Kitabı oku: «De la escuela nueva al constructivismo»

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De la escuela nueva al Contructivismo

Un análisis crítico

Julián De Zubiría

Colección Pedagogía Dialogante

DE LA ESCUELA NUEVA AL Constructivismo

Un análisis crítico

© Autor

JULIÁN DE ZUBIRÍA SAMPER y Colaboradores

Libro ISBN 978-958-20-1401-8

Primera edición: 2001

Primera edición: 2009

© COOPERATIVA EDITORIAL MAGISTERIO

www.magisterio.com.co

Dirección General

ALFREDO AYARZA BASTIDAS

Dirección Editorial

PÍO FERNANDO GAONA P.

Composición

ARTE JOVEN


Portada y diseño

Torre Gráfica

Porque un libro no tendría sentido si no se para en los hombros de los gigantes que nos precedieron,

a mi maestro, Nicolás Buenaventura.

Y porque carecería de sentido si no encontrara discípulos que lo enriquecieran,

a mis alumnos del Instituto Alberto Merani

Agradecimientos

Al maestro Carlos Vasco y al profesor Hernán Escobedo, quienes desde posturas contradictorias con el autor, leyeron los manuscritos de la presente obra y con sus agudas y críticas observaciones contribuyeron a la cualificación del presente material, y en mayor medida, discrepando de sus conclusiones.

Al amigo Gerardo Andrade que dedicó tiempos invaluables, que debieron haber estado dedicados al descanso, para discutir y confrontar lo aquí formulado. A los maestros del Instituto Alberto Merani que nutrieron las reflexiones iniciales del presente texto. A los alumnos de la Especialización en Desarrollo Intelectual de la Universidad Santiago de Cali y de la Universidad Católica de Ibarra (Ecuador) que conocieron una versión inicial de la presente obra. A John Jaime Marín, que siempre me alentó a la publicación de una obra que abriera un debate frente a los planteamientos constructivistas en pedagogía y educación.

A mis contradictores, que me exigen permanentemente crecer y día a día me recuerdan que la soberbia es enemiga del pensamiento y del afecto.

A la Cooperativa Editorial del Magisterio que está gestando una revolución educativa al poner a los maestros a pensar y escribir.

A Laura, Santiago y Carmen que siempre le han dado alas y sentido a mis sueños. Y a mi madre, que aun hoy, después de diez hijos y diez y siete nietos, me sigue enseñando que hay que vivir intensamente.

Atentamente,

Julián

Contenido

De la escuela nueva al Contructivismo

Capítulo 1

La escuela en la naciente sociedad del conocimiento

Introducción

Sección 1

La naciente sociedad del conocimiento

Modernidad y postmodernidad

A. Tendencias económicas para el próximo milenio

B. Tendencias sociales para el próximo milenio

C. La naciente sociedad del conocimiento

Sección 2

La naciente sociedad del conocimiento y las vanguardias pedagógicas

Sección 3

Retos a la educación en la naciente sociedad del conocimiento

Retos a la educación del siglo XXI

Desarrollar los procesos de pensamiento

Garantizar una comprensión básica del mundo

Enseñar a leer comprensivamente

Indicadores de la incomprensión lectora

Formar individuos e instituciones flexibles

La formación de individuos autónomos

Favorecer el interés por el conocimiento

Favorecer la solidaridad y la diferenciación individual

Construir una escuela responsable

Capítulo 2

La Escuela Nueva y el modelo de la Escuela Activa

Introducción

Una primera mirada

¿Qué es la Escuela Nueva?

Sección 1

Principios pedagógicos de la Escuela Nueva

Principio No. 1: rechazo a la escuela tradicional

Principio No. 2: El conocimiento y el desarrollo se autoestructuran

Principio No. 3. Paidocentrismo

Principio No. 4. Se aprende haciendo

Principio No. 5. Educación para y por la vida

Principales aportes de la Escuela Nueva

Sección 2

¿Responde el activismo a los retos de la sociedad del conocimiento?

1. ¿Desarrolla la capacidad para abstraer?

2. El activismo, ¿forma individuos autónomos?

3. ¿Desarrolla el activismo la flexibilidad?

4. ¿Mejora el activismo la comprensión lectora?

5. ¿Garantiza el activismo una comprensión básica del mundo?

6. ¿Favorece la Escuela Nueva el desarrollo del interés por el conocimiento?

7. ¿Fomenta la Escuela Nueva, la diferenciación individual y la solidaridad?

8. ¿Permitirá la Escuela Nueva la construcción de una escuela responsable?

Capítulo 3

Las corrientes constructivistas

Introducción

Una primera mirada

Sección 1

Fundamentación epistemológica

Primer principio: El conocimiento no es una copia de la realidad, sino una construcción del ser humano (Piaget)

Segundo principio: Existen múltiples realidades construídas individualmente y no gobernadas por leyes naturales

Tercer principio: La ciencia no descubre realidades ya hechas sino que construye o crea realidades

Sección 2

Principales aportes del Constructivismo

Aportes en el terreno epistemológico

Aportes en el terreno psicológico

Aportes en el terreno pedagógico

Aportes en el terreno didáctico

Sección 3

Limitaciones actuales del Constructivismo

Peso excesivo asignado al individuo aislado

Carácter idiosincrásico y autoestructurante del aprendizaje

Indiferenciación con el activismo

Sección 4

¿Responde el Constructivismo a los retos de la sociedad del conocimiento?

¿Desarrolla el Constructivismo la capacidad de abstracción de los estudiantes?

¿Favorece el Constructivismo en los alumnos una comprensión básica del mundo?

¿Desarrolla el Constructivismo un pensamiento flexible y amplio en los alumnos?

¿Garantiza el Constructivismo la comprensión lectora en los estudiantes?

¿Desarrolla el Constructivismo un estudiante autónomo intelectual y valorativamente?

¿Garantiza el Constructivismo la formación de individuos verdaderamente interesados por el conocimiento?

¿Garantiza el Constructivismo la diferenciación individual y la formación de individuos solidarios?

¿El Constructivismo estará creando una escuela responsable?

Bibliografía

El Autor

Capítulo 1 La escuela en la naciente sociedad del conocimiento

Introducción

En el presente capítulo se presentarán las principales tendencias económicas, políticas y sociales que caracterizan el inicio del Tercer Milenio y que han transformado sensiblemente todos los espacios de la vida humana: la familia, los entes colectivos, las leyes económicas, las estructuras valorativas, la cultura, el Estado y la comunicación, entre otras, dando origen a una nueva etapa en el desarrollo del capitalismo. A partir de esta caracterización, se establecerán los retos a los que deberán enfrentarse la educación y la pedagogía en las nuevas condiciones sociales existentes1.

Sección 1 La naciente sociedad del conocimiento

Vivimos un mundo profundamente distinto al que conocimos de niños, un mundo en el que la vida económica, política, social, tecnológica y familiar es significativamente diferente; responde a otras lógicas, otros espacios, otras realidades y otros tiempos. Algunos pensadores de nuestro tiempo consideran que estamos ante una de las mayores transformaciones estructurales de todos los tiempos.

Drucker (1994) sostiene que estamos ante una “divisoria” que se presenta aproximadamente cada doscientos años y mediante la cual la sociedad se reacomoda en sus valores, en sus artes, en sus instituciones claves y en su estructura social y política. “Divisoria” como en su momento lo fueron el resurgimiento y la consolidación de las ciudades (S. XIII), el Renacimiento y la Reforma protestante (S. XV) o la Revolución industrial y la Revolución francesa (S. XVIII).

La actual “divisoria” ha conducido, según su criterio, al nacimiento de una sociedad distinta en la cual se modifican las fuentes de la riqueza y el poder respecto a la sociedad que conocimos hasta la primera mitad del siglo XX. Una sociedad que ha denominado “La sociedad del conocimiento” y que transformará las organizaciones, la vida económica, el Estado y la escuela2, entre otros y en la cual los trabajos fundamentales estarán asociados al conocimiento y a los servicios, frente al predominio que adquirieron los trabajos manuales en la era industrial. Su reto principal será hacer productivos estos trabajos no manuales.

Como sostiene Drucker:

La productividad del conocimiento va a ser, cada vez más, el factor determinante en la posición competitiva de un país, una industria, una compañía. Con respecto al conocimiento, ningún país tiene ventaja o desventaja “natural”. La única ventaja posible estará en cuanto pueda obtener del conocimiento universal disponible. Lo único que va a tener importancia en la economía nacional, lo mismo que en la internacional, es el rendimiento para hacer productivo el conocimiento (Drucker, 1994, P. 43 y 210). (S.N.)

Toffler (1985 ) argumenta que los profundos y generalizados cambios actuales en las estructuras familiares, sociales, económicas y políticas, son interdependientes entre sí y no fruto del azar o de fenómenos aislados. Para él, presenciamos desde los años cincuenta del siglo pasado, un cambio comparable al que en su tiempo significó el descubrimiento de la agricultura o al que generó para la historia humana la incorporación de la maquinaria a la industria en lo que se conoce como la Revolución Industrial. Por ello –dice– hemos iniciado una “Tercera Ola”, o tercer gran período en la historia humana.

Hace ya 8.000 años iniciamos una profunda transformación que permitió al hombre dejar de deambular por el mundo, accediendo al sedentarismo y a la vida urbana. Esa profunda transformación condujo a la mayor división social del trabajo en la historia, con la aparición de los agricultores, la propiedad privada, los administradores, la producción, los excedentes, las clases sociales, el ejército y el Estado, entre otros. A esta gigantesca revolución originada en el descubrimiento de la agricultura, Toffler la denomina la “Primera Ola’’.

La “Segunda Ola’’ se inicia con la significativa revolución y transformación social y económica que se derivó de la incorporación de la maquinaria a la industria a finales del siglo XVIII. Esta revolución generó una nueva división del trabajo y sentó las bases de la era industrial, caracterizada por la producción masificada y por la concentración. Así la riqueza se acumuló, la población se concentró en ciudades, en escuelas, en hospitales, aparecieron los Estados Nacionales y se consolidó el capitalismo. La producción se masificó y uniformizó, generando la aparición de economías de escala, que permitían una disminución de los costos a mayor cantidad de unidades producidas, lo cual a su vez, favorecía crecientemente la concentración.

