Kitabı oku: «¿Campesinos, indígenas y migrantes?»

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Martínez Cuero, Julieta

¿Campesinos, indígenas y migrantes? : articulación de distintos modos de producción en Los Altos de Chiapas / Julieta Martínez Cuero, autora. - - México : Universidad Autónoma Metropolitana : Juan Pablos Editor, 2021

1a. edición

265 p. : ilustraciones ; 14 x 21 cm

ISBN: 978-607-28-2117-0 UAM Edición impresa

ISBN: 978-607-711-618-9 Juan Pablos Editor Edición impresa

ISBN: 978-607-28-2193-4 UAM e-book

ISBN: 978-607-711-630-1 Juan Pablos Editor e-book

T. 1. Migración rural - México T. 2. Desarrollo rural - México

HB1992 M37

Primera edición: 2021

¿CAMPESINOS, INDÍGENAS Y MIGRANTES? ARTICULACIÓN

DE DISTINTOS MODOS DE PRODUCCIÓN EN LOS ALTOS DE CHIAPAS

Julieta Martínez Cuero

Diseño de portada: Daniel Domínguez Michael

D.R. © 2021, Julieta Martínez Cuero

D.R. © 2021, Universidad Autónoma Metropolitana

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ISBN: 978-607-28-2117-0 UAM Edición impresa

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ISBN: 978-607-711-630-1 Juan Pablos Editor e-book

Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada o transmitida, por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma y por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, sin el permiso previo y por escrito de los editores.

La presente publicación pasó por un proceso de dos dictámenes (doble ciego) de pares académicos avalados por el Consejo Editorial de la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la UAM-Lerma, que garantizan su calidad y pertinencia académica y científica

Impreso en México/Printed in Mexico

Juan Pablos Editor es miembro de la Alianza de Editoriales Mexicanas Independientes (AEMI). Distribución: TintaRoja <www.tintaroja.com.mx>

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

MÁS ALLÁ DE UNA CATEGORÍA TEÓRICA: EL CONCEPTO DE MODO DE PRODUCCIÓN

La conceptualización del modo de producción en Marx

Un instrumento teórico-analítico

Importancia y operatividad del concepto modo de producción

BASES TEÓRICAS PARA EL ESTUDIO DEL CAMPESINADO

El problema de la articulación, discusión teórica de los años setenta

Teorías de la articulación

El concepto de campesino: debate científico

Estudios sobre el campesinado mexicano

Campesinos, capitalismo e indígenas

TRES CASOS DE ESTUDIO EN LOS ALTOS DE CHIAPAS

San Juan Chamula

San Pedro Polhó, una comunidad Zapatista

San Cristóbal de Las Casas

LOS NUEVOS ESCENARIOS DE UNA VIEJA DISCUSIÓN

La articulación de distintos modos de producción: una confrontación histórica

¿Campesinos, indígenas, proletarios y migrantes?

Desagrarización, nueva ruralidad, proletarización

Grupos de transformación: diferentes grados de articulación

El impacto de la migración internacional en la región de estudio

REFLEXIONES FINALES

ANEXOS. LOS ALTOS DE CHIAPAS: UN CRISOL PLURICULTURAL

MODELOS DE ENTREVISTAS

BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE DE ILUSTRACIONES, CUADROS Y GRÁFICAS

INTRODUCCIÓN

Los Altos de Chiapas es una de las regiones de mayor riqueza cultural de todo México, se encuentra entre montañas y es descrita como mágica y enigmática, capaz de atraer la atención del mundo entero. La convivencia histórica entre indígenas, mestizos y extranjeros ha sido motivo de distintas investigaciones. En este libro se analiza, desde la economía y la antropología, la coexistencia y articulación de distintos modos de producción en los casos de San Juan Chamula, San Pedro Polhó y San Cristóbal de Las Casas. La región es un crisol pluricultural con desigualdades económicas entre los diferentes sectores de la población que se explican por un cúmulo de procesos históricos que han marcado distintas formas de inserción del capitalismo en la región. En Chiapas existen nueve regiones socioeconómicas y es en Los Altos en la que se concentra el mayor porcentaje de población indígena de la entidad. En los municipios en los que enfoca el estudio, la población indígena tzotzil es porcentualmente significativa con 98%, mientras que en San Cristóbal de Las Casas confluye población indígena de distintas etnias, población mestiza y un elevado contingente de población internacional. La actividad económica está orientada principalmente al sector agropecuario con 74% de la población económicamente activa (PEA). De toda la región, San Cristóbal de Las Casas es el único municipio que está orientado al sector servicios, con 68% de la PEA. La elección de la zona de estudio responde a estas características y a la inquietud por comprender las causas y los efectos de la reconfiguración de las relaciones sociales de producción considerando, además, los crecientes flujos migratorios de indígenas campesinos hacia Estados Unidos.

El objetivo general de este libro es recuperar una cuestión aparentemente culminada en la década de 1970; es decir, los procesos de confrontación, integración y absorción de las economías no capitalistas por el sistema dominante. El núcleo de la investigación, considerando la actual reconfiguración del espacio rural, está centrado en validar la pertinencia de regresar a los estudios del campesinado mediante la recuperación del concepto “modo de producción” como elemento analítico. Se trata de un análisis cuantitativo y cualitativo en el que se establece un constante diálogo entre la teoría y la evidencia empírica. Los objetivos particulares del trabajo son cuatro. El primero, tratar de paliar la ausencia de investigaciones dedicadas a problemas contemporáneos de las comunidades campesinas indígenas en la literatura económica, contemplando que los estudios enfocados a la población indígena han sido ignorados por los economistas y/o relegados a otras disciplinas, como la antropología o la sociología. El segundo, validar la vigencia y pertinencia del uso de la categoría teórica “modo de producción” en la explicación de las nuevas realidades del campo mexicano y de los escenarios de la confrontación actual, abordando temas como la crisis agrícola, el proceso de desagrarización, la nueva ruralidad y los flujos migratorios internacionales, entre otros. El tercer objetivo es dar cuenta de la coexistencia y confrontación de distintos modos de producción en Los Altos de Chiapas. Para alcanzar este objetivo se atienden tres aspectos: a) la especificación del modo de producción dominante en cada uno de los tres casos de estudio: San Juan Chamula, San Pedro Polhó y San Cristóbal de Las Casas; b) las contradicciones surgidas a partir de la articulación, en diferentes niveles, de distintos modos de producción, y c) la persistencia del rezago económico de las comunidades indígenas como efecto de dicha confrontación. El cuarto objetivo es de orden teórico y práctico; es decir, establecer un método de análisis interdisciplinar entre la economía y la antropología.

No obstante, vale la pena señalar que establecer la coexistencia de distintos modos de producción y el análisis de la cuestión agraria no es lo novedoso de este trabajo. La originalidad estriba en dar cuenta de los nuevos escenarios en los que dichos modos de producción coexisten y se transforman. De esa manera, se trae al presente la esencia de la discusión de la década de 1970, pero reconfigurándola mediante la construcción de argumentos actuales. Así, por ejemplo, se especifica al modo de producción dominante en los tres casos de estudio a partir del examen de las relaciones sociales de producción y de sus funciones de control, reparto y organización de las fuerzas productivas y de los frutos del trabajo. Al mismo tiempo, se analizan las relaciones con el sistema dominante en diversos niveles: local, regional, nacional e internacional. Se presentan aspectos relevantes en la articulación diacrónica y sincrónica entre San Juan Chamula, San Pedro Polhó y San Cristóbal de Las Casas, con especial atención en los efectos que supone la confrontación en cada uno de los modos de producción. De esta forma, se verifica la vigencia del concepto modo de producción, concebido por Marx e interpretado por Godelier, como instrumento analítico en la explicación de una problemática concreta.

El trabajo se divide en cinco capítulos. En el primero, se reflexiona sobre la validez de regresar a los estudios del campesinado mexicano a través de la óptica de la articulación-confrontación de distintos modos de producción, explicando la operatividad y especificidad que permite el concepto mismo de modo de producción. En el segundo, se exponen las bases teóricas para el estudio del campesinado, retomado la discusión surgida en la década de 1970, las teorías de la articulación, el debate científico sobre el concepto de campesino, estudios previos sobre la cuestión agraria en México y, finalmente, se presenta un marco teórico-analítico conformado por los conceptos de “campesinos”, “capitalismo” e “indígenas”. En el tercero, se exponen los hallazgos de la investigación bibliográfica y de campo especificando los modos de producción coexistentes en San Juan Chamula, San Pedro Polhó y San Cristóbal de Las Casas. En este apartado se sientan las bases para un posterior examen crítico acerca de la articulación y/o confrontación de distintos modos de producción en Los Altos de Chiapas. En el cuarto capítulo, se da cuenta de los nuevos escenarios de una vieja discusión, abordando la articulación de distintos modos de producción como una confrontación histórica pero con transformaciones constantes al interior y exterior de las comunidades indígenas. Además, se atienden los procesos de una nueva ruralidad y de los flujos migratorios que ilustran los diferentes grados de articulación entre la región y la economía global. En este punto se recurre a la antropología simbólica, presentando los resultados a través de grupos de transformación. En el quinto capítulo se exponen algunas ideas que, lejos de pensarse como conclusiones, buscan ser una invitación a continuar reflexionando sobre la confrontación de distintas formas de producir, organizar y consumir. Finalmente, es importante mencionar que este trabajo, de casi cinco años de investigación, se realizó a partir de una propuesta metodológica interdisciplinar estableciendo un diálogo constante entre la economía y la antropología con el fin de integrar tanto al hombre antropológico como al hombre económico.

MÁS ALLÁ DE UNA CATEGORÍA TEÓRICA:
EL CONCEPTO DE MODO DE PRODUCCIÓN

Este capítulo se presenta en dos partes. En la primera, de carácter analítico y metodológico, se aborda la conceptualización de los modos de producción asiático y doméstico con el fin de evitar confusiones teóricas y metodológicas. En la parte analítica, ofrecemos una síntesis del concepto de modo de producción con el objetivo de clarificar cómo a partir de esta categoría teórica es posible tratar, entender y asimilar la coexistencia de distintos modos de producción. En la segunda parte se justifica la elección de la región de estudio.

LA CONCEPTUALIZACIÓN DEL MODO DE PRODUCCIÓN EN MARX

Las categorías teóricas de modo de producción y de formación socioeconómica corresponden al sistema dialéctico de Marx, formulado principalmente en el prefacio de la Contribución a la crítica de la economía política (1859a). Esta categoría teórica es central en la elaboración de la teoría marxista sobre la evolución de las sociedades (Godelier, 1975). De acuerdo con Palerm (1976a), la noción de modo de producción fue concebida por Marx en un grado muy alto de abstracción debido a su nivel de análisis aplicado a estructuras y procesos sociales únicos; el propósito era poner al descubierto las relaciones esenciales entre cualquier sistema social de producción y las formaciones socioeconómicas que se originan al interior. Su validez como instrumento analítico no reside en su adecuación formal y estricta al estudio de una determinada sociedad, sino a su construcción mediante el estudio de las estructuras sociales específicas. Es decir, el concepto modo de producción no es una categoría teórica preestablecida y estática que sólo sirva para describir.

Palerm (1976a:70-72) define al modo de producción como una abstracción, tanto más valida cuanto más abstracta, a través de la forma en que los hombres se organizan y se relacionan con la naturaleza para satisfacer sus necesidades humanas en el que las relaciones sociales de producción son el eje de análisis. En su aplicación se estudia la estructura, el funcionamiento y el proceso histórico y se señala su utilidad analítica en el estudio de sociedades campesinas, al sistema colonial y a las civilizaciones antiguas.

El término de “modo de producción asiático” aparece en los textos de Marx, principalmente en los Grundrisse (1857). Su formulación no corresponde con el modo de producción feudal, esclavista y/o capitalista; más bien describe sistemas con una producción basada en la agricultura y en la propiedad colectiva. En este modo de producción existe un Estado autocrático y una casta social que dirige los trabajos públicos y se apropia del excedente a través de la imposición de tributos a otras comunidades que se sirven de los recursos hidráulicos. Según Marx (1859a, 1859b), dicho modo de producción es una forma social derivada directamente de las sociedades basadas en el parentesco, constituidas por las antiguas comunidades aldeanas regidas por una “unidad” superior. De tal suerte, en el modo de producción asiático la organización económica está fundada en lo establecido por la instancia política, debido a que las de las relaciones sociales de producción están determinadas por la estructura de poder, dada la propiedad de los medios de producción. Finalmente, cabe mencionar que en este modo de producción cada unidad productiva dispone de fuerzas productivas en virtud de su pertenencia a la comunidad, estructurada según sus relaciones de parentesco.

Otra categoría teórica que conviene señalar es el “modo de producción doméstico”, enunciada en la obra de Claude Meillassoux: Mujeres, graneros y capitales (1975). En este trabajo se define a las unidades domésticas agrícolas como un único sistema económico y social en el que se dirige la reproducción social de los individuos a partir del sistema de parentesco, mismo en el que también intervienen aspectos culturales, políticos y sociales. La relación que se establece entre el modo de producción doméstico y el sistema capitalista se realiza a través de la utilización de la fuerza de trabajo originada en las unidades domésticas por el sistema dominante. Meillassoux supone que el capitalismo utiliza mano de obra inmigrante que no considera en sus costos de producción y que la expulsa cuando no la necesita. El autor llega a considerar que esta relación no es transitoria o pasajera, sino que es un mecanismo inherente a la lógica de reproducción del capitalismo. Finalmente, la reproducción del modo de producción doméstico implica intercambios bilaterales o multilaterales entre diversas comunidades; además, no se trata de un proceso natural sino más bien de una empresa política (Meillassoux, 1975:73).

Otro término que aparece en la obra de Marx, de gran utilidad en el análisis diacrónico y sincrónico de las sociedades, es el de “formación socioeconómica”, escrito en el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política. Esta categoría teórica permite estudiar a la sociedad en su totalidad considerando la coexistencia de distintos modos de producción en un mismo lugar y tiempo. Mediante este concepto se establece la combinación de las relaciones sociales de producción y se identifica la dominación de uno de los modos de producción sobre el resto a través de la forma de propiedad predominante y no única en la sociedad. De esa manera, cada formación socioeconómica está condicionada por el desarrollo de las fuerzas productivas que, a su vez, están determinadas en una relación bidireccional con la superestructura.

