sitios donde los negros eran relegados al gallinero y se les cobraba una entrada más cara. A medida que su popularidad aumentaba, también lo hacía el odio de las autoridades y policía segregacionista, provocando incidentes como al paso de la gira de 1964 por Arkansas, donde una de las coristas se rio irónicamente cuando la empleada de una gasolinera se negó a servirle unas bebidas. Al cabo de unos kilómetros una patrulla de policías paró el autocar, subió al mismo y reclamó saber quién era la «negrata» que había insultado a la mujer blanca. Cuentan que Cooke montó en cólera con lo de «negrata» y se enfrentó a ellos: «Este es un autobús de mi propiedad y aquí nadie llama “negrata” a nadie. Si tienen una orden de detención ejecútenla, si no, bajen de mi autobús inmediatamente». Los policías sopesaron los pros y contras y les dejaron marchar, en un ejemplo más de lo peligroso que se estaba volviendo aquel negro.

Sembrando vientos, cosechando tempestades

Su música también se veía reflejada por esas experiencias, y su single de «Chain Gang» era un reflejo de una conversación con unos presos negros que trabajaban en la construcción de una carretera. El tema fue uno de los mayores éxitos de Cooke, alcanzando el #2 en las listas del Billboard de rhythm & blues y en el Hot 100, además de ser el primer éxito internacional con un #9 en las listas de singles británicos.

Éxitos como «Wonderful World», «Cupid», «Twistin’ the Night Away», «Another Saturday Night» o «Bring it on Home to me», convirtieron a Sam Cooke en una persona poderosa y admirada entre la población afroamericana, que tenía al alcance de la mano el mundo blanco, en el que también había triunfado y esto, a principios de la década de los sesenta era muy peligroso.

En 1961 realizó un movimiento ante el que no estaba preparada la industria discográfica, crear su propio sello discográfico, SAR Records. No lo hizo para manejar sus asuntos musicales que estaban bien controlados con el contrato firmado con RCA Victor, posiblemente el mejor contrato que había conseguido un afroamericano en la historia. SAR Records surgió para apoyar a otros músicos y cantantes afroamericanos, como un oasis de honestidad dentro del desértico panorama con el que se encontraban los negros. Comenzó rescatando sus amados Soul Stirrers y rescató de un contrato draconiano a Curtis & The Womack Brothers, coro de góspel formado por los cinco hermanos Womack, que había grabado un single evangélico llamado «Buffalo Bill» para el sello Pennant Records, cuando Curtis y Bobby Womack tenían sólo diez años. Tras dos singles sin éxito, Cooke les convenció de abandonar el góspel y adentrarse en la música del Diablo, la música secular, el soul. Cambiaron el nombre por el de The Valentinos y publicaron el single «Lookin’ for a Love» del que vendieron más de dos millones de copias y se posicionaron en el #8 del Billboard Rhythm & Blues y el #72 de Hot 100. Bobby Womack pasó a ser el guitarrista de la banda de Sam Cooke y colaboró en la composición de varios de sus temas. Entre Cooke y él nació una estupenda amistad, en la que el primero jugaba el papel de hermano mayor protector, relación que muchos vieron traicionada tras el asesinato del vocalista, tal y como veremos. The Valentinos tuvieron un enorme éxito hasta la muerte de Cooke y el cierre de SAR Records, aunque tras un periodo oscuro su carrera siguió en Chess Records, obteniendo un notable éxito hasta que el 9 de marzo de 1974 Harry Womack fue asesinado a tiros por su novia, tras mantener una discusión en casa de Bobby. La historia de la familia Womack es turbulenta y rocambolesca, digna de una telenovela de enredos amorosos y violencia. Tan sólo decir por el momento que uno de los hermanos, Cecil, se casó con la hija de Sam Cooke y triunfó con el grupo Womack & Womack, pero como ya veremos al final, el relato no es tan sencillo.


Sam Cooke fue el primer cantante afroamericano en fundar su propia empresa discográfica, SAR Records.

El catálogo de SAR Records se amplió con Billy Preston, Mel Carter, The Simms Twins, Johnnie Morisette, Johnnie Taylor y LC Cooke, hermano menor de Cooke.


Bobby Womack fue miembro de la banda de Ray Charles y llegó a tocar con Joe Tex, The Box Tops, Aretha Franklin y Elvis Presley.

Trabajar con el Diablo

Sam Cooke firmó un contrato por cinco años con Allen Klein, ejecutivo norteamericano que se había hecho popular por renegociar los contratos discográficos de Buddy Knox y Jimmy Bowen, dos músicos de rock and roll que nada más habían tenido un éxito. El contrato aseguraba que Klein administraría SAR Records y Kags Music, editorial que se creó para cuidar los derechos de autor de Cooke. Klein negoció un nuevo contrato con RCA Victor, por el que en cinco años RCA tendría los derechos exclusivos de distribución y venta de los trabajos de Sam Cooke, pero él sería el propietario de las grabaciones y la editorial, por lo que obtendría un 6% en concepto de regalías. Se trataba del trato más ventajoso que existía a principios de los sesenta para un músico, y presentaba a Sam Cooke como el músico mejor tratado de la industria y el primer afroamericano que controlaba toda su carrera musical, sin depender de nadie.


Allen Klein, un hombre de negocios poco escrupuloso que trabajó para buena parte de los grandes grupos musicales a finales de los años sesenta.

Desgraciadamente eso no era cierto. Allen Klein creó una empresa intermediaria para gestionar todos los derechos de autor y regalías llamada Tracey Ltd., en honor a la hija de Cooke, pero de la que él era único propietario, con lo cual gestionaba todos los beneficios obtenidos y sacaba una buena tajada por ello.

El éxito de las negociaciones de Sam Cooke le trajo una cartera de clientes importantes, pero con la invasión británica fue cuando Klein construyó su imperio, pasando a ser una de las personas más poderosas del negocio. Por su máquina de hacer dinero pasaron The Animals, The Kinks, The Who, Donovan y los más lucrativos, The Beatles y The Rolling Stones. En todas las ocasiones los músicos pudieron renegociar contratos que les eran ventajosos, pero Klein se colocaba como intermediario entre músicos y sellos, llevándose la mejor tajada y no siempre con conocimiento de sus clientes.

El caso de The Rolling Stones es el más significativo, puesto que la banda tardó décadas en conseguir que se les pagaran los dividendos de sus derechos de autor, pero jamás recuperaron la total propiedad de sus canciones entre 1965 y 1972, que siguen siendo de ABKCO Music & Records Incorporated, empresa creada por Klein y que es hoy en día una de las más grandes del mundo.

Un negro listo, un negro conflictivo

Sam Cooke, tal y como hemos visto, fue el primer afroamericano en dominar las listas del éxito del rhythm & blues y de pop, ambas con un #1, también fue el primer afroamericano en fundar su propia compañía discográfica y en gestionar su carrera con total independencia. Una carrera dividida en una doble dualidad, la amable de intérprete de baladas y elegante romántico que agrada al público blanco y la del salvaje frontman que ensalza los poderes de la música negra. No debemos ignorar que la carrera de Sam Cooke despegó al mismo tiempo que emergió el Movimiento por los Derechos Civiles, y aunque durante un tiempo caminaron de forma paralela, Cooke tardó poco en comenzar a inclinarse hacia la reivindicación de igualdad de su raza.

El boicot de los autobuses de Montgomery, que durante 381 días indujo a miles de afroamericanos a no utilizar el transporte público, tras la detención y condena de la joven Rosa Parks por negarse a ceder su asiento a un blanco, hasta que se abolió la ley local de segregación en el transporte, fue el primer gran logro del movimiento y coincidía con la publicación del primer single de Sam Cooke, «You Send Me».


Rosa Parks, la mujer afroamericana que, con su actitud, desafió las leyes segregacionistas.

Cuando el 28 de agosto de 1963, Martin Luther King ofreció su famoso discurso «Yo tengo un sueño» ante más de 200.000 personas frente al Monumento de Lincoln, Sam Cooke estaba plenamente integrado en la lucha por la igualdad racial. Nunca militó en el Movimiento de los Derechos Civiles, pero en numerosas ocasiones mostró su simpatía y apoyo. Entabló una gran amistad con tres pilares importantes de la lucha racial, el boxeador Cassius Clay (Muhammad Ali), el activista Malcolm X y el jugador de fútbol americano Jim Brown. De hecho con Cooke y Clay llegaron a componer juntos el tema «The Gang’s All Here» que el boxeador incluyó en un disco llamado I Am the Greatest y juntos interpretaron parte de el tema en una entrevista para el programa Grandstand de la BBC.

El 25 de febrero de 1964 en el Convention Hall de Miami Beach, Florida, el joven boxeador afroamericano Cassius Clay se enfrentaba como aspirante al también afroamericano Sonny Liston, actual Campeón Mundial de los Pesos Pesados. Cassius Clay se proclamó campeón mundial tras el abandono de Liston al final del sexto asalto, dejando para la historia los gritos histéricos de Clay a los periodistas que cubrían el combate: «Tragaos vuestras palabras. Soy el mejor. Pateé el mundo», tras lo cual se baja del ring y camina entre la multitud hasta abrazarse con Sam Cooke al que proclama como mejor cantante de la historia.