La “Tercera Ola”, se orienta por principios cualitativamente distintos a los que predominaron en la era industrial, como eran el de la uniformización, la especialización, la sincronización o la concentración, a los que sustituye por los de la diversificación, la flexibilidad y la individualización. Es un mundo en el que el conocimiento sustituye a la fuerza y al dinero como fuente de poder (Toffler, 1994).

Reich (1993) considera que estamos pasando por una transformación que modificará radicalmente el sentido de la economía y la política en el siglo que se inicia. Esta transformación, según él, terminará por acabar las ya muy débiles economías y estados nacionales, estableciendo una gigantesca red mundial en la cual los productos, los servicios, los capitales, los trabajadores, los procesos de producción y la tecnología harán parte de una economía cada vez más transnacionalizada. De esta forma, la capacidad y la destreza que tengan los ciudadanos para analizar símbolos se convertirá gradualmente en la riqueza principal de una nación y condenará crecientemente al desempleo a los trabajadores rutinarios3.

Modernidad y postmodernidad

Filosóficamente, el llamado postmodernismo4 nutre la reflexión actual e intenta enfrentarse a principios aceptados por la filosofía moderna. El Proyecto de la modernidad fue formulado en el siglo XVIII por los filósofos de la ilustración y concentró sus esfuerzos en desarrollar una ciencia objetiva, la moralidad y la ley universal y el arte autónomo de acuerdo con su lógica interna (Habermas, 1991). De allí que las esenciales diferencias entre Modernidad y Postmodernidad puedan ubicarse en tres ejes temáticos, en torno a los cuales se postulan principios esencialmente contradictorios (De Zubiría, Sergio, 1999):

1. Los límites y la diferenciación entre el arte, la ciencia y la religión. Límites y diferencias claramente leídas por la modernidad, dados por la primacía de la ciencia. En realidad, la modernidad le entregó a la ciencia la custodia del mundo. Para la postmodernidad, los límites y las posibles diferencias son mucho más tenues y menos precisos, defendiendo esencialmente la transdiciplinariedad. En el arte el cambio más sensible es el “eclipse de la distancia’’ (Bell, 1991). Se busca con ello eliminar la distancia entre la obra y el espectador sustituyendo la contemplación estética y la interpretación razonada en beneficio de la sensación, la simultaneidad, la inmediatez y el impacto. En las artes plásticas se trata de colocar al espectador en el centro del cuadro (Lipovetsky, 1991).

2. La universalidad frente a la regionalización. En el lenguaje de Habermas se diría que “ser resueltamente moderno es considerar que en el hablar, en el pensar y en el actuar hay principios universales” (Habermas, citado por De Zubiría, S., 1999). Para los modernos existen principios universales en el pensar, el comunicar y el actuar, de allí la existencia de fines únicos en el desarrollo de las sociedades. Para los postmodernos la universalidad no existe y por tanto priman lo regional y las finalidades diversas. En el ámbito cultural, esto implica la reivindicación de la multiculturalidad y el deseo por acabar con el etnocentrismo y la aceptada, hasta el momento, universalización de la cultura; reconociendo que existen multiplicidad de culturas, cada una de ellas con diferentes maneras de interpretar y valorar lo real y que se debe terminar con la objetividad y la supuesta sobrevaloración de la ciencia, colocándola al mismo nivel que el arte o la religión, ya que cada una de ellas expresa –según sus defensores– diferentes y relativos tipos de verdad.

3. Para los modernos, la historia tiene un sentido unitario, una finalidad y una dirección: se trata, en últimas, de alcanzar la modernidad. Por el contrario, para los postmodernos, no hay una finalidad clara, una direccionalidad y un sentido unitario de la historia.

Con el postmodernismo ha triunfado de manera radical el relativismo cultural. En el postmodernismo son posibles todo tipo de movimientos, los que luchan contra el consumo de tabaco, los que se comunican con los ovnis, los feministas, la contrarrevolución sexual, la medicina alternativa, los ecologistas, etc. Si bien su relativismo radical y su desconfianza general hacia lo universal resulta muy discutible, algunas de sus derivaciones resultan plausibles. En particular considera que se debe marchar hacia el reconocimiento y la valoración de la pluralidad y la diversidad. Frente a la compatibilidad, el absolutismo y la armonía de los valores, postula la relatividad de éstos, es escéptico frente a la posibilidad de realizar la sociedad ideal y es relativista al hablar de la verdad. A nivel político, ello conduce al pluralismo, la defensa de las minorías, la abolición de la discriminación sexual, racial o ideológica, la plena libertad de cultos y la ampliación de la democracia, entre otros.

A. Tendencias económicas para el próximo milenio

Las formulaciones anteriores tienen como hilo conductor la convicción de que estamos ante un momento de sensible transformación en la historia. Algunos identifican el inicio del proceso con el lanzamiento del Sputnik tripulado al espacio, otros con la incorporación de los computadores al proceso productivo, la cultura y la vida cotidiana; y no faltan quienes lo ubican en el momento en el que las mujeres pudieron realizar con certeza pruebas de embarazo en su propia casa, destronando a los “dioses de bata blanca” (Toffler, 1984). No importa; de todas maneras, todos están de acuerdo en que en las últimas décadas del siglo XX, aproximadamente a partir de 1960, hemos vivido una sensible transformación que ha alterado todos los espacios de la vida humana. En esta sección insisteremos en las tres principales tendencias económicas, que según nuestra manera de ver, se impondrán en el futuro5:


1. Globalización

El mundo se vuelve cada vez más un todo. Cada parte del mundo hace cada vez más parte del mundo, como un todo, está cada vez más presente en cada una de las partes

(Morin, 2000)

La economía y la vida se hacen cada día más globales. Se transnacionalizan crecientemente los procesos de producción. Los bienes –antiguamente “hechos en un país”– se diseñan en uno, se ensamblan en otro y se adquieren sus micro componentes en varios más. Sus capitales provienen de una variedad de países, lo mismo que los materiales con los que están hechos, las tecnologías y los procesos de producción. La economía de bienes y de servicios y los mercados financieros se globalizan; las fronteras dejan de impedir la movilidad de productos, servicios y personas diluyendo con ello las economías nacionales, cada vez más débiles. Se derrumban las barreras arancelarias entre los países permitiendo el libre tránsito de productos y servicios en el mundo. Las actividades económicas superan los límites del tiempo y el espacio y debido a ello pierden territorialidad acrecentando la movilidad de los factores; éstos se desplazan de ramas, sectores y regiones, permitiendo que el capital escoja el lugar adecuado para realizar el proceso de producción.

El dinero se traslada mundialmente de manera electrónica sin necesidad de papeles, trámites, ni tiempo; lo mismo sucede con los productos. Este proceso, en contra de los sostenido muy generalizadamente, es debido fundamentalmente a los cambios en las comunicaciones y el transporte y, en menor medida a la acentuada tendencia mundial a reducir los aranceles, vivida en las últimas cuatro décadas. En este sentido podemos afirmar que la globalización es un hecho económico irreversible generado más por las transformaciones técnicas y tecnológicas que por la política económica adoptada por los gobiernos6.

La revolución de las telecomunicaciones y la globalización

Este proceso de globalización de los capitales, los mercados financieros, los productos, los procesos de producción, los servicios y de movilidad de los factores ha sido posible gracias a una gigantesca revolución en las telecomunicaciones presentada en los últimos treinta años. En los años cincuenta era necesario atravesar fronteras con maletas de doble fondo para escapar al control de cambios, hoy se puede movilizar el dinero con solo presionar una tecla del ordenador personal. Los computadores y las tarjetas de crédito, han roto todas las barreras a la movilidad del dinero.

Cada día que se prende un computador personal interconectado, la información en él trabajada puede ser vista por cerca de cien millones de computadores gracias a INTERNET. La información se traslada de un lugar al otro de la tierra casi de manera instantánea.

Internet reúne hoy cientos de millones de computadores interconectados en todos los países, mediante los cuales se tiene acceso electrónico a miles de revistas, periódicos, centros de investigación y bibliotecas del mundo. Desde cualquier ciudad latinoamericana se pueden consultar artículos de las últimas publicaciones mundiales, comprar el el disco compacto que no se había podido adquirir, grabar la última canción del grupo favorito o recibir la suscripción de cualquier diario mundial, tan sólo colocándole al computador un modem que no cuesta más de cuarenta dólares. Es así como el pasado escándalo sexual que involucró al expresidente Clinton y su posterior juicio político, pudo ser descrito y observado con pelos y señales (literalmente) en todos los lugares de la tierra y de manera simultánea. De manera análoga, un pánico financiero fue generado en nuestro medio, hace unos meses cuando desde un computador personal fue divulgado un aviso de alerta sobre los depósitos de una coorporación de ahorro y vivienda.

El computador ha trasformado totalmente la vida contemporánea, la producción, la ciencia, el sistema económico, la recreación, los servicios y toda la comunicación moderna. La velocidad en la comunicación y en el cálculo ha aumentado a tal nivel que en la actualidad el ordenador puede desarrollar ¡mil millones de operaciones por segundo!7

Hasta las propias fuerzas subversivas se valen de los adelantos tecnológicos en su tarea por construír un nuevo Estado. El movimiento zapatista de reivindicación de los derechos indígenas en México, EZLN, utilizó como arma fundamental en su estrategia, no los misiles antiaéreos y las “Punto 30’’; sino INTERNET, la poesía y el fax, y gracias a ello, logró una divulgación internacional poco vista en un movimiento guerrillero y logró consolidarse como una de las fuerzas políticas latinoamericanas que gozan de mayor y más activa presencia y simpatía internacional.

También la delicuencia común –en especial la de cuello blanco– accede a la tecnología contemporánea. No sobra recordar que ya en 1982 los colombianos perdimos U$ 13.5 millones de dólares, cuando mediante operaciones realizadas desde un computador personal lograron ser sustraídos de una cuenta secreta del Ministerio de Defensa, mantenida a espaldas del Presupuesto Nacional, hecho que impidió que el fraude fuera detectado en los siguientes cinco meses a su realización.

El computador, el fax, el celular, el escaner y la fibra óptica, han achicado el mundo y han generado una verdadera y gigantesca revolución en las telecomunicaciones contemporáneas.

