Kitabı oku: «El método naturista para adelgazar»
EL MÉTODO NATURISTA PARA ADELGAZAR
Dr. Josep Lluís Berdonces
Con la colaboración de la Dra. Rosa Blasco
EL MÉTODO NATURISTA PARA ADELGAZAR
Guía dietética y menús integrales

El método naturista para adelgazar
Compaginación: Víctor Igual, S.L
Diseño de cubierta: Compañía de Diseño
© por el texto, José Luis Berdonces y María Rosa Blasco
© de esta edición: 2011, RBA Libros, S.A.
Avda. Diagonal, 189 – 08018 Barcelona
www.rbalibros.com / rba-libros@rba.es
Primera edición: mayo 2011
Reservados todos los derechos.
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en modo alguno o por ningún medio sin permiso previo del editor.
Ref: OEBO949
ISBN: 978-84-9118-011-1
SUMARIO
Nota del editor
EL GRUESO PROBLEMA DE LA OBESIDAD
¿Qué es el peso ideal?
Sobrepeso y obesidad
La obesidad como problema de salud
Aspectos metabólicos y fisiológicos de la obesidad y del adelgazamiento
Cómo se activa la sensación de apetito
EDADES PELIGROSAS PARA EL SOBREPESO
Adolescencia
Embarazo
Madurez
EL METABOLISMO
Las calorías
Las necesidades calóricas
¿Dónde están las calorías?
Balance energético-gasto de calorías
NECESIDADES NUTRITIVAS DEL ORGANISMO
Proteínas
Grasas o lípidos
Hidratos de carbono o glúcidos
Minerales, oligoelementos y vitaminas
LA ALIMENTACIÓN NATURAL E INTEGRAL
¿Por qué fracasan la mayoría de las dietas?
La alimentación integral
Los alimentos integrales y frescos
Combinación de alimentos
La organización de los menús
Los falsos mitos de las dietas
Consejos para ser constantes en la dieta integral
Las dietas depurativas
Veinte normas para la alimentación correcta
EL EJERCICIO Y EL MOVIMIENTO
El deporte, nuestro gran aliado
EL DURO PROBLEMA DEL ESTREÑIMIENTO
La conexión dietética
Laxantes y formadores de masa
Diez consejos contra el estreñimiento
CELULITIS
Causas de la celulitis
Formación de la celulitis
Prevenir y tratar
Anticelulíticos caseros
PLANTAS MEDICINALES
Plantas estimulantes del metabolismo de las grasas
Plantas estimulantes del sistema nervioso
Plantas con efectos saciantes
Plantas reductoras del apetito
Clasificación de las plantas en el tratamiento de la obesidad
Infusiones
ANOREXIA Y BULIMIA
¿Qué son la anorexia y la bulimia?
El mecanismo del hambre y de la saciedad
El rechazo alimentario
El tratamiento psicoterapéutico
El tratamiento dietético
El tratamiento con plantas medicinales
LOS KILOS SUPERFLUOS
Secretos del buen adelgazar
Sumario
Esquema alimentario de un día
Doce consejos para reducir peso
Dieta de grupos de alimentos
¿Cómo se realiza esta dieta?
Consejos culinarios
Consejos importantes
RECETAS. COMER BIEN PARA ADELGAZAR
Primera serie. El desayuno
Los alimentos crudos como entrantes
Segundos platos
NOTA DEL EDITOR
Tener una información nutricional adecuada es esencial a la hora de elaborar una dieta sana y equilibrada. Los autores de este libro, especialistas en dietética y nutrición, nos brindan toda esta información y aportan, además, multitud de consejos prácticos para todas aquellas personas que estén pensando en someterse a una dieta de adelgazamiento. El método naturista para adelgazar es una herramienta indispensable para las personas que quieren o necesitan cambiar sus hábitos alimenticios. El lector será guiado, paso a paso, para descubrir las ventajas de saborear la dieta integral, una alimentación sana, natural y equilibrada, que le ayudará a regular el metabolismo y a gozar de buena salud.
El método naturista se aleja de aquellas dietas de adelgazamiento drásticas, basadas en la ingestión de medicamentos y en la privación, siendo una alternativa más sana y natural y evitando los problemas psicológicos que acompañan a este tipo de dietas que prometen resultados inmediatos a cualquier precio. Por este motivo, resulta esencial tener conocimiento de todas aquellas sustancias esenciales para nuestro organismo y de cuáles son los alimentos que las contienen. Una vez el lector conozca las ventajas de la alimentación integral y aprenda a combinar adecuadamente los alimentos, podrá elaborar su propia dieta y adoptar unos hábitos alimenticios sanos y naturales, que le ayudarán a conservar su peso ideal.
El concepto de peso ideal ocupa parte del primer capítulo del libro, dado la gran importancia que tiene para los autores. Precisamente la obsesión por ceñirse a un peso estándar lleva a muchas personas a una lucha interna y externa, a base de dietas drásticas y privaciones, para conseguir unas medidas que nada tienen que ver con su metabolismo. El método naturista para adelgazar insiste en la importancia de considerar el peso ideal como algo totalmente individual y sujeto a las características estructurales y metabólicas de cada individuo. El peso ideal es aquel con el que nos sentimos bien y que nos aporta el equilibrio necesario para gozar de buena salud.
En definitiva, tenemos la oportunidad de mantenernos saludables a partir de una dieta sana e integral, siendo conscientes del peligro que conlleva no controlar el exceso de peso. Pero este libro no es únicamente un manual teórico, sino que toda la información puede llevarse a la práctica gracias a las recetas, distribuidas en desayuno-comida y cena, que permitirán al lector elaborar su propia dieta. De esta manera, ayudará a su salud disfrutando de las comidas sin ningún tipo de remordimiento, ni sentimiento de culpa. Este libro le aportará, además, una serie de alternativas que abrirá las posibilidades culinarias del lector, con una mejora notable para su bienestar personal.
EL GRUESO PROBLEMA DE LA OBESIDAD
¿QUÉ ES EL PESO IDEAL?
Tener la idea de que no nos encontramos dentro de los parámetros de lo que sería el peso ideal es bastante corriente entre la población. Son diversos los estudios que se han hecho partiendo de esta base y los resultados son bastante sintomáticos, la mayoría de las personas encuestadas están convencidas de tener un peso excesivo. Si concretamos por sexos, la mitad de las mujeres encuestadas, en perfectas condiciones de peso, creía que tenía que perder unos kilos y una cuarta parte de los hombres estaban convencidos de lo mismo.
Para saber cuál sería nuestro peso ideal hemos de tener presente que este parámetro es totalmente individual y depende de muchos factores. La mayoría de las tablas donde se ofrece este tipo de información solo suelen tener en cuenta la altura y el sexo del individuo. Así, no tienen en cuenta la estructura ósea, la constitución general, la edad e, incluso, el tipo de actividad que el individuo realiza. Por lo tanto, el peso ideal de un deportista que ha desarrollado su musculatura de manera importante no será el mismo que el de una persona de su misma constitución pero que no realiza ningún tipo de actividad física.
A continuación, ofrecemos unas tablas que nos ayudarán a calcular el tipo de estructura ósea, paso previo para poder situarnos dentro de unos parámetros concretos de lo que sería el peso ideal.
En primer lugar, medir la altura corporal y la circunferencia de la muñeca, en centímetros. De la relación entre ambas medidas, se podrá deducir si se pertenece a la categoría A (constitución delgada), B (constitución media), C (constitución atlética), D (constitución robusta) o E (constitución pesada).

Si forma parte de las categorías A o B, podrá considerarse de constitución «longilínea», en cambio, si pertenece a las categorías C, D o E podrá considerarse de constitución «normolínea».
La cuestión que nos hemos de plantear es el saber diferenciar el peso del perímetro. Muchas personas no saben hacer esta distinción y, por este motivo, se ven gordas a pesar de encontrarse dentro de los límites de peso-forma y en buenas condiciones de salud. A continuación, ofrecemos la tabla de peso ideal, no sin antes hacer unas aclaraciones.
El peso está relacionado con la altura y con la constitución física. Ante esto, notamos diferencias entre el peso de un individuo longilíneo y otro normolíneo.
En general, el peso de una persona de 25 años, con buena salud, no debería variar más de uno o dos kilos del peso indicado en la tabla.
Hasta los 45 años se puede notar un aumento de casi medio kilo con respecto a los resultados de las tablas. A partir de esa edad, el posible aumento no debería superar el medio kilo, cada cinco años, para estabilizarse finalmente.

Estas tablas pueden servir para ofrecerle una orientación, pero nunca deben ser consideradas como un valor absoluto y determinante del llamado peso ideal. Si su peso es estable desde hace varios años no debería preocuparse, sería aconsejable adoptar una postura prudente y de prevención para mantenerse como hasta ahora. Si por el contrario, nota un aumento de peso progresivo y sin tendencia a estabilizarse, lo mejor que puede hacer es revisar sus hábitos alimenticios.
SOBREPESO Y OBESIDAD
Es muy sencillo: la obesidad es el exceso de peso. Sin embargo, se debería distinguir el exceso de peso con el sobrepeso moderado. Por ejemplo, un atleta de alta competición tiene un peso por encima de lo normal, pero su proporción de grasa es baja, por lo que no se le puede considerar obeso. Por este motivo, la obesidad, desde un punto de vista científico, se define más como un exceso de grasa corporal, que no como un aumento de peso. Para simplificar las cosas, diremos que toda persona que pese más de un 10 % del máximo aceptable está entrando en un proceso de obesidad.
Hoy en día, sufren este problema entre un 10 y un 50 % de la población. Como ya hemos apuntado anteriormente, la obesidad se define como el aumento de más de un 10 % del peso corporal máximo ideal o como el incremento en más de un 25 % de la grasa corporal.
Las causas del sobrepeso
Una alimentación desnaturalizada a base de productos refinados
En la actualidad, se consume una importante cantidad de azúcares industriales y de harinas refinadas, en cuyo proceso se han eliminado las sustancias nutritivas propias del cereal. La obesidad que producen estos alimentos no solo se debe a las calorías que aportan, sino a la desnaturalización que han sufrido. Este proceso influye en el metabolismo de los hidratos de carbono, que no se queman adecuadamente y se almacenan en forma de grasa. De esta manera, la obesidad se asocia con las llamadas «enfermedades de la civilización» —hipertensión, trastornos cardiovasculares, estreñimiento, diabetes, etc.— que a menudo están relacionadas con una dieta incorrecta.
