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Biotecnología en el menú
Manual de supervivencia en el debate transgénico
José María Seguí Simarro
PREMIO EUROPEO DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA ESTUDI GENERAL 2011

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| Director de la colección: Fernando Sapiña Coordinación: Soledad Rubio |
Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, ya sea fotomecánico, fotoquímico, electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el permiso previo de la editorial.
© Del texto: José María Seguí Simarro, 2013
© De la presente edición:
Càtedra de Divulgació de la Ciència, 2013
www.valencia.edu/cdciencia
cdciencia@uv.es
Publicacions de la Universitat de València, 2013
www.uv.es/publicacions
publicacions@uv.es
Producción editorial: Maite Simón
Interior
Diseño y maquetación: Inmaculada Mesa
Corrección: Communico, C.B.
Cubierta
Diseño original: Enric Solbes
Imagen: José M. Seguí, Biofrankenstein
Grafismo: Celso Hernández de la Figuera
ISBN: 978-84-370-9230-0
ÍNDICE
PRÓLOGO
Capítulo 1. ¿QUÉ SON LAS PLANTAS TRANSGÉNICAS?
1. LOS ANTECEDENTES
2. LA TRANSFORMACIÓN GENÉTICA
Capítulo 2. ¿QUÉ NOS APORTAN LAS PLANTAS TRANSGÉNICAS?
1. TENDENCIAS EN INVESTIGACIÓN APLICADA
1.1 Plantas con mejores características agronómicas
1.2 Plantas con mayor calidad nutritiva
1.3 Plantas ornamentales de diseño
1.4 Plantas biofactoría
2. CULTIVOS AUTORIZADOS Y COMERCIALIZADOS
Capítulo 3. ¿QUÉ OPINA LA SOCIEDAD DE LAS PLANTAS TRANSGÉNICAS?
1. EVOLUCIÓN DE LA OPINIÓN SOBRE LA BIOTECNOLOGÍA
2. OPINIÓN DE LOS EUROPEOS SOBRE LOS ALIMENTOS TRANSGÉNICOS
Capítulo 4. ¿RESPONDE LA OPINIÓN MAYORITARIA A LA REALIDAD?
1. PLANTAS TRANSGÉNICAS Y SALUD
1.1 Toxicidad
1.2 Aparición de alergias
1.3 Resistencia a antibióticos
2. PLANTAS TRANSGÉNICAS Y MEDIO AMBIENTE
2.1 Toxicidad inespecífica
2.2 Transferencia horizontal de genes
2.3 Inestabilidad genética y consecuencias impredecibles
2.4 Aparición de plagas resistentes
2.5 Aumento del uso de pesticidas
2.6 Pérdida de biodiversidad y erosión genética
3. PLANTAS TRANSGÉNICAS Y SOCIOECONOMÍA
3.1 Dependencia del agricultor
3.2 Pérdidas económicas de los agricultores convencionales
4. EN RESUMEN
Capítulo 5. ¿POR QUÉ LA REALIDAD NO LLEGA A LA OPINIÓN PÚBLICA?
1. FACTORES INHERENTES A LA PROPIA SOCIEDAD
1.1 Falta de cultura científica y biotecnológica
1.2 Factores sociales, políticos y económicos
1.3 Miedo, riesgo e incertidumbre
2. ESTRATEGIAS DE DIFUSIÓN DEL MENSAJE ANTITRANSGÉ-GÉNICO
2.1 Información sesgada
2.2 Reubicación del debate
2.3 Uso de lenguaje tendencioso
2.4 Imágenes impactantes
2.5 Eco mediático
3. FACTORES RELATIVOS A LOS GENERADORES Y EXPLOTA-DORES DEL CONOCIMIENTO
3.1 Frivolidad de la comunidad científica
3.2 La mala imagen del sector biotecnológico
Capítulo 6. CONSECUENCIAS DE LA DESINFORMACIÓN
1. LA LLUVIA FINA QUE LO MEZCLA TODO
2. FOMENTO DEL FANATISMO Y LA IGNORANCIA CIENTÍ-FICO-TECNOLÓGICA
3. EL JARDÍN ECOLÓGICO GLOBAL QUE NUNCA EXISTIÓ
4. INCONGRUENCIAS VARIAS
5. SE IMPIDEN AVANCES REALMENTE IMPORTANTES
6. TEMAS ACCESORIOS OCULTAN TEMAS IMPORTANTES
Capítulo 7. SOLUCIONES
1. POLÍTICOS Y ECOLOGISTAS PODRÍAN ZANJAR EL DEBATE
2. EDUCACIÓN EN CIENCIAS
3. BAJAR A LA ARENA MEDIÁTICA
4. OBJETIVIDAD, RIGOR Y SENCILLEZ
5. AGRODIVERSIDAD ≠ BIODIVERSIDAD
6. LAS EMPRESAS DEBERÍAN MEJORAR SU IMAGEN
7. LA CISGÉNESIS
8. FASTRACK: TRANSGÉNESIS SIN TRANSGÉNICOS
9. LA PROPUESTA DE RENOBALES
EPÍLOGO
ÍNDICE ANALÍTICO
AGRADECIMIENTOS
Este libro ha sido posible gracias también al esfuerzo de mis seres más cercanos. De mi mujer, Marga, que siempre me ha acompañado a donde quiera que vaya, ayudado y apoyado, aceptando irse algunas noches sola a la cama porque yo había quedado con unas plantas transgénicas, o comprendiendo que me quedara un domingo a escribir en casa mientras ella bajaba al parque con los niños. De mis padres, Pepe e Isabel, que me criaron (y siguen haciéndolo), educaron y dieron todo lo que ahora soy. De mis hijos, José Miguel y Alejandro, que sin saberlo me alegran la mañana cuando los veo despertar y me emocionan por la noche cuando vienen corriendo a recibirme a la puerta de casa para que juegue con ellos. También de mi hermano Juanqui, Ali y todos mis amigos. Gracias a todos por hacerme sentir vivo. Os quiero. Y por último, este libro es también posible gracias al trabajo de «mis chicas». Me refiero a Patri, Vero, Alba y Nuria. Gracias a ellas he podido dedicar un poco de mi tiempo a esto sin que nuestros proyectos de investigación se resientan y sin que pare nuestro laboratorio. Muchísimas gracias a todos. De corazón.
PRÓLOGO
A los más veteranos del lugar puede que les resulte familiar una zarzuela que se titulaba La verbena de la Paloma, compuesta por Tomás Bretón sobre libreto de Ricardo de la Vega y estrenada allá por 1894. En ella, el autor ponía en boca del boticario, Don Hilarión, una legendaria frase que rápidamente pasó al acervo popular y desde entonces se repite asiduamente con cada avance científico: «Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad».
Con esta sentencia el boticario dejaba patente su asombro ante las novedades terapéuticas que llegaban a su botica, fruto de unos avances científicos que se sucedían a más velocidad de la que la sociedad de la época era capaz de asumir. Esta frase era una gran verdad por aquel entonces, y lo es aún más hoy en día, más de un siglo después del estreno de dicha zarzuela. Con cada avance científico, por espectacular que sea, se abren las puertas para el siguiente avance, aún más espectacular. Cada vez llegan a la sociedad más avances, de más calado, y más rápidamente. Este frenético ritmo en muchos casos está provocando un aluvión de datos que pueden no ser bien digeridos por la sociedad. Surgen voces que apoyan los avances y otras que no los ven como tales avances, sino como amenazas. Ante todo esto, la opinión pública, por pura precaución, suele posicionarse siempre del lado más cauto y precavido.
¿Y eso será bueno?
¿Se sabe lo suficiente como para usarlo sin riesgos?
Yo, por si acaso, voy a lo seguro, a lo de siempre...
Esto precisamente es lo que sucede con las plantas transgénicas y los diferentes productos que de ellas se derivan. Las plantas transgénicas son unas herramientas muy útiles para solucionar muchos de los problemas (no todos, por supuesto) que hoy en día presentan las sociedades de los distintos países. Sin embargo, estas mismas sociedades, supuestamente beneficiarias, muestran en general un claro rechazo a este tipo de aplicaciones biotecnológicas, pues creen que presentan una serie de riesgos potenciales y peligros reales que hacen que sus beneficios no compensen su utilización. Es, sin duda, una de las paradojas más interesantes de nuestros días. Y a su vez, uno de los debates más apasionantes.
A muy distintos niveles, se ha abierto desde hace ya años un intenso debate entre quienes producen, comercializan, cultivan o estudian este tipo de plantas, y quienes se oponen a su cultivo, comercio y consumo. Es la batalla (dialéctica) de los transgénicos. En esta batalla se enfrentan dos bandos muy desiguales, tanto en su número como en sus estrategias, razones, argumentos y resultados. Nadie en las sociedades desarrolladas es ajeno a la realidad de este debate, presente en los medios de comunicación, las tertulias radiofónicas, las columnas de opinión de los diarios o las charlas de barra de bar entre amigos.
–¿Os habéis enterado de lo que ha pasado en Alemania con la gente que está muriendo por comer brotes de soja contaminados?
–podría decir uno de estos amigos.
–Ya... Igual que pasó con lo de las vacas locas, o el aceite de colza...
–podría decir otro amigo.
–Si es que hoy en día, con esto de los transgénicos, nadie está a salvo...
–podría decir un tercero.
–¿No decían que eran buenos? –añadiría el camarero, siempre atento tras la barra.
Y ya tenemos montada una tertulia sobre los transgénicos. La chispa que enciende la mecha es un tema que en realidad no tiene nada en absoluto que ver con los transgénicos, pero como huele mal, como los transgénicos, ambos temas se acaban asociando aunque no se sepa muy bien de qué van. Muy probablemente ni estos amigos, ni el camarero, ni gran parte de la sociedad sepan muy bien qué son los transgénicos, qué beneficios conlleva su uso y hasta qué punto son o no peligrosos. La idea generalizada es que los cultivos transgénicos son peligrosos para la sociedad, para la salud y para el medio ambiente. En cualquier momento nos pueden atacar. Por eso la sociedad los rechaza, los ve como una nueva versión del monstruo de Frankenstein, los Biofrankensteins.

