Kitabı oku: «Ádeiocracia, HIPERliderazgos, Nueva geografía del mundo, Sociedad de la pospandemia»

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Ádeiocracia, HIPERliderazgos, Nueva geografía del mundo, Sociedad de la pospandemia

© 2020, Juan Alfredo Pinto Saavedra

www.juanalfredopinto.com

Autor:

Juan Alfredo Pinto Saavedra

Fotografía de carátula:

Santiago Vélez de la Roche

Obra del artista Savoj B. 2010, Nepal.

Colección particular Juan Alfredo Pinto

ISBN: 978-958-59869--3-0

Primera edición: julio de 2020

Bogotá, D.C. Colombia

Producción gráfica:

Opciones Gráficas Editores Ltda.

Teléfono: (57 1) 2372383, Bogotá, D.C.

www.opcionesgraficas.com

Con el apoyo de:



Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales.


Conversión ePub: Lápiz Blanco Soluciones Digitales

CONTENIDO

PRÓLOGO

José Antonio Ocampo


I. ÁDEIOCRACIA

• Ádeiocracia

• La lumpenización de América Latina

• Brasil en su laberinto

• La reincidencia Argentina

• Contra la paleo pendulación

• La decrepitud neopopulista

• Contra la pobreza: el mensaje de los Nobel de economía

• Sostenibidad: asunto de límites, la ciudadanía pronuncia su palabra


II. HIPERliderazgos

• Pequeños conductores para grandes problemas

• Sinis et India salutaris convergence

• La constitución India

• 150 Años de Gandhi

• Poderes intermedios

• Turquía: modelo económico de referencia

• Indonesia: un socio de alto potencial para Colombia


III. NUEVA GEOGRAFÍA DEL MUNDO

• Migraciones

• Gaziantep: cómo asimilar medio millón de migrantes en una ciudad de frontera

• Nueva política industrial: más fundamento, menos ideologismo

• Colombia, África e India

• Ciencia, tecnología y sociedad:

• Corredores económicos


IV. LA SOCIEDAD EN LA POSPANDEMIA

• Nuestra vida cotidiana en la pospandemia

• Megatendencias y macroproyectos en el mundo posvirosis 2020

• Covid 19 en Colombia: pérdida coyuntural – ganancia estructural?

• Teletrabajo

• ¿Y dónde es adelante?

• Abrir la puerta de escape a la sombra que proyecta nuestro futuro

• Desde la retrotopía hacia un capital ético, social y sostenible en el florecimiento del humanismo digital

• Un mensaje para Colombia a manera de epílogo

PRÓLOGO

José Antonio Ocampo

Este libro recoge un amplio conjunto de reflexiones de Juan Alfredo Pinto sobre la realidad colombiana, latinoamericana y mundial, tanto en sus dimensiones económicas como políticas, sociales y ambientales. Estas reflexiones lo llevan a formular novedosos conceptos para entender esa realidad e importantes propuestas sobre las acciones para hacer frente a las complejas crisis que enfrentamos, incluyendo el coronavirus. Para ello el autor no solo se remonta a su propia experiencia personal sino también, y en forma muy creativa, a ideas de pensadores antiguos y contemporáneos, tanto de las ciencias sociales y políticas como de la filosofía y la literatura. Los ensayos, algunos publicados en medios de comunicación y otros inéditos, se organizan en torno a cuatro grandes bloques temáticos que se recogen en el título de la obra.

Conocí a Juan Alfredo Pinto cuando era Presidente de ACOPI, cargo que desempeñó en dos períodos y que lo llevó además a ocupar la presidencia de la confederación PYME latinoamericana y la vicepresidencia de la asamblea mundial correspondiente. Los desafíos de las pequeñas y medianas empresas siguen siendo su preocupación, como se observa en algunos apartes de esta obra y en otras publicaciones del autor. Sin embargo, este libro refleja mucho más sus amplias inquietudes de carácter académico y político, al igual que su experiencia como Embajador de Colombia por cerca de diez años en la India, Indonesia, Irán y Turquía. Las inquietudes académicas se han reflejado también en sus tareas como profesor universitario en la Universidad Externado de Colombia, en el Birla Institute of Technology and Science de la India y en muchos otros centros educativos.

El primer bloque temático se organiza en torno al concepto que acuña de Ádeiocracia: “Del griego ádeio, vacío y kratos, poder, la incomunicación entre gobierno y ciudadanía, la perplejidad, el desconcierto, la percepción de una institucionalidad sin enjundia, la no aparición de alternativas”. Este concepto de “vacío de poder” ha estimulado, a su vez, según su visión, “el hartazgo que se plasma en un rechazo popular a la acción gubernamental, con mucho énfasis en el anti y mucha menor capacidad en el pro.”

Este concepto le sirve como marco para analizar la realidad colombiana y latinoamericana. Sobre Colombia afirma que lo que la caracteriza no es una situación dictatorial, como en otros países de la región, sino la polarización y las imperfecciones de los poderes públicos, así como “un sesgo oligárquico en la conformación de las decisiones” y complejos problemas de corrupción que han debilitado la credibilidad en las instituciones.

Uno de los ensayos analiza los paros que han tenido lugar durante la Administración Duque, donde asume una posición crítica frente las negociaciones que promovió, pero también hacia la poca capacidad propositiva de la oposición. Da un fuerte apoyo a la “cultura del diálogo”, utilizando un concepto del Papa Francisco, que “Implica construir nuevos puentes, crear narrativas conectoras, trabar relaciones con sujetos sociales ignorados o excluidos, y practicar la comunicación no violenta hasta llegar a abrazar las paradojas de las transiciones.”

Para entender la realidad de América Latina usa el concepto de “lumpenización”, que se remite a los de lumpenproletariado de Marx y lumpenburguesía de autores marxistas posteriores, entendidos como “desechos de clases en descomposición”. Su referencia es a la lumpenización de la sociedad latinoamericana: la pérdida de sus referentes morales y el desarraigo ético. Se refiere también al lento crecimiento económico de la región en años recientes, el aumento de la pobreza, la mala distribución del ingreso, la precarización laboral y la necesidad de asumir la defensa de las clases medias, que son las principales perdedoras en la “ruleta del pudrimiento”, para utilizar sus palabras. De ahí surgen sus propuestas para la región, que se centran en la necesidad de recuperar la ética social, una política de formalización, el fomento a las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES), y una internacionalización pragmática con una política industrial activa apuntalada sobre el desarrollo tecnológico.

En términos conceptuales, uno de los ensayos que se recoge en esta parte de la obra llama a superar la dualidad entre desarrollo económico y calidad de vida. Esto lo conduce a la defensa de los conceptos multidimensionales de bienestar y pobreza, que se remontan al Índice de Desarrollo Humano que diseñó el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, así como a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y los más recientes Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.

Como lo señala en otro ensayo, estos conceptos se remontan a las contribuciones de varios premios Nobel de economía: Amartya Sen, premio Nobel en 1998, y “Economía Social y Ecológica de Mercado”, un concepto que deriva de sus obras anteriores y en el cual ahonda, como veremos, en la última parte de esta colección de ensayos. Este es un concepto por lo demás afín a mis propias ideas.

Sobre tendencias mundiales, esta parte de la obra se refiere a la nueva geografía mundial: los ascensos de China, India y Brasil, el comercio e inversión extranjera directa entre países en desarrollo (“Sur-Sur”, de acuerdo con la terminología internacional), pero también de la necesidad de superar el dualismo entre exportadores de manufacturas y de materias primas, y de integrarse a las muy diversas cadenas mundiales de valor.

En términos de las tendencias políticas se refiere a la “decrepitud neopopulista”, el delgado hilo que, en su visión, separa el populismo de la dictadura, de tal manera que los neopopulismos son, según su concepción, una fase superior de las dictaduras. Ese concepto lo aplica por igual a gobiernos de izquierda y de derecha, en particular a Chávez y Maduro en Venezuela, López Obrador en México, y al ascenso de Bolsonaro en Brasil, tema sobre el cual ahonda en un ensayo particular.

Estos temas son objeto de una atención más detallada en el segundo y tercer conjuntos de ensayos. En el segundo utiliza y desarrolla otro concepto nuevo, el de ““un mundo de grandes problemas y pequeños líderes”. La visión de una crisis internacional del liderazgo le sirve para analizar tanto la realidad de Estados Unidos como de China. Contrasta en el segundo caso el modelo político chino no democrático con su avance económico y social, y en los países de occidente la “idealización de la democracia tan cargada de deformaciones en la geografía política global” y de inequidades en el acceso al poder.

Esta crisis de liderazgo hace extremadamente complejo enfrentar los serios problemas que caracterizan el mundo actual: la regulación de los mecanismos de información y su relación con la libertad individual, la expansión del armamentismo, la relación entre libertad y seguridad, la incapacidad de reformar el sistema multilateral, la cuestión ambiental y el cambio climático en particular, y el desarraigo ético y la corrupción.

Algunos de los ensayos más interesantes de esta parte de la obra se refieren a la India, un país que, como lo anota siguiendo la visión de otros autores, es una colección de naciones. Uno de estos ensayos presenta los antecedentes históricos y los principios que recoge la Constitución de la India de 1949, una Constitución que respondió muy bien a la riqueza, pero también la enorme complejidad y diversidad de su estructura sociocultural, y adoptó profundos principios democráticos.

Otro celebra los 150 años del nacimiento del padre de la India Moderna, Mahatma Gandhi, y sus principios de resistencia pacífica y desobediencia civil, que desarrolló en Sudáfrica y después plenamente en la lucha por la independencia de la India. Debo decir que comparto con Pinto su admiración por Gandhi como líder político y espiritual. De hecho, lo considero como el más importante del siglo XX, compitiendo como líder político y espiritual con otros gigantes (Franklin D. Roosevelt y Juan XXIII, entre ellos).

