Kitabı oku: «Cooperación Universidad - Empresa - Estado»



Rengifo Millán, Maritza
Cooperación universidad - empresa - estado: un reto para el desarrollo regional / Maritza Rengifo Millán, María Camila Morinelly Burbano, Juliet Sofia Alarcón García. – Cali : Programa Editorial Universidad del Valle, 2021.
262 páginas ; 24 cm-- (Colección Ciencias de la
Administración)
1. Relación Universidad - Empresa - 2 Cooperación - 3. Universidad y desarrollo - 4. Innovación - 5. Competitividad regional - 6. Política pública - 7. Universidad del Valle
658 cd 22 ed.
R412
Universidad del Valle - Biblioteca Mario Carvajal
| Cooperacion universidad- empresa- estado: un reto para el desarrollo regional © Universidad del Valle © Facultad de Ciencias de la Administración © Maritza Rengifo Millán, María Camila Morinelly Burbano, Juliet Sofía Alarcón García ISBN: 978-958-5168-77-0 Primera edición, 2021 UNIVERSIDAD DEL VALLE |
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TABLA DE CONTENIDO
PRÓLOGO
INTRODUCCIÓN
1. LA EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA UNIVERSIDAD
1.1. LA EVOLUCIÓN Y EL PAPEL DE LA UNIVERSIDAD EN LA SOCIEDAD
1.2. ROLES DE LA UNIVERSIDAD EN EL MARCO DE LA TERCERA MISIÓN
1.3. TERCERA MISIÓN EN LAS UNIVERSIDADES DE LATINOAMÉRICA
2. LA UNIVERSIDAD, EL CONOCIMIENTO Y LA INNOVACIÓN
2.1. MODELOS DE INNOVACIÓN
2.1.1. Modelos de innovación lineales
2.1.2. Modelos de innovación no lineales
2.2. ENFOQUES DEL CONCEPTO DE INNOVACIÓN
2.3. INDICADORES DE VINCULACIÓN
3. ESCENARIO DE LA CIENCIA, TECNOLOGÍA, INNOVACIÓN Y COMPETITIVIDAD EN COLOMBIA
3.1. NORMATIVIDAD
3.2. INSTITUCIONALIDAD
3.3. ANTECEDENTES DE LA POLÍTICA PÚBLICA NACIONAL DE COMPETITIVIDAD
3.3.1. Creación del Sistema Nacional de Competitividad y la Política Pública Nacional de la Competitividad y Productividad
3.4. POLÍTICA PÚBLICA NACIONAL DE COMPETITIVIDAD Y PRODUCTIVIDAD
4. COMPETITIVIDAD EN LAS REGIONES. ANTECEDENTES EN EL VALLE DEL CAUCA
4.1 COMPETITIVIDAD EN EL VALLE DEL CAUCA
4.1.1. Plan Regional de Competitividad del Valle del Cauca 2010
4.1.2. El Plan Estratégico Regional de Ciencia, Tecnología e Innovación del Valle del Cauca (Percti) 2011
4.1.3. Articulación de Agendas Regionales (2013)
4.1.3.1 Iniciativas clúster
4.1.3.2 Cadenas productivas
4.1.3.3 Mesas temáticas CRC
4.1.4. Plan Maestro de Desarrollo Regional: Visión 2032
4.1.5. Plan de Desarrollo del Departamento del Valle del Cauca 2016-2019
4.1.6. Plan y Acuerdo Estratégico Departamental (PAED) 2016
4.1.6.1 Ideas de proyectos priorizados en CTeI
4.1.7. Narrativa Estratégica de Competitividad del Valle del Cauca (2015)
4.1.8. Sistema General de Regalías
4.2. CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN EN EL VALLE DEL CAUCA
5. LA UNIVERSIDAD Y SU VINCULACIÓN CON EL ENTORNO. RELACIONES ENCONTRADAS
5.1 LA UNIVERSIDAD DEL VALLE Y SU RELACIÓN CON EL ENTORNO
5.1.1 Estructura de investigación
5.1.2 Oferta tecnológica
5.1.3 Hechos representativos
5.2 RECORRIDO HISTÓRICO PARA LA CONFORMACIÓN DE LAS RUEE
5.2.1 Evolución de la participación de la Universidad del Valle con el entorno Cueev
5.3 RESULTADOS DE LAS PRINCIPALES RELACIONES UEE EN EL VALLE DEL CAUCA
5.3.1 Oferta académica
5.3.2 Docencia
5.3.3 Investigación
5.3.4 Oferta de extensión
5.3.5 Satisfacción de necesidades sociales
5.3.6 Innovación
5.3.7 Producción intelectual
5.3.8 Desarrollo regional
5.3.9 Competitividad
5.3.10 Regulación
5.3.11 Política Pública de Competitividad y Productividad
5.3.12 Política de interacción de actores UEE
5.3.13 Redes trilaterales
6. CONCLUSIONES, LIMITACIONES Y LÍNEAS FUTURAS DE INVESTIGACIÓN
6.1. LIMITACIONES
6.2. LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN FUTURAS
BIBLIOGRAFÍA
NOTAS AL PIE
SOBRE LAS AUTORAS
ÍNDICE DE TABLAS
TABLA 1. Tipos de Universidades identificados de acuerdo con sus características
TABLA 2. Dimensiones a considerar en las AV, según el Manual de Valencia
TABLA 3. Avances sobre la institucionalización de CTeI
TABLA 4. Antecedentes política pública 1990-1998
TABLA 5. Antecedentes de la Política Pública de Competitividad 1998-2006
TABLA 6. Mesas, objetivos y estrategias del Plan Regional de Competitividad - año 2010
TABLA 7. Apuestas productivas estratégicas para el Valle del Cauca
TABLA 8. Proyectos priorizados en ciencia, tecnología e innovación
TABLA 9. Proyectos Aprobados SGR – Universidad del Valle
TABLA 10. Relación de Productos tecnológicos y grupos de investigación, según focos estratégicos priorizados por el PAED
TABLA 11. Comité Universidad-Empresa-Estado en Colombia
TABLA 12. Proyectos Universidad-Empresa
TABLA 13. Recursos invertidos en proyectos según sector productivo
TABLA 14. Temas destacados – año 2013
TABLA 15. Temas destacados – año 2014
TABLA 16. Temas destacados – año 2015
TABLA 17. Temas destacados – año 2016
TABLA 18. Principales falencias de la oferta servicios de desarrollo empresarial, según los empresarios (2012)
TABLA 19. Convergencias encontradas en la indagación con representantes del ámbito interno (Universidad del Valle) y el ámbito externo (sector empresarial, gremios)
TABLA 20. Divergencias encontradas en la indagación con representantes del ámbito externo
ÍNDICE DE FIGURAS
FIGURA 1. Triángulo de Sábato
FIGURA 2. Redes trilaterales
FIGURA 3. Pilares de la Política Nacional de Competitividad y Productividad
FIGURA 4. Relación de los pilares del Plan de Desarrollo 2016-2019 con las dimensiones del desarrollo planteadas por el Departamento Nacional de Planeación
FIGURA 5. Estructura del Plan de Desarrollo 2016-2019 del departamento del Valle del Cauca
FIGURA 6. Focos estratégicos priorizados por el departamento del Valle del Cauca
FIGURA 7. Estructura Vicerrectoría de Investigaciones, Universidad del Valle
FIGURA 8. Hechos representativos Universidad del Valle y vinculación con el entorno 2005-2010
FIGURA 9. Hechos representativos Universidad del Valle y vinculación con el entorno 2011-2016
FIGURA 10. Hechos representativos Cueev, periodo 2006-2016
FIGURA 11. Actores del entorno en los procesos de investigación de la Universidad del Valle
FIGURA 12. Importancia de que los grupos de investigación se relacionen con actores de los sectores público, privado y comunidad
FIGURA 13. Tasa potencial crecimiento anual de productividad
FIGURA 14. Resultados de la Encuesta Mundial de Gerencia. Calidad de la gerencia: realidad vs. autopercepción (2014)
FIGURA 15. Aportes de la universidad en las etapas de la relación UEE
FIGURA 16. Generación de productos a través de la relación
FIGURA 17. Regulaciones del Estado que permiten la relación
FIGURA 18. Programas derivados de las políticas de CTeI
FIGURA 19. Contribución de las políticas CTeI
PRÓLOGO
La pandemia del Covid 19 durante los años 2020 y 2021 ha puesto en juego la sobrevivencia misma de la humanidad. La vacuna creada, así como las diferentes medidas de salud pública y la respuesta socioeconómica e institucional, demuestran la gran importancia de la ciencia, la tecnología e innovación en la solución de problemas globales. Es el desarrollo de las capacidades prospectivas que requiere el mundo sobre anticipación, pensamiento estratégico y complejo e invención, el camino idóneo para fortalecer un Estado activo y una sociedad responsable, capaz de enfrentar los grandes desafíos del entorno mundial en el horizonte temporal 2020/2050.
En este contexto, el libro que se presenta a continuación a la comunidad nacional e internacional contiene interesantes hallazgos acerca de la relación de la universidad, la empresa, el Estado y la sociedad en el Valle del Cauca, que se constituye en la actualidad en una de las principales estrategias para la consolidación de los procesos de desarrollo integral del país. Estas estrategias están basadas, fundamentalmente, en la necesidad de emprender acciones conjuntas que transciendan los ámbitos formativos y generen espacios de confluencia donde participen los diferentes actores y sectores sociales, para trazar hojas de ruta compartidas y duraderas para la transformación productiva y social de los territorios. En este sentido, este documento puede contribuir a la implementación regional de la nueva Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2021 – 2030, que tiene un carácter prospectivo y estratégico para convertir a Colombia en uno de los tres países líderes de América Latina en cuanto a la generación, uso y apropiación de conocimiento científico y tecnológico.
Este nuevo y valioso esfuerzo de la profesora Rengifo ayuda a comprender la cooperación entre la empresa, la universidad y el Estado; así mismo, plantea un nuevo paradigma que propicia una misión emprendedora para la universidad, al utilizar avances del conocimiento para el desarrollo multidimensional de las regiones y el país. En el caso de la Universidad del Valle, su destacada participación en la creación del Cueev (Comité Universidad-Empresa-Estado del Valle del Cauca) y la Rupiv (Red de Universidades para la Innovación del Valle del Cauca), el aporte al establecimiento de la Política Pública en Ciencia, Tecnología e Innovación, la creación del Codecti (Consejo Departamental de Ciencia Tecnología e Innovación), la articulación de las agendas del Valle del Cauca en CTeI (Ciencia Tecnología Innovación)y y la creación de estructuras como la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI), la convierten en un referente importante de la tercera misión que desarrolla. En la medida en que la Universidad integra el Cueev, se hace necesario interactuar en la búsqueda de alternativas de cooperación y soluciones en beneficio de la sociedad. Estos son modelos de investigación, prácticas sinérgicas y construcción de redes de conocimiento que propician la circulación, transferencia y utilización del conocimiento como una estrategia para mejorar la productividad y la competitividad empresarial. Ahora bien, estos deben ser analizados crítica y constantemente por la comunidad universitaria, con el propósito de proteger su misión esencial y autonomía.