Trastornos en el funcionamiento de las glándulas endocrinas
Una cura de adelgazamiento o una dieta especial no suelen ser muy eficaces en este tipo de obesidad. Solo puede ser efectivo un tratamiento que incida en las causas, estimulando la función de las glándulas endocrinas, especialmente la tiroidea, y la hipófisis. Dentro de este apartado podemos incluir el caso de las mujeres que atraviesan la menopausia. La estimulación, en estos casos, se dirigiría a los ovarios, ya que la disminución de su actividad suele venir acompañada de un aumento de peso. Sin embargo, es importante resaltar que, fuera de casos aislados con defectos energéticos, los desequilibrios hormonales también son una consecuencia directa de nuestra forma de vida y, fundamentalmente, de nuestra alimentación.
Cómo equilibrar las hormonas
En este caso, las algas marinas nos aportan valiosas propiedades. El polen de las flores es también estimulante y se puede utilizar como remedio complementario (sin embargo, no se debe tomar cuando se tiene la presión sanguínea alta). Los ejercicios de yoga equilibran el funcionamiento de las glándulas endocrinas. El movimiento y la respiración al aire libre, tanto junto al mar como en la montaña, también ayudan a estimular la actividad glandular.
Si la causa de la obesidad es un trastorno en el funcionamiento de la hipófisis o la tiroides, hay que corregir el funcionamiento de esta glándula. Una de las mejores maneras de hacerlo es tomando algas kelp (a menudo, bastan dos tabletas diarias). Además, es importante adoptar una alimentación integral y sana, para vencer de forma lenta pero segura el exceso de peso.
Si se trata de estimular las glándulas sexuales (los ovarios), cosa que suele ocurrir durante la menopausia, lo ideal es consumir alimentos que contengan vitamina E, cuya función primordial es regular el funcionamiento de los ovarios. La vitamina E también reduce la hiperfunción de las personas muy delgadas, permitiendo que engorden, al mismo tiempo que aumenta la actividad de los ovarios en las mujeres gruesas, regulando así la hipofunción y evitando que sigan engordando. La vitamina E se encuentra en el germen de trigo, el aceite, las semillas y las nueces.
Una alimentación sana, a base de productos integrales, frescos y biológicos, combinados correctamente en cada comida, supone una alternativa mucho más válida que la propuesta de las dietas tradicionales.
LA OBESIDAD COMO PROBLEMA DE SALUD
La obesidad es uno de los problemas de salud más generalizados y uno de los que más preocupa, ya que está considerada como una tara que reduce la belleza. El concepto de belleza no es algo rígido y determinado, sino que varía, no solo a nivel individual. Cada uno de nosotros tenemos unos determinados gustos estéticos. También el contexto histórico y cultural determinan unos determinados cánones de belleza.
Fuera de las apreciaciones puramente estéticas, la importancia de controlar el sobrepeso radica en los problemas para la salud que este acarrea. Tal y como su nombre indica, el sobrepeso conlleva una sobrecarga para nuestro sistema óseo que, a la larga, acabará resintiéndose. También el corazón y el aparato circulatorio se ven afectados porque están sometidos a una mayor presión, deben trabajar más. El sobrepeso, por lo tanto, no solo perjudica la salud del individuo que lo padece, sino que también reduce su esperanza de vida. Una de las razones de esta reducción en la longevidad de las personas obesas es una mayor oxidación de los tejidos lipídicos o grasos, que favorece el ataque de los radicales libres, principales causantes del envejecimiento precoz.
Quizá sea la obesidad infantil uno de los problemas más importantes. Hasta hace muy poco, muchas madres preferían tener hijos bien rollizos porque se pensaba que era síntoma de buena salud, confundiéndose la obesidad con el vigor. Este es un problema realmente importante porque es en los primeros años de la vida cuando se forman las células adiposas, denominadas adipocitos.
De hecho, existen dos tipos de obesidad. La primera de ellas se produce porque una alimentación exagerada en la infancia hace crecer en demasía el número de adipocitos, de manera que existen en grado superior al habitual, aunque no estén, necesariamente, muy «hinchados» de grasa. Esta primera variante se denomina obesidad hiperplásica. Este tipo de obesidad, originada ya en la infancia, es de difícil solución porque ya existe una predisposición constitucional a engordar debido a un exceso de células grasas en el organismo.
El segundo tipo de obesidad no es debido a un aumento de células adiposas, sino a que estas se encuentran excesivamente rellenas de grasa. En este caso, nos encontramos ante una obesidad hipertrófica. Este tipo de obesidad es más fácil de solucionar porque, una vez iniciada la dieta, no se recupera el peso tan fácilmente como en el caso anterior.
Como ya apuntábamos anteriormente, la obesidad suele ser un factor de riesgo agravante de numerosas enfermedades como las del corazón en general, la artrosis, la diabetes, los problemas de circulación de la sangre, etc. Todas estas complicaciones de la salud ocasionan que las personas obesas suelan vivir menos años que las que mantienen su peso ideal. Todos estos problemas tienen una importancia relativa cuando nos referimos a obesidades moderadas; pero en algunos casos el exceso de peso puede ser tal, que constituye una enfermedad invalidante en sí, llegando a imposibilitar el buen funcionamiento de nuestras funciones más vitales. Impedir el movimiento o la sexualidad y dificultar un ritmo respiratorio adecuado son, en resumen, las principales consecuencias que trae consigo la obesidad.
¿Obesidad constitucional?
El primer gran rasgo de la obesidad depende esencialmente del sexo. La mayoría de las mujeres presentan una distribución ginecoide o femenina de la grasa, mientras que los hombres tienden a la obesidad androide. La obesidad de distribución femenina tiene predilección sobre ciertas zonas como los glúteos, las caderas y los muslos. La obesidad de predominio masculino tiene una especial incidencia en el abdomen y la parte superior del cuerpo (cuello, brazos, pecho). Puede haber mujeres en las que exista una mayor predominancia de obesidad androide y hombres con distribución ginecoide, pero no es lo más usual.
Cabe aclarar que no existe la llamada obesidad constitucional, ya que nadie se engorda al respirar aire. Si bien comiendo más se puede engordar menos que otras personas, comiendo menos de lo necesario no es posible engordarse. Según la estructura corporal de cada persona se pueden establecer varios grupos:
•Cuerpo grande y extremidades cortas. Las personas que se incluyen en este grupo tienen mayor riesgo de desarrollar una obesidad y el aumento de peso se les nota mucho más.
•Cuerpo pequeño y extremidades largas. Son personas que tienen un cuerpo más alargado y estilizado, por lo que son menos proclives a la obesidad.
•Entre estos dos grandes rasgos estructurales principales, es posible distinguir un tercer grupo en el que predomina la anchura del tórax sobre la del abdomen. Estas personas también son propensas a la obesidad, aunque no tanto como las primeras.
ASPECTOS METABÓLICOS Y FISIOLÓGICOS DE LA OBESIDAD Y DEL ADELGAZAMIENTO
Por un lado, es evidente que en la obesidad hay una sensibilidad psicológica especial que hace que el apetito sea mucho menos refrenable. También existe la visión complementaria del problema, que explica que la persona obesa es tremendamente sensible a estas llamadas internas y tiene una sensación de apetito mayor, casi irrefrenable.
Por otra parte, mientras que hay personas que parecen quemar las grasas sobrantes sin engordar, otras, comiendo lo mismo, engordan mucho más. Este aspecto metabólico es real para todos los que trabajamos el tema de la obesidad y se ha llegado a la conclusión de que la obesidad no es exclusivamente un problema de abuso de alimentos. ¿Por qué, comiendo lo mismo, hay personas que engordan más que otras? Las razones de estas diferencias tan notables entre unas personas y otras son variadas.
La primera de ellas es que, posiblemente, las personas delgadas tienen en reposo un gasto energético mayor que las personas con tendencia a la obesidad.
Una segunda explicación es que el tejido adiposo y el hígado de las personas obesas tienen una capacidad de adaptación a las restricciones alimentarias mucho más importante y, cuando se aporta más alimento del necesario, responden acumulando grasas más rápidamente. En estudios sobre animales se ha demostrado que existe una mayor actividad de un enzima denominada Lipoprotein-lipasa que aumenta considerablemente la sensación de hambre ante cualquier restricción.
CÓMO SE ACTIVA LA SENSACIÓN DE APETITO
Se ha tratado de explicar el problema del apetito desde otro punto de vista. Parece ser que cuando la célula grasa o adipocito se reduce lo suficiente, pone en marcha el mecanismo del hambre. Este mecanismo está íntimamente relacionado con la insulina, la hormona que quema el azúcar del cuerpo para producir energía, y cuya falta o deficiencia provoca la diabetes. Este proceso nos explica por qué es más difícil adelgazar cuando se tiene una obesidad hiperplásica (cuando se tienen más células grasas de lo normal) que una obesidad hipertrófica (con el mismo número de células grasas, pero más hinchadas). En la obesidad hiperplásica, los adipocitos son más y están relativamente hinchados de grasa, por lo que es más fácil que puedan desencadenar el proceso del hambre.
Lo contrario sucede en la obesidad hipertrófica, ya que se necesita perder mucho más peso para reducir el tamaño de los adipocitos en una cantidad suficiente como para desencadenar el mecanismo del hambre. El problema está, además, en cuándo se empieza a mandar la señal de apetito, ya que en las personas con obesidad, la frontera entre el hambre y la saciedad está situada en un nivel mucho más bajo que en las delgadas. Estas circunstancias explican por qué muchas personas caen en el fatídico círculo de iniciar una dieta para, luego, recaer en una alimentación excesiva, que supera con creces el esfuerzo dietético previo. Por este motivo las alteraciones del metabolismo que provocan la obesidad, no solo hacen que sea más difícil perder peso, sino que estimulan la recuperación rápida de este después de hacer una dieta de adelgazamiento.
Producción de acetona
Cualquier dieta de adelgazamiento cursa con la formación de acetona. Muchas personas conocen esta circunstancia porque es un proceso relativamente habitual en los niños con fiebre; y más raro en las personas con una diabetes descompensada. En las dietas de adelgazamiento efectivas siempre se produce formación de acetona, porque esta es una sustancia que proviene de la degradación de las grasas corporales.