Me pareció, sin embargo, optimista su visión sobre las convergencias crecientes entre la China y la India. Creo que las divergencias son mucho mayores y que la falta de una alianza fuerte entre estas potencias mundiales emergentes (más China que India, sin embargo) es la causa de la falta de una verdadera alternativa al predominio de Estados Unidos y Europa Occidental en la gobernabilidad mundial. Me pareció mejor su apreciación sobre la renovada convergencia basada en los valores culturales y filosóficos ancestrales y la forma como en estos dos países “los espacios comunitarios empiezan a prevalecer sobre los tradicionales espacios ciudadanos y se imponen aún sobre los satisfactores que el mercado agrega a las mercancías”.

Esta parte de la obra tiene también observaciones muy interesantes sobre Turquía e Indonesia, otros países en los cuales Pinto ejerció el cargo de Embajador. La parte tercera comienza de hecho, con dos ensayos interesantes sobre la forma como Turquía ha manejado la migración forzosa de sirios afectados por la guerra civil: uno sobre la manera como dicho país ha manejado dicho proceso y otro sobre la ciudad fronteriza de Gaziantep, que ha absorbido medio millón de migrantes. Ambos resaltan la tolerancia y pragmatismo con que ha manejado dicha migración, así como la atención humanitaria, el albergue y registro de migrantes, temas que a juicio de Pinto deben servir de referencia para Colombia.

Varios ensayos en esta parte tratan temas económicos. Uno muy interesante es sobre la necesidad de una nueva política industrial, con más fundamentos y menos ideologismo, que presenta visiones que también comparto. A juicio de Pinto, “La política industrial activa es fundamental en la economía abierta, no se opone a ella, la complementa y la consolida”. Requiere, a su juicio, medidas transversales orientadas a una adecuada dotación de factores de producción, privilegiar la inclusión, y medidas verticales que se deben definir en el ámbito territorial y sectorial, con el objetivo de construir una oferta estratégica. Algunos elementos importantes, que se desarrollan en otras partes de la obra, son el fortalecimiento de las cadenas locales, y la articulación productiva regional y con los corredores productivos internacionales.

Como la construcción de una sociedad del aprendizaje es un elemento esencial de esa política, sus observaciones sobre la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología son muy importantes. Resalto en particular, su énfasis en evitar que la investigación sea apropiada por el gran capital privado: “diseñar un Ministerio de Ciencia y Tecnología que sea un bastión en la defensa del progreso científico y el desarrollo tecnológico y a la vez un defensor de la ética social y del interés ciudadano”.

Esta parte de la obra termina con las consideraciones de los corredores económicos como elemento central de la nueva geografía económica, que hoy en día funcionan en torno la infraestructura, pero ahora serán complementados por corredores digitales. Estos corredores generan cadenas de valor, pero a juicio del autor promueven también acuerdos políticos que pueden ser de gran alcance. De ahí su reclamo de que Colombia debe tener estrategias con mayor proyección regional, de que América Latina se embarque en un nuevo panamericanismo y que no ignoremos procesos regionales que tienen lugar en otras zonas del mundo, en particular en Asia, el continente en ascenso y también aquel en el que Pinto ejerció la función de Embajador.

La última parte de la obra, que se titula “La sociedad en la pospandemia” es la más propositiva en materia de agenda de políticas públicas. Comienza resaltando los cambios sociales profundos que dejará la pospandemia: sobre el sistema educativo, los deportes, las actividades culturales, las prácticas religiosas y el turismo, entre otras, pero también el desarrollo más acelerado de las tecnologías con base informática. En materia de empleo y de organización empresarial, resalta los beneficios de teletrabajo, incluso en materia de productividad, pero también el reconocimiento de los enormes costos de la informalidad, que exige que una de las tareas más importantes hacia el futuro sea la formalización empresarial y del empleo, y un programa masivo de integración de PYMES a cadenas productivas.

En materia de agenda de políticas, el ensayo más importante en esta sección es “¿Y dónde es adelante?” Ahí presenta los elementos de su modelo de “Economía Social y Ecológica de Mercado”, que “ha de ser un sistema complejo que prioriza la consideración ética del progreso económico y tecnológico, trabaja consistentemente en la sostenibilidad (…) se ocupa del bienestar global reduciendo la vulnerabilidad, asignando protagonismo a lo femenino, a la infancia y a los mayores, profundizando la participación ciudadana con independencia del orden político (…) afronta el cambio climático sin ambages y desborda los ámbitos nacionales desde una oxigenada estructura multilateral objeto de cambios significativos”. Y agrega: “La adaptación pospandémica nos ofrecerá el escenario para compensar las cargas y para echar las bases de un orden menos desigual, tendiente a la sostenibilidad. Las reformas económicas deben crear mecanismos de amplio acceso para habilitar sujetos en la economía de mercado que puedan participar como artífices del desarrollo.”

Al modelo de Economía Social y Ecológica de Mercado se agrega la propuesta de un “humanismo digital”, que a su juicio une dos conceptos contradictorios u opuestos: “Humanismo digital es el paradigma que ampara el desarrollo tecnológico para determinar su compromiso humano como vehículo de bienestar integral y aprendizaje social continuo y significativo. El humanismo digital representa el credo que preserva para el hombre la rectoría frente a la tecnología y no su subordinación”.

Termina con unas consideraciones sobre la necesidad de más y mejor democracia, con una visión política “desde la legitimidad de un centro que aisle los extremos y cope el espacio de la afirmación, una sociedad ciudadana que incluya a los sujetos sociales marginalizados”.

Dejo en manos del lector esta obra para que disfrute su riqueza. Y agradezco a Juan Alfredo Pinto la invitación para prologarla.

Ádeiocracia

olibio fue un historiador griego que intentó comprender y explicar la hegemonía del imperio romano y los procesos de auge, descenso y degeneración de la democracia. Para ello construyó la teoría de la anaciclosis según la cual el ejercicio del poder responde a un ciclo de seis fases. La monarquía deviene en tiranía y el grupo más beneficiado dentro del circuito inmediato del monarca se autodefine como noble para conformar una aristocracia que concentra la fortuna y la decisión hasta la decrepitud. Es en esa etapa cuando el grupo de aristócratas se tornará en una oligarquía que agota todas las reservas morales y lleva a sectores sociales a rebelarse, clamando por la participación y el relevo dando lugar al establecimiento de la democracia que conoce períodos de esplendor hasta producir un alejamiento político, económico y moral de sus principios rectores por vía de lo que modernamente conocemos como lumpenización de variadas capas sociales, lo cual da lugar a una de las formas primitivas del populismo llamada en aquel entonces oclocracia, el gobierno de las muchedumbres.

La ciencia política, las ciencias sociales en general y la economía, se han ocupado de asignar nombres y crear categorías que acotan los conceptos y precisan las diferentes formas de distorsión de la democracia. La concentración de la economía y los agudos problemas de distribución de la renta y de la propiedad en América Latina han popularizado la categoría plutocracia, también de origen griego, para hablar del gobierno del poder económico, de los ricos, poseedores del capital y de su capacidad manipuladora. A la alteración a profundidad de la percepción, expresión y participación de la ciudadanía en virtud de la incidencia y el control de la formación de opinión a través de los medios de comunicación y, más recientemente, de las estadísticas de predicción y de los algoritmos de alta complejidad propios del big data se le denomina democracia mediática.

Otra categoría en boga, la cual encontraría variopintos ejemplos en Latinoamérica, sería la llamada kakistocracia, un vocablo acuñado por el profesor de la Universidad de Turín, Michelangelo Bovero, autor de “Una Gramática para la Democracia” quien le dio como significado el de gobierno de los peores, recientemente redefinido como el gobierno de los incompetentes.


La política latinoamericana ha conocido de otras manifestaciones sobre las cuales las ciencias políticas y la sociología se han pronunciado para aclarar el alcance de las denominaciones Polarización y Fragmentación. Básicamente refieren a la manera como las fuerzas políticas se comportan de cara a las elecciones. En la polarización aparecen dos bloques que aglutinan las fuerzas políticas. En la fragmentación el voto se reparte entre diversas tendencias o grupos partidarios y se altera la correlación de fuerzas. Aunque la polarización ha ido variando con los cambios en los métodos políticos, el caso prototípico es el de los radicalismos izquierda-derecha de los cuales no ha escapado nuestro terruño, honrando tristemente la frase que define a Colombia como un país “a la penúltima moda”. Como en los tiempos de la Alemania pre hitleriana el nazismo y la izquierda radical crecieron a expensas del centro, dentro de lo que algunos señalan como el momento previo al colapso de la democracia. En el caso de las elecciones presidenciales la aglutinación de fuerzas en torno a Duque y Petro, redujo la opción para Fajardo y cuando el electorado reaccionó era tarde, la suerte estaba echada. En el caso de las últimas elecciones territoriales en Bogotá, la división entre el centro galanista y el centro derecha, y la fractura de la izquierda, despejó el camino para un centro progresista encarnado por Claudia López, haciendo evidente la fragmentación que ha caracterizado el comportamiento electoral en las elecciones locales de la última década.

Pese a la laboriosidad de sociólogos y politólogos dedicados a encontrar caracterizaciones que identifiquen el comportamiento político y la manera de ejercer el poder por los gobernantes, dentro de las categorías que hemos reseñado, no encontramos una que identifique los casos de mandatarios y gobiernos que han tenido dificultad en la aceptación y comunicación de la tarea de los mandatarios, estimulando el hartazgo que se plasma en un rechazo popular a la acción gubernamental, con mucho énfasis en el anti y mucha menor capacidad en el pro. Y ahí estamos, en plena encalladura, permitiendo que el lumpen se empodere, destruya nuestra descaecida infraestructura y muestre al mundo el escenario de un resentimiento fermentado en variadas expresiones de una cruel desigualdad. En el caso de Colombia, vándalos y resentidos chocaron con el escuadrón anti motines una y otra vez, mientras los estudiantes, trabajadores y las clases medias realizaron a lo largo del año 2020, jornadas de protesta legítimas, llenas de imaginación, que nos dejan advertir posibilidades de reencuentro y sanación colectivas.