Muhammad Ali, gran defensor de los derechos civiles, al igual que su amigo Sam Cooke.

Las amistades peligrosas

La amistad de Cooke con Clay se reafirma esa misma noche cuando el nuevo Campeón Mundial se niega a salir a celebrar el título, ignorando las ceremonias oficiales y dejando plantada a la prensa y la organización. Por el contrario el título se celebró en la habitación de su hotel junto a Malcolm X, Jim Brown y Sam Cooke, en una noche que precedió a una noticia que convulsionó al mundo del deporte y la sociedad americana. Al día siguiente el boxeador anunció en rueda de prensa que abandonaba el cristianismo y abrazaba el Islam, «Creo en Alá y en la paz. No trato de mudarme a barrios blancos. No quiero casarme con una mujer blanca. Me bauticé cuando tenía 12 años, pero no sabía lo que estaba haciendo. Ya no soy cristiano. Sé a dónde voy y sé la verdad. No tengo que ser lo que quieres que sea. Soy libre de ser lo que quiero». Días después cambiaba su nombre al de Muhammad Ali.


Malcolm X fue uno de los más influyentes líderes del movimiento por la igualdad de derechos civiles.

El hecho de que Malcolm X y Jim Brown pertenecieran a la organización político religiosa Nation of Islam, más la incorporación de Ali, colocó en una posición delicada a Sam Cooke. Es sabido que el FBI y la CIA mantuvieron vigilados a X, Brown y Ali durante mucho tiempo, ya que los consideraban peligrosos para los intereses de Estados Unidos, por lo que es más que evidente que Cooke pasó a ser objetivo de las dos agencias y declarado persona conflictiva.


La CIA vigilaba de cerca Jim Brown, uno de los mejores jugadores de fútbol americano de todos los tiempos.

Cooke también estaba impresionado por la labor de Martin Luther King y su lucha por los Derechos Civiles, pero además en la gira de 1964 los incidentes racistas se recrudecieron, debido a una respuesta violenta a la presión de las movilizaciones. En Louisville, Kentucky, la policía suspendió el concierto cuando dos adolescentes blancas del público se levantaron de sus butacas y comenzaron a bailar; en Charlotte, Carolina del Norte, un grupo de jóvenes blancos agredieron al personal de la gira en el backstage con la pasividad de la policía que sólo vigilaba a la banda, por si les ofrecían una excusa para suspender; en Shreveport, Luisiana, no les dejaron alojarse en un hotel donde tenían las habitaciones reservadas y pagadas de antemano, alegando que no tenían habitaciones, pero en realidad fue al ver que eran negros, la policía intervino y los detuvo por crear disturbios. Tras estar varias horas encerrados pudieron salir pagando una multa de 9.989 dólares que debieron sacar de la caja recolectada de anteriores actuaciones y por lo que no les extendieron recibo ni acuse de cobro de ninguna sanción. En otras ocasiones los pararon y obligaron a desnudarse a miembros del séquito, tanto mujeres como hombres, con la excusa de registrarlos, pero era simplemente un acto de humillación.

La canción de la esperanza negra

En esa época incorpora en su repertorio el tema «Blowin’ In The Wind» de Bob Dylan y lo interpreta en su concierto del Club Copacabana de Nueva York, junto con «If I Had a Hammer» del cantante activista Pete Seeger. Algo está cambiando en Cooke que necesita añadir a su música un componente de lucha y protesta por todo lo que está ocurriendo. Por otro lado le frustraba que fuera un blanco, Dylan, quien hubiera escrito un tema que entre otros reivindicaba los derechos de su pueblo. Por eso se propuso escribir un himno negro, inspirado en el tema de Dylan, y el 7 de enero de 1964 graba en los estudios de RCA en Hollywood el tema «A Change Is Gonna Come».


«A Change Is Gonna Come»

I was born by the river

In a little tent

Oh, and just like the river, I’ve been runnin’

Ever since

It’s been a long

A long time comin’, but I know

A change gon’ come

Oh, yes it will

It’s been too hard livin’

But I’m afraid to die

‘Cause I don’t know what’s up there

Beyond the sky

It’s been a long

A long time comin’, but I know

A change gon’ come

Oh, yes it will

I go to the movie

And I go downtown

Somebody keep tellin’ me “don’t hang around”

It’s been a long

A long time comin’, but I know

A change gon’ come

Oh, yes it will

Then I go to my brother

And I say, “Brother, help me please”

But he winds up

Knockin’ me

Back down on my knees

Lor’, there been time that I thought

I couldn’t last for long

But now I think I’m able to

Carry on

«Nací junto al río en una pequeña carpa

Ah, y al igual que el río que he estado corriendo desde entonces

Desde hace mucho tiempo viene llegando

Pero un cambio va a llegar, oh sí, lo hará

Ha sido muy difícil vivir, pero tengo miedo de morir, no

Porque no sé qué hay allá, más allá del cielo

Desde hace mucho tiempo viene llegando

Pero un cambio va a llegar, oh sí, lo hará

Voy al cine y voy al centro

Alguien sigue diciéndome que no te puedes quedar

Desde hace mucho tiempo viene llegando

Pero un cambio va a llegar, oh sí, lo hará

Entonces voy a mi hermano

Y digo: hermano ayúdame por favor

Pero él termina empujándome

Hasta que estoy de rodillas, oh

Hubo momentos que pensé que no podía aguantar más

Pero ahora creo que puedo continuar

Desde hace mucho tiempo viene llegando

Pero un cambio va a llegar, oh sí, lo hará»

El tema iba incluido en el álbum Ain’t That Good News que se publicó en febrero de 1964, tratándose del primer material grabado por Cooke desde la muerte de su hijo Vincent de dos años, ahogado en la piscina de su casa mientras que estaba con su mujer Barbara Campbell. Sam y Barbara habían tenido tres hijos: Linda (1953), Tracy (1960) y Vincent (1961–1963), pero su matrimonio no pasaba por un buen momento por culpa de numerosas infidelidades mutuas y terminó de dinamitarse con la muerte del pequeño. Cooke entró en una grave depresión regada en grandes cantidades de alcohol y drogas, aunque la grabación de Ain’t That Good News indicaba que había conseguido salir del bache y plasmar su nuevo espíritu de cambio a nivel profesional, personal y social en el disco más optimista y vital de su carrera.

La compañía RCA lanzó como single el tema «Another Saturday Night» que alcanzó directamente el #1 de las listas de rhythm & blues el Billboard y el 10 del Hot 100, pero no quisieron apostar por un tema que pensaban problemático como «A Change Is Gonna Come». Por el contrario, decidieron publicar la grabación realizada el 8 de julio en la sala Copacabana, por lo que Sam Cooke At The Copa vino a cubrir el hueco dejado por la negativa a publicar Live At The Harlem y eclipsó al nuevo disco de estudio que se conformó con un modesto #34 en la lista de álbumes de ese año.

Se ha escrito un crimen

Ya poseemos casi todos los datos necesarios para obtener nuestra propia conclusión al final del capítulo. Estoy convencido que la gran mayoría de lectores de este libro llegarán a una misma deducción, el asesinato de Sam Cooke no fue una serie de catastróficas desdichas, si bien cada cual escogerá su propia conspiración.

El 10 de diciembre de 1964 se reunieron para cenar en el restaurante Martoni de Los Ángeles, Sam Cooke, su productor musical Al Schmitt y Joan, la esposa de este. Tenían mucho de lo que hablar esa noche, primero de todo celebrar que At The Copa estaba subiendo en las listas de forma rápida y sorprendente, dándole la oportunidad de convertirse en la estrella negra más importante de la historia, por delante de Nat King Cole o Sammy Davis Jr. También hablaron del próximo despido de Allen Klein pues Cooke sabía que le había engañado y quería recuperar los derechos sobre todas sus canciones. Según el matrimonio Schmitt, Cooke estaba pletórico y radiante de felicidad ante los cambios que se avecinaban y posiblemente bebió más de la cuenta.

Los tres tenían intención de salir a tomar una copa al club de música negra PJ’s para finalizar la noche, pero Sam Cooke se quedó un momento con unos fans tomando algo en la barra indicando que luego les alcanzaría en el club. Al Schmitt le advirtió que no enseñara el dinero de una forma tan alegre, pues llevaba un fajo con algo más de 3.000 dólares que había cobrado esa misma tarde por anticipo de conciertos, a lo que Cooke replicó: «Soy Sam Cooke, quién me va a hacer algo».

Cooke llegó al PJ’s sobre la una de la madrugada y acompañado de una joven llamada Elisa Boyer. Mientras que Cooke buscaba a los Schmitt infructuosamente, pues se habían marchado, Boyer se enzarzó en una discusión acalorada con un tipo blanco que la empujaba hacia fuera del local y con el que Cooke tuvo algo más que palabras. Al parecer la joven le pidió marcharse del local para evitar males mayores y juntos fueron al Hacienda Motel en South Figueroa. Sobre las 2.35 de la madrugada un hombre de color se registró como Sam Cooke y señora, pagó los tres dólares que costaba la habitación, mientras una chica lo esperaba en el coche.