Los biofrankensteins son la versión transgénica del viejo monstruo del Dr. Frankenstein. Imagen del autor.
De este modo, cuando alguien sale en un medio de comunicación y argumenta algo a favor del uso de los transgénicos, la primera reacción casi instintiva de mucha gente es sospechar de él y pensar algo como: «Algo oculta, seguro, cuando defiende algo que como todo el mundo sabe, es malo por naturaleza». Reflexiones muy parecidas, si no idénticas, se harán cada vez que lean noticias sobre políticos, instituciones o gobiernos, como el español o la Comisión Europea, que autorizan el cultivo de algún transgénico, aunque sean pocos.
«¿Pero cómo pueden atreverse a autorizar eso, con lo malos que son?». Acto seguido, algunos colectivos comienzan campañas de propaganda y de concienciación social para reforzar la idea de que los transgénicos son malos y de que los gobiernos se están equivocando. A mucha mayor escala, vuelve a reproducirse el debate de la barra del bar. Y en medio de este debate estás tú, que ves y oyes que hay que erradicar los transgénicos si queremos salvar el planeta mientras observas que hay políticos que los autorizan, hay agricultores que los siembran, hay distribuidores que los comercializan, y... ¿hay consumidores que los consumen?
En este libro se pretende analizar el fondo de este debate, en el que se entremezclan ámbitos de la sociedad tan complejos y distintos como el científico, el político, el sociológico, el psicológico y el comunicativo. La idea es mostrar los argumentos de unos y otros, y discutir las causas y las consecuencias que para la sociedad tiene este debate, y sobre todo los cauces que el debate en sí está tomando. Una especie de manual de supervivencia, en definitiva, para que tú, como lector, parte de la sociedad y testigo de este permanente fuego cruzado, te formes tu propia opinión. Para ello, se expondrá primero qué son realmente las plantas transgénicas y también qué no son. Para qué sirven y para qué no sirven. Una vez expuesto esto, nos centraremos en analizar la opinión negativa que sobre ellas tiene la sociedad, en general, y la europea y española, en particular. Exploraremos cuáles son las causas del rechazo y los motivos que las avalan. Se expondrán los argumentos científicos, veraces y contrastables, que hay actualmente para defender las posturas a favor y en contra de la modificación genética de las plantas, y reflexionaremos acerca de si son suficientemente sólidos para sustentar la opinión generalizada, o si hay otras causas que distorsionan la percepción de este fenómeno. Una vez expuestas las causas y su justificación científica y sociológica, se analizarán las consecuencias que el desencuentro entre ciencia y sociedad tiene para ambos partícipes a corto y largo plazo. Finalmente, se plantean posibles soluciones para tratar de paliar el desencuentro y reconciliar a dos contrincantes condenados necesariamente a entenderse y que ya llevan demasiado tiempo distanciados.
En este libro se ha hecho un especial esfuerzo por documentar todas las afirmaciones y los datos, y en especial los más polémicos, con profusión de referencias bibliográficas, de modo que el lector tenga acceso a las fuentes originales. En ese sentido, en la medida de lo posible se ha tratado de incluir referencias accesibles a través de Internet, para que todo aquel lector interesado en contrastar la información que aquí se proporciona, o en ampliarla, pueda de forma fácil y rápida hacerlo. En último término, el objetivo de este libro es proporcionar una visión objetiva de la realidad de las plantas transgénicas sobre la base de lo que la ciencia puede decirnos de ellas sin sesgos ni distorsiones interesadas. Desde una perspectiva divulgativa, pero sin faltar bajo ningún concepto al rigor que un tema como este merece. En algún momento a lo largo de este libro puede que pienses que esto no es así. Que este libro no es objetivo y que tiene un claro sesgo, pues contradice muchas de las ideas instaladas en nuestra sociedad. Soy consciente de ello y asumo el reto de ir contra corriente, de tratar de explicar una realidad distinta a la que nos llega desde muchos frentes. Si piensas de ese modo, te pediría que hicieses un esfuerzo extra en llegar al final del libro y en comprobar por tu cuenta si los datos que en él se exponen son o no fiables. Precisamente para eso he incluido un buen número de referencias bibliográficas y documentales. Al mismo tiempo, comprueba en qué fuentes beben quienes afirman lo contrario. Tras estos ejercicios, confío en que me creerás si digo que los datos que aquí se exponen son fiables. Con la visión real que se pretende plasmar aquí, y sabiendo cómo y por qué nos llega distorsionada a la sociedad, cada uno de nosotros tendremos más y mejor criterio propio para decidir qué hacer sobre este tema. Porque en definitiva, somos cada uno de nosotros quienes al final decidimos con nuestra opinión qué hacer con este tema, al igual que con muchos otros.
Sea cual sea tu decisión, espero firmemente que al final del libro te sientas mucho más y mejor informado para tomarla. Como autor de lo que viene a continuación, esa sería mi mejor recompensa.
Capítulo 1
¿QUÉ SON LAS PLANTAS TRANSGÉNICAS?
1. LOS ANTECEDENTES
Una de las ramas del saber que más ha evolucionado en el último siglo ha sido la biología. Hasta los comienzos del siglo XX, la biología tenía como principal finalidad conocer y explicar todos aquellos fenómenos relacionados con la vida, con la existencia de los seres vivos. Lo que se conocía hasta entonces de los seres vivos no permitía, en muchos casos, su utilización más allá de la agricultura o la ganadería. En la mayoría de los casos, los seres vivos eran explotados como alimento, como fuerza motora o como fuente de materias primas muy básicas (madera, textiles, pieles, etc.). Solo en contadas excepciones se utilizaban algunas propiedades de los seres vivos para la elaboración de productos procesados. Valgan como ejemplos las fermentaciones que se utilizaban para transformar leche, harina, cebada o uva en queso o yogur, pan, cerveza o vino, por ejemplo. Esto ha sido así prácticamente desde el Neolítico, época en la que nuestros antepasados dejaron de ser cazadores y recolectores nómadas y descubrieron la agricultura, entendida como el cultivo dirigido de determinadas especies vegetales para consumo humano. De hecho, los primeros experimentos agrícolas se han datado hace cerca de 10.000 años. La domesticación de plantas y animales generó los mayores cambios sociales experimentados por estos seres humanos primitivos. A partir de ahí, poco a poco se fueron dando cuenta de que las plantas podían ser útiles no solo como alimento. Vieron que con los distintos materiales que las plantas proporcionan se podía elaborar papel, telas, vestidos o cestos. En concreto, con la principal materia prima vegetal, la madera, se comenzaron a elaborar toda suerte de artefactos, desde pequeños, como recipientes (vasos, cubos, platos, barriles), instrumentos musicales o armas, hasta grandes, como muebles, viviendas o incluso barcos veleros capaces de cruzar un océano. Y por supuesto, las plantas siguieron alimentando a nuestros antepasados.
Este ritmo constante pero relativamente lento de avances en el conocimiento y la utilización práctica de los seres vivos se vio exponencialmente acelerado al entrar en el siglo XX. A partir de este siglo la cantidad de descubrimientos relevantes y de datos que comenzaron a revelarse (y siguen revelándose) no tiene parangón con ninguna otra época de la historia de la Tierra. Durante todo el siglo pasado y lo que llevamos de este se han sucedido una serie de avances biológicos a un ritmo endiablado. En la tabla adjunta se puede ver la cronología de algunos de los avances más relevantes. En ella se puede comprobar cómo el tiempo que los separa se ha ido acortando conforme nos acercábamos al final del siglo. También que los avances son cada vez de mayor calado y que hay menos individualismo y más grupos y consorcios.
Esta especie de revolución científico-tecnológica que arrancó hace ya algo más de cien años fue tan abrumadora que algunos científicos comenzaron a plantearse que los seres vivos, y por supuesto las plantas, además podían servir al ser humano para otros muchos y muy diversos propósitos. Y, principalmente, se plantearon que con lo que se iba sabiendo, se podrían manipular los seres vivos para que siguieran proporcionando lo mismo que ya nos proporcionaban, pero de mayor calidad, en mayor cantidad o de forma más rá-pida. Eso, básicamente, es la biotecnología. No es ninguna casualidad que esta palabra, biotecnología, fuera inventada y utilizada por primera vez en un texto científico a principios del siglo XX.1
Principales hitos científico-biotecnológicos de los últimos 100 años (* Premio Nobel)
| Año | Hito | Descubridor |
| 1902 | Primer cultivo in vitro de células vegetales | G. Haberlandt |
| 1907 | Primer cultivo in vitro de células animales | R. G. Harrison |
| 1917 | Se descubren los bacteriófagos (virus bacterianos) | F. d'Herelle |
| 1919 | Se acuña el término hiotecnologia | Karoly Ereky |
| 1927 | Se descubre que los rayos X provocan mutaciones | H.J.Muller* |
| 1928 | Se descubre la penicilina, el primer antibiótico | R. Fleming* |
| 1938 | Se acuña el término hiologia molecular | W. Astbury |
| 1941 | Se usa por primera vez el término ingenieria génetica | A. Jost |
| 1944 | El ADN es el material genético | O. Avery |
| 1953 | Se caracteriza la doble hélice del ADN | Watson* y Crick* |
| 1959 | El ARN mensajero copia la información del ADN | Jacob* y Monod* |
| 1961 | Primera letra del código genético | M. Nirenberg* |
| 1962 | Se formula el medio MS para el cultivo in vitro de tejidos vegetales | T. Murashige y F. Skoog |
| 1965 | Descifrado total del codigo genetico | Nirenberg, Ochoa* y Khorana* |
| Primera planta regenerada de una única celula | YVasilyA. C. Hildebrandt | |
| 1962-1967 | Mecanismo de la síntesis de proteínas | Lipmann* y varios laboratories |
| 1963-1972 | Descubrimiento de los enzimas de restricción | Arber* y Smith,* Nathans* |
| 1973 | Plásmidos recombinantes | Berg,* Cohen, H. Boyer |
| 1977 | Métodos de secuenciación del ADN | Gilbert,* Sanger* |
| 1981 | Se crean los primeros ratones transgénicos | Palmiter, Brinster, Gordon y Ruddle |
| 1983 | Se crea la primera planta transgenica | J. Schell et al. |
| 1985 | PCR-amplificación del ADN | K. Mullis,* Cetus Corporation |
| 1986 | Primer secuenciador automaático | Applied Biosystems |
| 1987 | Cromosomas artificiales de levadura (YAC) | David Burke et al. |
| 1988 | Técnica del knock-out | M. Capecchi |
| Mutacion de genes específicos | ||
| 1989 | Se inicia el proyecto genoma humano | NIH, DOE, HUGO |
| 1993 | Primera secuencia de cascada de transducción de señales | Weinberg, Arbuchy, varios |
| 1994 | Se aprueba la comercialización del primer alimento transgénico: el tomate FlavrSavr | Calgene |
| 1995 | Secuenciación del primer genoma bacteriano: Haemophilus influenzae | tigr-empresa |
| 1996 | Secuenciación del genoma de levadura | Unión Europea - Consorcio de laboratorios |
| 1997 | Secuenciación del genoma de Escherichia coli | Blattner et al. |
| Clon de mamífero-oveja Dolly | Wilmut et al., Roslin Institute | |
| 1998 | Secuenciación del genoma de Caenorhabditis elegans | Consorcio de laboratorios |
| Descubrimiento de células troncales humanas | Thomson et al. | |
| 2000 | Secuenciación del genoma de Drosophila melanogaster | Consorcio de laboratorios y empresas-Celera |
| Se secuencia la primera planta: Arabidopsis thaliana | The Arabidopsis Genome Initiative | |
| Mapa general del genoma humano | Human Genome Project (consorcio internacional)-Celera Genomics | |
| 2001 | Primer borrador del genoma humano | |
| 2003 | Se completa la secuenciación del genoma humano | |
| 2005 | Se clona una vaca con células de riñón de un cadáver | Steve Stice et al. |
| 2010 | Se crea la primera bacteria con genes sintetizados artificialmente | The J. Craig Venter Institute |
La biotecnología se entiende hoy en día como «La aplicación de la ciencia y la tecnología a los organismos vivos, así como a partes, productos y modelos de estos con el fin de alterar materiales vivos o inertes para proveer conocimientos, bienes y servicios».2 Y si estos organismos son vegetales, estaríamos hablando de biotecnología vegetal, también denominada biotecnología verde. Los constantes y revolucionarios avances que se han sucedido en el terreno de la biotecnología vegetal a lo largo del siglo XX han hecho que se pueda considerar este siglo como el siglo de oro de la biotecnología vegetal.3
2. LA TRANSFORMACIÓN GENÉTICA
De entre todos estos avances, ha habido uno que ha sobresalido muy por encima del resto. Nos estamos refiriendo a la transformación genética estable, también conocida como ingeniería genética o transgénesis. Con estos términos se denomina al conjunto de metodologías que permitieron introducir y mantener permanentemente en las células de una planta genes ajenos a la especie a la que pertenece la propia planta. De este modo, el gen foráneo introducido (transgen) pasa a formar parte del conjunto de genes (genoma) del individuo, y es por tanto transmitido a las generaciones siguientes. Este hallazgo ha revolucionado las posibilidades biotecnológicas que nos ofrecen las plantas, como veremos más adelante.
Sin entrar en complejos detalles técnicos y moleculares que no son el objeto de este libro, hay que mencionar que un transgen no es más que un gen cualquiera que se introduce y se pone a funcionar en un organismo distinto al que lo contiene de forma natural. Es decir, que el gen que permite la fabricación de insulina para regular los niveles de glucosa en sangre es exactamente el mismo en nuestro páncreas o en una bacteria transgénica.4 Lo que cambia es el «envase» que alberga al gen. Por tanto, químicamente, un transgen está hecho de lo mismo que un gen: una doble cadena de grupos fosfato unidos a moléculas de azúcar (desoxirribosa) que llevan a su vez una de cuatro posibles bases nitrogenadas. A esta gran molécula de doble cadena es a lo que se conoce como ácido desoxirribonucleico (ADN). El ADN sirve para guardar instrucciones. Es una especie de método de escritura donde se almacena la información necesaria para las distintas funciones de las células y de los organismos vivos. No se conoce ningún ser vivo, ni tan siquiera los virus, que están en el límite de la vida, que no utilice ácidos nucleicos para almacenar información genética. La distinta información genética se almacena mediante un código que resulta de combinar las cuatro bases de forma distinta. Las cuatro bases son:
– Adenina, simbolizada con la letra A.
– Timina, simbolizada con la letra T.
– Guanina, simbolizada con la letra G.
– Citosina, simbolizada con la letra C.
Una combinación concreta de estas bases en el ADN es lo que se conoce como gen, y da lugar a una instrucción concreta. Y al conjunto de todos los genes de un organismo es a lo que se denomina genoma. El genoma completo se divide en partes denominadas cromosomas. Por ejemplo, los humanos tenemos 46 cromosomas en cada una de nuestras células, y los tomates, las berenjenas y los pimientos, 24. Cada cromosoma alberga miles de genes, estrechamente empaquetados para que quepan todos en un espacio tan pequeño como el del núcleo de una célula. Cada gen da lugar a la fabricación de una proteína concreta. En realidad son las proteínas las encargadas de desempeñar las funciones biológicas. Son intermediarias entre los genes, que albergan las instrucciones, y las funciones y demás caracteres biológicos. Así, según como combinemos las A, las T, las G y las C, obtendremos un gen distinto, que dará lugar a una proteína distinta, y por tanto a una función o a un carácter distinto. De este modo, los genes son los responsables en último término de características como el color de nuestros ojos, el color de nuestra piel, nuestro sexo, nuestra propensión a ciertas enfermedades, nuestros rasgos faciales o nuestra capacidad para metabolizar determinado compuesto. En definitiva, son los responsables de todas nuestras características. Y de las de las plantas, por supuesto, también. Así, un gen ficticio con una combinación ficticia de bases, como por ejemplo ATCCGAACCT, podría dar lugar a tomates rojos. En cambio, si en ese gen hubiera la combinación TCAGGTTCCG, los tomates serían algo más amarillentos. Y si fuera GAATCGTTCC, serían blancos del todo. Este ejemplo totalmente inventado trata de ilustrar la relación que se da en todos los seres vivos entre la secuencia de bases nitrogenadas que hay en todos sus genes y sus características como organismo. Podríamos por tanto concluir que:

Estructura y ordenación del los cromosomas, genes y bases nitrogenadas. Adaptación de imagen del National Human Genome Research Institute de EE. UU.
– Todos los seres vivos tenemos genes.
– Todos los genes son químicamente iguales.
– Todos los genes tienen la misma estructura.
– Todos los genes funcionan igual.
– La única diferencia entre genes es la combinación de A, T, G y C que lleven dentro: cada uno tenemos una combinación distinta, única en la naturaleza. En el fondo, lo que nos diferencia en términos genéticos a unos de otros, a los humanos de las bacterias, a los elefantes de las hormigas, y a las lechugas de las palmeras, son las combinaciones de las bases A, T, G y C.
Todo esto es igualmente válido para un gen y para un transgen, cuya única diferencia es su origen. Un transgen procede de un organismo distinto al que lo contiene y expresa. Así pues, una planta transgénica es una planta que contiene un transgen en su genoma y que lo expresa. Es decir, una planta que contiene genes de otros organismos y, por tanto, presenta características nuevas, distintas a las no transgénicas de su misma especie.

En el fondo, todos somos A, T, C y G. Ilustración del National Human Genome Research Institute de EE. UU.
Aunque esto pueda parecer muy novedoso, lo cierto es que introducir genes de unas especies en otras no es algo tan nuevo ni tan raro. De hecho, lleva haciéndose desde hace mucho tiempo, aunque de otra manera y con más limitaciones. Nos referimos a la mejora genética clásica. Desde que el ser humano descubrió la agricultura, comenzó a manipular el genoma de las plantas. Llegó un momento en el que no le bastó con que los tomates se pudieran comer. Se hartó de esa acidez que algunos tienen, y deseó que no la tuvieran. Y antes o después de eso, deseó que además fueran más grandes. Y más dulces. Y con la comercialización, deseó que las matas de tomate fueran capaces de crecer más, en menos tiempo y en menos espacio. Y que resistieran a más inclemencias meteorológicas, y a más enfermedades. Y que los tomates no se pudrieran tan pronto. Y que... La curiosidad humana no tiene límites, y si por algo nos caracterizamos como especie es por tratar de ir siempre más allá de nuestros propios límites y de los límites de lo que nos rodea. Este es el motor que ha impulsado la mejora vegetal desde que el ser humano se dedica a la agricultura. La mejora genética vegetal5 se basa en utilizar los principios de la genética clásica para producir, mediante cruces dirigidos, variedades mejoradas con características más deseables tales como una mayor resistencia frente a plagas o enfermedades, mayores rendimientos, mayores o mejores propiedades nutricionales, texturas, aromas, colores o sabores más agradables o intensos, etc. En pocas palabras, se dedica a mejorar lo que ya hay previamente, cruzándolo entre sí. Vemos pues que un requisito ineludible para la mejora es que los individuos que se vayan a cruzar sean sexualmente compatibles. Si no, no se pueden cruzar ni mejorar..., a no ser que metamos un poco de biotecnología. Por ejemplo, con la transformación genética, que nos permite sortear todas las barreras reproductivas que aíslan a las especies entre sí. En definitiva, la transgénesis sería una herramienta biotecnológica para mejorar plantas, igual que la mejora genética clásica, incorporando en unas lo que nos interesa de otras. Pero con una gran diferencia: no es necesaria la compatibilidad sexual.
El conjunto de técnicas de transformación genética supuso una autentica revolución no solo en plantas, sino también en animales o bacterias. Revolución no solo por implicar que se pueden alterar los genes de un organismo a voluntad, de forma consciente, dirigida y específica, sino también porque esta posibilidad abre la puerta para la obtención de seres vivos con características imposibles de con-seguir hasta ahora. ¿Cómo? Identificando el gen que confiere dicha característica en la especie original e insertándolo en la especie deseada. Así de sencillo..., en principio. Solo en principio porque, por desgracia, esta es una de las líneas biotecnológicas más expuestas al debate público y que cuenta con un menor grado de aceptación social. De hecho, está siendo objeto de una fuerte oposición por parte de ciertos colectivos, principalmente ecologistas. Debido al fuerte rechazo que han suscitado las plantas transgénicas en dichos colectivos y en sectores amplios de la sociedad, las plantas transgénicas han sido objeto de una gran atención mediática, lo que ha propiciado que, en ocasiones, se aplique no solo a la transgénesis, sino a toda la biotecnología verde, un halo de misterio y permanente sospecha que en nada beneficia su progreso ni el de la sociedad que la sustenta. En los próximos capítulos veremos qué utilidad pueden tener las plantas transgénicas, profundizaremos en la reservas que tiene la sociedad sobre ellas y veremos si verdaderamente hay motivos reales que justifiquen estas reservas. Un apasionante debate a caballo entre la biotecnología, la sociología y la comunicación.
1. M. G. Fári, U. P. Kralovánszky (2006): «The founding father of biotechnology: Károly (Karl) Ereky», International Journal of Horticultural Science, 12, pp. 9-12.
2. OECD (2005): A Framework for Biotechnology Statistics, OECD Secretariat, París.
3. J. M. Seguí Simarro (2011): El siglo de oro de la Biotecnología vegetal, Editorial La Voz de Galicia S.A., La Coruña. ISBN: 978-84-9757-273-6.
4. El gen no es exactamente el mismo, pues en bacterias el procesado de los intermediarios de la expresión génica es distinto que en humanos. En realidad los que son iguales son los intermediarios ya procesados (el ARN mensajero o mRNA), aunque se ha optado por esta simplificación para no perdernos en detalles técnicos irrelevantes en este contexto. [N. del a.]
5. Se puede profundizar en el conocimiento de la mejora genética vegetal en el siguiente libro de J. I. Cubero (2003): Introducción a la Mejora Genética Vegetal, Editorial Mundiprensa, Madrid. ISBN: 84-8476-099-5.
Capítulo 2
¿QUÉ NOS APORTAN LAS PLANTAS TRANSGÉNICAS?
De lo visto en el capítulo anterior podemos deducir que la transformación genética tiene el enorme potencial de conferir a cualquier planta cualquier característica de interés para ella o para el ser humano que la va a utilizar, siempre que previamente hayamos identificado ese gen en otro ser vivo. Sin embargo, es muy importante tener claro que esta ventana abierta a la imaginación no se traduce en la práctica en un campo de pruebas sin limitación alguna. No se invierte tiempo y recursos de investigación en cualquier desvarío transgénico. El coste económico del diseño y la generación de una planta transgénica hace que a nadie se le ocurra utilizar esta herramienta como si fuera un «Quimicefa», probando varios mejunjes para ver qué pasa si se mezclan. No se prueba a introducir el gen de los ojos azules a una planta, para ver si desarrolla ojos, y si de paso estos son azules. Esto no consiste en fabricar Biofrankensteins con hojas y raíces, sin más finalidad que la de su propia creación. Pese a que sería un buen argumento para una película de terror de serie B, no se trata de eso. Y si por casualidad a alguien se le ocurriera, se toparía con dificultades muy serias para encontrar alguna entidad, pública o privada, que financiara semejantes ocurrencias. Esta tecnología solo se utiliza, a nivel de laboratorio, para ensayar eventos de transformación que puedan tener un interés para la investigación básica, o bien bajo una perspectiva claramente aplicada.
En investigación básica, la posibilidad de manipular los genes a voluntad abre un enorme abanico de aproximaciones experimentales para conocer cómo funcionan las plantas. Del mismo modo que se hace en modelos de experimentación animal, se pueden fabricar transgenes «mixtos», formados por un gen propio del organismo que se vaya a estudiar junto con un gen que fabrique una proteína marcadora. Fluorescente, por ejemplo. Es el caso de la proteína verde fluorescente, conocida en inglés como Green Fluorescent Protein, o GFP. Esta proteína, propia de las medusas de la especie Aqueoria victoria, tiene la propiedad de emitir luz verde fluorescente cuando se le ilumina adecuadamente. Esta es la razón por la que este tipo de medusas emiten luz por la noche. Si aislamos este gen y lo unimos al gen X que queremos estudiar, tendremos una construcción que fabricará la proteína del gen X unida a una GFP, que conferirá luz a la proteína X y por tanto visibilidad. Así, un científico podrá estudiar dónde se fabrica la proteína X y adónde se desplaza para realizar su función biológica. De este modo se ha podido saber que hay genes que solo funcionan produciendo proteínas, por ejemplo en las hojas, y que luego estas proteínas se desplazan a otros lugares de la planta, donde desempeñan su función, por ejemplo, induciendo la floración. Este es tan solo un ejemplo concreto de estudio básico, que fuera del laboratorio no tendría más transcendencia que la de fabricar una planta fluorescente. Sin embargo, otro científico puede llegar luego y basarse en ese estudio para continuarlo, y llegar a descubrir una proteína que es capaz de inducir la floración, y que por tanto puede utilizarse para promover la floración temprana de cultivos que florecen muy tarde, aumentando así los meses en los que este cultivo proporciona frutos para el consumo. Se habría conseguido producir frutos fuera de su temporada natural, algo que tanto agricultores como consumidores agradecerían. Esta sería la traslación de una investigación básica a un resultado aplicado, útil de algún modo para la sociedad. Como este, podrían ponerse miles de ejemplos, no ficticios sino reales, de conocimientos generados gracias a la transgénesis como herramienta para investigación, y que han tenido posteriormente reflejo en un resultado práctico, tangible y beneficioso de algún modo para la sociedad. Sin embargo, la utilidad en investigación básica de la transgénesis no es el objetivo de este trabajo. Por ello, nos centraremos en las vertientes más directamente aplicadas.