Dentro de la evolución de Colombia en materia política y en el proceso del posacuerdo que avanza pese a los tropiezos en la consolidación de la paz, estos fenómenos muestran notables particularidades. El Presidente Duque es un mandatario con legitimidad, de eso no hay duda. Cuesta mucho calificar a Colombia como una tiranía después de la Constitución de 1991. Nuestra democracia tiene graves imperfecciones en sus poderes públicos, muestra en ocasiones un sesgo oligárquico en la conformación de las decisiones y padece niveles de corrupción que descalifican al estado en su conjunto y han dejado sin credibilidad a las instituciones. Aún así Colombia se esfuerza por superar el ciclo de conflicto y configura logros de mejoramiento en la calidad de vida, en la instrucción general, las telecomunicaciones, y en variados aspectos del orden social como la producción artística, el deporte, el avance de la mujer en el proceso hacia la equidad o la mejora en la expectativa de vida al nacer. Al parecer la intención del Presidente y su equipo de obrar modificaciones al Acuerdo de Paz firmado y protocolizado legalmente, al estrellarse con una extensa oposición ciudadana, parlamentaria y de la corte Constitucional, restó credibilidad al mandatario. Otro tanto ocurrió con el proyecto de reforma tributaria presentado como una ley de financiamiento que en su versión original incluía la extensión del IVA a los productos de la canasta familiar mientras aliviaba la carga tributaria al sector empresarial, debiendo ser ajustada en dos rondas parlamentarias. Produjo una sensación de poco compromiso con los más vulnerables que impactó negativamente el respaldo ciudadano a la labor del Gobierno.

Seguramente, todos los actores sociales y políticos en Colombia tenemos una cuota de responsabilidad. Problemas de décadas se manifiestan ahora con vehemencia. El gobierno inicialmente quedó conformado de manera mayoritaria con gente educada, sin experiencia política ni actitud autocrítica. Del ABC en el entendimiento de lo que significa gobernar es saber que la retroalimentación al interior del gobierno es distorsiva y minada por el autoelogio. El ejecutivo ha confundido la consistencia que es virtud, con la porfía que es defecto. Rectificar no es debilidad, por el contrario, es un atributo de los estadistas. El legislativo no ha podido fraguar una relación colaborativa con mediadores de desarrollo regional y pactos que no dependa totalmente de la participación burocrática o contractual. La capacidad propositiva de la oposición deja mucho que desear y el momento del país no brinda un escenario para mezquindades o juegos de negociación. La ruta del diálogo está planteada y debemos todos utilizarla a fondo aguzando la inteligencia colectiva en la generación de proposiciones estratégicas.

Adaptando las tesis gandhianas podemos afirmar que no hay una ruta para el diálogo, el diálogo es la ruta. El Papa Francisco nos habla al oído, como lo hizo recientemente desde Abu Dabi al proclamar su “Documento sobre la fraternidad humana” en el cual invita a todos los hombres sin distingo de ideologías o creencias a “asumir la cultura del diálogo como camino, la colaboración común como conducta; el conocimiento recíproco como método y criterio”. Tal es la forma de superar el fenómeno de la ÁDEIOCRACIA, la categoría que he acuñado para llamar a la ciudadanía y a los gobiernos a dejarla atrás. Del griego ádeio, vacío y kratos, poder, la incomunicación entre gobierno y ciudadanía, la perplejidad, el desconcierto, la percepción de una institucionalidad sin enjundia, la no aparición de alternativas, han venido proyectando una sensación de vacío que se extiende a toda la sociedad. Tanto el poder como el cuerpo social odian el vacío, por momentos parecemos un tiesto sin contenido y maltrecho. Para superar la ádeiocracia, hay que desafiar responsablemente la imaginación.

A partir del paro nacional del 21 de noviembre de 2019, la movilización vinculó grupos intermedios e incluyó métodos con fuerza creativa en el plano cultural, el país venía preparándose para una fase de diálogo dentro de un fuerte debate sobre los alcances del proceso. El gobierno suscitó una “Conversación Nacional” entendida como una gran retro alimentación de los sectores sociales para que el ejecutivo obtuviera un conocimiento más cercano de los problemas sectoriales y/o regionales que le permitiría actuar en consecuencia. La oposición planteó un diálogo con negociación para lo cual formuló un pliego de más de 100 puntos desde elementos coyunturales o locales, hasta grandes reformas estructurales de los órdenes político y económico, verdaderamente fuera de toda proporción, lo cual hacía temer por un 2020 con un nuevo ciclo de protestas sociales que el gobierno enfrentaría realizando cambios en la coalición parlamentaria, gracias a la entrada de un grupo parlamentario de significativa representación en el Congreso y a la llegada de cuadros con mayor correlación con la política partidista. El año comenzó. Múltiples voces pedían la convergencia nacional hacia un diálogo significante que produjera resultados. Con temeridad inteligente y orientación hacia los logros colectivos. Al final, lo sabemos, los acuerdos son la pauta para la interpretación de la diversidad moral, para la necesaria elección entre pluralismo y fanatismo, desafiando todas las expresiones de imperialismo ético, tanto de quienes hacen uso de la fuerza para imponer su propia moral a otros, como de quienes hacen uso del terror para resistirla.

El diálogo que demandan la situación global y la de Latinoamérica en particular, está más allá de los lugares comunes de los encuentros internacionales de líderes o de las declaraciones de los organismos multilaterales. Implica construir nuevos puentes, crear narrativas conectoras, trabar relaciones con sujetos sociales ignorados o excluidos, y practicar la comunicación no violenta hasta llegar a abrazar las paradojas de las transiciones.

En esas circunstancias estábamos al inicio del corriente año cuando llegó el coronavirus. A la caída en los precios del petróleo, la crisis del sector externo, la devaluación del peso y el bajo crecimiento, a la eliminación de líderes sociales, a las disidencias narco financiadas de las FARC y al desesperado deambular terrorista del ELN vino a sumarse la pandemia cuando Colombia estaba tratando de sortear la migración de casi dos millones de venezolanos de los cuales, poco menos del 80% viene de padecer hambre y abandono, mientras el restante 20% ha perdido los trabajos profesionales, las empresas y negocios menores e incluso muchos de ellos ha sufrido la persecución delincuencial de la nueva forma del paramilitarismo latino, los colectivos terroristas de estado del neopopulismo criminalizado.

Puede ocurrir - la historia a menudo se escribe desde lo improbable – que la pandemia haya servido de acicate al Presidente Duque y que un nuevo grupo de mandatarios territoriales elegidos en los comicios de octubre haya llegado con aires renovadores. Lo que se observa, fuera del retardo en el cierre aeroportuario que produjo una cuota de contagio evitable por llegada de extranjeros portadores o enfermos, y del ascendiente tecnocrático en el diseño de medidas amortiguadoras de la crisis en la Mipyme que puede malograr la protección del empleo y de los grupos intermedios, es un mejor desempeño presidencial, al frente de la emergencia, aglutinante y esforzado. La nación ha respaldado las medidas y la ciudadanía ha hecho del dolor una fuente de convergencia y solidaridad activa. Los trabajadores de la salud y la sociedad civil han realizado un gran aporte. La profundidad del daño económico es tal y la desintegración histórica del tejido social tan honda, que no sabemos si logremos mantener esta articulación reintegradora del alma nacional y de la fuerza productiva de este país probado en las dificultades. El liderazgo presidencial se pone a prueba y la resiliencia de Colombia también. Si queremos llenar de frutos frescos el camino de salida de la ádeiocracia, necesitamos lo mejor de nuestra inteligencia, requerimos de lo que Michael Foucault llama “un brote epistémico”, esto es, en palabras de Iván Illich, “una desviación de imágenes repentina en la conciencia colectiva, en la cual lo inconcebible se vuelve concebible”.

La lumpenización de América Latina

CUANDO UN CONTINENTE PIERDE TODOS SUS REFERENTES MORALES Y EL NÚMERO DE HABITANTES EN POBREZA EXTREMA SE INCREMENTA DURANTE UNA DÉCADA, APARECE EN MEDIO DE LA CRISIS DE OPORTUNIDADES Y DEL DESARRAIGO ÉTICO, UNA FUERTE TENDENCIA A LA LUMPENIZACIÓN DE LA SOCIEDAD. SE CREA ENTONCES UN ESPACIO POLÍTICO PARA ASUMIR LA DEFENSA DE LOS GRUPOS INTERMEDIOS, LAS CLASES MEDIAS, PERDEDORAS EN LA RULETA DEL PUDRIMIENTO.

l comienzo del año 2019 nos llegó con estadísticas e informes poco halagadores en América Latina. La proporción de personas con pobreza extrema se mantiene incólume arriba del treinta por ciento, peor aún, de los 184 millones de pobres, 62 millones (10.2%), se encuentran en pobreza extrema, el porcentaje más alto desde 2008. Sin entrar en consideraciones detalladas acerca de algunos países, entre ellos Colombia, que lograron desempeños menos lamentables, el panorama general es desolador y compromete gravemente el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible a 2030, en cuya determinación nuestro país desempeñó un papel preponderante.

América Latina continúa atravesando un valle de bajo crecimiento y pese al aumento del gasto social, la distribución del ingreso sigue siendo desastrosa. Un cuarenta por ciento de la población laboral recibe menos de la remuneración mínima, 48.7% en el caso de las mujeres y 55.9%en el de los jóvenes. La cifra verdaderamente desalentadora es la de la población laboral joven femenina, dentro de la cual, el 60% recibe menos del salario mínimo.

