Kitabı oku: «Reflexiones sobre las políticas culturales brasileñas en el siglo XXI»

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Reflexiones sobre las políticas culturales brasileñas en el siglo XXI

Artículos y discursos de Juca Ferreira

Compilación: Adrián Dubinsky | Armando Almeida

Créditos

Juca Ferreira

Reflexiones sobre las políticas culturales brasileñas en el siglo XXI : artículos y discursos de Juca Ferreira / Juca Ferreira ; compilación de Adrián Dubinsky ; Armando Almeida.- 1a ed.- Caseros : RGC Libros ; Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, 2022.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-8488-12-7

1. Memoria Autobiográfica. I. Dubinsky, Adrián, comp. II. Almeida, Armando, comp. III. Título.

CDD 306.092

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Equipo RGC: Nicolás Sticotti, Emiliano Fuentes Firmani y Leandro Vovchuk

Traducción: Adrián Dubinsky

Diseño de interior y tapa: Ana Uranga B. | melasa diseño

Correción: Sebastián Spano

ISBN: 978-987-8488-12-7

Hecho el depósito que establece la ley 11.723.

Impreso en la Argentina.

Printed in Argentina.

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Índice

Introducción

CREACIÓN Y RECREACIÓN DEL MINISTERIO DE CULTURA

Discurso del ministro de Cultura, Juca Ferreira, en ocasión de la solemnidad de transmisión del cargo (28/08/2008)

Discurso de transmisión del cargo (3/01/2011)

Discurso de asunción: Cultura, elemento constitutivo de la experiencia democrática (12/01/2015)

DIVERSIDAD Y DERECHOS CULTURALES

Emergencias

Mãe Stella: su presencia a los 91 años

Conmemoración del 20 de noviembre

La exclusión de los indígenas mutila a la democracia

La cultura y los pueblos indígenas

Cultura y formación en la infancia

La verdadera refundación del MinC

Ocupe Estelita

El Carnaval callejero es una fiesta de la ciudadanía

Coloquios Museológicos: el derecho a la memoria

ARTES E INDUSTRIAS CULTURALES

Brasil logró una de las más sólidas políticas audiovisuales del mundo

El Brasil del siglo XXI será construido por un país de lectores

Política para las artes

Arte y cultura para una ciudadanía plena

Políticas públicas para la cadena productiva y creativa de la música brasileña

Soft power

Es hora de repensar la cultura digital

Economía de la cultura

Cultura y ciudades

Cultura y desarrollo en América Latina

EPÍLOGO

Discurso del Ministro de Cultura, Gilberto Gil, en ocasión de la solemnidad de transmisión del cargo (2/01/2003)

Introducción

João Luiz Silva Ferreira, más conocido como Juca Ferreira, es, sin lugar a dudas, uno de los principales referentes la cultura latinoamericana del siglo XXI. Sociólogo, nacido en Salvador de Bahía en 1949, Juca ha sido un militante comprometido con causas políticas desde su juventud. En 1968 fue electo presidente de la Unión Brasileña de Estudiantes Secundarios el mismo día que la dictadura decretó la prohibición de esas agrupaciones, por lo que debió exiliarse durante nueve años, siguiendo un camino que en el que circuló por Chile, Suecia y Francia. Cuando regresó a Brasil comenzó una intensa militancia por causas ambientales y culturales que lo llevó a afiliarse en 1988 al Partido Verde, al que luego también se sumará su amigo, el músico y poeta Gilberto Gil.

Desde ese entonces Gil y Juca han conformado una compleja trama de trabajo sociocultural y ambiental con gran impacto durante toda la década del noventa, ya sea desde la dirección de la Fundación Movimento Onda Azul, y los distintos proyectos por ella realizados, o desde la Cámara de Concejales de Salvador, en donde se sucedieron como concejales en 1993, cuando Juca dio continuidad a la gestión de Gil por primera vez1.

En 2003, la coalición de gobierno que llevó a Lula Da Silva al poder permitió la incorporación, además del PT, de nuevos actores políticos al gobierno, como por ejemplo el Partido Verde, un joven partido progresista con una agenda orientada al cuidado ambiental y a la promoción de la diversidad cultural que estaba integrado por militantes como Marina Silva, Gilberto Gil y Juca Ferreira, entre muchos otres. Además, la victoria del PT significó también la inclusión de una nueva agenda política impulsada por los movimientos sociales, logrando incidir en la transformación de una cultura política casi bicentenaria, colocando en la presidencia del país a un trabajador metalúrgico nordestino sindicalizado. Lula, fiel a su instinto como líder popular, a la hora de definir la conducción del Ministerio de Cultura jugó una de las premisas de la gestión cultural, el culto al “personalismo” en la designación de las autoridades y decidió nombrar a Gilberto Gil encargado de la promoción cultural de su gobierno. La llegada de Gil al ministerio fue una llegada colectiva, porque junto con él llegaron al gobierno los movimientos contraculturales de resistencia, surgidos en la lucha contra a la dictadura, las comunidades de terreiro, afrodescendientes, indígenas, hackers, LGBT, en fin, llegó toda la diversidad del pueblo brasileño, logrando accionar un sentido participativo de la política que consiguió que construir una verdadera comunidad pluricultural.

Y junto con todes elles, también llegó Juca, que debió licenciarse de su cargo como concejal para asumir la tarea del diseño de la herramienta necesaria para poder incluir efectivamente a toda esa comunidad en la política cultural: el Ministerio de Cultura. Juca fue el Secretario Ejecutivo del Ministerio de Cultura durante la gestión de Gilberto Gil entre 2003 y 2008, cuando, por segunda vez, tuvo que asumir el comando para darle continuidad a la gestión, haciéndose cargo del Ministerio de Cultura durante la segunda mitad del segundo mandato del presidente Lula.

Lamentablemente, en el recambio de gobierno la presidenta Dilma Rousseff decidió no continuar con el desarrollo del trabajo de ese Ministerio colectivo, y aprovechando el empuje de algunos referentes culturales del PT que no se habían articulado tan bien dentro de la propuesta colaborativa, decidió relevar a Juca del cargo. Una coyuntura político electoral ayudó a que eso sucediera, ya que para esa elección el Partido Verde abandonó la coalición de gobierno del PT, lanzando un nuevo espacio: la Rede, llevando a la exministra de medio ambiente de Lula, Marina da Silva como candidata a vicepresidenta. Si bien Juca no estaba participando activamente del partido, no se desafilió, sino que pidió licencia, y solo se afilió al PT dos años después. La salida de Juca y su reemplazo por Ana de Hollanda provocó un importante retroceso en las políticas culturales entre 2011 y 2014, particularmente en la relación con los movimientos sociales. Quienes tengan interés en profundizar sobre el tema pueden consultar los libros sobre las políticas culturales de los gobiernos de Lula y Dilma compilados por el profesor Albino Rubim, para la colección CULT de la Universidad Federal de Bahía.

Durante esa época, Juca Ferreira se desempeñó como asesor de la Secretaría General Iberoamericana y como Secretario de Cultura de la ciudad de São Paulo, acompañando la gestión de Fernando Haddad, y en 2012 decidió afiliarse al PT, teniendo gran relevancia su participación y la del sector cultural en el segundo turno de las elecciones presidenciales de 2014. En 2015 volvió a asumir como Ministro de Cultura en el segundo mandato de Dilma Rousseff, pero renunció en abril de 2016 luego del golpe jurídico-parlamentario que destituyó a Dilma del gobierno. Desde entonces se encuentra trabajando como Secretario de Cultura de la ciudad de Belo Horizonte.

El libro que estamos publicando parte de una selección de artículos y discursos realizada por el editor Armando Almeida y reúne principalmente textos posteriores a 2011. A partir de esta propuesta hemos realizado una selección, encabezada por Adrián Dubinsky, también a cargo de la traducción de los textos, y hemos propuesto la incorporación de unos pocos discursos de la etapa anterior, fundamentalmente aquellos emitidos en momentos de las transmisiones de cargo en 2003, 2008, 2011 y 2015. Allí reside la justificación para la inclusión como epílogo del paradigmático discurso de Gil en el momento de refundación del MinC. Sin dudas la producción intelectual de Juca es muy superior a este pequeño recorte que proponemos, que esperamos les motive a profundizar más en su lectura. El libro consta de discursos y artículos diversos, algunos de los cuales fueron publicados en medios nacionales como el diario Folha de São Paulo, o la revista Forum, y otros en medios más locales como el Jornal a Tarde. También incluimos algunos artículos que forman parte de libros institucionales. Para facilitar su lectura, hemos organizado los mismos en tres secciones sin orden cronológico: Creación y recreación del MinC; Diversidad y Derechos Culturales; y Artes e Industrias Culturales. Esperamos que a través de la lectura de algunos de los pensamientos de Juca, como intelectual comprometido con la cosa pública, puedan conocer algunas de las importantes transformaciones culturales ocurridas en Brasil durante estos años.

Los Editores

1 Con el retorno de la democracia en Brasil, Gilberto Gil fue elegido como concejal del PMDB para el período de 1988-1992, pero en el año 1990 se afilió al Partido Verde. Juca Ferreira fue elegido como concejal por el Partido Verde en dos períodos, de 1993 a 1996, y de 2000 a 2004.

Creación y recreación del Ministerio de Cultura

Discurso del ministro de Cultura, Juca Ferreira, en ocasión de la solemnidad de transmisión del cargo2

Es una alegría para mí este momento en el que asumo el liderazgo del Ministerio de Cultura. Quería agradecer por la emoción y por el cariño con el que estoy siendo recibido como ministro de Cultura. Confieso que no esperaba que fuese de otra manera. Tengo conciencia de la importancia del legado que deja el ministro Gil, de la respetabilidad que el Ministerio de Cultura hoy tiene entre los productores culturales, entre los artistas y en la sociedad en general. Podemos tener divergencias con uno u otro, pero logramos construir un espacio público de diálogo, de enfrentamiento en el plano de las ideas, con mucho respeto. Sé que todos tienen conocimiento de que estamos construyendo algo que es un legado muy grande para la sociedad brasileña.