Raíz de Arabidopsis thaliana transformada con una fusión de GFP y una proteína nuclear (histona). Se observa que además de la autofluorescencia típica de las paredes celulares vegetales, la única luz verde proviene del núcleo de las células, que es donde las histonas realizan su función biológica. Imagen de Zirc.
En cuanto a estas, las que realmente interesan más allá de las cua-tro paredes de un laboratorio, a continuación veremos cuáles son las principales líneas de investigación en este sentido y cuáles de ellas han llegado finalmente a plasmarse en un producto cultivado y comercializado.
1. TENDENCIAS EN INVESTIGACIÓN APLICADA
Desde un punto de vista aplicado, la transgénesis se ha utilizado en plantas fundamentalmente para dos cosas: para mejorar cultivos introduciéndoles nuevas características de interés agronómico, económico o nutricional, y para obtener plantas que sinteticen sustancias de interés farmacéutico o industrial. Podríamos decir que la transformación genética se utiliza como una forma avanzada de mejora. Todas las aplicaciones que de ella se derivan se caracterizan por tener un claro interés económico, medioambiental, o médico-nutricional. Por hacer, en definitiva, a las plantas más útiles para la sociedad.
1.1 Plantas con mejores características agronómicas
Este tipo de aplicaciones engloba la obtención de variedades cultivadas idénticas a las existentes salvo en un pequeño matiz: su resistencia a una o varias plagas, a herbicidas o a condiciones ambientales adversas o a distintos tipos de estrés. De esta manera se puede obtener el mismo producto comercial final, el mismo fruto o vegetal, pero de un modo mucho más barato o eficiente, ahorrando mucho dinero en costes de producción.

Plantas de cacahuete normal y transgénica resistente a plagas. Ambas plantas han sido expuestas al taladro del maíz. La de la izquierda es infectada. La de la derecha resiste. Imagen de Georgia Tifton.
Por ejemplo, evitando tratamientos fitosanitarios, innecesarios si la planta resiste a las plagas por sí misma. Así, se han desarrollado cultivos resistentes a distintos tipos de plagas, como el tizón en las patatas1 o distintos tipos de insectos en maíz, cacahuetes, algodón o soja.
Se pueden también obtener cultivos más productivos añadiéndoles resistencia a los herbicidas, pues no tendremos los problemas de toxicidad en el cultivo de interés que genera el uso extendido de herbicidas para combatir las malas hierbas, o bien necesitarán menos recursos como fertilizantes o abonos o agua. O se reducirán las pérdidas ocasionadas por las sequías, o por las heladas, etc. O llegarán al consumidor en mejor estado al mejorarse el comportamiento postcosecha, retrasando por ejemplo su maduración y su consiguiente ablandamiento.2

Tomates de maduración retardada. En la imagen aparece el Dr. Athanasios Theologis con su creación, tomates modificados para inhibir la síntesis de etileno, responsable de la maduración. Imagen de Jack Dykinga.
Pueden también producirse cultivos capaces de implantarse en zonas con condiciones extremas. Por ejemplo, con suelos áridos, en los que hasta ahora no podía crecer nada porque las variedades no resistían sus condiciones de salinidad o de presencia de sustancias tóxicas para ellas. Este último es el caso de las plantas modificadas para incrementar su capacidad de producir ácidos orgánicos que neutralizan el efecto tóxico del aluminio y son así capaces de crecer en suelos con elevadas concentraciones de este metal.3 Hay que recordar que en el año 2000, después de la sequía el problema más importante de la agricultura era el de la toxicidad provocada por la acumulación de aluminio en el suelo, que afectaba a casi el 40% de la superficie cultivable del planeta. Otras condiciones extremas, en este caso climatológicas, que pueden impedir el cultivo son el frío o la sequía. Para el primer caso se han desarrollado distintos tipos de plantas transgénicas resistentes. Por ejemplo, el maíz resistente que se obtuvo mediante la inserción de genes de la planta Arabidopsis thaliana que disparan la resistencia al frío.4 O las plantas de Eucalyptus globulus modificadas con genes de Deschampsia antárctica,5 la única planta capaz de sobrevivir a -30 ºC. En el 2008, unos investigadores españoles del CSIC obtuvieron una patente sobre un gen que confiere propiedades de gran resistencia a las bajas temperaturas y, además, a la salinidad.6 Para el caso de la sequía, hay muchos científicos tratando de lograr cultivos capaces de crecer en condiciones de estrés hídrico. Esto es, de sequía. No es de extrañar, pues la escasez de agua es un hecho que impide el cultivo en muchas zonas del planeta, empezando por España, y que tiene muchos visos de afectar cada vez a más zonas como consecuencia del cambio climático. Por ello, los cultivos resistentes al estrés hídrico se plantean como una gran oportunidad de abastecer de alimento a todas estas zonas no solo de inmediato, sino sobre todo para el futuro. Así, se ha desarrollado en Brasil una caña de azúcar,7 en México una variedad de maíz8 y en Corea del Sur una patata,9 todas ellas ejemplos de transgénicas resistentes a dicha adversidad climatológica.
Se trata, en definitiva, de plantas que nos proporcionan un ma-yor rendimiento. Pero además de los aspectos positivos en términos económicos, este tipo de cultivos ofrecen ventajas en términos ecológicos, pues reducen o evitan la contaminación de los suelos provocada por el uso de determinados abonos o tratamientos fitosanitarios (plaguicidas, insecticidas, fungicidas, bactericidas...) que se utilizan en la agricultura intensiva actual en todo el mundo y que tienen un impacto negativo en el entorno claramente documentado.
1.2 Plantas con mayor calidad nutritiva
Una segunda generación de plantas transgénicas ha tenido como ob-jetivo la producción de individuos con características nutricionales y/u organolépticas mejoradas respecto a la variante no transgénica. En este caso estaríamos ante plantas no solo beneficiosas para el agricultor, sino también para el consumidor. Se trata de eventos de transformación en los que se alteran las rutas metabólicas existentes en la planta para aumentar la síntesis de sustancias beneficiosas, con propiedades saludables para el ser humano, que ya se acumulaban antes en el fruto en cuestión, pero que ahora se acumulan más, alcanzando concentraciones que tengan efectos perceptibles por nuestro organismo. Se trata de los alimentos nutracéuticos. Podemos encontrar diversos ejemplos en el tomate, la hortaliza más importante en términos económicos a nivel mundial.10 Además del ya comentado tomate de maduración retardada, existen tomates con sabor y cualidades nutritivas mejoradas gracias a la inserción de genes de levaduras que promueven la síntesis de unas moléculas denominadas poliaminas.11 Otro ejemplo es el de los tomates morados,12 que adquieren una coloración morada oscura gracias a la introducción de un gen para la síntesis de antocianinas procedente de otra planta rica en ellas. Las antocianinas son moléculas que, además de proporcionar color morado, tienen múltiples propiedades beneficiosas para la salud humana, de entre las que destaca su efecto anticancerígeno.13