UN INSTRUMENTO TEÓRICO-ANALÍTICO

El concepto de modo de producción es un instrumento analítico que permite analizar y comparar los elementos esenciales de diferentes lógicas económicas. Mediante esta categoría teórica se puede encontrar, comprender y asimilar la estructura base con la que funcionan las economías campesinas indígenas. Al mismo tiempo, permite evidenciar las diferentes relaciones sociales, económicas y culturales que tienen lugar en el marco de las contradicciones que resultan de la confrontación de distintos modos de producción. La comprensión del concepto exige una amplia profundización en la teoría marxista. Profundización que, desde luego, no resulta ser simple ni fácil de entender, entre otras cosas por el debate entre el concepto de “infraestructura” y su relación con la “superestructura”. Por ello, lo que se pretende en las siguientes líneas es apuntar hacia los elementos clave sobre el concepto, retomados de la revisión teórica de los trabajos de Maurice Godelier (1964), Juan Castaingts (1979), Chesneaux (1973), Pierre-Philippe Rey (1973) y Houtart F. (1989).

La noción de modo de producción, tal y como la presenta Karl Marx (1857, 1859a, 1859b), se fundamenta en el desarrollo de las fuerzas productivas y en las relaciones sociales presentes en la producción y reproducción de un determinado sistema económico. De acuerdo con Maurice Godelier (1964), desde la teoría marxista el concepto de modo de producción se considera central en el estudio de la evolución de las sociedades. A partir de este enfoque se interpreta la historia mediante las estructuras esenciales de las sociedades, explicando sus fundamentos y poniendo de manifiesto las leyes de su evolución. El intento de explicar las sociedades con base en sus transformaciones condujo a Marx y a Engels a la recopilación de un importante material empírico relativo a diferentes tipos de formaciones sociales; es decir, los modos de producción. En esa dirección, Marx resalta la estrecha relación existente entre estructura y superestructura.

De acuerdo con Castaingts (1979), Godelier señala que el concepto de infraestructura designa la combinación cada vez más específica de tres aspectos de la realidad: las condiciones ecológicas y geográficas, las fuerzas productivas y el conjunto de representaciones sociales del ecosistema y de las fuerzas productivas.

Las condiciones ecológicas y geográficas están dadas en una sociedad y es a partir de ellas que los hombres extraen los medios materiales de existencia. Las fuerzas productivas se refieren a los medios materiales e intelectuales que el hombre inventa y transforma constantemente para su aplicación en distintos procesos productivos. Mediante las relaciones sociales de producción se determinan los mecanismos que permiten asegurar el acceso y el control social de las fuerzas productivas, la distribución de la fuerza social del trabajo y el reparto de los frutos del trabajo. Finalmente, el tercer elemento de la infraestructura se refiere al conjunto de representaciones sociales del ecosistema y de las fuerzas productivas, así como la totalidad de los medios lingüísticos necesarios para expresarlos y comunicarlos. De acuerdo con Godelier, las representaciones sociales del ecosistema y de las fuerzas productivas son elementos infraestructurales, debido a que sin estos elementos ningún proceso de trabajo podría existir ya que no se podrían transmitir de generación en generación.

ILUSTRACIÓN 1

ESQUEMA CONCEPTO DE MODO DE PRODUCCIÓN

(MARX, GODELIER Y CASTAINGTS)


FUENTE: elaboración propia.

La noción de modo de producción que empleamos en la investigación contiene las interpretaciones y aportes realizados por Godelier a la concepción original de Marx, así como los ajustes propuestos por Castaingts (2012). Las aportaciones teóricas y analíticas que Godelier hizo a la concepción original del modo de producción deben subrayarse por su importancia en ésta y en otras investigaciones. La plurifuncionalidad y jerarquización de las estructuras permite identificar y diferenciar el papel de la política, la religión y el parentesco en las relaciones sociales de producción. Los ajustes de Castaingts (2012) se refieren a los procesos administrativos y a las relaciones de poder que resultan ser esenciales en las relaciones sociales de producción.

Lo primero que salta a la vista del esquema de la ilustración 1 es la idea de que la infraestructura es determinante en la construcción del concepto de modo de producción; por lo tanto, su aplicación analítica exige partir de la realidad que se busca estudiar y no de una idea preconcebida. Es decir, la manera en que se presentan y desarrollan cada uno de los elementos de la infraestructura es única para cada sociedad, considerando las distintas jerarquías que existen entre las distintas estructuras. Consecuentemente, el concepto de modo de producción exige un contacto directo con la realidad y un acercamiento válido con los problemas que emergen de ésta. Por lo que la primera conclusión a la que llegamos es que el concepto de modo de producción tiene que construirse a partir de una realidad específica que debe comprenderse a profundidad. De lo contrario, se corre el riesgo de falsear la realidad pasando por alto las distintas relaciones de producción y las fuerzas productivas que dan origen a diferentes infraestructuras. En esta misma dirección, Castaingts (1979) señala que la determinación del concepto de modo de producción exige un conocimiento estricto de las distintas relaciones sociales de producción que tienen lugar en una determinada sociedad. De esa forma, el análisis debe de corresponder con la realidad estudiada y con las problemáticas que surgen de ésta, y no con ideas preconcebidas que hagan falsear el funcionamiento de una sociedad determinada.

En el esquema de la ilustración número 2 se muestra que entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción existe una importante interacción que sólo se comprende en la totalidad dada por la infraestructura que, al mismo tiempo, la incluye. De acuerdo con Godelier (1964) y Castaingts (1979), la relación entre las fuerzas productivas y las estructuras social, política y religiosa no es directamente observable ni tampoco simple debido a que las funciones de cada una de las estructuras tienen lugar en diversos niveles, tanto en la infraestructura como en el interior de la superestructura. En todo momento se considera la plurifuncionalidad y jerarquía de las estructuras. Por ejemplo, en muchas sociedades primitivas y campesinas el parentesco, la política o la religión se imponen al resto de las estructuras sociales por el hecho de funcionar como relaciones de producción, sin llegar a ser dominantes en el modo de producción. En otras palabras, su funcionamiento dentro de la infraestructura determina que ellas dominen la superestructura y no a la inversa.

ILUSTRACIÓN 2

UN CONCEPTO QUE SURGE DEL CONOCIMIENTO

DE UNA REALIDAD CONCRETA


FUENTE: elaboración propia.

La plurifuncionalidad de las estructuras, enunciada por Godelier (1964), coincide con la idea de los antropólogos sustantivistas. De acuerdo con éstos, la economía es indisociable a la cultura y a las instituciones sociales que la rigen. Según Polanyi (1989), la economía se encuentra incrustada en el conjunto de las instituciones sociales de determinada sociedad, de tal manera que no es posible un análisis que separe a los aspectos económicos de los culturales y sociales. Por su cuenta, Sahlins (1977) indica que el funcionamiento de la economía tribal se relaciona implícitamente con las combinaciones sociales y políticas.

Por otro lado, tanto para Godelier como para Castaingts, se debe refutar toda interpretación materialista mecanicista que pretenda establecer una relación directa entre la estructura y la superestructura o entre la estructura y las representaciones mentales. Esto es así porque en cada sociedad existe una serie de determinaciones que se efectúa de forma compleja y especifica. Así, las representaciones mentales no son un simple reflejo de la realidad, sino al contrario son parte constituyente de la misma, al tiempo que la interaccionan y transforman. En consecuencia, hay una unidad indisoluble entre su función como operadores lógicos, como elementos en el interior de la reproducción socioeconómica y como instrumentos de control y enajenación social.

En consecuencia, una segunda conclusión es que la jerarquía y la plurifuncionalidad de las estructuras determinan distintas infraestructuras y, por lo tanto, distintos modos de producción en una misma sociedad. Esto explica que existan sociedades donde el parentesco, la política o la religión tengan más peso sobre el resto de las estructuras. En el caso del parentesco, éste puede asumir una doble función, la suya específica y la de las relaciones sociales de producción. Como muestra Godelier (1976b), hay sociedades donde la estructura del parentesco determina a las funciones sociales de producción; por ejemplo, establecer el sistema social de intercambio, organizar el proceso productivo, determinar las jerarquías de las personas que forman el grupo social y con ello instaurar los mecanismos hereditarios de los medios de producción y realizar la repartición de los frutos del trabajo.

De esta manera llegamos a una tercera conclusión: las funciones de las estructuras se pueden desarrollar en distintos niveles, tanto en la infraestructura como en la superestructura. Lo que sucede en sociedades como la que describimos líneas arriba es que las relaciones de parentesco constituyen simultáneamente la superestructura y la infraestructura. La estructura de parentesco es plurifuncional por el hecho de funcionar como parte de las relaciones de producción e imponerse sobre el resto de las estructuras sociales. Lo mismo sucede con otras estructuras como la política o la religión. Distintas relaciones de producción implican la presencia de diferentes infraestructuras que conducen a diferentes modos de producción que interactúan y se articulan entre sí.

ILUSTRACIÓN 3

ESQUEMA PLURIFUNCIONALIDAD DE LAS ESTRUCTURAS


FUENTE: elaboración propia.

En la ilustración 3 hacemos notar que el concepto de modo de producción surge de una realidad compleja y heterogénea en la que existe un amplia plurifuncionalidad y jerarquía de distintas estructuras que determinan su funcionamiento. Al centro se encuentran los elementos contenidos en la infraestructura y al exterior la superestructura. Las flechas indican la relación no mecánica y no lineal entre la infraestructura y la superestructura. De acuerdo con Castaingts (2012), el estudio de diversas estructuras exige analizar no las diferencias sino las condiciones semejantes, considerando que el objetivo final debe ser la comprensión de lo general y lo esencial, más allá de lo aparente y de lo diverso. Esto conduce a que en el análisis se identifiquen plenamente las relaciones de producción en las que cada sociedad impone especificaciones muy importantes, debido a que entre la estructura y la superestructura existe una serie de determinaciones que se hallan de una forma compleja y única.

Finalmente, en el esquema de la ilustración número 4 apuntamos a la articulación y/o confrontación de los modos de producción, fundamentalmente entre modos de producción capitalista y no capitalista. En la confrontación de distintas lógicas económicas surgen repercusiones en el desarrollo de las fuerzas productivas y en las relaciones sociales de producción, tanto para el modo de producción capitalista como para el modo no capitalista. Asimismo, se fijan relaciones de intercambio y se crean mecanismos de subordinación. En relación con las contradicciones que resultan de la confrontación, se establece la hipótesis de que es justo en la confrontación donde surgen los mecanismos de explotación del modo de producción dominante capitalista sobre el resto.

ILUSTRACIÓN 4

ESQUEMA MODELO DE ARTICULACIÓN/

FORMACIÓN SOCIOECONÓMICA


FUENTE: elaboración propia.

IMPORTANCIA Y OPERATIVIDAD
DEL CONCEPTO MODO DE PRODUCCIÓN

La comprensión y asimilación del concepto de modo de producción resulta ser fundamental no sólo para interpretar la estructura socioeconómica de las comunidades indígenas, sino también para entender las contradicciones que surgen de la confrontación de distintos modos de producción. La manera de hacer operativo nuestro instrumento analítico parte del examen de cada uno de los elementos de la infraestructura, reuniendo para cada caso todos los elementos que conforman y dan especificidad a determinado modo de producción. La operatividad de esta categoría conduce a un análisis diacrónico y sincrónico, considerando que los elementos de la infraestructura se transforman o se eliminan con el paso del tiempo, dando lugar a distintos modos de producción y a diferentes grados de articulación.

A través del concepto de modo de producción y siguiendo el método dialéctico marxista se ponen al descubierto las relaciones sociales de producción que conducen a especificar el modo de producción dominante en cada uno de los tres casos de estudio: San Juan Chamula, San Pedro Polhó y San Cristóbal de Las Casas. En este apartado se definen como punto de partida los modos de producción capitalista y no capitalista. Es importante señalar que en ninguno de los tres casos de estudio se habla de sociedades homogéneas con un único modo de producción, pues se reconoce la heterogeneidad estructural de la región de estudio. Asimismo, se rechaza la idea de establecer modos de producción estáticos y aislados.

La aplicación del concepto modo de producción como instrumento analítico no reside en su adecuación formal y estricta sino, más bien en su construcción mediante el estudio de las estructuras sociales específicas. Dicho de otro modo, el instrumento analítico aplicado en la presente investigación no corresponde a una categoría teórica preestablecida y estática en la que el fin sea introducir datos de manera forzosa. Por último, cabe señalar que la comprensión y asimilación del concepto de modo de producción resulta ser fundamental no solamente en la especificación de los modos de producción dominantes en cada una de las unidades de análisis, sino que además reside en la comprensión de las contradicciones que surgen de la confrontación de distintos modos de producción.

En relación con estudios anteriores, la novedad de nuestro análisis se encuentra no sólo en establecer la coexistencia de distintos modos de producción en un mismo tiempo y espacio, sino también en dar cuenta de los nuevos escenarios en los que coexisten y se transforman. En esta dirección, cabe subrayar que la operatividad del concepto no se limita a describir las fuerzas productivas con las que cuenta una sociedad debido a que profundiza en el conocimiento de las funciones de las relaciones sociales de producción. Estas funciones son el conjunto articulado de tres elementos: control y acceso a las fuerzas productivas, sistema de organización del trabajo y los mecanismos de distribución de los frutos del trabajo. Es a través de las funciones de las relaciones sociales que intervienen en el proceso productivo que se advierte la dinámica de los modos de producción.

Finalmente, conviene señalar que la realidad es compleja y, por lo tanto, no existen claros y oscuros en los modos de producción. Sin embargo, por cuestiones metodológicas y prácticas a continuación se definen como puntos de partida los modos de producción capitalista y no capitalista empleando el concepto modo de producción como categoría teórica.

OPERADORES LÓGICOS EN LA ESPECIFICACIÓN DE LOS MODOS DE PRODUCCIÓN

Mediante los elementos que conforman el instrumento analítico se especifica al modo de producción dominante en cada caso de estudio, pues por medio del análisis de las relaciones sociales de producción se advierte la forma en la que los miembros de determinada sociedad se organizan y se relacionan en el proceso productivo. El objetivo es identificar los elementos de la infraestructura, la jerarquía y la plurifuncionalidad de las estructuras en cada modo de producción. La operatividad inicia con el examen de cada uno de los elementos de la infraestructura enunciados por Godelier (1964). El análisis se centra en las distintas relaciones sociales de producción y en la relación entre la estructura de las fuerzas productivas y las estructuras social, política y religiosa. En concreto, se atiende el esquema de la ilustración número 1 y se conjuga con la número 3, ambos esquemas descritos anteriormente. La operatividad de esta categoría conduce a un análisis diacrónico y sincrónico de los diferentes estadios de los modos de producción y de los distintos grados de articulación al advertir que los elementos de la infraestructura se transforman o se eliminan con el paso del tiempo.