Escasamente media hora después del registro, a las 3.08 horas, el Departamento de Policía de Los Ángeles recibió una llamada de socorro de una joven que decía que había sido secuestrada y sufrido un intento de violación. La llamada se realizó desde una cabina de teléfono cercana al Hacienda Motel. Cuando las patrullas llegaron al motel, encontraron el cadáver de un varón negro, prácticamente desnudo y con sólo una chaqueta y un zapato, apoyado en el quicio de la puerta de la oficina de recepción del motel, con un tiro en el pecho y señales de violencia en la cara y manos. Le tomaron declaración a la encargada del motel y a Lisa Boyer, «empaquetaron» el fiambre y caso cerrado: «Un negrata menos».

Las artimañas del embuste

La declaración de Boyer, una mujer asiática de 22 años, indicaba que una vez salieron del club PJ’s, él se ofreció a acompañarla a su casa, pero no lo hizo ante las súplicas de la joven. Terminó por traerla al motel y desde ese momento ella pensó que su intención era violarla. Cuando la encerró en la habitación la obligó a quitarse la ropa y él se desnudó, pero en un momento en el que entró en el lavabo, ella cogió toda la ropa y se marchó corriendo. En su huida lanzó la ropa de Cooke a la calle y se dirigió a la cabina, donde llamó a la policía y se vistió, para esperar que llegaran a rescatarla.

La recepcionista, una afroamericana llamada Bertha Lee Franklin de 55 años, declaró que Cooke apareció desnudo aporreando la puerta y preguntando por la chica que le acompañaba. Ante la respuesta de la encargada, que negó que la muchacha estuviera allí, Cooke la golpeó y se precipitó hacia el interior. Franklin pudo coger su pistola y hacer tres disparos a bocajarro, fallando dos e impactando en el pecho del sujeto que sólo acertó a decir «mujer, me has disparado», mientras que Cooke se tambaleaba, Franklin le partió un palo de escoba en la cabeza.

La policía creyó las versiones de las dos mujeres y no presentaron denuncias sobre ellas, es más, en el informe presentado en el juicio, catalogaban a Franklin de heroína por haber impedido una violación. Tampoco demostraron mucho interés en un caso donde el cadáver era un negro, no tenían ni idea de quién era, pero tampoco les importaba.


Bertha Franklin regentaba el motel donde Sam Cooke y la joven Lisa Boyer se hospedaron tras conocerse en una fiesta.

Desmontando coartadas

El juicio, que fue muy mediático, se celebró rápidamente, ante la evidencia de las dos declaraciones. Se corroboraron sus declaraciones y apenas se dejó interponer preguntas al abogado de la familia, que comprobó cómo Franklin había cambiado su declaración hasta cuatro veces, siendo la aportada en el juicio totalmente distinta al informe policial. Según la encargada del motel, estaba hablando por teléfono con la dueña del establecimiento, Evelyn Carr, quien pudo escuchar la discusión, la pelea y los disparos. El jurado, mayoritariamente blanco, deliberó menos de quince minutos y resolvió que las dos mujeres eran inocentes, por lo que la justicia dictaminó muerte en defensa propia.

Bertha Lee Franklin fue despedida del Hacienda Motel al poco tiempo del juicio, mientras que un investigador privado que trabajó para la familia de Cooke demostró que era propietaria de un revólver del calibre 32, pero a Cooke se le disparó con un calibre 22. Franklin fue asesinada 18 meses después de la muerte de Cooke, en un caso que no se resolvió jamás.

Elisa Boyer fue detenida a las pocas semanas por ejercer la prostitución en Los Ángeles y se comprobó que ejercía esa profesión desde hacía años y que el Hacienda Motel era el lugar donde llevaba a los clientes que captaba en los locales nocturnos. También se descubrió que en más de una ocasión habían interpuesto contra ella acusaciones de robo, al parecer con la complicidad de Franklin, pero habían sido retiradas por miedo al escándalo familiar que supondría para los robados. Fue condenada 15 años después, acusada del asesinato a tiros de su amante, quien ejercía de proxeneta. Jamás se supo el paradero del fajo de 3000 dólares que Cooke llevaba encima, ni de las tarjetas de crédito que desaparecieron de su cartera de forma milagrosa.

Las teorías de la conspiración

La primera teoría de conspiración nos lleva a su mujer. Barbara Cooke, que se negó a interponer una apelación al juicio de Sam Cooke. Se casó dos meses después de la muerte de su marido con Bobby Womack, amigo, músico y protegido de Sam Cooke. Bobby fue al funeral de Cooke con ropa, un reloj y unos gemelos del cantante, lo que desató una discusión acalorada con los padres y hermanos. Bobby Womack, al cabo de los años se divorció de Barbara al descubrir esta que tenía un romance con su hija Linda, quien a su vez terminó casándose con Cecil, hermano de Bobby, con quien creó el dúo Womack & Womack. Barbara, repudiada por la familia Cooke, vendió todos los derechos de las canciones de su marido a Allen Klein.

Otro candidato a conspirar fue Allen Klein, quien montó un imperio con el dinero ganado al gestionar los derechos de Cooke. Iba a ser despedido por el cantante y se hubiera enzarzado en una lucha legal en la que ambos hubieran perdido, pero no estaba claro hacia qué lado se decantaría la balanza. Compró los derechos que le faltaban a su única heredera, Barbara Cooke, por un precio muy inferior a su valor real. Inmediatamente mandó la publicación de un álbum póstumo con temas inéditos y algunas versiones rescatadas de grabaciones de estudio. A Change Is Gonna Come fue publicado en enero de 1965, antes de cumplir un mes del asesinato e inmediatamente se alzó al #1 de las listas de álbumes más vendidos, desbancando a Sam Cooke At The Copa y coronando el ranking durante cuatro semanas. Se estiman en más de diez millones de dólares los beneficios obtenidos por Allen Klein con la edición de estos dos últimos discos de Sam Cooke, pero es incalculable el beneficio que han podido generar las grabaciones de Cooke desde entonces.

En el caso de Klein también entró la mafia, que a principios de los sesenta intentó invertir en el negocio musical, tras la beneficiosa incursión que supuso el mundo del celuloide. Sam Cooke había rechazado la participación de la mafia cuando creó SAR Records, e incluso había recibido consejos de Sammy Davis Jr. avisándole de lo peligroso que era enfrentarse a ellos. Klein estaba predispuesto a escuchar ofertas, vinieran de donde vinieran, siempre que ofrecieran beneficios.

Otros integrantes del paquete conspiranoico era la Nación Islámica, que querían atraer a Cooke a sus filas por la repercusión mediática que ello supondría. Cooke, simpatizante de la lucha por los Derechos Civiles, siempre se negó a ingresar en la Nación Islámica y jamás renunció a sus creencias religiosas familiares. De todos es sabido que no estaban muy dispuestos a recibir rechazos, como lo demostraron el 21 de febrero de 1965, cuando murió asesinado Malcolm X, quien había abandonado la organización y se había enfrentado a ellos.

Por último tenemos la conspiración estatal, ese rodillo que en tantas ocasiones ha pasado por encima de los derechos de cualquiera que significara o creyeran un peligro para su concepto de nación. A la larga lista de sospechas de conspiración gubernamental, los hermanos Kennedy, Martin Luther King, Malcolm X o John Lennon entre otros, debemos añadir a Sam Cooke. Un afroamericano que a principios de los sesenta se creyó con derecho de sentirse importante y pasar por encima del régimen establecido, enfrentándose a la industria, a la policía, a la justicia y aliándose con sospechosos musulmanes, peligrosos líderes negros y esgrimiendo ideas que no se podían permitir en esos momentos y mucho menos de un «negro».

Conspiración o simplemente desidia

Quizás es todo más sencillo, una prostituta, su chulo y la encargada de un motel, tenían un negocio montado para desplumar necios que cayeran en sus redes y que no iban a denunciarlos por la vergüenza que supondría hacerlo. Por lo que fuera, no esperaban que Sam Cooke no se comportara como uno de sus lelos habituales y se les fue la mano, hurgando una coartada que hacía aguas por todos lados, pero que la policía de Los Ángeles compró de inmediato. Quizás fuera todo tan sencillo y trágico como eso, pero la maquinaria racista de la justicia lo derrumbó todo, la desidia demostrada ante lo que para ellos fue un «negrata menos» y la imposibilidad de mover pieza para su esclarecimiento durante estos 56 años transcurridos, tras las evidencias de caso chapucero y racista, han generado una de las teorías de la conspiración más extensas de la historia de la música de estos dos últimos siglos.