Tomates morados. Los tomates morados expresan un gen que permite la síntesis de antocianinas. La acumulación de antocianinas es lo que les proporciona el color característico, además de otra serie de propiedades beneficiosas. Los tomates rojos son tomates convencionales, sin modificación genética. Imágenes de Sue Bunnewell y Andrew Davis, cortesía de Cathie Martin, del John Innes Centre.
Pese a ser una de las especies más utilizadas por su facilidad para ser transformada, el tomate no es el único cultivo de interés para el consumo mejorado mediante transgénesis. Por ejemplo, en el 2011 apareció una patata que, al freírla, presentaba un contenido en acrilamida (compuesto tóxico) cinco veces menor que la que normalmente se produce al freír patatas convencionales.14 Tenemos también el arroz dorado. El arroz dorado15 (Golden rice) es una variedad diseñada para que sintetice y acumule en el grano comestible β-caroteno y otra serie de precursores de la vitamina A necesarios para que el organismo hu-mano produzca dicha vitamina. El β-caroteno es un pigmento anaranjado que da un color dorado-anaranjado a los frutos que lo acumulan. Es el caso, por ejemplo, de las zanahorias, muy ricas en esta sustancia. También es el caso del arroz dorado. Así, las últimas versiones de este arroz son capaces de acumular β-caroteno en unas concentraciones tales que con una ingesta diaria razonable de arroz se alcanzan las dosis diarias recomendadas de este precursor vitamínico. Este arroz fue creado por un equipo liderado por los doctores Ingo Potrykus y Peter Beyer precisamente para esto, para ser capaz de proporcionar la vitamina A necesaria para una buena salud a aquellas personas que por diversos motivos no tienen una ingesta adecuada de β-caroteno y desarrollan diversos problemas de salud debido a ello. Por el cariz humanitario de este proyecto y por otra serie de consideraciones sociopolíticas, el arroz dorado se ha convertido en un paradigma de lo que los cultivos transgénicos pueden hacer para solucionar problemas a la humanidad, especialmente a los más desfavorecidos. Desgraciadamente, también es un paradigma de cómo esto puede verse bloqueado por muy distintas causas. Profundizaremos en este debate que transciende lo meramente científico más adelante, en el apartado 5, del capítulo 6.

Arroz dorado (izquierda) y arroz convencional (derecha). Imágenes cortesía de The Golden Rice Project (<http://www.goldenrice.org>).
1.3 Plantas ornamentales de diseño
Una de las industrias más beneficiadas por la posibilidad de trans-formar genéticamente las plantas ha sido –al menos en teoría– la de la floricultura, cuyo principal objetivo es desarrollar nuevas variedades de interés ornamental. Se estima que cada año se venden 75 millones de flores transgénicas en el mundo,16 y se prevé que esta cantidad aumente el en futuro, al menos en aquellos países donde esto está permitido. De hecho, la transformación genética tiene mucho que decir en este negocio, pues cuenta con ventajas añadidas frente a otros sectores. Este tipo de aplicaciones se basa en la creación de plantas meramente decorativas. Nadie se come una rosa, ni blanca, ni azul, ni negra. Además, estas plantas son cultivadas en invernaderos y en su gran mayoría son estériles, pues han sido diseñadas para potenciar las partes estériles de la flor (pétalos sobre todo) a costa de reducir o eliminar las partes fértiles (estambres y pistilo). Por todo ello, las implicaciones éticas y todos los peligros potenciales que se les achaca a los transgénicos (toxicidad para el consumo, problemas medioambientales; ver capítulo 4) en este caso no son tan evidentes. O al menos los colectivos antitransgénicos no inciden en ellas como lo hacen en otro tipo de transgénicas.
La identificación de los genes responsables de la identidad y características de cada órgano floral, y la posibilidad de hacer que se expresen donde no lo hacen de forma natural, o de que no lo hagan donde deben, permite la obtención de nuevos tipos florales nunca vistos. Por ejemplo, flores con mayor número de pétalos o sin alguno de los órganos reproductores del interior de la flor (estambres o pistilo). Uno de los órganos florales que más interés despierta en el mundo de la floricultura son los pétalos. De hecho, la modificación de los pétalos ha sido desde siempre un objetivo prioritario de los mejoradores de especies ornamentales. Tener una flor más poblada de pétalos o con pétalos más grandes es siempre un valor añadido. Mediante transgénesis, hoy es posible manipular el desarrollo de los pétalos para obtener flores con mayor cantidad de pétalos o con distintos colores. Este último es uno de los aspectos que más interés despierta en el sector de la floricultura y se consigue manipulando las rutas de biosíntesis de los distintos pigmentos que se combinan para dar el color final de los pétalos. Estas rutas son sumamente complejas y están muy influenciadas por el entorno que rodea a la planta.

Claveles Moondust de Florigene. Imagen de Pagemoral, en Wikimedia Commons, bajo licencia Creative Commons Attribution Sharealike 3.0.
Por estas razones es muy complicado modificarlas mediante técnicas de mejora genética clásica (cruces y selección de los descendientes) para generar nuevas combinaciones de colores. Y esto a su vez hace que la transgénesis tenga un enorme potencial en este campo. Además, mediante transgénesis se pueden insertar genes que produzcan otros pigmentos distintos, atractivos y que enmascaren los naturales. Esta es la estrategia utilizada por la empresa australiana Florigene17 para producir claveles de la gama Moondust, que lucen distintas tonalidades de morado gracias a la inserción de un gen de petunia que permite la síntesis del pigmento delfinidina. En petunia, la introducción de la secuencia del gen de la chalcona sintasa hizo que los pétalos de estas flores adoptaran una tonalidad amarilla pálida.18

Ejemplos de silenciamiento génico en flores de plantas transgénicas de petunia. La flor izquierda es una flor normal, no transformada. La central y derecha están transformadas con transgenes que provocan la supresión zonal del pigmento morado típico de estas flores, generando áreas blancas por ausencia de pigmento. Imagen de M. A. Matzke, A. J. M. Matzke, J. Kooter, N. Doetsch y R. Jorgensen, publicada bajo licencia Creative Commons Attribution 2.5.
Otra estrategia para conseguir nuevos colores consiste en inactivar uno de los genes que participan en la ruta biosintética de producción de un determinado pigmento, para que surja una nueva combinación de pigmentos que genere un nuevo color o distribución de colores en la flor. Esta técnica se denomina silenciamiento génico. El silenciamiento génico consiste en insertar un transgen cuyo efecto sea interferir en la expresión del gen que se quiere silenciar, con lo cual su producto final no llega a producirse o lo hace en niveles muy bajos. De este modo se llegaron a producir petunias de varios colores y combinaciones de ellos.19 De igual modo se consiguieron las tan ansiadas rosas azules en las que, para que fuera visible el pigmento azul del transgen insertado, hubo previamente que silenciar un gen de la rosa responsable del color rojo, porque de lo contrario resultaban colores lilas o agrisados. Aproximaciones parecidas han dado también buenos resultados en crisantemos y claveles. En este último caso, además, se consiguieron casualmente efectos secundarios beneficiosos, como un importante incremento de la fragancia de las flores transformadas frente a las no transformadas.

Rosas azules. Imagen de Kent Wang, en Flickr.com bajo licencia Creative Commons Attribution Share Alike 2.0.
También se ha utilizado la transgénesis para modificar la forma de la flor y de la planta completa. Se comprobó que la inserción del gen rolC de la bacteria Agrobacterium rhizogenes en geranios daba lugar a plantas más pequeñas.20 En claveles,21 además, aparecían flores más pequeñas, pétalos y hojas modificadas, y disminución de la dominancia apical, caracteres todos ellos deseables en nuevas variedades ornamentales. Otro aspecto también de gran interés para la floricultura es la senescencia floral. En el momento en que se corta una flor de la planta para hacer un ramo o colocarla en un florero, la flor comienza a marchitarse. Sería muy interesante impedir o tratar de retrasar al máximo este proceso para que las flores duren más con un aspecto turgente y saludable. Mediante la tecnología de silenciamiento génico antes mencionada también se ha conseguido desarrollar flores con senescencia retardada. Por ejemplo, la empresa Florigene (véase nota 17) también desarrolló los claveles LVL o Long Vessel Life (larga vida en el florero). Esta tecnología transgénica ofrece además importantes ventajas desde un punto de vista ecológico, pues hasta ahora los agricultores venían utilizando sales de plata, altamente contaminantes, para prevenir la producción de etileno postcosecha. Gracias a esta tecnología se pueden evitar las sales de plata.
1.4 Plantas biofactoría
Una tercera utilidad de la transformación genética en plantas es hacer que produzcan compuestos de interés en el ámbito farmacéutico, biosanitario o industrial que sin la transformación jamás producirían. Es decir, que la planta actúe como una factoría de compuestos de valor añadido, una biofactoría. Hay una serie de sustancias, por ejemplo medicamentos o vacunas, que tradicionalmente se vienen produciendo mediante síntesis química o en animales. Sin embargo, la opción de que las fabriquen las plantas supone una serie de ventajas que las hacen competitivas como biofactorías frente a otros sistemas. La primera ventaja es económica. Es más barato cultivar una planta que, por ejemplo, montar un laboratorio de química orgánica o un sistema de fermentación bacteriana en un biorreactor de acero inoxidable y en condiciones de esterilidad. Otra ventaja es que la tecnología de recogida del producto ya está disponible desde hace siglos. Se conoce perfectamente cómo cosechar y procesar plantas y sus productos a escala industrial. Además, se puede producir el compuesto en plantas a escala industrial y en los casos en los que la planta biofactoría sea una especie comestible y que el producto que sintetice no necesite estar sujeto a dosificación, podría eliminarse la necesidad de purificar el compuesto de interés y consumir directamente la planta que lo contiene. Por último, los productos sintetizados, los genes que se introducen o ambos, se pueden dirigir a determinados compartimientos intracelulares o a determinadas células en concreto, de manera que tanto unos como otros queden confinados allí. Esto es muy interesante a la hora de purificar el producto, pues tan solo es necesario recoger los orgánulos o las células en cuestión, facilitando el proceso. Pero sobre todo, es interesante por la seguridad que proporciona. Muchas de estas aplicaciones se basan en transformar únicamente los cloroplastos de las hojas de estas plantas.
Los cloroplastos son unas pequeñas «máquinas» presentes en las hojas y que se encargan de la fotosíntesis. Son las centrales energéticas de las plantas. Pero además tienen la particularidad de que solo se heredan por vía materna. Es decir, un «padre» nunca transmitirá sus cloroplastos a sus hijos. ¿Por qué? Porque al polen, el vehículo de la transmisión sexual en vegetales, nunca pasan los cloroplastos. De este modo, nos aseguramos de que no se nos «escapen» transgenes de una planta transgénica a otra no transgénica mediante el polen.