El celular permite que dos personas se comuniquen sin siquiera saber donde está cada una de ellas. Gracias al teléfono celular, el desconocimiento de la ubicación ha dejado de ser una limitante para la comunicación. Es ni más ni menos una clara expresión de la relativización del espacio (¿Qué opinaría al respecto Albert Einstein?). La fibra óptica comunica el mundo aumentando significativamente al mismo tiempo la velocidad y la calidad de la comunicación. Sustituyendo al cobre8, la fibra reduce los problemas derivados por la humedad y la lluvia, al tiempo que multiplica las conexiones9.

Sin embargo, debe tenerse en cuenta que el aumento en los canales de comunicación no necesariamente implica que ésta aumente. Son indudablemente mayores las posibilidades para comunicarse pero esto solo no es suficiente para que podamos hablar necesariamente de mayor comunicación. Al respecto, parece válida la hipótesis de Drucker (1995) en el sentido de que los resultados objetivos en la ampliación de la comunicación hasta hoy parecen ser más bien pobres; existiendo mucha información pero poca comunicación.

Posiblemente, uno de los problemas más complejos contemporáneos sea el poder seleccionar entre el exceso de información disponible. Hoy hay demasiada información y se requiere una enorme capacidad para seleccionar la importante. El individuo y la compañía inteligente tendrán que seleccionar según criterios de calidad y necesidad entre los gigantescos volúmenes de información, cuál revisar, seleccionar, leer y archivar. No hacerlo implica ahogarse en el mar de información disponible10.

Globalización y regionalización

Paralelo y complementario al proceso de globalización marcha el proceso de debilitamiento de los Estados nacionales. En este proceso es notable la tendencia a la regionalización o integración económica entre países correspondientes a una misma región. De esta manera puede afirmarse que la regionalización es una expresión de la transnacionalización propia del período de la globalización.

La Unión Europea expresa el proceso de transnacionalización en el viejo continente. Si bien ha sido un proceso complejo sujeto a múltiples contradicciones, no deja de llamar la atención lo avanzado y amplio del proceso alcanzado. Hoy en día abarca el nivel administrativo, el económico, el militar y el científico; y, en menor medida, el político. Este proceso ha permitido a la Unión consolidarse como uno de los tres centros económicos mundiales. Contando con solo el 6.6% de la población del mundo actualmente la Unión Europea ya participa con el 20% del comercio mundial y con una tercera parte de su producción (Portafolio, 1997).

A nivel económico, se marcha aceleradamente hacia la creación de una moneda de aceptación general en todos los países de la Unión (El Euro) y hacia un proceso de unificación monetaria que permita la abolición de las actuales monedas nacionales. Esto significa que la política monetaria de los países actualmente miembros se unificará gradualmente y que tenderán a desaparecer las políticas monetarias nacionales. Las barreras arancelarias, los trámites legales y administrativos propios de cada nación han sido internacionalizados crecientemente, hasta el punto que actualmente todos los bancos europeos pueden inaugurar una filial en otra ciudad europea cualquiera, sin autorización del gobierno. Esto significa que los europeos pueden tomar créditos en el país que otorga las tasas de interés más bajas, y prestar en el país que exhiba las tasas de interés más elevadas, de modo que las tasas de interés se tenderán a igualar en Europa ( Thurow, 1992). Algo análogo puede pensarse para la política tributaria..

Hemos hablado hasta el momento de una tendencia a la unificación de las políticas monetarias, cambiarias y fiscales originada en el proceso de globalización. Tendencia acelerada por las presiones de los organismos multilaterales como el GATT o la Unión Europea al exigir a sus miembros políticas arancelarias, déficit fiscales y niveles inflacionarios similares. Aún así, debe entenderse que es una tendencia y no una realidad irreversible, ya que de todas maneras la movilidad del capital tiene límites objetivos y subjetivos. No todas las empresas pueden trasladarse a todas las regiones, ni lo pueden hacer a la misma velocidad. De otro lado, hay que tener en cuenta que nunca será completa la movilidad de los trabajadores111

Los ciudadanos europeos pueden viajar libremente por el continente sin necesidad de visas o pasaportes, la policía se ha trasladado a las fronteras exteriores; cuentan con Parlamento, Presidencia, ejército e instituciones legales comunes. Los programas científicos con participación de miembros de países diferentes son cada día más frecuentes. Crecen a diario las academias, los centros de investigación y las instituciones europeas. La cultura también se globaliza.

De las empresas a las redes empresariales

La globalización económica ha permitido conformar verdaderas redes mundiales de productos, procesos, empresas, capitales, servicios y tecnología.

Una extraordinaria expresión de estas redes se encuentra en la siguiente cita del exministro de Trabajo de Bill Clinton, Robert Reich:

Los equipos profesionales para hockey sobre hielo se diseñan en Suecia, se financian en Canadá y se arman en EE.UU. y Dinamarca, para su distribución en Norteamérica y Europa, respectivamente. Además el material con que están hechos es una aleación, cuya estructura molecular se investigó y patentó en Delaware, y se fabrica en Japón. Una de las campañas publicitarias se proyectó en Gran Bretaña; el rodaje del film para la misma se efectuó en Canadá, se compaginó en Inglaterra y se editó en Nueva York. (Reich, 1993 p. 116 )

Una sola pregunta bastaría para comentar la cita anterior: ¿De dónde son los equipos profesionales para hockey sobre hielo?

El diseño y el prototipo de una colección de modas en Nueva York se realiza en la actualidad en Hong Kong. La tela seguramente proviene de Malasia, las cremalleras de Japón, los botones de Taiwan y el hilo de Corea del Sur. Para aprovechar el precio de la mano de obra el ensamble suele hacerse en China. Pero el empaque, la integración y el mercadeo están por lo general ubicados en Hong Kong para aprovechar la agresividad económica de la excolonia inglesa (La ventaja de Hong Kong, 1997).

La globalización ha permitido la conformación de complejas redes empresariales que asumen formas distintas según sus conveniencias. Las grandes empresas se subdividen, contratan a terceros o se asocian para responder a las exigencias de la flexibilización creciente. De un lado aparece la división de grandes empresas en multitud de empresas relativamente autónomas con el fin de ganar en velocidad y flexibilidad, condiciones definitivas para la supervivencia en el mundo contemporáneo. De otro lado, son frecuentes las grandes asociaciones empresariales para acceder a nuevos mercados o mantener los existentes y finalmente, se generalizan los procesos de intermediación y compra de un número significativo de partes y componentes a terceras empresas para ganar en flexibilidad en la oferta de productos12.

La globalización cubre también el campo de los servicios, con la educación como uno de los sectores más atrasados en este proceso. Hasta hospitales y edificios son administrados por empresas globalizadas. La televisión, la comida, el idioma, la moda y hasta los virus y las enfermedades, también se globalizan. En ello ha cumplido un papel fundamental las comunicaciones. La televisión, el cine, las redes, el fax, la informática y el inglés, han contribuido sensiblemente a universalizar el mundo (Naissbitt y Aburdene, 1992).

La propia música, expresión permanente del folclor regional y nacional, se ha globalizado. De lo contrario no se entenderían fenómenos tan importantes como la generalización del rock en el mundo o la difusión de la Nueva Trova entre pueblos latinoamericanos y de generaciones diferentes13.

El acelerado proceso de globalización es el que ha llevado a varios autores a hablar de habitantes de la “aldea tierra’’ sin distingos de países. Proceso contradictorio, pero creciente. Contradictorio, porque paralelo a él se vive un proceso de florecimiento de los nacionalismos y de reivindicación de lo regional, que ha conducido a la desintegración de países enteros como Yugoslavia, Checoeslovaquia y la Unión Soviética y a la agudización de conflictos en otros como los de Canadá, España e Irlanda. Proceso desgarrador y deshumanizante, que ha enlutado miles de hogares asiáticos y europeos, pero que puede ser explicado más como una contratendencia que como una ruta predictible a mediano plazo. Pero que de todas formas tiene un efecto similar: el debilitamiento del Estado Nación, desde “arriba’’ y desde “abajo’’, como afirman Toffler (1984) y Hobsbawm (1995). Debilitamiento que equivocadamente ha conducido a algunos futurólogos a postular su supuesta destrucción, aspecto que discutiremos más adelante.

La globalización es un fenómeno que reorganiza la vida económica mundial y en la cual América Latina tiene poca participación. Su participación en el mercado mundial de mercancías ha bajado significativamente en las últimas dos décadas al venir de un nivel cercano al 8% y alcanzar en la actualidad un bajísimo 3.6%. Esto ocurre porque sus economías siguen girando en torno a productos y actividades que claramente están en declive en la fase actual del capitalismo, como observaremos más adelante.

De todas maneras se han presentado cambios importantes bajo el deseo de integrarse al mercado mundial de mercancías y servicios, generando una reducción arancelaria y liberalización creciente y significativa de la estructura económica, en especial en lo concerniente al sector externo. Política que ha carecido de los niveles de gradualidad y acompañamientos necesarios, generando con ello situaciones especialmente críticas para el sector agrario y miles de trabajadores a él vinculados.

Aunque el nivel de trasnacionalización en Latinoamérica es aún muy débil, ha avanzado el proceso en especial en el cono sur y en centroamérica. Se unifica la política aduanera, se desregula la actividad económica y se incrementan los acuerdos económicos regionales14.

El sudeste asiático y la globalización

A pesar de la oposición y las revueltas inevitables que genera, la globalización es uno de los rasgos distintivos de la época actual, orientando al mundo hacia la conformación de tres grandes bloques de poder: Norteamérica, la Unión Europea y el Sudeste asiático.