Las políticas de inclusión laboral y social son insuficientes o brillan por su ausencia. La situación de precarización laboral tiende a agravarse por cuenta de la oferta creciente de mano de obra juvenil y de la formulación de políticas públicas que reciclan mecanismos fracasados, instrumentos orientados a la habilitación de mercados marginales de pobres que celebran estadísticas de bancarización o formalización transitoria, mientras pasan de largo sobre la transformación requerida para hacer de los pequeños empresarios del campo y las regiones, auténticos acumuladores de capital insertos en el desarrollo económico.

Sobre el lumpemproletariado y la lumpemburguesía:

Promediaba el siglo XIX y Francia sufría los conflictos propios del asentamiento institucional después de una revolución profunda, seguida de un ascenso napoleónico con sello imperial, de un período donde la nación tuvo gran incidencia en el mundo y de un ciclo convulsivo con signos de cierta fatiga, dentro del cual fueron múltiples los conflictos y chantajes entre el ejecutivo y el legislativo, como también los juegos de complicidad al interior del régimen y el desdibujarse de las agrupaciones políticas que mostraron antes un fuerte arraigo ideológico. El país respiraba la nostalgia del siglo XVIII y la corrupción se extendió en paralelo con un desempeño económico mediocre, como suele ocurrir cuando toma cuerpo el amafiamiento del estado ya sea bajo el emblema de una proclividad con énfasis “democrático”, o tras la insignia de gobiernos de sesgo autocrático populista.

Fue dentro de ese contexto que Marx escribió El 18 Brumario de Luis Bonaparte, documento en el cual define la categoría lumpemproletariado y advierte la presencia degenerativa de la descomposición en la clase alta, a la cual más tarde teóricos de la economía política, la denominarían lumpemburguesía… “junto a roués arruinados con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia, junto a vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaronni, carteristas y rateros, alcahuetes, dueños de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos, en una palabra, toda la masa informe, difusa y errante que los franceses llaman la bohème”. Desde entonces el concepto de lumpen ha evolucionado, pero mantiene como elementos inmodificables, los de ser desechos de las clases en descomposición, como lo afirma Joaquín Estefanía, sin conciencia de clase (la clase en sí frente a la clase para sí).

Casi 170 años después, asistimos en América Latina a la lumpenización de la sociedad. A la crisis de oportunidades se suma la crisis moral, a los fracasos de los modelos neoestructuralista y neoliberal los suceden los partidos efímeros en la esfera política lanzando pregones neopopulistas de izquierda y de derecha, la concentración de la riqueza trae consigo la cartelización de la economía, vale decir, la cartelización de las élites políticas, financieras y de los servicios. Una sola multilatina de la infraestructura incide en diez procesos electorales y hoy vemos a más de una docena de presidentes y vicepresidentes procesados o huyendo de la justicia. En el caso de Colombia, el ciudadano medio observa en su desasosiego, los problemas de la justicia, la caída de las reformas judiciales y políticas, los carteles y carruseles de la contratación, hasta los nunca imaginados carteles de la toga, el pañal, la alimentación de los infantes, la hemofilia, la vigilancia, el transporte y los medicamentos. Y al no existir un referente moral, el vacío político es perceptible, las aspiraciones personales liquidan los proyectos que en un momento parecieron viables y abundan las personas que convierten la descripción de la maldad en su justificación para dar curso a sus propias transgresiones.

En medio de tan dura realidad, cunde el escepticismo y cuesta advertir las nuevas posibilidades, particularmente cuando ellas surgen precisamente de las complejas realidades que enfrentamos tales como la migración venezolana, el posconflicto, las disidencias criminales y los paramilitares resurrectos, el envejecimiento de la población, la crisis motivacional y laboral de la juventud, la modificación tanto de la forma como de la extensión de la familia, y en ocasiones, el bajo nivel de apropiación tecnológica cercano a un nuevo analfabetismo, para hablar de lo colombiano; mas también de los tránsitos democráticos cargados de imperfección, del hartazgo en materia política, de las polarizaciones entre facciones corruptas, del lánguido atardecer del ALBA y de los problemas de productividad en la mayoría de naciones hermanas.

Oportunidad para los gobiernos y las administraciones territoriales:

Ahora que se abre el debate sobre el Plan de Desarrollo en Colombia, el presidente Iván Duque tiene un gran escenario para mostrar su don de mando y su capacidad de aglutinación en torno a propósitos transformadores. El presidente tiene la oportunidad de emprender razonablemente las rectificaciones que conduzcan al mejoramiento del ciclo de posconflicto, las cuales deben correr a la sombra de la materialización de los compromisos superiores de los acuerdos y no contra ellos. Algunos de sus partidarios arremeten contra todo lo actuado y pretenden un gobierno destructor, no reformador ni unificador.

El Plan de Desarrollo debe ser el eje de un gran empeño en pro de la formalización, no el mandoble contra la informalidad. Necesitamos sumar a la base de propietarios antes que perseguir a los informales sin discernir sobre las causas que inhiben su formalización. Las políticas del último lustro en Brasil son una buena referencia.

Las políticas de asimilación e integración de los migrantes venezolanos han de volcarse al ámbito municipal y dirigirse por igual a las mujeres, los jóvenes y la niñez colombianos y venezolanos. La vigilancia de la competencia irregular por bajos salarios es urgente, el desplazamiento de trabajadores nacionales estimula la xenofobia y los conflictos.

La progresiva actualización catastral rural no puede detenerse. En cambio, la tasa incremental de los avalúos en grandes ciudades está golpeando a las clases medias y va a desestimular la cadena de la construcción y el empleo juvenil urbano.

La lucha por la recuperación de la ética social no puede manejarse como un slogan ni caer en manos de los oportunistas que deambulan vociferando con su proclama de superioridad moral. Lo ha dicho con propiedad el papa Francisco al hablar del moralismo elemental…el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad. Y en ello la consistencia del gobierno es determinante. La actuación del estado debe ser nítida y no puede permitir la existencia de cuartos traseros para la distribución de mermelada.

La revisión y actualización de la Ley Mipyme, cuyos incentivos fueron desmantelados, es vital. El pronto pago y la eliminación de la letra menuda en los contratos, así como el fin de las renovaciones amarradas o compulsivas, están a la orden del día. Y el presidente debe mostrar su liderazgo. Concertar no es temer al ejercicio sobrio de la autoridad democrática. La batería de instrumentos de promoción y fomento de economías con Pymes insertas y exportadoras tipo Taiwán es un ejemplo práctico y válido.

La internacionalización debe ser pragmática, con buen piso técnico y gran discernimiento. Hay que concretar los acuerdos de inversiones en negociación o perfeccionamiento y recuperar el principio del beneficio recíproco en las relaciones bilaterales. El reconocimiento de la interdependencia y la reciprocidad son las claves de la partitura competitiva internacional. Desde luego, la mejor política internacional es la que cuenta con una gran política industrial activa para la economía abierta a los acordes de la economía social de mercado. No se trata de buscar denominaciones sugestivas para hacer más de lo mismo. El mandato es construir la base para una nueva fase de industrialización con desarrollo tecnológico, innovación social y productiva, sostenibilidad y articulación productiva en minicadenas, cadenas, corredores nacionales e internacionales, logística competitiva, emprendimiento de mérito mediante el uso de ventajas territoriales y articulación entre servicios, industrias locales, comercio, turismo e industrias culturales.

El presidente Duque y los nuevos mandatarios latinoamericanos están urgidos de apoyo ciudadano. Empero, necesitan granjeárselo. Y en el caso colombiano, el mandatario tiene de donde, incluso siguiendo la línea de sus propios logros, tales como el acuerdo con el movimiento por la defensa de la educación, la creación del ministerio de ciencia y tecnología, la definición concertada del salario mínimo, el planteamiento de la economía naranja como una nueva arteria. El mandatario se juega su suerte en lograr el apoyo de las clases medias, evitando con hechos, que lo cataloguen como su persecutor.

Brasil en su laberinto

l respaldo a la Selección Colombia, verdadero aglutinante social durante este período de nuestra historia, nos ha traído hasta la región nordestina de Bahía para acompañar una sobresaliente presentación del combinado nacional y poder tomar el pulso a la realidad política, económica y social de este hermano gigante, el cual, como todos los colosos, acusa problemas de motricidad y orientación en el corto plazo – pies de barro, macrocefalia burocrática, demagogia laboral, costoso aparato estatal, lumpenización, profundas brechas entre regiones, gran desigualdad- y para no desafiar el decadente perfil de muchas naciones y de América Latina en particular- corrupción y polarización. La ventaja de los titanes, si así puede llamársele, es que sus problemas lucen pequeños en proporción al organismo ciclópeo y a su dotación de recursos y factores vitales para el mundo: el Amazonas con la quinta parte del agua dulce de la tierra, la selva y su condición de fiel de la balanza y de la sostenibilidad, mayor productor y/o exportador global de once productos agropecuarios, un mercado interno de 215 millones, una base industrial de gran escala aunque no siempre competitiva pero, en todo caso, promisoria en el mediano plazo, y una población diversa que en su hora recibió corrientes migratorias, verdaderos vectores de una diversidad creativa y fecunda.