Etta James, vocalista amiga y admiradora de Sam Cooke, escribió en sus memorias, Rabia por Sobrevivir, publicadas en 1995, que cuando asistió al funeral y vio el cadáver no tuvo duda de que todo fue una enorme mentira: «La cabeza estaba casi despegada del cuerpo, las manos estaban descoyuntadas, la nariz estaba hundida y tenía dos cicatrices tremendas en la cabeza».


Etta James contó en su autobiografía que al ver a Cooke en el ataúd, pudo ver las marcas de una paliza, con la cabeza casi separada del cuerpo y profundas cicatrices.

Muhammad Ali, al salir del juicio de Sam Cooke, celebrado sólo cinco días después de su asesinato, declaró: «Si se hubiera terminado con la vida de algún Beatle, Frank Sinatra o Ricky Nelson, se habría desarrollado una investigación monumental, pero era un negro que a nadie le importaba». Se equivocó, a John Lennon lo asesinaron 16 años más tarde y todavía hay lagunas sobre la investigación.

Lo único realmente cierto de todo este caso es que la policía actuó bajo la premisa de «Un negrata menos».

La trágica muerte de Brian Jones

La cronología de la muerte de Brian Jones está muy definida y difundida, siendo una de las historias trágicas que más veces se han contando. No en vano tiene hasta el romanticismo literario que le otorga el famoso Club de los 27, donde comparte púlpito con Jimi Hendrix, Jim Morrison y Janis Joplin entre otros, siempre vigilados de cerca por Robert Johnson.


Con el nombre de “Club de los 27” se conoce a una serie de músicos, artistas, y actores que fallecieron trágicamente a la edad de 27 años.

Brian fue uno de esos diamantes en bruto que surgieron de la Inglaterra que descubrió el blues, joven inquieto e insatisfecho que removió los cimientos de la cultura musical británica y por correlación del resto del globo. De su mente bulliciosa surgió la idea de montar una banda de rock, fue el encargado de reclutar a todos sus miembros, de darle un nombre reconocible al mismo tiempo que homenajea a uno de sus ídolos, Muddy Waters. Brian fue el cerebro y el corazón de The Rolling Stones, el timón que marcaba el rumbo de la embarcación y cohete que elevó la banda al Olimpo. Sin embargo, en la ascensión fue extraviando la lucidez y dejándose embaucar por las drogas que mostraron la cara más horrible del personaje, su decadencia y deterioro mental, mientras florecía el monstruo que llevaba dentro.

Un personaje oscuro con las mujeres

Brian era un maltratador falócrata que fue dejando un rastro de mujeres maltratadas, abandonadas y embarazadas. Con 17 años fue padre, pero abandonó a su novia Valerie Corbett antes del alumbramiento, el mismo año que dejaba embarazada a una mujer casada. Otra de sus numerosas novias, Pat Andrews, dio a luz antes de que se desentendiera de ella, al igual que con Linda Lawrence, quien terminaría casándose con el cantautor Donovan. La mayoría de ellas lo acusaron de malos tratos, tanto físicos como psicológicos, en especial Dawn Molloy quien consiguió una orden de alejamiento y una indemnización de 700 libras en 1962. Pero quien se llevó la peor parte fue Anita Pallenberg, manteniendo una relación tóxica durante años que terminó con un conflicto interno en The Rolling Stones, tras un cambio de pareja con Keith Richards. Brian maltrató sistemáticamente a Anita en su última época juntos, y si bien es cierto que ella tampoco era un ángel caído del cielo, fue la que recibió una tremenda paliza que rompió su relación, para caer en brazos de Richards, que nunca pudo perdonar a Jones el haberle puesto la mano encima y le profesó un odio profundo hasta el final de sus días. El deterioro de Jones fue cada vez más visible y para la banda era insoportable trabajar con él. En directo era imprevisible y errático, mientras que en estudio se anulaba y apenas participaba, generando conflictos continuamente en una espiral de autodestrucción imparable.


Anita Pallenberg con Brian Jones.


Anita Pallenberg con Keith Richards.

Allen Klein, personaje oscuro que ya hemos conocido en este libro y que se convirtió en el mánager de la banda, les comunicó que Brian tendría problemas para actuar en Estados Unidos, pues le habían denegado el visado tras dos condenas por drogas, hecho que era un tremebundo problema para el grupo.

El 8 de junio de 1969, Mick Jagger, Keith Richards y Charlie Watts fueron en visita profesional a la nueva casa de Brian en Cotchford Farm en Sussex, para comunicarle su despido inmediato del grupo. Según cuentan, Mick Jagger no sabía cómo exponer la decisión y Richards estalló en cólera gritando: «Estás despedido. No le des más vueltas. Estás muerto. Ya nunca volverás a ser un Rolling Stone», tras lo que se levantaron y marcharon.


Brian Jones, a la derecha, está considerado el líder de la banda durante el periodo de formación de los Stones.

Brian, en un arrebato de orgullo, convocó una rueda de prensa para hacer la siguiente declaración: «Ya no me veo mirando a la cara a los demás por los discos que estamos haciendo. Quiero tocar mi propia música, que ya no es la música de los Rolling Stones».

La banda le ofreció una compensación a modo de finiquito de 100.000 libras, más 20.000 libras anuales mientras el grupo continuara.

Lejos de los Stones

Brian por su parte tenía planes de formar un supergrupo junto a John Lennon y en el que participaba Ian Stewart, siempre considerado como el quinto Stone y Mitch Mitchell, batería de Jimi Hendrix Experience. Otro de los planes futuros era grabar con su amigo Hendrix, a quien había presentado en Estados Unidos en el Monterrey Pop Festival. Jimmy Miller, productor de los Stones por aquella época, aseguró que al menos había grabado dos temas nuevos de Jones: «Has Anybody Seen My Baby?» y «Chow Time», temas que permanecen inéditos a día de hoy.

Al día siguiente del despido de Jones, The Rolling Stones anunciaron oficialmente la marcha de su compañero y antiguo líder, así como el fichaje de Mick Taylor, un joven guitarrista que llegaba bregado de John Mayall & The Bluesbreakers. Se anunció un concierto gratuito en Hyde Park para el 5 de julio, que contaría con las actuaciones de Third Ear Band, King Crimson, Screw, Alexis Korner’s New Church y Family and the Battered Ornaments, sirviendo de presentación de Mick Taylor a todos sus fans.

La madrugada del 2 al 3 de julio, Anna Wohlin, bailarina sueca que era la última novia de Jones, lo encontró en el fondo de la piscina de Cotchford Farm. Al parecer en la casa estaban esa noche tres personas acompañando a Jones, la mencionada Anna, el constructor Frank Thorogood que realizaba las obras de reforma y Janet Lawson, enfermera y novia de Tom Keylock, mánager personal de Jones. Cuando llegó la ambulancia, tan sólo pudo corroborar la muerte del músico. La causa certificada por el forense fue «muerte accidental por ahogamiento, con consumo excesivo de drogas y alcohol».

El concierto de Hyde Park se convirtió en un homenaje póstumo a Brian Jones, con una parafernalia que a día de hoy se muestra hipócrita e indigna, por parte de unos músicos que le despidieron y en algún caso odiaban al difunto. Mick Jagger leyó un fragmento del poema «Adonais», de Percy Bysshe Shelley que dedicó a la muerte de su amigo John Keats. Se soltaron más de 2.000 mariposas blancas que la banda había importado del extranjero a modo de epílogo de una amistad, pero la realidad les devolvió una metáfora cruel, pues al abrir las cajas de los lepidópteros, estos cayeron muertos al escenario ya que se habían asfixiado por el calor.

¿Quién mató a Brian?

Brian Jones tenía fama de buen nadador, por consiguiente, desde el momento en el que se conoció la noticia hubo voces que pusieron en duda la versión oficial y de ahí, a crear una teoría de la conspiración hay un paso. En el caso de Brian Jones, como en tantos otros, podemos descubrir diferentes hipótesis, pero todas coinciden que se trató de un asesinato en toda regla.

El 10 de julio, Brian Jones fue enterrado en el cementerio de Cheltenham, se dice que a cuatro metros de profundidad para evitar la profanación del cuerpo por fans del músico. Se le encerró en un ataúd de bronce y plata que pagó íntegramente Bob Dylan, que no pudo asistir, pero sí lo hicieron numerosos músicos británicos, así como una multitud de seguidores. Entre el séquito funerario estaban Charlie Watts y Bill Wyman, pero sorprendió la ausencia de Mick Jagger y Marianne Faithfull que volaban a Australia para que Mick participara en el rodaje del film Ned Kelly, así como Keith Richards y Anita Pallenberg, que simplemente se negaron a asistir.


Jones era un buen nadador, de ahí que su ahogamiento en la piscina se considerara más un asesinato que no un suicidio.