Finalmente, esta obra es significativa para las Ciencias de la Administración, puesto que demuestra cómo las universidades están retadas a ejercitar sus capacidades reflexivas para anticiparse a los acontecimientos, prefigurar los posibles escenarios alternos del desarrollo y viabilizar sus propuestas de manera colaborativa con los demás actores del desarrollo a través de sus misiones fundamentales: docencia, investigación y extensión. Este tipo de estudios y los resultados encontrados permiten observar el aporte de las Ciencias Económicas y Administrativas a la construcción de territorios y sociedades justas, equitativas, productivas, sostenibles y democráticas.
Javier Medina Vásquez
Profesor titular, Universidad del Valle
Coordinador Red Abierta de Prospectiva e Innovación
Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (Cyted)
Cali, enero de 2021
INTRODUCCIÓN
En la actualidad la competitividad de los países depende de la capacidad que la sociedad tenga para producir, difundir y asimilar conocimiento. Este se ha posicionado como el motor que impulsa la generación de riqueza de un país, lo que da lugar a la “economía del conocimiento”. El nuevo contexto impone retos a la universidad, la invita a relacionarse con actores de su entorno con el propósito de responder a las problemáticas sociales y económicas que los aquejan, para de esta forma sumar, a sus misiones tradicionales de docencia e investigación, una denominada tercera misión, que se convierte en actor clave para el desarrollo económico y social del territorio donde se encuentra.
En este sentido, y con el objeto de reconocer las principales características de la interacción de la universidad con entidades no académicas en Colombia a través del estudio de caso de la Universidad del Valle, este libro parte de la revisión histórica de los orígenes de la universidad en la Europa del medioevo, a fin de lograr un breve reconocimiento de la transformación de sus roles para el desempeño de una tercera misión. Posteriormente se realiza la identificación de los fundamentos teóricos incorporados en los modelos de innovación, que explican cómo la cooperación de actores institucionales, Universidad, Empresa y Estado, aportan al desarrollo económico y social de una región o de un país, esto aterrizado al contexto nacional por medio del abordaje de aspectos generales de la Política Pública de Competitividad, en el eje de Ciencia Tecnología e Innovación.
De ahí que cada vez sea más reconocida la importancia del conocimiento en el desarrollo económico de las naciones. En este orden de ideas, el Estado colombiano ha impulsado una mayor aproximación entre las empresas y las instituciones generadoras del conocimiento científico y tecnológico, por medio del diseño e implementación de una Política Nacional de Competitividad, cuyos ejes transversales son la ciencia, la tecnología y la innovación. Esta política, concordante con lo planteado en los modelos teóricos, establece la necesidad de una articulación entre el sector privado y el público, Universidad, Empresa y Estado, para, de esta forma, promover la apropiación de la ciencia, tecnología e innovación a través de la transferencia de conocimiento y la consolidación de redes trilaterales, que permitan el planteamiento de estrategias que den paso a la competitividad en las regiones y, por ende, al desarrollo de estas.
En la región han sido aplicados los lineamientos del Ministerio de Educación que promueven la creación de estructuras como el Comité Universidad-Empresa (CUEE) en el país, dando lugar a la creación del CUEE del Valle del Cauca. La aplicación de estos, reflejados en una serie de propuestas de desarrollo sustentadas en estudios, se ha convertido en el insumo para el proyecto planificador del Valle del Cauca.
En consecuencia, con el propósito de aproximarnos al reconocimiento de la participación de la universidad en el escenario actual de competitividad en el Valle del Cauca y la intervención en espacios que propician las relaciones Universidad-Empresa-Estado, el texto parte del abordaje histórico de algunos hechos representativos que han dado lugar al surgimiento de la tercera misión universitaria, la cual sustenta y da fuerza a las actividades en el interior de la universidad, en pro del fortalecimiento de las relaciones con actores de su entorno. Para continuar son abordados algunos de los modelos teóricos que permiten el entendimiento de las dinámicas de interacción entre la universidad y los actores externos. En secciones subsiguientes, para conocer el contexto y marco institucional que soportan estas relaciones en Colombia, es elaborada una revisión del escenario de ciencia, tecnología, innovación y competitividad en el país, a fin de conocer la realidad nacional en la cual se circunscribe la competitividad de las regiones, haciendo énfasis a los lineamientos del departamento del Valle del Cauca.
Para finalizar, el texto recoge las experiencias derivadas del ejercicio de caracterización de la Universidad-Empresa-Estado, con la identificación de avances, experiencias exitosas y retos que enfrenta la consolidación de las alianzas estratégicas en el CUEE del Valle del Cauca (Cueev), cuyos actores principales son la Universidad del Valle, las empresas vallecaucanas participativas y el Estado, desde el ente territorial y regional.
1. LA EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA UNIVERSIDAD
1.1 LA EVOLUCIÓN Y EL PAPEL DE LA UNIVERSIDAD EN LA SOCIEDAD
Los hechos históricos más representativos permiten comprender cómo ha evolucionado el papel de la universidad en la sociedad y la idea que se tiene de ella, puesto que desde sus orígenes se ha advertido la transformación de las funciones y las relaciones con su entorno, de acuerdo con los cambios económicos y sociales.
Los albores de la universidad se encuentran en el siglo XII, en la Italia y Francia medieval, donde surgieron las primeras instituciones orientadas hacia la universalidad del saber y la otorgación de títulos (Huanca, 2004). En Francia las Universitas Magistrorum se caracterizaron por una fuerte orientación religiosa, razón por la cual en sus inicios predominó el estudio de la teología; esto explica que, de manera posterior, las disciplinas introducidas debían ser enseñadas en el marco del pensamiento cristiano. En Bolonia (Italia), las Universitas Scholarium, en sus orígenes, dieron lugar al estudio de leyes y medicina, de modo que la influencia religiosa era inferior. En esta época la universidad “era considerada un agente de gran importancia en la sociedad debido a que su presencia incrementaba el prestigio y la salud del territorio donde se encontrara” (Huanca, 2004, p.10).
A partir del siglo XVI y hasta mediados del XVIII, una serie de acontecimientos, entre los cuales se encontraba el renacimiento humanista, demandaron que la universidad aceptara nuevas ideologías, ante las cuales esta mostró inadaptación, principalmente por el sólido vínculo religioso de sus inicios. Debido a este contexto, las sociedades académicas y científicas tomaron el papel fundamental de fuentes generadoras de conocimiento. La Royal Society en Londres era una organización independiente sin apoyo estatal, en cambio, la Académie Royale des Sciences, en Paris, contaba con fuerte apoyo gubernamental y se enfocaba en la investigación. Entre el siglo XVII y XVIII este tipo de sociedades aumentaron tanto en Europa como en América, sin embargo, fueron incapaces de abarcar la investigación en nuevas disciplinas, de manera que la universidad volvió a revestirse de importancia.
En 1809 en Berlín, Humboldt propuso un modelo innovador de universidad y señaló que “una de las características de los establecimientos científicos superiores es, nunca considerar a la ciencia como un problema totalmente resuelto y permanecer constantemente Investigando” (Bonvechio, 1997). Humboldt indicó que la investigación y la ciencia son una forma de vida que enaltece al hombre, y resaltó la generación del conocimiento como función principal de la universidad, a través de la unidad entre investigación y docencia. De esta manera el modelo alemán se convirtió en el referente principal para las reformas universitarias en Europa, América y Asia (Rengifo, 2009), lo cual dio lugar al establecimiento en muchos países de universidades cívicas, orientadas hacia las necesidades científicas y tecnológicas de la nación.
De esta forma, en el siglo XIX se originó la idea moderna de universidad; un modelo donde las actividades de docencia e investigación se combinan para generar nuevos conocimientos. En algunos países, con objetivos utilitaristas o fines prácticos, hubo algunas divisiones en la estructura de la universidad, según las diferentes disciplinas científicas que abordaron, y se adoptó un estatus legal de carácter nacional que resaltó el deber de contribuir al fortalecimiento de las capacidades científico-tecnológicas de cada nación (Huanca, 2004).
A partir de la década de 1960, la universidad comenzó a perder el carácter elitista propio de sus orígenes, debido al crecimiento demográfico y económico posterior a la Segunda Guerra Mundial, así como a la fuerte demanda de habilidades técnicas y profesionales por parte del Gobierno y la industria en general. Ante estos acontecimientos, las universidades no pudieron responder a toda la población estudiantil, porque no contaban con los recursos necesarios, por lo que se produjo una diversificación de la educación superior y se crearon nuevas universidades e Instituciones de Educación Superior postsecundarias (Genua, 1999).
Hacia 1910 la investigación era apoyada directamente por el Estado y se respetaba su autonomía sin imponer condiciones que orientaran el desarrollo de la investigación, e incluso de la enseñanza; las actividades y la asignación de recursos eran conducidas propiamente por la institución académica.
Durante la Segunda Guerra Mundial el Estado apoyó la investigación dirigida a desarrollos bélicos, y con el propósito de legitimar la inversión en investigación en tiempos de paz, en 1945 Vannevar Bush, consejero en temas de ciencia y tecnología del presidente Franklin D. Roosevelt, presentó el informe Ciencia, la frontera sin fin, en el cual dio relevancia a la investigación básica, que consideró como fundamento del progreso industrial. La finalidad de este tipo de investigación no es una aplicación práctica, sino que proporciona un conocimiento general y un entendimiento de la naturaleza y sus leyes (Beraza y Rodríguez, 2007).
Bush (1945) manifestó: “Una nación que dependa de otros para generar conocimiento científico verá retrasado su progreso industrial y no alcanzará una posición competitiva fuerte en el mercado mundial” (p. 15). En concordancia con su discurso, y con el propósito de fortalecer la infraestructura científica para destacar a la universidad como fuente de conocimiento y motor de crecimiento, se constituye la National Science Fundation y el Institute of Health (Azagra Caro, 2003).