Estamos en Bahía concediendo plena razón a quienes afirman que no conocer este estado es renunciar al entendimiento de Brasil como totalidad. San Salvador de la Bahía de todos los Santos, primera capital de Brasil, epicentro de un estado cuya extensión representa más de la mitad de Colombia entera. La metrópoli frente a la gran bahía, la segunda del mundo, está poblada por algo más de cuatro millones de soteropolitanos, hermoso gentilicio, 70% de afrodescendientes que disfrutan de una moderna infraestructura, una buena batería de bienes públicos y sufren el déficit habitacional que produce y multiplica las favelas, esa oprobiosa aglutinación de desposeídos, ocupantes ilegales y urbanizadores piratas. Es sin duda un bello escenario natural donde se ha levantado una ciudad caracterizada por un denominador, el contraste. Bahía es la cuna de extraordinarias personalidades como Jorge Amado y Castro Alves, Astrud Gilberto y Gilberto Gil, Dida y Bebeto. Es también gran centro petroquímico, agrícola, turístico, automotor y de agronegocios.

La historia de Brasil es extensa y compleja, es diferente de la del resto de América si bien discurre durante algunos ciclos en dimensiones paralelas. No es sano pretender explicar Brasil a través de comprimidos o de resúmenes estereotipados. Conquista y colonia, esclavitud, implantación monárquica, independencia con mediación británica y una compleja gestación republicana hacen del recorrido hasta avanzado el Siglo XIX, un camino sinuoso que continuaría en el trasiego hacia esos estados de dimensión continental que han transformado apenas parcialmente la realidad de una nación muy rica con una sociedad cargada de pobres, carente de cohesión y plena de candilejas encendidas por individuos de gran trascendencia mas no por una evolución que supere las lacras del clasismo, el racismo y la discriminación en todos los órdenes. En efecto, las aguas de colores diferentes que corren por el Amazonas a lo largo de leguas como sin mezclarse, parecen reflejarse en un país donde la democracia oligárquica fracasó en tiempos modernos, pese a los testimonios de educadores como Freire o de contribuciones como las de Celso Furtado y Getulio Vargas, del desarrollismo económico o del urbanismo de Oscar Niemeyer o Lucio Costa que no fueron dique para la corrupta decrepitud de la política tradicional, como tampoco podía serlo la dictadura, ni la llamada democracia racial. Todo ello abrió paso al ascenso de Lula, el líder obrero de los metalúrgicos y su PT. Y el mundo se ilusionó. La lucha por la vivienda, la “Bolsa Familia” contra el hambre, café, oro, azúcar, acero y la perspectiva industrial en escala coronada con la visibilidad para Brasil en las cumbres sociales, daban razones para creer en ese país que tantas veces nos había prometido futuro. Y apostamos, arrobados entre el ingreso a los Brics, las grandes sedes de torneos mundiales y las melodías eternas de Vinicius y Caetano.

Pero no fue así, llegaron la incuria, los abusos, el resentimiento como instigador social, y el cáncer de la corrupción que se encargó de la pésima asignación de prioridades y produjo la metástasis continental de Odebrecht y la lumpenización de latinoamérica. Entonces vino el ciclo de criminalización de la política, aviones derribados, asesinatos, intervención y amafiamiento de la justicia. Y en ese contexto, apareció el neopopulismo de la otra extrema, uno de esos liderazgos redentoristas lleno de ideas ambiente para la galería y con una puñaleta entre las carnes. Bolsonaro es elemental pero tiene un bono cuyo crédito aún puede capitalizar o dilapidar. Obtuvo 57 millones de votos y cuenta con el respaldo amplio del sector empresarial y de una sociedad que le perdonará flaquezas a cambio de oportunidades y, sobre todo, de derrotar la inseguridad que tiene a la gente encerrada en su vivienda y ante la cual, otras capitales del subcontinente, con sus pandilleros en manadas, lucen más tranquilas. Ahí está Brasil en su laberinto, dudando de sí mismo, entre una izquierda agotada y un neopopulismo en erosión. Fue Don José Bergamín, ese amigo íntimo de Unamuno que pasó buena parte de su vida tratando de conciliar catolicismo y comunismo, “con los comunistas hasta la muerte, pero ni un paso más” diría, quien intentó ir un poco más lejos reflexionando sobre el laberinto: “El que solo busca la salida, no entiende el laberinto, y aunque la encuentre, saldrá sin haberlo entendido”. Qué ha de tener claro Colombia en su política exterior, lo dicho, es imposible cambiar el rumbo de Latinoamérica sin una gran alianza con Brasil, es imposible dar el salto internacional de magnitud que necesitamos, sin una fuerte política bilateral con Brasil, robusta, innovadora, potente, orientada a grandes logros.

Nota del autor: Este texto fue escrito en Julio de 2019. Es preciso señalar que el demencial manejo dado por el Presidente Bolsonaro al Covid 19 ha derrumbado el respaldo presidencial y comprometerá la gobernabilidad.

La reincidencia Argentina

Se repiten los síntomas, también los errores en políticas públicas y la anacrónica e inútil oscilación entre los paradigmas neoliberal y neokeynesiano

ras treinta años he regresado a Open Door, localidad cercana a Luján en la Provincia de Buenos Aires. Allí, en la Región Pampeana, nació, a comienzos del siglo xx, la Colonia Nacional Neuropsiquiátrica Domingo Cabred que, con su sistema terapeútico de “Puertas Abiertas”, dio el nombre al municipio. Un conjunto de palacetes en medio del bosque, albergue de pacientes con enfermedad mental. Los campos vecinos divididos en lotes facilitaron a las gentes ricas de la capital instalar bellas quintas de recreo y, durante las últimas décadas, múltiples urbanizaciones consolidaron esta villa próxima al Santuario Nacional de la Virgen de Luján y a los centros reconocidos a cargo de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios dando lugar a lo que en lenguaje moderno llamamos un “cluster” de la salud mental y del turismo religioso.

Allí conocí pacientes de muy variados orígenes sociales, gentes de familias humildes con toda suerte de padecimientos así como también personas de familias acomodadas o descendientes de exitosos inmigrantes europeos que amasaron fortunas dentro del ciclo de prosperidad incomparable que arrancó en 1862 con La República, prosiguió con la denominada era aluvial, una heterogénea creciente migratoria, innovadora y fecunda, la cual dio paso a la República Liberal (1880-1916), a la República Radical (1916-1930) y finalmente a la República Conservadora (1930-1943). No exentos de contradicciones y sesgos, estos ciclos políticos representaron avances notables y allanaron espacios para la aparición de remedos aristocráticos, oligarquías emergentes, clases medias urbanas, ciudades de corte europeo y una capital de clase mundial, Buenos Aires.

Argentina no ha sido un gran modelo de distribución, la Era Aluvial acentuó la diferencia entre las regiones interiores y las regiones litorales. Los campos se poblaron de chacareros pero el mayor crecimiento se registró en ciudades con el estilo de civilización que proyectaba París. La clase dirigente criolla comenzó a considerarse una aristocracia acrecentando los privilegios que la prosperidad le generaba sin mayor esfuerzo. Despreció incluso al humilde inmigrante que venía de los países pobres de Europa, vivía de otra forma e interpelaba la tradición nativa. Argentina, con inteligencia, fue neutral en las dos grandes guerras y eso le permitió desarrollar una industria de relevo, una burguesía nacional con capacidad emprendedora aunque no totalmente compacta. Llegada la paz, el capital europeo recuperó espacios y Argentina pagó tributo con sus conmociones internas, pero, a la vez, descubrió el potencial de nuevos recursos: petróleo, carbón, hierro, modernizó su ganadería y las curtiembres, las industrias vinícolas, los textiles, las manufacturas del cuero y la indumentaria, y, lo más importante, desarrolló un aparato educativo técnico y superior de gran mérito. El país modificó su escenario político. Conservadorismo y radicalismo fueron protagonistas. El primero representando a los poseedores de tierras. El segundo a las clases medias en ascenso deseosas de ingresar a los círculos de poder.

Esos ochenta años de acumulación, universidades, academias, sociedades científicas, incidieron en la transformación productiva y forjaron una pléyade de grandes figuras: José Ingenieros, Miguel Lillo, Alejandro Korn, Lino Spilimbergo, Leopoldo Lugones y aún el joven Jorge Luis Borges (1899). Esas ocho décadas inscriben a Argentina en el mundo y a Buenos Aires como la gran ciudad europea en América. Como lo recordó hace poco Mario Vargas Llosa al manifestar que el “Si llora por Argentina”, esta nación fue la primera del mundo en erradicar el analfabetismo al tiempo que su capital inauguraba la línea matriz del metro en 1913. Los períodos posteriores configuran una secuencia más agria que dulce a la cual hay que abonar mejoras sociales especialmente para la clase obrera y una generosa función pública hasta el exceso. Su caracterización y balance no han culminado. El historiador José Luis Romero la resume así: República de masas (1943-1955), República en crisis (1955-1973) y el ciclo repetido de inestabilidad política, dictadura, corrupción e inviabilidad económica cuyo final aún desconocemos .

Cuando visité por primera vez el Sanatorio de Open Door, conocí a Simona, una mujer alcoholizada, asesora de señoras de sociedad como instructora y “coach” de bridge, hasta quedar en estado de intoxicación irreversible. Ahora la encontré muy entrada en años. Me recibió llamándome por mi nombre con gran “memoria arcaica”, me dio un fuerte abrazo y exclamó: “Sabes, estamos idénticos y Argentina no ha cambiado casi nada, apenas ha empeorado, sigue en el fango de los discursos políticos, la polarización y la corrupción. A mí por lo menos me modificaron la medicación, me dan una dosis etílica de sobrevivencia que tal vez tu puedas mejorarme en este comienzo de año”.