Quería felicitar a mi amigo y ministro Gilberto Gil por la lucidez de su conducción y por su dedicación, y agradecerle también por su confianza en mi nombramiento. El ministro Gil sostuvo el nombramiento y eso, evidentemente, es fruto del trabajo conjunto. Recibo este traspaso del bastón ministerial con un cariño muy grande. Quería también agradecer al presidente Lula por la confianza, una confianza construida en el trabajo. El Ministerio de Cultura, bajo el liderazgo del ministro Gil, fue de una lealtad absoluta al presidente: estuvimos junto al presidente, bajo su liderazgo, trabajando para realizar en el ámbito de la cultura la misión delegada por el pueblo brasileño a su gobierno.

En los momentos más difíciles del Gobierno, el Ministerio de Cultura no paró de trabajar. Y trabajó de una forma incuestionable desde el punto de vista del respeto a la cosa pública, de la necesidad de que implantemos en Brasil una nueva dimensión del desempeño y de la manera de hacer política, del respeto a los mandatos populares que el gobierno recibió cuando Lula fue electo para el cargo de presidente. Recuerdo muy bien que el ministro Gil hablaba de buscar materializar la idea básica del gobierno, esa noción de que nosotros vamos a construir el Estado democrático que el pueblo brasileño necesita, al que tiene derecho y merece.

Somos concientes de la grandeza de lo que estamos haciendo. La cultura es una dimensión humana fundamental. No hay lugar para pensar en una agenda social solo basada en las necesidades materiales. Es preciso ampliar esa agenda y eso, para mí, es una de las grandes novedades del Gobierno de Lula. Salud, vivienda, comida, poder adquisitivo para comprar las chucherías industriales que todos desean y a las cuales tienen derecho, y el derecho al acceso a la cultura. Eso es una novedad que chocó y sorprendió a algunas personas en Brasil. En una entrevista, un productor cultural me preguntó si el Ministerio de Cultura no estaba perdiendo el enfoque al trabajar en la inclusión social. Yo tuve dificultad para responder. Por ejemplo, nosotros estamos incrementando la capacidad de producción del cine brasileño. Estamos logrando mantener como promedio, en estos años de administración del ministro Gilberto Gil, más de 80 películas por año, pero el número de brasileños que tienen acceso al cine es muy pequeño. ¿Es posible desarrollar una industria audiovisual en Brasil con ese grado de exclusión? No solo son dimensiones que no son contradictorias, sino que también son interdependientes: la cultura y las artes no se desarrollan en el vacío.

El Ministerio de Cultura del Gobierno anterior fue el único Ministerio que no realizó convenios con el IBGE para conocer los números de su área. Nosotros lo hicimos, y el IBGE ya entregó la primera camada de números de la cultura en Brasil. Son vergonzosos. Me gustaría leerlos aquí, porque son números muy contundentes para entender la necesidad de que asociemos desarrollo cultural, experimentación y creación con la posibilidad de acceso de todos los brasileños a la cultura. No hay posibilidad de desarrollar el país culturalmente si no hacemos el esfuerzo de incorporar a esa gran mayoría de brasileños que casi no tiene acceso a la cultura.

Apenas el 13% de los brasileños va al cine alguna vez al año; el 92% de los brasileños nunca entró a un museo; el 93,4% jamás visitó una exposición de arte. Nótese que casi todos los datos están en la tasa del 90%, algunos llegan al 70, 78%, lo que significa que menos del 30% de los brasileños, como mucho, están incorporados a algunas de esas actividades. Cerca del 80% nunca asistió a un espectáculo de danza, aunque el 28,8% vaya a bailar frecuentemente; es decir, valoran la danza. Más del 90% de los municipios brasileños no poseen salas de cine, teatros, museos o espacios culturales multiuso. El brasileño lee, en promedio, 1,8 libros per capita al año contra, por ejemplo, 2,4 de Colombia y 7 de Francia; aquí, el 73% de los libros se concentran en manos de apenas el 16% de la población. El precio promedio de un libro en Brasil es de R$ 25,00, lo cual es elevadísimo, si se lo compara a la renta de los brasileños de las clases C, D y E.

De los cerca de 600 municipios brasileños que nunca recibieron una biblioteca, 405 quedan en el nordeste y solo dos en el sudeste. Aproximadamente el 82% de los brasileños no tiene computadora en su casa y, de estos, el 70% no tiene acceso a internet. 56,7% de la población ocupada en el área de la cultura no está en blanco. Eso es vergonzoso.

Por eso, el Ministerio de Cultura de Brasil no puede contribuir al desarrollo cultural sin tener una mirada inclusiva, de disponibilidad del acceso y de incorporación de esos millones de brasileños que nunca entraron en un museo, que nunca fueron al cine, que nunca tuvieron acceso a una exposición de arte. Ese es un dato estratégico y yo quería aprovechar mi asunción para convocar a los artistas de Brasil, para que ellos también participen de esta cruzada, porque no hay posibilidad de que pensemos en la relación directa que el Ministerio tiene en la atención de las demandas del segmento artístico, sin pensar también en desarrollar ese compromiso con el conjunto de la sociedad y poner a disposición el acceso a la cultura para todos los brasileños.

El presidente me encomendó una misión. Nuestro principal programa del Ministerio es el Más Cultura3, que es un programa que es parte de la agenda social del gobierno. Ustedes habrán observado que él lo destacó especialmente en su discurso en el palacio4 y lo mencionó, prácticamente, como un indicador del aval a mi gestión. Yo noté eso, el presidente es muy perspicaz para enviar mensajes y yo también soy perspicaz para captarlos. Desarrollé esa cualidad trabajando con Gil, que es una persona que no envía muchos mensajes, pero involuntariamente en su discurso ya incluye demandas, proposiciones y sugerencias.

Con Más Cultura, el MinC5 busca trabajar el desarrollo de los lenguajes artísticos, la categorización del universo simbólico más sofisticado que es el del mundo de las artes y, al mismo tiempo, poner a disposición esa posibilidad de desarrollo cultural para todos los brasileños. Y lo hacemos por varios motivos. Primero porque en las periferias de las grandes ciudades brasileñas existen decenas de miles de grupos culturales. Yo creo que el número llega a más de cien mil. Justamente allí, donde Brasil es más heavy metal, allí donde la realidad social se encuentra más degradada, donde la violencia es la campeona, donde el Estado muchas veces solo llega a través de la policía disparando y generando consecuencias de inseguridad para las personas que allí viven, sumándose a la dosis de inseguridad generada por los marginales y narcotraficantes. En el momento en que hagamos un censo, vamos a descubrir que allí no solo existen manifestaciones culturales cursis. Hay producciones altamente sofisticadas en la periferia, a veces desarrolladas por la Iglesia católica, a veces por centros espiritistas, a veces por el candomblé, por la mãe de santo, por aquellos que tienen una noción clara de la importancia de la cultura para el desarrollo espiritual de las personas, a veces por un intelectual o un artista orgánico de la comunidad, que nació allí, a veces por un mestre de capoeira. Hay allí una diversidad de manifestaciones artísticas: danza, cineclubes, talleres literarios, teatro, capoeira.

El otro día hubo una muestra de un pequeño grupo de jóvenes en situación de riesgo tocando Bach en pleno sertón de Pernambuco, y tocando con un nivel de calidad. Ellos salen de la periferia de una pequeña ciudad y del campo directamente para tocar, y tocan bien, y seguramente ya se presentarán en el exterior. Hay, por lo tanto, una infinidad de manifestaciones artísticas. Entonces, me pregunto: ¿Por qué el Ministerio de Cultura de Brasil no debería relacionarse con esa dimensión de la cultura brasileña? ¿Por qué el MinC no debería relacionarse con esas personas que valorizan tanto la dimensión cultural que, a pesar de vivir en condiciones bastante difíciles, dedican una parte de su tiempo, de su dinero, a la cultura? El 4% de los ingresos de las familias de Brasil está dedicado a la cultura. Ese también es un dato del IBGE6. Es decir, de una forma indiferenciada, el pueblo que vive en la periferia gasta el mismo porcentaje en la cultura que lo que gasta la élite económica brasileña. Ese dato me llamó la atención. La cultura es la sexta inversión de las familias brasileñas. El Gobierno viene haciendo un esfuerzo para aumentar el poder adquisitivo de la población, para reducir las desigualdades. Según estadísticas comprobadas por las Naciones Unidas, nosotros tenemos alrededor de treinta millones de brasileños que, a través del aumento del poder adquisitivo, hoy ya son parte del mercado con posibilidades de compra, son personas optimistas que se están sintiendo en condiciones de construir planes para el futuro.

Yo creo que la reelección del presidente Lula se debe a ese hecho. Superamos el estadio político basado en los formadores de opinión y en la capilaridad de una estructura política que se alimentaba de esas desigualdades. La población pobre conoce el valor de un Gobierno como este, y remarco eso. Conoce profundamente a todas las fuerzas políticas que no tuvieron la sensibilidad para tener esa dimensión estratégica de la sociedad brasileña, que es la de construir igualdad; se están disolviendo, como si fuesen leche en polvo instantánea que no necesita batirse para disolverse. Están perdiendo espacio, cada vez tienen menos lugar. Son muchos los que ya comprendieron que reducir nuestras desigualdades es fundamental.