Castaingts (1979) especifica los modos de producción en México a partir del examen de las relaciones sociales de producción ligadas a las fuerzas productivas. Analiza los elementos de la infraestructura, en concreto aquellos que intervienen en las funciones de las relaciones sociales de producción: las clases sociales, las estructuras de parentesco, las representaciones mentales, la cultura y la estructura política (Castaingts, 1979:25-137). El autor distingue un modo de producción de otro por el tipo de relaciones de producción y fuerzas productivas que contiene cada uno de éstos y considerando la estructura jerárquica de causalidad en la que se articulan las distintas relaciones sociales de producción con las fuerzas productivas.

Con el objetivo de clarificar el salto teórico y metodológico entre la discusión de los años setenta del siglo pasado y el planteamiento de la problemática a tratar en la presente investigación, se integra a la definición del modo de producción capitalista la categoría teórica “patrón de acumulación”. De acuerdo con Valenzuela (1990), el patrón de acumulación se dirige a explicar una determinada forma de funcionamiento del sistema económico, concretamente del capitalismo. El patrón de acumulación permite explicar una modalidad de la acumulación capitalista en un periodo dado (Valenzuela, 1990:61). Antes de continuar es importante aclarar que en ningún momento se suplanta el concepto modo de producción por el de patrón de acumulación, debido a que todos los elementos del segundo se encuentran debidamente contenidos en el primero. Más adelante se señalan aspectos comunes entre las dos categorías teóricas.

Valenzuela caracteriza y distingue distintas fases del patrón de acumulación del capitalismo a partir de siete dimensiones básicas (Valenzuela, 2009:1-25).

CUADRO 1

DEFINICIÓN OPERACIONAL DEL CONCEPTO “MODO DE PRODUCCIÓN”


Modo de producción: funciones de las relaciones sociales de producción Modelo de articulación Otros elementos de la infraestructura
Acceso y control de las fuerzas productivas Distribución de la fuerza social del trabajo Organización del proceso productivo Repartición social de los frutos del trabajo Flujos económicos y sociales, clases sociales intermedias Condiciones ecológicas y geográficas Fuerzas productivas Representaciones sociales del ecosistema Conocimiento simbólico de la tecnología Representaciones colectivas del poder
Patrón de acumulación Forma en la que se produce el excedente X X X X
Apropiación y distribución del excedente X X
Formas de utilización del excedente: acumulación, usos improductivos y transferencias X X
Articulación entre los aspectos (1), (2) y (3) X X X X
Relación y articulación entre el sector capitalista moderno, el sector capitalista tradicional y/o los sectores precapitalistas X X
Patrón de acumulación Relaciones con el resto del mundo, transferencia del excedente. X
Institucionalidad política: i ) clase o fracción clasista que opera como fuerza dominante y hegemónica; ii) bloque de poder: fuerzas clasistas que lo integran como aliadas de la fracción dominante; iii) clases y fracciones subordinadas y mecanismos de dominación (formas de ejercicio del poder): coacción económica, ideológica y directa (fuerza). X X

FUENTE: elaboración propia.

1) Forma en que se produce el excedente.

2) Mecanismos de apropiación y distribución del excedente.

3) Formas de utilización de la plusvalía.

4) Articulación entre los aspectos (1), (2) y (3).

5) Relación y articulación entre el sector capitalista moderno y los sectores capitalista tradicional y no capitalistas.

6) Relación económica y política con el resto del mundo. Modalidades que asume la transferencia del excedente.

7) Institucionalidad política, dentro de la cual resalta: la clase o fracción clasista que opera como fuerza dominante y hegemónica; el bloque de poder; las clases y fracciones subordinadas y mecanismos de dominación.

De acuerdo con el autor los aspectos (1) al (4) deben reflejar el núcleo esencial del sistema, incluyendo sus clases y capas clasistas, y el aspecto (7) muestra el funcionamiento de la heterogeneidad estructural. Del mismo modo, afirma que la determinación de cierta fase del modo de acumulación capitalista conlleva al conocimiento de las fuerzas productivas incluyendo al patrimonio material, el stock tecnológico, los niveles de productividad, la composición del producto, modalidades de la reproducción y el grado, y tipo de cooperación en el proceso productivo (Valenzuela, 1990:62).

En el cuadro 1 se presentan las similitudes entre ambos instrumentos mediante una matriz en la que en el eje horizontal se enumeran los elementos del concepto de modo de producción y en el vertical se encuentran las siete dimensiones del patrón de acumulación. Los cuadros sombreados indican puntos de intersección entre los dos instrumentos. Los espacios en blanco denotan elementos del concepto modo de producción que no se vislumbran aparentemente en el patrón de acumulación. Se debe considerar que ninguno de los dos instrumentos son meramente esquemas descriptivos; por el contrario, se trata de instrumentos analíticos que conducen a un examen estricto de la realidad.

MODO DE PRODUCCIÓN CAPITALISTA

A partir de lo anteriormente señalado, se define al modo de producción capitalista. La especificación como “capitalista” no busca generalizar u homogeneizar las relaciones sociales de producción en un modelo estático, ya que se reconoce la existencia de distintas fases de desarrollo al interior del sistema. El desarrollo desigual del capitalismo explica que las relaciones sociales de producción no se configuren de igual manera en todo el mundo y que, por lo tanto, existan diferentes niveles de explotación entre las clases sociales. Como menciona Valenzuela, el capitalismo es un fenómeno extraordinariamente dinámico que desde sus inicios hasta el día de hoy ha atravesado por distintas fases o estadios en los que se distinguen diversos patrones de acumulación basados en diferentes grados de desarrollo de las fuerzas de producción y de las relaciones sociales (Valenzuela, 2009:1-6). Castaingts (1979) señala que en el capitalismo la estructura económica es la que domina al resto de las estructuras y, por lo tanto, el análisis de las relaciones sociales de producción está ligado a la mercancía.

A continuación, de manera esquemática y asumiendo el riesgo que esto conlleva, caracterizamos el modo de producción capitalista en México. Se destaca el hecho de que a pesar de que la economía mexicana presenta un alto grado de heterogeneidad estructural el modo de producción dominante es el capitalista, siendo éste el que controla la producción mercantil.

1) Las condiciones ecológicas y geográficas del sistema son un elemento dado que sólo se transforma a partir de la aplicación de las fuerzas productivas. Esto no quiere decir que las condiciones geográficas no intervengan en el grado de desarrollo de cualquier modo de producción ya que éstas inciden en el proceso productivo.1

2) Las fuerzas productivas se encuentran ligadas a las relaciones sociales de producción en la construcción analítica del modo de producción capitalista. En este apartado no se enumera cada uno de los medios materiales e intelectuales con los que cuenta la economía mexicana debido a que no es el propósito de la sección. Sin embargo, se señalan cuatro aspectos fundamentales que exhiben, a grandes rasgos, su grado de desarrollo: a) la economía mexicana no posee un alto grado de industrialización como sí ocurre con los países desarrollados; b) la inversión en centros de investigación es reducida y por lo mismo no existe una fuerte vinculación entre universidades y empresas que permita aprovechar e impulsar la generación de nuevos conocimientos científicos y técnicos; c) la estructura del mercado interno es débil y se encuentra altamente ligada al exterior, y d) existe un excedente de fuerza de trabajo.

3) Funciones de las relaciones sociales de producción.

i La distribución social de la fuerza del trabajo es determinada por la relación social patrón-obrero; esta relación se ha transformado a la par que el sistema capitalista.

ii. Control y acceso de las fuerzas productivas. En el modo de producción capitalista el control y acceso a los medios de producción está determinado por la posesión de las fuerzas productivas a través de un entramado de relaciones sociales, en el que la dualidad patrón-obrero no necesariamente corresponde con la del obrero industrial y el capitalista burgués. De acuerdo con Valenzuela (2009), quien tiene el control sobre los medios de producción en México es una incipiente burguesía industrial que ha sido desplazada por el gran capital financiero nacional y extranjero. La presencia de monopolios y grandes grupos empresariales denotan que el número de personas que controlan a los medios de producción en el país es reducido.2 Esto significa que el acceso y control a los medios de producción está determinado por la estructura social: a) grandes, medianos y pequeños propietarios; b) intermediarios comerciales y financieros; c) clase media y d) el grueso de proletarios.

Según Castaingts (1979), las clases sociales en el capitalismo provienen de la apropiación de los medios de producción y de la naturaleza. La clase social que posee y controla los medios de producción es la que determina los mecanismos de explotación y la que se apropia del excedente. Es decir, la estructura social conlleva a la apropiación del excedente y el uso del excedente, a su vez, conduce al desarrollo de las fuerzas productivas. Quien o quienes se apropian del excedente determinan el estadio del desarrollo de las fuerzas productivas, debido a que su uso puede resultar en un avance tecnológico o en un consumo improductivo que haga que se estanque el desarrollo de las fuerzas productivas. De acuerdo con Valenzuela, en México casi 86% del excedente se destina a gastos improductivos, principalmente en consumo suntuario de la clase política (Valenzuela, 2009:6).

¿Cómo se produce el excedente? Es otro de los elementos que surgen del análisis de las funciones sociales de producción. Las fuerzas productivas producen un excedente. La producción de este excedente supone la acción sobre la naturaleza, la organización de la producción y la distribución de sus frutos. El monto del excedente lo determina el grado de desarrollo de las fuerzas productivas (Castaingts, 1979:94). En la fase actual del capitalismo, la producción del excedente reside principalmente en la caída de los salarios reales de todos los trabajadores.

iii. La determinación de la repartición social de los frutos del trabajo está relacionada con la estructura social y los mecanismos de explotación, además por las relaciones que mantiene el sistema capitalista con otros modos de producción. En concreto, para el caso de México, Valenzuela (2009) advierte un empeoramiento de la distribución del ingreso reflejado en un alto índice de desigualdad social. La repartición de los frutos del trabajo en favor de los grandes y medianos propietarios de los medios de producción está determinada por la desregulación estatal y el favoritismo hacia las empresas privadas del país. De acuerdo con Castaingts (2012), el Estado mexicano juega un papel fundamental en la determinación de la tasa salarial y no sólo del salario mínimo sino también de diversas prestaciones y tipos de contratos que se consideran como legales.

4) Representaciones sociales del ecosistema y de las fuerzas productivas. En esta categoría se incluye a los medios lingüísticos necesarios para reproducir el sistema. Según Castaingts (2012), en el modo de producción capitalista existe una serie de conocimientos simbólicos sobre tecnología y procesos organizativos que se conjugan en las representaciones colectivas sobre el poder.

Finalmente, y siguiendo a Castaingts (1979), conocer las clases sociales en un país determinado en un momento dado implica conocer los sistemas de explotación y apropiación del excedente y de la plusvalía social producida. En el capitalismo, la clase social que posee y controla a los medios de producción es la que determina los mecanismos de explotación y la que se apropia del excedente. Es decir, el sistema de explotación es consecuencia de las relaciones de producción ya que son éstas las que lo sustentan y permiten su existencia. En un solo modo de producción existen varias clases explotadas y distintos mecanismos de explotación, pero el sistema de explotación capitalista es la base de determinación de todos los demás modos de producción.

MODO DE PRODUCCIÓN NO CAPITALISTA

A diferencia de lo que ocurre en el capitalismo, el estudio del modo de producción no capitalista se encuentra alejado del análisis de la mercancía, debido a que en este modo de producción no domina la lógica del intercambio y de la obtención de la ganancia. Como menciona Castaingts (1979), los valores de uso producidos en los modos de producción no capitalistas sólo se transforman en mercancías por presiones del modo dominante y no como consecuencia de una relación interna. Es decir, en las sociedades no capitalistas el objetivo de la producción es la satisfacción de las necesidades internas, mientras que el intercambio en el mercado es solamente el mecanismo que les permite mantenerse y reproducirse.

En cuanto a la estructura social, en el modo de producción no capitalista es difícil establecer distintas clases sociales debido a que las funciones de las relaciones sociales se conjugan de manera distinta que en el capitalismo. Esto no quiere decir que se trate de sociedades homogéneas, sino más bien que su estructura social no responde a la posesión de los medios de producción. Según Castaingts, en el modo de producción no capitalista la estructura de clases no implica una diferenciación de éstas, debido a que la jerarquía que existe al interior de este modo de producción se encuentra ligada a la validación del prestigio y cumple funciones políticas, religiosas y económicas (Castaingts,1979:61-70).

En las sociedades en las que el modo de producción dominante no es el capitalismo, el acceso a los medios de producción no está determinado por la relación social patrón-obrero, ya que existen mecanismos propios de su lógica interna que aseguran la reproducción social y económica del grupo. En comunidades indígenas no capitalistas el acceso a la tierra y a los bienes comunitarios está regulado por la pertenencia al grupo y por las relaciones de parentesco. Los medios de producción se heredan y el uso de los bienes comunes está reglamentado por el trabajo colectivo. Por lo mismo, la organización del trabajo pasa por la mediación de la política, la religión y el sistema de creencias de la comunidad. Lo mismo ocurre con la repartición social de los frutos del trabajo que implica mecanismos de cooperación, reciprocidad y cohesión social. De ese modo, las estructuras religiosas, políticas y de parentesco funcionan a la vez como infraestructura y como superestructura.

La plurifuncionalidad y jerarquía de las estructuras política, religiosa y social tienen un papel determinante en la configuración de las funciones sociales de producción. Por ejemplo, la estructura de parentesco establece el acceso a los medios de producción al mismo tiempo que determina al sistema social de intercambio (Castaingts, 1979:22). De igual manera, el sistema político es un instrumento de organización del trabajo y de distribución de sus frutos. En el modo de producción no capitalista la posesión y distribución de los frutos del trabajo son un mecanismo para comunicar la presencia de un estatus social, político o intelectual que proporciona prestigio al interior del sistema. La obtención del prestigio en sociedades no capitalistas se materializa a través de la celebración de fiestas y rituales.

La organización del trabajo en el modo de producción no capitalista se encuentra ligada a la división de sexo y edad, siendo la familia la principal unidad de producción. La reciprocidad de los miembros de la comunidad es otro elemento clave en la organización del proceso productivo a través del contrato diádico y el sistema de cargos. El sistema de organización colectiva; es decir, el sistema de cargos, da evidencia de la plurifuncionalidad de las estructuras religiosa, económica y política del modo de producción operante en las economías indígenas no capitalistas. Mediante la asignación de cargos entre los miembros de la comunidad se determinan las funciones de las relaciones sociales que emergen del proceso productivo. La organización social basada en el sistema de cargos implica un sistema de valorización del trabajo colectivo.

Hasta aquí se han sentado las bases para diferenciar al modo de producción capitalista del modo de producción no capitalista. Al respecto, se subraya la idea de que la presencia de diferentes infraestructuras conduce a la existencia de diferentes modos de producción. La articulación del modo de producción no capitalista con otros modos de producción parte del principio de que no existe ninguna unidad productiva que sea autárquica. En el caso concreto de México, la gran mayoría de comunidades indígenas acuden al mercado capitalista a comprar y vender productos, además de la venta de su fuerza de trabajo.