Las expresiones planteadas por Bush representan de forma implícita al modelo lineal de innovación. Un procedimiento secuencial en donde se inicia con la investigación básica conducida por la universidad y los institutos, para proporcionar descubrimientos y conocimientos base de la investigación aplicada, la cual propende por la generación de conocimiento orientado hacia fines puntuales, y esta, a su vez, da paso al desarrollo tecnológico sin generar nuevo conocimiento, sino que permite el aprovechamiento de este en la forma de un nuevo producto, servicio, proceso o modelo organizativo; finalmente, este desarrollo es introducido en el mercado, o implementado, y da lugar a lo que se conoce como innovación (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos [OCDE], 2002).
En este sentido, Etzkowitz et al. (1998) establece que según este paradigma la universidad debe centrarse en su doble misión de enseñanza e investigación, siendo el resultado de la investigación básica una fuente de capital humano y de conocimiento.
Entre la década de 1970 e inicios de los 80 surge un nuevo enfoque, con la ralentización del crecimiento económico y la competencia acelerada por los fondos de investigación gubernamentales, puesto que estos se tornaron escasos y se otorgaban teniendo en cuenta el aporte de la investigación a las prioridades establecidas por el Estado, lo que afectaba en parte la autonomía universitaria, pues sus actividades debían estar orientas hacia el contexto de la investigación aplicada, de tal forma que contribuyera al desarrollo económico y social del entorno del cual recibían apoyo (Huanca, 2004). Ante estos acontecimientos, la universidad comenzó a buscar fuentes de financiación alternas, a través de la generación de patentes y constitución de empresas surgidas de la investigación o spin-off, lo cual permitió la capitalización del conocimiento y su transferencia.
El resultado de este nuevo enfoque lineal, propuesto por Bush, mostró ineficiencia para explicar la forma como se generaba, difundía y explotaba el conocimiento, por lo tanto, se desarrollaron modelos de innovación de carácter interactivo, en donde diferentes agentes interactúan entre sí y originan la innovación proveniente de múltiples fuentes, lo que convirtió a la universidad en uno de estos agentes con la “capacidad y necesidad de relacionarse con su entorno económico para trabajar conjuntamente en el desarrollo de innovaciones” (Vega et al., 2011, p.113). Según lo afirman Charles y Howells (citado en Beraza y Rodríguez, 2007), de esta manera “La tradicional barrera entre ciencia y tecnología se rompe y el intercambio entre investigación básica, aplicada y desarrollo, aumenta” (p. 33).
En este recorrido histórico, Fernández et al. (2000) identifican cinco tipos de universidades, relacionadas en la Tabla 1.
Tabla 1. Tipos de Universidades identificados de acuerdo con sus características
| Tipo | Descripción |
| Académica. | La misión principal es la docencia, por consiguiente, las decisiones y recursos se orientan a la mejora de las actividades dirigidas a su fortalecimiento. |
| Clásica. | Combina la misión de docencia con la de investigación, y otorga reconocimiento especial a las actividades de investigación. |
| Social. | Reconoce y juega un papel activo para la discusión y resolución de problemas de la sociedad en la cual se encuentra. |
| Empresarial. | Además de los mecanismos tradicionales de transferencia de conocimiento, reconoce la susceptibilidad de este para ser utilizado en el campo productivo, por lo que enfoca parte de sus actividades docentes y de I+D con criterios empresariales, y se preocupa por gestionar eficazmente la cooperación con la sociedad. |
| Emprendedora. | Adicional a las características comunes con la tipología anteriormente referida, reconoce el potencial de servicio del conocimiento a los objetivos de su entorno socioeconómico, y lo identifica como un recurso que, adecuadamente gestionado, le permite desempeñar un papel más activo en su contexto social. |
Fuente: adaptación propia a partir de Fernández et al. (2000).
En consecuencia, en los distintos tipos de universidad la complejidad de la estructura y las características adoptadas, según el contexto, permiten reconocer realidades muy dispares que dificultan el establecimiento de estrategias de relacionamiento efectivas con actores del entorno. Igualmente sucede en el caso de la empresa y el Estado, razón por la cual el detalle en el análisis del tipo de universidad y de las características de las empresas con que estas pretenden relacionarse, es fundamental para que se logre el establecimiento de relaciones de trabajo articulado.
1.2 ROLES DE LA UNIVERSIDAD EN EL MARCO DE LA TERCERA MISIÓN
La tercera misión universitaria ha sido referida desde distintos enfoques (Bueno y Casani, 2007):
Un primer enfoque la identifica con el conjunto de actividades que las universidades llevan a cabo para relacionarse con diferentes agentes sociales, orientadas a satisfacer sus necesidades en pro de la cooperación a objetivos públicos y privados, donde se resaltan las gestiones de transferencia de conocimiento e I+D. Algunas de las definiciones concordantes son:
“Trasmitir el conocimiento a los sectores productivos y sociales en la generación de innovaciones se ha convertido en su tercera misión, en total interacción con el resto de los actores de los sistemas de ciencia, tecnología e innovación” (Milanés et al., 2010).
“El compromiso con la sociedad y con su tiempo, por lo que ha de depurar un tipo de talento para saber aplicar la ciencia y estar a la altura de los tiempos” (Ortega y Gasset, 1937).
Un segundo enfoque concibe la tercera misión desde la perspectiva social y destaca el compromiso comunitario que incide en las necesidades sociales de su territorio o entorno, bien sea en dimensiones locales o regionales.
Y un tercer enfoque, cuyo máximo exponente es Clark, enfatiza en el proceso de la comercialización tecnológica de los resultados universitarios. Identifica, además de la financiación pública para atender las actividades docentes y las orientadas a la investigación, la financiación adicional obtenida a través de programas de formación continua, posgrados, contratos de investigación, entre otras actividades que logra desarrollar con actores del entorno.
Se puede deducir que a partir de la asociación del desarrollo con la capacidad que tenga una sociedad para generar, apropiar y hacer uso del conocimiento, la universidad ha sido llamada a asumir una tercera misión en pro de su reconocimiento como actor clave en el desarrollo regional, y esto le exige el desempeño de distintos roles, los cuales han sido agrupados por Uyarra (2010) en 5 “roles”, que se reflejan en la literatura, en relación con la contribución de la universidad a la innovación regional:
• Fábrica de conocimiento con impactos indirectos: la universidad da lugar a la transformación de investigación básica en desarrollos tecnológicos, cuyos beneficiarios principales son las empresas locales. En la historia, este rol es identificado en época de posguerra, donde la expectativa de invertir en investigación era obtener resultados de innovación (patentes, innovación en productos o procesos). Es de resaltar que no basta la presencia de la universidad para incorporar las tecnologías desarrolladas en el sector productivo, por lo que también es importante considerar la capacidad de absorción de este.
• Rol relacional-canales de colaboración con la industria: la desaceleración económica hacia 1980 propició el relacionamiento de la universidad con la industria, a fin de recaudar fondos a través de fuentes adicionales, distintas a la estatal, lo que contribuyó de manera implícita a la competitividad de las organizaciones. De esta manera iniciaron las investigaciones acerca de los canales, mecanismos de enlace o tipos de interacción que dan lugar a la transferencia de conocimiento hacia la empresa. Estudios efectuados a empresas por Cohen et al. (2002), Cosh et al. (2005), Meyer-Krahmer y Schmoch (1998), D’Este y Patel (2007), e investigadores británicos, alemanes y estadounidenses, señalan la relevancia de los contactos informales, publicaciones, movilidad de capital humano, conferencias e investigaciones por contrato y colaborativas, en contraste con el uso de patentes y licencias, que son los menos frecuentes.
Por otra parte, la identificación de factores que influyen en la propensión a relacionarse y en la elección de medios de interacción, características como el tamaño, edad de la empresa, sector, intensidad de investigación y desarrollo y estrategia de innovación, fueron identificadas como factores clave (Cohen et al., 2002; Schartinger, 2002; Santoro, 2002; Geiger y Sá, 2008; Fontana et al., 2006).
• Rol empresarial, estrategias y dimensiones organizacionales: el desempeño de este rol involucra la apertura de oficinas y estructuras administrativas (oficinas de transferencia tecnológicas [OTT] e incubadoras de empresas) encargadas de coordinar y establecer enlaces con los actores del entorno, además de imperar la necesidad de combinar actividades en pro de la constitución y gestión de patentes y licencias, lo cual aumenta la destinación de recursos financieros a la transferencia de tecnología. Estos cambios organizativos son esenciales para establecer canales de comunicación que permitan la superación de barreras a fin de lograr la vinculación del investigador académico y de otros actores que potencialmente podrían comercializar los resultados. A pesar de estas transformaciones, algunas universidades no logran la divulgación efectiva de las investigaciones y transferencia de resultados, de allí que muchas de las tecnologías desarrolladas “salen por la puerta trasera” (Uyarra, 2010). Autores como Nelson (2001) resaltan que, en muchas ocasiones, el rendimiento económico de las actividades de la propiedad intelectual (PI) son inferiores al costo de funcionamiento de las oficinas de TTO.
Después de la creación de la Ley Bayh-Dole, una de las pioneras referentes al uso de la PI por parte de las universidades, fueron introducidas reformas legislativas similares en toda Europa (Mowery y Sampat, 2005), sin embargo, es limitada la evidencia en cuanto a impactos y riesgos de la explotación de la propiedad intelectual. Si bien el manejo de la PI da mayor seguridad a los actores externos para invertir en desarrollos realizados en la universidad, no es garantía de una mejor o más rápida transferencia de resultados.
Análisis como los realizados por Feller (1990) indican que las distribuciones de regalías a los inventores aumentan los niveles de ingresos por licencias y se constituyen en un incentivo para que los estudiosos busquen líneas de investigación rentables.
Cabe resaltar que, si bien la universidad trabaja en la transformación de sus estructuras para lograr el relacionamiento de los actores del entorno, la capacidad de las regiones para beneficiarse de las actividades de transferencia de tecnología depende de otros aspectos institucionales y estructurales fuera de ella.
• Actor institucional en los sistemas regionales de innovación: considera a las universidades nodos institucionales, cuya influencia es determinada por el sistema de innovación regional en el cual se encuentra inmerso. Se trata de “un proceso colectivo en el que la innovación regional surge de redes localizadas, relacionadas con la innovación y respaldadas institucionalmente” (Uyarra, 2010, p.1236). La universidad es llamada a relacionarse con nuevos actores adicionales a las empresas (clústeres y cadenas de suministro compuestos por pymes); a desarrollar la capacidad de articularse en atención a las políticas regionales y a movilizarse hacia las partes interesadas.