Un cúmulo de conspiraciones

Según un informe policial, Jagger y Richards volvieron a visitar a Jones el día 2 de julio, mismo día de su muerte. El motivo era tratar la propiedad del nombre de la banda, que estaba a nombre de los tres, y era evidente que Jagger y Richards querían poseerlo en solitario. Se desconoce la oferta que le pusieron delante de la mesa, pero obtuvieron una rotunda negativa de Jones para renunciar a sus derechos. Según la versión de Anna Wohlin, Richards perdió los nervios y amenazó con un cuchillo a Brian, viéndose obligado Frank Thorogood a calmarlo. Cierto es que el litigio del nombre podría haber supuesto un perjuicio irreparable para The Rolling Stones, pero quizás fue desproporcionada la suposición de incriminar a la pareja Stone en el posible asesinato, pero se convirtió en la primera de las teorías esgrimidas, argumentando que el valor económico de su muerte era incalculable para las arcas de la empresa Rolling Stones.

La versión que tomó más fuerza y ha perdurado durante décadas es la que acusa al constructor Frank Thorogood de cometer el asesinato de Brian Jones. Frank trabajó con su cuadrilla en las reformas de la casa de Keith Richards, que terminó expulsando al equipo de su casa sin finalizar las mismas, debido a su mal comportamiento, exceso de confianza y conductas poco decorosas.

Brian compró la casa de Cotchford Farm en 1968, una edificación que había sido el hogar del escritor británico Alan Alexander Milne, creador de Winnie The Pooh y el universo infantil de Christopher Robin. Frank fue contratado para llevar a cabo las reformas en la casa de Jones, reproduciendo su equipo los mismos problemas que habían desquiciado a Richards. Según Wohlin, la cuadrilla de Frank trabajaba poco y mal, prácticamente se habían instalado a vivir en la mansión, además de gastar todo lo que la pareja tenía en la nevera. En más de una ocasión Brian había montado en cólera y discutido acaloradamente con ellos, pero tras comprobar que el estado físico del ex Stone no era precisamente muy óptimo, pasaron a ofenderle, menospreciarle e insultarle a menudo, actuando como una especie de mafia en un semi secuestro. En especial dos de los operarios, Mo Tucker y Johnny Betchworth eran extremadamente belicosos y ofensivos. Tucker era un informador de la policía y había sido el soplón que provocó la famosa redada de la casa de Keith Richards en 1967, cuando Marianne Faithfull fue detenida desnuda y tan sólo tapada con una alfombra, la misma redada que les trajo serios problemas judiciales y provocó el despido del mánager Andrew Oldham.

Brian despidió a Frank y su cuadrilla el día anterior a su muerte. Había pagado hasta la fecha 18.000 libras, cifra más que suficiente por las reformas encargadas, pero Frank le exigía el pago de 6.000 libras más, y una compensación por ser despedido sin haber terminado el trabajo. Que Frank estuviera el día de la muerte en casa de Jones, sólo se entiende por su intención de cobrar la supuesta deuda.

Manual del asesinato

Una de las versiones que se barajan es que esa noche además de las tres personas mencionadas con anterioridad, también se encontraban en casa Mo Tucker y Johnny Betchworth. Bebieron y consumieron drogas. Como era habitual los obreros menospreciaron a Brian y las bravuconadas se les fueron de las manos y ahogaron al músico.

La versión ofrecida situaba a Brian, Anna, Frank y Janet, disfrutando de una reunión distendida y amigable. Decidieron zambullirse en la piscina, pero Janet declinó la oferta por considerar que habían bebido con exceso. Se recibe una llamada de teléfono y Janet llama a Anna. Frank aprovecha para salir de la piscina y fumarse un cigarro en la cocina y es cuando Anna ve por la ventana de su habitación el cuerpo de Jones en el fondo de la piscina. Toda esta escena ocurre a las 21:30 horas, pero no se llama a la ambulancia hasta 00:30 de la madrugada, tres horas después. Mientras, Janet intenta reanimarlo sin éxito y Frank deambulaba tembloroso, excitado y sin rumbo.

Otra variante de la versión sitúa en la casa a Tom Keylock, y le adjudica el papel de instigador del crimen. Keylock había estado robando dinero a Jones repetidamente, reclamando royalties a la oficina de Rolling Stones y recibiendo unas cantidades que no llegaban a su propietario. Esta versión está argumentada en el film Stoned, del cineasta Stephen Wooley. Para aumentar la incertidumbre sobre un complot para asesinar a Jones por parte de Keylock, se añadió a la tesis el hecho de que su hermano Frank era un oficial superior de Scotland Yard, y podría haber encubierto las pruebas.


Tras la muerte de Brian Jones, su novia Anna desapareció inmediatamente de Inglaterra y se refugió en su casa de Suecia por miedo a represalias. Permaneció en silencio hasta 1999, cuando editó el libro The Murder of Brian Jones: The Secret Story of My Love Affair with the Murdered Rolling Stone, seguido en 2005 por Wild and Wycked World of Brian Jones: The True Story of My Love Affair with the Rolling Stone. Anna Wohlin afirma: «No sé si Frank tenía intención de matar a Brian. Tal vez fue una discusión en la piscina que salió mal. Pero supe todo el tiempo que él no murió de muerte natural. Todavía estoy segura de ello».


Anna Wohlin dijo desde el primer momento que la muerte de Jones no era natural.

El análisis clínico practicado al cadáver refleja que no contenía tanto alcohol en sangre, ni drogas, que le impidieran nadar perfectamente. A los pocos días de su muerte, la casa de Brian Jones fue asaltada y desvalijaron efectos personales, maquetas con nuevas grabaciones, instrumentos y muebles de elevado valor, al mismo tiempo que en el jardín se encontraron restos de una hoguera donde se habían quemado básicamente documentos de papel. Tom Keylock declaró que, poco antes de morir Frank Thorogood en 1993, le confesó que él asesinó a Brian Jones. Si bien es cierto que siempre fue el principal sospechoso, también lo era Keylock, quien falleció en 2009.

Lo cierto es que cuando ha pasado medio siglo de la muerte del hombre que creó The Rolling Stones, todavía sigue generando polémica y versiones contradictorias. Quizás la única persona que tuvo razón en todo este asunto fue Shirley Arnold, secretaria de The Rolling Stones, quien dijo: «La tristeza de su muerte no fue tan grave como la tristeza de verlo tratando de vivir».

AC/DC y Bon Scott:el crepúsculo de los dioses

AC/DC es una de las bandas más legendarias de la música rock, venerada por millones de fans en todo el mundo, su música es imprescindible para comprender la historia de estos dos últimos siglos. Castigada por las desgracias, siempre ha sido sinónimo de superación y sacrificio, dignificando el significado de banda de rock como nexo de unión de varios individuos, semejante a una familia. Esa unión es la que han percibido sus seguidores durante su dilatada trayectoria, elevando al grupo al estatus de icono de hermandad, buen rollo y fraternidad, envueltos en una simbiosis casi perfecta de honestidad y buenas vibraciones.

Actualmente no goza de una estela similar, porque una serie de hechos precipitaron la caída de su reputación y salvando la calidad musical que atesora y que no es cuestionable, más bien parece que al final de su carrera se nos presenta como un latifundio donde la familia Young ejerce su tiranía de terratenientes omnipresentes.

Desmontando la leyenda

En marzo de 2016 la banda australiana suspendía precipitadamente más de una veintena de conciertos en América y Europa, enmarcados en Rock Or Bust Tour. El motivo de la anulación fueron los problemas auditivos del vocalista Brian Johnson, quien padecía desde hacía tiempo de tinnitus o acúfenos, que contrariamente a lo que se divulga desde algunos medios de comunicación, no se trata de una enfermedad sino es un síntoma de que la cóclea o el nervio auditivo han sufrido daños, casi siempre irreparables. Se presenta como un zumbido, chasquido o ruido que sólo puede percibir el protagonista y que los especialistas aseguran que la exposición a ruidos, además de la enfermedad de Menière, el estrés, las infecciones del oído medio, la edad, el tabaco y el alcohol pueden contribuir a la aparición y al desarrollo del tinnitus.

A Johnson se le diagnosticó que se encontraba en un estado de deterioro profundo y que si no abandonaba los grandes escenarios de inmediato, podría perder la audición por completo. El volumen brutal que desprenden los espectáculos de AC/DC, superando con creces los 130 decibelios sobre el escenario, más la inclusión de equipo pirotécnico en cada show, hacían imposible que Johnson continuase, entre otras cosas porque reconoció que «estaba teniendo dificultades para escuchar las guitarras en el escenario y debido a que no podía escuchar claramente a los otros músicos, temía que la calidad de mi interpretación pudiera verse comprometida. Honestamente, esto era algo que no podía permitir en buena conciencia. Nuestros fans merecen que esté al más alto nivel, y si por alguna razón no puedo ofrecer ese nivel, no decepcionaré ni avergonzaré a los otros miembros de AC/DC. No renuncio y me gusta terminar lo que empiezo, sin embargo, los médicos nos dejaron en claro a mí y a mis compañeros de banda que no tenía más remedio que dejar de actuar en el escenario para los shows restantes y posiblemente más allá».

Todo un mazazo para los fans de la banda, sobre todo los miles de seguidores que tenían una entrada en el bolsillo.