1 En este apartado no se detalla el análisis de las condiciones ecológicas y geográficas debido a que esto se presenta en cada uno de los tres casos de estudio.

2 Valenzuela (2009) habla de una estructura social dominante conformada por 300 o 500 familias.

BASES TEÓRICAS PARA EL ESTUDIO DEL CAMPESINADO

En este capítulo se efectúa una exposición sistemática de las principales orientaciones teóricas dedicadas al análisis de la cuestión agraria en México.

EL PROBLEMA DE LA ARTICULACIÓN,
DISCUSIÓN TEÓRICA DE LOS AÑOS SETENTA

A partir de finales de la década de los sesenta y durante los setenta del siglo XX, se produjo un auge sin precedentes de estudios dedicados a analizar los problemas del campo mexicano impulsados por la crisis agrícola y los estallidos de lucha de clases. Se analizaba al campo desde el terreno de la producción y a sus actores desde una perspectiva de lucha de clases. Como menciona De Teresa (1992), la discusión de aquellos años estaba centrada en entender los procesos de subordinación de la producción campesina al modelo de acumulación de capital, y con ello el destino de los pequeños productores agrícolas en el contexto de la industrialización y modernización económica. El debate, presente en la literatura de esos años, se preocupaba por discutir la coexistencia del modo de producción capitalista con el modo de producción campesino, se proponían métodos de análisis para entender la lógica de producción de los campesinos y los mecanismos de explotación del sistema dominante sobre las comunidades campesinas.

Roger Bartra (1975) atendió la cuestión campesina a través de la teoría de los modos de producción y la lucha de clases como resultado de las contradicciones inherentes a la base económica de la sociedad. Bartra (1974) aludía a la resistencia de la economía campesina para indicar que se trataba de un modo de producción distinto del modo de producción capitalista, definiéndolo como una combinación peculiar de fuerzas productivas y relaciones de producción. Entre las investigaciones que acompañaron a la de Roger Bartra (1974, 1975, 1977 y 1982), destacan las realizadas por Wolf (1973), Stavenhagen (1976), Díaz Polanco (1976), Palerm (1976a, 1976b) Castaingts (1979), Warman (1980), entre otras. En todas ellas se discutía el problema de la articulación entre el modo de producción capitalista y la economía de mercado. Asimismo, se hacía énfasis en el método de análisis adecuado para comprender que se trataba de dos modos de producción distintos.3 Además, se cuestionaba sobre el instrumental teórico adecuado para estudiar a las economías campesinas, considerando que en el caso de México también se trataba de comunidades indígenas. Stavenhagen (1976) señalaba, reiteradamente, que al campo y a sus actores no se les debía estudiar de la misma manera que se hacía con cualquier empresa privada; es decir, determinando costos de producción, niveles de inversión, funciones de producción y tasas de ganancia. Stavenhagen, Castaingts, Díaz Polanco, Bartra y Palerm criticaban el uso indiscriminado de las categorías teóricas economicistas a todos los problemas del campesinado, debido a que conducían a falsear la problemática del campo mexicano y de la economía en su totalidad.

En ninguno de estos trabajos se niega la articulación del modo de producción campesino con el sistema capitalista. Proponiendo como método de análisis a la teoría marxista se buscaba la identificación de las distintas clases sociales y de las relaciones sociales de producción, tanto al interior de las comunidades campesinas como en el modelo de articulación. La aplicación del método conducía a analizar los mecanismos de explotación del sistema capitalista sobre los campesinos a través de la transferencia del excedente y del intercambio comercial. Castaingts planteó un modelo de articulación en el que se representaban los mecanismos de explotación del campesino, fundamentalmente los que tienen que ver con la formación de valores y precios en el mercado y cuyo origen reside en la articulación de los dos modos de producción (Castaingts, 1979:142-170).

A partir de 1980, la discusión sobre el campo mexicano fue cambiando de rumbo y prácticamente se dejó de tratar a través de la óptica de la articulación de los modos de producción. De 1990 a la fecha ocurrieron cambios importantes en la economía mexicana que reorientaron las investigaciones del sector rural. Los últimos trabajos han girado en torno a temas como los problemas del desarrollo rural, el impacto de la globalización y el ajuste estructural en el campo mexicano, los efectos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) sobre los productores agrícolas y las repercusiones de la reforma del Artículo 123 Constitucional. También se analizan las transformaciones del sector rural y de un posible proceso de desagrarización del campo mexicano. Cabe señalar que a partir del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) resurgió una línea de estudios políticos enfocados a estudiar el papel de los campesinos en los movimientos sociales.

TEORÍAS DE LA ARTICULACIÓN

DUALISMO, HETEROGENEIDAD ESTRUCTURAL Y COLONIALISMO INTERNO

La coexistencia de distintos modos de producción en México se ha abordado desde diferentes enfoques teóricos y disciplinas. El dualismo económico es uno de ellos. La literatura económica acerca del dualismo es amplia y con enfoques teóricos que van de los modelos de crecimiento endógeno de Lewis (1954), Kuznets (1955), Lydall (1979), hasta las concepciones teóricas alternativas de Furtado (1967), Benetti (1974), Pinto (1985), Gannagé (1964), Hernández Laos (2003), De Oliveira (2003), Castaingts (2007) y Pérez (2008). La noción de dualismo, tal y como la presenta Lewis (1954), se basa en la asimetría significativa entre dos sectores de la economía: un sector capitalista, moderno y dinámico y otro, no capitalista, atrasado y estancado. En el sentido neoclásico, el sector atrasado corresponde al sector de subsistencia y el adelantado al capitalista. En el sector atrasado se presupone la existencia de una oferta ilimitada de fuerza de trabajo en relación con el capital y a los recursos naturales. Bajo este enfoque se supone cierta organización en el mercado laboral de ambos sectores que permita la expansión del sector industrial hacia el polo atrasado, absorbiendo de manera inmediata el excedente de fuerza de trabajo proveniente del sector de subsistencia. El enfoque de Lewis señala al dualismo económico como un problema de yuxtaposición más que de articulación de modos de producción.

A diferencia de Lewis, Furtado (1974), Prebisch (1981) y Pinto (1985) establecen la coexistencia de distintos modos de producción en un sistema de dependencia. Pinto (1991) acuñó el término “heterogeneidad estructural” en 1975 para referirse a la coexistencia de distintos modos de producción con grandes desniveles de productividad (Valenzuela, 2011:10). De manera similar, Benetti (1974) habla de las economías subdesarrolladas duales, caracterizándolas como economías con una estructura particular con un modo específico de desarrollo en las que no sólo existe un sector moderno y otro atrasado, sino más bien un conjunto de sectores significativos en el desarrollo y crecimiento de cierta economía. La idea de dualismo basada en elementos de coexistencia, interdependencia, relaciones recíprocas e interacción entre las partes también fue propuesta por Castaingts (2007). De esta manera, bajo el enfoque de heterogeneidad estructural se entiende al dualismo como parte de una economía nacional heterogénea en la que las partes o sectores definen su naturaleza específica por sus relaciones recíprocas, sin las cuales no existen como fenómeno específicamente determinado.

Por otro lado, Stavenhagen (1981) y González Casanova (2003b, 2006) recurren a la categoría teórica de “colonialismo interno” para explicar la articulación y coexistencia de distintos modos de producción en una misma región. Esta propuesta teórica, a diferencia de las tesis de dualismo, considera a las relaciones interétnicas como parte de la coexistencia y dinámica de las áreas atrasadas con las desarrolladas. Stavenhagen aclara que el análisis diacrónico y sincrónico propuesto por él no confunde a las relaciones interétnicas con las relaciones de clases (Stavenhagen, 1996:108). Lo que el autor propone es examinar las relaciones que se producen entre regiones, grupos y sistemas productivos, estableciendo una relación de funcionalidad entre dos dinámicas distintas. El análisis parte de considerar a la sociedad como un todo interrelacionado y no a través de dos polos yuxtapuestos, como se hace en la tesis del dualismo de Lewis (1954). Stavenhagen considera que la articulación entre regiones atrasadas y adelantadas es funcional y específica para ambas sociedades, aclarando que las zonas adelantadas se benefician de mano de obra barata y de bienes de bajo costo.

Por su parte, González Casanova (2006) define al colonialismo interno en el terreno económico, político, social y cultural, explorando los vínculos entre las relaciones de clase y las relaciones étnicas de México. González Casanova (1965, 2003b y 2006) advierte mecanismos generadores de dominación, explotación y desigualdad instituidos durante la época colonial en México. De acuerdo con este autor:

La definición del colonialismo interno está originalmente ligada a fenómenos de conquista, en que las poblaciones de nativos no son exterminadas y forman parte, primero, del Estado colonizador y, después, del Estado que adquiere una independencia formal, o que inicia un proceso de liberación, de transición al socialismo o de recolonización y regreso al capitalismo neoliberal (González Casanova, 2003b:410).

Finalmente, tanto Stavenhagen (1996) como González Casanova (2003, 2006) se oponen a las tesis evolucionistas que presuponen que las sociedades pasan del esclavismo al feudalismo y después al capitalismo. En este punto es importante aclarar que el análisis propuesto por ambos autores no es estático pues consideran que las relaciones de funcionalidad se transforman al igual que el capitalismo. Asimismo, rechazan las tesis de modernización de las zonas atrasadas a través del consumo inducido.

EL PROBLEMA DE LA ARTICULACIÓN

De acuerdo con Palerm (1986), el problema de la articulación se encuentra en los Grundrisse, texto en el que Marx problematiza sobre la articulación entre diversos modos de producción de una misma formación socioeconómica. Palerm aborda la cuestión de la articulación de distintos modos de producción a lo largo de sus obras: Modos de producción y formaciones socioeconómicas (1986) y Antropología y marxismo (1976a). Palerm (1976a) habla de la coexistencia de distintos modos de producción en México a través de la reflexión que hace sobre el papel que jugaron los modos de producción no capitalistas durante la época colonial. En esta dirección, establece una cadena de interdependencia entre el sistema económico mundial que va de la Corona española, las haciendas mexicanas, las comunidades indígenas y llega a las pequeñas unidades de producción; cadena que muestra la articulación de diversos modos de producción. Asimismo, critica a las teorías del evolucionismo lineal apelando a la coexistencia de distintos modos productivos en una misma formación socioeconómica y señala que la articulación de éstos no sustituye o elimina la relación social de producción capitalista-obrero (Palerm, 1986).

Rosa Luxemburgo (1967) veía necesaria la articulación y la dominación del capitalismo sobre otros sistemas no capitalistas para la realización del proceso de reproducción ampliada del capital, debido a que, desde su perspectiva, la expansión del sistema dominante se efectúa a expensas de los otros modos de producción. Luxemburgo argumenta la necesidad de considerar la coexistencia de distintas formaciones no capitalistas en el estudio analítico o teórico del capitalismo. De lo contrario, señala, se falsea radicalmente el funcionamiento del sistema dominante. Es así como a partir del problema de la articulación, y de la dominación del capitalismo sobre el resto de los modos de producción, Luxemburgo presentó la existencia del sistema colonial, entre naciones y/o segmentos coloniales, como un elemento necesario para el desarrollo y reproducción del capitalismo.

Por otra parte, para Godelier (1974) las sociedades se organizan sobre la base de varios modos de producción articulados entre sí de manera específica y con la dominación de uno de ellos. La articulación apunta a la coexistencia del modo de producción capitalista con otros modos de producción no capitalistas en determinada formación económica y social. En México, el capitalismo es el sistema dominante que organiza y controla la producción mercantil en un entorno en el que subsisten relaciones de producción no capitalistas propias de las sociedades campesinas e indígenas. La confrontación se localiza principalmente en tres vías: 1) la compraventa de fuerza de trabajo, 2) el intercambio comercial y 3) el crédito. Desde luego, todo ello sin olvidar el cacicazgo y el control político como elementos necesarios para la articulación.

Al estudiar el caso concreto para México, Juan Castaingts apuntó a un modelo de articulación intermedio en el que subsisten relaciones de producción no capitalistas fundadas en distintos regímenes de propiedad. La confrontación entre distintos modos de producción se formaliza a través de las relaciones de producción ligadas a la mercancía. El autor diferencia la concepción sobre la producción de mercancías en cada uno de los modos de producción identificados. Sostiene que en las comunidades indígenas los valores de uso producidos sólo se transforman en mercancías por presiones del modo de producción capitalista, considerando que en este modo de producción no se produce con el objetivo de obtener una ganancia (Castaingts, 1979:40-59).

De acuerdo con este mismo autor, existe una lógica indiferenciada de validez social tanto en el mercado de bienes y servicios como en el del trabajo. En el mercado capitalista se realizan mercancías y el plusproducto que se obtiene proviene de la explotación de la fuerza de trabajo del sistema no capitalista. Por medio del intercambio mercantil, los distintos trabajos realizados en una sociedad tienden a validarse de acuerdo con el modo de producción en el que se encuentren. Además, ocurre la explotación que hacen los acaparadores obteniendo ganancias al comprar barato a las comunidades indígenas y venderles caro. En el caso del mercado del trabajo se indica que la validación social de los trabajadores individuales implica un cierto número de relaciones de indiferenciación social, a la vez que la validación de los trabajos por sistemas diferentes prevalece. Los términos de sanción social del trabajo son diferenciados en el modo de producción capitalista en relación con los otros modos de producción. El modelo de articulación propuesto por Castaingts es un intermedio entre los modos capitalista y no capitalista. En él, se enfrentan, se difuminan y persisten ciertas relaciones sociales de producción, al mismo tiempo que surgen nuevas clases sociales funcionales para la articulación. Tal es el caso de los usureros que obtienen ganancias de las altas tasas de interés que cobran a los campesinos.

EL CONCEPTO DE CAMPESINO: DEBATE CIENTÍFICO

¿Quiénes son los campesinos? ¿En qué tipo de sociedades viven? ¿Son conservadores, como lo afirmaba Redfield? O bien, ¿son revolucionarios?, ¿constituyen una masa homogénea, o están divididos en clases sociales?

(Stavenhagen, 1968:4).

En la literatura dedicada al campesinado existe una vasta diversidad de definiciones y categorizaciones acerca del campesinado, generando fuertes debates entre los estudiosos del tema. La discusión gira en torno a la definición y limitaciones del propio concepto. Lenin (1899) escribía que el concepto de campesino no estaba muy bien definido y que en Occidente la cuestión resultaba ser aún más imprecisa. De acuerdo con De la Luz (2007), el concepto de campesino es una categoría teórica en constante transformación debido a que a lo largo de la historia los enfoques teóricos y las perspectivas de análisis con las que se ha estudiado a los campesinos también han cambiado. Por su cuenta, Cortés y Cuéllar afirman que el concepto de campesino se ha convertido en un verdadero enigma para las ciencias sociales debido a que existen ciertas dificultades para entender a las economías campesinas (Cortés y Cuéllar, 1987, en De la Luz, 2007:1).