En esta perspectiva, Cooke (2005) expone:
El impacto que una universidad puede tener en un territorio particular dependerá de la configuración del sistema de innovación regional, particularmente la alineación entre las universidades regionales productoras de conocimiento y el lado de la demanda de la comunidad que utiliza el conocimiento regional. (citado en Uyarra, 2010, p. 1 237)
Según Power y Malmberg (2008) y Faggian y McCann (2009), en este rol se destaca la participación de la universidad a partir de la capitalización del conocimiento y su transferencia hacia el entorno regional. Este pensamiento es apoyado, entre otros autores, por Gunasekara (2006), quien afirma que las universidades pueden desempeñar un enfoque regional más comprometido, a través de la “formación de capital humano, gobernanza asociativa y cultura” (citado en Uyarra, 2010, p. 1 238).
• Las universidades “comprometidas”:
Es uno de los roles más amplios que puede desempeñar la universidad, si se tiene en cuenta su incidencia como actor que participa activamente en el desarrollo, gracias a lo cual es distinguida como una organización de gran complejidad. Esto se evidencia en los planteamientos de Charles (2006) y Arbo y Benneworth (2007):
[…] anidadas dentro de los marcos de políticas nacionales, tratando de unir procesos en diferentes niveles e integrar los elementos de enseñanza, investigación y comunidad del compromiso regional de la universidad” (…) “Se espera que las universidades actúen como nodos integradores de redes en un sistema de innovación global-regional en el que el aspecto clave es la capacidad de combinar recursos externos e influencias con las necesidades locales. (citado en Uyarra, 2010, p. 1 239)
Esta afirmación es sostenida por Uyarra (2010), al afirmar que las universidades son “habilitadores o ‘animadores’ del desarrollo regional, incorporando un enfoque regional más fuerte en sus misiones dentro de coaliciones de amplia base de actores estatales y no estatales” (p. 1 238).
En vez de estudiar procesos y estrategias para lograr la transferencia de conocimientos y resultados desarrollados, este enfoque parte de las necesidades regionales y las respuestas que la universidad otorga directamente, a lo que Boucher et al. (2003) complementa: “incluye la contribución de la educación superior al desarrollo social, cultural y ambiental, mediante la participación formal e informal y la representación externa como un actor institucional en las redes regionales de aprendizaje, innovación y gobernabilidad” (citado en Uyarra, 2010, p. 1238).
Es un enfoque integrador que alinea la tercera misión junto a las misiones tradicionales de la enseñanza y la investigación, con el propósito de “promover la inclusión social y la movilidad, proporcionar una base para el desarrollo de habilidades y estimular la innovación a través de la investigación científica básica” (Uyarra, 2010, p. 1 239).
La intención de Uyarra (2010) al plantear estos roles clave que desempeñan los distintos tipos de universidades, alude a la complejidad que estas afrontan para equilibrar el desarrollo de sus misiones tradicionales de docencia e investigación, con respecto a la amplia gama de actividades que trae consigo el desempeño de una tercera misión. Así pues, el desempeño de los distintos roles depende de las características propias de cada universidad y estos pueden reflejarse en mayor o menor medida, coexistiendo, sin ser excluyentes o sucesivos.
1.3 TERCERA MISIÓN EN LAS UNIVERSIDADES DE LATINOAMÉRICA
El importante impulso que tuvieron las relaciones entre la universidad y la empresa hacia los años 90, permitió que se tornaran formales e institucionalizadas (Bernheim, 2003). En atención a esta institucionalización que refuerza los vínculos Universidad-Empresa- Estado, se crean las oficinas de relaciones con la comunidad o de extensión o educación continua en la universidad, se prestan servicios de asesorías y consultorías, y, así mismo, surgen los certificados de innovación (Dridi y Crespo, 1999) y se multiplican los centros de excelencia y de nuevas tecnologías.
Las Instituciones de Educación Superior, el sector productivo y el Gobierno son los actores principales en la dinámica de la relación universidad con la empresa y el Estado. Esta relación ha significado acercar a docentes e investigadores a las realidades de las distintas organizaciones sociales y del sector productivo, para encontrar, por medio de proyectos articulados de investigación, soluciones prácticas e innovadoras (Schmookler, 1996) encaminadas a mejorar la productividad, competitividad, satisfacción y calidad de vida de la comunidad.
En Europa son financiados, por los Gobiernos y las empresas, programas que apoyan redes promotoras de vínculos entre universidad y empresa, lo que promueve la cooperación universitaria e intercambio estudiantil, ejemplo de ello es el Programa Sócrates (Bernheim, 2003).
En Estados Unidos está muy arraigada la colaboración entre la empresa y la universidad, pues se encuentra en juego la globalización que ha sido el motor de su economía. Ejemplo de ello es el Centro Estatal de Manufactura Avanzada (CCAM), un centro de investigación aplicada que acelera el proceso de transformación de la investigación en innovación, a través del acercamiento entre empresas de clase mundial y universidades fundamentadas en la investigación, para trabajar en un entorno colaborativo con acceso a herramientas y equipos avanzados para el desarrollo de proyectos de alta tecnología, con el propósito de maximizar el retorno de la inversión en investigación y entregar soluciones innovadoras a la velocidad de la industria (CCAM, s.f.).
En Canadá, las políticas de los diferentes gobiernos provinciales y el federal impulsan los programas de formación profesional y los centros de excelencia o grupos-laboratorio. El gobierno canadiense inició, a partir de 1982, un programa de adaptación de la mano de obra, cuyos criterios de financiamiento son cada vez más exigentes, con una formación sobre medida y negociados entre la universidad y la empresa.
Algunos ejemplos de estas asociaciones, según lo exponen Vega et al. (2011) son: en Estados Unidos y Canadá la Association of University Technology Managers (AUTM); en el Reino Unido, la Association for University research and Industry Links (AURIL); Curie en Francia; en España la Red de Oficinas de Transferencia de Resultados de Investigación (RedOTRI) y en Italia la Network per la Valorizzazione dellaricerca Universitaria (Netval). Incluso, se han creado redes mucho más amplias, como el caso de ProTon Europe, que vincula diversas asociaciones nacionales en el ámbito europeo.
Relacionado con el modelo normativo de la universidad moderna, una de las características del perfil de la universidad en transformación es lograr universidades vinculadas con el entorno productivo (Crespo y Fave-Bonnet, 2003; Rengifo, 2015). En América Latina, si bien las políticas de ciencia, tecnología e innovación desde los años 90 se han orientado al establecimiento de regulaciones y mecanismos que propicien el relacionamiento de los actores, estos no han logrado el impacto esperado, ya que los vínculos aún son débiles y los actores están poco articulados, en parte explicado por la deficiencia de un análisis previo de las características propias del entorno para identificar factores facilitadores de su consolidación, que correspondan a las capacidades científicas y productivas (Scoponi et al., 2016; Vega et al., 2011).
A mediados del Siglo XX, en América Latina el Movimiento de Reforma Universitaria (MRU) condujo a la definición de la universidad latinoamericana como una entidad de “democratización y de reforma social, guiada por las actividades de enseñanza, investigación y ‘extensión’” (Castro y Vega, 2009), lo cual acentúa su carácter social y el deber de colaboración con los sectores con mayores necesidades, a través de la difusión cultural y la asistencia técnica. Las implicaciones que este movimiento tuvo en la concepción de la universidad latinoamericana han dado lugar a que autores como Arocena y Sutz (2005) lo consideren una primera “revolución académica” en esta región.
En estos términos, la concepción de la tercera misión, o también denominada extensión, presenta en Latinoamérica matices distintos con respecto a las conceptualizaciones surgidas en países desarrollados. Como lo plantean Castro y Vega (2009):
Mientras que en el Norte la “tercera misión” impulsa a las universidades a participar de forma directa en el desarrollo económico de su región a través de una vinculación más estrecha con el sector productivo, en América Latina la adopción de la “extensión” como actividad académica llevó a las universidades a participar más activamente en el desarrollo social de los pueblos, cubriendo, no pocas veces, los vacíos dejados por un Estado deficiente. (p.74)
En síntesis, ante el fomento de las relaciones Universidad-Empresa (RUE) e incorporación de la tercera misión, esta filosofía tradicional, que aún tiene derivaciones, ha generado tensiones y resistencias en el interior de las relaciones, que han impedido la conversación entre representantes de las empresas, quienes guardan interés por la apropiación del conocimiento y su explotación comercial, y los representantes de la universidad, quienes resaltan el dominio público del conocimiento, generando desconfianzas y falta de voluntad para la realización de trabajo colaborativo.
Por otro lado, las características de los agentes empresariales también han impedido el fortalecimiento de las relaciones con la Universidad, puesto que, según lo expresa Vega et al. (2011), la estructura económica, con predominio de sectores tradicionales de bajo contenido tecnológico, “no favorece la demanda empresarial de conocimiento universitario y no contribuye al establecimiento de intereses comunes entre el sistema de investigación público y el sector productivo […] no tienen la capacidad interna necesaria para absorber el conocimiento universitario” (p.117).
De acuerdo con lo mencionado, se concluye que las condiciones del contexto, características de las empresas y retos que la universidad latinoamericana enfrenta, tales como escases de financiación para la consolidación de una infraestructura científico-tecnológica, el rezago de universidades privadas para el fortalecimiento de la misión de investigación, entre otros, podrían dar lugar a una universidad consultora, que lleve a cabo actividades rutinarias para el sector productivo, visto como fuente alterna de financiación (Vega et al., 2011), en lugar de una universidad emprendedora que forme parte activa de la transformación de su contexto.
2. LA UNIVERSIDAD, EL CONOCIMIENTO Y LA INNOVACIÓN
Las nuevas visiones sobre la forma de producción, apropiación y uso del conocimiento, así como del proceso innovador, han sustentado la necesidad de lograr el relacionamiento entre la academia, la industria y el Estado, cuya implicación en el plano interno y externo de las universidades, ha sido proclive a una mayor vinculación con el entorno socioeconómico. A lo largo del capítulo se expondrán algunos de los modelos teóricos más representativos, que facilitan comprender las estrategias y mecanismos implementados en las universidades para relacionarse con actores del entorno; así mismo, los esfuerzos por crear y perfeccionar mecanismos que permitan evidenciar el impacto de las actividades desarrolladas por estas instituciones.