Johnson aseguró que era muy probable regresar antes de lo previsto, pues el diagnóstico no parecía tan grave como en un principio se aseguró, pero entonces se encontró con la desagradable noticia que AC/DC, o más bien Angus Young, había decidido continuar el tour con Axl Rose como sustituto, una vez que concluyera la gira Not In This Lifetime de Guns’n’Roses.


Conocido por ser el guitarrista y líder de AC/DC, Angus Young es además el único miembro original que sigue en la formación australiana.

Axl Rose en AC/DC

La noticia hizo saltar por los aires esa imagen de unidad y hermandad que había gestionado tan bien la banda y muchos de los fans devolvieron las entradas, aunque para ser sinceros, ganaron un sector de público de Guns’n’Roses que compensó las posibles escapadas. Los rifirrafes que mantuvieron en la prensa Johnson y la banda no ayudaron a mejorar la situación de una formación que para muchos pecaba de no saber envejecer en condiciones, acercándose a un final poco deseado y siendo una parodia de lo que fue.

Malcolm Young, quien siempre había sido el motor de AC/DC, abandonó la banda en abril de 2014 debido a una grave enfermedad, justo antes de entrar a grabar el álbum Rock Or Bust, siendo sustituido por su sobrino Stevie Young, que ya lo había reemplazado de forma momentánea en 1988. En septiembre de ese mismo año se supo que Malcolm padecía demencia y que era incapaz de recordar las caras de sus familiares y olvidaba todo al instante. Ahí saltaron las primeras críticas sobre si AC/DC debía continuar sin Malcolm, pero se acallaron rápidamente porque el sustituto era parte la familia. Angus y Johnson dejaban claro que su hermano había querido que la banda continuara al decirles: «Estoy muy cansado para continuar, pero tienen que seguir haciendo música, porque se cumplen 40 años de la banda». Malcolm falleció el 18 de noviembre de 2017.


Pese a estar siempre a la sombra de su hermano menor Angus, Malcolm Young fue el responsable de la composición de la mayoría de las letras y la producción del material discográfico del grupo.

Los problemas nunca llegan solos

En noviembre de 2014, unas semanas antes de que fuera editado el álbum Rock Or Bust, Phil Rudd, batería de la banda, fue acusado de dos delitos importantes: Contratar a unos sicarios para asesinar a una tercera persona, posesión de marihuana y metanfetaminas. Según la acusación, Rudd estaba muy descontento con la edición de su primer disco en solitario llamado Head Job, como la banda que lo acompañaba. Se trata de un disco mediocre de rock’n’roll, donde Rudd se atreve a cantar con un registro de borracho arrabalero que incita al desequilibrio mental y bajo un sonido pobre que posiblemente sería consecuencia de estar grabado bajo los efectos del alcohol y la falta de originalidad. Rudd culpaba de todos su males a su guardaespaldas y gestor de los temas logísticos de la grabación. El tribunal declaró nulo ese delito por falta de pruebas, pero lo condenó a ocho meses de libertad vigilada por posesión de drogas.


Phil Rudd, batería de AC/DC, fue acusado de contratar a unos sicarios para matar a otra persona.

Al poco tiempo, Rudd arremetió a puñetazos contra otro de sus guardaespaldas por detenerle en una pelea con otro tipo en las puertas de un restaurante de Tauranga, Nueva Zelanda. En esta ocasión, delante de testigos amenazó a su propio empleado y a su hija cuando se lo llevaban detenido, aseveró: «Nunca hagas pactos con la mafia». El juez dejó todo reducido al estado mental de Rudd por el consumo de drogas y le retiró la libertad vigilada, confinándole en su casa durante el resto de la condena y obligándole a seguir terapias de desintoxicación de drogas y alcohol.

Por todo este lío judicial no pudo engancharse con la banda en el tour de presentación de Rock Or Bust y fue sustituido por Chris Slade, músico que ha colaborado con bandas como Manfred Mann, Uriah Heep o The Firm con Jimmy Page y Paul Rodgers.

Para finalizar la descomposición de AC/DC, al finalizar la gira de Rock Or Bust, Cliff Williams, mítico bajista del grupo decide abandonar por motivos personales. Era de la opinión que la banda había sufrido demasiados cambios últimamente y no se encontraba con fuerzas para continuar. La muerte de Malcolm fue decisiva para él, pues prácticamente le quitó el sentido a continuar con la banda, pero sustituir a Brian Johnson por Axl Rose fue la gota que desbordó el vaso.

Pero AC/DC no para jamás, a lo largo de su historia ha demostrado que el grupo pasa por encima de todo y de todos, como un caballo desbocado que no puede parar de correr hasta morir de agotamiento o despeñarse por un barranco.

Buscando un nuevo hogar

La familia Young (curiosamente el apellido de la madre) se marchó de Escocia, huyendo de la precariedad laboral, incrementada en enero de 1963 por sucumbir las Islas Británicas a la peor nevada de su historia, con temperaturas que sobrepasaban los 19 grados bajo cero, helándose el mar a cuatro millas de la costa. Su destino, al igual que el de miles de familias, era la tierra prometida de Australia, país que siempre se ha servido de la mano de obra barata procedente del Reino Unido. Se acogieron al plan Ten Pound Poms, programa migratorio entre el Reino Unido y los gobiernos de Australia y Nueva Zelanda, por el que sólo costaba diez libras el billete de ida para familias que pretendieran comenzar de nuevo y abandonar la pobreza. Dejaron atrás al mayor de los hermanos, Alexander Young de 25 años, que ya trabajaba como músico profesional, pero los cinco hermanos restantes viajaron con los progenitores, entre ellos estaban Malcolm y Angus.

Cinco años antes habían hecho lo propio la familia Belford Scott con sus dos hijos, el mayor de ellos Ronald, llamado en el colegio Bon por haber otro Ronald. Un muchacho problemático desde que llegó al nuevo país y un representante nato del estereotipo de escocés belicoso y cabezota, para el cual no se han escrito las normas sociales.

Para cuando los Young llegaron a Australia, Bob Scott ya había pasado una corta estancia con todos los gastos pagados en Fremantle Prison, por robar gasolina, usar documentación falsa, saltarse la custodia paterna y lo más curioso, el delito de «conocimiento carnal ilegal», un eufemismo para reflejar que había mantenido relaciones sexuales antes de cumplir la mayoría de edad y lo que es peor, le habían pillado.

A los cinco años de instalarse en Sidney, la familia Young vio cómo triunfaba musicalmente el hijo mayor George con su banda The Easybeast, sobre todo por el éxito del single «Friday on My Mind», lo que espoleó a sus hermanos a continuar profundizando en las tareas musicales, ya que aunque tenían capacidades futbolísticas, eran demasiado bajos para triunfar. Malcolm probaba suerte con bandas de blues como Beelzebub Blues y Velvet Underground, que nada tiene que ver con los americanos de Lou Reed. Angus, que era más pequeño, iba a la zaga de sus hermanos y tardó algo más en entrar en una banda, fue en los desconocidos Kantuckee, que cambiaron su nombre a Tantrum con igual pena y gloria.

Fue su hermano George quien los llamó a filas y les puso firmes en Marcus Hook Roll Band, banda que contaba con cuatro guitarristas, Harry Vanda como guitarra principal, más Malcolm, Angus y George Young, este último figuraba como vocalista principal. Editaron un sólo álbum en Australia, Tales of Old Grand Daddy en 1973, aunque más tarde se recopiló en diferentes formatos incluyendo algunos singles.

La fama le precede

Bon Scott por su parte, aceptaba cualquier trabajo que le diera suficiente dinero para poder correrse una buena juerga en los clubs, daba igual que fuera de camionero, estibador o camarero. Su primera banda reconocible fue The Spektors, donde tocaba la batería y realizaba coros, pasando a ser segunda voz principal al cambiar el nombre del grupo por The Valentines.

En 1970 le recluta una banda más profesional llamada The Fraternity como vocalista. Con ellos graba dos discos y ganan un concurso de bandas de rock que les permite ir al Reino Unido como premio, donde telonean algunos conciertos a Status Quo y Geordie, banda de rhythm & blues cervecero donde canta Brian Johnson, que terminaría ocupando su vacante en AC/DC. Al parecer, en aquellos conciertos Scott hizo cierta amistad con Johnson y al mismo tiempo se fijó en su forma de cantar, llevando siempre al límite la voz.

Al volver de Inglaterra la banda se separa momentáneamente y Scott regresa a sus trabajos disfuncionales que subvencionan las borracheras, militando en grupos de poco recorrido como Mount Lofty Rangers dirigidos por el músico Peter Head de la banda Headband. Cuentan que el 3 de mayo de 1974, durante un ensayo de la banda en el que Bon Scott se presentó completamente borracho, tuvo una pelea bastante dura con otro miembro del grupo, tras lo que se marchó en su motocicleta ignorando la ley de la gravedad que apunta que alcohol más velocidad es igual a desastre absoluto. Scott tuvo un brutal accidente que estuvo a punto de costarle la vida, pero que se saldó con tres días en coma y casi un mes hospitalizado de gravedad.