El aumento de acetona se nota por el olor típico del aliento (y también de la orina) a esta sustancia, equiparado por algunos textos médicos con el olor de las manzanas dulces o fermentadas. Si la acetona (que en principio está autolimitada), sube por encima de unos niveles discretos, puede producir dolor de cabeza, de barriga, e incluso vómitos. Sin embargo, en el proceso de las dietas de reducción de peso, estas molestias suelen limitarse a los primeros días y ser de carácter discreto; y en todo caso, nos indican que la dieta que estamos realizando es la correcta, porque provoca la eliminación de la grasa corporal.
Retención de líquidos
Muchas personas tienen una tendencia especial para retener líquidos y ganar peso. Si bien a esto no se le puede llamar obesidad, porque, en el fondo, lo que se retiene es plasma que se puede eliminar a través de la orina. El problema psicológico, pero, puede ser importante, ya que esta retención líquida se puede producir, por ejemplo, al iniciarse una dieta de reducción de peso, debido al intenso cambio metabólico que esta provoca. Por esta razón muchos tratamientos clásicos de adelgazamiento suelen incluir medicamentos para estimular la diuresis (facilitar la eliminación de orina).
En principio, la inclusión sistemática de diuréticos de síntesis en las formulaciones para adelgazar es un engaño. Se consigue, de entrada, una reducción importante de peso, pero cuando se dejan de tomar se vuelve a recuperar con suma rapidez, creando una dependencia psicológica del medicamento que puede resultar perjudicial para la salud, especialmente si se hace sin un control médico.
EDADES PELIGROSAS PARA EL SOBREPESO
Se puede afirmar que en la mayoría de las personas el problema del sobrepeso se produce en uno de los siguientes períodos: la adolescencia, el embarazo y, especialmente en las mujeres, durante la madurez.
ADOLESCENCIA
En el inicio de la pubertad, los muchachos tienen mayores necesidades calóricas porque, en esta época, desarrollan los caracteres sexuales secundarios: aparición del vello púbico, el desarrollo mamario femenino y el cambio de voz. Esto implica una mayor actividad hormonal, al mismo tiempo que se produce el crecimiento corporal que los transformará en adultos. La actividad hormonal desencadena un apetito mayor que, en nuestra sociedad, puede ser saciado fácilmente. Los padres no suelen ver este hecho con excesiva preocupación ya que, culturalmente, los niños gruesos son símbolo de prosperidad y abundancia. Además, el fantasma de la anorexia nerviosa planea sobre esta generación, lo que preocupa mucho más a los padres que el par de kilos que hayan ganado.
A partir de los trece o catorce años, el crecimiento se da por finalizado, con lo cual la actividad hormonal deja de ser tan intensa. Los jóvenes pueden seguir ganando peso, aunque los motivos serán muy distintos. Ahora se encuentran inmersos en la adolescencia, frente a frente con su desarrollo personal, su afirmación en el grupo de los adultos y, por este motivo, inmersos en todo tipo de ansiedades. Como es sabido, la ansiedad provoca un estímulo oral que se satisface ya sea fumando, mordiendo un lápiz o las uñas y, en la mayoría de casos, comiendo. Se siente especial predilección por los alimentos dulces porque los azúcares que se consumen sacian, de forma rápida, el apetito.
Los jóvenes estudiantes afirman que no pueden concentrarse con el estómago vacío y, mientras estudian, van picando patatas fritas, bollería, chocolate, bebidas dulces y golosinas. Si sumamos todas esas calorías a las ingestas normales, por más que estas sean equilibradas, el resultado será la ingestión de unas 1.000 a 1.500 calorías extras, que se almacenarán en forma de grasas. Los estudiantes dicen que tienen necesidad de rellenar «ese vacío» y lo hacen con dulces que les producen una rápida sensación de saciedad, determinada por el nivel de glucosa en sangre. Así, estos jóvenes, al comer diez galletas de chocolate, eliminarán la sensación de hambre, puesto que han aumentado su nivel de azúcar. Pero este azúcar pronto es quemado por el organismo, con independencia de su aporte calórico. Sin embargo, si para eliminar la sensación de hambre comiesen un bocadillo de pan integral con queso y una pieza de fruta (cuyo aporte calórico es menor y cuyos azúcares son de lenta combustión) el joven podría ver saciado su apetito sin aumentar de peso. De esta manera, se puede deducir que los jóvenes deberían cambiar sus hábitos alimenticios comiendo fruta fresca, zumos, infusiones o alguna galleta integral baja en calorías.
El cuerpo tiene tendencia a mantener el mismo peso aunque pueda comer algo más, siempre y cuando se realice ejercicio. El deporte, realizado de manera regular, aumentará el metabolismo basal, lo que quiere decir que, en reposo, un deportista gasta más energía que un individuo que no hace ejercicio, ya que el deportista ha aumentado su metabolismo basal.
Resumiendo, se puede aconsejar a los jóvenes con tendencia al sobrepeso lo siguiente:
•Alimentarse de forma sana introduciendo en la dieta frutas y verduras en abundancia.
•No comer frutos secos o productos fritos en exceso.
•No pasar de las 1.500-1.800 calorías al día.
•Olvidarse de la bollería industrial a base de harina blanca y azúcar.
•Si se come entre comidas, que sea fruta.
•Practicar algún deporte o hacer ejercicio físico de forma regular.
EMBARAZO
Hay mujeres que durante su embarazo tienen un problema añadido, el incremento de peso. Se puede encontrar la causa en las enormes variaciones hormonales producidas en tan breve tiempo. Así, mujeres que no habían tenido nunca dicho problema, empiezan a aumentar de peso de manera sorprendente, un kilo por mes aproximadamente. En menor proporción, hay mujeres que presentan la tendencia inversa, es decir, disminuyen de peso.
Actualmente, sabemos que, en esta etapa, no es necesario «comer por dos», como dice el antiguo refrán, por lo que una dieta equilibrada deberá ser suficiente para mantener el peso correcto. Se tendrán que evitar los llamados «antojos». Se ha de tener muy en cuenta que, al mismo tiempo, suele reducirse la actividad física manteniendo, sin embargo, las mismas ingestas. Ese aumento de calorías se acumulan en forma de grasa y estos depósitos, debido a los cambios hormonales del período, serán un posible principio de celulitis.
El requerimiento suplementario de energía durante el segundo y tercer trimestre de gestación asciende a 200 calorías diarias solamente, que equivaldrían, por ejemplo, a un vaso de leche.
No hay razón alguna que impida, en el caso de mujeres con sobrepeso, que ese aporte diario de 200 calorías sean tomadas de su propio excedente de grasas. En ese caso no tendrá que comer más, solo lo suficiente para mantener su embarazo, ya que una reducción dietética en el caso de una madre con exceso de kilos no altera en absoluto el crecimiento del feto.
El embarazo es un período en el que la mujer es susceptible de seguir las recomendaciones para adoptar una alimentación natural llena de principios vitales, lo que representa una oportunidad excelente para prevenir el desarrollo de una posible obesidad en la madre y, posiblemente, también en el hijo.
Durante el embarazo es especialmente importante no adoptar una dieta muy restrictiva porque podría ser potencialmente nociva para la madre y el desarrollo del feto. Debemos ser conscientes de que la naturaleza es sabia y ha hecho las cosas para que la futura madre, si tiene una alimentación correcta, no necesite ningún extra.
El riesgo del aumento de peso no acaba con el embarazo sino que prosigue durante la lactancia. Algunas madres que no aumentaron de peso, lo hacen después del parto. La causa radica en que el organismo eleva los requerimientos energéticos en mayor grado que lo hizo durante el embarazo. Durante el amamantamiento es conveniente añadir medio litro de leche vegetal a la dieta. Puede ser de soja, de almendras, de arroz u horchata de chufa hecha en casa y endulzada con miel.
Después del destete, todas las madres deben reanudar la alimentación normal, sin olvidarse de ir incrementando paulatinamente el ejercicio físico.
MADUREZ
El 40 % de la población de entre 40 y 60 años presenta exceso de peso, lo que puede llegar a considerarse natural porque es un hecho muy común.
Sin embargo, las compañías de seguros de vida saben perfectamente que el sobrepeso disminuye las expectativas de vida y, por ello, suben las pólizas al ver cómo aumenta el riesgo de sus clientes. Por lo tanto, si usted quiere vivir más años, no parecer mayor, ser más atractivo y no subir las escaleras resoplando, debe saber que necesita controlarse el peso a partir de los cuarenta años.
Las personas adultas, a partir de una cierta edad, tienden a relajarse, a llevar una vida sedentaria, a no realizar ningún tipo de ejercicio de forma constante porque están más tiempo en casa. Además, por razones laborales, suelen comer fuera del hogar, de manera que se hace difícil mantener una dieta equilibrada. Las exigencias del trabajo, los hijos y los problemas familiares pueden desencadenar estrés. Este, a su vez, produce angustia, que incita a comer o, más específicamente, a abrir la nevera y tomar lo primero que se encuentre a mano.
Cuando se asocia la disminución de actividad física con el aumento del consumo de calorías, el resultado es fácil de imaginar, se van incrementando los kilos. En muchas ocasiones sería suficiente con disminuir la ingestión de alimentos tales como azúcares, postres, bocadillos hipercalóricos, además de vigilar el consumo de alcohol o refrescos.
Si una persona, a los 20 años, mantuvo un peso normal con 3.000 calorías diarias, debe saber que, a los 40 años, le bastarán 2.500 calorías. Aquí radica el verdadero problema, tener consciencia de las calorías que se requieren en cada etapa.
Una causa más de sobrepeso, entre las mujeres, es la menopausia. Durante esta etapa se produce un importante cambio hormonal y disminuye el consumo energético.
Resumiendo, podemos decir que los problemas a los que nos enfrentamos en este grupo de edad corresponden a un alto nivel de sedentarismo y a la ingesta excesiva e incorrecta de alimentos refinados.
Las soluciones deben tomarse de manera racional, pero rápidamente, ya que pueden presentarse graves complicaciones para nuestra salud, desde los problemas circulatorios, como las varices, la hipertensión arterial y las enfermedades coronarias, hasta las dolencias articulares por sobrecarga.