2.1. MODELOS DE INNOVACIÓN
La universidad ha sido una institución social que ha mantenido relación con su contexto socioeconómico desde los inicios en la época medieval, y para este efecto, ha transformado la misión y los objetivos, siempre orientados por las circunstancias del entorno en el cual se ha desenvuelto.
Las primeras manifestaciones de las universidades europeas, durante la época medieval, se encauzaron hacia la enseñanza y consolidaron como instituciones del saber, que otorgaban un grado académico a sus estudiantes. De ahí que la universidad surja con el fin de buscar, preservar y transmitir el conocimiento a través de la docencia, enriquecida con la investigación y la proyección social.
Esta investigación, una de las funciones prioritarias de la sociedad del saber, ha sido considerada por Etzkowitz y Leydesdorff (2000), entre otros autores, una revolución académica que invita a la universidad a comprender que la ciencia no es un problema completamente resuelto, en concordancia con lo planteado por Von Humboldt. Por lo anterior, debe ser orientada hacia la producción de conocimiento (investigación básica), investigación formativa (semilleros) y satisfacción de las necesidades sociales (investigación aplicada).
2.1.1. Modelos de innovación lineales
En 1945, de acuerdo con lo dispuesto en el informe Ciencia, la frontera sin fin, elaborado por Vannevar Bush, se manifiesta que “Una nación que dependa de otros para generar conocimiento científico vería retrasado su progreso industrial y no alcanzaría una posición competitiva fuerte en el mercado mundial” (p. 15). Estos planteamientos evidenciaban el carácter secuencial concedido al modelo lineal de innovación. Un proceso de etapas sucesivas que inicia con la investigación básica conducida por las universidades e institutos, y se concibe como “todos aquellos trabajos que tienen como objetivo adquirir conocimientos científicos nuevos sobre los fundamentos de los fenómenos y hechos observables” (Escorsa y Valls, 2003, p. 23), los cuales proporcionan descubrimientos y conocimientos que dan paso a la realización de investigación aplicada; un tipo de investigación que propende por la generación de conocimiento encaminado hacia fines puntuales, con un objetivo práctico determinado (Escorsa y Valls, 2003, p. 24). Esta a su vez origina el desarrollo tecnológico, que no genera nuevo conocimiento, sino que permite el aprovechamiento de este, en la forma de un nuevo producto, servicio, proceso o modelo organizativo, para ser introducido en el mercado o implementado dando lugar a la innovación (OCDE y Eurostat, 2005).
De esta manera, en el enfoque lineal la universidad e institutos de investigación se consideraban las instancias detonantes del proceso, como fuentes matrices de conocimiento, ubicadas en la primera de un conjunto de etapas separadas en el tiempo y llevadas a cabo en distintas organizaciones.
En esta perspectiva fue pensado el modelo de empuje de la ciencia, cuya investigación básica se creaba fuera de la empresa, promovida por los intereses de la comunidad científica y de los cuales esta podría servirse, y el modelo de tirón del mercado, respaldado por estudios empíricos, como el desarrollado por Schmokler (1966), quien encontró que la investigación básica en su mayoría trataba de satisfacer demandas del mercado.
2.1.2. Modelos de innovación no lineales
Hacia 1970 e inicios de los 80 la ralentización del crecimiento económico y la escases de fondos de investigación gubernamentales ocasionaron que el aporte de la investigación se dirigiera a las prioridades establecidas por el Gobierno, como criterio para el otorgamiento de recursos. Lo anterior dio relevancia a la investigación aplicada, de tal forma que la universidad pudiera contribuir al desarrollo económico y social de su entorno (Huanca, 2004); la actividad científica perdió autonomía y exigió de los investigadores una mayor responsabilidad hacia las demandas del contexto.
Ante estos acontecimientos, aunados al auge de la biotecnología y las tecnologías de la información y comunicación (TIC), la universidad comenzó a usar otras fuentes de financiación, como la instauración de patentes y la conformación de empresas con base tecnológica, lo que permitió la capitalización del conocimiento y su transferencia. Estas se promovieron políticamente con la constitución de fondos federales para el surgimiento de centros de investigación mixtos (Universidad-Empresa) y la protección de los resultados académicos por medio de marcos legales, como la Ley Bayh-Dole, promulgada en 1980 con el propósito de comercializar los resultados de los estudios financiados con recursos públicos a partir de la producción de patentes y la concesión de licencias, que posibilitaron a las universidades explotar comercialmente sus resultados.
Al tener en cuenta este nuevo enfoque, donde la ciencia y su avance no son ajenas al contexto en que se generan, y los problemas de investigación se configuran a partir de la “traducción de necesidades de otros agentes” (Knorr–Cetina, 1982), la primera modelización del proceso de innovación y la linealidad propuesta para explicar la forma cómo se produce, difunde y explota el conocimiento, los modelos del empuje de la ciencia y tirón del mercado que presentaba la innovación como producto de una única fuente y fruto de un solo tipo de conocimiento codificado, se tornaron insuficientes ante la complejidad de los elementos que fueron añadidos por autores como Freeman(1975), Rosemberg (1982) y Nelson y Winter (1982), explicados en parte por el reconocimiento de la composición dual del conocimiento, en donde el conocimiento tácito juega un papel fundamental en la transmisión de este y en la generación de innovación. Como lo indican Kline y Rosemberg (1986), “la ciencia puede proporcionar invenciones que sean mejoradas por las actividades de aprendizaje y que requieren de nuevo a la ciencia para llegar a explotar su potencial” (citado en Azagra, 2003, p. 29), lo que evidencia una retroalimentación mutua; a su vez, la totalidad de la ciencia no es susceptible de ser transferida a la empresa y aplicada con fines comerciales. La innovación en la empresa depende de la capacidad de absorción de esta, que se refiere a la habilidad de adquisición de conocimiento proveniente del entorno y asimilación y explotación a partir de sus relaciones internas (Cohen, et al., 1990).
En los anteriores planteamientos se demuestran algunos de los denominados modelos de innovación de carácter interactivo o no lineal, en donde diferentes agentes interactúan entre sí en una retroalimentación constante y se da lugar a la innovación proveniente de múltiples fuentes. Así lo afirma Vega et al. (2011), al expresar que: “estas nuevas visiones sobre los procesos de producción de conocimiento e innovación han servido de sustrato conceptual para justificar la conveniencia, e incluso necesidad, de una mayor relación entre los sectores académicos y productivos” (p.114).
En Latinoamérica, la triple relación Universidad-Empresa-Estado surge como una idea para articular las concepciones del desarrollo, denominadas teorías de la dependencia, en las cuáles se reflexionó que el atraso de la región en materia de ciencia y tecnología era producto de la dependencia económica con los países desarrollados. Entre sus consideraciones principales estaban, por un lado, que la ciencia era un proceso lineal y acumulativo, por lo que el subdesarrollo no debía ser una fase previa al desarrollo; por otro lado, la necesidad de cortar con la dependencia cultural de los modelos institucionales importados, los cuales no aportan al desarrollo regional en ciencia y tecnología (Casas, 2004, referenciado por Londoño, 2014).
Según Olivé (2007) y Dagnino et al. (1996), la mayor preocupación del pensamiento latinoamericano en ciencia y tecnología (CT) fue la necesidad de definir la forma en que el sistema de ciencia y tecnología podría articularse con la capacidad productiva. En este aspecto, Sábato y Botana (1968) resaltaron la importancia y necesidad de impulsar la ciencia y la tecnología como instrumentos de progreso para América Latina, con el fin de participar como protagonistas en el desarrollo científico-tecnológico mundial, para el cual propusieron como estrategia el Triángulo de Sábato, donde se identificaron en sus vértices al Gobierno como impulsor y regulador; a la estructura productiva, conformada por las organizaciones que producen bienes y prestan servicios; y a la estructura científico tecnológica, constituida por las instituciones del sector educativo, los centros de desarrollo tecnológicos, los laboratorios y otras instituciones dedicadas a la investigación. También se determinaron actores cuya acción coordinada permite a una sociedad desarrollar la capacidad de saber dónde y cómo innovar, logrando el uso de la ciencia y la técnica en pro del desarrollo (Sábato y Botana, 1968).
Si se considera a la innovación como el resultado de un sistema de relaciones, indican que no basta la organización de estructuras formales si estas no logran el fortalecimiento de ese sistema. En concordancia, cada vértice está compuesto por múltiples instituciones con distintos decisores, por tanto, las relaciones que se establecen en el triángulo son complejas y con distintas dimensiones: intra-relaciones, inter-relaciones y extra-relaciones, como se muestra en la Figura 1. La base de este modelo fue el planteamiento de la política para el desarrollo de la capacidad técnico-científica de América Latina.
Figura 1. Triángulo de Sábato

Fuente: adaptación propia a partir de Sábato y Botana (1968).
Aunque la propuesta de Sábato trascendía los modelos lineales divulgados por Bush (Olivé, 2007; Ratchford y Blanpied, 2008), es de anotar que se presentaron puntos de polémica. Uno de ellos fue privilegiar al Estado en las interacciones presentadas (Etzkowitz y Leydesdorff, 2000). Posteriormente surgieron los sistemas nacionales de innovación (Lundvall, 1988, 1992; Nelson, 1993), cuyo soporte fueron las teorías de sistemas. Aquí se cuestionaba el hecho de dar a la empresa el papel principal en la innovación (Etzkowitz y Leydesdorff, 2000).
En aquella época, en el entorno socioeconómico no existía evidencia empírica de las relaciones planteadas, por tanto, se configuraba un modelo normativo, una reflexión política que resaltaba la manera cómo la participación de la investigación científica y tecnológica podría llegar a intervenir en la transformación social.
Este planteamiento concuerda con el concepto de sistemas de innovación planteado por Freeman (1987) y Lundvall (1988), en los que sus focos de observación son los “flujos de conocimiento” derivados de las interacciones entre actores distintos. Estas relaciones dinamizan el proceso de producción de conocimiento y permiten la obtención de resultados a partir de la articulación de insumos que llegan a condicionar el grado de innovación de un país.
Más adelante, Etzkowitz y Leydesdorff (1995) presentan el modelo de la triple hélice, de configuración institucional, reconocida como de espirales, cuyo éxito dependía de las interacciones colaborativas entre los participantes.