El caso del sudeste asiático es el más importante, porque hasta hace poco tiempo esta región se encontraba entre una de las más pobres del mundo15. Es así como en 1960 el sudeste asiático aportaba el 4% de la riqueza mundial, cifra que para 1996 se ubicaba en el 28% y después de sortear con éxito la reciente crisis generada por el recalentamiento, la corrupción y la falta de controles, se estima que podrían estar llegando al 33% de la producción mundial al iniciarse el nuevo milenio (Villamizar y Mondragón, 1997)

Paralelo a este desarrollo económico –y no podía ser de otra manera– se presenta un significativo proceso en el sudeste asiático, de incremento en la inversión en educación e investigación, que lo convierte en una de las regiones de mayor progreso educativo en los últimos cuarenta años. Es así como partiendo de una escolaridad promedio muy similar a América Latina en los años sesenta, hoy por hoy nos llevan una ventaja enorme. Mientras América Latina tiene un promedio de escolaridad de 5 años, los llamados tigres asiáticos tienen 9 años promedio de educación. Caso aún más destacado en Filipinas, Malasia, Indonesia y Tailandia, que teniendo en los sesenta tasas de escolaridad inferiores en más de un 50% a las latinoamericanas, se equipararon en los ochentas y hoy en día son superiores en un 10%. Aspecto que no debe sorprender si se tiene en cuenta que las tasas de repitencia para el primer grado en América Latina eran casi nueve veces superiores a las del sudeste asiático –35% frente a 4.5% respectivamente– (Naciones Unidas, 1999).

Como señala Drucker:

Las potencias económicas de postguerra –primero el Japón, luego Corea del Sur, Taiwan, Hong Kong, Singapur– todas deben su ascenso a la capacitación que les permitió dotar a una fuerza laboral todavía en gran parte preindustrial, y por tanto de bajos salarios, con una productividad de primera clase en un tiempo muy breve. (...) La aplicación del conocimiento al trabajo aumentó explosivamente la productividad. (Drucker, 1994)

En Japón prácticamente todos los estudiantes continúan estudiando después de cumplir la edad legal obligatoria cuando en Inglaterra sólo lo hace uno de cada dos estudiantes. En los países de reciente industrialización la situación es muy similar: la mitad de la población adulta en Seúl asiste a la Universidad o ya ha sido graduado de aquella. Corea tiene así la más alta proporción de PHD per cápita del mundo.

El tiempo de estudio, una de las variables identificadas como fundamental en las investigaciones actuales sobre escuelas eficientes, es significativamente superior en el sudeste asiático. En Japón, Corea y China, los niños asisten a clase 240 días, mientras que en América Latina apenas alcanzan a ir la mitad de ellos. Y si la comparación entre el país latinoamericano y el Japón fuera hecho en horas, la proporción aumentaría, ya que el tiempo de permanencia diaria del alumno japonés en la escuela es superior. De esta manera se tendría que por cada hora que asiste un niño latinoamericano a la escuela, un niño japonés permanece 3.2 horas. Lo cual significa que la escolaridad japonesa es tres veces más intensa que la latinoamericana16. Aun así, los estudios muestran que el problema puede ser significativamente más grave por ausencia de control de grupo del docente y problemas disciplinarios presentes en la educación latinoamericana. Se estima así que en Argentina sólo se aprovecha el 70% del tiempo de clase y que en otros países de la región los tiempos efectivos son cercanos al 50%, entre ellos, Colombia (Fumagalli, 1990).

A nivel general, tampoco debe extrañar la correlación entre crecimiento económico e inversión en educación e investigación. De ello han dado cuenta diversos estudios mundiales: Denison calculó en el 14% las contribución de la educación al crecimiento de los Estados Unidos entre 1929 y 1982, Madison llegó a resultados levemente superiores para Europa occidental y la Cepal ha llegado a estimar para América Latina en el 27% el impacto de la educación sobre el crecimiento económico en la actualidad (Naciones Unidas, 1999).

Esta creciente participación del sudeste asiático en el mundo económico, liderada por Japón, puede constituirse, junto con la caída del socialismo y la revolución del papel del conocimiento, en los principales acontecimientos de la última mitad del siglo XX.

Reflexiones sobre la globalización

Para terminar quisiéramos plantear por lo menos cuatro preguntas de reflexión:

• La globalización, ¿una tendencia lineal y gradual, como se ha presentado?

• ¿Sólo se globaliza la economía, la cultura y la política?

• ¿Qué costos sociales ha generado el acelerado proceso de globalización?

• ¿Es lo mismo globalización que neoliberalismo?

En primer lugar, el proceso de globalización es mucho más complejo, desigual y contradictorio de lo señalado por la mayor parte de los analistas (Garay L. 1999). Equivocadamente se ha presentado como un proceso lineal, gradual y simple, que conduce a la destrucción de los Estados nacionales y a la aparición de una aldea global. Esta visión desconoce las contradicciones propias del proceso y sus efectos desiguales en los diferentes tipos de economías y países.

La globalización corresponde así a una fase del capitalismo en la cual se reorganiza la acumulación del capital y se reestablecen nuevas divisiones internacionales del trabajo al integrarse los mercados de capitales y debilitarse las limitaciones geográficas a los procesos de producción. Pero no en todas las esferas el proceso marcha paralelamente, ni todos los procesos generados tienen dinámicas similares, ni todos los actores participan de igual manera. Por ello decimos que es un proceso complejo, contradictorio y desigual, a diferencia de la visión unilateral que ha dominado en sus presentaciones. Veamos.

Si diferenciamos en su análisis las esferas políticas, culturales y económicas, como es necesario para su cabal comprensión, resulta claro que se equivocaron quienes pronosticaron la destrucción de los Estados Nacionales, entre los que se destacan Reich (1993) y Naisbitt y Aburdene (1992). Los estados nacionales siguen siendo en la esfera política el órgano central de organización de la vida política mundial, el centro de poder y de toma de decisiones, incluso cuando ellas se reflejan en acuerdos internacionales, acuerdos que se establecen entre los propios estados. El Estado sigue y seguirá teniendo funciones importantes en la regulación de la vida económica, política y cultural; entre otras razones porque nunca la movilidad de los factores será total y mucho menos la movilidad de las personas. Así, si bien los ciudadanos son libres para salir de su patria, no lo son para llegar a la patria vecina, generando una clara paradoja que limita sensiblemente la movilidad de las personas. Posiblemente, el réquiem por el Estado-nación sostenido por algunos futurólogos fue prematuro. El Estado nacional se resiste a desaparecer y tan sólo tímidamente comienzan a aparecer instancias internacionales de legislación, entre las cuales cabe destacar los procesos judiciales iniciados en Europa contra el general Pinochet en Chile y la Junta militar argentina encabezada por Videla. Pero en su esencia, el Estado nacional sigue regulando la vida política nacional.

En lo que tiene que ver con la órbita económica, indudablemente la movilidad de los factores es muchísimo más amplia. El dinero, el capital, la tecnología y los productos, circulan, hoy en día, con mucho mayor libertad y facilidad por todo el mundo; pero la movilidad de los trabajadores es sensiblemente menor a la obtenida por el capital y los productos, especialmente en lo que tiene que ver con los traslados de población de los países del tercer mundo hacia los países industrializados. Esta movilidad está expresamente limitada y censurada drásticamente por las políticas de inmigración de las potencias económicas y los países industrializados17.

En lo que atañe a los agentes del proceso, es claro que la globalización ha sido jalonada desde los países del centro, configurando con ellos nuevos bloques de poder, alrededor de Estados Unidos, el sudeste asiático, y la Unión Europea, en lo que llamó Ohmae (1990) el “poder de la tríada” ; bloques en los cuales los países del tercer mundo siguen cumpliendo un papel totalmente marginal, dependiente y subsidiario. Es claro así, que una integración de economías desiguales, favorecerá esencialmente las potencias económicas.

En segundo lugar, se suele pasar por alto que la globalización ha incrementrado sustancialmente la vulnerabilidad del mundo. Al estar mucho más conectados los procesos en los diversos países, las medidas, los problemas, las crisis y las recesiones, se trasladan de manera casi inmediata al resto del mundo. El mundo se hace así hipersensible a las situaciones presentes, en particular a lo que suceda en las economías más grandes e influyentes. Esta situación ha quedado dramáticamente ejemplificada en las situaciones generadas a nivel mundial en los años noventa como las llamadas crisis del Tequila en México, la crisis rusa, la crisis asiática y la crisis brasilera. Como un juego de dominó, la recesión en estos países se traslada a las bolsas de valores de todo el mundo y a toda la actividad económica mundial, en los días siguientes; y sus efectos generan repercusiones de largo alcance en la economía mundial.

En este sentido, resulta paradójico que cuando se habla de la globalización sólo se mencionen la globalización en los procesos, los productos, el dinero y la información. ¿No se globalizan, acaso también, los desajustes, las crisis, las recesiones y los problemas?, ¿La droga, la guerra, el tráfico de armas, o la corrupción?

En tercer lugar, la mayoría de análisis realizados, dejan de lado los altos costos sociales que ha generado el proceso de globalización creciente de la economía mundial. Entre ellos cabe resaltar el desempleo y la inequidad. Al respecto son supremamente preocupantes los indicadores de concentración de la riqueza en el mundo en los últimos treinta años. Es así como para 1960 el 20% más rico de la población concentraba el 70% del ingreso, frente a un 87% concentrado por el mismo quintil superior en los noventa, lo cual explica que el coeficiente Gini de concentración haya pasado para el mismo periodo de un 0.69 a un escandaloso 0.87 (El coeficiente llegaría a 1.0 cuando la concentración fuera total). Así mismo, debe recordarse que mientras en Rwanda el ingreso per cápita ajustado por el costo de vida local está en 352 dólares año, en Luxemburgo es de 34.155; es decir, ¡casi cien veces más alto! (Naciones Unidas, 1999). En lo que tiene que ver con el desempleo, los casos de países como Argentina y Colombia, en los que uno de cada cinco individuos con deseo de trabajar no encuentra puesto de trabajo, a pesar del escalofriante subempleo, es a todas luces diciente, para no hablar de los niveles alcanzados en diversos países europeos.

De allí que, a pesar de los avances descritos en la tecnología, en la producción o en los procesos, subsistan los problemas esenciales del mundo; y que en plena época de la revolución de las comunicaciones, del computador y la microelectrónica, sigan sin solucionar los problemas del hambre y la pobreza para más de mil millones de seres humanos.

Es debido a ello que la globalización demanda altos niveles de intervención estatal para contrarrestar el efecto concentrador que genera. Seguramente es en la esfera de la distribución donde más necesaria es actualmente la presencia de la intervención estatal.

Finalmente, hay que llamar la atención sobre la equivocada y casi generalizada identificación entre los conceptos de globalización y neoliberalismo, por parte de la mayoría de ensayistas.