En todo el Nordeste, cualquier persona que quiera ser electa tiene que decir que admira al presidente Lula. Eso se está extendiendo hacia el Brasil entero. Ya es una referencia de la construcción del Brasil del siglo xxi. Ya no es posible la desigualdad que nosotros heredamos en estos quinientos años de construcción de un Brasil de las élites, que nunca comprendieron completamente la importancia de generar una cohesión social basada en la igualdad.

Yo creo que el Gobierno de Lula fue el mejor que tuvimos en la República, incluso comparado con el de Getúlio; con todas sus deficiencias, con todas sus ausencias, con la falta de utopía con la que vivimos, no solo en Brasil, sino en el mundo entero. Yo creo que el presidente Lula y su gobierno señalaron la posibilidad de una sociedad justa, igualitaria, pacífica, que incorpore a todo el mundo y que tenga un papel importante en el escenario de las naciones.

¿Cómo dimensionar a la cultura separada de ese proceso? Por el contrario, ese proyecto de nación no estaría completo, ese proyecto no sería profundo, ese proyecto no sería sustentable si no incorporase por lo menos dos dimensiones: la cultura y la educación, por un lado, y la sustentabilidad ambiental por el otro; es decir, el nuevo ciclo de desarrollo de Brasil no puede estar basado en el uso predatorio de los recursos naturales y de la naturaleza, ni puede dejar de lado a millones de brasileños. En ese sentido, comprendo perfectamente a los compañeros con quienes compartimos el mismo edificio, que son del Ministerio de Medio Ambiente, que “ligan” más que nosotros. Y ligan más cuando aciertan que cuando erran, porque la sociedad brasileña es una sociedad constituida en la idea de la extracción infinita de esos recursos, en el uso irresponsable de esos recursos.

Los portugueses del período colonial podían tener esa insensibilidad porque ellos explotaban los recursos naturales de aquí, pero vivían allá, en Europa. Pero esta nación que queremos constituir no puede ignorar la importancia estratégica que tiene para la calidad de vida de todos nosotros, para la supervivencia de la vida en el planeta Tierra, que la Selva Amazónica continúe en pie, que la Mata Atlántica recupere una parte, por lo menos, de su cobertura inicial, que el “cerrado”7 no quede a disposición de la destrucción absoluta, y tampoco el sertón, que es otro bioma fundamental y estratégico, que nuestros ríos sigan vivos. Esa es una dimensión fundamental que tiene que ser incorporada al proyecto de nación. La deficiencia no es gubernamental, es una mancha histórica cultural de nuestra sociedad.

Cuando Carlos Minc fue elegido, yo le dije lo mismo que le dije a la ministra Marina8: necesitamos asociar el Ministerio de Cultura al Ministerio de Medio Ambiente porque, en última instancia, la cuestión ambiental es una cuestión de sensibilidad, de visión del mundo y de comportamiento humano. Por lo tanto, es una cuestión del mundo de la cultura, no es una cuestión técnica, no es una cuestión legal, no es una cuestión de regulación, a pesar de ser también todo eso. Es una cuestión básicamente de comprometer a la sociedad con un proyecto de felicidad, de calidad de vida, que incorpore esa noción fundamental que los religiosos tienen, por ejemplo. El cariño con que el Candomblé trata a la naturaleza, la comprensión de que es sagrada, de que todo es sagrado. Las piedras son sagradas, las aguas son sagradas, y nosotros, los seres humanos, no tenemos viabilidad y posibilidad de supervivencia y desarrollo sin esa relación fundamental e intrínseca con todo eso que se da en la naturaleza y que para ellos, un pueblo espiritual, son manifestaciones de lo sagrado, de lo divino.

El segundo vector que la sociedad brasileña necesita incorporar es la dimensión cultural. No alcanza que el país distribuya la renta, a pesar de que ello sea una tarea tan gigantesca que cambió el escenario de las relaciones políticas de nuestra sociedad. Es necesario mucho más: por ejemplo, democratizar al Estado y democratizar todas las relaciones sociales en Brasil.

Hay momentos en que siento la falta de los movimientos sociales que en la década del setenta reclamaban y presionaban en las calles y que formularon una plataforma para el Brasil moderno, conteniendo desde el derecho a la educación, hasta los derechos de los homosexuales, el derecho de las personas a no ser perseguidas, no ser molestadas por sus orientaciones sexuales; que pusieron en agenda la cuestión de la tecnología, la necesidad de la inclusión digital, las problemáticas de las mujeres, el respeto a la cosa pública. No hay gobierno que funcione por fuera de la presión popular y de la contribución que la sociedad tiene en el sentido de empujarlo hacia delante.

El presidente Lula siempre dice en sus discursos: demanden, formulen y propongan. Yo, que estoy en el Gobierno, estoy siguiendo un camino empedrado. Si no hubiese presión de la sociedad, no avanzaríamos. La presión puede ser leal, puede ser civilizada, puede ser educada, puede partir del reconocimiento de que uno también está haciendo algo por el país y, al mismo tiempo, que aún queda mucho por hacer. El Gobierno tiene muchas deficiencias, nosotros tenemos deficiencias enormes y la participación de la sociedad es fundamental.

Sobre la cuestión cultural... Cuando yo defiendo exhaustivamente el legado del ministro Gil, hay un sector de la prensa que después de que apaga la cámara de televisión, me toca la espalda y me dice: “Oh, que bueno la lealtad que usted tiene con Gil”. Es evidente que tengo lealtad a Gil, pero no es por eso por lo que persevero. Estoy perseverando porque es un legado de la sociedad, es un patrimonio político. Cuando llegamos al Ministerio no había ni política de Gobierno, no había indicadores culturales, no había conciencia de que la política pública también es una manera de tratar ese derecho fundamental que es el derecho a la cultura, el derecho al acceso a la cultura, tanto en el sentido del disfrute, como en el sentido de las condiciones de expresión, tanto de los artistas que hacen de ello su medio de vida, su actividad principal, como de cualquier ciudadano.

Caetano tiene una canción que dice: “Qué bueno es tocar un instrumento...”. Creo que es en el tema Tigresa. ¿Por qué no se enseña en las escuelas públicas? Fue, pero dejó de ser, por un error en la concepción de lo que es la educación, entendida solo como formación para el mercado de trabajo.

Todo está relacionado, nosotros estamos poniendo al Ministerio de Cultura a disposición para todas las políticas públicas. Firmamos un convenio con el Ministerio de Justicia para jerarquizar a las periferias de las grandes ciudades brasileñas, para que aquellas personas puedan tener una mayor dignidad humana. Firmamos con el Ministerio de Desarrollo Agrario para desarrollar lo que ellos denominan Territorio de la Ciudadanía, que es el derecho al acceso a una serie de servicios públicos por parte de las poblaciones rurales de Brasil.

Hemos prestado atención a los pueblos indígenas. ¿Ustedes creen que sería viable y justo el hecho de que el Ministerio de Cultura de Brasil nunca haya tenido una relación sistemática con la Cultura de los pueblos indígenas hasta que llegamos al MinC? Yo lo considero una vergüenza. Una marca del etnocentrismo que necesitamos superar urgentemente, ya que el pueblo brasileño tiene la grandeza suficiente como para vivir con generosidad la experiencia de la diversidad cultural.

El otro día participé de la entrega de los premios a los proyectos culturales de los pueblos indígenas, que es una manera que encontramos para apoyarlos. Las leyes brasileñas no están preparadas para el tipo de relaciones que estamos estableciendo. No podíamos hacer una convocatoria pública de fomento para los pueblos indígenas, porque ellos no pueden presentar la documentación exigida. Entonces, transformamos nuestro apoyo en una premiación para fomentar proyectos indígenas en todo el país.

Luchamos diariamente contra una estructura legal que es totalmente anacrónica e inadecuada. No logra impedir la corrupción, pero instala una dificultad enorme para que el pueblo sea atendido en sus derechos.

Yo quería felicitar a ese militante de la cultura que es Sérgio Mamberti. El otro día, tomé conocimiento de algo que hizo la Secretaría que él dirige. Lo alabo por la osadía. Aceptó que los pueblos originarios presentasen sus proyectos oralmente, por teléfono o presencialmente. ¿No es genial? Los indígenas no tienen la obligación de respetar los procedimientos burocráticos, previstos exactamente para dificultar toda posibilidad de diseminación del acceso a los bienes y servicios culturales que el Estado tiene la obligación de dar.

El legado de Gil también pasa por ahí. Trabajar a partir de la comprensión de que el Estado es un patrimonio de la sociedad. El Estado es un instrumento de prestación de servicios. Tuvimos un momento de mucha tensión en nuestra trayectoria cuando verbalizamos que el destinatario principal del Ministerio era el pueblo brasileño, eran sus necesidades y demandas, y no los artistas. Al decir eso, sabíamos que estábamos luchando para crear una imagen de amplitud y de grandeza de nuestro trabajo. Es evidente que los artistas también se encuentran entre nuestras prioridades, porque el arte en sí es un bien, un patrimonio, un legado, una necesidad, un derecho. En todos los países del mundo donde hay un mínimo de estructuración democrática, el Estado cumple el papel de sustentar las actividades culturales y artísticas, desde las más refinadas y sofisticadas, que en general tienen un público menor, hasta las que tienen popularidad y diálogo con la mayoría de la población. Es fundamental que nosotros, que trabajamos en el Ministerio de Cultura, y los artistas comprendamos que el Ministerio de Cultura es un Ministerio como cualquier otro, que existimos para prestar un servicio a toda la población, tenemos que atender demandas y necesidades de la población.

Esos números, que presenté recién, son vergonzosos, pero ya habíamos diagnosticado eso antes de conocer los números. Sabíamos –y todo el mundo sabe eso en Brasil– que poca gente va al cine, que los museos no son accesibles ni para las escuelas.