En este modelo se identificaban tres dimensiones: la triple hélice I, en la cual el Estado es quien fomenta las relaciones entre la industria y la academia, las cuales forman parte del acuerdo con la evidencia empírica representada en la antigua Unión Soviética, algunos países de Europa y Latinoamérica. Por otro lado, en la triple hélice II cada uno actúa de acuerdo con sus papeles tradicionales, sin embargo, inicia la influencia de una sobre otra y predomina la economía de mercado, la cual orienta las decisiones de innovación en ciencia y tecnología (Londoño, 2014). Y en la triple hélice III son añadidas las zonas de intersección entre cada hélice, donde los actores asumen el papel del otro y surgen instituciones de carácter híbrido (firmas spin-off y start-up), a partir del aprovechamiento de los recursos y acción conjunta de las tres esferas, como se muestra en la Figura 2, que se enfoca en la dinámica de la tríada en relaciones transversales, de las cuales se derivan las empresas de base tecnológica, que surgen a partir de procesos de investigación como plataforma de las redes trilaterales.
Figura 2. Redes trilaterales

Fuente: adaptación propia a partir de Etzkowitz (2000).
Las spin outs y start-ups (Koster, 2004) son empresas de emprendimiento de base tecnológica, individuales o grupales, y se diferencian en la forma en que han sido establecidas y en cómo se desarrollan.
Las empresas spin outs generan tecnología y requieren de personal calificado para hacerlo. Son también consideradas de emprendimiento, propias de personas que salen del contexto laboral y llevan su conocimiento a la creación de nuevos negocios basados en el ofrecimiento de productos que requieren de su tecnología.
Las empresas start-up se originan en recursos que generalmente provienen de los emprendedores; conformadas por personas que no pertenecen al sector laboral y que abren sus negocios sin necesidad de tener una experiencia específica en materia de mercadeo, finanzas, recursos de tecnología y factores que requieren mayores estudios.
En contraste, las empresas spin-offs se gestan en el sector industrial, universitario o estatal, con un grupo de expertos investigadores que buscan la innovación de productos, y en el momento de tener los resultados para ofrecerlos al mercado, se consolidan con el apoyo de recursos de las empresas madres en donde han generado todo su potencial (Koster, 2004). Un referente de este tipo de empresas es Google, un spin-off de la Universidad de Stanford.
Algunos autores observan el surgimiento de esta forma empresarial como la tercera misión universitaria y la consideran una deformación del propósito de la universidad investigadora (Slaughter y Leslie, 1997). El anterior punto se contradice con la intención de los países del mundo que se han puesto de acuerdo en que la innovación debe estar unida a la ciencia que genera la universidad, y a la práctica, que permite a la empresa avanzar con nuevas tecnologías para impulsar el desarrollo de las sociedades económicas, según lo evidencia Etzkowitz en los modelos ya planteados (triple hélice).
Por otro lado, Smith y Leydesdorff (2010) manifiestan que la configuración de las redes bilaterales, trilaterales y del modelo en general se reconstruyen a partir de las relaciones de tres dominios: economía, ciencia y política en distintos niveles (regional y nacional), aunados a los efectos estructurales de la globalización.
Cabe anotar que entre los retos existentes en el entorno socio-económico, este modelo presenta reinterpretaciones, tales como los modelos de la cuádruple hélice (Arnkil, et al, 2010) y la quíntuple hélice (Carayannis y Rakhmatullin, 2014), en los cuales se reconoce la influencia de la sociedad y el entorno natural en la creación, difusión y uso del conocimiento. En este aspecto, Arnkil et al. (2010) expresa que el concepto de cuádruple helix (QH) aún no está bien establecido ni ampliamente utilizado en la investigación y la política de innovación, si se tiene en cuenta que algunas de las concepciones acerca de este modelo son muy similares al de la triple hélice. Vale aclarar que el proyecto investigativo se perfeccionó con base en el modelo triple hélice, en tanto que la evidencia empírica demuestra que todavía la articulación entre Empresa -stock de conocimiento-, Universidad y Estado (Cepal, 2015) se encuentra en desarrollo en países de América Latina.
Al igual que el triángulo de Sábato le otorga preponderancia a uno de los actores (el Estado), los enfoques de la triple hélice se la conceden a la universidad como impulsora de las interacciones (Etzkowitz y Leydesdorff, 1996; Etzkowitz, 2000), y establecen a su vez que las incompatibilidades y barreras entre las racionalidades, funciones y roles de los actores pueden corregirse por medio del desplazamiento hacia un “nuevo equilibrio de esferas institucionales superpuestas [...] en el que las colaboraciones y las reglas para la interacción se entienden y negocian más fácilmente” (Etzkowitz 2000, p. 316). Sin embargo, en este modelo se cuestiona la claridad respecto a la forma en que se logra el equilibrio planteado. En adición, Uyarra (2010) y otros autores objetan la generalización en cuanto a la posibilidad de que estas actividades tengan lugar en todas las universidades, en lugar de enfocarse en las relaciones que se demuestran en algunas disciplinas o en determinar otros factores.
2.2 ENFOQUES DEL CONCEPTO DE INNOVACIÓN
Vale la pena señalar que la innovación puede ser abordada desde una perspectiva micro, como una estrategia empresarial que permite la introducción en el mercado de una idea que genera valor (Escorsa y Valls, 2003), y desde una perspectiva macro, como una variable determinante del desarrollo económico (Porter, 1999). Según la OCDE y Eurostat (2005):
La innovación es la introducción de un nuevo, o significativamente mejorado, producto (bien o servicio), de un proceso, de un nuevo método de comercialización o de un nuevo método organizativo, en las prácticas internas de la empresa, la organización del lugar de trabajo o las relaciones exteriores… Es por medio de la innovación que se crea y se difunde un nuevo conocimiento, lo que aumenta el potencial de la economía para desarrollar nuevos productos y métodos de funcionamiento más productivos. (p. 42)
En la anterior definición se comprueban dos distintos tipos de innovación, los cuales tendrán un impacto diferente tanto en la empresa, como en el medio en el cual se desempeña. En este sentido, Freeman y Pérez (1988) afirman que existen innovaciones de tipo incrementales y radicales.
Las innovaciones incrementales se orientan hacia las mejoras en productos, procesos o servicios ya existentes y no necesariamente requieren de nuevo conocimiento, por esta razón los departamentos de producción, diseño y marketing juegan un papel importante. En cambio, las innovaciones radicales se orientan al desarrollo de productos, procesos o servicios completamente nuevos. Es indispensable el uso de nuevo conocimiento y puede haber sido generado a nivel interno, aunque con grandes costos a través de los departamentos de I+D, o adquirido a través de la articulación con otros actores. En ambos casos se entiende que “La innovación implica la utilización de un nuevo conocimiento o un nuevo uso o una combinación de conocimientos existentes” (OCDE, 2002).
Ahora bien, con estos enfoques la universidad puede aplicar el conocimiento en sus distintas disciplinas, aunque todo depende de la escogida para lograr innovar en mayor o en menor grado. En el caso de Ciencias Básicas y Exactas, se podrían articular en gran medida con la innovación radical, en tanto que guardan mayor relación con la investigación básica, cuyo objetivo es “adquirir conocimientos científicos nuevos sobre los fundamentos de los fenómenos y hechos observables” (Escorsa y Valls, 2003, p. 23). Desde la perspectiva de las disciplinas concernientes a las Ciencias Sociales y de la Administración, las innovaciones son de tipo incremental, puesto que parten de un nuevo uso del conocimiento en distintos contextos sociales. La utilización de un nuevo conocimiento o de un nuevo uso desarrollado en la universidad se aplica a través de la interacción con otros actores del Estado, la empresa o la comunidad, siendo esta última, en su mayoría, promovida por entes estatales en pro del desarrollo económico y social de su entorno.
2.3 INDICADORES DE VINCULACIÓN
Basados en la identificación de la universidad como actor clave en el sistema de innovación, y con el propósito de delimitar los aspectos significativos en un posible análisis del impacto social de las actividades de vinculación (AV) emprendidas en el cumplimiento de su tercera misión, el Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad (OCTS-OEI) y la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología (Ricyt) elaboraron el Manual de Valencia, que contiene un sistema de indicadores de las AV, definidas como aquellas actividades que se diferencian de otras desempeñadas por la universidad en el marco de la docencia y la investigación. “[…] se llevan a cabo por fuera de la universidad con actores no académicos” (Estébanez, 2016, p. 66) y analizan tres dimensiones, a saber, contexto institucional, capacidades y actividades para aproximarse de forma amplia a la interacción de la universidad con su entorno, partiendo del enfoque sistémico de la innovación (ver Tabla 2).
Un sistema de indicadores de las actividades de vinculación entre las universidades iberoamericanas y su entorno socioeconómico es muy útil para dotar a las universidades de instrumentos que permitan el desarrollo de estrategias de vinculación de acuerdo con sus características propias. La diversidad y complejidad de los procesos de vinculación y transferencia de conocimientos trajo consigo que la metodología del manual se apoyara en el consenso de un número significativo de Instituciones de Educación Superior y en la realización de aplicaciones piloto, a fin de que los indicadores definidos fueran además de adecuados, factibles y comparables (OCTS-OEI y Ricyt, 2016).
Tabla 2. Dimensiones a considerar en las AV, según el Manual de Valencia
| Dimensión | Descripción | Componentes |
| Contexto institucional. | Desarrollo institucional y normativo que facilita y condiciona la existencia de las actividades de vinculación en la institución. Permite la interpretación de los indicadores de capacidades y actividades. | • Estructura organizacional. • Trayectoria histórica. • Población universitaria. • Recursos financieros. • Dimensión y orientación de la Investigación y el desarrollo. |
| Capacidades. | Condiciones disponibles para generar conocimiento, infraestructura física y organizativa. | • Desarrollo institucional. • Producción científica. • Propiedad intelectual. • Comercialización de infraestructura física. • Emprendimiento (creación de empresas). |
| Actividades. | El uso, aplicación y explotación del conocimiento, y de otras capacidades existentes en la universidad fuera del contexto académico, así como la capacitación, venta de servicios, asesoramiento y consultoría, realizados por las universidades en su entorno. | • I+D contratada con entidades no académicas. • I+D en colaboración con entidades no académicas. • Asesoramiento y consultoría. • Prácticas en entidades no académicas. • Cursos y actividades de formación. • Alineamiento curricular. • actividades de extensión. • Cooperación al desarrollo. • Difusión no académica. • Participación en redes. |
Fuente: elaboración propia a partir de la información disponible en el OCTS-OEI y Ricyt (2017).
La aplicación piloto del Manual de Valencia en Universidades de Iberoamérica en el año 2014, a través de la utilización del set de herramientas que este provee, evidenciaron deficiencias en la disponibilidad y comparabilidad de información (Ricyt, 2016).