En la actualidad, el debate sigue y se cuestiona la validez de las definiciones clásicas; se muestra la necesidad de investigar las propiedades económicas, sociales, políticas y culturales de los nuevos campesinos. Appendini y Torres Mazuera (2008) señalan lo imperioso de rebasar los términos tradicionales en los que se conceptualizaba a los campesinos debido a que las condiciones socioeconómicas de éstos se han modificado drásticamente en los últimos 30 años. Por su parte, José Luis Calva sostiene que los campesinos actuales no corresponden con los estudiados por Chayanov, Thoner, Redfield, Wolf y Stavenhagen. El autor considera que a lo largo de la historia los campesinos han resultado ser parte de una sociedad heterogénea y cambiante, además de única y específica para cada lugar (Calva, 1988:285). En atención a lo anterior, en esta sección primero se presentan algunas de las definiciones clásicas del campesinado y posteriormente se exponen las principales líneas del debate.

Chayanov (1974) argumentaba que a los modos de producción reconocidos y enunciados por Marx se les debía de agregar uno más: el modo de producción campesino. Desde su punto de vista, éste era un sistema económico con bajos niveles de capital invertido, cuya organización se basaba en la familia (explotación familiar) y con una producción destinada a la subsistencia y no a la acumulación. Chayanov define al campesino como el representante de un determinado tipo de relaciones de producción, en las que se encarna cierta fase del desarrollo de las fuerzas productivas (Glocker, 1980, en Calva, 1988: 228). Las tesis de Chayanov4 respecto a la economía campesina han originado un sinnúmero de críticas que a la vez han alimentado el debate científico sobre el tema. De acuerdo con Kochanowicz, una de las limitaciones del enfoque teórico de Chayanov es la suposición tácita que hace sobre la fácil disponibilidad de tierras para todos los campesinos. Para Kochanowicz, dicho supuesto deja fuera a los campesinos que no cuentan con tierra. Además, suponer un fácil acceso a la tierra conduce a no considerar que la tierra sea un factor productivo limitado y que en comparación con la fuerza de trabajo sea mucho menor (1989:109-110).

En 1948, Kroeber define a los campesinos como un sector completamente rural con un fuerte apego a la tierra e interconectado con economías de mercado. Según el autor, las sociedades campesinas son sociedades parciales con culturas parciales que carecen de autonomía política y de autosuficiencia económica. De acuerdo con Domínguez (1992), la idea de Kroeber por definir a los campesinos en razón del espacio geográfico rural condujo a incluir entre los campesinos a la otra población rural (countrymen). Esto significa que se incluye a pescadores, artesanos y comerciantes porque también son agricultores de tiempo parcial (Firt, 1964:18). Según Villegas (2003), la caracterización realizada por Kroeber, es decir, el campesinado como una sociedad parcial con cultura parcial, permitió a Redfield analizar la subordinación de la sociedad campesina a la sociedad urbana.

Redfield (1948) señala que el estudio de los campesinos debe considerar la relación de dependencia que existe entre este sector rural y los núcleos urbanos de la economía, debido a que los campesinos se encuentran incrustados en sistemas sociales más amplios con los que mantienen relaciones diversas. Redfield (1930) planteó el término de “sociedad folk” definiendo al poblado campesino como una sociedad homogénea, caracterizada por una división del trabajo más compleja que la de las sociedades tribales, con fuertes instituciones religiosas y de parentesco que resultan ser necesarias para el control social. De acuerdo con el autor, en esta sociedad prevalece lo sagrado sobre lo profano y es una economía distinta a la del mercado por el destino que se le da a la producción. Domínguez (1993) subraya la aportación de Redfield en el sentido de considerar a la cohesión colectiva, pero no por extensión de los lazos de parentesco como uno de los principales atributos de la economía campesina. Del legado de Redfield han surgido dos controversias entre los estudiosos del campo. La primera se formula en torno a la idea de considerar que el campesino forma parte de una categoría social uniforme. Y la segunda, se dirige a la consideración que hizo sobre la idea evolutiva del campesinado.

Por otro lado, Wolf (1982) define a las sociedades campesinas como productos históricos de la expansión del colonialismo, distinguiendo entre comunidades cerradas, abiertas e intermedias.5 En 1955, acuñó el término de “campesino corporativo” ubicándolo en una comunidad “cerrada” con una producción agrícola de subsistencia, un pequeño fondo de renta y mecanismos sociales para el control de las tierras. Al mismo tiempo, señaló que en el proceso productivo campesino intervienen relaciones de parentesco, instituciones religiosas y lazos de solidaridad que permiten su reproducción. En esencia, Wolf define al campesino como un productor agrícola con control efectivo sobre su tierra y con una producción orientada al consumo y no al mercado. De acuerdo con el autor, los campesinos mantienen relaciones asimétricas que pueden ser de interdependencia con los centros urbanos. Es decir, considera al campesinado como un segmento social permanentemente explotado en su relación con las clases dominantes de la sociedad.

De acuerdo con Krants (1977), los escritos del Wolf (1955,1967 y 1971) han sido de importancia decisiva en la conceptualización teórica del campesino, debido a que en ninguna de sus aportaciones analíticas encasilló a los actores del campo en una categoría social estática. En esta misma dirección, Molina y Valenzuela (2006) subrayan la gran aportación que hizo Wolf en la construcción de los conceptos de campesino y economía campesina al hablar de sociedades tradicionales y considerar los cambios y reacciones de los campesinos frente al avance del capitalismo. Los escritos de Wolf han sido el punto de arranque para varias investigaciones sobre el comportamiento económico de los campesinos.

Teodor Shanin definió, en 1973, al campesinado en función de sus actividades productivas: explotación agrícola, labranza de la tierra y cría de ganado. De acuerdo con Shanin (1971), la familia es la unidad básica multifuncional en la que se apoya la organización social del campesinado, señalando que la organización familiar constituye la unidad básica de propiedad, producción, consumo, reproducción social, identidad, prestigio y sociabilidad. La heterogeneidad entre los campesinos fue otro de los aspectos atendidos por Shanin (1971). En 1979 escribía que la utilización de la generalización como concepto no implica de ninguna manera homogeneidad de los campesinos (Shanin, 1979:17, en Domínguez, 1993:110). De ese modo, el autor estableció una relación específica y de apego entre el campesino y la tierra, señalando que la posesión de este medio de producción otorgaba al campesino cierta autonomía frente a otros campesinos y al mercado capitalista. De este último aspecto han surgido controversias en las que se afirma que ninguna economía campesina es autónoma de las fuerzas del mercado. Por ejemplo, Domínguez (1993) afirma categóricamente que la vinculación entre los campesinos y el mercado es absolutamente ineludible, tomando en cuenta que la unidad económica familiar campesina siempre ha sido dependiente de recursos externos, tanto para la producción como para el consumo. De ese modo, queda en entredicho la supuesta autonomía de los campesinos señalada por Shanin.

Gilberto Giménez (1996) señala que el modo de producción campesino es caracterizado por la lógica del valor de uso como orientación de todo el proceso productivo; considerando que en este modo de producción se produce para el consumo, la autosuficiencia y no para la acumulación. El autor caracteriza a las colectividades campesinas bajo la lógica del modo de producción campesino, señalando los siguientes elementos: a) autonomía relativa, b) importancia estructural del grupo doméstico en la organización de la vida económica y social del grupo y c) importancia estructural de la colectividad local, caracterizada por las relaciones internas de interconocimiento y las relaciones internas de traslación. Finalmente, apunta que el sistema de modo de producción campesino mantiene relaciones con la economía capitalista englobante, principalmente a través del mercado y la existencia de roles de mediación entre las colectividades campesinas y la sociedad mayor.

LOS ELEMENTOS DEL DEBATE

El debate acerca de los conceptos de campesinado y economía campesina ha surgido de la caracterización que se pretende plasmar para cada concepto. Como bien señala Domínguez (1993), el problema fundamental radica en encontrar un equilibrio entre lo general (teórico) y lo concreto (histórico). El debate se ha producido principalmente en tres direcciones. La primera surge de definir al campesino a partir de la posesión y control de los medios de producción; discutiendo si se deben de considerar como campesinos a aquellos que no cuentan con el control de la base económica, es decir de la “tierra”, y que tienen que recurrir al mercado para rentarlas.6 En la segunda, se debate sobre las implicaciones que genera la vinculación del campesinado con el mercado capitalista. Se cuestiona en qué grado el campesino pierde su condición al vender su fuerza de trabajo de manera parcial y no ocupándose en actividades agrícolas. En esta misma dirección, se reflexiona sobre qué ocurre cuando la unidad campesina no sólo produce para el autoconsumo sino también para el mercado, aunque sea sólo para obtener liquidez. Y, finalmente, en la tercera línea, se discute sobre si existen o no clases sociales al interior de las comunidades campesinas.

A continuación, se presenta un cuadro que resume los principales elementos de la discusión considerando los criterios de identificación del campesinado, tanto en los estudios clásicos como en los más actuales: el tipo de organización familiar, el trabajo agrícola como principal actividad productiva, un stock de producción destinado a la subsistencia, mecanismos de cohesión colectiva y el reconocimiento de la pluriactividad de los miembros de los hogares.

Una vez expuestos los principales elementos de la discusión teórica se presentan distintas conceptualizaciones del campesino. Según Calva (1988), existen tres categorizaciones clave de las cuales se derivan todas las demás. La primera se refiere al “campesino en sentido estricto”, definido como cultivador del suelo que obtiene sus medios de sustento de la tierra que posee y que trabaja por su cuenta (solo o asociado en comunidad o cooperativa). En esta categoría se excluye al obrero agrícola y al esclavo supeditado a la pequeña hacienda. En la segunda, se describe al “campesino en sentido lato” como trabajador agrícola, incluyendo tanto al labriego que cultiva por su propia cuenta la tierra como al asalariado agrícola con o sin tierra. Finalmente, en la tercera y en un sentido más extenso, se habla de countryman englobando a todos los habitantes del campo. De acuerdo con Firth (1964), en esta categoría se incluye a toda la población rural aunque no se dedique exclusivamente a cultivar la tierra.

En el cuadro 2 puede verse la evolución de los conceptos y la argumentación de cada autor en su definición.

CUADRO 2

EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE CAMPESINO


Autor Tipología Argumento
Lenin (1899) • Campesinos acomodados Diferenciación a partir de la disponibilidad de tierra. Obtención de ganancia. Producción agrícola como actividad principal.
• Campesinos medios
• Campesinos pobres
Kautsky (1899) • Puro y singular agricultor Sostiene la hipótesis de la inevitable absorción del campesinado por el capitalismo.
Chayanov (1925) • Campesino tradicional independiente de la sociedad mayor Organización familiar. Producción agrícola como actividad principal. Autosuficiencia y subsistencia. Sin relaciones con el mercado.
Redfield (1948) • Campesinos-sociedad folk Sociedad homogénea caracterizada por una división del trabajo más compleja que la de las sociedades tribales. Diferencia entre la economía campesina y la de mercado por el destino que se le da a la producción.
• Campesinos rurales dependientes de los centros urbanos
Kroeber (1948) • Campesinos rurales interconectados con el mercado y los centros urbanos Definición a partir del espacio geográfico rural. Se trata de sociedades parciales con culturas parciales insertas en una sociedad mayor.
Wolf (1955,1957 y 1971) • Comunidad campesina cerrada-campesino corporativo Productor agrícola con control efectivo sobre la tierra y con una producción orientada al consumo y no al mercado. Relaciones asimétricas que pueden ser de
Wolf (1955,1957 y 1971) • Comunidad campesina intermedia interdependencia con los centros urbanos y de explotación por las clases dominantes de la sociedad.
• Comunidad campesina abierta
Foster (1964) • Campesinos tradicionales Las sociedades campesinas son resistentes a cambios generados por la aplicación de tecnología. Definición en función de sus actividades productivas: explotación agrícola, labranza de la tierra y cría de ganado.
• Campesinos resistentes al cambio
• Campesinos irracionales
Shanin (1971) • Campesino agrícola La utilización de la generalización como concepto no implica de ninguna manera homogeneidad de los campesinos. La posesión de tierra otorgaba al campesino, cierta autonomía frente a otros campesinos y al mercado capitalista. Resistencia de la economía campesina frente al sistema dominante.
• Comunidad campesina heterogénea
• Campesino autónomo
Bartra (1974) • Campesino articulado al capitalismo El autor alude a la resistencia de la economía campesina para indicar que se trataba de un modo de producción distinto del modo de producción capitalista; definiéndolo como una combinación peculiar de fuerzas productivas y relaciones de producción. Bartra no niega la articulación del modo de producción de la economía campesina con el sistema capitalista y aplica la teoría de Marx en el análisis de la cuestión agraria, identificando distintas clases sociales.
• Campesino-productor independiente
• Campesinos acomodados
• Campesinos medios
• Campesinos pauperizados
• Campesinos semiproletarizados
• Proletario rural
• Burguesía rural
Meillassoux (1975) • Campesinos-modo de producción doméstico Articulación del modo del modo de producción capitalista con el modo de producción precapitalistas. Actividad productiva: agricultura. Subsistencia basada en un principio de justicia y equidad.
Scott (1976) • Comunidad campesina-economía moral Moralidad institucional, principio de comunidad y ética de la subsistencia, aversión al riesgo y resistencia al cambio. Producción agropecuaria (con actividades conexas) en la que el productor y su familia trabajan directamente la tierra generalmente con sus propios medios de producción.
• Comunidades campesinas-comunidades corporativas
Stavenhagen (1976) • Economía campesina Actividad agrícola, subsistencia. Forma de producción agropecuaria (con actividades conexas) en la que el productor y su familia trabajan directamente la tierra, generalmente con sus propios medios de producción, con el objetivo de satisfacer directamente sus necesidades básicas. Identifica distintas clases sociales en las comunidades campesinas.
• Pluriactividad en las unidades campesinas
• Sociedad campesina heterogénea
Warman (1980) • Campesino tradicional Argumenta que al campesinado mexicano sólo se le puede entender en términos de la articulación orgánica entre dos modos de producción: uno, el capitalista dominante y, el otro, el campesino dominado.
• Campesino-empresario
Appendini (2001) • Economías campesinas Diferenciación a partir del destino de la producción, el ingreso, la tecnología aplicada y la disposición de los factores productivos.
• Agricultores empresariales

FUENTE: elaboración propia.