Como señaló el presidente Lula, ampliamos en más de un 1000% los recursos para los museos y estamos haciendo un esfuerzo para que los ampliemos aun más. Claro, no todo son recursos, pero los recursos son fundamentales, los recursos son el aceite que lubrica todo, porque sin recursos nos quedamos sin posibilidades de accionar.

Llamo la atención sobre esto, porque este legado es un patrimonio de la sociedad brasileña. El ministro Gilberto Gil fue nuestro líder, nuestra cara visible, nuestro escudo y nuestro ariete. Cada vez que queríamos lanzar un mensaje, una señal, decíamos: “Gil, una tarea más para vos”.

Por ejemplo, la primera vez que él concurrió como ministro al Festival de Cine de Gramado, un año después de su asunción, fue para difundir nuestra idea de cuál era el papel del Estado en el desarrollo de la economía del sector audiovisual y en la producción de cine.

El mundo entero está regulando a su mercado audiovisual, mientras nos acusaron de ser dirigistas, de querer regular la opinión. Pero la elegancia, la delicadeza, la sensibilidad y la sutileza con que el Ministerio ha tratado a la producción cultural brasileña, en el área del pensamiento, en el área de la producción artística, son ejemplares. Primero, dijeron que el ministro Gil era estatista. Luego descubrieron que esa acusación no convencía, porque la imagen de Gil es bien sólida. Comenzaron entonces a decir que Gil era magnífico, pero que los asesores que trabajaban con él eran stalinistas. Claro, yo estaba incluido en esa historia. No somos stalinistas, no fui stalinista ni en mi juventud, yo siempre fui gramsciano.

Lo que nosotros queríamos es lo que el mundo entero ya hace. Queríamos ser un país productor de imágenes, a partir de las nuevas condiciones que la tecnología creó. Condiciones que brevemente van a permitir que una persona, en una sala en Nueva York, emita contenidos audiovisuales para Brasil entero. Si nosotros queremos tener la posibilidad de vernos en las pantallas de aquí y del mundo entero, en los televisores, en las computadoras, en los cines, tenemos que regular ese mercado y su producción.

Mientras tanto, ahora, muchos de los que nos acusaban de esto y aquello están golpeando la puerta del Gobierno y pidiendo que regulemos al sector. Según ellos, las telefónicas van a devorar al mercado de producción y de distribución audiovisual.

Ese es el carácter visionario del Ministerio de Cultura. Tenemos el mayor respeto por las ancestralidades de la cultura brasileña, por todas, sin diferencia. Por el Candomblé, por el que los pueblos indígenas aportaron, por el que los portugueses trajeron. Pero también miramos hacia el futuro, sabiendo que el futuro está llegando y no da mucho tiempo para que lo comprendamos y lo evaluemos.

Entonces, en el área audiovisual, si no nos apuramos, vamos a perder una oportunidad de oro. Digo de oro porque Brasil es el país que tiene las mejores condiciones para ser un gran productor audiovisual. Tenemos una riqueza cultural inmensa, tenemos mucha creatividad. Pero los privilegios constituidos y los derechos adquiridos han dificultado a la sociedad brasileña tener una estructura legal. Y el Ministerio ha tenido el coraje de entrar en ese debate.

En el primer mes de la gestión del ministro Gil, él dijo claramente: “Vamos a tratar a la cultura en tres dimensiones, como hecho simbólico, como derecho de la ciudadanía y como una economía”. Es fundamental tratarla de esa manera, es una necesidad para cualquier Ministerio de Cultura contemporáneo. Nosotros estamos a la vanguardia. Tuvimos reuniones en América Latina, en el Hemisferio Norte. Con esa compleja concepción de la gestión cultural, el ministro Gil dotó a Brasil de un Ministerio de Cultura contemporáneo. Confieso que no encontré aún ningún Ministerio de Cultura que tuviese la complejidad que nosotros tenemos. Los gobiernos de izquierda, en general, aceptan la dimensión de la vultura como un derecho social. Y los gobiernos de derecha ven a la cultura como un hecho simbólico, pero son pocos los que la entienden a partir de esas tres dimensiones de manera articulada, sin preconceptos. Hemos trabajado en eso. Creo que todavía no constituimos las políticas enfocadas hacia la cultura que necesitamos constituir, pero eso demora un poco.

Yo diría que no llegamos al 30% del camino que necesita ser recorrido, no llegamos ni a la mitad. Tenemos dos grandes tareas. Primero, constituir esas políticas públicas, dotar al Estado brasileño de la capacidad de dar estabilidad a esa dimensión de la vida humana que es el derecho al acceso a la cultura y al arte. Segundo, constituir un instrumento de relación de la cultura con el conjunto de las instituciones del país, del gobierno, del empresariado y de la sociedad, para que dispongamos cada vez de más bienes y servicios culturales en el país.

Necesitamos de presupuesto. Le dije al presidente en una charla que tuvimos: “Presidente, cuando el ministro Gil bajó de su despacho y usted aceptó su pedido para que yo me convirtiese en ministro, él habló de ese tema con los periodistas. Dijo que, infelizmente, nuestro presupuesto no llegó ni siquiera al 1% del total de las recaudaciones del Gobierno. Yo sentí que, con aquellas palabras, él me estaba entregando el bastón. Entonces, yo querría que usted comprenda que voy a mantener la misma presión para alcanzar al menos el 1% del presupuesto federal para que podamos poner a disposición los bienes y servicios que la sociedad necesita”.

Bajo cualquier indicador o desafío que se examine, somos mucho mejores que todo lo que encontramos y eso es fruto del liderazgo del ministro Gilberto Gil, de la grandeza del presidente y del esfuerzo de todos los funcionarios y trabajadores del Ministerio de Cultura. Pero no somos iguales en todo, el Ministerio es muy desigual y el área en que menos crecemos es justamente uno de los sectores más estratégicos para el conjunto simbólico brasileño, que es el de los lenguajes artísticos. Entonces, por eso, estoy poniendo al arte como prioridad en esta fase.

Lo que veo, es que el hecho de que yo sea un ministro de continuidad, no quiere decir que yo sea un ministro idéntico. Necesito mantener la bicicleta en movimiento, sino la bicicleta se cae. El Ministerio necesita redefinir sus desafíos, sus metas y una de ellas es fortalecer la Funarte9 y el diálogo con los artistas, construir políticas públicas de danza, de teatro, de artes visuales, de fotografía y de todos los lenguajes que están bajo la responsabilidad de la Funarte, que fue la institución más desestructurada por aquel golpe que sufrimos las instituciones culturales durante el gobierno de Collor. Creo que faltó un poco de perspicacia de parte nuestra, que deberíamos haber invertido un poco más en la Funarte y en las políticas para las artes.

Vamos a reformar la Ley Rouanet. No voy a aprovechar este momento para presentar la reforma, pero estoy ansioso por entrar en diálogo con los artistas, porque tengo la certeza de que nuestra reforma va a ser muy bien recibida por los productores culturales brasileños. Vamos a simplificar, vamos a racionalizar, vamos a hacerla más justa, más ágil y a superar sus deficiencias con coraje. Prometo mantener el mismo coraje que tuvo el ministro Gil durante todo este período y eso nos obliga, de vez en cuando, a asomarnos al borde del abismo, pero no siento ningún vértigo y tengo el coraje para ir a discutir a donde sea. Algunas personas se acercan y me dicen: “¿Ya desde el principio vas a poner en discusión una ley tan problemática como la Ley Rouanet?”. Sí, claro, es evidente que lo tengo que hacer, porque si hay una expectativa del mundo cultural yo pongo el pecho. Como ministro, quiero estar al frente de las conversaciones y de los debates y de los diálogos con el colectivo artístico y cultural en general. Tengo la certeza de que la coincidencia va a ser enorme.

También precisamos modernizar la Ley de los Derechos de Autor, la ley y los procedimientos recaudatorios. La mayor queja que tenemos de los artistas es que no ven transparencia en el sistema de recaudación de los derechos autorales. La sociedad brasileña está repactando todo. Independientemente de la voluntad de quien sea, estamos viviendo un proceso en el cual la sociedad brasileña parece estar preparándose para vivir el siglo XXI. Todo está en cuestión, quien no note eso en su área de actividad va a estar listo. Todo está en cuestión en Brasil.

En todas las áreas de la vida social hay demandas de modernización, de actualización, y nosotros lo vamos a hacer en el área cultural, vamos a hacerlo porque es necesario. No podemos tener miedo, no podemos vacilar. Solo pido respeto, ya que la actividad pública en Brasil está muy degradada. A veces, para evitar el debate, las personas agreden el honor del otro, intentan descalificar al interlocutor solo porque piensa diferente y creo que es una tarea democrática jerarquizar a la esfera pública de Brasil, al punto de que nadie sea agredido por tener cualquier opinión, independientemente del grado de aceptación de los demás. Eso es fundamental. En estos casi seis años, los intolerantes no fuimos nosotros, fue un pequeño segmento del mercado que no quiso discutir la regulación de la economía del sector audiovisual, sector con el cual hemos tenido un respeto absoluto y prometo mantener ese respeto porque es mi naturaleza y es la naturaleza de los funcionarios del Ministerio. No somos estatistas, lo que nos caracteriza es que entendemos el papel del Estado.