La respuesta se encuentra en una alimentación natural y equilibrada (fruta, verdura, cereales integrales, yogur, queso fresco, legumbres y derivados de la soja) así como en el ejercicio. Este debe practicarse diariamente y no de forma intensa y ocasional. Un buen paseo diario es suficiente y, si no tenemos tiempo, bastará con dejar el coche aparcado un poco lejos de nuestra residencia o del trabajo. También podemos bajar andando las escaleras o hacer todos los recados que nos sean posible caminando. Durante el fin de semana podemos aprovechar para hacer unos buenos y saludables paseos por el campo.
EL METABOLISMO
El metabolismo es el conjunto de reacciones químicas que se producen en el interior del cuerpo y que hacen posible la vida. Para que estas reacciones se lleven a cabo se necesita la energía proporcionada por los alimentos y que medimos en forma de calorías.
Cuando la persona duerme, las necesidades energéticas son mínimas, a ese metabolismo se le llama metabolismo basal.
Todo individuo debe ingerir diariamente un número determinado de calorías para cubrir sus necesidades energéticas. Si se ingieren menos calorías de las necesarias se adelgaza, porque el cuerpo las toma de las sustancias de reserva del organismo, normalmente la grasa. Pero si se ingieren más calorías de las necesarias, obtendremos el efecto contrario, puesto que las calorías sobrantes se almacenarán en forma de grasas, empezándose a ganar kilos.
LAS CALORÍAS
Cada uno de los alimentos que ingerimos tiene un determinado poder energético y, por lo tanto, es interesante conocer su contenido calórico para poder elaborar una dieta que se ciña a nuestras necesidades. Es necesario tener presente que la dieta es individual, en función de la edad, el sexo, el metabolismo y la actividad de cada persona. También variará según la estación del año en la que nos encontremos.
Principalmente, la caloría es una unidad de medida que se definiría como la cantidad de calor necesario para elevar la temperatura de un gramo de agua destilada de 14,5 °C a 15,5 °C. No hemos de caer en el error de elaborar nuestra dieta basándonos exclusivamente en el número de calorías que ingerimos, ya que existen otros valores nutritivos que son igualmente importantes para nuestra salud. Un alimento no ha de ser medido únicamente por su valor energético sino también por su aporte en ácidos grasos esenciales, vitaminas, sales minerales, oligoelementos, fibras, agua y otras sustancias.
Una vez tenidos en cuenta todos estos componentes nutritivos hemos de ser capaces de elaborar una dieta basada en el equilibrio alimenticio, que se consigue combinando los alimentos en su justa medida.
LAS NECESIDADES CALÓRICAS
No todos tenemos las mismas necesidades energéticas, dependiendo de numerosos factores como la edad, el sexo, la talla o la actividad física. También influyen circunstancias externas como el clima; en ambientes fríos se necesita un mayor gasto energético para mantener la temperatura corporal.
Según la Organización Mundial de la Salud, las cifras aproximadas de necesidades calóricas son las siguientes:
| Niños pequeños | 65 cal por kg |
| Escolares y adolescentes | 50 cal por kg |
| Adultos con trabajo ligero | 30 cal por kg |
| Adultos con trabajo moderado | 35 cal por kg |
| Adultos con trabajo pesado | 40 cal por kg |
| Adultos con reposo en cama | 20 cal por kg |
Vamos a realizar un cálculo aproximado de las calorías que necesita, por ejemplo, un varón de complexión media, moderadamente activo y de 80 kilos de peso. Este cálculo no nos hará olvidar que, en según que condiciones, se necesitarán más o menos calorías. Así, 80 kilos X 35 calorías = 2.800 calorías diarias.
Recuerde que las necesidades individuales y del momento dependen de demasiadas variantes para ser fijadas en una tabla. Regúlese, sobre todo, según el hambre que tenga. Empiece las comidas con verduras y hortalizas crudas en la cantidad que considere necesario. Limítese, en cambio, en el resto de componentes y observe las reglas generales que le indicamos.
¿DÓNDE ESTÁN LAS CALORÍAS?
A continuación, presentamos unas tablas donde veremos el valor energético de los alimentos más frecuentes. Las calorías se miden por cada 100 gramos de parte comestible. Ofrecemos estas listas solo a título orientativo ya que el término caloría es muy relativo, depende, como ya hemos apuntado anteriormente, de cómo se combinen los alimentos. Esto no significa que se hayan de evitar todos los alimentos ricos en calorías, pues algunos de ellos son extremadamente nutritivos y desempeñan un importante papel en la forma natural para adelgazar. Los frutos secos constituyen el mejor ejemplo. Si se toman entre horas contribuirán, indudablemente, al aumento de peso, pero incorporados como fuente de proteínas dentro de una comida, que empiece con una buena ensalada o fruta, no engordan en absoluto. Se trata, pues, de combinar bien la comida y obtener de esta forma platos equilibrados en todos los aspectos.
Calorías (por 100 g de alimento)
| Cereales y derivados | |
| Arroz | 362 cal |
| Bollería | 381 cal |
| Galletas | 436 cal |
| Pan blanco | 258 cal |
| Pan integral | 183 cal |
| Pastas (fideos, macarrones, etc.) | 373 cal |
| Leche y derivados | |
| Leche de cabra | 71 cal |
| Leche condensada | 329 cal |
| Leche de vaca | 65 cal |
| Leche de vaca desnatada | 33 cal |
| Leche en polvo | 481 cal |
| Leche en polvo desnatada | 358 cal |
| Nata | 477 cal |
| Queso de Burgos | 174 cal |
| Queso manchego fresco | 333 cal |
| Queso manchego semicurado | 376 cal |
| Queso manchego curado | 420 cal |
| Requesón y cuajada | 96 cal |
| Yogur | 82 cal |
| Huevos | |
| Huevos de gallina | 150 cal |
| Aceites y grasas | |
| Aceites vegetales | 899 cal |
| Mantequilla | 749 cal |
| Margarina | 747 cal |
| Verduras y hortalizas | |
| Acelgas | 29 cal |
| Berenjenas | 23 cal |
| Boniatos | 91 cal |
| Cebollas | 25 cal |
| Coles | 29 cal |
| Espárragos | 15 cal |
| Espinacas | 18 cal |
| Guisantes | 78 cal |
| Habas | 54 cal |
| Judías verdes | 30 cal |
| Lechuga y escarola | 14 cal |
| Nabos | 25 cal |
| Patatas | 79 cal |
| Pepino | 12 cal |
| Pimientos | 19 cal |
| Remolacha | 29 cal |
| Setas | 25 cal |
| Tomate | 18 cal |
| Zanahoria | 33 cal |
| Leguminosas | |
| Garbanzos | 329 cal |
| Judías blancas | 286 cal |
| Lentejas | 314 cal |
| Frutas | |
| Aguacate | 136 cal |
| Albaricoque | 39 cal |
| Cerezas | 58 cal |
| Ciruelas | 44 cal |
| Fresas | 34 cal |
| Higos | 65 cal |
| Limones | 6 cal |
| Mandarina | 37 cal |
| Manzana | 46 cal |
| Melocotón | 36 cal |
| Melón | 25 cal |
| Naranja | 36 cal |
| Peras | 41 cal |
| Plátano | 83 cal |
| Piña | 45 cal |
| Sandía | 19 cal |
| Uvas | 63 cal |
| Aceitunas | |
| Aceitunas de todas clases | 187 cal |
| Frutos secos | |
| Almendras | 575 cal |
| Avellanas | 566 cal |
| Cacahuetes | 581 cal |
| Castañas | 185 cal |
| Ciruelas secas | 159 cal |
| Dátiles | 279 cal |
| Higos secos | 231 cal |
| Nueces | 602 cal |
| Pasas | 256 cal |
| Bebidas | |
| Zumos cítricos | 39 cal |
| Zumos de otras frutas | 45 cal |
| Bebidas azucaradas, refrescos | 40 cal |
| Sidra | 42 cal |
| Cerveza | 32 cal |
| Licores dulces | 384 cal |
| Coñac, ginebra, whisky | 236 cal |
| Vino de mesa | 77 cal |
| Vinos dulces (moscatel) | 257 cal |
| Vinos finos (jerez) | 124 cal |
| Varios | |
| Bombones | 458 cal |
| Chocolate negro | 518 cal |
| Chocolate con leche | 535 cal |
| Turrones y mazapanes | 470 cal |
| Mayonesa comercial | 718 cal |
| Ketchup | 98 cal |
| Helados | 204 cal |
| Patatas fritas comerciales | 453 cal |
No solo se trata de sumar calorías
Las personas que sigan las sencillas reglas que indicamos no necesitan realizar complicados cálculos. Se trata de una alternativa mucho más válida: reducir las calorías y la cantidad de comida. Si pone en práctica los consejos de este libro, en poco tiempo será capaz de construir una dieta equilibrada que le permitirá comer de una manera sana y natural.
BALANCE ENERGÉTICO-GASTO DE CALORÍAS
Como se ha dicho, para vivir y mantener todas las funciones vitales se necesita una cierta cantidad de calorías diarias.
Para mantenernos en un peso estable, la cantidad de calorías ingeridas en un día debe ser igual a la cantidad gastada. Por ejemplo, si una persona come por valor de 2.300 calorías, al final del día debe haber consumido las 2.300, esto es lo que se llama un balance energético estable, ni le sobran ni le faltan calorías.
La energía se consume de varias maneras. Una forma de consumo es el llamado metabolismo basal, que es la energía que necesita el cuerpo, en reposo, para mantener las funciones vitales. Otra cantidad la gastamos para hacer la digestión, para los millones de reacciones químicas que se producen continuamente en el organismo, para la contracción muscular y para la actividad física.
Cuando se ingieren más calorías de las que se gastan, entonces decimos que hay un balance energético positivo. Así, si tomamos 3.000 calorías y solo consumimos 2.500, quiere decir que nos sobran 500. Estas calorías sobrantes se almacenarán, principalmente en forma de grasa, convirtiéndose en una reserva para posibles épocas de carencias. Si, por el contrario, ingerimos 2.500 calorías y gastamos 3.000, el balance energético será negativo y ocurre exactamente lo contrario, se recuperan las calorías almacenadas, disminuye la grasa de reserva y perdemos peso.