En concordancia con la ejecución de la prueba piloto en seis universidades iberoamericanas de España, Argentina, México, Uruguay y Brasil, se logró entrever que la información tiene una accesibilidad variable y depende de la actividad a evaluar; ninguna de las universidades valoradas logró recolectar toda la información solicitada y la mayoría fue fruto de los registros en las oficinas centrales de las instituciones, lo que dificultó la recopilación con respecto a AV no formales, pues los mecanismos de transferencia de conocimiento no dan lugar a algún instrumento jurídico, como en el caso de una patente o licencia (Link et al., 2007), o a convenios por escrito que permitan el hallazgo de algún registro, ya que estos mecanismos parten de actividades que se gestionan a nivel personal, con actores no académicos, en procesos de comunicación informales, lo que origina asistencias técnicas y consultorías por parte del personal de investigación, difíciles de identificar.
Por otra parte, los conceptos y las formas de estructurar la información son distintas en cada universidad, por ejemplo, en algunas de estas instituciones el grupo de investigación puede incluir tanto al personal senior como al de apoyo en actividades de I+D+I, y en otras, solo al senior, lo cual puede afectar la composición de los rubros presupuestarios o variar la comparabilidad.
En el caso de Colombia, el encargado de generar estadísticas con respecto a CTeI es el Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología (OCYT), que anualmente publica un libro de indicadores, donde se identifican algunos relacionados con la vinculación entre la universidad y la empresa a nivel macro. Dichos indicadores son formulados desde el punto de vista de los tomadores de decisiones y hacedores de política pública, con el propósito de dar a conocer información relevante para el análisis de la CTI en el país, y dan cuenta, entre otros asuntos, de la dinámica y evolución de las capacidades del SNCTeI para el periodo, indicadores claves sobre la inversión y financiación en investigación y desarrollo (I+D) y las actividades de ciencia, tecnología e innovación (ACTI) desde la perspectiva pública y privada. También la formación, capacidades, producción científica, propiedad industrial e innovación, los resultados de la percepción pública de la ciencia y la tecnología e información sobre Tecnologías de información y comunicaciones (TIC). Si bien en Colombia se aplican indicadores que permiten entrever la relación de las universidades con entidades del Estado en lo que respecta a recursos, aún no se aplican, por parte de las entidades encargadas de generar estadísticas, indicadores agregados, directamente ligados a la evaluación de las actividades de vinculación de la universidad con su entorno, que posibiliten determinar el resultado de sus esfuerzos tendientes al relacionamiento con actores del sector productivo y social.
En este orden de ideas, el avance en cuanto al desarrollo de indicadores que midan el impacto socioeconómico de la ciencia y la tecnología es aún incipiente, debido a la complejidad de las variables a considerar, pues se trata de procesos relacionados con el conocimiento, un recurso intangible y difícil de medir en su relación con contextos sociales, los cuales a su vez pueden ser abordados desde múltiples aristas.
3. ESCENARIO DE LA CIENCIA, TECNOLOGÍA, INNOVACIÓN Y COMPETITIVIDAD EN COLOMBIA
La relación entre la universidad, las empresas y el Estado ha sido poco estudiada en los países en desarrollo, entre ellos Colombia. No obstante, se puede observar que estos actores están en el proceso de consolidar la importancia que implica esta alianza, específicamente en la transferencia de conocimiento como motor para el desarrollo de las regiones y del país a nivel del mundo.
En la actualidad, la ciencia, la tecnología y la innovación (CteI) han tomado tal importancia, que son considerados componentes estratégicos en el desarrollo económico y social, por lo que la transformación no solo es regional, sino de los países en general. Para este efecto, se han adelantado procesos de fortalecimiento de competitividad sectorial, que favorecen el avance de la ciencia y la tecnología a nivel nacional. Con base en este acuerdo y en apoyo a las políticas desplegadas, se pone en marcha la Política Nacional de Competitividad y Productividad, en la cual se establecen cinco aspectos: 1) desarrollo sectorial o de clústeres de clase mundial, 2) salto en la productividad y el empleo, 3) formalización empresarial y laboral, 4) fomento a la ciencia, la tecnología y la innovación y 5) estrategias transversales de promoción de la competencia y la inversión (Departamento Nacional de Planeación, 2008).
3.1 NORMATIVIDAD
Una iniciativa fundamental para el desarrollo científico y tecnológico del país es la Ley 1530 de 2012 (Congreso de Colombia, 2012), que establece la organización y el funcionamiento del Sistema General de Regalías (SGR), a fin de promover el uso eficiente y la destinación de los ingresos generados a partir de la explotación de los recursos naturales no renovables. Esta ley instituye el Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación con el objeto de incrementar la capacidad científica, tecnológica, de innovación y competitividad de las regiones, a través de proyectos que aporten a la producción, utilización, integración y apropiación del conocimiento en el aparato productivo y en la sociedad en general. Aquí se integran los proyectos relacionados con la biotecnología y las TIC, con el objeto de contribuir al progreso social, al dinamismo económico, al crecimiento sostenible y a una mayor prosperidad para todos.
Es esencial señalar que, por mandato constitucional, a este fondo se destina el 10 % de los recursos generados por el SGR, para el impulso de programas y proyectos de CteI que integren actividades de investigación y desarrollo, innovación, formación, capacitación científica y tecnológica y servicios científicos y tecnológicos. Estos recursos serán asignados en función de indicadores de necesidades básicas insatisfechas, población y desempleo (Congreso de Colombia, 2011).
Los objetivos de investigación e innovación para el desarrollo social tienen como referentes los planteados en el Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010 y en la visión 2019. Estos se enfocaron en el desarrollo social sostenido mediante la reducción de la pobreza, la desigualdad y los índices de violencia, entre otros, junto con los denominados Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), siendo considerados un compromiso nacional con la comunidad internacional, que reconoce algunos avances como la puesta en marcha de proyectos en donde se involucren empresarios y grupos de investigación e innovación de las universidades, centros e institutos de investigación; la formación a nivel tecnológico liderada por el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) y la consolidación del sector de biocombustibles, potencialmente estratégico en el país.
En el ámbito nacional existen antecedentes de carácter institucional, normativo y organizacional frente a la ciencia, la tecnología y la innovación. De acuerdo con el documento Conpes 3582 (Departamento Nacional de Planeación, 2009), los avances sobre la institucionalización de CteI se han constituido en tres etapas principales, como se muestra en la Tabla 3.
Tabla 3. Avances sobre la institucionalización de CTeI
| Años | Etapas |
| 1968 - 1989 | Basada en la financiación de estudios en el exterior, para la formación de recurso humano y de grupos de investigación en el país. |
| 1990 -1999 | Se concentró en la inversión en infraestructura y equipos para el desarrollo de investigación en el país. |
| 2000 a la actualidad | Los fines se han estado direccionados hacia la consolidación de las capacidades establecidas en las fases anteriores. |
Fuente: elaboración propia (2018).
3.2 INSTITUCIONALIDAD
La institucionalidad en la temática se ha impulsado desde la década de 1990, durante la cual se creó el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología (SNCyT), por medio del decreto 585 de 1991, que contó con Colciencias como secretaría técnica y cuyo objetivo principal fue la articulación eficiente de las actividades científicas y tecnológicas, según los requerimientos y problemáticas de los diferentes sectores colombianos.
Respecto a las iniciativas para la promoción de la competitividad a nivel nacional, creadas entre 2006 y 2009, se encuentran las Comisiones Regionales de Competitividad (CRC) para los 32 departamentos del territorio nacional, con la figura de organismos para la concertación pública y privada (Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, 2012).
A través de artículo 33 de la Ley 1450 de 2011, por la cual se expidió el Plan Nacional de Desarrollo 2011–2014 (Congreso de Colombia, 2011), se dispuso que la función de la CRC es coordinar y articular en cada región la implementación de las políticas de desarrollo de competitividad y productividad, de fortalecimiento de la micro, pequeña y mediana empresa, y el fomento de la cultura para el emprendimiento a través de las demás instancias, tales como los Comités Universidad-Empresa-Empresa, los Consejos Departamentales de Ciencia, Tecnología e Innovación (Codecti), Comités de Biodiversidad, Redes Regionales de Emprendimiento, Consejos Regionales de Pyme, Consejos Ambientales Regionales, Comités de Seguimiento a los Convenios de Competitividad e Instancias Regionales promovidas por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural.
En el caso de Colombia, las experiencias en materia de relaciones UEE se desarrollan de manera más visible y formal desde 2007, cuando el Ministerio de Educación Nacional apoyó la gestación de ocho Comités Universidad Empresa Estado (CUEE), verbigracia, CUEE Santander, CUEE eje cafetero, CUEE Valle, CUEE Bogotá, CUEE costa Caribe, CUEE Tolima-Huila, CUEE Nariño-Cauca y CUEE Antioquia. En el caso de este último, se observa un gran avance en relación con los demás, por los resultados de innovación evidenciados como producto de las relaciones de dicha triada (Ramirez y Valderrama, 2010).
Los portafolios de los comités constituyen un logro en materia de focalización en sectores estratégicos en el mediano y largo plazo. Cada comité representa una región, y con ella sus particularidades; la identificación de sectores vitales para realizar acciones de investigación, innovación y transferencia de tecnología es importante para el desarrollo económico. Los sectores identificados por región se clasifican de la siguiente manera:
• Bogotá región: agroindustria y alimentos, autopartes, software, cosméticos y plásticos.
• Nariño-Cauca: agrocadenas, cafés especiales, artes gráficas, industria metalmecánica, ganadería, turismo y software.
• Valle: TIC, bioindustria y salud.
• Eje cafetero: agroindustria, metalmecánica, biotecnología, TIC turismo.
• Costa Caribe: energético, ambiental, nuevos materiales y gestión empresarial.
• Tolima-Huila: agroindustria, turismo, comercio, logística, educación y salud.
• Antioquia: energía, agroindustria, biotecnología, TIC, salud, ambiente, infraestructura, madera, pulpa y papel.
• Santander: gestión empresarial, telecomunicaciones, energía, materiales, informática, automatización, ambiental y software.