Pienso que, en una sociedad como la nuestra, en la cual el Estado se volvió ilegítimo después de años de autoritarismo y régimen militar y, posteriormente, sometido durante toda una década a la arenga neoliberal, es necesario reconstituir delicada y pacientemente el papel del Estado. A veces, ese papel es el de regulador; a veces es el de brindar los medios; a veces es el de garantizar el espacio público; y, a veces, es el de garantizar los derechos, como debe hacerse ahora con las tierras de los pueblos indígenas. El Estado tiene muchas responsabilidades que son insustituibles, el mercado es por definición concentrador y excluyente. Al mercado solo le interesa quien tiene dinero en el bolsillo, esa es la lógica básica. Eso no es Marx, eso es Adam Smith. Él decía que el Estado es fundamental para la realización plena del capitalismo, exactamente por eso. Ningún capitalista individual, ningún sector es capaz de pensar más allá de la ganancia; le cabe al Estado compensar eso, representando los intereses generales de la sociedad.

En el área de la cultura tenemos esa responsabilidad y lo estamos haciendo con una dignidad absoluta. Entonces, si alguien pregunta cuál es el distintivo principal de esta gestión, yo les respondo que el diálogo, diálogo y más diálogo. Vamos a ampliar el diálogo. Creemos en lo que estamos haciendo. El presidente Lula me delegó la continuidad.

La recepción y el cariño con que estoy siendo recibido son por el legado que el ministro Gil está dejando. Apostaron por mí como la persona indicada para conducir este proceso y asumo eso con tranquilidad, inclusive porque la transición fue lenta, tan orgánica que la llamé transición Dorival Caymmi, en homenaje a él. Gil se quería ir, no queríamos que él se fuera y, sin notarlo, en los últimos meses fui asumiendo un rol que él ejerció con mucha dignidad, mucha grandeza y mucho liderazgo. Me siento listo para asumir esta responsabilidad.

Quiero terminar reafirmando que considero una suerte para Brasil que un gran artista popular se haya asociado a un gran presidente popular para dar dignidad a la dimensión cultural en el proyecto de nación. Muchas gracias a todos y a todas. Vamos a trabajar.

2 Brasilia, 28 de agosto de 2008.

3 El programa Más Cultura fue lanzado en octubre de 2007, y es el reconocimiento de la cultura como una necesidad básica, un derecho de todos los brasileños, al igual que la alimentación, la salud, la vivienda, la educación y el voto. Al crear el programa, el Gobierno nacional incorporó a la cultura como un vector importante para el desarrollo del país, incluyéndola en la agenda social como una política estratégica de Estado para actuar en la reducción de la pobreza y la desigualdad social. http://www.cultura.gov.br/mais-cultura

4 Se refiere al Palacio del Planalto Central, la Casa de Gobierno de Brasil ubicada en Brasilia.

5 Ministerio de Cultura.

6 Instituto Brasileño de Geografía y Estadística.

7 Región del Brasil que se constituye en el segundo mayor bioma del país. Una sábana que incluye al Estado de Goias, la mayor parte del Matto Grosso, Mato Grosso do Sul, el estado de Tocantins, la parte occidental de Minas Gerais y Bahía, la parte sur de Maranhão y Piauí, y partes pequeñas de São Paulo y Paraná.

8 Marina Silva. Exministra de Medio Ambiente del primer gobierno de Lula.

9 Fundación Nacional de Artes. Creada en 1975, la Funarte es el órgano del Gobierno Federal para la promoción de las artes visuales, la música, el circo, la danza y el teatro.

Discurso de transmisión del cargo10 (3/01/2011)

Me Gustaría comenzar agradeciendo.

Primero, y muy especialmente, al presidente Lula, por la confianza que depositó en mí. Por todo su apoyo a nuestra gestión. Sin su comprensión en cuanto al papel estratégico que la cultura ocupa en un proyecto de nación, difícilmente habríamos llegado a donde llegamos.

También me gustaría agradecer al exministro Gilberto Gil, a quien debo la invitación para estar a su lado desde el comienzo de este camino. También agradecer el apoyo recibido por parte de los funcionarios y trabajadores del Ministerio. Sin ellos, ciertamente, el MinC no habría sido exitoso. Hicimos del Ministerio de Cultura una obra colectiva.

No podría dejar de agradecer también el apoyo recibido de tantos artistas, productores culturales, inversores, profesionales y ciudadanos. Con ellos consolidamos un nuevo nivel de participación e inclusión de la sociedad en la formulación y construcción de políticas públicas para la cultura.

Me despido del Ministerio de Cultura con la certeza del deber cumplido. Además, fuimos más allá del deber y de las obligaciones. En estos últimos ocho años, en los dos gobiernos del presidente Lula, nosotros, los ministros, funcionarios y trabajadores, nos entregamos en cuerpo y alma a hacer de un ministerio inexpresivo, como el que heredamos de los gobiernos anteriores, un instrumento poderoso de apoyo a artistas, creadores, intelectuales, inversionistas y productores.

Todo eso era nuevo cuando asumimos en 2003. Éramos parte de las transformaciones históricas que la elección de nuestro querido presidente Lula vendría a realizar. Tuvimos que vencer la inercia y la tradición, la dificultad de la comprensión acerca de la importancia de la cultura para el desarrollo de Brasil, de la importancia de la cultura para la jerarquización de las relaciones sociales y de la importancia de la economía cultural, como también la falta de comprensión de la importancia de la dimensión simbólica para la realización de la condición humana de cada brasileño y de todos. Por eso, era estratégico capacitar al Ministerio de Cultura para construir políticas que permitiesen atender las necesidades y demandas culturales del pueblo brasileño.

Afirmamos todo el tiempo que Brasil no tendría éxito al enfrentar los desafíos que tenemos por delante en el siglo XXI sin garantizar el desarrollo cultural y el acceso de todos; insistimos durante todo este tiempo que no alcanza con aumentar el poder adquisitivo de los brasileños.

La grandeza de la obra del presidente Lula exige que se garantice el acceso pleno a la cultura, que esté al alcance de todos. El cambio de un Ministerio sin significado a otro que se convirtiera en un instrumento central en el proyecto de desarrollo del país, y en un instrumento de construcción de derechos sociales y desarrollo económico, asumió una importancia estratégica en medio de tantas acciones de nuestro presidente obrero.

Pero no me ilusiono. Sé que aún hay mucho por hacer y que se precisa hacer mucho por la cultura de nuestro país. Por eso no me considero plenamente satisfecho, pero sí me considero realizado.

Puedo decir, con tranquilidad, que estuvimos a la altura de la grandeza histórica del gobierno de Lula, tratando a las cosas públicas con el máximo respeto, preparando al Ministerio de Cultura para atender las necesidades y demandas culturales de la sociedad, tratando a los artistas con todo el respeto y el cariño que los creadores necesitan y al cual tienen derecho, democratizando las políticas culturales, republicanizando nuestras acciones y responsabilizando al Estado por la diversidad cultural del país y por los derechos culturales de los brasileños.

Buscamos asumir nuestra responsabilidad con todo el cuerpo simbólico de la nación, desde las culturas de los pueblos indígenas, pasando por el generoso conjunto de las artes, de la emergente cultura digital hasta las manifestaciones tradicionales, sin privilegios ni discriminaciones. Pusimos a la arquitectura, al diseño, a la moda y al artesanato en el lugar que se merecen: el de ser partes del mundo simbólico, componentes de la cultura brasileña.

Nos relacionamos positivamente con todos los gobiernos municipales y estaduales, independientemente del color político del funcionario, y tratamos a todos los artistas, creadores y productores culturales de una forma igualmente respetuosa. Allí reside una de las mayores conquistas: fuimos mucho más allá de la frágil tradición republicana de nuestro país, y me enorgullece que hayamos protegido a la cultura brasileña y a sus artistas y creadores, de las querellas y desavenencias político-partidarias que son parte del mundo político en todas las democracias. Intentamos todo el tiempo estar a la altura de la grandeza de la cultura brasileña.

La cultura en nuestro país, durante la gestión del gobierno de Lula, pasó a ser tratada como una necesidad basica, tan importante como la comida, la vivienda, la salud, etc. Esa fue una gran victoria. Tal vez la mayor de todas en nuestra área. Pusimos a la cultura al nivel de las políticas públicas más importantes de Brasil. Contribuimos para que la cultura fuese incorporada al proyecto de desarrollo del país. Y fuimos más allá: federalizamos, democratizamos y descentralizamos las acciones del Ministerio de Cultura; procuramos seguir rigurosamente la orientación del presidente Lula, de actuar dentro de los patrones de un Estado democrático, republicano y responsable con el desarrollo cultural del país.

Dejamos como legado un nuevo marco institucional y legal para la cultura brasileña. Un marco en construcción, con puntos importantes que fueron ampliamente debatidos y consensuados por la sociedad. Los proyectos de ley que aún se discuten en el Congreso –a quien agradezco por el compañerismo, la comprensión y el apoyo–, tales como el Procultura11 y el Vale Cultura12, entre otros, complementan esta nueva institucionalidad favorable al desarrollo cultural del país. La modernización de la legislación del derecho autoral en Brasil es una necesidad para garantizar tales derechos a los creadores y posibilitar el desarrollo de una economía cultural saludable, capaz de convivir con el espacio creado por las nuevas tecnologías.

La gestión que ahora asume encuentra una institución que finalmente cobró relevancia, despertando un inédito interés en la sociedad y en la opinión pública. Una institución que posee, actualmente, siete veces más recursos presupuestarios, comparado con los que que teníamos al llegar. Una institución que discute la política cultural con todos los sectores culturales. Una institución con indicadores, planificación, con políticas y procesos en curso. Está claro que hay mucho por hacer, pero las vías para recorrer el siglo XXI ya están tendidas.

Estoy convencido de que nada de ello habría sido posible si no fuese parte de un proceso histórico, parte de las conquistas de la democracia brasileña, y si no representáramos a la voluntad de una gran mayoría. Esa gran mayoría que recibió con alegría la invitación hecha por el presidente Lula para que Gilberto Gil ocupase la cartera de Cultura.