La mayoría de dietas de adelgazamiento se basan en conseguir un balance energético negativo, lo que se puede conseguir de dos maneras:
–Comiendo menos, es decir, una dieta baja en calorías.
–Gastando más, es decir, aumentando la actividad física.
A continuación, veremos el gasto energético que se lleva a cabo en algunas actividades físicas, tomando como ejemplo a una persona de unos 60 kg de peso.
| Andar lentamente | 150 cal/hora |
| Andar deprisa | 250 cal/hora |
| Ciclismo | 420 cal/hora |
| Conducir un vehículo | 120 cal/hora |
| Dormir | 48 cal/hora |
| Footing (correr) | 900 cal/hora |
| Fútbol | 600 cal/hora |
| Gimnasia | 350 cal/hora |
| Jugar a billar | 200 cal/hora |
| Jugar al golf | 360 cal/hora |
| Jugar a ping pong | 380 cal/hora |
| Natación | 600 cal/hora |
| Sentado o tendido en reposo | 60 cal/hora |
| Trabajo sedentario, escribir | 102 cal/hora |
En general, todas las actividades físicas intensas tienen un gasto de más de 500 calorías en una hora.
Veamos, ahora, las calorías que se consumen realizando diversas tareas domésticas.
| Cocinar | 100 cal/hora |
| Coser | 60 cal/hora |
| Ir al mercado y volver cargado | 300 cal/hora |
| Limpiar el suelo, planchar | 120 cal/hora |
| Limpiar cristales | 180 cal/hora |
| Mover muebles | 240 cal/hora |
| Limpiar el polvo, lavar ropa a mano | 135 cal/hora |
| Tender ropa, lavar platos | 130 cal/hora |
Queda demostrado que las tareas domésticas no son un método esperanzador como adelgazante, sirviendo más para sentirse fatigados que para perder peso.
NECESIDADES NUTRITIVAS DEL ORGANISMO
Una dieta equilibrada será la que nos aporte suficiente cantidad de alimentos para satisfacer el hambre, nos permita mantener el peso adecuado, sin aumentarlo ni disminuirlo, y tener suficiente energía para desempeñar nuestras actividades diarias, manteniendo una buena salud.
La energía que el organismo consume la repone mediante los nutrientes, que se incluyen dentro de tres grupos:
•Las proteínas o prótidos, cuyo nombre significa «lo primero o fundamental».
•Los lípidos o grasas.
•Los glúcidos o hidratos de carbono, comúnmente conocidos como «azúcares».
PROTEÍNAS
Las proteínas son elementos esenciales en nuestra dieta. Están formadas por 21 tipos distintos de aminoácidos, combinados de forma variable, por lo que el número de proteínas existentes en la naturaleza puede llegar a ser infinito. Cuando las proteínas son ingeridas llegan al aparato digestivo. Una vez allí, los aminoácidos se separan para ser absorbidos y formar las distintas estructuras del organismo.
Según su procedencia, las clasificamos en proteínas de origen vegetal y proteínas de origen animal. Las primeras las encontramos en las legumbres (lentejas, garbanzos, judías, soja), los cereales (trigo, centeno, avena, cebada y mijo), los frutos secos y, en menor proporción, en las verduras y las frutas. Las mejores proteínas de origen animal se encuentran en la leche (yogur y queso) y en los huevos, estas tienen un alto valor biológico ya que contienen todos los aminoácidos esenciales. Sin embargo, hemos de saber que, mezclando legumbres con cereales, podemos obtener proteínas del mismo valor biológico que las halladas en las animales.
Funciones de las proteínas
Su principal papel es de carácter estructural y funcional, es decir, corresponde a la materia proteica formar el material de gran parte de nuestro cuerpo: huesos, sangre, músculos, pelos, uñas, etc. También desempeñan un papel muy importante en el control genético porque construyen las proteínas del núcleo celular. Cuando cumplen su función inmunitaria forman los anticuerpos, y en la función biorreguladora, forman las enzimas y las hormonas.
Como material energético aportan cuatro calorías por cada gramo de proteína consumida. Las cantidades recomendables diariamente son: 0,75 gramos por kilo de peso, deben aportar al organismo entre el 15 y el 20 % de las calorías diarias. Así, una persona de 60 kilogramos necesitará 60 × 0,75 = 45 gramos de proteínas al día.
Como muestra, baste esta sencilla tabla de referencia:
Proteínas por cada 100 g de alimento
| Carne | 20 g |
| Pescado | 15-20 g |
| Garbanzos | 20 g |
| Huevos | 6 g |
| Leche | 7 g |
GRASAS O LÍPIDOS
Son sustancias que tienen la particularidad de ser insolubles en agua. Según su composición química las podemos clasificar en triglicéridos, cuya función principal es la de almacenamiento; fosfolípidos y colesterol, que forman parte de la estructura de las membranas celulares. Las grasas también sirven para el transporte de vitaminas liposolubles, aquellas que no se disuelven en agua. El colesterol actúa también como precursor de hormonas esteroideas y de la vitamina D. La grasa subcutánea, es decir, la que se encuentra bajo la piel, actúa como aislante para evitar la pérdida de calor interno.
Según su estructura química podemos clasificar a los lípidos en saturados, monoinsaturados y poliinsaturados. Los saturados los encontramos en la carne, los huevos, la leche y sus derivados. Los monoinsaturados en el aceite de oliva, el pescado blanco y la carne de aves. Los poliinsaturados en el aceite de girasol, soja, maíz, uva, borraja y en menor proporción en el aceite de oliva. También en los frutos secos y en el pescado azul. Estos tienen mucha importancia en la formación de unas sustancias, las prostaglandinas, que actúan sobre las reacciones inflamatorias y las defensas del organismo.
Hay que decir que los lípidos no son estrictamente necesarios como nutrientes, a excepción de los ácidos grasos libres, es decir, los poliinsaturados, pues a partir de ellos el organismo puede fabricar los que necesita. Como alimento energético, un gramo de grasas aporta nueve calorías. La proporción de grasas no debe sobrepasar el 35 % del consumo total diario de calorías. Baste esta leve reseña como ejemplo:
Grasas por cada 100 g de alimento
| Leche | 10 g |
| Queso | 20-40 g |
| Aceite | 100 g |
| Almendras | 50 g |
| Huevo | 6 g |
No olvidemos que solo el aceite virgen de primera presión en frío y las almendras son ricos en ácidos grasos poliinsaturados, es decir, los únicos realmente necesarios para el organismo y que debemos incluir, aunque sea en poca cantidad, en nuestra alimentación diaria.
HIDRATOS DE CARBONO O GLÚCIDOS
Son compuestos orgánicos que constituyen un sustrato energético privilegiado, porque sirven para que todas las células del organismo los aprovechen, ya que algunas de estas células solo pueden utilizar la glucosa.
Podemos clasificarlos en dos grandes grupos: los azúcares sencillos y los azúcares complejos o carbohidratos. Pertenecen a los azúcares sencillos la glucosa, que abunda en las frutas y verduras, y la fructosa, también conocida como el azúcar de la fruta. La fructosa es el más dulce de los azúcares y se encuentra, junto con la glucosa, en frutas y verduras, pero sobre todo en la miel. La lactosa, presente en la leche, es el menos dulce de todos los azúcares y es el único que no es de origen vegetal. La sacarosa es el azúcar granulado, pulverizado o moreno.
El almidón y las fibras pertenecen al segundo grupo, los azúcares complejos, que se llaman así porque son el producto de la unión de azúcares sencillos. El almidón se encuentra, principalmente, en los granos de cereales, en las legumbres y las patatas. Para poder ser absorbido por el organismo, el almidón precisa de cocción. Nuestro organismo no absorbe las fibras, estas forman el elemento de sostén de las plantas, se encuentran en los tallos, las hojas y la cascarilla externa de semillas y cereales. Su función en el organismo, además de aportar importantes enzimas, vitaminas y minerales, es la de arrastrar las impurezas fuera de él. Se considera que la dosis óptima diaria de fibra sería de 30 gramos.
La función más importante que desempeñan los hidratos de carbono es la de producir la energía que consumimos, por ello deben representar el 60 % de las calorías diarias.
MINERALES, OLIGOELEMENTOS Y VITAMINAS
El organismo precisa del aporte de diversos elementos químicos y de sustancias orgánicas que son indispensables en pequeñas cantidades. Estos elementos son los minerales y las vitaminas.
Minerales
Los minerales son introducidos en el organismo junto con los alimentos. En el intestino son absorbidos y utilizados por los distintos órganos. Forman el 4 % de los tejidos corporales. Algunos se encuentran en las partes duras del organismo, como los huesos y los dientes. Otros, en los líquidos y tejidos blandos. Se precisan concentraciones adecuadas de minerales para poder vivir.
En los alimentos naturales los minerales se encuentran combinados de diferentes formas: mezclados con las proteínas, con las grasas y con los hidratos de carbono. Los alimentos elaborados o refinados, como el azúcar blanco o los cereales sin cáscara, casi no contienen minerales —ese es otro de los motivos por los que se recomienda comer alimentos integrales—. Pasaremos a realizar una breve descripción de los minerales más importantes:
Calcio
Se encuentra, principalmente, en los huesos, aunque también actúa sobre la contracción de los músculos y en la coagulación de la sangre. Los alimentos que contienen mayor cantidad de calcio son: la leche, las legumbres secas, las nueces, las almendras y los pescaditos que se comen con la espina. Y, en menor proporción, en algunas verduras y frutas. Las necesidades diarias de calcio oscilan entre 500 miligramos y 1 gramo. Un vaso de leche contiene 250 mg de calcio.
Fósforo
Se encuentra en los huesos, al igual que el calcio, y también en las células nerviosas. Tiene una distribución más amplia que el calcio y es poco probable que, con la dieta corriente, aparezcan deficiencias. Encontramos ese mineral en la yema de los huevos, la carne, el pescado, la leche, los cereales integrales, los frutos secos y las legumbres. Las necesidades diarias de fósforo son de unos 800 mg. Un vaso de leche contiene 200 mg y 100 g de cereales integrales 85 mg de fósforo.