La ilustración 5 muestra que los campesinos como concepto y actores no se encuentran al margen de la historia del lugar en que se analizan. Al respecto, De la Luz (2007:11) señala que la evolución de la categoría teórica de campesino ha sido influida por distintos paradigmas y momentos específicos en la historia política de cada país. En el caso de México, la autora identifica tres momentos clave en la construcción del concepto. En el primero, de 1950 a 1970, incluye a los enfoques modernizador, estructuralista y de dependencia. Durante este periodo el campesino es conceptualizado como productor de materias primas sin tecnología y con acceso limitado al mercado. El segundo periodo, de 1980 a 1990, tiene que ver con la aplicación de las políticas neoliberales en el país y con la visión que se construye del campesinado visto como una amenaza social más que como productor de alimentos. En esta etapa empiezan a surgir los enfoques de nueva ruralidad y desagrarización. Finalmente, en el último periodo se conceptualiza al campesino como productor agropecuario con escasas posibilidades de éxito. En el nivel de investigación científica se le incluye en los estudios de pobreza y exclusión social.

ILUSTRACIÓN 5

ELEMENTOS A DEBATIR RESPECTO A LOS CONCEPTOS DE CAMPESINO Y ECONOMÍA CAMPESINA


FUENTE: elaboración propia.

En esta misma dirección, Giménez (1996) señala que la determinación del nivel socioeconómico del campesino depende del nivel de análisis en que se sitúe el observador. De acuerdo con el autor, en el nivel microsocial el “campesino pueblerino tradicional” es definido a través del modo de producción campesino que incluye la herencia histórica que perdura y resiste en la articulación con el modo de producción capitalista. En cambio, cuando el análisis se hace en el ámbito macrosocial se parte del proceso actual de acumulación capitalista en el plano nacional e internacional. En este último nivel, las unidades campesinas más que presentarse como un modo de producción diferente al capitalista pero articulado a éste, aparecen como un elemento de valorización del capital global.

ILUSTRACIÓN 6

¿CAMPESINOS?


FUENTE: elaboración propia.

Por su cuenta, José Luis Calva (1988) presenta un diagrama representando la diversidad del campesino en la historia universal. La clasificación hecha por el autor asume como principio divisiones en la naturaleza de la producción campesina y del carácter de sus relaciones sociales de producción. Las especies que surgen de su clasificación a partir de sus atributos económico-políticos especificantes son las siguientes: protocampesinos, campesinos tribales, campesinos tributarios, campesinos patriarcales antiguos, campesinos siervos, campesinos patriarcales premodernos, campesinos mercantiles parcelarios y cooperativistas.7 A través de la anterior clasificación, José Luis Calva hace un recorrido histórico por distintas sociedades consideradas como campesinas y aclara que más importante que la definición abstracta del campesino es el desarrollo de tipologías de los grupos socioeconómicos rurales. Por último, Rafael Domínguez propone definir al campesinado de la siguiente manera:

[…] grupo social, caracterizado por su modo de vida rural, organizado familiar y comunalmente, estratificado internamente, pero subordinado en su conjunto a poderes externos al grupo y a las fuerzas del mercado, y que obtienen sus medios de subsistencia de la producción agropecuaria y de otras actividades desempeñadas por la unidad familiar de rentas mixtas, a partir de una estrategia multiuso en su relación con el ecosistema, que tiene como correlato la pluriactividad en su relación con el medio económico (Domínguez, 1993:122).

Coherentemente con la propuesta de Domínguez mencionaremos que la economía campesina mexicana ha dejado de tener como principal actividad a la agricultura y lo que se observa hoy en día en el campo es la diversificación de actividades en el sector rural.

¿SOCIEDAD CAMPESINA Y/O CULTURA CAMPESINA?

Otra de las expresiones que aparecen en el debate científico sobre los campesinos es la de sociedad campesina. En la literatura se discute la pertinencia del uso de este término al considerarlo motivo de serias confusiones, debido a que hablar de una “sociedad campesina” conduce a ignorar la presencia de otro(s) modo(s) de producción en una misma sociedad. Autores como Wolf,8 Redfield,9 Foster y Warman10 usaron este término para referirse a cierto segmento de la sociedad. Calva (1988) argumenta que existen fuertes incongruencias en las ideas de Foster, Warman y Redfield entre el uso indiscriminado de los términos de campesino y sociedad campesina, debido a que tiende a homogeneizarlos en una sociedad.

Al igual que el término “sociedad campesina” es común encontrar la expresión de “cultura campesina”. Este término alude a cierta forma homogénea de pensar y actuar de los campesinos. Dicha expresión genera debate al considerar que su uso engloba y homogeniza a todos los campesinos a partir de suponer valores de apego a la tierra y de solidaridad para todos los miembros de la comunidad. Calva argumenta que la expresión cultura campesina es un término que carece de validez y más si se entiende como una especie de ordenamiento de la humanidad, estableciendo semejanzas para todo el mundo (Calva, 1988:234).

EL CAPITALISMO Y LOS CAMPESINOS

La tesis de la permanencia del campesinado a pesar de la expansión del capitalismo ha sido tratada por distintos autores y desde varias disciplinas. La antropología y la sociología han abordado la cuestión a través de la articulación del capitalismo con otros sectores precapitalistas y/o subcapitalistas. A partir de este enfoque se han explicado distintos mecanismos de dominación y subordinación del grupo hegemónico sobre el resto de la población. En la década de 1970, el estructuralismo marxista francés analizó la coexistencia de distintos modos de producción contradiciendo la hipótesis de la absorción del campesinado por el capitalismo a través de la categoría teórica de modo de producción. Rey (1973) y Meillassoux (1975) examinaron tanto la articulación del campesinado con el modo de producción capitalista como la tendencia del capitalismo a sustituir las relaciones sociales de producción preexistentes por las suyas propias (Molina y Valenzuela, 2006:78).

El esfuerzo de distintos autores por explicar la articulación del capitalismo con otros modos de producción parte de establecer la coexistencia de distintos modos de producción y en advertir relaciones funcionales para cada sociedad, principalmente para la expansión del capital. Kostlin y Diez (2009) sostienen que desde la perspectiva marxista el desarrollo del capitalismo implica la subordinación de diferentes modos de producción. En esta dirección, Palerm (1976a) señala que las sociedades campesinas no capitalistas presentan condiciones de subordinación, producción y consumo necesarias para reproducir el capital (Palerm, 1976a:22) Por otra parte, Rosas y Barkin (2009) indican que las sociedades campesinas conviven con el sistema capitalista, manteniendo estructuras sociales y económicas no capitalistas a pesar de encontrarse en una constante relación de subordinación con el sistema dominante. La idea central es dar cuenta de cómo el capitalismo se nutre de otros modos de producción no capitalistas y de cómo interviene en su destrucción y supervivencia de acuerdo con sus intereses.

Por otro lado, Valenzuela indica que en la actualidad la supervivencia del campesinado en países emergentes es interpretada como símbolo de retraso o freno de desarrollo económico (Valenzuela, 2006:47). En la literatura también se advierte este hecho al englobar los problemas del campesinado en estudios de pobreza y marginación sin entrar a detalle con respecto a si se trata de modos de producción distintos al capitalista. Tal es el caso del estudio La pobreza rural en México realizado por el Banco Mundial (2007) en el que se sostiene que la pobreza extrema11 es un problema focalizado principalmente en el sector rural del país y que, por lo tanto, la solución debe centrase en políticas económicas que mejoren los ingresos de los campesinos. Sin embargo, Palerm señala que la permanencia del campesinado y su fuerte gravitación no estaba reducida al mundo del subdesarrollo, ya que también en los países altamente industrializados existía la articulación de modos de producción y del sistema económico mundial (Palerm, 1976c:167).

Sobre la cuestión de la absorción del campesinado por el capitalismo existe una vasta e importante literatura en la que se discute la permanencia o la inevitable disolución de los campesinos en la economía dominante. La mayoría de estos estudios parten de las ideas de Marx, a pesar de que el estudio del campesinado en los escritos marxistas12 no sean una cuestión explícita y central. De acuerdo con Palerm (1976c), Marx nunca se dedicó a estudiar el modo de producción campesino ni su articulación con el sistema capitalista. Sin embargo, a través de la interpretación de las ideas de Marx hecha por Engels,13 se han desarrollado diferentes tesis sobre la penetración del capitalismo en sociedades tradicionales. Las principales ideas de estos dos autores se encuentran en El capital (1867), en la sección dedicada a la acumulación originaria. En este apartado se analiza el despojo de los medios de producción al que los campesinos fueron sometidos por el capitalismo, principalmente de la tierra,14 y se observa el proceso a lo largo del cual los productores campesinos se convirtieron en proletarios.

A pesar de que Marx no desarrolló un análisis profundo sobre el campesinado sí se interesó en la cuestión agraria, concretamente en la renta de la tierra, criticando las ideas de Ricardo15 (1815) sobre la renta diferencial. De acuerdo con Marx (1859a, 1859b), el desarrollo de la agricultura moderna sigue las mismas leyes de la expansión de la industria. Dicho de otro modo: la renta absoluta del suelo es determinada por la operación del valor-trabajo y no como suponía Ricardo. Finalmente, Palerm (1976a) señala que la ausencia del campesinado en El capital se explica por razones metodológicas. Es decir, se puede entender como la consecuencia de un modelo estructural puro que excluye, por principio, a los campesinos y a sus formas de producción.

A pesar de que en la obra escrita por Marx no se analiza con detenimiento la cuestión campesina sí se cuestiona el carácter revolucionario de los campesinos. Se establece una relación de antagonismo entre proletarios y campesinos, suponiendo que la expansión del capitalismo dependía de desposeer y proletarizar al campesinado.16 En la correspondencia que Marx sostuvo con Kovalevski y Zasúlich se plantea el potencial revolucionario del campesinado y el papel de la comunidad aldeana en la lucha socialista. Asimismo, en la carta que Marx escribe a Vera Zasúlich el 16 de febrero de 1881, asegura que él no sostiene la idea de una historia al estilo hegeliano. En otras palabras, rechaza la idea de un desarrollo unilineal de la historia aplicable a todas las sociedades.

[…] lo que le resta hacer a un socialista es buscar instrumentos de medida bien fundados para determinar aproximadamente en cuántas décadas pasará la tierra de los campesinos rusos a manos de la burguesía y cuántas centenas de años transcurrirán antes que el capitalismo alcance en Rusia el mismo nivel de desarrollo que en Europa occidental. En ese caso, los socialistas tendrán que hacer propaganda solamente entre los obreros de las ciudades que estarán diluidos dentro de la masa de campesinos arrojados a las calles de las grandes ciudades, en busca de un salario, conducidos hasta allí a causa de la desintegración de la comuna aldeana […] (carta de Vera Zasúlich a Marx, el 16 de febrero de 1881, en Ascher, 1972:222).

El antagonismo entre campesinos y proletarios fue retomado en El desarrollo del capitalismo en Rusia, de Lenin (1899), y en La cuestión agraria, de Kautsky (1899). En ambos textos se presagia el futuro de los campesinos con el impacto del capitalismo. Lenin sostiene la idea de que el capitalismo, como modo de producción dominante, terminaría por absorber a todos los demás modos de producción precapitalistas, incluyendo al campesinado. Lenin auguró la inevitable desaparición de los campesinos a través de su transformación en empresarios burgueses agrícolas y en proletarios urbanos y/o rurales. Es decir, presagió la expansión de la agricultura capitalista sobre la agricultura de subsistencia. Por su parte, Kautsky analizó la cuestión agraria en los países capitalistas más avanzados; reconociendo que las nuevas estructuras capitalistas de la agricultura y en particular sus necesidades de fuerza de trabajo creaban situaciones que permitían y exigían la persistencia de formas domésticas de producción en el campo. Es decir, Kautsky mantuvo la tesis central de la desaparición del campesinado, aunque aplazándola hasta el momento en que se resolvieran ciertos problemas de la producción agroganadera. Desde luego, es importante mencionar que tanto las ideas de Lenin como las de Kautsky se vieron influidas por el entorno social y político de la época.17

¿CÓMO ESTUDIAR A LAS ECONOMÍAS CAMPESINAS?

Además del debate acerca de las definiciones de campesino y economía campesina hay también una intensa polémica sobre cuál es el método apropiado para el análisis de las economías campesinas. Los clásicos plantearon esta cuestión a partir de la definición de campesino18 y el uso apropiado de los conceptos y leyes de la economía política y/o de la teoría neoclásica. En esta línea, Chayanov (1974) indicó que a las sociedades campesinas (precapitalistas) no se les podía estudiar a través de las categorías teóricas del sistema capitalista, debido a que se trataba de dos racionalidades distintas. Años más tarde, Stavenhagen señaló que considerar que ninguno de los conceptos de la economía convencional es aplicable a las sociedades tradicionales, porque funcionan en el marco de una lógica propia en la que se entremezclan los factores sociales y económicos. Desde su perspectiva, se trata una postura extrema e inadecuada que frena el análisis (Stavenhagen, 1976:98).

Actualmente, desde la teoría económica existen dos posturas al respecto: la corriente ortodoxa y la heterodoxa (Rosas y Barkin, 2009:73-76). En la primera se justifica el uso del instrumental de la teoría neoclásica estableciendo que los campesinos actúan como cualquier otro agente económico en constante búsqueda por maximizar sus incentivos en el mercado. En esta corriente se alude a que la racionalidad de la economía de prestigio de las comunidades campesinas es determinada por factores puramente económicos, como los niveles de productividad y de utilidad marginal. De acuerdo con Calva, esta vertiente deriva del universalismo19 neoclásico de la escuela austriaca propuesto por Menger, Wieser, Bawerk (Calva, 1988: 9). Desde la segunda postura, planteada por la corriente heterodoxa, se argumenta que los campesinos poseen una racionalidad distinta a la que impera en el modo de producción capitalista y que, por lo tanto, el uso de conceptos como ganancia, ahorro, capital, inversión, renta, tasa de interés y precios carecen de validez social en los estudios del campesinado. Estas corrientes provenientes del pensamiento crítico cuestionan la existencia de una racionalidad económica única y sostienen que el campesinado responde a incentivos sociales-colectivos y no únicamente individuales, como presupone la teoría económica neoclásica. En esta línea de análisis se suscriben las teorías campesinistas y descampesinistas.

Según Rosas y Barkin (2009), existen estudios de economistas neoinstitucionales20 que insisten en considerar que el uso indiscriminado de categorías propias de la economía neoclásica puede conducir a serios errores en la interpretación del comportamiento de los campesinos. Argumentan que la dinámica campesina está determinada por ceremonias religiosas, rituales y fiestas que no son explicables desde la óptica neoclásica y que, sin embargo, resultan ser elementos estructurales en las relaciones sociales de producción del campesinado. La economía neoinstitucional ha aportado elementos en la discusión sobre la existencia de una sola racionalidad económica: la del homo economicus (Rosas y Barkin, 2009:93).