Finalmente, deseo mucho éxito al gobierno que comienza, y a la nueva ministra, y me pongo a disposición para colaborar en todo lo que esté a mi alcance para que logremos el Brasil que queremos, un Brasil de todas y todos. Hasta luego.

10 Brasilia, 3 de enero de 2011.

11 Procultura fue un programa instituido por ley que se llamó Programa Nacional de Fomento e Incentivo a la Cultura. Incluía transferencia de recursos para proyectos culturales que concretasen los principios culturales establecidos por la Constitución y con una amplia participación popular.

12 El Vale Cultura es un beneficio que le otorga 50 reales mensuales a cada trabajador en blanco, por cuenta del empleador, para utilizar en espectáculos, cine, instrumentos musicales, libros, etc. http://www.cultura.gov.br/mais-cultura

Discurso de asunción: Cultura, elemento constitutivo de la experiencia democrática13

Llego a este reencuentro con una enorme alegría y un profundo sentido de la responsabilidad. En 2003, el presidente Lula invitó a Gil para un reencuentro de Brasil consigo mismo. La reelección de la presidenta Dilma Rousseff es la confirmación de que ese deseo permanece vivo, pulsando en el corazón de los brasileños. De un país que hoy está mucho más orgulloso de sí mismo, decidido a promover más cambios y a avanzar creativamente en la agenda de sus reformas estructurales. Una vez más, el pueblo brasileño supo tomar sus decisiones de manera soberana.

Acepté, honrado y orgulloso, la invitación que me hizo la presidenta de la República. Como Dilma, me opuse a la dictadura y sobreviví a ella. Como Dilma, también me conmueve pensar que una generación de sobreviventes venció y permanece en la lucha por la construcción de esta democracia popular, mestiza y tropical, que tantas pasiones alimenta en sus hijos. Como Dilma, tengo un profundo amor por Brasil, fe en nuestro pueblo y esperanza en nuestro futuro en común. Brasil fue el gran sueño de nuestra generación y continúa inspirándonos para no rehuir a la lucha.

Nuestro proyecto colectivo de nación ya ha superado barreras históricas. Estamos venciendo el hambre, redujimos drásticamente la extrema pobreza y recuperamos el derecho a soñar. Promovimos una de las mayores movilidades sociales de las que se haya tenido noticia en la historia. Nos convertimos en una referencia mundial en la reducción de las desigualdades.

¡Pero con la reducción de las desigualdades económicas no alcanza! También es necesario avanzar con firmeza y determinación en la redistribución del poder simbólico y político en Brasil a partir de la democratización de la producción y del acceso al conocimiento y a la cultura. En tiempos en que el mundo asiste a una situación dramática de radicalización de extremismos, también es necesario enfrentar discursos de odio, el prejuicio social y regional, el racismo, el machismo, la homofobia, la xenofobia y todas las demás formas de segregación cultural. En verdad, banalizamos la violencia. Son muchos los fantasmas culturales que aún asuelan a las naciones democráticas. Todos ellos están exigiéndonos una revolución cultural, cambios de comportamiento, de sensibilidad y de visión del mundo.

También queremos una democracia vigorosa, amplia y profunda en Brasil. Que contemple la igualdad de oportunidades para todas y todos y que sea pautada en el más amplio respeto a las diferencias y singularidades. Presentes no solo en la vida material, sino también en la experiencia sensible.

La cultura se afirma como uno de los elementos constitutivos de la democracia. Es ella quien califica y da sentido a la experiencia humana al establecer los lazos de la vida social. La cultura solamente puede agregar valor al desarrollo y abrir el camino para la innovación en el seno de la sociedad. Entendida de esta manera, la cultura se ubica en la centralidad de la agenda pública contemporánea, permeando todos los campos de la vida social, todas las áreas del conocimiento, como algo inherente al propio ser humano.

Con entusiasmo, recibimos la señal de la presidenta de la República de que la educación es la mayor prioridad de este nuevo mandato. No existe educación democrática y liberadora, sino la que la cultura puede ofrecer. La producción y el usufructo cultural se califican a partir de prácticas educativas incluyentes e innovadoras.

Brasil se ha constituido en una de las mayores economías del mundo, nuestra magnitud poblacional y la gigantesca diversidad de nuestra producción cultural y artística son verdaderos tesoros nacionales. Una gran nación necesita tener un desarrollo cultural a la altura de su grandeza. Es la cultura la que da cohesión a la ciudadanía. Es ella la que nos vuelve brasileños, del norte al sur del país. La cultura debe ser parte central del país democrático y plural que queremos. La pluralidad es nuestra particularidad.

Está muy bueno estar de vuelta. ¡Es muy bueno! Y es mejor aún hacerlo mirando hacia adelante.

La comprensión de la cultura como elemento central del desarrollo me acercó al prefecto de São Paulo, Fernando Haddad; no por casualidad, exministro de Educación del Brasil. Es esa comprensión de la cultura como elemento central de la experiencia democrática la que me trae nuevamente al puesto de ministro de Cultura de Brasil. La experiencia de la política es, en las sociedades democráticas, una disputa por el sentido, una disputa simbólica y de valores. Necesariamente es a través de ella que se atribuye dimensión ética y estética a la vida pública, que se forma una cultura política. Y es por vía de la cultura política que el ejercicio de la vida pública se valoriza de modo republicano y democrático.

Reasumo revigorizado. Convencido de que fueron el aliento y la resistencia de un proyecto colectivo los que me trajeron de nuevo para llevar adelante la política cultural que iniciamos en 2003.

Las decisiones que el siglo XXI nos exige no son las más fáciles. En las últimas décadas, entregué mi vida a la cultura y al medio ambiente, tema que me es muy movilizante. Por eso afirmo, de antemano, que la superación de un modelo de civilización que establece una relación predatoria e insustentable con el planeta exige el compromiso de todos nosotros.

En este momento de la historia de la humanidad, necesitamos, sobre todo en Brasil, de un cambio de mentalidades y comportamientos que la cultura puede promover. Hace doce años iniciamos una labor que colocó a la cultura en el centro de un proyecto de nación. Que pasó a reconocer a nuestra diversidad cultural como un elemento estratégico de la construcción del Brasil del siglo XXI. Las políticas culturales que nacieron con el presidente Lula pasaron a ser reconocidas nacional e internacionalmente por su aspecto inclusivo, libertario e innovador. Reafirmamos nuestros compromisos con las tres dimensiones de las políticas culturales: cultura como dimensión simbólica, cultura como derecho de todos y todas y la cultura como una economía importante.

Cuento con la ayuda de los creadores, de todos los artistas, activistas y realizadores de la cultura para que ampliemos la capacidad de realización del Ministerio. Será un gran paso lograr la aprobación de la PEC de la Cultura14. Más allá del apoyo de nuestra presidenta, tengo la certeza de que el nuevo equipo económico, incluso con el desafío de promover un ajuste fiscal en nuestro país, será sensible a esa necesidad. Sin presupuesto público y gestión calificada no lograremos realizar nuestros anhelos. Los recursos del pré-sal15 podrán ser, en un futuro inmediato, definidores de una nueva instancia para las políticas culturales de nuestro país. Como dice el rapero Gog: el pré-sal es nuestro pré-sol.

En los últimos dos años, el Vale Cultura comenzó a volverse una realidad. Estamos comprometidos con la aceleración de su proceso de implementación, convirtiéndolo en un importante instrumento de ampliación del acceso a la cultura y de dinamización del mercado cultural interno.

El sector audiovisual brasileño cuenta en la actualidad con una de las políticas sectoriales más sólidas del mundo. El gran desafío de este nuevo período que se abre es necesariamente superar el estrangulamiento de la exhibición y de la circulación de los contenidos, garantizando un mejor aprovechamiento público del espacio digital, brindando toda la libertad creativa para los nuevos soportes informativos, lenguajes y estéticas que surgieron en los últimos años, y que surgirán en los próximos, redefiniendo a la cultura. En este contexto, la comunicación debe ser entendida como un derecho esencial para la plena realización de los derechos culturales.

Creo en la complementariedad de los roles y en la colaboración institucional entre la Secretaría Audiovisual y la Agencia Nacional del Cine. La producción audiovisual que financia Brasil tiene que ser accesible a todos los ciudadanos.

Reafirmamos el compromiso con el Plan Nacional de Cultura16, instrumento central de planificación de mediano y largo plazo de las políticas culturales.

Reasumiendo como ministro de Cultura de Brasil, reafirmo nuestro compromiso con decenas de miles de artistas, productores y grupos culturales, que incluso en los lugares más vulnerables, en medio de la pobreza y la violencia, han proporcionado a sus poblaciones, muchas veces, la única oportunidad de un deleite estético y del acceso a la cultura.

Vuelvo al MinC con la Ley Cultura Viva17 victoriosamente aprobada gracias a la fuerza de movilización de la sociedad. Esa ley despeja el horizonte para una mayor seguridad jurídica en la relación entre organizaciones de la sociedad y el Estado, y nos posibilita crear flujos muchos más horizontales y transparentes de gestión de la política pública en red.

Retomaremos la agenda de modernización de la legislación del derecho autoral. El sector digital se desarrolla y se transforma rápidamente, y nuestras leyes deben acompañar las nuevas prácticas sociales que surgieron con las nuevas tecnologías para que tengamos posibilidades de garantizar, de hecho, los derechos de los autores de Brasil.

Implementaremos la ley que prevé la supervisión del Estado sobre las actividades de gestión colectiva de derechos autorales. Esa ley fue una conquista de la movilización de autores y artistas, que comprendieron que el Estado puede y debe auxiliar a los creadores en la garantía de sus derechos.