Potasio
Tiene un papel muy importante en la conducción de la corriente nerviosa y en la utilización de azúcares y proteínas. El potasio se halla ampliamente en todos los alimentos, por lo que resulta difícil tener carencias. Se encuentra en las carnes, los cereales, las frutas, los zumos de frutas y las verduras. Las necesidades diarias representan unos 800 miligramos al día. El abuso de algunos diuréticos puede causar una eliminación excesiva de potasio.
Sodio
El sodio es un elemento fundamental para la regulación del agua en el organismo, para la transmisión de los impulsos nerviosos y para la contracción muscular. Los requerimientos diarios se estiman en 4 gramos. Las dietas normales aportan unos 7 gramos al día, si contamos el que contienen los alimentos, las bebidas y la sal que añadimos para sazonar los platos. Esta cantidad es más que suficiente para satisfacer nuestras necesidades. En caso de tensión arterial elevada o enfermedades que cursen con retención de líquidos, habrá que reducirla.
Hierro
Tiene una importancia extraordinaria en la economía corporal. El hierro está implicado en las células sanguíneas; se une a la hemoglobina de los glóbulos rojos o hematíes para transportar el oxígeno de los pulmones a los distintos órganos del cuerpo. La deficiencia de hierro se manifiesta en anemia, aunque este no es el único factor responsable, también puede aparecer anemia por falta de proteínas, vitaminas del grupo B, vitamina C o por hemorragia. Las necesidades diarias son de unos 10 miligramos para los hombres y 20 para las mujeres, que tienen más perdidas de hierro debido a la menstruación. Los alimentos ricos en este elemento son las carnes rojas, el hígado, el pescado, el marisco, los huevos, las legumbres, las espinacas, las acelgas, los frutos secos, los cereales integrales, el vino tinto y el perejil. En 100 gramos de lentejas encontraremos unos 9 mg de hierro, en 100 g de frutos secos, unos 4 mg y en un huevo, 2 mg.
Magnesio
La mayor parte de este mineral se encuentra en los huesos, combinado con el calcio y con el fósforo, aunque también actúa sobre los músculos, los tejidos nerviosos y en las membranas celulares. Las necesidades varían de una persona a otra, pero el promedio es de 500 mg al día. Se encuentra altamente distribuido en los alimentos y también forma parte de la clorofila de las plantas verdes. Lo encontramos en los frutos secos, los cereales integrales, la leche y las legumbres.
Oligoelementos
Los oligoelementos son minerales presentes en el organismo en cantidades muy pequeñas, que tienen un importante papel en determinadas funciones vitales. Repasaremos cada uno de ellos:
Yodo
Como constituyente de la glándula tiroidea es uno de los oligoelementos más valioso. Debe ser aportado en cantidades suficientes para que la glándula tiroides pueda sintetizar las hormonas tiroideas. Estas hormonas intervienen en el crecimiento, en el mantenimiento de la temperatura corporal, en la regulación del metabolismo y en la actividad del sistema nervioso. El organismo necesita diariamente 100 microgramos de yodo. Lo encontramos en las algas marinas, algunos mariscos, el bacalao fresco y en la sal yodada.
Flúor
Forma parte de los huesos y los dientes. El esmalte dental es especialmente rico en este elemento y su carencia juega un papel importante en la aparición de la caries. Se encuentra, principalmente, en el agua mineral y en el té. Las necesidades diarias son de unos 2 miligramos al día.
Cinc
Actúa sobre el metabolismo de las grasas, los hidratos de carbono, las proteínas y también en la molécula de insulina. Las necesidades diarias son de unos 15 miligramos, que se pueden encontrar en los mariscos, la carne, los huevos, la leche y los cereales integrales.
Selenio
Tiene una acción antioxidante y antienvejecimiento. Actúa, junto con la vitamina E, en la eliminación de radicales libres. Se encuentra, principalmente, en los cereales integrales.
Cobre
Es importante para la formación de hemoglobina, que es la molécula que sirve para transportar oxígeno. Las carencias son muy raras en el ser humano ya que está ampliamente distribuido en los alimentos. Desde hace unos años, se han puesto de moda las pulseras de cobre para problemas articulares, pero, en caso de que hagan algún efecto, se desconoce su mecanismo. Las necesidades diarias son de menos de 2 miligramos.
Vitaminas
Las vitaminas son sustancias orgánicas consideradas como nutrientes ya que son indispensables, aunque en mínimas cantidades, para mantener la vida y estimular el crecimiento. El organismo es incapaz de elaborar la mayor parte de ellas, por lo que debe buscarlas en aportes alimentarios externos. No obstante, algunos gérmenes que habitan en nuestro intestino pueden sintetizar pequeñas cantidades que son después absorbidas, esta síntesis intestinal tiene importancia sobre todo en el caso de la vitamina K.
Nuestro organismo también puede producir una vitamina a costa de una sustancia llamada provitamina. Este es el caso, por ejemplo, de la vitamina A, que se forma en la pared intestinal a expensas de los carotenos ingeridos o provitaminas.
Las vitaminas se encuentran en la mayoría de los alimentos naturales y, si seguimos una dieta equilibrada, no acostumbran a faltar.
Cuando estamos enfermos, el organismo se desequilibra, ya que las reservas vitamínicas se gastan más rápidamente y, si se toman antibióticos, el efecto que producen es la inhibición o incapacidad de la flora intestinal para poder sintetizarlas. En estos casos y en los de dietas deficitarias, necesitaremos un aporte extra de vitaminas, sin embargo, será el médico el que recetará las más adecuadas. Hay que abstenerse de tomar preparados vitamínicos de forma disparatada, tan de moda hoy en día.
Las vitaminas se dividen en dos grupos, las que son solubles en agua o hidrosolubles, las vitaminas del grupo B y C y las que son solubles en grasas o liposolubles, la A, D, E y K. Se ha de tener muy en cuenta que nuestro organismo acumula vitamina K y una ingesta excesiva puede resultar peligrosa. Las solubles en agua no se acumulan y el exceso se elimina por la orina, por lo tanto, un consumo masivo de vitaminas no soluciona ningún problema porque el excedente se evacúa.
Al igual que los minerales, que ya hemos visto anteriormente, no generan energía porque no contienen calorías, es decir, no engordan.
En cuanto al contenido vitamínico de los alimentos, conviene mencionar algunos principios de conservación de las vitaminas. Las liposolubles A, D, E y K, se conservan bastante bien con los métodos de cocinado corriente, no disolviéndose en el agua de cocción. Las hidrosolubles, se disuelven con facilidad en el agua y el calor destruye una parte considerable. En consecuencia, el mejor método es la cocción con poca agua o al vapor. Las vitaminas también se pierden a causa del almacenamiento prolongado de frutas y verduras, por eso sería ideal tomar estos alimentos recién cogidos y madurados al sol.
Vitaminas liposolubles más importantes
Vitamina A
La vitamina A, o retinol, es uno de los principales constituyentes de los pigmentos visuales. Su insuficiencia provoca la ceguera nocturna o incapacidad para adaptarse a la oscuridad. También actúa en el crecimiento óseo porque los huesos necesitan de esta vitamina para crecer y desarrollarse normalmente. La mujer embarazada precisa un mayor aporte de vitamina A.
La encontramos, principalmente, en el aceite de hígado de bacalao, la carne, el hígado, la mantequilla y la yema de huevo. También se puede formar en nuestro intestino a partir de la provitamina A o carotenos, que encontramos en las partes verdes, amarillas y rojas de muchos alimentos vegetales. Son especialmente ricos en caroteno las zanahorias, los tomates, los albaricoques, los melocotones, las acelgas, las espinacas, el melón, la col lombarda, etc.
La vitamina A es acumulativa, es decir, la que sobra no puede ser eliminada por el organismo, de ahí que un exceso en su ingesta pueda provocar graves lesiones. Esto podría ocurrir al tomar grandes cantidades de vitamina A en comprimidos. Los carotenos no son tóxicos a grandes dosis, pero pueden provocar una coloración amarillenta en la piel, que desaparecerá al dejarlos de tomar.
Vitamina D
La vitamina D, también llamada calciferol, es necesaria para la absorción y el metabolismo del fósforo y del calcio, lo que significa que es esencial para el crecimiento. Su déficit provoca el raquitismo, que se manifiesta con el retraso en el crecimiento, las deformaciones óseas, el desarrollo tardío de la dentición o el cansancio. En los adultos, su déficit acarrea falta de minerales en los huesos, ya que, como hemos dicho, sin ella no podrían sintetizarse ni el calcio ni el fósforo.
Podemos conseguirla por exposición a los rayos ultravioletas del sol o ingiriéndola en la alimentación. Se encuentra en la carne, el pescado azul, la yema de huevo y en la leche. Hoy en día podemos hallar en el mercado leche enriquecida con pequeñas dosis de vitamina D, muy aconsejable en los países nórdicos donde disminuyen las horas de sol.
Sin olvidar que, a dosis elevadas, es tan tóxica como la vitamina A.
Vitamina E
También conocida como alfatocoferol, está presente en las glándulas sexuales, por lo que se le llama la vitamina de la fecundidad, aunque, realmente, no se sabe con exactitud cuál es su función. Lo que sí se ha demostrado es su importancia en la prevención del envejecimiento gracias a su gran poder antioxidante y antiradicales libres. Tomada en grandes dosis no se le conoce toxicidad.
La vitamina E se encuentra en mayores cantidades en los cereales integrales, los aceites vegetales sin refinar y prensados en frío (oliva, girasol, germen de trigo ) y en la yema de huevo.
Vitamina K
Esta vitamina es esencial en la coagulación de la sangre y tiene propiedades antihemorrágicas. El 50 % de su aporte proviene de la dieta y la otra mitad de la síntesis bacteriana intestinal. Se encuentra distribuida en los vegetales, sobre todo en la soja germinada, que tiene una cantidad nada despreciable.
En condiciones normales es difícil que tengamos carencia de vitamina K, si esto ocurre, suele ser por dificultades de absorción de la flora intestinal. El uso de aceites minerales, como el aceite de parafina, utilizado en algunas dietas de adelgazamiento, o de laxantes, puede alterar la absorción de dicha vitamina, así como de otras de tipo liposolubles, por lo que no se recomienda su uso.