Vidas que se cruzan por casualidad

Cuando le dieron el alta médica su carrera como cantante prácticamente había terminado, pero su amigo Vince Lovegrove, con quien había compartido la voz principal en The Valentines y era el mánager de Mount Lofty Rangers, le ofreció trabajos de campo como pegar carteles, organizar los pedidos y conducir la furgoneta de la banda. Finalmente, Vince le consiguió un trabajo que le reportaría un cambio brusco en su vida, chofer de una nueva banda que se llamaría AC/DC.

Malcolm de 20 años y Angus dos años menor, marcharon de las faldas de su hermano mayor y en 1973 formaron AC/DC, apelativo que vieron en una chapa metálica en la parte trasera de la máquina de coser de su hermana Margaret y que reflejaba muy bien la música que pretendían hacer. Malcolm se quedó con la guitarra rítmica, mientras Angus se apoderó de la solista, completando la formación con Colin Burgess a la batería, Larry Van Kriedt al bajo y Dave Evans a la voz. Con esta formación la banda grabó un primer sencillo llamado «Can I Sit Next to You Girl», que más tarde volverían a regrabar, pero la estabilidad de la banda se rompía en pedazos, sobre todo por las eternas discusiones entre Dave y Angus, que derivaron en que el clan Young despidiera a toda la compañía.


Causa del fallecimiento de Bon Scott: asfixia provocada por una intoxicación etílica. Tenía 33 años.

La nueva formación se reconstruyó con el bajista Mark Evans y el batería Phil Rudd, más la incorporación del cantante Bon Scott. La rumorología indica que el proceso para fichar a Scott fue muy diferente dependiendo de quién lo cuenta. Se dice que Scott conducía la furgoneta y cantaba las canciones de la banda en los traslados, por lo que cuando Evans fue despedido le ofrecieron el cargo a él. También hay una versión que apunta que su hermano George les presentó a Bon Scott cuando estaban buscando vocalista y que tras ver uno de sus conciertos instrumentales, porque ya no tenían cantante, Scott les dijo que eran buenos, pero demasiado jóvenes para poder seguirlo a él. Todo apunta que Malcolm le acusó de ser demasiado viejo para el rock y el pique terminó en una jam donde cada uno de los participantes jugaron a ver quién era el mejor dotado y de ahí surgió la química que los unió.

Otra versión muy diferente la ofrece Irene Thornton, esposa de Bon Scott, que apunta: «La primera vez que vio a AC/DC estaban tocando en el hotel Pooraka, no tenían un cantante esa noche y estaban tocando versiones instrumentales de viejos estándares de rock ‘n’ roll. Al final Vince Lovegrove presionó a Bon para que subiera al escenario. Se puso a cantar y hubo un vínculo instantáneo».

Puedes quedarte con la versión que más te agrade, al fin y al cabo aquí nació la leyenda y como todas las leyendas, tienen tanto de verdad como de mentira.

La autopista del infierno

Con esta formación AC/DC comenzó una carrera imparable a la cima del hard rock. Un par de discos exitosos en Australia y firmaron contrato de distribución con Atlantic, lo que supuso que en Estados Unidos se editaran compilaciones de sus primeros discos y que se les abriera el mayor mercado del planeta. Tras la edición de discos como Let There Be Rock y Powerage, AC/DC ya se habían convertido en una de las formaciones más importantes de hard rock del planeta, con ventas importantísimas y giras cada vez más multitudinarias, acompañando a bandas como Aerosmith, Ted Nugent, KISS, UFO, Blue Öyster Cult o Cheap Trick.

Pero la explosión de AC/DC y su transformación en una leyenda de la música rock se produjo con el álbum Highway To Hell de 1979 por varios motivos. El primero y más importante de todos se debe al fichaje de Robert John ‘Mutt’ Lange como productor. Hasta ese momento todos los discos de AC/DC habían estado producidos por Harry Vanda y su hermano George, pero el sudafricano Lange supo dotar al sonido del grupo de un empaque más contundente y convertir su música en un poderoso estallido de brillantez que lo acercaba más al hard rock.

La colección de canciones es soberbia y se puede ver la madurez alcanzada por Malcolm a la hora de fabricar riff contagiosos e imperecederos, sumada a la maestría de Bon Scott para lograr textos provocativos y belicosos de fácil asimilación como himnos, al mismo tiempo que en ese disco alcanza un registro vocal no logrado con anterioridad. Lange supo colocar la guitarra de Angus en un primer lugar omnipresente que configuró el sonido del grupo para la siguiente década. En definitiva, todo estaba diseñado para que el disco entrara bien lubricado en las radios de FM americanas, tal y como hizo de forma espectacular. La controversia del título y la portada, acusada de satánica, no hizo otra cosa que avivar el éxito, siendo más oscura si cabe la portada destinada a la edición australiana, donde la banda está sumergida en un mar de llamas infernales, con el mismo Angus y sus cuernos de demonio.


Highway To Hell

Problemas en el estudio

El álbum fue el primero en entrar en el Top 100 americano alcanzando el #17 y teniendo ventas multimillonarias, al igual que en Australia y Europa. Sin embargo también produjo un desgaste que deterioraría en exceso las relaciones personales en el seno del grupo. En principio la decisión de cambiar de productor fue una resolución unilateral de la compañía que viendo las ventas de discos anteriores quería apostar por introducir al grupo en la radio norteamericana. El productor escogido fue el sudafricano Eddie Kramer, conocido por ser el ingeniero de sonido de los discos de Jimi Hendrix y dejar su imprenta con Led Zeppelin y KISS entre otros. La banda comenzó a trabajar con Kramer en los Criteria Studios de Miami, pero la química entre músicos y productor no parecía la adecuada, más bien se desplegó una alergia importante cuando Kramer rechazó trabajar sobre las maquetas que la banda había grabado en los Albert Studios de Sidney al mismo tiempo que pretendía que grabaran algunas versiones para el disco, como por ejemplo el clásico «Gimme Some Loving» de Spencer Davis Group. Kramer fue despedido y como recurso rápido se contrató a Lange y de esta forma no salir del presupuesto pactado y cubrir el timing exigido. El resultado fue brillante o al menos en opinión de los hermanos Young, que no de Bon Scott, que siempre manifestó que el sonido de la banda se había americanizado y perdido esencia. La relación personal entre Bon Scott y el clan Young nunca fue del todo buena, pero durante la gira de Highway to Hell se deterioró mucho más.

Camino a la autodestrucción

Bon Scott nunca había sido fácil de tratar, pues su carácter era complicado. Era una de esas personas que derrochan energía y consumen su vida como si no hubiera un mañana. Siempre estaba o buscando o predispuesto a la bronca, lo cual añadido a su afición desmesurada por la botella era una combinación explosiva y letal. Sus borracheras eran antológicas y en ocasiones podía desaparecer durante días. En más de una ocasión al finalizar un concierto se escabullía de fiesta y el resto de compañeros no sabían dónde localizarle, para aparecer justo antes de subir al escenario, en lo que seguro fue un calvario continuo para sus compañeros y que minó la relación con ellos, sobre todo con Angus.

Scott manifestó que no estaba de acuerdo con el giro que había tomado el sonido del grupo y pretendía que el siguiente disco fuera un retorno a las raíces, algo que no entraba en la planificación de los Young, más viendo el resultado obtenido por Highway To Hell.

La grabación de Highway to Hell fue un pequeño infierno por la irresponsabilidad del vocalista y no estaban dispuestos a pasar por el mismo calvario con el nuevo trabajo, sobre todo después de tener el mercado americano a sus pies. Esta es una posibilidad totalmente plausible y la única forma de entender cómo pudieron tener un recambio tan rápido tras la tragedia.

Por su parte Bon Scott había manifestado en alguna ocasión su intención de salir del grupo o al menos intentar hacer algo en solitario debido a que el sonido de la banda le ponía muchas limitaciones.

El 12 o 15 de febrero de 1980 se reunieron los hermanos Young con Bon Scott para comenzar la composición de los temas del nuevo disco, tal y como siempre trabajaban, se presentaban las ideas a guitarra y Scott tocando la batería para que más tarde el vocalista sacara los textos. Se sabe que se le presentaron a Scott dos temas, «Have a Drink On me» y «Let me put my love into you», pero resulta extraño que no hubiera más, puesto que en abril estaban apalabrados los estudios Compass Point Studios de Bahamas.

Durante esos días Scott estuvo en contacto con Bernard Bonvoisin, cantante del grupo francés Trust y gran amigo del escocés. Scott estaba trabajando en los textos de Bonvoisin para la grabación de un disco de cara al mercado anglófilo, mientras que la banda estaba grabando su nuevo disco en los estudios Scorpio Sound de Londres, un álbum que se llamaría Repression y en el cual se incluyo el tema «Ride On» donde colabora Bon Scott, siendo la última grabación de su vida, grabada el 14 de febrero.