Así cayó un primer mito. El próximo mito a derribar es aquel que duda de que la ampliación del acceso a los bienes culturales, proporcionada por el sector digital, solo podría darse causando perjuicios para los creadores. El sector digital puede ser regulado de forma que los creadores tengan nuevas formas de remuneración por su trabajo creativo. La modernización de la legislación puede beneficiar tanto a los creadores como atender las demandas de los ciudadanos por acceder y compartir cultura y conocimiento, respondiendo a la tarea impuesta por el Marco Civil de Internet18.

Necesitamos mejorar el sistema de financiamento de la cultura. Haremos un esfuerzo conjunto con el Congreso Nacional en los próximos meses para lograr la aprobación del ProCultura. La cultura brasileña no puede ser dependiente de los departamentos de marketing de las grandes corporaciones. Queremos más inversión en cultura y esa también debe ser una de las responsabilidades sociales de la iniciativa privada. No tengan dudas de eso. Pero queremos que esa cuenta sea saldada mediante responsabilidades compartidas.

Traigo de la experiencia anterior la convicción de que Brasil necesita una política vigorosa para el arte, a escala nacional y con una efectiva capacidad de penetración en todos los territorios y rincones del país. Es por ese camino que consolidaremos definitivamente a Brasil como una potencia estética global, surgida del encuentro entre todas las humanidades, del orgulloso mestizaje de las culturas que aquí coexisten y que mutuamente se transforman en nuestro país del remix.

Nada, nada debe escapar a nuestra atención: de la literatura a las artes visuales, a las expresiones identitarias, a los conocimientos, a la memoria; de los valores a la economía de la cultura; y sin olvidarnos de la moda, la arquitectura, la cultura digital, la cultura alimentaria, el diseño.

Es el momento de construir un pacto que una amplios sectores de la cultura brasileña, de todas las regiones, articulados en torno de un proyecto de desarrollo y democratización de todas las artes, tanto al nivel de la producción, como del disfrute.

Estoy al tanto de muchas de las dificuldades enfrentadas por los empleados públicos, de las demandas por mejoras en las condiciones de trabajo y remuneración. Necesitaremos de un esfuerzo de planificación capaz de dotar al Ministerio de Cultura de las condiciones de realización de su misión institucional, jerarquizando y modernizando la gestión. Yo creo en un Estado eficiente y eficaz. Esa será una lucha que tendremos que enfrentar juntos.

Siempre fui un defensor del diálogo como tecnología de construcción democrática. Desde la primera vez que fui ministro, antes de asumir, dije que mi sello sería “diálogo, diálogo y más diálogo”, y lo fue. En São Paulo, ni bien asumí la Secretaría de Cultura del prefecto Fernando Haddad, lanzamos un programa llamado #ExisteDialogoemSP. El diálogo, por lo tanto, es un pilar de nuestra gestión. Y lo llevaremos a cabo mediante un amplio programa de participación social. Esa apertura será ejercida no solo por medio de una reactivación vigorosa del Consejo Nacional de Políticas Culturales, del fomento a la realización de las Conferencias de Cultura, con una presencia constante en el diálogo con el parlamento, sino también echando mano de los múltiples mecanismos contemporáneos de construcción y deliberación on-line, con la activación de un Gabinete Digital cuyo propósito será el de brindar transparencia absoluta a nuestros actos y de ser una interfaz de cogestión, abierta y colaborativa, con los ciudadanos.

Ello también nos pone a la vanguardia de una interlocución que queremos estrechar en la nueva gestión: nuestro diálogo con las redes políticos-culturales y los movimientos de nuevo orden que surgieron en el país durante los últimos doce años. Esos movimientos representan un nuevo impulso democrático inspirado en aquel esfuerzo de participación que realizamos durante nuestra gestión anterior. Ahora quiero poder contar con el apoyo y el acompañamiento de ese universo renovador en la construcción de soluciones y alternativas para la efectivización de nuestro proyecto republicano de cultura. Principalmente, frente a los desafios característicos de las ciudades de mediano y gran porte de nuestro país, donde se concentra la mayoría de nuestra población, y donde se manifiestan las principales disputas de modos de vida del Brasil contemporáneo.

Reafirmo el lugar del Ministerio en la interlocución atenta con los movimientos sociales, los campesinos, los estudiantes, con la juventud, con los que luchan por un techo, salud, educación y derechos humanos, con los pueblos indígenas. El Brasil democrático necesita garantizar el lugar de nuestra población indígena, sus culturas y modos de vida.

También espero construir a una relación virtuosa con los artistas y los creadores culturales. Nada más errado que creer que la ampliación del concepto de cultura reduce el lugar del arte en el proyecto estratégico que vamos a emprender. El arte es aquello que nos permite ver más allá, es el medio por el cual accedemos a la esencia y a la trascendencia del humano.

Crear, hacer y definir obras, temas y estilos es el rol de los artistas y de quien produce cultura. Elegir lo que ver, oír y sentir es el rol del ciudadano. Ahora, crear condiciones de acceso, producción, difusión, preservación y libre circulación, regular la economía de la cultura para evitar monopolios, exclusiones y acciones predatorias, democratizar el acceso a los bienes y servicios culturales; esa, es la responsabilidad del Estado democrático.

Vuelvo pidiendo permiso para andar entre nuestro pueblo, uniendo estos esplendorosos Brasiles. El Brasil de las aldeas indígenas y el de las lan houses, de las orquestras sinfónicas y de las folias de reis, de los artesanos y de los hackers, de los mestres de la tradición y de los intelectuales; de los científicos y de las tribus urbanas, de los pescadores y de los industriales. El Brasil de los grandes artistas y de las pequeñas compañías de circo. El Brasil de Jesús y de Oxalá, de Tupã y de Iara, de Nuestra Senhora do Rosário dos Pretos, de Yemanjá y de Oxum, del acarajé y del tucupi, de la juventud negra y del baile funk, de Serra Pelada y de Cariri. El Brasil de Xingu y de la Vila Mimosa, de Brasília Teimosa y de Xapuri, del Céu do Mapiá, de Aparecida do Norte y del Ilê Axé Opó Afonjá, del futbol de potrero y del carnaval callejero.19

¡El MinC vuelve a ser el espacio de la experimentación de nuevos rumbos! El MinC está mirando al futuro nuevamente. El lugar de la memoria y de la innovación, de las raíces tradicionales y de la nueva osadía creativa, de la imaginación y de la invención, reconvocadas a colaborar con el Brasil. ¡Viva el pueblo y la cultura brasileña!

13 Discurso de asunción como ministro de Estado de la Cultura. Brasilia, 12 de enero de 2015.

14 La PEC (Propuesta de Enmienda Constitucional) estableció un piso constitucional para inversiones en cultura en las tres esferas de gobierno: municipal, estadual (provincial) y federal. Para el Ministerio de Cultura estaba previsto el 2% de la recaudación de impuestos de la Unión. En el caso de los estados, la PEC establecía que el 1,5% de su presupuesto se destinara a cultura. En los municipios, la cifra era del 1%. http://www.cultura.gov.br/banner-1/-/asset_publisher/G5fqgiDe7rqz/content/ccjc-da-camara-federal-aprova-admissibilidade-da-pec-421-14/10883.

En la nueva PEC del gobierno de Temer, los recursos destinados a la cultura sufrieron un recorte del 90% (https://www.brasildefato.com.br/2016/11/11/com-pec-recursos-da-cultura-terao-corte-de-90/).

15 Se denomina Pré-Sal a un reservorio petrolero que se extiende por la costa brasileña, bajo el mar, y que se halla en medio de una cámada de rocas carbónicas bajo una capa de sal. La primera extracción se realizó en 2008 y las reservas comprobadas ubican a Brasil entre los principales detentores de reservas petroleras del mundo. La explotación corre a cargo de Petrobras y parte de las regalías producidas por el excedente serían destinadas a programas sociales y culturales, aunque en la actualidad se congelaron las inversiones públicas por parte del Estado por veinte años.

16 El Plan Nacional de Cultura (PNC), instituido por la Ley 12.343 (2010), tiene por finalidad la planificación e implementación de políticas públicas de largo plazo (hasta 2020) para la protección y la promoción de la diversidad cultural brasileña. Sus objetivos son el fortalecimiento institucional y la definición de políticas públicas que aseguren el derecho constitucional a la cultura; la protección y la promoción del patrimonio y de la diversidad étnica, artística y cultural; la ampliación del acceso a la producción y al disfrute de la cultura; la inserción de la cultura en modelos sustentables de desarrollo socioeconómico y el establecimiento de un sistema público y participativo de la gestión.

17 Cultura Viva es un programa creado en 2004. En 2014 pasó a ser una política de Estado, con la sanción de la Ley 13.018 que instituyó la Política Nacional de Cultura Viva, que simplifica y busca desburocratizar los procesos de reconocimiento, rendición de cuentas y el traspaso de recursos para las organizaciones de la sociedad civil. El emblema fue la creación de los Puntos de Cultura. Cultura Viva fue una de las principales políticas culturales del Gobierno de Lula, y se estima que alcanzó a 8 millones de brasileños, entre 2004 y 2010.

18 El Marco Civil de Internet (Ley N° 12.965/14) regula el uso de Internet mediante los principios, garantías, derechos y deberes de los usuarios, al igual que el rol del Estado. Se reglamentó durante el gobierno de Dilma Rousseff. La ley establece la neutralidad de la red, la privacidad, la función social que la red tiene que cumplir, especialmente garantizar la libertad de expresión y la transmisión de conocimientos, además de imponer obligaciones de responsabilidad civil a los usuarios y proveedores.

19 Las menciones que se hacen en el párrafo, aluden a una variedad de referencias culturales brasileñas en forma ecuménica, ya sean de fiestas, religiones, lugares o prácticas.