Cloroplasto de tabaco transgénico. Imagen de microscopía electrónica de transmisión que muestra un cloroplasto de tabaco transformado para expresar seroalbúmina humana. Esta proteína se acumula específicamente en el cloroplasto, donde queda confinada en forma de grandes gránulos proteicos, teñidos de negro en la imagen. Imagen del autor.
Como biofactoría, la planta más utilizada es el tabaco (Nicotiana tabacum) o alguna de sus especies relacionadas, como Nicotiana benthamina, por la gran facilidad con la que este género responde a la transformación genética y la regeneración in vitro de las plantas una vez transformadas. En estas especies se ha ensayado la producción de muchas biomoléculas con actividad terapéutica.22 Por ejemplo, anticuerpos terapéuticos o de diagnóstico clínico contra la caries dental (producida por la bacteria Streptococcus mutans), o para tratamientos contra el cáncer de colon o linfomas de células B. Se han desarrollado también vacunas contra las cepas patógenas humanas de la bacteria intestinal Escherichia coli, el virus de la hepatitis B, el virus de Norwalk (que provoca una enfermedad gastrointestinal), el citomegalovirus humano, el coronavirus transmisible de la gastroenteritis porcina, o el virus de papiloma humano,23 que provoca el cáncer de cuello de útero. Además de en tabaco, se han desarrollado también vacunas, anticuerpos y otros remedios en muchas otras especies, la mayoría comestibles, como la patata, el tomate, la lechuga, la alfalfa o la soja. También se han desarrollado bananas, lechugas, mangos o papayas transgénicos capaces de producir vacunas frente a enfermedades como el tétanos, la malaria o la cisticercosis, entre otras muchas (véase nota 22). Se pueden también fabricar hormonas humanas en plantas, como la insulina producida por Carthamus tinctorius (cártamo o alazor),24 con una calidad comparable a la humana y un rendimiento del 1,2% respecto al total de proteínas de la semilla. Otras hormonas, como la del crecimiento humano, también se han desarrollado en tabaco. Y además de hormonas, una gran cantidad de sustancias de interés farmacéutico o terapéutico como el colágeno para cosmética, el interferón-β para tratar la hepatitis B y C, la eritropoyetina para tratar la anemia, hemoglobinas α y β o seroalbúminas (véase nota 22).
Fuera del ámbito de la salud, se pueden utilizar las plantas también como biofactorías de productos de interés industrial. De entre ellos destaca el plástico. Además de producirse en bacterias desde hace ya años, recientemente es posible producir polihidroxibutirato (PHB) en plantas, transformándolas con los genes que permiten su síntesis en las bacterias. Este plástico biodegradable fue producido por primera vez en plantas transformando Arabidopsis thaliana.25 Más adelante se consiguió en colza (Brassica napus),26 alfalfa,27 tabaco, algodón, palma y lino.28 Otra aplicación con un gran interés industrial es la producción de almidón para fabricar papel. En marzo del 2010, la Comisión Europea aprobó el cultivo de la primera patata transgénica en Europa, denominada Amflora.29 Esta patata, destinada para uso exclusivamente industrial, produce almidón sin amilosa, solo con amilopectina. Dado que la amilosa resulta un estorbo en el proceso de purificación de la amilopectina con la que se elabora el almidón, esta patata ahorra todos los costes de purificación, además de dar lugar a un papel de mejor calidad. Podríamos también mencionar aquí el uso de plantas transgénicas como biosensores para detectar productos contaminantes o incluso minas antipersona30 al cambiar de color cuando crecen sobre las minas enterradas, o para producir biocombustibles con un rendimiento mayor que el de las variantes convencionales, no transformadas. Por ejemplo, en el 2011 se desarrollaron álamos capaces de producir el doble de bioetanol que los convencionales.31 Estos ejemplos, entre otros, aprovechan también las ventajas antes mencionadas del uso de plantas como biofactorías frente a otros organismos que requieren equipamientos complejos y costosos. Además, este tipo de plantas tienen una aceptación social superior a la de aquellas destinadas a uso alimentario. Todo esto hace que la tendencia actual apunte hacia la utilización cada vez mayor de las plantas para la fabricación de materias primas de uso industrial.

Biosensores que detectan minas antipersona. De los cuatro cuadrantes, el marcado como «1» está expuesto a NO2 y las plantas se tornan rojas. Imagen de Steve Jurvetson bajo licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic.
2. CULTIVOS AUTORIZADOS Y COMERCIALIZADOS
Todas las aplicaciones que hemos visto a lo largo de esta sección han permitido un enorme avance –aunque no siempre positivo– en la percepción que se tiene de las plantas desde un punto de vista biotecnológico. Reduciendo esta frase a una de sus aplicaciones más claras y ejemplificadoras, podríamos decir que han permitido el desarrollo de nuevas plantas genéticamente transformadas para expresar rasgos, propiedades o características de interés para el ser humano y/o la sociedad, y que hasta ahora había sido imposible conseguir mediante métodos clásicos de mejora vegetal. Quizá lo más fascinante de esta tecnología sea su potencial virtualmente ilimitado para transferir cualquier gen de cualquier especie a cualquier otra especie.
De todas estas aplicaciones potenciales, apenas unas pocas de ellas están autorizadas en la Unión Europea. Hasta 1998, ninguna. En 1998 se autorizó el primer cultivo de transgénicos, en concreto un maíz de tipo Bt. Desde esta fecha se han ido añadiendo variedades a la lista europea de maíz Bt autorizado.32 El maíz Bt es un maíz resistente a un insecto conocido como taladro del maíz. El taladro, en su estado adulto, es una mariposa, pero antes de la metamorfosis, en su estado larvario, es una oruga que se alimenta de las plantas de maíz taladrando sus tallos, hojas y mazorcas. Una vez hecho el agujero, penetra por él y vacía los tallos a su paso, lo cual acaba por matar a la planta. Es fácil imaginar que esta plaga supone cuantiosas pérdidas para el agricultor.

Larva del taladro europeo del maíz (Ostrinia nubilalis). La oruga va alimentándose de los tejidos internos del tallo y provoca largas galerías que matan a la planta. Imagen de la Clemson University-USDA Cooperative Extension Slide Series, Bugwood.org, bajo licencia Creative Commons Attribution 3.0 US.
El maíz Bt recibe este nombre porque el transgen que le confiere la resistencia procede de una bacteria denominada Bacillus thuringiensis. Este transgen hace que, al igual que la bacteria, el maíz pueda sintetizar la correspondiente proteína. Esta proteína es una potente toxina (la toxina Bt) específica contra las orugas del taladro y acaba con ellas al poco de que empiecen a taladrar. Su mecanismo de acción es altamente específico, siendo inocua para el resto de fauna, y por supuesto para el maíz que la fabrica y para los humanos y animales que consumimos sus mazorcas. De este modo, el maíz Bt se hace resistente a la plaga del taladro y además se hace más seguro para su consumo, puesto que las galerías y los orificios creados por el taladro son vías de entrada para diversos hongos patógenos del maíz que producen toxinas que se acumulan en el grano y que, si son ingeridas por humanos, pueden ocasionar desde cirrosis hasta hemorragias o cáncer hepático.

Maíz Bt y maíz convencional. Las ocho mazorcas de la imagen estuvieron expuestas al taladro Helicoverpa zea. Las cuatro mazorcas de maíz Bt (a los lados) no muestran daño alguno. Las cuatro mazorcas de maíz convencional (arriba y abajo) están muy dañadas. Imagen de Alton N. Sparks, Jr., University of Georgia, Bugwood.org, bajo licencia Creative Commons Attribution 3.0 US.
En la Unión Europea las variedades de maíz Bt autorizadas son más de treinta. En España, hace diez años que hay cultivos comerciales de maíz Bt, fundamentalmente destinado a la industria de los piensos para animales. Aparte del maíz Bt, solo se permite, desde el 2010, el cultivo de otro transgénico, la patata amflora (véase nota 29) para la producción de almidón para papel. Sin embargo, es también importante destacar que, a pesar de estar prohibido su cultivo, se permite la importación y comercialización de soja o algodón transgénicos producidos en otras partes del mundo.
En el resto del mundo, soja, algodón, maíz y colza son los cultivos transgénicos más ampliamente utilizados, y en todos los casos con transgenes de tolerancia a herbicidas y/o de resistencia a insectos (de tipo Bt). Aunque su incorporación al mercado no ha sido todo lo rápida que algunos hubieran esperado, los gobiernos de muchos países en los cinco continentes van aprobando progresivamente el cultivo de variedades de maíz Bt adaptadas a sus regiones. En países en vías de desarrollo estas variedades suponen una forma económica y segura de alimentar a una población con importantes carencias dietéticas.33 La implantación de los transgénicos varía según el cultivo entre un 21 y un 77%. En grandes cifras, podríamos decir que estos cultivos están presentes en 29 países de todo el mundo y son utilizados por 15,4 millones de agricultores.

Plantación de maíz Bt en Kenia. Para tratar de combatir la plaga del taladro, investigadores del sector público y privado se han asociado para desarrollar variedades de maíz Bt adaptadas a las condiciones de Kenia. Imagen publicada en Gewin (2003), bajo licencia Creative Commons Attribution 2.5 Generic.
Más allá de este tipo de cultivos, fuera de la Unión Europea poco a poco se van aprobando más cultivos con otra serie de características. En el continente asiático, China, por ejemplo, además del algodón transgénico resistente a insectos que ya viene cultivando, está comenzando a cultivar a pequeña escala tomates transgénicos de maduración retardada, pimentón transgénico resistente a enfermedades, petunias transgénicas con color modificado, arroz transgénico resistente a insectos, papayas transgénicas resistentes a virus y un maíz transgénico con alto contenido en fitasa.34 Filipinas acaba de aprobar ensayos de campo con una berenjena resistente a sus principales plagas.35 En el continente africano están abriéndose también a ellos. En junio del 2011 aparecía la noticia36 de que, además de Sudáfrica, Kenia y Egipto, ahora también Nigeria estaba promulgando leyes que permitirían el cultivo de transgénicos. En particular sorgo, garbanzo y mandioca. En EE. UU. sí se está haciendo una apuesta más firme por estos cultivos, aunque también hay un cierto rechazo social. De hecho, desde hace ya años están autorizados el maíz, la soja, el algodón, la colza, la calabaza y la papaya. Últimamente están incluso planteándose, debido al cambio climático, introducir nuevos eventos, maíz en este caso, resistentes a la sequía.37 También en Norteamérica, Canadá destaca por sus cultivos de colza transgénica. En Sudamérica, Argentina es el principal cultivador de transgénicos, principalmente soja. Brasil también autorizó el cultivo de soja transgénica hace unos años. Hasta Bolivia, gobernada por el presidente Morales, que afirma que los transgénicos provocan la calvicie y la homosexualidad de los europeos,38 parece que en breve permitirá, si no lo ha hecho ya, el cultivo y la comercialización de más cultivos transgénicos aparte de la soja, que ya estaba permitida.39