La globalización es una realidad económica generada fundamentalmente por transformaciones técnicas y tecnológicas asociadas a la revolución de las telecomunicaciones, la fibra óptica y el computador. Gracias a ello, se supera la territorialidad de los procesos de producción en la economía; se globalizan los intercambios de conocimiento, ciencia y arte, a nivel cultural, y en muchísmo menor medida, se internacionalizan los procesos legislativos y judiciales, a nivel mundial.

Por el contrario, el neoliberalismo es la concepción política y económica, que supone que la actividad económica debe dejarse plenamente en manos del mercado, para así, supuestamente, lograr la optimización del crecimiento económico. Debido a ello, presupone que cualquier intervención estatal obstaculizará la tendencia al crecimiento económico.

La globalización es así una consecuencia irreversible del proceso de transformaciones vivido en los transportes y las comunicaciones en las últimas cuatro décadas, mientras que el neoliberalismo es la política económica que postula la liberalización económica total. La primera acercó el mundo a nivel técnico, económico y cultural; mientras que la segunda agudizó los niveles de concentración de la riqueza, trasladó los mayores activos al sector financiero internacional y envió a empresas, economías y trabajadores al libre y desigual juego de la oferta y la demanda.

Atribuirle a la globalización los problemas de inequidad, hambre y miseria hoy en día, es como atribuirle a la maquinaria la explotación de los trabajadores, como tres siglos atrás creyeron los ludistas. Y hoy, las máquinas están presentes hasta en los mínimos espacios de la vida cotidiana y los ludistas sólo existen en los textos de historia.

Por ello, compartimos la afirmación de Hobsbawm:

Sobre esto hay una cierta confusión entre dos hechos distintos. El proceso de globalización es, sin duda, irreversible, y, en ciertos aspectos, independiente de lo que hagan los gobiernos. Pero otra cosa es la ideología basada en la globalización, la ideología del free market, el neoliberalismo, lo que también se ha llamado el fundamentalismo del mercado libre. (Hobsbawm, 2000).

2. La flexibilidad en la economía

El futuro se llama incertidumbre

(Morin, 2000)

La segunda característica económica de nuestro tiempo es la flexibilización. Los productos, las empresas, los horarios, los vínculos laborales y toda la vida económica se flexibilizan.

La flexibilidad implica que las empresas se dividen, se diversifican, crecen o desaparecen en tiempos reducidos. Hoy en día si una persona se vincula a una empresa privada o estatal, ni siquiera tiene la menor certeza de que esta empresa vaya a existir el próximo año. Nadie lo sabe. Nadie lo puede asegurar.

Pero la flexibilidad no se refiere exclusivamente a la estructura empresarial. Los mercados laborales son hoy en día un sector cambiante a un ritmo acelerado. La estabilidad laboral se diluye en un mercado que de manera creciente recurre a los trabajadores temporales, a los pagos por bonificación, a los empleos a distancia, a los horarios flexibles o a los vínculos laborales desde el hogar. Ya para 1977, la cuarta parte de toda la fuerza de trabajo de la mayor parte de los países industrializados practicaban una u otra forma de horarios flexibles (Toffler, 1985 ).

Frente al mercado monolítico y masificado propio de la era industrial, lo característico del momento actual es la diversificación, adaptabilidad y flexibilidad de la producción. Los productos se diversifican y orientan a consumidores individuales que tienen la capacidad para elegir entre una multiplicidad de opciones que presenta el mercado. Los consumidores participan activamente en el proceso de producción, sugieren, orientan, adecúan, colorean y direccionan los productos.

Esta creciente y acelerada flexibilidad de la producción contribuyó con el pujante proceso económico del sudeste asiático vivido en las cuatro últimas décadas del siglo XX y de allí que no sea extraño que se estime en un 33% la producción flexibilizada japonesa (Oman, 1996). Elaborando productos de baja calidad y muy bajo precio, intensivos en mano de obra barata, Japón y China lograron tomarse el mercado asiático de los textiles y manufacturas. Japón continuó la ruta de los servicios y los productos más intensivos en tecnología y amplió sus horizontes en el mercado mundial, dejando parte del espacio asiático a China y los llamados Tigres asiáticos (Corea, Singapur, Hong Kong, Taiwan y, a mediano plazo, India, Malasia e Indonesia, según las predicciones del Premio Nóbel de Economía Paul Samuelson).

Como afirma Jackson:

Después de haber competido en los precios y luego concentrar sus esfuerzos sobre una cantidad más reducida de productos más económicos, ahora las empresas japonesas pueden producir una gama cada vez más amplia de productos, sin soportar las tradicionales consecuencias de los altos costos. Esta flexibilidad ha llegado a su punto más alto en la industria automovilística, en la que se ha denominado “fabricación de escasez”. Básicamente, consiste en reducir el tiempo que lleva modificar los equipos de fabricación de un producto a otro, y recortar las existencias a través del proceso de producción, de modo que la planta pueda producir cinco o seis productos diferentes al mismo tiempo, dentro de la misma línea de montaje y con una calidad incluso superior a la de antes. (Jackson, 1994).

Drucker(1994) compara las corporaciones actuales con una orquesta sinfónica, en tanto todos son miembros de alta categoría, tocan la misma partitura y requieren estar asociados para producir la música, subordinando su especialidad a la tarea común. Sakaiya (1994) considera que la analogía no es adecuada y propone la de la banda de Jazz, para colocar el énfasis en la dependencia de la individualidad de sus integrantes.

Somos –como diría Toffler– una sociedad de consumidores novofílicos, en la cual el ejemplo más evidente es el actual mercado de computadores y software, ya que no alcanza a salir del almacén el producto cuando ya ha quedado desactualizado. Siempre se requerirá ampliar su memoria RAM, su board y su disco duro. El caso de los antivirus es al respecto el más ilustrativo.

Reflexión sobre la flexibilidad creciente de la economía mundial

Dos últimas preguntas para terminar esta sección:

• ¿Qué impacto tendrá la flexibilidad excesiva para la estabilidad psicológica de las personas?

• ¿Qué impacto en su estabilidad económica?

Es evidente que la inestabilidad laboral generará personas con ingresos y vínculos inestables y que ello aumentará considerablemente la inestabilidad personal y familiar. Dados los vínculos institucionales, laborales y sociales, crecientemente flexibles, las personas debilitarán sus raíces y sus vínculos personales; se harán inestables sus trabajos y aumentará la rotación en ellos; lo cual, aunado al debilitamiento general de sus nexos familiares, barriales, regionales, nacionales e institucionales, deberá conducir a la formación de individuos más solitarios y estresados. No por casualidad las enfermedades dominantes con las que nace el siglo XXI son las del estrés y la soledad.

3. Surgimiento de una economía basada en símbolos

Pérdida de significancia de los recursos naturales y creciente valorización de las ideas

Confiar demasiado en los ingresos generados por los recursos naturales que no tienen mayor valor agregado es una de las principales características de los países con destino de pobreza.

(Michael Fairbanks y Stace Lindsay, 1996)

En el último tiempo es significativa la pérdida de importancia de los recursos naturales y de las materias primas. Siguen siendo esenciales algunos recursos naturales y algunas materias primas, y entre ellos es especial –y seguirá siéndolo–, el caso del agua; pero la importancia económica general de las materias primas y los recursos naturales, se debilita. La revolución biotecnológica y la inminencia de la producción in vitro de alimentos básicos amenazan el empleo de millones de agricultores en el mundo y las escasas fuentes de divisas de los países tercermundistas. La fibra óptica está sustituyendo aceleradamente al cobre, el azúcar sintético derrumbó los precios de la caña y arruinó las economías basadas en el azúcar. Los productos químicos deprimieron el mercado de aceites vegetales y animales y en un futuro próximo el caucho sintético dejará sin empleo a millones de personas en Malasia e Indonesia; y falta muy poco para que el café elaborado en laboratorios arrase las economías de cincuenta países, entre los cuales se encuentra Colombia y Brasil, que a inicios del siglo XXI todavía siguen dependiendo de su producción y exportación. Países que de no revertir la dependencia en los recursos naturales y las materias primas, no tendrán opción diferente a la pobreza, como sostiene el equipo de investigadores de Porter.

La nueva realidad económica demanda menos materias primas y más conocimiento e ideas. El producto típico de los años 20, el automóvil, tiene un contenido de materias primas de casi el 60 por ciento, mientras que el producto típico de los años 80, los semiconductores, tienen un componente de materias primas cercanos al 1 por ciento.

Según estudios del FMI, el Japón consumió en 1984 el 60% de las materias primas requeridas para el mismo volumen de producción de 1973. Esto explica por qué Japón pueda importar el 96% de las materias primas que utiliza y el 95% de la energía requerida, sin que ello le impida consolidarse como la segunda nación industrial del planeta. (Villamizar y Mondragón, 1995 p. 53).

Debido a que cada día se demanda menos materia prima y más conocimiento, y a la concentración de su compra, el precio de las materias primas ha caído sensiblemente y seguirá cayendo18.

Paralelo al proceso de debilitamiento de los bienes y recursos naturales se ha vivido el creciente peso adquirido por los procesos intelectuales19. Las ideas se valorizan e incorporan valor a los bienes y servicios. Según cálculos de Naciones Unidas el 80% del precio de un automotor y el 90% de lo que cuesta un computador, son regalías, costos de diseño y pago por los componentes intelectuales (Naciones Unidas, 1999). Hoy en día, las exportaciones de servicios y de propiedad intelectual igualan en importancia a las exportaciones de electrónica y automóviles juntos (Toffler, 1994).

Países con alto crecimiento sin ningún recurso natural

Debido al creciente peso adquirido por las ideas en detrimento de los recursos naturales, países sin ningún recurso natural pueden adquirir altos ritmos de crecimiento económico; algo inimaginable hace un tiempo. Es así como Honk Kong o Singapur, son tan solo ciudades-estados que carecen de tierra o fuentes de recursos naturales y aun así, tuvieron una de las más dinámicas economías de los últimos tiempos con tasas de crecimiento del PIB cercanas al 8% durante los últimos cuarenta años, cuando la obtenida durante el período conocido como de la Revolución Industrial fue inferior al 2.5% promedio anual20.