De igual manera, con la Ley 1286 de 2009, que busca fortalecer el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología para lograr un modelo productivo sustentado en la ciencia y la innovación, se espera que los CUEE se conviertan en unidades que impulsen la transferencia de conocimiento al sector empresarial, que sean aliados estratégicos para el desarrollo económico de las regiones, emprendan acciones con actores regionales de vital importancia para la investigación, como los Codecyt, y contribuyan a la apropiación social de la ciencia y la tecnología, dado que son un caso exitoso de investigación aplicada, trabajo colaborativo y articulación efectiva entre sectores. Así mismo, que promuevan pasantías de investigadores, para que los recursos e infraestructura de las empresas estén al servicio de la investigación en la solución de problemas reales, y fomenten la formación del recurso humano para el uso efectivo del sistema de propiedad intelectual (Ministerio de Educación, 2009).
3.3 ANTECEDENTES DE LA POLÍTICA PÚBLICA NACIONAL DE COMPETITIVIDAD
De acuerdo con el propósito central de este escrito, el análisis de la Política Pública Nacional de Competitividad se realiza en torno al eje de Ciencia, Tecnología e Innovación y su implicancia con las alianzas estratégicas en el Valle del Cauca. Por consiguiente, se presenta una síntesis de la consolidación del eje de Ciencia, Tecnología e Innovación y su relación con la Universidad-Empresa-Estado a través de los CUEE en la Política Pública Nacional de Competitividad.
Colombia cuenta con la Política Pública Nacional de Competitividad y Productividad implementada formalmente en el año 2008 y es oportuno aclarar que esta política tiene sus raíces en la década de 1990 con el surgimiento de la apertura económica. A continuación se detallan los avances que en los distintos periodos de gobierno se lograron en esta materia.
Periodo 1990-1994: en la administración del presidente César Gaviria Trujillo se da el primer acercamiento a la generación de un marco institucional para la competitividad en Colombia, como respuesta a los procesos de internacionalización de la economía y la apertura comercial en los que el país comenzaba a incursionar. Dicha aproximación se dio a través de dos elementos principalmente: los siete estudios sobre la competitividad sectorial desarrollados por la firma Monitor Group y la expedición del Conpes 2652 de 1993, donde se delinearon estrategias dirigidas a la consolidación del proceso de apertura económica.
De igual forma, se efectuaron importantes reformas institucionales en relación con el capital humano, donde se destacaron la reestructuración del SENA y la Ley de Ciencia y Tecnología de 1990, que fomentaban la tecnificación de la masa laboral y la labor investigativa, respectivamente, y la promoción comercial por medio de la creación de dos entidades determinantes en el marco de apertura económica: Proexport y Bancoldex.
Periodo 1994 - 1998: durante la administración del presidente Ernesto Samper Pizano se realizaron significativos avances en la formulación de una estrategia integral de competitividad, en la cual se instauró un nuevo marco institucional con el objetivo de fomentar una cultura exportadora basada en la productividad, con énfasis en políticas industriales.
Dicha estrategia fue implementada en dos escenarios institucionales: los Acuerdos Sectoriales de Competitividad (ASC), que establecieron un espacio de concertación público-privada para afrontar ciertos retos transversales como el management, la productividad y la calidad; la tecnología, los recursos humanos, la infraestructura y los marcos legales; y la creación del Consejo Nacional de Competitividad (Congreso de Colombia, 1991), que tenía directiva presidencial y desde donde se coordinaba y se abrían los espacios para la interlocución de actores alrededor de factores estratégicos, tales como la innovación y el capital humano.
La Política Nacional de Ciencia y Tecnología que inició con el Conpes 2739 de 1994, propuso un estudio de la situación de los factores limitantes de la innovación, y fue a partir de este análisis que se plantearon fuentes de financiación, seguimiento y evaluación con miras a apoyar la política de competitividad.
Una de las primeras iniciativas que contó con la intervención directa del sector privado fue la política de reconversión y modernización industrial, que propuso diferentes canales de apoyo y financiamiento para el rediseño, evaluación y promoción de la productividad del capital. Finalmente, se expuso una estrategia de infraestructura para la competitividad, la cual buscaba también el respaldo de la empresa privada para la financiación y estructuración de los grandes proyectos, a fin de lograr una mejor asignación de los riesgos.
En relación con el factor humano, se dio espacio al estudio del llamado Consejo de Sabios, el cual concluyó que el énfasis y primer obstáculo a superar en materia de competitividad era el bajo nivel de educación y el escaso presupuesto para la investigación y el desarrollo. Este informe enfatizó, igualmente, en la necesidad de procesos y seguimiento a la calidad y la pertinencia de la estrategia educativa del país. Por último, es importante mencionar que, aunque este conjunto de iniciativas constituía la primera propuesta integral de un sistema de competitividad, la compleja coyuntura política que rodeó a la administración impidió la correcta ejecución de la misma durante su cuatrienio (ver Tabla 4).
Tabla 4. Antecedentes Política Publica 1990-1998
| Gaviria (1990-1994) | Samper (1994-1998) |
| Ministerio de Desarrollo. | Primera Estrategia Nacional de Competitividad. |
| Estudios monitor nacionales. | Directiva Presidencial para el Consejo Nacional de Competitividad. |
| Ley de Ciencia y Tecnología. | Sistema Nacional de Innovación. |
| Proexport y Bancoldex. | Reestructuración del IFI. |
| Reestructuración del SENA. | Consejo de Sabios. |
| Estudios monitores regionales. | Política de Ciencia y Tecnología. |
| Zonas francas. | Acuerdos de competitividad con las cadenas productivas. |
Fuente: Fedesarrollo (2013).
Entre los años 1998 y 2002, durante el gobierno de Andrés Pastrana Arango, se proyectaron fundamentalmente dos estrategias, las cuales contenían elementos de la estructura institucional propuesta por el gobierno anterior, y que formulaban un enfoque más explícito, basado en políticas de asociatividad.
Desde el Plan de Desarrollo, denominado Cambio para construir la paz, se les otorgaron a las exportaciones un rol preponderante, con base en el cual se plantearía la primera política de mediano plazo. También se creó una nueva institución que coordinaría y permitiría la interlocución de actores, la cual se denominó Red Colombia Compite. Esta sirvió de nodo para la coordinación de lo sectorial, regional y transversal durante este cuatrienio.
Por directiva ministerial se formuló la Política Nacional para la Productividad y la Competitividad, impulsada a modernizar el aparato productivo colombiano y a generar un ambiente propicio para el desarrollo empresarial. Se reconoció la necesidad de la articulación público-privada, incluida la academia. A pesar del dinamismo dado desde el Ministerio de Comercio Exterior a estas propuestas, se presentaron fallas al vislumbrar el liderazgo presidencial en materia de competitividad y ubicarlo a nivel ministerial, y reducir el alcance de las propuestas de competitividad al comercio exterior (Castro, 2013).
3.3.1 Creación del Sistema Nacional de Competitividad y la Política Pública Nacional de la Competitividad y Productividad
Desde el primer mandato del presidente Álvaro Uribe Vélez se propendió por una nueva iniciativa de competitividad, en respuesta a los desafíos relacionados con la negociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. La Agenda Interna para la Competitividad buscaba identificar las necesidades y oportunidades derivadas de los procesos de internacionalización de la economía y su implicación para las regiones y los distintos sectores de la economía.
A finales del año 2006 se hizo latente la necesidad de realizar ajustes al arreglo institucional, por diversas razones: hacía falta una instancia de coordinación interinstitucional del Gobierno nacional, se requería involucrar más directamente la perspectiva del sector privado en el diseño de las políticas públicas, se precisaba crear instancias de coordinación a nivel de las regiones, así como un efectivo sistema de seguimiento y monitoreo a las políticas. En suma, era necesario implantar un verdadero sistema nacional de competitividad, con coordinación interinstitucional, articulación público-privado, nacional-regional y con mecanismos de seguimiento y monitoreo.
Dado esto, el gobierno de Uribe Vélez, mediante el Decreto 2828 de 2006, instauró el Sistema Nacional de Competitividad, el cual tenía la siguiente estructura: la Comisión Nacional de Competitividad, la Coordinación Nacional de Comisiones Regionales y la Secretaría Técnica Mixta (ver Tabla 5).
Tabla 5. Antecedentes de la Política Pública de Competitividad 1998-2006
| Pastrana (1998-2002) | Uribe (2002-2006) |
| Política Nacional de Productividad y Competitividad. | Sistema y Comisión Nacional de Competitividad. |
| Red Colombia Compite: políticas transversales, regionales y sectoriales. | Consejo Privado de Competitividad. |
| 32 Comités Público Privados Regionales (Carces) y 41 cadenas productivas. | Optimización de los instrumentos de desarrollo empresarial. |
| Plan Estratégico Exportador 1999-2009. | Alta Consejería para la Competitividad. |
| Jóvenes Emprendedores Exportadores. | Agenda interna. |
| Marco jurídico para las pymes. | Ley de Cadenas Agro. |
Fuente: Fedesarrollo (2013).
El Sistema Nacional de Competitividad se estructuró entonces desde la nueva Comisión Nacional de Competitividad, y al mismo tiempo contó con la Alta Consejería para la Competitividad. Con esta nueva jerarquía se analizaron y propusieron los siete sectores con gran potencial, aquellos denominados “sectores de clase mundial”.
La Comisión Nacional de Competitividad es el espacio de encuentro donde los representantes del Gobierno nacional, el sector privado, los trabajadores, las universidades y las entidades territoriales diseñan las políticas de competitividad, el curso de acciones a seguir y los mecanismos de seguimiento para asegurar su cumplimiento y permanencia en el tiempo. La Alta Consejería Presidencial para la Competitividad y la Productividad tiene la coordinación general de la comisión, la cual es presidida por el presidente de la República (Departamento Nacional de Planeación, 2008).
Del Sistema Nacional de Competitividad también forman parte las Comisiones Regionales de Competitividad, establecidas en coordinación con las autoridades de las entidades territoriales correspondientes, y cuya aceptación es otorgada por la Comisión Nacional de Competitividad, según condiciones acordadas.
Los antecedentes de la formulación de la Política Pública de Competitividad permiten deducir que, desde los estudios que la originaron en Colombia, se ha procurado el dialogo entre lo público y lo privado para concertar los mejores planes de acción que se beneficien de la rapidez del actuar de los privados y de los instrumentos de política del sector público. No obstante, durante los primeros años de la aproximación al diseño de esta política, la interlocución entre lo público y lo privado recaía en generar listas de tareas para el sector público; así, entre lo transversal y lo sectorial, entre lo público y lo privado, y entre lo nacional y lo regional, muchas iniciativas se diluyeron en el aparato institucional sin que llegaran en algún momento a beneficiar y a cumplir con los objetivos para las cuales fueron concebidas.
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