Principales países agrobiotecnológicos en los que se cultivaban transgénicos en el 2010. Figura del Dr. Clive James, del ISAAA, original de C. James (2010). Global Status of Commercialized Biotech/GM Crops, 2010, ISAAA Brief n.º 42. ISAAA: Ithaca, NY. bolivia-permitira-el-uso-y-comercializacion-de-cultivos-transgenicos> [Consulta 24/12/2012].
De todos modos, el avance es todavía lento. Quizá la necesidad de dar soluciones rápidas a problemas acuciantes es lo que está haciendo que algunos países en desarrollo vayan permitiendo el cultivo de transgénicos. Sin embargo, en Europa, donde afortunadamente no tenemos problemas generalizados de hambre o de sequías pertinaces, todavía no se han dado apenas pasos. Únicamente los mencionados.
Una causa de la lenta implantación de los transgénicos en Europa es el elevadísimo coste que tiene liberar al mercado una nueva variedad genéticamente modificada. A los costes de producción convencionales, hay que añadir lo que cuesta toda la investigación previa destinada a dar con la manera de obtener la planta modificada y estudiar cómo se comporta. También hay que añadir el coste de todos los estudios posteriores destinados a analizar los efectos sobre la salud y el medio ambiente. En ello se tarda mucho tiempo y se dedica mucho dinero. Es algo semejante a los trámites que ha de seguir una especialidad farmacéutica para ser aprobada por el Ministerio de Sanidad. Esta es una de las grandes barreras a la introducción de nuevos transgénicos. Y por último, se hacen necesarios estudios de mercado para asegurar un mínimo de aceptación por parte del consumidor. Todos estos pasos encarecen enormemente el proceso y hacen que, salvo en casos concretos de gran viabilidad comercial, la liberación de transgénicos al mercado esté en el estado tan incipiente en el que está. Todavía estamos muy lejos de ver melones, lechugas, manzanas o pepinos transgénicos en nuestra frutería habitual. Al menos los europeos. Pero muy por encima de estas razones, la principal causa de este retraso está en la opinión pública, que como veremos a vuelta de página es muy desfavorable.
1. Científicos belgas evalúan una patata transgénica resistente al tizón tardío. Fundación Antama. 27/05/2011. Disponible en línea: <http://fundacion-antama.org/cientificos-belgas-evaluan-una-patata-transgenica-resistente-al-tizon-tardio> [Consulta 24/12/2012].
2. V. S. Meli, S. Ghosh, T. N. Prabha, N. Chakraborty, S. Chakraborty y A. Datta (2010): «Enhancement of fruit shelf life by suppressing N-glycan processing enzymes», Proceedings of the National Academy of Sciences, 107, pp. 2413-2418.
3. J. M. de La Fuente, V. Ramirez-Rodriguez, J. L. Cabrera-Ponce y L. Herrera-Estrella (1997): «Aluminum tolerance in transgenic plants by alteration of citrate synthesis», Science, 276, pp. 1566-1568.
4. D. Al-Abed, P. Madasamy, R. Talla, S. Goldman y S. Rudrabhatla (2007): «Genetic engineering of maize with the Arabidopsis DREB1A/CBF3 gene using split-seed explants», Crop Science, 47, pp. 2390-2402.
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12. E. Butelli, L. Titta, M. Giorgio, H.-P. Mock, A. Matros, S. Peterek, E. G. W. M. Schijlen, R. D. Hall, A. G. Bovy, J. Luo, C. Martin (2008): «Enrichment of tomato fruit with health-promoting anthocyanins by expression of select transcription factors», Nature Biotechnology, 26, pp. 1301-1308.
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20. M. R. Boase, C. S. Winefield, T. A. Lill y M. J. Bendall (2004): «Transgenic regal pelargoniums that express the rolC gene from Agrobacterium rhizogenes exhibit a dwarf floral and vegetative phenotype», In Vitro Cellular & Developmental Biology-Plant, 40, pp. 46-50.
21. N. Gardner, T. Melberg, M. George y A. G. Smith (2006): «Differential expression of rolC results in unique plant phenotypes», Journal of the American Society for Horticultural Sciences, 131, pp. 82-88.
22. Se puede encontrar una amplia lista de proteínas con distintas actividades terapéuticas, incluidas las citadas en el texto, en M. A. Gómez Lim (2001): «Producción de vacunas y compuestos farmacéuticos en plantas transgénicas», Avance y Perspectiva, 20, pp. 365-375. <http://biblioteca.cinvestav.mx/indicadores/texto_completo/cinvestav/2001/95535_2.pdf> [Consulta 24/12/2012]].
23. A. Fernandez-San Millan, S. M. Ortigosa, S. Hervas-Stubbs, P. Corral-Martinez, J. M. Seguí-Simarro, J. Gaetan, P. Coursaget y J. Veramendi (2008): «Human papillomavirus L1 protein expressed in tobacco chloroplasts self-assembles into virus-like particles that are highly immunogenic», Plant Biotechnology Journal, 6, pp. 427-441.
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27. P. Saruul, F. Srienc, D. A. Somers y D. A. Samac (2002): «Production of a biodegradable plastic polymer, poly-β-hydroxybutyrate, in transgenic alfalfa», Crop Science, 42, pp. 919-927.
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30. «Plants to uncover landmines». Nature.com. 29/01/2004. Disponible en línea: <http://www.nature.com/news/2004/040129/full/news040126-10.html> [Consulta 24/12/2012].
31. Desarrollan álamos transgénicos que producen el doble de bioetanol. Fundación Antama. 30/05/2011. Disponible en línea: <http://fundacion-antama.org/desarrollan-alamos-transgenicos-que-producen-el-doble-de-bioetanol> [Consulta 24/12/2012].
32. Disponible en línea: <http://europa.eu/rapid/pressReleasesAction.do?reference=IP/04/1083&format=HTML&aged=0)> [Consulta 24/12/2012].
33. V. Gewin (2003): «Genetically Modified Corn— Environmental Benefits and Risks». PLoS Biology 1(1): e8. doi:10.1371/journal.pbio.0000008.
34. China ratifica la seguridad de siete cultivos transgénicos. Fundación Antama. 04/07/2011. Disponible en línea: <http://fundacion-antama.org/chinaratifica-la-seguridad-de-siete-cultivos-transgenicos> [Consulta 24/12/2012].
35. Filipinas aprueba ensayos de campo con berenjena transgénica. Fundación Antama. 02/06/2011. Disponible en línea: <http://fundacion-antama.org/filipinasaprueba-ensayos-de-campo-con-berenjena-transgenica> [Consulta 24/12/2012].
36. África se abre vertiginosamente a los cultivos transgénicos. Fundación Antama. 15/06/2011. Disponible en línea: <http://fundacion-antama.org/africase-abre-vertiginosamente-a-los-cultivos-transgenicos> [Consulta 24/12/2012].
37. Estados Unidos estudia aprobar el cultivo de maíz transgénico tolerante a sequía. Fundación Antama. 24/05/2011. Disponible en línea: <http://fundacionantama.org/estados-unidos-estudia-aprobar-el-cultivo-de-maiz-transgenico-tolerante-a-sequia> [Consulta 24/12/2012].
38. Morales achaca la calvicie y la homosexualidad a los transgénicos. Lavanguardia.com. 21/04/2010. Disponible en línea: <http://www.lavanguardia.com/internacional/20100421/53911978358/morales-achaca-la-calvicie-y-la-homosexualidad-a-los-transgenicos.html> [Consulta 24/12/2012].
39. Bolivia permitirá el uso y comercialización de cultivos transgénicos. Fundación Antama. 09/06/2011. Disponible en línea: <http://fundacion-antama.org/
Capítulo 3
¿QUÉ OPINA LA SOCIEDAD DE LAS PLANTAS TRANSGÉNICAS?
Llegados a este punto del relato, cabría pensar que estamos ante una herramienta poderosa que puede revolucionar la forma como entendemos la agricultura, proporcionando nuevas variedades que se ajusten perfectamente a las necesidades de cada región de nuestro planeta, a las demandas de los millones de bocas hambrientas en Asia y África y de los cada vez más exigentes consumidores del mundo desarrollado. Esto no debería sino reflejarse en un estado generalizado de optimismo por parte de la sociedad (científicos, productores, agricultores, políticos y consumidores) ante estas nuevas posibilidades. Sin embargo, la realidad es bien distinta. Basta salir a la calle y preguntar para darse cuenta de que los trangénicos no son del agrado de la mayor parte de la población.
1. EVOLUCIÓN DE LA OPINIÓN SOBRE LA BIOTECNOLOGÍA
En cierto modo, esta opinión es un reflejo de la opinión negativa generalizada que sobre la biotecnología y la transgénesis en concreto se ha venido observando desde hace cincuenta años. Durante los primeros años de desarrollo y aplicación de la ingeniería genética, en principio sobre bacterias (la década de 1960), existían muchos te-mores respecto a la modificación genética de los organismos unicelulares, en esos momentos todavía a escala de laboratorio. Había una gran preocupación en la opinión pública por las consecuencias imprevisibles que podían derivarse de la intervención sobre el genoma. En los medios de comunicación se utilizaban metáforas del tipo de «crear monstruos de Frankenstein» o «jugar a ser Dios». Años más tarde, en la década de 1980, con la aplicación de la transformación genética a organismos superiores como animales o plantas, las críticas se dirigieron más a la ética de estas actuaciones. Se cuestionaba si era ético alterar la genética de seres tan próximos a nosotros como los animales y se alertaba sobre los posibles riesgos de introducir cultivos modificados en un medio ambiente que había evolucionado sin ellos desde los más remotos orígenes de la creación. Junto con estos temores, lógicos por lo poco que se sabía por entonces, surgieron también una serie de expectativas, en gran parte desmedidas, aunque también lógicas por el mismo motivo que los temores. Se creía que los productos tradicionales iban a ser sustituidos por estos nuevos productos biotecnológicos.
Pero la realidad ha sido bien distinta. Se subestimaron, por pura ignorancia, muchos de los problemas científicos y técnicos que se han ido descubriendo con el paso del tiempo y la acumulación de datos sobre estas técnicas. También se encontraron problemas de es-calado al tratar de adaptar el proceso a una escala de producción y comercialización, siempre mucho mayor que la del laboratorio. Este fue el gran problema de algunas empresas medianas o pequeñas que fueron incapaces de adquirir un tamaño suficiente para producir este tipo de productos, que requieren personal muy especializado y equipamiento muy costoso. Algunas, para sobrevivir, se fusionaron con grandes empresas del sector agroquímico y, a partir de ese momento, tuvieron que someterse a la directrices de la gran multinacional, que en ocasiones no iban por sus mismos caminos, sino más bien por los de obtener transgénicos que les permitieran continuar con la producción de sus productos principales. Por ejemplo, plantas resistentes a herbicidas que les permitieran seguir produciendo y vendiendo herbicidas. Otro problema que también se subestimó fue la falta de confianza del consumidor ante los nuevos productos modificados genéticamente. Problema que a día de hoy persiste, y aumenta. De hecho, ese es el gran problema de nuestros días.
En la década de 1990, la explosión biotecnológica inicial se fue conteniendo y enfocando hacia aquellos sectores en los que se habían evidenciado claramente una serie de ventajas y se contaba con un mínimo de aceptación por parte del consumidor. Y esta es la tendencia que se ha extendido también a lo que llevamos vivido de siglo XXI. Del global de la biotecnología vegetal, ha habido aplicaciones como el cultivo in vitro, que experimenta cada día un mayor empuje en campos como la propagación de especies ornamentales o la obtención de plantas libres de patógenos, entre muchas otras. Los biocombustibles también han sido una clara apuesta de muchos gobiernos, aunque con alguna que otra traba por el camino, sobre todo en los de primera generación.1 En cambio, otras herramientas, como la ingeniería genética, han sufrido una ralentización, sobre todo por el mayoritario rechazo social.
2. OPINIÓN DE LOS EUROPEOS SOBRE LOS ALIMENTOS TRANSGÉNICOS
Esto es así en todo el mundo, pero sobre todo en Europa. Prácticamente desde su aparición, los cultivos transgénicos han estado cuestionados. Se les cuestionaba principalmente su seguridad, sus posibles riesgos para la salud y también para el medio ambiente. Aunque ciertas aplicaciones como las plantas biofactoría gozaban de mejor imagen que los cultivos destinados al consumo directo, lo cierto es que esta nunca fue abrumadoramente positiva, por utilizar un eufemismo. Pronto surgieron dos bandos claramente contrapuestos, cuyo objetivo fue desde un primer momento concienciar a la sociedad, crear un estado de opinión. Estos bandos todavía perduran a día de hoy, pues sigue habiendo debate. Por una parte, están los grupos ecologistas, ambientalistas, defensores de la naturaleza, etc. En conjunto, todos aquellos colectivos que defienden la conservación de la naturaleza tal como la conocemos y tratan de evitar que se pierda, destruya o contamine. Es evidente que desde el principio estos grupos vieron en los transgénicos una amenaza a sus objetivos e inmediatamente se manifestaron en contra. Por otra parte, obviamente se han ido posicionando a favor las empresas productoras de las semillas transgénicas, con el lógico interés de vender su producto, y la inmensa mayoría de la comunidad científica, que estando directamente implicada en el proceso de creación de estas plantas, o teniendo acceso a los datos, estudios e informes científicos disponibles sobre ellas, ha concluido que no hay razones científicas ni técnicas para oponerse ni a su uso ni a su consumo. Una vez establecidos los bandos, ambos comenzaron a observar adhesiones. En contra de los transgénicos se han ido posicionando paulatinamente otros colectivos de lo más variado, desde asociaciones de agricultores que creían que su modo de vida peligraba o asociaciones de consumidores que creían que lo que peligraba eran los alimentos, hasta algunos sindicatos de corte izquierdista o anarquista, que veían en las plantas transgénicas una nueva imposición capitalista, o grupos antiglobalización, por motivos similares. Ha habido incluso manifiestos2 de «personalidades y organizaciones de la sociedad civil», como ellos mismos se definen, sobre «las aplicaciones de la biotecnología en la modificación genética de plantas, ante la amenaza que representan para la agricultura y la sostenibilidad». A favor de los transgénicos ha habido pocas adhesiones, justo es decirlo. La mayoría de ellas han provenido de la propia comunidad científica, que por medio de las diversas sociedades científicas ha emitido diversos comunicados avalando la seguridad de estos productos. También se han manifestado a favor algunas asociaciones de agricultores, de productores o de distribuidores, como veremos en los próximos capítulos.
Pero quizá, la opinión más importante, que aglutina y promedia en ella todas las vistas hasta ahora, es la opinión de la sociedad, que está en medio de estos dos bandos dialécticamente enfrentados y que es, en definitiva, quien decide. La Comisión Europea elabora cada cierto tiempo encuestas de opinión (denominadas Eurobarómetros) sobre distintos temas considerados de interés por los europeos. Como no podía ser de otro modo, las distintas variantes de la biotecnología y, en concreto, los transgénicos figuran permanentemente entre esos temas de interés en las últimas dos décadas. Y casi desde el primer momento, los organismos transgénicos han estado peor valorados por los ciudadanos que otras aplicaciones biotecnológicas. Por ejemplo, el Eurobarómetro sobre biotecnología del 20053 revelaba que un 52% de los europeos creían que las biotecnologías mejoran su calidad de vida y la biotecnología aplicada para usos médicos estaba apoyada mayoritariamente. Sin embargo, continuaba existiendo el escepticismo observado en ediciones anteriores en cuanto a las aplicaciones en agricultura para uso alimentario, que seguían sin percibirse como positivas para el consumidor. Lógicamente, estas opiniones varían entre los distintos países de una zona tan heterogénea como la Europa comunitaria. De entre ellos, los tres países que mostraban las opiniones más favorables con respecto a la moderna biotecnología eran Portugal, Finlandia y España. En concreto, el Eurobarómetro mostraba a España como uno de los más favorables en cuanto a una mayor aceptación de los organismos modificados genéticamente, contando incluso con una mayoría favorable a su uso alimentario.
La panorámica que revela el último Eurobarómetro, el del 2010,4 no difiere demasiado de la del 2005 en términos generales, pues un 53% de los europeos se muestran optimistas acerca de la biotecnología, frente al 52% del 2005. En comparación con otro tipo de tecnologías, la biotecnología no sale muy mal parada. No es de las mejor valoradas –tecnologías de la información (77%), energía eólica (84%) y energía solar (87%)–, pero tampoco es de las peores –exploración espacial (47%) y energía nuclear (39%)–. Dentro de la biotecnología, hay también aplicaciones estrella y aplicaciones estrelladas. Es fácil intuir que la aplicación que se ha estrellado estrepitosamente es la transgénesis. Tres de cada cuatro europeos están en contra de ella y ningún país muestra una mayoría de partidarios. Si se hace una comparativa desde 1996 hasta el 2010, se puede observar una tendencia a la baja en el porcentaje de partidarios. Volviendo al ejemplo de España, vimos que en el 2005 había una mayoría favorable (56%) y esto venía siendo así desde 1991. En cambio, en el 2010 se observa que menos de la mitad de los ciudadanos (35%) apoyaban los alimentos transgénicos. Esta caída del apoyo llegaba a tan solo un 18% de los encuestados en el caso de que los alimentos transgénicos fueran de origen animal.