Como concluye el reciente y completo estudio mundial sobre la productividad adelantado por muy importantes grupos de investigación en doce países:

En épocas bien recientes, las naciones de mayor éxito comercial, entre las que cabe destacar a Alemania, Japón, Suiza, Italia y Corea, han sido naciones con recursos naturales limitados que han tenido que importar la mayor parte de materias primas que emplean. También es interesante advertir que dentro de las naciones tales como Corea, Reino Unido y Alemania, son las regiones pobres en recursos las que están prosperando en relación con las ricas en recursos. (Porter, Michael, 1992) (S.N)

En estas condiciones, las enormes ventajas que representaban para los países industrializados contar con la mano de obra barata de los países subdesarrollados, ha dejado de representar una ventaja que justifique la inversión extranjera. Y no es que hayan subido los salarios de los trabajadores de los países subdesarrollados; lo que sucede es que el peso del valor de la mano de obra dentro del total del valor del producto, ha caído. En promedio se calcula que la mano de obra en los países “en vías al subdesarrollo” cuesta una tercera parte de sus costos en los países industrializados. Sin embargo, debido a que se estima que en las compañías competitivas el costo de la mano de obra directa representa menos del 10% del costo total del producto, la ventaja que se gana al emplear mano de obra barata disminuye por los costos adicionales que genera la corrupción, el transporte, los trámites administrativos o la inestabilidad política, entre otros. Debido a ello, de manera creciente la inversión extranjera de los países industrializados se realiza endogámicamente y no en el mundo subdesarrollado ya que su ventaja en términos de materia prima y mano de obra dejó de ser significativa. Así, Japón en la década del 80 realizó el 50% de su inversión extranjera en EEUU, el 40% en la CEE y tan sólo el 10% en los países subdesarrollados (Ohmae, 1990).

La revolución en las telecomunicaciones descrita unas páginas atrás, ha favorecido el proceso de creación de una economía supersimbólica. Internet, la fibra óptica, las tarjetas y el fax, contribuyen así a que el dinero circule electrónicamente, a que el dinero plástico sustituya al papel moneda y a que la riqueza dependa de los símbolos en mayor medida que de los recursos naturales.

B. Tendencias sociales para el próximo milenio

1. La flexibilidad social

Los dioses nos dan muchas sorpresas:

lo esperado no se cumple y para lo inesperado

un dios abre la puerta

(Eurípides)

Al igual que las instituciones económicas, las instituciones sociales se han vuelto crecientemente flexibles y cambiantes. Los matrimonios se disuelven a diario, los tipos de familias se diversifican, los movimientos sustituyen a los otrora poderosos e inflexibles partidos políticos, las escuelas se adaptan a los individuos y a las cambiantes necesidades de la época; los medios de comunicación se diversifican, especializan y dirigen a sectores particulares, las iglesias tradicionales se debilitan y son sustituídas por nacientes y pujantes movimientos religiosos; la sociedad como un todo se flexibiliza.

El matrimonio, una de las instancias más sagradas hasta hace poco tiempo, hoy en día se disuelve y rehace en reducidos espacios de tiempo. Nadie, absolutamente nadie sabe hoy día si la pareja con la cual se acaba de unir, lo acompañará por un mes, un año, cinco años o toda la vida. El 67% de los hogares norteamericanos y un número cercano en América Latina, se disuelven antes de cumplir los primeros cinco años (Goleman, 1996). Son comunes los matrimonios por segunda y tercera vez, los hogares formados por hijos de padres separados, los conformados por ancianos, jóvenes, madres solteras, individuos solos, e incluso por parejas de homosexuales.

Como recuerda el título de la película comercial de hace algunos años, cada vez se hacen más frecuentes los matrimonios donde los hijos provienen del primer hogar de la madre, del primer hogar del padre y del nuevo hogar formado, algo así como “Los tuyos, los míos y los nuestros”.

El debilitamiento de la mediación cultural

El hombre sólo se completa como ser plenamente

humano por y en la cultura

(Morin, 2000)

La desintegración familiar, la televisión, la llamada “comida chatarra” y la vinculación de la mujer al trabajo, han disminuído sensiblemente los tiempos de comunicación en el hogar. En Estados Unidos y Europa las familias con hijos han decrecido y se estima que los padres pasan un 40% menos de tiempo con sus hijos de lo que lo hacían hace treinta años. El propio Presidente Jimmy Carter se escandalizó cuando los estudios solicitados le indicaron que el padre norteamericano se comunicaba en promedio apenas 39 segundos al día con cada hijo. Tiempo apenas suficiente para su saludo y el requerimiento económico diario.

La ausencia de comunicación ha venido generando uno de los mayores problemas a mediano plazo para la cultura al mandar al mundo una población que carece del apoyo y la orientación necesarias en los períodos de formación. Se estima que en Estados Unidos dos millones de niños menores de trece años quedan sin el apoyo de los padres antes y después de su viaje diario a la escuela y esto se agrava por la creciente tendencia mundial a generar hijos en hogares en los que está ausente el padre.

Hijos que se formarán en hogares destruídos, algunos sin siquiera conocer a su padre, criados con padres diferentes al cual fueron gestados, sin participación de los vecinos, sin familia extensa y sin hermanos; que tendrán tiempos de comunicación cada vez más pequeños con sus padres, porque su madre se encuentra laborando en jornadas superiores a las de los propios hombres. Hijos abandonados por la cultura a la suerte, a la angustia y al abandono.

Hijos con un agudo déficit de socialización, sin la presencia de la madre en el hogar; sin abuelos, tíos ni primos porque el tiempo ni el tamaño de las ciudades lo permite; sin hermanos, sin sobremesa familiar y que en la mayor parte de los casos no pueden siquiera salir a la calle, porque las condiciones de seguridad lo impiden. Hijos de una cultura que ha reivindicado a la madre, que ha favorecido su activa participación en la vida económica y social, que ha reivindicado el derecho de sus padres a disolver sus uniones; pero que ha dejado de pensar en el mundo que le brinda a sus miembros menores.

Como afirma Morin (2000), el hombre sólo se completa como tal, por y en la cultura. A diferencia del resto de animales, somos seres esencialmente culturales; seres que dependemos de otros para actuar, pensar, hablar y existir. Y es esta relación la que humaniza al hombre, en la sabia expresión de Merani.

En tanto seres culturales, podemos pararnos sobre los gigantes que nos predecedieron, podemos partir de ellos, de todo el acumulado de historia humana, sin tener que volver a inventar el agua tibia o a descubrir lo descubierto.

Por ello, la disminución de la mediación cultural significa la condena de los individuos a sus propias, particulares y singulares experiencias, como solía afirmarlo Feuerstein(1990); negándoles lo conocido, lo interpretado, lo valorado y lo practicado por la cultura humana y conduciéndolos a la deprivación cultural. Proceso que, como señala la Teoría de la Modificabilidad Cognitiva, conduce al debilitamiento de las funciones cognitivas y de la inteligencia emocional de quien lo padece y que lo excluye de las modificaciones estructurales cognitivas o afectivas; es decir, del desarrollo de lo humano del hombre, de su desarrollo como hombre.


La crisis del socialismo y la naciente sociedad del conocimiento

En el terreno político, trascendentales cambios alteran la estructura misma de los Estados. De un lado la disolución y prácticamente desaparición de los estados socialistas21, que cumplieron un rol de primer orden en lo que tiene que ver con la historia del siglo pasado. El socialismo desaparece a fin del siglo XX, pese a ser un modelo teórico que dominó por completo las ciencias sociales durante el siglo XX, orientó los destinos de más de la mitad de la población mundial y llegó a tener en la mayor parte de países capitalistas una significativa presencia en la vida política y social, a través de su


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influencia ideológica y de su impacto en las estructuras partidistas y los movimientos sindicales. La historia cambió por completo con la disolución de la URRS, Checoslovaquia y Yugoslavia; con la absorción de la República Democrática Alemana por parte de Alemania Occidental, y por la adopción de los mecanismos y sistemas económicos, políticos y sociales propios del capitalismo, en prácticamente todos los países de Europa, África y Asia.

La ideología más influyente y explicativa del siglo XX, fue abandonada en cuestión de años, meses y semanas; y con ella se derrumbó el estado socialista, con su central papel en la dirección económica, política e ideológica de la sociedad.

El socialismo cumplió un papel esencial en el crecimiento económico y el de­sa­rrollo humano de sus habitantes durante una parte significativa del siglo pasado –aproximadamente hasta 197023–. Favoreciendo la industrialización y el crecimiento económico, disminuyó los niveles de pobreza, elevó significa­tivamente los índices de desarrollo humano mediante inversiones significativas en salud y educación; y posible y paradójicamente, su impacto fue aún mayor en el mundo capitalista industrializado. Es así como la concepción del Estado benefactor y las poderosas organizaciones sindicales no hubiesen sido posibles en occidente sin la presencia y existencia del bloque de países socialistas. Aún así, no se adaptó –no podía hacerlo– a la dinámica económica de fin de siglo a nivel mundial. No pudo responder a una época que demandaba crecientemente globalización y flexibilidad. Es así como la URSS pasó de una tasa de crecimiento anual promedio del 10% en los años cincuenta, a una del 7% en los sesenta, 5% en los setenta, 2% en los ochenta y negativa en los inicios de la década del noventa (Banco Mundial, 1997). Algo similar ocurrió en las restantes 27 naciones que de manera traumática –con la excepción de China– han transitado en lapsos excesivamente breves de una economía totalmente controlada y planificada a una economía libre, corrupta, gansteril e inestable24. Proceso que hasta el momento ha generado hiperinflación, caídas sensibles de la producción25, aguda crisis política, corrupción, barbarismo y aumentos en los niveles de pobreza y desigualdad de la población; proceso especialmente dramático y triste el de la propia ex Unión soviética, donde las mafias, la corrupción y el saqueo del Estado han sido el pan diario y donde los retrocesos en el nivel de vida muestran lo dramático de los procesos sociales cuando no tienen la gradualidad y la intervención estatal necesaria.

La desaparición del socialismo aún no ha logrado explicarse claramente y de manera científica. Pero con seguridad en su destrucción fueron esenciales los cambios de los que hemos venido hablando. El socialismo subvaloró al pensamiento y, en consecuencia, limitó sus expresiones y su desarrollo. Coartó las libertades de pensamiento, prensa y organización; y restringió significa­tiva­mente las libertades políticas al creer que podía considerar como libertades “burguesas’’ a las conquistas de la historia humana. El socialismo desconoció así dos características esenciales de la naturaleza humana: la libertad de pensamiento y el derecho a la individualidad.