La declaración de Simona parecía una síntesis dolorosa y certera. Me dí entonces a la tarea de revisar las cifras de las últimas dos décadas: Argentina vivió bajo ley de emergencia durante 16 de los últimos 18 años, cerrando el último año completo con su tercer “difault” del siglo, registra una devaluación del 100% y una inflación arriba del 50% en 2019. Con un déficit fiscal en más de 50 de los últimos sesenta años, afornta nuevas dificultades para servir la deuda y una fuga de capitales de US27mil millones entre enero y noviembre pasados. No solo se repiten los síntomas también los errores en políticas públicas recayendo una y otra vez en la inútil oscilación entre las prédicas neoliberal y neokeynesiana, matizada con medidas de moda pregonadas por los multilaterales: un nuevo cepo cambiario, impuestos a la compra de dólares, devoluciones de IVA a sectores vulnerables y la sucesión entre devaluación abierta o disimulada y una inflación galopante como efecto del traslado del componente importado al precio de los bienes. Simona tiene razón. Ahora, estrenando gobierno, con un Presidente joven y una Vicepresidenta con anclaje en el pretérito, viene la pregunta: Porqué Argentina, país que lo tiene todo, repite los errores sistemáticamente, como si viviera en modo “deja vu” en palabras de Tomás Carrió o, como lo resume el hombre porteño de la calle, el que encuentras en el boliche, en “La Biela” o en el café “Tortoni”, un país en el que si uno viaja 20 días y vuelve, parece que todo cambió, pero si uno viaja 20 años y vuelve, parece que nada ha cambiado. Ahora administramos nuestras expectativas para observar si Alberto Fernández tiene respuestas propias o es apenas una síntesis de sus antecesores. No obstante, tal como sucede respecto a Brasil, con independencia de los anacrónicos discursos políticos, no nos está permitido pensar en el futuro de América del Sur sin contar con Argentina, ese pedazo del cielo al que Dios colmó de todos los dones, exceptuando aquel que evita la condición casi esquizoide del paciente al cual la vida pareciera habérsele detenido en un instante traumático que el repite hasta el fin de sus días.

Contra la paleo pendulación

Desarrollo económico y calidad de vida:

¿hacia el fin del dualismo?

Nota del Autor: El texto originario de esta parte del libro tiene su base en un ensayo preparado para el Encuentro sobre Desarrollo y Calidad de Vida convocado por la Universidad La Gran Colombia (Bogotá, 2010). Ha sido enriquecido y actualizado durante la última década hasta su presentación resumida en el foro Unisalle “Ingenio, sostenibilidad, productividad y democracia”, evento inaugural de la Cátedra Abierta en ese admirado centro de educación superior (Bogotá, marzo de 2020).

a economía del desarrollo está abocada a superar las dicotomías entre crecimiento y bienestar, acumulación y distribución, así como el dilema moderno entre tecnología y libertad humana. Este documento sobre desarrollo económico y calidad de vida propone sobrepasar los debates entre doctrinas económicas afectadas por sesgos ideológicos y trasegar por los caminos que ofrece el método de la tradición argumentativa para desbordar el dualismo, para ligar econometría y lexicometría, para avanzar desde los parámetros hacia la complejidad, desde lo cuantitativo hacia lo integral-cualitativo, echando mano de las mejores herramientas numéricas pero a la vez, impulsando líneas de investigación y propuestas que puedan aportar al esfuerzo por acercarnos a expresiones de realización de justicia, sostenibilidad global creciente, puesta a buen recaudo la utopía y sin desbordadas pretensiones. Para ello, en primer término examina las conclusiones de estudios sobre Perspectivas del Desarrollo Global así como los trabajos sobre Crecimiento y Bienestar o Calidad del Crecimiento, con el fin de contar con una aproximación actualizada sobre la conceptualización en torno a la riqueza y el bienestar, la cual contrasta con los indicadores que sugieren un cambio en los instrumentos valorativos de la pobreza, en particular, con el Índice Multidimensional de Pobreza – IMP de la Universidad de Oxford. A partir del análisis, la última parte de este ejercicio recomienda líneas de acción a ser consideradas en la formulación de políticas públicas y en la asignación de prioridades en los Planes de Desarrollo en América Latina.

Introducción

La literatura económica ha producido durante los últimos lustros abundante material sobre la conceptualización de la pobreza. Desde las formulaciones sobre el concepto, la magnitud y las consecuencias de la pobreza en los países en desarrollo a cargo de Renata Schubert, pasando por las elaboraciones sobre desarrollo humano sostenible animadas por Naciones Unidas a través de los Informes Anuales sobre Desarrollo Humano a cargo de PNUD, continuando con los diversos sistemas e índices de medición y los análisis tanto numéricos como cualitativos acerca de la correlación entre pobreza, sostenibilidad y calidad de vida, hasta llegar a los métodos neo-empíricos fundados en la eficacia y basados en la evidencia científica a cargo de Banerjee, Duflo y Kremer, merecidos ganadores del Premio Nobel de Economía, se ha conformado todo un arsenal de encomiosa elaboración académica que acaso mejorará nuestra capacidad interpretativa de las complejas realidades, mas tristemente no alterará lo que es percepción general de la ciudadanía global sobre el tema: que los esfuerzos académicos han sido mayores que los resultados en cuanto a reducción y/o eliminación de la pobreza y que, como objeto de estudio el asunto de la pobreza parece no agotarse, justamente por la dificultad enorme que representa el paso de las formulaciones teóricas sobre su reducción hacia la transformación de realidades que no concuerdan con el ciclo de enriquecimiento mundial y nos conducen de vuelta a las preocupaciones de John Rawls por formular una “Teoría de la Justicia”, recogidas y enriquecidas con extraordinario esfuerzo de aportación por el profesor Amartya Sen en su libro sobre “La Idea de Justicia”.

Me cuento entre los economistas del desarrollo que hemos abordado el tema a lo largo del último cuarto de siglo. La preocupación por los contrastes que exhibe la dinámica global me llevó a proponer un modelo de economía social y ecológica de mercado para Colombia y en ese libro publicado en 2005 formulé la tesis de la Ética del Desarrollo como un asunto de limites. Asimismo, en relación con el debate sobre convergencia – divergencia en la dinámica global, en el libro “Globalización para Todos” que preparamos con Soraya Caro en 2006, hicimos planteamientos sobre las inadmisibles brechas sociales que nos dejaban conocer las “dos caras de la globalización” y recomendamos, en torno a los Objetivos del Milenio, múltiples mecanismos de inclusión eficiente.

Este formidable Seminario Internacional organizado por la Universidad La Gran Colombia en su Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas donde regenté la cátedra de Economía Agraria, me ofrece la oportunidad de volver sobre el tema del Desarrollo Económico y la Calidad de Vida para clamar por el fin de la dualidad, para recoger las voces de Amartya Sen en el sentido de sobrepasar los debates entre doctrinas económicas afectadas por sesgos ideológicos y trasegar por los caminos del sur de Asia que nos sugieren apoyarnos en el método de la tradición argumentativa para desbordar el dualismo. Para ello, examinaré las conclusiones de los estudios sobre el Cambio en la Riqueza – OECD, así como los trabajos sobre Crecimiento y Bienestar o Calidad del Crecimiento divulgados en la publicación del Centro Barilla para la Nutrición y la Alimentación - CBNA y los estudios sobre alternativas al PIB como medida de bienestar. Eso nos facilitará una aproximación actualizada sobre la conceptualización en torno a la riqueza y el bienestar, la cual podremos contrastar con los nuevos indicadores que sugieren un cambio en los instrumentos valorativos de la pobreza. en particular, con el Índice Multidimensional de Pobreza – IMP.

En este comienzo de la tercera década del siglo XXI, el debate sobre el desarrollo económico parece haber ganado un palmo de terreno al superar aproximaciones ¨voluntaristas¨ o dogmáticas. Ya no se discute la necesidad de la “consideración ética de la acumulación” como un supuesto básico de la economía de mercado. Se sabe que la solidaridad requiere solvencia y que la solvencia solo es sostenible bajo preceptos de inclusión. El mundo parece reconocer que los procesos de crecimiento empobrecedor y de riqueza súbita contienen grados variables de perversión. Los problemas del cambio climático y la crisis del sistema financiero internacional vienen a ser como una suerte de dolorosa terapéutica. La dificultad consiste ahora en lograr en el terreno de la praxis materializar los contenidos de la responsabilidad social y de la ética de los límites. La pandemia del COVID 19 ha desnudado la pobreza del “liderazgo global” y nos ha permitido develar la que he llamado ádeiocracia ese “cilindro vacío lleno de poder ahumado, desconexión vital, sin alma y destructor”. Las tragedias que representan el cambio climático y la pandemia del coronavirus son asuntos explicables científicamente en su origen aunque resuenen como alaridos de la naturaleza. Cuando ella se hace oír, aparecen los conocidos pregoneros que estimulan los dos miedos innatos de los que nos hablara hace dos milenios Lucrecio, el miedo a los dioses y el miedo a la muerte. En un mundo gobernado, salvo excepciones meritorias, por capataces globales, en cuyo espíritu desapareció o nunca estuvo lo humanístico, se nos olvida su sabia advertencia: la muerte es fácil cuando la vida se ha ido.

En el año 2005 afirmé: “Economía social y ecológica de mercado significa responsabilidad. La acumulación sana evita la multiplicación ilimitada, tiene en la continencia un gran aliado para la sostenibilidad y para definir el grado humanamente admisible de la programación que trae consigo la aceptación de un orden económico y de un orden político…es imperativo para cualquier apuesta responsable sobre el futuro, recuperar “la llave dorada de la moderación” como la llamara Alexander Solzhenitsyn”. Por esas mismas calendas el profesor Amartya Sen en su formidable ensayo sobre “Teorías del Desarrollo a principios del Siglo XXI” realizó un encomiable esfuerzo por superar las nociones antitéticas de viejo tipo como las que confrontan al Estado con el mercado y se refirió a dos acentos en los enfoques hacia el desarrollo. Al primero, más cercano a la ortodoxia lo denominó BLAST aludiendo al sacrificio y a las privaciones actuales de los desfavorecidos para obtener el bienestar futuro (BLAST del inglés explosión, mas también del acrónimo en inglés con referencia a blood, sweat and tears, sangre, sudor y lágrimas). Al segundo lo llamó GALA aludiendo al estribillo de una canción de los Beatles: “I can get with a little help of my friends”. Lo novedoso de la caracterización de Sen es que se refirió a los énfasis de las teorías pero advirtió la evolución de los planteamientos en el sentido de que ninguna de ellas se encontraba a esa altura del debate en posiciones extremistas o de aislamiento, y señaló cómo era necesario encontrar nuevas correlaciones entre productividad económica, salud, educación, alimentación y género: “La educación y el empleo remunerado de las mujeres pueden incidir especialmente en la reducción de las desigualdades de género, un elemento central del subdesarrollo en muchos lugares del mundo… La formación escolar y la atención básica en salud pueden afectar significativamente las tasas de fecundidad y mortalidad y por lo tanto ser cruciales para el proceso de desarrollo, además de tener considerables efectos potenciales sobre el bienestar y las libertades de las personas durante su vida… y también sobre los derechos sociales y políticos.”