Vitaminas hidrosolubles
Vitamina C
El ácido ascórbico es una de las vitaminas mejor estudiadas. Se le han descrito múltiples funciones, entre ellas están su participación en la formación de colágeno, que interviene en la cicatrización de las heridas, y su papel en la formación de los huesos. Tiene un efecto antiinfeccioso y una acción antioxidante, lo que impide el envejecimiento celular. Favorece la correcta absorción de hierro por la flora intestinal y, en algunos casos, se dice que tiene un efecto beneficioso sobre el cáncer y los problemas nerviosos.
La encontramos en abundancia en las frutas frescas como las naranjas, los kiwis, los limones, conteniéndola en elevada cantidad. En menor proporción se halla en las uvas, las peras, las manzanas, el melón, las fresas y los melocotones. Hay que tener en cuenta que, en las frutas maduradas artificialmente, su contenido se ve reducido. Podemos encontrarla también en las verduras y hortalizas: las acelgas, la col, las espinacas, las patatas, los pimientos y los tomates. En este caso, hemos de saber que la vitamina C es inestable al calor, lo que quiere decir que, en la cocción de los alimentos, se perderá gran parte de su contenido.
La vitamina C no es acumulativa en el organismo, la que no se necesita, se elimina, por lo que no hay peligro de toxicidad si ingerimos grandes cantidades.
El déficit de ácido ascórbico es el causante de la enfermedad del escorbuto, que afectaba, sobre todo, a los navegantes de los siglos XVIII y XIX, que se veían obligados a subsistir durante meses sin alimentos frescos.
Vitamina B
De hecho no es una única vitamina sino un complejo de vitaminas, que se hallan interrelacionadas unas con otras, algunas de las cuales se encuentran juntas en un mismo alimento. Como una inadecuada ingesta de una de ellas puede mermar la utilización de las otras, se debe tratar el estado carencial administrando todos los miembros del grupo de vitaminas. La mayoría de este grupo no se pueden acumular y su exceso se elimina por la orina. Se encuentra de forma muy importante en la levadura de cerveza. Pertenecen a este complejo la B1, B2, B5, B6, B12 y el ácido fólico.
Vitamina B1 o tiamina
Necesaria para el buen funcionamiento del sistema nervioso y para la síntesis de los hidratos de carbono. La encontramos en la levadura de cerveza, el arroz integral, las patatas y las legumbres, en menor cantidad se halla en algunas frutas y verduras. Altamente sensible al calor, se puede perder entre el 15 y el 40 % de tiamina durante la cocción. Se ha observado que el alcohol y el tabaco interfieren en la síntesis de esta vitamina. Su carencia produce fatiga muscular, entumecimiento de brazos y piernas y alteraciones de la memoria.
Vitamina B2 o riboflavina
Necesaria para el crecimiento y para el aprovechamiento de los hidratos de carbono, también participa en los mecanismos de la visión. Se encuentra en la levadura de cerveza, la leche y la carne. No es sensible al calor, como la vitamina B1, pero sí a la luz, por lo que es recomendable guardar la leche en recipientes oscuros.
Vitamina B5 o ácido pantoténico
Se encuentra en altas dosis en el cerebro y participa en la formación de las hormonas sexuales. Muy raramente se producen deficiencias porque, como su nombre indica, tiene una amplia difusión. Donde se encuentra en mayor cantidad sigue siendo en la levadura de cerveza, el hígado, los riñones, los huevos, algunos cereales y las legumbres.
Vitamina B6 o piridoxina
Actúa en la elaboración de las proteínas y está presente en todas las células del organismo. La hallamos en la levadura de cerveza, la leche y los cereales completos. No siendo sensible al calor, la cocción no la destruye. Su carencia provoca alteraciones en el sistema nervioso central.
Vitamina B12 o cianocobalamina
Esencial para la formación y renovación de las células de todo el organismo y, en particular, de los glóbulos rojos, las células de la médula ósea y del sistema nervioso central. Se halla en productos de origen animal tales como el marisco, las carnes, los huevos y los productos lácteos. Los vegetarianos estrictos pueden tener alguna carencia. La falta crónica de vitamina B12 provoca trastornos psíquicos y cierto tipo de anemia.
Ácido fólico
Se encuentra íntimamente ligado a la vitamina B12. Se halla en las verduras de hojas verdes, en los cereales integrales, las carnes, los huevos y la levadura de cerveza. Su carencia produce anemia.
LA ALIMENTACIÓN NATURAL E INTEGRAL
Una alimentación sana, a base de productos integrales, frescos y biológicos, combinados correctamente en cada comida, supone una alternativa muy válida a las dietas tradicionales. Es una buena manera de sentirse saciados sin ningún tipo de remordimientos ni efectos secundarios, evitando toda sensación restrictiva.
¿POR QUÉ FRACASAN LA MAYORÍA DE LAS DIETAS?
En primer lugar, se podría señalar la causa más importante, que sería concebir el acto de comer como un trauma particular cuando, en realidad, tendría que ser un acto agradable y de satisfacción. Esta situación provoca una reacción psicológica de sentimiento de negatividad y prohibición. Los resultados de la dieta, en estos casos, suelen ser efímeros.
Muchas dietas, además, suprimen algunos alimentos por ser demasiado calóricos (por ejemplo, los frutos secos). Sin embargo, nuestro organismo tiene exigencias inexcusables de determinadas sustancias. A veces, se trata de sustancias de las que solo se necesitan miligramos, como ocurre con las vitaminas o los oligoelementos. Es fácil que el aporte diario de las dietas no contenga la necesidad individual en la cantidad suficiente. En estos casos, aparece un verdadero «hambre» de estas sustancias, que se manifiesta con el deseo de comer más. El instinto conduce a introducir una cantidad suficiente de dichos nutrientes. Es de esta manera que puede llegar a instaurarse un círculo vicioso. El organismo carece de las sustancias vitales necesarias y manifiesta dicha carencia con una mayor sensación de apetito. Para satisfacerlo, se ingieren alimentos carentes de estas sustancias y aumenta, en definitiva, la sensación de insatisfacción y el ansia por comer.
Regular el mecanismo del hambre de forma natural
No hay que olvidar que la sensación de hambre no es un capricho o una sensación pasajera que se pueda controlar fácilmente. Al estar directamente relacionada con nuestro instinto de supervivencia, consigue hacerse sentir de forma perentoria hasta que dicho estímulo es satisfecho, de una forma u otra.
Los fármacos adelgazantes pueden comportar algunos riesgos a las personas que los consumen y sus resultados, en general, son bastante efímeros. En cambio, se están estudiando ciertas sustancias vegetales de todo el mundo, especialmente las procedentes de los bosques tropicales.
La garcinia camboyana sería un ejemplo de este tipo de sustancias vegetales que regulan el mecanismo del hambre sin riesgos para la salud. Además, influye de forma positiva en el metabolismo de las grasas y del colesterol y sobre el de los azúcares, por lo que también es útil para las personas diabéticas. Resulta muy eficaz como complemento en las dietas adelgazantes.
LA ALIMENTACIÓN INTEGRAL
Se habla de una alimentación integral cuando el organismo dispone siempre de los nutrientes básicos: hidratos de carbono, proteínas y grasas, además de las sustancias esenciales como los minerales, las vitaminas y los oligoelementos. Todos ellos debidamente combinados y extraídos de alimentos frescos y saludables.
La prevención y el remedio de la obesidad exigen suprimir los alimentos refinados para consumir alimentos más naturales: cereales integrales, grasas insaturadas, frutas, legumbres y verduras. Este tipo de alimentación es la base de una dieta seguida desde hace años en diversas clínicas alemanas. En contraposición a los clásicos regímenes a base de limitación de calorías, la dieta integral se fundamenta en la educación alimentaria de los pacientes. Además, no implica peligro alguno para la salud, sino todo lo contrario.
Las ocho reglas de oro para una alimentación sana
•Sustituir los productos refinados por alimentos integrales biológicos.
•Empezar las comidas con un abundante plato de alimentos crudos: ensalada variada en la comida y la cena y fruta en el desayuno.
•Combinar bien los alimentos de una comida. No mezclar muchas proteínas con muchos hidratos de carbono o con muchas grasas.
•Masticar bien los alimentos.
•Realizar pequeñas comidas frecuentes. A media mañana, conviene tomar un tentempié y merendar por la tarde. La cena, en este caso, ha de ser más ligera.
•Evitar los fritos.
•Tomar un buen desayuno precedido de abundante fruta.
•Beber media hora antes de las comidas.
LOS ALIMENTOS INTEGRALES Y FRESCOS
Es importante comprar productos frescos y de temporada, si es posible, biológicos. Para hacerlo, es esencial escoger con atención los alimentos más frescos, sin magulladuras y, en el caso de algunas frutas y hortalizas, con el peciolo blando y verde. El hecho de haber crecido en un suelo fértil, rico en sustancias nutritivas y no abonado artificialmente, repercute en su sabor y, lo más importante, en las cualidades nutritivas de estos vegetales.
Los productos biológicos son fruto de un complejo estudio de interacción entre el medio y la vegetación, recurriendo a un abono muy atento y equilibrado: compost, heces de caballo, plantas, minerales orgánicos, etc. La defensa contra las plagas de insectos nocivos se realiza con sustancias no tóxicas. El equilibrio del ecosistema no se altera y no se recurre a ese proceso tan perjudicial que significa rociar las cosechas con pesticidas cada vez más potentes y tóxicos.
La verdura y la fruta biológica, pese a ser menos atractiva a la vista, es mucho más rica en sustancias nutritivas, sobre todo vitaminas, sales minerales y oligoelementos. Además, no contienen sustancias tóxicas, como residuos de herbicidas e insecticidas.
La elección de los alimentos biológicos no tiene que limitarse necesariamente a los vegetales. En los comercios también existe leche procedente de granjas de vacas alimentadas biológicamente y se puede encontrar carne de animales criados en semilibertad, de forma parecida al estado natural. También es posible encontrar huevos de gallina con estas características.
Es importante comprar la fruta y la verdura de acuerdo a la estación. Fuera de temporada tienen un precio muy elevado y se trata de vegetales cuyo crecimiento ha sido forzado en invernaderos, con un empleo masivo de fertilizantes de síntesis, herbicidas y pesticidas. O bien proceden de zonas bastante alejadas y, para poder ser transportadas, se separan de la planta cuando aún están verdes y se mantienen en cámaras frigoríficas, con lo cual, no solo tienen menos gusto, sino que contienen menos riqueza en sustancias nutritivas.