Cuando Stalin detuvo a 5 millones de militantes comunistas, cuando asesinó a 500.000 de ellos o cuando detuvo al 90% del Comité Central, estaba desconociendo la libertad de pensamiento; y para ello se soportaba en la concepción de partido único; de arte, ciencia y divulgación controladas por el Estado, en la postura de la simbiosis entre el Estado y el Partido que Vladimir Ilich Lenin había gestado años atrás. Al anular la libertad de pensamiento, organización, movilización, creación y divulgación, el marxismo-leninismo condujo también a la anulación de la individualidad.

Por otra parte, el socialismo enfrentó la globalización y la flexibilidad propias del mundo actual. No comprendió los cambios que la época exigía. Consolidó gigantescas empresas e instituciones, en un mundo que aceleradamente se diversificaba y flexibilizaba. Limitó y controló el pensamiento en un mundo que tiende a reivindicarlo como activo cada vez más valioso; atropelló al individuo, en un mundo que se desmasificó. Y como décadas atrás previó Djilas, conformó una nueva clase que se apoderó y nutrió del Estado, creó la llamada “nueva clase’’ y el aislamiento, la rigidez, la masificación, la endogamia, el control del pensamiento y la inflexibilidad explotaron; tenían que hacerlo en una sociedad en la que el conocimiento tiende a ser el activo más valioso y en la que las instituciones y la economía adquieren un inusitado dinamismo gracias a la flexibilidad creciente de estructuras y productos.

Aun así, debe insistirse, que la crisis del socialismo, de ninguna manera podría entenderse como el fin de la historia o la claudicación en la lucha por un mundo más justo, más democrático, más participativo, más equitativo y más humano. Utopía social que seguirá vigente, pero haciéndola compatible con la democracia, la defensa de la libertad para pensar, hablar, comunicar y disentir y de los sistemas de economía mixta.

Alguien decía que un pesimista era un optimista con experiencia, puede incluso que tenga razón. Pero con seguridad el mundo lo han construido los optimistas. Los que pensaron diferente y creyeron en sus pensamientos. Los que no se conformaron con las explicaciones de sus profesores ni de los libros. Los que se arriesgaron a desafiar la cultura. Los que vieron el mundo redondo cuando todos lo veían plano. Los que vieron que el moho consumía las bacterias y cambiaron de preguntas, no de bacterias. Los que hicieron cien bombillas antes de que una diera luz. Los que entienden que el mayor invento del milenio fue el tornillo y no el computador. Los que saben que los inventos no responden a una pregunta, sino que una vez creado se generan múltiples preguntas. El optimismo puede estar equivocado, pero hace más grato vivir.

El mundo actual exige que florezcan nuevas utopías: el sueño por un mundo más justo y humano, sigue vigente. El verdadero problema –como afirma Hobsbawm– no es ambicionar un mundo mejor, sino creer en la utopía de un mundo perfecto.

La flexibilidad en la esfera política y social

Por su parte, los estados capitalistas no están sujetos a menor nivel de variación. La teoría del estado benefactor, gestada por Keynes como medida para enfrentar las crisis periódicas del sistema y que logró un nivel generalizado de aceptación e implantación a partir de los años treinta en los países capitalistas del mundo; ha sido virtualmente abandonada en la mayor parte de países industrializados y subdesarrollados. Y ha sido sustituida por las leyes insensibles e inequitativas del mercado, del dejad hacer y dejad pasar. Leyes que indudablemente aumentan el crecimiento económico, pero no el desarrollo humano. Y, ¿de qué sirve la economía si es hecha a costa del nivel de vida, de salud y de educación de un pueblo?

Flexibilidad en la política económica que ha producido los aterradores niveles de concentración; y que, a pesar de aumentar lo producido, no aumenta lo consumido para amplias capas de la población.

En el terreno político, la corrupción ha carcomido miles de millones de dólares transferidos del sector privado al sector público en el mundo entero, pero con especial avaricia en el Tercer Mundo. Los cargos públicos se buscan y pelean para garantizar beneficios personales, constituyendo a la profesión de político en una de las más rentable de la actualidad, incomparable incluso con profesiones claramente delictivas. Verdaderas mafias sustraen a diario el erario público ante la vista y el silencio que demanda la estructura de mafia que se esconde detrás de gigantescas organizaciones y empresas gubernamentales. Los bienes públicos son saqueados sin que la sociedad civil pueda responder y sin que los organismos de control puedan actuar ante el terror y la amenaza de ladrones de “cuello blanco’’ que se han incrustado en las instituciones gubernamentales. En estas condiciones, las industrias estatales y los servicios públicos tienden indiscriminadamente a privatizarse; los impuestos directos a disminuír, la masiva participación del sector público en la economía a desaparecer.

Las iglesias tradicionales se debilitan y son sustituidas por nuevos movimientos más flexibles y contemporáneos. El movimiento carismático, el protestantismo y el Islam se amplían crecientemente por el mundo a costa de una Iglesia Católica cada vez más debilitada. Los conventos y seminarios católicos permanecen prácticamente desocupados, al tiempo que las sectas se hacen dominantes. Y esto es así, ya que las nuevas iglesias han entendido que a los individuos hay que darles un papel más protagónico y los invitan a hablar, cantar, a reflexionar, a compartir grupalmente, le buscan empleo y les aconsejan familiar y laboralmente. Esto no hubiera sido posible hace veinte o treinta años.

Los partidos políticos tradicionales se debilitan y aparecen movimientos individuales y flexibles que les disputan crecientemente el poder.

Perú fue gobernada durante una década completa por un individuo prác­ticamente desconocido quien estableció una dictadura corrupta anulando todos los partidos y movimientos sociales26. En Venezuela, la elección se realizó entre una exreina universal de la belleza y un exgolpista, quien a la postre resultó un apabullante ganador. En México, es derrotado por primera vez en los últimos ochenta años el histórico partido del P.R.I y el movimiento guerrillero zapatista marchó a ciudad de México y colmó su plaza central abarrotada de seguidores, curiosos y simpatizantes, para escuchar al filósofo y subcomandante Marcos leer poemas a la paz, el amor y la reivindicación de los derechos indígenas.

En las Universidades norteamericanas los movimientos pacifistas y de izquierda dominantes en los años sesenta, han sido sustituídos por el movimiento de lo “políticamente correcto’’. Movimiento que protege radicalmente las minorías y los derechos humanos de los sectores tradicionalmente marginados.

Hong Kong ubicado por todos los analistas económicos como el país más libre del globo, pasó a partir de 1997, a ser nuevamente parte integral de la República China27. Lo irónico del caso es que después de ciento cincuenta años de dominio inglés, Hong Kong haga parte integral de la China, uno de los dos países que aun se denominan como “socialistas’’ y uno de los que menos respetan las libertades políticas; y que China se haya comprometido ante la comunidad internacional a mantener las libertades económicas. Tanto la integración del país más libre del sistema capitalista a la China comunista, como la promesa de respetar las amplias libertades por parte de la dirigencia comunista, resultarían totalmente impensables hace tan sólo quince años.

El mundo está cambiando a un ritmo superior al estimado por los propios prospectivistas.

2. La individualización

El maestro Takehuschi iniciaba hace unos años una conferencia en el auditorio de la Universidad Nacional de Colombia, diciendo que un matemático colombiano era mejor que un matemático japonés. Ante el asombro y el murmullo del auditorio, el maestro continuó. Un matemático colombiano es mejor que uno japonés, pero dos matemáticos colombianos no tienen nada que hacer frente a dos matemáticos japoneses y cinco matemáticos colombianos difícilmente pueden trabajar colectivamente por espacio de algunos minutos. Lo más probable es que terminen peleados o en una “rumba”.

No sabemos trabajar en grupo, nunca lo hemos sabido. Pero este problema propio de algunas culturas como la latina, se está generalizando en el mundo con la honrosa excepción del mundo oriental. El mundo occidental cada vez se individualiza más.

Es indudable el enorme peso que adquiere el individuo en la coyuntura histórica: los medios de comunicación, las iglesias, los partidos políticos y las familias se individualizan cada día más y de manera preocupantemente acelerada. El siglo XXI nace con individuos aislados, poderosos y solitarios.

Contribuyendo a este proceso de individualización creciente, los medios de comunicación se desmasifican. La red, la televisión por cable y el V.H.S, permiten que los individuos vean las películas que desean, a la hora que quieran, a la velocidad personal y con las personas de su interés. La fibra óptica, el satélite y el cable permiten hoy en día el acceso a un ilimitado nivel de canales y películas, para atender el interés personal. Las revistas y los periódicos se especializan, la educación se individualiza, la Constitución se personaliza y comienza a hablar del libre desarrollo de la personalidad.

Cualquier caso de la reciente legislación colombiana de la tutela generada por la Constitución de 1991, serían indicadores suficientes del creciente peso del individuo en materia jurídica. Indudablemente la tutela se constituye en un importante instrumento en defensa de los derechos individuales; sin embargo, resulta esencial resolver la pregunta de ¿hasta dónde se afectan los derechos colectivos? De esta manera los colegios han tenido que mantener a estudiantes vagos e irresponsables, que maltratan a compañeros y profesores o que “envenenan’’ con droga a niños menores. Lo tienen que hacer para defender su “sagrado derecho a la educación’’. Y, ¿dónde queda el derecho de los demás? ¿Dónde queda el derecho colectivo a no ser agredido y a estudiar en un ambiente sano?

Naisbitt y Aburdene (1992) argumentan que los computadores, los teléfonos celulares, la electrónica, el video y los fax, hacen individuos poderosos. Poderosos, sí... pero también aislados. Basta ver a un joven escuchando walkman o jugando “marcianitos”, su imposibilidad para escuchar a los demás o de siquiera compartir su placer; o a un ejecutivo con su celular a quien su tiempo familiar y sus espacios libres se le diluyen y contraen al servicio de la utilidad y el interés económico empresarial. La cultura de las hamburguesas y la comida chatarra, han liberado a la mujer de la rutina del hogar, pero también han reducido la posibilidad familiar de poder compartir espacios tan importantes como el almuerzo y la sobremesa. Estos espacios, en las familias anteriores servían para ejercer el hermoso arte que llamaba don Cornelio Buenaventura de la “conversadera” y que su hijo Nicolás en un lenguaje más coloquial lo denomina como “la importancia de hablar mierda” (Buenaventura, 1993).