Diversidad y Derechos Culturales

Emergencias20

Estamos abriendo nuestro encuentro Emergencias luego de un largo período de preparación junto con los movimientos socioculturales. La palabra emergencia nos remite, por lo menos, a dos sentidos.

Cuando ideamos este encuentro pensamos solo en uno de sus sentidos: el sentido de emerger, de lo que está naciendo socialmente. Emergencias fue planificado para atender a la necesidad de reflexionar sobre las relaciones de la cultura con temas que surgieron en las últimas décadas y están afirmándose como centrales para la humanidad en este comienzo del siglo XXI.

Las circunstancias políticas del país quisieron que, independientemente de nuestro deseo, nuestro encuentro también tuviese que tomar en cuenta al otro sentido de la palabra emergencia, entendida como momento crítico, que precisa ser enfrentado inmediatamente, con el sentido de la urgencia, de la gravedad.

El intento, ahora en curso, de ruptura del orden democrático es muy grave y nos obliga a ejercitar la reflexión sobre lo que nos es urgente, integrando, con ello, los dos sentidos de la palabra. Necesitamos reflexionar sobre las amenazas a las sociedades democráticas, y en particular, la amenaza a la democracia brasileña. Nuestras reflexiones pueden contribuir a una recomposición programática, política y cultural, que inaugure un nuevo ciclo político, capaz de hacer avanzar a la democracia, a las libertades individuales y colectivas, a los derechos sociales y a la sustentabilidad.

Ver aquí a tanta gente, gente de los cuatro puntos cardinales del Brasil, ver tantos hermanos y hermanas21 de América Latina, España, Portugal y Estados Unidos; ver intelectuales, militantes y pensadores reunidos alrededor de propósitos tan generosos, sobre tantos temas importantes para toda la humanidad, me entusiasma como pocas cosas en este mundo.

Tamaña sinergia nos vigoriza, nos anima, nos llena de esperanza. Este auditorio, por sí solo, nos dice que no es momento de perplejidad, ni de desánimo. Lo que aquí nos une son los sentimientos más nobles que puede atesorar una colectividad. Estamos aquí para celebrar y reflexionar sobre la democracia, la paz, la justicia social, el respeto por las diferencias humanas, y en nombre del amor y de la solidaridad.

Hoy, en Brasil, vivimos un momento crucial para el futuro de la democracia, para la paz, para los derechos sociales y para la sustentabilidad. Vivimos tiempos de amenazas de pérdidas de derechos, de retrocesos de las conquistas sociales y políticas logradas a duras penas en las últimas décadas, y de intentos de legalizar una relación irresponsable con el medio ambiente. En Brasil, y en algunos otros países, hay quienes quieren retroceder a un tiempo en que el Estado no era laico.

La lógica neoliberal del cada uno por su lado, de un Estado sin compromisos con los derechos fundamentales de la población, está retornando. Para tener una idea del momento que estamos vivendo, hay quien en el Brasil de hoy pide que regrese la dictadura, hay quien trama un golpe de Estado dotándolo de una apariencia de legalidad, sin ningún temor de poner en riesgo a la democracia.

No podemos dejar que se consuma el retroceso de ninguna manera, no podemos dejar que sean amenazados los derechos conquistados y, principalmente, que se amenace a la libertad que solo la democracia que construimos en los últimos años garantiza.

Lo que necesitamos es un nuevo ciclo de desarrollo, con más derechos y con un Estado más democrático, de mayor calidad de vida y mejores condiciones para la realización de la condición humana de todos y todas.

La caída del muro de Berlín dio por tierra con los ideales que alimentaban a la utopía socialista de entonces. En aquel momento, se perdían algunas referencias que habían marcado las conquistas sociales y los ideales de igualdad y justicia social que movilizaron a la humanidad desde el siglo XIX y durante todo el siglo XX. Las grandes causas de carácter totalizante dejaron de movilizar a la población en general. Pero, por otro lado, a contramano de todo eso, como una transmutación y una posibilidad de renovación de los ideales utópicos, se multiplicaron las demandas sociales.

Por más paradojal que sea, justamente cuando el semáforo estaba en rojo para las utopías más generales, crecieron y pasaron a un primer plano las demandas de varios segmentos sociales y se expandieron los ideales libertarios, ideales que, significativamente, exigen una revolución cultural. Fue allí que la cultura asumió un rol central e invadió el campo de la política, irreversiblemente.

Estamos hablando de nuevas sensibilidades y visiones de mundo. Estamos hablando de una nueva cultura política.

Gradualmente, pasaron a estar en primer plano luchas como el combate al racismo y a la discriminación. Se afirmó la igualdad de derechos y oportunidades entre negros y blancos; el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas; los derechos de los niños y de la juventud; el derecho de las mujeres a la igualdad con los hombres, y su derecho a la singularidad; los derechos de los ancianos, de los portadores de deficiencias físicas y de los portadores de trastornos mentales, y también los derechos individuales frente al Estado y de las colectividades; el derecho a la libertad de orientación sexual y el derecho a la ciudad sin que nos olvidemos del derecho a un medio ambiente saludable.

Estaban dadas las condiciones para pensar en el futuro del planeta y para una nueva relación con la naturaleza. En aquel momento, estaba instalada la cuestión de la sustentabilidad.

Los valores democráticos se fueron consolidando en todo el mundo, con diferentes intensidades, con la caída de regímenes totalitarios y dictatoriales y con la decadencia del colonialismo.

Esa renovación de los ideales libertarios y, muchas conquistas de ese período, mientras tanto, están hoy siendo amenazadas por el recrudecimiento en Brasil y en el mundo, del fanatismo, del racismo, de la xenofobia, de la intolerancia religiosa, del machismo y del fascismo, en otra ola de reacción conservadora como otras que ya hemos presenciado en otros tiempos.

Necesitamos reinventarnos, económica, social, política y culturalmente. El autoritarismo viene reaccionando con las armas que puede ante los avances de la democracia y ante la reducción de las desigualdades sociales en nuestros países. Ese fenómeno se manifiesta en Brasil y en la América Latina de hoy en día, estimulado por la crisis económica mundial y también por los errores cometidos por las fuerzas políticas que condujeron ese proceso. Vivimos una lucha política entre el pasado y el futuro, entre el poder ejercido para pocos y el poder comprometido con los intereses de la mayoría.

Esta batalla está siendo librada a la luz del día, ante los ojos de todos, librada en la política, en la economía, en las comunicaciones, en la diplomacia, en el derecho, y también, como no podría ser de otra manera, en la cultura.

El lado positivo de todo esto ha sido ver que muchos actores sociales, como mujeres, indígenas, juventud, trabajadores, pobres, quilombolas, habitantes de los suburbios de las grandes ciudades, etc., al notar que la democracia y los derechos conquistados están siendo amenazados, se abocaron a un protagonismo mayor.

Las mujeres, una vez más, estuvieron al frente. Los adolescentes de secundario del Estado de São Paulo están dándonos una lección. Los pueblos indígenas enfrentan los intentos de invasión de sus tierras y luchan por los derechos conquistados. El movimiento negro lucha contra la intolerancia religiosa, el racismo y la discriminación. Los trabajadores enfrentan el intento de reducción de sus derechos.

Se percibe la emergencia de una ciudadanía planetaria. El Emergencias está asociado a la necesidad de una reflexión profunda sobre el nuevo contexto social, político, económico y cultural en el que vivimos, marcado por grandes desafios, por nuevas formas de convivencia, por nuevos territorios culturales, por nuevas modalidades de organización y participación social, y por nuevas y más democráticas y accesibles modalidades de relacionamiento con la información.

Necesitamos fortalecer a la democracia en todas sus dimensiones. Para hacer frente a la represión, al autoritarismo y a la amenaza de retroceso en las conquistas sociales.

Inmersa en la economía internacional, la crisis es del tamaño del mundo, ni más ni menos, una crisis que alcanza las más diversas dimensiones de la vida colectiva en todos los rincones del planeta. De la crisis económica a la crisis migratoria, de la crisis del mercado a la crisis simbólica, de la crisis de los modelos de desarrollo a la crisis de valores. Es decir, de la crisis de la sociedad humana a la crisis de sustentabilidad de la vida en el planeta.

Esta es, en definitiva, una crisis civilizatoria, y así se manifiesta en la esfera cultural. Apunta hacia la necesidad de una nueva cultura, hacia la necesidad de una nueva sensibilidad y de un cambio de comportamiento y comprensión de la condición humana. Una nueva cultura basada en derechos y oportunidades iguales y en el respeto a la diversidad, en la convivencia y en la interacción entre desiguales y en una relación respetuosa con la naturaleza. Y, como ya dijo el poeta: “La gente no quiere solo comida, la gente quiere comida, diversión y arte”.

La reafirmación de la belleza, de la no violencia, de la tranquilidad, de la alegría y del placer es, en última instancia, una lucha política. Insistir en esos valores, en la restauración de la Tierra como medio ambiente humano y de la vida en general, es hoy en día, una cuestión de supervivencia. Que nos cuenten sino Mariana y el Rio Doce22.

Emergencias busca respuestas para cuestiones que nos asaltan por todos lados. Cuestiones graves e inmediatas, como este intento de golpe en Brasil, y cuestiones ligadas a la construcción de una ciudadanía planetaria donde todos se reconozcan. Eso es lo que se espera del intercambio de conocimientos y de la suma de las inteligencias y de las energías vitales aquí reunidas, todas dispuestas a encontrar caminos más democráticos y sustentables a partir de las experiencias vividas en sus territorios.

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Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
23 ekim 2025
Hacim:
212 s. 4 illüstrasyon
ISBN:
9789878488127
Yayıncı:
Telif hakkı:
Bookwire
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