El 19 de febrero Bon Scott fue encontrado muerto en un Renault 5 propiedad de su amigo Alistair Kinnear, configurando otra de las muertes más extrañas de la historia del rock. Se dijo que Bon Scott había muerto por una sobredosis de alcohol y heroína, pero si bien es cierto que la probó, todos sus amigos y conocidos aseguran que odiaba la heroína. También se aseguró que murió ahogado en su propio vómito pero es rotundamente falso, por lo que todas las versiones coinciden en remarcar el fallecimiento por una ingesta desmesurada de alcohol, tal y como reza en su certificado de defunción, «muerte accidental por intoxicación aguda por alcohol».


Bon Scott fue hallado muerto dentro de un coche propiedad de su amigo Alistair Kinnear

A rey muerto, rey puesto

Según los hermanos Young, la banda estuvo valorando abandonar tras la muerte de Bon Scott, algo que a todas luces es más falso que una moneda de chocolate. La insistencia de la familia de Scott les convenció de continuar y en un alarde de rapidez, firmeza y lucidez extrema, bajo terribles circunstancia de duelo, fueron capaces de despedirse de su amigo, probar una larga serie de sustitutos como Stevie Wright de The Easybeats, Noddy Holder de Slade, Terry Slesser de Back Street Crawler, Allan Fryer de Fat Lip, Gary Pickford-Hopkins de Rick Wakeman y Brian Johnson de Geordie entre otros.


Bon Scott había forjado su propia leyenda al frente de los AC/DC.

El 29 de marzo le comunicaban a Brian Johnson que era el nuevo cantante de AC/DC y el 1 de abril la banda presentaba oficialmente ante los medios a su nuevo vocalista, tan solo un poco más de un mes después del fallecimiento de su amigo Bon Scott.

La banda entró en estudio ese mismo mes y el 25 de julio se editaba Back In Black con una portada negra en homenaje a Bon Scott en señal de luto. El álbum entró directamente al #1 en el Reino Unido alojándose en esa posición durante dos semanas, mientras que en Estados Unidos se posicionaba en el #4 y permanecía en el Top 10 durante más de cinco meses. Back In Black se convirtió en el segundo álbum más vendido en Estados Unidos con más de 22 millones de copias, tan sólo superado por Thriller de Michael Jackson. En todo el mundo ha vendido más de 50 millones de discos.


El primer álbum de Brian Johnson como vocalista de AC/DC fue Back In Black.

El álbum de la polémica

Pero la edición del disco disparó la polémica. Todas las canciones estaban compuestas por Angus Young, Malcolm Young y Brian Johnson, sin acreditarse el trabajo de Bon Scott. Muchas opiniones del entorno del vocalista desaparecido aseguraron que al menos tres canciones eran de Bon Scott, «Have a Drink On me», «Let me put my love into you» y «You Shook Me All Night Long», tema este último que según asegura Silver Smith, su última novia conocida, Scott cantaba constantemente.

La leyenda asegura que existe una libreta verde donde Bon Scott iba apuntando ideas y escribiendo las futuras canciones, que jamás fue entregada a sus padres como parte de las posesiones de su hijo. La libreta si existía, desapareció misteriosamente y nunca más se supo.

Anna Baba, una de sus últimas novias conocidas, aseguró a la prensa que algunas de las canciones de Back In Black narraban experiencias que habían vivido juntos, que era literalmente imposible que otra persona las hubiera descrito de forma tan puntual y exacta. Para ella no cabe duda que los temas «Shake a Leg» o «Rock’n’roll ain’t noise pollution» son obra de Bon Scott.

La revisión del estado económico del fallecido desveló que en su cuenta tenía 31.000 dólares, una cifra muy modesta para el compositor de los textos de Highway to Hell. En octubre de 1997 se puso en circulación la caja Bonfire en homenaje a Bon Scott, conteniendo dos discos en directo, Live from the Atlantic Studios y Let There Be Rock: The Movie, un tercero llamado Volts con rarezas y curiosamente una remasterización de Back In Black. El único sentido de incluir esta remasterización es el de rentabilizar en derechos de autor la edición del trabajo, pero no, desde luego, para homenajear a su compañero y teóricamente amigo.


Back in Black se considera el álbum-homenaje a Bon Scott que transformó a la banda en una leyenda.

El año 2020 se cumplieron los 40 años de la desaparición de Bon Scott y el mundo de la música se volcó en un profundo homenaje, internet se llenó de tributos, la radio expandió más su música, la televisión recogió sus vídeos y la prensa escrita, incluso la generalista y alejada de la música derramó ríos de tinta. Sin embargo se echó a faltar un detalle, AC/DC o lo que queda del grupo, no lanzó ni un triste comunicado al respecto.

Resulta curioso que Bon Scott estuvo en AC/DC algo más de cinco años, mientras que Brian Johnson ha sido el cantante principal durante más de 36 años, pero siempre ha tenido que pelear con la presencia omnipresente de Bon que lo relegó a ser el eterno «nuevo cantante» de AC/DC, respetado y querido, pero siempre con ese estigma adosado. Su personalidad o la falta de ella, su carácter y su forma de entender la vida, muy ceñida al clásico «Vive rápido, muere joven y tendrás un bonito cadáver», más la extraña forma de fenecer, elevaron la imagen de Bon Scott al Olimpo de los dioses del rock, desde donde mira todas las tribulaciones que se han escrito sobre él y seguro que se parte de risa.

La última borrachera de Bon Scott

Bon Scott es una de las figuras del rock más veneradas y respetadas, su imagen de rockero indomable, de gamberro impertérrito y borracho eterno, representan los esquemas de lo que para muchos es la esencia de esta música. Su tremenda y sórdida personalidad, aposentada por su gran voz rota y la colección de canciones irrepetibles que nos dejó, le han convertio en todo un mito, que muchos consideran más grande que el propio grupo que lo lanzó a la fama.


La tumba de Bon Scott, lugar de peregrinación de los fans en Australia.

Su tumba del cementerio de Fremantle, ciudad que lo vio crecer, es uno de los puntos de peregrinación más importantes de Australia, obligando a las autoridades de National Trust of Australia a incluirla en la lista de lugares patrimonio cultural del país. En su ciudad, la figura de Scott es aclamada como un semidios y se levantó una estatua en su nombre, tal y como tienen otros músicos a los largo de la geografía del planeta: Phil Lynott, Rory Gallagher, Jimi Hendrix, Stevie Ray Vaughan, Freddie Mercury y muchos más.

El 9 de julio de 2006, esa devoción desmedida y en ocasiones enfermiza, condujo a que unos fans, evidentemente trastornados, robaran la lápida de su ídolo, como recuerdo macabro del dios caído, justo el día que hubiera cumplido 60 años.

El 9 de febrero de 1980, Bon Scott de 33 años, fue encontrado muerto en el coche de un amigo, la causa certificada de su muerte fue intoxicación etílica y muerte accidental por broncoaspiración; es decir, se ahogó con su propio vómito.

La versión oficial de la muerte de Bon Scott sólo pareció convencer a sus compañeros de grupo, más preocupados por pasar el duelo lo antes posible y reiniciar su carrera profesional. Sin embargo hay demasiadas lagunas sobre lo que ocurrió la última noche de Scott, su última juerga se llevó demasiados secretos a la tumba y ha creado durante estos 40 años una de las teorías de la conspiración más controvertidas del rock.

Siguiendo el hilo que han dejado varias investigaciones a lo largo de estas cuatro décadas, intentaramos deshacer el ovillo y arrojar un poco de luz sobre su óbito o, por el contrario más incertidumbre, pero cumpliendo con la obligación de recordar que las teorías de conspiración son meras especulaciones, que las leyendas son una serie de elucubraciones imposibles de verificar, aunque en muchas ocasiones contengan más veracidad que las versiones oficiales.


Estatua de Bon Scott en Fremantle, Western Australia.

Los últimos días de Bon Scott

Bon Scott había alquilado un apartamento de Ashley Court, cerca de Victoria Station en Westminster. El 18 de febrero de 1980 terminó de trabajar en algunas letras del nuevo disco de AC/DC y decidió que debía liberarse mentalmente. Llamó a Silver Smith, con quien mantenía una relación a medio camino entre amigable y sentimental, de hecho en la historia oficial de su muerte se dijo que eran expareja, pero no está del todo claro.

Bon Scott la invita a salir a tomar algo pero Smith le dice que no puede y le propone que acompañe a Alistair Kinnear, cosa que acepta y juntos se dirigen a The Music Machine en Camden Town, donde se presenta en concierto la banda Lonesome No More y The Only Ones, la nueva formación de Peter Pernett. Esa misma noche estaba en el club Billy Duffy, quien sería guitarrista de The Cult, pues había ido a estudiar la propuesta, que finalmente aceptó, de incorporarse a Lonesome No More. Al parecer tanto Bon Scott como Alistair Kinnear bebieron más de la cuenta, pero fue el vocalista de AC/DC quien se llevó la peor parte, por lo que Kinnear decidió llevarlo a su casa en su Renault 5. Aquí comienzan las incongruencias de la historia.

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22 ekim 2025
Hacim:
391 s. 153 illüstrasyon
ISBN:
9788499176185
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