En los Estados Unidos –y con seguridad también es válido en cualquier edificio de apartamentos latinoamericanos– sólo una de cuatro familias conoce a sus vecinos; por ello no es de extrañar que sin padres, sin vecinos o sin grupos, sean la cultura de mayor consumo de drogas del mundo.

La excepción: la cultura oriental

Frente a este creciente peso del individuo en lo económico, en los político y en lo social, propio de occidente; sigue siendo visible de múltiples maneras en las culturas orientales la presencia e importancia de lo colectivo. Así, un empleado japonés cuando se presenta, no entregará una tarjeta personal –como es lo acostumbrado en occidente– sino una tarjeta que subraya la empresa a la que se haya vinculado y el cargo que ocupa. De esta manera se reivindica la vinculación a un conglomerado y a un grupo de personas, por encima de sus características personales. Teniendo en cuenta los factores señalados por Ausubel en el desarrollo de la personalidad28, diríamos que priman los factores asociativos, la necesidad de vincularse con los otros, de actuar para y con ellos; característica bien distante de la significativa tendencia a reconocer y privilegiar al individuo y los valores pragmáticos en la sociedad contemporánea occidental.

En el hogar japonés se encuentran características similares que reivindican lo grupal. Mientras que en Japón, en 9 de cada 10 hogares conviven los dos padres, en EE.UU. tan sólo lo logran tres de cada diez (Goleman, 1996).

En Japón, la madre acompaña y dirige al menor en la difícil tarea de adquirir los rudimentos de la lectura y la escritura en un lenguaje que cuenta con cinco mil signos, tarea que, en conjunto con la escuela, será culminada a nivel básico sólo hasta el quinto grado. Los niños asisten de manera generalizada al jardín (90%); y aún así, el apoyo y orientación maternal seguirá siendo esencial hasta que el niño cumpla los diez años.

Este acentuado peso de lo social y lo grupal es propio de toda la cultura oriental y miles de expresiones se podrían encontrar también en indicadores económicos o sociales. Veamos algunos de ellos.

La vinculación laboral siempre ha sido considerada más estable en el Japón que en occidente, pues la rotación de trabajadores es significativamente baja en Japón29. Esta vinculación a más largo tiempo aumenta los sentimientos de pertenencia y el compromiso de los trabajadores, disminuyendo los tiempos de producción y aumentando la calidad de los productos30. El japonés trabaja en equipo, hace muchas más sugerencias, tiene menos niveles jerárquicos de supervisión, recibe más entrenamiento y registra menor ausentismo. En consecuencia, la calidad de los productos elaborados es mayor pasando casi a cero las correcciones por defectos de fabricación en los autos frente al 25% de las factorías norteamericanas y europeas (House, 1995).

Siguiendo el ejemplo oriental, el individualismo creciente es por lo tanto uno de los principales aspectos que tendrá que enfrentar la escuela si en realidad quiere favorecer un enfoque vigotskiano que acentúe fundamentalmente lo social, lo grupal y la capacidad del maestro, para impulsar y promover a los demás. Y hoy en día esto implica enfrentarse al destino mismo de la historia.

C. La naciente sociedad del conocimiento

Pero el cambio más grande que estamos viviendo en la actualidad, lo constituye la preponderancia que el conocimiento ha adquirido.

Hoy en día es significativa y creciente la valoración del pensamiento y la creatividad y la conversión de éstos en factores de la producción contemporánea. El valor está dado crecientemente por el componente de conocimiento y de ideas involucradas en los productos, y no por su cantidad de materias primas incorporada o por la mano de obra de rutina utilizada. El conocimiento se convierte en la mercancía de mayor circulación en el mundo.

En algunas Universidades norteamericanas se encuentra la cátedra de gestión del conocimiento y en las compañías de selección de ejecutivos se empiezan a ver ofertas de empleo para este cargo específico.

Se compra conocimiento cuando se adquiere una droga: en ella el conocimiento está condensado. El valor, por ejemplo, de una aspirina es casi exclusivamente generado por el conocimiento, en tanto la materia prima involucrada es ínfima. Se contrata conocimiento cuando se vincula a un trabajador a una empresa contemporánea y cuando se solicita una asesoría, una conferencia o un diseño, se pagan los conocimientos y las habilidades. Se compra conocimiento cuando se adquiere un software. La tecnología es conocimiento convertido en objetos, conocimiento incrustado. El conocimiento se torna así en el factor esencial de la producción contemporánea, en el motor del desarrollo y en fuente de riqueza y poder.

Esta transformación en las fuentes de poder altera todos los espacios de la vida humana, hasta los secretos y reservados mundos de las fuerzas especiales de seguridad de las naciones. Es así como hasta hace poco el poderío militar seguía siendo una prolongación de la imposición por la fuerza. En la actualidad, se basa casi por completo en la información sistematizada. Desde los satélites hasta los submarinos, las bombas inteligentes o los aviones fantasmas, las armas modernas son fabricadas a base de componentes electrónicos repletos de información. Los aviones de combate actuales son ordenadores volantes. Hoy en día, la lógica, la deducción y la epistemología son la condición previa para el poderío militar ( Toffler, 1994).

Trabajos fundamentales: analistas simbólicos y servicios

Los significativos cambios económicos, sociales y políticos descritos, modifican la actividad y el empleo de las personas. Hoy en día la gente trabajadora se dedica a hacer cosas diferentes a las que se dedicaba hace treinta o cuarenta años. La fuerza de trabajo vinculada a la explotación agrícola, a la pesca y a la minería en los Estados Unidos, apenas representa un 3% de la población trabajadora, un 5% en Alemania y un 2 % en Reino Unido. Esto significa que de cada cien trabajadores no más de cinco están dedicados en Alemania, Reino Unido y Estados Unidos al cultivo de la tierra31. Y esta participación debe tender a bajar ante la generalización de la biotecnología y la sistematización creciente del agro, hasta tal punto que no sería extraño que en el futuro caminemos con nuestros nietos y les digamos, ante su asombro, que antiguamente las tierras se usaban como centros de producción. Cultivos que crecientemente se realizarán en laboratorios y que generarán una nueva clase de agricultura más vinculada con los sistemas que con el cultivo de la tierra.

El porcentaje de trabajadores empleados en las naciones industrializadas en procesos de fabricación ha descendido durante los últimos veinte años y se estimaba que para el año 2000, en ninguna de estas naciones, los trabajadores que hacen y mueven bienes constituirían un 15% de la fuerza laboral.

Actualmente, en los Estados Unidos sólo el 9% de la población total vinculada al trabajo fabrica objetos, los 65 millones de trabajadores restantes suministran servicios y manipulan símbolos. (Toffler, 1985, p. 185 )32.

Basta realizar una simple operación aritmética sencilla para precisar las dimensiones del cambio que estamos presenciando. Si en Estados Unidos, solamente un 3% de la población se dedica al cultivo agrícola y un 9% a la transformación de materias primas en manufacturas, entonces ¿a qué se dedica el restante 88% de la población? Esencialmente a dos cosas: a trabajar sirviéndole a otra población y a producir conocimiento.

Reich (1993) distingue tres tipos de trabajadores: los rutinarios, los de servicios y los analistas simbólicos.

Los trabajadores rutinarios son aquellos que realizan tareas esencialmente mecánicas y repetitivas, asociadas frecuentemente con tareas manuales, pero que también podrían incluir empleos de supervisión rutinaria. El trabajo rutinario se desarrolla por lo general en el proceso de transformación de materias primas en productos y estos procesos se adelantan de manera estandarizada y homogénea. Estas actividades han sido dominantes en el sector manufacturero, pero también se pueden encontrar en diversos sectores económicos de tecnología avanzada como el de la informática. Es así como miles de operarios ingresan, de manera rutinaria, información disponible en los bancos mundiales de conocimiento. Para cumplir a cabalidad estas funciones resulta esencial su cumplimiento, su obediencia, su lealtad y su capacidad de trabajo rutinario, tareas a las cuales la escuela tradicional asignó el mayor énfasis posible.

Los trabajadores de servicios no laboran con materias primas ni con objetos; su esencia consiste en atender personas. También comprenden miles de tareas simples, repetitivas y mecánicas, pero proporcionadas de persona a persona. Su trabajo es selectivo ya que no cubre a toda la población sino al sector que “demanda’’ los servicios de atención, a quienes demandan transacciones bancarias, educación, transporte o en general atención personal. Un empleado bancario en una oficina, una aereomoza en un avión, un conductor de vehículo público o un vendedor, son ejemplos frecuentes de trabajadores de servicios, para los cuales lo prioritario es la satisfacción y el agrado del cliente. De esta manera, a las características de la puntualidad, la obediencia y la rutinización, propias de los trabajadores rutinarios, deben añadir una que se vuelve en este caso esencial: la afabilidad en el trato, la sonrisa y las buenas maneras en la atención de las personas.

Los trabajos analíticos-simbólicos claramente se demandan en una sociedad intensiva en conocimiento en la que la riqueza de un país depende de las capacidades y destrezas de su población; sociedad y estructura económica que demandan análisis simbólico para identificar y resolver los problemas que surgen en una estructura económica globalizada, articulada en redes empresariales y desmasificada.

Las nuevas redes empresariales actúan en un espacio económico crecientemente flexible y cambiante y tienen que dar respuesta a las nuevas exigencias; tienen que adecuarse para una producción individualizada y por ello, requieren una estructura fluida y de alta capacidad adaptativa. Por ello las habilidades esenciales que deben tener estas nuevas estructuras son las de identificación y solución de los problemas que demanda la producción, habilidades para ayudar a identificar las necesidades de los consumidores e intermediación estratégica (Reich, 1993).

Se requiere habilidad para identificar y resolver problemas nuevos y cambiantes que demanda un mundo crecientemente individualizado y flexible. Problemas que no estaban presentes en la producción masificada y estandarizada donde la utilidad dependía esencialmente de las economías de escala y, en consecuencia, se garantizaba generando altos volúmenes de producción.

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Litres'teki yayın tarihi:
22 ekim 2025
Hacim:
309 s. 33 illüstrasyon
ISBN:
9789582014018
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