Finalmente, Rosas y Barkin (2009) llegan a la conclusión de que no existe una teoría que explique de manera integral la dinámica y lógica de las comunidades campesinas y que a la vez permita analizar el papel que juegan los campesinos contemporáneos en la dinámica mundial. En este sentido, se sostiene que no existe una teoría general de la economía campesina que trascienda en el tiempo y el espacio, debido a que la unidad de producción campesina no funciona independiente al sistema global. De acuerdo con Rosas y Barkin (2009), Castaingts (2012), Appendini (2010), entre otros, hoy la realidad campesina es todavía más compleja que la de hace tres décadas al involucrar en el análisis el impacto del traslado de la lógica capitalista al medio rural, la emigración, la feminización de las actividades productivas rurales, la sustentabilidad, la relación entre sector urbano y rural. De ahí la necesidad por no caer en extremos teóricos que conduzcan a limitar la investigación.

INDÍGENAS Y CAMPESINOS

En México los campesinos no son forzosamente indígenas, ni los indígenas forzosamente campesinos. Aunque la gran mayoría de los indígenas viven de la tierra, existe cierto número de ellos que se dedican a otras actividades productivas y/o que saltan de una actividad productiva a otra. De acuerdo con los datos del Censo de Población y Vivienda 2010, en México 13.4% de la población de 12 años y más se ocupa en actividades del sector agropecuario. También se señala que 6.8% de esta población pertenece a algún grupo indígena. Por esta razón, en esta sección se abordan algunas consideraciones teóricas sobre el estudio de las comunidades indígenas campesinas, considerando la idea de Calva (1988) acerca de la construcción de un marco teórico adecuado a la unidad de análisis que considere procesos históricos.

Stavenhagen (1976) propone un esquema teórico que permite analizar las transformaciones de las economías indígenas campesinas a partir del desarrollo del sistema económico nacional. En este esquema, el autor señala que mediante el sistema de dominación colonial y de estratificación étnica se aisló a las comunidades indígenas del plan de desarrollo económico; generando vínculos de subordinación expresados en relaciones de clase de los campesinos indígenas con otros campesinos y empresas agrícolas. Asimismo, indica que durante la fase de expansión de la economía capitalista, a finales del siglo XIX, las comunidades indígenas fueron integradas a la economía monetaria mediante el trabajo asalariado y el control de sus tierras, trastocando su organización interna y acentuando los mecanismos de subordinación. Durante la etapa de industrialización se incrementaron las tendencias monopólicas en la producción de la agricultura y un número importante de indígenas se convirtió en campesinos dependientes y/o proletarios rurales.21

En resumen, lo que nos ofrece Stavenhagen (1976) es un examen histórico, desde la Colonia hasta la etapa de expansión capitalista, de los procesos que explican la incorporación de las zonas indígenas a la economía global mediante el consumo y la producción. Además de hacer evidente que la división étnica fue un factor de índole conservador que frenó el desarrollo de las comunidades campesinas indígenas.

Por su cuenta, Aguirre Beltrán advirtió dos visiones en el estudio de los grupos indígenas en México. La primera, la visión culturalista que asigna gran valor a las cuestiones de parentesco, religión y política. La segunda, de tendencia economicista, que minimiza las cuestiones culturales. De acuerdo con Aguirre Beltrán (1967), la articulación entre el sector indio y el mestizo nacional se debe plantear a través de la relación simbiótica en la que se complementan económicamente ambos grupos. El proceso dominical, definido por el autor, se materializa en los vínculos de dominación ejercidos por los mestizos hacia los indígenas y es justificado por la aceptación de la superioridad innata del ladino sobre el indio (Aguirre Beltrán, 1967: 239). Al igual que Stavenhagen, Aguirre Beltrán recurre a la historia para explicar los procesos de incorporación de las comunidades indígenas campesinas a la economía nacional; centrando su atención en la política segregacionista dictada por el Estado.

Díaz Polanco (1988, 2010) relaciona el análisis del campesinado con la cuestión étnica, vinculando los movimientos indígenas con los problemas del campesinado mexicano, principalmente con el levantamiento armado del EZLN. De la misma manera, Bartra y Otero (2008) señalan que en el análisis del movimiento campesino indígena es necesario prestar atención a la relación dada por las demandas materiales y de identidad de las economías campesinas recurriendo a la historia como principal instrumento de análisis. Por su cuenta, Palerm plantea dos cuestiones que resultan ser de vital importancia en el tratamiento de las economías campesinas indígenas. La primera, el papel del campesino indígena como productor directo y como fuerza de trabajo en el proceso de acumulación de capital. Y la segunda, de orden teórico y empírico, relacionada con la persistencia histórica de los modos de producción no capitalistas en un sistema dominado por el capitalismo (Palerm, 1976c:200). Finalmente, el autor señala que a partir de la Revolución mexicana, y de los distintos movimientos campesinos, la antropología empezó a abordar la cuestión indígena mexicana como parte de la cuestión campesina y no en forma meramente etnográfica (Palerm, 1976c:171).

LA CARGA DE SER INDIO EN LA ECONOMÍA GLOBAL

Este apartado está dedicado a revisar diferentes tesis que explican la carga social, económica y política de ser campesino e indígena en la economía nacional.

Arizpe (1976) analiza, en su trabajo titulado La ideología del indio y la economía campesina, el impacto que causa ser clasificado como indígena en el desarrollo económico de las actividades productivas de los campesinos. En su análisis, la autora considera al indio y al mestizo ya no como representantes de dos universos culturales distintos, sino más bien como actores dentro de un complejo sistema de relaciones de dominación económica y de sometimiento político. Muestra cómo una práctica ideológica refuerza y racionaliza la posición de subordinación económica y política del campesino indígena. Asimismo, plantea tres preguntas fundamentales: ¿qué es el concepto de indio?, ¿qué significa el ser clasificado socialmente como indio? y ¿qué repercusiones tiene ser clasificado como indio en el modo de vida y, en especial en su acceso a los recursos económicos? A partir de estas cuestiones, Arizpe explica que para la población mestiza, en las zonas urbanas y rurales, el atraso económico de los indígenas es consecuencia directa de sus rasgos culturales y de su personalidad. “Los indios no tienen voluntad de superación, están en el atraso social y económico gracias a sus costumbres aberrantes […] son flojos, borrachos o tontos”.22Asimismo, retoma la idea de que para la política económica los indios y sus prácticas culturales son un obstáculo para el crecimiento económico del país, debido a que contradicen el principio de racionalidad económica al no invertir y no buscar la maximización de la utilidad.

Por otro lado, señala la pérdida constante de capital y/o de mano de obra de las comunidades indígenas al ser insertadas en el mercado capitalista con fuertes desventajas basadas en un proceso de estigmatización étnica. Arizpe advierte que desde la época colonial se ha considerado a los indios una raza con atributos inferiores a los del hombre “blanco”, justificando la presencia de cacicazgos inducidos por el Estado en las comunidades indígenas. El estigma de ser indio en México se materializa en una manipulación ideológica que incide en el reducido acceso a los recursos económicos por los campesinos indígenas. Ser clasificado como indígena constituye un estigma que cierra el paso al ascenso social, lo que significa ser excluido del medio donde se reparten las posiciones económicas y políticas más ventajosas. Por regla general, los mestizos son los comerciantes y agricultores a gran escala y los intermediarios de los servicios y la producción. Los indígenas se ocupan de la producción a pequeña escala, en el minifundio (Arizpe, 1976:117-128).

En resumen, Arizpe llega a las siguientes consideraciones en su explicación acerca de los efectos de la penetración de la economía capitalista moderna en la economía campesina indígena. La primera va en dirección a explicar cómo el avance del capitalismo ha hecho que desaparezca un gran número de ocupaciones tradicionales y que se establezcan nuevas actividades productivas, afectando gravemente la dinámica de las comunidades indígenas. En la segunda consideración, señala que la penetración del neoliberalismo y el incremento de la población rural en el campo mexicano han resultado en la acentuación de minifundios, afectando los niveles de productividad de los campesinos.

Por otra parte, Díaz Polanco (2010) señala que el desarrollo del capitalismo en el campo mexicano ha tenido un doble y contradictorio efecto sobre la economía indígena campesina, debido a que por una parte contribuye a su desintegración de acuerdo con el modelo clásico de crecimiento y, al mismo tiempo, incorpora la producción campesina al proceso de acumulación de capital. Armando Bartra y Gerardo Otero (2008) mencionan que la causa principal de los movimientos campesinos indígenas en México responde a la demanda constante de tierra. Además, apuntan que los indios han sido reproducidos bajo un esquema de subordinación con grupos y dirigentes externos a la comunidad campesina. Finalmente, González Casanova (1965) considera que la comunidad indígena tiene las características de una sociedad colonizada en la que el indio es indio y el ladino es autoridad. Es decir, los campesinos indígenas se encuentran subordinados a la economía dominante.

ESTUDIOS SOBRE EL CAMPESINADO MEXICANO

Son tantos los trabajos que se han escrito sobre el campesinado mexicano que pretender dar cuenta de todos ellos es una tarea casi imposible. En consecuencia, esta sección recoge las ideas centrales de los campesinólogos mexicanos más prominentes. El objetivo es acotar el marco teórico de esta investigación.

Los estudios del campesinado mexicano en el terreno social no han sido una preocupación central para la teoría económica convencional, debido a que en el contexto neoliberal los campesinos no resultan ser importantes para el crecimiento y desarrollo económico del país. Aunque durante la década de 1970 se inició una larga tradición de estudios agrarios impulsados, entre otras cosas, por la crisis agrícola; años más tarde se les colocó nuevamente en un segundo lugar. Hoy en día, el terreno no es más alentador, pues la teoría económica hegemónica dirige las investigaciones económicas hacia otras temáticas, contrastando con otras disciplinas como la antropología y la sociología, que han atendido de manera constante las diferentes problemáticas sociales, políticas y económicas del campo y sus actores.

Un gran número de eminentes antropólogos23 trataron de ilustrar la situación del campo mexicano analizando diversos aspectos históricos, políticos, económicos y sociales. La pobreza y la explotación del campesinado por el capitalismo es el argumento central que se encuentra en la mayoría de los trabajos. Cabe señalar que la mayoría de estas discusiones tuvieron lugar en medio de diferentes movimientos campesinos y de la crisis agrícola en la que México dejó de ser productor de granos básicos y se convirtió en país importador.

En la literatura se analiza el entorno geográfico y se hace énfasis en la escasa disponibilidad de los recursos por parte de los campesinos, considerando procesos estructurales de la historia de México. George Foster24 (1964) describió los recursos de los campesinos mexicanos como escasos, finitos y estáticos; considerando la tierra como el principal de sus recursos productivos. De igual manera, Eric Wolf 25 (1971) señaló el acceso limitado de las fuerzas productivas como uno de los principales problemas del campesinado mexicano. Gustavo Esteva (1980) se refería al campo mexicano como un terreno rico en cuanto a recursos naturales, pero a la vez lo describía como un terreno hostil en el que la reforma agraria se había quedado en un sueño fallido para la gran mayoría de los campesinos al no dotarlos de tierra. Stavenhagen (1976) advirtió la incorporación de la pequeña producción campesina al mercado capitalista mediante la aplicación de una política agraria en favor de la expansión del capitalismo, considerando que la actividad de monopolios y oligopolios funcionaba en detrimento de los pequeños productores.

En esta misma dirección, Warman (1980)26 afirmaba que tras los efectos de la reforma agraria, en la que se favoreció la expansión del capitalismo orientando la producción al exterior, el mundo rural mexicano sólo se podía entender a través de la articulación orgánica y de dominación entre el modo de producción capitalista y el modo de producción campesino. Foster (1964) encontraba que la única vía para que los campesinos ampliaran sus recursos era por medio del mercado de trabajo, la venta de artesanías y la renta de tierras. En general, el propósito de los trabajos dedicados a estudiar los problemas del campo mexicano se enfocaba al examen de los procesos de subordinación y/o articulación de la producción campesina al sistema económico dominante del país.

Stavenhagen27 (1976) analizó la subordinación del campesinado a la dinámica de las relaciones capitalistas utilizando la categoría teórica de modelo de articulación. De acuerdo con el autor, la articulación se hace evidente mediante la incorporación de la pequeña producción campesina al mercado capitalista, el paso de la producción artesanal a la producción masificada y la incorporación de los campesinos al trabajo asalariado. Advierte la coexistencia de dos sectores en el sector agrícola mexicano. Uno moderno, compuesto por empresarios agrícolas, caracterizado por crecientes inversiones de capital, alta tecnología y una producción orientada al mercado nacional e internacional. Y el sector campesino, determinado por una escasa infraestructura productiva, una organización laboral de tipo familiar y una proporción ínfima de producción destinada al mercado nacional. Stavenhagen (1968, 1976) explica que es a partir de la coexistencia de estos dos sectores que se amplían los circuitos comerciales y de trabajo asalariado en la economía nacional.

Stavenhagen (1968) expone la coexistencia funcional de los dos sectores en el campo mexicano: uno de empresarios agrícolas y otro de campesinos; además considera los flujos comerciales que se establecen en el mercado laboral y en el de bienes y servicios. Señala la necesidad del sector moderno a recurrir constantemente al uso de mano de obra barata proveniente del sector campesino para llevar a cabo su producción. Además, hace hincapié en la incapacidad del proceso de industrialización capitalista por integrar productivamente a toda la mano de obra proveniente de la economía campesina. En esta misma dirección, indica la necesidad de los campesinos por vender su fuerza de trabajo y así poder acceder al mercado de bienes y servicios, considerando que para la economía campesina la venta de su fuerza de trabajo en el sector moderno es una oportunidad de sobrevivencia en su unidad de producción. Finalmente, hace alusión al bajo costo en el que se reproduce la fuerza de trabajo campesina en beneficio del sistema capitalista, estableciendo que para la expansión capitalista la existencia del campesinado no es un obstáculo siempre y cuando sea un insumo barato para su producción. No obstante, señala que la existencia de campesinos pobres sí puede representar un impedimento para su desarrollo considerando el bajo nivel de consumo que tienen en el sistema capitalista. Es decir, la economía campesina no es desventajosa para el capitalismo desde la producción pero sí desde el consumo.