Apoyo de los europeos a las distintas tecnologías emergentes, incluyendo la ingeniería genética. Figura 2 del Eurobarómetro 73.1 del 2010 de la Comisión Europea.
A la vista de estos datos, poco más queda por añadir en cuanto a qué opina la sociedad europea y española de los transgénicos. Ahora deberíamos preguntarnos ¿en qué se basa la sociedad para tener esta opinión tan negativa? ¿Hay motivos científicos reales, justificados, para que la sociedad tenga esta opinión de los transgénicos? La respuesta a estas preguntas las veremos a partir de la página siguiente.
1. Más información sobre biocombustibles en J. M. Seguí Simarro (2011): El siglo de oro de la Biotecnología vegetal, Editorial La Voz de Galicia S.A., La Coruña. ISBN: 978-84-9757-273-6.
2. La sociedad planta cara a la industria transgénica. elmundo.es. 19/02/2009. Disponible en línea: <http://www.elmundo.es/elmundo/2009/02/18/ciencia/1234974212.html> [Consulta 24/12/2012].
3. Europeans and Biotechnology in 2005: Patterns and Trends. European Commission. 2006. Disponible en línea: <http://ec.europa.eu/research/press/2006/pdf/pr1906_eb_64_3_final_report-may2006_en.pdf> [Consulta 24/12/2012].
4. Europeans and Biotechnology in 2010 Winds of change? European Commission. 2010. Disponible en línea: <http://ec.europa.eu/research/science-society/document_library/pdf_06/europeans-biotechnology-in-2010_en.pdf> [Consulta 24/12/2012].
Capítulo 4
¿RESPONDE LA OPINIÓN MAYORITARIA A LA REALIDAD?
A las plantas transgénicas se les atribuyen muchos problemas y de muy distinto tipo.1 Los detractores de las plantas transgénicas esgrimen fundamentalmente tres grandes argumentos para rechazar su cultivo y utilización: porque son un peligro para la salud, porque son un peligro para el medio ambiente y porque son perjudiciales para todos los agricultores, tanto los que las utilizan como los que no. Más concretamente, estos tres argumentos podrían desglosarse de la siguiente manera:
– En cuanto a los perjuicios para la salud, se alega que las plantas transgénicas:
- pueden presentar toxicidad para el consumo humano;
- pueden provocar la aparición de alergias en la población;
- pueden generar la aparición de resistencias a antibióticos.
– Respecto a los perjuicios para el medio ambiente, se afirma que los transgénicos:
- podrían provocar toxicidad inespecífica en la fauna circundante,
- son una fuente potencial de genes que podrían transferirse a otras especies,
- presentarían inestabilidad genética por habérseles introducido un transgen,
- pueden propiciar una interacción ecológica negativa con otras especies,
- supondrían un riesgo para la biodiversidad,
- favorecerían la erosión genética,
- darían lugar a una clara y perjudicial dependencia para el agricultor.
– Respecto a las consecuencias para los agricultores, se alega que los transgénicos:
- crean dependencia al agricultor que utiliza semillas transgénicas,
- perjudican a los agricultores que no utilizan semillas transgénicas.
Si todo esto es así, ¿por qué nos estamos jugando la vida, la naturaleza y la economía con las plantas transgénicas?
Por fortuna, esto no es exactamente así. El argumentario antitransgénico suele esgrimirse con la profundidad con la que lo acabamos de describir. Es decir, dibujando cada argumento con trazo grueso, sin entrar en detalles.2 En pocos foros se da opción a una explicación más detallada de cada uno de ellos. Sucede en otras ocasiones que quien expone estos argumentos o bien no está lo suficientemente preparado para desarrollarlos en profundidad, o bien no tiene intención de desarrollarlos para que no se vea claramente que, en su mayoría, estos argumentos no son sino meras falacias, falsedades o leyendas montadas a partir de algunos resultados científicos extraídos de su contexto original y aderezados con toda suerte de bulos, mitos y supercherías. Solo en algunos casos se esgrimen argumentos verdaderamente científicos, contrastables y basados en estudios serios, fiables y reproducibles. En las próximas páginas desarrollaremos estos argumentos antitransgénicos, profundizando más allá del titular sensacionalista («los transgénicos son tóxicos», «los transgénicos acaban con la biodiversidad», etc.) y explicando hasta qué punto son veraces estas afirmaciones.
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