El debate sobre desarrollo económico y calidad de vida disfruta en estos momentos de un escenario lleno de posibilidades. El dualismo característico de occidente que desata regularmente la contradicción entre tesis y que conduce a menudo a un análisis confrontacional, está dando paso al ejercicio argumentativo característico del sur de Asia el cual consiste en un proceso acumulativo de conocimiento a través del encuentro de mayores grados de profundidad en el examen del objeto de estudio. Las dificultades en la cristalización de los ODS, las tragedias ambientales y los obstáculos en la materialización del paradigma del desarrollo sostenible, la crisis financiera y los problemas de gobernanza global han declarado un indeseable empate entre los radicalismos de las doctrinas económicas abriendo enormes posibilidades para aportaciones innovadoras que, con rigor y un mejor herramental numérico y cualitativo, nos puedan señalar nuevos derroteros y ambiciosos objetivos.

En el plano teórico los desafíos están en el análisis numérico de las variables cualitativas o, lo que es igual, en el análisis cualitativo de los modelos econométricos. Ya no es suficiente el discurso apreciativo sobre los hechos económicos mas tampoco el sistema de ecuaciones diferenciales para obtener la base matemática sobre la cual afirmar como cierta una tesis. Ni siquiera los avanzados algoritmos de complejidad y las estadísticas de predicción que tienden a confundir la manipulación con la esencia de lo humano. En los terrenos de la lexicometría, de la conjunción argumentativa y de la consideración temática de variables anteriormente más distantes de la evaluación económica, está el quid del asunto epistemológico. Desde luego es preciso reconocer desarrollos de la Inteligencia Artificial que permitirán avances insospechados en la esfera del conocimiento complejo y suscitarán alteraciones en las formas de vida, la economía, las necesidades, las visiones colectivas, las relaciones espacio temporales y el empleo. Es Amartya Sen explorando el tema de la justicia o los problemas de la identidad, es Martha Nussbaum analizando los asuntos de la religión y la identidad nacional. Son los indicadores multivariados en el estudio de la pobreza o las aproximaciones innovadoras en la relación crecimiento - bienestar. Aún los nuevos parámetros resultan difíciles de asimilar para nosotros los economistas. Tuve la suerte de conocer a su majestad Jigme Singye, Rey de Bután, que abdicó a favor de su hijo y quien luego de felicitarme por la exposición ¨ Asombroso Amazonas ¨ que presentara la Embajada de Colombia en Nueva Delhi, me invitó a recorrer la sala dónde su país mostraba ejemplos vivos del indicador denominado “Felicidad Nacional Neta”, un conjunto apreciable de formas manuales de producción con alto sentido práctico y estético.

Estamos ante la oportunidad histórica de superar la dualidad que caracterizó la aproximación entre desarrollo económico y calidad de vida. Para ello transitaremos desde los parámetros individuales hacia la complejidad, desde los listados de variables hacia los análisis por agrupaciones, desde la inferencia mecánica hacia la construcción argumentativa, desde lo cuantitativo hacia lo integral- cualitativo. No se trata de hacer la apología de la retórica o del voluntarismo facilista, más tampoco de sucumbir en abundantes ejercicios de predicciones estadísticas que la realidad acompaña hasta que la porción de lo humano no codificable les desbarata. Es el tiempo de encontrar nuevas aproximaciones a los conceptos de riqueza y pobreza, de satisfacción y bienestar y, desde luego, es la hora de las propuestas nuevas que anticipen y prevengan dramas como los que el mundo confronta en materia de pandemias o de tragedias relacionadas con el cambio climático, hagan acopio de conocimiento interdisciplinario, se formulen con rigor científico, ajeno todo dogmatismo e incorporando consideraciones éticas respecto al rendimiento como “primer objetivo”, a las formas de vida, a las identidades plurales y a los imperativos de inclusión.

La mudanza en la riqueza

Los poderes económico y político han sido objeto de relocalización durante los últimos 30 años como consecuencia del crecimiento sostenido y con tasas altas en las grandes economías emergentes. La llamada “Mudanza de la Riqueza” (Shifting Wealth), examina los grandes movimientos de realineación de la economía global durante las últimas dos décadas dando particular importancia al protagonismo de poderosos países en desarrollo como China e India y a las consecuencias de su dinamismo sobre la pobreza global. Los incrementos de los flujos de comercio y de las inversiones entre países en desarrollo, así como la formación de su talento humano dan cuenta de mutaciones significativas en el contexto global las cuales cobrarán más y más importancia en las definiciones de la política pública a los niveles nacional y regional. Los primeros estudios sobre el nuevo eje de la creación de riqueza en el mundo fueron elaborados por la OECD. La investigación llamó la atención sobre la nueva geografía del crecimiento y sobre el hecho de que cientos de millones de personas han entrado a la economía de mercado global, como trabajadores, consumidores o inversionistas y ello ha traído consigo un cambio en la dinámica de la pobreza.

Durante la última década China se convirtió en el primer socio comercial de Brasil, India y Sur África y compañías indias dieron vuelta al pasado colonial adquiriendo matrices británicas. Tata es ahora el segundo inversionista en el África Subsahariana. Como lo anotan los estudios en comento, más del 40% de los investigadores del mundo están ahora en ASIA y países en desarrollo han tenido notables incrementos en el monto de reservas a escala global. Es una realidad incontrastable dicen los informes de OECD, el centro de gravedad de la economía mundial se ha desplazado hacia el este y el sur, desde los países de la OECD hacia las economías emergentes y es a este fenómeno al que se le denomina “Riqueza Cambiante”.

Desde luego, en este cambio profundo los indicadores están fuertemente afectados por el peso específico de China en la economía mundial y en algunos casos el papel de India y China como propulsores de la economía global pareciera replicar los ciclos del siglo XX donde los países industriales poderosos compraban materias primas a los países de América Latina y les vendían manufacturas produciendo un desequilibrio estructural. Por ello resulta pertinente formular propuestas acerca de cómo pueden nuestros países capitalizar la intensificación de vínculos entre el mundo en desarrollo o sobre cómo podrían naciones intermedias en vías de desarrollo articularse con países como China, India o Brasil. Al considerar insuficiente la división del mundo entre Norte y Sur o entre países desarrollados y en desarrollo, intentando superar el dualismo, el informe de la OECD adopta el concepto de James Wolfensohn de un mundo de “Cuatro Velocidades” o con cuatro tipos de países: Prósperos, convergentes, en lucha por abrirse camino y pobres, de acuerdo con su ingreso y tasa de crecimiento per cápita en comparación con el mundo industrializado.

Tal aproximación permite configurar la tendencia hacia una nueva geografía del crecimiento mundial: algunos países están empezando a aparejarse con los niveles de vida de los prósperos, otros están luchando por ubicarse bajo la marquesina del ingreso medio y algunos continúan sufriendo bajo el peso de la pobreza extrema. En otros capítulos de este libro hay abundantes formas de análisis sobre esta nueva geografía del mundo, incluidas sus dinámicas más recientes.

Luego del pobre desempeño a lo largo de los 90s, en la década del 2000 gran parte del mundo en desarrollo disfrutó de un primer decenio de fuerte crecimiento y por vez primera desde los 70s se retomó el rumbo hacia una convergencia en la renta per cápita con los países de altos ingresos. El informe de OCDE da fe acerca de: cómo “la cantidad de países convergentes, es decir los países que duplican el promedio del crecimiento per cápita de los países de la OCDE con altos ingresos, aumentó en más del quíntuple durante este período pasando de 12 a 65 y la cantidad de países pobres se redujo en más de la mitad, de 55 a 25. China y la India crecieron de 3 a cuatro veces el promedio de la OCDE durante la década del 2000. Sin embargo, se observa gran diversidad en los resultados y un grupo de países en lucha y pobres sigue teniendo un desempeño insuficiente”. Lamentablemente, durante la segunda década se dieron comportamientos variables y cierta ralentización. Podemos afirmar que, en el fin de la segunda década, la tendencia no es homogénea, los contrastes son muy marcados y, por estos días que corren, los pronósticos son juegos de alta incertidumbre ante los problemas ambientales, las pandemias y la creciente reestructuración de la matriz energética global.

Los rasgos macroeconómicos de la llamada Riqueza Cambiante vienen dados entre otros elementos por los siguientes: La apertura de las economías de China, India y la antigua Unión Soviética, la unión de 1.5 millardos de trabajadores a la economía de mercado, la consecuente reducción de precios para una gama de bienes y servicios, el avance de los países convergentes que estimuló la demanda de productos básicos dando impulso al crecimiento en África, las Américas y oriente medio y, muchos países que pasaron de ser deudores netos a acreedores netos manteniendo bajas las tasas de interés.