Además de establecer la coexistencia funcional de distintos modos de producción, Foster (1964), Diaz Polanco28 (1976), Stavenhagen (1976), Castaingts (1979), Esteva (1980) y Armando Bartra (1982) apuntaron a la existencia de diferencias clave entre el modo de producción campesino y el capitalista. Foster (1964) y Armando Bartra (1982) caracterizaron a la unidad económica campesina como una unidad económica organizada en el nivel familiar y con una producción orientada (fundamental, pero no únicamente) al consumo y no al mercado. En este sentido, Díaz Polanco (1976) señaló que la división del trabajo en las comunidades campesinas es determinada por el sexo, la edad, la posición familiar y las características propias de la producción agrícola y no por los mecanismos de especialización que se usan en el sistema capitalista. Castaingts (1979) hizo lo propio diferenciando las estructuras que determinan al modo de producción campesino y que no se encuentran en la especificación del sistema capitalista. Una de ellas es la cultural, en la que interviene la religión y las representaciones mentales de las relaciones sociales de producción. Otra, quizás la más evidente para todos los campesinólogos mexicanos, es el concepto de “valor” que regula el intercambio en la comunidad campesina y que es contradictorio con el que se tiene en el sistema capitalista.

La idea general de todos los autores es que, a partir de la articulación y/o confrontación, las condiciones de reproducción de los campesinos se modifican. En esta dirección, Díaz Polanco (1976) encuentra que es en la incorporación del campesino a la dinámica capitalista que su actividad productiva se deteriora y se contradice, modificando sus relaciones sociales de producción. Para Díaz Polanco, en determinadas fases del proceso productivo campesino, las comunidades combinan elementos de su lógica interna de organización con elementos del sistema capitalista. En la etapa de la producción agrícola, en la que requieren de una mayor cantidad de fuerza de trabajo, los campesinos acuden al mecanismo social de reciprocidad y algunas veces al uso de la fuerza de trabajo asalariada. En esta lógica, el autor anota cómo la venta de mercancías es en sí misma una contradicción en el seno de la economía no capitalista; considerando que su participación en el mercado implica una disposición creciente de dinero que resulta en su inserción en la economía monetaria. Según Díaz Polanco, la necesidad de liquidez es la clave que explica por qué los campesinos venden su fuerza de trabajo y aceptan convertir parte considerable de su producción en mercancías. Por otra parte, Marroquin (1978) encuentra en el intercambio comercial un mecanismo de explotación del sistema dominante hacia las comunidades campesinas.

Otro aspecto importante de la literatura revisada es que analiza la subordinación del campesinado al capitalismo a través de la transferencia de valor neto de la economía campesina al sector capitalista, señalando que los mecanismos de transferencia y explotación de los campesinos son múltiples y que varían de acuerdo con las circunstancias históricas, al sistema político, a la estructura social y al grado de desarrollo de la economía capitalista. En este sentido, Castaingts (1979) y Stavenhagen (1980) señalan que el crédito es una de las vías de subordinación y de transferencia de valor de la economía campesina al sistema capitalista. De acuerdo con ambos autores, el crédito es adquirido general y frecuentemente bajo tasas usurarias llevando al campesino a un sistemático proceso de endeudamiento del que sólo se beneficia la clase usurera. Foster (1964) se refería al crédito como una necesidad inherente de los campesinos tomando en cuenta su imposibilidad al ahorro y a la acumulación.

Finalmente, subrayamos la postura de los campesinólogos mexicanos respecto al devenir de los campesinos en un sistema dominado por la economía de mercado. Stavenhagen (1968, 1976) cuestionó el planteamiento mecánico del desarrollo de las relaciones capitalistas y la desaparición progresiva de los modos de producción no capitalistas, criticando la tesis de la inevitable extinción de los campesinos en la economía capitalista. En sus diferentes trabajos, Stavenhagen (1968) y Díaz Polanco (1976) argumentaron que la economía campesina es funcional a la dinámica de la acumulación capitalista. Stavenhagen (1968) planteó la idea de que, lejos de desaparecer, los campesinos en México se mantienen y se refuerzan. De la misma manera, Warman (1980) argumentó que la transformación capitalista del conjunto de la economía rural del país era más que improbable; vaticinó la incapacidad del sector industrial en la absorción de mano de obra proveniente del sector rural. Tanto Warman29 (1980) como Stavenhagen criticaron fuertemente el razonamiento de un desarrollo lineal de la economía, en el que se concibe a las economías indígenas como parte de una etapa precapitalista o preindustrial.

Gustavo Esteva (1980) mencionó que las comunidades indígenas no pierden su condición de campesinos debido a que su vida está indisolublemente asociada a la agricultura. En el caso de Chiapas, Villafuente (1999) señala que, hasta el día de hoy, los campesinos chiapanecos mantienen la idea de seguir en el campo, a pesar de que para ellos ya no sea una opción segura y suficiente para comer, mucho menos para generar excedentes. Además de que la política económica del Estado sigue considerando al campo como la única opción para el desarrollo. Finalmente, subrayamos que en la actualidad se analiza ya no el devenir de los campesinos en el sistema capitalista sino más bien las condiciones socioeconómicas en las que persisten. Es importante señalar que, aunque con enfoques distintos, la categoría “campesinos” continúa utilizándose. En consideración a lo anterior, en la siguiente sección se hacen importantes acotaciones sobre el estudio de campesinos que al mismo tiempo son indígenas. El objetivo es clarificar los conceptos básicos de la investigación.

CAMPESINOS, CAPITALISMO E INDÍGENAS

ESTUDIOS CLÁSICOS DE SOCIEDADES CAMPESINAS

Los estudios sobre el campesinado se han generado principalmente en el terreno de la sociología, la antropología y la economía. Desde la economía se ha analizado al campo y a sus actores como una empresa privada, centrándose en elementos como los costos de producción, niveles de inversión y tasas de ganancia. De acuerdo con Stavenhagen (1976), la mayoría de los economistas agrícolas no centraron su atención en la comunidad rural y estudiaron la economía campesina como una empresa privada, obteniendo funciones de producción y calculando costos de producción. Asimismo, señala que aquellos que sí consideraron a las zonas rurales, incluyendo a las economías indígenas, partieron de tres premisas erróneas: 1) pensarlas como sistemas cerrados en equilibrio, 2) analizarlas en cuanto unidades de autoconsumo y 3) suponer al consumo capitalista como la única vía de desarrollo para estas economías.

En el terreno de la antropología clásica, Robert Redfield 30 (1930), Julian Steward (1955) y Alfred Kroeber (1948) iniciaron los estudios del campesinado. Palerm (1976a) señala dos líneas de análisis. La primera, conformada por etnografías culturales, en la que se hacía el registro del folclor de los pueblos, tomando en cuenta rasgos culturales de las sociedades campesinas como la lingüística. Y la segunda, surgida con la expansión del capitalismo en las pequeñas producciones agrícolas, analizando la economía local, el uso de la tecnología y la organización del consumo y la producción. En esta línea de análisis, el panorama aparece dominado por la lucha entre la ciudad y el campo, la industria y la agricultura, la empresa capitalista y la organización campesina y sus comunidades. Como menciona Valenzuela (2006), los estudios del campesinado se originaron principalmente por tres motivos: 1) las ideas de Occidente por modernizar al Tercer Mundo, 2) los movimientos de rebelión y contrainsurgencia encabezados por los campesinos y 3) los intereses económicos de Gran Bretaña y Estados Unidos. En el caso de México, los legados de Lewis 31 (1963), Redfield (1930, 1948), Steward (1955) y Wolf (1971) han impactado los trabajos sobre el campesino desde un enfoque ecológico y económico, además existe una fuerte influencia marxista en diferentes trabajos.

La sociología ha caracterizado a los campesinos a partir de los conceptos de comunidad y territorio. De acuerdo con Villegas (2003) y Pérez (2005), la sociología considera al campesino como parte de una sociedad cohesionada a través de vínculos sociales muy fuertes, como la solidaridad y la cooperación. Su condición de campesinos la obtienen a través del trabajo agrícola y el vínculo estrecho que mantienen con la naturaleza. En el análisis del campesinado la sociología clásica ha partido de los patrones culturales de las comunidades. Solari (1968) señala que las sociedades campesinas tienden a la homogenización social debido a que son poco estratificadas y presentan limitada movilidad social. Cabe mencionar que en la actualidad la sociología está replanteando el concepto de comunidad cuestionando principios como el de homogeneidad y autosuficiencia. A fin de avanzar en los estudios del campesinado, Villegas (2002, 2003) manifiesta la necesidad de replantear los conceptos clásicos de campesino y comunidad.

3 La discusión de la articulación de los modos de producción engloba trabajos realizados en varias partes del mundo. Algunos de los trabajos sobre la cuestión son los propuestos por Rey (1973), Taylor (1979), Banaji (1977) y Fernández (1993).

4 Las ideas de Chayanov han estado envueltas en fuertes controversias entre marxistas y populistas agrarios. Harrison (1987) define a la teoría chayanovista como una teoría válida sólo al corto plazo y para un caso específico: el de Rusia.

5 De acuerdo con Wolf (1955:462) la comunidad cerrada-corporativa campesina está compuesta primariamente por una subcultura: el campesinado. Mientras que la comunidad abierta comprende un número de subculturas de las cuales el campesinado es sólo una. La comunidad corporativa enfatiza la resistencia a las influencias de afuera, las cuales podrían amenazar su integridad. La comunidad abierta enfatiza la relación continua con el mundo exterior y relaciona su fortuna con las demandas exteriores.

6 Por su cuenta, Díaz Polanco señala que el campesino forma una clase por sí mismo y lo define como el poseedor de sus fuerzas productivas. De acuerdo con Krants (1977) el hecho de que se defina al campesino como poseedor de sus medios de producción, excluye la posibilidad de que los campesinos sean explotados por otra clase, aprovechando la posesión de los medios de producción. En el caso de México, el número de campesinos en sentido estricto es reducido.

7 Calva aclara que la clasificación histórica del campesinado no debe de considerase como un ordenamiento lineal del campesinado sino más bien como ejemplo de su diversidad y diferenciación de unos con otros.

8 Wolf se refiere a la sociedad campesina cuando argumenta que la sociedad industrial se edificó sobre las ruinas de ésta (Wolf, 1971).

9 Para Redfield, la sociedad campesina existía en virtud de la solidaridad moral tradicional (Redfield, 1989).

10 Warman se refería a la sociedad campesina como un segmento social inmerso en un marco más complejo y regulado por el Estado (Warman, 1980).

11 La pobreza extrema se refiere a la condición en que viven aquellas personas que su gasto de consumo es inferior a la línea de pobreza alimentaria (Coneval, 2004).

12 De acuerdo con Palerm (1976c:231), la idea de Marx está matizada por la posibilidad de que la comunidad esclava se transformara en una institución socialista, saltando la supuesta necesidad de proletarización del campesinado. En el caso del mundo clásico, Marx se refiere a un proceso de expropiación de los campesinos sino en chusma urbana, y que tampoco generó un modo capitalista de producción sino esclavismo.

13 La cuestión campesina también es abordada en el Manifiesto comunista (1848) y en The Peasant Question in France and Germany (1894).

14 En la acumulación originaria Marx critica las ideas de David Ricardo sobre la renta de la tierra.

15 Para Ricardo toda la renta de la tierra se basaba en la diferencia existente entre la fertilidad que ofrecía y la ley de los rendimientos decrecientes.

16 La dictadura burocrática oficial exigía que los campesinos fueran considerados como un vestigio del pasado, un grupo social condenado a la extinción, una fuerza reaccionaria y una amenaza a la construcción del llamado socialismo. De esta manera, los campesinos aparecen como un obstáculo pero su producción como indispensable (Palerm, 1976c).

17 Sus tesis responden a determinado momento de la historia de Rusia y Alemania. En el caso alemán, el movimiento socialista estaba fundado en la clase obrera y en el proletario rural, por lo que repudiaban la idea de aliarse con los campesinos. Incluso rehusaban a organizar la propagación de sus ideas entre los campesinos.

18 De acuerdo con Calva, fuera del marxismo clásico los estudios del campesinado se estancaron en una falsa tricotomía discutiendo si a los campesinos se les debía de analizar como un sistema económico especial o modo de producción campesino considerando que su organización interna no corresponde con el sistema capitalista (Calva, 1988:9).

19 El universalismo al que se hace alusión se refiere a la idea de establecer que las categorías y leyes de la teoría económica neoclásica tienen validez en cualquier sociedad.

20 Martínez Alier y Schlüpmann (1991), Barkin (1988), Ostrom (2000), Leff (2004), Carpintero (2006), entre otros.

21 Stavenhagen señala un proceso de aculturación en el que los indígenas pierden su identidad y la mayor parte de su herencia étnica para convertirse en campesinos dependientes y/o proletarios rurales.

22 Más adelante se presenta un apartado dedicado a la carga de ser indio en la región de estudio.

23 Entre los trabajos más importantes destacan los realizados por Wolf, Palerm, Bartra, Foster, Aguirre Beltrán, Bonfil Batalla, Díaz Polanco, González Casanova, Marroquín, Mejía, Stavenhagen, Tejera, Warman, Esteva, Barkin, entre otros.

24 George Foster, antropólogo estadounidense, realizó importantes estudios enfocados al campo mexicano.

25 Eric Wolf, antropólogo estadounidense, realizó importantes estudios del campesinado en México. Entre las obras más importantes encontramos el artículo “La formulación de la nación mexicana” escrito en 1953, los libros: Los pueblos y cultura de Mesoamérica (1967), Los campesinos (1971) y Las luchas campesinas del siglo XXI (1973). Wolf también colaboró con Ángel Palerm en la escritura del texto Agricultura y civilización en Mesoamérica (1972). Wolf, Palerm y Warman son un referente obligado en las discusiones de las sociedades campesinas en México.

26 De acuerdo con Warman (1980), un gran número de tierras asignadas durante la reforma no eran sino la confirmación legal o la restitución de las tierras comunales precoloniales o coloniales a las comunidades indígenas y las tierras de nueva asignación eran extensiones no cultivables, cuya explotación dependía directamente del gobierno.

27 De acuerdo con Stavenhagen el campesinado mexicano se constituía por un gran número de jornaleros sin tierra.

28 Díaz Polanco presta atención exclusiva a las transformaciones producidas en la estructura económica de la unidad campesina sin dejar fuera otros niveles del complejo social comunal. En su análisis considera a las unidades campesinas como empresas repasando las condiciones del proceso productivo.

29 Warman (1980) señala que la historia social del mundo no es lineal y las trasformaciones del campesinado no constituyen una ley universal.

30 Robert Redfield en su texto Tepoztlan a Mexican Village, de 1930, inauguró los estudios antropológicos sobre el campesinado. Caracterizándolos como “sociedades folk”, con una cultura tradicional opuesta a la urbana, con estrechas relaciones funcionales de parentesco. (Spindler, 1977, citado por Valenzuela, 2006:84) De acuerdo con Palerm, la monografía de Redfield expresa un momento importante de la transición desde la etnografía culturalista hacia la antropología de las sociedades.

31 Lewis estudió la cultura campesina discutiendo el método de análisis.

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