También es conveniente eliminar todos los alimentos refinados. Las harinas blancas y el azúcar son «calorías vacías» de la alimentación habitual, es decir, aquellos alimentos que solo aportan calorías y un contenido nutritivo nulo o negativo (el azúcar blanco roba vitamina B y calcio de los dientes y huesos). Además, el consumo de alimentos integrales no solo contribuye al mayor aporte de fibras, fundamentales para el correcto funcionamiento del intestino y para evitar el estancamiento de las toxinas. Gran parte de la acción beneficiosa se debe a que, al no refinar los cereales, no se pierden muchos elementos nutritivos que contienen (como por ejemplo, el germen y el aleurón, muy ricos en factores promotores de la vida y de micronutrientes). No olvidemos nunca que las células de nuestro cuerpo están vivas y, por lo tanto, necesitan alimentos vivos para desarrollarse y reproducirse. Los alimentos frescos e integrales son esenciales para aportarnos dichas sustancias.
Es muy importante la presencia, en nuestra dieta, de ciertos cereales. Cada uno de ellos tiene propiedades específicas que los hace muy valiosos en la cocina.
En España, el trigo está presente en todas las casas, en numerosas formas (pan, pasta italiana, galletas). El trigo debería estar en forma de harina integral biológica (este punto es importante para todos los cereales integrales, puesto que en la parte más externa del grano es donde tiende a fijarse la mayoría de los residuos tóxicos provenientes de la agricultura no biológica). En el caso del pan, será mucho mejor si ha sido elaborado con fermentación natural, siendo más digestivo.
El maíz y el arroz ocupan un espacio muy importante en nuestra dieta diaria. Otros cereales como el centeno, la avena, la cebada y el mijo, apenas se utilizan e, incluso, son desconocidos para muchas personas. Se podría decir que el mijo es el cereal que ocupa la primera plaza entre los más desconocidos o ignorados en la dieta, a pesar de ser uno de los más completos ya que ayuda a mantener sanos la piel, el cabello, las uñas y los dientes. Tiene un sabor delicado y se cuece en apenas quince o veinte minutos. Para prepararlo, es conveniente usar tres dosis de agua por cada dosis de mijo.
El valor de los alimentos integrales
Las semillas de los cereales contienen un importante factor nutritivo que, sin embargo, se pierde, en su gran mayoría, en el proceso de refinado. Es mejor elegir el arroz, el pan y la pasta integral por diversas razones:
•Procuran un mayor aporte de fibras que estimulan el correcto funcionamiento del intestino y evitan que las toxinas se estanquen en él.
•Contienen valiosas vitaminas (en particular del grupo B y E), así como sales minerales importantes para nuestra salud.
•Sacian más y por eso facilitan el control de la cantidad de comida ingerida.
•Tienen un sabor más acentuado y, por lo tanto, no necesitan condimentos grasos que realcen su sabor.
•A diferencia del azúcar y las harinas blancas, que provocan un aumento muy rápido del nivel de azúcar en la sangre y la creación de grasas de reserva, los productos integrales «se queman» lentamente, sin pasar a ser grasas de reserva.
COMBINACIÓN DE ALIMENTOS
A la hora de elaborar nuestra dieta, hemos de tener en cuenta los nutrientes y sustancias esenciales que ingerimos. Por este motivo, es importante que conozcamos el contenido en dichas sustancias que tienen los alimentos. Una vez conocemos las necesidades básicas del organismo, es conveniente saber combinar adecuadamente los alimentos para no sufrir ningún tipo de carencia e ingerir dichas sustancias en su justa medida.
A continuación, ofrecemos una serie de consejos para combinar adecuadamente aquellos alimentos que forman parte de nuestra dieta.
No mezclar, en una misma comida, una gran cantidad de hidratos de carbono, de proteínas o de fruta ácida
La digestión de los almidones se inicia por la saliva, en la boca, a través del enzima ptialina. Cada enzima actúa sobre un tipo distinto de alimento y necesita poder desarrollar su función en un medio determinado. La ptialina necesita de un medio alcalino, por lo que es importante saber que la fruta ácida lo destruye rápidamente y los almidones se quedan sin predigerir. En cambio, la escisión de proteínas en aminoácidos la realiza la pepsina del estómago, que actúa en un medio ácido, destruyéndose en un medio alcalino. Por lo tanto, se puede afirmar que existe una incompatibilidad en la digestión conjunta de almidones y proteínas en una misma comida.
No mezclar una gran cantidad de hidratos de carbono y grasas en una misma ingesta
En una alimentación sana e integral ya no se abusa de los aceites y grasas. Si tiene problemas de peso no mezcle, por ejemplo, un plato de pasta con una ración de frutos secos. Los hidratos de carbono de la pasta provocarán un aumento del nivel de azúcar en la sangre. Al ser hidratos de carbono integrales, los quemará lentamente, pero si se ha incluido mucho aceite en la comida, lo más probable es que, ante la presencia de los hidratos de carbono, el aceite pase a ser grasa de reserva para el cuerpo.
Si se hace una comida grasa, por ejemplo fruta y nueces (o ha hecho algún extra en la comida y ha tomado un frito) espere al menos cinco horas en tomar un zumo o unas galletas dulces. El azúcar natural que aportarán estos alimentos pasará a la sangre y servirá para que las grasas de las nueces, que se están absorbiendo en aquel momento, se conviertan en grasa de su cuerpo.
La combinación de los alimentos y la flora intestinal
El equilibrio de nuestra flora intestinal es determinante para nuestro bienestar y puede influir a la hora de alcanzar o mantener nuestro peso ideal. Además de los 400 tipos de bacterias que forman la flora intestinal, existe un gran número de microorganismos que resultarían nocivos para nuestro organismo si consiguieran ganarle la partida a la flora útil. Una alimentación desordenada puede tener efectos negativos. Puede provocar una malnutrición indirecta, desencadenar dificultades de absorción y de utilización de algunas sustancias vitales y el desequilibrio de la flora intestinal. Si mezclamos alimentos incompatibles se producen putrefacciones intestinales y toxinas que destruyen la flora e intoxican nuestro organismo. Una correcta combinación de los alimentos, comida tras comida, es una de las acciones que ayudan a prevenir estos trastornos.
LA ORGANIZACIÓN DE LOS MENÚS
Para facilitar la organización de sus menús, hemos dividido los alimentos en tres categorías:
•Primera categoría, alimentos proteicos.
•Una segunda categoría que podría considerarse como neutra y que se combina sin problemas, tanto con la primera como con la tercera. Se trata del comodín de sus comidas, es decir, de la verdura y todo aquello que sazona o condimenta: sal, hierbas aromáticas o aceite. No obstante, el limón y el vinagre deberían acompañar únicamente a los platos proteicos porque su acidez interfiere la digestión de los platos amidáceos.
•Tercera categoría, alimentos amidáceos.
A la hora de crear sus menús, además de tener en cuenta todo lo dicho hasta ahora, es importante tener en cuenta ciertos aspectos.
TABLA DE INCOMPATIBILIDADES ALIMENTARIAS

Evitar el consumo de un alimento fuertemente proteico en cada comida
La unión de queso y legumbre, por ejemplo, puede ser bastante difícil de digerir, además de que su aporte proteico es superior a nuestras necesidades reales.
Situar la comida más proteica al mediodía y la de contenido amidáceo por la noche
Este orden puede invertirse sin problemas. Resulta útil saber, para realizar una elección acertada, que los distintos tipos de alimentos influyen en la producción y relajación de los llamados «neurotransmisores». Se trata de sustancias que determinan, entre otras cosas, nuestra rapidez de reflejos y nuestra disposición a dormir de forma relajada.
La pasta, como el resto de los alimentos amidáceos, sirve como «combustible» y procura, en la mayoría de personas, una sensación de tranquilidad y somnolencia. Por eso es conveniente observar las reacciones individuales. Si le cuesta relajarse por la noche y conciliar el sueño siga nuestro consejo. En caso contrario, invierta el menú.
Empezar las comidas con un plato de alimentos crudos
Empiece el desayuno con fruta y, después, cereales integrales o pan integral con queso fresco. A la hora de almorzar, tome siempre, antes que nada, un buen plato de ensalada variada. Los alimentos crudos con los que conviene empezar la cena pueden ser un plato de ensalada y, dependiendo de la estación y sus gustos, fruta fresca. Es importante seguir este consejo por varias razones.
La masticación de alimentos crudos favorece la salivación y, por lo tanto, la digestión de la comida.
Los alimentos crudos contienen importantes enzimas, minerales y vitaminas que se destruyen en la cocción.
Estos alimentos tienen la fibra necesaria para impedir la excesiva y rápida absorción de los alimentos que vengan a continuación (hidratos de carbono, grasas y proteínas). También harán que su absorción sea más lenta y que los hidratos de carbono no pasen a ser almacenados en forma de grasas para el cuerpo.
La fibra y la celulosa que contienen los alimentos crudos contribuyen a producir una sensación de saciedad que evitará que coma en demasía. Además, la fibra pasa rápidamente al intestino, absorbe el agua y evita, por lo tanto, el estreñimiento.
LOS GRUPOS DE ALIMENTOS

Es esencial tener en cuenta la importancia de la fibra en la alimentación
Las personas que consumen carbohidratos refinados en grandes cantidades suelen interpretar mal el consejo de consumir más fibras. Piensan que tomando salvado en píldoras o en polvo quedará solucionada la ausencia de fibra en su dieta. Su alimentación continúa siendo desequilibrada y las fibras introducidas de este modo pueden, incluso, crear problemas intestinales, como gases o irritaciones. Para alcanzar la dosis diaria aconsejada de fibras, que se sitúa en torno a los 35 gramos, no es suficiente con el consumo medio de fruta y verdura. Se trataría de añadir otros vegetales (los productos animales carecen de fibra) como cereales integrales, leguminosas y frutos secos.
Conviene hacer la distinción entre fibras hidrosolubles y aquellas que no lo son, así como conocer su acción específica en el aparato digestivo.
Las fibras no hidrosolubles (como la celulosa presente en los cereales) mejoran el tránsito intestinal y evitan posibles estancamientos con la consiguiente formación de toxinas. También absorben el colesterol, los agentes tóxicos y los ácidos biliares, expulsándolos del organismo en poco tiempo.
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