Los grandes interrogantes que sugiere el proceso vienen dados por la menor vertebración social y regional de países como India y por la dificultad de muchos países convergentes o en lucha, para articularse con las cadenas internacionales de valor que jalonan las nuevas locomotoras China e India y los propulsores intermedios como Rusia y Brasil. La crisis de 2020, en pleno desarrollo, va a alterar la prospectiva general y se dibujan en principio ajustes en los circuitos de poder mundial y en la correlación de fuerzas entre naciones poderosas.

Este será el punto crítico para definir la sostenibilidad del proceso y su capacidad integradora. Una nueva era bajo la égida de la exportación de materias primas e importación de manufacturas y servicios de valor agregado, por parte de naciones con alta concentración económica y menor desarrollo relativo del sistema político, podría conducirnos de nuevo hacia un ciclo de moderna desigualdad. Sin embargo, en niveles altos de interdependencia, entre las sociedades de mayor acumulación incluyendo las nuevas hegemonías y las naciones que pagan en hipo consumo su marginamiento global, hay una ciénaga llena de peligros para todos como en un naufragio interoceánico.

Sur- Sur: De la retórica a la realidad, del comercio hacia la integración.

A lo largo de varias décadas la relación Sur- Sur se comportó como un escenario saturado de retórica y magro en cuanto a realidades tangibles. La integración Sur- Sur, estuvo llena de buenas intenciones mas sólo tuvo posibilidades a partir del surgimiento de los que he llamado “poderosos países en desarrollo” tales como India y China, así como de la aparición en el escenario internacional de la economía brasilera. La interacción ha ocurrido especialmente en el ámbito comercial, pero en años recientes abarca también la inversión extranjera directa y la cooperación. La misma OECD da cuenta del crecimiento en el comercio sur – sur y del mayor peso de ese comercio en los agregados mundiales. La IED Sur- Sur, también ha aumentado. Su incremento fue notable durante los primeros quince años de la nueva centuria. Sin embargo, todas las valoraciones recientes muestran una matriz donde el escenario manufacturero es dominado por China y en menor grado por India. Con menor gravedad en los casos de México y Brasil, si hablamos de América Latina el valor agregado exportador brilla por su ausencia. La internacionalización de las inversiones muestra notable dinamismo en Brasil, La India y Sur África y conoce de cifras crecientes en economías de tamaño intermedio como Chile y Malasia. Las alertas globales, esos quejidos de miles de millones de seres, nos hablan de que no se puede depositar en un pequeño grupo de potencias industriales, menos en una sola de ellas, la responsabilidad de la producción industrial. La calidad de la inversión Sur- Sur es la pieza clave para la integración del mundo en desarrollo. Nuevamente, para superar el dualismo entre países exportadores de materias primas y exportadores de manufacturas, se requiere orientar tales inversiones de los gigantes emergentes hacia renglones productivos y de investigación y no simplemente hacia renglones extractivos sin agregación de valor o hacia actividades comerciales que aprovechan mercados sin animar fuerzas productivas locales. La inversión de calidad debe servir para integrar países de capacidad económica intermedia a las cadenas internacionales valor. El mandato para América Latina es elevar su capacidad negociadora ante las grandes potencias y estimular el relacionamiento con potencias intermedias para gestar circuitos productivos alternos. El comercio libre incluyente y la inversión integradora, son la clave para que la mudanza en la riqueza esté acompañada de empleo y prosperidad distribuidos en el Sur. La integración con contenidos tecnológicos es decisiva para tal efecto.

La mudanza en la riqueza ha traído consigo una contribución de magnitud en la tarea de reducción de la pobreza. La contribución de China ha sido formidable. La aproximación al fenómeno arroja magnitudes sensiblemente diferentes dependiendo de la consideración del aporte de la economía china. Durante el último lustro pesa igualmente el crecimiento de las clases medias en India, aunque algunos estados densamente poblados muestran cifras desestimulantes. Del progreso de la India no tenemos duda. Su evolución tecnológica y productiva es extraordinaria. Significativo es igualmente el proceso de incorporación a las clases medias en ciudades como Bangalore o Pune. Son extraordinarios los avances en la provisión de medicamentos para las mayorías, en la educación y en los sectores industrial y de telecomunicación. Sin embargo, la persistencia de fenómenos como el castismo, el comunalismo, la concentración de la riqueza y el desbalance entre regiones, inquietan a quienes vemos en India uno de los pilares en el desarrollo futuro de la humanidad.

América Latina sigue acosada por la desigualdad y muestra una mínima inserción en cadenas internacionales de valor. Los responsables de las políticas públicas están llamados a prestar máxima atención en la adopción de medidas que permitan superar de una vez por todas el dualismo entre desarrollo económico y calidad de vida. Entre crecimiento y bienestar. El cambio en la medición de la pobreza debe servir para mejorar la focalización de las intervenciones orientadas al logro de los ODS. Superar el dualismo en este caso significa alcanzar la articulación económica de la acumulación y la vertebración social del crecimiento.

Sobre la calidad del crecimiento

Otra asignatura en plena modificación es la relativa a la relación entre crecimiento y bienestar. Desde toda perspectiva es claro que el crecimiento es buen abono para el bienestar, pero no lo garantiza por sí mismo. Es difícil extender el bienestar sin crecimiento, pero abundan los ejemplos de crecimiento sin bienestar, o de crecimiento empobrecedor y aún peor, de crecimiento con irremediables consecuencias sobre el patrimonio natural. Ya se trate de países adelantados económicamente, frecuentemente caracterizados por el envejecimiento de la población y las bajas tasas reproductivas, o de naciones en vías de desarrollo con problemas demográficos y alto desempleo juvenil y femenino, el análisis acerca de la calidad y la composición del crecimiento cobra cada día mayor importancia.

El Grupo Barilla, una de las organizaciones empresariales de mayor envergadura y de gran tradición en la industria alimenticia italiana, patrocina junto a otras organizaciones internacionales y científicas los trabajos de investigación del Centro Barilla para la Nutrición Alimentaria CBNA, el cual publica periódicamente informes sobre la medición del bienestar de las personas en países desarrollados. Tal investigación es de gran trascendencia y de alta complejidad. En primer término, no es sencillo definir el concepto de bienestar. Dentro de un contexto multicultural cabe afirmar como lo hace el CBNA que no existe una definición única de bienestar y que una aproximación hacia el concepto implica la consideración tanto de factores objetivos como subjetivos. Podría afirmarse que la prospectiva sobre el bienestar varía entre grupos humanos e incluso es válido el aserto según el cual, el prospecto sobre el bienestar es un asunto individual. Para efecto del estudio del Centro Barilla, el trabajo se apoya en factores objetivos, pero incorpora variables subjetivas para tratar de considerar el espectro de variables co-determinantes del bienestar, intentando avecinarse asintóticamente a una medida muy cercana a la “Realidad”.

El cálculo del índice CBNA está basado en 41 indicadores que incorporan siete diversas dimensiones dentro de múltiples aspectos del bienestar: Físico- Psíquica, Material, ambiental, educativa, social, política y comportamental.

Estas siete dimensiones, las cuales a su vez toman en cuenta diversas variables con diferente peso específico, están agregadas en lo que el estudio denomina tres clústeres de referencia en relación a los cuales se calculan tres subíndices: 1. Estilo de vida; 2. Riqueza y sostenibilidad; 3. Social e interpersonal. Las variables tienen distinto peso en la ponderación, cubriendo una amplia gama de elementos incidentes como salud, alimentación, ingreso, inversión, patrimonio, sostenibilidad, calidad del ambiente, instrucción y cultura, seguridad social, familia, sociedad e instituciones, democracia y libertad individual.

Factores considerados bajo enumeración no exhaustiva en estilo de vida: Esperanza de vida, tasa de mortalidad, consumo de antidepresivos, obesidad, actividad física, consumo de frutas y verduras, consumo de tabaco y consumo de alcohol.

Factores considerados bajo enumeración no exhaustiva en Riqueza y sostenibilidad: ingreso per cápita, tasa de ahorro, formación bruta de capital, tasa de energía renovable, emisiones de CO2 y la denominada “huella ecológica”, es decir la cantidad de tierra y agua necesaria para reponer los recursos consumidos y absorber los desechos generados.

Los factores considerados, bajo mención no exhaustiva en el subíndice social e interpersonal son: Test educativo PISA, éxito escolar, riesgo de pobreza, desigualdad en la renta, tasa de desempleo, calidad de la democracia y nivel de corrupción.

Recombinación de subíndices en el CBNA

Al Combinar los tres subíndices las conclusiones son sin duda interesantes, aunque no debieran sorprendernos. La tasa de ahorro, la sostenibilidad, la calidad de la alimentación y la disciplina personal al lado de una buena educación son elementos decisivos. Aparentemente la alegría colectiva y la calidad de vida del modelo Mediterráneo afectan un tanto la capacidad de generar bienestar objetivo, pero agregan satisfactores de creciente importancia. Es pertinente realizar valoraciones sobre calidad del crecimiento en América Latina, para asignar prioridades en el gasto y en los procesos de ajuste fiscal. Aquí también se trata de superar la dualidad en pro de la convergencia definitiva entre crecimiento y bienestar.

No podría culminar esta reflexión sobre la evolución de las tendencias en las mediciones de la pobreza y del bienestar, sin mencionar la evolución de los estudios en estas materias. En su hora, el trabajo de la Comisión sobre la Medida del Desempeño Económico y el Progreso Social integrada por encargo del presidente Sarkozy por una treintena de economistas de alto nivel bajo la dirección de los premios Nóbel Joseph Stiglitz y Amartya Sen y del economista francés Jean -Paul Fitoussi, para analizar alternativas al PIB como medida de bienestar. Allí se estableció con claridad:

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Türler ve etiketler

Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
22 ekim 2025
Hacim:
230 s. 18 illüstrasyon
ISBN:
9789585986930
Telif hakkı:
Bookwire
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